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Dios en el Sur global.

Lunes, 29 de enero de 2018

misa-san-salvadorMisa en San Salvador en 2017 en recuerdo del arzobispo Romero, asesinado en 1980. MARVIN RECINOS / AFP / GETTY

Juan José Tamayo firma una obra de alto valor y convincente madurez sobre la Teología de la Liberación

Si alguien quiere tener una idea global de la Teología de la Liberación, en sus distintas vertientes y en los varios continentes, encontrará en esta obra del teólogo Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y de Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid, una orientación detallada. Se trata, de hecho, de una obra de convincente madurez teológica. El autor figura entre los mejores conocedores y cultivadores de este tipo de teología en Europa. Ha seguido y compartido el nacimiento, la construcción, la evolución, las turbulencias y la consolidación de las Teologías de la Liberación, en sus más de 40 años de existencia. No solamente presenta las intuiciones básicas de estas teologías, sino que él mismo es un teólogo de la liberación en el contexto europeo. De ahí el alto valor que demuestra este trabajo.

De principio hay que aclarar que la Teología de la Liberación no se presenta como una disciplina teológica entre otras, sino como un nuevo modo de hacer teología siempre articulada con el universo dramático y plural de los pobres de la Tierra, donde encuentra los desafíos y los contenidos para su pensar teórico. Para entenderla correctamente importa situarla dentro del espíritu emancipador más general, que irrumpió casi simultáneamente en muchas partes del mundo, en América Latina, Estados Unidos, Europa. Era en los fines de los años sesenta del siglo pasado. Podríamos pensar en el Weltgeist de Hegel, es decir, un giro del espíritu que abrió un camino nuevo en la historia. Esto ocurrió también dentro de las Iglesias con los primeros “fundadores” de esta manera de hacer teología, personas que antes casi no se conocían, pero que acabaron pensando de manera similar y al mismo tiempo, como Gustavo Gutiérrez, Míguez Bonino, Rubem Alves, Juan Luis Segundo y yo mismo, todas ellas motivadas por un mismo impulso liberador.

Es la primera vez en la historia que en la periferia de la galaxia cristiana nació una teología propia, en el Sur global, fuera de los centros metropolitanos del pensamiento 

Tamayo subraya muy bien que: esta teología es un momento del proceso de descolonización y al tiempo una corriente de pensamiento crítico y práctico que nace de otro tipo de experiencia eclesial. No se trata de una Iglesia-espejo del modelo europeo, sino de una Iglesia-fuente, encarnada en las diferentes identidades culturales, interreligiosas, pluriétnicas, pos/decoloniales, antipatriarcales y feministas. Nacida en América Latina, la Teología de la Liberación se difundió pronto a lo largo y ancho de todo el Tercer Mundo. Es la primera vez en la historia que en la periferia de la galaxia cristiana nació una teología propia, en el Sur global, fuera de los centros metropolitanos del pensamiento teológico, con señas de identidad y estatuto teórico propios.

Tamayo aborda con detalles muy precisos las Teologías de Liberación africanas, la teología negra estadounidense, las teologías asiáticas, las teologías feministas, indígenas, ecológicas, del pluralismo religioso. Ofrece un análisis más amplio a la teología latinoamericana dentro de sus varios contextos y conflictos con las autoridades doctrinales del Vaticano, con atención especial a la cosmovisión indígena sumak kawsay y suma qamaña (bien vivir y bien  convivir), que está en la base de la teología indígena de la liberación. No hay que olvidar que esta teología nació y se desarrolló en el contexto de las dictaduras militares en Brasil, Uruguay, Chile y en general América Central. Eran tiempos peligrosos, con secuestros, torturas y asesinatos de muchos cristianos que se definían en el marco de la Teología de la Liberación. En este tiempo, era la porción de la Iglesia universal que ha conocido mártires, desde el arzobispo de San Salvador Romero y Angelelli en Argentina hasta teólogos, teólogas, sacerdotes, religiosos y religiosas y no pocos laicos. Este hecho testimonia la verdad esencial de esta teología, cuyo eje orientador fue y sigue siendo la opción por los pobres y contra la pobreza, por la justicia social y la liberación.

Tamayo confiesa que inició su labor de acompañamiento de esta corriente desde el paradigma dominante europeo, colonial, patriarcal y clerical. Pero en la medida en que profundizaba los temas de las diferentes Teologías de la Liberación, especialmente de cuño feminista, afrodescendiente e indígena, más y más se daba cuenta de que ya no estaba dentro de los parámetros eurocéntricos. Descubrió que había muchos otros modos de pensar, decir y activar la fe, particularmente con referencia a los injustamente sufrientes, incluida la Tierra. Se dio cuenta del desastre de los famosos “descubrimientos” y procesos de colonización que, en realidad, fueron, a decir del teólogo y filósofo de la liberación Enrique Dussel, verdaderos “encubrimientos” de valores y tradiciones sapienciales que fueron negadas e incluso muchas destruidas.

La colonización no es una etapa del pasado, afirma Tamayo con razón. En el proceso actual de globalización desigual (que en verdad es una occidentalización del mundo), los señores del poder económico, cultural y político quieren recolonizar el continente. En este contexto se plantea una tarea decisiva para el pensamiento liberador: mantener y reforzar las identidades étnicas y culturales para que los pueblos puedan hacer su historia y vivir su manera de relacionarse entre sí, con la madre Tierra, con la producción y repartición de las bondades de la naturaleza (como dicen) de forma que todos los seres humanos tengamos lo suficiente y lo decente en nuestras vidas.

Teologías del Sur. El giro ­descolonizador. Juan José Tamayo. Trotta, 2017. 252 páginas.

 

Leonardo Boff, (EL PAÍS-BABELIA, 6 de enero de 2018)

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Juan José Tamayo: La democracia española es rehén de la jerarquía católica.

Miércoles, 6 de diciembre de 2017

Rajoy-saluda-Rouco-Varela-presencia-principes“Puedes ponerlo, fui condiscípulo riguroso del cardenal Cañizares, nuestras tesis doctorales fueron dirigidas por el mismo profesor de Teología. Él nos decía que no había dirigido dos tesis con posiciones más contrarias”.

La tesis de Juan José Tamayo (Palencia, 1946) versó sobre la Juventud Obrera Cristiana, mientras que la del cardenal Antonio Cañizares, sobre la vida, obra y milagros de un santo valenciano. Tamayo continuó sus estudios hasta convertirse en uno de los más reconocidos teólogos de la liberación. Ideología que, cuentan, inspiró el giro que el papa Francisco quiso dar a la Iglesia católica.

Justo cuando se cumplen cuatro años de papado de Jorge Bergoglio, cuando la Conferencia Episcopal ha elegido a Cañizares vicepresidente, y cuando el laicismo del Estado español vuelve a ser foco de debate, Tamayo, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III, carga duramente contra el alto clero español y el papel de la Iglesia en la democracia.

P: ¿Ha logrado la democracia española independizarse de la Iglesia católica?

R: La democracia española, después de la muerte de Franco, desde la Transición hasta nuestros días, es rehén de la Iglesia católica. O mejor, de la jerarquía católica. Desde la Transición lo que han hecho los diferentes partidos que han estado en el Gobierno ha sido dotar a la Iglesia de cada vez más privilegios esperando una rentabilidad en apoyo político.

No estamos en una democracia laica, sino en un Estado que dudo que sea siquiera no confesional, sino que tiene una confesionalidad que no disimula. Primero en los textos, ya que la Constitución reconoce el estatuto especial de la Iglesia católica, y segundo en la práctica política, ya que le concede todo tipo de privilegios: educativos, económicos, fiscales e incluso militares, ya que el Ejército español cuenta con un arzobispo con sacerdotes a su servicio, y que van ascendiendo en graduación al mismo nivel que el resto de los militares.

Estas prebendas no solamente no se han reducido con el paso del tiempo y con los partidos de izquierda en el gobierno, sino que se han incrementado todavía más. El ejemplo más claro es la casilla de la declaración de la renta, que le supone un ingreso de 250 millones que concedido por el Estado generosa y gratuitamente, sin que haya una justificación para esa aportación.

El trato que se da a la Iglesia católica en este tema es del mismo nivel que el trato que se le da a los asuntos sociales. Eso es una hipoteca gravísima y un ejemplo claro de que seguimos en un Estado confesional.

¿Y la moral del Estado? ¿Cree que también está demasiado influida por la Iglesia católica?

Claro. La moral del Estado es una moral católica, pero además de los sectores más conservadores. Lo que está pasando es que afortunadamente la ciudadanía éticamente es mayor de edad, se rige por su propia conciencia, los derechos humanos y los principios de una ética cívica, y para nada tiene en cuenta ese trasvase desde la moral católica hacia la moral del Estado. El mejor antídoto frente a esa dependencia está en esa madurez y mayoría de edad de ciudadanos y ciudadanas españolas, que en muy poco tiempo han conseguido liberarse de la moralina represiva de la Iglesia católica.

Buena parte de las leyes que se han elaborado en estos 40 años, que han rozado los principios doctrinales de la Iglesia católica, han tenido que salir con forceps. Y además con unas enormes limitaciones, porque la Iglesia católica se ha encargado de identificar pecado con delito, calificando de delitos aquellos comportamientos que en el interior de la Iglesia católica son pecado, cuando tenían que estar clara y netamente separados. Un ejemplo de esta falta de separación está en los juicios de personas que han expresado libremente una serie de actitudes en espacios religiosos que se consideran profanación dentro de la Iglesia católica y el Código Penal los traduce en culpabilidad penal.

Yo creo que todavía la moral del Estado está hipotecada por la moral cristiana… Tradicional. Porque hay una ética del Evangelio, que es la ética de la Liberación, de la justicia, de la solidaridad, la ética de la opción por los excluidos, que no practican los jerarcas, no la ponen en práctica y tampoco se ha traspasado al Estado.

Pero a la hora de identificar sus propios delitos…

No se ha producido ninguna colaboración de la Iglesia católica en casos claramente delictivos de sacerdotes, de profesores de colegios, pederastas, que no han sido entregados a la justicia, ni tan siquiera han recibido un castigo dentro de la propia comunidad cristiana.

La jerarquía católica, la Conferencia Episcopal, no se ha pronunciado ante el autobús de Hazte Oír. Tenía que haberlo hecho, porque es un mensaje totalmente homófobo, pero sin embargo ha preferido callarse. ¿Por qué? Porque en el fondo está de acuerdo con esos mensajes ultraconservadores que fomentan el odio.

Una Conferencia Episcopal que acaba de elegir como vicepresidente al cardenal Cañizares, conocido por sus declaraciones homófobas

Cañizares es un cardenal que en sus declaraciones demuestra odio a todo lo que tenga que ver con las relaciones que no son heterosexuales. Que está en contra de la teoría de género, a la que desprecia llamándola ideología de género y diciendo que es una de las ideologías más funestas de la humanidad. Además, con motivo del fenómeno de la inmigración dijo que había que tener mucho cuidado con los inmigrantes porque podían ser como el caballo de Troya.

Eligen por mayoría absoluta a un cardenal que es homófobo, que es xenófobo, que es machista, patriarcal y sexista. ¿No es esto un ejemplo claro de cómo está posicionada la Conferencia Episcopal? No es un obispo sin más, es que este obispo con estas declaraciones ha sido ratificado por mayoría absoluta como vicepresidente de la Conferencia Episcopal. ¿No es esto grave?

¿Es esto una prueba de la progresiva radicalización del discurso de la Conferencia Episcopal?

En la medida en que avanzan las leyes críticas con la violencia de género, defensoras de la Igualdad entre hombres y mujeres, respetuosas con las diferentes identidades sexuales, ellos radicalizan todavía más sus posiciones reaccionarias e integristas. Se consideran los guardianes de la moral.

Yo nunca he hecho declaraciones contra Cañizares, fue mi condiscípulo y fuimos buenos amigos. Él era un hombre… Nunca progresista, pero tampoco tan integrista como ahora, sino más centrista, del Vaticano II, de planteamientos más moderados. Nunca sacó los pies del estribo como lo está haciendo ahora.

Que haga esas declaraciones me parece muy mal, aún cuando nunca le he criticado públicamente, las repruebo radicalmente. Pero que a esta persona la hayan nombrado vicepresidente de la Conferencia Episcopal me parece la mejor prueba, la verificación empírica de la deriva inmovilista que está siguiendo la jerarquía católica.

¿Podría estar Cañizares radicalizando su discurso precisamente para ascender en la jerarquía eclesiástica?

Precisamente ahora con [el papa] Francisco, hacer esas declaraciones tan generadoras de odio debería generar todo lo contrario. Pero claro, la reforma de Francisco no ha pasado los Pirineos. Y por eso Cañizares, que se posiciona de manera clara y directa y sin ningún tipo de reparo contra las orientaciones renovadoras del papa, puede ascender. Si realmente los obispos españoles caminaran en la dirección del papa, a Cañizares nunca le habrían podido elegir vicepresidente.

Se ha impuesto la continuidad integrista y conservadora en contra de la orientación reformadora. Estas elecciones han sido una bofetada en contra del proyecto del papa Francisco.

¿Se ha quedado la Iglesia española anclada en el pasado?

A la Conferencia Episcopal le falta sentido profético, están demasiados instalados en el sistema eclesiástico, son demasiado complacientes con el poder político del que reciben muchas prebendas, y en agradecimiento no demuestran esa crítica que por ejemplo hace Francisco al capitalismo por ser injusto de raíz. Estos obispos, a lo largo de la crisis no han hecho apenas declaraciones contra la responsabilidad que tiene el neoliberalismo al provocar todavía más desigualdad.

Es ingente la cantidad de documentos que han publicado los obispos españoles en estos últimos 40 años contra el divorcio, contra el aborto, contra la píldora del día después, contra las relaciones prematrimoniales, contra la fecundación in vitro, contra la ordenación de las mujeres, contra el matrimonio de los sacerdotes, contra y contra y contra todo aquello que supone una apertura en la sexualidad, en las relaciones de pareja, en los modelos de familia, etc. Yo he recogido hasta 14 noes de los obispos. Sin embargo muy pocas veces, y de manera encubierta, han condenado la violencia de género. Condenan la teoría de género descalificándola como ideología, incluso algunos obispos consideran que esta ideología de género es la responsable de que las mujeres se rebelen y luego los hombres ejerzan la violencia contra ellas. Es escandaloso.

Tantos documentos contra la ideología de género y ni una sola manifestación, ni una solo documento público contra la violencia de género que se lleva por delante mujeres. ¿No es eso una falta de piedad, de misericordia, de sensibilidad hacia la violencia contra las mujeres? ¿No está también legitimando, al menos indirectamente, esa violencia?

¿Y no va eso contra su propio interés? ¿Cómo logrará la Iglesia llegar a la gente si adopta una postura tan reaccionaria?

Son los peores propagandistas de su propio producto. Ellos mismos se están haciendo el harakiri. Con estas posiciones cada vez es mayor el número de apóstatas explícitos que abandonan la Iglesia porque no pueden compartir estos planteamientos que no tienen ninguna sensibilidad hacia los sectores que sufren.

Ellos van a decir que la causa de la falta de fe es de la secularización, de la pornografía, del libertinaje… Pero en el fondo la responsabilidad en la crisis que está sufriendo la Iglesia hoy es interior, están eligiendo el peor camino para poder defender la autenticidad y la verdad del mensaje que dicen anunciar.

Entrevista a Juan José Tamayo

Carlos del Castillo

Fuente Público, vía Fe Adulta

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Tamayo arremete contra el “discurso androcéntrico” y la “moral machista” de la religión organizada

Sábado, 9 de septiembre de 2017

congreso_560x280Inaugurado el Congreso de la Juan XXIII “Las mujeres y la religión”

Las religiones “siguen instaladas en un patriarcado homófobo”, denuncia

“Salvo excepciones, en las religiones no se han dado pasos en dirección a la igualdad. Todo lo contrario: se ha producido un estancamiento o, peor aún, un retroceso”

(Cameron Doody).- Las mujeres son, sin duda ninguna, las heroínas de la religión organizada. Las heroínas, pero también las mártires, porque no ha habido otro colectivo en la historia de la humanidad que haya atestiguado de forma tan lamentable a la crueldad de hombres que pensaban seguir los “mandatos de Dios”.

Un sufrimiento infernal por el que la Asociación de Teólogos Juan XXIII se ha propuesto expiar con el Congreso “Las mujeres y la religión: de la discriminación a la igualdad de género”, que esta tarde ha echado a andar en Madrid, con un minuto de silencio por las víctimas del atentado en Barcelona y de la violencia de género.

El secretario general de la Juan XXIII, Juan José Tamayo, ha sido el encargado de presentar el Congreso, y eso lo ha hecho situándolo en el contexto del décimo aniversario este 2017 de la aprobación de la Ley de Igualdad. Diez años en los que se han producido importantes avances en la causa de la igualdad de hombres y mujeres, ha reconocido, pero también importantes retrocesos. La persistencia de los micro- y macro-machismos, por ejemplo, o los feminicidios, que como Tamayo ha alertado “alcanzan cuarenta y siete y el año pasado, en todo el mundo, llegaron a sesenta mil”.

Hechos todos que demuestran que el patriarcado sigue más “vivo y activo” que nunca, y que continúa cebándose con “los sectores más vulnerables de la sociedad”. Y eso en conjunto con los otros poderes opresores de nuestros días: el neocolonialismo, el capitalismo neoliberal, el agronegocio o los fundamentalismos religiosos.

Pero no es que las cosas estén mejor en las religiones más socialmente aceptadas, que lejos de haber dado pasos “en dirección a la igualdad”, ha lamentado Tamayo, más bien han sido las responsables de “un estancamiento” en esta causa. Suficiente es, para darse cuenta de ello, la presencia en la religión de un “patriarcado homófobo basado en la masculinidad sagrada” que margina no solo a las mujeres sino también a todo aquél que no se identifique con la heteronormatividad o binariedad sexual. A todas estas personas la religión les considera “inferiores, subalternas y dependientes”, ha deplorado el teólogo, y lo que es peor, no les reconoce como “sujetos morales ni religiosos“.

Por todas estas realidades urge el análisis que proponen en este Congreso los teólogos de la Juan XXIII. Una mirada pormenorizada a fenómenos tales como los derechos sexuales y reproductivos, la diversidad y disidencia sexual, y los movimientos feministas que luchan contra toda traza de discriminación sexista, sea dentro o fuera de las instituciones religiosas.

“No podíamos analizar dichos movimientos en todas las religiones del mundo”, ha lamentado Tamayo, pero el Congreso, ha dicho, reunirá a expertos que indagarán sobre las luces y sombras que se proyectan sobre las mujeres en tres tradiciones en particular: el catolicismo, el islam y el anglicanismo. Y eso con las herramientas de un amplio abanico de ciencias sociales y políticas.

Más que suficiente para un exitoso Congreso que se interesará por el “paradigma de igualdad de género en la sociedad y en las religiones”, y que tratará de construir “otras religiones posibles”: religiones que sean “igualitarias, paritarias y fraterno-sororales.

El texto completo de la intervención de Juan José Tamayo

Queridas amigas, queridos amigos:

Inauguramos hoy un nuevo Congreso de Teología, ¡el 37!, con un tema que no podíamos demorar: “Mujeres y religión: de la discriminación a la igualdad de género”. Su celebración coincide -y no es casual- con el décimo aniversario de la aprobación de la Ley Orgánica de 22 de marzo de 2017 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, pionera en el reconocimiento de la igualdad de derechos de hombres y mujeres, si bien la propia ley era consciente de que quedaba mucho camino por recorrer hasta su consecución, y así se expresaba en el texto de la misma.

De entonces para acá se han producido avances, y muy importantes, pero también retrocesos, como demuestran, entre otros fenómenos:

– la persistencia de los micro- y macro-machismos;
– el inferior salario de las mujeres por igual trabajo;
– el retroceso en educación para la igualdad;
– la violencia machista, los feminicidios, que este año, a fecha de hoy, alcanzan cuarenta y siete y el año pasado, en todo el mundo, llegaron a sesenta mil.

Estos hechos demuestran que el patriarcado sigue vivo y activo en todos los campos y mantiene su poder opresor sobre las mujeres, las niñas, los niños y los sectores más vulnerables de la sociedad, en complicidad con otros sistemas de dominación: el colonialismo en su verso neocolonial; el capitalismo, en su versión neoliberal; la depredación de la naturaleza en la versión científico técnica de la modernidad; los fundamentalismos sobre todo en su versión más extrema, el terrorismo, ejercido por algunos colectivos de manera blasfema en nombre de Dios.

En materia de igualdad de género las cosas están todavía peor en las instituciones religiosas -sobre todo, en sus dirigentes, la mayoría varones-, que siempre se han llevado mal con las mujeres. Salvo excepciones, en las religiones no se han dado pasos en dirección a la igualdad. Todo lo contrario: se ha producido un estancamiento o, peor aún, un retroceso.

Las religiones, con frecuencia:

– Siguen instaladas en un patriarcado homófobo, basado en la masculinidad sagrada, que margina a las mujeres, a quienes considera inferiores, subalternas, dependientes y no reconoce como sujetos morales ni religiosos.
– Discriminan y excluyen a gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, e imponen en sus propias instituciones, pero también en la sociedad, una moral religiosa heteronormativa y defensora de la binariedad sexual;
– Elaboran un discurso androcéntrico y una moral machista, poseen una estructura patriarcal y transmiten una concepción homófoba de las relaciones humanas, en clara oposición a las leyes igualitarias y a la creciente conciencia feminista.

Inaugurará el Congreso Soledad Murillo, profesora de Sociología de la Universidad de Salamanca, consultora de la ONU e impulsora de la Ley de Igualdad de 2007, quien hará un análisis crítico de la sociedad patriarcal. A continuación abriremos las siguientes líneas de reflexión y análisis:

– Los derechos sexuales y reproductivos y el cuerpo de las mujeres sometido a mercancía a través de los cuerpos de alquiler y de la prostitución.
– La diversidad y la disidencia sexual -LGTBI
– Los movimientos de mujeres en la sociedad que luchan por la conquista de las reivindicaciones feministas, la concientización de género y la denuncia de la discriminación sexista, que suele ir acompañada de otras discriminaciones: por disidencia sexual, clase, cultura, etnia, religión, etc., en diferentes áreas geoculturales: África, América Latina y España.

– Los movimientos de mujeres en las religiones vinculados a los movimientos feministas y al LGTBI, que cuestionan las desigualdades de género en el seno de las instituciones religiosas y reivindican derechos iguales y paridad en los puestos de responsabilidad y de representación. No podíamos analizar dichos movimientos en todas las religiones del mundo. De estos movimientos hemos elegidos tres, correspondientes a otras tantas tradiciones religiosas: catolicismo, islam e iglesia anglicana.

– Cuatro cuestiones teológicas que están en el centro del debate en el seno del cristianismo: las diferentes actitudes ante las identidades sexuales, la teología de la liberación desde la perspectiva de género en América Latina en la perspectiva decolonial; el ministerio eclesial de las mujeres; el patriarcado religioso y el ejercicio del poder en las Iglesias; la urgencia de una espiritualidad política.

Los temas serán tratados desde diferentes disciplinas: ciencias sociales y políticas, filosofía, teología, teoría feminista, ética, pero no en abstracto, sino articulando reflexión y activismo -ambos inseparables, – y vinculándolos con las prácticas de emancipación y los movimientos sociales. Es, por tanto, un Congreso abierto a todas las personas y colectivos interesados en la propuesta del paradigma de igualdad de género en la sociedad y en las religiones.

El tema nos afecta a todas y a todos. Por eso, todas y todos estamos llamados a participar en este Congreso y a construir Otras Religiones Posibles igualitarias, paritarias, fraterno-sororales en sintonía con el lema de los Foros Sociales Mundiales: Otro Mundo es Posible.

Muchas gracias.

Fuente Religión Digital

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Pablo d’Ors y Juan José Tamayo presentan ‘Sin Buda no podría ser cristiano’

Sábado, 5 de agosto de 2017

buddha_and_jesus1Comenzamos hoy una serie de artículos acerca del Budismo/Cristianismo, que espero sea de interés…

“Así que soy un cristiano budista, pero también un budista cristiano (…). Jesús me ofrece la encarnación más convincente y transformadora de cómo vivir en el panorama general nos llama a hacer la paz dentro de este mundo. Tener a uno sin el otro es no tener a ninguno de los dos”. Así concluye “Sin Buda no podría ser cristiano” (Fragmenta), la confesión de Paul F. Knitter, que ayer fue presentado con Meta Librería.

Con dos presentadores de excepción: de un lado, el sacerdote y consejero del Pontificio Consejo de Cultura del Vaticano, Pablo D’Ors. Del otro, el teólogo Juan José Tamayo. Ambos, respondiendo a la pregunta que da título al libro, y que va más allá de ciertas acusaciones de sincretismo o de falsa religiosidad. ¿Se puede ser cristiano y practicar el budismo? ¿Se puede entender la religiosidad sin los férreos corsés de cada religión estructurada? Más allá de la “moda” budista en Occidente, ¿Buda y Jesús son compatibles?

Pablo D’Ors tiene clara la respuesta: “No sólo no veo ninguna contradicción esencial entre el cristianismo y el budismo, sino una profunda afinidad. Budistas y cristianos somos hermanos”. Para el maestro de la meditación cristiana, “en realidad, budistas y cristianos somos hermanos de todo el mundo, si es que queremos ser buenos budistas y buenos cristianos”.

El problema no es, por tanto, de las percepciones religiosas, sino de las estructuras. Pero, hoy, “el budismo se ajusta a nuestra sensibilidad y lenguaje contemporáneos incomparablemente mejor que el cristianismo”, añade D’Ors. “No es sólo que la Iglesia institucional lo haya hecho muy mal, es que el budismo lo ha hecho bien, al menos en Occidente, empalmando su oferta de sentido con la imperiosa necesidad de quieens vivimos en los albores de este nuevo milenio (…). Que el cristianismo tenga cosas que aprender del budismo, como el budismo del cristianismo, me parece muy bonito y necesario”.

Y es que, como afirma el autor del libro, y resalta D’Ors, “el cristianismo necesita ser reformulado, y que esa reformulación no es, ni mucho menos, una traición al depósito de la fe, sino precisamente el modo -probablemente el único- de ser fiel al mismo”. “Perder al destinatario es tanto como perder el mensaje”, recalcó el sacerdote, quien quiso dejar claro que “Buda no es un competidor, sino un amigo”.

“Este libro que hoy presentamos es un hermoso puente, el que va del cristianismo al budismo, y viceversa –concluyó Pablo D’Ors-. Los puentes están para atravesarlos. Para hacer, siempre que uno quiera, el camino de ida y el de vuelta. A mí me gusta atravesar ese puente, os lo confieso. Enriquece mi fe y mis lazos de fraternidad con quienes son distintos a mí”.

Por su parte, Juan José Tamayo, uno de los teólogos que mejor conoce a Paul Knitter, definió al estadounidense como “un pionero” de una de las corrientes teológicas más creativas del siglo XX, la teología de las religiones, y que “pronto llegó a la convicción de que tenía que ser religioso interreligiosamente, practicar la fe cristiana comprometido con las formas en que han vivido personas judías, musulmanas, hindúes, budistas, indios americanos, etc. y hacer teología dialógicamente”.

Para Tamayo, Knitter “se toma muy en serio los tres hechos mayores de nuestro tiempo: la pluralidad religiosa, la pobreza creciente y el deterioro de la tierra, que se convierten en los principales desafíos para la nueva teología..Y es a las preguntas que emanan de tales hechos a las que pretende responder teológicamente Knitter”.

“Su metodología es el diálogo. Sólo así pueden descubrirse los elementos liberadores comunes de las distintas tradiciones religiosas, pero también sus diferencias, sin caer en fáciles irenismos o forzadas unanimidades” recalcó el teólogo español.

“Una de las principales y más originales características de la teología de las religiones de Paul Knitter es el reconocimiento de la dipolaridad dinámica: existen muchos pobres y muchas religiones. Esto implica asumir los dos polos de la realidad: el diálogo interreligioso y la perspectiva de las víctimas; la pluralidad de religiones y creencias y la pluralidad de pobres y oprimidos; el respeto hacia el “Otro religioso” y la compasión con el “Otro sufriente”; la diversidad religiosa y la responsabilidad global; la vivencia mística de la fe y las demandas proféticas; la trascendencia y la finitud; lo cósmico y lo metacósmico; el cultivo de la sabiduría y la práctica del amor; la necesidad de la interculturalidad y la urgencia de la liberación; la armonía y la diferencia. Knitter mantiene ambos polos en tensión dialéctica y mutuamente fecundante. La respuesta a las interpelaciones que proceden de ellos debe darse unitariamente”, proclamó Tamayo, quien abundó en la necesidad del encuentro entre la teología de la liberación y la de las religiones que, “sin duda, son dos de los movimientos más creativos y significativos de la teología cristiana del último siglo”.

Y es que “el compromiso por la liberación no puede separarse del diálogo entre las religiones, como tampoco este puede ser significativo sin el trabajo por la liberación”.

Jesús Bastante

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Juan José Tamayo: Otra Teología es necesaria

Domingo, 19 de julio de 2015

httpjux-user-files-prodFoto: Tamayo (centro) junto a los teólogos Rubem Alves (derecha) y Leopoldo Cervantes (izquierda).

Leído en  The Bo Review of Human Arts

Juan José Tamayo – Otra Teología es necesariaThe Bo Review of Human Arts

Sep 11, 2014

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Sotanas negras y cónclaves en los que mentes sesudas se esfuerzan por poner límites al disfrute humano. No creo exagerar si digo que ésa es, para muchos, la percepción social de la teología y del pensamiento cristiano en general. Pero es fácil anquilosarse en la crítica cómoda y hacer oídos sordos a las voces, cada vez más numerosas, que reclaman la separación del mensaje cristiano original de unos estrictos esquemas doctrinales de –dicen- cuestionable legitimidad interpretativa.

Juan José Tamayo (Amusco, Palencia, 1946) es una de esas voces: licenciado y doctor tanto en teología como en filosofía, desde la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid defiende un mensaje cristiano muy ligado a la liberación de los excluidos, a la teoría de género y a la ecología. Nada más y nada menos.

[The Bo Review of Human Arts] La teología, como disciplina teórica, parte de una premisa clara: la existencia de Dios. Teniendo en cuenta que parte importante de la población niega la verdad de esta premisa, ¿por qué debería importarles la teología?

[Juan José Tamayo] El concepto ‘teología’, etimológicamente, es el ‘logos’ sobre ‘theos’: un discurso sobre Dios. Ciertamente creo que esa etimología es correcta, pero resulta demasiado reducida porque la teología reflexiona sobre Dios, pero también sobre la religión, la espiritualidad y sobre todo aquello que tiene que ver con el mundo de lo sagrado. Esas cuestiones no implican el presupuesto de la existencia de Dios, sino una reflexión sobre Dios independientemente de su existencia, y sobre la funcionalidad cultural, política, social, económica y simbólica de las imágenes que se han ido construyendo sobre él a lo largo de la Historia. La teología tiene su propia autonomía, pero debe cultivar la interdisciplinariedad, si no quiere quedarse en un discurso autista: sociológicamente, estudia la relación entre las creencias religiosas y la sociedad; a nivel psicológico estudia las motivaciones para creer… Pero incluso en su sentido más estricto no presupone la existencia de Dios, sino que analiza el recorrido del pensamiento religioso y filosófico, y del pensamiento secular, sobre el problema de Dios en las diferentes cosmovisiones.

Para un no creyente no intelectual, la teología no es importante, pero es que tampoco suele serlo para un creyente no formado. Pero yo creo que en el mundo intelectual debe serlo porque la religión ha conformado la identidad cultural de no pocos pueblos. A lo largo de toda la Historia, ha ido acumulando una serie de conocimientos en relación con el mundo de las creencias en el que hay un auténtico poso cultural. En los textos sagrados que estudia la teología cristiana y en los de cualquier religión –los Avesta, de la religión irania, el Libro de los Muertos de la cultura egipcia, los Vedas, los Upanishads o la Mahábharata del hinduismo, los mitos de las religiones griega y romana, los mitos, los ritos y las utopías de Abya-Yala- hay una riqueza extraordinaria. En los distintos géneros literarios, que pueden ser el épico, el mítico, el poético, el narrativo, moral… se esconde una extraordinaria riqueza antropológica y cósmica. Esos libros han planteado los grandes problemas del ser humano sobre el origen, el destino, el sentido y sin-sentido de la vida, la muerte, etc. de manera muy concreta y específica con la formulación propia de su contexto. Esa riqueza no puede dilapidarse, ya que constituye el ADN de nuestra existencia. Si la olvidáramos, nos empobreceríamos como seres vivos, como seres humanos, como seres culturales y creadores de símbolos.

[Bo] La teología tiene que lidiar con críticas a su incoherencia: puede llegar a conclusiones frontalmente opuestas. Por un lado, el catecismo de la Iglesia católica defiende la integridad del embrión desde la concepción , y el carácter objetivamente desordenado de la homosexualidad . Al mismo tiempo, la “otra teología” que tú defiendes no estaría en absoluto de acuerdo. ¿Pero ambas teologías salen de unos mismos evangelios? No creo que esa pregunta formulada de esa manera tenga mucho sentido

[JJT] Los textos religiosos, de cualquier religión, constituyen una lectura de determinados fenómenos en un determinado momento y contexto histórico. No son objetos sagrados que requieran veneración cultural. Aceptar un texto en su literalidad sería una manera fundamentalista e integrista de lectura, y a mi juicio equivocada. Los textos históricos –y todos los son de una u otra forma- necesitan una hermenéutica histórico-crítica, y ésta no es uniforme sino plural por la propia naturaleza de todo discurso. Lo mismo se puede decir que cualquier texto de la filosofía, que admite una interpretación plural y da lugar a diversas escuelas hermenéuticas. Algunos ejemplos. Del pensamiento de Hegel surgieron dos tendencias: los hegelianos de izquierdas y de derechas. También la lectura posterior del marxismo ha desembocado en dos tipos de marxismo: el ortodoxo y cientista, y el utópico-humanista. Lo mismo puede decirse de Kant, Aristóteles, Tomás de Aquino, Platón, Agustín de Hipona… Los textos de estos filósofos no conforman un sistema cerrado que obligue a acatarlo acríticamente a quien se considere su seguidor, sino que han derivado en diferentes interpretaciones.

El texto sagrado es la elaboración teórica de una religión en su momento originario, de acuerdo con las categorías propias de esa época y conforme al tipo de relaciones sociales, culturales y económicas vigentes en ese momento histórico. Uno de los errores que a mí me parecen más graves en la historia del cristianismo es fundamentar los dogmas en textos religiosos originarios. Los evangelios, o las cartas de Pablo de Tarso, no son textos dogmáticos, sino que utilizan diferentes géneros literarios –parenético, simbólico, narrativo, sapiencial, histórico, épico, mítico, etc.- y todos ellos están influidos por el contexto en el que son elaborados. ¿Cómo se puede deducir de cualquier palabra de Jesús el fundamento de un dogma cristiano, cuando Jesús hablaba en parábolas, utilizaba un lenguaje simbólico, vivía una experiencia vinculada a la realidad de su tiempo y a su historia? Jesús no es un maestro en teología, ni un definidor de dogmas, sino un narrador de parábolas y un educador popular que recurre a diferentes formas del lenguaje para transmitir un mensaje que cree que puede contribuir al reconocimiento de la dignidad y la libertad de los seres humanos, a la liberación de su pueblo, y especialmente de los excluidos empobrecidos, pecadores, publicanos, mujeres, etc. Es legítimo que unos mismos textos remitan a diferentes interpretaciones e incluso a muy diversas formas de vida. El error está en considerar que una determinada interpretación es la única, la verdadera y la que tiene que ser aceptada por todos los creyentes. Eso se llama fundamentalismo.

[Bo] Tu labor está muy ligada a la teología de la liberación, una de las corrientes más creativas del pensamiento cristiano nacidas en el Sur, lejos de los centros de poder político, económico y religioso, con señas de identidad y estatuto teológico propios. Pero creatividad e interpretación correcta no siempre van unidas… ¿Realmente el mensaje de Jesús abarca conceptos tan novedosos como la ecología, el feminismo, la teoría queer?

[JJT] No se puede extrapolar una ideología de un momento histórico, retrotrayéndola a otro anterior. Eso es anacronismo. Por ejemplo, es un error decir que Jesús fue un feminista, un ecologista, un defensor de la teología de la liberación o de la teoría queer. Sin embargo, sí se puede decir que en el movimiento originario de Jesús de Nazaret, en sus propuestas éticas, políticas y sociales, en su concepción de la religión y en su relación con la naturaleza hay una serie de líneas en perfecta sintonía con todas estas corrientes a las que te has referido. Ciertamente no se puede decir que Jesús fuera feminista, pero sí que defendió la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Lo demostró incorporando a su movimiento igualmente a hombres y mujeres y reconociendo su dignidad, su libertad y su papel importante. Sí se puede afirmar que en el origen del movimiento igualitario de Jesús de Nazaret hay un grupo de mujeres, liderado por María Magdalena, que se habían liberado del patriarcado y no querían depender de un varón. Tenían su propia autonomía y compartían las comidas en común, que constituyen una de las más importantes prácticas de Jesús recogidas en los evangelios y que están en el origen de la eucaristía como celebración comunitaria del compartir. Y si la resurrección es el fundamento y el principio de la Iglesia cristiana, habrá que afirmar que en el origen de la Iglesia cristiana se encuentra el testimonio de la resurrección que dan unas mujeres, que son las primeras que tienen la experiencia que luego van a transmitir a los apóstoles.

En el tema de la liberación creo que sucede lo mismo. No se puede decir que Jesús fue un teólogo de la liberación porque hacerlo es proyectar unas categorías propias de los últimos cuarenta años surgidas en el contexto cultural de América Latina, y proyectarlas 20 siglos atrás. Sin embargo, sí se puede decir que en el origen de la teología de la liberación se encuentra el modo de ser, vivir y actuar de Jesús de Nazaret ante la realidad y los poderes de su tiempo: el político, económico, cultural y religioso. Su actitud frente al poder fue de denuncia, lo que le ocasionó la condena a muerte por el Imperio romano y la posterior ejecución, y su actitud ético-social, la opción por los excluidos.

[Bo] Este Jesús que me presentas es un Jesús al que desde luego no calificaría de conservador. En cambio, la imagen social del cristianismo, su cara visible -las jerarquías eclesiales, los dogmas- es el conservadurismo.

[JJT] Sí es verdad que a Jesús se le ha asociado con posiciones conservadoras, pero ésa es sólo una parte de verdad. Ha habido otra serie de movimientos dentro de la institución que han ofrecido otra imagen mucho más abierta, renovadora, crítica y alternativa de Jesús de Nazaret. Además, creo que esa imagen puede cambiar dentro de la propia institución. Te pongo un ejemplo: hace 50 años Pier Paolo Pasolini, director de cine italiano, dirigió la película ‘El Evangelio según San Mateo’. Un evangelio totalmente desnudo, presentado con toda radicalidad, sin interpretación, presentando las escenas descritas en unos lugares que se corresponden estrictamente con los de aquella época. La vi siendo muchacho, y me fascinó y despertó en mí la conciencia social y el compromiso con los excluidos que emana directamente del evangelio. Pues la película fue condenada. Se acusó al director de blasfemo, se dijo que era un irrespetuoso y un irreverente, y que no reflejaba la auténtica figura e imagen de Jesús. Se le criticó por ser comunista, porque aunque dirigió la película en plena celebración del Concilio Vaticano II, esa sensibilidad y esa vinculación de Jesús de Nazaret con un compromiso liberador, con un proyecto de sociedad igualitaria, todavía no estaba suficientemente desarrollado en la Iglesia. Pues bien, 50 años después, L’Osservatore Romano ha considerado que es –cito literalmente- “una obra maestra y, probablemente, la mejor película jamás hecha acerca de Jesús”. Hay, en la película, sigue diciendo el órgano oficial del Vaticano, “el fluir de la página evangélica” que la convierte en un “soplo expresivo religioso”. “Es una representación que toca las cuerdas sagradas y comienza con un realismo sincero”… La humanidad febril y primitiva qu el cineasta lleva a la pantalla confirma un nuevo vigor al verbo cristiano que aparece en este contexto actual, concreto y revolucionario. Por tanto, considerar que la institución vincula a Jesús de Nazaret con las tendencias más conservadoras, aun siendo cierto la mayoría de las veces y en la mayoría de las épocas de la historia bimilenaria del cristianismo, es muy matizable.

[Bo] Francisco, el nuevo Pontífice, no deja indiferente a nadie. Mientras que unos lo alaban y ven en él el signo definitivo de cambio, otros creen que las novedades son aparentes, mera fachada. ¿Soplan los vientos de cambio definitivamente, o es un falso señuelo?

[JJT] Mi percepción es la siguiente: creo que Francisco es un hombre que sabe ubicarse en el nuevo escenario político y religioso, quiere distanciarse de los dos pontificados anteriores y causar impacto en la sociedad a nivel mundial. Es consciente de que los dos pontificados anteriores supusieron un retroceso de la Iglesia católica a épocas y planteamientos anteriores al concilio Vaticano II: fueron los modelos de Iglesia neoconservadora, e incluso integrista, de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, que acentuaron los aspectos doctrinales por vía dogmática y, en consecuencia, reprimieron a los teólogos y las teólogas que no seguían la orientación oficial. Eran modelos desmesuradamente preocupados por cuestiones morales relativas al origen de la vida, al final de la vida, a la concepción de la pareja y a la sexualidad. Francisco considera que hay que abrir otros caminos. Y, aun no distanciándose de las cuestiones doctrinales y morales, no las considera como prioridades.. No es que sea crítico de los dogmas o de la moral tradicional, sino que para él el centro de atención es el mensaje social del cristianismo y pone ese mensaje al servicio de los excluidos por el sistema.

Me parece que ahí es donde él ha acertado: en situarse de lado de los sectores marginados de nuestra sociedad. Por eso es una persona tan sensible al problema de la inmigración, las relaciones norte-sur, la pobreza y la guerra, la injusticia, la creciente inequidad. Todas aquellas cuestiones en las que cree que el cristianismo puede aportar unos mínimos de humanidad, de justicia, de misericordia, de compasión y solidaridad que no detecta en los climas culturales actuales, ni siquiera en los políticos socialdemócratas. Más allá de eso, no creo yo que vaya a llevar a cabo cambios importantes en la estructura y organización de la Iglesia católica.

La reforma de la Iglesia, manteniendo su actual estructura, es imposible. No se puede realizar salvo que se democratice, y la democratización consiste en que todos los creyentes puedan emitir su propio juicio y voto a la hora de elegir a sus representantes. En que puedan intervenir y exponer sus opiniones razonadas en cuestiones fundamentales a la hora de elaborar los principios doctrinales, los problemas morales, las cuestiones organizativas: esto tiene que ser fruto de un debate abierto, en la línea de la razón dialógica de Jürgen Habermas.

La reforma de la Iglesia es imposible si no se lleva a cabo un proceso de participación de todos los creyentes. ¿Los cauces? Ahora mismo no sé cuáles serían, pero claro que existen. ¿Y cómo van a intervenir o participar todas y todos los creyentes? Y ¿por qué no? Para mí, en este proceso de democratización que es el punto de partida de la reforma de la Iglesia, y que es muy difícil llevar adelante, el fenómeno más escandaloso sin duda ninguna es la exclusión de las mujeres. No son consideradas sujetos morales, porque la doctrina moral la elaboran varones conforme a unos principios patriarcales. No son sujetos teológicos porque la doctrina teológica también la elaboran varones, a partir de una Congregación para la Doctrina de la Fe que impone una autoridad que no necesariamente es la que mejor responde al espíritu originario del cristianismo. No son sujetos religiosos ya que no pueden acceder a la esfera de lo sagrado si no es través de la mediación de los varones (sacerdotes, obispos, papa…). No son sujetos eclesiales ya que no pueden ejercer funciones directivas, ni asumir puestos de responsabilidad en la comunidad cristiana. En este terreno Francisco parece que va a mantener similares planteamientos excluyentes de las mujeres que sus predecesores. Por si las teólogas y los teólogos feministas nos hubiéramos hecho ilusiones –yo, ciertamente, no- ya ha cerrado la puerta de acceso de las mujeres al ministerio sacerdotal. No parece que sea una actitud muy inclusiva. Más bien, resulta abiertamente excluyente.

Hasta ahora ha habido una oportunidad de cambio, que ha sido cortar de raíz con la continuidad de los cardenales. Francisco ha nombrado a un nuevo grupo de cardenales que proceden de todo el mundo, es verdad, pero eso no es reflejo de la universalidad de la Iglesia, ya que no dejan de ser príncipes de la Iglesia en lugar de representantes del pueblo. Otro ejemplo de negativa a democratizar a la Iglesia: ha creado una comisión de ocho cardenales para la reforma de la Iglesia, pero en ella no hay un solo teólogo ni una sola teóloga, ni un solo seglar, tampoco hay representantes de las congregaciones religiosas consistentes: franciscanos, dominicos, jesuitas, carmelitas, agustinos… De modo que por ahí lo veo difícil; ahora, en el otro campo sí. Como ahora mismo hay una crisis tan fuerte de liderazgo en el mundo político y de liderazgo moral en el ámbito cívico, yo creo que el Papa destaca y brilla con luz propia, y creo sin duda ninguna que por sus propios méritos. Claro que tiene una oportunidad que no quiere perder, y hace muy bien.

Foto: Tamayo (centro) junto a los teólogos Rubem Alves (derecha) y Leopoldo Cervantes (izquierda).
Entrevista: Violeta Lanza.
Traducción Español-Inglés: Rebecca Schofield (asistente: Isabel Ciudad). Leer más…

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Mesa redonda sobre Cristianismo y Diversidad sexual

Miércoles, 13 de mayo de 2015

De la web de CRISMHOM:

Esta mesa redonda sobre Cristianismo y Diversidad sexual se celebró el miércoles 22 de abril a las 19:00h en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía y Letras (A) de la Universidad Complutense de Madrid, en el marco de la Semana Complutense de las Letras.

Fue organizada por The Bo Review en colaboración con Arcópoli. En ella intervinieron Juan José Tamayo (teólogo y director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid), Manuel Ródenas (director del Programa LGBT de la Comunidad de Madrid) y Violeta Assiego (abogada, editora del bog 1 de cada 10 y activista en favor de los derechos humanos en diversas organizaciones). Además contó con el testimonio de tres cristianos LGTB.

El registro de esta charla está disponible en AUDIO y VÍDEO.

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Las religiones, ¿contra los derechos humanos?”, por Juan José Tamayo, teólogo

Miércoles, 17 de diciembre de 2014

derechos20humanos2Conferencia de Juan José Tamayo en Metalibrería-Madrid-10 de diciembre de 2014

Las religiones nunca se han llevado bien con los derechos humanos. Unas y otros han estado en permanente conflicto. Pero han sido las religiones las que más resistencias han opuesto a los derechos humanos por considerar que eran contrarios a los derechos divinos o, al menos, entraban en competencia con el reconocimiento que se le debía a Dios. Las declaraciones de los derechos humanos, empero, no ha reaccionado de la misma forma, sino que han demostrado un respeto escrupuloso hacia las religiones, ya que uno de los derechos que con más celo ha respetado es el de la libertad religiosa.

Pues bien, hoy la actitud de las religiones hacia los derechos humanos es hoy uno de los criterios decisivos para reconocer su relevancia o irrelevancia social, su significación o insignificancia ética, su aceptación o rechazo en la sociedad. En este artículo analizaré, primero, las dificultades y los problemas de las religiones con la teoría y la práctica de los derechos humanos, para, a continuación, mostrar las aportaciones que las religiones pueden hacer a los derechos humanos a partir del testimonio y del mensaje de algunos de sus líderes.

1. Problemas de las religiones con los derechos humanos

Antropología pesimista

. Las religiones tienden a considerar a los seres humanos dependientes de su creador, sin autonomía en su modo de ser, pensar y de actuar. La persona es pecadora a los ojos de Dios y necesita redención. La imagen que las religiones tienen del ser humano suele ser pesimista y negativa. Este difícilmente puede ser portador de dignidad y sujeto de derechos. Más bien lo es de deberes y obligaciones, expresados en los distintos códigos religiosos en forma de prohibiciones y de castigos, no sólo temporales, sino también eternos. Para que las religiones reconozcan a los seres humanos como sujetos de derechos tienen que cambiar de concepción antropológica. De lo contrario, seguirán estando en las antípodas del paradigma de los derechos humanos.

Fundamentación

El fundamentalismo religioso contrapone el derecho divino a los derechos humanos y reconoce a aquel: a) superioridad, al haber sido revelados por Dios; b) inmutabilidad en razón de su origen divino; c) plenitud, ya que posee todos los elementos necesarios para la consecución de sus fines; d) universalidad, ateniendo al carácter universal de la revelación.

Jerarquización de los seres humanos en función de las creencias

Las religiones tienden a establecer diferencias entre los seres humanos en función de las creencias; diferencias que, a la postre, desembocan en desigualdad y generan procesos de discriminación y exclusión. Se distingue entre creyentes de la propia religión y creyentes de otras religiones. Los primeros son considerados elegidos por Dios y gozan de todos los privilegios que la divinidad tiene reservados a sus fieles. Los miembros de otras religiones son tenidos por inferiores y son objeto de castigos. Las diferencias se tornan más acusadas todavía entre creyentes y no creyentes, llegándose a afirmar que estos se encuentran en el error y no pueden ser sujetos de derechos, conforme a la lógica agustiniana: “el error no tiene derechos”.
Otra tendencia es a establecer rígidas jerarquías en el seno de las religiones entre las autoridades. que dicen representar a Dios y los fieles creyentes, que deben acatar sumisamente y poner en práctica de manera escrupulosa las directrices emanadas de lo alto. Los primeros gozan de todos los derechos; para los segundos todos son deberes.

Conflictos en el plano institucional

En el plano institucional se producen permanentes conflictos entre el poder legislativo y las autoridades religiosas, que tienen por inmodificables determinados principios morales que, a su juicio, pertenecen a la ley natural. Las autoridades religiosas suelen oponerse a leyes sobre el divorcio, la interrupción voluntaria del embarazo, el matrimonio de homosexuales, la investigación con células madre embrionarias, al tiempo que no reconocen legitimidad a los representantes del pueblo para legislar sobre esas materias.

Transgresión de los derechos humanos en el interior de las religiones

Las religiones se resisten a defender a reconocer los derechos sexuales y reproductivos y a practicar los derechos humanos en su seno alegando que deben obedecer los preceptos emanados de sus respectivos textos sagrados, que expresan la voluntad de Dios, y no tienen por qué someterse a declaración humana alguna de derechos.
La mayor dificultad de las religiones para con los derechos humanos está en su propia organización, que no es democrática, sino jerárquico-piramidal, hasta el punto de transgredir constantemente los derechos humanos en su seno alegando, en el caso de la Iglesia católica, que a) es de institución divina, b) se mueve en el terreno espiritual, y no político, y c) y su funcionamiento no es equiparable al de otras instituciones civiles. Yo me pregunto: ¿Cómo puede querer Dios la democracia y los derechos humanos en la sociedad y no en las instituciones religiosas?

Concepción homófoba de los derechos humanos

Las religiones tienen una concepción homófoba de los derechos humanos. Ponen límites al amor entre personas del mismo sexo. Reducen el modelo de pareja, de familia, de matrimonio al modelo heterosexual Rechaza Ponen límites a las identidades sexuales: No reconoce la identidad bisexual, ni la transexual, ni la homosexual. La única orientación conforme a la ley divina y a la ley natural es la heterosexual.

Concepción patriarcal y androcéntrica de los derechos humanos

Para las religiones Dios es el fundamento de los derechos humanos. Y Dios es representado como varón: sus atributos son varoniles; sus cualidades son masculinos; sus sentimientos, los propios del hombre. A es ál a quien le corresponde la visibilidad, la autoridad, la racionalidad, la representatividad La masculinidad de Dios como fundamento de los derechos humanos convierte a éstos en derechos masculinos, de los que las mujeres son remedo e imitación. A ellas las religiones no suelen reconocerles como sujetos morales, políticos, jurídicos. Solo lo son por delegación del varón, y en la medida en que se sometan a la concepción patriarcal de los derechos humanos.

Líderes religiosos en defensa de los derechos humanos.

Pero esta es solo una cara de las religiones. Hay otra que se traduce en la defensa de los derechos de los empobrecidos y excluidos por mor de la globalización neoliberal y de cuantas personas y colectivos son marginados por razones de género, religión, etnia, cultura, clase social, identidad sexual, etc. No pocos de los líderes que trabajan en defensa de los derechos humanos y de la justicia social en el mundo pertenecen a distintas tradiciones religiosas y espirituales y, con frecuencia, basan su lucha en las creencias religiosas que profesan.

En el cristianismo destacan personalidades como Martin Luther King, Desmond Tutu, Oscar A. Romero e Ignacio Ellacuría. Luther King asumió la resistencia no violenta contra la discriminación racial y la defensa sus derechos civiles. Lideró la marcha de 29 de agosto de 1963 a Washington, donde pronunció su emblemático discurso Tengo un sueño, en el que llamó a luchar por la justicia y por todos los derechos de los seres humanos y contra la pobreza en que vivían las personas negras. En 1968 fue asesinado.
Para Desmond Tutu, la base del igualitarismo de la Biblia radica en la idea de que todo pertenece a Dios y de que todos los seres humanos tienen igual dignidad. A partir de ese principio protagonizó la lucha contra el apartheid y por la igualdad de derechos de blancos y negros en Sudáfrica.

Monseñor Romero denunció los abusos del gobierno salvadoreño que legitimaba la violencia hasta convertirla en uno de los pilares del Estado y mantenía a las mayorías populares en una situación crónica de pobreza estructural. Condenó a los escuadrones de la muerte, al Ejército y a los gobernantes (católicos) por la represión llevada a cabo contra la población campesina. Defendió un cambio de estructuras que permitiera un mejor reparto de la riqueza e hizo constantes llamamientos a la reconciliación. El 24 de marzo de 1980 era fue asesinado.

Ignacio Ellacuría fue uno de los principales teóricos de los derechos humanos de la teología de la liberación y uno de sus más comprometidos defensores en El Salvador. Los derechos humanos son algo debido a toda persona y vienen exigidos por la unidad real de lo humano. Su disfrute o carencia condicionan sobremanera el desarrollo de cada persona. La liberación integral de las mayorías populares constituyen el ámbito de su defensa y ejercicio. Murió asesinado, junto con cinco compañeros jesuitas y dos mujeres salvadoreñas en 1989.

En el islam son numerosos los líderes religiosos comprometidos en la defensa de los derechos humanos desde el interior mismo de la fe musulmana. Muhammad Jatami, presidente de la República Islámica de Irán (1997-2005) aboga por el diálogo de civilizaciones y considera que los derechos humanos son uno de los mayores logros del mundo actual, que la democracia no tiene significado sin su reconocimiento y que deben ser respetados los valores religiosos y culturales. En la defensa de los derechos humanos, especialmente de las mujeres, destacan también Fátima Mernissi y Shirin Ebadi: la primera, por sus investigaciones históricas sobre el origen de la misoginia en el islam y por su crítica de la discriminación de las mujeres en el mundo musulmán; la segunda, por su compromiso con los derechos humanos, especialmente de los niños y niñas, y por la liberación de las mujeres en Irán desde el interior del islam.
Dentro de la tradición hindú brilla con luz propia Gandhi, que defendió los derechos humanos a través de la resistencia cívica y de la no violencia activa teniendo como fundamentos de su lucha el deber y la fe en Dios. La obediencia a la ley divina exige resistir a las leyes injustas. La protección de los derechos humanos es, para él, inseparable de la de derechos de la naturaleza y de los animales. Fue asesinado en 1948.

La vieja tradición de la hospitalidad y de proteger a la viuda, al huérfano y el extranjero sigue viva hoy en el judaísmo y se expresa a través de movimientos que luchan contra la ideología discriminatoria del “pueblo elegido” y la “tierra prometida”. y de mujeres judías que lideran la lucha por su emancipación en el movimiento feminista.
En el budismo hay movimientos y personas que reformulan sus principios éticos en el horizonte de los derechos humanos, siguiendo la tradición del Buddha, que defendió la igualdad de todos los seres humanos y se opuso a la estructuración de la sociedad en castas. Dos ejemplos luminosos son el monje vietnamita Thich Nhat Hanh, que sensibiliza a sus seguidores en la conciencia de la fraternidad y el Dalai Lama, uno de los principales referentes mundiales en el trabajo por la paz y el diálogo interreligioso.

Leer los textos sagrados de las religiones a la luz de los derechos humanos

Las religiones deben ser las primeras interesadas en luchar contra las tendencias fundamentalistas instaladas en su seno, ya que el fundamentalismo no es inherente a las religiones, sino que constituye una de sus más graves patologías, al tiempo que es el factor que más las desacredita. Por eso, es necesario leer los textos sagrados a la luz de los derechos humanos, desde la perspectiva de género, en clave ecológica y con el compromiso y la voluntad de trabajar por la paz y la justicia. Esta lectura hermenéutica de los textos fundantes de las religiones constituye el mejor antídoto contra los fundamentalismos.

Las religiones deben subordinar sus textos legales: Libro de los Muertos, Vedas, Cuatro Nobles Verdades, Tao, Torá, Talmud, Sermón de la Montaña, Corán, Shari’a, etc., a unos mínimos éticos de los seres humanos y de la naturaleza. De lo contrario, y por mor de la preservación de la pureza de su lenguaje, de su doctrina, de sus cultos y de su moral particular, lejos de ser patrimonio de la humanidad por la regla de oro formulada en todas ellas, se convertirán en enemigas de la humanidad y de la naturaleza1. Una lectura fundamentalista de los textos “sagrados” de las religiones constituye la más crasa negación del mensaje que quieren trasmitir. El literalismo textual desemboca derechamente en falseamiento de sus enseñanzas para hoy.

Me parece importante aplicar el principio de reciprocidad, compartido por las grandes tradiciones religiosas: trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti. Los derechos humanos, la diversidad cultural, la defensa de la naturaleza, la justicia y la solidaridad: he aquí el horizonte en el que deben interpretarse los textos religiosos. Sin olvidar la libertad, pues como dice El Quijote “no hay en la tierra contento que se iguale a alcanzar la libertad”.

A su vez, la teoría y la práctica de los derechos humanos deben estar abiertas a las aportaciones creativas de las religiones, no ciertamente en sus tendencias fundamentalistas, sino a partir de sus mejores tradiciones humanitarias y ecológicas. No se olvide que las actuales declaraciones de los derechos humanos surgen en el horizonte de una tradición religiosa, la judeo-cristiana, tienen sus raíces en las filosofías griega y romana y están formuladas conforme a una tradición cultural, la occidental-humanista. Tradiciones todas ellas que tienden a subrayar con mayor intensidad la dimensión personal e individual que la social y comunitaria, y suelen descuidar la dimensión ecológica. +

Es necesario incorporar los valores de las demás tradiciones religiosas: el vivir conforme a la naturaleza del taoísmo; la ética de la alteridad y de la reciprocidad en el trato humano del confucionismo; la armonía con el todo del hinduismo, la compasión, la interdependencia y el camino medio del buddhismo; la defensa de la tierra, el respeto a la naturaleza y la ética del buen vivir de las religiones indígenas, etc. Sin olvidar la esperanza y el recuerdo de las víctimas del judaísmo, la opción por los excluidos y la ética liberadora del cristianismo y la hospitalidad y los deberes sociales del islam.

Juan José Tamayo es autor de “Religiones y derechos humanos”, en id., Fundamentalismos y diálogo entre religiones, Trotta, Madrid, 2009, 2ª ed., pp. 3205-273; y director de Diez palabras clave sobre derechos humanos, EVD, Estella (2005).

Fuente Redes Cristianas

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Islam, Judaísmo , ,

Nuevo gesto de Francisco en favor de la Teología de la Liberación: Levanta el castigo de Juan Pablo II al sacerdote y ministro sandinista Miguel D’Escoto.

Miércoles, 6 de agosto de 2014

1407181648_906668_1407215068_noticia_normalMiguel D’Escoto, este lunes en Managua. / J. Cajina (EFE)

Leemos en El País:

Juan G. Bedoya, 4 AGO 2014

El Papa levanta el castigo de Juan Pablo II al sacerdote y ministro sandinista Miguel D’Escoto

“Miguel D’Escoto: ‘Mi condena fue un abuso de autoridad’

Pueblo de Nicaragua: mi sacerdocio es de ustedes”

D’Escoto, sacerdote y ex canciller de Nicaragua, presidirá la Asamblea General de la ONU

La Teología de la Liberación respira

¿Se acerca el Vaticano a la teología de la liberación?

 Se sabía que el papa Francisco no es muy amigo de los teólogos y sacerdotes de la liberación, tachados tantas veces de comunistas, pero está dando pasos inequívocos de querer rehabilitarlos o, al menos, de librarles de pasadas execraciones o excomuniones. Se nota que convivió con muchos de ellos en su Argentina natal, cuando era el general de los Jesuitas y vivió la experiencia de que su propia congregación era el gran vivero de esa corriente teológica y pastoral en toda Latinoamérica. Algunos sacerdotes que estaban bajo su mando sufrieron entonces la brutal persecución de la dictadura militar, con secuestros, torturas e incluso muertes.

Radio Vaticano ha dado noticia, este lunes, de un nuevo episodio de comprensión o, al menos, de misericordia hacia uno de los teólogos castigados. Se trata del sacerdote y ex ministro de Exteriores de Nicaragua Miguel d’Escoto, de 81 años. Suspendido en 1984 ‘a divinis’ sin contemplaciones por Juan Pablo II, Francisco ha ordenado ahora que se le levante el castigo, es decir, podrá volver a tener trabajo pastoral, sobre todo la celebración de la Eucaristía y la confesión de fieles.

D’Escoto pertenece a la Congregación misionera Maryknoll y escribió la primavera pasada una carta al Papa para expresarle su deseo de volver a celebrar la Eucaristía “antes de morir”. El pontífice argentino no ha tardado en contestar. Además de aceptar la revocación de la “suspensión a divinis”, ha pedido al superior general de la congregación que inicie cuanto antes el proceso de reintegración del sacerdote nicaragüense, informa la agencia EFE.

Miguel D’Escoto Brockmann nació el 5 de febrero de 1933 en Los Ángeles (EEUU). Ordenado sacerdote en Nueva York en 1961, pronto se convirtió en uno de los exponentes de la teología de la liberación. Su colaboración con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) comenzó en 1975 a través del Comité de Solidaridad en los Estados Unidos. Tras el triunfo de la revolución sandinista, fue llamado por la Junta de Reconstrucción Nacional para ser ministro de Exteriores, con Daniel Ortega en la presidencia de Gobierno. Lo fue durante todo el primer mandato del polémico grupo guerrillero. Tras el regreso al poder del presidente Ortega en enero de 2007, fue nombrado asesor para asuntos limítrofes y de relaciones internacionales, función de la que ya está retirado.

¿Habrá más rehabilitaciones de teólogos de la liberación o de sacerdotes metidos en política en contra de los deseos (o las órdenes) del Vaticano? Es muy probable. El paso de este lunes es un precedente poco habitual en una confesión religiosa nada amiga de rectificarse a sí misma, o que lo hace, si no tiene más remedio, dejando pasar antes incluso siglos. Con razón suele decirse que cuando Roma habla sobre un tema, el caso está cerrado para siempre (‘Roma locuta est, causa finita est’)

Fueron el papa polaco Juan Pablo II y su ‘policía’ de la fe, el cardenal Joseph Ratzinger, ahora emérito Benedicto XVI, quienes emitieron una severa condena de la Teología de la Liberación, echando de sus cargos docentes y del ministerio ordenado a miles de sacerdotes de todo el mundo, algunos también en España. Los casos más sonados, sin embargo, ocurrieron en la Nicaragua de la revolución sandinista, sobre todo cuando el Gobierno de ese país, tras derrocar a una brutal dictadura apoyada por Estados Unidos, entró en guerra no declarada con la gran potencia, con el presidente Ronald Reagan empeñado en desalojarlos del poder.

cardenalJuan Pablo II echó paladas de arena en aquel conflicto, sobre todo durante su viaje a Managua, la capital de Nicaragua, el 14 de marzo de 1983. Pese a ser tachado de anticlerical y comunista, el Gobierno en pleno acudió al aeropuerto a recibir al pontífice romano. Había dos sacerdotes en aquel Ejecutivo: D’Escoto y Ernesto Cardenal, éste como ministro de Cultura. Otro sacerdote, Fernando Cardenal, jesuita y hermano del anterior, dirigía el programa sandinista de alfabetización. Tras un discurso de bienvenida, el presidente Ortega llevó al Papa hacia los miembros del Gobierno. Juan Pablo II quiso saludarlos uno a uno. Cuando llegó delante de Ernesto Cardenal, el monje trapense y ministro se quitó su famosa boina y se arrodilló. Con enérgicos gestos de su mano derecha, el Papa le dijo: “Regulariza tu posición con la Iglesia. Regulariza tu posición con la Iglesia.” La fotografía de aquella reprimenda recorrió el mundo.

Pero Ernesto Cardenal, poeta de fama universal ya entonces, no hizo caso a aquel gesto de desaprobación papal. Tampoco tomó medidas contra él su congregación. Poco después, su hermano Fernando, el jesuita, aceptó el cargo de ministro de Educación. Tuvo peor suerte. Inmediatamente, la Compañía de Jesús, muy presionada por Juan Pablo II, (incluso con amenazas nada veladas de suspenderla, como había ocurrido en el pasado), le comunicó que no podía seguir en la política como jesuita. “Es posible que me equivoque siendo jesuita y ministro, pero déjenme equivocarme en favor de los pobres, porque la Iglesia se ha equivocado durante muchos siglos en favor de los ricos”, respondió a sus superiores.

Como señala el profesor Juan José Tamayo, también miembro de la teología de la liberación, también castigado por Roma, “la presencia de obispos, teólogos, sacerdotes y religiosos en la vida política es una constante en América Latina desde los inicios de la conquista hasta nuestros días. Y no sólo ni siempre del lado de los colonizadores, sino con frecuencia del lado de los sectores marginados”. Casos emblemáticos de compromiso político liberador son el obispo Bartolomé de Las Casas y el dominico Antonio Montesinos.

Pero el compromiso político de teólogos y sacerdotes se intensifica en la década de los sesenta del siglo pasado, incluso con un cristianismo revolucionario que tiene en Camilo Torres un mito tan arraigado, casi, como el del Ché Guevara. Ejemplos de ese activismo, que no siempre acabó bien, hay también en la actualidad. Es el caso de Fernando Lugo (San Pedro del Paraná, 1951), que accedió a la presidencia del Paraguay tras su triunfo electoral en abril de 2008. Era el candidato de la Alianza Patriótica para el Cambio y logró derrotar al Partido Colorado, que llevaba más de sesenta años en el poder. Así resumió resumía su programa de gobierno, nada más ser elegido: “A partir de hoy, mi gran catedral será todo mi país. Hasta ahora estuve en una catedral enseñando, compartiendo, sufriendo, construyendo”.

Había sido maestro. También fue misionero en una de las zonas más depauperadas de Ecuador y después estudiante de sociología en Roma. El Vaticano lo hizo finalmente obispo de la diócesis de San Pedro. Cuando renunció al episcopado, el Vaticano le suspendió a divinis pese a que inicialmente le había dado permiso para retirarse y dedicarse a la política. La dispensa se la concedió en junio de 2008 Benedicto XVI. Es decir, la Santa Sede le permitía su retorno al estado laical, que le da derecho a recibir los sacramentos como católico, pero con pérdida de su estado clerical. Entonces se comunicó, además, que si Lugo, desalojado ya de la presidencia tras un polémico proceso, volviese a pedir su incorporación a la Iglesia católica como obispo, el caso sería “analizado por la Santa Sede”.

Otro caso de compromiso político, también muy polémico, lo protagonizó el salesiano haitiano Jean Bertrand d’Aristide, también en sintonía con la teología de la liberación. Sacerdote en una parroquia pobre de Puerto Príncipe, había participado activamente en el derrocamiento de la dictadura de Duvalier y en diciembre de 1990 fue elegido presidente de Haití con el 67% de los votos. Entre sus prioridades colocó la erradicación de la pobreza y la dignificación de los sectores populares con las que estaba comprometido desde su época de sacerdote. Fue derrocado por un golpe militar y posteriormente rehabilitado. Poco a poco cambió de estilo de vida y se distanció de las opciones liberadoras del comienzo.

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“El Mayor escándalo de la Iglesia católica”, por Juan José Tamayo.

Martes, 11 de febrero de 2014

NiñollorandoEL MAYOR ESCÁNDALO DE LA IGLESIA CATÓLICA
Pederastia, patriarcado y masculinidad
Juan José Tamayo

La pederastia es el mayor escándalo de la Iglesia católica de todo el siglo XX y de principios del siglo XXI, el que más descrédito ha provocado en esta institución bimilenaria y el que ha generado más pérdida de creyentes, que han abandonado la Iglesia, bien dando un portazo, bien hecho mutis por el foro. Algunos de los que se presentaban como modelos de entrega a los demás, se entregaron a crímenes contra personas desprotegidas. Algunos de los que eran considerados expertos en educación, utilizaron su supuesta excelencia educativa para abusar de los niños y las niñas que los padres les confiaban para recibir una buen formación. Algunos de los que se presentaban como guías de “almas cándidas” para llevarlas por el buen camino de la salvación, se dedicaban a mancillar sus cuerpos y anular sus mentes.

Y eso sucedió durante décadas en no pocas de las instituciones religiosas: parroquias, seminarios, colegios, noviciados, etc., y afectó a decenas de miles de víctimas, según el reciente Informe de la ONU. Los delitos sexuales fueron cometidos por miles de eclesiásticos apoyándose en su poder espiritual, que demostró ser una coraza para actuar criminalmente y protegerse de la justicia. ¡El poder, siempre el poder! Y en este caso, el poder espiritual, el más dañino de los poderes cuando se desvía del camino de la espiritualidad liberadora, transita por la senda del control de las conciencias y manipula la voluntad de los creyentes; y el poder patriarcal, que ha ejercido más violencia en la historia que todas las guerras. ¡El poder espiritual y el poder patriarcal siempre unidos en las religiones!

pederastia¿Desconocía el Vaticano tan extendida, programada y perversa situación de la pederastia y tan humillantes prácticas para las víctimas? La conocía perfectamente, ya que hasta él llegaban informes y denuncias que archivaba sistemáticamente hasta olvidarse de ellas. A las víctimas y a los informantes les imponía silencio para salvar el buen nombre de la Iglesia, amenazando con penas severas que podían llegar hasta la excomunión si osaban hablar. Tal modo de proceder creó un clima de permisividad, una atmósfera de oscurantismo y un ambiente de complicidad con los abusadores, a quienes se eximía de culpa, mientras que la culpabilidad se trasladaba a las víctimas, que se veían bloqueadas para ir a los tribunales ante la imagen de autoridad que daban los pederastas. Hacerlo público se consideraba una desobediencia a las orientaciones eclesiásticas y una traición al silencio impuesto por las autoridades competentes, que decían representar a Dios en la tierra.

No importaba la pérdida de dignidad de las víctimas, ni los daños y secuelas, muchas veces irreversibles, ni las lesiones graves físicas, psíquicas y mentales con las que tenían que convivir los afectados de por vida. Faltó com-pasión con las víctimas y sensibilidad hacia sus sufrimientos. No hubo acto de contrición alguno, ni arrepentimiento, ni propósito de la enmienda, ni reparación de los daños causados, ni se produjo acto alguno de rehabilitación, ni se hizo justicia. Todo lo contrario: se echó más leña al fuego de las agresiones Tal actitud supuso una nueva y más brutal agresión.

Sucede, además, que la mayoría de las veces los casos de pederastia se produjeron en instituciones y centros de formación masculinos dirigidos por varones: párrocos, formadores de seminarios, educadores de colegios, maestros de novicios, padres espirituales, obispos, todos célibes, en el ejercicio del poder patriarcal en estado puro. Lo que demuestra que el patriarcado recurre incluso a los abusos sexuales para demostrar su poder omnímodo en la sociedad y en las religiones y, en el caso que nos ocupa, sobre las personas más vulnerables. Un poder legitimado por la religión, que convierte a los varones en “vicarios de Dios” y portavoces de su voluntad. Es la forma más perversa de entender y de practicar la masculinidad, que despersonaliza y cosifica a quienes previamente ha destruido. Masculinidad y violencia, pederastia y patriarcado son binomios que suelen caminar juntos y causan más destrozos humanos que un huracán.

Pederastia2El cáncer de la pederastia con metástasis, extendido por todo el cuerpo eclesial, es la mejor y más fehaciente prueba del fracaso del catolicismo del Juan Pablo II y del cardenal Ratzinger, que los encubrieron: el primero como papa concediendo todo tipo de atenciones religiosas a reconocidos pederastas como Marcial Maciel; el segundo como todopoderoso presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante casi un cuarto de siglo. Este último, siendo papa, Benedicto VI, se vio obligado a dimitir ante la suciedad que le llegaba al cuello y que no supo limpiar a tiempo. ¿Quiso limpiarla de verdad? No lo sabemos. Lo cierto es que no lo hizo. ¿No pudo? Claro que pudo. ¿No demostró mano dura con los teólogos y las teólogas que disentían de su manera de pensar, a quienes vigiló detectivescamente, impuso silencio, retiró el reconocimiento de “teólogos católicos”, condenó sus libros, expulsó de sus cátedras? ¿No puso bajo sospecha a la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas de Estados Unidos –que representa al 80% de monjas de ese país-, a quienes acusó de feminismo radical y las colocó bajo el control de un arzobispo, que actúa como detective? ¿Por qué entonces le tembló el pulso y no actuó con la misma contundencia ante los casos de pederastia?

Aunque con retraso, llega ahora una severa denuncia de la ONU contra el Vaticano, al que acusa de anteponer su reputación a la defensa de los derechos de los niños, de violar la Convención que protege dichos derechos, de no reconocer la magnitud de los crímenes, de ejercer una prolongada y sistemática política de encubrimiento de la violaciones y, ante la gravedad de los hechos, limitarse a trasladar a los pederastias de parroquias.

La reacción inmediata del Vaticano, a través de su portavoz, el jesuita Federico Lombardi, no ha sido precisamente la de ofrecer su colaboración a la ONU y a los tribunales civiles de justicia, ni la de proceder con urgencia al esclarecimiento de tamaños crímenes. Lo que ha hecho ha sido contra-atacar y acusar a la ONU de llevar a cabo “ataques ideológicos” y de interferirse en las enseñanzas de la Iglesia y en la libertad religiosa. Me parece una respuesta equivocada, ya que, a mi juicio, la ONU no hace ataques ideológicos ni se interfiere en asuntos ajenos a su competencia, sino que exige, como es su obligación, el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño. ¡Demasiado tarde lo ha hecho!

Si el modelo de Iglesia de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI fracasó, entre otras razones, por su actitud permisiva hacia la pederastia, el nuevo modelo de cristianismo que está gestándose solo puede ver la luz si el Vaticano cambia de actitud en este tema. En una institución tan centralista y vertical como la Iglesia católica, donde el papa tiene la plenitud del poder, le corresponde a Francisco responder a las graves denuncias y a las legítimas peticiones de la ONU sin titubeos ni estrategias dilatorias, y actuar con contundencia contra la pederastia: poner fin a la impunidad, condenar públicamente los crímenes cometidos, pedir perdón por ellos, cesar en sus funciones a los responsables, abrir los archivos donde se encuentra la información acumulada durante décadas y entregar a la justicia a los pederastas y a sus encubridores.

Y debe hacerlo sin demora, ya que el tiempo puede jugar a favor de la credibilidad de Francisco, que hoy es muy elevada, pero también en contra. A mayor retraso y más ambigüedad en la respuesta, más pérdida de credibilidad; a más celeridad en la colaboración y más contundencia en la condena de la pederastia, el papa argentino será más creíble.

Si se refugia en injustificados contra-ataques, como ha hecho torpemente su portavoz monseñor Lombardi, y no actúa en la dirección que le ha marcado la ONU, mucho me temo que la reforma de la Iglesia con la que se ha comprometido fracasará. Sus gestos de apertura se quedarían en gestos para la galería y sus palabras de solidaridad se las llevará el viento. ¡Así de triste! Espero y confío en que esto no suceda.

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