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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Esto es la vida espiritual

Sábado, 21 de septiembre de 2019

Del blog de henri Nouwen:

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Es importantísimo que escuchemos lo que dice Jesús de nosotros. Oír que somos hijos amados del Padre, y oírlo no sólo con la cabeza sino con las entrañas, oírlo de modo que toda nuestra vida cambie radicalmente. Dice la escritura:

“Con amor eterno te amé. Tu nombre está escrito en la palma de mi mano desde la eternidad. Te modelé en lo profundo de la tierra y te entretejí en el vientre de tu madre. Te amo. Te abrazo. Tú eres mío, yo soy tuyo, tú me perteneces”.

Tenemos que oírlo, muchas veces, siempre, porque si podemos escuchar esta voz que nos habla desde el principio de los tiempos y por toda la eternidad, entonces nuestra vida se convertirá cada vez más en la del amado, Porque esto es lo que somos y lo que estamos llamados a ser. Este conocimiento espiritual irá creciendo hasta transformar nuestra vida cotidiana. Habrá algunos que te rechacen, nos elogiarán o sufriremos pérdidas y tropiezos, pero ya no vivirás todo eso como una persona que sigue buscando su identidad. Lo viviremos como una persona amada.

Viviremos el dolor, la angustia, el éxito y el fracaso como personas que saben quienes son, porque han escuchado la voz del primer amor. Esto y no otra cosa es la vida espiritual.

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(Ideas de Henri Nouwen)

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“La parroquia no se defiende”, por Koldo Aldai.

Sábado, 21 de septiembre de 2019

meditacioclaracasadoEl mismo y humano corazón que el Hijo de Dios vino a abrir y desbordar es el que los obispos se empeñan en cerrar. El miedo es el peor consejero. ¿Quién si no él ha redactado el reciente documento, publicado por la Comisión para la Doctrina de la Fe en el que los obispos arremeten contra el “mindfulnes” y la meditación zen? Juzgan sin tapujos que estas prácticas, felizmente ya muy extendidas, son “incompatibles” con la fe cristiana. Critican que “ciertos planteamientos dentro de la Iglesia han podido favorecer la acogida acrítica de métodos de oración y meditación extraños a la fe cristiana”, y “equiparar a Jesús” con otros maestros fundadores de religiones.

La comunidad cristiana se renueva a cada instante. Se colma de vida creativa, de silencio resonante, nunca se acoraza. No hay parroquia alguna que defender, sino hermandad universal a alcanzar, hermandad que empieza con el acercamiento de los credos y sus responsables. El dogma nunca retuvo. La doctrina carga siempre exceso de polilla. La parroquia no se preserva, sino que se ofrenda a la más urgente necesidad humana, la construcción de los lazos de hermandad. No hay comunión humana que pueda surgir sin un profundo respeto entre los credos y las diferentes formas de concebir lo Inconcebible, sin un acercamiento entre las tradiciones religiosas y espirituales.

Inician en vano esta otra persecución los legatarios del Santo Oficio. Sólo auspiciarán nuevas y más masivas deserciones. Falta desierto a los jerarcas de la Iglesia, falta fe flexible, acogedora, sin temores, ni fronteras. ¿Algún obispo en su cabal juicio puede llegar a pensar que, Xabier Meloni, Pablo D’Ors o Anna María Schlutter, por poner sólo unos ejemplos de quienes tanto han hecho por profundizar y ampliar la fe cristiana, están en la cola de la entrada del Reino de Dios? ¿Es que el budismo zen de Thích Nhất Hạnh no es puro evangelio, elevado y poético anuncio, renovada y genuina buena nueva? ¿Los miles de europeos, los cientos de españoles, muchos de ellos cristianos, que cada verano peregrinan al gran monasterio de su “shanga” (comunidad) en Plum Vilage (Burdeos) no están movidos por una búsqueda pura y noble? ¿Es que, más allá de unas formas siempre pasajeras, puede haber la más mínima contradicción entre ese anhelo de sincera búsqueda y el evangelio de Jesús?

En nuestro mundo globalizado acorazarse es firmar sentencia de muerte. Los obispos se han propuesto fomentar el exilio de su cerrado y anacrónico coto. Representan calcadamente el Sanedrín que Jesús se esforzó en ganar para una causa más generosa, altruista y abarcante. No durará dos telediarios la Iglesia que, en flagrante contradicción con el mensaje del Nazareno, alienta la separación y fomenta el alejamiento de vías espirituales serias, responsables y necesarias. Carecen de futuro quienes se mueven por el miedo y no por el amor, quienes separan en vez de unir.

El creciente arraigo de los heterodoxos que nunca dejaron de ser vivificados por el Espíritu, de los fronterizos que nunca creyeron que la Iglesia fuera coto, sino comunión ancha y amable, inquieta a quienes temen merma de feligresía. Se sentencia la jerarquía a sí misma si condena los caminos de retorno al ser, a la interioridad, si señala con el dedo a los refugios de sincera y más universal espiritualidad que a lo largo de todos los últimos años se vienen abriendo sin su beneplácito. Le sobra razón al fundador de los “Amigos del desierto”, Pablo D’Ors, cuando afirma que «el prestigio de la meditación se ha construido sobre el desprestigio de la religión». No hace falta que suene ninguna campana fuera cuando toca retornar al interior. En el hondo recogimiento se disuelven las fes y sus eventuales colores. Nada puede atajar la búsqueda de lo verdadero, se atenga o no a unos cánones impuestos.

Investiguen, reconsideren, rectifiquen los prelados. Tamaño gesto, humilde y generoso, no pasaría desapercibido.

Koldo Aldai Agirretxe

Fuente Fe Adulta

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“El tema no es el pródigo y el padre, sino el pródigo y su hermano”

Sábado, 21 de septiembre de 2019

Pliego-G-3144-256x346Para terminar ben la semana, podemos leer este interesante artículo que hemos leído en el blog de Xabier Pikaza:

Todos los hijos de Dios

Una iglesia de pródigos

La revista Vida Nueva num 3.144, del 13-20 septiembre 2019, con ocasión del domingo 24 tiempo ordinario (15.09.19), en el que se lee la parábola llamada del “hijo pródigo”, acaba de publicar un pliego titulado Del Hijo Pródigo a la Iglesia de los Pródigos.(https://www.vidanuevadigital.com/pliego/del-hijo-prodigo-a-la-iglesia-de-prodigos/ ).

La primera parte del pliego está abierta a todos los lectores, la segunda está reservada a los suscriptores on line o a los lectores de la edición digital.

    Aprovecho  esta ocasión para dar gracias a los directores de Vida Nueva por haberme encargado y por haber publicado con todo luje este pliego… Y la aprovecho también para seguir reflexionando sobre el tema.

En el fondo  de mi reflexión de Vida Nueva   está la realidad de algunos “hijos pródigos” que cierta iglesia del siglo XX-XXI ha dejado en los márgenes, fuera de la fiesta que el Padre organiza para ellos en la parábola.

Partiendo de lo dicho en el pliego de Vida Nueva, quiero decir aquí, en una versión nueva,  que los “hijos pródigos” no son “también” miembros de la Iglesia, sino que ellos son iglesia por propio derecho, y por voluntad de Jesús. Nos hallamos hoy (año 2019) ante una Iglesia nueva, que ha de edificarse desde los pródigos… No sólo a favor de ellos, sino a partir de ellos, con ellos como “verdadera autoridad”

   Deseo que quienes tengan ocasión o medios vayan al texto on line o editado de la revista. Para los restantes ofrezco aquí una  versión  nueva del tema, situándome, y situando a mis lectores, en el centro de la Iglesia, ante la posibilidad (necesidad) de que los dos hermanos “habiten en la misma casa” y construyan una misma iglesia, conforme a esta parábola de Lc 15, que trata de los dos hermanos y el padre.

  La cuestión no es el Padre y el Hijo Pródigo,  sino la relación (la inversión) de pródigos y “mayores” (cumplidores legales) de la Iglesia y de la sociedad. El tema nos sitúa en el centro de la Iglesia y de la sociedad actual, como seguirá viendo quien lea… El tema es si el Padre de la parábola (que acogido con fiesta al pródigo, sin imponerle condiciones) podrá convencer al “otro” (al mayor) para que deje su enfado de superioridad y entre en la casa del pródigo, que es la Iglesia.

DEL HIJO PRÓDIGO A LA IGLESIA DE PRÓDIGOS (Lc 15, 15‒32).

Primera parte del pliego de Vida Nueva, publicada en abierto por la misma revista(https://www.vidanuevadigital.com/pliego/del-hijo-prodigo-a-la-iglesia-de-prodigos/ ).

hijo-prodigo-detalleNo se trata de una iglesia a favor de los pródigos (cosa que sería ya mucho), sino una iglesia de pródigos (cosa que es mucho más), pues sobre ellos (pródigos del mundo) ha fundado Jesús la iglesia (la casa del padre) según esta parábola. Ciertamente, los hermanos mayores (=los grandes), que vuelven de su trabajo cada tarde, conscientes de su prepotencia, no quieren fiesta para pródigos y gente de su clase, sino seguir siendo dueños de la casa. Por eso vienen y discuten con el padre, y no quieren entrar en la casa que el padre ha dejado en manos de pródigos, con músicos y amigos que cantan y celebran la vida y sacian el hambre comiendo el ternero cebado de la fiesta.

         Ante esa situación nos coloca la parábola. Dios ha fundado una iglesia con y para pródigos (hijos menores), pero los “grandes”, mayores, se creen dueños de la casa e insisten en controlarla. Así están las cosas, y la parábola no dice cómo acaban: No se sabe si el padre logrará convencer a los grandes, a fin de que ingresen también ellos en la casa de fiesta donde comen y cantan pródigos y amigos. Ciertamente, algunos comentaristas antiguos insinúan que el hermano mayor no entró, sino que se marchó con furia, como había marchado tiempo atrás el menor, pero no para gastar la vida de un modo “deshonrado”, con cerdos y malas mujeres, sino para crear una iglesia separada y “santa” de buenos cumplidores, fariseos y legales (como los que criticaban a Jesús: Lc 15, 1‒3), expulsando de ella a los pródigos, en contra de la voluntad del padre.

         De eso trataré, de un modo exegético, coloquial y teológico, dejando abierto el final, pues así lo deja la parábola, en un momento (año 2019) en que las cosas son muy parecidas a las de tiempo antiguo. Las comparaciones que establezco no pueden tomarse al pie de la letra, pero resultan transparentes para quien sepa escuchar la voz de Jesús y el cambio de los tiempos, y así las iré presentando, pues la iglesia que viene será de los pródigos o no será ya de Jesús, sino de unos grandes que quieren falsificar su movimiento. Para una visión general del tema pueden verse los libros que cito al final, especialmente las monografías de A. Aparicio y F. Contreras, con los documentos del Papa Francisco.

Planteamiento. Un hombre tenía dos hijos…

         Así comienza la Biblia, contando la historia de Caín y Abel (Gen 4), toda la humanidad, dos hermanos “queridos” y enfrentados de tal forma que uno acabó matando al otro. Así cuentan muchos mitos o relatos, como saben los grandes pensadores, de Agustín a Hegel, de Marx a Freud y al papa Francisco. Ésta es una historia que muchos siguen desfigurando. El padre nos hizo hermanos en el mundo, y así repite la Revolución Francesa (igualdad, libertad, fraternidad…), pero seguimos desiguales, unos esclavizados por otros, enfrentados por la casa que debía ser de todos: indígenas y emigrantes, autóctonos e invasores, ricos y pobres, nacionales y extranjeros, hombres y mujeres…

hijo-prc3b3digoUn hombre tenía dos hijos empieza diciendo la parábolas (Lc 15, 11), hijos bien muy amados, pero enfrentados a muerte. No se necesita decir más para evocar y plantear la suerte de los hombres, y así lo hace parábola que ha sido escuchada, meditada, contemplada… y también falsificada por de lectores, que la han desenfocado, fijándose sólo en dos personas (hijo pródigo y padre), miradas de un modo intimista y sentimental, sin tener en cuenta que los protagonistas son tres (padre y dos hijos), y que las relaciones más significativas y sangrantes son las que establecen los dos hermanos, que son toda la iglesia o, mejor dicho, dos formas iglesia enfrentadas desde antiguo. Ésta es sin duda una parábola del hijo pródigo y el padre, pero su tema central es la relación de los hermanos, con el surgimiento de una iglesia de pródigos:

Es importante la relación del padre con el pródigo, que aparece como “pecador”, pues abandona la casa con su herencia, a “comerse” el mundo, pero fracasa (gasta todo con mujeres “malas”) y debe trabajar guardando cerdos que comen lo que a él se le prohíbe. Por eso vuelve “arrepentido”, pidiéndole a su padre que le admita como jornalero, sólo por comida; pero el padre le acoge como hijo, dándole otra vez la casa entera, con vestido nuevo y anillo de firmar (=firma autorizada), con ternero cebado, música y fiesta de hombres y mujeres que bailan (Lc 15, 22‒25).

‒ Más importante y trabajosa es la relación del padre con el hijo mayor (=agrande), que se enoja por la vuelta del pródigo y no quiere entrar en casa, sin que, al parecer, el padre logre convencerle de que venga y se avenga con su hermano. Con toda su lógica, ese hermano “grande” (fariseo, jurista y sacerdote: 15, 1‒2) se irrita al ver que el padre festeja al retornado, y obrando así demuestra que no tiene alma de hermano, ni parecido con su padre, sino que es un avaro envidioso y “cumplidor”, guardando toda la fortuna para sí, sin acoger al pródigo, su hermano.

Pero la relación decisiva es la de los dos hermanos, como en la historia de Caín y Abel, donde se decía que no caben los dos en la ancha tierra, de forma que, para sentirse seguro, uno (Caín) tuvo que matar al otro. Una sombra de muerte como la de Caín planea también sobre nuestra parábola, que debe compararse con otra, la de los viñadores homicidas (Lc 20, 9‒20) que se sienten “grandes” y para quedarse con la herencia, expulsan de su finca y matan al hijo del padre (al pródigo). Ciertamente, el pródigo no viene a matar, sino a comer; y además viene a su casa, como los pobres del mundo que llaman a la iglesia o a la puerta de las sociedades ricas, que deben ser también su casa, pues el mundo ha de ser hogar para todos….

(Aquí termina la  parte publicada en abierto por VIDA NUEVA. Quien quiera seguir debe acudir a la revista, en publicación on line o en papel).

Lo que sigue  es una redacción distinta y reducida del PLIEGO DE VIDA NUEVA, utilizando reflexiones que ha venido publicando en RD. Divido el tema en dos partesLeer más…

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Ese momento del amanecer…

Viernes, 20 de septiembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Los primeros gorjeos de los pájaros al despertarse: «le point vierge» (el punto virgen) de la aurora, un momento de pavor e inefable inocencia, cuando el Padre abre en silencio sus ojos y ellos le hablan, preguntando si es el momento de «existir». Él les dice: «¡Sí!». Acto seguido, los pájaros, uno a uno, despiertan y empiezan a cantar. Primero los tordos y cardenales y algunos pájaros más que yo no sabría identificar. Más tarde, los gorriones, los reyezuelos, etc. Y al final de todos, las palomas y los cuervos.

Con los pelos casi de punta y los ojos de mi alma abiertos de par en par, estoy presente, sin saberlo, en este inefable paraíso y contemplo este secreto, un secreto a voces que está a disposición de todo el mundo, gratis, y al que nadie presta atención.

¡Oh, paraíso de sencillez, de autoconciencia –y de autoolvido–, de libertad y de paz! En esto he comprendido cuán irreales y estúpidas son mi rebeldías y, a la vez, cuán inevitable es la presión y la artificialidad de ciertas situaciones que «tienen que darse» por ser oficialmente sacrosantas. A pesar de todo, no hay necesidad de rebelarse, sino únicamente de pedir misericordia. Confiar en la misericordia, que es lo que yo no he hecho”.

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Thomas Merton
Diarios

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“El reto de los católicos”, por Gabriel Mª Otalora

Viernes, 20 de septiembre de 2019

Abusos-sexuales-Iglesia_2111498844_13506057_660x371De su blog Punto de Encuentro:

Regularmente leemos cómo va mermando la influencia de la Iglesia Católica entre la población. Ya lo adelantó el sociólogo Javier Elzo cuando pronosticó que esta iglesia va camino de convertirse “en una secta en el sentido sociológico o numéricamente”. Para algunos es una buena noticia constatar que después de tantos años y siglos de ominosa influencia clerical, empieza a abrirse una ventana laicista, pues todo apunta a que la tendencia se agudizará produciendo en la población un alejamiento aún mayor, tanto de las prácticas religiosas como de la influencia social que transmiten los mensajes de la jerarquía eclesiástica.

Para otros, el informe es una mala noticia, una más, preocupados como están por la marea anticlerical y la indiferencia religiosa. Hay un tercer grupo, en fin, que dentro de la turbación, encuentran más motivos de esperanza que de abatimiento porque perciben la situación actual como una invitación a recuperar los genuinos valores del Reino, eclipsados en buena parte por los propios católicos, a menudo irreconocibles en su ejemplo; jerarcas incluidos, por las tantas veces que ni siquiera ven con buenos ojos la laicidad lo cual solo encabrita y aleja al rebaño en lugar de apacentarlo como haría un buen pastor.

No es menos cierto que la indiferencia religiosa posmoderna es un problema de nuestro tiempo, que ha venido a completar el pensamiento dominante de que Dios impide una auténtica humanidad por ser ambas incompatibles ¿Deformación o ignorancia? ¿El mensaje estorba? Se ha llegado a proclamar la muerte de Dios (Nietzsche) y lanzado la sospecha envenenada de que cuando Dios gana, el hombre es el que pierde; y viceversa. Nuestro ambiente está marcado por una cultura de profunda increencia religiosa que ha dado paso a otros dioses como la tecnología, la razón de Estado, el consumismo, etc., que crecen robustos al ser considerados y aceptados como fines en sí mismos junto a creencias espiritistas y ocultistas de muy diverso signo.

Yo me encuentro entre los católicos esperanzados que creen posible hacer más visible el valor de la Buena Nueva evangélica. ¿Qué es lo que nos falta para transmitir la experiencia liberadora de nuestra religión? Nunca es mal momento para que cada uno se haga esta pregunta.

Para empezar, falta experiencia religiosa en los propios católicos, quizá por retozar demasiado en la sociedad de consumo fiado todo a los ritos y plegarias superficiales. Nos falta mucha humildad para reconocer que el Espíritu no es patrimonio nuestro, que Jesús estuvo buscando a los apestados de su época, y no precisamente para condenarlos sino para transmitirles un chorro de amor que transformaba a cuántos tenían la mínima predisposición a abrirse a Él; y que sus palabras más duras las reservó para los soberbios sepulcros blanqueados, grandes profesionales de la historia de la salvación. Nos falta valentía para vivir más solidariamente, y sobre todo, dejarle a Dios que actúe a través de nuestras manos, viviendo a su imagen y semejanza con el ejemplo y cuando hace falta, la denuncia profética.

Para colmo, muchos de los que niegan a Dios, le están afirmando con su actitud y su conducta. No tienen fe, pero sus hechos trabajan en la dirección de los valores del Evangelio, incluso cuando recriminan la tendencia a apoderarnos de Dios para domeñarlo a nuestra horma. No fue un teólogo quien afirmó que “si Dios no es amor, no vale la pena que exista”, sino Henry Miller. Nuestro reto pasa por recuperar la práctica del espíritu de las bienaventuranzas y volver a experimentar la felicidad que viene de Dios alejando las actitudes que se convierten en causa de desconcierto para quienes buscan sinceramente pero se encuentran con la caricatura de la religión que mueve más al escándalo que a la conversión.

Tal vez, uno de los fracasos más graves de la Iglesia católica sea el no saber presentar a Dios como amigo de la felicidad del ser humano. Sin embargo, estoy convencido de que el hombre contemporáneo sólo se interesará por Dios si intuye que puede ser fuente de felicidad. Se nos olvida que el Evangelio es una respuesta a ese anhelo profundo de felicidad que habita en nuestro corazón. Quizá sea por tantos olvidos por lo que aceptamos pasivamente la consideración de “católico practicante” a quien acude a misa los domingos, en lugar de llamarle así al que vive el Evangelio dentro y fuera del templo.

Si Cristo no es un anhelo para millones de desnortados, buena parte de las causas nacen en nosotros. En este sentido, releamos la parábola del fariseo y el publicano. En su texto encontraremos algunas claves de lo que puede que nos esté pasando sin pensar siquiera que sus palabras se dirigen precisamente a nosotros

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Que todos sean uno

Jueves, 19 de septiembre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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En su condición de sacerdote absolutamente convencido de su catolicismo pero desvinculado de las actitudes religiosas provincianas, dado que estaba viviendo fuera de su propio país, Henri se convirtió en un puente católico para la América protestante. Jamás se sintió amenazado por las actitudes protestantes y trataba a todas las personas como invitados y como buscadores. Su amistosa generosidad de espíritu le llevó hacia adelante y aprendió de todos” (Michael O´Laughlin)

Henri tenía el carisma propio de un unificador. Se decantó por minimizar la importancia de las diferencias, por dejar a un lado las contradicciones, y prefirió ir directamente al corazón de las situaciones y de las personas, descubriendo en ello una unidad más profunda” (Jean Vanier)

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Tomado de: “El amado de Dios. Biografía espiritual de Henri Nouwen” (DDB, 2006)

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‘Jesús y el Espíritu’ de James D. G. Dunn: una de las investigaciones más importantes del siglo XX

Jueves, 19 de septiembre de 2019

Jesus-Espiritu_2150794917_13847116_667x705Editorial Clie, 2013. Dunn: “O hay experiencia religiosa, o sencillamente no se da una verdadera fe”

Estamos ante una muy brillante investigación que se adentra en la experiencia carismática de Jesús, para después pasar a la de sus discípulos y primeros seguidores inmediatos y, finalmente, considerar lo que el apóstol Pablo pensaba de su propia experiencia y cómo enseñó a las iglesias de su radio de influencia a este respecto

Tras su lectura la conclusión no puede ser otra que recomendar la lectura de este libro como imprescindible en el campo de la pneumatología, pero también para la compresión del nacimiento de la iglesia primitiva. Un libro de 600 páginas que no tiene desperdicio

Es demasiado fácil reducir el estudio de un movimiento, cuya vitalidad original es en sí mismo evidente a una investigación de sus conexiones literarias, o a una serie de hipótesis fundadas en teorías psicológicas y sociológicas del presente… Solo cuando hayamos descubierto, en la medida en que podamos, la propia experiencia de Jesús acerca de Dios como Abba y acerca del espíritu escatológico, las experiencias de los primeros discípulos acerca de Cristo resucitado y del Espíritu de Pentecostés y sobre la participación en los sufrimientos de Cristo, solo entonces habremos empezado a apreciar la dinámica que transformó el lenguaje, las vidas y las relaciones, de tal manera que hoy tan solo podemos maravillarnos de ello. James D. G. Dunn

James Dunn es uno de los mayores eruditos del Nuevo Testamento a nivel mundial y es reconocido por muchos como el más grande experto en Pablo de Tarso. Esto se hace evidente nada más abrir uno de sus libros y comenzar a leerlo. Sin duda, es una tentación el dedicar la primera parte de esta reseña a sus muchos logros académicos y a insistir en su capacidad intelectual, pero ante un libro como el que tengo entre manos debo seguir otra línea.

Jesús y el Espíritu fue el libro que le valió el galardón de Licenciado en Teología Honoris Causa. La universidad que se lo otorgó fue la de Cambridge en 1976. 
Ante esto se comprende que la crítica teológica a nivel mundial considere este volumen como imprescindible para la comprensión de la pneumatología del Nuevo Testamento. De hecho, estamos ante una de las investigaciones más importantes del siglo XX sobre esta rama de la teología. El libro aborda la experiencia religiosa y carismática de Jesús y de sus primeros seguidores abarcando desde allí las siguientes tres décadas. Por ello, cualquier estudioso o interesado en la dimensión carismática en el cristianismo original debe tener este libro como una de sus referencias.

Es posible que al lector católico le pueda chocar la posición del autor en relación a la primacía de la experiencia del Espíritu en las comunidades cristianas primitivas en detrimento de los ministerios u oficios eclesiales, pero también al lector protestante podría sorprenderle, ya que igualmente suele creer que desde el comienzo de la Iglesia se establecieron los oficios para su organización y buen funcionamiento. Sin embargo, tal y como el autor demuestra, las iglesias helenísticas relacionadas con el apóstol Pablo no funcionaban o se dirigían de esta forma, sino que dependían de la experiencia en el Espíritu teniendo una serie de principios para que los excesos pudieran ser cortados y las diferentes experiencias ser evaluadas.

No sería hasta una segunda generación de creyentes, tras la desaparición del apóstol Pablo, que vio la necesidad de estructurar con oficios estables y reconocidos la vida de las iglesias locales en detrimento de la experiencia carismática. El cristianismo primitivo dependía del Señor resucitado y de su Espíritu, siendo todo lo demás sujetado a esto. Aquí también va unida la escasa importancia que el apóstol le concedía a los sacramentos.

Podría parecer que esta forma de entender la realidad cristiana es un auténtico coladero para que todo tipo de enseñanzas y excesos se dieran, tal y como se está viendo desde hace ya más de un siglo en movimientos pentecostales y sobre todo neopentecostales, pero el mismo apóstol colocó una serie de contrapesos, frenos y principios para identificar lo que era una experiencia genuinamente carismática proveniente de Dios. Es esta la cuestión fundamental que el presente libro pretende responder.

Estamos ante una muy brillante investigación que se adentra en la experiencia carismática de Jesús, para después pasar a la de sus discípulos y primeros seguidores inmediatos y, finalmente, considerar lo que el apóstol Pablo pensaba de su propia experiencia y cómo enseñó a las iglesias de su radio de influencia a este respecto.

Es precisamente en estas tres partes cómo se divide este volumen precedidas de una presentación y una introducción y terminando con una conclusión.

En la introducción nuestro autor considera que, o hay experiencia religiosa, o sencillamente no se da una verdadera fe. Es imprescindible que se produzca esta vivencia. Pero esto abre una serie de interrogantes: ¿qué es una experiencia religiosa? ¿Cómo reconocerla? ¿Qué características tuvo en los inicios del cristianismo? Dunn señala las dificultades que conlleva el intentar profundizar en ella y estudiarla.

Pasando a la primera parte del libro, el mismo se centra en Jesús, de su experiencia de la realidad divina en su vida. ¿Qué era para él ser inspirado por Dios? Además, ¿sirve esta experiencia sobre Dios como un modelo para los creyentes posteriores?

Para ello el autor aborda la espiritualidad del Galileo tocando en un primer momento su vida de oración, ¿qué papel le otorgaba? ¿Qué valor tuvo para él? En segundo lugar considera el sentido de filiación en Jesús, qué significaba en él el vocablo Abba. Jesús tenía conciencia de esta filiación con el Padre y fue uno de sus distintivos (p. 51). Así, sabía que poseía una especial relación con Dios, de intimidad y cercanía, sus coetáneos no usaban este vocablo para referirse a Dios. Es desde esta filiación que consideraba que era hijo de Dios, o incluso “el Hijo”, designación que merece una cauta consideración (p. 72).

Un segundo rasgo de gran relevancia es la autoridad del Galileo. Fue Käsemann quien lanzó desde aquí una nueva consideración sobre el Jesús histórico. Para él, “Jesús se sintió él mismo en una actitud capaz de supeditar con una libertad soberana y sin igual las palabras de la Ley y la autoridad de Moisés” (citado en la p. 83).

Esta conciencia de autoridad llevaba aparejada la idea de que con él irrumpía una escatología realizada en parte. Esto es algo perteneciente al Jesús histórico, tal y como el autor se encarga de demostrar con la consideración científica de textos evangélicos relacionados.

Jesús conocía que el Espíritu de Dios estaba actuando por medio de él, lo que también significaba que el Reino de Dios ya había llegado (p. 91). Era la plenitud de los tiempos mesiánicos, sus inicios, y el Maligno ya había sido vencido. “El reino escatológico de Dios se hace visible y está presente, no meramente en sus exorcismos y curaciones, sino principalmente en su predicación” (p. 109).

Finalmente, en esta primera parte del libro se considera a Jesús como taumaturgo, como hacedor de “acciones maravillosas”, algo firmemente arraigado en la tradición.

Se discute también qué tipos de milagros realizó Jesús considerados desde la medicina moderna y sus paralelos en la historia de las religiones. Dicho lo cual, hay algo de gran relevancia para diferenciar la figura de Jesús de los demás magos y taumaturgos de su tiempo: “Para él la fe era complemento necesario al ejercicio del poder de Dios, de aquí su incapacidad para realizar algún milagro en Nazaret, debido a su falta de fe (apistía, Mc 6, 6 / Mt 13, 58). La fe en el receptor es como completar el circuito para que la corriente pueda fluir. Con otras palabras, no había nada automático, nada mágico en el poder de Jesús, ni tampoco en su ejercicio o en su conciencia de él… Es esta dependencia de una respuesta, esto es, obtener la fe del pueblo, lo que distinguía a las dynámeis de Jesús de los posibles paralelos en los círculos judíos o helenísticos, donde la fe no representaba nada” (p. 131).

Otro rasgo de Jesús en este contexto es que él nunca se colocó como una persona de fe, sino que llamaba a los demás a tener fe precisamente en él, en su persona, siendo el vehículo por medio del cual el poder de Dios se manifestaba (p. 132).

El siguiente distintivo de su autoridad es su figura como maestro. Es alguien que asombraba por su forma de enseñar, la autoridad divina de la que decía ser representante y, consecuentemente, el tipo de discipulado que demandaba para aquellos que querían seguirle. No es el tipo de relación maestro-discípulo típico de la época. El discipulado rabínico consistía en aprender de la Torah en tanto que para Jesús se trataba de imitación, misión y apertura a la gracia divina.

Pero Jesús todavía era más, se presenta como profeta. Un profeta en un tiempo en donde se pensaba que la profecía ya hacía tiempo había dejado de darse, el Bautista había iniciado esta nueva era escatológica. Dicho lo cual, no era un profeta más, veía su ministerio como el cumplimiento de profecías anteriores (p. 143) y poseía el discernimiento y previsión.

¿Habló Jesús en lenguas? ¿Estaba cuerdo mentalmente o padecía de cierto tipo de paranoia y megalomanía? Por último, ¿pensó Jesús de sí mismo como que era alguien divino? Ante esto, ¿podemos hablar de la “divinidad” del Jesús histórico? Leer más…

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Lo que da gloria a Dios

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“La oración no es lo único que le da gloria a Dios, también el trabajo. Golpear un yunque, serrar un madero, pintar una pared, manejar caballos, barrer, fregar, todo le da gloria a Dios si, estando en su gracia, lo haces como tu deber. Comulgar dignamente glorifica a Dios de gran manera; pero comer con agradecimiento y templanza también. Levantar las manos en oración glorifica a Dios. Pero el hombre con la horquilla llena de estiércol y la mujer con un cubo lleno de comida para los cerdos también le glorifican. Tan grande es Dios que todo le glorifica si se hace con esa intención. Vive así, pues, hermano mío”.

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Gerard Manley Hopkins

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“Simplificando”, por Gonzalo Haya

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

lo-que-creo-que-creoNo creo que me quede mucho tiempo para explorar caminos nuevos en este laberinto conceptual de nuestras creencias, por eso, en unos días de ejercicios espirituales, he intentado sacar una fotografía aérea de la estructura de este laberinto.

Hace ya más de diez años, fui redactando lo que luego publiqué como “Lo que creo que creo”, en el que describía mis búsquedas al volver a la teología después de más de veinte años de abandono. Ahora quizás se trate de escribir de forma simplificada “Lo que creo que creo II”..

  1. Lo que creo que creo

Interpretación de interpretaciones y todo interpretación. No podemos conocer la esencia de las cosas (ignotum X, La ley del universo); al menos no podemos conocerla con nuestra razón discursiva (l`esprit de géometrie), solamente interpretarla de una manera coherente y equilibrada, común para la mayoría (más o menos). Podemos percibirla por connaturalidad, (l`esprit de finesse), porque formamos parte de esa realidad última; podemos percibirla, pero no podemos explicarla, solamente expresarla con símbolos, en poesía, y con nuestra propia vida. La experiencia ética es lo más firme de  mis creencias.

  1. Vivimos cómodamente instalados en un sistema injusto, basado en la marginación y en la explotación de los más débiles.
  1. “Al final de la vida te examinarán del amor”

San Juan de la cruz, tan ortodoxo él, cayó en la cuenta de que la Inquisición podía examinar con lupa todos sus escritos, pero Dios sólo le examinaría del amor (y él lo practicaba en los hospitales, cuidando a los enfermos, y fregando sus bacinicas).

El evangelio de Mateo atribuye a Jesús algo parecido a lo de san Juan de la cruz: “porque tuve hambre y me diste de comer…”. Marcos, Mateo y Lucas nos cuentan que Jesús, en territorio pagano, curó a un endemoniado; el hombre quiso quedarse con él como los demás discípulos, pero Jesús lo envió a contar a los suyos “todo lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti”. Esta fue toda la preparación de este catequista (apóstol, diácono, o como queramos interpretarlo).

Más que cualquier plano o brújula, para rastrear el camino, nos guiará el aroma  que exhala un amor gratuito y universal. Ese es el guía de la gente sencilla: “Te doy gracias, Padre… porque has ocultado estas cosas a los entendidos y  se las revelaste a los ignorantes”.  

  1. Tres principios interactúan en la orientación práctica y teórica de mi vida

El ejemplo de Jesús de Nazaret, Los Signos de los tiempos, y mi conciencia.

Ninguno de los tres es suficiente en sí mismo. Jesús nos ha llegado muy filtrado por las interpretaciones de las primeras comunidades cristianas, y no conoció los problemas del siglo XXI. Los Signos de los tiempos son muy ambiguos y se prestan a diversas interpretaciones. La conciencia es la voz de Dios, o su misma presencia con la que nos identificamos; pero fácilmente manipulable por nuestros egoísmos. Las tres interpretaciones (como imágenes superpuestas) nos ayudan a perfilar la imagen resultante. Al final quien decide, mejor o peor, es la propia conciencia. ¡Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

  1. Las religiones, y muchas creencias, son métodos socialmente compartidos de comunicarnos con lo Trascendente.

Ahora nos comunicamos con Dios personalmente “confusamente, como por medio de un espejo”, y socialmente mediante unas normas y ritos, basados en unas creencias. La manera más concreta de comunicarnos con Dios, tanto los creyentes como los no creyentes, es cuidando, compartiendo, y defendiendo a los más necesitados.

  1. “Fiarse de Dios y reírse de uno mismo“

Como resumen de este resumen, me quedo con la acertada expresión de José María Díez Alegría: “Fiarse de Dios y reírse de uno mismo“. (¿Qué Dios? El, La, Lo Trascendente).

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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Martes, 17 de septiembre de 2019

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La misión de los futuros líderes cristianos no es contribuir humildemente a la solución de las penas y tribulaciones de su tiempo, sino identificar y anunciar los caminos por los que Jesús está guiando al pueblo de Dios, liberándolo de la esclavitud, a través del desierto hacia la nueva tierra de la libertad. Los líderes cristianos tienen la difícil tarea de responder a los conflictos personales y familiares, a las calamidades nacionales y a las tensiones internacionales con una fe articulada en la presencia real de Dios.

Tienen que decir «no» a toda forma de fatalismo, derrotismo, accidentalismo e incidentalismo, que hacen creer a las personas que las estadísticas nos dicen la verdad. Tienen que decir «no» a toda forma de desesperación en las que la vida humana es vista como una pura cuestión de buena o mala suerte. Tienen que decir «no» a todos los intentos sentimentales de hacer que las personas desarrollen un espíritu de resignación o de indiferencia estoica frente a lo ineludible del dolor, el sufrimiento y la muerte […]. Los líderes cristianos del futuro tienen que ser teólogos, personas que conozcan el corazón de Dios y que estén preparadas, por medio de la oración, el estudio y un análisis cuidadoso, para manifestar la tarea salvadora de Dios en medio de los acontecimientos aparentemente fortuitos de nuestro tiempo.

La reflexión teológica consiste en meditar sobre las penosas y gozosas realidades de cada día con la mente de Jesús y, de ese modo, hacernos conscientes de que Dios nos guía con cariño. Es una disciplina dura, puesto que la presencia de Dios es una presencia escondida, que necesita ser descubierta. Los ruidos fuertes, tempestuosos, del mundo nos dejan sordos para escuchar la voz suave, amable y amorosa de Dios. El líder cristiano está llamado a escuchar esa voz y a ser animado y consolado por ella.

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H. J. M. Nouwen,
En el nombre de Jesús. Un nuevo modelo de responsable de la comunidad cristiana,
PPC, Madrid 1 994, pp. 70-73 passim).

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“Contemplación de septiembre“, por José Arregi.

Martes, 17 de septiembre de 2019

1C09C465-52C7-48EB-BC49-3DE6BA95331CLeído en su blog:

Preguntas ante el mundo al final del verano

            Pasa el verano, se acerca el otoño, se van las golondrinas. Vuelven el curso y las tareas, el tiempo y las prisas. Y estos desmañados escritos. Vuelven y acucian en septiembre los interrogantes que nunca se fueron: ¿Se abrirá camino la paz en la justicia? ¿Hallará la vida respiro en la Tierra, comunión de vivientes?

            Vuelvo los ojos, repaso los meses y arrecian las dudas. También este verano, centenares de niños, mujeres y hombres, fugitivos de la guerra y de la miseria, se han ahogado en las aguas del Mediterráneo, rodeado de placenteras playas llenas de sol y de turistas. El Open Arms, arca de salvación de 60.000 personas, ha quedado varado en el puerto de Lampedusa, amarrado por nuestros intereses y contradicciones. Miles y miles de hectáreas han ardido en la Amazonía, por pequeños fuegos de indígenas que necesitan un trocito de tierra para vivir, y por gigantescos incendios provocados por la impúdica codicia de grandes empresas. Pero ni las muertes del Mediterráneo, ni la retención del Opens Arms ni los incendios veraniegos de la Amazonía son sucesos puntuales. Son síntomas locales de una catástrofe planetaria. ¿Será imparable?

Mientras tanto, la cumbre del G7, reunida esta vez en la bella Biarritz (País Vasco), ha sido lo que esperábamos: vergonzosa parodia del desgobierno mundial, cínica exhibición de su hegemonía menguante, evidencia creciente de su fracaso ético y político. Ellos saben que nos conducen al caos. ¿Será inevitable?

Perdón por este tono apocalíptico, que nada parece justificar en esta tarde apacible, en esta preciosa localidad de Aizarna, donde los niños juegan sin cesar en su hermosa plaza. Todo parece paz y armonía. Y lo es realmente, ¡benditos los ojos que lo ven! Pero, a la vez, la inquietud me invade. Me pregunto por el futuro de esos niños, de esas madres y padres jóvenes que charlan tranquilamente, sentados en corro, saboreando sus últimos días de vacación. Me asustan las sombras del horizonte. Los gemidos que suben del fondo se mezclan con las risas despreocupadas de la plaza, y perturban la paz de los verdes bosques y prados al otro lado. Y resuena en los oídos la voz resuelta de aquel joven profeta, Jesús de Galilea: “No os inquietéis diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? Levantad la cabeza. Se acerca vuestra liberación”. Así sea.

Pero, para que así, será preciso que implantemos una nueva economía. Una economía sin tanto desecho y basura, sin tanta competición y prisa, sin tanta exclusión y muerte. Una economía equitativa, sobria y solidaria. Una economía humana y feliz, verde como la vida. ¿O preferiremos seguir progresando hacia un mundo cada vez más inclemente y agobiado? El profeta grita en el desierto: “Preparad el camino”.

Será preciso que reinventemos la política, los partidos, la democracia. Un gobierno mundial democrático, libre de la dictadura financiera de unos desalmados.

Será preciso que cuidemos de verdad el empleo y todas las condiciones laborales. ¿Qué será del mundo, por ejemplo, cuando –será muy pronto– los robots hagan las labores que hoy nos ocupan? ¿Cómo se procurarán el pan y los pequeños placeres necesarios de cada día los hijos de Itziar y de todos esos padres sentados en corro?

Será preciso que afirmemos con hechos una ciudadanía universal, la igualdad de derechos de todos los seres humanos, más allá de las fronteras estatales, imposiciones violentas del poder desde su origen hasta hoy. De modo que nadie pueda decir: “Esto es nuestro. Primero nosotros, luego los extranjeros, si caben, si nos conviene”.

Será preciso que reconduzcamos el rumbo de esta pobre especie humana que llamamos Sapiens, sabia. Para que seamos más sabios. Y aprendamos a utilizar mejor las inmensas capacidades de nuestro pequeño cerebro, y las insospechables posibilidades que nos brindan las ciencias de la información y de la vida. Y avancemos hacia una nueva especie, sea ésta humana, hiperhumana o post-humana, pero más humilde, libre y fraterna, más feliz. Si queremos, podremos.

El Espíritu de la vida gime en el corazón de las criaturas. Es el aliento vital originario, más poderoso que todas las fuerzas enemigas de la vida. Es el respiro que sostiene la esperanza desde el corazón de la Tierra hasta la galaxia más lejana.

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Amar nuestra condición humana rota

Lunes, 16 de septiembre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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 ¡Cuántas heridas traemos con nosotros!. Las traemos también cuando entregamos nuestra vida a Dios. Cuanto más nos abrimos para ser curados, más hondas se muestran nuestras heridas. La tentación es el desánimo. Pero no hay que temer, porque el simple hecho de ser más consciente de nuestras heridas nos muestra que Dios nos da fuerzas para enfrentarlas, y convertirlas en fuentes de bendición, para nosotros y para los otros.

El reto es vivir con nuestras heridas, en vez de pensar sólo en ellas. Mejor llorar que preocuparse; sentirlas, mejor que comprenderlas; dejar que sean parte de tu silencio mejor que hablar siempre de ellas. Tus heridas serán sanantes cuando las pongas al servicio de tu corazón.

El dolor es el lugar donde nace la compasión de Dios, me hace reconocer los pecados del mundo, y los míos propios. El dolor también es oración. El dolor es la disciplina del corazón que ve el pecado del mundo, y es también el doloroso precio para alcanzar la libertad, sin la cual el amor no puede surgir. El dolor es una parte muy importante de mi oración, porque me prepara para llegar a ser como el Padre, cuya única autoridad es la compasión. Une tu dolor al dolor del mundo, al dolor de Jesús, y entrarás en una vida realmente compasiva.

RECUERDA: Nuestra aflicción encierra siempre una bendición oculta.  (Lee las Bienaventuranzas).

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(Ideas de Henri Nouwen)

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Santiago Panizo: “La verdad es la que es, y sigue siendo verdad aunque se cuente al revés”

Lunes, 16 de septiembre de 2019

panizo3“Si el de la vida no es un ‘camino de rosas’, el de la religión tampoco lo puede ser”

“Las medidas de la verdad no las da la utilidad. Por el camino de hacer de lo útil lo verdadero se llega a todos los pagos de la mentira”

“Cultura de medios pero no de fines… Es lo que se lleva hoy… Dar más empaque a la fregona que al mosaico que la fregona limpia, y, en religión, al cura –por ejemplo- que a Dios”

“Criticar a la Iglesia, sí y no… De quién suelen ser las culpas o las barbaridades, ¿de las instuituciones o de quienes las ocupan y regentan? Hasta la duda ofende”

“Dios no es –ni debe ser tenido o visto así por el creyente- a modo de un profesor de matemáticas o de filosofía, sino como el gran patrono y maestro del amor”

«Orgullo gay» y otros orgullos: “Es hijo de Dios el homosexual”

Éste fue el último post que escribía Santiago Panizo, escrito el pasado día 8. Dos días después, fallecía de repente, cuando se disponía a salir de viaje en tren a su pueblo natal, San Miguel de las Dueñas (en el Bierzo leonés). Era un gran intelectual y, como hijo de campesinos, un hombre sencillo. Olía a verdad y autenticidad. Nuestro más sentido pésame a sus familiares y amigos, a las diócesis donde sirvió con tanta entrega durante tantos años, asi como al Tribunal de la Rota de España, donde templó, mandó y creó escuela. El señor, “patrono del amor”, como tú le llamabas, te acoja en su seno, amigo.

La verdad es la que es, y sigue siendo verdad aunque se cuente al revés.     Es una rima y, más que rima, dogma bien arraigado en la mente y el alma del poeta A. Machado.  Todo un forofo de la verdad que no estaba para él en las “facke news” de ahora y tampoco en ninguna de las maneras de la post-verdad.

** “Estimamos farsa aquellas realidades en que se finge la realidad. Esto supone que en la realidad distinguimos dos planos: uno externo, aparente, manifestativo; y otro interno, sustancial, que en aquel se manifiesta. Tiene aquella realidad la misión ineludible de ser expresión adecuada de ésta,  si no es farsa. Tiene esta realidad interna,  a su vez, la misión de manifestarse,  exteriorizarse en aquella, si no es también farsa.  Ejemplo: un hombre que defiende exuberantemente unas opiniones que en el fondo le traen sin cuidado,  es un farsante; un hombre que tiene realmente esas opiniones, pero no las defiende y patentiza es otro farsante”… Para quien lo más despreciable del mundo es la farsa, tiene que ser lo mejor del mundo la sinceridad” (cfr.J. O rtega y GassetConfesiones de El Espectador, Ensayos de crítica. Ideas sobre Pío Baroja, en Obras Completas, Alianza Editorial, Madrid,  1998, vol. II, pp.  84-85). En los juegols de la vida, toda farsa es juego sucio.

        *** “La cruz, aunque tenga en el corazón una intersección contradictoria de líneas,   puede eternamente alargar sus brazos sin cambiar de contorno.   Y como tiene una paradoja en el centro, por eso le es dable crecer sin transformarse…   La cruz se abre a los cuatro vientos; es como la señal del camino para los libres caminantes”  (cfr  G. K. Chesterton, Ortodoxia, Barcelona, 2000, p.  28).  Camino de cruces y drama puede muy bien llamarse a la vida humana.  No desentona, pues, como algunos creen, el Evangelio de Jesús; el de san Lucas de hoy,  especialmente.

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Perfil es –en las primeras y más netas acepciones de la palabra- el aspecto de algo o de alguien, la especie que casi siempre se traduce  por los signos del rostro, espejo del alma.  Perfil es  -también- la línea o contorno que  delimita y acoge como en síntesis la forma de algo o de alguien. Y perfil puede ser así mismo el conjunto de los rasgos y datos importantes porque definen la condición, el carácter, los fondos o la sustancia de las cosas. Otras acepciones de la misma palabra, como el adorno del borde o extremo de una vajilla, el rasgo y diseño de una manera de escribir o los aditamentos y aderezos de una cosa o realidad, sin ser ociosos para el alma de las palabras, no la clarean sin embargo tan netamente como los anteriores.

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El camino Maximino Cerezo

           Por eso, este perfil dominical de hoy va a ser una especie de  vademécum  con el que -a la luz de las lecturas del XXIIIº domingo del tiempo ordinario, en la Iglesia- mostrar algunas de las marcas y huellas del camino del hombre hacia Dios; que el propio Jesús va dejando -en la tarea liberadora de “evangelizarnos a Dios”- a la vera y vista de nuestros pasos por la vida, por si –en uso de la libertad, que Dios nos ha dado y respeta- uno –cualquiera- decide ensayar. El camino es ese y no hay otro.  Se le puede rehusar,  desdeñar o ignorar; al ser obra del hombre libre que Dios respeta siempre….

Vademécum del caminante.  Huellas y marcas en el camino. Las que van del hombre a Dios y las que,  de la mano directa de Dios,  se plantan a la vera de los caminos que van a Dios.

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En la tierra de las necesarias relaciones del hombre con Dios, hay dos direcciones,   la de abajo arriba y la de arriba abajo; la de la religión en cuanto  éxodo de uno mismo en busca de lo que nos reclama la necesidad de Absoluto que llevamos dentro e impulsa a buscarlo,  y la de la revelación que viene autorizadamente del propio Dios. Como nos falta vocabulario para encararnos “vis a vis” con lo divino  (Harold Bloom lo expresa, Jesus se nos acerca hasta el extremo de hacerse hombre para  evangelizar a Dios… Por eso es más que una religión la cristiana.

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Vademécum  Ideas para un creyente

– La de la Religión a la carta, y de la inversión de los papeles.    La sueñan muchos, desde las trincheras nihilistas de la “muerte de Dios” y del “super-hombre”. Pura vanidad!

 – Camino de rosas.    Si el de la vida no es un “camino de rosas”,  el de la religión tampoco lo puede ser. De nuevo los sueños acuchillando la realidad

Utilidad y verdad.   Las medidas de la verdad no las da la utilidad.    Por el camino  de hacer de lo útil lo verdadero se llega a todos los pagos de la mentira

 –Cultura de medios pero no de fines… Es lo que se lleva hoy… Dar más empaque a la fregona que al mosaico que la fregona limpia, y, en religión, al cura –por ejemplo- que a Dios

-Criticar a la Iglesia, sí y no… De quién suelen ser las culpas o las barbaridades, ¿de las instuituciones o de quienes las ocupan y regentan?  Hasta la duda ofende.

No mata el cristianismo la libertad. ““Es doctrina segura: si morimos con Él, viviremos con Él; si perseveramos, reinaremos con Él; si lo negamos, también Él nos negará; si le somos infieles, Él pwermanece fiel porque Dios no puede negarse a sí mismo” (2ª carta de san Pablo a Timoteo, cap. 2)

-“Religión civilizada” – “Religión complaciente”. No es lo mismo lo uno que lo otro, y “complacer” –a quien sea- no es “saltarse a la torera” ls verdad o la justicia

Deus non irridetur” – Carta de san Pablo a los Gálatas. 6, 7-9. “No  os equovoqués porque Dios no es un “hazmerreír”; Dios  no es “un cuqlquiera”.

  –La sombra de la cruz  es alargada: sus cuatro brazos se abren, sin tener que forzarse para nada,  a los cuatro puntos cardinales para  dar a entender a todos que todos  pueden en ella cobijarse (Ortodoxia, de G. K. Chesterton, c. 2º,  El maníaco, pp. 9-29)

       – Al ser, o por ser, creyente, ¿se hace un favor a Dios?    Así lo creen algunos, pero la verdad es la contraria. Es Dios quien hace un gran favor a los que se fían de Él.

           –    El camino es ese y no hay otro; el que quiere lo toma y el que no, lo deja. Eso sí, como decimos, “Deus non irridetur”.    En serio, se toma o se deja pero con esas cosas no se trapichea: es feo vicio.

           –  La palabra más idónea –creo yo- para clarificar el núcleo duro de lo que apunta el evangelio de hoy  sobre las piedras y el polvo de los caminos hacia Dios es el verbo “preferir”; porque es como ponerle a la cabeza de las apetencias y los deseos,  de las voluntades o las querencias,  de las utilidades o los caprichos humanos; que es como proclamar que   Dios, “über alles”, por delante de lo demás,  en remedo al himno patrio de los alemanes.     El verdadero creyente –y otra cosa sería farsa- ha de estar dispuesto a conjugar a diario en su vida y obras el verbo “preferir” con antelación a otros verbos, melífluos tal vez, pero que no prefieren realmente.

           –  Y -sobre todo- Dios no es –ni debe ser tenido o visto así por el creyente- a modo de un profesor de matemáticas o de filosofía, sino como el gran patrono y maestro del amor, ya  que, más que enseñar teorías o pasatiempos vanos,  enseña a aprender…  Y en esto, en aprender, está el buen sello de los maestros.

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Las tres lecturas son avales de lo anterior.

       –  “El que no toma su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo”. Es del evangelio de san Lucas, del día de hoy.    Un evangelio de “aúpa”,  de los de tentarse la ropa antes de pasar la página…

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Lágrimas que sanan

Domingo, 15 de septiembre de 2019

abrazo

El padre de la historia del hijo pródigo sufrió mucho. Vio partir a su hijo menor, sabiendo las desilusiones, rechazos y abusos a los que tendría que enfrentarse. Vio a su hijo mayor cargarse de amargura, sin tener la posibilidad de ofrecerle afecto y apoyo. Una gran parte de su vida el padre la pasó esperando. No podía obligar a su hijo menor a regresar al hogar ni tampoco hacer que su hijo mayor olvidara sus rencores. únicamente ellos, por sí mismos, podían tomar la iniciativa de regresar.

Durante esos largos años de espera, el padre lloró copiosas lágrimas y murió muchas muertes. Se vació de sufrimiento. Pero ese vacío creó un lugar de bienvenida para sus dos hijos para cuando fuera la hora de su regreso. Estamos llamados a ser como ese padre.”

*
Henri Nouwen
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En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

-“Ése acoge a los pecadores y come con ellos.”

Jesús les dijo esta parábola:

“Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.”

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:

¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.”

Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.”

También les dijo:

“Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.”

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse

el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo:

“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo:

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.”

Pero el padre dijo a sus criados:

“Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”

Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Éste le contestó:

“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.”

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre:

“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.

El padre le dijo:

“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”

*

Lucas 15, 1-32

***

El hijo mayor, que no ha recibido ninguna distinción particular, podría sentirse incomprendido con la respuesta del padre: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo». Para él, la justicia es la máxima de todas las virtudes; sin embargo, para el padre, «la misericordia es la plenitud de la justicia» (Tomás de Aquino), de suerte que «la misericordia saldrá siempre victoriosa en el juicio» (Sant 2,13). Si el justo hubiera podido comprender la actitud interior del padre, habría comprendido que había sido amado y preferido al hermano, porque le pertenecían a él no sólo ciertas cosas del padre, sino todo. Dios no tiene necesidad de hacer milagros particulares a los que le son fieles; la cosa más milagrosa de todas consiste en el hecho de que nosotros podamos ser sus hijos y en que no retiene para él nada de lo que es suyo. Los milagros se hacen en los márgenes, para recuperar a personas que se han marchado, para hacer signos a los que se han alejado, para festejar a los que vuelven. Sin embargo, la realidad cotidiana de la fe no tiene necesidad del milagro, porque tener parte en los bienes del padre ya es suficientemente maravilloso.

Al creyente no le está permitido separar entre lo mío y lo tuyo, porque a los ojos del amor paterno ambas cosas son una sola. No se narra la impresión que las palabras del padre produjeron en el «justo». Corresponde ahora a cada uno de nosotros seguir adelante para contar la historia hasta el final.

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Hans Urs von Balthasar,
Tú tienes palabras de vida eterna,
Encuentro, Madrid 1998.

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“El gesto más escandaloso”. 24 Tiempo ordinario – C (Lucas 15,1-32)

Domingo, 15 de septiembre de 2019

24-TO-C-600x388El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era la costumbre de Jesús de comer amistosamente con ellos.

De ordinario, olvidamos que Jesús creo una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que «los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle». Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.

Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?

Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. Él conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.

Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.

Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.

La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos…, la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia.

José Antonio Pagola

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“Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta”. Domingo 15 de septiembre de 2019. 24º Ordinario

Domingo, 15 de septiembre de 2019

49-ordinarioC24 cerezoLeído en Koinonia:

Éxodo 32, 7-11. 13-14: El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado:
Salmo responsorial: 50: Me pondré en camino adonde esta mi padre.
1Timoteo 1, 12-17: Cristo vino para salvar a los pecadores.
Lucas 15, 1-32: Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Los textos de la liturgia de hoy nos presentan un variado abanico de temas entre los que podemos elegir para nuestra reflexión.

La parábola del padre misericordioso

Antes la llamábamos la parábola del hijo pródigo… Pero el principal protagonista en ella no son los hijos, sino el Padre, siempre lleno de misericordia, por encima de todo.

Con gestos y palabras Jesús expresa su predilección por aquellas personas que en su época eran consideradas “perdidas” a causa del pecado. La cercanía y el cariño manifestado hacia ellos era motivo de crítica por parte de quienes se erigían como garantes de la fe y la religión. Jesús justifica su manera de proceder dándonos a conocer lo que aprendió de su Padre. Sus palabras nos ayudan a entender que su vida es un reflejo del corazón de Dios.

La parábola de “un padre que tenía dos hijos” revela a Dios como un Padre que venera a sus hijos con amor entrañable. La compasión, la misericordia y la ternura son sus notas más características. El relato nos hace saber que Dios ama a sus hijos, que los acompaña en sus decisiones y sufre sus yerros; que aguarda esperanzado y con ansias su regreso; efusivo en sus demostraciones de cariño; que festeja con alegría el momento del reencuentro. ¿Qué habrán sentido los oyentes de la parábola al oír estas palabras? ¿Qué habrán experimentado al saber que Dios estaba contento por reencontrarse con los pecadores, tanto tiempo excluidos de la mesa fraterna? ¿Con qué personajes de la parábola se habrán identificado? ¿Qué habrán pensado unos y otros? ¿Era posible que Dios actuase así con todos? ¿Era necesario dejar en evidencia el reproche y la amargura de aquellos que creían conocer a Dios, pero se daban cuenta que habían errado también ellos en el modo?

Padres… y madres

La parábola también puede parecer un icono del amor que muchas madres tienen por sus hijos cuando se meten en problemas o pasan dificultades. Porque sobre todo en nuestro continente latinoamericano, muchos hogares populares tienen por cabeza de familia a la madre; el padre no está ahí para aguardar pacientemente a los hijos que se fueron.

Pensemos especialmente en aquellas mujeres sufridas de nuestro pueblo que luchan para que sus hijos salgan de la trampa de las adicciones o la delincuencia. ¡Cuánto dolor en su corazón de madres! ¡Cuánta incomprensión hacia ellas por parte de otros miembros de la familia, que no entienden su cariño! ¡Y cuánta alegría cuando ven que ellos retoman el rumbo correcto, que se recuperan, que salen de la muerte! ¡Con cuánto amor los cuidan y los sostienen hasta en los peores momentos! Pensemos también en las madres que no se cansan de buscar y pedir que regresen con vida sus hijos desaparecidos, víctimas de la violencia.

¿Se perdió una… o las 99?

Jesús habla de la pérdida de una oveja, y dice que lo normal es dejar por el momento las 99 en el redil y salir a buscar a la extraviada. Pero se está dando alguna situación en la que parece que las cifras se han invertido: serían casi 99 las que se extraviaron, y sólo quedan unas pocas en el redil.

Eso es lo que parece sugerir la realidad (que a veces iguala la ficción) en algunas latitudes eclesiales actuales, por ejemplo en el Norte de Europa y de América. Allí, en muchas partes, los cristianos andamos desconcertados. Piensan que una ola creciente de materialismo nos invade, que han muerto las viejas utopías, que una política monetarista y de realismo a ultranza se impone a todos los niveles. La sociedad parece secularizarse a marchas forzadas, y parece que la barca de Pedro zozobra… Muchos se han ido, y los hemos despedido con tristeza y resignación. Otros no entran en el aprisco, el panorama no les atrae. Quedamos unos pocos que, replegados sobre nosotros mismos, nos dedicamos a salvar-conservar lo que nos queda, ya que mucho se ha perdido. Da la impresión de que, efectivamente, se fueron las noventa y nueve ovejas, quedando sólo unas pocas, a cuya atención y conservación deberíamos dedicarnos por entero.

Como estamos en tiempos de «Iglesia en salida», es obvio que no vale el argumento de conservar los restos para justificar el no salir a la calle al encuentro de las 99. Pero tampoco servirá de mucho el salir a la búsqueda de esas 99, para volverles a presentar lo mismo, aquello de lo que ellos han querido alejarse. El caso es hoy más complejo: porque cuando se trata de un fenómeno tan masivo como es en el Norte de Europa y de América, no se puede seguir echando la culpa a la secularización… (No podemos maldecir la realidad sociológica: el mundo moderno es secular, y no va a poder ser de otra manera; lo que sí tendríamos que tener es una versión del cristianismo propia para el mundo secular, no pedir a las 99 que vuelvan a un redil del que culturalmente ya salieron hace tiempo).

En América Latina no estamos en esa situación todavía, aunque los observadores socio-religiosos insisten en que vamos también en esa dirección, que nadie piense que América es distinta. De hecho, Argentina, México, y las grandes metrópolis ya presentan síntomas (y números) claros.

Los diez mandamientos

La primera lectura nos presenta el tema de los diez mandamientos… Dios se los habría dado a Moisés para el pueblo de Israel, y después para los cristianos, e intencionalmente para toda la humanidad. Serían en fundamento de la moral. Sin ellos no sabríamos cómo conducirnos moralmente. Antes de ellos (sólo nuestra especie concreta tiene 200.000 años, pero los mandamientos del monte Sinaí no podrían tener en ningún caso más de 3.200) tal vez estuvimos en un estado de amoralidad animal…

No cabe duda de que los 10 mandamientos han jugado un papel importante en el judeocristianismo (como en otras religiones lo han jugado sus diversas formulaciones morales). Y todavía hoy para muchos cristianos son la referencia moral explícita de la voluntad de Dios. Pero tampoco cabe duda de que ya hay muchas personas cultas, estudiosas, conocedoras de la historia, de la arqueología, de la psicología… que se sienten mal si van a la misa y escuchan comentar esos textos como si fueran el relato fidedigno de una revelación divina que tuvo lugar en el Sinaí, a manos de Moisés, que seguiría siendo todavía hoy el fundamento de la moralidad humana… Quizá este malestar tenga mucho que ver con esas 99 ovejas que en algunas latitudes han abandonado el redil. Leer más…

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15.09.19. Dom 29 tiempo ord. C. “Oveja perdida o pastores culpables”

Domingo, 15 de septiembre de 2019

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Esta imagen y parábola del Buen Pastor es bella, pero, al mismo tiempo, inquietante, y quizá  anacrónica (el mundo de los viejos pastores está terminando, al menos en occidente…). En el mundo moderno, los pastores han perdido (o están perdiendo) su vinculación personal con ovejas (o cabras, vacas y cerdos…), para convertirse en sueños superiores, que se imponen y dirigen a sus animales con medios técnicos…

Esta puede ser una imagen injusta, pues los fieles (los cristianos) no son ovejas ni cabras, animales que han de ser pastoreados (llevados a sus pastos…), sino personas libres, como sabe Jesús cuando dice “ya no os llamo siervos, ni ovejas, sino que os amigos”, pues he querido compartir con vosotros todo lo que Dios me ha dado, todo lo que tengo (cf. Jn 10, 1‒21; 15, 15)

En otro tiempo, reyes y obispos, podían aparecer como “pastores”, de manera que tenían autoridad sobre las ovejas, a las que “domesticaban” (insertaban en sus casas) o incluso “domaban”, pero hoy no tiene sentido hablar de “doma” de personas.

            Desde ese fondo quiero leer la parábola inicial de este domingo 15.09.19, para situarla después en su contexto bíblico y cristiano. Ciertamente, puede hablarse en la iglesia de ovejas perdidas, inocentes, pero quizá debe hablarse más (en este año 2019) de pastores culpables, que pervierten, utilizan y destruyen a las ovejas, como puso de relieve Jesús y como he destacado en las dos últimas postales de este blog, a partir del inquietante libros de A. Rosmini, sobre las Cinco llagas de la Santa Iglesia, producidas por pastores que oprimen a sus ovejas.

Evangelio:

 En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos .”Jesús les dijo esta parábola: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. “Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse (Lc 15, 1‒27).

Ésta no es una parábola de ovejas perdidas, sino más bien de fariseos‒escribas, que se toman como pastores, pero no cuidan a las ovejas, sino que las utilizan y expulsan, no dejando a Jesús que las acoja (que cama con ellas)

El signo del pastor

La figura del pastor y su rebaño pertenece al mundo cotidiano del antiguo oriente, donde se aplicaba principalmente a los reyes y a los sacerdotes. Pastor es en  Sumeria, Asiria y Babilonia,   el rey, que tiene el deber de reunir a los dispersos, proteger a los enfermo y  ayudar a los débiles del pueblo. Pastor es en el cielo Dios, aquel que cuida del rebaño grande de los hombres.

El Antiguo Testamento sabe que Dios es pastor de Israel (Gen 48, 15; Sal 23, 1; 80, 2): dirige a su pueblo, lo lleva a las fuentes y pastos, lo reúne y lo protege (Sal 23, 3: Jer 23, 3; Ez 34, 11-12, etc.). También los jefes de Israel reciben rasgos de pastor (cf. 2 Sam 7, 7; Jer 13, 20; Sal 78, 72), aunque parece que nunca se les atribuye di­rectamente ese título, que será propio del mesías: Dios «les daré un pastor único que los pastoree: mi siervo David; él les apacentará, él será su pastor. Yo, el Señor, seré su Dios y mi siervo David será príncipe en medio de ellos» (Ez 34, 23-24; cf. 37, 22.24; Jer 3, 15; 23, 4).

La certeza de que Dios cuida a las ovejas y la promesa del nuevo pastor mesiánico de Ez 34, 11-14; 23, 23  forman el punto de par­tida de una visión teológico-simbólica que llega hasta Mt 25, 32. En el fondo está igualmente la imagen de 1 Hen 89-90, donde el camino de Israel, desde el diluvio hasta el mesías, aparece como historia de un rebaño; los miembros del pueblo son tapróbata (ovejas); Dios las guía, superando los peligros, los rechazos y rupturas hasta el tiempo en que llegue el salvador- mesías.

Los hombres como s ovejas.

Unidas en rebaño, las ovejas son para el Antiguo Testamento un signo del pueblo israelita (2Sam 24, 17; Sal 76, 21 LXX; Num 27, 17). Así lo muestra de un modo especial Sal 73, 1, LXX: «¿Por qué… está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño (probata nomês mou)?». Ez 34, 31 asegura: «Vosotros… sois ovejas de mi rebaño, probata poimniou mou, y yo soy vuestro Dios». La literatura rabínica y apocalíptica utiliza el mismo simbolismo, sobre todo en 1 Hen 89-90 donde se cuenta toda la historia de Israel partiendo de la imagen de las ovejas del rebaño de Dios. En esa perspectiva se mantiene el Nuevo Testamento y de manera especial el evangelio de Mt, que utiliza siempre probaton de un modo metafó­rico, poniendo de relieve el riesgo en que los hombres están de se oprimidos y destruídos por malos pastores..

El-Buen-PAstor-Murillo-Museo-del-Prado_-240x300En esa línea simbólica, Mateo afirma que las gentes que escuchan y acogen la palabra de Jesús son «como ovejas sin pastor» o con pastores perversos (Mt 9, 36; cf. Ez 34, 5). En esa línea, los  discípulos de Jesús reciben el encargo de acudir «a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mt 10, 6; 15.24). Pasando ya al plano eclesial, Mt compara al creyente en peligro con una oveja que se pierde y puede perecer (Mt 18, 12). Por su parte, el misionero es como oveja en medio de lobos (Mt 10, 16).

 Llega a tanto la fuerza de la comparación que se dice que los falsos discípulos son como «lobos con piel de oveja», es decir, creyentes fingidos, que destruye‒devoran a los otros. (Mt 7, 15; cf. 26, 31). Esta visión de Mt podría ampliarse con otros pasajes del Nuevo Testamento (cf. Jn 10, 1-17; Heb 13, 30; Pe 2, 25). Todo eso permite suponer que las ovejas del juicio final (Mt 25, 31-46) tienen un sentido metafórico: ellas constituyen el auténtico Israel, la nueva comunidad escatológica. Por eso reciben un lugar a la derecha del gran Rey, en ámbito de reino.

Id a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mt 10, 6)

En la línea de la literatura tardía del AT (Ezequiel, Zacarías…) y de muchos libros intertestamentarios (o apócrifos) como 1 Henoc, Jubileos,Test. XII Patriarcas y de gran parte de la literatura de Qumrán, la causa de la ruina de Israel se debe a los malos pastores civiles y religiosos (príncipes, sacerdotes…) que, en vez de guiar y cuidar a las ovejas de Israel las están destruyendo.

En ese contexto aparece Jesús como “buen pastor” (contrario a los “malos” pastores, de los que se ocupa Jn 10: celotas guerreros, un tipo de sacerdotes…), de manera que su mensaje y camino aparece como un “conflicto de pastores”. Evidentemente, a Jesús le han criticado por ocuparse de las “ovejas malas” de Israel (publicanos, prostitutas, enfermas, pobres…), en vez de centrarse en las buenas, para recrear con (desde) ellas el buen pueblo de la alianza, como querían, desde diversas perspectivas, esenios y fariseos, saduceos y celotas.

 No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria;id, más bien, a las ovejas descarriadas de Israel (Mt 10, 5‒6)

              En un primer momento, este mandato no era negativo (no vayáis a los samaritanos y gentiles…), sino radicalmente positivo y conflictivo: “Id a las ovejas perdidas de Israel”, dice “perdidas”, no pecadores, ovejas que se han extraviado y corren el riesgo de perderse por culpa de los malos pastores.

Esta prohibición (no vayáis…) y este mandato (id más bien) puede entenderse como expresión de la conducta misionera de algunas iglesias judeo-cristianas o como prohibición histórica de Jesús. En un primer momento Jesús no se ocupó de samaritanos ni gentiles, sino de los judíos expulsados, oprimidos… Pero después, con toda la lógica del mundo, los cristianos de la línea de Pablo (y luego los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan) descubrieron que esas ovejas perdidas de Israel era un signo de todos los perdidos del mundo, que no son pecadores en sentido moralista (aunque puede haber entre ellos pecadores de este tipo), sino oprimidos, expulsados, marginados.

hicsos  Ciertamente, esas ovejas le importan a Jesús por ser israelitas (¡forman parte de su pueblo!), pero, sobre todo, por hallarse aplastadas, de manera que al final (en el fondo) más que su identidad nacional importa su condición humana, como personas perdidas, oprimidas, en la línea de la gran experiencia de Mt 9, 36‒39, donde se dice que Jesús  descubrió que los hombres estaban “esquilmados, apastados”, como ovejas sin buen pastor, en manos de lobos que se hacen pasar por pastores.

Mt 15, 25. La lección de la mujer cananea

Esta experiencia y argumento está en el fondo del relato de la mujer cananea y de su hija enferma, tomado de Mc 7, 24-30, donde el Jesús de Mateo empieza repitiendo el mismo argumento de 10, 5-6 (ha venido para las ovejas perdidas de la casa de Israel: 15, 25).   De un modo lógico, asumiendo las tradiciones de su pueblo, como Hijo del David nacional, en la línea Mt 10, 6), Jesús responde a la mujer pagana diciéndole que Dios le ha enviado solamente a las ovejas perdidas   de la casa de Israel, y que no es bueno echar el pan de los hijos a los perritos.

Supone así que los israelitas son hijos queridos de Dios; los gentiles, en cambio, son perros, en la línea de 7, 6: “No echéis lo santo a los perros… ( en el sentido de perros asilvestrados)”. Pues bien, esta mujer cananea acepta ese lenguaje, y pide a Jesús sólo las sobras, pues también a los perritos (kynariois) ahora en el sentido de perros pequeños, caseros) se les dejan las migajas que caen de la mesa de los hijos. Ante esa palabra, de un modo sorprendente, Jesús se deja convencer, descubriendo y aceptando la gran fe  de esta mujer, descubriendo que entre las ovejas necesitadas de Israel y las del mundo entero no existe distinciòn

Frente al banquete de muerte de Herodes (cf. Mt 14, 6-12), se eleva aquí el banquete de curación y vida que Jesús ofrece a todos, incluidos los gentiles. Frente a la comida exclusivista de los escribas y fariseos, que sólo admitían en la mesa a quienes tenían a su juicio manos limpias (cf. Mt 15, 1-20), convencido por esta mujer, Jesús ofrece su banquete de pan y salvación para los gentiles.

Jesús había comenzado aceptando el ritmo “canónico” de la historia de la salvación: En primer lugar se encuentran los judíos, luego los gentiles; primero hay que alimentar y curar a los hijos y después, cuando esos hijos estén saciados, podrán alimentarse los perros, es decir, los de fuera. Ésa era la visión normal de la mayoría de los judíos de aquel tiempo, y la visión que seguimos teniendo todavía muchos “cristianos”: Primero ha de haber pan para nosotros, los de casa (compatriotas…). Sólo después podrán alimentarse los de fuera.

Jesús empezó manteniendo en principio (en teoría) esa visión, pero la experiencia (la necesidad) de esta mujer hace que cambie (=se convierta).  Desde aquí se entiende su nuevo y más hondo mensaje, dirigido no sólo a las ovejas perdidas de Israel, sino a todas las ovejas perdidas del mundo.La figura del pastor

Pastor misericordioso, buen pastor (Jn 10)

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             Volvamos al tema de nuestro evangelio (Lc 15, 3-6).A Jesús le han acusado de comer con pecadores, perdonando y recibiendo en su mesa a los proscritos de la alianza (publicanos, prostitutas). Jesús se defiende contando esta parábola, en la que Dios (o el pastor mesiánico) viene a mostrar su solidaridad con las ovejas perdidas. En esa línea avanza  el texto del buen pastor:

«Yo soy el buen pastor; el buen pastor entrega su vida por sus ovejas. El mercenario, el que no es pastor ni tiene a las ovejas como propias, ve venir al lobo y abandona, huyendo, a las ovejas; y así viene el lobo y las destroza y las dispersa. Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre. Así entrego mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil; las debo conducir, para que escuchen mi voz y de esa forma haya un rebaño y un pastor» (Jn 10, 11-16).

 Es esta línea anterior, el pastor se ha convertido de alguna forma en padre y amigo del rebaño. Jesús, buen pastor, se distingue de otros malos pastores, mercenarios, que han venido a presentarse como salvadores, siendo en realidad puros asalariados, que han querido aprovecharse del rebaño, pues sólo les importa su poder y su dinero. El evangelio de Juan alude aquí probablemente, en la línea de 1 Henoc 83-90, a los diversos líderes que, en esos últimos años, entre el 50 y el 100 d. C., han manipulado a los judíos, llevándoles a la perdición (centrada en la guerra orgullosa y suicida contra Roma, en clave de violencia, no de gracia).

Jesús es verdadero pastor porque conoce a las ovejas (hombres), dialogando con ellas en intimidad de corazón. Sólo así, sobre una base de conocimiento personal puede fundarse la comunidad de los salvados como iglesia donde todos tienen un lugar para vivir en plenitud. Jesús es pastor y puerta del rebaño; Jesús es guía y casa para las ovejas. Leer más…

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Cuatro actitudes ante los pecadores. Domingo 24 Ciclo C.

Domingo, 15 de septiembre de 2019

hijo prodigoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Por una extraña coincidencia, las tres lecturas de este domingo hablan del perdón a los pecadores.

Moisés: intercesión

            Según el libro del Éxodo, Moisés pasó cuarenta días en la cumbre del monte Sinaí hablando con Dios. Demasiado tiempo para el pueblo, que termina pensando que ha muerto. En busca de algo que le ofrezca garantía y seguridad, convence al sacerdote Aarón para que fabrique un becerro de oro. En el Antiguo Oriente, el toro era un símbolo muy adecuado para representar la fuerza y vitalidad de un dios, y por eso los israelitas proclaman: «Este es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto».

            Sin embargo, construir imágenes de Dios es una forma de intentar manipularlo. A la imagen se la puede premiar o castigar; se la puede ungir con perfumes y ofrecer regalos si Dios me concede lo que quiero, o se la puede privar de todo si no me lo concede. Además, la imagen destruye el misterio de Dios reduciéndolo a un objeto visible.

            ¿Cómo reaccionará el Señor ante este pecado? El relato no carece de cierto humor. Dios se muestra indignado, pero no actúa. Al contrario, provoca a Moisés para que interceda por el pueblo. Como un padre que, indignado con su hijo, le dice a su esposa que piensa castigarlo para que ella interceda y le anime a perdonar.

            Las palabras que dirige a Moisés: «se ha pervertido tu pueblo, el que sacaste de Egipto» recuerdan a las que tantas veces dice un marido a su mujer: «tu hijo…», como si no fuera también suyo. Como si Israel no fuera el pueblo de Dios y no hubiera sido él quien lo sacó de Egipto. El tono humorístico, dentro de la tragedia, alcanza su punto culminante cuando Dios le pide permiso a Moisés para terminar con el pueblo: «Déjame, mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».

            Pero Moisés no se deja tentar por la promesa de ese nuevo gran pueblo. “El que ahora guío ˗le responde a Dios˗ aunque sea pervertido y de dura cerviz, es tu pueblo, el que sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta. No me eches a mí la culpa y acuérdate de lo que prometiste a Abrahán, Isaac y Jacob”. Bastan estas pocas palabras para que el Señor se arrepienta de la amenaza.

            Dos grandes enseñanzas en este breve relato: 1) lo fácil que es convencer a Dios para que perdone; 2) el responsable de la comunidad nunca debe rechazarla por más pervertida que pueda parecer; su postura debe ser la de Moisés, recordando lo bueno que hay en ella y defendiéndola.

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:

– «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman:

“Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.”»

Y el Señor añadió a Moisés:

– «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.»

Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:

– «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abraham, Isaac y Jacob, a quienes juraste por ti mismo, diciendo:

“Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.”»

Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Los seglares piadosos y los teólogos: rechazo y crítica

«En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

            La lección de Moisés, intercediendo por los pecadores, no la han aprendido los teólogos de la época (los escribas) ni los seglares piadosos (fariseos). Son partidarios de una separación radical de buenos y malos que excluya cualquier contacto entre ellos. Y, dentro de los malos, los peores son los publicanos, explotadores al servicio de Roma, y los pecadores, gente que no va a la sinagoga el sábado, no ayuna, no reza tres veces al día, no paga el tributo al templo ni los diezmos, no observa las leyes de pureza, etc.

            Pero lo interesante es que escribas y fariseos no se indignan con los pecadores sino con Jesús, porque los acoge y come con ellos. No debe extrañarnos demasiado. ¿Qué dirían muchos católicos, obispos incluidos, si viesen hoy día a Jesús tomándose una cerveza en la sede de LGTBI?

Jesús: alegría y acogida

            A la murmuración y la crítica de sus adversarios Jesús no responde con un ataque durísimo a su hipocresía sino contando tres parábolas (la oveja perdida, la moneda perdida y los dos hermanos), que insisten las tres en la alegría de Dios por la conversión de un solo pecador.

            ‒ Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al Regar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

            Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.


También les dijo:

            ‒ Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes.

            No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. 

            Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”

            Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. ” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” 

            Y empezaron el banquete.

            Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”

            La parábola de los dos hermanos (conocida con el título equivocado de “el hijo pródigo”) es la que más encaja con el problema inicial. El hermano menor representa a publicanos y pecadores, el mayor a escribas y fariseos. Quien lee la parábola sin prejuicios, se escandaliza de la conducta del padre, que malcría a su hijo menor mientras se muestra duro y exigente con el mayor. Este escándalo es el mismo que experimentaban los fariseos y escribas con Jesús. Y es el que él quiere que superen pensando en el amor y la alegría que siente Dios como padre que recupera un hijo perdido. El que no vea a Dios como padre, sino como legislador, obsesionado porque se cumplan sus leyes, nunca podrá comprender esta parábola ni la vida y el mensaje de Jesús.

            La parábola nos ayuda al mismo tiempo a autoevaluarnos. A veces nos portamos con Dios como el hijo pequeño que se marcha de la casa y sólo vuelve cuando le interesa; otras, en circunstancias familiares difíciles, actuamos como el padre, perdonando y aceptando lo inaceptable; otras, como el hermano mayor, condenamos al que no se comportan adecuadamente y evitamos el contacto con él. Conviene repasar la propia historia desde estos tres puntos de vista y ver cuál predomina.

Dios: compasión

            Los textos anteriores enseñan a través de relatos (Éxodo) y parábolas (evangelio), la segunda lectura cuenta la experiencia personal de Pablo. Él, fariseo de pura cepa, termina descubriéndose como «un blasfemo, un perseguidor y un violento». Ha maldecido a Jesús, ha metido en la cárcel a los cristianos, ha querido exterminarlos. «Pero Dios tuvo compasión de mí… Dios derrochó su gracia en mí… Jesús se compadeció de mí». La experiencia de Pablo, en mayor o menor grado, es la de cualquiera de nosotros. Y nuestra reacción debe ser también la suya de servicio y alabanza a Dios.

            Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17

Querido hermano:

Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mi: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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Domingo XXIV del Tiempo Ordinario. 15 septiembre, 2019

Domingo, 15 de septiembre de 2019

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Solían acercarse a Jesús los publicanos y pecadores a escucharle.

Jesús les dijo esta parábola:

Si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa con cuidado, hasta que la encuentra?”

 (Lc 15, 1-10)

 

El evangelio de este domingo nos pone dos ejemplos de escucha. La escucha de los publicanos y pecadores y la escucha de los fariseos y escribas.

La escucha de los fariseos y escribas.

Estos últimos son “mensajeros” de críticas, están al acecho de lo que Jesús hace y dice, tienen el corazón enfermo, amargado, no pueden escuchar, oyen y al oír desatan un parloteo interior, un desenfoque de la realidad.

La mente nos agita, engendra ambición, no deja perdonar, nos agarrota con ruidos que nos hacen personas duras, sin capacidad de acoger, de perdona; nos atiborra de ruidos, de orgullo; nos hace sentirnos “las mejores”.

La escucha de los publicanos y pecadores.

El otro ejemplo, el de los publicanos y pecadores que se acercan a Jesús para escucharle. Escuchar con la cabeza y con el corazón. Se acercan a Jesús para escucharle. Es un modo, un talante de ser y de vivir. Dicen los místicos que el camino más largo de recorrer en la vida es un camino muy corto, el que va de la cabeza al corazón.

Cuando llegamos al corazón nos invita con suavidad a escuchar. Y es una llamada a buscar lo que hemos perdido, la “moneda perdida” que es muchas veces la paz del corazón. Sentirnos vulnerables, nos llama a escuchar al Maestro, al Señor Jesús. Quien se abre a la escucha de Jesús, se abre a la plenitud.

Quien con sencillez escucha, siente “cosquilleos” en el corazón, y como la mujer de la parábola, necesitamos comunicar lo que sentimos y decir a quienes nos rodean: ¡felicitadme! He encontrado lo que buscaba: el Espíritu de Dios.

Oración

Padre bueno,

que nos has enviado a Jesús:

nuestra gratitud.

Jesús, Tú nos hablas,

nos invitas a la escucha,

silencia nuestro corazón.

Santo Espíritu,

que nos iluminas y fortaleces.

Sólo podemos decir:

¡Hágase en mí tu voluntad! Amén

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Para Dios nadie está perdido

Domingo, 15 de septiembre de 2019

buenpastor6Lc 15

Hoy leemos el c. 15 de Lc, que empieza exponiendo el contexto en que se desarrollan las tres parábolas: la oveja, la moneda y el hijo perdidos. Todos los publicanos y pecadores se acercaban a él. Los fariseos critican a Jesús por esto. Las tres parábolas son una respuesta de Jesús a esas murmuraciones. Los fariseos pensaban acercarse a Dios a través del cumplimiento de la Ley. Tantas veces se nos ha inculcado la obligación de buscar a Dios por ese camino, que nos quedamos alelados cuando Jesús nos dice que es Él el que nos busca.

A pesar de la radicalidad del domingo pasado (odia a tu familia, ama la cruz, renuncia a todo), hoy nos dice el evangelio que los “pecadores” se acercaban a Jesús. Es la mejor demostración de que no lo entendieron como rigorismo, sino como acogida entrañable. Los fariseos y letrados se acercaban también, pero para espiarle y condenarle. No podían concebir que un representante de Dios pudiera mezclarse con los “malditos”. El Dios de Jesús está radicalmente en contra del sentir de los fariseos.

Las parábolas no necesitan explicación alguna, pero exigen implicación, es decir, que nos dejemos empapar por su mensaje. El dios que nos hemos fabricado a nuestra imagen y semejanza tiene que saltar por los aires. Atreverse a romper una y otra vez el ídolo es la tarea más complicada de toda religión. El Dios de Jesús se identifica con cada una de sus criaturas haciéndolas participes de todo lo que él es. No somos nosotros los que tenemos que “convertirnos” a Dios, porque Él está siempre vuelto hacia cada uno de nosotros. No puede esperar nada de nosotros, pero nosotros, todo lo recibimos de Él.

Las tres parábolas que hemos leído van en la misma dirección. No solo nos invitan a la confianza en un Dios que nos busca con amor sino que trastocan radicalmente la idea de Dios, la idea de pecador y la idea de justo. Si comparamos la primera lectura con el evangelio, descubriremos el abismo que existe entre una concepción y otra. Pero se trata de sustituir conceptos religiosos, que son los más difíciles de desarraigar. Después de veinte siglos, seguimos teniendo la misma dificultad a la hora de cambiar nuestro concepto de Dios.

En los conceptos religiosos de la época, Jesús no pudo expresar toda su experiencia de Dios. Pero, si estamos atentos, podemos descubrir en su mensaje rasgos definitivos del verdadero Dios. El Dios de Jesús es, sobre todo, Abba; es decir, padre y madre que se entrega incondicionalmente a sus criaturas. Es amor, misericordia y compasión. Nada del ser poderoso que espera de nosotros vasallaje. Nada del juez que analiza con meticulosidad nuestras acciones. Nada del impasible que defiende su gloria por encima de todo. Las tres parábolas insisten en la búsqueda, por su parte, del hombre, aunque se haya extraviado.

Hoy podemos apuntar a Dios con mucha más precisión que los evangelios, porque tenemos mejor conocimiento del hombre y del mundo. Hoy sabemos que Dios no es un ser, ni siquiera el más sublime de todos los seres. Lo que es, lo ha dejado plasmado en cada una de sus criaturas. Dios no puede ser aislado de la creación. No es ni cada criatura ni el conjunto de lo creado; pero tampoco es algo al margen, que se encuentra en alguna parte fuera de la creación. Debemos superar el concepto de creación que hemos manejado hasta la fecha. La creación es la manifestación de Dios que no exige un principio temporal.

El Dios de Jesús es don absoluto y total. No un don como posibilidad, sino un don efectivo y ya realizado, porque es la base y fundamento de todo lo que somos. Al decir que es Amor (ágape) estamos diciendo que ya se ha dado totalmente, y que no le queda nada por dar. Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios, que suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido.

Si somos capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará también nuestra idea de “buenos” y “malos”. La actitud de Dios no puede ser diferente para cada uno de nosotros, porque es anterior a lo que cada uno es o pueda llegar a ser. El Dios que premia a los buenos y castiga a los malos es una aberración incompatible que el espíritu de Jesús. Dios no nos ama porque somos buenos, al contrario, somos “buenos” porque hemos descubierto lo que hay de Dios (Amor) en nosotros. Somos “malos” porque no hemos descubierto a Dios.

Alguno puede pensar que, aceptar la misericordia de Dios invita a escapar de la responsabilidad personal. Si Dios me va amar lo mismo siendo bueno que siendo malo, no merece la pena esforzarse. Esta reflexión indica que no hemos entendido nada del evangelio. Nada más contrario a la predicación de Jesús. La misericordia de Dios es gratuita, eterna e infinita, pero no puede afectarme hasta que yo no la acepto. Creer que puedo acogerme a la misericordia sin responder a su búsqueda es entender la relación con Dios de una manera jurídica y externa. La actitud de Dios para conmigo debe ser el motor de cambio en mí.

La máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el perdón de Dios tiene una dificultad casi insuperable, porque nos empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia manera de perdonar. Nuestro perdón es una reacción a la ofensa del otro. En cambio, el perdón de Dios es anterior al pecado. Dios es solo amor, pero nosotros lo descubrimos como perdón, cuando nos sentimos perdonados, por eso para nosotros está siempre unida al pecado. Para aclararnos un poco, vamos a examinar dos conceptos: cómo podemos entender el perdón de Dios, y cómo podemos entender el pecado.

Dios solo puede amar. Decimos que Dios ama porque Él es amor, no porque las cosas o las personas sean amables. Dios no ama las cosas porque son buenas, sino que las cosas son buenas porque Dios las ama. El perdón en Dios significa que su amor no acaba cuando nosotros fallamos, como pasa entre los hombres. Si nosotros amamos unas criaturas, y no a otras, se debe a nuestra ceguera, a nuestra ignorancia. Ahora comprenderéis lo equívoco de nuestro lenguaje sobre Dios cuando hablamos de su perdón como un acto.

Es ridículo pensar que podamos ofender a Dios. La incapacidad de los cristianos para aceptar a los pecadores se debe a que identificamos los fallos con la persona misma. La persona es una cosa y sus acciones otra. El pecado es siempre fruto de la ignorancia. Para que la voluntad se incline a un objeto, tiene que presentarse como bueno. El entendimiento puede ver una cosa como buena, siendo en realidad mala. Esta es la causa de nuestros fallos. Para superar una actitud de pecado, no debemos apelar a la voluntad, sino al entendimiento.

Si las reflexiones que acabamos de hacer son ciertas, ¿de qué sirve la confesión? Mal utilizada, para nada. Pero si la sabemos utilizar, es uno de los hallazgos más interesantes de los dos mil años de cristianismo, porque responde a una necesidad humana. Somos nosotros, no Dios, quienes necesitamos la confesión como señal de su perdón. La confesión no es para que Dios nos perdone, sino para que nosotros descubramos el mal que hemos hecho y aceptemos el amor de Dios que llega a nosotros sin merecerlo. La confesión es el signo de que yo he fallado, pero también de que Dios ni me falla ni puede fallarme.

Meditación-contemplación

El amor de Dios es anterior a mi propio ser.
Todo lo que soy depende de ese don gratuito de Dios.
Deja que ese Ágape se manifieste a través de tu ser.
Tengo que dejarme encontrar por ese Dios.
Tengo que sentir su energía y dejar que me inunde.
Dios en mí es fuerza trasformadora.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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