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Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Jueves, 1 de octubre de 2020

En la Fiesta de esta santa inclusiva, nos acercamos a ella con este post del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

*

Thomas Merton.
Autobiografía.

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Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

..Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

*

Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad.
Herder 1982.

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Arroja en el Señor tus ansiedades y Él te sustentará: El abandono en Teresa de Lisieux

Teresa de Lisieux: “El abandono es el fruto delicioso del amor”

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“Desempolvar a Dios”, por Gema Juan OCD

Jueves, 1 de octubre de 2020

couv5850g_260Hoy celebramos la fiesta de Teresa de Lisieux,  mujer excepcional,  profeta, poeta, escritora, mística y monja. Disfrutemos de este texto que nos acerca a su espiritualidad de confianza y que “desempolvamos” del archivo de  Cristianos Gays:

Leído en el blog Juntos Andemos:

Los evangelios, escritos por manos diferentes, en situaciones distintas y para comunidades diversas, tienen muchas cosas en común. La principal es la necesidad transmitir la buena noticia que es Jesús y con Él, la alegría de recuperar a Dios, al Dios verdadero.

Los evangelistas querían sanear la idea que las gentes tenían de Dios, porque les importaba su felicidad y una idea equivocada de Él podía generar mucha angustia y tristeza; pues Dios pasaba de ser el aliento y la bondad que sostiene la vida, a ser un quisquilloso supervisor.

Jesús quitaba vendas de los ojos y devolvía la voz a quienes la habían perdido, desataba los pies trabados y reponía la fuerza a los que encallaban en la arena de la vida. Lo hacía con una ternura conmovedora, que dejaba ver la pasión que le movía, la que le llevaba a sacudir los cimientos de su religión y a desmontar comercios y marañas espirituales que ahogaban la fe. Cerraba grietas, para que no se desangrara ningún inocente y abría unas entrañas maternas infinitas, para que nadie, absolutamente nadie, pensara que tenía cerrado el acceso a Dios.

Jesús hablaba así de su Padre. Pero con el tiempo, esa imagen se cubrió de polvo y apenas se podía ver su verdadero rostro. Tanto amor revelaba un Dios que no tenía fronteras, que no ponía límites a su bondad. Y eso tambaleaba la imagen de un Dios justo, que «premia a los buenos y castiga a los malos». Rompía las reglas de un juego establecido.

Desempolvar al Dios verdadero ha sido tarea de muchos creyentes y todavía es una tarea necesaria hoy. Sacarle de las alacenas, por más honorables que sean estas. Quitar la máquina registradora, no llevar cuentas, no tener resguardos ni hacer negocios con Él.

Una mujer, que se reconoció entre aquellos de los que Jesús decía: «Dejad que se acerquen a mí», que se veía entre los menores y menos considerados, quitó una gruesa capa de polvo al buen Dios. Era muy cuidadosa y no perdía ocasión de agradarle y mostrarle su amor. Pero tenía una intuición: el amor era confiar sin límites y solo la confianza podía unir a Dios.

Así fue desempolvando y redescubriendo al Dios de Jesús. Conforme avanzaba, quedaban más lejos de ella los usos de su tiempo: un tiempo consagrado a un Dios más justiciero que justo, un Dios que pagaba a sus fieles y castigaba a los insumisos. Y un tiempo donde servir a Dios tenía un camino por excelencia: hacer méritos y sufrir por Él.

Teresa de Lisieux, muy cerca siempre de Jesús, fue desmontando falsos altares. No siguió un camino confortable, pero tenía una fe muy profunda y una sinceridad extraordinaria. Con ambas cosas, trazó rutas sencillas de acceso al verdadero Dios. Sintió que no podía traficar con Él y no cedió a las presiones, a pesar de alejarse de los cánones de santidad del momento.

Se sentía íntimamente impulsada por el amor descubierto, por el Dios que «se hace mendigo de nuestro amor… Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas» —le decía a su hermana Leonia. Y con ello advierte, todavía hoy, a todo el que se acerca a Dios.

Así es como llega a comprender una idea que compartirá con un hombre que nace poco después de su muerte, Dietrich Bonhoeffer. Los dos refrescan la idea de un Dios a quien no satisface el sacrificio por sí mismo, sino descubrir su misericordia en todo y aceptarla como un camino de seguimiento. El teólogo protestante y la monja carmelita se unen desempolvando el rostro de Dios.

Bonhoeffer señalaría un error importante: la creencia de que se sirve más a Dios en el sufrimiento que en la alegría. Y advertía que el seguimiento se realiza acogiendo su voluntad, sea cual sea. Si es a través de circunstancias amables, seguirle en ellas. Si es en el camino del sufrimiento, hacerlo igualmente. ¿Qué Dios sería ese a quien le fuera más grato el sufrimiento?

Teresa, en la última etapa de su vida, enferma ya, decía a su hermana Inés que en otro tiempo, para mortificarse, mientras comía pensaba en cosas repugnantes. Y le añadió: «Después, me pareció más sencillo ofrecerle a Dios lo que me gustaba». Ese es el Dios que descubre: un Dios que desea lo bueno para todos y que, por eso mismo, alienta la generosidad en cada corazón.

A Teresa le llevó un tiempo comprender que «fuera del amor nada puede hacernos gratos a Dios», que a Él solo el amor le sirve. Desde ahí llegaría a entender lo que el teólogo supo después, que servir a Dios es decir: «Hágase tu voluntad». «¡Nada de merecer! Dar gusto a Dios». De eso se trataba.

Con un humor delicioso, diría a la madre María de Gonzaga, que le hacía tener una estufilla en invierno: «Las demás se presentarán en el cielo con sus instrumentos de penitencia, y yo con un brasero, pero solo cuenta el amor y la obediencia». Cuenta decir: «Hágase».

Teresa decía: «Compruebo con gozo que, amándole a Él, se ha agrandado mi corazón, y se ha hecho capaz de dar a los que ama una ternura incomparablemente mayor que si se hubiese concentrado en un amor egoísta e infructuoso». El Dios desempolvado rescata lo mejor de los seres humanos. Por ello, merece la pena seguir quitando cualquier capa que cubra su verdad.

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El Intruso

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

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(Koldo Chamorro, El Santo Christo ibérico)

El intruso.

Caminaba sobre el agua, llenaba las redes,
los pescadores abandonaban su oficio por seguirlo.
En una boda faltó el vino.
Él se hizo cargo:
centenares de litros,
un golpe de maestro viñador,
agua en vasos de piedra convirtiéndose en vino.
Es mejor, dijeron los invitados, sí, es mejor
el vino que surge sin pisar la uva,
el pan hecho sin grano ni horno, el pez que se mete en la barca de un salto.
Desencadenaba el gratis que pertenece a la gracia,
apasionada y violenta.
Venía de un bautismo en aguas del Jordán,
murió poco más allá
sobre un travesaño con forma de T
y, cuando un hierro le atravesó el costado,
brotó agua, como la incisión de un parto.
Murió convertido en fuente.
He aquí el intruso del mundo,
empapado de la grasa de todas las culpas,
perdiendo el color, pálido de frío, en un abril
o incluso en un marzo, más allá de ochocientos metros
sobre el nivel del mar jamás tocado.
Un gargarismo de aguas en el fondo de un pozo seco,
un carraspeo en la tubería de las arterias:
así diluvia su
resurrección”.

*
Erri De Luca

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“Lamentarse ante nuestra tumba”, por Carlos Osma

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

portrait-4573464_1920De su blog Homoprotestantes:

“Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirlo. Muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro recién salido el sol” (Mc 16,1-2).

Carmen Bernabé, profesora de Sagrada Escritura en la Universidad de Deusto, explica en un artículo publicado en el libro Reimaginando los orígenes del cristianismo[1] que la tradición de la visita al sepulcro por parte de las mujeres para ir a ungir el cuerpo de Jesús, ha sido elaborada con un interés teológico comunitario por parte de cada uno de los evangelistas. Sin embargo, considera que tras ella existe una tradición oral con diferentes versiones, que tiene su origen en la visita a la sepultura de Jesús de varias discípulas para hacer duelo y lamentarse. Una costumbre que los estudios sociológicos y la arqueología han corroborado a pesar de estar condenada oficialmente en el judaísmo. Las visitas a las tumbas de los difuntos se habían extendido entre la población judía del siglo primero, y las mujeres probablemente lo hacían al amanecer o el atardecer para intentar no encontrarse a nadie en el camino.

Al leer el texto evangélico y el comentario de Carmen Bernabé me he preguntado por la relación de los cristianos LGTBIQ con la sepultura donde enterraron su yo heterosexual y/o cisgénero, pero probablemente también su comunidad de fe, su familia, algunos proyectos y sueños, el trabajo, la ciudad, la Biblia, o incluso la fe. Hay personas que afirman que hace mucho tiempo que dejaron atrás esa sepultura, otras que lo suyo no fue una sepultura sino más bien una incineración, y que las cenizas resultantes se las llevó el viento. Personalmente me cuesta creerlo porque esas sepulturas, o cenizas, no están fuera de nosotros, sino que forman parte de quienes somos ahora. No nacimos el día en el que nos liberamos y dijimos al mundo entero quienes éramos, el día en el que asumimos nuestra identidad ante nosotros y ante los demás. Nacimos tiempo antes, y lo que ocurrió entre ambos nacimientos siempre nos acompaña. Podemos esconder en lo más profundo nuestro sepulcro o urna particular, pero está ahí, y quizás como las mujeres del evangelio, deberíamos acercarnos a él para lamentarnos.

Dice Carmen Bernabé que las mujeres eran las encargadas de ir a las tumbas, de cuidarlas, y que ante ellas realizaban lamentos rituales. Con esos lamentos, que eran composiciones poéticas que se cantaban sin instrumentos musicales, expresaban el dolor que sentían. Es verdad que en algunas ceremonias también había lugar para que los hombres pudieran cantar, pero sus canciones servían más bien para elogiar a los difuntos, recordando sus acciones heroicas. Por una parte, creo que la forma en la que los hombres se comportaban frente a la tumba de quienes habían fallecido podría servirnos de ejemplo a las personas LGTBIQ para aproximarnos a nuestro sepulcro, al dolor padecido, a la pérdida. Y es que tenemos razones más que de sobra para elogiarnos y subir nuestra autoestima: nos hemos enfrentado a la LGTBIQfobia con determinación, hemos luchado por la justicia, no hemos agachado la cabeza, y hemos ganado muchas batallas. Sin embargo, tengo la impresión que más que una aproximación a la sepultura en la que un día vivimos (morimos), con esta estrategia estamos intentando huir de ella. Y es lógico, porque nos trae a la memoria tanta humillación, que preferimos imaginarnos como héroes y heroínas. Sentimos tanta claustrofobia al volver a recordarnos dentro de ella, que nos refugiamos en la libertad que nos ofrece la vida que ahora hemos construido.

Las mujeres frente al sepulcro con sus lamentos intentaban elaborar su pérdida. Una visión superficial de esta forma de actuar puede parecer poco liberadora, pero si nos aproximamos y la analizamos un poco, descubriremos que tiene mucho que aportarnos. Para empezar porque con sus lamentos querían mantener vivo el recuerdo y la presencia del difunto, y las personas LGTBIQ no deberíamos olvidar nunca la experiencia opresiva que vivimos, ni pasar por alto que esa experiencia todavía hoy influye en muchas de nuestras acciones sin darnos cuenta. También pretendían reivindicar la historia de quien había fallecido, y en nuestro caso, nadie reivindicará nuestra historia si no lo hacemos nosotros. Al niño marica, a la adolescente trans, a la joven bollera, que no tenía las herramientas necesarias para enfrentarse a un sistema opresivo que lo ocupaba todo, podemos darle el último golpe de gracia para deshacernos de él o de ella. Podemos borrarlo, avergonzarnos de ella, de sus contradicciones y mentiras para sobrevivir, podemos decir que no existió. Pero también tenemos la posibilidad de mirarlo con amor y reconocer que hizo todo lo que supo y pudo para sobrevivir.

Hay una función más que tenían los lamentos ante las tumbas de los difuntos: la de denunciar las injusticias sufridas. Para hacernos una idea de lo subversivas que podían llegar a ser las lamentaciones de las mujeres en los ritos de duelo, en la antigua Grecia se regularon por temor a provocar alteraciones del orden. También se intentaron controlar más tarde en el cristianismo introduciendo como modelo el comportamiento sereno de María, la madre de Jesús, a los pies de la cruz. Pero las seguidoras de Jesús que lamentaban la muerte de su maestro, reivindicaban también su vida y, por tanto, condenaban las acciones de quienes habían acabado con ella en una cruz. Acercarnos a nuestras propias tumbas, al lugar donde dejamos a aquella persona que un día fuimos, se puede hacer con la determinación de denunciar la LGTBIQfobia que padecimos y a las instituciones que las promueven, algunas en nombre de dios. Ante nuestra acción determinada siempre habrá la voluntad de desprestigiarnos, de silenciarnos, o de decirnos cuál es la manera correcta y “cristiana” de lamentarse, pero nuestro ejemplo a seguir son los gritos y las lágrimas de unas mujeres a las que nadie pudo impedir que denunciaran una injusticia.

Pasar página para tratar de construir una nueva vida tratando de olvidar aquella en la que la LGTBIQfobia nos crucificó, es una acción que creo que al final no libera, no ayuda a curar las heridas. La experiencia que tuvieron las mujeres que fueron al sepulcro tres días después de la muerte de Jesús para lamentar su pérdida, nos permite ver que el lamento no siempre es un círculo vicioso del que no se puede salir, algo que nos revictimiza y que no puede liberarnos. El lamento puede ser una manera de no dejar atrás la persona que un día fuimos, de reivindicarla, y de denunciar el sufrimiento padecido. Según el Evangelio de Marcos la experiencia de la resurrección de Jesús no fue dada a los hombres que habían huido de la cruz y del sepulcro, sino a las mujeres que asumieron la tarea de acompañar a su maestro y lamentar su muerte. El grito de dolor puede ser creativo, y tiene la capacidad de abrirnos a la resurrección. Una resurrección que nos trae esperanza no solo a nosotros, sino a todas aquellas personas cuyo cuerpo ha sido introducido en un sepulcro. No nos avergoncemos, por tanto, atrevámonos a gritar y lamentarnos por la injusticia de la LGTBIQfobia que todavía trata de destruir la vida de tantas personas, y a las instituciones e iglesias que la amparan.

Carlos Osma

[1] Bernabé, C. & Gil, C. Reimaginando los orígenes del cristianismo (Estella; Editorial Verbo Divino, 2008), pp. 307-352.

Consulta dónde encontrar “Solo un Jesús marica puede salvarnos”

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Vida personal

Martes, 29 de septiembre de 2020

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La vida personal empieza con la capacidad de romper los contactos con el medio, con la capacidad de recuperarse, de volver a poseerse a sí mismo para dirigirse a un centro y alcanzar la propia unidad. Sobre esta experiencia vital se fundamenta la validez del silencio y de la vida retirada, que hoy es oportuno recordar. Las distracciones que esta civilización nuestra nos ofrece corrompen el sentido de la quietud, el gusto del tiempo que transcurre, la paciencia de la obra que madura, y hacen vanas las voces interiores que muy pronto sólo el poeta y el religioso sabrán escuchar.

Nuestro primer enemigo, dice G. Marcel, es lo que nos parece «completamente natural», lo que cae por su propio peso, según el instinto o la costumbre: la persona no es ingenuidad.

Sin embargo, también el movimiento de la reflexión es asimismo un movimiento de simplificación, no de complicación o de sutilezas psicológicas: va al centro, y nos va directo, y no tiene nada que ver con la interpretación morbosa. Con un acto se compromete, con un acto se concluye .

*

J. Conieh,
Emmanuel Mounier,
Roma 1976, pp. 113ss

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Los ángeles de hoy

Martes, 29 de septiembre de 2020

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Juan Zapatero Ballesteros
SAnt Feliú de Llobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 28/09/20.- El 29 de setiembre la Iglesia celebra la festividad de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. Pensando en ello, me he retrotraído a los tiempos de mi infancia; concretamente a las clases de religión en la escuela del pueblo y a la “doctrina” en la iglesia. Eso de la “catequesis” llegaría con el concilio Vaticano II. Eran tiempos de nacionalcatolicismo y, por tanto, todo estaba supeditado a la influencia, en el mejor de los casos, o al poder que la Iglesia ejercía en nuestro país. La religión, y más en concreto el catecismo, había que sabérselo de memoria (en lenguaje de hoy lo habríamos denominado asignatura troncal). Ello era llevaba a cabo en la escuela por el maestro de turno. La iglesia, la parroquia del pueblo, en la persona del sacerdote del momento era la que se encargaba de enseñar a todos los niños y niñas lo que se conocía como Historia sagrada: pasajes del Antiguo Testamento y la vida de Jesús.

Recuerdo muy bien que en una de estas sesiones nos explicó el sacerdote el tema de los ángeles y su estructuración en jerarquías. Si no me falla la memoria, yo diría que eran nueve. Baste decir que todo ello respondía a la visión cósmica existente respecto al universo y a la imagen de un dios soberano de quien emanaban todos los poderes (era sobre todo y fundamentalmente un dios omnipotente y todopoderoso). Un dios lejano y distante, cuyas criaturas estaban debajo de él y le debían absoluta obediencia, veneración y respeto. Entre medias estaba otro grupo formado por los coros angélicos. De ellos, los arcángeles eran los que ocupaban el penúltimo puesto en inferioridad. Estaban al servicio directo de Yahvé para cumplir misiones especiales. De entre estos arcángeles, los mas destacados eran, sin duda, Miguel, que capitaneó la derrota infringida a Satán y a los ángeles rebelados contra Yahvé. Rafael, que acompañó a Tobías en su viaje y le aconsejó en todo momento en nombre de Yahvé. Y, finalmente, Gabriel, cuya función era la de llevar a cabo misiones especiales, buenas noticias concretamente. Anunció a Zacarías el nacimiento del Bautista y a María que sería la madre le Mesías.

Como se desprende de lo anterior, la visión de los coros angélicos, de los arcángeles en este caso, responde a una visión cosmológica y a una estructuración jerárquica tanto celeste como terrenal según el lenguaje simbólico de la Biblia; de manera particular del Antiguo Testamento. Así las cosas, la pregunta que surge es si se puede, o mejor quizás, si tiene sentido seguir hablando hoy de ángeles en un mundo con una visión y un lenguaje totalmente diferente, incluso opuesto en muchos casos a los de entonces; y también con una concepción de Dios que nada o muy poco tiene que ver con la que tenía el Antiguo Testamento.

Sin dejar de lado el simbolismo propio de los arcángeles, concretamente de estos tres, creo que tiene sentido, y mucho, seguir hablando hoy día de personas, grupos, etc., que continúan ejerciendo, y de qué manera, las mismas funciones que realizaron aquellos ángeles, concretamente los tres mencionados; entendidas estas funciones desde el lenguaje alegórico de la Biblia, pero aplicadas al mundo y a la sociedad de nuestros días. Más aún; ángeles y funciones que traspasan las creencias y, por lo mismo, ejercidas por todo tipo de hombres y mujeres que, a su vez, van a estar al cuidado también de todo tipo de gente, sin distinción ni diferencia.

Creo que es de justicia destacar el hecho que continúa habiendo los Miguel, no sé cuántos, en nuestros días. Hombres, mujeres, grupos e instituciones, sin violencia física, sino todo lo contrario, sirviéndose de las palabras y las obras para intentar erradicar el sufrimiento que producen en tantos pobres la falta de educación, de sanidad y de condiciones de vida digna. Baste recordar cuántos países y zonas concretas de otros carecen de infraestructuras elementales: viviendas mínimamente dignas, acceso al agua potable, a la alimentación y a otros servicios fundamentales para tener salud.

Mujeres y hombres comprometidos contra las numerosas esclavitudes modernas, como pueden ser, entre otras, la trata de blancas, la explotación sexual de adultos y menores, la explotación del trabajo infantil.

Personas que han hecho de la erradicación de la violencia de género, de la desaparición de la desigualdad social y de la discriminación por motivos de sexo, ideología u otras toda su razón de vivir. En fin; la lista podría ser felizmente larga.

También del acompañamiento de los Rafael es de justicia hablar. Por mencionar algunos casos concretos, traer a colación todos esos hombres y mujeres, de edades muy distintas, por cierto, que dedican parte de su tiempo a estar con quienes se encuentran solos/as y/o abandonados/as. Voluntarios que dedican una parte de su tiempo a compartirlo con personas mayores que, por una razón u otra, se encuentran pasando la última etapa de su vida en una residencia. O a quienes pasan las horas y los días solas y solos en casa, limitados por razón de salud y/o con movilidad limitada.

Mención especial habría que hacer de quienes han decidido dedicarse como personas voluntarias al mundo de la cárcel. Creo que es más que plausible la labor que hacen estos hombres y mujeres: nada menos que infundir esperanza, cuando precisamente es lo primero que se pierde cuando alguien entra en uno de esos centros.

A veces no hace falta la presencia física; también desde la distancia se puede acompañar a quienes se encuentran solas y solos. Quien conozca el Teléfono de la Esperanza podrá dar razón de lo que este medio aporta a personas que viven la soledad física, mental y psicológica.

Finalmente, no podemos dejar de hablar de los Gabriel. Las buenas noticias que tanto hacen falta en medio de desánimos, amenazas de todo tipo y de malos agoreros encargados de esparcir miedo como el instrumento más propicio para dominar y subyugar, si fuera necesario, a la gente y al pueblo en general. Son esas personas que, sin ocultar en ningún momento la realidad, por muy cruda que pudiera ser, hacen lo que pueden y más para infundir dosis de esperanza, sin las cuales la utopía se acaba y resulta casi imposible seguir caminando. Se me ocurre pensar, en el plano de la religión y de la fe, en esos teólogos y teólogas que no escatiman tiempo ni trabajo de cara a borrar una imagen de Dios opresora y terrorífica, para cambiarla por un Dios que ama y perdona sin condiciones. Que no es poco para quienes intentamos andar el camino de la fe cada día.

Y todo esto de los ángeles de hoy no es algo que se le ha ocurrido a alguien y ya está. El sentir popular lo viene haciendo desde siempre, calificando precisamente como ángeles a personas que han llevado a cabo alguna de estas acciones; en algún caso de manera un tanto extraordinaria. Me viene a la mente el caso de Elisabeth Eidenbenz que consiguió salvar del horror de los nazis a numerosos niños y niñas. Tal fue su compromiso con esta causa que recibió precisamente el calificativo de “Ángel de Elna”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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La humildad

Lunes, 28 de septiembre de 2020

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(Koldo Chamorro, Christo ibérico)

No es fácil hablar de la humildad; para poder hacerlo, es preciso penetrar a través de un muro de incomprensión y de resistencia -por doquier y en todos los tiempos, también en el nuestro-. Nietzsche se erigió en portavoz del pensamiento de muchos cuando atacó con auténtico furor la humildad, en la que él veía la esencia del cristianismo: en su opinión, era la actitud de los débiles, de los fracasados, de los esclavos, que habían convertido su mezquindad en virtud.

Pero ¿qué es en realidad la humildad? Se trata de una virtud que forma parte de la fortaleza. Sólo quien es fuerte puede ser realmente humilde. Su fuerza no se pliega a la constricción, sino que se inclina libremente para servir a quien es más débil, a quien es inferior. Por lo demás, la humildad no puede tener su origen en el hombre, sino en Dios. Dios es el primer humilde.

Dios es tan grande, tan fuera de toda posibilidad de que cualquier poder pueda constreñirle, que puede «permitirse» -si se me permite hablar de este modo- ser humilde. La grandeza le es esencial; por consiguiente, sólo él puede arriesgarse a rebajar esta grandeza suya hasta la humildad.

*

Romano. Guardini,
El mensaje de San Juan,
Brescia 1984, pp. 24ss

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Frei Betto: “Jesús era mucho más judío de lo que suponemos”

Lunes, 28 de septiembre de 2020

9559865E-1724-4358-9448-719F5822C2FFEntre el Jesús histórico y el teológico

“Mientras sus contemporáneos rendían culto a un Dios distante, Jesús trataba a Dios como un Padre muy íntimo, repleto de compasión y amor, especialmente para con los pobres y pecadores”

En su clásico Jesús (Buenos Aires, Sur, 1968)publicado en su original alemán a inicios del siglo XX, Rudolf Bultmann admitió que “ahora ya no podemos conocer nada sobre la vida y la personalidad de Jesús, toda vez que las primitivas fuentes cristianas no demuestran interés por ninguna de estas dos cosas, siendo, además de esto, fragmentarias y, muchas veces, legendarias, y no existen otras fuentes sobre Jesús”.

La autoridad intelectual de Bultmann aplastó bajo una piedra esa línea de investigación. Interesarse por el Jesús histórico era una pérdida de tiempo. Sin embargo, en 1953 Ernst Käsemann quebró este tabú en el sendero del método de estudio bíblico de Orígenes que, en el siglo III, se consideraba un cazador que andaba silenciosamente por el bosque hasta presentir alguna cosa moviéndose. Y entonces, corría en su persecución.

La ventaja de Käsemann y de todos los que se abalanzaron sobre el Jesús histórico en la segunda mitad del siglo XX, es que, ahora, muchas cosas se movían y traían luz donde antes había oscuridad. En 1947, tres beduinos pastoreaban sus rebaños al oeste del Mar Muerto. Uno de ellos vio dos grandes boquetes en una ladera de un peñasco y lazó una piedra dentro del más pequeño. Escucharon un sonido, como si la piedra hubiese impactado en jarras de barro. Días después, el más joven escaló solo el peñasco y se coló en la caverna. En las jarras no había ningún tesoro. Pero una de ellas contenía dos envoltorios de paño y un rollo de cuero. Los beduinos guardaron su hallazgo en un saco y lo amarraron, por algunas semanas, en el poste de una tienda cercana a Belén. Luego, negociaron los envoltorios a un revendedor de Belén, el zapatero Kando quien, ignorando el valor de lo que tenía en sus manos, los mostró a unas personas interesadas en antigüedades. Los dos envoltorios de paño y el rollo de cuero eran los primeros Manuscritos del Mar Muerto en ser descubiertos. Después, otros documentos fueron hallados en diversas cuevas.

James H. Charlesworth rechaza el método de la desemejanza o el principio de discontinuidad, que pretende destacar a Jesús como figura singular, fuera del común de la gente, como si fuera un pez fuera de las aguas judaicas de su tiempo. Para el autor de Jesus within judaism (1988), “Jesús de Nazaret, como hombre histórico, tiene que ser visto dentro del judaísmo” (p. 10, grifo del autor).

A pesar de interesarse, como cristiano, por las cuestiones teológicas referentes a Jesús, él se mantiene dentro de los límites de la Historiografía. Los documentos que analiza permiten conocer mejor el contexto en que vivió Jesús, y por lo tanto, el significado de alguna de sus palabras y acciones.

Jesús era mucho más judío de lo que suponemos – es lo que el libro, basada en abundante y erudita documentación, demuestra en lenguaje accesible a los lectores en general. No se trata de enfocar a Jesús y el judaísmo, sino a Jesús en el judaísmo.

El autor argumenta que ya disponemos de recursos científicos suficientes para tener alguna idea de la comprensión que Jesús tenía de sí mismo. Comprueba, por ejemplo, que el título “Hijo de Hombre”, frecuente en boca de Jesús, no es una creación cristiana, ya que es encontrado en documentos judíos anteriores a la destrucción de Jerusalén por los romanos, entre los años 66 y 70. Todos los evangelios son posteriores a aquella fecha. En una exégesis detallada de la intrigante parábola de los Viñadores Homicidas (Marcos 12, 1-12), no duda en defender que Jesús se sentía adoptado como hijo de Dios.

Charlesworth no investiga a Jesús para mostrarlo “como un héroe del pasado para ser admirado” (p. 31), sino para destacar la veracidad de ciertos hechos de su vida, como la elección de los discípulos en un contexto en el que lo habitual era que los alumnos eligieran al maestro. Mientras sus contemporáneos rendían culto a un Dios distante, Jesús trataba a Dios como un Padre muy íntimo, repleto de compasión y amor, especialmente para con los pobres y pecadores. Esto desentonaba con los de la época, que clamaban por venganza divina y exigían punición para los malos.

Habiendo convivido con grupos esenios – pues 4.000 de ellos se distribuían por la Palestina –, de ellos Jesús habría heredado el celibato “por amor al Reino” (Mateo 19, 10-12). Sin embargo, criticaba laspurificaciones formalistas de los esenios, que les impedía amar al prójimo y reconocer que en el corazón de una prostituta puede haber más pureza que en todas las abluciones rituales. Y con ellos tenía en común, más allá del tiempo y el lugar (Palestina), las mismas antiguas tradiciones hebreas, como la lectura de Isaías y el rezo de los Salmos.

La conclusión del autor aplaca el recelo de los que temen la verdad histórica. “El hecho de examinarse documentos contemporáneos a Jesús y de estudiar arqueología, contrariamente, nunca debe ser encarado como una tentativa de probar o dar soporte a alguna fe o teología. Una fe autentica no necesita de eso. Filólogos, historiadores y arqueólogos no pueden dar a los cristianos un Señor resucitado, pero sí pueden ayudar a comprender mejor la vida, el pensamiento y la muerte de Jesús” (p. 142).

Lo curioso es que, de los tres documentos analizados en el libro de Charlesworth – Pseudo-epígrafosManuscritos y Nag Hammadi – no fueron descubiertos por arqueólogos ni investigadores, sino por gente simple del pueblo. Hoy, en las Comunidades Eclesiales de Base de América Latina, es esa misma gente simple que relee la Biblia y, gracias a la asesoría científica de exegetas como Carlos Mesters, descubre que el Jesús de la fe, el Cristo, se hace de nuevo presente en la historia a través de los que oran “Padre Nuestro” porque, juntos, buscan o “pan nuestro”.

Frei Betto es escritor, autor de “Reinventar a vida” (Vozes), entre otros libros. Site y librería virtual:www.freibetto.org

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Batalla interior

Domingo, 27 de septiembre de 2020

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Mi Dios, en mi se enfrentan dos hombres en cruenta batalla.

Uno, lleno de amor; seguirle fielmente ansía.

Mas el otro, rebelde a tu deseo, contra la ley estalla.

El primero siempre vuelto al cielo me dispone,

inclinado a los bienes eternos,

de los terrenales despreocupado.

El segundo me curva hacia la tierra con su funesto peso.

Infeliz, si conmigo peleo, ¿cuando alcanzaré la paz?

Quiero el bien, lo sé, y no lo hago. Lo quiero, y he aquí la miseria,

aquello que amo no lo hago, y el mal que no amo si lo hago, ¿qué horror!

¡Oh gracia, resplandor salvador ven y ponme de acuerdo!

Domina con tu dulzura a este hombre que tanto te contraría.

*

J. Racine,
Preghiere de l’umanita,
Brescia l993, 46

***

 

índice


Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

“¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo; Anda, hijo, ve a trabajar hoy en la viña”.

El respondió; “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.

Luego se acercó al segundo y le dijo lo mismo. El respondió: “Voy, señor”. Pero no fue.

¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”

Le contestaron:

“El primero”.

Entonces Jesús les dijo:

“Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el Reino de Dios.

Porque vino Juan a mostraros el camino de la salvación y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y vosotros, a pesar de verlo, no os arrepentisteis ni creísteis en él.”

*

Mateo 21,28-32

***

Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia para que esté conmigo, y obre conmigo, y persevere conmigo hasta el fin.

Dame que desee y quiera siempre lo que te es mas acepto y agradable a ti.

Tu voluntad sea la mía, y mi voluntad siga siempre la tuya y se conforme en todo con ella.

Tenga yo un querer y no querer contigo, y no pueda querer y no querer sino lo que tu quieres y no quieres.

Dame, Señor que muera a todo lo que hay en el mundo, y dame que desee por ti ser despreciado y olvidado en este siglo.

Dame, sobre todo, lo que se puede desean descansar  en Ti y aquietar mi corazón en ti.

Tu eres la verdadera paz del corazón, tu el único descanso; fuera de ti todas las cosas son molestas e inquietas.

En esta paz permanente, esto es, en ti, sumo y eterno Bien, dormiré y descansaré. Amen

*

Tomas de Kempis,
La imitación de Cristo, III,15,3

***

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“Las cosas no son siempre lo que parecen”. 27 de septiembre de 2020. 26 Tiempo ordinario (A). Mateo 21, 28-32

Domingo, 27 de septiembre de 2020

two_sonsLa parábola es una de las más claras y simples. Un padre se acerca a sus dos hijos para pedirles que vayan a trabajar a la viña. El primero le responde con una negativa rotunda: «No quiero». Luego lo piensa mejor y va a trabajar. El segundo reacciona con una docilidad ostentosa: «Por supuesto que voy, señor». Sin embargo, todo se queda en palabras, pues no va a la viña.

También el mensaje de la parábola es claro y fuera de toda discusión. Ante Dios, lo importante no es «hablar» sino hacer; lo decisivo no es prometer o confesar, sino cumplir su voluntad. Las palabras de Jesús no tienen nada de original.

Lo original es la aplicación que, según el evangelista Mateo, lanza Jesús a los dirigentes religiosos de aquella sociedad: «Os aseguro: los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios». ¿Será verdad lo que dice Jesús?

Los escribas hablan constantemente de la ley: el nombre de Dios está siempre en sus labios. Los sacerdotes del templo alaban a Dios sin descanso; su boca está llena de salmos. Nadie dudaría de que están haciendo la voluntad del Padre. Pero las cosas no son siempre como parecen. Los recaudadores y las prostitutas no hablan a nadie de Dios. Hace tiempo que han olvidado su ley. Sin embargo, según Jesús, van por delante de los sumos sacerdotes y escribas en el camino del reino de Dios.

¿Qué podía ver Jesús en aquellos hombres y mujeres despreciados por todos? Tal vez su humillación. Quizá un corazón más abierto a Dios y más necesitado de su perdón. Acaso una comprensión y una cercanía mayor a los últimos de la sociedad. Tal vez menos orgullo y prepotencia que la de los escribas y sumos sacerdotes.

Los cristianos hemos llenado de palabras muy hermosas nuestra historia de veinte siglos. Hemos construido sistemas impresionantes que recogen la doctrina cristiana con profundos conceptos. Sin embargo, hoy y siempre, la verdadera voluntad del Padre la hacen aquellos que traducen en hechos el evangelio de Jesús y aquellos que se abren con sencillez y confianza a su perdón.

José Antonio Pagola

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“Recapacitó y fue.” Domingo 27 de septiembre de 2020. 26º Domingo de Tiempo Ordinario

Domingo, 27 de septiembre de 2020

49-OrdinarioA26Leído en Koinonia:

Ezequiel 18,25-28: Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida.
Salmo responsorial: 24: Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.
Filipenses 2,1-11: Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
Mateo 21,28-32: Recapacitó y fue.

La conversión de aquellos que el sistema religioso considera pecadores debería ser una señal profética con el poder de arrastrar a todos hacia el camino del bien. Sin embargo, esto no es lo que ocurre. Cada sistema religioso organiza sus valores en escalas jerárquicas en las que cuenta más la posición que la propia conciencia. El profeta Ezequiel y el evangelio se refieren a esta terrible realidad: los que se consideran a sí mismos salvados son incapaces de cambiar su manera de pensar para abrirse a la acción de Dios. Los más ilustres representantes de la religión (sacerdotes judíos, fariseos, escribas, etc.) incurren en el pecado de la falsa conciencia religiosa, es decir en la pretensión injustificada de considerarse salvados por sus propios méritos y no por la gracia de Dios. Pablo nos presenta una aguda reflexión sobre este problema y nos llama la atención sobre aquellos elementos de discernimiento que nos permiten evaluar nuestras prácticas cotidianas a la diáfana luz del amor misericordioso y del servicio solidario.

El profeta Ezequiel llama la atención a su pueblo, envuelto en intrigas, enajenado por las permanentes conspiraciones contra el imperio babilonio. La situación era extremadamente precaria luego de la primera deportación en el año 597 a.e.c. Los líderes del pueblo habían sido obligados a marchar a tierras extranjeras y vivían en condiciones extremadamente precarias. La situación en Jerusalén era extremadamente volátil. La falta de discernimiento, la manipulación de los sentimientos patrióticos y el oportunismo de los nuevos lideres los dejaban a la merced de una nueva y devastadora intervención de Babilonia como efectivamente ocurrió en el año 587 a.e.c. En medio de tanta tensión, caos y confusión el profeta hace un llamado a la cordura y al buen juicio. La falsa consciencia religiosa estaba inflando los planes de las autoridades del Templo y de los altos funcionarios de la corte. Se consideraban a sí mismos propietarios de la salvación y personas más allá del ‘bien y del mal’. Ezequiel los llama a la humildad y la honestidad, al servicio al pueblo y a la justicia, pues, en nombre del bien de la patria no cesaban de cometer crímenes e injusticias que contradecían el fundamento jurídico y ético de la alianza de Yahvé con su pueblo. Considerarse a si mismo justo, mientras se comenten las peores atrocidades no es sino un engaño inútil. El bien consiste en el respeto del derecho y en la práctica de la justicia.

La parábola que hoy nos propone Jesús, denuncia igualmente la falsa conciencia religiosa. La viña es la realidad del mundo, en la que el trabajo siempre es arduo y urgente. A esa viña el Padre envía a sus dos hijos. La respuesta de los dos es ambigua. Sin embargo, sólo el compromiso del que inicialmente se había negado al trabajo nos permite descubrir quién actúo coherentemente. De este modo Jesús denuncia a aquellos dirigentes y a todo el pueblo que públicamente se compromete a servir al Señor, pero que es incapaz de obrar de acuerdo con sus palabras. Actitud que contrasta con aquellos que aunque parecen negarse al servicio, terminan dando lo mejor de sí en la transformación de la viña.

Esta parábola plantea un dilema que pone al descubierto la praxis de sus oyentes y que, leída a la luz de los acontecimientos de la época de Jesús nos muestra cómo los que eran considerados pecadores por el aparato religioso eran, en realidad, los únicos atentos a la voz del profeta. La conversión no es un asunto de solemnes proclamas o de prolongados ejercicios piadosos, sino un llamado impostergable a la justicia y al discernimiento. Las palabras de Jesús herían la sensibilidad religiosa de sus contemporáneos que se consideraban auténticos seguidores de Yavé e inigualables hombres de fe, porque colocaba delante de ellos el testimonio de aquellas personas que eran consideradas una lacra social: las prostitutas y los publicanos.

Prostitutas y publicanos no sólo eran profesiones terriblemente despreciadas, sino que quienes las ejercían eran considerados personas asquerosas e inadmisibles entre la gente de bien. Jesús ridiculiza todas esas valoraciones lanzadas desde los pedestales del sistema religioso y muestra, con los hechos, que ni siquiera la presencia de un profeta tan grande como Juan Bautista es capaz de transformar las conciencias anquilosadas y estériles de aquellos que se consideran salvados únicamente por el alto cargo que ejercen en el aparato religioso.

Pablo nos muestra la misma realidad, desde el interior de la comunidad cristiana. Los creyentes, por sus mismas buenas intenciones, están más expuestos a crearse una falsa conciencia religiosa que los lleve a considerarse superiores a los demás o definitivamente salvados. El único criterio para determinar la autenticidad de las prácticas cristianas es lo que el llama ‘entrañas de misericordia’, o sea, el amor incondicional por aquellas personas excluidas y víctimas de la opresión y la miseria. Para Pablo, los cristianos no se pueden examinar únicamente a la luz de criterios piadosos, sino a la luz de la práctica de Jesús que actuó siempre en el mundo con entrañas de misericordia.

Más allá de una interpretación limitada al contexto judío del momento de Jesús, esta palabra suya puede y debe elevarse a categoría universal y a principio teórico: el de la primacía del hacer sobre el decir, de la praxis sobre la teoría. Un hermano dijo que sí, muy dispuesto, pero sus hechos desmintieron sus palabras: su palabra verdadera, su palabra práctica, fue un no. El otro hermano pareció estar desde el princpio fuera del camino de la salvación, por sus palabras negativas e inaceptables; pero a pesar de sus palabras, él de hecho fue a la viña, «hizo» la voluntad del Padre. Decir/hacer, teoría/praxis: el Evangelio está claramente decantado a un lado, sin vacilaciones, en estas disyuntivas. Leer más…

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Dom 26 TO. Mt 21, 28-32. Evangelio escandaloso, consolador. Publicanos y prostitutas os preceden (guían) al Reino de Dios

Domingo, 27 de septiembre de 2020

22089859_863339983843195_3322836024810394500_nDel blog de Xabier Pikaza:

El curso 1974‒1975, bajo la dirección de X. Zubiri, en el Palacio de las Siete Chimeneas (Banco Urquijo) de Madrid, O. G. de Cardedal, el Cardenal R. Blázquez, J. M. Velasco y un servidor hicimos un Seminario sobre este pasaje, siguiendo el libro de J. Klausner, Jesús de Nazaret (original hebreo 1907, con docenas de traducciones hasta el día de hoy, donde el gran político‒pensador judío defendía las siguientes tesis:

Estas palabras de Jesús (con el testimonio de su vida) son lo más excelso del judaísmo, pero no pueden cumplirse. Por eso, los judíos, las mantenemos ahí, como ideal, pero regulamos el mundo y la ciudad según ley: Hacemos justicia a publicanos y prostitutas, pero no dejamos que guíen no la política ni la religión, que son cosas serias de “sacerdotes”, senadores y juristas.

Los cristianos han puesto esas palabras en el centro de su evangelio, como si pudieran cumplirse. Pero no las han cumplido, ni antes ni ahora. Hablan de publicanos y prostitutas para el Reino, pero no les hacen ni justicia: Siguen marginando y expulsado a las prostitutas (en el fondo a todas las mujeres), han hecho una iglesia de malos publicanos (de poderes políticos y económicos injusto).

Hoy, pasados más de 45 años, quiero recoger las reflexiones de entonces y enriquecerlas con nuevas propuestas. Como decía J. Klausner el año 1907, aquí se juega el futuro y esencia de judaísmo, cristianismo y humanidad.

| X Pikaza

TEXTO

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?” Contestaron: “El primero.” Jesús les dijo: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis. (Mt 21, 28-32)

REFLEXIÓN GENERAL

Publicanos y prostitutas forman parte de un mismo pecado, pro de un pecado que no no es básicamente de ellos, sino del conjunto de la sociedad que prostituye a un tipo de mujeres, y después les echa la culpa, que utiliza a un tipo de publicanos (para realizar los negocios económicos “sucios”) y después le condena.

‒ Puede haber publicanos y prostitutas que son pecadores, pero en un sentido posterior de pecado (de tipo sexual e incluso social), pero, en sentido estricto, tal como formula Jesús esta palabra y la sitúa en el centro de su evangelio, el gran pecado no es de ellos y ellas, sino del conjunto de la sociedad, que les utiliza, les expulsa y les condena. Publicanos y prostitutas son víctimas de una sociedad que les utiliza como chivo expiatorio, les explora social y sexualmente, para luego condenarles.

san-mateo-leviEl pecado de fondo  de unos y otras es el mismo, como he dicho: Tener que venderse o, mejor dicho, estar vendidos de antemano, ser objeto de venta de la sociedad de los que se llaman a sí mismos “hijos de Dios” (como dice Gen 6).En sentido general, en aquel contexto “patriarcalista” a la mujer se la vende (y para vivir ella tiene que dejarse vender) como sexo, como “saco de culpas”, como mala “carne”. De manera convergente, a un tipo de varones se les vende (y ellos tienen que venderse) para sobrevivir. Pero más que pecado de publicanos  y prostitutas éste es el pecado de aquellos que prostituyen a las mujeres y “publicanizan” a los hombres, los esclavizan por dinero.

 Jesús no comienza su camino de reino con los que se presentan como Buenos (y condenan a otros a la prostitución del cuerpo o del dinero), sino con los publicanos y prostitutas, de los que no se dice que “os precederán al final”, sino que os están precediendo ya, ahora…  No dice dice “os precederán” (en el cielo futuro), sino que os están precediendo (en este mundo), ellos están abriendo con Jesús el camino del Reino. Ellos son los “guías” (pro‒agousin). Hay que fijarse muy bien en esto. Según la carta a los Hebreos, el “prodomos” (el explorador y pionero) del reino de Dios es Jesús. Pues bien, según este pasaje del Q (¡que es, sin duda, de Jesús!) los pioneros o guías del reino no son los sacerdotes y escribas judíos, ni los doce de Jesús, como Pedro (los Doce y Pedro vienen después), sino los publicanos y las prostitutas.

— Jesús no dice esta palabra a la gente en general sino a los “sumos sacerdotes y ancianos/senadores”(Mt 21, 23), es decir a las autoridades religiosas y civiles.  Ellos, los que crean un mundo de prostitución y venta económica, creyéndose buenos y pensando que tienen la razón, no pueden “convertirse”, no pueden cambiar, en cambio los publicanos y prostitutas pueden cambiar, pueden iniciar un camino de reino.

— Conforme a este  evangelio (Mt 21, 23) Jesús viene de “discutir” con sacerdotes y políticos (senadores), y ha visto que no cambian, no pueden cambiar, de manera que en esa línea les ve irrecuperables…a no ser que publicanos y prostitutas abran para ellos un camino.

Jesus-de-Nazaret-i1n287327On line: https://mercaba.org/ARTICULOS/J/klausner,%20joseph%20-%20jesus%20de%20nazaret.pdf),

‒‒ Ciertamente, hay otros poderes importantes, civiles y/o religiosos, de jueces, agricultores o soldados…  pero Jesús ha visto como “pecado original”  y principio de todos los pecados (en una línea que comienza ya en Gen 6) con los buenos, los llamados “hijos de Dios” que se apoderan de las mujeres, las violan, las prostituyen,  poniendo así en riesgo la vida de la tierra (el signo del diluvio).

COMENTARIO (de X. Pikaza, Evangelio de Mateo)

Tras la disputa sobre el origen del poder de Jesús, con la referencia a Juan Bautista, Mateo introduce este pasaje que interpreta y completa lo anterior, presentando la opinión de Jesús sobre Juan Bautista. Posiblemente era en principio un texto independiente y formaba parte del Q (cf. Lc 7, 29-30), pero ha sido muy reformado por Mateo, en su línea de conjunto, y también por Lucas, que le ha dado un contenido y sentido más doctrinal.

Éste es un texto históricamente muy significativo, pues sigue vinculando a Jesús con Juan Bautista, para indicar que ambos recorren un mismo camino, en oposición a los sumos sacerdotes y ancianos del texto anterior (21, 23-27). Este pasaje sirve a Mateo para ilustrar su mensaje, pero al mismo tiempo recoge tradiciones de disputas anteriores de Jesús y sus discípulos con las autoridades sacerdotales y sociales. Es un pasaje escandaloso, siendo muy consolador, pues no dice que los publicanos y las prostitutas “os precederán” (en futuro), sino que os preceden (21, 31: pro‒agousin), ahora mismo (en este mundo), como Jesús que precede a los suyos en el camino de vuelta a Galilea (26, 32; 28, 6)[1].

      El primer hijo, que primero dice “no”, pero después se ·”convierte” y cambia, podría referirse a los gentiles, pero, en sentido más preciso representa a los publicanos y prostitutas, que han empezado rechazando la voluntad del padre, pero al final se arrepienten y van a la viña. Por el contexto, el segundo representa a los sacerdotes y ancianos, que han dicho a Dios que “sí”, pero después no van. Desde ese fondo debemos unir este pasaje con 11, 19, donde a Jesús le acusaban de amigo de publicanos y pecadores:

Juan y Jesús, dos estilos (11, 16-19). Muchos habían tomado a Juan Bautista como un “loco”, pues no comía ni bebía, dando la impresión de que no le importaba la necesidad de los hombres concretos, sino sólo la protesta de los austeros penitentes, elitistas, separados del mundo. Jesús, en cambio, se mostraba como un comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores/as (telwnw/n fi,loj kai. a`martwlw/n), esto es, como alguien que formaba parte del submundo de los excluidos (publicanos, prostitutas….) fuera del buen pueblo de la alianza (presidido por los sacerdotes, y ancianos).

‒ Jesús apela a Juan. Pues bien, a pesar de la austeridad de Juan, Jesús afirma que los publicanos y prostitutas (21, 32) creyeron en él, aceptando su camino de justicia, “mientras que vosotros (sacerdotes-ancianos) no creísteis en él”. Eso significa que, siendo tan distintos (11, 16-19), Juan y Jesús tenían una misma meta, de forma que el camino de penitencia para conversión de Juan Bautista había culminado en el mensaje de Reino de Jesús. De esa manera, los publicanos y los pecadores/prostitutas, que habían creído en Juan, aparecen vinculados al mismo tiempo con Jesús (aceptan su camino), en contra de los sacerdotes y ancianos importantes del pueblo. Leer más…

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Semana Santa en septiembre. Domingo 26. Ciclo A.

Domingo, 27 de septiembre de 2020

imagen114Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Domingo 26. Ciclo A

La pandemia ha hecho que este año bastantes niños estén celebrando su Primera Comunión no en el mes de mayo, sino en septiembre. Pero la Iglesia católica no necesita ningún virus para alterar el orden de los hechos. Como el año litúrgico termina dentro de dos meses (el 22 de noviembre) a partir de este domingo nos ponemos en contacto con las últimas enseñanzas de Jesús, durante lo que solemos llamar el Lunes Santo.

Lucha a muerte en el recinto del templo

            El día antes, Jesús ha entrado triunfalmente en Jerusalén, ha purificado el templo, expulsando a vendedores de animales y cambistas de monedas, y ha curado en el recinto sacro a cojos y ciegos, unos enfermos a los que estaba prohibida la entrada en el templo. Es fácil imaginar la indignación de los sacerdotes y de los escribas (representantes de moralistas, canonistas y teólogos). Ese día, domingo de ramos, se limitan a protestar. Pero al día siguiente, cuando Jesús vuelve a Jerusalén y al templo, todos los grupos con poder religioso y político se irán turnando para ponerlo en aprieto con las preguntas más comprometidas y poder condenarlo.

La primera la formulan los sacerdotes y los senadores (representantes del poder político), pensando en lo ocurrido el día antes: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado esa autoridad?» Jesús se encuentra ante una disyuntiva. Si responde: «De Dios», lo pueden acusar de blasfemo. Si dice: «de mí mismo», lo considerarán un loco o un vulgar revolucionario. Evita la respuesta directa y les tiende una trampa. Ya que ellos son los jueces religiosos de Israel, que den su opinión sobre otro personaje famoso: Juan Bautista. «El bautismo de Juan, ¿de dónde venía, de Dios o de los hombres?» Ellos, viendo el peligro de comprometerse en un sentido o en otro, responden: «No lo sabemos». Y Jesús termina con un escueto: «Pues yo tampoco os digo con qué autoridad hago esto». E inmediatamente pasa al contrataque, con la parábola que leemos este domingo, exclusiva del evangelio de Mateo: la de los dos hijos (Mt 21,28-32).

Obras son amores, y no buenas razones

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

― ¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?

Contestaron:

― El primero.

Jesús les dijo:

― Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.    

            La historieta que propone Jesús es tan fácil de entender que sus enemigos caen en la trampa. Un padre y dos hijos. ¿Quién cumple la voluntad del padre? ¿El hijo protestón y maleducado que termina haciendo lo que le piden, o el hijo amable y sonriente que hace lo que le da la gana? La respuesta es fácil: el primero. Lo importante no es decir palabras bonitas; tampoco importa protestar mucho. Lo importante es hacer lo que el padre desea. «Obras son amores, y no buenas razones».

            Pero Jesús saca de aquí una consecuencia asombrosa. Es preferible vivir de mala manera, si al final haces lo que Dios quiere, que vivir de forma aparentemente piadosa y negarse a cumplir la voluntad de Dios. Dicho con las palabras hirientes del evangelio: es preferible ser prostituta o ladrón, si al final te conviertes, que ser obispo, sacerdote, o pertenecer a cualquier congregación o institución religiosa y ser incapaz de convertirse.

¿En qué consiste la conversión? Nueva sorpresa. No se trata de aceptar a Jesús y su mensaje, sino a Juan Bautista, que mostraba el camino de la justicia, de la fidelidad a Dios, como primer paso hacia el evangelio. Con ello, Jesús responde indirectamente a la pregunta que no habían querido responder las autoridades: «¿De dónde procedía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres?» El bautismo de Juan era cosa de Dios, su predicación marcaba el camino recto. Las prostitutas y los recaudadores, representados por el hijo protestón, pero obediente, creyeron en él. Las autoridades religiosas, representadas por el hijo tan amable como falso, no le creyeron.

¿Tirando piedras contra el propio tejado?

            Lo curioso de esta interpretación de la parábola es que parece volverse contra Juan y contra Jesús. Los que dan testimonio a su favor son gente indigna de crédito, prostitutas y explotadores; quienes lo rechazan o se abstienen, personalidades religiosas de buena fama, los sacerdotes. Puestos a elegir, ninguna persona piadosa aceptaría la opinión de unos cuantos drogatas y unas pocas prostitutas en contra de lo que decida una Conferencia Episcopal.

Además, el judío piadoso de tiempos de Jesús (como muchos cristianos piadosos de nuestro tiempo) está convencido de que no necesita convertirse. Y si en algo tiene que cambiar, el camino no deben indicárselo personas tan extrañas y discutibles como Juan Bautista, Martin Lutero King, Oscar Romero, Pedro Casaldáliga o el Papa Francisco.

Así adquieren pleno sentido las palabras de Jesús: «los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios». Para entrar en ese reino, hay que abrirse a una nueva forma de vida, aunque suponga un corte drástico y doloroso con la vida anterior. La institución religiosa seguirá firme en sus trece, incluso utilizará el argumento de la parábola para recha­zar a Juan y a Jesús. Sin embargo, el Reino se irá incrementando con esas personas indignas de crédito, pero que creen en quien les muestra el camino de una nueva forma de fidelidad a Dios. Esas personas que, como dice el profeta Ezequiel en la primera lectura, son capaces de recapacitar y convertirse.

Así dice el Señor: Comentáis: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.

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Domingo XXVI. 27 de septiembre, 2020

Domingo, 27 de septiembre de 2020

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“Luego se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él respondió: “Voy, Señor”. Pero no fue.”

(Mt 21, 28-30)

Supongo que a todos nos gustaría ser el tercer hijo. El que no sale en la parábola, quizá porque es el que nos la cuenta. Ser como Jesús, que dice que va a la viña y no solo va sino que se deja matar por la viña. Se entrega.

Sí, nos gustaría. Por eso el cristianismo es precisamente eso: el seguimiento de Jesús. Pero cuando miramos a nuestra Iglesia, a nuestras comunidades, cuando nos miramos cara a la cara a nosotras mismas quizá encontramos más del “segundo hermano” de lo que nos gustaría.

¿Cuántas veces hemos dicho que íbamos a la viña y nos hemos quedado en nuestras comodidades? ¡Y cuántas veces esperamos a que vayan las demás o nos quejamos de que nadie quiere ir mientras discutimos sentadas en el sofá!

Esta viña, a la que nos llama el Padre, es más que un trabajo. Mucho más. Sabemos que debemos ir. Queremos de verdad ir. Muchos días emprendemos el camino. Muchas horas las pasamos en esa viña. Más de una vez somos el “primer hermano” que dice que no con la boca, pero dice que sí con la vida.

Sin embrago, todavía no somos lo que estamos llamadas a ser. No acabamos de ser como Jesús. La buena noticia es que eso no importa. Ni nuestras negativas, ni nuestras ausencias conseguirán que el Padre cambie de opinión. Él volverá, puntualmente, constantemente, con su invitación. Asaltará nuestras vidas una y otra vez, sin cansarse, sin decepcionarse.

Y nosotras seguiremos siendo el primer hermano, el segundo y por supuesto nos iremos pareciendo cada vez más al tercero. Volveremos a levantarnos, quizá con menos fuerzas, pero con un amor más probado, más acrisolado.

Oración

Trinidad Santa, renueva nuestros corazones con tu invitación siempre nueva y retadora. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Rectificar es más humano que acertar a la primera.

Domingo, 27 de septiembre de 2020

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Mt 21,28-32

Jesús acaba de realizar la “purificación del templo”. En el episodio inmediatamente anterior, los sumos sacerdotes y los senadores, preguntan a Jesús con qué autoridad actúa así. Él les responde con otra pregunta: “¿El bautismo de Juan era cosa de Dios o cosa humana?”. No se atreven a contestar y Jesús les cuenta esta parábola. Mateo trata de justificar que la comunidad cristiana se apartara del organigrama religioso judío, pero quiere advertir, también a la nueva comunidad, que no debe caer en el mismo error.

En este capítulo siguen las advertencias a la comunidad. Es muy peligroso creerse perfecto. Lo importante es descubrir los fallos y rectificar lo que se ha hecho mal. La pura teoría no sirve para nada, solo la vida salva. Lo que digamos o lo que proclamemos son palabras vacías, mientras no vayan acompañadas por una actitud vital que, inevitablemente, se manifestará en las obras. En el evangelio de Juan, Jesús pone como instancia definitiva sus obras: “Si no me creéis a mí, creed a las obras”.

El domingo pasado nos hablaba de jornaleros. Hoy nos habla de hijos. En el AT, el pueblo en su conjunto, se consideraba hijo de Dios. Jesús distingue ahora dos hijos: los que se consideran verdaderos israelitas y los que los jefes religiosos consideran pecadores. Recordemos que ser hijo significaba hacer en todo la voluntad del padre. Un buen hijo era el que salía al padre. El que dejaba de hacer la voluntad del padre, dejaba de ser hijo. ¿Quién hizo la voluntad del padre? quiere decir: ¿Quién es verdadero Hijo?

Jesús se enfrenta a los jefes religiosos, como respuesta a la oposición que los evangelios manifiestan. Todos los evangelios dejan clara esa lucha a muerte de las instancias religiosas contra Jesús. Sin embargo, no podemos sacar de estas parábolas argumentos antisemitas. Las prostitutas y los recaudadores de impuestos, que Jesús pone por delante de los jefes religiosos, eran también judíos. Y los primeros cristianos eran todos judíos.

Los fariseos no tenían nada de qué arrepentirse. Eran perfectos porque decían “sí” a todos los mandamientos. Consideraban que tenían derecho al favor de Dios, por eso rechazan de plano el cambio que les propone Jesús. Como los de primera hora del domingo pasado, exigen mayor paga por su trabajo. Para ellos es intolerable que Dios pague lo mismo al que no ha trabajado. No se dan cuenta de que su respuesta es solamente formal, sin compromiso vital alguno. El espíritu de la Ley les importaba un pito.

El escándalo está servido: Para Jesús no hay duda, los que se consideran buenos son los malos y los malos son los buenos. Los primeros eran los estrictos cumplidores de la Ley, los segundos ni la conocían ni podían cumplirla. Los primeros ponían su empeño en el cumplimiento externo de las normas. Los otros buscaban una posibilidad de hacerse más humanos, porque se sabían pecadores. Jesús deja claro cuál es la voluntad de Dios, y quién la cumple. Pero Jesús deja claro que tanto los unos como los otros son hijos.

“Los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino”. Es una de las frases más hirientes que pudo decir Jesús a los jerifaltes religiosos. Eran las dos clases de personas más denigradas y odiadas por las instancias religiosas. Pero Jesús sabía muy bien lo que decía. El organigrama religioso-social de su tiempo era represivo e injusto. Que esa situación se mantuviera en nombre de Dios no podía aguantarlo quien había descubierto un Dios que lo único que quiere es el bien del hombre.

No se alude en el relato a las otras dos situaciones que se pueden dar: El hijo que dice sí y va a trabajar a la viña, y el hijo que dice no y no va. En estos dos casos no hay posibilidad de equivocarse ni cabe la pregunta de quién cumple la voluntad del padre. Lo que pretende el relato es advertir sobre el engaño en que puede caer el que interprete superficialmente y a la ligera, la situación del que dice “” y del que dice “no”.

No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental. Como conclusión general, tenemos que decir que los hechos son lo importante y que las palabras sirven de muy poco. La praxis prevalece siempre sobre la teoría. El evangelio no nos invita a decir primero no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer; pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación y admite la posibilidad de rectificación, después de “recapacitar”, dice el texto.

Nuestras actitudes religiosas son incoherentes. Llevamos muchos siglos haciendo una religión de ritos, doctrinas y preceptos. Desde el bautismo decimos: “sí voy”, pero nos quedamos siempre donde estamos. No hay más que ver lo que se entiende por “practicante”, para darse cuenta de que no tiene nada que ver con la vida real. Nos estamos yendo cada vez más por las ramas y alejándonos de la raíz del evangelio.

Se nos llena la boca proclamando pomposamente que somos cristianos, pero hay muchos que, sin serlo, cumplen el evangelio mucho mejor que nosotros. El fariseísmo se ha convertido en moneda corriente entre nosotros, y damos por hecho que basta hablar del evangelio, u oír hablar de él, para tranquilizar nuestra conciencia. Hay un refrán que lo expresa muy bien: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

En la primera lectura ya se nos dice que ni siquiera los mayores fallos son definitivos. Podemos en cualquier momento rectificar la trayecto­ria equivocada. Los errores cometidos pueden ayudarnos a encontrar el camino verdadero. Somos limitados y tenemos que aceptar esta condición porque es parte de nuestra naturaleza. No podemos pretender, ni para nosotros ni para los demás, la perfección. Cuando exigimos a un ser humano ser pluscuamperfecto, estamos exigiéndole que deje de ser humano.

Solo la experiencia me dice qué es lo que me deteriora como ser humano y qué es lo que me enriquece. Cuando damos por absoluta una norma, nos anclamos en el pasado y nos negamos a progresar. El gran peligro para esta fijación es creer que Dios nos ha dado directamente esa norma. Desde esa perspectiva se siguen cometiendo verdaderas barbaridades en contra del ser humano. El Dios de Jesús nunca puede ir en contra del hombre; las normas que hemos promulgado en su nombre, sí. Entender la religión como verdades, normas y ritos absolutos, es fundamentalismo puro y duro.

También hoy podemos ir un poco más allá de la parábola. Ni siquiera las obras tienen valor absoluto. Las obras pueden ser la manifestación de una actitud vital, pero pueden ser reacciones automáticas desconectadas de nuestro verdadero ser, y conectadas solo al interés egoísta. Los fariseos cumplían escrupulosamente todas las normas, pero lo hacían mecánicamente, sin ninguna sinceridad de corazón. No pierdas el tiempo tratando de situarte en una de las partes. Todos estamos diciendo: “no”, cada tres por cuatro, y todos estamos diciendo: “sí”, con una pasmosa ligereza. La vida es una constante rectificación.

Meditación-contemplación

Si a la primera no somos capaces de decir “sí”,
Dios acepta siempre nuestra rectificación.
Casi siempre acertamos a costa de rectificaciones.
Nadie es capaz de descubrir la meta a la primera.
No deben preocuparme los fallos.
Ser incapaz de rectificar es lo frustrante.

 Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El camino de la justicia.

Domingo, 27 de septiembre de 2020

justicia-y-razonLos dones que provienen de la justicia son superiores a los que se originan en la caridad (Khalil Gibran).

27 de septiembre. DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Mt 21, 28-32 Porque vino Juan enseñando el camino de la justicia

La Justicia es uno de esos ideales que desde la Antigua Grecia ha sido estudiado y debatido por cualquier intelectual de prestigio. Definida como “aquel principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde”, la Justicia un principio ineludible que debería regir nuestras sociedades.

Una sabia ley, que debería regir la conducta de toda la humanidad, si no quiere caer en el desorden, pues como dice Paul Auster: “Si la justicia no existe, ya no será justicia”.

Y Aristóteles, filósofo griego, decía: “Se piensa que lo justo es lo igual, pero no para todos, sino para los iguales. Por el contrario, se piensa que lo justo es desigual, y así es, aunque no para todos, sino para las desigualdades.

Para el Antiguo Testamento, figura como una le fundamental de conducta. Dios hace justicia con los débiles y oprimidos, deseando que se le reconozca como tal.

Dirán: “Solo el Señor tiene la justicia y el poder” (Isaías 5, 24)

(Salmo 51, 6): “Que tus argumentos te hagan justicia y resultes inocente en el juicio” 

“Amad la justicia los que regís la Tierra” (Sabiduría 1, 1)

“Y su marido, José, como era justo, y no quería difamarla, quiso dejarla en secreto” (Mateo, 1, 19)

“Amigo, no te hago injusticia. ¿No nos apalabramos, un denario?”  (Mateo 20, 13)

Y en Romanos 3, 20 “Por eso nadie será justificado ante Dios por haber cumplido la ley”

Blas Pascal argumentaba que “la justicia sobre la fuerza es la impotencia, y la fuerza sin justicia es tiranía solemne”.

Jesús nos lo mostró de esa manera cuando recorría los caminos de Palestina hasta posiblemente cuando dijo aquello de:

 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vidanadie viene al Padre, sino por mí”.

Juan Bautista vino para predicarnos que existe un largo camino que hemos de recorrer y, si es posible, acompañados.

Un camino muy audaz, cuya oferta no comprada, sería una gran locura, pues es un saldo.

Un poeta libanés lo cantó de este modo ingenioso:

Khalil Gibran dijo: “Los dones que provienen de la justicia son superiores a los que se originan en la caridad”

Un soneto de Lope de Vega titulado “Pedro, a la sangre que por vos vertida”, dice:

Sangre que por vos vertida
mostró para su fe tanta firmeza,
ofrece la católica nobleza
la limpia suya, a vuestros pies rendida.

De las cuatro azucenas guarnecida,
que dejó de Domingo la pureza,
esta Junta os elige por cabeza
puesto que la tenéis tan dividida.

Tended vuestro crucígero labaro,
Capitán general desta milicia,
que contra el fiero apóstata levanta.

La fe de vuestra muerte, ejemplo raro;
pues para el tribunal de su justicia
hizo las gradas vuestra sangre santa

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Sí o no?

Domingo, 27 de septiembre de 2020

1Hay tantos modos de evitar dar una respuesta clara, de no definirnos, y eso que los españoles tenemos fama de ser directos. En el mundo anglo norteamericano hay una expresión que lo dice todo cuando no quieren mojarse, que como en todos sitios, es frecuente: “creative postponing”, creo que lo entendemos todos, y además con creatividad, con excusas convincentes. Nuestro “dar largas”. Me decía una mujer joven de allí, “eso de ser hija de Dios me resulta fuerte, yo me conformo con ser sobrina”. Sincera la mujer.

Decir sí o decir no, es rotundo, es radical. Es lo que Jesús pide de sus seguidores, sobre todo de aquellas personas que se consideran discípulas. El texto de hoy nos invita a entrar en el significado del sí y del no en nuestro seguimiento y en nuestra vida.

Primero entendamos el texto en su contexto: El pueblo judío dijo “sí” al aceptar la ley de Moisés, pero se niega, a través de los dirigentes, a aceptar la propuesta de Jesús. Sin embargo, los paganos y los pecadores, que primero dijeron “no”, al final son los que aceptan el reino, acogen el proceso de ir entrando en el modo diferente que propone Jesús.

Para Jesús, la fidelidad a Dios no pasa por la observancia de la Ley, sino por la práctica de un amor sin excepciones. Jesús cambia el modo de relación con Dios, al que presenta como él lo vive, no como el distante Dios del Templo, sino como el Abba cercano y comprometido con la vida. Esto desmonta el tinglado de una religión súper estructurada alrededor de las normas y las leyes de pureza, de impureza, de sacrificios como paga por los pecados los cuales han sido determinados por unos jerarcas que imitan a un dios lejano, frío, a quien hay que calmar con ofrendas, que se quedan los sacerdotes…

En lenguaje de hoy diríamos que Jesús “flipa” con esa doblez, y para denunciarla utiliza el inteligente y oriental lenguaje de las parábolas.

La que nos ocupa hoy, la de los dos hijos, va dirigida especialmente a la infidelidad de los dirigentes: dicen pero no hacen; son fieles por fuera pero podridos por dentro… Toda esa gama de expresiones que expresa una indignación en aumento y una compasión más profunda hacia aquellos marginados, considerados pecadores por las leyes hipócritas.

Serán, de hecho, ellos los que acogerán la radicalidad de Jesús, aunque en apariencia sean unos pasotas o critiquen la institución.

Tal vez hoy, uno de octubre, que nuestro país vive una situación muy complicada por falta de diálogo, cuyo término es repetido pero no se practica, podemos preguntarnos qué significa un sí o un no: a un sistema, a unas políticas corruptas… todos y todas debemos reflexionar, ¿por qué quiere separarse una pareja, un país, una autonomía…? La autenticidad del sí y del no nos daría claves de interpretación de la realidad y perspectiva de futuro.

Propongo una segunda o tercera lectura, como en la Lectio Divina, en clave de conversión personal. Ver que estos dos hijos, estas dos posturas o actitudes, conviven dentro de nosotras. Yo soy la hija buena que dice que sí al proyecto de Jesús, y me apunto a muchas movidas, pero cuando me tocan el ego, o el bolsillo, o mi tiempo… entonces doy un “creative postponing”, es decir, no me defino, no me comprometo, no me pillo los dedos.

Y también convive en mí la rebeldilla, la indignada, la que dice que no porque, entre muchas otras cosas que no me gustan, una especialmente me duele en las entrañas: a las mujeres nos tienen retiradas, nos utilizan para lo que necesitan, cuando ellos no llegan… pero cuando dejo que la mirada de Jesús sea más potente que la de “los monseñores de turno” entonces voy, entonces me mojo, me abro, corro para que su proyecto siga, para que nadie lo ahogue, para que nadie pueda estropearlo. Porque he escuchado por dentro algo que ha autentificado mi respuesta “si tú me miras, yo me vuelvo hermosa, como la hierba a que bajó el rocío” (G. Mistral)

Cuando no hay coherencia con nuestras posturas, con nuestro “sí” y nuestro “no”, los psicólogos dicen que se produce ansiedad. Es decir, que el alma chirría porque la persona sufre cierta angustia que puede hacerse crónica. La angustia que produce la doblez, que se puede convertir en rigidez, en un atarse a la ley, o en un sarcasmo hiriente, o en tristeza interior causada por la mediocridad, por la falta de fuelle para correr a colaborar con el proyecto de Jesús.

Es su legado el que está hoy en nuestras manos. La disponibilidad o la pereza, la decepción, la excusa repetida de necesidades familiares que no se acaban nunca, es tema de conciencia. Será lo que tú y yo decidamos. El reino espera, Jesús espera, la tarea está ahí. ¿Quieres colaborar? ¿Sí o no? Tú dirás, yo diré, con la vida.

Magdalena Bennàsar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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Creencias y Bondad

Domingo, 27 de septiembre de 2020

AbrazoDomingo XXVI del Tiempo Ordinario

27 septiembre 2020

Sin duda, las palabras de Jesús tuvieron que sonar no solo provocadoras, sino directamente heréticas e incluso blasfemas a oídos de las personas religiosas que lo escuchaban. Afirmar que publicanos –los “pecadores públicos” vendidos al ocupante romano, que se beneficiaban de su posición de recaudadores de impuestos cobrando más de lo exigido, lo cual les hacía doblemente odiosos para sus paisanos– y prostitutas –consideradas “pecadoras públicas” que merecían ser lapidadas– “llevaban la delantera en el camino del Reino de Dios” a los sumos sacerdotes y ancianos (o senadores) del pueblo podía conllevar incluso la pena de muerte. No es extraño que los jefes religiosos no pararan hasta conseguir que el Maestro de Nazaret fuera crucificado.

   Para la religión, el valor más importante suele ser la creencia y la norma, no tanto la actitud ni el comportamiento ético de las personas. Por eso, no es raro que –como denunciará también el mismo evangelio– “cuelen el mosquito y se traguen el camello” (Mt 23,24).

  Pero a Jesús –como a las personas sabias– no le importaba demasiado la norma –“No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre” (Mc 2,27)ni tampoco la creencia –“No todo el que me dice «¡Señor, Señor!» entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo”  (Mt 7,21), sino el amor y la compasión: “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,37), le contestó al maestro de la ley que le preguntaba por el mandamiento más importante, después de ponerle como ejemplo de compasión a un “hereje” samaritano.

  No importan las creencias –meras construcciones mentales, sin otro valor, en el mejor de los casos, que el de ser “mapas” ilustradores del camino–, que terminarán cayendo antes o después, sino el amor y la bondad, es decir, aquellas actitudes y acciones que van en coherencia con la verdad de lo que somos; que nacen de la certeza de nuestra unidad que me hace ver al otro como no-otro de mí.

  Seguramente no todos los publicanos ni todas las prostitutas eran ejemplos de amor y de bondad, pero Jesús vería en sus corazones más verdad, humildad y humanidad que en los egos inflados de los jefes religiosos.

¿Vivo bondad hacia los demás?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Obras son amores y no buenas razones

Domingo, 27 de septiembre de 2020

imagesDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01. SIEMPRE DOS HERMANOS.

Resulta curioso las veces que en la Biblia aparecen dos hermanos: Caín y Abel, (Gn 4,1-2); Esaú y Jacob, (Gn 25,24ss); un padre tenía dos hijos en la parábola del padre y el hijo pródigo, (Lc 15,11ss); en la parábola de hoy también un padre tenía dos hijos… Dos hermanas: Marta y María

Tal vez más que dos hermanos se trata de dos aspectos de un único personaje, que todos llevamos dentro en una especie de “esquizofrenia inevitable”. Probablemente todos somos algo de Caín y de Abel; algo tenemos de hermano mayor cumplidor, prepotente; y algo de hijos pródigos. Todos hablamos mucho y hacemos poco, como en la parábola de hoy.

Al mismo tiempo, en todo ser humano hay algo de la bondad de Abel y del arrepentimiento del hijo menor, además de las incoherencias del hijo al que le dio un “perrenque”, dijo que no iba a trabajar, pero luego se lo pensó y fue.

Las “esquizofrenias” y los dobles momentos antes que de la psicología y de la psiquiatría son de la vida misma y algo de sentido común. Como se dice en estos tiempos, todos somos algo “bipolares”.

02. LA VIÑA.

La viña, los campos de trigo son el pueblo de Dios, la humanidad, la historia en la que hay mucho que trabajar; las más de las veces el trabajo son sencillas, pequeñas tareas, pero son trabajos nobles.

Todos estamos llamados a trabajar en la mies, en la viña del Señor. San Pablo dice un poco estentóreamente aquello de que: quien no trabaje que no coma, (2Tes 3,10).

El trabajo no es solamente un medio de ganarse la vida, sino un modo de construir la propia persona-personalidad y la historia.

El trabajo no es una mercancía, que se vende (dirá el mismo K.Marx).

Trabajar -en la medida en que uno puede- es bueno y hace bien.

03. OBRAS SON AMORES, QUE NO BUENAS RAZONES.

Así acuñó Santa Teresa esta afirmación que ha pasado a ser un refrán: obras son amores, que no buenas razones.

De grandes palabras (palabrería) están llenos los espacios políticos, eclesiásticos y también los personales. Las promesas de las campañas electorales duran hasta el día siguiente de las elecciones. ¡Si la Iglesia fuese conforme a lo que leemos en el Nuevo Testamento, en las encíclicas y documentos!, etc.

O4. ORTODOXIA Y ORTO PRAXIS.

imagessORTO significa: recto / correcto. DOXA: doctrina / pensamiento y praxis: práctica / acción.

Corren tiempos en los que se disfruta buscando recuperar una ultra-ortodoxia que anquilosa la vida y el evangelio, cuando lo que importa es la ortopraxis, es decir la vida.

Muchas veces la ortodoxia tiene poco que ver con lo que hacemos, con la ortopraxis.

o A veces la ortodoxia no es más que una trinchera donde se defienden miedos y posicionamientos ideológicos y religiosos. Algunos movimientos religiosos modernos viven afincados en una super-ortodoxia intransigente, sin significado, pero es el “santo y seña”.

o Otras personas y actitudes hacen la verdad: están con los que sufren, los pobres, el SIDA, ancianos etc., incluso con una doctrina (ortodoxia) muy elemental, incluso no muy puritana para el orden establecido.

La verdad no se dice, se hace.

Esta veta la recogió con energía la Teología de la Liberación.

Es evidente que el papa Francisco se sitúa en la praxis, en el hijo que va a trabajar, incluso aunque sus palabras no lo parezcan. Es también vidente que los que se oponen y se enfrentan con la línea de Francisco son ultramontanos fanáticos que guardan con celo la doctrina, pero no mueven un dedo para ayudar a la humanidad a cargar con el peso de la vida y de la historia (Mt 23,1-12)

Quiera Dios que la ultraortodoxia fundamentalista no pise la praxis evangélica.

05. ¿QUIÉN HIZO LA VOLUNTAD DE DIOS PADRE?

imagess1Lo de Jesús tiene su retranca.

No es un diletantismo exegético, pero conviene leer con atención el cp 21 de Mateo.

Mt 21, 1-27: Jesús, tras expulsar con energía del Templo a los comerciantes, Jesús pronuncia tres parábolas contra los dirigentes religiosos, es decir contra el poder (no contra el pueblo):
Mt 21,29-32 Parábola de los dos hijos

Mt 21,33-46 Parábola de los viñadores homicidas, (el poder crucifica)

Mt 22,1-14 Parábola del banquete del Reino al que no quieren asistir los invitados

La conclusión de la parábola de hoy es desconcertante y osada. Jesús pone modelos de vida algo que escandaliza a los estamentos oficiales. Probablemente nadie se lo creyó entonces, ni hoy, que los publicanos (ladrones legales de impuestos) y las prostitutas, la gente de los cruces de los caminos estarán, están, por delante de nosotros en la viña del Señor, en el Reino.

Nos puede resultar escandaloso y molesto, pero en el cristianismo de Jesús las cosas -gracias a Dios- son así.

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Medios pobres y III

Sábado, 26 de septiembre de 2020

Del blog Nova Bella:

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  (Koldo Chamorro, Christo Ibérico)

Demasiado tenues para ser detenidos por un obstáculo, los medios pobres llegan donde las fuerzas mejor equipadas no alcanzan. A causa de su pureza atraviesan el mundo de un extremo a otro. No estando ordenados a triunfar tangiblemente, no llevan en su esencia una exigencia interna de éxito temporal, participan, por los efectos espirituales que persiguen, de la eficacia del espíritu

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Jacques Maritain

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