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Dios te salve

Domingo, 24 de diciembre de 2023

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La felicidad se basa en la verdad (…). Es imposible fabricar la verdad o someterla a los propios caprichos; se nos da y hay que inclinarse ante ella. El hombre no puede conquistarla; frente a la verdad es sólo un mendigo que debe servirla.

Aunque María ha acogido el anuncio y ha pronunciado su sí, no ha hecho más que entrar en una verdad que se le comunicaba. No fue ella quien la descubre, ni se ha adueñado de la verdad. María entra en algo que le acontece. Con temor y confianza. No habla, escucha. Es toda oídos. Aunque tenga labios y lengua. Dios y el niño que va a llegar determinan totalmente su existencia. La vida es para ella espera y esperanza y ninguna actitud es tan respetuosa del tiempo como esta actitud cíe adviento, todo espera. En toda la narración de la anunciación se presta muy poca atención al corazón de María, a su yo, a su psicología. Aprendemos mucho más de lo que acontece en Dios que en María. Este amor a la verdad hunde sus raíces en una profunda humildad de creatura («Aquí está la esclava del Señor»). María tiene fe. Por eso da crédito ilimitado a lo que viene de Dios: «Hágase en mí según tu palabra».

El único camino hacia la felicidad consiste en ser hombre, mujer de adviento: uno que escucha más que habla, sobre todo uno que es consciente de que «nada es imposible para Dios». Si Dios nos da poco, significa que hemos esperado poco: y, de hecho, es imposible alimentar a alguien que no tenga hambre

*

Godfried Danneels,
Le síagioni della vita,
Brescia 1998, 208-209.211).

***

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

– “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

– “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?”

El ángel le contestó:

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

“Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y la dejó el ángel.

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Lucas 1,26-38

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Alégrate”. 4 Domingo de Adviento – B (Lucas 1,26-38)

Domingo, 24 de diciembre de 2023

12251El relato de la anunciación a María es una invitación a despertar en nosotros algunas actitudes básicas que hemos de cuidar para vivir nuestra fe de manera gozosa y confiada. Basta que recorramos el mensaje que se pone en boca del ángel.

«Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios, y lo primero que hemos de escuchar también nosotros. «Alégrate»: esa es la primera palabra de Dios a toda criatura. En estos tiempos, que a nosotros nos parecen de incertidumbre y oscuridad, llenos de problemas y dificultades, lo primero que se nos pide es no perder la alegría. Sin alegría, la vida se hace más difícil y dura.

«El Señor está contigo». La alegría a que se nos invita no es un optimismo forzado ni un autoengaño fácil. Es la alegría interior que nace en quien se enfrenta a la vida con la convicción de que no está solo. Una alegría que nace de la fe. Dios nos acompaña, nos defiende y busca siempre nuestro bien. Podemos quejarnos de muchas cosas, pero nunca podremos decir que estamos solos, pues no es verdad. Dentro de cada uno, en lo más hondo de nuestro ser, está Dios, nuestro Salvador.

«No tema. Son muchos los miedos que pueden despertarse en nosotros. Miedo al futuro, a la enfermedad, a la muerte. Nos da miedo sufrir, sentirnos solos, no ser amados. Podemos sentir miedo a nuestras contradicciones e incoherencias. El miedo es malo, hace daño. El miedo ahoga la vida, paraliza las fuerzas, nos impide caminar. Lo que necesitamos es confianza, seguridad y luz.

«Has hallado gracia ante Dios». No solo María, también nosotros hemos de escuchar estas palabras, pues todos vivimos y morimos sostenidos por la gracia y el amor de Dios. La vida sigue ahí, con sus dificultades y preocupaciones. La fe en Dios no es una receta para resolver los problemas diarios. Pero todo es diferente cuando vivimos buscando en Dios luz y fuerza para enfrentarnos a ellos.

En estos tiempos no siempre fáciles, ¿no necesitamos despertar en nosotros la confianza en Dios y la alegría de sabernos acogidos por él? ¿Por qué no nos liberamos un poco de miedos y angustias enfrentándonos a la vida desde la fe en un Dios cercano?

José Antonio Pagola

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“Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”. Domingo 24 de diciembre de 2023. Domingo 4º de Adviento.

Domingo, 24 de diciembre de 2023

04advientoB4cerezoLeído en Koinonia:

2Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16: El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.
Salmo responsorial: 88: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Romanos 16,25-27: El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado.
Lucas 1,26-38: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

La lectura del segundo libro de Samuel nos cuenta que, deseando David edificarle una casa Yahvé en Jerusalén, Yahvé dirigió la palabra al profeta Natán, para comunicarle que no sería David quien le edificaría una casa a Yahvé, sino que Yahvé le edificaría una casa a David. En aquellos tiempos «casa» se entendía de varias maneras, como Templo, como morada, o como descendencia. Esta profecía quiere decir es que Dios le dará una descendencia a David, es decir, la permanencia del linaje de David sobre el trono de Israel. Esta es la promesa que hace Yahvé a David y que la tradición posterior interpretará en relación con el Mesías como hijo-descendiente de David. La primitiva Iglesia entendió estas palabras en relación con Jesús como el verdadero Mesías. Mateo y Lucas se esfuerzan en presentar en sus genealogías a Jesús como descendiente de David, y varias veces se le llama Hijo de David. Es claro, Jesús es el Mesías esperado, en él se cumplen las promesas de Dios.

En los versículos que hemos leído del largísimo salmo 88 están dispuestos en la liturgia para mostrarnos la relación de Jesús con Dios. El salmo es un himno al Creador seguido de un oráculo mesiánico. En este oráculo el salmista pone en boca de Dios estas palabras: yo lo nombraré mi primogénito, altísimo entre los reyes de la tierra. Se refiere al Mesías, al salvador esperado, pero que nosotros como cristianos lo leemos claramente referido a Jesús. Él es el Hijo, la primicia por la que todos seremos salvados, el primogénito entre todos los hombres. Por su predicación, por su sencillez y servicio a los más pequeños, por su sí incondicional a Dios hasta la muerte, Dios lo resucitó haciéndolo altísimo entre los reyes de la tierra.

La segunda lectura tomada de la carta de Pablo a los Romanos nos presenta una oración de alabanza a Dios (doxología) con la que concluye toda la carta. La oración está dirigida a Jesucristo, en él cual se revela el misterio que Dios había mantenido oculto por siglos, pero que ahora, gracias a la Escritura y la predicación del mismo Jesucristo fue dado a conocer a todos, pero especialmente a los gentiles para la obediencia de la fe. Finaliza con una bendición tomada de las costumbres judías. Reconocemos que el misterio oculto por los siglos, es Jesús mismo que ahora nos revela el rostro del Padre y que se convierte en salvación para de todos los hombres.

En el evangelio leemos el anuncio del ángel a María del nacimiento de Jesús, que la convierte en la primera discípula y evangelizada: escucha la palabra de Dios, es capaz de reconocer que la acción de Dios pasa por los más pequeños y humildes. María era una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel, que la sorprende pero que sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio. Le dice sí a Dios. A diferencia de Zacarías el signo que pide María no parte de la incredulidad, sino de la necesidad de poner por obra las palabras del ángel.

El evangelista Lucas pone de manera consecutiva el anuncio a Zacarías y el anuncio a María para resaltar que la acción de Dios se manifiesta fuera del Templo, fuera del lugar sagrado, en medio de los pobres y abandonados, como lo es María triplemente excluida por ser mujer, por ser pobre y por ser joven. Y es en ese lugar de marginación y pobreza donde el proyecto de Dios para la humanidad va a fructificar, por medio del sí consciente de María y de todos los que se identifican con ella.

El niño que nacerá de María será el Salvador, el Mesías, un «Hijo de Dios». Dios se hace ser humano en la persona de Jesús para que siendo como él, los seres humanos seamos semejantes a Dios. Pero no lo hace en contra de la voluntad de los hombres. María, con su «sí» al proyecto de Dios, introduce a Jesús en la historia, haciéndose hombre pobre y creyente.

Adviento es tiempo de preparación, de espera de la fiesta de la Natividad, de la manifestación del Mesías. Participar de esta fiesta es asumir la misma dinámica de María que le dice sí a Dios, y la misma actitud de Dios que se hace pobre para nuestra salvación en la persona de Jesús de Nazaret. Leer más…

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Abiertos a las sorprendentes encarnaciones de Dios

Domingo, 24 de diciembre de 2023

IMG_1990La publicación de hoy es del colaborador de Bondings 2.0, M. Hakes (ellos).

Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo de Adviento se pueden encontrar aquí.

Este domingo, nuestro camino de Adviento alcanza su culminación justo al borde de la gozosa celebración de la Navidad. El Adviento, una temporada de anticipación, preparación y espera esperanzada, y la Navidad, una celebración de la Encarnación, cuando Dios asume plenamente nuestra humanidad en el Niño Jesús, ambos parecen tiempos apropiadamente extraños.

El poder transformador del amor, encarnado en la Encarnación, es un faro que nos guía hacia una comprensión de la fe más inclusiva y compasiva. Como escribió sabiamente Santa Catalina de Siena: “Sé quien Dios quiso que fueras y prenderás fuego al mundo”. La alegría de la Navidad no es simplemente una festividad sentimental sino una afirmación radical del amor ilimitado de Dios por todos. También revela el trabajo que debemos hacer para lograr este reino de Dios, paciencia y perseverancia.

Nosotros, los católicos queer y nuestros compañeros, hemos trabajado incansablemente por una Iglesia que realmente dé la bienvenida y abrace a las personas LGBTQ+: una Iglesia firmemente arraigada en el encargo de Jesús de compartir la luz y el amor del Evangelio con todas las personas, especialmente aquellas que están marginadas. En medio de nuestra anticipación, preparación y espera esperanzada, hemos visto un progreso (a menudo lento) hacia una Iglesia que se asemeja más al llamado radical de Cristo al amor y la inclusión.

La segunda lectura litúrgica de hoy de la carta de San Pablo a los Romanos es una doxología final que alaba la sabiduría de Dios y la revelación del misterio escondido durante siglos pero ahora manifestado a través de Jesucristo. Este misterio, que abarca la salvación para todas las naciones, es fuente de alegría y esperanza y este misterio de salvación continúa desarrollándose. Cada tiempo de Adviento reaviva nuestra conciencia de la obra continua de Dios en nuestras vidas y en el mundo. El gozo expresado en la doxología de Pablo se vuelve nuestro, al reconocer que el plan de Dios para la salvación no está limitado por el tiempo, el espacio o la comprensión humana, sino que es una invitación universal extendida a todos.

Qué momento tan profundo de alegría navideña temprana fue leer la noticia de que el Papa Francisco abrió la Iglesia para bendecir a las parejas queer. Esta decisión parece un cambio radical cuando hace sólo dos años la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe proclamó: Dios “no puede bendecir el pecado”. En verdad, nuestro llamado liberador a la inclusión queer encuentra su expresión consumada en la alegría radiante de la Navidad. En las palabras del salmo de este domingo: “Por siempre cantaré la bondad del Señor”.

En el relato evangélico de hoy de la Anunciación, escuchamos el fiat de María, su “sí” a lo que el ángel Gabriel acaba de proclamar. El consentimiento de María ejemplifica la esencia misma del Adviento: anticipando la Encarnación, el Verbo hecho carne, el momento en que el soplo vital de Dios entró en un tabernáculo de carne, sangre y hueso. A través de este acto de inmenso amor, cuando Jesús toma nuestro manto de humanidad, somos sanados, renacidos como Hijos de la Luz.

La apertura de María al plan de Dios y su profunda confianza y entrega nos sirven de modelo mientras continuamos esforzándonos por una Iglesia construida sobre el amor, que acoja a todos. El fiat de María nos desafía a examinar la profundidad de nuestra propia confianza en la providencia de Dios, especialmente cuando nos enfrentamos a lo inesperado y lo desconocido. Como lo revelan constantemente las Escrituras, los planes de Dios a menudo se desarrollan de maneras que quizás no comprendamos de inmediato, o dicho de otra manera, “Dios escribe derecho con líneas torcidas”, palabras que a menudo se atribuyen a Santa Teresa de Ávila.

El Cuarto Domingo de Adviento nos llama al umbral de la Navidad (este año un poco más literalmente), invitándonos a reflexionar sobre los temas entrelazados de la esperanza, la confianza y el cumplimiento de las promesas de Dios. Al encender la cuarta vela de Adviento, llevemos a nuestra vida diaria la anticipación cultivada durante esta temporada. Que nosotros, como María, estemos abiertos a las sorprendentes encarnaciones de Dios. Que nosotros, como David, reconozcamos que los planes de Dios superan los nuestros. Y que nosotros, con Pablo, ofrezcamos nuestra propia doxología, regocijándonos en el misterio del amor redentor de Cristo que trasciende todas las barreras.

A medida que nuestro viaje de Adviento llega a su fin, que nuestros corazones hagan eco de las palabras del salmista: “Florecerá en su tiempo la justicia, y la plenitud de la paz para siempre” (Salmo 72:7).

– M. Hakes, New Ways Ministry , 24 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Tres mensajeros, tres promesas y un misterio. Domingo 4º de Adviento. Ciclo B

Domingo, 24 de diciembre de 2023

fray-angelico-la-anunciacion-museo-nacional-del-pradoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

A las puertas de la Navidad, en las tres lecturas de este domingo podemos ver a tres mensajeros con tres promesas distintas y un misterio de fondo.

Primer mensajero (Natán) y primera promesa (a David)

(2 Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16)

            Al final de numerosas aventuras, David se ha convertido en rey del Norte y del Sur, de Israel y Judá. Ha conquistado una ciudad, Jebús (Jerusalén) que le servirá de capital. Se ha construido un palacio. Y ahí es donde comienzan los problemas. Mientras se aloja cómodamente en sus salas, le avergüenza ver que el arca de Dios, símbolo de la presencia del Señor, está al aire libre, protegida por una simple tienda de campaña. Decide entonces construirle una casa, un templo. El profeta Natán está de acuerdo. Dios, no. Será Él quien le construya a David una casa, una dinastía. A su heredero lo tratará como un padre a su hijo. «Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre».

            En esta antigua promesa se basa la esperanza mesiánica. Vendrán crisis políticas, morirán reyes judíos asesinados, terminará desapareciendo la monarquía cuando los babilonios deporten a los últimos reyes. Pero algunos grupos siempre mantendrán la certeza de que Dios no ha abandonado a David y le suscitará un descendiente, concebido con rasgos cada vez más grandiosos.

Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán:

̶  Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda.

Natán dijo al rey:

̶  Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo.

Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:

̶  Ve y habla a mi siervo David: «Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía? Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa. En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre.

Segundo mensajero (Gabriel) y segunda promesa (a Israel) (Lucas 1,26-38)

El anuncio de Gabriel a María es como un cuadro que solo comprendemos bien cuando lo comparamos con otro situado a su izquierda: el anuncio de Gabriel a Zacarías. Contemplando las diferencias captamos mejor su mensaje.

1) El anuncio a Zacarías tiene lugar en el espacio sagrado del templo, el de María, en un pueblecillo desconocido de Galilea, de doscientos habitantes.

2) Gabriel se aparece a un anciano venerable, casado con una mujer muy piadosa, los dos israelitas modélicos; luego Dios lo envía a una pareja joven, todavía sin casar, de los que no se menciona ninguna virtud.

3) En el primer caso, el protagonista es un varón (Zacarías); en el segundo, una muchacha (María).

4) A Zacarías se le aparece provocándole un miedo sagrado; a María la saluda con palabras tan elogiosas que se siente turbada y sorprendida.

5) En ambos casos se anuncia el nacimiento de un niño, pero con enormes diferencias entre ellos: Juan será un profeta, al estilo de Elías, y su misión consistirá en preparar al pueblo; Jesús será un rey que gobernará en la Casa de David eternamente. A menudo se pasa por alto el fuerte contenido político de las palabras relativas a Jesús: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Si tenemos en cuenta que «Hijo del Altísimo» no significa «Segunda persona de la Santísima Trinidad», sino que es un título del rey de Israel, las palabras de Gabriel repiten insistentemente la idea de la realeza de Jesús. Pero su reino no es universal, se limita a «la casa de Jacob».

6) En ambos casos, el nacimiento parece imposible: Zacarías e Isabel son ancianos; María no ha tenido relaciones con José. [La traducción habitual: “no conozco varón” se presta a malentendido, ya que María conoce a José, es su novio; lo que quiere decir es «no he tenido relaciones sexuales con ningún hombre».]

7) Ante esa dificultad, Zacarías pide una garantía de que eso pueda ocurrir [algo que solo se percibe claramente en el texto griego: kata. ti, gnw,somai tou/toÈ]; María se limita a formular una pregunta: «¿Cómo puedo quedarme embarazada si no he tenido relaciones con un hombre?» [pw/j e;stai tou/to( evpei. a;ndra ouv ginw,skwÈ].

8) En consecuencia, mientras Zacarías queda mudo hasta el día del nacimiento de Juan, María es la que pronuncia la última palabra: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Esta frase sintetiza la actitud de María en toda su vida y, al mismo tiempo, la presenta al cristiano como modelo de disponibilidad absoluta.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

̶  Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

̶  No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

̶  ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

El ángel le contestó:

̶  El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

̶  He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y el ángel se retiró.

Tercer mensajero (Pablo) y tercera promesa (al mundo entero) (Rom 16,25-27)

            Pablo no ha visitado todavía Roma cuando escribe su carta a los romanos. Pero tiene una larga experiencia de apostolado y de reflexión. Sobre todo, ha tenido una experiencia fundamental en el momento de su vocación: el Mesías Jesús no ha sido destinado por Dios solo al pueblo de Israel, sino a todas las naciones.

Hermanos:
Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

El misterio

Desde David hasta Pablo se recorre un largo camino y la perspectiva se abre de modo asombroso: lo que comenzó siendo la promesa a un rey, más tarde a un pueblo, termina siendo la promesa al mundo entero. Como dice la segunda lectura, esta es «la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos».

Tres reacciones a tres mensajeros

            ¿Cómo reaccionan los interesados antes los mensajes que reciben?

            La respuesta de David no la recoge la lectura, pero es una extensa oración dealabanza y acción de gracias por la promesa que Dios le hace (2 Samuel 7,18-29).

           María reacciona con aceptación y fe. No imagina los momentos tan duros que tendrá que aceptar por causa de Jesús («una espada te atravesará el alma») ni la cantidad de fe que necesitaría cuando vea a su hijo criticado y condenado por terrorista y blasfemo.

         La reacción de Pablo, la que desea inculcar a sus lectores romanos, es cantar la sabiduría y la gloria de Dios a través de Jesucristo.

 

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24 Diciembre. Cuarto Domingo de Adviento, ciclo B.

Domingo, 24 de diciembre de 2023

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“-No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”.

(Lc 1, 26-38)

Ahora que la Navidad ya se asoma la liturgia nos regala este texto de la anunciación. Nos colocamos en la intimidad de uno de los momentos más importantes de la vida de María, y también más decisivo.

María, una mujer joven de Nazaret, escucha la voz de Dios en su vida y recibe una misión: ser la Madre de Jesús. Es el encuentro de dos libertades. La libertad de Dios que quiere depender, que elige necesitar de su criatura. Y la libertad de María que se abre a la promesa de Dios sin seguridades.

La escena es bonita, la hemos visto representada de mucha maneras. Hay muchos cuadros, esculturas, películas y representaciones sencillas que recrean aquel idílico momento en el que, digámoslo, todo parece fácil.

El ángel le dice: “concebirás a y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. Suena sencillo, parece que ya está todo pensado y solucionado. Pero cuando María se queda sola, cuando el ángel la deja, empiezan a emerger las dificultades. Un embarazo fuera de la vida de pareja todavía hoy es un problema, pero en el caso de María podía suponer la pena de muerte.

La misión de María fue difícil y arriesgada, llena de libertad y de compromiso. No fue una vida apacible y despreocupada, no hizo lo que quería sino que tuvo que salir al paso de lo que iba llegando.

Ahora que vamos a comenzar el Tiempo de Navidad podemos contemplar la valentía y la fortaleza de María, la mujer valiente de Nazaret.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por regalarnos a María como Madre y como compañera de camino

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La encarnación de Dios es la clave.

Domingo, 24 de diciembre de 2023

annunciation-mary-bible-video-1398414-galleryLc 1,26-38

DOMINGO 4º DE ADVIENTO (B)

Lc 1,26-38

Los textos que vamos a leer estos días están tomados de los “evangelios de la infancia”. Debemos tomar conciencia del sentido no histórico de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerado los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje que habían entendido literalmente.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él quien lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad con sacrificios y oraciones.

Lo que Lucas nos propone es la teología de la encarnación entendida desde el AT. Todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones bíblicas. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lucas toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero, no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos del templo y de la oficialidad.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de los de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia” se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mateo, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lucas; María misma impondrá el nombre a Jesús (Salvado). No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, para un judío, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado hace referencia a una misión. El rey ungido era hijo de Dios. El Espíritu actúa sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. “De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice Juan. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús fue ‘engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí esta la esclava del Señor. Hemos insistido tanto en los privilegios de María que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien, que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado, Dios no tiene momentos.

Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso, el invencible, el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no es fácil de comprender. Una y otra vez, hemos vuelto al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos, pero estará también contra nosotros si fallamos.

Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al contrario, en cualquier acontecimiento, por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera es un ídolo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Hacia Belén va… Caminos hacia Jesús.

Domingo, 24 de diciembre de 2023

IMG_1925Una silla de ruedas, en la que va montada una abuela con un letrero que dice “hacia Belén…” y esta silla de ruedas la empuja una boliviana. Simplemente se trata de trasladar los tiempos y las personas.

La abuela quiere ver al niño Jesús, a María y a José. Y como el camino se hace largo y pesado ha buscado una silla de ruedas. Pero con riesgo de camino, de piedras, de baches, y valladares… se ha apuntado también el marido de la boliviana.

El trayecto se hace largo y se encuentran con dos personas a pie. Es raro el encontrar personas andando. Llevan una alforja, un hatillo de ropa al hombro. Quizás le sirva alguna pieza al Niño.

# Cruza un coche a toda velocidad, pero tiene una avería y tiene que parar; llaman por móvil a un mecánico. Pensaban llegar pronto a Belén, pero necesitan primero arreglar la pieza estropeada.

# Es raro, pero camina un agricultor con su azada al hombro. Y un saco de semillas. Quiere sembrar y camina hacia Belén, porque le han dicho que es tierra de pan.

#Dos personas están paradas al borde del camino quejándose de la sequía tremenda. No hay agua para regar. Van buscando agua y esperan que en alguna cueva de aquellos territorios encuentren un chorrito que sacie su sed.

No lo sabían, pero la abuela va marcando la dirección. Y todos los caminantes se encuentran y dialogan con ella. Les preguntan qué es Belén y qué hay allí. Les cuenta que ha nacido Jesús. Todos se dirigen hacia esa cueva.

Unas personas van en grupo, con ropa pobre… Hablan otro idioma. Vienen de Ucrania y van dando vueltas al mundo. Ya no pueden más. Sueñan con una cueva en la que poder descansar.

Se oyen golpes muy fuertes, disparos, cohetes de guerra… Otros van hacia unos terrenos muy peligrosos. Están en Judea. ¿Llegarán sanos a la Paz?

De todo el mundo caminamos hacia Belén. Hacia la Paz, hacia Jesús que ha nacido. Él trae el gran Mensaje, la Salvación. Por eso merece la pena pasar las dificultades del camino. Encontraremos a Jesús.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo. Hoy.

Domingo, 24 de diciembre de 2023

annonciationDOMINGO 4º ADVIENTO (B)

Lc 1,26-38

El anuncio de las promesas culmina con la anunciación del ángel. Éste, como un evangelizador o un profeta, trae la buena noticia de que la expectativa del pueblo no quedará decepcionada.

El pueblo, las mujeres y hombres sencillos, anónimos, los pobres, los descartados… continúan esperando un Mesías. También hoy. La Iglesia nos muestra la fuerza real del mesianismo. Jesús viene a salvar no sólo las almas sino los cuerpos, no sólo las personas sino las estructuras; sobre todo, porque los dones/carismas que nos ofrece son los que la sociedad y el mundo actual necesitan: la libertad de todas las esclavitudes que parten del pecado, la justicia y la paz. El Salvador “viene” para que el pueblo tome conciencia de que él mismo puede librarse de las cadenas de los poderosos, de las guerras fratricidas, de las desigualdades… y convertir la tierra y la humanidad en la casa donde todos gocen de la fraternidad/sororidad y de la abundancia de bienes.

Lo importante es descubrir y confiar en la fuerza que Dios nos da para afrontar el camino. El Salvador del pueblo es un Mesías terreno porque está ungido del Espíritu de Dios que está en el origen de todo lo creado, y quiere que el ser humano sea unidad de espíritu y materia.

Dios es absolutamente libre en la elección de aquellas personas o comunidades que Él destina para ejercer una misión salvadora. No hay privilegios históricos de ninguna clase. La economía de la salvación no está sujeta a ninguna ley humana.

Como cada día, como cada año, cuando el corazón de la persona se encuentra libre, desapegado de riquezas materiales o espirituales, de dependencias que nos hemos creado nosotros/as mismos/as… se acerca el tiempo del verdadero alumbramiento. María representa ese estado de apertura a lo Divino, recibe la visita del ángel en lo más profundo de su ser, en su interior. Es el ámbito de lo sagrado que irrumpe en la contemplación. Una comprensión lúcida, íntima, que no proviene de la memoria ni de la razón. También para ti. También para nosotros, hoy.

– El ángel, entrando a su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres”.

Cuántas veces hemos imaginado esta escena como un hecho ocurrido en el pasado, ajeno a nuestra realidad actual, en un marco casi irreal, con ángel incluido, voz celestial… pero que no sentimos como propio. Y, sin embargo, es lo que acontece en nuestro interior lo que constituye nuestra verdadera historia, lo que da un significado real a nuestra vida. Los acontecimientos que nos narran los evangelios son el relato de un suceso interior por el que cada persona ha de pasar necesariamente en su camino de salvación. Es encarnación íntima, personal, vivida. En ese sentido, es continuación de aquella experimentada por María.

– Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

– No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

La persona que experimenta esa presencia que en un momento dado, pone patas arriba su misma vida, queda turbada, sobrecogida… y, quizá, tras un período de quietud, de silencio, se da cuenta o descubre algo que no había percibido antes. Eso sobrecoge, ciertamente. Cuando se desvela lo que estaba oculto y comprendes la verdad que se te muestra, aunque sea difícil de descifrar o interpretar, las referencias cambian.

– María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

– El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra… Ahí tienes a tu parienta Isabel que ha concebido un hijo, la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

– María contestó: Hágase en mí según tu palabra.

¿Cómo será eso en este mundo desgarrado de dolor, sufrimiento y opresión? ¿Cómo afrontar el egoísmo, el rencor, propio y ajeno, que generan maldad, ruptura, desencuentro o muerte? ¿Damos cabida al Espíritu, hoy, entre nosotros, en medio de las prisas, el ruido, el consumismo, las luces engañosas…? ¿Cómo aunar embarazo-encarnación y vaciamiento, fertilidad y esterilidad, amanecer y anochecer… todo ello percibido en el hondón de cada persona?

Sin embargo, lo paradójico se va abriendo camino: un largo proceso personal, también comunitario como hermanos y hermanas de un mismo Abbá, donde los “yoes” no tengan el protagonismo que oculten o anestesien la Presencia de lo Divino en mí, en nosotros. No se puede detener el flujo sanguíneo de la nueva vida que se está gestando en cada persona. Es el “hágase”, “que me suceda según dices”. Eso creemos. Lo estamos realizando a pesar de nuestras limitaciones, de nuestras resistencias, de nuestros errores, de nuestras desesperanzas… basta estar vigilantes, atentos/as a no dejar entrar “lo falso”, lo que no nutre el alma y nos enreda en nuestro ego; basta la humilde apertura a la nueva criatura que me habita en mi seno virginal. Todo lleva el sello divino aun en las situaciones más desconcertantes, más dramáticas. Saber confiar en momentos de debilidad, de vacío, porque Él/Ella nos hace fuertes y no nos suelta de su mano.

Fertilidad y esterilidad se abrazan, reciben y dan luz, se quedan “unos meses” en la casa común hasta que el nuevo alumbramiento sea llegado. Es entonces, cuando salta el gozo y la explosión de alegría del alma enamorada que ha recibido la Gracia, manifestado de forma bellísima en el Magníficat de María: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador…” ¿Recuerdas la historia de amor que el Buen Dios tejió contigo desde el principio, todos estos años?

La promesa sigue cumpliéndose en mí, en nosotros/as. Hoy. Como cada día, sea 24 de diciembre o 17 de junio… en la tierra que habitamos, en el presente que  con-vivimos, en el futuro que construimos… ¡Feliz nacimiento!

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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“No temas”.

Domingo, 24 de diciembre de 2023

IMG_1879Domingo IV de Adviento

24 diciembre 2023

Lc 1, 26-38

En un mundo en el que parece que las amenazas se multiplican y el miedo se propaga y amplifica, es bueno volver al silencio de la mente para escuchar en nuestro interior la voz que dice: “No temas”.

En otro tiempo, las personas pensaban que esa voz provenía de un dios separado que, como buen “padre”, cuidaba de nosotros e iba dirigiendo la barca de nuestra existencia. Era una forma de expresarlo. Sin embargo, el cambio cultural y, en particular, la revolución cognitiva que caracteriza a nuestro tiempo, va haciendo caer aquellas imágenes, potentes en otro tiempo, pero disonantes en el nuestro.

La voz que nos invita a no tener miedo -a confiar- no viene de ningún dios ni se dirige a alguna persona «elegida». Es una voz que nos habita y que se halla disponible para nosotros en todo momento. Solo precisamos estar atentos a ella, acallando el ruido mental y permaneciendo en silencio.

No tienes que creer nada, puedes experimentarlo por ti mismo. Si en este mismo momento, tu mente entra en silencio, ¿queda algún miedo? Claro que existen amenazas objetivas de las que necesitamos protegernos. Y el miedo es una alarma valiosa que nos avisa y previene. Pero no estoy hablando de esas amenazas objetivas ni de esos miedos saludables. Me refiero al miedo enfermizo que nos hace vivir asustados y temerosos. Este miedo es creado por la mente, se alimenta a sí mismo y construye escenarios fantasmagóricos que nos terminamos creyendo y que envenenan toda nuestra existencia y nuestras relaciones.

Frente a este tipo de miedos, nuestro maestro o maestra interior nos sigue repitiendo: “No temas”. No temas, porque lo que realmente eres se halla siempre a salvo.


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Textos evangélicos a leer con delicadeza y elegancia espiritual.

Domingo, 24 de diciembre de 2023

anunciacion_ustungDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Nota previa.

   El relato de la Anunciación que acabamos de escuchar es bueno acogerlo desde la fe como un texto poético bien lleno de contenido cristiano.

      Esta narración conviene escucharla con delicadeza y elegancia espiritual.

02.- v 26. Al sexto mes.

        Parece que no se trata -todavía- de la gestación de Jesús, pues lo que hemos escuchado ha sido el anuncio del ángel a María de su maternidad.

        Dios crea al hombre el día sexto. Dios entra en la historia humana en el día sexto.

           Podríamos pensar que la evolución del cosmos toma conciencia (inteligencia) con la creación del ser humano.

          Ahora, en la Encarnación de Jesús, el tiempo llega a su plenitud. Con la Encarnación de Jesús llega la plenitud de los tiempos, de la historia, (S Pablo).

El ángel Gabriel

      Ángel significa en griego: noticia / anuncio.

      Gabriel significa: fuerza de Dios.

      María – e Isabel – tienen noticia de la grandeza y potencia de Dios que entra en la historia.

      Bueno será que caigamos en cuenta de que también hoy Dios entra en nuestra historia, en nuestra vida. También hoy tenemos noticias de Dios, rumores de ángeles…

En Galilea – en Nazaret.

     Dios no entra en la historia humana en la grandeza de Jerusalén, del templo, ni en Judea, la religión más religiosa. Dios se acerca al ser humano en la comarca más pagana y gentil: Galilea: Galilea de los gentiles, que dice S Mateo (Mt 4,15).

     Y entra en la historia en un pueblo “de mala muerte”: Nazaret. ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Jn 1,46).

       Y entra en la historia a través de una humilde chica.

        La misericordia de Dios se hace presente en la debilidad, en los pequeños.

        También hoy Dios se hace presente en los niños hambrientos, en los bombardeados en Gaza, en Ucrania…

03.- v 27. Una joven Virgen

        La virginidad de María significa sobre todo que quien va a nacer es puro don: es gracia de Diosllena eres de gracia.

        El ser humano es poca cosa, más bien vacío; por otra parte las capacidades humanas no pueden abarcar a Dios.

        La Virginidad de María significa renunciar a la acción humana, a las mediaciones para dejar que Dios haga.

        No lo que haga el ser humano, sino su vacío es la única posibilidad de acoger a Dios.

        Solamente el vacío y la “nada” humana pueden concebir y acoger al que es.

        El escultor Oteiza decía de los vacíos de sus piedras en las esculturas de los apóstoles de Aránzazu que esos vacíos solamente los puede llenar Dios.

        Los vacíos humanos solamente los puede llenar Dios.

        La virginidad de María se realiza en el acontecimiento de la fe. María acepta a Dios en su vida. María acoge y concibe en su vida al inconcebible.

        La fe rompe los límites de toda incapacidad humana y se hace capaz de Dios.

        ¿Acojo a Dios en mis vacíos, en mi vida?

04.- 
v 28. Alégrate, el Señor está contigo.

        Porque el ser humano no puede conocer o llegar a Dios, Dios decide ser hombre y compartir el destino de la humanidad

             El Señor está con María, con la humanidad.

            El lejano se hace presente y cercano en Jesús. El eterno se hace tiempo. El Altísimo se abaja. El inmenso se hace pequeño, niño.

05.- v 31. Concebirás

        Concebirás a Aquel que no podía ser pensado, ni visto. Concebirás en tu vida a Dios.

        Esta es la gracia concedida por Dios a la virginidad de María: concebir lo inconcebible.

       ¿Hacemos presente a Dios en nuestras vidas, en “nuestro vacío” y en el medio en que nos toca vivir?

06. – ¿Cómo será esto, pues no conozco a varón?

       Si María conociera a varón, el que naciese no sería hijo de Dios.

      Los hijos son expresión de los padres. En este sentido Jesús no es expresión de José, de la religión judía, de la ley. Jesús es expresión de Dios.

       La Palabra (de Dios) se hizo carne, (Jn 1).

       ¿No sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre? (Jn 5,17).

        También nosotros somos hijos de Dios. ¿Vivo conforme a los criterios, a la Palabra de JesuCristo?

07.- El Espíritu vendrá sobre Ti.

        Dios obra lo imposible comunicándole su aliento vital, su Espíritu.

  • Es el Espíritu que aleteaba en el caos original de la creación.
  • Dios comunica su aliento vital -su espíritu- al barro humano, a Adán,
  • (Gn 2,7).
  • Es el espíritu que estaba en el Sinaí para comunicar la Palabra (decálogo).
  • Es el Espíritu que está sobre los profetas.
  • El espíritu que presidió la vida de Jesús: El espíritu está sobre mí

     El Espíritu de Dios comunica vida: Señor y dador de vida… Vivir conforme al espíritu de Jesús confiere vida

08.- Anunciación en nuestro mundo.

        La Palabra, la luz  y la vida que se anuncian en el Evangelio de hoy, no fueron acogidas; vino a los suyos, pero no la recibieron.

        Tampoco hoy parecen estar presentes ni en nosotros mismos, ni en las metas de nuestra cultura y sociedad, ni en los criterios y medios que empleamos.

La razón, la Palabra, el sentido – sensatez  (el Logos), la vida no están ni en la guerra, ni en el poder, ni en la corrupción, ni en la economía, ni en el superlujo…

        El Espíritu que presida la tierra y la humanidad habrá de ser otro para que brote la vida. El mismo Espíritu que descendió sobre María, habrá de cubrir la faz de la tierra para que brote la vida.

Que se haga también nosotros la voluntad del Señor.

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Adviento, Dios es fiel.

Viernes, 22 de diciembre de 2023

Del blog de Henri Nouwen:

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 “La situación que atraviesa nuestro mundo es alarmante, y mucha gente experimenta grandes angustias. Más que nunca seremos probados en nuestra fe. Espero y rezo para que el Señor intensifique nuestra fe durante estas semanas de Adviento y nos llene de paz y alegría que son de su Reino. La esperanza es más que optimismo, y ruego para que todos seamos capaces de vivir con esperanza en medio de nuestra época… Tenemos una promesa, y sabemos que Dios será fiel a su promesa, aunque nosotros dudemos y tengamos miedo. Como dice Pablo: La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado (Romanos 5,5)”.

*

Henri Nouwen

***

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Problemas de lenguaje

Viernes, 22 de diciembre de 2023

IMG_1969Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar «Rabbí», pues vuestro maestro es uno solo y vosotros todos sois hermanos; y no os llamaréis «padre» unos a otros en la tierra, pues vuestro Padre es uno solo, el del cielo; tampoco dejaréis que os llamen «directores», porque vuestro director es uno solo, el Mesías. El más grande de vosotros será servidor vuestro”.

Un pasaje fenomenal que hubiese sido ideal para acabar el Sínodo.

¿Cómo seguir llamando al papa “sumo Pontífice”, con todos los atuendos, PODER, MONTAJE, títulos, dignidad, ropaje…?

Estamos en la Iglesia con títulos y cargos de cardenales, obispos, canónigos, párrocos. El poder no reside en la comunidad sino que unos pocos administran, deciden y organizan. Monseñor, mi señor…

A mí me han llegado cartas dirigidas al “rvdo, sr. cura párroco” (cuatro albardas para un burro). Y somos los párrocos los que organizamos, decidimos, hacemos la vida de la comunidad sin que los fieles decidan, elijan, organicen o planteen.

El texto citado me invita a contar con los cristianos desde la base. Es deseable que las personas ancianas de los pueblos y de la capital puedan decir sus opiniones y dar un paso para entender una fe adulta.

Entiendo que la inmensa parte (80%) de los fieles son eso, fieles, pero sin tener otra participación en la comunidad salvo cantar, rezar, seguir las posturas y unos pocos, leer, hacer la colecta y echar el óbolo.

Los mensajes nos vienen de los párrocos u obispos.

Sí que existen los consejos pastorales. Y en parroquias mayores, se hace la elección por representantes de los distintos ministerios. Pero ¿y los restantes cristianos?

Yo no veo ningún hecho concreto de sinodalidad. Se repite hasta la infinitud la palabra y la filosofía, pero no veo ningún cambio, ninguna alternativa en el funcionamiento. Veo que los grandes teólogos, que presentan teología de la buena, están lejos de las parroquias… no se les conoce y mucho menos animan a las comunidades cristianas. Seguimos con los rituales de los sacramentos realizados por los técnicos desde Roma. Y a lo sumo vienen nuevos decretos, pero el pueblo seguimos con el catecismo del P. Astete, las novenas el siglo XIX y las celebraciones según el ritual.

A VER SI EL ADVIENTO NOS LLEVA A RENOVARNOS y a descubrir a Jesús en su mensaje y su práctica. Y ensayamos un poco la sinodalidad, que ya se nos va olvidando.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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“Adviento y Navidad sin ocaso”, por Felisa Elizondo

Jueves, 21 de diciembre de 2023

vela-resized-600cuatro-velas-rojas-adviento-numeros_73661-55“Sobre el tiempo que vivimos sigue sombreando la Navidad con su regalo de una Vida”

Adviento y Navidad. Estas dos palabras resultaban inseparables para quienes vivían cristianamente las semanas finales de cada año. Pero están ahora mismo desigualmente presentes: un anuncio que inunda pantallas y escaparates habla con mucha anticipación de la Navidad en forma de “felices fiestas”. Pero nos haría bien recordar que la espera -el adviento- prepara y agranda la acogida, como la víspera anticipa algo del estallido de la fiesta

“El lenguaje de la liturgia, con palabras antiguas y símbolos eficaces, sigue insistiendo en la importancia de un tiempo de espera, de unas semanas que nos van habituando a pensar en algo impensable: el acontecimiento de un Dios que abraza nuestra carne”

Adviento y Navidad. Estas dos palabras resultaban inseparables para quienes vivían cristianamente las semanas finales de cada año. Pero están ahora mismo desigualmente presentes: un anuncio que inunda pantallas y escaparates habla con mucha anticipación de la Navidad en forma de “felices fiestas”. Pero nos haría bien recordar que la espera -el adviento– prepara y agranda la acogida, como la víspera anticipa algo del estallido de la fiesta.

Con todo, el lenguaje de la liturgia, con palabras antiguas y símbolos eficaces, sigue insistiendo en la importancia de un tiempo de espera, de unas semanas que nos van habituando a pensar en algo impensable: el acontecimiento de un Dios que abraza nuestra carne.

En defensa de este espacio que prepara el asombro de la Navidad, leo en un artículo reciente: “Adviento es el tiempo de la espera y de la esperanza. No es el tiempo del futuro, es el tiempo del presente. La humanidad tiene derecho a esperar tiempos mejores y a encontrar el sentido de su camino y de su búsqueda“. El profeta Isaías nos lo dice de manera muy hermosa: “Al final de los días… confluirán hacia Jerusalén de todos los pueblos… Dios nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas…”.

”De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas”. Y el Evangelio insiste en este tiempo: “Estad en vela porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Estad preparados”… Ahora que la humanidad siente también el frío de la insolidaridad, de la pobreza de muchos, del terrorismo cruel y fanático, de la guerra en Ucrania y en Gaza, el Adviento nos invita a creer que habrá primavera” (A. Fernández Barrajón).

Apareció la ternura y el amor de Dios en Jesús” (Tit 3,4)

Una Carta que llega desde los tiempos primeros, resume así el misterio de la Navidad: un gesto de la mayor ternura. Y la Carta a los Gálatas, el texto más cercano al nacimiento de Jesús, menciona explícitamente a su madre: “Dios envió a su propio Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley”. Dejada esta sobriedad, los evangelistas de la infancia se detienen a evocar detalles que documentan que el “Hijo del Altísimo” ha tenido una madre sencilla, como cualquiera de nosotros. Y una tradición bimilenaria ha seguido celebrando ese acontecimiento único que sombrea la historia entera, incluso el hoy olvidadizo y secularizado.

A lo largo de siglos, los cristianos, con ayuda de pormenores que datan incluso de los apócrifos, han recreado una y otra vez la escena del portal/pesebre y han compuesto incontables “villancicos. La historia de representaciones plásticas cuenta ya con un  fresco del siglo III, conservado en las catacumbas romanas de San Sebastián, donde puede advertirse incluso la estrella. Y prosigue hasta los festivales de luces que  proyectan ahora mismo imágenes del Portal en fachadas futuristas. La gruta, con María, José y el Niño en el pesebre (y con el buey y el asno “apócrifos”) ha sido mil veces dibujada o esculpida por manos de autores anónimos y geniales. Otro tanto puede pensarse de la música navideña, popular o culta.

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Algunas glosas de la Navidad

La literatura cristiana recoge testimonios de la celebración de la Navidad desde los siglos primeros. Se pueden encontrar menciones desde san Ireneo de Lyon, tanto en Occidente como en el  Oriente cristiano al que fue extendiéndose la fiesta. Del siglo V nos han llegado sermones de san León Magno, el papa que detuvo nada menos que a Atila a las puertas de Roma, con párrafos como estos: “Exultemos en el Señor, queridos hermanos, y abramos nuestro corazón a la alegría más pura, porque ha llegado el día que para nosotros significa la nueva redención, la antigua preparación, la felicidad eterna. En efecto, al cumplirse el ciclo anual, se renueva para nosotros el elevado misterio de nuestra salvación, que, prometido al principio y acordado al final de los tiempos, está destinado a durar para siempre”.

O este otro: “Hoy el autor del mundo ha nacido del seno de una virgen: aquel que había hecho todas las cosas se ha hecho hijo de una mujer que él mismo había creado. Hoy el Verbo de Dios se ha manifestado revestido de carne y, mientras que antes nunca había sido visible a ojos humanos, ahora incluso se ha hecho visiblemente palpable. Hoy los pastores han escuchado la voz de los ángeles anunciando que había nacido el Salvador en la sustancia de nuestro cuerpo y de nuestra alma” (Sermo 22, In Nativitate Domini, 2, 1; Sermo 26, In Nativitate Domini, 6, 1).

Una antología de decires sobre la Noche reclamaría decenas y decenas de páginas. Grandes nombres han glosado los pasajes bíblicos referidos al misterio de este asombroso comienzo.

La noche de Greccio

Con el pasar de los tiempos, la celebración encontró tonos y modos diversos. En una aldea perdida del Lacio y en 1223, tres años antes de su muerte, el “Poverello de Asís” (el poeta Bobin lo ha apodado con el mayor acierto “el Bajísimo”) quiso recrear al vivo lo sucedido en Belén. Llevado -dicen las fuentes- por su afán de imitar al máximo al Maestro y porque quería que todas las gentes se alegrasen con la memoria de aquella Noche.

En su relato, conocido como la primera vida del santo, Celano anota también con cuidado los motivos de aquel empeño: “La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el santo Evangelio, y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo de su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la Encarnación y la caridad de la Pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa”.

Celano y el propio san Buenaventura se refieren, cada uno con su modo de decir, a aquel “belén viviente” del siglo XIII. Así Celano, el primer biógrafo, anota: “El bienaventurado Francisco celebraba la fiesta de Navidad con mayor reverencia que cualquier otra fiesta del Señor, porque, si bien en las otras solemnidades el Señor ha obrado nuestra salvación, sin embargo, como él decía, comenzamos a ser salvos el día en que nació el Señor. Por eso quería que en ese día todo cristiano se alegrase en el Señor, y que, por amor a Aquel que se nos dio a sí mismo, todo hombre fuese alegremente dadivoso, no sólo con los hombres, sino también con los animales y las aves”.

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El Belen de Greccio según Giotto

San Francisco y el día de Navidad

Y este es su relato de lo sucedido aquella noche: “Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo.

Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor el bienaventurado Francisco le llamó y le dijo: ‘Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre el heno entre el buey y el asno’. En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el santo le había indicado”.

De aquella noche, festejada con teas y cirios aldeanos, se pudo decir que allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora a la humildad”. El santo había cuidado de que participaran todos, los hermanos y los labriegos. Y se dice que la alegría le llevó a intentar “persuadir al emperador a que diese una ley especial para que en la Navidad del Señor los hombres proveyeran abundantemente a las aves, al buey y al asno y a los pobres”.

Este modo franciscano de celebrar el Misterio ha dejado una impronta innegable en la historia de la espiritualidad. El Giotto lo plasmó unos años más tarde en uno de sus famosos frescos.

Tras la espera, habrá Navidad

La memoria creyente sabe que cada tiempo ha aguardado y vivido su Navidad. La devotio moderna continuó extendiendo aquel modo “sensible” de celebrar los misterios de la vida del Jesús. Basta recordar cómo, con un lenguaje bien suyo, san Ignacio de Loyola propone una “contemplación del nacimiento del Salvador en el libro de los Ejercicios Espirituales: El  primer preámbulo es la historia: y será aquí, cómo desde Nazaret salieron Nuestra Señor grávida cuasi de nueve meses, como se puede meditar píamente, asentada en una asna, y Joseph y una ancilla (la ancilla no se menciona en otros casos) llevando un buey para ir a Belén, a pagar el tributo que César echó en todas aquellas tierras. El segundo preámbulo es la composición viendo el lugar; será aquí con la vista imaginativa ver el camino de Nazaret a Bethlém, considerando la longura, la anchura, y si llano o si por valles o cuestas sea el tal camino; asimismo mirando el lugar o espelunca (cueva) del nacimiento, quán grande, quán pequeño, quán baxo, quán alto, y como estaba aparejado”.

También en nuestros días, a la vez tensos, agitados y olvidadizos, esperamos que se cumpla el anuncio del Evangelio de Lucas: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que viene de lo alto para iluminar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1,78). Un pregón no desmentible que, en 2011 y en una homilía de la fiesta, Benedicto XVI comentaba así: “Encontramos la ternura y el amor de Dios que se inclina hasta nuestros límites, hasta nuestras debilidades, hasta nuestros pecados, y se abaja hasta nosotros. San Pablo afirma que Jesucristo «siendo de condición divina (…) se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres” (Flp 2, 6-7).

Y proseguía: “Contemplemos la cueva de Belén: Dios se abaja hasta ser recostado en un pesebre, que ya es preludio del abajamiento en la hora de su pasión. El culmen de la historia de amor entre Dios y la humanidad”. Que es como afirmar que el Amor dura, y que sobre el tiempo que vivimos sigue sombreando la Navidad con su regalo de una Vida que no tiene ocaso.

Felisa Elizondo

Fuente Religión digital

Espiritualidad ,

Una esperanza de victoria

Miércoles, 20 de diciembre de 2023

Del blog de los Amigos de Thomas Merton:

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La certidumbre de la esperanza cristiana está más allá de la pasión y más allá del conocimiento. Por tanto a veces hemos de esperar que nuestra esperanza entre en conflicto con la tiniebla, la desesperación y la ignorancia. Por tanto, también debemos recordar que el optimismo cristiano no es una perpetua sensación de euforia, un consuelo indefectible en cuya presencia no es posible que exista angustia ni tragedia. No hemos de empeñarnos en mantener un clima de optimismo meramente eliminando las realidades trágicas. El optimismo cristiano reside en una esperanza de victoria que trasciende a toda tragedia: una victoria en que pasamos más allá de la tragedia con Cristo crucificado y resucitado.

 Es importante recordar la profunda seriedad, a veces angustiada, del Adviento, cuando las embusteras celebraciones de nuestra cultura mercantil armonizan tan fácilmente con nuestra tendencia a considerar la Navidad, conscientemente o no, como un regreso a nuestra inocencia y a nuestra infancia. El Adviento debería recordarnos que el “Rey que ha de venir” es algo más que un encantador niñito sonriendo (o si se prefiere una espiritualidad dolorosa, llorando) en las pajas. Cierto que no hay nada malo en los tradicionales gozos familiares de la Navidad, ni tenemos que avergonzarnos de seguirlos hallando capaces de aguardarlos sin demasiada ambivalencia. Después de todo, eso, por sí mismo, no es poca fiesta.

 Pero la Iglesia, al prepararnos para el nacimiento de un “gran profeta“, un Salvador y un Rey de Paz, piensa en algo más que en un júbilo estacional. El misterio del Adviento enfoca la luz de la fe sobre el significado mismo de la vida, de la historia, del hombre, del mundo y de nuestro propio ser. En el Adviento celebramos la venida y aun la presencia de Cristo en nuestro mundo…”.

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Thomas Merton,
Tiempos de celebración

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“Todo lo que espero se llama Jesús. La navidad se llama Jesús”, por Santiago Agrelo

Miércoles, 20 de diciembre de 2023

Experts say many factors are likely contributing to migrants' decisions to leave Central American countries. But establishing exactly why more large groups appear to be forming now is more difficult to pinpoint. “El adviento es tarea para soñadores. Sólo para soñadores”;

“Hemos de preguntarnos por nuestro mundo de esperanzas, por nuestros deseos, por los anhelos que se asoman a las palabras de nuestra oración”

“La paz de Dios se llama Jesús; la salvación que se acerca, se llama Jesús; la misericordia y la fidelidad que se encuentran, se llaman Jesús; la lluvia que el cielo nos da, se llama Jesús”

Las palabras del profeta buscan que en el corazón de quien escucha se abra camino la esperanza: “Consolad, consolad a mi pueblo… hablad al corazón de Jerusalén… Alza fuerte la voz, heraldo, álzala, no temas, di: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a la madres»”. 

Ese mensaje, matriz de una esperanza que tiene en Dios su fundamento, el profeta se lo grita a un pueblo que, agobiado por las penalidades, la había perdido, y con la esperanza había perdido también la ilusión por vivir y la fuerza para luchar.

Ese mensaje resuena hoy en nuestras asambleas eucarísticas, y lo escucha un pueblo que, si ha llegado a vivir sin esperanza, no es por penalidades sufridas, que nos hunden en un abismo de sombras, sino por necesidades cubiertas, que dan la sensación engañosa de cubrir también los anhelos de nuestro corazón.

Hemos de preguntarnos por nuestro mundo de esperanzas, por nuestros deseos, por los anhelos que se asoman a las palabras de nuestra oración.

Hoy oramos diciendo:Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. Y escuchamos al salmista mientras proclama lo que dice el Señor: “Dios anuncia la paz… la salvación está ya cerca… la misericordia y la fidelidad se encuentran… el Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto”.

Eso fue lo que proclamó el salmista, y esto es lo que escuchó tu fe: La paz de Dios se llama Jesús; la salvación que se acerca, se llama Jesús; la misericordia y la fidelidad que se encuentran, se llaman Jesús; la lluvia que el cielo nos da, se llama Jesús; el fruto de nuestra tierra se llama Jesús.

Si sueño con la paz, sueño con Jesús; si busco salvación, busco a Jesús; si tengo necesidad de misericordia y fidelidad, tengo necesidad de Jesús.

Todo lo que espero se llama Jesús. La navidad se llama Jesús.

Pero en esta hora del mundo, la salvación, la misericordia y la fidelidad, la justicia y la paz, se ofrecen a un pueblo satisfecho, distraído, aburrido, que parece inmunizado para la esperanza, vacunado contra el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, un pueblo para el que Cristo Jesús representa sólo un mito desechable, un pueblo incapacitado para vivir la navidad.

Donde no hay deseo de un mundo nuevo, nada significará el nombre de Jesús.

De ahí que sólo a los soñadores, hombres y mujeres de fe despierta, se les dice: “Ponte en pie, sube a la altura, contempla el gozo que Dios te envía”. Pues sólo ellos se levantarán, resucitarán, se pondrán en camino para subir a la altura, para ir al encuentro de Cristo Jesús, y experimentar, comulgando con él, el gozo que Dios les envía: la misericordia y la salvación, la justicia y la paz que les vienen de Dios.

A los soñadores se les pide:Preparadle un camino al Señor… allanad una calzada para nuestro Dios”, de modo que también los satisfechos, los distraídos, los aburridos, puedan conocer la salvación que para todos va a nacer.

A los soñadores se les pide que trabajen para hacer imposible un futuro sin esperanza, un futuro sin Cristo Jesús, sin navidad, sin evangelio para los pobres. Ellos irán delante del Señor a prepararle el camino.

El adviento es tarea para soñadores. Sólo para soñadores.

Fuente Religión Digital

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“Adviento, tiempo de cuidados”, por Miguel Ángel Mesa.

Martes, 19 de diciembre de 2023

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De su blog Otro mundo es posible:

12.12.2023

«Yo nunca habría tenido éxito en la vida si no me hubiera dedicado a las cosas más pequeñas con la misma atención y cuidado que le dediqué a las más grandes» (Charles Dickens)

En este mundo que vivimos tenemos la sensación de que cada persona va a lo suyo, que solo se preocupa de sí misma, que lo que le pase a los demás o a su entorno no es de su incumbencia: «bastante tengo yo con preocuparme de mí mismo, como para interesarme por el vecino, de lo que le pase a los pobres o a la naturaleza».

Aunque este sea un hecho real y significativo, no todos los hombres y mujeres (ni mucho menos) somos individualistas y egoístas, sino que sentimos que el interés, la responsabilidad y el cuidado por el otro, es algo consustancial a nuestro propio ser, que no podemos llegar a ser personas maduras si no cuidamos de los demás (en especial, de los más desfavorecidos), del entorno en que nos movemos, de los animales, las plantas, los mares y las montañas que forman y conforman nuestra casa, la naturaleza, la Tierra de la que formamos parte.

Este sentimiento lo experimentamos en nuestro interior, como un gen espiritual que nos configura y da consistencia. Proviene del buen Dios Creador, de la Fuente vital, de la Ruah que nos cuida, sostiene y fortalece cada día de nuestra vida.

Padre nuestro del cuidado

Padre, Madre buena que estás entre nosotros. Sentimos tu presencia cuando nos cuidas por medio de nuestros hermanos y hermanas.

Padre, Madre misericordiosa, nos invitas a ser cuidadosos con los que más sufren. Así damos testimonio de tu infinito amor por todas tus criaturas.

Deseamos que te hagas presente en nuestro mundo, por medio de personas que se comprometan a vivir el mensaje de fraternidad, dignidad y justicia hacia todo ser humano, y hacia toda tu creación. Queremos dar nosotros el primer paso para ser así.

Cumplir tu voluntad de felicidad para todos los seres es nuestra misión en la vida.Desvivirnos por los demás. Dar gratis lo que gratis recibimos. Cuidar como tú nos cuidas: acariciando al triste, levantando al caído, curando al apaleado, luchando por los más débiles, sembrando la paz de la verdad. Viviendo con cuidado, sencillamente.

Estamos hambrientos de pan y de ternura. De justicia y de belleza. De conocimiento y de silencio. De contemplación y de lucha. De felicidad y de compromiso. De compartir y de belleza. De serenidad y de esperanza. De lágrimas y de regocijo.

No seremos plenamente felices hasta que no lo sea el resto de la humanidad,hasta que no se alcance la dignidad de todos los seres humanos, hasta que no tratemos con delicadeza a nuestra madre, la Tierra. Seremos perdonados cuando nuestra vida sea un testimonio de fraternidad hacia todo lo creado.

No permitas que nos acomodemos, que nos enfriemos, que nos recostemos en la hamaca del olvido. Que no apaguemos nunca la llama que arde en nuestro interior, la chispa que brotó de tu fuego, la ardiente necesidad de compartir tu amoroso cuidado para con todos los demás seres vivos.

Así sea, que se cumpla en nuestras vidas. Te lo pedimos a ti, buen Dios nuestro, que nos cuidas con tanto cariño.

«Felices quienes viven cuidando; quienes se dejan cuidar confiadamente entre las manos amorosas de nuestro buen Padre y Madre Dios».

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“Actualizarnos en Adviento”, por Gabriel María Otalora

Martes, 19 de diciembre de 2023

advientoDe su blog Punto de Encuentro:

El adviento es un tiempo de espera, una época similar a la naturaleza que abriga en su seno un nuevo nacimiento de las fuerzas que, una vez pasado el invierno, vuelven a resurgir en su seno. Tiempo este para adentrarse en uno mismo y encontrar la fortaleza de nuestra luz interior, la chispa espiritual que cada ser humano alberga dentro de sí, hasta llegar al nacimiento de Jesús que busca el encuentro con la luz que atesora cada ser humano.

La naturaleza en sus estaciones tiene forma de espiral, igual que el Adviento. Esperamos el nuevo nacimiento en forma de espiral interior de camino hacia ese nacimiento. La leyenda de los cuatro ángeles  que bajan a la tierra nos cuenta a través de imágenes la manera de preparar nuestro interior para recibir debidamente la Navidad. De ahí las cuatro velas (Azul, Rojo, Blanco y Lila) con un pequeño cirio en el centro que representa la llegada de la luz de la Navidad a nosotros para compartirla y repartirse con los demás; que por algo es Buena Noticia.

Esta manera ver el Adviento, semana a semana hasta llegar la Luz del Niño Dios, propone la conversión activa interior ¡y comunitaria! hacia la luz para una Navidad renovada en nuestras actitudes con los demás.

Contaba el jesuita Víctor Codina del Cónclave de marzo de 2013, en el que Jorge Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco, que este tuvo una intervención muy significativa: al comentar el texto del Apocalipsis 3,20 con el Señor que está a la puerta y llama, Bergoglio comentó del texto que se refiere a la llamada de Jesús desde fuera para entrar. Pero añadió que él pensaba en las veces que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir y recuperar la frescura del Evangelio…

¿Qué significan estas semanas en nuestra vida cristiana? Encuentro, Escucha, Discernimiento, Conversión. Tiempo de preparación para una Iglesia en salida iluminados por la sinodalidad como la actitud poara recorrer el camino sin perder de vista lo que significa el nacimiento de Cristo como la referencia fundamental.

Lo cierto es que el Adviento nos parece un tiempo litúrgico débil. La realidad es que estamos en un “tiempo fuerte” que interpela nuestro caminar como lo que somos: lámpara llena de talentos para alumbrar toda la casa. Tiempo a la escucha atenta de la Palabra de Dios, siguiendo el camino de esperanza del profeta Isaías. Una escucha que pide espacios de silencio en medio de la propaganda materialista que nos abruma. Tiempo de pedir perdón para allanar los caminos del Señor que se acerca… y de practicar la verdadera caridad con actitud compasiva y generosa, más allá del dinero: comprensión, escucha, apoyo, cercanía… amor.

En la vida cotidiana es donde nos jugamos nuestra autenticidad cristiana. Aquí nos interpela este tiempo de Adviento, desde la esperanza de sabernos partícipes de la Buena Noticia, y que Francisco quiere unirla al proceso sinodal de caminar juntos, a la escucha, para ser verdaderos testigos suyos entre nosotros y para los demás.

Iglesia sinónimo de Pueblo de Dios, sin que la institución siga siendo más importante que el Mensaje, tantas veces.

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Alégrate: es realista, radical y revolucionario.

Lunes, 18 de diciembre de 2023

IMG_1873La reflexión de hoy es de Michaelangelo Allocca, colaborador de Bondings 2.0. Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo de Adviento se pueden encontrar aquí.

¡ALEGRARSE! … ¿En realidad? Afuera está oscuro y húmedo, y la luz del día sigue disminuyendo. Y no importa eso: actualice la página de cualquier fuente de noticias que tenga a mano y vea una lista de titulares que podrían hacer que cualquiera quiera volver a esconderse bajo las sábanas, en lugar de salir y enfrentar lo que parece ser algo así. hora por día de luz natural. Es fácil ser cínico y preguntar: “Con todas las malas noticias, ¿cómo podemos regocijarnos?”

Para los lectores habituales de este blog, las “malas noticias” pueden incluir la decepción por la invisibilidad de la comunidad LGBTQ+ y nuestras preocupaciones en el informe elaborado después de la asamblea del Sínodo de este otoño en Roma (particularmente después de toda la preparación: al menos una persona preguntó (me preguntó si el Sínodo iba a ser “sobre la igualdad de los homosexuales y las mujeres en la Iglesia”, reflejando cómo los medios populares habían transmitido la prevalencia de estos temas en las sesiones de escucha previas al Sínodo).

Ahora que he sacado el Eeyore (búsquenlo, niños) de mi sistema… ¡Alégrate! Sí, en serio. El tercer domingo de Adviento se conoce como “Domingo Gaudete”, cuyo nombre es el imperativo plural latino que simplemente significa “¡Alégrate!” Esa es la primera palabra de la segunda lectura de hoy, donde Pablo les dice a los tesalonicenses (y a nosotros) “Estad siempre gozosos. Orar sin cesar.” La misma palabra aparece de alguna forma un total de siete veces en las lecturas litúrgicas de hoy, y la tradición de la Iglesia usa el simbolismo de este tercer domingo de Adviento para decir: “¡Aguanta, ya casi llegamos, y eso es motivo para celebrar!”

Las lecturas de este domingo nos recuerdan que la exhortación bíblica a regocijarnos nunca es una sugerencia para permitirnos una pretensión tonta, ingenua y poliyana, cerrando los ojos y negando que haya algo malo en el mundo. Es, más bien, tremendamente realista, radical e incluso revolucionario: nos dice que reconozcamos la oscuridad y las dificultades, pero que estemos gozosos a pesar de ellas, cimentados en la fe y la esperanza de que nuestro Dios siempre está obrando (y invitándonos a ayudar en ello). este trabajo) para superar y eliminar estas sombrías realidades.

Nuestra primera lectura es la que Jesús mismo (ver Lucas 4:18-19) proclamó y expuso en la sinagoga de Nazaret, diciendo a sus oyentes que “hoy se cumple este pasaje de la Escritura que habéis oído”. El “alegre” viene en la segunda parte, cuando Isaías dice que lo hará porque Dios “me ha vestido un traje de gala  y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas”. Después de hacer una pausa para saborear el hermoso equilibrio de género de las imágenes, debemos señalar que este regocijo sigue al profeta diciendo que ha sido ungido y enviado para “dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad. No se puede negar que hay pobres, con el corazón quebrantado, cautivos y prisioneros: hay regocijo por haber sido el vehículo para hacer justicia a todos ellos.

De manera similar, la oración responsorial de hoy es un evangelio, no un salmo. Es el Magnificat de Lucas 1, donde María proclama “Mi alma se regocija en Dios mi salvador” como estribillo. Entre las iteraciones de este grito, nuevamente está el reconocimiento realista del quebrantamiento y el desequilibrio, y el grito desafiante de gozosa esperanza de que la intención de Dios es corregir estos errores. Si no hubiera poderosos en sus tronos, si no hubiera gente rica, María no podría celebrar que Dios los derribó y los envió vacíos. Si no hubiera hambre, ella no podría celebrar que Dios los llenara de cosas buenas.

Y finalmente, el pasaje del Evangelio del primer capítulo de Juan (irónicamente, el único de las lecturas de hoy que no contiene “gozo” o “alegre”) armoniza maravillosamente con los demás de dos maneras. Primero, llama a Jesús la luz que viene a las tinieblas del mundo. En segundo lugar, el Bautista insiste en identificarse con la profecía de Isaías, como la voz que clama para enderezar el camino del Señor. La predicación de Juan es clara en el sentido de que “enderezar” era exactamente la aflicción de los cómodos y el consuelo de los afligidos que hace que otros profetas se regocijen. Como nos recordó el fallecido erudito y activista sudafricano Albert Nolan, OP, Jesús se alineó con Juan desde el principio, mostrando que sus prioridades estaban tan radicalmente dedicadas a derribar las estructuras de opresión como las de su primo Juan.

Todos estos mensajes deberían recordarnos que sí, nuestra comunidad LGBTQ+ puede que todavía sea pobre, con el corazón roto, cautiva y hambrienta, pero debemos recordar lo sorprendente que es que nuestras preocupaciones fueran, de hecho, discutidas abiertamente durante el Sínodo (en serio: bajo ningún otro pontífice en mi vida habría siquiera soñado que esto podría suceder). Aunque distorsionada y demasiado simplificada, la cobertura de los medios populares dio la impresión de que el Sínodo sería “sobre los derechos de las mujeres y LGBTQ+” precisamente porque estos se mencionaron constantemente como preocupaciones de quienes participaron en las sesiones preparatorias, y esto no fue cerrado ni eliminado de los resúmenes. .

Aún más, considere lo sorprendente que durante el mes de la asamblea del Sínodo, el Papa Francisco dio la bienvenida y honró a los líderes del New Ways Ministry en el Vaticano, así como a otros defensores de los católicos LGBTQ+, incluida la Red Global de Católicos Arcoíris y el p. James Martín, SJ.

Puede que aún no esté completamente aquí, pero la luz ciertamente está llegando para disipar la oscuridad.

—Michaelangelo Allocca, New Ways Ministry, 17 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Soy la voz del que grita en el desierto

Domingo, 17 de diciembre de 2023

Del blog Pays de Zabulon:

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Éste fue el testimonio de Juan,
cuando los judíos enviaron desde Jerusalén
sacerdotes y levitas a Juan,
a que le preguntaran:

– «¿Tú quién eres?»

Él confesó sin reservas:

– «Yo no soy el Mesías.»

Le preguntaron:

«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»

El dijo:

– «No lo soy.»

– «¿Eres tú el Profeta?»

Respondió:

«No.»

Y le dijeron:

«¿Quién eres?
Para que podamos dar una respuesta
a los que nos han enviado,
¿qué dices de ti mismo?»

Él contestó:

«Yo soy la voz que grita en el desierto:
“Allanad el camino del Señor”,
como dijo el profeta Isaías.»

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Juan 1, 19-23

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Atribuyamos enseguida importancia a esta venida de Cristo al mundo; se trata de un hecho trascendental, colocado como clave normativa e interpretativa de todo el mundo religioso que de ahí se sigue.

La vocación cristiana es una vocación al gozo esencial para quien lo acepta. El cristianismo es fortuna, es plenitud, es felicidad. Podemos decir más: es una felicidad que no se contradice; el cristiano ha sido elegido para una felicidad que no tiene otra fuente más auténtica. El evangelio es una «buena nueva», es un reino en el que no puede faltar la alegría. Un cristiano irremediablemente triste no es auténticamente cristiano. Hemos sido llamados a vivir y a dar testimonio de este clima de vida nueva, alimentado por un gozo trascendente, que el dolor y los sufrimientos de todo orden de nuestra presente existencia no pueden sofocar y sí provocar a una expresión simultánea y victoriosa.

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Pablo VI,
Discurso a la audiencia general del 4 de enero de 1978.

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