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“Las bienaventuranzas se han convertido en un bálsamo para mi alma queer”

Lunes, 30 de enero de 2023

9B1DB9FD-D2B5-43DB-BD55-A71F0D3B22A1M. Hakes

La reflexión de hoy es del colaborador invitado M. Hakes (ellos/ellos), el Subdirector del Ministerio Universitario y Director del Instituto de Teología Juvenil en el Colegio de St. Scholastica en Duluth, Minnesota. Su trabajo se centra en ayudar a los estudiantes a profundizar en la espiritualidad, participar en el trabajo de servicio y justicia, y participar en el discernimiento de identidad, valores y vocación.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

“Soy una persona queer, trans no binaria”. Qué aterradoras me parecieron esas palabras mientras crecía en una familia cristiana conservadora. Era una frase que arriesgaba todo: mi fe, mi familia, mi futuro. Me coloreó como un paria, como alguien condenado e irredimible. Traté desesperadamente de hacer que esas palabras fueran menos ciertas.

Mucha gente queer tiene historias similares. El ridículo, el distanciamiento y el vitriolo a menudo provenían de las personas que nos rodeaban. Familia, amigos, colegas: personas que se llaman a sí mismas cristianas y hablan desde un lugar equivocado de preocupación o juicio. Nuestra Iglesia y nuestras escrituras a menudo se usaban como espadas en lugar de rejas de arado.

Durante mucho tiempo, no supe lo que es no sentirse roto; saber en cambio a nivel del corazón que soy bueno, amado y digno. Las Bienaventuranzas me parecían metas inalcanzables, aspiraciones de las que me excluía mi extrañeza.

“Bienaventurados los pobres en espíritu… Bienaventurados los que lloran…  Bienaventurados los mansos… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia… Bienaventurados los misericordiosos… Bienaventurados los limpios de corazón… Bienaventurados los pacificadores… Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia…  bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros…”

Las Bienaventuranzas se han convertido ahora en un bálsamo para mi alma queer. En palabras de Joseph Tetlow, SJ, “cargan mis penas sin sentido con significado y… hacen que mi dolor esté preñado de poder”. Paso a paso en mi camino de fe, he sido llamado a una entrega más completa al amor incomprensible, transformador y dador de vida de Dios. Dios nos invita a cada uno de nosotros a comenzar el trabajo de no perdernos más en nuestras crucifixiones, sino de encontrar en nuestras heridas fuentes de la gracia más profunda a través de su poder resucitador.

Amir Rabiyah, una poeta trans y discapacitada de dos espíritus queer femme, escribió estas líneas:

“… Mi gente hermosa, soñemos hacia
lo que nosotros queremos
más allá de la supervivencia

Soñemos con amarnos a nosotros mismos
hasta que nos convirtamos en amor una y otra vez
mi gente hermosa
Puedo saborear nuestra dulce victoria

Mi gente hermosa…”

Para otras personas queer, espero que escuchen en las Bienaventuranzas una afirmación de su viaje. Eres hermosa, buena y amada. Sé que este mundo y nuestra Iglesia no siempre se sienten hospitalarios, y a menudo parece que aquellos con poder para afectar el cambio se sienten cómodos siendo cómplices de la opresión. Si bien el mundo no siempre es seguro, hay personas y lugares seguros, y espero que los encuentres.

Somos más fuertes juntos, ya que nuestra liberación exige nuestra solidaridad. Como escribe Pablo en la segunda lectura de hoy, “… Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios escogió lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte, y Dios escogió lo humilde y despreciado del mundo, los que cuentan por nada, para reducir a nada a los que son algo, para que ningún ser humano se gloríe delante de Dios”. Sigue brillando con tu fabulosa luz queer y juntos “soñemos con lo que queremos más allá de la supervivencia… soñemos con amarnos a nosotros mismos…

Para aquellos que quieran viajar con nosotros hacia la liberación, sepan que a las personas queer se les recuerda a diario que la elección de vivir abierta y externamente la verdad de quién Dios nos ha creado para ser conlleva un riesgo sustancial. Tómese el tiempo para considerar lo que realmente sabe sobre la comunidad queer y edúquese mejor. Interrogue los sistemas de los que forma parte. Utiliza cualquier poder y privilegio que puedas tener para nuestra liberación colectiva, siempre enraizados en los principios de solidaridad y subsidiariedad. Como nos recuerda hoy el profeta Sofonías, debemos buscar la justicia, buscar la humildad. Recuerda, si no estás escuchando activamente y trabajando en solidaridad con la gente queer por la liberación queer, entonces es probable que seas cómplice de nuestra opresión.

San Francisco de Sales dijo una vez:sé quien eres y sé así de bien”. A lo que una querida amiga mía, la Hna. Mary Margaret McKenzie, VHM, de bendita memoria, añadió estas sabias palabras: “Pero para ser quien eres, debes saber quién eres. Y eso requiere trabajo duro. Pero empiezas con el amor”.

Nuestro llamado como cristianos es atender las fronteras, las periferias, los márgenes de nuestra sociedad. Estamos llamados a levantarnos y hablar en solidaridad con los más vulnerables, los rechazados, los marginados. Para citar nuevamente a San Francisco de Sales, la razón de vivir es “… recibir y llevar al manso Jesús: en nuestra lengua proclamándolo; en nuestros brazos haciendo buenas obras; sobre nuestros hombros soportando el yugo de la sequedad y la esterilidad tanto en el sentido interior como en el exterior…”.

Hoy, que cada uno de nosotros acepte más plenamente las personas fabulosas y únicas para las que hemos sido creados, que cada uno de nosotros viva un poco más plenamente en lo que somos y en lo que nos estamos convirtiendo, y que cada uno de nosotros escuche profundamente y aprenda de las historias. y experiencias de quienes nos rodean.

– M. Hakes, 29 de enero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Dichosos…

Domingo, 29 de enero de 2023

MESIAS

Te seguiré donde quiera que Tú vayas
y tu Palabra siempre escucharé.
Serás mi luz, mi vida, mi esperanza,
serás el agua viva de mi fe.

Yo creo en ti, en tu sueño de fraternidad
porque el amor el mundo cambiará,
voy a sembrar contigo la felicidad
en casa, en el trabajo, en mi ciudad.

Será Jesús manantial en el camino
y su Palabra el agua de verdad,
será su amor la fuerza y la alegría,
la luz que nuestros pasos guiará.

Y se unirán a nosotros mil amigos,
compartiremos agua, vida y pan
y viviremos juntos como hermanos,
seremos mensajeros de la paz.

***

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”

*

Mateo 5,1-12a

***

Entre los diez grupos en que se pueden distribuir y agrupar las diferentes bienaventuranzas bíblicas, sólo una hace referencia a la posesión de bienes materiales. Es lo dicho de aquel padre que, por la fecundidad de su mujer, se encuentra rodeado de un determinado numero de hijos, sanos y robustos, y que, por ello, es honrado y respetado entre sus congéneres. Otras Bienaventuranzas de tipo material no existen. Ni los ricos, ni los poderosos, ni los prepotentes, ni los dominadores, ni mucho menos los vividores, tienen cabida, directamente, en las bienaventuranzas bíblicas, entre el número de los bienaventurados. Ni la riqueza, altamente estimada entre los bienes deseables de la vida del hombre en la mentalidad bíblica veterotestamentaria. Es verdad que pobreza e indigencia nunca tuvieron buena acogida. En cambio, a diferencia de las bienaventuranzas egipcias o griegas, las bienaventuranzas bíblicas nunca consideraron que la riqueza, por si sola, bastase para dar la felicidad. Ni tampoco la gloria, el honor o el prestigio.

Ciertamente, todos estos bienes san altamente apreciados y estimadas. Pero nunca han sido considerados como constitutivos de la felicidad humana. Son bienes complementarios, pero no constitutivos.

Sirviéndonos de esta distinción, bienes constitutivos y bienes complementarios, en realidad el mayor bien constitutivo, según nueve de los diez grupos de bienaventuranzas, no es otro que Dios. O dicho de otra forma, la posesión por parte del hombre de todas las actitudes mas genuinas y auténticas relacionadas can la realidad divina: fe en un único Dios (grupo I); plena confianza y esperanza en su acción salvífica (II); respeto profundo, temor y amor (III); confesión humilde de los pecados y deseo de perdón (IV); estima y anticipación activa en el culto y la liturgia del templo (IV); mirada vigilante y escucha atenta a la presencia de Dios en el mundo y en la historia (V); consideración de la Ley como reflejo y testimonio de la manifestación de la acción salvadora de Dios (VI); respetuoso comportamiento ante la justicia (VII) y, finalmente, aceptación humilde de algunas carencias físicas, de un estado de sufrimiento (VIII).

Estamos, como se puede apreciar; ante un conjunto de actitudes religiosas, mediante las cuales las personas toman conciencia de sus incapacidades, limitaciones, y no se cierran orgullosamente en si mismas, sino que reconocen que solo en Dios encuentran su plenitud.

*

A. Mattioli,
Beatifudini e Felicita nella Bibbia d’IsraeIe,
Prato I992, 542ss.

***

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Contenido inagotable”. 4 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,1-12)

Domingo, 29 de enero de 2023

11_4-TO-A_1655810Quien se acerca una y otra vez a las bienaventuranzas de Jesús advierte que su contenido es inagotable. Siempre tienen resonancias nuevas. Siempre encontramos en ellas una luz diferente para el momento que estamos viviendo. Así «resuenan» hoy en mí las palabras de Jesús.

Felices los pobres de espíritu, los que saben vivir con poco. Tendrán menos problemas, estarán más atentos a los necesitados y vivirán con más libertad. El día en que lo entendamos seremos más humanos.

Felices los mansos, los que vacían su corazón de violencia y agresividad. Son un regalo para nuestro mundo violento. Cuando todos lo hagamos, podremos convivir en verdadera paz.

Felices los que lloran al ver sufrir a otros. Son gente buena. Con ellos se puede construir un mundo más fraterno y solidario.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, los que no han perdido el deseo de ser más justos ni la voluntad de hacer una sociedad más digna. En ellos alienta lo mejor del espíritu humano.

Felices los misericordiosos, los que saben perdonar en lo hondo de su corazón. Solo Dios conoce su lucha interior y su grandeza. Ellos son los que mejor nos pueden acercar a la reconciliación.

Felices los que mantienen su corazón limpio de odios, engaños e intereses ambiguos. Se puede confiar en ellos para construir el futuro.

Felices los que trabajan por la paz con paciencia y con fe. Sin desalentarse ante los obstáculos y dificultades, y buscando siempre el bien de todos. Los necesitamos para reconstruir la convivencia.

Felices los que son perseguidos por actuar con justicia y responden con mansedumbre a las injurias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien.

Felices los que son insultados, perseguidos y calumniados por seguir fielmente la trayectoria de Jesús. Su sufrimiento no se perderá inútilmente.

Deformaríamos, sin embargo, el sentido de estas bienaventuranzas si no añadiéramos algo que se subraya en cada una de ellas. Con bellas expresiones Jesús pone ante sus ojos a Dios como garante último de la dicha humana. Quienes vivan inspirándose en este programa de vida, un día «serán consolados», «quedarán saciados de justicia», «alcanzarán misericordia», «verán a Dios» y disfrutarán eternamente en su reino.

José Antonio Pagola

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“Estén alegres, su recompensa será grande”. Domingo 29 de enero de 2023. 4ª Ordinario

Domingo, 29 de enero de 2023
Sofonías 2,3; 3,12-13: Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde
Salmo 145: Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos
1 Corintios 1,26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo
Mateo 5,1-12a: «Estén alegres; su recompensa será grande»

El “Sermón de la Montaña” es uno de los sermones más famosos y recordados de Jesús. Aquí nos detenemos en su introducción, más conocida como “Las Bienaventuranzas”, pues el sermón es mucho más largo, va hasta 7,29 donde concluye diciendo que la gente quedó asombrada de su doctrina “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.

¿Por qué puede causar asombro esta enseñanza de Jesús? Veamos de cerca las Bienaventuranzas e intentemos una respuesta.

1. “...de ellos es el reino de los cielos”

El reino de Dios (“de los cielos” es el ya conocido circunloquio para evitar “pronunciar el nombre de Dios en vano”) es de los pobres en espíritu y de los perseguidos por causa de la justicia. Quienes no ponen su fe, su confianza y su esperanza en los bienes materiales pero que a la vez son perseguidos porque luchan por la justicia. Ambas condiciones indispensables para que Dios reine. La primera condición es renunciar a la riqueza y a la ambición de riqueza. Esta condición es la puerta de entrada al reino de Dios, pues elimina la raíz de la injusticia, de la acumulación, del éxito individual, de la insolidaridad y del dominio sobre otras personas y sobre la naturaleza. La segunda condición favorece la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos capaces de hacerles más sencillos y más felices, pero a la vez, suficiente motivo de persecución por parte de quienes se sienten amenazados por tal transformación.

2. “...poseerán en herencia la tierra, serán consolados, serán saciados

Tres promesas de Dios para pasar de una situación negativa a otra positiva: de la opresión a la liberación, del sufrimiento al consuelo, de la injusticia a la justicia. El reino de Dios abre un horizonte de vida y de esperanza para la humanidad pobre y oprimida. Enciende una luz en medio de la oscuridad. Insiste en la posibilidad de una vida digna y agradable a ser alcanzada por quienes no disfrutan hoy de ella. Vale la pena, en medio de las adversidades, atreverse a soñar en “otro mundo posible”. Salir de la opresión es posible. Salir del sometimiento es posible. Alcanzar la justicia anhelada es posible. Abrir este horizonte de posibilidades, constituye una buena nueva cuando precisamente todo horizonte para la justicia ha sido cerrado. Ver una alternativa de vida digna para todas y para todos, abre caminos de superación y de lucha.

3. “…los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz

Son las actitudes y los objetivos los que mueven el trabajo para hacer realidad una nueva humanidad. Son los rasgos propios de la comunidad de seguidoras y seguidores de Jesús. Sólo que estas actitudes y rasgos vienen como consecuencia de haber renunciado a la riqueza y a la ambición de riqueza, y de poner toda a la vida en el trabajo por la justicia. Al mismo tiempo son los rasgos de la humanidad nueva que tanto anhelamos y que ya podemos ver en las personas y las comunidades que se esfuerzan por ser misericordiosas, por tener limpios los corazones y por buscar incansablemente la paz. Este es el principal programa de vida de la comunidad discipular: contribuir con la creación de un mundo justo, solidario y feliz. Quienes viven la misericordia, experimentan la misericordia de Dios. Quienes alcanzan la limpieza del corazón ya tienen a Dios en sus vidas. Quienes trabajan por la paz experimentan a Dios como Madre y como Padre. Esta manera de ser, de sentir y de actuar es condición necesaria para testimoniar.

4. “...de la misma manera persiguieron a los profetas

La comunidad cristiana que asume el estilo de vida que propone las bienaventuranzas choca con la sociedad que vive otro estilo de vida. La comunidad discipular a la que se refiere las bienaventuranzas se convierte en molestia y amenaza para la sociedad. Su testimonio de vida, sus actividades, su espiritualidad mina los cimientos en donde la sociedad injusta se edifica. No es de extrañar entonces las injurias, las persecuciones, las calumnias que buscan debilitar, confundir y destruir a la comunidad fiel. En medio de las hostilidades la comunidad está llamada a resistir, a vencer la angustia y la desesperanza. La alegría y el regocijo en Dios será la fuente del coraje, de la resistencia y de la esperanza. Es el testimonio de los profetas presente en las comunidades que viven intensamente el discipulado.

5. “...bienaventuradas, bienaventurados”

¿A qué “bienaventuranzas” se oponen estas bienaventuranzas? ¿Por qué esta insistencia de Jesús en afirmar las bienaventuranzas? Frente a las bienaventuranzas (o más bien el “éxito”) que promete la sociedad injusta e insolidaria, Jesús proclama ocho veces en donde se encuentra y cuáles son las bienaventuranzas del reino de Dios. La verdadera felicidad se encuentra en una sociedad justa, misericordiosa, pacífica. La sociedad injusta ofrece felicidad en el egoísmo, el éxito personal, la acumulación. El reino de Dios ofrece felicidad en el amor, en la sinceridad, en la sencillez. La sociedad injusta a costa de la infelicidad de la mayoría, crea la felicidad de la minoría. La propuesta de Jesús en el sermón de la montaña es la de eliminar toda opresión y toda injusticia procurando la felicidad y la vida en abundancia para todas y para todos.

La misma lógica propuesta por Mateo, es la que recuerda Pablo a la comunidad de Corinto, donde la fuerza de Dios se concreta en personas que no son fuertes ni sabias en la consideración de la opinión común pero que saben concretar la presencia de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, para que el “que está orgulloso, esté orgulloso en el Señor”. Leer más…

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Dom 4 TO, 29.1.23. Que la tierra sea hogar de felicidad. Bienaventurados… (Mt 5, 2-4)

Domingo, 29 de enero de 2023

felices-vosotros-las-bienaventuranzasDel blog de Xabier Pikaza:

En este momento sólo quiero que la iglesia sea hogar de felicidad… Somos como aquellos de los que hablaba Jesús, midiendo y colando mosquitos, estableciendo diezmos extraños (no evangélicos), de ministerios machos, ordenamientos impuestos, leyes y poderes  bien medidos… y olvidamos lo más importante, que es la felicidad (fidelidad, misericordia,la justicia: Mt 23, 23).  

En esa línea de felicidad comentaré hoy las tres primeras bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, dejando para otro día de esta semana las siguientes. Feliz,y santo, acompañado domingo

1ª: Felices los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos  

Estos pobres de la bienaventuranza son en griego los pôkhoi, aquellos que no tienen nada,   de manera que sólo pueden subsistir por la ayuda o sostén de los demás, es decir, como mendigos. Lc 6, 20 les llamaba simplemente pobres, prometiéndoles la dicha del Reino. Mateo, en cambio, les presenta como pobres de espíritu (tô pneumati) no para negar su carencia material, sino para matizarla desde una perspectiva cristiana:

‒ Pueden ser pobres por voluntad, es decir, por decisión personal. En esa línea destaca Mt 5, 3 la bienaventuranza de aquellos que, pudiendo hacerse o vivir como ricos, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, al servicio de los demás (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11), como Jesús que no fue sólo pobre por condición social (artesano, trabajador desposeído), sino por opción personal, esto es, por decisión creyente: no ha querido ayudar a los pobres desde arriba o por milagro externo (como le dice el diablo de la primera tentación: Mt 4, 1-4), ni quiere “salvarles” desde su más alta autoridad externa (como Job, antes de ser derribado de su altura), sino que se ha “encarnado” (=ha vivido) en la vida de los pobres, compartiendo con ellos su historia de carencias, para iniciar una transformación social y personal, desde lo más bajo, abriendo con los carentes, la marcha el Reino de Dios.  Pero la inmensa mayoría son pobres por condicion humana, por necesidad o imposición social, por marginación… A favor de ellos, y con ellos  ha promovido  Jesús ha promovido un movimiento mesiánico de solidaridad y ayuda, con y por los pobres, para expresar y ofrecer la bienaventuranza de Dios a todos, incluso a los ricos.

601946536Ciertamente, Mateo no ha negado la bienaventuranza de los pobres materiales (a quienes el Jesús de 25, 31-46 llama sus “hermanos más pequeños”), pero ha querido destacar la pobreza por opción de los creyentes que renuncian a la riqueza propia (personal o de Iglesia) a favor de los pobres, para abrir así el camino del Reino desde abajo, en comunión de vida con los excluidos personales y sociales, dentro de la Iglesia, pues en ella sólo pueden construir activamente el camino de Dios y ser felices aquellos que se hacen por voluntad pobres y hermanos de los pobres conforme a la justicia del Reino (cf. Mt 5, 20).

Sin duda,, se puede hablar de ricos que tienen espíritu pobre, de manera que, teniendo muchas riquezas, no se elevan sobre lo demás, sino que les ayudan, aunque desde arriba (como Job antes de su prueba). Pero Jesús no quiere ese tipo de ricos en su Iglesia, no quiere que existan en ella patronos ricos que asisten y ayudan a los otros desde arriba, sino que todos compartan en comunión de amor la vida, unos con todos, desde la pobreza de los más pobres.

En otra línea, esta expresión (pobres de Espíritu) podría referirse a personas que son especialmente indigentes en un plano de espíritu, en decir de conocimientos y de entendimiento. Estos serían aquellos que, en un sentido intelectual, no saben, no entienden, no logran penetrar en los “secretos” de la interpretación rabínica de la ley, siendo así como mendigos espirituales. Pero de ordinario, estos pobres de espíritu suelen ser también pobres “materiales” (mendigos, sin posesiones ni trabajo), hombres y mujeres que, en una sociedad competitiva, quedan en un plano inferior, por ser agresivos y capaces de triunfar en un plano cultural, social o psicológico.

Sea como fuere, estos pobres suelen ser también despreciados por falta de cultura, indigentes económicos, personas sin dignidad, los más pequeños, aquellos que no pueden elevarse sobre los demás imponerles su derecho, la masa de marginados, derrotados, expulsados, sin posibilidades de cambiar por fuerza la historia de los hombres, sometidos a un destino de desprecio y muerte.

Pues bien, con ellos ha venido a vincularse Jesús, no para hacerles orgullosos, capaces de triunfar con violencia sobre los demás, sino para crear una humanidad distinta, fundada en la confianza y en la solidaridad. Sólo desde este principio pueden entenderse las bienaventuranzas que siguen: No habrá justicia ni paz si los hombres no asumen un camino voluntario de pobreza, es decir, de desprendimiento actito y comunicación de bienes (Mt 6, 19).

57CDBE9C-030A-498A-A4AF-344762D47C74Conforme a este principio, solo se puede hablar de felicidad humana y especialmente de Iglesia allí donde se empieza situando en el centro del cuidado de la vida a los pobres, en línea de bienaventuranza. Como he dicho, al poner pobres de espíritu allí donde Lc 6, 20 decía simplemente pobres, Mateo no ha negado la bienaventuranza de la pobreza material, y así sigue hablando en su evangelio de marginados, excluidos y despreciados (cf. Mt 18, 1-14), pero él no quiere que en la Iglesia siga habiendo pobres materiales si es que hay otros que tienen bienes muy abundantes en ella, pues una iglesia donde algunos mueren de hambre mientras otras derrochan riquezas no es iglesia, ni cristiana.

Jesús habla pues de la felicidad de los pobres de cuerpo y espíritu, de bienes materiales y sociales, de aquellos que son “pobres por voluntad de entrega a los demás” con aquellos que son “pobres de espíritu” (de menos recursos y posibilidades), llamados también a ser felices. Es la felicidad de aquellos que, pudiendo enriquecerse a cosa de otros, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, esto es, por servicio a los demás, como Jesús, que, pudiendo haberse puesto al lado de los ricos, se unió a los pobres, iniciando con ellos un camino de felicidad salvadora (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11).  Quien quiera vivir como rico, y ayudar a los pobres solamente desde fuera (quedando siempre arriba) no será en verdad feliz, ni podrá ser cristiano en la línea de Jesús

2ª: Felices los que sufren, porque serán consolados  

  Lc 6, 21 decía hoi klaiontes nyn, los que actualmente lloran, destacando quizá más el llanto en sí, por cualquier causa que fuere, el dolor que se expresa en forma de lamentación amarga (cf. Mt 2, 18; 26, 75) o grito fuerte de hambre, enfermedad o abandono. Mateo, en cambio, dice hoi penthountes término que parece referirse más en concreto a los que saben sufrir y aún más a los que aceptan el dolor como una forma de maduración (purificación), en línea de catarsis y de ayuda a los demás, no en gesto penitencial de lamentación, sino por felicidad más honda.

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“Ocho puertas para entrar al Reino de Dios. Domingo 4º TO. Ciclo A”. Domingo cuarto Tiempo Ordinario. Ciclo A

Domingo, 29 de enero de 2023

bienaventuranzas-basilicaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, el evangelio de Mateo nos presentaba a Jesús recorriendo Galilea y anunciado la buena noticia del Reinado de Dios. A partir de hoy, hace que los oyentes se reúnan en un gran auditorio al aire libre, se sienten en torno a Jesús, y escuchen el programa de ese reino de Dios: el “Sermón del monte”, que leeremos los próximos domingos.

Selección del auditorio

            Jesús no es un político que quiere ganar votos a todo precio, engañando y haciendo promesas que no cumplirá. Desea dejar claro quiénes sintonizarán con su proyecto y quiénes no. Para que no se llamen a engaño. Y eso lo expone, al principio de todo, en las bienaventuranzas. Es imposible explicar en pocas palabras el sentido de cada una de ellas (quien lo desee puede leer J. L. Sicre, El evangelio de Mateo, pp. 102-112).

Las bienaventuranzas proponen valores desconcertantes

            Si Jesús dijera: “Dichoso el que tiene buena salud, el que gana lo suficiente para vivir, el que disfruta con su familia…” no habría necesitado justificar esas afirmaciones. Cualquier persona habría estado de acuerdo. Sin embargo, Jesús proclama dichosa a gente que sufre, llora, es perseguida… Por eso, cada bienaventuranza va seguida de una justificación: «porque de ellos es el reino de los cielos», «porque ellos serán consolados», etc. El premio prometido en la primera y última es «el Reino de los cielos». En realidad, todas las otras se refieren también a ese Reino de Dios, sólo que fijándose en determinados aspectos concretos. Este premio no podemos interpretarlo solo como algo de la otra vida. Comienza a realizarse en esta. Dicho en palabras sencillas, todas esas personas son dichosas porque pueden formar parte de la comunidad cristiana (Reino inicial de los cielos) y, más tarde, del Reino definitivo de Dios.

Las bienaventuranzas no son una carrera de obstáculos

            La mención de los pobres, los que lloran, los sufridos… puede crear una sensación de malestar, como si tuviéramos que pasar por todas esas situaciones para formar parte del reinado de Dios. Las bienaventuranzas se nos convierten en una terrible carrera de obstáculos, donde tras cada valla nos espera la siguiente. Sin embargo, las bienaventuranzas son algo muy distinto.

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Las bienaventuranzas, ocho puertas para entrar al Reino de Dios

            Antonio Barluzzi, el arquitecto italiano que diseñó la Basílica de las bienaventuranzas en 1939, tuvo la bella idea de una planta octogonal, y en cada lado una gran ventana por la que se puede contemplar el paisaje exterior. Sin embargo, las bienaventuranzas no son ventanas para mirar lo que ocurre fuera, sino puertas abiertas por las que se puede entrar a escuchar y seguir a Jesús.

            Encima de cada puerta hay una inscripción con la bienaventuranza correspondiente. A veces el sentido del texto resulta discutible (Jesús habló en arameo, luego se tradujo al griego, y ahora lo retraducimos a nuestras lenguas). Vamos a dar una vuelta al edificio, haciéndonos unas preguntas delante de cada puerta. Al final podrás elegir la que te viene mejor para entrar al palacio.

  1. ¿Te consideras pobre ante Dios, como el publicano que dice: «Apiádate de mí, Señor, que soy un pecador?» ¿O piensas que tienes muchos méritos y puedes pasarle una factura de todo lo que haces por él? ¿Ambicionas la riqueza, tener cada día más?
  2. ¿Te hacen sufrir las injusticias que provocan miles de exiliados y desplazados, paro juvenil, trata de blancas, etc., o te dejan indiferente? ¿Sufres con el dolor ajeno? ¿Experimentas en tu vida el dolor físico, problemas psíquicos, económicos, laborales?
  3. ¿Estás convencido de que la mejor respuesta a la violencia es la no-violencia? ¿Qué «el que a espada mata, a espada muere»? En una sociedad donde abunda tanto odio, respondes, como Jesús, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»?
  4. ¿Tienes hambre y sed de justicia, es decir, de hacer lo justo, de cumplir la voluntad de Dios, como Jesús, que consideraba su alimento «hacer la voluntad de su Padre».
  5. ¿Te compadeces de los enfermos, del que te debe algo, de los pecadores, igual que se compadeció Jesús? ¿O consideras pecadores a los que no piensan y sienten como tú, y les deseas todo el mal del mundo?
  6. ¿Eres limpio de corazón en tu relación con los demás, no engañando, defraudando, calumniando ni criticando?
  7. ¿Trabajas por la paz, por un mundo más justo, porque domine el buen entendimiento en la familia, en tu ambiente?
  8. ¿Te han perseguido o criticado por intentar cumplir lo que Dios quiere?
  9. Cuando critican, insultan, calumnian al papa Francisco y a la Iglesia, ¿le das gracias a Dios, estás alegre y contento por la gran recompensa que recibiremos en el cielo?

            Has terminado de rodear el edificio. ¿Cuál es la puerta que más se te adecua para entrar? Quizá haya dos o tres. Si piensas que no hay ninguna, usa la primera: te consideras «interiormente pobre», sin mérito ante Dios. Puedes entrar.

Resumen

            Las bienaventuranzas nos dicen qué personas pueden entender y aceptar el mensaje de Jesús, incorporándose a la comunidad cristiana.

            Por consiguiente, las bienaventuranzas no son, ante todo, un código de conducta moral que dice: «así tienes que actuar si quieres ser cristiano». Es más bien una exposición de situaciones y de actitudes ante la vida que permi­ten entender el evangelio y entusiasmarse con las palabras de Jesús.

            La bienaventuranza no dice: «Sufre, para poder entrar en el Reino de Dios».

            Dice: «Si sufres, no pienses que tu sufrimiento es absurdo; te permite entender el evangelio y seguir a Jesús».

            No dice: «Procura que te desposean de tus bienes para actuar de forma no violenta».

            Dice: «Si respondes a la violencia con la no violencia, no pienses que eres estúpido, considérate dichoso porque actúas igual que Jesús».

            No dice: «Procura que te persigan por ser fiel a Dios».

            Dice: «Si te persiguen por ser fiel a Dios, dichoso tú, porque estás dentro del Reino de Dios».

            Pero, al tratarse de los valores que estima Jesús, no cabe duda de que las bienaventuranzas se convierten también en un modelo de vida que debemos esforzarnos por imitar. Después de lo que dice Jesús, no podemos permanecer indiferentes ante actitudes como la de prestar ayuda, no violencia, trabajo por la paz, lucha por la justicia, etc. El cristiano debe fomentar esa conducta. Y el resto del Sermón del Monte le enseñará a hacerlo en distintas circunstancias.

1ª Lectura: miedo en vez de alegría (Sofonías 2,3; 3,12-13)

            El texto es fruto de unir un versículo del c.2 con dos versículos del c.3. Se exhorta a buscar a Dios, cumplir sus mandatos, buscar la justicia, la moderación, pero con el fin de librarse «el día de la cólera del Señor». Efectivamente, en el c.3 esa cólera acaba con los enemigos y solo subsiste un pueblo pobre y humilde. Las bienaventuranzas coinciden en hablar de un nuevo pueblo de Dios, con las mismas características, pero el punto de partida no es el miedo a la cólera de Dios. Aconsejo no detenerse en esta lectura.

2ª lectura: las bienaventuranzas en Corinto (1 Cor 1,26-31)

            En cambio, es muy adecuado el texto de Pablo, que se podría parafrasear: «Bienaventurados lo que no son sabios, ni poderosos, ni aristócratas». «Bienaventurados los que el mundo considera necios, la gente baja y despreciable, la que no cuenta para los demás». Porque ellos podrán unirse a Cristo y formar parte de su comunidad.

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Domingo IV del Tiempo Ordinario. 29 enero, 2022

Domingo, 29 de enero de 2023

domingo-iv

“En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles: Dichosos…”

(Mt 5, 1-12)

Al principio a Jesús le fue bien. Cuando empieza a predicar mucha gente se le acerca, le escucha. Quieren aprender o buscan el alivio para sus enfermedades. Y Jesús recorre Galilea junto con sus primeros discípulos, anunciando y curando.

Con aquellos que dieron una respuesta tan plena e inmediata como la llamada que había recibido. A los mismos que el domingo pasado veíamos dejando inmediatamente las redes (la barca y a su padre) y siguiendo a Jesús.

A ellos se dirige hoy Jesús. Está viendo el gentío que se ha movilizado en torno a él. Y en lugar de dejarse impresionar, o dejar que la fama “se le suba a la cabeza”, lo que hace es tomar una cierta distancia y sentarse.

Se retira un poco y el círculo más íntimo se le acerca, entonces aprovecha para enseñarles. Bien sabe él que el reconocimiento, la fama, el éxito… pueden también confundir a sus discípulos.

Las bienaventuranzas nos enseñan, a las discípulas y discípulos de todos los tiempos, a no confundir la felicidad con el éxito, con una vida fácil o con la ausencia de problemas y dificultades.

Porque, si bien el anuncio de Jesús es una Buena Noticia que trae consigo la felicidad. Esta felicidad es tan honda y plena que ya nada la puede sacar del corazón que la recibe.

Es una felicidad capaz de convivir con la pobreza, el sufrimiento, el llanto, el hambre, las injusticias y hasta la persecución. La felicidad por el Reino de Dios atraviesa toda dificultad, toda oscuridad. No es algo que sucederá después, sino que comienza a suceder precisamente en esas circunstancias donde jamás iríamos a buscarla.

La dicha de la que hablan las bienaventuranzas nos es un bien privado y exclusivo. Como un club de alto renombre, no. Todo lo contrario, es un tesoro para compartir. Que crece en la medida en que más y más gente se une y comparte.

Es la alegría de quienes trabajan juntas por la justicia, el amor, la paz o la dignidad humana de cualquier pequeño grupo oprimido. Y precisamente esa lucha llena de dificultades se convierte en fuente de felicidad.

Oración

Trinidad Santa, condúcenos hasta ese íntimo rincón donde ya germina la felicidad que tú has sembrado en nosotras.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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La plenitud humana depende de lo esencial, no de lo que puedo tener o no tener.

Domingo, 29 de enero de 2023
sermon-monteDOMINGO 4º (A)

Mt 5,1-12

Para el que no haya tenido experiencia interior, las bienaventuranzas son un sarcasmo. Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido: ¡Enhorabuena! Dale gracias a Dios porque algún día se cambiarán las tornas y tú serás como el que ahora te oprime. Intentar explicarlas racionalmente es una quimera. Están más allá de toda lógica. Es el mensaje más provocativo del evangelio y el peor entendido.

Sobre las bienaventuranzas se han dicho las cosas más dispares. Para Gandhi eran la quintaesencia del cristianismo. Para Nietzsche son una maldición ya que atentan contra la dignidad del hombre. ¿A qué se debe esta abismal diferencia? Muy sencillo. Uno habla desde la mística. El otro pretende comprenderlas desde la racionalidad: y desde la razón, y aunque sea la más preclara de los últimos siglos, es imposible entenderlas.

Sería un verdadero milagro hablar de las bienaventuranzas y no caer en demagogia para arremeter contra los ricos, o en un espiritualismo que las deja completamente descafeinadas. Se trata del texto que mejor expresa la radicalidad del evangelio. La formulación, un tanto arcaica, impide descubrir su sentido. Lo que quieren decir es que la verdadera humanidad no consiste en buscar el placer sino en desplegarla al máximo.

Mt las coloca en el primer discurso programático de Jesús. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical. El escenario del sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. Jesús, el nuevo Moisés, que promulga la “nueva Ley”. Pero hay una gran diferencia. Las bienaventuranzas no son mandamientos o preceptos. Son simples proclamaciones que invitan a seguir un camino inusitado hacia la plenitud humana.

No tiene importancia que Lucas proponga cuatro y Mateo, nueve. Se podrían proponer ciento, pero bastaría con una para romper los esquemas mentales de cualquier ser humano. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas. La circunstancia concreta de cada una no es lo esencial. No tiene importancia explicar cada una por separado. Todas dicen exactamente lo mismo.

La inmensa mayoría de los exégetas están de acuerdo en que las tres primeras de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Parece que Mateo las espiritualiza, no solo porque dice pobre de espíritu, y hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón… que nos saca de la materialidad.

La aparente diferencia entre Mateo y Lucas (pobre – pobre de espíritu) desaparece si descubrimos qué significaba, en la Biblia, “pobres” (anawim). Sin este trasfondo bíblico no podemos entender ni una ni otra expresión. Con su despiadada crítica a la sociedad injusta, los profetas Amos, Isaías y Miqueas denuncian una situación que clama al cielo. Los poderosos se enriquecen a costa de los pobres. No es una crítica social, sino religiosa. Pertenecen todos al mismo pueblo cuyo único Señor es Dios; pero los ricos, al esclavizar a los demás, no reconocen su soberanía y se erigen en dueños de los demás.

Después del destierro se habla en la Biblia del resto de Israel, un resto pobre y humilde. Los pobres bíblicos son aquellas personas que, por no tener nada ni nadie en quien confiar, su única escapatoria es confiar en Dios, pero confían. El “resto” bíblico es siempre el oprimido, el marginado, el excluido de la sociedad. No solo incluía a los pobres económicos sino a los social y religiosamente pobres: enfermos, poseídos, impuros, marginados, a quienes parecía que Dios había rechazado.

La diferencia entre pobre sociológico y pobre teológico no tiene sentido, cuando nos referimos a los evangelios. En tiempo de Jesús no había separación posible entre lo religioso y lo social. Las bienaventuranzas no están hablando de la pobreza material voluntaria aceptada por los religiosos a través de un voto. Está hablando de la pobreza impuesta por la injusticia de los poderosos; de los que quisieran salir de su pobreza y no pueden hacerlo. Son los bienaventurados si descubren que nada les puede impedir ser plenamente humanos, a pesar de todas sus limitaciones impuestas.

Otra trampa que debemos evitar al tratar este tema es la de proyectar, para el más allá, la felicidad prometida a los excluidos. Así se ha interpretado muchas veces en el pasado y aún hoy lo he visto en algunas homilías. No, Jesús está proponiendo una felicidad para el más acá. Aquí, puede todo ser humano encontrar la paz y la armonía interior que es el paso a una verdadera felicidad, que no puede consistir en el tener y consumir más que los demás, sino en una toma de conciencia de que lo que Dios te da, lo tienes asegurado y no depende de las circunstancias externas.

Esta reflexión nos abre una perspectiva nueva. Ni el pobre ni el rico se pueden considerar aisladamente. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría la una sin la otra. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza. Si todos fuésemos igualmente pobres o igualmente ricos no había problema alguno. La irracionalidad de los ricos es que queremos que desaparezca la pobreza manteniendo nosotros nuestra riqueza. La predicación desde esta perspectiva está abocada al fracaso.

Las bienaventuranzas quieren decir: es preferible ser pobre, que ser rico a costa de los demás. Es preferible llorar a hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros pasen hambre. Dichosos, no por ser pobres, sino por no empobrecer a otro. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores. El valor supremo no está en lo externo sino dentro. Hay que elegir entre perseguir el placer sensible o la plenitud humana que se manifiesta en el don.

En todo este asunto podemos descubrir una tremenda paradoja. Si el ser pobre es motivo de dicha, por qué ese empeño en sacar al pobre de la pobreza. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas. El que pasa hambre no es feliz porque un día será saciado. El rico que ríe no es desgraciado porque un día llorará.

Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. En ningún caso puede bendecirse la pobreza. Cualquier clase de pobreza causada por el hombre debe ser combatida como una lacra y la causada por los desastres naturales debe ser compartida y en lo posible paliada. El enemigo del Reino es la ambición, el afán de poder. No podéis servir a Dios y al dinero.

Las bienaventuranzas nos están diciendo que otro mundo es posible. Un mundo que no esté basado en el acaparar sino en el compartir, no en el egoísmo sino en el amor.  ¿Puede ser justo que esté pensando en vivir cada vez mejor (entiéndase consumir más), mientras hay personas que mueren por no tener un puñado de arroz que llevarse a la boca? Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza, entendida como no poner el objetivo en consumir. Mientras menos necesites, más rico eres.

 

Meditación

Dichosos los que se conforman con poco, porque en ellos reina Dios.
Si en vez de acaparar, reparto, entro en el ámbito de lo divino.
Si pongo mi felicidad en el consumir, olvido mi verdadero ser.
Acaparar lo que otros necesitan para vivir, es negarles la vida.
Pero es también impedir la verdadera Vida.
Compartir lo que tengo con el que lo necesita, me hace más humano.
Pero es también dar al otro la posibilidad de hacerse más humano.
Solo hay un camino hacia la plenitud: el servicio.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Creer en Jesús.

Domingo, 29 de enero de 2023

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Mt 5, 1-12ª

«Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»

Las bienaventuranzas —pórtico del Reino— son a la par una propuesta de felicidad individual para cada uno, y un estilo de vida capaz de cambiar el mundo. El sueño de Jesús no es la raquítica salvación de media docena de perfectos, sino la plenitud de la humanidad; y esa tarea, que él inició, es la que hemos aceptado continuar aquellos que nos llamamos cristianos.

Pero para aceptar una tarea es preciso tener fe en quien nos la propone, y esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué significa para mí creer en Jesús?…

El verbo “creer” tiene una primera acepción que lo define como “tener por cierto”. De acuerdo con ella, creer en Jesús es aceptar una serie de asertos propuestos por los teólogos cristianos, como, por ejemplo, “Creo en Jesucristo, su único hijo nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo… etc.” Pero esta fe, concebida como simple aceptación de una doctrina o un dogma, puede resultar estéril si no afecta a nuestra vida. Podemos asumir todos los postulados y mandamientos de la Iglesia, y actuar con unos criterios opuestos a los de Jesús.

Pero el verbo creer también tiene otras acepciones. Una de ellas queda definida como “fiarse de”. Por ejemplo, yo creo en mi médico, es decir, me fío de mi médico y me pongo en sus manos para que me abra en canal. Este segundo significado cuadra mucho mejor con la fe en Jesús, y a él nos vamos a atener en esta breve reflexión.

El mundo me dice que seré feliz si soy rico, si tengo poder o prestigio social, si no me dejo avasallar, si soy más listo que los demás para los negocios, si voy de diversión en diversión, si no me meto en líos, si no me insultan ni me persiguen… Jesús, en cambio, me propone un código de felicidad radicalmente distinto e inverosímil: ¿Quieres ser feliz…? —me dice—, pues confórmate con poco, comparte lo que tienes con los que no tienen, aprende a sufrir, di siempre la verdad, no seas violento, trabaja para que prevalezca la justicia, no trates de aprovecharte de nadie.., y no te preocupes si te insultan y te persiguen por ello, pues a la larga serás mucho más dichoso.

¿Creo en él? ¿Le creo a él? ¿Me fío de él? ¿Estoy dispuesto a vivir compartiendo, perdonando, sembrando la paz, trabajando por la justicia, actuando siempre con sinceridad y sin temor al sufrimiento? ¿Me lo juego todo apostando por unos criterios de locos; viviendo de acuerdo a unos valores tan estrafalarios como poco evidentes?… Decir que sí, que me la juego, que cambio de vida, es tener fe en Jesús; lo demás será otra cosa. Creeré en Jesús si es él quien manda en mis criterios y mis valores; si es él quien da sentido a mi vida; si creo que sus criterios pueden salvar el mundo del desastre y me comprometo con la tarea de hacerlo. Porque la fe no es un privilegio otorgado a unos y vedado a otros, sino el compromiso firme con un modo de vida cuyo único aval es la palabra de Jesús, y cuyo objeto es crear humanidad.

Y ya sabemos que es muy difícil creer hasta el punto de dejarlo todo para seguir sus criterios; que nos da miedo ese compromiso; que no solemos tener tanta fe, pero el Espíritu no descansa, y siguen siendo muchos los que lo hacen, aun a pesar de que hoy está de moda relativizar la importancia de Jesús y proponer recetas y filosofías alternativas que nada tienen que ver con él.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fe Adulta

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Seréis bienaventurados si…

Domingo, 29 de enero de 2023

0_ac2010_044_32dom_comum_071110“Las bienaventuranzas son el carnet de identidad del cristiano, que lo identifica como el seguidor de Jesús” (Papa Francisco, en Suecia, el día de Todos los Santos 2016).Si quieres saber lo que Jesús te propone para ser feliz aquí y ahora; si quieres cumplir el plan que Dios Padremadre tuvo al crearte, en las Bienaventuranzas tienes el manual de instrucciones. Si las sigues serás dichoso, bendito y te irás acercando a tu plenitud humana y divina. Te invito a que lo intentes. Pronto verás los frutos.

El domingo pasado el texto evangélico terminaba así: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando las enfermedades y dolencias de la gente”. Es un resumen perfecto de la actividad de Jesús en los inicios de su vida pública: predicar y sanar. El texto continúa: …. “y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea y del otro lado del Jordán”.

A continuación de la primera parte narrativa, Mateo coloca el primer discurso de Jesús, el Discurso Evangélico: Las Bienaventuranzas. Y lo primero que hace Mateo es describir con detalle el escenario donde se ubica este discurso. Lo que pretende con ello es prepararnos para escuchar algo muy solemne, algo muy importante. La audiencia numerosa, subida al monte, sentado como maestro, los discípulos se acercan para no perderse nada y Jesús empieza la lección del primer día de curso. Como buen maestro Jesús introduce el programa que va a desarrollar a lo largo de toda su vida.

El discurso de las bienaventuranzas es el preludio, el resumen del estilo de vida que Jesús, el Salvador, proponen a toda la humanidad. Es la síntesis de la propuesta vital que Jesús ofrece a la humanidad sedienta de sentido y necesitada de modelos para orientar sus anhelos existenciales y el logro de la felicidad (plenitud) que busca. Lo que se le ofrece es un programa para ser feliz. Justo lo que la humanidad, en toda época y lugar desea.

Jesús es para nosotros el revelador de Dios. Y Jesús en las Bienaventuranzas nos revela el plan de salvación (liberación, felicidad, plenitud) que Dios ha pensado para la humanidad de todo tiempo y lugar. Dios nos ha creado para que seamos felices. Jesús en las Bienaventuranzas nos muestra el camino para lograrlo.

El camino hacia la felicidad es, a veces, escabroso. El protocolo del proceso a seguir nos recomienda en primer lugar conocer de cerca la vida de Jesús para prepararnos a seguir sus pasos. En los catecismos que estudiábamos en nuestra infancia nos enseñaron que Jesús había venido al mundo para darnos ejemplo de vida. Para conocer bien una vida por dentro hay que imitarla. Hacer lo mismo que él hizo. Ser como Él.

Las Bienaventuranzas son un retrato, un perfil del estilo de vida que Jesús llevó y quiere que nosotros imitemos. Como perfil nos concretiza las características de ese estilo de vida: austeridad, mansedumbre, compasión, justicia, misericordia, sinceridad, humildad, coherencia, apertura, cercanía… En suma, las Bienaventuranzas nos describen el perfil de una “buena persona”, de una persona “muy humana” (honrada, bondadosa y solidaria). El que cumple este perfil es feliz, dichoso. Y la razón de esta felicidad es: porque en ello encuentras a Dios formas parte de su Reino. Las Bienaventuranzas son el camino para descubrir a Dios en ti mismo (tu bondad, tu parte divina) y en los hermanos con quien Dios se identifica y encarna, “a mí me lo hiciste”. Las Bienaventuranzas y el Reino de Dios se dan la mano. En la formulación de cada bienaventuranza hay dos partes: Lo que exige y lo que promete. Exige: imitar el estilo de vida de Jesús, llevar una vida austera (pobre), renunciar a la violencia, com-padecerse con los otros, autenticidad de entrega y disponibilidad, misericordia, justicia etc…Promete: tu plenitud humana y divina (humanidad divina), es decir, el Reinado de Dios en ti. Esto te hace feliz porque has encontrado el tesoro escondido, Dios en ti; porque te pareces a Dios; porque tu vida tiene sentido; porque has hallado razones para vivir.

Aviso para principiantes: Como ves el programa de Jesús es exigente, radical. Pero te puedo asegurar que merece la pena que hagas un esfuerzo, pongas en juego todas tus capacidades y perseveres en la tarea hasta lograrlo. Ten en cuenta estas consejas de vieja: “No se regala nada en la vida”. “La felicidad para quien la trabaja”. Por eso me gusta formular las Bienaventuranzas en condicional: Si quieres ser feliz… Seréis felices si… Si cumples la condición obtendrás lo condicionado. Por último: Al llevarlo a la práctica no te olvides de que no estás solo en el empeño, contigo va el Señor. Dios te ha creado para que seas feliz y te ha dado todo lo que necesitas para serlo. Sólo te falta experimentarlo.

África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Para vivir con sabiduría.

Domingo, 29 de enero de 2023

8606D652-4804-4258-9421-97693DFE486CIV Domingo del Tiempo Ordinario

29 enero 2023

Mt 5, 1-12

Si en el evangelio de Lucas (6,20-23) las bienaventuranzas se referían a situaciones -de pobreza, de hambre, de llanto-, Mateo las transforma en actitudes, es decir, en opciones sabias que garantizan vivir con acierto y sentido.

En concreto, cada una de las ocho bienaventuranzas recogidas en este evangelio aborda y responde a un cuestionamiento humano fundamental: seguridad, dolor, fuerza, deseos, amor, paz, coherencia, fidelidad. Siguiendo el orden de las mismas, podrían enumerarse, de modo sintético, tanto los cuestionamientos como las respuestas que proponen:

      ¿Dónde pones tu seguridad? Serás feliz cuando comprendas que no eres el yo; cuando no te identifiques ni te reduzcas a él.

2ª      ¿Qué haces con el dolor, el tuyo y el de los demás? Serás feliz cuando te reconcilies con la realidad del dolor y lo vivas con sabiduría.

      ¿Dónde sitúas la fuerza? Serás feliz cuando no pretendas controlar todo.

      ¿Qué haces con los deseos? Serás feliz cuando te liberes del apego.

      ¿Para qué vives? ¿Para el amor o para tu propio gusto y tu propia imagen? Serás feliz cuando vivas el amor y la entrega.

      ¿Dónde encuentras la paz?, ¿cómo la construyes? Serás feliz cuando encuentres en ti el lugar de la paz.

      ¿Eres coherente con tu vida?, ¿eres una persona íntegra? Serás feliz cuando vivas en transparencia.

      ¿Qué guía tu vida: la fidelidad o la conveniencia? Serás feliz cuando seas fiel a ti mismo/a.

Es significativa la convergencia de las personas sabias a la hora de formular sus propuestas. Hasta el punto de llegar a utilizar las mismas palabras. No es extraño: toda propuesta sabia nace de la comprensión. No de un mero “entender” mental o conceptual, sino del “comprender” experiencial o vivencial que nace del silencio de la mente y, gracias a él, del saboreo de lo que somos.

Solo la comprensión puede orientar nuestra vida. Por cierto, el término “orientar” significa guiar hacia oriente, hacia el este, es decir, al lugar de la luz. Por eso es el camino que nos permite “volver a casa”.

¿Cuáles son las claves que orientan mi vida?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Bienaventurados o dionisíacos.? La bondad genera serena felicidad .

Domingo, 29 de enero de 2023

230DF2AC-27C6-4BB1-A732-DB1AEF6DF6E5Del blog de Tomás Muro, la Verdad es libre:

01. – Contexto del texto de las bienaventuranzas.

El evangelio de San Mateo está compuesto para cristianos provenientes del mundo judío, por tanto de cultura y religión de origen judío (Antiguo Testamento). Los cristianos que escuchaban las palabras de este Evangelio conocían perfectamente la ley, el Sinaí, Moisés, el Éxodo, la Alianza etc.

Los judíos consideraban los cinco primeros libros de la Biblia (Pentateuco – Torá) como la ley sagrada de la tradición israelita. Por eso San Mateo compone en su evangelio cinco solemnes discursos, de los cuales el primer discurso está formado por las bienaventuranzas.

De ahí que Mateo sitúe las bienaventuranzas en un monte, en un nuevo Sinaí, con un nuevo legislador, ya no Moisés, sino JesuCristo, y brota un nuevo “decálogo”, que no son leyes, sino Evangelio. [1]

    Las bienaventuranzas son seguramente la enseñanza más genuina de Jesús. En las bienaventuranzas estamos en el centro del pensamiento y en las mismas palabras de Jesús.

02.- Queremos ser felices, pero…

Cuestiones terminológicas y exegéticas aparte, lo primero que Cristo desea para el ser humano es: que seamos felices, dichosos, bienaventurados.

La primera cuestión cristiana no es, pues, religiosa: cumple con los preceptos, ni ética: sé bueno, ni teórico-dogmática: tienes que aceptar este jeroglífico teológico.

La primera cuestión es: sé feliz: bienaventurado.

San Agustín formuló en sus Confesiones aquello de que: no soy sólo yo, ni siquiera unos cuantos los que deseamos ser felices, sino absolutamente todo el mundo. [2]

Todo ser humano quiere –queremos- ser dichosos, felices.

La nostalgia de felicidad ya estaba en el ser humano cuando Dios modeló con sus manos y su aliento vital el barro humano.

Todos queremos ser felices. Es evidente. Y esto lo podemos constatar especialmente cuando pecamos, [3]

03.- Lo que pasa es que no conseguimos ser felices.

    No es lo mismo felicidad que placer.

    Queremos, pero no conseguimos ser felices en la vida.

    Tal vez no conseguimos ser felices porque confundimos felicidad con placer.

    El placer y la felicidad son valiosos en la vida, pero no son lo mismo ni van a la vez.

    Hay momentos y situaciones en la vida en las que se da un gran placer, pero no conllevan ni nos llevan a la beatitud, a la felicidad. No hay que decir muchas palabras para comprender tales situaciones.

    Y hay circunstancias que no suponen placer, pero implican una gran serenidad y felicidad. Cuidar un enfermo, ayudar en un trabajo, afrontar un problema familiar, social, etc. no son situaciones especialmente placenteras, pero conducen a vivir en paz y serenidad.

    El consumismo en el que vivimos, los planes de economía del capitalismo van enfocados al placer, pero no terminan en la felicidad del ser humano

Ahora bien, ¿dónde o cómo lograr ser felices? ¿Hacia dónde dirigimos la mirada y nuestros pasos?

04.- Las Bienaventuranzas suponen una inversión de los valores que manejamos habitualmente en la vida

    También podemos buscar la felicidad en las bienaventuranzas.

    Las bienaventuranzas suponen una inversión de los valores con los que funcionaba la sociedad en tiempos de Jesús y nuestra sociedad.

    JesuCristo entiende que la bienaventuranza está en las personas y modos de vida considerados insignificantes y desgraciados.

Ahora bien la riqueza, el vivir en la injusticia, los comportamientos y violentos, los que odian, los perseguidores pueden vivir en situaciones de placer, pero ahí no está la felicidad.

    Jesús siendo rico, se hizo pobre, se despojó de ser Dios, fue honrado, limpio en la vida, trabajó por la justicia al defender y sanar a los débiles, tuvo misericordia.

    Seremos felices y bienaventurados si somos sencillos, si “jugamos limpio” en nuestras relaciones y tareas de todo tipo; seremos bienaventurados si somos pobres-libres, si trabajamos por la paz también en nuestro pueblo, por la justicia. La felicidad –bienaventurados- está en la bondad, en la misericordia, en la paz, en la honradez.

    Seguramente que muchos tenéis ya esta experiencia. ¿No hemos tenido etapas de escasez, de persecución por causa de la justicia, no ha sufrido el pueblo a causa de la dictadura político – económica o de la persecución eclesiástica?, ¿Muchas veces y muchas personas habéis sido honrados cuando las circunstancias invitaban a no serlo y sin embargo sin embargo seguido las bienaventuranzas y ello –las bienaventuranza- nos ha causado una profunda paz y serenidad interior?

05.- Estrambote eclesial.

    ¿Y si continuáramos soñando con una iglesia de las bienaventuranzas?

Porque nos puede pasar dentro de la Iglesia aquello del refrán: consejos vendo que para mí no tengo. Sería bienaventurado y cristiano vivir en una iglesia de misericordia, donde se juega limpio en todos sus criterios y procedimientos: una iglesia cuya primera visión fuesen los débiles y pobres, una iglesia de bondad y misericordia, donde se jugara limpio en los nombramientos, en las valoraciones de las personas, de las corrientes de pensamiento, una iglesia que trabajara por la paz

Bienaventurados seremos, Señor.

[1] De ahí que durante los dos capítulos siguiente Mateo utilice un “juego literario” y escribe: “se os dijo en el AT … pero yo os digo”

[2] San Agustín, Confesiones X, 21.

[3] La manzana de Adán y Eva no es otra cosa que una nostalgia de felicidad, de ser como dioses.

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“La señal de la Cruz”, por Isabel Gómez Acebo

Sábado, 28 de enero de 2023

images19.01.2023

Un jesuita suizo le escribió a un amigo diciéndole que había estado en Kiev y que se había quedado gratamente sorprendido cuando vio que los transeúntes hacían la señal de la cruz cuando pasaban delante de la catedral. Yo recuerdo cuando era niña que nos santiguábamos cuando salíamos de casa, al entrar a bañarnos en el Cantábrico en una playa con olas o al empezar un examen. Era una manera seminconsciente de rogar a Dios para que no nos pasara nada o que nos echara una mano a la hora de paliar nuestra ignorancia

Por eso me gusta cuando los deportistas al empezar una carrera o un partido hacen la señal de la cruz y cuando ganan miran al cielo en agradecimiento. La mayoría provienen de América del Sur donde estas costumbres siguen vigentes. Desconozco si son practicantes, pero tengo la seguridad de que en esos momentos piensan en Dios. Será posible que cuando truena llamen a Santa Bárbara y en otros momentos de su vida no se acuerden, pero con esos actos nos ofrecen un testimonio de su fe

El jesuita, en su carta al amigo, le decía que no sería una mala costumbre al empezar el año que al pasar delante de una iglesia hiciera la señal de la cruz. No es tan difícil como aprender inglés, ir al gimnasio o perder kilos que suelen ser las intenciones con las que empezamos en enero. Pero soy consciente de que es más fácil recordar a Dios en el interior de nuestro corazón que hacer un acto externo delante de otras personas. Nos da vergüenza porque no queremos que nos tachen de beatos o de fachas y negamos nuestra condición de cristianos.

Me han venido a la mente las tres negaciones de Pedro ante los criados y la profecía de Jesús cuando le dijo que cantaría el gallo tras haberle negado tres veces ¿Estaremos también nosotros negando al Dios encarnado?

 

@damianmariavoz ESPERO TU DÚO 😂🙌🏼 #santiguarse #tucuradeconfianza #elcuradetiktok #curatiktoker ♬ sonido original – Damian Maria Montes

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Conversión de San Pablo

Miércoles, 25 de enero de 2023

        Saulo de Tarso, antes de su conversión, era un judío convencido de su religión y totalmente contrario a la nueva fe que empezaba a difundirse por Palestina y sus alrededores.

        Tuvo alguna responsabilidad también en el martirio de san Esteban, protomártir, del que se habla en los Hechos de los apóstoles. Saulo encontró a Jesús resucitado en el camino de Damasco y este acontecimiento cambió de manera radical su modo de creer y de pensar. El Señor resucitado se convirtió en el centro de su espiritualidad y de su teología. Una vez apóstol del Evangelio, Pablo estableció en Antioquía de Siria el punto de partida de sus viajes misioneros, donde aparece como testigo infatigable de la fe en Jesús resucitado. Estos viajes le incitaron a escribir diversas cartas a las distintas comunidades cristianas que había fundado. Pablo, verdadero y auténtico apóstol, siempre llevó buen cuidado en «volver» a Jerusalén, con el deseo de confrontarse con los apóstoles de Jesús a fin de no correr en vano.

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No quieras buscar ninguna cosa fuera del Señor; busca al Señor y él te escuchará; y mientras todavía estés hablando, te dirá: «Estoy aquí». ¿Qué significa «Estoy aquí»? Estoy presente. ¿Qué quieres, qué esperas de mí? Todo lo que puedo darte es nada en comparación conmigo. Tómame a mí mismo, goza de mí, acércate a mí. Aún no puedes hacerlo del todo, pero tócame con la fe y quedarás inseparablemente unido a mí, y yo te libraré de todos tus fardos, para que puedas adherirte a mí por completo.

*

Agustín de Hipona,
Exposición sobre el salmo 33, 9ss

***

El edificio espiritual construido por san Pablo, con su profundidad profética y sus escarpadas ascensiones, emerge alto sobre el plano de nuestra apacible piedad cristiana. ¿Quién fue este grande, que obró a la sombra de Uno inmensamente más grande que él? ¿Quién fue este atrevido pionero, este «errante entre dos mundos»?

        Dos ciudades ejercieron una influencia decisiva en el ciclo de su formación: Tarso y Jerusalén. «Soy un judío de Tarso de Cilicio…»: así se calificó Pablo ante el comandante romano cuando fue encarcelado. Dos corrientes de antigua civilización afluían, pues, y se fundían en él: la educación judía en familia y la formación griega que absorbía en la capital de su provincia natal, dotada de universidad. Está escrito, ciertamente, en los designios de la Providencia que este hombre, destinado a que en su vida actuara como misionero en medio de los paganos, debería recibir su primera educación en un centro mundial del paganismo.

        Aquel para quien ya no debería existir diferencia alguna entre judíos y paganos, entre griegos y bárbaros, entre libres y esclavos [cf. Col 3,11; 1 Cor 12,13), no debía nacer entre las idílicas colinas de Galilea, sino en el tumulto de un rico emporio comercial donde afluían y se mezclaban gentes de todas las naciones sometidas al Imperio romano.

        «Soy de Tarso, una ciudad no oscura de Cilicia». Parece que se refleja en esta respuesta un sentimiento de genuino orgullo griego por su propia ciudad de nacimiento. Tarso competía, en efecto, con Alejandría y Atenas por la conquista del primado en el campo de la cultura; en ella se elegían los maestros para los príncipes imperiales de Roma, y es natural que un centro de cultura tan eminente influyera en la formación de la personalidad del futuro apóstol… En Tarso dominaban la espiritualidad y la lengua griega junto a las leyes romanas y a la austeridad de la sinagoga judía.

*

J. Holzner,
San Pablo,
Editorial Herder, Barcelona 1989.

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“Los mansos y las Bienaventuranzas “, por Gabriel Mª Otalora

Martes, 24 de enero de 2023

La mansedumbre no tiene buena prensa, al menos en la sociedad de hoy. Creo que es en parte porque suena demasiado a debilidad y a convertir a los mansos en potenciales víctimas de las personas autoritarias y soberbias. Y en parte también porque el nombre de “manso” no tiene buena prensa siendo difícil asociar la actitud de mansedumbre con una promesa de felicidad: Bienaventurados los mansos, nos dice Jesús. El orgullo ha sido entendido como una virtud y la mansedumbre como una debilidad. Confieso que me resulta demasiado chocante el contraste, seguramente porque no he reflexionado lo suficiente sobre el tesoro que anida en esta actitud.

Sin embargo, llevo unas semanas dando vueltas precisamente a esta Bienaventuranza que me resulta contracultural -sin duda- pero al mismo tiempo me llama a que profundice un poco más para acercarme al mensaje que atesora el Evangelio en esta dicha prometida: felices serán los que se comporten con verdadera mansedumbre… y no solo eso, “heredarán la tierra”.

 En este comienzo de año quiero compartir algunos destellos de esta actitud que nos propone Jesús y que abunda tan poco en el seno de la Iglesia. Para suscitar una reflexión en este sentido, veamos algunas de las actitudes de quienes se comportan con mansedumbre a la que nos invita el Maestro:
  • La mansedumbre está muy emparentada con la humildad, la actitud más importante para vivir en cristiano.
  • La paciencia como arte para la buena vida, también está emparentada con la mansedumbre.
  • Los mansos se caracterizan porque son dueños de sí, lo cual ya nos indica un nivel de madurez importante. Viven una pacífica posesión de sí mismos sin necesidad de atacar nada ni a nadie.
  • Con muy poco, lo tienen todo porque se poseen a sí mismos. Suena muy de cerca a lo que dicen los psicólogos de las personas maduras y equilibradas.
  • Quien practica la mansedumbre tiene que domeñarse. Ser manso con criterios evangélicos no es ser pánfilo ni carente de personalidad. Viven desde el verdadero amor que acoge y no juzga, ayuda con benevolencia sin desahogar reproches.
  • Viven en el instante presente, disfrutan y agradecen la vida.
  • Han experimentado que su fuerza está en su debilidad apoyados en el centro indestructible de su yo sagrado, su ser esencial que se sabe envuelto por la Presencia.
  • Son el mejor ejemplo del rostro amoroso de Dios, contemplativos en la acción.
  • Son personas que sonríen desde el corazón, que han aprendido a escuchar y transmiten verdadera paz.
  • En definitiva, las personas mansas tienen una gran fuerza interior en la confianza de saberse en las manos de Dio. Nada que ver con la debilidad.

Quienes viven la mansedumbre llevan a la práctica el binomio “Dios me ama inmensamente, luego deposito mi total confianza en Él”. Es un ejemplo de aceptación nada resignada ante los embates inevitables y las decepciones de la vida que tan bien protege al corazón de las amarguras. El manso de corazón no se enfrenta a los demás como si fueran sus enemigos. Los respeta y los valora porque sabe que también han sido creados a la imagen de Dios. En definitiva, vive con la expectativa de que siempre aprenderán algo gracias a las experiencias que Dios trae a su vida. Muestran, nada menos, que el amor de Dios a todos los seres humanos.

La mansedumbre es una cualidad que crece a la medida en que permitimos que el Espíritu Santo transforme nuestra alma, a la escucha siempre, para transformarnos y transformar nuestro alrededor através de esta fortaleza de las Bienaventuranzas. No hay mejor oración. Pero estamos tan centrados en el hacer que se nos olvidan las abundantes llamadas del Evangelio para adecuar nuestras actitudes a la Misión encomendada de evangelizar. Y la mansedumbre es el aceite que necesita nuestro motor cercano a griparse, tantas veces. Hacer y hacer… olvidando que “Sin mí no podéis hacer nada” hace que nuestra mediocridad pervierte la imagen del Reino.

Rescatemos el verdadero valor de la mansedumbre; demos la importancia que tiene.

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Discípulo en prácticas.

Lunes, 23 de enero de 2023

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Si me llamas,
te seguiré sin dudar
aunque el camino sea desconocido y duro.

Si me hablas,
callaré y creeré en Ti
aunque tu voz destroce mis planes y sueños.

Si quieres podarme,
me dejaré podar
aunque mi savia se desparrame en tierra sin nombre.

Si me acrisolas al fuego,
me dejaré purificar
aunque pulverices mis deseos y posesiones.

Si me invitas,
entraré en tu casa y en tu corazón
aunque sea pobre y mendigo.

Si me quieres contigo,
iré a donde quieras,
aunque no me gusten leyes y obediencias.

Y si me miras con amor,
intentaré acoger tus anhelos
aunque los mimbres de mi ser no sirvan para ello.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Ya no somos extraños: dando la bienvenida a los migrantes LGBTQ+ en la frontera entre EE. UU. y México

Lunes, 23 de enero de 2023

05B9DD96-53E7-441B-A4F3-DC058E995295Hna. Tracey Horan

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Hermana Tracey Horan. Tracey es una Hermana de la Providencia de St. Mary-of-the-Woods, Indiana y es oriunda de Indianápolis, Indiana. Ha trabajado como maestra, organizadora comunitaria y defensora acompañando a comunidades de inmigrantes durante más de una década, y ha escrito sobre temas de justicia para la revista HOPE, Global Sisters Report, Messy Jesus Business y A Matter of Spirit.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar haciendo clic aquí.

(Nota del editor: algunos nombres en esta publicación se han cambiado por seguridad).

Hace veinte años, los obispos de los EE. UU. y México publicaron conjuntamente la carta pastoral,“Strangers No Longer: Together on the Journey of Hope.” (“Ya no somos extraños: juntos en el camino de la esperanza”). La carta fue un llamado rotundo para la bienvenida y la inclusión de las personas que han emigrado a los EE. UU. “Ya no somos extraños” invitaba a los católicos a considerar el contexto en el que las personas eligen migrar, lo que la enseñanza católica tiene que decir sobre dar la bienvenida al extranjero y cómo los cambios de política podrían facilitar esta bienvenida. En su introducción, “Ya no somos extraños” afirma: “Nos juzgamos a nosotros mismos como comunidad de fe por la forma en que tratamos a los más vulnerables entre nosotros”.

Como Hermana de la Providencia que ha ministrado en la frontera entre EE. UU. y México desde 2019, he tenido el privilegio de ser parte de esta bienvenida, ayudando a los solicitantes de asilo a encontrar refugio en los EE. UU., incluidas las personas LGBTQ+.

Los migrantes LGBTQ+ suelen estar en riesgo tanto en sus países de origen como en el camino hacia una existencia estable, un claro ejemplo de “los más vulnerables entre nosotros”. Un estudio de 2019 encontró que, en promedio, cuatro personas LGBTQ+ fueron asesinadas cada día en América Latina y el Caribe. México también ha visto aumentos recientes en la violencia anti-LGBTQ+. Las recientes políticas contra el asilo bajo las administraciones de Trump y Biden han aumentado estos riesgos, ya que las personas LGBTQ+ que buscan refugio son expulsadas a México o obligadas a esperar allí.

BB0AC022-354D-4282-AD67-48FA3AF9AB6DDonde ministro, estos números se transforman en historias. El año pasado conocí a un haitiano que se escapó de su casa por amenazas de muerte cuando su comunidad descubrió que era gay. Su compañero no tuvo tanta suerte: lo habían asesinado. Durante los primeros días de su estadía en nuestro refugio, este refugiado luchó por dormir ya que estaba plagado de pesadillas e imágenes de lo que había sucedido. También sabía que, como migrante negro gay que no hablaba bien el español, correría el riesgo de ser atacado tan pronto como saliera de nuestro refugio. A pesar de esta realidad, rápidamente conoció a varios miembros del personal de nuestro centro para migrantes, poco a poco se abrió camino hacia la curación y nos envió un texto de celebración una vez que llegó a los EE. UU.

Vicencio y Rafael son una pareja gay que se alojaba en nuestro albergue con su hijo Felipe. Vicencio y Rafael habían trabajado como profesionales antes de enfrentar amenazas en el sur de México. Felipe es un niño vivaz de seis años con una energía aparentemente ilimitada. En el albergue, la familia contribuyó a nuestras operaciones ofreciéndose como voluntaria en el trabajo diario de nuestra sala de primeros auxilios y servicios de alimentación. Un día, Vicencio y Rafael expresaron sus dudas sobre quién podría recibirlos en Estados Unidos, dado que no habían venido a sus familiares aquí. Dudaban que su familia los aceptara si sabían que la pareja era gay.

Antes de intentar emparejar a esta familia con posibles patrocinadores, quería asegurarme de que dicho grupo fuera abierto y afirmador de una familia LGBTQ+. Una coalición particular de apoyo al asilo se había ofrecido como voluntaria para patrocinar a una familia, pero como incluía algunas iglesias católicas, me preocupaba que no aceptara a esta familia en particular. Cuando me comuniqué con el contacto de la coalición, me explicó que serían miembros de su iglesia, una congregación protestante abierta y afirmativa, quienes darían la bienvenida a la familia. Hablamos brevemente sobre honrar el albedrío de la pareja en cuanto a si desean salir del armario a la congregación o no.

Después de colgar, me di cuenta de lo aliviado que estaba de que esta agencia no los conectara con una iglesia católica. Y luego lamenté no poder contar con mi denominación para dar la bienvenida a una pareja gay que necesita patrocinio mientras huyen de las amenazas de muerte. Ciertamente, hay parroquias católicas que estarían a la altura del desafío, pero saber que algunas autoridades de la Iglesia Católica Romana excluyen o condenan públicamente a las personas LGBTQ+ fue suficiente para hacerme pensar.

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Migrantes que viajaron en la caravana centroamericana llegan a la sede de Diversidad Migrante, que usarán como albergue, en Tijuana, México. (Guillermo Arias/AFP/Getty Images)

Dos décadas después de la publicación de “Strangers No Longer”, todavía no hemos estado a la altura de las invitaciones que contiene. En la carta, los obispos declaran:

“Nuestra fe común en Jesucristo nos mueve a buscar caminos que favorezcan un espíritu de solidaridad. Es una fe que trasciende las fronteras y nos invita a superar todas las formas de discriminación y violencia para que podamos construir relaciones justas y amorosas”.

Los inmigrantes queer a menudo se ven atrapados en la discriminación basada tanto en su situación legal en un país como en su identidad LGBTQ+. Estos hermanos nuestros a menudo soportan la doble carga de ser etiquetados como extraños tanto por la Iglesia jerárquica como por los líderes electos del estado. Imagino que esta carga de doble discriminación pesa sobre ambos hombros, como el yugo que el profeta Isaías dice que pesaba sobre los que caminaban en la oscuridad (Is 9,3).

En muchos casos, nuestros vecinos protestantes nos muestran la otra cara del mensaje de Isaías en la primera lectura de hoy. Nos muestran lo que significa brillar una luz en una tierra sombría: elegir una doble bienvenida en lugar de una doble carga cuando recibimos migrantes LGBTQ+ en nuestras comunidades.

Y como nuestro dolor motiva nuestro deseo de una Iglesia más acogedora, Jesús nos muestra el camino a seguir en el Evangelio de hoy. Se toma tiempo para llorar el encarcelamiento de su querido primo John. Y luego, es impulsado por la luz de Dios para seguir reclutando a otros para su revolución del corazón.

Más tarde supe que después de una acogida inicial por parte de una familia protestante, Vicencio, Rafael y Felipe también fueron apoyados por dos familias católicas: una que les ofreció hospitalidad en su casa y otra que patrocinó el departamento donde ahora viven. Aunque lamento que los migrantes LGBTQ+ no siempre reciban esta bienvenida en las comunidades católicas, celebro a las personas que se aferran a un Evangelio que inspira su solidaridad. Que nosotros, los que decimos seguir a Cristo, seamos inspirados a hacer lo mismo: entristecer lo que vemos que no es de Dios, y avanzar creando la bienvenida que Cristo imaginó.

—Sr. Tracey Horan, 22 de enero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Ven y sígueme, y te haré pescador de personas.

Domingo, 22 de enero de 2023

 redes

Salmo en Galicia

—Baltar, Julio de 1952—

Junto al montón de paja de mi vida,
entre el cielo y el mar
y la arboleda oscura donde braman
todas las fieras de la juventud,
he levantado un hórreo sensible
y fiel como una arqueta.

Junto al montón de paja de mi vida
— broza muerta de sol…

Aquí recogeré el mensaje nuevo
de tu boca, Señor: en la frenada
ternura de estos hombres; en el mirlo
huésped de la paloma; en el aliento
de los húmedos bronquios del paisaje;
en la lengua cartuja de esta celda
donde ya estamos solos…
¡Señor, y en la caliente
sangre del mar! ¡en el latido bronco
de este pobre muchacho incomprendido!

En el hórreo fiel nos guardaremos
un volumen reciente de Ejercicios
y los primeros versos
de Fray Juan de la Cruz…

(Sobre esta clara mesa donde escribo
duerme el Conde de Orgaz.
Sobre el benigno corazón del Greco.
…Los sentidos se visten
de negros caballeros, demacrados,
y el deseo se alarga en las antorchas
altas serenamente…
Y en los pontificales
brazos de la Prudencia
y en las manos del alma, casta y joven,
el conde muerto espera tu llamada…)

Aquí recogeré el mensaje nuevo
de tu boca, Señor…

Deshojaremos, juntos, en tu Gracia
la rosa móvil de las estaciones,
y, al fin, me llamarás,
claro, de lejos,
por la ruta del mar iluminada…

¡Al marcharnos, Señor, abrasaremos
toda esta broza muerta de mi vida,
junto a la cual te he levantado un hórreo!

*

Pedro Casaldáliga
Palabra ungida,1995

***

 

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías: “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.” Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.”

Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

“Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.”

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

*

Mateo 4,12-23

***

Hay que conseguir desarmarse.

Yo me afané en esa guerra. Durante años y años.

Ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado,

Yo no le tengo miedo a nada, porque “el amor ahuyenta el miedo”.

Aplaqué la pretensión de imponerme, de justificarme a costa de los demás,

Yo no estoy en alerta, celosamente aferrado a mis riquezas.

Acojo y comparto.

No me aferro a mis ideas, a mis proyectos.

Si me proponen otros mejores, los acepto con buen ánimo.

O no mejores, más buenos.

Lo sabéis, he renunciado al comparativo…

Lo que es bueno, verdadero, real, dondequiera que sea, es lo mejor para mi.

Por eso, ya no tengo miedo.

Cuando no se posee nada, ya no se tiene miedo.

“¿Quién nos separará del amor de Cristo?”

Pero si nos desarmamos, si nos despojamos, si nos abrimos al Dios-hombre que hace nuevas todas las cosas, entonces él transforma nuestro pasado ruin y nos restituye a un tiempo nuevo donde todo es posible.

*

Patriarca Atenágoras,

Iglesia Ortodoxa y Futuro ecuménico. Dialogos con Olivier Clément,
Brescia 1995, 209-211

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“La primera palabra de Jesús”. 3 Tiempo ordinario – A (Mateo 4,12-23)

Domingo, 22 de enero de 2023

Young hiker in black trousers and grey shirt sit on cliff's edge. Tourist watching sunrise above misty hilly valley bellow mountain El evangelista Mateo cuida mucho el escenario en el que va a hacer Jesús su aparición pública. Se apaga la voz del Bautista y se empieza a escuchar la voz nueva de Jesús. Desaparece el paisaje seco y sombrío del desierto y ocupa el centro el verdor y la belleza de Galilea. Jesús abandona Nazaret y se desplaza a Cafarnaún, a la ribera del lago. Todo sugiere la aparición de una vida nueva.

Mateo recuerda que estamos en la «Galilea de los gentiles». Ya sabe que Jesús ha predicado en las sinagogas judías de aquellas aldeas y no se ha movido entre paganos. Pero Galilea es cruce de caminos; Cafarnaún, una ciudad abierta al mar. Desde aquí llegará la salvación a todos los pueblos.

De momento, la situación es trágica. Inspirándose en un texto del profeta Isaías, Mateo ve que «el pueblo habita en tinieblas». Sobre la tierra «hay sombras de muerte». Reina la injusticia y el mal. La vida no puede crecer. Las cosas no son como las quiere Dios. Aquí no reina el Padre.

Sin embargo, en medio de las tinieblas, el pueblo va a empezar a ver «una luz grande». Entre las sombras de muerte «empieza a brillar una luz». Eso es siempre Jesús: una luz grande que brilla en el mundo.

Según Mateo, Jesús comienza su predicación con un grito: «Convertíos». Esta es su primera palabra. Es la hora de la conversión. Hay que abrirse al reino de Dios. No quedarse «sentados en las tinieblas», sino «caminar en la luz».

Dentro de la Iglesia hay una «gran luz». Es Jesús. En él se nos revela Dios. No lo hemos de ocultar con nuestro protagonismo. No lo hemos de suplantar con nada. No lo hemos de convertir en doctrina teórica, en teología fría o en palabra aburrida. Si la luz de Jesús se apaga, los cristianos nos convertiremos en lo que tanto temía Jesús: «unos ciegos que tratan de guiar a otros ciegos».

Por eso también hoy esa es la primera palabra que tenemos que escuchar: «Convertíos»; recuperad vuestra identidad cristiana; volved a vuestras raíces; ayudad a la Iglesia a pasar a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús; vivid con nueva conciencia de seguidores; poneos al servicio del reino de Dios.

José Antonio Pagola

 

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“Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías”. Domingo 22 de enero de 2023 3ª Ordinario

Domingo, 22 de enero de 2023

11-ordinarioa3Leído en Koinonia:

Isaías 8,23b-9,3: En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande.
Salmo responsorial: 26: El Señor es mi luz y mi salvación.
1Corintios 1,10-13.17: Poneos de acuerdo y no andéis divididos.
Mateo 4,12-23: Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.

Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial. La necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que le llegue el turno de la renovación. La coyuntura actual nos inspiraría un cierto optimismo… ¿Será posible?

La primera lectura parece haber sido escogida estrictamente por coincidir con la tercera lectura en la alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy –dada la altura a la que estamos en el año litúrgico– se adecúa bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».

Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús… No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio… Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico… O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta… sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente…

No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar… Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado… Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha… sin unilateralismos.

El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás… para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías…

En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido.

Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso. Leer más…

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