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Las telarañas.

Lunes, 19 de octubre de 2020

ventana-con-las-telarañas-iglesia-abandonada-del-arco-97349258Una de las cosas que mayor esfuerzo cuestan en la vida pastoral de una parroquia es el intentar la renovación. Se repite muchísimas veces la frase “esto se ha hecho siempre así”.

A la hora de cambiar una imagen, poner los bancos en corro, poner la sede de distinta manera… Nos encontramos con la expresión: “es que aquí desde siempre se ha hecho así”.

Y no digamos ya cuando se trata de temas más profundos, expresiones que se repiten en la liturgia, gestos en la celebración, frases de eucaristía…

Yo veo que la sociedad ha ido cambiando, se ha ido renovando a través del tiempo.

Decimos con los pedagogos que el mundo hoy es volátil, complejo, incierto, ambiguo. Sin embargo, nosotros insistimos y nos esforzamos porque sea fijo, unívoco, constante, tradicional…

Dicen que una parroquia ha progresado porque ha puesto un mantel nuevo, un ambón. Jesús plantea parábolas que van marcando nuevas actitudes y acciones para descubrir que su Reino ya está entre nosotros. Por eso es tan importante saber leer los hechos la vida desde las palabras de Jesús en el Evangelio. Y usar las formas de hoy. Llevamos 50 años cantando las mismas canciones. Y los niños y jóvenes no conectan con esos ritmos. Tenemos una realidad, una vida, repleta de parábolas, de signos que traslucen la salvación de Jesús. Pienso que hay que enriquecer nuestra interpretación.

Es importante aceptar las cosas para gestionarlas hacia una evangelización. Leer el evangelio y el periódico o al revés.

Todos admiramos los templos convertidos en albergue para los sin techo y todas las nuevas formas de transmitir el Mensaje de Jesús que nos hagan ver que el jubileo es un tiempo de Salvación aquí y ahora.

Ahí está el ejemplo del papa Francisco que, hablando del jubileo de la tierra, no insiste en indulgencias y rezos, sino que habla de descansar la tierra, repararla renovarla y volverla al proyecto primero.

Tenemos muchas telarañas en nuestra vida que es preciso limpiar, quitar y liberar para que salga el brillo primigenio. Descubrir lo que originariamente era.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Foto Dreamstime

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Mireia Rourera: El cuerpo de las mujeres también encarna a Cristo.

Lunes, 19 de octubre de 2020

SwNfmhnL_400x400La plataforma de mujeres creyentes ‘Alcem la Veu’ se dio a conocer en Cataluña pocos días antes del 8 de marzo pasado con una concentración ante la catedral de Barcelona. Fue una acción coordinada con otras manifestaciones parecidas que se hicieron en más de 20 ciudades del mundo bajo el paraguas del movimiento internacional de Voices of Faith, en que las mujeres que forman parte de la Iglesia reivindican su papel, su derecho a tener voz y voto, y su compromiso feminista. Una de las impulsoras de Alcem la veu (“Levantemos la voz”) es Neus Forcano.

¿Qué es Alcem la veu?

Se trata de una plataforma que se crea el julio del 2019. Nace cuando un grupo de mujeres activas en movimientos y parroquias que nos conocemos de coincidir en diferentes manifestaciones, congresos o cursos, nos decidimos a crear una entidad para reivindicar nuestros derechos y para manifestar públicamente la Iglesia en que creemos. Algunas de estas mujeres provienen del Movimiento de Profesionales Católicos de Barcelona (MPCB); otras, de la HOAC; otras participan en la Acción Católica Obrera (ACO)… y también hay mujeres del Col·lectiu de Dones en l’Església, las pioneras.

¿Quiénes son?

La reivindicación de los derechos de las mujeres dentro de la Iglesia la venía protagonizando en Cataluña, de forma muy activa y desde el 1986, el Col·lectiu: Maria Pau Trayner, Roser Soler, Sefa Amell, Maria Martinell… Algunas de nosotras hemos aprendido de ellas, hemos querido agrandar el movimiento. Con la plataforma Alcem la veu nos damos a conocer coincidiendo con el 8 de marzo, a pesar de que la concentración la convocamos unos días antes para no dividir la concentración unitaria del día 8, en la que siempre hemos participado.

¿Qué es lo que decís?

Queremos explicar que en la Iglesia católica también hay mujeres conscientes que reivindicamos la igualdad, nos sabemos dignas y no queremos renunciar a formar parte de las comunidades dónde celebramos y compartimos la fe. Queremos que la gente sepa que la Iglesia católica no es uniforme, que también existe nuestra visión, la de mujeres feministas.

¿Y escribisteis un manifiesto?

El manifiesto no pretende ser un punto de origen, recoge reivindicaciones históricas de las mujeres de Iglesia. Es un manifiesto maduro que explicita que las mujeres católicas podríamos ejercer las mismas funciones y tener acceso directo a los ministerios como los hombres, y añadimos que esto no esté pasando es una discriminación clarísima. Tenemos argumentos teológicos, argumentos racionales y los derechos humanos que nos avalan. Hemos crecido en un cristianismo que esto lo entiende y lo ve factible. Lo que nos extraña es que no haya un cambio, que no haya más eco dentro de la Iglesia para que esto pueda ser una realidad.

Bien es verdad que los cambios son lentos.

Si se observa solo el organigrama eclesiástico, todo es muy lento y no hay visibilidad de las mujeres. Ahora bien, si vas conociendo movimientos y personas que trabajan dentro de organizaciones eclesiales, las mujeres toman relevancia y tienen un papel importante. Hay mujeres en el ámbito académico, en acción social, algunas forman parte de los equipos de coordinación o de representación en movimientos y grupos eclesiales, pero no en órganos de decisión directa de la jerarquía eclesial. No hay ningún obispo o ningún jerarca que públicamente haga un alegato a favor de la participación más explícita de las mujeres en órganos de decisión de la Iglesia, prefieren callar, como si fuera algo que sólo reivindicamos nosotras, como si fuera sólo cosa nuestra. A nivel particular, pueden reconocerlo, pero no lo harán públicamente. Las mujeres ya ejercen de diáconas y, sin embargo, no pueden ser ordenadas como diáconas ni reciben la denominación de diáconas. ¿Por qué no se puede llamar diácona a una mujer que ejerce de diácona?

¿Qué lo impide?

El Código Canónico. Pero el derecho canónico es derecho, es ley que responde a la evolución de la historia de la Iglesia. No hay nada que no pueda ser cambiable. Y dentro de la Iglesia, como en todas partes, hay personas más estrictas, que se acogen a la ley, y personas de vanguardia que se atreven a nombrar lo que ya es una realidad.

En Barcelona este año sólo se habrán ordenado cinco presbíteros. La Iglesia tendrá que acabar aceptando las mujeres.

Ante la carencia de presbíteros ya se decía hace tiempo que habría que aceptar a las mujeres, como diáconas, como presbíteras…. Pero no. Han preferido confiar en varones de otros países que no conocen ni la cultura, ni las lenguas de aquí. Siguen una formación, pero acaban siendo las mujeres y los laicos de las parroquias quienes los forman y los acogen para que puedan presidir la Eucaristía a pesar de las dificultades con el idioma, el choque cultural e incluso dificultades de integración en la comunidad… ¡Todo muy artificial!

En el Sínodo de la Amazonia, Francesc admitió que a falta de presbíteros hay mujeres que hacen sus funciones: casan, bautizan, hacen misa, dan la comunión…

Por supuesto. El papa Francisco es inteligente y sabe que está en una posición en que tampoco puede ser vanguardia unilateral de muchas cosas. Como papa intentará crear espacios, encuentros y lugares donde los creyentes puedan ir hablando, donde la Iglesia pueda ir madurando, y bendecirá estos movimientos. Está haciendo una política de dejar que cada cual en su lugar intente avanzar lo máximo que pueda en esta dirección más abierta, más plural, más inclusiva… A nosotras nos está bien, pero sabemos y no esperamos que desde la Iglesia del Vaticano, desde la jerarquía, se nos abra la puerta. Lo que nosotras queremos es darlo por hecho allí donde estamos, donde compartimos nuestra fe y nuestra experiencia comunitaria.

Concentració de Alcem la Veu

Concentració de Alcem la Veu

¿Qué quiere decir?

Que nosotras, desde la base, desde los movimientos, desde nuestros lugares, lo vivamos y lo celebremos como si esta posibilidad ya existiera. Es lo que hicieron las primeras comunidades cristianas. La primera comunidad cristiana es una comunidad judía con pluralidad de voces, donde una secta mesiánica cree que el personaje llamado Jesús es ya el Mesías definitivo, el que ya ha hecho el gesto de amor total. Y a partir de ahí se lee la historia bíblica de forma diferente, y se cambian ritos. Si no hubiera habido personas que hubieran creído en esta nueva secta, no se habría separado esta sinagoga cristiana de la sinagoga judía.

¿Y vosotras, hacéis lo mismo?

Nuestra fe es imposible vivirla desde esquemas o formulaciones que no concuerdan con nuestro sentir. Participamos en nuestras comunidades, pero también organizamos plegarias y celebraciones donde nosotras somos concelebrantes. No significa que estemos haciendo una Iglesia paralela. Formamos parte de la Iglesia y lo que reivindicamos es que ésta no es uniforme, no es sólo la Iglesia jerárquica. No queremos pasar desapercibidas ni ser silenciadas, queremos tener voz. Y lo queremos hacer público para que la gente sepa que hay un cristianismo que piensa y que vive así.

¿Y cuando decís que queréis recuperar la memoria de mujeres de la Iglesia?

En este punto también tenemos que romper el tópico de que, en la Iglesia, las mujeres no han tenido nunca voz. No sería justo decirlo así porque, precisamente en el cristianismo europeo y en todos los siglos, las mujeres han podido hacer cosas que quizás los códigos civiles o las normas y costumbres de las sociedades del momento no les permitían hacerlo con la misma libertad. El papel que ellas tuvieron en la Iglesia fue también una apertura a poder hacer más en el ámbito público, de cara a la comunidad, con un valor y una dignidad de la que tal vez no gozaban en la sociedad civil del momento.

Por Corpus Christi, este pasado junio, hicisteis una plegaria muy especial.

Partimos de las palabras de Pablo cuando dice “todos sois uno”, un solo cuerpo, y todos formamos parte de este cuerpo, que es el Cristo. Nosotras, que nos sentimos plenas y formando parte de este cuerpo, quisimos celebrar el día del Cuerpo de Cristo siguiendo las propuestas de la teóloga Emma Martínez Ocaña, que habla de la palabra encarnada en el cuerpo de las mujeres. Valorar las diferentes partes de nuestro cuerpo nos hace conscientes para conocernos y animarnos a movernos, a saber dónde queremos ir, qué queremos construir…Hicimos la plegaria celebrando el cuerpo de las mujeres, porque el cuerpo de las mujeres es digno y encarna también a Jesús, el Cristo. Así, todo aquello que hacemos desde la fe en Cristo forma parte del hacer Iglesia, del hacer camino.

¿Una plegaria con sororidad?

La palabra sororidad, como defiende la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, se usa en el feminismo para indicar la unión o el vínculo que hay entre mujeres por un objetivo político, o para reivindicar algo justo. Esto es lo que le da miedo a la Iglesia. Las mujeres somos mayoría pero no tenemos acceso a la acción ministerial. Queremos conseguirlo cómo lo han hecho las anglicanas o cómo lo disfrutan las protestantes. El catolicismo está a la cola de ponerse al día, pero no lo decimos con rabia, porque desde hace tiempo, cuando conviene, nosotras también celebramos. En Europa hay movimientos fuertes a favor de la ordenación de católicas y también hay mujeres que voluntariamente han querido ser presbíteras y han buscado quién las pudiera ordenar…

Pensaba que solo estaba la polaca Ludmila Javorova…

Hay más. En el Estado hay una gallega, Christina Moreira, que es presbítera y forma parte también de este movimiento. Su comunidad le da un apoyo total. Son realidades que ya existen pero que la gente no las conoce… ni la jerarquía deja que se vean.

Desde vuestra entidad estáis apoyando a una teóloga francesa que quiere ser arzobispo de Lyon.

Sí, a Anne Soupa. El cardenal Philippe Barbarin tuvo que renunciar el mes de marzo al arzobispado de Lyon por haber encubierto un caso de abusos sexuales, y Anne escribió al nuncio del papa pidiendo poder ocupar el cargo de obispo. Tiene 73 años, es teóloga y tiene claro que está capacitada para ocupar este lugar y que una mujer tiene que tener la oportunidad para ocuparlo. Argumenta que las mujeres pueden ocupar lugares funcionales de la Iglesia sin necesidad de tener el ministerio ordenado. No sólo la apoyamos sino que creemos que, si más mujeres estuvieran dirigiendo la Iglesia y participaran en la política, en general, podrían cambiar cosas.

¿De cara al año que viene estáis trabajando para poder hacer una peregrinación a Roma?

Sí. Uno de los objetivos del año que viene es participar en la convocatoria internacional para ir a Roma el noviembre del 2021. Ya veremos si se podrá hacer, pero lo más importante no es la meta sino el camino… así que cada grupo y cada comunidad está trabajando en diferentes acciones para dar visibilidad al pensar de las mujeres, al hacer de las mujeres y a la voz de las mujeres dentro de la Iglesia. Por eso pretendemos hablar con todas las mujeres que están implicadas en movimientos de la Iglesia catalana, que son activas en parroquias o que son teólogas. Queremos saber qué piensan de su papel dentro de la Iglesia, y en función de lo que expresen, organizaremos diferentes acciones o encuentros. Otros grupos españoles también se suman a esta iniciativa. Todas las contribuciones, reflexiones, las compartiremos en la plataforma internacional Voices of Faith, desde donde se organiza este peregrinaje mundial para el reconocimiento del pensar y el querer de las mujeres de Iglesia.

Mireia Rourera

Fuente Atrio

Neus Forcano es licenciada en filología y da clases de lengua y literatura de bachillerato en una escuela concertada de Barcelona. Hizo un máster de historia de las mujeres y ha estudiado ciencias religiosas en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB). Siempre interesada en la teología, ha formado parte del Col·lectiu de Dones en l’Església y ahora es una de las impulsoras de la plataforma de mujeres creyentes Alcem la veu. Entre los temas que más ha estudiado y por los cuales se ha interesado hay las primeras comunidades cristianas y también recuperar y dar a conocer las voces de las mujeres que han hecho Iglesia, muchas de las cuales han sido silenciadas. Es miembro de la Asociación Europea de Mujeres para la Investigación Teológica (ESWTR), miembro del Consejo de Dirección de Iglesia Viva y colaboradora de Cristianisme i Justícia.

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“Se vende iglesia “, por Isabel Gómez Acebo

Sábado, 3 de octubre de 2020

                El suplemento inmobiliario del Financial Times de este fin de semana, trae un largo artículo sobre la reconversión de los templos en el Reino Unido para pisos. Empieza hablando del complejo residencial que, se ha hecho con una iglesia gótica en Woodside Park de Londres, tras mucho papeleo y dificultades arquitectónicas, ha conseguido realizar 21 apartamentos exclusivos por un precio entre medio millón y un millón de euros

                La entidad que se ocupa de los edificios de la Iglesia Anglicana publicó un estudio sobre el tema con el título: Luchando y cerrando iglesias” en el que analizaba todos los templos que se habían cerrado entre el 2004 y el 2018, la mayoría en las zonas más deprimidas del país. El informe terminaba con una noticia en la que comentaba que era una situación inédita desde el siglo XVI y que el principal motivo era la mudanza de los fieles a otros lugares

                A cada diócesis le corresponde la decisión de cerrar un templo, pero la Comisión que se ocupa de este asunto tiene que dar su aprobación. Los templos se cierran porque están en un lugar inadecuado, los fieles se han marchado a otros sitios y el edificio está viejo y necesitado de costosas reparaciones. Otros motivos, aparte del Covid, es que la Lotería Nacional ha dejado de aportar fondos

                El proceso para desacralizar el templo es largo y requiere paciencia a potenciales compradores. El precio se calcula comparándolo con otros edificios históricos de la zona y la compra se puede hacer a través de un agente inmobiliario o de la página web que tiene la Iglesia. Hay que tener en cuenta que las iglesias caen dentro de la clasificación de edificios no residenciales con lo que en general se convierten en museos, colegios o entidades de utilidad pública

                Pero hay excepciones que consiguen permisos para apartamentos después de un periodo de 28 días de información pública. Algunas Iglesias tienen un jardín con tumbas y el promotor debe permitir que los parientes accedan para cuidar a sus deudos muertos. En la mayoría de los casos, el edificio perdura y sólo se arregla su interior que suele albergar, por la altura que tenía el templo, dos pisos. El artículo menciona una iglesia que conservó el altar mayor, el órgano, las vidrieras y el púlpito que se veían desde el salón de los nuevos pisos. La verdad es que me asombra que alguien compre un piso de estas categorías pero hay gustos para todo. Al final, oímos al constructor decir que con su actuación había salvado un edificio ruinoso, pero hay mucha gente que no está de acuerdo con estos arreglos pues prefiere que los templos alberguen edificios públicos

                Al terminar la lectura de este artículo me invadió la pena, un dolor como el que sentí viendo una ópera bufa en una iglesia desacralizada en Nueva York rodeada de vidrieras con la historian de Jesucristo  ¿Qué va a pasar con nuestras preciosas iglesias rurales, antiguas y costosas de mantener? ¿Con el paisaje europeo de grandes templos rodeados por pequeñas casitas? ¿Con un cristianismo que no valora la liturgia de la eucaristía comunitaria? Con la venta de nuestros templos renunciamos a una parte de nuestra religión e historia, pero me temo que a mucha gente no le importa y la ley de memoria histórica no toca este punto ¡Una pena!

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Abuso sicológico sobre las personas homosexuales. Consecuencias sicológicas de la enseñanza de la Iglesia* Dr. Ruben Schneider

Viernes, 2 de octubre de 2020

depresiónLa doctrina de la Iglesia no sólo puede ser más o menos convincente. También puede tener un efecto tóxico. Ruben Schneider examina las consecuencias concretas de las posiciones doctrinales en la enseñanza moral católica y muestra su potencial fatal.

En un nuevo texto de trabajo del Foro Sinodal sobre Moral Sexual, se afirma que la/os autora/es quieren “apreciar las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género de las personas” y sus relaciones de pareja (Voto 9). Un “voto alternativo”, en cambio, sólo pretende aceptar y respetar a las personas como tales, pero no sus orientaciones, identidades y relaciones. El episcopado polaco ha hecho una declaración similar: Tiene la intención de respetar a las personas LGBT+ como seres humanos, pero condena sus actos sexuales. Esto corresponde a la actual enseñanza católica de que las personas homosexuales deben ser tratadas “con respeto, compasión y tacto”, mientras que los actos homosexuales son condenados como “objetivamente desordenados” y “mal intrínseco” (malum intrinsecum) (CIC 2357s.). ¿Pero puede la iglesia realmente respetar a las personas cuando estigmatiza la vivencia práctica de su orientación como intrínsecamente mala?

 La inclinación y el deseo no pueden separarse

La enseñanza no atañe solo a la vivencia práctica de la orientación sexual. Según la enseñanza escolástica, la naturaleza de cada disposición (potentia) está determinada por su ejecución asociada (actus). Por lo tanto, según el documento doctrinal Homosexualitatis problema (1986), la disposición homosexual es también una “disposición objetivamente desordenada” (propensio obiective inordinata), independientemente de su ejecución real. Según CatIC 2351, incluso el mero deseo de lujuria desordenada es en sí mismo una falta de castidad. La orientación homosexual como tal, es decir, el mundo de los sentimientos y del amor homosexual, se orienta hacia un mal intrínseco. Esto concierne a la parte más íntima de una persona, las necesidades y sentimientos más íntimos de tipo sexual-erótico-romántico. Según la enseñanza, el deseo involuntario de un mal intrínseco está constantemente fermentando en la propia alma. Lo subjetivamente más alto, el propio amor, se convierte en lo objetivamente más terrible, en el abismo de la lejanía de Dios (cf. Schneider 2019: 41). Este horror no deja de tener consecuencias psicológicas masivas para los homosexuales que viven en el espacio de la Iglesia Católica y son moldeados por ella.

 Consideración ético-relacional en lugar de la ley natural

Las y los críticos de la enseñanza actual suelen señalar el estado de las ciencias humanas, que consideran la homosexualidad como una variante normativa natural de la capacidad humana de relación (cf. Bosinski 2015). Además, durante décadas ha habido consenso en la investigación teológica moral de que la condena de los actos y relaciones homosexuales bajo la ley natural debe dar paso a una consideración ética de las relaciones (cf. Goertz 2015). Sin embargo, me parece mucho más urgente la mirada a estos enormes daños psicológicos y también consecuentemente físicos que la estigmatización y victimización sistemática desencadena en los homosexuales.

 El problema: Estrés crónico de las minorías

La psicología empírica y la investigación social han compilado un considerable corpus de investigación empírica sobre las consecuencias sicosociales de la condena religiosa y secular de la homosexualidad en los últimos decenios en estudios transversales y longitudinales y en meta-análisis. El modelo sicológico establecido para ello se denomina Modelo de Estrés de las Minorías (Minority Stress Model, véase Meyer 1995, 2003, Hatzenbuehler 2009, Saha et al. 2019, Timmins et al. 2020). Se utiliza para registrar el llamado estrés crónico de la minoría al que los homosexuales suelen estar expuestos de forma significativa a lo largo de su vida. El “estrés” no debe entenderse aquí en el sentido cotidiano, sino más bien como un efecto físico grave sobre el sistema nervioso (angustia, ansiedad). En los casos crónicos, la angustia puede tener consecuencias dramáticas para la salud mental y física.

 Discriminación estructural e institucional

Estas consecuencias son causadas por los llamados estresantes o factores de estrés externos e internos específicos de las minorías. Los estresantes externos (estresantes distales) incluyen eventos de prejuicio como la discriminación, la estigmatización y la marginación, la violencia física y sicológica, pero también la microagresión cotidiana. También se incluye la discriminación estructural e institucional, como la condena moral (por ejemplo, por parte de la doctrina sexual católica imperante), la exclusión social y la discriminación jurídica (por ejemplo, la exclusión del matrimonio). Estos estresantes externos ya tienen un efecto en los niños y adolescentes con predisposición homosexual antes de que su homosexualidad despierte. Dado que experimentan el mundo heteronormativo-antihomosexual en el que crecen como un mundo naturalmente dado y significativo, incuestionablemente internalizan los prejuicios de este mundo antes de poder defenderse de ellos (Parra et al. 2016).

 En lugar del amor y del amor propio viene un tóxico odio de sí mismo

Estos procesos de internalización, que pueden continuar a lo largo de toda la vida de los homosexuales, conducen a estresantes internos (estresantes proximales) (Timmins et al. 2020: 661f.). El primer factor de estrés interno es la homofobia internalizada u homonegatividad internalizada (IH). Es en parte una introyección inconsciente y en parte una apropiación consciente de la anti-homosexualidad heteronormativa: Aprendemos a más tardar desde el comienzo de la pubertad que nuestra propia sexualidad no encaja en el orden del mundo, que es anormal y detestable. Esta visión negativa se convierte en una parte muy arraigada de nuestra propia imagen. Lo que es el centro de nuestro propio anhelo, el amor por las personas del mismo sexo, es condenado y estigmatizado por nosotros mismos (auto-estigma). El amor y el amor de sí mismo son reemplazados por el odio de sí mismo tóxico, así como por los sentimientos de culpa y vergüenza. Los homosexuales destierran su identidad sexual de su ego a través de estos mecanismos psicológicos y desarrollan una falsa personalidad desviada con fines de supervivencia. El segundo factor estresante interno es el estigma percibido: la constante sensibilización a la discriminación y la estigmatización. Los homosexuales están en un estado de constante hiperconciencia de los posibles peligros, y en un estado de inseguridad social y miedo crónico a los acontecimientos que podrían atacar a su yo oculto (Malyon 1982: 60f., Meyer 1995: 40f., Berg et al. 2016, Saha et al. 2019: 89:6f.).

 Cuando el yo real es suprimido

La homonegatividad internalizada (IH) lleva en particular a un conflicto entre las necesidades homosexuales implícitas y el objetivo explícito de no querer ser una persona homosexual. En el cerebro, las necesidades implícitas están localizadas neuropsicológicamente en el sistema de procesamiento paralelo de la corteza prefrontal derecha (“yo integrado”). Sin embargo, los objetivos explícitos tienen su base neurofisiológica en el hemisferio cerebral izquierdo, que es el asiento del “ego” analítico (Kuhl/Quirin/Koole 2015). Un auténtico yo madura cuando ambos sistemas neurofisiológicos se ponen en armonía. Por el contrario, la homonegatividad internalizada crea una profunda y permanente desarmonía entre el ego y el yo, que no queda sin consecuencias físicas concretas. Nuestro verdadero ser permanece suprimido y negado durante demasiado tiempo, la Formación de la Identidad Homosexual (HIF) está rota. Por lo tanto, en la decisiva fase de desarrollo de la juventud no surge una sana y auténtica relación con uno mismo. Los mecanismos de defensa, los patrones cognitivos, la integridad sicológica y las relaciones con los objetos siguen estando subdesarrollados y perturbados (Malyon 1982: 60, Rowen et al. 2003, Jellison 2003). Esta auto-relación fracturada puede tomar la forma de un trauma que está profundamente inscrito en las vías nerviosas. La mayoría de los jóvenes homosexuales nunca han experimentado el amor auténtico: todo el amor, incluso el de los padres, no llega a su auténtico ser. Por lo tanto, muchos homosexuales permanecen profundamente heridos emocionalmente a lo largo de sus vidas (Downs 2012: 19-29).

 Una amarga alianza: Homofobia y depresión

Las consecuencias psicológicas a largo plazo de estos mecanismos incluyen trastornos de ansiedad, fatiga de afrontamiento, TDAH, disforia corporal, trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión, sicosis, trastornos de personalidad y altas tendencias suicidas (Meyer 1995, Sattler 2018: 5f.). Las consecuencias físicas incluyen enfermedades cardiovasculares, desórdenes alimenticios, desequilibrios hormonales, alcoholismo y drogadicción, y mucho más. Varios estudios han podido demostrar una conexión significativa entre la homofobia internalizada y la depresión al probar empíricamente que los homosexuales producen menos cortisol, la hormona reguladora del estrés, que los heterosexuales (Allostatic-Load-Model, Parra et al. 2016, Sattler 2018: 11). Otros estudios podrían demostrar que los homosexuales a partir de la edad adolescente tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares (Hatzenbuehler et al. 2014).

 Mayor riesgo de enfermedad y mayor tasa de suicidio

Los efectos en la salud que produce el estrés de las minorías se han demostrado hasta el nivel de la expresión genética (Flentje y otros, 2018). Con el aumento de la edad, el estado general de salud de las personas LGBT+ se vuelve significativamente más inestable en comparación con los heterosexuales, y la esperanza de vida general es significativamente menor que la de los heterosexuales debido al mayor riesgo de enfermedades y a las mayores tasas de suicidio (OIM 2011: 260, Sattler 2018: 9). En los Países Bajos la tasa de suicidio de los homosexuales es unas diez veces más alta que la de los heterosexuales, en Suecia unas tres veces más alta – y esto a pesar de que el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal en los Países Bajos desde 2001 y en Suecia desde 2009. También en Canadá, a pesar del matrimonio entre homosexuales, no se observó ninguna disminución en las tasas de suicidio de los homosexuales (Aggarwal et al. 2014) [la “paradoja holandesa”], Björkenstam et al. 2016, Hobbes 2017).

 Efectos a largo plazo

El núcleo de todos estos problemas de la comunidad gay es que los trastornos de desarrollo de la adolescencia inducidos por la estigmatización se graban en la psique y la memoria corporal y continúan durante la edad adulta. Por lo tanto, los propios problemas siguen existiendo después de salir del armario e incluso se intensifican cuando las personas quebradas se encuentran en la comunidad gay: El “estrés extra-minoritario” se convierte en un “estrés intraminoritario” (Kumar 2020). Esto consiste en la discriminación mutua sobre la base de la apariencia y el estatus, la disforia corporal, la enorme sensibilidad al rechazo (Pachankis y otros, 2008) y los síntomas de ansiedad social que persisten incluso después de salir del armario. Esto puede conducir a una profunda soledad (soledad gay) y a un constante re-traumatismo y empeoramiento de la depresión y la ansiedad (Pachankis et al. 2015, Hobbes 2017). A largo plazo, esto no cambiará por mejoras puramente externas y legales, como la introducción del matrimonio igualitario, como muestran las encuestas sobre las tasas de suicidio. La verdadera mejora debe comenzar en las raíces internas. Porque el odio a uno mismo y la depresión no son más que rabia internalizada: rabia dirigida contra uno mismo por haber sido despojado de su auténtico ser (Downs 2012: 33-38).

 Magisterio eclesiástico con efectos nocivos para la vida

El magisterio romano contribuye a esta privación del auténtico yo con su doctrina de que la homosexualidad es una orientación hacia un mal intrínseco. Esta doctrina y sus dramáticas consecuencias sicofísicas son una “forma de abuso” (Remenyi/Schärtl 2019: 13). Sin embargo, la Iglesia puede extraer un correctivo para su enseñanza desde sus propias fuentes espirituales: así, por ejemplo, las reglas para el autodescubrimiento de Ignacio de Loyola tienen exactamente el objetivo de encontrar el propio y auténtico yo, para aceptarlo e integrarlo en toda la vida de manera exitosa (Brüntrup 2020). Y tal correctivo desde las propias fuentes no admite un retraso interminable, porque la inclusión de las personas LGBT+ no se trata de cualquier ideología progresista, sino de vidas humanas. Aquí es, en último término, donde se muestra con cuánta seriedad se puede considerar el compromiso con la protección de la vida por parte de la teología y del magisterio.

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 Autor: El Dr. Ruben Schneider es profesor de post-doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Augsburgo e investigador en la Cátedra de Filosofía de la Religión y Filosofía de la Ciencia de la Ruhr-Universität-Bochum.

 Foto: Jude Beck / unsplash.com

 Bibliografía (además de las indicadas en los hipervínculos):

Bosinski, Hartmut A.G. (2015), „Eine Normvariante menschlicher Beziehungsfähigkeit: Homosexualität aus der Sicht der Sexualmedizin“, in: Goertz, Stephan (Hrsg.), Wer bin ich, ihn zu verurteilen? (Goertz 2015), 91—130.

Downs, Alan (2012), The Velvet Rage. Overcoming The Pain of Growing Up Gay In A Straight Man’s World, 2nd edition, Boston: Da Capo Press.

Goertz, Stephan (Hrsg.) (2015), Wer bin ich, ihn zu verurteilen? Homosexualität und katholische Kirche (Katholizismus im Umbruch, 3), Freiburg i. Br.: Herder

IOM (Institute of Medicine) (2011), The Health of Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender People: Building a Foundation for Better Understanding, Washington, DC: The National Academies Press.

Kuhl, J. / Quirin, M. / Koole, S.L. (2015), „Being Someone: The Integrated Self as a Neuropsychological System“, in: Social and Personality Psychology Compass (9:3), 115–132.

Remenyi, Matthias / Schärtl, Thomas (2019), „Einleitung“, in: Dies. (Hrsg.), Nicht ausweichen. Theologie angesichts der Missbrauchskrise, Regensburg: Pustet, 9—15.

Sattler, Frank A. (2018), Minderheitenstress und psychische Gesundheit von Lesben, Schwulen und Bisexuellen, publikationsbasierte Dissertation im Fachbereich Psychologie der Philipps-Universität Marburg.

Schneider, Ruben (2019), „Found Again. Mein Leben als homosexueller Katholik im Kampf mit internalisierter Homophobie“, in: Remenyi, M. / Schärtl, Th. (Hrsg.), Nicht ausweichen (Remenyi/Schärtl 2019), 38—51.

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Un adolescente es forzado a dejar un grupo de música religiosa después de declararse gay, pero recibe muchos apoyos

Viernes, 2 de octubre de 2020

Gabriel-1024x605Gabriel, de 13 años,

Un adolescente que fue expulsado de su grupo de música de la iglesia después de declararse gay ha recibido una ola de apoyo de la comunidad local. En medio de la conmoción de todo esto, Gabriel encontró una nueva comunidad de apoyo.

Gabriel, de 13 años, actuó como pianista como parte de un grupo de música durante los servicios dominicales en la iglesia en Lincoln, Nebraska, hasta este mes.

Le dijo a KETV7 que era “un miembro orgulloso de la iglesia”, pero se vio obligado a irse cuando los ancianos de la iglesia “descubrieron que estaba usando ropa Pride” para las sesiones de práctica. La camiseta Pride en cuestión presenta un pequeño arco iris y el mensaje “fiel a ti”.

Para sorpresa de Gabriel y su madre, el niño de 8º grado fue expulsado de su iglesia. “Me contó lo que pasó y se me rompió el corazón por él”, dijo Colleen, la madre de Gabriel. “Él amaba esta iglesia”. La decisión conmocionó a Gabriel y su madre Colleen porque la iglesia, que decidieron no nombrar públicamente, fue catalogada como un espacio inclusivo y acogedor.

Gabriel dijo: “Me dijeron, ya que soy un líder, no querrían que promocione cosas contra las que están en contra”.

La comunidad LGBT + se manifiesta en torno a un adolescente que se vio obligado a abandonar un grupo de música religiosa después de declararse homosexual.

No mucho después, la publicación de Colleen en Facebook se hizo viral y generó una avalancha de apoyo para el adolescente.  “Sólo fue cuestión de horas. Se hizo muy grande, muy rápido”, dice. “Era irreal lo positivo que era. Abrumadoramente positivo. Estas personas son los ejemplos de lo que todos deberíamos ser“, con el grupo Drag Queen Story Hour Nebraska alentando a los miembros a enviar mensajes de apoyo a Gabriel en colaboración con una organización benéfica LGBT + local.

Desde entonces, la familia se ha visto inundada de tarjetas y cartas de apoyo de personas de la comunidad local, así como de personas LGBT + de otros lugares.

Frank Roark, propietario de una imprenta en Lincoln, hizo 500 tarjetas personalizadas con un mensaje pro-LGBT + que entregó gratis, animando a sus clientes a enviar mensajes de apoyo a Gabriel. “Estas personas son el ejemplo de quiénes deberíamos ser todos”, dijo Colleen. “[Frank] tomó lo que podría haber sido una de las peores experiencias y las convirtió en una de las mejores”.

Adolescente agradece a sus seguidores: “Cuando viene lo malo, también viene lo bueno”.

Gabriel agregó: “Me sentí muy bien saber que a la gente le importaba. Incluso los niños enviaban cosas … Nunca sentí algo tan poderoso, solo puso una amplia sonrisa en mi rostro sabiendo que había gente que se preocupaba por mí. Y no solo personas, extraños. Hay mucho bien en el mundo y hay un poco de mal en el mundo. Pero cuando viene lo malo, también viene lo bueno “.

Drag Queen Story Time Nebraska dijo: “¡Gracias querubines por ayudar a difundir el amor! ¡Nos calienta el corazón que tantos de ustedes se unieron para difundir bondad y amor! Acabamos de dejar otro lote de notas y está anonadado por tu amor! ¡Estén bien todos y difundan el amor! “

Se pueden enviar mensajes de apoyo a Gabriel a través de la dirección: Gabriel B. C / O OutNebraska, 211N 14th St, Lincoln, NE 68508.

Fuente Pink News

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José María Castillo: “Son muchos los curas que se sirven de la religión para hacer carrera, tener poder, vivir seguros… Esto es intolerable”

Martes, 22 de septiembre de 2020

Iglesia-poder_2266883315_14891837_660x371“Hay políticos que utilizan la Religión para sus intereses. Y los que defienden tanto la Religión, no le hacen caso al Evangelio”

“Jesús rezó mucho. Pasaba las noches enteras en oración. Pero, para rezar, no se iba al templo. Se iba a sitios solitarios. La religiosidad que nos enseña el Evangelio no es como la religiosidad que nos enseña la Religión”

Las noticias, que nos dan en estos días los medios de comunicación, sobre las violencias y disparates, que se han cometido en España, en los años pasados, nos obligan a pensar (una vez más) en el peligro que puede llegar a ser la religión. Peligro para la paz, para la política, para la sociedad y para la convivencia de los ciudadanos, etc., etc.

Lo que acabo de decir no es una novedad. Es un hecho bien conocido y soportado. Y no me refiero solamente a hechos del pasado. Lo estamos viviendo estos días. Ángeles y demonios en los diarios de políticos de alto rango. La religión dirigiendo la política, atacando o defendiendo a los políticos, para bien de unos, para desgracia de otros. ¿Estamos locos? Y afirmo que, en el cristianismo y en nuestra Iglesia, esto se ha metido hasta el tuétano de nuestras creencias. Como también es verdad que son muchos los ciudadanos que, por esta sarta de disparates, han abandonado la religión. Estamos ante un asunto de suma importancia. Para bien o para mal, no sólo de la política, sino igualmente de la religión.

En el cristianismo, lo tenemos claro. La desgracia es que, con demasiada frecuencia, los clérigos no enseñan esto como lo tendrían que enseñar. Porque hay clérigos que son parte interesada en el asunto. Y son muchos los curas que se sirven de la religión para hacer carrera, tener poder, vivir seguros y ser personas importantes. Esto es intolerable.

¿Qué solución le dio Jesús a este asunto, tan delicado y tan grave? Jesús desplazó la religión: la sacó del templo, se enfrentó a los sacerdotes, no participó jamás en las ceremonias del “lugar sagrado”. Jesús rezó mucho. Pasaba las noches enteras en oración. Pero, para rezar, no se iba al templo. Se iba a sitios solitarios. La religiosidad que nos enseña el Evangelio no es como la religiosidad que nos enseña la Religión.

Por esto precisamente Jesús se desentendió de la política. Jamás habló contra el Emperador. Ni contra Poncio Pilatos. Ni se enfrentó a los legionarios romanos. Cuando Herodes degolló a Juan Bautista, en una noche de juerga, Jesús no dijo ni palabra. Y cuando le dijeron a Jesús, ante una masa de gente, que Pilatos había degollado a unos samaritanos cuando estaban celebrando un acto religioso, Jesús no dijo ni palabra contra Pilatos. Al contrario: a la gente que tenía delante, les dijo: “Y vosotros, si no os convertís y cambiáis de vida, vais a terminar como esos samaritanos”. Más aún, en el relato de la pasión de Cristo, ¿quién estuvo en contra de Jesús? Los sacerdotes. Y ¿quién defendió a Jesús resistiéndose a condenarlo? Poncio Pilatos. Es más, cuando Jesús agonizó y murió en la cruz, ¿quién hizo el primer acto de fe, reconociendo a Jesús como el “Hijo de Dios”? No fueron los apóstoles, que se resistieron a creer. Los primeros creyentes en Jesucristo fueron “El centurión y los romanos” (Mt 27, 54 par) a los que acompañaban las mujeres (Mt 27, 55-56), las que ahora se ven incapacitadas por la religión, para poder ser iguales en dignidad y derechos a los hombres.

Más aún, en el relato de la pasión de Cristo, ¿quién estuvo en contra de Jesús? Los sacerdotes. Y ¿quién defendió a Jesús resistiéndose a condenarlo? Poncio Pilatos

Todo esto ocurría desde mucho antes de que Dios se hiciera presente en el mundo, en la persona y en la vida de aquel pobre nazareno, que fue Jesús. Y sigue ocurriendo ahora: hay políticos que utilizan la Religión para sus intereses. Y los que defienden tanto la Religión, no le hacen caso al Evangelio. Para Jesús, lo primero no eran las ceremonias y los rituales. Para Jesús, lo primero eran los seres humanos, sobre todo los que más sufren, los enfermos, los pobres, los niños, los pecadores, las mujeres.

¿Cuándo vamos a dejar de aprovecharnos de la Religión, para sacar de ella dinero e importancia, por más que disfracemos nuestros intereses de lo que más nos conviene? ¿Cuándo veremos a los cristianos, en masa, identificados en todo cuanto pueden con los últimos de este mundo? Y termino pidiendo, sobre todo a nuestros obispos, que “sigan a Jesús”, que vivan el Evangelio, que sean (y seamos todos) presencia de Jesús en este mundo. Los obispos enseñarán el Evangelio de Jesús cuando los veamos viviendo como vivió Jesús. Y otro tanto hay que decir de obispos, de religiosos, de clero en general. Y eso mismo tenemos que hacer quienes decimos que el cristianismo tiene su razón de ser. No es cuestión de argumentos. Es lo que decide si somos o no somos creyentes en Jesucristo.

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Gerardo Villar: Escuchar, escuchar.

Sábado, 19 de septiembre de 2020

EditorialEscucharJovenesJosé María Bautista acaba de ultimar su cuarta publicación sobre las distintas generaciones. La última, para el cambio de liderazgo. Es fecundísimo. En ellas va describiendo las características de cada edad en la vida.

Pero pone en interrogante todos nuestros conocimientos y nuestros convencimientos. Al leerlo siento que necesito un cambio radical en mis planteamientos pastorales. Cuando leo Aprendizaje Espiritual -en cualquiera de sus cuatro libros- me voy dando cuenta de que muchas veces estoy transmitiendo un lenguaje, un contenido, unos símbolos, una pedagogía que son propios de mediados del siglo 20 y resulta que, lo quiera o no, hoy estamos y están viviendo las personas en el siglo 21 y a toda marcha.

Y ahí se trasluce la concepción de las cosas de siglos pasados. Por eso, no estoy dialogando con los jóvenes de hoy: no funciono con sus símbolos, no conecto con sus canciones, no vivo sus valores. No descubro ahí la Buena Nueva.

Lo que más me afecta es que evangelizar no es transmitir ideas y mensajes para convencerles de mi fe, sino aprender a evangelizar desde el acontecer cotidiano, buscando las huellas de Dios en ellos y en su vida.

Para ver el acontecer diario, hay que escucharlos y conectar con ellos. No se trata de evangelizarles sino dejarnos evangelizar por ellos, porque Dios está y actúa ahí. Se trata de generar expectativas en ellos y seguirles en su crecimiento.

No se trata de transmitirles la fe, porque eso es un don de Dios. Jesús no lo hizo. Jesús contaba parábolas. Jesús no construía el Reino; lo acogía. Por eso la pedagogía no ha de ser transmitir, sino escuchar, escuchar y escuchar. El mejor indicador es revisar si nuestra teología es la del anuncio y la escucha.

Evangelizar, nos dice, no es otra cosa que confiar ciegamente en las personas y creer que ellas encontrarán su propio camino. Porque en ellas actúa Dios.

Tenemos la oportunidad de actualizar los relatos de Jesús con las palabras y las realidades de hoy, con parábolas de hoy.

El grave problema no está en que la sociedad no es religiosa, sino en que los que somos religiosos no estamos en la sociedad actual.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Isabel Corpas de Posada: “¿Por qué fueron excluidas las mujeres de la organización jerárquica de la Iglesia católica?”

Lunes, 14 de septiembre de 2020

Libro_2265383520_14880415_667x979“Ciudadanas de segunda, invisibilizadas, silenciadas, discriminadas: esa ha sido la condición de las mujeres en el cristianismo…”

Pero, para Isabel Corpas de Posada “no hay razones teológicas que impidan la ordenación de mujeres para el diaconado, el presbiterado, o el episcopado”

En sus palabras “el libro presenta un doble acercamiento, eclesiológico y en perspectiva de género, a los textos que reflejan la evolución histórica de las funciones de liderazgo y servicio en la tradición católica”

La obra, que cuestiona la perspectiva androcéntrica desde la que se ha interpretado el lugar de las mujeres en la organización eclesial, está disponible gratuitamente en Amazon y Apple Books

Introducción

Como ciudadanas de segunda, invisibilizadas, silenciadas, discriminadas: esa ha sido la condición de las mujeres en el cristianismo. Como en otras tradiciones religiosas del mundo occidental, en la tradición católica solamente los varones han ejercido los cargos de responsabilidad, pero el paso de una organización patriarcal de la sociedad a un entorno caracterizado por la presencia de mujeres en todos los campos de la actividad humana y en búsqueda de su propia identidad, despierta en el momento actual serios interrogantes en torno a la exclusión de las mujeres de la organización jerárquica de la Iglesia católica. Por eso es de esperar que se produzcan cambios. Y porque no siempre fue así, como se desprende de los textos neotestamentarios. ¿Por qué, entonces, fueron excluidas de la organización jerárquica de la Iglesia católica?

Es este el punto de partida de la presente investigación de tipo histórico hermenéutico con un doble acercamiento, eclesiológico y en perspectiva de género, a los textos que reflejan la evolución histórica de las funciones de liderazgo y servicio en la tradición católica y cuyas fuentes primarias son algunos escritos neotestamentarios, documentos del magisterio eclesial y textos de los autores representativos de los primeros siglos del cristianismo y de la teología escolástica. En cuanto a las fuentes secundarias, recurrí a estudios sistemáticos e históricos en torno a los ministerios eclesiales y en relación con la presencia / ausencia de mujeres en la organización eclesial.

Debo asimismo aclarar que la intencionalidad que orienta y condiciona la lectura teológica de los textos es la mirada de mujer y de teóloga creyente que, al espigar en los textos de la tradición católica, cuestiona la perspectiva androcéntrica desde la que se ha interpretado el lugar de las mujeres en la organización eclesial y desde la que se han elaborado las conceptualizaciones teológicas y las definiciones del magisterio. Asimismo, es mirada de mujer laica, que desde la eclesiología de Vaticano II cuestiona en dichos textos la perspectiva sacerdotal que sustenta la interpretación del sacramento del orden, destacando cómo quienes ejercían formas de liderazgo y servicio en las comunidades neotestamentarias, hombres y mujeres, no eran consideradas personas sagradas ni ejercían funciones de culto, comoquiera que fue a finales del siglo I cuando se dio el paso de los ministerios al sacerdocio, conocido como proceso de sacerdotalización.

Desde esta doble mirada se perfilan dos preguntas que conducen la investigación: ¿cómo y por qué las mujeres fueron marginadas de la organización eclesial y lo siguen siendo actualmente? y ¿por qué la Iglesia no ha asumido la diversidad ministerial trazada por el concilio Vaticano II y el tradicional exclusivismo sacerdotal se mantiene como la única forma oficial de liderazgo y servicio en la Iglesia católica?

Por otra parte, la presente investigación se plantea y justifica desde la creación por el papa Francisco de la comisión para estudiar el diaconado de las mujeres en 2016 y desde el Documento preparatorio y el Instrumentum laboris del Sínodo de los Obispos para la Región Amazónica (2019) que se referían a posibles ministerios eclesiales para las mujeres e incluso a su ordenación. Y aunque los integrantes de la comisión para estudiar el diaconado de las mujeres no llegaron a un acuerdo y el documento final entregado al Papa en la última reunión del sínodo no contemplara esta posibilidad, la esperanza es que Francisco se atreva a dar un paso significativo para que las mujeres sean oídas de verdad y acogidos sus reclamos respecto al lugar que como bautizadas pueden y deben ocupar, comoquiera que en el discurso de clausura acogió “el pedido de re-llamar a la comisión o quizás abrirla con nuevos miembros para seguir estudiando cómo existía en la Iglesia primitiva el diaconado permanente” y anunció que iba “a procurar rehacer esto con la Congregación para la Doctrina de la Fe, y asumir nuevas personas en esta Comisión”.

Una comisión que fue creada durante la Semana Santa de 2020 en medio de la pandemia del coronavirus: además del presidente y el secretario, sus diez integrantes –cinco hombres y cinco mujeres– son todos europeos y estadounidenses, ninguno es especialista en diaconado femenino y, sobre todo, ninguno se ha manifestado a favor de su restauración.

Como lo dijo Francisco en el encuentro con la Unión Internacional de Superioras Generales, UISG, en mayo de 2019, hay que reconocer que el primer paso está dado, pero también es importante dar pasos para sustentar teológicamente la posibilidad de ordenación de mujeres desde la mirada de las mujeres teólogas, que puede no solo aportar sino enriquecer la lectura teológica de la ministerialidad eclesial tradicionalmente hecha por teólogos varones desde una mirada sacerdotalizante y androcéntrica.

Me refiero, en primer lugar, a estas circunstancias leídas desde mi experiencia personal como profesora de teología de los ministerios eclesiales y unas precisiones en cuanto a la terminología; esbozo el marco referencial de la investigación en sus dos componentes, la eclesiología de Vaticano II que fundamenta la teología de los ministerios eclesiales y la teología feminista como respuesta desde la teología a la nueva presencia de las mujeres y, a continuación, una revisión bibliográfica sobre el tema.

En segundo lugar busco responder, desde la eclesiología de Vaticano II y desde la teología feminista al porqué las mujeres fueron excluidas de la organización jerárquica de la Iglesia, para lo cual repaso (1) las prácticas históricas de la Iglesia en textos que reflejan la organización de las comunidades neotestamentarias en las que las mujeres ejercieron importante liderazgo; (2) textos que registran la presencia / ausencia de las mujeres en el contexto del proceso de sacerdotalización de los primeros siglos del cristianismo; (3) textos que, enmarcados en los desarrollos de la teología escolástica y acogidos por el magisterio eclesial muestran cómo tomó forma la teología del sacramento del orden como sacramento del sacerdocio y por qué se negó la ordenación a las mujeres; y (4) las “razones verdaderamente fundamentales” para negar la ordenación sacerdotal de las mujeres a pesar de la diversificación de los ministerios eclesiales en el magisterio posconciliar. En tercer lugar, desde la teología feminista y la teología de los ministerios eclesiales, planteo algunos aportes al debate acerca de la ordenación de mujeres para el diaconado y –¿por qué no?– para el presbiterado, como servicio a la comunión y la misión de la Iglesia, concretamente de la Iglesia latinoamericana del siglo XXI.

El libro de Isabel Corpas de Posada, ¿Ordenación de mujeres? Un aporte al debate desde la eclesiología de Vaticano II y la teología feminista latinoamericana (corpas de posada publicaciones, 2020), está disponible sin costo en Amazon y Apple Books.

Fuente Religión Digital

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“Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”, por Antonio Gil de Zúñiga,

Sábado, 5 de septiembre de 2020

diciembre03Esta reflexión tiene como punto de partida el tema del último número de Iglesia Viva, ¿“Todavía el Reino de Dios”?, y quiere ser un recuerdo de un gran testigo del Reino de Dios: Pedro Casaldáliga

      Desde una perspectiva lingüística hacer referencia al Reino de Dios parece que está fuera de lugar, puesto que para todo lo relativo al reino y a la monarquía, sobre todo en nuestro país, no corren tiempos propicios; pero desde el punto de vista bíblico tiene su significado y contenido propios, y, creo, que hoy día se puede aplicar con todo su vigor y amplitud de significado.

      Jesús de Nazaret, siguiendo la tradición veterotestamentaria, emplea el término “Reino de Dios”, pero, como explicó a Poncio Pilato, su reino no es de este mundo, es decir, no tiene la estructura de poder como los reinos del mundo, porque, aunque se trate de un reino, no hay poder, sino amor, siendo Dios el epicentro del mismo, y la relación de Dios con sus “súbditos” viene marcada por el amor, la comprensión y la misericordia y éste es el mismo principio que ha regir la relación de los miembros del reino entre sí. En este reino no impera la ley, la norma o la autoridad, sino la libertad, el amor, la comprensión y la misericordia.

      La comunidad humana que configura el Reino de Dios, y era la pretensión fundacional de Jesús de Nazaret, se integra en torno a unos valores éticos propuestos en las bienaventuranzas, en la parábola del samaritano, en el llamado “juicio final”, etc., cuyas coordenadas son el amor y la misericordia. Se trata de una vivencia tanto personal como comunitaria que se relaciona verticalmente con Dios y con los demás en su horizontalidad. No hay leyes o normas externas que marquen ce por be lo que se debe hacer en cada momento, puesto que “el sábado está hecho para el hombre” y no al revés. Así lo entendió y así lo practicó la Iglesia primitiva de Jerusalén, cuando, según el relato de los Hechos de los Apóstoles, permanecían juntos, en comunidad, unidos en la oración y en la fracción del pan y no había necesitados entre ellos, porque todo lo ponían en común.

    diciembre15  Cuando el Reino de Dios se institucionaliza sin más, se convierte en Iglesia, como dice A. Loisy: “Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”. La estructura institucional es necesaria en todo quehacer organizativo humano, pero no puede ser el epicentro hasta el punto de desbancar a la vivencia personal y comunitaria, a la libertad personal y comunitaria, al estar todo controlado por la norma y la ley. Como advertía el profeta Isaías ( Is 2,1-5) la norma viene del templo, que es tanto como decir del clero, de la jerarquía. El Reino de Dios se convierte en Iglesia y ésta en “sociedad perfecta”, en un Estado; una sociedad política más, controlada por el poder y por la ley, y si es dictatorial, mejor, abandonando así las exigencias de ese Reino.

      No llegó a buen puerto el intento de san Agustín de Hipona de identificar Iglesia y Reino de Dios en su De civitate Dei, menoscabando, sobre todo, el concepto de Reino de Dios, como lo evidencia la Historia de la Iglesia y del Papado a través de los tiempos; tiempos de cismas, de cruzadas bélicas, de poder político y religioso (el papa mediante el llamado “poder de las dos espadas”, como ya reconocía a finales del s. V el papa Gelasio I en su carta al emperador Anastasio, controla el poder político y el religioso), de anatemas de herejes y de doctrinas (como ocurría en los Concilios, en el anecdotario del Vaticano II se recoge la extrañeza de los obispos españoles porque no se proponía ninguna condena de doctrina y no se declaraba ningún dogma), de Syllabus condenatorios de asuntos sociales, políticos, religiosos… Es conmovedor, a este respecto, el testimonio del teólogo francés Y. Congar (la lista de testimonios sería larguísima), que recoge en sus Diarios, y que soportó tres “exilios” impuestos por el poder vaticano y por su Orden de dominicos como consecuencia de sus reflexiones teológicas, al parecer, contrarias a las posiciones “oficiales”: “Acepto a Dios, su visita… No acepto a la Gestapo… No tengo derecho a sacrificar el servicio a la verdad”.

 enero10     Con el reduccionismo del Reino de Dios a la Iglesia, éste pierde su vitalidad y la Iglesia se transforma más en Estado, en sociedad política, que en comunidad de creyentes en el Cristo resucitado. La Iglesia, católica por supuesto, no es el Reino de Dios; éste es un concepto más amplio y comprensivo, como cuando se decía que fuera de la Iglesia, católica por supuesto, no hay salvación, doctrina que corrigió el concilio Vaticano II. Ahora bien, la Iglesia ha de asemejarse al Reino de Dios, puesto que es factor importante para que Dios reine en el mundo y para ello ha de asumir los paradigmas de dicho Reino: más amor y misericordia y menos leyes y normas; más acogida a los pobres, a los emigrantes y refugiados, a los oprimidos, a los sin techos… y menos riquezas y propiedades; más disponibilidad de servicio y menos exaltación de poder y mando, como recomendaba san Bernardo de Claraval a su amigo el papa Eugenio III: “Te dejas agobiar por toda clase de juicios sobre toda suerte de cosas exteriores y seculares; sólo te oigo hablar de juicios y leyes; todo ello, y las pretensiones de riquezas y de prestigio, proviene de Constantino, y no de Pedro.

      La Iglesia como motor imprescindible para llevar a cabo el Reino de Dios en la tierra ha de eliminar otro reduccionismo enormemente dañino y perjudicial para la propia Iglesia: considerar el Reino de Dios como algo escatológico, situarlo en el más allá. Los valores éticos y religiosos del Reino de Dios pertenecen a la historia y no se pueden aplazar al final escatológico. Es una contradicción que clama al cielo que la Iglesia pretenda transformar la realidad histórica desde el pietismo, desde la fe sin más: lo único que importa es la relación personal con Dios sin tener en cuenta la realidad que nos circunda. La fe es don, pero también es tarea, un quehacer liberador y transformador de la realidad que no se ajuste a los valores éticos del programa de la Bienaventuranzas. Como sugiere I. Ellacuría, el Reino de Dios supera la dualidad entre lo personal y lo estructural, entre ética social y ética individual, pero no es sólo cuestión de fe, sino también de obras, de praxis configurada por el evangelio de Jesús de Nazaret.

Fuente Atrio

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Gabriel Mª Otalora: “Preguntas que no pasan de moda.”

Miércoles, 2 de septiembre de 2020

Conocer-a-la-comunidad-imperativo-del-profesional-dospuntoceroHan pasado muchos siglos desde que Jesús dejó los mimbres de la primera Iglesia o comunidad de seguidores, pero dejando que se organizasen sin definir normas más allá del mandamiento del amor y de la evangelización. Después de dos mil años, nuestra época no es mejor ni peor que otras, sino distinta; pero es la nuestra, en la que somos los actores de la Iglesia de hoy con el mismo objetivo de hace dos mil años a través del ejemplo de vida, como el Maestro nos enseñó. De aquella Iglesia primitiva, la más cercana en el tiempo a la vida de Jesús, destacan varias características:

· Tenía atractivo, su estilo de vida era una Buena Noticia.

· Era una Iglesia con una vivencia comunitaria.

· Las dificultades existieron desde el principio y no sólo fueron internas (grandes diversidades culturales y con visiones teológicas diferentes) sino también externas: el Mensaje no podía estar anclado en la ley sino en la vivencia religiosa por la entrega a los demás. No es tanto una confesión como un comportamiento.

Si Dios es amor y estamos hechos a su imagen y semejanza, todos somos reflejo de Dios. ¿Somos los buenos porque nos han regalado la fe? ¿Por qué ese empeño en cambiar al otro? Evangelizar no es adoctrinar, lo recuerda constantemente el Papa. Dios creó las culturas y la diversidad, dentro de una igualdad en dignidad humana ¿Hay algún Dios que nos pide que transformemos a nuestro gusto lo que Él ha hecho al suyo? ¿Quién nos ha revelado que hay que cambiar los corazones violentando voluntades?

Jesús acogió, perdonó, denunció pero no impuso nada como lo atestigua su muerte en la cruz. A veces, en lugar de instrumentos de Dios somos los que borramos la mejor cara de Dios. La fe es un regalo, hemos sido los elegidos, no para la salvación, que puede alcanzarla todo ser humano, sino para dar testimonio de la presencia de Dios entre muchos que esperan conocer la verdadera Buena Noticia.

Todavía necesitamos hacernos este tipo de preguntas, con humildad: ¿Estamos saturados de institucionalización? ¿Aceptamos que Dios se manifiesta también en lo profano? ¿Cómo olvidarnos que el Evangelio transpira pura fuerza amorosa? ¿No es lo específicamente católico ilusionarse pensando en una humanidad vibrando a ritmo de amor? ¿Aceptemos el enriquecimiento que viene del que no es de nuestra Iglesia?

Los cristianos debiéramos preocuparnos menos por la increencia y más por la indiferencia. Pasan muchas cosas que exigen tomar postura. No nos olvidemos que los profetas anunciaron ¡denunciando! Jesús también denunció muchas situaciones injustas frente al judaísmo de entonces que vivía en el conformismo centrado en la dictadura de los preceptos. Es muy grave que muchos católicos de la Iglesia en países ricos no deseemos cambios de verdad sino la prolongación de lo que tenemos. El Concilio reforzó y actualizó el Anuncio pero el problema está en la sociedad del bienestar que no siente la misericordia bíblica ni experimenta indignación ante tanta desigualdad, sino satisfacción por lo que posee. Los cristianos del bienestar no paramos de hablar de los pobres y actuar a favor de los ricos. Los demás sólo cambiarán si primero cambiamos nosotros. El sentido liberador de la cruz se nos escapa.

La vida del cristiano es el único Evangelio que mucha gente leerá en toda su vida, en palabras que solía repetir Hélder Cámara.

¿En qué nos diferenciamos de los que no son de la Iglesia? La vida nos mezcla en el trabajo y en la diversión, en la pandemia y en las dificultades y a veces, hasta destacamos por nuestra falta de amor. Nuestras inconsecuencias llevan a muchos al placebo de las sectas. La Iglesia no es la jerarquía, es toda la comunidad: fieles de a pie en su mayoría… ¿Se parece al estilo, aunque adaptado a los tiempos, de las primeras comunidades? ¿Nos sentimos interpelados con aquellos que sufren, aquí y ahora? ¿Cuál es el estilo de Iglesia que tenemos, en la propia relación comunitaria entre nosotros?

Gabriel Mª Otalora

Fuente Fe Adulta

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Ramón Hernández Martín: El lado oscuro de la vida. Martirio y santidad.

Miércoles, 26 de agosto de 2020

Etica-cuidado_2229687080_14589939_667x375La mañana nos obliga hoy a asomarnos al lado quizá más oscuro de la vida humana, al abismo infernal que, por mor de intereses y pasiones, los humanos se arrojan unos a otros. Dios no ha creado infiernos sencillamente porque no tiene poder para hacerlo, siendo como es él un Dios de ser, de positividad y de amor. Pero el hombre sí que lo tiene debido al error de perspectiva que puede cometer por su cortedad de miras al perseguir intereses a flor de piel y buscar el disfrute precipitado de cosas que le dañan.

Un infierno es, desde luego, el alcoholismo que anega en toxicidad las neuronas hasta hacerles creer que no hay vida fuera del encharcamiento en que se encuentran. Y también lo es la drogadicción por el paraíso alucinógeno que lleva aparejado, paraíso que suplanta todas las dimensiones y expectativas de la vida humana. Pero si estos infiernos, podría decirse, son individuales, incluso cuando uno ha sido arrastrado a ellos por otros, el horror que crean las armas es el más atroz de todos los infiernos porque su objetivo no es ya crear sucedáneos de vida individual, sino arrebatarla de forma indiscriminada, cruel y despiadada, por intereses tan mezquinos y parciales como el poder o la riqueza de unos pocos.

Esta prolija introducción se debe a que, un día como hoy de 1945, la humanidad, concentrada esencialmente toda ella en Hiroshima, recibió el pavoroso impacto de una bomba atómica, la primer arma de destrucción masiva que descargó toda su fuerza sobre la piel de ciudadanos normales, completamente ajenos a los intereses que se estaban jugando a otro nivel. La intensa radiactividad desplegada por esa bomba mató en pocos segundos a más de setenta mil personas y a decenas de miles más en los días y semanas siguientes. Creyendo que el castigo no había sido lo suficientemente duro, tres días después se lanzó otra bomba atómica sobre Nagasaki, con similar devastación. Cierto que se detuvo así una guerra que, de haberse continuado, habría producido quizá el doble o triple de víctimas, pero, además de que nunca se podrá justificar el sacrificio de una víctima inocente, hemos de reconocer que el lanzamiento de esas bombas causó un gran horror dentro de otro mayor, el de la guerra, de cualquier guerra, aunque sus únicos muertos fueran soldados obligados a combatir con quienes, de conocerse, probablemente podrían ser sus amigos.

El hecho nos lleva a la espantosa contemplación de la industria de la muerte que ha desarrollado la tecnología humana. Cierto que la autodefensa ha acelerado el desarrollo de tecnologías válidas para otros muchos usos que no sean el de matar, aunque, armándose de sentido común, valga el oxímoron, uno no entiende por qué la autodefensa agudiza más el ingenio que el hecho de no pasar hambre, hecho que, de suyo, mata a tantos diariamente de otra forma. Los cristianos deberíamos tener claro en este contexto que el “no matarás” incluye la fabricación de instrumentos de muerte. Se puede matar a un ser humano con una piedra o con un cuchillo de cocina, pero esos no son de suyo herramientas de muerte. Los fusiles, las granadas, los tanques y las bombas de toda clase, desde las caseras a las nucleares y bacteriológicas, son fabricados para matar, son instrumentos de muerte. ¡Qué ciega ha estado durante siglos nuestra Iglesia, esa que, habiendo sido creada como instrumento de vida, ha jugado descaradamente con la muerte por intereses que nada tenían que ver con la paz, cuando ella estaba obligada a predicar en todo tiempo y lugar la concordia y el amor!

Cierto que es muy encomiable y que nunca será reconocida del todo la inmensa labor de los cristianos en favor de la vida de los hombres en tantos lugares y tiempos como, por ejemplo, hace patente la actual pandemia, cuando un simple virus está llevando la delantera a una humanidad tan tecnificada y avanzada. Pero se trata de una encomiable labor de voluntariado que también se da en ámbitos muy alejados de la Iglesia, labor que brota del corazón compasivo de tantos seres humanos, aunque ni siquiera sean creyentes. Falta, pues, ver la alineación clara y precisa de nuestra Iglesia en favor de la vida no solo de los no nacidos, sino también de todos los nacidos. La Iglesia, como institución y agrupación humana, debería pasarse los días gritando la sinrazón de los hombres que hacen posible el hambre y, buscando la muerte violenta de muchos, cometen el horrendo pecado de fabricar armas mortíferas en vez de arados, azadones y mangueras de riego, pongamos por caso. Será mejor perder el tiempo debatiendo si las mujeres son “dignas de lo santo”, es decir, de ejercer los ministerios sagrados, o hilando fino sobre cómo, cuándo y con quién el ser humano puede desfogarse sexualmente. ¡Qué empecinamiento y qué cobardía!

El día nos pone en la mesa la presencia de un hombre en cuyo hieratismo parecían reflejarse todas las tristezas humanas. Eso fue lo que me pareció cuando un Miércoles de Ceniza, en Santa Sabina de Roma, tuve la ocasión de saludarlo y desearle “buena será”. Me refiero al santo varón, también santo canónico, que fue y sigue siendo en su magisterio, al papa Pablo VI, que murió un día como hoy de 1978. Mérito suyo sin ninguna duda fue la culminación de la magna obra emprendida por su predecesor, Juan XXIII, el Concilio Vaticano II, un concilio de siembra retardada cuyos principales frutos, es de desear, se verán en los años venideros. Un hombre inteligente y perspicaz, pero lastrado, a mi modesto entender, por una formación espiritual que le obligaba a mirar más a las alturas del cielo que a las cloacas de la tierra y que por ello, seguramente, nunca pudo entender la legítima y auténtica función de la sexualidad en la vida humana. Siendo yo todavía un recién nacido al pensamiento crítico, el mismo día en que fue publicada su “Humanae vitae” la leí de un atracón y me llevé un cabreo teológico monumental. ¡Bendito amigo san Pablo VI, ahora que vives en la claridad total, libra a la Iglesia que te honraste en presidir de la oscuridad que la sigue dominando!

Ahondando en la historia, hoy nos encontramos, además, con otro terrible episodio de muerte en España, en el que tiene mucho que ver la fe de los creyentes, de unos como justicieros diábolos y de otros como mártires devotos. En efecto, un día como hoy del año 953, doscientos monjes benedictinos del monasterio de san Pedro de Cardeña fueron ajusticiados por tropas musulmanas omeyas de Al-Ándalus en plena Reconquista española. Cuenta la leyenda que, en el aniversario de su muerte, el claustro del monasterio en el que fueron enterrados se empapaba de sangre. Parece ser que tan gran prodigio cesó de repente a finales del s. XV, cuando los árabes fueron definitivamente expulsados de la península ibérica. Sea o no cierto, lo terrible es la constatación de que han sido muchas las víctimas humanas cuya ejecución se ha atribuido a mandatos divinos en unos contextos en los que lo divino no era más que un instrumento mortífero en manos de los hombres.

Urge, pues, que los cristianos de nuestro tiempo llamemos al pan, pan, y que pongamos cada cosa en su sitio, discerniendo claramente lo que son sublimes mandatos divinos de los rastreros intereses humanos. No podemos de ningún modo jugar con mandatos tan claros como dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, consolar al triste, albergar al peregrino y hacer, en suma, cuanto favorezca la vida de quienes viven a nuestro alrededor o en cualquier otra parte del mundo. La cosa es tan clara como que los cristianos estamos obligados a propugnar todo lo que favorece la vida humana y a luchar a brazo partido (aquí sí que deberíamos usar todas las armas disponibles) contra todo lo que la deteriora. ¡A buen entendedor, pocas palabras, pues no otra cosa significa que Jesús pasó por la vida haciendo el bien!

Ramón Hernández Martín

Fuente Fe Adulta

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Andrés Felipe Rojas Saavedra: La muerte del justo redime al pecador.

Martes, 25 de agosto de 2020

crucificado-campesinoLa crisis espiritual del cristianismo actual, se debe a una visión mesiánica veterotestamentaria, la misma que fue criticada por Jesús al ser propuesta por Simón Pedro.

La edad media, cargada de tantos fenómenos religiosos, llegó a repensar el cristianismo como un gran ejército que era capaz por la espada, de silenciar a los infieles y de instaurar el Reino de la Iglesia (no el Reino de Dios) con el Sumo Pontífice a la cabeza (no Cristo).

La idea de defender la religión y los lugares santos con la orden del Temple o las “Cruzadas” (instigado por algunos reyes católicos) es sin duda una de las tergiversaciones más graves del cristianismo, y aún hoy quedan esos vestigios de una religión guerrera, de una religión intransigente, incapaz de dialogar con el que piensa distinto. Debo confesar que hace poco viendo una representación de Miguel Arcángel, descubrí que no había imagen más anticristiana que la de un ángel levantando una espada pisando al “diablo”.

Esta imagen del arcángel es tomada por el libro del Apocalipsis para asociarlo a la imagen de los mártires que con su sangre son capaces de proclamar la victoria del Cordero (Ap. 12, 7-9); dicho relato presenta la expulsión del “cielo” del “acusador de nuestros hermanos” (Ap. 12, 10) una clara evocación al personaje que ocasiona los males al justo Job, cuyo mito tiene como intención hablar de la ley de la compensación y responder a la pregunta ¿por qué le pasan cosas malas a los justos? (Job. 1, 6)

No es precisamente un combate entre iguales; dicho libro, el apocalipsis, puede manifestar muy bien la intención final de esta reflexión, los oprimidos alcanzan la victoria, no levantándose en armas contra sus victimarios, sino asumiendo la misma condición del Cordero degollado, lavando sus vestiduras en la sangre del martirio (Ap. 7, 14).

Algunas imágenes de Dios, en el antiguo testamento, lo presentan como el Tsebaoth צבאות (Dios de los ejércitos) al estilo del dios griego Ares, con su equivalente romano: Marte, dios de la guerra. Junto al pueblo de Israel, conquistando la tierra prometida, está la mano poderosa de Dios contra sus adversarios; pero muchos de estos relatos son post Babilónicos, es decir, tuvieron la intención de recuperar el sentido de nación de Israel luego de la deportación y casi desaparición de ellos como pueblo, se puede hacer una lectura con las mismas herramientas hermenéuticas del libro del apocalipsis, sobre todo con los libros del Éxodo, Josué, Jueces, entre otros.

El Dios que lucha, lo hace del lado de los pequeños, de los pobres, de los oprimidos. Dicha visión del Dios protector, del pastor, incluso del עִמָּנוּאֵל (Emanuel) se acompaña de la triada completada por profetas como Isaías: huérfanos, viudas y extranjeros.

Pero la lectura superficial de los textos veterotestamentarios, pueden llevar a la confusión de creer que YHWH es un “dios de guerra”, dicha visión queda absolutamente abolida o más bien zanjada en la presentación mesiánica de Jesús y su proyecto de Reino, distinto a la visión de los judíos de la época. Si Dios era Rey, no lo era como los de este mundo (Mt. 10, 43-45), y si la espada se utilizaba para conquistar, debía ser envainada porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. (Mt. 26, 52)

La imagen del siervo sufriente, adoptada por Jesús, es el único camino para la consecución de los valores auténticos del Reino. El malvado, de frente al rostro sin apariencia humana (Isaías 53, 2) no tiene de otra más que verse identificado en el reflejo de inhumanidad y sentirse tocado por aquellos que sufren, aunque no se de en el mismo momento o incluso a largo plazo.

La redención del malvado se da en ese espiral de relaciones inhumanas, el criminal al verse confrontado con la paciencia y amor ágape (ἀγάπη) de la víctima, redescubre su propia humanidad perdida, y para completar la escena de misericordia, sucede algo impensable, la víctima muere perdonando, sus últimas palabras no son de venganza, ni de odio, sino de una profunda espiritualidad que viene concebida de la confianza en el Dios que resucita.

Por eso el autor de la doble obra neotestamentaria (Lucas y Hechos) presenta a Jesús perdonando (Lc. 23, 34) y al primer mártir imitando a su maestro (Hc. 7, 60). El libro de Hechos, que es un evangelio proyectado en la vida de los seguidores de Jesús, presenta como la persecución e incluso la muerte, se convierten en semillas de nuevos cristianos, como aseguraba Tertuliano (año 197), que de seguro se inspira en las palabras del Señor, cuando evoca la realidad de la semilla que cae en tierra y muere (Jn. 12, 24)

Yo he sido un convencido que el relato de la conversión de Pablo camino a Damasco es una respuesta “reflejo” del apóstol frente a los que el perseguía, Jesús se le presenta como el perseguido y el reconoce el rostro del Señor en todos aquellos que había enviado a la cárcel y hecho azotar.

Por eso es impensable que un cristiano asuma la violencia o la guerra, como una salida mediática para el conflicto del mundo de hoy, no se puede ni siquiera consentir en el pensamiento ideas que promuevan conflictos armados o “venganzas a propia mano”. Hace poco se viralizó una noticia acontecida en México de dos ladrones que se subieron a una combi (bus de transporte público) y uno de ellos fue presa de sus víctimas quienes le proporcionaron una golpiza que lo llevo finalmente a la muerte, mucha gente celebró enfáticamente el trágico acontecimiento, pero sin duda puede que los redimidos no haya sido los que se libraron del atraco sino el atracador, porque esa es la lógica ilógica de Dios, a quién no le podemos reprochar el modo de gobernar el mundo (Mt. 20, 1-16).

Y en Colombia, una gran parte de la población siente un odio visceral por los grupos armados al margen de la ley, muchos de ellos ni siquiera estuvieron en el fuego cruzado en los momentos más duros de la guerra, pero aún así existe en el imaginario colectivo una visión de “la muerte redentora” es decir, la idea que matando a los malos se logrará la paz, en el fondo la guerra nunca se irá porque quedarán los victimarios de los victimarios, es como un circulo de violencia de nunca acabar. Una tarea grande que se tiene en este país, que se profesa de mayoría cristiana, es ayudarles a redescubrir la humanidad de todos, incluso de los que se consideran malos, ya que muchos de ellos fueron reclutados siendo niños y no conocieron otra realidad más que la guerra.

En la película de Harry Potter y la orden del Fénix, sin pretender hacer apología de la “brujería” o cosa parecida, en un diálogo entre Harry y su padrino Sirius, él le recuerda que “las personas no se dividen en buenos y malos; todos tenemos luz y oscuridad en nuestro corazón. Lo importante es qué parte decidimos potenciar” o en la traducción latina “lo que importa son los caminos que tomamos”. Dicha escena puede concluir cuando al final de la película Sirius es asesinado y, en el recuerdo de la imagen de su padrino, Harry opta por perdonar a la asesina.

El mensaje de Jesús es contundente, perdonar a los que nos ofenden, orar por quienes nos persiguen e imitar al Padre que hace brillar el sol sobre justos e injustos (Mt. 5, 45). El cristianismo no puede seguir divido, entre los que son buenos y merecen premios temporales y los que son malos y deben ser rechazados por la comunidad, esa división, según los relatos Bíblicos, no se da sino hasta el juicio del Hijo del Hombre sobre el mundo (Mt. 14, 24; 25, 32), Él es el único con la autoridad de juzgar (Mt. 7, 2), además puede correrse el riesgo que todos los que se consideraron a sí mismos como trigo, resulten siendo cizaña, o que sean como el hijo mayor de la parábola, creyendo que por vivir en la casa del Padre estaba con su corazón embotado totalmente a su voluntad (Lc. 15, 11-32).

Estos postulados no implican un silencio frente a las injusticias o a la denuncia profética de las estructuras de muerte, al contrario, asumir la actitud del siervo sufriente, es una denuncia mucho más locuaz que las mismas palabras. Se contagia con un testimonio capaz de desenmascarar a los verdaderos “diablos” y llevar a los perversos a caminos de humanización.

Y esta tarea de humanización es bidireccional, en desarmar a los que se creen buenos y en convertir por la fuerza de la bondad interior a los que usan la violencia como instrumento de poder. Esta misión urge en un mundo donde crece el individualismo ateo y donde cada vez más crece una brecha entre, unos que se creen buenos y otros que son considerados como malos, en el fondo dicha brecha va a acompañada, no exclusivamente, en la división de estratos sociales.

Comprender ese misterio del Reino de Dios no es algo fácil; el Señor nos pone a prueba no en los momentos felices de nuestra vida, sino en los momentos límites, el que pierde su vida la ganará (Mt. 10, 37 ss), pero la religiosidad actual, se encuentra en crisis, la negación de los compromisos auténticos del cristianismo, ha llevado a un tipo de religiosidad peligrosa: con valores torcidos, con visiones híbridas de un espiritualismo medieval, un capitalismo salvaje y un consumismo individualista y deshumanizado. Al punto llegaremos a ser hombres y mujeres profundamente creyentes en un más allá vacío y en un más acá sin sentido.

Tendríamos que tener el valor de la mujer que vio a todos sus hijos morir y solo confiaba en la promesa de recuperarlos en la eternidad “Él, en su misericordia, les devolverá la vida y el aliento” (2 Mac. 7, 23)

A modo de conclusión, como afirmaba Hans Kung, en su obra Ser Cristiano, “cristianismo y humanismo no son polos opuestos; los cristianos pueden ser humanistas, y los humanistas, cristianos… el cristianismo sólo puede entenderse rectamente como humanismo radical” (Cfr. Pág. 29. Ed. 1977) Dicho humanismo no pone al ser humano como el centro del universo, dominando y controlando al resto de la creación, más bien pone al hombre al servicio del hombre, y ese servicio implica una integración con todo lo que lo rodea, cambiando el modo de estar el mundo y abriendo su corazón al Evangelio, capaz de hablar en medio de las tormentas del mundo de hoy y dar respuestas radicales frente a una sociedad relativa.

Solo hay dos caminos, el primero lleva a la Resurrección, pero dicho camino implica el sufrimiento y la cruz asumidos con valentía profética, y el segundo camino termina en el calvario, con las armas empuñadas y mirando una cruz vacía, con unos edictos de guerra sin sentido y un fratricidio que terminará con las vidas de todos los involucrados en el conflicto.

La muerte de los que siguen el camino de Jesús, hará brotar la esperanza en un mundo dividido, redimiendo y perdonando a los que persiguen.

Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM

Fuente Fe Adulta

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José María Castillo: “¿Con esta religión y esta explicación del Evangelio, a dónde vamos?”

Lunes, 24 de agosto de 2020

clip_image00228De su blog Teología sin censura:

“Vivimos en una sociedad donde lo que importa en la vida, es ganar dinero y ser importante”

“Yo he dedicado mi vida a lo de la religión y la teología, me pregunto (impresionado y hasta asustado) cómo es posible que, ante este panorama, haya tantos clérigos (carcas y progres, de derechas, de centro y de izquierdas) que se ponen a explicar el Evangelio y yo no sé lo que dicen”

“Los que mejor viven son cada día menos, al tiempo que los desamparados van en aumento, hasta el punto de que nos llevamos las manos a la cabeza porque en España han muerto treinta personas por el virus, el mismo día que, en el llamado “tercer mundo”, han muerto treinta mil de hambre y miseria”

“¿Cómo se explica que haya tanta gente que prefiere una fiesta, un botellón o una juerga, en una discoteca, aunque eso le cueste salir infestado con el virus que a todos nos asusta?”

Todos sabemos de sobra que la pandemia de el coronavirus es una amenaza, que nos causa inseguridad y pavor. Esto no necesita mucha explicación. Lo estamos viviendo.

Pero no sólo esto es lo que estamos viviendo. Además de la amenaza, quizás con más fuerza que esa misma amenaza, también estamos experimentando una experiencia que nos humaniza.

La amenaza es algo tan evidente, que todos la palpamos. La humanización, por el contrario, no está tan clara. Porque somos demasiados los que ni nos damos cuenta del desnivel tan profundo de deshumanización que estamos viviendo. Y es que no es un problema de buenos y malos. Es un problema cultural.

Hemos nacido, hemos crecido y vivimos en una sociedad y una cultura que nos mete, hasta en las venas de esta sociedad y esta cultura, hasta el convencimiento natural y espontáneo, que lo que importa en la vida, es ganar dinero y ser importante. Porque ésos son los pilares sobre los que se edifica – según piensan muchos – lo que nos tiene que interesar a todos. Vivir con solidez y seguridad. Y tener los medios más eficaces para pasarlo lo mejor posible.

O sea, es un proyecto de vida en el que el sujeto se centra en sí mismo. Y el centro de la vida está en él mismo. Un proyecto de vida, que se alimenta de la economía, de la política, de la religión, del oficio que cada cual tiene, de la familia en la que nace, de los parientes a los que quiere tanto o de los que se avergüenza. Todo, todo, absolutamente todo, al servicio de mi buen vivir. Y el que se quede atrás, que apriete el paso.

En esta sociedad y en esta cultura, hemos nacido, nos han educado y, al servicio de este proyecto de vida, está organizado todo lo demás. No digo que todos los ciudadanos sean así y vivan así. Ni pueden ser así. Porque la consecuencia más fuerte, que se sigue de lo dicho, es precisamente la desigualdad. En esta sociedad, en la que tanta importancia tienen las libertades, inevitablemente el pez grande se come al pez chico. Y la consecuencia es que la economía, la riqueza y el bienestar se van concentrando, cada día más y más, en menos y menos privilegiados. Al tiempo que los más desgraciados crecen y crecen en más y mayor desamparo. De forma que los que mejor viven son cada día menos, al tiempo que los desamparados van en aumento, hasta el punto de que nos llevamos las manos a la cabeza porque en España han muerto treinta personas por el virus, el mismo día que, en el llamado “tercer mundo”, han muerto treinta mil de hambre y miseria.

Esto no tiene pies ni cabeza. Y nosotros: ¡angustiados por la pandemia! Lo cual es perfectamente comprensible. Pero me atrevo a decir que la pandemia tiene algo positivo: ha venido a decirnos que tenemos que repensar – y repensar muy a fondo – qué cultura, qué sociedad, qué economía, qué política, qué valores, qué derecho, qué religión… qué forma de vivir (en definitiva) hemos organizado, hasta lo más natural del mundo, cuando en realidad, esto es la deshumanización más salvaje que se ha podido inventar. Y si no, ¿cómo se explica que haya tanta gente que prefiere una fiesta, un botellón o una juerga, en una discoteca, aunque eso le cueste salir infestado con el virus que a todos nos asusta?

Y ya – puestos a decir – como yo he dedicado mi vida a lo de la religión y la teología, me pregunto (impresionado y hasta asustado) cómo es posible que, ante este panorama, haya tantos clérigos (carcas y progres, de derechas, de centro y de izquierdas) que se ponen a explicar el Evangelio y yo no sé lo que dicen, pero el hecho es que demasiada gente sale de la Iglesia más tranquila en su conciencia, pero pensando como pensaba antes del sermón. Con razón se ha dicho que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar”. Y no es de fiar, porque nos afianza en el convencimiento de que lo que importa es que se acabe la pandemia, se recupere la buena vida y el lujo. Y los cientos de millones, que se mueren de hambre, que se apañen como puedan. Pero que no vengan aquí a molestar.

Y yo me pregunto: ¿con esta religión y esta explicación del Evangelio, a dónde vamos? Es que, ni la espantosa desgracia de la pandemia, modifica nuestra manera de pensar en cuanto se refiere a lo que nos humaniza. Y a lo que nos deshumaniza.

El futuro está claro: saldremos de la pandemia. De lo que me temo que no vamos a salir es de nuestra manera de pensar y de vivir la importancia del dinero y la recuperación del buen vivir. Por más que los más desgraciados sean más y más desgraciados cada día.

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Celso Alcaina: “Jesús no instauró un determinado rito en la Última Cena”

Lunes, 17 de agosto de 2020

Compartir_el_pan“Dejó a sus seguidores un proyecto de vida en igualdad, justicia, libertad y amor”

“Toledo y su Corpus Christi, Lugo y su Sacramento, las Adoraciones Nocturnas, los Congresos Eucarísticos Internacionales, miles de presbíteros sin excluir altos jerarcas que ‘dicen’ Misa y, finalmente, los crédulos cristianos que aceptan y defienden la presencia real de Jesús en la Eucaristía. A estos se unirán los que en torno al templo han constituido sus negocios: restaurantes, tiendas textiles y otras”

“No sólo les metemos en sus cabecitas un absurdo integral y un trágala porque lo digo yo. Les obligamos, además, a pasar previamente por el confesionario, suscitando en ellos, inocentes, el sentimiento de culpa”

“Los cristianos primitivos eran conocidos por su estilo de vida, por cómo se comportaban con los demás y no por congregarse en templos”

“Entre los siglo IX y XV, los teólogos especulan sobre la presencia real de Jesús en el pan y el vino. Surge el término ‘transustanciación’: el pan y el vino se convierten en el cuerpo y sangre de Jesús”

Comprenderé el desagrado de personas e instituciones al leer este artículo. Intolerable, dirán. Toledo y su Corpus Christi, Lugo y su Sacramento, las Adoraciones Nocturnas, los Congresos Eucarísticos Internacionales, miles de presbíteros sin excluir altos jerarcas que “dicen” Misa y, finalmente, los crédulos cristianos que aceptan y defienden la presencia real de Jesús en la Eucaristía. A estos se unirán los que en torno al templo han constituido sus negocios: restaurantes, tiendas textiles y otras.

El que esto escribe se cree con derecho y obligación de desenmascarar una práctica secular que ha de ser calificada como falsa. Me avalan mis títulos académicos, mi actividad en el Vaticano, el estudio y la reflexión de medio siglo.

“El día más feliz de mi vida”. Es la frase que padres y educadores ponen en boca de sus inocentes niños el día de su primera comunión. Les hacen creer que el cuerpo de Jesús entra en su estómago cuando comen un pedacito de pan, la hostia, que el cura les entrega. Que beben sangre de Jesús al tomar unas gotas de vino. Habéis leído bien. El cuerpo vivo de Jesús de Nazaret, todo su cuerpo. La sangre borboteante de Jesús. No, no puede ser. Eso no puede ser. Es absurdo.

Los responsables eclesiásticos, incluidos Concilios y Papado, disfrazan esa tomadura de pelo con la palabra “mística”. Es decir, misteriosa, incomprensible, sin posible explicación. Lo mismo que la Trinidad, que la divinidad de Jesús o que el pecado original. Lo crees porque lo digo yo, aunque sea irracional y absurdo.

Limitándonos a los niños, cabe invocar la expresión “abuso de menores”. No sólo les metemos en sus cabecitas un absurdo integral y un trágala porque lo digo yo. Les obligamos, además, a pasar previamente por el confesionario, suscitando en ellos, inocentes, el sentimiento de culpa, de pecado. Y, lo más sorprendente y repugnante. Ese lavado de cerebro se protrae, incuestionado perezosamente, a la adolescencia y adultez. Incrustado durante toda la vida de los cristianos.

No haría falta recurrir a la historia del Cristianismo para ratificar el fraude que entraña la “transustanciación” o conversión del pan y vino en cuerpo y sangre. Siendo un absurdo, toda mente humana podría y debería rechazarla. Ello, independientemente de los pretendidos fundamentos históricos o bíblicos. Pero es que la historia y el movimiento cristiano avalan cuanto aquí denunciamos.

En el siglo I de nuestra era, años 50 – 100, los pocos seguidores de Jesús solían reunirse para conmemorar la vida de su Cristo. Lo hacían en casas particulares: cenas fraternales y solidarias. Todavía vivían apóstoles y discípulos directos de Jesús. Reproducían la última cena jesuánica. Ya entonces se observaron disfunciones. Excesos en el beber, segregación de los pobres. De las casas particulares se pasó a lugares comunes, embriones de las iglesias. A partir del siglo II, en sinagogas o centros comunitarios, las cenas declinaron y desaparecieron. Las reuniones se limitaban a oraciones, cánticos, homilías.

Todo cambió o se aceleró a partir del año 313. El emperador Constantino dio carta de naturaleza al Cristianismo, albergó en sus basílicas a los cristianos, se impuso el latín como lengua común y mandó construir iglesias tan espaciosas como necesario para dar cabida al creciente número de creyentes..

Del siglo IV al VIII, la Eucaristía (acción de gracias) sufre un importante cambio de significado. En base al dogma de la divinidad de Jesús proclamado en Nicea, se pasa a considerarla sacrificio como valor central, lo que provoca temor, distanciamiento y nula disposición a comulgar.

Entre los siglo IX y XV, los teólogos especulan sobre la presencia real de Jesús en el pan y el vino. Surge el término transustanciación: el pan y el vino se convierten en el cuerpo y sangre de Jesús. La Misa es la reproducción del “sacrificio”, el que Jesús culminó en la cruz. Se celebra en el “altar”, como los antiguos sacrificios judíos. Los sacerdotes son los funcionarios sagrados encargados de realizar ese sacrificio. Son los líderes de las comunidades que ya no dejarán de llamarse “sacerdotes”. Los fieles acuden pasivamente a esa Misa y se limitan a adorar al Señor en esa Eucaristía. Pero no comulgan, acaso por reverente temor. En el siglo XIII, el Concilio Lateranense IV tuvo que disponer y obligar a comulgar una vez al año por Pascua Florida…

A partir de ese siglo, surgen multitud de devociones y manifestaciones eucarísticas. Elevación del cáliz y de la hostia, exposición del Santísimo, fiesta del Corpus Christi, congresos eucarísticos, etc.

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Aclarar que la cultura judía prohibía consumir sangre de cualquier animal, más aún si era sangre humana. Por el contrario, otros ritos paganos daban sentido al “comer el cuerpo y la sangre de sus dioses”. Durante un milenio, a nadie se le ocurrió hablar de la “transustanciación” o presencia real de Jesús en el pan y vino. La Eucaristía, el recuerdo de la última cena, se limitaba a recordar y vivir el estilo de vida de Jesús. Los cristianos primitivos eran conocidos por su estilo de vida, por cómo se comportaban con los demás y no por congregarse en templos.

Jesús no pudo dejar en herencia bienes temporales. No los poseía. Tampoco instauró un determinado rito en la Última Cena. Dejó a sus seguidores un proyecto de vida en igualdad, justicia, libertad y amor. Por ese “Reino de Dios” luchó hasta entrar en conflicto con las autoridades políticas y religiosas. El resultado, la crucifixión.

Fuente Religión Digital

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¿A qué se debe que la Iglesia sea irrelevante en la sociedad?

Viernes, 31 de julio de 2020

42301465-947E-4AEF-94BA-6BE54ABEC5A6Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Notas Biográficas de San Ignacio

         S Ignacio nace en Loyola, Azpeitia, en 1491.

Cae herido gravemente en la defensa de Pamplona en 1521 en la defensa de Pamplona. En la larga convalecencia, comienza a fraguarse su conversión, que quedará plasmada en Manresa en 1.522. De esta época data su obra “Ejercicios Espirituales”: especialmente su primera meditación: Principio y Fundamento.

Tras una peregrinación a Tierra Santa estudiará teología en Barcelona, Alcalá, Salamanca y París. Será en París donde se encuentre y capte un grupo de jóvenes compañeros universitarios: Pedro Fabro, Fco. Javier, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás Bobadilla, etc.

En 1.534, el día de la Asunción, en la iglesia de Montmartre de París hacen los votos, que constituyen prácticamente el nacimiento de lo que será la Compañía de Jesús. Este grupo naciente tiene intención de marchar a Tierra Santa, pero si no pudieran hacer este viaje antes de un año, marcharían a Roma para ponerse a disposición del Papa. En 1.540 el papa Paulo III aprueba solemnemente este nuevo movimiento religioso: La Compañía de Jesús, que junto con los “Ejercicios” es la segunda gran obra de San Ignacio.

S Ignacio muere en Roma, donde está enterrado, en 1.556 (entre la segunda y tercera etapa del Concilio de Trento).

  1. Principio y fundamento

         La primera meditación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio es probablemente la piedra angular y lo más importante de la vida de San Ignacio y de toda existencia humana.

         También esta es la cuestión radical de nuestra vida: ¿Cuál es cimiento de mi vida? ¿Por qué y para qué vivo?

         Quien sabe de dónde viene y hacia dónde va en la vida, ya sabe mucho y definitivo en la existencia.

         Como en los viajes en avión, también en la vida hay muchas turbulencias y -a veces- pasamos por situaciones difíciles: enfermedades, crisis personales, problemas familiares, económicos, noches oscuras de tipo religioso, comunitario, eclesiástico. Pero todo se sobrelleva si tenemos un principio y fundamento, una piedra angular en la que apoyarnos.

         Esto para un creyente, para un cristiano es muy importante, es decisivo.

         El principio y fundamento del ser humano es Dios no la economía, ni el poder, ni unos líderes políticos o eclesiásticos. La roca que nos salva, la piedra angular es Dios (JesuCristo).

         Vivir desde este convencimiento profundo es fuente de una gran serenidad y confianza en la vida.

  1. Europa: Pretender eliminar nuestro propio pasado es destruirnos.

         Con alguna frecuencia ocurre que un presidente o líder político de una nación o de un estado no asiste a un acto religioso (en nuestro caso cristiano) que se celebra. Y la razón que aluden es que somos un estado aconfesional o laico. Estas escenas las hemos visto en Loiola y hace pocas semanas en el funeral por las víctimas de la pandemia celebrado en Madrid.

         Esto es de una cortedad y mala educación mental y cultural infinitas.

         Por una parte, los líderes políticos, más bien los gobernantes, gobiernan un pueblo en el que una gran mayoría son creyentes o de tradición cristiana. Ese pueblo merece un respeto y una dignidad por parte de sus dirigentes.

         Probablemente el estado tiene que ser aconfesional, laico, pero ha de respetar y convivir respetuosa y educadamente con las diversas tradiciones religiosas que existan en ese estado.

Por otra parte, si a mí me invita un amigo a su boda budista, o de otra religión, yo no puedo ser tan corto y tan necio como para no asistir a la celebración y luego que “me echen de comer”. Si no somos buenos, que no lo somos, al menos seamos inteligentes y educados.

         Muy genéricamente podríamos pensar que Europa se ha construido con un “poco” de filosofía griega (pongamos Platón) hace 2500 años), otro poco de ética judía (que eso es el Sinaí), y con una lectura cristiana de la vida desde la hondura de del Evangelio de JesuCristo y desde la ciencia, el pensamiento científico que va fraguando a partir del siglo XVIII.

         Cuando se oye o se lee en los medios de comunicación los juicios que se emiten respecto de nuestro pasado cultural, filosófico, religioso europeo, no es que sea algo malo, sino que muestran una ignorancia infinita. Europa se construyó en torno a un esquema de pensamiento y de valores, que podríamos concretarlo gráficamente en el camino de Santiago. Europa se construyó antes -y mejor- “caminando hacia Santiago que con el euro (pura cuestión económica). Detrás de lo que hoy denominamos comunidad europea no hay más que una comunidad económica: dinero, euros, ahí no hay más.

         ¿De dónde ha surgido la ética, el concepto de persona, los valores como el respeto al ser humano y la libertad, justicia, etc. si no es de nuestra propia traditio cultural-cristiana?

Otra cuestión serán las interpretaciones, adaptaciones del Evangelio a cada momento de la historia. Pero sin memoria no hay futuro.

  1. ¿Momento agnóstico, increyente?

         Tradicionalmente nuestro pueblo ha sido creyente, cristiano. Nuestras gentes eran creyentes, nuestra fe, nuestras costumbres y nuestro techo cultural era cristiano.  Se solía decir que no había un lugar del mundo en el que no hubiera un misionero vasco.

         Pero hoy en día es evidente que la marea cultural en la que vivimos el estado es aconfesional, muchas personas son agnósticas, algunos -los menos- llegan a ser ateos, y la mayor parte frívolos, superficiales y consumistas, que es el modus vivendi actual. También muchas personas -cristianas o no- son serias, honradas, aman la justicia, la paz, la bondad.

         ¿Qué nos ha pasado para que lo que “predica” la Iglesia tenga tan poco valor y vigencia en la sociedad? Las iglesias “están vacías” y tampoco la iglesia está presente en la sociedad. ¿A qué se debe, si no, la ausencia de una Palabra (logos) sensata, con sentido, de la iglesia en este gran problema en la pandemia? ¿A qué se debe que la iglesia haya pasado a ser irrelevante en la vida social, política, cultural?

         Cuando las cosas van mal, hasta los equipos de fútbol hacen “autocrítica”. La Iglesia no tolera una crítica ni se hace autocrítica ¿Qué nos ha pasado en la iglesia? O quizás, ¿qué hemos hecho del Evangelio? Es cierto que en la pandemia muchas parroquias, religiosos y religiosas, ong, etc. han prestado y prestan un gran servicio asistencial, cáritas, comedores sociales, etc. Pero la Iglesia -a excepción del papa Francisco- no sabe decir una palabra de consuelo, de esperanza, de ánimo, de bondad, de alivio sicológico, humano.   Los jerarcas siguen “erre que erre” con su doctrina y sus ritos, pero lejos del espíritu evangélico.

         Ni el mundo entra ya en la iglesia, ni la iglesia entra en el mundo.

         ¿Tal vez es que los eclesiásticos hemos dejado de lado el evangelio?

  1. el que quiera salvar su vida, la perderá.

        Esta expresión de Jesús: el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará, estará después muy presente en la espiritualidad ignaciana.

        Es una gran verdad: cuando nos buscamos siempre a nosotros mismos, terminamos siendo unos ególatras vividores.

        Vivir -humana y cristianamente- no es vegetar, “ni pasárselo bien”, ni tan siquiera ir a Misa según el aforo que nos permitan, vivir es convivir con los demás en el mundo, en familia, trabajo, comunidad eclesial, vivir es hacer, dar vida, sanar, creatividad.

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No, ésta vez no nos callan.

Sábado, 25 de julio de 2020

magdalena-jesus-640x480Magdalena Bennasar y Carmen Notario, SFCC,
Bilbao.

ECLESALIA, 20/07/20.- Iniciar un retiro largo el día de María de Magdala no es casualidad. Ha habido muchos astros alineados para que esto pudiera ocurrir, incluido el inicio del desconfinamiento con posibilidades de viajar. Lo cual es muy importante ya que nos juntamos gente de norte sur, este y oeste, si contamos los que participaréis online. También gente de varios países europeos y americanos de norte y sur, y de Egipto, hasta ahí que sepamos.

Me sale de dentro la expresión “No, esta vez no nos callan” tratando de entrar en el espíritu de nuestra hermana silenciada por el patriarcado tan pronto como se libraron de Jesús. Gracias a su amor más fuerte que la muerte y a la fuerza para realizar la tarea que Jesús le encomienda “ve y diles a los hermanos…”, ella es hoy, a lo largo y ancho del globo, en todas las iglesias cristianas, la primera testigo de la Resurrección, la primera apóstol de hecho, la primera predicadora, la primera que posiblemente, bendijo múltiples cenas en las que el Espíritu de Jesús se hacía presente a través de ella, enviada por Él, a decirles a los hermanos que Vive, que está entre nosotros y que en personas como ella, deja su legado y contagia su Espíritu.

¡Bendito contagio!  ¿Dónde están los y las contagiadas para que me acerque y les abrace y haga todo lo posible para contagiarme? Y aquí están, mujeres y hombres de todos los estados, edades e iglesias.

Nuestra comunidad Hermanas Para la Comunidad Cristiana (SFCC) celebramos estos días el 50 aniversario de fundación. Precisamente gracias a un contagio de los que estamos hablando, otra mujer, veinte siglos después, intrépida e inteligente descubre una fórmula de seguimiento que da respuesta al momento y al futuro.

Contagiada e inspirada por el espíritu de las primeras comunidades y del concilio Vaticano II en el que participó como oyente, por supuesto,  Lillana Kopp da forma junto con un grupo de pioneras como ella, a un estilo de comunidad que se te mete por los poros.

A nosotras nos dio la fuerza para pedir el “indulto” -así se llama en derecho canónico- (qué ofensivo) cuando quieres salir de una congregación o instituto religioso. Como decía nos dio la fuerza para dejar más de 40 años en nuestra primera comunidad, para iniciar otro proceso, con esta comunidad ecuménica. Estos días hace un año de nuestro compromiso final y llevamos casi un año con un grupo de 10 personas haciendo el proceso de pertenencia, contagiados por ese mismo espíritu. Entre ellos un joven de 29 años que con su pareja de otra iglesia, desde Bruselas, caminan con nosotros, la mayoría ronda los 50, algunos hemos cumplido los 60: varias médicas, una bióloga, profesores, maestras, empresarias, relaciones internacionales, teólogas…, también personas sin “títulos”, queriendo llevar el espíritu de Jesús a todos los lugares donde nos movemos.

Formamos parte del tejido social europeo, con tendencia a ser críticos, a ser gente que cultiva su espiritualidad y desde ese silencio habitado toma decisiones de cómo mejor invertir los talentos y carismas recibidos para realizar juntos el sueño de Jesús.

Tenemos que recoger la antorcha de las “marías de magdala” que a lo largo de la historia se han jugado la vida para que el espíritu del resucitado no se encerrara en instituciones rancias y mucho menos en un patriarcado podrido y repugnante.

Para ello, todo esfuerzo es poco, la ilusión que tenemos el grupo que podremos juntarnos el  día 22 en Haro (La Rioja, España) es incalculable. Y luego estáis tantos otros  online. Esta última forma puede hacerse a la par que hacemos el retiro o recibir los audios por mail y hacer tu retiro cuando puedas y donde puedas. Todo está ahí.

María de Magdala a nosotras nos saca de nuestras catacumbas donde por persecución real  a través de difamación… nos han metido varias veces, con las secuelas que estos confinamientos dejan… pero esto es imparable. La Vida cuanto más raíces profundas echa, como el bambú, más alta y fuerte se hace.

Desde el espíritu de Jesús, el de María Magdalena y el de Hermanas Para la Comunidad Cristiana os invitamos a vivir unos días orando, escuchando, paseando por el sagrado templo de la naturaleza, con el corazón abierto al espíritu profético que hoy se necesita desesperadamente.

Basta de misas aburridas, ahora entre mascarillas y calor es bastante rollo, anoche casi salimos enfermas: la homilía donde “el varón ordenado solamente puede predicar” fue la narración de un cuentito de dos minutos. ¿Qué? Sí. Para alimento de la semana de la comunidad cristiana… porque lo dicen ellos. ¿Lo mejor? la brevedad. Sentadas en los bancos había varias teólogas, catequistas, religiosas, seglares comprometidos, y llega el de turno y suelta el cuentito.

No, esta vez no nos callan.

Todavía quedan una o dos plazas presenciales y todas las que queráis online. Pedimos una matrícula, porque es justo y además lo necesitamos, pero esto no impedirá que nadie que desee hacer el retiro lo haga. Siempre hay alguna beca, que llega en su justo momento. Os esperamos.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: espiritualidadintegradoracristiana.es

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José M. Castillo: “Con limosna, oración y ayuno hemos conseguido que funcione el gran teatro de la religión”

Martes, 7 de julio de 2020

cardenal-Canizares-celebracion-puerta-cerrada_2214988558_14431580_660x371De su blog Teología sin Censura:

“La hipocresía ha deformado el hecho religioso” 

Si Dios está en lo secreto, escucha lo secreto y se fija sólo en lo secreto, porque “se hizo como uno de tantos” (Flp 2, 7), “Palabra” que “se hizo carne” (Jn 1, 14), el “Dios kenótico”, vaciado de sí mismo (Flp 2, 5-7), esclavo de todos (Mt 20, 28), si es que todo esto es así, ¿no apunta a un “cristianismo laico” en una “sociedad laica”?”

“Si todo esto es lo que creemos, ¿a qué viene el rector de la universidad católica de Murcia echando mano del demonio que nos amenaza?”

Una de las cosas más patentes, que nos ha dejado la pandemia del coronavirus, ha sido lo que nos gusta la teatralidad sagrada a quienes vamos por la vida diciendo que tenemos creencias religiosas. Porque es un hecho patente que hemos organizado nuestra religiosidad de forma que, sin darnos cuenta de lo que hacemos, en realidad practicamos el amor al prójimo (la limosna), la relación con Dios (la oración) y la austeridad de vida (el ayuno) de forma que, con esos argumentos y sus actores, hemos conseguido que funcione el gran teatro de la religión.

No estoy atacando el hecho religioso. Lo que estoy diciendo es que hemos deformado ese hecho hasta tal punto, que lo hemos convertido en un teatro. Así, ni más ni menos, lo dice el Evangelio: a los que dan limosna, a los que rezan y a los que ayunan, Jesús les dice que son “hipócritas”, si hacen esas presuntas bondades de forma que lo que pretenden es “llamar la atención” (Mt 6, 1-6. 16-18).

Téngase en cuenta que el término griego “hypokrités” designa literalmente al que es un “actor teatral”. De forma que los “hypokritai”, a los que se refiere Jesús, son personas que “no buscan el honor de Dios”, sino que en realidad lo que pretenden es lograr su propio honor (H. Giesen). Y de sobra sabemos que las prácticas religiosas son actuaciones adecuadas para que quien las practique sea considerado como persona generosa, piadosa y ejemplar.

Por desgracia, este tipo de personas abundan en los ambientes religiosos. Concretamente, en casi todos los ambientes de la Iglesia. En esta Iglesia que lee y dice que cree en el Evangelio, justamente en el texto que afirma “Dios ve lo secreto”, que “Dios está en lo secreto”, que “Dios se fija en lo secreto (Mt 6, 4. 6. 18).

Ahora bien, si Dios está en lo secreto, escucha lo secreto y se fija sólo en lo secreto, porque “se hizo como uno de tantos” (Flp 2, 7), “Palabra” que “se hizo carne” (Jn 1, 14), el “Dios kenótico”, vaciado de sí mismo (Flp 2, 5-7), esclavo de todos (Mt 20, 28), si es que todo esto es así, ¿no apunta a uncristianismo laico en una “sociedad laica”?

Ahora bien, si todo esto es verdad, si todo esto es lo que creemos, ¿a qué viene el rector de la universidad católica de Murcia echando mano del demonio que nos amenaza? O ¿qué pretende el cardenal de Valencia al prevenir de los extravagantes y machistas peligros que puede entrañar la vacuna del virus? Las catedrales vacías, las parroquias cerradas, romerías suprimidas, tantas prácticas religiosas abandonadas, seminarios y conventos en los que no entra nadie…, todo esto, que nos parece una ruina y un fracaso, ¿no es, en realidad, el zarandeo y el reclamo, que tanto venía necesitado la Iglesia, para caer en la cuenta y tomar conciencia de que ha llegado la hora de tomar en serio el Evangelio?

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José M. Castillo: “Jesús no habló de templos, ni de conventos, ni organizó una religión como la que tenemos”

Lunes, 29 de junio de 2020

Unidad-solidaridad-salir-crisis_2218888099_14468949_660x371De su blog Teología sin censura:

“Se les está escapando de las manos a los sacerdotes” “Cada día que pasa, la vemos y la palpamos más y más en ‘lo profano'”

“La religiosidad está en el proyecto de vida y en la forma de vivir que cada cual asume, hace suya y pone en práctica”

“El proyecto del Evangelio de Jesús desconcertó incluso a Juan Bautista”

24.06.2020 José María Castillo

Se viene diciendo, desde hace décadas, que la religión está en crisis. Y ahora, con la pandemia del coronavirus, la crisis religiosa se ha puesto en evidencia de forma más patente y descarada. Las ceremonias, costumbres y prácticas religiosas (misas, bautizos, bodas, procesiones…), se abandonan; los seminarios y los conventos se van quedando vacíos, etc., etc. El hecho es evidente y no admite discusión. Ni siquiera me interesa darle vueltas en mi cabeza a los motivos que pueden explicar por qué se está produciendo este desplome religioso.

¿Es que no me importa, ni me interesa, esta crisis creciente del ”hecho religioso”? Nada de eso. Me interesa. Y mucho. Lo que pasa es que yo veo todo este asunto desde otro punto de vista. La religión no está desapareciendo. Se está desplazando. Se está saliendo de los templos. Se les está escapando de las manos a los sacerdotes. Se desvincula de “lo sagrado”. Y cada día que pasa, la vemos y la palpamos más y más en “lo profano”. El centro de la religión ya no está “en el templo”, está “en la vida”. Y en la defensa, protección y dignificación de la vida. Además, la religiosidad está en el proyecto de vida y en la forma de vivir que cada cual asume, hace suya y pone en práctica.

Escribo esto el día 24 de junio, el día de San Juan Bautista. El padre de Juan era un sacerdote (Zacarías) y su madre (Isabel) era de la familia de Aaròn (Lc 1, 5), la familia sacerdotal en sentido pleno. Lo lógico habría sido que Juan hubiera ejercido de sacerdote en el templo. Pero no. Juan se fue al desierto (Lc 1, 80). Juan vio que el futuro no estaba en el templo y en sus ceremonias religiosas. Juan pensó que el problema capital era la conversión de los pecadores. Y eso es lo que predicó en sus sermones a la gente (Lc 3, 1-14).

Pero Jesús vio que el desplazamiento de la religión tenía que ser más radical. Por eso, cuando Juan se enteró (estando ya preso en la cárcel de Herodes) de las “obras” que hacía Jesús, le mandó dos discípulos a preguntarle: “¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otros?” (Mt 11, 2-3; Lc 7, 18). El proyecto del Evangelio de Jesús desconcertó incluso a Juan Bautista. ¿No nos va a desconcertar a nosotros también?

La respuesta de Jesús a los discípulos de Juan es la clave: “Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan… (Mt 11, 4-5 par). Y conste que lo más elocuente, de lo que dijo Jesús, es el final: “Y ¡dichoso el que no se escandalice de mí!” (Mt 11, 6). Cuando la preocupación central de la religión no es el pecado, sino que es la salud de los que sufren, hay gente que se escandaliza. Justamente lo que estamos viviendo, desde hace varias semanas. Ya no se aplaude a los curas y sus ceremonias. Se aplaude a los médicos y a quienes les ayudan para superar y vencer la pandemia, el sufrimiento, el abandono de tantos enfermos.

¿Qué hacía Jesús? ¿Qué nos dice el Evangelio? Jesús no habló de templos, ni de conventos, ni organizó una religión como la que tenemos. Si el Evangelio tiene razón, recordemos lo que Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén….. Se acerca la hora…, ya ha llegado, en que los que dan culto verdadero, adorarán al Padre espíritu y en verdad” (Jn 4, 21-24). Discuten los entendidos el sentido exacto de este texto. Lo que no admite dudas es que Jesús afirma que la adoración a Dios no está asociada a un lugar determinado. Tengas templo o no lo tengas, lo importante de verdad es la honradez, la honestidad, la bondad, la lucha contra el sufrimiento y el empeño por humanizar este mundo y esta vida.

“Lo lógico habría sido que Juan hubiera ejercido de sacerdote en el templo. Pero no. Juan se fue al desierto”

¿Es esto lo que estamos viviendo? ¿Es esto lo que aplaude la gente? ¿Es éste el nuevo giro que (empezando por la forma de ser y de vivir del papa Francisco) está tomando la Iglesia? Lo más lógico es pensar que la religión no se hunde. Se está desplazando. Y a mí, lo que me parece es que está abandonando el templo. Y está recuperando el Evangelio. No como creencia religiosa (que eso lo teníamos muy claro), sino como forma de vida. Una forma de vivir de la que estamos muy lejos. Y que urge recuperar cuanto antes.

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Julio Puente López: Para el cristiano es esencial dar culto a Dios cuidando a su prójimo, no las doctrinas y ritos.

Martes, 16 de junio de 2020

solidaridad3“Sin perdón mutuo el mundo no tiene futuro”

“Simplificando y purificando sus complejas estructuras la Iglesia podría responder mejor a las necesidades del mundo actual”

“Debe llegar a ser una asamblea fraterna donde la mujer tenga el reconocimiento y la posición que le corresponde, donde no existan dos clases de cristianos, los clérigos y los laicos”

“Uno duda, por ejemplo, del cristianismo de aquellos que, ante la tragedia que supone para miles de familias el cierre de Nissan en Barcelona, solo se fijan en la lengua en que se hacen las protestas”

La pandemia ha sido un terremoto que ha sacudido muchas conciencias y, aunque nada nos garantiza que no volvamos a la cómoda rutina anterior, deberíamos ser capaces en adelante de vivir el cristianismo con más autenticidad. El deseo de muchos es que la Iglesia sea más samaritana, que renuncie, por ejemplo, a pautar con sus fiestas religiosas, obligaciones y devociones la vida de la sociedad civil, que simplificando y purificando sus complejas estructuras pueda responder mejor a las necesidades del mundo actual. La Iglesia debe llegar a ser una asamblea fraterna donde la mujer tenga el reconocimiento y la posición que le corresponde, donde no existan dos clases de cristianos, los clérigos y los laicos, y donde ningún cristiano sea discriminado. Porque entre nosotros no debe ser así (cf. Mt 20, 26).

A lo largo de los siglos, un exceso de doctrina, de cánones, de devociones y ritos ha hecho que el cristianismo quede en manos de los clérigos especializados. Pero en este tiempo de pandemia el confinamiento nos ha mostrado aquello que no era esencial en la vida del cristiano: la mediación de los clérigos y el sometimiento de los fieles, la fría y aparatosa liturgia de los templos, tan lejos de lo que dice el evangelio de Juan en 4, 21-24. Porque no es esencial aquello de lo que se puede prescindir en circunstancias excepcionales.

Hay cosas, sin embargo, que son imprescindibles, como la salud, el pan, el trabajo y la solidaridad. Y para el cristiano es esencial dar culto a Dios cuidando a su prójimo, al igual que la oración y el arrepentimiento que concede el Espíritu de Dios también a los no cristianos y que lleva a la vida (cf. Hch 11, 18).

Después de abrir los ojos a lo que sucede a nuestro alrededor, -y para ello basta leer esa impactante crónica en RD sobre los “ataúdes de cartón para cuerpos desechables” de Irene López Alonso-, causa desazón ocuparse de temas menos relevantes. Pero hay que liberarse de lo que William Schweiker llama la “peligrosa lógica del camino de la vida y del camino de la muerte, de los salvados y de los condenados, que va de la Didajé al terrorismo fanático de nuestros días” (Theological Ethics and Global Dynamics). Horroriza pensar que la única respuesta que pueda tener algún cristiano ante la pandemia sea la doctrina de los novísimos y los ritos sacramentales. Los sacramentos no son ídolos.

La Iglesia de Cristo tiene que “ponerse la mascarilla” y atender al hombre que sufre. Sin hacer acepción de personas. Uno duda, por ejemplo, del cristianismo de aquellos que, ante la tragedia que supone para miles de familias el cierre de Nissan en Barcelona, solo se fijan en la lengua en que se hacen las protestas. Deberían recordar que el idioma del sufrimiento humano es único y común. Frente al coronavirus, por fortuna, ha habido más humanidad y nadie se ha empeñado en que una parte de la población siga siendo invisible. La comunidad cristiana, representada por tantos sanitarios, ha sabido atender al enfermo. Los trabajadores de los hospitales son los que ofrecen al enfermo los gestos reveladores de la cercanía de Dios, a veces, los últimos gestos y palabras, los últimos sacramentos. Su cuidado es oración por el que sufre (cf. St 5, 14-15). Tuvieran o no presente la enseñanza del Evangelio en Mateo 25, 36, o la parábola en Lucas 10, 29-37, esos trabajadores son bendecidos por Dios.

Todo esto no nos hace olvidar que el mal sigue existiendo. Lo hemos comprobado estos días en la actuación criminal que costó la vida al ciudadano estadounidense George Floyd y originó las subsiguientes explosiones de violencia que incendiaron muchas ciudades. Pero la solicitud solidaria ha prevalecido en estos tiempos del coronavirus y hemos de interpretar estos signos de nuestro tiempo como una llamada a cambiar nuestra forma de gestionar los asuntos temporales. “La espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar la preocupación de perfeccionar esta tierra” (GS 39). La muerte y el sufrimiento no agotan la verdad de la vida humana.

Tenemos, pues, que replantearnos nuestras prácticas religiosas. ¿Cómo celebrar la eucaristía si el pan no llega a todos y “el lujo pulula junto a la miseria”, hoy lo mismo que en tiempos del Vaticano II? ¿Y cómo alcanzar el perdón de Dios si seguimos recurriendo a la violencia para resolver nuestros problemas? Sin perdón mutuo el mundo no tiene futuro. Y es en los hospitales y en las casas de las familias confinadas donde unos a otros se han administrado el sacramento del perdón, donde se ha compartido el pan y se ha agradecido la vida a Dios. Son gestos esenciales en el cristianismo. Pero esta crisis nos ha mostrado que ya no podemos seguir celebrando los sacramentos de la confesión y de la comunión de la misma manera. ¿Tendrán los fieles que llevar las obleas desde sus casas, mostrarlas en sus manos extendidas en el momento de la consagración para comulgar luego a la vez que el sacerdote? Tal vez habrá que pensar en una celebración doméstica al estilo de los primeros cristianos. Una comida entre cristianos debería ser siempre una eucaristía.

Después de haber visto tanto sufrimiento y tanta muerte tenemos que tener “entrañas de misericordia”. No podemos seguir cargando “pesados fardos sobre las espaldas de la gente” (Mt 23, 4). La ineludible distancia social ha desdibujado, por ejemplo, el papel del clérigo confesor. Las necesidades rituales que hemos creado en las conciencias de los fieles nos obligan a usar ahora en los confesionarios las mascarillas, pero también convendría recordar estas palabras del Vaticano II: “sepan que están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos” (LG 41). Y si están unidos a Cristo no precisan de la confesión ante el sacerdote, un gesto que hoy podría ser letal.

El don de Dios que es el arrepentimiento y el perdón no podemos hacerlo depender de un rito fijado por la jerarquía. La confesión de los pecados a un sacerdote podría ser algo opcional, simplemente una alternativa a la celebración comunitaria de la penitencia. Recurrir a la tecnología con ideas peregrinas, pensar, por ejemplo, en máquinas expendedoras de obleas en las iglesias o en confesiones y absoluciones a través de los móviles, algo que podría interpretarse como un espurio interés por seguir manteniendo los poderes sagrados del clero, no indicaría más que la profunda cosificación y deshumanización de la práctica religiosa. Evitemos que los fieles crean que los virus se vencen con chamanes, amuletos y estampitas. Ese tipo de religión debe quedar atrás.

“¿Cómo celebrar la eucaristía si el pan no llega a todos y “el lujo pulula junto a la miseria”, hoy lo mismo que en tiempos del Vaticano II?”

Nuestro mundo celebra que “la pauta de la espiritualidad” de la Iglesia sea la del buen samaritano del evangelio, como dijo del Vaticano II el papa Pablo VI en su discurso de clausura del concilio, y como defiende hoy el papa Francisco. Pero no hay que olvidar que el hombre moderno considera irrenunciable que se haya reconocido la justa autonomía de la ciencia y de la realidad temporal (cf. GS 36). Esta pandemia entonces debe servirnos para acertar tanto en la reforma de la Iglesia como en la organización de la convivencia civil.

Ciertamente seguirá habiendo religiosidad popular, pero con más conciencia de lo que es verdadero cristianismo. Y volveremos al ocio y a la cultura, intentaremos ser felices, pero ahora sabemos que sin solidaridad, sin investigación y trabajo serio no es posible una vida mejor para todos.

Fuente Religión Digital

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“Cada domingo”. 14 de junio de 2020. Cuerpo y Sangre de Cristo. Juan 6, 51-58.

Domingo, 14 de junio de 2020

corpuschristiPara celebrar la eucaristía dominical no basta con seguir las normas prescritas o pronunciar las palabras obligadas. No basta tampoco cantar, santiguarnos o darnos la paz en el momento adecuado. Es muy fácil asistir a misa y no celebrar nada en el corazón; oír las lecturas correspondientes y no escuchar la voz de Dios; comulgar piadosamente sin comulgar con Cristo; darnos la paz sin reconciliarnos con nadie. ¿Cómo vivir la misa del domingo como una experiencia que renueve y fortalezca nuestra fe?

Para empezar, hemos de escuchar con atención y alegría la Palabra de Dios, y en concreto el evangelio de Jesús. Durante la semana hemos visto la televisión, hemos escuchado la radio y hemos leído la prensa. Vivimos aturdidos por toda clase de mensajes, voces, noticias, información y publicidad. Necesitamos escuchar otra voz diferente que nos cure por dentro.

Es un respiro escuchar las palabras directas y sencillas de Jesús. Traen verdad a nuestra vida. Nos liberan de engaños, miedos y egoísmos que nos hacen daño. Nos enseñan a vivir con más sencillez y dignidad, con más sentido y esperanza. Es una suerte hacer el recorrido de la vida guiados cada domingo por la luz del evangelio.

La plegaria eucarística constituye el momento central. No nos podemos distraer. «Levantamos el corazón» para dar gracias a Dios. Es bueno, es justo y necesario agradecer a Dios por la vida, por la creación entera y por el regalo que es Jesucristo. La vida no es solo trabajo, esfuerzo y agitación. Es también celebración, acción de gracias y alabanza a Dios. Es bueno reunirnos cada domingo para sentir la vida como regalo y dar gracias al Creador.

La comunión con Cristo es decisiva. Es el momento de acoger a Jesús en nuestra vida para experimentarlo en nosotros, identificarnos con él y dejarnos trabajar, consolar y fortalecer por su Espíritu. Todo esto no lo vivimos encerrados en nuestro pequeño mundo. Cantamos juntos el Padrenuestro sintiéndonos hermanos de todos. Le pedimos que a nadie le falte el pan ni el perdón. Nos damos la paz y la buscamos para todos.

José Antonio Pagola

 

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