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“Soy sodomita? Sodoma y la homosexualidad”, por Jesús Donaire

Jueves, 12 de mayo de 2022

Screenshot-2022-05-08-at-17-15-53-¿Soy-sodomita-Sodoma-y-la-homosexualidadDe su blog Acompañamiento y reflexión teológica LGBTIQ+:

“Con ese término se ha humillado e injuriado a millones de personas durante siglos”

¿Deberíamos seguir utilizando la palabra sodomita como se ha utilizado a lo largo de los siglos? ¿Realmente los homosexuales somos sodomitas?

Con el pasaje bíblico de Sodoma se ha justificado el acoso, rechazo y persecución de quienes, amando a personas de su mismo sexo, han sido convertidos en chivos expiatorios de la homofobia institucional

Seguro que, en mas de una ocasión, has oído utilizar la expresión “sodomita”. Obviamente, con carácter peyorativo y deseo de ofender a alguien. La historia está repleta de episodios de persecución y condena de las personas homosexuales. Se trata de un término que, desde el principio del cristianismo y hasta el día de hoy, se emplea para insultar y ofender a las personas homosexuales. Con él, se ha humillado e injuriado a millones de personas durante siglos, marcándolas como si fueran verdaderos criminales.

La iglesia, apartándose de las enseñanzas de Jesús y aprovechando su gran influencia política, social, espiritual y moral, ha inoculado este odio en la conciencia colectiva de la sociedad. Una fobia que ha llegado hasta el punto de considerar a las personas homosexuales bestias salvajes que debían ser erradicadas. ¿Piensas que exagero cuando empleo esta expresión? Escucha con atención algunos ejemplos.

El Concilio XVI de Toledo, celebrado en el año 693, considera la homosexualidad un crimen severo que ha de ser castigado con el exilio. En 1140, el Decreto de Graciano, primera codificación del derecho canónico occidental, califica toda práctica homosexual como crimen contra natura. En la mayoría de los pronunciamientos magisteriales que la iglesia ha realizado, la sodomía es descrita como un crimen grave, pecado horrible y práctica execrable. El papa san Pío X, en la primera década del siglo XX, la definía como vicio maldito que merece el castigo de Dios. ¡¡Tremenda expresión de alguien que la iglesia ha canonizado!!

El historiador y profesor británico, Henry Kamen, ha dedicado parte de su vida a la investigación de la Inquisición española, poniendo de manifiesto las atrocidades y aberraciones que los tribunales eclesiásticos realizaban contra las personas homosexuales. Parafraseando a Kamen, los castigos más comunes que se aplicaban en España consistían enazotes, encierro en galeras, castración o lapidación. Hasta que en el año 1497, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, cambiaron estos crueles castigos por uno bastante peor: la quema en público de las personas gays, y la correspondiente confiscación de todas sus propiedades y bienes. Estas terribles prácticas que los Reyes Católicos fomentaron, deberían ser tenidas en consideración por el papa Francisco, a la hora de tomar la decisión de abrir el proceso de beatificación de Isabel la Católica.

La iglesia ha convertido esta narración bíblica en el paradigma moral del supuesto pecado que las personas gays cometen, cuando practican el coito anal. La ha interpreado como una condena explícita de las relaciones homoeróticas. Así ha logrado convertirla en una epopeya ética que ha inspirado a infinidad de escritores religiosos y autoridades eclesiásticas, a escribir terribles historias de intolerancia y fanatismo religioso. Emperadores, papas y gobernantes, interpretando errónea y supersticiosamente el pasaje de Sodoma, han llegado a atribuir a las personas homosexuales catástrofes naturales. En el año 538, el emperador Justiniano, gran defensor de la iglesia y protector del cristianismo, llegó a afirmar que las prácticas homosexuales eran una amenaza al Estado, porque provocaban la venganza de Dios en forma de terremotos, hambres y pestes.

¿Cómo es posible que la iglesia haya llegado hasta el punto de ordenar la ejecución pública de personas homosexuales? ¿Cómo ha alcanzado tal aberración? ¿Deberíamos seguir utilizando la palabra sodomita como se ha utilizado a lo largo de los siglos? ¿Realmente los homosexuales somos sodomitas?

En este nuevo vídeo, analizo el pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, para ayudarte a comprender cuál es la verdadera enseñanza que el autor sagrado quiere transmitir en este relato. Una enseñanza que nada tiene que ver con la homosexualidad humana tal y como hoy la entendemos. ¡Entra en el enlace (https://acortar.link/sJj55c) y visualiza el vídeo!

¡Si tú también encuentras necesario el discurso y proyecto que estoy iniciando, solidarízate conmigo e impúlsame a seguir!! . ¡Necesito de tu ayuda y colaboración! Me siento llamado en favor del otro. Si necesitas reflexionar conmigo, te invito a conocer mi acompañamiento personal o en grupo. Entra en mi página web (jesusdonaire.me) y solicítalo. Estaré encantado de conocerte y acompañarte en tu proceso personal. ¡¡A tu servicio!!

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¿Quién es pródigo ahora? Las personas LGTBI+ necesitan saberlo.

Lunes, 28 de marzo de 2022

CED3F458-4E6E-4E89-96B2-292257918A2EEl regreso del hijo pródigo” de Vladimir Zunuzin

La reflexión de hoy es de Allison Connelly, colaboradora de Bondings 2.0, cuya biografía está disponible aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Cuarto Domingo de Cuaresma se pueden encontrar aquí.

A menudo, nos referimos al personaje principal de la parábola del Evangelio de este domingo como “el hijo pródigo”. Como tenía curiosidad, busqué la definición del adjetivo “pródigo” en el diccionario Merriam-Webster. Las primeras dos definiciones tenían sentido para mí, al menos en el contexto de esta parábola: la primera definición se “caracteriza por un gasto profuso o derrochador”, y la segunda es “despilfarro imprudente”. Ambas definiciones encajan con la forma en que me explicaron esta parábola: como el hijo que derrocha y es imprudente con sus recursos.

Una tercera definición de “pródigo” en el diccionario me sorprendió: “rendir abundantemente: LUJOSO”. Con esta definición, mi comprensión de esta historia cambió.

Como mujer joven, queer y católica, me dicen constantemente, explícita o implícitamente, que soy un desperdicio o, al menos, que soy un desperdicio. Soy una oportunidad perdida para el matrimonio heterosexual. Soy una oportunidad desperdiciada para la procreación. Soy una vocación desperdiciada a la vida religiosa. Estoy desperdiciando dólares en el bolsillo del arzobispo. He desperdiciado mi oportunidad de ser un católico dócil, complaciente y obediente porque me niego a ajustarme a las enseñanzas homofóbicas y misóginas de la iglesia institucional. En cambio, reclamo públicamente mi santidad, sacramentalidad y santidad como mujer católica lesbiana casada. Los católicos queer, desde la perspectiva de algunos en la jerarquía, son totalmente pródigos, pero solo en las dos primeras definiciones de esa palabra.

Para mí, sin embargo, encuentro verdadera rareza no en las dos primeras definiciones, sino en la tercera en su referencia a la abundancia y el lujo. Nosotros, personas LGBTQ de todo tipo, CONOCEMOS el lujo, y no necesariamente el tipo que requiere riqueza. ¡Conocemos el lujo de la moda! ¡Música! ¡Arte! ¡Creatividad! ¡Estilo! ¡Rendimiento! ¡Ritual! ¡Poesía! ¡Danza! Tal vez sea un cliché, pero cuando pienso en el lujo, pienso en drag queens, caras que golpean a los dioses, pelucas que se cambian a mitad de la sincronización de labios, coreografías llenas de gotas de muerte y revelaciones de vestidos.

Nuestra comunidad queer también conoce la abundancia: abundancia que no proviene de los recursos financieros, que tan a menudo se nos niegan, sino de la lealtad, el compromiso, la pasión, la solidaridad, las relaciones, la colaboración, la transformación, la responsabilidad, el crecimiento, la posibilidad y la gama más completa de emoción humana En lugar de ser un desperdicio, las personas queer son recursos de brillantez, lujo y abundancia.

Desde esa perspectiva, leo nuevamente la parábola del hijo pródigo. ¿Qué pasa si, en lugar de que el hijo represente al irresponsable fiscalmente, el hijo represente al irresponsable pastoralmente? El hijo exige su herencia de su padre a una edad temprana, de la misma manera que algunos líderes de la iglesia exigen el cumplimiento y la “conversión” de los homosexuales a una edad temprana (y en todas las edades, en realidad). El hijo desperdicia sus recursos imprudentemente de la misma manera que la Iglesia desperdicia toda la humanidad y la participación de la gente queer al producir y cosificar teologías y políticas que causan daño y violencia a la comunidad LGBTQ. Y después de que el hijo gasta todos sus recursos, se encuentra en una hambruna. Lo mismo ocurre con la iglesia, ya que excluye a la comunidad LGBTQ (y otros grupos marginados) y luego descubre que las personas abandonan la iglesia debido a la homofobia institucional. La relación entre la jerarquía institucional de la Iglesia Católica y las personas LGBTQ está llena de (tal vez incluso definida por) despilfarro e imprudencia, pero no por parte de los queers. Tengo que preguntarme: ¿quién es pródigo ahora? ¿Y por definición de quién?

La segunda parte de la parábola del evangelio de hoy, cuando el hijo entra en razón y vuelve junto a su padre, también tiene una lección. Si el liderazgo de la Iglesia institucional es la figura del hijo pródigo, tenemos que dejar abierta la posibilidad de arrepentimiento, retorno y reparación. ¿Qué pasaría si la Iglesia se arrepintiera de su homofobia? ¿Si los líderes de la Iglesia regresaran y se disculparan con aquellos a quienes habían dañado, como lo hizo recientemente el cardenal Marx en Alemania? ¿Si buscaban reparación, volviéndose a una vida de servicio y testimonio para aquellos a quienes habían dejado atrás?

Honestamente, no puedo prometer que saludaría a estos líderes de la Iglesia con amor y generosidad, con celebración y regocijo. Tal vez sería más como el hermano del hijo pródigo, sorprendido y amargado por la compasión y el alivio de su padre, preguntándome por qué no me habían celebrado por mi fidelidad durante todos estos años de abandono teológico y pastoral. Pero este arrepentimiento, retorno y reparación es posible. De hecho, es necesario, no sólo por el futuro de la Iglesia, sino por su integridad, su autoridad y su abundante y lujosa prodigalidad.

—Allison Connelly, 27 de marzo de 2022

Fuente New Ways Ministry

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Carta al párroco

Jueves, 3 de marzo de 2022

7F4ABEA3-749D-471C-AC5C-F4DF1254EDFAEscrita, va para veinte años, por un feligrés a su párroco

Juan de Burgos Román
Madrid

ECLESALIA, 10/01/22.- Asistí anoche a la disertación que diste en la parroquia y, como me chirriaron algunas de las cosas que, con contundencia, nos dijiste, pensé que quizá debiera ir a mostrarte mis discrepancias, pero no lo tuve claro. Sin embargo, después de un rato de oración, entendí que lo atinado era que no me callara, así que me he animado a enviarte esta nota.

A lo largo de la charla, te referiste varias veces a la Iglesia, diciendo cosas como que la ponemos en solfa, nos afeaste que, cuando buscamos la relación con Dios, lo hiciéramos al margen de la Iglesia, concluías afirmando que no la queremos y nos invitaste a cambiar, procediendo del modo que tú estimas que nosotros debemos proceder.

Y yo me digo: después de cómo se ha portado la Iglesia con muchos de nosotros (bueno, me refiero a la Iglesia oficial y sus ministros), lo esperable sería que a estas alturas no la pudiéramos ni ver y, sin embargo, seguimos bajo sus alas. Tras los muchos miedos a la condenación eterna que, los ministros de iglesia, nos han metido en el cuerpo, tras las angustias y desasosiegos que hemos sufrido por causa de ello a lo largo de nuestra juventud (y también posteriormente; recuerda, por ejemplo, las exhortaciones clericales a propósito de la Humane Vite), debiéramos haber salido despavoridos hace ya mucho, pero aquí seguimos. Y tú vas y nos dices que no queremos a la Iglesia. Después de tanta tergiversación e impostura, mostrándonos a Dios como un ser vengativo dispuesto a mandarnos a los infiernos a las primeras de cambio, o endilgándonos la “Historia Sagrada” a base de interpretaciones literales de las escrituras (la manzana y la serpiente parlante, el “trasatlántico” de Noé, etc.), lo que cabría esperar habría sido que nos hubiéramos marchado de la Iglesia hace ya muchos años, pero aquí seguimos, participando de sus cultos y colaborando en sus saraos varios. Después de la reciente tomadura de pelo, convirtiendo el año de júbilo en una interminable sucesión de romerías para ir a ganar algo extraño llamado jubileo (con la zanahoria de las correspondientes indulgencias, que no se sabe bien lo que son), resulta que, nosotros, en lugar de haber dicho que ya estaba bien, pues aquí andamos aun, en el redil de la Iglesia.

Pero fuiste a más: nos dijiste que teníamos el importante cometido de hacer creíble a la Iglesia ¿Así?, ¿conforme está ahora?, ¿sin limpiarla, al menos, un poquito? Me habría gustado (y creo que hubiera sido de justicia) que nos hubieras proporcionado unas pinzas, para la nariz, para cuando huele especialmente mal, y unos litros de lejía, para que nos hubiéramos puesto antes a fregarla, y así, cuando ya hubiera empezado a brillar, pudiéramos mostrarla sin sonrojarnos.

Me he animado a decirte esto último a la vista del texto bíblico que me salió en mi anterior rato de oración: «Pero vosotros os habéis extraviado del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la Ley, habéis corrompido la alianza de Leví, dice Yahveh Sebaot. Por eso, yo también os he hecho despreciables y viles ante todo el pueblo, de la misma manera que vosotros no guardáis mis caminos y hacéis acepción de personas en la Ley» (Malaquías 2,8-9).

Pues claro que queremos a la Iglesia (¿Quién nos ha transmitido la fe?), pero la queremos limpia, transformada. No parece que Jesús quiera una Iglesia como esta nuestra de ahora, de la que cabe decir lo mismo que él decía de la religión del Templo y de los jefes religiosos de su época.

Lamentablemente, el respeto y aprecio por la verdad no ocupan los primeros lugares en la escala de valores de muchos eclesiásticos; hay muchos otros principios que se la han puesto por encima. Sin ir más lejos, repara en la cantidad de milongas se dicen desde los púlpitos para que “los sencillos no se escandalicen”.

Me permito notar que, según tengo observado de antiguo, al hablar de la Iglesia, de su importancia, de lo que debe significar, tú hablas de ella y de Jesucristo como si de la misma cosa se tratara. Me pregunto si no será esto, la identificación que tú haces, lo que te llevó a la exhortación de anoche.

Nos decías, con firmeza, que (en tu opinión, supongo yo) gustamos de Dios pero no gustamos de los sacramentos. Tengo para mí que lo que acontece es algo muy distinto: acontece que lo que no gustan son los sucedáneos de sacramento. Me pregunto si, antes de hacer un reproche tan duro a tus feligreses, no sería conveniente que echaras un vistazo a cómo está posicionada en esto la parroquia (y la Iglesia en general; no me refiero al “pueblo fiel”). Y es que, a lo que se me alcanza, malamente se puede gustar de Dios sin gustar de los sacramentos, ya que sin estos (signos sensibles de la presencia de Dios) ni se le puede llegar a vislumbrar. Otra cosa son los rituales, a veces hueros, y las fórmulas litúrgicas en vigor, que en muchas ocasiones tienen apariencia de conjuro mágico que pretende obligar a Dios a acudir, de inmediato, a donde el presbítero oficiante se lo ordena.

Cuando te oí hablar de esas muchas personas, decías tú, que creen pero que no practican, pensé que quizá seamos nosotros, los que pululamos por las parroquias, los que, a fuerza de hacer mal las cosas, las hayamos incitado a marcharse ¿No será que ellas abandonan porque nuestro mensaje ha dejado de ser buena noticia, porque la cara de la Iglesia está demasiado sucia y nuestras celebraciones son, cuando menos, insustanciales e insípidas?

Y para acabar, tengo una cosa que, aunque no es de lo que tú nos dijiste, estaba allí presente anoche: Llamaba poderosamente la atención la frase “Abracemos la Cruz de Cristo” que, con motivo de la cuaresma, habéis puesto allí, en la pared interior del templo con grandes letras. Me produjo cierto rechazo, ya que, respecto de la Cruz de Cristo, me siento mucho más cercano a esto otro, que dijo el Vaticano II: «Él, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de quienes buscan la paz y la justicia» (Gaudium et Spes, 38a)

Y es que Jesús fundamentó su vida sobre el amor y no sobre el sufrimiento. Así pues, entiendo que, cuando sigamos sus pasos, en su caminar (entrega amorosa) por el establecimiento del Reino, no deberemos olvidar que ello nos puede acarrear amarguras y sufrimientos, los cuales nos veremos en la precisión de asumir, pero no de buscarlos, ni de andar tras ellos. Esto no es abrazarse a la cruz, esto es algo así como un accidente laboral, que, sin que lo busquemos, nos cae encima.

Espero que sepas disculparme si en algo estimas me he excedido.

Un abrazo.

21 de febrero de 2002

 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Gonzalo Haya: “El Sínodo y el Concilio de Jerusalén.”

Miércoles, 23 de febrero de 2022

5-6El amigo Santiago Villamayor encabeza su artículo sobre los falsos supuestos (los errores subyacentes) en el Documento Preparatorio del Sínodo con una cita sobre el llamado concilio de Jerusalén tomada del nº 23 de este documento (Atrio 28.01.22).

Creo que es un acierto de este documento, y de Santiago, el comparar la situación actual de la Iglesia con la situación planteada por Pablo y la comunidad de Jerusalén, que consideraba una infidelidad el incumplimiento de la Ley dada por Dios a Moisés.

Recomiendo a los interesados que lean los capítulos 10 y 15 del Libro de los Hechos de los Apóstoles y que se centren en el mensaje que Lucas quiere transmitirnos, aunque lo haya fabulado al estilo de la época como fabuló la venida del Espíritu en Pentecostés (que el evangelio de Juan narra con toda sencillez en Jn 20,22). Lo que Lucas presenta como visiones de ángeles que hablan podemos interpretarlo como ideas o imágenes que surgen en nuestra conciencia. Me arriesgaré a explicar este episodio en términos más actuales.

Pablo había experimentado que el peso de la Ley era el mayor inconveniente para que los paganos acogieran el mensaje salvador de Jesús, porque comprendió que este mensaje no se basaba en el esfuerzo humano de cumplir unas normas sino en la oferta gratuita del amor de Dios (que él formuló teológicamente como la fe en Jesús).

La Iglesia de Jerusalén, fiel al judaísmo, sentía que prescindir de la Ley de Moisés significaba romper la Alianza a la que Yahvé había condicionado la salvación. Hay que reconocer que no constaba claramente, ni a unos ni a otros, que Jesús hubiera renunciado a la Ley.

Sí constaba lo que había dicho que “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Esto puede resultar demasiado abstracto, pero Jesús lo concretó curando en sábado (aunque podría haber retrasado la curación para el día siguiente) y declarando  que no hay alimentos impuros sino que la impureza sale del corazón del hombre (Mc 7,14-23; Mt 15,10-20).

Sin embargo parece que Pedro no había entendido esta enseñanza tan explícita hasta que le ocurrió la visión citada en Hechos c.10, que le decía que comiera de aquellos animales (entonces recordó y reelaboró esta idea en su conciencia).

Marcos, el evangelio más radical, simboliza el rechazo del Templo y de la Ley en la parábola de la maldición de la higuera, que sería totalmente absurda si se toma al pie de la letra que Jesús maldijo a una higuera porque no le daba higos fuera de su tiempo (es muy ilustrativo comparar las versiones de Mc 11,12-5; 18,19; con Mt 21,18-21; y Lc 13,6-9). Sin embargo tanto Pedro como el apóstol Juan seguían subiendo al Templo “para la oración de media tarde” (Hechos 3,1).

En este conflicto entre Pablo y Santiago, entre las comunidades paganocristianas y judeocristianas, Lucas sitúa a Pedro como mediador. Pedro se siente impulsado por el Espíritu (por su conciencia iluminada por el Espíritu) a aceptar la llamada del centurión Cornelio, superando la prohibición de entrar en casa de una pagano; y al escucharlo reconoce “Ahora comprendo verdaderamente que Dios no es parcial, sino que acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea” (Hechos 10,34) y repite este testimonio en la asamblea de Jerusalén añadiendo “Pues ahora ¿por qué tentáis a Dios imponiendo al cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos sido capaces de soportar?” (Hechos 15,10).

Creo que estos textos, y otros que se podrían citar, nos muestran el difícil equilibrio en que se movió Jesús, y en el que se mueve hoy la Iglesia, entre la importancia del cumplimiento de unas normas tradicionales y la confianza en el amor gratuito e incondicional que Dios nos muestra, y que nos pide ejerzamos con nuestros hermanos.

Jesús no rechazó explícitamente la Ley de Moisés pero, prescindió de ella cuando le impedía actuar en beneficio de judíos o paganos y, según Marcos, murió repitiendo el salmo 22 (21) “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Para terminar esta comparación entre el Sínodo convocado por el Papa y el llamado concilio de Jerusalén, digamos que Santiago Villamayor se siente proféticamente movido como Pablo a reclamar una libertad ante las creencias y las leyes establecidas en la Iglesia; la curia clerical que acosa al Papa, interesadamente o de buena fe, ejerce el papel de Santiago que preside la comunidad de Jerusalén; y Francisco, como Pedro, trata de dar testimonio en favor de esta libertad proclamando una “Iglesia en salida” hacia toda la humanidad.

¿Cuál es nuestro papel? El Papa aconseja el discernimiento que cada uno debe ejercer para escuchar en su conciencia lo que el Espíritu le inspira a su comunidad y a él mismo, ya sea el mantenimiento de unas normas tradicionales o la superación de esas normas para acoger a otros hermanos, que buscan otros modos de comprender y vivir la Trascendencia.

Para Dios no hay acepción de personas, y Jesús puso como ejemplo al buen samaritano; y en la fe (confianza) de la mujer cananea (Mc 7,25-30) comprendió que la salvación (fraternidad) del Reino de Dios se extendía también a los paganos.

La Iglesia no es el Reino, es un camino para extender el Proyecto de Jesús, el plan de Dios desde la creación, el Reino de la fraternidad universal.

Gonzalo Haya

Fuente Atrio

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Destacado cardenal europeo dice que “la Iglesia debe cambiar”

Jueves, 10 de febrero de 2022

images1Acabo de leer esta entrevista que comparto para todos en ATRIO. Es como si a Masiá, tras sus años en Japón, le hubieran hecho arzobispo y cardenal y hablara con la misma sinceridad con que le hemos oído tantes veces. Pues Jean-Claude tiene especial revelancia en la Iglesia de hoy, con Francisco. No sé si se conocen de antes, pero he traducido you por en esta conversación con el redactor de La Croix. AD. 

EXCLUSIVO: En una amplia entrevista con “La Croix”, el cardenal Jean-Claude Hollerich SJ habla con franqueza sobre temas candentes en la Iglesia católica

Por Loup Besmond de Senneville | Ciudad del Vaticano | La Croix International, 24-1-2022

La disminución del número de creyentes en Europa, la lucha de la Iglesia por seguir desempeñando un papel en la sociedad occidental, el debate sobre el celibato sacerdotal y las nuevas visiones sobre la sexualidad.

El cardenal Jean-Claude Hollerich , el jesuita de 63 años que dirige la Arquidiócesis de Luxemburgo y es presidente de COMECE (la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea), habla con franqueza sobre estos y otros temas candentes en esta entrevista exclusiva con Loup Besmond de Senneville de La Croix .

La Croix : Has sido misionero en Japón, eres jesuita, arzobispo de Luxemburgo, cardenal. ¿Siempre has buscado a Dios de la misma manera?

Cardenal Jean-Claude Hollerich: Cuando llegué a Japón siendo un joven sacerdote, fue un gran impacto. En ese momento yo era un joven empapado del catolicismo popular de Luxemburgo.

Con otros jesuitas, cada uno con un origen católico diferente, llegamos a un modelo de catolicismo que todos vimos muy rápidamente que no correspondía a las expectativas de Japón. Para mí, esto representó una crisis. Tuve que dejar de lado toda la piedad que había sido la riqueza de mi fe hasta entonces y abandonar los caminos que amaba.

Me enfrenté a una elección: renunciar a mi fe porque no podía encontrar los caminos que conocía, o emprender un viaje interior. Elegí la segunda opción. Antes de poder proclamar a Dios, tenía que convertirme en un buscador de Dios. Dije con insistencia: “Dios, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, tanto en la cultura tradicional como en el Japón posmoderno?” Cuando regresé a Europa hace diez años, tuve que empezar de nuevo.

Para ser honesto, pensé que encontraría el catolicismo que había dejado en mi juventud. Pero ese mundo ya no existía. Hoy, en esta Europa secularizada, tengo que hacer lo mismo: buscar a Dios.

¿Ha vuelto Europa hoy a ser tierra de misión?

Sí, lo ha sido durante mucho tiempo.

El Luxemburgo de mi juventud era un poco como Irlanda, con grandes procesiones, mucha piedad popular, etc. Cuando yo era niño, todos los niños iban a la iglesia. Mis padres no fueron, pero me enviaron, porque era normal hacerlo.

Recuerdo que en la escuela, una niña de mi clase no hizo su primera comunión y eso armó un escándalo. Ahora, lo que causa el escándalo es cuando un niño realmente la toma.

Pero al reflexionar, puedo ver que este pasado no fue tan glorioso. Obviamente no lo vi de niño, pero ahora me doy cuenta de que ya había muchas grietas e hipocresías en esa sociedad en ese entonces.

Básicamente, la gente no creía más de lo que cree hoy, incluso si iban a la iglesia. Tenían una especie de práctica dominical cultural, pero no estaba inspirada en la muerte y resurrección de Jesús.

¿Crees que este catolicismo cultural está acabado?

Todavía no. Varía en diferentes partes del mundo. Pero estoy convencido de que la Covid acelerará este proceso.

En Luxemburgo, tenemos un tercio menos de feligreses. Estoy seguro de que no volverán. Entre ellos hay personas de cierta edad a las que les resultará doloroso volver a la práctica religiosa, ir a una iglesia. Pero también están aquellos católicos para quienes la misa dominical era un ritual importante que brindaba estabilidad a sus vidas.

Para muchos, llamarse católico sigue siendo una especie de disfraz dotado de una moralidad general. Les ayuda a mantenerse al día con la sociedad, a ser “buenos cristianos”, pero sin definir realmente lo que eso significa.

Pero esta era debe terminar. Ahora debemos construir una Iglesia basada en la fe. Ahora sabemos que somos y seremos una minoría. Esto no debería sorprendernos ni entristecernos.

Tengo la dulce certeza de que mi Señor está presente en Europa hoy.

¿Y no tienes dudas al respecto?

Oh no. No hay dudas en absoluto. Ya no es una pregunta que me persiga.

Cuando era más joven, tenía miedo de no encontrarlo. Era como si estuviera obsesionado por este miedo. Tenía que averiguarlo o me hundiría. Ahora estoy mucho más tranquilo.

¿Es esa la sabiduría de la edad?

No sé si existe tal cosa como la sabiduría de la edad. (Risas). ¡Sería feliz si lo hubiera!

Pero en el fondo siempre hacemos las mismas estupideces y siempre nos topamos con la misma pared. Al menos sabemos que el muro está ahí y que dolerá.

También sé ahora que soy solo un instrumento del Señor. Hay muchos otros. Esta conciencia me hace siempre desconfiar un poco de todos aquellos que dicen tener la fórmula inmejorable para anunciar a Dios.

¿No hay una receta mágica?

No. Sólo existe la humildad del Evangelio.

Y cuando eras más joven, ¿creías en las recetas mágicas?

Sí, por supuesto, creía en ellos. Pero es una hermosa locura de juventud. También muestra el entusiasmo de los jóvenes.

¿Por qué el mensaje del cristianismo sigue siendo relevante hoy?

Porque la gente no ha cambiado en dos mil años. Seguimos buscando la felicidad y no la encontramos. Todavía tenemos sed de infinito y nos encontramos con nuestros propios límites.

Cometemos injusticias que tienen graves consecuencias para otras personas, lo que llamamos pecado. Pero ahora vivimos en una cultura que tiende a reprimir lo humano. Esta cultura de consumo promete satisfacer los deseos humanos, pero no lo hace.

Sin embargo, en momentos de crisis, de conmoción, la gente se da cuenta de que en su corazón hay un montón de preguntas latentes. El mensaje del Evangelio es excepcionalmente fresco al responder a esta búsqueda de sentido y felicidad.

El mensaje sigue siendo relevante, pero los mensajeros a veces aparecen con disfraces de tiempos pasados, lo que no es el mejor servicio hacia el mensaje en sí.

Por eso tenemos que adaptarnos. No para cambiar el mensaje en sí, por supuesto, sino para que se entienda, aunque seamos nosotros quienes lo anunciemos.

El mundo sigue buscando, pero ya no mira en nuestra dirección, y eso duele. Debemos presentar el mensaje del Evangelio de tal manera que las personas puedan orientarse hacia Cristo.

Precisamente por eso, el Papa Francisco inauguró en octubre pasado el Sínodo sobre la sinodalidad, del que eres relator general. ¿Dijiste recientemente que no sabes lo que escribirás en el informe?

Tengo que ser yo quien escuche. Si hago muchas propuestas, desanimaré a las personas que tienen una opinión diferente. Entonces son las personas las que tienen que llenar mi cabeza y las páginas.

Este es un sínodo. Debe estar abierto. Como dice el Papa, es el Espíritu Santo quien es el maestro de obras. Así que también debemos dejar espacio para el Espíritu Santo. Este método es importante hoy porque ya no podemos conformarnos con dar órdenes de arriba hacia abajo. En todas las sociedades, en la política, en los negocios, lo que cuenta ahora es la creación de redes.

Este cambio en la toma de decisiones va de la mano con un verdadero cambio de civilización, al que nos enfrentamos. Y la Iglesia, como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia, debe adaptarse a ella. La diferencia es que esta vez el cambio de civilización tiene una fuerza sin precedentes. Tenemos una teología que nadie entenderá en 20 o 30 años. Esta civilización habrá pasado.

Por eso necesitamos un nuevo lenguaje que debe basarse en el Evangelio. Y toda la Iglesia debe participar en el desarrollo de este nuevo lenguaje: este es el sentido del sínodo.

Como presidente de COMECE, participaste en una reunión en Roma a principios de octubre con los partidos europeos de derecha y centro-derecha. A la salida, el cardenal Pietro Parolin les animó a no considerar el cristianismo como un supermercado del que sólo se pueden elegir determinados valores. ¿Existe esta tentación entre los políticos?

Sí, claramente. A la derecha, retoman símbolos cristianos. Les gustan los rosarios y los crucifijos, pero esto no siempre está ligado al misterio de Cristo. Esto está relacionado con nuestra cultura europea pasada. Quieren referirse a una cultura para conservarla. Este es un mal uso de la religión.

En la izquierda también conozco a políticos que se dicen cristianos comprometidos, que luchan contra el cambio climático, pero que votan en el Parlamento Europeo para hacer del aborto un derecho fundamental y para limitar la libertad de conciencia de los médicos. Eso también es tomar la religión como un supermercado.

Uno puede ser demócrata cristiano, socialista, ecologista, etc. , y seguir siendo cristiano. Esta diversidad de formaciones políticas es de gran beneficio para la sociedad. Pero los políticos a menudo tienden a mantener en privado sus preferencias religiosas. En este caso, ya no se trata de una religión, sino de una convicción personal. La religión requiere un espacio público para expresarse.

Pero, ¿no es más difícil para los cristianos involucrarse en política?

En primer lugar, es cierto que hay menos cristianos. En segundo lugar, es cierto que cada vez se involucran menos en política. Vemos esto después de cada elección.

Por otro lado, es evidente que el mensaje de los obispos a la sociedad ya no llega. Usted ha experimentado esto en Francia durante varios años. Esta es la consecuencia de que estemos en minoría.

Para ayudar a la gente a entender lo que queremos, debemos entablar un largo diálogo con aquellos que ya no son cristianos, o que son sólo cristianos en la periferia. Si tenemos ciertas posiciones no es porque seamos conservadores, sino porque creemos que la vida y la persona humana deben estar en el centro.

Para poder decir esto, creo que necesitamos tener diálogos y amistades con tomadores de decisiones o políticos que piensan diferente. Aunque no sean cristianos, compartimos con ellos una sincera preocupación por colaborar por el bien de la sociedad. Si no queremos vivir en una sociedad compartimentada, debemos ser capaces de escuchar las historias de los demás.

¿Significa esto que la Iglesia debe renunciar a defender sus ideas?

No, no se trata de eso. Debemos intentar comprender al otro, construir puentes con la sociedad. Para hablar de antropología cristiana, debemos basarnos en la experiencia humana de nuestro interlocutor. Porque aunque la antropología cristiana es maravillosa, pronto dejará de ser comprendida si no cambiamos de método.

¿Y de qué nos sirve hablar si no somos oídos? ¿Hablamos por nosotros mismos, para asegurarnos de que estamos en el lado correcto? ¿Es para tranquilizar a nuestros propios seguidores? ¿O hablamos para ser escuchados?¿Cuáles son las condiciones para esta escucha?

En primer lugar, la humildad. Pienso que aunque no sea necesariamente consciente, la Iglesia tiene la imagen de una institución que sabe todo mejor que otras. Por lo tanto, necesita mucha humildad, de lo contrario no puede entrar en un diálogo.

Esto también significa que debemos demostrar que queremos aprender de los demás. He aquí un ejemplo: me opongo totalmente al aborto. Y como cristiano, no puedo tener una posición diferente. Pero también entiendo que hay preocupación por la dignidad de la mujer, y hoy ya no se escucha el discurso que teníamos en el pasado para oponernos a las leyes del aborto.

Entonces, ¿qué más podemos hacer para defender la vida?

Cuando un discurso ya no pesa, no hay que obstinarse en utilizarlo, sino buscar otros caminos.

En Francia, muchos creen que la Iglesia ha perdido gran parte de su credibilidad a causa de los delitos sexuales que se cometen en su seno. ¿Cómo te posicionas frente a esta crisis?

Antes que nada, quiero decir que estos abusos son un escándalo. Y cuando vemos los números en el Informe Sauvé, podemos ver que no es el desliz de unos pocos. Hay una falla sistémica en alguna parte, y debe abordarse.

No debemos temer las heridas que esto nos pueda causar, que no son absolutamente nada comparadas con las de las víctimas. Por lo tanto, debemos ser muy honestos y estar preparados para recibir algunos golpes.

Hace unas semanas estuve en Portugal, donde estaba celebrando la Misa. Había allí un niño pequeño que, mientras servía la Misa, me miraba como si yo fuera el buen Dios. Pude ver que me vio como un representante de Dios, lo cual era, de hecho, durante la liturgia.

Abusar de tales niños es un crimen real. Es una falta mucho más grave que si un profesor o un entrenador deportivo cometiera tales actos. El hecho de que esto haya sido tolerado para proteger a la Iglesia duele. ¡Hicimos la vista gorda! Es casi irreparable.

Ahora llego a tu pregunta. Algunas personas han perdido la confianza. Para recuperarla, cuando sea posible, hay que tener una gran humildad. Cuando se acompaña a una comunidad oa una persona, se debe tener siempre presente el principio de absoluto respeto por aquellos a quienes se acompaña. No puedo dejar de lado ni siquiera a una persona.

Me parece obvio que estas preguntas estarán en la mente y en el corazón de todos durante el proceso sinodal. Tenemos que aceptar el cambio.

Si hay un fallo sistémica, ¿crees que se necesitan cambios sistémicos?

Si. Obviamente, en mi diócesis, como en muchas otras, tenemos una carta de buena conducta que todos tienen que firmar, tanto los sacerdotes como los laicos que trabajan para la Iglesia.

Antes de la ordenación, también sometemos a los seminaristas a ocho sesiones psicológicas diseñadas para detectar la pedofilia. Estamos haciendo todo lo que podemos, pero no es suficiente. Necesitamos una Iglesia que esté estructurada de tal manera que estas cosas ya no sean posibles.

¿Qué significa eso?

Si a las mujeres y los jóvenes se les hubiera dado más voz, estas cosas se habrían descubierto mucho antes. Debemos dejar de actuar como si las mujeres fueran un grupo marginal en la Iglesia. No están en la periferia de la Iglesia, están en el centro. Y si no damos voz a los que están en el centro de la Iglesia, tendremos un gran problema.

No quiero ser más específico: esta pregunta se hará inevitablemente en el Sínodo, en varias culturas, en diversos contextos. Pero las mujeres han sido ignoradas demasiado. Debemos escucharlos, como hacemos con el resto del pueblo de Dios.

Los obispos deben ser como pastores que escuchan a su pueblo. No es solo que digan: “Sí, escucho, pero eso no me interesa”. Necesitan estar en medio de su rebaño.

¿Qué otros cambios hay que hacer?

La formación del clero debe cambiar. No debe centrarse sólo en la liturgia, aunque entiendo que los seminaristas le dan gran importancia. Los laicos y las mujeres deben tener voz en la formación de los sacerdotes. Formar sacerdotes es un deber de toda la Iglesia, por lo que toda la Iglesia debe acompañar este paso, con hombres y mujeres casados y solteros.

En segundo lugar, necesitamos cambiar nuestra forma de ver la sexualidad. Hasta ahora hemos tenido una visión bastante reprimida de la sexualidad.

Obviamente, no se trata de decirle a la gente que puede hacer cualquier cosa o de abolir la moralidad, pero creo que debemos decir que la sexualidad es un regalo de Dios.

Lo sabemos, pero ¿lo decimos? No estoy seguro. Algunas personas atribuyen el aumento de los abusos a la revolución sexual. Pienso exactamente lo contrario: en mi opinión, los casos más horribles ocurrieron antes de la década de 1970.

En esta área, los sacerdotes también deben poder hablar sobre su propia sexualidad y ser escuchados si tienen problemas para vivir el celibato. Deben poder hablar de ello libremente, sin temor a ser reprendidos por su obispo.

En cuanto a los sacerdotes homosexuales, que son muchos, sería bueno que lo hablaran con su obispo sin que éste los condene.

En cuanto al celibato y la vida sacerdotal, preguntémonos con franqueza si un sacerdote debe ser necesariamente célibe.

Tengo una opinión muy alta del celibato, pero ¿es indispensable? En mi diócesis tengo diáconos casados que desempeñan su papel diaconal de una manera maravillosa, que dan homilías a través de las cuales tocan a las personas mucho más poderosamente que nosotros que somos célibes.

¿Por qué no tener sacerdotes casados también?

De la misma manera, si un sacerdote ya no puede vivir esta soledad, debemos ser capaces de comprenderlo, no de condenarlo. Soy ya viejo ahora, así que esto no me preocupa tanto.

¿Has sentido la dificultad de vivir esta soledad?

Sí, por supuesto.

En ciertos momentos de mi vida, fue muy claro. Y también es obvio que todo sacerdote se enamora de vez en cuando. La pregunta es cómo comportarse en este caso.

En primer lugar, uno debe tener la honestidad de reconocerlo a sí mismo, y luego actuar de tal manera que pueda continuar viviendo su sacerdocio.

Fuente Atrio

Cristianismo (Iglesias), Iglesia Católica , , ,

En esta barca.

Lunes, 7 de febrero de 2022

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Muchos dicen que en esta barca
vamos, más que nunca, a la deriva;
que es muy antigua y nada atractiva,
que ha perdido seguridad y rumbo,
que hace aguas por todas las esquinas
a pesar de los arreglos y proclamas;
y que sus timoneles desconciertan
a quienes se acercan con fe y ganas.

Dicen que sólo ofrece palabras;
que coarta la libertad y la gracia;
que ata, en nombre de Dios, la esperanza
anunciándose servidora humana;
y que se cree tan verdadera y necesaria
que las personas honestas y sanas
acaban dejando que pase,
olvidándola o rechazándola.

Y aunque se pase las noches bregando
ya no pesca nada en las aguas que surca
ni puede compartir con otras barcas
las fatigas y gozos de las grandes redadas.
Antes de quedar varada en la orilla,
todavía puede, siguiendo tu palabra,
remar mar adentro y echar las redes,
pero se halla falta de pericia y confianza.

Y, sin embargo, esta barca,
tan llena de miserias, tan humana,
tan poco atractiva y desfasada,
a la que ya pocos miran
y es objeto de risas y chanzas,
es la que nos llevó por el mar de Galilea
y nos enseñó a no temer tormentas,
y a descubrirte, sereno, en la popa.

Esta barca a la que Tú te subiste,
para hacernos compañía y prometernos
ser pescadores y entrar en tu cuadrilla,
todavía recibe ráfagas de brisa y vida
y es, aunque no lo comprendamos,
nuestra casa, hogar y familia
para andar por los mares de la vida
a ritmo y sin hundirnos, con la esperanza florecida.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“ Masculinidad y pederastia clerical: Sin compasión”, por Juan José Tamayo.

Viernes, 4 de febrero de 2022

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“Negativa expresa a constituir una comisión externa e independiente de la jerarquía”

  “La pederastia clerical se convierte así en la mayor perversión de lo sagrado y de la divinidad. Es la confirmación del viejo adagio latino: corruptio optimi pessima”

“La estructura jerárquico-patriarcal de la iglesia católica se sustenta en la masculinidad de Dios que da lugar a la masculinidad sagrada de los clérigos. Esta constituye la base del patriarcado religioso que, a su vez, legitima el patriarcado político, social, familiar”

“El comportamiento de la jerarquía eclesiástica demuestra, hasta ahora, insensibilidad ante el dolor de las víctimas, falta de compasión al no ponerse de su lado, no curar sus heridas, no contribuir a aliviar sus sufrimientos”

“¿Qué decir de la actitud de la judicatura y la fiscalí en la ciudadaníaa en los casos de pederastia clerical? Tengo mis dudas de que en determinados sectores de ambas instituciones no exista todavía complicidad, connivencia e incluso temor reverencial hacia la jerarquía eclesiástica”

Unidas Podemos, Bildu y ERC piden al Congreso que investigue los abusos a menores en la Iglesia católica

Ante la ‘gravedad‘ de lo sucedido y la ‘inacción’ de esta institución, el PNV pide que una comisión independiente investigue los abusos en la Iglesia: “Resultará más respetuosa con las víctimas”

El Gobierno reitera su apoyo a las víctimas de abusos en la Iglesia y el PP se niega a la investigación.  El PSOE estudia la “mejor opción para abrir un espacio de investigación”

Alejandro Palomas se reunirá con Sánchez para hablar sobre abusos: “Conversamos y vi que está ‘muy por labor'”

La pederastia clerical es uno de los mayores escándalos de la iglesia católica en los últimos ochenta años, que ha destruido la dignidad y la vida de decenas de miles de personas. No se trata de “solo pequeños casos”, como afirma, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, refiriéndose a la Iglesia católica española, sino que es un problema estructural que afecta a toda la institución, está instalado en la propia organización jerárquico-patriarcal y contagia a todo el cuerpo eclesial.

Los pederastas dentro de la iglesia católica se ubican en el ámbito de lo sagrado y en los diferentes espacios del poder eclesiástico: cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, miembros de congregaciones religiosas masculinas, párrocos, profesores de colegios religiosos, formadores de seminarios y noviciados, padres espirituales, confesores, etc. Todos ellos se consideran representantes de Dios, y sus comportamientos, por muy perversos que sean, se ven legitimados por “su” Dios. La pederastia clerical se convierte así en la mayor perversión de lo sagrado y de la divinidad. Es la confirmación del viejo adagio latino: corruptio optimi pessima.

La estructura jerárquico-patriarcal de la iglesia católica se sustenta en la masculinidad de Dios que da lugar a la masculinidad sagrada de los clérigos. Esta constituye la base del patriarcado religioso que, a su vez, legitima el patriarcado político, social, familiar, etc. “El patriarcado tiene a Dios de su lado” afirma Kate Millet en su libro Política sexual (1970), que inaugura la tercera ola del feminismo: el feminismo radical.

La alianza y complicidad entre ambos patriarcados se traduce en la naturalización de la inferioridad de las mujeres, las niñas, los niños y las personas en situación de mayor vulnerabilidad, hasta llegar a legitimar la violencia contra ellas.

Llegados aquí, se establece un pacto de silencio, ocultamiento y encubrimiento en torno a la pederastia clerical, y cuando aparecen casos probados, lejos de ponerlos en manos de la justicia, se tiende a negarlos, minusvalorar su gravedad, calificarlos de excepciones irrelevantes frente a la ejemplaridad de la mayoría del clero, mirar para otro lado y a poner el foco en otros sectores de la sociedad donde se dice que es mayor el número de casos de pederastia.

Cuando aparecen informes a partir del testimonio de las víctimas, que merecen total credibilidad porque hablan desde el sufrimiento causado por la violencia sexual de que han sido objeto, se duda de su objetividad y se les acusa de falta de rigor. Es lo que ha sucedido con la investigación del diario El País, entregada al papa Francisco y al cardenal Juan José Omella, presidente de la CEE, que ha sido descalificada y acusada de falta de pruebas, como hizo el cardenal Cañizares en la rueda de prensa tras la reunión con el papa. ¿Resultado de esta actitud? Complicidad en la pederastia.

Todo menos investigar. Lo dijo en su día el secretario general de la CEE: “No estamos por la labor de hacer investigaciones sociológicas o estadísticas, sino conocer a cada víctima (y posible ¿? agresor) con nombres y apellidos”. Parece, sin embargo, que, en los últimos días se ha producido un cambio de actitud en la Conferencia Episcopal Española, que se ha mostrado dispuesta a investigar. ¿Es realmente así? Habría que matizar. El cambio se debe a la evidencia de las investigaciones externas, a la reivindicación de las víctimas y a que el Papa lo ha exigido, no a la propia convicción de un sector importante del episcopado ante la criminalidad contra la infancia.

Aun así y todo, la investigación se limitaría a crear oficinas en cada diócesis con la negativa expresa a constituir una comisión externa e independiente de la jerarquía que analice en profundidad y de manera objetiva los hechos, sus causas y consecuencias con la obligación de reparar. Las victimas ya han expresado su escepticismo y desconfianza ante tales medidas, ya que puede significar negarse a conocer la verdad, o mejor, a reconocerla. Dicha negativa contraviene el mensaje de Jesús de Nazaret: “La verdad os hará libres” (Juan 8,32).

El comportamiento de la jerarquía eclesiástica demuestra, hasta ahora, insensibilidad ante el dolor de las víctimas, falta de compasión al no ponerse de su lado, no curar sus heridas, no contribuir a aliviar sus sufrimientos y no acompañar a las víctimas en la vivencia del “calvario oculto” al que se refería en este periódico una mujer que había sido abusada de niña por un sacerdote.

Al menos cuatro Conferencias episcopales europeas han creado agencias independientes de investigación con luz y taquígrafos y sin interferencia eclesiástica alguna: Francia, Bélgica, Alemania y, hace unos días, Portugal, tras la petición pública de 241 católicos de abrir una investigación nacional independiente en torno a los abusos sexuales producidos durante los últimos 50 años; en apenas cinco días la comisión ha recibido 102 denuncias.

Hay una pregunta que me viene rondando desde que comenzaron a ver la luz las primeras denuncias de las víctimas y los primeros casos investigados por instancias ajenas a la jerarquía de la iglesia católica española: ¿por qué no toma la iniciativa de crear esa comisión independiente interdisciplinar? He escuchado respuestas como que tienen miedo a lo que pudieran encontrarse, que no quieren llegar al fondo de la verdad y que se resisten a reconocer la magnitud del problema. De ser ciertas dichas respuestas, supondrían una gravísima irresponsabilidad por parte de la CEE y, lejos de defender la honorabilidad de la iglesia católica de España, provocarían un descrédito todavía mayor en la ciudadanía.

Por último, ¿qué decir de la actitud de la judicatura y la fiscalí en la ciudadaníaa en los casos de pederastia clerical? Tengo mis dudas de que en determinados sectores de ambas instituciones no exista todavía complicidad, connivencia e incluso temor reverencial hacia la jerarquía eclesiástica; actitudes que se superpongan indebidamente a la obligada investigación de la comisión de delitos, que les incumbe. Lo que tiene que quedar claro es que no existen dos justicias, la religiosa y la civil, sino una sola, la civil, a quien corresponde investigar los delitos, en este caso, contra la indemnidad sexual de los menores, que son las personas más desprotegidas y con frecuencia las más vulnerabilizadas.

  Juan José Tamayo es profesor emérito de la universidad Carlos III de Madrid. Entre sus últimos libros cabe citar: Hermano islam (Trotta, 2019); La compasión en un mundo injusto (Fragmenta, 2021)


Fuente Religión Digital

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“La Iglesia del fin del mundo”, por Óscar Fortín.

Miércoles, 2 de febrero de 2022

sddefaultPreámbulo

Cuando Jorge Bergolio, cardenal de Buenos Aires, Argentina, fue elegido Papa en 2013, inmediatamente fue llamado Papa del fin del mundo. Los especialistas de Nostradamus y del monje Malaquías del siglo XI que predijo, en los años 1143-1144,  los 112 Papas à venir, pusieron de relieve el hecho de que el Papa Francisco era el último papa de la lista y que respondía bien, como papa jesuita,  a las predicciones de estos dos profetas de que, él sería el último Papa.

Con la llegada del Papa Francisco, la imagen de una Iglesia Santa Católica y Apostólica, sin olvidar la llamada infalibilidad, fue rápidamente reducida a una realidad que puso de manifiesto los escándalos, las manipulaciones, las omisiones sobre muchos hechos que estas mismas autoridades preferían silenciar. Lo que permaneció oculto pronto salió a la luz. Fue la toma de conciencia de abusos sexuales por parte de varios integrantes de esta institución. Fueron también los escándalos relacionados con la gestión del Banco del Vaticano y manejados por cardenales y obispos sin escrúpulos. Nos queda siempre sin respuesta las causas de la muerte del Papa Juan Pablo I, cuya muerte queda con interrogantes. A esto se suman las alianzas del Vaticano y varios episcopados con la gran potencia, Estados Unidos, que controla el mundo y es generoso con quienes cooperan con él. Habría toda una historia que contar sobre estas diversas alianzas donde “los pastores, en todos los niveles, se transforman en figuras políticas, detrás de la imagen que los presenta como representantes de Dios”.

Hay que reconocer en el Papa Francisco, el coraje que tuvo para que salgan a luz esos escándalos. Muchos cristianos y cristianas  denunciaron, públicamente, toda esta doble vida, protagonizada por quienes dirigen la Iglesia: sacerdotes, obispos, cardenales y sin olvidar a la Curia Romana, una verdadera CIA del Vaticano. En la misma línea, muchos creyentes alzan la voz para denunciar a estos personajes de doble cara. Todo esto lleva al Pueblo de Dios a desvincularse cada vez más de estos personajes en los que habían depositado toda su confianza. La credibilidad que podrían haber tenido en ellos se deteriora día a día. Atrás quedaron los días en que se les permitía cualquier cosa. La fe, don de Dios, se basa ante todo en el testimonio y el mensaje que Jesús de Nazaret dejó a todas las personas de buena voluntad. No se puede servir a dos maestros a la vez, nos dice Jesús Nazareno.  El “dejarlo todo para seguir a Jesús” no se nota mucho cuando vemos a estos personajes, vestidos de tejidos finos, con aire patriarcal.

Al lanzar el gran movimiento de la Sinodalidad, a nivel de la Iglesia universal, el Papa Francisco abre la puerta a todos los cristianos del mundo para que ellos mismos se hagan cargo de la organización de su propia vida de fe con todos los recursos y poderes que el Evangelio de Jesús de Nazaret pone a su disposición. Ya, Él y su Espíritu están presentes en cada persona. También tienen los mismos poderes que Jesús confió a Pedro: “lo que atares en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Este mismo poder se da también a la comunidad de los cristianos, unidos en la fe. A estos, Jesús les dijo las mismas cosas que le dijo a Pedro.

Mateo 16,19: a Pedro: “A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. 

Mateo 18,18: al Pueblo “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. “

LOS PRIMEROS PASOS DE LA IGLESIA DEL FIN DE LOS TIEMPOS

Ya, sólo en esta etapa, la Iglesia como institución que conocemos en las jerarquías católicas y los poderes del Estado Vaticano está en vía de desaparecer sin  que sea para los creyentes el fin de la fe cristiana y del Pueblo de Dios. De una Iglesia institucional unipolar pasamos gradualmente a una Iglesia multipolar, rica en toda la diversidad humana, sostenida por el Resucitado y animada por su Espíritu que distribuye sus dones como le parece. Esta presencia viva del Resucitado y de su Espíritu es el fundamento de nuestra fe y la fuente del cumplimiento de la voluntad del Padre, más atenta a nuestra fraternidad que a rituales que no la tienen en cuenta.

Estamos pasando de una Iglesia unipolar a una Iglesia multipolar. Esta última ya no se basa en la Institución de la Iglesia que hemos conocido durante siglos, sino en centenares de comunidades de todas las partes del mundo. Esta última deja espacio a las comunidades locales de creyentes que deciden por sí mismas del camino a seguir para testimoniar del Espíritu de Jesús de Nazaret en su propio entorno. El “Amaos los unos a los otros” es el mandato más importante de Jesús a sus discípulos.” Este mandato se aclara con lo que nos dijo Jesús, poco tiempo antes de ser crucificado, que seremos juzgados. 

El juicio sobre las naciones” Mateo 25: “el culto que más agrada al Padre”

 “Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de esplendor y de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.   Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras.  Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.  Y dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid vosotros, los que mi Padre ha bendecido: recibid el reino que se os ha preparado desde la creación del mundo.  Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis,  anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme.’  Entonces los justos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos forastero y te recibimos, o falto de ropa y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’  El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicisteis.’

“Luego dirá el Rey a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos: id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.  Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recibisteis, anduve sin ropa y no me vestisteis, caí enfermo y estuve en la cárcel, y no me visitasteis.’  Entonces ellos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o falto de ropa, o enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?’  El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que no hicisteis por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicisteis.’  Estos irán al castigo eterno, y los justos, a la vida eterna.”

Si hay una moral que obliga a cualquier persona de buena voluntad, es la de este Juicio Final. Nadie puede escaparse de ella que indica el camino a seguir para entrar en la casa del Padre como nos revela el libro del Apocalipsis:

“Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más. Y vi la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una novia ataviada para su marido. Y oí una gran voz desde el trono que decía: ¡He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres! Él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos. Enjugará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, y no habrá lamento, ni llanto, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron. Y dijo el que estaba sentado en el trono: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y él dijo: Escribe; porque estas palabras son ciertas y verdaderas. Y él me dijo: ¡Hecho está! Soy el alfa y el omega, el principio y el fin. 

CONCLUSIÓN

A partir del momento en que se anticipa el paso de una Iglesia unipolar a una Iglesia multipolar a partir de las decisiones resultadas del Pueblo de Dios, a través la sinodalidad, todas las autoridades de la “Institución eclesial” ya no son necesarias en la Iglesia multilateral. Lo que estamos viviendo actualmente nos obliga a asumir por nosotros mismos la cotidianidad de nuestra fe que nos conduce a la solidaridad con todos y todas que sufren lo que está sucediendo. El amor de los unos con los otros se impone más que nunca. “Yo les reconoceré no por lo que dicen sino por lo que hacen” 

En la fe, tenemos el privilegio de contar con Jesús de Nazaret, el Hombre que venció la muerte y a quien, el Padre le dio todos los poderes para abrirnos las puertas de la casa del Padre. Nunca olvidemos que él está siempre en el corazón de nuestra vida y con el cual podemos hablar con toda confianza.

La humanidad, creada a imagen de Dios Padre, debe recuperar su verdadera naturaleza, a la que nos conduce Jesús, el salvador de nuestra humanidad. En él nos espera un mundo nuevo, liberados de las fuerzas del mal, para experimentar plenamente la gran fraternidad humana en la persona del Resucitado. Para los cristianos y las personas de buena voluntad, la muerte no es aniquilamiento, sino renacimiento a la imagen del Padre y del Hijo.

Detrás de los sufrimientos que vivimos está la esperanza de un nuevo día y un nuevo mundo que nos llenará con la plenitud de una eternidad de felicidad.

Óscar Fortín

Religión Digital

Versión en francés:

https://humanisme.blogspot.com/2022/01/leglise-de-la-fin-des-temps-preambule.html

Espiritualidad , ,

“Errores y malas prácticas eclesiásticas que hay que “podar”, por Antoni Ferret

Viernes, 28 de enero de 2022

lg-b-blogjpgHe sabido que Juan Masiá Clavel SJ, en una conferencia de unos cursos de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, dijo que la fe, como un árbol, como todo organismo viviente, se tiene que regar, alimentar, darle más vida (yo diría que con la defensa de la justicia, la práctica del bien, la plegaria, la eucaristía y el conocimiento y la recta comprensión de la Escritura), pero también, dice, se tiene que “podar”, irla liberando de cosas viejas que, con el tiempo, se han ido añadiendo, incrustando, y que la envejecen y la deforman, que le son, cada vez más, un peso muerto, que debilita su vida.

Tales como errores y malas prácticas.

¿Cuáles creemos que podrían ser, los errores que se han ido arrastrando, a lo largo de más de 2.000 años, en la expresión más tradicional de la fe cristiana, y en la Iglesia?

Yo diría que son, principalmente, estos:

* Concepción y enseñanza del infierno y de la posibilidad de un castigo tan horrible e imposible por parte del Creador.

* Enseñanza de una supervivencia del alma, después de la muerte del cuerpo.

* Enseñanza de la necesidad de la muerte de Jesús en cruz para obtener el perdón de los pecados de la humanidad.

* Enseñanza del supuesto pecado de las relaciones corporales y sexuales fuera del matrimonio (salvo que sean adulterio).

* Enseñanza de la concepción milagrosa de Jesús y de la virginidad de María.

* Enseñanza del nacimiento de Jesús en Belén, con ángeles, pastores y reyes…

* Enseñanza del supuesto “pecado original”, y de la supuesta naturaleza inmaculada (con carácter personal especial) de María.

* Enseñanza de la supuesta estancia de Israel en Egipto, y de la supuesta salida triunfal, con destacada intervención divina.

* Enseñanza del magisterio del supuesto Moisés, en lugar del del rey Josías y sus consejeros (630-620 aC, probablemente).

* Enseñanza de la existencia de ángeles y demonios.

* Enseñanza de la Santísima trinidad como tres “personas”, constituyendo un solo ser o Dios. En vez de decir tres “personalidades” de un solo ser.

* Enseñanza de una supuesta infalibilidad de la dirección de la Iglesia, en determinadas circunstancias.

Toda una bella docena, no necesariamente exhaustiva, de afirmaciones que distorsionan un mensaje que, así, ni puede ser creído, ni es ejemplar.

¿Y de malas prácticas?

No me referiré a las que, a pesar de ser horribles, fueron en un pasado ya lejano, tales como:

Feudalismo, antisemitismo, cruzadas, Inquisición…

Pero las hay todavía de graves:

* Rechazo injusto y mal explicado del sacerdocio de las mujeres.

* Exceso de bienes materiales, muy por encima de las necesidades. Y como muestra actual y de nuestro país, tenemos la apropiación de muchos edificios (más allá de los necesarios), cementerios, terrenos…. mediante las llamadas “inmatriculaciones”.

* Abusos sexuales, sobre todo con niños y jóvenes.

* Manipulación en la programación de los textos bíblicos a leer en las misas, excluyendo los sociales.

* Marcaje de una línea neta de separación entre dirigentes y “dirigidos”.

* Enseñanza de aspectos de la Escritura de manera todavía propia de tiempos llenos de ignorancia.

* Creerse con autoridad para decidir y prohibir actitudes de las personas en relación al propio cuerpo, la libertad de compartirlo (excepto que sea adulterio, incesto o forzar la voluntad de alguien) y la manera de tener relaciones sexuales por parte de un matrimonio. Todo cuanto han hecho y dicho las autoridades eclesiásticas en este aspecto, ha sido impostura.

Todo eso hay que podarlo.

Antoni Ferret

Fuente Fe Adulta

***

Nota de Cristianos Gays:

Si añadimos la LGRTBIfobia eclesial por una mala lectura de las Escrituras, sobre todo del relato de Sodoma y Gomorra y algunas menciones de Pablo, en vez de otras como Isaías, “miel sobre hojuelas”

 

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica , ,

“Interno viciado”, por Dolores Aleixandre.

Viernes, 21 de enero de 2022

2BAA7F23-3C94-4099-B714-E629C6E60342Francisco visita por sorpresa una tienda de discos en Roma

De  su blog Un grano de Mostaza:

Somos resistentes a las sorpresas y a los cambios de guion.

31.12.2021

El título engaña porque no se trata de un aviso más sobre otra variante peligrosa del virus, sino de algo que ha escrito una novicia en la primera página de uno de sus trabajos de formación:

INTERNO – VICIADO.

Ha separado de manera diferente las palabras que componen “internoviciado” cambiando de sitio el guion y lo escrito, además de hacernos sonreír que falta nos hace, nos invita a pensar en la cantidad de elementos de nuestra vida que leemos siempre de la misma manera y cuánto nos resistimos a que “nos cambien el guion”. Damos por supuesto que es de una determinada manera como hay que leer/vivir ese pack completo de costumbres, rituales y maneras de hacer las cosas que forman parte de nuestros hábitos pero, de pronto, llega algo o alguien y cambia el guion de lugar, sacudiendo ese paquete como si fuera un felpudo. Se forma una nube de polvo (“cómo se va a cambiar lo que siempre se ha hecho”, “nunca antes se habia alterado el horario”, “el orden es esencial”…) pero, pasado el revuelo, se espera a que el polvo vuelva a depositarse mansamente y todo pueda continuar igual.

Escribía J.M. Cabodevilla: “La cena a las nueve y cuarto, la lámpara al lado izquierdo de la cama, la butaca en ángulo de cuarenta y cinco grados con el balcón. Más de dos y tres ancianos de los cuales se creyó que habían muerto de un gran amor, murieron realmente por haber sido privados de algún inveterado hábito”. Cambiemos los cuarenta y cinco grados por la hora de vísperas, o la butaca por ciertos prejuicios asentados en nosotros y a lo mejor nos sentimos frente a un espejo.

Menos mal que tenemos el ejemplo de ancianos audaces y rompedores: Juan XXIII cambió una costumbre de siglos y escribió en el comienzo de su pontificado: “Durante ocho días he intentado comer solo pero esto es contrario a mi costumbre y no me sienta bien. Luego he estudiado en la Sagrada Escritura para ver si realmente el Papa tiene que comer solo. No he encontrado nada sobre ello y por tanto renuncio a comer solo sin conversar con nadie”. Francisco cambió también otro guion y se fue a vivir a Santa Marta en vez de en los aposentos papales.

Siguiendo su osadía, podemos apuntarnos a otra reacción posible: después del primer sobresalto, mirar la novedad que sugiere el cambio de guion y pensar: “Anda, pues este otro sentido interroga: ¿no tendremos en nuestros interiores algo viciado, invisible como el coronavirus y tan dañino como él? ¿No se nos habrá viciado la calidez en las relaciones, la proximidad y el interés por los otros, la cordialidad, los gestos de afecto, el interés cercano, las risas…?” De ahí a la “fumigación” de vicio-virus no hay más que un paso.

Esta novicia anónima, sin pretenderlo, se ha convertido en un soplo de aliento para los cambios de guion. Estoy deseando conocerla.

Espiritualidad , , , , , ,

“¿Tiene solución el desinterés por la Iglesia? Sólo en la medida en que se ponga al día”, por José María Castillo

Miércoles, 12 de enero de 2022

0B7B25D0-F1D7-4C34-83DA-A2DB4055EAB8De su blog Teología sin censura:

“Lo que se nos dice en el Evangelio es que Jesús dedicó su vida y su predicación a resolver los problemas y las carencias más apremiantes que tenía la gente de la sociedad en que vivió el mismo Jesús”

“Lo que hizo Jesús fue centrar su vida y su actividad, no en mantener la Religión, sino en resolver los problemas de la gente: el sufrimiento de los enfermos y el hambre de los pobres”

“Si el Evangelio no es determinante en nuestra vida, comprenderemos perfectamente por qué hay tanta gente a la que la interesa menos cada día lo que ven en la Religión”

“El papa Francisco representa una esperanza. Por su alejamiento de la Religión tradicional. Y por su creciente acercamiento a la humanidad y la bondad que distinguió a Jesús el Señor”

82904937-51E7-4807-97B2-22121595F9DFEs un hecho que la Religión y la Iglesia interesan cada día menos a gran parte de la sociedad, sobre todo a las generaciones jóvenes. Si este desinterés sigue al ritmo que va, se puede pensar que, dentro de treinta o cuarenta años, de la Religión y de la Iglesia van a quedar algunos festejos y poco más. ¿Tiene esto solución?

La tendrá, sin duda alguna. Pero la tendrá en la medida en que la Iglesia se ponga al día. Es decir, en la medida en que tengamos una Iglesia que sea fiel, no sólo a las tradiciones del pasado, sino sobre todo a las necesidades del presente.

Me explico. El concilio Vaticano II dijo que la Iglesia tiene su fundamento en el Señor Jesús cuando anunció el Reino de Dios (Lumen Gentium, nº 5). Es decir, la Iglesia nació del Evangelio. Pero, como bien sabemos, el Evangelio no se limitó a renovar la Religión de Israel. Lo que se nos dice en el Evangelio es que Jesús dedicó su vida y su predicación a resolver los problemas y las carencias más apremiantes que tenía la gente de la sociedad en que vivió el mismo Jesús.

3F047EA2-1CA8-4DFE-88D2-ACEE74A0A3B3Ahora bien, está sobradamente demostrado que los dos problemas más apremiantes, que tenían los habitantes de Judea, Samaria y Galilea, en tiempo de Jesús, eran el problema de la salud y el problema de la economía. Había cantidad de enfermos, que no encontraban solución a sus males. Y había también un desequilibrio económico atroz y escandaloso (cf. J. Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús). Dos problemas que la Religión (con sus sacerdotes, doctores de la Ley y sus fieles fariseos) no resolvían, sino que más bien lo que hacía aquel tinglado religioso era agravar la situación.

Así las cosas, lo que hizo Jesús fue centrar su vida y su actividad, no en mantener la Religión, sino en resolver los problemas de la gente: el sufrimiento de los enfermos y el hambre de los pobres. Además, hizo esto presentando a Dios como un Padre que acoge a todos los que sufren, ya fuera por sus enfermedades o por su pobreza.

¿Se preocupó Jesús por mantener y mejorar las ceremonias del Templo, el dinero que ganaban los sacerdotes, la exactitud de las enseñanzas de los doctores de la Ley, exigirle a la gente la exacta observancia de los ritos religiosos o la solemnidad de los ceremoniales del Templo?

Ante esta pregunta y la única respuesta, que se le puede dar, lo que me viene a la cabeza es que nuestra Iglesia, en no pocas cosas que vemos en ella, se parece más a lo que cumplían y celebraban los sacerdotes del Templo, que a lo que se entregó Jesús entre las pobres gentes de Galilea, sus enfermos y mendigos.

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Por supuesto, es correcto preocuparse por la rectitud en la teología y la debida corrección en la liturgia. Pero, si el Evangelio no es determinante en nuestra vida, comprenderemos perfectamente por qué hay tanta gente a la que la interesa menos cada día lo que ven en la Religión.

Termino diciendo que, tal como están las cosas, el papa Francisco representa una esperanza. Por su alejamiento de la Religión tradicional. Y por su creciente acercamiento a la humanidad y la bondad que distinguió a Jesús el Señor.

Cristianismo (Iglesias), Iglesia Católica , ,

“¿Para qué creer?”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

Domingo, 9 de enero de 2022

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Son bastantes los hombres y mujeres que un día fueron bautizados por sus padres y hoy no sabrían definir exactamente cuál es su postura ante la fe. Quizá la primera pregunta que surge en su interior es muy sencilla: ¿para qué creer? ¿Cambia algo la vida por creer o no creer? ¿Sirve la fe realmente para algo?

Estas preguntas nacen de su propia experiencia. Son personas que poco a poco han arrinconado a Dios de su vida. Hoy Dios no cuenta en absoluto para ellas a la hora de orientar y dar sentido a su existencia.

Casi sin darse cuenta, un ateísmo práctico se ha ido instalando en el fondo de su ser. No les preocupa que Dios exista o deje de existir. Todo eso les parece un problema extraño que es mejor dejar de lado para asentar la vida sobre bases más realistas.

Dios no les dice nada. Se han acostumbrado a vivir sin él. No experimentan nostalgia o vacío alguno por su ausencia. Han abandonado la fe y todo marcha en su vida tan bien o mejor que antes. ¿Para qué creer?

Esta pregunta solo es posible cuando uno «ha sido bautizado con agua», pero no ha descubierto qué significa «ser bautizado con el Espíritu de Jesucristo». Cuando uno sigue pensando erróneamente que tener fe es creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver con la vida, y no conoce todavía la experiencia viva de Dios.

Encontrarse con Dios significa sabernos acogidos por él en medio de la soledad; sentirnos consolados en el dolor y la depresión; reconocernos perdonados del pecado y la mediocridad; sentirnos fortalecidos en la impotencia y caducidad; vernos impulsados a amar y crear vida en medio de la fragilidad.

¿Para qué creer? Para vivir la vida con más plenitud; para situarlo todo en su verdadera perspectiva y dimensión; para vivir incluso los acontecimientos más triviales e insignificantes con más profundidad.

¿Para qué creer? Para atrevernos a ser humanos hasta el final; para no ahogar nuestro deseo de vida hasta el infinito; para defender nuestra libertad sin rendir nuestro ser a cualquier ídolo; para permanecer abiertos a todo el amor, la verdad, la ternura que hay en nosotros. Para no perder nunca la esperanza en el ser humano ni en la vida.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 09 de enero de 2022. Bautismo del Señor

Domingo, 9 de enero de 2022

09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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9.1.22 Domingo del Bautismo. Nacer de Dios, ser en Dios. Crisis de bautismo en la iglesia

Domingo, 9 de enero de 2022

86C0FC36-F34A-48BB-91E4-E3818E03BA2EDel blog de Xabier Pikaza:

La navidad (Nacimiento de Jesús: 25.12.2021) y la epifanía (su manifestación a las naciones:6.1.21) culmina este Domingo del Bautismo (6.1.22), cuando Dios dice a Jesús “tú eres mi hijo” (Lc 3, 21-22). El nacimiento de Jesús sólo es Navidad si desemboca de esa forma en el Bautismo (Dios “reconoce” a Jesús y le confía la tarea de “crear” una Iglesia o comunidad de renacidos). Pues bien, en este contexto, esta mañana (8.1.22) me han impactado y descolocado especialmente tres noticias de la página inicial de RD (Religión digiral):

1. El Gobierno de España ha propuesto un obispo especial para las fuerzas militares, y él se ha defendido diciendo que eso no es “necesariamente negativo”. No entiendo, quizá se trata de una “excusatio non petita”, pero me da la impresión de que por ahí se mantiene un pasado,  no se crea nueva iglesia.

2. Otro obispo ha tomado “posesión” de una Diócesis cercana, y algunos piensan que con eso se ilumina el futuro del cristianismo, mientras el 50% de la “gente-gente”, que hace unos era (se decía)100% cristiana está dejando de bautizar a los hijos. Ese es el tema. 

3. Otro obispo, nombrado también para una diócesis en discusión, por “salida” del obispo anterior ha dicho que “la manera en que ha salido es lamentable”. No sé por qué. Como dicen en 1º de sociología, el problema de una institución no es cómo entras, sino cómo puedes salir… y actualmente, en ciertos lugares, estamos más en salidas de iglesia que en entradas.

Desde ese fondo, ésta víspera del bautismo de Jesús que es el culmen de la Navidad, nacimiento de la Iglesia, he querido reflexionar sobre el bautismo, en una iglesia está dejando de bautizar, quizá porque no vienen, quizá porque ella no les busca ni invita. El panorama parece triste, pero creo que en el fondoes esperanzador. Puede nacer una nueva iglesia.

| X Pikaza Ibarrondo

1.El bautismo se ha vuelto un problema en países de “arraigo” cristiano, como España

Hace unos años bautizaba a todos, prácticamente a todos los nacidos. Hoy está bautizando a poco más que a la mitad. Se podrían “buscar” culpas:

-El bautismo era un “hecho social”, no un acontecimiento espiritual, de comunidad creyente, una experiencia de renacimiento. Ahora que ese hecho ha perdido relevancia social la gente-gente está dejando de bautizar a sus hijos.

Por otra parte, la Iglesia había relegado en parte el bautismo al trastero de los edificios parroquiales, como celebración privada, de unos pocos familiares, con “padrinos” traídos a lazo… De un modo  lógico, ahora que la pertenencia eclesial ha perdido el sentido que antes tenía (y nadie-nadie cree que los no bautizados van al limbo o al infierno, o están en pecado) mucha gente está dejando de bautizar a los hijos y de educarles en cristiano (¡ellos verán cuando se hagan mayores! Y evidentemente la mayoría no ven). La vida es corta, los garbanzos caros, los temas urgentes son otros ¿para qué bautizarse?

     Por eso, mientras sigue habiendo cristianos, nos vamos entreteniendo con obispos castrenses, sí o no, con el poder social de los obispos… y con los posibles escándalos de obispos  que dejan el episcopado por crisis de otro tipo y de obispos que acceden al episcopado con declaraciones que a la gente-gente no le suenan

     En ese contexto me he animado a retomar y re-escribir para este blog un par de paginitas tomadas en parte de mi teología de la Biblia (la Palabra hace carne). Mañana es el día del bautismo. Para mí es un día grande, uno de los mayores días de la Iglesia. Quizá sería bueno empezar por el bautismo, no por los obispos.

   Yo me atrevería a decir: “Si uno quiere ser obispo” (animador de una comunidad de seguidores de Jesús) empiece haciendo cristianos. ¿Cómo hacerlo hoy, año 2022, cuando muchos cristianos están dejando de ofrecer el bautismo a sus hijos? ¿Habrá que empezar casi de cero? Buen día a todos.

 2.Comunidad de renacidos. Nacer por bautismo

La Iglesia no es una comunidad de nacimiento físico o raza, como otras religiones, ni un estado político‒militar, fundado en el poder de algunas, o en la riqueza de otros, sino una comunión de “renacidos”, es decir, de personas “re-nacidas”, que tienen la experiencia de “haber nacido de “ y de vivir en él.   Éste es el tema: La iglesia es una comunidad de bautizados, que tienen la experiencia de “haber nacido” de Dios, a ejemplo de Jesús, y de vivir en una comunidad de “renacidos” a la vida en Dios.

No tomo por tanto el bautismo como rito de una iglesia particular, sino como signo del “nacimiento superior” de todos los cristianos, que no se vinculan por biología o raza, ni por presión político‒económica (o militar), sino por asociación voluntaria de fidelidad (de fe en el Dios de Jesús, que es fe de unos en otros) … En ese sentido, los creyentes‒bautizados de la Iglesia se integran entre sí como iniciados, renacidos en un grupo que les acoge y sella como “hijos de Dios”, en la línea del bautismo de Jesús (Mc 1, 9‒11) o del mandato pascual de Mt 28, 16‒20 (bautismo en la trinidad).

El arquetipo inicial de la Iglesia cristiana como tal es el bautismo, como expresión de un nacimiento superior, universal, de hombres y mujeres, de pueblos y razas, como iniciación mesiánica universal, que tiene un precedente en el judaísmo, pero que lo desborda. Los judíos “nacían” biológicamente por pertenencia a un pueblo (judío es el hijo de una judía) y ratificaban ese nacimiento por la circuncisión realizada en familia y por unas leyes de tipo alimenticio, sexual y social. Por el contrario, los cristianos no nacen, sino que se hacen por re-nacimiento, por integración personal, ratificada por el bautismo, que no se realiza en pequeña familia, sino en la comunidad de los cristianos, sin más exigencia o compromiso que la fidelidad mutua de todos los hermanos, dentro de un espacio de vida entendida como regalo y experiencia de comunicación humana, en línea de Jesús.

 3.Prehistoria judía.Bautismo en el Jordán

Las casas de los judíos puros (ricos) teníanpiscinas purificatorias (miqvot), para “limpiarse” a través de bautismos rituales. Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida pura (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En aquel tiempo había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados (cf. cap 13‒14)[1].

Pues bien, en un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan. Abandonó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una intensa “escuela bautismal”, asentada en el río Jordán, que era límite de la tierra prometida. Superando así la cultura social del entorno, en unión con Juan Bautista, Jesús pensó que el orden socio‒sacral de este mundo acaba, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible la nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe su bautismo, con su gran novedad:

 Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

El bautismo fue expresión de su “estado naciente”, es decir, de su nuevo nacimiento mesiánico, para el Reino de Dios, que trazó una ruptura respecto a lo anterior, definiendo su nueva opción mesiánico‒profética al servicio de la presencia creadora de Dios:

Iniciación y promesa mesiánica. Así lo ha destacado la tradición cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡por medio del Espíritu Santo!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada por la Iglesia, pero en su fondo hay un gesto histórico firme, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

Inversión, cumplimiento profético y revelación mesiánica. El bautismo es la visualización y celebración comunitaria de esa experiencia de inversión, en la que viene a revelarse un Dios que actúa a contrapelo de un tipo de egoísmo humano. Precisamente allí donde, habiendo llegado al fin de su mensaje apocalíptico, Juan se había colocado ante una meta de juicio y destrucción de la humanidad anterior, Jesús experimentó y descubrió su vocación davídica, como impulso y llamada mesiánica de Reino, como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo había terminado (ha llegado el juicio) vino a comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte[2].

‒ Nacimiento de Dios, para su Reino. No fue un proceso racionalista en plano objetivo, algo que se puede demostrar por argumentos, sino una “intuición” vital, un acontecimiento que recompuso las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, su forma de estar en el mundo y su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que el bautismo de Jesús fue un signo de su “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser. En un momento crucial de su vida, él escuchó la voz de Dios que le llamaba Hijo y sintió la experiencia del Espíritu, confiándole su tarea de Reino.

Es difícil trazar suposiciones de tipo psicológico sobre lo que Jesús sintió en el bautismo, pero es evidente que, al recibirlo, él se vinculó con los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano galileo (Mc 6,1‒5), en una sociedad que se desintegraba. Venía a bautizarse para asumir el camino de Juan, quizá para “despedirse” del Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (1 Rey 19). Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos más hondos, le salió al encuentro tras (en) el agua, en la brisa del Espíritu, y escuchó una voz que decía: ¡Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido!

La primera voz del Cielo (de Dios) no es ya Soy el que soy, Yahvé; (cf. Ex 3, 14 9), sino la afirmación engendradora del Dios Padre, que sale de sí y suscita al otro (a su Hijo), diciéndole ¡Tú eres! Un tipo de judaísmo había partido del Yo Soy de Dios como misterio incognoscible. El evangelio en cambio se fundamenta y expresa en el descubrimiento del Dios que es en sí mismo diciendo Tú Eres. Dios no empieza asegurando su dominio, sino dando ser al otro; no es un Yo soy en mí, sino un Yo soy para y contigo, diciendoTú eres mi Hijo. En el origen de la vida no está un Yo-Soy, planeando por encima de las cosas, ni la voz del hombre angustiado pidiendo la ayuda de Dios o de los dioses, sino la Palabra (Dios) que dice ¡Tú eres mi hijoquerido! (jhjd, agapêtos), y la respuesta del Hijo (Jesús), como Oyente original de esa Palabra[3].

4. Bautismo cristiano. Nacimiento personal y eclesial

                      Al asumir como propio el bautismo (signo fundante) de Jesús, reinterpretado desde la experiencia de su muerte, la iglesia ha ratificado su opción fundacional, definiéndose a sí misma como nuevo pueblo, por gracia de Dios, por inmersión creyente de sus miembros. No sabemos quién fue el primero en impartirlo, quizá Pedro (cf. Hech 3, 38). Tampoco sabemos si al principio entraban todos en el agua o bastaba el “bautismo en el Espíritu”, como renovación interior. Sea como fuere, el bautismo vino a convertirse en paradigma de iniciación y pertenencia cristiana: la primera institución o sacramento visible y escondido, público y privado, paradigma) de los seguidores de Jesús, como signo de renacimiento personal y eclesial, como nueva creación (en cada bautizado se actualiza la misma experiencia de Jesús), para todos los pueblos.

 ‒ Bautismo escatológico y pascual. Por un lado, el bautismo mantiene a los creyentes en continuidad con Juan Bautista y su judaísmo. Pero, al mismo tiempo, expresa y expande la experiencia de la vida, muerte y pascua de Jesús, en cuyo nombre se bautizan sus seguidores, identificándose con él, ya en este mundo, sin esperar la llegada del Reino futuro, pues el Reino ha comenzado aquí, es la vida de Cristo en los creyentes.

Iniciación y demarcación. Quienes lo reciben renacen, insertándose en la vida, muerte y resurrección de Jesús, por obra de Dios Padre en el Espíritu (cf. Rom 6). De esa forma se distinguen y definen los creyentes, como indicará la fórmula trinitaria de Mt 28, 16-20 (en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu: cf. cap. 20), que les introduce creyentes en el espacio total del Dios de Cristo.

Entendido así, el bautismo supera la división de naciones, estados sociales y sexos, como sabe Gal 3, 28, retomando un pasaje clave de la liturgia: “ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, macho ni hembra…”. La circuncisión discriminaba, como signo en la carne del sexo masculino, a judíos de los no judíos, a varones de las mujeres… Por el contrario, el bautismo es el mismo para varones y mujeres, libres y esclavo, judíos y gentiles, como sacramento de nuevo nacimiento personal en la comunidad de los creyentes.

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“Bautismo de Jesús”. Ciclo C

Domingo, 9 de enero de 2022

20160WDel blog  El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 

Un ejercicio sencillo y una sorpresa

            Imagina todo lo que has hecho o te ha ocurrido desde que tenías doce años hasta los treinta (suponiendo que hayas llegado a esa edad). Si pones la lista por escrito necesitarás más de una página. Si la desarrollas con detalle, saldrá un libro.

            La sorpresa consiste es que de Jesús no sabemos nada durante casi veinte años. Según Lucas, cuando subió al templo con sus padres tenía doce años de edad; cuando se bautiza, “unos treinta años”. ¿Qué ha ocurrido mientras tanto? No sabemos nada. Cualquier teoría que se proponga es pura imaginación.

            Este silencio de los evangelistas resulta muy llamativo. Podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 km de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

            Pero más llamativo que el silencio de los evangelistas es el silencio de Dios. Al profeta Samuel lo llamó cuando era un niño (según Flavio Josefo tenía doce años); a Jeremías, cuando era un muchacho y se sentía incapaz de llevar a cabo su misión; a Isaías, con unos veinte años. ¿Por qué espera hasta que Jesús tiene “unos treinta años”, edad muy avanzada para aquella época? No lo sabemos. “Los caminos de Dios no son nuestros caminos”. Buscando explicaciones humanas, podríamos decir que Isaías y Jeremías tenían como misión transmitir lo que Dios les dijese; Jesús, en cambio, además de esto formará un grupo de seguidores, será para ellos un maestro, “un rabí”, y esto no puede serlo a los veinte años. Pero esto no soluciona el problema. Seguimos sin saber qué hizo Jesús durante tantos años. Para los evangelistas, lo importante comienza con el bautismo.

El bautismo de Jesús

            Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.”

            En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.”

            Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.

            Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

            La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

            La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.

            El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús

            Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Isaías (42,1-4.6-7).

Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

            El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

            Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

            El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien

            La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

            Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

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09 de Enero. Bautismo del Señor. Ciclo C

Domingo, 9 de enero de 2022

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“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”

(Lc 3, 15-16. 21-22)

Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.

En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?

Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.

¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?

Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.

Oración

Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús.

Domingo, 9 de enero de 2022

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DOMINGO 1º BAUTISMO DE JESÚS (C)

Lc 3,15-22

Comenzamos el “tiempo ordinario”. El bautismo es el primer acontecimiento que los evangelios nos narran de la vida de Jesús. Es además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga simbólica que el relato encierra. El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante años. Jesús descubrió el sentido de su vida, lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás.

Los cuatro evangelistas resaltan la importancia que tuvo para Jesús el encuentro con Juan el Bautista y el descubrimiento de su misión. A pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Ningún relato nos ha llegado de los discípulos de Juan. Todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene grandes posibilidades muy de ser histórico.

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado porque nos lanza más allá de lo sensible.

Lucas no da ninguna importancia al hecho físico. Destaca los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de que Dios se acerca a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera sensible para poder ser percibida. Lo importante no es lo que sucedió fuera, sino lo que vivió Jesús dentro de sí mismo.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta qué punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los casos  “espíritu” significa lo mismo.

Marcos:      1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.

                   1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

Mateo:        3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.

Lucas:         3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.

                   4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.

                   4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea.

                   4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Juan:          1,32 Yo he visto que el Espíritu que bajaba del cielo y permanecía sobre él.

                   1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.

                   3,5 Nadie puede entrar en el Reino, si no nace del agua y del Espíritu.

                   6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

 

Hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad. Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él, como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él. El bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad.

En el discurso de Juan en la última cena, Jesús hace referencia al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos. Esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. También dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu. No tenemos datos para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, pero los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación mucho más que personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en aquella época y aún en la nuestra.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. La comunicación de Jesús con su “Abba“, no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido. A través de la oración, de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. En este caso, Lucas dice que esa manifestación de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios: mis limitaciones. Esas sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse absolutamente con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos. Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.

¿Cómo interpretaron los primeros cristianos, todos judíos, este relato? Dios, desde el cielo, manda su Espíritu sobre Jesús. Para ellos Hijo de Dios y ungido era lo mismo. Hijo de Dios era el rey, una vez ungido; el sumo sacerdote, también ungido; el pueblo elegido por Dios. Lo más contrario a la religión judía era la idea de otro Dios o un Hijo de Dios. ¿Cómo debemos interpretar nosotros esa interpretación? Hoy tenemos conocimientos suficientes para recuperar el sentido de los textos y salir de una mitología que nos ha despistado durante siglos. Jesús es hijo de Dios porque salió al Padre, imitó en todo al Padre, le hizo presente en todo lo que hacía. Pero entonces también yo puedo ser hijo como lo fue Jesús.

Meditación

Jesús nació del Agua y del Espíritu.
Este segundo nacimiento dará a luz mi verdadero ser.
Ya está en mí, pero tengo que descubrirlo.
No te identifiques con tus limitaciones.
Tus fallos son carencias, pero tú eres lo positivo que hay en ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Lleno del Espíritu.

Domingo, 9 de enero de 2022

BAUTISMO DE JESUSLc 3, 21-22

«Tú eres mi hijo amado; en ti tengo complacencia»

Lo que vieron los ojos fue un galileo entrando en las aguas del Jordán y siendo bautizado por Juan el Bautista. La teofanía que recoge el texto a continuación —el cielo abierto, la paloma, la voz…— es fruto de la fe de sus autores, y solo con los ojos de la fe puede ser percibida.

Los evangelistas van a iniciar el relato de la vida pública de Jesús y quieren dejar claro desde el principio quién es el protagonista. Quieren anticiparnos que ese hombre capaz de mostrar con sus palabras la sabiduría de Dios y con sus hechos su misericordia; que es capaz de llegar hasta el final por ser consecuente con los criterios que nos propone, ese hombre —decíamos— es así, se comporta así, porque está lleno del espíritu de Dios.

El capítulo segundo del Génesis define al ser humano como barro con aliento de Dios; con espíritu de Dios, y esta definición formulada por el yahvista hace más de tres mil años todavía hoy sigue siendo válida para muchos de nosotros. En todo ser humano sopla el viento de Dios, su espíritu, aunque en algunos este soplo sea apenas perceptible, y en la mayoría de nosotros no pase de ser una brisa que solo en ocasiones pone de relieve nuestra humanidad.

Pero a lo largo de la historia, ese soplo, ese aliento, esa acción de Dios en definitiva, se ha manifestado de forma poderosa en muchos hombres y mujeres de cualquier tiempo, lugar o condición. Y no es preciso acudir a la biografía de grandes personajes para sentir el soplo de Dios en los seres humanos; basta que miremos a nuestro alrededor para que lo veamos en ese pariente, o ese amigo, o aquel compañero de trabajo… Es muy difícil sustraerse a esta realidad si uno va un poco atento por la vida.

Ahora bien, por encima de todos, hubo un hombre en quien el espíritu de Dios se manifestó de una forma tan extraordinaria que somos incapaces de entenderla o formularla. Su amigo íntimo, Simón —Pedro, como a él le gustaba llamarle—, lo definió luego como “Ungido por Dios con Espíritu Santo y con poder”.

Pedro recorrió con él Galilea, Judea y la tierra de gentiles, y conoció a un hombre que hacía propios los problemas ajenos y estaba siempre rodeado de enfermos, lisiados, pobres y pecadores. Que se compadecía de ellos, les sanaba, les enseñaba y les devolvía la esperanza que habían perdido. Que les decía que no eran unos pobres desgraciados como todos aseguraban, sino los más importantes a los ojos de Dios.

Y es que en Jesús hemos visto que el espíritu de Dios mueve a compadecer, a servir, a sanar, a enseñar, a dar esperanza… Y no solo vemos en él cómo es Dios para nosotros, sino también cómo es el ser humano en plenitud; libre de la opresión del pecado. Como decía Ruiz de Galarreta: «La Palabra le anuncia al ser humano que es más que un animalillo destinado a sobrevivir lo más cómodamente que pueda. Le dice: “Eres más, no te conformes, no te dejes engañar”».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Bautismo de Jesús.

Domingo, 9 de enero de 2022

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Lc 3, 15-16. 21-22

Siempre son difíciles de trasmitir las experiencias profundas porque difícilmente caben en las fronteras de las palabras, se escapan de los límites de los significados y por eso es necesario acudir a los símbolos y a los espacios amplios del relato para poder acoger, aunque sea de forma incompleta lo que se experimenta en lo hondo del corazón.

Para los compañeros y compañeras de Jesús contar a otros y otras lo que supuso para él su bautismo en el Jordán no fue una tarea fácil. Tenían que transmitir una vivencia honda y determinante en la vida del Maestro y para ello necesitaban poner en juego no solo toda su habilidad narrativa sino también hacer memoria de su experiencia religiosa y su camino de fe en Jesús.

Lucas, en concreto, nos presenta este momento crucial de la vida de Jesús como una experiencia vocacional, como el punto de partida desde el que se va a desplegar su vida a partir de ese momento. En la historia, narrada en pocos versículos, confluyen a la vez la experiencia íntima de Jesús con la proclamación pública de su identidad y su misión. El bautismo de Jesús expresará así su doble vinculación con Dios y con su pueblo.

Esperaban y se preguntaban en su interior. La difícil situación política, económica y social que vivía Palestina en el siglo I había despertado la esperanza en el pueblo de una intervención divina que les abriese caminos de futuro y les ofreciese un valedor ante tanta injusticia e impotencia sufrida (Mesías). La voz crítica de Juan, su modo diferente de actuar y su enfrentamiento con el poder herodiano hacía que muchos se preguntasen si él era quien traería la salvación de Dios tan anhelada. (Lc 3, 1-14). Juan, sin embargo, es consciente de que su papel es otro (Lc 3, 16-17). Él inspiraba en el corazón de la gente esperanza, pero será Jesús quien les invite a cambiar su vida desde Dios (Lc 3, 18).

Tod@s se bautizaban y Jesús también se bautizó. El relato recoge en breves pinceladas la vivencia de Jesús en el momento del bautismo. En primer lugar, Lucas indica que Jesús al introducirse en las aguas del Jordán oraba (Lc 3, 21). Este dato expresa la hondura del momento. No se trata de un rito sin más sino de una experiencia de encuentro con Dios que se revela como Padre (Lc 3, 22). En segundo lugar, este encuentro se expresa a través de imágenes (se abrió el cielo, el espíritu como paloma, la voz de Dios) que subrayan la fuerza existencial del momento y legitiman el camino que Jesús emprenderá a partir de ahora.

En el bautismo de Jesús la fuerza no está en la conversión, como proclamaba Juan, sino en la revelación. Todas las personas presentes son testigos de la experiencia que Jesús vive. Los que esperaban y se preguntaban, los que anhelaban en su corazón la salvación encuentran ahora una respuesta. Se trata de escuchar a aquel que ha recibido el Espíritu para ser Buena Noticia, para sanar, liberar, reconstruir (Lc, 4, 18). Aquel que es Hijo y nos hace hij@s invitándonos a acoger también el amor misericordioso de su Abba que nos levanta en nuestras caídas y nos reviste de una humanidad nueva.

El relato termina sin aplausos ni reconocimientos por parte de quienes estaban presentes. Quizá porque nos quiere invitar al silencio, a reencontrarnos con nuestra propia experiencia de encuentro con ese Dios que hace nuevas toda las cosas, a acoger  a la Santa Ruaj que nos ayuda a reconocer en Jesús la encarnación de su Palabra y una vez más hacernos compañer@s de camino, agentes de liberación y perdón en nuestro mundo herido.

Hoy necesitamos de nuevo recordar este episodio de la vida de Jesús. Quizá, no tanto, por los hechos portentosos que narra, sino por la experiencia que sostiene. En ella encontramos a Jesús escuchando en su corazón al Dios Padre/madre que sostiene su vida, que lo fortalece y le hace sentir la profunda libertad que lo hace hijo y lo envía. Esta experiencia abre para nosotr@s un camino que nos lleva al centro de nuestro corazón y ahí escuchar la palabra que Dios pronuncia en nuestra vida. Una palabra en la que confiar, desde la que esperar y que nos vincula como hermanas y hermanos, como hijas e hijos de un Padre/Madre que nos acompaña en la vida, nos invita a las preguntas y nos acoge en la respuesta amorosa de su amor y nos bautiza en la honda certeza de que solo el amor salva. Así lo hizo Jesús.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Bautismo y comprensión

Domingo, 9 de enero de 2022

dezeen_reflet-by-claire-lavabre_ssFiesta del Bautismo de Jesús

9 enero 2022

Lc 3, 15-16.21-22

El rito del bautismo -conocido en diferentes tradiciones- posee una profunda carga simbólica: introducida en el agua, la persona sale “limpia”, purificada, renovada. Ese gesto evoca, por tanto, un “nuevo nacimiento”.

Ahora bien, visto desde la comprensión, el “nuevo nacimiento” no es producido por ninguna causa “externa”: un dios separado, un rito particular, una creencia determinada, una fe o una práctica religiosa… Porque -en una profunda paradoja, tal como han visto siempre las personas sabias- nacemos a lo que ya somos.

Lo que tiene de “nuevo”, por tanto, no es el hecho en sí -siempre hemos sido eso que ahora llamamos “nuevo”-, sino la comprensión de lo que realmente somos. El “nuevo nacimiento” se opera gracias a la comprensión experiencial de lo que somos.

A quienes se hallan identificados con el estado mental, este planteamiento les parece alucinatorio. Y suelen recurrir a lo que consideran, según ellos, constataciones simples y elementales que no invalidarían por completo. Dicen, por ejemplo: “Me miro al espejo y me reconozco: soy YO”… Con lo que la conclusión que plantean parece tan obvia que no entienden cómo se pueda poner en cuestión: caer en la cuenta de que soy mi “yo” es algo evidente para cualquier persona.

Sin embargo, este aparentemente simple razonamiento parece olvidar la facilidad con que nuestros sentidos (y nuestra mente) nos engañan en cosas que parecen absolutamente “evidentes”: ¿durante cuánto tiempo creímos los humanos que la tierra era plana o que el sol giraba en torno a ella? ¿Quién se hubiera atrevido a ponerlo en cuestión? ¿Cuánta gente sigue afirmando que la materia es sólida y no, esencialmente, vacío? ¿Y no ocurre algo parecido en los sueños? Todo lo que soñamos nos parece absolutamente real…, hasta que despertamos.

Estos ejemplos nos hacen ver que lo que asumimos como “evidencias”, tal vez no lo sean tanto. Y más tras los descubrimientos neurocientíficos que nos alertan de que no vemos nunca la realidad, sino solo una imagen mental de la misma. ¿Quién te asegura, pues, que lo que ves en el espejo eres realmente tú, sino simplemente tu creencia previa que has absolutizado? Del mismo modo que para ver la “irrealidad” de los sueños necesitamos despertar, también para ver más allá de la apariencia que nos devuelve el espejo acerca de nosotros mismos, necesitamos comprender: una cosa es la apariencia -forma, personalidad, yo…- y otra es la realidad -fondo, identidad…- que la sostiene. En resumen: no soy lo que veo en el espejo. Soy Eso que es consciente del personaje que ve.

Esta es la comprensión que nos hace “nacer de nuevo”, es decir, caer en la cuenta de que somos realmente Eso que había quedado oculto u olvidado, el tesoro escondido, del que hablaba el propio Jesús.

¿Me quedo en las apariencias o sé ir más allá de ellas?

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