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Cambiante

Miércoles, 7 de octubre de 2020

Del blog Nova bella:

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Gran páramo

corazón expansivo

no olvides que

los límites de la vida son cambiantes.

*

Socho

***

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Por qué los hechos no nos hacen cambiar de opinión

Lunes, 7 de septiembre de 2020

Razón-y-bondadDel Boletín Semanal  de Enrique Martínez Lozano.

El economista J.K. Galbraith escribió una vez: “Ante la disyuntiva de cambiar de opinión y demostrar que no hay necesidad de hacerlo, casi todo el mundo se ocupa de la prueba”.

León Tolstoi fue aún más audaz: “Los temas más difíciles pueden explicarse al hombre más torpe si no se ha formado ya una idea de ellos; pero la cosa más sencilla no puede aclararse al hombre más inteligente si está firmemente persuadido de que ya sabe, sin ninguna sombra de duda, lo que se le presenta”.

¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué los hechos no nos hacen cambiar de opinión? ¿Y por qué alguien seguiría creyendo una idea falsa o inexacta de todos modos? ¿Cómo nos sirven tales comportamientos?

La lógica de las falsas creencias

Los seres humanos necesitan una visión razonablemente precisa del mundo para poder sobrevivir. Si tu modelo de realidad es muy diferente del mundo real, entonces luchas para tomar acciones efectivas cada día. [1]

Sin embargo, la verdad y la exactitud no son las únicas cosas que importan a la mente humana. Los humanos también parecen tener un profundo deseo de pertenencia.

En Atomic Habits, escribí: “Los humanos son animales de rebaño. Queremos encajar, vincularnos con los demás y ganarnos el respeto y la aprobación de nuestros semejantes. Tales inclinaciones son esenciales para nuestra supervivencia. Durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva, nuestros antepasados vivieron en tribus. Separarse de la tribu, o peor aún, ser expulsado, era una sentencia de muerte”.

Entender la verdad de una situación es importante, pero también lo es permanecer como parte de una tribu. Mientras que estos dos deseos a menudo funcionan bien juntos, ocasionalmente entran en conflicto.

En muchas circunstancias, la conexión social es realmente más útil para su vida diaria que la comprensión de la verdad de un hecho o idea en particular. El psicólogo de Harvard Steven Pinker lo expresó de esta manera: “Las personas son abrazadas o condenadas de acuerdo con sus creencias, así que una función de la mente puede ser la de mantener creencias que traigan al poseedor de la creencia el mayor número de aliados, protectores o discípulos, en lugar de creencias que es más probable que sean verdaderas”. [2]

No siempre creemos las cosas porque sean correctas. A veces creemos las cosas porque nos hacen quedar bien con la gente que nos importa.

Kevin Simler lo expresó bien cuando escribió: “Si un cerebro anticipa que será recompensado por adoptar una creencia en particular, está perfectamente feliz de hacerlo, y no le importa mucho de dónde viene la recompensa: ya sea pragmática (mejores resultados como resultado de mejores decisiones), social (mejor tratamiento por parte de los compañeros), o alguna mezcla de las dos”. [3]

Las falsas creencias pueden ser útiles en un sentido social aunque no sean útiles en un sentido fáctico. A falta de una mejor expresión, podríamos llamar a este enfoque “factualmente falso, pero socialmente exacto”. [4] Cuando tenemos que elegir entre los dos, la gente a menudo selecciona a los amigos y a la familia por encima de los hechos.

Esta perspicacia no solo explica por qué podríamos callarnos en una cena o mirar hacia otro lado cuando nuestros padres dicen algo ofensivo, sino que también revela una mejor manera de cambiar las opiniones de los demás.

Los hechos no cambian nuestras opiniones. La amistad sí.

Convencer a alguien de que cambie de opinión es realmente el proceso de convencerlo de que cambie su tribu. Si abandonan sus creencias, corren el riesgo de perder los lazos sociales. No puedes esperar que alguien cambie de opinión si le quitas también su comunidad. Tienes que darles un lugar adonde ir. Nadie quiere que su visión del mundo se rompa si el resultado es la soledad.

La forma de cambiar la mente de la gente es hacerse amigo de ellos, integrarlos en su tribu, traerlos a su círculo. Ahora, pueden cambiar sus creencias sin el riesgo de ser abandonados socialmente.

El filósofo británico Alain de Botton sugiere que simplemente compartamos comidas con aquellos que no están de acuerdo con nosotros: “Sentarse en una mesa con un grupo de desconocidos tiene el incomparable y extraño beneficio de hacer un poco más difícil odiarlos con impunidad. Los prejuicios y las luchas étnicas se alimentan de la abstracción. Sin embargo, la proximidad que requiere una comida —algo como repartir platos, desplegar servilletas al mismo tiempo, incluso pedirle a un extraño que le pase la sal— trastorna nuestra capacidad de aferrarnos a la creencia de que los forasteros que llevan ropa inusual y hablan con acentos distintos merecen ser enviados a casa o asaltados. A pesar de todas las soluciones políticas a gran escala que se han propuesto para saldar el conflicto étnico, hay pocas maneras más eficaces de promover la tolerancia entre vecinos sospechosos que obligarlos a cenar juntos”.

Tal vez no sea la diferencia, sino la distancia lo que genera tribalismo y hostilidad. A medida que la proximidad aumenta, también lo hace la comprensión. Me recuerda la cita de Abraham Lincoln: “No me gusta ese hombre. Debo conocerlo mejor”.

Los hechos no nos hacen cambiar de opinión. La amistad sí.

El espectro de creencias

Hace años, Ben Casnocha me mencionó una idea que no he podido desechar: Las personas que tienen más probabilidades de cambiar de opinión son aquellas con las que estamos de acuerdo en el 98 por ciento de los temas.

Si alguien que conoces, te gusta y confía en una idea radical, es más probable que le reconozcas cierto mérito, peso o consideración. Ya estás de acuerdo con ese alguien en la mayoría de las áreas de la vida. Tal vez también deberías cambiar de opinión en este caso. Pero si alguien muy diferente a ti propone la misma idea radical, bueno, es fácil descartarlo como un chiflado.

Una forma de visualizar esta distinción es mediante el mapeo de las creencias en un espectro. Si divides este espectro en 10 unidades y te encuentras en la Posición 7, entonces no tiene mucho sentido tratar de convencer a alguien en la Posición 1. La brecha es demasiado amplia. Cuando estás en la Posición 7, es mejor que gastes tu tiempo conectando con las personas que están en las Posiciones 6 y 8, llevándolas gradualmente en tu dirección.

Las discusiones más acaloradas a menudo ocurren entre personas que se encuentran en extremos opuestos del espectro, pero el aprendizaje más frecuente ocurre de personas que están cerca. Cuanto más cerca estés de alguien, más probable es que la o las creencias que no compartes se desangren en tu propia mente y moldeen tu pensamiento. Cuanto más lejos esté una idea de tu posición actual, más probable es que la rechaces de plano.

Cuando se trata de cambiar la opinión de la gente, es muy difícil saltar de un lado a otro. No se puede saltar por el espectro. Tienes que deslizarte por él.

Cualquier idea que sea lo suficientemente diferente de tu visión actual del mundo la percibirás como amenazadora. Y el mejor lugar para reflexionar sobre una idea amenazante es en un ambiente no amenazante. Como resultado, los libros son a menudo un mejor vehículo para transformar las creencias que las conversaciones o los debates.

En la conversación, la gente tiene que considerar cuidadosamente su estatus y apariencia. Quieren guardar las apariencias y evitar parecer estúpidos. Cuando se enfrentan a un conjunto de hechos incómodos, la tendencia es a menudo a doblar su apuesta por su posición actual en lugar de admitir públicamente que están equivocados.

Los libros resuelven esta tensión. Con un libro, la conversación tiene lugar dentro de la cabeza de alguien y sin el riesgo de ser juzgado por los demás. Es más fácil tener una mente abierta cuando no te sientes a la defensiva.

Los argumentos son como un ataque frontal completo a la identidad de una persona. Leer un libro es como deslizar la semilla de una idea en el cerebro de una persona y dejarla crecer en sus propios términos. Ya hay suficiente lucha en la cabeza de una persona cuando está superando una creencia preexistente. Tampoco necesitan luchar contigo.

Por qué persisten las ideas falsas

Hay otra razón por la que las malas ideas siguen viviendo: porque la gente sigue hablando de ellas.

El silencio es la muerte para cualquier idea. Una idea que nunca es comentada o escrita muere con la persona que la concibió. Las ideas solo pueden ser recordadas cuando se repiten. Solo pueden creídas cuando se repiten.

Ya he señalado que las personas repiten ideas para señalar que son parte del mismo grupo social. Pero aquí hay un punto crucial que la mayoría de la gente no considera.

La gente también repite las malas ideas cuando se quejan de ellas. Antes de poder criticar una idea, hay que hacer referencia a esa idea. Terminas repitiendo las ideas que esperas que la gente olvide, pero, por supuesto, la gente no puede olvidarlas porque sigues hablando de ellas. Cuanto más repitas una mala idea, más probable es que la gente la crea.[6]

Llamemos a este fenómeno la Ley de Recurrencia de Clear: El número de personas que creen una idea es directamente proporcional al número de veces que se ha repetido durante el último año, incluso si la idea es falsa.[7]

Cada vez que atacas una mala idea, estás alimentando al mismo monstruo que intentas destruir. Como escribió un empleado de Twitter: “Cada vez que retuiteas o citas un tuit de alguien con el que estás enfadado, lo ayudarás. Diseminas sus tonterías. El infierno para las ideas que deploras es el silencio. Ten la disciplina para dárselo”.[8]

Tu tiempo está mejor empleado en defender las buenas ideas que en derribar las malas. No pierdas tiempo explicando por qué las malas ideas son malas. Simplemente estás avivando la llama de la ignorancia y la estupidez.

Lo mejor que le puede pasar a una mala idea es que se la olvide. Lo mejor que le puede pasar a una buena idea es que se comparta. Esto me hace pensar en la cita de Tyler Cowen: “Pasa el menor tiempo posible hablando de cómo otras personas están equivocadas”.

Alimenta las buenas ideas y deja que las malas se mueran de hambre.

El soldado intelectual

Sé lo que podrías estar pensando: “James, ¿hablas en serio ahora mismo? ¿Se supone que debo dejar que estos idiotas se salgan con la suya?”.

Déjame ser claro. No digo que nunca sea útil señalar un error o criticar una mala idea. Pero tienes que preguntarte: “¿Cuál es el objetivo?”.

En primer lugar, ¿por qué quieres criticar las malas ideas?

Presumiblemente, quieres criticar las malas ideas porque piensas que el mundo estaría mejor si menos gente las creyera. En otras palabras, crees que el mundo mejoraría si la gente cambiara de opinión sobre algunos temas importantes.

Si el objetivo es realmente cambiar de opinión, entonces no creo que criticar al otro lado sea el mejor enfoque.

La mayoría de la gente discute para ganar, no para aprender. Como dice Julia Galef de manera tan acertada: la gente a menudo actúa como soldados en vez de como exploradores. Los soldados están en el ataque intelectual, buscando derrotar a las personas que difieren de ellos. La victoria es la emoción operativa. Los exploradores, por su parte, lentamente, tratan de trazar el mapa del terreno con otros. La curiosidad es la fuerza motriz.

Si quieres que la gente adopte tus creencias, tienes que actuar más como un explorador y menos como un soldado. En el centro de este enfoque hay una pregunta que Tiago Forte plantea maravillosamente: “¿Estás dispuesto a no ganar para mantener la conversación?”.

Sé amable primero, sé correcto después

El brillante escritor japonés Haruki Murakami escribió una vez: “Recuerda siempre que argumentar y ganar es romper la realidad de la persona contra la que estás argumentando. Es doloroso perder tu realidad, así que sé amable, incluso si tienes razón”.[10]

Cuando estamos en el momento, podemos olvidar fácilmente que el objetivo es conectar con el otro lado, colaborar con ellos, hacerles amigos e integrarlos en nuestra tribu. Estamos tan atrapados en la victoria que nos olvidamos de conectar. Es fácil gastar su energía etiquetando a las personas en lugar de trabajar con ellas.

La palabra “kind” (“amable”) se originó de la palabra “kin” (“pariente”). Cuando eres amable con alguien significa que lo tratas como a alguien de la familia. Esto, creo, es un buen método para cambiar la opinión de alguien. Desarrollar una amistad. Compartir una comida. Regalar un libro.

Primero, sé amable, después sé justo.[11]

James Clear

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Notas

[1] Técnicamente, tu percepción del mundo es una alucinación. Cada ser vivo percibe el mundo de manera diferente y crea su propia “alucinación” de la realidad. Pero diría que la mayoría de nosotros tenemos un modelo “razonablemente exacto” de la realidad física real del universo. Por ejemplo, cuando conduce por la carretera, no tienes acceso completo a todos los aspectos de la realidad, pero su percepción es lo suficientemente precisa como para evitar otros automóviles y conducir de manera segura.

[2] Language, Cognition, and Human Nature: Selected Articles by Steven Pinker

[3] Crony Beliefs de Kevin Simler

[4] Recuerdo un tuit que vi recientemente, que decía: “La gente dice muchas cosas que son realmente falsas pero están socialmente asentadas. Dicen cosas estúpidas, pero no son estúpidas. Es inteligente (aunque a menudo inmoral) asentar tu posición en una tribu y su deferencia a sus tabúes. Esto es conformidad, no estupidez”.

[5] Religion for Atheists por Alain de Botton

[6] El lingüista y filósofo George Lakoff se refiere a esto como activar el marco. “Si niegas un marco, tienes que activar el marco, porque tienes que saber lo que estás negando”, dice. “Si usas la lógica contra algo, lo estás fortaleciendo”.

[7] La Ley de Recurrencia de Clear es realmente solo una versión especializada del efecto de mera exposición. Pero bueno, estoy escribiendo este artículo y ahora tengo una ley que lleva mi nombre, así que es genial. Además, puedes contarle a tu familia sobre la Ley de Recurrencia de Clear durante la cena y todos pensarán que eres brillante.

[8] Tuit de Nathan Hubbard.

[9] “Why you think you’re right — even if you’re wrong” por Julia Galef.

[10] Encontré esta cita de Kazuki Yamada, pero se cree que fue originalmente de la versión japonesa de Colorless Tsukuru Tazaki de Haruki Murakami.

[11] He estado trabajando en este artículo durante más de un año. Hace muchos meses, me estaba preparando para publicarlo y ¿qué sucede? The New Yorker publica un artículo con el mismo título exactamente una semana antes y se convierte en su artículo más popular de la semana. ¿Cuáles son las posibilidades de eso? Mientras tanto, me puse a escribir Atomic Habits, terminé esperando un año y le di a The New Yorker su tiempo para brillar (como si lo necesitaran). Pensé en cambiar el título, pero a nadie se le permiten títulos de copyright y ha pasado suficiente tiempo, así que me quedo con él. Ahora ambos artículos pueden vivir felices en el mundo, como un par perspicaz de gemelos fraternos.

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Cambio

Martes, 18 de agosto de 2020

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“A veces creo que la situación ha cambiado cuando,

en realidad, soy yo quien lo ha hecho”.

*

Mary Reuter

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Leonardo Boff: “Cuando pase la pandemia, volver a la ‘normalidad’ es autocondenarse”

Jueves, 11 de junio de 2020

Mundo (360)Si no hacemos una “conversión ecológica radical”, en palabras del Papa Francisco, la Tierra viva podrá reaccionar y contraatacar con virus aún más violentos capaces de hacer desaparecer a la especie humana

Necesitamos un contrato social mundial, porque seguimos siendo rehenes del obsoleto soberanismo de cada país

Cuando pase la pandemia del coronavirus no nos estará permitido volver a la “normalidad” anterior. Sería, en primer lugar, un desprecio a los miles de personas que han muerto asfixiadas por el virus y una falta de solidaridad con sus familiares y amigos. En segundo lugar, sería la demostración de que no hemos aprendido nada de lo que, más que una crisis, es una llamada urgente a cambiar nuestra forma de vivir en nuestra única Casa Común. Se trata de un llamamiento de la propia Tierra viva, ese superorganismo autorregulado del que somos su parte inteligente y consciente.

El sistema actual pone en peligro las bases de la vida

Volver a la anterior configuración del mundo, hegemonizado por el capitalismo neoliberal, incapaz de resolver sus contradicciones internas y cuyo ADN es su voracidad por un crecimiento ilimitado a costa de la sobreexplotación de la naturaleza y la indiferencia ante la pobreza y la miseria de la gran mayoría de la humanidad producida por ella, es olvidar que dicha configuración está sacudiendo los cimientos ecológicos que sostienen toda la vida en el planeta. Volver a la “normalidad” anterior (business as usual) es prolongar una situación que podría significar nuestra propia autodestrucción.

Si no hacemos una “conversión ecológica radical”, en palabras del Papa Francisco, la Tierra viva podrá reaccionar y contraatacar con virus aún más violentos capaces de hacer desaparecer a la especie humana. Esta no es una opinión meramente personal, sino la opinión de muchos biólogos, cosmólogos y ecologistas que están siguiendo sistemáticamente la creciente degradación de los sistemas-vida y del sistema-Tierra. Hace diez años (2010), como resultado de mis investigaciones en cosmología y en el nuevo paradigma ecológico, escribí el libro Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo (Record). Los pronósticos que adelantaba han sido confirmados plenamente por la situación actual.

El proyecto capitalista y neoliberal ha sido rechazado

Una de las lecciones que hemos aprendido de la pandemia es la siguiente: si se hubieran seguido los ideales del capitalismo neoliberal –competencia, acumulación privada, individualismo, primacía del mercado sobre la vida y minimización del Estado– la mayoría de la humanidad estaría perdida. Lo que nos ha salvado ha sido la cooperación, la interdependencia de todos con todos, la solidaridad y un Estado suficientemente equipado para ofrecer la posibilidad universal de tratamiento del coronavirus, en el caso del Brasil, el Sistema Único de Salud (SUS).

Hemos hecho algunos descubrimientos: necesitamos un contrato social mundial, porque seguimos siendo rehenes del obsoleto soberanismo de cada país. Los problemas mundiales requieren una solución mundial, acordada entre todos los países. Hemos visto el desastre en la Comunidad Europea, en la que cada país tenía su plan sin considerar la necesaria cooperación con otros países. Fue una devastación generalizada en Italia, en España y últimamente en Estados Unidos, donde la medicina está totalmente privatizada.

Otro descubrimiento ha sido la urgencia de un centro plural de gobierno mundial para asegurar a toda la comunidad de vida (no sólo la humana sino la de todos los seres vivos) lo suficiente y decente para vivir. Los bienes y servicios naturales son escasos y muchos de ellos no son renovables. Con ellos debemos satisfacer las demandas básicas del sistema-vida, pensando también en las generaciones futuras. Es el momento oportuno para crear una renta mínima universal para todos, la persistente prédica del valiente y digno político Eduardo Suplicy.

Una comunidad de destino compartido

Los chinos han visto claramente esta exigencia al promover “una comunidad de destino compartido para toda la humanidad”, texto incorporado en el renovado artículo 35 de la Constitución china. Esta vez, o nos salvamos todos, o engrosaremos la procesión de los que se dirigen a la tumba colectiva. Por eso debemos cambiar urgentemente nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza y con la Tierra, no como señores, montados sobre ella, dilapidándola, sino como partes conscientes y responsables, poniéndonos junto a ella y a sus pies, cuidadores de toda la vida.

A la famosa TINA (There Is No Alternative), “no hay (otra) alternativa” de la cultura del capital, debemos confrontar otra TINA (There Is a New Alternative), “hay una nueva alternativa”. Si en la primera alternativa la centralidad estaba ocupada por el beneficio, el mercado y la dominación de la naturaleza y de los otros (imperialismo), en esta segunda será la vida en su gran diversidad, también la humana con sus muchas culturas y tradiciones la que organizará la nueva forma de habitar la Casa Común. Eso es imperativo y está dentro de las posibilidades humanas: tenemos la ciencia y la tecnología, tenemos una acumulación fantástica de riqueza monetaria, pero falta a la gran mayoría de la humanidad y, lo que es peor, a los Jefes de Estado la conciencia de esta necesidad y la voluntad política de implementarla. Tal vez, ante el riesgo real de nuestra desaparición como especie, por haber llegado a los límites insoportables para la Tierra, el instinto de supervivencia nos haga sociables, fraternos y todos colaboradores y solidarios unos con otros. El tiempo de la competencia ha pasado. Ahora es el tiempo de la cooperación.

La inauguración de una civilización biocentrada

Creo que inauguraremos una civilización biocentrada, cuidadosa y amiga de la vida, como algunos dicen, “la tierra de la buena esperanza”. Se podrá realizar el “bien vivir y convivir” de los pueblos andinos: la armonía de todos con todos, en la familia, en la sociedad, con los demás seres de la naturaleza, con las aguas, con las montañas y hasta con las estrellas del firmamento.

Como el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz ha dicho con razón: “tendremos una ciencia no al servicio del mercado, sino el mercado al servicio de la ciencia”, y yo añadiría, y la ciencia al servicio de la vida.

No saldremos de la pandemia de coronavirus como entramos. Seguramente habrá cambios significativos, tal vez incluso estructurales. El conocido líder indígena, Ailton Krenak, del valle del Río Doce, ha dicho acertadamente: “No sé si saldremos de esta experiencia de la misma manera que entramos. Es como una sacudida para ver lo que realmente importa; el futuro es aquí y ahora, puede que mañana no estemos vivos; ojalá que no volvamos a la normalidad” (O Globo, 01/05/2020, B 6).

Lógicamente, no podemos imaginar que las transformaciones se produzcan de un día a otro. Es comprensible que las fábricas y las cadenas de producción quieran volver a la lógica anterior. Pero ya no serán aceptables. Deberán someterse a un proceso de reconversión en el que todo el aparato de producción industrial y agroindustrial deberá incorporar el factor ecológico como elemento esencial. La responsabilidad social de las empresas no es suficiente. Se impondrá la responsabilidad socio-ecológica.

Se buscarán energías alternativas a las fósiles, menos impactantes para los ecosistemas. Se tendrá más cuidado con la atmósfera, las aguas y los bosques. La protección de la biodiversidad será fundamental para el futuro de la vida y de la alimentación, humana y de toda la comunidad de la vida.

¿Qué tipo de Tierra queremos para el futuro?

Seguramente habrá una gran discusión de ideas sobre qué futuro queremos y qué tipo de Tierra queremos habitar. Cuál será la configuración más adecuada a la fase actual de la Tierra y de la propia humanidad, la fase de planetización y de la percepción cada vez más clara de que no tenemos otra casa común para habitar que ésta. Y que tenemos un destino común, feliz o trágico. Para que sea feliz, debemos cuidarla para que todos podamos caber dentro, incluida la naturaleza.

Existe el riesgo real de polarización de modelos binarios: por un lado los movimientos de integración, de cooperación general y, por otro, la reafirmación de las soberanías nacionales con su proteccionismo. Por un lado el capitalismo “natural” y verde y por otro lado el comunismo reinventado de tercera generación como pronostican Alain Badiou y Slavoy Zizek.

Otros temen un proceso de brutalización radical por parte de los “dueños del poder económico y militar” para asegurar sus privilegios y sus capitales. Sería un despotismo de forma diferente porque se basaría en los medios cibernéticos y en la inteligencia artificial con sus complejos algoritmos, un sistema de vigilancia sobre todas las personas del planeta. La vida social y las libertades estarían permanentemente amenazadas. Pero a todo poder le surgirá siempre un contrapoder. Habría grandes enfrentamientos y conflictos a causa de la exclusión y la miseria de millones de personas que, a pesar de la vigilancia, no se conformarán con las migajas que caen de las mesas de los ricos epulones.

No pocos proponen una glocalización, es decir que el acento se ponga en lo local, en la región con su especificidad geológica, física, ecológica y cultural pero abierta a lo global que involucra a todos. En este biorregionalismo se podría lograr un verdadero desarrollo sostenible, aprovechando los bienes y servicios locales. Prácticamente todo se realizará en la región, con empresas más pequeñas, con una producción agroecológica, sin necesidad de largos transportes que consumen energía y contaminan. La cultura, las artes y las tradiciones serán revividas como una parte importante de la vida social. La gobernanza será participativa, reduciendo las desigualdades y haciendo que la pobreza sea menor, siempre posible, en las sociedades complejas. Es la tesis que el cosmólogo Mark Hathaway y yo defendemos en nuestro libro común El Tao de la Liberación (2010) que fue bien acogida en el ambiente científico y entre los ecologistas hasta el punto de que Fritjof Capra se ofreció a hacer un interesante prefacio.

Otros ven la posibilidad de un ecosocialismo planetario, capaz de lograr lo que el capitalismo, por su esencia competitiva y excluyente, es incapaz de hacer: un contrato social mundial, igualitario e inclusivo, respetuoso de la naturaleza en el que el nosotros (lo comunitario y societario) y no el yo (individualismo) será el eje estructurador de las sociedades y de la comunidad mundial. El ecosocialismo planetario encontró en el franco-brasileño Michael Löwy su más brillante formulador. Tendremos, como reafirma la Carta de la Tierra así como la encíclica del Papa Francisco “sobre el cuidado de la Casa Común”, un modo de vida verdaderamente sostenible y no sólo un desarrollo sostenible.

Al final, pasaremos de una sociedad industrial/consumista a una sociedad de sustentación de toda la vida con un consumo sobrio y solidario; de una cultura de acumulación de bienes materiales a una cultura humanístico-espiritual en la que los bienes intangibles como la solidaridad, la justicia social, la cooperación, los lazos afectivos y no en última instancia la amorosidad y la logique du coeur estarán en sus cimientos.

No sabemos qué tendencia predominará. El ser humano es complejo e indescifrable, se mueve por la benevolencia pero también por la brutalidad. Está completo pero aún no está totalmente (terminado). Aprenderá, a través de errores y aciertos, que la mejor configuración para la coexistencia humana con todos los demás seres de la Madre Tierra debe estar guiada por la lógica del propio universo: este está estructurado, como nos dicen notables cosmólogos y físicos cuánticos, según complejas redes de inter-retro-relaciones. Todo es relación. No existe nada fuera de la relación. Todos se ayudan mutuamente para seguir existiendo y poder co-evolucionar. El propio ser humano es un rizoma (bulbo de raíces) de relaciones en todas las direcciones.

Si se me permite decirlo en términos teológicos: es la imagen y semejanza de la Divinidad que surge como la relación íntima de tres Infinitos, cada uno singular (las singularidades no se suman), Padre, Hijo y Espíritu Santo, que existen eternamente el uno para el otro, con el otro, en el otro y a través del otro, constituyendo un Dios-comunión de amor, de bondad y de belleza infinita.

Tiempos de crisis como el nuestro, de paso de un tipo de mundo a otro, son también tiempos de grandes sueños y utopías. Ellas son las que nos mueven hacia el futuro, incorporando el pasado pero dejando nuestra propia huella en el suelo de la vida. Es fácil pisar la huella dejada por otros, pero ella no nos lleva a ningún camino esperanzador. Debemos hacer nuestra propia huella, marcada por la inagotable esperanza de la victoria de la vida, porque el camino se hace caminando y soñando.  Así pues, caminemos.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito: Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record, Rio 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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Koldo Aldai: “África ha venido a mí…”

Lunes, 6 de abril de 2020

caradeafrica-1Una furgoneta familiar anuncia pan caliente por las calles de una aldea tranquila; una primavera silenciosa se da a conocer alrededor de nuestro caserío con bocina mucho más discreta. El pájaro no necesita claxon para compartirnos que construye feliz nueva morada. Las nubes no dejan de bailar al son de un viento ya templado. La vida no se ha detenido, sólo un breve paréntesis para permitirnos a nosotros y nosotras sumar los mejores materiales para el ancho nido planetario, construir nueva y más solidaria Tierra, encarnar olvidada esperanza y poderosa primavera.

Los mutuos y elogiosos aplausos no se detengan. El miramiento por el otro se perpetúe. “En su día no reuní valor suficiente para marchar a África y ahora África ha venido a mí…”, nos comparte, igual de feliz que el pájaro, una valiente y entregada enfermera amiga. En realidad, África nos ha llegado a todos y, como decía el lehendakari, éste es el momento en que podemos dar lo mejor de nosotros mismos. Éste es el momento de la entrega grande y sincera que siempre habíamos aguardado y que ahora de repente, con estos pelos cargados de canas, con este apego de mullida butaca, se nos brinda…

Ahora que marcha ese amago de invierno, el mayor problema sería que el corazón unido se enfriara, que ya no hiciéramos sabroso bizcocho para toda la escalera, que dejáramos de cantar poderosas “arias” en los balcones de unas ciudades sin “Covid 19″. El único error sería que el vecino volviera a ser extraño, que todo de nuevo como en el pasado, antes que ese coronavirus omnipresente irrumpiera en nuestras vidas y vocabulario.

Ojalá toda esta crisis represente un parteaguas. Se impone el “antes y después”, la fractura con todo lo caduco o lo que es lo mismo lo antiguo, lo separado, lo insolidario. El gran fallo sería que el desafío del virus no revirtiera en positivo. El mayúsculo error sería no aprovechar esta preciosa crisis para dar un gran salto en nuestra conciencia colectiva. El final fatal sería que a la postre nada hubiera cambiado; que una vez el virus controlado (nos cuesta utilizar la palabra vencido para un ser vivo), las distancias no cayeran; que después de haber vivido la lúgubre separación, los más sólidos tabiques no se desplomaran; que las fronteras de todo orden no desaparecieran. El virus ha hecho que aflorara la inconsciencia de haber permanecido tanto tiempo separados, ha evidenciado cuánto nos necesitamos los unos a los otros.

El precio pagado no sea en balde. “Volveremos a juntarnos…”, “Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo…” “Ya no habrá una distancia…”, no sean sólo frases bonitas que saltan raudas de móvil en móvil. Podamos hacer todo ello realidad. Que no sean sólo canciones que casi automáticamente nos aprestamos a compartir con nuestros contactos y grupos de whasap. Podamos encarnar lo que a toda velocidad tecleamos.

Nada nos ha unido como este bichito que en realidad no era “chino”. Le hemos mirado a los ojos y no los tiene rasgados, como proclama Trump. Se ha hecho presente por doquier, porque no había otra forma de relegar esa otra pandemia mucho más peligrosa y letal de la separatividad.

Koldo Aldai

Fuente Fe Adulta

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Feliz año, si cambiamos con él

Jueves, 9 de enero de 2020

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Este año que está a punto de empezar, no será diferente, si nosotros y nosotras no cambiamos con él.

Sin grandes deseos irrealizables. Sin esfuerzos que no podamos llevar a cabo.

Desde la cotidianidad y el sueño de transformar la realidad más inmediata, brindado la ternura de la solidaridad en tierras cercanas o allende los mares.

Que los recortes no nos rebajen los ánimos, la sonrisa, la ternura, la alegría.

Que la indignación no dé paso al desencanto, sino a la participación, la lucha, el trabajo diario por un mundo mejor.

Que la crisis nos ayude a cambiar de paradigmas, viviendo una vida más sencilla, más fraterna, más feliz.

Que las dificultades nos hagan descubrir nuevas posibilidades, nuevas personas para solucionar los problemas con fe y esperanza.

Que sigamos gozando de la vida, dando vida a nuestro alrededor, en compañía de la familia, los amigos y compañeros de camino. Ellos y ellas son nuestro mejor tesoro.

Feliz año si lo intentamos vivir así.

*

Miguel Ángel Mesa Bouzas
Fuente Fe Adulta

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“La necesidad de un cambio”, por Isabel Gómez-Acebo

Jueves, 4 de abril de 2019

basilica-ocotlanLeído en su blog:

Es un hecho comprobado que, como nuestra sociedad avanza de forma acelerada, hay mucha posibilidad de perder el tren de la modernidad. Todos los días vemos en las grandes ciudades el cierre de tiendas que han muerto ante el comercio por internet y en la educación los países son conscientes de que necesitan preparar a jóvenes para dar respuestas con nuevas técnicas a los retos de la modernización.

Educación, cambio, creatividad, preparación, innovación, emprendimiento…, son vocablos que se repiten una y otra vez pero que exigen tomar decisiones a la espera de que sean las correctas pues se hace camino al andar y nadie, en nuestros tiempos, conoce la ruta más corta o la más exitosa

Todo esto me ha hecho pensar en la Iglesia Católica. Hace unos días intuí que un obispo defendía la resistencia de la institución dentro de unas murallas, cada día más altas, pero es una postura que pudo tener éxito en su momento, pero ya no vale. Si son necesarios los cambios en todas las empresas para sobrevivir, más aún lo son en nuestra Iglesia que arrastra el polvo, como dijo Juan XXIII, del Imperio Otomano y que en estos momentos se encuentra con la disidencia de muchos fieles agravada, al día de hoy, por el pavoroso caso de la pedofilia clerical

Saber que tenemos un problema no basta pues hay que conocer el camino a seguir y es aquí donde no nos ponemos de acuerdo y no es fácil. Algunos sugieren eliminar el celibato para convertirlo en algo opcional pues defienden que sería una manera de eliminar la barrera entre el sacerdote y los fieles. Para otros, la solución está en que se permita a las mujeres ordenarse pues multiplicaría las eucaristías que son el centro de nuestra religión. Los hay que defienden la temporalidad de los cargos eclesiásticos como se hiciera en la Iglesia primitiva, olvidarse del sexo, recortes en la Ciudad del Vaticano, supresión de los nuncios… Pero tengo la impresión de que todos estos cambios, sin duda necesarios, son el chocolate del loro pues la Iglesia necesita un terremoto que le permita desembarazarse de las albardas con que la cargaron muchos siglos de cristianismo.

Al Papa se le exigen cambios, pero hay muchos clérigos que ponen el palo en su rueda para impedirlo y si se toman resoluciones son bienvenidas en algunos continentes y rechazadas en otros.

La verdad es que estoy sumergida en un mar de dudas y no basta con pedir al Espíritu Santo que actúe, tenemos que hacer algo para evitar el deslizamiento de la Institución hacia la nada. Pero siempre podemos hacernos la pregunta viendo lo que nos parecemos a las primeras comunidades cristianas ¿No será que el Paráclito quiere romper la baraja y empezar de nuevo?

Isabel Gómez Acebo

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Fuente Religión Digital

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Navidad en reserva

Miércoles, 9 de enero de 2019

Navidad-en-reserva-ecleSALiaIñigo García Blanco,
Hermano Marista,
Madrid.

ECLESALIA, 07/01/19.- Como en tantas épocas, el anuncio de Navidad sigue siendo necesario, aunque lo solemos tener en reserva y solo ve la luz ciertos y finales días del año transitado.

Dios llega a nuestras vidas de forma (im)pertinente. No anuncia su llegada ni señala el tiempo o el lugar. A la intemperie, fuera de censos, visas o mercadurías. ¡Sencillamente se hace presente: en el misterio de un nacimiento!

Y con su presencia brillan los rostros de la humanidad: pastores (algunos eran y son salteadores de caminos y vidas), sabios o magos de oriente (preocupados por el conocimiento y comprensión de la vida en sus diferentes manifestaciones), sin-techo o refugiados, migrantes o temporeros, mestizos o indígenas, descartados de nuestro tiempo y de nuestra historia… (no salen bien en las instantáneas de primera portada, pero cada vez son más frecuentes sus recordatorios de que este mundo necesita expresarse humanizadora y fraternalmente). Dios, ¡sencillamente se hace presente!

La Navidad de Dios proclama que “las cosas pueden cambiar”. Seguimos anhelando “las tres T” para este tiempo (no solo los décimos de la lotería o los castings de reality tv shows) para esta historia desigual: la Tierra que da sustento, el Techo que da cobijo y el Trabajo que enorgullece. No es azar, ni meros deseos… es derecho que debemos reconquistar para todos y cada uno de nosotros.

Navidad es fundamentalmente el brillo de la humanidad expresado en el rostro de un recién nacido que cambia nuestra mirada porque ¡sencillamente se hace presente! Y desde el comienzo, Dios en Jesús, el Enmanuel (Dios-con/entre-nosotros), comenzó a “oler a pobre”. Sigue siendo Navidad en cada historia, en cada tierra, en cada vida que se abre al Misterio. En cada verbo que se hace eco de las palabras de justicia y de paz. En cada gesto que se suma en la movilización de los derechos sociales, los derechos de la Tierra, los derechos de la Vida.

Sigue siendo Navidad en mi vida, en tu vida, si dejamos que el Evangelio acampe en nuestras estancias (por las que transitamos y nos cruzamos). Porque … ¡sencillamente se hace presente! ¡La humanidad brilla en tu rostro!

Es Misterio, es gozo, es sorpresa, es esperanza, es promesa, es encarnación, es Buena Nueva, es Verbo. Es la Navidad de los pequeños (no solo de tamaño, sino los que así queremos presentarnos), de los nada-poderosos, del Dios-Todo-Niño que se encarna en la historia de nuestra humanidad.

Lo más importante sucede en el silencio,
acontece en el centro de nuestras vidas
y nos invita a mirar más allá de las apariencias.

El Dios-Todo-Niño viene a darle la vuelta a la lógica del mundo. «Algo nuevo está brotando ¿no lo notáis?» (Is 43, 19).

Agradecido, feliz y b(i)endecida Navidad, bienaventurado Año Nuevo 2019.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Tortícolis

Jueves, 21 de junio de 2018

torticolisDecía monseñor Tarancón: “los obispos españoles padecemos de torticolis, mirando siempre hacia Roma”.

Me acuerdo mucho de esta reflexión. Veo que ahora está de actualidad todo lo que sea “Franciscano”, del papa Francisco. Y los que piensan como él alaban todo lo que hace y se callan todo comentario por los interrogantes que nos pueda producir.

Pero veo que las iglesias de base, la iglesia española, no vamos cambiando los criterios profundos, los razonamientos… Me da mucho miedo a que el pequeño cambio que se ve, sea fruto de un mimetismo. Pero ¿qué pasará si viene otro papa de distinta orientación?

Hay un hecho muy claro y que atañe a la liturgia. He oído a multitud de curas e incluso a algún obispo decir que los nuevos libros litúrgicos no agradan ni los sentimos prácticos y de un contenido unidireccional para las celebraciones. Sin embargo no ha habido, que yo sepa, ninguna reclamación pública ante el Vaticano.

Echo en falta un cambio profundo de ideas y de planteamientos. Me parece que no nos estamos convirtiendo, desde dentro, en una línea más abierta y más de periferia. Ante realidades fuertes: refugiados, presos, corrupción, violencia machista, me gustaría escuchar más voces críticas y mayores enfoques evangélicos.

Siento que cada obispo es responsable en su diócesis y que eso requiere una gran creatividad propia. Casi siempre que se habla de Roma, se habla del papa. ¿Es que Roma es eso solo?

Y sobre todo, no veo transformación en la participación de los seglares en la comunidad eclesial. Algún pequeño cambio, pero ante una realidad muy fuerte de falta de presbíteros no se plantea la participación y responsabilidad de los seglares. Les dejamos hacer alguna pequeña cosa.

He echado siempre en falta que nuestras comunidades cristianas vivamos desde nuestra fe y la contrastemos con la diócesis de Roma. Todos los días lo siento al partir el trocito de forma en la eucaristía y mojarlo en el cáliz.

He echado siempre en falta que nuestras comunidades cristianas vivamos la fe desde nuestra creencia. Que, por supuesto miremos a Roma, pero para ver cómo allí funciona la catequesis, la predicación, la atención a los pobres, el anuncio a los no creyentes, la construcción del reino. Y eso nos pueda iluminar y ayudar. Creo que se ha insistido demasiado en Roma como fuente de doctrina y de ritos litúrgicos. Qué bien si nuestra comunidad hermana es ejemplo de cómo vivir el Evangelio hoy y aquí.

El esfuerzo sea algo más que la tortícolis de ver por dónde soplan los vientos en el Vaticano o qué es lo que allí agrada; que sea mirar a nuestro interior, a las comunidades y a las personas con quienes convivimos y ahí profundizar en la escucha y el seguimiento de Jesús. Roma nos va a dar el sentido de catolicidad.

Yo veo que muchas veces se escribe y se dice “tal persona es de la era de Francisco”, pero en la realidad percibo que siguen como antes, con distintas citas y distinta insistencia pero sin vivir la realidad del Espíritu desde las periferias.

Las personas convertidas de verdad viven cualquier circunstancia desde el Evangelio. Aunque no esté de moda.

Gerardo Villar Pérez

Fuente Fe Adulta

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Cómo pensar el cambio hoy.

Sábado, 29 de julio de 2017

300019383_79f5bc89e8_bPara destacar la importancia de los cambios que estamos experimentando, ya es un tópico decir que “no se trata de una época de cambio sino de un cambio de época”. El cambio es imparable, pero puede ser encauzable. A encauzarlo nos incentiva este Cuadernillo de Cristianisme i Justícia (www.cristianismeijusticia.net); puede ser útil a las organizaciones que sienten la urgencia de cambiar esta sociedad hacia un sistema más justo. Este resumen desea difundir esta inquietud y animar a la lectura del texto.

El Prólogo y el primer capítulo muestran la realidad y profundidad del cambio, y sus rasgos más destacados: el fin del llamado “contrato social”; el divorcio entre poder y política; la globalización financiera; y el triunfo neoliberal, que se presenta como “sin alternativa posible”.

El segundo capítulo muestra una alternativa a ese cambio y las vías para conseguirlo. Las características de esa alternativa serían: la apuesta por una sociedad que avance hacia la equidad y la justicia; ahondar en la democracia y en la participación ciudadana; dar respuesta a la crisis ecológica y civilizatoria; y orientar la economía al servicio de la persona con un modo de producción más justo.

Para ello propone los siguientes caminos con sus respectivas ventajas e inconvenientes. La vía de los contrapoderes sociales que pueden “cambiar el mundo sin tomar el poder” mediante “el método grieta” que se va ensanchando. La vía de las instituciones, a las que se accede generalmente por medio de los partidos políticos. La vía de la participación popular sostenida y no violenta, que suele suscitarse por la situación que padece un grupo (como los desahucios) y el apoyo que esa injusticia suscita en el resto de la sociedad. La vía de la planificación y de la coordinación de estas acciones institucionales y populares.

El tercer capítulo trata de concretar el “¿qué hacer?” en tres dimensiones. En la dimensión personal propone una mirada crítica hacia la realidad, en forma globalizadora y no fragmentada, que no se quede en la descripción de un conflicto (como el de Oriente Medio) sin mencionar los intereses económicos que lo provocaron; un consumo más responsable; el cumplimiento ético y social de los deberes fiscales; y una mirada empática al sufrimiento que la injusticia social causa a los más débiles. En la dimensión comunitaria destaca la importancia de la colaboración, de las respuestas colectivas (como la de los afectados por las hipotecas), de “la economía colaborativa”, de todas aquellas organizaciones que fortalecen el tejido social y comunitario y, de un modo muy especial, una renovación de la enseñanza que revise qué se aprende y “al servicio de quiénes”. La dimensión sociopolítica es necesaria para lograr los cambios estructurales imprescindibles y se realiza mediante los movimientos sociales, los partidos políticos, los sindicatos, y las Organizaciones no gubernamentales.

En conclusión, el cambio tiene que realizarse mediante la coordinación de diversos factores. Para emprenderlo, hay que superar el fatalismo y la resignación manteniendo la firme esperanza de que “otro mundo es posible”, de que la Historia no es un mecanismo predeterminado sino un proceso abierto. El esfuerzo humano, con “propuestas lo suficientemente utópicas para representar un desafío al statu quo, y suficientemente reales para no ser descartadas por inviables”, ha ido superando situaciones que parecían inamovibles (como la esclavitud).

Termina con unas palabras poéticas y realistas de Pedro Casaldáliga:

Es tarde
pero es nuestra hora.
Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer el futuro.

Es tarde
pero somos nosotros
esta hora tardía.

Es tarde
pero es madrugada
si insistimos un poco.

 

Jesús Sanz

Fuente: Cristianisme i Justícia nº 203 (Marzo 2017)

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Buscando tierra firme.

Lunes, 19 de junio de 2017

nadar-no-mar-gasta-calorias-e-mantem-a-forma-2-449-thumb-570En este cambio de época, hacia una nueva era axial, parece que el suelo se nos mueve bajo los pies y buscamos tierra firme donde asentarnos. Sabemos que las limitaciones de nuestra contingencia no nos permiten alcanzar plena seguridad, pero nuestro ser racional puede y debe elaborar unas razonables bases de comprensión y estabilidad. Lo requiere un Estado de derecho, y lo requieren la convivencia y el progreso científico y humanista. Estas son unas reflexiones previas dentro de mi limitado horizonte:

· La realidad nos trasciende y escapa a nuestras posibilidades actuales de conocimiento, tanto en lo físico (física cuántica) como en lo filosófico y en lo teológico (Dios es un misterio). Parodiando al Crisóstomo, interpretación de interpretaciones y todo interpretación.

· Nuestros conocimientos se realizan mediante: 1. Una percepción inmediata (sensible, intuitiva, o espiritual). 2. Una posterior explicación conceptual.

· Todas nuestras explicaciones son interpretaciones parciales y sesgadas de la realidad; son válidas dentro de ese sistema de representaciones, pero no son certezas absolutas sino aproximaciones a la realidad.

· Para no caer en arbitrariedades ni en esquizofrenia, necesitamos un sistema de conocimientos razonable, tanto conceptual como emocionalmente, consensuado por la mayoría de las culturas actuales (como es recibida la “ley de oro” de todas las religiones).

· “Los conceptos claros y bien diferenciados” son un ideal irrealizable, porque los conceptos son generalizaciones de nuestras experiencias, y éstas son parciales y muy condicionadas. Los conceptos  producen más impresión de certeza y seguridad que los mitos y los símbolos, pero probablemente transmiten peor que éstos la riqueza de la realidad. Nuestra interpretación razonable de la realidad debe basarse en ambos modos de conocimiento.

· En este conjunto de conocimientos podemos descubrir una razonable coherencia que denominamos paradigmas. Estos paradigmas pueden ser sectoriales (geográfica o culturalmente) o universales (más o menos universales); temporales o permanentes.

· El paradigma postreligional puede ser válido en la evolución de la cultura que solemos llamar occidental, pero ajeno a la cultura popular hispanoamericana, oriental, o africana.

(El P. Adolfo Nicolás decía, más o menos, que en Occidente prevalece la razón, en Oriente la armonía, en Hispanoamérica y en África los sentimientos).

· El paradigma cristiano (o jesuánico) por excelencia es la opción preferencial por los pobres.

A mi entender, este paradigma es (al menos) sectorial cristiano y permanente; aunque más bien sería propio de un determinado nivel de conciencia, sea religiosa o laica. Yo diría que precisamente es jesuánico porque Jesús alcanzó ese determinado nivel de conciencia.

· Por mi parte puedo decir que actualmente mi mayor certeza no consiste en la afirmación de determinados conceptos sino en una percepción inmediata de la conciencia, y consiste en la constatación del sufrimiento humano y la tendencia -o la obligación- de aliviarlo en lo posible. (Quizás sea una manifestación del imperativo categórico).

· En esta incertidumbre epistémica, es necesario adoptar algunas normas de discernimiento. Mi esquema interpretativo, más práctico que teórico, consiste en la interacción de tres elementos (he asumido en tres la innumerable cantidad de datos y experiencias que se combinan en nuestra conciencia). Expreso esta interacción en el siguiente esquema:

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· El Jesús transmitido por los sinópticos (a pesar de las diferencias en su interpretación), y leído a través de los actuales Signos de los tiempos, es la referencia humana que encuentra más eco en mi conciencia.

· Mi conciencia no reacciona igualmente ante todas las palabras o acciones de Jesús. Creo que esto depende por una parte de las circunstancias ambientales (signos de los tiempos) y personales del momento en que las recibo, y por otra de las disposiciones de la propia conciencia: ¡Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios! Como sucede en la refracción de la luz, la incidencia del mensaje recibido se desvía más o menos según la densidad (limpieza) del corazón que lo recibe.

· Los Signos de los tiempos (autonomía, igualdad de género, pluralismo religioso…) pueden considerarse como paradigmas interpretativos para comprender el mensaje/ejemplo de Jesús y el mensaje de la propia conciencia. A su vez, descubrimos y discernimos los signos de los tiempos por los mensajes del evangelio y por los mensajes de nuestra conciencia, porque pueden ser confundidos con nuestras tendencias ambiciosas (nacionalismo, progreso unilareal…). (Un grupo de la Universidad católica de Chile está desarrollando una Teología de los signos de los tiempos).

Jesús también vivió un tiempo de crisis. Mejor aún, Jesús provocó un momento de crisis respecto a la religión tradicional de su pueblo. Esta crisis ha sido reinterpretada a lo largo de los siglos, y no siempre en la dirección original. La mejor interpretación consiste en “Volver al Jesús de Galilea” leído con el lenguaje de los signos de los tiempos, en los que también está presente el Espíritu que Jesús nos dejó.

Siempre, pero especialmente en momentos de incertidumbre, tenemos que asumir nuestra responsabilidad. “Caminante no hay camino / se hace camino al andar”.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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“Ante la Cuaresma”, por Gabriel Mª Otalora

Martes, 14 de marzo de 2017

cuaresma_portada_01La palabra es una abreviatura del latinajo quadragesimam diem. Cuaresmal, por tanto, es sinónimo de cuadragesimal por el número de días elegidos para la maduración en la fe hecha vida ante el acontecimiento venidero más tarde de la Pascua. Es un tiempo de conversión, de cambio, de revisión de vida que significa orientarnos a producir efectos en nuestra tolerancia y misericordia. 

La liturgia de este tiempo ha cambiado poco desde el Concilio Vaticano II, pero la sociología que nos envuelve a los fieles y la teología actualizada, han convertido a estas semanas en otra historia. Los carnavales han tomado la calle y los cristianos constatamos que ya no tenemos el viento de popa que tan cómodamente nos llevaba entre penitencias y ritos. La conversión es ahora una tarea que nos descoloca ante la indiferencia generalizada frente al fenómeno religioso. La cuaresma actual parece un anacronismo ante la desconexión social con la fe y con el propio carnaval, que en algunos sitios ya se alarga hasta penetrar en la primera semana de Cuaresma.

Recuerdo la anécdota de unos cristianos de Namibia cuando fueron invitados por la iglesia Evangélica a visitar Alemania. No podían dar crédito a lo que veían: la enorme diferencia entre el nivel de vida alemán comparado con la raquítica expresión religiosa de la asamblea dominical luterana. No entendían que, a más bienes recibidos, hubiese menos actitud generosa y agradecida a Dios, origen de todo lo bueno. Cuando el ser humano cree que tiene todo el mérito de lo logrado, entonces sobra la conversión y la cuaresma. “¿Por qué rezáis tan poco con lo bien que os va?” fue la interpelación de estos africanos ante la paupérrima expresión de fe que vieron en sus hermanos en la fe alemanes.

La Cuaresma de hoy es más que nunca tiempo de cambio esperanzado así como una oportunidad para aflorar las contradicciones y repensarlas a la luz del evangelio. Convertirse es vivir lo que decimos creer. Por tanto, el signo de no comer carne los viernes ha perdido fuerza y puede ser incluso poco religioso si a la hora de comer pescado lo convertimos en una hipocresía insoportable; pensemos en las salchichas y el rodaballo. Los signos que nos transforman pasan por otros caminos que hagan de la cruz diaria (miserias personales, orgullos, envidias, egoísmos varios, dolores sobrevenidos…) un lugar de transformación personal en amor luminoso para nosotros y para quienes nos rodean, ansiosos como están de ver y de que alguien les muestre el Camino y el sentido de esta vida.

He dicho bien: convertirnos en amor que nos ilumine a nosotros primero, claro que sí, para iluminar después a los demás. Si no nos queremos y nos aceptamos como nos quiere y acepta el Padre, ¿cómo vamos a dar a los demás de lo que nos falta? Eso hizo Jesús de Nazaret y por eso se retiraba a orar para nutrirse de luz y de fortaleza. Por eso creo que la alegría tiene sitio en la Cuaresma pues todo intento de transformación a mejor lleva aparejado la esperanza, y esta es una virtud teologal que se fundirá en el día del Resucitado.

Que todo siga igual no tiene sentido. Por tanto, es la madurez cuaresmal la que se impone; trabajar para ser la mejor posibilidad de uno mismo y con los demás. Esta es la batalla silenciosa y difícil que debemos afrontar durante estas semanas en medio de nuestras dificultades personales y de un escenario materialista asfixiante. Pero si pensamos en el Maestro, no lo tuvo mejor en aquella sociedad teocrática más asfixiante todavía. Y además, tenemos su ejemplo.

¡¡Feliz singladura cuaresmal de la mano del Espíritu!!

Gabriel Mª Otalora

Fuente Fe Adulta

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Uno. El número necesario para cambiar el mundo

Domingo, 11 de diciembre de 2016

maria_jovenfamiliaAsí interpela el cartel de una ONG a los viandantes de los pasillos del metro de Madrid, arañando las posibilidades del lenguaje y, con ello, el trasiego monótono de las idas y venidas en las estaciones de las mil razones en las que cómodamente nos movemos sin que nada cambie.

A desinstalarnos y a estimular nuestra audacia contribuye la bocanada de aire fresco del evangelio de Lucas que, como aquel cartel, incide en la fuerza de un “sí” para trastocar nuestro viejo y lánguido mundo y preñarlo de novedad. Pero no de esa novedad que, disimulando el olor a rancio, en el fondo recicla un saber igual a sí mismo, sino de aquella novedad llena de vehemencia, sinceridad e intensidad.

Lucas nos propone una escena que engrandece el nacimiento de Jesús pero también realza la figura de la Madre. Ella, María, lejos de interpretar el típico papel de la mujer meliflua y huidiza de los focos, da un paso al frente y asume con autenticidad y arrojo la responsabilidad de tomar la decisión más importante de su vida. Como aquella levadura que se confunde en la masa, su cuerpo acogerá el germen que, al mismo tiempo que imperceptible, será imparable y fermentará todo produciendo un crecimiento exponencial.

De hecho, en boca de Gabriel se pone una palabra griega que generalmente traducimos por llena de gracia y que puede llevar al equívoco de pensar que ella es tan solo un sujeto pasivo.

Una apreciación que evoca aquella espontánea exclamación que desde el fondo de la escena lanza atrevidamente una mujer —Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron (Lc 11,17)— y que Jesús rápidamente puntualiza: Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Lc 11,12).  Y es que la “dicha” o la “gracia” no reside tanto en el seno o en los pechos (esto es, aquello que representa la maternidad física) como en la capacidad de creer. En este sentido, Jesús matiza ante la posible minusvaloración del papel de ella: no es tan solo la grandeza de Él lo que le hace grande y única a ella (El será grande, será llamado Hijo del Altísimo), sino que ella es dichosa porque ha creído que se cumplirá en ella la Palabra de Dios. María, vocacionalmente activa, asume el riesgo de ser creyente y la aventura de seguir a Dios.

Dios cambia las cosas a su manera, con gente pequeña, insignificante, pero convencida y, por eso, con gente que no se arredra ante las dificultades de la vida y es capaz de soñar.

Ciertamente podría haberlo hecho de otra manera, podría haber venido Él mismo, o hacerlo sin nuestra colaboración. Podría haberlo hecho según el modelo superhéroe que se enfrenta a este mundo solo y con sus “súper-poderes” y que, al puro estilo de hada madrina, va transformando las cosas feas en bonitas, interviniendo de una manera prodigiosa en la realidad.  

Tal vez, esta es nuestra idea de potencia, de cómo se cambia el mundo, e incluso nuestra forma de comprender cómo Dios debería usar su “poder” para construir un mundo mejor. Sin embargo, se trata de nuestras proyecciones, legítimas pero también de “película” y, sobre todo, sin ninguna implicación personal. Dios no cambia la historia sin nosotros. La vida de María es una llamada a quitarnos la carcasa de la desesperanza y a creer que nada es imposible para Dios, que Dios hace cosas grandes, que actúa a lo grande, que “uno es el número necesario para cambiar el mundo.

Marta García Fernández

Fuente Fe Adulta

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“La doctrina cambia”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 13 de noviembre de 2015

catecismo 2º grado_1a.De su blog Nihil Obstat:

Con ocasión del Sínodo dedicado a la familia se ha repetido, desde distintos ámbitos, que “la doctrina no cambia”. A este respecto conviene hacer alguna precisión, pues la doctrina sí cambia. Lo que se mantiene es la fe. Hay que distinguir entre doctrina de la Iglesia y fe de la Iglesia. Durante mucho tiempo fue doctrina eclesial que quienes morían sin recibir el bautismo no podían conseguir la salvación, incluidos los niños que no habían podido cometer pecado alguno. A este respecto la Comisión Teológica Internacional ha declarado: “la afirmación según la cual los niños que mueren sin Bautismo sufren la privación de la visión beatífica ha sido durante mucho tiempo doctrina común de la Iglesia, que es algo distinto de la fe de la Iglesia”.

Ejemplo significativo de cambio doctrinal lo tenemos en estas dos diferentes y aparentemente contrapuestas afirmaciones de los Concilios de Florencia y del Vaticano II. Florencia sostiene que fuera de la Iglesia no hay salvación, añadiendo explícitamente que los judíos, herejes y cismáticos, y también los paganos, “irán al fuego eterno aparejado para el diablo y sus ángeles, a no ser que antes de su muerte se unieren con la Iglesia”. Sin embargo, Vaticano II deja claro que los que ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia “pueden conseguir la salvación eterna”. Más aún, que Dios “no niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes sin culpa no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios”.

¿Más ejemplos? A propósito del sacramento de la penitencia, la praxis de los primeros siglos se limitaba a una sola celebración durante toda la vida, pues se consideraba incomprensible que un bautizado se alejase de Cristo; o a lo sumo se permitía una segunda celebración de la penitencia, pero se dejaba para el final de la vida, porque ya una tercera era del todo inconcebible. Tras el Concilio de Trento la Iglesia recomienda la confesión frecuente. En los primeros siglos las segundas nupcias eran desaconsejadas y prácticamente hasta el Concilio Vaticano II se consideraba al matrimonio como un remedio para la concupiscencia y su finalidad era la procreación de los hijos. Hoy ya se dice claramente que el matrimonio encuentra su fin y su sentido en el amor.

Hay tres criterios que se refuerzan mutuamente y no solo explican, sino que promueven la renovación en la doctrina: uno, el mejor conocimiento de las Sagradas Escrituras y de la Tradición y, junto con ese conocimiento, una interpretación más adecuada de las mismas; dos, la escucha atenta de los signos de los tiempos y, junto a esta escucha, un mejor conocimiento de la naturaleza humana; y tres, el mismo Magisterio que, muchas veces gracias a la ayuda de la teología, va ofreciendo pautas de mejora y de adaptación a las nuevas necesidades pastorales.

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Contemplación: Memoria y cambio.

Jueves, 5 de noviembre de 2015

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“La memoria se corrompe y se degrada por una multitud de recuerdos. Si quiero tener una verdadera memoria, tengo que olvidar primero un millar de cosas. La memoria no es plena cuando se extiende sólo en el pasado. Una memoria que no está atenta al presente no recuerda el aquí y el ahora, no recuerda su verdadera identidad, no es memoria en modo alguno. Quien no recuerda más que hechos y acontecimientos pasados y no es consciente del presente, es víctima de la amnesia”.

“Estamos tan convencidos de que los males pasados se tienen que repetir, que hacemos que se repitan. No nos atrevemos a correr el riesgo de una nueva vida en la que los males del pasado se olviden por completo; parece como si una nueva vida conllevara nuevos males, y nosotros preferimos afrontar males con los que ya estamos familiarizados. Por eso nos aferramos al mal que ya se ha hecho nuestro y lo renovamos día tras día, hasta que nos identificamos con él y pensamos que el cambio ya no es posible”.

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Thomas Merton. “Nuevas semillas de contemplación“.

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“Enmendarse”, por Gema Juan, OCD

Martes, 29 de septiembre de 2015

21472484388_ebc91783e0_mDe su blog Juntos Andemos:

Enmendarse es un verbo que no tiene mucha popularidad y, sin embargo, es uno de los más esperanzadores que existen. Porque creer que alguien se puede enmendar significa pensar que hay posibilidad de cambio: solo se enmienda lo que no se da por irrecuperable, solo mejora lo que no está perdido.

El encuentro con Dios, le hizo a Teresa de Jesús descubrir que Él no la daba por perdida y que para Él era recuperable. Por eso decía, con emoción: «¡Oh, qué buen Dios! ¡Oh, qué buen Señor y qué poderoso! No solo da el consejo, sino el remedio. Sus palabras son obras».

Porque Teresa había andado caminos torcidos y tenía experiencia de lo difícil que puede llegar a ser enmendarse… sobre todo, si no hay amor y confianza en quien ayuda para todo bien, en el buen Dios. De Él, recordando un momento de mucha dificultad, donde sintió su ayuda, dice: «¿Quién pone estos deseos? ¿Quién da este ánimo? Que me acaeció pensar: ¿de qué temo?».

Dios da consejo y remedio, ¡obra!, despierta los deseos profundos y da ánimo. Dios acaba con el miedo —así lo cuenta Teresa. Cómo le hacía sentir su cobijo: «No hayas miedo, hija, que Yo soy y no te desampararé; no temas» y de un modo persistente: «Que no pensase yo me tenía olvidada».

Esta «buena compañía» hizo mella en Teresa y ver cómo se enmendaba su vida junto a ella, la animó a escribir, para apoyar a otros. Decía: «He visto esto claro por mí, y no veo, Criador mío, por qué todo el mundo no se procure llegar a Vos por esta particular amistad: los malos, que no son de vuestra condición, para que nos hagáis buenos».

La amistad con Dios cambia la vida. Esa es la gran convicción teresiana. Y de ahí su empeño en que nadie quede perdido en el camino, desanimado por su propia circunstancia o las dificultades para cambiar. Teresa escribe: «Que no desmaye nadie de los que han comenzado a tener oración, con decir: «Si torno a ser malo, es peor ir adelante con el ejercicio de ella».

Había visto en otros, una tentación que ella misma había sufrido: dejar la oración, hasta ser capaz de enmendarse. Teresa dirá que es más bien al revés: es peor «si se deja la oración y no se enmienda del mal; mas, si no la deja, crea que la sacará a puerto de luz».

«Fiad de su bondad, que nunca faltó a sus amigos» –dice Teresa– pero añade un aviso: «Es menester no poner vuestro fundamento solo en rezar y contemplar; porque, si no procuráis virtudes y hay ejercicio de ellas, siempre os quedaréis enanas».

Si no hay ejercicio, no es posible cambiar. Cuando Teresa habla de la inmensa confianza que se puede depositar en Dios, habla de una confianza esforzada, no de un abandono baldío.

Con mucho realismo, dice: «No os aseguréis ni os echéis a dormir», el trabajo nunca está terminado. Pero, al mismo tiempo, su sabiduría le hace decir: «No os espantéis si al principio de determinaros, y aun después sintiereis temor y flaqueza». Enmendarse no es algo que se haga fácil y espontáneamente y, menos aún, de una vez por todas.

Sin embargo, no es complicado. Si Dios es «muy amigo de quitarnos trabajo… y no es amigo de que nos quebremos las cabezas», enmendarse no puede ser un asunto muy complejo. «Yo os aseguro: el amor os hará apresurar los pasos; el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer».

Con ese amor y el temor, que hace no poner toda la confianza en uno mismo, Teresa sabe que se avanza en el camino de la amistad con Jesús y que andar ese camino es el mejor modo de ir enmendándose, en todos los sentidos.

Además, Teresa cree que la amistad es una de las mejores cosas para estar en movimiento, para crecer y no quedar estancados. Por eso procuraba juntarse con sus amigos «alguna vez para desengañar unos a otros, y decir en lo que podríamos enmendarnos y contentar más a Dios».

A Teresa le pesaba, a veces, el tiempo que había perdido sin avanzar y enmendarse, cuando se hacía la sorda, mientras Dios la invitaba a mejorar y responder a su amor. Pero se dejó pulir por Él, viendo que cuando reprende es para enmendar despertando la confianza. Así lo cuenta: «Díjome nuestro Señor con una manera de reprensión: ¿Qué temes? ¿Cuándo te he yo faltado? El mismo que he sido, soy ahora».

Dios tiene «una bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa», que siempre ayuda para enmendarse, si se permanece «fuertes en los deseos y en el desasirse… con limpia conciencia… y aunque sean pequeñas las obras». A Él se confiaba Teresa, para crecer siempre: «Recuperad, Dios mío, el tiempo perdido con darme gracia en el presente y porvenir».

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Progreso espiritual

Martes, 30 de junio de 2015

Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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Conmigo,

un cambio exterior de vida

se convierte en ocasión

de un nuevo progreso espiritual. ”

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El 16 de junio, Vivir por el Espíritu.

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“Porque, cuando soy débil, es entonces cuando soy fuerte” (1 Cor 12, 10)

Jueves, 3 de abril de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

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El culto al resultado reviste en nuestros días un carácter despiadado. Un divorcio, la pérdida de un empleo son sentidos como fracasos personales graves. (…) Se impone una conversión de la mirada. Ya es hora de admitir que, no sólo el fracaso no es un drama, sino que puede hacerse muy a menudo un acontecimiento positivo. Su primera ventaja, que está lejos de ser despreciable, consiste en disponernos en una actitud de humildad frente a la vida. Nos fuerza a aceptar la vida tal como es y no tal como la queremos o la soñamos. El verdadero sufrimiento nace de nuestra resistencia al cambio, al movimiento de la vida, a su flujo. Entonces regocijemonos cuando estemos en lo alto; y cuando los bajos se presenten, aceptemoslos y procuremos que nos sirvan de trampolines.

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Frédéric Lenoir

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , , , , , , , ,

“¿Qué queda del proyecto del Papa?”, por Juan A. Estrada

Domingo, 23 de marzo de 2014

Francisco2_t670Leído en la página web de Redes Cristianas

DESDE el principio, el papa Francisco sorprendió y abrió espacio a la esperanza. No hay duda de que ha cambiado el estilo del Papa, rompiendo con el autoritarismo y la sacralidad que impregnaron a muchos papados anteriores. El papa Francisco optó por humanizar el Papado, después de siglos de un proceso de divinización, y por despapalizar la Iglesia. Ya no era sólo él quien bendecía, sino el pedía ser bendecido.

Pidió y sigue pidiendo que se rece por él, subrayando su debilidad y la necesidad que tiene de todos, para dar una perspectiva evangélica a la Iglesia. Frecuentemente cambian las personas al asumir un cargo, según el conocido refrán popular de “si quieres conocer a Juanillo, dale un carguillo”. En este caso es la persona la que está transformando el cargo, aunque también éste impregna a la persona que lo ocupa.

Es uno de esos casos, en los que a mayor responsabilidad y altura de miras, se mejora a las personas. Bergoglio fue mejor obispo que superior de los jesuitas y el papa está mostrando que puede ser mejor que el arzobispo de Buenos Aires. El contacto con el pueblo, en lugar de aislarse de él; la toma de conciencia del sufrimiento de las personas; la sensibilización con las necesidades de los pobres y la percepción de que la corrupción, el nepotismo y el autoritarismo tienen un lugar en la Iglesia, está determinando el nuevo estilo papal. Por eso, un año después, subsiste la esperanza y hay todavía confianza en su proyecto.

Pero una cosa es predicar y otra dar trigo. Es más fácil cambiar la sensibilidad personal y ofrecer un nuevo estilo de ejercer la autoridad que acometer las necesarias reformas en la Iglesia y replantear sus instituciones. Hay aquí un círculo inevitable. Son las personas las que construyen las estructuras. Pero, las instituciones, a su vez, inciden en las personas, las impregnan y las determinan. El ser humano es un producto social, además de ser protagonista de la sociedad. Si no cambiamos las instituciones, éstas acaban transformando a las personas.

El pecado de los hombres genera estructuras de pecado y éstas revierten en los sujetos que las han creado. Hay que atender a ambos frentes, el personal y el social. Por eso, no basta un papa bueno y más evangélico, sino que se necesita también el reformador de una Iglesia que se ha quedado obsoleta en un tiempo de rápidos cambios. Sobre todo hace falta el impulsor de un proceso de cristianización de la iglesia, porque ésta se ha constituido en un poder bastante mundano, alejado del espíritu y la letra de los evangelios.

Esas reformas todavía no se han realizado, un año después. De tal modo que si mañana se muriera el papa dejaría un cuerpo institucional que, básicamente, es el mismo que heredó, a pesar de su cambio de estilo. Pero las grandes reformas necesitan tiempo, tanto más cuanto más profundas sean. Y ese cambio ya está en proceso con comisiones de cardenales que tienen que acometerlo; con la preparación de un sínodo que tiene que abordar grandes problemas que inciden en la vida de las personas; con nombramientos episcopales que buscan universalizar una nueva forma de ejercer la autoridad; con una llamada a la participación de todas las iglesias y un nuevo contexto que permite expresarse a cristianos hasta ahora silenciados… Hay mucha gente que respira después de sentirse asfixiada durante décadas, hay más libertad y participación, y crece el interés por el cristianismo en gente muy distante de la Iglesia en décadas anteriores.

Podríamos recurrir al símil de los brotes verdes o del final del túnel, según el modismo político que prefiramos. Pero se trata sólo de eso, aunque no es poco, porque subsisten los indicios y la esperanza que se generó el primer momento. Pero, hasta ahora, es un programa más en ciernes que realizado; más un proyecto y un deseo que una realidad constatable. Es comprensible el entusiasmo que genera el Papa, más cercano en su estilo a Juan XXIII que a sus predecesores inmediatos, aunque hay que evitar la lacra del culto a la personalidad que subsiste en la Iglesia.

También debe imperar la prudencia ante una personalidad de religiosidad y teología conservadora, aunque de indudable talante evangélico. Salvando las distancias, es el dilema que tuvo el arzobispo Óscar Romero en el Salvador, que pasó de un tradicionalismo cerrado a ser un reformador de la iglesia y un propulsor de un cambio evangélico. Esperemos que el proceso de cristianización que vive Bergoglio en el contacto con la realidad de la Iglesia le lleve también a ser el renovador e inspirador de una nueva forma de iglesia. Se trata de seguir adelante con el Concilio Vaticano II, que inauguró una primavera en la Iglesia. En ambos momentos históricos subsisten estructuras, grupos y personas que se resisten a una reforma de la Iglesia. Por eso, el proyecto de renovación ha comenzado, pero lo más difícil queda por hacer.

Diario de Sevilla, 18 03 14

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“Cuaresma para un cambio de dirección”, por Carlos Ayala Ramírez.

Domingo, 16 de marzo de 2014

cambiosLeído en Adital:

El año litúrgico, según el conocido psicoanalista Carl Jung, es un sistema terapéutico que toca, presenta y transforma todos los elementos de la vida. Desde esta perspectiva, la Cuaresma y la Pascua, por ejemplo, se consideran tiempos de adiestramiento para el cambio interior y comunitario. La expresión bíblica para señalar la transformación es metanoia, que indica cambio, conversión, dar vuelta, tener a la vista otro camino para andar, otro sendero que emprender con un cambio de dirección. Según este tiempo litúrgico, el camino hacia la transformación comienza simbólicamente con el Miércoles de Ceniza. Con la imposición del polvillo, reconocemos la necesidad de dar un giro con todo nuestro ser. Cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, misericordioso, con entrañas, humano. Esto lo expresa la liturgia de la Iglesia mediante una fórmula ritual: al colocar la cruz de ceniza en la frente de los creyentes, se les dice: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Es decir, cambia de camino, con renovada decisión, hacia la causa de Jesús de Nazaret: su reinado de justicia.

La palabra “camino” suele usarse como símbolo para definir la vida humana. En el mensaje del papa Francisco para la Cuaresma 2014, se retoma ese símbolo y se proponen algunas reflexiones para el camino personal y comunitario de conversión, considerando las problemáticas actuales. En primer lugar, el papa recuerda que la intención del año litúrgico es hacer presente el misterio de Cristo en el tiempo de los hombres y mujeres para reproducirlo en sus vidas. Esta presencia, explica, no es meramente subjetiva y limitada a la contemplación reflexiva y afectiva de los aspectos del misterio de Cristo que se van conmemorando, sino que entraña una eficacia salvífica objetiva. Por eso, las fiestas y los tiempos litúrgicos no son aniversarios de los hechos de la vida histórica de Jesús, sino presencia redentora en la acción ritual y en todos los signos litúrgicos de la celebración.

En segundo lugar, nos habla del carácter contracultural del camino salvífico de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: “Siendo rico, se hizo pobre por nosotros”. De igual manera, Cristo, el Hijo de Dios, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno; se “vació” para ser en todo semejante a nosotros (Flp 2, 7; y Heb 4, 15). Y la razón última de todo esto, enfatiza Francisco, es el amor, un amor que es gracia, generosidad y deseo de proximidad. El amor que nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios nos amó de esta manera en Jesús. En efecto, Jesús “trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre”.

Finalmente, en congruencia con ese camino salvífico y humanizador de Jesús, el papa exhorta a hacer ese recorrido de vida en nuestra propia historia personal y colectiva. En ese sentido, afirma que los cristianos “estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas”. Según el obispo de Roma, en nuestro tiempo hay tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La material es la que coloquialmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de una persona: privados de derechos fundamentales y de bienes de primera necesidad, como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural.

Frente a esta miseria, dice, la Iglesia ofrece su servicio, para atender necesidades y curar heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres, amamos y servimos a Cristo. En este punto, el papa Francisco hace una denuncia y plantea un desafío: “Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir”.

Con respecto a la miseria moral, expresa que esta consiste en la pérdida del sentido de la vida y la privación de las perspectivas de futuro. Lamenta que muchas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos, añade el papa, la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente y suele ir unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos o rechazamos el amor de Dios; cerrándonos a la perspectiva de fe que nos revela que Dios es el único que verdaderamente salva y libera.

En definitiva, el mensaje papal para la Cuaresma 2014 es una invitación a actualizar el seguimiento a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Es un llamado a no olvidar lo esencial de la fe cristiana: la pasión por Dios y la compasión por el ser humano. Lo primero nos lleva a reconocer el Misterio último de la vida (Dios) como una presencia liberadora y primordialmente amorosa. Lo segundo, a vivir en fraternidad y ayudar a quien sufre y necesita de nuestra solidaridad. Esta sería la más genuina forma de vivir este tiempo litúrgico.

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Recordatorio

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