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“Estrellas que iluminan el camino“, por Miguel Ángel Mesa

Miércoles, 12 de junio de 2024

De su blog Otro mundo es posible:

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«Una Iglesia, toda ella, verdaderamente corresponsable, en compañía de tantos testigos que entre nosotros vienen dando la vida en la prueba mayor del martirio, con una esperanza digna del pueblo de la Pascua que nosotros somos» (Pedro Casaldáliga).

Una vida que se refugia exclusivamente en el pasado, que cree que no habrá nada mejor de lo que ha experimentado anteriormente, que no fija su atenta mirada en el presente ni le ilusiona el futuro, mantiene en su interior algún tipo de patología que es necesario identificar, para intentar extirparla y así poder llegar a sanar.

Pero una cosa es mirar solo hacia atrás y otra perder la memoria. Las experiencias que cada uno hemos vivido son las que configuran la persona que somos hoy día. Junto a lo que nos han aportado otras personas (familiares, amigos, profesores, compañeros…) con las que hemos convivido o nos han llegado sus vivencias y testimonios por diversos cauces.

A cada uno de nosotros, por nuestra formación, cultura, religión o forma de pensar, nos llega más un tipo de testimonio que otro. Pero, a quien nadie deja indiferente es aquella persona que ha llegado a dar su vida por otra, como un ejemplo máximo de entrega y amor desinteresado. Lo dijo al final de su vida Jesús: «No hay mayor amor que el que da su vida por sus amigos». Por eso su vida sigue llamando, interpelando, haciéndose presente en tantas personas extendidas por toda la tierra.

Aunque no solo hay mártires que han dado su vida a causa de su fe. Así se les nombra a estos en la Iglesia Católica. Pero los distintos pueblos, de las más diversas culturas e ideología, han popularizado y extendido este término también para calificar a quienes han dado su vida por los demás: Martin Luther King, Gandhi, Etty Hillesum, Berta Cáceres… y miles de personas de las más diversas profesiones y compromisos sociales o políticos.

Son como estrellas que nos iluminan en nuestra noche del dolor, del sufrimiento, de la injusticia, del odio, la barbarie, del abandono. Están presentes continuamente en nuestro firmamento, en nuestros corazones, animándonos a seguir adelante, viviendo y desviviéndonos por los demás. Porque llegar a dar la vida es el extremo al que han llegado unas pocas personas, pero el verdadero martirio de amor es el servicio constante a los demás, ofreciendo nuestro tiempo, nuestros desvelos, preocupaciones, anhelos y esperanzas. Compartiendo las penas y las alegrías.

Los mártires, quienes se dan por completo a los demás, no es que no amen la vida, muy al contrario, porque aman tanto, tanto la vida, la ofrecen para que haya cada día más vida. Ofrecen lo que son y tienen a quienes carecen de una vida digna, con expectativas, feliz. La alegría es una virtud que contagian a su alrededor. A quien le recorre por las venas la sangre de la vida no puede hacer otra cosa que contagiarla, que donarla en una transfusión permanente de dicha por existir y que todo adquiera plena existencia.

Los mártires normalmente han sido perseguidos por sus tomas de postura, por sus denuncias, por su forma de vida, por la defensa de los demás, o últimamente del medio ambiente. No podían hacer otra cosa que dar testimonio de lo que creían y sentían en su interior. Pero la persecución no les privó de la dicha profunda de ser consecuentes con sus palabras y su trayectoria personal.

«Felices quienes no consideran que su vida, su aliento, su sangre les pertenece, si no es por el bien de los demás hasta llegar, en situaciones límite, a entregarla por puro amor».

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40 días…

Miércoles, 14 de febrero de 2024
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Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús…

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie

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Lecturas para hoy

***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

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¡Solo hay un camino que llega al pozo blanco…!

Jueves, 18 de enero de 2024
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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¡Solo hay un camino que llega al pozo blanco…

Solo hay un camino cierto, sin sendas, ni atajos, ni sobresaltos de caminantes.

Donde las hermanas serpientes no atacan y solo alaban todo el día.

Donde los árboles huelen a brezo y azahar; limoneros, naranjos, nectarina.

Un lugar donde los pájaros no se cansan de volar, y alaban, alaban.

En el que El Cielo es azul, tan azul
como la sonrisa del hijo del hortelano

¡Un camino que conduce al pozo blanco…!

En el cual nadie se cansa al andar
Nadie es caminante, nadie, nadie, nadie.
Todos son peregrinos de la confianza, todos, todos.

Nadie se equivoca al llegar, nadie, nadie.
¡Y donde los que llegan descansan…!

Camino blanco y azul,

en la ruta hacia el Paraíso que llega al pozo blanco

El que se deja guiar llega al pozo blanco,

bebe de su agua y su sed cesa para siempre.

¡Descansa para siempre…!
De desbrozar y desandar infinidad de caminos
Y ya no soñará caminos pálidos,

sino que vivirá caminos de paz y bien.

Solo hay un camino que conduce al pozo blanco
Muchos se ponen en camino, muchos, muchos
Pero pocos, muy pocos, se dejan guiar.

Un lugar Donde el cielo es azul, muy azul, tan azul cómo Él.

Tan cercano está el cielo
¡Tan cercano está…!
Como la sonrisa de Jesús,
el hijo del hortelano que nos ha pedido

de nuestra agua para saciar su sed.

Hermano, Hermana “Dame de beber

*

Alfonso Olaz

31.12.2023

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La vida entera.

Sábado, 13 de enero de 2024
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“Hay algo muy sutil y muy hondo en volverse a mirar el camino andado… El camino donde sin dejar huella se dejó la vida entera”.

*

Dulce María Loynaz

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Alégrate: es realista, radical y revolucionario.

Lunes, 18 de diciembre de 2023
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IMG_1873La reflexión de hoy es de Michaelangelo Allocca, colaborador de Bondings 2.0. Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo de Adviento se pueden encontrar aquí.

¡ALEGRARSE! … ¿En realidad? Afuera está oscuro y húmedo, y la luz del día sigue disminuyendo. Y no importa eso: actualice la página de cualquier fuente de noticias que tenga a mano y vea una lista de titulares que podrían hacer que cualquiera quiera volver a esconderse bajo las sábanas, en lugar de salir y enfrentar lo que parece ser algo así. hora por día de luz natural. Es fácil ser cínico y preguntar: “Con todas las malas noticias, ¿cómo podemos regocijarnos?”

Para los lectores habituales de este blog, las “malas noticias” pueden incluir la decepción por la invisibilidad de la comunidad LGBTQ+ y nuestras preocupaciones en el informe elaborado después de la asamblea del Sínodo de este otoño en Roma (particularmente después de toda la preparación: al menos una persona preguntó (me preguntó si el Sínodo iba a ser “sobre la igualdad de los homosexuales y las mujeres en la Iglesia”, reflejando cómo los medios populares habían transmitido la prevalencia de estos temas en las sesiones de escucha previas al Sínodo).

Ahora que he sacado el Eeyore (búsquenlo, niños) de mi sistema… ¡Alégrate! Sí, en serio. El tercer domingo de Adviento se conoce como “Domingo Gaudete”, cuyo nombre es el imperativo plural latino que simplemente significa “¡Alégrate!” Esa es la primera palabra de la segunda lectura de hoy, donde Pablo les dice a los tesalonicenses (y a nosotros) “Estad siempre gozosos. Orar sin cesar.” La misma palabra aparece de alguna forma un total de siete veces en las lecturas litúrgicas de hoy, y la tradición de la Iglesia usa el simbolismo de este tercer domingo de Adviento para decir: “¡Aguanta, ya casi llegamos, y eso es motivo para celebrar!”

Las lecturas de este domingo nos recuerdan que la exhortación bíblica a regocijarnos nunca es una sugerencia para permitirnos una pretensión tonta, ingenua y poliyana, cerrando los ojos y negando que haya algo malo en el mundo. Es, más bien, tremendamente realista, radical e incluso revolucionario: nos dice que reconozcamos la oscuridad y las dificultades, pero que estemos gozosos a pesar de ellas, cimentados en la fe y la esperanza de que nuestro Dios siempre está obrando (y invitándonos a ayudar en ello). este trabajo) para superar y eliminar estas sombrías realidades.

Nuestra primera lectura es la que Jesús mismo (ver Lucas 4:18-19) proclamó y expuso en la sinagoga de Nazaret, diciendo a sus oyentes que “hoy se cumple este pasaje de la Escritura que habéis oído”. El “alegre” viene en la segunda parte, cuando Isaías dice que lo hará porque Dios “me ha vestido un traje de gala  y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas”. Después de hacer una pausa para saborear el hermoso equilibrio de género de las imágenes, debemos señalar que este regocijo sigue al profeta diciendo que ha sido ungido y enviado para “dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad. No se puede negar que hay pobres, con el corazón quebrantado, cautivos y prisioneros: hay regocijo por haber sido el vehículo para hacer justicia a todos ellos.

De manera similar, la oración responsorial de hoy es un evangelio, no un salmo. Es el Magnificat de Lucas 1, donde María proclama “Mi alma se regocija en Dios mi salvador” como estribillo. Entre las iteraciones de este grito, nuevamente está el reconocimiento realista del quebrantamiento y el desequilibrio, y el grito desafiante de gozosa esperanza de que la intención de Dios es corregir estos errores. Si no hubiera poderosos en sus tronos, si no hubiera gente rica, María no podría celebrar que Dios los derribó y los envió vacíos. Si no hubiera hambre, ella no podría celebrar que Dios los llenara de cosas buenas.

Y finalmente, el pasaje del Evangelio del primer capítulo de Juan (irónicamente, el único de las lecturas de hoy que no contiene “gozo” o “alegre”) armoniza maravillosamente con los demás de dos maneras. Primero, llama a Jesús la luz que viene a las tinieblas del mundo. En segundo lugar, el Bautista insiste en identificarse con la profecía de Isaías, como la voz que clama para enderezar el camino del Señor. La predicación de Juan es clara en el sentido de que “enderezar” era exactamente la aflicción de los cómodos y el consuelo de los afligidos que hace que otros profetas se regocijen. Como nos recordó el fallecido erudito y activista sudafricano Albert Nolan, OP, Jesús se alineó con Juan desde el principio, mostrando que sus prioridades estaban tan radicalmente dedicadas a derribar las estructuras de opresión como las de su primo Juan.

Todos estos mensajes deberían recordarnos que sí, nuestra comunidad LGBTQ+ puede que todavía sea pobre, con el corazón roto, cautiva y hambrienta, pero debemos recordar lo sorprendente que es que nuestras preocupaciones fueran, de hecho, discutidas abiertamente durante el Sínodo (en serio: bajo ningún otro pontífice en mi vida habría siquiera soñado que esto podría suceder). Aunque distorsionada y demasiado simplificada, la cobertura de los medios populares dio la impresión de que el Sínodo sería “sobre los derechos de las mujeres y LGBTQ+” precisamente porque estos se mencionaron constantemente como preocupaciones de quienes participaron en las sesiones preparatorias, y esto no fue cerrado ni eliminado de los resúmenes. .

Aún más, considere lo sorprendente que durante el mes de la asamblea del Sínodo, el Papa Francisco dio la bienvenida y honró a los líderes del New Ways Ministry en el Vaticano, así como a otros defensores de los católicos LGBTQ+, incluida la Red Global de Católicos Arcoíris y el p. James Martín, SJ.

Puede que aún no esté completamente aquí, pero la luz ciertamente está llegando para disipar la oscuridad.

—Michaelangelo Allocca, New Ways Ministry, 17 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“En medio del desierto”. 3 Domingo de Adviento – B (Juan 1,6-8.19-28)

Domingo, 17 de diciembre de 2023
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IMG_1809Los grandes movimientos religiosos han nacido casi siempre en el desierto. Son los hombres y las mujeres del silencio y la soledad los que, al ver la luz, pueden convertirse en maestros y guías de la humanidad. En el desierto no es posible lo superfluo. En el silencio solo se escuchan las preguntas esenciales. En la soledad solo sobrevive quien se alimenta de lo interior.

En el cuarto evangelio, el Bautista queda reducido a lo esencial. No es el Mesías, ni Elías vuelto a la vida, ni el Profeta esperado. Es «la voz que grita en el desierto». No tiene poder político, no posee título religioso alguno. No habla desde el templo o la sinagoga. Su voz no nace de la estrategia política ni de los intereses religiosos. Viene de lo que escucha el ser humano cuando ahonda en lo esencial.

El presentimiento del Bautista se puede resumir así: «Hay algo más grande, más digno y esperanzador que lo que estamos viviendo. Nuestra vida ha de cambiar de raíz». No basta frecuentar la sinagoga sábado tras sábado, de nada sirve leer rutinariamente los textos sagrados, es inútil ofrecer regularmente los sacrificios prescritos por la Ley. No da vida cualquier religión. Hay que abrirse al Misterio del Dios vivo.

En la sociedad de la abundancia y del progreso se está haciendo cada vez más difícil escuchar una voz que venga del desierto. Lo que se oye es la publicidad de lo superfluo, la divulgación de lo trivial, la palabrería de políticos prisioneros de su estrategia, y hasta discursos religiosos interesados.

Alguien podría pensar que ya no es posible conocer a testigos que nos hablen desde el silencio y la verdad de Dios. No es así. En medio del desierto de la vida moderna podemos encontrarnos con personas que irradian sabiduría y dignidad, pues no viven de lo superfluo. Gente sencilla, entrañablemente humana. No pronuncian muchas palabras. Es su vida la que habla.

Ellos nos invitan, como el Bautista, a dejarnos «bautizar», a sumergirnos en una vida diferente, recibir un nuevo nombre, «renacer» para no sentirnos producto de esta sociedad ni hijos del ambiente, sino hijos e hijas queridos de Dios.

José Antonio Pagola

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Adviento: un canto de esperanza II

Viernes, 15 de diciembre de 2023
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Adviento-2Desde una perspectiva cristiana

Carmen Herrero Martínez
ZARAGOZA

ECLESALIA, 01/12/23.- Desde una perspectiva cristiana, creer en Jesús es descubrir y vivir en él la esperanza, en el aquí y ahora; y luego, contemplarlo en plenitud, cara a cara, viviendo en su presencia. Si el cristiano pierde la esperanza, de alguna manera pierde su propia identidad. El cristiano es aquel que espera contra toda esperanza. “Necesitamos tener esperanzas ‒más grandes o más pequeñas‒, que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar”.

Los cristianos, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser testigos y heraldos de esperanza en medio de la sociedad, tan necesitada de ella. Los cristianos no podemos mirar los acontecimientos históricos y personales con ojos paganos, sino desde una visión de fe y de esperanza; porque en todos ellos se encierra un porqué y un para qué. Tampoco podemos dejarnos influenciar por corrientes materialistas; el cristiano está llamado a reaccionar, a vivir desde una dimensión escatológica, unido a Cristo; porque el fundamento de nuestra fe y esperanza es él, y desde él y con él podremos “sazonar” nuestro entorno, nuestro mundo y nuestra historia con la “sal” de la esperanza. El fundamento de nuestra esperanza es la fe en Jesucristo, pues si no tenemos fe, ¿cómo poder esperar? La fe va muy unidad a la esperanza. “Sin la esperanza se apaga el entusiasmo, la creatividad decae y mengua la aspiración hacia los más altos valores” (Juan Pablo II).

Para vivir desde una postura de espera y esperanza día tras día, necesitamos hacer un “alto” en el camino, que nos ayude a vivir en silencio, soledad y oración; porque por nosotros mismos no podemos alcanzar tales metas. La oración es la que fortifica nuestra espera y alienta nuestra esperanza. Tengamos la certeza de que la oración es la que da fecundidad a nuestro ser y a nuestro obrar como cristianos, y desde esta certeza intentemos, a lo largo de la jornada, tener algún rato para el Señor, en toda gratuidad. San Agustín dirá: “Así, nuestras palabras y obras, alimentadas por la oración, llenarán nuestros hogares y todas nuestras relaciones de la fragancia de Dios y ayudarán a transformar el mundo”. Sí, hoy nuestro mundo está muy necesitado de la fragancia de Dios, de la fragancia que viene de la oración y de la esperanza. Seamos, pues, hombres y mujeres capaces de transmitir esta fragancia de Dios, a nuestros hermanos en humanidad, tan hambrientos como están de esperanza. “Porque nosotros, confiados en la promesa de Dios, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en los que habita la justicia” (2 Pd. 3, 13).

El Adviento aviva nuestra esperanza, pues Dios encarnado sale a nuestro encuentro, y nos invita a seguir creyendo contra toda esperanza, amando y construyendo un mundo donde la justicia y la paz sean posibles. “No alzarán la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra” (Is. 2, 4).

El Adviento, nos abre un camino gozoso de esperanza y de salvación. El Salvador viene, ya está a la puerta y llama, invitándonos a preparar la “posada” de nuestro corazón; el pesebre donde quiere nacer y colmarnos de su tierno y dulce AMOR.

Un nuevo Adviento requiere vivir actitudes de renovación profunda. Señalamos cuatro que son esenciales:

1) Conocer más a fondo a Dios nuestro Padre que nos ha dado a su propio Hijo, por puro amor, para salvarnos.

2) Conocer al Hijo que, siendo rico, por nosotros se hizo pobre.

3) Y conocernos a nosotros mismos como obra maravillosa del amor de Dios al crearnos a su imagen y semejanza, regenerados y salvados en su Hijo.

4) Vivir en la acción de gracias y alabanza al Padre.

Si así vivimos el Adviento, la Navidad tendrá toda su dimensión cristológica y en nuestro corazón, en el seno de las familias y en el corazón del mundo reinará el gozo y la alegría de la Navidad: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. «Maravilla de Consejero», «Príncipe de la Paz»” (Is. 9, 7). “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Flp 4, 4). El Adviento es tiempo esperanza gozosa, Jesús viene a salvar la humanidad, a traernos la alegría la paz y la fraternidad.

Adviento, canto de espera esperanzada,
canto de alegría y júbilo,
porque Dios visita y salva a su pueblo,
¡feliz Navidad!

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Preparad el camino del Señor.

Domingo, 10 de diciembre de 2023
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Si la paciencia es la madre de la espera, es la misma espera la que produce nuevo gozo en nuestras vidas. Jesús nos ha hecho entrever no sólo nuestros sufrimientos sino también lo que está más allá de ellos. «También vosotros ahora estáis tristes, pero os veré de nuevo y vuestro corazón se llenará de gozo». Un hombre, una mujer que no alimentan su esperanza en el futuro, no están en disposición de vivir el presente con creatividad.

La paradoja de la espera está precisamente en el hecho de que los que creen en el mañana están en disposición de vivir mejor el hoy; que los que esperan que de la tristeza brote el gozo están en disposición de descubrir los rasgos inaugurales de una vida nueva ya en la vejez; que los que esperan con impaciencia la vuelta del Señor pueden descubrir que él ya está aquí y ahora en medio de ellos (…).

Precisamente en la espera confiada y fiel del amado es donde comprendemos cómo ya ha llenado nuestras vidas. Como el amor de una madre por su propio hijo puede crecer mientras espera su regreso, como los que se aman pueden descubrirse cada vez más durante un largo período de ausencia, así nuestra relación interior con Dios puede ser cada vez más honda, más madura mientras esperamos pacientemente su retorno.

*

H. J. M. Nouwen,
Forza dalla solitudine, Brescia 1998, 59-62).

***

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías

“Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.””

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaba sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

– “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”

*

Marcos 1,1-8

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Adviento: un canto de esperanza I

Jueves, 7 de diciembre de 2023
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Adviento-2Vivir desde el gozo y la paz,

Carmen Herrero Martínez
ZARAGOZA

ECLESALIA, 27/11/23.- Con el Adviento, amanece la esperanza en el horizonte, en el corazón de todo creyente; porque de los cielos llueve el rocío de la justicia, de la paz y el amor. «En Adviento, esperamos un acontecimiento que ocurre en la historia y al mismo tiempo la trasciende» (San Juan Pablo II).

El Adviento es una espera esperanzada en la venida del Hijo de Dios, el Emmanuel. Adviento es un canto de esperanza y de confianza en Aquel que viene. El Señor llega, pero todavía no. Hemos de esperar hasta el día de Navidad, día de su encarnación en el mundo. ¡Él es nuestra esperanza! Pablo nos dice: “Pongamos nuestra esperanza en el Dios vivo” (1Tm 4, 10). El Adviento es un canto maravilloso de esperanza, pero tal vez, primero, tengamos que preguntarnos: ¿qué es la esperanza para mí? Y ¿qué es lo que espero? Y, ¿a quién espero? «Esperar significa e implica un corazón humilde, pobre. Solo un pobre sabe esperar. Quien está lleno de sí y de sus bienes, no sabe poner la confianza en ningún otro sino en sí mismo» (Papa Francisco).

Digamos que la esperanza es algo constitutivo al ser humano, porque sin ella la vida sería difícil y sucumbiríamos en el abismo. Toda persona, tiene un rayo de esperanza en que mañana “será mejor”. La esperanza es vital, todos necesitamos tener el aliento de esperanza que nos anime en nuestro vivir diario, para caminar hacia un futuro mejor, más luminoso y consolador. La esperanza está inscrita en las entrañas del ser humano. Si nos remontamos a los tiempos bíblicos, vemos cómo nuestros Padres en la fe, creyeron, contra toda esperanza en la Promesa de la Alianza. Por esto, se han convertido, para nosotros, en nuestros Padres en la fe, en testigos vivos de la confianza puesta de Aquel que va a venir, el Mesías, el anunciado por los profetas, el esperado de los tiempos. Ellos no alcanzaron a ver lo que nosotros hemos visto y tocado: El Verbo hecho carne. “Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad (Jn 1, 14).

La espera y la esperanza van unidas. Yo espero porque tengo esperanza y tengo esperanza porque soy capaz de seguir esperando contra toda esperanza. Si perdemos la capacidad de esperar, peligra la esperanza. ¿No será este el problema de la sociedad de nuestros días? Se ha perdido la capacidad de espera, y con ello también la esperanza; porque todo se ha de conseguir en seguida, al instante. Actualmente, todo es instantáneo, para ello basta pulsar un botón en una máquina y al momento tienes lo que has pedido, ¡ya estás servido! En nuestra sociedad, la capacidad de espera no se ejercita, pues ante la espera en seguida viene la protesta, la impaciencia. Nadie puede esperar a nadie. Sin embargo, la espera es muy necesaria, ella va unida a la paciencia, otra virtud ausente y, a su vez, tan necesaria en la vida. “La paciencia todo lo alcanza” dirá Teresa de Jesús. De esta falta de paciencia se deduce la poca capacidad de espera que, en general, tenemos. Si se pierde la espera y esperanza, tanto a nivel personal como social, se corre el riesgo de romperse, de hacerse añicos. Y una vez “rotos”, hechos “trizas”, resulta difícil reconstruir la persona y caminar unificados para afrontar la realidad de nuestra vida diaria con las dificultades que, en general, conlleva. La escucha de la Palabra, la celebración litúrgica y la oración personal, a lo largo de las cuatro semanas de Adviento, pueden ayudarnos a reavivar y renovar en nosotros la esperanza cristiana, así como la paciencia y unidad interior.

La falta de esperanza es una de las causas por la que nuestra sociedad sufre tanto desencanto, viviendo sumergida en tantos sucedáneos que no provocan sino desequilibrios psicológicos y adicciones, buscando recompensas efímeras de todo tipo; sin encontrar razones fundamentales que le den sentido para vivir desde el gozo y la paz que dan la fe y la esperanza en Dios. “Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse” (Is 11,30)

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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“Tiempo del Espíritu y de probar nuestra fe”, por Gabriel Mª Otalora

Sábado, 28 de octubre de 2023
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De su blog Punto de Encuentro:

Ante la esperanza sinodal

Caminar juntos no significa ir en grupo en la misma dirección. Es algo más. Se trata de ir en común unión buscando juntos. En nuestro caso, lo hacemos en la confianza de que somos guiados por el Espíritu.

Si algo me parece esencial de esta asamblea sinodal impulsada por Francisco, es la apuesta exigente de fe y de confianza que hemos de desplegar cada seguidor y seguidora de Cristo, sabedores de que hemos de ponernos en marcha de una determinada manera, con actitudes diferentes, y sin conocer al puerto en el que vayamos a arribar.

Ahí surgen las reticencias, los miedos y, hay que decirlo, los poderes eclesiásticos cuyo poder corre peligro y se manifiestan para no perderlo. No debemos asustarnos, pues ya ocurrió lo mismo en tiempos de Jesús. A aquellos expertos en la Ley de Dios no les tembló el pulso para llegar hasta el final con tal de mantenerse poderosos. Jesús fue cuestionado por vivir su Mensaje, y nosotros debemos entender que si Él fue acusado de actuar contra Dios mismo, el sentido de algunas presiones va por el mismo camino de las normas y no las actitudes, cuando el Evangelio indica todo lo contrario: el amor es la base de las normas cristianas.

La sinodalidad representa el camino de la Iglesia, llamada a renovarse bajo la acción del Espíritu gracias a la escucha de la Palabra. Son tiempos audaces de poner en marcha procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos y todas puedan participar y contribuir. Al mismo tiempo, la opción de “caminar juntos” es un signo profético que nos interpela a abrirnos a ser odres nuevos en nuestro compromiso evangelizador. De lo contrario, no seremos Buena Noticia.

Para este “caminar juntos” es necesario que nos dejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal que supone un proceso de conversión más allá de la Cuaresma. Un proceso personal, primeramente, abiertos “al otro” y sobre todo al Espíritu demostrando verdadera fe sin tanto asidero clerical y normativo que nos ha empequeñecido incluso humanamente.

Las resistencias son muchas, el clericalismo sigue muy vivo también entre el laicado, como una “cruzada” para salvaguardar a la institución clericalista que tanto daño hace al Mensaje. Pero no importa, estas son solo dificultades que los impulsores de este sínodo tan especial se han encontrado con un movimiento que parecía impensable llegar hasta donde nos encontramos.

Es el tiempo del Espíritu y de la fe en Dios. Recemos humildemente, abiertos a ser sus manos desde la fragilidad que captó tan bien Antonio Machado:

         Soñé que Dios me decía: ¡Alerta!
        Y luego era Dios quien dormía.
        Y yo le dije: ¡Despierta!

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“Al andar se hace camino”

Viernes, 13 de octubre de 2023
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

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«Caminante, no hay camino, se hace camino al andar» (Antonio Machado)

Dice el magnífico escritor Eduardo Galeano, defensor de las pequeñas causas que no salen en los libros de historia, de los olvidados de todas las edades, en un texto que se ha hecho célebre:

«La utopía está en el horizonte.

Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos

y el horizonte se corre diez pasos más allá.

¿Entonces para qué sirve la utopía?

Para eso, sirve para caminar».

Para recorrer el sendero de la vida es necesario detenerse de vez en cuando para respirar, para descansar durante unos instantes y recobrar el aliento, para contemplar el entorno que nos rodea y seguir caminando con las fuerzas renovadas.

Cualquier camino siempre nos lleva hacia algún destino. Dicen quienes recorren el Camino de Santiago que lo importante no es llegar al final del recorrido, sino que lo importante es el camino mismo, quienes te acompañan, los paisajes que vas descubriendo, las dificultades que has logrado superar… Durante buena parte del recorrido se va mirando al suelo, para saber por dónde se pisa, para no tropezar. Pero conviene levantar de vez en cuando la mirada para fijarla en el horizonte, y no perder así de vista el destino de nuestro peregrinaje, aunque el momento a momento lo marque el sendero.

El camino se hace mucho más llevadero si lo recorremos junto a otros, si nos ayudamos a ir solucionando los problemas que vayan surgiendo, si nos animamos mutuamente cuando nos alcance el desánimo.

Como dice también Antonio Machado: «Caminante no hay camino, sino estelas en la mar». Estelas, rastros, señales, huellas… que nos han dejado marcadas tantas personas que han recorrido el mismo sendero antes que nosotros. Ningún hecho de la historia nos debe resultar ajeno, aprendiendo de algunos para no repetirlos, bebiendo de otros sucesos para recrearlos en las circunstancias actuales que estamos viviendo. Hay miles de hombres y mujeres que nos han dejado testimonios maravillosos, que pueden ayudarnos a valorar la cotidianidad, a entregarnos con gratuidad a los demás, a hacer todo lo posible por construir nuevos caminos que lleven a un futuro mejor para la humanidad y para la naturaleza de nuestra tierra en su conjunto.

En el camino de la vida lo más sorprendente son los encuentros fortuitos, inesperados, que nos deslumbran y nos ayudan a creer en el género humano. Hombres y mujeres, que no deben resbalar por nuestra existencia, sino que su testimonio y honestidad nos deben ayudar a dejarnos empapar por ellos e intentar seguir su ejemplo. En esto podemos servirnos de lo que descubrimos en las distintas redes sociales, aunque no hay nada que se le pueda comparar a una conversación tranquila, sosegada, preguntando, dejándose cuestionar, gozando de la presencia física, cercana del otro.

Sabiendo además que los mejores paisajes, los encuentros más fascinantes, las experiencias inolvidables, son las que acontecen en nuestro interior, en la reelaboración posterior, en la decantación del néctar más genuino, de la miel más pura, de la savia más vivificante. No hay viaje más embriagador que el que realizamos al hondón más íntimo de nuestro corazón.

«Felices a quienes el camino les parece siempre nuevo, cuando lo miran con los ojos curiosos del niño que llevan dentro».

*

(Espiritualidad para tiempos de crisis, coed. Desclée y RD)

***

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Caminando por la vida.

Lunes, 19 de junio de 2023
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Andar por la vida
portando tu mensaje y buena nueva;
andar erguido
a pesar de las inclemencias del camino;
andar de frente
sin temor a tormentas y huracanes;
andar tranquilos
aunque haya lobos escondidos.

Ir sin bolsa,
para aligerar la marcha;
sin monedas,
para que no hagan mella en el alma;
ligeros de equipaje,
sólo con túnica y sandalias;
pero llenos de paz
gozada y derramada.

Detener el paso
y descansar de agobios y penas;
saludar y dialogar
cada día con quienes van y vienen;
entrar en las casas
y compartir alimento y corazones;
lavarse el polvo
y cicatrizar las heridas.

Y de madrugada,
volver a salir a los caminos y a las plazas,
hacerse el encontradizo
y rozar con ternura
a los que pasan;
y agradecer el camino y sus historias
respetando
las costumbres y las sorpresas…

Cada día,
caminando por la vida
protegido por tu manto y sombra
me siento más hijo,
más discípulo, más enviado,
más ligero,
más lleno de alegría,
más encontrado.

Y regreso, muy contento,
a contarte mi aventura.

*

Florentino
Ulibarri Fe Adulta

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Conociendo lo Divino en la Trinidad y el Tiempo Queer

Lunes, 8 de mayo de 2023
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8B616888-4EEC-4261-B487-630648561B81La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Barbara Anne Kozee, quien es estudiante de doctorado en Ética Teológica en Boston College y tiene un M.Div. de la Universidad de Santa Clara. Como católica queer, Barb investiga la ética sexual y familiar, la teología feminista queer y la ética política. Síguela en Twitter: @barbkozee.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el quinto domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

El tiempo litúrgico entre el Domingo de Pascua y Pentecostés es uno de mis períodos favoritos debido a su misterio, liminalidad e incompletitud. Como comunidad, hemos sido testigos gozosos de la resurrección y esperamos con anticipación la venida del Espíritu Santo. Nuestra identidad trinitaria está en proceso de convertirse, ¡qué podría ser más extraño!

Igual de misteriosas son las lecturas a las que volvemos durante este tiempo, que no siempre son cronológicas. Por ejemplo, en la lectura del Evangelio de hoy, volvemos al último discurso de Jesús en el Evangelio de Juan, sus mensajes finales antes del comienzo de la narración de la Pasión. De esta manera, en realidad volvemos a las palabras de consuelo de Jesús a sus angustiados discípulos antes de su muerte y resurrección. En ellos, Jesús subraya que será conocido por ellos, y por nosotros como cristianos, de una manera nueva, por el don del Espíritu Santo. Estas lecturas nos muestran que el tiempo litúrgico en nuestra iglesia no es lineal ni progresivo.

Creo que este enfoque no lineal del tiempo de “ni aquí ni allá” tiene significados importantes sobre cómo debemos vivir como católicos, y creo que los católicos queer son particularmente conocedores de esta forma de vida.

Sandra Schneiders, IHM, una renombrada estudiosa de las Escrituras, escribe que el conocimiento en el Evangelio de Juan no es intelectual ni informativo, sino que es el tipo de conocimiento que uno tiene de un amigo que le hace decir: “Nos conocemos íntimamente”. Entonces, en el Evangelio de hoy, Jesús le pregunta a su amigo: “¿He estado contigo todo este tiempo, Felipe, y todavía no me conoces?” En esta pregunta, a Jesús le duele no ser reconocido por sus amigos más cercanos. Se esfuerza por consolarlos, afectado por la limitación del lenguaje para describir las percepciones divinas sobre el mundo venidero lleno del Espíritu.

Los católicos queer pueden resonar con este tipo de lucha para articular percepciones divinas a quienes nos rodean sobre nuestras experiencias vividas y formas de estar en el mundo. ¿Por qué nos quedamos en la iglesia? ¿Qué significa creer? ¿Es compatible con la identidad queer? Como muchos, siempre estoy luchando por encontrar formas de relacionar mejor las respuestas a estas preguntas para que otros en nuestra iglesia puedan llegar a saber sobre la fe y la vida queer.

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“La Trinidad” de Lance McNeel

El tiempo queer celebra las vidas que existen en momentos únicos y la belleza dentro de líneas de tiempo contraculturales, fuera del tiempo definido por nuestra productividad o eficiencia. La memoria, la justicia y la encarnación se vuelven valores comunitarios especialmente importantes por esta razón. Asimismo, en este tiempo litúrgico intermedio y no lineal, en el ya de la resurrección y en el aún no de la dispensación del Espíritu, los invito a reflexionar y celebrar los caminos en los que siempre peregrinamos juntos. . Viajamos para saber lo que significa ser una iglesia trinitaria, una comunidad que celebra la morada del Espíritu y la presencia continua y misteriosa de Jesús resucitado. Nunca estamos completamente completos, siempre en movimiento liminal.

El teórico queer José Esteban Muñoz escribe que podemos sentir lo queer “como la cálida iluminación de un horizonte imbuido de potencialidad”. Miro hacia el horizonte queer dentro de nuestra Iglesia Católica, cuyos atisbos son posibles dentro del proceso sinodal actual. Sin embargo, también estoy en deuda con el momento presente radical y con las personas queer que me rodean, cuyo conocimiento espiritual me recuerda que el Espíritu siempre está obrando en nuestra vida diaria. Jesús en nuestro Evangelio de hoy no quiere que nos perdamos su mensaje sobre la naturaleza permanente de Dios a nuestro alrededor y entre nosotros.

Jesús está en un momento raro, y nuestra liturgia católica nos invita a estar allí con él también.

—Barbara Anne Kozee, 7 de mayo de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Camino, Verdad y Vida.

Domingo, 7 de mayo de 2023
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Debemos siempre estar muy seguros de hacer la distinción entra la Iglesia invisible, universal y espiritual (Ecclesia) y la organización religiosa sin ánimo de lucro que se reúne en un edificio coronado por un campanario. La diferencia es inestimable, y no tenemos derecho a cometer el error de confundir las dos. Comprende por favor que no cuestionamos el derecho de cualquier grupo religioso de reunirse en paz, de elegir a sus líderes, de recibir dinero, de tener criterios para llegar a ser miembro, de administrarse del modo que le parezca justo – hace tiempo que comprendemos que tal derecho es un derecho civil y no es  en ningún caso inalienable,  escrito o autorizado por el mismo Dios. Esto no significa que sea malo, pero esto no lo hace espiritual. La Ecclesia no es una organización o una invención humana, sino un organismo lleno de Vida, y que adorarlo “en Jerusalén o sobre esta montaña” es menos importante para Dios que  adorarlo “en Espíritu y de verdad“.

¿Entonces dónde es la diferencia? ¿Dónde está el problema? Esto se convierte en un problema cuando el significado espiritual y escriturario  es falsamente relacionado con las costumbres sociales, con una norma cultural, con una religión de tradiciones, con una organización o con un lugar para reunirse. Cuando la línea de demarcación si difumina entre, por  una parte, la expectativa social, la tradición o las costumbres de la Religión Organizada y por otra parte, la verdadera vida espiritual, la misma esencia de la Ecclesia o del creyente individual, entonces tal sistema tiene la posibilidad de evolucionar en una forma peligrosa de abuso espiritual o de elitismo religioso.

*

Chip Brogden

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***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.”

Tomás le dice:

“Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”

Jesús le responde:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.”

Felipe le dice:

-“Señor, muéstranos al Padre y nos basta.”

Jesús le replica:

-“Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.”

*

Juan 14,1-12

***

Hace algunos años, un hombre de Dios que me guiaba entonces me envió un mensaje que me asustó mucho: “Sea siempre fiel a Dios en la observación de sus promesas y no se preocupe de las burlas de los insulsos. Sepa que los santos siempre se han hecho la burla del mundo y de los mundanos y han sido pisoteados por el mundo y por sus máximas. El campo de la lucha entre Dios y Satanás es el alma humana, donde se desarrolla esta lucha en todos los momentos de la vida. Para vencer a enemigos tan poderosos, es preciso que el alma dé libre acceso al Señor y sea fortalecida por él con toda suerte de armas, que su luz la irradie para combatir contra las tinieblas del error, que se revista de Jesucristo, de su verdad y justicia, del escudo de la fe, de la Palabra de Dios. Para revestirnos de Jesucristo, es preciso que muramos a nosotros mismos. Estoy seguro de que nuestra Madre celestial le acompañará paso a paso”.

Estaba yo confuso, mi mente daba vueltas, cavilaba en estos pensamientos sin llegar a ninguna conclusión. Pasó después otro trecho de vida y comprendí que morir a nosotros mismos es hacernos vivir a nosotros mismos. Caigo en la cuenta de que los momentos de vida plena son aquellos en que siento la tentación de hacer vivir en mí a Dios y su voluntad. Al final he comprendido que abandonarme a Dios no significa haber superado todos mis problemas, sino querer verdaderamente, con todo mi ser, que él pueda obrar en mí y pueda encontrar en mí una plena colaboración.

Al leer ahora de nuevo esta carta, cada palabra toma un valor diferente y, contrariamente a hace algunos años, me anima a continuar por este sendero.

*

E. Olivero,
Amar con el corazón de Dios,
Turín 1993, pp. 72ss).

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“¿Qué es el Cristianismo?: Una nueva forma de vivir. 07 de mayo 2023. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.

Domingo, 7 de mayo de 2023
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joven-caminando-con-jesusLos cristianos de la primera y segunda generación nunca pensaron que con ellos estaba naciendo una religión. De hecho, no sabían con qué nombre designar a aquel movimiento que iba creciendo de manera insospechada. Todavía vivían impactados por el recuerdo de Jesús, al que sentían vivo en medio de ellos.

Por eso, los grupos que se reunían en ciudades como Corinto o Éfeso comenzaron a llamarse «iglesias», es decir, comunidades que se van formando convocadas por una misma fe en Jesús. En otras partes, al cristianismo lo llamaban «el camino». Un escrito redactado hacia el año 80 y que se llama carta a los Hebreos dice que es un «camino nuevo y vivo» para enfrentarse a la vida. El camino «inaugurado» por Jesús y que hay que recorrer «con los ojos fijos en él».

No hay duda alguna. Para estos primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir. Lo primero para ellos no era vivir dentro de una institución religiosa, sino aprender juntos a vivir como Jesús en medio de aquel vasto imperio. Aquí estaba su fuerza. Esto era lo que podían ofrecer a todos.

En este clima se entienden bien las palabras que el cuarto evangelio pone en labios de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Este es el punto de arranque del cristianismo. Cristiano es un hombre o una mujer que en Jesús va descubriendo el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse, el secreto más esperanzador de la vida.

Este camino es muy concreto. De poco sirve sentirse conservador o declararse progresista. La opción que hemos de hacer es otra. O nos organizamos la vida a nuestra manera o aprendemos a vivir desde Jesús. Hay que elegir.

Indiferencia hacia los que sufren o compasión bajo todas sus formas. Solo bienestar para mí y los míos o un mundo más humano para todos. Intolerancia y exclusión de quienes son diferentes o actitud abierta y acogedora hacia todos. Olvido de Dios o comunicación confiada en el Padre de todos. Fatalismo y resignación o esperanza última para la creación entera.

José Antonio Pagola

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“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Domingo 07 de mayo de 2023. 5º Domingo de Pascua.

Domingo, 7 de mayo de 2023
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27-PascuaA5 cerezoLeído en Koinonia:

Hch 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
1Pe 2,4-9: Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real
Jn 14,1-12: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta… es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»… pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»… Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, «sus caminos, que no son nuestros caminos», y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de «nuevos caminos» de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial). O el libro de José María VIGIL Teología del pluralismo religioso, disponible en la red (http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3). Leer más…

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7.5.23. Camino, verdad y vida. Evangelio de cada día (2023), Biblia de toda la vida.

Domingo, 7 de mayo de 2023
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2CA919D9-C762-4F16-9232-00C5A2BB45BDIMG_9649Del blog de Xabier Pikaza:

El evangelio de hoy (dom. 5 Pascua, Jn 14,1-12) presenta a Jesús camino, verdad y vida: ¿Quién ese ése que viene y me dice: Soy tu camino, tu verdad y vida? ¿Quién puede hablarme a sí en este mundo en un mundo de abandonados, perdidos, arrojados sin camino vida?

Ése que viene a tu encuentro esta mañana de pascua es Jesús, Dios amigo/compañero que te dice: Soy tu camino, verdad y vida…  Así lo mostraré comentando este pasaje (Jn 14, 1-12), con el evangelio de todos los días del año (2023) y con la Biblia-Ciudad de todos los lugares y tiempos del mundo

 El evangelio de hoy (dom. 5 Pascua, Jn 14,1-12) presenta a Jesús camino, verdad y vida: ¿Quién ese ése que viene y me dice: Soy tu camino, tu verdad y vida? ¿Quién puede hablarme a sí en este mundo en un mundo de abandonados, perdidos, arrojados sin camino vida?

Ése que viene a tu encuentro en la mañana de pascua es Jesús, Dios amigo/compañero que me dice y te dice: Soy tu camino, verdad y vida…  Así mostraré comentando este pasaje (Jn 14, 1-12), con los evangelio de todos los días del año (2023) Biblia-Ciudad de todos los lugares y tiempos del mundo

Voz que llama y nos dice: Quiero ser-con-vosotros ¿venís a mi casa, compartís mi ciudad?

 No es un muerto del pasado, ni un fantasma de mentira, sino aquel que te da la mano, te abre el corazón, te pone en pie y te dice: vamos, soy contigo, hacemos camino, seremos Verdad, tendremos Vida, uno en el otro y para el otro.

No es voz de ultratumba(un muerto fantasma), ni mandato de dominio, que te niega (¡sólo yo soy, tú no eres…!), sino canto de amor hondo que te dice soy el que soy contigo para que tú seas, para que seamos… Invitación de amor que insiste diciendo: Tengo para ti y para mí, para nosotros (para todos) una casa, la casa de mi Padre, la casa de mis hermanos. Así empieza este diálogo de Jesús con sus dos amigos íntimos, uno se llama Tomás, otro Felipe… Pero pueden ser y son María, Salomé, Susana…

Texto. Tengo una casa para ti, una Ciudad para todos

En la casa de mi Padre hay muchas estancias (moradas, salas de estar, habitaciones íntimas…) si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos un lugar, un hogar? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?… Creed en mis obras, en lo que yo hago, en lo que haréis vosotros:. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.” (Jn 14, 1-12).

Tengo una casa (la casa del Padre), soy tu ciudad, el espacio y tiempo de tu vida.

para que vengas, para que vengamos, para que nos amemos y seamos. Advertirá el lector que he cambiado un poco el final de la lectura, poniendo al final del camino, la verdad y la vida la casa de Dios, la morada- ciudad de la vida.

Las moradas del Padre, la casa de mi Padre, mi casa…. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias…”. Todos los caminos llevan no a Roma, sino al Padre, a las Moradas del amor, que supo describir Santa Teresa, toda la vida buscando su casa, que era la casa del Padre, del amado, preparada para ella.

Jesús es Camino, es plaza, es ciudad Caminantes somos (¡navegantes!), y todos los caminos se centran y condensan para nosotros Cristo. Por eso, quien toma su camino, que es camino de Evangelio, está ya en manos del Padre.

En este evangelio hay dos maestros caminantes que preguntan, dos voces que preguntan: una es de Tomás, otra de Felipe. Significativamente, ellos aparecen más tarde como autores de los dos evangelios misteriosos más significativos de la Iglesia, uno es el de Tomás, otro el de Felipe… el tercero es tu evangelio, tu camino de Jesús

El “yo” de Jesús: soy el Camino, Verdad y la Vida

Si alguien me ama cumplirá escuchará mi vos, nos amaremos y mi Padre le amará y vendremos a él haremos en él una morada” (Cf. Jn 14, 23). Que todos seamos uno, como tú, Padre, en mí y yo en tí…para que sean uno como nosotros somos uno; Yo en ellos y Tú en mí… para que el mundo conozca que Tú me has enviado y que les amas como a mí me has amado (17, 20-23).

En mi ciudad hay mucha tarea: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque voy al Padre (Jn 14, 12).

Así termina este evangelio, de un modo admirable… Es como si yo le dijera a Jesús: No soy nadie, no puedo nada, no te valgo. Pero Jesús me contesta, te contesta… Estoy contigo y puede. Yo te necesito, y harás mis obras y aún mayores…

 No quiso que fuéramos menores que él, sino mayores, que hiciéramos lo que él hizo, y cosas aún más grandes que las suyas. Que no nos limitáramos a mirarle y adorarle diciendo “tú eres Dios y nosotros pobres hombres”. Al contrario, precisamente por eso, por ser él Dios y nosotros hombres, pudo decirnos que hiciéramos sus obras y aún mayores, pues él se iba al Padre para eso, pues él iba al Padre y nos daba su Espíritu

No somos súbditos de un Jesús siempre mayor, sino herederos suyos, capaces de aumentar y mejora su obra.

Éste es un evangelio provocador y escandaloso que termina con unas palabras increíbles (que quizá pocos creen de verdad en esta iglesia): Os aseguro: quien cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo voy al Padre.

Las obras (erga) de Jesús han sido claras a lo largo del evangelio de Juan, en una línea semejante a la Mt 11, 2-4 (cf. Lc 7, 18-23):los ciegos ven, los cojos andan, que los leprosos quedan limpios, los sordos oyen… los pobres reciben la buena noticia.

 La iglesia es según eso el lugar (la casa la comunidad comunidad) donde se realizan las obras de Jesús y aún mayores… Por eso, Jesús termina el evangelio de este domingo (Jn 14, 1-12) diciendo que ellos seguirán haciendo la obras que él ha hecho y aún mayores. Pues bien, yo me atrevo a pensar humildemente que, en sentido general, la iglesia posterior no ha creído ni cree en esto que ha dicho aquí Jesús: ¡Ella no se cree capaz de hacer las obras que hacía Jesús y aún mayores!

Éste es el tema del evangelio este 7 de Mayo del 2023, en un tiempo abierto a la nueva creación de Dios… Jesús fue haciendo unas obras, y al final, cuando se iba, nos dijo que el Padre quería hacer por nosotros sus obras, y aún mayores… Éste es el evangelio de nuestra casa, el Jesús de nuestra ciudad y camino..,, no para pararnos y morir, sino para retomar el camino de la verdad y la vida

Libro de la Casa/Iglesia del Padre,  con el evangelio de cada día del año (2023)

En la línea de las reflexiones anteriores he preparado una introducción y comentario al evangelio de cada día de este año 2023. Un evangelio en cuya portada está la casa… la casa de Dios, la casa de la Iglesia… nuestra casa, con una reflexión para cada día.

 Es un libro de reflexiones bíblicas, de oraciones, de contamplaci`´onpara buscar cada día un breve tiempo de lectura, meditación y contemplación de los evangelios según la liturgia

             Evangelio de Dios somos, y por eso es importante que dediquemos cada día un pequeño tiempo (de diez a quince minutos) para leer, meditar, contemplar y aplicar el evangelio, siguiendo las lecturas de la misa, en unión con los cristianos que avivan, razonan y celebran su fe, siguiendo los textos de la liturgia. Leer más…

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Iglesia naciente, sufriente, creyente. Domingo 5º de Pascua

Domingo, 7 de mayo de 2023
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Caminando-con-Jesus-300x300Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como indiqué el domingo pasado, las tres lecturas de los domingos de Pascua nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.

Iglesia naciente

            La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el   suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

– «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

            La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.

            Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.

Dignidad de la Iglesia sufriente

            La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a los cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido.

            Mientras los judíos, después de la caída de Jerusalén (año 70), se encuentran sin templo ni posibilidad de ofrecer sacrificios al Señor, los cristianos se convierten en un nuevo templo, en nuevos sacerdotes que ofrecen víctimas a Dios por medio de Jesucristo.

            Al final, recogiendo diversas alusiones del Antiguo Testamento, traza una imagen espléndida de la comunidad cristiana: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».

            En nuestra época, cuando la Iglesia parece cada vez menos importante y se ve atacada y condenada en numerosos ambientes, estas palabras de la carta nos pueden servir de ánimo y consuelo.

Queridos hermanos:

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. 

Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. 

Camino, verdad y vida

Iglesia creyente

            El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. En el pasaje seleccionado podemos distinguir tres partes: el hotel, el camino hacia él, los huéspedes.

            El hotel

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

            En la primera parte, Jesús sabe el miedo que puede embargar a los discípulos cuando él desaparezca y queden solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos en el gran hotel de Dios, repleto de estancias. Como diría san Pablo, hablando de lo que ocurrirá después de la muerte: «Y así estaremos siempre con el Señor». Esta primera parte, válida para todos los tiempos, adquiere especial significado en esos meses en los que la epidemia del coronavirus ha causado tantas muertes y miles de personas no han podido ni siquiera despedirse de su seres queridos. No están solos. Están con el Señor.

            El camino.

Tomás le dice:

-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jesús le responde:

-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

            La objeción lógica de Tomás, realista como siempre, le permite a Jesús ofrecer una de las mejores definiciones de sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.» ¿Cómo hablar de Jesús a quienes no lo conocen o lo conocen poco? La mejor fórmula no es la del Concilio de Calcedonia: «Dios de Dios, luz de luz…». Es preferible esta otra: camino, verdad y vida.

            Sugiere que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús. El musulmán alaba a Dios como Fuerte (Alla hu akbar). El cristiano lo considera Padre.

            Jesús es también la verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará más tarde Pilato. La pregunta correcta no es: «¿Qué es la verdad?», sino «¿Quién es la verdad?». La verdad no es un concepto ni un sistema filosófico, se encarna en la persona de Jesús.

Jesús es también la vida que todos anhelamos, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».

            Los huéspedes

Felipe le dice:

– «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»

Jesús le replica:

– «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

            Una nueva interrupción, esta vez de Felipe, desemboca en el pasaje más difícil y desconcertante. Ahora no hace falta recorrer ningún camino para llegar al Padre. Para verlo, basta con mirar a Jesús. Estas palabras, que a oídos de los judíos sonarían como pura blasfemia, nos invitan a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».

            La Iglesia debatirá durante siglos la relación entre Jesús y el Padre, y no llegará a una formulación definitiva hasta casi cuatrocientos años más tarde, en el concilio de Calcedonia (año 452). El evangelio de Juan anticipa la fe que hemos heredado y confesamos.

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Quinto Domingo de Pascua. 07 Mayo, 2023

Domingo, 7 de mayo de 2023
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Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe?”.

(Jn 14, 1-12)

Así, de primeras, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento?

Sí, sí, así. Me refiero a eso que percibes que puede haber detrás de sus palabras, de esta frase, además, sin reparar en el contexto. Más bien tal vez te suene algo así como “Llevo taaaaaaanto tiempo…, ¡¡¿y todavía no me conoces, Felipeee?!!”, a modo mosqueo in crescendo. Aunque también se me ocurre que tal vez, solo tal vez, te lo imagines desanimado; Jesús desanimado, frustrado, triste, encontrándose con sus límites y su ser de barro. En definitiva, Jesús humano.

Pero vamos a entrar en el contexto. Este evangelio nos sitúa en la que llamamos última cena. Jesús ha hecho un gesto de servicio a sus discípulos, les ha lavado los pies; un servicio en esa época asignado a las mujeres y a los esclavos. Y ahí se ha encontrado con la objeción de Pedro, un tanto fanfarrón: “no me lavarás los pies”, pero también con su seguimiento incondicional cuando le responde: “Señor, no sólo los pies, también las manos y la cabeza”. En definitiva, Pedro humano.

Cenan, y al terminar Jesús parte un pan y se lo reparte, toma una copa de vino y se la pasa. Hace un gesto de entrega. Y ahí, se encuentra con que otro discípulo, Judas, sale del lugar en el que están porque ha quedado con las autoridades religiosas para llevarles, a cambio de unas monedas, hasta Jesús. Judas el oportunista, el “por interés te quiero Andrés”, el negociante. Judas humano, al fin y al cabo.

Y ahora, después de estos gestos tan significativos y culmen de su vida, ahora que les está hablando del Padre, que se reconoce Hijo y Hermano… es aquí cuando descubre que otro de los suyos, Felipe, o no se ha enterado de nada o de muy poco. Felipe el despistado, distraído, tal vez incluso el “mente embotada”. Felipe humano, claramente humano.

Ahora sí. Ahora, ¿cómo te imaginas a Jesús en este momento? Adéntrate a verlo, apostando por los suyos una vez más, dándoles otra oportunidad a pesar de todo. En definitiva… Jesús humano.

Oración

Abre nuestros ojos, Señor.

Y abre nuestro corazón, Señor.

Abre nuestra escucha a tu susurro “no temáis, soy yo”.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús no es otro Dios sino el mismo Dios-Vida.

Domingo, 7 de mayo de 2023
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homilia

DOMINGO 5º DE PASCUA (A)

Jn 14,1-12

El contexto de este evangelio es el discurso de despedida después de la cena en el evangelio de Juan. En el capítulo 13 el centro es Jesús. Termina con la despedida, diciendo: a donde yo voy vosotros no podéis venir. En este capítulo 14 el centro es el Padre. El ambiente es de profunda inquietud y zozobra. La traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio de la partida. Todo es terriblemente inquietante. Está justificada la repetida invitación a la confianza. La clave del mensaje en este capítulo es la relación de Jesús y la de sus discípulos con el Padre.

Aunque Juan pone en boca de Jesús todo el discurso, en realidad se trata de reflexiones de la comunidad a través de muchos años de vivencias. Lo que se propone como futuro es ya presente para el que escribe y la comunidad para la que se escribe. Pero este presente deja entrever un nuevo futuro que el Espíritu irá realizando. Se nota la dificultad que tiene la comunidad de expresar su experiencia. Esta vivencia pascual está anclada en la presencia viva de Jesús, del Espíritu y del Padre. Los tres forman parte de una Realidad que los acompaña y les transforma.

Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa creer, en el sentido que damos hoy a la palabra. Sería “creer en sentido bíblico, es decir, poned la confianza en alguien. Juan utiliza esta construcción 30 veces, aplicada a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios, indicando claramente la identidad de ambas adhesiones. La confianza en Jesús y la confianza en Dios son la misma realidad. Si buscan a Dios, están en el buen camino, porque están con él. No tienen nada que temer porque en Jesús está ya el Padre con el que está identificado.

En el hogar de mi Padre, hay sitio para todos. El lenguaje mítico nos puede despistar. Jesús va al Padre para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. Todos estamos llamados a formar en Dios una misma Realidad con Él. Jesús está en el seno del Padre y todos pueden descubrirse allí.

Todo es lenguaje mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, no se puede entender literalmente. Esta teología es clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia. Aunque la formulación es mítica, el mensaje sigue siendo válido. Hoy tendríamos que decir que la meta de todo está en Dios. Lo que tenemos que descubrir y vivir ya aquí es esa identificación con Dios. En Jesús, Dios ha manifestado su proyecto para el hombre, que se tiene que realizar en cada uno.

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Lo que se quiere decir está más allá de la capacidad del lenguaje. Camino, Verdad, Vida hacen referencia al Padre que está, identificado con Jesús. No hay un Jesús separado que se identifica con Dios sino una única Realidad que se manifiesta en Jesús. Se han dado infinidad de interpretaciones desde los primeros padres y siguen hoy los exégetas intentando desentrañar el significado del texto que desborda toda explicación.

Jesús es Camino, que empieza y termina en Dios. No hay ningún espacio entre Jesús y Dios. Desde Dios hasta Dios no puede haber ningún trecho. Jesús es, como todo ser humano, un proyecto ya realizado, porque recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. Ese camino es el amor total que abarca toda su vida. Los que le siguen deben recorrer también ese camino es decir ir de Dios que es su origen hasta Dios que es la meta. En el AT el camino era el cumplimiento de la Ley. Ahora es Jesús.

Yo soy verdad, es decir, soy lo que tengo que ser. No se trata de la verdad lógica sino de la verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es auténtico, hace presente a Dios, que es su verdadero ser. Lo contrario sería ser falso. “Yo soy” es el nombre que se dio a sí mismo Dios en la zarza. Juan repite hasta la saciedad el “yo soy”. El complemento puede ser cualquiera: puerta, pastor, camino, vida, verdad, vid. Si descubro y vivo que Dios está identificado conmigo, ya lo soy todo.

Yo soy Vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía (Dios) que hace que sea lo que soy. “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me coma vivirá por mí.” Está hablando de la misma Vida-Dios que se le ha comunicado a él y que se nos comunica a nosotros. De la misma manera que no podemos encontrar la vida biológica independientemente de un ser que la posea, así no podemos encontrarnos con un Dios ahí fuera separado de un ser que lo manifieste.

Nadie va al Padre sino por mí. También se podía decir: a nadie viene el Padre si no es por mí. En c. 6 había dicho: “nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano ni en espacio ni en tiempo, su presencia es inmediata. Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús hace al discípulo participar de la misma Vida-Dios. Ni el Padre tiene que venir de ninguna parte ni nosotros tenemos que ir.

“Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre”. Una vez más se refleja el “ya, pero todavía no” de la primera comunidad. El seguimiento de Jesús es un dinamismo constante. No se trata de progresar en el conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una teofanía como las narradas en el AT. Piensa que Jesús es un representante de Dios, no la presencia de Dios.

¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja es una clara reflexión pascual. En su vida pública, sus seguidores no entendieron ni jota de lo que era Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se han enterado de que Dios sólo es visible en el hombre. Desde esta perspectiva, Jesús podía decir: quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y, si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es más que yo. Seguimos cayendo en la trampa de querer ver a Dios.

“Las exigencias que os propongo no son mías”. “Remata” no significa dicho o palabra sino propuesta, exigencia manifestada en la vida. A continuación, habla de obras: “el Padre que permanece en mí, él mismo hace las obras”. Las obras son la manifestación de que Dios está en Jesús. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él propone las “exigencias” que Dios le pidió y realizó.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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