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El gobernador de Ohio firma el proyecto de ley que permite a los médicos rechazar la atención a las personas LGBT +

Miércoles, 14 de julio de 2021

FILE - In this Dec. 13, 2019 file photo, Ohio Gov. Mike DeWine speaks about his plans for the coming year during an interview at the Governor's Residence in Columbus. A new report is questioning the effectiveness of an expansion of electronic monitoring of inmates in Ohio. The 77-page report was presented Monday, Jan. 6, 2020 to DeWine's task force looking at how inmates are supervised after release. The report says there's limited evidence that the widespread use of GPS monitoring will reduce the rate at which ex-offenders commit new crimes or that it will enhance public safety. (AP Photo/John Minchillo)El gobernador Mike Dewine  (AP Photo/John Minchillo)

El gobernador de Ohio ha firmado un proyecto de ley que permite a los médicos rechazar la atención médica a pacientes LGBT + si tienen una objeción basada en motivos “morales”.

La disposición quedó enterrada en un documento de 700 páginas de enmiendas de última hora al proyecto de ley de presupuesto de dos años del estado, que el gobernador Mike DeWine aprobó el miércoles pasado (30 de junio).

Permite a cualquier proveedor médico, desde médicos y enfermeras hasta investigadores, técnicos de laboratorio y compañías de seguros, “la libertad de negarse a realizar, participar o pagar cualquier servicio de atención médica que viole la conciencia del médico, la institución o el pagador según lo informado por las creencias morales, éticas o religiosas ”.

Esta amplia exención religiosa levantó importantes señales de alerta para los grupos de derechos de las mujeres y LGBT +, y múltiples defensores en el estado expresaron una seria preocupación.

“Hoy, el gobernador DeWine consagró la discriminación LGBTQ en la ley, amenazando el bienestar médico de más de 380.000 personas LGBTQ en Ohio, una de las poblaciones LGBTQ más grandes del país”, dijo el presidente de la Human Rights Campaign, Alphonso David, en un comunicado. “Los médicos en Ohio pueden negar la atención o la cobertura de atención básica, médicamente necesaria y potencialmente vital para las personas LGBTQ simplemente por quiénes son”.

La siniestra exención religiosa fue una sorpresa para muchos, ya que no fue una de las muchas iniciativas en el proyecto de ley de presupuesto que se destacaron en el sitio web del gobernador. “Saben que no podrían aprobar esto por sus méritos como un proyecto de ley independiente, porque literalmente nadie está pidiendo que se apruebe”, dijo Dominic Detwiler de Equality Ohio al Columbus Dispatch.

Efectivamente, la comunidad médica del estado se opone abrumadoramente a la ley, como se subraya en una carta a los negociadores presupuestarios firmada por la Asociación de Hospitales de Ohio, la Asociación de Hospitales de Niños de Ohio, la Asociación Médica del Estado de Ohio y la Asociación de Planes de Salud de Ohio.

“Las implicaciones de esta política son inmensas y podrían conducir a situaciones en las que la atención al paciente se vea comprometida de manera inaceptable”, advirtieron.

Sin embargo, el gobernador DeWine defendió el proyecto de ley, señalando que solo permite la denegación de atención en casos de “objeciones de conciencia a un servicio de atención de salud en particular”.

Insistió en que la cláusula de conciencia cambiará muy poco y afirmó que nadie en Ohio será discriminado. “Esto simplemente pone en el estatuto lo que ha sido la práctica de todos modos”, dijo. “Digamos que el médico está en contra del aborto, el médico no aborta. Si hay otras cosas con las que tal vez un médico tiene un problema de conciencia, se resuelve, alguien más hace esas cosas “.

Aquí se refirió a una cláusula de redacción flexible que requiere que el profesional médico, cuando sea posible, “intente transferir al paciente a un colega que le proporcionará el procedimiento solicitado”, siempre que hacer esa derivación no viole también su conciencia.

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Pero el Dr. Todd Kepler, director médico del suroeste de Equitas Health, dijo que el lenguaje “ampliamente amplio” del proyecto de ley exacerbará las barreras existentes para la atención de muchos grupos marginados, como los adictos a las drogas, las personas que viven con el VIH y la comunidad LGBT +.

Son personas como estas, que ya viven con pocas opciones de atención médica en su comunidad, las que se verían más afectadas. “Digamos que resulta que soy un paciente gay y quería ver a un proveedor en mi ciudad, y realmente no había otros proveedores en la ciudad. Pero encuentran eso moralmente inaceptable, podrían rechazarme ”, dijo a WCPO. “Y el lenguaje es tan amplio que incluso se podría hacer a nivel institucional. Entonces, si tiene un hospital que tal vez tenga una afiliación con una institución religiosa, y nuevamente, esa es la única institución en la ciudad, teóricamente podrían rechazar a ese paciente para recibir atención médica “.

Como agregó Randy Phillips del Greater Dayton LGBT Center, “comienza una pendiente resbaladiza cuando comenzamos a escoger y elegir a quién podemos tratar y a quién no queremos tratar”. Preguntó: “¿A cuántos se les va a negar la atención simplemente porque viven con autenticidad?”

Fuente Pink News

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Un Dios radicalmente nuevo

Martes, 13 de julio de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“La muerte de Jesús, tal como es interpretada por los primeros cristianos, no escapa totalmente a las categorías sacrificiales del Antiguo Testamento, que han puesto a su disposición un lenguaje entre tantos otros. Pero hay que ser conscientes del desplazamiento que supone la reutilización neotestamentaria de esas categorías sacrificiales. Lo que está en juego realmente es el acceso al espacio divino, el acceso a Dios. Con su muerte, Cristo abre el acceso al Dios de la antigua alianza de una manera radicalmente nueva. Para mí, la novedad reside en el hecho de que este acceso se hará, de ahí en adelante, no de abajo hacia arriba (el sacrificio religioso como medio de reconciliación del hombre con Dios), sino de arriba hacia abajo: Dios, en Jesús, viene a encontrarse con el hombre hasta en la muerte. Si existe un sacrificio, es un «sacrificio» entendido como el fin de una comprensión de Dios y el nacimiento de otra nueva. Y esto Jesús lo hace, efectivamente, «por nosotros».

Aunque de maneras diferentes, los Evangelios, san Pablo y el autor de la Carta a los Hebreos no están diciendo otra cosa: se pasa, de la idea de un sacrificio orientado a permitir a los hombres acercarse a lo divino, a la confesión de un Dios que muere al mismo tiempo que mueren con él las representaciones que de él nos hacemos. Creo que no somos realmente conscientes de hasta qué punto el cristianismo ha acabado con la lógica sacrificial. La destrucción del templo obligó al judaísmo a dar ese paso; para el cristianismo, la causa fue la muerte de su Mesías: su resurrección subraya, en cierta manera, que se ha terminado la muerte sacrificial, puesto que la víctima se ha levantado de entre los muertos.

Queda preguntarse si una tradición demasiado larga de lectura eclesial clásicamente sacrificial de la muerte de Jesús, es decir, casi exclusivamente sustitutiva, no ha ocultado en cierta manera la novedad, sobre el trasfondo de una herencia asumida, que dejan entrever los textos del Nuevo Testamento. Para los autores del Nuevo Testamento que hemos leído, la muerte de Jesús no es tanto el fruto de un plan indispensable de Dios, sino más bien el resultado de la respuesta violenta que suscita la proclamación de un Dios radicalmente otro, radicalmente diferente y, por lo tanto, insoportable para los hombres.

Los autores del Nuevo Testamento afirman simplemente –aunque este «simplemente» es esencial– que en su muerte Jesús no se limita a soportar la violencia, sino que la combate y la subvierte: su muerte y su resurrección nos están diciendo, al fin y al cabo, que la violencia, incluso religiosa, es decir, sacrificial, no tiene la última palabra. Ni el hombre ni Dios salen indemnes de ello. En este sentido, la muerte de Jesús tiene verdaderamente una dimensión sacrificial: en la muerte libre y soberanamente aceptada de Jesús, lo que se sacrifica es el Dios de las religiones tradicionales.

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Jean-Daniel Caussé, Élian Cuvillier
(Viaje a través del cristianismo)
Sal Terrae

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¡Feliz Día del Orgullo LGTBI!

Lunes, 28 de junio de 2021

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Un día de reivindicación, un día de manifestación, por quienes no pueden hacerlo.

Un día de acción de gracias por ser como somos, porque el Dios Trinidad nos ha hecho diversos en la comunión

Un día para decirles a los jerarcas de nuestras diferentes denominaciones que se equivocan marginándonos en las iglesias, sinagogas, mezquitas…

Un día para gritar a los cuatro vientos ¡Gracias Padre porque nos has hecho así y nos amas!

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¡¡¡Feliz Día del Orgullo!!!

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Y para la lectura espiritual que publicamos cada día, te recomiendo detenerte un momento a lo largo del día y disfrutar con este artículo que ya publicamos hace dos años al que puedes acceder pinchando aquí: “Beato Bernardo de Hoyos: El matrimonio místico entre personas del mismo sexo con Jesús”

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Noemí Ubach: “Si conseguimos desmontar la misoginia en las religiones, estaremos dando un paso adelante en la lucha feminista”

Jueves, 11 de marzo de 2021

Noemi-Ubach-conseguimos-desmontar-religiones_2320577984_15382739_660x371Entrevista a la portavoz de la coordinadora de mujeres creyentes, ‘Alcem la veu

“El trabajo en red es nuestra fuerza, y las complicidades con mujeres de distintas ciudades, una gran riqueza personal”

“El Papa Francisco ha realizado pequeños cambios, que aunque insuficientes, son importantes simbólicamente porque abren caminos”

“Quedan muchas estancias por airear en la Iglesia, pero hay signos de esperanza que hay leer para aprovecharlos”

Convocadas por la coordinadora de mujeres creyentes ‘Alcem la veu’ (Alcemos la voz), un centenar de personas se manifestaron el pasado domingo 7 de marzo frente a la fachada de la Catedral de Barcelona bajo el lema ‘Per la dignitat i la igualtat de les dones a l’Església’ (Por la dignidad y la igualdad de las mujeres en la Iglesia.

Quieren cambios profundos que permitan el liderazgo compartido entre ambos sexos, un cambio de mentalidad y un reconocimiento diferente de la mujer en el ámbito eclesiástico y teológico. La manifestación fue un paso más de un camino que llevan a cabo con determinación, a sabiendas de las dificultades que, a buen seguro, seguirán encontrando.

Son optimistas de cara al futuro. Tal como reconoce Noemí Ubach, portavoz de ‘Alcem la veu’ y miembro del Movimiento de Profesionales Católicos de Barcelona, “tardará mas o menos, pero si las mujeres estamos convencidas de ello, esta ola feminista es imparable”.

Qué valoración hace del nombramiento de la religiosa francesa Nathalie Becquart, como subsecretaria del Sínodo de los Obispos por el papa Francisco. Hasta ahora es una de las pocas mujeres con voz y voto en el Vaticano y, al igual que otras, comparte la subsecretaría con un varón. ¿Esto es una señal de resistencia de la Santa Sede hacia la plena inclusión de la mujer?

Aplaudimos el nombramiento de mujeres en cargos de responsabilidad y liderazgo en la Iglesia. El Papa Francisco ha realizado pequeños cambios, que aunque insuficientes, son importantes simbólicamente porque abren caminos, como la reforma del Código de Derecho Canónico sobre acolitado y lectorado. Estos pequeños pasos vienen a demostrar que el inmovilismo no tiene la última palabra, ni aún en la Iglesia. Ahora bien, los sectores eclesiales más conservadores, con los que el mismo Papa tiene que lidiar, tienen todavía peso en Roma, ya que para cada cargo femenino hay un doble masculino. Quedan aún muchas estancias por airear, pero hay signos de esperanza que es necesario leer para aprovecharlos: persistir es conseguir.

¿Qué acogida ha tenido Alcem la veu en la Iglesia y en la sociedad desde que hiciera público su manifiesto a inicios de 2020? 

El año pasado en menos de un mes ya teníamos 1.000 adhesiones al manifiesto, y este año en dos o tres días ya se habían agotado las 100 plazas para el acto presencial del 7M (no podíamos ser más por razones sanitarias). Nos ha sorprendido la cantidad de personas que nos han mostrado su apoyo. “Ya era hora que este tema saliera a la luz, yo os sigo”, dicen muchas mujeres y algunos hombres católicos.

Recientemente se ha constituido ‘Alcem la veu Menorca’ a raíz del caso de Carmen Mascaró, que fue apartada del catecismo en octubre de 2020 por casarse con otra mujer. ¿Han brindado ayuda a las compañeras menorquinas? 

Hemos estado en contacto con ellas y les hemos mostrado todo nuestro apoyo. Admiramos su valentía y determinación en hacer público el caso, para que no pase desapercibido. En la medida de nuestras posibilidades hemos querido ser altavoz de este suceso para que este tipo de discriminaciones no queden sin respuesta. En la sección en la que colaboramos de la revista Foc Nou, publicamos un artículo al respecto y mantenemos el contacto para acciones futuras.

“Queremos que la Iglesia entera sea testimonio de vida fraterna, y que la misma estructura eclesial, ahora tan impregnada de prejuicios hacia las mujeres, pueda cambiar”

¿Durante este último año, ha habido algún tipo de complicidad con otras feministas ajenas al catolicismo?

A nivel personal, amigas feministas nos muestran su apoyo: Aprecian nuestra valentía  y saben que tenemos mucho trabajo por delante. A nivel institucional no hemos hecho todavía contactos, más allá de complicidades puntuales en las redes sociales. Algunas mujeres no aceptan que se pueda ser feminista y católica, pero estoy coonvencida de que si conseguimos ir desmontado la misoginia en las religiones (no solo en la católica) estaremos dando un paso adelante en la lucha feminista. Por otro lado, las mujeres reivindicamos el derecho a la libertad religiosa y de culto, como queda recogido en la Declaración de Derechos Humanos.

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¿Cómo es ese trabajo en red que llevan a cabo de forma agrupadas en el colectivo “Revuelta de mujeres en la Iglesia” y con la asociación internacional Catholic Women Council?

Nos coordinamos con el movimiento de la Revuelta para algunas acciones, como por ejemplo fijar la fecha de los actos del 8M. También conjuntamente hemos enviado una carta al Papa Francisco con nuestras reivindicaciones. El año pasado tuvimos la visita de responsables de Voices of Faith el mismo día del acto reivindicativo del 8M y nos ayudaron en la difusión del evento. Este año nos unimos al proyecto de CWC de convocar un sínodo de mujeres para la primavera de 2022. El trabajo en red es nuestra fuerza, y las complicidades con mujeres de distintas ciudades, una gran riqueza personal.

 ¿Por qué se empeñan en seguir formando parte de una institución cuya jerarquía, a menudo, se comporta de forma tan dogmática y excluyente?

Formamos parte de la Iglesia, y es nuestra casa. En muchas de nuestras asociaciones y movimientos laicos hemos podido vivir la Iglesia como comunidad de iguales, han sido espacios de libertad e igualdad, jóvenes, mujeres y hombres juntos compartiendo proyectos, liderazgos, celebrando la fe y dando respuesta a nuestra dimensión espiritual. En ese espacio muchas de nosotras hemos crecido, nos hemos formado, hemos compartido fe y vida, y toda esta experiencia gratificante nos ha conformado como personas.

Por esa misma razón queremos que la Iglesia entera sea testimonio de vida fraterna. Deseamos que la misma estructura eclesial, ahora tan impregnada de prejuicios hacia las mujeres, pueda cambiar. Que el marco cultural y legal que rige los espacios de poder y toma de decisiones, lastrados por el clericalismo, vaya cediendo a un modo de hacer más respetuoso con la diversidad, el diálogo y con la dignidad de todos los bautizados. Porque la defensa de la dignidad sin igualdad es paternalismo o hipocresía. Soñamos una Iglesia mejor porque la hemos vivido y sabemos que no es sólo posible sino deseable.

Fuente Religión Digital

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Sara Lumbreras y Lluis Oviedo: ¿Qué pasará con la religión después de la COVID?

Martes, 29 de diciembre de 2020

20131031_011553_1103lipcolAdemás, la pandemia nos ha forzado a reevaluar algunos de nuestros comportamientos y los recursos disponibles para afrontarla. La pandemia podría transformar nuestra manera de entender la fe religiosa, y esta fe renovada podría ser un apoyo fundamental para superar la situación a la que nos enfrentamos.

La percepción de lo religioso depende intensamente del contexto social y las circunstancias personales. Ciertos momentos pueden dotar a la experiencia religiosa de una intensidad especial que sería impensable en otros momentos. Sabemos que nuestro entorno tiene un efecto que con frecuencia es determinante en nuestro modo de experimentar la trascendencia. No es lo mismo el ajetreo de la ciudad que trasladarse a una aldea o vivir en el campo abierto. El caso del desierto es aún más extremo, y la historia de las religiones ofrece una larga lista de lugares sagrados por su relación con el medio natural. La experiencia tampoco es la misma en tiempos serenos y relajados que la que se vive en momentos difíciles. Estas variaciones se incluyen en la lista de factores que inciden en la experiencia religiosa, que va mucho más allá de la presencia de ciertas estructuras mentales que favorecen la percepción de agentes sobrenaturales – como indican los psicólogos cognitivistas – o la conveniencia de algunos rasgos que alientan conductas prosociales, como sugieren los evolucionistas.

Por otro lado, el fenómeno religioso – siempre elusivo y difícil de objetivar – ha sido observado a partir de sus funciones o bien de su utilidad para las personas y las sociedades. El planteamiento funcionalista ha sido siempre, al menos desde el gran sociólogo Emile Durkheim, una fuente de buena información sobre lo religioso, un acceso a esa realidad que nos revelaba, si no qué es, al menos qué hace o qué proveen las creencias y prácticas religiosas. Ciertamente, la sociología de la religión ha desarrollado varias propuestas y teorías que hoy enriquecen un repertorio denso y plural. También en nuestro tiempo la cuestión de la religión se plantea – de forma legítima – en torno a sus funciones y utilidad. Hasta cierto punto la cuestión tradicional sobre la credibilidad de una fe religiosa, como la cristiana, se expresa de forma más indirecta y práctica en términos de utilidad o de prestaciones que sirvan a personas y grupos. Si un conjunto de creencias no supera dicho test – si aportan o no algo práctico, si resuelven o no determinados problemas, entonces se vuelve irrelevante. La cultura que nos envuelve es eminentemente pragmática. De acuerdo con ella, si la religión no presta ningún servicio positivo (o si resulta en más impactos negativos que positivos) entonces no debería mantener un lugar en nuestras sociedades.

La religión se ha asociado tradicionalmente, entre otras, a tres funciones diferentes: proporcionar significado (1); prestar recursos para hacer frente a la angustia y las dificultades vividas (2), y establecer normas morales junto a la motivación para cumplirlas (3). Sin embargo, la gran difusión de una mentalidad secular comprende la religión como un conjunto de creencias y prácticas que se han vuelto superfluas, de poca o nula utilidad en las sociedades avanzadas. ¿Sigue siendo útil la religión o podemos sustituir las funciones que prestaba por medios más eficientes y actuales?

La pandemia de Covid-19 ha reactivado esta discusión: no es claro hasta qué punto la religión, al menos sus expresiones más evolucionadas y universales, todavía tiene sentido y puede ayudar en estos tiempos difíciles. Sabemos que las crisis pueden tener repercusiones en la espiritualidad y la fe. Según algunos, el humanismo renacentista surgió de la crisis multidimensional provocada por la peste, que tuvo un impacto profundo no solo en la salud pública, sino que también reestructuró la dinámica social, desafió la economía y transformó las percepciones existentes sobre ciencia y religión. Durante los peores momentos de la epidemia, los enfermos eran abandonados a su suerte incluso por sus mismas familias, lo que llevó a un marcado individualismo en los supervivientes. A la vez, se hizo patente que tanto las iglesias como la medicina de aquellos momentos eran completamente impotentes ante la infección. La confianza en ambas instituciones se vio quebrada de tal manera que el teocentrismo medieval acabó desapareciendo, y comenzó a construirse una nueva ciencia basada en la experimentación. ¿Cambiará también la pandemia de Covid el papel de la religión? Examinemos esta cuestión para cada una de sus funciones.

La primera función de la religión es la de proporcionar significado, especialmente en tiempos difíciles. El sociólogo alemán Niklas Luhmann solía atribuir a la religión la función de determinar lo indeterminado; o gestionar riesgos inmanejables (Luhmann, Funktion der Religion, 1977). Donde otros sistemas sociales agotan sus recursos debido al exceso de complejidad y a la incertidumbre, la religión acude al rescate. Como regla general, cuando aumentan la incertidumbre y el riesgo, la función de la religión se vuelve más necesaria y más difícil de reemplazar por medios seculares. Luhmann siguió madurando su teoría social de la religión para señalar después su función de contribuir a superar o desactivar las paradojas que inevitablemente surgen del funcionamiento de los sistemas sociales. Se trata de un nivel más abstracto, pero probablemente la pandemia que vivimos también pone en evidencia algunas de esas paradojas – como es el caso de abundancia y precariedad, de seguridad e incertidumbre – y puede de nuevo volver la función de la religión más necesaria.

Los estudios de la socióloga Crystal Park aportan más luz a ese respecto. Su enfoque es más empírico, y señala que la religión se convierte en una fuente de significado más necesaria cuando los medios habituales que proveen sentido a muchos se ven desbordados por las circunstancias o por crisis personales o sociales que generan demasiada tensión o se vuelven más amenazantes. Está bastante claro que la fe religiosa sigue siendo una fuente potente de significado, pero no es ni mucho menos la única. La fe religiosa coexiste con otros sistemas de proyección de sentido, o sistemas de creencias y valores, como, por ejemplo, la dimensión familiar, la realización profesional, los grandes ideales que nos motivan, las mejores amistades, o las experiencias más exaltantes que podemos vivir y sentir. La cuestión no es tanto cuál sea la fuente de sentido mejor o más segura, pues no es necesario concebirlas en competencia, o en un esquema de ‘suma cero’, sino en qué medida la fe religiosa mantiene un cierto espacio y funcionalidad cuando el sentido de la vida se construye de forma plural y a menudo un tanto fragmentada, o bien parcelada según momentos o situaciones vitales. La cuestión es en qué medida la fe religiosa mantiene un cierto espacio y funcionalidad en el contexto actual, que probablemente implica una reorganización de los sistemas de sentido [1].

La segunda función de la religión, la del afrontamiento, está estrechamente relacionada con la primera. Desde hace algunas décadas se estudia desde varios puntos de vista la capacidad de la religión para afrontar situaciones difíciles. La función de afrontamiento (religious coping) se vuelve aún más valiosa en tiempos de amenaza y angustia, de crisis (a nivel personal o social) e, intuitivamente, en la enfermedad o la proximidad de la muerte. Existe una abundante literatura científica que establece firmemente el alcance y la efectividad del afrontamiento religioso, convirtiéndose ahora en un amplio programa de investigación, que se inspira sobre todo en los trabajos pioneros de Kenneth Pargament y su equipo[2].

La situación que vivimos en estos meses confiere un valor especial a los recursos de afrontamiento, que se necesitan con carácter de urgencia cuando hay que afrontar la enfermedad en primera persona o en un ser querido -una experiencia demasiado habitual para muchos en estos tiempos convulsos. Existe evidencia anecdótica de que, para muchos, la oración ha sido más frecuente e intensa durante los tiempos de confinamiento. Encontramos también ejemplos como el artículo de Tanya Luhrmann en The New York Times, con el título “Cuando Dios es tu terapeuta”[3], señalando el papel fundamental que desempeñan muchas iglesias en el cuidado de quienes padecen trastornos psicológicos. Incluso la famosa revista The Economistseñalaba hace pocos meses la importante función que las iglesias y otras entidades sociales pueden desempeñar para hacer frente a síntomas similares al trastorno de estrés postraumático asociados al Covid-19 y su tratamiento [4]. Lo cierto es que las estrategias de afrontamiento no son exclusivas y que esa exigencia psicológica ante situaciones de gran estrés, o del creciente número de casos de depresión, ansiedad y otras patologías causadas por la prolongada pandemia, han incrementado esta necesidad[5]. De nuevo, la religión no es ni mucho menos la única estrategia de afrontamiento disponible; las redes familiares y sociales proporcionan un apoyo insustituible. La relación con la naturaleza, el deporte, el arte o la lectura pueden también proporcionar un apoyo valioso.

La tercera función que atribuimos a la religión también es tradicional: las creencias y prácticas religiosas ayudan a alimentar una actitud más responsable hacia los demás en momentos en que tal actitud es particularmente necesaria, pero no todo el mundo parece estar convencido de dichos deberes sociales. También en este caso, una gran cantidad de investigaciones ha tratado de comprender hasta qué punto la religión está relacionada con el comportamiento prosocial[6]. Cierto consenso apunta sólo a algunas religiones, las denominadas ‘Post-Axiales’ (entre las que se inscriben el cristianismo, el judaísmo, el islam o el budismo). Estas religiones enfatizan los deberes morales hacia los demás junto a la devoción religiosa o espiritual. En otras palabras, el vínculo entre religión y deber social no puede asumirse en todos los casos, pero se observa bajo ciertas condiciones que incluyen a las principales religiones que existen en la actualidad. A menudo se observa una orientación de preferencia hacia el propio grupo o los miembros de la misma religión, lo que vuelve dicha inclinación un tanto parcial. De todos modos, cabe esperar que las personas religiosas se comporten de forma más responsable y respetuosa hacia los demás, sobre todo en tiempos de emergencia sanitaria en los que se invita a la población a extremar las precauciones para no contagiar a otros. Cabe esperar que aquellos más sensibles hacia los demás, motivados por creencias religiosas más exigentes en ese campo, puedan asumir conductas más convenientes para ellos y para el conjunto de la población. En otros términos, sería previsible que una población más religiosa – en el sentido de una religión prosocial – pudiera seguir mejor las consignas que pudieran limitar los contagios.

Todas las religiones post-axiales comparten las tres funciones descritas, lo que permite conjeturar una posible convergencia interreligiosa, una tendencia que permitiría superar algunos de los problemas acuciantes asociados al exclusivismo y el fanatismo religioso, que probablemente constituyen los dos principales argumentos actuales en contra de la religión. El exclusivismo constituye una barrera lógica a la creencia religiosa (“Si una religión es cierta, entonces no pueden serlo las otras. Por tanto, ninguna es cierta”).  El fanatismo religioso sería la consecuencia más desastrosa del exclusivismo y el impacto negativo por el que muchos juzgan a la religión en su conjunto.

Sin embargo, parece cada vez más claro que las principales religiones puedan encontrarse y compartir sus propuestas más profundas, o bien reconocerse mutuamente no tanto como instancias en competencia, sino como propuestas que colaboran a varios niveles para contribuir de manera positiva a las sociedades. Las religiones, según este principio, proporcionan significado, una estrategia de afrontamiento ante el dolor y también valores para guiar las decisiones personales para el bien común. Dichas prestaciones implican una cierta convergencia hacia objetivos comunes, o bien la asunción de prioridades en momentos difíciles que obligan a relativizar otros componentes y objetivos en cada forma religiosa: ahora, lo primero es hacer frente a la pandemia, y en eso estamos todos implicados.

Aunque la religión es mucho más que estas tres funciones, y el análisis en clave funcionalista es claramente parcial, evaluarlas debería ser el primer paso para valorar qué nos aporta la religión desde un punto de vista social, y clarificar si tiene sentido en un contexto que algunos sociólogos describen como ‘postsecular’. Si la religión contribuye de manera positiva a la realización de estas funciones, entonces su papel práctico en las sociedades debería reconocerse.

Necesitamos ir más allá de una visión simplista que identifica la religión con un sentimiento espiritual vago, cercano a lo estético y desprovisto de cualquier efecto práctico. Si la fe y la experiencia religiosa no tienen un impacto práctico en la vida de las personas, entonces es que no tienen demasiado sentido. Si, por el contrario, la fe nos resulta útil o sigue prestando funciones convenientes, seguirá teniendo un papel en nuestras sociedades. Ahora bien, parece bastante claro que la función de la religión en las sociedades avanzadas evoluciona con el tiempo y según circunstancias cambiantes. La pandemia ha introducido niveles de riesgo e incertidumbre, además de un incremento de trastornos mentales, que vuelve el recurso a la dimensión religiosa más necesario, su función más urgente. La situación actual invita a superar esquemas más reductivos en el tratamiento de lo religioso, y también a ir más allá de los modelos de secularización que se concibieron a partir de una cierta concurrencia entre las agencias religiosas y entidades políticas, educativas u otras. La idea de post-secularización implica más bien alcanzar un cierto nivel de integración constructiva y de colaboración entre esos sistemas sociales, cada uno con sus propias prestaciones y servicios. Como consecuencia, la percepción que precipita el actual estado de emergencia sanitaria invita a la fe religiosa a integrarse mejor en el conjunto social y con los demás sistemas o propuestas que tratan de afrontar la presente crisis, como es el sistema sanitario, el de la investigación científica, el de información, y el de gestión política. Además, dicha integración invita a las religiones a abandonar formas exclusivistas y a asumir un formato de convergencia y colaboración de cara al bien común. Este es un punto en el que insiste el Papa Francisco y su reciente encíclica Fratelli tutti, un punto que la pandemia ha evidenciado todavía más.

Es posible que la experiencia de la pandemia haya transformado nuestra manera de entender nuestro papel en el mundo. En un contexto de sociedad del cansancio, de estrés crónico generalizado, de valorar la economía y la productividad por encima de todo, la pandemia nos ha puesto de bruces con nuestra vulnerabilidad y la de nuestros seres queridos y, lo que es más importante, con las incongruencias entre los valores y la organización de la propia vida. Muchos han sentido de manera íntima e intensa la necesidad de sentido más allá del materialismo consumista en el que nuestras sociedades llevaban décadas funcionando de manera inconsciente y cada vez más insostenible. La confianza en las instituciones se ha visto gravemente erosionada y sigue deteriorándose, al igual que nuestro sistema económico. Cuando algo se destruye es necesario sustituirlo por algo que cumpla mejor las funciones faltantes. La pandemia está transformando nuestras sociedades, nuestra economía y nuestra ciencia. Si aprovechamos las oportunidades que vengan más allá de las tragedias que nos asolan ahora, podemos construir un mundo más sostenible y justo, una economía más humana y una ciencia más humilde, prudente y transparente. La religión puede contribuir a esta tarea aportando sentido, apoyando en los momentos difíciles y fomentando la cooperación desde un marco integrador. Esperamos que así sea.

Sara Lumbreras y Lluis Oviedo

Fronterasctr – Cátedra Ayala CTR

 [1]Park, Crystal L. “Making sense of the meaning literature: an integrative review of meaning making and its effects on adjustment to stressful life events.” Psychological bulletin 136.2 (2010): 257.

[2]The psychology of religion and coping: theory, research, practice. Kenneth I. Pargament. Guilford Press, New York, 1997.

[3]https://www.nytimes.com/2013/04/14/opinion/sunday/luhrmann-when-god-is-your-therapist.html

[4]https://www.economist.com/international/2020/08/29/worldwide-covid-19-is-causing-a-new-form-of-collective-trauma

[5]LixiaGuo,  MingzhouYu,WenyingJiang, HaiyanWang,Thepsychological and mental impact of coronavirus disease 2019 (COVID-19) on medical staff and general public – A systematic review and meta-analysis, Psychiatry Research291 (2020) 113190; https://doi.org/10.1016/j.psychres.2020.113190

[6]Para revisiones de la extensa bibliografía disponible: Preston, Jesse Lee, Ryan S. Ritter, and J. Ivan Hernandez (2010), Principles of Religious Prosociality: A Review and Reformulation, Social and Personality, Psychology Compass4/8: 574–590;Galen, Luke. W. (2012). Does religious belief promote prosociality? A critical examination. Psychological Bulletin, 138, 876 –906.

Sara Lumbreras es profesora de la Escuela Superior de Ingeniería (ICAI) e investigadora del Instituto de Investigación Tecnológica (IIT) de la Universidad Pontificia Comillas. Además es miembro del Consejo Asesor de la Cátedra Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

Lluis Oviedo es profesor de la Universidad Antonianum de Roma y colaborador de la Cátedra Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

Fuente Fe Adulta

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Cientos de líderes religiosos declaran que todas las personas LGBT + son “valiosas” en una llamada a la prohibición global de la terapia de conversión

Lunes, 28 de diciembre de 2020

97287245969e0fec37492eba48004fcbLa declaración ha sido firmada por más de 370 líderes religiosos de 35 países y todas las religiones principales, incluido el arzobispo Desmond Tutu. (Getty / William Thomas Cain) 

  Cientos de líderes religiosos de todo el mundo han declarado que las personas LGBT + “son una parte preciosa de la creación” y han pedido una prohibición global de la terapia de conversión.

La Oficina de Relaciones Exteriores, Commonwealth y Desarrollo (FCDO) del gobierno financió una conferencia celebrada el miércoles (16 de diciembre) para marcar el lanzamiento de la Comisión Global Interreligiosa sobre Vidas LGBT +.

La Comisión Global Interreligiosa sobre Vidas LGBT +, organizada por la Fundación Ozanne que trabaja con “organizaciones religiosas de todo el mundo para eliminar la discriminación basada en la sexualidad o el género”, tiene como objetivo proporcionar una voz a los líderes religiosos para “afirmar y celebrar la dignidad de todos, independientemente de su sexualidad, expresión de género e identidad de género”

La comisión cuenta con 21 miembros fundadores, entre ellos el abogado argentino Roberto Manuel Carlés, que ha asesorado al Papa en cuestiones de justicia y derechos humanos, primus del obispo de la Iglesia Episcopal Escocesa Mark Strange, la ex presidenta de Irlanda Dra. Mary McAleese y la reverenda Canon Mpho Tutu van Furth, hija del arzobispo Desmond Tutu.

Un elemento central de la comisión es una declaración, que ya ha sido firmada por más de 370 líderes religiosos de 35 países y de todas las religiones principales, incluido el propio arzobispo Desmond Tutu.

La declaración pide el perdón de la comunidad LGBT + por el daño que la enseñanza religiosa ha causado a sus miembros y pide el fin de la violencia contra las comunidades LGTBI en todo el mundo y una prohibición global de la terapia de conversión.

Ha sido producido como un documento y un video, llamando a las comunidades religiosas de todo el mundo a “celebrar la inclusión y el regalo extraordinario de nuestra diversidad”.

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La declaración afirma:

1.- Nos unimos como líderes religiosos, académicos y líderes laicos de todo el mundo para afirmar la santidad de la vida y la dignidad de todos.

2.- Afirmamos que todos los seres humanos de todas las orientaciones sexuales, identidades de género y expresiones de género son una parte preciosa de la creación y son parte del orden natural.

3.- Afirmamos que todos somos iguales ante Dios, a quien muchos llaman el Divino, y por eso todos somos iguales entre nosotros. Por tanto, pedimos que todos sean tratados por igual ante la ley.

4.- Reconocemos con tristeza que ciertas enseñanzas religiosas a menudo, a lo largo de los tiempos, han causado y continúan causando un profundo dolor y ofensa a quienes son lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, queer e intersexuales.

5.- Reconocemos, con profundo pesar, que algunas de nuestras enseñanzas han creado, y continúan creando, sistemas opresivos que alimentan la intolerancia, perpetúan la injusticia y resultan en violencia. Esto ha llevado, y sigue provocando, el rechazo y la alienación de muchos por parte de sus familias, sus grupos religiosos y sus comunidades culturales.

6.- Pedimos perdón a aquellos cuyas vidas han sido dañadas y destruidas con el pretexto de la enseñanza religiosa.

7.- Creemos que el amor y la compasión deben ser la base de la fe y que el odio no puede tener cabida en la religión.

8.- Hacemos un llamado a todas las naciones para que pongan fin a la criminalización por motivos de orientación sexual o identidad de género, que se condene la violencia contra las personas LGBT + y que se haga justicia en su nombre.

9.- Hacemos un llamado para que todos los intentos de cambiar, suprimir o borrar la orientación sexual, la identidad de género o la expresión de género de una persona, comúnmente conocida como “terapia de conversión”, finalicen y para que se prohíban estas prácticas nocivas.

10.-Por último, pedimos que se ponga fin a la perpetuación del prejuicio y el estigma y nos comprometemos a trabajar juntos para celebrar la inclusión y el regalo extraordinario de nuestra diversidad.

Ahora está disponible para que lo firmen todas las personas de fe, y la comisión alienta al público a invitar a sus propios líderes religiosos a firmar la declaración.

La directora de la Fundación Ozanne, Jayne Ozanne, dijo: “Estamos animando a todas las personas de fe a firmar esta declaración, para que podamos dar un mensaje claro a todos los países de que la enseñanza religiosa no tolera los prejuicios y nunca debe utilizarse para respaldar la discriminación. Nuestra esperanza es que las personas LGBT + y sus aliados lo compartan con sus propios líderes religiosos y les pidan que también lo firmen”.

Dilwar Hussain, presidente de New Horizons in British Islam, dijo en una rueda de prensa sobre el lanzamiento de la comisión: “Me siento realmente honrado de ser parte de esto, y me siento especialmente honrado porque creo que las comunidades musulmanas lo han sido durante tanto tiempo, detrás de la curva en el tema de la justicia LGBT +. Se habla mucho en las comunidades musulmanas de igualdad, de prejuicio, de discriminación. A menudo eso es bastante comunitario, a menudo se trata de nosotros. Creo que si vamos a ser serios al abordar los problemas de justicia e injusticia en nuestra sociedad, tenemos que tener un argumento que sea moralmente consistente. No podemos tener un argumento que sea solo parcial y sectario. Eso simplemente no va a funcionar, y no es religioso pensar de esa manera “.

La reverenda Canon Mpho Tutu van Furth, activista sudafricana contra el apartheid e hija de Desmond Tutu, fue anteriormente sacerdote, pero se vio obligada a renunciar a su licencia después de casarse con su esposa, Marceline, en 2016. Ella dijo: “Estoy orgullosa de ser miembro fundador de la comisión. Sé por experiencia personal el profundo dolor que pueden causar ciertas enseñanzas religiosas. Hay muchas personas LGBT + que sufren daño emocional y violencia física hasta el punto de la muerte en países de todo el mundo. Por eso, unimos fuerzas como líderes religiosos para decir que todos somos hijos amados de Dios ”.

Tutu van Furth dará el discurso de apertura en la conferencia virtual del miércoles, en la que participarán 20 oradores, incluido el Experto Independiente de las Naciones Unidas para la Orientación Sexual y la Identidad de Género, Victor Madrigal-Borloz. La conferencia será seguida de una celebración privada en persona en la Abadía de Westminster.

A pesar de que el gobierno del Reino Unido proporcionó fondos para la Comisión Interreligiosa Global sobre Vidas LGBT + y su declaración pidiendo una prohibición global de la terapia de conversión, la terapia de conversión sigue siendo legal en el Reino Unido.

Ozanne dijo que espera que la declaración “dé una señal muy clara de que los líderes religiosos quieren esta prohibición”.

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Las últimas noticias acerca de este esperpento de las falsas “terapias” fue que la diputada ultraderechista de Vox, Macarena Olona, al negarse a apoyar en el Congreso de los Diputados de España la Ley presentada para prohibir las terapias de conversión para gays, lesbianas y bisexuales, y que se sancione drásticamente a cualquier persona u organismo que ofrezca «curarnos» de nuestra orientación sexual afirmó:Cualquier persona, sea o no homosexual, tiene que acudir a un especialista a que le ayude a encontrar su identidad”. Antes, la Subsecretaria de DDHH de Chile Lorena Recabarren quería que la Ley Zamudio permitiese en ciertos casos las terapias para “curar” la homosexualidad o la transexualidad, lo que provocó las protestas del MOVILH. Antes, que la asociación española Abogados Cristianos se querella contra Ignacio Aguado por hacer pública la multa a la coach de terapias para personas LGTBI, y que, ante la protesta ciudadana, el Ministro de Educación de Israel se retractaba de su apoyo a las terapias de “curación” para gays. Y Canadá prohibirá las «terapias de conversión» a nivel nacional.

Una tendencia creciente a la prohibición

En Europa la pionera fue Malta, que aprobó una ley en 2016. Irlanda y el Reino Unido también están dando pasos en esta dirección. En España, mientras tanto, la prohibición de este tipo de intervenciones ha sido ya contemplada en varias normas autonómicas y es una de las disposiciones que prevé la prometida ley en favor de la igualdad y no discriminación de las personas LGTBI, que se discutió en el Congreso de los Diputados (aunque el PP intentó «colar»una proposición alternativa, en forma de enmienda a la totalidad, que no contemplaba este aspecto). Un proyecto que naufragó con la convocatoria de elecciones anticipadas.

En cualquier caso, conviene recordar que el Consejo General de la Psicología, órgano coordinador y representativo de los Colegios Oficiales de Psicólogos de toda España, emitió ya en 2017 un comunicado en el que recordaba que las intervenciones que prometen «curar» la homosexualidad carecen de fundamento. No es ninguna novedad, pero en estos momentos en los que la promoción de este tipo de intervenciones parece reverdecer en nuestro país (casos recientes como el de la “terapeuta” Elena Lorenzo o las charlas de Jokin de Irala o de Richard Cohen así parecen indicarlo) toda aclaración es bienvenida. Mientras, el año pasado sufrimos un seminario sobre ayudar a cambiar sentimientos homosexuales. En todos casos, nuestros amigos de HazteOir estuvieron ahí apoyando a los homófobos…

Mientras tanto, el Parlamento Europeo ha exigido la prohibición de estas terapias.

En EE.UU., gran aliado de Israel, California fue el primero en hacerlo en 2012, no sin controversia. Le siguieron el también estado de Nueva Jersey (varios meses después), Washington D.C. (cuyo Consejo legislativo aprobó la norma por unanimidad en 2014) y más tarde se sumaron los estados de  OregonIllinoisVermont,  Nuevo MéxicoRhode Island, Nevada, Connecticut, Washington,  Hawái, MarylandDelaware y New HampshireNueva York, Colorado y Massachusetts, cuyo texto entró en vigor el pasado 8 de abril tras la firma del gobernador republicano Charlie Baker.

En abril se les unía Puerto Rico, estado asociado a los Estados Unidos, aunque en este caso lo hacía mediante una orden ejecutiva firmada por su gobernador, Ricardo Roselló, después de que la Cámara de Representantes puertorriqueña rechazara tramitar un proyecto de ley aprobado por el Senado. Y el pasado 8 de mayo, la Cámara de Representantes de Maine aprobó el proyecto de ley 1025 por 91 votos a favor (de demócratas, independientes y cinco republicanos) frente a 46 en contra (todos ellos republicanos). Su tramitación continuó en el Senado, donde salió adelante el día 21 de mayo por 25 votos afirmativos (de los demócratas y cinco republicanos), frente a 9 contrarios (todos republicanos).

Hay además numerosos condados y ciudades que haciendo uso de sus competencias locales han promulgado normas similares. Denver, precisamente la capital de Colorado, lo aprobó por ejemplo el pasado enero por decisión unánime de sus concejales.

En abril se les unía Puerto Rico, estado asociado a los Estados Unidos, aunque en este caso lo hacía mediante una orden ejecutiva firmada por su gobernador, Ricardo Roselló, después de que la Cámara de Representantes puertorriqueña rechazara tramitar un proyecto de ley aprobado por el Senado. Hay además numerosos condados y ciudades que haciendo uso de sus competencias locales han promulgado normas similares. Denver, precisamente la capital de Colorado, lo aprobó por ejemplo el pasado enero por decisión unánime de sus concejales, así como el estado de Utah.

Y en julio, era Ciudad de México quien prohibía las «terapias» de conversión de la orientación sexual y la identidad de género. Y en octubre de 2020, en el Estado de México.

No” rotundo de los especialistas a las “terapias” reparadoras.

“Terapias” reparadoras: no solo inútiles, también peligrosas

La comunidad médica mundial en su inmensa mayoría condena estas prácticas y lucha para que los gobiernos las prohíban. Precisamente en marzo de 2016 tenía lugar un histórico pronunciamiento de la Asociación Mundial de Psiquiatría en contra de las “terapias” reparadoras, intervenciones que no solo se han mostrado ineficaces para cambiar la orientación sexual de una persona, sino que resultan muy peligrosas. Prácticas contra las que ya antes se habían pronunciado numerosas organizaciones profesionales. La Asociación Americana de Psicología, por ejemplo, hizo ya en 2009 un llamamiento a los psicólogos para que las abandonasen definitivamente tras revisar la evidencia científica disponible y concluir que ya no resulta posible sostener que un paciente puede cambiar su orientación sexual a través de terapia, mientras que los daños potenciales de tales intervenciones pueden ser graves, incluyendo depresión y tendencias suicidas. Otras organizaciones que han alertado contra los riesgos de estas intervenciones son la Asociación Médica Británica, las más importantes organizaciones de psicoterapeutas del Reino Unido o, en España, el Colegio de Psicólogos de Madrid. Los testimonios de algunas de las personas atrapadas por las redes que promueven este tipo de prácticas (“ex-gais”) y que años después han conseguido liberarse son un buen ejemplo del daño que pueden llegar a sufrir.

En definitiva, la aplicación o recomendación de este tipo de prácticas van, hoy en día, en contra del conocimiento médico actual y de la lex artis que obliga a todo profesional sanitario.

Respecto al reto que suponen aquellas personas adultas que movidas por su fe religiosa conservadora acuden por voluntad propia a las consultas para cambiar su orientación sexual, ya desde hace años la Asociación Americana de Psicología recomienda ser “honestos” con ellos respecto a su eficacia, considerando que el objetivo en estos casos debe ser favorecer, sin imposiciones, la aceptación de la propia realidad. Posibles estrategias que sugería Judith Glasshold, la presidenta del comité que en 2009 revisó la evidencia disponible hasta esa fecha, eran insistir en determinados aspectos de la fe religiosa, como la esperanza y el perdón, frente a la condena de la homosexualidad, sugerir el acercamiento a confesiones religiosas que sí aceptan la realidad LGTB o, los casos más recalcitrantes, valorar la adopción del celibato como estilo de vida sin pretender cambiar la orientación.

«Nada que Curar», la guía que ayuda a combatir con información científica las denominadas terapias de conversión

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Fuente Pink News/ Cristianos Gays

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Pedro Rafael Ortiz, sacerdote: “Resurge un ‘moderno fariseísmo’ y ‘apologética religiosa’ frente a los testigos del amor”

Jueves, 3 de diciembre de 2020

brujas-Salem-victimas-fanatismo_2118998110_13573537_660x371Vive y deja decir

“Las convocatorias fanáticas tienen, entre sus efectos muchas veces no deseados, los episodios de violencia entre la gente y las guerras entre las naciones”

“Toma como expresión común discursos sobre las conductas sexuales o íntimas, pero en que realidad su fundamento es la lealtad al sistema de opresión y de privilegios de los pocos sobre los muchos”

“Sería injusto, sin embargo, si denunciara esos intentos de la derecha extrema y me hiciera el ciego y sordo ante otras agendas fanáticas”

Es común que las declaraciones y las convocatorias fanáticas comiencen con frases como “no lo podemos tolerar”. Son frases que ponen de manifiesto el ahogo existencial de personas que se encuentran asediadas por verse forzadas a convivir con aquellos que hacen cosas que les parecen dañinas. Estoy hablando de situaciones de la vida cotidiana y sencilla, pero también sobre asuntos sociales y políticos, tanto en la escala nacional, como internacional. Esas convocatorias fanáticas tienen, entre sus efectos muchas veces no deseados, los episodios de violencia entre la gente y las guerras entre las naciones.

Tengo la impresión de que los intentos por provocar una nueva confrontación entre religiosos van por esa misma senda extraviada. Esta vez no se trata de crear enemistad entre católicos y protestantes, sino de un intento de dividir de manera irreconciliable a los cristianos, que toma como expresión común discursos sobre las conductas sexuales o íntimas, pero en que realidad su fundamento es la lealtad al sistema de opresión y de privilegios de los pocos sobre los muchos. Aquí, el amor por la “ley” y la “norma” está puesto siempre por encima de la persona a quien dejamos de respetar.

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Sería injusto, sin embargo, si denunciara esos intentos de la derecha extrema y me hiciera el ciego y sordo ante otras agendas fanáticas que también pasean por nuestros caminos. Con mucho dolor, me he referido a la “hipocresía de modernos fariseos”, que so color de defender los derechos civiles, amarrados a una visión moralista (y no moral) fomentan también la confrontación inútil por la manera en que la gente habla, que quieren imponer a los demás la forma en que ven las cosas y que reaccionan con odio visceral ante cualquier crítica. Los he visto cuando echan a la basura derechos como la presunción de inocencia y el debido proceso de ley al toparse con una denuncia de que alguien hizo algo que “no podemos tolerar”.

“Cuando vivimos en un mundo donde campea tanta injusticia, no es bueno perder el tiempo en confrontaciones enanas por palabras. Dígale al amor como usted mejor pueda, porque lo que de verdad importa es que nos amemos mucho”

Pero hoy quiero referirme a los intentos de convertir las creencias religiosas en campos de batalla, en zona llena de trampas explosivas, en las que los pastores y los fieles se conviertan en ejércitos hostiles entre sí, en bandos que se odien entre ellos. Reitero que se trata de agendas políticas y económicas de la ultraderecha, que pretende darle rango de gran espiritualidad a la defensa del capital y demonizar la lucha de los pobres por la justicia que abraza el nuevo modelo de Iglesia desde la comunión fraterna.

Al decir de nuestros pueblos “vive y deja vivir”, me atrevo a agregarle “vive y deja decir”. Dejemos que cada cual diga su punto de vista sobre las cosas. Dejemos que cada quien predique lo que crea que es la verdad. Total, si dicen de nosotros las cosas más horrendas y mentirosas, podemos sentirnos bienaventurados. Después de todo, los grandes profetas de la historia fueron objeto de calumnias.

No nos dejemos llevar a la confrontación con los agentes de la mentira. Mejor concentrar nuestros esfuerzos en continuar sembrando la buena semilla del amor que sigue propagando el nuevo proyecto dé hermandad impulsado por nuestro querido Papa Francisco.

Porque para los que tenemos la encomienda de predicar la fe, recordemos que el juicio no será sobre qué tipo de carne comimos, sino, si dimos de comer al que tenía hambre. El juicio no será sobre a cuántos metimos a la cárcel, sino si fuimos a ver al ser humano que estaba preso. No se nos va a juzgar sobre si usamos los talentos multiplicando la fortuna, sino si usamos lo que teníamos para socorrer a otros. No se nos juzgará sobre a cuántos condenamos, sino sobre si perdonamos, sobre si de verdad, corazón adentro, luchamos por la justicia y la libertad. Cuando vivimos en un mundo donde campea tanta injusticia, no es bueno perder el tiempo en confrontaciones enanas por palabras. Dígale al amor como usted mejor pueda, porque lo que de verdad importa es que nos amemos mucho y realmente tengamos conciencia de que somos “Todos Hermanos”. Por eso digo, vive y deja decir.

Fuente Religión Digital

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José Ignacio González Faus, sj.: “La gran mayoría de los que blasfeman no creen en Dios, no pretenden ofenderle”

Sábado, 26 de septiembre de 2020

Jose-Ignacio-Gonzalez-Faus-Dios_2267483240_14897915_660x371“Existe el derecho a blasfemar; la blasfemia puede ser religiosa o laica”

“Los derechos humanos son universales o no son derechos; profesar un derecho es asumir todas sus consecuencias”

“Hoy en día la blasfemia, más que un insulto a Dios (en quien casi nunca cree el blasfemo) pretende ser una ofensa a alguien”

“Según M. Valls (antiguo primer ministro francés) el derecho a ofender es constitutivo de nuestras sociedades democráticas. ¿Podrá entonces ser demócrata un cristiano?”

Por supuesto que existe un derecho a blasfemar. Con la única condición de asumir todas sus implicaciones. Veámoslas por pasos.

1.- De ayer… La blasfemia ha cambiado de significado desde mi niñez. Antes era un arrebato de ira, rabia o desesperación que buscaba un desahogo. Una vez, a mis 14 años, cuando jugábamos a policías y ladrones en los Viveros de Valencia, detrás del escenario donde iba a esconderme, vi un letrero que decía: la blasfemia se castiga con el despido. Recuerdo que algo en mí se molestó: como si pensara que ya bastaba con que el blasfemo se fuese a confesar y le impusieran una penitencia. Pero en seguida reaccionó mi educación de entonces que me decía más o menos que aquello estaba muy bien porque había que defender el catolicismo. Todo pasó rápido porque había que buscar un buen escondite: pues la regla del juego era que después de contar hasta 50 los “polis” venían corriendo a buscarnos.

2.- A hoy: Hoy la blasfemia tiene otro sentido: la gran mayoría de quienes la profieren no creen en Dios y, por tanto, no pretenden ofenderle. Buscan más bien herir los sentimientos más íntimos de aquellos para quienes Dios es lo más sagrado de sus vidas.

Y además, si alguien pretende ofender a Dios blasfemando ignora que eso en el más allá que llamamos cielo solo provoca una sonora carcajada por esa pretensión, ridícula y chulesca, de llegar hasta el más allá con una pobre palabra nuestra: ya he dicho otras veces que quien tira una piedra al cielo debería saber que la piedra no llegará hasta allí (y a lo mejor le cae a él en la cabeza). He ahí la razón de esa sonora carcajada celestial. Aunque, de todos modos, esa carcajada va acompañada por un rictus de pena: porque el que llamamos Padre nuestro piensa: ¡qué desfigurado está este pobre hijo mío!

En cualquier caso lo decisivo es que, el que blasfema hoy, no pretende ofender a Dios sino herir los sentimientos más profundos de algunas gentes y “que se aguanten porque él tiene derecho a eso”.

3.-Y a mañana. Pero claro, los derechos o son universales o no son derechos. Y eso significa que el otro tiene derecho también a herir tus sentimientos más grandes y mejores. Tiene, por tanto, derecho a decirte que tú eres un hijo de la gran puta y él se caga en tu puta madre, aunque seas el mismísimo sr. Macron. O si, por ejemplo, tu patria es para ti algo tan sagrado como puede ser Catalunya para los independentistas o España para los de Vox, él tiene pleno derecho a ensuciarte verbalmente esa patria. Y si tus mejores y más hondos sentimientos se dirigen a tu pareja, él tiene derecho a decirte que tu amor y tus hijas, si las tienes, son “izas, rabizas y colipoterras” (Cela dixit).

No quiere esto decir que todos vayan a ejercitar ese derecho sino que tú has de saber que lo tienen, y que ahí está precisamente la gracia de los derechos humanos.

En conclusión: el derecho a blasfemar vale tanto de la blasfemia religiosa como de la blasfemia laica. Más simple no puede ser…

4.- Postdata inesperada. Por si fuera poco, en los días en que redacto estas líneas me encuentro con esta sentencia de Manuel Valls (el antiguo primer ministro francés), en una entrevista en Onda Cero: “El derecho a ofender es un derecho en nuestras sociedades democráticas”. Más claro agua: lo de la blasfemia es un derecho a ofender. No a ofender al cielo (que ya vimos que eso es imposible) sino a ofender en la tierra.Y está claro que lo verdaderamente ofensivo no es una crítica veraz sino un insulto como el de los ejemplos que antes he puesto.

La polémica portada de Charlie Hebdo
La polémica portada de Charlie Hebdo

Pero aquí se complican las cosas: porque, al menos para un cristiano, el mandamiento decisivo es el de amar a todos los hombres. Parece pues que, para el señor Valls, un cristiano no puede ser demócrata, al menos con esta democracia nuestra. Quizá por eso nunca hubo en Francia partidos de democracia cristiana, como en Alemania y en Italia. Y mirando a España, lo que me sorprende más es que exista ese derecho a insultar en un país donde nuestros políticos tienen el derecho (¿?) a ser tratados de “su señoría”. Le preguntaría al señor Valls si ese otro derecho tan extraño no podría ser sustituido a veces por el de ser tratados de “su felonía”…

Ante estas complicaciones, y sin ánimo de ofender, me temo monsieur Valls, que aquello lo dijo Usted en defensa de las famosas caricaturas de Mahoma publicadas por la revista Charlie Hebdo. Y si es así, tenemos ahí otra prueba de hasta qué punto nos vuelven ciegos los chovinismos: porque aquellas caricaturas fueron una bajeza moral indigna de un país que se considera civilizado. Aunque por supuesto, fuera mucho peor la brutal y bárbara respuesta terrorista, que vino a confirmar lo que otra vez llamé “la sinrazón de la razón”: demasiadas veces los humanos, cuando tenemos razón, la perdemos por el modo como usamos esa razón.

Y si somos tan poco racionales ¿quién podrá aclarar razonablemente este derecho?…

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“¿El final de las religiones?”, por Gabriel Mª Otalora

Lunes, 20 de julio de 2020

No son pocos los que creen que estamos en un tiempo postreligioso, convencidos de que la religión es un obstáculo para cualquier manifestación espiritual que merezca la pena. Para unos, el ser superior que existe por encima de nuestra realidad no necesita de esquemas religiosos que entorpecen la dimensión espiritual humana. Para otros, estamos en el final de la idea de Dios en cualquiera de sus formas que nos hemos inventado los humanos.

Lo cierto es que se va consolidando la idea de la religión entendida como un sistema de creencias, ritos y normas inmutables que no tiene futuro. Sin embargo, los datos indican que las religiones entendidas como una experiencia teísta están muy vivas al ser parte de la espiritualidad que brota del anhelo íntimo de trascendencia en lo profundo del ser humano. Y cuando falla la religión (sus seguidores, estaría mejor dicho), se incrementan las sectas y todos los sucedáneos religiosos que podamos imaginar.

No es la religión la que se encuentra en peligro, ya que el anhelo de felicidad y de búsqueda de la trascendencia (religare) existe en todas las culturas y épocas desde el comienzo de la humanidad. Su práctica diaria ha hecho mucho bien cuando su vivencia ha sido honesta. Lo que está en crisis es la confesionalidad, algo muy distinto y que tiene que ver con la manifestación externa del sentimiento religioso canalizado a través de una autoridad sagrada y jerárquica y con una praxis que no libera al ser humano. El fuero es lo que está en crisis, no el huevo.

La religión no puede confundirse con los códigos y normas que le dan forma externa a este sentimiento. Las confesiones religiosas desaparecen cuando falla el ejemplo y la impostura se adueña de de sus seguidores, centrados en los ritos y liturgias en detrimento de la vivencia coherente de una fe religiosa que pide coherencia moral (religere) y compromiso. Y cuando esto no se manifiesta, crece el desinterés social hacia los modelos religiosos actuales.

El cristianismo -y cualquier otra manifestación religiosa- pierde su pujanza espiritual y social cuando la institución religiosa que le da soporte estructural y organizativo comienza a ser más importante que el mensaje; se cae en la tentación de las alianzas con el poder y ya no tiene nada que ofrecer con valor verdaderamente religioso. El Papa Francisco es un ejemplo de lo que deberíamos hacer y de cómo hacerlo. Él nos anima a desterrar las prácticas clericalistas que nadie de buena fe puede aceptar mansamente en ninguna religión, y menos en la cristiana.

Si este tiempo posmoderno y decadente tiene alguna ventaja es la de ser propicio para desenmascarar cualquier incongruencia entre lo que se predica y lo que se practica; esto incluye a los que se dicen personas religiosas, especialmente a sus dirigentes por el escándalo que pueden ocasionar. Si la religiosidad está en cuestión, lo es como daño colateral por el equívoco de confundir la religión con una mala confesionalidad. Recordemos los tiempos del nacional-catolicismo y del aforismo vasco euskaldun, fededun, signo del vascoparlante buen católico; y por extensión, del buen vasco como sinónimo de buen católico. No hace tanto tiempo de ambas realidades sociológicas y ya se han diluido como un azucarillo.

El materialismo consumista también tiene su parte de responsabilidad en el desvalor religioso social por adormilar la espiritualidad favoreciendo el ateísmo, que es un fenómeno de masas reciente, históricamente hablando.  Sin contar lo mal que ofertamos la Buena Noticia ni los muchos fundamentalismos religiosos que existen. A pesar de todo, quienes declaran que no creen en ningún dios siguen siendo minoría.

La religión ha sobrevivido a la crisis de fe, al proceso de secularización y a la Modernidad gracias a una religiosidad más abierta para resurgir en un nuevo tiempo posmoderno aparentemente nada propicio, pero que trae consigo la pluralidad y la tolerancia con las confesiones y creencias, incluida la de que Dios no existe. Ya no se acepta la mercantilización ni la imposición de lo sagrado y los  espíritus más audaces y deseosos de vivir coherentemente su fe buscan fuera lo que no encuentran dentro de su Iglesia. El sentimiento religioso se transforma hacia una mayor autenticidad. Esa búsqueda trascendente tan relacionada con propiciar el bien de nuestros semejantes resulta más auténtica y viva que en los tiempos en que la confesionalidad nos fue impuesta difuminando el amor del evangelio.

Los creyentes hemos perdido influencia social, ayudados por nuestras  inconsecuencias, pero esto nos abre la puerta a una vivencia religiosa más auténtica, humilde y comprometida que manifiesta la verdad que anida tras las prácticas religiosas liberadoras. Fijémonos en la gente coherente y ejemplar y siguiendo ese camino llegaremos a encontrar lo que buscamos como seres religiosos que somos.

Fuente Religión Digital

Espiritualidad

José M. Castillo: La religión no se hunde. Se desplaza.

Lunes, 13 de julio de 2020

cuatro_pescadores_jesus_llamaSe viene diciendo, desde hace décadas, que la religión está en crisis. Y ahora, con la pandemia del coronavirus, la crisis religiosa se ha puesto en evidencia de forma más patente y descarada. Las ceremonias, costumbres y prácticas religiosas (misas, bautizos, bodas, procesiones…), se abandonan; los seminarios y los conventos se van quedando vacíos, etc., etc. El hecho es evidente y no admite discusión. Ni siquiera me interesa darle vueltas en mi cabeza a los motivos que pueden explicar por qué se está produciendo este desplome religioso.

¿Es que no me importa, ni me interesa, esta crisis creciente del “hecho religioso”? Nada de eso. Me interesa. Y mucho. Lo que pasa es que yo veo todo este asunto desde otro punto de vista. La religión no está desapareciendo. Se está desplazando. Se está saliendo de los templos. Se les está escapando de las manos a los sacerdotes. Se desvincula de “lo sagrado”. Y cada día que pasa, la vemos y la palpamos más y más en “lo profano”. El centro de la religión ya no está “en el templo”, está “en la vida”. Y en la defensa, protección y dignificación de la vida. Además, la religiosidad está en el proyecto de vida y en la forma de vivir que cada cual asume, hace suya y pone en práctica.

Escribo esto el día 24 de junio, el día de San Juan Bautista. El padre de Juan era una sacerdote (Zacarías) y su madre (Isabel) era de la familia de Aaròn (Lc 1, 5), la familia sacerdotal en sentido pleno. Lo lógico habría sido que Juan hubiera ejercido de sacerdote en el templo. Pero no. Juan se fue al desierto (Lc 1, 80). Juan vio que el futuro no estaba en el templo y en sus ceremonias religiosas. Juan pensó que el problema capital era la conversión de los pecadores. Y eso es lo que predicó en sus sermones a la gente (Lc 3, 1-14).

Pero Jesús vio que el desplazamiento de la religión tenía que ser más radical. Por eso, cuando Juan se enteró (estando ya preso en la cárcel de Herodes) de las “obras” que hacía Jesús, le mandó dos discípulos a preguntarle: “¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otros?” (Mt 11, 2-3; Lc 7, 18). El proyecto del Evangelio de Jesús desconcertó incluso a Juan Bautista. ¿No nos va a desconcertar a nosotros también?

La respuesta de Jesús a los discípulos de Juan es la clave: “Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan… (Mt 11, 4-5 par). Y conste que lo más elocuente, de lo que dijo Jesús, es el final: “Y ¡dichoso el que no se escandalice de mí!” (Mt 11, 6). Cuando la preocupación central de la religión no es el pecado, sino que es la salud de los que sufren, hay gente que se escandaliza. Justamente lo que estamos viviendo, desde hace varias semanas. Ya no se aplaude a los curas y sus ceremonias. Se aplaude a los médicos y a quienes les ayudan para superar y vencer la pandemia, el sufrimiento, el abandono de tantos enfermos.

¿Qué hacía Jesús? ¿Qué nos dice el Evangelio? Jesús no habló de templos, ni de conventos, ni organizó una religión como la que tenemos. Si  el Evangelio tiene razón, recordemos lo que Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén….. Se acerca la hora…, ya ha llegado, en que los que dan culto verdadero, adorarán al Padre espíritu y en verdad” (Jn 4, 21-24). Discuten los entendidos el sentido exacto de este texto. Lo que no admite dudas es que Jesús afirma que la adoración a Dios no está asociada a un lugar determinado. Tengas templo o no lo tengas, lo importante de verdad es la honradez, la honestidad, la bondad, la lucha contra el sufrimiento y el empeño por humanizar este mundo y esta vida.

¿Es esto lo que estamos viviendo? ¿Es esto lo que aplaude la gente? ¿Es éste el nuevo giro que (empezando por la forma de ser y de vivir del papa Francisco) está tomando la Iglesia? Lo más lógico es pensar que la religión no se hunde. Se está desplazando. Y a mí, lo que me parece es que está abandonando el templo. Y está recuperando el Evangelio. No como creencia religiosa (que eso lo teníamos muy claro), sino como forma de vida. Una forma de vivir de la que estamos muy lejos. Y que urge recuperar cuanto antes.

José M. Castillo

Fuente Fe Adulta

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¡Feliz Día del Orgullo LGTBI!

Domingo, 28 de junio de 2020

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Un día de reivindicación, un día de manifestación, por quienes no pueden hacerlo.

Un día de acción de gracias por ser como somos, porque el Dios Trinidad nos ha hecho diversos en la comunión

Un día para decirles a los jerarcas de nuestras diferentes denominaciones que se equivocan marginándonos en las iglesias, sinagogas, mezquitas…

Un día para gritar a los cuatro vientos ¡Gracias Padre porque nos has hecho así y nos amas!

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¡¡¡Feliz Día del Orgullo!!!

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Y para la lectura espiritual que publicamos cada día, te recomiendo detenerte un momento a lo largo del día y disfrutar con este artículo que ya publicamos hace dos años al que puedes acceder pinchando aquí: “Beato Bernardo de Hoyos: El matrimonio místico entre personas del mismo sexo con Jesús”

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José Arregi: “Hoy asistimos a la crisis o al derrumbe del universo cultural sobre el que se sustentan las religiones tradicionales”

Sábado, 13 de junio de 2020

Iglesia-Europa_2232386777_14614544_660x371“Repensar la política, la economía, la producción, el mercado, el consumo y… el hambre. Las ciudades, la vivienda, el transporte, la movilidad, la locura turística. La información, la educación, la cultura, la salud integral”

“Los indicios de voluntad de retorno en la Iglesia son numerosos: indulgencias y jubileos, absoluciones “sacramentales” por teléfono, profusión de tele-eucaristías sin más comunidad que un sacerdote investido de poder para realizar el milagro de la transubstanciación, exorcismos contra el Covid-19, campañas de 500.000 avemarías y promoción de rosarios”

Anhelamos un mundo desconfinado, una nueva comunidad humana en alianza vital planetaria. Cuándo y cómo sea dependerá de muchas cosas, también de los virus, pero dependerá sobre todo de lo que los seres humanos decidamos hacer hoy.

Es la hora de repensarnos a fondo, de repensar la política, los partidos, los estados, las fronteras. La economía, la producción, el mercado, el consumo y… el hambre. Las ciudades, la vivienda, el transporte, la movilidad, la locura turística. La información, la educación, la cultura, la salud integral. La ONU, la UNESCO y la OMS. Y de preguntarnos simplemente: ¿Qué es lo que nos hace felices, felices de verdad?

Es la hora de repensar también la religión, las religiones, el cristianismo y la Iglesia. Es como si de pronto – aunque la cosa viene de lejos, desde hace cuando menos 500 años, desde el fin de la Edad Media– la Iglesia se sintiera bruscamente sacudida en los cimientos culturales y religiosos que la han sustentado desde que el movimiento reformador y carismático de Jesús se convirtió, hacia finales del siglo I, en Iglesia institucionalizada, en nueva religión, el cristianismo. Hubo todavía otras Iglesias, pero “la gran Iglesia” de Pedro y Pablo –ellos nunca lo pudieron sospechar, menos el primero que el segundo– con centro en Roma –ni Palestina, ni Siria, ni Egipto– se impuso. Cosas de la historia.

Pero lo que la historia erige la historia lo abate. Hoy asistimos a la crisis o al derrumbe del universo cultural sobre el que se sustentan las religiones tradicionales, más concretamente las Iglesias cristianas con todas sus diferencias históricas. El vacío de las iglesias durante el confinamiento es un impresionante reflejo de lo que ya venía sucediendo y que dentro de pocos años acabará de suceder. No es un infortunio, sino un signo de los tiempos. ¡Ojalá la Iglesia lo supiera entender y convertir en oportunidad de gracia –en la jerga teológica se le llama kairós– para una profunda metamorfosis!

Comprendo que muchos –obispos en cabeza– reclamen el desconfinamiento no para convertirse al futuro del Espíritu sino para volver al pasado de la institución. Los indicios de esta voluntad de retorno son numerosos: indulgencias y jubileos, absoluciones “sacramentales” por teléfono, profusión de tele-eucaristías sin más comunidad que un sacerdote investido de poder para realizar el milagro de la transubstanciación, exorcismos contra el Covid-19, campañas de 500.000 avemarías y promoción de rosarios contra la pandemia, preguntas de por qué “Dios” permite que pase todo esto… Iglesia confinada en el pasado.

Escribo estas líneas entre las fiestas litúrgicas de la Ascensión y de Pentecostés, 21 y 31 de mayo respectivamente. Ascensión y Pentecostés no tienen nada que ver con hechos históricos separados en el tiempo. Son logradísimas imágenes, bellas y extraordinariamente expresivas, metáforas del espíritu originario y del horizonte infinito que inspiran lo mejor de la Iglesia y la desconfinan.

Cuentan los Hechos de los Apóstoles que, “cuarenta días” después de la muerte de Jesús que como toda muerte fue resurrección, sus discípulas y discípulos seguían confinados, esperando ansiosos la pronta instauración del reino de Dios que Jesús había anunciado y en el que ellos soñaban groseramente ocupar los puestos más altos. De repente Jesús se presentó y los invitó a desconfinarse. Salid –les dijo–. No me busquéis en el pasado. Liberaos de vuestros sueños y dogmas, templos y misas sacrificiales, clericales, del viejo mundo. Poneos en camino hacia los confines sin fin de esta maravillosa tierra redonda y viva. En el corazón de la humanidad, en la solidaridad cotidiana, en la comunión de los vivientes, allí me encontraréis”. Y los llevó al campo, a la intemperie. Y allí “le vieron elevarse hasta que una nube lo ocultó a su vista”. Se fue.

Pero ellos seguían aferrados a la forma y la certeza, y se volvieron a encerrar en el Cenáculo de Jerusalén, hasta que, diez días después, en la fiesta de Pentecostés o “Cincuenta”, fiesta judía de las primicias de la cosecha y de la Ley de la Libertad, sintieron que el Espíritu de la nueva creación bullía en su interior, “y comenzaron a hablar según el Espíritu les movía a expresarse”. Hablaban libremente y anunciaban en arameo la alianza de todos los pueblos. Había allí gente de todos los países y “cada uno les oía hablar en su lengua materna”, a la inversa de la confusión de Babel. Y salieron.

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , ,

Mariano Delgado: “En todas las religiones la experiencia mística tiene por objeto superar el egocentrismo”

Martes, 2 de junio de 2020

Lutero Vs. Santa Teresa“No es una casualidad que Martín Lutero y Teresa de Ávila comentaran con detalle el ‘Padre Nuestro’, y que Juan de la Cruz lo recomiende como la única oración realmente necesaria de un cristiano, porque en ella ‘se incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales'”

“La mejor oración para Eckhart es ‘Señor, no me des nada más que lo que tú quieras’; y esto es porque al hacerlo uno se deshace de su propio yo'”

Sin superar el narcisismo primario, que se expresa en el egocentrismo, no existe una experiencia mística en general ni una experiencia cristiana en particular.

En todas las religiones, la experiencia mística tiene por objeto superar el “egocentrismo”, como ha subrayado el filósofo Ernst Tugendhat (Egozentrizität und Mystik, 2003). La concepción previa y el relato de la experiencia mística son por lo demás tan diferentes que se puede decir con el filósofo judío de la religión Gershom Scholem que básicamente no hay experiencia mística en la historia de las religiones “como un fenómeno o una visión que exista en sí misma independientemente de lo demás”. Más bien hay “experiencia mística de algo, de una cierta forma religiosa: la experiencia mística del cristianismo, del islam, del judaísmo”, etc.

Esto tiene que ver con el hecho de que la experiencia mística siempre es una “experiencia interpretada” sobre el trasfondo de la propia lógica religiosa, de la propia fe, en un acontecimiento dialéctico, como decía Edward Schillebeeckx: “La experiencia influye en la interpretación y la evoca, pero la interpretación también influye en la experiencia […] Experimentamos interpretando sin poder separar claramente el momento de la experiencia y el momento de la interpretación”.

“Sino como quieres tú“

Cuando Jesús, durante la oración en Getsemaní, pidió a su “padre” que pasara de él el amargo cáliz de su muerte en la cruz, añadió la fórmula básica de la mística cristiana: “Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú” (Mt 26:39). Por lo tanto, “hágase tu voluntad” es la petición central del “Padre Nuestro”, la oración enseñada por Jesús.

Lo mismo dijo su madre al arcángel Gabriel, cuando éste le anunció la concepción de Jesús por obra y gracia de Dios: “hágase en mí según tu palabra”. (Lc 1:38). La mística cristiana trata de la unidad amorosa del hombre con Dios, que, como en un matrimonio por amor, brota del libre consentimiento de la voluntad humana, porque el amor de Dios lo tenemos siempre como expresión de la gratuidad y universalidad de su gracia.

Siempre que rezamos conscientemente “Hágase tu voluntad” por puro amor a Dios y como expresión de nuestro libre consentimiento, y no por una entrega fatalista en sus manos, tiene lugar la unión mística en las condiciones de la vida cotidiana. No es una casualidad que Martín Lutero y Teresa de Ávila comentaran con detalle el “Padre Nuestro“, y que Juan de la Cruz lo recomiende como la única oración realmente necesaria de un cristiano, porque en ella “se incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales”.

Un maestro místico con gran formación teológica como el Maestro Eckhart († 1328) lo ha entendido muy bien cuando concentra sus Discursos sobre el discernimiento o instrucciones espirituales especialmente en el “Hágase tu voluntad“. El abandono de la propia voluntad es el prerrequisito para ser “conformado a la voluntad de Dios”. La mejor oración para él, por lo tanto, es “Señor, no me des nada más que lo que tú quieras“; y esto es porque al hacerlo uno “se deshace de su propio yo”. Para el Maestro Eckhart y para los grandes místicos cristianos, la renuncia o la superación del “egocentrismo”, el “desprenderse de todas las cosas de este mundo”, el “no estar atado a nada”, la “serenidad” o la “santa indiferencia” son el símbolo por excelencia de una buena voluntad.

Para los místicos cristianos, esto no significa retirarse del mundo al solipsismo espiritual, sino todo lo contrario: la conformación con la voluntad de Dios superando el egocentrismo es la condición para el compromiso con el mundo, propio de un cristiano: para trabajar en la conformación del mundo con la voluntad divina, luchando por los valores mesiánicos del Reino de Dios, por la justicia y la equidad, por la libertad y la verdad, por la solidaridad y la paz, por unas condiciones de vida humanas para todos más allá de las barreras de raza y clase, nación y religión, por la protección de los más débiles, por la ternura con los que han sido marcados por el destino, por la preservación de la creación, y también por la difusión del mensaje del Dios bondadoso y misericordioso, amigo del hombre.

Y esto vale también, cuando uno vive por vocación la vida contemplativa, tratando en amistad con Dios (ésa es la grandiosa fórmula teresiana de la oración) “por el mundo”, por la salvación “de todos”.

Conocimiento de sí mismo y conocimiento de Dios

La forma de superar el egocentrismo en la mística cristiana es la unión del conocimiento de nosotros mismos con el conocimiento de Dios. Este proceso de purificación es más doloroso que cualquier psicoanálisis. A Dios no podemos engañarle, no podemos ocultarle nada, porque Él nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos (Sal 139), y ningún rincón de nuestro “yo” le permanece oculto. Por lo tanto, este proceso va acompañado de “lágrimas” de arrepentimiento. Además, el lema del psicoanálisis es sacar a flote lo sumergido y reprimido en el subconsciente (“donde estaba ello, tengo que estar yo“), mientras que la mística cristiana trata de reconocer el propio yo “ante Dios” y “su voluntad”.

El fundamento o virtud básica para ello es la humildad. Esta es indispensable para responder ante Dios a la pregunta: “¿Quién soy?”. Como dijo la Santa andariega: “mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza, y mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos estamos de ser humildes”. La humildad es entonces un símbolo para nuestra necesidad de salvación, para nuestra dependencia del amor y la gracia de Dios, pero también para el reconocimiento de nuestra dignidad y de nuestra vocación al trato de amistad con Dios: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad” (Sal 8:5-6).

Cuando Teresa define la humildad como “andar en verdad”, se refiere a la verdad de nuestra existencia humana “ante Dios”. En otro lugar lo ha expresado de esta manera: la verdadera humildad es “conocer lo que él [Dios] puede y lo que yo puedo”, es decir, tomar conciencia de la diferencia entre el Creador y la criatura. Para Teresa, la humildad es el “fundamento” del Castillo interior, y la falta de humildad el mayor problema en el camino espiritual de la conformación con Cristo. Para Teresa no hay “cosa que más nos importe que la humildad”. La humildad es lo contrario de la hibris de los ángeles caídos, lo opuesto a la duradera tentación del hombre de querer ser “como Dios”, lo opuesto a una comprensión prometeica (o pelagiana) de la naturaleza humana que sobrevalora sus capacidades, independientemente de nuestra “ruindad”, por decirlo en el lenguaje teresiano.

La fuente mística

El místico cristiano, que ha practicado la virtud de la humildad en el proceso de autoconocimiento ante Dios y ha superado su propio egocentrismo, no ve en la fuente (en la creación) su propio reflejo como un “narcisista” espiritual (¡Ay del narcisismo espiritual en el clero y la vida religiosa, que tanto fustiga el Papa Francisco!), sino más bien el rostro y las huellas de Dios, que le animan a seguir trabajando en la conformación del mundo con su Reino, y que refuerzan su anhelo por la “visión” final de Dios, en el otro mundo, de un Dios encarnado, siempre dispuesto a nuestro encuentro, con el que ya se sabe inseparablemente unido en éste (Rom 8:35-39). Por eso, Juan de la Cruz, el poeta del anhelo ardiente, nos regaló estos versos tan diferentes de la fuente de Narciso:

“¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!”

Fuente Religión Digital

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Espiritualidad en tiempos de fragilidad: “Esa cosa que no tiene nombre”

Jueves, 14 de mayo de 2020

Busqueda-espiritual-tiempos-complicados_2224887513_14535969_667x375“Ni la razón ilustrada y su deslumbrante tecnología, ni la poderosa y dominante “ciencia” económica, ni siquiera las religiones están ofreciendo instrumentos suficientes para superar esta brutal agresión”

Debilidad humana y protección de la vida

Me pides, Ruth, una reflexión para tu libro sobre la espiritualidad justamente cuando el confinamiento por el coronavirus se está haciendo más pesado. Y entre los muchos detalles que ya están aflorando en esta pandemia como cuando en días de niebla la luz del sol va dejando aparecer la realidad del paisaje- hay uno del que apenas se habla porque, quizás, inconscientemente lo tenemos ya asumido. Me refiero a “la debilidad de la humanidad para proteger la propia vida humana”. Ni la razón ilustrada y su deslumbrante tecnología, ni la poderosa y dominante “ciencia” económica, ni siquiera las religiones están ofreciendo instrumentos suficientes para superar esta brutal agresión. ¡Y soñábamos con que ya disponíamos de un sistema que nos ponía al borde del “final de la historia”! Lo cierto es que ha bastado un desconocido y maléfico virus para despertarnos de este inmodesto sueño y hacernos sentir la fragilidad de los soportes en que estamos apoyando la vida.

Las calles y plazas desiertas están siendo un símbolo elocuente de nuestra propia fragilidad. Algo muy sustancial estamos ignorando para mantener la vida del ser humano y del planeta. ¿Se nos ha apagado el espíritu? Lo advertía ya muy acertadamente en el siglo pasado el filósofo y premio nobel de literatura Henri Bergson: disponemos de un cuerpo muy grande, decía, y de un alma muy pequeña. Necesitamos un “suplemento de alma”.

Espiritualidad y religión

La espiritualidad, raíz y fundamento de todas las culturas, no puede confundirse con la religión, son realidades distintas. Pero, la verdad es que la espiritualidad casi siempre se ha presentado vinculada a las religiones. Difícil abordarla sin esta referencia. Y no puede decirse que este matrimonio haya sido siempre negativo. Aun hoy día muchas personas encuentran en la cosmovisión religiosa razones suficientes para vivir con esperanza y para morir en paz. La religión ha prestado a la espiritualidad una visibilidad concreta de la que carece; le ha dado verticalidad y horizontalidad y ha proyectado sobre ella ricas axiologías y hasta una nutrida teodicea… En contrapartida, la espiritualidad ha prestado a las religiones arraigo y fundamento humano, historicidad y esa movilidad que necesitan las religiones para ir encarnándose en la historia contra la tentación de fijación de sus mismos dogmas y axiomas.

No sería justo condenar globalmente, desde la historia, todas las consecuencias de esta vinculación. Aunque la multiculturalidad de hoy día nos exige, por honestidad con la realidad, su divorcio o separación, al menos para reconocer la identidad y el lugar propio de cada una.

Secularización y vaciamiento de espíritu

Con la llegada y la fascinación provocada por la modernidad, los maestros de sospecha” anunciaron a bombo y platillo “la muerte de Dios”. Y a este contundente anuncio le ha seguido un largo período de “desacralización” y “desmitologización” que ha abocado finalmente en el impresionante fenómeno de la “secularización” que recorre, principalmente, el mundo occidental. Hasta las religiones, guiadas por sus teólogos, han coadyuvado a este proceso secularizador como exigido desde sus mismas fuentes fundadoras. El fenómeno ha acabado vaciando los templos y sumiendo, a su vez, en el “indiferentismo religioso” y vaciamiento de espíritu a gran parte de la humanidad.

¿Se trata de una crisis de las formas institucionales más superficiales de las religiones, o, más al fondo, la crisis afecta al propio factor religioso, lo que, más allá de la sociología, afectaría a sus mismas raíces antropológicas y filosóficas? Sea cual sea la respuesta a esta cuestión, lo cierto es que, agotado el espíritu religioso, el vacío se ha venido llenando con las apetencias materiales y más primitivas del ser humano, convertido en “homo” fundamentalmente “oeconomicus”, para el que la acumulación y el consumo representan la máxima aspiración. Un ser humano sometido al imperio del comercio y definido mayormente por el dinero, rodeado de una plétora de cosas materiales que acaban ahogándole el espíritu. En un paisaje, así dibujado, se entiende mejor el grito de Bergson reclamando “un suplemento de alma”.

La vuelta de las religiones

Lo sorprendente y paradójico es que, en este ambiente secularizado, estén volviendo las religiones. Esto es lo paradójico. Ya a fínales del pasado siglo se había anunciado su retorno, interpretándolo como “la revancha de Dios”. Y la creciente expansión del pentecostalismo protestante en América y la atracción del carismatismo católico en las últimas décadas llegando hasta los umbrales del mismo Vaticano parecen ya un anuncio suficiente de este retorno. Sorprendente. La llegada al poder de populistas como Bolsonaro en Brasil o de Trump en EE. UU de la mano de estas llamadas “Iglesias electrónicas” no será más que su lógica consecuencia.

Se vuelve a repetir la unión entre el trono y el altar, fórmula ya superada por la modernidad. Lo paradójico es que, en este contexto de secularidad, se vuelva a unas formas de religión alienante y fervorasamente individualista, a la mitología y la magia, al “opio del pueblo”.

Contra todo esto surgió, al final del Vaticano II, el Pacto de las Catacumbas y la opción por los pobres, posteriormente desplegado en la Teología de la Liberación.

Intensa búsqueda de sentido

Ante este retorno banal y hasta vergonzante de unas formas religiosas vueltas al pasado, sin propuesta profética ni utopía, y ante un sistema inmanente y sin transcendencia, cerrado en la materialidad de la vida, muchos especialistas están descubriendo ya una “intensa búsqueda de sentido” más allá de la acumulación y el consumo. ¿Una “espiritualidad? Se constata que, desde el cansancio de una vida sin más valores que la economía, está aflorando, con dificultad, un nuevo comienzo, “un tiempo eje”, similar a aquel del siglo VIII antes de nuestra era, calificado por el filósofo Karl Jasper como “tiempo Axial”  donde se dio simultáneamente en muchos lugares del planeta, una verdadera explosión del espíritu en todos los ámbitos del saber y de la creatividad humana.

No sé si este fenómeno es ya una incipiente respuesta a ese “suplemento de alma” que reclamaba con insistencia Bergson. La verdad es que se orienta a apuntalar eso que es patrimonio de toda la especie humana y que a todos nos une radicalmente desde nuestras enormes diferencias. ¿Se trata de eso que hemos llamado “espiritualidad”?

“Esa cosa que no tiene nombre”

No tenemos aún acuñada esa palabra que lo identifique a gusto de todo el mundo, pero, quizás, a eso se estaba refiriendo Saramago en el “Ensayo sobre la ceguera” –tan de nuestros días por el coronavirus cuando afirma rotundamente que “hay en nosotros una cosa que no tienen nombre, esa cosa es lo que somos”. Y “esa cosa que no tiene nombre”, es ecuménica, ecológica, laica, es holística, es del ser humano. Es dato y es patrimonio común, en nada opuesto a la religión, pero previo a cualquier forma religiosa y posterior a toda religión. “Eso que somos nosotros”, tan profundamente humano, que nos solidariza y “projimiza” con todas las formas de vida, que nos enraíza en la tierra… a “eso si nombre” nos referimos cuando hablamos de “espiritualidad”.

Evaristo Villar

Fuente Religión Digital

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Jesús Espeja: “En una sociedad laica la verdad sobre Dios se mide más desde los derechos del hombre que desde la autoridad religiosa”

Martes, 25 de febrero de 2020

Laicite“En una sociedad laica y postcristiana como la española para hablar de Dios como fundamento y afirmación de lo humano parece que hay sendas cerradas. Descartemos una presencia oficial y pública de la religión para que todos acepten al Dios que esa religión les imponga”

“Hablar de Dios como amor encarnado. Dios es amor no en abstracto sino presente activo en el corazón y en la conducta histórica de los seres humanos”

“También guardo silencio ante muchos que se dicen no creyentes en Dios, pero tienen fe en el ser humano, y hacen lo posible por defender su dignidad”

“La ideología con que está funcionando el neoliberalismo económico es diabólica”

¿Hablar de Dios en una sociedad laica?

1. Una sociedad laica

 Por laicidad – de “laos”,pueblo- entendemos aquí la doctrina y puesta en práctica de la misma que defiende la autonomía de las personas y de la sociedad- por tanto también del Estado u organización de la misma-respecto a cualquier imposición foránea, de la religión o de otras instancias. Tiene que ver mucho con la democracia : régimen en que las personas y la sociedad humana logran su mayoría de edad haciéndose sujeto de sus propias decisiones.

Por tanto a la laicidad se oponen igualmente, por distinto extremo, el confesionalismo del Estado y el laicismo. El confesionalismo del Estado que incluye también al Gobierno es la imposición oficial de una religión para todos como por ejemplo ocurría en el nacinalcatlicismo dentro de la sociedad española. Por el otro extremo el laicismo sería la imposición del ateísmo oficialmente para todos los ciudadanos, en todas las instituciones estatales incluido el Gobierno.

Los dos extremos se oponen a la libertad religiosa : el derecho que toda persona tiene practicar un religión, varias o ninguna. El Gobierno tiene obligación de salvaguardar ese derecho dentro del bien común; de ahí su carácter aconfesional. Se comprende que una sociedad laica debe ser plural pues cada ciudadano tiene sus puntos de vista, su comprensión de la existencia y su forma de organizarla.

2. ¿Hablar de Dios en situación de indiferencia masiva?

De Dios hablan las religiones. Y en una sociedad laica la presencia pública de la religión no debe ser de poder o consorcio con el poder, sino testimonial y en defensa siempre la dignidad humana.

Pero la sociedad laica, como hoy se va configurando la española, está integrada por ciudadanos con distinta posición respecto a Dios. Hay fervientes cristianos que viven su fe como experiencia de Dios revelado en Jesucristo, y hay otros que funcionan con imágenes de la divinidad fabricadas por ellos; aferrados a esas imágenes, no es infrecuente un fundamentalismo cerrado a la tolerancia y al diálogo con los diferentes. En el s. XIX los llamados “filósofos de la sospecha -.Feuerbach, Nietzsche,Marx y Freud- proclamaron la muerte de Dios como consecuencia de su humanismo; no podían aceptar una divinidad contraria o rival del ser humano. Así lo sugería Feuerbach, de algún modo inspirador de estos filósofos : “quien no sabe decir de mi sino que soy ateo, no sabe nada de mí…; yo niego a Dios; esto quiere decir en mi caso: yo niego la negación del hombre”. La muere de Dios formulada por Nietzsche tuvo su eco en ambientes universitarios del siglo pasado. En 1971 una Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes reconoció: “el mundo moderno ya está aquí, dentro de casa”.

Pero en los últimos años los postmodernos vienen a decir que Dios no hace falta para nada. En 1796, el científico Pierre-Simon Laplace publicó ‘Exposición del sistema del mundo’. Refiriéndose a esa obra, Napoleón comentó “Me cuentan que ha escrito usted este gran libro sobre el sistema del universo sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador”, y Laplace contestó: “Señor, nunca he necesitado esa hipótesis”. Esa respuesta que tiene su significado en la investigación científica, se ha plasmado en una indiferencia religiosa masiva : Dios es un tema carente de interés, irrelevante; no es ni problema; una especie de “increencia por apatía”. No importa la cuestión de Dios porque tampoco importa la condición del ser humano. Una cultura líquida mantiene a la mayoría en esa “ceguera blanca” y superficial que tan bien describió hace unos años el portugués nobel José Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera”: como si estuviéramos sumergidos en un mar de leche, la ceguera blanca impide a las personas, sin daño físico en sus ojos, ver la realidad que tienen delante.

Si el tema Dios carece de interés y de significado para tantos sumergidos en esa ceguera blanca que se manifiesta en la indiferencia religiosa ¿merece la pena seguir hablando de Dios? ¿no será mejor guardar silencio? . Parece comentable este silencio pues el misterio que llamamos Dios nos desborda; “si lo comprendes, ya no es Dios”, decía San Agustín. Pero este mismo santo escribió:”Dios mío, aunque bien poco dice de ti en realidad quien de ti habla ¡ay de aquellos que callan de ti, porque teniendo el don de la palabra se han vuelto mudos!”.

En 1956 el filósofo judío Martín Buber escribió un breve y substancioso libro titulado “Eclipse de Dios”. Mira el panorama :“¿Dios? Sí, dije, esta palabra es, de entre todas las palabras humanas, la que soporta la carga más pesada. Ninguna de ellas ha sido tan manoseada ni tan quebrantada…; las distintas generaciones humanas han depositado sobre ella todo el peso de sus vidas angustiadas, hasta aplastarla contra el suelo; allí está, llena de polvo y cargada con todo ese peso”¿Por qué no dejar que esa palabra muera en el olvido? Y el pensador Buber responde: “Es cierto que los hombres dibujan caricaturas y debajo escriben la palabra ´Dios´.

Por eso debemos estimar a los que no la admiten porque se rebelan contra la injusticia y el abuso que tan de buen grado se justifican con la palabra `Dios`. Pero “las diferentes generaciones humanas han destrozado esta palabra con sus divisiones religiosas; por ella han matado y han muerto; en ella están todas y cada una de las huellas de sus dedos ¿Dónde podría encontrar yo una palabra mejor para describir lo más alto?” Por eso “no podemos abandonar esa palabra…; no podemos limpiarla, no es posible lograrlo del todo; pero levantarla del suelo tan profanada y rota como está, y entronizarla después de una hora de gran aflicción, esto sí podemos hacerlo”. Frente a la indiferencia del postmoderno que considera el tema Dios como pasado de moda, tanto el ateísmo clásico que combatió a Dios para defender al ser humano como la fe cristiana que celebra la encarnación o presencia de Dios en lo humano, ven la necesidad de hablar hoy de Dios.

3. De qué Dios hablar

La cuestión primera hoy no es la existencia de Dios, sino el contenido que damos a esa palabra. Ahí se juegan también la verdad y el sentido del ser humano. En 1972 salió en español el libro de H. Zahrnt, “ A vueltas con Dios” donde ya se ve la actualidad del tema en el campo de la reflexión teológica.

En algún tiempo me tocó exponer como profesor de filosofía las cinco vías que siguiendo al filósofo Aristóteles, Tomás de Aquino desarrolló magistralmente. Aunque a veces se han interpretado estas vías como argumentos apodícticos, en realidad solo apuntan a lo que necesitan los seres humanos; el mismo Santo Tomas dice que a “Dios le conocemos com a un desconocido”. En el s. XVIII Manuel Kant, referencia más significativa de la Ilustración, dejó claro que a la existencia de Dios no se llega por la razón, pero al mismo tiempo admitió que también la razón pura o teórica tien sus límites, y la razón práctica postula esa existencia; “tuve que suspender el saber para dejar espacio a la fe” .

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En el siglo XIX los llamados “filósofos de la sospecha” afirmaron que Dios era una proyección del ser humano, una creación de su anhelo. Es indudable que en todo conocimiento humano hay una proyección del propio anhelo; pensemos por ejemplo en el conocimiento de la persona amada. También es verdad que nada existe porque yo lo desee. Pero ¿por qué de antemano negar que exista algo deseado? ¿Por qué no debe existir y ha de ser pura ilusión una realidad misteriosa llamada Dios que se experimenta, venera y adora desde hace miles de años en sinagogas, templos, mezquitas y pagodas? .Hace tiempo leí con gusto el libro de Manfred Lütz, “Dios. Una breve historia del Eterno”; deja claro que en la historia del pensamiento muchos han negado que Dios exista, pero ninguno ha demostrado la verdad de su tesis.

La cuestión primera hoy no es si existe o no existe Dios, sino de qué divinidad estamos hablando Porque ¿de dónde se saca que Dios representa un perjuicio para la humanización del ser humano?. ¿Qué fundamento hay para concluir que la fe en Dios es incompatible con la libertad, igualdad y fraternidad que proclama la Ilustración europea?.

Dos fenómenos ya son indicativos

En mi conversación con intelectuales agnósticos españoles y sobre todo colaborando con destacados pensadores cubanos ateos, he visto que niegan a Dios porque están en contra de la religión institucionalizada, en contra de la Iglesia percibida como opuesta a todo progreso científico y a la democracia política; en consorcio con el poder, con un espiritualidad evasiva de los problemas sociales, como factor narcotizante de los pobres, y justificando la posición privilegiada e injusta de los grupos dominantes. Identifican a Dios con lo que han percibido en un práctica religiosa que puede girar en torno a un ídolo, un falso absoluto.

Por otro lado estamos constatando el descalabro en funcionamiento de la sociedad laica. Está procediendo como si Dios no existiera; lo cual es positivo pues la divinidad no es tapagujeros y los seres humanos debemos asumir nuestra responsabilidad en el desarrollo de este mundo. Pero la legítima autonomía sin referencia del Creador, está generando un individualismo feroz y una ideología imperialista entre los pueblos que cada día sufren más la injusticia y la escandalosa pobreza. Parece que se hace triste realidad lo que a madiados del siglo pasado diagnosticaba H. de Lubac: “No es verdad que el hombre, aunque parezca decirlo algunas veces, no pueda organizar la tierra sin Dios; lo cierto es que, sin Dios, no puede , en fin de cuentas, más que organizarla contra el hombre”¿No estaremos también aquí cayendo en la idolatría?

Dios es amor.

Demos por supuesto que a Dios nadie le ha visto. Por tanto lo que digamos de él es siempre deficiente. Dejemos a Dios ser Dios y matemos nuestros dioses como sugiere el título de un libro de José Mª Mardones, un profeta de nuestro tiempo. Tres referencias desmontan falsas imágenes de la divinidad fabricadas por las mentes calenturientas de los mismos cristianos.

Jesús de Nazaret, a quien los cristianos confesamos Enviado, Palabra, Hijo, Presencia de Dios en condición humana, es condenado por blasfemo. Hay una visión de Dios según la cual Jesús es condenado como blasfemo, y hay otra visión de Dios que está dentro del Crucificado perdonando a los verdugos ¿Con cuál de los dos nos quedamos?

El Vaticano II sigue rechazando el ateísmo. Pero en vez de argüir directamente contra los ateos, se vuelve hacia los creyentes cristianos e interpela: “El ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en la génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión”.

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Javier Melloni: “Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana”

Viernes, 21 de febrero de 2020

unnamed“Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana…Las religiones son dedos apuntando la luna, pero no son la luna”

“Las religiones proporcionan el marco donde ejercer el continuo acto de elección por la Vida, estimulando actos cada vez más lúcidos y libres”

“Los tres ámbitos que abrazan las religiones (el divino, el humano y el cósmico) están implicados en cada religión simultánea y recíprocamente”

“Las religiones, siendo vías hacia el absoluto, tienen el peligro de absolutizarse a sí mismas”

En la etimología de la palabra se halla la clave de lo que buscamos: las religiones son un religare, un relegere y un religere de la aspiración humana por lo Esencial. Religare implica “crear vínculos”, “establecer lazos” con la triple dimensión de la realidad: la divina, la humana y la cósmica. A cada uno de los tres ámbitos le corresponde una característica: las creencias están en relación con Dios; los códigos de comportamiento se relacionan con el grupo humano, y en los ritos nos ponen en relación con el mundo y la naturaleza, en tanto que nos sitúan en las coordenadas de tiempo y espacio.

Relegere significa “releer”, “interpretar” el misterio de Dios, el sentido de la vida y de la muerte, de la existencia de cada uno, el porqué del mal… Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana. El Misterio permanece inalcanzable, siempre más allá de cualquier interpretación que se haga de él.

Las religiones son dedos apuntando la luna, pero no son la luna. Indican una dirección a seguir hacia un Allá –oculto en cada Acá- que trasciende cualquier palabra y cualquier vehículo, porque Dios permanece siempre más allá de todo y también siempre más acá en todo.

Religere significa elegir una y otra vez, con plena libertad y lucidez, el camino que uno siente ser llamado a recorrer. Las religiones proporcionan el marco donde ejercer el continuo acto de elección por la Vida, estimulando actos cada vez más lúcidos y libres.

Las tres posibles etimologías tienen en común el re- que las precede. El prefijo indica que estos vínculos no son estáticos sino que están en movimiento, en la medida en que son capaces de adaptarse a las situaciones cambiantes que se dan en cada tiempo y generación. Sin este prefijo de reduplicación y de dinamismo, las religiones pueden convertirse en prisiones que, al no renovarse, caen en la inercia o constriñen y acaban en coacción.

Los tres ámbitos que abrazan las religiones (el divino, el humano y el cósmico) están implicados en cada religión simultánea y recíprocamente, ya que el modo de concebir la divinidad marca el modo de comprender la humano y de relacionarse con el cosmos, así como el modo de comprender lo humano determina nuestra relación con lo divino y con lo cósmico, y nuestro modo de estar y relacionarnos con el mundo determina nuestras imágenes de Dios y nuestras relaciones con los demás. Por ello, toda religación es al mismo tiempo una interpretación de la realidad. El modo de vincularse crea una determinada comprensión y desarrolla unos determinados valores.

Los textos sagrados contienen la “revelación” de esos códigos de comportamiento y los momentos fundantes de los actos que después se ritualizarán.

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Religiones

Cada religión ofrece una constelación de creencias, criterios de conducta y rituales para que las personas experimenten que no están solas ni aisladas, sino que forman parte de un tejido de vínculos y relaciones que los hacen entrar en comunión con el Todo liberándolos de la soledad, de la confusión o de la incertidumbre. Cada religión ofrece el legado de una larga tradición donde los diversos elementos tienen coherencia en su conjunto.

Podemos identificar tres grandes constelaciones religiosas en la humanidad: las religiones cósmicas, las personalistas y las oceánicas. En la triple apertura que todas ellas hacen posible hacia lo divino, lo humano y lo cósmico, las religiones cósmicas –fundamentalmente las aborígenes- viven su experiencia humana y de lo sagrado a partir del contacto con la naturaleza; las religiones personalistas –el judaísmo, el cristianismo y el islam- ponen su acento en la dimensión ético-comunitaria y en el valor de cada persona, ya que emanan de la experiencia de un Dios personal; y las religiones oceánicas se caracterizan por la noción de un Todo en el que las individualidades emergen y se sumergen continuamente. Cada religión contiene los elementos que el ser humano requiere para hacer su camino de transformación hacia el origen, pero cada una de ellas ordena estos elementos de un modo particular y único.

Ninguna religión se considera “inventada” por una persona, sino que está fundada a partir de un acontecimiento que sobrepasa la realidad humana y que tiene un origen sagrado. Por esto hablamos de revelación, porque se considera que algo o alguno ha traspasado el velo del Misterio por iniciativa de lo divino que querer mostrarse. Pero el revelarse del Misterio desvela tanto como vela, porque Dios, lo divino, lo trascendente, está atravesado por un excedente que lo preserva en su inagotablidad.

No es posible comprender una religión sin captar su núcleo fundante, aquella experiencia o acontecimiento originario que la excede desde el comienzo y la atrae a la vez desde el fin, porque en toda experiencia religiosa, lo que está al inicio está al final y lo que está al final está al inicio, a la vez que se está llamado a ser vivido en el presente. No es posible captar ese núcleo sin abrirse a la experiencia integral que comporta. Por ello es tan difícil comprender en verdad un camino religioso que no sea el propio.

Hay algo muy importante a considerar: las religiones, siendo vías hacia el absoluto, tienen el peligro de absolutizarse a sí mismas. Aunque ellas mismas tienen el antídoto para no caer en este peligro, ya que todas se remiten a un Origen que las trasciende. En el caso del judaísmo, el nombre de YHVH es un no-Nombre, porque es un nombre impronunciable; en el islam, Allah Akbar, “Dios es siempre mayor”, recuerda que toda imagen o apropiación de Dios es idolatría; en el hinduismo, Brahman solo ha mostrado una cuarta parte de su ser; en el budismo, el vacío (sunyata) preserva de toda tentación de substantivación, lo mismo que en el taoísmo, donde el Tao, el flujo de todas las cosas, no se deja atrapar en ninguna.

Para nosotros, en el cristianismo, se trata del dinamismo del acontecimiento pascual: la muerte y resurrección de Jesús suceden fuera del perímetro de Jerusalén, rasgando el velo del templo. Esto significa que ninguna religión puede delimitar el espacio sagrado donde se manifestará Dios, sino que Dios sobrepasa todos los lugares que le asignamos.

En definitiva, las religiones se han gestado en el corazón de las comunidades y culturas humanas para proporcionar tanto en las personas como en las comunidades la triple apertura a la realidad: hacia la trascendencia abren a la vía mística; hacia las relaciones interpersonales abren la vía ética; y hacia el cuidado y respeto por la tierra abren la vía ecológica.

Siendo completas cada una en sí mismas, hoy descubrimos más que nunca la necesidad de compartir su sabiduría y sus hallazgos milenarios para poder habitar en esta casa común.

Fuente Religión Digital

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , ,

“La explicación creyente es mucho más sólida racionalmente que la increyente”

Sábado, 19 de octubre de 2019

reza-aslanEl estudioso de las religiones Reza Aslan.

Qué decimos cuando decimos Dios. Dialogando con el profesor Reza Asia

“Dios es una idea. No me interesa la pregunta sobre si existe o no”. Así comienza el libro “Dios, una historia humana”, publicado por Taurus, de Reza Aslan, profesor de la Universidad de California e investigador de la historia de las religiones

A diferencia de él, entiendo que lo que los deístas y teístas decimos cuando decimos que Dios es una explicación racionalmente consistente a partir de las evidencias científico-empíricas es una explicación racionalmente más consistente que la explicaciones alternativas, sean ateas, antiteístas e, incluso, agnósticas; particularmente, las que fundan su increencia en cosmovisiones o interpretaciones partidarias del materialismo bruto y del azarismo o casualismo

En mi libro “Ateos y creyentes: qué decimos cuando decimos Dios”, publicado por PPC y que verá la luz en pocas semanas, abordo este asunto. Creo que puede contribuir a la cuestión, ya que nos hemos adentrado en una época en la que conviene recuperar el debate -para nada, nuevo u original, aunque necesario- sobre la mayor firmeza racional de estas diferenciadas interpretaciones

Por otro lado es perceptible, a medida que se avanza en el debate entre creyentes e increyentes, la sorprendente convergencia de razones a favor de la mayor solidez de la interpretación creyente. Hay algún autor que, incluso, la califica de “abrumadora”

Yo también, como el admirado José María Castillo, he leído el informe sobre el libro del profesor Reza Aslan, de la Universidad de California e investigador de la historia de las religiones (“Dios. Una historia humana”, Taurus) que, publicado por El País el pasado 25 de septiembre, lo encabezaba el siguiente entrecomillado: “Dios es una idea. No me interesa la pregunta sobre si existe o no”.

A diferencia de él, entiendo que lo que los deístas y teístas decimos cuando decimos Dios es una explicación racionalmente consistente a partir de las evidencias científico-empíricas que se vienen alcanzando en la astrofísica, en la protobiología y antropología contemporáneas. Pero no solo en estos saberes. Y que es una explicación racionalmente más consistente que la explicaciones alternativas, sean ateas, antiteístas e, incluso, agnósticas; particularmente, las que fundan su increencia en cosmovisiones o interpretaciones partidarias del materialismo bruto y del azarismo o casualismo.

  Me tomo la libertad de dar a conocer un par de páginas del libro en el que abordo este asunto y que, publicado por PPC, verá la luz en unas pocas semanas: “Ateos y creyentes: qué decimos cuando decimos Dios”. Creo que puede contribuir al debate sobre la cuestión.

A lo largo de los últimos años, apunto en dicha publicación, han sido bastantes las personas que me han invitado a escribir sobre las trasparencias y anticipaciones seculares en las que es perceptible lo que decimos cuando decimos Dios. Entendían que en ello estaba en juego algo tan importante como la consistencia racional de la fe y de la teología.

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El árbol de la ciencia

Es cierto que tampoco han faltado otras que me han manifestado su escepticismo al respecto. E, incluso, quienes me han dicho -amigablemente, por supuesto- que se trataba de un proyecto ingenuo e inútil, habida cuenta de la potencia argumentativa que presenta el ateísmo en las sociedades más desarrolladas y del espléndido futuro que, según sus pronósticos, le aguarda. Son ellos quienes -con nombres y rostros y, tras largos e intensos diálogos, e, incluso, amistad compartida desde la infancia- he tenido delante, y de manera preferente, escribiendo el presente libro. Se puede decir que, en alguna medida, son los “responsables” indirectos de estas líneas… Indirectos porque, como es evidente, el primer y único responsable (sin comillas, en esta ocasión) de lo aquí escrito soy yo y nadie más que yo.

Pero tengo que manifestar que, junto a los diálogos mantenidos y a las sugerencias recibidas, existe también una inquietud personal que atraviesa de principio a fin todas y cada una de estas páginas: entiendo que ha llegado la hora de prestar atención de nuevo a la consistencia racional de la idea de Dios a partir de las pruebas científico-empíricas que se vienen alcanzando desde hace años, concretamente, en la cosmología, en la biología y en la antropología modernas. Y creo que es algo que se puede hacer sin renunciar al imaginario -en mi caso, cristiano- de un Dios Amor y Justicia que, transparentándose en tantos millones de crucificados de todos los tiempos es perceptible, a la vez, como Belleza, atrayente y fascinante por sí misma.

Además, creo que he de hacerlo dialogando con los llamados “nuevos ateos”, es decir, con aquellas personas que cuestionan en la actualidad la solidez argumentativa y la verdad de lo que decimos cuando decimos Dios tanto a la luz de las evidencias científico-empíricas como de las conclusiones a que están llegando la antropología y la filosofía modernas e, incluso, apoyados en algunas aportaciones teológicas y exegéticas de los últimos decenios.

Pero pienso, además, que he de andar este camino acompañado de los que me atrevo a llamar los “nuevos creyentes”; y, en concreto, de tres personas que, habiendo sido ateas, han descubierto que las explicaciones deísta o teísta son mucho más consistentes que la increyente en la que se habían mantenido hasta entonces y que, incluso, alguno de ellos, había liderado durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

Aunque los elegidos han sido Anthony Flew, Francis S. Collins y Clive Staples Lewis, bien podrían haber sido otros. En la confrontación autocrítica que mantienen consigo mismos y crítica con sus ex – compañeros ateos se aprecia, más allá de que se puedan aceptar o no sus argumentos, una admirable frescura y libertad de pensamiento que agradezco.

Comparto con ellos que la explicación creyente es mucho más sólida racionalmente que la increyente a partir de las pruebas alcanzadas por la astrofísica, la protobiología y la antropología contemporáneas. Si es cierto que éstas han venido siendo para los ateos, tipificados como “científico-empíricos”, señales inequívocas en apoyo de su cosmovisión increyente, también lo es que son signos o “murmullos” (E. Hillesum) en los que se trasparenta aquello a lo que nos referimos los creyentes cuando decimos Dios.

Y también estoy de acuerdo con ellos en que nos hemos adentrado en una época en la que conviene recuperar el debate -para nada, nuevo u original, aunque necesario- sobre la mayor firmeza racional de estas diferenciadas interpretaciones.

Pero, antes de adentrarme en el diálogo, hay algunas consideraciones previas que me parece oportuno resaltar.

La primera, para recordar que todos podemos entrar en este debate ya que la cuestión que se plantea no es de orden científico-empírico, sino explicativo: discernir la mayor o menor fortaleza racional de las distintas interpretaciones a las que dan pie dichas pruebas.

Para esto no es necesario serun especialista en astronomía, en biología o en antropología, sino tener un conocimiento suficiente de los resultados que se van alcanzando y, por supuesto, de las diferentes explicaciones (ateológicas o teológicas) a las que dan pie con el fin de evaluar la mayor o menor fuerza racional de todas y de cada una de ellas.

Por eso, el lector se encontrará con expresiones tales como “científico-filósofo” o “cosmólogo-filósofo” y “biólogo-filósofo” e, incluso, “científico-ateo” o “nuevos creyentes”. Con ellas quiero indicar que en este debate también intervienen, aportando sus explicaciones filosóficas, teológicas o ateológicas, muchos astrofísicos, astrónomos, biólogos, protobiólogos, antropólogos, zoólogos o científicos del comportamiento social. Y que la fortaleza de sus respectivas interpretaciones no descansa en el reconocimiento de sus aportaciones científico-empíricas, sino en la mayor o menor consistencia racional que presenten, sean deístas, teístas o ateas. Este es el criterio que, fijando los términos del diálogo, lo abre a todo aquel que, sin ser investigador, esté interesado en el mismo.

La segunda, para estar muy atentos a la riqueza y novedad que presenta entre los nuevos creyentes lo que éstos entienden por Dios. Y con ellos, entre muchos deístas o teístas que vienen abriendo, desde hace años, la idea de Dios a nuevos horizontes. Entiendo que tales aportaciones son perfectamente articulables con otras más tradicionales, sean de orden sacramental, escriturístico o magisterial que, definitivas en su tiempo, requieren ser repensadas y reformuladas en el nuestro. Actualmente no se puede hablar de aquello a lo que nos referimos cuando decimos Dios sin tener presentes estas explicaciones.

La tercera, para aclarar que no abordo la cuestión del agnosticismo con sus legítimas y necesarias diferencias: el metodológico, el ateo y, también, el creyente y teológico. Creo que es una importante cuestión que hay que abordar con mayor detenimiento en el momento en que se trate la explicación que defiende, como argumentadamente incuestionable, la absolutez de la finitud y de nada más que la finitud y la crítica a la que queda sometida tal interpretación, entre otros, por parte de los pensadores a quienes me he atrevido a denominar “agnósticos trágicos” y, a veces, “nihilistas trágicos”.

La cuarta, para constatar, el extrañamiento y marginación del hecho religioso, de las distintas explicaciones, del diálogo interreligioso y de los debates entre ciencia y fe por una parte de la universidad española, a diferencia del espacio institucional que tienen asignado en la cultura anglosajona.

Entre nosotros es muy frecuente que, al no ser considerados temas dignos de ser estudiados por sí mismos o de manera interdisciplinar, acaben sometidos al criterio de las filias o fobias que vierte el catedrático o el profesor de turno. Sobran ejemplos sobre algunos de los comentarios formulados al respecto, llamativos, además, por su falta de rigor y solidez racional. Quizá algunas universidades, recelando de la carga confesional que pudiera presentar esta materia, hayan preferido desecharla, a la espera de mejores tiempos que, con frecuencia, suele ser la manera políticamente correcta de decir “nunca”.

Pero también es probable que el apartamiento de este saber y de su correspondiente institucionalización académica obedezca, en otras, únicamente a una laicidad excluyente y ciega, dispuesta a renunciar, sin reparo alguno, a lo que es más propio de la “universitas”: la investigación racional en libertad de todo y, en este caso, del hecho religioso en sí y de las diferentes explicaciones o cosmovisiones en las que se visualizan. Dando por normal (y hasta es posible, que como progresista) semejante política, renuncian a investigar un fenómeno que, omnipresente, ha marcado -y sigue marcando, para bien o para mal- la historia de la humanidad.

Hay una quinta consideración que también entiendo necesaria. Hace tiempo que conozco a Manuel Tello, en la actualidad profesor emérito de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) tras haber sido catedrático de Física de Materia Condensada en dicha Universidad. La vida ha permitido encontrarnos en diferentes ocasiones. La última ha sido la lectura de un artículo suyo en El Correo:Los científicos y Dios” (15 de febrero de 2019) denunciando la ligereza y temeridad de quienes proclaman que “todos los científicos son ateos” y que “Dios no existe”. “Un científico, indicaba Manuel Tello, hace un flaco servicio a la ciencia cuando, en nombre de esa ciencia, realiza afirmaciones falsas o sin rigor”. “Afirmar que no existe, argumentaba, exige una demostración. ¿Conocen alguna demostración sobre la no existencia de Dios”?

La lectura de este texto, las muchas conversaciones tenidas al respecto y su trabajo universitario explican que le haya invitado a redactar el prólogo de este libro. E, igualmente que, habiéndolo leído, entienda su modestia, pero también que me vea obligado a indicar -como imprescindible contrapunto- los motivos de dicha invitación; además, por supuesto, de manifestarle mi agradecimiento.

Concluyo resaltando un último punto que, a pesar de no quedar enfatizado con la fuerza requerida a lo largo de esta publicación, es perceptible a medida que se avanza en el debate entre creyentes e increyentes: la sorprendente convergencia de razones a favor de la mayor solidez de la interpretación creyente. Hay algún autor que, incluso, la califica de “abrumadora”.

Fuente Religión Digital

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“Dios no puede ser un objeto mental elaborado por nosotros”, por José María Castillo

Viernes, 18 de octubre de 2019

Existe-Dios_2162193805_13946384_660x371De su blog Teología sin censura:

“Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 13, 34). Así y en eso es dónde y cómo se encuentra a Dios. Según el Evangelio, no hay más camino que ése. Cree en Dios el que antepone el bien y la felicidad de los demás a todo lo demás

El diario El País publicó, el pasado día 25 de septiembre, un extenso informe (toda una página) en el que informaba del reciente libro que ha publicado el profesor Reza Aslan, de la Universidad de California. Aslan es un estudioso investigador de la historia de las religiones, ha publicado un libro (Dios. Una historia humana, Taurus) que está dando que hablar.

Según el profesor Aslan, “Dios es una idea”, modelada por los hombres, según les ha interesado o les ha convenido. Por eso hay tantos “dioses”. Porque los intereses y las conveniencias de los hombres, los pueblos y las culturas han sido (y son) tantos y tan contradictorios, que cada individuo o cada cultura se ha inventado el “dios” que le convenía o le venía mejor.

No voy a discutir todas y cada una de las ideas, que propone Reza Aslan. Para eso haría falta un libro, quizá varios. Por eso me voy a limitar a discutirle al profesor Aslan una sola cosa, que es el punto de partida de todo lo demás que dice en su libro. Como ya he dicho, según Aslan, “Dios es una idea”, que no conocemos ni interesa. Y no sabemos si existe o no existe. Porque, con solo una idea, no vamos a ninguna parte.

Pues bien, esto supuesto, lo primero y lo más elemental, que hay que decirle al Sr. Aslan (y a todos los que piensan como él) es que “Dios no es una idea”. Ni puede serlo. Porque Dios es el Trascendente. Ahora bien, la Trascendencia – como ya explicó Tomás de Aquino – “está sobre todo cuanto podemos decir o entender” (“supereminentius quam dicatur aut intelligatur”. De Potentia, q. VII, a. V). Y no podemos entenderlo porque el cerebro humano no puede pensar nada más que “objetivando” y, por tanto, “cosificando” lo que piensa. Es decir, lo que “pensamos” es una realidad que “objetivamos” en nuestra mente. Un “objeto mental, eso es una “idea”. Y con “objetos mentales” elaboramos nuestros pensamientos y nuestras ideas (cf. Paul Ricoeur).

Ahora bien, Dios no puede ser un objeto mental elaborado por nosotros. De ahí que sabiamente Sophie Nordmann, en su Phénomenologie de la Transcendence, ha dicho con precisión: “Ser trascendente no significa ser infinitamente superior, sino simplemente incomunicable a otro orden absolutamente distinto” (pg. 10). Lo que significa, ni más ni menos, que Dios no está a nuestro alcance. Dios está más allá del horizonte último de todo cuanto podemos saber o conocer.

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Sólo dos, de las grandes religiones, se han dado cuenta de este problema: el budismo y el cristianismo. El budismo ha sido más consecuente. Y al darse cuenta de que Dios y el Ser humano se sitúan en dos ámbitos totalmente distintos de conocimiento, ha prescindido de Dios. Y se ha quedado sólo con el Dharma, que nos funde en uno a la naturaleza y al yo (Kotaró Zuzuki). Es una solución coherente. Pero tiene el peligro de centrar al ser humano en sí mismo, de forma que cuando encuentra el Dharma, encuentra la paz y se queda en eso. No atendiende debidamente al sufrimiento del mundo y al consiguiente estancamiento social (cf. John K. Galbaith (Ambassador’s Journal, 1969).

La solución, que el cristianismo le ha dado a este problema, está en Jesús, tal como lo presenta el Evangelio. En Jn 1, 18 se nos dice: “A Dios, nadie lo ha visto jamás. Jesús (el Hijo) nos lo ha dado conocer”. O sea, en Jesús de Nazaret, Dios se “encarna”, es decir, “se humaniza”. Y hasta se funde con lo humano, de forma que el mismo Jesús le dijo a uno de sus discípulos: “Felipe, el que me ve a mí, está viendo al Padre (Dios)” (Jn 14, 9). Jesús, su forma de vida, su conducta, sus preferencias, su existencia entera, desde el nacimiento en un establo hasta la muerte como un delincuente, Jesús nos revela a Dios. Y así, nos dice cómo es Dios, lo que quiere Dios y, sobre todo, dónde y cómo encontramos a Dios: “Lo que hicisteis con uno de estos, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).

No identifiquemos a Dios con la religión. Ni Dios (que es “trascendente”) es un componente de la religión (que es “inmanente”). Es más, la experiencia religiosa, tal como la practica mucha gente, ya no es de fiar (Th. Ruster). La religiosidad, que nos lleva a Dios, es la que nos enseñó Jesús con su vida. Y a Dios lo encuentra quien cumple el mandamiento que nos dejó Jesús: “Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13, 34). Así y en eso es dónde y cómo se encuentra a Dios. Según el Evangelio, no hay más camino que ése. Cree en Dios el que antepone el bien y la felicidad de los demás a todo lo demás. Dejémonos de especulaciones y teorías. Sólo la vida que cada cual lleva, eso es lo que nos lleva a Dios.

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“¿Para qué queremos la religión, para tranquilizar algunas conciencias?”, por José Mª Castillo

Miércoles, 25 de septiembre de 2019

Utilizamos-religion-satisfacer-intereses-Evangelio_2080901906_9889617_660x371De su blog Teología sin censura:

“Algunos sólo quieren mantener el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan”

Lo digo con toda sinceridad: los que se empeñan en mantener intocable una tradición, que no es dogma de fe, ¿qué es lo que quieren mantener a toda costa? ¿le fe íntegra de la Iglesia y sus fieles? ¿o lo que quieren defender, en todo caso, es el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan?

No cabe duda que, en la sociedad y en los numerosos componentes que la configuran, se están produciendo cambios tan rápidos y tan importantes, que nos tienen a todos profundamente desconcertados. Nuestra forma de vivir cambia a una velocidad que, hace sólo unas décadas, no podíamos imaginar. Todo cambia. Todo, menos alguna que otra institución, que es de esos colectivos que se empeñan en seguir siendo, no sólo lo que siempre fueron, sino además como siempre fueron.

Con lo cual estamos viviendo una situación en la que hay grupos o colectivos importantes, que están empeñados en defender y mantener que, si ellos cambian en determinados asuntos, son infieles a su razón de ser y a su destino en este mundo. Con lo que dejarían de cumplir su finalidad y su destino en el mundo y en la sociedad.

Esto justamente es lo que le pasa a la Iglesia. Y no sé si lo mismo les ocurre a otras religiones. Posiblemente. Es más, seguramente es así. Porque las religiones tienen y mantienen, con una intolerancia ejemplar, que si cambian en ciertas (no pocas) tradiciones, normas, formas de conducta, etc., con tales hipotéticos cambios serían infieles a sus dioses y a su destino en este mundo.

¿Qué consiguen con esto las religiones? Consiguen ser fieles a “sus dioses”. O eso es lo que se imaginan los dirigentes religiosos. Pero, con su fidelidad a “los dioses”, ¿son fieles igualmente a los destinatarios de la religión, que somos los “seres humanos”? Más aún, ¿puede ser aceptable y se puede tolerar una religión, que es fiel a “lo divino”, pero es infiel a “lo humano”? Entonces – y si es que todo este tinglado tiene que ser así – ¿para qué queremos la religión y de qué nos sirve ese solemne y soberano tinglado? Servirá quizá para tranquilizar algunas conciencias. Pero, ¿para eso queremos la religión y con eso acaba su razón de ser en este mundo?

Viniendo a cosas más concretas, cuando los cristianos entramos en una iglesia y vamos a misa, a una boda, a un bautizo…, ¿qué vemos?; ¿qué nos dicen?; ¿qué impresión nos causa lo que se hace y se dice en una ceremonia religiosa? Lo que yo veo y oigo, en esas liturgias clericales, es (con pocas y ligeras variantes) casi lo mismo que yo veía y oía cuando era un niño, hace ya bastantes años. El mundo de ahora es tan distinto del de entonces. La vida, las ideas, las costumbres…, casi todo ha cambiado. Todo, menos la religión, que sigue casi igual.

Pero, entonces, ¿nos puede extrañar que la gente vaya cada día menos a misa o que a muchas personas les interese cada día menos lo que piensan y dicen los curas?

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Una misma religión y dos formas de vivirla

Por lo pronto, quienes nos interesamos por el problema, que estoy planteando, lo primero que deberíamos tener muy claro es que no es lo mismo hablar de Dios que hablar de la religión. Dios es trascendente. Es decir, Dios no es de este mundo, ni en este mundo se puede comprender. Si es “trascendente”, es “incomunicable”, o sea no es “objetivable” en ideas y conceptos. Dios, por eso mismo, está más allá del horizonte último de nuestra capacidad de conocimiento.

Pues bien, si Dios es trascendente, la religión es siempre algo inmanente, o sea es una realidad cultural, que los seres humanos vivimos y practicamos, mediante la cual buscamos a Dios y hacemos lo que está a nuestro alcance para relacionarnos con Dios.

Los cristianos sabemos, por el Evangelio, que Jesús es el Hijo de Dios y, por eso mismo, es la “revelación de Dios”. En Jesús, y por Jesús, nos relacionamos con Dios. Ahora bien, Jesús escogió, como apóstoles, a hombres casados. ¿Qué dificultad podemos encontrar en que actualmente haya hombres casados – y también mujeres – que presidan comunidades y celebraciones de la eucaristía? Por mantener estas costumbres, ¿vamos a privar a tantas y tantas comunidades de creyentes de poder celebrar la eucaristía?

Lo digo con toda sinceridad: los que se empeñan en mantener intocable una tradición, que no es dogma de fe, ¿qué es lo que quieren mantener a toda costa? ¿le fe íntegra de la Iglesia y sus fieles? ¿o lo que quieren defender, en todo caso, es el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan?

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Las ‘Religiones por la Paz’ se reafirman en su “responsabilidad compartida para el bien común”

Viernes, 30 de agosto de 2019

índiceSe comprometen en Lindau “en la cooperación multirreligiosa para la paz positiva”

“Nuestros corazones lloran frente al abuso de nuestros credos, sobre todo cuando ellos son distorsionados para alimentar la violencia y el odio”, lamentan en una declaración final compartida

“Prometemos proteger a las comunidades vulnerables y defender los derechos humanos contra las graves injusticias. Nos comprometemos en denunciar la corrupción y apoyar el buen gobierno”, aseguran

Hacer progresar el compartir de bienestar es (una cosa) concreta. Nos comprometemos en aumentar el bienestar compartido previniendo los conflictos, promoviendo sociedades justas y en armonía, el desarrollo humano sustentable e integral y protegiendo a la tierra”: es el compromiso tomado por 900 representantes de todas las religiones, reunidos del 20 al 23 de agosto en Lindau, en Alemania, para la 10ma Asamblea mundial de “Religions for Peace” (Religiones por la paz), una organización internacional e interreligiosa.

A AsiaNews, Mons. Félix Machado, arzobispo de Vasai (en Maharashtra) y miembro de la asociación ya desde sus inicios en los años 70, nos cuenta: “Fue una experiencia fantástica. Conozco a tantos participantes y ya he trabajado con muchos de ellos”.

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El evento reunió a líderes religiosos, activistas y exponentes políticos de 125 países de todo el mundo. Al final, todos los representantes han votado un documento compartido. Los participantes reconocen de no “estar a la altura” delante de los desafíos que amenazan la paz y el bienestar: “Nuestros corazones lloran frente al abuso de nuestros credos, sobre todo cuando ellos son distorsionados para alimentar la violencia y el odio”. “Nuestra alianza- subrayan- honra nuestras diferencias religiosas” y está convencida que toda la humanidad tenga una responsabilidad compartida para el bien común, que significa ocuparnos de cuidarnos unos a otros, de la tierra y de su total tejido de vida”.

Los asociados enumeran los “pesos” del mundo actual: ante todo la guerra, que “mata. mutila y destruye la vida de inocentes; la pobreza extrema, que ha creado 65 millones entre prófugos, refugiados internos y migrantes; la carrera a los armamentos; el calentamiento global, la deforestación de los bosques, el envenenamiento de los mares; la violación de los derechos humanos y del estado de derecho; pocos super ricos que poseen cuánto cuatro mil millones de personas; las “falsas noticias” que distorsionan la realidad para ocultar “verdades inconvenientes” y difundir “convenientes ilusiones”.

“Nuestras diferentes experiencias de los sagrado- evidencian- hacen claro que todos nosotros no estamos ligados a la raíz. Por lo tanto “somo ya sea responsables y dependiente los unos de los otros y de la tierra que nos cobija”. Ellos reafirman la fundamental importancia de la libertad “que guía a través de la desesperación el nihilismo, rechaza el narcisismo del consumismo sin razón y expresa a sí misma como curación radical para todos”.

“A nuestro compromiso por insustituible importancia de de los derechos humanos-continúan- agregamos la preocupación fundamental en el cultivar las virtudes, aquellos usadas orientaciones de valor que despliegan y esculpen nuestras potencialidades humanas, comprendidas nuestras potencialidades para los estados más elevados de misericordia, compasión y amor. Para nosotros, el trabajo de ser virtuosos es difícilmente un acto solitario; sino más bien, este es un acto de ‘solidaridad’ que refuerza la tolerancia necesaria. Cultivar la virtud contrasta la ignorancia, el egoísmo individual y de grupo que mutilan la auténtica comunidad”.

En concreto, prevenir y transformar los violentos conflictos quiere decir actuar a través de la educación ya desde la infancia, “focalizándose en los valores compartidos, la literatura religiosa y las narraciones de paz”. Promover sociedades justas y en armonía, significa “acoger al otro”. “Nos comprometemos en instilar respeto, reciprocidad y solidaridad. Prometemos proteger a las comunidades vulnerables y defender los derechos humanos contra las graves injusticias. Nos comprometemos en denunciar la corrupción y apoyar el buen gobierno”.

Los participantes reafirman la voluntad de cultivar el desarrollo humano integral: promoviendo justicia, ciudadanía inclusiva e iguales oportunidades; siendo “campeones” del consumo sustentable y del progreso de la tecnología “hacia el bien de todos”; mejorando el acceso a la instrucción, promoviendo el rol de las mujeres y de los jóvenes en la sociedad y en los puestos de mando.

“Queremos estar en primera línea- afirman- en el desarrollo de imperativos morales y religiosos para obrar en el campo de cambio climático, luchando contra la degradación ambiental, como nos recuerdan nuestros hermanos y hermanas de las comunidades indígenas”.

“Guiados por los principios de nuestras tradiciones religiosas-dicen en conclusión- y en el respeto de las diferentes religiones, nos comprometemos en la cooperación multirreligiosa de sanos principios para la paz positiva”.

Fuente Religión Digital

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Recordatorio

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