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Será todo en todos: Resurrección de la carne, vida perdurable . Amén

Martes, 24 de noviembre de 2020

Resurrección2Del blog de Xabier Pikaza:

La postal anterior de RD presentaba a Cristo como plenitud y juicio de la historia:Rey hambriento y sediento, extranjero y desnudo, enfermo y encarcelados, adelantedo y signo de la nueva humanidad (pero con riesgo de destrucción humana).

Sobre ese tema publiqué hace tiempo un estudio sobre el fin de la historia (Rev. Catalana de Teología). en un homenaje que amigos y colegas dedicábamos a J. M. Rovira Belloso. Retomo aquí la conclusión de aquel trabajo, que, situado en el contexto de su extensa obra, vinculaba la comunicación racional de la Ilustración y el Evangelio de la resurrección, expresando así la fe más antigua de la Iglesia: creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna, amén.

Para desarrollar el sentido de ese credo, con la resurrección de la carne (=historia) como meta y sentido de la creación he escrito el nuevo libro, La palabra de Dios se hizo carne. Retomo y condenso aquí el argumento de ese libro, con las páginas finales del homenaje a Rovira Belloso, respondiendo así a las especulaciones apocalípticas no cristianas de autores como las de L. Fanzaga, de las que he tratado también en una postal anterior de RD.

23.11.2020 | X. Pikaza

FRASES Un Mal Capitulo No Es El Fin De La Historia F@MisFrasesOk OFrase FacebookMisFrasesOk 🙄😌 | Facebook Meme on awwmemes.com

Hemos resuelto muchos problemas, pero queda abierto el misterio de la vida: el sentido y tarea de nuestro nacimiento, de la libertad y de la muerte en (con) los demás seres humanos, pues en ellos nos movemos, vivimos y somos (como sabe y dice Pablo en Hech 17, 28). El mismo Pablo añade que Dios es y será “todo en todos” (1 Cor 15, 28), pues en él son (seremos) vivificados todos.

Ésta es la experiencia cristiana radical, principio, sentido y meta de la historia, como sabe y dice el Credo Romano (=de los apóstoles): Creo en la resurrección de la carne y (o) en la vida perdurable.

Ese credo, que nos lleva con toda la teología de la Biblia del Dios creador del Principio al Dios Resucitador del final, constituye el tesoro, clave y tarea de la vida humana. Estamos llamados a la resurrección o culminación de la vida en Dios (en y por Cristo), pero corremos el riesgo de destruirnos, pues el Dios de la Vida no ha querido ni quiere imponerse a la fuerza, sino que deja su vida (se deja a sí mismo) en nuestras manos, de forma que pudiéramos destruirnos, creando un mundo sin él (contra él) para la muerte, como ha puesto de relieve el Papa Francisco (Lodato si, 2015).

Desde ese fondo retomo las páginas finales del trabajo de homenaje a Rovira Belloso, del año 2020, situando ese tema en el trasfondo de la modernidad, es decir, entre el siglo XX y XXI, traduciendo así la antigua esperanza apocalíptica en claves modernas de riesgo y experiencia creadora, dentro de un mundo abierto a la resurrección (desde un trasfondo de racionalidad operativa), pero con riesgo de destruirse a sí mismo, cayendo en el “infierno” de su propia muerte (pues Dios en Cristo ofrece su Vida, pero no nos la impone).

Fallece Josep Maria Rovira Belloso, teólogo de referencia en Cataluña
Estructura racional y super-estructura personal

Por un lado me sitúo en una línea racional que va de la antigua (siglo XVIII) a la nueva ilustración (siblo XX), destacando con M. Weber[1] que una visión de la historia lleva de la magia a la racionalidad operativa: vivíamos inmersos en un mundo sagrado, sometidos a sus ritmos; ahora somos nosotros los que proyectamos y aplicamos nuestros propios esquemas racionales sobre el mundo.

Pero, al mismo tiempo, acepto de un modo aún más intenso (en otro plano) el modelo y compromiso de vida y esperanza del evangelio cristiano. En el fondo de la razón y acción operativa existe y se despliega una más alta meta-razón de gratuidad, expresada en el menaje y vida (resurreccón) de Jesús. Desde ese fondo distingo y vinculo los dos niveles de la historia.

– Plano estructural: un mundo en el que todo se define por la ciencia. Un tipo de historia culmina allí donde, con medios científicos, surge y se organiza un sistema mundial de razón, al servicio de todos los humanos, ofreciendo a todos unas mimas posibilidades económicas, educativas, sociales. Por ventaja del sistema y para bien de cada uno de sus miembros, a ese plano podría surgir una ley que vincula e iguala a todos (como puso de relieve Benedicto XVI, Spe Salvi).

Eso significa que debe (puede) terminar la historia de las viejas disputas nacionales o sociales: todos los humanos podrán vivir y desarrollarse dentro de un mismo sistema universal de intercambios racionales[2]. En ese nivel no podría hablarse de “libertad”: cada uno debería aceptar las posibilidades y deberes que le ofrece el sistema, dentro de una estructura universal de relaciones (de educación, trabajo y consumo) avalado por el “sistema racional” (supra-personal).

– Plano supra-estructural. Sobre la base anterior, obligatoria para todos, se eleva un ancho campo de elecciones y gozos, realizaciones y libertades, que cada individuo o grupo particular podrá desarrollar en plano afectivo y/o religioso, artístico o deportivo, de descanso y juego. La misma “necesidad” estructural ya resuelta (no habrá agobio por la comida, ni falta de trabajo o de vivienda) liberaría una serie inmensa de posibilidades de gozo y plenitud humana por ahora insospechada.

Resueltos en el plano anterior los problemas estructurales, se abrirá un ancho campo de libertad, para que cada individuo (o grupo) particular pudiera expresar y cultivar sus “aventuras”, sus ideales y gozos personales y comunitarios (de familia o grupo). Sólo en ese plano seguirá abierto el camino de la historia: como búsqueda de dignidad personal y reconocimiento mutuo, de gozo y amor, en el campo afectivo, artístico y religioso. No podemos ni imaginar lo que será el florecimiento humano a ese nivel: nacerá entonces la historia verdadera.

Nuevo nicho religioso

– Cambiarían a ese nivel, o tendrán que replantearse, algunas de tradiciones religiosas: no se podrá hablar de la bienaventuranza de los pobres, en sentido puramente material, pues no habría pobres en un mundo de abundancia organizada; tampoco se podrá decir que los mártires son felices, pues la sociedad no tendrá necesidad de mártires. Un tipo de tradiciones religiosas seguirían conservando un valor, pero sólo como recuerdo o la memoria de los tiempos “prehistóricos”, pues sus aportaciones (liberadas de oscurantismos e irracionalidades) habrán sido recogidas para siempre en la riqueza de la nueva experiencia ética y estética de la humanidad ya liberada de las violencias del pasado[3].

-Pero con eso se abriría y debería desarrollarse un nuevo “nicho” ecológico y religioso, en un nivel de gratuidad, no de necesidad, de mística de amor (a Dios y a los demás en los demás), en un plano de comunicación gratuita, de identificación original con Dios y de experiencia divina de la vida, en la que se valora la muerte como experiencia de entrega personal signo de resurrección (de recuperación y pervivencia o super-vivencia de la vida, en la vida de los demás (resurrección en Dios, es decir, en la comunión interhumana).

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“La sorpresa final”. 22 de noviembre de 2020. Solemnidad de Cristo Rey. Mateo 25, 31 – 46

Domingo, 22 de noviembre de 2020

01_ultimate_exterface(Imagen Exterface)

Los cristianos llevamos veinte siglos hablando del amor. Repetimos constantemente que el amor es el criterio último de toda actitud y comportamiento. Afirmamos que desde el amor será pronunciado el juicio definitivo sobre todas las personas, estructuras y realizaciones de los hombres. Sin embargo, con ese lenguaje tan hermoso del amor, podemos estar ocultando con frecuencia el mensaje auténtico de Jesús, mucho más directo, sencillo y concreto.

Es sorprendente observar que Jesús apenas pronuncia en los evangelios la palabra «amor». Tampoco en esta parábola que nos describe la suerte final de los humanos. Al final no se nos juzgará de manera general sobre el amor, sino sobre algo mucho más concreto: ¿qué hemos hecho cuando nos hemos encontrado con alguien que nos necesitaba? ¿Cómo hemos reaccionado ante los problemas y sufrimientos de personas concretas que hemos ido encontrando en nuestro camino?

Lo decisivo en la vida no es lo que decimos o pensamos, lo que creemos o escribimos. No bastan tampoco los sentimientos hermosos ni las protestas estériles. Lo importante es ayudar a quien nos necesita.

La mayoría de los cristianos nos sentimos satisfechos y tranquilos porque no hacemos a nadie ningún mal especialmente grave. Se nos olvida que, según la advertencia de Jesús, estamos preparando nuestro fracaso final siempre que cerramos nuestros ojos a las necesidades ajenas, siempre que eludimos cualquier responsabilidad que no sea en beneficio propio, siempre que nos contentamos con criticarlo todo, sin echar una mano a nadie.

La parábola de Jesús nos obliga a hacernos preguntas muy concretas: ¿estoy haciendo algo por alguien?, ¿a qué personas puedo yo prestar ayuda?, ¿qué hago para que reine un poco más de justicia, solidaridad y amistad entre nosotros?, ¿qué más podría hacer?

La última y decisiva enseñanza de Jesús es esta: el reino de Dios es y será siempre de los que aman al pobre y le ayudan en su necesidad. Esto es lo esencial y definitivo. Un día se nos abrirán los ojos y descubriremos con sorpresa que el amor es la única verdad, y que Dios reina allí donde hay hombres y mujeres capaces de amar y preocuparse por los demás.

 

José Antonio Pagola

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“Se sentará en el trono de su gloria”. 22 de Noviembre de 2020. Ciclo A. Jesucristo Rey del universo

Domingo, 22 de noviembre de 2020

57-OrdinarioA34Leído en Koinonia:

Ezequiel 34,11-12.15-17: A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.
Salmo responsorial: 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Corintios 15,20-26.28:Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.
Mateo 25,31-46:Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

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22. XI. 2020. Ciclo A. (Mt 25, 31-46). Cristo Rey: Hambriento y sediento, extranjero y desnudo, enfermo y encarcelado

Domingo, 22 de noviembre de 2020

A019542E-7CA4-4341-B673-8BCB82B53B70Del blog de Xabier Pikaza:

Termina hoy el ciclo litúrgico 2020, presidido por el retablo del juicio final (Mt 25,31-46), uno de los textos más ricos, esperanzados y peor entendidos de la historia cristiana, que lo ha tomado como carta magna del miedo y la amenaza religiosa (como en la Capilla Sixtina del Vaticano).

Mt 25, 31-46 es la parábola del Dios Pobre, pues los pobres, en sus varios sentidos (hambriento, sedienta, desnudo, extranjero…), aparecen en ella como hijos de Dios, “hermanos de Cristo”, que se identifica con ellos: “Tuve hambre, tuve sed, fui extranjero y desnudo, enfermo y encarcelado”. Esos pobres de Dios son el mismo Dios en persona, aquel en que nos movemos, vivimos y somos.

Mt 25,31-46 es la parábola de la historia humana: Está en el fondo el amor de “bodas” (Mt 25,1-3) y la tensión vital (talentos: Mt 25, 14-30). Pero el sentido y futuro de la historia humana está definido por la solidaridad de Dios, que es en sí siendo en los otros.

Entendido así, este pasaje es la carta magna de los derechos y deberes humanos (no de la amenaza, sino de la riqueza más honda de la vida), tal como la formularé al final de este comentario.

21.11.2020 | X Pikaza

Mt 25, 31-46.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”

Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.” Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y él replicará: “Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.” Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”

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LECTURA DE CONJUNTO. INTRODUCCIÓN

Este pasaje recoge la ley o bene nueva y la tarea o responsabilidad del judaísmo mesiánico. Algunos de sus rasgos pueden encontrarse no sólo en el AT, sino en otras religiones y culturas Pero en su conjunto es un texto cristiano, vinculado al Sermón de la Montaña, que ha marcado no sólo la teología del cristianismo, sino de toda la cultura de occidente (y del mundo). Mirado en esa clave, Mt 25, 31‒46 es un texto de revelación suprema de Dios, elaborado por la Iglesia desde una perspectiva israelita de pacto que se abra a la experiencia universal de gracia del evangelio[1].

‒ Este pasaje responde al mensaje de Jesús, que había vinculado su Reino con el juicio que ha de aplicarse a todos los hombres, partiendo de la misericordia de Dios, la curación de los enfermos y la salvación de los pecadores. En esa línea, el mismo Jesús o sus seguidores inmediatos han podido afirmar que Dios se identifica con los pequeños y los pobres, con quienes sufre y a quienes ofrece salvación.

Este pasaje responde al mensaje de Mateo, y contiene aspectos (elementos) des “derecho escatológico” (cf. también Lc 12, 8-9; Mc 8, 38), expresado en la figura del Hijo del hombre, que, por un lado, comparte la suerte de los pobres (con quienes se identifica) y, por otro, juzga a los pueblos según la manera que ellos han tenido de tratarles. En esa línea podemos afirmar que ha sido formulado en su sentido actual por una iglesia judeocristiana como la de Mateo[2].

 Las seis “obras” de Mt 25, 31-46 (dar de comer al hambriento, de beber al sediento, acoger al exilado, vestir al desnudo, visitar al enfermo y encarcelado) se encuentran poderosamente influidas por la teología israelita del pacto de Dios con los hombres, tal como ha sido reformulada por Jesús en su anuncio del Reino de Dios, con su forma de servir a los necesitados y con su muerte mesiánica. Éste es un texto paradójico en varios sentidos, pues recoge de forma universal la novedad del mensaje judío y cristiano de Jesús y de la Iglesia primitiva, sin que aparezcan expresamente unos rasgos confesionales exclusivamente cristianos, de manera que puede y debe aplicarse a la humanidad en su conjunto:

 ‒ Esta palabra proviene de la historia de Israel, y condensa el mensaje central de la Ley y los profetas, pero lo hace desde Jesús, de un modo universal, pues no contiene nada exclusivamente judío, ni en su formulación (no habla del Dios Yahvé, ni del templo, ni de sacerdotes, ni de sacrificios o sacramentos), de manera puede aplicarse y se aplica por igual a todos pueblos, con los mismos derechos y deberes, como si la pertenencia israelita no contara (y no cuenta en ese plano). El juez final aparece como Hijo del Hombres, es decir, como humanidad universal, como eso que pudiéramos llamar el principio divino de la humanidad.

‒ Éste es un texto cristiano y eclesial, y, sin embargo, no contiene ninguna referencia a la Iglesia, ni a Jesús, entendido de un modo particular, pues el juez divino aparece simplemente como Hijo del Hombre, esto es, como principio divino de la humanidad y signo (portador) de las necesidades humanas[3]. Ciertamente, el cristiano puede afirmar que ese juez final es el mismo Jesús de Nazaret, cuya historia está contando el evangelio de Mateo, pero sin que esto se diga expresamente. El texto en sí sólo supone y afirma que el Dios del juicio se identifica con las necesidades humanas (o, mejor dicho, con los necesitados a quienes Jesús ayudó durante el tiempo de su mensaje, de manera que por ayudarles en concreto, por encima de toda ley particular, religiosa o política le mataron).

 No existe, que sepamos, ningún texto judío o pagano (egipcio, mesopotamio, chino…) que haya condensado las necesidades humanas de esa forma, mirándolas desde una perspectiva de justicia, pero como expresión del sufrimiento de Dios, que padece en los necesitados. En esa línea, leído desde el conjunto del evangelio, Mt 25, 31‒46 supone que los sufrimientos de los hombres se identifican con el dolor de Jesús, que los ha compartido con (que ha muerto por) ellos. Pero el texto en sí no lo dice, de manera que esas necesidades pueden entenderse de forma universal, sin tener que apelar a Jesús para entenderlas.

 Este pasaje no discute la causa radical de esos males, aunque sabe que están vinculados con la injusticia humana (unos hombres no ayudan a otros)… y sabe también que en ellos se expresa de un modo misterioso el mismo ser divino. No razona sobre el origen del hambre o de la cárcel, sino que supone su existencia y busca una forma de solucionarlos, no en clave de imposición legal, sino de llamada a la conversión (transformación) humana, en una línea gratuidad, desde la experiencia del Dios que se hace presente en las necesidades de los hombres, y les pide que sean solidarios unos con los otros, en perspectiva de juicio final[4].

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Como vengo diciendo, cerrado sí mismo, este pasaje no es específicamente cristiano (no contiene nada específicamente confesional, propio de la Iglesia), pero los cristiano pueden y deben entenderlo desde la perspectiva de un Jesús, a quien identifican con el Hijo del Hombre que se sentará sobre el trono de su Gloria, recibiendo a todas las naciones e identificándose, al mismo tiempo, con todos hambrientos y sedientos, enfermos y encarcelados, posesos y pecadores a cuyo servicio él había puesto su vida.

En un sentido, desde una esperanza anterior centrada en el libro de Daniel, los cristianos esperan a un Hijo de Hombre (=Hombre universal), Gran Rey-Mesías de Dios, y así le ven, al fin, pero identificándose con los hambrientos‒sedientos, exilados‒desnudos, enfermos‒encarcelados, por quienes ha dado su vida, y con quienes se manifiesta, incluyendo en su “yo” necesitado (y al fin asesinado) la opresión, sufrimiento y muerte de todos los excluidos y sufrientes de la historia[5].

Esta sentencia final de Jesús recoge toda su enseñanza y vida anterior, desde la montaña de Galilea, cando Jesús decía a sus enviados que “enseñaran a todas las naciones a cumplir lo que él les había mandado/encargado” (enteilamên hymin: 28, 20). Éste es su gran “encargo” de Jesús, su comisión definitiva: Que sean todos como él ha sido. Miradas así, estas dos palabras  de esús (una del envío/comisión, 28, 16‒20,  y otra del juicio/desvelamiento final, 25, 31‒46), vinculadas entre sí, constituyen un (el)  elemento central de la teología de la Biblia, ratificada y cumplida por Jesús que aparece, al mismo tiempo, como aquel  que está presente en los necesitados y como aquel que pide a todos los hombres que (les) ayuden, colaborando así en la tarea creadora de Dios.

PROFUNDIZACIÓN.TUVE HAMBRE Y ME DISTÉIS DE COMER…

 Como he puesto de relieve en Teología de la Biblia, esta “parábola”  retoma y recrea el sentido de las dos anteriores de Mr 25,1-30 (del aceite en la noche, de la administración de los talentos)… pero lo hace desde la perspectiva de la necesidad humana: Es bueno tener pan y agua, un grupo social y dignidad, libertad y salud. Pero supone que esas riquezas propias (de tipo social y personal, más que puramente monetario), han de ponerse al servicio de los demás, para dar de comer al que tiene hambre, acoger en casa al que no la tiene etc.

Según este pasaje, aquello que cuenta de verdad no es el dinero (ni la falta de dinero), sino la solidaridad: que hombres y mujeres puedan ayudarse, alimentarse, acogerse, visitarse… Entendido así, desde la raíz de esta parábola, el dinero puede servir como medio para activar la comunión interhumana (dar de comer, acoger y ayudar a los enfermos…), de manera que no sea fin en sí mismo, sino que uno hombres lo empleen para ayudar a los hombres, es decir, a los necesitado (al hambriento, al sediento, al extranjero, al desnudo…). Leer más…

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Dos regalos, con una condición. Fiesta de Cristo Rey. Domingo 34 Ciclo A.

Domingo, 22 de noviembre de 2020

a_7Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

Como la Iglesia siempre va por sus caminos, el próximo domingo termina el año litúrgico, con más de un mes de anticipación al año civil. Los domingos siguientes los dedicaremos a preparar la Navidad (tiempo de Adviento) y a celebrarla. Pero ahora nos toca cerrar el año, y la Iglesia lo hace con la fiesta de Cristo Rey.

Motivo y sentido de la fiesta

            No se trata de una fiesta muy antigua, la instituyó Pío XI en 1925. ¿Qué pretendía con ella? Para comprenderlo hay que recordar los principales acontecimientos de la época. La Primera Guerra Mundial ha terminado siete años antes. Alemania, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra, Austria, incluso los Estados Unidos, han tenido millones de muertos. La crisis económica y social posterior fue tan dura que provocó la caída del zar y la instauración del régimen comunista en Rusia en 1917; la aparición del fascismo en Italia, con la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, y la del nazismo, con el Putsch de Hitler en 1923. Mientras en los Estados Unidos se vive una época de euforia económica, que llevará a la catástrofe de 1929, en Europa la situación de paro, hambre y tensiones sociales es terrible.

            Ante esta situación, Pío XI no hace un simple análisis sociopolítico-económico. Se remonta a un nivel más alto, y piensa que la causa de todos los males, de la guerra y de todo lo que siguió, fue el “haber alejado a Cristo y su ley de la propia vida, de la familia y de la sociedad”; y que “no podría haber esperanza de paz duradera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Cristo Salvador”. Por eso, piensa que lo mejor que él puede hacer como Pontífice para renovar y reforzar la paz es “restaurar el Reino de Nuestro Señor”. Las palabras entre comillas las he tomado del comienzo de la encíclica Quas primas, con la que instituye la fiesta.

            La posible objeción es evidente: ¿se pueden resolver tantos problemas con la simple instauración de una fiesta en honor de Cristo Rey?, ¿conseguirá una fiesta cambiar el corazón de la gente? Los noventa años que han pasado desde entonces demuestran que no.

            Por eso, en 1970 se cambió el sentido de la fiesta. Pío XI la había colocado en el mes de octubre, el domingo anterior a Todos los Santos. En 1970 fue trasladada al último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús.

            Ahora, la celebración no pretende primariamente restaurar ni reforzar la paz entre las naciones sino felicitar a Cristo por su triunfo. Como si después de su vida de esfuerzo y dedicación a los demás, hasta la muerte, le concedieran el mayor premio.

            Pero las lecturas no hablan de una celebración de campanas al vuelo y ceremonias deslumbrantes. Hablan de lo bien que se porta Cristo Rey con nosotros y de la respuesta que espera de nuestra parte.

Primer regalo: su preocupación por nosotros (lectura de Ezequiel)

               En el Antiguo Oriente, la imagen habitual para hablar del rey era la del pastor. Simbolizaba la preocupación y el sacrificio por su pueblo, como la de un pastor por su rebaño. En la práctica, no siempre era así. El c. 34 de Ezequiel habla de los reyes judíos como malos pastores que han abusado de su pueblo y luego se han desinteresado de él y lo han abandonado cuando se produjo la caída de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

Pero Dios no va a permanecer impasible: eliminará a esos malos reyes y ocupará su puesto haciendo dos cosas: 1) como Rey-pastor, buscará a sus ovejas, las cuidará, etc. 2) como Rey-juez, juzgará a su rebaño, defendiendo a las ovejas y salvándolas de los machos cabríos (por eso llamamos en España “cabrones” a los que se portan mal con otros).

            El texto del evangelio (el Juicio Final) empalma con el segundo tema. Pero la liturgia se ha centrado en el primero, que subraya la preocupación de Dios por su pueblo. Es interesante advertir la cantidad de acciones que subrayan su amor e interés: «seguiré el rastro de mis ovejas, las libraré, apacentaré, las haré sestear, buscaré, recogeré, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas». En el contexto de la fiesta de hoy, estas frases habría que aplicarlas a Jesús y ofrecen una imagen muy distinta de Cristo Rey: no lo caracterizan el esplendor y la gloria sino su cercanía y entrega plena a todos nosotros. Buen momento para recordar cómo se ha comportado con cada uno, buscándonos, librándonos, curando…

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.  Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.  Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.»

Segundo regalo: victoria sobre la muerte (lectura la 1ª carta a los Corintios)

Pablo, influido sin duda por las campañas romanas de su tiempo, presenta a Dios Padre como el gran emperador que termina triunfando y sometiendo todo. Pero quien guerrea en su nombre es Cristo, que debe enfrentarse a numerosos enemigos. El último de ellos, el más peligroso, es la muerte, a la que Jesús vence en el momento de resucitar. De esa victoria sobre la muerte participamos también todos nosotros. El fin del año litúrgico, que recuerda el fin de la vida, es un momento adecuado para superar la incertidumbre y la angustia ante la muerte y agradecer la esperanza de la resurrección.

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Una condición (evangelio)

El evangelio no se centra en el triunfo de Cristo, que da por supuesto, sino en la conducta que debemos tener para participar de su Reino.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

̶  Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. 

Entonces los justos le contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 

Y el rey les dirá: 

̶  Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. 

Y entonces dirá a los de su izquierda:

̶  Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también éstos contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?

Y él replicará:

̶  Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

La parábola es tan famosa y clara que no precisa comentario, sino intentar vivirla. Pero indico algunos datos de interés.

  1. A diferencia de otras presentaciones del Juicio Final en la Apocalíptica judía, quien lo lleva a cabo no es Dios, sino el Hijo del Hombre, Jesús. Es él quien se sienta en el trono real y el que actúa como rey, premiando y castigando.
  2. Los criterios para premiar o condenar se orientan exclusivamente en la línea de preocupación por los más débiles: los que tienen hambre, sed, son extranjeros, están desnudos, enfer­mos o en la cárcel. Estas fórmulas tienen un origen muy antiguo. En Egipto, en el capítulo 125 del Libro de los Muertos, encontramos algo pareci­do: «Yo di pan al hambriento y agua al que padecía sed; di vestido al hombre desnudo y una barca al náufrago». Dentro del AT, la formulación más parecida es la del c. 58 de Isaías: «El ayuno que yo quiero es éste: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.» Lo único que Jesús tendrá en cuenta a la hora de juzgarnos será si en nuestra vida se han dado o no estas acciones capitales. Otras cosas a las que a veces damos tanta importancia (creencias, prácti­cas religiosas, vida de oración…) ni siquiera se mencionan.
  3. La novedad absoluta del planteamiento de Jesús es que lo que se ha hecho con estas personas débiles se ha hecho con Él. Algo tan sorprendente que extraña por igual a los condenados y a los salvados. Ninguno de ellos ha actuado o dejado de actuar pensando en Jesús; pero esto es secundario.

 

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Jesucristo Rey del Universo. 22 noviembre, 2020

Domingo, 22 de noviembre de 2020

Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.”

(Mt 25, 31-46)

Estos textos bíblicos en los que los buenos quedan separados de los malos me lleva a preguntarme: ¿somos imagen de Dios o hacemos a Dios a nuestra imagen?

Cada vez me cuesta más pensar en un Dios que se sienta a separar. ¿Cómo puede Dios Trinidad, que es comunión, sentarse a separar?

Tampoco me convence el otro extremo de pensamiento: “Total, si todo vale, vivo a mi bola sin preocuparme.” Creo que nuestra vida cuenta, y nuestras acciones y oraciones la encaminan en un sentido o en otro. Nos vamos haciendo personas cada vez más plenas o cada vez más vacías. Con todo, siempre, siempre, estamos a tiempo de volvernos hacia la plenitud.

La bondad y la maldad no son dos fuerzas iguales y contrarias. El mal no puede ya vencer porque ya fue vencido. No tiene poder sino que se encamina a su fin. Esta es nuestra esperanza, nuestra fe.

Creemos que Dios ha vencido al mal, a la muerte, a la oscuridad. Caminamos hacia la VIDA.

Muchas veces la realidad parece decir todo lo contrario. Seguramente más de una persona estará pensando: “¿cómo puede decir que el bien ya ha vencido cuando estamos viviendo una situación mundial de pandemia, cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres y numerosos, cuando la naturaleza entera parece no resistir más… (aunque algunos sigan negado el cambio climático…)?

Es verdad, la lista de cosas que no funcionan es larga. Pero lo bueno es más grande y más resistente. Por cada gesto de violencia y desconfianza, por cada injusticia  hay cientos de gestos de generosidad, de acogida y de reconciliación que nos van trasformando. No los apreciamos porque nos parecen “lo normal”, lo que debiera ser. Eso significa que la inmensa mayoría de la humanidad desea lo bueno, lo justo, lo que nos permite convivir.

La fiesta de Jesucristo como Rey del Universo nos viene a recordar la bondad que ya somos en semilla y en la que debemos esforzarnos por crecer. Si Cristo comienza a Reinar es que la Vida, lo Bueno, el Bien…¡ha vencido!

Podemos repetir con confianza las palabras de la mística medieval Juliana de Norwich: ¡Todo irá bien, y todo irá bien y absolutamente todo acabará bien!

Oración

Aumenta nuestra fe y nuestra confianza. Danos una mirada llena de esperanza que sepa descubrir y agradecer la bondad escondida en cada corazón humano en todos los rincones de la creación. ¡Amén!

*
Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús reina como reina la paz, como reina el amor.

Domingo, 22 de noviembre de 2020

David Trullo+Ecce HomoMt 25, 31-46

Es muy difícil dar sentido “cristiano” a esta fiesta. Jesús nunca reivindicó ningún reino para sí. Todo lo contrario, afirmó de palabra y con su vida, que él “no venía a ser servido, sino a servir”. Después del ayuno en el desierto, el ser dueño y señor del mundo, se le presenta como una tentación. ¿No hemos ocupado el lugar del tentador cuando, sin pedirle consentimien­to, le hemos dado todos los reinos del mundo? Jesús criticó muy duramente todo poder. Después de la multiplicación de los panes, Nos dice Juan: “Viendo que querían proclamarle rey, se retiró a la montaña él solo.”

¿No hemos superado la burla macabra de los soldados, poniéndole una corona de oro, un manto real y un cetro cargado de brillan­tes? Este cetro y esta corona es mucho más denigrante para Jesús, que la caña y las espinas. Cuando Pilato pone el título sobre la cruz: “Éste es el rey de los judíos”, lo hace para burlarse de él y de los judíos. ¿No será también una burla llamarle rey del universo? La intención de Pio XI al instituirla hace un siglo no nos ayuda a darle sentido hoy. Lo que él pretendió fue que todos los hombres y todas las naciones le reconocieran a él como representante de eso: Cristo Rey.

Nuestro ego narcisista está incapacitado para asumir su desaparición. Tiene una capacidad increíble para revolverse y salirse con la suya. Como la propuesta de Jesús era inasumible, la presenta como una estrategia para conseguir plenitud de gloria. Así, cuando Jesús dice que la meta de su vida es el don total a los demás, el ego la interpreta como el único medio para ser glorificado por Dios. Una vez presentada así la trayectoria de Jesús, será muy fácil hacernos ver que la nuestra debe seguir el mismo camino.

El ser humano, como la vela, está hecho para dar luz, pero la vela nada más encenderla se empieza a consumir. La vela, hasta que no es encendida, es un trasto que rueda por los cajones. El día que se va la luz, la buscamos y la encendemos. En ese momento empieza a ser vela. Nuestro ego nos impide aceptar esta perspectiva. Nada ni nadie le puede convencer de que su objetivo es desaparecer, menos aún, en beneficio de los demás. El colmo del desastre fue que descubrió la manera de emplear toda la parafernalia espiritual para conseguir su propio objetivo. No hay forma de que pueda cambiar de perspectiva.

Fijaros qué contradicción. Para celebrar la gloria de Jesús, recordamos el momento de su vida donde mejor dejó reflejada su actitud vital, la eucaristía. Yo, como el pan, me parto y me vuelvo a partir para que me coman. Me dejo masticar, tragar, asimilar para alimentar a otros, aunque sea a costa de desaparecer. Yo entrego mi vida (mi sangre), a los demás para que la hagan suya y puedan trasformar su propia vida. La sangre solo se puede entregar a costa de la propia vida. Si la doy a los demás, me quedaré sin ella. Todo esto lo celebramos como un rito más, pero para nada condiciona mi propia existencia.

Sin duda, el Reino de Dios fue el centro de la predicación de Jesús. La imagen de Dios como rey de Israel se remonta a la época de la entrada en Palestina del pueblo judío. Para un nómada nada podía significar la idea de un rey; pero cuando entran en contacto con las estructuras sociales de la gente que vivía en ciudades, los israelitas piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas, como una traición a Yahvé. Poco a poco se va enriqueciendo esa idea y termina por ser la imagen clave para la apocalíptica. El final de la historia será un Reino de Dios que termina por sobreponerse a todos los demás.

Solo en este contexto cultural, podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo, el contenido que le da es muy distinto. En tiempos de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios, del que van a quedar excluidos lo que se creían buenos y van a entrar las prostitu­tas, los pecadores, los marginados. Los gentiles serán llamados y muchos judíos quedarán fuera.

El Reino predicado por Jesús ya está aquí, ha comenzado ya. “El Reino de Dios está dentro de vosotros”.  Esta idea desbarata todo nuestro montaje sobre el reino de Dios. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un Reino que es Dios, no de que Dios tenga un reino. Haremos que se vea con nuestra manera de actuar, pero solo después de haber descubierto su presencia en lo más hondo de nuestro corazón. Es un reinado del AMOR. No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales. Cuando me acerco al que me necesita preocupándome por él, hago presente el Reino de Dios.

Cuando Pilato le pregunta si es rey, contesta Jesús: “Mi reino no es de este mundo”. No quiere decir que vendrá después o que estará en otro lugar, sino que no tiene nada que ver con lo que él entendía por reino. Al insistir Pilato, Jesús le dice: “Sí, soy rey. Yo para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad.” Ser testigo de la verdad, ser auténtico, ser verdad, es la única manera de ser dueño de sí mismo, y por la tanto de ser dueño de la realidad entera. Jesús es rey de sí mismo y así es Rey en absoluto.

“El Reino de Dios, lo divino que nos inunda, es un fermento, un alma, una luz que transforma mi ser y toda la realidad. Se manifiesta como una cualidad, pero en realidad, es mi esencia. Yo tengo que esforzarme por hacerla surgir desde lo hondo de mí mismo, aceptando que viene a absorberme. Es necesario que, tras haber cooperado con todas mis fuerzas a hacerla brotar, consienta en la comunión, en la que mi propia individualidad se hundirá y acepte convertirme en su alimento”. (Teilhard de Chardin).

Después de lo dicho podemos comprender que, no se trata de entronizar a Jesús, ni antes ni después de morir. Lo “Crístico”, es decir, lo que significa y encarna la figura de Jesús, es lo que tiene que reinar entre nosotros. Cuando decimos: reina la armonía, reina la paz, etc., estamos hablando de un ambiente envolvente que permite su desarrollo. Hablar del reinado de Cristo significa que su mismo espíritu mueve también nuestra existencia.

En el relato que hemos leído encontramos la clave de la encarnación. Dios no se hace un hombre, sino que se hace hombre. El que juzga es el Hombre, el punto de contraste para valorar una vida humana es la semejanza con Jesús: “el Hombre”. No tenemos que esperar ningún juicio desde fuera. Mis actitudes van manifestando en cada momento el grado de identificación con el modelo de Hombre. En la medida que me identifique con el modelo, me salvo; en la medida que me separe de él, me voy condenando.

Hemos conseguido un cristianismo cómodo, colocando a Dios en el cielo. Sería demasiado peligroso descubrir a Dios encarnado en cada uno de los seres humanos que nos rodean. Pero no hay escapatoria. Dios es encarnación y lo tenemos que descubrir en las criaturas. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. La pregunta de los rechazados deja bien claro que, si hubieran descubierto la presencia de Dios en el necesitado, lo hubieran socorrido. La tarea es descubrir lo que somos.

Meditación

A Dios no le servimos para nada.
Los demás sí necesitan de nosotros.
Si quieres llegar a Dios cuida del otro.
En él lo encontrarás pobre y necesitado.
Al cuidar con amor de sus heridas,
restañarás las tuyas.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Vestir al desnudo.

Domingo, 22 de noviembre de 2020

El Greco (Domenikos Theotokopoulos) (Greek, 1541 - 1614 ), Saint Martin and the Beggar, 1597/1599, oil on canvas with wooden strip added at bottom, Widener Collection El Greco (Domenikos Theotokopoulos) (Greek, 1541 – 1614 ), San Martín y el mendigo

No sirve de mucho la riqueza en los bolsillos, cuando hay pobreza en el corazón (Papa Francisco)

Mt 25, 31-46. Les dijo el Señor: Porque tuve hambre y medisteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui inmigrante y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, encarcelado y me vinisteis a ver (v 35).

La intención de su discurso no es describir los acontecimientos finales, sino inculcar la debida preparación para superar con éxito la prueba final.

Los que son recibidos en el reino, son los que tuvieron amor misericordioso con el prójimo.

Y las mejores formas de manifestar este amor, se encuentran en Isaías 58, 7, cuando dice: “Compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al denudo y no despreocuparte de tu hermano”.

La doctrina de Jesús excluye toda acción interesada como el actuar para conseguir recompensas divinas, tergiversando así la verdadera religión.

Su doctrina se centra en el servicio caritativo al prójimo necesitado, y de este modo, las obras de misericordia realizadas por amor, aparecen libres de cualquier limitación que condicione su valor.

También fuera del ámbito visible de los discípulos y de la Iglesia, puede acontecer el reino, que también acontece más allá de las fronteras visibles, lo cual ha venido a llamarse el cristianismo anónimo.

Aunque, por otro lado, esta enseñanza de Jesús, se dirige a los cristianos que han descuidado su compromiso práctico para despertarles de su letargo y recordarles que el destino de cada uno se decide en la actitud que tenga ante los necesitados.

El papa Francisco dijo: “No sirve de mucho la riqueza en los bolsillos, cuando hay pobreza en el corazón”.

Poema que personalmente dedico al dominico Fray Emilio, gran poeta y a Luis Piedra, buenos amigos recientemente fallecidos:

VESTIR AL DESNUDO

Arrullasteis los dos mi mente y la vestisteis
cuando desnuda andaba tu palabra,
vagando por la existencia.

Tú, Emilio,
vistiendo mi memoria con tus versos,
y zurcida, dentro de la piel de mis recuerdos,
“con la historia interna de las luces y sombras que te habitan”
(libro El Manantial pág. 20)

Y tú Luis,
bordando silenciosa música callada,
con tu tan elocuente silencio,

Aullaba el viento de ambos desde el cielo,
cuyo eco resonaba intensamente
por el valle del Narcea y el lago de Parquelagos.

Bajaron ángeles del cielo a buscar vuestra alma blanca
cuando la luna se mecía en la alborada,
colgándola de dos estrellas: Alnilam y Mintaka
en el Cinturón de la Constelación Orión.

Y el coro de los arcángeles,
entonó el salmo 103 versículo primero:

“Bendice alma mía, al Señor Dios mío:
eres inmenso y te revistes de majestad y belleza”

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Projimidad y justicia, signos del reino.

Domingo, 22 de noviembre de 2020

CASALDALIGA(Mateo 25, 31-46)

La iglesia celebra este domingo la festividad de Cristo Rey. Una fiesta que en el actual contexto de emergencia de la ultraderecha nos provoca un cierto chirrido y malestar por la deformación y manipulación que este tipo de grupos en un pasado no tan lejano hicieron de ella. Pero el reino de Dios anunciado por Jesús crítica y juzga toda forma de poder que pretenda imponerse por la fuerza y se construya a costa de las esperanzas y los sueños rotos de los últimos y las últimas. Que Dios reine significa que nunca más podrán reinar unos hombres sobre otros, una raza sobre otra, un género sobre otro, un grupo social sobre otro. Implica el fin de toda forma de dominación y relaciones subalternas y excluyentes y poner en ello la vida con sencillez y alegría como hizo el mismo Jesús, hasta que la justicia y la paz se besen y la creación sea de nuevo reconciliada.

El Evangelio de este domingo nos recuerda de nuevo que la pregunta por el Dios de Jesús y su reino no remite a una abstracción, o a un “principio” o a “una doctrina “, sino a algo tan concreto, histórico y cotidiano como es siempre la pregunta por el prójimo. Por eso en las relaciones con los y las demás, especialmente con los más empobrecidos y empobrecidas nos jugamos la relación con Él. No hay relación ni culto posible al Dios de Jesús que no pase por la práctica de la misericordia, la solidaridad y la justicia con nuestros hermanos y hermanas más vulnerados. Sus situaciones de indigencia, despojo, expropiación de bienes y derechos las padece Dios mismo, porque ellos y ellas son sus vicarios, por eso lo que hagamos a uno de estos humildes conmigo lo hicisteis.

Dios no es un juez, sino que son nuestras obras u omisiones ante quienes han sido despojados de sus derechos más básicos y su dignidad como personas, quienes juzgan el éxito o el fracaso de nuestra vida. También en el contexto de esta crisis sanitaria y social que nos atraviesa Dios se nos revela en las vidas de los y las invisibles, aquellos y aquellas que no cuentan ni para salir en las estadísticas. Los excluidos y excluidas al banquete neoliberal que acontece en nuestro mundo

¿Como escuchamos hoy su clamor? ¿cuál es nuestro nivel de sensibilidad e implicación con sus vidas y desde que actitudes y prácticas? ¿Como hacer mesa común y participar juntos en el banquete del Reino instaurado por Jesús?…

Porque el reino de Dios se parece más a una fiesta popular donde corre la vida en abundancia, la alegría, el reconocimiento y el pan para todos, empezando por los últimos, que a un desfile militar donde se consagran los ejércitos.

Pepa Torres

Fuente Fe Adulta

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Todo otro es no-otro de mí

Domingo, 22 de noviembre de 2020

UnidadDomingo XXXIV del Tiempo Ordinario: CRISTO REY.

22 noviembre 2020

Mt 25, 31-46

Con frecuencia se ha leído este relato como si fuera una especie de “descripción” anticipada de lo que habría de ser el “juicio final”. No es así; se trata de una parábola que busca responder a una cuestión universal: “¿Qué hacer?, ¿cómo acertar en la vida?”.

  La respuesta que Jesús ofrece no puede ser más clara. No hay referencia a creencias ni a comportamientos “religiosos”, sino que nombra acciones concretas para cuya comprensión no se requiere ningún razonamiento: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, hospedar al forastero, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al preso.

   En su tajante y radical simplicidad, la parábola deja ver una de las grandes novedades que aporta el mensaje de Jesús: existe un camino para el encuentro con Dios que no pasa por el templo. En la lista no aparece ninguna exigencia “religiosa”; lo que importa es la acción compasiva en favor de quienes más sufren.

   Dicho de otro modo, Jesús sitúa la ética por encima de la religión. Lo cual no resulta novedoso, ya que en el mismo evangelio de Mateo, se encuentran aquellas otras palabras: “No todo el que me dice «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21). Y ahora queda claro cuál es la “voluntad de Padre”, en la lista de acciones que aparecen en esta parábola.

   Además de la sencillez de su mensaje, centrado en la práctica compasiva hacia las personas más necesitadas, hay dos cosas más que llaman la atención. Por un lado, la pregunta de los destinatarios de las palabras: “¿Cuándo te vimos…?”. Unos y otros –tanto los que ayudaron como los que no lo hicieron– no habían sido conscientes de que Jesús estaba en los necesitados; era ellos. Usando nuestro lenguaje, diríamos que tanto los no creyentes como los creyentes no pensaron en absoluto que Dios se encontraba en los hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos, presos… Unos y otros parecían tener una “idea” muy distinta del Dios que negaban o en el que decían creer.

  La otra cuestión llamativa es la contundencia de las palabras de Jesús cuando afirma: “Lo hicisteis (o no lo hicisteis) conmigo”. No dice: “es como si lo hubierais hecho conmigo”; no. Esa afirmación no nace de un imperativo ético, sino de la comprensión de quien sabe que todos somos uno, que todo otro soy yo. O dicho con otras palabras: todo otro es no-otro de mí.

 Esas palabras expresan el núcleo de la no-dualidad: somos diferentes pero somos lo mismo. Y en el caso de Jesús casan de modo admirable con aquellas otras que el autor del cuarto evangelio pone en su boca: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10,30). Afirmando, valorando, acogiendo y cuidando las diferencias, somos uno con todo lo que es.

¿Cómo me vivo y me sitúo ante los demás?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Cristo rey no significa poder monárquico, sino Buen Pastor de las ovejas más pobres

Domingo, 22 de noviembre de 2020

cropped-cristo-reyDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Fiesta de Xto rey.

         Terminamos hoy el año litúrgico con la fiesta de Xto rey, Señor del Universo. (El próximo domingo, 29 de noviembre, comenzaremos el nuevo año litúrgico con el tiempo de Adviento)

         Esta fiesta de Cristo como señor del Universo y de la historia es una celebración relativamente reciente, ya que la instituyó el papa Pío XI en 1925, como queriendo mostrar la dimensión social del cristianismo. (Pío XI fue el papa que fundó la Acción Católica).

         No obstante en algunos países, como España, esta fiesta y este título de Cristo rey fue cargado de connotaciones políticas muy poco, nada cristianas, y más bien ultraconservadoras, cuando no violentas. Cuando el Nuevo Testamento habla de Xto Rey, no tiene nada que ver con las monarquías intramundanas que conocemos, y ¡menos mal!

Una curiosidad: el evangelista Juan nunca habla del Reino de los cielos, del Reino de Dios. Juan habla de “vida”: pan de vida, agua de vida, etc. Sin embargo, dado su estilo, Juan es el único que pone en palabras de Jesús ante Pilatos: Yo soy rey, aunque mi reino no es como el de este mundo, (Jn 18,37). Y lo dice cuando ya está condenado a muerte. Hay alguna diferencia entre las realezas del “Hola” y la tv y la de Cristo.

         El título de rey se lo ponen a Jesús en la cruz (Jn 19,19: inri: Jesús Nazareno, Rey de los Judíos).

         Cuando Jesús se muestra como rey o habla del Reino de Dios no está hablando de un régimen político, ni aunque este fuese de cristiandad, sino que está pensando e iniciando un mundo de valores, de criterios que tienden a sembrar una situación de justicia, de libertad, de paz en la historia de la humanidad.

         Toda manipulación, toda utilización de este universo simbólico del Reino de Dios con matices de aprovechamiento político, de poder, etc., no es cristiana. Ninguna ideología, ningún partido tiene derecho a apropiarse y aprovecharse del Reino de Dios.

  1. Xto señor del universo da sentido a la vida.

         Respetando y acogiendo de buen grado la simbología sobre el Reino empleada por Jesús, podemos también entender esta fiesta en el sentido de que jesuCristo es señor del universo.

         En el principio existía laPalabra, Cristo, y la Palabra era Dios, (Jn 1,1) y al final será Cristo quien dé plenitud a la historia: cuando venga el Hijo del Hombre;[1] Cristo es el final de la historia.

         En la liturgia lo celebramos en la noche pascual cuando “inscribimos” en el cirio: Cristo alfa y omega, principio y fin.

         El arco del cosmos, del Universo, el recorrido de la historia humana y de nuestra historia personal se encuentra en la longitud de onda de Cristo. Venimos de la Palabra creadora y terminaremos en Él. La vida tiene sentido. Es lo que Teilhard de Chardin, teólogo de mediados del siglo XX, denominaba: cristofinalización: estamos llamados a finalizar en Cristo. La evolución llegó a la hominización y la hominización concluirá en la cristofinalización.

         No somos seres erráticos (Nietzsche), que vamos de aquí para allá medio deambulando en este divertimento que pretende construir la postmodernidad, sino que somos una flecha. Nuestro pasado nace en Cristo y se dirige hacia un “punto focal y final”, que es el mismo Cristo.

         No somos seres que giramos y giramos en la noria de un cierto placer. Nuestro tiempo no es un eterno retorno que gira y gira sin nada que esperar del futuro, porque no hay futuro. Somos una flecha que venimos del Génesis, nuestro origen es Dios y caminamos hacia el final, finalización, en Dios

         La vida tiene sentido. Vivir la vida con sentido y con la mirada oteando el futuro deseado, infunden una profunda paz y serenidad.

  1. transcurrir en la historia con los demás como sacramento de Dios

         Todas las religiones y culturas merecen respeto y tienes valores, pero no todas las religiones son iguales. El cristiano no encuentra a Dios en los ritos religiosos, en un éxtasis, en un nirvana, etc. El hombre religioso busca -quizás encuentra- a Dios en los ritos, en el culto, en los templos. El cristiano encuentra a Dios en el hambriento, en las pateras, en los encarcelados, en los enfermos…

         El cristianismo no es una suma de principios dogmáticos, sino éticos: ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, enfermos, desnudo, en la cárcel…?

         Posible, probablemente el yoga, la meditación transcendental, el zen el eneagrama, etc. sean terapias buenísimas, pero no es el eje cristiano. No quiero decir que sean malas, simplemente que no son cristianas. El budismo, el sintoísmo, el hinduismo son religiones excelentes, pero tienen perspectivas diversas al cristianismo.

Es como si nosotros, cristianos, fuésemos a India o Japón y les dijéramos que la Eucaristía es buenísima porque relaja un montón. El asunto es otro. El cristianismo es otra historia, más bien otra ética.

¿Cuándo te vimos o no te vimos a ti, Cristo – Dios? Cada vez que lo hicisteis con un pobre, un enfermo, un extranjero, un encarcelado, un necesitado, un refugiado …

         Para Jesús el “otro”, especialmente el débil es sacramento, presencia de Dios para nosotros. El cristiano encuentra -ve- a Dios en el ser humano, especialmente en el pobre.

         El reinado de Jesús se comenzó a realizar no en grandes apariciones, éxtasis, hierofanías, catástrofes cósmicas o en grandes concentraciones y celebraciones religiosas. El Reinado de Jesús comenzó a realizarse en los necesitados y en los pobres: curando dolencias y enfermedades.

         Estas ideas de fondo son las que el papa Francisco subraya en su última encíclica Fratelli tutti. Quienes tienen ganas de “meter el dedo en el ojo” dicen de Francisco que no es teólogo. Eso es más que discutible. La teología de Francisco está en su ética cristiana-evangélica. Lo que es indiscutible es que Francisco es cristiano.

  1. Conclusión.

         JesuCristo es señor del Universo y de la historia.

Él es el sentido de nuestra existencia: es nuestro pasado, nuestra esperanza y nuestro futuro.

Pero su realeza no es como las de este mundo, sino que es una relación de servicio y ayuda al ser humano, los débiles y pobres.

A nuestro Dios le veremos en la misericordia para con los demás.

Venid benditos de mi padre.

[1] La Parusía no será un hecho espectacular, apocalíptico, sino que significa que todo terminará en Cristo Jesús. No nos quedemos en el lenguaje apocalíptico, sino en el Señor de la historia.

 

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“Despertar la responsabilidad”. 15 de noviembre de 2020. 33 Tiempo ordinario(A). Mateo 25, 14-30

Domingo, 15 de noviembre de 2020

800px-Parable_of_the_Talents._MironovParábola de los talentos (2013), pintura al óleo sobre lienzo de A. N. Mironov.

La parábola de los talentos es un relato abierto que se presta a lecturas diversas. De hecho, comentaristas y predicadores la han interpretado con frecuencia en un sentido alegórico orientado en diferentes direcciones. Es importante que nos centremos en la actuación del tercer siervo, pues ocupa la mayor atención y espacio en la parábola.

Su conducta es extraña. Mientras los otros siervos se dedican a hacer fructificar los bienes que les ha confiado su señor, al tercero no se le ocurre nada mejor que «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando el señor llega, lo condena como siervo «negligente y holgazán» que no ha entendido nada. ¿Cómo se explica su comportamiento?

Este siervo no se siente identificado con su señor ni con sus intereses. En ningún momento actúa movido por el amor. No ama a su señor, le tiene miedo. Y es precisamente ese miedo el que lo lleva a actuar buscando su propia seguridad. Él mismo lo explica todo: «Tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra».

Este siervo no entiende en qué consiste su verdadera responsabilidad. Piensa que está respondiendo a las expectativas de su señor conservando su talento seguro, aunque improductivo. No conoce lo que es una fidelidad activa y creativa. No se implica en los proyectos de su señor. Cuando este llega, se lo dice claramente: «Aquí tienes lo tuyo».

En estos momentos en que, al parecer, el cristianismo de no pocos ha llegado a un punto en el que lo primordial es «conservar» y no tanto buscar con coraje caminos nuevos para acoger, vivir y anunciar su proyecto del reino de Dios, hemos de escuchar atentamente la parábola de Jesús. Hoy nos la dice a nosotros.

Si nunca nos sentimos llamados a seguir las exigencias de Cristo más allá de lo enseñado y mandado siempre; si no arriesgamos nada por hacer una Iglesia más fiel a Jesús; si nos mantenemos ajenos a cualquier conversión que nos pueda complicar la vida; si no asumimos la responsabilidad del reino como lo hizo Jesús, buscando «vino nuevo en odres nuevos», es que necesitamos aprender la fidelidad activa, creativa y arriesgada a la que nos invita su parábola.

José Antonio Pagola

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“Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.” Domingo 15 de noviembre de 2020. 33º domingo de tiempo ordinario

Domingo, 15 de noviembre de 2020

56-OrdinarioA33Leído en Koinonia:

Proverbios 31,10-13.19-20.30-31: Trabaja con la destreza de sus manos.
Salmo responsorial: 127: Dichoso el que teme al Señor.
1Tesalonicenses 5,1-6: Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón.
Mateo 25,14-30: Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor.

La «parábola de los talentos» es sin duda el texto capital entre los tres de hoy. Un comentario pastoral a esta lectura podrá ir por la senda usual con este texto: Mateo acaba de hablar de la venida futura del Hijo del Hombre para el juicio, y a continuación nos dice cuáles son las actitudes adecuadas ante esa venida, a saber, la vigilancia (parábola de las diez vírgenes) y el compromiso de la caridad (parábolas de los talentos y del juicio de las naciones). La parábola de los talentos es, en este contexto interpretativo, un elogio del compromiso, de la efectividad, del trabajo, del rendimiento. Podrá ser aplicada fructuosamente al trabajo, la profesión, las realidades terrestres, el compromiso secular…

Sin embargo, el contexto de la hora histórica que vivimos es tal, que este mensaje, en sí mismo bueno y hasta naif, ingenuo, se puede resultar funcional respecto a la ideología actualmente dominante, el neoliberalismo. Éste, en efecto, predica, como grandes valores suyos, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico (si tenemos un crecimiento bajo o no crecemos nos declaramos en crisis), los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola, aunque si se los utiliza en la homilía, no pocos oyentes pensarán que el orador sagrado se salió de su competencia (o peor: «se metió en política»). Por una casualidad del destino, esta parábola se hizo bien actual, y los teólogos neoconservadores (también hay «neocons» en teología) la valoran altamente. Algunas de sus frases, sin necesidad siquiera de interpretaciones rebuscadas, avalan directamente principios neoliberales. Pensemos, por ejemplo en el enigmático versículo de Mt 25, 29: «Al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce, se le quitará hasta lo que tiene». No será fácil hacer una predicación aplicada que no haga el juego a un sistema que, para muchos cristianos de hoy, está en los antípodas de los principios cristianos.

La eficacia, la productividad, la eficiencia… no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino “cuantificaciones” que pueden ser aplicadas a unos u otros valores. Se puede ser eficiente en muchas dimensiones, muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también). La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención… no existe, o no nos interesa ahora. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá de la materia a la que apliquemos esa eficiencia, así como del objetivo al que se oriente.

Cabe entonces imaginar una “eficiencia” cristiana (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes). El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice ‘Señor, Señor’, sino el que hace…, la parábola de los dos hermanos (el que dice pero no hace y el que hace aunque había dicho que no), bienaventurados más bien los que escuchan la palabra y la ponen en práctica… y más paradigmáticamente, el texto que continúa al de hoy, el que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, en el que el criterio del juicio escatológico que allí aparece será precisamente lo que hayamos “hecho” efectivamente a los pobres…

La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia “por-el-Reino”, la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo empleos por la adopción de tecnologías nuevas), o la del que logra conquistar mercados por su competitividad (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños, o pobres, sin tecnología), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital “golondrina” en este gran casino mundial financiero…

La «eficiencia por la eficiencia» no es un valor cristiano, ni siquiera es un valor verdaderamente humano (no parece que nos humanice, más bien parece que lo heredamos de nuestro pasado como depredadores). Quizá sea cierto que el capitalismo, sobre todo en su expresión salvaje actual, sea “el sistema económico que más riqueza crea”; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza, sacrifica idolátricamente la justicia, la fraternidad y la participación de masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto, es una idolatría, es la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal. Y sobre la “idolatría del mercado” y el carácter sacrificial de la ideología neoliberal, ya se ha escrito mucho…

No, no es pues que nosotros no queramos ser eficientes, competentes (más que competitivos), o que no seamos partidarios de la “calidad total”, ni mucho menos… Somos partidarios de la mayor «eficacia en el servicio al Reino», así como de «la competencia y la calidad total en el servicio al Evangelio». (In ordinariis non ordinarius, decía un viejo adagio de la ascética clásica, queriendo llevar la calidad total a los detalles más pequeños de la vida ordinaria u oculta).

Y no es que no haya que reconocer que con frecuencia los más “religiosos” hayan estado ajenos a las implicaciones económicas de la vida real, predicando fácilmente una generosa distribución donde no se consigue una producción suficiente, esperándolo todo de la limosna o los piadosos mecenas. También en el campo de la economía teórica –sobre todo en esta hora– necesitamos un renovado compromiso de los cristianos.

Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala; lo malo es ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz. Leer más…

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Dom 15.11.20. 33 TO. Parábola de los talentos (Mt 25, 14-30): Para qué producir, para quién

Domingo, 15 de noviembre de 2020

23559859_887681394742387_3958786061188678572_nDel blog de Xabier Pikaza:

Este ciclo litúrgico A, centrado en el evangelio de Mateo, termina con las tres parábolas finales que condensan todo su mensaje:

El primer domingo (8 del 11) ha sido el de las diez vírgenes (Mt 25, 1-13), que representan la historia de la humanidad (y la esencia de la iglesia) como amor (o falta de amor: luz de boda),

El segundo (15 del 11) representa la misma historia humanidad desde la perspectiva de tres hombres a quienes un amo entrega sus talentos para que negocien con ellos. Las 10 vírgenes se convierten así en varones depositarios de un tesoro, que ellos deben hacer que fructifiquen (Mt 25, 14-30).

El tercero (22 del 11) nos situará ante el tema del juicio, que es igual  para hombres y mujeres: dar de comer  y beber a los pobres, acoger a extranjeros y desnudos,visitar a encacelados y enfermos   (Mt 25, 14-30).

  Toca, pues, este domingo el tema de los talentos,  que quiero exponer desde mi comentario de Mateo. El dinero de la vida (todos los talentos) están al servicio del amor entre los hombres y mujeres, los ricos y los pobres, en solidaridad de vida.  Ésta es una parábola inquietante y luminosa, que nos sitúa en Dios, que es amor en gratuidad, y Mammón que es un tipo de dinero/talento al servicio de la muerte.

 Texto

25 14 Porque es como un hombre que, yendo de viaje, llamó a sus esclavos y los dejó encargados de sus bienes: 15 y a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. En seguida, 16 el que recibió cinco talentos fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. 18 En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

19 Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos esclavos y se puso a ajustar las cuentas con ellos. 20 Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. 21 Su señor le dijo: Muy bien. Eres un esclavo fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo de mucho; pasa al banquete de tu señor.

22 Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. 23 Su señor le dijo: Muy bien. Eres un esclavo fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entre en la alegría de tu señor.

244 Vino, en fin, el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; 25 tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. 26 El señor le respondió: Eres un esclavo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? 27 Por eso te convenía haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. 28 Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez.

29 Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. 30 Y a ese esclavo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

INTERPRETACIÓN BÁSICA.

Ésta es una parábola, no un texto de doctrina sobre la responsabilidad humana, un relato simbólico para pensar y comprometerse, aceptando y cultivando la vida como un “don” que debemos recibir agradecidos, a fin de que produzca fruto, sin miedo al riesgo necesario, asumiendo así la tarea de nuestra libertad responsable. El dueño no es Dios (como lo muestra su actuación final, cuando castiga duramente al holgazán), pero hay algo de Dios en el relato, que así aparece como espejo de la vida, tiempo de tarea, desde el Poder más alto a quien descubrimos no sólo como esposo (parábola anterior), sino como señor que nos ha confiado una tarea.

  • ‒ Parábola justa. Conforme al conjunto de Mateo, la vida es un don que no puede compararse con el manejo de dinero. Por eso, tomada en sí misma, esta parábola de administradores monetarios, con la exigencia de producir grandes beneficios, parece ir en contra (¡va en contra!) del mensaje que Jesús dirige a los pobres, un mensaje de vida amorosa, de puro regalo. Ciertamente, la vida es don, no comercio, pero hay en ella un elemento que también puede compararse al comercio, entendido como intercambio y producción de bienes. Se nos ha dado todo aquello que tenemos, de forma que somos una especie de “inversión” de Dios, que se arriesga al crearnos, y así quiere que produzcamos buenos frutos (cf. 3, 8; 7, 16-20; 13, 8. 23-26; 21, 34-43). En esa línea podemos afirmar que todo en la vida es nuestro, pues Dios nos lo ha dado, sin pedirnos intereses, por pura bondad, sin exigir que le reconozcamos o paguemos con algún tipo de talión, como ha dejado claro el Sermón de la Montaña (5, 38-48). Pero siendo gratuidad, Dios quiere que respondamos con amor, no sólo por él, sino por nosotros, para que así la vida que hemos recibido fructifique y produzca para bien de los demás, sabiendo que somos para el Reino (es decir, para los otros). Leída así, ésta es una parábola abierta a la “creatividad”, al don positivo de la entrega de aquello que somos, en gesto activo y creador, al servicio de la obra de Dios.
  • ‒ Parábola injusta. Pero, en otro sentido, parece que esta parábola ha sido proclamada para gente fuerte, con duras responsabilidades, hombres y mujeres que se sienten y son capaces de producir, rindiendo así para el dueño. Se ha llegado a decir que esta parábola es un texto para ejecutivos, llenos de agresividad, gentes que, en general, suelen aplicar unos métodos poco caritativos (e incluso injustos) para amasar dinero. Algunos han añadido que es una parábola para banqueros y dirigentes de multinacionales, personas sin conciencia moral, sin más finalidad que la pura ganancia, aunque se hundan países enteros, con sus pobres (como está sucediendo ahora, año 2017). Leída así, esta parábola no se puede aplicar a los más débiles, a la mayoría de los hombres y los pueblos, aplastados por otros, exigiéndoles que produzcan, y midiendo la producción en términos utilitarios. No es una parábola para deprimidos, enfermos mentales, simples prostitutas, sencillos publicanos que no alcanzan a cobrar los impuestos que les piden los amos. Entendida desde la perspectiva de la pura producción externa, esta parábola va en contra de otros rasgos del evangelio.
  • ‒ Por eso se podría pensar en una anti-parábola. El tesoro que importa al Jesús de Mateo (los talentos verdaderos de la vida, el aceite de las vírgenes, el gesto de aquellos que buscan tesoros en el cielo y se oponen a la mamona: cf. 6, 19-34) no es algo que se mida en términos monetarios, pues el valor del hombre (el ser humano), su talento, es la misma vida, la capacidad de amor, de ofrecer y compartir lo que tenemos. En este sentido, producir es simplemente ser, dejarse amar, viviendo así en amor. Por eso, en un momento dado, deberíamos protestar contra la formulación externa de esta parábola, sabiendo que ella va en contra de lo que Jesús vino a decir y realizar hasta su muerte, pues él no quiere que produzcamos para un tipo de dueño egoísta y austero que responde con dureza el tercer “siervo” de la parábola. El verdadero Dios de Jesús no es egoísta, sino principio generoso de gracia que ofrece y comparte todo, pidiendo de esa forma que seamos y que despleguemos vida, por el placer de ser y de dar, por el gozo de compartir lo que hemos recibido con los demás. Por eso, en un momento dado, debemos protestar contra la parábola.
  • Pues bien, a pesar de eso, en otro plano, entendida en su verdad, esta parábola tiene una función provocativa, que consiste en movilizar los impulsos y exigencias del evangelio, sin miedo a fracasar, sin enterrar el talento en la tierra, como hace el tercer protagonista. Tomada externamente, ésta es una parábola de miedo, pues el amo que vuelve a pedir cuentas es cruel, no tiene piedad del miedoso y su conducta no es ejemplo de misericordia, como pide Jesús (9, 13; 12, 7; 23, 23), sino todo lo contrario. Pero, en un sentido más profundo, ella nos pide que seamos generosos, que trabajemos sin miedo al fracaso, por gratuidad, como el Señor que nos ha confiado gratuitamente todo.
  • En esa línea, incluso este hombre duro, que se parece a los reyes herodianos (ejemplo de avaricia monetaria y violencia asesina), puede servir de referencia para los servidores del evangelio, no para trabajar por miedo al castigo (aunque el miedo puede cumplir una función positiva, como en el caso del siervo/doulos de 24, 45), sino por agradecimiento al Señor que nos ha mostrado su confianza y nos ha dado lo que somos y tenemos. En un nivel, parece que los siervos de aquel dueño deben trabajar por egoísmo y miedo, obligados a lograr el máximo beneficio de aquello que les ha confiado el amo, en un mundo donde se busca ante todo el rendimiento. Pero los servidores de Jesús han de trabajar por un motivo más alto, aunque sin olvidar la exigencia del servicio mutuo, de la responsabilidad por el evangelio, el amor generoso. 2.
  • Parábola para repensar… Las parábolas no son para leerlas de un modo cerrado, sino para entenderlas desde la situación de cada uno, desde la situación del mismo mundo… En esa línea, partiendo del evangelio y de nuestro propio tiempo, en este día mundial de los pobres, la parábola sólo se puede entender así: a) Dios ha dejado en nuestras manos los talentos… más o menos b) Cada uno ha de poner sus talentos al servicio del Reino… Es decir, al servicio de los más pobres, de la paz y la justicia en el mundo. c) El problema no es sólo el “no producir”, sino que hay un problema aún mayor: El producir para destruir, el producir para oprimir a los demás, por puro egoísmo. d) El problema actual (2020) no es el “no producir”, sino el producir de un modo egoísta, al servicio del sistema, pasando por encima del hambre de los pobres y destruyendo las fuentes de vida de la tierra.

SITUACIÓN. ESTA PARÁBOLA  ENTRE LAS PARÁBOLAS ORIGINALES DE JESÚS

 Es bueno situar esta parábola a la luz de la cuatro que según algunos críticos actuales, como J. P. Meir (Un judío marginal, tomo V) son las originarias de Jesús:

  1. Grano de mostaza (Mc 4:30-32/Mt 13:31-32/Lc 13:18-19/Tomás 20) Jesús presentó su Reino como siembra de vida” (la parábola de la siembra de Mc 4 par. desarrolla este motivo, pero en un contexto que parece posterior…). El Reino de Dios es palabra sembrada, como la más pequeña de las semillas… No necesita un templo grande como el Jerusalén, ni legiones como Roma. Pero tiene y es lo más grandes: la Palabra creadora de Dios (cf. Gen 1) en forma de semilla.
  2. Invitación personal, la Cena de Dios (Mt 22,2-14 || Lc 14,16-24//Tomás 64). El Reino de Dios no es sólo semilla/principio, sino también llamada final, invitación de Dios que nos convoca al banquete de su vida. Esta parábola recoge la invitación de Jesús al Reino, entendido como banquete final de bodas. Dios no exige, Dios no impone su mandato por la fuerza, sino que habla a los hombres por dentro y les llama.
  3. Talentos, un tesoro de Reino (Mt 25:14-30/Lc 19:12-27/ cf. Tomás 41). Esta parábola se conserva no sólo en el Q, sino en el fondo especial de Mateo y Lucas (que acabamos de citar: M y L, con el evangelio de Tomas, y evoca la gracia de Dios, que nos ha dado su “talento” (talento de Reino) pero también su exigencia, es decir, la tarea de escuchar esa llamada, de aceptar ese “talento”, respondiendo así con nuestra propia vida
  4.  Viñadores homicidas (Mc 12:1-11/Mt 21:33-44/Lc 20:9-18/Tom 65). Ésta  parábola recoge la historia de la vida y palabra de Jesús, pues resulta prácticamente imposible haya sido compuesta después de la “experiencia” pascual de la Iglesia (que habría contado las cosas de otra forma, aludiendo de algún modo a la resurrección). En su origen está la versión de Mc 12, 1-8, que no ofrece ninguna “respuesta” de los oyentes, dejando así abierto el despliegue de la vida de Jesús, hijo de Dios asesinado, mientras los asesinos se apoderan de la viña. Con esta parábola termina la vida de Jesús, a quien pueden asesinar los que se creen dueños de la viña (soldados imperiales, sacerdotes del templo). ¿Qué pasará en caso de que lo hagan? ¿Dónde estará Dios en ese caso, cómo responderá?

REFLEXIONES PARA SEGUIR PENSANDO:

  1. Ésta es una parábola… no un texto de teoría, una doctrina.Es una parábola para pensar y comprometerse, para descubrir la vida como una fuerte tarea, o como un “don” que debemos recibir agradecidos, queriendo que “produzca fruto”, sin miedo. . En un primer momento, podemos pensar que el amo no es Dios (sobre todo por el final, cuando “castiga” al siervo holgazán de una forma extrema). Repito, el texto es una parábola, un espejo de la vida… Y para situarnos ante la tarea de nuestra “administración”, Jesús acude a la imagen de un “rico” (aspirante a reyezuelo) que deja su tesoro en manos de administradores, para que le produzcan más dinero.
  2. La vida es un don… que no puede compararse con dinero… Por eso, la parábola en sí parece ir en contra de todo el mensaje de Jesús, dirigido a los pobres, mensaje de vida amorosa, de puro regalo. Pero hay en la vida un elemento que también puede compararse al dinero: Nos han dado lo que somos y tenemos, de manera que es nuestro, siendo del “amo” (¿de otros hombres? ¿de Dios?) de manera que debemos administrarlo, administrar la vida, para que produzca, sin miedo… En ese sentido, podemos decir que todo es nuestro, pero es nustro para que lo desarrollemos, al servicio de los demás. Ésta es una parábola abierta a la “creatividad”, al gesto positivo de la entrega, al servicio de la vida, sin miedo, sin segundas intenciones.
  3. Esta parábola no se puede aplicar a los más débiles, a la mayoría de los que están aplastados en el mundo,exigiéndoles que produzcan, y midiendo la producción en términos utilitarios. No es una parábola para gente triste, para enfermos mentales, para pobres prostitutas de segunda, para publicanos que no llegan a fin de mes. No es parábola para depresivos, es decir, para gran parte de nosotros…Entendida desde la perspectiva de la pura producción externa esta parábola en contra de otros rasgos del evangelio.
  4. Entender esta parábola significa invertirla.El tesoro (los talentos verdaderos de la vida, el “aceite” de las buenas muchachas, los millones de alma de los que dan de comer y beber a los otros…) no son algo que se mide en términos pecuniarios. El valor del hombre (el ser humano), su talento, es la vida como tal, la capacidad de recibir amor y de ofrecerlo y compartirlo. En este sentido, producir es simplemente ser, dejarse amar, producir es simplemente vivir en amor. Es evidente que Jesús nos estaría guiñando el ojos y nos diría que no se trata de “producir” talentos de dinero, sino el talento más hondo de la vida, el “tesoro” del cielo, al que él solía aludir, que es tesoro en amigos, en humanidad (como el evangelio de Lucas ha puesto de relieve en el entorno de esta parábola).
  5. Por eso, en un sentido, hay que protestar contra la parábola. Producir “talentos” no significa ganar dinero, tener poder, triunfan en la vida, sino ser con amor. ¿Para quién se produce? Jesús no quiere que produzcamos para el amo egoísta y austero en el que piensa el tercer “siervo” de la parábola. Dios no es austero ni egoísta. Dios es “don” que se ofrece, se comparte… Dios nos pide que seamos y despleguemos vida, por el placer de ser y de dar… Y por el gozo de compartir lo que hemos recibido con los demás. Por eso, tenemos que protestar contra la parábola.
  6. Pero, al fin, la parábola tiene un elemento positivo… Ella nos anima a ser lo que somos, a no enterrar el talento del amor, a no dejarnos vencer por el miedo… Ésta es la parábola de un Jesús que nos dice, en medio de la tormenta, que “no temamos”, la parábola de un Jesús que nos dice que nos ha dado millones de cielo… y que debemos ser no sólo agradecidos, sino generosos, por nosotros mismos, por los otros… No, no tenemos sólo unos cientos de quilos de plata… Tenemos miles y millones de vida, la vida de Dios, en el fondo del alma, en el corazón, en los ojos y en las manos. Que vivamos sin miedo, eso quiera la parábola
  7.  Pasar de los talentos (el oro del aspirante real o del Estado… en general administrados de un modo egoísta) al Talento (que es la buena inteligencia), y en especial al talento del Corazón (talento del Reino), al servicio de la “humanidad de Dios”.Jesús ha debido explicar y aplicar esta parábola en claves de talento del corazón, es decir, de riqueza suprema del Reino… haciendo que sus oyentes reflexiones sobre el uso de los talentos que reciben los siervos de los grandes reyes del mundo, para negociar con ellos, al servicio del rico sistema monetario.

PREGUNTAS ABIERTAS

 La vida no está hecha para producir dinero y tener, sino para ser en amor y compartir.  En esa línea, quizá más que de producir y de ganar se podría hablar de ser y darse, de una forma humana, sin agobio material, pero sin miedo y sin holgazanería, para así mejorar la vida de todos, en gratuidad, en confianza, no por ley, sino por gracia, sabiendo que al fin el Reino de Dios (y la vida entera) es un don.

a) Importa producir, pero sobre todo hacerlo en gratuidad para servicio universal: Que los hambrientos coman y los extranjeros encuentren patria (en la línea del texto siguiente de Mt 25, 31-46).

b) Hay que producir en forma de transformación personal, con los recursos de la más honda sabiduría, sabiendo que la “ganancia mayor” no es de tipo solamente material sino de oración, de madurez interior, educación, de acompañamiento mutuo, de acogida, de cuidado de los pobres y extranjeros, sin enterrar los talentos, de manera que la humanidad sea un lugar de gozo y concordia para todos.

c) En esa línea, los más grandes productores de humanidad son orantes, los contemplativos, aquellos que convierten toda su vida en don ante Dios, para los otros, en la línea del amor que canta el Cantar de los Cantares de la Biblia o el Cántico Espiritual de Juan de la Cruz.

d. La responsabilidad no es igual para todos… sino que es mayor para los que tienen (han recibido, a veces “robado”) más. Se trata de una responsabilidad social y personal

e. En este contexto, la humanidad se está jugando su propio futuro… Una humanidad que no “gana” (no produce) al servicio de aquellos que no tiene, en gratuidad. está corriendo el riesgo de destruirse a sí misma.

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El empleado miedoso y la empresaria modelo. Domingo 33. Ciclo A.

Domingo, 15 de noviembre de 2020

Jesus TalentoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La parábola del domingo pasado (las diez muchachas) animaba a ser inteligentes y previsores. La de hoy anima a la acción, a sacar partido de los dones recibidos de Dios. Jesús ha usado poco antes, en otra parábola, la imagen del señor y sus empleados. Ahora vuelve a hacerlo, pero usando el contexto de la cultura urbana y pre-capitalista. La riqueza del señor no consiste en tierras, cultivos y rebaños de vacas y ovejas. Consiste en millones contantes y sonantes, porque los famosos “talentos” no tienen nada que ver con la inteligencia. El talento era una cantidad de plata que variaba según los países, oscilando entre los 26 kg en Grecia, 27 en Egipto, 32 en Roma y 59 en Israel. Por consiguiente, los tres administradores reciben, aproximadamente, 300, 120 y 60 kg de plata.

 La parábola

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: 

Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. 

Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.”

Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.”

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.”

El señor le respondió: “Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues deblas haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez.

Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 El empleado miedoso, negligente y holgazán

 Los dos primeros duplican esa cantidad negociando con el dinero que les han confiado. Pero la parábola se detiene en el tercero, que se molesta en buscar un sitio escondido, cava un hoyo, y entierra el talento. El lector actual, conocedor de tantos casos parecidos, se pregunta quién ha sido el más inteligente. ¿Es preferible colocar el capital en acciones arriesgadas o guardarlo en una caja fuerte? En cambio, el propietario de la parábola lo tiene claro: había que invertir el dinero y sacarle provecho, como hicieron los dos primeros empleados.

¿Por qué no ha hecho lo mismo el tercero? Él mismo lo dice: ha actuado así porque conoce a su señor, le tiene miedo, y prefirió no correr riesgo. Y termina con un lacónico: “Aquí tienes lo tuyo”.

Sin embargo, el señor no comparte esa excusa ni esa actitud. Lo que ha movido al empleado no ha sido el miedo, sino la negligencia y la holgazanería. Le traen sin cuidado su señor y sus intereses. Y toma una decisión que, actualmente, habría provocado manifestaciones y revueltas de todos los sindicatos: lo mete en la cárcel (“echadlo fuera, a las tinieblas”).

 Aplicándonos el cuento

 Los sindicatos llevarían razón, y conseguirían que readmitieran al empleado, incluso con un gran resarcimiento por daños y perjuicios. Pero el Señor de la parábola no depende de sindicatos ni tribunales del trabajo. Tiene pleno derecho a pedirnos cuentas a cada uno del tesoro que no ha encomendado.

Como ocurría con el aceite en la parábola de las muchachas, los talentos se han prestado a múltiples interpretaciones: cualidades humanas, don de la fe, misión dentro de la iglesia, etc. Ninguna de ellas excluye a las otras. La parábola ofrece una ocasión espléndida para realizar un autoexamen: ¿qué he recibido de Dios, a todos los niveles: humano, religioso, familiar, profesional, eclesial? ¿Qué he hecho con ello? ¿Ha quedado escondido en un cajón? ¿Ha sido útil para los demás? Como se dice en el mismo evangelio de Mateo: ¿Ha resplandecido mi luz ante los hombres para que glorifiquen al Dios del cielo? Pienso que será suficiente decirle: “Aquí tienes lo tuyo”.

 Una moraleja desconcertante

 La parábola, termina con unas palabras muy extrañas: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. ¿En qué quedamos? ¿Tiene o no tiene? Pero la frase no se debe al error de un copista, se encuentra así en los tres evangelios sinópticos (Mt 13,12; Mc 4,25; Lc 19,26). Es posible que el mismo Jesús intentara aclararla más tarde mediante la historia de un señor que encomienda su capital a tres empleados. El sentido de la frase resulta ahora más claro: “Al que produzca se le dará, y al que no produzca se le quitará lo que tiene”. Esa parábola terminó en dos versiones bastante distintas, la de Mateo, que se lee hoy, y la de Lucas 19,11-27. Lucas, para no provocar las iras de los sindicatos, no mete al empleado holgazán en la cárcel, se limita a quitarle el denario.

 La empresaria modelo (1ª lectura)

 En el contexto económico de la parábola encaja perfectamente la imagen de la mujer empresaria de la que habla el libro de los Proverbios. La liturgia traduce “mujer hacendosa”. Pero el texto sugiere mucho más. Habla de una mujer que es, al mismo tiempo, excelente empresaria (cosa que quedaría más clara si la liturgia no hubiera mutilado el texto), generosa con los necesitados y con las personas a su servicio, preocupada por sus hijos y su marido, gozando del respeto y estima de sus conciudadanos, porque ella misma respeta al Señor. Es interesante esta imagen propuesta por un libro bíblico hace veintitrés o veinticuatro siglos, tan distinta de nuestro proverbio: “La mujer casada, la pata quebrada… y en casa”.

 Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas.  Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas.  Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos.  Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

 Quien lee el poema entero (se encuentra en Proverbios 31,10-31) advierte la enorme actividad que esta mujer desarrolla desde la mañana temprano hasta avanzada la noche. El capital recibido de Dios (sean cinco talentos, dos o uno) ha sabido invertirlo perfectamente.

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Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario. 15 noviembre, 2020

Domingo, 15 de noviembre de 2020

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“… el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.”

(Mt 25, 14-30)

El otro día tuve una interesante (también sorprendente) conversación telefónica. Había llamado a una empresa para hacer un pedido. Cuando la persona que estaba al otro lado del teléfono me dijo: “Mira, yo no soy monja, pero a mí me gusta decir que soy cristina, por qué voy a callarme. ¡Si tenemos una religión que es un chollo! Podemos beber vino, podemos comer de todo. Lo único que se nos pide es que no hagamos daño a nuestro vecino.”

¡Correcto! El seguimiento de Jesús es un chollo, pero la mayoría de los cristianos lo metemos en el pañuelo y lo enterramos.

Nos han dado un Don, un talento, un regalo y en lugar de disfrutarlo lo escondemos bajo tierra. Me llama la atención la vergüenza que da manifestarse como cristiano. Mucha gente casi parece pedir perdón cuando dice que es cristiana. Es como si fuera algo íntimo y privado. Lo que debería darnos vergüenza no es ser cristianas sino no ser consecuentes con nuestro seguimiento, eso sí que debería sonrojarnos.

Hay otro fenómeno actual que también es sorprendente. En este mundo globalizado en el que vivimos nos hacemos enseguida solidarios de lo que nos queda más o menos cerca ya sea geográfica, cultural o ideológicamente. Por ejemplo, cuando ha habido algún triste atentado de cierta envergadura empiezan a circular frases como: “Todos somos …”. Apoyamos a quienes han sufrido una violencia injusta y eso está bien. Pero… hay un matiz que oscurece la buena intención y es que parece que nuestra capacidad de solidarizarnos solo alcanza hasta aquellos con quienes nos “identificamos”. Si hay un atentado en un país europeo nos movilizamos, si es en África o en un país musulmán…

Con todo, lo más llamativo es que no nos sentimos solidarios con las personas que son perseguidas por ser cristianas. Dudo que haya mucha gente dispuesta a hacer circular frases como: “todos somos cristianos” cuando se atenta contra la vida de muchas personas en Siria, Irán, Irak, Egipto, Afganistán…

No, no ponemos en juego nuestro talento. Ni arriesgamos nuestra imagen o nuestra reputación. No nos manifestamos abiertamente cristianos y es por una sencilla razón: nos da vergüenza. Ser cristiano en occidente no está de moda. La imagen que se tiene del cristianismo es tan chata, tan reducida y ridícula que hay que reconocer que un poco de vergüenza sí que da. Pero si deseamos que esa imagen cambie solo hay un camino:  abrir el hoyo, desenterrar el talento, ponerlo a la vista y descubrir su valor.

Oración

Trinidad Santa, danos la audacia necesaria para decir abiertamente que creer en Ti es creer en una vida digna para todas las personas, para la creación entera. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Nunca te conformes con lo que has descubierto en ti.

Domingo, 15 de noviembre de 2020

bwgeyencaaamqv4Mt 25, 14-30

Mateo sigue con sus amonestaciones. Estamos en el tiempo de la comunidad, antes de que llegue el tiempo escatológico, que creían inminente. Cada miembro de la comunidad debe tomar la parte de responsabilidad que le corresponde y no defraudar ni a Dios ni a los demás. En tiempo de Mt, ya muchos se hacían cristianos no por convicción sino para vivir del cuento, sin dar golpe. Es curioso que las tres parábolas de este c. 25 hagan referencia a omisiones, a la hora de ponderar las consecuencias de nuestras acciones.

El talento no era una moneda real. En griego “tálanton” significa el contenido de un platillo de la balanza (una pesada). Era una cantidad desorbitada, que equivalía a 26-41 kilos de plata = 6.000 denarios; 16 años de salario de un jornalero. Para entender lo de enterrar el talento, hay que tener en cuenta que había una norma jurídica, según la cual, el que enterraba el dinero que tenía en custodia, envuelto en un pañuelo, no tenía responsabilidad civil si se perdía. Enterrar el dinero se consideraba una buena práctica.

Durante mucho tiempo se ha interpretado la parábola materialmente, creyendo que nos invitaba a producir y acaparar bienes materiales. De esta mala interpretación nace el capitalismo salvaje en Occidente, que nos ha llevado a desigualdades sangrantes que no hacen más que crecer, incluso en plena crisis. Una vez más, hemos utilizado el evangelio  en contra del mensaje de Jesús. Me gusta más la versión de Lc, en la que todos los empleados reciben lo mismo; la diferencia está solo en la manera de responder.

También sería insuficiente interpretar “talentos” como cualidades de la persona. Esta interpretación es la más común y ha quedado sancionada por nuestro lenguaje. ¿Qué significa tener talento? Tampoco es éste el verdadero planteamiento de la parábola. En el orden de las cualidades, estamos obligados a desplegar todas las posibilidades, pero siempre pensando en el bien de todos y no para acaparar más y desplumar a los menos capacitados. Para mayor “inri”, dando gracias a Dios por ser más listos que los demás.

Si nos quedamos en el orden de las cualidades, podíamos concluir que Dios es injusto. La parábola no juzga las cualidades, sino el uso que hago de ellas. Tenga más o menos, lo que se me pide es que las ponga al servicio de mi auténtico ser, al servicio de todos. En el orden del ser, todos somos idénticos. Si percibimos diferencias es que estamos valorando lo accidental. En lo esencial, todos tenemos el mismo talento. Las bienaventuranzas lo dejan muy claro: por más carencias que sientas, puedes alcanzar la plenitud humana.

En todos los órdenes tenemos que poner los talentos a fructificar, pero no todos los órdenes tienen la misma importancia. Como seres humanos tenemos algo esencial, y otro mucho que es accidental. Lo importante es la esencia que constituye al hombre como tal. Ese es el verdadero talento. Todo lo que puede tener o no tener (lo accidental) no debe ser la principal preocupación. Los talentos de que habla el evangelio, no pueden hacer referencia realidades secundarias sino a las realidades que hacen al hombre más humano. Y ya sabemos que ser más humano significa ser capaz de amar más.

Los talentos son lo bienes esenciales que debemos descubrir. La parábola del tesoro escondido es la mejor pista. Somos un tesoro de valor incalculable. La primera obligación de un ser humano es descubrir esa realidad. La “buena noticia” sería que todos pusiéramos ese tesoro al servicio de todos. En eso consistiría el Reino predicado por Jesús. El relato del domingo pasado, el de hoy y el del próximo, terminan prácticamente igual: “Entraron al banquete de boda…” “Pasa al banquete de tu señor”. “Heredad el Reino…”. Banquete, boda y Reino son símbolos de plenitud.

Algunos puntos necesitan aclaración. En primer lugar,  el que no arriesga el dinero, no lo hace por holgazanería o comodidad, sino por miedo. El siervo inútil no derrocha la fortuna; simplemente la guarda. Debía hacernos pensar que se condene uno por no hacer nada. Creo que en nuestras comunidades, lo que hoy predomina es el miedo. No nos deja poner en marcha iniciativas que supongan riesgo de perder seguridades, pero con esa actitud, se está cercenando la posibilidad de llevar esperanza a muchos desesperados.

En segundo lugar, la actitud del Señor tampoco puede ser ejemplo de lo que hace Dios. Pensemos en la parábola del hijo pródigo, que es tratado por el Padre de una manera muy diferente. Quitarle al que tiene menos lo poco que tiene para dárselo al que tiene más, tomando al pie de la letra, sería impropio del Dios de Jesús. Dios no tiene ninguna necesidad de castigar. El que escondió el talento ya se ha privado de él haciéndolo inútil para él mismo y para los demás. Es algo que teníamos que aprender también nosotros.

Finalmente es también muy interesante constatar que, tanto el que negocia con cinco, como el que negocia con dos, reciben exactamente el mismo premio. Esto indica que en ningún caso se trata de valorar los resultados del trabajo, sino la actitud de los empleados. En una cultura en la que todo se valora por los resultados, es muy difícil comprender esto. En un ambiente social donde nadie se mueve si no es por una paga; donde todo lo que hace tiene que reportar algún beneficio, es casi imposible comprender la gratuidad que nos pide el evangelio. Si necesito una paga es que no entendí nada.

La parábola nos habla de progreso, de evolución constante hacia lo no descubierto. El único pecado es negarse a caminar. El ser humano tiene que estar volcado hacia su interior para poder desplegar todas sus posibilidades. Todo el pasado del hombre (y de la vida) no es más que el punto de partida, la rampa de lanzamiento hacia mayor plenitud. La tentación está en querer asegurar lo que ya tengo, enterrar el talento. Tal actitud no demuestra más que falta de confianza en uno mismo y en la vida, y por lo tanto, en Dios.

Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de la riqueza que ya tenemos. Unos no llegamos a descubrirla y otros la escondemos. El resultado es el mismo. No es nada fácil, porque nos han repetido hasta la saciedad, que estamos en pecado desde antes de nacer, que no valemos para nada, que la única salvación posible tiene que venirnos de fuera. Lo malo es que nos lo seguimos creyendo. El relato del camello que se negaba a moverse porque se creía atado a la estaca, aunque no lo estaba, O el león que vivía con las ovejas como un borrego más sin enterarse de lo que era es el mejor ejemplo de nuestra postura.

Todo afán de seguridades, nos aleja del mensaje de Jesús. Toda intento de alcanzar verdades absolutas y normas de conducta inmutables, que nos dejen tranquilos, carecen de sentido cristiano. Ninguna conceptualización de Dios puede ser definitiva; hace siempre referencia a algo mayor. Estamos aquí para evolucio­nar, para que la vida nos atraviese y salga de nosotros enriquecida. El miedo no tiene sentido, porque la fuerza y la energía no la tenemos que poner nosotros. Nuestro objetivo debía ser que al abandonar este mundo, lo dejáramos un poquito mejor que cuando llegamos a él, haciéndolo más humano.

Meditación

No hay un “yo” que posea un tesoro.
Soy, realmente, un tesoro de valor incalculable.
Solo hay un camino para poder disfrutar de lo que soy.
Poner toda esa riqueza a disposición de los demás.
Es la gran paradoja del ser humano.
Solo alcanza su plenitud cuando se da plenamente.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Multiplicar los talentos.

Domingo, 15 de noviembre de 2020

the-talents-god-gave-usUtiliza en la vida los talentos que poseas: el bosque estaría muy silencioso si solo cantasen los pájaros que mejor cantan. (Henry van Dayke).

15 nov. DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Mt 25, 14-30. Se acercó el hombre que había recibido cinco bolsas de oro, le presentó otras cinco diciendo: Señor: Me diste cinco bolsas de oro y he ganado otras cinco.

Esta parábola invita a la diligencia y la fidelidad mientras se consuma el tiempo del Reino de Dios, pudiéndose afirmar que el punto de tensión de la parábola está en la escena de la rendición de cuentas a su señor.

Jesús denuncia la inconsecuencia de los que reviven el mensaje del reino y luego pretenden refugiarse en una seguridad estéril.

Sus discípulos tenemos que hacer fructificar los bienes del reino durante el tiempo que se nos ha concedido, lo que, para Mateo, es el tiempo de la Iglesia.

 

Quienes no hacen fructificar los bienes recibidos, aunque sea bajo el pretexto de colocarlos en un lugar se seguro, terminarán por perderlo todo.

Y de la misma manera, la comunidad eclesial debe estar alerta y vigilante para no caer en la comodidad y la rutina, y para preocuparse, no únicamente de incrementar los propios valores personales, sino también ayudando a los demás a conseguirlo.

Como decía el Ucraniano Rabí Baal Shem Tov (1688-1760): “El yo del hombre está en constante movimiento, y el mío sigue a los grandes para subir y atraer a los pequeños para elevarlos”.

Henry van Dayke (1852-1933) dice: “Utiliza en la vida los talentos que poseas: el bosque estaría muy silencioso si solo cantasen los pájaros que mejor cantan”.

De mi libro Poemas del viento:

CON MOCHILA A LAS ESPALDAS

La felicidad no es un destino,
es la actitud con que se viaja por la vida.

Y cuando yo entendí que era cierto,
me fui a viajar con ella por todos los caminos,
para ver cómo era.

Me crucé con el Dalái Lama,
y le pregunté por ella,
quien si detenerse me dijo:

“El propósito de nuestras vidas es ser felices”. 

Como llevaba prisa por encontrarla,
se continuó buscándola.

Era una invitación muy claramente
a aprender a cultivar mis talentos,
ya que ella es la mejor brújula de la conciencia,
que nos invita a crecer constantemente

¿No es este acaso el camino
que Jesús pedía que recorriéramos?

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Mª Guadalupe labrador: ¿Tomamos nuestras decisiones desde el agradecimiento por lo recibido o desde el miedo?

Domingo, 15 de noviembre de 2020

talentsMt. 25, 14-30

Cuando se escribe este evangelio, las primeras comunidades cristianas, están viviendo el tiempo de la espera del Señor. Jesús resucitado, “ha sido llevado al cielo” en lenguaje de Lucas (Hch. 1,11) y “volverá como lo habéis visto subir”. Hay quienes piensan que su retorno es inminente e incluso los que, tomándolo como pretexto, no trabajan, ni hacen nada… “se quedan parados mirando al cielo”.

Desde esta clave escatológica, que nos sitúa en actitud de vigilancia, de espera de alguien que viene, o mejor  que regresa, leemos la parábola de hoy. Es tan conocida y la hemos oído tantas veces que corremos el peligro de reducirla a las ideas de siempre. Vamos a hacer un esfuerzo por leerla como mensaje de Dios para mí, hoy; un mensaje que tiene algo nuevo que decirme.

Como a los empleados de la parábola, nos resulta fácil sentir que el Señor se ha ido, y nos ha dejado aquí solos…  ¡con la pandemia! Pero, también como ellos, tenemos dos realidades a las que agarrarnos. Por una parte los tesoros recibidos. Habitualmente designamos con la palabra “talento” una cualidad personal, una capacidad; sin embargo en la parábola de hoy, el talento era la medida de mayor capacidad que existía y se utilizaba para medir oro, plata y otros metales. Un talento llegó a tener la equivalencia de 6.000 denarios, es decir, el sueldo que podía recibir un trabajador a lo largo de unos 16 años. Era una cantidad increíble, desmesurada.

San Mateo quiso resaltar que los dones que Jesús les entregó antes de irse eran de un valor incalculable, y cuando volviera pediría cuentas del uso que habían hecho de ellos. Además tenemos la seguridad de su vuelta. Nos ha dicho que volvería: tenemos el encargo de esperarle.

Conscientes de ambas cosas nos planteamos, ¿qué dones hemos recibido y qué queremos hacer con ellos? ¿Cómo vamos a esperarle? Son las decisiones vitales que debemos tomar y de ellas nos habla la parábola. Nos muestra dos perspectivas:  a los que toman sus decisiones a partir de lo que el señor les ha dejado y al que decide desde el miedo. Es esencial que tengamos claro desde donde tomamos nuestras decisiones, qué nos impulsa a ellas.

De los que toman sus decisiones desde los dones o tesoros recibidos, nos dice el evangelio que “fueron enseguida a negociar con ellos”. No se paran a pensar lo que les falta, no se obsesionan con no perder lo recibido, salen raudos a sembrar, a negociar, a hacer crecer los bienes. Sin duda, luego vino la búsqueda de los caminos para hacerlo, el arriesgar lo que habían recibido, el tiempo y el esfuerzo invertido… Pero lo decisivo es que se pusieron diligentemente a trabajar con los talentos, mientras esperaban el regreso del señor. A trabajar con lo recibido, no en propiedad permanente, sino con lo que se les había encomendado temporalmente, conscientes de que cuando llegase les pediría cuentas. ¿Somos de esos? ¿Qué estamos haciendo con los dones y posibilidades recibidas?

Y a estos, nos dice el texto, el señor a su regreso los felicita:  “¡Muy bien!”.  Quizá nos sorprenda que no les felicite por lo que han hecho, por cómo lo han hecho o por lo que han ganado… sino que diga a cada uno: “eres un empleado fiel y cumplidor”. Una persona de fiar en lo poco a la que le puede encomendar algo más grande y definitivo y a la que invita a pasar a su banquete.

Entonces resulta que no estamos hablando de trabajo solo, sino de forma de vivir. Que no hablamos de su relación con los bienes encomendados, sino de su relación con el mismo señor.

El otro personaje es el que toma sus decisiones desde el miedo. ¿A qué tiene miedo? Según el texto, al mismo señor, al que le ha encomendado sus tesoros. Miedo a que las cosas no le salgan como el señor espera, a arriesgar lo recibido y perderlo, o quizá al esfuerzo y compromiso que suponga… Solo tiene un talento, pero es una cantidad inmensa. No tiene motivos para la envidia de los que recibieron cinco.

Muchas veces ponemos el acento en lo que nos falta, cuando lo que tendríamos que plantearnos es: ¿quién necesita lo que hemos recibido en abundancia? Olvidamos que, en muchos textos, el evangelio nos invita a sembrar abundantemente, aun en “terrenos pedregosos o llenos de zarzas”

Quizá hoy nos resulta fácil ponernos en su lugar y sentir que tenemos miedo, muchos miedos… es casi lo habitual. El miedo muchas veces nos paraliza, y nos lleva a tomar decisiones “raquíticas o egoístas”. Y lo grave es que a veces lo intentamos disfrazar de “prudencia”, como si nos mantuviéramos en la norma o en la fidelidad… ¿A qué tenemos miedo? ¿Qué decisiones estamos tomando en la vida desde el miedo? ¿Qué estamos enterrando, preocupados solo de no perderlo?

El evangelio muchas veces nos habla de derroche, de generosidad desbordante, de siembra abundante… Nos advierte que las decisiones que surgen del miedo nacen en sí mismas fracasadas. Desde el miedo renunciamos a crecer, a expandirnos, creemos que solo podemos preservar lo recibido, lo que ya tenemos. Pero no es así, lo que se entierra muchas veces se pudre, lo que encerramos bajo llaves para que no cambie, porque en algún momento fue valioso deja de serlo… Por eso desata la ira del señor, que le dice: No, tú no has cuidado y guardado lo que te encomendé, has dejado que se devalúe, que pierda su significatividad, que crezca, que sea útil para alguien… ¿Qué nos diría a nosotros?

Hemos recibido los tesoros del reino, los bienes que se nos han dado, no para guardarlos, no para enterrarlos, sino para sembrar agradecidos, para arriesgarnos a buscar modos creativos de hacerlos fructificar y comprometernos en ellos. Este tiempo, mientras el Señor vuelve, es el tiempo del que disponemos para hacerlo.

El evangelio de hoy nos invita a actuar, a mantener un modo de espera marcada por lo recibido, no por el temor. A superar el miedo con la esperanza de su retorno y la confianza en su juicio misericordioso. A esperar atentos el regreso del Señor, porque su presencia, entrar con él en su banquete es, con mucho, lo que más deseamos… la decisión última que nos mueve a tomar cualquier otra decisión.

Mª Guadalupe labrador Encinas. fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Gratuidad versus mérito

Domingo, 15 de noviembre de 2020

Cascada-amp.Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

15 noviembre 2020

Mt 25, 14-30

La conocida como “parábola de los talentos” se ha interpretado con frecuencia en clave de mérito y recompensa, desconociendo así uno de los ejes básicos del mensaje de Jesús: la gratuidad.

  El esquema –don/esfuerzo/recompensa– resulta muy familiar al ego: te dan algo, tú lo haces producir y con ello obtienes una recompensa. Se halla tan arraigado en nuestra mente, desde las primeras experiencias infantiles, que no es extraño que alcance a todos los ámbitos, incluido el religioso, donde ha dado lugar a un religión del cumplimiento y mercantilista.

   Pero, como acabo de decir, ese esquema no casa con la enseñanza de Jesús, tal como se pone de manifiesto, por ejemplo, en la parábola de “los trabajadores de la viña” (Mt 20,1-16), donde los últimos reciben exactamente lo mismo que los primeros.

   Ello me hace pensar en la probabilidad de que en este relato haya intervenido la mano de algún glosador que rehiciera una parábola original, para poner el acento en la necesidad del mérito para hacerse acreedor de la recompensa divina. De ese modo, la parábola habría quedado “moralizada”.

  Me parece más acertado pensar que, en su forma original, el foco se colocaba en la necesidad de “no esconder” el talento. Con lo cual, el mensaje es luminoso: todo es don, que en cada persona adquiere una tonalidad propia y se expresa de manera única. Basta acogerlo y dejarlo vivir para que se multiplique. Todo lo recibido –pura gracia–, cuando no nos apropiamos de ello, pasa a través de nosotros y produce el fruto adecuado. Lo cual requiere situarse como cauces limpios y desapropiados, que no buscan recompensa, sino que sencillamente son movidos por la propia fuerza del don que busca desplegarse.

  Así leída, esta parábola, como tantas otras, resulta provocativa, hasta el punto de hacer saltar nuestros esquemas habituales, que advertimos con facilidad cuando tenemos en cuenta las tendencias del ego: por un lado, suele tender a apropiarse y controlar para obtener el resultado apetecido o la recompensa soñada; pero, por otro, cuando es atrapado por el miedo al fracaso, tiende a negar el don, escondiéndolo o negándolo.

  Frente a las trampas del egoapropiación, control, miedo, ocultación–, la parábola constituye un canto a la gratuidad y a la confianza. Y es entonces cuando es posible experimentar que todo cambia cuando te entregas, todo fluye cuando lo sueltas, todo llega cuando es su tiempo, todo sana cuando aceptas. La gratuidad asumida siempre se traduce en desbordamiento de fruto.

¿Vivo la gratuidad?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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