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“La cruz y la cama”, por Carlos Osma

Sábado, 15 de junio de 2019

cruzcamaDe su blog Homoprotestantes:

Cuentan los evangelios que mientras Jesús agonizaba en la cruz las personas que pasaban por delante de tan terrible escenario le decían: “¡Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz!”. Y es que claro, tenían razón, los Hijos de Dios tienen otros sitios más honrosos donde morir: en su cama por ejemplo. Desde entonces hasta ahora, aquellos mensajes inhumanos han cambiado mucho, y ahora los guardianes del orden nos dicen a nosotras que para ser “Hijas de Dios” hemos de descender de nuestras deshonrosas camas, y subirnos a sus maravillosas cruces de neón para que todo el mundo pueda ver lo divinas que somos. No sé, pero tengo la sensación de que para mucha gente el cristianismo es un viaje de la cruz a la cama, o de la cama a la cruz.

Es verdad que podríamos decir que, tal y como se narra en los evangelios, la vida de Jesús fue un camino de la cama a la cruz, o mejor dicho del cajón donde se daba de comer a las bestias en el que su madre lo acostó al nacer, a la cruz del Gólgota donde el poder Romano lo hizo crucificar junto a otros dos malhechores. La cama y la cruz fueron para Jesús dos lugares no escogidos en donde se hizo patente que existía un poder político, pero también religioso, que controlaba su vida de principio a fin. Fue el edicto de Julio Cesar el que motivó que sus padres tuvieran que viajar hasta Belén, y fue la condena del Gobernador Poncio Pilato la que le llevó hasta el Gólgota.

Las camas y las cruces de las personas LGTBIQ son lugares donde los poderes patriarcales y LGTBIQfóbicos nos sacan y nos meten a conveniencia. Si nos mantenemos en silencio nos crucifican, si lanzamos gritos de dolor al infinito, nos vuelven a crucificar. En ese lugar, en el Gólgota, donde nos llevan a la fuerza tras golpearnos toda la vida con sus látigos de cuero negro, nos levantan para mostrar nuestra caricatura al resto del mundo y para exponer de una forma deformada quienes somos. Allí, en cada una de las cruces que decoran sus iglesias, nos cuelgan todos los días junto a otras malhechoras. Y lo hacen mientras nos invitan a bajarnos de ellas y comportarnos como “Hijos de Dios” en alguna de sus terapias reparativas. Pero si por el contrario hemos decidido ser felices y alejarnos de sus cruces sangrientas y sus terapias diabólicas, entonces nos sitúan en la cama, y allí nos representan como depravadas sexuales que se dejan llevar por sus instintos. Ya no somos cuerpos deformes, sino puro sexo, animales salvajes y nada más. De la cama a la cruz, o de la cruz a la cama. Un círculo enfermizo nacido de mentes que no pueden estar muy sanas.

Lo interesante de Jesús es que fue consciente de la existencia de poderes que le querían condicionar, a él y al resto de seres humanos que tenía a su alrededor. Poderes que en su época se podían denominar demoníacos, pero también otros que tenían nombres propios. Y ante ellos, no optó por bajar la cabeza, no escogió ni la cruz ni la cama como lugares donde vivir ante el resto del mundo, sino los espacios en los que era necesario hacer oposición activa a cualquier poder que limitaba la libertad y la vida de las personas. Por eso me resulta tan difícil entender el cristianismo de tanta gente que no choca nunca con los poderes que pretenden condicionarlas, que les van chupando la sangre hasta dejarlas sin vida. Personas que no han escuchado a nadie merodeando en sus camas y diciendo que se puede hacer en ellas, o que jamás han visto la vida desde lo alto de una cruz hecha a su medida.

No hay otra forma para salir de la falacia que va de la cama a la cruz y de la cruz a la cama que seguir el ejemplo de Jesús, de todos aquellos momentos de su vida que él si escogió y que no le fueron impuestos de una manera absoluta. La cama y la cruz no son lugares que debamos evitar, por razones bien diversas nuestras vidas se componen también de ellos. Pero no únicamente de ellos. Lo que determina quienes somos, no está ahí, sino lo que nos lleva hasta ellos, y cómo hemos sido capaces de luchar contra esos poderes para ser más libres. Yo diría que verse a uno mismo en el prójimo, y al prójimo en uno mismo, fue el motor que sí podría definir la vida de Jesús. Ese fue el poder al que él sirvió, más allá del resto de poderes que como a cualquier mortal lo influyeron y condicionaron. Y ese, el prójimo, es el lugar que da sentido al cristianismo y que nos puede alejar de esos círculos absurdos que se construyen entre nuestras camas y nuestras cruces.

A Jesús se le expulsa de la cama, y no tanto por motivos históricos, sino porque lo que podría ocurrir en ella a la mayoría de la gente le parece poco divino, y se le sube a una cruz donde demostrar con su sufrimiento que fue fiel al mandato de su Padre. No sé lo que ocurre, o no ocurre, en la cama de estas personas para pensar de esta manera. Pero también hay veces que se le baja de la cruz a marchas forzadas porque el fracaso es demasiado desestabilizador para teologías infantiles, y se le lleva solo y envuelto en una sábana hasta la cama que será el sepulcro donde resucitará milagrosamente. Me pregunto qué vidas tan naifs tienen estas personas que son incapaces de integrar el fracaso en sus teologías.

La cama y la cruz de Jesús, y también las nuestras, son lugares vigilados por poderes que nos controlan y pretenden condicionarnos de manera absoluta. Y el mensaje de vida de Jesús es que podemos resistirnos a ellos, aunque a veces nos venzan y dejemos entrar en nuestra cama ideologías de muerte, o en nuestras cruces teologías sin experiencia. El sentido que tienen nuestras cruces y nuestras camas no se encuentran en ellas mismas, sino en lo que ocurre entre ambas. La cuna de Belén y la cruz del Gólgota solo pueden entenderse a través de la vida de Jesús, de su implicación en la vida de muchas personas que eran los daños colaterales de normas y leyes divinizadas por poderes con intereses demasiado humanos. Es en la vida compartida con el prójimo donde se puede percibir que la liberación, la salvación, es el origen y la meta de la fe cristiana. Es desde allí desde donde acabaremos con los poderes que quieren someternos. Sin prójimo, ni cama ni cruz tienen sentido.

Carlos Osma

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Antonio Aradillas: “¡Mil mujeres muertas!”

Sábado, 15 de junio de 2019

asesinando-violencia-machista_2130396944_13673027_660x371“La cifra es escandalosa, escalofriante, asombrosa y terrible”

 “Al matar a una mujer, se mata a una madre, a una hija, a una hermana, a una abuela…Con su muerte, se quedan huérfanos, o no nacen, niños y niñas…”

“Mil mujeres son muchas mujeres. Su letanía es indescriptible y merecedora la mayoría de ellas, de haber ascendido ya con todos los honores al listado del martirologio”

La cifra es realmente escalofriante, asombrosa y terrible.  En nada menos que “mil” fue fijada la cantidad  de mujeres muertas, asesinadas o sacrificadas, por sus respectivas parejas, exparejas, aspirantes a pareja o lo que sea, oficialmente registrada desde el año 2003 en España, hasta el día 11 del presente mes de junio.

Y lo más grave del caso  es que, tal y como auguran  los técnicos y estudiosos en estas materias, los tiempos futuros dan la impresión de ser  menos benevolentes, sino todo lo contrario. Los noticiarios y espacios informativos se están encargando, con puntualidad, datos y detalles bochornosos y horripilantes, de tener al personal al corriente de  tan sangrante y cruel espectáculo.

A estas, por ahora, mil mujeres, las matan los hombres–varones, fundamental y degradantemente  porque ellas son mujeres-mujeres  y, mientras  ellos sean más hombres, siguen y seguirán siendo más  maltratadores y matones. Así se escribe la historia. Sus capítulos se desarrollan  con identidad dramática, cambiando solo los nombres y los apellidos  y alguna que otra circunstancia, agravante o eximente.  La imaginación de los pobres no da más de sí, y lo que importa salvar es que la palabra “varón” procede de “vir”, que, por encima, o  al margen de “virtud”, su fuente semántica más real y practicada  es la que se relaciona con la “fuerza”.

Manantiales secos de besos y abrazos

No cuentan en demasía, sino todo lo contrario, las preclaras y humanitarias condiciones de que, al matar  a una mujer, se mata a una madre,  a una hija,  a una hermana, a una abuela…Con su muerte, se quedan huérfanos, o no nacen,  niños y niñas.. Ni los abuelos podrán ya hacerles regalos, ni comprarles chucherías, aún en contra del criterio de sus respectivos padres y educadores, ni reír sus travesuras y ocurrencias buenas o “malas”, ni contarles cuentos, ni referirles los resultados de sus competiciones deportivas en el patio del “cole”, ni besarlos ni ser besados por ellos…

Matando a las mujeres, se mata también a las novias, con lo que se secan para siempre manantiales de besos y abrazos…Las puestas de sol, compartidas,  se borran indefinidamente, al igual que los más bellos y delirantes recuerdos propios y específicos de novios y  novias. Las despedidas se  vestirán sempiternamente de luto, al igual que toda esperanza de encuentro y recibimiento al regreso imposible de cualquiera  de ellos. De aquí en adelante, las llaves- todas las llaves- jamás abrirán. Solo servirán para cerrar y encerrar.

Sobre no pocas tumbas de las mujeres así sacrificadas  y muertas, harán sus nidos  los pájaros negros de indignos comentarios de algunos –y algunas-, de que “es posible  que parte de culpa de lo sucedido  también la tuviera la muerta…”

Sociedad, familia, Iglesia machistas

La sociedad, y la misma familia, todavía siguen siendo tan machistas o más, que los mismos machistas varones de primera división, con medallas, reconocimientos “oficiales” y ascensos  laborales, profesionales y tal vez “religiosos”.

Para las leyes –su redacción, interpretación y cumplimiento-, no es precisamente la mujer  objeto y sujeto de atenciones  especiales, tanto colectiva como personalmente. Entre otras cosas, porque  el de “persona” no es, para muchos,  atributo  absoluta y sagradamente  femenino. Más que nada, la mujer es de por sí no uno, sino muchos problemas, por lo que todas –casi todas- molestan, lo que exige prontas y definitivas soluciones, sean las que sean…

Para la misma Iglesia la mujer  es también un grave problema. Y lo es nada menos que “dogmático” o “semi dogmático”. Manadas de teólogos y de biblistas “oficiales” estarán siempre ”a la orden”  jerárquica para escudriñar  los textos “sagrados” , -“tradicionales de toda la vida”- con el fin de descubrir y potenciar  argumentos, signos y mentiras piadosas o impiadosas  condenatorios de la mujer, quien, por definición, es aliada  de Satanás con quien establece un indisoluble contubernio, tal y como en el colmo de locuras “teológicas” acaba de predicar uno de nuestros obispos, sin que la Curia le haya llamado la atención, sino que tal vez  reserve su nombre para posibles y santos  ascensos en el episcopado.

Mil mujeres son muchas mujeres. Su letanía es indescriptible y merecedora la mayoría de ellas, de haber ascendido ya con todos los honores al listado del martirologio cristiano. No sería decente olvidarse  de que el número de las muertes – muertes de las maltratadas no se reduce a las que sus nombres se hacen noticia sangrante en los titulares de las secciones de sucesos de los medios de comunicación al uso…”Los otros malos tratos”, es decir, los de dentro de casa, y  de los que hipócritamente casi nada se sabe, -aunque se presientan-, causan tan o más mártires…

Fuente Religión Digital

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Del “aliadismo” a la “violencia horizontal”: términos claves para una Iglesia inclusiva de verdad

Viernes, 14 de junio de 2019

Jesucristo_2108799208_13483660_660x371Del blog de Cameron Doody Don de lenguas / Gift of Tongues:

Nuevas relaciones, nuevas palabras… un paso más allá de las “alianzas” tradicionales en aras de una verdadera inclusión

“¿No es apremiante en la Iglesia una necesidad de llegar a un entendimiento común y compartido del lenguaje de la diversidad para fomentar la construcción de comunidad y comunicación efectiva dentro y entre la diferencia?”

Hace un mes la Oficina de Diversidad e Inclusión de la prestigiosa universidad privada estadounidense Amherst College publicó una Guía de Lenguaje Común, un documento de 36 páginas que pretendía ser, según su propio prefacio, “una guía a un lenguaje común y compartido sobre la identidad”. “Este proyecto nació de la necesidad de llegar a un entendimiento común y compartido del lenguaje para fomentar las oportunidades de construcción de comunidad y comunicación efectiva dentro y entre la diferencia”, se lee en la introducción al manual, quien también explica en qué consiste: “un listado de definiciones cuidadosamente investigadas y solícitamente discutidas de términos claves de la diversidad y la inclusión”.

Los responsables del manual también explican en el prefacio que ese listado “no es de ninguna forma un listado completo, pero es un buen comienzo”. “Entendemos que el lenguaje sobre la identidad, el privilegio, la opresión y la inclusión está siempre cambiando, evolucionando y expandiéndose”, avisaron. Pero pese a estas advertencias, la publicación del documento rápidamente desembocó en una fuerte polémica. ¿La razón? Las quejas de unos estudiantes –del club republicano de la universidad, en primer lugar– de que se coartaba la libertad de expresión con las definiciones de la Guía de términos claves sobre raza y etnicidad, género e identidad de género, identidad sexual y afectiva, clase, política, poder global y desigualdad y discapacidad.

La presidenta de Amherst College, Biddy Martin, compartió las críticas de los estudiantes republicanos y criticó el “enfoque muy crítico” que habían asumido los responsables de la Guía en su propósito de fomentar una identidad compartida en el campus.

Por muy “entendibles” que fueran las motivaciones de los impulsores del manual, escribió Martin en una carta a la comunidad universitaria, “cuando el enfoque tomado da por sentado un acuerdo en todo el campus sobre el significado de términos relativos a asuntos sociales, económicos y políticos, atenta contra los valores académicos de libertad de pensamiento y expresión”. “Yo ignoraba que el documento se estaba redactando y no autoricé su circulación”, continuó Martin. “Va en contra de nuestros esfuerzos de fomentar un intercambio de ideas abierto y el pensamiento independiente. No es un documento formal de la universidad y no se usará como si lo fuera”.

“La concienciación y el entendimiento de contextos y experiencias ajenos son vitales”, añadió la presidenta de Amherst. “El utilizar lenguaje que transmite respeto de estas diferencias es una parte vital de la construcción de la comunidad. Pero el prescribir un lenguaje y punto de vista particulares es anatema”.

Por su parte, el responsable de la Oficina de Diversidad e Inclusión, Norm Jones, escribió en un email a la comunidad de Amherst que la circulación de la Guía por toda la universidad fue “un error… por la insinuación de que la Guía está pensada para imponer en el campus un lenguaje y una expresión y una ideología”. La Guía “no representa el posicionamiento oficial de la universidad ni implica la expectativa de que todo el mundo en el campus deba utilizar ningún lenguaje particular ni compartir un punto de vista”, añadió Jones, explicando que el propósito de la Guía fue el de “ayudar a crear una mayor concienciación de las formas en las que muchas personas en Amherst y más allá entienden sus propias identidades”.

Tras la polémica presentación de la Guía, muchos han compartido las críticas del documento expresadas por los estudiantes republicanos y la presidenta Martin, tachándolo de “loco”, “orwelliano”, “la apoteosis de la política de identidades” y cosas parecidas. Pero yo prefiero tomar la Guía en el espíritu que sus responsables la pensaron: como un listado de definiciones provisionales hechas por expertos universitarios en estudios de la identidad y pensadas para ser estudiadas y debatidas. Como un “buen comienzo” al debate sobre la identidad grupal, entendiendo siempre que que “el lenguaje sobre la identidad, el privilegio, la opresión y la inclusión está siempre cambio, evolucionando y expandiéndose”.

Con esto en mente, entonces, pregunto: ¿no es apremiante en la Iglesia también la misma necesidad que alegaron los responsables de la Guía de Amherst “de llegar a un entendimiento común y compartido del lenguaje para fomentar las oportunidades de construcción de comunidad y comunicación efectiva dentro y entre la diferencia”? Si fuera así -y los muchos grupos marginados en la Iglesia seguramente pensarían que sí- ¿serviría para algo trasladar las definiciones de la Guía de Amherst a un contexto eclesial y teológico, para luego ser matizadas y modificadas, si hiciera falta?

Cualquier consideración de la política identitaria debe abordar obligatoriamente cuestiones difíciles tales como en qué consiste o debe consistir la lucha de las personas o identidades marginadas -la justicia redistributiva o la justicia del reconocimiento (véase el debate entre los filósofos Nancy Fraser y Axel Honneth)- o si el concepto de “identidad” en sí mismo no sucumbe al esencialismo o el subjetivismo. Por el momento, no obstante, quiero dejar estas cuestiones a un lado, y centrarme en la traducción de la primera parte de la Guía de Amherst, que tiene por título “terminología general”. En entregas futuras pienso terminar de traducir las ocho partes restantes de la Guía y, después, considerar su valor en términos filosóficos y teológicos.

Terminología general

Nota: los términos han sido reorganizados para que aparezcan en orden alfabético en español.

Aliadismo

El proceso de toda una vida de construir relaciones con las comunidades marginadas a las que no se pertenece. Esta es una práctica de presentarse, trabajar en solidaridad con los grupos marginados y poner en el centro sus necesidades y sus voces. Este trabajo debe hacerse según dirigen esas comunidades. Estos esfuerzos pueden ser llamados aliadismo solo por el grupo marginado. Actuar en aliadismo significa que estás trabajando activamente para desmantelar las estructuras de opresión. Véase cómplice para más información.

Aliado

Véase aliadismo.

Asimilación

El distanciamiento o abandono de la cultura, el idioma, los valores, la política y / o las tradiciones propios para avanzar y tratar de asumir la cultura y las características del grupo dominante. Esto sucede a menudo como respuesta a formas de opresión que incluyen sin ser limitadas a la xenofobia, el racismo, la cisheteronormatividad y la opresión religiosa, entre otros tipos de opresión.

Colusión

Pensar y actuar de manera que apoye los sistemas dominantes de poder, privilegio y opresión. Tanto los grupos privilegiados como los oprimidos pueden conspirar con la opresión. Ejemplo: personas sanas que se oponen a las estrategias para hacer que los edificios sean accesibles debido al gasto.

Cómplice

Un término acuñado por la Red de Acción Indígena para criticar las formas en el que “aliado” como término de identidad se ha desplegado sin acción, responsabilidad o asunción de riesgos. Se ha criticado este término debido a su asociación con la criminalidad, cuando muchas comunidades marginadas ya son consideradas como siempre criminales.

Construcción de coaliciones

Una forma de organización comunitaria que reúne a individuos o grupos interesados en lograr un objetivo común. La formación de coaliciones basadas en la justicia está arraigada en una visión de liberación colectiva.

Discriminación

Acción basada en el prejuicio. Cuando actuamos desde nuestros prejuicios, estamos discriminando.

Estereotipo

Una creencia, rasgo, característica o expectativa tomada como cierto de todos los miembros de ciertos grupos de identidad y que presenta una opinión simplificada, una actitud prejuiciosa o un juicio no crítico. Los estereotipos van más allá de las categorizaciones y generalizaciones necesarias y útiles en el sentido en el que suelen ser negativos y basados en muy poca información o en información inexacta. Una posible forma de perpetuar los estereotipos es mediante la representación en los medios de comunicación (o la falta de ellos).

Explotación

El acto de utilizar a las personas con fines de lucro o beneficio. Esto puede ocurrir interpersonal, institucional y sistémicamente. A menudo, se refiere al uso del trabajo físico, emocional e intelectual de otra persona sin una justa compensación, reconocimiento o consentimiento.

Fragilidad

Un estado en el que las identidades dominantes experimentan un estrés basado en la identidad como un factor desencadenante e intolerable, lo que lleva a una actitud defensiva, la hostilidad, la ira, la culpa, el silencio y / o la salida de la situación que induce al estrés. Algunos ejemplos clave de fragilidad incluyen la fragilidad blanca y la masculinidad frágil.

Hegemonía

La imposición de la ideología de grupo dominante a todos en la sociedad. La hegemonía hace difícil escapar o resistirse a “creer en” esta ideología dominante; así, el control social se logra a través del condicionamiento en lugar de la fuerza física o la intimidación.

Identidad social

Un tipo de identidad basado en la pertenencia a un grupo en relación con el poder y privilegio institucionales. Las identidades sociales son a menudo inmutables, aunque no siempre. Ejemplos de identidades sociales incluyen: raza, género y clase. (Las identidades personales no se consideran identidades sociales. Las identidades personales pueden incluir entusiasta de Harry Potter, miembro de un partido político, fanático de los Patriots [equipo de fútbol americano] o introvertido).

Igualdad

Tratar a todos como si fueran lo mismo. Un énfasis de igualdad a menudo ignora los factores históricos y estructurales que benefician a algunos grupos / comunidades sociales y perjudican a otros grupos / comunidades sociales.

Inclusión

Un esfuerzo intencional para transformar el status quo mediante la creación de oportunidades para aquellos que han sido históricamente marginados.

Interseccionalidad

Un término acuñado por Kimberlé Crenshaw para nombrar las intersecciones de múltiples sistemas de opresión, poder y privilegio que se refuerzan mutuamente. Se utilizó por primera vez para describir las experiencias de las mujeres negras en el sistema legal. Los teóricos interseccionales observan cómo la experiencia individual se ve afectada por múltiples ejes de opresión y privilegios. Estas fuerzas se agravan y se complican mutuamente.

Justicia social

1. Una orientación anti-opresión a la organización social y política.

2. El proceso y el objetivo de abordar las causas principales de los “-ismos” institucionales y estructurales.

3. Una visión del mundo donde todos los grupos de personas puedan vivir (y ser percibidas) como completamente humanos en todos los niveles (personal, social, institucional y estructural).

4. Una visión del mundo no arraigada en el predominio de ningún grupo sobre todos los demás. Tal visión incluiría reconocer el valor inherente y la conexión de todas las personas, animales, plantas y otros recursos de nuestro planeta y universo. Además, esta visión del mundo no estaría enraizada en un modelo de escasez que devalúa las cosas que son abundantes (a las que muchos pueden tener acceso o pueden adquirir) y valora altamente lo escaso o raro (al que muy pocos pueden tener acceso o adquirir).

Microagresiones

Las humillaciones verbales y no verbales y los mensajes denigrantes dirigidos a personas histórica y actualmente marginadas y que comunican desaires e insultos hostiles, despectivos o negativos. La acumulación y la frecuencia de tales acontecimientos cotidianos pueden tener un impacto negativo en el bienestar psicológico, emocional y físico de la persona afectada. Los perpetradores a veces no se dan cuenta de que han participado en un intercambio que degrada al destinatario de la comunicación. Las microagresiones están arraigadas en la opresión institucional.

Mito de la escasez

Usado para enfrentar a las personas entre sí, este es el fomento de la creencia de que los recursos son limitados y la asignación de culpabilidad a los miembros del grupo marginado por utilizar demasiado los limitados recursos disponibles.

Opresión

Un sistema para obtener, ejercer y mantener el poder estructural e institucional en beneficio de un grupo dominante limitado. Un sistema desigual donde unos pocos elegidos tienen poder material y social y los grupos marginados están obligados a participar en el sistema en contra de sus mejores intereses. La opresión existe a nivel individual, interpersonal, institucional e ideológico. No hay tal cosa como la opresión inversa, porque la opresión está arraigada en el poder institucional.

Opresión inversa

No existe tal cosa como la opresión inversa. La opresión es una OPRESIÓN basada en el acceso al poder institucional. Las comunidades marginadas no tienen acceso al poder institucional. Por ejemplo, las mujeres pueden ser tan parciales como los hombres, pero las mujeres no pueden ser “tan sexistas como los hombres”, porque no tienen poder político, económico e institucional.

Poder

1. La capacidad de nombrar o definir.

2. La capacidad de decidir.

3. La capacidad de establecer la regla, norma o política.

4. La capacidad de cambiar la regla, el estándar o la política para satisfacer las propias necesidades, pretensiones o deseos.

5. La capacidad de influir en los entes decisorios para tomar decisiones a favor de la propia causa, problema o inquietud.

6. El poder puede aparecer material e inmaterialmente, y en varios dominios, incluyendo: el personal, social, institucional y estructural.

Prejuicio

Prejuzgamientos adquiridos sobre miembros de grupos sociales a los que no pertenecemos. El prejuicio se basa en un conocimiento o experiencia limitada con el grupo. Los juicios y suposiciones simplistas se hacen y se proyectan en todos los miembros de ese grupo.

Privilegio

El poder social que se confiere sistemáticamente como ventaja no ganada y / o dominio aprendido. El privilegio no ocurre naturalmente o por suerte, sino que está arraigado en los sistemas de opresión.

Violencia horizontal

Cuando las comunidades marginadas perpetúan estructuras de opresión unas sobre otras. Esto ocurre debido a jerarquías dentro de grupos de identidad social informados por sistemas de opresión. Ejemplos de esto incluyen un hombre gay que se comporta y piensa de manera transfóbica o una mujer que “tilda de prostituta” (slutshame) a otra mujer.

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Ante una iglesia que muere. Es tiempo del Espíritu

Martes, 11 de junio de 2019

fuego-espiritu-santoDel blog de Xabier Pikaza:

Pentecostés 2. Una historia de amor

Retornar al principio, la Iglesia es Pentecostés

Muchos piensan que la iglesia está acabando en occidente, con la muerte del entorno sagrado y la vejez de sus instituciones. Pues bien, en contra de eso, en este  tiempo de Pentecostés, quiero afirmar que nuestro tiempo (a principios del siglo XXI) es un momento bueno para que la Iglesia eleve su palabra y su experiencia de Dios, que es camino de amor, entrega apasionada, enamorada, en la que cada persona es en sí saliendo hacia las otras (siendo en ellas).

En ese fondo se vinculan el amor que es Dios en sí (Trinidad inmanente) y el amor entre los hombres (Trinidad económica, enamoramiento, iglesia). No hay dos verdades, una de Dios, otra de los hombres. No hay dos leyes o formas de ser: una de potencia (Dios), otra de sometimiento (los hombres). Dios existe en sí, siendo proceso y culminación, camino y meta, dolor y gracia, en la vida de los enamorados y en la iglesia. En ese contexto podemos añadir que Dios es la hondura y sentido trascendente e inmanente de la vida humana, en su identidad individual (esquema trinitario de San Agustín), en su despliegue racional (modelo de Hegel) y en el diálogo comunitario, en gratuidad (Ricardo de San Víctor)… En ese contexto quiero presentar la visión de Juan de la Cruz sobre el Espíritu Santo.

1.PRINCIPIO TEÓRICO:  EL ESPÍRITU SANTO

Pentecostes De forma erudita quiero recordar siete formas de plantear el tema del Espíritu Santo en la tradición de la Iglesia. Todas son aproximaciones

  (1) Los Padres griegos entendieron a Dios como el ser originario que se expande y se expresa en su Dýnamis (Logos) y en Enérgeia (Pneuma), de manera que todo es despliegue y comunión de vida, sin volverse nunca totalidad impositiva, sin dejar de ser infinito en su ser y en su hacerse, en su ser que es hacerse .

(2) San Agustín  Interpretó la Trinidad desde el modelo de la mente que se sabe y ama: soy (Padre) al conocerme (idea, Hijo) y amarme, Espíritu Santo). Este modelo, que aplica a Dios un esquema de personalización individual (en conocimiento y amor), es bueno, pero olvida o margina el aspecto comunitario y dialogal de la Trinidad, pues la comunicación inter-personal es inseparable de la intra-personal.

(3) Ricardo de San Víctor afirma que Dios persona (Padre) al darse gratuitamente, suscitando de su entraña al Hijo, para compartir con él el gozo de ser, espirando juntos, en amor compartido, la gracia suprema del Espíritu Santo: la comunión que es Dios se expresa en cada comunión inter-humana.

(4) Hegel describió la Trinidad de Dios como un proceso histórico y social que desborda la interioridad personal (San Agustín) y el diálogo de un grupo pequeño (Ricardo de San Víctor). Su esquema es sugerente y sitúa el tema trinitario en el centro de la Ilustración moderna, abriendo un campo de experiencia y búsqueda racional que debe ser asumido por los teólogos. De todas formas, Hegel puede correr el riesgo de entender a Dios como necesidad lógica, como una ley del pensamiento, negando su libertad personal para el amor y la comunicación de libertades.

(5) Los nuevos planteamientos de la teología de género, que estaban empezando a desarrollarse. lo mismo que el diálogo con las religiones , han abierto nuevos campos de experiencia y compresión trinitaria, en diálogo con la antropología cultural y con las grandes culturas espirituales del mundo.

(6)  Otros autores, como Amor Ruibal y Zubiri  han hecho en España, volvieron a la visión original de los Padre Griegos, no para repetirla, sino para re-formular la Trinidad y el pensamiento cristiano desde la perspectiva del dinamismo del ser y de la relación personal, abriendo un camino teológico que aún no ha culminado.

(7) Finalmente, los grandes pensadores trinitarios del siglo XX (S. Boulgakov, K. Barth y K. Rahne) han querido entender la fe trinitaria desde la perspectiva del despliegue del espíritu, es decir, de la auto-revelación y auto-donación de Dios, abriendo caminos que aún debemos recorrer. El futuro de la reflexión trinitaria está abierto, el camino se nos muestra como apasionante. Gracias a Dios, no existen soluciones dadas, sino misterios y tareas que se abren a medida que llamamos a su puerta, para abrirse y abrirnos de nuevo ante nuevos misterios.[1]

CON SAN JUAN DE LA CRUZ

    1003-large_defaultA partir de lo anterior quiero recordar en este tiempo del Espíritu Santo  la teología de San Juan de la Cruz… elaborando con (desde) él una visión del Espíritu Santo.

Dios es amor enamorado, que vive en sí viviendo fuera de sí; pero en un “fuera” que no es exterioridad sino interioridad compartida, como he destacado en un libro titulado precisamente   Amor de hombre, Dios enamorado. Una alternativa.  No se trata de una alternativa más, sino que esta es la alternativa cristiana, el descubrimiento emocionado de la novedad de Dios. La Cábala judía había supuesto que Dios se retiraba, suscitando en su interior un tipo de vacío, para que pudiera surgir de esa manera el mundo, la historia de los hombres. Pues bien, entrando en ese silencio y vacío de misterio, la tradición cristiana confiesa que Dios es amor enamorado, comunión que abre un espacio y camino de amor para los hombres.

           San Juan de la Cruz ha superado una ontología de la sustancia (del ser en sí, absoluto), lo mismo que una filosofía moderna del pensamiento y de la ley, de la dialéctica racional y la violencia,  para pensar y presentar al hombre, desde una perspectiva metafísica, como relación de amor, como un viviente que sólo existe y se mantiene en la medida que se entrega y relaciona, desde y con los otros, vinculando de esa forma esencia y existencia, ser y hacerse, intimidad y encuentro interhumano.

Sólo al interior del Dios enamorado podemos hablar de un amor de hombre  pues el hombre no existe encerrándose en sí mismo (como sujeto de posibles accidentes, ser explicado y definido por sí mismo), sino sólo recibiendo el ser de otros y abriéndose a ellos, viviendo así en la entraña del mismo ser divino (que es relación de amor, encuentro de personas). Más que animal racional o constructor de utensilios, pastor del ser o soledad originaria, el hombre es auto-presencia relacional, ser que se descubre en manos de sí mismo al entregarse a los demás, en gesto enamorado de creación y vida compartida. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , ,

Un nuevo Pentecostés para la Iglesia de hoy

Lunes, 10 de junio de 2019

2018-05-20-pentecostes-01-426x380JuanZapatero Ballesteros
Sant Feliú de LLobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 03/6/19.- “Residían en Jerusalén judíos devotos de todas las nacionalidades que había bajo el cielo. La gente quedó desconcertada, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua ” (Act 2, 5-6).

El hecho de oír decir que vivimos en un mundo globalizado ya no nos sorprende. Los medios de comunicación nos lo evidencian a cada instante. Resulta difícil ignorar el bienestar de los países ricos y la miseria en que se encuentran sometidos casi dos tercios de los habitantes del planeta. Por otra parte, las diferencias culturales y religiosas son un hecho al que nos hemos acostumbrado a verlo ya como signo de riqueza, en vez de considerarlo un impedimento para la convivencia; aunque a nivel práctico nos resulte complicado muchas veces vivirlo como tal riqueza.

Se engaña quien sigue pensando que el cristianismo es en sí mismo la religión verdadera, que hay que imponer a los demás, puesto que el resto de las religiones están equivocadas. Sabemos, por ejemplo, que la religión cristiana no es la más numerosa, sólo por utilizar el hecho cuantitativo.

Por otra parte, existe, al menos en teoría, una tendencia cada vez mayor de cara a respetar las formas y maneras de pensar, de creer, de opinar, etc. de las personas entre sí. He puntualizado la expresión “en teoría”, porque la vida real deja mucho que desear, sobre todo en ciertos lugares y momentos.

Vistas así las cosas y con una constatación similar, fuera una ingenuidad por parte de la Iglesia creerse que se encuentra todavía en una época de cristiandad; donde la última palabra la tiene ella y, por lo mismo, todo el mundo la debe acatar.

Por lo tanto, si nos atenemos a las palabras del comienzo, yo diría que en nuestro mundo vive, al igual que en aquella fiesta de Pentecostés en Jerusalén, gente de toda raza, condición, cultura y religión. Gente, por tanto, bien plural y diversa que espera “buenas noticias” que le hagan la vida más ligera para conseguir vivir lo más feliz posible.

Insisto, pues, que es ante esta sociedad plural y diversa que se encuentra nuestra Iglesia de hoy. Y, en contra de lo que a menudo piensa o imagina la propia Iglesia, esta sociedad plural y diversa no tiene ningún interés de verla como enemiga o contrincante.

Al contrario, esta sociedad tan cansada como está, lo que espera es que haya personas y colectivos que la alarguen la mano para levantarse y poder continuar caminando. ¡Y ya le gustaría que la Iglesia la ayudara!

Por eso, yo diría que la sociedad de hoy en día espera de la Iglesia fundamentalmente dos cosas. Por un lado, un lenguaje inteligible para todas personas. Un lenguaje entendido no sólo como palabras, sino como manera de actuar y de hacer. Esto quiere decir que se está haciendo demasiado tarde como para que los dogmas se sigan manteniendo como algo esencial. Como tampoco tiene ningún sentido seguir hablando de preceptos y de obligaciones, sobre todo a nivel litúrgico y sacramental, los incumplimientos de los cuales conllevaría un pecado (por usar el mismo lenguaje eclesial) que a su vez supondría una pena; que, a su vez, valga la redundancia, quedaría expiada con otros cumplimientos de los cuales es mejor no hablar.

La gente de nuestro mundo plural espera también un cambio en la manera de vivir, más pobre, humilde y solidaria, de las personas que se consideran cristianas. De todas y de todos: empezando por el fiel más bajo hasta acabar con el Obispo de Roma (el Papa).

Espera también unas liturgias más sencillas, que ayuden a la gente que las celebra a conectar de verdad con la infinitud del Dios amor. Liturgias que hoy en día, en cambio, no hacen sino conducir a todo lo contrario, como es al aburrimiento, debido muchas veces al lenguaje que allí se utiliza y a las parafernalias que siguen los que las presiden: sacerdotes y, sobre todo, obispos y Papa.

Esta nuestra sociedad plural de hoy espera que la Iglesia haga todos los esfuerzos y más por inculturalizarse; es decir, bajar a los niveles que las demás personas, según épocas y países, puedan entender. No a la inversa: es decir, esperar o exigir que los demás se pongan a su nivel que, si no cambian las cosas, continuará por mucho tiempo siendo el nivel “romano” (o europeo, para ser más exactos). Y así podríamos seguir añadiendo un largo etc.

La segunda cosa sobre la que quisiera incidir es sobre este lenguaje evangélico que debería usar la Iglesia, dejando bastante de esquina o arrinconando del todo el lenguaje del Derecho Canónico.

Un lenguaje cargado de amor, de perdón, de misericordia, de comprensión, de piedad, etc. hacia todo un montón de personas que, por circunstancias diversas, sufren mucho.

Ahora estoy pensando en parejas que han fracasado en su proyecto de compartir sus vidas y que, después de haberlas rehecho, se las impide participar de lleno en la comunión eclesial.

También me vienen a la mente aquellas otras que, por mantener una orientación sexual diferente, no sólo quedan excluidas de participar también de manera plena en la Iglesia, sino que se las niega la posibilidad de celebrar públicamente su proyecto de vivir juntos el amor.

O aquellos sacerdotes o religiosos que, debido a una ley tan inhumana y opuesta a la Ley Natural, como es el celibato obligatorio, por muy arraigo que posea a nivel de Tradición dentro de la Iglesia, se les aparte del ministerio sacerdotal; cuando al fin y al cabo el sacerdocio es una llamada (una vocación) a celebrar en medio de una comunidad los misterios de la salvación; mientras que el celibato es sencillamente un carisma.

Y ya que he comenzado con la experiencia de aquel Pentecostés de hace dos mil años en Jerusalén, quisiera terminar lanzando al aire una pregunta: ¿no será que nuestra Iglesia de hoy en día tiene mucho miedo, confía demasiado en sus estructuras y poco en el Evangelio, y por eso vive encerrada, como un día vivieron encerrados también los apóstoles en Jerusalén?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Mujer e Iglesia.

Sábado, 8 de junio de 2019

Jesus abrazo mujerEs curioso que siendo la Iglesia Madre (Santa Madre Iglesia) ha dejado de lado a las mujeres, exceptuando su asignación a un papel de siervas, cuidadoras… delimitando la presencia femenina a unas tareas y roles determinados por un sistema patriarcal con mentalidad de mantener a las mujeres sumisas e invisibilizadas. La participación de las mujeres en la vida de la Iglesia está todavía lejos de ser plenamente efectiva. El empoderamiento de las mujeres en la sociedad es una corriente imparable que va ganando espacios en lugares hasta hace poco, impensables, piénsese por ejemplo en la Magistratura. Hoy día hay más mujeres jueces (no juezas) que hombres, pero… todavía hay un pero, los altos cargos judiciales siguen siendo ocupados mayoritariamente por varones. Espacios en su mayoría copados y ocupados por hombres, potenciando la desigualdad y subordinación de la mujer a mandatos masculinos. El discurso androcéntrico ha promovido la exclusión de la mujer en el campo público y una subordinación de ésta a la imaginación y necesidades de un mundo diseñado por y para hombres. Las sociedades falocéntricas se quedan sin respuesta ante el empoderamiento de las mujeres y trataron de recargar las conciencias femeninas de sentimientos de culpa y pecado, todo ello con la inestimable ayuda de estructuras jerárquicas religiosas.

El campo asignado a las mujeres era (y es) el de los cuidados y la atención del hogar, un trabajo como cualquier otro, pero que en este caso no es remunerado, puesto que no entra en la cadena de actividad laboral productiva.

Probablemente a las mujeres no les resulta tan difícil tomar la “opción por los pobres” que propugna la Teología de la Liberación, al fin y al cabo es lo que han hecho siempre; ocuparse de los sectores más débiles de la sociedad: la infancia, el cuidado de los enfermos y la ancianidad.

La civilización construida sobre la roca del poder de la fuerza física, que se organiza en torno a la capacidad de dominar y someter en demostración de poder, es la que ha invertido los términos y ha dado vuelta a los principios, imponiendo un discurso que transforma la condición biológica femenina, fuente del poder para la vida, en lo contrario; así, las funciones femeninas (embarazos, partos, crianza…) han sido tratadas como impedimentos para la participación de las mujeres en la vida social de la comunidad, relegándolas e impidiéndoles tener el mismo peso social que el varón. A modo de “compensación”, se le ha adjudicado a la mujer la magnificación de una de sus cualidades, tan sobrecargada socialmente que se ha hecho casi mítica: la maternidad.

Se exalta el valor de la maternidad acompañada del espíritu de sacrificio desinteresado por los demás. La MADRE es colocada en un altísimo pedestal, tan alto que no la deja estar en los lugares reales, pisando el suelo de la sociedad en la que participar y de la que formar parte. A nivel eclesial queda aún mucho camino por andar, a pesar de que el mensaje del Evangelio trae la Buena Noticia de la liberación de todo aquel que sufre cualquier tipo de opresión. Como dicen las autoras del texto “Mujeres jóvenes e Iglesia” (Éxodo) “Para nosotras, el Evangelio es grito de denuncia y de anuncio, es palabra que anima e interpela. Es palabra que convoca y que crea, bisturí que disecciona y capacidad para ponernos en pie y levantar nuestra voz allí donde se asienta la injusticia.” Pero, por otra parte, el relato bíblico ha transmitido durante siglos la idea de la mujer como complemento, casi apéndice del hombre, sin entidad propia o con una entidad asociada a la perdición. Eva, aliada con la serpiente es la responsable de la pérdida del “paraíso” y Adán, una víctima de ese ser desobediente que se atrevió a tener el deseo de ir más allá, que en este caso fue el deseo de saber y de acceder al conocimiento.

Eva se sintió interesada por el árbol de la ciencia, cuyo fruto contenía el conocimiento del bien y del mal. El deseo no tenía lugar en la idílica vida del Paraíso, pero el deseo, o dicho de otro modo, la capacidad de desear es el motor que impulsa el avance y la prosperidad, pues bien, el deseo según el relato bíblico fue de Eva, no de Adán.

A la Iglesia le cuesta trabajo darse cuenta de que si efectivamente los discípulos eran hombres, “Jesús, a pesar de las tensiones que pudiera provocar en su entorno, inauguró nuevas relaciones de género” tratando a las mujeres en planos de igualdad sin el prejuicio social de inferioridad de la mujer. El aspecto más revolucionario del Evangelio fue sin duda las relaciones de libertad que mantuvo Jesús con las mujeres. La paridad de las mujeres con el hombre, Jesús la defendió no sólo con palabras, sino con hechos.

Jesús ignora la situación de inferioridad de la mujer de su tiempo y la trata en un plano de igualdad, con ellas hablaba en público (algo impensable en la sociedad de entonces), recrimina a sus propios apóstoles que reprochara el gesto de la mujer que le unge los pies con perfume, diciéndoles que aquella mujer había intuido mejor que ellos lo que él representaba; defiende a la mujer que iba a ser lapidada por hipócritas que no pudieron tirar la primera piedra; entabla conversación con la samaritana pecadora por haber tenido tantos “maridos” en un interesante diálogo sobre el agua material y espiritual y perpetra la mayor de las herejías: la envía a que prepare el camino para que pudieran recibirle en su pueblo. Quizá la primera misionera de la cristiandad. Admite ser tocado por la “hemorroísa” considerada impura y rechazada socialmente; asustado por el comienzo de su vida pública (Bodas de Caná) que le llevaría a la cruz, es una mujer quien le empuja a manifestarse con el milagro del vino; curó e hizo milagros indistintamente con hombres o mujeres en una sociedad que podía impunemente disponer de la vida de las mujeres; llegó a decir que las prostitutas precederían a los sacerdotes en el Reino de los Cielos; la mañana de su resurrección se manifestó antes a las mujeres que a los apóstoles, que, muertos de miedo, estaban escondidos y fueron ellas quienes tuvieron que confirmar que Jesús no había muerto para siempre.

Jesús intuyó que la mujer es el símbolo más visible de la cara compasiva y no vengativa de Dios. Y por ello, temible y peligrosa para el poder. Jesús la defendió contra todos los poderes, por todo esto cabe pensar en Jesús como el primer feminista de la historia.

Fuente Fe y Cultura

Mayo 2019

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica ,

Interpelación de una hormiga a un elefante

Martes, 28 de mayo de 2019

57284E6A-1E8D-4B94-AEBE-A440C744E10CQue una hormiga interpele a un elefante sobre su propia tarea es empresa alocada y harto peligrosa. Tamaña osadía proviene únicamente de la gran diferencia que hay entre la impresionante corpulencia del paquidermo y la menudencia del insecto. La cosa perdería toda gracia si se compararan sus inteligencias, pues mientras la hormiga se organiza en una sociedad que ronda la perfección de un engranaje mecánico, del elefante se ha dicho que llega a tener hasta conciencia de su propia muerte.

Los animales tienen capacidades y habilidades que les permiten adaptarse perfectamente a los nichos ecológicos en que viven. Los elefantes tienen una capacidad de socialización asombrosa: pueden expresar emociones como el dolor, la felicidad, la compasión, el luto y el altruismo; tienen, además, conciencia de sí mismos y poseen una memoria que bien podría compararse incluso con la humana. La hormiga, por su parte, moviéndose en grupo, es capaz de resolver problemas tan complejos como construir ciudades subterráneas, servir a la reina y elegir los mejores caminos para buscar alimento.

Insignificante hormiga

La simple alusión a la entidad y al comportamiento de ambos animales nos abre perspectivas hermosas para emitir juicios críticos constructivos, aunque, desafortunadamente, tardarán en ser tenidos en cuenta, en caso, claro está, de llegar a serlo alguna vez. Aun siendo el poderoso elefante de esta fábula muy receptivo, la hormiga fustigadora se desvanece ante él en su propia nihilidad. Su grito, su protesta y su crítica quedan recogidas, no obstante, en el subtítulo de este escrito: “papa Francisco, esta Iglesia, no, todavía no”, como desahogo de una presión interior explosiva.

Subrayemos, de paso, que la distancia entre la hormiga y el elefante, aun siendo enorme, es salvable si la comparamos con la que, en nuestro caso, media entre las ocurrencias de un oscuro plumilla y el magisterio seductor de un papa que sabe el terreno que pisa. Quede todo, pues, en el grito sordo de desahogo de un aprendiz de escribidor atrevido.

Caracol

Metidos de lleno en el mundo animal, enmarquemos el doloroso alarido de tan osada hormiga en el nicho vital de otros dos significativos animalitos, tan prominentes en la cultura humana como el caracol y la mariposa, para que ilustren con su sola presencia nuestro propósito.

Interpelar al papa, diciéndole lo dicho, se debe a que la Iglesia que llega hasta nosotros semeja un caracol que se desplaza pesadamente, debido seguramente a llevar a cuestas una pesada estructura dogmática y moral, repleta de excrementos. Por dura que parezca tan desconsiderada aseveración, tal me parece la Iglesia católica que tengo frente a mí o dentro de mí, incluso después de los retoques que nuestro bendito elefante blanco le está haciendo para embellecer su ser y agilizar el cumplimiento de su misión.

Hay en ella una sobrecarga intelectual de dogmas y verdades considerados sagrados, pero que en realidad no son más que una pretendida “definición” (= empobrecimiento) de conceptos filosóficos de la cultura griega, que ponen en solfa la comprensión humana, y un andamiaje de ordenanzas romanas, capaces de desanimar hasta al mismo Espíritu Santo a la hora de realizar su imprescindible labor de musa poética y guía turístico. A mi modesto entender, la Iglesia católica debe ser, en cuanto fiel continuadora del mensaje evangélico, mucho más o tal vez otra cosa que la que se afirma en esos dogmas o que lo que reflejan sus ordenanzas. Insisto una vez más en que del cristianismo se han hecho muchas lecturas a lo largo de su historia, desde sus mismos orígenes, y que la que llega hasta nosotros no parece que sea válida para los hombres de nuestro tiempo, a la mayoría de los cuales les parece un mensaje mortecino, desvirtuado y caduco, un mensaje apagado y pobre.

Mariposa

A mi criterio, la nueva relectura necesaria, audaz y exigente, postula que el pesado gusano que tenemos delante se metamorfosee en mariposa. Escribo esto el 19-04-19, día de Viernes Santo, y para no buscar más apoyos, digamos, de una vez por todas, que necesitamos que la Semana Santa permanente en que vivimos se transforme de una vez por todas en Domingo de Resurrección. Como cristiano convencido, no me gusta ni me identifico en absoluto con el sentido penitencial que impregna durante estos días y todo el año la vida de tantos creyentes. El dolor, mírese como se mire, es siempre un contravalor, vitando en todas sus manifestaciones. El cristianismo no puede ser una escuela en la que se lo estudie como valor sacrificial o se lo conciba como fuente de íntima comunión con el terrible martirio que padeció Jesús de Nazaret en la cruz.

Esplendorosa mariposa

No creo andar descaminado al presumir que los hombres de nuestro tiempo necesitan que la piedad de los cristianos vuele alto y desenvuelta, como una grácil y bella mariposa, capaz de extraer de cada creyente lo mejor de sí mismo. Hay razones fundadas para certificar tal necesidad, pues el cristianismo consiste en algo tan simple como llamar Abba a Dios, sencilla apelación que despliega la fuerza incontenible de una fraternidad universal. Ello nos lleva, por un lado, a pronunciar conmovidos la única oración que nos enseñó Jesús de Nazaret, el “Padrenuestro”, y, por otro, a vivir a fondo las exigencias de su único precepto: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. De ahí que dondequiera que haya un hombre que, de verdad, llame padre a Dios y ame efectivamente a sus semejantes, allí habrá un cristiano, a resguardo de cualquiera otra exigencia institucional. Eso solo es lo determinante para que la fe cristiana irradie en todo tiempo y lugar la buena nueva evangélica.

Razones de un “no” expectante

Cuando en 1966 visité por primera vez el Vaticano, llevaba el alma en un puño y la mente predispuesta a la intensa emoción de encontrarme en el corazón de la Iglesia, de libar complacido sus esencias y de salir revestido con el atuendo necesario para llegar a ser un auténtico “pescador de hombres”. ¡Qué gran fiasco! Salí de allí tan alicaído que más parecía que me hubiera pasado por encima un tsunami. Esa amarga decepción de hace más de cincuenta años, tan en contraste con la sensibilidad de quienes salen de allí llorando de emoción, sigue todavía anclada a mis neuronas.

El Vaticano

Me escandaliza que el vicario de un proscrito crucificado tenga trato y mando de jefe de Estado y que esté rodeado de una nutrida tropa de cortesanos, pavos reales que nadan en el boato como peces en el agua y se comportan como orondos amantes de la buena vida. ¡Qué escándalos y cabreos padecí entonces viendo a muchos comerciar con sus ideales y sus escasos haberes pecuniarios para abrirse hueco en el Vaticano o ganarse escalafón en el Vaticano II!

¿Eran aquellos eclesiásticos los humildes operarios de la viña del Señor, trabajadores infatigables sin pensar siquiera en un salario? Decepción la mía, seguramente, de un joven soñador, entregado de lleno a un ideal. Pero, ¿por qué perdura sin alivio posible tan amarga decepción tanto tiempo después? Seguramente, porque sigo topándome con los mismos infranqueables muros, las mismas trincheras de corazones. ¿No incurren en flagrante contradicción quienes, acoplados al Vaticano como anillo al dedo, no tienen empacho en confesar, como decía el mismo Jesús, que “su reino no es de este mundo”? Reventaría si no dijera que, a mi parecer, el Dios Abba ni vive ni puede vivir en el Vaticano.

Sin duda, el gran elefante blanco al que grita su decepción una oscura hormiga ha recorrido ya un largo trecho para acercar la Iglesia al Evangelio en temas tan lustrosos como la sencillez de la oración dirigida al Abba y el sentido común de los comportamientos humanos.  Eso está muy bien y es muy importante, pero es preciso ahondar más y llegar más lejos. El caracol debe despojarse de su carcasa y de sus propios excrementos para convertirse en larva que eclosione en mariposa. Queda todavía mucha tela por cortar en la sastrería de alta confección de la Iglesia para confeccionar hoy el traje a medida que necesitamos todos los humanos, incluidos los ateos. Sigue habiendo demasiado poder endogámico y depredador en la Iglesia, al amparo de unas murallas que nunca debieron construirse entre ella y un mundo que debe ser iluminado y sazonado en todo tiempo por ella. No es el poder el que evangeliza como no son los hábitos los que hacen al monje; son los comportamientos fraternos los que hacen ambas cosas. La verdadera dignidad, inherente a nuestra condición, no se nutre ni de cargos ni de ornatos, sino de conducta fraternal.

¡Qué miedo! ¿Satanás?

Lo del “coco” era solo una mentira piadosa y divertida para torcer los caprichos cansinos de los niños. Extrapolar ese recurso a otros ámbitos de la conducta hace que la mentira lo sea en serio y embadurne de porquería todo el tejido humano. Teniendo al Dios Abba en la pantalla del Evangelio y en la retina de los ojos, ¿por qué, admirado elefante de la fe, nos sigues asustando con la presencia traicionera de un perverso y sagaz “Satanás”, ese siniestro personaje que, según dices, se nos cuela por las rendijas de nuestra conducta? Mi fe-confianza en el Dios Abba solo me permite ver ese bicho, por mucho que la Biblia recurra a él, como un personajillo de ficción, un muñeco de cartón piedra, del que abusan descaradamente los amantes del poder para infundir miedo a sus secuaces a fin tenerlos bien amarrados. Es solo una treta infantil, aunque sumamente eficaz para imponer pesados ordenamientos y encauzar caprichosamente las conductas.

Puestos analizar los porqués de tanta maldad como vemos y palpamos en todas partes, frente a ti, querido papa Francisco, solo tienes a hombres que claudican fácilmente ante el brillo del oropel y que se dejan seducir por el atractivo placentero de comportamientos depredadores inmundos. Hay gran diferencia entre proponerle a un hombre que no haga algo porque es una artimaña de Satán para arrastrarlo al infierno y hacerle ver que, de hacerlo, ensucia y deteriora la hermosura que Dios le regala. Por ejemplo, la recurrente pederastia de nuestros días, tan nauseabunda, no es más que la búsqueda compulsiva de un placer ponzoñoso que entenebrece la vida del depredador furtivo y destroza para siempre la vida de un inocente. ¿Qué pinta en un escenario tan mórbido un supuesto agente exterior de perversión que inocula el veneno de un placer putrefacto en el pederasta? Dejemos en paz y tranquilo, confinado para siempre en su propia nihilidad, el “coco” de nuestra infancia y tratemos de comportarnos con la dignidad que Dios nos ha dado para ser realmente los “niños buenos” que siempre debemos ser.

Sacerdocio y servicio

A estas alturas de nuestra historia y habida cuenta de la situación social en la que se impone, casi a la fuerza, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ni siquiera se entiende que se mantengan leyes tan discriminatorias y obsoletas como la del celibato sacerdotal o costumbres tan arcaicas como negar el pan y la sal a las mujeres en una Iglesia tan necesitada de guías y pastores. De mirar menos a un supuesto Dios de las Alturas, entronizado en el Olimpo de los cielos, y más a los hombres, como hacía Jesús, su vicario o representante primero en la tierra tendría que enviarles de inmediato pastores que los confirmen en la fe y alimenten sus vidas. De habilitar jurídicamente a hombres casados y a mujeres predispuestas para su acción misional, consagradas o casadas, la Iglesia podría contar mañana mismo con muchos miles de mensajeros cualificados para realizar la inmensa obra de evangelización que la humanidad necesita.

El papa Francisco

Que nadie se ría de la presuntuosa hormiga que trata de infundir valor al elefante al decirle que no debe tener ningún miedo a la hora de dar los pasos necesarios para llevar a efecto su pesada misión de guía de todo el rebaño humano. Es lo que este atrevido plumilla se ha esforzado por hacer en este y en todos los artículos que lo preceden. Ante todo, y por encima de todo, están los seres humanos, ovejas sin pastor en el erial de mundo en que hoy vivimos. ¡Ojalá que el grito desgarrador de tan osada hormiga provoque algún eco!

Ramón Hernández Martín

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Rodríguez Olaizola, sj.: “Como Iglesia tenemos que avanzar para forjar una sociedad y una comunidad libre de discriminación y prejuicio”

Sábado, 18 de mayo de 2019

Homofobia-Iglesia-catolica_2110298954_13496460_660x371Qué pena que no pudiéramos publicarlo ayer, que celebrábamos el Día Internacional contra la Homofobia

Día “Hay muchas personas homosexuales, lesbianas, y transexuales que creen en Dios y que se saben parte de la Iglesia. Pero que en ocasiones se sienten, como me decía un buen amigo «obligados a ver el partido desde el banquillo»

Hoy  es el Día Internacional contra la Homofobia. Es una pena que tenga que haber un día así, aunque por ahora sea necesario. Es triste que en muchos países de nuestro mundo las personas sean perseguidas por su orientación sexual, en ocasiones castigadas por la ley, y en otras por la sombra –más sutil, pero igualmente demoledora– de la ignorancia, la burla, el rechazo y la incomprensión.

Con frecuencia he escuchado a gente buena que, sin embargo, no tiene reparo a la hora de hacer comentarios que van desde lo condescendiente hasta lo insultante hacia las personas homosexuales. Gente que en cuanto oye la palabra gay le añade lo dellobby, como si la homosexualidad fuese ante todo una militancia, una ideología o un grupo de interés; en lugar de ser la condición de muchos millones de personas en todo el mundo, en todas las sociedades, en todas las épocas y en todas las situaciones sociales.

Como Iglesia también tenemos que avanzar para forjar una sociedad y una comunidad libre de discriminación y prejuicio. Se ha recorrido camino. Han cambiado algunas cosas, y cada vez son más las voces que hablan con respeto, con ternura, y con valentía, frente a discursos que parecen anclados en otra sociedad y otra época. Pero hay que avanzar más.

Radical dignidad de todas las personas

Tenemos que contribuir al reconocimiento de la radical dignidad de todas las personas en la sociedad en general, y en la Iglesia en particular. Hay muchas personas homosexuales, lesbianas, y transexuales que creen en Dios y que se saben parte de la Iglesia. Pero que en ocasiones se sienten, como me decía un buen amigo «obligados a ver el partido desde el banquillo», porque se les dice que eso es lo que hay.

No es lo que hay. No puede ser. Si de verdad creemos en el Dios que a cada uno nos ha creado únicos y diferentes. Si de verdad creemos en la radical dignidad de todas las personas. Y si no caemos en moralizar lo que no es moral, sino la condición humana en su complejidad y su diversidad.

Publicado en Pastoralsj

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No dijeron nada, tenían mucho miedo (Mc 16, 8)

Viernes, 17 de mayo de 2019

AC009833-0171-4991-9308-2D3A0F8293C5Del blog de  Xabier Pikaza:

No tengáis miedo, mujeres. Decid lo que habéis visto

Ante unas mujeres, creadoras de la Iglesia

El ángel de Jesús con las mujeres de pascua, mientras los hombres soldados duermen de miedo y mentira... Quiero que esa imagen presida presida mi nueva postal de la Pascua, con el nacimiento de una iglesia de mujeres.
El ángel de la pascua les dicen que vayan, que anuncien la noticia a Pedro y a los otros, que reinicien el camino de la Iglesia… Pero ellas no van, tienen miedo… (Mc 16, 1-8).
   ¿Qué significa eso? ¿Por qué no van? ¿Pueden y deben ir hoy todavía, el año 2020? En mi comentario de Marcos   le dediqué el tema muchas páginas, que he querido retomar aquí, en plano académico y actual, para aquellos que tengan tiempo y deseo de profundizar en el tema de la pascua en el primer evangelio (Marcos), con el surgimiento de una Iglesia de Mujeres.
1- MARCOS, UN FINAL ENIGMÁTICA
El tema del final del evangelio de la pascua en Marcos es el miedo de una mujeres que no se atreven a decir a Pedro y a los otros lo que han visto, porque tienen miedo: -¿Tienen miedo de Jesús, de lo que han visto?
-¿Tienen miedo de Pedro y de los hombres de la pascua porque no serán capaces de entender y aceptar lo que ellas han visto?
Según Marcos, es evidente que las mujeres han tenido miedo… y lo siguen teniendo, porque si dijeran lo que han visto y saben, y si nosotros las escucháramos, el mundo estallaría de un gozo distinto, de una vida diferente. 
Éste es el extraño y fascinante (real por imposible) del evangelio de Marcos, aquí se sigue situando (año 2010) el comienzo de la Iglesia, llamada a nacer de nuevo por la voz de una mujeres:
– Las mujeres de la Pascua de Mc 16   llegaron al sepulcro, vieron que estaba vacío y huyeron, poseídas por un pavor inmenso (tromos kai ekstasis), y no dijeron nada a nadie.
Sobre ese silencio clamoroso y pavoroso de las mujeres se asienta el evangelio de la pascua, la experiencia cristiana de la resurrección.

– Las mujeres ven lo que no puede verse (un sepulcro sin muerte) y escuchan lo que no puede decirse (¡no está aquí, ha resucitado!),recibiendo una misión que no puede cumplirse (¡decid a sus discípulos y a Pedro que les precede a Galilea!). No pueden decir ni hacer nada, simplemente huye, pues tenían miedo (ephobounto gar).

Con estas palabras, que terminan en una partícula explicativa que no sirve para explicar (gar), se cierra el evangelio y empieza la misión cristiana. Cien libros se han escrito sobre ese final, empezando por el añadido posterior de Mc 16, 9-20, que la Iglesia ha tomado como canónico, para evitar de alguna forma el “escándalo” de Marcos.

Comentario a Marcos para explicar este silencio de las mujeres

 He escrito un inmenso comentario al evangelio de Marcos, más de mil páginas,para explicar si es posible este final imposible de su evangelio, este silencio clamoroso de las mujeres que ha revolucionado la historia del mundo, la pascua cristiana

En ese silencio culmina y empieza la paradoja del evangelio: Al llegar la hora definitiva, da la impresión de que las mismas mujeres fracasaron, como habían fracasado antes los Doce. También ellas se escapan, huyen del sepulcro (unir Mc 14, 50 con 16, 8) y “parece” que no van a Galilea (como les ha mandado el joven de Dios), aunque no el texto no dice que “no fueron”, sino que huyeron con miedo, sin decir nada a nadie.

Esta huida y este silencio de las mujeres que no dicen nada a nadie, porque tienen miedo constituye (con Mc 14, 3-9: la unción de Betania) un signo clave para entender el evangelio. Por eso debemos estudiarlo con cierta detención, distinguiendo los planos de lectura del texto.

2. FORMAS DE ENTENDER EL FINAL DE MARCOS

 Plano textual, primer nivel.

Mc 16, 8 afirma que las mujeres han huido (ephygon) del sepulcro con miedo, y que no han dicho nada a nadie, de manera que parece que no han cumplido la palabra de Jesús. Ellas han huido lo mismo que los Doce en Getsemaní (donde emplea la misma palabra: ephygon, 14, 50), y lo mismo que el joven desnudo de la sábana (también con ephygen, 14, 52). En los tres casos ha empleado Marcos la misma palabra (huyeron), pero en sentidos muy distintos.

Los discípulos varones de 14, 50 habían quedado marcados por el “miedo de la muerte” del Mesías, de manera que no habían podido ser testigos de la cruz. El joven de 14, 52 huye desnudo dejando su sábana inútil, porque es testigo de una “vida” que nadie puede sujetar y encerrar en un sepulcro (por eso hemos dicho que en el fondo era el mismo Jesús, presentado de un modo simbólico). La mujeres, en cambio, huyen porque tienen miedo de lo que han visto y escuchado en el sepulcro de Jesús. No les ha detenido la muerte (por eso han estado ante la cruz y han ido al sepulcro). Pero les detiene el miedo (el pavor sagrado) de la resurrección y por eso huyen.

El texto no dice que “no han dicho” a los discípulos lo que han visto, ni tampoco que “no han ido” a Galilea, sino sólo que han tenido un gran temor, un éxtasis, y que han huido del sepulcro sin decir nada a nadie (en ese momento).

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En un sentido es lógico que huyan, pues tampoco ellas se hallaban preparadas para entender y aceptar la novedad cristiana, para comprender el misterio de la vida que brota de la muerte. Todo lo que pueden decir resulta insuficiente, todo lo que hagan es al fin inadecuado, pues el mensaje del Jesús pascual desborda el nivel de sus acciones y palabras.

En la raíz de la pascua sigue habiendo un principio de miedo. Las mujeres tuvieron miedo de decir a Pedro que y a los demás que Jesús había resucitado…  La resurrección de Jesús es algo que no se puede decir…

− Plano histórico.

Parece claro que, de alguna forma, en contra de lo que dice externamente el texto, estas mujeres han ido a Galilea (al lugar del evangelio), contando la historia que no puede contarse (el mensaje pascual de la tumba vacía) y reiniciando allí el camino del Reino de Jesús. 

Conforme al ritmo de Marcos, puede suponerse que ellas han dicho la palabra a Pedro y al resto de los discípulos, asumiendo con ellos el proyecto de Jesús, en dimensión de pascua. Por eso han sido y siguen siendo las primeras hermanas y madres de Jesús, garantes del mensaje pascual, hecho palabra que se anuncia, para volverse de esa forma “pan” multiplicado y compartido. Así podemos afirmar que, en un sentido, ellas han cumplido su misión, iniciando el “rito pascual” del perfume (14, 3-9).

Pero, afirmado eso, podemos y debemos añadir, en otro plano, que ellas no han ido todavía (en el momento en que escribe Marcos) o, mejor dicho, no han llegado al final del mensaje de pascua, no se han integrado en la auténtica Iglesia. En ese sentido, Marcos sigue queriendo que ellas (y toda la iglesia representada por ellas) vayan a Galilea, de manera que su evangelio puede interpretarse como “guía para cristianos que quieren hacer el camino de Galilea” (es decir, el camino de la historia mesiánica de Jesús, que empezó en Galilea).

Conforme al testimonio de Hech 1, 13-14, las mujeres “estaban” en Jerusalén, iniciando allí la iglesia (iglesia jerosolimitana, no galilea), con los parientes de Jesús (y los Doce). Marcos supone que hay (ha habido) en Jerusalén una iglesia vinculada a los parientes de Jesús que no ha dejado el legalismo judío, no ha entendido la novedad de la muerte de Jesús ni el sentido de su pascua (cf. 3, 20-35). Pues bien, al escribir este pasaje, Marcos puede dirigirse a esas mujeres, que han formado parte de la iglesia de Jerusalén, centrada en Santiago y José (hijos de María, hermanos de Jesús), para que salgan (ellas, con Pedro y con los otros discípulos) del entorno jerosolimitano de la tumba vacía, para iniciar en Galilea el verdadero camino de evangelio, pues sólo allí (yendo a Galilea) podrán ver a Jesús (al verdadero Mesías).

Cuando las mujeres vayan  y digan a toda la Iglesia lo que es la Pascua de Jesús… cambiará el mundo. Todavía no les hemos dejado hablar. Ellas no han podido decir la Palabra, su Palabras.Ésta sigue siendo para Marcos, en este momento (hacia el 70 d.C.), la tarea pendiente de aquellos cristianos de Jerusalén que están representados por estas mujeres.

Por eso, la palabra del joven a las mujeres (y por ellas a los discípulos y a Pedro) es palabra de mandato actual, programa de refundación de iglesia, que han de retomar ellas (las mujeres, su comunidad) con Pedro y los restantes discípulos de Jesús, tras la gran catástrofe del 66-70 d.C., o mejor dicho ahora, el año 2019, el años de las mujeres de Pascua, creadoras de Iglesia.

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Una Iglesia que fabrica ateos necesita conversión urgente.

Sábado, 11 de mayo de 2019

Puppeteers pulls cords as they animate giant puppets of a boy and a deep-sea diver as they are paraded through the streets of Le Havre, northwestern France, on July 7, 2017, during a performance by French mechanical marionette street theatre company Royal de Luxe. / AFP PHOTO / CHARLY TRIBALLEAU Foto Charly Triballeau

Del blog de Jairo del Agua:

¿Nuestro Dios es Dios? ¿Es ACTIVO, autónomo y libre? ¿O es un ser PASIVO al que manejamos con los hilos de la oración insistente para moverle a cumplir sus deberes?

¿Será un Padre volcado siempre por sus criaturas? ¿O será una “marioneta sagrada” a la que damos “bondadosas instrucciones” a través de los hilos de la oración?

Os invito a prestar atención a las oraciones litúrgicas y comprobar que la gran mayoría pretenden MOVER a Dios. Le tratan como a una Gran Marioneta omnipotente que, gracias a nuestros tirones, se moverá y actuará.

Ese es el mayor error de los creyentes. No nos han enseñado a identificar quién es y cómo es el Padre. Ni nos han motivado a buscarle en el interior, ni a ser fieles al Abba revelado por Cristo. Se conforman con que seamos fieles “al pie de la letra” a lo que manda el Clero. Y nos tienen sumidos en una “Iglesia infantil” que cree en los Reyes Magos, en los Santos milagreros o en las Vírgenes curanderas, etc.

Lo importante es que tengamos “fe”, cuanto más irracional más grande es la “fe”, no importa en qué o en quién. Todavía se exigen dos milagritos para canonizar a un santo. ¿Esa tacañería es la gran prueba de santidad? A los que nos atrevemos a pensar nos llaman “racionalistas”, “incrédulos”, “herejes”… Cuando el uso de la inteligencia es la mayor prueba de fidelidad al Espíritu Santo.

Me propongo demostrar en esta meditación -continuación de la anterior- que gran parte de nuestro CREER y nuestro ORAR son absurdos, es decir, irracionales. Son contrarios a la “inteligencia”, que es un don del Espíritu Santo y nuestra principal herramienta humana.

En estos tiempos tan pragmáticos y racionales querer mantener una “fe mítica y sometida” es un gravísimo error. La existencia de Dios es evidente para cualquiera que sepa utilizar la cabeza y palparse la ropa. De la NADA no sale NADA.

Lo absurdo es seguir creyendo e imponiendo una “imagen de Dios” judía, bárbara, humanoide y contraria a la razón. La religión es para “religare”, volver a unir a la criatura con su Fuente límpida, positiva, inagotable… Se les pedirá cuentas a los que la han reducido a un “método breve y ritual” de conseguir prebendas y anestesiar conciencias. Tendrán que convertirse, es decir, rectificar para no conducirnos a una religión momificada, inútil y residual.

Sin embargo la religión es esencial para el ser humano y forma parte de su ADN sicológico. Quien no ratifique esta afirmación que observe un poquito la Naturaleza o analice su fragilidad personal o se deje sentir sus profundas aspiraciones humanas.

Tenía razón san Agustín: “Nos hiciste Señor para ser tuyos y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Por eso siempre he predicado una “religión humanizadora, positiva, luminosa y alegre”. En “humanizadora” está incluido el “racional”. Cada día estoy más convencido.

Meditemos un ratito. No tengas prisa. Es un tema muy importante. A los rígidos y tenedores de la “verdad absoluta” no les recomiendo que sigan leyendo.

A un Dios ACTIVO le hemos convertido en un dios pasivo y falso.

A un Dios Misericordia infinita le hemos transformado en un “dios distraído y cicatero”. Prestad atención a las preces de la misa, por ejemplo. O comprobad con atención los “grandes logros” que conseguimos con rimbombantes preces en millones de misas diarias.

A un Dios infinitamente bueno le tratamos como a uno “malo y cruel” (iracundo, tacaño, vengativo, impositivo, celoso, amenazante, castigador, olvidadizo, ausente…). No hay más que oír bien los salmos de cada día, si la rutina nos permite estar atentos…

Un “dios incoherente” es rechazado espontáneamente por cualquier ser humano que piense un poco. Somos nosotros los que expulsamos de nuestra Iglesia a las personas, no es que ellas sean peores que nosotros.

Empecemos por escuchar los argumentos de los ateos frente a nuestra “fe irracional”. Ellos ven los enormes males del mundo y dicen: “Si existiera un Dios bueno, no permitiría estos desmanes”. Miran las catástrofes naturales y concluyen: “Imposible que exista un Dios mínimamente piadoso que no evite estos dramas”.

Los que han suprimido a Dios de sus vidas o han abandonado toda religión lo han hecho con sentimientos y argumentos muy sólidos. No son tontos. Muchos son inteligencias eminentes. Los irracionales somos, a lo peor, muchos de los creyentes.

Además nos han observado. Y a la mayoría de los católicos nos han visto sometidos a una “clase clerical”, que se atribuye una autoridad divina, cuando ellos -los ateos- defienden la “libertad humana” como parte de nuestra esencia. Y tienen razón.

No digo nada si han tenido ocasión de experimentar, directa o indirectamente, los muchos casos de prepotencia clerical, de mala educación, de contradicciones doctrinales y hasta la ausencia de moralidad natural y cívica

Para rematar el espectáculo, nos ven de rodillas pidiendo favores y milagros, que raramente llegan. Deben de creer -dicen- en un “dios indiferente, cicatero, avaro, rácano y malhumorado”. Y el colmo les llega cuando nos ven tan complacidos con algún supuesto milagrito conseguido por una virgen o un santo que, por fin, han arrancado alguna dádiva a ese “dios tacañón”.

Si la consecución del favor ha sido porque tenían una tía monja, un hermano fraile o algún otro enchufe, entonces las cosas se complican. El “dios tacañón” en que creen éstos -siguen diciendo- no solo es “roñoso” sino que es “manipulable” y solo atiende a los enchufados.

Luego no es Dios porque no es absoluto e inmutable, como se supone en simple lógica, que debe ser un posible Dios eterno y verdadero. Se trata de un “dios” relativizado, condicionado, influenciado y manipulado por sus criaturas.

Es pues un “dios imaginario y absurdo” -sucesor de los dioses del Olimpo- que no puede existir más que en la fantasía de esos creyentes ignorantes o fanatizados. En este mundo todo es consecuencia, confluencia y complejidad de las fuerzas de la naturaleza y su evolución -terminan diciendo-.

Henos aquí a los cristianos en general -no conozco otras religiones-, con sus Jefes al frente, convertidos en la mayor fábrica de ateos, agnósticos, indiferentes y contrarios a toda religión.

Un médico famoso, ateo y muy humano, me decía con total sinceridad: ¿Si yo pudiera hacer alguno de esos “milagros” que atribuyen a la oración o a la influencia de algún santo, tú crees que me limitaría a hacer “un solo milagro”? ¡Dejaría el Hospital más vacío que el desierto!

No puedo creer, es imposible creer, en ese “dios mezquino y manipulable”, al que vosotros pedís continuamente sin resultado. Yo soy médico y busco el bienestar de las personas con total determinación. Es más, te aseguro que si yo pudiera hacer “milagros” o “curaciones inmediatas” no solo me volcaría por mis enfermos, curaría a todos, hasta el último rincón del mundo.

Es imposible que un Dios Todopoderoso sea menos misericordioso que yo. Por eso no creo en vuestro “dios” y SÍ en la capacidad, que tenemos todos los seres humanos, de evolucionar, de superarnos y de hacer el bien.

Amigo mío, estoy de acuerdo contigo -le contesté-. Pero NO es ese “dios” en el que yo creo. Por razones que desconozco, en parte por no haberse despegado del arcaico judaísmo, nuestros Jefes religiosos mantienen una imagen de Dios falseada:

Un “dios sordo, distraído, manipulable y pasivo”, al que hay que MOVER con nuestras oraciones, al que hay que ARRANCAR los favores con continuas súplicas y sacrificios, al que hay que CONVENCER continuamente para que nos ayude.

Para mí es inexplicable que sigan formando a los fieles, conduciendolos y rezando con presupuestos absurdos y rígidos. Con tantos años de estudio, con tantas facultades, con tantas estructuras eclesiales, con tantas personas dedicadas al cuidado de los fieles, no puedo entender que sigan anclados -no todos- en unas tradiciones religiosas, ya denunciadas en el Evangelio.

Han olvidado el “principio de evolución” del ser humano -que se cita en el Evangelio- y me temo que no han dado la misma importancia a la oración personal y a la meditación como al estudio teórico o la mera erudición. Han olvidado aquella conclusión a la que llegó el gran teólogo Tomás de Aquino cuando, al final de una vida de estudio, confesó que “había aprendido más en la oración que en los libros”.

Yo creo en un Dios ACTIVO y NO en el “dios pasivo, sordo y olvidadizo” (escúchanos, acuérdate, escucha y ten piedad) al que dedicamos la mayor parte de nuestros ritos y oraciones. Realmente le rebajamos a todo lo que tú dices.

Tampoco creo en un “dios intervencionista” que tiene que curarnos, alimentarnos, dirigirnos, castigarnos, conseguirnos metas, darnos regalos, etc.

Creo en un Dios Torrente, volcado sobre sus criaturas, que nos lo dio TODO desde el principio y que nos acompaña siempre. Pero que no interviene en el mundo directamente, ni hace milagritos, para lucirse de vez en cuando.

Nos dio la libertad con todas sus consecuencias y nos ha confiado la administración del mundo y de nuestra vida personal. Ese Dios no nos ha abandonado, NO, está presente en nuestro interior, en nuestra inteligencia, en nuestra voluntad, en toda nuestra vida.

No hace falta llamarle para que baje. Está aquí, con nosotros. Lo que necesitamos es abrirnos a todas las capacidades que nos ha dado, cultivarlas, rentabilizarlas y administrarlas bien.

Nosotros somos los administradores de este mundo, Él permanece oculto tras la Creación, pero muy activo en nuestro interior, respetando siempre a sus hijos y sus decisiones.

Somos nosotros los que tenemos que discernir, decidir y actuar en el mundo, dirigidos por esa “inteligencia, energía y amor” que llevamos dentro y que es parte de la mismísima esencia de Dios. Somos “pequeños dioses” con los mismos genes de Dios.

Nosotros somos sus manos cuando actuamos desde ese “íntimo” de la persona en el que portamos todos sus dones, sus capacidades, sus luces, las que nos insertó al crearnos “a su imagen y semejanza”. Y que van creciendo a medida que las cultivamos.

Ese es el “tesoro de los humanos”, el “reino de Dios” del que habla el Evangelio. Somos nosotros lo que podemos y debemos hacerlo patente y actuante en este mundo.

No existe un Dios al que haya que “pedir piedad”. No existe un Dios al que haya que “pedir la paz”. La piedad y la paz ya residen en tu interior. Eres tú el que debe acrecentarlas y manifestarlas.

Por eso yo rezo en la Misa: “Señor Tú tienes piedad”, “Señor Tú nos das la Paz”. Eso me recuerda que ya me lo dio y lo llevo dentro. Y estoy llamado a acrecentarlo y manifestarlo, a parecerme a mi Padre, a vivir desde esa “central de energía” interior, a derramar por el mundo ese caudal.

Ese es un Dios muy racional, muy comprensible, muy admirable y deseable. Te ha creado con “sus poderes” dentro (lo puedes comprobar y lo puedes sentir si te sumerges). Te motiva continuamente a que los ejerzas, los manifiestes y los siembres a través del “dinamismo de crecimiento” que todos llevamos dentro (lo dice claramente el Evangelio, recuerda por ejemplo la “mostaza” o el “sembrador”). Vamos a la iglesia a fortalecer ese interior, a motivarnos, a salir iluminados, fortalecidos y crecidos. (Pero nos obligan a “pedir” a Dios que recuerde sus deberes, actúe, resuelva y nos saque las castañas del fuego).

En ese Dios ACTIVO y PRESENTE sí podrías creer amigo ateo y sí podrías confiar. Un Dios que te crea con “inteligencia, libertad y voluntad” (a su imagen) y te respeta, te deja conducir y te deja elegir tu destino. De lo contrario NO serías libre.

Fíjate lo que decía, ya al principio, nuestro apóstol Pablo: “Ya que lo que se puede conocer de Dios, ellos lo tienen a la vista, pues Dios mismo se lo ha manifestado. Desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se pueden descubrir a través de la inteligencia. Hasta el punto que no tienen excusa porque, conociendo a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias; por el contrario, su mente se dedicó a razonamientos vanos y su insensato corazón se llenó de oscuridad” (Rom 1,19).

Y lo enseña el Evangelio. Lee, por ejemplo, lo que dice de la Luz el primer capítulo de Juan. Pero lo hemos olvidado. Y nos lo han cambiado por un “ídolo manipulable”, que nosotros hacemos bailar al son de influencias. E “inmisericorde” puesto que no se prodiga.

El amor y todo lo que llevas dentro crece cuando lo manifiestas y entregas. Eres tú el “enviado de Dios” para construir un mundo nuevo y feliz.

Me llamarán “enemigo de la Iglesia” por decir todo esto. Si esta misma mañana un periodista, muy católico, decía del Papa Francisco que “cabalga a lomos de un caballo cismático”, qué puedo yo esperar…

Solo sé que el Espíritu Santo actúa e ilumina a todos los católicos de buena voluntad que buscan sinceramente. A esos pretendo ayudar. Los demás que me tiren a la papelera.

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Progresistas y conservadores

Viernes, 3 de mayo de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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(Imagen Jim Ferringer)

“Junto con la gran obra del Concilio, ha habido un hecho concreto muy conturbador: el del endurecimiento de la división entre progresistas y conservadores. Esa división es algo más de lo que uno espera naturalmente donde hay hombres que, por temperamento y por sociología, tienden a alinearse a derecha e izquierda. La división es lo bastante profunda y agria como para que algunas personas muy sanas y responsables, obispos incluidos, mencionen incluso la posibilidad de cisma. Eso a primera vista parece increíble, pero he visto algunas cosas que se han escrito en ambos bandos, y no hay duda de que existen profundas incomprensiones, hondas divisiones, tercas negativas e incluso odios.

Por desgracia, nada de eso es nuevo. Tenemos la historia de la Iglesia y de la civilización cristiana para demostrar que eso tiene una larga genealogía. Pero no se puede despachar con ligereza.

En todo caso, uno de los grandes problemas después del Concilio será sin duda la división entre progresistas y conservadores, y eso puede resultar bastante feo en algunos casos, aunque quizá sea también una fecunda fuente de sacrificio para quienes están decididos a buscar la voluntad de Dios y no la suya propia. No hablo aquí de obispos, sino de sacerdotes corrientes, teólogos, laicos y todos los que manifiestan sus opiniones de un modo o de otro.

Por mi parte, no me considero ni conservador ni progresista extremado. Me gustaría pensar que soy lo que fue el papa Juan: un progresista con profundo respeto y amor a la tradición. Dicho de otro modo, un progresista que quiere conservar una continuidad muy clara y señalada con el pasado, sin hacer compromisos tontos e idealistas con el presente; pero estando completamente abierto al mundo moderno a la vez que conservando la posición claramente definida como tradicionalmente católica.

Los progresistas extremados me parecen, en lo que puedo juzgar dentro de la pobreza en mi información, apresurados, irresponsables y, en muchos sentidos, frívolos en sus entusiasmos exagerados y confusos. También me parecen a veces fanáticamente incoherentes, pero no percibo en ellos la heladora malicia y la bajeza que se nota en algunas expresiones de los conservadores extremados.

Lo que más me inquieta es el hecho de que los progresistas, aunque quizá sean mayoría, no parecen tener la dureza terca y concertada de los conservadores. Los conservadores extremados me parecen personas que se sienten tan amenazadas que están dispuestas a llegar a lo que sea con tal de defender su concepto fanático de la Iglesia. Este concepto no solo me parece estático e inerte, sino en completa continuidad con lo que es más discutible e incluso escandaloso en la historia de la Iglesia: Inquisición, persecución, intolerancia, poder papal, influjo clerical, alianza con el poder mundano, amor a la riqueza y a la pompa, etc. Esta imagen de la Iglesia ha llegado a ser un escándalo, y esos están empeñados en conservar el escándalo a costa de un escándalo aún mayor.

Para empezar, mientras que ellos son siempre los que más chillan sobre autoridad y obediencia, parecen sorprendentemente reacios a practicar la más elemental obediencia o a exhibir la más rudimentaria fe en que el Concilio esté guiado por el Espíritu Santo, en cuanto se decide algo que ellos no aprueban. Están tan convencidos de que ellos son la Iglesia que casi están dispuestos a declarar virtuales apóstatas a la mayoría de los obispos, antes que obedecer al Concilio y al papa. Al mismo tiempo, claro, su histerismo hace pensar que les cuesta algún trabajo arreglárselas con los remordimientos que esto provoca inevitablemente en ellos.

Por otro lado, la negativa de los progresistas extremados a prestar atención a alguna enseñanza tradicional que les diera una base común para la discusión racional con los conservadores es también escandalosa, sin duda: sobre todo cuando va unida a un arrogante triunfalismo propio y cuando no hace más que ridiculizar a toda oposición. Eso no solo es necio, sino que parece mostrar una seria falta de ese amor a que frecuentemente apelan para justificar su actuación. Aunque gritan continuamente sobre «apertura», uno les encuentra herméticamente cerrados a sus compañeros de catolicismo y al propio pasado de la Iglesia, y tiene alguna validez la acusación conservadora de que esos progresistas extremados a menudo están más abiertos al marxismo, al positivismo o al existencialismo que a lo que se reconoce generalmente como verdad católica.

Se ha observado con acierto que conservadores y progresistas de la Iglesia están tan preocupados con la victoria total, los unos sobre los otros, que cada vez se cierran más unos a otros. Si así es, uno se pregunta sobre el valor y la significación de la trompeteada «apertura» a los no católicos. Un ecumenismo que no empiece con la caridad dentro de la propia Iglesia sigue siendo discutible“.

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Thomas Merton
Conjeturas de un espectador culpable

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Rasgos del hombre nuevo “, por Ramón Hernández

Miércoles, 24 de abril de 2019

ninogNiño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo (1943), por Salvador Dalí

Audaz relectura del cristianismo. Por una forma de vida mejor. De su blog Esperanza radical:

Partiendo de que, quién más, quién menos, todos renegamos de las duras condiciones de la vida que nos toca vivir y aspiramos a mejorarla de alguna manera, solo como botón de muestra ofrezco hoy a los seguidores de este blog unas pinceladas con textos de fray Eladio Chávarri, O.P. para mostrarles la densidad y la frescura de un pensamiento, tan original e iluminador como seguro, para progresar en tan noble empeño. Es algo así como invitarlos a un exquisito menú de degustación para que saboreen de antemano lo que realmente encontrarían de asimilar ese fecundo pensamiento. De entrada, les ruego presten atención a la espléndida proclama que él mismo escribió, hace ya muchos años, en Perfiles de nueva humanidad sobre los esfuerzos reales, fácilmente constatables, que se realizan en nuestro tiempo en esa dirección.

“Ninguna forma de vida, ni siquiera la del HPC (hombre productor consumidor), absorbe como una gigantesca esponja todas las potencialidades y energías de la persona. Hay varones y mujeres, sin duda bastantes más de los que conocemos, que no viven de la experiencia básica de la explotación. Aunque aprecian en su justa medida los bienes biopsíquicos y económicos, sin embargo, fraguan fundamentalmente su existencia sobre otros valores. Prende sencillamente en ellos una nueva humanidad. La gran mayoría la van desplegando a nivel personal; tal vez en el seno familiar o en comunidades privilegiadas. Sintonizan fácilmente con los que demandan más humanidad. Creo que la experiencia básica de discernimiento y de reconocimiento palpita también con timidez a nivel social. En todas las formas de vida hay fermentos sociales, y quienes aspiran a un hombre nuevo han de estar muy atentos a su evolución. ¿No resuena acaso la experiencia del reconocimiento en las reivindicaciones ecologistas? ¿No hay finos discernimientos en la defensa de la identidad y de la dignidad relativas a edades, pueblos, culturas, sexos, lenguas y religiones? ¡Es magnífica la lucha por el pleno reconocimiento de la mujer! Tal vez resulten de ahí formas de vida menos bestiales”.

Espíritu de conversión

La fuerza que agita los comportamientos del nuevo hombre en gestación, como ya hemos dicho y repetido, es el espíritu de conversión: “la conversión entraña, sin más, mutaciones profundas. El apóstol Juan tachó de conversión el cambio del agua en vino en las bodas de Caná. Jesús protestó, blandiendo el látigo, contra los que trataban de convertir la Casa de su Padre en una cueva de ladrones. Nuestro punto de referencia no es el agua o el templo, sino la humanidad que habita en el HPC. ¿Qué mutación profunda ha de operarse en este viejo hombre para transformarse en nuevo?”.

“El nuevo espíritu fermenta todos los valores; da un inmenso salto cualitativo axiológico respecto del espíritu de lucro. El espíritu de conversión no abandona los valores biopsíquicos y económicos. Le interesa hondamente la calidad de la comida o de la salud, de las lavadoras y de las cazadoras. No se preocupa menos, sin embargo, de la pureza del saber, de la crítica, de la arquitectura, de la justicia, de la fraternidad, de las leyes, de la solidaridad y de las funciones públicas del poder político. Al agitar todo el ámbito de lo humano e inhumano, no es fácil que favorezca el desorden universal agresivo, un fenómeno inherente al espíritu de lucro”.

“El espacio interior posee la fuerza dinámica del principio de trascendencia, que lo he identificado sin más con el espíritu. Este principio, el espíritu, cobra las más variadas modalidades… En el HPC aparece como espíritu de lucro; en el hombre nuevo, bajo la figura de conversión, de la que he insinuado el salto cualitativo axiológico, sus cauces, su expresión profética y el impacto que produce en la vida. Todo ello implica que el espíritu de conversión es condición fundamental del hombre nuevo. La liberación de las potencialidades de esta nueva forma de vida depende de la conversión. Solo ella puede afectar de raíz a las perturbaciones producidas en las cuatro grandes trascendencias por el espíritu del HPC” (el espíritu de lucro).

Discernir y reconocer

Las experiencias básicas del hombre nuevo se rigen, frente a la experiencia de la explotación del HPC, por el discernimiento y el reconocimiento.  “Ordinariamente, pensamos en atributos absolutos, como opuestos a relaciones, que observamos en los entes. Esto comporta fácilmente la idea de individualidad aislada y de personalidad intocable, sobre todo cuando se le une el concepto de respeto. Pero, tal vez, las diferencias más interesantes son las específicas relaciones que un ser mantiene con los demás. La experiencia básica del discernimiento hace hincapié en ambas diferencias… El discernimiento pone sobre el tapete el abanico de las diferencias; el reconocimiento penetra en ellas. Ya no se trata simplemente de percibir con finura las características absolutas y relacionales de cada ser, sino que se experimenta la situación de cada uno en el concierto de todos. El reconocimiento a nadie margina… Si el discernimiento elimina la cosificación del ser, el reconocimiento invita a superar la posesión, el dominio y el desorden universal agresivo, generados por la experiencia básica de la explotación. Si para ello es necesario reprimir las diferencias agresivas, se afrontará la tarea con toda energía. No tolerará que ningún ente, ni siquiera bajo la figura de dioses, de héroes o de santos, avasalle a los demás, distorsionando la sinfonía del ser. El reconocimiento no acata la emancipación que fomenta linchamientos en cadena. En Europa se han experimentado demasiadas emancipaciones de este género”.

El clamor del Tercer Mundo

“La experiencia básica del hombre nuevo, por otro lado, dinamiza los movimientos pacifistas. Otro tanto ocurre con esos humildes gérmenes de producción alternativa, tendentes a cambiar la gran tecnología de la explotación. A las dimensiones individual y social de los que viven en el mismo interior del HPC, hay que añadir el clamor desesperado del Tercer Mundo. Hasta ahora, ha despertado en muchos la mala conciencia de estar inmersos en el HPC, conciencia que procuran acallar con crecientes dádivas. Pero, ante ningún Dios sensible al mal que subyuga al hombre se han podido borrar los pecados solo a base de ofrendas y sacrificios, al margen del compromiso y de la acción”.

Reflejo de una Iglesia ostentosa

Nuestras iglesias

El Evangelio es claramente el legado de Jesús de Nazaret, la figura primigenia de un cristianismo que, de suyo, tiene entablada una lucha a muerte en pro de la humanidad del hombre y en contra de su inhumanidad. El cristianismo está obligado a mirarse siempre en ese espejo. De ahí que Chávarri se pregunte: ¿Qué decir al respecto de las iglesias cristianas? ¿No se creen todas ellas engendradas e injertadas en la experiencia primigenia de Jesús de Nazaret? ¿Palpita efervescente en sus comunidades la llama viva del discernimiento y del reconocimiento? Estas iglesias se extienden por todo el mundo. Un juicio global sobre ellas resultará siempre erróneo e injusto, sobre todo con los que han caído en la lucha por la nueva humanidad. Pero, ¿no se dicen cristianos la mayoría de los gestores del HPC en la Europa rica y en los Estados Unidos? ¿Acaso piensan que la experiencia básica del discernimiento y del reconocimiento nada tiene que ver con el Gran Profeta? ¿Opinan otro tanto los cristianos adscritos a las infinitas comunidades parroquiales? ¿Con qué tipo de hombre están comprometidos? ¿Se ha colmado la esperanza cristiana intrahistórica en el HPC? Obviamente, la respuesta honesta a estos interrogantes nos lleva a descubrir con pesar que muchas veces esas iglesias no solo no se han esforzado por mejorar la humanidad inserta en el hombre productor consumidor de nuestro tiempo, sino también han fomentado los ramalazos de su tremenda inhumanidad.

Preparándose para trabajar como voluntarios

Comunidad, democracia y gratuidad

En los capítulos 3 y 4 de Perfiles de nueva humanidad, Chávarri hace una exposición magistral, muy rica en contenidos, sobre cómo el hombre nuevo de nuestro afán se va insertando lentamente en la historia y en la naturaleza, cosa que va consiguiendo a base de contrarrestar los efectos nocivos de los muchos contravalores del HPC, de mejorar sus incuestionables valores y de recuperar el equilibrio esencial en el desarrollo de todas las vitalidades humanas. Recordemos que uno de los cometidos es respetar la necesaria autonomía de las ocho dimensiones humanas, liberando los valores de cada una del yugo a que los tienen sometidos los valores biosíquicos y económicos que dominan y vician nuestra vida actual.

A este respecto, son muy jugosas y reveladoras las exposiciones de Chávarri sobre la comunidad, la libertad (democracia), la autenticidad y la gratuidad (poder, justicia, fraternidad). Naturalmente, lo hace confrontando los comportamientos del HPC y con los que serían los propios de nuestro deseado hombre nuevo. En el primero predomina la experiencia de explotación y en el segundo debe imponerse la de discernimiento y reconocimiento;  al primero lo domina el espíritus de lucro  y al segundo debe removerlo el espíritu de conversión; la sensibilidad del primero es acuñada (cerrada y atrincherada) y la del segundo ha de ser abierta; la sabiduría del primero se ciñe al estado de bienestar  y la del segundo es axiológica, y, finalmente,  la razón soberana del primero es desarrollista y la del segundo debe regir el comportamiento del hombre nuevo,  un hombre muy diferente del actual pero que, cuando cuaje en la historia, desencadenará afortunadamente a su vez nuevos procesos de mejora.

Oasis

Quedémonos hoy con la satisfacción de descubrir un manantial de aguas frescas para aliviar la sed del atolondrado hombre de nuestro tiempo, empecinado en caminar descalzo por las ardientes arenas del desierto artificial fabricado por el afán de lucro del hombre productor consumidor.  El hombre nuevo en ciernes nos dirige, con una paciencia en la que no caben espejismo, hacia un hermoso oasis donde aliviar tantas penurias como padecemos. No necesito subrayar que, en lo referente a nuestra vertiente vital epistémica, el sistema de pensamiento de Chávarri es realmente un oasis en medio del barullo y del desconcierto del pensamiento actual, un camino de esperanza para cuantos están cansados y hastiados de los desmanes de todo orden producidos por el tipo de vida que llevamos.

Ramón Hernández Martín

Religión Digital

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Lucha entre luz y tinieblas.

Viernes, 5 de abril de 2019

cathedral_palencia_arcades_shadow_architecture_art_light_church-1124817.jpg!dTanta niebla que ya se nos ha olvidado cómo es el sol. Así que de tanto hablar de la pederastia, se nos ha olvidado hablar y recordar a un misionero español matado estos días en Burkina Faso. Y los misioneros y sacerdotes en su entrega y servicio normal. No podemos llegar a olvidar esa realidad muy fuerte: cuarenta misioneros han sido asesinados en el 2018. Es la otra cara de la verdad, muertos por defender a los pobres, por promocionar a los más débiles. Y eso solo en un año.

Os invito a pensar en cantidad de personas sencillas, que entregan su grandiosa vida al servicio del Evangelio: evangelizan, ayudan, sanan, curan, educan, promocionan,

Es bueno abrir los ojos. Cuando en ciertas partes dominan los intereses económicos de grupos, o de personas concretas, los misioneros y misioneras se oponen y trabajan por promover la justicia, el amor, la paz… Venezuela, Honduras, El Salvador…

Cada uno conocemos a personas así. Quizás son familia o amigos nuestros o por lo menos conocidos.

Es cierto que no quita un ápice del mal cometido, especialmente con los niños. Y esos merecen su castigo penal, ser depuestos de sus cargos, pedir realmente perdón… Aunque es imposible reparar el mal cometido.

Estoy en una duda: por un lado leo en Jesús “pero al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt, 18,6 ss). Y por otro: “entonces Pedro, acercándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”.

Pero es cierto que además de intentar poner remedio, hay que reconocer que es un tanto por ciento pequeño el que ha cometido esos horrores y que por desgracia, se da, también en otros ámbitos, escolares, deportivos, familiares.

Se nota más en un folio una mancha negra que una bella pintura suave (un servicio limpio). Prefiero recordar y traer a mi memoria los miles y millones de niños que han disfrutado sanamente en los campamentos, en las clases, en las catequesis.

El papa Francisco, con serenidad pero con firmeza; los padres, los jueces y los afectados ponen las cosas en su sitio, aunque no podamos quitar el dolor sufrido ya y el mal realizado.

Ojalá limpiemos del todo los cristales para que ya nunca veamos suciedad sino claridad; amor auténtico y servicio. Y es preferible encender una cerilla que maldecir la obscuridad.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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La homosexualidad como falta de respeto: “Las personas que van por la vida empeñados en ‘curar’ a los homosexuales deberían pensar que quienes necesitan curarse son ellos”, por Antonio Castillo

Viernes, 5 de abril de 2019

Parejas_Gay

“Si la naturaleza nos ha hecho así a los seres vivientes, respetemos la realidad tal cual es. ¿No se han enterado todavía que no es lo mismo la “sexualidad” que la “genitalidad”?”

“Lo indignante es que ahora haya en la Iglesia no pocos clérigos que se parten la cara por limpiar la sociedad de homosexuales, al tiempo que se callan ante los corruptos”

Yo supongo que la firmeza, la insistencia y hasta la agresividad, con que no pocos “hombres de Iglesia” se oponen y hasta se enfrentan a las personas homosexuales, es una forma de pensar y de actuar que quienes se comportan así, no han pensado suficientemente el daño que le hacen a muchos seres humanos y, con demasiada frecuencia, también a la Iglesia.

Digo que les hacen daño a muchos seres humanos por la sencilla razón de que, en la sociedad en que vivimos, existe una mentalidad, bastante extendida, que ve en la homosexualidad una “perversión” o una “enfermedad”. Y ambas cosas relacionadas – sobre todo entre gente “chapada a la antigua” – como algo degradante, humillante y despreciable. Calificativos que destrozan, en su intimidad, a quienes los tienen que soportar.

Condenar a una persona, una canallada

Este destrozo se produce, sobre todo, porque el individuo, que se ve calificado como un “maricón” (o “maricona”), si es que quiere verse respetado y apreciado, no tiene más remedio que ocultar su propia identidad. Es decir, tiene que pasarse la vida entera fingiendo, ocultando y, en algunos casos (según las circunstancias y la manera de ser de cada cual), hasta mintiendo. Con la confusión, la oscuridad, las dudas y el desagradable sentimiento de verse rechazado e incluso despreciado hasta límites y en condiciones que seguramente no imaginamos. Evidentemente, es una “canallada” condenar a una persona a que viva así. Y bien sabe Dios que la religión y muchos de sus funcionarios tienen bastante responsabilidad en que las cosas estén como están, en lo que respecta a este problema.

Las personas que van por la vida empeñados en “curar” o “corregir” a los homosexuales deberían pensar en serio que, seguramente, quienes más necesitan curarse o corregirse son ellos mismos. De forma que, en vez de mandar a los otros al psiquiatra, tendrían que ser ellos los primeros en ir para que el psiquiatra los cure.

Porque, en realidad, el más desquiciado es el que emite un juicio negativo y dañino sobre seres humanos, que se tendría que emitir igualmente sobre los monos, los leones, las mariposas, el puerco espín y una notable variedad de especies animales, de las que se sabe con seguridad que viven con toda naturalidad lo mismo la heterosexualidad que la homosexualidad. Esto está estudiado al detalle. Y ha sido bien explicado por los especialistas más eminentes.

La sexualidad es variable

Sin duda alguna, la sexualidad es variable y se concreta en modalidades distintas, que, si se da y se reproduce, tanto en seres humanos como en otras especies de animales vivientes, lo más lógico es pensar que esta experiencia fundamental se puede vivir en concreciones y experiencias distintas. Si la naturaleza nos ha hecho así a los seres vivientes, respetemos la realidad tal cual es.

¿Cómo es posible que, sabiendo esto, haya gente tan trastornada que se obsesiona con la idea de que lo más urgente, en este momento, es curar a las personas homosexuales? ¿No se han enterado todavía que no es lo mismo la “sexualidad” que la “genitalidad”? Si no saben estas cosas tan elementales, ¿cómo se ponen a “pontificar”, aprobando a unos o rechazando a otros, sin saber lo que dicen?

Lo indignante es que ahora haya en la Iglesia no pocos clérigos que se parten la cara por limpiar la sociedad de homosexuales, al tiempo que se callan ante los corruptos, los embusteros y los que descaradamente nos quieren imponer una sociedad en la que unos pocos potentados se impongan a millones de criaturas que no pueden tirar de la vida ante tantas injusticias como las que estamos viviendo. Y hasta parece que hay quieren seguir haciendo lo que se ha hecho hasta ahora, aunque sea de forma más disimulada y hasta con buenas apariencias.

Fuente Religión Digital

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“La necesidad de un cambio”, por Isabel Gómez-Acebo

Jueves, 4 de abril de 2019

basilica-ocotlanLeído en su blog:

Es un hecho comprobado que, como nuestra sociedad avanza de forma acelerada, hay mucha posibilidad de perder el tren de la modernidad. Todos los días vemos en las grandes ciudades el cierre de tiendas que han muerto ante el comercio por internet y en la educación los países son conscientes de que necesitan preparar a jóvenes para dar respuestas con nuevas técnicas a los retos de la modernización.

Educación, cambio, creatividad, preparación, innovación, emprendimiento…, son vocablos que se repiten una y otra vez pero que exigen tomar decisiones a la espera de que sean las correctas pues se hace camino al andar y nadie, en nuestros tiempos, conoce la ruta más corta o la más exitosa

Todo esto me ha hecho pensar en la Iglesia Católica. Hace unos días intuí que un obispo defendía la resistencia de la institución dentro de unas murallas, cada día más altas, pero es una postura que pudo tener éxito en su momento, pero ya no vale. Si son necesarios los cambios en todas las empresas para sobrevivir, más aún lo son en nuestra Iglesia que arrastra el polvo, como dijo Juan XXIII, del Imperio Otomano y que en estos momentos se encuentra con la disidencia de muchos fieles agravada, al día de hoy, por el pavoroso caso de la pedofilia clerical

Saber que tenemos un problema no basta pues hay que conocer el camino a seguir y es aquí donde no nos ponemos de acuerdo y no es fácil. Algunos sugieren eliminar el celibato para convertirlo en algo opcional pues defienden que sería una manera de eliminar la barrera entre el sacerdote y los fieles. Para otros, la solución está en que se permita a las mujeres ordenarse pues multiplicaría las eucaristías que son el centro de nuestra religión. Los hay que defienden la temporalidad de los cargos eclesiásticos como se hiciera en la Iglesia primitiva, olvidarse del sexo, recortes en la Ciudad del Vaticano, supresión de los nuncios… Pero tengo la impresión de que todos estos cambios, sin duda necesarios, son el chocolate del loro pues la Iglesia necesita un terremoto que le permita desembarazarse de las albardas con que la cargaron muchos siglos de cristianismo.

Al Papa se le exigen cambios, pero hay muchos clérigos que ponen el palo en su rueda para impedirlo y si se toman resoluciones son bienvenidas en algunos continentes y rechazadas en otros.

La verdad es que estoy sumergida en un mar de dudas y no basta con pedir al Espíritu Santo que actúe, tenemos que hacer algo para evitar el deslizamiento de la Institución hacia la nada. Pero siempre podemos hacernos la pregunta viendo lo que nos parecemos a las primeras comunidades cristianas ¿No será que el Paráclito quiere romper la baraja y empezar de nuevo?

Isabel Gómez Acebo

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Fuente Religión Digital

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“Monárquicos sin fronteras “, por Dolores Aleixandre

Martes, 2 de abril de 2019

amparojuandejuanes1523-1579-eccehomomuseodelprado-3De su blog Un grano de mostaza:

 Cuántas horas de lectura pura y dura de Evangelio nos hacen falta para curarnos de nuestros delirios de realeza

Tú eres el rey de Israel”  proclamó Natanael a espetaperro nada más conocer a Jesús: otro más que se apuntaba al colectivo “monárquicos sin fronteras” que puebla la Biblia y continúa activo en la liturgia. Da lo mismo que el imaginario profético sea tan rico, provocativo y novedoso: donde esté la imagen de rey, que se retiren  todas  las demás. Da lo mismo que el propio Jesús pusiera pies en polvorosa en cuanto querían endosarle el título. Da lo mismo que su corona fuera de espinas, su cetro de caña y su manto, un pingo  color  púrpura. Da lo mismo que la última burla de sus enemigos  fuera precisamente aquel letrero en su cruz.

¿Qué el texto de Mateo habla de  magos?  No importa,  ya nos encargamos nosotros de ascenderles  a reyes e inventarles un séquito de pajes, escuderos y abanderados.  ¿Que hay que hacer memoria de aquella cena en la que uno lavó lo pies de los otros? Vale, pero con jarra de plata y jofaina de porcelana de Limoges. ¿Qué el pan y el vino resultan demasiado corrientes? No pasa nada: el oro de los vasos sagrados y el humo del incienso se encargan de cubrir su normalidad. Cantemos el Gloria, pero que el orden de la invocación sea la adecuada: Rey celestial lo primero y  Padre después, añadiendo en seguida todopoderoso no sea que suene a  demasiado humano.

En caso de atenerse a nuestras fantasías, a María  no le quedaría tiempo para caminar junto a nosotros porque la reclamarían sus deberes de Celestial Princesa y de Reina de tantísima gente como proclaman las letanías. En todo caso, qué raras sus ideas sobre la monarquía: se pone a cantar  contentísima  a un  Dios poco interesado por los tronos y simpatizando claramente con plebeyos y gentuzas varias.  Qué disconforme con su trayectoria vital nuestra afición por coronarla una y otra vez, cuando lo que  a ella de verdad le salió bien fue educar a aquel hijo adicto al último lugar.

         Cuántas horas de lectura pura y dura de Evangelio nos hacen falta para curarnos de nuestros delirios de realeza.

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José María Castillo: “En la Iglesia preocupa más el esplendor de la religión que la fidelidad a Jesús”

Viernes, 29 de marzo de 2019

2379-large_defaultDe su blog Teología sin Censura:

El teólogo explica los entresijos de su ‘Evangelio marginado‘ (Desclée)

“Un ‘Dios falso’ ha llevado al mundo más avanzado al abandono de la religión”

“Jesús no quiso templo. No quiso sacerdotes. No quiso rituales. No quiso ceremonias sagradas. No quiso obediencia y sometimiento de nadie a él”

“Jesús no prescinde de la religión, sino que desplaza la religión: la arranca de ‘lo sagrado’ y la pone en el centro de ‘lo más plenamente humano'”

Jesús Espeja: “El ‘Evangelio marginado’ de Castillo, una exposición de gran valor para estos momentos de la Iglesia”

He escrito este libro porque he intentado explicar – en cuanto eso es posible – por qué la Iglesia se interesa más y se preocupa más por el “sometimiento a la religión” que por el “seguimiento de Jesús”. Creo que, sin miedo a exagerar, se puede afirmar que en la Iglesia preocupa más el esplendor de la religión que la fidelidad al seguimiento de Jesús.

El “sometimiento a la religión” dio resultado y fue eficaz hasta finales del s. XV. A partir del Renacimiento, la Reforma (s. XVI), la Ilustración (ss. XVII-XVIII), la Resistencia y la Restauración (s. XIX), la industrialización y la violencia (dos guerras mundiales), que marcaron el s. XX, y finalmente la Modernidad y la Posmodernidad, todos estos grandes fenómenos históricos y culturales, han hecho que la religión nos sirva para creer en El Dios falsificado (Thomas Ruster). Un “Dios falso”, que ha llevado al mundo más avanzado al abandono de la religión. O en otros casos (que abundan) nos ha conducido, sin darnos cuenta, a que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no sea de fiar, porque nos remite a una falsa religión” (o.c., pg. 228).

La Iglesia de los dogmas, las normas y los ritos fue útil y tranquilizaba las conciencias mientras los “mitos”, los “ritos” y las “jerarquías” eran útiles y servían para explicar tantas cosas que los humanos no sabíamos cómo explicarlas o pensábamos que servían para darle sentido a la vida o tener una esperanza última, que suavizaba el hecho inevitable de la muerte.

Hoy todo eso ha perdido (sobre todo, en las generaciones jóvenes) su utilidad y su razón de ser. Hasta el extremo de que los adolescentes, apenas llegan a cumplir los doce o trece años, cortan con toda la “jerga” de temas, teorías y creencias, que enseña el clero, y sencillamente para ellos se acaba y ya no interesa más la “religión”. Y lo mismo que veo esto, pienso también que este problema (más grave de lo que mucha gente se imagina) no tiene más solución que lo que vio Lutero cuando, siendo todavía un monje joven, viajó a Roma. Y allí comprobó que lo que interesaba a la Iglesia era la sumisión al papa y los rituales (indulgencias…) que daban dinero (Lyndal Roper, Martín Lutero, p. 75-76).

“La religión no responde a lo que necesita el ser humano”

Mi convicción es que veinte siglos antes de lo que sienten las últimas generaciones, fue Jesús de Nazaret, el “personaje-centro” y central del Evangelio, quien se dio cuenta de que la “religión” del templo y de los sacerdotes, de los dogmas y de las normas, de los rituales y las observancias, del poder y del dinero, todo eso fue útil para las culturas de la Antigüedad, pero no responde a lo que necesita el ser humano como tal.  

Lo determinante, para el ser humano (lo que nos humaniza) no es satisfacer la “necesidad” de nuestras propias carencias (esto es lo que hace la “religión”), sino potenciar la “generosidad” para resolver las carencias de los demás (esto es lo que nos aporta el “Evangelio”).

Aquí es fundamental – incluso enteramente necesario – hacer una distinción clave. Hay dos formas de hacer teología y, por eso, hay “dos modelos de teología”: 1) La “Teología especulativa”, que se elabora a partir de “teorías”, que se basan en el pensamiento escolástico (con su “mortificante dependencia del pensamiento de Aristóteles”, según la acertada fórmula de Lyndal Roper) o tienen sus raíces en el pensamiento estoico (Pitágoras y Empédocles) (E. R. Dodds), en cuanto se refiere a la moral. 2)  La “Teología narrativa”, que se construye mediante relatos tomados de la vida diaria. El ejemplo más patente (de esta teología) lo tenemos en los evangelios. Se trata, en este caso, de narraciones en las que lo determinante no es la “historicidad”, sino la “significatividad”. En el caso concreto del Evangelio, ¿qué nos dicen esos relatos para nuestra forma de vivir, para ser fieles al “seguimiento de Jesús”?

Con toda razón y precisión, J. B. Metz escribió: “La teología no es hoy teología de profesores, no se identifica con la teología de oficio. Con mayor razón, pues, no debe la teología histórico-vital encerrarse en los esquemas de expresión de un lenguaje científico exacto y reglamentado…. De ahí que deba evitar a toda costa someterse incondicionalmente al vocabulario de la exactitud. Precisamente la teología no es – ni ha sido nunca – una ciencia natural de lo divino” (La Fe, en la Historia y en la Sociedad, p. 230).

En esta dirección tiene que girar la teología, la liturgia y el gobierno de la Iglesia. Como nos lo está indicando sabiamente el Papa Francisco. Yo sé que darle este giro a la vida no es posible, si nos atenemos a lo que da de sí la condición humana. Por eso me parece tan genial la fórmula que nos dejó I. Kant: “La praxis ha de ser tal que no se pueda pensar que no existe un más allá” (en Gesammelte Schriften, VII, p. 40). Sólo si tomamos en serio y aceptamos de verdad que Jesús de Nazaret fue (y es) un hombre en el que vemos a Dios” (Jn 1, 18; 14, 9-10; Mt 11, 27; Fp 2, 6-11; Col 1, 15; Heb 1, 2), es decir, solamente cuando sabemos y aceptamos que el Dios Trascendente se hizo presente en nuestra inmanencia mediante la vida, la forma de vivir y actuar, de Jesús de Nazaret, sólo así y en eso encontramos a Dios.

Ahora bien, lo que encontramos en el Evangelio es que la forma de vivir y de actuar de Jesús fue una vida marcada por una profunda espiritualidad (su oración frecuente y prolongada) y una constante preocupación por el sufrimiento humano.

Por eso Jesús no quiso templo. No quiso sacerdotes. No quiso rituales. No quiso ceremonias sagradas. No quiso obediencia y sometimiento de nadie a él. No mencionó para nada la división y la diferencia entre lo sagrado y lo profano. No habló nunca de orden (“ordo”) ni de ordenación. Intencionadamente curó a los enfermos cuando la religión prohibía curarlos. Rechazó con firmeza la observancia de rituales religiosos (Mc 7). Andaba frecuentemente con “malas compañías” (los pecadores, los samaritanos, los recaudadores de impuestos…). Nunca denunció las conductas criminales de los políticos (ni a Herodes, cuando degolló a Juan Bautista, ni a Pilatos cuando asesinó a los galileos que ofrecían sacrificios en el templo). Puso sus preferencias en los débiles, niños, mujeres, extranjeros…. La fe en Jesús fue un hecho solamente para el excomulgado por la religión: el ciego de nacimiento (Jn 9).

Conclusión: los cristianos tenemos una “religión” que cada día interesa menos. Porque cada día cobra más fuerza el rechazo al “poder vertical” (Peter Sloterdijk, Has de cambiar de vida, p. 151-153) y al “poder opresor” (Byung-Chul Han, Psicopolítica, p. 27-30). Lo que motiva a la mayoría de la gente es el “poder participativo” y el “poder seductor”. Si algo destacan los evangelios, es el poder seductor que mostró Jesús. No para hacerse él importante y famoso. Jesús fue así y se comportó así, para remediar el sufrimiento humano. Y mediante ese remediar el sufrimiento, así revelar lo que nosotros podemos saber de Dios; y cómo podemos relacionarnos con Dios: “Lo que hicisteis con uno de uno de estos hermanos míos tan insignificantes lo hicisteis conmigo” (Mt 25, 40). Jesús no prescinde de la religión, sino que desplaza la religión: la arranca de “lo sagrado” y la pone en el centro de “lo profano”, “lo laico”, “lo más plenamente humano”.

Lutero dijo: “El hombre es incapaz por naturaleza de querer que Dios sea Dios. Quiere ser Dios él mismo, no desea que Dios sea Dios” (Luther’s Works 31, 10; Martin Luthers Werke 1, 17, 225). Lo que hace el Evangelio es “dejar a Dios ser Dios, en cada ser humano”.

Para saber más acerca del libro, pincha aquí:

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“Sí, la Iglesia es de derechas. De derechas-derechas”, por Antonio Aradillas

Martes, 26 de marzo de 2019

imagen_3755-590x372“La Iglesia, como tal, es de  derechas. El evangelio, como tal es, no obstante,  de izquierdas”

¿De cuántos cristianos, y de qué estamentos –movimientos- religiosos, se sabe ya que electoralmente levantarán, hasta enronquecer, su VOZ, en los aledaños de los templos católicos?

La Iglesia se “derechizó” en proporciones ciertamente impensables, tanto que al mismo Jesús le hubiera sido difícil su reconocimiento

España lidera la contrarreforma ultraconservadora en el sexto aniversario del papado de Francisco

Agustín Rosety, Delegado episcopal del obispo Zornoza para las Fundaciones, número 1 de VOX por Cádiz

Es sabido de todos,  que “derechización” es un  barbarismo, o “incorrección gramatical  que consiste en pronunciar o escribir  mal una palabra”, o “emplear vocablos impropios”. De todos es también sabido que, además  de ”igual, recto, seguido  y sin torcerse   a un lado ni a  otro, el término “derecha” es académica y popularmente aplicable con toda corrección  al “conjunto de personas  que profesan  ideas conservadoras referidas  especialmente  a las favorables y favorecedoras  de la continuidad en las vidas colectivas, y adversas  a los cambios  bruscos  y radicales”.

Así las cosas, las personas, actitudes y actividades, por lo que respecta sobre todo a la Iglesia, la tarea de entrenzar  unos cuantos comentarios, resulta fácil y asequible:

La Iglesia, como tal, es de  derechas. El evangelio, como tal es, no obstante,  de izquierdas. Con excepción de algunos de los tiempos eclesiales primeros, bíblicamente narrados con emoción, pundonor, veracidad, destreza y, por supuesto, comprometidos en ello sus miembros,  la Iglesia se “derechizó”  en proporciones ciertamente impensables, tanto  que al mismo Jesús le hubiera sido  difícil su reconocimiento.

La jerarquía no es el Pueblo de Dios

Pese al principio de la necesidad proclamada  casi dogmáticamente de que “Eclessia Semper reformanda”, primó  en la teoría y en la práctica, con mayor y ardorosa vigencia,  el de “Semper idem”, fundamentado en la convicción de su “sempiternidad” en esta vida y en la otra, como signo principal  de la imagen de Dios…

Resulta  obvio  ahorrarse  comentar,  que precisamente habría de ser la jerarquía, que no el pueblo de Dios,  la acaparadora  del singular, y para muchos, excesivo,  privilegio de inamovible  en esta vida y en la otra, hasta hacer depender de ello aún su propia identidad y fundación como entidad religiosa.   Con el “semper idem” como lema, jaculatoria, camino de vida  y de comportamientos, propios y ajenos,  la Iglesia se hizo, y todavía se sigue haciendo presente…

Por lo tanto, cuantos  cambios, y más  los “considerados bruscos y  radicales”, que pudiera registrarse en la Iglesia, habrían de cancelarse  “en el nombre de Dios”, condenados a perpetuidad, sin más consideración y escrúpulos,  y por mucha lógica  que, “con luz y taquígrafos”, aportaran el común de los fieles en los casaos extremos, a  no ser  que de ellos fueran sus beneficiarios  principales  los miembros de la jerarquía.

Las reformas, ¿condenables?

Llegar a la inhóspita  conclusión  de que exactamente los  responsables máximos  de la institución y estructura eclesiástica, en sus diversos niveles personales e institucionales, fueron, son y prefieren seguir siendo  inamovibles,  -es decir,”de derechas”–  es tan fácil, como triste y doloroso.  La reforma –las reformas-  siempre son condenables. Aquellos papas, y más quien se  permitió “el lujo”,  de apellidarse Francisco- sin números cardinales identificadores, no tienen futuro y  el hipotético ascenso ulterior “al honor de los altares” no es- no será- tan claro, como en otros casos….

Sí, la Iglesia es de derechas. De derechas-derechas. Tal condición se percibe,  experimenta y padece  en la mayoría de sus –ámbitos, con admirables y raras excepciones, canonizables en determinadas personas. movimientos  y estamentos mayoritarios que se dicen “religiosos”. Santos- santos  siguen siendo en la actualidad declarados y reconocidos como tales, no pocos de  quienes antes fueron anatematizados, ensambenitados  y hasta quemados  en hogueras inquisitoriales y de las otras …

La Iglesia, en campaña electoral

En vísperas electorales ya en España, el crecimiento de posiciones  y actitudes derechistas  en personas y grupos,  se percibe con facilidad dentro de la Iglesia y  sobre todo en sus líderes, con mitras o sin ellas. Son muchos más los que piensan  y actúan “en y por la Iglesia”, que “en y por el evangelio”.  Los programas electorales de los de derechas, son  más sustantivamente  canónicos y  “eclesiásticos”, que “evangélicos”, tales como los referidos a la asignatura de la Religión, a diversos privilegios y a las  “inmatriculaciones” de bienes, de los que por cierto hay que referir que, después del Estado,  su más rica propietaria en España es precisamente la Iglesia.

¿No tendrán que ser y votar  “a las derechas” quienes vivan en palacios”, por muy episcopales que sean?. ¿Dependerá la falta de claridad, de decisión, de justicia y de audacia  del episcopado español en relación con abusadores y pederastas, por acción u omisión,  precisamente a su “adscripción “, al menos sentimental, a ideas y movimientos inamovibles y conservadores, con el “ultra”, o sin él por delante? ¿Por qué hay tantos o más santos canonizados, de derechas, que de izquierdas?

¿De cuántos cristianos, y de qué estamentos –movimientos- religiosos, se sabe ya  que electoralmente levantarán, hasta enronquecer, su VOZ, en los aledaños de los templos católicos? ¿Cuál será la opción electoral mas frecuentada, y recomendada, -con discreción o sin ella- por nuestros obispos? ¿Acaso la “somnolencia  de los buenos” –fieles y obispos-   caracterizará el proceso electoral actual, sin ejemplares referencias a comportamientos eclesiásticos, de por sí antidemocráticos?

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José María Castillo: “Lo que Jesús enseñaba a sus discípulos no fue religión, fue el Evangelio”

Miércoles, 20 de marzo de 2019

jesus-de-nazaret“No existe el demonio. Es una figura mítica para describir en aquellos tiempos el mal”

“La Iglesia se ha centrado más en la religión, y ha marginado el Evangelio”

(Diario Jaén).- Es sacerdote en excedencia, lo que le deja las manos libres y tiempo para dedicarse a lo que le gusta, que es escribir y participar activamente, desde hace años, en proyectos solidarios con Mensajeros de la Paz. Tiene publicados varios libros. El último,El Evangelio marginado“, lo presenta hoy (el pasado día 1 de marzo), a las 19:00 horas, en la Sala 75 Aniversario de Diario JAÉN

¿Por qué ese título, El Evangelio marginado?

 La tesis central del libro parte de la idea de que el cristianismo es una religión y de que la Iglesia es la gestora de esa religión. Gira en torno al hecho del fenómeno religioso. Pero hay algo que es previo a todo eso, que es el Evangelio. Es una recopilación de relatos breves en torno a una figura singular, Jesús de Nazaret.

Hay dos cosas a tener en cuenta, la religión y el Evangelio. Jesús nació en un pueblo muy religioso, el pueblo judío, y por tanto fue educado en una religión. Pero cuando se separó de su familia, de su casa y se puso a recorrer Palestina, que era una colonia romana del imperio, lo que Jesús representa no fue la religión, fue el Evangelio.

¿En dónde está el problema?

El libro gira en torno a la religión y el Evangelio. El problema está en que la vida pública de Jesús la conocemos, la privada en los años que vivió en Galilea, no. Él era un trabajador humilde en Nazaret. Un buen día dejó su casa, su familia, su trabajo y después de estar cerca de Juan Bautista se rodeó de un grupo de discípulos, de compañeros y de mujeres que iban con él.

¿Qué les predicaba?

Lo que Jesús les enseñaba no fue religión, fue el Evangelio.

Scene 07/53 Exterior Galilee Riverside; Jesus (DIOGO MORCALDO) is going to die and tells Peter (DARWIN SHAW) and the other disciples this not the end.

¿Cuál es la diferencia?

La diferencia está en que la religión es un conjunto de prácticas y observancia de normas, de creencias que giran siempre en torno al espacio sagrado que es el templo y son gestionadas por una jerarquía de sacerdotes, que en otras religiones tienen sus equivalentes, en cada cultura les llaman de una manera. Pero siempre hay los profesionales de la religión, con un lugar separado y aparte del templo que es un lugar sagrado, que viven, por ejemplo, en un palacio episcopal.

Quiere decir que esa práctica no figura en el Evangelio.

Jesús no hizo nada de eso. Vivió, habló y actuó de tal manera que no tiene que ver con la religión. Si leemos los Evangelios, el conflicto entre el Evangelio y la religión es constante, casi desde el principio hasta el fin. Y va en aumento, con la Pasión.

Al final, aquello acabó de la peor manera posible y es que la religión era incompatible con Jesús y el Evangelio. Por eso lo juzgaron, lo condenaron y lo ejecutaron de la peor manera que se podía ejecutar en aquel momento a un subversivo, crucificándolo. Esa era la manera más cruel de matar en aquel tiempo.

El Evangelio marginal es, por tanto, su visión de lo que ha pasado en la Iglesia.

Lo que Jesús enseñó fue el Evangelio, en conflicto con la religión. ¿Ve el contraste? Jesús no fundó un templo, no fundó un sacerdocio, no instituyó rituales. Jesús era un predicador ambulante, en el que resaltan tres cosas, su preocupación por curar enfermos, por la salud, curaba a un ciego, un manco, un paralítico… Jesús curaba a todo el que podía. Incluso hay un caso que resucitó a un muerto. Pero estos relatos no se pueden tomar al pie de la letra.

En aquella cultura creo que esos hechos no ocurrieron así tal cual. Es una manera de decir que Jesús, donde veía sufrimiento, lo aliviaba. La primera gran preocupación del Evangelio es la salud. Es lo que más nos preocupa a todos. La segunda es el hambre. Se habla de comidas, pero siempre son compartidas, de alimentación compartida.

Y en tercer lugar, su preocupación eran las relaciones humanas, que fuesen lo mejor posible, con perdón, sin venganzas, siendo bueno con todos, respetando a todos, aunque sean gente que no piensa como tú, aunque sean extranjeros o lo que sean.

Así las cosas, lo extraño es que lo que ha predominado en la Iglesia no ha sido todo esto, aunque es verdad que la Iglesia hace mucho de todo esto. Pero la estructura del sistema organizativo y de gestión de la Iglesia es la religión. La Iglesia tiene catedrales, templos, los obispos viven en palacios. La gente de Iglesia, hombres y mujeres, tienen su vida asegurada.

¿Y la figura del demonio y las tentaciones?

No existe el demonio. Es una figura mítica para describir en aquellos tiempos el mal.

Fuente Religión Digital

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Actitudes ante la Iglesia

Lunes, 18 de marzo de 2019

quieres-ganar-mas-dinero-cambia-tu-actitud_ampliacionPedro Zabala
Logroño.

ECLESALIA, 25/02/19.- La célebre frase que Cervantes puso en boca de Sancho Panza “con la Iglesia hemos topado”, sirve muy bien para describir las diversas actitudes que se dan respecto a la Iglesia católica -mejor dicho, a su jerarquía- en nuestro país y… aun fuera de él. E incluso dentro de los mismos seguidores de Jesús en la actualidad.

Están los anticlericales. No hace mucho, se decía que los españoles se dividían en dos bandos: los que iban sumisamente detrás de los clérigos con un cirio encendido y los que se dirigían a su encuentro con garrotes para apalearlos. “Acabar como el rosario de la aurora” es un dicho popular, parece que nacido de los altercados que se producían en Valencia entre devotos marianos y blasquistas (grupo político inspirado en el novelista Blasco Ibáñez).

Hoy siguen existiendo anticlericales. Quizá no sigan usando el garrote. Aunque no faltan en todo el mundo templos incendiados y algunos sacerdotes asesinados por el hecho de serlo. Pero más bien, se usan medios de comunicación y redes sociales para atacarlos. Algunas veces con razón, (como en los abominables casos de pederastia, tanto por los hechos en sí, como por su encubrimiento). Y otras sin ella.

Están también los antirreligiosos. Su oposición es frontal, en muchos casos a cualquier religión, pero sobre todo a la católica. En nombre de la ciencia la acusan de oscurantismo. Y apelando a la autonomía del poder civil, ven en ella un contrapoder que intenta dominar a la sociedad. O viendo el fanatismo de algunos facciones religiosas, creen que es un factor de división, de violencias e incluso de guerras. Dentro de esa mentalidad, hay quienes -ateos fanáticos- no dudan en intentar proscribirlas, convirtiendo en delito la pertenencia a alguna de ellas. La mayoría, sin embargo, se contenta con reducirlas al ámbito de las conciencias, excluyendo su pretensión de incidir en el área pública.

Quizá se está extendiendo hoy mayoritariamente una tercera postura: el pasotismo de la indiferencia. Preocupados exclusivamente por su bienestar individual, no se plantean la cuestión de la trascendencia, ni la existencia de las religiones: las ven como algo totalmente lejano a su vida.

La pluralidad de posturas se da también dentro de las Iglesias. En la católica, a la que pertenezco y creo conocer un poco, se dan los integristas que defienden a capa y espada la rigidez doctrinal, normativa y litúrgica. En esta corriente, se encuentran los lefebrianos -si siguen siendo católicos- y los que dudan de la ortodoxia del pastor Francisco por sus gestos y su tímida apertura. No faltan en sus filas eminentes purpurados, nombrados por Juan Pablo II. Ponen el derecho canónico y el catecismo de la Iglesia por encima del Evangelio.

Luego estamos los cristianos de la periferia, recogedores del espíritu del Concilio Vaticano II, que intentamos seguir a Jesús y llevar a nuestras vidas y a la sociedad su Mensaje. Nos duele esta Iglesia de muros cerrados, aferrada al “fuera de la Iglesia no hay salvación”, a la división entre docentes y discentes, de clérigos sabios y legos ignorantes. Soñamos con una comunidad de hermanas y hermanos, superadora de la discriminación secular de la mujer, de una visión deformada de la sexualidad y de la alianza con el poder político. Creemos en una organización no piramidal, sino sinodal de comunidades erigidas de abajo arriba, con ministerios temporales, en función de los diversos carismas existentes en la misma y de sus necesidades.

Conseguir esta mudanza no es fácil, exigirá tiempo. ¿Lo tenemos? Una consigna recorre hoy la Iglesia: salir a las periferias. Algunos ya estábamos. Dentro de las filas de anticlericales y antirreligiosos hay muchos que antaño fueron miembros sumisos de esa jerarquía. Al convertirse en adultos se fueron. ¿Les atraerá hoy otra Iglesia, pobre y débil, que sólo ponga su esperanza en seguir a Jesús y que ofrezca sin imposiciones su mensaje radical de que los últimos son los preferidos del Señor?.

El diálogo respetuoso es el único camino válido. Primero, entre todos los que nos decimos seguidores de Jesús para restablecer la unidad perdida y acabar con el escándalo de nuestra secular división. La figura del sucesor de Pedro puede ser, en esa vía, un obstáculo si se empeña en imponer la uniformidad y el acatamiento, o un cauce de unión si sostiene la diversidad en la caridad.

Diálogo con las otras religiones, empezando por las otras monoteístas -Judaísmo e Islam- y con las demás para trabajar conjuntamente por la paz. Y diálogo con todas las personas de buena voluntad en defensa de los Derechos Humanos y de la Casa Común que habitamos.

¿No es la hora de la escucha y de aprender unos de otros?. ¿No debemos aportar la alegría de la esperanza y la tenacidad en el trabajo por todos los seres vivientes y de las futuras generaciones?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Recordatorio

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