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Botas, casco y mono de obrero sobre el altar. Los curas obreros y la lucha por la justicia social, 1966-1979

Jueves, 30 de julio de 2020

curas_obreros-small500Los ochocientos curas que lucharon contra Franco y perdieron su sueldo oficial

Los comúnmente llamados curas obreros, rojos o comunistas, personificaron una nueva concepción de la Iglesia: menos triunfal, ausente de poder y aferrada al mundo. Para demostrarlo, se alejaron de  las comodidades que le ofrecía el mundo eclesial y se convirtieron en  unos trabajadores más, renunciando a la paga estatal y marchándose a vivir a los mismos barrios donde lo hacían los obreros, pues estar al lado de ellos era estar con los más pobres.

Ese encarnamiento les permitió alcanzar la conciencia de clase necesaria para dar el salto al movimiento obrero circundante y, desde dentro de él, implementar su misión: el empoderamiento de una clase obrera deficitaria tanto de conciencia política como de conciencia de clase. Desde entonces, entendieron la evangelización del mundo obrero,  tan alejado de la Iglesia, no como un deseo de conversión, sino como la invitación a vivir la palabra de Dios como la mejor forma de luchar  por la justicia social, la liberación del hombre y la defensa de los derechos individuales y colectivos.

El libro de Francisco Javier Torres Barranco se centra en un fenómeno, el de los “curas obreros”, al que la Iglesia española tuvo que enfrentarse en la última década del franquismo y primeros años de la Transición. Si bien es verdad que se focaliza en el caso gaditano, principalmente durante los años de Antonio Añoveros como titular del obispado, no es menos cierto que, tal y como lo indica el autor, puede perfectamente considerarse como emblemático, y por ello extrapolarlo, a escala nacional.

Tras describir la génesis del fenómeno, nacido en Francia, de los curas obreros, el autor muestra cómo el aggiornamiento de la Iglesia propiciado por el concilio Vaticano II (1962-1965), dio un impulso definitivo en España a esa nueva manera de plantearse y de vivir la misión pastoral dentro de una institución tan intrínsecamente asociada al Régimen, en un momento en que se estructuraba y tomaba nuevos bríos un movimiento obrero que iba ocupando, aunque fuera de manera soslayada, mayores protagonismo y espacio en esa España del “boom económico”.

Aunque la obra es un estudio de caso de los curas obreros de la diócesis de Cádiz y Ceuta desde el Vaticano II a la Transición, el análisis de su génesis, la descripción de su labor sociopolítica y las  conclusiones sobre sus acciones sociales que aquí se presentan se pueden inferir, en gran medida, a lo acontecido en otros territorios de nuestro país.

A través de su progresiva aparición del fenómeno en la diócesis gaditana, el autor muestra cómo fue emergiendo una nueva mentalidad dentro de la Iglesia, minoritaria en un principio, cuando no combatida desde las jerarquías de la institución, pero que en apenas cinco años, de 1966 hasta 1971, consiguió ganar posiciones hasta imponerse en la Asamblea Conjunta de obispos-sacerdotes de ese último año. De alguna manera, se cristalizó la idea de que la función misionera del sacerdocio podía, y aun debía, desarrollarse en el ámbito local nacional. Es decir, allí donde la noción misma de justicia social había desembocado en un desapego palmario del mundo obrero y campesino con respecto a la Iglesia y a su mensaje.

4Seguidamente, el autor pasa a describir y analizar las condiciones precisas en que se concretizó la realidad de los curas obreros. Con las estrategias adoptadas por los sacerdotes para mejor llevar a cabo su misión evangelizadora –abandono de la sotana, renuncia a vivir de otros medios que no fueran los propiciados por su trabajo, muy mayoritariamente manual, residencia en pisos alquilados, etc.– se fue elaborando y consolidando una conciencia de clase que desembocó en un activismo político-sindical. El objetivo de evangelización, al implicar compartir la vida cotidiana de aquella franja, tan a menudo marginalizada por las instituciones del Régimen, de la población nacional, conllevó un proceso de asimilación: la misión pastoral sólo podría comprenderse desde el deseo de inversión de las relaciones de fuerza y poder que, en el tardofranquismo e inicio de la Transición, marcaron el ámbito laboral. Con cada vez mayor acuidad, quedo patente– y el autor así lo refleja con numerosos testimonios –que ese trabajo de misionero que se pretendía inicialmente realizar, sólo se podría cumplir desde la militancia, ya fuera sindical o política. Lo cual permite abordar la última parte del libro en la cual Torres Barranco, centrándose más específicamente en la ciudad de Cádiz, analiza los diferentes mecanismos de socialización laboral. Con una idea recurrente: mostrar que la Iglesia, como institución, debía saber desvincularse del Régimen y, en lugar de buscar su amparo, saber posicionarse contra sus estructuras como único medio de legitimación. Ante tal giro, y como respuesta, las trabas y la persecución, desde los centros de poder del último franquismo, vinieron a cebarse en los curas obreros, con una reacción de las autoridades eclesiásticas muy dispar en función de quien ostentara la jerarquía.

5A través de su trabajo de investigación, el autor pormenoriza y explica, a la par que la realidad socio-laboral del tardofranquismo, el compromiso social de una parte del clero español confrontado a dos jerarquías en vías de enfrentamiento. La elección realizada, mayoritariamente determinada por una concienciación política y llevada con exigencia, desembocó en algunos casos en un abandono definitivo de la sotana en favor del “mundo obrero”.

Finalmente, por encima de todo lo anterior, este libro pretende ser una contribución a la recuperación de la memoria histórica de los curas obreros, pues quien debería mantener vivo sus experiencias evangélicas y misionales, la Iglesia jerárquica de nuestros días, ha hecho poco por recordarlos como lo que fueron: otros protagonistas de la Transición. Ellos llevaron al extremo, varias décadas antes, el deseo que popularizaría el papa Francisco de que sus sacerdotes deberían ser pastores con olor a oveja.

***

Francisco Javier Torres Barranco, Botas, casco y mono de obrero sobre el altar. Los curas obreros y la lucha por la justicia social, 1966-1979, Cádiz, Publicaciones de la Universidad, 2017, 312 p.

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“Bendita tú eres”, de Carlos Barea

Lunes, 27 de julio de 2020

Edm8OfTXsAEagnCUn libro recomendable. A mí me ha gustado…

Ángela es una monja que lleva más de treinta años enclaustrada en un convento. Una noche, tras terminar de rezar en su celda, tiene un accidente que provoca que el resto de hermanas descubran el secreto que llevaba guardando durante décadas.

Tras ser expulsada de la congregación, acabará resguardándose en un modesto piso del barrio de Lavapiés desde el que tendrá que aprender a vivir en un mundo al que pensaba que nunca más tendría que volver a enfrentarse.

Bendita tú eres es una historia con tintes de novela iniciática que gira en torno a la búsqueda —forzada— de la identidad y donde se mezcla el imaginario religioso con elementos de la cultura popular. Un relato que pone en cuestión la constante necesidad de categorizar las identidades, así como los mecanismos sociales que obligan a ello.

Ficha Técnica:

Bendita tú eres

Carlos Barea , 2020

Materias: Narrativa gay

Colección: Narrativa , Número 260

Formato papel:

ISBN: 978-84-17319-98-4
Editorial: Egales
Fecha de la edición: 2020
Edición pais: España
Colección: Narrativa, Número 260
Idiomas: Castellano
Encuadernación: Rústica
Dimensiones: 14 cm x 21 cm
Nº Pág.: 134
Peso: 250

Información adicional: dosmanzanas.com/ La pluma invertida

Carlos Barea (autor de ‘Bendita tú eres’): «Al activismo cultural hay que prestarle más atención»

Escritor y activista cultural, Carlos Barea es miembro fundador de la asociación LACAH, cuyo principal objetivo es ejercer el activismo a través de la cultura. Dosmanzanas ha charlado con el autor granadino, quien presenta su primera novela, Bendita tú eres, un relato editado por Egales que gira en torno a la búsqueda forzada de la identidad y en donde se mezcla el imaginario católico con elementos de la cultura popular. 

La protagonista de tu primera novela es una monja, Ángela, que ha sido expulsada del convento en el que ha estado viviendo durante más de tres décadas después de que su gran secreto quede al descubierto. ¿Siempre te atrajo el folclore religioso?

El folclore religioso forma parte de mí. Yo he sido un niño mariquita, pegado a las faldas de su madre, que se crió en un pueblo de Andalucía y es algo que forma parte de mi personalidad. Ahora no vivo ese folclore como lo hacía cuando era pequeño, pero creo que lo bueno de esto es poder reinterpretar el folclore, como por ejemplo lo hacía José Pérez Ocaña o como se ha hecho en tantas otras intervenciones artísticas de cualquier tipo. Esto es, coger lo religioso y apropiarse de ello, que creo que es donde está el verdadero valor de lo religioso cuando no eres creyente como tal.

Ocaña precisamente fue un icono de resistencia de la dictadura franquista durante los años de la transición. ¿Piensas que su figura está olvidada o infravalorada?

No creo que la de Ocaña sea una figura especialmente olvidada. De hecho, últimamente se está explotando bastante su imagen, sobre todo en los círculos académicos. En los estudios queer y feministas se reivindica mucho esa figura, porque su pensamiento era muy queer en los años setenta, cuando ni siquiera se imaginaban el concepto, la teoría o esta fragmentación de identidades que tenemos ahora mismo. En el documental Ocaña, retrato intermitente, de Ventura Pons, él dice «Yo no sabía lo que era ser homosexual. Yo me enteré de lo que era serlo cuando llegué a Barcelona». Pienso que Ocaña estaría ahora retorciéndose un poco en su tumba al ver cómo lo están utilizando como forma académica.

Volviendo a tu novela, al principio del libro se desvela que Ángela acaba refugiándose en un pequeño piso del barrio de Lavapiés, lugar desde el que tiene que volver a aprender a vivir sin la disciplina de una congregación. Eres fan del Madrid más castizo, ¿no?

Sí, me gusta mucho Madrid, me gusta lo castizo y me gusta también mucho lo popular, en toda su expresión. De Andalucía cojo el folclore religioso, porque hay mucho folclore, y de Madrid cojo lo que tiene de barrio. También me gusta cómo se mezcla todo eso. Me gusta que se mezcle lo moderno con lo popular. Ahora mismo estoy viendo Hostal Royal Manzanares, que es como la cuna de lo castizo y te llegas a dar cuenta de cómo en 1996 hablaban de La Latina y el metro como si eso fuera toda España. En esos años la ficción que se contaba giraba en torno a lo castizo y las costumbres de Madrid.

Comentabas hace poco que, antiguamente, se decía a bastantes homosexuales aquello de «Tú métete en el seminario, que allí se folla mucho». ¿Crees que ha cambiado mucho el asunto?

Sí, yo hablaba de los años sesenta y setenta, en los que estaba profundamente condenado y perseguido el mantener relaciones homosexuales. Creo que en esos años se había creado una especie de búnker, de lugar seguro, en el que tú podías tener relaciones sexuales. Paradójicamente, pienso que en algunos casos el seminario era un lugar seguro para tenerlas. Ahora, por suerte, estamos impregnados de lugares seguros. Hoy puedes salir por el ambiente y hacer cruising sin ningún tipo de riesgo físico. En esa época no era solo que te condenaban socialmente, sino que también te metían una paliza o te mataban.

¿Por qué crees que a la Iglesia (católica española) le falta tanto sentido del humor?

Básicamente por dos cosas. Una, porque la Iglesia es una institución de derechas. Y es bien sabido que en el ala de la derecha no hay mucho sentido del humor. No manejan la ironía y cuando intentan hacer humor queda un poquito como de pastiche. Por otro lado, como institución que es pienso que tiene que hacerse seria. Como institución opresora no puede tener sentido del humor.

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¿Cómo fue el ‘embarazo’ de tu criatura literaria y qué tal se está dando el parto?

Ha sido un embarazo de riesgo. Peor que un parto [risas]. La historia se fraguó hace cuatro años. Creo que un producto literario o cultural necesita sus tiempos. Necesita asentarse hasta que llega al sitio ideal. Pienso que ahora ha llegado al mejor sitio, que es la editorial Egales, y en un momento particular en el que todos, sobre todo los del mundo cultural, estamos viendo cómo tirar hacia adelante. Es un momento en el que estamos todas perdidas, pero tenemos también la posibilidad de construir una nueva forma de hacer cultura. Dentro de todo esto está una nueva manera de hacer promoción. Ahora mismo, he hecho una campaña de preventa de la novela, a través de la web de Berkana, y me he apoyado mucho en redes sociales. Si no hubiera habido pandemia, igual no lo habría hecho. Esta es mi primera novela y no iba a dejar que lo estropease una pandemia.

¿Qué opinas de las controvertidas declaraciones de J.K. Rowling?

No estoy para nada de acuerdo con sus declaraciones. Eso no quiere decir que se invalide su trabajo o su obra. Pero creo que deberíamos estar todos de parte de la diversidad. El negar la existencia de un sector de la población [las personas trans, en este caso] simplemente porque tú crees que a lo mejor con esto te están invisibilizando a ti es algo que yo no justifico de ninguna de las maneras. Las TERF están diciendo ahora mismo que el incluir a las mujeres transexuales como sujeto político del feminismo las va a disolver como sujeto mujer. Esto es lo mismo que se decía con el matrimonio igualitario, cuando decían que aprobarlo iba a destruir la familia. O ya mucho antes, cuando decían que el homosexual era un enfermo que ponía en riesgo la heterosexualidad. Pienso que nos cuesta mucho asumir los nuevos cambios porque, viviendo en una sociedad donde hay tanto sometimiento y tantas relaciones de poder, en cuanto se mueve un poquito el engranaje nos vemos amenazadas en nuestra pequeña parcela de poder.

Defiendes que la cultura es la herramienta más eficaz para ejercer el activismo. ¿Donde se ponga una buena película que se quite un buen mitin?

Más bien creo que todo tipo de activismo es bueno y necesario, pero con mesura (como decía Lola Flores). Al activismo cultural hay que prestarle más atención. La ficción tiene una cuestión que hace que te cale el mensaje sin hacerlo de forma directa. A la vista esta que siempre todas las dictaduras lo primero que han intentado controlar son los medios de comunicación y la cultura. Teniendo en cuenta que todos los activismos nos son necesarios, creo que la cultura es una buena forma de llegar a la gente, de hacer pedagogía, de enseñar cuestiones que igual en un mitin no vas a encontrar. Además, si Eduardo Rubiño da un mitin no irán a verle más personas que aquellas que ya sean cercanas a él o tengan curiosidad por cualquier cuestión. En cambio, una película como Call me by your name de pronto te la pasan por televisión y, aunque seas un señor de VOX o una señora de un pueblo de Albacete, la vas a ver y puedes tener la posibilidad de acercarte. La cultura es mucho más accesible para gente que está mucho más lejana a la ideología que lanza el propio mensaje ficcional.

Sin duda. Ahora mismo te encuentras inmerso en una investigación sobre el cine del director guipuzcoano Eloy de la Iglesia. ¿De dónde viene tu pasión por su trabajo, y qué puedes adelantarnos de ese estudio?

Ya no es solo que a mí me guste el cine de Eloy de la Iglesia como tal, sino que me gusta mucho el cine de esa época, los setenta y ochenta. También porque Eloy es el primer director de cine español que abordó, de una forma abierta, la cuestión homosexual. Una de mis películas preferidas suyas es La semana del asesino, porque en ella adelanta la cuestión de la interseccionalidad de la persona homosexual. Además, creo que a nivel cinematográfico, por primera vez, construye unos personajes homosexuales que no son planos sino que son personajes protagonistas complejos, con aristas y preocupaciones. Mi investigación se centra en la prostitución homosexual masculina en la época de la transición, y es un análisis a través de la película Los placeres ocultos. Quiero hacer ese análisis y, al mismo tiempo, asociarlo con el libro de Foucault de Historia de la sexualidad II. El uso de los placeres. Creo que hay un paralelismo entre la relación entre amante y amado de la Antigua Grecia que describe Foucault y la que mantienen los dos protagonistas de la película de Eloy de la Iglesia. Desde ahí, quiero tender puentes utilizando herramientas de teoría fílmica.

Fuente Editorial Egalés/Dosmanzanas

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Un libro sobre crímenes de odio a personas LGBTI en América Latina

Sábado, 11 de julio de 2020

homofobia1La organización internacional ILGALAC publicó Crímenes de odio contra personas LGBTI de América Latina y el Caribe, un libro de Martín de Grazia que recorre el concepto de “crimen de odio” y los contextos y problemáticas regionales que abonan a esta violencia por prejuicios basadas en la orientación sexual, la identidad o expresión de género y las características sexuales.

El libro puede descargarse aquí y ahonda en las definiciones de heterosexismo, heteronormatividad y LGBTIfobia, así como desarrolla los conceptos de “discurso de odio” y el uso de la expresión “crimen pasional” que sigue abundando en la prensa para hablar de los crímenes contra el colectivo LGBTI. Los transfemicidios y travesticidios, así como la violencia lesbicida, conforman capítulos aparte.

A continuación reproducimos el prefacio de E. Raúl Zaffaroni, juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.

En estas páginas desfila el horror, pero quizá por sobre el que puede producir cada uno de los crímenes que se mencionan, queda el resabio de un horror específico: los autores de estos crímenes pertenecen a la misma especie que nosotros y no es cuestión de anestesiar este horror con el consabido recurso de la patologización.

En general, el crimen de odio se caracteriza porque no es tan importante la identidad de la víctima, como su pertenencia a un colectivo de personas discriminadas y odiadas. De allí que, cuando se cuestionó jurídicamente la agravación penal de estos crímenes, argumentando que se trataba de penar motivaciones, con razón se haya respondido que no es exacto, porque objetivamente tiene lugar una doble lesión de bienes jurídicos y una consiguiente pluralidad de sujetos pasivos: la vida o integridad física de la víctima y el amedrentamiento de todas las personas que comparten su situación, tema que nos ha ocupado hace tiempo.

Todo crimen de odio responde a prejuicios discriminatorios y es igualmente despreciable. La cantidad de personas que parecen incapaces de imaginar y colocarse en el lugar del otro es en definitiva lo que nos produce el horror específico. ¿Esa incapacidad es inherente a la condición humana o es solo una neurosis cultural superable? Apostamos a lo segundo, porque de ser verdad lo primero, estamos condenados a desaparecer en un mundo en que un 1 % de la especie reúne la riqueza equivalente a lo que requiere el 60 % más pobre para sobrevivir o morirse con paciencia y donde, además, para seguir acumulando riqueza se destruyen aceleradamente las condiciones de vida humana sobre el planeta.

Pero la discriminación que da lugar al odio de estas aberraciones tiene también particularidades que la diferencian de otras. En general, las discriminaciones grupales se sufren desde el nacimiento y sus víctimas lo saben desde su infancia, sus grupos de crianza los apoyan y su socialización tiene lugar con clara conciencia de su victimización. Con las sexualidades diferentes, por regla general, esto no sucede: afloran en la pubertad, cuando la víctima ha introyectado la estigmatización de su condición, incluso por parte de su grupo de crianza y de su entorno social. De allí que sean mucho más conflictivas en cuanto al daño psicológico.

Por otra parte, es bueno no referirse ya a minorías, pues desde los viejos informes Kinsey se sabe que no lo son tanto. Por ende, esta discriminación afecta el nivel de salud mental de toda la población, aunque la mayoría responda a patrones heteronormativos. La represión y la estigmatización de la sexualidad en las condiciones antes dichas, con seria afectación psicológica de las víctimas, neurotiza a un alto número de personas y, por cierto, la sociedad que por un prejuicio discriminatorio produce ese resultado, no está mostrando un nivel de salud mental muy bueno, sino todo lo contrario.

En segundo lugar, en este texto se reconocen los esfuerzos estatales, en particular legislativos, para superar estos prejuicios. Se recuerda en la Argentina tanto la legislación sobre matrimonio igualitario e identidad de género, como también la famosa derogación de los edictos por obra de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires y el posterior código y justicia contravencionales, materia esta última que me costó en su momento la estigmatización de mis propios aliados políticos, ante el embate de los medios dominantes y los sectores corruptos de la seguridad. Pueden mencionarse otros avances legislativos similares en otros países de nuestra región.

Pero se pregunta seguidamente cuál es la razón por la cual, pese a todo eso, esto no se refleja claramente en una disminución de la violencia basada en el prejuicio hacia las orientaciones sexuales y las identidades de género. Son buenas las respuestas dadas en el texto, pero, me permito agregar alguna reflexión que creo útil para llevar esta lucha adelante.

Creo firmemente que debemos tener en cuenta que la lucha contra cualquier discriminación es fundamentalmente cultural, porque esa es la naturaleza de las discriminaciones. Las leyes son importantes, pero por sí mismas no limpian las cabezas de los prejuicios que internalizó la cultura. Los cambios culturales demoran mucho más tiempo y, en este caso, se trata de un cambio muy profundamente enraizado en la cultura y condicionado por fortísimas relaciones de poder. Es menester tener en cuenta estas relaciones para dimensionar adecuadamente la tarea que se enfrenta.

Toda sociedad que se verticaliza mediante el ejercicio del poder punitivo, cuando el príncipe dice la víctima soy yo, asume la forma de un ejército y, una vez verticalizada se dedica a colonizar a quienes puede. Esto sucedió primero en Roma y luego en Europa, cuando a partir del siglo XVI comenzó a colonizar a casi todo el planeta.

Todo ejército tiene unidades menores a cargo de cabos y sargentos y, el jefe de unidad menor de la sociedad colonizadora es el pater familiae. La colonización y el patriarcado son inseparables. La misoginia de los demonólogos quemando brujas fue parte de la preparación del colonialismo europeo. La heteronormatividad, con la mujer sometida como un ser humano inferior –un hombre mal terminado, al que le faltaba algo y menos inteligente-, capaz de pactar con Satán, perdura hasta el presente, la Edad Media no ha terminado. Y las sexualidades diferentes son traiciones al ejército social colonizador. El criminal por odio duda de su propia identidad fabricada por el poder colonizador y con su crimen quiere confirmarla: destruir al traidor/a para matar al traidor potencial que lleva dentro.

Estamos en lucha contra una cultura que comenzó con las codificaciones de la sexualidad alrededor del siglo XI, o sea, hace mil años. Estamos haciendo tambalear los prejuicios discriminatorios que alimentaron la cultura de señores de dominus- que produjo los genocidios colonialistas en América, África, China e India.

Tomar consciencia de la magnitud de la empresa no debe ser desmoralizante, sino todo lo contrario. La dignidad del esfuerzo se fortalece con el pleno reconocimiento de su trascendencia de mucha mayor amplitud en la perspectiva de los Derechos Humanos. En definitiva, se trata de la lucha por la igualdad que, en este momento de poder planetario, lo es por la supervivencia misma de nuestra especie.

Fuente Agencia Presentes

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“Caminos de reconciliación”, de Pablo Romero Buccicardi

Sábado, 20 de junio de 2020

ca563f49c027a84e7ab9d78a0ec0fa00Un libro de testimonios valiente y necesario

Este libro quiere colaborar con la reconciliación de las personas, de la Iglesia y de parte de la sociedad.

Una reconciliación que sobre todo es con ellas mismas, partiendo de un tema tan esencial para la vida como es la sexualidad, pero que va de la mano de una renovada relación con Dios y con los demás.

Se trata de diez historias personales cuya lectura puede conmover al lector y, también, permitir reconocerse en ellas, al menos en una parte de sí mismos.

Puede aparecer el miedo al rechazo, el temor a mirar ciertos aspectos de la sexualidad, la resistencia a reconocer y aceptar los impulsos y deseos de la afectividad.

Una crónica del mal sufrido, pero, sobre todo, historias de fe y amor LGTBI.

Autor : Pablo Romero Buccicardi

ISBN: 9788428835770
Fecha publicación: 08/06/2020
Encuadernación: Rústica
Núm. páginas: 328
Código interno: 203535

Índice:

Prólogo, María Luisa Berzosa González

Presentación, Pablo Romero Buccicardi

Primera sección. Historias de fe y amor LGTBI

1. «Dios es la riqueza que tengo, mi fuerza viene de él». Rodrigo, camerunés, gay, golpeado, desplazado y refugiado

Ser homosexual en Camerún

«Había tirado a la basura la dignidad de la familia» Leer más…

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“Santos accidentales. Encontrando a Dios en las personas equivocadas”, de la pastora luterana Nadia Bolz-Weber

Viernes, 19 de junio de 2020

article-2487631-19327AFA00000578-63_306x423Alfonso Pérez Ranchal: “La sinceridad hiriente de este libro me ha sacudido“

“Para tanto «santo» y «justo» que asiste a este tipo de iglesias este libro no es recomendable. Seguramente quedarán escandalizados”

  “Los ortodoxos, los de buenas maneras y los bien hablados, le haya dicho de todo a Nadia Bolz-Weber, desde hija de Satanás hasta mandarla por toda la eternidad a que sufra en el infierno”

“Habla de su vida, de sus traumas desde la niñez y de cómo la Iglesia supuso para ella todavía más dolor y hundimiento”

“Es alguien a la que le persigue la depresión hasta tal punto que la llamó «Frances», y que tiene problemas de ira y adicción al alcohol”

De todas formas, ha sido mi experiencia que lo que nos hace los santos de Dios no es nuestra capacidad para ser santos, sino la capacidad de Dios para trabajar a través de los pecadores. El título «santo» siempre se confiere, nunca se gana. Nadia Bolz-Weber

Nadia Bolz-Weber es una controvertida pastora luterana que no pasaría un examen de ortodoxia, ni de buenas maneras y muchos menos de bien hablada. Ello ha hecho que los ortodoxos, los de buenas maneras y los bien hablados, le hayan dicho de todo, desde hija de Satanás hasta mandarla por toda la eternidad a que sufra en el infierno. Sin embargo, ha sido en otros lugares en donde este libro se ha hecho sentir. El mismo fue bestseller del New York Times. Esto nos indica que la espiritualidad en muchas personas está muy viva, lo que ocurre es que en no pocas ocasiones se encuentra en donde uno no esperaría… como el subtítulo de este volumen nos indica.

Debo reconocer que este libro me ha sacudido. Lo más importante no es lo que cuenta, que también, sino su sinceridad hiriente… hiriente porque en ocasiones te ves reflejado. ¿Significa esto que estoy de acuerdo con todo lo que dice y cómo lo dice? No. Menos mal.

50E80B72-0219-4AC2-AFFB-F6427D61BE26Han existido, y existen, tantos excesos por la parte más conservadora del cristianismo que es un auténtico milagro que alguien como Nadia, que se crio en una familia fundamentalista, pueda volver a la fe. Una fe que se basa en la Gracia. Nadia es una pecadora, ella lo sabe, no hace falta que nadie se lo diga, no pretende esconder nada. Pero esto también significa que sabe lo que es la gracia, no hace falta que nadie le hable de ella, la ha encontrado en el rostro de Jesús. Es esto precisamente lo que cautiva de este libro. En realidad no hay grandes argumentos, no podemos encontrar algo así como un tema que se va desarrollando a través de los capítulos. Sin embargo, te hace pensar y mucho ante alguien que no esconde su fallos, sus errores, este es el «gran argumento» que, además, posiblemente no sea intencional.

Lo que vendría a continuación en una reseña «como Dios manda» sería una breve presentación del contenido del libro, apuntar lo esencial de cada capítulo para que el lector se haga una idea general, pero en un libro como el presente no hace falta. Se trata de experiencias, de sus experiencias y de cómo encontró a Dios en las personas equivocadas. Por ello, podría destacar las páginas 51 y 52 y las que van desde la 78 a la 80 en donde habla de su vida, de sus traumas desde la niñez y de cómo la Iglesia supuso para ella todavía más dolor y hundimiento. También podría apuntar la historia de Jim el homosexual que se relata a partir de la página 68, o de cuando habla de las treinta y tantas personas que componían al principio su iglesia, la mayoría con estrés postraumático por los excesos vividos, como ella misma, en iglesias fundamentalistas, cerradas y legalistas. Para conocer más historias deberás comprar el libro.

Esta luterana es alguien que lucha a diario con su adicción al alcohol, y aunque sabe cómo mantenerla a raya también conoce que no puede bajar la guardia. Es alguien a la que le persigue la depresión hasta tal punto que la llamó «Frances», y que tiene problemas de ira. Esto contrasta con el mundo religioso en el cual nació y que al presente no ha cambiado en casi nada. Personas de buenas maneras, que rara vez alzan la voz (salvo en las redes sociales), aseadas, con apariencia de piedad y defensoras de la «sana doctrina». Es por ello que para tanto «santo» y «justo» que asiste a este tipo de iglesias este libro no es recomendable. Seguramente quedarán escandalizados. Esta malhablada ministra les chocará, al igual que algunos de sus comentarios sobre determinados temas. Sin embargo, creo que ha experimentado mucho mejor la gracia, el amor de Dios, que todos los anteriores juntos. Solo alguien que ha caído muy bajo conoce el poder sanador y restaurador de Dios en la persona de Jesús, esa es Nadia.

¿La desligitima todo lo hasta aquí dicho para ser ministra del evangelio? En absoluto, todo lo contrario. En realidad, solo alguien así puede llegar a personas que han pasado por lo mismo, sentir lo que ellas sienten y desde ahí ayudarlas. Por eso a su iglesia iban tantos pecadores y tan pocos justos.

AB303807-107E-42C3-8B59-A89ECC0931BBA medida que ella se va exponiendo coloca al lector en una posición muy incómoda. No somos tan limpios y puros como nos pensamos. Es posible que tengamos secretos que jamás diremos a nadie, apariencias que guardar, por ello, al desnudar su interior en realidad se trata de un acto de tremenda valentía. Evidencia que además posee una conciencia fina y sensible.

Nadia Bolz-Weber nos presenta su día a día como pastora luterana, pero también y a la par como una mujer corriente con sus luchas, sus dudas y sus certezas. No busca la absolución, sabe que ya la tiene, Dios se la ha regalado, pero lo que sí hace es que el lector sea una especie de confesor, nos hace partícipes de los baches de su alma.

También muestra que la realidad es a veces muy compleja. En ocasiones, defendemos una postura hasta que nos toca a nosotros pasar por esa misma circunstancia. Entonces, tenemos dos opciones: o reconocer nuestro error, o comenzar a dar excusas, acudir a las disculpas propias y a mirar para otro lado.

Concluyendo, el título Santos accidentales. Encontrando a Dios en las personas equivocadas se convierte en un llamado a dirigir la vista precisamente en esta dirección para comprobar cómo es allí, y en ellas, en donde Dios manifiesta su amor y compasión de forma escandalosa. No me extraña que a Jesús lo llamaran amigo de pecadores. Lee este libro y ten siempre un ejemplar de más preparado para regalar a cualquier vida rota que se te cruce en tu camino. Existe crueldad tanto dentro como fuera de las iglesias, pero hay alguien que jamás se escandalizará de ti ni te tratará con desprecio. Es alguien que también sufrió desprecio e ignominia, venía de Nazaret, y sí, de Nazaret puede salir algo bueno, de hecho, muy bueno.

Fuente Religión Digital

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‘Homosexualidades y cristianismo en el S. XXI’, para ampliar los horizontes del contexto creyente y homosexual

Miércoles, 3 de junio de 2020

978-84-1324-753-3Autores de diversas Iglesias cristianas, consagrados y laicos

Páginas que señalan una realidad por muchos homosexuales desconocida, y muchas veces ignorada y ridiculizada, pues en mitad de sus gozos y tristezas, sus conquistas y rechazos, muchas personas homosexuales levantan su corazón a Cristo y quieren vivir su fe en la Iglesia

Editado por Dykinson, intenta proponer, de modo positivo y con honestidad, una interpretación más honda de las Escrituras, de la Tradición y los Magisterios

El libro, que tiene un enfoque cristiano ecuménico, está coordinado por Francisco Javier de la Torre, profesor de la Universidad Comillas

(Editorial Dykinson).- Con modestia, pero con verdad, podemos afirmar que en castellano no hay un libro como Homosexualidad y cristianismo en el S.XXI. Estas páginas son algo más que un libro. Pretenden abrir la realidad y ampliar los horizontes del contexto creyente y del contexto homosexual. Son páginas que señalan una realidad por muchos homosexuales desconocida, y muchas veces ignorada y ridiculizada, pues en mitad de sus gozos y tristezas, sus conquistas y rechazos, muchas personas homosexuales levantan su corazón a Cristo y quieren vivir su fe en la Iglesia.

El libro tiene un enfoque cristiano ecuménico. Participan personas de la Iglesia Católica, de la Comunión Anglicana y de diversas Iglesias protestantes. Las aportaciones son internacionales. La mayoría son personas comprometidas en sus iglesias como sacerdotes, pastores, laicos o teólogos. La mayor parte son doctores en teología, filosofía o psicología.

Son propuestas de investigación para avanzar las iglesias cristianas en estos temas. Se intenta proponer, de modo positivo y con honestidad, una interpretación más honda de las Escrituras, de la Tradición y los Magisterios, del diálogo con las ciencias y la filosofía y del diálogo con la experiencia humana.

Este libro es un auténtico regalo. En cada artículo se descubren más allá de los rótulos y la letra, historias y experiencias de vida honda, de vida plena, de vida que debe ser conocida y reconocida. Los autores de este libro nos ofrecen palabras reflexionadas, discernidas, pasadas por la criba del corazón que merecen escucharse y también ofrecerse.

Ojalá tras este libro muchos homosexuales se sientan más atraídos para vivir su fe en las diversas iglesias cristianas, ojalá muchos se acerquen, unos por primera vez, otros en un viaje de vuelta. Ojalá también las Iglesias cristianas ensanchen su corazón para reconocer que “las personas homosexuales tienen dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”.

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Repensar la resurrección. La fe en común en la diferencia de las interpretaciones”, por Andrés Torres Queiruga

Lunes, 13 de abril de 2020

10098636596_c0fc4f3ea9_cEste texto es el epílogo del libro de Andrés TORRES QUEIRUGA, «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003), que trata de hacer un resumen del propio libro. No hemos corregido las huellas de este su carácter de epílogo ni sus referencias a páginas anteriores del libro. Agradecemos al autor y a la editorial su gentileza, y recomendamos a los lectores su lectura completa

Llegados al final de un largo y sinuoso recorrido, no sobra intentar poner en claro su resultado fundamental. Un resultado que, como el enunciado del título trata de indicar, presenta un carácter claramente dialéctico. Por un lado, la reflexión ha procurado moverse siempre dentro de aquella precomprensión común de la que, de un  modo u otro, parten todos los que se ocupan de la resurrección (por eso dan por supuesto que tratan del mismo asunto). Por otro, ha sido en todo momento consciente de que lo en apariencia “común” está ya siempre —y por fuerza— traducido conforme a los patrones de las interpretaciones concretas. La presentada en este libro es una de ellas. Por eso se ha esforzado en todo momento por moverse dentro de la fe común y al mismo tiempo no ha ocultado nunca su libertad para elaborar su peculiar propuesta dentro de la diferencia teológica.

Hacerlo con la responsabilidad exigida por un tema tan serio ha complicado, no sé si más de lo necesario, la exposición, oscureciendo tal vez tanto la intención como el contenido preciso del mismo resultado. Ahora, con el conjunto a la vista, resulta más fácil percibir tanto la marcha del proceso reflexivo como su estructura global y sus líneas principales. De hecho, la impresión de conjunto, unida a un repaso del índice sistemático, sería tal vez suficiente, y conviene tenerlo delante. El epílogo trata únicamente de mostrar de manera todavía más simplificada las preocupaciones y los resultados fundamentales.

1. La tarea actual

1.1 Lo común de la fe

Preocupación básica ha sido en todo momento insistir en la comunidad e identidad fundamental de l referente común que las distintas teologías tratan de comprender y explicar, pues eso hace más evidente el carácter secundario y relativo de las diferencias teóricas[1]. Algo que puede aportar serenidad a la discusión de los resultados, reconociendo la legitimidad del pluralismo y limando posibles tentaciones de dogmatismo.

Fue ya una necesidad en las primeras comunidades cristianas. Porque, aunque, como bien reflejan los escritos paulinos, también en ellas había fuertes discusiones, no por eso deja de percibirse un amplio fondo común, presente tanto en las distintas formulaciones como en las expresiones litúrgicas y en las consecuencias prácticas. Esa necesidad se acentúa en la circunstancia actual, tan marcada por el cambio y el pluralismo , pues también hoy la comunidad cristiana vive, y necesita vivir, en la convicción de estar compartiendo la misma fe . Tal vez hoy por hoy, más que a una visión teológica unitaria, sólo sea posible aspirar a la comunidad de un “aire de familia”; pero, mantenido en el respeto dialogante, eso será suficiente para que las “muchas mansiones” teóricas no oculten la pertenencia a la casa común (cf. Jn 14, 2).

Hace tiempo lo había expresado insistiendo en la necesidad de “recuperar la experiencia de la resurrección”[2], ese humus común, rico y vivencial, previo a las distintas teorías en que desde sus comienzos la comunidad cristiana ha ido expresando su fe . Tal experiencia se manifestó fundamentalmente como una doble convicción de carácter vital, transformador y comprometido. Respecto de Jesús, significa que la muerte en la cruz no fue lo último, sino que a pesar de todo sigue vivo, él en persona; y que, aunque de un modo distinto, continúa presente y actuante en la comunidad cristiana y en la historia humana. Respecto de nosotros, significa que en su destino se ilumina el nuestro, de suerte que en su resurrección Dios se revela de manera plena y definitiva como “el Dios de vivos ”, que, igual que a Jesús, resucita a todos los muertos ; en consecuencia, la resurrección pide y posibilita un estilo específico de vida que, marcada por el seguimiento de Jesús, es ya “vida eterna”.

1.2 La inevitable diversidad de la teología

Afirmado esto, todo lo demás es secundario, pues lo dicho marca lo común de la fe . La teología viene luego, con sus diferencias inevitables y, en principio, legítimas, mientras se esfuercen por permanecer dentro de ese ámbito, versando sobre “lo mismo”, de manera que las diferencias teóricas no rompan la comunión de lo creído y vivido.

Eso sitúa y delimita la importancia del trabajo teológico, pero no lo anula en modo alguno ni, por tanto, lo exime de su responsabilidad. Porque toda experiencia es siempre experiencia interpretada en un contexto determinado, y sólo dentro de él resulta significativa y actualizable. La apuesta consiste en lograr una interpretación correcta, que recupere para hoy la experiencia válida para siempre. Pero el cambio puede hacerse mal , anulando la verdad o la integridad de la experiencia; o puede hacerse de modo insuficiente, dificultándola e incluso impidiéndola: no entrando ni dejando entrar — según la advertencia evangélica— en su comprensión y vivencia actual. Y lo cierto es que la ruptura moderna ha supuesto un cambio radical de paradigma , de suerte que obliga a una reinterpretación muy profunda. Esta situación aumenta lo delicado y aun arriesgado de la tarea; pero por lo mismo la hace también inesquivable, so pena de hacer absurdo e increíble el misterio de la resurrección.

El trabajo de reinterpretación precisa ir en tres direcciones distintas, aunque íntimamente solidarias: una apunta hacia la dilucidación histórico-crítica del origen, explicitación y consolidación de la experiencia ; otra, hacia el intento de lograr alguna comprensión de su contenido, es decir, del ser de la resurrección y del modo como se realiza; finalmente, otra intenta dilucidar las consecuencias, tanto para la vida en la historia como para el destino más allá de la muerte . De suyo, la última dirección es las más importante, pero, dado que la conmoción del cambio se produjo sobre todo en las dos primeras, ellas son las que han ocupado mayor espacio en la discusión teológica. Tampoco en este estudio ha sido posible escapar a ese “desequilibrio”, aunque se ha intentado compensarlo en lo posible.

2. La génesis de la fe en la resurrección

El cambio cultural se manifestó en dos fenómenos principales. El primero fue el fin de la lectura literal de los textos, que, haciendo imposible tomarlos como un protocolo notarial de lo acontecido, ha obligado a buscar su sentido detrás del tenor inmediato de la letra. El segundo consistió en el surgimiento de una nueva cosmovisión, que ha obligado a leer la resurrección en coordenadas radicalmente distintas a las presupuestas en su versión original.

En la nueva comprensión de la génesis influyó e influye sobre todo el primero. Porque el fin del fundamentalismo forzó un cambio profundo en la lectura y al mismo tiempo ha proporcionado los meDios para llevarlo a cabo. Los ha proporcionado no sólo porque, al romper la esclavitud de la letra, abría la posibilidad de nuevos significados, sino también porque, al introducirla en la dinámica viva de la historia de la revelación , la cargaba de un realismo concreto y vitalmente significativo. Lo cual vale tanto para el Antiguo como para el Nuevo Testamento.

2.1 La resurrección en el Antiguo Testamento

Ha sido, en efecto, importante recordar el Antiguo Testamento y remontarse de algún modo al duro aprendizaje que supuso. Con sus dos caminos principales. El primero (que tal vez debiera haber recibido una atención aun mayor) remite a la vivencia de la profunda comunión con Dios. Comunión que, sin negar la aspereza de la vida terrena y sin tener todavía claridad acerca del más allá de la misma, permitió intuir que su amor es “fuerte como la muerte ” (Cant 8, 6). Por eso la  conciencia de la fidelidad divina fue capaz de dar sentido a la terrible ambigüedad de la existencia, tal como aparece, por ejemplo, en el salmo 73: “Mi cuerpo y mi corazón se consumirán, pero Dios es para siempre mi roca y mi suerte” (v. 26). El segundo camino pasa por la aguda experiencia de contraste entre el sufrimiento del justo y la intolerable injusticia de su fracaso terreno. Como se anuncia con claridad ya en los Cantos del Siervo y se formula de manera impresionante con los mártires de la lucha macabea (cf. 2 Mac 7), sólo la idea de resurrección podía conciliar el amor fiel de Yavé con el incomprensible sufrimiento del justo.

Un fruto importante de este recuerdo es que los largos siglos sin creencia clara en el otro mundo enseñan, en vivo, que la auténtica fe en la resurrección no se consigue con una rápida evasión al más allá, sino que se forja en la fidelidad de la vida real y en la autenticidad de la relación con Dios. Además es muy probable que en esos textos encontrase Jesús un importante alimento para su propia experiencia ; y, con seguridad, ahí lo encontraron los primeros cristianos para su comprensión del destino del Crucificado.

2.2 La resurrección de Jesús en el Nuevo Testamento

Esa herencia preciosa pasó al Nuevo Testamento como presupuesto fundamental, que no debe olvidarse, porque constituía el marco de vivencia y comprensión tanto para Jesús como para la comunidad. La fe en la resurrección de los muertos estaba ya presente en la vida y en la predicación del Nazareno: la novedad que introduce la confesión de la suya, se realiza ya dentro de esta continuidad radical.

En este sentido , no es casual, y desde luego resulta esencial, la atención renovada a su vida para comprender la génesis y el sentido de la profunda reconfiguración que el Nuevo Testamento realiza en el concepto de resurrección heredado del Antiguo. La vida de Jesús y lo creído y vivido en su compañía constituyeron sin lugar a dudas una componente fundamental del suelo nutricio donde echó raíces lo novedoso y específico de la experiencia pascual.

Dos aspectos sobre todo tuvieron una enorme fuerza de revelación y convicción. En primer lugar, la conciencia del carácter “escatológico” de la misión de Jesús, que adelantaba y sintetizaba en su persona la presencia definitiva de la salvación de Dios en la historia : su destino tenía el carácter de lo único y definitivo. En estrecha dialéctica con él, está, en segundo lugar, el hecho terrible de la crucifixión , que parecía anular esa presencia. La durísima “experiencia de contraste ” entre, por un lado, la propuesta de Jesús, garantizada por su bondad, su predicación y su conducta, y, por otro, su incomprensible final en la mors turpissima crucis, constituía una “disonancia cognoscitiva ” de tal magnitud, que  sólo con la fe en la resurrección podía ser superada (un proceso que, a su manera, había adelantado ya el caso de los Macabeos ).

El hecho de la huída y ocultamiento de los discípulos fue, con toda probabilidad, históricamente cierto; pero su interpretación como traición o pérdida de la fe constituye una “dramatización” literaria, de carácter intuitivo y apologético, para demostrar la eficacia de la resurrección. En realidad, a parte de lo injusta que resulta esa visión con unos hombres que lo habían dejado todo en su entusiasmo por seguir a Jesús, resulta totalmente inverosímil. Algo que se confirma en la historia de los grandes líderes asesinados, que apunta justamente en la dirección contraria, pues el asesinato del líder auténtico confirma la fidelidad de los seguidores: la fe en la resurrección , que los discípulos ya tenían por tradición, encontró en el destino trágico de Jesús su máxima confirmación, así como su último y pleno significado. Lo expresó muy bien, por boca de Pedro, el kerygma primitivo: Jesús no podía ser presa definitiva de la muerte , porque Dios no podía consentir que su justo “viera la corrupción” (cf. Hch 2, 24-27).

2.3 Lo nuevo en la resurrección de Jesús

La conjunción de ambos factores —carácter definitivo y experiencia de contraste — hizo posible la revelación de lo nuevo en la resurrección de Jesús : él está ya vivo, sin tener que esperar al final de los tiempos (que en todo caso empezarían con él); y lo está en la plenitud de su persona, ya sin el menor asomo de una existencia disminuida o de sombra en el sheol . Lo que se esperaba para todos (al menos para los justos) al final de los tiempos, se ha realizado en él, que por eso está ya exaltado y plenificado en Dios. Y desde esa plenitud —única como único es su ser— sigue presente en la comunidad, reafirmando la fe y relanzando la historia . Leer más…

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KAKAO BOOKS y el boom de la literatura LGTB infantil y juvenil

Lunes, 6 de abril de 2020

CUBIERTA-ANNIE-KAKAOBOOKS-682x1024La literatura ha cambiado mucho en estas últimas décadas, y una realidad que antes nos era difícil imaginar son los libros juveniles e infantiles de temática LGBT+ en español. Los cuentos infantiles que podemos contar a nuestros peques en los que hay familias con dos papás y dos mamás se encuentran en varias librerías, pero la edad crítica a la que se decide si seremos o no adultos lectores es la adolescencia. Según el Informe de Resultados de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, el 71% de los jóvenes de entre 10 y 14 años leen libros a menudo, pero esta cifra desciende al 45% en la franja de los 15 a los 18 años.

¿Cómo podemos entonces fomentar la lectura entre nuestros adolescentes? Ofreciéndoles libros diversos: aquellos libros que nos hubiera gustado leer con su edad.

En el mercado anglosajón llevan ya más tiempo lanzando novelas juveniles de contenido LGBT+, con autores de éxito como Adam Silvera, Nina LaCour, Leigh Bardugo y V.E. Schwab. Autores latinos como Adam Silvera y Benjamin Alire Sáenz (autor de Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo) han tardado un poco en llegar al mercado hispano, pero están funcionando muy bien, y los jóvenes quieren leer cada vez más estas historias.

KAKAO BOOKS (https://www.kakaobooks.com/) es una editorial española que nace por esta necesidad de clara diversidad con dos colecciones: Kakao MIDDLE, para libros a partir de 8 años, y Kakao LARGE, con historias más largas a partir de 12/14 años.

Podemos leer así como las jóvenes Annie y Liza se conocen y enamoran en Annie en mis pensamientos de Nancy Garden, un título que llegó a censurarse en Estados Unidos (¡e incluso a ser quemado!); leer las dudas y aventuras diarias de un clásico juvenil gay como es Rainbow Boys de Alex Sanchez, y acompañar a Rafe en Abiertamente hetero de Bill Konigsberg, que decide ocultar su identidad con sus nuevos amigos porque está cansado de ser “el chico gay” del instituto. Estos tres títulos están disponibles como e-books, y son una gran opción de entretenimiento para los más jóvenes en estos días.

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En mayo KAKAO BOOKS estrena la línea de Kakao MIDDLE con La hija del huracán, de Kacen Callender: Caroline es una chica caribeña de doce años que busca a su madre con la ayuda de la alumna nueva de la escuela, Kalinda, que, como ella, puede ver las cosas que nadie más ve.

Otros libros y sagas juveniles para los hijos e hijas más lectores son la saga de Marabilia (ed. Nocturna), de Iria G. Parente y Selene M. Pascual, libros de fantasía llenos de personajes diversos; las novelas Clementine, de Clara Cortés, (ed. La Galera), con amores entre chicas y temas como las relaciones tóxicas y la autoaceptación; Mystical, de Marta Álvarez y Laia López (ed. La Galera), una saga que encanta a los más peques; El valle oscuro de Andrea Tomé (ed. Plataforma Neo) ambientada en Japón durante la Segunda Guerra Mundial, y El fuego en el que ardo de Mike Lightwood (ed. Plataforma Neo), novela juvenil contemporánea de romance entre chicos.

Poco a poco, podemos decir que hoy en día, en el ámbito hispanohablante, nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) tienen donde escoger para sentirse visibles y representados.

Fuente Oveja Rosa

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Queerentena liberada: una compilación de 26 artistas LGBTIQ+

Sábado, 28 de marzo de 2020

Captura-de-pantalla-2020-03-23-a-las-15.17.14-686x343Ilustración: Femimutancia

Ante la pandemia de coronavirus y el aislamiento, son muches quienes decidieron liberar su arte desde las redes sociales para acompañar. La Editorial Puntos Suspensivos creó una publicación con textos de artistas pertenecientes al colectivo LGBTIQ+ llamada QUEERENTENA: Escrituras escurridizas para la liberación de los cuerpos en cuarentena”.

Mientras las calles se vacían respetando las medidas que ayudan a evitar el contagio, en las redes sociales corren a toda furia las producciones artísticas. Puntos Suspensivos es una editorial autogestiva a cargo de dos varones trans: Ese Montenegro y Gaita Nihil.  Desde desde hace 4 años editan a compañeres del colectivo LGBTIQ+ y en los últimos tiempos especialmente a personas trans, travestis y no binaries.

Somos militantes, no sólo por ser trans pero abrazando la experiencia que nos aporta serlo, y pensamos también el arte (en todas sus formas) como una expresión de nuestras luchas políticas y por ello, hacemos los libros que quremos/necesitamos que existan Porque habitamos nuevas fromas de habitar el arte y la política. Porque construimos y tejemos con amigxs y compañerxs, allí donde las lógicas del heterocis/capitalismo/patriarcado/colonialismo intentan aniquilarnos, hacemos mundos… Otros mundos, dónde existir es más que resistir, allí donde lucha y sueño se inscriben en una sola marca posible”, dicen dese el prólogo los Puntos Suspensivos.

Queerentena” está disponible online gratis y se puede descargar. Compila 26 poetas, escritorxs e ilustradorxs: Euge Murillo, Sofía Vaisman Maturana, Lara Tufaro, Nicolás Samuel Illuminati, Michelle Lacroix, Neu, gaita nihil, Nadia Sol Caramella, Dafne Pidemunt, Gabriela Borrelli Azara, Moyi Schwartzer, Alejandro Jedrzejewski, Clau Bidegain, Leticia Hernando, Rosa Rodríguez Cantero, Rusia, Camila Sosa Villada, Julián Chacón, Vir Cano, Celina Eibuszyc, Chana Mamani, Lin Pao, Lucas “Fauno” Gutiérrez Morena García, Ese “el Negro” Montenegro, Juan Duncan y Femimutancia.

Fuente: Agencia Presentes

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Relatos LGBTIQ+

Martes, 24 de marzo de 2020

Relatos-LGBTI-Ambiente-G-1Una buena iniciativa de la web AmbienteG. Os animamos a pasaros a diario por ella para poder leerlos…

Para aprovechar las horas de cuarentena por el coronavirus, desde Ambiente G os proponemos una cadena de relatos LGBTIQ+. Hemos pensado que seguramente algunos estén aprovechando la reclusión para escribir, y otros tantos para leer.

Así pues, queremos poner la plataforma que es Ambiente G a disposición de los lectores y escritores de relatos.

¿Qué significa cadena de Relatos LGBTIQ+?

En corto, significa que abrimos un formulario para recibir relatos de temática LGBTIQ+, relatos lésbicos, relatos gays, bisexuales, trans, relatos queer en definitiva. Todas las temáticas relacionadas con el LGBTI+ serán bienvenidas.

Una vez empecemos a recibirlos, los iremos publicando en Ambiente G, obviamente dando crédito al autor y enlazando sus redes sociales (si así lo desean el escritor o la escritora) para darlas a conocer.

Si la variedad de relatos que recibimos lo permiten, equilibraremos los relatos publicados para que haya presencia de todas las partes del colectivo LGBTIQ+.

Así pues, podremos hacer llegar contenido de ficción LGBTIQ+ a las personas del colectivo que están recluidas en su casa, con mucho Netflix, HBO y Amazon Prime, pero con poquísima oferta de ficción LGBTIQ+

Cómo funciona concretamente

Desde hoy mismo queda habilitado un formulario para relatos LGBTI+ de Ambiente G para que nos enviéis los relatos. Estos deberán ser de un mínimo de 300 y un máximo de 1.000 palabras. Las temáticas pueden ser las que queráis, pero daremos prioridad a relatos para todos los públicos.

Los iremos leyendo estos días, y empezaremos a publicarlos en Ambiente G. Avisaremos a los autores, de manera privada de que lo vamos a publicar.

Así pues, a partir de aquí queda en vuestras manos ¿Te gusta escribir? Enviamos tu relato ¿Conoces a alguien lesbiana, gay, bisexual, trans, intersexo, queer que cuenta buenas historias? Envíale este post y anímale a participar. ¿No crees que tu relato valga la pena? No te juzgues, envíalo!

En definitiva, esta iniciativa parte de los redactores de Ambiente G para poder hacer llegar al máximo de personas relatos LGBTI, durante estas semanas de reclusión. #QuédateEnCasa.

Y aquí el primer relato

Fuente AmbienteG

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Irene López Alonso: “El consejo de Virginia Woolf, incluso 90 años después, sigue sin entenderse del todo”

Viernes, 20 de marzo de 2020

m9jy3d“En estos días en los que inevitablemente pasamos más tiempo en casa y pensamos más en nuestra casa, quizá muchas de nosotras nos hemos dado cuenta de que no tenemos un cuarto propio”

En estos días de confinamiento y cuarentena, muchas se acordarán de Virginia Woolf. Aquella escritora que, en 1929, les dijo a las mujeres jóvenes de Inglaterra que para poder escribir novelas hacía falta “un cuarto propio”.

Más de 90 años después, y especialmente en estos días en los que estamos recluidos en casa por responsabilidad, seguramente muchos de nosotros estamos siendo más conscientes de la importancia de la vivienda. De la importancia de contar con un espacio agradable y acogedor, donde estar a gusto, donde sentirnos bien.

Las viviendas no debían ser lugares para dormir sino para vivir alegremente, escribió Eva Perón en su autobiografía, explicando su empeño para que las casas que ponía a disposición de los pobres, en la Argentina de finales de los años 40, tuvieran flores, cortinas, vajilla de plata. “El rico, cuando piensa para el pobre, piensa en pobre”, se quejaba. No es lo mismo pasar la cuarentena en el Palacio de la Zarzuela que en un piso de 30 metros cuadrados.

Por eso en estos días, en los que los propietarios de balcones o terrazas son unos privilegiados frente a quienes viven en un bajo o en piso con ventanas al patio interior; en estos días en los que inevitablemente pasamos más tiempo en casa y pensamos más en nuestra casa, quizá muchas de nosotras nos hemos dado cuenta de que no tenemos un cuarto propio.

Vanessa Monfort, en su novela Mujeres que compran flores, recreaba una conversación entre un grupo de amigas:¿Cuántas de vosotras cuando habéis vivido en pareja tuvisteis una habitación propia?. Las respuestas afirmativas eran claramente minoritarias. Y la conclusión, colectiva: “Todas preocupadísimas por conquistar nuestro lugar en los despachos y donde aún no nos hemos hecho un hueco es en casa”.

Por eso el consejo de Virginia Woolf, incluso 90 años después, sigue sin entenderse del todo. Porque las mujeres llevamos siglos luchando por la conquista del espacio público, por ocupar cargos de representación, por llegar a puestos directivos, por romper el techo de cristal en la empresa, en la política, en las artes, en la universidad.

En esa misma conferencia, luego convertida en libro, Woolf cuenta cómo en un solo paseo le prohíben entrar a una biblioteca y a una iglesia, e incluso pisar el césped del campus universitario. En aquel entonces no estaba permitido a las mujeres. Y precisamente por eso, porque Woolf vivió en un tiempo en el que los espacios públicos vedados a las mujeres eran tantos, llama la atención que en cambio se preocupara especialmente por el espacio doméstico. “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”, repite como leitmotiv en Un cuarto propio.

Seguramente sea en estos días de reclusión en los que acabemos de entender que la habitación propia es un espacio simbólico, un lugar-tiempo de intimidad, un jardín privado que toda mujer debe reservarse a sí misma; pero al mismo tiempo es un cuarto propio en el sentido más prosaico de la palabra: un cuarto para ti, donde no te molesten, donde poder realizar una labor intelectual con la concentración necesaria, donde refugiarte si tienes la desgracia de convivir con la persona no deseada, y donde “disponer de al menos media hora que pueda llamar mía”, como escribió Woolf.

Y es que la habitación propia es para las mujeres “un espacio de su propiedad en el que poder hacer lo que quieran sin miedo, sin rendirle pleitesía a nadie”, como explica Mª Milagros Rivera en el prólogo de una de las ediciones en español de A Room of One’s Own; pero también un lugar donde no ser “constantemente interrumpidas”.

Y esto lo saben especialmente las mujeres que son madres: “En casa, por muy directiva que seas, mamá es molestable y papá no. El tiempo de papá es suyo y el de mamá es de todos”, pone Vanessa Monfort en boca de una de las mujeres de su novela.

Quizá tenga que ver, entre otras cosas, con que ellos suelen ser los propietarios de esa “habitación de sobra” en una vivienda familiar. Ellos sí suelen tener un despacho o un estudio, en mayor medida que nosotras. Ellos llevan más generaciones con cuarto propio. Nosotras, más tiempo en el espacio común.

Por eso las interrupciones son un tema de estudio feminista, y por eso Virginia Woolf hablaba también de las “amenidades”. Del ocio, del recreo, de todo aquello que nos realiza y nos cultiva, de las actividades de las que disfrutamos.

Les dije suavemente que bebieran vino y que tuvieran una habitación propia. ¿Por qué todo el esplendor y el lujo de la vida ha de ser derrochado en los Julian y los Francis y nada en las Phare y las Thomas?”, escribió en su diario cuando regresó a su casa después de haber dictado su conferencia.

Porque queremos el pan, pero también las rosas. Queremos vivienda digna para todos y todas, pero también bebernos un vino, brindar, gozar, tomar el sol, escuchar buena música, elegir nuestra compañía o decidir estar solas, divertirnos, reírnos, decorar nuestros entornos, rodearnos de belleza.

“De modo que cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia, os pido que viváis en presencia de la realidad, que llevéis una vida estimulante”, explica Virginia. Sin duda es un buen momento para leerla. Ojalá desde una habitación —o al menos un rincón—, donde podamos estar contentas ?

Fuente La Marea

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Concilium 383. San Valentín, amor queer

Lunes, 17 de febrero de 2020

Concilium_383Tiene buena pinta este número de la revista  teológica Concilium que nos recomienda Xabier Pikaza en su blog:

Jesús: Amor por ínsulas extrañas

Si algo fue Jesús, fue un amor “por ínsulas extrañas”, como decía Juan de la Cruz, amor de hombre por todos los hombre, amor queer. No vino a confirmar ninguna regla, sino a subvertir las leyes del templo y escribas, pues “al principio no era así” (Mt 19, 8). Encontró y sembró amor entre leprosos y excluidos, cojos, mancos, ciegos, centuriones, publicanos, prostituidas, eunucos… Fue un amor en y con ellos, de manera que su iglesia puede y debe llamarse cuerpo queer.

En esa línea recordamos hoy (14.2.20) a San Valentín, obispo de amor queer. El amor era en su tiempo (hacia el III d.C.) un asunto muy legal, reglado por normas imperiales, al servicio del “status”, desde la perspectiva del dinero, en un momento en que únicamente los ricos podían casarse de verdad. Rompiendo esa ley que condenaba al no-amor a muchos pobres (especialmente mujeres), Valentín (obispo real o simbólico de Terracina, en Italia, donde estuve una vez para “honrarle”),  quiso que hombres y mujeres pudieran amarse en libertad, gratuitamente, sin necesidad de avales económico-sociales, y así les ofreció dinero y medios para que pudieran “casarse” (hacer casa) como vieran, pudieran  y quisieran, en amor.

 Demos un salto en los siglos. Actualmente (siglo XXI)  el tema no es si es bueno o no es bueno el amor queer en abstracto, sino que hay personas queer  (un número significativo)… y que no sólo tienen derecho a amar, sino que están invitados por Jesús a entrar los primeros en el reino del amor (los publicanos os precederán…).  Y sobre ellas trata este número extraordinario de Concilium 383, que recomiendo a todos mis lectores.

En esa línea quiero afirmar, en la línea de San Juan de la Cruz, que todo amor es queer, tal como él lo define en el Cántico Espiritual estrofa 14 (siguiendo al Cantar de los Cantares). Todo amor es transgresión, es único y distinto, es queer, sobre todas las leyes. Ciertamente, en un segundo momento, el amor puede reglarse de algún modo, pero no para apagarlo, sino para que brille y arda con más potencia.

84352797_1458993124277875_5713093165594968064_n Escuchen y sientan el comentario que hago delos versos del Cántico Espiritual 14,   precedidos quizá por la palabra de San Agustín, entendida en sentido radical: Ama y haz lo que quieras, ama y atrévete a vivir en libertad, diciendo y sintiendo: Mi Amado, mi Amor las montañas / los valles solitarios nemorosos/ las ínsulas extrañas / los ríos sonorosos/ el silbo de los aires amorosos.  Por montes y valles, ínsulas y ríos, escucha y sigue la voz del Amor  que te está llamando:
Mi amado/amor… las montañas. Descubrir el amor es escalar la montaña de la vida. Negarse a caminar sin más en la llanura de las vacas, es subir, per vias caprarum (por el camino escarpado de las cabras  o los corzos) como decía Huarte de San Juan, el primer psicólogo hispano (vasco de Iparralde*). Quien no haya sentido el impulso de subir y arriesgarse a la montaña del amor no sabrá jamás lo que es la vida. Por eso hay que decir que el amor es queer, contra-corriente.

Mi amado/amor… los valles solitarios, nemorosos. El amor es escalada personal, subir a la montaña para encontrarse allí con él o ella. Pero al mismo tiempo es el descenso aún más arriesgado; bajar al valle y verle allí, verse y gozarse (gocémonos, amado, dirá Juan de la Cruz). Ésa es la única soledad verdadera, soledad a dos, para encontrarse cada uno a sí mismo en el misterio de la vida, en cuerpo y alma. Ese valle de amor es “nemoroso” es el misterio o paraíso original, que todos tienen/tenemos derecho a encontrar, antes de toda ley o norma externa, por principio de Dios, en el valle de la vida húmeda, salada, temblorosa…

Mi amado/amor… las ínsulas extrañas. Todos los legalistas del amor, desde Hammurabi a muchos eclesiásticos cristianos, musulmanes o neo-liberales del siglo XXI se han esforzado por “colonizar” el amor, poniéndolo al servicio de otras cosas (de un Estado, de Iglesia o Capital…). Pero el amor debe transitar siempre por ínsulas extrañas (como repite Juan de la Cruz también en otra estrofa del Cántico, hablando de aquella que va por ínsulas extrañas, al otro lado de la noche). El amor no es recorrer lo ya sabido, lo bien reglamentado, conforme a derecho… En sentido  originario, el amor es lo “torcido”, lo queer, las islas extrañas que cada uno ha de arriesgarse a recorrer, como quiere Jesús y por eso llama a los cojos-mancos-ciegos-prostitutas-eunucos… En ese sentido, el amor es siempre queer.

Caminos XL_ejercicio de amor_PORTADA_5239-4.inddMi amado/amor… los ríos sonorosos.  El amor es también  la inundación del agua potente, que desciende irresistible por los riscos de montaña, para todo, como voz que ensordece y acalla todas las restantes voces. Cuando se descubre y se vive así el  fragor del río de amor quedan en suspenso (no pueden escucharse) otras voces y leyes, ni de Estado ni de Iglesia. Ese amor fragoroso-sonoroso es lo primero, primero, la palabra-espíritu de Dios en nuestra vida, y así podemos confesar que “somos”: Soy amado y amo, luego existo, somos dos o más en compañía.  Sólo en un segundo momento, cuando nos sentemos, podremos pensar en algún tipo de leyes, es decir, de pactos de amor, no para acallar el agua de su voy, sino para mantenerla siempre viva.

Mi amado/amor… el Silbo de los aires amorosos. Tras el fuerte fragor del agua que acalle todas las restantes voces viene el “silbo” amoroso, esto es, el canto enamorado, la música callada, el temblor de estrellas al amanecer… El mismo Dios (la Vida de nuestra vida) nos está silbando/llamado en amor. Ésta es la inspiración suprema, la más honda revelación de lo que somos.

Este es el principio de todo amor queer, es decir, de todo amor… Muchos “escribas” de Estado o Iglesia, de Capitalismo o Comunismo, tienen miedo al amor, y por eso han querido y quieren regularlo,  para que los hombres y mujeres sean todos iguales (como vacas por el llano prado amurallado)…, no como cabras monteses (que decía Huarte de San Juan), no como el ciervo enamorado que salta por los altos montes, desciende a los valles, se pierda y encuentra en las ínsulas extrañas…

Ese ciervo enamorado (vulnerado y curado de amor) del que habla San Juan de la Cruz es el protagonista de esta fiesta de San Valentín 2020, el protagonista queer de Concilium 383,  que hoy invito a leer a mis lectores.

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Concilium 383: Teologías queer: devenir el cuerpo queer de Cristo
Stefanie Knauss y Carlos Mendoza-Álvarez: Editorial

Las teologías queer se inspiran en el análisis crítico de la teoría queer, que emergió a finales del siglo XX a partir de las experiencias de sujetos y subjetividades que son marginadas por su sexualidad no normativa (gais, lesbianas, bisexuales) o su identidad de género (transexuales, intersexuales, no binarios).

Partiendo de experiencias personales de exclusión dentro de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, este número de la revista Concilium nos introduce en todas las cuestiones y perspectivas necesarias para que la teología ayude a la Iglesia a «hacerse» realmente el Cuerpo de Cristo inclusivo de todos los cuerpos martirizados por tener «diferencias» que son tan «naturales» como las hegemónicamente sostenidas por la tradición cultural y religiosa.

Fundamentos

1.1. André S. Musskopf: Tan queer como sea posible
1.2. Susannah Cornwall: Perspectivas teológicas constructivas: ¿Qué es la teología queer?

Experiencias

1.3. Murph Murphy: Queer es Dios
1.4. Paul Uchechukwu: La voluntad de Dios
1.5. Lukas Avendaño: Carta de un indio remiso

Teologías

1.6. Gwynn Kessler: «Queerizar» la teología judía en las parábolas
1.7. Carmenmargarita Sánchez de Léon: Los múltiples cuerpos de Jesús
1.8. Sharon A. Bong: Eclesiología: Hacerse el cuerpo queer, poscolonial y (eco)feminista de Cristo en Asia
1.9. Nontando Hadebe: «¿Puede salir algo bueno de Nazaret? –Ven y verás». Invitación a un diálogo entre teorías queer y teologías africanas
1.10. Ángel F. Méndez-Montoya: El amor en los últimos tiempos: La inscripción escatológica en cuerpos afines a un deseo infinitamente cuir
1.11. Marilú Rojas Salazar: Liturgia queer
1.12. Gerald O. West y Charlene van der Welt: Un (comienzo) queer de la Biblia
1.13. Shanon Shah: Teologías musulmanas queer

2. FORO TEOLÓGICO:

2.1. Conrado Zepeda Miramontes: Los exilios en la aldea global y la compasión política
2.2. Reynaldo D. Raluto: El imperativo de la reforestación a la luz de la lucha contra el cambio climático en Asia

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 * Iparralde: En euskera o lengua vasca, Iparralde significa lado norte y se refiere a la zona del País Vasco que pertenece a Francia, siendo Hegoalde -lado sur- la perteneciente a España.

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Arrancan el segundo certamen de cortos y el primer certamen literario de la FELGTB para dar visibilidad a las mujeres lesbianas, trans y bisexuales

Sábado, 15 de febrero de 2020

certamen-literario-felgtbcertamen-cortos-felgtbCertamen Literario FELGTB

Certamen Cortos FELGTB

La FELGTB pone en marcha dos certámenes en este 2020. 

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) ha puesto en marcha, a través del grupo de trabajo de Cultura, el “I Certamen Literario LGTBI” y el “II Certamen de Cortos” junto al grupo de Políticas Lésbicas. Ambos certámenes se desarrollan en el marco del festival La Culta 2020 y, con motivo del año temático de la Federación “Mujeres LTB: sororidad y feminismo”, los concursos tienen como objetivo difundir la realidad de las mujeres lesbianas, transexuales y bisexuales.

Así, las personas interesadas en participar podrán enviar obras dedicadas a cualquier temática relacionada con la realidad de estas mujeres, en el pasado o en la actualidad, como la lucha por sus derechos, los logros conseguidos, la visibilidad o invisibilidad a la que han sido sometidas, la violencia, los estereotipos o la discriminación laboral, económica y social que sufren, sumadas a las interseccionalidades que atraviesan a las mujeres del colectivo: mujeres racializadas, migrantes, con diversidad funcional, mayores, etc.

La FELGTB considera fundamental desarrollar y promover actividades que fomenten la visibilidad de las mujeres LTB ya que son una de las partes del colectivo que cuenta con menor reconocimiento social. Así pues, se está dedicando el año 2020 al Feminismo, para que las mujeres de nuestra comunidad puedan alzar la voz en contra de sus múltiples discriminaciones y sean el centro de la reivindicación de nuestros derechos.

Por este motivo, la coordinadora de cultura de la FELGTB, Miriam Guijarro, explica que “desde la FELGTB apostamos por el desarrollo de iniciativas que sensibilicen a la sociedad sobre la realidad de estas mujeres pioneras en la lucha por los derechos del colectivo y que, a su vez, contribuyan a crear referentes y modelos sociales LGTBI”.

Las obras del concurso literario se distribuirán en tres categorías: relatos, poesía y otros formatos (cómic, teatro, guión…). Podrán remitirse tanto en castellano, como en cualquiera del resto de lenguas cooficiales del Estado, en cuyo caso deberán incluir su traducción en castellano. Las obras deberán enviarse en formato pdf por email a cultura@felgtb.org antes del 5 de abril.

Por otro lado, las obras del concurso de cortos deberán estar grabadas con móvil o Tablet, no pudiendo sobrepasar los 5 minutos de duración, incluyendo los créditos. Han de subirse a la plataforma Movibeta (www.festival.movibeta.com) antes del 30 de abril.

¡Descarga las bases e infórmate de cómo participar!

Archivos

Bases Certamen Cortos FELGTB 2020.pdf (172 KB)

Bases Certamen Literario FELGTB 2020.pdf (192 KB)

Fuente FELGTB

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Año de la Biblia

Jueves, 2 de enero de 2020

7191906unhombrejovenleyendolabibliaaotrojovenenlacrcel-1024x684Hermanas y hermanos, amigas y amigos: Vayan por delante nuestros mejores deseos de paz y felicidad para el Año Nuevo.

El Consejo Mundial de Iglesias y el Papa Francisco han declarado 2020 como el Año de la Biblia. Su objetivo es que todos los cristianos tengamos un conocimiento directo y personal de la Biblia. La Biblia, para un cristiano, es el álbum de familia; no para copiar la vestimenta de nuestros abuelos, sino para conocer nuestras raíces. No leemos la Biblia porque la distancia de culturas, a lo largo de más de veinte siglos, nos la hacen incomprensible, contradiciendo nuestros conocimientos científicos y nuestra conciencia ética.

Por eso Fe Adulta quiere desarrollar durante estos doce meses un plan que contextualice y haga comprensible la lectura gradual del libro sagrado. Sabemos que la Biblia no es palabra inalterable de Dios, sino palabras humanas que expresan nuestra búsqueda de Dios. Comencemos este mes con unas orientaciones generales para la lectura personal de la Biblia. El resto de meses iremos proponiendo material para estudiar los principales libros del Nuevo y del Antiguo Testamento.

Cada mes recomendaremos unos vídeos y unas lecturas para profundizar en nuestro acercamiento a la Biblia.

Libros recomendados:

A la fuente cada día, de Fray Marcos Rodríguez. Un comentario al evangelio diario para el que sienta la necesidad de hacer un rato de oración cada día. Un motor de puesta en marcha para adentrarse después en las profundidades del mensaje de Jesús. Editorial Fe Adulta.

Ciudad Biblia, de Xabier Pikaza. Una guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos. Editorial Verbo Divino.

Vídeos recomendados:

Hermenéutica Bíblica (I), de Xabier Pikaza: Principios básicos de la Hermenéutica Bíblica: Cómo leer la Biblia. Para interpretar la Biblia hay que contextualizarla en el tiempo y en su momento cultural. Las grandes Religiones antiguas no tenían libro. Los fenicio-palestinos lograron una escritura fácil de aprender y se democratizó la cultura escrita hasta tal punto que lo más característico del pueblo judío es su libro sagrado, que recoge la identidad de Israel.

Hermenéutica Bíblica (II), de Xabier Pikaza: La palabra hermenéutica significa interpretar. No hay lectura sin interpretación. Repasamos varios métodos de interpretación de la Biblia: método patrístico-medieval, escolástico y protestante. El más importante surgió a raíz de la Ilustración y es el método crítico, que comprende el análisis riguroso desde la crítica histórica, literaria, filosófica, psicológica y sociológica. Dentro de cada rama del saber hay métodos de análisis, Por ejemplo, para hacer crítica literaria se recurre al análisis de las formas o la lectura de la redacción.

Hermenéutica desde la mujer, de Carmiña Navia: La hermenéutica afirma que los textos hablan en la medida en que responden a las preguntas que le plantea el lector. La herencia sociocultural que arrastramos hace que la mirada de la mujer sea distinta a la del varón y por lo tanto, las preguntas que las mujeres plantean en la lectura de la Biblia son diferentes a las que han venido planteando los varones durante más de veinte siglos.

Cómo se formaron los evangelios, de Pope Godoy: José Godoy, experto en Ciencias Orientales y análisis semánticos del Nuevo testamento, nos da unas pinceladas muy interesantes sobre cómo se formaron los evangelios: cómo se pasó de la tradición oral a la escrita, cuál es el evangelio más antiguo, de qué fuentes se alimentan, etc. Además de sus conocimientos como teólogo, Pope Godoy aporta ese entusiasmo por la figura de Jesús, que le ha llevado a ser un incansable defensor de los derechos sociales y gran comunicador de los evangelios.

Cómo leer la Biblia, artículo de Gonzalo Haya.

Cuentan que el inventor del fuego, entusiasmado con la utilidad de su descubrimiento, recorrió todos los pueblos enseñándoles a encender el fuego. Pasado un tiempo volvió a visitarlos para apreciar los progresos que habrían logrado con su descubrimiento. Al llegar vio que los nativos habían levantado un monumento en la montaña y allí conservaban un altar con el fuego. Ese era todo el progreso conseguido.

Eso es lo que hemos hecho con la Biblia: la hemos encerrado en una vitrina, fuera del polvo y del desgaste de nuestras manos. No la leemos, ni siquiera la consultamos como se consulta un diccionario, porque nos han enseñado a interpretarla literalmente (“al pie de la letra”) y esa lectura contradice nuestros conocimientos científicos, históricos, y éticos. Por eso nos parece mejor sacralizarla en su urna; conservarla como aquel fuego en lo alto de la montaña, sin que influya en nuestra vida diaria.

¿Cómo leer la Biblia? Es absolutamente necesario situar cada libro en su momento histórico y cultural. Para situarlos necesitamos algunas orientaciones generales, una introducción a cada libro, o notas a pie de página. Sin embargo lo más importante será cotejar cada texto con nuestra conciencia y con nuestra búsqueda de Dios.

La Biblia no es palabra intangible de Dios, sino una novela histórica sobre nuestra búsqueda de Dios, con nuestros aciertos y nuestros errores. Al leerla, no sólo con los ojos sino con el corazón, nosotros añadimos una nueva página a la Biblia que Dios ha situado en el altar del universo.

Dios se ha manifestado siempre en la Historia, pero los hombres lo hemos entendido según la medida de nuestros conceptos y experiencias. Lo que se recibe adopta la configuración del recipiente, decía santo Tomás (Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur); y nosotros le hemos ido dando a Dios la configuración de nuestras capacidades culturales. Por eso Josué, caudillo de un pueblo en busca de tierra en la que asentarse, interpretó a Yahvé como Señor de los ejércitos. Nuestros conceptos filosóficos y éticos han evolucionado, y nuestra idea de Dios tiene que evolucionar, sin abandonar sus raíces; porque como decía un pedagogo indígena boliviano “no hay desarrollo sino a partir del propio rollo”.

En cada Carta semanal, se propondrán algunas lecturas que ayuden a contextualizar e interpretar los respectivos libros, pero aquí quiero anticipar algunas orientaciones que el Papa Francisco consignó en su encíclica Evangelii gaudium (nº 145-154).

· Lo más importante es descubrir cuál es el mensaje principal… lo cual implica reconocer el efecto que el autor ha querido producir.

· Para entender un texto hay que ponerlo en conexión con el mensaje de toda la Biblia.

· Acercarnos a la Palabra con un corazón dócil y orante… para que engendre una mentalidad nueva.

· Preguntarnos qué nos dice a nosotros ese texto.

· Sentir que nos invita a dar un paso más, pero no nos exige una respuesta plena si todavía no hemos recorrido el camino que la hace posible.

· Discernir lo que el Señor desea decir en esa determinada circunstancia.

Gonzalo Haya

Fuente Eclesalia/Fe Adulta

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«Hermano Islam», de Juan José Tamayo.

Viernes, 27 de diciembre de 2019

hermano-islamEste libro reúne análisis y reflexiones representativos de lo que el autor llama su «viaje iniciático por el islam».

Una andadura que conoció sus primeros frutos con Islam. Cultura, religión y política, premio Internacional de la República de Túnez, donde, desde una nueva aproximación al islam, su historia, su presencia en España y sus creencias, así como al profeta Mahoma, se articula la original propuesta de una teología islamo-cristiana de la liberación en clave feminista.

Sus posteriores encuentros con el islam han llevado al autor a explorar algunas de sus dimensiones menos conocidas.

Entre ellas destacan la ilustración filosófica en al-Ándalus; el pluralismo étnico, religioso y cultural dentro del mundo árabe-musulmán; las relaciones entre islam y Occidente analizadas desde dos enfoques enfrentados, el belicista e intolerante o el dialogante e integrador; la figura del intelectual francés Roger Garaudy como ejemplo de diálogo entre civilizaciones desde una concepción sinfónica de las culturas; Córdoba, símbolo del pluriverso religioso, cultural y lingüístico, y la mística musulmana y cristiana como superación de los fundamentalismos y lugar de encuentro de religiones y espiritualidades.

El libro quiere contribuir a vencer la islamofobia interior y exterior, yendo de los estereotipos y los prejuicios al diálogo interreligioso e intercultural sincero y a la crítica serena, y a estrechar los lazos de hermandad con el islam y poder llamarle «Hermano islam».

Juan José Tamayo. Nacido en 1946 en Amusco (Palencia), es doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Dirige la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones «Ignacio Ellacuría» en la Universidad Carlos III de Madrid y es profesor invitado en numerosas universidades nacionales e internacionales. Es, asimismo, secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, miembro del Comité Internacional del Foro Mundial de Teología y Liberación, de la Junta Directiva de la Asociación para el Diálogo Interreligioso en Madrid y del Patronato de la Fundación Siglo Futuro, quien le concedió el Premio de la misma en 2014 por su defensa de los valores éticos y del diálogo intercultural e interreligioso.

Editorial Trotta: «Hermano Islam», de Juan José Tamayo (2019)

Fuente Fe Adulta

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“La Divinidad y las Mujeres. Recorrido genealógico urgente”, por Carolina Narváez

Miércoles, 18 de diciembre de 2019

abundanciaCarolina Narváez M.*

Y es tanto lo que me abrasa mi alma en su divino amor que me saca de mí,
y quisiera y le pido rompa mi pecho y se entre en lo más íntimo de mi alma y mi corazón.
Y con la fuerza del incendio me propaso atrevida a darle tantos ósculos que no me satisfago,
porque el amor me ase querer asta comerme a su Magestad…
Isabel Manuela de Santa María,
De Conciencia
[c.1720, México]

El libro presentado por la teóloga y escritora feminista colombiana Carmiña Navia Velasco, Entrelazar miradas y palabras. Ensayos de teología feminista, me llega como viento fresco en medio de una relampagueante tormenta que habla de vida y movimiento. Si bien, la vivencia de Dios está estructurada a partir de las reglas y los acuerdos de las grandes instituciones eclesiales, es claro que ningún principio jerárquico ha llegado hasta el punto de la colonización total de la espiritualidad.

El recorrido genealógico que desarrolla de manera erudita y entrañable Carmiña Navia permite un acercamiento inesperado a la historia de las mujeres y la relación con la divinidad. De manera sincera, la autora se descubre en los primeros párrafos dando a conocer la forma desde donde ha escrito, pensado y sentido cada una de las reflexiones que componen el libro; para ella, la experiencia y el contacto con diversas comunidades de mujeres le ha ofrecido parte de su inspiración como también lo ha sido su propio recorrido espiritual, místico y teológico.

Carmiña Navia ha dedicado gran parte de su vida como investigadora y teóloga a pensar de forma crítica la fe y las mediaciones patriarcales que han edificado los varones de la iglesia. El libro se presenta como un relato que cruza perspectivas históricas, sociológicas, teológicas y feministas en aras de ofrecer rutas o señuelos para la desaparición de la mediación de la palabra masculina como única y universal.

La reflexión que acompaña transversalmente el libro hace parte de una tradición de pensadoras, especialmente teólogas feministas y filósofas, que han luchado para que al interior y fuera de la iglesia se nombre y se dé la importancia que merece la experiencia espiritual de las mujeres; deja claro que tal experiencia está, material y psíquicamente, construida por la diferencia sexual. Esto implica reconsiderar al Hombre como el modelo universal y por tanto desmontar la figura de Dios como varón. Muchas mujeres a lo largo y ancho de este sur nos hemos nombrado como no creyentes; tal vez como respuesta a la imposición de una mediación masculina, y también a la ausencia del compromiso de la iglesia hacia el bienestar total de las mujeres en la sociedad. El desorden simbólico construido desde la institución eclesial ha reverberado hacía la fe y la vivencia de la espiritualidad de las mujeres, afectándola hasta el punto de producir rechazo, y negación. El resultado ha sido para algunas el vaciamiento total del deseo genuino de una comunicación con el misterio.

Entrelazar miradas y palabras… Es un texto severo en tanto que describe y caracteriza la derrota religiosa de lo femenino, el enfrentamiento cruel al que se han visto expuestas las mujeres de fe que han conducido su espiritualidad bajo el principio de lo intangible, del lenguaje impreciso del amor y de la inexactitud de las experiencias de la fe. Carmiña Navia muestra con relatos claros y bien documentados cómo occidente, y especialmente la iglesia católica, ha descreído y desacreditado los legados espirituales y místicos de las mujeres. Remontándose a la antigüedad y pasando por la edad media, la autora revela la riqueza de la experiencia trascendente recordando a María de Magdala, Hildegarda de Bingen, Teresa de Ávila, Margarita Porete, Juana Inés de la Cruz, entre otras, esto con el ánimo de entenderlas como fuentes de conocimiento para la historia de la espiritualidad femenina, pero también como tipos de sensibilidad que han impulsado la asociación entre la libertad y lo sagrado.

Caminar de la mano de Carmiña Navia es un placer y lo es porque aquellos senderos que parecen infranqueables se despliegan en este libro para transitar del pasado hacía el presente y viceversa. La autora logra con exactitud mostrar a través del Speculum a manera de Lucy Irigaray, un reflejo que es solo posible a través de nosotras mismas. Es ahí cuando expone de manera tan reveladora que los sentimientos místicos y/o espirituales son muchas veces contradictorios, ambivalentes y a veces indescifrables. Tomada de su mano comprendí, a lo largo de la lectura, que la relación de las mujeres con la Divinidad no tiene por qué marcarse necesariamente bajo la sensación de la extrañeza, idea alimentada por la forma como los varones de la iglesia han estipulado la relación con Dios enmarañada de jerarquía y lejanía. Por el contrario, la tradición de la mística femenina demuestra cómo lo activo, lo juguetón, lo impreciso o lo inenarrable son condiciones necesarias para el gran complejo tejido de la vivencia espiritual.

En definitiva usted se encontrará con un libro que le ofrece elementos analíticos y críticos para formular una opinión o una idea del convulsionante tema de la divinidad y las mujeres. No me cabe la menor duda que se topará también con la energía trascendente. Hallará en sus páginas un sendero dibujado para la vivencia espiritual de una mujer como yo en el siglo XXI. He de resaltar que el libro ofrece un recorrido por la historia de la teología de la liberación, movimiento espiritual que logró desde América Latina la inclusión de otros sujetos y que aun así, no alcanzó a las mujeres y al problema de la invisibilización de sus prácticas y experiencias al interior de la tradición cristiana.

“Caminos espirituales” decide llamar la autora a los apartados que se muestran como mapas para el laberinto; es aquí donde Carmiña Navia mezcla extraordinariamente el pensamiento y la práctica política feminista con la teología y la filosofía. Retoma conceptos como el de affidamento, autoridad en lengua materna, mediación y orden simbólico en aras de mostrar la composición de la espiritualidad femenina.

El feminismo de la diferencia sexual plantea que el patriarcado no lo ha ocupado todo. Por eso las experiencias de grupos de mujeres en el pasado, asociadas entorno a una vivencia de la espiritualidad y de la práctica de la fe, como es el caso de las Beguinas, y también el de las comunidades de mujeres creyentes actualmente, muestran que la creación de nuevas relaciones y vínculos potencian realidades y personas libres.

El libro de la profesora Carmiña se convierte para mí en un intento de imaginar nuevas relaciones con el pasado, con nosotras mismas y con otras. Esa otra puede ser María de Nazareth, importante figura que ha sido mitificada y a la que paulatinamente se le han borrado las intersecciones con la mujer autónoma e independiente, para dejarla solo inmovilizada y vestida de un manto inmaculado usado como pretexto para demarcar las reglas de género impuestas a las mujeres en occidente.

La cultura patriarcal ha enfermado a las mujeres. Las ha conducido a cárceles de las que aparentemente no pueden escapar. La colonización de lo simbólico ha llevado a un sentimiento de confusión y extravío profundo en donde las mujeres hemos aprendido a percibirnos como intrusas o extranjeras de esta cultura; los resultados han sido casi mortales: la escisión, el rechazo al amor desnudo y crudo por sentir que aquella experiencia fragiliza y asfixia, la inhibición de la creatividad, la amargura y la enemistad entre nosotras mismas.

Nada es igual después de la lectura de este libro, las palabras de Carmiña Navia Velasco deben ser leídas porque nos permiten una sanación genealógica, esa que tanto necesitamos creyentes y no creyentes, feministas y no feministas. Sanación reclamada y requerida después de la ancestral herida dejada por la separación impuesta entre naturaleza, cuerpo y espíritu. Luisa Muraro, en el libro El Dios de las mujeres, refiriéndose a las místicas lo dice con más claridad que yo: “Leyendo sus textos se nota que, en su libertad de pensamiento, o sea en el pensamiento con el que interpretaban libremente su experiencia, la naturaleza humana no está separada de la divinidad, ni el cuerpo del alma. En su pensamiento libre, el amor transforma el cuerpo y el alma en Dios, anulando la diferencia entre la naturaleza humana y la naturaleza divina…”[1] Lo anterior explica parte de nuestra tradición espiritual, esa misma tradición que la Profe Carmiña ha decidido compactar en este escrito agradable y sencillo de leer, no por eso superficial o simple sino más bien, clave para comprender que los discursos lógicos en nuestras genealogías espirituales se componen de lo imprevisto y lo impensable.

México, Noviembre de 2019

Carolina Narváez, es doctora en Historia, especialista en estudios de género, profesora de la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MÉXICO

[1] Luisa Muraro, El Dios de las mujeres, trad. María Milagros Rivera Garretas, Horas y Horas, Madrid, pág. 136, 2006.

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James Martin: “¿Cómo crea un novelista sus personajes?”

Miércoles, 11 de diciembre de 2019

la-abadiaEl jesuita publica su primera novela,  ‘La Abadía’ (Grupo de Comunicación Loyola), y nos cuenta cómo surgió la idea

“Espero que los itinerarios espirituales de Anne, Mark y Paul te ayuden a descubrir de qué maneras está Dios activo también en tu vida. Y confío en que disfrutes leyendo el libro tanto como yo disfruté escribiéndolo”

Durante muchos años estuve preguntándome cómo sería la experiencia de escribir una novela. Soy un gran aficionado al género, y con el tiempo he llegado a ser amigo de unos cuantos novelistas. Pero como autor que escribe principalmente sobre religión y espiritualidad, también me preguntaba: ¿de dónde viene la inspiración para tejer una trama? ¿Cómo crea un novelista sus personajes? ¿Qué es lo que le habilita para inventar los diálogos? No podía imaginarme escribiendo una novela porque era incapaz de imaginarme respondiendo estos interrogantes de manera adecuada.

Un buen día, tuve un sueño sumamente curioso. En él, una pelota de béisbol atravesaba, rompiéndola, la ventana de una casa; tal suceso ponía al hombre que allí vivía en contacto con su vecina, que había perdido a su hijo en un accidente. El hombre llevaba a la mujer a un monasterio, donde ella conocía a un abad sabio. En el curso de sus conversaciones con el monje, la mujer lograba descubrir la obra de Dios en su vida, aun en medio del sufrimiento.

Al despertar del sueño, me dije: “¡Qué historia tan bella!”. Lo anoté en un trozo de papel y volví a dormirme. A la mañana siguiente, pensé que podía tratar de darle forma escrita, desarrollándola, por supuesto. El resultado es el libro que estás leyendo: La abadía.

Fue una experiencia deliciosa, de principio a fin. Perfilar la trama y los personajes me resultó fácil, puesto que me habían sido dados. Lo creas o no, hasta los nombres de los personajes y de la abadía proceden del sueño. En cuanto me puse a escribir, la trama se fue desarrollando sola.

Cuando terminé de escribir la novela, me sentí sorprendentemente triste. ¡Había disfrutado tanto en compañía de Anne, Mark y el abad Paul! Pero, por fortuna, ellos están a punto de cobrar vida para ti ahora, en cuanto pases la página. Espero que los itinerarios espirituales de Anne, Mark y Paul te ayuden a descubrir de qué maneras está Dios activo también en tu vida. Y confío en que disfrutes leyendo el libro tanto como yo disfruté escribiéndolo.

Anne, divorciada, tiene dificultades para afrontar la vida y lucha contra el sinsentido de la muerte de su joven hijo. Mark, un arquitecto frustrado, trabaja como encargado de mantenimiento y se pregunta qué fue lo que hizo descarrilar su vida. El padre Paul, abad de una abadía cisterciense en Pensilvania, se pregunta si tomó la decisión correcta al recluirse tan rigurosamente del mundo.

En su primera novela, James Martin, nos anima a recorrer unos caminos diferentes y tortuosos, que fluyen hacia ese milagro de sanación interior que todos en algún momento ansiamos. Una historia para descubrir la obra de Dios en cada vida, aun en medio del sufrimiento.

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Para solicitarlo, en tu librería habitual o pincha aquí.

Fuente Religión Digital

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100 años de la primera película de amor gay de la historia.

Martes, 26 de noviembre de 2019

hqdefaultPor supuesto «Distinto a los demás» (Anders als die Andern) no sobrevivió al nazismo. Ninguna libertad humana lo sobrevivió.

Se trataba de la película, dirigida por Richard Oswald, sobre un violinista llamado Paul Korner que se enamora de uno de sus alumnos y acaba envenenándose ante la presión de un chantajista que le amenaza con visibilizar su homosexualidad.

Llegó a proyectarse en pantalla grande en 1919 en Alemania, entonces una República pacífica y en plena revolución de las libertades en el mundo del cine. Y tuvo un gran éxito, mostrándose en 40 salas del país.

Magnus Hirschfeld, un famoso sexólogo alemán y visible defensor de los derechos homosexuales, estaba detrás de esta revolucionaria historia, la cual escribió junto al director e donde se interpretó a si mismo.

Un film que es todo un hito en la historia LGTB que incluye en la narrativa a personajes como Tchaikovsky u Oscar Wilde y que muestra también, y con mucho tacto, la vivencia de los padres del protagonista al descubrir la orientación sexual de su hijo. -Acuden al doctor Magnus y este les explica que la enfermedad no es la homosexualidad, sino la homofobia:

“No debe pensar mal de su hijo porque sea homosexual. No es a él a quien hay que culpar de su orientación (…) Su hijo no sufre por su condición sexual, sino por el equivocado juicio que se hace de la misma. Sufre por la condena legal y social de sus sentimientos (…) La persecución de los homosexuales pertenece al mismo triste capítulo de la historia de la humanidad que la persecución de los herejes o de las brujas (…) Es una violación de los derechos fundamentales del individuo”.

Se la considera la primera película de amor gay de la historia (aunque 3 años antes Vingarne contaba la historia de un triángulo amoroso entre dos hombres y una mujer) y una de las películas más activistas y valientes de la primera mitad de siglo.

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Al año fue prohibida al considerarse que amenazaba el artículo 175 del Código Penal que condenó -y lo haría hasta 1994- la homosexualidad con penas de cárcel.  Tanto el público conservador que llegó a pitar la película en varias proyecciones, como la revista gay Friedrich Radszuweit, que denunciaba que reproducía el prejuicio de que los gays son afeminados (!!!), celebraron tan triste prohibición.

Los nazis quemaron todas las copias y negativos pero sobrevivió una versión, que ha servido para restaurarla a día de hoy, donde se proyecta en la exposición de su centenario en el Museo Schwules, donde también se muestran las cartas de agradecimiento y admiración que Magnus recibió de alguno de los espectadores de la película, incluso alguna de padres de chicos homosexuales que afirmaban que entendieron a sus hijos gracias a la película. Desgraciadamente las escenas en que aparece Oscar Wilde o Anita Berber, la actriz más famosa del momento que hacía de hermana del protagonista, se perdieron para siempre entre las llamas de los nazis.

 

Fuente Oveja Rosa

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“¿Puede la neuroética sustituir a la ética filosófica?”, por Joseph Corcó

Sábado, 23 de noviembre de 2019

9807852En su libro Braintrust, la neurofilósofa Patricia Churchland expone sus ideas sobre lo que la neurociencia ha aportado hasta el momento al estudio de las bases neurológicas del comportamiento ético de los seres humanos. La tesis principal de la aportación de Churchland es que la moralidad se origina en la neurobiología del apego y subraya la relevancia de la oxitocina en el comportamiento cooperativo de los seres humanos, con la pretensión de que la neuroética pueda llegar a constituirse en una ética fundamental. Pero, a mi parecer, ante la propuesta de Churchland se abren interrogantes relevantes, como, por ejemplo, ¿por qué debemos comportarnos éticamente? o ¿cuáles son los valores morales? En esta contribución valoraremos las principales ideas de Churchland para intentar mostrar si la neurociencia puede ayudar a contestar estas cuestiones.

El término neuroética tiene dos acepciones. La primera se refiere a la ética de la neurociencia: esta acepción haría de la neuroética una rama más de la bioética. Pero la otra acepción es la que nos interesa aquí: la neurociencia de la ética, es decir, los conocimientos que el desarrollo de la neurociencia puede aportar en la búsqueda de las bases cerebrales del comportamiento ético de los seres humanos.

Alvarez-Díaz distingue entre tres grupos de autores con posiciones distintas respecto a esta segunda acepción de la neuroética: los neuroreduccionistas, los neuroescépticos y los neurocríticos[1]. Como todo esquema se trata de una simplificación, pero para situarnos en el territorio es suficiente como panorama inicial. Los neuroreduccionistas piensan que la neurociencia debe sustituir a la ética porque de alguna manera (con matizaciones en las que no vamos a entrar), la mente humana e incluso el ser humano se identifica con el cerebro. Opuestos a este primer grupo están los neuroescépticos, que mantienen la tesis de que la neurociencia no puede aportar nada especialmente relevante a la ética normativa, ya que el comportamiento ético es una propiedad distintiva del ser humano que no puede fundamentarse científicamente. Finalmente, los neurocríticos piensan que la ética no puede ser subsumida por la neurociencia, pero tampoco descartan que los avances en neurociencia se tengan que tener en cuenta en el ámbito ético.

El debate, que aquí concretamos en el ámbito de la neuroética, se sitúa en realidad en un terreno mucho más global: ¿puede la ciencia sustituir a la filosofía? Voy a adelantar que mi posición se acerca más al grupo de los neurocríticos: ciencia y filosofía son dos formas de conocimiento humano que tienen objetivos y metodologías distintas, que nos permiten acceder a distintas facetas del mundo real, y que pueden encontrar aspectos de diálogo que les permitan reconocerse como conocimientos complementarios y mutuamente implicados. En el mundo contemporáneo, la ciencia necesita de la filosofía para comprenderse a sí misma, y la filosofía necesita de la ciencia para comprender el mundo.

Como se puede ver el tema es muy amplio. Las propuestas que han despertado más expectación están en el grupo de los neuroreduccionistas. Dentro de este grupo encontramos a Patricia Churchland, una de las más destacadas neurofilósofas de la actualidad. En este trabajo voy a intentar explicar brevemente las principales ideas de Churchland sobre la relación de la neurociencia y la moralidad, con unas consideraciones críticas al respecto.

En primer lugar, nos interesa entender lo que Churchland concibe como ética. “La hipótesis predominante”, afirma, “es que lo que nosotros, los humanos, llamamos ética o moralidad es una estructura de conducta social en cuatro dimensiones que viene determinada por la interrelación de distintos procesos cerebrales: (1) el cuidado o atención a los demás (…), (2) el reconocimiento de los estados psicológicos de los demás(…), (3) la resolución de problemas en un contexto social y (4) el aprendizaje de prácticas sociales”[2]. Quisiera destacar en este punto la insistencia en la dimensión social de la ética como su única dimensión: no parece que para Churchland la ética pueda tener una dimensión personal o individual, centrada en el interior del ser humano. La ética se concibe como una estructura de conducta social, es decir, de modo externalista. Por lo tanto, la ética se entiende como la base que estructura la conducta social. Churchland lo afirma explícitamente: “La conducta social y la moral parecen ser parte del mismo espectro de acciones”[3]. La diferencia para Churchland estaría en la trascendencia de las acciones morales respecto a las puramente sociales (por ejemplo, no asesinar respecto a hacer un regalo en una boda).

La pregunta que hace Churchland a continuación es muy significativa: “¿De qué modo los cerebros llegaron a preocuparse de los demás?  Si mis genes organizan mi cerebro de modo que se centre en mi supervivencia, y en la reproducción y transmisión de esos genes, ¿cómo dichos genes organizan mi cerebro para valorar a los demás? Solamente alcanzamos a comprender una parte de la neurobiología implicada en este proceso”[4]. En este punto, Churchland se alinea con la corriente más dura de la biología evolutiva, que concibe al ser humano como una estructura que los genes construyen para su propia reproducción. Estamos ante la famosa tesis del gen egoísta de Richard Dawkins. Todos los seres vivos son concebidos por Dawkins como máquinas que los genes construyen con el objetivo de reproducirse[5]. Un objetivo “egoísta” que plantea el gran problema de la justificación del altruismo.

Cogiendo una perspectiva sociobiológica, Churchland basará su propuesta en la estructura neuroquímica de los mamíferos para explicar el comportamiento social humano. Y va a proponer la siguiente tesis: “el apego (…) constituye la plataforma neurológica de la moralidad. En mi uso de la palabra apego estoy adoptando la terminología de la neuroendocrinología, un campo en el que el apego hace referencia a la disposición para cuidar a otras personas, al deseo de estar con ellas y al hecho de entristecerse tras la separación”[6]. Es interesante en este punto atender a dos cuestiones. El apego se presenta como la plataforma, es decir, la base biológica de la moralidad. Hay que distinguir, como hace por ejemplo Adela Cortina, entre base y fundamento[7]. No es lo mismo que desde la neurociencia se proponga una base neuronal de la ética, es decir, que sin un cerebro humano no habría comportamiento ético y otra muy distinta es proponer el fundamento de por qué esa conducta es éticamente buena. El apego puede ser una base neuroendocrinológica que es necesaria para la vida social, al menos en el pequeño grupo de los allegados. Pero la neurociencia estrictamente no nos puede decir si el apego es un valor éticamente bueno. Pero además, el apego tiene que ver, como hemos mencionado, con los más allegados, y por lo tanto difícilmente puede constituir la base de toda una moralidad que tiene que alcanzar también a los distantes.

Churchland parece consciente de alguna de las limitaciones de su propia tesis.  Por ejemplo, admite que “aunque el apego puede ofrecer una base para la moralidad, no existe un sencillo conjunto de pasos –ninguna operación deductiva ni normas precisas de aplicación- que nos lleve del yo cuido y valoro a la mejor solución para los problemas morales concretos, especialmente los que surgen dentro de culturas complejas”[8]. Este es un ejemplo de la distinción entre base y fundamento. No podemos deducir qué conductas son morales o no en un determinado caso porque la base no aporta valores sino solamente es una base de conducta. Podríamos hacer una hipótesis evolutiva según la cual el apego es bueno para la supervivencia del grupo. Pero entonces cabe preguntarse, como sugiere Adela Cortina, si el fin del ser humano es simplemente sobrevivir o quizás vivir humanamente bien[9], cuestión que va más allá de la supervivencia del grupo y conduce, entre otros aspectos, a apoyar a los débiles y vulnerables aunque no pertenezcan al grupo propio, sea éste el que sea.

Llegamos con esto a la hipótesis principal de Churchland tal y como ella la mantiene: “La moralidad se origina en la neurobiología del apego y de los vínculos afectivos, depende de la idea de que la red de oxitocina-vasopresina en los mamíferos pueda modificarse para permitir el cuidado a terceros más allá de la propia prole o camada, y que, si se conserva esa misma red como telón de fondo, el aprendizaje y la resolución de problemas se incorporan a la gestión de la propia vida social. Podríamos predecir, por tanto, que la cooperación y confianza son sensibles a los niveles de oxitocina. Esto suscita una cuestión importante: ¿pueden los cambios en los niveles de oxitocina incidir en la conducta cooperativa de los seres humanos?”[10]. Parece que aquí podríamos encontrar un campo abonado para resolver muchos de los problemas humanos, especialmente el cuidado de los más vulnerables, aumentando el nivel de oxitocina de la población. Leer más…

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‘Invisibles’: las mujeres del Concilio, a través de la mirada de Isabel Gómez Acebo

Jueves, 21 de noviembre de 2019

9788428557931La teóloga y colaboradora de RD publica su nueva novela en San Pablo

RD ofrece algunos extractos de la nueva obra de Gómez Acebo

También se las invitó a participar en todas las comisiones «que tuvieran importancia para ellas». Sin necesidad de ponerse de acuerdo, pensaron que no había nada en la Iglesia que no las concerniera, por lo que estaban dispuestas a personarse en todo”

“Algún obispo que las vio sentadas en la tribuna comentó con sorna que pensaba haber encontrado un puesto seguro alejado de las mujeres en San Pedro, pero que ahora el templo había dejado de serlo. ¿Se sentiría amenazado? ¿Qué peligro concebía este santo padre de unas religiosas vestidas con amplios hábitos, o de unas seglares con traje negro largo y mantilla cubriendo su cabeza?”

Un pequeño grupo de mujeres participó, casi de incógnito, en el Concilio Vaticano II. Nombradas en contra de la voluntad de muchos padres conciliares, se embarcaron en la gran aventura eclesial del siglo XX en medio de un ambiente hostil, machista y discriminador. Recibieron muchas veces un “no” por respuesta. Pero se enfrentaron a todas las trabas e hicieron escuchar su voz contra todo pronóstico. Su historia ha permanecido prácticamente invisible hasta nuestros días.

Isabel Gómez Acebo inaugura la colección de narrativa Parábola, de San Pablo con Invisibles. Las mujeres del ConcilioNovelando las peripecias que vivieron estas grandes desconocidas en una cita que debió cambiar la historia de la Iglesia, y que está todavía pendiente de hacerse realidad. A continuación, ofrecemos unos extractos del nuevo título de la teóloga y colaboradora de RD:

“El hogar familiar fue la casa de mi abuela en el barrio madrileño de Argüelles. Nadie sabía muy bien cómo se las arreglaba económicamente la mujer. Vivía de una pensión, y es poco probable que su hija migrante en Francia proveyera para los gastos de sus hijos (···) Como ingresaba una cantidad fija todos los meses, mi abuela me empujó a independizarme con el argumento de que una chica joven tenía que vivir su vida y no estar pendiente de una mujer mayor”

“Las personas mayores que viven solas tienen ganas de hablar… y de ser escuchadas.

La historia a la que se agarró ese jueves, y que iba a desarrollar a lo largo de unas cuantas semanas, pues era un tema largo, aparecía en una revista que tenía encima de la mesa y que hablaba del aniversario de un concilio. El concilio Vaticano II.

—¿Qué concilio, abuela?”

“Como superiora general de las Hermanas de Loreto, Mary Luke Tobin quiso cambiar el hábito por uno más moderno, para lo cual debía recibir la autorización del cardenal Antoniutti. Aprovechó su estancia en Roma y le llevó una foto, con una monja muy bien escogida, porque era más bien gordita y fea, para que viera cómo quedaría el hábito nuevo”

“Como mujer, Isabel, tienes que conocer que en esa asamblea eclesial de obispos, por primera vez en la historia, se admitieron mujeres, es verdad que sin derecho a voz ni a voto, pero estuvieron presentes y con posibilidad de maniobrar entre bambalinas. Nos llenamos de ilusión pensando que este hecho suponía una ventana entreabierta y que el futuro traería más protagonismo eclesial femenino dentro de la Iglesia. Pero no fue así”

“Madame Monnet se instaló en el hotel Columbus, muy cerca del Vaticano. Fue la primera auditora que se incorporó al Concilio. Aunque las invitaciones se mandaron a la vez, ella estaba viviendo en Roma. El matrimonio Álvarez Icaza alquiló un apartamento grande en la vía de la Croce, esquina a la vía Boca del León. Tenían 10 hijos, pero solo llevaron a las dos pequeñas a Italia. Su hogar se convirtió en una casa familiar para muchos padres conciliares”

“También se las invitó a participar en todas las comisiones «que tuvieran importancia para ellas». Sin necesidad de ponerse de acuerdo, pensaron que no había nada en la Iglesia que no las concerniera, por lo que estaban dispuestas a personarse en todo lo que pudieran”

“El lugar donde fueron ubicadas era la tribuna de San Andrés, colocada a la derecha del altar y opuesta a la tribuna donde se sentaban los observadores protestantes”

“Algún obispo que las vio sentadas en la tribuna comentó con sorna que pensaba haber encontrado un puesto seguro alejado de las mujeres en San Pedro, pero que ahora el templo había dejado de serlo. ¿Se sentiría amenazado? ¿Qué peligro concebía este santo padre de unas religiosas vestidas con amplios hábitos, o de unas seglares con traje negro largo y mantilla cubriendo su cabeza? ¿O era una bromita pronunciada en un entorno masculino? Como también se las veía por los pasillos, en uno de los encuentros que tuvo con ellas el padre Henry de Lubac, regaló a sus colegas una frase: «Mon Dieu, les dames»”

“Como superiora general de las Hermanas de Loreto, Mary Luke Tobin quiso cambiar el hábito por uno más moderno, para lo cual debía recibir la autorización del cardenal Antoniutti. Aprovechó su estancia en Roma y le llevó una foto, con una monja muy bien escogida, porque era más bien gordita y fea, para que viera cómo quedaría el hábito nuevo. El prelado, sin mirarla apenas, cogió una pluma con la que trazó una línea que bajaba la manga hasta la muñeca, la falda hasta el suelo y el velo cubría el nacimiento del pelo (···) En la clausura, el prelado, consciente de las malas relacio-nes que habían tenido los dos, se le acercó para decirle: «Sor, yo lo hacía todo en nombre de la Iglesia», a lo que la monja respondió: «Eminencia, yo también lo hacía en nombre de la Iglesia»”

Fuente Religión Digital

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