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Discernir los riesgos de la rectitud aquí y ahora.

Lunes, 26 de septiembre de 2022

05B9DD96-53E7-441B-A4F3-DC058E995295Hna. Tracey Horan

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Tracey Horan. Tracey es una Hermana de la Providencia de St. Mary-of-the-Woods, Indiana y es oriunda de Indianápolis, IN. Ha trabajado como maestra, organizadora comunitaria y defensora acompañando a comunidades de inmigrantes durante más de una década, y ha escrito sobre temas de justicia para la revista HOPE, Global Sisters Report, Messy Jesus Business y A Matter of Spirit.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Domingo 26 del Tiempo Ordinario se pueden encontrar haciendo clic aquí.

De vez en cuando, considero los pecados de la iglesia católica romana institucional: los momentos en que nuestras iglesias relegaron a las personas de color a los bancos más alejados o participaron en la esclavitud de los negros, la violencia de las Cruzadas y las formas en que los líderes de la iglesia han adoraban la riqueza, abusaban de su poder o defendían la intolerancia. Ciertamente, esta lista es larga e incluye también el maltrato a las personas LGBTQ.

Aun así, me atrevo a decir que cada vez que hubo exclusión, opresión o violencia pecaminosa, hubo también alguna expresión de oposición. Hubo hermanas, obispos y líderes laicos que dieron pasos hacia la integración racial mucho antes de que fuera ordenada por el gobierno. Hubo reformadores, como San Francisco de Asís, que vivieron una vida opuesta a la opulencia clerical. Hubo líderes del movimiento, como Dorothy Day y Dom Helder Camara, que asumieron causas para el cambio social incluso cuando los críticos los acusaron de ponerse del lado de los comunistas.

Cuando se trata de la inclusión LGBTQ, estoy eternamente agradecida por las hermanas de mi propia congregación que ofrecieron su presencia pastoral y acompañamiento a la comunidad gay mucho antes de que se considerara aceptable en muchos círculos católicos. Celebro a Hermanas como Marilyn Therese Lipps, que acompañaron a personas con VIH en la década de 1980, muchos de los cuales eran hombres homosexuales. Hoy disfruto un poco más de libertad para ser un aliado público gracias al coraje de personas como la hermana Marilyn.

Es más fácil reconocer a estos campeones de la verdad y los errores de sus oponentes en retrospectiva. Podemos mirar hacia atrás y celebrar con cierta claridad a aquellos que imaginamos que habrían sido “llevados por los ángeles al seno de Abraham”, como describe el Evangelio de hoy según Lucas. También podemos imaginar a sus oponentes revolcándose en alguna versión del “lugar de tormento”.

Discernir la acción en el momento presente, sin la ayuda de la retrospectiva, es más difícil. Para aquellos de nosotros criados para evitar romper las reglas o desobedecer la autoridad, podemos resonar con las súplicas del hombre rico. Podríamos estar de acuerdo con las advertencias del salmista de “asegurar la justicia para los oprimidos” o “liberar a los cautivos” si supiéramos con certeza que todo saldría bien al final. Parafraseando al hombre rico, queremos preguntar: “Abraham, ¿podrías levantarte de entre los muertos y dejarnos muy claro qué tipo de ‘arrepentimiento’ estás buscando exactamente? Ya sabes, antes de que nos volvamos locos y perdamos nuestros trabajos, amigos o fondos de jubilación”.

Tal incertidumbre sobre cómo resultarán las cosas es exactamente lo que hace que las acciones por la justicia sean proféticas. Corremos el riesgo de pagar un precio, y lo hacemos de todos modos. A veces, ese precio es obvio y público, como una persona que es arrestada por desobediencia civil en una protesta o pierde su trabajo cuando se declara homosexual en su lugar de trabajo. Sin embargo, más a menudo, el riesgo es más sutil. En la vida diaria, podemos correr el riesgo de cuestionar los comentarios homofóbicos de alguien cuando sería más fácil no decir nada. Podríamos arriesgarnos a saludar a alguien diferente a nosotros o sentarnos con ellos en el almuerzo. Podríamos arriesgarnos a recordarle a alguien nuestros pronombres preferidos cuando dejarlo pasar sería más seguro.

La verdad es que la gente no está ni en la categoría de “hombre rico” ni en la categoría de Lázaro. Cada uno de nosotros tiende a alternar entre los dos en un día determinado. Algunos días encontramos la energía y el valor para “seguir la justicia, la devoción, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre”. Otros días, preferimos pasar frente a la injusticia en nuestra puerta, fingiendo que no la vimos. Si Abraham aparece de entre los muertos y nos reprende, podríamos reconsiderarlo. Pero, muy a menudo estamos cansados y estresados. Descansamos en complacencia, estirados en sofás, como observa Amos.

¿Cómo discernimos los riesgos a los que podríamos estar llamados a correr aquí y ahora? ¿Y cómo encontramos la energía y el coraje para actuar proféticamente? En mi experiencia, solo podemos romper el abismo entre nuestra complacencia y la búsqueda de la justicia cuando lo hacemos con los demás. Necesitamos rodearnos de salmistas que cantarán lo que es posible, profetas que nos recordarán los costos de nuestra inacción, partidarios del reino celestial que aparecerán para reprendernos amorosamente cuando nos desviemos.

Solo reuniendo a una comunidad tan querida e inclinándonos para escuchar la voz de Dios en nuestras vidas podemos discernir la justicia que estamos llamados a crear hoy, antes de que sea segura o popular. ¿Podría esa voz estar invitándonos a impulsar una mayor inclusión de las personas LGBTQ en la mesa eucarística? O tal vez podamos escuchar una voz suave y apacible que nos insta a unirnos a otros para oponernos a la discriminación contra las personas LGBTQ en las instituciones católicas. Tal vez sea hora de tener una conversación con nuestro liderazgo parroquial sobre unirse a las filas de las parroquias y comunidades de fe amigables con LGBTQ. Cada paso profético, cada carta, cada conversación, cada oración, importa. Como dijo la fundadora de mi comunidad, Santa Madre Theodore Guerin, puede que no vivamos para verlo, pero habremos sembrado la semilla. Y otros cosecharán lo que nosotros hemos sembrado.

—Sr. Tracey Horan, 25 de septiembre de 2022

Fuente New Ways Ministry

 

 

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Justicia

Domingo, 25 de septiembre de 2022

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Dentro de Auschwitz

¿Cómo
hablar de Dios
después de Auschwitz?,
os preguntáis vosotros,
ahí, al otro lado del mar, en la abundancia.

¿Cómo
hablar de Dios
dentro de Auschwitz?,
se preguntan aquí los compañeros,
cargados de razón, de llanto y sangre,
metidos en la muerte
diaria
de millones…

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

-“Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.

Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. “

Pero Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.”

El rico insistió: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.”

Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.”

El rico contestó: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.”

Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”

*

Lucas 16, 19-31

***

La experiencia de un camino de pobreza es un camino de liberación, de alegría y de entusiasmo -porque nos une íntimamente a Cristo-, y nos hace gustar de una manera imprevista la fuerza de la cruz, su capacidad de renovar hasta las situaciones más estancadas, aparentemente más irritantes por su inmovilismo.

El momento del descubrimiento de las páginas del evangelio supone, para todos, un poco de gusto, de atención, de compromiso con un mayor ejercicio de austeridad, de pobreza, de penitencia, de renuncia. Sin este esfuerzo, esas páginas se quedan como mudas; cuando se ha dado algún paso en este sentido, aunque sea simple, entonces las palabras de Jesús se vuelven actuales y resonantes, adquieren relieve y nos damos cuenta de que vivimos algo de la alegría y el entusiasmo de los Doce, que caminaban por los caminos de Palestina siguiendo a Jesús después de haberle dicho: «Pues bien, Maestro, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

*

Carlo María Martini,
Diccionario espiritual: pequeña guía para el alma,
Promoción Popular Cristiana, Madrid 1998.

***

***

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“Nuevo clasismo”. 26 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,19-

Domingo, 25 de septiembre de 2022

26-TO-C-600x400Conocemos la parábola. Un rico despreocupado que «banquetea espléndidamente», ajeno al sufrimiento de los demás, y un pobre mendigo a quien «nadie da nada». Dos hombres distanciados por un abismo de egoísmo e insolidaridad que, según Jesús, puede hacerse definitivo, por toda la eternidad.

Adentrémonos algo en el pensamiento de Jesús. El rico de la parábola no es descrito como un explotador que oprime sin escrúpulos a sus siervos. No es ese su pecado. El rico es condenado sencillamente porque disfruta despreocupadamente de su riqueza sin acercarse al pobre Lázaro.

Esta es la convicción profunda de Jesús. Cuando la riqueza es «disfrute excluyente de la abundancia», no hace crecer a la persona, sino que la deshumaniza, pues la va haciendo indiferente e insolidaria ante la desgracia ajena.

El paro está haciendo surgir un nuevo clasismo entre nosotros. La clase de los que tenemos trabajo y la de los que no lo tienen. Los que podemos seguir aumentando nuestro bienestar y los que se están empobreciendo. Los que exigimos una retribución cada vez mayor y unos convenios cada vez más ventajosos y quienes ya no pueden «exigir» nada.

La parábola es un reto a nuestra vida satisfecha. ¿Podemos seguir organizando nuestras «cenas de fin de semana» y continuar disfrutando alegremente de nuestro bienestar cuando el fantasma de la pobreza está ya amenazando a muchos hogares?

Nuestro gran pecado es la indiferencia. El paro se ha convertido en algo tan «normal y cotidiano» que ya no escandaliza ni nos hiere tanto. Nos encerramos cada uno en «nuestra vida» y nos quedamos ciegos e insensibles ante la frustración, la crisis familiar, la inseguridad y la desesperación de estos hombres y mujeres.

El paro no es solo un fenómeno que refleja el fracaso de un sistema socioeconómico radicalmente injusto. El paro son personas concretas que ahora mismo necesitan la ayuda de quienes disfrutamos de la seguridad de un trabajo. Daremos pasos concretos de solidaridad si nos atrevemos a responder a estas preguntas: ¿necesitamos realmente todo lo que compramos? ¿Cuándo termina nuestra necesidad y cuándo comienzan nuestros caprichos? ¿Cómo podemos ayudar a los parados?

José Antonio Pagola

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“Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces”. Domingo 25 de septiembre de 2022. 26º Ordinario

Domingo, 25 de septiembre de 2022

51-ordinarioc26-cerezoLeído en Koinonia:

Amós 6, 1a. 4-7: Los disolutos encabezarán la cuerda de cautivos.
Salmo responsorial: 145: Alaba, alma mía, al Señor.
1Timoteo 6, 11-16: Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor.
Lucas 16, 19-31: Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

El profeta Amós denuncia las injusticias de los poderosos que vivían en lujos y en banquetes y no se afligían por el desastre o ruina «de José». Esta es una denominación de las tribus del Norte (Israel). Tal indiferencia denota una vez más la ceguera de los que se sienten seguros, sin tener en cuenta las advertencias que les hacía el profeta. En el camino al exilio, estos notables irán al frente de los deportados. (No fueron los pobres los que fueron deportados, sino las élites de la clase media y alta).

Pablo exhorta a su amigo Timoteo a que permanezca siempre firme en su fe, en busca de la justicia, la piedad, la caridad. Teniendo en cuenta el llamado de atención que hace Pablo en el versículo 10, donde afirma que la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar por él, se extraviaron de la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos, enseguida viene la otra exhortación al discípulo que huya de estas cosas y el llamado a vivir de los valores del Reino. Pablo invita a Timoteo a que conserve el mandato del Señor, a que se mantenga firme en su compromiso y busque siempre la vida eterna a la que ha sido llamado y a la que ha hecho profesión solemne delante de muchos testigos.

Leemos hoy una parábola del evangelio de Lucas. Se llamaba Lázaro (nombre derivado del hebreo el’azar que significa “Dios ayuda”), aunque en vida no gozó, al parecer, de la ayuda divina. Le tocó en desgracia ser mendigo, como a tantos millones de seres humanos hoy, estar postrado en el portal de la casa de un rico sin nombre, uno de tantos, al que tradicionalmente se le ha calificado de “epulón”, banqueteador.

Lázaro o “Dios ayuda” tenía en realidad pocas aspiraciones: se contentaba con llenarse el estómago con lo que tiraban de la mesa del rico, las migajas de pan en las que los señores se limpiaban las manos a modo de servilletas. Pero ni siquiera esto pudo conseguirlo, pues nadie le hizo entrar a la sala del banquete. Para colmo, unos perros callejeros, animales considerados impuros y en estado semisalvaje, tan comunes en la antigüedad, se le acercaban para lamerle las llagas. Imposible mayor marginación: pobreza e impureza de la mano. Nada dice el evangelio de las creencias religiosas de este hombre, con razones sobradas para dudar seriamente de la reconocida compasión divina para con el pobre y el oprimido. Tal vez ni siquiera tuviese tiempo ni ganas de pararse a pensar en semejantes disquisiciones teológicas.

Tanto al rico como al pobre les llegó la hora de la muerte, a partir de la cual se cambiarían en el más allá las tornas, como pensaban los fariseos. Aunque, dicho sea de paso, con esto del “más allá”, quienes hacían de la religión baluarte de conservadurismo e inmovilismo han invitado mil veces a la resignación, tildada de “cristiana”, a la paciencia y al mantenimiento de situaciones injustas a los que las sufrían; en el más allá -se decía- Dios dará a cada uno su merecido. Aunque siempre cabe pensar: ¿y por qué no ya desde el más acá?

Para muchos predicadores, satisfechos con la imagen de un Dios que “premia a los buenos y castiga a los malos”, como el dios que profesaban los fariseos, la parábola terminaba en el más allá contemplando el triunfo del pobre y la caída del rico. Apenas se comentaba la última escena, clave importante para comprender su mensaje. De ser así, esta parábola sería una invitación a aceptar cada uno su situación, a resignarse, a cargar con su cruz, a no rebelarse contra la injusticia, a esperar un más allá en el que Dios arregle todos los desarreglos y desmesuras humanas. Entendido así, el mensaje evangélico se hermanaría con un conformismo a ultranza que ayuda a mantener el desorden establecido, la injusticia humana y las clases sociales enfrentadas.

Pero esta parábola no es una promesa para el futuro. Mira a la vida presente y va dirigida a los cinco hermanos del rico, que continuaban –después de la muerte de su hermano y de Lázaro– en la abundancia y el despilfarro. Por eso, el rico, alarmado por lo que espera a sus hermanos si siguen viviendo de espaldas a los pobres, pide a Abrahán que envíe a Lázaro a su casa, a sus hermanos, para que los prevenga, no sea que acaben en el mismo lugar de tormento. Para cambiar la situación en que viven sus hermanos, el rico epulón piensa que hace falta un milagro: que un muerto vaya a verlos. Crudo realismo de quien conoce la dinámica del dinero, que cierra el corazón humano a la evidencia de la palabra profética, al dolor y al sufrimiento del pobre, a la exigencia de justicia, al amor e incluso a la voz de Dios. El dinero deshumaniza. Me remito a la experiencia de cada uno.

Bien lo sabía el profeta Amós cuando amenazaba a los ricos que se acostaban en lechos de marfil, arrellanados en divanes y se daban a la gran vida entre comilonas, música, vino abundante y perfumes exquisitos, sin dolerse del sufrimiento de los pobres (Am 6,1a.4-7). Aquellos fingían devoción a Dios y veneración hacia la ciudad santa y el templo, creyendo de este modo contentar a Dios y quedar justificados. Pero el verdadero Dios no es amigo de una religión que separa el culto de la vida, el incienso de la práctica del amor al prójimo. Este Dios, según el libro del Deuteronomio, comparte suerte con el pobre, el huérfano, la viuda y el extranjero; con todos aquellos a quienes los poderosos les han arrebatado el derecho a una vida vivida con dignidad.

La parábola no puede tener más actualidad en este año 2016, año en que las estadísticas dicen que va a producirse un fenómeno estadístico importante: el 1% más rico de la población del mundo va a superar su propio récord patrimonial, que estaba en el 49% de la riqueza del mundo, y va a pasar a ser el 50%; ya se han hecho con la riqueza de medio mundo. El actual sistema mundial privilegia la desigualdad. El mundo actual no es bueno para los muchos Lázaros. Leer más…

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Dom 25.9.22 Un rico (epulón) sin nombre y un mendigo llamado Lázaro (Lc 16, 19-31)

Domingo, 25 de septiembre de 2022

20190110-Dios-o-el-dinero-mockup-final.1jpgDel blog de Xavier Pikaza:

Ésta es la “historia” famosa de un rico sin nombre (un epulón), que comía y gastaba sin preocuparse de nadie, mientras moría a su puerta de hambre y de llagas un mendigo llamado Lázaro. Pero el rico también murió y entonces se vio  lo que eran sus vidas.

Es una historia contada desde antiguo en Egipto, y el evangelio de Lucas la recoge en un contexto judeo-cristiano con Abraham como “símbolo del cielo donde reciben a Lázaro el pobre. Fuera de ese cielo queda el infierno egoista de aquellos que se queman en el fuego destructor de su avaricia  

Este “drama” no habla de lo que pasará después, sino de lo que está pasando ahora, en este mismo mundo, con un rico encerrado en sus placeres y un pobre que muere como perro (con un perro amigo) a la puerta de la casa rica. Éste es un cuento popular, enigmático y fuerte que puede y debe sacudir nuestra conciencia satisfecha.

Tenemos que abrir la puerta de la casa rica donde tendemos a encerrarnos (tanto en la iglesia como en la vida social), para que entre en ella el aire nuevo de la vida, de la calle. De lo contrario nos condenamos al fuego sin fin de nuestro propio infierno.

He comentado este texto en Dios o el Dinero. Lo han  estudiado tambien, además ce comentaristad de Lucas, autores tan signivicativos como  Wim Weren y Benedicto XVI

c 16, 19-33. Un drama en dos escenas y con desenlace y moraleja

(a. Primera escena. Ante la casa de un rico). Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino finísimo, y celebraba cada día banquetes espléndidos. Y cierto pobre, llamado Lázaro, estaba echado a su puerta, lleno de llagas, y deseaba saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico, pero no podía; y los perros venían y le lamían las llagas.

(b. Cambio de suertes). Aconteció que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico, y fue sepultado. Y estando en el Hades, sufriendo entre tormentos, alzó sus ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

(c. Segunda escena: Entre el seno de Abraham y el fuego que consume al rico) Entonces el rico, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro, a fin de que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.

 Pero Abraham dijo: Hijo, acuérdate que durante tu vida recibiste tus bienes; y de igual manera Lázaro, males. Pero ahora él es consolado aquí, y tú eres atormentado. Además de todo esto, un gran abismo existe entre nosotros y vosotros, para que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan, ni de allá puedan cruzar para acá.

 Pero el hombre rico dijo: Si es así, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre (pues tengo cinco hermanos), de manera que les advierta a ellos, para que no vengan también a este lugar de tormentos.

(d. Desenlace: Sentencia de Abraham). Pero Abraham dijo: Tienen a Moisés y a los profetas. Que les escuchen a ellos. Entonces él dijo: No, padre Abraham; pero si alguno va a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Pero Abraham le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levanta de entre los muertos (Lc 16, 19-31).

La primera escena

sucede en el entorno de la casa del rico, durante el tiempo de su vida y de la vida de Lázaro, el mendigo. El rico epulón (=hombre de épulas o banquetes)el rico se vestía de púrpura y lino finísimo, y celebraba banquetes suntuosos cada día, mientras el mendigo se hallaba cubierto de harapos,y deseando saciar su hambre con las sobras que cayeran al suelo de la mesa del rico. Está fuera de la puerta de la casa rica, rodeado por los perros de la calle, sin que nadie de la casa rica le mire ni ayude.
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La segunda escena 

Ofrece un cambio de perspectiva, pues ambos hombres mueren, y en este contexto se menciona primero a Lázaro, que descansa en el seno de Abrahán, y luego a Epulón, que fue enterrado sufiendo en un lugar de fuego y tormentos, conforme al tema conocido de la inversión de situaciones que aparece en los cuentos de oriente y en también en la Biblia (Canto de Ana, 1Sam 2, y canto de María (Lc 1).

             En el momento anterior, ambos se hallaban muy cerca, el pobre a la puerta del rico…, el rico a unos metros del pobre (a quien jamás había mirado ni ayudado), pero ahora les separa un gran abismo, de manera que no pueden hablar entre sí. El pobre goza, el rico sufre, y pide ayuda a Abrahán, para que Lázaro acuda  y le ayude, al menos con un poco de agua. Pero esa ayuda es ya imposible, pues las situaciones se han invertido, conforme a la lógica del juicio, según dice Abraham a Epulón: “Hijo, acuérdate de que durante tu vida recibiste bienes; y Lázaro, en cambio, males. Pero ahora él es consolado aquí, y tú eres atormentado”. Epulón había tenido toda la vida para relacionarse con Lázaro, pero ahora es ya tarde.

Ésta es verdad: el  Epulón, que ha tenido a Lázaro a su puerta, sin verle ni ayudarle, se ha condenado a sí mismo. Podía haberle mirado y ayudado mientras estaban tan ceerca (como quería el pobre, con hambre de migajas de la mesa del rico), pero no le ha visto (no ha querido verle). No le ha hecho ningún daño positivo, pero le ha ignorado, e ignorarle ha sido matarle, En esa línea, lógicamente, el tema de la conversación de Abrahán con este pulón, no es lo que puede hacerse tras la muerte (¡nada!), sino lo que debe hacere antes de ella.

Epulón no quiso mirar a Lázaro, ni darle las migajas de su mesa, a diferencia de los perros misericordiosos que lamían sus llagas. Se había cerrado en sí mismo y en sus bienes, y así queda para siempre, encerrado en el fuego destructor de su egoísmo.

Este es la verdad inexorable (la mentira) de epulón que ni Lázaro, el bienaventurado, ni Abraham, el padre, pueden ya remediarle, pues incluso la aparición de un muerto es capaz para cambiar al egoísta.

Desenlace:

La moraleja de este crama del relato no es que los pobres del mundo queden sin más como están, esperando la gloria futura del seno de Abraham, sino que los ricos epulones se conviertan, para ayudar a los pobres, abriendo así una puerta de contacto y comunicación entre la casa rica y la calle abandonada de los pobres.  Esta parábola quiere Que los ricos abran la puerta de su casa y de sus bienes para los pobres, pues sólo acogiendo a los pobres pueden ellos salvarse

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Lujo y miseria. Domingo 26 Ciclo C

Domingo, 25 de septiembre de 2022

imageDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Una parábola inspirada en una denuncia profética (Amós 6,1a.4-7)

            La parábola del rico y Lázaro, exclusiva del evangelio de Lucas, se inspira en un texto del profeta Amós, elegido este domingo como primera lectura. Este profeta del siglo VIII a.C. vivió una situación muy parecida, en ciertos aspectos, a la de hoy: gente millonaria, que puede permitirse toda clase de lujos, y gente que llega a duras penas a fin de mes o incluso pasa hambre.

Esto dice el Señor todopoderoso:

¡Ay de los que se fían de Sión, confían en el monte de Samaria! Os acostáis en lechos de marfil, os arrellanáis en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos. Se acabó la orgía de los disolutos.

            El profeta se dirige a la clase alta de las dos capitales, Jerusalén (Sión) y Samaria, y denuncia su forma lujosa de vida. El lujo se extiende a todos los ámbitos: al mobiliario, con lechos y divanes de marfil, mientras la inmensa mayoría de la gente duerme en el suelo; a la comida, a base de carne de carnero y de ternera, cuando los pobres se contentan con pan y agua, unas uvas y un poco de queso; a la bebida en copas refinadas o de gran tamaño (el término hebreo puede interpretarse de ambos modos); a los perfumes carísimos, mientras los pobres sólo huelen a sudor.

            Y esta gente que se permite toda clase de lujos “no se duele del desastre de José”. José no es una persona concreta sino todo el país, conocido entonces como Casa de José porque sus tribus principales eran Efraín y Manasés, los dos hijos del patriarca José.

            Lo que dice el profeta es que esa gente que vive con toda clase de lujos no se preocupa lo más mínimo del sufrimiento de millones de personas que lo pasan mal. Como castigo, les anuncia la invasión de un ejército extranjero que pondrá fin a sus orgías y los deportará.

El rico comilón (Epulón) y el pobre Lázaro (Lucas 16,19-31)

La parábola de Lucas, inspirada inicialmente en el texto de Amós, podemos dividirla en tres partes.

El rico y el pobre (vv.19-21).

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

A Lucas le gusta presentar parejas de personajes antagónicos: Marta y María, los dos hermanos, el rico y su administrador injusto… Aquí elige un rico y un pobre. Del rico no dice el nombre, solo menciona su forma de vestir y su excelente comida. Se viste de púrpura y lino, tejidos valiosos, que se usan para los ornamentos sacerdotales (Ex 28,5). Su excelente comida le ha valido en España el nombre de Epulón, basado en la palabra epulabatur de la traducción latina.

Del pobre, en cambio, comienza dando su nombre, Lázaro, cosa atípica en las parábolas, que no dan nombre a los protagonistas. Lázaro significa «Dios ayuda», nombre que resulta irónico, porque Dios no parece ayudarlo. Su vestido son llagas que le cubren el cuerpo y lamen los perros. Comida no tiene. Desearía llenarse el vientre con los trozos de pan que se utilizaban para empapar en el plato y para limpiarse las manos, que luego se arrojaban bajo la mesa (J. Jeremias). La expresión «deseaba saciarse» recuerda al hijo pródigo en su época de hambre, pero este tuvo la posibilidad de buscar solución, volviendo a la casa paterna. El pobre está tirado a la puerta del rico, casi sin poder moverse.

Muerte y sepultura (v.22).

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham.  Se murió también el rico, y lo enterraron.

Cosa nada extraña en un cuento, parece que los dos mueren el mismo día. Desde ese momento cambia su suerte. El pobre es llevado por los ángeles al seno de Abrahán, idea que no encuentra paralelo en la literatura bíblica, pero que expresa muy bien el excelente trato recibido por el pobre. Del rico se dice escuetamente que «fue sepultado». El autor del libro de Job habría descrito un cortejo fúnebre solemne: «Lo conducen al sepulcro, se hace guardia junto al mausoleo… Después de él marcha todo el mundo, y antes de él incontables» (Job 21,32-34). La parábola no menciona tanta pompa, ni siquiera un solo acompañante; solo dice que lo sepultaron, se hundió en la tierra, no en el seno de Abrahán.

El rico, Lázaro y Abrahán (vv.23-31).

Los protagonistas son el rico y Abrahán. Lázaro no dice nada, se limita a pasarlo bien. Después de enterrarlo, el rico se encuentra en el Hades, término griego que designa originariamente al Dios del mundo subterráneo y, más tarde, a dicho mundo, un lugar de tormento, en el que las llamas provocan una sed terrible. Aunque ese espacio está separado del seno de Abrahán por un abismo infranqueable, se puede ver al patriarca y dialogar con él. Esto da lugar a un largo diálogo entre ellos, con tres peticiones del rico y las consiguientes repuestas del patriarca.

Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno, y gritó.

        Primera petición (24-26)

“Padre Abraham, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.”

Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.

Lo que pide no puede ser menos: una gota de agua en la punta de un dedo de Lázaro, para apagar la sed. Abrahán comienza su respuesta en el mismo tono cariñoso. El rico lo ha llamado «padre» y él lo llama «hijo». Pero no le concede lo que pide, aduciendo dos argumentos. 1) La suerte se ha invertido: el que tenía todo lo bueno en esta vida, se ve ahora atormentado; el que solo tuvo males, ahora es consolado. Que el pobre reciba su premio después de haber sufrido tanto en esta vida es fácil de aceptar. En cambio, el castigo del rico es tan terrible que algún pecado debe haber cometido. En esta línea, lo que más debe intranquilizarnos (porque la parábola pretende sacudir la conciencia) es que el rico no es un explotador ni un criminal, no se dice que pagara un salario de miseria a sus obreros ni que se hubiera enriquecido con el narcotráfico. Lo que denuncia la parábola es su forma exquisita de vestir y de comer, sin fijarse en el pobre que está tendido a su puerta. Es la injusticia indirecta causada por el egoísmo. 2) Entre nosotros y vosotros existe un abismo infranqueable. La idea coincide con la del libro etiópico de Henoc, que habla de un abismo entre la región donde termina la gran tierra y un lugar desierto y terrible.

Segunda petición (v.27)

El rico insistió: Te ruego entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.

Abrahán le dice: Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.

El rico no ceja y plantea un deseo muy distinto, que a él no le beneficia en nada, pero sí a su familia. De nuevo sería Lázaro quien debería actuar, presentándose ante los cinco hermanos para darles un testimonio e impedir que vengan a este lugar de tormento. La respuesta de Abrahán es breve y seca: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen». No es fácil imaginar a cinco millonarios consultando la Biblia. ¿Qué espera el patriarca que saquen de su lectura? El mensaje social de la legislación del Pentateuco (Moisés) y de profetas como Amós, Isaías, Miqueas… es de una fuerza enorme. Si el lector no lo sabe, el rico lo ha captado de inmediato.

Tercera petición (vv.30-31)

El rico contestó: No, padre Abrahán. Pero si un muerte va a verlos, se arrepentirán.

Abrahán le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.

Lo que pretende el rico es la conversión de sus hermanos. Y esto se consigue mejor con la aparición de un muerto (Lázaro) que con mucha lectura. La respuesta de Abrahán niega que incluso el mayor milagro, la resurrección de un muerto, sirva de algo si no existe la actitud de escuchar a Dios. El v.31 recuerda lo ocurrido con otro Lázaro, el hermano de Marta y María. Después de su resurrección, muchos judíos creyeron en Jesús; pero algunos contaron a los fariseos lo que había hecho, y se decidió su condena a muerte (Jn 11,45-48). Y las comunidades cristianas, al escuchar este cuento, refrendarían que tampoco la resurrección de Jesús consiguió convencer a quienes se negaban a creer en él.

El cambio que introduce la parábola.

Mientras Amós piensa que el castigo ocurrirá en esta vida, mediante la invasión de los asirios, Jesús lo desplaza a la otra vida. Él no se hace ilusiones; en esta vida, el rico seguirá disfrutando, y el pobre pasando hambre. Este cambio radical en el punto de vista ayuda a entender otras afirmaciones del evangelio de Lucas.

       En el Magnificat, María pronuncia unas palabras que, aplicadas a nuestro mundo, resultan estúpidas o de un cinismo blasfemo cuando dice que Dios “a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. A la luz de la parábola del rico y Lázaro queda claro cuándo tendrá lugar esa revolución.

          Lo mismo afirma el comienzo del Discurso en la llanura, que contrasta la situación presente (ahora) con la futura. “Dichosos los pobres, porque el reinado de Dios les pertenece. Dichosos los que ahora pasáis hambre, porque seréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis… Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya recibís vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque pasaréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque lloraréis y haréis duelo” (Lc 6,20-25).

¿Dos textos trasnochados?

            Tanto Amós como Jesús viven en una sociedad muy distinta de la nuestra (al menos de la del Primer Mundo). Entonces no existía la clase media. La riqueza se acumulaba en pocas manos, mientras la mayor parte del pueblo vivía en circunstancias muy duras. Aplicar la parábola a los multimillonarios de hoy día, jeques árabes, grandes industriales, artistas de cine, deportistas de élite… supondría dejar con la conciencia tranquila a los millones de personas que vivimos en circunstancias infinitamente mejores que la inmensa mayoría de la población mundial. Si ahora mismo resulta difícil resistir su mirada, mucho más difícil será cuando nos mire Dios.

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Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. 25 septiembre, 2022

Domingo, 25 de septiembre de 2022

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“-Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.”

(Lc 16, 19-31)

“…manda a Lázaro…” Incluso estando en el mismísimo infierno este rico sigue sintiéndose superior a Lázaro y sin ningún reparo reclama que le sirva.

Y ese debe ser precisamente el infierno: pensar que las demás personas están para satisfacer mis propias necesidades y las de mi gente. Ver a la otra persona “de segunda clase”, inferior ya sea por su condición económica, social, por sus capacidades diferentes o por su orientación sexual…

Siempre podemos encontrar un motivo, una justificación para desplegar nuestras ansias de dominio. Nuestro lado más oscuro y dejar de ver en la otra persona a alguien exactamente igual que yo.

Ese es el problema de la riqueza en cualquier aspecto de la vida. En cuanto nos sentimos “ricos”, nos creemos “mejores” y se estropea la comunión de la que deberíamos ser imagen.

La violencia que sacude nuestro mundo nace de la rivalidad. Nace cuando nuestra mirada se enferma y vemos a las demás personas como “mejores” o “peores” que nosotras mismas. Cuando en lugar de colocarnos “al lado” de las demás nos inventamos toda una jerarquía de valores o virtudes que nos hacen olvidar el gran valor de la dignidad humana que TODA personas posee porque le ha sido dada.

Las primeras páginas del Génesis nos advierten de este peligro, Dios le dice a Caín: “-¿Por qué te enfureces? ¿Por qué andas cabizbajo? Si obraras bien, llevarías bien alta la cabeza; pero si obras mal, el pecado acecha a tu puerta y te acosa, aunque tú puedes dominarlo.” (Gn 4, 6-7)

Si el pecado original daña la relación de la humanidad con Dios al querer ocupar su lugar, este segundo pecado nos llama la atención sobre aquello que daña las relaciones humanas.

En el fondo los dos pecados son muy similares. Ambos tienen que ver con el ansia de poder y dominio que llevamos en el corazón: la envidia, la codicia, el egoísmo… Todo aquello que nos hace creer que los demás son rivales, enemigos. Todo aquello que nos hace olvidar que somos comunión y nos necesitamos, y es precisamente en nuestras buenas relaciones donde crecemos y nos asemejamos a Dios Trinidad.

Oración

Haznos reconocer, Trinidad Santa, el valor de nuestra propia dignidad para que desde la humildad que da ese conocimiento nos abramos a la dignidad de las demás.

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Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Siempre habrá un Lázaro a tu puerta

Domingo, 25 de septiembre de 2022

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Lc 16,19-31

Por última vez, después de una insistencia machacona, nos habla Lucas de la riqueza. Yo también tengo claro que en materia de riqueza no haremos caso ni aunque resucite un muerto. La parábola va dirigida a los fariseos. Acaba de decir el evangelista: “Oyeron esto (no podéis servir a dos amos) los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él”. Jesús apoyándose en las creencias que ellos aceptaban, quiere hacerles ver que, si de verdad creyeran lo que predican, no estarían tan pegados a las riquezas.

Esta parábola es clave para entender algo de lo que nos dice el evangelio sobre las riquezas. No se puede hablar de ellas en abstracto y la parábola nos obliga a pisar tierra. El rico no tiene en cuenta al pobre y sin esa toma de conciencia nada tiene sentido. Lo único negativo de la parábola es que, mal interpretada, nos ha permitido utilizarla como opio. Aguanta un poco, hombre, que aunque te parezca que el rico disfruta, espera al más allá y le verás freírse en el infierno, mientras tú encontrarás la dicha más completa.

Esta parábola nos dice lo mismo que (Mt 25,34-46) “Porque tuve hambre y no me disteis  de comer, tuve sed y no me disteis de beber.” Las dos hay que entenderlas dentro de una visión mitológica del más allá: premio y el castigo como solución de las injusticias del más acá. Utilizar estos textos para seguir hablando de un premio para los pobres y un castigo para los ricos en el más allá no tiene sentido alguno; a no ser que se busque la resignación de los pobres para que los ricos puedan seguir disfrutando de sus privilegios.

Para comprender por qué el rico, que comía y vestía de lo suyo, es lanzado al “hades”, debemos explicar el concepto de rico y pobre en la Biblia. Para nosotros “rico” y “pobre” son conceptos que hacen referencia a una situación social. Rico es el que tiene más de lo necesario para vivir y puede acumular bienes. Pobre es el que no tiene lo necesario para vivir y pasa necesidades vitales. En el AT la perspectiva es siempre religiosa. Fueron los profetas, empezando por Amós, los que levantaron la liebre y denunciaron la maldad de la riqueza. Su razonamiento es simple: la riqueza se amasa siempre a costa del pobre.

Pobres en el AT, sobre todo a partir del destierro, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. Se trataba de los desheredados de este mundo que no tenía nada en qué apoyar su existencia; no tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. Esta confianza era lo que les hacía agradables a Dios, que no les podía fallar (Lázaro, Eleazar -´El ´azar en hebreo- significa Dios ayuda). No existe en el AT concepto puramente sociológico de rico y pobre, nada se podía desligar del aspecto religioso.

Ahora comprenderéis por qué el evangelio da por supuesto que las riquezas son malas sin más matizaciones. No se dice que fueran adquiridas injustamente ni que el rico hiciera mal uso de ellas, simplemente las utilizaba a su antojo. Si Lázaro no hubiera estado a la puerta, no habría nada que objetar. Pero es precisamente el pobre el que, con su sola presencia, llena de maldad el lujo y los banquetes del rico. Tampoco Lázaro se propone como ejemplo moral de pobre, sino como contrapunto a la opulencia del rico.

No es fácil comprender el mensaje del evangelio, basta ver el comportamiento de Jesús. Jesús manifiesta una predilección por todos los que necesitaban liberación, entre ellos los pobres; pero también admitió la visita de Nicodemo, era amigo de Lázaro, aceptó la invitación de Mateo, acogió con simpatía a Zaqueo, fue a comer a casa de un fariseo rico, etc. No es fácil descubrir las motivaciones profundas de la manera de actuar de Jesús. Jesús descubrió que la riqueza acumulada, y no compartida, impide entrar en el Reino. Pero su actitud no fue excluyente, sino abierta y de acogida para los ricos.

El mensaje del evangelio no pretende solucionar un problema social sino denunciar una falsa actitud religiosa. El evangelio está a años luz del capitalismo, pero también del comunismo. Jesús predica el “Reino de Dios”, que consiste en hacer a todos los hombres hermanos. La diferencia es sutil, pero sustancial. El comunismo reparte los bienes, pero mantiene al pobre en su pobreza para seguir justificándose. Jesús propone compartir como fruto del amor. La consecuencia sería la misma, que los ricos dejarían de acaparar y los pobres dejarían de serlo, pero la actitud humanizaría tanto al rico como al pobre.

Seguramente que el rico de hoy hacía favores e invitaría a comer a sus hermanos y a los amigos ricos como él. Esa actitud no garantiza humanidad alguna. El amor cristiano solo está garantizado cuando hago algo por aquel que no va a poder pagármelo. El amor que pide Jesús nunca se puede desligar de la compasión. Amor sin compasión es interés. Un niño no tiene compasión por su madre, por eso lo que siente por ella no es “amor” sino interés. La mayoría de las relaciones que calificamos de amor, no son más que egoísmo.

Ahora podemos entender por qué la incapacidad de cada uno para solucionar el hambre del mundo no es excusa para no hacer nada. Nuestra pasividad demuestra que la religión no es más que una tapadera que intenta sumar seguridad espiritual a las seguridades materiales. Jesús no está pidiendo que soluciones el hambre del mundo, sino que salgas de tu error al confiar en la riqueza. No se te pide que salves el mundo, sino que te salves tú. Si los ricos dejásemos de acaparar bienes, inmediatamente llegarían a los pobres.

Me daría por satisfecho si todos nosotros saliéramos de aquí convencidos de que la pobreza no es un problema que alguien tiene que solucionar, sino un escándalo en el que todos participa­mos y del que tenemos la obligación de salir. No es suficiente que aceptemos teóricamente el planteamiento y nos dediquemos a superar las injusticias que se están cometiendo hoy en el mundo. Debemos descubrir que aunque yo esté dentro de la legalidad cuando acumulo bienes materiales, eso no garantiza que sea lo correcto.

No basta despojar a los ricos de su riqueza, porque los ahora pobres ocuparían su lugar. Eso ha pasado en todas las revoluciones sociales. La única solución pasa por superar todo egoísmo para hacer un mundo de hermanos. Es verdad que los ricos no se consideran hermanos de los pobres, pero tampoco los pobres se consideran hermanos de los ricos. El evangelio va mucho más allá de la solución de unas desigualdades sociales, pero también esas injusticias quedarían superadas con un verdadero amor-compasión.

No podemos desarrollar una auténtica religiosidad sin tener en cuenta al pobre. Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha desarrollado un individualismo absoluto. Lo que cada uno debe procurar es una relación intachable con Dios. La moral católica está encaminada a perfeccionar esta relación con Él. Pecado es ofender a Dios y punto. El evangelio nos dice que el único pecado que existe es olvidarse del que me necesita. Mi grado de acercamiento a Dios es el grado de acercamiento al otro. Lo demás es idolatría.

Meditación-contemplación

Satisfacer las necesidades biológicas no es malo, pero es insuficiente.
Solo las exigencias de tu verdadero ser te llevarán a la plenitud.
No debes renunciar a nada sino elegir lo mejor para ti, aquí y ahora.
Dios te está dando siempre una posibilidad de plenitud.
No desarrollar esa potencialidad es la verdadera condenación.
Tú solito estás malogrado tu existencia.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Munárriz

Domingo, 25 de septiembre de 2022

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Lc 16, 19-31

«No harán caso, aunque resucite un muerto»

Jesús siente un gran recelo hacia el dinero y así lo expresa en multitud de ocasiones. Llama bienaventurados a los pobres, alerta sobre la dificultad de los ricos para entrar en el Reino, considera necio al hombre de la parábola ufano de su riqueza que esa noche iba a morir, se entristece cuando el “joven rico” renuncia a seguirle porque tenía muchos bienes… y, en la parábola de hoy, nos muestra hasta qué punto se puede endurecer el corazón de un hombre por causa de su riqueza.

El dinero no es algo marginal en el evangelio, algo que se menciona de pasada, sino una línea clara y recurrente dentro del mensaje global y la concepción del Reino. Algo que nos interpela de manera especial, porque vivimos en una sociedad de ricos en la que el dinero ha dejado de ser un medio para convertirse en el fin por excelencia de nuestra vida. Y cuando esto sucede, el dinero se convierte en amo, en el peor amo que podemos tener, porque nos esclaviza, socava nuestra humanidad y nos arrebata la capacidad de compadecer, de ayudar, de perdonar, de servir…

La expresión que usa Jesús para alertarnos de la trampa mortal que encierra el dinero, es una de esas exageraciones geniales que emplea para hacer especial énfasis en algo importante: «No harán caso, aunque resucite un muerto» … Dicho de otro modo: “Si caéis en esa trampa, no tenéis salvación”.

Quizá convenga hacer un breve inciso sobre su expresión «bienaventurados los pobres»,porque puede ser malinterpretada. Jesús no llama bienaventurados a los míseros, e incluso en la versión de Mateo se matiza el término para referirlo a los “pobres de espíritu”. Es de suponer que se refiere a quienes no se dejan dominar por la ambición ni permiten que el dinero les esclavice; a quienes se conforman con lo que tienen y lo comparten con los que no tienen; a quienes se acostumbran a vivir con poco… es decir, a quienes son capaces de convertir el dinero en un talento para la construcción del Reino.

Y esta es una pauta excelente para establecer nuestra relación con el dinero, hasta el punto, que Jesús nos dice que seremos mucho más dichosos si la seguimos (lo cual es además muy razonable porque su seguimiento nos humaniza y nos mueve a caminar por la vida ligeros de equipaje).

Pero siendo realistas, en este mundo el dinero es necesario no solo para vivir el día a día, sino también para prevenir el futuro ante las infinitas incertidumbres que presenta la sociedad actual. Por eso la parábola de hoy resulta especialmente oportuna para nosotros los ricos, pues nos alerta del riesgo de que el permanente contacto con el dinero acabe endureciendo nuestro corazón, y nos invita a reflexionar sobre el efecto que está teniendo en cada uno de nosotros. Por fortuna se trata de una reflexión muy sencilla, pues basta con preguntarse hasta qué punto hemos perdido la capacidad de compromiso ante el cúmulo de desgracias ajenas que cada día asaltan nuestras vidas.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

 Fuente Fe Adulta

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La riqueza, rival de Dios.

Domingo, 25 de septiembre de 2022

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DOMINGO 26º T.O. (C)

Conviene recordar que Jesús en el evangelio de Lucas es, ante todo, el salvador, el que vino para librar al mundo de sus males. El mundo son todos los hombres y mujeres, el pueblo de Dios, todos los pueblos. No hay un pueblo “elegido” con privilegios, todos son objeto de su amor. El aspecto de Dios que prevalece en la obra de Jesús es el de la misericordia. Jesús muestra predilección por los más necesitados: los pobres, los pecadores, los enfermos, los descartados, las mujeres, los niños. Lucas presta especial atención a la fuerza del Espíritu Ruah en el acontecimiento cristiano, en el tiempo de Jesús y en el tiempo de los/las apóstoles. El Espíritu es la fuerza que hace posible el evangelio en el mundo.

Lucas insiste en las actitudes del discípulo/a: amor del prójimo en vez de observancia formalista de la Ley; el prójimo no es un concepto legal sino una relación que se crea, que se construye; esta actitud es la central y su realización concreta se llama servicio. Amor y servicio son la única grandeza y la única autoridad en un Reino en el que no existen tradiciones ni reglas de vida (a propósito de la pregunta que los fariseos hacen a Jesús sobre el ayuno y la comparación que él les pone del vino nuevo); a través del amor y el servicio el/la discípulo/a entra en una nueva relación con Dios llamándole Abbá, dirigiéndose a Él/Ella con plena confianza.

Pero dos obstáculos hacen imposible esa relación con Dios, en este texto del evangelio que sólo narra Lucas: la conciencia pagada de sí misma y la riqueza, rival de Dios y, por tanto, injusta, tentación constante que hace al ser humano sordo a la voz de Dios. Al discípulo/a se le exige la renuncia al dinero; eso le dará la verdadera felicidad.

En la primera lectura del libro de Amós (6,1a. 4-7), el profeta denuncia las falsas seguridades de quienes se hacen ídolos de sus creencias: riqueza, dominación, poder, mentira, soberbia, egoísmo, en definitiva, cualquier tipo de opresión. Concienciar de la servidumbre es comienzo de salvación. Ante la creciente brecha de desigualdad entre ricos y pobres, cabría preguntarse, ¿vivimos el servicio a los demás o nos aferramos a nuestras servidumbres?

El evangelio no deja para el más allá la solución de la pobreza y de la miseria, ya que al rico Epulón lo “condena” al castigo eterno, teniendo en cuenta el lenguaje mítico semita que utilizan los evangelios. Si bien Jesús manifiesta predilección por todos los que necesitaban liberación, su actitud no fue excluyente ni condenatoria sino abierta y de acogida con todos.

Jesús se dirige a los fariseos y les cuestiona lo que predican. Poco antes de este relato, les lanza una frase lapidaria: “No podéis servir a Dios y al dinero” (16,13), dirigida a todo aquel que vive esclavo de sus riquezas. Es la riqueza acumulada y no compartida la que impide entrar en la dinámica del Reino.

El texto describe a dos personajes destacando el fuerte contraste entre ambos. En ningún momento se dice que el rico haya provocado la miseria del pobre y se encuentre en esa penosa situación por su culpa. Lo escandaloso es que ni siquiera se ha dado cuenta de su presencia; mientras él banquetea diariamente, el pobre, junto a su puerta, no tiene nada que llevarse a la boca. Vive cómodamente rodeado de su  bienestar, ignorando la vida de quien está a su lado. Su actitud es inhumana por su insensibilidad, por su indiferencia. En palabras del evangelio, por poseer un “corazón de piedra”.

También nosotros, hoy. Vivimos tan inmersos en nuestras comodidades, en nuestras seguridades, tal vez en nuestro hedonismo, que no queremos ver la miseria de nuestro mundo. El relato intenta sacudir la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia teniendo a nuestro lado países y pueblos enteros viviendo en la más absoluta miseria. Una sociedad del bienestar que se ve incapaz de frenar la injusticia social mundial. Que nos permite vivir con la conciencia resignada pensando que la culpa es de todos, países ricos, imperialismos capitalistas, comunistas, totalitarismos nacionalistas, y de nadie en particular. Dos ejemplos:

La ONU muestra un mapa de la pobreza global más allá del dinero. 1.300 millones de personas son pobres en todos los sentidos de la palabra porque no tienen apenas ingresos o carecen de acceso a agua potable, alimentos suficientes o electricidad. El 10% de la población mundial, 736 millones de personas, sobreviven cada día con menos de 1,90 dólares. Son extremadamente pobres… económicamente. Aunque estar por encima de este nivel de ingresos no asegura tener una vida digna.

Manos Unidas alerta: 274 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria este 2022.

En todo caso, el evangelio no pretende solucionar un problema social sino denunciar una falsa e hipócrita actitud religiosa. El Reino que Jesús predica consiste en hacer de la humanidad una comunidad de hermanos. Nos invita a compartir los alimentos, los recursos, suficientes para todos, y convivir como hermanos, no como rivales o competidores. Los ricos dejarían de acaparar y los pobres dejarían de serlo. Todos creceríamos en humanidad. En el fondo, pobreza e injusticia es una realidad en la que todos participamos. Lo que se nos pide es romper la indiferencia, no poner excusas ante la incapacidad de unos y otros, estar atentos a las “llagas de nuestro mundo” permaneciendo activos ante el sufrimiento, descubrir y levantar a los Lázaros “de la puerta de al lado”, vivir el amor-compasión que Jesús practica entre los necesitados.

Y todo ello, sin pedir nada a cambio. Esa es la salvación que me hace más humana y más divina, que me religa con el Dios de Jesús. La medida de amor-servicio a los hermanos me abre, pues, a esa relación única, íntima con Dios. Todo lo demás son cálculos interesados.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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La indiferencia crea abismos.

Domingo, 25 de septiembre de 2022

7ABB9DEE-5F84-428C-AFF8-B5531C67FF7FDomingo XXVI del Tiempo Ordinario

25 septiembre 2022

Lc 16, 19-31

Si la compasión -capacidad de vibrar con el otro, ponerse en su piel, ver las cosas desde su perspectiva, desear su bien y ofrecerle ayuda eficaz- es el “alma” de la sabiduría y el test que verifica la autenticidad espiritual, su opuesto es la indiferencia.

De entrada, la indiferencia es un mecanismo de defensa para evitar ser removidos por las situaciones que ocurren a nuestro alrededor. De ese modo, podemos permanecer en nuestra zona de confort, sin cuestionamientos ni responsabilidad, porque “ojos que no ven, corazón que no siente”.

En un nivel más profundo, la indiferencia es expresión de egocentrismo y narcisismo, que nos mantienen girando como peonzas en torno al yo y a sus intereses, sin ni siquiera advertir lo que sucede junto a nosotros.

Y más hondamente aún, la indiferencia es hija de la ignorancia. Vivimos egocentrados porque somos ignorantes que ponen su identidad en el yo, con lo cual, vivimos identificados con lo que no somos y desconectados de lo que realmente somos.

Tal actitud aporta “beneficios” -como todo aquello que mantenemos, ya que, de otro modo, la modificaríamos-, en tanto en cuanto logremos ir “compensando”, en el día a día, nuestras carencias y malestares. Metidos en nuestra burbuja egoica, vamos tratando de sobrevivir con el menor malestar posible, sin ningún otro anhelo ni horizonte.

Sin embargo, detrás de ese aparente bienestar, lo que hay en realidad es un “abismo” que nos mantiene irremediablemente separados de nosotros mismos y de los demás. El egocentrismo crea fracturas y genera dolor, porque se asienta en la mentira. Si todo es uno -la realidad conoce diferencias, pero no separación-, negarlo en la práctica implica situarse en el error de partida, que crea inexorablemente abismos, mundos y personas fragmentados.

¿Qué hay en mí de indiferencia y de compasión?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Los dueños no, los perros se compadecían y aliviaban el sufrimiento de Lázaro lamiéndole las llagas.

Domingo, 25 de septiembre de 2022

031617-Lc-16-19-31Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

19.09.2022

Tras escuchar el pasado domingo aquellas palabras de Jesús: no podéis servir a Dios y al dinero, leemos hoy esta parábola del rico y el pobre Lázaro (Eleazar). Lázaro inspira una profunda compasión.

Todos somos ricos y tenemos Lázaros a nuestra puerta.

Lázaro significa: “Dios ayuda”. Si salimos de esta Eucaristía con la sensación de que Dios es nuestra ayuda en la vida (y en la muerte), será una dicha.

01.- A propósito de ver

En las parábolas de la misericordia hay un denominador común Ver o no ver.

  • El buen samaritano vio al herido y actúo, el sacerdote y el levita le vieron, pero dieron un rodeo y pasaron de largo.
  • El padre, ve venir al hijo pródigo y se alegró, mientras que el hijo mayor cuando vio venir a su hermano, protestó y no quiso celebrar nada.
  • Jesús ve a los discípulos y los llama, ve a la multitud y se conmueve

Es importante dónde y cómo estamos situados en la vida para ver las cosas y las personas de una u otra manera. A veces “miramos para otro lado” o ni tan siquiera miramos a los “lázaros” de todo tipo que viven junto a nosotros. Cuando estamos satisfechos como el rico epulón, ni miramos cómo están los demás, nos da igual.

02.- ¿Qué puede querer decir la parábola del pobre Lázaro?

  • Esta parábola no es una descripción de cómo se desarrollará la vida después de la muerte. Se trata de una parábola, no una topografía de ningún lugar. (Algún “ingeniero” de la teología ha llegado a calcular los grados de temperatura del purgatorio y del infierno).
  • Tampoco es una promesa-sedante a los pobres de un final feliz en compensación por lo mal que lo han pasado en esta vida. No es una invitación a la resignación de los pobres en beneficio del status quo de los ricos. El “más allá” no va a solucionar las injusticias del “más acá”.
  • Tampoco se trata de una “escatología tarifada”: ¿Cuánto dinero me está permitido tener y almacenar de modo que Dios no me pueda echar nada en cara al final de los tiempos?

03.- Cambio abismo por valla y concertinas.

        El texto evangélico de hoy dice que entre el rico epulón y el pobre Lázaro había un abismo imposible de pasar. Abismos y distancias entre ricos y pobres hay siempre.

  • Hoy en día quizás no les llamaríamos abismos, pero sí que hemos levantado vallas entre pueblos ricos y pobres: la valla de Trump entre EEUU y Méjico, la valla de Melilla; hemos puesto concertinas y alambres de espino, fronteras y “papeles” infinitos para los “lázaros” emigrantes que van y vienen. Los ricos somos los que impedimos que los barcos de rescate: el “open arms”, el “aita Mari”, etc. lleguen a los puertos con los migrantes. Siguen existiendo abismos, grandes diferencias y distancias entre ricos y “lázaros

También hoy hay -habemos- ricos y “lázaros”.

04.- No perdamos de vista la misericordia de Dios.

El rico invoca a Abraham, al padre de Israel, de la religión, para que le alivie a él y a su familia. Pero el puente para pasar tal abismo es la misericordia.

¡Lázaro! (Eleazar) significa “Dios es mi ayuda”.

  • Esta parábola es la reafirmación de que el dinero hace perder la cabeza al ser humano, nos vuelve locos. El dinero rompe toda posibilidad de comunicación con Dios y con los más pobres, crea abismos e impide una solidaridad y convivencia entre los hombres y pueblos.
  • Con el dinero pretendemos hallar ayuda. En el dinero buscamos la seguridad porque no confiamos en Dios. Al rico le ayuda el dinero al pobre, a Lázaro le ayuda Dios.
  • El dinero es el que crea los abismos (hades) y los sufrimientos, las diferencias de clases sociales, las miserias humanas, las llagas y la tristeza
  • San Lucas es muy sutil y dice que solamente los perros se compadecían de Lázaro. Los dueños, no; son los perros los que se compadecen y alivian el dolor de Lázaro lamiéndole las llagas.

Y esta distinción tiene un transfondo teológico-cristiano: Perro, en el mundo bíblico, significaba extranjero-pagano. Los judíos, los religiosos no tenían misericordia. Son los paganos: los samaritanos (el buen samaritano), etc., quienes tienen compasión y sienten misericordia).

05.- Los que “montan la película” son los “religiosos”, no los que sufren, ni los cristianos.

  • Llama poderosamente la atención en esta parábola que ni Dios, ni Jesús ni Lázaro dicen ni palabra. Por ello, “me da” que todo el tinglado del infierno, la condenación, el fuego, la gota de agua, “te pido que”, etc., lo montan los “judíos”, es decir: los “hombres religiosos” de turno.
  • El pobre Lázaro está medio muerto, dormitando en cualquier cajero automático, enfermo, lleno de llagas y moscas, como los niños africanos que vemos en el telediario… Pero Lázaro, el pobre hombre, no dice nada, se calla: espera la ayuda de Dios.
  • Extrañamente el rico se dirige no a Dios Padre, ni a Lázaro, ni a Jesús (como el buen ladrón), sino a Abrahán. El rico, incluso en el “más allá”, no siente misericordia, no se acerca a Dios Padre, como el hijo pródigo. El rico epulón busca una especie de “tráfico de influencias” ·y apela a Abrahán, el padre de Israel, personaje más que importante. Y como Abraham es importante “me podrá echar una mano”.
  • Los infiernos, los purgatorios y las diferencias abismales (abismos) están en este mundo, En el “otro mundo”, las cosas serán muy de otra manera y para todos, gracias a Dios.

Yo no puedo solucionar el problema del hambre del mundo, pero sí puedo apaciguar el dolor del “Lázaro” que está a mí puerta.

Como Lázaro, confiemos en la ayuda de Dios. Dios nos ayuda.

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Luz

Sábado, 24 de septiembre de 2022

Del blog Nova Bella:

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Mi luz está dentro de mi

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El Greco a Giulio Clovio

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“Murmuradores, os debemos un favor”, por Dolores Aleixandre.

Jueves, 22 de septiembre de 2022

F2BDBBF6-E289-4E2A-882D-0B4B0EF6F055De su blog Un grano de Mostaza:

Gracias a ellos Jesús se arranca con tres parábolas poderosos

15.09.2022

Tengo el pálpito de que el grupo de fariseos y maestros de la ley que murmuran contra Jesús – “Este anda con pecadores y come con ellos” – en la escena evangélica de Lc 15, es el mismo que, al verle entrar en casa de Zaqueo, farfulló entre dientes: —“Se ha alojado en casa de un pecador” (Lc 19,7).

Dan la impresión de ser un grupo siempre al acecho, con dedicación plena  a no quitar ojo a Jesús para poder criticarle. No participan de lo que ocurre, no disfrutan cuando hay alegría, no se conmueven cuando  hay dolor: lo suyo es quedarse al margen  fijándose solo en lo negativo. Hay otras escenas sobre las que los evangelistas no han dejado constancia de ese tipo de presencias de la estricta observancia, pero podemos fácilmente imaginar su posible reacción de haber estado allí.

En Caná de Galilea, habrían rechazado la invitación a la boda: “- No tenemos por costumbre mezclarnos con ese público de pobretones y pecadores que sin duda asistirá…” Sin embargo, cuando les llegan rumores de que algo insólito ha pasado, comentan: “- Pues sí que empieza bien ese galileo que se las da de profeta… Menudo disparate poner a disposición de esta gentuza tantos litros de vino. Se van a emborrachar por culpa suya, ya veremos cuántos comas etílicos provoca. Y no digamos lo de haber aparecido llevando a sus discípulos. ¿Es que va a formarlos así, en las ferias del populacho?”

En Cafarnaúm, a orillas del lago: otro par de tipos resentidos miran la escena de la pesca desde la orilla y murmuran por lo bajo: “- Pero en qué estará pensando Simón y cómo se le ocurre hacer caso a ese forastero que hace chapuzas en Nazaret. No tiene ni idea de pesca y ni siquiera se ha enterado de que en este lago se pesca de noche…”

“- Pues mira a los Zebedeos, embobados al ver tantos peces en sus redes… Anda que como se les revienten y se les hunda la barca, lo van a tener crudo para remontar el negocio… Conmigo desde luego que no cuenten para un préstamo…”

Sin embargo y mal que nos pese, hay que reconocerles el favor que nos han hecho estos murmuradores sin fronteras: gracias a ellos Jesús reacciona y se arranca con tres parábolas poderosas. Y uno de sus efectos es el de señalar con precisión en nuestro navegador vital esa ubicación que andábamos buscando después de dar tantos tumbos: estamos sobre los hombros del Pastor, en la mano de quien nos guarda como a una moneda de alto precio, entre los brazos del Padre que nos acoge en el umbral de nuestra casa.

Pues de todo esto nos hemos enterado por gentileza de los murmuradores: ellos tuvieron la habilidad de sacar de quicio a Jesús y dejar emerger la noticia inaudita de su inexplicable afición por nosotros, gente perdidiza y torpe, propensa a recaer una y otra vez en los mismos despistes.

Así que, de verdad, murmuradores: muchas gracias.

Espiritualidad , ,

Provocación y sorpresa.

Lunes, 19 de septiembre de 2022

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“Los hijos de este mundo son más sagaces
en sus proyectos y asuntos
que los hijos de la luz en los suyos” (Lc 16, 8b).

¿Y si Tú nos estuvieras poniendo
frente al auténtico dilema de nuestra vida?
¿Y si Tú nos estuvieras despertando
para que nos diéramos cuenta
quién manda en nosotros?
¿Y si Tú nos estuvieras invitando
a tomar conciencia de quiénes somos
en tu proyecto y sueño?
¿Y si Tú nos estuvieras animando
a vivir día a día con sagacidad y sabiduría
en vez de situarnos en una u otra orilla?

Pues en cada uno de nosotros
conviven la luz y las tinieblas,
y la experiencia nos dice
que, cuando nuestro ego se halla en juego,
activamos medios, recursos, tácticas,
argucias, estratagemas,y decisiones…,
con tal de salir airosos y asegurar la supervivencia
-la seguridad, el dinero, el status, lo mío-.

Pero, ¿qué ocurre cuando está en juego la luz que somos?
¿Qué hacemos con lo mejor de nosotros mismos?
¿Dónde está nuestra sagacidad para ganar amigos y vida?
¿Dónde nuestra sabiduría para que el reino
atraiga, emocione, enamore y agarre?

Si pusiéramos tanta motivación,
tantos medios, astucia y sabiduría
para que nuestra verdadera identidad
-la luz que somos y portamos- se manifestara,
nuestro mundo sería bien diferente
y tu mensaje y buena noticia resplandecería
en plazas y calles, oteros y valles,
sendas y autopistas,
lugares de refriega y oasis.

¡Qué ironía la tuya
al confrontarnos con nosotros mismos, y no con otros,
y poner al descubierto
que nos manejamos sabia y astutamente
en los asuntos que conciernen a las tinieblas
y no tanto en los que tienen que ver
con la luz, la vida y la buena noticia!

“Los hijos de este mundo son más sagaces
en sus proyectos y asuntos
que los hijos de la luz en los suyos” (Lc 16, 8b).

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Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Solidaridad sombría : un Dios que levanta a los pobres

Lunes, 19 de septiembre de 2022

34A0BCEF-EDAA-4BC6-A743-BE9ECA254AFFLa reflexión de hoy es por la colaboradora de Bondings 2.0 Allison Connelly, cuya biografía está disponible aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el domingo 23 del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

Mientras leía las escrituras litúrgicas de hoy, me sorprendió (nuevamente) el compromiso de solidaridad radical de Dios con los pobres. De los gritos condenatorios de Amos contra aquellos que estaban “pisotean [do] a los necesitados” y “destruy [endo] a los pobres” a nuestro salmista alabando a Dios por levantar a los pobres de la alcantarilla para sentarlos con príncipes, e incluso en la Aclamación al evangelio que canta que Jesús que “era rico [pero] se volvió pobre, de modo que por su pobreza se puede llegar a ser  rico“, está claro una y otra vez que Dios toma partido. Y Dios se pone del lado de los pobres.

Como persona LGBTQ, sé que esto significa que Dios es radicalmente solidario con la comunidad LGBTQ desproporcionadamente pobre. Según el Williams Law Institute de UCLA, “las personas LGBT colectivamente tienen una tasa de pobreza del 21,6%, que es mucho más alta que la tasa de las personas heterosexuales cisgénero del 15,7%”. Desglosando aún más los datos, entre las personas LGBT, las personas transgénero y las mujeres bisexuales tienen tasas de pobreza especialmente altas al 29%. Si Dios es solidario con los pobres, Dios es solidario con nosotros, personas LGBTQ, y especialmente es solidario con las personas transgénero y las mujeres bisexuales.

Teniendo  en cuenta el recordatorio de la solidaridad radical de Dios, el Evangelio, que me cofundió a primera vista, tiene más sentido. Jesús les cuenta a sus discípulos una historia sobre un mayordomo que, cuando supo que sería despedido de su posición, se puso un poco sombrío. En este sentido, estoy usando “sombrío” según la tercera  definición de Merriam-Webster (y la primera definición de la mayoría de los millennials): “de mérito cuestionable”. Con la esperanza de la auto-preservación, el mayordomo decide hacer lo que pueda para obtener la gratitud de los deudores que le deben a su maestro. Invita a los deudores a reescribir sus deudas: ahora, en lugar de deberle al amo del mayordomo cien medidas de aceite de oliva, un deudor vuelve a escribir su deuda para deber solo cincuenta. Otro deudor ahora debe ochenta kors de trigo en lugar de cien. Y así sucesivamente.

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La frase que me viene a la mente cuando leo esta historia es “Solidaridad sombría“. Este tipo, a punto de perder su trabajo, se da cuenta de que, para tener una relación correcta con su comunidad, con el din de esperar la hospitalidad de quienes lo rodean, para ser solidario con ellos, necesita dar algo a cambio. La solidaridad es siempre mutua. Él ofrece lo que tiene: su acceso al dinero. Él sabe que el poder que tiene puede hacer que la vida de las personas en su comunidad pueda ser verdaderamente diferente, tal vez, con suerte, una diferencia suficientemente grande como para volver a ponerse en la relación correcta con ellos. Lo que hizo fue definitivamente sombrío. Y sin embargo, Jesús llama a sus acciones “dignas de confianza”. ¿Por qué?

Pensemos en ello. Si el jefe del mayordomo, un hombre rico, se parece en algo a los ricos de la época de Amos, obtuvo su riqueza deshonestamente. Tal vez, como escribe Amos, “arregló su balanza para hacer trampa” o compró “al humilde para la plata” o “a los pobres por un par de sandalias”. Lo que hizo el mayordomo fue definitivamente en contra de la ley: alterar documentos financieros para estafar a su jefe por dinero. Pero, según cómo lo mires, el error  más grande fue que su amo acumulara su riqueza de forma deshonesta en primer lugar. Santo Tomás de Aquino nos recordaría: “Cualquier ley que eleva la personalidad humana es justa; Cualquier ley que degrada la personalidad humana es injusta ” y San Agustín nos diría que “una ley injusta  no es una ley en absoluto “. ¿Quién degradó la personalidad humana? Seguramente el hombre rico, que acumuló su riqueza y no compartió con los pobres. ¿Quién levantó la personalidad humana? Seguramente el mayordomo, que actúa en solidaridad con los pobres en su comunidad. Si una ley injusta mantenía a los pobres endeudados y privados de sus derechos mientras un hombre rico se hacía más rico, la única respuesta moral es quebrantar la ley injusta. Al negarse a cumplir con las leyes injustas, el administrador demuestra que se puede confiar en él: actuando en solidaridad sombría.

Nuestro comentario concluye con este versículo frecuentemente citado: “Ningún siervo puede servir a dos señores … no se puede servir tanto a Dios como a Mammon”. “Mammon” es traducido por el Oxford English Dictionary como “riqueza considerada como una mala influencia o falso objeto de adoración y devoción”. Vemos en esta historia un siervo  que toma una decisión: debe ser fiel a la riqueza adorada por su amo a expensas de los pobres o ser solidario con los pobres y los deudores en su comunidad. Su elección de solidaridad con los pobres – aunque sombría- también es la elección De Dios: la elección de Dios de ser solidario con todos los pobres, incluida la comunidad LGBTQ despropiadamente pobre. Que la verdadera solidaridad, que asume riesgos y rechaza la injusticia, sea también nuestra elección.

—Ollison Connelly-Vetter (ella/ella), 18 de septiembre de 2022

Fuente New Ways Ministry

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¿Quién era Jesús para la reina Isabel II?

Lunes, 19 de septiembre de 2022

FILE - Britain's Queen Elizabeth II waits in the Drawing Room before receiving Liz Truss for an audience at Balmoral, in Scotland, Tuesday, Sept. 6, 2022, where Truss was invited to become Prime Minister and form a new government. Buckingham Palace says Queen Elizabeth II is under medical supervision as doctors are “concerned for Her Majesty’s health.” The announcement comes a day after the 96-year-old monarch canceled a meeting of her Privy Council and was told to rest.(Jane Barlow/Pool Photo via AP, File) (Jane Barlow/Pool Photo via AP, File)

Hoy, 19 de septiembre, se celebra en Londres, el solemne funeral de la reina Isabel II, cabeza de la Iglesia de Inglaterra y de la hermana Comunión Anglicana. La reina finalmente descansará en la Capilla de San Jorge, en los terrenos del Castillo de Windsor, junto a su fuerza y permanencia” de 73 años, el príncipe Felipe.

La ‘reina eterna’ dio cinco claves en cinco mensaje de Navidad 

Inglaterra, algunos sus discursos están impregnados de alusiones a Dios y a lo que la fe significaba en su vida y en su misión como reina de Gran Bretaña

“El ejemplo de Cristo me ha enseñado a respetar y valorar a todas las personas, sean creyentes o no”, señaló en su mensaje de Navidad de 2014

Esta mañana del lunes 19 de septiembre, declarado feriado público en todo el Reino Unido, terminará el acto de engalanamiento de la reina Isabel II que se convertirá en la primera monarca desde Jorge II en 1760 en celebrar su funeral en la Abadía de Westminster. Luego, el ataúd viajará en procesión una vez más a la Abadía de Westminster para el funeral de estado. El martes llegará el cortejo fúnebre con la reina a Londres y el miércoles el ataúd de Isabel II, envuelto en el Estandarte Real, será trasladado desde el Palacio de Buckingham hasta Westminster donde se instalará la capilla ardiente. Al amanecer del último día de luto nacional, los guardaespaldas del rey comenzarán su última vigilia ante el ataúd de la reina en Westminster.

A las 10:00 horas las campanas del Big Ben volverán a sonar para conmemorar la jornada. A las 11.30 horas, el ataúd se trasladará en el carruaje utilizado para los funerales de Lady Di y la reina madre, mientras el rey y los miembros de la casa real irán en procesión desde Westminster hasta la abadía. Allí, a las 12:00 horas, la nación enmudecerá. El funeral de Estado será televisado y se espera que haya unos 2.000 invitados dentro de la abadía. Se colocarán pantallas gigantes en los parques reales de la capital y en todo el país para que pueda seguirse en directo. Se espera que bata récords de audiencia. Después el ataúd se trasladará de nuevo al carruaje para una última procesión fúnebre hasta el Castillo de Windsor, donde la monarca fijó su última residencia tras el estallido de la pandemia y donde se encuentra descansando el cuerpo de su esposo durante 73 años, el duque de Edimburgo.

El cortejo fúnebre empezará a las 15:22 horas (una hora menos en Londres) y el Big Ben tocará las campanas para arrancar el paso. El ataúd será transportado en un carro de armas por la Royal Horse Artillery Troop, por The Mall, a lo largo de Whitehal hasta llegar al Parlamento, una ruta que se espera esté acompañada por miles de ciudadanos. El rey Carlos III y su familia caminarán detrás del féretro.

A partir de media tarde, Westminster permanecerá abierto las 24 horas durante cinco días seguidos para que los ciudadanos vean el ataúd de la reina, y cerrará solo durante un par de horas por la noche para su limpieza. Hacia el sábado se espera que empiecen a llegar los miembros de la realeza internacional, líderes mundiales y diplomáticos a Londres. El rey y la reina consorte comenzarán el día recibiendo a los jefes de Gobierno y a los gobernadores de las cuatro naciones. Por la noche, Carlos III y Camilla darán, junto con otros miembros de la familia real entre los que se espera que esté el príncipe de Gales, una recepción en el Palacio de Buckingham para la realeza extranjera.

 La Abadía de Westminster, fundada en el año 960 d.C. por monjes benedictinos, es uno de los monumentos más reconocibles de Londres. La histórica iglesia ha sido escenario de todas las coronaciones desde 1066, y fue donde la entonces princesa Isabel se casó con el príncipe Felipe en 1947. Pero no ha habido un funeral de monarca allí desde el de Jorge II en 1760.

Se espera que allí lleguen jefes de Estado, dignatarios estatales de todo el mundo a la capital británica para unirse a los miembros de la familia real para celebrar la vida de la reina y su inquebrantable servicio a la nación y la Mancomunidad.

Rostros familiares en el servicio televisado serán algunos de los 15 primeros ministros que han servido durante el reinado de la reina y los reyes de España o Joe Biden, entre otros…

Al concluir, el ataúd viajará en procesión hasta Wellington Arch, antes de hacer su viaje final desde Londres hasta Windsor. Su destino es la ahora familiar Capilla de San Jorge dentro de los terrenos del Castillo de Windsor.

Después, el rey y su círculo más cercano participarán en un servicio privado en la misma capilla de San Jorge. Carlos III, igual que hizo su madre Isabel II con su padre, esparcirá tierra sobre el ataúd de la difunta reina.

04_Queen-Elizabeth-224x300Probablemente haya sido la última gran reina cristiana. Cabeza de la Iglesia de Inglaterra, algunos sus discursos están impregnados de alusiones a Dios y a lo que la fe significaba en su vida y en su misión como reina de Gran Bretaña.

Aquí van cinco reflexiones de Isabel II en otros tantos mensajes de Navidad que muestran lo que significaban para ella las enseñanzas de Jesucristo

1.- “Para muchos de nosotros, nuestras creencias tienen una importancia fundamental. Para mí, las enseñanzas de Cristo y mi propia responsabilidad ante Dios proporcionan un marco en el que intento vivir mi vida. Al igual que muchos de ustedes, me han consolado las palabras y el ejemplo de Cristo en los momentos difíciles.

Mensaje de Navidad 2000

2.- “Para mí, como cristianas, una de las más importantes de estas enseñanzas está contenida en la parábola del buen samaritano, cuando Jesús hace la pregunta ‘¿Quién es mi prójimo?’. Es la historia intempestiva de una víctima de la agresión que ha sido ignorada por sus compatriotas pero ayudada por un extraño, y un extraño despreciado. La implicación para Jesús es clara. Todo el mundo es nuestro prójimo, independientemente de la raza, el credo o el color; la necesidad de cuidar al prójimo es mucho más importante que cualquier diferencia cultural o religiosa”.

Mensaje de Navidad 2004

3.- “Aunque somos capaces de grandes actos de ternura, la historia nos enseña que a veces tenemos que salvarnos de nosotros mismos, de nuestra imprudencia o de nuestra codicia. Dios ha enviado al mundo a una persona única: no un filósofo o un general, aunque estos sean importantes, sino a un Salvador, con el poder de perdonar”.

Mensaje de Navidad 2011

4.- “Para mí, la vida de Jesucristo, el Príncipe de la Paz, cuyo nacimiento celebramos hoy, es una inspiración y un ancla en mi fe. Modelo de reconciliación y amor, impuso sus manos en señal de amor, aceptación y curación. El ejemplo de Cristo me ha enseñado a respetar y valorar a todas las personas, sean creyentes o no.

Mensaje de Navidad 2014

5.- “Es cierto que el mundo se ha enfrentado a tiempos oscuros este año, pero el evangelio de Juan contiene un verso de gran esperanza: ‘la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la han detenido’. Aunque fue desplazado y perseguido a lo largo de su corta vida, el mensaje inmutable de Cristo no era de venganza o violencia, sino simplemente que debemos amarnos unos a otros“.

Mensaje de Navidad 2015

***

Pocos líderes han tenido tanta influencia en la historia contemporánea como Isabel II, monarca del Reino Unido y de la Mancomunidad de Naciones, fallecida este 8 de septiembre a la edad de 96 años.  Isabel II, además de haber sido Reina constitucional del Reino Unido, también fue la cabeza de la Iglesia de Inglaterra durante los últimos 70 años.

Ella fue reconocida a lo largo de su vida con el título de “Defensora de la fe” por su cargo como gobernadora suprema de la Iglesia de Inglaterra. Este título originalmente le fue concedido a Enrique VIII por el papa León X después de que el rey escribiera el texto “Defensa de los siete sacramentos” en medio de las disputas teológicas del siglo XVI para defender la fe católica romana. Luego de la ruptura con el papado, el rey continuó reteniendo el título de “Defensor de la fe” pero en relación a la Iglesia de Inglaterra y a la fe anglicana.

Pero además de su papel formal y simbólico como líder de la Iglesia, Isabel II también fue reconocida a  lo largo de su vida por tener una fe “profunda y sincera”, esto según las declaraciones de su biógrafo Dudley Delffs.

La fe de la Reina fue una característica “consistente” de su reinado y desde el año 2000 ella había hablado de manera creciente acerca de sus creencias religiosas, lo cual la convirtió en lo que podríamos llamar “una misionera” para el cristianismo, según dijo la ex-directora del diario The Tablet, Catherine Pepinster.

Durante los últimos setenta años, cada navidad, la Reina entregó un mensaje de Navidad a todos sus súbditos, una tradición que comenzó con su padre el rey Jorge V y en la que hablaba de manera directa acerca de su fe.

Incluso antes de su coronación como Reina, Isabel II pidió a sus súbditos que oraran por ella con el siguiente mensaje:

Quiero pedirles a todos ustedes, sin importar qué religión profesen, que oren por mi en ese día [el día de la coronación]. Oren por mí a Dios para que me de sabiduría y fuerza para cumplir con las solemnes promesas que yo estaré haciendo y para que yo pueda servirle fielmente a Dios y a todos ustedes, todos los días de mi vida.

Como una de las líderes más célebres y reconocidas por más de siete décadas, después de su primer mensaje de Navidad, la Reina demostró cómo podía mantener su fe personal como algo privado, abarcador y a la vez compasivo al tiempo que servía en un rol público global bajo el intenso escrutinio de virtualmente cada sector de la sociedad.

reina-isabel-juventud-15En el día de su coronación, la Reina tomó el juramento de “mantener y preservar la inviolabilidad del establecimiento de la Iglesia de Inglaterra,  de la doctrina de culto, la disciplina y el gobierno, así como la ley establecida en Inglaterra”.

Sus obligaciones como gobernadora suprema de la iglesia incluían nombrar arzobispos, obispos, y decanos para la Iglesia de Inglaterra, según la asesoría brindada por el primer ministro y la Iglesia. En la práctica, esto quiere decir que ella no tenía poder real sobre la Iglesia de Inglaterra, sin embargo, en su papel simbólico Isabel II supo dar testimonio de su fe y promover el mensaje cristiano con la dignidad propia de su cargo.

En 1970, Isabel se convirtió en la primera soberana en inaugurar y dar un mensaje al Sínodo General de la Iglesia en persona, una práctica que ella continuó cada cinco años después de las elecciones diocesanas.

Tres semanas después de su coronación, la Reina sentó un precedente histórico y juró defender y promover a la Iglesia de Escocia, honrando su obligación de “preservar el establecimiento de la verdadera religión protestante establecida por las leyes creadas en Escocia”. La Iglesia de Escocia es presbiteriana y reconoce solamente a Jesucristo como el “Rey y cabeza de la Iglesia”, lo cual tiene como consecuencia que la Reina carecía de un título oficial dentro de la iglesia o de participación alguna como un miembro regular.

Más que una tradición 

A pesar de lo que se pueda pensar o especular, la fe de la Reina era mucho más que el producto de una deferencia amable hacia sus súbditos o de una tradición histórica. A lo largo de su reinado, ella articuló la importancia de la fe y la recomendó a sus súbditos.

“Las enseñanzas de Cristo, y mi propia responsabilidad ante Dios, me proveen de una estructura sobre la cual intento seguir mi vida”, dijo ella en el año 2000. “Me gustaría que muchos de ustedes, puedan hallar un gran confort, en tiempos de dificultad, en las palabras de Cristo y en su ejemplo”. 

En el 2002 la Reina soportó un año doloroso de pérdidas personales con la muerte de su hermana, la princesa Margarita, y de la Reina Madre. En su mensaje anual de Navidad de ese año, ella habló de cómo su fe la había ayudado en esos momentos difíciles.

“Sé mucho acerca de depender de mi propia fe para guiarme a través de los momentos buenos y malos”, dijo ella. “Cada día es un nuevo comienzo. Yo sé que la única forma de vivir mi vida es tratando de hacer lo que es correcto, tener una perspectiva amplia, dar lo mejor en cada cosa que el día me trae, y poner mi confianza en Dios”. 

La Reina consistentemente extendió su influencia al reconocer y celebrar la diversidad y tolerancia religiosa en el Reino Unido, la Mancomunidad de Naciones, y a través del mundo. En sus mensajes de Navidad y del día de la Mancomunidad de Naciones frecuentemente ella abordó el tema de la armonía interreligiosa y la tolerancia respetuosa. Los líderes de varias denominaciones y religiones regularmente asistieron a ceremonias reales, incluyendo bodas y servicios de Acción de Gracias, por invitación de la Reina y su esposo, el Duque de Edimburgo.

Sin embargo, el papel de Isabel II también consistía en impulsar el ecumenismo. Al celebrar el Jubileo de Diamante en el 2012, la Reina asistió a una recepción multiconfesional en el Palacio de Lambeth, presidida por el arzobispo de Canterbury, y en la que estuvieron presentes los líderes de ocho religiones en el Reino Unido, incluyendo el budismo, el jainismo, el Islam y el hinduismo. En ese evento, la Reina dijo “La fe desempeña un rol clave en la identidad de millones de personas, proveyendo no solo un sistema de creencias sino también un sentido de pertenencia. Puede actuar también para impulsar la acción social. De hecho, los grupos religiosos tienen un récord notable en ayudar a aquellos que se encuentran pasando grandes necesidades, incluyendo los enfermos, los ancianos, las personas solitarias y los vulnerables. Ellos nos recuerdan las responsabilidades que tenemos más allá de nosotros mismos”.

Los esfuerzos de la Reina fueron premiados en el 2007 por el Foro de Las Tres Religiones, una organización dedicada a construir relaciones de entendimiento entre las personas de todas las religiones y creencias. La organización le concedió a Isabel II la Medalla de Oro Sternberg Interfaith, la cual es concedida a los individuos que ayudan a promover la paz y la tolerancia entre las distintas confesiones de fe.

La presunta  heredera 

Nacida el 21 de abril de 1926, Isabel Alejandra María Windsor fue la primogénita del Duque y la Duquesa de York y la primera nieta del reinante monarca el Rey Jorge V, quien aparentemente se sentía orgulloso por su pensativa y bien comportada hija conocida por la familia como Lilibet. El padre de Isabel ascendió al trono en 1936 como el Rey Jorge VI cuando su hermano, el Rey Eduardo VIII, abdicó con el fin de casarse con una mujer divorciada llamada Wallis Simpson.

Como la presunta heredera del trono, Isabel fue educada privadamente y sirvió en el Servicio Territorial Auxiliar durante la Segunda Guerra Mundial. En 1947 ella se casó con Felipe Mountbatten, un noble de linaje griego y danés. Su unión duró 73 años hasta la muerte de Felipe en el 2021 y fruto de ella nacieron cuatro hijos: Carlos, príncipe de Gales y hoy Rey Carlos III; la princesa Ana; Andrés, Duque de York; y Eduardo, Conde de Wessex. En adición a sus hijos, a la Reina le sobreviven ocho nietos y doce bisnietos.

Desde el comienzo de su reinado, la Reina consistentemente citó referencias de la Escritura, particularmente durante sus mensajes de Navidad.

“¿A qué inspiración y consuelo más grande podemos dirigirnos”, preguntó ella “… que a la imperecedera verdad que puede ser encontrada en este tesoro, la Biblia?”. 

En su mensaje de 2016, la Reina explicó:

Miles de millones de personas siguen hoy las enseñanzas de Cristo y encuentran en Él la luz que guía  sus vidas. Yo soy una de esas personas porque el ejemplo de Cristo me ayuda a ver el valor que hay en hacer pequeñas cosas con amor, quienquiera que las haga e independientemente de lo que las personas crean.

El rol de la Reina como líder religiosa 

Mientras que muchas personas no la veían como una líder religiosa, ella tomó un juramento en su coronación que delineó su rol dentro de la Iglesia de Inglaterra. Este rol no solo incluía apoyar las doctrinas de la iglesia, sino también un papel formal en el nombramiento de obispos y arzobispos.

Isabel II nombró siete arzobispos de Canterbury durante su reinado y numerosos miembros del clero. Momentos notables de su mandato como gobernadora de la Iglesia incluyen el nombramiento del obispo Wilfred Wood, el primer obispo negro de la Iglesia de Inglaterra, en 1985, y el polémico nombramiento de la obispa Libby Lane, la primera mujer en llegar a este rango, en 2015.

Relación con Billy Graham

Además de su papel formal como líder de la Iglesia de Inglaterra, la fe de la Reina ha sido constatada por figuras prominentes de la comunidad evangélica global.

Su amigo y confidente el pastor estadounidense Billy Graham atestiguó el amor de la Reina por la Biblia, así como su fuerte fe cristiana, en su autobiografía Tal como soy. 

“Nadie en Gran Bretaña ha sido más cordial hacia nosotros que Su Majestad la Reina Isabel II”, escribió Graham. “Casi cada ocasión que he estado con ella, ha sido cálida o un arreglo informal, tal como un almuerzo o una comida, ya sea solos o con algunos pocos miembros de su familia o con otros amigos cercanos”. 

Ellos rara vez publicitaron sus reuniones o apalancaron su relación profesionalmente, pero los dos disfrutaron de una amistad que duró por más de sesenta años hasta que Graham falleció en el 2018. Él escribió, “Siempre la encuentro muy interesada en la Biblia y en su mensaje”.

El interés de la Reina por la Biblia y su mensaje evangélico la llevaron a la participación en una publicación de un libro especial para conmemorar su cumpleaños número 90. Titulado La Reina Servidora y el Rey al que Ella sirve, y en coautoría con Catherine Butcher y Mark Greene, esta pieza de revisión sobre la fe cristiana de la Reina fue publicada por la Sociedad de la Biblia del Reino Unido, a la cual ella sirvió como patrocinadora, así como por HOPE y el Instituto de Londres para el Cristianismo Contemporáneo.

Isabel II escribió personalmente el prólogo, agradeciendo a los lectores por sus oraciones y buenos deseos. “Yo he sido y permanezco muy agradecida a… Dios por Su constante amor. Yo he visto de hecho Su fidelidad”, escribió ella.

El libro fue distribuido a miles de iglesias a lo largo del Reino Unido y en muchos de los países de la Mancomunidad de Naciones poco antes del cumpleaños de la Reina en el 2016. El libro resultó ser tan popular que la Sociedad de la Biblia tuvo que imprimir otras 150 000 copias para satisfacer la demanda.

La relación de Isabel II con los evangélicos 

Es probable que la fe de la Reina Isabel encontrara sus raíces en la profunda tradición evangélica de la “iglesia baja” de Inglaterra. La fe de la iglesia baja fue favorecida inicialmente dentro de la monarquía británica por la Reina Victoria y por la casa de Windsor, aunque la Reina Isabel también tenía un carácter marcadamente ecuménico.

En consecuencia, las creencias de Isabel II deberían tener como eje central el carácter vicario de la salvación gratuita ofrecida a la humanidad en la crucifixión de Jesucristo. Prueba de esta fe fue la estrecha relación de la monarquía británica con líderes y predicadores de tradición evangélica reformada, tales como el Reverendo Martyn Lloyd-Jones.

Cuando su padre, el Rey Jorge VI, murió en 1952, Martyn Lloyd Jones predicó un sermón para la ocasión el domingo siguiente, el 10 de febrero. El predicador tomó como su texto base Romanos 13:7 e hizo un comentario profético hacia la parte final de su homilía:

No hay nada más importante, en esta etapa particular de la historia, en consideración a nuestra monarquía constitucional, que el carácter. Nunca el carácter del ocupante del trono fue tan importante como en este momento… El carácter cuenta como nunca lo ha hecho antes. Por lo tanto, oremos para que nuestra nueva Reina sea consciente de esto, y que ella pueda considerar esto como lo más importante de su vida, la vida cristiana, y que ella pueda establecerse a sí misma como un ejemplo para toda la nación.

La oración de Lloyd-Jones por la Reina pudo haber sido respondida, porque  el compromiso de Isabel en su seguimiento a Jesús fue bastante claro, especialmente en sus ampliamente difundidos mensajes de Navidad. Aunque generalmente ella mantenía su fe como algo bastante reservado, su esposo, el príncipe Felipe de Edimburgo, la animó a hablar mucho más de ello. Gracias a este impulso, la Reina mostró constantemente un compromiso con la fe cristiana y animaba a las personas con las que se reunía a buscar el consuelo y el apoyo necesario para sus vidas en las acciones y palabras de Jesús.

Lloyd-Jones se reunió con la Reina en octubre de 1970, gracias a la amistad de Margery Blackie, médica personal de Isabel y miembro de la Capilla de Westminster, con el reverendo Lloyd-Jones.

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Su fe y otras creencias

Después de cinco siglos, Inglaterra no es la misma nación que era durante la Reforma protestante, en la que las guerras de religión y la intolerancia por las creencias marcaban por igual la vida política y social. En este sentido, la libertad de creencias y su expresión es algo que también ha marcado el carácter abierto que hoy la monarquía tiene ante el mundo.

En 2015, el príncipe Carlos señaló que el rol de su madre no era “defender el anglicanismo para excluir a otras confesiones religiosas. En vez de ello, la Iglesia [de Inglaterra] tenía la obligación de proteger la libre práctica de todas las creencias en este país”. 

Estos comentarios se dieron luego de que el príncipe señalara que cuando él fuera Rey, debería ser nombrado “Defensor de fe” en lugar de “Defensor de la Fe”, indicando que la religiosidad y su derecho de expresión por parte de todas las personas deberían ser elementos garantizados. Los comentarios del príncipe fueron apoyados por la Reina después de que estos suscitarán controversia entre el público británico.

Promotora de la paz

Uno de los actos más importantes de su reinado, y uno que bien nos muestra su amabilidad cristiana, tuvo lugar cuando la Reina visitó la República de Irlanda en mayo de 2011. La última visita de un monarca reinante al sur de Irlanda había sido en 1911, cuando su abuelo el Rey Jorge V (monarca desde 1910 a 1936) había visitado Dublín en mayo de 1911, un siglo antes. Ese siglo había sido testigo de una multitud de actos de violencia en las islas británicas e Irlanda que envenenaron las relaciones entre las dos naciones.

Cuando la Reina voló a Irlanda, eligió vestir un abrigo y un sombrero verde. Y en una cena de estado, cuando ella se levantó para hablar, cautivó a sus oyentes con algunos comentarios de apertura en gaélico. Cuando terminó de hablar, el historiador Robert Lacey notó que todas las personas de la habitación se pusieron de pie y aplaudieron con la “sostenida y sentida apreciación del puente que la Reina había construido” entre Gran Bretaña e Irlanda esa noche. Durante su viaje, también visitó El Jardín Nacional de la Memoria que conmemora a los hombres y mujeres irlandeses que habían muerto luchando contra los británicos en la Guerra de Independencia (1919-1921) y con una simple inclinación de su cabeza, mostrando dolor sincero, ella se ganó los corazones de muchos en Irlanda.

La Reina comentó en un discurso de 2015 que recordaba esa ocasión: “San Pablo nos recuerda a todos los cristianos, que como embajadores de Cristo, se nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. Expandir la Palabra de Dios en la difícil pero recompensante tarea de hacer la paz y resolver los conflictos son partes importantes de este ministerio”.

Cumpliendo su promesa hasta el final

En parte princesa y en parte obispa, tanto como guardiana como bisabuela, diplomática y discípula, la Reina Isabel II fue una figura que trajo calma y estabilidad a su nación y a la mancomunidad de naciones durante periodos tumultuosos de cambio histórico y avance tecnológico.

“Finalmente, la monarquía señala más allá de sí misma la majestad de Dios”, escribió Ian Bradley, profesor en la Escuela de Divinidad de la Universidad St Andrews. “Impulsa las facultades dadas al hombre por Dios de reverencia, lealtad y veneración. Deriva su verdadera sanción y autoridad desde lo alto en vez que desde abajo”. 

La Reina Isabel II fue una monarca impresionante. Uniendo los siglos 20 y 21, la modernidad y la postmodernidad, la Reina señaló su fe personal en Dios y su creencia en Cristo como su ancla en medio de las muchas tormentas, tanto públicas como privadas, por las que atravesó. Al final, fue fiel a los sagrados votos a Dios que realizó el día de su coronación y sirvió a aquellos a los que se le encomendó cuidar.

Con información de Christianity Today, The Gospel Coalition, The Guardian y MSNBC.y  Religión Digital

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Hemos de elegir.

Domingo, 18 de septiembre de 2022

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Preguntas para subir y bajar el Monte Carmelo 

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(A Gustavo Gutiérrez, maestro espiritual en los altiplanos de la Liberación, por su itinerario latinoamericano “Beber en su propio pozo’‘).

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“Por aquí ya no hay camino”.
¿Hasta dónde no lo habrá?
Si no tenemos su vino
¿la chicha no servirá?

¿Llegarán a ver el día
cuantos con nosotros van?
¿Cómo haremos compañía
si no tenemos ni pan?

¿Por dónde iréis hasta el cielo
si por la tierra no vais?
¿Para quién vais al Carmelo,
si subís y no bajáis?

¿Sanarán viejas heridas
las alcuzas de la ley?
¿Son banderas o son vidas
las batallas de este Rey?

¿Es la curia o es la calle
donde grana la misión?
Si dejáis que el Viento calle
¿qué oiréis en la oración?

Si no oís la voz del Viento
¿qué palabra llevaréis?
¿Que daréis por sacramento
si no os dais en lo que deis?

Si cedéis ante el Imperio
la Esperanza y la Verdad
¿quién proclamará el misterio
de la entera Libertad?

Si el Señor es Pan y Vino
y el Camino por do andáis,
si al andar se hace camino
¿qué caminos esperáis?

(Desde la Amazonia brasileña,
en tiempos de probación
y de invencible esperanza criolla).

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera.
Ed.Sal Terrae, 1986

***

No podéis servir a Dios y al dinero

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.”

El administrador se puso a echar sus cálculos:

“¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. “

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”

Éste respondió: “Cien barriles de aceite.”

Él le dijo: “Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta.”

Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”

Él contestó: “Cien fanegas de trigo.”

Le dijo: “Aquí está tu recibo, escribe ochenta.”

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado.

Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.”

*

Lucas 16, 1-13

***

 

El testimonio de la pobreza evangélica reviste diversas formas, que van desde el compromiso para desarraigar la pobreza a poner todos los bienes a disposición de la causa evangélica; desde llevar una vida sobria a compartir la vida de los más pobres. Cada Instituto tiene su forma de pobreza. Lo importante es que no sea sólo decorativa o de sólo palabras, sino que se caracterice por la entrega y la austeridad personal.

En el sínodo sobre la Vida consagrada, impresionó la intervención del japonés monseñor Soto, que confesó cándidamente que había comprendido a fondo el valor de la pobreza leyendo esta frase de santa Clara: «Amo la pobreza, porque fue amada por Jesús». Ahí reside el significado de la pobreza religiosa.

*

P. G. Cabra,
Iconos de la vida consagrada,
Sal Terrae, Santander 1999, p. 157

***

***.

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“Compromiso imposible”. 25 Tiempo ordinario – C (Lucas 16, 1-13)

Domingo, 18 de septiembre de 2022

Digital collage modern art. Hand giving and receiving money

El mensaje de Jesús obliga a un replanteamiento total de la vida; quien escucha el Evangelio intuye que se le invita a comprender, de manera radicalmente nueva, el sentido último de todo y la orientación decisiva de su conducta.

Es difícil permanecer indiferente ante la palabra de Jesús, al menos si uno sigue creyendo en la posibilidad de ser más humano cada día. Es difícil no sentir inquietud y hasta cierto malestar al escuchar palabras como las que hoy nos recuerda el texto evangélico: «No podéis servir a Dios y al Dinero».

Es imposible ser fiel a un Dios que es Padre de todos y vivir al mismo tiempo esclavo del dinero y del propio interés. Solo hay una manera de vivir como «hijo» de Dios, y es vivir como «hermano» de los demás. El que vive solo al servicio de sus dineros e intereses no puede ocuparse de sus hermanos, y no puede, por tanto, ser hijo fiel de Dios.

El que toma en serio a Jesús sabe que no puede organizar su vida desde el proyecto egoísta de poseer siempre más y más. A quien vive dominado por el interés económico, aunque viva una vida piadosa y recta, le falta algo esencial para ser cristiano: romper la servidumbre del «poseer» que le quita libertad para escuchar y responder mejor a las necesidades de los pobres.

No tiene otra alternativa. Y no puede engañarse, creyéndose «pobre de espíritu» en lo íntimo de su corazón, pues quien tiene alma de pobre no sigue disfrutando tranquilamente de sus bienes mientras junto a él hay necesitados hasta de lo más elemental.

Tampoco podemos engañarnos pensando que «los ricos» siempre son los otros. La crisis económica, que está dejando en paro a tantos hombres y mujeres, nos obliga a revisar nuestros presupuestos, para ver si no hemos de reducirlos para ayudar a quienes han quedado sin trabajo. Sería un buen test para descubrir si servimos a Dios o a nuestro dinero.

José Antonio Pagola

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“No podéis servir a Dios y al dinero”. Domingo 18 de septiembre de 2022. 25º Ordinario

Domingo, 18 de septiembre de 2022

50-ordinarioc25-cerezoLeído en Koinonia:

Amós 8, 4-7: Contra los que “compran por dinero al pobre”.
Salmo responsorial: 112: Alabad al Señor, que alza al pobre.
1Timoteo 2, 1-8: Que se hagan oraciones por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven.
Lucas 16, 1-13: No podéis servir a Dios y al dinero.

El profeta Amós nos ubica en el contexto de la cuarta visión y su interpretación, que va contra los defraudadores y explotadores. El profeta, en todo su libro, nos presenta cinco visiones sobre el destino del pueblo de Israel (7,1 – 9,10). El mensaje de Amós estaba dirigido principalmente al reino del norte, Israel, pero también menciona a Judá (el reino del sur) y a las naciones vecinas de Israel (sus enemigas): Siria, Filistea, Tiro, Edom, Amón, Moab. La razón del juicio: la codicia de los ricos. Amós grita y denuncia: Escuchen esto los que pisotean al pobre y quieren arruinar a los humildes de la tierra (v. 4). El profeta, al hacer sus juicios y lanzar sus amenazas, da los motivos y hace las denuncias por las cuales serán castigados y corregidos. Denuncias contra las casas ostentosas, fruto de la opresión a los pobres y débiles. Y esto por no cumplir con la justicia en el trabajo y en el comercio. Engañan y roban en las balanzas fraudulentas, en los precios y salarios. También hay juicios contra un culto exterior que quiere encubrir toda esa injusticia con sacrificios, ofrendas y cantos, que así no son gratos a Dios. Al tema del fraude, tan presente en esta cuarta visión, le sigue el juramento divino y el castigo

En el siglo XXI, esta invectiva profética de Amós contra la explotación humana necesitamos ampliarla a la explotación de la naturaleza. Hace casi 3000 años, metidos ya como estaban en plena época de la agricultura y de la explotación de la tierra, y una vez que, a partir del IVº-Vº milenios, tras la invasiones indoeuropeas, ya la divinidad había sido separada de la naturaleza (desacralización de la Pachamama), no podían percibir la perspectiva ecológica. Casi sólo prestaron oídos a la explotación interhumana. También es verdad que entonces no se escuchaba tan fuerte como hoy «el grito de la Tierra», los síntomas de la crisis ecológica, y se pensaba que el grito sólo era de los pobres… Hoy necesitamos ampliar esa queja profética; queremos abarcar en ella no sólo la explotación de los pobres, sino también la explotación de la naturaleza, las selvas mutiladas, los bosques calcinados, los ríos contaminados, las montañas horadadas, los animales acorralados en su hábitat invadido, la Pachamama profanada… No es una ampliación indebida; prolonga simplemente los mismos argumentos de justicia y de utopía del profeta. Hoy Amós se sumaría al reconocimiento del grito de la Tierra, desde su misma conciencia profética.

Pablo exhorta a que se ore por todo el mundo y de manera especial por los encargados de dirigir política y religiosamente al pueblo, porque la intención de Dios es salvar a todo el ser humano, y que estos lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Esa verdad se nos fue revelada por su Hijo Jesús, donde Él mismo se presentó como el Camino, la Verdad y la Vida. Es la verdad que nos hará libre. Pablo coloca a Jesús como el único mediador entre Dios y el ser humano: porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. Es la universalidad de Cristo en el acontecimiento salvífico de la humanidad, que con su muerte se entregó a sí mismo como rescate por todos.

Esta parábola –no siempre bien interpretada– va dirigida a los fariseos que son amigos del dinero, su verdadero Dios. Representa, como tantas otras, un caso extremo: un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo y que necesita actuar urgentemente para garantizarse el futuro, antes de quedarse sin empleo. Para ello plantea una estrategia. Acusado de derrochar los bienes de su amo (16,1), causa por la que se va a quedar sin trabajo, decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la comisión que le pertenece como administrador. Es sabido que los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión, sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo con frecuencia intereses desorbitados a los acreedores. La actuación de administrador debe entenderse así: el que debía cien barriles de aceite había recibido prestados cincuenta nada más, los otros cincuenta eran la comisión correspondiente a la que el administrador renuncia con tal de granjearse amigos para el futuro. Renunciando a su comisión, el administrador no lesiona en nada los intereses de su amo. De ahí que el amo lo felicite por saber garantizarse el futuro dando el “injusto dinero” a sus acreedores.

El amo alaba la estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero, pues, en cuanto acumulado, procede de injusticia o lleva a ella.

Para Lucas, todo dinero es injusto. Ahora bien: si uno lo usa –desprendiéndose de él– para “ganarse amigos”, hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en términos humanos cristianos. El injusto dinero, como encarnación de la escala de valores de la sociedad civil, sirve de piedra de toque para ensayar la disponibilidad del discípulo a poner al servicio de los demás lo que de hecho no es suyo, sino que se lo ha apropiado en detrimento de los desposeídos y marginados.

El “injusto dinero” es calificado en la conclusión de la parábola como “lo de nada” y “lo ajeno”, en cuanto opuesto a “lo que vale de veras, lo importante, lo vuestro”. Y “lo que vale de veras” no es el don del dinero, sino el del Espíritu de Dios que comunica vida a los suyos (“cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden”, cf. Lc 11,13). Eso sí, para recibir el Espíritu (que es comunicación de la vida de Dios que potencia al hombre) se requiere el desprendimiento y la generosidad hacia los demás (11,34-36).

La parábola termina con esta frase lapidaria: “No pueden servir a Dios y al dinero”. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia al dinero. El amor al dinero es una idolatría. Hay que optar entre dos señores: no hay término medio. El campo de entrenamiento de esta opción es el mundo, la sociedad, donde los discípulos de Jesús tienen que compartir lo que poseen con los que no lo tienen, con los oprimidos y desposeídos, los desheredados de la tierra.

El afán de dinero es la frontera que divide el mundo en dos; es la barrera que nos separa de los otros y hace que el mundo esté organizado en clases antagónicas: ricos y pobres, opresores y oprimidos; el ansia de dinero es el enemigo número uno que imposibilita que el mundo sea una familia unida donde todos se sienten a la mesa de la vida. Por eso el discípulo, para garantizarse el futuro, debe estar dispuesto en el presente a renunciar al dinero que lleva a la injusticia y hace imposible la fraternidad. Leer más…

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