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CONFER convoca una cumbre antiabusos el próximo 29 de mayo

Viernes, 3 de mayo de 2019

no-mas-abusosLa vida religiosa toma la iniciativa  contra la pederastia: “Lo último es proteger a la institución, pues ha sido culpable, como diría el Papa, de un crimen execrable”, según su secretario general

Jesuitas, salesianos, dominicos o lasallianos se suman a la convocatoria. Participarán superiores mayores, religiosos/as de los consejos y responsables de comunicación de las congregaciones

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“Esto no es una tormenta de verano. El sufrimiento de las víctimas es tan fuerte, su realidad personal ha sido tan herida, que todo lo que se haga es poco”. Con estas palabras, el secretario general de CONFER, Jesús María Zamora, anunciaba la convocatoria de la primera ‘cumbre antiabusos’ de la vida consagrada española, que tendrá lugar el próximo 29 de mayo, en colaboración con las Escuelas Católicas.

Con este gesto, la vida religiosa española vuelve a tomar la iniciativa en la lucha contra la pederastia, después de que el Episcopado se haya limitado a anunciar que ha solicitado a la Santa Sede el permiso para elaborar una normativa de obligado cumplimiento para todos.

Los religiosos no quieren esperar. “Tenemos que actuar. Se lo debemos a las víctimas, por responsabilidad histórica y por vergüenza, convencidos de que quizá hemos actuado tarde, pero no queremos cruzar los brazos y mirar para otro lado”, sostiene el religioso lasalliano en un artículo en la revista Somos Confer.

Que vayan todos los superiores mayores

Todavía no hay lugar ni participantes, aunque desde Confer se informa que se está intentando conseguir que participen la gran mayoría de superiores mayores de las congregaciones españolas. Zamora es la voz cantante de este proceso. De hecho, fue el primer miembro de la cúpula religiosa que participó -junto al obispo auxiliar de Madrid- en unas jornadas con víctimas organizadas por Religión Digital y Redes Cristianas.

La convocatoria, a la que ya se han sumado La Salle, jesuitas, salesianos o dominicos, así como muchas de las responsables de congregaciones femeninas, está dirigida, inicialmente, a superiores mayores, religiosos/as de los consejos y responsables de comunicación de las congregaciones.

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Trabajar juntos, sin miedo

“Este es un problema que hay que afrontar con decisión, aunque duela, y tomar conciencia todos de que es algo primordial, preferente”, apunta Zamora, quien hace “una llamada a trabajar juntos, sin miedo a lo que haya que hacer, pues debemos cambiar la perspectiva”.

“Cuando se pone en el centro al auténtico protagonista, tristemente protagonista, la víctima, cambia el modo de afrontar las cosas”, añade el secretario general de CONFER, quien anima a toda la vida religiosa a preguntar:

“Qué necesita la víctima, qué tenemos que hacer para restaurar su honor, qué necesita en su debilidad, qué medios tenemos que poner para remediar (si es posible) el mal“.

La institución ha sido culpable

Lo último es proteger a la institución, pues ha sido culpable, como diría el Papa, de un crimen execrable”, culmina Zamora, que advierte: “No hay que bajar la guardia, éste es un problema que hay que afrontar con decisión”.

El secretario general de CONFER da las gracias a los medios por dar voz a las víctimas y permitir a la vida religiosa, “con mucho dolor, eso sí, darse cuenta de que ha habido comportamientos totalmente deleznables (volver la vista para otro lado, gestionar de forma deficiente, seguir pensando que es un problema de unos pocos o que la tormenta pasara) ¡Y no es verdad! Porque esto ha venido para quedarse”

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La decisión de algunos obispos estadounidenses de prohibir o limitar funerales a quienes convivan con parejas del mismo sexo causa controversia interna

Sábado, 2 de diciembre de 2017

2171032_n_vir1Funeral del joven gay chileno asesinado Wladimir Sepúlveda

En los últimos meses, dos decisiones muy duras de obispos estadounidenses han encontrado una fuerte oposición dentro de la propia Iglesia católica. En junio, el obispo de Springfield (Illinois) prohibía los funerales para quien viviera en pareja con otra persona de su mismo sexo. Más recientemente, la diócesis de Madison (Wisconsin) ha publicado unas recomendaciones sobre los funerales de personas que vivan en pareja con personas de su mismo sexo en las que indica que deben abordarse de forma muy discreta para evitar el “escándalo”. La noticia, sin embargo, ha provocado fuertes reacciones de rechazo dentro de la propia Iglesia estadounidense, que incluyen además a figuras de relieve, como el sacerdote jesuita James Martin, de quien ya hemos hablado en esta página.

El pasado junio se difundía una decisión del obispo de Springfield (Illinois), Thomas John Paprocki, muy dura hasta para criterios conservadores. A las ya prohibiciones de bendecir a parejas del mismo sexo o de su admisión a la comunión, se unía la negativa a que una persona en riesgo de muerte recibiera los últimos sacramentos salvo que “se arrepintiera”. Más aún, la prohibición se extendía a los funerales: “A menos que dieran algún signo de arrepentimiento antes de su muerte, las personas fallecidas que hayan vivido públicamente en una relación con alguien de su mismo sexo, causando escándalo público a los fieles, quedarán privadas de ritos funerales”.

La decisión provocó una respuesta adversa notablemente amplia. Por ejemplo, Fortunate Families, una red de familias católicas con hijos LGTB, emitió un comunicado en el que acusaba al obispo Paprocki de no tener sensibilidad pastoral: “Al negar a las personas LGTB la recepción de la comunión y ritos funerales, usted de hecho los está excomulgando (…) ¿Estar en un matrimonio con alguien del mismo sexo está al mismo nivel que una persona que niega el Credo?”. Destacó especialmente la reacción del padre James Martin, jesuita y redactor jefe de la revista America, una de las publicaciones católicas más importantes de Estados Unidos. Ya hemos tenido ocasión de hablar de él en esta página, pues ya se ha pronunciado en varias ocasiones a favor del colectivo LGTB, en particular a propósito del atentado de Orlando y de la publicación de un libro donde invitaba a “tender puentes” entre la Iglesia católica y la comunidad LGTB. En esta ocasión, en una publicación en su perfil de Facebook, Martin señaló la incongruencia de aplicar criterios tan severos a las parejas del mismo sexo y no a otras situaciones que, doctrina en mano, son también “irregulares”: “Si los obispos prohíben a miembros de matrimonios del mismo sexo recibir un funeral católico, también tienen que ser coherentes. Debemos prohibir también a católicos divorciados y vueltos a casar a quienes no se les han concedido anulaciones; a mujeres u hombres que han tenido un hijo fuera del matrimonio; a miembros de parejas heterosexuales que viven juntas antes del matrimonio, y a cualquiera que use métodos de control de natalidad. Pues todos ellos también están contra la enseñanza de la Iglesia. Más aún deberán prohibirlos a cualquiera que no cuide a los pobres que no cuide el medio ambiente a cualquiera que apoye la tortura, pues también son doctrinas de la Iglesia. Más fundamentalmente, deben prohibirlos a la gente que no se comporte con amor, que no perdone y que no tenga misericordia; pues estas cualidades representan las enseñanzas de Jesucristo, son las mas fundamentales de todas las enseñanzas de la iglesia. Poner el foco solo en las personas LGTB sin un foco similar el comportamiento moral sexual de las personas heterosexuales es, en palabras del catecismo, un signo de discriminación injusta”.

Con todo, la reacción más dura, como en su momento recogimos, vino de Michael Sean Winters, del National Catholic Reporter (otra prominente publicación católica), quien pidió directamente a la destitución del obispo: “El motu proprio Come una mare amorevole se publicó en respuesta a la necesidad de retirar obispos que habían sido negligentes en el manejo de las alegaciones de abusos sexuales por parte del clero, pero el texto no limitaba su alcance a este único asunto. Cuando un obispo malinterpreta tanto la cultura como el Evangelio, por no hablar de su papel como obispo, de tal manera que emite un decreto como el que Paprocki ha emitido, demuestra que está tan desquiciado que no puede dirigir una iglesia local. Antes de que haga más daño, debe dimitir o ser despedido”, afirmaba con dureza.

La diócesis de Madison sigue los pasos de Springfield

Más recientemente, otra diócesis que ha tomado una decisión similar ha sido la de Madison (Wisconsin), gobernada por el obispo Robert Morlino. El vicario general, monseñor James Bartylla, ha informado a los sacerdotes en una nota sobre las nuevas pautas en los funerales católicos, que contiene una sección titulada “Consideraciones sobre los ritos funerales para una persona en una unión homosexual”. En ella queda claro que lo que preocupa es el “escándalo”: “El principal problema está en el escándalo y la confusión. La tarea pastoral por tanto es la de minimizar el riesgo de escándalo y confusión a la vez que se está disponible para el fallecido y la familia. Si la situación lo requiere (…) se podrán denegar ritos funerales a pecadores manifiestos en quienes es escándalo público para los fieles no puede evitarse. Si hay duda, se habrá de consultar al ordinario del lugar [el obispo] y seguir su juicio”.

Entre las razones para negar el rito se cita por ejemplo que el fallecido o su pareja fuesen “promotores del ‘estilo de vida gay’”. Haber mostrado en vida algún signo de activismo o de no haber aceptado la enseñanza oficial hace así al fallecido susceptible de no recibir un funeral. Las indicaciones incluyen una serie de preguntas que ha de hacerse el sacerdote en cada caso concreto: “Para minimizar el escándalo, ¿debería haber solo una breve celebración de la Palabra en la funeraria? ¿O quizá un oficio frente a la tumba? Quizá podría ofrecerse una misa funeral con o sin mención explícita del nombre del fallecido o de la ‘pareja’, en la parroquia o incluso en otra parroquia (para evitar el escándalo), con o sin miembros de la familia”. Pero la nota va aún más allá, al plantearse como un “gran riesgo de escándalo y confusión”, el que aparezca el nombre del sacerdote o la parroquia en cualquier esquela u obituario “público (por ejemplo, periódico) o semi-público [sic]”. Tampoco puede haber referencia al compañero viudo en nada publicado por la parroquia, ni ninguna referencia a la “unión no natural”. Igualmente, se aconseja “mantener al mínimo el compromiso del sacerdote o diácono (por ejemplo, limitado a un sacerdote o diácono y en los momentos meramenete esenciales de un oficio o rito, si lo hay)”. En otras palabras, se puede rezar por el fallecido, pero sin que no se note mucho.

Estas indicaciones han vuelto a causar controversia, como ya sucediese con las de Springfield. De nuevo, James Martin se ha pronunciado con claridad: “El problema, como indico en Building a Bridge [su libro a favor del acercamiento entre la Iglesia y el colectivo LGTB antes mencionado] es que estas enseñanzas casi siempre se aplican de manera selectiva. Esto es, no hay un foco equivalente en la moralidad sexual de los católicos heterosexuales en el momento de sus funerales (por ejemplo, ¿estaba él o ella divorciado y casado de nuevo sin anulación? ¿Estaban viviendo juntos antes del matrimonio?). Tampoco se pone bajo tal microscopio la moralidad de los profesores de escuela católicos (por ejemplo, ¿está él o ella viviendo con una pareja antes del matrimonio?). El foco puesto exclusivamente en las personas LGTB y su moralidad sexual, sin un foco equivalente en la moralidad sexual (o moralidad en general) de los católicos heterosexuales, constituye lo que el catecismo denomina ‘discriminación injusta’ (2358)”.

En definitiva, si las decisiones de obispos como los de Springfield o Madison dejan bien claro que persisten actitudes fuertemente discriminatorias dentro de la Iglesia católica, también parece confirmarse que en Estados Unidos hay una creciente contestación interna, que contrasta con lo que sucede en en otros lugares, como España, donde afirmaciones fuertemente discriminatorias de otros obispos no cuentan por el momento con oposición significativa de voces católicas “autorizadas”. Veremos si eso cambia en el futuro.

Fuente Dosmanzanas

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“Nuestra ética quiere proponer la generosidad como sustituto de la justicia”, por Cameron Doody

Martes, 5 de septiembre de 2017

bl637mncaaa7seyEl texto completo del discurso de David Fernández, sj

Agradezco a los organizadores de esta ceremonia conmemorativa del sesenta aniversario de la fundación de la carrera de Administración de Empresas, y más ampliamente a la Sociedad de Egresados de esta carrera de la Universidad Iberoamericana, que me hayan invitado a decir unas palabras con motivo, también, de la entrega de los reconocimientos “Xavier Sheifler, sj” a quienes ahora hemos galardonado.

Dada la trascendencia de este acto y lo concurrido del mismo, voy a abusar de su generosidad para hablar sobre la magnanimidad y la filantropía. El tema me ha dado muchas vueltas en la cabeza y pensé mucho tiempo en qué era lo que verdaderamente quería decirles en esta ocasión. En el entretanto, topé con una pieza oratoria de un autor indio, Anand Giridharadas, que me dijo lo que realmente deseaba comunicarles en este ambiente de fiesta y agradecimiento.

Quisiera reflexionar sobre la participación de nuestra comunidad universitaria y de sus egresados en las injusticias más importantes y dolorosas de nuestro tiempo. Y sugeriré, al propósito, que tal vez no siempre somos los líderes positivos o simplemente las personas que creemos ser.

En México y en el mundo entero tenemos un gravísimo problema de desigualdad. En este momento de cambios radicales y de nuevas definiciones sociales resulta que existen territorios en donde las cosas florecen y otros más en donde se marchitan y mueren. En alguna otra ocasión a esta desigualdad radical la he llamado “apartheid social”.

Por lo general los debates y deliberaciones acerca de lo que debemos hacer para disminuir la pobreza son auspiciadas y realizadas por los grupos de personas exitosas con alto bienestar económico.

uestra comunidad universitaria vive de las ganancias obtenidas por el funcionamiento de este sistema injusto. Nuestras actividades son patrocinadas por Pepsi, Citibank, Liverpool, Samsung. Estamos profundamente comprometidos con lo establecido y con el sistema que decimos cuestionar. Aun así, somos una comunidad de creyentes ignacianos, con liderazgo social y empresarial que pugna por la justicia. Estas dos identidades son verdaderamente difíciles de reconciliar.

Hoy quiero cuestionar la manera en que las reconciliamos. Quiero cuestionar la ética que prevalece entre los triunfadores de hoy en todo el mundo, en los negocios, el gobierno e incluso en muchas organizaciones de la sociedad civil.

El núcleo de esa ética y del propósito de nuestra universidad es retar a los favorecidos del mundo para que hagan el bien, cada vez un mayor bien, pero nunca les hemos dicho ni les decimos todavía que hagan un menor mal a los demás.

El pensamiento común entre nosotros sostiene que el capitalismo tiene excesos y daños colaterales graves que han de ser aminorados, ángulos que hay que limar, y que los frutos inmoderados deben ser compartidos; pero siempre sin cuestionar el sistema subyacente.

La ética de nuestras asociaciones filantrópicas y de nuestros egresados sostiene que hay que devolver lo que se nos ha dado, lo cual, por supuesto, es algo noble y compasivo. Pero en medio de la enorme pobreza que vivimos, de la violencia que nos corroe, es obvio que “devolver lo que se nos ha dado” es poner apenas una curita en el sistema que ha privilegiado a las élites a las que pertenecemos, con la esperanza consciente o inconsciente de que eso prevenga la necesidad de una cirugía mayor a ese sistema: cirugía que quizá pueda amenazar nuestros privilegios.

Nuestra ética, creo, quiere proponer la generosidad como sustituto de la justicia. Lo que en realidad decimos es: haz dinero de la forma en que lo hace todo mundo, y luego regresa algo por medio de un donativo, o mediante la creación de una fundación, o con alguna acción que tenga impacto social, o añade algunos comentarios compasivos al pie de tus análisis.

Nuestra ética dice: “haz más el bien”, pero nunca dice “haz menos daño”.

Quiero iniciar con este breve discurso, ya que hoy no hay tiempo para extenderme, una conversación difícil entre nosotros sobre estas reglas del juego. Lo hago porque amo a nuestra comunidad universitaria, porque los jesuitas somos corresponsables de la formación de nuestros egresados, porque temo que quizá no seamos tan virtuosos y cristianos como pensamos; porque creo que la historia no será tan generosa con nosotros como esperamos, y que en un análisis final nuestro papel en las inequidades de nuestra época no será bien recordado. Por eso lo hago.

Quisiera que habláramos honestamente sobre algunos de los daños que los “triunfadores” de hoy infligen a los demás mientras procuran el bienestar para sí mismos, antes de que traten de compensarlo haciendo el bien.

Muchos de nosotros no trabajamos en negocios o finanzas. Y sin embargo vivimos en una época en la que los supuestos y los valores empresariales tienen una influencia mucho mayor de la que deberían tener. Esto lo vemos en muchos otros sectores de la realidad.

Nuestra cultura ha convertido a los empresarios y hombres de negocios en filósofos (“pon una start-up en tu vida para que tenga sentido”), revolucionarios (“el cambio empieza en ti mismo“), activistas sociales (“el mejor negocio hoy es invertir en los pobres”), salvadores de los pobres (“hay que enseñar a pescar”). Estamos en riesgo serio de olvidar muchos otros lenguajes para expresar lo que significa el progreso humano: moralidad, democracia, solidaridad, decencia, justicia.

Con frecuencia sucumbimos al dogma seductor de Davos de que la aproximación empresarial es lo único que puede cambiar el mundo, frente a la enorme evidencia histórica de lo contrario.

Y entonces, cuando los triunfadores de nuestra época quieren responder a los problemas de la pobreza, la desigualdad y la injusticia lo hacen dentro de la misma lógica y en el marco de los negocios y los mercados. De esta manera hablamos mucho de retribuir, de compartir ganancias, de ganar-ganar, de la inversión con impacto social, de responsabilidad social empresarial, etc.

A veces me pregunto si estas diversas formas de regresar lo recibido se han convertido para nuestra era en lo que las indulgencias papales fueron para la Edad Media: una forma relativamente barata de estar aparentemente en el lado correcto de la justicia, pero sin tener que alterar en lo fundamental la propia vida.

Estas estructuras y sistemas producen víctimas, y corremos el riesgo de confundir la generosidad hacia esas víctimas con la justicia para esas víctimas.

La generosidad es ganar-ganar, pero la justicia con frecuencia no lo es. A los ganadores de nuestro tiempo no les gusta la idea de que quizá algunos de ellos tengan que perder, que hacer sacrificios, para que la justicia prevalezca. No escuchamos muchos discursos que señalan que los poderosos y privilegiados están equivocados, y que tienen que declinar su estatus y posición en favor de la justicia.

Hablamos mucho de dar más. Pero no hablamos de quitar menos.

Hablamos mucho acerca de lo mucho que tenemos que hacer. Pero no hablamos de lo mucho que tenemos que dejar de hacer.

Soy consciente de que esta intervención que hago ahora no me va a hacer más popular con nadie. Pero para mí, esto que ahora hago lo considero un deber de conciencia en congruencia con el Evangelio del Señor Jesús.

No ignoro tampoco que muchos de ustedes están de acuerdo conmigo porque hay vínculos surgidos del trabajo de años de la Compañía de Jesús en nuestra universidad y porque hemos compartido el sentimiento de que hay algo que no funciona bien en nuestra sociedad.

El problema central es este: ¿está tu vida -no tu proyecto filantrópico- en el lado correcto de la justicia? Como diría nuestra última Congregación General: ¿tu empresa, tu labor, ayuda a reconciliarnos con los demás y con la creación, o más bien profundiza nuestras distancias y la crisis social y ecológica que ha denunciado el Papa Francisco?

¿Necesita el mundo más magnates chinos comprometidos con la filantropía, o más bien menos corruptos magnates chinos?

¿Necesita el mundo socios de Goldman Sachs asesorando mujeres o dando dinero a las escuelas de niños pobres, o más bien socios de Goldman que arriesgan todo para decir: la forma en que mi compañía hace negocios no es correcta, y pelearé para hacer de Goldman un ente social positivo en lugar de un vampiro extractor de recursos, aun si eso me cuesta el trabajo?

A veces me pregunto si estamos aquí para cambiar el sistema o para que el sistema nos cambie a nosotros. ¿Usamos nuestra fuerza colectiva para desafiar a los poderosos, o estamos ayudando a hacer de un injusto e inaceptable sistema algo mucho más digerible por todos?

Y con todo, aquí estamos, celebrando ser egresados de una institución jesuita. ¿Por qué? Porque hay algo maravilloso en esta comunidad. Y porque creemos que podemos ser mucho más de lo que hemos sido hasta ahora: genuinos servidores del Reino de Dios, de los más pobres y de los excluidos en este caótico momento crucial para el mundo.

Pero si queremos jugar realmente ese papel, creo que tenemos que considerar hacer un cambio fundamental en la orientación de nuestros esfuerzos como egresados de una universidad de inspiración cristiana: de trabajar con el sistema a trabajar para cuestionar honestamente al sistema en aquello en que le falla a la gente; de la tranquilizadora idea de hacer el bien sin mirar a quién, a la noción más valiente de hacer el bien poniendo en riesgo esa condición que nos da la oportunidad de hacer el bien.

Discúlpenme, pues. Y gracias.

Cameron Doody

Fuente Religión Digital

6 de julio, 2017

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Una pareja gay estadounidense protagoniza un spot de promoción de Guipúzcoa y sus monumentos religiosos

Viernes, 11 de agosto de 2017

promocion-guipuzcoa-pareja-gay-300x170Una pareja gay estadounidense protagoniza un spot de la Diputación Foral de Guipúzcoa para promocionar San Sebastián, el Camino Ignaciano, Loyola, Arantzazu y otros lugares de la Guipúzcoa interior. Se trata del cuarto anuncio que lanza la institución guipuzcoana dentro de una serie vinculada a la marca Explore San Sebastian Region

Uno de los objetivos del spot publicitario, titulado “Matt & Andrew’s story’” es romper con el cliché que asocia lugares como la basílica de Loyola, el santuario de Arantzazu, la ermita de La Antigua de Zumárraga y otros lugares de la Guipúzcoa interior solo con el turismo religioso. Por ese motivo, el anuncio está protagonizado por Matt y Andrew, una pareja gay norteamericana (interpretada por dos actores).

El vídeo comienza con una visita de la pareja a San Sebastián, disfrutando de sus calles y playas. “Siempre quisimos conocer la cuna de Ignacio de Loyola, el fundador de la orden de los jesuitas, porque fue precisamente en una universidad jesuita, la de Georgetown, donde nos conocimos hace ya unos cuantos años”, comentan al principio del spot sus protagonistas.

A continuación, mochila en mano, la pareja inicia su “particular Camino Ignaciano”, partiendo de Azpeitia. En ese inicio, se ve a ambos visitando la impresionante basílica barroca de Loyola. Después, comienzan su ruta de peregrinaje, pasando por diversos pueblos y disfrutando de sus valles, iglesias y gente.

En ningún momento se juega a la ambigüedad y desde el principio queda claro que se trata de una pareja gay, que no escatima en muestras de cariño y miradas cómplices. “Explorar la región de San Sebastián ha supuesto para nosotros un verdadero viaje personal cargado de emociones pero también de cultura, buena comida, arte y relajación. Un tiempo para celebrar habernos conocido y todo un placer para los sentidos”, comentan hacia el final del spot.

Nuestro objetivo es mostrar al mundo las diferentes caras de Guipúzcoa y atraer a públicos distintos. En este caso, gente que no se mueve necesariamente por motivos religiosos y que quizás solo busca paz, patrimonio o cultura”, asegura Denis Itxaso, diputado de Cultura y Turismo, sabedor de lo “rompedor” de la iniciativa. Desde la Diputación señalan que la idea es que el vídeo circule por mercados como el japonés, canadiense, estadounidense además del belga, francés y el británico.

Os dejamos con él y con los maravillosos paisajes de Guipúzcoa, uno de los tres territorios históricos de la comunidad autónoma vasca:


Fuente Diario Vasco, vía Dosmanzanas

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Un obispo preside la oración en un encuentro de católicos LGTB en Estados Unidos

Jueves, 18 de mayo de 2017

bishopstowe1Dos noticias de cariz muy diferente revelan las tensiones internas que se están produciendo en el seno de la Iglesia católica estadounidense por lo que la inclusión de las personas LGTB se refiere. Por un lado, un obispo ha asistido a un encuentro para personas LGTB católicas, en el que además ha dirigido la oración. Por otro, se siguen conociendo casos de discriminación en instituciones dependientes de la Iglesia.

Que las instituciones de la Iglesia católica no son precisamente un lugar fácil para las personas LGTB es bien conocido. No obstante, también es cierto que se están produciendo en los últimos tiempos movimientos internos, especialmente en países como Estados Unidos o Alemania, de los que venimos informando regularmente. Hoy recogemos movimientos de signo contrario al otro lado del Atlántico, unos a favor de la inclusión y otros de reafirmación de la exclusión.

Un ejemplo reciente del primer grupo es el del obispo de Lexington (Kentucky), el franciscano John Stowe, quien ha dirigido una oración ante 300 personas en un encuentro de New Ways Ministry, organización norteamericana que trabaja por la inclusión de las personas LGTB en la iglesia católica. No era, por cierto, el único obispo que tenía previsto asistir: también iba a estar presente el obispo emérito auxiliar de Detroit, Thomas Gumbleton, que al final se vio obligado a cancelar su asistencia por enfermedad.

En una entrevista concedida durante el encuentro, Stowe declaró sentir humildad ante la persistencia de las personas LGTB católicas, con “una vida de fe en una iglesia que no siempre la ha acogido o valorado”. Según el obispo, ellas también le han dado a la Iglesia “una valiosa lección de misericordia”, al pedirle “ser más inclusiva y más parecida a Cristo, a pesar de que se les hayan dado tantas razones para marcharse”.

Stowe dirigió la oración, además, en presencia de la hermana Jeaninne Gramick, de la Congregación de Loreto. Esta monja es desde hace más de 20 años una de las figuras más prominentes en defensa de la inclusión de las personas LGTB católicas en la Iglesia. Cofundadora de New Ways Ministry, ha publicado varios libros y ha protagonizado un documental sobre su vida y su mensaje, In Good Conscience. Más aún, Gramick llegó a ser reprobada por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1999, junto a otro de los fundadores de la organización, Robert Nugent, fallecido en 2014. Pese a ello persistió en su tarea, aunque tuvo que cambiar de congregación.

La participación de Stowe, como era de prever, no dejó de causar gran controversia, a través de correos y publicaciones en blogs, algunas de las cuales calificó de “maliciosas”. Con todo, es un signo positivo que pese a las presiones en contra, Stowe persistiera en ir al encuentro.

“Algunos santos probablemente fueron gais”

En el contexto de esta charla, merece ser destacada una anécdota. La protagonizó el jesuita James Martin, de quien ya hemos hablado en esta página por su apoyo al colectivo LGTB (la última hace menos de un mes, cuando afirmó que las iglesias debían denunciar la persecución de los homosexuales en Chechenia).

Martin respondió en su perfil de Facebook a quienes le reprocharon su publicación sobre el encuentro del obispo Stowe. En concreto, al comentario de que “a ningún santo canonizado le haría mucha gracia”, James Martin respondió: “algunos de ellos eran probablemente gais. Un cierto porcentaje de la humanidad es gay, por lo que muy probablemente lo fueron algunos de los santos. Te sorprenderás de verte saludado por hombres y mujeres LGTB cuando llegues al cielo”. Un comentario que curiosamente ha sido recogido en Infovaticana, un portal ultraconservador que, a pesar de su nombre, no tiene nada que ver con ninguna página oficial del Vaticano.

Dos casos de discriminación

La asistencia del obispo Stowe a un encuentro LGTB contrasta con dos casos de discriminación recientemente conocidos, también en Estados Unidos. En el primer caso, Evan Michael Minton, un hombre trans, ha demandado al grupo de hospitales Dignity Health de California por haberse negado a practicarle una histerectomía (extirpación del útero). Fue, en concreto, en el San Juan Medical Center, centro que canceló la intervención justo el día antes de que se le practicara: “Me dejó destrozado, no quiero que esto afecte a mis hermanos y hermanas transgénero como me afectó a mí. Nadie debería pasar por esto”, asegura.

De acuerdo con la explicación de los administradores, la cancelación se debió a que la operación violaba las políticas de la empresa, basadas en las directivas éticas y religiosas para los servicios de salud católicos de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, publicadas en 2009. En este sentido, la doctora de Minton, Lindsey Dawson, afirma no culpar a los administradores o al personal del centro. “Culpo a la doctrina católica”, ha declarado.

El segundo caso es el de William di Canzio, retirado de sus funciones de lector en la parroquia de Daylesford Abbey, en las afueras de Filadelfia, por haber contraído matrimonio con otro hombre. La decisión se produce después de que el arzobispo de Filadelfia, Charles Caput (uno de los más conservadores de Estados Unidos), haya prohibido expresamente que personas con pareja del mismo sexo lleven a cabo labores litúrgicas. Sin embargo, el relato de los acontecimientos que ofrece el propio Di Canzio muestra las tensiones actuales, pues el propio párroco expresó un claro malestar al tener que aplicar la decisión: “el abad Richard Antonucci de la Abadía de Daylesford en Paoli pidió reunirse conmigo, aunque no quiso decirme por adelantado el motivo. Empezó la conversación diciendo que se había enterado de que me había casado con mi compañero desde hace doce años, Jim Anderson. ‘Créeme’, me dijo, ‘os deseo sinceramente muchos, muchos años de felicidad juntos’. Luego me pasó una copia de la directiva del arzobispo Charles Caput [y] dijo que, a su pesar, tenía que aplicar la directiva”.

En definitiva, noticias contradictorias que hablan de tensiones en el interior de la Iglesia católica por lo que a la situación de sus fieles LGTB se refiere. Unas tensiones cuya visibilidad, inimaginable hace solo unos pocos años, es señal de que se están produciendo cmovimientos a los que merece la pena seguir atentos.

Fuente Dosmanzanas

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El sacerdote jesuita James Martin llama a las iglesias a pronunciarse contra la persecución homófoba en Chechenia

Lunes, 24 de abril de 2017

james-martin-sj-y-la-portada-de-su-nuevo-libroOtro jesuita, para más señas papa, Francisco, permanece mudo ante este genocidio, como mudo ha estado en sus visitas a países africanos donde se nos persigue, acosa, asesina… Sus obispos, mudos, como los monos de Gibraltar que ni ven, ni oyen, ni dicen nada, pero con un agravante: Francisco y sus obispos SI ven, SI oyen… pero no dicen nada pisoteando el profetismo del Evangelio.

Las iglesias cristianas deben pronunciarse contra la persecución a las personas LGTB en Chechenia. Así de rotundo se ha expresado James Martin, un sacerdote de Estados Unidos del que ya hablamos el pasado 11 de abril. Se trata de un jesuita de notable relevancia que ya en ocasiones anteriores se ha destacado por su apoyo a las personas LGTB. Lo hizo, por ejemplo, tras el atentado de Orlando, y próximamente publicará un libro a favor del acercamiento entre jerarquía y comunidad LGTB que ha cosechado alabanzas de importantes miembros de la jerarquía católica.

James Martin es sacerdote jesuita y periodista. Actualmente es editor jefe de America, una importante publicación católica de Estados Unidos. Es también una de las voces más prominentes a favor de la inclusión de las personas LGTB en la Iglesia católica. Con ocasión del atentado en Orlando, Martin estuvo entre los primeros en alzar la voz: pidió que la jerarquía condenase el atentado hablando claramente de homofobia, bifobia y transfobia, y que se solidarizase explícitamente con el colectivo LGTB.

Con anterioridad, Martin había hablado de la probable homosexualidad del teólogo y mártir protestante Dietrich Bonhoeffer, según una reciente y acreditada biografía, señalando, significativamente que “importa” que Bonhoeffer fuera gay, porque muestra que “los hombres y mujeres gais pueden ser santos, muy santos, incluso mártires“.

Ahora ha vuelto a destacarse por dos actos. El más reciente ha sido su pronunciamiento público contra la persecución en Chechenia; y el segundo es la próxima publicación de un libro a favor de la inclusión de las personas LGTB.

Llamamiento a pronunciarse contra la persecución en Chechenia

Así, en primer lugar, James Martin ha llamado a los católicos a denunciar la persecución de los homosexuales en Chechenia a través de sus perfiles en redes sociales. La propia revista America, de hecho, ha informado sobre la persecución.

Por una parte, James Martin ha publicado tres tuits: en el último afirma claramente que “el encarcelamiento de hombres gais en Chechenia es un asunto de dignidad humana. Las iglesias deben pronunciarse”; en el anterior recuerda la afirmación del Catecismo de que se debe evitar todo signo de discriminación injusta, y en el primero, que acompaña de un enlace al artículo de America, señala que la persecución en Chechenia es precisamente un ejemplo de discriminación injusta, acompañándolo significativamente de una foto de Putin.

También en Facebook ha dejado un mensaje en el que afirma: “La iglesia tiene una absoluta responsabilidad moral y debe pronunciarse a favor de todos aquellos que son marginados y perseguidos, en este caso los hombres gais en Chechenia que están siendo encarcelados y asesinados. Da igual lo que pienses sobre temas LGTB, esto es un claro ejemplo de ‘discriminación injusta’, condenada por el Catecismo de la Iglesia Católica (2358) y hay que oponerse. El encarcelamiento de estos hombres es un asunto de dignidad humana; el asesinato de estos hombres es un asunto de vida humana”.

Un libro que invita a “tender puentes” entre los católicos LGTB y la jerarquía

Por otra parte, este mismo sacerdote publicará próximamente un libro titulado Construyendo un puente (“Building a bridge”) en el que se pronuncia a favor del acercamiento entre la Iglesia católica y las personas LGTB. El libro está basado en una charla dada por James Martin con ocasión de un premio recibido por parte de New Ways Ministry, una organización que lleva más de 20 años trabajando a favor de la inclusión de las personas LGTB en la Iglesia católica. En dicha charla, animaba tanto a la jerarquía de la Iglesia como a los católicos LGTB a establecer un puente.

En la “primera dirección” de este puente, desde la jerarquía a los fieles católicos LGTB, destaca en particular la insistencia en que la jerarquía se refiera al colectivo con el nombre que dicho colectivo emplea para sí mismo. Esto significa dejar de utilizar términos como “estar aquejados de atracción por el mismo sexo” (que por ejemplo emplea con profusión en España el obispo Reig Pla, utilizando incluso el acrónimo AMS para darle más empaque) o incluso “homosexualidad”, por tener connotaciones excesivamente clínicas. Martin propone usar en su lugar los términos de la misma militancia, como LGTB o LGTBQ.

Ciertamente, Martin también pide a las personas LGTB católicas que tengan “comprensión” y “respeto” con la jerarquía, atendiendo a lo que, dentro de la doctrina, es su misión de enseñar. Puede que en algunos asuntos disientan, pero un camino de diálogo debe incluir, afirma Martin, el reconocimiento, por parte de los propios católicos LGTB, del papel que pese a todo corresponde a los obispos según la fe que ellos mismos profesan. Se ha de evitar por ello, afirma, el lenguaje agresivo que en ocasiones se escucha de parte de ámbitos LGTB católicos. En este sentido, invita también a ir más allá de los pronunciamientos en materia LGTB y a atender a otros mensajes de tipo social frecuentemente pasados por alto: “Frecuentemente, especialmente en asuntos de justicia social, puede que encuentres que te desafían con una sabiduría que no escucharás en ningún otro lugar en el mundo”.

Lo más interesante de este libro ha sido el apoyo explícito de algunas altas autoridades eclesiásticas, en forma de elogios que aparecerán en la cubierta del mismo. El cardenal Kevin Farrell, prefecto del dicasterio Laicos, Familia y Vida, ha afirmado que es “un libro bienvenido y muy necesario que ayudará a obispos, sacerdotes, colaboradores pastorales, y a todos los líderes eclesiales a ejercer un ministerio más compasivo a la comunidad LGTB. Ayudará también a los católicos LGTB a sentirse más en casa en la que, a fin de cuentas, es su iglesia”. El cardenal Joseph Tobin, hasta hace poco arzobispo de Indianápolis y ahora arzobispo de Newark, afirma por su parte que “en demasiadas partes de nuestra iglesia, las personas LGTB se les ha hecho sentir que no son bienvenidas, se les ha hecho sentir excluidas e incluso avergonzadas. El libro valiente, profético e inspirador de James Martin marca un paso esencial en la invitación a los líderes eclesiales a ejercer su ministerio con mayor compasión y al recordar a los católicos LGTB que son tan parte de nuestra iglesia como cualquier otro católico”.

En definitiva, se trata de una toma de postura positivamente destacable por venir de una figura prominente y por suscitar reconocimiento incluso entre miembros de la jerarquía católica. Poco que ver todavía, en cualquier caso, con la situación que vive la Iglesia católica en España.

Fuente Dosmanzanas

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Los jesuitas de Centroamérica alzan su voz contra el muro fronterizo de Trump

Lunes, 6 de febrero de 2017

jesuitas-de-centroamerica-contra-el-muro-de-trumpLo califican de “afrenta a nuestra misión y asalto a los valores cristianos”

Señalan su intención de “trabajar juntos/as, para que se respeten los derechos humanos”

(Israel González Espinoza, corresponsal en Centroamérica).- La Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús expresó este jueves por medio de un comunicado la construcción de un muro fronterizo que la administración del presidente estadounidense Donald J. Trump pretende construir a lo largo de la guardarraya que divide los Estados Unidos de América y México.

“La Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, la Comisión Provincial de Apostolado Social y la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica expresamos nuestra preocupación y total rechazo a las medidas migratorias anunciadas en los últimos días por el presidente de Estados Unidos, tales como el aumento de la seguridad fronteriza, la suspensión del derecho a solicitar asilo, el aumento de centros de detención y de procedimientos de deportación expedita, y la prohibición de entrada a personas de varias nacionalidades, entre otras”, expresa el primer párrafo del contundente comunicado de los jesuitas de América Central.

El comunicado de la Compañía de Jesús en América Central llega días después que los jesuitas de Canadá y EE.UU. condenaran por medio de un comunicado conjunto las medidas de control migratorio que ha firmado por medio de decreto ejecutivo el presidente Trump.

“Nos sumamos a las denuncias de los hermanos jesuitas de Canadá y Estados Unidos, quienes consideran dichas disposiciones una afrenta a nuestra misión como Compañía de Jesús, y un asalto a los valores cristianos. Y nos sentimos cuerpo con ellos cuando expresan su solidaridad con nuestras hermanas y hermanos migrantes, reafirman su decisión de no ceder ante el miedo, y su intención de continuar la larga tradición de defender y acompañar a las personas migrantes y refugiadas, sin importar su origen o religión”, remarca otro párrafo de dicho comunicado.

Según los sacerdotes jesuitas en América Central, las órdenes ejecutivas de la administración estadounidense de Donald Trump tienen a “estigmatizar y criminalizar a los migrantes” y violan derechos humanos fundamentales. Del mismo modo, subraya que dichas medidas restrictivas tienden a agravar la crisis migratoria del triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), dónde la situación de violencia y la injusticia social enraizada en la sociedad obliga a miles a buscar un mejor destino en Estados Unidos.

“En tiempos de muros, nos sentimos llamados a construir puentes entre personas, culturas y sociedades. A levantar nuestras voces y trabajar juntos y juntas para que los Estados centroamericanos y norteamericanos, respeten los derechos humanos y el principio de la dignidad humana, celebren las diferencias y fomenten una cultura de hospitalidad y fraternidad”, finaliza el comunicado de la Provincia jesuita en América Central.

Por su importancia, reproducimos íntegro el comunicado de la comunidad jesuita en América Central:

Es tiempo de construir puentes, no muros

La Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, la Comisión Provincial de Apostolado Social y la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica expresamos nuestra preocupación y total rechazo a las medidas migratorias anunciadas en los últimos días por el presidente de Estados Unidos, tales como el aumento de la seguridad fronteriza, la suspensión del derecho a solicitar asilo, el aumento de centros de detención y de procedimientos de deportación expedita, y la prohibición de entrada a personas de varias nacionalidades, entre otras.

Las órdenes ejecutivas emitidas por la Administración Trump suponen violaciones graves a los derechos humanos y “representan una política dirigida a estigmatizar y criminalizar a los migrantes o a cualquier persona percibida como migrante”, tal y como reconoce la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su comunicado del 1 de febrero del presente año. Su implementación no tiene otro efecto más que agravar la crisis y vulnerabilidad de los miles de centroamericanos y centroamericanas, que se ven obligadas a salir de sus países porque éstos no les brindan las condiciones mínimas para poder llevar una vida digna, y en muchos casos, para poder salvar sus vidas.

Nos sumamos a las denuncias de los hermanos jesuitas de Canadá y Estados Unidos, quienes consideran dichas disposiciones una afrenta a nuestra misión como Compañía de Jesús, y un asalto a los valores cristianos. Y nos sentimos cuerpo con ellos cuando expresan su solidaridad con nuestras hermanas y hermanos migrantes, reafirman su decisión de no ceder ante el miedo, y su intención de continuar la larga tradición de defender y acompañar a las personas migrantes y refugiadas, sin importar su origen o religión.

En tiempos de muros, nos sentimos llamados a construir puentes entre personas, culturas y sociedades. A levantar nuestras voces y trabajar juntos y juntas para que los Estados centroamericanos y norteamericanos, respeten los derechos humanos y el principio de la dignidad humana, celebren las diferencias y fomenten una cultura de hospitalidad y fraternidad.

Fuente Religión Digital

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Los jesuitas “bendicen” la película de Scorsese sobre su persecución en Japón

Jueves, 12 de enero de 2017

silence-poster“Silencio” es una excelente película que no deja a nadie indiferente, según la Compañía

Varios religiosos asesoraron el rodaje del filme, que se estrenó este 6 de enero

Novela Silencio de Shūsaku Endō ( PDF)

Un total de 93 jesuitas dieron su vida por la fe; de ellos tres han sido canonizados (Pablo Miki, Juan de Goto y Diego Kisai), 37 beatificados y los demás tienen introducida la causa de beatificación

(Jesuitas).- La película Silencio se estrenó en España el pasado 6 de enero. Basada en la novela histórica del escritor japonés católico Shūsaku Endō, es un proyecto personal de Scorsese que ha tardado veinte años en materializar. Se enmarca en los duros años de persecución del cristianismo que llegó a Japón de la mano de San Francisco Javier y dos compañeros jesuitas en 1549. Considerada por muchos jesuitas y laicos ignacianos que ya la han visto una excelente película, cargada de espiritualidad y profundidad, a pesar de su crudeza, no deja indiferente.

Jay Cocks, guionista que ha colaborado con Scorsese en La edad de la inocencia y Gangs of New York, firma la adaptación de la novela a la gran pantalla, protagonizada por Liam Neeson (La Lista de Schindler), Andrew Garfield (La red social, Hasta el último hombre) y Adam Driver (Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza, ‘Girls’), Tadanobu Asano (Thor, Ichi the killer) y Ciarán Hinds (Camino a la perdición).

La apasionante historia de sacrificio y fe que narra traslada al espectador a la segunda mitad del siglo XVII. Dos jóvenes jesuitas viajan a Japón en busca de un misionero, su mentor, que tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a su fe. Ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia que los japoneses ejercen sobre los cristianos. Como telón de fondo planea el silencio de Dios ante el martirio que pesa sobre uno de los protagonistas, silencio al que alude el título de la novela y la película.

Jesuitas en el rodaje

silencio-de-scorsesePara preparar mejor a los actores y hacer creíbles a los personajes, Scorsese pidió ayuda a los jesuitas. El estadounidense James Martin SJ fue asesor del director durante todo el rodaje. El jesuita español Alberto Núñez fue consultor técnico del set y su misión fue preparar a los actores sobre los modos de proceder jesuita y supervisar las escenas de carácter religioso. Por su parte, dos jesuitas de los Estudios Kuancgchi de Taipei, el americano Jerry Martinson y el italiano Emilio Zanetti, también estuvieron en el set, e incluso este último aparece de extra. Asimismo el actor Andrew Garfield hizo Ejercicios Espirituales para interiorizar mejor la espiritualidad ignaciana.

La novela

silencio-endoEl escritor japonés Shūsaku Endō (1923-1996) publicó la novela Silencio en 1966 y fue reconocida ese mismo año con el premio Tanizaki, uno de los más prestigiosos galardones literarios japoneses. Es el trabajo más conocido de su autor y suele citarse como su obra maestra. Shūsaku Endō es uno de los grandes escritores japoneses del siglo XX, con la particularidad de ser cristiano católico, en un país en el que la población cristiana no llega al 1%. La religión es un tema presente en varias de sus obras.

El personaje central de la novela está basado en la figura histórica de Cristóvão Ferreira, un misionero jesuita portugués de principios del siglo XVII que durante la época de las persecuciones contra los cristianos, tras sufrir terribles torturas, se convirtió en un apóstata.

La publicación del libro causó una gran conmoción en Japón, donde nunca hasta entonces se había tratado de modo tan la brutal la persecución sufrida por los cristianos.

La Compañía de Jesús en Japón

El cristianismo llegó a Japón de la mano del jesuita San Francisco Javier en 1549. Las conversiones fueron abundantes en esos primeros dos años que Javier permaneció en Japón, antes de partir hacia su ansiada China, a cuyas puertas moriría. En pocas décadas nació una Iglesia floreciente cuya labor se tornó cuando el 25 de julio de 1587 el gobernador Hideyoshi decretó el exilio de los jesuitas. A partir de 1600 pasó a ser una Iglesia clandestina, perseguida y plagada de mártires pero que logró mantenerse, oculta, durante 250 años.

fotograma-de-silencioEn 1590 la Compañía contaba en Japón con 140 jesuitas entre japoneses y extranjeros, que estaban ilegalmente en suelo japonés. A partir de 1600 y con una situación política crítica se empezaron a ejecutar a varios cristianos de relieve. La situación empeoró con la llegada de la administración Tokugawa en Edo (actualmente Tokio) en 1603, cuando la persecución a los cristianos se hizo mucho más severa. En aquel tiempo los católicos de Japón eran unos 400.000 y en los comienzos del periodo fueron martirizados varias decenas de miles. Un total de 93 jesuitas dieron su vida por la fe; de ellos tres han sido canonizados (Pablo Miki, Juan de Goto y Diego Kisai), 37 beatificados y los demás tienen introducida la causa de beatificación.

Durante 250 años 50.000 “católicos ocultos” de Nagasaki y Goyo en el norte de Kyshu, mantuvieron la fe en la clandestinidad y la sostuvieron de generación a generación. Los padres bautizaban a sus hijos y los educaban en la fe, enseñándoles la doctrina cristiana y las oraciones en latín, sin sacerdotes que les administraran los sacramentos, y con una transmisión oral de la Biblia. La pervivencia de la fe durante estos siglos es un milagro de la fidelidad de la Iglesia japonesa.

fotograma-de-silenceHasta 1908 no regresan los jesuitas a Japón. Lo hicieron tres religiosos procedentes de EE.UU., Alemania y China. La provincia jesuita de Alemania Oriental desde 1933 y la de Toledo (España) desde 1934 comenzaron a colaborar con la misión enviando jesuitas y otras ayudas. Años más tarde se incorporará otra provincia española, la Bética (Andalucía y Canarias).

Dos jesuitas españoles misioneros en Japón han sido Padres Generales de la Compañía de Jesús, el P. Arrupe (1965-1985) y el P. Adolfo Nicolás SJ (2008-2016).

Hoy residen en Japón unos 200 jesuitas, el 30% de ellos nativos. La educación es uno de los pilares de su trabajo. Cuentan con casas de ejercicios, centros de pastoral, parroquias, colegios y la Universidad Sophia. En Nagasaki, la Compañía cuenta con el Museo de los Mártires. Centrado en la historia cristiana de Japón, presenta el testimonio de sus mártires. En la colina en la que se levanta y sus alrededores murieron unos 600 cristianos, de muchas nacionalidades; de ellos, 45 eran jesuitas. Hace unos años fue elevado a santuario diocesano.

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Fuente Religión Digital

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Charlas y talleres sobre la realidad LGTB en un amplio encuentro educativo jesuita en Estados Unidos

Lunes, 5 de diciembre de 2016

imagesYa en alguna ocasión anterior hemos señalado la notable visibilidad LGTB en varias universidades jesuitas de Estados Unidos, algunas de ellas tan emblemáticas como la de Georgetown. Una nueva noticia que nos llega por el portal católico LGTB New Ways Ministry confirma esta apuesta de los centros de la Compañía en el país norteamericano. Se trata del encuentro Ignatian Family Teach-In for Justice 2016, que tuvo lugar del 12 al 14 de noviembre pasado. En esta ocasión, la iniciativa ha incluido tanto a las universidades como a los centros de enseñanza preuniversitaria.

Promovidos por la Red Ignaciana de Solidaridad (Ignatian Solidarity Network), los Teach-In son encuentros que cada año reúnen a estudiantes y personal de los centros educativos jesuitas de Estados Unidos. Este año, el encuentro tuvo como tema “la misericordia en acción”, y entre los talleres y ponencias hubo varios de temática LGTB.

Hubo así una charla sobre cuestiones LGTB en los campus jesuitas impartida por Jack Raslowsky, presidente de la Xavier High School de Nueva York. Jane Bleasdale, del Instituto de Liderazgo Educativo en la Universidad de San Francisco, habló de las experiencias de los estudiantes negros, latinos y LGTB en las escuelas secundarias jesuitas, debatiendo acerca de cómo la educación católica podría avanzar desde la mera tolerancia hacia una iftj-2016-insta-promoinclusión real. Por su parte, Isaiah Blake y Erik Krebs, de The Spectrum, una organización para la justicia racial en la Xavier High School, llevaron a cabo una charla sobre raza, sexualidad y masculinidad, y lanzaron la siguiente pregunta: “Si Jesús no sintió la necesidad de ponerle adjetivos a su amor, ¿por qué debemos hacerlo nosotros?”.

Asimismo, Jane Barry, graduada por la Facultad de Teología del Boston College, dirigió un taller acerca de cómo los católicos podrían ser mejores aliados de las personas LGTB. Por último, Glen Bradley y Robert Shine, de New Ways Ministry, dirigieron una sesión titulada “Amor valiente: respondiendo a la criminalización de las identidades LGBTQ”, poniendo el acento sobre los más de 70 países donde la homosexualidad sigue penada por ley.

Todo además resulta especialmente significativo tras la victoria en las elecciones presidenciales estadounidenses de Donald Trump, como afirma Robert Shine: “estos tiempos inciertos nos han dejado a muchos con miedo y tratando de encontrarle un sentido a lo que está pasando. Pero estar con 1.800 estudiantes y otros católicos tan motivados para ‘prenderle fuego al mundo’ amando sin excusas a toda persona me convence de nuevo de que el amor vence siempre al odio”. La última frase, por cierto, en el original, hace un juego de palabras con el apellido del nuevo presidente de Estados Unidos, y se ha hecho popular en el país: “love always trumps hate”.

Aunque estos talleres y charlas ocurren también en otros encuentros, no debe pasarse por alto que en este caso ha sido promovido por una orden religiosa católica tan importante como la Compañía de Jesús. No está de más desear que cundiese el ejemplo en otras latitudes.

Fuente Dosmanzanas

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Notable visibilidad LGTB en universidades jesuitas de Estados Unidos

Martes, 24 de mayo de 2016

imagesLa Compañía de Jesús, desde el generalato del Padre Pedro Arrupe , quien fue capaz de actualizar el auténtico carisma ignaciano, ha estado siempre en la frontera… No nos extraña, pues, una actitud así…

En España puede resultar extraño que una universidad católica ofrezca cobertura a actos o a colectivos LGTB. Hasta donde sabemos, de hecho, ninguna universidad católica española cuenta con un grupo LGTB públicamente definido como tal. Sin embargo, si viajamos a los Estados Unidos encontraremos una realidad bastante distinta, incluso sorprendente.

Un vistazo a las universidades católicas regentadas por la Compañía de Jesús en Estados Unidos muestra un llamativo reconocimiento público de la realidad LGTB a través de diferentes iniciativas con respaldo institucional. Entre ellas destacamos en primer lugar IgnatianQ, una “Conferencia Ignaciana de LGTBQ y aliados”. Consiste en un encuentro anual dirigido por estudiantes y abarca el conjunto de las universidades de los jesuitas en Estados Unidos. Su objetivo es centrarse “en las intersecciones entre fe, sexualidad y justicia social en el contexto de un campus jesuita. IgnatianQ espera con ello educar a la persona en su integridad, creando espacios seguros para el diálogo, la reconciliación, la comprensión, el crecimiento y la formación de comunidad. El encuentro anual le ofrece a los estudiantes la oportunidad de construir su red de apoyo con otros estudiantes en instituciones jesuitas en todo el país, mientras prosiguen su trabajo LGTBQ en sus respectivos centros”.

Estas reuniones comenzaron a celebrarse en 2014 en la Universidad de Fordham. El año pasado tuvieron lugar en Georgetown, una conocida universidad de la que hablaremos enseguida —donde estudió el actual rey Felipe VI— y este año en la Seattle University, del 1 al 3 de abril.

El ejemplo de Georgetown

Las reuniones de IgnatianQ no son en absoluto algo aislado. Al contrario, constituyen un paso más en la visibilidad LGTB en las universidades de los jesuitas en Estados Unidos, de la cual un exponente fundamental, en la ya mencionada Universidad de Georgetown, es el LGBTQ Resource Center.

Activo desde 2008, el LGBTQ Resource Center fue el primer centro de este tipo. Dice de sí mismo que está “al servicio de personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, queer y en búsqueda”. De acuerdo con su folleto (visible íntegramente aquí), tiene una actividad notable. Alberga varios grupos “informales” que abarcan una llamativa diversidad de su alumnado, incluyendo mujeres LGTBQ y personas trans, bisexuales y asexuales. Entre sus iniciativas se encuentran convivencias, simposios y encuentros. Destaca por ejemplo Journeys, una convivencia para jóvenes LGTB que tiene por objeto “compartir experiencias y reflexionar sobre el individuo y la formación de comunidad. Mediante la reflexión individual y compartida sobre sus experiencias vividas, los estudiantes pueden desarrollar un aprecio y respeto auténticos por lo que son y todo lo que no son”. También puede mencionarse OUTober, una serie de actos de visibilización del estudiantado LGTB y de toma de conciencia sobre su realidad, con un apretado programa de actividades.

Con todo, lo que nos parece aún más significativo es la visibilidad a través de vídeos y campañas públicas. Tenemos así la campaña “I am”, que es parte de los actos del OUTober. Tiene como objetivo que las personas hablen de sí mismas y de las “múltiples identidades” que las definen. Vemos a alumnos hablar y definirse como LGTB. Pero más llamativamente encontramos a miembros del profesorado, incluido uno de los decanos de la School of Foreign Service, Samuel Aronson. Georgetown también ha participado en la campaña It Gets Better con un vídeo donde varios estudiantes se definen como LGTB y animan a aceptarse.

Igualmente, han tenido invitados de talla: Ben Cohen, jugador de rugby que pese a ser heterosexual es bien conocido por su activismo en favor de los derechos LGTB y del que hemos hablado varias veces en esta página; Simon LeVay, uno de los científicos que en su día estudió las posibles bases biológicas de la homosexualidad; Joe Solmonese, que fue presidente de Human Rights Campaign, o James Alison, sacerdote católico abiertamente gay.

También llama la atención el apoyo financiero, pues en 2012 una donación de un millón de dólares de Paul J. Tagliabue y su esposa Chandler permitió la creación de la Tagliabue Initiative for LGBTQ Life: Fostering Formation and Transformation, incluida en el LGBTQ Resource Center: “El centro está inspirado por los principios católicos y jesuitas del respeto a la dignidad de todos y la educación de la persona en su integridad, y tenemos el gran placer de apoyar sus servicios, que proporcionan un ambiente seguro, inclusivo y respetuoso para los estudiantes LGBTQ”, afirman.

Esta transformación de Georgetown en universidad LGTB-friendly llamó por ejemplo la atención de The New York Times, que le dedicó un reportaje en 2013, cuando había sido elegido presidente de los estudiantes Nate Tisa, abiertamente gay. En ese reportaje, se planteaba una pregunta obvia: ¿cómo es posible tal visibilidad en una universidad que se definen como católica y que por tanto debe suscribir la doctrina vigente? No en vano, las protestas de grupos conservadores no han faltado, incluyendo una petición dirigida en su día al propio arzobispo de Washington y que no parece haber tenido efecto. En este sentido, una mirada más atenta muestra cómo se cuida el lenguaje: en ningún momento se cuestiona la doctrina. Se habla de “autenticidad”, de “aceptación de sí mismo”, de hablar de “todo lo que uno es y no es”, y se conecta con la tradición jesuita, que ciertamente tiene mucho de insistir en el autoconocimiento. En este sentido, Todd A. Olson, decano de los estudiantes, ya indicó en el citado reportaje de The New York Times que la atención a las personas LGTB era parte de la cura personalis, arraigada en la tradición ignaciana. El que la conclusión para muchos comporte llegar a un lugar distinto al marcado por la doctrina, es otro asunto, confiado a la conciencia personal, también muy en la tradición ignaciana…

Un ejemplo que ha cundido

Por lo demás, aunque fue la primera, Georgetown no es ya la única universidad de los jesuitas en Estados Unidos con atención explícita a la realidad LGTB. Por ejemplo, la Universidad Loyola de Chicago tiene una sección de “iniciativas LGBTQIA”. También encontramos reconocimiento institucional de la realidad LGTB en la Universidad de Fordham, en Nueva York, ya mencionada como primera anfitriona de las conferencias IgnatianQ; y hay también iniciativas similares en universidades emblemáticas como la Marquette o el Boston College.

En definitiva, si el reconocimiento público de la realidad LGTB en una universidad católica —aspecto institucional incluido— parece muy lejano en España, está claro que algo muy distinto ocurre en otras latitudes ya desde hace años.

Os dejamos para finalizar con el vídeo para la campaña It Gets Better de los alumnos de Georgetown:

Fuente Dosmanzanas

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