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El Dios que Susurra…

jueves, 4 de septiembre de 2025
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El Ministerio New Ways Ministry ofrece una serie de reflexiones bíblicas para personas LGBTQ+ y sus aliados, titulada Journeys.” (Viajes). Estos recursos son ideales para la reflexión individual, para conversar con un amigo o consejero espiritual, o para la reflexión comunitaria en una parroquia, escuela u otra comunidad de fe.

Hoy comenzamos una nueva entrega de la serie basada en la llamada de Elías, que se encuentra en 1 Reyes 19:3-15. Este ejercicio reflexivo se encuentra en la página «Journeys” (Viajes) del sitio web del Ministerio New Ways. Allí encontrará un botón para descargar el texto en formato PDF.

Oramos para que estos recursos le ayuden en su camino personal con Dios.

Si desea compartir sus ideas con otros lectores de Bondings 2.0, no dude en publicar sus respuestas en la sección «Comentarios» de esta publicación.

El Dios que Susurra

Introducción

Elías, profeta del antiguo Israel, se encuentra en el punto más bajo de su vida: solo, asustado y desesperanzado. Desesperado, pide morir. En lugar de honrar su deseo de morir, Dios responde a su profunda necesidad de esperanza y seguridad. El «mensajero» de Dios —quizás un ángel o un desconocido— cuida con ternura a Elías, le fortalece y lo invita a un lugar santo. En el monte Horeb, Elías habla con Dios, explicándole repetidamente su situación y expresando su frustración. Finalmente, Elías escucha a Dios susurrar en el silencio, dándole un plan y un propósito.

Esta historia revela a un Dios bondadoso y paciente que se presenta de maneras inesperadas cuando nos encontramos en nuestro punto más bajo. Dios se acercó a Elías a través de la bondad de un desconocido, que bien podría haber sido un ángel, brindándole una buena comida y un momento de tranquilidad en la naturaleza. A través del ejemplo de Elías, podemos aprender a escuchar la voz de Dios en la quietud de nuestro corazón.

***

1 Reyes 19:3-15

Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida, rumbo a Beerseba de Judá. Dejó allí a su criado y recorrió un día de camino por el desierto, hasta que llegó a una retama solitaria y se sentó bajo ella. Oró pidiendo la muerte:

– «¡Basta, Señor! Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».

Se acostó y se durmió bajo la retama solitaria, pero de repente un mensajero lo tocó y le dijo:

– «¡Levántate y come!».

Miró y vio a su cabecera una torta de pan y una jarra de agua. Después de comer y beber, se volvió a acostar, pero el ángel del Señor regresó por segunda vez, lo tocó y le dijo:

– «¡Levántate y come, o el viaje será demasiado largo para ti!».

Se levantó, comió y bebió; luego, fortalecido por esa comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb.

Allí llegó a una cueva, donde se refugió. Pero la palabra del Señor vino a él:

– «¿Por qué estás aquí, Elías?».

Él respondió:

– «He sido muy celoso por el Señor, Dios de los ejércitos, pero los israelitas han abandonado tu pacto. Han destruido tus altares y asesinado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado, y buscan quitarme la vida».

Entonces el Señor dijo:

– «Sal y ponte en el monte delante del Señor; el Señor pasará».

Hubo un viento fuerte y violento que azotaba las montañas y trituraba las rocas delante del Señor, pero el Señor no estaba en el viento; tras el viento, un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto; tras el terremoto, fuego, pero el Señor no estaba en el fuego; tras el fuego, un sonido leve y silencioso.

Al oír esto, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se detuvo a la entrada de la cueva. Una voz le dijo:

– «¿Por qué estás aquí, Elías?».

Él respondió:

– «He tenido gran celo por el Señor, Dios de los ejércitos, pero los israelitas han abandonado tu pacto. Han destruido tus altares y asesinado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado, y buscan quitarme la vida».

El Señor le dijo:

– «¡Regresa! Toma el camino del desierto hacia Damasco. Cuando llegues, ungirás a Hazael como rey de Siria».

***

PARA LA REFLEXIÓN

1.- Como persona LGBTQ+ o aliado, ¿cuándo has experimentado desesperación, depresión o la tentación de rendirte? ¿Cómo te nutrió y cuidó Dios durante ese tiempo?

2.- Elías viajó 40 días y 40 noches a pie para llegar a un lugar santo, el Monte Horeb. ¿Cómo ha sido tu camino de fe como persona LGBTQ+ o aliado? ¿Qué estímulos y desafíos has encontrado en el camino?

3.- ¿Cómo responderías a la pregunta de Dios a Elías: «¿Por qué estás aquí?» (Siéntete libre de interpretar «aquí» como te resulte relevante).

4.- ¿Adónde vas para escuchar la voz de Dios con más claridad?

5.- Elías descubrió la voz de Dios, no en el dramático terremoto o incendio, sino en el silencio. ¿Qué tiempo tienes en tu día o semana para el silencio, lejos de las distracciones y la tecnología? ¿Cómo podrías dedicar más tiempo a escuchar la voz de Dios en silencio?

6.- Al final de este pasaje, Elías recibe instrucciones muy claras de Dios sobre qué hacer a continuación. Estas instrucciones le devuelven el sentido de propósito que había perdido. ¿A qué podría estar Dios llamándote?

7.- ¿Cómo te identificas con esta historia como persona LGBTQ+ o aliado?

***

ORACIÓN

Escucha la buena nueva del amor de Dios por nosotros;
no en el terremoto, ni en las tormentas, ni en las obras poderosas,
sino en el silencio, en la caricia suave, en la lluvia silenciosa.
Dios dice,
de nuevo:
Eres mi Amado. Te amo”.

~ escrito por Katherine Hawker (1995) y publicado en Liturgias al Aire Libre. http://liturgyoutside.net/CPr5.html

(Disponible en https://cmbs.mennonitebrethren.ca/worship_resources/elijah-and-the-still-small-voice/)

***

VIDEO DE MEDITACIÓN

Practica escuchar a Dios en el silencio, como lo hizo Elías. Si queremos encontrarnos con Dios, debemos crear un espacio para el silencio en nuestras vidas, lejos de la distracción de nuestras listas de tareas, pantallas y otros estímulos. La meditación es una forma de cultivar esta quietud interior.

Este video comienza con una meditación audioguiada de siete minutos. Te guiará en el proceso de aquietar tu mente y tu corazón, usando la historia de Elías que acabas de leer. A esto le siguen cinco minutos de silencio.

Meditación guiada “La Voz Apacible y Suave” para la calma y la paz

( https://www.youtube.com/watch?v=ML4hRn2I-q4  )

Ariell Watson Simon, New Ways Ministry, August 26, 2025

Fuente New Ways Ministry

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“La magia del Silencio”.

viernes, 22 de agosto de 2025
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El silencio es una manera de permanecer en esa presencia que nos recuerda, en la ciudad y en el monasterio, la no violencia, la compasión, la solidaridad”:

Hna. Magda Bennásar

¿Has visitado alguna ciudad musulmana? ¿Qué es lo que más te llamó la atención?

Hace algún tiempo, algunas hermanas viajamos a Turquía. Fue una sugerencia de nuestra comunidad: conocer la cultura musulmana por inmersión, como parte de un estudio sobre el impacto del silencio y la oración en la ciudad.

Estambul es un sueño tendido entre Europa y Asia, donde la religión aflora en todo: en la multiplicidad de hermosísimas mezquitas por doquier, en la arquitectura y decoración, en los gestos de las personas al saludarte, en el respeto con los alimentos, en la forma natural en que la religión se mezcla con la vida diaria

Pero si tengo que nombrar un aspecto que sigue bullendo en mí, aún después de tanto tiempo, es la llamada a la oración, el adan, la forma romanizada del árabe que significa ‘oír’.

Son las 4:30 de la mañana. Algo me despierta. Es un sonido diferente: no es tráfico, no es gente pasando por la calle o en el pasillo del hotel, no es música. ¿Qué es? Es el cántico del almuecín —miembro de la mezquita responsable de la llamada— elevándose desde el minarete e invitando a la oración.

Hasta ahí, bien. Diferente, pero normal en una ciudad musulmana. Pero en Estambul hay unas tres mil mezquitas, y todas llaman a la oración al mismo tiempo.

Cinco veces al día ¿Sabes lo que es eso? Solo recordarlo me recorre un escalofrío por dentro.  Ese recuerdo, incluso ahora, me invita a orar.

Rezan al amanecer, al mediodía, a media tarde, al atardecer y por la noche. Es como un gran monasterio que se expande entre dos continentes. Un 20 % de la ciudad está en Europa y un 80 % en Asia, separados por el estrecho del Bósforo, que marca la frontera entre ambos continentes y divide la ciudad de Estambul.

Al cruzar el Bósforo a mediodía, llegaban las invitaciones con ese cántico que en sí ya te conduce a la oración. Y así a lo largo del día, todos los días, hasta que lo echas en falta y lo esperas a lo largo de las horas.

Me recuerda que cuando era pequeña, en España, la católica España, a mediodía tocaban las campanas de las iglesias para rezar el ángelus. Nuestros abuelos contaban que antes del boom turístico, la gente que trabajaba en el campo se detenía y rezaba. Había también campanas que anunciaban la Eucaristía.

Hoy vivimos pegados al móvil, al ordenador, a las prisas por llegar no sé muy bien a dónde.  Y entre tanto, vamos perdiendo el sentido y el sabor de lo sagrado.

Nuestros hermanos y hermanas musulmanas nos enseñan el valor de la oración. En el aeropuerto, en los rincones de una estación, ves personas arrodilladas en su alfombrilla rezando, siempre mirando hacia La Meca.

Pero como personas occidentales, no siempre lo comprendemos ni lo valoramos. Es “cosa de ellos y ellas”, personas que también llegaron a nuestras ciudades a trabajar y a quienes les cuesta integrarse en una sociedad tan secularizada y en una cultura tan diferente.

Entramos en una mezquita del centro de Estambul, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Enseguida, un hombre joven, amabilísimo y sonriente, se acercó y nos ofreció unos dulces típicos —las ‘delicias turcas’— para que con esa dulzura acogiéramos su testimonio. Su entusiasmo y profundo conocimiento de su Dios, que es el mismo que el nuestro, me conmovieron.  Reconozco, con profundo respeto, que viven en continua presencia de Dios, lo cual es envidiable.

Me fascina la experiencia de ese monasterio expandido por la ciudad, que invita a los veinte millones de habitantes a orar cinco veces al día y a tomar sus alimentos sin una gota de alcohol. Es una sobriedad que, si la comparo con nuestras culturas, resulta impactante.

Pero también en nuestra vieja Europa hay algo que me convence bastante. Y aunque no tiene el mismo impacto que el de una ciudad musulmana, posee una gran fuerza, es lo que llamamos los ‘círculos de silencio’ en las ciudades.

¿Qué son? Una acción no violenta, en solidaridad con las personas migrantes y de reivindicación de los derechos de todas las personas.

¿Cómo funcionan? La gente va llegando y se coloca de pie, en círculo, y poco a poco, con la ayuda de una música relajante, se va entrando en una actitud de silencio total: 20 minutos o lo que decida el grupo.

Normalmente alguna pancarta describe el motivo del evento: por ejemplo, la trata de personas. La pancarta se ubica de manera visible para que las personas que pasan puedan conocer el motivo de esa manifestación silenciosa en pleno centro de la ciudad, porque ahí es donde se ubican los círculos.

Hace unas semanas asistí al último que hicimos en el centro de Palma de Mallorca. Poco más de 30 personas, completamente concentradas, sin mirar a la gente, orando en silencio.

No se pueden imaginar la cantidad de gente que se acercó. Nos miraban, leían la pancarta, se quedaban un ratito… y seguían su camino. Yo, por el rabillo del ojo, observaba sus semblantes respetuosos y su silenciamiento progresivo en la medida que se acercaban al círculo.

Impacta. No hay palabras. No hay intentos de convencer a nadie. El silencio es más elocuente que muchas palabras. Es una manifestación no violenta.

La iniciativa de estos círculos nació en Toulouse, Francia, en 2007, de la mano de los hermanos franciscanos.

Hace unos años viví en Lovaina, y también ahí hacíamos el círculo en pleno centro de la ciudad, donde viven más de 60 000 estudiantes. ¿Se imaginan el impacto? Pasaban en bici y caminando a la hora del almuerzo, nos miraban, leían, seguían. Al final preguntaban sobre el evento y el porqué del silencio. Era una gran oportunidad para compartir. Normalmente lo valoraban y daban su opinión sobre la violencia y la necesidad de la no violencia.

Ese silencio que toma fuerza en medio de la ciudad, me recuerda también otros lugares donde la oración marca el ritmo del día. Así como en las ciudades musulmanas resuena el adan, también en nuestros monasterios los monjes y monjas rezan cinco veces al día. Desde el amanecer hasta la noche cerrada, sus cantos en comunidad y sus rezos por la paz acompañan la jornada.

El silencio es una manera de permanecer en esa presencia que nos recuerda, en la ciudad y en el monasterio, la no violencia, la compasión, la solidaridad.

A mí me encanta la idea de sembrar nuestras ciudades y pueblos de ‘círculos de silencio’, para que una vez al mes digamos a las personas, pero sin palabras, cuánto valen nuestras hermanas y hermanos que sufren.

Eso tiene el silencio: lo dice todo.

Te animo a que lo intentes en tu ciudad. Es una manera de humanizarla, de respetar abiertamente las diferentes ideologías, de abrir espacio al amor.

Porque al silencio solo le interesa el amor.

¿Te imaginas sembrar Estados Unidos y América Latina de ‘círculos de silencio’?

Es un sueño que empieza de pie, en silencio, con el corazón abierto.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

Fuente Fe Adulta

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“ Padre Nuestro… ¡De todos, no de unos pocos!”, por José Mª Rojo G

martes, 19 de agosto de 2025
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«Pedimos a Dios lo que más necesitamos, lo que la mayoría necesita para vivir con un mínimo de dignidad»

Ante la insistencia de los que quieren “la fórmula”, Jesús se anima y nos deja ese modelo que todos aprendimos de chicos y del que no nos aburrimos, el que repetimos cada día y el que resume bien todas nuestras necesidades. Vale la pena recordarlo y repasarlo. Es el “padre nuestro

«Quiere que todos tengamos a diario nuestro pan. Y en el pan incluimos todas las condiciones para una vida digna: la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, internet hoy… ¡Pero para todos, no para unos pocos

 

En la fuente “Q” (Mt y Lc) encontramos que el propio Jesús, a petición de los suyos, nos enseña una oración. Ya nos lo había dicho, que no eran necesarias fórmulas ni oraciones prefabricadas, que el mismo Padre sabía bien lo que necesitábamos, que bastaba con hacerlo en secreto, sin gritos ni alharacas, sin aspavientos para que nos vean… Pero, ante la insistencia de los que quieren “la fórmula”, Jesús se anima y nos deja ese modelo que todos aprendimos de chicos y del que no nos aburrimos, el que repetimos cada día y el que resume bien todas nuestras necesidades. Vale la pena recordarlo y repasarlo. Es el “padre nuestro”.

Eso, comenzamos por no apropiárnoslo, por llamarlo “nuestro”, de todos, también de los que nos caen mal, de los que no soportamos, de aquellos que nos friegan a diario. Y no es fácil ser hijos del mismo padre y hermanos. Pero lo repetimos a diario, para que nos lo vayamos creyendo, poco a poco: no es una comida fácil de digerir, están duros los frijoles…

Y de golpe, como quien no quiere le endosamos tres peticiones para que Él las vaya haciendo realidad: “que santifiquemos su nombre, que se haga su voluntad y que llegue su Reino”. Las tres son don y tarea, más lo primero que lo segundo. Tenemos que poner nuestra parte, pero Él pone la principal. Y sabemos es su voluntad, que el Reino llegue. Para eso se encarnó, para eso plantó su carpa en nuestro campamento. Y nos lo demostró día a día, curando toda dolencia, creando condiciones para que fuéramos felices. Quiere que el Reino llegue, esa es su voluntad y así es como se va a sentir santificado (muy pronto lo entendió S. Ireneo: “la gloria de Dios es que el hombre viva” y viva con toda dignidad).

De aquella Encarnación han pasado dos milenios y aún no queremos entenderlo, le seguimos dando vueltas los cristianos ¿Más claro tuvo que hablar y actuar? ¡Pero nos cuesta! Esa es su voluntad y no otra, así vamos a santificar su nombre, poniendo nuestra partecita para que el Reino llegue. Es la única forma que tenemos,… ¡no hay otra!

Y eso nos da derecho a pedir que “el pan de cada día nos llegue. A todos, porque Él hace llover y salir el sol para buenos y para malos, para justos y para injustos. Quiere que todos tengamos a diario nuestro pan. Y en el pan incluimos todas las condiciones para una vida digna: la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, internet hoy… ¡Pero para todos, no para unos pocos!

Sabemos que son muchos los que en el mundo carecen de pan, de condiciones para vivir con dignidad. Comenzando por el pan físico: mas de 700 millones en el mundo pasan real y verdadero hambre (no solo en Gaza, que ya clama al cielo); Pero unos 4,000 millones de personas (la mitad de la población mundial) viven sin acceso a condiciones elementales de salud; 2,700 millones no tienen agua potable; unos 773 millones de adultos son analfabetos; son millones y millones los que malviven con sueldos de miseria… Y así podríamos seguir. Con razón en el Padre nuestro le pedimos a Dios lo que más necesitamos, lo que la mayoría necesita para vivir con un mínimo de dignidad.

Y a continuación le pedimos a nuestro Dios que nos perdone nuestras ofensas. Pero lo condicionamos fuerte: que nos perdone como nosotros estamos dispuestos a perdonar. De lo contrario que no nos perdone. Es decir, en la práctica muchos le decimos que no nos perdone (¡Cuántos repetimos aquello de “perdono, pero no olvido”! o lo que es lo mismo “no perdono”). Y todos sabemos que el perdón es un proceso, proceso por el que hacemos un largo viaje, pues no es fácil llegar al final.

Somos realistas: le pedimos que “no nos deje caer en la tentación”, no que nos libre de la tentación, no, pues aceptamos ésta como lo más normal y cotidiano (en los sinópticos se nos dice que hasta el propio Jesús fue tentado por el diablo). Le pedimos vencer, no caer en tentación, y eso sí es posible con su gracia y nuestro esfuerzo. Si es lo más cotidiano -tentaciones las tenemos de todo tipo- normal que lo incluyamos en nuestra oración de cada día.

Y remacha Jesús la oración pidiendo “que nos libre del mal”. Y son muchos los males que nos acechan a cada paso. Que sea Él quien nos libre, a pesar de las muchas ocasiones y tentaciones que tengamos.

Seguimos rezando esa oración que a muchos nos enseñaron los respectivos “joaquines y anas” y seguimos diciéndole en ella al buen “Padre Nuestro” que se haga su voluntad, que TODOS tengamos condiciones de vida dignas y que lleguemos al final, a vernos libres de todo lo malo.

José Mª Rojo G

Fuente Religión Digital

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Estad como los que aguardan.

domingo, 10 de agosto de 2025
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Teresa de Jesús, que vivió intensamente la vida, nos invita a nosotros a vivirla con agradecimiento, en atenta espera del Amado, con absoluta confianza porque nos sabemos de su rebaño…

 

Teresa de Jesús vivió asombrada. ¿Acaso se puede vivir de otra manera la fe? El don de Dios, en el misterio de su humanidad, la dejó ‘espantada’, como ella decía. La oración interior fue su manera de responder al milagro de la Presencia: “En lo muy muy interior siente en sí esta divina compañía” (7Moradas 1,7). En estos días de agosto, de tiempo ordinario o vacacional, Teresa de Jesús nos invita a mirar asombrados “El amor que nos tiene Jesús porque … De tal manera ha querido juntarse con la criatura, que así como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar Él de ella” (7M 2,3).

Lo que escuchó María: ‘Para Dios nada es imposible’, fue, para Teresa de Jesús, la fuerza que la empujó a realizar los sueños de Dios, desafiando las dificultades. Le decían que la vida nueva que quería vivir era “un disparate” (V 32,14), que las mujeres “no han menester esas delicadeces” (Camino 21,2), pero Jesús había juntado su debilidad con su poder, había engrandecido su nada. A nosotros, tentados tan a menudo por el desaliento, nos conviene escuchar el coraje de Teresa de Jesús: “Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, murmure quien murmurare” (C 21,2).

Lo que le oyó a Jesús Teresa es un excelente programa de vida para nosotros: “Que mirase por sus cosas (las de Jesús), que Él miraría por las suyas” (7M 3,2). “No hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen” (7M 4,16). Ahí está la belleza del testimonio: “Sea Dios alabado y entendido un poquito más, y gríteme todo el mundo” (7M 1,5).

*

Tomado del boletín teresiano del CIPE

 

(Foto Pazo Pías galleries4-img-55-3-pazopias.TIX)

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”

Pedro le preguntó:

“Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”

El Señor le respondió:

“¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.”

*

Lucas 12, 32-48

***

Dichosos los que han optado por vivir con sobriedad para compartir sus bienes con los más pobres. Dichosos los que renuncian a más ofertas de trabajo para resolver los problemas de los parados.

Dichosos los funcionarios que agilizan los trámites burocráticos e intentan resolver los problemas de las personas no informadas.

Dichosos los banqueros, los comerciantes y los agentes de venta que no se aprovechan de las situaciones para aumentar sus beneficios.

Dichosos los políticos y los sindicalistas que se comprometen a encontrar soluciones concretas al paro.

Dichosos nosotros cuando dejemos de pensar: «¿Qué mal hay en defraudar? Lo hacen todos…».

Entonces, la vida social se convertirá en una anticipación del Reino de los Cielos.

*

Paul Abela.

***

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Padre nuestro…

domingo, 27 de julio de 2025
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Padre nuestro tu que estás
en los que aman la verdad,
haz que el reino que por Ti se dio
llegue pronto a nuestro corazón,
que el amor, que tu hijo,
nos dejó, ese amor…
habite en nosotros.

*

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

*

Y en el pan de la unidad,
Cristo danos Tú la paz
y olvidate de nuestro mal,
si olvidamos el de los demás,
no permitas, que caigamos
en tentación…
oh señor…
y ten piedad…
del mundo.

*

***

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

– “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.”

Él les dijo:

– “Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”

Y les dijo:

“Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.”

Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.”

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”

*

Lucas 11, 1-13

***

Tú has venido, oh Señor, a revelar a tu Padre como Padre de todos, un Padre que no alberga resentimientos o deseos de venganza, un Padre que se preocupa por cada uno de sus hijos con un amor infinito y que no vacila en invitarlos a su casa. Sin embargo, hoy no da la impresión de que nuestro mundo conozca a tu Padre. Nuestras naciones están laceradas por el caos, por el odio, por la violencia, por la guerra. La muerte domina en muchos lugares.

Oh Señor, no olvides el mundo al que viniste a salvar a tu pueblo; no vuelvas la espalda a tus hijos, que desean vivir en armonía pero se sienten asaltados de continuo por el miedo, la rabia, la codicia, la violencia, la avidez; por la sospecha, por los celos y por la sed de poder. Trae tu paz a este mundo, una paz que no podemos conseguir nosotros solos. Despierta la conciencia de todos los pueblos y de sus jefes; haz surgir hombres y mujeres llenos de amor y generosidad, que puedan hablar y actuar en favor de la paz, y muéstranos nuevos modos para que el odio sea olvidado, para que puedan a volver a sanar las heridas y pueda ser restablecida la humanidad. Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Amén

*

H. J. Nouwen,
Oraciones desde el silencio,
Brescia 2000, pp. 54ss

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“ El despertar de la fe (III)”, por Isabel Gómez Acebo

sábado, 21 de junio de 2025
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Leído en su blog:

En mis anteriores entradas hablé del despertar de la fe en Inglaterra y ahora le toca el turno a Francia, un país tradicionalmente secular que desde 1905 prohíbe los símbolos religiosos en los colegios, los ayuntamientos y edificios públicos. Alrededor del 5% de sus habitantes acuden a misa los domingos, una cifra que contrasta con el 20% en Italia y el 36% en la católica Polonia. A pesar de estas cifras el catolicismo ve con sorpresa un resurgir de su fe

En la Pascua pasada se bautizaron 10.384 adultos, un salto del 44% del año anterior y casi un doble de la cifra de bautizados en 2023, una novedad que también se ha dado en otros países europeos, aunque en menor medida, como Austria y Bélgica. Lo más curioso es que en Francia cerca del 25% son estudiantes y el resto se divide por igual entre trabajadores, blue y white collar (mono y corbata, aunque han pasado a la historia estas maneras de vestir), tres quintos eran mujeres y la mayoría provenía de unos hogares sin experiencias de fe.

Los expertos hablan de que el Covid impuso una soledad que vino acompañada por las preguntas sobre el sentido de la vida. En esos momentos también influyó, el abuso de la pantalla ya que la gente buscó relaciones más allá de las virtuales. Algunas personas descubrieron el yoga pero para otros la respuesta fue la fe con el consabido inicio del catecumenado

Este incremento francés también ha cuestionado a los sociólogos ya que la Iglesia se vio muy cuestionada por los abusos sexuales de su clero. La cima de la duda se rompió con el incendio de la catedral de París en el 2019 y los magnos intentos de su restauración. Fue como una resurrección de la fe y un convite a redescubrirla. Pudo también influir una respuesta al islam y a la tradicional cultura secular francesa.

En Francia no hay telepredicadores como en los Estados Unidos, aunque algunos sacerdotes se han convertido en mini estrellas en la red y sus entradas ayudan a despertar la fe. Este el caso de un barbudo dominico guitarrista, el padre Paul Adrien, que tiene 500.000 seguidores en YouTube. Este sacerdote ha dicho en una ocasión que en Pascua recibe una media de cinco llamadas diarias de personas que quieren bautizarse lo que le asombra y abruma a la vez

El caso español es sobradamente conocido, aunque partimos distintas realidades sociológicas de las francesas.

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“El despertar de la Fe (II)”, por Isabel Gómez Acebo

jueves, 19 de junio de 2025
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Leído en su blog:

En mi última entrada comentaba que las nuevas generaciones buscan una espiritualidad para lo que tantean en diversas fuentes. Es un movimiento contrario a las anteriores que vivían inmersas en relatos que hablaban de la muerte de Dios y, por ende, de la religión. Esta situación la analizaba el Financial Times en Inglaterra, pero presumo que se puede dar también en otros países por el tema de la globalización

El periódico hablaba de tres libros que analizaban la situación. Uno de ellos ya lo mencioné Don’t Forget We’re Here Forever, una obra de Lamorna Ash, una conocida escritora ganadora de muchos premios. Hoy nos toca analizar otras dos obras Why we Believe (por qué creemos) cuyo autor, Alister McGrath, es un profesor de matemáticas y The Möbius Book de la novelista Catherine Lacey, como manera de analizar los diferentes acercamientos al tema.

Alister McGrath, un joven inteligente y sin religión nacido en Belfast y convertido en un reconocido científico, que de pronto abandona la ciencia, abraza la filosofía y se hace sacerdote. Una lectura brillante que defiende “que sólo las verdades superficiales pueden probarse, no las profundas existenciales… y que creer es una necesidad existencial”. Sería muy interesante si nos mostrara el camino por el que transcurrió su ateísmo hasta llegar a una conclusión que desemboca en la fe.., pero no lo hace. Está convencido de que no sólo la razón pura revela la realidad, sino que también entran en juego las intuiciones tanto éticas como estéticas. Para el autor los hombres somos animales creyentes en busca de sentido, unas premisas de las que no se escapan los ateos

Es una obra que podemos clasificar en el género de las conversiones que se hacen públicas, una especie de confesión que nos remite al sacramento con este nombre y que nos abre a una serie de rituales perdidos

Nuestra tercera autora Catherine Lacey que fue educada en la religión se apoya en la tradición secular cristiana. Utiliza, por un lado, a dos amigas que reflexionan sobre relaciones pasadas y experiencias religiosas y, por otro, habla una mujer que tras una ruptura explora su fe durante el confinamiento. Los dos relatos paralelos tratan temas profundos y mezclan el arte en sus diálogos. El tema del sufrimiento (la autora está preocupada por la crucifixión y el martirio cristiano), la narración y la fe se encuentran en todas las líneas… Los caracteres encuentran y pierden amor, encuentran y pierden el sentido de la vida.

Es importante destacar la estructura narrativa que es muy innovadora y compromete al lector. Explora íntimamente la búsqueda de la fe y no proporciona respuestas sino preguntas profundas. Encuentra que la relación es un acto de fe, de amor, de intimidad con lo desconocido. Cuando una de las protagonistas es abandonada reencuentra la fe pero se convierte en anoréxica, una situación que compara con el ascetismo. Al final llega a la conclusión de que la realización personal y el sentido de la vida no se pueden conseguir fuera de los viejos paradigmas religiosos ya que Dios no está tan muerto como creyeron las generaciones anteriores

El denominador común de estos libros es su esperanza e interés por profundizar en la vida interior del individuo donde llegan a una conclusión ¿Cómo podemos vivir sin la existencia de Dios?

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«El despertar de la Fe», por Isabel Gómez Acebo

martes, 17 de junio de 2025
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Leído en su blog:

             Si viajabas por Europa o lo largo del siglo XX te sorprendías de que las personas no reconocían sus creencias. No estaba de moda ser cristiano, judío o musulmán de forma que era mejor diluirse en la masa que se profesaba atea o agnóstica. Las posturas se hicieron más intransigentes a partir del ataque a las Torres Gemelas de New York y nació un nuevo ateísmo que culpaba del terrorismo y las intransigencias a las religiones

            Hoy percibo una nueva marea que trae diferentes aguas. Hablar de religión, un tema que era tabú hace poco, es normal. Incluso los no creyentes siguen con interés la muerte del Papa Francisco o la elección de León XIV. En muchos países europeos acuden a los templos generaciones jóvenes, sobre todo la que se ha dado en llamar la generación Z, que son los nacidos en los últimos años del siglo XX y principios del XXI. Son personas digitales que viven inmersas en Internet, estudian y leen online. En general tienen un estilo innovador y pragmático. Son éstos los que consideran que el secularismo no es una buena alternativa para incrementar la moral mundial y su acceso a los templos se ha quadriplicado en los últimos tiempos.

            Claro que venían de unos números insignificantes, pero creo es un fenómeno que merece la pena vigilar ya que es la primera generación, en largo tiempo, que está haciendo que el país, al menos Inglaterra, se esté convirtiendo en más religioso. Los tiktokers de turno se interesan por biblias y cantos cristianos, algo impensable para los millennials, los nacidos entre 1981-1996, que crecieron en medio de libros que hablaban de la muerte de la fe y de Dios

             Y hablando de libros religiosos el Financial Times cita tres obras que corroboran mis palabras y suministran diferentes ángulos de aproximación a la fe. Lamorna Ash ha escrito Don’t Forget We’re Here For Ever en el que hace un análisis del camino de la cristiandad británica y empieza analizando la ola de conversiones actuales.  Se encuentra con toda serie de creyentes y describe su fe, que como contracultural recuerda a los primeros cristianos. Lo más curioso es que considera nuestro fuerte individualismo una cualidad que permite al individuo vivir en los márgenes y afirmar que no piensa igual, que es diferente

           Parte de una previa concepción del cristianismo: misógino, homofóbico, colonial y proyectando un caldo de cultivo donde se multiplican los pedófilos, unas ideas que, al fin y al cabo, sostienen muchos jóvenes hoy día. Después de visitar a personas de múltiples creencias cambia su proyección, se convierte y describe una experiencia interior de oración, lo que demuestra que la brisa del Espíritu sopla donde quiere y sigue presente en el mundo.

          Creo que España ha seguido otro camino pero al final encuentro rasgos semejantes. De los otros dos libros que menciona el periódico hablaré más tarde para no alargar este blog

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Ante la Cruz…

viernes, 18 de abril de 2025
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 ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

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III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

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II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

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III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

Hoy la Iglesia nos invita a un gesto que quizás para los gustos modernos resulte un tanto superado: la adoración y beso de la cruz. Pero se trata de un gesto excepcional. El rito prevé que se vaya desvelando lentamente la cruz, exclamando tres veces: “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Y el pueblo responde: “Venid a adorarlo”.

El motivo de esta triple aclamación está claro. No se puede descubrir de una vez la escena del Crucificado que la Iglesia proclama como la suprema revelación de Dios. Y cuando lentamente se desvela la cruz, mirando esta escena de sufrimiento y martirio con una actitud de adoración, podemos reconocer al Salvador en ella. Ver al Omnipotente en la escena de la debilidad, de la fragilidad, del desfallecimiento, de la derrota, es el misterio del Viernes Santo al que los fieles nos acercamos por medio de la adoración.

La respuesta “Venid a adorarlo” significa ir hacia él y besar. El beso de un hombre lo entregó a la muerte; cuando fue objeto de nuestra violencia es cuando fue salvada la humanidad, descubriendo el verdadero rostro de Dios, al que nos podemos volver para tener vida, ya que sólo vive quien está con el Señor. Besando a Cristo, se besan todas las heridas del mundo, las heridas de la humanidad, las recibidas y las inferidas, las que los otros nos han infligido y las que hemos hecho nosotros. Aun más: besando a Cristo besamos nuestras heridas, las que tenemos abiertas por no ser amados.

Pero hoy, experimentando que uno se ha puesto en nuestras manos y ha asumido el mal del mundo, nuestras heridas han sido amadas. En él podemos amar nuestras heridas transfiguradas. Este beso que la Iglesia nos invita a dar hoy es el beso del cambio de vida.

Cristo, desde la cruz, ha derramado la vida, y nosotros, besándolo, acogemos su beso, es decir, su expirar amor, que nos hace respirar, revivir. Sólo en el interior del amor de Dios se puede participar en el sufrimiento, en la cruz de Cristo, que, en el Espíritu Santo, nos hace gustar del poder de la resurrección y del sentido salvífico del dolor.

***

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Getsemaní…

jueves, 17 de abril de 2025
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I
GETSEMANÍ
I
SOLEDAD EN GETSEMANÍ

Llegó Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
“Sentaos aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Y llevándose a Pedro
y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
(Mt. 26, 36-37)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y la noche de Jerusalén ya no escondía
la densidad del abandono.
El Maestro lo supo,
y no un presentimiento, una certeza
comenzó a golpearle contra la soledad.
Ahora la soledad no era
aquella extensión dulce donde encontrar al Padre,
ni era
el campo de batalla donde el Hijo
de Dios fuera tentado como Hijo
de Dios.
La soledad era una fuerza
incontenible: vaciaba de luz
todas las casas del espíritu, dolía
como el frío
cuando hiela la sangre.
La soledad mordiendo
el corazón del hombre,
la soledad poniendo al descubierto
al hombre, solo al hombre.
(La soledad es una calle larga
que lleva a la tristeza).
Quiso salir de la ciudad. Bajo la luna
la espalda de los que se volvían era un incendio
que le abrasaba la memoria.
Acaso
fueran piadosos los olivos con su óleo
de intimidad donde resuena
la palabra del Padre.
¡Oh paradoja del ascenso
donde los pies se hunden
en el lodo del hombre!
¡Oh paradoja del conocimiento
donde todo es maraña de raíces!
Getsemaní no es una zarza ardiendo,
es la espesura sin piedad
donde el hombre está solo,
desnudamente solo, sin asilo,
despojado del hombre,
despojado de Dios.
Getsemaní no es óleo, es agonía,
es otra vez un campo de batalla donde el Hijo
del Hombre ha de enfrentarse
con todos los demonios del hombre:
el tedio, la amargura, la angustia, los peldaños
que van a dar al morir.
Getsemaní no es óleo. Es agonía:
y en el centro del huerto queda solo
un verdadero hombre verdadero
abrazado al silencio de Dios, pero obediente.
Fiat, Señor, digo hoy contigo,
fiat, Señor, aunque me duela.

II

NO ERA EL SUEÑO, SEÑOR…

Bajo la luna llena encanecían los olivos.
La quietud era sólida y destilaba
un plomo ardiente que invadía los cuerpos.
El silencio
se había vuelto mineral
y en la sangre aún rompían las palabras
anunciadoras y terribles
que se habían mezclado con el vino.

Regresó y volvió a encontrarlos dormidos,
pues sus ojos estaban cargados
(Mt. 26, 43)

No era el sueño, Señor, era el espanto
lo que subía
río arriba del alma hasta los ojos:
era el espanto
de ver luchar a Dios y no hacer nada.

III

 EL BESO

Entonces todos los discípulos
lo abandonaron y huyeron.
(Mt. 26, 56)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y ahora
iban subiendo entre las luces,
ensayando
el más turbio, el más falso
de los besos.
¿Quién dijo que el amor era un abrazo?
Este beso no es beso, es un cuchillo
que asesina de lejos y empozoña
el corazón de muchos y lo cubre
de la callosidad del abandono.
En el puente del beso se ha cumplido
lo que dijeron los profetas, pero
Señor te pido ahora que me quites
esa suerte de puente y que me dejes
del lado del amor, en tus orillas.

IV

ORACIÓN PARA NO DORMIR

 Pedro lo siguió de lejos
(Mt., 26, 58)

Oh, Señor, en esta hora
en que también se confunde
la distancia con el miedo,
si Tú me ves que me aparto
de tu agonía y que duermo
para no ver al que sufre
ni ver mi interior desierto,
mírame, que yo te sigo,
aun como Pedro de lejos.
Mírame y en tu mirada
sostenme para que el fuego
de tanto amor me despierte
siempre que me venza el sueño.

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

El día de Jueves Santo se celebra la memoria de la primera vez que Nuestro Señor tomó el pan y lo convirtió en su cuerpo, tomó el vino y lo transformó en su sangre. Esta verdad requiere de nosotros una gran humildad, que sólo puede ser un don suyo. Me refiero a esa humildad de mente por la que conocemos la verdad de que lo que antes era pan ahora es su cuerpo y lo que antes era vino ahora es su sangre. Por eso nos arrodillamos para honrar a Jesús en el Santísimo Sacramento. Sucesivamente, cuando se ora ante el altar de la Reserva, nos damos cuenta de cómo estamos unidos a él en el sufrimiento del huerto de Getsemaní, tan cercanos a él como María Magdalena cuando lo encontró en el huerto el primer domingo de pascua: este hecho es el que nos causa más extrañeza.

El día de Jueves Santo […] evocamos también cómo nuestro Señor, durante la última cena, se levantó y se puso a lavar los pies de sus apóstoles y, con este gesto, nos mostró algo de la divina bondad.

Jesús nos revela en qué consiste lo divino. Jesús lavó los pies de sus discípulos para mostrar las atenciones y la gran bondad que Dios tiene con nosotros. Es un pensamiento maravilloso que podría ocupar nuestra mente y nuestras plegarias.

Si esta bondad divina puede manifestársenos, ¿qué podremos hacer nosotros a cambio? ¿No deberíamos igualar esta dulce bondad suya, que rebosa amor por nosotros, y brindar la misma bondad y el mismo amor? Esto demostraría que el amor, la caridad cristiana, no es sólo una palabra fácil, sino algo que nos lleva a la acción y al servicio, especialmente al de los pobres y al de cuantos pasan necesidad.

*
Basil Hume,
El Misterio y lo absurdo,,
Cásale Monf. 1999, 107s

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“El Padrenuestro y la oración”, por Gabriel María Otalora

viernes, 28 de marzo de 2025
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123a1e1cd1f20ed130070a69cc206178De su blog Punto de Encuentro:

No es fácil orar. La prueba es que los amigos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar (Lc 11, 1). Y Él les enseño lo que hoy llamamos el Padrenuestro (no dice Padre mío), una llamada a sentirnos hermanados al dirigirnos al Padre, sintiéndonos comunidad universal. Resulta significativa la importancia de orar con actitud de mejorar y desde la confianza absoluta en Dios. Mucho se ha escrito sobre el Padrenuestro, pero de tanto repetirlo, corremos el riesgo de desvalorizar su contenido. Veamos:

Padre nuestro que estás en los cielos. Comienza como una oración de adoración, de reconocimiento humilde y agradecido a Dios, al que Jesús llama Padre de manera cariñosa, y nos pide que nosotros hagamos lo mismo.

Santificado sea tu nombre. Lo santo entendido como una realidad poderosa y salvadora diferenciada de lo profano, del “del único santo” al que pedimos que se nos manifieste en su bondad y en su misericordia, en su santidad. Él da a conocer su gloria, y sus hijos dan testimonio y alabanza de ella.

Venga tu reino. Jesús nos invita a entender el reino de Dios -amor, misericordia, gratuidad, compasión, alegría…- como un regalo, y a la vez como invitación a anhelar el Reino en nuestras vidas, a abrirnos a su presencia sanadora. Es una petición y a la vez una actitud de poner de nuestra parte para que el Reino se haga presente por nosotros que somos las manos de Dios; se llama también evangelizar.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Aceptamos que nuestros planes son menos importantes que los de Dios. Y que así como en el cielo se realiza la voluntad de Dios, le pedimos que también en la Tierra, se haga sólo su voluntad. Que confiamos en Él y en su infinita sabiduría y, por lo tanto, implica la humildad de hacer su voluntad poniendo en práctica sus enseñanzas, preferentemente con los más necesitados.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Para evitar la tentación de acaparar, de tener el pan material y espiritual asegurado siempre, al tiempo que hemos de pedir y preocuparnos por el pan de cada día de los demás, el suficiente para vivir dignamente. La oración confiada al Padre es la única manera de superar la ansiedad.

Perdónanos nuestras ofensas. Es importante que reconozcamos nuestras faltas y las pongamos delante de Dios, y pidamos perdón de corazón a la persona ofendida “antes de presentar nuestras ofrendas en el Templo”. Es una parte esencial en el camino de la conversión… Perdonar siempre, no hasta 3 veces, como se acostumbraba en el judaísmo.

Así como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. El perdón de Dios no es la respuesta al perdón del ser humano, sino la condición que lo hace posible (Matteo Crimella): del perdón gratuito de Dios a nuestra responsabilidad de perdonar a los hermanos. Porque si Dios nos ha perdonado a nosotros todas nuestras ofensas, quienes somos nosotros para no hacer lo mismo con los demás.

Y ayúdanos a no caer en la tentación. Que la tentación no sea más fuerte que nosotros, no nos abandones en ella. Dios no tienta, al contrario, Jesús también fue tentado. No confundir que Dios nos tienta con que Dios nos pone a prueba a veces para que nos reconozcamos en nuestras verdaderas y más profundas intenciones.

Más líbranos del mal. Dios es todo poderoso y le pedimos su abrigo y su socorro para evitar que el mal se apodere de nuestras vidas. El mal en el sentido más amplio posible cuya manifestación nos aleja del bien, hechos como estamos a imagen y semejanza de Dios.

PADRE NUESTRO QUE ESTÁ EN NUESTROS CORAZONES

Grande entre nosotros sea tu nombre

Hazte próximo a nosotros y a nuestras vidas

Que seamos a tu imagen y semejanza

Ante los avatares de la vida.

Procúranos el alimento necesario cada día

No tengas en cuenta nuestros olvidos y malas acciones

Y haz que tratemos por igual a nuestros semejantes.

No permitas que seamos soberbios y altaneros

Y ayúdanos a levantarnos cada vez que caigamos. Amén.

*

Iñaki Herrero Lekue

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“Conversión cuaresmal, tan cerca y tan lejos”, por Gabriel María Otalora

miércoles, 12 de marzo de 2025
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IMG_0323De su blog Punto de Encuentro:

Conversión cristiana, hay que repetirlo, es tomar la decisión de un cambio de orientación personal en nuestra manera de sentir y pensar. Significa deseo de trabajarnos en nuestro interior para influir en los demás de otra manera, con nuestras acciones y omisiones. La Cuaresma es el tiempo especial para mejorar, así de fácil… decirlo, cuando lo que aprieta es el apego excesivo al placer y al consumismo.

La actitud de fondo que solemos pasar por alto, es trabajar este cambio interior desde el encuentro con el amor de Dios, que es lo que nos transforma. El Papa Francisco deja claro que el desapego en nuestra fe no es un fin en sí mismo, sino que tiene como objetivo lograr algo más grande: la comunión con Dios para compartirlo con nuestros semejantes; esto es evangelizar tras encontrarnos con “el tesoro escondido”.

A veces parece casi como si Dios callara justo cuando hemos dado el paso para acercarnos a Él; es entonces cuando a veces surge la tentación de creer que es imposible convertirse de verdad, que es tan difícil que la Cuaresma pierde su sentido y que la Buena Noticia se diluye con lo que esto supone para vaciar la tarea evangelizadora. Pero sentir no es saber. El que sabe, espera en Dios en clave de amor esperanzado

Ante los momentos de desánimo, de duda, y también de incoherencias, el Papa nos recuerda el valor de la oración y el don gratuito de su amor. La conversión es una gracia, y es necesario pedirle a Dios que nos ayude a perseverar en este cambio a mejor ante las tentaciones. El desánimo es parte del camino. Por eso mismo, las oraciones de petición en esta dirección son las que el Espíritu escucha y atiende siempre… pero dejando a Dios ser Dios respetando sus tiempos.

La metamorfosis espiritual es un proceso continuo. Requiere introspección y compromiso diario. Se trata de una transformación interna que nos impulsa a amar a Dios y por extensión, amar a nuestros semejantes. Nos hemos quedado, me parece, en el activismo social, loable y necesario, pero desprovisto de la actitud que Jesús nos mostró para hacer lo mismo. Aquí radica algo esencial: poner el acento en el cómo hacemos las cosas: la escucha activa, la sonrisa del corazón, la paciencia con quien se desahoga; trabajar nuestros defectos, limar las faltas de delicadeza, de maledicencia, de desconsideración.

No se trata solo de evitar el mal o cumplir con normas externas, signos de algo que debe anidar en nuestra interioridad. En este sentido, los musulmanes entienden mejor el Ramadán que nosotros la Cuaresma. No es un rito sino una purificación. Hemos llegado a no comer los viernes carne (picada) y sustituirla por pescado (rodaballo) perdiendo el sentido profundo de este tiempo purificador.

La mejor penitencia es domeñar nuestro interior a favor de quienes nos rodean, por amor a Dios. Misericordia quiero, y no sacrificios… lo recuerda el profeta Oseas en el AT. No es nuevo… Lo que ocurre es que nos viene mejor sacrificarnos en nuestras costumbres consumistas en lugar de cambiar nuestro estilo de vida. Lo esencial, repito, es la mejora personal, nuestra interioridad, procurando actitudes de bondad y compartiendo más y mejor nuestro tiempo y nuestro dinero; es difícil, y por eso la Cuaresma duda lo que dura como tiempo de reparación y de preparación para vivir el Triduo Pascual como se merece.

Este año 2025, Francisco nos exhorta a que dirijamos la mirada y el corazón especialmente a centrarnos en la verdadera compasión ante realidad de los inmigrantes y los refugiados, y en general con todos los vulnerables. La segunda mirada compasiva es a vivir la sinodalidad o la vocación de la Iglesia a caminar unida entre diferentes. En este sentido, el Papa advierte sobre el peligro del individualismo y subraya la importancia de escuchar, acompañar y trabajar en comunidad, sin dejar a nadie atrás. Es una manera esencial de vivir mejor nuestras comunidades eclesiales. Qué verdes estamos en esto…

Finalmente, el Papa nos invita a que vivamos la Cuaresma 2025 con verdadera esperanza cristiana, la que no defrauda si se vive como un estado anímico, como una orientación vital de que todo tiene sentido por encima de los sucesos intramundanos. A confiar plenamente en Dios desde nuestra necesidad de su perdón que transforma. Porque si no hay futuro en nuestro corazón, es imposible apasionarse.

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«Cómo rezar el Padre nuestro», por José Ignacio González Faus

martes, 11 de marzo de 2025
Comentarios desactivados en «Cómo rezar el Padre nuestro», por José Ignacio González Faus

cruz-recordatorio-padre-nuestro-1-153De su blog Miradas Cristianas:

Comprendiendo lo que significa cada petición

NB.-Como enseñaba Jesús (Mt 6,7) las palabras en la oración no son necesarias para dirigirnos a Dios. Pero lo son para crear comunidad entre nosotros y para dirigírnoslas a nosotros mismos y comprometernos. Sigue aquí una propuesta para rezarasí la oración que nos dejó Jesús y evitar convertirla en una fórmula mágica o en una recitación vacía.

Abbá, Padre: como los niños bien conscientes de la total superioridad de sus padres, pero que acuden a ellos con absoluta confianza llamándole papa o papi, nos atrevemos a pedir:

Que resplandezca y no sea profanado tu Nombre de Padre. Es decir: que desaparezcan todas las armas que nos configuran como enemigos y nos impiden ser hijos de un mismo Padre; y que tantas veces las hemos defendido apelando a Ti.

Que venga tu Reino: el reinado de la libertad de hijos y la igualdad de hermanos. Es decir: que no construyamos un progreso montado sobre víctimas [1]; que desaparezcan las riquezas que destruyen la igualdad, y las dictaduras que niegan la libertad. Y que ricos y dictadores recuperen su humanidad perdida, para que en tu mundo no haya hambre, ni miseria ni esclavitud.

Que se cumpla Tu voluntad en esta tierra como se cumple en tu cieloEs decir: que no idolatremos el derecho secundario de propiedad y sepamos que cuando alguien tiene dignamente y sobriamente cubiertas sus necesidades, todo lo demás que posee pertenece a quienes lo necesitan y él lo está robando [2]. Que desaparezcan las “patrias” que nos vuelven idólatras, las infidelidades de cualquier género, el tráfico de personas, el rechazo a los inmigrantes y las diferencias por razones de origen, raza, cultura o sexo (machismos y violencias).

Danos hoy a todos nuestro pan de cada día.

Y eso quiere decir: que construyamos una civilización de la sobriedad compartida y, para ello, que los salarios legales sean además justos: porque “quien no paga el salario justo derrama sangre[3]; que se acabe el consumismo de unos que impide comer a otros, y que desaparezca ese 1% de personas con tanta fortuna como más del 50% de la humanidad.

Perdona nuestras culpas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Es decir: que sepamos reconocer nuestro pecado antes que el de los demás. Y que se acabe la usura de las instituciones prestatarias y la necesidad de endeudarse para sobrevivir [4]. Y que desaparezca esa deuda “eterna” del tercer mundo.

No nos dejes caer en la tentaciónQue no caigamos en esa seducción de las necesidades falsas y de la publicidad convertida en propaganda embustera, que apela a nuestros más bajos instintos. Y que sepamos sobreponernos a los malos ejemplos de tantos “triunfadores”.

Y líbranos del malLíbranos de nuestro ego que tanto nos esclaviza y del pecado estructural que nos envuelve. Amén.

[1] “La historia se ha construido s0bre víctimas. Ya lo dice Hegel en su Introducción a la filosofía de la historia” (Reyes Mate).

[2]La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos. La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario (Pablo VI, Populorum progressio 22).

[3] Libro bíblico del Eclesiástico, 34,22.

[4]Quien presta con usura y acumula intereses, no merece vivir por haber cometido esas abominaciones” (Ezequiel, 18.13). “Señor, ¿quién puede vivir contigo? El que no presta dinero a usura, ese nunca fallará” (salmo 15, 1.5.6).

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«Una Cuaresma provocativa e impertinente», por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

viernes, 7 de marzo de 2025
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16769253897000De su blog Kristau alternatiba (Alternativa cristiana):

Me gustaría introducir la Cuaresma ofreciendo algunas ideas pastorales, junto con algunas consideraciones deliberadamente provocadoras. Impulsos visionarios –no me atrevo a llamarlos proféticos– para desear que todos vivamos un tiempo incómodo, que nos escandalice, que nos sorprenda y nos obligue a perder el control sobre las situaciones, sobre las certezas que hemos acumulado. Lo cual nos lleva a buscar no solos sino, a través del Espíritu, junto con las comunidades a las que servimos.

Un tiempo que en sí mismo no quiere dar respuestas, sino abrirnos a preguntas generadoras, preguntas para habitar en estos cuarenta días. No son las respuestas las que desencadenan las conversiones, sino las preguntas reales y auténticas. No es el cómo ni el qué lo que nos mueve: estos son ámbitos que nos hacen sentarnos, problematizar, a sentirnos aplastados…

Es el «por qué», o «el cómo sería si», lo que se convierte en la pregunta generadora de todo espíritu narrativo, como bien lo describió Paul Ricoeur en su ensayo “Tiempo y narración”: la acción metafórico-simbólica rompe la referencia descriptiva, liberando una radical poder que nos cuenta nuestro ser-en-el-mundo. Se genera una impertinencia, pero ésta se realiza y alcanza una significación ontológica (conversión profunda del ser) sólo si se metaforiza el verbo ser mismo y nos percibimos como un ser-como o un ver-como, ampliando nuestra existencia.

Es precisamente a las obras de ficción a las que debemos en gran medida la ampliación de nuestros horizontes de existencia. Las obras literarias representan la realidad aumentándola con todos sus significados gracias a la capacidad de abreviación, saturación y culminación, maravillosamente ilustrada por la construcción de la trama”.

La Cuaresma, tiempo que nos exige atravesar la oscuridad de la existencia para llegar renovados a la luz de la Resurrección, se caracteriza en la tradición cristiana por tres grandes «signos» o «prácticas de conversión»: la limosna, la oración y el ayuno.

Estas prácticas, como indica Jesús en el Sermón de la Montaña -Mt 6,1-18-, tienen una doble función: por una parte son condiciones que favorecen un proceso de cambio profundo, por otra son expresión tangible de esta transformación que no es sólo fruto del compromiso personal, sino que encuentra su fuente en el Padre.

Estos tres «signos» no sólo son importantes para cada creyente en el camino de la conversión, sino que tienen un valor que podríamos definir «pastoral» y, por tanto, válido para la comunidad cristiana. Para nosotros son tres movimientos que deben interpelarnos, tres signos de impertinencia espiritual capaces de ampliar nuestra existencia. La Cuaresma no es un tiempo de mortificación, sino de expansión, de liberación de una muerte que ha ocurrido, pero que aún no hemos procesado.

Sí, ha muerto una época. Sí, ha muerto un modelo de Iglesia, ha muerto un cristianismo y sus formas. Liberémonos de ese hedor que, si no lo percibimos, es indicio de muerte interior. He aquí el poder de la impertinencia que puede darnos un empujón: como un interrogante provocador que reanima un corazón «lento y dormido» -es la expresión que usa Lucas para describir el corazón de los dos de Emaús- para ayudarnos a levantarnos de nuevo y vivir la nuevo que ya esta aquí.

1.- La limosna

Una característica de la práctica de la limosna descrita por Jesús es el secreto del gesto de caridad. La eficacia de esta práctica está directamente ligada a la capacidad de descentralizar y actuar en secreto, dando así al otro el lugar principal.

Desde el punto de vista pastoral, esto podría significar operar una sana descentralización desde nuestros centros pastorales: desde las Curias, desde las parroquias, desde las oficinas centrales,…, para dar ‘secretamente’ a las comunidades cristianas esparcidas por los territorios la posibilidad de crecer en libertad.

Si antes en el centro estaban los motores que hacían funcionar la máquina diocesana o parroquial o congregacional o…, ahora se trata de lograr que se desarrollen experiencias semiespontáneas, difundidas entre los lugares de la vida ordinaria. ¿Tan ilusorio es cambiar por el simple hecho de no cambiar?

¿Por qué no aceptar el escándalo o la impertinencia de reducir los cargos de una Congregación, Diócesis, Curia,…, a sólo tres o cuatro? ¿El escándalo de dejar de utilizar términos como Director, Colaborador, Oficina, Superior,…? Si estoy llamado a animar y desarrollar un área o zona, ¿qué utilidad tienen estas expresiones y los modelos que hay detrás de ellas? ¿Cómo sería una Curia compuesta sólo por 4 áreas -sólo a modo de ejemplo-: generatividad, fragilidad, responsabilidad, belleza…-) en las que injertar el ADN de la acción divina/pastoral (liturgia, caridad y anuncio)? Dividir lo que debería estar unido por su naturaleza genera ciertas patologías pastorales que están ante nuestros ojos. ¿Y qué sería si dentro de cada área, en lugar de un director, tuviéramos un referente/responsable de la liturgia, uno de la caridad y uno del anuncio dentro de un juego trinitario, relacional, recíproco?

Por supuesto, esta perspectiva exige una decisión firme y segura de “perder el control”, renunciando a la estabilidad de las estructuras y los programas. Pero quizá abre algún espacio para ese secreto tan querido por el Padre, que prefiere la gratuidad y la libertad del don.

2.- La oración

El Señor Jesús nos invita a redescubrir una intimidad profunda en la oración y a no perdernos en demasiadas palabras, yendo directo a lo esencial. La oración es un vínculo íntimo con el Padre que los cristianos, como hermanos y hermanas, cultivan como fuente de su ser y de su actuar.

Pastoralmente, esta “intimidad perdida” representa un estilo que hace fructífera la oración y las relaciones comunitarias. Se trata, ante todo, de volver a poner en el centro la atención al crecimiento de cada bautizado, procurando que todas las energías contribuyan al redescubrimiento de este don para la vida de cada persona.

Se trata también de hacer más cálidas nuestras comunidades, ofreciendo un contexto vital adaptado al dinamismo bautismal de cada persona, superando el anonimato, el elitismo y la indiferencia que a veces se cuelan en las rutinas de la vida comunitaria.

Se trata de poner las relaciones en primer lugar, descuidando todo lo que no vaya en esa dirección y que constituye un factor de pura administración y de mera gestión. Saber recuperar la dimensión trinitaria. ¿Quizás en las últimas décadas hemos exaltado demasiado el principio de la encarnación por encima del trinitario? ¿Tal vez la primera fue más aceptable para el individuo y el hombre autodidacta de la cultura occidental? ¿Quizás esto nos ha llevado a dejar en un segundo plano la dimensión narrativo-relacional de la experiencia espiritual?

Durante mucho tiempo hemos utilizado términos como ‘lejos’ y ‘cerca’ sin ser conscientes de que el uso de estas categorías establecía una distancia con la curia, con la parroquia, con…, y no con Cristo, pensando que la curia, la parroquia,…, era el centro. ¿Tal vez deberíamos cambiar de categorías? ¿Por qué lejos y cerca? ¿No podríamos hablar de ‘caliente’ y ‘frío’ y reconocer que un tal Zaqueo era un ‘distante cálido’, y que muchos trabajadores (¡el término lo dice todo!) son vecinos fríos o tibios?

Todavía tenemos una visión funcional y espacial (control y gestión). En nuestra cabeza siempre tenemos la idea de un centro… de donde emanan acciones. ¿Por qué? Un centro pulsante que da sentido al resto o un punto hacia el que converger y en todo caso hacia el que fluir. ¿Por qué? ¿Qué pasaría si no fuera un centro, sino un conjunto de nodos? En una era líquida quizá no basta un centro sino una red de nodos y cada nodo es un centro, un espacio de sentido que contiene el todo trinitario.

Las metáforas quizá ya no sean válidas. Pensar en la Iglesia como un cuerpo en un tiempo dinámico y fluido sería pura ideología: una visión organicista hoy superada en todos los contextos humanos. Una gran comunidad no se construye “ladrillo a ladrillo”. No es la proximidad física la que genera pertenencia y comunidad.

A veces nos dicen que una acción más cálida y relacional produciría comunidades de élite. ¿Quizás no nos damos cuenta de que nuestras comunidades hoy son puramente elitistas? ¿Por qué, por ejemplo, en un contexto parroquial de 5.000 habitantes sólo una parte muy pequeña se siente parte y experimenta una pertenencia significativa a la comunidad?

En una comunidad “cálida”, incluso un no creyente o una persona en búsqueda de sentido puede encontrar un espacio fértil de vitalidad. En el calor de las relaciones auténticas se crea espacio para el discernimiento y estamos mejor preparados para aprender la novedad del Evangelio.

3.- El ayuno

Por último, es necesario hacer espacio. El ayuno pastoral es liberación de todo lo que estorba y obstaculiza la acción impredecible del Espíritu. Se trata de reducir la saturación de las agendas pastorales para dejar espacio a lo que todavía no se entiende o no se puede ver.

Hay algunas actividades que hoy ya no tienen relevancia o ya no producen los resultados deseados. Provocan pesadez y provocan gran gasto de energía. Si queremos que las cosas cambien verdaderamente, si queremos redescubrir un nuevo entusiasmo por la misión evangelizadora, es necesario experimentar nuevas experiencias pastorales y liberar nuevas energías.

Para quien lidera una comunidad hoy es necesario encontrar el coraje de no llenar la agenda de septiembre a junio, saber salir y estar dispuesto a perder. Nuestro tiempo no está hecho para dar pasos graduales y lineales con cautela, sino que hoy necesitamos una discontinuidad generativa. ¿Es tan sabio hoy un camino lento y gradual? Quizás estaba bien en un contexto estable. En el contexto actual, en lugar de proceder mediante planificación, ¿no es quizás más apropiado actuar a través de pequeñas experiencias que permitan respirar a lo nuevo, aceptando el error en la búsqueda de lo mejor y no en la gestión de lo soportable?

Pero sobre todo es imprescindible dejar algo atrás. Ésta es la dinámica de la Pascua: para resurgir hacia la nueva luz es necesario pasar por la oscuridad del sepulcro. Para una verdadera renovación eclesial es esencial dejar de lado el viejo paradigma pastoral que hoy ya no es eficaz.

Es de desear que vivamos cuaresma pascual, es decir, no como un tiempo de mortificación sino de liberación, tratando de vivir esas condiciones de conversión que son ya signo de esa novedad que el Espíritu va introduciendo en la Iglesia: descentralizando sin miedo a perder el control, redescubriendo la intimidad y el calor en la experiencia comunitaria y haciendo espacio para experimentar nuevos paradigmas pastorales capaces de testimoniar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la belleza del Evangelio.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Dios conoce nuestros silencios

viernes, 21 de febrero de 2025
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«Creemos que no sabemos rezar. En el fondo, no tiene importancia, porque Dios escucha nuestros suspiros, conoce nuestros silencios. El silencio es toda la oración y Dios nos habla en un soplo de silencio, nos alcanza en esta parte de la oración. “Una soledad interior que ningún ser humano puede llenar”.

*

Hno. Roger de Taizé

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«Yo confieso. Y salve», por Gerardo Villar

martes, 18 de febrero de 2025
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jesus-abraza-a-joven-fotoEstamos en un gran tribunal. En el centro y arriba, Dios. Alrededor y bajando María, los ángeles, santos y la comunidad de hermanos. Confesamos a Dios Todopoderoso. Que nos perdone. Pero como no nos fiamos y tenemos miedo, pedimos a María, a los hermanos, a los santos, a los ángeles que intercedan por nosotros. Los tenemos como abogados defensores.

¿Es que no confiamos en Dios? ¿No le sentimos como perdonador, siempre y en toda ocasión? Él es siempre perdón. De nosotros depende si aceptamos su perdón o no.

No lo rezo porque me fío y confío en Padre misericordioso que sale en todo momento a mi encuentro como hijo pródigo y confío en su perdón y en que me concede su anillo porque me ama siempre y en toda ocasión.

Me fío de Dios todo bondadoso y misericordioso. Es como en la Eucaristía cuando rezo: “Señor, sí soy digno de que entres en mi casa porque una palabra tuya ha bastado para sanarme”. Lo veo más como positivo.

Y da la impresión de que en el sustrato de la Iglesia prevalece el sentido de pecado. No nos anuncia la alegría de Dios.

Lo podemos ver en otra oración muy popular “LA SALVE”: “Desterrados en este valle de lágrimas”. Tan triste es la vida… LO que fue un género literario se acepta como verdad de fe y la manifestamos en el rezo. Y además pedimos ayuda a María para que seamos dignos de “alcanzar”… Con Jesús resucitado todo nos es posible.

Me gustaría más un rezo positivo. Como, lo digo a todas horas, el “Magníficat”. Reconocernos bendecidos por Dios y colmados de su Amor en el mundo de los pobres y desvalidos. Me lleva más al compromiso con Dios en bien de los hermanos.

Me gustaría cambiar las oraciones de nuestra fe.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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“Antes del amanecer… Jesús se retiró al desierto a orar”

sábado, 8 de febrero de 2025
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La oración une al alma con Dios. Aunque nuestra alma sea siempre semejante a Dios por su naturaleza, restaurada por la gracia, de hecho a menudo se distancia de su semejanza a consecuencia del pecado. La oración nos muestra que el alma debe querer lo que Dios quiere; reconforta la conciencia; la hace apta para recibir la gracia. Dios nos enseña así a rogar con una confianza firme de que recibiremos aquello por lo que rezamos; porque nos mira con amor y quiere asociarnos con su voluntad y con su acción benéficas. Nos incita pues a rezar por lo que le agrada; Parece decirnos: «¿Qué es lo que podría gustarme más que veros rezar con fervor, sabiduría e insistencia con el fin de cumplir mis deseos?» Por la oración pues, el alma se une con Dios.

Pero cuando por su gracia y su cortesía, nuestro Señor se revela a nuestra alma, entonces obtenemos lo que deseamos. En este momento, no vemos otra cosa que debamos pedir. Todo nuestro deseo, toda nuestra fuerza están totalmente fijos en él para contemplarlo. Es una oración elevada, imposible de sondear, me parece. Todo el objeto de nuestra oración es estar unido, por la visión y por la contemplación, a aquel al que rogamos, con una alegría maravillosa y un temor respetuoso, con una dulzura y deleite tal que no podemos rogar más, en estos momentos, que por done Él nos conduce.

Lo sé, cuanto más Dios se revela al alma, más tiene sed de él, por su gracia. Pero cuando no lo vemos, entonces sentimos la necesidad y la urgencia de rogar a Jesús, a causa de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad.

*

Juliana de Norwich
(1342-después de 1416)

reclusa inglesa
Revelaciones del amor divino, cap. 43

Lentz, Julian Of Norwich

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“Oramos con los sentidos”, por Miguel Ángel Mesa

viernes, 7 de febrero de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

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Lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos, eso os lo anunciamos ahora para que nuestra alegría sea completa
(1Jn 1-4).

Oramos con los ojos abiertos, mirando de frente a la existencia, sin miedo, sin recelos ni prevenciones, sin apartar la mirada, para dejarnos impactar y traspasar por la realidad y todo lo que conlleva. Con una mirada agradecida y atenta a los imperceptibles milagros cotidianos, a los destellos de humanidad y de esperanza, a lo pequeño, humilde, sencillo y despreciado, frente a lo excesivo, célebre, opulento y prestigioso.

Oramos con las manos dispuestas para el encuentro, el abrazo, el trabajo conjunto; para estrechar y entrelazar otras manos; para dar nuestro apoyo y alentar ante el desconsuelo. Manos que cuidan, sanan heridas, ayudan a sobrellevar las cargas de los demás, escriben cartas de ánimo e ilusión, construyen hogares de puertas abiertas y los pintan con los colores del arcoíris y la bienvenida.

Oramos con los oídos atentos a quien está abatido, para caminar a su lado; aquien sufre la desilusión, el abandono, la soledad, el miedo, para ofrecer nuestro consuelo o quedarnos a su lado en silencio; a quien ha perdido a un ser querido, para acompañar con lágrimas su duelo; y a quien se siente alegre, confiado, dichoso, para celebrar juntos su regocijo.

Oramos con el tacto, acariciando con ternura y cariño, dejando así manifestarse nuestro amor y amistad; dejándonos la piel por el otro, la otra, cuando nos necesita; aprendiendo de las personas y las circunstancias que nos hacen sentir en nuestra propia piel el frío o el ardor, la pasión o la ausencia, el triunfo o el fracaso, la cercanía o el abandono…

Oramos con el gusto cuando compartimos la alegría de una comida familiar o entre amigos, el brindis final o del inicio de un nuevo recorrido; por el nacimiento de una nueva vida o por la existencia de alguien que nos ha dejado, para que la revivamos y guíe nuestros pasos.

Oramos con el olfato cuando nos atrapan nuevos olores, fragancias que dan otra esencia a la vida; cuando descubrimos que algo nos huele mal y nos mostramos más atentos y alertas; cuando nos sorprende el aroma vital de otra persona, que nos anima a confiarnos y atraer por su ejemplo; cuando el hedor de la injusticia, el maltrato, la exclusión nos invitan a perfumar el ambiente con la solidaridad, la compasión, la sororidad/fraternidad y la paz.

Oramos con el corazón en la mano, para brindarlo (“yo vengo a ofrecer mi corazón”), pues no hay dicha mayor que sentir cómo dos o más corazones se unen y acompañan en el arduo y apasionante camino de la existencia. Cuando lo abrimos al Misterio de la Vida, cuando notamos su epifanía y su brisa sobre nuestra vida, cuando sentimos que todo es puro don y nos mostramos agradecidos, cuando el amanecer deja de ser una tentación y se muestra como la esperanza de un nuevo mañana más luminoso, aunque haya también noches de soledad, tristeza y olvido.

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2025, bajo el signo de la confianza.

miércoles, 1 de enero de 2025
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camino

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
y guíame por el camino eterno.

*

Salmo 139 (138)

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“Estar bien con Dios”, por Gema Juan OCD

sábado, 14 de diciembre de 2024
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st-john-of-the-crossDe su blog Juntos Andemos:

Visitar a Juan de la Cruz es siempre un disfrute. Más allá de lo útil, que nunca falta en la cita, se da la dicha del encuentro con un hombre entero. Si fue recordado por quienes le trataron como alguien sumamente amable y afectuoso, todavía ahora, al escucharle en letra de molde, una impresión muy cálida cobija al que se acerca.

Juan de la Cruz se hace próximo y aproxima a lo profundo del ser y de la vida. A la bondad y a la luz. Acerca a Dios. Y, cerca de él, se aprende libertad.

Palabras graves y pequeños consejos, poemas inmensos junto a dichos y letrillas, densa teología, sabiduría y alguna regañina… En su arquilla, que eso parecen sus obras completas, hay multitud de cosas. No es que tenga de todo, es que con él se vislumbra el Todo.

No deja de ser impresionante que el mismo hombre que habla de la terrible profundidad que puede alcanzar la noche de los humanos y de la maravillosa hondura que tiene Dios en todas las personas, ese mismo hombre es capaz de resumir todo el itinerario de la fe, diciendo que se trata de «estar bien con Dios». Así de sencillo.

Eso escribía Juan, desde Segovia, a una doncella de un pueblecito de Ávila. Y con mucha suavidad, reconducía la conversación que llevaban entre manos, pacificándola e invitándola a ir hacia dentro. A conocerse y reconocerse ante Dios, a no gastarse en lo que no llena y a no vaciarse en lo que consume.

«Procure el rigor de su cuerpo con discreción» –apuntaba– nada de excesos externos, Juan era enemigo de toda exterioridad. En cambio, la animaba a la «mortificación y no querer hacer su voluntad y gusto en nada». Y eso –una vez más hay que recordarlo hablando de este santo– no tiene nada que ver con generarse fastidio a uno mismo sino, como él mismo aclara: todo se refiere a «la pasión del Señor» y eso quiere decir que, al igual que Jesús, cualquier renuncia está dirigida a unir la voluntad al Padre bueno y, por tanto, a cuidar de los demás.

Juan creía que los artificios violaban la sinceridad y, en su mayor parte, «el rigor» del tipo que sea, es búsqueda y alarde de sí. Mientras que no buscar la propia voluntad y gusto es, literalmente, preocuparse del bien de los demás, descentrarse del ego y poner delante la alegría y el bien de los otros.

A esta mujer, y en otros lugares de sus escritos, invita Juan a hacer hábito de la presencia de Dios, a acostumbrarse a encontrarle en cualquier circunstancia, para «estar bien con Él». Si a la doncella le recuerda que Dios siempre da gracia, es decir, siempre da su Espíritu para vivir, en otra ocasión dirá que «cuanto más se fuere habituando el alma en dejarse sosegar», en dejarse en las manos de Dios, más crecerá la «amorosa noticia» de Dios.

Y no solo eso. Estar bien con Dios siempre será estar bien con uno mismo: avanzar por el camino de la integración, de la sanación y la liberación. A la doncella le hablará de lograr «toda en todo» vivir en el amor. La unificación profunda. En otro escrito, hablará de «paz interior y quietud y descanso». Y la paz es siempre señal de plenitud.

Después, como si quisiera resumir el evangelio y ponerlo en las manos de todos, desgranando cómo se está bien con Dios, escribió un Dicho que decía:

«Andar a perder y que todos nos ganen es de ánimos valerosos, de pechos generosos; de corazones dadivosos es condición dar antes que recibir, hasta que vienen a darse a sí mismos, porque tienen por gran carga poseerse, que más gustan de ser poseídos y ajenos de sí, pues somos más propios de aquel infinito Bien que nuestros».

Descubrir que «somos más propios de aquel infinito Bien que nuestros» y que la infinita bondad es nuestra, nos hace generosos y nos lleva a sentir con el evangelio. Juan sabía que solo «el hilo del amor» descubre esa pertenencia y une a Dios. Por eso, confiaba a esa experiencia la salud del corazón y la transformación de la vida:

«Hace tal obra el amor
después que le conocí
que si hay bien o mal en mí
todo lo hace de un sabor
y al alma transforma en sí
y así en su llama sabrosa
la cual en mí estoy sintiendo
apriesa sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo».

Eso es estar bien, dejarse ganar por el amor. Eso es estar bien con Dios, dejar que su amor consuma todo lo que no es Él.

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