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Esperar…

Miércoles, 5 de agosto de 2020

 

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Largo se le hace el día

a quien no ama

y él lo sabe.

*

Claudio Rodríguez

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Deshaciéndome

Martes, 21 de julio de 2020

Del blog Nova Bella:

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“Deshaciéndome estoy,

hermanas,

por daros a entender

esta operación de amor,

y no se cómo.”

*

Santa Teresa de Jesús

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***

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“Repita conmigo Will Graham: dios es amor”, por Carlos Osma

Martes, 21 de julio de 2020

JESUSAMORDe su blog Homoprotestantes:

Cada vez entiendo mejor porqué hace ahora justo un año el señor Will Graham se rasgó las vestiduras, cogió todas las piedras que pudo, e intentó lanzarlas sobre mi libro “Solo un Jesús marica puede salvarnos”, y sobre (y esto es lo más importante) las personas que estaban abiertas a debatir, o compartir, que significaba eso de que Jesús fuese marica. En realidad, aunque preferiría que no lo hubiese hecho, su acción ayudó a dar una proyección a mi libro que nunca hubiese imaginado. ¡Cinco artículos le dedicó!, cada uno más simple y absurdo que el otro, en la vanguardista Protestante Digital. Pero tampoco soy ingenuo, y sé que también a él le supuso un extra de notoriedad. Esa es una de las explicaciones que a día de hoy encuentro a su actitud de continua difamación de personas o entidades que, por una razón u otra, pone en la diana esperando (pienso yo) a que algún valiente enajenado se atreva a tirar los dardos.

La búsqueda de notoriedad está clara, el intento de estar día sí y día también en el centro de la noticia también. Y a falta de capacidad para proponer reflexiones teológicas (¿es teólogo no?) que ayuden a hacer un mundo más evangélico, pues le queda la confrontación, la invención de fantasmas, y los señalamientos con el dedo. A alguien le debería hacer pensar que significa que una persona así tenga cabida en medios de comunicación evangélicos que llegan a masas. No digo que no se deba dar voz a personas de corte conservador, o incluso ultrafundamentalista (como es el caso), pero si esto es la vanguardia del fundamentalismo, entonces alegrémonos todas y todos: al fundamentalismo le quedan dos telediarios.

La última persona que se le ha puesto entre ceja y ceja ha sido la teóloga uruguaya Cris Conti, pero entre las cejas de fuego de Will Graham ha habido antes muchas otras, sería una lista interminable nombrarlas a todas. Cito a Cris Conti, no porque haya sido la última, o porque este señor supure machismo y misoginia por todos lados, sino porque en un comentario que hace sobre ella he encontrado otra explicación al comportamiento medieval de nuestro hermano pastor (en las familias diversas hay de todo). El comentario dice así: “Los teólogos progresistas no creen en la ira de Dios porque no conocen a Dios. El Dios de la Biblia es un Dios de ira. Y de allí la necesidad de la muerte expiatoria de nuestro Salvador en la cruz”. Sí, aceptémoslo, hay personas a las que los Jesús maricas les ponen enfermos porque sus Dioses con mayúscula tienen un par de cojones y sobre todo mucha ira y mucha mala leche. Y esos Dioses como Dios manda, igual que los padres como Dios manda, no pueden tener hijos maricas y blandengues. (Disculpen que ponga Dios en mayúscula, pero es la forma en la que este tipo de teólogos intentan decir que poseen al dios inalcanzable para el resto de la humanidad).

Cómo ha leído este señor los evangelios es para mí incomprensible, cómo se los han explicado en los divinos seminarios fundamentalistas se escapa a mi entendimiento. Pero lo que sí sé, porque lo he visto de cerca, es que las personas y comunidades que creen en este Dios temible, tienen una doble vara de medir, una para ellas y otra para el resto. Además, rezuman hipocresía, malgastando toda su energía en tratar de hacer parecer lo que no se es. Y todo eso acompañado con poca humildad y una gran incapacidad para reconocerse frágiles y limitados. No me refiero a decirlo, sino a creerlo y vivir en consonancia con ello, es decir, con empatía y amor. (Espero WG que esta última palabra no le haya hecho daño).

Repita conmigo Will Graham: dios es amor. Es decir, ni lo tenemos ni podemos tenerlo, se nos escapa constantemente, pero si hay un lugar donde se nos revela, es en el amor. En los amores en minúsculas también, porque todos son limitados. Pero amores que apuntan a un Amor más grande, que es aquel que nos indica la cruz. Porque la cruz no es el lugar de la ira de dios (siento de verdad que haya tenido una vida tan dura), sino el de un dios de amor que nos acompaña incluso en los peores momentos de nuestra vida. En la cruz podemos ver al Dios violento, patriarcal, machista, misógino, racista, clasista, tránsfobo, homófobo… al Dios con dos cojones y mucha ira; ese que llevó a Jesús a la cruz por blandengue, por amoroso, por empático, por sensible, por humano, por marica… Pero sufriendo junto al crucificado solo se nos revela el dios en el que creemos los cristianos, y lo hace como una madre, un padre, como alguien que nos ama incondicionalmente (no siempre la imagen del padre o la madre ayuda a todas las personas). Se nos revela como alguien que nos acompaña y nunca nos abandona. No es lo que somos o lo que hacemos (no necesitamos conquistarle), sino lo que él/ella hace y lo que es: Amor.

No soy psicólogo ni voy a jugar a serlo, es una cosa muy seria, pero muchas personas que viven siguiendo al Dios de la ira, deberían buscar la razón por la que ese es el Dios en el que creen y son incapaces de aceptar un dios de amor. Lo dejo aquí, no voy a seguir por respeto, pero vivir el cristianismo es además de acercarse al prójimo, acercarse a dios, sabiendo que cualquier imagen que tenemos de él/ella tiene mucho que ver con las experiencias que nos han marcado desde la infancia. Y que solo cuando nos acercamos, de verdad y sin dogmatismos, dios puede romper poco a poco las imágenes en las que pretendemos atraparle. No siempre es fácil, porque nuestra biografía nos marca profundamente, pero para dios, no hay nada imposible. Eso es lo que espero para Will Graham, y para muchos otros creyentes, que el dios de amor haga desaparecer al Dios cargado de ira.

Carlos Osma

Espiritualidad, Homofobia/ Transfobia., Iglesias Evangélicas , , , ,

El collar de la paloma

Viernes, 17 de julio de 2020

Del blog Nova Bella:

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“Otras señales son: que el amante vuele presuroso hacia el sitio donde está el amado; que busque pretextos para sentarse a su lado y acercarse a él; y que abandone los trabajos que le obligarían a estar lejos de él, de al traste con los asuntos graves que le forzarían a separarse de él, y se haga el remolón en partir de su lado.”

*

Ibn Hazm

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No tengas miedo: Amar es darlo todo y darse uno mismo.

Domingo, 21 de junio de 2020

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Ed Knippers, “El lavatorio de pies” (Cristo y sus discipulos)

Tan pronto como se olvida la  divina pobreza, tan pronto como se deja de ver en Dios el amor que se da, que no  puede sino darse, tan pronto como se deja de vivir este amor dándose, se acabó. Esta luz se desvanece, todo el dogma se convierte en una fórmula y se materializa, todos los sacramentos se transforman en rito externo, toda la jerarquía se hace una tiranía, toda la Iglesia se convierte en una pérdida de tiempo y un absurdo, toda la Biblia, un tejido de mitos.

*
Maurice Zundel

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

“No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.”

*

Mateo 10,26-33

***

“La cruz de la Madre Teresa ha sido el primer signo cristiano que se ha vista en la televisión estatal, al menos desde 1967”, declaraba un refugiado albanés a su llegada a Italia en l990. La cruz de la que hablaba era aquella cruz negra que la Madre Teresa llevaba en su sarga blanca.

Si a partir de 1944 el régimen marxista había perseguida a los creyentes (católicas, ortodoxos y musulmanes), la situación empeoró en I967. Fue entonces cuando Albania se declaré oficialmente como la única nación atea de la Tierra. La religión fue atacada ferozmente. El modo como fueron tratados los católicos recordaba las persecuciones de los emperadores romanos mas crueles. En los tiempos modernos, la iglesia ha sido reducida como en los años de las catacumbas.

Un hecho sorprendente: mientras los albaneses no tenían derecho a pronunciar públicamente el nombre de Jesús, la Madre Teresa recorría el mundo con el nombre de Jesús en los labios y prodigando obras de misericordia. A un párroco que se encontraba en prisión le pidió un detenido que bautizase a su hijo, en secreto. Cuando las autoridades descubrieron esta desobediencia, el sacerdote fue condenado a muerte. Fue uno de los sesenta sacerdotes que murieron, ahorcados, fusilados o agotados por el rigor de los campos de trabajos forzados. Las persecuciones, como sabemos, se han cebado con el cristianismo. Los perseguidos son llamados “dichosos” porque defienden y enseñan la justicia.

La promesa que acompaña a esta bienaventuranza es asombrosa: nada memos que poseer el Reino de los Cielos. Señor Jesús, sabemos que para imitarte tenemos que hacer el bien a todos. Nos has dicho que sufriríamos trabajando por los otros contra la opresión, contra la degradación, contra la guerra.

Cada día encontramos la oposición, la contradicción. Ayúdanos a aceptar nuestros pequeños sufrimientos, porque conocemos su valor redentor. Transforma nuestra tristeza en gozo, mientras nos esforzamos en cumplir tu voluntad.

*

E. Egan — K. Egan, Madre Teresa e le Beafifudini, Brescia 2ooo, 129-131

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Si él no me hubiera amado…

Jueves, 4 de junio de 2020

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No habría aprendido yo a amar al Señor

si él no me hubiera amado.

¿Quién puede comprender el amor,

sino quien es amado?

Yo amo al Amado,

a él ama mi alma:

allí donde está su reposo,

allí estoy yo también.

Y no seré un extraño,

porque no hay envidia junto al Señor altísimo,

porque quien se une al Inmortal

también será inmortal,

y quien se complace en la vida

viviente será.

Que permanezca tu paz conmigo, Señor,

en los frutos de tu amor.

Enséñame el canto de tu verdad,

de suerte que venga a mí como fruto la alabanza,

abre en mí la cítara de tu Espíritu Santo

para que te alabe, Señor, con toda melodía.

Prorrumpo en un himno al Señor porque soy suyo

y cantaré la canción consagrada a él

porque mi corazón está lleno de él

*

(de las Odas de Salomón)

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Vida en el amor (II)

Lunes, 1 de junio de 2020

Del blog Nova Bella:

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El monje es una pasión pura,

y es pura pasión,

sin ninguna otra cosa en él

más que pasión

y locura de amor.

*

Ernesto Cardenal

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Vivir en incandescencia

Domingo, 31 de mayo de 2020

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¿ Qué palabra tener

Que mantenga vivo

Y atraviese el espesor de la muerte?

¿ Qué verbo de carne

Puede levantar el  pesado  entorpecimiento

De los vivos sin vida,

Despertar la luz enterrada?

¡ Tarea imposible –

Pero la Palabra

Venida de lo Alto

Desangra al corazón herido –

El deseo

en palabras de amor repudiado

– Revelación Suprema –

Abre a la conversación vertical!

*

Eric de Rus,
Vivir en incandescencia,
Ad Solem, 2013

*

 

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-“Paz a vosotros.”

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.”

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

*

Juan 20,19-23

***

La Iglesia tiene necesidad de su perenne Pentecostés. Necesita fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada. La Iglesia necesita ser templo del Espíritu Santo, necesita una pureza total, vida interior. La Iglesia tiene necesidad de volver a sentir subir desde lo profundo de su intimidad personal, como si fuera un llanto, una poesía, una oración, un himno, la voz orante del Espíritu Santo, que nos sustituye y ora en nosotros y por nosotros «con gemidos inefables» y que interpreta el discurso que nosotros solos no sabemos dirigir a Dios. La Iglesia necesita recuperar la sed, el gusto, la certeza de su verdad, y escuchar con silencio inviolable y dócil disponibilidad la voz, el coloquio elocuente en la absorción contemplativa del Espíritu, el cual nos enseña «toda verdad».

A continuación, necesita también la Iglesia sentir que vuelve a fluir, por todas sus facultades humanas, la onda del amor que se llama caridad y que es difundida en nuestros propios corazones «por el Espíritu Santo que nos ha sido dado». La Iglesia, toda ella penetrada de fe, necesita experimentar la urgencia, el ardor, el celo de esta caridad; tiene necesidad de testimonio, de apostolado. ¿Lo habéis escuchado, hombres vivos, jóvenes, almas consagradas, hermanos en el sacerdocio? De eso tiene necesidad la Iglesia. Tiene necesidad del Espíritu Santo en nosotros, en cada uno de nosotros y en todos nosotros a la vez, en nosotros como iglesia. Sí, es del Espíritu Santo de lo que, sobre todo hoy, tiene necesidad la Iglesia. Decidle, por tanto, siempre: «¡Ven!»

*

Pablo VI,
Discurso del 29 de noviembre de 1972.

*

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Tu corazón

Sábado, 23 de mayo de 2020

Del blog Nova Bella:

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Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;

déjalo esperar sin esperanza

que el amor es un regalo que algún día llegará por si solo.

*

Darío Jaramillo

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No tengo miedo de nada… porque tengo un defensor

Domingo, 17 de mayo de 2020

A nosotros van dirigidas estas palabras… Jesús nos envía un defensor que nos irá enseñando todo recordando lo que Él nos ha enseñado… “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama”.

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“Hay que hacer la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo. Hay que llegar a desarmarse.

Yo he hecho esta guerra durante muchos años. Ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado.

Ya no tengo miedo a nada, ya que el Amor destruye el temor.

Estoy desarmado de la voluntad de tener razón, de justificarme descalificando a los demás. No estoy en guardia, celosamente crispado sobre mis riquezas.

Acojo y comparto. No me aferro a mis ideas ni a mis proyectos.

Si me presentan otros mejores, o ni siquiera mejores sino buenos, los acepto sin pesar. He renunciado a hacer comparaciones. Lo que es bueno, verdadero, real, para mí siempre es lo mejor.

Por eso ya no tengo miedo. Cuando ya no se tiene nada, ya no se tiene temor.

Si nos desarmamos, si nos desposeemos, si nos abrimos al hombre-Dios que hace nuevas todas las cosas, nos da un tiempo nuevo en el que todo es posible.

¡Es la Paz!”

*

Atenágoras I
(1886-1972), patriarca de Constantinopla,

*

(en: OLIVIER CLÉMENT, Dialogues avec le Patriarche Athénagoras I, Éd. Fayard, Paris 1969, p.183. Traducido y ofrecido por Xavier Melloni, en Cetr.)

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.”

*

Juan 14,15-21

***

Estando en comunión con Jesús, nos encontramos bajo el influjo del Espíritu Santo y podemos ser creativos, obrar plenamente de un modo nuevo en la lucha por el Reino, la ciudad del amor. En Jesús y a través de él, podemos hacer frente a las fuerzas del mal y de la mentira inscritas en los corazones y en los grupos humanos, fuerzas que aplastan la vida, que aplastan a los débiles y a los humildes. Ya no somos nosotros quienes hablamos, sino el Espíritu Santo en nosotros.

Ya no somos nosotros los que vivimos, sino Jesús en nosotros. Jesús ha venido a hacer nuevas todas las cosas. En comunión con él en el Espíritu Santo, también nosotros podemos hacer nuevas todas las cosas y hacer cosas más grandes aún que las hechas por Jesús (Jn 14). Estando en comunión con Jesús, nuestras acciones nacen de la comunión y están orientadas hacia la comunión. También nuestras palabras están llamadas a brotar del silencio de la comunión para llegar al silencio del amor. Estamos llamados a beber en el corazón de Cristo para volvernos fuentes de vida para los otros, para dar nuestra vida a los otros.

*

Jean Vanier,
Jesús, el don del Amor,
Editorial Claret, Barcelona 1994.

*

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La práctica del Amor integral afectivo y efectivo

Jueves, 30 de abril de 2020

el_bon_samarita_1838_de_pelegri_clave_i_roquerJosé Antonio Vázquez Mosquera
Madrid.

ECLESALIA, 10/04/19.- En 1964 Umberto Eco escribía el libro “Apocalípticos e integrados” sobre la cultura contemporánea y establecía dos actitudes básicas frente a ella: la de los “apocalípticos”, que la rechazan de un modo u otro, y la de los “integrados”, que tienden a ver solo, o predominantemente, los aspectos positivos de la misma.

Creo que estas dos categorías (sabiendo que son reduccionistas, claro) nos pueden ayudar como instrumentos conceptuales para analizar las actitudes y reflexiones que estos días podemos encontrar frente a la crisis del coronavirus. Estableceré también tres perspectivas desde las que entiendo que se hace el análisis o se ve la realidad:

  • El humanismo (por tal aquí me refiero a la perspectiva que no tiene en cuenta la dimensión religiosa o espiritual).
  • La espiritualidad (es la perspectiva que tiene en cuenta la dimensión espiritual pero más allá de las religiones, bien por considerarse laica o por considerarse esotérica o suprarreligiosa)
  • La religión (la perspectiva que se hace desde la visión, teísta o no, que hace referencia al encuentro con el Misterio, que se manifiesta en una hierofanía, al que se responde con prácticas diversas, instituciones colectivas, una ética y una cosmovisión espiritual determinada).

Una vez analizadas las diversas expresiones actuales de estas perspectivas respecto a la actual situación, intentaré reflexionar sobre cuál es la propuesta y perspectiva cristiana, que creo puede integrar lo mejor de estas propuestas, a la vez que aportar su novedad propia.

Desde el punto de vista de los discursos humanistas actuales podemos encontrar tanto la perspectiva integrada como la apocalíptica. Los humanistas “integrados” parecen entender la actual situación como una crisis puntual que hay que gestionar adecuadamente; no creen que nos plantee un cuestionamiento en profundidad de la sociedad y cultura actual sino un problema  accidental que hemos de superar para regresar a nuestro estilo de vida.

El humanismo “apocalíptico”, sin embargo, anhela que la crisis actual sea un factor de transformación de esta sociedad, si bien, no aborda la necesidad de recuperar la dimensión espiritual como algo esencial en el cambio que plantea.

La espiritualidad “integrada” ve en la actual crisis un paso hacia un nuevo desarrollo que salvará a la actual cultura y sociedad, desarrollo que lleva a una mayor plenitud, al incluir de modo claro la dimensión espiritual de un modo nuevo. Promueve pues discursos que quieren poner el acento en lo positivo de la situación.

La espiritualidad “apocalíptica” no cree salvable la cultura y sociedad actual por su materialismo e injusticia, pone el acento en dejar de buscar mejorar la actual sociedad y centrarse en las prácticas espirituales personales como camino para dar lugar al nacimiento de una nueva (o vieja) cultura ya claramente espiritual después de que esta cultura actual se venga abajo.

La religiosidad “integrada” promueve el acentuar y regresar a las formas actuales y mayoritarias de practicar la religión como fórmula de sanación de la sociedad, la cultura y, en ocasiones, de la propia enfermedad. Hemos asistido en algunos países musulmanes y cristianos a irresponsables procesiones o reuniones religiosas multitudinarias como “remedio” contra la enfermedad.

La religiosidad “apocalíptica” ve en la crisis actual un efecto de la “ira de Dios”, un castigo debido a la corrupción de la sociedad y de las propias religiones. En ocasiones, se buscan chivos expiatorios a los que culpar (homosexuales, ateos, progresistas religiosos, minorías diversas…).

El cristianismo es el camino religioso que nos reveló Jesús, el camino del Amor a Dios, a la naturaleza y a las personas. El Amor cristiano no es una mera emoción, incluye la consciencia de Dios y de la dignidad de los otros, imágenes de Dios, la responsabilidad frente a ellos y la voluntad de contribuir con la oración y la acción al bien de los seres humanos y la creación. La práctica del Amor integral afectivo y efectivo.

Fundamentados en el anhelo de vivir desde ese Amor, el cristianismo puede aprender de los discursos y actitudes anteriores, así como integrarlas, transcendiendo las limitaciones de sus perspectivas.

Con el humanismo “integrado” los cristianos verán esencial la colaboración efectiva y práctica de todos con una gestión eficaz para paliar el sufrimiento que esta crisis ha traído. Ahora bien, frente al humanismo “integrado”, los cristianos van a recordar la necesidad de abordar cambios en nuestra cultura y sociedad, que la humanicen. No estamos simplemente ante un problema de gestión, sino de defensa de la dignidad humana en todas sus dimensiones. La economía o la salud no pueden ser excusa para dañar la dignidad humana anteponiendo la economía a las personas o usando la emergencia sanitaria para justificar prácticas autoritarias. La empatía, la compasión, la solidaridad, la dignidad humana, son también esenciales.

Los cristianos compartirán con el humanismo “apocalíptico” la necesidad de cambiar muchas cosas en nuestra cultura y sociedad y la conciencia de la oportunidad que esta situación puede darnos para ello. Ahora bien, recordará que sin tener en cuenta la dimensión central de la espiritualidad (dimensión que va más allá de lo religioso) los cambios serán superficiales e ineficaces en profundidad. Es pues necesario, además del compromiso con la transformación efectiva de la sociedad, el cultivo de la dimensión espiritual, la oración, la meditación, etc…

Los cristianos comparten con la espiritualidad “integrada” la visión de que es posible encontrar muchos elementos espirituales (a veces no se llaman así) en la cultura actual y que hay que trabajar para potenciarlos, siendo este crisis un reto para ello. El cristianismo quiere contribuir a construir y humanizar en profundidad nuestra cultura y sociedad, aprendiendo también de ella muchas de sus aportaciones espirituales, es decir, no  quiere condenar ni a abandonar la sociedad a su suerte como hacen los tradicionalistas. Ahora bien, también ejerce una función profética que recuerda el sufrimiento real de tantos en nuestra sociedad, así como su materialismo y superficialidad. No hay espiritualidad si no hay compromiso efectivo para evitar la injusticia y el sufrimiento y para ello, el primer paso es no negarlo, como parece hacer cierto discurso “positivista”. La espiritualidad hoy debe estar comprometida con el cambio del modelo social actual (no simplemente con el mantenimiento de lo que hay, pues lo que hay muchas veces está enfermo).

El cristianismo coincide con la espiritualidad “apocalíptica” en la necesidad de abrirse a la Gracia para poder dar una verdadera respuesta humanizadora y espiritual a la crisis. Esto supone rechazar corrientes materialistas que tienen mucho peso en la sociedad. Ahora bien, no cree que solo se puede salir de esta crisis “por arriba”, es necesario “mancharse la manos” y cuidar todo lo positivo de nuestro mundo. Una espiritualidad centrada solo en la práctica espiritual de una élite , que abandona a su suerte a sus hermanos pequeños considerando ya “irrecuperable” su situación, es un espiritualismo individualista afectado por una enfermedad moderna, por mucho que se disfrace de tradicionalismo. Sin ética y compromiso con la sociedad no hay Amor.

Por último, el cristianismo, como religión que es, nos animará a dar valor al camino religioso como hace la religiosidad “integrada”; es verdad, que toca reconocer el enorme valor y profundidad del camino religioso, así como la validez humana y espiritual de sus prácticas. Ahora bien, frente al discurso de una religiosidad centrada en sí misma y en su propia validez, el cristianismo señalará la importancia de cambiar muchas de las actuales rigideces en las instituciones religiosas y que son un escándalo. Además, recordará el carácter de servicio al mundo de las religiones, así como su necesidad de aprender del mundo, como señala el Vaticano II, la necesidad de que sean humildes. Mantener el respeto a la legítima autonomía de los diversos ámbitos sociales y reales es un mensaje evangélico esencial. La ciencia, como la medicina en la actualidad, tiene su espacio muy valioso para abordar la crisis actual y no puede ser “invadido” ese espacio por una religión llena de soberbia.

Por último, el cristianismo comparte con la religiosidad “apocalíptica” su denuncia del pecado y la injusticia que se viven en la sociedad y las religiones actuales también y que “claman al cielo”, pues causa daño a las personas y, por ello, a Dios, que no es un Dios impasible al sufrimiento humano, sino volcado en remediarlo. Ahora bien, frente a esa religiosidad que da una imagen de Dios justiciero, opone el Dios de Jesús, Padre y Madre, amoroso, que siempre está contra el mal y promoviendo el bien y el amor. Ese Dios que está en todos los enfermos alentándoles y en todos los que cuidan de ellos y  se comprometen en mejorar la situación de todos. Un Dios Amor que combate el miedo y la culpa tóxicas, promoviendo la conciencia, la responsabilidad y la solidaridad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad ,

Felices los que creen sin haber visto ( Jn 20, 29)

Domingo, 19 de abril de 2020

Domingo de la Misericodia

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Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacedlos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre de ellos,
y sólo para ti quiero tenerlos.

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

*

San Juan de la Cruz,

Cántico Espiritual, estrofas 10 y 11

***

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

“Paz a vosotros.”

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.”

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

-“Hemos visto al Señor.”

Pero él les contestó:

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.”

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomas con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

-“Paz a vosotros.”

Luego dijo a Tomás:

-“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”

Contestó Tomás:

-“¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

-“¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.”

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

*

Juan 20,19-31

***

En el evangelio de hoy encontramos un cenáculo y una puerta cerrada. Una puerta cerrada por temor a alguien es una historia de todos los días, anticipada en el siervo de la parábola que entierro el talento por miedo a perderlo. Afortunadamente, al Señor no le importan nada nuestros cerrojos, y entra y sale como quiere su caridad. Camina o se detiene, trabaja y descansa, habla o se calla, sin que le importen nuestros temores. El Señor muestra que no se ofende por la incredulidad de Tomás, incluso la convierte en un argumento para nuestra fe. No es verdad que al Señor le disgusten ciertas resistencias. Cuando se trata de resistencias razonables, cuando el hombre obra con lealtad, con honestidad, como un hombre que, antes de fiarse de otro, prueba si puede hacerlo por sí solo, entonces el Señor no puede estar descontento. Basta con profundizar un poco en el episodio de Tomás.

Es cierto que este último se mostró reservado y reacio y que, antes de exclamar «¡Señor mío y Dios mío!», quiso asegurarse con la pequeña garantía que ofrecen los sentidos, pero añora el Señor sabe que puede contar con él más que con los otros, que ese grito es un credo que continuará también ante el martirio. Los tipos como Tomás tardan algo en arrodillarse, pero cuando lo hacen se arrodillan de verdad, cuando aman lo hacen de verdad. Cuando Tomás se ofrece, es un hombre el que se ofrece. Y si ofrece a Cristo su propio corazón, es un corazón de hombre el que le ofrece. Y si inclina su cabeza ante él, es una cabeza de hombre la que se inclina. De este modo comienza la adoración «en espíritu y en verdad» (P. Mazzolari, La parola che non passa, Vicenza 1984, pp. 138s, passim

***

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“El otro discípulo, el que amaba Jesús”, por Carlos Osma.

Jueves, 2 de abril de 2020

man-solDe su blog Homoprotestantes:

Según el Evangelio de Juan el primer testigo de la resurrección de Jesús fue María Magdalena. Ciertamente el evangelista conocía otros evangelios cuando puso por escrito su relato, sin embargo tiene cierta credibilidad histórica que María Magdalena, junto a otras mujeres, fuese la primera en anunciar que Jesús había resucitado. Eso es lo que dicen los testimonios de fe de las primeras comunidades cristianas, y eso es lo que recoge también el Evangelio de Juan. Aunque no hay que olvidar que el evangelista con una evidente intención teológica, modifica la tradición a la que tenía acceso para hacerla encajar en su teología, y nos dice, que María no fue la primera en entrar al sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús, tampoco la primera en creer en la resurrección, ya que al principio pensó que el cuerpo de Jesús había sido robado.

María Magdalena no tenía credibilidad al anunciar que Jesús había resucitado, el testimonio de una o varias mujeres en ese momento no tenía demasiado valor. Pero en testimonios poco creíbles como ella, es donde está basada la fe cristiana. Porque si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe. Y me imagino a muchos hombres religiosos respetables diciendo que no se podía hacer caso de lo que un puñado de mujeres pudieran decir, que la Biblia exigía dos o tres testigos, pero que fueran hombres. Sin embargo, desde una perspectiva de fe parece que a Dios le atrae eso de escoger lo que no puede ser, aunque lo diga la Biblia. Y que tiene preferencia por aquellas personas en las que la religiosidad encuentra poca credibilidad, y en este caso concreto, mucha feminidad.

El Evangelio de Juan muestra más sensibilidad por las mujeres que siguieron o tuvieron algún contacto con Jesús que otros evangelios. Pero nos dice, al contrario que los evangelios sinópticos, que Pedro fue el primero en entrar al sepulcro vacío. Este dato es relevante, porque no debemos perder de vista que aquí se nos está transmitiendo una teología y que los hechos históricos que se relatan están a su servicio. Pedro era una figura muy respetada en el cristianismo donde el Evangelio de Juan surgió, así que no solo María Magdalena, sino cualquier otra persona hubiera cedido el honor a Pedro de entrar el primero al sepulcro. Sin embargo hay que seguir leyendo entre líneas, porque Pedro, aun siendo el primero en entrar al sepulcro, tampoco creyó que Jesús había resucitado, y se volvió a su casa como si nada.

Si exceptuamos el último capítulo del Evangelio de Juan, Pedro por muy hombre y respetado que fuese, no era un discípulo ejemplar. Podemos repasar parte de su historial: en la cena de despedida no quería que Jesús le lavara los pies, en varias ocasiones fue incapaz de entender lo que había detrás de las palabras del maestro, por miedo negó ser un seguidor de Jesús… La verdad es que Pedro por un lado es el personaje en el que todos nos vemos reflejados alguna vez, porque nos cuesta entender el evangelio, y porque nuestras palabras no suelen estar a la altura de nuestras acciones. Pero por otro, si lo vemos como cristianos LGTBIQ, también descubrimos en su personaje a los representantes de ese cristianismo que entra en los sepulcros donde fuimos puestas las víctimas de la LGTBIQfóbia que ellos previamente crucificaron, y son absolutamente incapaces de darse cuenta de que Dios nos ha sacado de allí. Cristianismo que habla de lo que se tiene o no se tiene que hacer y olvida el servicio, que se queda en la letra que mata el alma de las palabras de Jesús, o que lo único que le mueve es el miedo, la cobardía.

La novedad que introduce el Evangelio de Juan, y con la que pretende transmitirnos un mensaje, es un personaje ausente por completo en el resto de evangelios. Me refiero al discípulo al que amaba Jesús, ese que en la última cena tenía su cabeza recostada sobre el pecho de Jesús. Ese que tenía una relación tan íntima con el maestro que incluso Pedro acudía a él para que le preguntará cosas. Y este discípulo que pone tan nerviosos a algunos traductores bíblicos, también fue al sepulcro junto a Pedro para ver qué había ocurrido. No entró primero, le cedió el lugar a Pedro, pero cuando entró tras él “vio y creyó”. Para el evangelista, el discípulo al que amaba Jesús fue el primero en creer en la resurrección, y lo hizo sin entender la Escritura. Interesante la manera en la que el evangelista encaja la tradición de María Magdalena como primera testigo, la autoridad de Pedro para las comunidades receptoras de su obra, y la relevancia del discípulo al que amaba Jesús.

Muchas veces nos puede costar entender la Escritura, sobre todo cuando las lecturas que se realizan de ella nos hacen daño a las personas LGTBIQ. Lecturas que no nacen de la experiencia del amor, sino del legalismo y el temor. Pero el discípulo al que amaba Jesús “vio y creyó” al instante, porque las personas que se sienten próximas a Jesús y se saben amadas por él, rápidamente se dan cuenta de que los sepulcros no son capaces de contener por mucho tiempo a Jesús. Y que, si quieren seguir su ejemplo, es mejor que salgan rápidamente de ellos. Quizás no puedan dar razón de esa convicción con la Escritura, el discípulo que amaba Jesús tampoco lo fue, pero no pareció importarle. Porque las personas que se saben amadas por Jesús, y que han vivido la experiencia de la cruz y el abandono de la persona que amaban, saben que a su amado lo encontrarán siempre fuera, donde está la vida. La fe del discípulo que amaba Jesús no nació de la Escritura, sino de la convicción profunda de sentirse amado. Escritura y amor deberían ir siempre de la mano, pero si tenemos que decantarnos por una de ellas, el amor es la prioridad. Quienes se guían por él, son los primeros en llegar a la fe, son capaces de percibir la vida que otros seguidores del maestro todavía no pueden ni imaginar.

Carlos Osma

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José, el amado de Jacob

Martes, 24 de marzo de 2020

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La única realidad inquebrantable en la historia de José, que no se ha perdido, aunque se haya olvidado, incomprendida, no asumida conscientemente, es el amor de Jacob. El amor de Jacob que vive en los hijos y no puede ser pisoteado, muerto, olvidado, porque resucitará en los mismos hijos como amor fraterno. Existe un valor, al que podemos llamar “el valor”, que está en el fondo de todos los deseos, de todos los esfuerzos, de toda la actividad humana, y es el amor del Padre, el amor con que crea a todo hombre.

El nombre puede vivir desvinculado de este amor, incluso negando este amor, pero nunca podrá destruirlo, porque es un valor que resucita siempre; es la realidad que actúa en la pascua. A veces  hablamos acaloradamente sobre los valores, pero la historia de José nos dice que cada valor es valor si crece a partir de este único valor fundante que es el amor del Padre vivido en los hijos, resucitado en los hermanos. Un valor es valor si ayuda a las personas a adherirse libremente al organismo de la fraternidad de todos los hombres.

Lo que no ayuda a la libre adhesión, a la fraternidad, a la comunicación cada vez más universal, a descubrir la unidad del amor que crea a todos y que se ejercita al reconocerse uno al otro, no es valor; es ilusión, engaño, una especie de idolatría cultural. Al final de la historia de José, en una carestía, en una tragedia fratricida a la que lleva una falsa cultura, emerge una cultura del amor o, mejor, una cultura entendida como un tejido en el que la actividad humana, su creatividad, respira y recibe vida del único valor indestructible, que es el amor del Padre y mueve el universo hacia una filiación y fraternidad consciente.

*

M. I. Rupnik,
“Cerco i miei frate‘”. Lectio divina su Giuseppe d’Egitto,
Roma 1998, 1 Oós, passim

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Amor incondicional (II).

Martes, 24 de marzo de 2020

dos-mujeres-virtuosas_560x280Iniciar este tiempo litúrgico potente y hermoso que llamamos tiempo de desierto, de espacios largos de reflexión y silencio, de la mano del Amor Incondicional, es un lujo.

El número cuarenta, en el Antiguo y Nuevo Testamento, aparece en innumerables ocasiones, cuyas citas y significado puedes consultar en Google, por facilidad y por no extenderme. El denominador común es que siempre indica un tiempo especial, de crisis-crecimiento, hoy diríamos de discernimiento.

Y ¿qué se discierne? ¿Qué crecimiento-maduración interior se nos propone?

En el texto bíblico  de Mc 1, 9-13, se nos dice:

“Juan lo bautizó en el Jordán. Inmediatamente, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como paloma hasta él. Hubo una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor.

Inmediatamente el Espíritu lo empujó al desierto. Estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás; estaba entre las fieras y los ángeles le prestaban servicio”.

Nos dicen los y las exégetas que el Bautismo de Jesús no significa una muerte al pasado, en línea de la conversión que predicaba el Bautista, ya que no hay confesión de pecados, sino un compromiso de entrega, hasta dar la vida: un compromiso de amor incondicional.

El cielo responde con esa potente imagen de desgarro: ya no se cerrará más el cielo, habrá plena y permanente comunicación de Dios a Jesús; Dios le comunica la plenitud de su vida y fuerza: el Espíritu.

La paloma remite a la primera creación (Gn1, 2). El Espíritu termina la creación llevando a Jesús a la plenitud humana.

La voz del cielo declara a Jesús, amado, objeto del favor divino.

Y ese Espíritu, fuerza de vida y amor, lo empuja al desierto, que representa la sociedad con sus diferentes ansias de poder, con los enemigos mortales porque lentamente envenenan la Vida, nuestra vida, con envidias, sumisiones, controles, compromisos gratificantes, poderíos enfermizos que adormilan la conciencia libre, guiada por el Espíritu.

Para ello, para desintoxicarnos de un cristianismo mezclado con otros vinos, no nuevos, sino rancios por haber sido objeto de intereses personales, eclesiales…tenemos que ir al desierto, al lugar de encuentro con la Voz y la Fuerza.

Este es el discernimiento que se nos propone. Alto y claro. Para ello se nos dice: desintoxica tus fuentes, aquello de lo que te nutres, especialmente lo que sale de dentro, por heridas mal curadas, por experiencias de oprobio: familiares, personales, eclesiales… dejemos de lamentarnos por lo que no funciona y pongámonos a la Escucha. Ella, la Escucha al Espíritu, te llevará a tomar decisiones con sabor a Reino. A dar pasos de amor incondicional.

Observaremos a lo largo de este tiempo importante, los diferentes procesos de personas, de ambos testamentos, que nos llevarán a ir comprendiendo la seriedad del tema.

Y la otra mano materna que nos guía, la Tierra, nuestro planeta, con la sabiduría del Amor Creador en continua evolución. También ella, la tierra, nos habla de su discernimiento. Hoy herida de muerte por esos dioses no sacados de muchas conciencias laxas y egoístas que sólo buscan el poder…son las fieras del texto del desierto.

Ellas están ahí, pero Jesús aguanta, no se intimida. Procesa el silencio y la ausencia de apoyos rápidos, fáciles… Jesús ora, dialoga con el Abba, cuya voz alguna vez experimentó. El resto de días, también para él, fueron una lucha y una fidelidad tantas veces a ciegas.

Esa desintoxicación de estilos de vida que hieren a la tierra y a los hermanos y hermanas, va desde la cesta de compra, a las opciones más comprometidas. Estas no sirven de mucho, si, como dice Pablo “aunque entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no soy nada”. Si no tengo amor.

¿De qué amor estamos hablando? ¿Cuál es el núcleo de este modo de amor? ¿Dónde radica su fuente/eje?

 Interesante observar en la Escritura y también en la naturaleza, que todo busca la luz y el agua, símbolos por excelencia de la Pascua. Las plantas, los animales por diminutos que sean se dirigen a la luz y en función de esta luz sus cuerpos se van formando.

El agua determina casi todos los movimientos de los seres vivos. Donde hay agua hay vida. En función de encontrar el agua los animales pueden recorrer miles de kms, también las personas lo hacemos si hace falta, para encontrar el agua de la vida.

Piensa cuantos kms recorridos y textos leídos y reuniones y… para saciar tu sed. Para esto es la Cuaresma; es como un atajo que nos conduce al amor y éste incondicional, porque sólo éste está libre de pesticidas y conservantes.

El amor, tipo el de Jesús, es incondicional. No hablamos aquí de celibato o castidad, la eterna pugna… el término amor incondicional es tal vez sinónimo de “respeto incondicional”.

Nos sumergimos todos en este tiempo de Dios, en una actitud de apertura al Espíritu. Es el que empuja inmediatamente a Jesús, y a quien se lo toma en serio, al desierto. Lugar de encuentro.

Deseamos dedicar esta Cuaresma y Pascua a ahondar en esta realidad de Amor Incondicional. Os invitamos a reflexionar, despacio, a orar con corazón humilde para comprender nuestra grandeza y no menospreciarla. Para ello necesitamos la cuaresma. Jesús no sale debilitado de su desierto. Sale tan empoderado que sus actos consecuentes, fruto de su relación directa con el Abba, transforman la historia en un antes y un después.

A nosotr@s también se nos empuja inmediatamente al desierto. ¿No lo notas?

Magda Bennásar,SFCC

espiritualidadcym@gmail.com

Fuente Fe Adulta

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Cuando falta el amor

Sábado, 21 de marzo de 2020

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Aunque el ser humano haya adquirido poder para hacer casi todo, ha perdido al mismo tiempo la capacidad de orientar su vida hacia un objetivo espiritual a través de las cosas que hace. Ha perdido toda convicción en cuando a dónde va y qué es lo que hace, a menos que pueda hundirse en algún sueño colectivo que prometa la felicidad (algún día en el futuro) a quienes hayan aprendido a usar las herramientas que ahora acaba de descubrir. Su infelicidad parece haber crecido proporcionalmente a su poder sobre el mundo exterior.

 Dios hizo al ser humano el soberano de la tierra, y toda ciencia digna de este nombre participa de alguna manera en la sabiduría y providencia del Creador.  Pero el problema es que, a menos que las obras de la sabiduría, el conocimiento y el poder humano participen del amor misericordioso de Dios, no tendrán ningún valor para el mundo ni para la persona. No hacen feliz a la humanidad y no manifiestan en el mundo la gloria de Dios”. 

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Thomas Merton
Humanismo cristiano
El poder y el sentido del amor”, página 43.
Kairós, 2001

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Es Cristo en él

Lunes, 9 de marzo de 2020

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Sí, ví además que nuestro Señor se alegra de la tribulación de los suyos con piedad y compasión; y a toda persona que quiere llevar con amor a su felicidad le envía algo que, a sus ojos, no constituye un defecto, pero a causa del cual esas personas son humilladas y despreciadas en este mundo, ultrajadas, sometidas a burlas, puestas aparte. Y hace esto para impedir el daño que les produciría el fasto, el orgullo y la vanagloria de esta mísera vida, y hacer más expedito el camino que les llevará al cielo, a la alegría infinita y eterna. Por eso dice: «Yo os arrancaré por completo de vuestros afectos vanos y de vuestro orgullo malvado, y os reuniré después y os haré humildes y apacibles, puros y santos, uniéndoos a mí».

Y entonces vi que toda compasión natural que tiene el hombre por sus hermanos cristianos, unida a la caridad, es Cristo en él. Por otra parte, todo tipo de anonadamiento mostrado por Jesús en su pasión revela dos aspectos de la intención de nuestro Señor: uno es la felicidad a la que seremos llevados y en la que quiere que nos alegremos; el otro es el consuelo en nuestro dolor, porque quiere que sepamos que todo se transformará en gloria y ganancia para nosotros en virtud de su pasión, y que sepamos también que nosotros no sufrimos solos, sino con él, y que lo veamos como nuestro apoyo. Y desea que veamos que todos sus sufrimientos y tribulaciones superan con mucho todo cuanto nosotros podamos sufrir, hasta tal punto que no podemos tener una comprensión cabal del mismo. Y si consideramos bien esta voluntad suya nos salvaremos de lamentarnos y de la desesperación cuando experimentemos dolor; y si pensamos correctamente que nuestro pecado nos merece las penas, su amor nos excusa aún. Y por su gran cortesía elimina todo reproche y nos mira con compasión y piedad, como niños inocentes y sin culpa.

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Juliana de Norwich,
Libro de Visiones y Revelaciones,
Ed.Trotta. Madrid 2002, p. 168.

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Estar herido por la herida del otro.

Lunes, 2 de marzo de 2020

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En la ciudad se cruzan cada día hombres y mujeres que, cada vez más numerosos, piden ayuda… Lo que podemos hacer… es comportarnos de tal modo que esa mujer, ese hombre, se den cuenta de que los veis… Un día me dijo uno de ellos: «Lo peor en esos momentos es su mirada. No distingue entre el ser humano que mendiga y el cartel que hay en la pared detrás de él»… Todo esto explota dentro de mí con la violencia de una bomba, dado que estoy herido por la herida del parado, por la herida de la muchacha de la calle… como una madre está enferma por la enfermedad de su hijo. Eso es la caridad…, estar herido por la herida del otro. Y unir también todas mis fuerzas a las fuerzas del otro para curar juntos su mal, que se ha vuelto mío.

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Abbé Pierre,
Testamento,
Cásale Monf. 1994, pp. 143, 148

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Crecer en la amistad

Miércoles, 26 de febrero de 2020

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Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

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– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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La Ley del Corazón.

Domingo, 23 de febrero de 2020

Del blog de la Communion Béthanie:

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Señor enséñame la ley,
la ley del corazón,
la que respeta al otro.
Una ley de amor que despierta
y no una ley que vigila.
Concédememe el ver el sufrimiento de mi hermano
sin negarme a mirarlo.
Concédeme el escuchar la llamada de mi hermano
sin negarme a responder.
Concédeme el tomar la mano de mi hermano
sin negarme a apretarla.
Señor enséñame tu ley.
Tu ley del corazón.
Tu ley de amor.

Perdón Señor por las faltas a tu ley.
Y sobre todo por la ley aplicada al pie de la letra.
Perdón por todas las leyes
que han puesto al hombre de rodillas,
las que lo han humillado,
las que le arrancaron a su padre, a su madre,
a su mujer y a sus niños.

Perdón por todas estas leyes inicuas,
por estas caricaturas de la ley
que todavía hoy dictan la ley.
Las que permiten castigar injustamente
a causa del color de la piel,
a causa de la extrañeza del nombre.
A causa de su orientación sexual.

Perdón por todas estas leyes infames
que todavía hoy
por toda la tierra,
en todas las naciones,
civilizadas o no,
crucifican al hombre.

Concédeme, Señor,
el vivir alrededor de mí
una ley que en tu nombre
libere al hombre,
una ley que ponga en pie al hombre.

*
Según Robert Riber

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente.” Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.”

*

Mateo 5,38-48

***

Deberíamos realizar un progresivo desarme intelectual, moral y religioso. No justificar lo injustificable. Creer en lo fuerza del amor Sacar de la eucaristía la certeza de curar nuestras heridas profundas. Quisiera detenerme en esta última idea; la fuerza terapéutica de la eucaristía como memoria. Cada vez que hacemos memoria de la muerte y resurrección de Cristo, el mismo Señor nos introduce, por el Espíritu, en la plenitud de su existencia pascual, donde se ha transformado por siempre en don ofrecido y alabanza perenne, incluido su humanidad. La memoria es un gran regalo del Creador y Redentor; nos permite recordar con gratitud el pasado, rememorar las grandes obras realizadas por Dios en favor nuestro, reanimar con atención y discernimiento el momento presente, insertarnos con vigor, esperanza y responsabilidad en lo historia de la salvación.

Durante la misa, cuando el sacerdote extiende las manos sobre el pan y sobre el vino, invoca al Espíritu Santo no sólo para que estos elementos se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo, sino también para que nosotros, unidos con Cristo, nos transformemos en ofrenda agradable, capaces de comprometernos en la historia de la salvación por el reino de amor y de paz. En la eucaristía, el Espíritu actúa en nosotros para que nuestra memoria se cure de cualquier tipo de rencor resentimiento y se colme de recuerdos agradecidos. Uno de los frutos más preciosos es el vivir el presente can la máxima solicitud y caminar hacia el futuro con viva esperanza y fiel empeño como constructores de paz. En una memoria agradecida, moldeada por la espiritualidad eucarística, no cabe el rencor el odio, la venganza, la violencia. Conscientes de nuestra total dependencia de la gracia, pedimos “vivir en constante oración y súplica, guiados por el Espíritu” (Et 6,l8). Así crece en nosotros la “conformidad con la voluntad de Dios”, aceptamos las cosas como desafío y kairés, como don e invitación para corresponder desde la Fe a nuestro empeño de ser testigos de la paz. La memoria agradecida de lo que Cristo ha hecho por nosotros se convierte en un medio formidable para transformar nuestras eucaristías en una ocasión donde nos revestimos con las armas de la paz, verdad y justicia.

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Bernard Häring – V. Salvolcli,
Nón violenza. Per osare la pace,
Padua 1992, 26ss.

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