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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Tendiendo puentes

Lunes, 18 de noviembre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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  Llegar a ser prójimos es tender un puente sobre la brecha que separa a las personas. En la medida en que haya distancia entre nosotros y no podamos mirarnos a los ojos, se plantea todo tipo de ideas e imágenes falsas. Llamamos a los otros con nombres ofensivos, hacemos bromas sobre ellos, los cubrimos con nuestros prejuicios y evitamos el contacto directo. Pensamos en ellos como enemigos. Nos olvidamos de que ellos aman como nosotros amamos, que cuidan de sus hijos como nosotros cuidamos de los nuestros, se enferman y mueren como nosotros. Olvidamos que son nuestros hermanos y hermanas y los tratamos como objetos que podemos destruir cuando queramos. Sólo cuando tenemos el valor de cruzar el camino y mirarnos a los ojos podemos ver que somos hijos del mismo Dios y miembros de la misma familia humana.

*

Henri Nouwen
Pan para el viaje

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Ignacio Ellacuría: Filosofía de la realidad histórica y teología de la liberación

Lunes, 18 de noviembre de 2019

ellacuria_1280x720_foto610x342Denunció “la mentira ideológica de las apariencias democráticas” del capitalismo

El que fuera rector de la UCA “30 años después de su asesinato sigue vivo y activo en sus obras, muchas de ellas publicadas póstumamente”

“Era jesuita, científico social, analista político e impulsor de la teoría crítica de los derechos humanos”

“Para el teólogo hispano-salvadoreño, la ética es la teología primera y el profetismo la manifestación crítico-pública de la ética”

Todo El Salvador se volcó en el 30 aniversario de la masacre de la UCA

¿Beatificará el Papa a Ellacuría?

Treinta años de los mártires de la UCA

“Mártires” Jesuitas: Antorchas de luz y esperanza

“Los mártires nos enseñaron lo que significa amar; y lo hicieron más con obras que con palabras

Arturo Sosa, sj.: “Fueron asesinados por su compromiso con la fe y la justicia”

Michael Czerny sj: “El martirio de nuestros compañeros no fue casual, no fue un accidente ni una equivocación”

Juan José Tamayo

“Ellacuría debe ser eliminado y no quiero testigos”. Fue la orden que dio el coronel René Emilio Ponce al batallón Atlacatl, el más sanguinario del ejército salvadoreño. La orden se cumplió el noche del 16 de noviembre de 1989 en que fueron asesinados con premeditación, nocturnidad y alevosía seis jesuitas y dos mujeres, Elba Ramos, trabajadora doméstica, y su hija Celina, de 15 años, en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, de San Salvador (UCA). Entre los asesinados se encontraba el jesuita vasco, nacionalizado salvadoreño, Ignacio Ellacuría, rector de la UCA, discípulo de Rahner y de Zubiri, estrecho colaborador de este y editor de algunas de sus obras. Era filósofo y teólogo de la liberación, científico social, analista político e impulsor de la teoría crítica de los derechos humanos, dimensiones que son difíciles de encontrar y de armonizar en una sola persona, pero, en este caso, convivieron no sin conflictos internos y externos, y se desarrollaron  con lucidez intelectual y coherencia vital.

“Revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección”; “sanar la civilización enferma”, “superar la civilización del capital”; “evitar un desenlace fatídico y fatal”, “bajar a los crucificados de la cruz”, “solo una Iglesia que se deja invadir por el Espíritu renovador y que está atenta a los signos de los tiempos puede convertirse en el cielo nuevo que necesitan el ser humano y la tierra nuevos”; denunció “la maldad intrínseca del sistema capitalista y la mentira ideológica de las apariencias democráticas que lo acompañan” (son afirmaciones suyas): estos fueron los grandes desafíos a los que quiso responder con la palabra y la escritura, el compromiso político y la vivencia religiosa. Y lo pagó con su vida.

30 años después de su asesinato Ellacuría sigue vivo y activo en sus obras, muchas de ellas publicadas póstumamente. En 1990 y 1991 aparecieron dos de sus libros mayores: Conceptos fundamentales de la teología de la liberación, de la que es editor junto con su compañero Jon Sobrino, entonces la mejor y más completa visión global de dicha corriente teológica latinoamericana, y Filosofía de la realidad histórica, editada por su colaborador Antonio González, cuyo hilo conductor es la filosofía de Zubiri, pero recreada y abierta a otras corrientes como Hegel y Marx, leídos críticamente. Es parte de un proyecto más ambicioso trabajado desde la década los setenta del siglo pasado y que quedó truncado con el asesinato.  Posteriormente la UCA publicó sus Escritos Políticos 3 vols., 1991; Escritos Filosóficos, 3 vols., 1996, 1999, 2001; Escritos Universitarios, 1999; Escritos Teológicos, 4 vols., 2000-2004.

En los treinta años posteriores a su asesinato se han sucedido ininterrumpidamente los estudios, monografías, tesis doctorales, congresos, conferencias, investigaciones, cursos monográficos, círculos de estudio, Cátedras universitarias con su nombre (la que yo dirijo, creada en 2002 en la Universidad Carlos III de Madrid, se llama Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría), que demuestran la “autenticidad” de su vida y la creatividad y vigencia de su pensamiento en los diferentes campos del saber y del quehacer humano: política, religión, derechos humanos, universidad, ciencias sociales, filosofía, teología, ética, filosofía política, etc.

Lo que descubrimos con la publicación de sus escritos y los estudios sobre su pensamiento es que Ellacuría tuvo excelentes maestros: Pedro Elizondo, que le introdujo en la espiritualidad ignaciana; Aurelio Espinosa, que le abrió al humanismo de la cultura clásica; Rahner en teología; Zubiri en filosofía; monseñor Romero en espiritualidad y compromiso liberador; Jon Sobrino, colega en la UCA, que fue su maestro en cristología.

De ellos aprendió a pensar y actuar alternativamente. Pero su discipulado no fue escolar, sino creativo, ya que, inspirándose en ellos, desarrolló un pensamiento propio y él mismo se convirtió en maestro, si por tal entendemos no solo el que da lecciones magistrales en el aula, sino, en expresión de Kant aplicada al profesor de filosofía, el que enseña a pensar. Ciertamente, Ellacuría enseñó a pensar con sentido crítico a varias generaciones de estudiantes en su cátedra de la UCA, a ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo a través de sus artículos, libros y conferencias.

Ellacuría parte del pensamiento de sus maestros, pero no se queda en ellos; avanza, va más allá, los interpreta en el nuevo contexto y, en buena medida, los transforma. Ahí radica su originalidad. Su relación con ellos es, por tanto, dialógica, de colaboración e influencia mutuas. Sus obras así lo acreditan y los estudios sobre él lo confirman.

Teología

Su colega y amigo Jon Sobrino ha escrito páginas de necesaria lectura sobre el “Ellacuría olvidado”, en las que recupera tres pensamientos teológicos fundamentales suyos: el pueblo crucificado; el trabajo por una civilización de la pobreza, superadora de la civilización del capital; la historización de Dios en la vida de sus testigos, que Ellacuría acuñó con una aforismo memorable “con monseñor Romero Dios pasó por la historia”.

Martires-UCA_2164893508_13973497_667x375Mártires de la UCA

Yo he profundizado en sus aportaciones sobre “Utopía y profetismo en Américas Latina”, que pueden considerarse su testamento teológico, ya que fue uno de sus últimos textos que escribió. Ellacuría vincula intrínsecamente utopía, profetismo y esperanza. Su reflexión hasta llegar a la utopía concreta sigue estos pasos: a) la utopía solo puede construirse sobre el profetismo, al tiempo que este es necesario para la utopía; b) existe una utopía cristiana que es la utopía del reino de Dios; c) que debe explicitarse en términos histórico-sociales para no caer en idealismo y espiritualismo; d) historizarse y hacerse operativa a través de las mediaciones históricas en dirección a la utopía concreta.

Ellacuría entiende la teología de la liberación como teología histórica a partir del clamor ante la injusticia, establece una correcta articulación entre teología y ciencias sociales y asume un compromiso por la transformación de la realidad histórica desde los análisis políticos y desde su función como mediador en los conflictos. La teología es el momento teórico de la praxis de liberación.

La ubicación social de la teología y de la filosofía es lo que separa y diferencia unas teologías y filosofías de otras. Considera fundamental la necesidad de optar por un determinado lugar social, y este es el de la verdad histórica y el de la verdadera liberación, “los despojados, los injustamente tratados y los que sufren, los condenados de la tierra, los oprimidos”. El lugar social debe ser iluminado por una valoración ética.

El teólogo austríaco Sebastián Pittl recupera la primera idea destacada por Sobrino y la interpreta teológicamente: la realidad histórica de los pueblos crucificados como lugar hermenéutico y social de la teología. Asimismo hace una lectura de la concepción ellacuriana de la espiritualidad radicada en la historia desde la opción por los empobrecidos.

El resultado es una teología posidealista cuyo método no es el trascendental de sus maestros, sino la historización de los conceptos teológicos y el punto de partida, la praxis histórica. La teología de Ellacuría tiene un fuerte componente ético-profético. Aplicándola a ella, la consideración lévinasiana de la ética como filosofía primera, bien podría decirse que, para el teólogo hispano-salvadoreño, la ética es la teología primera y el profetismo la manifestación crítico-pública de la ética.

Filosofía

El objeto de la filosofía ellacuriana es la realidad histórica como unidad física, dinámica, procesual y ascendente. De aquí emanan los conceptos y las ideas fundamentales de su filosofía: historia (materialidad, componente social, componente personal, temporalidad, realidad formal, estructura dinámica), praxis histórica, liberación, unidad de la historia. Su método es la historización de los conceptos filosóficos y políticos como principio de desideologización, crítica de la ideología y verificación práctica de la verdad-falsedad, justicia-injusticia. El filósofo Héctor Samour, uno de los mejores especialistas e intérpretes de Ellacuría, reinterpreta al maestro relacionando su pensamiento con la realidad histórica contemporánea, al tiempo que considera la filosofía de la historia como filosofía de la praxis.

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Recientemente se está desarrollando una nueva línea de investigación del pensamiento filosófico del intelectual hispano-salvadoreño: la que hace una lectura pluridimensional con las siguientes derivaciones creativas, que enriquecen, recrean y reformulan su filosofía:

a) Su conexión con la dialéctica hegeliano-marxista, que implica analizar la concepción que Ellacuría tiene de la dialéctica, la utilización del método dialéctico en su análisis político e histórico, y la dialéctica entre historia personal –biografía- e historia colectiva –el pueblo salvadoreño-, en otras palabras, el impacto y la capacidad transformadora de su vida y de su muerte en la historia de El Salvador (Ricardo Ribera).

b) Su conexión con la teoría crítica de la primera Escuela de Frankfurt, que integra dialécticamente las diferentes disciplinas dando lugar a un conocimiento emancipador, así como su incidencia en la negatividad de la historia (Luis Alvarenga).

c) Su conexión con la filosofía utópica de Bloch en uno de los últimos textos más emblemáticos de Ellacuría: “Utopía y profetismo en América Latina” (Tamayo).

d) Su original teoría del “mal común” como mal histórico, la crítica de la civilización del capital y las diferentes formas de superarla (Hector Samour).

e) La recuperación filosófica del cristianismo liberador (Carlos Molina).

f) La fundamentación moral de la actividad intelectual y la relevancia del lugar de los oprimidos en los diferentes campos y facetas de quehacer teórico (José Manuel Romero).

g) La crítica de la ideología, en cuanto conciencia que invierte la realidad, “fundada en las formas de apariencia social necesaria de la sociedad burguesa” (José Manuel Romero).

Teoría crítica de los derechos humanos

Ellacuría ha hecho aportaciones relevantes –aunque al principio poco estudiadas- en el terreno de la teoría y de la fundamentación de los derechos humanos. Cabe destacar a este respecto su contribución a la superación del universalismo jurídico abstracto y de una visión desarrollista de de los derechos humanos, y a la elaboración de una teoría crítica de los derechos humanos (J. A. Senent, A. Rosillo).

El pensamiento de Ellacuría no es intemporal, sino histórico, y debe ser interpretado no de manera esencialista (aun cuando algunas de sus primeras obras escritas bajo el discipulado escolar y la influencia de Zubiri tuvieron esa orientación), sino históricamente, en diálogo con los nuevos climas culturales. Así leído e interpretado puede abrir nuevos horizontes e iluminar la realidad histórica contemporánea.

 Fuente Religión Digital

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VII Jornadas de desierto con Carlos de Foucauld

Lunes, 18 de noviembre de 2019

Del blog de  José L. Vázquez Borau CaféDiálogo:

Espiritualidad evangélica con Carlos de Foucauld

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Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá…

Domingo, 17 de noviembre de 2019

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“Hemos sido testigos silenciosos de acciones malvadas, conocemos una más del diablo, hemos aprendido el arte de la simulación y del discurso antiguo, la experiencia nos ha hecho desconfiar de los hombres y con frecuencia hemos quedado en deuda con ellos en lo que respecta a la verdad y a la palabra libre, conflictos insostenibles nos han vuelto dóciles o tal vez incluso cínicos: ¿podemos ser útiles todavía? No tenemos necesidad de genios, de cínicos, de despreciadores de hombres, de estrategas refinados, sino de hombres sinceros, sencillos, rectos.

¿Habrá quedado bastante grande nuestra fuerza de resistencia interior contra lo que se nos impone? ¿Habrá quedado la sinceridad para con nosotros mismos suficientemente implacable, de suerte que nos haga volver a encontrar el camino de la sinceridad y de la rectitud?”

*
D. Bonhoeffer,
Resistencia y sumisión,
Ediciones Sígueme, Salamanca 1983.

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En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:

“Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.”

Ellos le preguntaron:

“Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”

Él contesto:

– “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.

Luego les dijo:

“Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.

Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

*

Lucas 21, 5-19

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Vemos, un mar turbado desde los abismos, navegantes que flotan muertos sobre las olas y otros sumergidos, las tablas de los barcos sueltas, las velas desgarradas, los mástiles destrozados, los remos sueltos de las manos de los remeros, los pilotos no sentados al timón, sino en el puente, con las manos entre las rodillas: gimen por su impotencia frente a los elementos, gritan, se lamentan, sollozan; no se divisa ni el cielo ni el mar, sino sólo las tinieblas profundas, impenetrables y turbias, hasta tal punto que ni siquiera se puede ver al vecino, y de todas partes caen monstruos marinos sobre los navegantes.

Pero ¿por qué intento describir lo que no se puede? Aunque busque cualquier imagen que exprese los males presentes, mi discurso queda superado por la realidad y retrocede. Sin embargo, aunque lo vea bien, no renuncio a la buena esperanza, pensando en el piloto de todo el universo, que no supera la borrasca con su arte, sino que deshace el huracán con un ademán. No lo hace de buenas a primeras o de inmediato, sino que acostumbra a actuar así: no aniquila los males al principio, sino cuando han crecido, cuando llegan al extremo, cuando los más ya desesperan: entonces realiza sus prodigios y sus maravillas, mostrando de este modo su poder y ejercitando en la paciencia a aquellos sobre quienes han caído los males.

No te abatas por tanto. Una sola cosa, oh Olimpia, hay que temer, una sola es la tentación verdadera: el pecado. Nunca he cesado de repetir este discurso a tus oídos: todo lo demás son fábulas, aunque se hable de insidias, de hostilidades, de engaños, de calumnias, de insultos, de acusaciones, de confiscaciones, de exilio, de espadas afiladas, de mar, de guerra en toda la tierra. Por muy glandes que sean estas tribulaciones, son temporales, limitadas; subsisten sólo en el cuerpo mortal y no perjudican al alma vigilante. Por eso, el bienaventurado Pablo, queriendo mostrarnos la mezquindad de lo que es útil y de lo que es doloroso en la vida presente, lo resume todo con una sola expresión diciendo: «Las realidades que se ven son transitorias». ¿Por qué, entonces, tienes miedo de lo que es transitorio y discurre como la corriente de un río? Así son, en efecto, las realidades presentes, sean favorables o molestas .

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Juan Crisóstomo,
Carta a Olimpia, 1,1

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“Tiempos de crisis” . 33 Tiempo ordinario – C (Lucas 21,5-19)

Domingo, 17 de noviembre de 2019

33-TO-C-300x225En los evangelios se recogen algunos textos de carácter apocalíptico en los que no es fácil diferenciar el mensaje que puede ser atribuido a Jesús y las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas, envueltas en situaciones trágicas mientras esperan con angustia y en medio de persecuciones el final de los tiempos.

Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis «tendréis ocasión de dar testimonio». Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.

Llevamos ya mucho tiempo sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?

Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?

La crisis está abriendo una fractura social injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir «recortes» en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?

Poco a poco, vamos conociendo más de cerca a quienes se van quedando más indefensos y sin recursos (familias sin ingreso alguno, parados de larga duración, inmigrantes enfermos…). ¿Nos preocupamos de abrir los ojos para ver si podemos comprometernos en aliviar la situación de algunos? ¿Podemos pensar en alguna iniciativa realista desde las comunidades cristianas?

No hemos de olvidar que la crisis no solo crea empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana…? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente.

José Antonio Pagola

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“Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Domingo 17 de noviembre de 2019. 33º Ordinario

Domingo, 17 de noviembre de 2019

58-ordinarioc33-cerezoLeído en Koinonia:

Malaquías 3, 19-20a: Os iluminará un sol de justicia.
Salmo responsorial: 97:El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.
2Tesalonicenses 3, 7-12: El que no trabaja, que no coma.
Lucas 21, 5-19: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

 Estamos ya en el final del año litúrgico, y por una lógica probablemente mal aplicada al distribuir los textos bíblicos a lo largo del año litúrgico, el tema de las lecturas de este domingo es también el del «final de los tiempos», el «final del mundo». De hecho, en el evangelio hay numerosos pasajes que aluden a este tema, los famosos textos «apocalípticos» (el género «apocalíptico» era muy del gusto de aquellos tiempos).

Durante la historia del cristianismo, también el final del mundo ha sido un tema siempre presente. Formaba parte de la identidad cristiana, diríamos. Ser cristiano implicaba creer que nuestra vida va a acabar con un juicio de Dios sobre nosotros, y también sobre la existencia del mundo como conjunto: Dios decidiría en algún momento -muy probablemente por sorpresa- el final del mundo, y toda humanidad sería convocada a juicio, en el Valle de Josafat por más señas, junto a la muralla oriental del templo de Jerusalén (lo que convirtió a ese valle en un auténtico cementerio VIP, muy cotizado…).

Este concepto del «final del mundo» estaba enmarcado (hasta ayer mismo, cuando nosotros éramos niños) dentro del contexto de una cosmovisión que imaginaba a Dios como un «Señor todopoderoso», situado fuera del mundo, encima, en un segundo piso celestial, observando y con frecuencia interviniendo en el mundo, donde se debatía la humanidad que Él había creado allí para superar una prueba y pasar a continuación a la vida definitiva, que ya no sería aquí en la tierra, sino en otro lugar, en «un cielo nuevo y una tierra nueva», porque la vieja tierra sería destruida con el final del período de prueba de la Humanidad. A continuación ya todo sería distinto: una «vida eterna» en el cielo -o en el infierno tal vez para algunos-.

Ruboriza hoy –y casi parece caricatura– contar o describir aquella visión que durante siglos se identificó con la doctrina cristiana. Durante milenio y medio al menos la creyeron revelada por Dios mismo. Dudar de ella o de cualquiera de sus detalles era tenido como un pecado (grave) de «falta de fe» y -peor aún- como un desacato a la revelación. Sobre la visión global o el «gran relato» –porque además era realmente un relato– que el cristianismo ofrecía (pecado original, juicio particular, juicio universal, cielo, purgatorio o infierno…) no era permitido dudar.

Hoy nos podemos llevar las manos a la cabeza al caer en la cuenta de qué parte tan grande de toda esta visión estaba constituida por tradiciones mitológicas ancestrales, pensamiento platónico… ¡Genial Platón!, que logró crear una «imagen» del mundo que cautivaría la imaginación de la humanidad por generaciones y generaciones, durante varios milenios, por vinticinco siglos, hasta hoy.

La revolución científica comenzada en el siglo XVI comenzó a cuestionar aquella cosmovisión platónico-aristotélica del cristianismo: las esferas celestiales, los siete cielos, la separación entre el mundo perfecto supra-lunar y el imperfecto o corruptible infra-lunar, la descripción tan viva de los «novísimos» (muerte, juicio, infierno y gloria)… Pero lo que en la visión científica o el conocimiento simplemente físico de las personas iba desmoronándose, se refugiaba en la visión religiosa, como si el cielo de la fe fuera el aristotélico-platónico, aunque el cielo astronómico fuera totalmente otro.

Hoy día, con el avance que la ciencia ha realizado, la escatología (rama de la ciencia que trata del «eskhatos, lo último») no sabe dónde colocar eso último, ni cómo conectarlo con lo que hoy sabemos todos. Y por eso cuesta seguir hablando de lo que era «lo último» dentro de las coordenadas teológicas tradicionales: unas realidades últimas conectadas directamente con la «prueba» y el «juicio de Dios» sobre nosotros, y una «vida eterna» vista como el premio o castigo correspondiente… La vida, la muerte, y la posible continuidad o no de la vida… todo ello era planteado en las coordenadas de aquella visión mítica (Dios arriba, que decide crear una humanidad y la pone a prueba para llevar a quienes la superen a la vida eterna…).

Tan internalizada está esta convicción mítica del «Dios que crea a los humanos en una vida provisional para probar si pueden acceder a la vida eterna», que todavía hoy, muchos cristianos no sólo siguen pensando así, sino que no ven la posibilidad de que vida, muerte y más allá de la muerte sean dimensiones existenciales humanas que deban dejar de ser «utilizadas» con la idea de premios y castigos de Dios a los humanos por su conducta. Muchos predicadores tendrían hoy dificultades para enfocar su homilía superando esa interpretación tradicional…

Pero, afortunadamente, «otro cristianismo es posible». Es posible… porque ya es real: ya lo viven muchos, y algunos incluso dan razón de esta su fe, y su nueva esperanza, desligada de premios y castigos. No es éste el lugar para presentar toda una escatología renovada, pero sí para remitir a tres obras recomendables a quien trate de replantear su fe fuera del paradigma premoderno mítico:

– Roger LENAERS sj, Otro cristianismo es posible, Abya Yala, Quito, Ecuador, 2006 (http:/tiempoaxial.org).

– Las «12 tesis del obispo John Shelby SPONG», que pueden ser encontradas en la mayor parte de los buscadores de internet.

– La revista CONCILIUM dedicó recientemente un número monográfico a la «resurrección de los muertos», en noviembre de 2006 (el número 318).

– John Shelby SPONG, Vida eterna: una nueva visión. Más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, 232 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (http:/tiempoaxial.org). El subtítulo lo dice todo sobre la intención y el enfoque de este libro.

Completamos con una referencia tradicional a las tres lecturas de hoy:

Malaquías, a través de un lenguaje apocalíptico, alienta al pueblo justo que sirve enteramente al Señor, indicándoles que ya llegará el día en que se hará sentir la justicia de Dios sobre los que no guardan su ley; que ellos no son los que realmente dirigen el caminar de la historia, sino que es el Dios amante de la vida quien la guía, conduciéndola por el camino de la paz y de la vida. Todos los que caminan por el camino del Señor serán iluminados por el “sol de la justicia” que irradia su luz en medio de la oscuridad, en medio del dolor y la muerte.

El salmo que leemos hoy es un himno al Rey y Señor de toda la Creación, quien dirige con justicia a todos los pueblos de la tierra, quien es amoroso y fiel con el pueblo de Israel. Dios es un Dios justo, que merece ser alabado por todos, pues ha derrotado la muerte y ha posibilitado la vida para todos; por ello toda la Creación lo alaba, celebra la presencia de ese Dios misericordioso y justo en medio del pueblo liberado. Es un salmo de agradecimiento por los beneficios que el pueblo ha recibido por tener su esperanza puesta en el Dios de la Vida.

Muchos de los creyentes de Tesalónica, concretamente las “clases superiores”, pensaron que no debían preocuparse por las cosas de la vida cotidiana, como el trabajo, y que más bien debían esperar, de brazos cruzados, la inminente venida del Señor y dedicarse a la ociosidad. Pablo llama fuertemente la atención sobre esa actitud, pues son personas que viven del trabajo ajeno, son explotadores de los otros (esclavos) y, gracias a ello, acumulan riquezas sin esforzarse en absoluto. Es a ellos a quienes Pablo se dirige con vehemencia: «el que no trabaje que no coma» (v.10), ya que esta actitud no es propia de la enseñanza de los apóstoles.

Puede ser que la presencia magnífica del templo de Jerusalén alentara la fe de los judíos hasta el punto de ser más significativos la arquitectura y el poder de la religión que el mismo Dios de Israel; puede ser que fueran más importante los sacrificios, el ritual, la construcción majestuosa… que las actitudes exigidas por el mismo Dios para un verdadero culto a él: la misericordia y la justicia social. Por eso Jesús afirma que el templo será destruido, pues no posibilita una relación legítima con Dios y con los hermanos, sino que crea grandes divisiones sociales e injusticias. Es importante ir descubriendo en nuestra vida que la experiencia de fe debe estar atravesada por el servicio incondicional a los demás; es así como vamos sintiendo el paso de Dios por nuestra existencia y es así como vamos construyendo el verdadero templo de Dios, el cual no se debe equiparar con edificaciones ostentosas, sino con la Iglesia-comunidad de creyentes que se inspira en la Palabra de Dios y se mantiene firme en la esperanza de Jesús resucitado. Leer más…

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Dom 17. XI. 2019. 33 del Tiempo ordinario. (Lucas 21, 5-19). No quedará piedra sobre piedra: nuevo Templo

Domingo, 17 de noviembre de 2019

templo-de-salomon__800x800Del blog de Xabier Pikaza:

Constructores (testigos) de la Humanidad de Dios

Se acerca el fin del ciclo litúrgico 2019, y las lecturas de la misa nos sitúa ante la culminación de todas de las cosas o, mejor dicho, ante el fin del tiempo actual, con el tipo de templo que hemos venido construyendo, para que así pueda surgir la religión verdadera, la nueva humanidad. Entre las cosas que acaban, según el evangelio, destaca el Templo, con todo lo que significa. Pero su destrucción puede y debe ser principio de nueva construcción: Fuente e impulso de esperanza.

El Templo de Jerusalén era lo más grande que había, según el judaísmo, una de las instituciones más estables y justas de la historia, más el Imperio Romano, que la Organización de Naciones  (ONU) o que la estructura del capitalismo actual. Pues bien, Jesús vino y dijo que ese Templo (¡lo más grande, al parecer eterno, el sentido total de la historia!) iba a caer, por sus propias contradicciones interiores… añadiendo que esa caída resultaba en el fondo bueno, porque hacía posible el surgimiento de una Edad Distinta, más justa.

 El evangelio de la misa de este domingo se ocupa también de otros problemas (de enfrentamientos y persecuciones entre los pueblos, de desgarrones en la misma Iglesia…). Pero en esta postal voy a referirme hoy solamente el Templo en su conjunto, con referencia a nuestro tiempo, en línea social y religiosa.

history2-herodiantempleCada lector puede aplicar el tema a la sociedad actual, a la Iglesia existente, a las religiones en general, o a su propia vida. Yo quiero poner en el fondo (de forma velada) los temas de un pequeño curso que, Dios mediante, dictaré el domingo siguiente (24.11.19),en Madrid, sobre el fin de este tipo de Iglesia (o de cristianismo), con el surgimiento del verdadero templo (cf. imagen 3). Allí espero a quienes quieran dialogar sobre el tema.

Texto (un extracto). Lucas 21, 5-8

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.” Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?” Él contesto: “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca; no vayáis tras ellos… .

Jesús y el Templo

75161607_1373205762856612_3890563367366033408_o Para un judío, la estabilidad del mundo dependía del Templo. El santuario de Dios garantizaba, con su edificio y liturgia expiatoria, el orden de la tierra. Si falla el templo el mundo pierde su sentido y los hombres quedan desfondados, sin unión con Dios, sin garantías de vida y pervivencia: ¿Cómo se podrá vivir sin templo? ¿Cómo mantenerse y superar los riesgos de la historia si no existe un santuario donde puedan expiarse los pecados? ¿Cómo vivirán los hombres sin una “ley” superior que les mantenga unidos, que impida la violencia universal, el gran estallido del enfrentamientos de todos los hombres, pueblos contra pueblos, clases contra clases, intereses contra intereses…

Ése era el sentido del templo de Jerusalén, que muchos judíos consideraban “para‒rayos” universal de la “ira” amontonada en el fondo de los tiempos, de la violencia de los pueblos. Pero, ese templo de Jerusalén, vinculado a la memoria de David-Salomón y el centro de la vida israelita (del universo entero) se encontraba de hecho bajo la “protección” del gobernador romano con autoridad para nombrar al Sumo Sacerdote.

Por su parte, en el templo se celebraba cada día un sacrificio a favor de Roma, simbolizando así la estabilidad y sacralidad del orden israelita, dentro del imperio. Mientras hubiera templo, el mundo podría seguir existiendo, como signo del pacto de Dios con los hombres, que era, en concreto, un pacto entre Jerusalén y Roma, un templo concreto con sus tres funciones: económica, política y religiosa

Función Económica.

 El templo constituía el centro mercantil del pueblo israelita, que se había comprometido a mantener sus instituciones y su culto, al menos tras la “restauración” del exilio (año 525 a. C.) y las reformas de Esdras y Nehemías (cf. Neh 10, 2-39). En principio, el templo de Jerusalén había sido un “santuario real”, de manera que los reyes debían mantener su culto. Pero tras el exilio vino a convertirse en “santuario de la nación”, de manera que, aun estando bajo protección de los reyes de Israel o del Imperio de turno, su mantenimiento fundamental se hallaba en manos del conjunto del pueblo judío.  Leer más…

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“El fín de año y el fín del mundo”. Domingo 33 Ciclo C

Domingo, 17 de noviembre de 2019

Destrucción de JerusalénDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

“Llegará un día que no quedará piedra sobre piedra”

Para la Iglesia, el año litúrgico no termina el 31 de diciembre sino a finales de noviembre. De ese modo puede reservar cuatro domingos antes del 25 de diciembre para celebrar el Adviento, que forma ya parte del nuevo ciclo litúrgico. El último domingo del tiempo ordinario se dedica en los tres ciclos a celebrar la fiesta de Cristo Rey. Y el penúltimo, el 33, a recordar el fin del mundo y de la historia. Algo que puede parecer bastante ajeno a nuestra mentalidad y cultura, pero que fue esencial para los primeros cristianos y que ofrece materia interesante de reflexión.

Del entusiasmo ingenuo a la esperanza apocalíptica

La gran tragedia experimentada por el pueblo judío a comienzos del siglo VI a.C. (en el año 586), cuando parte importante de la población fue deportada a Babilonia, Jerusalén y el templo quedaron en ruinas, y el pueblo perdió la independencia, provocó al cabo de unos años un florecimiento de profecías que anunciaban la vuelta de los desterrados, la prosperidad y esplendor de Jerusalén, la gloria futura del pueblo de Dios. Los profetas rivalizaban entre ellos por ver quién anunciaba un futuro mejor. Y la gente, durante siglos, alentó aquellas esperanzas. Hasta que la realidad se impuso, dando paso a una gran decepción: ni independencia, ni riqueza, ni esplendor. La decepción fue tan fuerte, que algunos grupos vieron la solución en la desaparición del mundo presente, radicalmente malo, y la aparición de un mundo futuro maravilloso, del que sólo formarían parte los buenos israelitas. La primera lectura lo afirma con toda claridad.

La primera lectura (Malaquías 3, 19-20a)


Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir ‒dice el Señor de los ejércitos‒, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

En este breve pasaje, lo único que precisa comentario es la metáfora final. Para nosotros, «un sol de justicia» es un sol terrible, del que buscamos refugio bajo cualquier sombra. Pero este no es el sentido aquí, sino todo lo contrario: «un sol salvador, que nos salva con sus rayos». ¿De dónde viene esta extraña metáfora? Probablemente de Egipto, inspirándose en la imagen del sol alado, que representa su acción benéfica sobre todo el mundo.

El cálculo del momento final y las señales

Ya que la mentalidad apocalíptica considera inminente el fin del mundo, desea calcular el momento exacto en que tendrá lugar y las señales que lo anunciarán. Las dos preguntas que formulan los discípulos a Jesús en el evangelio de hoy recogen muy bien ambos aspectos: ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? Los Testigos de Jehová, cuando afirmaban a mediados del siglo pasado que el fin del mundo sería en 1984 (70 años después de la gran conflagración, marcada por el comienzo de la Gran Guerra en 1914) son los mejores exponentes modernos de esta forma de pensar.

            Para la mentalidad apocalíptica, cualquier acontecimiento trágico, sobre todo si era de grandes proporciones, anunciaba el fin del mundo. Por eso, en el evangelio de este domingo, cuando los discípulos oyen anunciar la destrucción de Jerusalén, inmediatamente piensan en el fin del mundo.

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos.  Jesús les dijo:

‒ Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

Ellos le preguntaron:

‒ Maestro, ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

            El peligro de esta mentalidad es que resulta estéril. Todo se queda en cálculos y señales, sin un compromiso directo con la realidad. Y eso es lo que pretenden evitar los evangelios sinópticos cuando ponen en boca de Jesús un largo discurso apocalíptico, que la liturgia se encarga de mutilar abundantemente (en nuestro caso, los 29 versículos de Lucas 21,8-36 quedan reducidos a los doce primeros; menos de la mitad).

La respuesta de Jesús

Él contestó:

‒ Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien: «El momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.

            Luego les dijo:

            ‒ Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

            Las palabras de Jesús recogen un buen catálogo de las señales habituales en la apocalíptica: 1) a nivel humano, guerras civiles, revoluciones y guerras internacionales; 2) a nivel terrestre, epidemias y hambre; 3) a nivel celeste, signos espantosos.

            Pero nada de esto anuncia el fin del mundo. Antes, y aquí radica la novedad del discurso, ocurrirán señales a nivel personal y comunitario: persecución religiosa y política, cárcel, juicio ante tribunales civiles; incluso la traición de padres y hermanos, la muerte y el odio de todos por causa de Jesús. Esta parte abandona la enumeración de catástrofes apocalípticas para describir la dura realidad de las primeras comunidades cristianas. En todas ellas habría algunos juzgados y condenados injustamente, traicionados incluso por sus seres más queridos.

            Sólo dos frases alivian la tensión de este párrafo tan trágico.

            La primera resulta casi irónica, pero no lo es: Así tendréis ocasión de dar testimonio. La persecución, la cárcel y los juicios injustos no se deben ver como algo puramente negativo. Ofrecen la posibilidad de dar testimonio de Jesús, y así lo interpretaron los numerosos mártires de los primeros siglos y los mártires de todos los tiempos.

            La segunda alienta la confianza y la esperanza: ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Más bien habría que decir que perecerán todos los cabellos de vuestra cabeza, pero salvaréis vuestras almas, que es lo importante.

            Si siguiésemos leyendo el discurso, todo culminaría en la aparición de Jesús, «el Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria». Es el sol del que hablaba Malaquías, que ilumina y salva a todos los que creen en él.

Frente a la curiosidad, testimonio

Las lecturas de este domingo corren el peligro de ser interpretadas en el Primer Mundo como mero recuerdo de lo que ocurrió entre los primeros cristianos. Muy distinta será la interpretación de bastantes iglesias africanas y asiáticas, que se verán muy bien reflejadas y consoladas por las palabras de Jesús. También nosotros debemos recordar que, sin persecuciones ni cárceles, nuestra misión es aprovechar todas las circunstancias de la vida para dar testimonio de Jesús.

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Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario. 17 de Noviembre, 2019

Domingo, 17 de noviembre de 2019

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Pero antes de todo, os echarán mano y os perseguirán, os arrastrarán a las sinagogas y a las cárceles, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por mi nombre. Esto os servirá para dar testimonio.

Haceos el propósito de no preocuparos por vuestra defensa, porque yo os daré un lenguaje y una sabiduría a los que no podrá resistir ni contradecir ninguno de vuestros adversarios. Seréis entregados incluso por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos; y a alguno de vosotros os matarán. Todos os odiarán por mi causa. Pero ni un pelo de vuestra cabeza se perderá.

CON VUESTRA PRESEVERANCIA OS SALVARÉIS.

(Lc 21, 5-19)

Es inevitable que la lectura de este Evangelio nos traiga al corazón a cada una de nuestras hermanas y hermanos perseguidas a causa de su fe en Jesús.

El corazón se estremece cuando te vienen al recuerdo imágenes, noticias, testimonios…

Estremece pensar que hay personas tan convencidas de su fe que no pueden renegar de ella, incluso si el precio a pagar es entregar la propia vida.

Inevitablemente una mira su propia fe, su propia vida…¡y se avergüenza!

Personalmente he manifestado, además públicamente, mediante una Profesión Solemne, que entregaba mi vida pero tengo que admitir que ante una muerte violenta no sé si sería capaz de mantenerme fiel a mi compromiso, ¿me vencería el miedo?… creo que sí.

Pero sin ir tan lejos, sin llegar al extremo de tener que entregar la propia vida, también me descubro tacaña y mediocre en lo pequeño. No siempre soy capaz de entregar mi tiempo, mi esfuerzo, mi servicio…¡ni tan solo soy capaz de renunciar a ciertas comodidades! “Os echarán mano y os perseguirán”.

Hoy el evangelio y el testimonio de quienes están siendo perseguidas a causa de su fe me espolean, me reclaman, me hieren. Ojalá la herida sea lo suficientemente profunda como para que me ayude a entregar de verdad la vida.

Oración

Sácanos, Trinidad Santa, de la mediocridad,

esa que nos paraliza a la hora de entregar la vida.

 

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios no puede hace promesas porque no tiene futuro.

Domingo, 17 de noviembre de 2019

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Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico. El próximo celebraremos la fiesta de Cristo Rey que remata el ciclo. Como el domingo pasado, el evangelio nos invita a reflexio­nar sobre el más allá. El lenguaje apocalíptico y escatológico, tan común en la época de Jesús, es muy difícil de entender hoy. Corresponde a otra manera de ver al hombre, a Dios y la realidad material. Desde aquella visión, es lógico que tuvieran también otra manera de ver lo último, el “esjatón”. Una vez más los discípulos están más interesados por la cuestión del cuándo y el cómo, que por el mensaje.

El pueblo judío estuvo siempre volcado hacia el futuro. La Biblia refleja una tensión, esperando la salvación que solo puede venir de Dios. A Noé se le ofrece algo nuevo después de la destrucción de lo viejo. A Abrahán, salir de su tierra para ofrecerle algo mejor. El Éxodo promete salir de la esclavitud a la libertad. Pero todas las promesas, en realidad, son la expresión humana de una carencia fundamental de hombre.

Los profetas se encargaron de mantener viva esta expectativa de salvación definitiva. Pero también introdujeron una faceta nueva: El día de esa salvación debía de ser un día de alegría, de felicidad, de luz, pero a causa de las infidelidades del pueblo, los profetas empiezan a anunciarlo como día de tinieblas; día en que Yahvé castigará a los infieles y salvará al resto. El objetivo de este discurso era urgir a la conversión.

Los primeros cristianos no tienen inconveniente en utilizar las imágenes que le proporciona la tradición judía, que era el ámbito religiosos en el que se desenvolvían. A primera vista parece que entra en esa misma dinámica apocalíptica, muy desarrollada en la época anterior y posterior a la vida de Jesús. El NT pone en boca de Jesús un lenguaje que se apoya en los conocimientos y las imágenes que le proporciona el AT.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva de Dios iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predicación de Juan Bautista y de Jesús. Las primeras comunidades cristianas acentuaron aún más esta expectativa de final inmediato. Pero en los últimos escritos del NT es ya patente una tensión entre la espera inmediata del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Ante la ausencia de acontecimientos en los primeros años del cristianismo, las comunidades se preparan para la permanencia.

Con los conocimientos que hoy tiene el ser humano y el grado de conciencia que ha adquirido, no tiene ninguna necesidad de acudir a la actuación de Dios, ni para destruir el mundo y poder crear otro más perfecto (apocalíptica), ni para enderezar todo lo malo que hay en él para que llegue a su perfección (escatología). El Génesis nos dice que al final de la creación Dios “vio todo lo que había hecho y era muy bueno”. ¿Por qué, nosotros, lo vemos todo malo? Para Dios todo está siempre en total equilibrio.

La justicia de Dios no es un trasunto de la justicia humana, solo que más perfecta. La justicia humana es el restablecimiento de un equilibrio perdido por una injusticia. Dios no tiene que actuar para ser justo ni inmediatamente después de un acto, ni en un hipotético último día donde todo quedará definitivamente zanjado. Dios no hace justicia. Él es justicia. Todo acto, sea bueno, sea malo, en sí mismo lleva ya el “premio” o el “castigo”, Dios no necesita ninguna acción posterior. Ante Dios todo es justo en cada momento.

Dios es justicia y toda la creación está siempre de acuerdo con lo que Él es. Nuestra contingencia es consecuencia de nuestra condición de criaturas. El dolor, el pecado, la muerte no son un fallo, sino que pertenecen a nuestra misma naturaleza. La salvación no consistirá en que Dios nos libre de esas limitaciones, sino en darse cuenta de que Él está siempre en nosotros, y todo hombre puede alcanzar plenitud de ser, a pesar de ellas.

Lo que en el mundo creemos que está mal y no depende del hombre, no es más que una falta de perspectiva. Una visión que fuera más allá de las apariencias nos convencería de que no hay nada que cambiar en la realidad, sino que tenemos que cambiar nuestra manera de interpretarla. Lo que nos debía preocupar de verdad es lo que está mal por culpa del hombre. Ahí nuestra tarea es inmensa. El ser humano está causando tanto mal a otros seres humanos y al mismo mundo que debíamos estar aterrados.

No nos debe extrañar la referencia a la destrucción del templo. Este evangelio está escrito entre el año 80 y el 90, por lo tanto ya se había producido esa catástrofe. Para un judío, la destrucción del templo era el “fin del mundo”. Era lógico asociar la destrucción del templo al fin de los tiempos, porque para ellos el templo lo era todo. De ahí la pregunta: ¿Cuándo va a ser eso? Pero Jesús responde hablando del fin de los tiempos, no del templo. La única preparación posible es la confianza total en lo que Dios nos está dando.

Jesús introduce elementos nuevos que cambian la esencia de la visión apocalíptica. En la lectura de hoy podemos apreciar claramente estos matices. A Jesús no le impresiona tanto el fin, como la actitud de cada uno ante la realidad actual (“antes de eso”). ¡Que nadie os engañe! La advertencia vale para hoy. Ni el fin ni las catástrofes tienen importancia ninguna, si sabemos mantener la actitud adecuada. La realidad no debe perturbarnos. Sabemos que la realidad material termina, pero lo esencial dura.

La seguridad no la puede dar la falta de conflictos (siempre los habrá), ni la promesa de felicidad, sino la confianza en Dios. Tampoco debemos seguir edificando “templos” que nos den seguridades. Ni organigramas ni doctrinas ni un cristianismo sociológico, garantizan nuestra salvación. Todo lo contrario, puede ser que la desaparición de esas seguridades nos ayude a buscar nuestra verdadera salvación. Decía ya San Ambrosio: “Los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían que cuando nos protegen”.

Lo esencial del mensaje de hoy está en la importancia del momento presente frente a los miedos por un pasado o las especulaciones sobre el futuro. Aquí y ahora puedo descubrir mi plenitud. Aquí y ahora puedo tocar la eternidad. Hoy mismo puedo detener el tiempo y llegar a lo absoluto. En un instante puedo vivir la totalidad, no solo de mi ser individual, sino la TOTALIDAD de lo que ha existido, existe y existirá. Para el despierto, no hay diferencia ninguna entre el pasado, el presente y el futuro.

Jesús venció a la muerte, muriendo. Su muerte no fue un paripé para recuperar la misma vida que perdió. Fue la aceptación total de su limitación lo que le proyectó a lo absoluto. Solo descubriendo y aceptando plenamente mi limitación, podré entrar en la dinámica de lo eterno que hay en mí. El mayor peligro que nos acecha es que busquemos en la vida espiritual la manera de potenciar lo material. El tiempo material es una sucesión de puntos. La eternidad es un punto que se encuentra a en todos los lugares de la línea.

Meditación

Cuidado con que nadie os engañe.
Nos convence lo que halaga el oído
Cuando la verdad nos exige esfuerzo,
profundizar en la realidad de nuestro propio ser,
es el único camino para escapar de las voces de sirena.
Las promesas de futuro son falsas, porque Dios no tiene futuro.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Nota: Si eres asiduo lector de Fray Marcos te puede interesar el último libro que acaba de publicar, “A la fuente cada día”. Es un comentario al evangelio de cada día del año que incorpora los tres ciclos litúrgicos. Así es válido para todos los años. La intención al escribirlo fue que todo el que quiera hacer un rato de meditación cada día, tenga un punto de apoyo en el evangelio. Está muy resumido, pero en dos minutos puede abrir horizontes nuevos de comprensión.

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Con vuestra constancia ganaréis vuestras vidas.

Domingo, 17 de noviembre de 2019

apocalipLa constancia es un puente entre el deseo y la aventura de alcanzar su logro (Rafael Carvajal)

17 nov. 2019. DOMINGO XXXIII DEL TO

Lc 21, 5-19

Con vuestra constancia ganaréis vuestras vidas

Con la constancia, no sólo ganamos nuestras vidas, como nos recuerda Lucas, sino también otras muchas cosas, como ocurre cuando perseveramos en la realización de los ejercicios propuestos.

Investigadores de la Universidad del Sur de California, con la ayuda de la Inteligencia Artificial, han descubierto cómo la música afecta al cerebro, al cuerpo y a las emociones humanas.

La música impacta poderosamente en el cerebro: se ilumina como un árbol de navidad y desencadena una montaña rusa de emociones ante la dinámica, el registro, el ritmo y la armonía de la canción.

En otras palabras, el contraste es crucial para encender en el cerebro el árbol de navidad: “Si una canción es ruidosa en todo momento, no hay mucha variabilidad dinámica, y la experiencia no será tan poderosa como si el compositor usara un cambio en el volumen, explica el autor principal del estudio, Tim Greer, en un comunicado.

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El trabajo del compositor es llevarte a una montaña rusa de emociones en menos de tres minutos, y la variabilidad dinámica es una de las formas en que esto se logra, añade.

El equipo también descubrió que la respuesta galvánica de la piel, básicamente, una forma de medir la sudoración, aumenta después de la entrada de un nuevo instrumento o el inicio musical de un crescendo.

Cuando cada nuevo instrumento entra, se puede ver un pico en la respuesta colectiva de la piel, señala Tim Grier.

Además, los momentos más estimulantes de la música fueron precedidos por un aumento en el nivel de complejidad de la canción. En esencia, cuantos más instrumentos hay en la canción, más personas responden a la percepción musical.

En términos de un ilustre poetaLa constancia es un puente entre el deseo y la aventura de alcanzar su logro.

Con vuestra constancia ganaréis vuestras vidas, dijo Jesús en Lc 21, 19, ¿y es que puede existir alguna recompensa mayor que ésta? ¡Personalmente, al menos yo, creo que no!; aunque haya muchos cristianos que dicen que el premio es el reino de los cielos. Y todos los musulmanes, que afirman que el Paraíso con bellas huríes celestiales que les esperan con copas de hidromiel llenas para ofrecérselo. Si algún cristiano de los que ya se han ido ha comprobado que esto es cierto, por favor que me avise: sin duda alguna me convertiré a la fe del Profeta con promesa formal de no retractarme de ella. Lo que me apena, es que Jesús, a quien el Corán tiene por profeta, no dijera tan santa doctrina a los cristianos.

El poeta ecuatoriano Rafael Carvajal (1818-1881) lucía un lenguaje puro y elegante, que sirvió a su país como Vicepresidente de la República durante varios años, y trabajando por hacer a los demás y a sí mimo más humanos.

MADRE AMOROSA

Sólo la madre amorosa,
de sus hijos cuidadosa,
yace en vela;
y a su afecto reverente
es, de la vida inocente,
centinela.

¿Qué del hombre sucediera,
si a su lado no tuviera
en la infancia,

de una madre el dulce anhelo,
sus caricias, su consuelo,
su constancia?

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Desde dónde nos planteamos el futuro?

Domingo, 17 de noviembre de 2019

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Podemos imaginarnos la escena: Un grupo de gente está asombrada ante la belleza del templo que construyó Salomón. Por todas partes se ven mármoles y madera del Líbano; la cúpula está recubierta de oro y deslumbra con el sol. Además de ser un edificio deslumbrante, el templo era el “banco central” del judaísmo: no solo se guardaban allí grandes riquezas sino que se acuñaba una moneda propia.

En el interior del templo se guardaba el arca de la alianza, y a través de ella Dios se hacía presente en medio de su pueblo, con una intensidad superior a la de cualquier otro espacio o símbolo religioso.

Jesús no resalta la belleza del templo, sino que habla de su destrucción. Se inserta así, en la tradición de los profetas. Para ellos, la destrucción del templo sería señal de que se había roto la alianza entre Dios y su pueblo. Lo trágico no era la pérdida de este edificio impresionante, sino la dimensión teológica, porque creían imposible el culto a Dios al margen, o fuera, del templo de Jerusalén. Así lo habían expresado los profetas:

  • “Mejorad vuestro proceder y vuestras obras y yo moraré con vosotros en este lugar… si no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no vais, para daño vuestro en pos de dioses extranjeros, entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar” (Jeremías 7, 1-15)
  • En otro momento, el profeta Jeremías recibió el encargo de anunciar al pueblo que, si no dejaban de hacer el mal, destruiría el templo del mismo modo que había destruido el templo de Silo. (Jr. 26, 1-19)
  • El profeta Ezequiel tuvo una visión de todas las abominaciones e idolatrías que se cometían en el templo. (Ez. 8, 1-18)

Cuando Lucas escribió este texto, Jerusalén y el templo habían sido destruidos unos años antes. Las comunidades cristianas eran cruelmente perseguidas por Roma y por el judaísmo oficial; muchos hombres y mujeres habían abandonado sus pueblos por temor al martirio y algunas personas renegaban de su fe.

Lucas recuerda las palabras de Jesús, para que guíen a las comunidades, en medio de la confusión, el miedo y las persecuciones. Estas son las claves del mensaje que pueden ayudarnos también ahora:

a) Que nadie os engañe. Había charlatanes que se aprovechaban del miedo de la gente para conseguir seguidores, y tenían la desfachatez de decir que hablaban en nombre de Jesús. También hoy hay charlatanes que usan el miedo como arma, proponiendo una sociedad que no tiene nada que ver con el proyecto de Jesús. El evangelio nos invita a estar atentos a los mensajes engañosos de las redes sociales, a no atontarnos con la televisión que nos enreda con sus personajes-marioneta, olvidando las historias reales de quienes nos rodean y nos necesitan.

b) Os perseguirán… pero yo os daré palabras y sabiduría y podréis dar testimonio. Hoy sigue siendo imprescindible un testimonio valiente y coherente, no es fácil, pero no podemos olvidar que recibimos la fuerza del Espíritu para darlo.

C) Hasta vuestra familia os traicionará y odiará por causa mía. ¿Por qué era importante la perseverancia? Porque el ambiente en que vivían los discípulos no facilitaba la vivencia de los valores que Jesús les había propuesto, y la tentación de tirar la toalla y volver a la vida anterior, pagana, era muy fuerte y habitual.

Lamentablemente, también hoy son frecuentes las discusiones y enfrentamientos en las familias por motivos religiosos. ¡Cuántas veces callamos o disimulamos nuestros principios por una falsa paz!

Con estas tres claves podemos revisar el año litúrgico que acaba y hacer gestos de conversión para que la Palabra se haga carne en nuestra carne.

Que el mensaje de este domingo nos lleve a afrontar el presente y el futuro con la confianza de que el Espíritu está en nosotros, aunque nos veamos en medio de persecuciones y dificultades que nos parezcan insalvables.

Mª Guadalupe Labrador Encinas. fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Ya somos “yo soy”

Domingo, 17 de noviembre de 2019

refugeeDomingo XXXIII del Tiempo Ordinario 

17 noviembre 2019

Lc 21, 5-19

        Todo lo que nace muere. El mundo de las formas se mueve, sin excepción, por la ley de la impermanencia. Eso explica que aferrarse a algo, sea lo que sea, implique sufrimiento.

          En el mundo de lo impermanente, el dolor es inevitable. El sufrimiento, sin embargo, lo añade nuestra mente, siempre que desconocemos la impermanencia y absolutizamos cualquier forma. Una vez que hemos absolutizado algo, nos frustramos y nos resistimos al constatar que no era algo absoluto como, en nuestra ignorancia, habíamos imaginado. Esta resistencia incrementa de nuevo el sufrimiento.

          La ignorancia, que se traduce en sufrimiento, afecta igualmente a la idea que nos hacemos de nosotros mismos. Al identificarnos con el yo, nos reducimos a una forma (personal) y, con ello, quedamos recluidos en la impermanencia.

     Las formas son impersonales o personales. Solo la no-forma es transpersonal.

          Lo que realmente somos –más allá de la forma en la que temporalmente nos experimentamos– es el “Yo soy” transpersonal. Por eso, cada vez que lo “personalizamos”, caemos en el error. Como avisa Jesús, nadie “personal” es “Yo soy”. Este es el nombre que alude a la Realidad última e inefable, que transciende las formas.

          Una manera pedagógica de abrirnos a la comprensión consiste, justamente, en decir “Yo soy”, sin añadir absolutamente nada más, permitiendo que esa expresión reverbere en nuestro interior. Seguramente notaremos cómo nos introduce en el Silencio que lo ocupa todo y que es lo único que permanece mientras todas las formas –materiales y mentales– cambian.

          Nuestra forma (persona) es impermanente, pero lo que somos permanece inafectado y se halla siempre a salvo. “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”, dice metafóricamente Jesús. Lo que somos se halla siempre a salvo. La sabiduría consiste en vivir la forma (el yo personal) desde la comprensión de que somos la Vida (el Yo soy transpersonal).

¿Cultivo en el silencio de la mente el saboreo de lo que somos?

Fuente Boletín Semanal

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El esplendor del Templo caerá. A Dios se le adora en la verdad y buen espíritu de la vida

Domingo, 17 de noviembre de 2019

índiceDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01     De grandes ilusiones están las desilusiones llenas.

Desconocemos quién fue Malaquías. Su nombre significa: Mi mensajero. Mensajeros y profetas hay siempre.

La situación que refleja el libro de Malaquías es la del retorno del exilio por los años 480-460 aC. Todo ha vuelto a su ser, el Templo ha sido reconstruido y ha quedado casi tan espléndido como la Sagrada Familia de Barcelona, el culto se ha restablecido, etc.

Pero, por desgracia y como siempre, también han vuelto la corrupción y la injusticia. Es un momento de gran escepticismo porque las promesas e ilusiones que se habían forjado en el exilio no se han cumplido ni van camino de ello. La corrupción se había instalado de nuevo en las instancias de poder, en el templo.

Malaquías rememora la fidelidad y la bondad de Dios y con ello trata de apuntalar la esperanza del pueblo, de los pobres: Llegará un día en que volverá a salir el sol.

Las referencias hacia nuestro momento político y eclesiástico vienen servidas en bandeja, son inevitables: También hoy vivimos un momento de cierto escepticismo. En tiempos de la dictadura soñábamos con la libertad, con una democracia que iba a ser la solución de todos los males. Eclesialmente vivimos un Vaticano II que fue una espléndida primavera y auguraba unos tiempos de plenitud cristiana. En los míticos años 60 (mayo 68’) nos prometíamos paraísos celestiales terrenales. Pero han pasado ya algunas décadas y política, social y eclesiásticamente las cosas se parecen a más a la situación que describía Malaquías que a lo que idealizábamos hace unas décadas.

Menos mal que el momento eclesial del papa Francisco son una brizna de esperanza en la historia actual de la iglesia.

a quienes creen y esperan los iluminará el sol de justicia que lleva la salud (1ª lectura)

Los fracasos personales, el pecado, quizás las metas no logradas en la vida, tal vez la incertidumbre de la salud / enfermedad, la desilusión postmoderna y la desolación eclesial en que estamos nos pueden sumir en una desesperanza.

La utopía y la esperanza tienen potencia como para no dejarse abatir ni doblegar ni por las propias limitaciones, por los poderes de este mundo, ni por las frustraciones. En la esperanza está vuestra fortaleza, dice Isaías, (Is 30,15).

         Ánimo, es el momento de activar la esperanza. Vivamos en confianza.

  1. No quedará piedra sobre piedra.

         Pero ¿en qué hemos de esperar? ¿en qué podemos confiar y esperar?

         Nos gusta contemplar y presumir un poco del esplendor del templo, de las construcciones religioso-culturales de nuestra tradición, de nuestros pueblos. Es lógico y normal.

         Algunos sectores de la iglesia utilizan las piedras del templo como arma arrojadiza y hacen con las piedras no espacios de vida sino trincheras.

  1. Ya llovía sobre mojado: el esplendor del Templo.

         El esplendor del templo de Jerusalén no era menor que el nuestras catedrales. ¿Qué estaba diciendo Jesús?

         Ya llovía sobre mojado, pues “previamente” Jesús había echado del Templo a toda la “farfalla” de vendedores, negociantes, “merchandising” ideológicos, etc. (Jn 2,13-22). Tras la expulsión del Templo de toda comercialización, Jesús anuncia la destrucción de esos sistemas: Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

         Y había llovido más cuando Jesús se mostró más radical todavía cuando hablando con la samaritana acerca de si hay que adorar a Dios en Jerusalén o en Garizim, Jesús le contesta, déjate de tonterías, a Dios se le adora en espíritu y en verdad, (Jn 4,21).

         De esos sistemas no quedará piedra sobre piedra.

         Nuestra confianza y esperanza cristianas no se sustentan en las piedras, sino en Dios.

Toda piedra, toda música, todo lenguaje, toda teología, todas las instituciones apenas pueden balbucear, de modo muy limitado pueden apuntar y así ser icono de Dios, de la utopía, del Reino de Dios, pero ningún producto cultural son Dios.

         índiceLas piedras caerán bien por la fuerza de la historia, bien porque el emperador Tito le mandó a Pompeyo destruir el templo de Jerusalén en el año 70, bien por la barbarie, o bien porque ya no signifiquen nada.

Las Iglesias se están vaciando de creyentes y se están llenando de turistas, o simplemente se están convirtiendo en museos.

         Pongamos cuidado en que las piedras en vez iconos se conviertan en ídolos. Con gratitud y admiración (como los judíos) y a la creatividad humana, lo decisivo no es Bach, ni S Tomás, ni Gaudí, ni Moneo, sino aquello hacia lo que apuntan. Cuando alguien te enseñe las estrellas, no te quedes mirando el dedo

  1. El día del Señor.

         La apocalíptica es una coreografía un poco trágica, de vivos colores, de símbolos fuertes y honda esperanza para hablarnos del día final, del final de la historia. Pero esas cosas no van a ocurrir así. Decía Ratzinger en su escatología hace treinta años:

De los elementos cósmicos en las imágenes del Nuevo Testamento no se puede concluir nada en orden a una descripción cósmica de acontecimientos futuros. Todos los intentos en este sentido se han equivocado de camino. Estos textos son más bien una exposición del misterio.[1]

El final no tanto en sentido de tiempo cronológico, sino de finalización-realización tiene una importancia decisiva en una vida consciente.

         Saber hacia dónde caminamos es importante; tan decisivo como saber de dónde venimos. (Quien no sabe de donde viene, tampoco sabe a dónde va. Con lo cual pasamos de peregrinos a errantes).

Finalizar la historia tiene dos sentidos: ponerle punto final y, al mismo tiempo, que ese final sea algo lleno de sentido.

         Peregrinamos (per agrum) por los campos y la mies del Señor y de la humanidad hacia las verdes praderas del Reino. No hemos de temer al día final pues no es el dies irae, que cantábamos en los funerales o el día de venganza que decía Isaías (Is 61,2), sino el día, el año, el tiempo de gracia y salvación, (Lc 4,19-21)

La destrucción del templo ocurrirá en el día final, en el día del Señor. Quizás sería mejor decir que la destrucción del Templo es el día final, el día de la utopía, de la ilusión realizada, del exilio concluido, de la meta del Éxodo de la libertad.

         Mantengamos la firme convicción (perseverancia) de que estamos en manos de Dios:

ni un cabello de vuestra cabeza perecerá

[1] J. RATZINGER, Escatología, Herder (Barcelona 1980), p. 189.

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Habla con Dios…

Sábado, 16 de noviembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Habla con Dios. El te responderá,
o Su silencio te será una respuesta;
porque El está contigo; tu nunca estás solo.
Que en su quietud pueda tu corazón estremecerse
y escuchar lo que dice el Nombre divino.
Presientes cómo florecen los jardines celestiales;
oyes las profundas melodías del Ser,
el canto primordial de amor y de luz.

Porque Tu eres mi Dios, a Ti te llamo;
Tú nunca me abandonarás.
Tú eres el Refugio, el Bien Supremo.
¿Quién puede abarcar al Altísimo?

Y aunque el mundo se rompiera en pedazos,
Tu eres lo que me quedaría.
Yo no sé qué es el mundo, qué soy yo.
Sólo se que amo.

*

Frithjof Schuon

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“Ellacuría, Romero y Francisco a los 40 años de Puebla”, por Agustín Ortega

Sábado, 16 de noviembre de 2019

Ellacuria-Romero-Francisco-anos-Puebla_2176892291_14086215_660x371De su blog Acción-formación social y ética:

Recientemente, el Papa Francisco ha hecho memoria del martirio de I. Ellacuría, I. Martin-Baro y el resto de compañeros jesuitas de la UCA (El Salvador). Al igual que los obispos latinoamericanos en Aparecida (DA 396), Francisco reconoce la fecundidad de todos estos mártires latinoamericanos para la vida de fe, la misión y el constitutivo compromiso social por la justicia con los pobres de la tierra. El martirio de santos reconocidos como Mons. Romero, con el que Ellacuría y los jesuitas de la UCA colaboraron estrechamente, o el de tantos otros del pueblo, esos cristianos mártires anónimos: son modelo e impulso para el seguimiento de Jesús.

En mis próximas actividades académicas y formativas, en esta semana que conmemoramos el 30 aniversario del martirio de los queridos Ellacuría y jesuitas de la UCA, estaré presentando el libro “Ellacuría en las fronteras”, editado por la Universidad Jesuita Ibero de México. En dicha publicación soy co-autor y hago un capitulo con el título: “Filosofía de la acción-formación social en el horizonte de la espiritualidad. Claves desde Ellacuría, Martín-Baró y los jesuitas mártires de la UCA”. Haremos esta presentación en algunos centros universitarios de Lima, donde actualmente realizo mi misión en América Latina y soy profesor, enseñando los documentos de su iglesia como la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Puebla, de la que se cumple asimismo su 40 aniversario.

En el camino del Concilio Vaticano II y de Medellín con Puebla, expondremos como Romero, Ellacu y en la actualidad el Papa Francisco: nos muestran esta “martyría” (testimonio) de la fe que, desde la Gracia de Dios, se realiza en el servicio al Reino de Dios que nos regala la vida y la salvación en el amor, la paz, la dignidad y la justicia con los pobres que nos libera integralmente de todo mal, pecado, muerte, opresión, esclavitud e injusticia. La misión testifica con la fe y vida esta salvación que nos dona el Dios Encarnado en Jesucristo pobre (crucificado-resucitado) y que ya se va efectuando en el mundo e historia con la liberación integral, personal, social e histórica-escatológica culminado en la tierra nueva y los cielos nuevos.

La Gracia asume toda la naturaleza e historia para su realización y llevarla a plenitud con el amor fraterno, el respeto de la vida en todas fases o aspectos y la justicia con los pobres. De esta forma, ya se va anticipando la salvación en la realidad histórica con la liberación del pecado personal, estructural y de toda muerte que consuma la historia en la trascendencia de la vida plena-eterna.

La antropología bíblica-católica, con la unidad inseparable del cuerpo y el alma, articula e incluye la gracia y la naturaleza, la creación y la salvación, la fe y la justicia, el amor a Dios y al otro promoviendo el bien más universal (1 Jn, 4-20), la espiritualidad y el compromiso moral, la mística y política. Esa caridad interpersonal y política que busca la civilización del amor, el bien común y los derechos humanos que hay que historizar en la verdad real, en la realidad histórica para que se verifique realmente la justicia con los pueblos, con los pobres, víctimas y oprimidos.

La misión de la iglesia tiene pues, en este servicio al Reino de Dios siguiendo a Jesús, como elementos constitutivos la promoción humana, el desarrollo liberador e integral que nos promueve la conversión al Evangelio, el cambio personal, moral y la transformación socio-estructural. La salvación, que nos regala la Gracia de Dios en Cristo, ya se va incoando en la liberación integral, en toda estas liberaciones personales, sociales e históricas para ser libres de todo mal, pecado e injusticia. Y, en este sentido, amar a los otros con la responsabilidad por la justicia liberadora de toda esclavitud, muerte e ídolo de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia.

La sabiduría de la fe, honrada con lo real, inspira toda esta inteligencia de la razón que se hace cargo de la realidad. La inteligencia ética para cargar con la realidad en la misericordia compasiva, que asume solidariamente el sufrimiento e injusticia que padece el otro. Y la inteligencia practica que se encarga de la realidad, con la praxis liberadora por la justicia en la promoción de las personas, de los pueblos y la opción por los pobres como autores de su liberación integral.

Es esta sabiduría e inteligencia la que posibilita una educación y formación humanizadora, ética, social, espiritual e integral de la persona solidaria para el conocimiento y transformación de la realidad (sociedad-mundo). Siguiendo a Jesús, la iglesia convertida al Reino de Dios y su justicia, es la iglesia-sacramento universal de salvación y liberación integral en la historia, que se consuma en la eternidad. Iglesia pobre con los pobres como sujetos de la misión evangelizadora, protagonistas de su promoción liberadora e integral (Lc, 1, 46-55: 4, 18; 6, 20-49).

Desde la Gracia de Jesús pobre (2 Cor 8, 9) y crucificado (Flp 2) por el Reino de Dios, los pobres, victimas y crucificados de la historia nos evangelizan, traen luz y salvación como presencia (sacramento) real de Cristo pobre (Mt 25, 31-46), que nos libera de todas estas idolatrías del dinero, del poseer y tener. Los sufrimientos e injusticia que padecen los pobres, fruto del pecado del mundo y de la inequidad estructural, nos llaman a la conversión y honradez con toda esta realidad de los pueblos crucificados, que son el signo permanente de los tiempos.

 El lugar teologal y social donde El Espíritu, que habita la creación e historia, clama en el grito de los pobres y gemidos de la tierra (Rm 8, 22-39). El amor en la verdad del Evangelio de Jesús requiere toda esta liberación de la injusticia (Rm 1, 18-32), ya que de la fe brota la justicia (Rm 9,30) y nos libera del mal y mentira del mundo (Rm 12,2). Es la sabiduría escondida de los pobres y excluidos que, en Cristo pobre y crucificado, nos hacen libres del pecado del poder y la riqueza (1 Cor 1).

Se trata de revertir la historia y lanzarla en otra dirección, en esta “locura” evangélica de la civilización de la pobreza y del trabajo frente a la de la riqueza y el capital. La vida y dignidad de la persona trabajadora, de todo ser humano con sus derechos como es un salario justo, está  antes que el capital. Una economía al servicio de las necesidades y capacidades de las personas, los pueblos y los pobres con el destino universal de los bienes, la equidad en la distribución de los recursos, que tiene la prioridad sobre la propiedad. La civilización de la pobreza va logrando el sentido y la felicidad del ser humano con la solidaridad compartida de la vida, de los bienes y el compromiso por la justicia con los pobres frente a los falsos dioses de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia.

Es el buen vivir con la ecología integral en esta comunión solidaria desde Dios con los otros, con los pobres y con toda la creación para el cuidado de la vida en todas sus formas, fases y dimensiones que expresa toda una bioética global. El cuidado y la defensa de la vida, con la opción por los pobres, es el principio ético-practico que debe guiar toda la realidad humana, social e histórica que no puede ir nunca en contra de esta vida y dignidad de la persona. Hay que inspirar con todo este espíritu a lo real y a la civilización para que se oriente en la verdad, la belleza y el bien más universal buscando y hallando a Dios en todas las cosas, con estos pobres de espíritu y la civilización de la pobreza para la vida solidaria, fraterna y justa.

Los mártires por tanto nos llaman al profetismo, a la utopía y la esperanza. Desde el Dios de la vida, revelado en Jesús, “sólo utópica y esperanzadamente puede uno creer y tener ánimos para intentar con todos los pobres y oprimidos del mundo revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección” (Ellacuria). Hagamos siempre memoria de todo estos mártires que, como nos dice Aparecida, “han ofrecido su vida por Dios, por la Iglesia y por su pueblo”.

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Tú, mi indecible

Viernes, 15 de noviembre de 2019

Del blog Nova Bella:

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¡Oh Tú, el más allá de todo!
No hay palabra que te exprese ni espíritu que te comprenda.
Todos los seres te celebran.
El deseo universal, el gemido de todos, suspira por ti.
Todo cuanto existe te ora,
y hasta ti eleva un himno de silencio
todo ser capaz de leer tu universo. Eres todos y no eres nadie.
Ni eres un ser solo ni el conjunto de todos ellos.
¿Cómo puedo llamarte, si tienes todos los nombres?
¡Oh Tú, el único a quien no se puede nombrar!

*

San Gregorio Nacianceno

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“Razones por las que falsificaron a Jesús”, por Pablo Heras Alonso

Viernes, 15 de noviembre de 2019

ar_codigo-jesus-s01e02-los-huesos-de-juan-bautista_p_mDe su blog Humanismo sin credos:

Según el parecer mayoritario, aunque los hay que incluso niegan su existencia, Jesús fue un personaje real, un predicador de tierras de Galilea que fue ajusticiado por los romanos. Asegurar lo que hizo y lo que dijo y deducir el motivo de su condena ya es harina de otro costal, donde naufragan muchos tratados con pretensiones de historia.

Los únicos documentos a los que acudir y que dicen algo enjundioso de él y no meras referencias, como pueden ser las de Josefo, Tácito, Suetonio o Plinio el Joven, son los contenidos en el Nuevo Testamento, especialmente los Evangelios. Pero tales documentos más enturbian que aclaran la personalidad real de Jesús, llamado a veces nazareno y otras nazoreo.

Hemos insistido en días pasados en que los rasgos distintivos, su biografía y su personalidad han sido en exceso distorsionados de tal modo que es sumamente difícil saber quién fue. La labor de desmontar aspectos increíbles, hechos narrados que son mágicos o fantásticos, contradicciones flagrantes dentro incluso del mismo Evangelio, sólo ha podido llevarse a cabo cuando los investigadores se han sentido a salvo del omnímodo poder represor de las “fuerzas vivas” eclesiales, especialmente las católicas y las protestantes.

Y a pesar del esfuerzo vulgarizador de los investigadores, en modo alguno han calado sus conclusiones entre los fieles creyentes. Son muchos siglos de adoctrinamiento y mucha la idiocia o simplemente la inercia, la apatía o la indiferencia del pueblo fiel. A quienes han dado de lado las creencias, les importa poco si Jesús fue esto o lo otro; a quienes creen en él, nada que se diga podrá perturbar su fidelidad.

Una lectura superficial de los Evangelios hace creíble la figura de Jesús, aunque se puedan omitir hechos fantasiosos como puedan ser resurrecciones o expulsiones de demonios encarnados en cerdos. Es más, muchos afirman que la memoria de un hombre excepcional no se borra así como así, aun pasados muchos años. Y sin embargo los expertos insisten en que el personaje fue adulterado, a veces de modo grosero.

Ya hemos aducido en días pasados algunos motivos. El más evidente es la distancia. Y afirmábamos que cincuenta años ─en el caso del Evangelio de Juan, más─ son muchos cuando de tradición oral se trata, con el añadido de sucesos enormemente traumáticos relacionados con el personaje y con el grupo social al que pertenecía.

Pensemos en otros aspectos que influyeron necesariamente en el relato acumulativo de hechos portentosos y en el ocultamiento de otros peyorativos. Uno de ellos es la misma lengua hablada por Jesús y sus discípulos frente a la utilizada por los evangelistas. Los que escribieron sobre Jesús lo hicieron en una lengua ajena a Jesús, en griego. No lo conocieron directamente y los que sí lo conocieron y trataron guardaban recuerdos en arameo. ¿Cómo y quiénes dieron traslado de lo que la memoria guardaba de una lengua a otra? Fue necesaria una traducción, con el riesgo que ello entrañaba.

Recordemos, además, que en Jerusalén ocurrieron hechos aciagos que provocaron una desbandada general, una diáspora sufrida tanto por judíos como por prosélitos cristianos. Palestina, para muchos, quedaría muy lejos. Es casi seguro que ninguno de los Evangelistas recorrió los lugares que describe ni contactó con las gentes del lugar que, con seguridad, guardarían recuerdos del Maestro predicador.

Añádase el tiempo transcurrido entre los hechos acaecidos y los relatos al respecto. No insistiremos en lo que ya dijimos en días pasados. Lo sucedido en los primeros treinta años del siglo I e.c. fue narrado en el último tercio.

También hemos hecho referencia a un dato significativo respecto a los destinatarios de los Evangelios. Fueron escritos por y para comunidades urbanas, muy alejadas de los problemas que acuciaban a las rurales. El personaje Jesús proviene de un entorno rural, algo que queda reflejado en muchas de sus alegorías o parábolas.

Pero si algo pudo influir en el sesgo redactor fueron los dos hechos traumáticos citados: la crucifixión del jefe en el año 30 y la destrucción de Jerusalén en el año 70. Los judíos, todos, se convirtieron en enemigos del Imperio y como tales tratados: derrotados, muertos, ajusticiamientos, huida y dispersión…

Los evangelistas trataron de revertir tales hechos al hablar de Jesús. Todo su propósito fue exculpar a los romanos de la condena y muerte de Jesús, para hacer de él un personaje inocuo y hasta bien considerado por los romanos. Recordemos el juicio ante Poncio Pilato, en el que incluso aparece la mujer para implorar clemencia.

Y todo el relato chirría de tal manera que uno llega a pensar si los evangelistas tomarían por tontos a los futuros adoctrinandos. Cómo contrasta el relato de la Pasión de los Evangelios con el de los Hechos de los Apóstoles cuando Pablo de Tarso es acusado ante las autoridades romanas, cómo se garantiza su defensa, cómo es enviado a Roma…

Jesús pasa por ser un personaje ajeno a la política, un predicador más que propugna el bien y la bondad, inofensivo para las autoridades y en nada proclive a amenazar los intereses de Roma… ¡y sin embargo fue crucificado! ¿Alguien entiende tal paradoja?

Lo que decimos, tanto ayer como hoy importaba poco la historicidad del relato, la comprobación de los hechos y las contradicciones evidentes. Cuando alguien es capaz de dar su aserción a fecundaciones celestiales y a cantos de ángeles en medio de la noche, esta u otra menudencias importan poco.

Y sin embargo de tales menudencias se deduce que el Jesús de la fe no fue el personaje real que vivió en tal tiempo y en tal lugar.

Pablo Heras Alonso

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Esperanza

Jueves, 14 de noviembre de 2019

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La postura del cristiano frente a la esperanza es compleja y operante. Nosotros no nos alienamos con las esperanzas terrenas y dirigimos nuestros ojos exclusivamente hacia la esperanza eterna, y ni siquiera nos zambullimos en el efímero olvido de la eternidad. No perdemos de vista el hecho de que el Creador ha confiado al hombre el derecho y el deber de dominar la naturaleza y completar la creación, pero tampoco olvidamos que nosotros somos sólo cocreadores y que nuestras esperanzas ahondan sus raíces en la grandeza y en la generosidad del Padre, que nos ha querido a su imagen y semejanza y nos ha hecho partícipes de su naturaleza divina.

       Nuestra esperanza no es ingenua ni tiene miedo de hacer frente a los obstáculos. Tiene el coraje suficiente para mirarlos de cerca y se esfuerza por superarlos contando con sus propias fuerzas, sin olvidar, no obstante, que el Hijo de Dios se hizo hombre y ha comenzado ya la obra de liberación del hombre, y que a nosotros nos corresponde completarla con la ayuda de Dios. ¿Es acaso una audacia excesiva, un sueño irrealizable, una esperanza vana, pensar en «la esperanza de una comunidad mundial»? Pues sí, ciertamente, es una audacia, es un sueño. Una audacia y un sueño que, sin embargo, según la decisión y el realismo con los que seamos capaces de afrontar los obstáculos que se levanten en el camino, podrán transformarse de esperanza en realidad […].

       Cuando esperar nos parezca absurdo o ridículo, acordémonos de que, en la evolución creadora, el hombre brotó de un pensamiento de amor del Padre, ha costado la sangre del Hijo de Dios y es objeto permanente de la acción santificadora del Espíritu Santo.

*

Helder Cámara,
Conferencia pronunciada en Winnipeg el 13 de enero de 1970,
en  La documentación catholique del 1 de marzo de 1970, pp. 221 ss y 224.

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“Desafío global”, por Benjamín Forcano

Jueves, 14 de noviembre de 2019

hombre-y-tierra-seca-fondoSin un cambio de paradigma la nave Tierra-Humanidad se va a pique

Benjamín Forcano, teólogo,
Madrid.

ECLESALIA, 21/10/19.- “Habría que cambiar el orden asesino del mundo. Una banda internacional de especuladores, sin alma ni corazón, han creado un mundo de desigualdad, de miseria y de horror. Es urgente poner fin a su reinado criminal” (Jean Zieger).

Aunque tarde, parece que hemos llegado al momento de tomar conciencia de la necesidad de una ética planetaria. Lo está reclamando la crisis estructural y terminal que estamos atravesando. Estructural porque afecta a la totalidad y terminal porque el sistema no dispone ya de mecanismos internos para restañar sus contradicciones y superarlas.

La gravedad de la crisis se hace patente en una doble vertiente.

Socialmente, el proceso productivo está guiado por una lógica de apropiación de los bienes, que se caracteriza por el uso de una biotecnología para producir sin límites, el beneficio para pequeñas élites de países o clases sociales, el desfase entre el capital productivo (unos 35 trillones de dólares) y el capital especulativo (alrededor de 100 trillones), la acumulación de las riquezas por un lado y de la pobreza por otro, olvido de los desposeídos.

Ecológicamente, el sistema camina imparable hacia un consumo ilimitado. Poseído por una voracidad irracional, somete a una degradación constante a la naturaleza, la explota y rompe su equilibrio dinámico. Es justa, por tanto, la alarma de que esta situación no puede continuar si queremos sobrevivir. El neoliberalismo ha impuesto a la economía el rumbo de un crecimiento ilimitado, más información y más robotización, siempre con la mirada fija en el dominio total y en el lucro.

La situación es tal que se requiere un cambio de paradigma. O introducimos un cambio en nuestra mente, o la nave Tierra-Humanidad va a pique.

La dificultad está en que nosotros, eurocéntricos y modernos, arrastramos una mentalidad dualista, cartesiana-newtoniana, que contrapone el hombre a la tierra, haciendo de él un ser extraño y hostil que está sobre la tierra y contra ella, mirándola como un conjunto de recursos y materias primas que puede explotar indefinidamente.

En este sentido, se han venido abajo dos ilusiones: la de creer que La Tierra es inagotable y la de que nuestro progreso hacia el futuro es ilimitado. Llevamos así, cuatrocientos años y el modelo ha quebrado.

El saber ecológico quiere hacernos comprender que entre todos los seres hay una acción e interacción mutua, de modo que todos constituyen una comunidad cósmica, como un gran sistema homeostático.

La singularidad de la ciencia ecológica reside en la transversalidad, es decir, en afirmar que un conocimiento adecuado del universo no es posible sin relacionar todas nuestras experiencias y formas de saber, dando lugar a una captación holística de la realidad. Con razón, el econocido ecólogo brasileño Lutzeberger definía la ecología como “la ciencia de la sinfonía de la vida, la ciencia de la supervivencia”.

Ocurre, pues, que el objetivo perseguido se ha vuelto contra nosotros: de dominadores hemos pasado a ser dominados. La calidad de vida se ha degradado, dos tercios de la humanidad sufren subdesarrollo y pobreza, va a más la desintegración del equilibrio ambiental, aumenta el ejército de los trabajadores excluidos.

La ciencia y la técnica pueden liberar al hombre de muchas de sus necesidades, pero el hombre tiene hambre no solo de pan, y eso no queda garantizado con los meros recursos de la tecnología. El destino común exige, por tanto, un cambio de rumbo.

Tal cambio lo apunta la comprensión del nuevo papel del hombre en la evolución del cosmos: “La biología molecular aportó una contribución fantástica demostrando la universalidad del código genético: todos los seres vivos, desde la ameba más primitiva, pasando por los dinosaurios, por los primates y llegando hasta el homo sapiens/demens de hoy, emplean el mismo lenguaje genético, formulado fundamentalmente por cuatro letras básicas: la A (adenina), la C (citosina), la G (guanina), y la T (timina) para producirse y reproducirse” (L. Boff, Ecología de la tierra, grito de los pobres, Madrid, Trotta, 1996, p.24).

Todo esto nos lleva a aprender una nueva forma de comunicación con la totalidad de los seres y sus relaciones. Está emergiendo una nueva sensibilidad para con el planeta en cuanto totalidad.

Son muchas las culturas que han hablado, muchos los caminos que se han abierto y todos necesitamos ayudarnos para mejorar los desafíos de los más variados sistemas.

Sencillamente estamos descubriendo que por delante, por encima y por abajo de todos los hallazgos y laberintos se halla nuestra casa perdida, nuestro hogar común olvidado: La Tierra, la Comunidad humana y Cósmica.

Ya no admitimos que La Tierra sea una simple reserva físico-química de materias primas. Es un organismo extremadamente complejo y dinámico. Es la gran Madre que nos nutre y transporta. Desde esta nueva percepción , entendemos que la ciencia y la técnica ya no pueden estar contra la naturaleza sino con ella y a favor de ella. La Tierra y la Humanidad aparecen como una única entidad, un único ser complejo: no somos extranjeros en La Tierra, sino hijos de ella, somos La Tierra misma en su expresión de conciencia, de libertad y de amor.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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