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Funcionario anti-LGBTQ+ afirma que la separación de la Iglesia y el Estado es un «arma» para «desmantelar nuestra República».

sábado, 6 de septiembre de 2025
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Micah Beckwith afirmó que los fundadores de la nación querían que Estados Unidos fuera una nación cristiana. Se equivoca.

Molly Sprayregen (Ella)
31 de agosto de 2025, 17:00 EDT

El ultraconservador vicegobernador de Indiana, Micah Beckwith (R), declaró recientemente abiertamente lo que muchos en la derecha han comunicado implícitamente durante años: la creencia de que Estados Unidos es una nación cristiana que debe ser gobernada por valores cristianos.

La separación de la Iglesia y el Estado es y siempre ha sido una mentira, una falsedad peligrosa utilizada como arma para desmantelar nuestra República”, escribió Beckwith, pastor y autodenominado nacionalista cristiano, en redes sociales. “Desde sus inicios, esta frase fue tergiversada para marginar los valores cristianos y desmantelar el fundamento moral que ha mantenido unido a Estados Unidos”.

Un funcionario republicano desquiciado se enfurece por las personas LGBTQ+ que realizan “sacrificios rituales de niños” durante el Orgullo.

Quieren hacernos creer que la fe y el patriotismo están separados, que debemos elegir entre Dios y la patria. Eso es inaceptable. No caigamos en la trampa. Somos una nación judeocristiana. Nuestros Fundadores no pretendieron erigir una barrera secular entre Dios y el gobierno; entendieron que la fe y la libertad son inseparables. Debemos recuperar esa verdad y no permitir que las agendas seculares socaven lo que significa ser estadounidense”.

Las afirmaciones de Beckwith sobre los fundadores son incorrectas. Como señaló el Dr. Warren Blumenfeld, escritor de LGBTQNation, James Madison y Thomas Jefferson fueron firmes defensores de la separación de la religión y el gobierno.

Cada nuevo ejemplo exitoso, por lo tanto, o una separación perfecta entre los asuntos eclesiásticos y civiles, es importante”, Madison escribió en 1822, “y no dudo de que cada nuevo ejemplo tendrá éxito, como todos los anteriores, en demostrar que la religión y el gobierno existirán con mayor pureza cuanto menos se mezclen”.

Y Jefferson escribió la “Ley para el Establecimiento de la Libertad Religiosa” de Virginia, que se convirtió en ley estatal en 1786 y que, según los expertos, sentó las bases para la creación y aprobación de la Primera Enmienda.

El reciente ascenso del Partido Republicano ha coincidido con un aumento del poder de los nacionalistas cristianos, quienes se han visto envalentonados y apoyados por la derecha política para usar la religión para implementar un conjunto de políticas intolerantes que promueven la supremacía blanca, cristiana y hetero-cis.

Beckwith, por ejemplo, a pesar de su piadosa invitación, compartió recientemente una publicación de Justin Zhong, líder de la Iglesia Bautista Fundación Segura de Indianápolis, invitándolo a un servicio religioso, aparentemente aprobando la invitación. La Iglesia Bautista Fundación Segura acaparó titulares nacionales recientemente cuando el pastor laico Stephen Falco usó insultos e instó al asesinato de personas homosexuales durante una noche de predicación para hombres.

La publicación de Beckwith fue eliminada posteriormente.

El vicegobernador también declaró en junio que las personas LGBTQ+ en la «historia antigua y hasta la actualidad» tienen un «espíritu demoníaco» asociado con la diosa mesopotámica Ishtar.

Ese mismo mes, envió una «alerta» a sus seguidores en redes sociales indicando que el Mes del Orgullo es una señal de la «Conquista Pagana» que traerá «sacrificios rituales de niños, con purpurina y hashtags«. Afirmó que el Mes del Orgullo forma parte de una “alianza estatal, corporativa y pagana para reprogramar la sociedad” que obliga a la gente a escuchar “sermones de Harvey Milk” y a apoyar la “adquisición de menores sancionada por el gobierno”. La adquisición de menores es el término que se utiliza para referirse a las tácticas que utilizan los abusadores de menores para ganarse la confianza de sus víctimas.

Durante su candidatura a vicegobernador en 2024, se refirió a los votantes proelección como “demoníacos”.

Durante una entrevista en un podcast el año pasado, afirmó que los demócratas tenían el “espíritu de Jezabel” y “una audacia para la inmoralidad”. El presentador del podcast afirmó que el espíritu de Jezabel se basaba “en última instancia en el control, que es el espíritu de la brujería, como sabemos. En eso operaba Jezabel”. Beckwith asintió.

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Molly Sprayregen es la editora adjunta de LGBTQ Nation y lleva casi una década informando sobre historias queer. Ha escrito para Them, Out, Forbes, Into, Huffington Post y otros medios. Tiene una licenciatura en Inglés y Escritura Creativa de la Universidad de Pensilvania y una maestría en Bellas Artes de la Universidad Northwestern.

Fuente LGBTQNation

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Sobre el futuro del cristianismo: la cuarta hipótesis (Maurice Bellet)

martes, 2 de septiembre de 2025
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De su blog Umbrales de Luz:

 ¿Tiene futuro el cristianismo? Este es el tema que desarrolla Maurice Bellet en una obra titulada La cuarta hipótesis. Sobre el futuro del cristianismo (nota 1). Maurice Bellet, sacerdote, teólogo, filósofo y psicoterapeuta, siguió un camino muy original en el universo cristiano. Libro tras libro, trazó nuevos caminos lejos de los debates trillados en los que con demasiada frecuencia se estanca el catolicismo contemporáneo.

Nos invita a una experiencia de amanecer, de conmoción de todo el ser por una ‘buena nueva’ que nos arranca de la tristeza y la muerte. Si la palabra Evangelio tiene algún sentido, solo puede ser el de un acontecimiento nuevo, inesperado, radicalmente ‘bueno’ y no algo aburrido y repetitivo. Ciertas formas de educación religiosa pueden ser el peor obstáculo para que haya ‘buena nueva’, al contribuir a evitar que cada uno experimente personalmente una palabra nueva. Bellet escribe: El Evangelio es por naturaleza lo inaudito, lo aún no escuchado. Es de todos los tiempos. Sin embargo, el nuestro da un vigor particular a este inaudito. Hay una desinstalación con respecto al cristianismo establecido; una confrontación con el poscristianismo; una relación con lo extremadamente extraño (…). La fuerza del Evangelio es anunciar que el camino de cada uno es su camino, porque es a él a quien se dirige la palabra, esa palabra que desata la instalación y lleva a lo lejos: ‘No sabes adónde va’ (nota 2).

Las religiones son las lenguas maternas del sentido de la existencia. No son garantías automáticas. A quienes se proclamaban descendientes de Abraham, Cristo les respondió: De estas piedras, Dios puede hacer hijos de Abraham. Ninguna herencia religiosa, ninguna educación, ningún azar de nacimiento puede dispensar de una conversión. Cristo no es tanto el fundador de una nueva religión como aquel que nos invita a cuestionar radicalmente todas nuestras religiones de nacimiento en una aventura personal. A quienes quieren encerrarlo en la descendencia abrahámica, él responde: Antes de que Abraham existiera, yo soy”. Todo hombre debe pronunciar algún día, a su manera, esta frase con la que no se reduce a su historia y a su geografía para reconocer el don de la filiación divina y de la fraternidad universal.

No hay acceso a lo esencial sin la experiencia de Abraham: abandonar lo que se conoce para ir hacia lo que no se conoce. Desde este punto de vista, Maurice Bellet muestra que la relación crítica que vivieron los primeros cristianos con la institución religiosa de la época es constitutiva del enfoque evangélico. Para quien vive la experiencia nueva de la Palabra, el cristianismo instituido puede aparecer, según Maurice Bellet, como el análogo de lo que fue el judaísmo establecido en la época de los primeros cristianos (nota 3).

Plantea varias hipótesis para el futuro del cristianismo:

1) El cristianismo desaparece, y con él el Cristo de la fe. Se cumple el acontecimiento anunciado por la crítica de los siglos XVIII y XIX. Solo quedan las obras de arte y los trabajos de los historiadores.

2) La disolución del cristianismo. No se destruye propiamente, pero lo que ha aportado a la humanidad se convierte en bien común y se le escapa. El cristianismo se disuelve en los derechos humanos y en un espiritualismo indiferenciado.

3) El cristianismo continúa como antes. Se conserva, se restaura, se restablece. Continúan las disputas internas cuyo objetivo esencial es la institución y su control.

4) Bellet elige una cuarta hipótesis. Sí, hay algo que termina, inexorablemente. Es un determinado sistema religioso histórico. Es, dice Bellet, el fin del cristianismo, si se trata de uno de esos ismos que caracterizan la modernidad: idealismo, marxismo, materialismo, existencialismo, etc. Pero este fin de un sistema histórico abre la posibilidad de un despertar de resurrección: Un hombre vino entre nosotros, uno entre todos los demás, y se le concedió atravesar lo imposible, transgredir lo evidente: la evidencia de la muerte. Así que descendió hasta lo más profundo de lo profundo, hasta perder a Dios: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Murió, lo matamos. Algunos afirman que está vivo. Es la afirmación inaudita de una humanidad que se atreve a preferir la vida a la muerte. (…) ¿Cómo conoceré a este Cristo de forma viva y concreta? ¿Dónde si no es en ese ágape, ese amor entre hermanos del que el apóstol Juan se atreve a decir que quien ama así ha nacido de Dios y conoce a Dios? Asimismo, Pablo declara en la primera epístola a los Corintios (cap. 13) que todo pasará, incluida la fe, solo permanecerá el ágape para la eternidad. Y es por eso que la vida eterna ya está aquí, en esta resurrección en la que hemos pasado del gusto por el asesinato al don de la vida” (nota 4).

Al final de su obra, Maurice Bellet nos indica un camino: Así se sigue lo que he llamado la cuarta hipótesis. Es sin juzgar el camino que otros pueden seguir. La gran Iglesia es la antisecta: hay diversidad de caminos, de estilos, de pensamientos. En cuanto a los maestros… ‘No llaméis a nadie padre o maestro’. Solo es Iglesia la formada por hermanos que se aman y se ayudan unos a otros (…) (nota 5).

La obra de Maurice Bellet es saludable para recordarnos que toda institución religiosa solo tiene sentido si invita a arriesgarse a ese segundo nacimiento del que Cristo hablaba a Nicodemo (Jn 3, 1-12).

Bernard Ginisty

(Publicado el 20 de agosto de 2025 por GARRIGUES ET SENTIERS. Espaces de liberté, de foi et de reflexión chrétiennes)

NOTAS:

1. Maurice BELLET (1923-2018): La quatrième hypothèse. Sur l’avenir du christianisme,  éditions Desclée de Brouwer, 2010.
2. Id. páginas 30-31.
3. Id. página 21.
4. Id. páginas 119-120. Este es el tema de la obra de Emmanuel TOURPE: À l’amour que vous aurez les uns pour les autres… Le dernier mot de Dieu, éditions Artège 2024, que recibió el gran premio católico de literatura 2025 otorgado por la asociación de escritores católicos de lengua francesa.
5. Id. páginas 108-109.

https://www.bernardginisty.com/chroniques-2025/

https://www.garriguesetsentiers.org/2025/08/sur-l-avenir-du-christianisme-la-quatrieme-hypothese-maurice-bellet.html?utm_source=_ob_email&utm_medium=_ob_notification&utm_campaign=_ob_pushmail

Agradezco a Bernard Ginisty este texto publicado el 20 de agosto de 2025 en GARRIGUES ET SENTIERS. Espaces de liberté, de foi et de réflexion chrétiennes, y retomado por Lucienne Gouguenheim en : https://nsae.fr/2025/08/23/sur-l-avenir-du-christianisme-la-quatrieme-hypothese-maurice-bellet/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_source_platform=mailpoet&utm_campaign=newsletter-nsae_97
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¿A mayor progreso económico, político menos fe y religión?

jueves, 31 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre: 

En la fiesta de San Ignacio de Loyola

01.- DATOS BIOGRÁFICOS DE SAN IGNACIO

San Ignacio nace en Loyola, Azpeitia, en 1491. Militar en su juventud, cayó herido en 1521 en combate en la batalla de Pamplona frente a navarros y franceses que apoyaban el reinado de Enrique II de Navarra. En la larga convalecencia de Azpeitia comienza a fraguarse su conversión, que quedaría plasmada en Manresa en 1.522. De esta época data su obra “Ejercicios Espirituales: especialmente su primera meditación: “Principio y Fundamento”.

Tras una peregrinación a Tierra Santa estudiará teología en Barcelona, Alcalá, Salamanca y París. En la Universidad de la Sorbona de París conoce a Francisco de Jasso y Azpilicueta: San Francisco Javier. Será en París donde se encuentra con un grupo de jóvenes compañeros universitarios: Pedro Fabro, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás Bobadilla, etc. y en 1.534, el día de la Asunción en una capilla de Montmartre de París hacen los votos con la intención de marchar a Tierra Santa, pero si no podía hacerse este viaje antes de un año, marcharían a Roma para ponerse a disposición del Papa. En 1.540 el papa Paulo III aprueba solemnemente este nuevo movimiento religioso: La Compañía de Jesús, que junto con los «Ejercicios» es la segunda gran obra de San Ignacio. San Ignacio muere el 31 de julio de 1556 en Roma, donde está enterrado en la Iglesia del Gesù, (entre la segunda y tercera etapa del Concilio de Trento).

02.-  “HOY LAS CIENCIAS ADELANTAN QUE ES UNA BARBARIDAD”

Es tradición que el gobierno vasco acuda a la basílica de Loyola por la fiesta de San Ignacio.

Hace todavía no muchos años, (¿20?, más o menos) el diputado general de Guipúzcoa, no entró en la basílica y se quedó dando cuatro pasos por la escalinata de la misma. Alegaba -para quedarse fuera sin entrar al acto religioso- el laicismo en el que viven la sociedad y la política actuales.

Dejando de lado cuestiones como el respeto al pueblo que representa, a la traditio de un pueblo, respeto a la libertad de expresión y admitiendo de buen grado una política y un estado laicos, me preguntaba y me pregunto si esa actitud constituye progreso, avance y mejoría de una comunidad humana, de un pueblo…

También hemos de preguntarnos qué nos ha pasado para que de los tiempos de San Ignacio a hoy se hayan producido estos cambios culturales-religiosos tan brutales y la fe “haya quedado fuera”…

¿A mayor progreso económico, político, cultural, mejor menos fe y religión?

Igualmente podemos preguntarnos si un pueblo es más noble, más sano, más libre cuando dinamita su traditio y su fe.

Yo creo que romper con nuestro pasado no significa progreso ni mejoría.

¿Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad?

03.- PRINCIPIO Y FUNDAMENTO (*)

La primera meditación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio (**) es -probablemente- la piedra angular y lo más importante de la vida de San Ignacio y de toda existencia humana.

¿Cuál es cimiento de nuestra vida, cuál es el fundamento de la vida, ¿Por qué y para qué vivo?

¿El “principio y fundamento” de la persona y de un pueblo es la patria, la etnia, el desarrollo económico, el nivel de vida, el armamento que posee?

No lo creo.

Podemos tener la mayor y mejor industria del mundo, un altísimo nivel de vida, un bienestar económico y social, pero como no tengamos cabeza: principio y fundamento, perderemos el aliento vital, la piedra angular que fundamente nuestra vida

El principio y fundamento de la existencia es Dios. Quien sabe que viene de Dios y hacia él va, ya sabe mucho y definitivo sobre la existencia

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(*) Principio y Fundamento:

 “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados”.

(Ejercicios Espirituales, 23)

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(**) Texto completo de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola.

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“Las mujeres en la Iglesia: Una cuestión pendiente”, por Consuelo Vélez.

martes, 22 de julio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

A propósito de la fiesta de María Magdalena

«Definitivamente, no es una realidad que se quiera abordar desde muchos sectores de la Iglesia»

«Pidámosle a Santa María Magdalena que acelere los cambios en la Iglesia, concretamente, en este tan urgente de la inclusión plena de las mujeres»

«Hay prisa en que la Iglesia se parezca más a la Iglesia de los orígenes, hay prisa porque su testimonio sea más nítido con respecto a las mujeres, hay prisa para caminar al ritmo de la historia, evitando que la Iglesia llegue tarde, como tantas otras veces ha llegado en momentos cruciales de la humanidad»

Hemos cambiado de pontificado y las noticias abundan sobre las primeras acciones de León XIV, reconociendo, en general, una continuidad con el pontificado de Francisco. Son estilos diferentes, como era de esperar, porque cada persona trae su forma de ser, su experiencia de vida, sus concepciones del ministerio pastoral, etc. Pero hay algunos aspectos que Francisco dejó pendientes y León XIV tendrá que dar alguna respuesta.

Magda Benassar

Uno muy importante es la situación de las mujeres en la Iglesia, su participación en niveles de decisión y en el acceso a los ministerios ordenados. Tan pronto asumió León XIV, por lo menos dos mujeres que conozco, religiosas y teólogas le escribieron cartas pidiéndole avances en este sentido. Una fue Magda Bennásar, española, pidiéndole “que se tome sumamente en serio el tema de la igualdad de la mujer en todos los aspectos de la Iglesia”.

Y le pregunta: “¿Qué más necesita la Iglesia para sanar esta herida abierta por decisiones que excluyen? La falta de mujeres jóvenes en nuestras parroquias en Europa es signo de una Iglesia que no sabe acogerlas. Se van, no porque hayan perdido la fe, sino porque no encuentran un lugar que las valore y las incluya. ¿Cómo puede la Iglesia ser la última institución que no reconoce la igualdad plena entre hombres y mujeres?”. Y finaliza su carta diciendo: le pido en nombre de miles de mujeres con vocación que escuche al Espíritu y sea valiente. No habrá nunca consenso absoluto, pero si esta decisión viene del Espíritu, Dios se encargará del resto”.

Martha Zechmeister

La otra fue Martha Zechmeister, austriaca, pero radicada en El Salvador hace muchos años, quien también en su carta le dice: “León, se dice que sabes escuchar. Por eso me atrevo a dirigirme a ti con parresía bíblica, con franqueza, sin miedo y sin rodeos: ya es hora que las mujeres sean incluidas sin restricciones en todos los ministerios y niveles de la Iglesia. No como gesto, no como excepción, no como señal simbólica. Sino en total igualdad. No se trata de poder. Se trata de dignidad. De verdad. De evangelio”.

Otra teóloga, Phyllis Zagano, norteamericana, experta en el tema del diaconado femenino, con muchísimas publicaciones sobre este asunto y quien participó en la primera comisión para el estudio del diaconado femenino, en un reciente artículo, contó las dificultades que se presentaron en el Sínodo de la sinodalidad para conocer los informes del Grupo de estudio n. 5 que debería tratar este tema. Definitivamente, no es una realidad que se quiera abordar desde muchos sectores de la Iglesia. Sin embargo, en el Documento final del Sínodo, numeral 60, se recoge esta petición y no se duda en seguir reclamando esa igualdad para las mujeres.

Phyllis Zagano

El numeral es muy largo, aquí solo anoto, algunas afirmaciones importantes: En virtud del Bautismo, hombres y mujeres gozan de igual dignidad en el Pueblo de Dios. Sin embargo, las mujeres siguen encontrando obstáculos para obtener un reconocimiento más pleno de sus carismas, su vocación y su lugar en los diversos sectores de la vida de la Iglesia, en detrimento de su servicio a la misión común (…) A una mujer, María Magdalena, se le confió el primer anuncio de la resurrección; (…). Esta Asamblea exige la plena implementación de todas las oportunidades ya previstas en la legislación vigente con respecto al papel de la mujer (…). La cuestión del acceso de las mujeres al ministerio diaconal también permanece abierta y el discernimiento al respecto es necesario (…)”.

Muchas otras mujeres están empujando estos cambios. Lamentablemente algunas no lo ven necesario porque creen que es suficiente el servicio que ya muchas mujeres prestan a la Iglesia. Así también pensaban nuestras bisabuelas, abuelas, madres con respecto a su rol en la sociedad. Estaban conformes de ser esposas abnegadas, madres excelentes y no veían importante su formación en todas las dimensiones de la persona, ni la necesidad de ocupar puestos de decisión. Pero nuestro mundo ha cambiado y las mujeres, por fin, tenemos más igualdad en la sociedad, más derechos, más oportunidades y esto no es una concesión de buena voluntad, son derechos que se nos habían negado.

Precisamente en este mes, el 22 de julio se celebra la Fiesta de María Magdalena, llamada “Apóstola de los apóstoles”, es decir con igual dignidad que los demás apóstoles. La conmemoración de su memoria ya existía, pero fue el papa Francisco quien, en 2016, la pasó a categoría de Fiesta. Tarde se está restituyendo su memoria, porque ella no fue una prostituta (la tradición la confundió con la pecadora arrepentida y de ahí surgió esa leyenda), sino una gran apóstola (la palabra en femenino la usó, por primera vez, Hipólito de Roma, en el S. III, por lo tanto, no hay que asustarse con el lenguaje inclusivo) y, como ya lo dijimos, la primera a la que Jesús confío el anuncio de su resurrección.

Pidámosle a Santa María Magdalena que acelere los cambios en la Iglesia, concretamente, en este tan urgente de la inclusión plena de las mujeres. Algunos dirán que no hay prisa. Pero, sinceramente, hay prisa en que la Iglesia se parezca más a la Iglesia de los orígenes, hay prisa porque su testimonio sea más nítido con respecto a las mujeres, hay prisa para caminar al ritmo de la historia, evitando que la Iglesia llegue tarde, como tantas otras veces ha llegado en momentos cruciales de la humanidad.

(Texto tomado de: https://www.reflexionyliberacion.cl/ryl/2024/07/31/maria-magdalena-apostola-de-los-apostoles/)

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El Servicio de Impuestos Internos (IRS) afirma que las iglesias ahora pueden respaldar a candidatos políticos, una medida que «amenaza nuestra democracia».

sábado, 19 de julio de 2025
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«Esto es realmente grave«, escribió un congresista demócrata.

Greg Owen
12 de julio de 2025

El Servicio de Impuestos Internos (IRS) declaró el lunes que las iglesias ahora pueden respaldar a candidatos políticos desde el púlpito, haciendo explícita una política tácita vigente durante décadas, tanto bajo administraciones republicanas como demócratas.

Otras organizaciones sin fines de lucro no seculares exentas de impuestos u organizaciones 501(3)(c) aún deben adherirse a la prohibición.

El cambio se produjo en medio de una demanda presentada por dos iglesias de Texas y una asociación de radiodifusores cristianos, con una presentación judicial por parte del IRS que eliminó la exención.

Los demandantes demandaron inicialmente al IRS en el tribunal de distrito conservador de Texas para crear una exención aún más amplia que permitiera a todas las organizaciones sin fines de lucro, religiosas y laicas, respaldar candidatos ante sus miembros.

Esto habría anulado la Enmienda Johnson, presentada por el entonces senador Lyndon B. Johnson, de Texas (demócrata), en 1954 para impedir que los grupos exentos de impuestos, incluidas las iglesias, intervinieran en campañas políticas a expensas de los contribuyentes.

La Enmienda Johnson ha sido durante mucho tiempo un blanco para los nacionalistas cristianos, quienes afirman que viola su derecho a la libertad de expresión, amparado por la Primera Enmienda. El presidente Trump ha pedido la derogación de la Enmienda Johnson, y el Proyecto 2025 de la Fundación Heritage busca su eliminación.

A pesar de sus buenas intenciones de separar la Iglesia del Estado en lo que respecta a las campañas políticas, el IRS ha aplicado la norma a las iglesias de forma laxa durante las sucesivas administraciones.

En las últimas décadas, solo a dos iglesias se les ha revocado la exención de impuestos por infringir la norma. En 1992, un grupo llamado Branch Ministries   publicó anuncios a página completa en periódicos instando a la gente a no votar por Bill Clinton; su exención de impuestos fue revocada poco después. Otra iglesia perdió su exención en 2012.

ProPublica y The Texas Tribune informaron que solo 16 iglesias fueron investigadas entre 2011 y 2022 por infringir la norma. Al menos una fue multada.

La nueva interpretación del IRS de la Enmienda Johnson, presentada conjuntamente en una moción con los demandantes en el caso de Texas, establece que si un lugar de culto respalda a un candidato ante sus feligreses, la agencia lo considerará ahora no como una campaña, sino como un asunto privado, como «una conversación familiar sobre candidatos«.

Las recomendaciones, según la agencia, deben hacerse desde la «perspectiva de la fe religiosa. Por lo tanto, las comunicaciones de un lugar de culto a su congregación en relación con los servicios religiosos, a través de sus canales habituales de comunicación sobre asuntos de fe, no contravienen la Enmienda Johnson, correctamente interpretada”, declaró la agencia.

El IRS dejó claro que su interpretación revisada aún prohíbe a todas las organizaciones sin fines de lucro “participar” o “intervenir” en una campaña política, lo que significa tanto la campaña activa a favor de un candidato como casos de “intervención”, como hizo Branch Ministries en la campaña de Clinton.

Aun así, los críticos sostienen que el cambio facilitará el uso de dinero negro para promover candidatos a través de iglesias, en particular grupos alineados con el nacionalismo cristiano.

La fusión de las iglesias conservadoras exentas de impuestos con el Partido Republicano MAGA (Hacer Grande Nuevamente Grande) está completa”, publicó el congresista Jared Huffman (demócrata por California), cofundador del Caucus de Librepensamiento del Congreso. “Los contribuyentes estadounidenses ahora están subsidiando tanto la política partidista (principalmente republicana) como la religión”.

Otro día, otro punto de la lista de deseos del Proyecto 2025 que Donald Trump ha cumplido”, declaró Nick Fish, presidente de American Atheists. “La Enmienda Johnson, con su aplicación imperfecta, es lo que ha impedido que multimillonarios irresponsables canalicen su dinero a través de organizaciones sin fines de lucro e iglesias fraudulentas para comprar nuestras elecciones, mientras obtienen una deducción fiscal subsidiada por el pueblo estadounidense”.

Rachel Laser, presidenta y directora ejecutiva de Americans United for Separation of Church and State, coincidió y añadió: “La reinterpretación radical de la Enmienda Johnson por parte de la administración Trump es un ataque descarado a la separación entre la Iglesia y el Estado que amenaza nuestra democracia al favorecer a los lugares de culto sobre otras organizaciones sin fines de lucro e insertarlas en la política partidista. Es la estrategia emblemática del presidente Trump y sus aliados nacionalistas cristianos: explotar la religión para aumentar su propio poder político”.

Fuente LGBTQNation

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“ A vueltas con los conceptos de diferencia y fecundidad: una reflexión sobre la homosexualidad”, por Joseba Kamiruaga Meza CMF.

viernes, 18 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternatiba Cristiana):

El principal argumento que la doctrina de la Iglesia católica suele oponer al amor homosexual que también quiere expresarse en gestos corporales es la ausencia de diferencia de sexo, de la que se deriva, por otra parte, la ausencia de fecundidad procreativa; no es posible engendrar. La diferencia y la fecundidad son esenciales para el amor.

Aquí incluso podemos remontarnos a Dios mismo. El Dios que Jesús reveló es un Dios en el que hay diferentes personas y una comunión fecunda entre ellas. Todo amor que quiera estar en sintonía con este Dios no puede carecer de diferencia y fecundidad.

Ahora bien, la pregunta puede ser ésta: ¿es válida la idea de que entre dos personas del mismo sexo no existe diferencia sexual, no existe fecundidad, o podemos superarla de alguna manera? Mi hipótesis teológica iba precisamente en esta línea.

Yo considero que incluso la diferencia sexual también puede reconocerse entre personas del mismo sexo, sobre todo a nivel físico, que es el que parece más similar. La similitud física no excluye toda diferencia. Ya a nivel biológico, entre dos cuerpos masculinos o entre dos cuerpos femeninos hay diferencias precisamente en cuanto al sexo, a los caracteres sexuales secundarios: el tamaño, la forma, la postura, etc.

Todos distinguimos bien entre personas del mismo sexo. Luego, a nivel psicológico, tenemos modalidades cognitivas, afectivas, tipos de carácter y estructuras del inconsciente aún más marcadamente diferentes. También a nivel sociocultural, las personas provienen de diferentes núcleos familiares, de diferentes grupos sociales, de diferentes historias parentales. Todo esto hace que, incluso cuando me encuentro con una persona de mi mismo sexo, pueda reconocer una alteridad, una diferencia sexual.

Sin embargo, el elemento más decisivo se encuentra a nivel propiamente antropológico. La persona debe ser pensada como una unidad de espíritu y cuerpo. Si es así, cada uno de nosotros es una persona única.

La teología más tradicional sostiene que el alma-espíritu es insuflado por Dios en la persona que recibe la vida física de sus padres. Este dato de la tradición recuerda que cada uno de nosotros es único, que nadie es idéntico a otra persona desde el punto de vista espiritual.

Pero si entre el espíritu y el cuerpo hay unidad, entonces significa que también en el cuerpo se refleja esta unicidad, esta singularidad. Aquí estaría la razón antropológica que permite decir que también entre personas del mismo sexo se reconoce una diferencia sexual.

En cuanto a la fecundidad, es cierto que entre personas del mismo sexo, creo que este es el dato más evidente e incontrovertible, no hay fecundidad procreativa, no puede nacer un hijo. Entre dos personas de sexo diferente, sí, puede ocurrir accidentalmente que sean estériles, pero no estructuralmente como en el caso de dos personas del mismo sexo.

Sin embargo, la fecundidad, antes que procreativa, antes que generar un hijo, es ante todo, por ejemplo, fecundidad espiritual. Cuando dos personas se dan vida mutuamente son fecundas; el otro vive del amor que recibe, del cuidado, de la atención. Luego incluso se puede reconocer una fecundidad relacional. Cuando dos personas entran en comunión, comparten la vida, no solo la intercambian, sino que nace algo nuevo. Esa pareja que surge de ese amor es una novedad.

Incluso se puede decir que también se reconoce una fecundidad social. Cuando dos personas entran en comunión, contribuyen a la sociedad, entran en relación con los demás enriquecidos por su unión recíproca. Por ejemplo, ser acogido en una casa por dos personas que comparten la vida no es lo mismo que ser acogido por dos individuos distintos.

Sobre la base de estas razones, me parece que también es posible reconocer en una relación homosexual aspectos de diferencia y fecundidad, por lo que si es cierto que en una relación homosexual no están presentes todas las potencialidades de diferencia y fecundidad  – me pregunto en qué relación están presentes todas esas potencialidades -, me permito decir que también están presentes y, por lo tanto, que el amor homosexual en ese sentido es un amor posible.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“¿Demasiado tarde para Dios?”, por José Bautista

jueves, 17 de julio de 2025
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Id también vosotros a mi viña.” (Mt 20,4) Cuando Dios llama, lo hace con delicadeza. Y lo hace a cualquier hora del día.

Introducción

Algunas voces no se apagan con el paso del tiempo. Más bien, se vuelven más nítidas. Así es el llamado de Dios: no conoce prisa, ni responde a calendarios. Llega cuando quiere, a quien quiere, y en el momento exacto en que el alma está lista para escuchar.

Esta reflexión brota desde dentro, no desde el análisis ni la teoría. Es el eco sereno de una experiencia personal: la de quien ha caminado largo trecho, ha amado, ha perdido, ha buscado… y en medio del silencio, ha sentido una voz que no se impone, pero que insiste con amor.

Y sin embargo, al tocar algunas puertas dentro de la Iglesia, uno descubre que hay límites que no están en el Evangelio: la edad. Algunos caminos se cierran con cautela, no por falta de fe, sino por estructuras que han sido pensadas para otros tiempos.

Este texto no nace como queja, sino como plegaria. Como una invitación a la escucha. Como un susurro que pide ser acogido en el discernimiento eclesial.

1. La voz de Dios no tiene edad

La Biblia está llena de historias donde la vocación llega en la madurez. Abrahán recibe la promesa cuando ya no espera hijos. Moisés es enviado a liberar a su pueblo cuando lleva años en el desierto. Pedro y Andrés no eran adolescentes cuando dejaron sus redes para seguir a Jesús.

En la historia de la Iglesia, lo mismo: San Ignacio de Loyola, herido en batalla y quebrado por dentro, escucha el llamado a los treinta. Camilo de Lelis encuentra a Dios después de una juventud errante. Santa Ángela de Mérici funda una comunidad siendo ya mayor. La vocación no es privilegio de la juventud. Es don de Dios.

El Concilio Vaticano II, en Optatam Totius, afirma que la formación debe adaptarse a las personas y a los tiempos. Y Pastores Dabo Vobis (Juan Pablo II) nos recuerda que la llamada requiere acompañamiento, en toda etapa de la vida.

2. Límites no siempre visibles

Con comprensión y respeto, es justo reconocer que muchas instituciones han establecido criterios de edad con buenas intenciones: asegurar la duración del servicio, facilitar la formación, prever la salud física o comunitaria.

Sin embargo, estos filtros prácticos, si no se acompañan de discernimiento espiritual profundo, pueden cerrarle el paso a llamadas verdaderas. La lógica administrativa, por comprensible que sea, nunca debe ahogar la lógica de la gracia.

Vita Consecrata (1996) nos invita a acoger las vocaciones con fe y apertura. Porque la Iglesia no es una empresa que contrata perfiles. Es madre, y las madres no preguntan la edad al corazón que llega buscando hogar.

3. Lo que he vivido

Podría citar experiencias de otros. Pero esta es una realidad que no me contaron: la he vivido. El llamado no vino temprano. Llegó en el cruce de caminos, en la oración silenciosa, en medio de heridas convertidas en luz.

Y con ese “sí” que brota del alma, he tocado puertas con esperanza. Algunas se han cerrado amablemente, pero con firmeza. No por mi fe, no por mi deseo, sino por la edad. Y lo entiendo. Pero también lo comparto, no para reprochar, sino para sembrar una pregunta: ¿y si Dios llama en la tarde?

4. Vocaciones adultas: un signo de nuestro tiempo

Según el Center for Applied Research in the Apostolate (CARA), más del 26 % de los seminaristas en EE.UU. comenzaron su camino vocacional después de los 30 años. Comunidades como los Benedictinos de Nursia y los Dominicos en Francia han acogido vocaciones adultas con creciente apertura.

Son hombres y mujeres que no vienen del entusiasmo juvenil, sino del desierto y del fuego. Vocaciones templadas por la vida, que han descubierto a Dios como destino inesperado. ¿No será esta una señal de los tiempos?

5. Objeciones comprensibles, respuestas posibles

¿Y si no se adaptan a la vida comunitaria?  La formación está para discernir. Muchas veces, la madurez favorece la convivencia, la humildad y la escucha.

¿Y si su tiempo de servicio será breve?  La fidelidad no se mide en años. Un alma encendida por un año puede encender a muchas otras para siempre.

¿Y si la vocación nace en medio de una crisis? Dios también habla desde el dolor. Lo importante es discernir, no descartar.

6. Francisco y el llamado que no envejece

El papa Francisco ha insistido en que “la vocación es un camino que dura toda la vida”. En mensajes vocacionales recientes, ha afirmado: “Todos estamos llamados. Nadie es demasiado joven ni demasiado mayor para Dios».

Y ha pedido a la Iglesia que no tenga miedo de los llamados que llegan tarde. Que no cierre el oído al Espíritu por temor o por costumbre. Que acoja como madre y como hogar.

7. Caminos posibles

– Itinerarios pastorales para vocaciones adultas.  – Comunidades abiertas al discernimiento sin filtros cronológicos.  – Espacios de consagración laical, oblaturas o terciariados.  – Revisar con caridad los criterios de admisión, poniendo en el centro la verdad de la llamada.

Conclusión

Esta reflexión no quiere cambiar normas, ni proponer soluciones mágicas. Solo quiere abrir una ventana. Dejar que entre luz. Y que quienes acompañan vocaciones puedan, también, escuchar con nuevos oídos.

Dios sigue llamando. A veces, lo hace en la tarde. Y no porque llegue tarde, sino porque el corazón se abre entonces.

“No es tarde cuando Dios llama; es tarde cuando dejamos de escuchar.

José Bautista*, filósofo y teólogo laico

Religión Digital

* José Bautista es filósofo y teólogo laico. Su reflexión nace del encuentro entre la experiencia personal y la mirada contemplativa sobre la vocación, el tiempo y el llamado de Dios. Desde la frontera entre lo vivido y lo soñado, escribe para dejar constancia de que la gracia nunca llega tarde.

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“San Benito, patrono de la Europa abierta que acoge”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

viernes, 11 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

San Benito, de cómo vivir en la presencia de Dios.

San Benito, un modelo de construcción cristiana de Europa.

 

La actitud y la fe básicas sobre la hospitalidad que San Benito, proclamado patrono de Europa por San Pablo VI, esbozó en la Regla, se expresan en un pasaje significativo: «Que todos los huéspedes que vengan sean acogidos como Cristo, porque él dirá: ‘Fui huésped y me acogisteis’» (Mateo 25, 35).  La opción de San Benito se forjó en un contexto político, social y económico de incertidumbre y de profundos cambios; se forjó en el alimento de la Palabra de Dios y en el testimonio de los Padres, pero sobre todo en su larga experiencia de vida monástica. En el ocaso de la gloria de Roma, con los nuevos pueblos ya establecidos dentro de las fronteras del antiguo imperio, el joven de Nursia se hizo eco de la voz del salmista: «¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?» (Salmo 34, 12ss). 

Ante las tragedias cotidianas que siguen ocurriendo en el Mediterráneo y a lo largo y ancho de las zonas de guerra, la solución no puede venir de la geopolítica emocional. La opción de San Benito es clara: acogida y hospitalidad. «El huésped y el pobre -escribió un gran monje, Evagrius Ponticus- son el colirio de Dios. Quien los acoge recupera pronto la vista«. El monacato nunca ha dejado de ser fuente de inspiración y, ante el fenómeno arrollador de las migraciones, que se ha convertido en estructural, hoy puede ofrecer recetas auténticas e integrales, aunque lleven consigo una sana carga de provocación. Como cantaba Efrén el Sirio: «La jactancia de los cristianos es la acogida de los extranjeros y la compasión [hacia los pobres]. La jactancia y la salvación de los cristianos es tener siempre como comensales en su mesa a los pobres, a los huérfanos y a los forasteros, pues de una casa así Cristo nunca se irá«. No sólo el monje, sino todo ser humano está invitado a ser imagen de Dios también en la hospitalidad.

En el monasterio, la llegada de huéspedes es una bendición divina: el portero los acoge con las palabras «Deo gratias» o «Bénedic«, con mansedumbre y temor de Dios; con estas fórmulas, San Benito indica que es el forastero quien llama a la puerta para bendecir al monje. A continuación, se rodea al huésped con el abrazo del rito, mediante una verdadera liturgia de la hospitalidad: el superior y los hermanos se reúnen con el huésped, rezan juntos, se intercambia el signo de la paz con un beso; primero se parte el pan de la oración con el huésped, llevándole al oficio divino de la comunidad, después se sientan con él, escuchando juntos la lectura de las Sagradas Escrituras. A continuación se le lavan las manos y los pies, de lo que se encarga el abad de la comunidad. Después rompen el ayuno –los hijos del Esposo no pueden ayunar mientras el Esposo está con ellos (Marcos 2, 18-22)- y cantan juntos: «Hemos recibido, oh Dios, tu misericordia en medio de tu templo» (Salmo 47). Parece un juego de las partes, pero no es el pobre el que se beneficia de la hospitalidad, sino toda la comunidad implicada, porque recibe la misericordia del Señor. Como se puede imaginar, se trata de un verdadero compromiso que cuesta esfuerzo, en términos de tiempo y de medios materiales. San Benito era muy consciente de que siempre había que estar preparado: los forasteros y los huéspedes podían aparecer de improviso y, además, ser numerosos. Y no eran necesariamente buenos cristianos, bien vestidos y admiradores del canto gregoriano.

«Acoged también con el mayor cuidado y solicitud a los pobres y a los peregrinos, porque en ellos se acoge aún más a Cristo«. Para San Benito, una cosa es cierta: la presencia misteriosa, pero real, de Cristo resucitado es acogida en el huésped. Nosotros, que esperamos la segunda venida del Mesías, lo encontramos ya en el forastero que llama a nuestras puertas. La intuición de San Benito es profunda: los monjes saben que son peregrinos en este mundo; no acogen en sus casas a pobres y extraños, sino a semejantes en la casa de Dios. Y Dios llega las más de las veces de forma inesperada y casi secreta.

Así pues, la revolución espiritual y cultural de la Regla no sirve para levantar los baluartes de un hortus conclusus, sino que es una forja abierta de civilización, que irradia desde el monasterio hacia el mundo. «Del pan de san Benito ha comido toda la Iglesia«, recordaba el cardenal benedictino Alfredo Ildefonso Schuster. La pureza evangélica tan antigua y tan nueva del legislador de Nursia no puede dejar de tocar también nuestros corazones, en un momento en que el Santo Padre llama al Cuerpo de Cristo -de Aquel que se hizo pobre y extranjero por nosotros- a convertirse más eficazmente en una Iglesia para los pobres. Cercanía y proximidad a los pobres y a todos los que piden ser acogidos: la Opción de San Benito y la Opción Francisco no pueden estar más cerca.

«Esto es precisamente lo que hizo San Benito» – decía el Papa Francisco a los participantes en la conferencia (Re)thinking Europe de 2017 – «No le importó ocupar los espacios de un mundo perdido y confuso. Sostenido por la fe, miró más allá y desde una pequeña cueva de Subiaco dio vida a un movimiento contagioso e imparable que rediseñó el rostro de Europa«. En esta obra fue verdaderamente un mensajero de la paz, un realizador de la unidad y un maestro de la civilización. En una carta escrita en recuerdo del 10º aniversario de su visita a Lampedusa, escribía: «en estos días en que asistimos a la repetición de graves tragedias en el Mediterráneo, nos estremecen las masacres silenciosas ante las que aún permanecemos impotentes y atónitos. La muerte de inocentes, principalmente niños, en busca de una existencia más serena, lejos de las guerras y la violencia, es un grito doloroso y ensordecedor que no puede dejarnos indiferentes. Es la vergüenza de una sociedad que ya no sabe llorar y compadecerse de los demás«.

El quid de la cuestión está aquí: la globalización de la indiferencia, una grave falta de empatía y caridad. Evagrio Póntico escribía desde el desierto norteafricano: «Monje es aquel que se considera uno con todos, acostumbrado como está a verse en todos«. Así pues, acoger a los pobres y a los extranjeros -y acoger al Señor en su persona- conserva todo su valor real, pero es también símbolo y preparación para otra acogida, más profunda e interior: la acogida que se da al Señor en el propio corazón y que es la finalidad de toda la vida.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“Costureras sagradas”, por Yolanda Chávez

sábado, 5 de julio de 2025
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Hoy me reuní con algunas catequistas. Todas ellas migrantes. Llegaron con los ojos llenos de lo que no se dice fácilmente: miedo, dolor, tristeza. No venían a buscar respuestas. Solo querían saber —con lágrimas temblando en la voz— si este temor profundo, en un tiempo que persigue con furia los rostros color café, no sería, acaso, una forma de fallarle a la fe que aún las sostiene.

Sin embargo, entre palabra y palabra, me impresionó algo más profundo que el miedo. Me impresionó su deseo de seguir siendo presencia para otros. «Tengo miedo por mí, pero pienso en las personas que me esperan cada jueves«, dijo una. «Puedo tan poco, pero algo me dice que este es el tiempo de estar para los demás«, dijo otra.

Me vinieron a la mente las costuras. Las pequeñas, esas que no se ven en la superficie de la colcha. Las que unen retazo con retazo. Ellas —las mujeres migrantes catequistas del sur de California— son eso: costuras vivas. Imperceptibles muchas veces. Pero sin ellas, se deshilacha la esperanza.

Y entonces vi que no están solas en esa tarea. Las acompañan otras costureras sagradas, tejedoras invisibles de la historia de la salvación:

Agar, extranjera en tierra ajena, que huye al desierto con su hijo y escucha a un Dios que la llama por su nombre. Las hijas de Selofojad, sin padre ni tierra, que se atreven a levantar la voz como extranjeras del sistema, y reclaman el derecho a heredar futuro. Rut, moabita migrante, que cruza fronteras por amor y recoge espigas ajenas hasta abrir la genealogía del Mesías. Noemí, anciana, rota, desplazada por el hambre y el duelo, que vuelve a su tierra, y aun así, es capaz de revitalizar el destino compartido. María, joven de Galilea forzada al exilio, que atraviesa la noche hacia Egipto, abrazando en un niño al Dios que tiembla y que migra. Priscila, judía expulsada de Roma, que se convierte en exiliada itinerante, predicadora audaz que ama, enseña y edifica sin pedir permiso.

Ellas no brillan como las figuras principales del relato. No son Abraham, ni Moisés, ni David, ni José, ni Pablo. Pero sin sus delicadas costuras, el gran manto de la historia se rompe.

Así también hoy: nuestras hermanas con el miedo dibujado en su rostro café, con silencios, con oraciones mientras abren su corazón y comparten sus lágrimas, son las que están sosteniendo la fe de muchas comunidades. No se notan. Pero están. Y eso basta para que la historia continúe.

Ellas son Costureras sagradas. Costureras de frontera. Costureras de futuro.

Mujeres que cosen, con hilos de lo invisible, la historia de Dios.

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Nosotros… Nuestro… Solemnidad de san Pedro y san Pablo

domingo, 29 de junio de 2025
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Pedro y Pablo, dos columnas de la Iglesia, maestros inseparables de fe y de inspiración cristiana por su autoridad, son sinónimo de todo el colegio apostólico. A Simón Pedro, pescador de Betsaida (cf. Le 5,3; Jn 1,44), Jesús le llamó Kefas- Piedra y le dio el encargo de guiar y confirmar a los hermanos, a pesar de su frágil temperamento. Su característica distintiva es la confesión de la fe. Es uno de los primeros testigos del Jesús resucitado y, como testigo del Evangelio, toma conciencia de la necesidad de abrir la Iglesia a los gentiles (Hch 10-11).

Pablo de Tarso, perseguidor de la Iglesia y convertido en el camino de Damasco, es un hombre de espíritu vivaz y brillante formación, que recibió de los mejores maestros. Animado por una gran pasión por Cristo, recorrió con su dinamismo el Mediterráneo anunciando el Evangelio de la salvación.

Ambos recibieron en Roma la palma del martirio y la unidad en la caridad, convirtiéndose en ejemplo de diálogo entre institución y carisma.

***

A ti te entrego las llaves:
en tus manos pongo la creación entera,
también mi Reino, mis ilusiones,
y mi confianza y palabra de Padre.
Te hago portero de esperanzas y proyectos
para que te sientas libre y responsable.

Llaves para abrir las puertas cerradas,
los corazones duros e insolidarios
y todos los secretos fabricados.
Llaves para repartir los bienes de la tierra,
todo lo que puse y produce,
sin que te sientas ladrón de haciendas.

Llaves para mostrar todos los tesoros
de arcas, baúles y bibliotecas,
y poder sacar las cosas buenas.
Llaves para dar a conocer
los misterios de la ciencia
y desenredar conciencias.

Llaves para abrir lo que otros cierran
–bancos, fábricas, fronteras e Iglesias–,
quizá tu casa, tu patio, tu cuenta.
Llaves para entrar en cárceles,
quitar trabas, soltar cadenas,
anular grilletes, conocer mazmorras.

Llaves para perdonar barbaridades,
quitar miedos y culpabilidades
y andar erguido y sin genuflexiones.
Llaves para que nadie encuentre
las puertas de su camino cerradas
aunque sea noche oscura.

Llaves para desatar leyes,
mandatos, edictos y normas
de señores, jefes y prepotentes.
Llaves para liberar a los que sienten
que tienen las puertas cerradas
y la vida hecha y planificada.

Llaves para poder salir al mundo
a que te dé sol y brisa
y te quite la costra que llevas encima.
Llaves para que nadie se atrinchere
y busque refugio en tus rincones
cuando ha herido a los más pobres.

Llaves para que los insensatos
no pierdan el tiempo quejándose,
y puedan entrar aunque lleguen tarde.
Llaves para que siempre puedas,
a quien llega a tiempo o deshora,
enseñar tus entrañas y acogerle.

Llaves para abrir heridas
–en el cuerpo, en el alma, en las estructuras–
y así poder curarlas.
Llaves para cuidar y mostrar
la buena noticia, mi casa,
mis tesoros de Padre y Madre.

A ti te entrego las llaves;
pero mira los rostros setenta veces siete
antes de creerte juez, clérigo o jefe.

*

Florentino Ulibarri

***

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

+ «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

+ «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

– «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:

+ «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

*

Mateo 16, 13-19

***

 Y en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, un texto que habla de Comunidad, de Palabra, de Compromiso… Del blog Amigos de Thomas Merton:

…”el Doctor de la paz y Maestro de la unidad no quiso que hiciéramos una oración individual y privada, de modo que cada cual rogara sólo por sí mismo. No decimos: «Padre mío, que estás en el cielo», ni: «Dame hoy mi pan de cada día», ni pedimos el perdón de las ofensas sólo para cada uno de nosotros, ni pedimos para cada uno en particular que no caigamos en tentación y que nos libre del mal. Nuestra oración es pública y común, y cuando oramos lo hacemos no por uno solo, sino por todo el pueblo, ya que todo el pueblo somos como uno solo.

El Dios de la paz y el Maestro de la concordia, que nos enseñó la unidad, quiso que orásemos cada uno por todos, del mismo modo que él incluyó a todos los hombres en su persona. Aquellos tres jóvenes encerrados en el horno de fuego observaron esta norma en su oración, pues oraron al unísono y en unidad de espíritu y de corazón; así lo atestigua la sagrada Escritura que, al enseñarnos cómo oraron ellos, nos los pone como ejemplo que debemos imitar en nuestra oración: Entonces -dice- los tres, a una sola voz, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios. Oraban los tres a una sola voz, y eso que Cristo aún no les había enseñado a orar.

Por eso fue eficaz su oración, porque agradó al Señor aquella plegaria hecha en paz y sencillez de espíritu. Del mismo modo vemos que oraron también los apóstoles, junto con los discípulos, después de la ascensión del Señor. Todos ellos -dice la Escritura- perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres y de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de éste. Perseveraban unánimes en la oración, manifestando con esta asiduidad y concordia de su oración que Dios, que hace habitar unánimes en la casa, sólo admite en la casa divina y eterna a los que oran unidos en un mismo espíritu.”

*

San Cipriano

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«Sólo Jesús edifica la Iglesia». 29 de junio de 2025 S. Pedro y S. Pablo (C) Mateo 16, 13-19

domingo, 29 de junio de 2025
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El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues , siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

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«Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos». Domingo 29 de junio de 2025. 13ª semana de tiempo ordinario. Pedro y Pablo, apóstoles

domingo, 29 de junio de 2025
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Leído en Koinonia:

Hechos 12,1-11: Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes
Salmo responsorial: 33:El Señor me libró de todas mis ansias.
2Timoteo 4,6-8.17-18:
Ahora me aguarda la corona merecida
Mateo 16,13-19:
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos

Hoy la Iglesia celebra en su liturgia la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, columnas y apóstoles de la Iglesia.

En la primera lectura nos encontramos con el relato de la liberación de Pedro de la cárcel por obra de un ángel enviado por Dios. Eran tiempos de una persecución devastadora contra aquéllos que habían decidido seguir a Jesús, el Hijo de Dios; tanto así que este tiempo será recordado como la era de oro de la Iglesia, pues incontables mártires, niños y niñas, jóvenes y adultos, dieron testimonio con su sangre de la verdad de Cristo, al no aceptar la religión del imperio romano ni apostatar de su fe en el Señor Jesús.

En la segunda lectura nos encontramos con un pasaje de la despedida del apóstol Pablo a su discípulo amado Timoteo, en el cual le exhorta a dar un buen combate en la fe tal como lo ha hecho él, sin importarle las consecuencias que traiga consigo semejante actitud. Reconoce el apóstol que su fe está puesta en Cristo, quien lo fortalece en los momentos en que se encuentra prisionero en Roma, a la expectativa de lo que vayan a hacer con su vida. Espera la corona merecida y seguirá confiando hasta el final en el Señor, pues él lo seguirá librando de todo mal.

La fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo ofrece la ocasión para reflexionar, a partir del texto evangélico propuesto, sobre la confesión de fe como forma de construcción de la Iglesia.

El relato consta de una doble pregunta de Jesús a sus discípulos con su correspondiente respuesta (vv. 13-16) y de la bienaventuranza de Simón (vv. 17-19).

Las preguntas y respuestas sirven para la separación de dos categorías de personas, según la evaluación que hagan sobre Jesús. De una parte tenemos a la «gente», de la otra a «los discípulos». La gente o «los seres humanos» no captan el sentido auténtico de la actividad de Jesús. Su opinión lo coloca en continuidad con personajes del pasado: Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Como Herodes en Mt 14,2 esta valoración puede estar entremezclada de elementos desfavorables.

Por el contrario los discípulos, de quienes Pedro es portavoz, han captado el verdadero significado de la actuación de Jesús. No solamente confiesan que es el Mesías esperado sino también que su mesianismo se origina en su filiación divina, condición que le posibilita transmitir la Vida de Dios, a diferencia de los ídolos muertos. El «Hijo de Dios vivo» se ha hecho presente en la vida de la humanidad, en una comunidad que lo reconoce el «Dios con nosotros» (cf Mt 1,23; 28,20).

Este reconocimiento recibe, a su vez, la proclamación de felicidad y dicha que hace Jesús respecto a sus seguidores de los que Pedro, gracias a su fe, se ha convertido en prototipo e imagen. Frente a la opinión de la gente, Pedro ha aceptado la revelación del Padre a los sencillos y humildes.

La originalidad de su confesión hace de Pedro y de sus compañeros, mensajeros de la fe en medio de un mundo hostil. Más allá de la historicidad sobre el nombre de su padre (aquí, hijo de Jonás, en Juan 21,15 hijo de Juan), en él se pueden detectar los rasgos de Jonás, el profeta que debió llevar la Palabra de Dios a la ciudad hostil y que, en ese intento, corrió el riesgo de ser sumergido en el mar (cf 14,30) y fue liberado de ese peligro mortal (cf 14,31).

En la Asamblea del desierto, Moisés recibió de Dios el don de la Ley (Dt 9,10; 10,4 etc.). Aquí el discípulo recibe el don de la fe en Jesús que lo convierte en elemento apto para la edificación de una nueva Asamblea, el Israel mesiánico, constituida en torno a Jesús como la Asamblea del desierto se constituía en torno a Moisés.

Se realiza entonces para la comunidad lo que se realizaba en el individuo sensato que ha colocado su cimiento sobre la roca de las palabras de Jesús (Mt 7,24-25). Los discípulos que adhieren a Jesús construyen una ciudad inconmovible, a la que no pueden derrotar las fuerzas de la Muerte o del Abismo.

Se crea de esta forma un espacio inexpugnable frente a las potencias del mal, en el que los discípulos no son sólo cimiento sino también administradores: A ellos se les han consignado las llaves y a ellos se les consigna la función judicial de tomar la decisión de aceptar o no la entrada a aquella ciudad: «Atar o desatar». Esta fórmula quiere significar una participación de la comunidad en la autoridad de Jesús.

La proclamación de la fe en Jesús por parte de Pedro, prototipo de los creyentes, es el cimiento inconmovible capaz de superar los embates de las fuerzas del Mal actuantes en la historia humana. Los que la proclaman pueden ofrecer asilo acogedor a quienes están amenazadas por aquellas fuerzas. Pueden también negar ese asilo a los que rechazan el designio salvífico. Leer más…

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29.6.25. Apártate, Satán. La dudosa, difícil y esperada conversión de Pedro (Mc 8, 27-35)

domingo, 29 de junio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

La iglesia celebra la conversión de Pablo el 25 de enero, y ciertamente Pablo se convirtió, aunque queda queda pendiente si se convirtió al cristianismo como religión distinta o a otro tipo de judaísmo

La conversión de Pedro, en cambio, resulta más dudosa y hay diversas versiones de ella, pues no queda clara la función de Pedro como primero de los Doce y obispo de Roma, al principio de la iglesia y en la actualidad. Algunos se atreven a decir que Pedro se convirtió a un  Jesús imaginario, para tener poder sobre otros, no para quererles y servirles (tema de fondo del final del evangelio de Juan)

| Xabier Pikaza

Me interesé por el tema leyendo un libro de R. M. Fowler, Let the reader understand (=Que el lector entienda, 1991). Fowler supone (y quizá demuestra) que Pedro estuvo con Jesús, pero sin convertirse, pues queda pendiente el final de Marcos (Mc 16, 1-8), con las mujeres encargadas de convertirle, pero quizá incapaces de lograrlo.

El tema fue tan importante en la iglesia antigua que tanto Mateo, como Lucas y Juan escriben sus evangelios para decir que Pedro al fin se convirtió (como ratifica finalmente 2 Pedro). Si tanto les importa demostrarlo es que quizá no lo tenían claro,  según el texto base de Mc 8, 27-35.

El estudio de esta cuestión nos permite evitar triunfalismo y para situar mejor los riesgos de  un anti-cristianismo no sólo de Pedro, sino de otros, en la historia y actualidad de la iglesia, como intenté mostrar en Comentario de Marcos, donde expongo (y justifico) algunas ideas que. Mi reflexión no es una crítica de Pedro, sino una admirada versión de su camino cristiano,

Texto

  • 27Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo;
  • por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» 28Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».
  • 29Él les preguntó: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy?».
  • Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías».
  • 30Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. 31Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». 32Se lo explicaba con toda claridad.
  • Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.33Pero Jesús se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
  • 34Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.35Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá;
  • pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

Mientras van de camino (en tê hodô: 8, 27) por la zona de Cesárea de Felipe, junto a las fuentes del Jordán, Jesús pregunta por su identidad a los discípulos. Algunos opinan que es el mismo Juan Bautista, que ha revivido, como pensaba Herodes con miedo. Es normal que le sigan identificando con el Bautista, como si fuera un continuador de su obra, y no alguien que tiene una tarea diferente y propia.

Otros identifican a Jesús con  Elías o con otro profeta, retomando un motivo comienzo del evangelio (Mc 1, 1-7).  Marcos sabe que Jesús no es simplemente un profeta final de conversión y juicio como Elías. Pero la figura de Elías, asociada a la acción de Juan Bautista, y a la esperanza de la gran transformación escatológica, le sigue acompañando hasta el Calvario, donde vuelve a plantearse el tema (cf. 15, 35). Según Marcos, Elías no es Jesús (ni Jesús le ha llamado desde la cruz, sino que ha llamado a Dios: cf. Mc 15, 33-34), pero el recuerdo de Elías le precede (cf. 9, 1-13) y en algún sentido le impulsa y acompaña. Por eso, los que dicen que Jesús es Elías (o un profeta como Elías) no le han conocido todavía plenamente, pero van por buen camino-

Pero  Pedro (=Kephas, ho Petros, con artículo: El Piedra). contesta  ¡Tú eres el Cristo! (8, 29), no un profeta de penitencia, sino un mesías político y social, dispuesto a tomar el mando sobre Israel y sobre las naciones.  En un aspecto, podemos afirmar que Pedro ha visto bien: ha sacado las consecuencias del camino anterior; ha entendido a Jesús como Cristo/Mesías y se muestra dispuesto a seguirle, pero e n una línea social (=militar) de poder, no en la que va tomando Jesús de “milagritos y sanaciones, con mucho  enfermo y loco por medio de Jesús.

Quien habla así es el “Pedro histórico” (del tiempo de la vida de Jesús, cuyo recuerdo se mantiene en las comunidades), pero es también el Pedro de la Iglesia quien, según Marcos, ha visto y confesado a Jesús como Cristo, pero no ha dado el paso para confesarle de verdad como Hijo de Hombre que entrega la vida por los hombres, como animador de un grupo de marginados, de-mentes y mujeres dudosas.

–Al oír eso, Jesús responde pidiendo a todos que se mantengan en silencio (Mc 8, 30). Ha preguntado para escucharles. Ahora les manda que callen, pues lo que Pedro ha dicho sólo puede entenderse haciendo el camino de subida a Jerusalén, para dar la vida por el Reino.   ¡Les manda que no hablen de él a nadie! (hina mêdeni legôsin peri autou; 8, 30). Este silencio que Jesús les pide puede compararse al que ha exigido a los “endemoniados”, que le llamaban “Santo de Dios” (Mc 1, 24), “hijo de Dios” (2, 12) o “hijo de Dios Altísimo (5, 7; cf. 1, 34), pues en sí mismos, desligados de la vida y obra de Jesús, esos títulos pueden tener un fondo “demoníaco”. En esa línea, Jesús pide a sus discípulos que no hablen de él a nadie, pues lo que pueden decir es falso, y va en contra del evangelio, de manera que en vez de ayudar a la causa de Dios la destruye.

Diciendo que Jesús es el Cristo, Pedro quiere decir que es más que Juan Bautista, más que los profetas antiguos, más que los simples exorcistas, con personas de duda identidad Pedro quiere un Cristo que triunfa, que tiene poder… no un Cristo que tiene que morir por amor a los hombres.   Según eso, Marcos nos sitúa ante un Pedro que, para estar de verdad con Jesús “debe” convertirse, aceptando al Cristo que muere por los demás. En el fondo, Pedro sólo quiere a un Cristo que le conceda poder sobre los otros,  un Cristo de dignidad,  poder y dinero…Por eso le critica el evangelio de Marcos, donde Jesús le dice a Pedro: Tú eres muy “piedra” pero poco cristiano.

Este Jesús de Marcos no se opone simplemente a Pedro, como persona, sino al proyecto mesiánico que Pedro ha representado y quiere seguir representando en en la primera Iglesia, un proyecto que choca con el camino de entrega de Jesús, pues en el principio de la Iglesia Pedro no ha reconocido ni acepta el sentido de de la muerte de Jesús, ni ha querido morir con él. Para decirlo con otras palabras, según Marcos Pedro fue un un “cristiano a medias”,alguien que en el fondo rechaza a Jesús, como irá mostrando el resto del evangelio.

Todo nos permite suponer que Pedro y otros discípulos habían visto a Jesús  como Cristo vencedor, un Cristo que no muere… Y así habían seguido pensando tras la muerte de Jesús. No quieren ser seguidores de un crucificado, candidatos a la derrota y crucifixión. Quieren una iglesia gloriosa, no de derrotados. Tanto Pedro como Jesús (ambos conforme a la visión de Marcos) están sacando las consecuencias de lo que Jesús y ellos han hecho hasta el momento. Pedro ha llamado a Jesús “Cristo”, y al hacerlo ha querido resituar su obra en el ámbito de las promesas y esperanzas mesiánicas de Israel.

Pedro dice a Jesús en este pasaje que ha llegado su hora y le pide que se ponga al servicio de un mesianismo triunfante israelita, que empiece ya su obra verdadera de dominio sobre el mundo. Eso es lo que dijo en el tiempo de la historia de Jesús, y lo que ha seguido diciendo en la primera Iglesia. Eso significa que, según Marcos, Pedro no se ha convertido todavía de un modo radical (en línea de evangelio, en línea de Pablo), sino que le ha seguido cerrando en la red de un mesianismo intra-israelita.

Tras la crucifixión de Jesús, Pedro toma el liderazgo del grupo y quiere confesar y presidie el proyecto de Jesús en la línea del mesianismo nacional, triunfante, de Israel; lo que él dice parece bueno, conforme a la esperanza de Israel y a las posibilidades de Jesús, en este contexto de su vida. (b) Pero el verdadero Jesús tiene otro plan y, por eso, pedirá a Pedro y a su gente que se callen, que no lo diga a nadie, pues lo que podrían decir en esa línea es falso.

Por eso, Jesús exige que no hablen a nadie sobre él (8, 30), que se olviden.Éste es uno de los textos más enigmáticos del evangelio. No que es Jesús pida que no hablen de sus milagros o de sus títulos de grandeza, como en casos anteriores  (cf. Mc 1, 44; 5, 43; 7, 36; 8, 26). Lo que pide aquí es más radical: ¡Exige a sus discípulos silencio: que no hablen de él (peri autou) en modo alguno, y se lo pide no solo a Pedro, sino a todos (autois)!

Se puede suponer que los del grupo de los Doce de Pedro  han empezado ya a hablar, como si fueran portavoces del proyecto de Jesús, como si supieran decir algo sobre su persona… como si fueran representantes  de una sociedad//iglesia de poder Pues bien, Jesús se lo prohíbe, de un modo terminante. Pueden seguir a su lado, pero sin hablar de él, sin comentar nada de lo que hace. Para que su mensaje siga adelante (y llegue de esa forma el reino), todo tiene que cambiar, todo tiene que ser diferentes, de manera que Jesús debe imponer silencio sobre su persona, hasta que le conozcan de verdad, hasta que “aprendan” a decir y a vivir conforme a su proyecto verdadero de Reino.

Ésta es la mayor descalificación que Jesús puede hacer de sus discípulos. Les ha escogido para que estuvieran con él, para expulsar demonios y para enviarlos a proclamar su Reino (cf. Mc 3, 13-19; 7, 7-13). Pues bien, ahora les manda guardar silencio, como si no fueran fiables, como si fueran incluso peores que los endemoniados, a quienes Jesús también imponía silencio (cf. 1, 9-11; 1, 25.34, etc.).

Este Jesús de Marcos impone silencio a Pedro, es decir, a la Iglesia que Pedro representaba en su momento, una Iglesia vinculada en el fondo al triunfo de Israel, más que al camino de Jesús, con su muerte y su pascua.

El Jesús de Marcos impone silencio a Pedro y a su grupo (que son los Doce), porque no han entendido su mesianismo. Pero (¡y ésta es la novedad!) sigue confiando en ellos: les lleva a su lado, con la esperanza de que un día cambiarán, de modo que puedan entenderle y hablar de verdad en su nombre, no sólo en clave israelita como hacían antes (cf. 6, 6b-13), sino en palabra abierta a todas las naciones (cf. 13, 19; 14, 9) [1].

El mandato de silencio que Jesús impone a Pedro y a los Doce ha de de entenderse desde la perspectiva anterior (antes de la crucifixión de Jesús, pero sobre todo después, al comienzo de la iglesia). Lo mejor que puede hacer este Pedro y esta iglesia d gentes como él es estar callados… no hablar de Jesús, pues hablan mal.

Jesús no quiere que otros le manipulen, ni siquiera sus discípulos, no quiere que Por eso, lo que ahora sigue, el conjunto del evangelio de Marcos es un “evangelio para Pedro” (no un evangelio de Pedro), un evangelio para que Pedro aprenda  y cambie,; un evangelio para que los partidarios de una iglesia como la de Pedro callen y se “conviertan” y pueden abandonar Jerusalén (con su tumba vacía) y seguir y encontrar de verdad a Jesús en Galilea, con las mujeres (Mc 16, 1-8.

En ese contexto, debemos recordar que Pedro y los Doce no fueron tan obtusos y negativos como aquí aparecen; ellos aceptaron a Jesús y le acompañaron, pero de un modo interesado, para obtener así el mando político sobre la iglesia y el mundo, tal como los interpreta Marcos, desde su opción eclesial.

Marcos desea “liberar” a Jesús (al verdadero Jesús) de la mala doctrina legal que le quieren seguir imponiendo Pedro y los Doce. Por eso polemiza con ellos y centra el verdadero mesianismo de Jesús en su camino de muerte, poniendo así de relieve que le mataron los mismos representantes del Israel jerárquico. Ciertamente, Marcos presenta una visión “sesgada” de la historia de Jesús y sus primeros seguidores, pero lo hace desde una perspectiva que (a su juicio, y a juicio de gran parte de la Iglesia posterior) recoge y expresa mejor la identidad de Jesús y la verdad de su proyecto de Reino.

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Fiesta de san Pedro y san Pablo

domingo, 29 de junio de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 Una pareja extraña para una fiesta peculiar

Cuando Pablo tuvo un serio altercado con Pedro en Antioquía de Siria, acusándolo casi de estar traicionando a Jesús, no podía imaginar que la Iglesia terminaría celebrando su recuerdo el mismo día. (Para los interesados, el conflicto lo cuenta el mismo Pablo en la carta a los Gálatas 2,11-21). Pero estoy convencido de que le gustaría la idea: lo que pretende la Iglesia al unirlos en una celebración común no es cantar la gloria de ninguno de los dos sino celebrar la obra común que Dios llevó a cabo a través de ellos.

Pedro, el cabecilla

Entre los discípulos de Jesús, Pedro fue sin duda el más lanzado, con el peligro que eso conlleva. Era el cabecilla del grupo, el primero en hablar en cualquier circunstancia, sin miedo a reprender a Jesús cuando anuncia su pasión, sin miedo a llevarle la contraria cuando quiere lavarle los pies o cuando anuncia que todos los traicionarán. El ser tan lanzado lo sitúa también en el lugar más peligroso, y termina negando a Jesús. Pero, como él mismo termina confesando después de la resurrección: «A pesar de todo, tú sabes que te amo». No es raro que Jesús lo viese como el cabecilla natural del grupo después de su muerte.

Pablo, el hombre universal

Pero la expansión de la Iglesia primitiva es humanamente inconcebible sin la figura de Pablo. Todos hemos leído su conversión. Lo que muchos no conocen es la revelación que Dios le hizo y en la que él tanto insiste en sus cartas: que la buena noticia de Jesús no era sólo para los judíos sino también para todo el mundo; para judíos y paganos. Es cierto que a mediados del siglo I ya hay cristianos en Roma (a ellos les dirige Pablo su famosa carta), pero si el evangelio se extiende por lo que actualmente es Turquía, Grecia, quizá España, es gracias a la labor de Pablo, que recorrió miles de kilómetros y se expuso a toda clase de peligros por llevar la fe en Jesús «hasta los confines de la tierra».

El enfoque de las lecturas

La liturgia concede especial importancia a Pedro, dedicándole las lecturas primera y tercera (evangelio). A Pablo dedica la segunda. En ambos casos se destacan los aspectos de protección divina y misión.

PEDRO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

1ª lectura: protección divina

Se expresa a través de un sorprendente milagro: Pedro, a pesar de estar encadenado y vigilado por cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, es liberado durante la noche por un ángel.

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando de su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenla intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua, Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo:
Date prisa, levántate.
Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:
Ponte el cinturón y las sandalias.
Obedeció, y el ángel le dijo:
Échate el manto y sígueme.
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo:
Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.

Resulta imposible no pensar en la liberación de los israelitas de Egipto, cuando el ángel marcha delante de ellos también durante la noche. Esta es la tercera vez que meten a Pedro en la cárcel, y la segunda que lo saca un ángel. Algo que llama la atención, porque otros cristianos no gozan del mismo grado de protección divina: a Esteban lo apedrean, a Santiago lo degüellan, a Pablo lo persiguen a muerte y tienen que descolgarlo en una espuerta… Por otra parte, el mismo Pedro terminará crucificado según la tradición.

Esta primera lectura, que puede provocar una sonrisa escéptica en muchos cristianos actuales, tiene gran valor simbólico. Basta pensar en los últimos Papas, atados con todo tipo de cadenas: geográficas, culturales, económicas (desde el lejano caso Marcinkus hasta los recientes escándalos del IOR), tradiciones que tienen muy poco que ver con el evangelio, y vigilados por multitud de cardenales, obispos y teólogos (más atentos que las cuatro cohortes romanas de Pedro). Buen momento para pedirle a Dios que envíe un ángel a liberar a Francisco.

Evangelio: misión

La misión se cuenta con el famoso episodio de la confesión de Cesarea de Felipe, que parte de la gran pregunta: ¿quién es Jesús? El pasaje se divide en tres partes: 1) lo que piensa la gente; 2) lo que afirma Pedro; 3) la promesa de Jesús a Pedro.

Lo que piensa la gente

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
― ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
― Unos que Juan Bautista, otros que Ellas, otros que Jeremías o uno de los profetas.

Jesús realiza una encuesta: quién dice la gente que es él. Un lector moderno con cierta cultura bíblica pensará que el resultado no puede ser más descorazonador. Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, Jeremías o de otro profeta. De estas opiniones, la más «teológica» y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra».

Al lector moderno le puede resultar interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas, en lo que pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto…

Sin embargo, cuando se conoce la época de Jesús, la visión anterior resulta inadecuada. En la mentalidad popular, el título de «profeta» tiene fuertes connotaciones políticas; significa que la gente ve a Jesús como un libertador. Flavio Josefo nos ha dejado testimonio de varios «profetas» surgidos por entonces. Su visión es muy negativa, pero interesante:

«Hombre engañadores e impostores, que bajo apariencia de inspiración divina realizaban innovaciones y cambios, induciendo a la multitud a actos de fanatismo religioso y la llevaban al desierto, como si allí Dios les hubiese mostrado los signos de la libertad inminente. Félix envió caballería e infantes contra estos, matando a gran cantidad. Mayor desgracia fue la que trajo sobre los judíos el falso profeta egipcio. Efectivamente, llegó al país un hombre charlatán, que, habiéndose ganado reputación de profeta, reunió a casi treinta mil de los seducidos por él; desde el desierto los llevó al monte de los Olivos, desde donde, según decía, podía penetrar a la fuerza en Jerusalén, vencer a la guarnición romana e imponerse como tirano sobre el pueblo» (Guerra de los Judíos II, 258-263).

Este mentalidad popular del profeta como libertador político es la que comparten los discípulos de Emaús; para ellos, Jesús era «un profeta poderoso en obras y en palabras… nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel» (Lc 24,19-21).

Lo que afirma Pedro

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta:

Él les preguntó:
― Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
― Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta, porque habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás.

Según Mc 8,29, la respuesta de Pedro se limita a las palabras «Tú eres el Mesías». Mt añade «el Hijo de Dios vivo». ¿Aporta algo especial este añadido? Según algunos, Pedro confesaría no sólo la misión salvadora de Jesús (Mesías), sino también su filiación divina (Hijo de Dios). Sin embargo, esta teoría no es tan clara como parece. El rey de Israel -y por tanto el Mesías- era presentado desde antiguo como «Hijo de Dios» o «Hijo del Altísimo». En el fondo, parece que Mateo no añade nada nuevo. En cualquier caso, hay un dato indiscutible: confesar a Jesús como «Hijo de Dios» ya lo habían hecho los discípulos después de verlo caminar sobre las aguas (14,33). Por consiguiente, la novedad no reside aquí, sino en el título de Mesías. En su origen, el Mesías era el rey de Israel, al que se ungía derramando aceite sobre la cabeza. Con el paso del tiempo, especialmente en los siglos II y I a.C., la imagen del Mesías fue adquiriendo rasgos cada vez más sorprendentes, como se advierte en los Salmos 17 y 18 de Salomón (de origen fariseo, no forman parte de la Biblia). De él se esperaba la liberación política de Israel y la instauración de una sociedad de justicia, paz en entrega al Señor.

Por consiguiente, la confesión de Pedro reviste una importancia y novedad enormes. Además, es importante advertir que se sitúa inmediatamente después del episodio de fariseos y saduceos, representantes del judaísmo oficial, que no aceptan a Jesús. Pedro, contra la opinión oficial, ve en Jesús al salvador del pueblo elegido por Dios.

Las promesas de Jesús a Pedro

Jesús le respondió:

― ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Esta tercera parte es exclusiva de Mateo y es la fundamental para la fiesta de hoy. En los evangelios de Marcos y Lucas, el pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe termina con las palabras: «Prohibió terminantemente a los discípulos decirle a nadie que él era el Mesías». Sin embargo, Mateo introduce aquí unas palabras de Jesús a Pedro.

Comienzan con una bendición, que subraya la importancia del título de Mesías que Pedro acaba de conceder a Jesús. Humanamente hablando, Pedro es un hereje o un loco. Para Jesús, sus palabras son fruto de una revelación del Padre. Nos vienen a la memoria lo dicho en 11,25-30: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar».

Basándose en este revelación, no en los méritos de Pedro, Jesús le comunica unas promesas: 1) sobre él edificará su Iglesia; 2) le dará las llaves del Reino de Dios; 3) como consecuencia de lo anterior, lo que él decida en la tierra será refrendado en el cielo.

Las afirmaciones más sorprendentes son la primera y la tercera. En el AT, la «roca» es Dios. En el NT, la imagen se aplica a Jesús. Que el mismo Jesús diga que la roca es Pedro supone algo inimaginable, que difícilmente podrían haber inventado los cristianos posteriores. (La escapatoria de quienes afirman que Jesús, al pronunciar las palabras «y sobre esta piedra edificaré mi iglesia» se refiere a él mismo, no a Pedro, es poco seria).

La segunda afirmación («te daré las llaves del Reino de Dios«) se entiende recordando la promesa de Is 22,22 al mayordomo de palacio Eliaquín: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá«. Se concede al personaje una autoridad absoluta en su campo de actividad. Curiosamente, el texto de Mateo cambia de imagen, y no habla luego de abrir y cerrar sino de atar y desatar. Pero la idea de fondo es la misma.

El texto contiene otra afirmación importantísima: la intención de Jesús de formar una nueva comunidad, que se mantendrá eternamente. Todo lo que se dice a Pedro está en función de esta idea.

¿Por qué pone de relieve Mateo este papel de Pedro? ¿Le guía una intención eclesiológica, para indicar cómo concibe Jesús a su comunidad? ¿O tienen una finalidad mucho más práctica? Ambas ideas no se excluyen, y la teología católica ha insistido básicamente en la primera: Jesús, consciente de que su comunidad necesita un responsable último, encomienda esta misión a Pedro y a sus sucesores.

Es posible que haya también de fondo una idea más práctica, relacionada con el papel de Pedro en la iglesia primitiva. Uno de los mayores conflictos que se plantearon desde el primer momento fue el de la aceptación o rechazo de los paganos en la comunidad, y las condiciones requeridas para ello. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de estos problemas. En su solución desempeñó un papel capital Pedro, enfrentándose a la postura de otros grupos cristianos conservadores (Hechos 10-11; 15). En aquella época, en la que Pedro no era «el Papa«, ni gozaba de la «infalibilidad pontificia», las palabras de Mateo suponen un espaldarazo a su postura en favor de los paganos. «Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Es Pedro el que ha recibido la máxima autoridad y el que tiene la decisión última.

PABLO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

De Pablo se podrían haber elegido infinidad de textos, dada la abundancia de sus cartas y lo mucho que cuenta de él el libro de los Hechos. La liturgia ha elegido un breve pasaje, muy autobiográfico, de la segunda carta a Timoteo. A punto de morir, Pablo recuerda su intensa actividad apostólica y espera el premio prometido. Al mismo tiempo, es consciente de que siempre contó con la ayuda y la fuerza del Señor. Igual que a Pedro lo liberó milagrosamente, a él lo ha librado también de la boca del león, no milagrosamente, sino después de naufragios, azotes, apedreamientos, hambre y sed.

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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Fiesta Santos Pedro y Pablo

domingo, 29 de junio de 2025
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“En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo y preguntaba a sus discípulos: -¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”

Mt 16, 13-20

Jesús pregunta a sus discípulos: “-¿Quién dice la gente es el Hijo del Hombre?”  Los discípulos lo reconocen como el Mesías y el Hijo del Dios vivo.

Las dificultades, los fracasos y las crisis nos ayudan a plantearnos la vida y las opciones de una manera seria y decidida. En realidad, nos llevan a esas dos preguntas fundamentales: ¿quién soy?, ¿qué hago aquí? Dos preguntas que no acabamos de cerrar nunca, que crecen y evolucionan con nosotras. Pueden pasar temporadas como dormidas pero despiertan de vez en cuando cuestionando nuestra identidad y nuestra misión.

Jesús, que fue plenamente humano, también se cuestionó, en más de una ocasión, su identidad y su misión. Se preguntaba quién era y qué hacía y por eso preguntaba a sus discípulos: “¿Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Hoy en la fiesta de los santos Pedro y Pablo nos encontramos con un ejemplo de unidad en la diversidad. Ambos fueron apóstoles de Cristo que anunciaron la Buena Noticia de la Resurrección de Cristo, cada uno desde quien era.

Esta fiesta puede ser un impulso para preguntarnos quienes somos en esencia. También para mirar a nuestro alrededor y ver a las demás personas en la esencia que son. Y así formar una Iglesia y una humanidad en la verdad, que es Cristo.

Oremos

Danos, Trinidad Santa, la audacia de confrontarnos y cuestionar lo que somos y lo que hacemos para poder transitar nuestro camino desde la autenticidad. Amén.

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Columnas que siendo tan diferentes sostienen el mismo templo.

domingo, 29 de junio de 2025
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SAN PEDRO Y SAN PABLO

Mt 16,13-19

Hay constancia de que, ya en el s IV, se celebraba una fiesta en honor de S. Pedro y S. Pablo. No es fácil descubrir las razones que llevaron a aquellos primeros cristianos a unir en una misma celebración litúrgica, dos figuras tan distintas. Está muy clara la complementariedad de las dos personalidades.

Pedro es la figura más destacada de las personalidades el NT. Su nombre aparece 182 veces. Aun así, sabemos poco de su vida. Muchas referencias de los evangelios son acomodaciones hechas después de que se le consideró cabeza.

Pablo es la persona mejor documentada. Es el único apóstol del que podemos hacer una biografía casi completa. Los Hechos nos cuentan las peripecias del apóstol con precisiones minuciosas. Aunque se presenta como hecho fundamental de su vida la misteriosa caída del caballo, la realidad fue mucho más prosaica.

Después de estar varios años “dando coces contra el aguijón”, un buen día cayó del burro (el caballo no se menciona). Su conversión no supuso ningún cambio de actitud; pasó de ser un fanático fariseo a ser un fanático cristiano. Predicó un Jesús idealizado, poco que ver con el Jesús que Pedro conocía muy bien.

Pedro no pierde ocasión de manifestar su oposición a lo que decía Jesús. Se niega a aceptar un Jesús que tiene que ir a la muerte. En la Cena se opone a que su “jefe” le lave los pies. Un poco más tarde, en el momento más difícil para Jesús, le niega tres veces, que quiere decir que le niega absolutamente, sin paliativos.

Pablo fue un fanático de su religión, aunque desde la perspectiva de la diáspora greco-romana, que tenía su peculiaridad. Por defender el judaísmo se convirtió en perseguidor de todos aquellos que seguían a Cristo, la mayor herejía surgida del judaísmo. También su formación personal fue completamente diferente.

Pedro era simplemente un pescador, sin ninguna preparación, pero testarudo y sincero. Pablo era un intelectual. Había pasado por la universidad, que entonces era el estudio de la Ley. Uno, con su sencillez y espontaneidad judía y el otro, con su agudeza intelectual gentil, construyen la misma y única Iglesia.

Esa dificultad que tuvieron Pedro y Pablo para seguir a Jesús, puede ser de mucha ayuda para nosotros hoy. Pedro, antes de la experiencia pascual, siguió a un Jesús acomodándolo a sus ideales e intereses de buen judío. Pablo, antes de la caída del caballo servía al Dios del AT que estaba a años luz del Dios de Jesús.

La dificultad que los dos experimentaron para aceptar la figura de Jesús, hace más creíble la sincera adhesión a su persona. No sirve de nada seguir a Jesús sin haberse identificado con él. Solo después de haber superado nuestros prejuicios, estaremos preparados para aceptar el verdadero mensaje de Jesús.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

domingo, 29 de junio de 2025
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Mt 16,18 «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia«. Fragmento del Codex Sinaiticus.

Aunque es casi imposible, para leer la Palabra con una cierta novedad hay que escapar de las interpretaciones que hemos oído desde siempre porque, con frecuencia, se ajustan poco al evangelio. Una de ellas es la que dice que estamos asentados sobre la roca de Pedro y que la Iglesia siempre estará ahí. Discutible.

Lo que dice el texto que hemos leído es algo de esto: el llamado Simón, es su nombre, recibe el sobrenombre de Pedro (Petros): piedra arrojadiza, un canto del camino, un guijarro (roca, por su parte se dice lithos). Aunque adherido a Jesús, Pedro es  terco y cerril para entender los mecanismos del reino: así es Pedro. Y Jesús dice que SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA.

Es decir, la Iglesia de Jesús se asienta sobre la debilidad de Pedro (y la nuestra). Y si no se hunde es porque Jesús la sostiene porque si no fuera así, hace ya tiempo que esto se hubiera acabado. Es un milagro que la Iglesia perdure cuando está basada sobre el frágil cimiento que somos nosotros. La fuerza de Jesús es la que sostiene a la comunidad cristiana. Sostenidos por él.

Esto tiene unas consecuencias decisivas para nuestra manera de entender la fe:

· Humildad: es preciso aceptar la debilidad de la Iglesia con humildad. El papa León ha pedido a los cristianos que seamos más humildes. Que, a estas alturas, andemos gloriándonos de que somos tantos y tales indica que nos cuesta entender lo básico del evangelio.

· Confianza: nuestra evidente debilidad remite a la confianza en Jesús que ha de traducirse en confianza en los hermanos. Sin esa doble confianza no puede persistir la fe de la Iglesia. Una fe asentada en la desconfianza es camino sin salida.

· Futuro: mirar hacia atrás es la manera de poner en peligro la pervivencia de la Iglesia. Y eso por la sencilla razón de que el evangelio mira al futuro, no al pasado. Una fe anclada en el pasado es un peligro para la Iglesia.

No creamos que una vivencia de la fe asentada en estas certezas se vuelve irrelevante. Todo lo contrario: la actividad social y de mediación del Papa León en estos primeros pasos de su pontificado nos hace ver que la Iglesia, si se apoya en los valores del evangelio, puede hacer una gran contribución a la mejora de la sociedad. El evangelio, no lo dudemos, es terapéutico.

Hace ya años que el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer profetizó: «Nuestra Iglesia, que durante estos años sólo ha luchado por su propia subsistencia, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer, y nuestra existencia de cristianos sólo tendrá, en la actualidad, dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres». Pues bien, oremos y trabajemos por la justicia. Por esas sendas la comunidad cristiana se hace fuerte y tiene un horizonte ante ella.

Fidel Aizpurúa Donazar

29 de junio de 2025

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¿Quién es Jesús para mí?

domingo, 29 de junio de 2025
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Mateo 16, 13-19

¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

El evangelio de hoy puede dejarnos tres invitaciones:

La primera a seguir caminando conscientes de Quien camina con nosotros

Imaginarnos a Jesús caminando con sus discípulos es algo fácil porque se repite más de una vez en los evangelios. Jesús que se queda atrás, que les adelanta, que habla o va callado, pero que se interesa por lo que van hablando “por el camino” “¿De qué discutíais por el camino?” A los que iban peleándose por ser los primeros… (Mc 9, 33) o “¿De qué venís hablando?” A los desilusionados y atemorizados discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Hoy, llegando a una región considerada extranjera, Jesús se vuelve a interesar, no solo por lo que hablan por el camino sino por lo que “escuchan” mientras van de camino. Y en este caso les hace una pregunta concreta, ¿qué escucháis y que decís de mí? Abriendo con ellos un dialogo serio y vital.

Y es que muchas veces, no hay que buscar espacios o tiempos especiales, distintos, solitarios… es en la vida ordinaria, en lo que vivimos y en nuestras relaciones con los demás donde nuestras palabras, nuestras conversaciones y certezas adquieren peso y hondura.

El texto nos invita a seguir caminando, a hacernos conscientes de lo que hablamos, como espejo de lo que vivimos, por el camino de la vida. Conscientes de que mientras vamos caminando, Jesús camina con nosotros. Podemos no reconocerle como los de Emaús, durante algún trecho del camino, pero si ponemos atención terminaremos por reconocerle en multitud de signos, personas y situaciones.

La segunda invitación, a tomarnos en serio la pregunta que nos hace Jesús

Una vez conscientes de su presencia a nuestro lado, sentimos que nos invita a escuchar y tomarnos en serio sus preguntas. Quizá de entrada nos descoloquen, no nos pregunta de qué hablamos o que nos pasa, como a los de Emaús, sino por Él mismo.

¿Qué hemos oído que se dice de Él? Y esta pregunta es relativamente fácil, basta con repetir lo que hemos oído, incluso lo que nos imaginamos viendo a la gente. Hoy se oyen quizá demasiadas afirmaciones gratuitas sobre lo que dice la gente de Jesús. ¿Cuál serían las nuestras?

Pero Jesús no nos deja tranquilos tras esta lista de opiniones de otros. Y formula la pregunta definitiva, y tú, y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Intuimos que la fuerza de la pregunta ha cambiado. Ahora nos está pidiendo mirarnos por dentro, ¿qué hay en mí con respecto a Jesús? ¿Cuál es mi experiencia de caminar con Él a lo largo de mi vida? Tomarnos su pregunta en serio no es repetir una respuesta de catecismo, aquello que aprendimos, que es dogmáticamente correcto… Vislumbramos que Jesús va por otro sitio. Eso entienden sus discípulos, que sienten que la pregunta es personal, para cada uno, incluso para cada etapa de la propia vida. Que hay cosas en la vida que no se consensuan en grupo, que cada uno las descubre según su propia experiencia en la relación con Jesús. Por eso Pedro se lanza a hablar, a poner en palabras lo que él piensa de Jesús, su identidad profunda, su importancia… «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Hoy se nos invita a mirar a Jesús que camina a nuestro lado y a mirarnos por dentro, ¿cómo es mi experiencia de Jesús? En tantos años que camino con Él, ¿qué supone su vida, su presencia a mi lado, en mi vida? ¿Cómo contestaríamos a eso hoy? ¿Seremos capaces de mojarnos o seguiremos intentando escapar repitiendo lo que “otros dicen” por muy teólogos o profesores que sean, lo que dice mi grupo cristiano…? ¿Nos animamos a verbalizar lo que hoy es Jesús para nosotros?

Porque no nos sirve de nada repetir formulas hechas, si no tenemos sucesivas experiencias de encuentro personal con Jesús que transformen nuestra vida. ¿De qué sirve aprender de memoria quien es Jesús, si lo conocemos de oídas? ¿En qué espacios y tiempos gestamos la respuesta a esa pregunta? ¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

La tercera, a escuchar la reacción de Jesús, y abrirnos a la acción del Espíritu que cambia nuestra vida

La respuesta de Pedro, para un judío de su tiempo, es algo novedoso, una imagen distinta de Mesías a la que enseñaban en la sinagoga, a la que esperaba el pueblo, el mesías triunfante, poderoso… Una imagen nueva de Dios que cambia no solo sus ideas, sino su forma de vivir. Pedro se juega su vida, la pone en manos de Jesús en su respuesta. La reacción de Jesús puede sorprendernos. No le dice que bien piensas Pedro, cuánto sabes, que bien te expresas. No, le llama feliz, bienaventurado, porque su respuesta no es suya, es del Espíritu. Eso no es fruto de tu trabajo, te lo ha revelado mi Padre. Y por eso te daré un nombre nuevo y una misión nueva.

Las primeras comunidades han visto siempre en este texto la acción directa de Jesús que cambia a Pedro de nombre y le da una misión en su naciente Iglesia, la de guiar y sostener la fe de sus hermanos, la de perdonar y unir… la de las “llaves”. Y al mismo tiempo le asegura que “el poder del maligno”, pongámosle también otros nombres hoy, no le derrotará. Pero no olvidemos la sombra de la cruz que tanto rechazo le ha producido a Pedro al tener que entrelazarla con Jesús, mesías, Hijo de Dios. (Mt 16, 23-28, Mc 8, 33) Y es que todo es acción del Espíritu. Este cambio en Pedro y en nosotros.

¿Nos hemos abierto a esta acción del Espíritu? Sin ella no podremos conocer ni nombrar a Jesús, pero tampoco podemos reconocernos o sentirnos nombrarnos a nosotros mismos. No podremos descubrirnos como hijos y hermanos, como personas amadas y enviadas a construir el reino, a abrir y cerrar puertas a los demás… la pregunta y la contestación no es solo para Pedro. Hoy todos de alguna forma somos reconocidos, nombrados y enviados si nos abrimos a la acción del Espíritu y nos dejamos cambiar el nombre viejo, ese aprendido y defendido, por un nombre nuevo, desconocido, realizado por el Espíritu mientras vamos caminando con Jesús.

Que este domingo tengamos el coraje de abrirnos al Espíritu, abandonar la seguridad de respuestas “hechas” y expresar de verdad lo que pensamos y sentimos, lo que nos hace felices o desgraciados… y eso nos llevará, como a Pedro, a recibir un nombre y una misión nueva, a renovar y cambiar nuestra vida. Que puede empezar a ser más complicada o a tener más cercana la sombra de la cruz, pero que sin duda será más plena y feliz, como toda vida en el Espíritu. Y esto, no lo olvidemos, es un don de Dios.

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Lo que se halla en juego

domingo, 29 de junio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 29 junio 2025

Lc 9, 51-62

El carácter hiperbólico -tan del gusto oriental- de las respuestas que el evangelista pone en boca de Jesús tiene una finalidad manifiesta: subrayar la prioridad absoluta de lo que se halla en juego. Carece, por tanto, de sentido una lectura literalista que se apresura a sacar conclusiones que poco o nada tienen que ver con el sentido del texto.

¿Y qué es exactamente lo que se halla en juego, aquello que hace relegar a un segundo plano valores tan importantes con enterrar a los muertos o ni siquiera despedirse de la propia familia?

El propio Jesús parece que se refería a ello con una expresión polisémica, absolutamente nuclear y característica del evangelio: el “Reino de Dios”. Con tal expresión se alude, tanto a la urgencia de construir un “mundo nuevo”, caracterizado por la vivencia de la fraternidad -uno de los ejes de todo el mensaje de Jesús-, como a la comprensión de lo que realmente somos -el “tesoro escondido” del que habla en sus parábolas-.

Una (inapropiada) lectura literalista se enreda al entrar en comparaciones entre los valores que aparecen en el relato. Pero el mensaje no va por ahí. Lo prioritario -viene a decir- es que llegues a comprender lo que realmente eres… y todo lo demás “se te dará por añadidura”.

Ahora bien, esa tarea prioritaria requiere motivación firme y dedicación constante, consciente además de que se te podrán caer todos los apoyos: no te quedará ni “una piedra donde poder reclinar la cabeza”. El camino que conduce a la comprensión de lo que somos nos irá desnudando de todo aquello que habíamos ido colocando en un primer plano. Y es justamente esa experiencia de desnudez la que nos hará anclarnos en lo realmente, aquello que somos en profundidad, lo que nunca nació y nunca morirá. Esto es lo que se halle en juego, ya que, como dijera el mismo Jesús en otra ocasión, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida(Mt 16,26).

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Apacienta -apacienta- mis ovejas

domingo, 29 de junio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. TENEMOS VIVA MEMORIA DEL PRIMADO.

En nuestra vida hemos conocido el pontificado de varios papas y todavía tenemos reciente el recuerdo de la muerte del papa Francisco y la elección del papa León. Tales acontecimientos nos sitúan de modo más vivo ante la cuestión del Primado romano.

Vayamos un poco más allá del frívolo y periodístico tratamiento que hacemos de estas cosas: que si el papa viste así, calza de tal manera, si vive aquí o allá, si es progresista o conservador…

02. ¿EL PAPA UN JEFE DE ESTADO O UN PASTOR DEL REBAÑO DE JESUCRISTO?

Hemos escuchado en el evangelio el texto en el que Jesús elige a Pedro, -la fe de Pedro- como roca de la Iglesia.

Al final del evangelio de San Juan y a las preguntas de Jesús a Pedro sobre si le amaba. Pedro, ¿me amas? Jesús le responde a Pedro: apaciente mis ovejas. Y en otro momento Jesús le dice a Pedro: confirma a tus hermanos en la fe, (Lc 22,32).

Por los recorridos históricos el obispo de Roma ha pasado a ser un jefe de estado, pero la misión de Pedro, del papa, es la de ser un buen pastor que apacienta la Iglesia y nos anima y confirma en la fe.

Jesús no pensó en un jefe de estado, en un jefe de gobierno, sino en un Pastor que apacienta y anima la fe del pueblo de Dios.

03. PEDRO.

En la época del NT y en los primeros momentos la iglesia iba naciendo y creciendo remontándose a varias tradiciones vinculadas a un lugar geográfico concreto, y referidas a la autoridad de determinados apóstoles.

La autoridad de estos apóstoles servía para legitimar una visión teológica, un modo eclesial. Así las tradiciones más importantes invocaban la autoridad de Pablo, Pedro, Tomás, Juan, Santiago, etc… Durante algunos años estas diversas tradiciones convivieron y se fecundaron unas a otras, pero:

con el tiempo la tradición más directamente vinculada a Pedro asimiló o desplazó, al menos en occidente, a las demás tradiciones apostólicas, convirtiéndose en la tradición hegemónica, frente otras corrientes, consideradas como heterodoxas, y que por esta razón han tenido menos influencia en la historia posterior de la Iglesia

GUIJARRO, S., en: Pedro en la Iglesia Primitiva, p 17.

El obispo de Roma fue pronto primado de los obispos, el Papa de la cristiandad. A lo largo de la historia, el ministerio del Papa ha sido responsable directo de los cristianos de la diócesis de Roma, catalizador de la comunión de las Iglesia locales, impulsor de la unidad ecuménica,

03. PEDRO Y LA UNIDAD DE LA IGLESIA.

La función del Sucesor de Pedro es el servicio de la unidad en la fe, que algo de eso es lo que le dijo Jesús a Pedro: apacienta, ayuda a tus hermanos en la fe.

Pablo VI fue muy consciente de la misión del papa de mantener la unidad de la Iglesia y se lamentaba cuando decía que -sin embargo- el papado es motivo de diferencias y enfrentamientos.

El ministerio de Pedro ha desembocado en -fórmulas siempre humanas- el Romano Pontífice que es para «confirmar a los hermanos en la fe» y para ayudar a hacer y vivir en unidad.

Por otra parte, mantener la unidad no es tarea fácil. El papa Francisco supo y sufrió mucho por esto y marchó de este mundo sin haber podido desplegar la diversidad, sin ver el pluralismo cristiano-eclesial, sin adaptar la Iglesia a las nuevas situaciones y problemas de la historia.

04. UNA PALABRA ECUMÉNICA

El papa Francisco, siendo arzobispo de Buenos Aires, era el delegado de ecumenismo en la Conferencia Episcopal argentina. Ya papa, Francisco dijo: tendremos mucho que aprender sobre el primado de las Iglesias ortodoxas.

Hoy la sede de Roma no puede esperar, en la pacífica

posesión de su autocomprensión tradicional, que las demás Iglesias lleguen a reconocer el poder dogmáticamente legítimo del Obispo de Roma. La sede de Pedro habrá de hacer grandes esfuerzos para llegar a un acuerdo en esta cuestión.

En defensa de esta postura hay que decir que no se puede justificar todas y cada una de las potestades de las que los papas se han hecho poseedores a lo largo de los siglos, no se puede justificar que estas potestades formen parte clara y necesariamente de la esencia dogmática del ministerio de Pedro. (Rahner, K.).

05. SAN PABLO

El 29 de junio celebramos la fiesta de los santos Pedro y Pablo. Pero dicho esto, no es menos cierto que, al final, solamente es la fiesta de San Pedro. S Pablo queda en un segundo plano, si no olvidado.

Sin embargo S Pablo fue el que llevó el cristianismo adelante y quien extendió el cristianismo al mundo pagano tanto geográfica como culturalmente.

Posiblemente si no hubiese existido “un” S Pablo, el cristianismo habría terminado siendo una secta judía más.

San Pablo es el que abrió un cristianismo judío en su origen a un cristianismo universal, abierto, libre.

06. CURSUM CONSUMMAVI ET FIDEM SERVAVI (2TIMOTEO).

Hemos escuchado en la segunda lectura un hermoso párrafo de la 2 Timoteo.

Las cartas a Tito y 1 y 2 Timoteo (cartas pastorales) son más tardías que San Pablo. Cuando se escriben estas cartas Pedro y Pablo habían muerto martirizados en Roma el año 67. Estas cartas son de tradición paulina, datan de finales del siglo I y evocan -“recuerdan”- un Pablo anciano que ha terminado el curso de su vida, ha combatido bien, ha conservado la fe y confía en el Señor también al final de su vida.

Tal vez esta pueda ser la actitud de algunos (muchos o pocos) de nosotros. Hemos recorrido el camino de la vida, hemos trabajado y conservado la fe. Hemos crecido y vivido el evangelio en el tono vital del concilio Vaticano II.

Previsiblemente no veremos muchos cambios, novedades. Ni las esperamos tampoco. Seguiremos la eclesiología de San Juan: permaneced en lo que os enseñé desde el comienzo: permaneced en mi amor. Para nosotros la mirada está en el Señor, en el Reino de Dios.

Esto no es pesimismo, sino esperanza.

He librado un buen combate, he dado fin a mi carrera, he conservado la fe. Ahora me queda esperar la corona, el final en JesuCristo. (2 Tim 4,7).

ORACIÓN DE LO

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