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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!…

Domingo, 16 de junio de 2024

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El Sembrador

De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.

Aún no sé si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Y es que acaso su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡Hasta los leñadores mirando al roble
sienten las majestades de lo gigante!

Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño.
¡Desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
-Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.

-¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa? dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
-Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho,
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!

Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?…
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

Por eso cuando al mundo, triste contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo,
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura.
Y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura.

Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!…

*

Marcos Rafael Blanco Belmonte

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

-“El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”

Dijo también:

-“¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

*

Marcos 4,26-34

***

        La Iglesia es el «sacramento originario» de la salvación preparada para los hombres según el eterno consejo de Dios. Una salvación que, por otra parte, no es monopolio de la Iglesia, sino que, en virtud de la redención obrada por el Señor, que murió y resucitó «para la salvación de todo el mundo», está ya de hecho presente de una manera eficaz en todo este mundo […].

        Esto equivale a decir que, en ella, se hace audible y se vuelve visible lo que está presente «fuera de la Iglesia», allí donde hombres de buena voluntad se adhieren de hecho, personalmente, al ofrecimiento divino de la gracia y la hacen suya, aunque no de un modo reflexivo o temático.

        Precisamente en cuanto sacramento de salvación, ofrecido a todos los hombres, la Iglesia es el «sacramento del mundo»: es la esperanza no sólo para los que se han adherido a ella, sino que es, simplemente, la spes mundi, la esperanza para todo el mundo. En ella aparece plenamente y está presente, como en una profecía, el misterio de la salvación que Dios lleva a cabo a lo largo de toda la historia humana, y que en ella -gracias al dato imperecedero de la viviente profecía de la Iglesia- no cesará nunca de realizarse. Podríamos decir que la Iglesia es la manifestación de la salvación existencial del mundo; revela el mundo a sí mismo; le muestra al mundo lo que es y lo que aún puede llegar a ser en virtud del don de la gracia de Dios. Por eso la Iglesia espera no sólo por sí misma, sino por el mundo entero, a cuyo servicio está .

*

E. Schillebeeckx,
Cott-Kirche-Welt,
Mainz 1970, vol. II.

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“La vida como regalo”. Domingo 11 Tiempo ordinario – B (Marcos 4,26-34)

Domingo, 16 de junio de 2024

IMG_5307Casi todo nos invita hoy a vivir bajo el signo de la actividad, la programación y el rendimiento. Pocas diferencias ha habido en esto entre el capitalismo y el socialismo. A la hora de valorar a la persona, siempre se termina por medirla por su capacidad de producción.

Se puede decir que la sociedad moderna ha llegado a la convicción práctica de que, para darle a la vida su verdadero sentido y su contenido más pleno, lo único importante es sacarle el máximo rendimiento por medio del esfuerzo y la actividad.

Por eso se nos hace tan extraña y embarazosa esa pequeña parábola, recogida por el evangelista Marcos, en la que Jesús compara el «reino de Dios» con una semilla que crece por sí sola, sin que el labrador le proporcione la fuerza para germinar y crecer. Sin duda es importante el trabajo de siembra que realiza el labrador, pero en la semilla hay algo que no ha puesto él: una fuerza vital que no se debe a su esfuerzo.

Experimentar la vida como regalo es probablemente una de las cosas que nos puede hacer vivir a los hombres y mujeres de hoy de manera nueva, más atentos no solo a lo que conseguimos con nuestro trabajo, sino también a lo que vamos recibiendo de manera gratuita.

Aunque tal vez no lo percibimos así, nuestra mayor «desgracia» es vivir solo de nuestro esfuerzo, sin dejarnos agraciar y bendecir por Dios, y sin disfrutar de lo que se nos va regalando constantemente. Pasar por la vida sin dejarnos sorprender por la «novedad» de cada día.

Todos necesitamos hoy aprender a vivir de manera más abierta y acogedora, en actitud más contemplativa y agradecida. Alguien ha dicho que hay problemas que no se «resuelven» a base de esfuerzo, sino que se «disuelven» cuando sabemos acoger la gracia de Dios en nosotros. Se nos olvida que, en definitiva, como decía Georges Bernanos, «todo es gracia», porque todo, absolutamente todo, está sostenido y penetrado por el misterio de ese Dios que es gracia, perdón y acogida para todas sus criaturas. Así nos lo revela Jesús.

José Antonio Pagola

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“Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas”. Domingo 16 de junio de 2024. Domingo 11º Ordinario

Domingo, 16 de junio de 2024

IMG_5310De Koinonia:

Ezequiel 17,22-24: Ensalzo lo árboles humildes.
Salmo responsorial: 91: Es bueno darte gracias, Señor.
2Corintios 5,6-10: En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor.
Marcos 4,26-34: Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”

Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.” Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

La gran virtud de las parábolas es la de superar los obstáculos más obvios e inmediatos del entendimiento. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose a su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal. Las palabras del profeta Ezequiel nos hablan del cedro, un árbol excepcional por su longevidad y por la calidad de su madera. Pablo nos hablará del cuerpo, como un domicilio provisional, y sin embargo imprescindible, para alcanzar una residencia permanente en un cuerpo resucitado.

El profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres áridas con cedros que se caracterizan por su tamaño excepcional, por la duración de su madera y por su singular belleza. El nuevo Israel será un rebrote joven plantado en lo alto de los montes de Judá; atrás quedaría la soberbia de la monarquía y todos los peligros de su desmesurada avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y su estirpe perdure como lo hacen los cedros que pueden llegar a durar dos mil años.

Las parábolas de Jesús, en cambio, no hablan desde la perspectiva de los árboles grandes, sino de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin derribar la casa ni secar las otras hortalizas. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.

La homilía podría orientarse también muy justificadamente, más que por esa línea bíblica, por la línea teológica: el tema del Reino, que es el protagonista de las parábolas de Jesús del evangelio de hoy. En realidad sabemos que el tema del Reino fue… la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Por que fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fe perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús nada hay más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él.

[Es importante recordar –sin marcar bien los contrastes históricos caemos en el riesgo de repetir los errores pasados- que el Reino era en realidad un ausente mayor en el cristianismo clásico, incluso en el cristianismo que los hoy día «mayores» aprendimos y vivimos antes del Concilio Vaticano II… En el último milenio de la Iglesia se dio lo que Teófilo Cabestrero denomina «el eclipse del Reino»: la Iglesia prácticamente lo desconoció. Empleaba la palabra, el término, pero confundiéndolo. Típica es la expresión de esta confusión en las palabras del P. Vilariño, jesuita español de principios del siglo XX que sintetizaba su definición de Reino de Dios en aquel triple nivel: el Reino de Dios es el cielo, porque allí es donde Dios puede reinar efectivamente; el Reino de Dios es la Iglesia, porque la Iglesia sería el Reino de Dios en la tierra…; y el Reino de Dios, en tercer lugar, sería la gracia santificante en las almas, pues por medio de ella Dios se hace presente y reina en nuestro interior… Ninguna de estas tres definiciones coincide con lo que el obsesionado Jesús tenía en mente cuando hablaba y soñaba y se exponía por el Reino de Dios…]

Hay que subrayar que el tema del Reino de Dios, su redescubrimiento, a partir de ese citado «eclipse del Reino», es sin duda el tema teológico que más ha transformado a la Iglesia –y a la eclesiología y a la teología toda-. Véase la descripción del «Reinocentrismo» (por ejemplo en el libro Espiritualidad de la Liberación, de Casaldáliga-Vigil, disponible en servicioskoinonia.org/biblioteca) para desarrollar el tema dela transformación de la teología y de la espiritualidad con el re-descubrimiento del tema jesuánico del Reino…

El Reinocentrismo significa la superación del eclesiocentrismo, que se instaló en la Iglesia bien pronto, en contra de la mentalidad de Jesús. Y no es una «nueva teología», sino el pensamiento mismo de Jesús… Leer más…

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16.6.24.El reino de Dios se parece…. ¿A qué se parece? Palabra de Jesús, parábolas

Domingo, 16 de junio de 2024

Jesús-y-sus-discípulos-Del blog de Xabier Pikaza:

Palabra viene de parábola, lenguaje simbólico y figurado, conversación abierta. No es lo ya dicho, sino lo que estamos diciendo, para niños, para ancianos, para pobres, para todos…  Nadie queda excluido. El Reino de Dios se parece, la vida es como…

¿Seguimos hablando, pensando, cantando?  ¿Me ayudáis y descubrimos juntos el sentido de la vida, sin excluir a nadie, sin pontificar sobre nada.

Hay siempre un lugar y un momento en el corro de las parábolas. Entremos hoy en la conversación de Jesús según el evangelio de Marcos.

No enseñaba de memoria, no daba lecciones. Se fijaba, escuchaba, proponía, matizaba, creando en la calle una escuela de vida.

Marcos 4,26-34 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”

Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.” Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Jesús, mesías de palabras…

              Jesús conocía el mensaje central de la Escritura, pero no se ha limitado a repetir sus argumentos ni ha discutido sus aplicaciones con otros rabinos, sino que   ha proclamado la llegada del  Reino (palabra de Dios) de un modo directo, entrando apelando a la conciencia de cada uno, desde el contexto de los campesinos y prescindibles de Galilea, expresando así la Palabra de Dios.

La sorpresa del pensamiento. Más allá de la lógica. Las parábolas son relatos breves, de carácter figurado, que nos introducen en la realidad desde una perspectiva imprevista, rompiendo el orden usual normal del pensamiento discursivo. Ellas expresan el poder creador del pensamiento, que es capaz de situarse de un modo paradójico ante el  misterio de la realidad (que es Dios).

Las parábolas se cuentan en formas distintas en  muchos pueblos y culturas, donde se vinculan con  enigmas y cuentos,  koan y las paradojas, con los poemas breves ylas adivinanzas,   apólogos y  alegorías y otras composiciones de la literatura oral más que de la escrita.

Tienen algo de juego y enigma, de curiosidad y eclosión imaginativa y han sido especialmente cultivadas en el mundo oriental y en el contexto de la Biblia, donde se afirma que Salomón, sabio por excelencia, fue autor de tres mil proverbios y de cien poemas (cf. 1 Rey 4, 32; cf. también Prov 1, 1; 10, 1; Eclo 1, 1; cf. 12, 9).

Normalmente, las mejores parábolas y enigmas de la Biblia no son obra de reyes, sino de personas que están fuera de las estructuras del poder, de manera que ellas pueden pensar más libremente y mostrar la otra cara de la realidad, rompiendo las redes del sistema. Entre los autores de parábolas antiguas podemos citar a Natán (2 Sam 12, 1-4), a la mujer sabia de Técoa (2 Sam 14, 2-7) o a Jotán, autor del apólogo famoso sobre el rey de los árboles (cf. Jc 9, 8-15).

Jesús, una puerta de parábolas que se abre

En el judaísmo del siglo I d. C. había otros narradores de parábolas, pero no conocemos a nadie que, entonces o después, se tuviera unos temas y modos de narrar como los haya podido comparar con Jesús, que no ha sido letrado de escuela o de corte, o escuela. P sino mensajero de un Reino (Palabra de revelación) cuyo impacto él ha descrito en forma de parábolas que ha proclamado en plazas y campos, para introducir a los  hombres y mujeres en el “mundo de la palabra”, que es mondo de sorpresa y comunicación.

 (1) Jesús ha creado parábolas de tierras y plantas, evocando el lago donde faenan los pescadores (Lc 5), el campo donde siembran los labriegos (Mc 4, Mt 13), de la semilla que crece por sí misma, y del grano de mostaza (Mc 4), o d el trigo y la cizaña que se mezclan das en la tierra (Mt 13), la de higuera estéril… (Mc 11).

 Jesús ha contado también parábolas que evocan trabajos y afanes: una mujer que amasa el pan con levadura (Mt 13) o que busca la moneda que ha perdido (Lc 15),; hay también un un comerciante experto en perlas finas (Mt 13), un agricultor acomodado que contrata jornaleros (Mt 20) y de un viñador y sus renteros (Mc 12).

 (3) Las parábolas de Jesús no son relatos ejemplares de piedad, sino llamadas de atención, ante la hora de Dios, es decir, ante la llegada del Reino con personajes ambiguos: administradores injustos (Mt 18; Lc 16), reyes crueles (Mt 22) o esposos desconsiderados (Mt 25), levitas y sacerdotes que abandonan al herido del camino (Lc 14). Ellas recogen así la vida real de los hombres y mujeres de su tiempo, situando ante esa misma vida el don y tarea del Reino.

En general, las parábolas evocan experiencias desconcertantes y en casi todas ellas late un rasgo que desconcierta, una paradoja que rompe los esquemas usuales de la vida: Un comerciante que vende su hacienda para comprar una fina perla (Mt 13, 45: ¿de qué vive después?), un padre que recibe y vuelve a dar sus bienes (anillo) al hijo pródigo que había dilapidado los bienes anteriores (Lc 15), un propietario  que envía   entrega a su hijo querido, sin armas ni defensa, poniéndole en manos de los duros viñadores que le matan (Mc 12), un sembrador que malgasta su semilla en el camino y entre zarzas (cf. Mt 4). Ellas evocan así la sorpresa de la vida, que nos sobrepasa y nos hace capaces de pensar de un modo distinto, en fidelidad a la tierra, sin un posible recurso a la evasión; pues bien, en ese trasfondo  presenta Jesús su mensaje de Reino.

Una tabla de parábolas.

Como he dicho, las parábolas sacuden al oyente y le capacitan para situarse de otro modo ante la realidad. Parecen hablar de un mas allá, como en el caso del rico Epulón (Lc 16) y del juicio del Hijo del Hombre (Mt 25), pero en realidad están hablando del más acá: El Epulón debe ayudar al pobre Lázaro, el rico ha de alimentar al hambriento, aquí y ahora, desplegando de esa forma el Reino. Jesús ha ido trazado así su itinerario de Reino, superando las seguridades oficiales y abriendo rutas desde la ley y el te felicidad y fidelidad. Éstas son algunas de sus parábolas, con las preguntas que suscitan (y con su paradoja): Leer más…

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El enigma, la mostaza y el cedro. Domingo 11. Ciclo B

Domingo, 16 de junio de 2024

IMG_5357Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En el evangelio del domingo pasado vimos cómo se formaba una pequeña comunidad en torno a Jesús: su familia, sus hermanos, sus hermanas y su madre. Inmediatamente después introduce Marcos una serie de parábolas contadas por Jesús. Algo que el lector esperaba desde hace tiempo, porque el evangelista ha insistido en que Jesús enseñaba, pero no decía qué enseñaba. De ese largo discurso (34 versículos), la liturgia ha elegido dos parábolas (una que solo se encuentra en Marcos, y la conocida del grano de mostaza) y el final del discurso.

El campesino y la tierra (1ª parábola)

En aquel tiempo decía Jesús a las turbas:

– El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

           Lo que dice la primera parábola parece una tontería: que el campesino siembra y luego se olvida de lo que ha sembrado hasta llegar el momento de la siega; la que trabaja es la tierra, es ella la que hace crecer los tallos, las espigas y el grano. Eso lo saben todos los galileos que escuchan a Jesús. ¿Dónde radica la novedad de esta parábola? En que Jesús compara la actividad del campesino con lo que ocurre en el reino de Dios. También aquí la semilla termina dando fruto sin que el campesino trabaje, mientras duerme.

Y entonces surgen los interrogantes: ¿quién es el campesino? ¿Es Jesús? No parece lógico, porque el campesino de la parábola no sabe lo que ocurre. ¿Son los apóstoles y misioneros que anuncian el evangelio, y éste da fruto, aunque ellos no se den cuenta? ¿Quién es la tierra? ¿Es cada cristiano, en el que la semilla va dando fruto mientras el que ha sembrado duerme?

La explicación hay que buscarla en otra línea: la parábola habla del proceso misterioso por el que crece el reino de Dios, la comunidad cristiana, semejante al de la simiente que crece sin que el campesino intervenga ni se dé cuenta. Cuando uno piensa en la forma misteriosa en que la simiente plantada por Jesús y sus discípulos en una región remota y sin importancia del imperio romano ha terminado produciendo fruto en todos los países del mundo, el sentido de la parábola resulta más claro. Es una invitación a confiar en la acción misteriosa de Dios en la iglesia y en cada uno de nosotros, renunciando a considerarnos los protagonistas de la historia, y a pensar que todo depende de lo que hacemos.

Sin embargo, parece que la parábola resultó demasiado extraña y difícil de entender, y quizá por eso Mateo y Lucas (por motivos pastorales, como ahora se dice) no la copiaron.

La mostaza y el cedro (2ª parábola y lectura de Ezequiel)

Dijo también:

– ¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas. Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

       La segunda comparación es más clara y de enorme actualidad, sobre todo en muchos países occidentales, donde el cristianismo parece andar de capa caída. Jesús compara a la comunidad cristiana, el reino de Dios en la tierra, con la semilla de mostaza; algo diminuto, pero que, al cabo del tiempo, se convierte en árbol y puede acoger a los pájaros del cielo. No hay que desanimarse si la iglesia es un arbolito pequeño, poco mayor que las hortalizas.

          Quien conoce el Antiguo Testamento, advierte que esta parábola recoge una comparación de Ezequiel modificándola radicalmente. Este profeta se dirige a los judíos de su tiempo, desanimados por tantas desgracias políticas, económicas y religiosas. Para infundirles esperanza, compara al pueblo con un árbol. Pero no con el modesto arbolito de la mostaza, sino con un majestuoso cedro, del que Dios arranca un esqueje para plantarlo «en un monte elevado, en la montaña más alta de Israel».

Esto dice el Señor Dios:

– Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas.

        Todo es grandioso en Ezequiel; en el evangelio, todo es modesto. Pero el resultado es el mismo; en ambos árboles pueden anidar los pájaros. La comparación de Ezequiel recuerda la imagen de una iglesia universal dominante, grandiosa, respetada y admirada por todos. La de Jesús, una comunidad modesta, sin grandes pretensiones, pero alegre de poder acoger a quien la necesite.

         En resumen, las dos parábolas se complementan. La primera habla del crecimiento misterioso del reino; la segunda advierte que, a pesar de su crecimiento, no debemos esperar que se convierta en algo grandioso. Pero, aunque sea modesto como el arbolito de la mostaza, podrá cumplir su misión de acoger a los pájaros del cielo

Final del discurso (Mc 4,33-34)

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

           Marcos ha querido cerrar su discurso con una nota sobre el modo de enseñar de Jesús, sin caer en la cuenta de que se contradice. Comienza diciendo que hablaba en parábolas para acomodarse al entender de su auditorio. Pero la gente no debía de entenderlas, porque sus discípulos tenían necesidad de que se las explicara en privado. Podemos decir, resumiendo mucho, que Jesús utilizaba dos tipos de parábolas: las muy fáciles de entender (hijo pródigo, buen samaritano…) y las que pretendían que la gente pensase; si ni siquiera los discípulos encontraban la respuesta, él se la explicaba (estas son la mayoría).

El destierro y la patria (2 Corintios 5,6-10)

El tiempo ordinario nos devuelve también a la problemática realidad de la segunda lectura, sin relación con la primera ni con el evangelio. Un inciso que dificulta más que ayuda. Eso no significa que no contenga mensajes importantes.

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Este breve fragmento de la segunda carta a los Corintios nos permite conocer los sentimientos más íntimos de Pablo. La conversión supuso para él un cambio radical con respecto a la persona de Jesús. De perseguirlo pasó a estar tan entusiasmado con él que, por su gusto, preferiría morir para estar con el Señor. Su situación le recuerda a la de tantos contemporáneos suyos, que por motivos políticos eran desterrados, lejos de Roma o de otra ciudad importante. Él también se siente desterrado, lejos del Señor. Y le gustaría morir, porque sólo con la muerte se puede volver a la verdadera patria y estar cerca del Señor. (Siglos más tarde santa Teresa diría algo parecido: «Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero que muero porque no muero».) Pero Pablo acepta la realidad. En el destierro o en la patria, debemos esforzarnos por agradar a Dios.

«Es bueno darte gracias, Señor» (Salmo 91)

         Tanto si la semilla germina y da fruto en cada uno de nosotros o en toda la Iglesia, la respuesta al evangelio debe ser la acción de gracias. El salmo usa también una imagen vegetal, aunque no habla del cedro ni de la mostaza, sino de la palmera. Como ella, el justo «en la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso».

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Domingo XI del Tiempo Ordinario. 16 de junio de 2024

Domingo, 16 de junio de 2024

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“A sus discípulos se lo explicaba todo en privado”

(Mc 4, 26-34)

Al abrir la biblia por la cita de hoy lo primero que leemos es este enunciado: Parábola del grano que crece por sí sólo. El subconsciente de cada cual es muy peculiar pero si el tuyo es de los que saltan disparados para protestar, no tardará en salirte un “¡sí, claro!”. Vamos, que no te parece muy convincente eso de que crezca por sí sólo.

Pues bien, ¿cuántas veces has escuchado o leído que nos tenemos que hacer como niños? Con esta, una más.

Si jugando con un niño haces que, por ejemplo, un muñeco le hable, en un primer momento se sorprenderá pero acto seguido te dirá “has sido tú”. Reconoce que alguien mayor que él ha hecho que el muñeco le hable. Luego, agradecido, incluso él imitará ese gesto que le acabas de enseñar y lo hará con otros niños.

Algo así podríamos hacer en nuestra cotidianidad. No me refiero a hacer cosas extraordinarias y ponernos medallas, qué va, aunque nos encanta. Me refiero a la actitud del niño: sorprendernos con lo que ocurre en el momento presente, es decir, estar despiertas y atentas al ahora, reconocer que lo que vivimos no es mérito nuestro sino que nos viene de Dios, alguien infinitamente más grande que nosotras, y así, llenas de gratitud, imitar entre las demás ese pequeño gesto que nos ha hecho sonreír.

Verás que así el grano sí que crece por sí sólo. Con gratitud y pequeños gestos. Una vez que una hermana acababa de sembrar unas semillas, una noche al acostarse se acordó que no las había regado y un rato después escuchó que comenzaba a llover. Dijo “gracias, Señor, por encargarte tú de regar ahora”… y vaya si crecieron.

Oración

Jesús de Nazaret, Maestro, no dejes de enseñarnos en el Silencio. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La semilla, como Vida que es, crece desde dentro.

Domingo, 16 de junio de 2024

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Mc 4,26-34

Más que parábolas son dos ejemplos simples que todo el mundo podía comprender. Con ellos Jesús intenta comunicar a los demás lo que está pasando en lo más hondo de su ser. El Reino de los cielos no se parece a nada, está más allá de todo lo que podemos comprender. En cada ser humano es una Realidad distinta e intransferible, solo el lenguaje simbólico puede apuntar a esa Realidad escurridiza. Si es única en cada uno, la manera de manifestarse también será siempre diferente. No cabe la programación.

Todos los exégetas están de acuerdo en que el “Reino de Dios” es el centro de la predicación de Jesús. Lo difícil es concretar en que consiste esa realidad tan escurridiza. La verdad es que no se puede concretar, porque no es nada concreto. Tal vez por eso encontramos en los evangelios tantos apuntes desconcertantes sobre esa misteriosa realidad. Sobre todo en parábolas que nos van indicando distintas perspectivas para que vayamos intuyendo lo que puede esconderse en esa expresión tan simple.

Podíamos decir que es un ámbito que abarca a la vez materia y espíritu. Todo el follón que se armó el primer cristianismo a la hora de concretar la figura de Jesús, nos lo armamos nosotros a la hora de definir que significa ser cristiano. El Reino es a la vez, una realidad divina que ya está en cada uno de nosotros y una realidad humana, terrena que se tiene que manifestar en nuestra existencia de cada día. Ni es Dios en sí mismo ni se puede identificar con ninguna situación política, social o religiosa.

Las parábolas no se pueden expli­car. Solo una actitud vital adecuada puede ser la respuesta a cada una. Como nuestra actitud espiritual va cambiando, la parábola me va diciendo cosas distintas a medida que avanzo en mi camino. Tampoco las dos parábolas de hoy necesitan aclaración alguna. Todos sabemos lo que es una semilla y como se desarrolla. Si acaso, recordar que la semilla de mostaza es tan pequeña que es casi imperceptible a simple vista. Por eso es tan adecuada para precisar la fuerza del Reino.

El crecimiento de la planta no es consecuencia de una acción externa sino consecuencia de una evolución de los elementos que ya estaban en ella. Este aspecto es muy importante, por dos razones: 1ª porque nos advierte de que lo importante no viene de fuera; 2ª porque nos obliga a aceptar que no es algo estático sino un proceso que no tiene fin, porque su meta es el mismo Dios. El Reino, que es Dios, está ya ahí, en cada uno y en todos a la vez. Nuestra tarea no es producir el Reino, sino hacerlo visible.

Tampoco podemos pensar en una meta preconcebida. Desde lo que cada uno es en el núcleo de su ser, debe desplegar todas las posibilidades sin pretender saber de antemano a donde le llevará la experiencia de vivir esa Realidad que nos desborda. En la vida espiritual es ruinoso el prefijar metas. Se trata de desplegar una Vida y como tal, es imprevisible, porque es respuesta interna incontrolable. No pretendas ninguna meta, simplemente camina. La fuerza que necesitas para caminar ya está en ti.

En cada una de las dos parábolas se quiere destacar un aspecto de esa realidad potencial dentro de cada semilla. En la semilla se quiere destacar su vitalidad, es decir, la potencia interna que tiene para desarrollarse por sí misma. En el grano de mostaza se quiere destacar la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la planta que de ella surge. Parece imposible que de una semilla apenas perceptible surja, en muy poco tiempo, una planta de gran porte, donde pueden hacer su nido las aves.

En una religión que tenía verdadera obsesión por controlarlo todo, Jesús propone una total autonomía de la fuerza del Reino. La semilla crece sin que sepamos cómo. El afán de controlarlo todo, hasta los últimos detalles, arruina la energía de la semilla que la puede hacer crecer. La fuerza viene de la propia semilla que la desplegará en cuanto encuentre las condiciones adecuadas. La Iglesia pretende que pongamos toda nuestra confianza en las normas, los ritos y las verdades dogmáticas, olvidando lo esencial.

En una sociedad en que se valoraba el poder por encima de todo, Jesús da a entender que hay una Realidad que se muestra en lo infinitamente pequeño. El Reino que es Dios se manifiesta siempre, no a través del dominio sino a través del servicio. Jesús nos invita a ver la presencia de Dios en la insignificancia de todo ser humano. Dios no se manifiesta en lo grandioso sino en lo más pequeño. Como Iglesia y como individuos debemos recuperar esta manera de ver el mundo si queremos ser fieles a Jesús.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos si, de verdad, hemos descubierto y aceptado el Reino de Dios y si lo hemos rodeado de unas condiciones mínimas indispensables para que pueda desplegar su propia energía. Si no se ha desarrollado, la culpa no será de la semilla, sino nuestra. La semilla se desarrolla por sí sola, pero necesita humedad, luz, temperatura y nutrientes para poder desplegar su vitalidad latente. La semilla con su fuerza está en cada uno, solo espera una oportunidad.

No somos nosotros los que desarrollamos el Reino. Es el Reino quien se desarrolla en nosotros. Incluso los que tenemos como tarea hacer que el Reino se desarrolle en los demás, olvidamos ese dato fundamental. No tenemos paciencia para dejar tranquila la semilla, o intentamos tirar de la plantita en cuanto asoma y en vez de ayudarla a crecer la desarraigamos, o la damos por perdida antes de que haya tenido tiempo de germinar.

Puede frustrarnos el ansia de producir fruto sin haber pasado por las etapas de crecer como tallo, luego la espiga y por fin el fruto. La vida espiritual tiene su ritmo y hay que procurar seguir los pasos por su orden. La mayoría de las veces nos desanimamos porque no vemos inmediatamente los frutos. Cada paso que demos es un logro y en él ya podemos apreciar el fruto. Si tomas conciencia de tu verdadero ser, estás en camino.

El Reino está en nosotros como semilla que está sembrada en cada uno de nosotros. Es la realidad espiri­tual que está más allá del tiempo y del espacio. Está a la vez en todas partes y siempre. Si soy consciente de esa Realidad lo descubriremos mirando las obras. Si mi relación con los demás es adecuada a mi verdadero ser, demostrará que el Reino está en mí. Si es inadecuada, demostrará que el Reino no se ha desarrollado.

Jesús experimentó dentro de sí mismo esa Realidad y la manifestó en su vida. Toda su predicación consistió en proclamar esa posibilidad. El Reino de Dios está dentro de nosotros, pero puede que no lo hayamos descubierto. Jesús hace referencia a esa Realidad. Creo que, aún hoy, nos empeñamos en identifi­car el Reino de Dios con situaciones externas. La lucha por el Reino tiene que hacerse dentro de nosotros mismos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Las Parábolas

Domingo, 16 de junio de 2024

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Mc 4, 26-35

«Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas»

Imaginemos a Jesús sentado en una roca de la loma de un monte contando historias sencillas a la gente para hablarles de Dios y del Reino: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios» …  Enfrente, acomodados como pueden en la irregularidad del terreno, vemos gran número de personas que le siguen a todas partes y hasta se olvidan de comer por escucharle; que están entusiasmadas, pues les habla de Dios con cosas sencillas y en un lenguaje tan asequible que todos le entienden. Además, Jesús les abre una puerta a la esperanza que los letrados y fariseos mantenían cerrada, porque el Dios que predica no los rechaza por sus pecados, sino que los acoge: es como una Madre, no como un Juez…

Algunos especialistas dicen que las parábolas, tal y como las recoge el evangelio, son invento de Jesús; que las parábolas del Antiguo Testamento son más bien alegorías cuyo estilo no se puede equiparar al suyo. En cualquier caso, no cabe duda de que les hablaba en parábolas y que si las ignoramos (o las infravaloramos) nos quedamos sin mensaje. Son tan importantes para entender al Dios de Jesús y el Reino, que me van a permitir enunciarlas juntas para hacernos una idea de conjunto de la propuesta de vida que encierran.

“El sembrador”: Dios siembra a voleo la semilla de la Palabra para que llegue a todos, y cuando cae en buena tierra, da el ciento por uno… “La cizaña”: No habla de buenos y malos, sino de que el bien y el mal conviven en el interior de cada uno de nosotros… “La red”:bastante parecida a la anterior, añadiendo, quizá, que el ser humano no está capacitado para juzgar la bondad o maldad de los actos ajenos… “El grano que crece solo”: La semilla no es nuestra; nosotros no la hacemos germinar; lo nuestro es preparar el campo para que la semilla pueda germinar en nosotros… “El grano de mostaza”: Es un acto de fe en la fuerza imparable del Reino que acabará fertilizándolo todo allí donde caiga… “La levadura”: el Reino no crece por la fuerza del poder o el poder del dinero, sino desde dentro, en silencio…

“El tesoro”: Quien lo encuentra lo vende todo, pero lo hace lleno de alegría porque lo demás ha dejado de tener importancia para él; ya sólo le interesa el tesoro que ha encontrado… “Los talentos”: Los hemos recibido para que den fruto, no para quedárnoslos… “El fariseo y el publicano”: Complementaria de la anterior; no basta con dar gracias por los talentos recibidos, hay que ponerlos a trabajar por el Reino… “El administrador infiel”: ¡Hay si fueseis tan listos para las cosas de Dios como para las cosas de este mundo!… “Epulón y Lázaro”: Si estáis poseídos por el dinero, no se os ablandará el corazón aunque resucite un muerto…

Pero entre ellas podemos destacar cinco “cumbres” que nos ayudan especialmente a conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos. “La oveja perdida”: Todos somos importantes a los ojos de Dios, pero más importantes cuanto más necesitados; como ocurre con las madres… “El hijo pródigo”: El hijo pequeño creía que iba a estar mejor lejos de la casa de su padre. El padre sale todas las tardes a esperarle, y cuando le ve aparecer lleno de miseria, no sólo le acoge por caridad, sino que le restituye inmediatamente a su condición de hijo… “Los obreros de la hora undécima”: Vivimos en el mundo de la justicia, pero Jesús nos invita a dar el salto al mundo del amor; nos invita a pensar como Dios… “El buen samaritano”: De nada les sirve al sacerdote y al levita su condición sagrada; Jesús pone como ejemplo al hereje despreciado que se detiene a socorrer al herido… “El juicio final”: Venid benditos de mi Padre… porque a mí me lo hicisteis…

No podemos terminar sin hacer mención a las innumerables “expresiones parabólicas” de las que se vale Jesús a lo largo de su vida. La sal de la Tierra y la luz del mundo… Hacerse como niños… Ser esclavo de todos… La senda estrecha… Poner la otra mejilla…  El vino nuevo y los odres viejos… El camello y el ojo de la aguja… Edificar sobre roca… Tomar la cruz… La higuera estéril… La viga y la paja… Colar el mosquito y tragarse el camello… El agua… El grano de trigo… El médico…

Jesús hizo la mejor teología contando cuentos sencillos a gente sencilla. Pero, entre todas sus parábolas, podemos sin duda destacar una genial y definitiva: Abbá

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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La fuerza de lo oculto.

Domingo, 16 de junio de 2024

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16 de junio de 2024

El evangelio de este domingo propone dos parábolas muy sugerentes que nos revelan aspectos esenciales sobre cómo se manifiesta el reinado de Dios en nuestra vida. Jesús prefiere anunciar con parábolas la realidad del reinado de Dios como pedagogía para comprender mejor su mensaje. No es un lenguaje inventado por Jesús, ya los rabinos usaban las parábolas para explicar algún punto de la doctrina o sentido de algún pasaje de la Escritura. La diferencia es que Jesús convierte las mismas parábolas en enseñanza para hacer que el oyente se sumerja en ella y conecte con la misma esencia de su mensaje y no con su literatura.

Estas parábolas se encuadran en el capítulo 4 del evangelio de Marcos, cuyo objetivo es “enseñar” en qué consiste la novedad del mensaje de Jesús con respecto al judaísmo. Es un capítulo especial en cuanto a la palabra pronunciada por Jesús ya que parece que es en el que más habla; su palabra se va convirtiendo en una provocación para situarse ante un Dios que va liberando la religión de lo que no es esencial.

A través de escenas comprensibles de la vida ordinaria, pretende revelar lo incomprensible para movilizar a muchas mentes llenas de prejuicios, ideas prestadas, patrones esclavizantes, dogmatizados y, en algunas ocasiones, rígidos. Jesús no entra en dialécticas teológicas y metafísicas para mostrar y demostrar su verdad, sino que utiliza un método más sereno, sin agresividad y despertando reacción interna en los oyentes, aun reconociendo la realidad de sus destinatarios.

Comienza el relato con una comparación, en boca de Jesús, no para explicar teológicamente lo que es el Reino sino cómo actúa en lo profundo del ser humano. No es casual que lo compare con una semilla que crece por sí sola, un crecimiento que no podemos controlar ni manipular porque pertenece a otro plano. Esta es la primera línea discontinua con respecto al judaísmo radical de entonces y a ese mismo judaísmo, casi inconsciente, que puede seguir presente hoy en nuestra manera de vivir la fe.

Con esta comparación pone de manifiesto que “lo de Dios” es un dinamismo que se escapa a nuestra percepción racional necesitada de cuantificar, sumar, restar, ampliar, clasificar, controlar… El reinado de Dios pertenece a otras categorías porque es un dinamismo que necesita de nuestra percepción espiritual. No se trata tanto de comprender sino de conectar con esta corriente que trasciende nuestra existencia y que es su mismo origen. El reinado de Dios, por tanto, no es un lugar, no ocupa espacio, no tiene tiempo, ni volumen, ni es reservado para aquellos que cumplen fielmente todo cuanto hay que hacer para “salvarse”. No es una conquista que llega por nuestros méritos, no es un premio, ni propiedad de una élite elegida.

El reinado de Dios es el mismo dinamismo divino que se manifiesta en lo humano que, en nuestra existencia, coge volumen, espacio, tiempo y presencia a través de nuestra humanidad. Jesús no lo puede explicar mejor: es una semilla que crece por sí sola, imperceptible, pero pujante, como potencia transformadora, primero como raíz, a través de la que fluye la verdadera naturaleza que somos.

Sería interesante que viviéramos con más conexión a este grano de mostaza, oculto a nuestros sentidos, revelado a nuestra conciencia interior, y que nos hace ser ramas tan grandes que a su sombra anidan los pájaros. Este es el verdadero signo del reinado de Dios: cuando hacemos presente nuestra capacidad de comunión con el género humano a través del respeto a la dignidad de todo cuanto existe. Lo demás se dará por añadidura.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

Mari Fe Ramos

Fuente Fe Adulta

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La vida, proceso inteligente y autodirigido

Domingo, 16 de junio de 2024

IMG_5374Domingo XI del Tiempo Ordinario

16 junio 2024

Mc 4, 26-34

Desde una lectura mental, la vida suele verse como “algo” que aparece en un momento determinado, fruto del azar para unos o creada por un dios para otros. En la misma línea, refiriéndonos ya a nosotros mismos, la vida se ve como “algo” que tenemos y que un día habremos de perder.

Al ser esta una lectura típicamente mental, es la que maneja la biología en particular y la ciencia en general, así como la que pervive en el imaginario colectivo. Sin embargo, a poquito que seamos capaces, no de pensarla, sino de atenderla y de contemplarla, podremos advertir que, más allá de aquella impresión, la vida es un proceso inteligente y autodirigido, en constante despliegue. No necesita de “alguien” que, desde el exterior, la cree: ella misma es eterna, el núcleo y la fuente de todo lo que es.

Una semilla -por retomar la parábola de Jesús- sabe lo que tiene que hacer para llegar a ser la planta que ella misma contiene. Ese es el modo de desplegarse de la propia vida. En cuanto proceso inteligente, vida y consciencia resultan términos equivalentes para nombrar la realidad originaria, de la que todo sin excepción está hecho. Todo es vida -todo es consciencia- que, en cada ser, se manifiesta en una forma concreta impermanente y transitoria.

Más allá de la “persona” en la que nos estamos experimentando, somos vida. Y podemos comprobarlo cuando, acallada la mente, en lugar de pensarnos -el pensamiento, por su propia naturaleza, reduce todo a objeto delimitado-, nos atendemos, apreciamos que no hay distancia ni diferencia entre la vida y nosotros, sino que, en nuestra identidad profunda, somos Vida.

La conclusión es clara: si la Vida es un proceso inteligente y autodirigido, la actitud acertada consiste en vivir diciendo sí a lo que la vida nos trae. No desde una resignación fatalista -la resignación es lo opuesto a la aceptación-, sino desde una aceptación lúcida que comprende el fondo de lo real.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol, (Martin Luher King.)

Domingo, 16 de junio de 2024

IMG_5407Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. HACIA EL FIN DE CURSO.

Mediado ya el mes de junio es el tiempo de fin de curso, por otra parte y en muchas partes es el momento de la siega, de la cosecha del trigo, del cereal… Tiempo de cosechar.

Las lecturas de hoy están llenas de vida:

+ El profeta Ezequiel nos habla de ramas tiernas, cedros altos, palmeras, brotes tiernos, árboles que florecen…

+ El salmo que hemos rezado, 126, nos llena de esperanza: al ir iban llorando llevando la semilla, al volver vuelven cantando trayendo las gavillas.

+ Jesús en el evangelio nos habla de semillas pequeñas que crecen, trigo, el grano de mostaza se convierte en un gran árbol…

Jesús compara el Reino de los cielos a la semilla humilde pero llena de vida que poco a poco, calladamente va creciendo, creando vida.

La semilla del Reino de Dios está ya en el surco de la historia humana. Poco a poco irá creciendo. Tengamos fe y esperanza.

02. LA HUMILDE SEMILLA.

La sociedad industrial nos ha hecho olvidar y desconocer el mundo rural, la estima y el valor de la semilla, de la siembra, de la cosecha…

Por otra parte, ha cambiado mucho el estilo de vida y la calma, la paciencia, la espera que requiere la semilla y la espiga, el tiempo sereno de dejar que la naturaleza, el día, la noche, la lluvia, el sol, la tierra hagan su tarea “vital”.

Sería interesante que recordáramos el sosiego del tiempo en la cultura rural, en el mundo rural: las estaciones de año: la quietud del invierno, el duro trabajo de la siega en verano – otoño. El día estaba regulado por el sol, por el ángelus, las campanadas, las fiestas se celebraban con gozo e intensidad. Se vivía al ritmo de la naturaleza. Había que saber esperar… Todo tiene su tiempo (Eclesiastés).

Todo eso nos es ya desconocido y las prisas, la ansiedad, el stress regulan nuestra vida. Escribía el neurólogo y psiquiatra V. Frankl que la prisa y el continuo movimiento, el stress es como una “falsa” automedicación ante la ansiedad.

Las prisas y eficacias, la impaciencia no sirven en estas cosas de la vida.

Seguramente hemos visto la película “Campeones”. En una escena de aquel equipo de baloncesto de chicos y chicas con síndrome de Down, uno de ellos se queda un tanto bloqueado. El entrenador se exaspera y otro muchacho del equipo le dice: “hay que esperar”. ¿Esperar a qué? A que vuelva…

No tengamos prisas en las cuestiones educativas, (cuesta mucho tiempo que el grano de trigo vuelva a ser espiga, cuesta mucha dedicación, trabajo y, a veces, sufrimiento, educar un niño, un adolescente).

Es inútil que tiremos de la espiga, de la planta, porque no va a crecer ni antes, ni mejor y, con toda seguridad la vamos a romper y destrozar.

En otro orden de cosas, no tengamos urgencias morales, ni precipitaciones en las conversiones, en los cambios personales, sociales, políticos, teológicos, pastorales, etc., porque nos puede invadir la ansiedad, y la ansiedad puede generar miedo y angustia, lo cual puede llevarnos a pretender solucionar las cosas con una insaciable prisa y avidez de poder, de placer, etc.

Por otra parte el grano de trigo, un grano de mostaza son semillas humildes, pequeñas, pero llenas de vida. La semilla es paciente, callada, pero va creciendo poco a poco: duermas o veles, de día o de noche, la semilla sigue creciendo, desarrollando toda su vitalidad.

El crecimiento de la semilla no depende -al menos no totalmente- del trabajo humano, de los esfuerzos humanos. La semilla está llena de vida en sí misma y sigue creciendo aun cuando estemos dormidos.

03. SEMBRAR ES UNA TAREA SENCILLA PERO MUY NOBLE.

Sembrar es en todos los sentidos una tarea noble.

¿Quizás hoy sembramos poco?

SOCIALIZACIÓN

No me refiero al orden político, sino que en el mundo de la pedagogía, en el ámbito de la familia y de la educación por socialización se entiende la transmisión de lo que para nosotros (para un pueblo, para una sociedad) es bueno y valioso: comunicar la cultura en la que vivimos: desde el o los idiomas y la alimentación, hasta las fiestas, las costumbres, las tradiciones, los mitos, la fe, las normas de vida, la esperanza, etc…

Todo pueblo, toda sociedad tiene la obligación de transmitir a las siguientes generaciones lo que para ella es valioso.

Hoy transmitimos poco, sembramos poco, quizás porque para muchos padres -para la sociedad- ya no son valiosos y buenos los criterios y valores que configuraron la existencia en otros tiempos. (Quizás por eso se ha establecido como un “puente” y educan más los abuelos que los padres (¿)).

Sembrar es una tarea noble. Salió el sembrador a sembrar su semilla (Mt 13). Podríamos decir que vivir hasta cierto punto es sembrar.

04. SEMBRAMOS PORQUE ESPERAMOS LA COSECHA.

(CALMA Y PACIENCIA Y ESPERANZA).

Los que todavía conocimos y vivimos, al menos en la infancia, el mundo rural sabemos que cuando el labrador sembraba el trigo en otoño lo hacía lleno de esperanza. No tiene sentido sembrar si no esperas recoger. Cuando uno siembra es porque espera la cosecha y hay que esperar (esperanza) con calma y paciencia.

Sembrar es una tarea muy noble: sembrar vida. En muchas ocasiones sembrar es duro, difícil, sobre todo cuando no se ven ni se intuyen frutos. A veces hemos de hacer nuestro el salmo 126 que hemos rezado:

Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla;

al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.

Sembrar es un acto -una actitud- de esperanza. El labrador que siembra en otoño espera recoger en verano.

La cosecha será el momento de la alegría, de la plenitud, la siembra se hace con esfuerzo.

Si supiera que el mundo se acaba mañana,

yo, hoy todavía, plantaría un árbol, (Martin Luher King.)

07. LA ESPIGA Y EL ÁRBOL SON UN CANTO A LA SEMILL

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“ El reinado de Dios es gratuidad”, por Consuelo Vélez

Domingo, 16 de junio de 2024

IMG_5439De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del domingo XI del Tiempo Ordinario 16-06-2024

El reino necesita nuestra acogida, pero es iniciativa divina que supera cualquier expectativa humana

La actitud que se nos pide es esa confianza infinita en el don que Jesús nos trae

Lo pequeño se puede hacer grande no porque nuestras fuerzas sean suficientes sino porque seguimos confiando en la fuerza de Dios que sostiene nuestra vida y nuestro compromiso

En esta escuela del discipulado se alimenta la esperanza, se mantiene la fe, se practica el amor

Decía también: El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra, y se acuesta y se levanta, de noche y de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga. Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega. También decía: ¿A qué compararemos el reino de Dios, o con qué parábola lo describiremos? Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es más pequeño que todas las semillas que hay en la tierra, sin embargo, cuando es sembrado, crece y llega a ser más grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra. Con muchas parábolas como éstas les hablaba la palabra, según podían oírla; y sin parábolas no les hablaba, sino que lo explicaba todo en privado a sus propios discípulos. (Marcos 4, 26-34).

El evangelio de hoy trae dos comparaciones campesinas para hablarnos del reino de Dios. Es el mismo Jesús quien usa el género literario “parábola” para darnos a entender la buena noticia que nos trae. El reinado de Dios no puede definirse con categorías precisas porque no es una teoría sino una vida, no puede plantearse en su totalidad porque no es algo dado sino un dinamismo en construcción. La primera parábola toma como protagonista el proceso de crecimiento de las semillas. Aunque es sembrada por un hombre, el grano tiene su propio dinamismo y crece y da fruto, independiente del cuidado de quien lo sembró. Los campesinos podrían afirmar que muchas veces la tierra es capaz de dar mucho fruto, aunque las condiciones no parezcan ideales. Tantas flores que nacen en medio del cemento, tantos frutos en medio de la maleza. Sin embargo, una cosecha excelente necesita del cuidado del sembrador. Pero en esta parábola el sembrador es Dios mismo. Es decir, el reino necesita nuestra acogida, pero es iniciativa divina que supera cualquier expectativa humana. Como toda parábola, no pretende decir todo sobre el reino, sino enfatizar en un aspecto. En este caso: la gratuidad del reino, la inconmensurable misericordia de Dios. La actitud que se nos pide es esa confianza infinita en el don que Jesús nos trae.

La siguiente parábola es la del grano de mostaza. Aquí el énfasis está puesto en lo imposible que se hace posible. Si el grano de mostaza es tan pequeño, por la gracia de Dios puede llegar a ser una planta tan grande que anidan los pájaros en ella. Podríamos remitirnos, aunque no está en el evangelio de Marcos sino en el de Lucas, a las palabras del Magnificat: “Derribó del trono a los poderosos y ensalzó a los humildes, a los hambrientos los colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada” (1, 52-53). Estas palabras parecen imposibles de hacerlas realidad, más aún, si miramos la injusticia social que marca nuestras sociedades, la dificultad para llevar adelante políticas sociales para garantizar la vida digna para todos. Ahora bien, justamente esta es la propuesta del evangelio: incluir a los excluidos, garantizar la vida digna para todos, mostrar la igualdad fundamental de todos los seres humanos por ser creados a imagen y semejanza de Dios. A pesar de las dificultades son muchos los cambios alcanzados, muchos los derechos ganados, bastantes las transformaciones logradas a lo largo de la historia. Escuchar esta parábola es fuerza para los que seguimos este camino. Lo pequeño se puede hacer grande no porque nuestras fuerzas sean suficientes sino porque seguimos confiando en la fuerza de Dios que sostiene nuestra vida y nuestro compromiso.

Termina el pasaje de hoy hablando de la enseñanza que Jesús da a sus discípulos en privado. Esto no significa que Jesús haga grupos de selectos excluyendo a los demás. Significa lo que dijimos el domingo pasado: el discipulado que se va formando en torno a Jesús, está representado en los de la casa, en los que escuchan la palabra de Dios, en los que la llevan a la prácticaEn esta escuela del discipulado se alimenta la esperanza, se mantiene la fe, se practica el amor. Escuchemos, entonces, con atención al maestro para entender en que consiste el reino y dar un testimonio coherente con ello.

(Foto tomada de: https://argumentaciones.blogspot.com/2015/06/parabolas-de-la-semilla-y-del-grano-de.html)

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Sol y sombra

Sábado, 15 de junio de 2024

Del blog Nova Bella:

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Salí hacia la luz del sol,

encontrándome con mi sombra.

*

William Faulkner

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Lo suyo no es cristianismo”, por Carlos Osma.

Sábado, 15 de junio de 2024

IMG_5201De su blog Homoprotestantes:

Sigue sorprendiéndome que, incluso personas que se definen como progresistas, cuando se habla de inclusión de las personas queer dentro de las comunidades cristianas, continúan poniendo el foco en nosotras, en las personas queer: ¿deben ser expulsadas de la comunidad?, ¿les dejamos quedarse si se mantienen célibes?, ¿mejor que no digan nada y pasen desapercibidas?, ¿demostramos nuestro amor cisheteronormativo -al que llamamos evangelio- permitiéndoles que vivan en pareja para que no sean promiscuas?, ¿las casamos porque somos buenos?, ¿les dejamos que sean pastoras porque somos progres? Debates, enfrentamientos, que son solo una muestra de queerfobia, por un lado, e incapacidad de dejar de imponer el obligo cisheteronormativo como centro del evangelio.

Tengo que decir que muchas veces, en esta falacia de reflexión cristiana, encontramos también a personas queer que no se han dado cuenta de que lo único que están haciendo es vender su primogenitura por un plato de lentejas -que en nuestra sociedad sería hoy algo así como aceptación, dinero, un cargo, o algún tipo de reconocimiento-. Pero bueno, vivir durante años encerrado en un armario, más que anhelo de libertad y justicia, a algunes les ha llevado a desear meterse en un tubo de ensayo para que pseudoteólogos, o teólogos con todas las letras y reconocimiento, vayan haciendo pruebas con elles para saber hasta qué punto están dispuestas a rebajarse, a vender su dignidad, a aguantar lo que les echen en nombre de Dios. Del sadocristianismo ya he hablado en otras ocasiones, así que -en este punto- no me voy a repetir.

Y mientras se habla y se habla de nosotres, de nuestros cuerpos deformes, nuestros deseos aberrantes, nuestras familias disfuncionales, nuestro amor defectuoso; las comunidades cristianas se van llenando de personas cada vez más intolerantes, ignorantes -y no me refiero al no saber, sino a esa imposición del no saber al resto como palabra de Dios- incapaces de una mínima empatía, y mucho menos de autocrítica. Personas que se esconden en comunidades cristianas para tratar de escapar de un mundo que no entienden -y que no tienen intención de tratar de entender-, y autodefiniéndose como marginadas por una sociedad que cada vez es más crítica con el odio que ocultan tras su Dios. Y se esconden detrás del cristianismo como lo hacen detrás de Vox, o de cualquier partido ultra que les dé seguridad. Aunque tengan un color de piel, un género, un origen, una clase social, o incluso una orientación sexual, que esos partidos insultan todos los días. Al final sí, no sé cómo lo he hecho, me he repetido con lo del sadocristianismo, que evidentemente no es monopolio queer, nosotres somos simples aprendices.

Con nuestros polvos, con la manera en la que miramos a la vecina de enfrente por la ventana del baño mientras nos hacemos una trenza, con la forma en la que nos vestimos, o incluso con cómo nos nombramos seguimos haciendo ricas a muchas cristianas. Mueve tanto dinero en el amoroso mundo evangélico la transfobia, la lesbofobia, o los mensajes de odio hacia nuestras familias. ¡Se forran con nosotras! ¿Quién en su sano juicio se comería a la gallina de los huevos de oro? Hay que montar entidades para defender a nuestros hijos, a las familias heteronormativas, a quien haga falta. Hay que defender el evangelio del euro, del dólar, de la libra. Lo que da hoy dinero dentro del cristianismo es la queerfobia, mucho más que la justicia, mañana ya veremos.

El verdadero problema de las comunidades cristianas no somos nosotres, sino sus teologías que no han sido capaces de reformular, de mantener con vida.  Y no lo han hecho por muchas razones, pero sin duda una de ellas es que se han creído tan escogidos, tan elegidos, tan elevados respecto al común de los mortales, que han acabado por no ser de este mundo. El problema es que el mundo paralelo que se han montado, y en el que su teología es incapaz de ser puesta en entredicho porque en realidad es más bien loroteología, es decir, repetir y repetir lo que me han dicho, que alguien dijo, que le dijeron… no es un mundo mejor, no es un mundo evangélico -en el sentido bíblico- sino un mundo donde se puede odiar a quien es diferente a mí porque pone en entredicho lo que  yo creo. Y si ese odio que cada día voy introduciendo en otras personas, les hace abandonar la comunidad cristiana, o incluso lanzarse un día por un barranco, pues que le vaya bien, yo no me voy a replantear nada de nada.

No somos tan importantes, no somos a las primeras que les ocurre lo mismo -aunque esto no haga menos dolorosa la situación-, han puesto en el centro del debate nuestros afectos, nuestra manera de entendernos, o nuestras prácticas sexuales, porque son incapaces, no les conviene, o simplemente no les apetece, replantearse cómo es posible que su odio se sienta tan confortable y justificado dentro de sus teologías. Y en este punto deberíamos ser inflexibles, no dejando que se nos ponga en un lugar que no nos corresponde, en ningún caso. Y diciendo bien claro que lo que predican nada tiene que ver con el evangelio, que no hay pacto posible entre el odio y el seguimiento de Jesús. Que lo suyo no es cristianismo literalista, fundamentalista, o conservador. Porque, y esto hay que decirlo clarito: lo suyo no es cristianismo.

Carlos Osma

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Condena, curiosidad y comedia: más sobre el Papa y los sacerdotes homosexuales

Sábado, 15 de junio de 2024

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Continúan llegando comentarios sobre la controversia sobre las noticias de la semana pasada sobre el uso del Papa Francisco de un término anti-gay mientras criticaba a los hombres homosexuales en el seminario. Aunque un alto prelado italiano aclaró que el comentario había sido sacado de contexto, el incidente desató una amplia conversación sobre los sacerdotes homosexuales en la iglesia.

La publicación de hoy es un resumen de comentarios y reacciones que van desde condenas más fuertes hasta curiosidad y compasión, e incluso algunos enfoques cómicos.

IMG_5314Thomas Reese

En el National Catholic Reporter, el jesuita p. Thomas Reese contrastó las expectativas de los católicos progresistas sobre Francisco con la realidad de este Papa, que enfrenta los desafíos de una Iglesia que atraviesa cambios demográficos. Reese explica que “demasiados progresistas creen que Francisco refleja sus puntos de vista sobre la Iglesia“, sin embargo, aunque “es pastoral en sus encuentros con la gente“, sigue “no dispuesto a cambiar las enseñanzas de la Iglesia de manera radical“.

En opinión de Reese, Francisco efectivamente ha reabierto las ventanas de la iglesia, como pidió el Papa Juan XXIII al abrir el Concilio Vaticano II, pero que fueron cerradas por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Pero el ritmo del cambio sigue siendo demasiado lento para muchos, incluso en el debate sobre los sacerdotes homosexuales, sobre el cual el sacerdote jesuita escribe:

Las palabras negativas [de Francisco] parecen contradecir su comentario de 2013, cuando se le preguntó sobre los sacerdotes homosexuales: ‘¿Quién soy yo para juzgar?’ Cuando se trata de homosexuales en los seminarios, los progresistas esperaban que el Papa simplemente aplicara a los homosexuales el mismo requisito. como heterosexuales: celibato. Ahora existe confusión sobre si los homosexuales serán bienvenidos, algo que el Vaticano debe aclarar. . .

“Pienso en Francisco como una abuela que preside la cena de Acción de Gracias que espera que una a la familia y sane las heridas. Ella no quiere peleas. ‘No grites; ¡escúchense unos a otros! No es el momento de decidir qué hacer con el negocio familiar. No podemos hacer eso hasta que estén dispuestos a escucharse respetuosamente unos a otros”.

“Lamentablemente, el Papa a veces también suena como un abuelo que dice cosas que hacen temblar a sus nietos. Queda por ver si los nietos lo perdonarán o se marcharán de la casa.”

IMG_1855Ish Ruiz

En el blog Go, Rebuild My House, Ish Ruiz, un teólogo católico que es LGBTQ, examinó los comentarios del Papa en el contexto del controvertido discurso del jugador de fútbol Harrison Butker y los documentos del Vaticano sobre las bendiciones y la dignidad humana.

Ruiz identifica los comentarios del Papa como “el incidente más ofensivo” entre ellos, sugiriendo que la reiteración de Francisco de que todos son bienvenidos en la iglesia “me parece un sentido superficial de unidad basado en gestos amables hacia los oprimidos mientras, conceptualmente, continuamos pensar menos en ellos y así perpetuar su opresión”. Ruiz concluye:

Más importante aún, el resultado de esta duplicidad es una Iglesia polarizada. De hecho, hay dos Iglesias, ambas nacidas de la selectividad con la que los católicos abrazan partes de un mensaje engañoso.

“Lo que se necesita en el futuro es una actitud de humildad. Los líderes católicos deben aceptar la realidad: las cuestiones de sexualidad siguen siendo un misterio para nuestra Iglesia y debemos tener cuidado con los mensajes que enviamos. La mejor manera de fomentar la unidad real es cuando nos comprometemos a un discernimiento comunitario conjunto que surja de una curiosidad genuina, no cuando pretendemos que tenemos todas las respuestas.

“Como he escrito antes, mi esperanza para el futuro de la Iglesia reside en la sinodalidad, que creo que representa una nueva eclesiología mediante la cual la escucha mutua, especialmente a los marginados, como las personas LGBTQ+, producirá nuevos conocimientos sobre nuestra fe y nuestra naturaleza que juntos podemos guiar a la Iglesia hacia adelante. Para que esa visión se haga realidad, los líderes católicos, especialmente el Papa Francisco, deben escuchar sus propios consejos y volver a comprometerse con un discernimiento genuino en unidad”.

IMG_5315James Martin

P. James Martín, S.J. tuiteó en defensa de los sacerdotes homosexuales:

En mis 25 años como sacerdote y casi 40 como jesuita, he conocido a cientos de sacerdotes homosexuales santos, fieles y célibes. Han sido mis superiores, mis maestros, mis confesores, mis mentores, mis directores espirituales y mis amigos. Y si eres católico, te celebraron misas, bautizaron a tus hijos, te confesaron, te visitaron en hospitales, presidieron tus bodas y enterraron a tus padres. La iglesia sería muchísimo más pobre sin ellos”.

IMG_5317Michael Sean Winters

Michael Sean Winters, columnista del National Catholic Reporter, escribió que los comentarios del Papa resaltaron “la total ambivalencia del enfoque pastoral del Papa Francisco hacia el tema de la homosexualidad. . .” Winters explica:

La idea de que el Papa haya revelado repentinamente su intolerancia oculta hacia las personas homosexuales, que parece ser el consenso en las redes sociales, es ridícula. Nada acerca de este hombre o su papado sugiere que sea intolerante con nadie.

“¿De dónde, entonces, esta ambivalencia en las declaraciones del Papa? ¿Cómo pasó de “¿Quién soy yo para juzgar?” a esto? Tiene que ver con el conflicto inherente a su posición como Papa. Es el pastor universal de la iglesia y es el defensor de la doctrina cristiana. Quiere ayudar a las personas a acercarse a Dios y sabe que acompañarlas, no juzgarlas, es la mejor manera de lograrlo. También cree lo que enseña la iglesia. . … Es este último punto el que los activistas de ambos lados olvidan”.

Como suele hacer, Winters critica ambos lados del debate. Critica a los tradicionalistas por no entender que Francisco es en realidad un reformador, mientras reprende a los progresistas por olvidar que el Papa “no está sujeto a la última invención académica o moda social”. El escritor señala la sinodalidad como el camino a seguir porque el viaje no depende del Papa Francisco—ni de ningún individuo—sino de una vocación común “emprendemos juntos, como pueblo, el pueblo de Dios”.

IMG_5318Mike Lewis

Mike Lewis, editor fundador del blog Where Peter Is, que apoya al Papa Francisco, escribió sobre los sacerdotes homosexuales comenzando con el testimonio del p. Mychal Judge, OFM, un sacerdote gay que murió atendiendo a las víctimas en el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Lewis destacó otro ángulo de este evento noticioso: cómo los católicos anti-LGBTQ+ celebraron los informes de que el Papa usó un insulto. Lewis escribe:

No creo que el Papa Francisco debería haber usado un término ofensivo (intencionalmente o no), pero lo más inquietante para mí durante este episodio ha sido la burla casi alegre y el desdén mostrado por muchos católicos hacia las personas LGBT.

“Las respuestas de los católicos tradicionalistas y de extrema derecha, que describen al Papa Francisco como “basado” y proclaman que este incidente les dio un respeto renovado por él, son inquietantes. Como al principio no se proporcionó ningún contexto, estos comentaristas celebraban abiertamente la idea de que el Papa había insultado a los homosexuales e indicado que no quería que fueran admitidos en los seminarios bajo ninguna circunstancia”.

Lewis defiende tanto la realidad de que existen numerosos sacerdotes homosexuales, casi todos ellos ministros buenos y fieles. Y concluye: “Lo más probable es que un sacerdote gay haya cambiado tu vida para mejor… y nunca sabrás que era gay. . El reciente estallido de homofobia beligerante me entristece profundamente. Debemos ser empáticos, compasivos y misericordiosos”.

IMG_5319Laurence Pevsner

Finalmente, la noticia de la semana pasada generó opiniones de publicaciones y también de personas ajenas a la iglesia. Laurence Pevsner, que escribe una columna para McSweeney’s,, una publicación de humor, señaló que el simple hecho de que un Papa se disculpara era novedoso, incluso si la disculpa en sí se consideraba débil. Pevsner escribe:

La pregunta sigue siendo: ¿por qué alguien con tanta experiencia en disculparse bien lo hizo tan mal esta vez? Sabía que debía venir personalmente a Canadá. Sabía describir las acciones [contra los pueblos indígenas allí] no como malvadas para los ofendidos, sino simplemente como malvadas. El delito de utilizar un insulto es obviamente menor que los horrores cometidos contra estos pueblos indígenas, pero ¿por qué no utilizar la misma fórmula de disculpa ganadora?

“Muchos (incluyéndome a mí) tal vez deseen que el Papa vaya más allá. Pero seamos realistas: todo progreso es relativo. No deberías esperar que Chick-fil-A patrocine el Desfile del Orgullo… En cambio, lo que hacen el insulto y la disculpa es aumentar la contradicción del argumento del Papa Francisco. ¿Cómo puede dirigir a una multitud de medio millón de jóvenes en Portugal con el canto “todos, todos, todos” (todos, todos, todos) para mostrar que todos son bienvenidos en la Iglesia, pero también tener una política que explícitamente es no ¿Bienvenidos a todos en la Iglesia? El insulto indica que el Papa todavía tiene algunas creencias atrasadas; la disculpa, por débil que sea, indica que quiere hacer avanzar a la Iglesia”.

Y, aunque no todos estarán de acuerdo, para algunas personas LGBTQ+ hubo un lado humorístico en todo este incidente. Buzzfeed informó sobre cómo el uso de la palabra despectiva por parte del Papa se había convertido en un meme, un recordatorio de que la comedia también tiene un papel a la hora de hacer críticas y defender el progreso.

A principios de esta semana, Bondings 2.0 informó sobre la noticia de que el Papa Francisco le había dicho a un joven católico gay que “siga adelante con su vocación” al sacerdocio y destacó cómo han respondido algunos sacerdotes abiertamente homosexuales.

—Robert Shine (él/él), Ministerio New Ways, 7 de junio de 2024

Fuente New Ways Ministry

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Zambullirnos en nuestro propio vacío.

Viernes, 14 de junio de 2024

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“El tramo final en el camino hacia la santidad en Cristo consiste, pues, en abandonarse por entero, confiada y gozosamente, a la aparente locura de la cruz. “La palabra de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación -para nosotros- es fuerza de Dios” (1 Corintios 1,18). Esta locura, la necedad de renunciar a toda preocupación por nosotros mismos tanto en el orden material como en el espiritual, para poder confiarnos a Cristo, equivale a una especie de muerte de nuestro yo temporal. Es un acto de total abandono, pero es también un salto definitivo hacia el gozo.

La capacidad de realizar este acto, de abandonarnos, de zambullirnos en nuestro propio vacío y encontrar allí la libertad de Cristo en toda su plenitud, es algo inasequible a todos nuestros esfuerzos y planes meramente humanos. No podemos lograrlo relajándonos ni esforzándonos, pensando o dejando de pensar, actuando o dejando de actuar. La única respuesta es una fe perfecta, una esperanza exultante, transformada por un amor absolutamente espiritual a Cristo que es puro don suyo, pero que nosotros podemos disponernos a recibirlo con fortaleza, humildad, paciencia y, sobre todo, con simple fidelidad a su voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida ordinaria”.

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Thomas Merton
Vida y santidad

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“ Reenfocando el tema de la idoneidad para ser presbítero”, por Emi Robles

Viernes, 14 de junio de 2024

Grantchester-el-cluedo-del-sacerdote-mas-sexy-de-Inglaterra“Las personas no heteros ya lo tienen bastante difícil”

“De nuevo agitación y controversia sobre la entrada en seminarios y la posterior ordenación a personas homosexuales. Esta vez, aderezada con la indiscreción de algún clérigo”

“Más valiente habría sido que los sorprendidos o indignados se hubieran levantado en la reunión y hubieran utilizado la crítica positiva. Se puede hacer esa llamada de atención con cariño, respeto y delicadeza”

“Ahora la discusión en la Iglesia continúa en torno a si hay que admitir o no a personas homosexuales en los seminarios. Apoyemos al Papa en la labor emprendida de reforma, que ya en España tiene tímidos avances. Ojala se vaya hasta el fondo y podamos ver los frutos”

“Las personas no heteros ya lo tienen bastante difícil. Acojamos a todos con amor y respeto; y no se lo pongamos más difícil en la Iglesia o desde la Iglesia”

De nuevo agitación y controversia sobre la entrada en seminarios y la posterior ordenación a personas homosexuales.

Esta vez, aderezada con la indiscreción de algún clérigo sobre una supuesta expresión desafortunada del papa en su reunión a puerta cerrada con los obispos italianos.

Más valiente, más caritativo y por lo tanto, más cristiano, habría sido, en mi opinión, que los sorprendidos o indignados se hubieran levantado en la reunión y hubieran utilizado la crítica positiva para que si el papa sabía lo que tenía esa expresión de peyorativa para la comunidad LGTBI+ se encontrara con una amorosa corrección fraterna; y si ignoraba ciertas connotaciones despectivas del término pudiera rectificar en la misma reunión, antes de exponerlo en público, dando lugar a que muchas personas se sintieran heridas, sabiendo, además, que Francisco, en varias ocasiones, ha salido en defensa del respeto y el no juicio hacia los gays.

La verdad es que no deja de sorprender que en una reunión de hermanos, en este caso, hermanos obispos, no exista libertad interior como para alertar y sensibilizar sobre una expresión que puede herir sensibilidades y acrecentar exclusiones y marginaciones. En otros ambientes esto se haría y, acredito que se puede hacer esa llamada de atención con cariño, respeto y delicadeza.

Ahora la discusión en la Iglesia continúa en torno asi hay que admitir o no a personas homosexuales en los seminarios; hasta qué momento se les debe mantener y si se les puede o no ordenar. Y para ello hay que establecer matices y definiciones acerca de lo que son “tendencias”, “prácticas” o “culturas arraigadas”. Para morir en el intento.

Toda una serie de disquisiciones necesarias pero no suficientes, sin tomar el “toro por los cuernos” y sin dejar de poner parches, abordando a fondo el tema de vocaciones presbiterales; edades y recorrido previo para entrar en los seminarios; selección y formación de candidatos; programas de estudio y profesorado idóneos; seguimiento psicológico y ambientes de convivencia.

Y lo principal de todo, definir qué es lo que se espera del presbítero como actitudes y prácticas básicas e imprescindibles.

En este terreno de lo que se debe esperar de un presbítero, (para lo que hay que formarle y capacitarle, discerniendo si, en verdad es esa su disposición vocacional antes de ordenarle y continuar un seguimiento de maduración espiritual tras su ordenación) subrayo totalmente lo que sugiere y subraya el colectivo cristiano CRISMHOM, en el comunicado – al hilo de estos acontecimientos- que encuentro plenamente acertado en el tono y en el contenido. Por lo cual no lo repito y remito a su lectura.

De entrada tengo algunas cosas claras que me gustaría apuntar:

La inclinación natural sexual de una persona, en sí misma, no nos hace mejores ni peores personas y por lo tanto, como bautizados y miembros de pleno derecho de la Iglesia, considero que una persona puede ser un buen presbítero, independientemente de su orientación sexual. Con matices, claro.

Para el formato de presbítero célibe que hoy conocemos en la Iglesia Catolica Latina de Rito Occidental, ningún presbítero, homo o hetero, que lleve una doble vida y aparente celibato de cara hacia afuera, pero establezca relaciones sexuales carnales con personas del mismo o de distinto sexo está cumpliendo con la honestidad que le debe a la comunidad eclesial, se daña a sí mismo yfalta el respeto a la dignidad de aquellos con los que mantiene una relación clandestina, sobre todo si esta es sostenida y no muy provisoria durante un tiempo de clarificación, con seriedad y respeto y sin dar escándalo…

También sería comprensible que si en algún momento la Iglesia decidiera recuperar a algunos presbíteros que se sintieron llamados al matrimonio, pero que no han perdido su vocación ministerial, que cumplen los requisitos adecuados y que serían aceptados por ciertas comunidades, seleccione a aquellos con una vida de cierta ejemplaridad y en los que la pareja estí en sintonía y comprometida con el apoyo a dicha misión.

Para otro formato de presbítero (que aún no se ha puesto en practica, pero que podria ser viable) que emerge de las propias comunidades a las que sirve durante años y que podría ser casado y con familia, si se llega a poner en práctica esta modalidad, será un caso a estudiar. En cualquier caso, si ha llegado a tener un liderazgo en una comunidad madura, es esta la que dará la prueba de su validez para el ministerio. Y no será su orientación sexual natural el mejor indicador de su aptitud para el ejercicio del mismo, aunque, indudablemente, los criterios de moral sexual de la Iglesia diferenciarán entre el matrimonio y la unión estable de una pareja del mismo sexo. Habrá que ver los casos concretos. Ya no se trataría de la tendencia sino de una práctica.

En otro orden de cosas no menos importantes, los seminariosatraerán perfiles según el ambiente, la orientación, la formación, el seguimiento que haya en ellos y las expectativas que se generen en los candidatos al presbiterado.

La dominancia de los perfiles atraídos, (puesto que se trata de personas adultas) repercutirá también en el clima del seminario.

Si el ambiente es de torpeza en las relaciones, de superficialidad, de mundanidad, de espiritualidad desencarnada, de carrerismo, de falta de educación en una sexualidad madura, de adoctrinamiento acrítico o fundamentalismo…serán atraídos y mantenidos determinados perfiles.

Y eso independientemente de cual sea su orientación sexual.

En cambio, si el ambiente es de encarnación en el mundo y en sociedades complejas, de compromiso con los más vulnerables desde la perspectiva del Evangelio, de metodología de comunidades de aprendizaje, de una formación seria y comprometida, plural y crítica, de respeto a las personas en sus diversidades, de un desarrollo y vision positiva de la sexualidas, de generacion de sensibilidad en el cuidado de la Creación, de compromiso por la Paz y la Justicia, de escuela de diálogo y mediación, de aprendizaje de la escucha activa y desarrollo de la empatía, de oración y cultivo de los consejos evangélicos, no creyéndose mejores que los demás, por un lado atraerá a unos perfiles más propicios y, por otro lado, les ofrecerá a todos los candidatos un caldo de cultivo adecuado para su buen desarrollo vocacional, negando la ordenación a quien no cumpla unos mínimos después del recorrido formativo y de un adecuado discernimiento realizado por formadores, psicólogos y comunidades en las que se han probado.

Apoyemos al Papa en la labor emprendida de reforma de losseminarios, que ya en España tiene tímidos avances. Ojala se vaya hasta el fondo y podamos ver los frutos.

“Las personas no heteros ya lo tienen bastante difícil. Acojamos a todos con amor y respeto; y no se lo pongamos más difícil en la Iglesia o desde la Iglesia”

Mientras tanto, las personas no heteros ya lo tienen bastante difícil. Acojamos a todos con amor y respeto; y no se lo pongamos más difícil en la Iglesia o desde la Iglesia.

Para buscar seriedad y hondura en el proyecto presbiteral no hace falta discriminar, de entrada, a ningún bautizado. (No entro ahora en el tema de acceso de mujeres a órdenes sagradas, porque ese es otro debate y lleva su propio proceso).

Fuente Religión Digital

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Espejos

Jueves, 13 de junio de 2024

Del blog Nova Bella:

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Los espejos son gratis,

pero que caro es mirarse de verdad.

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Julio Cortázar

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“¿Dignidad infinita? Sí, pero menos… (I)”, por Jesús Martínez Gordo

Jueves, 13 de junio de 2024

IMG_5223“La Declaración vaticana cojea escandalosamente cuando se adentra en la cuestión del género”

Este es un primer comentario de la declaración vaticana ‘Dignidad infinita‘ a cargo de Jesús Martínez Gordo que se centra en la génesis de este importante documento y las primeras reacciones entusiastas

Como no podía ser de otra manera, la Declaración “‘Dignitas Infinita’ sobre la dignidad humana” está siendo recibida, dejando aparte el enorme colectivo de los indiferentes, con dos tipos de generalizadas reacciones

Le seguirá, en el próximo número, otro Tema del Mes dedicado a las críticas, tanto generales como específicas de sus puntos más polémicos

Como no podía ser de otra manera, la Declaración “‘Dignitas Infinita’ sobre la dignidad humana (08.04.2024) está siendo recibida, dejando aparte el enorme colectivo de los indiferentes, con dos tipos de generalizadas reacciones: la primera, de acogida -a veces entusiasta- tanto por parte de personas y colectivos abiertos como tradicionalistas y, la segunda, de crítica, sobre todo, por parte de algunos de los sectores más progresistas de la Iglesia católica y de la sociedad civil.

En la primera de la reacciones, la de acogida entusiasta, mucho ha tenido que ver el nombramiento del cardenal Víctor Manuel Fernández, un hombre teológicamente más cercano al Papa Francisco, como Prefecto del Dicasterio para la doctrina de la fe, después de que el obispo de Roma hubiera tenido que soportar las críticas -en privado y, a veces, en público- del también cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de dicha Congregación hasta el 2017, el año en el que, una vez finalizado su mandato, no le fue renovado.

Pero también después de que el obispo de Roma hubiera tenido que sobrellevar a Luis Francisco Ladaria como Prefecto de dicha Congregación desde 2017 hasta 2023. Este jesuita procedió -mientras estuvo al frente del Dicasterio- como lo había hecho antes de que lo nombrara para presidir dicha Congregación: como un teólogo conservador, poco o nada habituado a dialogar con la sociedad y bastante alejado de la perspectiva pastoral del Papa. La verdad es que su nombramiento sorprendió, en particular, a quienes le conocían tanto por su andadura académica como por sus intereses teológicos.

Quizá, pensaron los más bienintencionados, es muy posible que la común pertenencia a la Compañía de Jesús facilite al nuevo Prefecto la necesaria sintonía con las opciones de este singular Papa. Y que, en conformidad con tal potencial sintonía, el cardenal Ladaria presente las opciones y decisiones de Francisco con el adecuado y oportuno formato teológico, y que le acompañe en la tarea de afrontar las interpelaciones que le llegan desde ámbitos y medios anclados en una lectura involutiva y preconciliar del Vaticano II o -cuando menos- nostálgica del magisterio de Juan Pablo II y Benedicto XVI. En definitiva, pensaron tales bienintencionados, es bastante probable que L. F. Ladaria pueda hacer un trabajo parecido al realizado por J. Ratzinger desde los primeros momentos del pontificado de Juan Pablo II.

Nada -o muy poco- de eso pasó. Su mandato al frente de la Congregación estuvo más presidido por no inquietar a los tradicionalistas que por ayudar al Papa Franciscoa verter en un discurso teológicamente consistente sus intuiciones y decisiones o por acompañarle en el afrontamiento de las interpelaciones -frecuentemente ataques- que le llovían desde los ámbitos más involucionistas de la Iglesia católica.

Ha tenido que ser nombrado el cardenal V. M. Fernández al frente de dicho Dicasterio para que las cosas hayan empezado a cambiar. En concreto, no solo para dejar de condenar a los teólogos y respetar su libertad de investigación y docencia (indicación dada por Francisco al cardenal Müller), sino también para que se haya empezado a dejar de seguir contentando a los tradicionalistas (como ocurría en el tiempo en el que lo presidió el cardenal Ladaria) y comenzar a  presentar las decisiones pastorales de Francisco y responder a las interpelaciones que se le venían formulando con propuestas y  respuestas, teológicamente consistentes.

Es lo que se puede apreciar en las Declaraciones “Fiducia Supplicans”  (2023) y “Dignitas infinita” (2024) y, sobre todo, en la defensa papal de estos dos textos magisteriales en diferentes ocasiones, algo no ocurrido con otros documentos anteriores emanados de la Congregación, finalmente Dicasterio para la fe.

Y ahora, sí, hay que volver a recordar que, una vez publicada la Declaración “Dignitas Infinita”, están siendo, afortunadamente, muchos -como he adelantado- los que la están acogiendo de manera entusiasta, tanto progresistas como conservadores. Por ejemplo, están quienes valoran la recuperación de la dignidad humana que, propia de todos los seres humanos, también lo es de todas las personas, independientemente de su condición económica, social o vital, y, obviamente, del “nasciturus”.

También son muchos los que están recibiendo elogiosamente la voluntad -que atraviesa toda la Declaración- de conjugar la Escritura y la razón humana, reconociendo no solo una incuestionable circularidad entre ellas, sino, sobre todo, acogiendo la razón humana en libertad en la importancia que tiene cuando también se trata de discernir la voluntad de Dios. Al fin y al cabo, la razón en libertad, como la misma Escritura, es otro “lugar teológico” (M. Cano), a pesar de que no se la haya tomado en la relevancia que también tiene -y ha de seguir teniendo- en la Iglesia, ya sea porque se ha primado una lectura -frecuentemente sesgada- de la tradición, ya sea porque se han favorecido lecturas de la Escritura no siempre en sintonía con los mejores resultados de las investigaciones exegéticas o ya sea por el temor a no incurrir en una interpretación secularista; un riesgo tan evidente como, a veces, sospechosamente invocado para no tener presente que el sentir mayoritario del Pueblo de Dios -reconocido como “sensus fidei” en lo mejor de la tradición eclesial- también es expresión del Espíritu de Dios.

Pero también hay que volver a recordar que tampoco están faltando las críticas, sobre todo, por parte de algunos sectores más abiertos y progresistas de la Iglesia católica cuando centran su atención en algunas cuestiones particularmente polémicas en este texto: el Vaticano -han denunciado bastantes de ellos- no puede invocar la Declaración universal de los derechos humanos sin todavía haberlos ratificado y sin aplicarlos en la Iglesia. No es de recibo argumentar de esta manera.

Pero esta observación crítica, siendo notable, no es la única. En efecto, han recordado otros, los redactores han entregado un documento ayuno de autocrítica de principio a fin. Y esto, en un texto en el que se aborda la cuestión de la dignidad humana es algo de lo que la institución eclesial se encuentra particularmente necesitada, tanto como del agua el mes de mayo. Sin embargo, nada de eso es perceptible en el texto.

Y, sin ánimo de cerrar este apartado -en el que habrá que adentrarse más adelante- la Declaración vaticana cojea escandalosamente cuando se adentra en la cuestión del género y se limita repetir -con un pequeño cambio- lo dicho al respecto por Juan Pablo II, no atendiendo debidamente -tal y como de manera acertada se defiende en las opciones de fondo de la misma Declaración- a la razón en libertad o, lo que es lo mismo, los avances científicos al respecto, con la Escritura.

Los progresos que la razón humana está alcanzando sobre el género estos últimos años obligan a repensar el alcance y sentido de la llamada “ideología de género” que el documento modula como “Teoría de género”. Tal “ideología o teoría de género”, recuerdan los críticos, puede ser una denuncia procedente en abstracto, pero no tiene sentido cuando tenemos delante a una persona a la que se ha asignado -en conformidad con el criterio visual- un sexo biológico que no se corresponde con su manera de afrontar la existencia, de situarse y ser reconocida en el mundo o que, en el extremo, se encuentra en sus antípodas. La binariedad sexual o de género ha dejado de ser una evidencia. Toca cambiar por razones científicas. Y cuanto antes, mejor.

Estas y otras críticas, a la vez que explicitan algunas de las contradicciones en las que todavía se encuentra un magisterio eclesial que -interesado en articular Escritura y razón en libertad o, lo que es lo mismo, la moderna exégesis escriturística y los avances científicos- sigue teniendo dificultades para articular su proclamación de la “dignidad infinita” con la escucha atenta de los resultados que se vienen alcanzando en las investigaciones contemporáneas sobre sexo y género.

Si lo primero, la proclamación de la dignidad absoluta de la persona es de recibo en el plano de los principios, lo segundo, la escasa o nula atención a los avances que se vienen alcanzando en tales saberes sobre el sexo y el género, no es de recibo o, en todo caso, es manifiestamente criticable; a no ser que tal falta de articulación obedezca al temor -aunque se revista con un manto de prudencia- a desenterrar algunos de los muchos demonios familiares y extrapolaciones que todavía persisten entre las filas del catolicismo más tradicional cuando se practica sin complejos dicha articulación entre Escritura y razón en libertad.

Pero antes de adentrarse en este y en otros puntos críticos de la Declaración, es preciso asomarse a la misma realizando una lectura todo lo empática que sea posible. Solo habiendo dado este primer paso, tiene sentido volver a recuperar lo críticamente adelantado y adentrarse en esos y en otros puntos; algo que, al fin y al cabo, también es tarea y cometido de una teología responsable y, por ello, rigurosa.

Fuente Religión Digital

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“Estrellas que iluminan el camino“, por Miguel Ángel Mesa

Miércoles, 12 de junio de 2024

De su blog Otro mundo es posible:

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«Una Iglesia, toda ella, verdaderamente corresponsable, en compañía de tantos testigos que entre nosotros vienen dando la vida en la prueba mayor del martirio, con una esperanza digna del pueblo de la Pascua que nosotros somos» (Pedro Casaldáliga).

Una vida que se refugia exclusivamente en el pasado, que cree que no habrá nada mejor de lo que ha experimentado anteriormente, que no fija su atenta mirada en el presente ni le ilusiona el futuro, mantiene en su interior algún tipo de patología que es necesario identificar, para intentar extirparla y así poder llegar a sanar.

Pero una cosa es mirar solo hacia atrás y otra perder la memoria. Las experiencias que cada uno hemos vivido son las que configuran la persona que somos hoy día. Junto a lo que nos han aportado otras personas (familiares, amigos, profesores, compañeros…) con las que hemos convivido o nos han llegado sus vivencias y testimonios por diversos cauces.

A cada uno de nosotros, por nuestra formación, cultura, religión o forma de pensar, nos llega más un tipo de testimonio que otro. Pero, a quien nadie deja indiferente es aquella persona que ha llegado a dar su vida por otra, como un ejemplo máximo de entrega y amor desinteresado. Lo dijo al final de su vida Jesús: «No hay mayor amor que el que da su vida por sus amigos». Por eso su vida sigue llamando, interpelando, haciéndose presente en tantas personas extendidas por toda la tierra.

Aunque no solo hay mártires que han dado su vida a causa de su fe. Así se les nombra a estos en la Iglesia Católica. Pero los distintos pueblos, de las más diversas culturas e ideología, han popularizado y extendido este término también para calificar a quienes han dado su vida por los demás: Martin Luther King, Gandhi, Etty Hillesum, Berta Cáceres… y miles de personas de las más diversas profesiones y compromisos sociales o políticos.

Son como estrellas que nos iluminan en nuestra noche del dolor, del sufrimiento, de la injusticia, del odio, la barbarie, del abandono. Están presentes continuamente en nuestro firmamento, en nuestros corazones, animándonos a seguir adelante, viviendo y desviviéndonos por los demás. Porque llegar a dar la vida es el extremo al que han llegado unas pocas personas, pero el verdadero martirio de amor es el servicio constante a los demás, ofreciendo nuestro tiempo, nuestros desvelos, preocupaciones, anhelos y esperanzas. Compartiendo las penas y las alegrías.

Los mártires, quienes se dan por completo a los demás, no es que no amen la vida, muy al contrario, porque aman tanto, tanto la vida, la ofrecen para que haya cada día más vida. Ofrecen lo que son y tienen a quienes carecen de una vida digna, con expectativas, feliz. La alegría es una virtud que contagian a su alrededor. A quien le recorre por las venas la sangre de la vida no puede hacer otra cosa que contagiarla, que donarla en una transfusión permanente de dicha por existir y que todo adquiera plena existencia.

Los mártires normalmente han sido perseguidos por sus tomas de postura, por sus denuncias, por su forma de vida, por la defensa de los demás, o últimamente del medio ambiente. No podían hacer otra cosa que dar testimonio de lo que creían y sentían en su interior. Pero la persecución no les privó de la dicha profunda de ser consecuentes con sus palabras y su trayectoria personal.

«Felices quienes no consideran que su vida, su aliento, su sangre les pertenece, si no es por el bien de los demás hasta llegar, en situaciones límite, a entregarla por puro amor».

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Recordatorio

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