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Entradas Etiquetadas ‘Bautismo del Señor’

“Iniciar la reacción”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

Domingo, 13 de enero de 2019

Bautismo_CEl Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los «bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia de hoy es «la mediocridad espiritual». La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

En no pocos cristianos esta creciendo el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los «signos de los tiempos».

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categorías premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos cristianos.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son «espíritu y vida».

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Que importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos.

José Antonio Pagola

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 13 de enero de 2019. Bautismo del Señor

Domingo, 13 de enero de 2019

09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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13.1.19. Bautismo de Jesús, bautismo cristiano. Breve teología.

Domingo, 13 de enero de 2019

86C0FC36-F34A-48BB-91E4-E3818E03BA2EDel blog de Xabier Pikaza:

La primera fiesta tras la Navidad y Epifanía es la del Bautismo de Jesús. El evangelio dice así:

Lucas 3, 15-16. 21-22
Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo…En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.”

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.”

El bautismo es el primer sacramento cristiano, signo de nuevo nacimiento y de vinculación a la Iglesia. Ayer presenté el tema, al ocuparme de la Navidad y de la Resurrección de Jesús. Hoy lo competo desde la perspectiva del nacimiento de Jesús y de los nuevos cristianos en la Iglesia.

Sería importante tratar de la problemática actual del bautismo en la Iglesia, con las consecuencias que implica para la unidad y libertad de los cristianos (varones y mujeres), pero ése es un tema requiere mayor atención, por eso quiero dejarlo hoy a un lado.

Pero hay una cosa que no me resisto a decir: La iglesia actual ha tendido a olvidar la importancia del bautismo, insistiendo más en otros sacramentos “muy menores”, como son el de la Ordenación ministerial y el Matrimonio. Así nos va.

Otro día me ocuparé del tema. Hoy me limito a presentar un esquema general del bautismo de Jesús y de los cristianos, según la teología del Nuevo Testamento. Buen domingo a todos.

Introducción. Bautismos judíos

Los judíos del tiempo de Jesús destacaban el carácter lustral (purificador) y legal de los bautismos, que limpian y purifican las manchas de los sacerdotes y fieles, capacitándoles para realizar legalmente los ritos. De todas formas, el rito básico de la identidad israelita (para los varones) era la circuncisión y además el perdón oficial no se lograba con agua, sino con sacrificios, como dice Lev 17, 11: “Os he dado la sangre para expiar por vuestras vidas” (cf. Lev 17,11).

Según eso, la purificación legal se realiza con sangre de animales, pues ella es signo de vida, principio de expiación y alianza (cf. Ex 12, 13.23; 24, 3-8; Lev 14, 4-7; 16, 16-19), aunque, como he dicho, la misma Ley pedía lavatorios y bautismos, para que los sacerdotes se purificaran al empezar y terminar sus ritos (cf. 2 Cron 4, 2-6; Lev 16, 24-26) y para aquellos que habían contraído alguna mancha ritual, que les separaba de la comunidad, como los leprosos curados (Lev 14, 8-9; cf. 2 Rey 5, 14) y los que habían tenido relaciones sexuales, poluciones o menstruaciones… (cf. Lev 14, 16-24).

1. Bautismo judío, iniciación de Jesús.

Conforme a lo anterior, las casas de los judíos puros (y ricos) tenían piscinas purificatorias (miqvot), para “limpiarse”. Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida ritual (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban así cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En tiempo de Jesús había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados.

En un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan.
Éste el primero de los grandes cambios que nosotros conocemos: Él abandoNó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una poderosa “escuela bautismal” (como he puesto de relieve en cap. 13). Abandonó así la cultura social del entorno, pensó que el orden socio‒sacral de este munco está acabando, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible una nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe el bautismo de Jesús:

Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

Fue un gesto y momento de “estado naciente”, no un dato pasajero, sino un acontecimiento que marcó la historia de su vida, trazando una ruptura respecto a lo anterior y definiendo su nueva opción mesiánico‒profético al servicio del Reino, retomando, de forma distinta, no sólo la tradición apocalíptico‒mesiánica, sino su forma de entender (y “practicar”) la biblia israelita:

‒ El bautismo fue para Jesús un momento de iniciación y de promesa mesiánica, como ha destacado la tradición cristiana cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡ofreciéndole su Espíritu!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada desde la vida posterior de la Iglesia, pero en su fondo puede y debe haber existido un núcleo fiable, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

‒ Fue una experiencia de inversión, esto es, de cumplimiento profético y revelación mesiánica. En ella vino a expresarse un Dios que, conforme a la mejor tradición israelita, actúa a contrapelo de los hombres. Precisamente allí donde, llegando al fin de su mensaje apocalíptico, Juan le colocaba ante la meta de juicio y destrucción, experimentó y descubrió Jesús la verdad más alta de su misión, recuperando su vocación davídica, entendida como impulso y llamada mesiánica de Reino. Es como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo ha terminado (ha llegado el juicio) puede comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte.

‒ Esta experiencia profético-mesiánica marcó la nueva historia de Jesús. No queremos decir que las cosas sucedieran externamente como dice el texto, pero los hilos posteriores de su vida sólo pueden entenderse desde aquí, en una línea que lleva del antiguo Elías, profeta del juicio (como Juan), al nuevo Elías, mensajero de la brisa suave y del nuevo comienzo de Jesús (cf. cap. 5 y 16). Sólo en ese contexto, allí donde descubre que todo lo anterior se ha cumplido (ha muerto), puede iniciar Jesús su nueva trayectoria, desde la voz del Padre, que le dice “tú eres mi hijo”, y con la brisa del Espíritu (que le envía a realizar su obra).

‒Vocación filial de Reino. No ha sido un proceso racional en plano objetivo, algo que puede demostrarse por medio de argumentos, sino un tipo de “intuición” vital, que ha trasformado las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, de su forma de estar en el mundo y de su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que se trata de una “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser, un estado naciente. No es imposible que, en este momento crucial, haya escuchado la voz de Dios que le llama Hijo y haya “sentido” la experiencia del Espíritu, haciéndole asumir su tarea davídica de Reino. Todo el transcurso posterior de su vida se entiende a partir de esta llamada.

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“Bautismo de Jesús”. Ciclo C

Domingo, 13 de enero de 2019

20160WDel blog  El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 

Un ejercicio sencillo y una sorpresa

            Imagina todo lo que has hecho o te ha ocurrido desde que tenías doce años hasta los treinta (suponiendo que hayas llegado a esa edad). Si pones la lista por escrito necesitarás más de una página. Si la desarrollas con detalle, saldrá un libro.

            La sorpresa consiste es que de Jesús no sabemos nada durante casi veinte años. Según Lucas, cuando subió al templo con sus padres tenía doce años de edad; cuando se bautiza, “unos treinta años”. ¿Qué ha ocurrido mientras tanto? No sabemos nada. Cualquier teoría que se proponga es pura imaginación.

            Este silencio de los evangelistas resulta muy llamativo. Podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 km de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

            Pero más llamativo que el silencio de los evangelistas es el silencio de Dios. Al profeta Samuel lo llamó cuando era un niño (según Flavio Josefo tenía doce años); a Jeremías, cuando era un muchacho y se sentía incapaz de llevar a cabo su misión; a Isaías, con unos veinte años. ¿Por qué espera hasta que Jesús tiene “unos treinta años”, edad muy avanzada para aquella época? No lo sabemos. “Los caminos de Dios no son nuestros caminos”. Buscando explicaciones humanas, podríamos decir que Isaías y Jeremías tenían como misión transmitir lo que Dios les dijese; Jesús, en cambio, además de esto formará un grupo de seguidores, será para ellos un maestro, “un rabí”, y esto no puede serlo a los veinte años. Pero esto no soluciona el problema. Seguimos sin saber qué hizo Jesús durante tantos años. Para los evangelistas, lo importante comienza con el bautismo.

El bautismo de Jesús

            Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.”

            En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.”

            Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.

            Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

            La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

            La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.

            El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús

            Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Isaías (42,1-4.6-7).

Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

            El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

            Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

            El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien

            La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

            Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

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13 Enero. Bautismo del Señor. Ciclo C

Domingo, 13 de enero de 2019

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“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”

(Lc 3, 15-16. 21-22)

Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.

En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?

Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.

¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?

Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.

Oración

Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús.

Domingo, 13 de enero de 2019

2754-neonian-baptistery-ravenna-dome-mosaic-baptism-christ-detailLc 3, 15-22

Comenzamos el “tiempo ordinario”. El bautismo es el primer acontecimiento que los evangelios nos narran de la vida de Jesús. Es además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga simbólica que el relato encierra. El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante años. Jesús descubrió lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás. Descubrió el sentido de su vida.

Los cuatro evangelistas resaltan la importancia que tuvo para Jesús el encuentro con Juan el Bautista y el descubrimiento de su misión y; a pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Ningún relato nos ha llegado de los discípulos de Juan. Todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de los escritos cristianos. Si lo han narrado todos los evangelistas, a pesar de que se podía interpretar como una subordinación a Juan, quiere decir que tiene unas posibilidades muy grandes de ser histórico.

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado en todos los evangelios, porque el relato nos lanza más allá de lo sensible. Marcos y Juan comienzan su evangelio con el bautismo.

Lc no da ninguna importancia al hecho del bautismo. Destaca los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de que Dios se acerca a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera sensible, para poder ser percibida. Lo importante no es lo que sucedió fuera, sino lo que vivió Jesús dentro de sí mismo. Jn no narra el bautismo, lo da por supuesto y habla directamente de la presencia del Espíritu en Jesús.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta qué punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los lugares “espíritu” se refiere a lo mismo.

 

 Marcos: 1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.

1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

 Mateo:  3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.
 Lucas:  3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.

4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.

4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a galilea.

4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

 Juan: 1,32 Yo he visto que el Espíritu bajaba del cielo y permanecía sobre él.

1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.

3,5 Nadie puede entrar en el Reino, si no nace del agua y del Espíritu.

6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

También hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad. Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él, como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él. En contra de lo que siempre se nos ha dicho, el bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad. Un ser humano que afronta sus limitaciones y ora.

En el discurso de Jn en la última cena, Jesús hace referencia al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos. Esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. También dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu. No tenemos datos para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, pero los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en su época y aún en la nuestra. Hace su voluntad; Le escucha siempre; etc.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. La comunicación de Jesús con su “Abba” no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Ningún hilo telefónico especial. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido. A través de la oración, de la contemplación el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lc dice que esa manifestación de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna que pueda identificarse absolutamente con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos. Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.

¿Cómo interpretaron los primeros cristianos, todos judíos, este relato? Dios, desde el cielo, manda su Espíritu sobre Jesús. Para ellos Hijo de Dios y ungido era lo mismo. Hijo de Dios era el rey una vez ungido; el sumo sacerdote, también ungido; el pueblo elegido por Dios. Lo más contrario a la religión judía era la idea de otro Dios o un Hijo de Dios. ¿Cómo debemos interpretar nosotros esa interpretación? Hoy tenemos conocimientos suficientes para recuperar el sentido de los textos y salir de una mitología que nos ha despistado durante siglos. Jesús es hijo de Dios porque salió al Padre, imitó en todo al Padre, le hizo presente en todo lo que hacía. Pero entonces también yo puedo ser hijo como lo fue Jesús.

Meditación

Jesús nació del Agua y del Espíritu.
Este segundo nacimiento dará a luz mi verdadero ser.
Ya está en mí, pero tengo que descubrirlo.
No te identifiques con tus limitaciones.
Tus fallos son carencias, pero tú eres lo positivo que hay en ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Nosotros somos la Palabra.

Domingo, 13 de enero de 2019

BAUTISMO DE JESUS“La palabra es el espejo de la acción” (Solón de Atenas)

13 de enero. Bautismo del Señor.

Lc 3, 15-16. 21-22

Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto (v 22)

Nadie sabía en aquel tiempo por dónde andaba la Palabra, pues andaba muy lejos de los hombres, sin que ninguno pudiera certificar dónde. Por eso, aunque era su luz y brillaba en las tinieblas, no la comprendieron. Y cuando vino a iluminar su casa, el mundo no la reconoció, y su casa permaneció en tinieblas. Desde entonces caminan a tientas como ciegos, con su bastón y perro por aceras, por calles y por campos. Aunque lo más comprometido es que el universo entero anda invidente por todos los espacios.

En la Galaxia nuestra, La Vía láctea, el Camino de Santiago, en lugar de ser blanco es negro. La Palabra quiso hacerse hombre y venir a hospedarse a nuestra tienda, pero al ver que no había día en ella devolvió su billete a la estrella y se quedó en el cielo.

Juan Bautista daba gritos solemnes en un desierto sin farolas, y el sonido de su testimonio también se quedó en tinieblas y sin la plenitud que le era propia. Quizás por eso nadie ha visto jamás a Dios, incluso cuando en el monte Horeb su voz ardía en una zarza asustando a Moisés.

“Cuando se necesitan brazos, el socorro y las palabras no sirven de nada” (Esopo, fabulista griego)

El Hombre no es demostrable, como no lo son el Mundo ni Dios. Si, a pesar de ello, el saber intenta demostrar uno de los tres, necesariamente se pierde en la nada. No puede equivocarlos, así se apodere de las alas de la aurora para ir a los confines extremos del mar. (Sam 139, 11-12: Si digo que me sorba la tiniebla, / que la luz se haga noche en torno a mí, / tampoco la oscuridad es oscura para ti, / la noche es clara como el día: / da lo mismo tiniebla o luz).

CORO

Al igual que la brisa ligera
levanta en espesos torbellinos
el polvo de los surcos,
¡que el vals nos arrastre!
¡Haced retumbar la llanura
con el estallido de vuestras canciones!

Apoteosis. Coro Celestial

ÁNGELES

¡Salvada!
¡Cristo ha resucitado!
¡Cristo acaba de renacer!
¡Paz y felicidad
a los discípulos del Maestro!
¡Cristo acaba de renacer!
¡Cristo acaba de renacer!
¡Cristo ha resucitado!

(Los muros de la prisión se han abierto.
El alma de Margarita sube al cielo.
Fausto la sigue con ojos cargados de
desesperación   cae de rodillas y reza.
Mefistófeles, en el centro, es derribado
por la espada luminosa del arcángel.)

MISA DE ÁNGELIS

¡Oh, Dios, que brillas en el mundo!

He encendido las luces de mi tienda,
alfombrada con pieles y con sueños,
y yo te espero impaciente en ella.

Celebraremos una ‘Misa de ángelis’,
con serafines, querubines y tronos,
dominaciones, virtudes, potestades,
principados, arcángeles y ángeles,
entonando canciones a tu nombre.

De celebrantes, las brillantes estrellas
Sirio, Alpha Centauri, Arturo, Vega, Lira,
y los vistosos corazón sangrante,
anémonas, lirios y rosas
y, cómo no, el Arco Iris trazado sobre el cielo,
iluminando el corazón de gentes y universos.

………………………….

Y Tú y yo repicando campanas
Y llenando los bancos de la iglesia.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Hij@s amad@s. Y punto. Sobran los efectos especiales.

Domingo, 13 de enero de 2019

bautismo-jesusSan Lucas (3,15-16.21-22)

Respeto profundamente cualquier otro comentario que se haga del evangelio de hoy, pero no debe distraernos Juan Bautista, para captar mejor el mensaje central.

Una cosa es que tengamos una experiencia profunda y otra que tengamos los recursos apropiados para explicarla o compartirla. Cuando no encontramos las palabras apropiadas, recurrimos a las imágenes, símbolos, expresión corporal, música o danza…

Los evangelistas nos repiten una y otra vez que Jesús, en diferentes momentos de su vida, tuvo la experiencia de ser Hijo Amado. Y punto. El resto son envoltorios que hay que quitar.

Para que las primeras comunidades cristianas se hicieran una idea de lo que pudo experimentar Jesús, los evangelistas tuvieron el detalle de recurrir al lenguaje y a los símbolos propios de las teofanías. Sin duda, ayudaron a sus oyentes y a sus lectores.

Hoy, en 2019, nos sobran los cielos abiertos, la paloma, las voces y todos los “efectos especiales” que van unidos al bautismo de Jesús.

Corremos el riesgo de quedarnos con el envoltorio y pensar que la vida de Jesús transcurrió entre ángeles, nubes, voces y facilidades de todo tipo.

La experiencia personal de ser y sentirnos hij@s amad@s ¿marca un antes y un después en nuestra vida? ¿Hasta qué punto es la experiencia fundante, la raíz de nuestra vida cristiana?

Sentirnos amad@s ¿impulsa nuestro comportamiento moral? San Agustín lo entendió muy bien: “Ama y haz lo que quieras”. ¿Hemos descubierto que el Amor nos ama?

Si no lo hemos descubierto, o lo olvidamos, nuestro discurso moral se convierte en una retahíla de normas y mandamientos. Puede llevarnos a los escrúpulos o a concebir el seguimiento de Jesús como un código de la circulación que nos ayuda a movernos por la vida, con la amenaza de que puede caernos “una multa o un castigo divino” en cualquier descuido.

Jesús no respetó el sábado reiteradas veces, se saltó leyes de pureza ritual, anduvo con compañías poco respetables… pero amó hasta el extremo. En sus entrañas estaba el manantial del Amor, que recibía el agua del Abbá. En el bautismo se entrelazaron y confluyeron más aún sus caudales.

El sacramento del bautismo es uno de los muchos caminos que pueden ayudarnos a descubrir que somos hijos e hijas amados. Pero, en nuestra vida diaria ¿qué conexión hay entre estar bautizados y sentirnos amados, como Jesús?

Ojalá, al leer o escuchar el evangelio de hoy, sintamos una sacudida y nos demos por aludidos. Ojalá el Espíritu Santo nos ayude a comprender que somos hijos e hijas, no siervos; y que hemos sido gratuitamente salvados.

Si descubrimos también que todo ser humano es hijo amado, se habrá producido un milagro.

Marifé Ramos González

Fuente Fe Adulta

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¿Quién soy yo? la respuesta se halla en el silencio.

Domingo, 13 de enero de 2019

599c9badcaa54_juanbautistaGDomingo después de Epifanía: Fiesta del Bautismo de Jesús. 13 enero 2019

Lc 3, 15-16.21-22

Los evangelistas presentan a Jesús como el Mesías esperado que “bautiza con Espíritu Santo y fuego”, es decir, que comunica la misma vida divina. Para ellos, Juan es solo el “precursor”, quien anuncia que “el tiempo último se ha cumplido”, pero es con Jesús con quien se hace presente la plenitud.

Más dificultad debieron experimentar para explicar el motivo por el que el propio Jesús se pusiera en la fila de quienes esperaban a ser bautizados por Juan. Porque este hecho no resultaba fácil de conciliar con lo que ellos mismos afirmaban a propósito de su Maestro. La disonancia es de tal calibre que, probablemente, nos hallamos ante un dato estrictamente histórico: ningún discípulo se hubiera atrevido a afirmar el bautismo de Jesús por parte de Juan, de no haber ocurrido realmente.

En cualquier caso, lo que interesa al evangelista es la proclamación que introduce a continuación, con la que presenta la fe de aquella primera comunidad en Jesús como “el hijo amado” de Dios.

Esta proclamación nos remite a la cuestión decisiva: ¿quiénes somos? Desde la mentalidad judía, de Jesús se dijo que era “el hijo amado de Dios” y, más tarde, desde la fe cristiana, se le reconoció como “Dios y hombre”, “el Hijo de Dios encarnado”.

Pues bien, eso que se afirma de Jesús es válido igualmente para todos los seres humanos. Todos somos Plenitud de Presencia expresándose y experimentándose en esta forma concreta que llamamos “persona” o “yo”.

Ahí radica el secreto profundo de nuestra paradoja. Y eso explica que todo radique en encontrar la respuesta adecuada a la pregunta quién soy yo. Pero esa respuesta no puede provenir de la mente.

Por ese motivo, me parece que ante cualquier pregunta mental –que tiende a encerrarnos en discusiones tan prolongadas como estériles–, lo adecuado es “retraducirla” a esta otra: ¿quién soy yo? A diferencia de las otras, esta primera cuestión nos resitúa –nos coloca en “otro lugar”– y, al resituarnos, toda pregunta mental aparece en el marco adecuado. De otro modo, podemos enzarzarnos en debates interminables que no pasarán de ser meros juegos mentales.

La mente, necesariamente ambigua e incapaz de atrapar la verdad, no puede conducirnos más allá de sí misma. Es una herramienta preciosa para manejarnos en el mundo de los objetos –de las formas– y para desenmascarar la irracionalidad –este es el gran logro de la llamada “razón crítica”–, pero se revela absolutamente incapaz de responder a la gran cuestión: ¿quién soy yo? En este campo, lo que se requiere es justamente aprender a acallarla si queremos empezar a ver con claridad. Tal como repite Marià Corbí, siguiendo lo que han dicho sabios y místicos de todos los tiempos, “el silenciamiento desde la mente pretende conducir nuestra comprensión hasta llegar a ver con toda claridad que lo que damos por realidad es solo una construcción de nuestra mente” [1].

Ante cualquier debate, sobre todo si nos vemos “pillados” emocionalmente –el sujeto de la emoción siempre es el ego–, el camino adecuado es el de acallar la mente y abrirnos a saborear la Verdad que se oculta en el Silencio. Ahí salimos de la ambigüedad y experimentamos la Plenitud que, constituyendo nuestra identidad, transciende por completo el mundo de las formas y de las construcciones mentales. Es justamente el Silencio quien guarda la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?, tal como recuerda la bella parábola de Chuang-Tzú (siglo IV a.C.):

“El Emperador Amarillo fue paseando al Norte del Agua Roja, a la montaña de Kwan Lun. Miró a su alrededor desde el borde del mundo. Camino a casa, perdió su perla del color de la noche.

Mandó a la Ciencia a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó al Análisis a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó a la Lógica a buscar su perla, y no consiguió nada. Entonces preguntó a la Nada. ¡Y la Nada la tenía!

El Emperador Amarillo dijo: “Es en verdad extraño: ¡La Nada, que no fue mandada, que no trabajó nada para encontrarla, tenía la perla del color de la noche!”.

“¿Por qué somos temporales?, se pregunta Pedro Miguel Lamet. ¿No sería mucho mejor ser eternos? En realidad somos temporales y eternos a la vez, si despertamos a nuestra auténtica identidad. Y después de todo, ¿este sentirse temporal no es también fuente de gozo? ¿No hay un sabor a infinito en todo lo finito?” [2].

En esa comprensión se halla la clave de la sabiduría, que Fidel Delgado formula en clave de bienaventuranza: “Feliz quien se sabe en camino y en casa a la vez” [3].

¿Vivo consciente de lo que soy? ¿En qué se nota?

 

Enrique Martínez Lozano

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[1] M. CORBÍ, Silencio desde la mente. Prácticas de meditación, Bubok, Barcelona 2011, p.15.

[2] P.M. LAMET, El sabor eterno del tiempo, en http://www.pedrolamet.com/?p=1503

[3] F. DELGADO, Prólogo al libro de E. MARTÍNEZ LOZANO, Metáforas de la no-dualidad. Señales para ver lo que somos, Desclée De Brouwer, Bilbao 2018, p.21.

Fuente Fe Adulta

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Los cielos están abiertos para todos

Domingo, 13 de enero de 2019

bautismo-de-jesc3bas1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. EL BAUTISMO EN EL RÍO JORDÁN: EN EL DESIERTO, NO EN EL TEMPLO.

Hemos terminado de celebrar la Navidad y -para entendernos- entre el nacimiento de Jesús y el relato que acabamos de escuchar han transcurrido treinta años.

El bautismo se solía celebrar en el templo, en las piscinas del Templo de Jerusalén.

Juan Bautista se encuentra en el desierto, en el río Jordán. Juan lleva el templo y el culto al desierto, que evoca el Éxodo y la libertad. La relación con Dios no se resuelve tanto en los ritos del templo sino en el camino del desierto de la vida, en el camino hacia la tierra de promisión, en la libertad.

La situación y la escena es parecida a la del encuentro de Jesús con la samaritana: A Dios se le adora en espíritu y honradez.

Posiblemente el Bautismo solamente se celebra cuando hay amor a la libertad, a la tierra de promisión, cuando se intenta tener un espíritu honrado.

02. BAUTISMO DE JESÚS: SOLIDARIDAD DON LA HUMANIDAD.

El que no tenía pecado se hace solidario con nosotros, comparte las penas y sufrimientos de la humanidad.

Jesús desciende a lo profundo de las aguas (a los infiernos) con nuestras debilidades.

Jesús comparte con nosotros la densidad de nuestra historia y de nuestras historias.

Jesús se hizo uno de nosotros (San Pablo).

El papa, Benedicto XVI, hace una lectura hermosa de este pasaje en su libro “Jesús de Nazaret”

Jesús había cargado con toda la culpa de la humanidad: entró con ella en el Jordán.

03. LOS CIELOS SE ABREN.

El pueblo de Israel (¡y gran parte la mentalidad católica!) pensaba que los cielos estaban cerrados para la humanidad.

Ha pasado al lenguaje coloquial y es hermoso experimentar, escuchar o decir: “se le abrió el cielo”, “se me abrieron los cielos”. Bueno, pues esto es lo que JesuCristo experimentó y nos comunicó desde el comienzo de su misión de Jesús: que los cielos se han abierto.

El relato del Bautismo de Jesús significa que el camino hacia nuestra salvación, hacia la casa de Dios Padre está definitivamente abierto.

Jesús abre los cielos: Dios Padre ha abierto su casa al hijo pródigo (en realidad nunca la había cerrado, pero los sistemas religiosos se empeñan siempre en condenar al ser humano). El banquete está preparado para todos. Zaqueo está invitado, el buen ladrón está también en los cielos.

Los cielos se han abierto para todos y definitivamente.

Esperemos que no sea verdad aquello de que lo que salva el Evangelio lo condenan los eclesiásticos.

04. CONSOLAD A MI PUEBLO (ISAÍAS / 1ª LECTURA).

Vitral de San Juan Bautista en la Iglesia de San Cipriano de Muskildi (Zuberoa)Es una hermosa tarea abrir cielos y tierras, alimentar esperanzas, consolar al pueblo.

El relato del bautismo de Jesús es un texto de revelación: Este es mi hijo amado. Lo que Jesús nos revela es que ha sido enviado a sanar los corazones que sufren, curar a los enfermos, dar de comer a los hambrientos, liberar las conciencias, a consolar. Jesús pasó la vida haciendo el bien.

Consolar es aliviar, -cuando menos intentarlo- una pena, un sufrimiento.

Claro que para ello hay que haber experimentado en nuestro propio ser el alivio y el consuelo. Quien no tiene experiencia de la bondad humana, del amor humano y de Dios, difícilmente podrá consolar a los demás.

FANATISMO

Las actitudes fanáticas de personas religiosas, políticas, de corte nacional, de determinadas instituciones, etc. en el fondo es que no han experimentado el amor y la bondad de la vida, de Dios, de los demás.

El fundamentalismo que muestran algunos obispos y curas en el fondo es una carencia de afecto, ternura e indulgencia originarios. El que no ama, no ha conocido a Dios, (1Jn 4,8).

Los fanatismos, las superortodoxias, las intransigencias en el fondo no son tanto problemas políticos o cristianos, cuanto problemas de origen y contenido psíquico de falta de consuelo, de amor. Quien tiene experiencia del amor, no es fanático, ni fundamentalista.

Muchas personas religiosas ordenan, disponen e imponen, mandan, etc. El cristiano consuela, alivia, ayuda.

Quizás sea por estas cosas por las que el papa Francisco sea mal visto y poco apreciado en determinados sectores católicos: porque Francisco en el fondo ayuda, consuela, alivia…

Noble tarea la de consolar en la vida.

05. MIENTRAS JESÚS ORABA.

Jesús se encuentra con Dios en el silencio y la oración (como nosotros). Y ahí es donde se manifiesta que Jesús es hijo de Dios.

Jesús toma conciencia de su ser y misión en los grupos de Juan Bautista (conciencia mesiánica). Jesús lentamente va tomando conciencia de que Dios se expresa en Él.

Jesús sentía que Dios Padre embargaba su vida, le protegía, le impulsaba.

En el evangelio de Lucas la oración tiene una importancia mayor que en otros. Lucas presenta a Jesús orando en los momentos decisivos:

o El bautismo le “pilla” a Jesús orando, (Lc 3,21).

o En toda su actividad pública, Jesús se retiraba para orar, (Lc 5,16)

o Jesús ora cuando ha de escoger a los Doce (Lc 6,12-13)

o La oración transfigura a Jesús (y no al revés), (Lc 9,28-29).

o Cuando ora, Jesús expresa su experiencia de Dios: Padre, (Lc 11,1).

o Jesús agradece a Dios los signos que se van dando en su misión, que es del Padre, (Lc 10,21).

o Cercana ya la muerte, en el huerto de los Olivos, Jesús ora “trágicamente”, (Lc 22,39-46).

o En la cruz Jesús ora y pone su vida-muerte en manos de Dios Padre, (Lc 23,46).

o También en la cruz Jesús ora a Dios Padre por quienes le están ejecutando: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.

Acabamos de celebrar la Navidad. Jesús es hijo de María: nace de entre nosotros.

De la misma manera, Jesús tomó conciencia de su ser y misión en su familia, en la sinagoga, en los grupos de Juan Bautista (conciencia mesiánica), en el silencio y en la oración.

Jesús toma conciencia de su misión en la oración. Jesús “no viene a este mundo con la lección sabida”, sino que Jesús va madurando en la oración. Jesús va tomando conciencia de los problemas que va viendo y viviendo: el tipo de religión, el fariseísmo y legalismo, el Templo ritualista, la injusticia de saduceos, sacerdotes, la pobreza, etc. Jesús lentamente va tomando conciencia de que las cosas no van como Dios Padre quiere. El poder (Pedro) piensa como los hombres, pero no como Dios, etc. Dios Padre tiene otro designio que, poco a poco, se va expresando en Él.

La oración no es una huida del mundo y de los demás, la oración no le encierra a Jesús en sí mismo, sino que le impulsa a la madurez, a contrastar las cosas con Dios y a la solidaridad.

Todo ser humano necesitamos momentos de silencio, de reflexión y de oración, de encuentro con nosotros mismos, con los demás y con Dios.

La oración no es un narcisismo, sino un “hogar” en el que vivimos en silencio y contemplación las cosas de “casa”, nos vemos en nuestro caminar con nuestras ilusiones y preocupaciones, nuestras enfermedades y limitaciones, en la oración vemos las injusticias, y todo lo vemos y vivimos con Dios como ultimidad y los demás como referencia.

La oración es la brecha por la que se nos abren los cielos.

LOS CIELOS ESTÁN ABIERTOS

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“El Espíritu de Jesús”. El Bautismo del Señor – B (Marcos 1,7-11)

Domingo, 7 de enero de 2018

09_baut_bJesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban «cerrados». Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.

Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: «Ojalá rasgaras el cielo y bajases».

Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios, que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús, no con agua, sino con su Espíritu.

Sin ese Espíritu, todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece, la fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta, el amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu, la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias pastorales lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús.

No hemos de engañarnos. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual, tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

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“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. Domingo 07 de enero de 2017. Bautismo del Señor. Domingo primero ordinario-

Domingo, 7 de enero de 2018

20160WLeído en Koinonia:

Isaías 42,1-4.6-7: Mirad mi siervo, a quien prefiero.
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Marcos 1,7-11: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.

 Hoy, como comunidad de creyentes, celebramos el bautismo de Jesús y, junto con él, nuestro bautismo. Así pues, las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos que identifican el verdadero bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, la tarea de todo bautizado es testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos sin excepción. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de pasar por la vida “haciendo el bien”; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiesta la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: El cielo se abre, desciende el Espíritu y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios. Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es el hecho fundamental del ser cristiano, pues evoca la vida, la muerte y la resurrección de Cristo y la participación de todo cristiano en este misterio. El bautismo viene a significar en síntesis, y teniendo en cuenta los elementos descritos anteriormente, la entrega generosa a Dios y a los hermanos a ejemplo del mismo Cristo. Leer más…

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7.1.18. Bautismo de Jesús, una humanidad (¿una iglesia?) por bautizar

Domingo, 7 de enero de 2018

a1_teofania-jordanDel blog de Xabier Pikaza:

Terminó ayer (6 del 1) el tiempo de Navidad con la epifanía. De pronto, de un salto, la liturgia nos lleva hasta el Jesús adulto, bautizado por Juan, pasando de los magos sabios que buscan al niño-Dios nacido en Belén, al Jesús re-nacido en el Jordán, para iniciar su tarea de hombre-Dios.

El texto nos pone ante un hecho histórico (Jesús bautizado por Juan), pero el evangelio no narra un puro hecho material, sino la experiencia básica de re-nacimiento de Jesús, renacido del agua, para iniciar su taras mesiánica que culmina en la pascua.

Entre el rito externo (bautismo en agua) y la experiencia personal (bautismo en el Espíritu de Dios, nacer del Padre del cielo) hay una diferencia (son niveles distintos), pero también una profunda unidad, que el mundo actual puede y debe recuperar, si quiere renacer como cristiana. Estos son algunos de sus signos:

1. Nacemos del cosmos, es decir, del agua… Sin agua pura, con viento, con tierra y con fuego…, sin estrellas de cielo y galaxias no podemos nacer… De la tierra con agua brotamos, de un modo especial del agua. Sin bautismo de agua (de mundo) no somos humanos.

2. Nacemos de verdad si nos “nacen” (nos hacen nacer) unos iniciadores, que empieza siendo la madre y el padre, y, en nuestro caso,de un modo especial el profeta-bautista, aquel que nos dice “nace de Dios” (como una iglesia que nos dice: “renace del Padre, del Hijo y del Espíritu). Así bautizan,nos inician otros, haciendo que nos introduzcamos en el misterio, pues nadie renace sólo de sí mismo.

3. Pero tampoco hay bautismo real si no queremos “ser bautizados”, si no nos ponemos en manos del agua de Dios, por medio del “bautista”, en este caso Juan. No nos bautizamos si no dejamos que Dios nos “inmerja” (nos introduzca en su vida), de forma que en su vda vivimos, crecemos, nos movemos y somos, como Jesús (naciendo, al mismo tiempo del agua/vida cósmica y de la palabra del Bautista).

4. Finalmente, no hay bautismo si ese renacer en y por Dios (como Jesús), por el Espíritu, no nos pone (como a él) al servicio de la Vida de Dios, que es la salud y salvación de todos, la fraternidad en justicia, en gesto de amor activo, de compromiso por la libertad, de entrega por la llegada del Reino.

Desde aquí se plantea en la actualidad, año 2018, un gran tema.

1. En los países de vieja cristiandad, la iglesia y las familias han bautizado sin más a los niños, con la promesa de que ellos “asumirán” (aceptarán, desarrollarán) el sentido de este rito místico/social, naciendo de maduros a la vida del Dios de Cristo, al servicio de la comunión humana.

26168029_913501258827067_9096438164609043330_n2. Pero esa promesa bautismal tiende a diluirse…, de manera que apenas podemos asegurar que la iglesia (en esta sociedad, con estas familias…) educará al niño en el misterio del bautismo (que es nacer a la vida desde Dios).Hasta hace poco, el tema de bautizar o no bautizar a los niños era un tema de teoría…Ahora han terminado las puras teorías, pues va aumentando el número de aquellos que no bautizan a sus hijos, y aumentará sin duda, si las cosas no cambian muchísimo.

3. Empezamos a vivir en un mundo que está perdiendo el sentido y deseo del bautismo, en una sociedad que en general no siente la necesidad y el don de nacer de Dios, de renacer a la vida del “espíritu” (y que no bautiza sin más a sus hijos). Por eso se plantea el gran tema (¡tema sin respuesta fácil!) de cómo la iglesia y las familias pueden comprometerse hoy a bautizar a los niños si no tenemos la certeza de que de mayores asumirán el misterio y tarea del bautismo.

4. Pues bien, en esa línea, lo que para algunos es una pérdida (una fatalidad. ¡muchas familias no bautizan a sus hijos!), puede convertirse en una bendición y tarea más alta . Está llegando la hora de recuperar el bautismo como “sacramento original”: El sacramento y misterio de renacer (=nacer más intensamente), desde Dios, en la línea de Jesús. Nos hallamos ante una humanidad (y una iglesia) por bautizar, en invitación y gesto libre (¡en experiencia suprema!) de renacer desde la vida de Dios, retomando así el camino de Jesús, que hoy “comienza” (simbólicamente) a iniciar su tarea bautisma.

5. Evidentemente, no puedo resolver el tema, hoy día del bautismo de Jesús… Pero sé bien que el bautismo cristiano no es un papel administrativo, ni es un número de estadística eclesial, sino un compromiso de nacer y vivir desde (y en) el Dios de Jesús. A partir de aquí quiero desarrollar algunos elementos del evangelio de este domingo, como verá quien siga.

Imagen 1: Icono del bautismo de Jesús (en el agua madre, con Dios que le alumbra desde el “cielo”, con Juan que le inicia, en un mundo de misterio, abierto a lo angélico, a la justicia y comunión de Vida (al Reino).
Imagen 2: Sencillo baptisterio medieval, de una humilde iglesia de pueblo (San Morales, Salamanca, mi parroquia). En una iglesia/edificio, el baptisterio es más importante que el retablo, más importante que el mismo altar). Buen domingo del bautismo a todos los amigos del blog.

Texto: Mc 1

En aquel tiempo, proclamaba Juan:
—«Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
—Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.

Y fue bautizado por Juan, en el Jordán

No se dice nada sobre el posible tiempo de su estancia junto al río, ni se indica si fue discípulo de Juan, ni si realizó él también, por un tiempo, una tarea de “bautista”, como socio e incluso como “competidor” de Juan (conforme a la noticia el cuarto evangelio: cf. Jn 3, 23-27; 4, 1).

Marcos pasa por alto (silencia u omite) esos aspectos, de tal forma que da la impresión de que Jesús sólo vino a ser bautizado. Vino él (como digo), pero no para quedarse, sino para “ser bautizado” por Juan, quien toma así la iniciativa. Jesús no vino para disponer y hacer, sino para que “hicieran” con él, es decir, para “dejarse hacer”, para que Juan le introdujera en el agua de la confesión de los pecados, en la línea de la esperanza israelita.

De lo que pasa con este bautismo no se dice aquí nada, como suponiendo que fue un rito preparatorio, que pertenece a la fase anterior de Jesús, antes de ser proclamado por Dios como Hijo suyo e investido del Espíritu Santo. En ese sentido podríamos decir que el bautismo por Juan pertenece a la prehistoria mesiánica de Jesús, de manera que no se distingue por eso de las muchedumbres que venían y se bautizaban con Juan.
En este bautismo no pasa nada que pueda ser reseñado, pues todo pertenece al mundo antiguo, con el agua de las purificaciones y del perdón de los pecados, una historia que no es todavía mesiánica (no es la historia del Hijo de Dios, que empezará después, cuando Jesús salga ya del agua). Así culmina la historia de Jesús según la carne, como diría Pablo (cf. Rom 1, 2-3; 2 Cor 5, 16).

Hasta aquí, Jesús ha sido un israelita que podía situarse en la línea de las profecías o promesas de David, un Jesús artesano, un penitente de Juan. Desde aquí comenzará su nueva etapa, como Hijo de Dios que se revela y actúa sobre el mundo, como destinatario y portador del bautismo en el Espíritu Santo.

Vio: Cielos rasgados, Espíritu santo

El bautismo de Juan pertenecía a un plano anterior, de confesión y perdón de los pecados, en un nivel quizá mesiánico, pero previo al bautismo en el Espíritu Santo que iniciará Jesús. Sólo después, una vez que él ha salido del agua, dejando ya de estar en manos del Bautista, empieza el tiempo nuevo de la revelación de Dios, vinculada a la bajada del Espíritu y a la voz de Dios.
Ésta es la experiencia de Jesús, la experiencia que la Iglesia ofrece a todos los cristianos, que pueden y deben descubrirse llenos del Espíritu Santo.

− Y pronto, saliendo del agua…

Del bautismo como tal Mateo, bajo el agua del Jordán, Mateo no dice nada, quizá porque se trata de un rito de conversión “para perdón de los pecados” (1, 4), y lo propio de Jesús ha de ponerse en otro plano… Ciertamente, desde un punto de vista histórico se puede y se debe analizar el sentido que para Jesús pudo tener la experiencia anterior del bautismo de Juan, vinculado a la conversión y confesión de los pecados. Pero a Mateo no le importa y, por eso, aunque lo cita, lo ha dejado a un lado, para hablar sólo de aquello que Jesús vio y escuchó tras salir del agua, esto es, tras el bautismo de Juan, recibiendo su “bautismo en el Espíritu Santo”. Leer más…

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Bautismo de Jesús.

Domingo, 7 de enero de 2018

BAUTISMO DE JESUSDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La elocuencia del silencio

            Acabamos de celebrar la fiesta de la Epifanía, con Jesús niño de menos de dos años, y de repente lo vemos ya adulto, en el momento del bautismo. De los años intermedios, si prescindimos de la visita al templo que cuenta Lucas, no se dice nada.

     Este silencio resulta muy llamativo. Los evangelistas podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 kms de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

            Para explicar este silencio se aduce habitualmente la humildad de Dios, capaz de pasar desapercibido tanto tiempo, sin llamar la atención, sin prisas por cambiar al mundo, a pesar de todo lo que tiene que decir. Esta interpretación es válida, y deberíamos sacar de ellas consecuencias personales que frenasen nuestras prisas y deseos de notoriedad. Pero quien viene del Antiguo Testamento percibe también otro motivo. Los grandes personajes que en él aparecen nunca son importantes en sí mismos, sino por lo que contribuyen al progreso de la historia de la salvación. De Abrahán, Moisés, Josué, Isaías, Jeremías, Ezequiel… nos faltan infinidad de datos biográficos. A veces conocemos detalles pequeños sobre su familia o infancia. Pero, en general, su biografía comienza con el momento de la vocación, cuando el personaje queda al servicio de los planes de Dios.

            En el caso de Jesús se aplica el mismo principio, para subrayar la importancia capital del bautismo como experiencia personal que transforma totalmente su vida. Todo lo anterior, aunque nos sorprenda, carece de interés. Es ahora, en el bautismo, cuando comienza la «buena noticia».

El bautismo de Jesús

            Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. El relato de Marcos, el más antiguo, cuenta el bautismo con muy pocas palabras. Y ni siquiera se centra en el bautismo, sino en lo que ocurre inmediatamente después de él.

            En aquel tiempo, proclamaba Juan:

            ̶  Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

            Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:

            ̶  Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.

            Marcos destaca dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

            La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad.

            La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Marcos quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento. En este sentido, es importante advertir que la vida pública de Jesús comienza con el testimonio de la voz del cielo («Tú eres mi hijo amado, mi predilecto») y se cierra con el testimonio del centurión junto a la cruz: «Realmente, este hombre era hijo de Dios» (Marcos 15,39).

            El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

Los tres testigos: el Espíritu, el agua y la sangre (2ª lectura)

            La idea de la salvación a través del sufrimiento la encontramos también en la segunda lectura. Hablando de Jesús, dice: «Es el que vino con agua y sangre: no sólo con agua, sino con agua y sangre.» Clara referencia al bautismo y a la muerte.

            Al mismo tiempo, la lectura ha sido elegida por la referencia al Espíritu, que da testimonio de Jesús.

Todo el que cree que Jesús es el Mesías, es hijo de Dios; y todo el que ama al Padre ama también al Hijo. Si amamos a Dios y cumplimos sus mandatos, es señal de que amamos a los hijos de Dios. Pues el amor de Dios consiste en cumplir sus mandatos, que no son gravosos. Todo el que es hijo de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién venció al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Es el que vino con agua y sangre: no sólo con agua, sino con agua y sangre. Y el Espíritu, que es la verdad, da testimonio. Tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres concuerdan. Si aceptamos el testimonio humano, más convincente es el testimonio de Dios.

Nuestro bautismo (1ª lectura)

            El bautismo de Jesús es un momento ideal para reflexionar sobre nuestro bautismo. Al parecer, eso es lo que pretendieron quienes eligieron la primera lectura. Demasiado larga para una misa (la mayoría de la gente no se enterará de nada), se presta sin embargo a una lectura tranquila en privado. Divido el texto en cuatro partes, con brevísimo comentario.

  1. Nos ayuda a vernos como personas con hambre y sed, que intentamos saciar con productos caros e inútiles, sin buscar el verdadero alimento.

¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta?, ¿y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.

  1. El bautismo nos transmite las antiguas promesas y la alianza establecida por Dios con David. Nosotros somos el pueblo desconocido que corre hacia el Señor.

            Prestad oído, venid a mí, escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él le hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones; tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti: por el Señor, tu Dios; por el Santo de Israel, que te honra.

  1. Si no corremos hacia él, debemos convertirnos, cambiar de camino, buscarlo; él es rico en perdón y se dejará encontrar.

Buscad al Señor mientras se deje encontrar, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos ‑oráculo del Señor‑.

  1. Y esto, que puede parecer una ilusión imposible, se realizará porque la Palabra de Dios fecundará nuestra vida como la lluvia y la nieve hacen germinar la semilla.

Como el cielo está por encima de la tierra, mis caminos están por encima de los vuestros y mis planes de vuestros planes. Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.

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Domingo del Bautismo del Señor. 7 de enero, 2018

Domingo, 7 de enero de 2018

bautismo

“Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán”.

(Mc 1, 7-11)

Estas Navidades parece que las fiestas nos han venido con el 2 x 1. El cuarto domingo de Adviento fue a la vez Noche Buena y ahora la Epifanía y el Bautismo se dan la mano.

El Niño que estaba ayer en pañales y recibía la visita de los Magos es hoy el que se pone a la fila de los pecadores como uno más. El Dios desconcertante. El Dios que aparece donde menos le iríamos a buscar (¡en un establo!) y se escapa de todos nuestros templos y palacios.

Ese es el Dios que nos muestra Jesús. El Dios que rompe nuestros esquemas. Nosotros querríamos que se manifestara con su fuerza. Le invocamos como Dios Omnipotente, Señor de los Ejércitos, pero él viene a que le bauticemos.

Se pone en la fila sin anticipos ni privilegios. Como uno más, como el más corriente. Sin escolta sin anunciar su llegada sin tratos especiales.

Pero, ¿no te das cuenta, Dios Omnipotente, Señor del Cielo y de la Tierra, que así no impresionas a nadie? Déjate asesorar por nosotros. Te falta “marketing”, te falta “puesta en escena”. Hay que cuidar la imagen y medir las palabras. También sería bueno que elijas mejor a las personas con las que te rodeas. Busca a personas influyentes. Rodéate de gente con buena imagen…

¡No hay quien pueda Contigo! Sigues tercamente empeñado en ir por tus caminos y hacer las cosas a tu manera. ¿Qué esconden la vulnerabilidad y la pobreza? ¿Por qué vienes a que te bauticemos en lugar de bautizarnos tú a nosotros? ¿Qué haces tú en la fila de los pecadores?

Así es nuestro Dios encarnado en Jesús. Viene a “necesitarnos”. Primero en la fragilidad de un recién nacido. Ahora como uno más que desea ser bautizado. Vienes a necesitarnos, nosotros querríamos que vinieras a solucionarnos la vida.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a descubrirte allí donde tú quieras manifestarte. En la cola del autobús, entre quienes cruzan la calle o jugando con los niños del parque. Que como Juan Bautista sepamos reconocerte allí donde hayas querido manifestarte.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús nace del agua y del Espíritu.

Domingo, 7 de enero de 2018

bautismo-jesusMc 1, 6-11

Estamos en el primer domingo del “tiempo ordinario”, pero no se trata de un cambio radical en la liturgia. Celebramos hoy una de las tres manifestaciones de Jesús que estuvieron durante los primeros siglos integradas en la fiesta de la Epifanía. Las dos lecturas nos preparan para entender el evangelio. Para Mc, este es el comienzo. El relato  es la clave para comprender todo su evangelio. No podemos dudar de la historicidad del hecho. Lo narran los tres sinópticos, y Jn más contundente, lo da por supuesto.

El bautismo de Jesús es el primer dato que se puede constatar históricamente por fuentes extra bíblicas. Es un relato que ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar, porque compromete el altísimo concepto que tuvieron de su maestro. Si no hubieran creído en su importancia, seguramente se les hubiera olvidado. De ahí también la necesidad de dejar claras, en todos los relatos, las diferencias entre Jesús y Juan.

El mensaje teológico que se quiere trasmitir con el relato del bautismo de Jesús es de los más importantes de todo el NT. No fue un acto de humildad ni una comedia ante los demás, sino una actitud de búsqueda de su identidad. Resume toda su vida. Para aceptar este punto de vista, tenemos que admitir que fue verdadero hombre. Esto no es tan fácil, a pesar de que un concilio lo definió como dogma de fe. Un hombre al que le hicieron tantas “judiadas” y murió como murió, tiene que obligarnos a aceptar que fue hombre.

Los humanos no podemos aceptar racionalmente que una realidad sea a la vez, dos cosas contradictorias entre sí. Desde nuestra racionalidad, no podemos pensar en un ser que es a la vez hombre y Dios, porque tenemos una idea equivocada de lo que es Dios. Como no podemos pensar en una bola de billar que sea a la vez, blanca y negra. El listo de turno nos puede decir que podemos poner la mitad de pigmento blanco y la mitad negro; pero entonces resultaría una bola gris… Esto es lo que hemos hecho con Jesús.

A través de la historia del cristianismo, nos hemos visto “obligados” a pensar a Jesús como hombre, olvidándonos de lo divino o pensarlo como Dios, olvidándonos de lo humano. En una palabra, parece que no podemos hacer cristología sin caer en la herejía. Lo mismo que no podemos hacer teología sin hacernos un ídolo. Tenemos dos salidas: a) repetir las formulaciones, aceptándolas sin entender ni palabra. b) aparcar la razón y buscar la vivencia para superara la contradicción: Lo divino y lo humano ni se mezclan ni se excluyen. En Jesús está la plenitud de la humanidad y la plenitud de la divinidad.

Si aceptamos que Jesús es un ser humano, tendremos que admitir una trayectoria humana como la de cualquier hombre. No fue un extraterrestre, sino que tuvo que desarrollarse hasta alcanzar su plenitud. Desde esta perspectiva, podemos entender lo que sería para Jesús descubrir a Juan Bautista. Hacia cientos de años que no aparecían profetas en Israel; es natural que se sintiera atraído por esta figura y que intentara aprender de él. El hecho de que se bautizara, nos lleva mucho más allá de un encuentro fortuito. Jesús aceptó la predicación de Juan y se comprome­tió con ella.

Lo importante no es que narren lo que pasó, sino el cómo nos lo dicen para que descubramos el sentido espiritual del relato. La liturgia de hoy lo pone bien de manifiesto. Las tres lecturas nos hablan del Espíritu. El evangelio, para hablar del Espíritu, tiene que emplear una imagen sensible, como una paloma. No significa que vio una paloma que bajaba sobre él como normalmente se entiende y reflejan pinturas que representan la escena. Oseas 8,1, dice: Como un águila cae el mal sobre la casa de Israel… Quiere decir que el Espíritu cayó sobre Jesús como un ave se lanza “en picado” desde lo alto. En el principio de la Biblia se dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

El Espíritu transforma interiormente a Jesús, y le capacita para llevar a cabo la difícil tarea que le esperaba. En el AT se ungía al rey para que el Espíritu lo capacitara para su misión.  Nos están hablando del nuevo nacimiento “del agua y del Espíritu”. Lo que Jesús pide más tarde a Nicodemo lo vivió primero él mismo. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. No se puede concebir a Jesús sin el Espíritu… Porque nacer de la carne es menos importante que nacer del Espíritu, lo que estamos celebrando hoy es más importante que lo que acabamos de celebrar en Navidad.

No debemos caer en la tentación de pensar en fenómenos aparatosos. La manera de narrar el hecho puede ser una trampa. Ni Espíritu visible, ni voz audible, ni cielo rasgado. Todos estos fenómenos no son más que imágenes para comunicarnos verdades teológicas que nos lleven a la comprensión de Jesús. El Espíritu actúa siempre de la misma manera, silenciosamente, desde dentro, sin ruidos, sin aspavientos, sin violentar la naturaleza porque actúa siempre de acuerdo con ella. “No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha humeante no la apagará”. (Isaías).

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación que desbordó todo lo conocido. Se atreve a llamarle “Abba” (papá); cosa inusitada en su época. Hace su voluntad: Le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experien­cia de Dios. El único objetivo de su misión fue que nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Toda esa relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. En el diálogo con la Samaritana lo dejó claro. Dios es Espíritu…

Tú eres mi Hijo amado. La experiencia de ser amado, es la base del verdadero amor. La comunicación de Jesús con su “Abba” fue a través de su ser profundo. Solo a través de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lc, dice expresamente: “y mientras oraba…” El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de hombre. Dios como creador está en la base de todo ser, constituyéndolo en ser. Yo soy yo, porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está dando Él. Mi verdadero ser, es el mismo ser de Dios. Una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones.

El cielo rasgado, recuerda unas palabras de Is: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”. El cielo se había cerrado. Hacía siglos que no había aparecido un profeta; ahora se abre. La comunicación entre el cielo y la tierra queda abierta para siempre por medio de este ser humano que se siente identificado con Dios. Mc nos está trasmitiendo el descubrimiento de la vocación de Jesús y su conciencia de enviado del Padre.

Pedro nos ofrece el modelo: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él. Dios también está contigo, solo falta que tú respondas como respondió él. La más importante tarea de tu vida es desplegar tus posibilidades de ser. Si despliegas solamente tus posibilidades biológicas, habrás desarrollado solo una parte de ti. Eres también Espíritu y si quieres alcanzar tu plenitud, tienes que desplegar el Espíritu.

Meditación

El Espíritu (Dios) no tiene que venir de ninguna parte.
Ya estaba en él desde siempre,
Como está en cada uno de nosotros.
Descubrir esa presencia es nacer del Espíritu.
Lo que nació de la carne, seguirá siendo carne,
Pero una vez nacido del Espíritu, la carne significará muy poco.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Hijos queridos.

Domingo, 7 de enero de 2018

3edadesEl límite de amar es amar sin medida (San Bernardo)

7 de enero.  Bautismo del Señor

Mc 1, 7-11

Tú eres mi hijo querido, mi predilecto

Uno de los personajes de la obra del Conde Lev Nikoláievich Tolstoi (1828-1910) -un estudiante-, le agradece cuanto ha hecho con ellos: “¿Quién, si no usted, nos ha enseñado, a ver la injusticia del reparto de todos los bienes humanos? Sólo usted con sus libros, ha emancipado nuestros corazones de un Estado, de una Iglesia y de un gobernante que protege la iniquidad que se comete contra los hombres, en lugar de amparar a la humanidad. Usted, y sólo usted, nos ha movido a dedicar toda nuestra vida a que ese falso orden sea definitivamente destruido”. Enseñanzas que todos los hijos queridos del Espíritu esperan recibir de él.

Gustav Klimt (1862-1918) nos muestra en una de sus geniales obras: Las tres edades de la mujer, en óleo sobre lienzo (Galleria Nationale d’Arte Moderna, Roma), el valor y transcendencia del amor a los hijosCristophe André, nos hace este análisis de la obra del pintor simbolista austríaco en su libro El arte de la felicidad“Observen el dedo meñique del niño, un poco separado como para captar mejor la dulzura tibia de la piel materna. La cabeza encajada en el hombro, para formar mejor un cuerpo con su madre. Obsérvese cómo la madre protege. Seguro que no le resulta demasiado cómoda, pero de ese modo ofrece una protección a su hijo, al que estrecha con un brazo grácil. Le alimenta de amor, corazón contra corazón, y también le transmite algo más, cabeza contra cabeza: ese niño es su pasado y su futuro.

Su pasado y su futuro para ella y para nosotros, garantizado por la generosa acogida que, en este caso hace el Padre, de todos sus queridos hijos, recordando las palabras de Mateo en 25, 34 con las que el Rey nos invita a heredar el reino que nos tiene preparado desde la fundación del mundo. Un “Venid benditos de mi Padre” al que el cineasta italiano Franco Zeffirelli puso música en su Película Jesús de Nazareth.

Heredad suficiente para colmar todas nuestras pretensiones, como nos pone de manifiesto el poeta y derviche sufí místico turco Yunus Emre (1240-1320) en el poema que este domingo ponemos como texto. Un paraíso, unos palacios y jardines para gozar del amor en esta vida y en la otra. En ellos, como dijo San Bernardo (1090-1153) fundador del Císter: El límite de amar es amar sin medida”. Otro místico, que soñaba con el amor y la entrega a los demás. Ya en el lecho de muerte, pronunció este memorable testimonio de donación a los demás: “Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca”

Todo lo cual nos lleva a la vivificante conclusión de que el “Tu eres mi hijo querido, mi predilecto” del evangelio de este domingo, también es para nosotros. Y lo es, porque como cantaba La Coral Divertimento de Hoyo de Manzanares el pasado 16 de diciembre en nuestra iglesia de Parquelagos entonando un clásico villancico alemán, Stille Nacht, es un lucero que con su resplandor nos hace ser como Jesús, hijos de Dios: Noche de paz, / noche de amor. / Todo duerme en derredor; / sobre el santo niño Jesús. / Una estrella esparce su luz, / brilla sobre el Rey”.

En el Evangelio de Juan (1, 1-14) podemos disfrutar de la mejor definición de la expresión “Hijos queridos”, con la que hemos titulado nuestra colaboración de esta semana. El visionario de Patmos identifica nuestra filiación divina con la Palabra, que existía desde el principio, que era Dios y que nos hace dioses.

 TÚ ERES TODO LO QUE NECESITO

Tu amor me sacó de mí. Tú eres todo lo que necesito.
Ardiendo estoy día y noche. Tú eres todo lo que necesito.
Ni me contentan las riquezas, ni me asusta la pobreza.
Me basta con tu amor. Tú eres todo lo que necesito.

Tu amor disipa otros amores; los sumerge
en el mar del amor. Tú eres todo lo que necesito.
Tu presencia todo lo llena.
Tú eres todo lo que necesito.
He de beber el vino de tu amor, amarte como loco en el dolor.
Tú eres mi preocupación. Tú eres todo lo que necesito.
Eso que llaman paraíso, unos palacios, unos jardines,
a quien los quiera, dáselos. Tú eres todo lo que necesito.

Aunque tengas que matarme y dar al viento mis cenizas,
mi tierra seguirá diciendo: Tú eres todo lo que necesito.
Yunus, Yunus es mi nombre. Mi amor crece cada día.
En este mundo y en el otro, Tú eres todo lo que necesito.

Yunus Emre

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Nada especial, nada extraordinario: el equilibrio de Jesús.

Domingo, 7 de enero de 2018

10_Bautismo_B7 Enero, Bautismo del Señor: Mt 3,13-17

¿Qué es lo que la Tierra tenía que no estaba presente en los otros planetas? Nada especial: sólo el tamaño apropiado para permitir el equilibrio gravitacional y electromagnético. Nada extraordinario: simplemente una posición con respecto al Sol. Estas determinaciones de la materia permitieron al sistema solar evolucionar hacia la creatividad de la Tierra. Si esta cantidad particular de material estelar no se hubiera concentrado en dicha medida y lugar, probablemente el sistema solar habría continuado siendo un lugar sin vida a lo largo de sus miles de millones de años de existencia. Pero ese equilibrio y esas posibilidades emergieron,  y la Tierra se convirtió en una franja evolucionada del sistema solar. (Extracto T. Berry)

Pensaréis que me he equivocado de trabajo, pero no. Estoy tan fascinada ante el significado del Bautismo de Jesús, según lo he ido comprendiendo a lo largo de mi vida de fe, como lo estoy ante la maravilla de la formación de la Tierra.

Entiendo que la formación de la Tierra es posible por filigranas de equilibrio, y así entiendo la experiencia vital de Jesús en su Bautismo. Jesús logra el equilibrio entre lo que siente y piensa con lo que recibe y acoge en su interior “Hijo amado, complacencia del Padre”.

Su experiencia religiosa es tan potente que transforma el modo de entender y vivir a Dios para siempre. Jesús, frente a una religiosidad entendida como “cumplimiento”, con su experiencia, consigue establecer una línea de comunicación (cielo abierto) directa de la persona creyente con Dios, sin necesidad de la mediación de los “asignados” y sin necesidad de ofrecer “sacrificios” para comprar el favor de Dios.

Jesús devuelve el equilibrio al ser humano, liberándolo, con la autoridad que le otorga   su experiencia, de cargas que lo desequilibraban por injustas e inhumanas: sentido del pecado, de la enfermedad, del sacrificio, de la limosna, de las leyes de pureza e impureza…

Jesús encuentra en el interior de su experiencia la autoridad para devolver el equilibrio a la sociedad y religión que consideraba (y sigue considerando) a la mujer inferior. Este desequilibrio provoca que no se utilicen para el bien común y el bien eclesial, más de la mitad de las inteligencias y creatividad de la humanidad. Este hecho, tan obviado, provoca un desequilibrio en multitud de mujeres llamadas y ungidas para la misión de Jesús, con plenos derechos a tomar decisiones, a compartir responsabilidades y tareas. Igualmente a nivel social, en muchas culturas sigue siendo tan ninguneada que parece increíble. Nuestra religión no se libra ni un ápice. De ahí la “desertización” general.

Como consecuencia se da un desequilibrio en las decisiones que se toman porque falta la mitad de todo. El dominio de lo masculino convierte las cosas de por sí en desequilibradas, porque la ausencia de lo femenino en su justa medida, causa que a muchos niveles nos estemos “cargando la vida” en sus múltiples facetas.

Jesús al saberse y sentirse amado infinitamente por un Dios que le llama “Hijo amado” descubre en sí y para todos nosotros el eje de su equilibrio emocional y mental. El amor que experimenta en esa experiencia de su Bautismo se transforma en llamada vocacional, en investidura para una misión universal y liberadora.

Cesa el tiempo de la espera, se abre el cielo, se escucha la voz. Y el varón equilibrado por el Amor que experimenta en su interior, empieza a transformar las mentes desequilibradas por falsas religiosidades que producen temor y sumisión.

Jesús acoge la filiación que se le revela a través de la voz amorosa del Padre, y también de igual manera acoge el Espíritu que le da la fuerza para la tarea, la gran tarea del Reino: equilibrio puro entre diálogo con Dios y acción como consecuencia de ese encuentro que purifica el ego, desintoxica la mente de espejismos de seguridad y éxito para preparar a la persona, día a día, a que continúe la labor de crear equilibrio para seguir la evolución de una humanidad, sueño de Dios.

La pregunta para nosotros y nosotras creyentes podría ser ¿acojo el equilibrio que por Bautismo recibo como capacidad de encuentro con Dios y con ese amor, ir creando equilibrio, que sería otra manera de decir Reino?

Nada especial, nada extraordinario. Simplemente si estamos en el lugar adecuado, y utilizamos la medida idónea emergerá una Vida nueva, la de Dios en nosotros.

¿Cuál es el lugar? ¿Cuál la medida? he ahí el reto, sólo los que se sumergen en las aguas aparentemente de perdón, salen empoderados de Espíritu y filiación. Y van descubriendo el lugar, y también la medida para que la Vida viva.

Jesús recrea la historia a partir de una experiencia y un proceso asumido de evolución hacia devolverle a la humanidad su equilibrio perdido. Esa es nuestra tarea, esa es la fuerza que nos impulsa. Sé por experiencia que frenarla, reprimirla es mucho más difícil que dejar que trabaje en nosotras. Eso sí, de tan sencillo se nos escapa.

Si en esa fracción de segundo en el que todo coincidió para que la energía formara la materia, no hubiese estado todo atento y a punto, la vida según la conocemos no existiría. Tal vez sea esa la tarea, estar atentos y disponibles en la fracción de segundo que para muchos una vez en la vida el Espíritu de Dios nos cubre con su sombra.

Magdalena Bennásar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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“Jesús, bautizado como pecador”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 7 de enero de 2018

bautismodejesus-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

Es una pena que no prestemos suficiente atención a la fiesta del bautismo del Señor. Con el bautismo de Jesús seguimos en plena celebración del misterio de la Encarnación. Sin embargo, suele ser habitual que, en este domingo, las homilías se centren en el bautismo cristiano. Esa es una mala lectura del bautismo de Jesús. Pues Jesús no fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hubiera sido cuando menos sorprendente que fuera bautizado en el nombre del Hijo. Jesús fue bautizado por Juan (un inferior a él) con un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados.

Los primeros cristianos tuvieron serias dificultades para comprender y aceptar el bautismo de Jesús. De hecho, un evangelio apócrifo niega explícitamente que Jesús fuera bautizado por Juan apelando a que Jesús no había cometido pecado. Esta dificultad es la que mueve a los exégetas a afirmar que el bautismo de Jesús es uno de los hechos más “históricos” de su vida, en el sentido moderno que damos a la palabra historia: acontecimiento realmente sucedido. Si fue así, si Jesús fue a que le bautizara un inferior y encima para el perdón de los pecados, hay que explicar qué sentido tiene y cómo se compagina este bautismo con el hecho de que Jesús “no cometiera pecado ni encontraran engaño en su boca”, como bien dice 1 Pe 2,22.

Jesús se pone conscientemente en la cola de los pecadores, desciende a las profundidades de la tierra, pues el río Jordán descansa sobre una depresión a unos 408-416 metros debajo del nivel del mar; esto lo convierte en el río con la elevación más baja en todo el mundo. Resulta significativo eso de situarse en la cola de los pecadores y en lo más bajo de la tierra. El que no tiene pecado y está por encima de todo, se sitúa en el lugar contrario al que le corresponde. ¿Por qué? Jesús se solidariza con los pecadores y confiesa los pecados. No su propio pecado, sino el pecado del mundo, el pecado de sus hermanos los hombres, que él asume. El es el “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Para quitarlo, primero lo asume.

El bautismo de Jesús es una de las mejores manifestaciones de hasta dónde llega la Encarnación: Jesús no asume una carne humana ideal, sino la carne de una humanidad pecadora. Cuando el cuarto evangelio dice que “el Verbo se hizo carne”, esta carne es “carne de pecado”. Hasta ahí llega la solidaridad de Jesús, hasta ahí llega su amor. Y porque llega hasta ahí, tiene el gran poder de quitar el pecado del mundo.

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“Nueva Espiritualidad”. Bautismo del Señor – C (Lucas 3,15-16.21.22)

Domingo, 10 de enero de 2016

10_Bautismo-del-Señor_C-286x300«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto y práctico, lo material, no lo espiritual.

Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, pues indica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.

El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu, así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.

Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que viven su fe en Jesucristo como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu, lo viven todo de manera nueva.

Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos» que se sienten amados de manera incondicional y sin límites por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar en las comunidades de Jesús.

Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas, si queremos vivir como Jesús.

Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».

No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera Novedad. No puede saborear ni contagiar su Buena Noticia. Cuidar la espiritualidad cristiana es reavivar nuestra religión.

José Antonio Pagola

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