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De verdad.

Martes, 5 de enero de 2021

CKLU35BRMZ6OH2A3ODPX7PWPJIEstos días suena, de todas las formas posibles “feliz navidad”, “feliz año nuevo”. Perdonad, pero encuentro que decir estas frases es muy sencillo, pero suenan a hueco. Mi pregunta es ¿qué voy a hacer yo para que la vida le sea más feliz a los demás, a quienes se lo deseo, a mí mismo?

Yo diría más bien “que hagas feliz a tal persona.” Me ha gustado la postura del obispo Cañizares. En otras ocasiones me ha disgustado verle con sus ropajes y su capa de cola larga como cardenal. Hoy me alegro y le felicito: porque en su felicitación a los feligreses anuncia que va a dedicar parte de los bienes del patrimonio de su diócesis a los pobres. Obras son amores. Y además invita a los religiosos y religiosas a hacer lo mismo.

Ya es hora de pasar de las palabras a los hechos. Si deseo la paz, la felicidad a otras personas, ¿qué menos puedo hacer que colaborar a ella?

En principio felicitar a una persona es invitarle a reconocer que ya es feliz y por lo tanto a vivirlo. En el fondo, nos ocurre igual que en nuestro saludo litúrgico el Señor esté con vosotros” ¿Cuándo vamos a cambiar y reconocer que ya está?

Me suena hueco muchas veces el hablar de la navidad y los pobres. Podemos contentarnos con expresiones huecas. Una invitación al realismo… Me resuena aquella norma de “pagar diezmos y primicias”. Ante la Covid y las consecuencias tremendas que va a traer a los pobres, bueno será si retomamos esa vieja y sabia costumbre de entregar los diezmos a obras de justicia y caridad.

Partiendo de la clase media, creo que ese mensaje ya lo cumplimos en la realidad o lo podemos cumplir sin gran extorsión. Puede ser el diezmo de nuestro sueldo, de nuestras posesiones, de nuestros ingresos. Y fenomenal si esos ingresos ayudan a crear fuentes de trabajo.

Me encantaría que en lo sucesivo, la iglesia y los cristianos, cuando hablemos de los pobres sea siempre con hechos reales, no solamente con palabras.

Y por supuesto, podemos empezar por quitar aquello que es una muestra de poderío y que no sirve sino para otorgar honores a las personas: mitras, báculos, traje de cardenal capas elegantes, palios… Tenemos ahí un manantial enorme del que sacar fondos para resolver la miseria de los descartados.

Si nos convencemos y empezamos a realizar alguna de estas acciones, vamos a ser felices nosotros mismos con la bienaventuranza que nos anuncia Jesús: “cuánto más felices seríamos si nos contentáramos con poco”.

Comparto mi alegría, que siento estos días, porque alguno de mis “antiguos hijos que vivieron unas temporadas conmigo”, me felicitan y se acuerdan de llamarme y ofrecerme su ayuda.

Que hagamos feliz a alguien.

 

Gerardo Villar

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La Navidad de Jesús y nuestra Navidad bajo la COVID-19.

Lunes, 4 de enero de 2021

navidad-maximino-cerezoLa Navidad del año 2020 tal vez sea la más parecida al verdadero nacimiento de Jesús bajo el emperador romano César Augusto.

Este emperador había mandado hacer un censo de todo el imperio. La intención no era sólo, como entre nosotros, contabilizar cuantos habitantes había. Era esto, pero con el propósito de cobrar un impuesto a cada habitante, que sumado al de todas las provincias se destinaba a mantener encendida la pira de fuego permanentemente y a sustentar los sacrificios de animales al emperador, que se presentaba y así era venerado, como dios. Tal imposición a todos los habitantes del imperio provocó revueltas entre los judíos.

Este hecho fue usado más tarde por los fariseos para tender una trampa Jesús: ¿debía pagar o no el impuesto al César? No se trataba del impuesto común, sino de aquel que cada persona del imperio debía pagar para alimentar los sacrificios al emperador-dios.

Para los judíos esto significaba un escándalo pues adoraban a un único Dios, Yavé; ¿cómo iban a poder pagar un impuesto para venerar a un falso dios, el emperador de Roma? Jesús se dio cuenta de la celada. Si aceptaba pagar el impuesto sería cómplice de adoración a un dios humano y falso, el emperador. Si se negaba, se indispondría con las autoridades imperiales al negarse a pagar el tributo en homenaje al emperador-dios.

Jesús dio una respuesta sabia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. En otras palabras, dad al César –un hombre mortal y un falso dios– lo que es de César: el impuesto para los sacrificios; y a Dios –el único verdadero– lo que es de Dios: la adoración. No se trata de la separación entre la Iglesia y el Estado, como comúnmente se interpreta. La cuestión es otra: ¿cuál es el Dios verdadero? Denle a él lo que le corresponde, la adoración. Y al Cesar, el falso dios, lo que es del César: la moneda del impuesto. No mezclen a dios con Dios.

Pero volvamos al tema: La Navidad de 2020 se asemeja a la navidad de Jesús, como nunca antes en la historia. La familia de José y María encinta, es hija de la pobreza como la mayoría de nuestro pueblo. Las hospederías estaban llenas, como aquí los hospitales están llenos de gente contaminada por el virus. Como pobres, José y María tal vez no eran capaces de pagar los gastos, así como entre nosotros quien no es atendido por el SUS (Sistema Único de Saúde) no tiene cómo pagar los costes de un hospital particular. María estaba a punto de dar a luz. A la pareja no le quedó otra solución que refugiarse en un establo de animales, como hacen hoy tantos pobres que no tienen dónde dormir y se acuestan bajo las marquesinas o en un rincón de cualquier ciudad. Jesús nació fuera de la comunidad humana, entre animales, como tantos de nuestros hermanos y hermanas menores nacen en las periferias de las ciudades, fuera de los hospitales, en sus pobres casas.

Después de su nacimiento, el Niño fue amenazado muy pronto de muerte. Un genocida, el rey Herodes, mandó matar a todos los niños menores de dos años. ¿Cuántos niños en nuestro contexto son muertos por los nuevos Herodes vestidos de policías que matan a niños sentados a la puerta de sus casas? El llanto de las madres es el eco del llanto de Raquel en uno de los textos más conmovedores de todas las Escrituras: “En la Baixada (en Ramá) se oyó una voz, mucho llanto y muchos gemidos: es la madre llora a sus hijos muertos y no quiere ser consolada porque los perdió para siempre” (cf.Mt 2,18).

Por temor a ser descubierto y muerto, José tomó a María y al niño, atravesaron el desierto y se refugiaron en Egipto. Cuántos hoy, bajo amenaza de muerte por las guerras y por el hambre, tratan de entrar en Europa y en Estados Unidos. Muchos mueren ahogados, la mayoría es rechazada, como en la catoliquísima Polonia, y son discriminados; se llega a arrancar a los niños de sus padres, y se los encierra en jaulas, como pequeños animales. ¿Quién les enjugará las lágrimas? ¿Quién les quitará la saudade de sus padres queridos? Nuestra cultura se muestra cruel con los inocentes y con los inmigrantes forzados.

Después que murió el genocida Herodes, José tomó a María y al Niño y fueron a esconderse en un pueblecito, Nazaret, tan insignificante que ni siquiera consta en la Biblia. Allí el Niño “crecía y se fortalecía lleno de sabiduría” (Lc 2,40). Aprendió la profesión del padre, José, un fac-totum constructor de tejados y cosas de la casa, un carpintero. Era también un campesino que trabajaba el campo y aprendía a observar la naturaleza. Allí estuvo escondido hasta cumplir treinta años, cuando sintió el impulso de salir de casa y empezar la predicación de una revolución absoluta: “El tiempo de espera acabó. El gran cambio (Reino) está llegando. Cambien de vida y crean en la buena noticia” (cf.Mc 1,14): una transformación total de todas las relaciones entre los humanos y con la propia naturaleza.

Conocemos su fin trágico. Pasó por el mundo haciendo el bien (Mc 7,37; Hechos 10,39), curando a unos, devolviendo la vista a los ciegos, dando de comer a las multitudes y compadeciéndose siempre del pueblo pobre y sin rumbo en la vida. Los religiosos, confabulados con los políticos, lo prendieron, lo torturaron y lo asesinaron, crucificándolo.

Salgamos de estas “densas sombras” como dice el Papa Francisco en la Fratelli tutti. Volvamos la mirada clara al nacimiento de Jesús. Él nos muestra la forma como Dios quiso entrar en nuestra historia: anónimo y escondido. La presencia de Jesús no apareció en la crónica de Jerusalén ni mucho menos en la de Roma. Debemos aceptar esta forma escogida por Dios. Se realizó la lógica inversa a la nuestra: “todo niño quiere ser hombre; todo hombre quiere ser grande; todo grande quiere ser rey. Solo Dios quiso ser niño”. Y así sucedió.

Aquí resuenan los bellos versos del poeta portugués Fernando Pessoa:

Él es el Eterno Niño, el Dios que faltaba.
Él es tan humano que es natural,
Él es lo divino que ríe y juega.
Es un niño tan humano que es divino

Tales pensamientos traen a mi memoria a una persona de excepcional calidad espiritual. Fue ateo, marxista, de la Legión Extranjera. De repente sintió una conmoción profunda y se convirtió. Escogió el camino de Jesús, en medio de los pobres. Se hizo Hermanito de Jesús. Llegó a una profunda intimidad con Dios y lo llamaba siempre “el Amigo”. Vivía la fe según el código de la encarnación y decía: “Si Dios se hizo gente en Jesús, gente como nosotros, entonces hacía pipí… lloriqueaba pidiendo el pecho, hacía pucheros si tenía el pañal mojado”… Al principio le habría gustado más María, y después, crecidito, más José, cosa que los psicólogos explican en el proceso de la realización humana.

Fue creciendo como nuestros niños, observaba a las hormigas, tiraba piedras a los burros y, travieso, levantaba el vestidito a las niñas para molestarles, como imaginó irreverentemente Fernando Pessoa en su bello poema sobre Jesús Niño.

Ese hombre, amigo del Amigo, “imaginaba a María acunando a Jesús para que durmiera porque de tanto jugar fuera se excitaba mucho y le costaba cerrar los ojos; lavaba los pañales en el balde; cocinaba la papa para el Niño y comidas más fuertes para el trabajador, el buen José”.

Ese hombre espiritual italiano que vivió, muchas veces amenazado de muerte, en tantos países de América Latina y varios años en Brasil, Arturo Paoli, se alegraba interiormente con tales cavilaciones, porque las sentía y vivía como conmoción del corazón, de pura espiritualidad. Y lloraba con frecuencia de alegría interior. Era amigo del Papa que lo mandó a buscar con un coche a su pequeña ciudad a unos 70 km de Roma para pasar la tarde juntos y hablar de la liberación de los pobres y de la misericordia divina. Murió a los 103 años como un sabio y un santo.

No olvidemos el mensaje principal de Navidad: Dios está entre nosotros, asumiendo nuestra condition humaine, alegre y triste. Es un niño quien nos va a juzgar, no un juez severo. Y este niño sólo quiere jugar con nosotros y no rechazarnos nunca. Finalmente, el sentido más profundo de la Navidad es éste: nuestra humanidad, un día asumida por el Verbo de la vida, pertenece a Dios. Y Dios, por malos que seamos, sabe que venimos del polvo, y tiene con nosotros una misericordia infinita. Él nunca puede perder, ni va a permitir, que un hijo o una hija suya se pierdan. Así que a pesar de la Covid-19 podemos vivir una discreta alegría en la celebración familiar. Que la Navidad nos dé un poco de felicidad y mantenga en nosotros la esperanza del triunfo de la vida sobre la Covid-19.

Leonardo Boff

24 Diciembre 2020, servicioskoinonia.org

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Nació sin parto, vestido y hablando, bajo la palmera. Navidad, Islam y Cristianismo

Sábado, 2 de enero de 2021

EA8934BB-ED08-4DF1-8354-2C11CC66C3FEDel blog de Xabier Pikaza:

La Navidad es un buen motivo y argumento para comparar el Islam y el Cristianismo. No se trata de que una religión sea verdadero y otro falsa, sino de mostrar sus profundas diferencias:

Según el Evangelio, Navidad es la encarnación de Dios. No hace falta ningún “milagro material” (externo); todo es divino siendo todo humano, concepción de Jesús, nacimiento, infancia… Hay “signos/símbolos” que evocan el misterio de Dios, pero todo se explica de modo “natural”, en un plano humano. Éste es el “milagro”: Que todo sea humano siendo en sí divino.

Según el Corán no hay “encarnación” de Dios, sino milagros externos, muchos milagros: Concepción sin varón (eso es lo esencial), nacimiento sin parto (Jesús no “entra” en el mundo “rompiendo” aguas ni a través del conducto genital de María), infancia sin infancia (sin saber cómo ha sido, María ve a Jesús que le llama desde el pie de una palmera), violencia infantil sin ternura (Jesús recién aparecido habla y defiende a su madre, matando a los que sospechan de su virginidad…).

Biblia y Corán nos sitúan ante dos mundos religiosos con muchos parecidos externos, pero con una diferencia radical, como seguiré indicando. En el Islam hay virginidad milagrosa de María, pero ella no es Madre de Dios; hay mucho milagro de nacimiento, pero no hay encarnación. En el Islam no se puede hablar de Navidad

| X. Pikaza

(Las tres primera imágenes son de la tradición musulmana, explicadas en el texto. Pongo alternativamente Mahoma o Muhammad para insistir en la identidad del nombre. El tema está tomado básicamente de un Diccionario de las 3 religiones)

1)   Concepción  y nacimiento virginal: Muhammad y María (el Corán y Cristo) 

54A8FFD0-FE9F-4C47-98AE-CD709738814C Mahoma/ Muhammad amó a Jesús e insistió en varios rasgos “apócrifos” de su vida, tomados del Proto-evangelio de Santiago, la Infancia del Salvador o el Evangelio Árabe de Mateo, pero sin “comprender” ni aceptar su encarnación: Siendo y por ser totalmente divino, Dios se hace del todo humano en Jesús, y así lo narran simbólicamente los evangelios “canónicos” de Mateo y Lucas. Esto es algo de lo que dice el Corán de María, madre de Jesús, y de la Navidad.

− Jesús es el hijo de María, elegida por Dios como madre-virgen. Por eso se le dice “Te ha escogido y purificado. Te ha escogido entre todas las mujeres del universo” (Corán 3, 42). Dios expresa por ella su más potencia creadora, de forma que ella es “totalmente sometida” y pasiva, por su virginidad y su maternidad milagrosa  (cf. Corán 3, 33-37).

− María Virgen engendró a Jesús  un modo que puede compararse al de la tierra primera de la que Dios hizo que surgiera Adán. Dios actúa por Gabriel, su ángel varón, y por la obediencia sumisa de María, que acoge la  Palabra, siendo verdadera musulmana (como Muhammad, que recibió el Corán por medio del mismo Gabriel). En esa línea, la concepción y nacimiento virginal deberían haber servido de prueba para los judíos, pero ellos no creyeron, ni aceptaron el signo divino del nacimiento de Jesús (Corán 3, 42-48; 19, 16-26).

− Jesús-niño defendió la virginidad de su madre, proclamando la grandeza de Dios, y actuó después como su enviado, realizando milagros y anunciando el evangelio para los judíos. El Corán ha dado mucha importancia al Jesús niño, a quien presenta como portador de un mensaje de Dios, de manera que él conoce los misterios sin necesidad de aprender como hacen otros, y en esa línea realiza milagros antes de haber madurado en edad, haciéndose mayor, y actuando de esa forma como signo de Dios para los judíos, que tampoco le creyeron (Corán 3, 49-53; 19, 27-36).

AEE47EAA-AFBD-491D-9091-F1A9C723C028Estos son algunos rasgos del  “nacimiento” de Jesús. (a) María concibió a Jesús por el anuncio-palabra de Gabriel (sin que intervenga para nada José). (b) Los “judíos” acusan a María de adúltera…  de forma que ella tiene que alejarse de su casa y de su pueblo, lamentándose y llorando bajo la palmera (aquí no hay gruta, pesebre, ni pastores. (c)   Sin saber que ha pasado, ella ve a  Jesús ya nacido que le llama que le llama, le consuele y alimenta de un modo milagroso. (d) María vuelve al pueblo con Jesús en brazos; los vecinos le siguen acusando de adúltera,   pero Jesús recién nacido le defiende  y condena, de forma milagrosa, a sus acusadores (Corán 19, 22-32). (e) En el centro de la Navidad de Jesús  está por tanto el anuncio de los ángeles a María (C 3, 46), el nacimiento “virginal” sin parto, bajo la palmera,  y la forma en que él defiende a su madre desde la misma cuna (C 5, 110).

Sura 19. Extracto: 23. Entonces los dolores de parto la empujaron hacia el tronco de la
palmera. Dijo: «¡Ojalá hubiera muerto antes y se me hubiera olvidado del todo…!»
24. Entonces, de sus pies, le llamó:«¡No estés triste! Tu Señor ha puesto a tus pies un arroyuelo. 25. ¡Sacude hacia ti el tronco de la palmera y ésta hará caer sobre ti
dátiles frescos, maduros!
27. Y vino con él a los suyos, llevándolo. Dijeron: «¡María! ¡Has hecho algo inaudito!28. ¡Hermana de Aarón! Tu padre no era un hombre malo, ni tu madre una
ramera». 29. Entonces ella se lo indicó. Dijeron:«¿Cómo vamos a hablar a uno que
aún está en la cuna, a un niño?» 30. Dijo él: «Soy el siervo de Alá. Él me ha dado la Escritura y ha hecho de mí un profeta. 31. Me ha bendecido dondequiera que
me encuentre y me ha ordenado la azalá y el azaque mientras viva,32. y que sea piadoso con mi madre.

− Jesús-adulto ha sido realizador de milagros y profeta del evangelio para los judíos: curó a ciegos y leprosos, resucitó a muertos, ofreció pan a los hambrientos etc., pero lo hizo siempre como enviado de Dios y profeta, sin presentarse nunca como Dios en persona (en la línea en que parecen entenderle después los cristianos, a partir de los concilios del siglo IV d. C.). En sentido radical, el único que actúa de verdad y realiza su obra es Dios, pero lo hace por medio Jesús, con milagros  para convertir a los judíos (cf. 5, 110-111). Pero los judíos no se convirtieron, sino que quisieron matarle. Este Jesús rechazado aparece así como paradigma para Muhammad, también rechazado por los judíos de Medina. Pero: Muhammad triunfó, instaurando la comunidad de sometidos; Jesús, en cambio, fue crucificado. Leer más…

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Bendiciones.

Viernes, 1 de enero de 2021

Jesús-y-María-ft-imgEn la Biblia, “bendecir” se emplea en dos sentidos: en primer lugar, Dios bendice al ser humano dándole la vida, la fecundidad, el éxito. Después, a su vez, éste bendice a Dios por la gracia de sus dones, le da las gracias. La palabra «bendecir» procede del verbo latino bene-dicere, «decir bien».

En la primera lectura de hoy esa bendición es todavía más explícita:

Dios nos aconseja que pidamos no sólo la bendición sino también su  protección

Nada es más propio de un padre y de una madre que el proteger. Ellos, no sólo comunican la vida sino que acompañan la vida del retoño en todo momento: cuidándolo, aconsejándole, enseñándole…sobre todo con el ejemplo de sus propias vidas.

En algunos países de Latinoamérica todavía se guarda una bonita costumbre de “pedir la bendición” a uno de los progenitores, antes de salir de casa y al irse a dormir… “Padre, madre, bendición”-dicen-y se colocan a sus pies, agachan la cabeza y esperan esa  oración con la mano extendida sobre su cabeza, que es un gesto de la bendición misma de Dios.

¿Pedimos entonces una protección para que nada malo nos ocurra? ¿Y qué pasa cuando están ocurriendo tantas cosas malas como la pandemia, los desastres naturales, las guerras con todas sus consecuencias?

La imagen de un Dios “intervencionista” que todo lo ve, que todo lo juzga y a quien debemos implorar todavía está presente en algunos ambientes y si nos descuidamos nos atrapa a nosotrxs también. Dios no nos envía calamidades para que cambiemos de actitud; nosotrxs nos buscamos nuestra propia ruina cuando pisoteamos a los demás pensando sólo en nuestro propio bienestar.

El problema de entender la bendición de Dios como el éxito, la abundancia, el progreso es que quien no participa de estos bienes puede ser considerado como objeto de maldición; esa imagen que nos presentaron en el catecismo de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos.

Nuestras decisiones, nuestras opciones y también nuestras omisiones van decidiendo el curso de la historia. En este momento tan coyuntural tenemos más información de la que necesitamos para cambiar nuestros estilos de vida para proteger la vida en la Tierra y así cambiar la suerte de los más débiles y desprotegidos.

La bendición, el bien-decir de Dios es creador y protector. Su bien-decir sobre nosotrxs, sobre toda la creación, nos va convirtiendo en criaturas a su imagen y semejanza, pero sólo si nosotrxs lo queremos.

Por eso, en un día como hoy, al comienzo de un nuevo año que quisiéramos que fuera diferente al año pasado, podemos tomar algunas decisiones que nos harán cambiar la perspectiva de los acontecimientos que vayan sucediendo. Por ejemplo: puedo decidir pensar más lo que voy a decir y cómo lo voy a decir para no descalificar al otrx, escuchar más para entender su punto de vista, ben-decir con mi palabra, mis actitudes, mi compromiso; intentar construir más que destruir.

Hoy, primer día del año celebramos esa vida que se nos regala y de una manera especial a María, como madre que no solo gesta y da a luz a Cristo sino que bendice y es bendecida por Dios.

Ella, a través de lo que vive y observa va creciendo en conciencia de su papel en la historia, de la manera de actuar de Dios en su vida: “bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”…, y lo hace “conservando y meditando todas estas cosas en su corazón”. En unas pocas palabras Lucas nos describe la actitud de quien está atenta a los acontecimientos, los escucha, los rumia y actúa en consecuencia.

Una invitación a “ponderar”, a saborear para alcanzar la verdadera sabiduría que no viene de los grandes conocimientos sino de la experiencia de nutrir el misterio en nuestro interior.

Se irá revelando nuestro auténtico yo y más que luchar contra nuestro “ego”, éste irá desapareciendo para dar paso al hijx de Dios que somos.

El fruto será la paz.

Una paz que  no es sólo ausencia de conflictos interpersonales, familiares, entre países. Tampoco una paz ñoña, una sensación placentera de bienestar. SHALOM, es un deseo mucho más profundo: “que seas una persona completa, acabada” y que eso lo podamos extender a todas las áreas de nuestra vida.

Lo mismo que deseo para mí te lo deseo a ti, y me comprometo a hacer todo lo que esté en mi mano para que lo logremos.

Ese el verdadero “rostro” de Dios. Ojalá lo veamos.

Carmen Notario, SFCC

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“Llena eres de gracia”, por Carlos Osma

Viernes, 1 de enero de 2021

woman-356141_1280De su blog Homoprotestantes:

Cuando el ángel se le apareció a María para decirle que tendría un hijo, primero la saludó con la palabra “salve” o “Dios te guarde”, bueno en realidad Lucas utiliza la palabra χαῖρε, que parece ser era un saludo bastante habitual en la época en la que se escribió el evangelio. Fue después cuando añadió lo de “llena eres de gracia”, una expresión que al leerla me ha parecido tan protestante que me he preguntado si el ángel Gabriel no era amigo íntimo de Lutero.

Tendría que haber ido al griego para saber cuál es la palabra exacta que utiliza el evangelista, pero en vez de hacer eso, he cometido el error de ir a Google para intentar entender que significa lo de “llena eres de gracia”. Y en la primera entrada he encontrado la siguiente explicación: “al tener el privilegio de nacer inmune al pecado, la plenitud de gracia verifica la parte positiva de esa admirable limpieza original del alma de María”. ¡Qué maravillosa la María de esta interpretación! Pero qué poco practica para el resto de Marías que vivimos hoy en el mundo y no hemos sido bendecidas con su limpieza original. Sobre todo para las bolleras, maricas o trans, que en los entornos donde esta interpretación es mayoritaria, hemos tenido más bien la mala fortuna de ser unas desviadas alejadas de la gracia innata de María.

Pero bueno, en vez de tirar la toalla y cerrar mi Biblia, he decidido seguir leyendo el relato para ver que puede aportar esta María llena de gracia a pecadoras como nosotras, y me he topado con que, al escuchar lo que el ángel le decía, se “turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta”. O como lo dirían algunas de mis alumnas adolescentes que tienen aproximadamente la misma edad que ella en el relato: “se quedó rayada con lo que le había dicho”. A María le asustó escuchar que era llena de gracia, que había sido favorecida por dios. Y es importante este matiz, porque creo que esa gracia de la que nos habla el relato, no pertenece a ninguna María, sino que tiene su único origen en dios. Además no hace perfecta a nadie, sino que nos muestra el amor de dios por todas las Marías, aquellas que no poseemos ninguna limpieza original. Ese es uno de los elementos más relevantes que encuentro en el texto, que en palabras de Pablo se expresaría de la siguiente forma: lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. [1] Por eso la vil María del evangelio de Lucas, sobre la que dios puso su gracia, tiene algo que decirnos a quienes no llegamos a los estándares religiosos, sociales o familiares que se nos imponen.

La gracia que recibió María fue una gracia cara, no como las gracias baratas y sensibleras que regalan muchos iluminados, porque la gracia divina no le ha salido gratis a nadie que se deja invadir por ella. “Has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús” [2]. Si aceptaba la gracia, se haría evidente, no habría forma de esconderla ante los demás. Y esa gracia no la situaría encima de ningún altar, sino en un lugar marginal que no solo ponía en peligro su matrimonio, sino su propia vida. Y he dicho conscientemente “si la aceptaba” porque aunque el texto parece dar por hecho que aquello ocurriría, María podía decir sí o no, podía escoger llevar adelante el embarazo o rechazarlo. El dios de Lucas no escogió una vasija, sino una mujer, y le reconoció el derecho a decir sí o no. Y siempre funciona así cuando hablamos de la gracia de dios, de la gracia cara de dios, que podemos aceptarla o rechazarla libremente. Hay personas, instituciones y legislaciones que coartan el derecho de las mujeres sobre su cuerpo, su ministerio, su responsabilidad… pero el dios de María lo respetó. De la misma forma, también creo que dios respeta el derecho de las personas LGTBIQ a mostrar, o a no mostrar, la identidad con la que dios nos ha dado su gracia. De decir sí o no a trabajar para que el reino de dios se haga presente en nuestras vidas, visibilizando la riqueza de la diversidad con la que nos ha bendecido, aunque eso nos sitúe en los márgenes de nuestras familias, iglesias o amistades. Cuando no hay decisión, cuando no hay libertad de elección, no hay presencia de Dios, sino dogma e imposición, porque “Dios respeta absolutamente la libertad del hombre. Él la crea, y no para petrificarla o violarla. Por eso Dios no grita ni se impone nunca”. [3]

María aceptó, le dijo que sí a dios, “hágase conmigo conforme a tu palabra”. Estos días recordamos y celebramos lo que la valentía de María ha supuesto para la vida de cristianas y cristianos de todos los tiempos: la irrupción de la salvación, la llegada de la vida de dios para todos los seres humanos. Sabemos también por el evangelista, que esa salvación no fue como ella esperaba, que pareció fracasar en más de una ocasión, pero la gracia de dios no se alejó nunca más de ella. A veces confundimos la gracia con la alienación, con la dependencia ciega respecto a un dogma o una institución, y muchas machorras, mariconas y travelos cristianas creemos que hemos perdido la gracia porque hemos sido expulsadas de nuestras comunidades. Pero lo que hemos perdido ha sido solo la gracia barata, la gracia cara de la que nos habla Lucas tiene que ver con asumir el riesgo que supone poder respirar, gritar, vivir, tal y como Dios nos ha pensado y amado. Y es un riesgo que, aunque no lo percibamos, no tiene solo que ver con nuestra vida, ya que en cada una de nuestras acciones por vivir de verdad, ayudamos a que muchas otras personas se atrevan también a hacerlo. En cada pluma gay que dejamos caer al movernos, la salvación de dios se hace presente para quienes están a nuestro alrededor.

Dietrich Bonhoeffer escribió que “la gracia barata es la negación de la palabra viva de Dios, es la negación de la encarnación del Verbo de Dios” [4], y me permito añadir yo a esto: la negación de la encarnación por medio de una mujer que libremente aceptó la gracia cara de dios. Porque María representa otra gracia, una que no puede ser entregada a los perros, una que va indisolublemente unida al seguimiento, a la valentía, aunque quede a la intemperie de las teologías de la gracia barata. Y las personas LGTBIQ estos días de Navidad somos interpeladas por esta María, y por la gracia que recibió. Y debemos responder como ella, sí o no a la vida que dios pone dentro de nosotros, si o no a la gracia cara. Porque “la gracia cara es la encarnación de Dios”. [5]

 Carlos Osma

 Notas:

[1] 1 Cor 1,28.

[2] Lc 1,30-31.

[3] Paul Lebeau, Etty Hillesum. Un itinerario espiritual. Ámsterdam 1941- Auschwitz 1943, Santander: Sal Terrae 2000, 113.

[4] Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia, Salamanca: Ediciones Sígueme 1995, 15.

[5] Ibid.17.

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Consulta dónde encontrar “Solo un Jesús marica puede salvarnos”  

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¿Permitiremos que se nos arruine la Navidad?

Jueves, 31 de diciembre de 2020

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Juan de Burgos Román
Madrid.

ECLESALIA, 28/12/20.- Hola, que digo que ya estamos, como aquel que dice, metidos en Navidad, así que me pongo a escribirte, que, aunque hice el propósito de hacerlo a menudo, y no solo de Navidad en Navidad, lo cierto es que fallé de nuevo, y no quiero que, de tan escaso trato, terminemos por olvidar nuestra amistad. Me dicen que esta Navidad de ahora, la del malhadado año 2020, con el coronavirus campando por sus respetos, va a tener tintes sombríos, y que hay que hacer cuanto esté a nuestro alcance para conseguir que la Navidad no se nos arruine, más.

Cuando oigo esto, no termino de entender qué es lo que me dicen que se nos puede arruinar. Me parece que cada uno está pensando en una Navidad distinta, bueno, que hay muchas formas de percibir lo que es la Navidad y que estas son asombrosamente diferentes entre sí, pues, según quien hable, la cosa puede ser muy distinta: para unos, es una fecha mágica; para otros, son días de animación, festejos, adornos, bullicio y algazara; hay quienes entiende que es tiempo para actividades lúdicas, como ir a cazar elfos, pongo por caso; también los hay que piensan que es momento de villancicos, belenes, abetos iluminados, tradiciones, lotería, Reyes Magos y Papás Noel; para bastantes, son jornadas de vida en familia, de ir a visitar a aquellos a los que poco se visita y de separar juguetes para donar; para algunos otros, es tiempo de decir gracias, de reconciliación, de descubrir todo lo bueno que nos rodea; también los hay que piensan que es el momento de dar y recibir amor, de ofrecer lo mejor de nosotros mismos y de disfrutar del momento presente; unos pocos piensan que es la época para renovar la fe en Dios y de hacer que emerja la espiritualidad; y, aunque cada vez quedan menos, los hay que todavía entienden que es la fiesta en la que se conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret.

Bien es cierto que las gentes, en general, supongo, entienden que la Navidad es un poco de cada una de estas cosas que te digo, unos pellizcando más de aquí y otros más de allá, que creo que cada cual va buscando que su Navidad sea lo más venturosa posible y que ciframos nuestra felicidad en cosas muy dispares, con independencia de lo acertados que puedan estar los unos y los otros en sus apreciaciones.

Cuando las gentes aluden al espíritu de la Navidad, no están pensando, creo yo, en nada relacionado con lo espiritual ni, menos aún, con Dios, que me parece que se están refiriendo, por lo general, a la solidaridad, al compartir, cuando no a zambullirse en una gran celebración familiar, a la decoración del hogar, con luces y espumillón, a los dulces típicos de la época y a esas películas que echan en televisión todos los años por estas fechas.

Muchos, sino todos, consideramos que, por ejemplo, una deliciosa cena con la familia es motivo de alegría y bienestar, pero son pocos los que estiman que vivir siguiendo los consejos de Jesús de Nazaret nos pueda conducir a una felicidad mucho más intensa y duradera que la de la cena de la que te hablo, y es que en esto hay una percepción errónea, en exceso, de lo que es el seguimiento de Jesús, pues muchos son los que lo entiende como un modo, duro y penoso, de conseguirse el cielo, pese a que, contrariamente, es la mejor manera de situarse en la vida para lograr que la felicidad se nos haga presente, incluso allí donde hay dolor, que el cielo no se gana, porque es un regalo.

Y ya en estas, yo me digo que, para quienes no se les pasa por la cabeza la idea de dirigirse a Dios o para los que tiene escasa relación con él, cosa esta que le acaece a muchas gentes, y como quiera que, además, lo poco que les llega de las cosas de Dios es, normalmente, a través de los creyentes con quienes se relacionan, yo me digo, te decía, que para que a estas personas se les ocurra incorporar a Dios a sus vidas, o simplemente para llegar a tener curiosidad por saber cómo podría ser su vivir sintiendo a Dios a su lado, sería preciso que llegaran a percibir que el vivir de los creyentes que ellos conocen, fuese un vivir alegre, atractivo, vamos, que se los viese felices donde otros andan afligidos. Así que me da por pensar en que muy mala ha de ser la imagen que debemos estar dando los que nos decimos creyentes, o al menos bastantes de nosotros, para que sean tan pocos los que se nos acercan a preguntarnos por ese Dios con el que tan bien nos van las cosas. De modo que voy a intentar vivir mi vida de creyente como es debido, quiero decir de manera que la felicidad, no solo me visite de cuando en cuando, sino intentando que se quede a vivir conmigo.

Ah, que se me olvidaba: ojalá acertemos todos a proceder de manera que no se nos arruine esta Navidad, como suponen los agoreros que nos ha de pasar, y no te digo que le debamos perder el respeto al coronavirus, que sería una temeridad, sino que espero que consigamos que no sea él quien gobierne en nuestros adentros.

Y que un abrazo. Juan.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Imagen: Dibujo de Agustín de la Torre

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Jean Paul Sartre: “Por momentos, María se olvida de que es Dios, lo toma en sus brazos y le dice: ‘¡Mi pequeño!'”

Miércoles, 30 de diciembre de 2020

jesusjoseymaria-blog_imagen‘Barjona o hijos del trueno’, texto navideño escrito por Sartre, entonces prisionero de guerra.

“Pero en otros momentos permanece turbada y piensa: “Dios está ahí”, y se siente presa de un temor religioso ante este Dios mudo, ante este niño”

Ella lo mira y piensa: “¡Este Dios es mi hijo! Esta carne divina es mi carne. Está hecho de mí, tiene mis ojos y la forma de su boca es la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí”

“Ninguna mujer ha tenido a su Dios todo para ella. Un pequeño Dios que puede tomar en sus brazos y cubrir con besos, un Dios cálido que sonríe y respira, un Dios que puede tocar y que vive”

“José sufre porque ve lo mucho que la mujer que ama se parece a Dios, lo cerca que está de Dios. Porque Dios ha estallado como una bomba en la intimidad de su familia. José y María están separados para siempre por este fuego de luz. E imagino que toda la vida de José será para aprender a aceptar”

388EFA8C-43FB-4A4D-B8BF-0F024E3FD066Recibí este texto de un amigo y colega de teología de la PUC-SP Fernando Altemeyer Junior, conocido pero poco divulgado por J.P.Sartre. Prisionero en la Segunda Guerra Mundial, a petición de algunos sacerdotes, también prisioneros, se le pidió que escribiera una meditación, lo más amplia posible para que todos pudieran entenderla. Ateo confeso y generoso, aceptó la invitación. Entró en el espíritu de la Navidad y les dio este conmovedor texto que nos ilumina hasta el día de hoy. En caso de duda, lo reconoció como suyo en 1962, explicando el contexto en el que fue escrito. Agradecemos al incansable investigador y profesor Fernando Altemeyer Junior por haber accedido a este texto en originales portugueses y franceses. Leonardo Boff

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 Barjoná o los hijos del trueno

Como hoy es Navidad, tiene derecho a exigir que se le muestre el pesebre. Ahí está. Mire a la Virgen, mire a José y mire al Niño Jesús. El artista ha puesto todo su amor en este dibujo, pero puede considerarlo un tanto ingenuo. La verdad es que los personajes tienen hermosos adornos, pero son rígidos, se diría que parecen marionetas. Ciertamente no eran así.

Para entederme, sólo tiene que cerrar los ojos y le diré cómo los veo dentro de mí. La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que falta por reflejar en su rostro es una mueca de maravillosa ansiedad, una expresión de arrobamiento que sólo aparece una vez en la historia de una figura humana.

Porque Cristo es su hijo, la carne de su carne y el fruto de sus entrañas. Lo ha llevado nueve meses y le dará su pecho, y su leche se convertirá en la sangre de Dios. Y en ciertos momentos la tentación es tan fuerte que se olvida de que es Dios. Lo toma en sus brazos y dice: “¡Mi pequeño!”

Pero en otros momentos permanece turbada y piensa: “Dios está ahí”, y se siente presa de un temor religioso ante este Dios mudo, ante este niño. Porque todas las madres se sienten así, por momentos, ante ese pedazo rebelde de su carne que es su hijo y se sienten exiliadas ante esa nueva vida que se ha hecho con su vida y que pueblan pensamientos extraños.

Pero ningún hijo ha sido arrancado más cruel y más rápidamente a su madre, porque este niño es Dios y está más allá de todo lo que ella pueda imaginar. Y es una dura prueba para una madre avergonzarse de sí misma y de su condición humana delante de su hijo.

4D8F97A0-2224-4BE9-AC92-FEA3C46E699APero creo que también debió haber otros momentos, rápidos y huidizos, en los que ella siente al mismo tiempo que Cristo es su hijo, su pequeño, y que es Dios. Ella lo mira y piensa: “¡Este Dios es mi hijo! Esta carne divina es mi carne. Está hecho de mí, tiene mis ojos y la forma de su boca es la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí”.

Y ninguna mujer ha tenido a su Dios todo para ella. Un pequeño Dios que puede tomar en sus brazos y cubrir con besos, un Dios cálido que sonríe y respira, un Dios que puede tocar y que vive.

Y es en esos momentos en los que yo pintaría a María, si fuera pintor, e intentaría representar la expresión de tierna audacia y timidez con la que ella avanza su dedo para tocar la dulce piel de este niño-Dios, cuyo cálido peso siente en sus rodillas y que le sonríe.

Esto es lo principal de Jesús y de la Virgen María. ¿Y José? A José yo no lo pintaría. Sólo mostraría una sombra en el fondo del portal y dos ojos brillantes. Porque no sé qué decir de José y José no sabe qué decir de sí mismo.

Adora y es feliz adorando. Le encanta y es feliz de amar al niño, pero se siente un tanto exiliado. Creo que sufre sin admitirlo. Sufre porque ve lo mucho que la mujer que ama se parece a Dios, lo cerca que está de Dios. Porque Dios ha estallado como una bomba en la intimidad de su familia. José y María están separados para siempre por este fuego de luz. E imagino que toda la vida de José será para aprender a aceptar.

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Víctor Codina: “Harto de la hipocresía y contradicción de la Navidad, Jesús ha salido del pesebre”

Lunes, 28 de diciembre de 2020

34-01_A2“¿Dónde está Jesús?, les preguntamos a los ángeles de Belén”

“¿Dónde está Jesús?, les preguntamos a los ángeles de Belén y nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que en la mañana de Pascua iban al sepulcro: en Galilea”

“¿Dónde está Galilea hoy?, ¿dónde está Jesús en estas Navidades? En los hospitales, en los médicos, enfermeras y sanitarios que cuidan los enfermos con riesgo de su propia vida, en quienes buscan vacunas, está en los enfermos y los que mueren solos”

“Jesús está también en los lejanos migrantes que atraviesan el Mediterráneo, en aquel niño que muere ahogado en el mar mientras su madre grita angustiada pidiendo que alguien lo salve”

“Soñemos juntos en construir un mundo diferente, un futuro mejor, de fraternidad y sororidad, cuidado de nuestra casa común y entonces, Jesús regresará de nuevo al pesebre”

La pandemia afecta a la Navidad: limitaciones de encuentros y de viajes, toque de queda, sin Misa del gallo a las 12, sin cabalgata de Reyes, muchos comercios y restaurantes cerrados, sin abrazos.

Humoristas dibujan a José y María con mascarillas, anuncian que los pastores estarán en fila, a metro y medio de distancia y con gel, que los Reyes Magos necesitarán PCR y permiso para viajar a otro país.

 Pero lo más nuevo de este año es que el pesebre estará vacío y los ángeles de Belén nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que iban al sepulcro de Jesús con aromas: No está aquí.

Jesús, harto de la hipocresía y contradicción de la Navidad, convertida en fiesta de consumo, iluminaciones, apariencia, superficialidad, Papa Noel y solsticio de invierno, lo más opuesto a su nacimiento, ha salido del pesebre. Navidad se ha desbordado. ¿Dónde está Jesús?

Jesús no está en las fábricas de armamentos, ni en los narcotraficantes, ni en Wall Street, ni en Davos, ni en las multinacionales que destruyen la Amazonía y el Congo, ni en los dirigentes que cierran sus puertas y sus puertos a los emigrantes, ni en los bancos que urgen los desahucios de gente vulnerable, ni en los que, como buitres, se aprovechan de la pandemia para sus intereses económicos o políticos, ni en los que esconden su dinero en paraísos fiscales, ni en los que silencian y agreden a mujeres, ni en los policías que asfixian a negros, ni en los terroristas que matan, ni en los que marginan a los homosexuales y al LGTB, ni en los dirigentes que juegan al golf mientras sus súbditos mueren de coronavirus.

¿Dónde está Jesús?, les preguntamos a los ángeles de Belén y nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que en la mañana de Pascua iban al sepulcro: en Galilea. Galilea era un lugar sencillo, pobre, desconocido y despreciado, donde estaban María y Jesús, donde Jesús vivió la mayor parte de su vida y comenzó a predicar el evangelio.

¿Dónde está Galilea hoy?, ¿dónde está Jesús en estas Navidades? En los hospitales, en los médicos, enfermeras y sanitarios que cuidan los enfermos con riesgo de su propia vida, en quienes buscan vacunas, está en los enfermos y los que mueren solos, en los que acompañan el duelo, en las residencias de gente anciana, en las familias que viven encerradas durante meses en pisos extremadamente pequeños, en las familias desahuciadas, en los aprisionados en los CIEs y en las cárceles.

Pero Jesús está también en los lejanos migrantes que atraviesan el Mediterráneo, en aquel niño que muere ahogado en el mar mientras su madre grita angustiada pidiendo que alguien lo salve. Jesús está en Lampedusa, Lesbos y Canarias, en los palestinos sin estado, en los rohinyas refugiados en Bangladesh, en los armenios que lloran sus muertos, en jóvenes que luchan por la libertad y democracia en Hong Kong o Bielorrusia, en quienes defienden los derechos de las mujeres y la ecología.

Jesús está en las maestras y maestros que se desviven para que los niños y jóvenes puedan estudiar, en el voluntariado que reparte comida, en quienes trabajan en comercios, transportes y limpieza para que no se colapse la sociedad, en los sin trabajo, techo ni futuro, en los sacerdotes, laicos y religiosas que a través de la radio, TV, You Tube o Zoom, animan la fe, anuncian la Palabra, rezan, consuelan, infunden esperanza.

Quizás este año no podamos cantar juntos el Fum, Fum, Fum, ni Noche de paz, ni Singing Bells, ni Campana sobre campana…pero sí podremos recordar y vivir que “Donde hay caridad y amor, allí está Dios”.

Soñemos juntos en construir un mundo diferente, un futuro mejor, de fraternidad y sororidad, cuidado de nuestra casa común y entonces, Jesús regresará de nuevo al pesebre.

Fuente Religión Digital

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La Navidad de las travas: a sala de hombres por no tener documento

Sábado, 26 de diciembre de 2020

00B6E0BC-717F-40C5-A2E1-1037F7120884Por Alma Fernández

Cuando llegué a Buenos Aires, llegué como todas. “Pobre marica de catorce años y soñadora”, me dijo. “¿Quién te paró aquí? ¿Cómo te llamás? ¿Vos sabés quién manda aquí? ¿Por qué viniste a Flores? ¿De dónde sos? ¿Vos sabés que aquí se paga la plaza?”

– Me llamo Alma, soy tucumana, me trajo la Débora Britos, yo no pago plaza- contesté.

Nos empujamos a los gritos con tironeo de cabellos, cachetazos, patrullero, sin documentos las dos a la comisaría y que no se diga más nada y calladitas.

Lo que se vino después fueron hermosos días de cumbia y copeteo entre clientes, robos y delincuencia para sobrevivir y ser felices también.

Carla Saracho, alias “Carlita de Flores” –tal como figuraba en las actas contravencionales de la comisaría– era de Mariano Acosta, localidad de Merlo, de mamá paraguaya y papá chaqueño. Habían llegado en el año `97 desde Paraguay corridos por el hambre y las ganas de salir adelante. El padre realizaba trabajos de albañilería, hasta que en el año 2000 tuvo un accidente. Desde entonces la mamá de Carlita trabajó todos los días por ella y sus hermanitos, que eran cinco en total. Carlita era una de las mayores en su casa y, como en toda familia atravesada por la necesidad, los hijos más grandes tienen que ver por el bienestar de los más chiquitos.

Así como si nada nada te toca crecer y empezar a tener responsabilidades. Qué invisibles, crueles, hasta violentos pueden ser el capitalismo y este sistema binario que tanto nos flagelan pretendiendo invisibilizar algo que jamás se podrá tapar. Tan arraigada está la cultura heterosexual a la institución familiar que vuelve ciegos de odio a nuestros padres, hermanos y parientes.

Carlita, no fuiste la excepción. Arrojada a los quince años de tu casa, a causa de la ignorancia y las desigualdades de las clases sociales, por el simple hecho de ser diferente, el único camino que elegiste fue el mismo que elegimos todas: prostituirte. Noche, drogas y alcohol, momentos de clientes mal disfrazados de Romeos. Siempre decíamos que esos no eran príncipes, esos eran ratitas, porque ni a ratas llegaban. Cuántas navidades paradas prostituyéndonos a las doce de la noche en la zona roja, cuántas travestis al igual que nosotras andan caminando solas por la zona como si fuera cualquier otro día, buscando algo para olvidar y desear que ese día se pase rápido, al mismo tiempo que en las casas de la ciudad todo el mundo se abraza, sonríe y festeja. Esos momentos también nos los merecemos, yo lo creo y también lo sueño.

  Fue unos días después de Navidad en la ribera de Quilmes cuando descubriste que se venía la noche. Los días que siguieron fueron ir al médico que inmediatamente te dio tu tratamiento. Lo tomabas siempre. El problema fue pagar el lugar donde vivías y esa mujer maldita que te veía temblar y no le importaba. Esa fiebre maldita que te ardía por todas las espaldas, que tan bien disimulabas como que no tenías nada, para que las otras trans no dijeran: “está picada”, “el bicho” o “estás muy flaca”. El problema fueron los clientes y la droga que traían en sus bolsillos, porque hasta esa suerte tenía la marica: mucho Chongo, mucho chongo con droga.

Había comenzado el otoño, al igual que las hojas secas vos te estabas secando. Bajar tan rápido de peso se nota y más en la mirada maliciosa de las maricas. Fuimos al Muñiz, no había cama en la sala de hombres, había una en sala de mujeres pero como no tenías hecho el cambio registral en el documento no podías entrar, porque “las otras internas se quejan”. Eso nos dijeron.

Esa semana fue todo muy duro. Teníamos que pagar la quincena del hotel y todo lo que necesitabas para curarte. No me iba a conformar con verte padecer triste y apagada, con esos ojos intentando sobrevivir, incluso a esto. Recorrer la zona roja buscando colaboración en esas amigas que tanto querías y que tan ausentes estuvieron a la hora de tu ocaso.

 Necesitábamos juntar 800 pesos para gastos en materiales descartables, para que te puedan atender. Moví cielo y tierra para poder juntarlos. Salí a trabajar un lunes, llegué a 200. Salí un martes, llegue a 500. El miércoles con todas las pilas, apenas llego a la zona, la brigada de investigaciones me manda a la fiscalía por no tener documentos. Te voy a ver un jueves, yo vestida de prostituta, y vos agonizando sola en una punta de la sala, al lado de un baño húmedo que tenía las ventanas rotas por donde entraba un viento que no te hacía bien. Pero claro, eso no le importaba a nadie. Total somos putos, nacimos para sufrir.

 Llego a mi casa a alistarme para bajar a la parada tempranito. Salgo del baño a la pieza y del lado de afuera siento tus pasos, esos pasos molestos y cortamambos que tenías cuando arrastrabas los pies.  Eso me pareció tan habitual que fui corriendo a abrir la puerta pensando que estabas vos. No había nadie. “Qué tonta soy”, pensé, “me confundí, cierto que la Carlita está internada”, dije y seguí en lo mío.

Esa  noche fue un éxito: junté para todo lo que te hacía falta. Salí corriendo, me tomé un taxi, me fui sin dormir para poder hablar con el medico que te atendía. Cuando llegué la cama estaba vacía y tus cosas amontonadas en un rincón. Justo en el momento en que junté para todo lo que te hacía falta, pero no llegué, nunca me lo perdoné. Yo tenía que haber llegado a tiempo.

Lo que vino después fue tristeza, y las mismas travestis diciéndome: “la vida sigue, no llores, no muestres debilidad, ya se te va pasar”. El mismo silencio reflejado en mis pares es el que escuché de una sociedad que históricamente no habla de nosotras, invisibilizándonos hasta en el trato cotidiano, agrediéndonos con palabras cargadas de odio y silencio, que el colectivo travesti y trans tanto supo resignificar –y lo seguirá haciendo.

¿Cómo no hablar de violencia, si de violencia hablamos todos los días? De violencia hablamos, claro que sí, desde nuestras palabras agresivas, cargadas de odios y represión, que nunca sintieron un poco de amor de parte de las personas y de la sociedad. De violencia hablamos todos los días, para que no nos sigan matando, para que esos calabozos que tanto nos desean no nos sigan llamando. De violencia hablamos hoy y todos los días hasta que logremos una sociedad más justa e igualitaria para todas. De violencia hablo, hoy y todos los días hasta que la sociedad entienda que sin oportunidades morimos a los 35 años y sólo el uno por ciento de mi colectivo llega a los sesenta. La prostitución a la que nos empujan es una madama de mal corazón, que va dejando al pasar un tendal de alcohólicas y drogadictas incurables. Cuántas veces con lo único que pudimos pagar un alquiler o llevar un plato de comida a nuestras bocas fue con nuestros cuerpos, fue con nuestras vidas.

Luchar contra un Estado que nos expulsó de todas partes hasta volvernos ilegales, incluso hasta en las prácticas, esas prácticas malditas que lo único que hacen día a día es quitarnos la poca dignidad que nos queda. Matándonos, alejándonos, juzgándonos hasta obligarnos a vivir una vida de represión violenta, inmerecida, innecesaria. Hasta cuándo seguiremos sobreviviendo camaleónicamente para así intentar ser felices, o simplemente vivir, como mi amiga Carla que vivió simplemente para morir olvidada. Recordarla en una Navidad más.

Fuente Agencia Presentes

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Navidad ¿qué va a cambiar?

Viernes, 25 de diciembre de 2020

 

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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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***

El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba ¡unto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

        Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

        Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

        Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de todos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

        Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad.

*

W. Pannenberg,
Presencia de Dios,
Brescia 1974, 119-120).

***

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Rondas de Navidad

Jueves, 24 de diciembre de 2020

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Rondar por esos lugares poco frecuentados,
que no existen para los mercados
y están abandonados
de políticos, gobernantes y ricos.

Rondar por barrios periféricos,
parques tristes y sin alumbrado,
pabellones con nuevos esclavos
y campos de refugiados superpoblados.

Rondar por las costas del Mediterráneo
y ver pateras, cayucos y barcos a la deriva
llenos de hermanos nuestros
solo con lo puesto y el último soplo de vida…

Rondar por esos sitios olvidados
donde siguen naciendo niños
que tienen el futuro hipotecado
porque les negamos lo mínimo necesario.

Rondar por esos espacios cercanos,
con los ojos bien abiertos
y el corazón ardiendo,
para ver a los que se esconden o escondemos.

Rondar, saliendo de nosotros mismos
y de los belenes de exposición y concurso,
para encontrarnos con los sin techo
que son hermanos nuestros.

Rondar y estar despiertos,
porque Tú vienes, como vienen todos ellos,
sólo con lo puesto

 *
Fuente Fe Adulta
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Consuelo Vélez: Y llegamos a Navidad ¡con la pandemia a cuestas!

Jueves, 24 de diciembre de 2020

llegamos-Navidad-pandemia-cuestas_2295980381_15161048_660x371De su blog Fe y Vida:

“Asume la humanidad desde los más vulnerables y así continuará a lo largo de su vida”

“Ha sido un año para constatar la fragilidad, la limitación, la vulnerabilidad humana. Tal vez esta circunstancia nos ayude a entender la vulnerabilidad del Niño que nace”

“Jesús se hace ser humano con todas las consecuencias. No es una encarnación aparente o simbólica, es real y asume las circunstancias tal y como ellas son, buscando caminos para superarlas”

“Navidad nos introduce en esa lógica de Dios. Nos invita a mirar el mundo desde los más pobres, todos aquellos que viven en los pesebres de hoy porque no tienen trabajo, casa, educación, salud, alimento”

“Navidad es la esperanza renovada de que llegarán tiempos de pospandemia y nuestro mundo podrá ser distinto para entonces”

Este año hemos vivido en medio de la pandemia del covid-19, sin que lo hubiéramos esperado, ni imaginado. El mundo entero se ha visto afectado y se ha sentido impotente para detener el avance. Con mucho empeño se ha buscado una vacuna, pero ha sido un año para constatar la fragilidad, la limitación, la vulnerabilidad humana. Tal vez esta circunstancia nos ayude a entender la vulnerabilidad del Niño que nace, “en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lc 2, 7).

Pero esa vulnerabilidad no es lo más relevante de nuestras celebraciones de navidad. Por lo general, es un tiempo lleno de alegría, esperanza, festejos, regalos, que expanden el corazón y animan el espíritu. Todo esto es muy positivo y el ciclo litúrgico de adviento/navidad así lo expresa. Sin embargo, ese ambiente festivo puede impedirnos ver el nacimiento de Jesús como realmente fue. Su encarnación no llegó con festejos, ni fue esperada por las élites representativas de su tiempo. El evangelio de Lucas nos aproxima a lo que en realidad fue: Jesús nace en un lugar apartado y los que lo reconocen son los pastores del lugar: personas insignificantes en ese contexto, que no tienen mucho que ofrecerle, más que la sencillez de su vida (Lc 2, 8-18).

Esto marca la vida de Jesús y el lugar desde el que se sitúa para ejercer su misión. Asume la humanidad desde los más vulnerables y así continuará a lo largo de su vida. Incluso, cuando sus oponentes deciden asesinarlo lo hacen con el peor castigo -la cruz- que solo se infringía a los “malditos por Dios” (Dt 21,23; Gál 3,13).

Ahora bien, a los pastores se les anuncia la llegada del Niño, como “una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc 2, 10-11). Esa es la paradoja de nuestra fe: desde la vulnerabilidad confesamos el poder de Dios; desde la pobreza, reconocemos la riqueza divina: “Conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por ustedes se hizo pobre, a fin de que se enriquezcan con su pobreza” (2 Cor 8, 9).

Tal vez este año lleno de incertidumbres, sufrimiento, pobreza, carencias, nos abra los ojos a la verdadera humanidad de Jesús y logremos entender mejor el misterio de su encarnación y la salvación que Él nos trae.  Jesús se hace ser humano con todas las consecuencias. No es una encarnación aparente o simbólica, es real y asume las circunstancias tal y como ellas son, buscando caminos para superarlas. En eso consiste la predicación de Jesús.

En un pueblo que excluía a muchos, inclusive en nombre de Dios, Él viene a anunciarles que Dios no quiere esa realidad y por eso invita a todos a sentarse en la mesa del Reino, comenzando por los últimos, por los que menos posibilidades tienen. Precisamente Él se hace uno de ellos para empezar “desde abajo”, haciendo efectiva la inclusión de los más pobres y marginados.

Navidad nos introduce en esa lógica de Dios. Nos invita a mirar el mundo desde los más pobres, todos aquellos que viven en los pesebres de hoy porque no tienen trabajo, casa, educación, salud, alimento, en otras palabras, los derechos fundamentales para una vida digna. Navidad nos confronta con la injusticia del mundo que deja a tantos en la insignificancia y en las márgenes. Navidad, desde la experiencia de la pandemia, nos hace mirar las consecuencias de las estructuras que sostienen nuestro mundo actual en las que unos pocos gozan de todos los beneficios y la mayoría solo puede comer las migajas que caen de las mesas de los dueños o mejor de los que se apoderaron de los bienes de la tierra, que en justicia deberían ser de todos.

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La pandemia ha dejado en evidencia esta injusta realidad de nuestro mundo. Demasiadas muertes porque los hospitales, por lo general, no tienen la infraestructura para contener casos como estos ya que solo se accede a buenos servicios si se paga grandes cantidades de dinero por una salud privada.

Demasiadas personas sin una casa digna para vivir la cuarentena y ha contrastado, por ejemplo, las grandes mansiones desde donde algunos artistas brindaron conciertos por internet, con aquellos barrios marginales, de calles llenas de gente, porque en la habitación en que vive toda una familia, es imposible estar encerrados, cuidándose del virus.

Tantas otras realidades quedaron evidentes en este año de pandemia y esto es lo que podemos traer en esta navidad para vivirla con la profundidad que el misterio de la encarnación supone. Si los reyes magos trajeron incienso, oro y mirra (Mt 2, 11-12), nosotros traemos un año lleno de dolor, muerte, enfermedad, temor, incertidumbre, pero también, lleno de solidaridad, de fortaleza, de esperanza, de apuesta por la vida. Ahora bien: ¿qué buena noticia nos trae el Niño que nace?

Navidad alienta la esperanza de que este mundo, tal y como ha manifestado ser en esta pandemia, tiene que cambiar para mejor. El Niño del pesebre ha venido para quedarse entre nosotros y acogerlo es construir un futuro que esté preparado para afrontar mejor la vulnerabilidad humana y, sobre todo, para garantizar -desde ahora- las condiciones necesarias para cuidar la vida en pandemia y sin ella, en tiempos difíciles y en tiempos fáciles. En otras palabras, Navidad es la esperanza renovada de que llegarán tiempos de pospandemia y nuestro mundo podrá ser distinto para entonces.

(Foto tomada de: https://periodicolaultima.com/2016/12/24/nino-jesus-en-el-pesebre/)

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Victorino Pérez Prieto: ¿Suprimir la Navidad?

Jueves, 24 de diciembre de 2020

Leía hace unos días en un diario que uno de los científicos que se ocupan de la pandemia (Javier Sampedro) decía que “suprimir la Navidad” este año era “ciencia”,  y que ese era el camino que deberían seguir los gobiernos para limitar la extensión de la pandemia; pues la Navidad es “un paraíso para un virus pandémico” por la multiplicación de reuniones sin precauciones. Y yo, con matices, estoy de acuerdo con eso.

 Estoy de acuerdo no sólo por las razones de salud que aconseja la situación actual, sino porque la Navidad ya dejó de ser hace tiempo lo que debería ser, y se convirtió en una caricatura esperpéntica de lo que fue en su origen y durante mucho tiempo. El gordo papá Noel inventado por la Coca-Cola y la orgía consumista –¡hay que comprar, comprar, comprar! sin compras no hay navidad- y derrochadora de un consumo energético, simbolizada ejemplarmente por la paranoia de los millones de luces que se gastan en la iluminación de nuestras ciudades, son la muestra de la degeneración del “espíritu de la Navidad”.

El origen de la Navidad es justamente lo contrario: la sencillez de la encarnación, del Dios-con-nosotros, de la encarnación humilde y el nacimiento en el seno de una familia humilde y en un lugar humilde; en armonía con la naturaleza y no en el derroche de recursos y la destrucción  de esa armonía, acogido por gente humilde y rechazado por los poderosos como una amenaza a su status. El origen de la Navidad es una luz en la oscuridad de un mundo opresor, violento, desigual y clasista.

El Evangelio –verdadero fundamento de la Navidad, aunque suele olvidarse, perdido en un mito infantilizado y manipulado- es una buena noticia, pero no para los ricos y los poderosos; para “los políticos que se dicen cristianos y niegan a los humillados de la tierra el derecho a salir de su humillación –como dice el obispo gallego Agrelo en su último mensaje-… No representa nada para un mundo que se olvida de cuidar a Cristo donde Cristo sufre, que no recibe a Cristo en los que tienen hambre, sed y frío, en las que carecen de un techo, en las que mueren de soledad… Las iglesias se llenaron de ahogaCristos y fingen comulgar con él”. El obispo de Tánger continúa su mensaje navideño: “Nos quedaremos sin buena noticia los obispos, curas, frailes y monjas, los poderosos y conformistas, que nos servimos de los pobres y del Pobre para mantener la posición, supuestos cristianos que justificamos el horror que padecen los pobres, haciéndonos culpables de los males que padecen, y pensamos que, después de todo, fueron los pobres los que buscaron la muerte, hasta pensamos que fueron tan tontos que, para morir, pagaron lo que no tenían”.

Pero el Evangelio es una buena noticia para los pobres, que son los verdaderos destinatarios y los únicos realmente dispuestos a acoger la Navidad. Nosotros –como sigue Agrelo- “corremos el riesgo de quedarnos sin Navidad, aunque nuestras mesas se llenen de cosas superfluas en las que gastamos los que los pobres necesitan”.

Por eso, yo no tengo ningún interés en “salvar” esa falsa Navidad, como quiere la presidenta de la comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, que presume de cristianismos y de quien algún tonto dijo que se expresaba mejor que los teólogos actuales, por un discurso tópico y oportunista que pronunció hace unos días. No tengo ningún interés en salvar esa Navidad que ahogó hace tiempo la verdadera y se convirtió en un insulto para la Navidad de Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios, que aún queremos celebrar muchos cristianos.

En realidad, el verdadero espíritu de la Navidad ni ha podido robárnoslo la orgía de consumo contemporáneo en que se han convertido estos días “navideños”, porque la verdadera Navidad no la ha inventado El Corte Inglés” -como cantaba Melendi-, ni podrán suprimirlo con el confinamiento por la pandemia, porque está entre nosotros y dentro de nosotros, como el Reino de Dios que anunció el Emmanuel. La seguiremos celebrando personal y comunitariamente –hasta donde se pueda-, como venimos haciendo desde los tiempos de Francisco de Asís, alrededor de nuestro humilde belén. Ojalá que como él sepamos tener presentes estos días no solo el misterio de Dios sino a los más pobres, que son su encarnación.

Estas palabras están dedicadas al Padre Angel, a los Mensajeros de la Paz y a tantas parroquias que abren sus puertas de par en par a los más necesitados; a ATD-Cuarto Mundo y a tantos voluntarios de Caritas y otras organizaciones que estos días se vuelcan en los verdaderos protagonistas de la Navidad: las más pobres, las mayores víctimas de esta pandemia. Y a los cristianos palestinos, que este año podrán celebrar la Navidad en la sufrida tierra de Jesús sin turistas, y ojalá al cobijo de las balas de sus hermanos judíos.

Biblia, Espiritualidad ,

Miguel Ángel Mesa Bouzas: No nos dejemos arrebatar la Navidad.

Jueves, 24 de diciembre de 2020

Refugiados_CaritasInternationalis_050117No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes desean mantener de manera inalterable lo más clásico y tradicional de la misma. Porque la verdadera Navidad nos invita cada día a volver a nacer, a renovarnos, a cambiar, a transformar, a reconstruir…

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes fomentan el odio contra los demás, contra el diferente y quien disiente. Porque la verdadera Navidad nos urge a buscar la armonía, el cuidado, la protección, la hospitalidad.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes nunca dudan y se creen en la posesión de la verdad. Porque la verdadera Navidad nace de la fragilidad existencial, de las dudas y la incertidumbre, para poder seguir caminando. Todo eso nos hace más humildes y sencillos.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes discriminan, marginan, alzan muros, ponen vallas, cierran fronteras… Porque la verdadera Navidad abre las puertas y las ventanas a la acogida, al entendimiento, a la integración, para crecer humanamente con el otro.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes con su forma de obrar mantienen las diferencias de género, de clases sociales, de riqueza y de poder. Porque la verdadera Navidad invita a la sencillez de vida, nos compromete con las personas más vulnerables, buscando la igualdad y eliminando las diferencias económicas y sociales, para crear otro mundo más fraterno, sin ningún tipo de opresión.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes piden mano dura contra los inmigrantes, contra los jóvenes que piden otro presente y futuro, contra las mujeres feministas que siguen luchando por la igualdad. Porque la verdadera Navidad es la de un Niño que tuvo que emigrar con su familia para poder sobrevivir, que se enfrentó a la tradición y a sus allegados para poder transformar la realidad, que se dejó acompañar e interpelar por las mujeres, que le ayudaron a buscar sin descanso la liberación, la igualdad, la compasión y la justicia.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes creen y predican un Cristo inalcanzable, perfecto, inflexible, excluyente. Porque la verdadera Navidad nos habla de un Jesús muy humano, débil, pobre entre los pobres, sencillo, acogedor, fraterno, revolucionario. Que perdona, reconcilia y nos llama a toda la humanidad a la más profunda felicidad, formando parte indisoluble de toda la creación.

Porque nunca dejó de ser el niño, el hijo abierto al Misterio más íntimo y apasionado de la Vida, que daba plenitud a su existencia y le enseñó a amar y solidarizarse, mediante las enseñanzas y el ejemplo que le dieron su madre y su padre, comprometidos también en la liberación de su pueblo y la construcción de un mundo mejor.

Miguel Ángel Mesa Bouzas

Fuente Fe Adulta

 

Biblia, Espiritualidad , ,

José Arregi: La gloria de la carne.

Jueves, 24 de diciembre de 2020

08-navidada4-cerezoHace 2.700 años, el primer Isaías, poeta genial, escribió: Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombres descansa el poder, y es su nombre: Maravilloso Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz (Is 9,5).

Siete siglos después, por los años 80 d.C., un médico evangelista llamado Lucas, otro poeta, contó: Unos pastores pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel se les apareció y les dijo: Os anuncio una gran alegría. Os ha nacido un Salvador. Los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en un pesebre (Lc 2,8-16).

Una década después, un teólogo místico, autor del cuarto evangelio, cuya identidad histórica nadie conoce, pero que no es ciertamente el apóstol Juan, en el prólogo de su evangelio sentenció: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14).

¿Hay forma de decir más en menos y con mayor belleza? Horizonte utópico, crítica política, sensibilidad humana, hondura mística, creación simbólica… No salgo de mi asombro, y debería simplemente escuchar, callar, mirar… y dejar que el corazón se ensanche y se fortalezcan las rodillas vacilantes. Pero déjame que vuelva a esas palabras navideñas desde estos umbrales de luz.

Un niño nos ha nacido, dice Isaías, dirigiéndose a un “pueblo que camina en tinieblas”, como tantos y tantos pueblos de hoy. No celebra el nacimiento de ningún niño, sino la entronización del nuevo rey, Ezequías, descrito como hijo de Dios dotado de atributos divinos. Pero es ironía profética. El profeta, enseñado por la historia, sabía que ningún rey será salvador y, por lo tanto, divino. Parece ensalzar al rey, pero en el fondo lo denuncia, pues dirige la mirada a un futuro liberador que no nacerá de la dinastía de David ni de ninguna otra dinastía de sangre azul. ¿Será posible? La tenacidad sufrida del pueblo, la lucha pacífica por la justicia, la bondad creadora, el Aliento que nos habita lo harán posible, si dejamos que aliente.

No temáis. Os anuncio una gran alegría, escribe Lucas. Unos pastores pobres –carentes de saber e impuros por oficio–, ángeles que les cantan y en lo más oscuro de la noche les anuncian: Os ha nacido un Salvador. María, José y un niño en un pesebre, nada de reyes, palacios, sacerdotes ni templos. Un niño en un pesebre. El mundo al revés. La pobreza solidaria, el poder de la ternura, la humanidad renaciendo desde abajo, la alegría de vivir recuperada, la paz y el respiro. He ahí lo divino, la gloria de Dios. Máxima ironía y la mejor noticia en un lenguaje de cuento para niños, para el corazón sin doblez.

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, declara el prólogo del cuarto evangelio. El oráculo insumiso del profeta y el relato imaginario del evangelista dejan paso al vuelo simbólico del teólogo místico. Pero el vuelo no se abstrae de la tierra y de lo concreto. La Palabra Sabiduría bíblica, Logos griego, Alma universal– habita en el corazón del mundo, de la materia animada que somos todos los seres. Y la Palabra, concluye, se hizo carne gloriosa y herida en la vida de Jesús, llena de libertad y de compasión. De su vida recibimos gracia tras gracia, y ahí se resume la verdad de cuanto es.

Todo lo decible y lo indecible –el Misterio de la Navidad, el Misterio de Jesús, que es el Misterio de la vida y de todos los vivientes– estaba dicho en forma de profecía, mito y símbolo, y no era posible decirlo mejor. Pero hubo doctores y obispos que quisieron decirlo mejor, y lo convirtieron en doctrina y en el siglo IV definieron el dogma de la Encarnación: “El Hijo Único y eterno de Dios, sin dejar su naturaleza y su personalidad divinas, en Jesús nacido de madre virgen asumió la naturaleza (no la personalidad) humana, para, muriendo en la cruz, salvarnos del pecado original y de nuestros pecados personales”. Y enseñaron que Dios, desde toda la eternidad y en todos los tiempos pasados y venideros, solo se encarnó una vez: hace 2000 años, en el planeta Tierra, en la especie Homo Sapiens, en un hombre judío de Galilea llamado Jesús.

Ese y otros dogmas ya no nos dicen nada, nos alejan de la Tierra y del aliento que la mueve, nos alejan de la vida, que es la única verdad revelada e infalible. Hay que desandar el camino hasta la vida de la que esos dogmas nacieron. Todas las palabras nacieron de la vida para llevarnos a ella, para hacerse carne, para hacernos vivir y, renovadas, rebrotar de la vida. Desandemos, pues, el camino, volvamos simplemente a la esperanza creadora del oráculo de Isaías, a la ternura y belleza desbordantes del relato de Lucas, a los símbolos abiertos, simples y pletóricos del cuarto evangelio: palabra, carne, casa.

Liberemos el dogma de sus cerrojos. Quienes aún nos reconocemos en Jesús, hijo de María y de José, remontemos el dogma hasta la Fuente sin principio ni fin de la Encarnación abierta e inacabada, universal e incesante. La Encarnación no se realizó una sola vez ni de una vez para siempre. La Encarnación no está cerrada ni acabada.

La Palabra o Energía o Espíritu o Dios habita, anima y une el corazón del Cosmos. Se expresa en la onda y la partícula, en la piedra, la planta y el animal. Se hace carne viviente, sintiente, inteligente. Habla, responde, ama de diversas maneras en todas las formas cambiantes que fueron, son y serán. Se hizo y seguirá haciéndose carne en todas las especies humanas que han existido en este planeta y en las especies posthumanas o transhumanas que existirán después del Homo Sapiens. Pasarán las lenguas, pasarán las religiones, pasarán las Iglesias y el cristianismo con todos sus dogmas, pero seguirá la Encarnación, la llamen como la llamen.

Hoy, en esta Navidad y cada día, yo contemplo el Alma y la Gloria de la vida en la carne palpitante de Jesús y, con toda mi pobreza, yo también la quiero encarnar.

José Arregi

Fuente Umbrales de Luz

Biblia, Espiritualidad ,

Gabriel Mª Otalora: Feliz Navidad.

Jueves, 24 de diciembre de 2020

Seguimos manteniendo la costumbre de felicitarnos las fiestas unos a otros, a modo de estribillo en las conversaciones de estos días. Es un uso que va a menos, pero sigue teniendo su fuerza social navideña: felicidades, bon Nadal, Gabon zoriontsuak!, que pases buenas fiestas, feliz Navidad…

¿Qué estamos diciendo cuando nos mandamos estos mensajes verbales y en postales navideñas de papel o internet? No hay duda que hay ganas de regalar al menos una sonrisa junto a la frase navideña cargada de buenas intenciones. La pregunta que muchos se hacen es en torno al sentido que tiene repartir urbi et orbe buenos deseos navideños en estas fechas si, en el resto del año, andamos a la greña entre los felicitados; o procuramos que la Navidad y lo que representa se manifieste todo el año, o es hora de dejar las frases que pueden sonar más a farsa que a otra cosa. Así lo sienten muchas personas ¿Estamos pues ante otro uso social, incuestionable como tantos otros hasta que la inconsecuencia resuena más fuerte que las frases bonitas?

No falta base para la queja, aunque hay que decir bien alto que no son pocos los que desean y trabajan por una Navidad “diferente”; es decir, auténtica, solidaria, humanizada, esperanzada, de ternura con el desvalido y de comprensión con el débil. Personas que se esfuerzan desde sus limitaciones humanas para que las felicitaciones generalizadas de estas fechas, sean expresión de una actitud personal de todo el año, que ahora la desbordan en palabras y gestos cargados de buenos y sinceros deseos con sus seres queridos y con otros no tan queridos.

Es cierto que tras las luces de colores y los mensajes navideños solo hay el deseo de unas fiestas que tienen mucho de farsa consumista y de un uso social vacío más allá del cambio de solsticio y sin más fondo que el divertimento y derroche con barniz religioso que solo produce contradicción y escándalo. Pero esta es solo una parte de la realidad. Existe otra parte de la Navidad no menos visible a nada que agudicemos un poco la vista: familias que se sienten unidas y que sufren porque el coronavirus les impide juntarse, personas cargadas de buenos deseos, hechos solidarios con los más necesitados, gentes que ponen la mejor sonrisa del corazón especialmente en estas fechas, ¡y no solo en estas fechas! No pocos cristianos experimentan la Pascua de Navidad desde el deseo de vivirla de manera solidaria para que nazca la Buena Noticia desde la experiencia de la alegría, solidaridad y amor, ajeno al consumismo insolidario.

Fiestas estas que llevan su carga especial de tristeza, con los graves desajustes que la pandemia sigue causando, con soledades agudizadas por el tono mortecino del invierno,  una mala economía que impide sumarse a “la fiesta”, la tristeza que desempolva dolores que vuelven con más fuerza en estas fechas… Deberíamos sentirnos agradecidos por lo que nos sobra y girar la mirada hacia los que más sufren, a los pobres de todo tipo -no solo de dinero- que están bien cerca de nosotros: pobres de salud, de ánimo, de soledad, de amor, de desesperanza, de incomprensión, de trabajo, de ilusiones; todos aquellos que padecen más intensamente sus penas. Nuestra actitud, como casi siempre, para bien y para mal, es una poderosa herramienta ante el presente que se nos impone.

Es l única manera de que el deseo de un año mejor deje de ser un tópico y pueda calar en lo más hondo de quienes lo reciben, sean ateos o creyentes. No solo hay que regalar buenos deseos, lo importante es regalar nuestra mejor actitud. Es lo que nos gustaría que nos regalen no unos pocos días sino todo el año. En la Navidad del covid-19, se hace más necesario descubrir que no es un momento del año sino un estado del corazón. Mi mejor deseo cristiano, pues, que se haga verdadera Navidad entre nosotros.

Biblia, Espiritualidad

Natividad del Señor: Misa de medianoche

Jueves, 24 de diciembre de 2020

pastores

LECTIO

 Isaías 9,1-3.5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombras una luz les ha brillado.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se alegran ante ti con la alegría de la siega, como se regocijan al repartirse un botín.

Porque, como hiciste el día de Madián, has roto el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el bastón opresor que los hería.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder, Y es su nombre: «Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz».

Dilatará su soberanía n medio de una paz sin límites, asentará y afianzará el trono y el reino de David sobre el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.

*•• Todas las lecturas bíblicas de las misas de Navidad, si bien con perspectivas diversas, intentan responder a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la Navidad? Iniciamos el recorrido desde los antiguos profetas. El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiría (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea amenaza ya la misma Judea y Jerusalén, y el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adonde dirigirse. A esta gente sin esperanza anuncia el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz». Luego, dirigiéndose a Dios, exclama: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (v. 2).

¿Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría? La alusión de Isaías se refiere a la huida de los Asirios, pero el profeta de Dios habla también de fuga de todo enemigo.

Anuncia la alegría por el que será: «Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz» (v. 5), el que, verdadero héroe de Israel, cumplirá todo esto. Pero ¿cómo será posible todo esto? Isaías responde: «El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará» (v. 6). He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: «un niño nos ha nacido» (v. 5: cf. Is 7,14; Miq 5,1- 3; 2 Sm 7,12-16), un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.

 *

Tito 2,11-14

Porque se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.

Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad, aguardando la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, el cual se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de que seamos su pueblo escogido, siempre deseoso de practicar el bien.

*» Pablo escribe a Tito, su discípulo convertido del paganismo y ahora obispo de Creta, explicándole el sentido de la venida de Jesús a nosotros con palabras llenas de esperanza: «Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (v. 11). La universalidad de la salvación es una dimensión esencial de la Navidad, y su verdadero mensaje es el anuncio de salvación y de vida nueva para toda la humanidad sin distinciones de razas ni colores, de clases sociales, ni de dotes intelectuales ni ninguna otra cosa. El Salvador que nos ha sido dado no es sólo un niño que ha elegido nacer en un pobre establo, entre incomodidades y queridos silencios, es sobre todo la sonrisa de Dios que se ha hecho visible, porque no ha perdido su esperanza en los hombres. Ha venido para enseñarnos el camino del bien, de la sobriedad y de la justicia, el desprecio de los atractivos malos e ilusorios del mundo, a la espera del retorno glorioso del Señor (v. 13). Libremente, dirá Pablo, «se entregó a sí mismo por nosotros» (v. 14), primero habiéndonos del Padre y llamándonos amigos, y después, al final, muriendo en la cruz por amor, nos ha liberado de toda esclavitud para reconducir al Padre, de una vez para siempre, a la humanidad reconciliada con él. Sólo la fe ayuda a descubrir el poder de Dios en la vivencia de un pobre. Desde que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, quiere ser acogido y reconocido como hombre: aquí es posible la búsqueda de Dios, porque él se ha quedado entre nosotros.

*

Lucas 2,1-14

En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria.

Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo:

“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Y de repente se juntó al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

*

» Sobre el fondo de los anuncios proféticos (cf. Miq 5,1-4; 1 Sm 16,1-3), Lucas en el evangelio nos habla del nacimiento histórico de Jesús. El relato es simple, pero sugestivo, lleno de matices teológicos y construido sobre el modelo del anuncio misionero, que comprende tres momentos. Primero la narración del acontecimiento: el edicto de César Augusto en tiempos de Quirino, gobernador de Siria, y el nacimiento de Jesús en Belén, en la pobreza, en un país sometido a una potencia extranjera (w. 1-7); después el anuncio hecho por los ángeles a los pastores, primeros testigos del evento de la salvación (w. 8-14); y, por último, la acogida del anuncio, con los pastores que van a la gruta, encuentran a Jesús, y sucesivamente el relato de su experiencia a otros (w. 15-20).

El punto central del relato, sin embargo, son las palabras de los ángeles a los pastores, que consideran con respeto el sentido gozoso del acontecimiento y la fe en Jesús Salvador en la figura de un niño pobre, «envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (v. 12). Dos motivos, pues, se iluminan uno a otro en el texto: la visible pobreza en la vivencia humana de Jesús y la gloria de Dios escondida en su presencia entre los hombres. Sólo unos cuantos pastores, representantes de gente pobre y humilde, reconocen al Mesías esperado: éste es el signo divino extraordinario del inicio de una época nueva en la historia de los hombres.

MEDITATIO

Para contemplar el misterio de Navidad necesitamos, sobre todo, simplicidad para asombrarnos ante su mensaje. Capacidad de asombro y mirada de niño son los medios necesarios para gustar el anuncio lleno de alegría de esta noche santa. Y esta alegría tiene una motivación clara: el nacimiento de un niño, Salvador universal, que trae motivos de esperanza para todos, que son paz, justicia y salvación. Y ¿qué signos cualifican a este niño? La debilidad, la pobreza, la impotencia y la humildad, cosas que el mundo ha rechazado siempre y que, por el contrario, ha hecho propias el Hijo de Dios.

Con la venida de Jesús las falsas seguridades de los hombres han zozobrado, porque Dios ha elegido no a los fuertes ni a los sabios, ni a los poderosos de este mundo, sino a los débiles, a los pequeños, a los necios, a los últimos: ha elegido «un niño acostado en un pesebre » (Le 2,7.12.16; cf. 1 Cor 1,27; Mt 11,26), pobre, marginado y desestimado. Precisamente sobre esta pobreza se despliega el esplendor del mundo del Espíritu, mientras nosotros estamos complicados en dramas de conciencia, porque nos tienta seguir principios de fuerza, de poder, de violencia. El niño de Belén nos dice que el milagro de la paz de la Navidad es posible para aquellos que acogen sus dones.

A esta luz el acontecimiento de esta noche no es sólo una fecha para conmemorar, sino evento capaz, también hoy, de contagio y de transformación. Cuatro son las noches históricas de la humanidad, según una antigua tradición rabínica: la noche de la creación (Gn 1,3), la de Abraham (Gn 15,1-6), la del Éxodo (Ex 12,1-13) y la de Belén, es decir, esta noche, que es la más importante, porque el Hijo de Dios ha traído su paz, distinta de la pax augusta, y es el fundamento de la «civilización del amor» (Pablo VI). ¿Somos capaces de vivir el misterio?

ORATIO

Te damos gracias, Señor del universo y de los hombres, porque en Jesús niño, que vino a la tierra portador de tus dones -la paz, la alegría, la justicia y la salvación-, se ha manifestado tu amor a todos. Queremos comprender, si bien con la pequeñez de nuestra mente, algo del misterio del Verbo encarnado, porque con ello se iluminará nuestro misterio humano.

Para los judíos era absurdo pensar que la Palabra definitiva de Dios apareciese en la debilidad del hombre Jesús. Para los paganos era escándalo aceptar la plena humanidad del Hijo de Dios, lugar indigno de la divinidad.

Nosotros, por el contrario, creemos que la Palabra, en un momento histórico muy preciso, «se hizo carne» en la fragilidad e impotencia como toda criatura, naciendo de una mujer, María (cf. 1 Jn 4,2-3), y creemos que en Cristo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, reside la revelación definitiva del Padre y el anuncio de la fe que nos salva.

El hombre del tercer milenio tiene necesidad de Jesús, revelador de tu amor de Padre, para escapar de su individualismo y de su superficialidad, que lo privan de los verdaderos valores en que se puede encontrar la esperanza de vivir. Señor, el nacimiento de tu Hijo nos revela que también nosotros en Jesús hemos sido hechos hijos tuyos y te podemos conocer.

Haz que toda nuestra vida, sobre el modelo de la de Cristo, se vuelva en actitud de docilidad filial hacia ti y, para ello, en la noche de Navidad nos ponemos de rodillas, en adoración ante el rostro humano del Jesús-Niño, tu Hijo unigénito, en el que resplandece e irradia tu rostro invisible de Padre, para ver nuestro rostro divino.

CONTEMPLATIO

Pero ¿quién soy yo? ¿Podré decir algo digno de lo que se ve? Me faltan las palabras: la lengua y la boca no son capaces de describir las maravillas de esta solemnidad divina. Por eso yo con los coros angélicos grito y gritaré siempre: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

Dios está en la tierra; ¿quién no será celeste? Dios viene a nosotros, nacido de una Virgen; ¿quién no se hará divino hoy y anhelará la santidad de la Virgen, y no buscará con celo la sabiduría, para hacerse más cercano a Dios? Dios está envuelto en pobres pañales; ¿quién no se hará rico de la divinidad de Dios si acoge algo humilde?

Exulto como los pastores y me sobresalto escuchando estas voces divinas: ansío ir al pesebre que acoge a Dios y deseo llegar a la celestial gruta: anhelo ver el misterio manifestado en ella y allí, en presencia del Engendrado, levantar la voz cantando: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!» (Sofronio de Jerusalén, Le Omelie, Roma 1991, 55-57).

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,5).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En aquella noche de Navidad una multitud del ejército celeste se apareció en Belén a los pastores, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!»; en este mismo momento nosotros celebramos ¡untos el nacimiento de nuestro Señor y su pasión y muerte. Según el mundo, este modo de comportarse es extraño. Porque ¿quién en el mundo puede llorar y alegrarse al mismo tiempo y por el mismo motivo? En efecto, o la alegría será dominada por la aflicción, o la aflicción será aniquilada por la alegría; solamente en nuestros misterios cristianos podemos alegrarnos y llorar al mismo tiempo y por la misma razón. Pero pensad un poco en el significado de la palabra «paz». ¿No os parece extraño que los ángeles hayan anunciado la paz mientras el mundo está incesantemente azotado por la guerra o por el miedo de la guerra? ¿No os parece que las voces angélicas se hayan equivocado y que la promesa fue una desilusión y un engaño?

Reflexionad ahora sobre cómo habló de la paz nuestro Señor mismo. Dijo a sus discípulos: «Mi paz os dejo, mi paz os doy». ¿Entendía Él la paz como nosotros la entendemos: el reino de Inglaterra está en paz con sus vecinos, los barones están en paz con el rey, el jefe de familia que cuenta sus pacíficas ganancias, la casa bien limpia, su mejor vino sobre la mesa para el amigo, su mujer que canta a sus hijos? Aquellos hombres que eran sus discípulos no conocían nada de esto: ellos salieron a hacer un largo viaje, a sufrir por tierra y por mar, a encontrar la tortura, la desilusión, a sufrir la muerte con el martirio. ¿Qué cosa quería, pues, decir Él? Si queréis saberlo, recordad que dijo también: «No os la doy como la da el mundo». Así pues, Él dio la paz a sus discípulos, pero no como la da el mundo

*

T. S. Eliot,
Asesinato en la catedral,
Madrid 1996.

***

Biblia, Espiritualidad ,

Cristianos Gays os desea una Feliz Navidad

Jueves, 24 de diciembre de 2020

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“Como nos ama
hacese a nuestra medida”

Santa Teresa de Jesús

Los Administradores y Moderadores de Cristianos Gays queremos desearos a todos una muy feliz Navidad, a pesar de la Pandemia y sabiendo que hemos de cuidarnos entre todos siguiendo las recomendaciones sanitarias.

Deseamos que el Niño Dios se encarne no solo en nuestros corazones, sino también en nuestras obras.

Que sepamos reconocer a este Dios que se hace carne en una madre soltera, criado por un padre que no es el suyo en lo humano. Al margen de lo establecido. Por eso felicitamos la Navidad con el Niño que nace en el hogar con dos madres. El hogar con dos padres. El hogar con una sola madre o con un solo padre. Porque hogar es donde hay amor, no un numero y tipo de personas. Y si hay amor, ahí nace Jesús.

Hoy contemplamos en el relato del Evangelio cómo la Palabra se hizo carne (Jn 1, 1-18). Nos suele resultar complicado pensar en Jesús tal y como nos lo presenta hoy Juan: preexistente, divino, revelador del Padre… Es un misterio que desborda pero que llena de gozo desmesurado. Dios se nos muestra de una forma inauditamente cercana porque el amor tiende a abajarse y a hacerse próximo. También mi amor debe tender a encarnarse en gestos hacia los demás que muestren cómo es Dios.

Gracias por los que entráis, leéis, compartís y nos regaláis vuestra amistad y oraciones.

Que el Niño Dios colme de bendiciones todos vuestros nobles deseos y esperanzas.

¡Feliz Navidad!

***

Cerremos la puerta detrás de nosotros. Escuchemos con oído atento la inefable melodía que resuena en el silencio de esta noche. El alma silenciosa y solitaria canta al Dios del corazón su canto más suave y afectuoso. Y puede confiar que él le escucha. De hecho, este canto no debe ya buscar al Dios amado más allá de las estrellas, en una luz inaccesible, donde habita y ninguno puede verle.

Como es Navidad, como la Palabra se ha hecho carne, Dios está cerca, y la dulcísima palabra, la palabra del amor, encuentra su oído y su corazón en la sala más silenciosa del corazón. Y quien se ha detenido cerca de sí, aunque es de noche, en esta paz nocturna, en las honduras del corazón de Dios, percibe la dulce palabra del amor. Es preciso estar tranquilos, no temer la noche, hay que callar. De otro modo no se escucha nada.

De hecho, la última cosa se dice solamente en el silencio de la noche, cuando, por la llegada llena de gracia de la Palabra en la noche de nuestra vida, se ha hecho Navidad, noche santa, noche de silencio.

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Karl Rahner,
Dios se ha hecho hombre,
Brescia 31990, 72-73).

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

¡Señor de la noche, Dios de luz, Visita mi establo oscuro!

Jueves, 24 de diciembre de 2020

109150scr

 

Para decir juntos nuestra fe.

¡Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que la Navidad tenga lugar esta noche (…)

En tus tierna manos
deposito mi miedo de no ser …
Esta noche naceremos
de un mismo aliento;
Nacerás en mí
Para venir al mundo que me rodea,
Y yo naceré de ti,
Acogida como una reina
Acogido como un rey
Hasta en mis más sombríos rincones.

¡ Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que Navidad se efectue esta noche (…)
Entonces, por fin, en mi desierto
habrá sitio para los otros,
Aquellos que te nombro ahora
En un silencio
Que implora tu compasión.

*

Lytta Basset

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Nota:

Esta tarde a las 16:00, hora española, aparecerá la felicitación de Navidad y, a partir de las 18:00h, los textos y meditaciones de la Misa de Media Noche, y tres textos más para que nos acompañen los momentos previos a la cena de Nochebuena y a lo largo de esta noche santa… Acordémonos de quienes esta noche la pasan solos o no pueden celebrarlo por multitud de razones….

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Gerardo Villar: Carta para una familia en Belén.

Jueves, 24 de diciembre de 2020

Adviento Sagrada Familia (eligelavida)Amigos José y María: Todos los años celebramos el nacimiento de Jesús. Pero este año con el coronavirus, os voy a mandar ciertas advertencias para que las tengáis en cuenta, no vaya a ser que, con la covid, agarréis la enfermedad y lo compliquemos todo.

Ya sé que marcháis con tiempo hacia Belén porque si os pilla un confinamiento, por menos de nada, os quedáis encerrados a medio camino.

. Al hacer los trámites o papeleo, cuidado con estar junto a muchas personas. No paséis de media docena. Y vosotros sois tantos de familia y de antepasados….

. Cuidado al ir por las casas pidiendo posada, no os contagiéis.

. Que los pastores pasen a la cueva en turnos, para que nunca estéis más de seis personas.

. Y no se os olvide la mascarilla. Bueno, a Jesús no se la pongáis porque es tan pequeño…

. No sabéis los días que vais a tener que permanecer. A ver si hay suerte y no os confinan. Por eso, llevad un poco más de ropa y comida.

. Cuando nazca el Niño, dejadle en el pesebre. Primero lo purificáis con vuestras manos y lo dejáis sobre las telas tan limpias y desinfectadas que le ha preparado María

. Conviene que los ángeles canten bajito. Que es perjudicial el cantar muy fuerte y además en lugar pequeño. Y ojo, nada de muchos ángeles.

. Tenéis una ventaja: dicen que hace falta buena ventilación. Aire ya os sobra, el que entra por la boca de la cueva.

. Y este año, nada de cantos. Tenéis más tiempo para contemplar a Jesús y para hablar entre vosotros dos.

. Cuidado con las visitas, que Herodes es capaz de mandaros algún soldado contagiado. Así que silencio y recogimiento.

. Como sois tan espirituales los dos, vais a tener tiempo para dedicarlo a contemplar a vuestro Hijo y a decirle bajito vuestros cariños y alegrías.

. Ojo: limpiad las piedras y los troncos en que se sienten los que os visiten. Pasad luego un paño para limpiar. Y salvo, María, Jesús y José, guardad las distancias. Eso sí, haced una pequeña trampa y dejad darle un beso al Niño, que ese no puede transmitir nada malo.

. Si podéis, cuando lleguen los magos, mirad a ver si traen de oriente alguna hierba rara que cure los males y encargadle gran cantidad a ver si curan como vacuna este virus de la pandemia.

Y nada más. Felicidades y un beso para el Niño.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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