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Al calor de tu evangelio.

Lunes, 2 de mayo de 2022

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Al calor de tu Evangelio
nos reunimos con gozo
a celebrar nuestra amistad
y cantar a la vida que Tú nos das.

Al calor de tu Evangelio
nos sentimos hijos del mismo Padre,
renovamos la fraternidad
y proclamamos nuestra igualdad.

Al calor de tu Evangelio
compartimos hoy lo vivido
abriendo nuestros corazones
y acogiendo tu brisa y rocío.

Al calor de tu Evangelio
hacemos silencio respetuoso
escuchando a los hermanos
y dialogando contigo.

Al calor de tu Evangelio
soñamos, despiertos, el futuro
y miramos el horizonte
con esperanza de discípulos.

Al calor de tu Evangelio
prendemos fuegos a tu estilo
para que sus llamas y brasas
atraigan a caminantes perdidos.

Al calor de tu Evangelio,
una vez más, comenos y cantamos
recobramos nuestra dignidad
y hacemos comunidad.

Al calor de tu Evangelio
oramos como Tú nos enseñaste,
nos dejamos llevar por tu Espíritu
y danzamos alegremente.

Al calor de tu Evangelio
desaparecen fantasmas y miedos,
nuestros rostros se iluminan
y, poco a poco, nos enamoramos.

Al calor de tu Evangelio
acogemos tu llamada y ruego,
y nos vamos prestos contigo
a ser buena noticia, luz y fuego.

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Al atardecer llegó con los doce”, por Dolores Aleixandre

Sábado, 16 de abril de 2022

Un bello texto de su blog Un grano de Mostaza para meditar en silencio ante el Cristo yacente recordando cómo hemos llegado hasta aquí… Es nuestro amigo quien está ahí… el que nos arrebataron… porque le  dejamos marchar solo a pesar de que Él no nos abandonó… es el que esperamos que vuelva tras esta noche de tiniebla, de dolor, de muerte…

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En el relato de Marcos sobre los preparativos de la cena pascual, hay un significativo desplazamiento de lenguaje. El texto comienza diciendo: «El primer día de los ázimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, le dicen los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?… » (Mc 14,12). Sin embargo, cuando es Jesús quien da las instrucciones para el dueño de la casa, habla de «cenar con mis discípulos», desaparecen las alusiones a lo litúrgico y no hay ya ni una palabra sobre ázimos, cordero, hierbas amargas, oraciones o textos bíblicos: solo pan y vino, lo esencial en una comida familiar.

Quiere cenar con los suyos y para eso necesitan encontrar una sala en la que haya espacio para estar juntos: ese es el único objetivo que permanece y que Lucas subraya aún con más fuerza « ¡Cuánto he deseado cenar con vosotros esta Pascua!» (Lc 22, 15). El «con vosotros» es más intenso que la conmemoración del pasado, lo ritual deja paso a los gestos elementales que se hacen entre amigos: compartir el pan, beber de la misma copa, disfrutar de la mutua intimidad, entrar en el ámbito de las confidencias.

Su relación con ellos venía de lejos: llevaban largo tiempo caminando, descansando y comiendo juntos, compartiendo alegrías y rechazos, hablando de las cosas del Reino. Él buscaba su compañía, excepto cuando se marchaba solo a orar: había en él una atracción poderosa hacia la soledad y a la vez una necesidad irresistible de contar con los suyos como amigos y confidentes.

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Al principio ellos creyeron merecerlo: al fin y al cabo lo habían dejado todo para seguirle y se sentían orgullosos de haber dado aquel paso; les parecía natural que el Maestro tomara partido por ellos, como cuando los acusaron de coger espigas en sábado y él los defendió (Mc 2,23-27); o cuando el mar en tempestad casi hundía su barca y él le ordenó enmudecer (Mc 4,35-41); o cuando volvieron exhaustos de recorrer las aldeas y se los llevó a un lugar solitario para que descansaran (Mc 6,30-31).

Sin embargo, las cosas que él decía y las conductas insólitas que esperaba de ellos les resultaban ajenas a su manera de pensar y de sentir, a sus deseos, ambiciones y discordias y una distancia en apariencia insalvable se iba creando entre ellos: le sentían a veces como un extraño venido de un país lejano que les hablaba en un lenguaje incomprensible.

Pero aunque ninguno de ellos se sentía capaz de salvar aquella distancia, Jesús encontraba siempre la manera de hacerlo. El día en que admiró la fe de los que descolgaron por el tejado al paralítico (Mc 2,5), estaba en el fondo reconociéndose a sí mismo: también él removía obstáculos con tal de no estar separado de los suyos y nada le impedía seguir contando con su presencia y con su compañía, como si los necesitara hasta para respirar.

Ellos se comportaban tal y como eran, más ocupados en sus pequeñas rencillas de poder que en escucharle, más interesados en lo inmediato que en acoger sus palabras, torpes de corazón a la hora de entenderlas. Pero él se había ido inmunizando contra la decepción: los quería tal como eran sin poderlo remediar, los disculpaba, seguía confiando en ellos.

« Todos vais a tropezar, como está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño» (Mc 14,27), dijo durante la cena. No habló de culpa, ni de abandono, ni de traición: eran amigos frágiles que tropezaban y no se puede culpar a un rebaño desorientado cuando se dispersa y se pierde. Sabía que iban a abandonarle pronto y que, si no habían sido capaces de comprenderle cuando les hablaba de sufrimiento y de muerte, tampoco lo serían para afrontarlo a su lado, pero sobre sus hombros no pesaba carga alguna de reproches o de recriminaciones. Libre de toda exigencia de que correspondieran a su amor, estaba seguro de que, lo mismo que su abandono en el Padre le daría fuerza para enfrentar su hora, aquel extraño apego que sentía por los suyos sería más fuerte que su decepción por su torpeza.

Y seguiría considerándolos amigos, también cuando uno de ellos llegara al huerto para entregarle con un beso.

Fuente Religión Digital

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Soledad de los abandonados. Sábado Santo: El Cristo de la Soledad

Sábado, 16 de abril de 2022

Del blog de Xabier Pikaza:

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Con todos los solitarios, abandonados del mundo

En esta Semana Santa se han alzado y han desfilado por iglesias y calles muchas imágenes de Cristo y de su Madre. La más impresionante acaba siendo la imagen y cofradía de la soledad, pues de ella somos todos, queramos o no, hombres y mujeres solitarios, al fin solos, ante Dios y ante la muerte, ante nosotros mismos.

   Solitarios con Jesús, ante la vida, ante el amor, ante la muerte. Eso es lo que somos. Soledad al fin, pero soledad acompañada por Jesús, el Solitario de Dios y de los hombres.

Soledad de soledades, todo es soledad 

Hay una soledad primera de impotencia o miedo,propia de personas con dificultades afectivas y/o psicológicas y familiares, soledad de los abandonados a sí mismo,  como el Cristo que grita desde la Cruz “Dios mío ¿por qué me has abandonado?” y así muere solo, en el silencio de la tarde oscura.

Hay una soledad segunda, de marginados y crucificados,de aquellos que no pueden compartir la vida con los otros, porque les rechazan, por razones económicas, sociales…  (por raza, por clase social o por emigración).  Es la soledad de los que emigran por todos los caminos sin camino, pues no llevan a ninguna parte, acabando así ante muros cerrados, ante vallas encendidas de muerte, rechazados por ricos  que se encuentran todavía más solos detrás de los muros que han alzado, porque tienen miedo de sí mismos y miedo de los otros.

Hay una soledad tercera, propia de personas que se aíslan en su propio autismo, por culpa propia o por culpa de los otros, por rechazo afectivo, por envidia y egoísmo personal o por enfermedad… pues la enfermedad suprema es la de estar solos, con sus propias máquinas de miedo y diversión desnuda entre las manos, sin un trozo de pan de amor propio o de amor ajeno alimentarse…

Y está al fin, en el centro de todas, este sábado Santo, sábado de soledad, la Soledad del Cristo de Dios, que es el Cristo de todas las soledades… Hoy quedamos ante él y con en silencio. Como meditación en el silencio quiero ir desgranando unas palabras… Queden aquí los que entiendan con Jesús de soledades, y los que no entiendan, que somos la mayoría. Sigan leyendo los que a pesar de todo pueden y quieren seguir pensando.

Jesús, experto en soledades. La agonía de la soledad

La soledad de Jesús fue ante todo una soledad agónica, la agonía de un hombre que quiso ser presencia y compañía de Dios para todos, y que al fin quedó a solas en la cruz, ante su Dios y ante su amor, que era los hombres, como declara el Evangelio de Juan, cuando empieza diciendo que vino a los suyos y los suyos no le recibieron (Jn 1, 11‒13).

       Fue llamando a muchas puertas, y todas al fin se cerraron ante su llamada. Y por eso le sacaron fuera de la ciudad, para condenarle a la muerte más solitaria de todas, en una cruz, con otros dos condenados… sin más compañía que una mujeres mirándole a lo lejos, desnudo, totalmente desnudo, porque habían subastado sus ropas, para que le vieran así, el hombre del amor frustrado.

Esta fue una soledad agónica, es decir, de agonía, que significa lucha, agôn, entrega de la vida por un amor más alto, pasión de amor abierto hacia todos. La soledad más profunda implica siempre un tipo de esfuerzo,  de purificación, de vencimiento radical de sí mismo, de ofrenda de la vida en manos del misterio de Dios y de los otros. Es una soledad para la compañía. Una soledad en la manos de Dios, para así compartirlo todo y morir amor con otros.

       Y en soledad de amor murió Jesús, dándolo todo, dándose del toro, en manos de Dios que son las manos de los hombres, aguardando una respuesta de amor… Pero en el trance final de la Calavera Dios quedó callado, y callados los hombres, que no respondieron a su amor, y le dejaron como nació, desnudo, pero desnudo para morir, clavado a la cruz de su propia soledad, con unas mujeres llorando a lo lejos por su amor abandonado. , brota un lugar para el encuentro de Dios como Señor que resucita, como todo en todos

Todo empezó al fin en el Huerto de la Soledad  

greco200 Tenía que haber sido huerto de amor con los suyos, bajo la sombra amorosa de los grandes olivos… Pero el huerto se convirtió en soledad, con un ángel que logró ver el Greco, pero que Jesús no veía.

En el momento clave de su despedida, en la noche de sus bodas, Jesús entró en el huerto de la prensa del olivo (Getsemaní), para ser allí prensado por el abandono de todos. Necesitaba compañía y la pide a los amigos. En unión con ellos se sitúa ante el misterio: «Abba, Padre, tú lo puedes todo; aparte de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya» (Me 14, 36 y par). Ruega con dolor, con lágrimas de sangre, como añade el evangelio de Lucas, en una glosa muy significativa (Le 22, 43-44), pero nadie le responde; sus amigos duermen, Dios está callado.

       Vuelve pidiendo ayuda a los suyos y los encuentra más dormidos que antes, por el peso de la tristeza y la impotencia, quizá por miedo, cada uno con su sueño baldío, a la sombre de noche de los viejos olivos. Y Jesús de nuevo en la oración, absoluta­mente solo, sin ningún apoyo humano, sin recuerdo ni belleza en que fundarse. Pide compañía y no la obtiene, quiere llenar su soledad de amor y no le atienden. El Dios a quien invoca como Padre no le saca de la prueba, sino que le introduce más profundamente en ella, como sosteniéndole en la marcha de la muerte. En ese contexto se entiende la palabra clave de la Cruz: «¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Me 15, 34).

No podemos comprender esta soledad abandonada de Jesús, a quien todos condenan, a excepción de unas mujeres que miran de lejos, y así le acompañan en el alma, pero en soledad… mientras destruyen su vida los que hacen guardia de muerte ante su cruz de moribundo. Pues bien, en un sentido, debemos añadir que tampoco Jesús, Hijo de Dios, entiende en un primer nivel su soledad y por eso pregunta a Dios: ¿Por qué me has abandonado?

Evidentemente, en un sentido, Dios le ha dejado sólo, pues parece que no cumple su promesa de Reino, de tal forma que él (Jesús) tiene que morir sin haber logrado (en un sentido externo) aquello que Dios le había prometido en el bautismo, al decirle “tú eres mi Hijo el predilecto”. Y así, como predilecto de Dios muere, abandonado al parecer del mismo Dios, gritando desde la cruz (¿por qué me has abandonado?), abandonado de todos, con la pura mirada de unas queridas mujeres… que son el amor de Dios que le mira y acompaña.

En ese camino de soledades, mientras pregunta a Dios, en la Vía Dolorosa que va del Huerto de la Prensa de los los Olivos a la Cruz del Calvario, sobre el monte de la “calavera desnuda” (que eso significa Calvario, una “calva” de Dios en la tierra), Jesús va descubriendo que ese abandono y soledad pertenece al camino que Dios le ha encomendado, para al anunciar el Reino a los pobres y expulsados, a todos los solitarios y crucificados de la historia. Jesús ha muerto al fin como él mismo lo había buscado en el fondo, como mueren los rechazados de la tierra.

Soledad de abandonado: «Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?»

          Detalle La tradición de Mc 15, 37 y Mt 27, 46 dice que Jesús murió así, dando un gran grito de soledad final y de protesta‒llamada de amor, que los evangelistas interpretaron con las palabras de Sal 22, 2 como invocación y pregunta dirigida a Dios (¿por qué me has abandonado?). Ésta es la cuestión final de la Semana Santa: ¿A quién llamó Jesús cuando moría? ¿Con quién dialogó, presentándole su angustia?

Muchos exegetas han supuesto que el grito de fondo de Jesús y las interpretaciones posteriores han sido una creación de la iglesia (pues los crucificados mueren por asfixia y no pueden gritar), añadiendo que todo el pasaje ha sido una construcción simbólica para vincular la muerte de Jesús con el fin del mundo (así escuchamos voces en Ap 4, 1; 5, 2; 8, 13 etc.; cf. también Mc 1, 11).

En contra de eso, debemos afirmar que el recuerdo de ese grito evoca un hecho histórico, es decir, la última gran voz de Jesús, pidiendo amor a Dios y a los hombres, porque al decir Dios mío Jesús está diciendo: Mis amigos todos ¿por qué me habéis abandonado?

‒ Jesús llama a Elías, es decir, nos llama a nosotros desde su soledad. La pregunta clave es a quién llama Jesús desde su soledad, a Dios o a sus amigos, simbolizados todos por Elías. Esta empieza siendo una pregunta filológica. Jesús dice algo así como Elohi,   (que sería mi Dios, en arameo) o como Eli (mi Dios, en hebreo o en arameo hebraizado). Significativamente, ambas palabras pueden entenderse como Elías (Eliya), que significa Dios, que significa todos mis amigos…

 historia jesús 45   A todos sus amigos llama Jesús desde la cruz, nos llama a todos, preguntando por qué le hemos abandonamos, por qué abandonamos en manos de la muerte (o matamos) a todos los condenados de  Auschwitz o de los campos de concentración y cruz de la tierra entera, a los niños hambrientos, a los encerrados tras los muros de la tierra entera.

– Pero, llamando a sus amigos, a todos nosotros, Jesús llama a Dios,que es el Dios de todos, gritándole desde el Calvario. Está culminando el tiempo de su vida, y ahora parece que Dios ha desviado el rostro, dejando así en abandono y dolor al Cristo agonizante que le invoca. El pretendido Cristo” que así grita no podía ser Hijo de Dios (como habían dicho los sacerdotes de Mt 27, 40). Ciertamente, no ese ese Hijo de Dios en potencia de muerte, sino el Hijo de Dios verdadero, el que hace suyo el camino de muerte de la historia de los pobres, gritando desde la Cruz a Dios, es decir, a todos los hombres.

‒ ¿Por qué me has abandonado? (Mt 27, 46) El grito de Jesús es una llamada al Dios que puede liberarle de la muerte o, mejor dicho, explicarle el “por qué” de esa muerte. Entendido así, ese grito constituye una confesión de fe, en la línea del Sal 22, 2, que Jesús está citado. La palabra “por qué” (con,, lemá,  transcripción griega del arameo lema’,   que el texto griego traduce por  inatí,  puede tener dos sentidos: (a) Esa palabra puede insistir en el abandono en cuanto tal, sin más razones: ¿cómo puede Dios abandonar a su enviado? (b) Pero ella puede preguntar, más bien, por la razón del abandono: ¿por qué causa, con qué fin le ha desamparado Dios?

Esta pregunta ha de entenderse a la luz de la acusación y condena de los transeúntes, sacerdotes y bandidos de Mt 27, 38-44, que no preguntaban “por qué”, ni razonaban, sino que simplemente condenaban a Jesús, sin ningún tipo de justificación. Ahora, Jesús recoge la acusación de sus enemigos y, de esa forma, desde su situación de mesías externamente fracasado, pregunta a Dios: ¿Por qué?

       Sin duda, la “culpa” inmediata la tienen los sacerdotes que le han acusado, y Pilato que le ha condenado a muerte. Pero la “causa” o razón última de su muerte en cruz es Dios. Por eso le pregunta en arameo transliterado en griego ¿por qué  sabakhthani, en  hebreo ‘azabtani,  me has abandonado? No rechaza ni condena a Dios (pero tampoco se condena a sí mismo, diciendo ¡he pecado!), sino que pregunta… elevando su pregunta a todos los que abandonan a los otros. 

       En un contexto como el suyo, un tipo de hombre “normal” no preguntaría, sino que protestaría contra Dios, es decir, le acusaría, o (más bien) confesaría su pecado. Pero Jesús no protesta, ni se confiesa pecador, sino que pregunta, como si fuera necesario superar un plano de razonamientos y causas para descubrir a Dios en su abandono y muerte… y descubrir al mismo tiempo el “abandono” de los hombres: ¿Por qué se abandonan y matan unos a  los otros? Leer más…

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“Habitar la Tierra: ¿Cuál es el camino para la fraternidad universal?”, por Leonardo Boff

Miércoles, 16 de marzo de 2022

Fraternidad_2419268076_15901451_660x371De su blog La fuerza de los pequeños.

Venimos del barro de la Tierra, es el lazo que une 

Estamos ante una triste constatación: el tipo de mundo en el que vivimos es todo menos fraternal. Lo que predomina es el poder, que desde el inicio establece una división entre quien tiene poder y quien no tiene poder

Sin embargo, el anhelo humano de libertad, igualdad y fraternidad es imperecedero. Son muchos los motivos que fundan la fraternidad

Todos somos portadores de la misma humanidad, poco importa el origen. Todos los seres, también los humanos, tenemos algo en común: venimos del barro de la Tierra

Estas raíces comunes nos invitan a vivir en fraternidad universal e ilimitada. Es el gran sueño de Francisco de Roma, el Papa actual, que ha escrito una valiente encíclica Fratelli tutti como respuesta a un mundo globalizado

La fraternidad puede ser una actitud permanente, un modo de ser, un espíritu que impregne todas las relaciones entre las personas a condición de renunciar al poder-dominación y de tener humildad

Este libro ‘Habitar la Tierra: cuál es el camino para la fraternidad universal’ quiere traer a debate la urgencia del amor social y de la fraternidad universal

Ante las graves amenazas que pesan sobre la Madre Tierra superexplotada y la ruptura del tejido social de las naciones, la fraternidad sin fronteras, como un nuevo tipo de presencia en el mundo, nos podrá salvar

Estamos ante una triste constatación: el tipo de mundo en el que vivimos es todo menos fraternal. Lo que predomina es el poder, que desde el inicio establece una división entre quien tiene poder y quien no tiene poder. Se trata del poder-dominación, político, económico, ideológico, mediático, también familiar, y otros. De esta división nacen toda suerte de desigualdades: unos imponiéndose a los demás, la mayoría situada en el piso de abajo y unos pocos en el piso de arriba.

La desigualdad significa injusticia social, que éticamente es inaceptable. Para las personas de fe, la injusticia social es un pecado contra el Creador porque le ofende a Él y a sus hijos e hijas. Por lo tanto, estamos en una situación que no nos agrada a nosotros y tampoco agrada a Dios.

Es intensa la búsqueda humana de una sociedad libre, igualitaria, justa y fraterna. En nombre de ella se hicieron las grandes revoluciones, siempre derrotadas, pero nunca vencidas definitivamente, pues el anhelo humano de libertad, igualdad y fraternidad es imperecedero. Siempre habrá personas y movimientos sociales que mantendrán vivo ese sueño y tratarán de concretarlo en la historia.

Son muchos los motivos que fundan la fraternidad. En primer lugar, todos somos portadores de la misma humanidad, poco importa el origen, el color de la piel, la religión y la visión de mundo que tengamos. Todos tenemos el mismo código genético de base, presente en todos los seres vivos: los veinte aminoácidos y las cuatro bases nitrogenadas. Dicho en lenguaje pedestre: estamos construidos de 20 ladrillos diferentes y cuatro tipos de cemento. Los ladrillos combinados y amalgamados con los varios tipos de cemento producen la biodiversidad. Lo cual quiere decir que existe un lazo de fraternidad real entre todos los seres vivos y especialmente entre los humanos. La fraternidad es universal, incluida la naturaleza.

Otra razón de la fraternidad es el hecho de que todos los seres, también los humanos, tenemos algo en común: venimos del barro de la Tierra. Homo, ser humano, procede de humus, tierra buena y fértil. De la misma forma, nuestro antepasado bíblico Adán, se deriva de adamah, que quiere decir: tierra arable y fecunda. De ese barro el Creador nos sacó y moldeó como sus criaturas, todos hermanados entre sí.

Estas raíces comunes nos invitan a vivir en fraternidad universal e ilimitada. Este fue el sueño de Jesús, que advirtió que nadie sea llamado maestro porque todos somos hermanos y hermanas. La fraternidad sin fronteras fue la búsqueda ardiente de San Francisco de Asís, que llamaba a todos los seres de la naturaleza con el dulce nombre de hermanos y hermanas. Fue a conversar con el sultán musulmán en Egipto porque quería una fraternidad universal que implicaba incluir a cristianos y no cristianos. Es el gran sueño de Francisco de Roma, el Papa actual, que ha escrito una valiente encíclica Fratelli tutti, “todos hermanos y hermanas”, como respuesta a un mundo globalizado que crea socios, pero no hermanos y hermanas, que nos hace virtualmente próximos, pero realmente distantes por causa de la riqueza de algunos a costa de la pobreza de muchos.

Dentro del mundo actual, fundado en el poder-dominación sobre personas, sobre pueblos y sobre la naturaleza, la fraternidad  universal no tiene condiciones para realizarse. Sin embargo, si bien no parece viable, ella puede ser una actitud permanente, un modo de ser, un espíritu que impregne todas las relaciones entre las personas, y también las institucionales, de participación igualitaria y cooperativa. Todo eso a condición de renunciar al poder-dominación y de tener humildad, no como una virtud ascética, sino como un mojar nuestras raíces en el mismo humus de donde la naturaleza y nosotros aseguramos nuestra existencia, viendo en cada ser y en cada persona, un hermano y una hermana, con el mismo origen y el mismo destino. Entre hermanos y hermanas hay amor, cuidado y un sentimiento profundo de pertenencia.

Ante las graves amenazas que pesan sobre la Madre Tierra superexplotada y la ruptura del tejido social de las naciones, la fraternidad sin fronteras, como un nuevo tipo de presencia en el mundo, nos podrá salvar. Este libro Habitar la Tierra: cuál es el camino para la fraternidad universal quiere traer a debate la urgencia del amor social y de la fraternidad universal, por lo menos como un modo de ser tierno y despojado de la voluntad de poder-dominación, creando un lazo de afecto y de cuidado entre todos los seres del mundo natural y del mundo humano.

*Leonardo Boff, 1938, se doctoró en teología sistemática en Múnich. Fue 22 años profesor de teología del Instituto Teológico Franciscano de Petrópolis. Posteriormente se doctoró en filosofía en la UERJ y fue profesor de Ética, Filosofía de la Religión y Ecología Filosófica en la Universidad de Río de Janeiro. Fue profesor visitante en varias universidades europeas. Fue muchos años editor religioso de la Editorial Vozes y coordinó la publicación de la obra completa de C.G.Jung en portugués. Recibió el premio Nobel alternativo de la Paz 2001 del Parlamento sueco. Es doctor honoris causa por varias universidades. Ha escrito cerca de cien libros en las áreas de teología, filosofía, espiritualidad y ecología.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Fuente Religión Digital

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Navidad ¿qué va a cambiar?

Sábado, 25 de diciembre de 2021

 

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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba ¡unto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

        Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

        Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

        Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de todos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

        Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad.

*

W. Pannenberg,
Presencia de Dios,
Brescia 1974, 119-120).

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Jueves Santo. Ni Grial ni Mantel, nosotros somos la Cena de Cristo

Jueves, 1 de abril de 2021

eucaristia-720_270x250Del blog de Xabier Pikaza:

“Jesús en nosotros, desde y con los pobres, excluidos, oprimidos y perdidos de la tierra”

Los de Valencia dicen que el Grial, del que bebieron Jesús y sus discípulos, es suyo. Los de Coria (Cáceres) responden que el paño o mantel lo tienen ellos. Pero los cristianos creemos que la Eucaristía  de Jesús o Jueves Santo, somos nosotros mismos.

Jesús nos hizo para siempre sus amigos (su sangre y cuerpo) en la Última Cena, confiándonos así su testamento: “Vosotros sois yo, yo soy vosotros”. Por eso, la Eucaristía no es un Grial ni un Paño, ni siquiera un rito separado, sino nuestra existencia, en comunión del pan y vino (comida, bebida), con los hombres y mujeres en Cristo.

No está de más el paño, ni el cáliz, pero la Eucaristía  es Jesús en nosotros, nosotros en él, y unos en otros, desde y con los pobres, excluidos, oprimidos y perdidos de la tierra. Comer con ellos, compartiendo vida, desde y con Cristo, ésa es la verdad del evangelio (Gálatas 2, 5.14).

No es sólo rezar unos al lado de los otros,  sino “compartir la comida” (syn-esthiein, dice Pablo),  de forma que seamos con Jesús comida/vida compartida.

Así define Jesús su evangelio, desde la bienaventuranza de los hambrientos (Lc 6,21-22 par.) hasta la bendición de Mt 25,31-46, donde dice: Venid, benditos, porque tuve hambre y me disteis de comer…”. 

Éste es el amor real, Cena que recrea y enamora el Jueves Santo,fiesta cristiana de Eucaristía[1]. De ello trata lo que sigue, de manera algo más técnica, siguiendo el texto de La Palabra se hizo carne (=eucaristía”), ampliado al final con algunas notas técnicas. Buen Jueves Santo a todos

Xabier Pikaza

De Jesús a Pablo

Las palabrasde la cena (Mc 14, 22-25 par) retoman el mensaje y vida de Jesús, es decir, su “novedad mesiánica”, como reinterpretación de la pascua judía, que habían querido celebrar sus discípulos. En su forma actual esas palabras sólo han podido fijarse (como recuerdo histórico y texto litúrgico), desde una perspectiva pascual, según estos cuatro momentos[2]:

 − Cena (comida). Jesús celebró con sus discípulos una cena de solidaridad y despedida, marginando (superando) los rituales de la pascua nacional judía (cordero sacrificado), para insistir en el pan compartido (multiplicaciones) y el vino del Reino. Es probable que esa cena tuviera un carácter dramático, y marcara una ruptura entre el ideal/camino de Jesús y la propuesta real de sus discípulos (que seguían buscando un triunfo político/mesiánico). Sea como fuere, ella es el centro de la Historia de Jesús.

Primera comunidad. Los seguidores de Jesús mantuvieron y actualizaron (celebraron) su signo en las cenas/comidas comunitarias, centradas en el pan compartido y, de un modo especial, en el vino de la promesa del Reino. Esas cenas eran momentos fuertes de celebración de Jesús resucitado, a quien sus seguidores descubrían al juntarse y recordarle en el pan de su proyecto/mensaje y en el vino de la esperanza del Reino. En este momento, las “eucaristías” se identificaban con las mismas reuniones de oración, recuerdo y comida de las iglesias (en ese fondo puede situarse Mc 14, 3‒9).

Comunidades helenistas (Pablo). En un momento dado, que podemos conocer de algún modo por Pablo (1 Cor 11, 23-26), algunas comunidades de Jerusalén y Damasco, de la costa palestina y de Fenicia y después en Antioquía “descubrieron” (encontraron, desplegaron) un sentido especial en los signos de la cena, como memoria de Jesús, interpretando el pan como “cuerpo mesiánico” (sôma)del Cristo y el vino de la promesa del reino como “copamesiánica” (sangrehaima) de la nueva alianza que Dios ha realizado en y por Cristo[3].

El evangelio de Marcos recoge esa tradición de las comunidades y de Pablo y la integra en la historia de Jesús, en el contexto de su cena histórica, situando en un contexto biográfico la afirmación central de Pablo: «El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan…» (1 Cor 11, 23). En el fondo de esa “entrega histórica” (descrita bien por Marcos) recibe su sentido el signo del pan como cuerpo mesiánico y del vino como sangre de la alianza.

Jesús y la Iglesia no han tenido que crear los signos, estaban ahí, el pan y el vino de las fiestas judías y de la última cena, que pueden relacionarse con la pascua judía, pero recibiendo nuevo sentido, en la línea de la entrega de Jesús por el reino.

1 Cor 11, 23-25

  1. 23 Yo recibí del Señor lo que os he transmitido:
  2. el Señor Jesús, la noche en que fue entregado,
  3. tomó pan, 24 y dando gracias, lo partió y dijo:
  4. – Esto es mi Cuerpo (dado) por vosotros.
  5. +Haced esto en memoria mía.
  6. 25 De igual modo el cáliz, después de cenar diciendo:
  7. – Este cáliz es la Nueva Alianza en mi Sangre.
  8. +Haced esto… en memoria mía

Mc 14, 22-2

  1.  22 Y estando ellos comiendo, tomando pan, bendiciendo, lo partió y se lo dio y dijo:
  2. – Tomad, esto es mi Cuerpo.
  3.  23 Y tomando (un) cáliz, dando gracias, se lo dio y bebieron todos de él. Y les dijo:
  4. −Ésta es la sangre de mi alianza derramada por muchos

 Marcos presenta estas palabras a modo de conclusión y compendio del evangelio, para indicar que aquello que Jesús había comenzado a realizar, proclamando su mensaje (1, 14-15), lo ha culminado y ratificado al fin, al presentarse como pan y vino de Reino para nueva comunidad mesiánica. Pablo, en cambio, sitúa esas palabras en un contexto de “celebración ritual” de la Iglesia, añadiendo que él ha recibido del Señor (parelabon apo tou kyriou) la tradición que ha transmitido (ho kai paredôka hymin), de manera que puede ofrecer y ofrece una formulación nueva de la “Cena del Señor” (kyriakon deipnon: 1 Cor 11), sin limitarse a repetir lo que decía la comunidad anterior, sino aportando lo que ha recibido por revelación pascual[4].

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Vicky Irigaray: Jueves Santo.

Jueves, 1 de abril de 2021

jueves-santoHermanos y hermanas, como lo hizo con sus discípulos hoy Jesús también quiere reunirnos, sentarnos a su lado en la mesa, lavarnos los pies y mirarnos a los ojos y hablarnos al corazón. Oremos.

Jesús, que nos dejemos seducir por ti

• Jesús quiere una Iglesia reunida, donde tengan su lugar todos y todas; nos quiere unidos porque nos sabe dispersos; reclina su pecho porque nos sabe a falta de amor.

Jesús, que nos dejemos seducir por ti

• Jesús nos invita a su mesa como muestra de amistad y confianza; quiere que en su mesa no falte nadie: los pobres, enfermos, abandonados y hambrientos. Nos invita a la mesa del pan y de la vida, donde lo que se sirve es el alimento que nos nutre y restaura nuestra dignidad.

Jesús, que nos dejemos seducir por ti

• Jesús quiere lavarnos nuestros pies y en ese lavarnos nos declara su amor y su vida que es servicio. Poniéndose a nuestros pies nos recuerda que nos tenemos que tratar con esmero y ternura. Su amor es entrega total de la vida.

Jesús, que nos dejemos seducir por ti

• Jesús nos pide que nos dejemos hacer, que nos dejemos afectar por su invitación, que nos atrevamos a escucharle con el corazón y cruzar nuestra mirada con la suya.

Jesús, que nos dejemos seducir por ti

Padre Madre buena, una vez más tú vas por delante, Buscas, deseas que comprendamos que somos amados por tu amor sin medida, gratuito que brota desde tus entrañas. Te damos las gracias por el regalo que nos haces en tu hijo Jesús.

 

Vicky Irigaray

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Jueves Santo. la Cena del Señor. Ciclo B. 01 de abril de 2021

Jueves, 1 de abril de 2021

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“Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora, lo comprenderás después”

(Jn 13, 1-15).

El Evangelio de hoy está cargado de símbolos en los que es interesante profundizar. En la actualidad, a nosotras, como personas que seguimos a Jesús, más de dos milenios después, nos puede resultar muy enriquecedor pararnos en la actitud de los discípulos, porque, como nos ocurre a nosotras, ellos tampoco entendían qué estaba pasando en sus vidas.

“Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora, lo comprenderás después”, dijo Jesús a Pedro cuando se negaba a que le lavara los pies. ¡Cómo nos cuesta aceptar esta frase! ¡Qué poco nos gusta no comprender todo en el instante en que nos lo proponemos! Vivimos con la meta de conocer, de controlar cada situación. Pedro continúa negándose y Jesús le responde: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. A veces necesitamos parar en seco para reaccionar y optar. ¿Queremos tener que ver con Jesús? ¿En qué cambia nuestra vida el llamar a Jesús “maestro”?

Hoy también celebramos el día del amor fraterno, sororal, y este podría definirse como ese amor que no se entiende, que no se comprende. El amor que lleva a servir, a acoger, a entregarse gratis, sin esperar nada a cambio… ¿Nada? Eso tampoco lo entendemos. Resulta que eso es lo que Jesús hizo cada día de su vida y es lo que nos propone, a quienes nos denominamos cristianas, como guía en nuestra vida.

Hoy es el día del “porque sí”. Esa frase que de pequeños hemos dicho mucho, y que podemos escuchar responder a los pequeños de las familias. Y resulta que Dios nos quiere “porque sí”, que se entregó y se entrega cada día “porque sí”, que nos pide que nosotras hagamos lo mismo “porque sí”.

Oración

Lávanos, Jesús, aunque nos peleemos contigo porque no entendamos, y haznos personas entregadas por amor, por tu Amor.

 

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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El amor manifestado en Jesús es el Ágape.

Jueves, 1 de abril de 2021

os_he_dado_ejemploJn 13,1-15

El tema central del Triduo Pascual es el AMOR. El jueves se manifiesta en los gestos y palabras que lleva a cabo Jesús en la entrañable cena. El viernes queda patente el grado supremo de amor al poner su vida entera, hasta la muerte, al servicio del bien del hombre. El sábado, celebramos la Vida que surge de ese Amor incondicional. En la liturgia de estos días intentamos manifestar de manera plástica, la realidad del amor supremo que se manifestó en Jesús. Lo importante no son los ritos, sino el significado que éstos encierran.

La liturgia del Jueves Santo está estructurada como recuerdo de la última cena. La lectura del evangelio de Jn nos debe hacer pensar; se aparta tanto de los sinópticos que nos llama la atención que no mencione la fracción del pan. Pero en su lugar, nos narra una curiosa actuación de Jesús que nos deja desconcertados. Si el gesto sobre el pan y el vino, tuvo tanta importancia para la primera comunidad, ¿por qué lo omite Juan? Y si realmente Jesús realizó el lavatorio de los pies, ¿por qué no lo mencionan los tres sinópticos?

No es fácil resolver estas cuestiones, pero tampoco debemos ignorarlas o pasarlas por alto a la ligera. Seguiremos haciendo sugerencias, mientras los exégetas no lleguen a conclusiones más o menos definitivas. Sabemos que fue una cena entrañable, pero el carácter de despedida se lo dieron después los primeros cristianos. Seguramente en ella sucedieron muchas cosas que después se revelaron como muy importantes para la primera comunidad. El gesto de partir el pan y de repartir la copa de vino, era un gesto normal que el cabeza de familia realizaba en toda cena pascual. Lo que pudo añadir Jesús, o los primeros cristianos, es el carácter de signo y símbolo, de lo que en realidad fue la vida entera de Jesús.

El gesto de lavar los pies era una tarea exclusiva de esclavos. A nadie se le hubiera ocurrido que Jesús la hiciera si no hubiera acontecido algo similar. Es una acción más original y de mayor calado que el partir el pan. Seguramente, en las primeras comunidades se potenció la fracción del pan, por ser más cultual. Poco a poco se le iría llenando de contenido sacramental hasta llegar a significar la entrega total de Jesús. Pero esa misma sublimación llevaba consigo un peligro: convertirla en un rito mágico y estereotipado que a nada compromete. Aquí está la razón por la que Jn se olvida del pan y el vino. La explicación que da de la acción, lleva directamente al compromiso con los demás y no es fácil escamotearla.

Parece demostrado que, para los sinópticos, la Última Cena es una comida pascual. Para Juan no tiene ese carácter. Jesús muere cuando se degollaba el cordero pascual, es decir el día de la preparación. La cena se tuvo que celebrar la noche anterior. Esta perspectiva no es inocente, porque Juan insiste, siempre que tiene ocasión, en que la de Jesús es otra Pascua. Identifica a Jesús con el cordero pascual, que no tenía carácter sacrificial, sino que era el signo de la liberación. Jesús el nuevo cordero, es signo de la nueva liberación.

Los amó hasta el extremo. Se omite toda referencia de lugar y a los preparativos de la cena. Va directamente a lo esencial. Lo esencial es la demostración del amor. “Hasta el extremo” (eis telos) = en el más alto grado, hasta alcanzar el objetivo final. Manifestó su amor durante toda su vida, ahora va a manifestarse de una manera total y absoluta. “Había amado… y demostró su amor hasta el final”, dos aspectos del amor de Dios manifestado en Jesús: amor y lealtad, (1,14) amor que nunca se desmiente ni se escatima.

Dejó el manto y tomando un paño, se lo ató a la cintura. Ya dijimos que no se trata en Juan de la cena ritual pascual, sino de una cena ordinaria. Jesús no celebra el rito establecido, porque había roto con las instituciones de la Antigua Alianza. Dejar el manto significa dar la vida. El paño (delantal, toalla) es símbolo del servicio. Manifiesta cuál debe ser la actitud del que le siga: Prestar servicio al hombre hasta dar la vida como él. Juan pinta un cuadro que queda grabado en la mente de los discípulos. Esa acción debe convertirse en norma para la comunidad. El amor es servicio concreto y singular a cada persona.

Se puso a lavarles los pies y a secárselos con la toalla. El lavar los pies era un signo de acogida o deferencia. Solo lo realizaban los esclavos o las mujeres. Lavar los pies en relación con una comida, siempre se hace antes, no durante la misma. Esto muestra que lo que Jesús hace no es un servicio cualquiera. Al ponerse a los pies de sus discípulos, echa por tierra la idea de Dios creada por la religión. El Dios de Jesús no actúa como Soberano, sino como servidor. El verdadero amor hace libres. Jesús se opone a toda opresión. En la nueva comunidad todos deben estar al servicio de todos, imitando a Jesús. La única grandeza del ser humano es ser como el Padre, don total y gratuito para los demás.

¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Esta explicación que el evangelista pone en boca de Jesús, nos indica hasta qué punto es original esa actitud. Retomó el manto pero no se quita el delantal. Se recostó de nuevo, símbolo de hombre libre. El servicio no anula la condición de hombre libre, al contrario, da la verdadera libertad y señorío. La pregunta quiere evitar cualquier malentendido. Tiene un carácter imperativo. Comprended bien lo que he hecho con vosotros, porque estas serán las señas de identidad de la nueva comunidad.

Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor” y decís bien porque lo soy. Juan es muy consciente de la diferencia entre Jesús y ellos. Lo que quiere señalar es que esa diferencia no crea rango de ninguna clase. Las dotes o funciones de cada uno no justifican superioridad alguna. Los hace iguales y deben tratarse como iguales. La única diferencia es la del mayor o menor amor manifestado en el servicio. Esta diferencia nunca eclipsará la relación personal de hermanos, todo lo contrario, a más amor más igualdad, más servicio.

Pues si yo os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Reconoce los títulos, pero les da un significado completamente nuevo. Es “Señor”, no porque se imponga, sino porque manifiesta el amor, amando como el Padre. Su señorío no suprime la libertad, sino que la potencia. El amor ayuda al ser humano a expresar plenamente la vida que posee. Llamarle Señor es identificarse con él, llamarle Maestro es aprender de él, pero no doctrinas sino su actitud vital. Se trata de que sienten la experiencia de ser amados, y así podrán amar con un amor que responde al suyo.

Os dejo un ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Los sinópticos dicen, después de la fracción de pan: “Haced esto para acordaros de mí”. Es exactamente lo mismo, pero en el caso del lavatorio de los pies, queda mucho más claro el compromiso de servir. Lo que acaba de hacer no es un gesto momentáneo, sino una norma de vida. Ellos tienen que imitarle a él como él imita al Padre. Ser cristiano es imitar a Jesús en un amor que tiene que manifestarse siempre en el servicio a todos los hombres.

Es una pena que una vivencia tan profunda se haya reducido a celebrar hoy el día de la “caridad”. Tranquilizamos nuestra conciencia con un donativo de algo externo a nosotros, siempre de lo que me sobra, o por lo menos, que en nada compromete mi nivel de vida. Podemos aceptar que no somos capaces de seguir a Jesús, pero no tiene sentido engañarnos a nosotros mismos con ridículos apaños. Celebrar la eucaristía es comprometerse con el gesto y las palabras de Jesús. Él fue pan partido y preparado para ser comido. Él fue sangre (vida) derramada para que todos los que encontró a su paso la tuviera también. Jesús promete y da Vida definitiva al que es capaz de seguirle por el camino que nos marcó. La misma Vida de Dios, la comunica a todo el que acepta su mensaje. No al que es perfecto, sino al que, con autenticidad, se esfuerza por imitarle en la preocupación por el ser humano.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Magdalena Bennasar: La ternura no se piensa.

Jueves, 1 de abril de 2021

jesus-curaCon estas meditaciones y reflexiones quisiéramos dar continuidad a una experiencia que la mayoría estamos practicando, que es ahondar en la oración afectiva, no como método, sino como experiencia vital que emerge de un seguimiento que deja atrás etapas principiantes que preceden a la madurez en una relación donde ya hay complicidad.

El discípulo será estos días en nuestra Pascua: Jesús. La discípula: tú, yo, y algunos personajes del NT que nos acompañarán.

El tema de fondo e ingrediente fundamental de estos días de profundización es: descubrir la ternura en la pasión, muerte y resurrección, como hilo conductor de cada gesto, mirada, palabra, silencio, entrega.

Si algún elemento da belleza y sentido a la vida, ése es, la ternura como la expresión más serena y firme del amor. Gracias a la ternura las relaciones afectivas crean raíces de vínculo.

La doctora Kübler-Ross, afirma que los recuerdos que nos acompañan en los últimos instantes de la vida no tienen que ver con el éxito o poder, sino con encuentros profundos con un ser amado. Y quedan grabados en la memoria gracias a la luz de la ternura.

Paradójicamente la ternura no es blanda, sino fuerte y audaz. Implica seguridad en uno mismo y expresa la calidad de una relación. Desde lo que hoy conocemos como inteligencia emocional, la ternura forma parte de ese bloque maravilloso que llamamos el cerebro del corazón. Así como nos dicen que la inteligencia está distribuida por todo el cuerpo, podemos deducir que la ternura es una exquisitez fruto de la empatía.

Desde ahí, tratemos de entrar en el mundo del discípulo y la discípula, durante estos cuatro días cargados hasta el borde de intensidad y ternura. De violencia respondida con no-violencia. De odio respondido con silencio. Y de actitudes de todo tipo provenientes de corazones egoístas que no pillan los pasos que da el discípulo del Abba.

No se comprende el Jueves Santo, esa cena con sus palabras y gestos, si no se ha recorrido, con Jesús, el trayecto anterior. El día a día, en el que nos vemos expuestos a tantas situaciones que debemos discernir, y decidir si las discernimos con el barómetro del Evangelio o con el propio.

Ella, una discípula, lo discierne así: te invitamos a leer el texto de Juan 12, 1-8.

(Por favor, toma tu Biblia en tus manos, y siente el amor y la vida de miles de años de historia de salvación, ahí, en estas páginas, para que las sintamos, comprendamos, acariciemos; son vida de nuestra vida, en ellas está también nuestra historia.)

Dicen algunos exégetas que este gesto de María, hermana de Lázaro según narrado en el Evangelio de Juan, inspiró a Jesús a realizar el gesto que hoy celebramos y que Juan nos relata en el capítulo 13.

María, apasionadamente agradecida, sobrecogida por la calidad de amor que ha experimentado, en un gesto expresa lo que muchas personas deseamos vivir y que el mismo Jesús, según Juan, realizará en su última cena:

María, en un solo gesto vive y reproduce lo que el corazón del evangelio nos indica:

* Amor apasionado: la ternura y cariño de la mujer son indescriptibles. No hay indicio de inhibición y sí hay una absoluta muestra de respeto infinito.

* Servicio entrañable como derroche de todo su perfume, de todo su amor, de su agradecimiento. Derroche de entrega gratuita sin medida. Gesto reprochado por los que no saben amar y con su rigidez legalista juzgan y condenan. La generosidad de esta mujer es libertad absoluta para amar hasta el extremo, en un vaciamiento de sí a través del perfume derramado.

* “Shema”: “escucha Israel: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza…”Y María, “escucha” el latido alterado del corazón del amigo, alterado por la inminente traición que se percibe, que intuye…y ante ese dolor, ella muestra su fidelidad respondiendo con su gesto femenino, sensual, liberador. María obedece escuchando al Amor y realizando lo que su corazón y conciencia le sugieren.

Juan 13,1-32

Jesús se encuentra con aquellas personas más íntimas, a las que ha ido confiando todo lo que iba experimentando de su relación con el “Abba”, y de un estilo de vida capaz de transformarnos en hijos de Dios, y a las estructuras sociales en hogar para todos, y a los bienes del Planeta en casa común, compartida, respetada…

Jesús ya no tiene palabras para ellos: se ha vaciado totalmente y se da cuenta de que ellos están lejos de donde él se encuentra porque ha sido fiel, como los profetas, a una vida de “shema”.

Y en un último esfuerzo acude a un gesto que divide la historia en un antes y un después: el Señor prestando el servicio de sirviente-esclavo:

*mírale a tus pies, los lava con mimo, te lo dice todo con su beso, te deja sentir el amor de Dios que estremece y conmueve: amor de ágape, amor abierto; el gesto es para cada uno, pero a cada uno con toda la pasión del amor de Dios: personal, cercano, íntimo, gratuito.

¿Necesita Jesús en ese gesto, sentir él el calor de tu presencia a través de tu piel, ya que tantas veces, como los discípulos, estamos con la atención y el corazón en otra parte y el amigo languidece solo, sin nuestra presencia y cariño?

* El derroche de su amor, no se muestra, en este texto, con perfume, como en el caso de María, sino con la tremenda expresión “sangre y carne” comidas, compartidas, entregadas. Jesús llega a la pobreza máxima de comprender que sólo puede entregar ya su propio cuerpo, metáfora de su SER.

* ¿Por qué tanta radicalidad? Porque ha “escuchado” de nuevo el rugir del león, del ego, del miedo parapetado en el poder, el dinero, el deseo de los primeros puestos… “ha escuchado y percibido los miedos infantiles de aquellos que tienen que continuar la obra que el Abba ahora les encomienda a ellos, y se da cuenta de que “no llegan”, ante lo cual se enternece y conmueve aún más y pronuncia “tomad y comed todos, este es mi cuerpo, esta es mi sangre, entregada por todos. Haced esto cada vez que deseéis mi presencia, mi Amor”

Te invito a hacer Silencio “escuchando” tu latido al unísono del suyo. Sin prisa, dejando que en esa intimidad añorada, el Señor se te manifieste.

Y, de este silencio, emerge, gratuita, la ternura. Jesús no les lava los pies porque considere que los discípulos estén “sucios” por dentro o por fuera. Es otro el talante y significado del gesto.

El gesto lleva una carga enorme de sentimiento, de necesidad de abrazar y besar los pies de los que han andado con él en tantas situaciones y lugares. Abrazar y besar ante el presagio de un fuerte sufrimiento o ante la certeza de que se marcha y la vulnerabilidad de los y las discípulas le llena de ternura materna- paterna y fraterna- sororal.

Y repite el gesto por antonomasia de partir el pan, como estilo de vida: partir, compartir, dar de lo que no te sobra, de tu pan…partir tu salud, tu mente y corazón para que otros tengan luz, paz, alimento…

Y el otro gesto. Echarse a los pies de las personas a las que sirve. Él recibió este gesto de parte de María de Betania, y de otros que a lo largo del camino le han querido pedir o agradecer algo vital. Y revive cómo se sintió al ver a una persona a sus pies y al sentir su tacto delicado y profundamente ungidor. Desea contagiar esa ternura a estas personas atemorizadas y acobardadas ante la hecatombe que se avecina y que todos presienten.

El discípulo se convierte en Maestro a los pies de sus discípulos y se tergiversa la pirámide. El Maestro les levanta de su mediocridad abajándose más allá de los límites. Algo así como “basta de asuntillos de quien manda más, de quien es más importante…” es hora de que sintáis el estremecimiento del Amor a vuestros pies, la ternura de Dios abrazando vuestra humanidad. Lo cual es imprescindible para una madurez afectiva sana.

La ternura no se piensa, es una experiencia que brota, como un perfume que permea todo. Es un hecho pero no para filosofar o discutir, es la manera de comunicarse Dios con una humanidad que se ha hecho el centro de todo. Es el David frente al Goliat del ego.

La ternura es como la primavera que madre naturaleza pone delante de nuestros ojos estos días: espléndida, engalanada de flor y perfume. Derramando lo mejor de sí: lo que trabajó en lo escondido durante el largo invierno.

Jesús es esa primavera, siempre, en la vida de cada persona. Recientemente me encuentro con personas que van descubriendo la fuerza que da la experiencia de una oración madura, fiel, constante y fecunda.

Magdalena Bennasar, SFCC

Fuente Fe Adulta

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Se levantó de la mesa…

Jueves, 1 de abril de 2021

041317-jn-13-1-15-660x330En la noche en que iba a ser entregado, Jesús realizó un gesto insólito: se levantó de la mesa distanciándose del lugar reservado a quienes presiden y se situó en el de los que, entonces y ahora, pertenecen a la categoría de “los que sirven”. Sabía que el lugar en que estemos situados condiciona nuestra mirada y por eso tomó distancia y adoptó la perspectiva que le permitía percibir otras dimensiones de la vida. Desde ese lugar se toca de cerca el barro, el polvo, el mal olor, la suciedad…, todo eso de lo que los sentados a la mesa creen estar a salvo o sencillamente ignoran y desprecian. A ras del suelo y en contacto con los pies de los demás, se produce un cambio de plano que revela lo elemental de cada persona, su desnudez, las limitaciones de su corporalidad. Y miradas desde ahí, cualquier pretensión de superioridad o dominio se descubre como ridícula y falsa.

Desde aquel lugar, el de “uno de tantos”, él veía cerca y dentro a los que otros consideraban lejos y fuera y, en cambio, los de arriba resultaban estar abajo. Porque para él los más, los mayores y los importantes eran aquellos que a nuestros ojos son menos. El lugar en que había decidido situarse había creado esta “revolución de adverbios” que tanto nos sobresalta y a la que tanto nos resistimos. La sola posibilidad de ese desplazamiento nos resulta amenazadora porque nos saca del terreno de lo conocido y nos invita a descubrir nuevos significados que no coinciden con los que consideramos evidentes. Y sin embargo él se lo exigirá a quien quiera seguirle: tendrá que estar dispuesto, lo mismo que él, a “no tener dónde reclinar la cabeza”, a ir más allá de todo aquello en lo que la cabeza (la de ellos y la nuestra) “se reclina”, descansando en lo que se cree saber, controlar o dominar.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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Decía el P. Arrupe que mientras exista hambre en el mundo, la Eucaristía no será completa. Jueves Santo

Jueves, 1 de abril de 2021

icono-del-lavatorio-de-los-pies-40x60-cmDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1. La Eucaristía y las comidas de Jesús.

         Eucaristía no es solamente la Última Cena, la cena que nosotros llamamos del Jueves Santo. Eucaristía es la infinidad de veces que Jesús comió con publicanos y pecadores: comidas salvíficas Eucaristía es la multiplicación de los panes: Jesús toma el pan, lo bendice, lo reparte por medio de sus discípulos, (Jn 6).

  •  Se sentó a la mesa con recaudadores de impuestos en casa de Leví, publicanos, prostitutas, (Mc 2,14-17).
  •  Jesús aceptó la hospitalidad de Zaqueo y fue a hospedarse en su casa (Lc 19,1-10).
  •  Jesús comía con publicanos y pecadores” (Mc 2,16).

Por otra parte, las comidas de Jesús tenían un enorme significado porque violaban casi todas las normas judías. Jesús comía con personas con las que un buen judío no podía, ni debía compartir la mesa. Además declaraba que todos los alimentos eran puros, no observaba el ayuno ni quería que sus discípulos lo hicieran (Mc 2,18-22).

Las comidas de Jesús fueron siempre salvíficas y gozosas:

Zaqueo hoy tengo que cenar contigo, porque ha entrado la salvación en tu casa.

Ya a la mesa, los dos de Emaús se llenaron de alegría.

La Eucaristía no es, no debe de ser un rito, sino la celebración gozosa de la salvación, no un cumplimiento, ni un amasijo incomprensible de ritos hieráticos.

  1. He deseado comer esta Pascua con vosotros. (Lc 22,15).

Jesús deseaba vivamente comer con pecadores y publicanos, hombres y mujeres.

La comida, las comidas siempre han tenido un carácter de encuentro, de acogida, de compartir la palabra y el alimento, la amistad, las comidas son encuentro, celebración, solidaridad.

Jesús deseó ardientemente toda su vida encontrarse, acoger, compartir, hablar, celebrar la vida con sus hermanos. Santo Tomás de Aquino recoge muy bien este deseo de Jesús cuando escribió aquel himno, que tantas veces hemos cantado (Pange lingua):

In supremae nocte coenae recumbens cum fratribus: En la noche suprema, estando sentado con los hermanos.

Jesús nos ama y por ello, quiere convivir y compartir con nosotros.

  1. La mesa de Jesús está abierta a todos.

         La mesa, la palabra y el pan de Cristo están abiertos a todos. En la mesa de Jesús todos tenemos un sitio.

         Este año –estos años- celebramos el jueves santo en esta crisis de pandemia y económico social por la que unos cuantos millones de personas quedan fuera de la mesa del capital.

         No podemos tampoco olvidar el hambre del tercer mundo, la hambruna de África, las enfermedades. (Si el paludismo fuese una enfermedad del primer mundo, hace años que habría desaparecido).

La banca y los banqueros ¿se sientan a la mesa o sientan a su mesa a los débiles? ¿Desean ardientemente celebrar, ser felices con los más desheredados?

         ¿Celebro la Eucaristía al margen de los demás, sin tener en cuenta mis relaciones, familia, sociedad?

         La mayor parte de los cristianos y no cristianos creo que sentimos una gran impotencia, ¿qué podemos hacer ante la crisis, ante el tercer mundo? Podremos hacer poco, pero no dejemos de hacer lo que podamos en forma de ayuda, de protesta, de indignación. Dadles vosotros de comer.

         Decía el P. Arrupe que mientras exista hambre en el mundo, la Eucaristía no será completa.

         tres notas en el jueves santo:

  1. Fácilmente calificamos de ateos o increyentes a muchas personas que trabajan por la justicia en el mundo sindical y se dice de ellos que si son de izquierdas, comunistas, anticlericales, y tonterías por el estilo. Los parados y quienes trabajan por la mesa del Reino son pobres, no paganos. Los pobres es lo más evangélico que tenemos en nuestras iglesias y sociedad. Salid a las calles y caminos y llamad a todos. Todos esos son trabajadores no sé si pertenecen a la Iglesia, ciertamente sí al Reino de Dios.
  1. Brutal y pseudo-litúrgicamente excluimos de la Eucaristía a muchas personas cuya vida afectivo-matrimonial se ha tambaleado o entrado en crisis. Excluimos igualmente de la comunión a personas que viven situaciones difíciles. Jesús no excluye a nadie de su mesa. Jesús no tiene prejuicios sociales ni étnicos, ni morales ni religiosos: Jesús se sienta fraternal y con cariño con todos sus hermanos. ¿A qué otra realidad se referiría Cristo con aquella parábola del banquete del Reino cuando les dice a los criados: id y salid a los caminos e invitad a todos?

Decía Francisco el pasado Domingo de Ramos: “Sabemos que no estamos solos. Dios está con nosotros en cada herida, en cada miedo”.

Cristo está presente no solamente en el pan y en el vino, sino -sobre todo-: “Con la gracia del estupor entendemos que, acogiendo a quien es descartado, acercándonos a quien es humillado por la vida, amamos a Jesús. Porque Él está allí, en los últimos, en los rechazados” (Francisco en la homilía del Domingo de Ramos pasado).

  1. La misma tradición de san Juan dice que en el amor os conocerán que sois mis discípulos, (Jn 123,35).

¿Realmente trato de ser cristiano en la vida respetando, siendo caritativo, ayudando lo que sé y puedo?

¿Realmente en nuestra iglesia diocesana de San Sebastián nos caracterizamos por el respeto, comunión y amor que mantenemos las diversas líneas de pensamiento y pastoral, la jerarquía, el presbiterio y los laicos? ¿Buscamos la comunión, el amor o la victoria?

  1. actitud servicio en el amor.

         La última cena del Señor con los suyos tiene una solemnidad intensa, pero no por la grandeza y “esplendor del Templo”, sino por la dignidad de Jesús que

  • Primero amó a los suyos hasta el final
  • Y por eso se quita el manto de Señor y se ciñe la toalla de esclavo para lavar los pies de los suyos. Amor y servicio constituyen la dignidad de Jesús, (no el poder).
  • El lavatorio de los pies ha pasado de refilón en la iglesia y apenas ha quedado reducido a un pequeño rito. Sin embargo el lavatorio de los pies es un momento fundacional de la iglesia.
  • Hay iglesia de Jesús donde hay servicio y amor, otras cosas puede que sean estructuras religiosas, pero lejanas a Jesús

El cristianismo está en el amor y el servicio.

         La teología de Jesús no se ventila en las academias o en el Santo Oficio, sino en su cercanía hacia los débiles, hacia los suyos, los pobres. Jesús hace una teología en vivo.

Os he dado ejemplo, haced vosotros lo mismo.

Haced esto en memoria mía.

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Mateo 6. Semana Santa 2: Servidores y amigos (contra el poder y la hipocresía)

Martes, 30 de marzo de 2021

29026181_947642415412951_8567517690470133571_nDel blog de Xabier Pikaza:

El tema ha sido desarrollado por Mt 23, 2-12, en centro de una durísima polémica, que no se eleva contra los judíos como tales, sino contra un tipo de judíos y cristianos que entienden la vida como ejercicio de dominio de unos sobre otros.

Estos versículos elevan su condena en contra una forma de ejercer su autoridad, entendida y desplegada con hipocresía, es decir, con separación entre palabra y vida. Ellos (y todo Mt 23) no plantean ninguna acusación dogmática, esto es, doctrinal; ningún rechazo por la forma de entender a Dios o de enfrentarse a Jesucristo, sino una reflexión y condena retórica contra una manera de asumir y ejercer la autoridad que Mateo atribuye a los escribas y los fariseos, a los que, por otra parte, él considera como autoridad legítima:

‒ En este pasaje, los cristianos de Mateo aceptan en principio la autoridad judía, pero rechazan la hipocresía de algunos escribas y fariseos de ese momento (en torno al 85 dC), criticando su separación entre enseñanza y vida, su falta de transparencia: No son lo que dicen (representan), haciéndose infieles a la tradición de su verdad judía, porque anhelan el poder y los primeros puestos, convirtiendo la piedad en medio para el triunfo propio.

‒ Para responder a su raíz judía, pero en la línea de Jesús, los cristianos han de vivir en igualdad y transparencia; nadie entre ellos puede ser padre o maestro; todos han cumplir de cumplir la exigencia de la ley originaria y la verdad del judaísmo. De esa manera, este panfleto anti-rabínico de Mt 23 es un discurso a favor del verdadero judaísmo, parecido al que encontramos en otras críticas judías de aquel tiempo.

Estos versos (y todo Mt 23) condenan a los escribas y fariseos porque, en conjunto, ellos eran los más cercanos al cristianismo. En esa línea, bien leído, a pesar de la dureza de sus críticas, este capítulo constituye un homenaje al judaísmo fariseo, que ha sido capaz de recrear las tradiciones judías, aunque, al mismo tiempo, él (Mateo) condene de forma apasionada y retórica (¡injusta!) algunos de sus riesgos negativos.

Ciertamente, como he destacado, los cristianos de Mateo aceptan la interpretación petrina de la ley (16, 19) y la autoridad disciplinar de sus comunidades (18, 15-29), pero eso no les separa de otros grupos judíos regidos por escribas y fariseos, cuya autoridad admiten, aunque a su juicio no sean buen ejemplo, pues “no hacen lo que dicen”.
Éste es el evangelio del amor como servicio mutuo,que el el evangelio de Juan presentará como clave del Jueves Santo.

1. En la cátedra de Moisés se han sentado… (23, 2-7).

Este pasaje nos sitúa ante un tema clave de la identidad cristiana, en un momento en que la iglesia corre el riesgo de convertir el camino de Jesús en una carrera de honores:

23 2 En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos; 3 cumplid, por tanto, y guardad todo lo que os digan, pero no hagáis según sus obras, pues dicen y no hacen 4 Pues pesan cargas pesadas (e incapaces de soportar) y las echan a las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.5 Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres: ensanchan sus filacterias y alargan los flecos; 6 buscan el primer puesto en los banquetes y la primera cátedra en las sinagogas, 7y los saludos en las plazas, y que los hombres le llamen Rabí (Mt 23, 5-7).

Mateo reconoce la autoridad magisterial de los escribas y fariseos (representantes de la tradición de Moisés), no sólo porque los seguidores de su evangelio vivían (o habían vivido) al interior de las comunidades judías, organizadas por intérpretes de la ley (escribas), siguiendo el ejemplo de los fariseos (testigos de un compromiso fuerte de pureza), sino porque su camino sigue siendo básicamente judío. En esa línea, al aceptar la autoridad de los maestros judíos, aunque negando su ejemplo (haced lo que dicen, no lo que hacen), Mateo defiende una continuidad básica con ellos, de forma que en principio, su Iglesia no despliega instituciones propias, pues se despliega desde el mismo judaísmo, en apertura mesiánica, aunque en contra de cierto rabinismo.

Mateo no propone, pues, un choque frontal, una salida violenta, sino una transformación interior, en defensa de aquellos a quienes escribas y fariseos están imponiendo una carga muy severa. No les critica para negarles, sino para invitarles a cambiar, pues están asumiendo un tipo de poder sobre las comunidades que, a su juicio, es negativo. Estamos pues ante un conflicto de autoridad y pertenencia. En esa línea, la crítica contra escribas/fariseos se dirige, al mismo tiempo, en contra del riesgo de algunos cristianos en la iglesia.

El mayor problema que Mateo ha visto en las comunidades es la hipocresía, el hecho de que se eleven en ellas unos vigilantes, imponiendo sobre los pequeños unos cargas y pesos que ellos no soportan. De esa forma condena un riesgo que él advierte en algunas comunidades regidas por escribas y fariseos, donde el purismo (a su juicio falso) de los dirigentes desemboca en la opresión de los pequeños, un pecado que él había destacado en el discurso eclesial (Mt 18), pues no se encuentra sólo en los judíos de fuera, sino también en los cristianos.

Mateo no ha inventado este reproche, sino que lo ha tomado del Q (cf. Lc 11, 46) y especialmente de Mc 12, 38-39, lo que indica que el problema surgió pronto en ciertos grupos, en un tiempo en que muchos cristianos seguían integradas en las sinagogas, y no se habían independizado de ellas, formando así comunidades mixtas. Ni los cristianos habían abandonado del todo las sinagogas judías, ni los judíos de tendencia rabínica se habían cerrado aún de un modo exclusivista, como harán más tarde al condenar a los “minim” o herejes (entre los que estarán después los cristianos).
Se trata pues de un problema de organización, que Mt 18, 15-20 había ya querido superar en claves de comunidad fraterna, dentro de un contexto donde los cristianos iban desarrollando sus principios de interpretación bíblica y comunitaria a partir del recuerdo y figura de Pedro (16, 17-19), en el mismo interior del judaísmo. Pues bien, en contra de esa fraternidad de iguales, algunas comunidades rabínicas, a las que se encuentran asociados los cristianos, están creando (conforme a las acusaciones de Mateo) un sistema de honores, con los siguientes rasgos:

‒ Poder de apariencia, hipocresía: “Dicen y no hacer…Hacen las cosas para ser vistos” (23, 5). Antes, en un contexto donde todos, en general, eran judíos, no había que acentuar los distintivos exteriores; cada uno “era lo que era”, y no tenía necesidad de decirlo expresamente (a no ser los sacerdotes de Jerusalén en un contexto de celebración). Ahora algunos sienten la necesidad de destacarlo, vistiéndose de un modo distinto, para que los otros les vean, interpretando la apariencia como verdad, en contra de la palabra clave del evangelio, donde se dice que la Palabra se hacer Carne, esto es, se revela, se manifiesta de un modo trasparente. La identidad entre ser y aparecer, eso es el evangelio. La oposición entre ser y aparecer, eso es la mentira, la hipocresía.

‒ Poder de presidencia: “Buscan los primeros asientos en los banquetes y las primeras cátedras en las sinagogas” (23, 6). La apariencia se muestra así como “autoridad fingida”, no la autoridad de la vida y del propio pensamiento/amor, sino la que se logra a través de un tipo de mentira organizada y egoísta. Surge así una religión hecha de autoridad en las comidas y reuniones, en las que, más que el diálogo personal y la ayuda mutua (comunicación entre iguales, desde los más pequeños, como había puesto de relieve Mt 18), importa un tipo de estratificación social. Ciertamente, éste es un riesgo de muchas comunidades instituidas (no sólo judías y cristianas), y así puede verse en grupos religiosos de diverso tipo, pues la crítica de Mateo se dirige no sólo a los escribas/fariseos, dirigentes de las comunidades judías en general, sino, y sobre todo, a los cristianos.

‒ Honor y poder social: “Y los saludos en las plazas, y que los hombres les llamen Rabí” (23, 7). Poder significa honor y afirmación pública en la sociedad antigua, un reconocimiento que tiene tanta importancia como la riqueza económica, con la que se vincula (cf. 6, 19-34 y 19, 16-30). Éste no es sólo un tema de pequeña moralidad para administradores eclesiales, sino un problema básico de institución comunitaria. De esa manera, el mensaje mesiánico, dirigido a los pobres y excluidos, a los que Jesús ha querido ofrecer toda la dignidad (cf. Mt 18), se convierte en un medio para el establecimiento de nuevas y más hondas desigualdades, fundadas en motivos religiosos.

Mateo no condena el buen judaísmo de la honradez y devoción profunda, ni el buen cristianismo del seguimiento de Jesús, sino un mal judaísmo y un cristianismo hecho de gestos y formas externas, que está surgiendo en ese tiempo (en torno al 85 dC) como amenaza para unos y otros. El poder de los vestidos (con su posible magia sacral) ha tardado más en introducirse en las iglesias cristianas; pero el honor y poder en banquetes y reuniones doctrinales se ha extendido en ellas más que en las sinagogas en las que nunca ha logrado imponerse (hasta el día de hoy) un tipo de monarquía episcopal (ni una oligarquía presbiteral), pues la autoridad básica ha seguido estando en manos de todos los miembros (varones) de las comunidades.

2. Ni rabino, ni padre, ni director (Mt 23, 8-12).

En la línea anterior, desde el interior del mismo judaísmo (en diálogo con el rabinismo de escribas y fariseos), el Jesús de Mateo ha roto los esquemas de dominación de la sociedad jerárquica de su entorno, para crear una fraternidad igualitaria y universal donde son importantes los ancianos (padres) como necesitados (personas), pero no como portadores de un poder que margina o rechaza a los impuros y pobres. En ese contexto se sitúan tres normas básicas, establecidas de forma negativa (no, no, no…: 23, 8-10), aunque con un fondo poderosamente positivo, para destacar la importancia de la fraternidad (cf. 18, 15-20), tal como se ratifica después, cuando se diga: ¡El que se eleve será humillado… (23, 10-11):

23 8 Pero vosotros no os dejéis llamar rabino, porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no llaméis a ninguno de vosotros padre en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. 10 Ni dejéis que os llamen director, porque uno es vuestro director, el Cristo.

Esta palabra recoge la doctrina central de la iglesia de Mateo, estableciendo, al mismo tiempo, una crítica en contra de un tipo de escribas/fariseos de sinagoga o de Iglesia, que tienden a convertir las comunidades en estructuras jerárquicas de poder. En esa situación recoge Mateo la mejor tradición anti-jerárquica del Antiguo Testamento, reinterpretada desde el mensaje de Jesús (cf. 20, 20-28). Este pasaje, profundamente evangélico, define, en clave negativa, las relaciones que deben establecerse en una iglesia donde no ha de haber rabinos, padres o dirigentes:

‒Nos os dejéis llamar Rabi. Contra el poder de magisterio (23, 8). El judaísmo que empieza a reconfigurarse tras la caída del templo (70 dC) se define como federación de sinagogas, y se constituye en torno a los rabinos, maestros, que recrean la tradición y se elevan como autoridad, para ser así reconocidos (ratificados) más tarde por la Misná. La palabra Rabi/Rabbino es una transliteración del hebreo rab: mucho, grande, y significa propiamente “mi grande”, mi Honorable Señor (Mon-Señor).

Los Rabinos judíos empezaban a destacar por su “saber” de Libro, en línea de hermenéutica textual (legal) y de fidelidad a las tradiciones que conforman la identidad del pueblo. El nuevo judaísmo que ellos recrearon, tras el 70 dC (y que ha durado hasta nuestros días) ha sido federación de sinagogas, con maestros que dirigen la vida del pueblo, sin obispos o señores sacrales como aquellos que han surgido y triunfado después en la comunidad cristiana. Humanamente, muchos rabinos han enseñado de un modo ejemplar, en diálogo y respeto, sencillez y estudio, entre las diversas escuelas de la tradición nacional judía.

A pesar de ello, Mateo ha rechazado en su Iglesia ese modelo de autoridad, que parece nacer de los mismos dirigentes a quienes les agrada que les llamen rabinos. Así les dice Jesús, precisamente a ellos “no os dejéis llamar (mh. klhqh/te, subjuntivo aoristo pasivo) rabinos”. Mateo no condena a los “fieles ordinarios” (¡que no llamen rabino a nadie!), sino a los dirigentes, para que no se dejen llamar de esa manera, pues en la comunidad de Jesús no existe más rabino (Didascalos, Maestro) que Jesús, que instituye el rabinato de la vida, propio de aquellos que enseñan con la entrega personal, como vamos viendo desde 16, 21.

‒ Y no llaméis a ninguno de vosotros Padre. Contra un poder patriarcal (23, 9). Jesús no quiere que en la iglesia haya padres que impiden descubrir al Padre del cielo (y convierten a los demás en menores en un sentido no cristiano). Esta palabra no se dirige a los “pretendidos rabinos” de fuera, sino a los miembros de la comunidad a los que ella manda que no llamen “padre” a nadie entre vosotros (u`mw/n). Al decir “no llaméis a nadie padre”, Mateo supone que algunos lo están haciendo, de manera que empieza a surgir en la iglesia una veneración jerárquica, dirigida a algunos que quieren hacerse “padres” de la comunidad, o de otros creyentes (que aparecen de esa forma como inferiores o subordinados).

El Jesús de Mateo se opone de forma tajante a esa exigencia “patriarcal” dentro de la comunidad, recuperando la mejor tradición cristiana (que no hablaba de padres, cf. Mc 12, 46-48), no para negar a los padres de familia (que, a diferencia de Mc 10, 30, aparecen en Mt 19, 29), sino para recrear la iglesia en línea de comunión. La comunidad cristiana no se entiende como “sistema” de paternidad-filiación, sino de fraternidad universal, y el símbolo “padre” se reserva sólo para Dios, de manera que ningún creyente puede realizar funciones de padre o superior respecto de otro.

‒ Directores, poder de guiar a los demás (23, 10). No ha de haber tampoco en la Iglesia directores, katheguetes (kaqhghtai, personas que guíen y dirijan a otras), con poder de marcar el camino a los demás, asumiendo así una autoridad particular, como instructores o líderes de otros. El kathêgetes es alguien que va por delante, que “adoctrina” a los demás y que se arroga el poder de dirigirles. Esa palabra y función tiene un sentido cercano al de maestro, aunque con un matiz de dirección socio/personal más que de mando doctrinal, en línea helenista. Pues bien, en contra de la advertencia de Mateo, la tradición posterior de la Iglesia hablará de esos kathegetas/catequetas como obispos de las comunidades, con un poder de orientación (dirección comunitaria) no simplemente doctrinal, actuando así como entrenadores, bajo cuya dirección han de ponerse el resto de los creyentes.

El katheguetes, dirigente no es simplemente un grande (rabí) que tiene más sabiduría o un padre, que está por encima, sino alguien que, además, quiere guiar a la comunidad, pudiendo convertirse en iniciador jerárquico de otros. Al prohibir que algunos actúen como kathegetas, el Jesús de Mateo afirma que cada creyente puede y debe vincularse de manera directa e inmediata a Cristo, que es el verdadero kathegeta de aquellos que creen en él. En esa línea, de una forma sorprendente, el evangelio de Mateo insiste en un tema que ha sido intensamente desarrollado por la comunidad del Discípulo Amado.

Las tres advertencias se entienden de un modo unitario: la primera (sobre los rabinos) y la tercera (sobre los dirigentes) resultan paralelas; en el centro queda la alusión contra aquellos que actúan como padres, ignorando que el único Padre verdadero es Dios. En contra de una tendencia, normal en nuestras sociedades, Jesús no ha fundado un grupo de rabinos y sabios, pues quiere que todos los miembros de su iglesia sean hermanos (se vinculen directamente entre sí). Nadie puede elevarse como director o guía, intermediario o bróker de los otros, pues todos tienen acceso directo a Dios Padre y al Cristo que es Rabi y Kathêgêtês de cada uno de sus fieles.

Conforme a la visión de Mateo, el judaísmo rabínico, entendido como religión de Ley y Libro, necesita intérpretes, rabinos/catequetas que ejerzan la función de padres. Pues bien, en contra de eso, el evangelio de Mateo propone una religión de encuentro personal con Cristo, sin necesidad de rabinos/padres/catequetas que se impongan sobre los demás. El objetivo de la iglesia de Mateo no es crear estructuras que funcionen bien (con buenos mandos), ni es superar a las demás instituciones en conocimiento o número, sino expandir y celebrar gratuitamente la gracia y el amor de Cristo, buscando el bien de todos (incluso de los otros grupos sociales) tanto o más que el propio. El objetivo de la Iglesia es ofrecer un testimonio y camino de fraternidad, no la creación de una buena empresa socio-religiosa. Por eso, al final de este pasaje, Mateo vuelve (como indicaré) a su doctrina fundamental, que sido desarrollada en los pasajes sobre los niños: El mayor de todos sea vuestro servidor, pues el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado (19, 13-15).

3. El mayor entre vosotros sea vuestro servidor… (23, 11-12).

Estos versos forman la conclusión y fundamento de las tres sentencias anteriores sobre los rabinos, padres y dirigentes, en la línea de Mc 10,41-45 (respuesta de Jesús a los zebedeos: Mt 20, 26-28) y de la tradición del Q (el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado: Lc 14, 11; 18, 14)

23 11 El más grande entre vosotros sea vuestro servidor. 12 Pues el que se eleve a sí mismo será humillado; y el que se humille será elevado.

Estas palabras transmiten una experiencia clave de Mateo, que aparece no sólo en los textos sobre los pequeños y los niños (18. 1-5; 19, 13-15), sino en la invitación radical al seguimiento, tras la confesión de Pedro (16, 24-28). Sólo en el espacio de comunión mesiánica abierto por Jesús en su camino hacia Jerusalén recibe sentido esta llamada a la fraternidad real y radical, que sólo puede surgir y mantenerse allí donde se invierte el fundamento jerárquico de las instituciones del entorno social donde los que mandan dominan a sus subordinados y se aprovechan de ellos (cf. 20, 20-28).
Este motivo, que proviene de la tradición israelita, radicalizada por Jesús, parece negativo y condenatorio y sin embargo resulta extraordinariamente positivo, pues no implica odio o rechazo de los grandes (rabinos-padres-directores), sino inversión creadora. Por eso afirma que el más grande (mei,zwn) tiene lugar e importancia en la comunidad, pero sólo en la medida en que se convierta en servidor de los demás (dia,konoj u`mw/n). No se trata de que la comunidad esclavice al grande, le rebaje y le obligue a humillarse, sino que el grande, por sí mismo, ha de hacerse servidor de los demás, descubriendo y realizando su auténtica grandeza, como el Hijo del Hombre que ha querido dar la vida, regalarla, como redención (lu,tron: 20, 28), es decir, como potencial transformador, a favor de los demás. Esta es la “inversión” del grande, que no es destrucción, sino confirmación de su grandeza, puesta de esa forma al servicio de los demás, como ratifica la sentencia posterior, de tipo paradójico: El que se eleva será abajado, el que se abaje será elevado (23, 12).

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Navidad… hagamos Familia, vivamos “todas” las familias…

Domingo, 27 de diciembre de 2020

El Verbo se hizo hombre… se hizo clase…

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JESÚS ADOLESCENTE EN EL TALLER DE JOSÉ.-John Everett Millais

En el vientre de María el Verbo se hizo hombre,

y en el taller de José, el Verbo se hizo clase...”

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Pedro Casaldáliga

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Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor“, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:

“Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

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Lucas 2,22-40

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Todas las Familias

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El niño iba creciendo, lleno de sabiduría
(Lc 2, 22-40)

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La familia la hacen las personas que la forman, su capacidad de quererse, de amarse, de perdonarse, de reconciliarse, de estar abiertas a compartir la vida con otros familias. La familia está cambiando. Es normal. Pueden cambiar las formas de establecerse los vínculos entre las personas. Puede cambiar el hecho de que todos vivan en la misma casa o que vivan separados. Pero al final, hay un vínculo clave en la familia: el amor. Ése es el vínculo que mantiene y mantendrá viva a la familia. Ése fue el vínculo que Jesús aprendió a valorar en su familia. Allí descubrió que es más fuerte incluso que los lazos de la sangre. Por eso, luego, más tarde, habló de Dios como el Padre, el Abbá que reúne a todos sus hijos en torno a la mesa común. Y para que entendiésemos la relación que nos une a Dios nos dijo que éramos sus hijos y él nuestro Padre.

Hoy nos toca a nosotros asumir la realidad concreta de nuestras familias, con sus luces y sus sombras, y seguir partiendo de ellas para construir el reino, la gran familia de Dios. Es nuestra responsabilidad fortalecer todo lo que podamos el vínculo del amor, que rompe las barreras de la sangre, de la raza, etc. y nos une a todos en una única familia. Hoy, como a Jesús, nos toca a nosotros encarnarnos en nuestra realidad concreta y construir la familia de Dios aquí y ahora.

Comunidad Anawin de Zaragoza

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Navidad ¿qué va a cambiar?

Viernes, 25 de diciembre de 2020

 

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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

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Maurice Zundel

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El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba ¡unto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

        Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

        Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

        Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de todos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

        Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad.

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W. Pannenberg,
Presencia de Dios,
Brescia 1974, 119-120).

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Celso Alcaina: “Jesús no instauró un determinado rito en la Última Cena”

Lunes, 17 de agosto de 2020

Compartir_el_pan“Dejó a sus seguidores un proyecto de vida en igualdad, justicia, libertad y amor”

“Toledo y su Corpus Christi, Lugo y su Sacramento, las Adoraciones Nocturnas, los Congresos Eucarísticos Internacionales, miles de presbíteros sin excluir altos jerarcas que ‘dicen’ Misa y, finalmente, los crédulos cristianos que aceptan y defienden la presencia real de Jesús en la Eucaristía. A estos se unirán los que en torno al templo han constituido sus negocios: restaurantes, tiendas textiles y otras”

“No sólo les metemos en sus cabecitas un absurdo integral y un trágala porque lo digo yo. Les obligamos, además, a pasar previamente por el confesionario, suscitando en ellos, inocentes, el sentimiento de culpa”

“Los cristianos primitivos eran conocidos por su estilo de vida, por cómo se comportaban con los demás y no por congregarse en templos”

“Entre los siglo IX y XV, los teólogos especulan sobre la presencia real de Jesús en el pan y el vino. Surge el término ‘transustanciación’: el pan y el vino se convierten en el cuerpo y sangre de Jesús”

Comprenderé el desagrado de personas e instituciones al leer este artículo. Intolerable, dirán. Toledo y su Corpus Christi, Lugo y su Sacramento, las Adoraciones Nocturnas, los Congresos Eucarísticos Internacionales, miles de presbíteros sin excluir altos jerarcas que “dicen” Misa y, finalmente, los crédulos cristianos que aceptan y defienden la presencia real de Jesús en la Eucaristía. A estos se unirán los que en torno al templo han constituido sus negocios: restaurantes, tiendas textiles y otras.

El que esto escribe se cree con derecho y obligación de desenmascarar una práctica secular que ha de ser calificada como falsa. Me avalan mis títulos académicos, mi actividad en el Vaticano, el estudio y la reflexión de medio siglo.

“El día más feliz de mi vida”. Es la frase que padres y educadores ponen en boca de sus inocentes niños el día de su primera comunión. Les hacen creer que el cuerpo de Jesús entra en su estómago cuando comen un pedacito de pan, la hostia, que el cura les entrega. Que beben sangre de Jesús al tomar unas gotas de vino. Habéis leído bien. El cuerpo vivo de Jesús de Nazaret, todo su cuerpo. La sangre borboteante de Jesús. No, no puede ser. Eso no puede ser. Es absurdo.

Los responsables eclesiásticos, incluidos Concilios y Papado, disfrazan esa tomadura de pelo con la palabra “mística”. Es decir, misteriosa, incomprensible, sin posible explicación. Lo mismo que la Trinidad, que la divinidad de Jesús o que el pecado original. Lo crees porque lo digo yo, aunque sea irracional y absurdo.

Limitándonos a los niños, cabe invocar la expresión “abuso de menores”. No sólo les metemos en sus cabecitas un absurdo integral y un trágala porque lo digo yo. Les obligamos, además, a pasar previamente por el confesionario, suscitando en ellos, inocentes, el sentimiento de culpa, de pecado. Y, lo más sorprendente y repugnante. Ese lavado de cerebro se protrae, incuestionado perezosamente, a la adolescencia y adultez. Incrustado durante toda la vida de los cristianos.

No haría falta recurrir a la historia del Cristianismo para ratificar el fraude que entraña la “transustanciación” o conversión del pan y vino en cuerpo y sangre. Siendo un absurdo, toda mente humana podría y debería rechazarla. Ello, independientemente de los pretendidos fundamentos históricos o bíblicos. Pero es que la historia y el movimiento cristiano avalan cuanto aquí denunciamos.

En el siglo I de nuestra era, años 50 – 100, los pocos seguidores de Jesús solían reunirse para conmemorar la vida de su Cristo. Lo hacían en casas particulares: cenas fraternales y solidarias. Todavía vivían apóstoles y discípulos directos de Jesús. Reproducían la última cena jesuánica. Ya entonces se observaron disfunciones. Excesos en el beber, segregación de los pobres. De las casas particulares se pasó a lugares comunes, embriones de las iglesias. A partir del siglo II, en sinagogas o centros comunitarios, las cenas declinaron y desaparecieron. Las reuniones se limitaban a oraciones, cánticos, homilías.

Todo cambió o se aceleró a partir del año 313. El emperador Constantino dio carta de naturaleza al Cristianismo, albergó en sus basílicas a los cristianos, se impuso el latín como lengua común y mandó construir iglesias tan espaciosas como necesario para dar cabida al creciente número de creyentes..

Del siglo IV al VIII, la Eucaristía (acción de gracias) sufre un importante cambio de significado. En base al dogma de la divinidad de Jesús proclamado en Nicea, se pasa a considerarla sacrificio como valor central, lo que provoca temor, distanciamiento y nula disposición a comulgar.

Entre los siglo IX y XV, los teólogos especulan sobre la presencia real de Jesús en el pan y el vino. Surge el término transustanciación: el pan y el vino se convierten en el cuerpo y sangre de Jesús. La Misa es la reproducción del “sacrificio”, el que Jesús culminó en la cruz. Se celebra en el “altar”, como los antiguos sacrificios judíos. Los sacerdotes son los funcionarios sagrados encargados de realizar ese sacrificio. Son los líderes de las comunidades que ya no dejarán de llamarse “sacerdotes”. Los fieles acuden pasivamente a esa Misa y se limitan a adorar al Señor en esa Eucaristía. Pero no comulgan, acaso por reverente temor. En el siglo XIII, el Concilio Lateranense IV tuvo que disponer y obligar a comulgar una vez al año por Pascua Florida…

A partir de ese siglo, surgen multitud de devociones y manifestaciones eucarísticas. Elevación del cáliz y de la hostia, exposición del Santísimo, fiesta del Corpus Christi, congresos eucarísticos, etc.

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Aclarar que la cultura judía prohibía consumir sangre de cualquier animal, más aún si era sangre humana. Por el contrario, otros ritos paganos daban sentido al “comer el cuerpo y la sangre de sus dioses”. Durante un milenio, a nadie se le ocurrió hablar de la “transustanciación” o presencia real de Jesús en el pan y vino. La Eucaristía, el recuerdo de la última cena, se limitaba a recordar y vivir el estilo de vida de Jesús. Los cristianos primitivos eran conocidos por su estilo de vida, por cómo se comportaban con los demás y no por congregarse en templos.

Jesús no pudo dejar en herencia bienes temporales. No los poseía. Tampoco instauró un determinado rito en la Última Cena. Dejó a sus seguidores un proyecto de vida en igualdad, justicia, libertad y amor. Por ese “Reino de Dios” luchó hasta entrar en conflicto con las autoridades políticas y religiosas. El resultado, la crucifixión.

Fuente Religión Digital

Biblia, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , ,

Dadles vosotros de comer…

Domingo, 2 de agosto de 2020

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“Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos…
(Me acuerdo muy bien de El.
A todas horas.
Me acuerdo de El, buscándolo;
sintiéndome buscado por sus ojos gloriosamente humanos).

“En él, nuestras penas…”
(La soledad innata, donde crezco
como un tallo de menta.
El complejo indecible que me envuelve
las raíces del alma más profundas,
abiertas sólo a Dios, como al océano…
La durísima cruz de esta esperanza
donde cuelgo seguro y desgarrado.
La infinita ternura que me abrasa
como un viejo rescoldo
de montañas nativas.

La impaciencia sin citas y sin puertos…
“En El, nuestra Paz…”
(La Paz pedida siempre.
La Paz nunca lograda.
La extraña Paz divina que me lleva
como un barco crujiente y jubiloso.
La Paz que doy, sangrándome de ella,
como una densa leche).

«¡En El, la Esperanza, y en El la Salvación!”
(...Y entretanto celebro su Memoria,
a noche abierta, cada día…).

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental
Editorial Sígueme, Salamanca 1971

***

 

Jesús, al enterarse de lo sucedido, se retiró de allí en una barca a un lugar tranquilo para estar a solas. La gente se dio cuenta y lo siguió a pie desde los pueblos.

Cuando Jesús desembarcó y vio aquel gran gentío, sintió compasión de ellos y curó a los enfermos que traían.

Al anochecer sus discípulos  se acercaron a decirle:

– El lugar está despoblado y es ya tarde; despide a la gente para que vayan a las aldeas y se compren comida.

Pero Jesús les dijo:

– No necesitan marcharse; dadles vosotros de comer.

Le dijeron:

– No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.

El les dijo:

Traédmelos aquí.

Y después de mandar que la gente se sentase en la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, se los dio a los discípulos  y éstos a la gente.

Comieron todos hasta hartarse, y recogieron doce canastos llenos de los trozos sobrantes.  Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

*

Mateo 14,13-21

***

[El autor, un médico alemán, recuerda la experiencia vivida en las minas de Vorkuto, un campo de concentración soviético, el número 9/IO].

        Cada mañana, hacia los cuatro, se celebraba la santa misa y se distribuía la comunión. Del grupo que estaba orando, se apartó un minero, vestido como los demás, con un mono, y se acercó al altar improvisado (a unos doscientos metros bajo tierra). Era el sacerdote. Después, de la muchedumbre salió otro: el ayudante. Sobre el altar improvisado, un minúsculo cáliz y un misal pequeño. El ayudante sacó del bolsillo del mono una campanilla minúscula. El cáliz de plata medía unos siete centímetros de alto y cuatro de ancho y había sido hecho por los mismos mineros. Durante la santa misa, muchos se acercaron poro recibir lo comunión. Las hostias venían de Lituania. Los comunistas, que no subían de qué se trataba, les llamaban “pan lituano”. El vino llegaba con enormes dificultades al campo de concentración de Crimea. Durante lo Pascua, más de cuatrocientos pudieron comulgar. A los mineros les entregaban, según lo acordado, una cajetilla de tabaco y, debajo de la primera fila de cigarrillos, les colocaban el Santísimo envuelto en un trocito de cándido lino. La hostia consagrada se partía y era distribuida entre cuatro personas, más o menos.

*

cf J. Scholmer,
Die Toten kehren ziiruck (Los muertos regresan),
Berlin 1954.

 

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Crear fraternidad”. 18 Tiempo ordinario – A (Mateo 14,13-21)

Domingo, 2 de agosto de 2020

hqdefaultUn proverbio oriental dice que «cuando el dedo del profeta señala la luna, el estúpido se queda mirando el dedo». Algo semejante se podría decir de nosotros cuando nos quedamos exclusivamente en el carácter portentoso de los milagros de Jesús, sin llegar hasta el mensaje que encierran.

Porque Jesús no fue un milagrero dedicado a realizar prodigios propagandísticos. Sus milagros son más bien signos que abren brecha en este mundo de pecado y apuntan ya hacia una realidad nueva, meta final del ser humano.

Concretamente, el milagro de la multiplicación de los panes nos invita a descubrir que el proyecto de Jesús es alimentar a los hombres y reunirlos en una fraternidad real en la que sepan compartir «su pan y su pescado» como hermanos.

Para el cristiano, la fraternidad no es una exigencia junto a otras. Es la única manera de construir entre los hombres el reino del Padre. Esta fraternidad puede ser mal entendida. Con demasiada frecuencia la confundimos con «un egoísmo vividor que sabe comportarse muy decentemente» (Karl Rahner).

Pensamos que amamos al prójimo simplemente porque no le hacemos nada especialmente malo, aunque luego vivamos con un horizonte mezquino y egoísta, despreocupados de todos, movidos únicamente por nuestros propios intereses.

La Iglesia, en cuanto «sacramento de fraternidad», está llamada a impulsar, en cada momento de la historia, nuevas formas de fraternidad estrecha entre los hombres. Los creyentes hemos de aprender a vivir con un estilo más fraterno, escuchando las nuevas necesidades del hombre actual.

La lucha a favor del desarme, la protección del medio ambiente, la solidaridad con los pueblos hambrientos, el compartir con los parados las consecuencias de la crisis económica, la ayuda a los drogadictos, la preocupación por los ancianos solos y olvidados… son otras tantas exigencias para quien se siente hermano y quiere «multiplicar», para todos, el pan que necesitamos los hombres para vivir.

El relato evangélico nos recuerda que no podemos comer tranquilos nuestro pan y nuestro pescado mientras junto a nosotros hay hombres y mujeres amenazados de tantas «hambres». Los que vivimos tranquilos y satisfechos hemos de oír las palabras de Jesús: «Dadles vosotros de comer».

José Antonio Pagola

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“Comieron todos hasta quedar satisfechos.” Domingo 2 de Agosto. 18º Ordinario

Domingo, 2 de agosto de 2020

41-Ordinario_18_ADe Koinonia:

Isaías 55,1-3: Venid y comed .
Salmo responsorial: 144: Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.
Romanos 8,35.37-39: Ninguna criatura podrá apartaros del amor de Dios, manifestado en Cristo.
Mateo 14,13-21: Comieron todos hasta quedar satisfechos.

La segunda parte del libro de Isaías, a la que pertenece la primera lectura de la liturgia de este domingo nos invita a hacer una valoración experiencial y sapiencial de la Palabra de Dios. Esta pequeña exhortación “cierra” los capítulos anteriores, desde el 40 hasta el 55, y ofrece una poderosa clave de lectura para comprender toda la segunda parte del libro. Además termina con el famoso texto que compara la Palabra de Dios con la lluvia vivificadora (Is 55,10-11).

El hambre y la sed son mecanismos fundamentales de los seres vivos. Todo ser viviente necesita nutrición e hidratación, pero en los seres humanos, estas necesidades biológicas tienen carácter social. En muchas culturas humanas –no todas-, compartir la bebida y el alimento son mecanismos de socialización y de integración. El autor toma, entonces, esta necesidad vital y la traslada al campo de la fe para mostrarnos que para el creyente la Palabra de Dios es algo más que una comunicación divina. La Palabra de Dios se convierte así en una necesidad inaplazable que alimenta nuestro ser y nos vivifica. Jesús mismo, retomando las reflexiones del Deuteronomio (Dt 8,3; 6,13), combate la tentación contraponiendo la voluntad divina al inmediatismo humano (Lc 4,3-4). El problema de la humanidad no es únicamente la satisfacción de las necesidades básicas, sino, también, hacer surgir y formar una consciencia que exija la justa distribución de los recursos, que lleve a que la humanidad cultive lo mejor de sí y lo entregue como solidaridad y justicia en un proyecto social alternativo al proyecto egoísta.

Pero el autor, como buen poeta y profeta, no se contenta con hacer una arenga o una instrucción legal; busca, por medio de la imagen asociada a los mejores frutos (trigo, vino, leche), que el lector encuentre no sólo consuelo sino deleite. La Palabra de Dios se convierte así en un manjar sabroso que puede ser degustado por la pura gratuidad divina. El olor del amasijo fresco, del vino bien conservado y de la leche fresca nos recuerdan los dones que Dios le ha dado a su pueblo; dones que ayudan al ser humano a construir un cuerpo vigoroso pero que deben ser acompañados por una degustación asidua de su Palabra.

Isaías nos hace una invitación a degustar con sabiduría todos los dones que Dios nos ofrece, sabiendo que lo mejor que podemos ofrecer nosotros mismos es la gratitud activa, que revierte sobre los menos favorecidos los dones que unos pocos acaparan. Lo mismo ocurre con la Palabra de Dios, debe ser entregada con sabiduría y generosidad de modo que el pueblo de Dios no desfallezca. La Palabra de Dios nos invita y convoca a hacer de este ‘valle de lágrimas’ un jardín frondoso donde florezca la justicia y la sabiduría (Sal 72,1-9).

En el evangelio de Mateo, la multiplicación y los peces nos evoca la gran tentación de considerar que únicamente la satisfacción de las necesidades básicas nos conduce al Reino. Jesús se preocupó de que sus discípulos fueran mediadores efectivos frente a las necesidades del pueblo, pero no recurriendo a la mentalidad mercantilista que reduce todo a la presencia o ausencia de dinero (Mt 14,15). Es muy fácil, a falta de un benefactor, despedir a la multitud hambrienta para que cada cual consiga lo necesario. Pero Jesús no quiere eso; él pide a sus seguidores que sean ellos mismos quienes se ofrezcan a ser agentes de la solidaridad, ofreciendo lo que son y todo (lo poco) que tienen. Entonces la ración de tres personas, cinco panes y dos peces, se convierte en el incentivo para que todos aporten desde su pobreza y pueda ser alimentado todo el pueblo de Dios, que es lo que simbolizan las doce canastas. En la intención del evangelista, Jesús demuestra de este modo que el problema no es la carencia de recursos, sino la falta de solidaridad. «Cuando el pobre crea en el pobre, ya podremos cantar ¡Libertad!», dice el canto conclusivo de la «Misa Salvadoreña».

Lo que nos acerca a Jesús no son los muchos rezos o ceremonias, sino el amor incondicional a su Causa, ¡el Reino, la Utopía! Algo que hizo diferente a Jesús de todos los predicadores de la época fue su capacidad para despertar los mejores sentimientos de la gente: amor, generosidad y respeto. Nosotros deberíamos amar a Jesús con el mismo tipo de amor con el que él nos ama. Si el nos amó con un amor solidario, generoso, compasivo… nosotros no podemos responderle con melifluas plegarias o explosiones de emotividad, porque esto no sería amor comprometido. Por eso, si entendemos con qué amor Jesús nos amó, estaremos seguros de lo que proclama Pablo: nada nos puede separar del amor de Cristo. Leer más…

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Dom.18,8.20. Los panes y los panes. Para multiplicar los panes: Un camino de enseñanza y curación (Mt 14, 13-21)

Domingo, 2 de agosto de 2020

Panes y pecesDel blog de Xabier Pikaza:

Principio y camino de la Iglesia

Retomo el motivo de de ayer (proyecto y tarea de Caritas) con el evangelio de este domingo (multiplicación de los panes y peces, Mt 14,13-21). La clave no es el aumento físico de panes y peces, sino la solidaridad y comunión , que se establece  por la educación y sanación:

Evangelio de Marcos (6, 34‒44): enseñar y alimentar”. Sólo a través de una nueva enseñanza, de una más alta “educación humana” se puede multiplicar y compartir los alimentos.

El evangelio de Mateo (14, 13‒21): curar y dar de comer. La multiplicación de los panes sólo es posible si hay una “curación previa”.  Si no se cura el corazón y la vida no se pueden compartir los alimentos.

El texto

Mt 14 13 Al oírlo (que Juan había sido ajusticiado), Jesús se retiró de allí en privado, en una barca, a un lugar solitario. Y las muchedumbres, al oírlo, le siguieron a pie, desde las ciudades.

(1) Curar:  14 Y al desembarcar, vio una gran muchedumbre, y sintió compasión de ellos y curó a los enfermos que había.

(2, alimentar) 15 Entrada la tarde se le acercaron los discípulos diciendo: El lugar es desierto, y la hora es ya avanzada. Despide, pues, a la muchedumbre, para que vayan a las aldeas y compren comida para ellos. 16 Pero Jesús les dijo: No tienen necesidad marcharse; dadles vosotros de comer. 17 Pero ellos le dijeron: No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces. 18 Pero él dijo: Traédmelos acá. 19 Y mandando a la gente que se reclinara sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a las muchedumbres. 20 Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. 21 Y los que habían comido eran unos cinco mil varones, sin contar mujeres y niños[1].

       Este relato, desarrollado extensamente por Marcos (Mc 6, 30-44), incluye algunas abreviaciones y cambios que quiero indicar, destacando varios rasgos característicos de Mateo, un evangelio judío que es al mismo tiempo universal (abierto a todos los pueblos), pues nos sitúa en el espacio original de la existencia humana que es la salud y la comida:

‒ Curar y dar de comer(14, 13). Jesús huye, quiere resguardarse de Herodes, pero la gente le sigue (como había seguido al Bautista). En esa situación, busca un lugar deshabitado (una zona de desierto), sólo ellos. Pero la gente viene a buscarle, abandonando las ciudades, donde podían obtener comida. Pues bien, Jesús ve a la muchedumbre, y siente compasión, lo mismo que en Mt 9, 36, donde se dice que las gentes vagaban perdidas y enfermas, como ovejas sin pastor, cosa que aquí ya no se afirma (aunque se supone). Según el evangelio de Mateo, los dos gestos principales de Jesús son curar y alimentar[2]. En este contexto los evangelios acogen la ayuda de, pero la expresan de formas diferentes.

(a) Mc 6, 34 pone de relieve la educación y la comida. Enseñar y dar de comer, estos son los gestos principales del Mesías: Jesús empezó a enseñarles muchas cosas, para darles después de comer.

(b) Mt 14, 14 destaca la curación y la comida: Primero está la curación, la salud; la verdadera enseñanza es que los hombres y mujeres puedan vivir sanos, superar la enfermedades. Lo primero es eso que pudiéramos llamar el compromiso sanitario, luego viene la comida.

‒ De la salud al pan, la multiplicación(14, 15-21). Lógicamente, después de las curaciones viene la “alimentación” pues el hambre es un tipo de enfermedad (quizá la primera de todas). Alimentar es “curar” en el sentido originario, para que los hombres y mujeres más debilitados tomen fuerzas (=puedan vivir), sin ser dominados por la mayor aflicción que es la falta de comida, especialmente en situaciones de inseguridad económica y enfrentamiento social, como había indicado ya el relato original del paraíso (Gen 2-3), donde Dios quiere ante todo que los hombres y mujeres coman y vivan[3].

Dadles de comer vosotros

  Frente a la propuesta de los discípulos que quieren despachar a la gente, a fin de que los ricos puedan comprar (de manera que los que pueden compren para comer y los demás sigan con hambre), Jesús instaura otro sistema (dadles vosotros de comer), pasando así del modelo de la compra-venta al de la comunión. Ciertamente, los discípulos plantean el tema en plano económico (sólo tenemos cinco panes y dos peces: 14, 17); pero Jesús les responde subiendo de plano y diciendo “traedlos aquí” (los panes y los peces), haciendo que se sienten todos (sin preguntar de dónde viene de cada uno), sobre la yerba del campo[4].

Esta alimentación es, con las curaciones de Mt 11, 2-5, la acción más significativa de Jesús, su gesto sacramental por excelencia, expresión de su compromiso a favor de los pobres (que son evangelizados ante todo a través de la comida: 11, 5). En este contexto se entrelazan, partiendo de la muerte del Bautista, y en contra de la política de Herodes, la necesidad de la muchedumbre (enferma, hambrienta) y la estrategia compasiva de Jesús ( tuvo misericordia de ellos, 14, 14). En vez de ocultarse, por miedo a compartir la suerte del Bautista, él ha respondido al otro lado del mar, de manera más provocadora, curando a los enfermos de la muchedumbre que le busca.

Bendecir a Dios, dar de comer (14, 19).

Tras curar a los enfermos, Jesús alimenta a los hambrientos con los panes y peces de fraternidad mesiánica, iniciando así el momento central de su tarea, al servicio de los pobres (14, 19-20). Frente al Bautista, que no comía ni bebía (11, 18), Jesús responde bendiciendo al cielo/Dios por la comida, partiendo los panes y los peces que así ofrece a sus discípulos, para que ellos los repartan al pueblo. En contra del Diablo que intentaba dominar a los hombres con pan (4, 1-4), Jesús regala el pan y lo comparte como signo de bendición divina y abundancia humana.

 ‒ Panes discutidos. Ese mismo banquete (ofrecido a los expulsados) suscita gran rechazo de parte muchos, como sabe Jesús cuando dice que la Reina del Sur y los habitantes de Nínive se alzarán contra esta generación (cf. Mt 12, 41s), porque ellos, sin ser israelitas, aceptaron a Salomón y a Jonás, mientras que ahora los galileos no acogen su Reino. En esa línea se había situado la acusación de Jesús contra las poblaciones de Corozain, Betsaida y Cafarnaúm por no haber aceptado su mensaje (Mt 11, 21-24), mientras que las ciudades paganas de Tiro y Sidón lo habrían acogido, de haberlo escuchado. Leer más…

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