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Mensaje del 44 Congreso de Teología sobre «Un mundo en tinieblas. ¿Hay razones para la esperanza?»

viernes, 12 de septiembre de 2025
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MENSAJE DEL 44 CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE «UN MUNDO EN TINIEBLAS. ¿HAY RAZONES PARA LA ESPERANZA?»

Celebrado en Madrid del 5 al 7 de septiembre de 2025

MADRID.

ECLESALIA, 09/09/25.- Del 5 al 7 de septiembre de 2025 hemos celebrado el 44 Congreso de Teología sobre «Un mundo en tinieblas. ¿Hay razones para la esperanza?», en el que han participado más de 250 personas de diferentes países y continentes. Nos han acompañado en la reflexión especialistas en ciencia política, ciencias de la información, teología de la liberación y teología ecofeminista, que han ofrecido rigurosos análisis y propuestas para salir del mundo en tinieblas en el que nos encontramos.

1.- Vivimos en un mundo en colapso provocado por una serie de megaproblemas y sistemas de dominación como son, entre otros, el colonialismo, el patriarcado, el necrocapitalismo, la depredación de la naturaleza, el armamentismo, la xenofobia, el racismo y la aporofobia, el triunfo de las distopías y la naturalización de la violencia en la vida cotidiana y en las relaciones internacionales.

2.- El descontento se ha apoderado de las democracias occidentales y está erosionando la idea de representación, la adhesión a valores liberadores y la convivencia cívica. Las democracias, antaño máquinas de bienestar, se han convertido en máquinas de malestar.

3.- Eso se aprecia en cada proceso electoral con el avance de los movimientos de extrema derecha, antidemocráticos y ultraconservadores, hasta conseguir gobernar en numerosos países. Son movimientos que niegan el valor del igualitarismo.

4.- Para revertir esta situación es necesario pensar, debatir e imaginar colectivamente el futuro al que queremos llegar, establecer alianzas para rehacer un nuevo “contrato social” y hacer realidad las oportunidades que nos ofrecen la transición ecológica, los avances tecnológicos puestos al servicio de la humanidad más desprotegida, las ventajas de una sociedad feminista donde todas las personas vivamos mejor y la diversidad que aporta la migración.

5.- Hoy se imponen las narrativas belicistas, que descalifican lenguajes y prácticas pacifistas y normalizan la violencia. Su modalidad más destructiva es el proyecto colonial y sionista de Israel contra el pueblo palestino, que viene de finales del siglo XIX y cuyo máximo atentado contra la vida es el actual genocidio con el asesinato de más de sesenta y cuatro mil personas gazatíes, el hambre como arma de guerra, el desplazamiento forzoso de todos los habitantes de la Franja de Gaza y, en definitiva, el exterminio.

6.- El genocidio se está produciendo con la inoperancia de la ONU y de otros organismos internacionales, la inacción cómplice de Europa, el apoyo incondicional de Estados Unidos y el silencio de la mayoría de los líderes religiosos mundiales con honrosas excepciones entre otras, las del papa Francisco que habló abiertamente de genocidio y de los patriarcas latinos y ortodoxos que acaban de condenar enérgicamente la invasión de la Ciudad de Gaza.

7.- Las mujeres, que hemos sido barridas de la dirección del mundo y somos consideradas incapaces de representar al Dios patriarcal, nos rebelamos contra las leyes discriminatorias, nos encontramos, en muchos lugares, actuando con rebeldía y practicando la ética del cuidado. Defendemos la interdependencia vital de todo lo que existe, más allá de las jerarquías patriarcales excluyentes y de los discursos teóricos muchas veces sin acciones concretas.

8.- Creemos que el cristianismo radical, entendido como ir a las fuentes antropológicas del ser, del vivir y del convivir y a las raíces evangélicas, puede y debe contribuir a salir del colapso en el que se encuentra el mundo. ¿Cómo? A través de la hospitalidad con las personas migrantes, refugiadas y desplazadas, el cuestionamiento de la globalización neoliberal excluyente, la condena del sexismo, la LGTBIQ+fobia y las masculinidades hegemónicas, el compromiso con el ecofeminismo, que implica la igualdad y la justicia de género y el reconocimiento de los derechos y la dignidad de la naturaleza, la no imposición de la concepción occidental del cristianismo al resto de las culturas, la alianza con los movimientos sociales y, en definitiva, la práctica del verso de José Martí: “con los pobres de la tierra mi suerte yo quiero”.

9.- Para salir de este mundo en tinieblas consideramos de especial importancia el pensamiento político, económico, ecológico revolucionario del Papa Francisco, crítico del neoliberalismo, al que considera injusto en su raíz, en alianza con los movimientos sociales populares y al servicio del bien común. Francisco ha pronunciado cuatro noes: no a una economía de exclusión que mata, no a la nueva idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en vez de servir y no a la inequidad que genera violencia. Ha puesto empeño en la reforma de la Iglesia a través de la Sinodalidad, si bien en la práctica sigue manteniéndose la estructura jerárquica y clerical y la discriminación de las mujeres.

10.- En un mundo donde se mezclan las tinieblas y las luces proponemos un cristianismo marcado por los pluralismos en diálogo, que defienda la justicia económica, ecológica y de género y aprenda a caminar por terrenos mezclados de flores y espinas, sin idealismos, pero sin renunciar a la utopía. Invitamos a caminar juntos desde las periferias al centro, construyendo puentes para la paz, una “paz desarmada y desarmante” (León XIV), basada en la justicia, la equidad y el respeto a la diferencia, en medio de una guerra en pedazos contra la naturaleza y la humanidad.

Madrid, 07 de septiembre de 2025.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General , , ,

Yo espero

lunes, 9 de junio de 2025
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Yo espero
que venga lo nuevo y novedoso
con el mismo ímpetu, por lo menos,
con que viene lo que ya conocemos
y que alguna vez nos ha tocado
en lo más íntimo
dejándonos heridos e insatisfechos
y con el espíritu en vilo.

Y espero,
cada vez con más ahínco y fe,
que no surja de nuestros estériles proyectos,
ni de nuestros evasivos sueños,
ni de nuestros recuerdos,
ni de nuestro vientre yermo,
ni de nuestros defendidos derechos…,
sino de tus entrañas y gracia,
o de las nuestras cubiertas por tu Espíritu.

Yo espero que venga,
gratuitamente, sobre todos,
sin distinción de credos,
de razas y pueblos,
de culturas y sexo…
tu Espíritu y gracia de nuevo…

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«Necesitamos buenas noticias», por Miguel Ángel Mesa

martes, 29 de abril de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

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«Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios»
(Jean Paul Sartre).

No suelen abundar las buenas noticias a nuestro alrededor. Todos escuchamos cada día sucesos dolorosos, tristes, desgarradores. Los medios de comunicación se enfrentan para captar audiencia, anunciando y transmitiendo las noticias más dramáticas, violentas, desmotivadoras.

Nos podríamos preguntar: ¿es que no existen noticias positivas, buenas, solidarias, que nos inviten a humanizarnos y a sentirnos más cercanos a los demás, trabajando por un mundo mejor? Evidentemente que las hoy, muchas, pero tienen predominio en la parrilla de las televisiones y de las radios las noticias más luctuosas y deplorables porque, por desgracia, es lo que da audiencia y dinero.

Evangelio, euagelion en griego, «significa buena noticia, mensaje feliz». Jesús, cuando empezó su misión, «se fue a Galilea a predicar la buena noticia de Dios. Decía: “Se ha cumplido el tiempo. El Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el evangelio”». Cuando los discípulos de Juan van a preguntarle si es el Mesías esperado por el pueblo de Israel, Jesús les responde: «Id a decir a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia el evangelio a los pobres».

La buena noticia, por lo tanto, es un mensaje feliz, de esperanza, en especial para quienes han sido privados de ilusión, de confianza, de ánimo. Pero que no se queda en la mera palabra, sino que baja a los lugares donde se enseñorea la desesperanza. Y, desde esa realidad, junto a los humildes y excluidos, la creatividad, la solidaridad, la conjunción de esfuerzos y la confianza empiezan a obrar milagros.

Hoy, que los ciegos vean, puede interpretarse como destapar la verdad ante tanta mentira como nos cuentan. Que los cojos anden, quizá se podría entender como liberarse de ataduras, muletas, que no nos dejan andar libres (consumismo, miedos…). Que los leprosos queden limpios, puede significar que las personas marginadas (emigrantes, personas con SIDA, homosexuales…) puedan ser aceptadas plenamente en la sociedad, sin censuras ni reproches. Que los muertos resuciten, puede asimilarse a apoyar a colectivos marginales (gente sin hogar, en pobreza extrema, gitanos, ancianos, desahuciados, parados…) ofreciendo oportunidades concretas, para salir de su situación de exclusión y olvido social.

Todas estas buenas noticias, y otras muchas más que se viven a nuestro alrededor, son mensajes entusiasmantes. No hace falta hablar de Dios a las personas a las que se las ayuda, porque el amor de Dios, el Espíritu de la vida, la Palabra de todo consuelo, están presentes en cada una de estas palabras, de estas acciones, de las sonrisas y los abrazos que abren nuevas expectativas ante la existencia, tantas veces cruel e inhumana.

Los hombres y mujeres que anuncian con sus vidas estas buenas noticias construyen sobre la roca firme de la amistad, del cariño, de la compasión y de la solidaridad. Aquí radica la esencia de la fraternidad universal y la regla fundamental para la convivencia: «Todo lo queráis que hagan por vosotros, hacedlo también vosotros por ellos». Ahí se encuentra también la voluntad de Dios: buscar sencilla, humana y esforzadamente la felicidad y la plenitud de los demás. Que es la mejor noticia, el mensaje más feliz que se pueda esperar.

«Felices quienes se esfuerzan por anunciar con sus palabras y, sobre todo con su vida, la buena noticia de la liberación, la paz y la solidaridad».

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Migrantes del Mundo.

lunes, 28 de abril de 2025
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IMG_0834Yolanda Chávez,
Los Ángeles (USA).

ECLESALIA, 04/04/25.- Queridos hermanos y hermanas migrantes del mundo: Les escribo esta carta desde lo más profundo de mi corazón y desde mi propia experiencia como migrante. Lo hago movida por el amor, la empatía y el respeto hacia cada una de sus historias y caminos, que también son míos. Deseo comenzar diciéndoles algo muy importante: no creamos jamás las mentiras de quienes permiten que el odio nuble la luz de su corazón. Lamentablemente, existen voces que buscan dispersar desconfianza entre unos y otros, especialmente hacia nosotros, comunidades migrantes, ignorando cruelmente que, en la mayoría de las ocasiones, migrar no fue una decisión tomada a la ligera, sino la última opción posible para conservar la vida, la dignidad y la esperanza.

Mi intención al escribirles es para afirmar con fuerza que nuestra dignidad es intocable. Nadie tiene el derecho ni el poder de arrebatarnos nuestra humanidad, nuestro valor esencial y nuestra capacidad innata de resistir y florecer.

Deseo profundamente que podamos abrir espacios de luz en nuestro corazón, porque es allí, en esos lugares interiores, donde habita la fuerza que sostiene nuestros pasos. Cuando logramos cultivar esta luz interna, nos convertimos en faros capaces de guiar e inspirar también a otros en circunstancias similares.

Recordemos siempre que la confianza es tener fe juntos, creer juntos. No estamos solos; somos muchos los que creemos en nuestra fortaleza, en nuestra capacidad de salir adelante, unidos en una fe compartida que no conoce fronteras. Mantengamos viva esa confianza comunitaria, pues es nuestra mayor defensa frente a las adversidades.

Hace poco escuché a alguien decir que la verdadera sabiduría es saber vivir, y nosotros lo sabemos bien. En una tierra que no es la nuestra, cada decisión tomada, cada esfuerzo diario, cada pequeño triunfo frente a la incertidumbre, es una muestra profunda de sabiduría. Honremos y celebremos esa capacidad extraordinaria de transformar las dificultades en aprendizajes valiosos y vivencias dignas.

Tengamos siempre presente que, ante las nuevas manifestaciones del mal en nuestro tiempo, nuestra misión es profunda e imprescindible: ser profetas de un nuevo modo, contando nuestras historias y dando voz a nuestra experiencia. Somos llamados a hacer visibles nuestras vidas desde nuestra propia verdad, a compartir nuestros sueños más profundos, nuestros desafíos más reales y nuestras victorias más valientes. Cada testimonio que ofrecemos es un acto sagrado y necesario, capaz de sanar prejuicios, transformar miradas e iluminar conciencias.

Con toda la fuerza de mi corazón, los animo a no dejar de vivir con esperanza, reconociendo la belleza poderosa que cada día trae consigo, la grandeza oculta y heroica que existe en las cosas simples, y el inmenso valor que tiene cada gesto de amor y solidaridad que damos y recibimos. Porque es allí, en esa vivencia cotidiana, valiente y transformadora, donde reside nuestra fuerza y nuestra auténtica grandeza.

Los abrazo con profunda admiración y respeto, comprometiéndome firmemente a seguir acompañando nuestro caminar y nuestras luchas.

Con cariño sincero y solidaridad eterna.

Yolanda.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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“Testigos de la esperanza en el Dios que no defrauda”, por Consuelo Vélez

lunes, 14 de abril de 2025
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IMG_0677De su blog Fe y Vida:

Este año viviremos la semana santa en el contexto del jubileo de la esperanza

Es bonito pensar que la Iglesia universal se pone en marcha y los frutos de este año jubilar se podrán traducir en esa “esperanza inquebrantable” por una iglesia más parecida al querer de Jesús y una sociedad más justa y buena para todos y todas

Que esta Semana Santa, sea tiempo propicio para proclamar con todas las fuerzas “que el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos” no dejará frustrada nuestra esperanza. Por el contrario, ella será colmada, alcanzada, realizada

Este año viviremos la semana santa en el contexto del jubileo de la esperanza. Este jubileo convocado por el Papa Francisco en diciembre de 2024 está propiciando que diferentes colectivos hagan la peregrinación a Roma en señal de conversión y compromiso para ser “testigos de la esperanza” en este mundo nuestro que se debate entre tantos problemas.

El calendario del año en Roma está marcado por la peregrinación de estos colectivos: mundo de la comunicación (enero); fuerzas armadas, policía y cuerpos de seguridad, artistas y mundo de la cultura, diáconos (febrero); mundo del voluntariado, sacerdotes (misioneros de la misericordia) (marzo); enfermos y mundo de la sanidad, adolescentes, personas con discapacidad (abril); trabajadores, empresarios, bandas y música popular, iglesias orientales, cofradías, familias, niños, abuelos, mayores (mayo); movimientos, asociaciones y nuevas comunidades, santa sede, deportes, gobernantes, seminaristas, obispos, sacerdotes (junio); misioneros digitales e influencers católicos, jóvenes (julio); trabajadores por la justicia, catequistas (septiembre)*; migrantes, mundo misionero, vida consagrada, espiritualidad mariana, mundo educativo (octubre); pobres, coros y corales (noviembre); presos (diciembre). Todos aquellos que puedan unirse a estos grupos podrán vivir celebraciones específicas para cada colectivo y, sin duda, será una linda y fructífera experiencia.

Pero no todos los peregrinos de este jubileo necesitan ir a Roma. En cada iglesia local se han dispuesto ciertos templos a los que también se puede peregrinar para vivir la dinámica de conversión y cambio, fortaleciendo la esperanza. Es bonito pensar que la Iglesia universal se pone en marcha y los frutos de este año jubilar se podrán traducir en esa “esperanza inquebrantable por una iglesia más parecida al querer de Jesús y una sociedad más justa y buena para todos y todas.

Pero la esperanza no se fortalece simplemente porque Francisco haya convocado este año jubilar. Precisamente nuestra esperanza radica en el misterio pascual que volvemos a conmemora este mes. La resurrección de Jesús es la prenda que “en esperanza” nos mantiene comprometidos con nuestro presente.

¿Qué significa la esperanza?El misterio pascual abre el horizonte de esperanza más allá del ahora que vivimos. El evangelio de Mateo, por ejemplo, lee el conflicto de Jesús con las autoridades de su tiempo a la luz del texto de Isaías: el siervo de Yahvé “no gritará, no oirá nadie en las plazas su voz, la caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante”, pero, precisamente en Él, las naciones pondrán su esperanza (12, 18-21). Es decir, aunque no parezca que haya sino debilidad, de ahí brota la fuerza de Dios porque él tiene la última palabra. Por su parte, el libro de los Hechos, al narrarnos los inicios del cristianismo, manifiesta cómo después de los acontecimientos de la muerte de Jesús, se afirma que “que Dios lo resucitó” y por eso “se ha alegrado mi corazón y se ha alborozado mi lengua, y hasta mi carne reposará en la esperanza” (Hc 2, 26).

El apóstol Pablo escribiendo a los Romanos afirma: “nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la pacencia; la paciencia, virtud probada, la virtud probada esperanza y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5, 3-5). Y, así mismo, al despedirse en esta misma carta, les dice a los destinatarios: “el Dios de la esperanza les colme de todo gozo y paz en su fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo (Rom 15, 13). A los Tesalonicenses les dice: “tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de su fe, los trabajos de su caridad y la tenacidad de su esperanza en Jesucristo nuestro Señor (1 Tes 1, 3). Precisamente por esto les recomienda: “Hermanos no queremos que estén en la ignorancia respecto de los muertos, para que no se entristezcan como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús (1 Ts 4, 13-14). La carta a los Hebreos también exhorta a mantener la esperanza: “mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (10,23).

Con esa esperanza firme a la que nos llaman los textos bíblicos, celebremos el misterio pascual de manera que se traduzca en nuestra vida y en nuestra realidad. En concreto, la esperanza nos fortalece para no decaer en el trabajo por la justicia social. Esto es lo que Dios quiere para la humanidad. También nos da la fuerza para trabajar por el cuidado y la preservación de la creación, garantizando así, la vida de nuestra “casa común”. La esperanza en el Dios de la promesa, el Dios de la paz, no nos deja resignarnos a no alcanzar la paz, a nivel global y a nivel local. Por el contrario, nos empuja a seguir apostando por el diálogo, no como una actitud ingenua sino como una decisión creyente de quienes no enfrentan los problemas con la violencia, sino que siguen buscando los caminos del diálogo, del entendimiento, de la concertación, de la paz. Y la esperanza también nos sostiene para seguir renovando a la Iglesia para que llegue a ser una Iglesia sinodal misionera en la que quepan todos y todas.

Y así, cada uno podría nombrar todas aquellas situaciones que sabe que han de cambiar y frente a las cuales la esperanza no nos deja quedarnos en la queja o en la indiferencia, sino que, apoyados en la resurrección de Jesús, nos fortalece para transformarlas. Que esta Semana Santa, sea tiempo propicio para proclamar con todas las fuerzas “que el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos” no dejará frustrada nuestra esperanza. Por el contrario, ella será colmada, alcanzada, realizada.

(Foto tomada de: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=544008528513620&id=100087134336582&set=a.114498151464662&locale=ga_IE)

* Nota de Cristianos Gays:

En Septiembre se realizará, también, la peregrinación jubilar organizada por el grupo italiano LGBTQ+ La Tenda di Gionata (La Tienda de Jonathan),  que se titulará: “Iglesia: hogar para todos, cristianos LGBT+ y otras fronteras existenciales”.

El grupo, en 2022, pidió a New Ways Ministry que publicara un libro de historias de padres italianos de lesbianas y gays. Puedes comprar su propia copia de este libro haciendo clic aquí. Para obtener información sobre todas las publicaciones de New Ways Ministry, haz clic aquí.

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No tentarás al Señor, tu Dios

domingo, 9 de marzo de 2025
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¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;
porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

*

Salmo 1

***

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.

Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo:

“Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.”

Jesús le contestó:

– “Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»”.

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:

“Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.”

Jesús le contestó:

“Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»”.

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:

“Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»”.

Jesús le contestó:

“Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»”.

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

*

Lucas 4, 1-13

***

El Evangelio nos presenta este duelo entre Jesús y Satanás. Jesús fue tentado. También él quiere conocer el combate entre el alma que desea permanecer fiel a Dios y el invasor que tratará de desviarla e inducirla al mal. Hay que recordar que cuanto se refiere a Jesús nos toca también a nosotros. La vida de Jesús configura la nuestra; lo que a él le acontece se refleja en nosotros.

¿Fue tentado Jesús? Tanto más podemos o debemos serlo nosotros.

Parece lógica la pregunta, puesto que vivimos en un mundo asediado y turbado por esa iniciativa oculta del que san Pablo llama “el príncipe de este mundo de tinieblas”. Estamos rodeados de algo funesto, malo, perverso, que excita nuestras pasiones, se aprovecha de nuestras debilidades, se deja insinuar en nuestras costumbres, sigue nuestros pasos y nos sugiere el mal. La tentación consiste, pues, en el encuentro entre la buena conciencia y la atracción del mal, y esto del modo más insidioso que se pueda imaginar.

El mal, de hecho, no se nos presenta con su rostro real de enemigo, como algo horripilante y espantoso. Sucede precisamente lo contrario: la tentación es simulación del bien; es el engaño del mal disfrazado de bien, es la confusión entre bien y mal. Este equívoco, que se puede presentar siempre ante nosotros, tiende a hacernos retener como bien donde, por el contrario, está el mal.

*

Pablo VI,
7 de marzo de 1965,
en U. Gamba, [ed.], Pensamientos de Pablo VI para todos los días del año,
Vigodarzere 1983, 279).

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“ Cuaresma: oportunidad de repensar nuestra fe”, por Consuelo Vélez

miércoles, 5 de marzo de 2025
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De su blog Fe y Vida:

El 5 de marzo se inicia cuaresma con la celebración del miércoles de ceniza. Es un tiempo de preparación para conmemorar el acontecimiento fundamental de nuestra fe: la muerte y la resurrección de Jesús. Convendría repensar el significado de este día para vivir este tiempo con más conciencia, pero, sobre todo, para que pueda dar más fruto en nuestra vida.

En algunos lugares ha crecido el número de personas que acuden a la imposición de la ceniza. Sin embargo, si preguntáramos por el sentido de lo que están haciendo, bastantes personas responderían que lo hacen buscando una protección o una bendición de Dios, pero desconocen el verdadero significado de este sacramental. En realidad, hay muchas búsquedas espirituales que responden a la necesidad de solución de los problemas que viven las personas y no importa si el rito lo ofrece la iglesia católica o cualquier otra confesión de fe. Lo que interesa es participar de algo que les fortalezca, los anime, les ayude a afrontar lo que viven. Todo esto es legítimo, necesario y si ayuda a las personas, es importante respetarlo. Pero vale la pena reflexionar sobre lo que celebramos los cristianos para saber “dar razón de nuestra fe” (1 Pe 3, 15-16).

Cuaresma, etimológicamente viene de la palabra latina, cuadragesima, señalando así los cuarenta días que faltan para celebrar el misterio pascual. Es tiempo de preparación, conversión, reflexión sobre el núcleo de nuestra fe y sus consecuencias para la vida. Es tiempo de preguntarse en qué creemos, por qué creemos, cómo ser consecuentes con lo que creemos, cómo podríamos dar testimonio más claro de lo que creemos.

Los cristianos creemos en la encarnación de nuestro Dios en Jesús y, en consecuencia, creemos en sus palabras y obras. Jesús nos comunicó con su vida lo que Dios desea de la humanidad y el camino para realizarnos plenamente en el amor, construyendo un mundo justo y en paz, entre los seres humanos y con la creación. Por tanto, la conversión a la que nos invita este tiempo de cuaresma no se puede quedar en algún ayuno o abstinencia o en la participación litúrgica. La conversión, a la que se nos llama, supone contrastarnos con la persona de Jesús y ver si nuestra vida ha asumido sus valores y los pone en práctica.

Las preguntas que convendría hacerse podrían ser, por ejemplo, por la imagen de Dios que tenemos. Vivimos y anunciamos al Dios de Jesús, ese Dios misericordioso con toda la humanidad, ¿sin ninguna exclusión para ninguno de sus hijos? En sociedades como las nuestras donde se da tanta exclusión por razón de etnia, de género, de condición social y, como hemos visto en algunos países, en razón de su condición de migrante, cuaresma nos invita a dar un testimonio muy claro y decidido por la inclusión de todos los seres humanos, estando atentos a cualquier condición que atente contra la dignidad humana, con voz profética para denunciarla y buscar caminos de integración.

Otra pregunta que podríamos hacernos va en la línea de la praxis de Jesús. Un Jesús libre de la Ley cuando ella atenta contra los seres humanos, libre del Templo cuando este no es liberador sino mediación de ritos externos, libre del tener para vivir la solidaridad, libre del poder, practicando el servicio, libre de las búsquedas personales para construir el bien común. ¿Es nuestra fe generadora de libertad o nos encierra en legalismos, fundamentalismos, escrúpulos, vanaglorias? En tiempos donde crecen las posturas tradicionalistas se necesita vivir una experiencia de fe que libere, permitiendo entender los signos de los tiempos y responder a ellos.

Muy importante es preguntarnos sobre la dimensión social y política de la fe. Las experiencias religiosas han de ser para la vida, para la construcción de sociedades más justas y en paz, para realizar obras de misericordia y solidaridad que actualicen para el presente, la vivencia de las primeras comunidades cristianas. No debería pasarnos lo que relata la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37) de dejar a los caídos en el camino por “no mancharse” para cumplir con la purificación ritual o permanecer indiferentes ante la realidad de los hermanos porque se tiene prisa con el cumplimiento de los oficios religiosos. Nuestra conciencia socio política ha de ser lúcida, siempre apoyando las políticas que garanticen la justicia para todos y rechazando aquellas políticas que se centran en el lucro y la ganancia, sin importar las consecuencias humanas y ambientales de tales propuestas. En este último sentido, preguntarnos por la responsabilidad ecológica, es imprescindible. Hemos ido tomando más conciencia de que la salvación de nuestro Dios no es solo para la humanidad sino para toda la creación, pero dependerá de nuestro cuidado y capacidad de vivir en armonía con ella, sin depredarla y extinguirla.

Tenemos cuarenta días por delante para pensar en estas cuestiones o en muchas otras que pueden surgir en el corazón de cada uno. No dejemos pasar esta oportunidad que nos brinda el ciclo litúrgico de tomar el pulso de nuestra fe y reorientar la marcha. En eso consiste la conversión y se nos invita a vivirla en este tiempo. Por supuesto, con mucha “esperanza, como lo ha señalado el Papa al invitarnos a vivir el Jubileo de la esperanza, sabiendo que por parte de Dios está todo dado y depende solo de nuestra generosidad que su amor hacia la humanidad se haga real y palpable en el mundo que vivimos.

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“Jubileo: tiempo de paciencia”, por Gabriel María Otalora

miércoles, 5 de marzo de 2025
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De su blog Punto de Encuentro:

Ante el torbellino de noticias y acontecimientos que cada día nos sobresaltan e inquietan, los cristianos atesoramos una actitud que vivimos como si la hubiéramos arrinconado, y es la hora de desempolvar: la paciencia. Pero como buena virtud que es, no tiene que ver con la parsimonia del pánfilo, de quien ve pasar la vida como la vaca mirando al tren. Es hora de rearmarnos contra el frenesí que desasosiega lo cotidiano mientras encubre falta de esperanza.

Nos hemos contaminado de la sociología de las prisas que aportan muy poco fundamento en esta sociedad que impulsa constantemente a desearlo todo y obtenerlo de manera instantánea logrando así una profunda insatisfacción a medio plazo. Ante esta realidad, se torna fundamental revalorizar la mejor versión de la paciencia, es decir, la que nos enseña a vivir con esperanza. Esperar para un cristiano es saber, y el que sabe, espera. Ahora que estamos metidos en medio del  Jubileo, es tiempo de valorar la profunda conexión entre paciencia y esperanza. El Jubileo es una invitación a la conversión personal y a la reconciliación con Dios y con los demás. En la espera activa y esperanzada en donde encontramos la fortaleza para vivir en medio de la incertidumbre actual, tratando de construir un presente que dé sentido al futuro.

Tener un sentido en la vida es cosa grande, algo que anhelan muchos seres humanos desnortados en medio de esta cultura de la prisas. Tengo la impresión de que nos ven a los cristianos, desde fuera, derrochando nuestra fe, pasivos e inactivos ante el infortunio que trasladan las noticias. La paciencia en estos tiempos es un buen camino espiritual capaz de activar una paz profunda mientras transitamos por las estrecheces de lo cotidiano, confiados y atentos a la acción de Dios que se manifiesta en el susurro, como a Elías, tras el estrépito de volcanes y vendavales. Y en la frágil llamada a Samuel, quien no es capaz al principio de reconocer la llamada de Dios. De ahí lo de paciencia “activa”. Es lo que Jacqueline Kellen llama “la grandeza de la espera que teje toda la existencia y eleva a los humanos hacia lo alto”. Es la actitud necesaria hoy para descubrir la gratuidad de los bienes más preciados a nuestra disposición frente al activismo y a la avidez.

La paciencia entendida como una “una floración de la espera”, representa dejar de lado lo inconsistente y lo efímero, asegura J. Kellen. Es más, dicha actitud requiere firmeza, pues requiere el esfuerzo a contracorriente, tantas veces, para resistir sin aceptar resignadamente la foto social de que todo es inconsistente o materialista. Así, la invitación del Papa a vivir un año de gracia, de misericordia, viene muy bien para recordarnos lo que es el amor por excelencia. Y cuando hay amor de por medio, la esperanza revive pronto. Y los demás lo notan, es una forma de testimonio, de evangelizar.

En este año jubilar en curso, conjuguemos paciencia, espera, esperanza; trabajo interior que acoge ahora la Cuaresma como un impulso especial de vivencia teologal entre quienes viven de otra manera: fe, esperanza, amor. Este tiempo jubilar es una invitación a la conversión personal y a la reconciliación con Dios y con los demás, profundizando en la vida de oración y de amor hacia los demás. Cuántas personas ansían experimentar la fe que tenemos mientras ven adormecidos de nuesytros talentos espirituales que tenemos cuando comentamos qué aburrida es la Cuaresma.

Seamos, pues, testigos de vida esperanzada y comprometida especialmente con los más necesitados. Es el objetivo de toda Cuaresma y de este Jubileo 2025, que puede parecer algo anacrónico, pero como invitación papal es bien actual y necesaria. Somos sembradores, tengamos paciencia.

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“Una lectura no religiosa del jubileo”, por Leandro Sequeiros

jueves, 6 de febrero de 2025
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IMG_8984El Papa Francisco proclamó hace meses desde Roma que en el año 2025 se celebraría en la Iglesia el Jubileo de la Esperanza. Pero esta celebración puede ser una ocasión para que la sociedad civil, la ciudadanía laica no religiosa se regenere interiormente aprovechando la dinámica que impulsa la Iglesia Católica. La palabra “Jubileo” no solo nos resuena a júbilo, a alegría. Sino que en el pueblo judío era momento de volver a empezar, de reconstruir lo destrozado.

En un mundo multicultural en el que muchos humanos sienten “ir a la deriva cultural y religiosa”, la imagen del “ancla” del logotipo del Jubileo es evocadora. Cuatro figuras estilizadas sugieren a la humanidad venida de los cuatro puntos cardinales. En el logotipo, esas figuras se abrazan la una a la otra para indicar la solidaridad y la fraternidad que deben unir a los pueblos: la primera figura se aferra a la cruz de Cristo, signo de esperanza y ancla de salvación. Debajo de las figuras hay olas, que se mueven para indicar el peregrinaje de la vida que no siempre transcurre en aguas tranquilas.

Por eso, la parte inferior de la cruz se convierte en un ancla, signo de estabilidad: indica la esperanza que se opone a las olas y la salvación que viene del Señor. Es el mensaje que se dirige a los creyentes, pero que puede reinterpretarse en un lenguaje secular.

Por último, alrededor del logotipo, la fecha del Jubileo y el lema, Peregrinantes in spem: «Peregrinos de la esperanza». Pero toda vida humana, todo acontecer político, social o cultural puede también leerse en clave de “peregrinaje”. “Peregrino del porvenir” se definía el jesuita científico interdisciplinar Pierre Teilhard de Chardin durante su dura estancia como geólogo en China entre 1922 y 1946.

Creyentes y no creyentes nos sentimos “peregrinos” en un mundo que cada vez nos parece más hostil, más violento, más degradado por la explotación desenfrenada. Un planeta que, para muchos, comienza a ser ajeno a nuestros deseos de paz, reconciliación y unidad en la diversidad.

El 9 de mayo 2024, en la solemnidad de la Ascensión, el Papa Francisco publicó la bula de convocatoria del Jubileo Ordinario del año 2025, Spes non confundit. Se trata del XXXI Jubileo de la Iglesia católica, después del primero de ellos, proclamado por el Papa Bonifacio VIII en el año1300.

El título del Jubileo 2025 procede de una cita de la carta de San Pablo a los Romanos: «La esperanza no defrauda», porque ofrece la certeza del amor de Dios (cf. Rm 5,5) (n. 1). Pero el Papa Francisco, tal como es su costumbre, no solo se dirige a los católicos sino a todos los humanos que buscan sentido a la vida en un mundo que se percibe sin rumbo.

La conclusión del documento es una apremiante invitación a hacer brotar semillas de esperanza en el corazón y, para los cristianos, a escuchar la palabra de Dios, que se dirige a nosotros en nuestro camino hacia el Jubileo. Habiendo buscado refugio en el Señor, «nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece”.

Esta esperanza que nosotros alimentamos es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo, allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor (Hb 6,18-20)» (n. 25).

Todos los creyentes y toda la sociedad civil tienen la tarea de testimoniar con la fecundidad del amor «el deseo de los jóvenes de engendrar nuevos hijos e hijas» para dar un futuro a su sociedad: «es un motivo de esperanza: porque depende de la esperanza y produce esperanza» (ibid.). Más aún: la comunidad cristiana debe apoyar «la necesidad de una alianza social para la esperanza, […] que trabaje por un porvenir que se caracterice por la sonrisa de muchos niños y niñas» (ibid.).

Con ocasión del Jubileo de la esperanza (2025), Francisco hace dos llamamientos a quienes tienen en sus manos el destino de la humanidad y no solo para los creyentes:

1. El primero es a intentar eliminar el hambre en el mundo, ya que «el hambre es un flagelo escandaloso en el cuerpo de nuestra humanidad y nos invita a todos a sentir remordimiento de conciencia» (n. 16), recordando que los bienes de la Tierra no son para unos pocos privilegiados, sino para todos. En particular, renueva una sentida súplica para que «con el dinero que se usa en armas […], constituyamos un Fondo mundial, para acabar de una vez con el hambre y para el desarrollo de los países más pobres» (ibid.) [ Francisco, Fratelli tutti,Carta encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, 3 de octubre de 2020, n. 262].

2. El segundo llamamiento se dirige a las naciones ricas y se refiere a la deuda internacional: los países ricos «se comprometen a condonar las deudas de los países que nunca podrán saldarlas» (ibid.). El Papa señala: «Antes que tratarse de magnanimidad es una cuestión de justicia, agravada hoy por una nueva forma de iniquidad de la que hemos tomado conciencia: “Porque hay una verdadera ‘deuda ecológica’, particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada […] con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países»Laudato si’, cit., n. 51].

Desde este punto de vista, el Jubileo 2025 no es solo una apelación a la regeneración de la Iglesia, de las comunidades cristianas y los creyentes en Jesús de Nazaret. Es también una llamada a la sociedad civil para superar las pulsiones autodestructivas del poder económico (que es – desgraciadamente– el motor del mundo) y lanzarse como peregrino en la sociedad civil a la reconstrucción de los valores laicos de la solidaridad, la igualdad y la democracia.

Leandro Sequeiros. Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

Fuente Fe Adulta

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“¿Cuál es el viaje más largo?… rumbo al propio corazón, dijo Jung”, por Leonardo Boff.

viernes, 31 de enero de 2025
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IMG_9548De su blog La fuerza de los pequeños:

«Lo que nos mueve y nos pone en marcha»

«El gran observador y conocedor de los meandros de la psique humana C.G. Jung, dijo una vez que el viaje más largo no era a la Luna o a alguna estrella. Era rumbo al propio corazón»

«Pero, ¿cómo llegar a él y auscultar sus indicaciones?»

«Hay una pregunta nunca resuelta entre los pensadores de la condición humana: ¿cuál es la estructura de base del ser humano?»

«Para mí, no es la razón como comúnmente se afirma… La razón pura kantiana no existe»

El gran observador y conocedor de los meandros de la psique humana C.G. Jung, dijo una vez que el viaje más largo no era a la Luna o a alguna estrella. Era rumbo al propio corazón. En él habitan ángeles y demonios, tendencias que pueden llevar a la locura y a la muerte así como energías que conducen al éxtasis y a la comunión con el Todo. ¿Cómo llegar a él y auscultar sus indicaciones?

Hay una pregunta nunca resuelta entre los pensadores de la condición humana: ¿cuál es la estructura de base del ser humano? Muchas son las escuelas de intérpretes, pero no es el momento de resumirlas.

Yendo directamente al asunto diría que, para mí, no es la razón como comúnmente se afirma. Esta no es la primera que irrumpe en el proceso de la antropogénesis. El cerebro neocortex en su configuración actual, que responde por la racionalidad, irrumpió hace solo un millón de años. Mucho antes, hace 313 millones de años, surgió el cerebro reptiliano que responde por nuestros movimientos instintivos. Luego estaba el cerebro límbico, responsable de la  sensibilidad, del afecto y del cuidado, surgido con los mamíferos hace 210 millones de años.

Por lo tanto, la razón actual es tardía y hunde sus raíces en los cerebros anteriores, especialmente en el límbico, portador de la ternura y el amor que florecen en nosotros. Somos antes mamíferos racionales que animales racionales.

El pensamiento occidental es logocéntrico. Dio centralidad a la razón. Puso el afecto bajo sospecha, con el pretexto de que perjudica la objetividad del conocimiento. La razón pura kantiana no existe. La razón, al estar incorporada, viene siempre impregnada de interés (J.Habermas), de emoción y de pasión, por tanto está imbuida de cerebro límbico. Conocer es siempre un entrar, con todo lo que somos, en comunión con la realidad. De ese encuentro nace el conocimiento. La palabra francesa para conocer es etimológicamente rica: connaître: nacer juntos sujeto y objeto.

Más que ideas y visiones del mundo, son las pasiones, los sentimientos fuertes, las ideas-fuerza, las experiencias seminales y el amor o el odio lo que nos mueve y nos pone en marcha. Nos levantan, nos hacen afrontar peligros e incluso arriesgar la vida.

Lo que primero reacciona en nosotros es la inteligencia cordial, sensible y emocional. Esto lo demostró Daniel Goleman en su conocido libro Inteligencia Emocional (1995). Segundos después de la emoción, entra la razón.

Pero en Occidente la razón ha sido absolutizada, como la única forma válida de entrar en contacto con lo real. Ocurrió algo que se ha exacerbado y ha perdido la justa medida: el racionalismo, que significa el totalitarismo de la razón. Este llegó a producir en algunos sectores humanos una especie de lobotomía, es decir, una completa insensibilidad ante el otro que es diferente y ante el sufrimiento humano y el de la Madre Tierra. Es lo que estamos presenciando en la Franja de Gaza, un genocidio, a cielo abierto, de muchos miles de niños asesinados por orden de un Primer Ministro israelí insensible y sin corazón.

Modernamente el afecto, el sentimiento y la pasión (pathos) están recuperando centralidad. Ese paso es hoy imperativo, pues solamente con la razón (logos) no podemos explicar las graves crisis por las que pasan la vida, la humanidad y la Tierra. La razón intelectual precisa integrar la inteligencia emocional sin la cual no construiremos una realidad social de rostro humano. Solo con el afecto nos acercamos a los demás. El afecto y el amor son los que nos hacen realmente humanos.

Sin embargo, hay un dato que conviene resaltar por su relevancia y por la gran ascendencia de que goza: laestructura del deseoque marca la psique humana. Partiendo de Aristóteles, pasando por san Agustín y por los medievales como san Buenaventura (llama a san Francisco vir desideriorum, hombre de deseos), culminando con Sigmund Freud y René Girard en tiempos más recientes, todos afirman la centralidad de la estructura deseante del ser humano.

El deseo no es un impulso cualquiera. Es un fuego interior que dinamiza y moviliza toda la vida psíquica. Por su naturaleza, el deseo no conoce límites. No queremos solo esto o aquello, queremos todo, hasta la eternidad, como observaba Nietzsche. Ese impulso irrefrenable da un carácter insaciable e infinito al proyecto humano.

El deseo hace dramática y, a veces, trágica la existencia. Pero también, cuando se realiza, aporta una felicidad sin igual. Por otro lado, produce una grave desilusión cuando el ser humano identifica una realidad finita como siendo el objeto que realiza su impulso infinito. Puede ser la persona amada, una profesión siempre ansiada, una propiedad, un viaje.

No pasa mucho tiempo y esas realidades deseadas y finitas le parecen insatisfactorias y solo hacen aumentar el vacío interior, grande, del tamaño de Dios. ¿Cómo salir de este impase intentando armonizar lo infinito del deseo con lo finito de toda realidad? Revolotear de un objeto finito a otro significa no encontrar descanso nunca. El ser humano tiene que plantearse seriamente la pregunta: ¿cuál es el verdadero y oscuro objeto adecuado a su deseo? Me atrevo a responder: es el Ser y no el ente, es el Todo y no la parte, es el Infinito y no lo finito, es Dios y no el mundo, por bueno que sea. Nuestra sed de infinito es el eco de un oscuro Infinito que nos llama. ¿Quién es?

Después de mucho peregrinar, el ser humano es llevado a hacer la experiencia del cor inquietum de san Agustín, el incansable hombre del deseo y el infatigable peregrino del Infinito. En su autobiografía, Las Confesiones afirma conconmovido sentimiento:

Tarde te amé, oh Belleza tan antigua y tan nueva. Tarde te amé. Tú me tocaste y yo ardo de deseo de tu paz. Mi corazón está inquieto hasta que descanse en ti (libro X, n.27).

Aquí tenemos el camino del deseo que busca y encuentra ese real y oscuro objeto siempre deseado, en el sueño y en la vigilia: el Infinito. Sólo el Infinito se adecúa al deseo infinito del ser humano. Sólo entonces termina el viaje más largo y comienza el sábado del descanso humano y divino. Es el descanso dinámico y la paz serena, frutos del viaje más largo y tormentoso rumbo al propio corazón.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito Tiempo de Trascendencia: el ser humano como proyecto infinito, Sal Terrae 2002; La justa medida: para equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2023.

Traducción de María José Gavito Milano

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Leonardo Boff: “Solo nos queda la esperanza.”

lunes, 27 de enero de 2025
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IMG_2362Un árbol que se dobla pero no se quiebra

En 2023 han ocurrido hechos que nos asombran y nos obligan a pensar: en Brasil hubo un intento frustrado de golpe de estado, dos eventos extremos sobrecogedores: grandes inundaciones en el Sur y sequías devastadoras en el Norte, seguidas de inmensos incendios. Todo indica que esta situación se va a repetir con frecuencia.

A nivel internacional la prolongación de la guerra Rusia-Ucrania, el atentado terrorista del brazo armado de Hamas de la Franja de Gaza que provocó una reacción violentísima por parte del gobierno de extrema-derecha de Israel y sus aliados sobre toda la población de la Franja de Gaza, con visos de genocidio. Y lo más grave, con el apoyo ilimitado del presidente católico Joe Biden.

Un hecho que tal vez no puede en modo alguno ser pasado por alto es la Sobrecarga de la Tierra (The Earth Overshoot), anunciado por la ONU a finales de agosto. Esto quiere decir que todos los bienes y servicios naturales que la Tierra ofrece para la continuidad de la vida llegaron a su límite. Necesitamos más de una Tierra y media para atender el consumo humano, muy especialmente el de los países ricos y consumistas. Como está viva, la Tierra reacciona a su modo, enviándonos más enfermedades víricas, más eventos extremos y calentándose cada vez más. Este último hecho es de consecuencias imprevisibles, pues hemos sobrepasado el punto crítico. El año 2023 ha sido el más caliente desde hace miles de años. La ciencia y la técnica solo nos ayudan a prevenir y aminorar los efectos dañinos, pero ya no pueden evitarlos. Este cambio climático es responsabilidad de los países industrialistas y consumistas y poquísimo de las grandes mayorías pobres del mundo. Por tanto, es un grave problema ético.

Existe además el peligro de un conflicto nuclear, pues Estados Unidos no renuncia a ser el único polo que controle todos los espacios del planeta, no aceptando la multipolaridad. Si esa guerra nuclear generalizada ocurriera, sería el fin de la especie humana y de gran parte de la biosfera. Algunos analistas piensan que será inevitable; va a ocurrir no sabemos cuándo ni cómo, pero las condiciones ya están dadas.

Además hay que reconocer que está en auge la crisis del modo de habitar el planeta (devastándolo) y de organizar las sociedades, en las cuales reinan injusticias inhumanas. Bien nos lo ha advertido innumerables veces el Papa Francisco: tenemos que cambiar, en caso contrario, estando todos en el mismo barco, nadie se salvará.

Estos escenarios tenebrosos han llevado a una buena parte de la humanidad al desamparo y a la conciencia del fracaso de la especie humana, particularmente con el ocaso completo del sentido ético y humanístico que permite presenciar, a cielo abierto y a la vista todos, el exterminio de un pueblo en la Franja de Gaza, principalmente miles de niños asesinados bajo los bombardeos ininterrumpidos de las fuerzas de guerra de la ocupación israelí. No son pocos los que se preguntan: ¿merecemos aún estar sobre la faz de la Tierra a la que destruimos sistemáticamente violentando sin escrúpulos a sus humanos hijos e hijas así como a los organismos de la naturaleza que nos sustentan? ¿no es eso el preaviso de nuestro fin como especie? Cabe recordar que nosotros entramos en los ultimísimos momentos en el largo proceso evolutivo, dotados de gran agresividad. ¿Será que entramos para destruir trágicamente nuestro mundo?

En este contexto enmudecen las grandes utopías. La razón moderna se ha mostrado irracional al construir el principio de autodestrucción. Las propias religiones, fuentes naturales de sentido, participan de la crisis de nuestro paradigma civilizatorio y en muchas de ellas está vigente el fundamentalismo violento.

¿A qué agarrarse? El espíritu humano rechaza el absurdo y busca siempre un sentido que vuelva la vida apetecible. Nos queda un único soporte: la esperanza. Ella es como un árbol: se dobla pero no se quiebra. Como nos fue mostrado antropológicamente, la esperanza es más que una virtud junto a otras virtudes. Ella representa, independientemente del espacio y del tiempo histórico, ese motor interior que nos hace proyectar sin cesar sueños de días mejores, utopías viables, caminos aún no recorridos que pueden significar una salida hacia otro tipo de mundo.

Se atribuye a San Agustín, el mayor genio intelectual y cristiano de Occidente, africano del siglo V de la era cristiana, la siguiente afirmación que eventualmente puede animarnos:

Todo ser humano está habitado por tres virtudes: la fe, el amor y la esperanza. Dice el sabio: si perdemos la fe no por eso morimos. Si fracasamos en el amor, siempre podemos encontrar otro. Lo que no podemos es perder la esperanza, pues la alternativa a la esperanza es el suicidio por la absoluta falta de sentido de vivir.

Entre tanto, la esperanza tiene dos hermosas hermanas: indignación y coraje. Por la indignación rechazamos todo lo que nos parece malo y perverso. Mediante el coraje, empeñamos todas nuestras fuerzas para cambiar lo malo en bueno y lo que es perverso en benéfico.

No tenemos más alternativa que enamorarnos de estas dos hermosas hermanas de la esperanza: indignarnos y rechazar firmemente ese tipo de mundo que impone tantos sufrimientos a la Madre Tierra y a toda la humanidad y la naturaleza. Si no podemos superarlo, por lo menos resistir y desenmascarar su deshumanización. Y tener el coraje de abrir caminos, sufrir por el parto de algo nuevo y alternativo. Y creer que la vida tiene sentido y que le cabe a ella escribir la última página de nuestra peregrinación por esta Tierra.

Leonardo Boff

Fuente Atrio

Traducción de María José Gavito Milano

*Leonardo Boff ha escrito Tierra madura, una teología de la vida, São Paulo, Editora Planeta, 2023; Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Rio de Janeiro, Record&Madrid, Nueva Utopía 2010.

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“Jubileo de la Esperanza”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 4 de enero de 2025
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imageCon la apertura del Jubileo se nos invita también a meditar sobre el tema de la esperanza. La necesitamos, en este contexto actual, tan desgarrado de jirones, tan desgarrado de dolores, en el que nos esforzamos por recomponer el hoy, sofocando en las urgencias del presente un atisbo de un posible buen futuro. Y es bueno, aun en la inflación que todo tema decisivo conlleva cuando se coloca en el primer plano, tener la oportunidad de preguntarnos qué esperanza cultivamos, como personas, como comunidad, incluso como mundo.

Al siglo XX de utopías que atraían y luego reducían los movimientos de la esperanza, atándola a sí misma en su desaparición, el siglo XXI no ha sabido oponer todavía más que pequeñas metas, horizontes estrechos, administración o gestión de lo ordinario. Urge la esperanza, con su carga de tensión hacia el mañana, su porte profético, su llamada a la responsabilidad por el hoy y, para los que tienen fe, en su intersección con lo eterno de Dios, en el despliegue del tiempo más allá del tiempo.

Para los creyentes, la esperanza es la hermana de la fe, aunque, como señaló Charles Peguy en espléndidos versos, es la hermana olvidada: «La pequeña esperanza avanza entre las dos hermanas mayores y nadie la mira», y sin embargo es ella «la que hace caminar a las otras dos». Para el autor de la Carta a los Hebreos, la esperanza descansa y se apoya en la fe: «La fe es el fundamento de lo que se espera»: verso que Miguel de Unamuno parafraseó con finura: «La fe es, pues, fe en la esperanza: creemos lo que esperamos».  Nosotros, hombres y mujeres de camino, creemos lo que esperamos, damos fe a lo que tendemos y a lo que deseamos que sea posible, dando así raíz a la existencia: “La esperanza es nuestro interior, el soporte de la vida; la esperanza es lo que vive; sólo quien espera recibe la vida”.

Son de nuevo palabras de Miguel de Unamuno, tan profundas en su entrelazamiento, indisoluble, de vida y esperanza: «la esperanza es lo que vive», pues «sólo quien espera recibe la vida», donde por vida se entiende ese enraizarse en el aquí y ahora con la mirada puesta en el más allá, con posturas activas, con hambre de futuro, con responsabilidad por el momento presente, por uno mismo y por los demás: porque la esperanza, si es verdadera, nunca es evasión, sino que -como recordaba Ernst Bloch en “Principio de esperanza”- abre el yo, en su anhelo universal, en su sueño, en su deseo que todos habitan, hacia una condición que ya es para hoy mejor.

Para quien cree, significa no dejarse vencer por una tentación siempre viva, a saber, la de posponer la ética de la esperanza al Reino venidero, a la parusía, con la conciencia de que la escatología no rechaza el presente, sino que lo ilumina y orienta, según la lección de Jürgen Moltmann y su “Teología de la esperanza”: si consideramos fiable la promesa del retorno de Cristo, no podemos rechazar su encarnación en la historia, esa historia hacia la que podemos sentirnos responsables y hacia la que podemos esperar una humanidad mejor. Que todo esto en la concreción de nuestra vida cotidiana exige la necesidad de aprender la esperanza («lo importante es aprender a esperar» decía Ernst Bloch), no concediendo espacio al mal que está ahí, para que no se haga dueño del futuro.

La esperanza es educación de la mirada, del sentimiento, de la vida, superando la pequeña frontera de nuestras seguridades o de nuestros pesimismos. A veces nos contentamos con tener en el puño, fuertemente apretados, algunos granos de trigo, y no queremos realmente ver florecer campos sin límites, prometedores de esperanza. La actitud es la del sembrador, la de quien siembra la semilla confiándola (y confiándose) al futuro, que para el cristiano no excluye, sino que abraza la dimensión de lo eterno, puesto que «no sólo actúa en el tiempo, sino que espera los frutos de la eternidad cuya semilla siembra en el tiempo. Y ésta es nuestra esperanza.

Por tanto, los peregrinos de la esperanza que somos los cristianos tratamos de sembrar en el tiempo para un fruto de eternidad, siempre, sin embargo, sin rendirnos y sin abdicar del presente y, de este modo, dando sentido a nuestros días, ya que la esperanza nos abre al deseo y, por tanto, a la alegría: «La vida activa es conducida aquí abajo, por la fe, en la peregrinación sobre esta tierra, donde la beatitud sólo está en la esperanza» (Meister Eckhart).

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Posdata: Tal vez sea bueno volver a leer a Charles Peguy y “El pórtico del misterio de la segunda virtud”. Una lectura, entre otras, que nos puede acompañar también durante el Jubileo de la Esperanza.

 

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Año nuevo, nueva esperanza.

jueves, 2 de enero de 2025
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IMG_9238Bajo los tibios rayos del sol invictus nos acercamos al comienzo de un nuevo año. Suele ser ocasión propicia para cerrar el año viejo con un balance y abrir el nuevo con renovadas expectativas. Es demasiado larga la lista de despropósitos a los que asistimos con impotencia y a veces con una sensación de culpable indiferencia: guerras, asesinatos, violaciones, torturas y una larga lista de agresiones a la dignidad de las personas plasmada en la declaración de Derechos Humanos Universalizables.

Si hay dos palabras que se repiten en los análisis de sociólogos, filósofos y politólogos son: desencanto e incertidumbre. A la luz de la historia está claro que no cualquier tiempo pasado fue mejor y también que cualquier situación actual (política, social, económica, cultural…) es manifiestamente mejorable. Las ilusionantes expectativas creadas por los intelectuales de la Ilustración (Kant incluso hablaba de una paz perpetua) se han quedado muy por debajo de lo esperado. La frustración y el desengaño se van apoderando de nosotros al comprobar lo poco que ha dado de sí el “homo” que desde hace unos 300.000 años dicen que viene ejerciendo de “sapiens”.

Contemplamos con estupor que ingentes cantidades de dinero, que deberían dedicarse a acabar con el hambre y mejorar la educación, la sanidad y la investigación científica, son desviadas a la industria armamentista y a esos cincuenta conflictos que están abiertos en el mundo y que no tienen pinta de ser resueltos por la vía diplomática, quizá porque en el fondo producen rentables y escandalosos beneficios. Constatamos que una economía al servicio de un neocapitalismo deshumanizado genera movimientos migratorios de gente en busca de un mejor modo de vida y ante los que las naciones “desarrolladas” se ven desbordadas y con grandes problemas para acoger e integrar a sus agentes, personas que, por otro lado, les van a ser imprescindibles en su desarrollo. Dejamos constancia también de fenómenos preocupantes como los populismos que cuestionan las democracias, incapaces de comprender que la debilidad democrática no se combate con regímenes autoritarios, sino con más democracia. Y así podríamos seguir desarrollando otros tantos temas que a todos nos tienen muy preocupados, como son las agresiones (46 mujeres asesinadas en España por sus parejas o exparejas es el triste balance que nos deja el año), la homofobia, el machismo, el nacionalismo excluyente, etc.

¿De dónde nos podrá venir la esperanza que nos sostenga sin desaliento para afrontar esta compleja y delicada situación? ¿De dónde esa confiada espera en que tras los nubarrones podrá brillar de nuevo el sol? Primero, de la comprensión de que el proceso de humanización es lento y no avanza linealmente, sino con leves avances y preocupantes retrocesos. Segundo, del ejercicio de una racionalidad crítica que actualice el mejor pensamiento elaborado desde Sócrates hasta Habermas y abra un horizonte esperanzador. Tercero, de la posibilidad de mejorar la acción política de modo que podamos exigir que se plantee no como una lucha encarnizada entre partidos para alcanzar el poder, sino como un servicio a las necesidades y preocupaciones de la ciudadanía. Cuarto, del convencimiento de que es posible establecer complicidades entre Ética y política, Ética y empresa, y entre Ética y relaciones humanas. Y quinto, de la constatación de que hay personas que, con su estilo de vida, su dedicación, su entrega en distintos ámbitos y niveles, están ya haciendo posible un mundo distinto y mejor.

En este contexto, el papa Francisco abre el Año Jubilar 2025 con el tema de la esperanza, convencido de que el mundo está necesitado de esta virtud, que es teologal para los creyentes y rasgo antropológico universal para el resto. Él la presenta como ocasión propicia de conversión personal y eclesial, pero ello no es óbice para que a la vez pueda contemplarse también como rasgo de fraternidad universal, como clamor que elevan todos los desesperados y desesperanzados del mundo, como legítima aspiración de todo ser humano de construir un mundo menos agresivo y más habitable. Bellas palabras las que dice este pontífice al respecto, pero que solo se harán realidad si dan frutos tangibles y actúan en sinérgica colaboración con las diversas fuerzas sociales, con todas las personas, sean o no creyentes, de buena voluntad. Y es que la sola razón científica se nos presenta muy limitada e insuficiente para que la esperanza sea realmente operante; nos es necesario además contar con un corazón compasivo y misericordioso.

Pedro Miguel Ansó Esarte

Exprofesor de Humanidades y autor de Por un cristianismo creíble. Reflexiones de un cristiano de a pie.

Fuente Fe Adulta

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“La esperanza no defrauda (Rom 5,5). A propósito del próximo jubileo”, por Consuelo Vélez

viernes, 27 de diciembre de 2024
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IMG_8984De su blog Fe y Vida:

» Hemos de ser testigos de la esperanza para construir un mundo donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos»

«Mirando la realidad de los pobres, el año jubilar nos pide ser signos de esperanza para tantos hermanos y hermanas con rostros tan diferentes de pobreza: las personas privadas de la libertad, los enfermos, los afectados por alguna discapacidad, los jóvenes que tantas veces temen que sus sueños se derrumben; los migrantes, exiliados, desplazados y refugiados tan necesitados de una efectiva solidaridad internacional para seguir adelante con sus vidas»

«En este año jubilar se celebrarán 1700 años del primer Concilio de Nicea y se acaba de realizar el sínodo de la sinodalidad»

Con esta cita bíblica, el papa Francisco convocó el “Jubileo de la esperanza que comenzará el próximo 24 de diciembre y terminará el 6 de enero de 2026. Un año jubilar es un tiempo especial que se vive en la Iglesia, llamando a acoger la misericordia de Dios, es decir, tiempo de perdón y reconciliación, para fortalecer la vida cristiana. Se inspira en la tradición judía del jubileo que se proponía cada 50 años, como una oportunidad de que todo judío que hubiera perdido su tierra pudiera recuperarla. También los esclavos podían recuperar su libertad. De esa manera se garantizaba la oportunidad de tener un nuevo comienzo.

El primer jubileo de la Iglesia católica fue declarado por el Papa Bonifacio VIII el 22 de febrero de 1300 quien propuso celebrarlos cada cien años. Con el paso del tiempo se fue acortando el tiempo entre cada jubileo hasta llegar a realizarlo cada 25 años. En el año 2000, convocado por Juan Pablo II, se celebró el jubileo conmemorando los dos mil años del nacimiento de Jesucristo y ahora Francisco, propone este jubileo continuando la tradición. Cabe anotar que en 2015 había convocado un jubileo “extraordinario” para celebrar el 50 aniversario del fin del Concilio Vaticano II y lo dedicó a la misericordia, tema tan central del evangelio y también de su pontificado.

En tiempos donde parece que la esperanza se pierde y se vive en el inmediatismo, con más señales de pesimismo y decepción que de esperanza en el futuro, la propuesta de este jubileo es la de ser “testigos de la esperanza”, revitalizando así esta virtud teologal -don de Dios, al igual que la fe y el amor- para dar testimonio, como dice la carta de Pablo a los Romanos, de que la esperanza cristiana no defrauda porque se cree en el Dios vivo revelado en Jesucristo que lejos de irse de la historia, está aquí, acompañando nuestro caminar, llenándonos de su gracia para no decaer en la construcción de un mundo más justo y en paz.

La Bula de convocación a este jubileo afirma que la esperanza cristiana no defrauda porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino (Rm 8, 35-39). Por eso, esta esperanza no cede ante las dificultades: se fundamenta en la fe y se nutre en la caridad y de este modo podemos seguir adelante en la vida. Invita a reconocer los signos de esperanza de nuestro mundo hoy, ver todo lo bueno que hay en él para no caer en la tentación de considerarnos superados por el mal y la violencia. Es así como este jubileo nos convoca a reconocer algunos signos de esperanza tales como la paz para nuestro mundo que contrarreste tantas guerras en la actualidad.

Mirando la realidad de los pobres, el año jubilar nos pide ser signos de esperanza para tantos hermanos y hermanas con rostros tan diferentes de pobreza: las personas privadas de la libertad, los enfermos, los afectados por alguna discapacidad, los jóvenes que tantas veces temen que sus sueños se derrumben; los migrantes, exiliados, desplazados y refugiados tan necesitados de una efectiva solidaridad internacional para seguir adelante con sus vidas. En otras palabras, es sembrar la esperanza defendiendo la vida y los derechos de los más débiles. No podemos acostumbrarnos o resignarnos a las situaciones de pobreza. Por el contrario, debemos ser testigos de esperanza para tantos millares de pobres que carecen con frecuencia de lo necesario para vivir.

El papa Francisco haciendo eco a la palabra de los profetas recuerda que los bienes de la tierra no están destinados a unos pocos privilegiados, sino a todos. De ahí que en este año jubilar el papa llama a que el dinero usado para la guerra se emplee para erradicar el hambre en el mundo. De igual manera hace un llamado a las naciones más ricas para que condonen la deuda de los países que nunca podrán pagarla. Además, recuerda que desde los tiempos apostólicos los pastores se han reunido en concilios o sínodos para tratar diversos temas doctrinales y disciplinares. Precisamente en este año jubilar se celebrarán 1700 años del primer Concilio de Nicea y se acaba de realizar el sínodo de la sinodalidad. Por este motivo, Francisco señala que el año jubilar puede ser la oportunidad de concretar una Iglesia sinodal que hoy se advierte como expresión cada vez más necesaria para una evangelización eficaz.

El Papa abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el 24 de diciembre. El siguiente domingo abrirá la Puerta Santa de la Catedral de San Juan de Letrán y el 1 de enero de 2025 abrirá la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor. Por último, el domingo 5 de enero abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo extramuros. Los peregrinos que vayan a Roma durante este año jubilar tendrán la oportunidad de vivir esta gracia ofrecida, cruzando simbólicamente esas Puertas Santas. Para los que no pueden viajar -la mayoría- el 29 de diciembre en todas las catedrales, los obispos diocesanos celebrarán la apertura del año jubilar y los creyentes de cada lugar podrán vivir el jubileo desde sus respectivas catedrales u otros lugares que los obispos designen en sus diócesis. Junto a las visitas a estos lugares designados se espera que los fieles realicen obras de misericordia y de penitencia.

Dispongámonos a vivir este año jubilar, como señaló el papa Francisco, manteniendo la esperanza que no declina porque es la esperanza de Dios. Que recuperemos la confianza necesaria, tanto en la sociedad como en la Iglesia, en los vínculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto a la creación. Hemos de ser testigos de la esperanza para construir un mundo donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos, con la confianza puesta en el Dios que siempre cumple sus promesas.

(Foto tomada de: https://www.diocesisdezamora.es/noticias/ver-jubileo-de-la-esperanza-837)

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“Navidad in itinere” por José Arregi

martes, 24 de diciembre de 2024
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velas660x650-1200x800-e1543178364218De su blog Umbrales de Luz:

Toño Martínez, un amigo poeta que trabaja en Zurich como limpiador, me escribe hoy un mail titulado Navidad in itinere (en camino):

“En mi trabajo de limpieza me suelo desplazar de distintas maneras: coche, andando, tranvía,  tren…. Suelo preferir el transporte público si la prisa no impone su ritmo. Y si el día nos sonríe, a pie se descubren un montón de matices.

¿Y esta Navidad, qué? Desde hace tiempo la mayoría de las luces me sobran y prefiero los matices tintineantes de una vela. El amasijo de luces simulando un gran paquete de regalo en un centro comercial de Zürich NO ES NAVIDAD”.

Toño acompaña sus observaciones citando poemas:

“Es Navidad desde finales de octubre. Las luces se encienden siempre antes, mientras que las personas son cada vez más intermitentes. Yo quiero un diciembre con las luces apagadas y con las personas encendidas” (Charles Bukowski)

“La vida está hecha de días que no significan nada  y de momentos que significan todo” (Cristina Peri Rossi)

Intento fijarme cuando viajo por motivos laborales en otros currantes como yo que van llevando sus esperanzas y cansancios consigo a la carrera. Y recuerdo un poema de P. Aguirre al cruzar nuestras miradas:

“[…] ellos poseerán la tierra
Los fieles, los constantes,
los condenados a lo eterno,
los asombrados de una sola vez,
los que solo confían en el miedo,
los que edifican sobre el desengaño,
los cuidadosos que cosechan pasos,
los fareros de la rutina,
los cómplices tenaces del trabajo,
los que se mueren razonablemente,
esos que en tantas ocasiones
desearían con urgencia
que hubiese un dios al que pedir socorro” (Paca Aguirre)

Toño Martínez
Zurich, 20 de diciembre 2024

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“Hacia una espiritualidad integral. Una urgencia planetaria”, por José Arregi.

viernes, 20 de diciembre de 2024
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IMG_8720Del blog Umbrales de Luz:

Asamblea europea de las Comunidades Cristianas de Base Pesaro (Italia), 20-22 de septiembre de 2024

Saludo y presentación

Amigas, amigos: os saludo cordialmente. ¡Gracias por habernos invitado a Itziar y a mí! ¡Gracias por estar aquí! La vida, su aliento profundo nos reúne en esta bella Pésaro. Aquí, a orillas del Adriático, que forma parte del Mediterráneo, nos sentimos unidas a todos los mares y a todas las tierras. Somos hermanas y hermanos de la comunidad de todos los seres humanos, y de la comunidad de Jesús, el profeta de Nazaret que anunció el Jubileo de la libertad y de la fraternidad-sororidad universal. Su anuncio, su llamada, su presencia nos reúnen.

No sé si exageraré si digo que buena parte de quienes nos reunimos aquí nos sentimos en una delicada encrucijada de nuestra trayectoria vital: la voluntad no ceja, pero las energías menguan; la llama que nos ha animado durante décadas sigue encendida, pero el cansancio se deja sentir y las preguntas aumentan. ¿Nos queda aún suficiente aliento?

En esta encrucijada es donde quiero situar las reflexiones que siguen sobre la espiritualidad integral. Quiero deciros, sencilla y cordialmente, y volver a decirme: Sí, hermanas, hermanos, podemos respirar en paz, sin aferrarnos a ningún logro ni a ningún empeño. También estas comunidades pueden aún hoy respirar e infundir aliento, libres del fruto logrado o del fracaso cosechado en nuestra misión, en nuestros largos años de entrega generosa. No tengo más que agradeceros y felicitaros por lo que habéis sido y hecho, por lo que seguís siendo y haciendo todavía.

Dividiré mis reflexiones en seis puntos. Empezaré señalando la profunda crisis civilizacional que vivimos y la urgencia espiritual que salta a la vista. Tras aclarar en un segundo punto lo que entiendo por “espiritualidad integral”, el tema que me ha sido propuesto, dedicaré los cuatro siguientes puntos a exponer cuatro ideas que considero claves para comprender y vivir dicha espiritualidad integral: en primer lugar, la espiritualidad es fruto y agente a la vez de la transformación integral; en segundo lugar, la transformación política es requisito indispensable para una transformación espiritual; en tercer lugar, la esperanza constitutiva de la espiritualidad no consiste en esperar la realización de la utopía, sino en vivir impulsados por el espíritu de la vida; y en cuarto lugar, la experiencia mística percibe la plenitud utópica como realidad presente.

  1. Crisis civilizacional y urgencia espiritual

No me parece exagerado decir que nunca nuestra especie humana Sapiens ha vivido una época de cambio y de crisis como ésta que nos ha tocado vivir justamente a nosotros, la generación nacida en las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX, la inmensa mayoría de entre nosotras y nosotros. Nunca los cambios y los peligros fueron tan profundos, rápidos y globales; son  cambios que afectan prácticamente a todos los individuos de la especie: ocho mil millones.

Nunca las paradojas fueron tantas y tan radicales. Nunca los seres humanos hemos sido tan dueños y señores de la Tierra, y a la vez tan esclavos los unos de los otros, y de nosotras mismas. Nunca hemos sido tan poderosos, y a la vez tan inseguras y vulnerables. Nunca hemos sido a la vez tan sabios y dementes, tan creadoras y depredadoras, tan innovadores y exterminadores. Nunca hemos dispuesto de tantos remedios para la enfermedad y el hambre, pero nunca hemos dejado morir a tantos millones de personas a consecuencia de la pobreza, la soledad y la angustia. Nunca hemos poseído tanto conocimiento científico y tanta tecnología, pero nunca hemos sido actoras y víctimas de tanto control y de tanta opresión universal, nunca hemos fabricado tantos instrumentos de destrucción de la vida, ni hemos corrido el riesgo de perder el dominio de nuestras propias máquinas inteligentes. Nunca hemos podido acceder a tanta información instantánea y global, pero nunca se han difundido tantos bulos interesados y perniciosos. Nunca hemos tenido a mano tantos medios para mejorar nuestra especie humana hasta límites jamás sospechados, pero nunca hemos estado tan cerca de arruinarla para siempre. Nunca hemos tenido tan al alcance la paz y la justicia para toda la humanidad, pero nunca nos hemos armado tanto todos contra todos, y nunca desde la II Guerra Mundial ha habido tantos países, hasta 92, involucrados en 56 conflictos armados. Nunca tanto como hoy hemos podido ser hermanas y hermanos de todos en una comunidad planetaria de pueblos confederados, pero nunca nos hemos empeñado tanto en una loca competición planetaria de todos contra todos y contra nosotras mismas. Nunca hemos disfrutado de tantos recursos para satisfacer nuestras necesidades, pero nunca hemos generado tantas necesidades frívolas e insaciables, a costa en primer lugar de las más indigentes y a costa, al final, del bienestar universal. Nunca fueron tantas las oportunidades ni tantas y tan graves las amenazas, desde el cambio climático hasta la inteligencia artificial generativa.

Tal es el panorama de nuestro mundo, de esta humanidad nuestra, maravillosa y contradictoria, inacabada como todas las especies vivientes. Somos una especie dotada de asombrosas capacidades, pero aún incapaz de querer gestionarlas sabiamente, incapaz de la verdadera libertad, a saber, de querer el bien ajeno tanto como el propio y de ser feliz haciéndolo. No seremos libres hasta que lleguemos a eso, y me pregunto si hemos avanzado algo y si vamos a avanzar.

He ahí el reto que el Homo Sapiens tiene ante sí como nunca antes desde que surgió en la Tierra hace 300.000 años. En esa crisis radical, en esa encrucijada histórica, debemos escoger entre la vida común y el colapso común. ¿Podremos sobrevivir colectivamente a esta profunda asfixia vital común que nos amenaza? ¿Podremos hacer efectiva la “valiente revolución cultural” que ha reclamado el papa Francisco?

No niego mi zozobra, mi duda de que lo vayamos a hacer. Pero no dudo en decir: “Sí, podemos”. Pero habremos de quererlo verdaderamente e invertir en ello nuestras inmensas capacidades y los enormes recursos económicos que dedicamos a conquistar el espacio y a hacernos la guerra. Tampoco dudo en decir: solo será posible una revolución cultural si emprendemos una profunda transformación espiritual, un camino de espiritualidad personal e institucional, individual y planetaria, “política” en el sentido más pleno. Está en juego nuestra supervivencia personal y universal. Que todas, todos, podamos respirar a fondo en todos los sentidos: he ahí la cuestión. De esa espiritualidad depende el presente y el futuro de esta humanidad, de su civilización.

Al decir espiritualidad no me refiero a creencias, dogmas, ritos e instituciones religiosas que hoy carecen de sentido para una amplia mayoría creciente. Tampoco me refiero a prácticas llamadas “espirituales” en oposición a otras prácticas (mentales o físicas, académicas, profesionales o políticas). Ni me refiero a una supuesta “dimensión interior” de la persona en contraposición a la llamada “dimensión exterior”. También este tipo de contraposiciones han perdido su sentido. La espiritualidad significa más bien ensanchar la conciencia y vivir el amplio respiro universal, personal e institucional. Recordemos la raíz indoeuropea del término espiritualidad: –sp, raíz que comparten otros términos como espíritu, esperanza, espacio… Necesitamos vivir, comprender y expresar la espiritualidad en un paradigma que corresponda a la amplitud sugerida por el mismo término, en un paradigma integral, coherente con la cosmovisión generalizada en nuestra cultura. Necesitamos una espiritualidad integral que puede ofrecer la inspiración y el aliento que necesita el mundo en su encrucijada. ¿Qué significa, pues, “espiritualidad integral”?

  1. ¿Qué se entiende por espiritualidad integral?

Ken Wilber es quien ha hecho un mayor esfuerzo en nuestro tiempo por ofrecer un modelo holístico, un “paradigma holográfico”, una exploración sobre la experiencia humana profunda “en la frontera de todos los saberes”, teniendo en cuenta los “tres ojos del conocimiento”, una “visión integral” que abarca los ámbitos de la ciencia, la psicología, la filosofía, las diversas tradiciones sapienciales, espirituales y/o religiosas. Propone así un marco teórico-práctico que comprende la experiencia espiritual desde un enfoque o visión integral [1].

El autor desarrolla para ello un modelo complejo que denomina “los cuatro cuadrantes” y que subyace a todas sus reflexiones y escritos sobre la espiritualidad. Distingue sin separar cuatro esferas o cuadrantes constitutivas de la espiritualidad:

1) El cuadrante superior izquierdo corresponde al YO INTERIOR INDIVIDUAL (mi mundo subjetivo: ideas, emociones, afectos y desafectos, deseos y rechazos, creencias…);

2) el cuadrante inferior izquierdo representa el NOSOTROS INTERIOR COLECTIVO (el mundo intersubjetivo y cultural: pertenencia social, identidad grupal, símbolos y valores compartidos…);

3) el cuadrante superior derecho representa el ELLO EXTERIOR INDIVIDUAL (el organismo individual objetivo, físico-biológico: átomos, moléculas, células, circuitos neuronales, ADN…);

4) el cuadrante inferior derecho figura el ELLO EXTERIOR COLECTIVO (el entorno físico e institucional, inter-objetivo: tierra, cosmos, leyes, instituciones, organizaciones políticas, económicas…).

Ninguna de estas cuatro esferas o dimensiones está separada de todas las demás, sino constitutivamente ligada a todas ellas. Toda parte está relacionada con todo, todo fenómeno con todos los fenómenos, toda vivencia con todas las vivencias.

Entre todas las ciencias y saberes actuales existe un amplio consenso en este paradigma o marco general de comprensión de la realidad en su conjunto. No solo la física y la biología, sino también la psicología y la sociología, la antropología y la filosofía nos sugieren una cosmovisión, un paradigma holístico, integral, interdimensional e interdisciplinar. Ninguna perspectiva de la realidad es separable de las demás perspectivas. Ningún conocimiento es separable del conjunto de los demás conocimientos. Y son también inseparables el decir, el comprender y el vivir.

Pues bien, este mismo paradigma holístico, integral, se nos impone a la hora de decir, de comprender y de vivir la espiritualidad. La espiritualidad no es una experiencia o una dimensión vital separada o desligable de las múltiples dimensiones interrelacionadas que nos configuran como organismos en general, y como organismos vivientes, sintientes, conscientes en particular. La espiritualidad es la mirada profunda a la que nos abren todas las miradas en su interrelación. Es la experiencia vital profunda, integral, que emerge de todas las experiencias. Por lo tanto, no podemos hablar de la espiritualidad ni comprenderla ni vivirla en el viejo paradigma metafísico, dualista y compartimentado, si queremos que la espiritualidad sea inspiradora para nosotros mismos y para los hombres y las mujeres de hoy, al menos en esta cultura que llamamos occidental. Y me atrevo a decir que este paradigma holístico, especialmente marcado por el desarrollo y la difusión del conocimiento científico interdisciplinar, se acabará imponiendo a nivel planetario a medida que se universaliza el acceso a la universidad. No significa ello que la ciencia empírica, positiva, basada en la medición y el cálculo matemático, agote el conocimiento de la realidad en su misterio profundo. Ciertamente no. Pero parece innegable que la espiritualidad es cada vez más incompatible con creencias en entidades metafísicas (espíritus, dioses…), revelaciones divinas y dogmas infalibles, propios de un paradigma mítico premoderno. La “espiritualidad integral” presupone – y también en ello insiste Ken Wilber – que sea comprendida de manera coherente con la cosmovisión científica interdisciplinar del mundo [2].

En este mismo sentido, no puedo menos de mencionar a Raimon Panikkar, de madre catalana y padre hindú,sacerdote en los márgenes del sistema católico, científico, filósofo, teólogo, maestro espiritual, promotor del diálogo intercultural e interreligioso, místico fronterizo, transfronterizo, que resumió su periplo espiritual en aquella bella, memorable confesión: “Marché [de España a la India] cristiano, me descubrí a mí mismo hindú y volví budista, sin haber dejado de ser cristiano”. En él confluían, reconocía, cuatro grandes ríos: el cristiano, el hindú, el budista y el secular.

En la introducción al segundo volumen de sus Obras Completas, escribe: “¿Qué tipo de espiritualidad es propio de nuestro tiempo? Intentar definir cómo ha de ser la espiritualidad de nuestro tiempo es ya una paradoja: la solución no está en la respuesta, sino ya en la pregunta; es decir, en la misma formulación de la pregunta y en el hecho de sentir la necesidad de esta espiritualidad, aunque no podamos dar la respuesta. Presento, no obstante, un esbozo de respuesta diciendo que la espiritualidad debe ser integral: esto significa que debe involucrar al ser humano en su totalidad. Y entonces hay que preguntarse: ¿Qué es, pues, el ser humano? […]. El ser humano es esta realidad que expresan las cuatro palabras griegas somapsychépoliskosmos” [3]. Es decir: cuerpo, psiquismo, sociedad, mundo o cosmos.

Yo añadiría que no solo el ser humano es cuerpo, psiquismo, sociedad y naturaleza o cosmos. También lo es todo ser viviente, al menos todo viviente animal. También un perro, un pájaro e incluso, en alguna medida, un gusano o una esponja de mar son cuerpo físico, relación social, psiquismo individual y cosmos. Todas somos polvo de antiguas estrellas y todas provenimos de la misma bacteria primera. Todos somos hermanos. En cuanto al límite entre los seres vivientes y los seres que llamamos inertes ¿es acaso tan claro y definitorio como habitualmente pensamos? En cualquier caso, cada organismo viviente vive de las partículas, los átomos y las moléculas que lo nutren, y su autonomía depende del entorno físico y biológico que lo rodea, y de la energía del sol que lo mantiene vivo y que orbita dentro de la Vía Láctea, que junto con todas las galaxias orbita en un universo que no tiene ni comienzo ni fin definibles y se halla en permanente creación, tal vez en eterna creación.

  1. La espiritualidad es fruto y agente de una transformación integral

Al mismo tiempo, sin embargo, cada organismo, por mínimo que sea, actúa a su vez sobre aquello mismo que lo hace ser. El bosque crece gracias a la lluvia, pero a su vez contribuye al surgimiento de las condiciones que provocan la lluvia. Una dosis de serotonina puede mejorar mi estado anímico o mi relación con las personas, pero mis circunstancias físicas y sociales también pueden a veces surtir el mismo efecto sin acudir a la farmacia. Mis ideas y emociones dependen también de mi sistema digestivo, y de la sociedad a la que pertenezco, de la tierra que habito, del sistema político y económico por el que soy regido. Pero también la política, la economía, la naturaleza, la cultura, el bienestar social y mi salud corporal dependen de mis pensamientos y decisiones personales. Todo interactúa con todo, todo está interrelacionado con todo, todo depende de todo en alguna medida. La dependencia es interdependencia. Leer más…

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María de Nazaret”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 7 de diciembre de 2024
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02_Adv_A-02-MariaMaría de Nazaret. Con motivo de la Solemnidad de su Inmaculada Concepción.

El mito es importante: siempre ha servido para contar la realidad. Es la forma que tiene el hombre de contar la realidad y de contarse a sí mismo en la realidad. Es una «razón»; es una «verdad». Pero más allá de las narraciones, lo que queda es el núcleo de la vida.

Y si para los griegos el mito hablaba de dioses superiores y caprichosos (un poco como el hombre y la naturaleza), hablaba del destino inexorable, de la eternidad en movimiento sobre sí misma, de la materia eterna y transformadora, para la tradición judeocristiana el mito habla de la cercanía, la esperanza, la alianza, la apertura de Dios.

Es como si el aburrimiento de los mitos cosmogónicos y antropogónicos fuera sustituido por una tensión llena de energía, de relación viva, de amor.

Sean cuales sean las palabras que queramos utilizar para describir la vida y la experiencia de María (concepción inmaculada, virginidad, anunciación, dormición, realeza, asunción, corredención), un hecho permanece: la de María fue una vida atravesada por una energía viva, a veces enormemente dramática, pero marcada por el amor y la tensión.

De este modo, María de Nazaret se convierte para nosotros en una provocación constante y continua.

La suya es una belleza contagiosa y provocadora.

La necesidad de vivir en gracia de Dios, el deseo de combatir el pecado, nuestro egoísmo, nuestra incapacidad de diálogo, todo esto es María para nosotros: Ella es un estímulo profundo, una provocación constante, continua.

No podemos levantar inútilmente la mirada hacia Ella; ante María no podemos arrodillarnos sin más, como Ella; si nos arrodillamos, es para inclinarnos sobre el estanque de agua y contemplar más de cerca nuestras manchas, nuestros pecados, nuestras faltas, y encontrar en Ella una fuerte provocación, para salir de esta situación de ineptitud, de cansancio, de aburrimiento.

La rutina diaria, la repetición, la rutina es terrible, ¿no? Por eso hay que superarlo constantemente. María se regeneraba continuamente; cada momento era nuevo para ella, nunca repetía nada.

Nunca se puede entrar dos veces en el río. Cuando entro en el río, toco el agua. Cuando entro por segunda vez, es un agua diferente, físicamente es diferente, las moléculas son diferentes. Así también, en gracia de Dios, nunca entramos como en una rutina.

Que María provoque en nosotros este impulso de renovación interior. Que Ella sea también la fuente de nuestras esperanzas.

¿Hay algo más sorprendente, motivador y significativo que el amor, la bondad, que se nos ha regalado a través de la Madre?

Joseba Kamiruaga Mieza CMF (Remitido por el autor)

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“La sacudida del sophar”, por Dolores Aleixandre

viernes, 6 de diciembre de 2024
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OLYMPUS DIGITAL CAMERADe su blog Un grano de Mostaza:

¿Una convocatoria intempestiva e inoportuna?

Lo mismo que los Jericonenses  –  o como quiera que se llamen los habitantes de Jericó – ,  nos hemos construido murallas defensivas a prueba de asaltos. Pero un día,  lo cuenta la Biblia, sonaron las trompas y, cuando el pueblo oyó el sonido de las trompas, lanzó el grito de guerra y las murallas de Jericó se derrumbaron(Jos 6, 20). Qué cosas pasaban entonces.

Parecidísimos a los israelitas asentados en la Tierra,  vivimos vagamente conscientes de que nuestros modos de relacionarnos y de poseer son injustos, pero  no vamos a ponernos a cuestionarlos después de tanto tiempo y además estamos bastante a gusto sin complicarnos  con  inquietudes,   expectativas o esperanzas.  Al fin y al cabo.

–  Lo canta Sabina –, no se vive mal  en la calle Melancolía y para qué empeñarnos en  esperar que tranvía nos lleve a otra parte.          Por eso nos sobresalta la publicación de la bula de convocatoria del  Jubileo 2025, como algo intempestivo e inoportuno:  ¿otro documento largo como suelen ser los vaticanos, con un montón de notas y repitiendo una y otra vez lo de “como ya dijeron mis venerables predecesores…”? Aparte de lo poco estimulante que resulta la palabra bula.

También a Israel le chirriaba el sonido insistente del cuerno de  carnero que,   convertido  en  trompeta,  inauguraba el tiempo jubilar:Haréis resonar la trompeta…, celebraréis jubileo… , proclamaréis la liberación de todos los moradores del país…, cada uno recuperara su propiedad(Lev 25,9-10).

El precepto era más deseo que realidad pero tenía el poder de remover las conciencias:  la mirada de los esclavos se convertía en un reproche,  la opresión aparecía como barbarie, las desigualdades mostraban su rostro horrendo. Aquel sonido estridente los despertaba de su letargo y les devolvía el recuerdo de su verdadera identidad: eran un pueblo liberado de la servidumbre por el Dios que los había sacado de Egipto, había hecho alianza con ellos y los había conducido a una tierra que manaba leche y miel.

Se les ofrecía un nuevo comienzo dejando atrás su vieja condición y reencontrar su identidad verdadera: eran un pueblo elegido, una nación santa, propiedad de Aquel que los había arrancado del poder de las tinieblas y los había llevado a Su luz maravillosa.

La esperanza no defrauda escuchamos nosotros hoy, y esa esperanza nos dispone a lo que está por-venir, al ad-ventus  que, como todo lo de Dios, irrumpe de forma inesperada e imprevisible.

Nos invita a una confianza absoluta en Su presencia en nuestra historia y no es un optimismo fácil que cierra los ojos a la realidad, sino un ancla que sostiene la certidumbre de Su cercanía y de ese Reino proclamado por Jesús que nada ni nadie puede revocar.

Y sus signos se pueden encontrar ya – palabra de Francisco- en los lugares más inesperados de la tierra.

(Galilea 153. Noviembre 2024)

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Adviento (Un soneto para la esperanza)

jueves, 5 de diciembre de 2024
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Del blog de Pedro Miguel Lamet:

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  | Pedro Miguel Lamet


Nací para caminar y esperar

SOY ADVIENTO

¡Cómo me gusta andar por los caminos,
sentir bajo mis pies latir al mundo,
mirar al horizonte en lo profundo
y respirar el aire de los pinos!

¡Cómo me calma de mis desatinos
marchar de paso como un vagabundo,
mientras, sin pensar, los ojos hundo
en reflejos de amores tan divinos!

Pues de pronto comprendo iluminado
que en caminar consiste nuestra vida
hacia la luz del gran descubrimiento,

puesto que andando advierto que he llegado;
y en el buscar presiento la venida.
Nací para esperar, pues soy Adviento.

*

Pedro Miguel Lamet

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Adviento: Tiempo de liberación y esperanza para las mujeres

jueves, 5 de diciembre de 2024
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IMG_8919Del blog Tras las huellas de Sophia:

Adviento: Tiempo de Liberación y Esperanza para las Mujeres

1.⁠ ⁠Introducción: Tiempo de Adviento, Tiempo de Esperanza Feminista

Hoy comenzamos un nuevo año, no solo litúrgico, sino también un tiempo para renovar nuestra lucha por la justicia, la igualdad y la liberación de todas las mujeres. El Adviento, que significa “llegada”, ya no anuncia al emperador victorioso ni a los opresores de los pueblos. En nuestro horizonte de fe feminista, esta es la llegada de la Ruah, la fuerza liberadora de Dios que nos acompaña y nos llama a la acción. Este tiempo nos invita a revisar nuestra vida, nuestra historia y nuestro compromiso por construir un mundo donde la dignidad de todas las personas sea reconocida y respetada.

El Adviento no es solo preparación espiritual; es un llamado urgente a mantener despierta nuestra conciencia, a reconocer las cadenas que nos atan y a soñar con la llegada de la liberación, no como un acto pasivo, sino como una construcción colectiva, tejida en las luchas de cada día.

2.⁠ ⁠Las señales de los tiempos: Escuchar el clamor de la creación y de las mujeres

El evangelio nos habla de un cosmos estremecido, de un mundo que parece derrumbarse. Hoy, esta imagen resuena en las injusticias que vivimos: el grito de las mujeres silenciadas, la violencia que nos acecha, y los sistemas que perpetúan la opresión. Pero estas señales no son motivo de miedo; son un llamado a la acción.

Así como el Adviento nos invita a revisar nuestra historia, nosotras leemos estos signos desde la perspectiva feminista y teológica: ¿qué estructuras debemos derribar para construir “cielos nuevos y tierras nuevas”? ¿Cómo podemos sanar este mundo herido, no desde el poder, sino desde la sororidad, el cuidado mutuo y la justicia?

3.⁠ ⁠La liberación está cerca: Levantemos la cabeza

Levanten la cabeza porque se acerca la hora de su liberación.” Estas palabras resuenan como un grito de esperanza para todas las mujeres que han sido oprimidas, invisibilizadas y relegadas. Este Adviento no es solo la espera de un acontecimiento; es el anuncio de que la liberación es posible y está en camino.

En la perspectiva feminista de la fe, levantar la cabeza es un acto de rebeldía y dignidad. Es reafirmar nuestra lucha diaria, sabiendo que Dios, como Ruah, camina con nosotras. Es reconocer que el mundo puede parecer caótico y lleno de adversidades, pero también está lleno de mujeres valientes que se levantan, que luchan, que transforman. Este Adviento nos dice: “Otra realidad es posible, y tú eres parte de ella.”

4.⁠ ⁠Velen y oren: Actuar desde la fe y la sororidad

El Adviento nos llama a estar alertas, a no adormecernos frente a las injusticias ni caer en la desesperanza. Este tiempo es una invitación a pasar del lamento a la acción. La oración no es pasiva; es un acto de comunión con todas las mujeres que han resistido antes que nosotras, que siguen luchando hoy y que lucharán mañana.

La Navidad nos recuerda que Dios no se quedó en los templos ni en las jerarquías patriarcales; se hizo Emmanuel, Dios-con-nosotras, Dios que habita en la vida cotidiana, en nuestras alegrías y dolores, en nuestras luchas y sueños. Desde esta certeza, asumimos nuestra historia con valentía, sabiendo que no estamos solas.

5.⁠ ⁠Reflexión final: Un Adviento de justicia y esperanza

En un mundo lleno de desigualdades, violencia y polarización, el Adviento feminista nos impulsa a levantar la cabeza y encontrar fuerza en nuestras comunidades. Nos invita a formar parte de esa “gente buena” que organiza, que sueña, que resiste. Pero también nos desafía: ¿cómo puedo colaborar activamente en la construcción de un mundo más justo? ¿Qué pasos concretos voy a dar en este tiempo para tejer redes de solidaridad, justicia y amor?

Adviento es la espera activa de un Dios que se hace presente en cada acto de liberación. Es tiempo de creer que la liberación está cerca porque la construimos juntas. Es tiempo de soñar con una tierra nueva y un cielo nuevo donde todas podamos vivir en libertad y dignidad. Es tiempo de esperanza. ¡Es tiempo de Adviento!

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