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¡Feliz Día del Orgullo LGTBI!

Domingo, 28 de junio de 2020

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Un día de reivindicación, un día de manifestación, por quienes no pueden hacerlo.

Un día de acción de gracias por ser como somos, porque el Dios Trinidad nos ha hecho diversos en la comunión

Un día para decirles a los jerarcas de nuestras diferentes denominaciones que se equivocan marginándonos en las iglesias, sinagogas, mezquitas…

Un día para gritar a los cuatro vientos ¡Gracias Padre porque nos has hecho así y nos amas!

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¡¡¡Feliz Día del Orgullo!!!

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Y para la lectura espiritual que publicamos cada día, te recomiendo detenerte un momento a lo largo del día y disfrutar con este artículo que ya publicamos hace dos años al que puedes acceder pinchando aquí: “Beato Bernardo de Hoyos: El matrimonio místico entre personas del mismo sexo con Jesús”

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Budismo, Cristianismo (Iglesias), General, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , , , ,

José Arregi: “Hoy asistimos a la crisis o al derrumbe del universo cultural sobre el que se sustentan las religiones tradicionales”

Sábado, 13 de junio de 2020

Iglesia-Europa_2232386777_14614544_660x371“Repensar la política, la economía, la producción, el mercado, el consumo y… el hambre. Las ciudades, la vivienda, el transporte, la movilidad, la locura turística. La información, la educación, la cultura, la salud integral”

“Los indicios de voluntad de retorno en la Iglesia son numerosos: indulgencias y jubileos, absoluciones “sacramentales” por teléfono, profusión de tele-eucaristías sin más comunidad que un sacerdote investido de poder para realizar el milagro de la transubstanciación, exorcismos contra el Covid-19, campañas de 500.000 avemarías y promoción de rosarios”

Anhelamos un mundo desconfinado, una nueva comunidad humana en alianza vital planetaria. Cuándo y cómo sea dependerá de muchas cosas, también de los virus, pero dependerá sobre todo de lo que los seres humanos decidamos hacer hoy.

Es la hora de repensarnos a fondo, de repensar la política, los partidos, los estados, las fronteras. La economía, la producción, el mercado, el consumo y… el hambre. Las ciudades, la vivienda, el transporte, la movilidad, la locura turística. La información, la educación, la cultura, la salud integral. La ONU, la UNESCO y la OMS. Y de preguntarnos simplemente: ¿Qué es lo que nos hace felices, felices de verdad?

Es la hora de repensar también la religión, las religiones, el cristianismo y la Iglesia. Es como si de pronto – aunque la cosa viene de lejos, desde hace cuando menos 500 años, desde el fin de la Edad Media– la Iglesia se sintiera bruscamente sacudida en los cimientos culturales y religiosos que la han sustentado desde que el movimiento reformador y carismático de Jesús se convirtió, hacia finales del siglo I, en Iglesia institucionalizada, en nueva religión, el cristianismo. Hubo todavía otras Iglesias, pero “la gran Iglesia” de Pedro y Pablo –ellos nunca lo pudieron sospechar, menos el primero que el segundo– con centro en Roma –ni Palestina, ni Siria, ni Egipto– se impuso. Cosas de la historia.

Pero lo que la historia erige la historia lo abate. Hoy asistimos a la crisis o al derrumbe del universo cultural sobre el que se sustentan las religiones tradicionales, más concretamente las Iglesias cristianas con todas sus diferencias históricas. El vacío de las iglesias durante el confinamiento es un impresionante reflejo de lo que ya venía sucediendo y que dentro de pocos años acabará de suceder. No es un infortunio, sino un signo de los tiempos. ¡Ojalá la Iglesia lo supiera entender y convertir en oportunidad de gracia –en la jerga teológica se le llama kairós– para una profunda metamorfosis!

Comprendo que muchos –obispos en cabeza– reclamen el desconfinamiento no para convertirse al futuro del Espíritu sino para volver al pasado de la institución. Los indicios de esta voluntad de retorno son numerosos: indulgencias y jubileos, absoluciones “sacramentales” por teléfono, profusión de tele-eucaristías sin más comunidad que un sacerdote investido de poder para realizar el milagro de la transubstanciación, exorcismos contra el Covid-19, campañas de 500.000 avemarías y promoción de rosarios contra la pandemia, preguntas de por qué “Dios” permite que pase todo esto… Iglesia confinada en el pasado.

Escribo estas líneas entre las fiestas litúrgicas de la Ascensión y de Pentecostés, 21 y 31 de mayo respectivamente. Ascensión y Pentecostés no tienen nada que ver con hechos históricos separados en el tiempo. Son logradísimas imágenes, bellas y extraordinariamente expresivas, metáforas del espíritu originario y del horizonte infinito que inspiran lo mejor de la Iglesia y la desconfinan.

Cuentan los Hechos de los Apóstoles que, “cuarenta días” después de la muerte de Jesús que como toda muerte fue resurrección, sus discípulas y discípulos seguían confinados, esperando ansiosos la pronta instauración del reino de Dios que Jesús había anunciado y en el que ellos soñaban groseramente ocupar los puestos más altos. De repente Jesús se presentó y los invitó a desconfinarse. Salid –les dijo–. No me busquéis en el pasado. Liberaos de vuestros sueños y dogmas, templos y misas sacrificiales, clericales, del viejo mundo. Poneos en camino hacia los confines sin fin de esta maravillosa tierra redonda y viva. En el corazón de la humanidad, en la solidaridad cotidiana, en la comunión de los vivientes, allí me encontraréis”. Y los llevó al campo, a la intemperie. Y allí “le vieron elevarse hasta que una nube lo ocultó a su vista”. Se fue.

Pero ellos seguían aferrados a la forma y la certeza, y se volvieron a encerrar en el Cenáculo de Jerusalén, hasta que, diez días después, en la fiesta de Pentecostés o “Cincuenta”, fiesta judía de las primicias de la cosecha y de la Ley de la Libertad, sintieron que el Espíritu de la nueva creación bullía en su interior, “y comenzaron a hablar según el Espíritu les movía a expresarse”. Hablaban libremente y anunciaban en arameo la alianza de todos los pueblos. Había allí gente de todos los países y “cada uno les oía hablar en su lengua materna”, a la inversa de la confusión de Babel. Y salieron.

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , ,

Mariano Delgado: “En todas las religiones la experiencia mística tiene por objeto superar el egocentrismo”

Martes, 2 de junio de 2020

Lutero Vs. Santa Teresa“No es una casualidad que Martín Lutero y Teresa de Ávila comentaran con detalle el ‘Padre Nuestro’, y que Juan de la Cruz lo recomiende como la única oración realmente necesaria de un cristiano, porque en ella ‘se incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales'”

“La mejor oración para Eckhart es ‘Señor, no me des nada más que lo que tú quieras’; y esto es porque al hacerlo uno se deshace de su propio yo'”

Sin superar el narcisismo primario, que se expresa en el egocentrismo, no existe una experiencia mística en general ni una experiencia cristiana en particular.

En todas las religiones, la experiencia mística tiene por objeto superar el “egocentrismo”, como ha subrayado el filósofo Ernst Tugendhat (Egozentrizität und Mystik, 2003). La concepción previa y el relato de la experiencia mística son por lo demás tan diferentes que se puede decir con el filósofo judío de la religión Gershom Scholem que básicamente no hay experiencia mística en la historia de las religiones “como un fenómeno o una visión que exista en sí misma independientemente de lo demás”. Más bien hay “experiencia mística de algo, de una cierta forma religiosa: la experiencia mística del cristianismo, del islam, del judaísmo”, etc.

Esto tiene que ver con el hecho de que la experiencia mística siempre es una “experiencia interpretada” sobre el trasfondo de la propia lógica religiosa, de la propia fe, en un acontecimiento dialéctico, como decía Edward Schillebeeckx: “La experiencia influye en la interpretación y la evoca, pero la interpretación también influye en la experiencia […] Experimentamos interpretando sin poder separar claramente el momento de la experiencia y el momento de la interpretación”.

“Sino como quieres tú“

Cuando Jesús, durante la oración en Getsemaní, pidió a su “padre” que pasara de él el amargo cáliz de su muerte en la cruz, añadió la fórmula básica de la mística cristiana: “Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú” (Mt 26:39). Por lo tanto, “hágase tu voluntad” es la petición central del “Padre Nuestro”, la oración enseñada por Jesús.

Lo mismo dijo su madre al arcángel Gabriel, cuando éste le anunció la concepción de Jesús por obra y gracia de Dios: “hágase en mí según tu palabra”. (Lc 1:38). La mística cristiana trata de la unidad amorosa del hombre con Dios, que, como en un matrimonio por amor, brota del libre consentimiento de la voluntad humana, porque el amor de Dios lo tenemos siempre como expresión de la gratuidad y universalidad de su gracia.

Siempre que rezamos conscientemente “Hágase tu voluntad” por puro amor a Dios y como expresión de nuestro libre consentimiento, y no por una entrega fatalista en sus manos, tiene lugar la unión mística en las condiciones de la vida cotidiana. No es una casualidad que Martín Lutero y Teresa de Ávila comentaran con detalle el “Padre Nuestro“, y que Juan de la Cruz lo recomiende como la única oración realmente necesaria de un cristiano, porque en ella “se incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales”.

Un maestro místico con gran formación teológica como el Maestro Eckhart († 1328) lo ha entendido muy bien cuando concentra sus Discursos sobre el discernimiento o instrucciones espirituales especialmente en el “Hágase tu voluntad“. El abandono de la propia voluntad es el prerrequisito para ser “conformado a la voluntad de Dios”. La mejor oración para él, por lo tanto, es “Señor, no me des nada más que lo que tú quieras“; y esto es porque al hacerlo uno “se deshace de su propio yo”. Para el Maestro Eckhart y para los grandes místicos cristianos, la renuncia o la superación del “egocentrismo”, el “desprenderse de todas las cosas de este mundo”, el “no estar atado a nada”, la “serenidad” o la “santa indiferencia” son el símbolo por excelencia de una buena voluntad.

Para los místicos cristianos, esto no significa retirarse del mundo al solipsismo espiritual, sino todo lo contrario: la conformación con la voluntad de Dios superando el egocentrismo es la condición para el compromiso con el mundo, propio de un cristiano: para trabajar en la conformación del mundo con la voluntad divina, luchando por los valores mesiánicos del Reino de Dios, por la justicia y la equidad, por la libertad y la verdad, por la solidaridad y la paz, por unas condiciones de vida humanas para todos más allá de las barreras de raza y clase, nación y religión, por la protección de los más débiles, por la ternura con los que han sido marcados por el destino, por la preservación de la creación, y también por la difusión del mensaje del Dios bondadoso y misericordioso, amigo del hombre.

Y esto vale también, cuando uno vive por vocación la vida contemplativa, tratando en amistad con Dios (ésa es la grandiosa fórmula teresiana de la oración) “por el mundo”, por la salvación “de todos”.

Conocimiento de sí mismo y conocimiento de Dios

La forma de superar el egocentrismo en la mística cristiana es la unión del conocimiento de nosotros mismos con el conocimiento de Dios. Este proceso de purificación es más doloroso que cualquier psicoanálisis. A Dios no podemos engañarle, no podemos ocultarle nada, porque Él nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos (Sal 139), y ningún rincón de nuestro “yo” le permanece oculto. Por lo tanto, este proceso va acompañado de “lágrimas” de arrepentimiento. Además, el lema del psicoanálisis es sacar a flote lo sumergido y reprimido en el subconsciente (“donde estaba ello, tengo que estar yo“), mientras que la mística cristiana trata de reconocer el propio yo “ante Dios” y “su voluntad”.

El fundamento o virtud básica para ello es la humildad. Esta es indispensable para responder ante Dios a la pregunta: “¿Quién soy?”. Como dijo la Santa andariega: “mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza, y mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos estamos de ser humildes”. La humildad es entonces un símbolo para nuestra necesidad de salvación, para nuestra dependencia del amor y la gracia de Dios, pero también para el reconocimiento de nuestra dignidad y de nuestra vocación al trato de amistad con Dios: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad” (Sal 8:5-6).

Cuando Teresa define la humildad como “andar en verdad”, se refiere a la verdad de nuestra existencia humana “ante Dios”. En otro lugar lo ha expresado de esta manera: la verdadera humildad es “conocer lo que él [Dios] puede y lo que yo puedo”, es decir, tomar conciencia de la diferencia entre el Creador y la criatura. Para Teresa, la humildad es el “fundamento” del Castillo interior, y la falta de humildad el mayor problema en el camino espiritual de la conformación con Cristo. Para Teresa no hay “cosa que más nos importe que la humildad”. La humildad es lo contrario de la hibris de los ángeles caídos, lo opuesto a la duradera tentación del hombre de querer ser “como Dios”, lo opuesto a una comprensión prometeica (o pelagiana) de la naturaleza humana que sobrevalora sus capacidades, independientemente de nuestra “ruindad”, por decirlo en el lenguaje teresiano.

La fuente mística

El místico cristiano, que ha practicado la virtud de la humildad en el proceso de autoconocimiento ante Dios y ha superado su propio egocentrismo, no ve en la fuente (en la creación) su propio reflejo como un “narcisista” espiritual (¡Ay del narcisismo espiritual en el clero y la vida religiosa, que tanto fustiga el Papa Francisco!), sino más bien el rostro y las huellas de Dios, que le animan a seguir trabajando en la conformación del mundo con su Reino, y que refuerzan su anhelo por la “visión” final de Dios, en el otro mundo, de un Dios encarnado, siempre dispuesto a nuestro encuentro, con el que ya se sabe inseparablemente unido en éste (Rom 8:35-39). Por eso, Juan de la Cruz, el poeta del anhelo ardiente, nos regaló estos versos tan diferentes de la fuente de Narciso:

“¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!”

Fuente Religión Digital

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Espiritualidad en tiempos de fragilidad: “Esa cosa que no tiene nombre”

Jueves, 14 de mayo de 2020

Busqueda-espiritual-tiempos-complicados_2224887513_14535969_667x375“Ni la razón ilustrada y su deslumbrante tecnología, ni la poderosa y dominante “ciencia” económica, ni siquiera las religiones están ofreciendo instrumentos suficientes para superar esta brutal agresión”

Debilidad humana y protección de la vida

Me pides, Ruth, una reflexión para tu libro sobre la espiritualidad justamente cuando el confinamiento por el coronavirus se está haciendo más pesado. Y entre los muchos detalles que ya están aflorando en esta pandemia como cuando en días de niebla la luz del sol va dejando aparecer la realidad del paisaje- hay uno del que apenas se habla porque, quizás, inconscientemente lo tenemos ya asumido. Me refiero a “la debilidad de la humanidad para proteger la propia vida humana”. Ni la razón ilustrada y su deslumbrante tecnología, ni la poderosa y dominante “ciencia” económica, ni siquiera las religiones están ofreciendo instrumentos suficientes para superar esta brutal agresión. ¡Y soñábamos con que ya disponíamos de un sistema que nos ponía al borde del “final de la historia”! Lo cierto es que ha bastado un desconocido y maléfico virus para despertarnos de este inmodesto sueño y hacernos sentir la fragilidad de los soportes en que estamos apoyando la vida.

Las calles y plazas desiertas están siendo un símbolo elocuente de nuestra propia fragilidad. Algo muy sustancial estamos ignorando para mantener la vida del ser humano y del planeta. ¿Se nos ha apagado el espíritu? Lo advertía ya muy acertadamente en el siglo pasado el filósofo y premio nobel de literatura Henri Bergson: disponemos de un cuerpo muy grande, decía, y de un alma muy pequeña. Necesitamos un “suplemento de alma”.

Espiritualidad y religión

La espiritualidad, raíz y fundamento de todas las culturas, no puede confundirse con la religión, son realidades distintas. Pero, la verdad es que la espiritualidad casi siempre se ha presentado vinculada a las religiones. Difícil abordarla sin esta referencia. Y no puede decirse que este matrimonio haya sido siempre negativo. Aun hoy día muchas personas encuentran en la cosmovisión religiosa razones suficientes para vivir con esperanza y para morir en paz. La religión ha prestado a la espiritualidad una visibilidad concreta de la que carece; le ha dado verticalidad y horizontalidad y ha proyectado sobre ella ricas axiologías y hasta una nutrida teodicea… En contrapartida, la espiritualidad ha prestado a las religiones arraigo y fundamento humano, historicidad y esa movilidad que necesitan las religiones para ir encarnándose en la historia contra la tentación de fijación de sus mismos dogmas y axiomas.

No sería justo condenar globalmente, desde la historia, todas las consecuencias de esta vinculación. Aunque la multiculturalidad de hoy día nos exige, por honestidad con la realidad, su divorcio o separación, al menos para reconocer la identidad y el lugar propio de cada una.

Secularización y vaciamiento de espíritu

Con la llegada y la fascinación provocada por la modernidad, los maestros de sospecha” anunciaron a bombo y platillo “la muerte de Dios”. Y a este contundente anuncio le ha seguido un largo período de “desacralización” y “desmitologización” que ha abocado finalmente en el impresionante fenómeno de la “secularización” que recorre, principalmente, el mundo occidental. Hasta las religiones, guiadas por sus teólogos, han coadyuvado a este proceso secularizador como exigido desde sus mismas fuentes fundadoras. El fenómeno ha acabado vaciando los templos y sumiendo, a su vez, en el “indiferentismo religioso” y vaciamiento de espíritu a gran parte de la humanidad.

¿Se trata de una crisis de las formas institucionales más superficiales de las religiones, o, más al fondo, la crisis afecta al propio factor religioso, lo que, más allá de la sociología, afectaría a sus mismas raíces antropológicas y filosóficas? Sea cual sea la respuesta a esta cuestión, lo cierto es que, agotado el espíritu religioso, el vacío se ha venido llenando con las apetencias materiales y más primitivas del ser humano, convertido en “homo” fundamentalmente “oeconomicus”, para el que la acumulación y el consumo representan la máxima aspiración. Un ser humano sometido al imperio del comercio y definido mayormente por el dinero, rodeado de una plétora de cosas materiales que acaban ahogándole el espíritu. En un paisaje, así dibujado, se entiende mejor el grito de Bergson reclamando “un suplemento de alma”.

La vuelta de las religiones

Lo sorprendente y paradójico es que, en este ambiente secularizado, estén volviendo las religiones. Esto es lo paradójico. Ya a fínales del pasado siglo se había anunciado su retorno, interpretándolo como “la revancha de Dios”. Y la creciente expansión del pentecostalismo protestante en América y la atracción del carismatismo católico en las últimas décadas llegando hasta los umbrales del mismo Vaticano parecen ya un anuncio suficiente de este retorno. Sorprendente. La llegada al poder de populistas como Bolsonaro en Brasil o de Trump en EE. UU de la mano de estas llamadas “Iglesias electrónicas” no será más que su lógica consecuencia.

Se vuelve a repetir la unión entre el trono y el altar, fórmula ya superada por la modernidad. Lo paradójico es que, en este contexto de secularidad, se vuelva a unas formas de religión alienante y fervorasamente individualista, a la mitología y la magia, al “opio del pueblo”.

Contra todo esto surgió, al final del Vaticano II, el Pacto de las Catacumbas y la opción por los pobres, posteriormente desplegado en la Teología de la Liberación.

Intensa búsqueda de sentido

Ante este retorno banal y hasta vergonzante de unas formas religiosas vueltas al pasado, sin propuesta profética ni utopía, y ante un sistema inmanente y sin transcendencia, cerrado en la materialidad de la vida, muchos especialistas están descubriendo ya una “intensa búsqueda de sentido” más allá de la acumulación y el consumo. ¿Una “espiritualidad? Se constata que, desde el cansancio de una vida sin más valores que la economía, está aflorando, con dificultad, un nuevo comienzo, “un tiempo eje”, similar a aquel del siglo VIII antes de nuestra era, calificado por el filósofo Karl Jasper como “tiempo Axial”  donde se dio simultáneamente en muchos lugares del planeta, una verdadera explosión del espíritu en todos los ámbitos del saber y de la creatividad humana.

No sé si este fenómeno es ya una incipiente respuesta a ese “suplemento de alma” que reclamaba con insistencia Bergson. La verdad es que se orienta a apuntalar eso que es patrimonio de toda la especie humana y que a todos nos une radicalmente desde nuestras enormes diferencias. ¿Se trata de eso que hemos llamado “espiritualidad”?

“Esa cosa que no tiene nombre”

No tenemos aún acuñada esa palabra que lo identifique a gusto de todo el mundo, pero, quizás, a eso se estaba refiriendo Saramago en el “Ensayo sobre la ceguera” –tan de nuestros días por el coronavirus cuando afirma rotundamente que “hay en nosotros una cosa que no tienen nombre, esa cosa es lo que somos”. Y “esa cosa que no tiene nombre”, es ecuménica, ecológica, laica, es holística, es del ser humano. Es dato y es patrimonio común, en nada opuesto a la religión, pero previo a cualquier forma religiosa y posterior a toda religión. “Eso que somos nosotros”, tan profundamente humano, que nos solidariza y “projimiza” con todas las formas de vida, que nos enraíza en la tierra… a “eso si nombre” nos referimos cuando hablamos de “espiritualidad”.

Evaristo Villar

Fuente Religión Digital

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Jesús Espeja: “En una sociedad laica la verdad sobre Dios se mide más desde los derechos del hombre que desde la autoridad religiosa”

Martes, 25 de febrero de 2020

Laicite“En una sociedad laica y postcristiana como la española para hablar de Dios como fundamento y afirmación de lo humano parece que hay sendas cerradas. Descartemos una presencia oficial y pública de la religión para que todos acepten al Dios que esa religión les imponga”

“Hablar de Dios como amor encarnado. Dios es amor no en abstracto sino presente activo en el corazón y en la conducta histórica de los seres humanos”

“También guardo silencio ante muchos que se dicen no creyentes en Dios, pero tienen fe en el ser humano, y hacen lo posible por defender su dignidad”

“La ideología con que está funcionando el neoliberalismo económico es diabólica”

¿Hablar de Dios en una sociedad laica?

1. Una sociedad laica

 Por laicidad – de “laos”,pueblo- entendemos aquí la doctrina y puesta en práctica de la misma que defiende la autonomía de las personas y de la sociedad- por tanto también del Estado u organización de la misma-respecto a cualquier imposición foránea, de la religión o de otras instancias. Tiene que ver mucho con la democracia : régimen en que las personas y la sociedad humana logran su mayoría de edad haciéndose sujeto de sus propias decisiones.

Por tanto a la laicidad se oponen igualmente, por distinto extremo, el confesionalismo del Estado y el laicismo. El confesionalismo del Estado que incluye también al Gobierno es la imposición oficial de una religión para todos como por ejemplo ocurría en el nacinalcatlicismo dentro de la sociedad española. Por el otro extremo el laicismo sería la imposición del ateísmo oficialmente para todos los ciudadanos, en todas las instituciones estatales incluido el Gobierno.

Los dos extremos se oponen a la libertad religiosa : el derecho que toda persona tiene practicar un religión, varias o ninguna. El Gobierno tiene obligación de salvaguardar ese derecho dentro del bien común; de ahí su carácter aconfesional. Se comprende que una sociedad laica debe ser plural pues cada ciudadano tiene sus puntos de vista, su comprensión de la existencia y su forma de organizarla.

2. ¿Hablar de Dios en situación de indiferencia masiva?

De Dios hablan las religiones. Y en una sociedad laica la presencia pública de la religión no debe ser de poder o consorcio con el poder, sino testimonial y en defensa siempre la dignidad humana.

Pero la sociedad laica, como hoy se va configurando la española, está integrada por ciudadanos con distinta posición respecto a Dios. Hay fervientes cristianos que viven su fe como experiencia de Dios revelado en Jesucristo, y hay otros que funcionan con imágenes de la divinidad fabricadas por ellos; aferrados a esas imágenes, no es infrecuente un fundamentalismo cerrado a la tolerancia y al diálogo con los diferentes. En el s. XIX los llamados “filósofos de la sospecha -.Feuerbach, Nietzsche,Marx y Freud- proclamaron la muerte de Dios como consecuencia de su humanismo; no podían aceptar una divinidad contraria o rival del ser humano. Así lo sugería Feuerbach, de algún modo inspirador de estos filósofos : “quien no sabe decir de mi sino que soy ateo, no sabe nada de mí…; yo niego a Dios; esto quiere decir en mi caso: yo niego la negación del hombre”. La muere de Dios formulada por Nietzsche tuvo su eco en ambientes universitarios del siglo pasado. En 1971 una Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes reconoció: “el mundo moderno ya está aquí, dentro de casa”.

Pero en los últimos años los postmodernos vienen a decir que Dios no hace falta para nada. En 1796, el científico Pierre-Simon Laplace publicó ‘Exposición del sistema del mundo’. Refiriéndose a esa obra, Napoleón comentó “Me cuentan que ha escrito usted este gran libro sobre el sistema del universo sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador”, y Laplace contestó: “Señor, nunca he necesitado esa hipótesis”. Esa respuesta que tiene su significado en la investigación científica, se ha plasmado en una indiferencia religiosa masiva : Dios es un tema carente de interés, irrelevante; no es ni problema; una especie de “increencia por apatía”. No importa la cuestión de Dios porque tampoco importa la condición del ser humano. Una cultura líquida mantiene a la mayoría en esa “ceguera blanca” y superficial que tan bien describió hace unos años el portugués nobel José Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera”: como si estuviéramos sumergidos en un mar de leche, la ceguera blanca impide a las personas, sin daño físico en sus ojos, ver la realidad que tienen delante.

Si el tema Dios carece de interés y de significado para tantos sumergidos en esa ceguera blanca que se manifiesta en la indiferencia religiosa ¿merece la pena seguir hablando de Dios? ¿no será mejor guardar silencio? . Parece comentable este silencio pues el misterio que llamamos Dios nos desborda; “si lo comprendes, ya no es Dios”, decía San Agustín. Pero este mismo santo escribió:”Dios mío, aunque bien poco dice de ti en realidad quien de ti habla ¡ay de aquellos que callan de ti, porque teniendo el don de la palabra se han vuelto mudos!”.

En 1956 el filósofo judío Martín Buber escribió un breve y substancioso libro titulado “Eclipse de Dios”. Mira el panorama :“¿Dios? Sí, dije, esta palabra es, de entre todas las palabras humanas, la que soporta la carga más pesada. Ninguna de ellas ha sido tan manoseada ni tan quebrantada…; las distintas generaciones humanas han depositado sobre ella todo el peso de sus vidas angustiadas, hasta aplastarla contra el suelo; allí está, llena de polvo y cargada con todo ese peso”¿Por qué no dejar que esa palabra muera en el olvido? Y el pensador Buber responde: “Es cierto que los hombres dibujan caricaturas y debajo escriben la palabra ´Dios´.

Por eso debemos estimar a los que no la admiten porque se rebelan contra la injusticia y el abuso que tan de buen grado se justifican con la palabra `Dios`. Pero “las diferentes generaciones humanas han destrozado esta palabra con sus divisiones religiosas; por ella han matado y han muerto; en ella están todas y cada una de las huellas de sus dedos ¿Dónde podría encontrar yo una palabra mejor para describir lo más alto?” Por eso “no podemos abandonar esa palabra…; no podemos limpiarla, no es posible lograrlo del todo; pero levantarla del suelo tan profanada y rota como está, y entronizarla después de una hora de gran aflicción, esto sí podemos hacerlo”. Frente a la indiferencia del postmoderno que considera el tema Dios como pasado de moda, tanto el ateísmo clásico que combatió a Dios para defender al ser humano como la fe cristiana que celebra la encarnación o presencia de Dios en lo humano, ven la necesidad de hablar hoy de Dios.

3. De qué Dios hablar

La cuestión primera hoy no es la existencia de Dios, sino el contenido que damos a esa palabra. Ahí se juegan también la verdad y el sentido del ser humano. En 1972 salió en español el libro de H. Zahrnt, “ A vueltas con Dios” donde ya se ve la actualidad del tema en el campo de la reflexión teológica.

En algún tiempo me tocó exponer como profesor de filosofía las cinco vías que siguiendo al filósofo Aristóteles, Tomás de Aquino desarrolló magistralmente. Aunque a veces se han interpretado estas vías como argumentos apodícticos, en realidad solo apuntan a lo que necesitan los seres humanos; el mismo Santo Tomas dice que a “Dios le conocemos com a un desconocido”. En el s. XVIII Manuel Kant, referencia más significativa de la Ilustración, dejó claro que a la existencia de Dios no se llega por la razón, pero al mismo tiempo admitió que también la razón pura o teórica tien sus límites, y la razón práctica postula esa existencia; “tuve que suspender el saber para dejar espacio a la fe” .

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En el siglo XIX los llamados “filósofos de la sospecha” afirmaron que Dios era una proyección del ser humano, una creación de su anhelo. Es indudable que en todo conocimiento humano hay una proyección del propio anhelo; pensemos por ejemplo en el conocimiento de la persona amada. También es verdad que nada existe porque yo lo desee. Pero ¿por qué de antemano negar que exista algo deseado? ¿Por qué no debe existir y ha de ser pura ilusión una realidad misteriosa llamada Dios que se experimenta, venera y adora desde hace miles de años en sinagogas, templos, mezquitas y pagodas? .Hace tiempo leí con gusto el libro de Manfred Lütz, “Dios. Una breve historia del Eterno”; deja claro que en la historia del pensamiento muchos han negado que Dios exista, pero ninguno ha demostrado la verdad de su tesis.

La cuestión primera hoy no es si existe o no existe Dios, sino de qué divinidad estamos hablando Porque ¿de dónde se saca que Dios representa un perjuicio para la humanización del ser humano?. ¿Qué fundamento hay para concluir que la fe en Dios es incompatible con la libertad, igualdad y fraternidad que proclama la Ilustración europea?.

Dos fenómenos ya son indicativos

En mi conversación con intelectuales agnósticos españoles y sobre todo colaborando con destacados pensadores cubanos ateos, he visto que niegan a Dios porque están en contra de la religión institucionalizada, en contra de la Iglesia percibida como opuesta a todo progreso científico y a la democracia política; en consorcio con el poder, con un espiritualidad evasiva de los problemas sociales, como factor narcotizante de los pobres, y justificando la posición privilegiada e injusta de los grupos dominantes. Identifican a Dios con lo que han percibido en un práctica religiosa que puede girar en torno a un ídolo, un falso absoluto.

Por otro lado estamos constatando el descalabro en funcionamiento de la sociedad laica. Está procediendo como si Dios no existiera; lo cual es positivo pues la divinidad no es tapagujeros y los seres humanos debemos asumir nuestra responsabilidad en el desarrollo de este mundo. Pero la legítima autonomía sin referencia del Creador, está generando un individualismo feroz y una ideología imperialista entre los pueblos que cada día sufren más la injusticia y la escandalosa pobreza. Parece que se hace triste realidad lo que a madiados del siglo pasado diagnosticaba H. de Lubac: “No es verdad que el hombre, aunque parezca decirlo algunas veces, no pueda organizar la tierra sin Dios; lo cierto es que, sin Dios, no puede , en fin de cuentas, más que organizarla contra el hombre”¿No estaremos también aquí cayendo en la idolatría?

Dios es amor.

Demos por supuesto que a Dios nadie le ha visto. Por tanto lo que digamos de él es siempre deficiente. Dejemos a Dios ser Dios y matemos nuestros dioses como sugiere el título de un libro de José Mª Mardones, un profeta de nuestro tiempo. Tres referencias desmontan falsas imágenes de la divinidad fabricadas por las mentes calenturientas de los mismos cristianos.

Jesús de Nazaret, a quien los cristianos confesamos Enviado, Palabra, Hijo, Presencia de Dios en condición humana, es condenado por blasfemo. Hay una visión de Dios según la cual Jesús es condenado como blasfemo, y hay otra visión de Dios que está dentro del Crucificado perdonando a los verdugos ¿Con cuál de los dos nos quedamos?

El Vaticano II sigue rechazando el ateísmo. Pero en vez de argüir directamente contra los ateos, se vuelve hacia los creyentes cristianos e interpela: “El ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en la génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión”.

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Javier Melloni: “Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana”

Viernes, 21 de febrero de 2020

unnamed“Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana…Las religiones son dedos apuntando la luna, pero no son la luna”

“Las religiones proporcionan el marco donde ejercer el continuo acto de elección por la Vida, estimulando actos cada vez más lúcidos y libres”

“Los tres ámbitos que abrazan las religiones (el divino, el humano y el cósmico) están implicados en cada religión simultánea y recíprocamente”

“Las religiones, siendo vías hacia el absoluto, tienen el peligro de absolutizarse a sí mismas”

En la etimología de la palabra se halla la clave de lo que buscamos: las religiones son un religare, un relegere y un religere de la aspiración humana por lo Esencial. Religare implica “crear vínculos”, “establecer lazos” con la triple dimensión de la realidad: la divina, la humana y la cósmica. A cada uno de los tres ámbitos le corresponde una característica: las creencias están en relación con Dios; los códigos de comportamiento se relacionan con el grupo humano, y en los ritos nos ponen en relación con el mundo y la naturaleza, en tanto que nos sitúan en las coordenadas de tiempo y espacio.

Relegere significa “releer”, “interpretar” el misterio de Dios, el sentido de la vida y de la muerte, de la existencia de cada uno, el porqué del mal… Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana. El Misterio permanece inalcanzable, siempre más allá de cualquier interpretación que se haga de él.

Las religiones son dedos apuntando la luna, pero no son la luna. Indican una dirección a seguir hacia un Allá –oculto en cada Acá- que trasciende cualquier palabra y cualquier vehículo, porque Dios permanece siempre más allá de todo y también siempre más acá en todo.

Religere significa elegir una y otra vez, con plena libertad y lucidez, el camino que uno siente ser llamado a recorrer. Las religiones proporcionan el marco donde ejercer el continuo acto de elección por la Vida, estimulando actos cada vez más lúcidos y libres.

Las tres posibles etimologías tienen en común el re- que las precede. El prefijo indica que estos vínculos no son estáticos sino que están en movimiento, en la medida en que son capaces de adaptarse a las situaciones cambiantes que se dan en cada tiempo y generación. Sin este prefijo de reduplicación y de dinamismo, las religiones pueden convertirse en prisiones que, al no renovarse, caen en la inercia o constriñen y acaban en coacción.

Los tres ámbitos que abrazan las religiones (el divino, el humano y el cósmico) están implicados en cada religión simultánea y recíprocamente, ya que el modo de concebir la divinidad marca el modo de comprender la humano y de relacionarse con el cosmos, así como el modo de comprender lo humano determina nuestra relación con lo divino y con lo cósmico, y nuestro modo de estar y relacionarnos con el mundo determina nuestras imágenes de Dios y nuestras relaciones con los demás. Por ello, toda religación es al mismo tiempo una interpretación de la realidad. El modo de vincularse crea una determinada comprensión y desarrolla unos determinados valores.

Los textos sagrados contienen la “revelación” de esos códigos de comportamiento y los momentos fundantes de los actos que después se ritualizarán.

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Religiones

Cada religión ofrece una constelación de creencias, criterios de conducta y rituales para que las personas experimenten que no están solas ni aisladas, sino que forman parte de un tejido de vínculos y relaciones que los hacen entrar en comunión con el Todo liberándolos de la soledad, de la confusión o de la incertidumbre. Cada religión ofrece el legado de una larga tradición donde los diversos elementos tienen coherencia en su conjunto.

Podemos identificar tres grandes constelaciones religiosas en la humanidad: las religiones cósmicas, las personalistas y las oceánicas. En la triple apertura que todas ellas hacen posible hacia lo divino, lo humano y lo cósmico, las religiones cósmicas –fundamentalmente las aborígenes- viven su experiencia humana y de lo sagrado a partir del contacto con la naturaleza; las religiones personalistas –el judaísmo, el cristianismo y el islam- ponen su acento en la dimensión ético-comunitaria y en el valor de cada persona, ya que emanan de la experiencia de un Dios personal; y las religiones oceánicas se caracterizan por la noción de un Todo en el que las individualidades emergen y se sumergen continuamente. Cada religión contiene los elementos que el ser humano requiere para hacer su camino de transformación hacia el origen, pero cada una de ellas ordena estos elementos de un modo particular y único.

Ninguna religión se considera “inventada” por una persona, sino que está fundada a partir de un acontecimiento que sobrepasa la realidad humana y que tiene un origen sagrado. Por esto hablamos de revelación, porque se considera que algo o alguno ha traspasado el velo del Misterio por iniciativa de lo divino que querer mostrarse. Pero el revelarse del Misterio desvela tanto como vela, porque Dios, lo divino, lo trascendente, está atravesado por un excedente que lo preserva en su inagotablidad.

No es posible comprender una religión sin captar su núcleo fundante, aquella experiencia o acontecimiento originario que la excede desde el comienzo y la atrae a la vez desde el fin, porque en toda experiencia religiosa, lo que está al inicio está al final y lo que está al final está al inicio, a la vez que se está llamado a ser vivido en el presente. No es posible captar ese núcleo sin abrirse a la experiencia integral que comporta. Por ello es tan difícil comprender en verdad un camino religioso que no sea el propio.

Hay algo muy importante a considerar: las religiones, siendo vías hacia el absoluto, tienen el peligro de absolutizarse a sí mismas. Aunque ellas mismas tienen el antídoto para no caer en este peligro, ya que todas se remiten a un Origen que las trasciende. En el caso del judaísmo, el nombre de YHVH es un no-Nombre, porque es un nombre impronunciable; en el islam, Allah Akbar, “Dios es siempre mayor”, recuerda que toda imagen o apropiación de Dios es idolatría; en el hinduismo, Brahman solo ha mostrado una cuarta parte de su ser; en el budismo, el vacío (sunyata) preserva de toda tentación de substantivación, lo mismo que en el taoísmo, donde el Tao, el flujo de todas las cosas, no se deja atrapar en ninguna.

Para nosotros, en el cristianismo, se trata del dinamismo del acontecimiento pascual: la muerte y resurrección de Jesús suceden fuera del perímetro de Jerusalén, rasgando el velo del templo. Esto significa que ninguna religión puede delimitar el espacio sagrado donde se manifestará Dios, sino que Dios sobrepasa todos los lugares que le asignamos.

En definitiva, las religiones se han gestado en el corazón de las comunidades y culturas humanas para proporcionar tanto en las personas como en las comunidades la triple apertura a la realidad: hacia la trascendencia abren a la vía mística; hacia las relaciones interpersonales abren la vía ética; y hacia el cuidado y respeto por la tierra abren la vía ecológica.

Siendo completas cada una en sí mismas, hoy descubrimos más que nunca la necesidad de compartir su sabiduría y sus hallazgos milenarios para poder habitar en esta casa común.

Fuente Religión Digital

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , ,

“La explicación creyente es mucho más sólida racionalmente que la increyente”

Sábado, 19 de octubre de 2019

reza-aslanEl estudioso de las religiones Reza Aslan.

Qué decimos cuando decimos Dios. Dialogando con el profesor Reza Asia

“Dios es una idea. No me interesa la pregunta sobre si existe o no”. Así comienza el libro “Dios, una historia humana”, publicado por Taurus, de Reza Aslan, profesor de la Universidad de California e investigador de la historia de las religiones

A diferencia de él, entiendo que lo que los deístas y teístas decimos cuando decimos que Dios es una explicación racionalmente consistente a partir de las evidencias científico-empíricas es una explicación racionalmente más consistente que la explicaciones alternativas, sean ateas, antiteístas e, incluso, agnósticas; particularmente, las que fundan su increencia en cosmovisiones o interpretaciones partidarias del materialismo bruto y del azarismo o casualismo

En mi libro “Ateos y creyentes: qué decimos cuando decimos Dios”, publicado por PPC y que verá la luz en pocas semanas, abordo este asunto. Creo que puede contribuir a la cuestión, ya que nos hemos adentrado en una época en la que conviene recuperar el debate -para nada, nuevo u original, aunque necesario- sobre la mayor firmeza racional de estas diferenciadas interpretaciones

Por otro lado es perceptible, a medida que se avanza en el debate entre creyentes e increyentes, la sorprendente convergencia de razones a favor de la mayor solidez de la interpretación creyente. Hay algún autor que, incluso, la califica de “abrumadora”

Yo también, como el admirado José María Castillo, he leído el informe sobre el libro del profesor Reza Aslan, de la Universidad de California e investigador de la historia de las religiones (“Dios. Una historia humana”, Taurus) que, publicado por El País el pasado 25 de septiembre, lo encabezaba el siguiente entrecomillado: “Dios es una idea. No me interesa la pregunta sobre si existe o no”.

A diferencia de él, entiendo que lo que los deístas y teístas decimos cuando decimos Dios es una explicación racionalmente consistente a partir de las evidencias científico-empíricas que se vienen alcanzando en la astrofísica, en la protobiología y antropología contemporáneas. Pero no solo en estos saberes. Y que es una explicación racionalmente más consistente que la explicaciones alternativas, sean ateas, antiteístas e, incluso, agnósticas; particularmente, las que fundan su increencia en cosmovisiones o interpretaciones partidarias del materialismo bruto y del azarismo o casualismo.

  Me tomo la libertad de dar a conocer un par de páginas del libro en el que abordo este asunto y que, publicado por PPC, verá la luz en unas pocas semanas: “Ateos y creyentes: qué decimos cuando decimos Dios”. Creo que puede contribuir al debate sobre la cuestión.

A lo largo de los últimos años, apunto en dicha publicación, han sido bastantes las personas que me han invitado a escribir sobre las trasparencias y anticipaciones seculares en las que es perceptible lo que decimos cuando decimos Dios. Entendían que en ello estaba en juego algo tan importante como la consistencia racional de la fe y de la teología.

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El árbol de la ciencia

Es cierto que tampoco han faltado otras que me han manifestado su escepticismo al respecto. E, incluso, quienes me han dicho -amigablemente, por supuesto- que se trataba de un proyecto ingenuo e inútil, habida cuenta de la potencia argumentativa que presenta el ateísmo en las sociedades más desarrolladas y del espléndido futuro que, según sus pronósticos, le aguarda. Son ellos quienes -con nombres y rostros y, tras largos e intensos diálogos, e, incluso, amistad compartida desde la infancia- he tenido delante, y de manera preferente, escribiendo el presente libro. Se puede decir que, en alguna medida, son los “responsables” indirectos de estas líneas… Indirectos porque, como es evidente, el primer y único responsable (sin comillas, en esta ocasión) de lo aquí escrito soy yo y nadie más que yo.

Pero tengo que manifestar que, junto a los diálogos mantenidos y a las sugerencias recibidas, existe también una inquietud personal que atraviesa de principio a fin todas y cada una de estas páginas: entiendo que ha llegado la hora de prestar atención de nuevo a la consistencia racional de la idea de Dios a partir de las pruebas científico-empíricas que se vienen alcanzando desde hace años, concretamente, en la cosmología, en la biología y en la antropología modernas. Y creo que es algo que se puede hacer sin renunciar al imaginario -en mi caso, cristiano- de un Dios Amor y Justicia que, transparentándose en tantos millones de crucificados de todos los tiempos es perceptible, a la vez, como Belleza, atrayente y fascinante por sí misma.

Además, creo que he de hacerlo dialogando con los llamados “nuevos ateos”, es decir, con aquellas personas que cuestionan en la actualidad la solidez argumentativa y la verdad de lo que decimos cuando decimos Dios tanto a la luz de las evidencias científico-empíricas como de las conclusiones a que están llegando la antropología y la filosofía modernas e, incluso, apoyados en algunas aportaciones teológicas y exegéticas de los últimos decenios.

Pero pienso, además, que he de andar este camino acompañado de los que me atrevo a llamar los “nuevos creyentes”; y, en concreto, de tres personas que, habiendo sido ateas, han descubierto que las explicaciones deísta o teísta son mucho más consistentes que la increyente en la que se habían mantenido hasta entonces y que, incluso, alguno de ellos, había liderado durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

Aunque los elegidos han sido Anthony Flew, Francis S. Collins y Clive Staples Lewis, bien podrían haber sido otros. En la confrontación autocrítica que mantienen consigo mismos y crítica con sus ex – compañeros ateos se aprecia, más allá de que se puedan aceptar o no sus argumentos, una admirable frescura y libertad de pensamiento que agradezco.

Comparto con ellos que la explicación creyente es mucho más sólida racionalmente que la increyente a partir de las pruebas alcanzadas por la astrofísica, la protobiología y la antropología contemporáneas. Si es cierto que éstas han venido siendo para los ateos, tipificados como “científico-empíricos”, señales inequívocas en apoyo de su cosmovisión increyente, también lo es que son signos o “murmullos” (E. Hillesum) en los que se trasparenta aquello a lo que nos referimos los creyentes cuando decimos Dios.

Y también estoy de acuerdo con ellos en que nos hemos adentrado en una época en la que conviene recuperar el debate -para nada, nuevo u original, aunque necesario- sobre la mayor firmeza racional de estas diferenciadas interpretaciones.

Pero, antes de adentrarme en el diálogo, hay algunas consideraciones previas que me parece oportuno resaltar.

La primera, para recordar que todos podemos entrar en este debate ya que la cuestión que se plantea no es de orden científico-empírico, sino explicativo: discernir la mayor o menor fortaleza racional de las distintas interpretaciones a las que dan pie dichas pruebas.

Para esto no es necesario serun especialista en astronomía, en biología o en antropología, sino tener un conocimiento suficiente de los resultados que se van alcanzando y, por supuesto, de las diferentes explicaciones (ateológicas o teológicas) a las que dan pie con el fin de evaluar la mayor o menor fuerza racional de todas y de cada una de ellas.

Por eso, el lector se encontrará con expresiones tales como “científico-filósofo” o “cosmólogo-filósofo” y “biólogo-filósofo” e, incluso, “científico-ateo” o “nuevos creyentes”. Con ellas quiero indicar que en este debate también intervienen, aportando sus explicaciones filosóficas, teológicas o ateológicas, muchos astrofísicos, astrónomos, biólogos, protobiólogos, antropólogos, zoólogos o científicos del comportamiento social. Y que la fortaleza de sus respectivas interpretaciones no descansa en el reconocimiento de sus aportaciones científico-empíricas, sino en la mayor o menor consistencia racional que presenten, sean deístas, teístas o ateas. Este es el criterio que, fijando los términos del diálogo, lo abre a todo aquel que, sin ser investigador, esté interesado en el mismo.

La segunda, para estar muy atentos a la riqueza y novedad que presenta entre los nuevos creyentes lo que éstos entienden por Dios. Y con ellos, entre muchos deístas o teístas que vienen abriendo, desde hace años, la idea de Dios a nuevos horizontes. Entiendo que tales aportaciones son perfectamente articulables con otras más tradicionales, sean de orden sacramental, escriturístico o magisterial que, definitivas en su tiempo, requieren ser repensadas y reformuladas en el nuestro. Actualmente no se puede hablar de aquello a lo que nos referimos cuando decimos Dios sin tener presentes estas explicaciones.

La tercera, para aclarar que no abordo la cuestión del agnosticismo con sus legítimas y necesarias diferencias: el metodológico, el ateo y, también, el creyente y teológico. Creo que es una importante cuestión que hay que abordar con mayor detenimiento en el momento en que se trate la explicación que defiende, como argumentadamente incuestionable, la absolutez de la finitud y de nada más que la finitud y la crítica a la que queda sometida tal interpretación, entre otros, por parte de los pensadores a quienes me he atrevido a denominar “agnósticos trágicos” y, a veces, “nihilistas trágicos”.

La cuarta, para constatar, el extrañamiento y marginación del hecho religioso, de las distintas explicaciones, del diálogo interreligioso y de los debates entre ciencia y fe por una parte de la universidad española, a diferencia del espacio institucional que tienen asignado en la cultura anglosajona.

Entre nosotros es muy frecuente que, al no ser considerados temas dignos de ser estudiados por sí mismos o de manera interdisciplinar, acaben sometidos al criterio de las filias o fobias que vierte el catedrático o el profesor de turno. Sobran ejemplos sobre algunos de los comentarios formulados al respecto, llamativos, además, por su falta de rigor y solidez racional. Quizá algunas universidades, recelando de la carga confesional que pudiera presentar esta materia, hayan preferido desecharla, a la espera de mejores tiempos que, con frecuencia, suele ser la manera políticamente correcta de decir “nunca”.

Pero también es probable que el apartamiento de este saber y de su correspondiente institucionalización académica obedezca, en otras, únicamente a una laicidad excluyente y ciega, dispuesta a renunciar, sin reparo alguno, a lo que es más propio de la “universitas”: la investigación racional en libertad de todo y, en este caso, del hecho religioso en sí y de las diferentes explicaciones o cosmovisiones en las que se visualizan. Dando por normal (y hasta es posible, que como progresista) semejante política, renuncian a investigar un fenómeno que, omnipresente, ha marcado -y sigue marcando, para bien o para mal- la historia de la humanidad.

Hay una quinta consideración que también entiendo necesaria. Hace tiempo que conozco a Manuel Tello, en la actualidad profesor emérito de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) tras haber sido catedrático de Física de Materia Condensada en dicha Universidad. La vida ha permitido encontrarnos en diferentes ocasiones. La última ha sido la lectura de un artículo suyo en El Correo:Los científicos y Dios” (15 de febrero de 2019) denunciando la ligereza y temeridad de quienes proclaman que “todos los científicos son ateos” y que “Dios no existe”. “Un científico, indicaba Manuel Tello, hace un flaco servicio a la ciencia cuando, en nombre de esa ciencia, realiza afirmaciones falsas o sin rigor”. “Afirmar que no existe, argumentaba, exige una demostración. ¿Conocen alguna demostración sobre la no existencia de Dios”?

La lectura de este texto, las muchas conversaciones tenidas al respecto y su trabajo universitario explican que le haya invitado a redactar el prólogo de este libro. E, igualmente que, habiéndolo leído, entienda su modestia, pero también que me vea obligado a indicar -como imprescindible contrapunto- los motivos de dicha invitación; además, por supuesto, de manifestarle mi agradecimiento.

Concluyo resaltando un último punto que, a pesar de no quedar enfatizado con la fuerza requerida a lo largo de esta publicación, es perceptible a medida que se avanza en el debate entre creyentes e increyentes: la sorprendente convergencia de razones a favor de la mayor solidez de la interpretación creyente. Hay algún autor que, incluso, la califica de “abrumadora”.

Fuente Religión Digital

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“Dios no puede ser un objeto mental elaborado por nosotros”, por José María Castillo

Viernes, 18 de octubre de 2019

Existe-Dios_2162193805_13946384_660x371De su blog Teología sin censura:

“Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 13, 34). Así y en eso es dónde y cómo se encuentra a Dios. Según el Evangelio, no hay más camino que ése. Cree en Dios el que antepone el bien y la felicidad de los demás a todo lo demás

El diario El País publicó, el pasado día 25 de septiembre, un extenso informe (toda una página) en el que informaba del reciente libro que ha publicado el profesor Reza Aslan, de la Universidad de California. Aslan es un estudioso investigador de la historia de las religiones, ha publicado un libro (Dios. Una historia humana, Taurus) que está dando que hablar.

Según el profesor Aslan, “Dios es una idea”, modelada por los hombres, según les ha interesado o les ha convenido. Por eso hay tantos “dioses”. Porque los intereses y las conveniencias de los hombres, los pueblos y las culturas han sido (y son) tantos y tan contradictorios, que cada individuo o cada cultura se ha inventado el “dios” que le convenía o le venía mejor.

No voy a discutir todas y cada una de las ideas, que propone Reza Aslan. Para eso haría falta un libro, quizá varios. Por eso me voy a limitar a discutirle al profesor Aslan una sola cosa, que es el punto de partida de todo lo demás que dice en su libro. Como ya he dicho, según Aslan, “Dios es una idea”, que no conocemos ni interesa. Y no sabemos si existe o no existe. Porque, con solo una idea, no vamos a ninguna parte.

Pues bien, esto supuesto, lo primero y lo más elemental, que hay que decirle al Sr. Aslan (y a todos los que piensan como él) es que “Dios no es una idea”. Ni puede serlo. Porque Dios es el Trascendente. Ahora bien, la Trascendencia – como ya explicó Tomás de Aquino – “está sobre todo cuanto podemos decir o entender” (“supereminentius quam dicatur aut intelligatur”. De Potentia, q. VII, a. V). Y no podemos entenderlo porque el cerebro humano no puede pensar nada más que “objetivando” y, por tanto, “cosificando” lo que piensa. Es decir, lo que “pensamos” es una realidad que “objetivamos” en nuestra mente. Un “objeto mental, eso es una “idea”. Y con “objetos mentales” elaboramos nuestros pensamientos y nuestras ideas (cf. Paul Ricoeur).

Ahora bien, Dios no puede ser un objeto mental elaborado por nosotros. De ahí que sabiamente Sophie Nordmann, en su Phénomenologie de la Transcendence, ha dicho con precisión: “Ser trascendente no significa ser infinitamente superior, sino simplemente incomunicable a otro orden absolutamente distinto” (pg. 10). Lo que significa, ni más ni menos, que Dios no está a nuestro alcance. Dios está más allá del horizonte último de todo cuanto podemos saber o conocer.

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Sólo dos, de las grandes religiones, se han dado cuenta de este problema: el budismo y el cristianismo. El budismo ha sido más consecuente. Y al darse cuenta de que Dios y el Ser humano se sitúan en dos ámbitos totalmente distintos de conocimiento, ha prescindido de Dios. Y se ha quedado sólo con el Dharma, que nos funde en uno a la naturaleza y al yo (Kotaró Zuzuki). Es una solución coherente. Pero tiene el peligro de centrar al ser humano en sí mismo, de forma que cuando encuentra el Dharma, encuentra la paz y se queda en eso. No atendiende debidamente al sufrimiento del mundo y al consiguiente estancamiento social (cf. John K. Galbaith (Ambassador’s Journal, 1969).

La solución, que el cristianismo le ha dado a este problema, está en Jesús, tal como lo presenta el Evangelio. En Jn 1, 18 se nos dice: “A Dios, nadie lo ha visto jamás. Jesús (el Hijo) nos lo ha dado conocer”. O sea, en Jesús de Nazaret, Dios se “encarna”, es decir, “se humaniza”. Y hasta se funde con lo humano, de forma que el mismo Jesús le dijo a uno de sus discípulos: “Felipe, el que me ve a mí, está viendo al Padre (Dios)” (Jn 14, 9). Jesús, su forma de vida, su conducta, sus preferencias, su existencia entera, desde el nacimiento en un establo hasta la muerte como un delincuente, Jesús nos revela a Dios. Y así, nos dice cómo es Dios, lo que quiere Dios y, sobre todo, dónde y cómo encontramos a Dios: “Lo que hicisteis con uno de estos, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).

No identifiquemos a Dios con la religión. Ni Dios (que es “trascendente”) es un componente de la religión (que es “inmanente”). Es más, la experiencia religiosa, tal como la practica mucha gente, ya no es de fiar (Th. Ruster). La religiosidad, que nos lleva a Dios, es la que nos enseñó Jesús con su vida. Y a Dios lo encuentra quien cumple el mandamiento que nos dejó Jesús: “Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13, 34). Así y en eso es dónde y cómo se encuentra a Dios. Según el Evangelio, no hay más camino que ése. Cree en Dios el que antepone el bien y la felicidad de los demás a todo lo demás. Dejémonos de especulaciones y teorías. Sólo la vida que cada cual lleva, eso es lo que nos lleva a Dios.

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“¿Para qué queremos la religión, para tranquilizar algunas conciencias?”, por José Mª Castillo

Miércoles, 25 de septiembre de 2019

Utilizamos-religion-satisfacer-intereses-Evangelio_2080901906_9889617_660x371De su blog Teología sin censura:

“Algunos sólo quieren mantener el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan”

Lo digo con toda sinceridad: los que se empeñan en mantener intocable una tradición, que no es dogma de fe, ¿qué es lo que quieren mantener a toda costa? ¿le fe íntegra de la Iglesia y sus fieles? ¿o lo que quieren defender, en todo caso, es el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan?

No cabe duda que, en la sociedad y en los numerosos componentes que la configuran, se están produciendo cambios tan rápidos y tan importantes, que nos tienen a todos profundamente desconcertados. Nuestra forma de vivir cambia a una velocidad que, hace sólo unas décadas, no podíamos imaginar. Todo cambia. Todo, menos alguna que otra institución, que es de esos colectivos que se empeñan en seguir siendo, no sólo lo que siempre fueron, sino además como siempre fueron.

Con lo cual estamos viviendo una situación en la que hay grupos o colectivos importantes, que están empeñados en defender y mantener que, si ellos cambian en determinados asuntos, son infieles a su razón de ser y a su destino en este mundo. Con lo que dejarían de cumplir su finalidad y su destino en el mundo y en la sociedad.

Esto justamente es lo que le pasa a la Iglesia. Y no sé si lo mismo les ocurre a otras religiones. Posiblemente. Es más, seguramente es así. Porque las religiones tienen y mantienen, con una intolerancia ejemplar, que si cambian en ciertas (no pocas) tradiciones, normas, formas de conducta, etc., con tales hipotéticos cambios serían infieles a sus dioses y a su destino en este mundo.

¿Qué consiguen con esto las religiones? Consiguen ser fieles a “sus dioses”. O eso es lo que se imaginan los dirigentes religiosos. Pero, con su fidelidad a “los dioses”, ¿son fieles igualmente a los destinatarios de la religión, que somos los “seres humanos”? Más aún, ¿puede ser aceptable y se puede tolerar una religión, que es fiel a “lo divino”, pero es infiel a “lo humano”? Entonces – y si es que todo este tinglado tiene que ser así – ¿para qué queremos la religión y de qué nos sirve ese solemne y soberano tinglado? Servirá quizá para tranquilizar algunas conciencias. Pero, ¿para eso queremos la religión y con eso acaba su razón de ser en este mundo?

Viniendo a cosas más concretas, cuando los cristianos entramos en una iglesia y vamos a misa, a una boda, a un bautizo…, ¿qué vemos?; ¿qué nos dicen?; ¿qué impresión nos causa lo que se hace y se dice en una ceremonia religiosa? Lo que yo veo y oigo, en esas liturgias clericales, es (con pocas y ligeras variantes) casi lo mismo que yo veía y oía cuando era un niño, hace ya bastantes años. El mundo de ahora es tan distinto del de entonces. La vida, las ideas, las costumbres…, casi todo ha cambiado. Todo, menos la religión, que sigue casi igual.

Pero, entonces, ¿nos puede extrañar que la gente vaya cada día menos a misa o que a muchas personas les interese cada día menos lo que piensan y dicen los curas?

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Una misma religión y dos formas de vivirla

Por lo pronto, quienes nos interesamos por el problema, que estoy planteando, lo primero que deberíamos tener muy claro es que no es lo mismo hablar de Dios que hablar de la religión. Dios es trascendente. Es decir, Dios no es de este mundo, ni en este mundo se puede comprender. Si es “trascendente”, es “incomunicable”, o sea no es “objetivable” en ideas y conceptos. Dios, por eso mismo, está más allá del horizonte último de nuestra capacidad de conocimiento.

Pues bien, si Dios es trascendente, la religión es siempre algo inmanente, o sea es una realidad cultural, que los seres humanos vivimos y practicamos, mediante la cual buscamos a Dios y hacemos lo que está a nuestro alcance para relacionarnos con Dios.

Los cristianos sabemos, por el Evangelio, que Jesús es el Hijo de Dios y, por eso mismo, es la “revelación de Dios”. En Jesús, y por Jesús, nos relacionamos con Dios. Ahora bien, Jesús escogió, como apóstoles, a hombres casados. ¿Qué dificultad podemos encontrar en que actualmente haya hombres casados – y también mujeres – que presidan comunidades y celebraciones de la eucaristía? Por mantener estas costumbres, ¿vamos a privar a tantas y tantas comunidades de creyentes de poder celebrar la eucaristía?

Lo digo con toda sinceridad: los que se empeñan en mantener intocable una tradición, que no es dogma de fe, ¿qué es lo que quieren mantener a toda costa? ¿le fe íntegra de la Iglesia y sus fieles? ¿o lo que quieren defender, en todo caso, es el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan?

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Las ‘Religiones por la Paz’ se reafirman en su “responsabilidad compartida para el bien común”

Viernes, 30 de agosto de 2019

índiceSe comprometen en Lindau “en la cooperación multirreligiosa para la paz positiva”

“Nuestros corazones lloran frente al abuso de nuestros credos, sobre todo cuando ellos son distorsionados para alimentar la violencia y el odio”, lamentan en una declaración final compartida

“Prometemos proteger a las comunidades vulnerables y defender los derechos humanos contra las graves injusticias. Nos comprometemos en denunciar la corrupción y apoyar el buen gobierno”, aseguran

Hacer progresar el compartir de bienestar es (una cosa) concreta. Nos comprometemos en aumentar el bienestar compartido previniendo los conflictos, promoviendo sociedades justas y en armonía, el desarrollo humano sustentable e integral y protegiendo a la tierra”: es el compromiso tomado por 900 representantes de todas las religiones, reunidos del 20 al 23 de agosto en Lindau, en Alemania, para la 10ma Asamblea mundial de “Religions for Peace” (Religiones por la paz), una organización internacional e interreligiosa.

A AsiaNews, Mons. Félix Machado, arzobispo de Vasai (en Maharashtra) y miembro de la asociación ya desde sus inicios en los años 70, nos cuenta: “Fue una experiencia fantástica. Conozco a tantos participantes y ya he trabajado con muchos de ellos”.

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El evento reunió a líderes religiosos, activistas y exponentes políticos de 125 países de todo el mundo. Al final, todos los representantes han votado un documento compartido. Los participantes reconocen de no “estar a la altura” delante de los desafíos que amenazan la paz y el bienestar: “Nuestros corazones lloran frente al abuso de nuestros credos, sobre todo cuando ellos son distorsionados para alimentar la violencia y el odio”. “Nuestra alianza- subrayan- honra nuestras diferencias religiosas” y está convencida que toda la humanidad tenga una responsabilidad compartida para el bien común, que significa ocuparnos de cuidarnos unos a otros, de la tierra y de su total tejido de vida”.

Los asociados enumeran los “pesos” del mundo actual: ante todo la guerra, que “mata. mutila y destruye la vida de inocentes; la pobreza extrema, que ha creado 65 millones entre prófugos, refugiados internos y migrantes; la carrera a los armamentos; el calentamiento global, la deforestación de los bosques, el envenenamiento de los mares; la violación de los derechos humanos y del estado de derecho; pocos super ricos que poseen cuánto cuatro mil millones de personas; las “falsas noticias” que distorsionan la realidad para ocultar “verdades inconvenientes” y difundir “convenientes ilusiones”.

“Nuestras diferentes experiencias de los sagrado- evidencian- hacen claro que todos nosotros no estamos ligados a la raíz. Por lo tanto “somo ya sea responsables y dependiente los unos de los otros y de la tierra que nos cobija”. Ellos reafirman la fundamental importancia de la libertad “que guía a través de la desesperación el nihilismo, rechaza el narcisismo del consumismo sin razón y expresa a sí misma como curación radical para todos”.

“A nuestro compromiso por insustituible importancia de de los derechos humanos-continúan- agregamos la preocupación fundamental en el cultivar las virtudes, aquellos usadas orientaciones de valor que despliegan y esculpen nuestras potencialidades humanas, comprendidas nuestras potencialidades para los estados más elevados de misericordia, compasión y amor. Para nosotros, el trabajo de ser virtuosos es difícilmente un acto solitario; sino más bien, este es un acto de ‘solidaridad’ que refuerza la tolerancia necesaria. Cultivar la virtud contrasta la ignorancia, el egoísmo individual y de grupo que mutilan la auténtica comunidad”.

En concreto, prevenir y transformar los violentos conflictos quiere decir actuar a través de la educación ya desde la infancia, “focalizándose en los valores compartidos, la literatura religiosa y las narraciones de paz”. Promover sociedades justas y en armonía, significa “acoger al otro”. “Nos comprometemos en instilar respeto, reciprocidad y solidaridad. Prometemos proteger a las comunidades vulnerables y defender los derechos humanos contra las graves injusticias. Nos comprometemos en denunciar la corrupción y apoyar el buen gobierno”.

Los participantes reafirman la voluntad de cultivar el desarrollo humano integral: promoviendo justicia, ciudadanía inclusiva e iguales oportunidades; siendo “campeones” del consumo sustentable y del progreso de la tecnología “hacia el bien de todos”; mejorando el acceso a la instrucción, promoviendo el rol de las mujeres y de los jóvenes en la sociedad y en los puestos de mando.

“Queremos estar en primera línea- afirman- en el desarrollo de imperativos morales y religiosos para obrar en el campo de cambio climático, luchando contra la degradación ambiental, como nos recuerdan nuestros hermanos y hermanas de las comunidades indígenas”.

“Guiados por los principios de nuestras tradiciones religiosas-dicen en conclusión- y en el respeto de las diferentes religiones, nos comprometemos en la cooperación multirreligiosa de sanos principios para la paz positiva”.

Fuente Religión Digital

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Activistas piden más personajes LGBT religiosos mientras EastEnders estrena lesbianas musulmanas

Miércoles, 14 de agosto de 2019

activistas-piden-mas-personajes-lgbt-religiosos-mientras-eastenders-estrena-lesbianas-musulmanas_top_news_indexVicky Beeching (izquierda) y Khakan Qureshi. (Izquierda: Nicholas Dawkes. Derecha: Cortesía de Khakan Qureshi)

Los activistas, incluyendo a Vicky Beeching, están instando a los jefes de televisión a aumentar la representación de personajes religiosos LGBT+ en nuestras pantallas. Sus llamadas siguen a los informes de que EastEnders está a punto de presentar a una lesbiana musulmana por primera vez. Según The Sun, el personaje Iqra Ahmed (Priya Davdra) saldrá como gay a finales de este mes.

Vicky Beeching, una escritora gay y defensora de la igualdad, que trabaja para hacer de la iglesia un lugar más diverso e inclusivo, dijo que una mejor representación en los medios de comunicación ayudaría a mostrar a los televidentes que las personas pueden ser tanto religiosas como LGBT+.

“Hay una fuerte creencia en muchas comunidades religiosas de que uno no puede ser LGBTQ y una persona de fe”, dijo a PinkNews. “Esa era la visión con la que crecí y me obligó a quedarme en el armario hasta los 35 años. Ese paradigma empuja a la gente a elegir entre sus creencias y su identidad LGBTQ, lo cual es una situación inmensamente dolorosa y dañina”.

Los jóvenes de fe necesitan ver diversos modelos religiosos en la televisión, dice Vicky Beeching

Beeching, que fue una estrella del rock cristiano antes de salir como gay en 2014, explicó que luchó con este punto de vista desde su adolescencia hasta los treinta y pocos años, que fue “tan sombrío a veces” que incluso consideró el suicidio.

La joven de 40 años continuó diciendo que una mayor representación de personajes LGBT+ de origen religioso en la televisión ayudaría a los jóvenes que son LGBT+ y religiosos a sentirse menos solos. “Los medios de comunicación pueden ayudar a romper estos estereotipos obsoletos al incluir personajes que son tanto LGBTQ como religiosos; que son capaces de unir a ambos y vivir vidas felices y plenas“, continuó. “Los jóvenes de fe necesitan ver diversos modelos religiosos en línea y en la televisión.”

Beeching añadió: “Entonces, si ellos mismos son LGBTQ, sabrán que algunas comunidades de fe aceptarán y celebrarán ambos aspectos de su identidad. Salir será menos aterrador y sabrán que no están solos en el camino.

Fuente Pink News, vía Cromosomax

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¡Feliz Día del Orgullo LGTBI!

Viernes, 28 de junio de 2019

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Un día de reivindicación, un día de manifestación, por quienes no pueden hacerlo.

Un día de acción de gracias por ser como somos, porque el Dios Trinidad nos ha hecho diversos en la comunión

Un día para decirles a los jerarcas de nuestras diferentes denominaciones que se equivocan marginándonos en las iglesias, sinagogas, mezquitas…

Un día para gritar a los cuatro vientos ¡Gracias Padre porque nos has hecho así y nos amas!

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¡¡¡Feliz Día del Orgullo!!!

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Y para la lectura espiritual que publicamos cada día, te recomiendo detenerte un momento a lo largo del día y disfrutar con este artículo que ya publicamos hace dos años al que puedes acceder pinchando aquí: “Beato Bernardo de Hoyos: El matrimonio místico entre personas del mismo sexo con Jesús”

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24 de Junio. Día de la Diversidad Religiosa y Espiritual

Martes, 25 de junio de 2019

64800606_1206828652833014_2360537089855979520_nPor estar reunidos en el encuentro de comunidades de la CAFA, no pudimos publicar ayer este comunicado que correspondía al día correcto…

Los mensajes LGTBIfóbicos de las instituciones religiosas fomentan la discriminación, el odio y la violencia”

“Creemos que la dimensión espiritual es un ámbito del ser humano que lo define y lo guía en su manera de entender la vida y de vivir su propia existencia”

“Manifestamos nuestro Orgullo Creyente invitando a las personas de nuestro colectivo, miembros de una religión o espiritualidad, que no permitan que los vientos y las mareas de los tiempos que corren impidan el desarrollo de sus fes”

Tal día como hoy (por ayer), en 2013, el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea adoptó dos líneas directrices: una, para la “promoción y protección de la libertad de religión y creencias” y otra para la “promoción y protección del disfrute de todos los derechos humanos por las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersex (LGTBI”.

Este año nos complace presentar nuestra primera campaña con motivo del 24 de junio, que desde FELGTB hemos designado como el “Día de la Diversidad Religiosa y Espiritual” de nuestro colectivo.

En este día las personas creyentes y espirituales LGTBI queremos mostrarnos orgullosas de nuestra doble realidad como miembros del colectivo LGTBI y como personas que viven una realidad espiritual, sea a través de una religión o no. Y nos sentimos parte de la riqueza y la diversidad que aportan los colores de cada una de nuestras letras.

Creemos que la dimensión espiritual es un ámbito del ser humano que lo define y lo guía en su manera de entender la vida y de vivir su propia existencia. Esta dimensión puede tomar la forma religiosa pero también de creencias laicas que se unen a propósitos éticos.
Esta forma de sentir y pensar, junto con comportamientos y acciones, consolida y llevan adelante la unidad esencial del individuo.

Somos conscientes de los mensajes LGTBIfóbicos que emiten muchas instituciones religiosas y, en concreto, en nuestro país, parte de la jerarquía de la Iglesia Católica. Este tipo de declaraciones dañan y fomentan la discriminación, el odio y la violencia hacia las personas LGTBI, lo cual contradice totalmente el mensaje de Amor que promulgan las religiones y las diversas espiritualidades.

Dentro del cristianismo el mensaje de Jesús jamás fue condenatorio. De hecho, nunca habló de sexualidad ni de discriminación, como tampoco nunca habló de institución religiosa sino de Iglesia, (que significa Comunidad de hermanas/os/es), ni nunca hizo referencia a un modelo de familia «natural». Hemos sido testigos hace poco de nuevas declaraciones transfóbicas realizadas por parte de la jerarquía de la Iglesia Católica que se producen, como viene siendo desgraciadamente habitual, por un desconocimiento de la realidad y de falta de dialogo con el colectivo LGTBI+ por parte del Vaticano. Esto nos duele y nos entristece y ofrece la imagen de un Dios justiciero y que odia, una figura que no se presenta en el Dios mostrado por Jesús y que es el que vivimos la mayoría de las personas creyentes LGTBI. Muchas/es/os de nuestras/es/os hermanas/es/os viven en un profundo dolor puesto que estos mensajes les provocan que se rechacen a sí mismas/es/os y no se vivan en el espejo del Amor Misericordioso, base primordial del mensaje de Jesús de Nazaret.

Rechazamos de pleno tales declaraciones y hacemos nuestras las reivindicaciones del colectivo LGTBI.

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Entendemos también que se mire con extrañeza que las personas creyentes LGTBI permanezcamos en las instituciones religiosas a pesar de la LGTBIfobia enraizada en ellas. También vivimos con dolor el sufrimiento infligido a muchas/es/os compañeras/es/os activistas por parte de las/los representantes de dichas instituciones. Si queremos un cambio dentro de las mismas tenemos que visibilizarnos en ellas y hacernos presentes para poder luchar contra el estigma que puede suponer ser LGTBI dentro de muchos espacios religiosos y espirituales. Y, con ello, normalizar el desarrollo de la necesidad espiritual, no solo como pertenecientes al colectivo LGTBI, sino como personas en igualdad. Todo ello a través de nuestra participación testimonial y activa.
Se han hecho avances que por desgracia apenas tienen repercusión en medios de comunicación y por lo tanto no alcanzan la notoriedad y la difusión que nos gustaría, aun dentro del propio colectivo LGTBI+.

Por suerte, en España existen Iglesias de otras confesiones que son plenamente inclusivas y que cuentan con pastores que nos acompañan. También dentro de determinadas comunidades católicas encontramos la acogida y el espacio para trabajar por nuestra plena inclusión y advertir de los mensajes LGTBIfóbicos contrarios al Evangelio, así como también agrupaciones inclusivas de otras religiones y espiritualidades que desarrollan sus prácticas espirituales en un clima de inclusión donde las personas LGTBI+ encuentran un espacio de crecimiento.

La base de las religiones y de las diversas espiritualidades es el AMOR con mayúsculas, y dentro del amor no cabe ni el rechazo, ni la violencia ni el odio. Por lo tanto, no se pueden enarbolar banderas que inciten a la discriminación ni al ataque hacia nuestros derechos de vivir una espiritualidad plena donde nuestra orientación sexual e identidad de género estén integradas, sino izar las que muestran nuestros colores y nuestra diversidad.

En este día de la “Diversidad Religiosa y Espiritual” de nuestro colectivo manifestamos nuestro Orgullo Creyente invitando a las personas de nuestro colectivo, miembros de una religión o espiritualidad, que no permitan que los vientos y las mareas de los tiempos que corren impidan el desarrollo de sus fes y prácticas espirituales con la certeza de que es el propio AMOR el que nos ilumina a través de ellas.

Grupo Fe y Espiritualidad FELGTB

http://www.cogam.es/dia-de-la-diversidad-religiosa-y-espiritual/

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Gays en EEUU: no se identifican con grupos religiosos, pero la mayoría cree en Dios

Lunes, 3 de junio de 2019

0ACD35A0-DB8F-43E1-883E-9B1773F580DFEl análisis de los datos de un nuevo estudio del Centro de Investigación Pew del Estudio de Paisaje Religioso 2014.  afirma que tres cuartas partes de los estadounidenses lesbianas, gays y bisexuales creen en Dios, pero muchos no se identifican como parte de una religión organizada.

Según los datos de la encuesta, el 77 por ciento de los adultos lesbianas, gays y bisexuales en Estados Unidos dicen que creen en Dios, en comparación con el 89 por ciento de los adultos heterosexuales.

Pero a pesar de que tres cuartas partes de los adultos homosexuales creen en Dios, sólo el 59 por ciento de los encuestados LGB se identifican como cristianos u otra fe no cristiana, en comparación con el 78 por ciento de los heterosexuales.

La mayoría de los estadounidenses LGB creen en Dios, pero sólo uno de cada seis asiste a la iglesia cada semana. Aunque las personas lesbianas, gays y bisexuales tienen el doble de probabilidades de identificarse que las ateas o agnósticas, la identificación religiosa más popular entre los adultos LGBT es “nada en particular”.

Apenas el 16 por ciento de los adultos homosexuales y lesbianas asisten a un servicio religioso semanal, en comparación con el 36 por ciento de los encuestados heterosexuales.

Los adultos LGB también son menos propensos a orar o a creer que la religión es “muy importante”.

Las personas transgénero están excluidas del análisis ya que la encuesta original de 2014 no recogió datos sobre la identidad de género.

Las personas LGB son menos propensas a adoptar la religión organizada

Por supuesto, hay muchas razones por las que las personas LGB, incluso las que creen en Dios, pueden sentirse incómodas como parte de una religión organizada.

Pocas de las más grandes denominaciones cristianas en los Estados Unidos permiten las uniones entre personas del mismo sexo, aunque algunos grupos, incluyendo la Iglesia Episcopal, han adoptado el matrimonio en condiciones de igualdad.

Los intentos de impulsar reformas en otros grupos han sido divisivos, con enojo a principios de este año cuando los miembros de la Iglesia Metodista Unida votaron en contra de permitir que las congregaciones llevaran a cabo bodas del mismo sexo y contrataran abiertamente a clérigos LGBT+.

Por supuesto, muchas de las figuras religiosas más prominentes en los Estados Unidos son también conservadores anti-LGBT.

El cantante de Imagine Dragons, Dan Reynolds, recientemente hizo una petición para que los líderes religiosos incluyeran a personas LGBT+: “Ruego a nuestros líderes religiosos de todo el mundo que defiendan juntos la igualdad. Verdadera igualdad – no palabras vacías de amor – sino declaraciones y acciones que muestran a nuestros jóvenes LGBTQ que están”sin pecado” y perfectos tal como son. Hasta que estos cambios se hagan dentro de las doctrinas de la fe ortodoxa, continuaremos viendo un aumento en los índices de suicidio y depresión/ansiedad entre nuestros jóvenes LGBTQ.”

Reynolds añadió: “Hasta que los líderes de todas las religiones ortodoxas denuncien la terapia de conversión y acepten a nuestros jóvenes LGBTQ en plena comunión, creo que continuaremos viendo un gran éxodo de toda la fe ortodoxa. No somos una generación que defienda la intolerancia, la homofobia o el racismo. Y para aquellos que dicen que la respuesta simple es que nuestros jóvenes dejen la religión – no es tan simple. Muchos de estos jóvenes LGBTQ serán expulsados del hogar y puestos en una situación más peligrosa si denuncian la fe de su familia. También muchos encuentran paz en su fe. La aman. Les trae consuelo en un mundo triste y a menudo aterrador.”

Fuente Cromosomax

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El lenguaje de la bondad

Martes, 26 de febrero de 2019

taize_poznanGabriel Mª Otalora
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 15/02/19.- Cuando decimos de alguien que es una persona bondadosa estamos pensando que es una persona amable, en la que se puede confiar porque no esperamos de ella daño alguno. Pero no deja de ser una descripción un tanto desvaída de la mejor esencia del ser humano.

Si somos hijos de Dios, nuestro ser más íntimo es la bondad aunque al ser imperfectos nos comportamos malamente en no pocas ocasiones. Pero ello no es óbice para que la parcela más luminosa de los seres humanos, aparte de que es lo esencial de su humanidad, tiene unas consecuencias en la radicalidad de las actitudes mucho mayores en que lo que pudiera parecer en algunas definiciones más bien ñoñas de la bondad que nos trae a la cabeza esa cuasi equiparación popular de que, el bueno, es blando o casi tonto. Vamos, que si nos empleamos a fondo en la bondad, en buena parte de esta sociedad seremos considerados más bien como tontos. Pero la bondad es una cualidad propia de la inteligencia espiritual y no tanto una característica del carácter.

Es una pena que una palabra y su contraria puedan haber llegado a tener el mismo fundamento en amplias capas sociales relegando la vida ética (la historia del pensamiento) y la vida evangélica por no ser útiles en el tiempo presente. Pero cuando desaparece la bondad como conducta liberadora y solidaria, entonces se congela la convivencia y la deshumanización acarrea sus consecuencias.

Traigo a la consideración de los lectores una reflexión del gran pensador Paul Ricoeur en una de sus visitas a la comunidad cristiana ecuménica de Taizé: él relaciona a la religión con la práctica de la bondad pero lo enmarca así: Por muy radical que sea el mal, este no será nunca tan profundo como la bondad. Y si la religión, las religiones, tienen un sentido, es el de liberar el fondo de bondad de los seres humanos, ir a su búsqueda, allí donde está totalmente enterrado”. Y cierra su reflexión con esta preciosa rotundidad: “La bondad es más profunda que el mal más profundo”. Para Ricoeur este axioma es la experiencia que debemos buscar y expresarla en el lenguaje comunitario de la liturgia, cada uno desde el fondo infinito de bondad que anida en cada uno de los seres humanos.

Simone de Beauvoir, igual que otros pensadores (Hobbes como paradigma)  utilizó el lenguaje de la bondad de manera subordinada a la maldad: “La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida”.  Lo dijo quizá por lo que cuesta educar nuestro espíritu hasta que adquiera la disposición natural para hacer el bien  cuando lo tentador es precisamente optar por el mal, que suele ser más agradecido a corto plazo y divertido.

Pero es lo que pasa en todo con la naturaleza humana, que nuestras grandes capacidades requieren de mucho esfuerzo y disciplina para que lleguen a brillar: científicos sabios, deportistas de élite, artistas universales, estadistas que cambiaron la historia… todos tuvieron que pasar por muchos esfuerzos ímprobos para llegar a ser la mejor posibilidad de sí mismos sin que nadie dijera que sus inclinaciones naturales eran la holganza, la torpeza, la falta de inteligencia, la nulidad en cualquier disciplina en la que, tras muchos años de abnegado esfuerzo, llegaron a ser alguien superlativo en sus especialidad. ¿No podemos aplicar la misma premisa para la bondad humana? ¿En unos casos el sacrificio es admirable y ejemplar y, en otros, una represión que atenta contra la verdadera humanidad?

Pues aunque no tenga buena prensa la bondad en nuestras selvas urbanas, de lo que no tengo duda es que el signo que señala a una persona como “buena”, es cuando saca lo bueno de otras personas. Y si algún día pudiéramos medir esto en resultados, ciertamente que serían a todas luces revolucionarios.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , , , ,

¿Las personas religiosas son más felices?

Miércoles, 20 de febrero de 2019

felicidadLo asegura un nuevo estudio del Pew Research Center

Los estudios acreditan que la religión hace que las personas sean más sanas y más comprometidas

“Las personas activamente religiosas son más propensas que sus pares menos religiosos a describirse como “muy felices”». Este es uno de los «5 hallazgos” del Pew Research Center que responden a la pregunta de si las personas religiosas son más felices y más sanas que el resto.

Un nuevo estudio global de este centro de investigación constata que, en 19 de 26 países analizados, las personas muy activas religiosamente que dicen ser “muy felices” superan en buena medida a las de menor religiosidad y a los no afiliados religiosamente, los llamados “nones”.

De ese completo estudio, que se publicó el pasado 31 de enero, surge el informe “Are religious people happier, healthier? Our new global study explores this question” (“¿Son las personas religiosas más felices, más sanas?”), que resume en buena medida los resultados de las encuestas realizadas en los 26 países y que analiza “la relación entre religión y salud, felicidad y compromiso cívico”.

Sobre esta cuestión, cabe recordar que, por ejemplo, en Latinoamérica la religión es clave para explicar la felicidad, como informábamos el 20 de marzo de 2018.

O que, según un estudio de Gallup de 2012, cuanta más religiosidad, mayor bienestar.

El informe recuerda que “los estudios han acreditado a menudo que la religión hace que las personas sean más saludables, más felices y más comprometidas con sus comunidades”.

“Pero, ¿están mejor las personas religiosamente activas que aquellas que están inactivas religiosamente o aquellas que no tienen afiliación religiosa?”, se pregunta a continuación.

Para responder mejor a esta cuestión, los investigadores dividieron a los encuestados en 3 categorías: los “religiosos activos”, que se identifican con una religión y asisten a una casa de culto al menos una vez al mes; los “inactivos religiosos”, que se identifican con una religión, pero asisten con menos frecuencia; y los no afiliados religiosamente, también llamados “nones”.

Al respecto, hay evidencias de que la participación religiosa está relacionada con un mayor nivel de felicidad, aunque “no en todas de estas áreas” se manifiesta esa correspondencia en igual medida, como es el caso de la salud.

Los “5 hallazgos” del informe de Pew Research Center, son: “Religiosos y muy felices”, “Religiosidad y salud, sin conexión clara”, “Pero, fuman y beben menos”, “Más solidarios y participativos” y “Las personas religiosas votan más”.

Fuente Agencias, vía Religión Digital

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Las religiones recomiendan al G20 qué hacer para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Viernes, 21 de septiembre de 2018

g20-interfaith-forum-2018-home-page-banner-revisionArgentina, capital interreligiosa del mundo del 26 al 28 de septiembre

‘G20 Interfaith Forum‘, con el patrocinio de Kaiciid, en Buenos Aires

(Kaiciid).- Bajo la premisa de que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no podrán ser alcanzados sin la contribución de individuos y organizaciones con motivaciones religiosas, y con la convicción de que las comunidades religiosas están trabajando activamente en áreas como educación, salud, migración y cambio climático; académicos, líderes religiosos, responsables políticos y representantes de organismos nacionales e internacionales se reunirán en Buenos Aires, Argentina, del 26 al 28 de septiembre para compartir experiencias y reunir recomendaciones sobre cuestiones que serán discutidas en la cumbre del G20 que tendrá lugar en la capital argentina del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2018.

EL G20 Interfaith Forum (Foro Interreligioso del G20) es una plataforma informal cuyos debates enriquecen anualmente las reuniones del G20. En esta ocasión, en su quinta edición, y tomando en cuenta las prioridades de la presidencia Argentina del G20, las discusiones estarán enmarcadas bajo el tema de “Construir consenso para el desarrollo sostenible justo: Las contribuciones religiosas para un futuro digno”.

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El Centro Internacional de Diálogo (KAICIID) ha formado parte del equipo organizador de este encuentro, cuyas sesiones tendrán lugar en el ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, así como en el hotel y centro de convenciones Sheraton Buenos Aires. El KAICIID estará representado por su Secretario General, Faisal bin Muaammar; el Secretario General Adjunto, Álvaro Albacete; y el asesor Patrice Brodeur, quienes abordarán temas como las respuestas de agentes religiosos a la violencia y al extremismo; el financiamiento de la ayuda humanitaria en zonas de conflicto; y la colaboración entre el sector público y el privado -incluyendo organizaciones religiosas- para el desarrollo sostenible.

 

Asimismo, su Eminencia el Metropolitano Emmanuel (Adamakis) de Francia, miembro de la Junta Directiva del KAICIID y Claudio Epelman, Director Ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano y miembro del Foro Asesor del KAICIID compartirán sus experiencias sobre la contribución de las religiones a los retos globales emergentes.

“Nos complace participar una vez más en el Foro Interreligioso del G20, que de la misma forma que el KAICIID, trae a la mesa a responsables políticos y líderes religiosos para encontrar soluciones a temas concretos y de importancia global. De manera especial nos alegra viajar a Argentina, una sociedad diversa, inclusiva y con la convivencia interreligiosa en su ADN. Esperamos tener un diálogo fructífero en Buenos Aires, cuyo arduo trabajo interreligioso de sus líderes le ha llevado a ser nombrada oficialmente ‘Ciudad del diálogo interreligioso’ y a convertirse en una referencia regional e internacional”, aseguró el Secretario General del KAICIID, Faisal bin Muaammar.

El programa completo del foro 2018 está disponible aquí. Previas ediciones han tenido lugar en Australia (2014), Turquía (2015), China (2016) y Alemania (2017). Japón (2019) y Arabia Saudí (2020) están previstas como futuras sedes.

Fuente Religión Digital

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“El Infinito en el texto”, por José Arregi

Lunes, 9 de julio de 2018

libros_sagrados-300x300Leído en su blog:

Hace 5000 años, la humanidad dio un salto cultural decisivo: inventó la escritura. La palabra efímera se convirtió en texto duradero, la memoria olvidadiza dejó paso a tablillas de barro o de arcilla grabadas a estilete y secadas luego al aire libre o cocidas en un horno de fuego. Sucedió en Sumeria, actual Irak (solo con esto debiera bastar para que el llamado Occidente depusiera su arrogancia y retirara de allí sus mortíferos tanques, drones y expolios).

Entonces empezó lo que llamamos “historia”, aunque no es más que nuestra historia humana, tan breve y tan intensa, tan contradictoria, marcada como las tablillas de arcilla por lo más sublime y lo más infame. Dicen que los primeros textos cuneiformes conocidos recogen, no bellos poemas, sino prosa económica: contratos, compraventa, contabilidad, “tantas vacas engordadas” para el sacrificio y el negocio… ¿Será la escritura mero instrumento para una economía más efectiva?

Entonces empezó también la historia conocida de las religiones, y nacieron, por lo que sabemos, los dioses como seres sobrehumanos a imagen humana, presididos siempre por un dios supremo, casi siempre masculino. En su nombre, mitos, creencias, códigos de virtud e himnos litúrgicos quedaron plasmados en el barro o en la arcilla que somos. ¿Volverá a nacer la vida en el barro y en la arcilla, como nació hace cuatro mil millones de años en nuestro maravilloso planeta Tierra, tan fecundo y tan frágil?

La pregunta se concreta: ¿esos textos que llamamos “sagrados” –que solo son sagrados en la medida en que inspiran la vida y no son más sagrados que cualquier otro texto que la inspire–, esos viejos textos, por admirables que sean –la Biblia, el Corán, los Vedas, las Upanishads, el Gîta, las Analectas de Confucio, el Dao De Jing de Laozi…–, contienen aún para nosotros, en este siglo XXI del conocimiento en aumento exponencial y del cambio acelerado, en este mundo desconcertado y afligido, algún rayo de luz que ofrecernos?

Respondo categóricamente: Sí, contienen innumerables chispas de luz para vivir la comunión planetaria de la vida. Pero con una condición: la de saberlos leer hoy. La escritura supuso una enorme oportunidad para las tradiciones religiosas: la transmisión fidedigna a las generaciones venideras de todos los tiempos y culturas. Pero la fijación por escrito constituyó igualmente la peor tentación, el mayor peligro: la fijación por escrito de la sabiduría originaria, de la inspiración vital.

¿Cómo leerlos hoy? Ésa es la cuestión: cómo volver a leer esos textos religiosos milenarios, cómo recuperar el aliento vital que late en ellos, con todas sus ambigüedades, en su fondo más verdadero. Es la pregunta y el propósito que nos mueve a la Fundación EREITEN y las asociaciones AGORA y GUNE a organizar para los próximos dos cursos unos ciclos de relectura de los textos fundantes de las grandes tradiciones religiosas o sapienciales, en Oñati y en euskera (si quisieras informarte, con gusto te atenderemos en testufundatzaileak@agora21.eus).

Leer es releer, pues el texto es como una fuente que mana: la palabra del escritor, de origen remoto y oscuro, se vuelve palabra reestrenada en labios del lector, y lo dicho vuelve a sumergirse en la tierra de lo indecible.

Aferrarse al significado del pasado es desecar el curso del texto, su manar siempre nuevo, su ilimitada posibilidad de nuevos sentidos. El agua de la fuente no se repite jamás; solo en cuanto nueva es siempre la misma. El texto es la fuente, no el agua. Es la forma, no el espíritu. Tuvo un significado en su origen: lo que el escritor “quiso decir”; pero aquel primer significado fue adquiriendo nuevos matices y sentidos a lo largo de la historia de la lectura. Todo texto está abierto al Infinito indecible más allá de todo lo dicho.

Mar-Alain Ouaknin, prestigioso rabino, filósofo y teólogo, ha escrito que la Biblia es el Infinito vuelto finito en el texto como en una cárcel estrecha: toca al lector abrir sus barrotes y devolver a Dios su infinitud. “Lo escrito escrito está”, dijo Pilato, y condenó a Jesús. Jesús fue condenado por el “está escrito”, pues decía: “Está escrito, pero yo os digo…”, algo siempre nuevo. Quien se limita a repetir lo dicho, el significado, convierte el texto en ídolo. Solo quien se arriesga a reinterpretarlo confiesa la infinitud de Dios. En eso consiste leer.

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¡Feliz Día del Orgullo Gay!

Jueves, 28 de junio de 2018

 

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Hoy es el día en el que celebramos el Día Internacional del Orgullo Gay, en recuerdo del levantamiento dela comunidad LGTBI frente a la opresión social y el acoso policial en The Stonewal Inn ubicado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village. Se cita a estos disturbios como la primera ocasión, en la historia de Estados Unidos, en que la comunidad LGBTI luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con el beneplácito del gobierno, y son generalmente reconocidos como el catalizador del movimiento moderno pro-derechos LGBTI en Estados Unidos y en todo el mundo.

Jesús nos invita a despojarnos del miedo, a levantar la cabeza, a dejar las opresiones y decir alto y claro a los que detentan el poder en las distintas iglesias: ¡Somos  creyentes, somos cristianos, somos personas LGTBI, somos Hijos e Hijas de Dios! ¡Nada ni nadie nos va a parar!

Y, a pesar de los avances, no podemos olvidar a quienes han caído en el camino victimas de la homofobia, de la Transfobia…

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Un día de reivindicación, un día de manifestación, por quienes no pueden hacerlo.

Un día de acción de gracias por ser como somos, porque el Dios Trinidad nos ha hecho diversos en la comunión

Un día para decirles a los jerarcas de nuestras diferentes denominaciones que se equivocan marginándonos en las iglesias, sinagogas, mezquitas…

Un día para gritar a los cuatro vientos ¡Gracias Padre porque nos has hecho así y nos amas!

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¡¡¡Feliz Día del Orgullo!!!

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Más de la mitad de los jóvenes españoles ya no creen.

Jueves, 14 de junio de 2018

el-sindrome-de-las-iglesias-vacias_560x280Uno de cada cuatro ciudadanos se define como no religioso, según un informe

Cataluña, País Vasco, Baleares y Navarra, las regiones con más número de ateos

Los jóvenes que no creen en Dios ni practican ninguna religión llegaron en el 2017 al 53,5 %, superando por primera vez a los que sí creen, y en cuanto al conjunto de la población, uno de cada cuatro españoles no es religioso, según el estudio ‘Laicismo en cifras 2017’, de la Fundación Ferrer i Guàrdia.

Este año, sin embargo, el porcentaje de no creyentes se ha reducido un 0,8 %, aunque la directora de la Fundación, Sílvia Luque, ha remarcado a Efe que “no se trataría de un cambio de tendencia”, sino de un aspecto estadístico, ya que desde 1980 hasta hoy, la población no religiosa ha aumentado de forma sostenida.

Según Luque, la disminución de las personas creyentes se dio de forma “acusada” entre 1980 y el 2010, una tendencia que habría dado paso ahora a un “estancamiento” porque “son cambios lentos”.

“La no religiosidad en jóvenes sí que continúa creciendo, pero su peso poblacional es menor y, por lo tanto, tiene menos impacto en la estadística general”, ha aclarado Luque.

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Los jóvenes se apartan de la religión

Actualmente, la edad es uno de los factores que más incide sobre la probabilidad de profesar una religión: mientras que el 53,5 % de los menores de 25 años no creen, esta proporción disminuye para cada franja de edad, hasta llegar al 6,7 % en los mayores de 65 años.

El informe también recoge “amplias diferencias” territoriales, ya que mientras el 39 % de los catalanes se declaran no religiosos, sólo el 9 % de murcianos comparten esta característica.

A Catalunya le siguen, con mayor número de no religiosos, el País Vasco, las Islas Baleares y Navarra, mientras que siguiendo a Murcia, con menor número de no religiosos, están Aragón, Castilla-La Mancha y Extremadura.

“Los territorios con más urbanización e industrialización temprana muestran una secularización más avanzada porque las zonas rurales han mantenido más las tradiciones, incluyendo las de carácter religioso”, ha explicado Luque.

Otro dato que destaca en el informe es la sostenida disminución de la importancia de la religión en la vida, que por primera vez en el 2014 fue superada por la política, una tendencia que se ha mantenido hasta hoy.

En el oficio de los ritos de paso (bautizo, boda y funeral) también hay una tendencia de secularización marcada, ya que la proporción de matrimonios civiles y religiosos “se ha invertido completamente” en 20 años: si en 1996, el 76,7% de enlaces eran confesionales, ahora representan tan solo el 27,5%.

Otra tendencia de las últimas décadas es el aumento de los niños nacidos de padres no casados, que en 1990 representaban el 9,6 % y hoy llegan hasta el 44,4 %.

Una faceta que también analiza el informe es el impacto de la religión en la educación, y destaca que el 18% de alumnos españoles están matriculados en un centro privado o concertado de confesión religiosa, frente al 68% de alumnos matriculados en la escuela pública y un 14% en una privada concertada laica.

Respecto a la opinión sobre el aborto, el 79% de ateos y el 72% de no creyentes se muestran a favor, frente al 40% de católicos y al 26% de creyentes de otras religiones, unos porcentajes que se repiten de forma similar en la valoración de la igualdad del derecho a la adopción para las parejas homosexuales.

Los sociólogos Hungría Panadero y Josep Mañé son los autores del informe, que se edita anualmente desde hace siete años para “hacer una radiografía del laicismo en un sentido amplio”, según Luque, incluyendo la profesión de fe de la población pero también el análisis de las relaciones entre Iglesia y Estado.

Fuente Agencias/Religión Digital

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