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La ley del Amor

Martes, 5 de noviembre de 2019

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En un mundo que va perdiendo la capacidad de amar a medida que pierde la capacidad de conocer a Dios y hace del hombre centro supremo de su pensamiento y de su actividad, se diviniza a sí mismo, apaga la luz de la verdad, vulnera los motivos de la honestidad y de la alegría, nosotros proclamaremos la ley del amor que nos sublima, del amor que hace subir, del amor que se atreve a prefijar a su término la infinita Bondad.

       Responderemos a Dios con la ofrenda de nuestro corazón, con nuestra consagración, con el cumplimiento del primer y soberano precepto, el de amarle con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente […].

       En un mundo que ha desfigurado el amor de todas las maneras y lo ha hecho fuente de indescriptibles bajezas; que lo ha confundido con el placer y ha convertido el placer en emoción animal; que lo ha secularizado en la inocencia, lo ha escarnecido en su integridad, lo ha mercantilizado en su debilidad, lo ha exaltado para envilecerlo, lo ha exasperado para hacerlo cómplice de la pasión y del delito, nosotros proclamaremos la ley del amor que nos purifica. Lo respetaremos en los afectos sagrados de la familia cristiana; lo defenderemos en las crisis de la juventud […]; lo educaremos para la visión serena de la belleza que hay en las cosas, en la humana naturaleza, en el arte, en la poesía, en el ideal; lo elevaremos para la contemplación piadosa y filial de la toda bella, la inmaculada María.

       En un mundo, por último, que se devora en el egoísmo individual y colectivo y crea de este modo los antagonismos, las enemistades, las envidias, las luchas de intereses, los conflictos de clase y las guerras; en una palabra, el odio, proclamaremos la ley del amor que se difunde y se entrega, que sabe ensanchar el corazón para amar a los otros, perdonar las ofensas, servir a las necesidades de los otros; para sacrificarse sin cálculos y sin encomios, hacerse pobre para los pobres, hermano entre los hermanos, para crear un mundo nuevo de concordia, de justicia y de paz

*

Giovanni Battista Montini,
«La devoción al Sagrado Corazón»,
en Discursos del papa Montini,
Ciudad del Vaticano 1977, pp. 61 ss

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Rendido

Lunes, 4 de noviembre de 2019

Del blog Nova Bella:

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“Nada tiene sentido,

excepto rendirse al amor.

Hazlo”

*

Rumi

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El amor es más fuerte

Martes, 29 de octubre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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“Las amistades verdaderas duran porque el auténtico amor es eterno. Una amistad en la que el corazón habla al corazón es un don de Dios y ningún don que venga de Dios es temporal ni ocasional. Todo lo que viene de Dios participa de su vida eterna. El amor entre las personas, cuando es dado por Dios, es más fuerte que la muerte. En ese sentido, las verdaderas amistades continúan más allá de los límites de la muerte. Cuando has amado profundamente, ese amor puede hacerse incluso más fuerte después de la muerte de la persona a la que amas… Aquellos a los que has amado profundamente y que han muerto viven en ti, no solo como recuerdos sino como una presencia real”.

*

Henri Nouwen

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Viernes, 25 de octubre de 2019

Del blog Nova Bella:

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Envuélveme, rodéame, provócame, invítame, embísteme, enloquéceme, enlázame, rúgeme, grítame, consuélame, mírame, abrázame, olvídame, quiéreme, llórame, recuérdame, sonríeme, enfádame, cántame, ofréceme, regálame, atúrdeme, sacrifícame, apúntame, dispárame, aciértame, contágiame, empújame, atraviésame, abrásame, quémame, condúceme, guíame, oriéntame, ruégame, implórame, solicítame, hiéreme…

Si ha de ser de amor, por amor y en amor de tu nombre

*

José Antonio Sáez,
Los ojos deseados

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Poner delante el amor

Miércoles, 23 de octubre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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“Tengo la impresión de que muchos de los debates en la Iglesia en torno a temas como el papado, la ordenación de las mujeres, el matrimonio de los sacerdotes, la homosexualidad, el control de la natalidad, el aborto y la eutanasia tienen lugar a un nivel fundamentalmente moral. En este nivel las distintas facciones batallan en torno al bien y el mal. Pero tal batalla suele estar alejada de la experiencia del amor primigenio de Dios que subyace a todas las relaciones humanas. Para describir las opiniones de las personas se emplean términos como derecha, reaccionario, conservador, liberal e izquierda, y muchos debates parecen más batallas políticas por el poder que búsquedas espirituales de la verdad”.

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En el nombre de Jesús, PPC, 1998

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“Dios no se muda”, por Juan Zapatero.

Lunes, 21 de octubre de 2019

dios-no-cambia_origCuando afirmamos que Teresa de Jesús es sorprendente, me atrevería a decir que a todas personas nos viene a la mente uno de sus escritos místicos más famosos; se trata del ya más que conocido “Nada te turbe”.  Creo que nunca está de más recordarlo: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta: solo Dios basta”. No me cabe la menor duda que, a partir de estas breves líneas, se podrían escribir páginas y páginas. De hecho, creo que así ha sido en multitud de ocasiones. Pues bien, no es de todo ello que quiero escribir lo que me sugieren estas palabras cada vez que las leo o que las oigo, y también en esta ocasión. Esta vez, me ha parecido más oportuno acotar esa breve alocución en qué nos recuerda que “Dios no se muda”.

No sé si la imagen puede resultarnos demasiado inteligible en unos tiempos en qué lo que es válido para hoy, ya no servirá para mañana. Aunque pienso que tampoco tenemos que llevar estas palabras por semejantes derroteros. Quiero dejar claro que no solamente no soy experto en Teresa de Jesús, sino que siquiera soy un poco entendido. Por ello, ¡Dios me libre de afirmar qué es lo que la Santa de Ávila quiso decir con semejantes palabras! Pero, en cambio, yo sí que quiero decir lo que a mí me sugieren.

Cuando en diversas ocasiones he pensado qué sentido puede llegar a incluir semejante expresión, me viene siempre a la mente aquel pasaje del Génesis (18, 20-33) en donde aparece Yahveh manteniendo un diálogo de tú a tú con Abraham sobre la perversión de Sodoma y Gomorra. Para mí es uno de los diálogos más apasionantes y sinceros que aparecen en el Antiguo Testamento. Un diálogo, al que le confiere un atractivo especial esa especie de regateo por parte de Abraham respecto a Yahveh. Un regateo que, si se me permite, lo suplantaría por otra palabra, también muy castellana, como es “chalaneo”; que, según define el Diccionario de la Real Academia Española, significaría el “Trato de un negocio conseguido con la destreza propia de un chalán”. Palabra esta muy usada, por cierto, en épocas pasadas en todos los rincones del Estado español donde tenía lugar una feria de ganado. En otras palabras, estaríamos ante un Yahveh (un Dios) que medio se dejar engañar de manera consciente por los trapicheos de Abraham que consigue doblegar la voluntad de Aquel; hasta el extremo de acabar imponiéndose la voluntad del patriarca bíblico. “Respondió Yahveh: «Tampoco haría destrucción en gracia de los veinte.» Insistió Abraham: «Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: “¿Y si se encuentran allí diez?”» Dijo Yahveh: «Tampoco haría destrucción, en gracia de los diez.»” (Gen 32). Es este un pasaje, pues, que, como he dicho anteriormente, siempre me ha llamado sobremanera la atención, especialmente a la hora de pensar en ese Dios inflexible e implacable que tantos predicadores han expandido por iglesias y conventos a lo largo de la historia del cristianismo; con el consiguiente miedo que llegaban a imbuir en la mente y en los corazones de la inmensa mayoría que los escuchaban. Coincidiendo, por cierto, muy poco o nada con el mensaje del salmo 103, donde se nos recuerda que “Dios es compasivo y misericordioso, lento para castigar y rico en su amor misericordioso”.

Y de esto es, precisamente, de lo que Dios no se muda. Teniendo en cuenta, por otra parte, que, sin mencionarlo, esta es también la gran novedad que representa Jesús para los hombres y mujeres que lo escuchaban y lo seguían; en contraposición, por cierto, con aquel otro Dios del Antiguo Testamento que se enojaba y montaba en ira ante cualquier infidelidad de su pueblo o de algunas de las personas que lo formaban. Pero no es porque Yahveh mudase, sino porque el pueblo de Israel tenía la certeza de que así era, cuando conseguían vencer, someter o castigar a los pueblos enemigos. También los profetas lo interpretaban en la línea de un Dios enojado y enfadado con su pueblo, principalmente cuando este había apostatado de su religión, para pasar a rendir culto a dioses extranjeros.

Ya María había proclamado en el Magníficat “Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1,50), refiriéndose a Yahveh. Después Jesús, durante su vida pública, no se cansó de enseñar a sus apóstoles y a todas las personas que le seguían que “Se esforzasen por ser compasivos, de la misma manera que lo era el Padre del cielo” (Lc 6,27-38).

Para mí, la mejor imagen de ese Dios que no se muda, precisamente porque su amor permanece de manera constante, aparece representada en el padre que Jesús nos presentó saliendo cada tarde a otear el horizonte para ver si volvía el hijo que le había dado la espalda, renunciando a su amor para vivir a sus anchas de manera caprichosa (Lc 15,11-32).

Por ello, me he preguntado muchas veces, y sigo haciéndolo cuando oigo hablar de Dios a según qué representantes de la Iglesia (jerarcas, catequistas, teólogos, etc.), si no será, más bien, su interés, en vez de la realidad del Dios de Jesús, el que desea con todas sus fuerzas una divinidad que “mude” del amor y de la acogida misericordiosa a la condena y al castigo hacia aquellas personas que, mayoritariamente “ellos”, consideran que han infringido algún mandamiento. Que, curiosamente, no acostumbra a ser “de la Ley de Dios”, sino, más bien, de la “santa Madre Iglesia”. Paradojas, ¿verdad? ¡Pues, sí!

Una más, de entre tantas, en que hacemos cuanto podemos y más para que Dios se adapte (“mude”) a o según nuestros intereses.

Juan Zapatero

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Francisco de Asís, vestido de Evangelio

Viernes, 4 de octubre de 2019

En la fiesta del cristiano por excelencia, Francisco, el Poverello de Asís… Siguiendo su ejemplo, se nos invita a despojarnos  de todo lo superfluo y revestirnos con la desnudez del Evangelio:

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Francisco, hijo de un rico comerciante de Asís, nació en 1181 (o 1182). Disuadido de sus ideales de gloria caballeresca a raíz de las experiencias decisivas de su encuentro con los leprosos y de la oración ante el crucifijo en la iglesia de San Damián, Francisco abandonó su familia y comenzó una vida evangélica de penitencia. Con los numerosos compañeros que muy pronto se unieron a él, comprendió que estaba llamado a vivir el Evangelio sine glossa, como fraternidad de menores a ejemplo de Jesús y de sus discípulos. Al año siguiente a la aprobación de la Regla y vida de los hermanos menores en  1223 por el papa Honorio III, Francisco recibió los estigmas del Crucificado, sello de la conformidad con su único Señor y Maestro. Cuando murió, en 1226, Francisco era un hombre extenuado por la fatiga y por las enfermedades y, al mismo tiempo, un hombre reconciliado con el sufrimiento, consigo mismo y con toda criatura. Fue canonizado en 1228 y es patrono de Italia y de los ecologistas.

***

“Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua,
la cual es muy humilde, preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad…”

*

San Francisco de Asís.
Cántico de las Criaturas

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***

Su vida estuvo enteramente caracterizada -hasta el momento de la conversión- por la búsqueda de un modelo que pudiera educar y plasmar su natural propensión al canto.

Lo encontró de repente en el Señor Jesús, en la belleza de su vida narrada por el Evangelio y, en particular, en el luminoso canto nuevo de su muerte en la cruz.

Dejó que la pasión marcara cada uno de sus pasos y afinara de manera progresiva todas las fibras de su persona con la humanidad del Hijo de Dios, que se entregó por completo a sí mismo por nosotros.

Francisco oró así: «Te ruego, oh Señor, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor arrebate mi mente de todas las cosas que hay bajo el cielo, para que muera yo de amor por tu amor, como tú te dignaste morir por amor a mi amor» (oración Absorbeat).

Su camino estuvo siempre acompañado por confirmaciones y consuelos. Su predicación y su ministerio tocaron el corazón de las personas y suscitaron decisiones de conversión y de reconciliación.

Su manera de seguir radicalmente al Señor se volvió, cada vez más, casa hospitalaria para otros muchos hermanos y hermanas, que encontraron en su itinerario personal una modalidad radical y actual de interpretar y vivir el Evangelio de la nueva estación histórica que avanzaba. Sin embargo, en el tiempo del monte Alverna, parece apagarse el canto fluente.

En esta estación encuentra Francisco la prueba más terrible: las fatigas originadas por un movimiento que se institucionaliza -que pierde en intensidad evangélica y llega incluso a dudar sobre la posibilidad de que sea integralmente practicable su estilo de vida- repercuten en su misma fe.

La pregunta sobre la verdad de sus intuiciones más profundas y la duda sobre el origen divino de su proyecto de vida resuenan en un silencio opresor en el que Dios no parece hablarle ya, a pesar de haberlo buscado con tanta tenacidad.

Francisco experimenta el abandono de Dios y se retira de los hermanos para no mostrar su semblante, que ha perdido la serenidad habitual. El canto nuevo, por consiguiente, no le fue dado en un momento de paz y consolación, sino en un momento en el que -como dice el salmista- «fallan los cimientos» (Sal 11,3) y todas las seguridades parecen hundidas

*

C. M. Martini – R. Cantalamessa,
La cruz como raíz de la perfecta alegría,
Verbo Divino, Estella 2002, pp. 15-16).

***

Leer también: “Francisco de Asís, en quien el ser humano resultó bien”, por Leonardo Boff

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Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Martes, 1 de octubre de 2019

En la Fiesta de esta santa inclusiva, nos acercamos a ella con este post del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

*

Thomas Merton.
Autobiografía.

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Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

..Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

*

Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad.
Herder 1982.

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Arroja en el Señor tus ansiedades y Él te sustentará: El abandono en Teresa de Lisieux

Teresa de Lisieux: “El abandono es el fruto delicioso del amor”

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Amor más que justicia

Domingo, 15 de septiembre de 2019

HIJO-PRÓDIGO5_thumb1Debes tener siempre fría la cabeza, caliente el corazón y larga la mano” (Confucio)

15 de septiembre, domingo 24 del TO

Lc 15, 1-32

Y se puso en camino a casa de su padre.  Estaba aún distante cuando su padre le divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó.

En la película Alta Sociedad, el padre de Tracy dice: “No te falta inteligencia, tienes un rostro perfecto, buena figura, buen gusto, distinción, todas las cualidades para ser una mujer maravillosa, pero te falta lo esencial: un corazón para sentir. Si no tienes es como si estuvieras hecha de bronce”Tenía corazón para sentir y abrazar el padre del hijo pródigo, y el Buen Pastor para llevar sobre sus hombros la oveja perdida. 

El Gigante egoísta, de Oscar Wilde, dejó de serlo la tarde que vio a un niño junto a uno de sus árboles. En sus manos y pies había huellas de clavos. “Estas son las heridas del Amor”, suspiró el pequeño. Cayó de rodillas ante él. Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo: “Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso”. Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba cubierto enteramente de flores blancas.

Duele tener a una persona en tu corazón sin poder tenerla en tus brazos y, como diría Mafalda: “Lo ideal sería tener el corazón en la cabeza y el cerebro en el pecho… Así pensaríamos más con amor  y amaríamos con sabiduría”. En la opera La Dama de Picas, de Chaikovski, Pauline le ruega a su amiga Lisa que se anime: “Mira qué bella noche, todo revive de repente después de la terrible tormenta”. Y a su doncella Masha, le pide que no cierre las ventanas que dan al balcón. Ventanas y balcón del corazón y del cerebro humano siempre abiertos a ovejas descarriadas e hijos pródigos. La alegría del encuentro con unas y otros será música celestial que no cesará de sonar nunca en el banquete. Generosidad infinita del pastor y del padre, haciendo brillar su amor compasivo sobre la justicia.

Secuencia secular del Cristianismo, como testimonian estas palabras del Testamento del Padre Christian-Marie Chergé, monje trapense en el monasterio de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine: “Argelia y el Islam son para mí otra cosa, es un cuerpo y un alma. Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido, encontrando en ellos muy a menudo el hilo conductor del Evangelio que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia, precisamente en Argelia y, ya desde entonces, con el respeto de los creyentes musulmanes”. Vale la pena visionar la película francesa De dioses y de hombres, en la que se relata la vida abnegada de esta Comunidad de monjes, entregada a paliar descarríos y dolores en el pueblo.

Historias de compasión y ayuda a los hermanos sólo escritas cuando, como dice Confucio: “Se tiene fría la cabeza, caliente el corazón y larga la mano”. Historias como la de Teresa de Calcuta, a quien el Papa se refirió en su canonización el pasado domingo cuando dijo: “el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cda día en el amor.

Matteo, uno de los protagonistas de Para siempre, de la italiana Susanna Tamaro (1957), se negó a copiar el Ojo de la Providencia que el padre Mangialupi le pedía en la catequesis de preparación a la primera comunión y que no revelaba sino a un Dios terrible y justiciero. Años más tarde justificaría su negativa con estas palabras: “La imagen de Dios como una forma geométrica me producía repulsión. Ese triángulo que estaba siempre encima de mí me irritaba, me hería; de ninguna manera lograba ver en sus puntiagudas esquinas alguna forma de amor”.

 EL LORO

Mi vecino de enfrente tiene un loro.
Un regalo del cura.
Si llamas a la puerta te responde:
“Ave María Purísima. Hermano ¿quiere confesarse?”.
Y luego al despedirse,
en penitencia te larga diez rosarios.

Habla latín, y dice:
“Ubi charitas et amor, Deus ibi est”.

A mí, que soy ateo,
me repatea el latinajo.
A mi vecino, en cambio, el meapilas,
le chifla lo de “charitas et amor”.

Si tantos años ha vivido con cristianos,
¿por qué jamás citará el loro historias
de compasión y ayuda a los hermanos?

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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“Lo que nos falta hoy: El amor universal e incondicional “ por Leonardo Boff

Sábado, 14 de septiembre de 2019

salvando_al_mundo-760x505Dedicado a la pensadora y maestra-astróloga Martha Pires Ferreira

Vivimos actualmente tiempos sombríos de mucho odio y de falta de finura. Precisamos rescatar lo más importante, que nos humaniza verdaderamente: el simple amor. Estimo que debemos siempre retomar el tema del amor universal y sin precondiciones.

Sobre él se han dicho las cosas más elevadas hasta llegar a designar el nombre propio de Dios. Para superar el discurso convencional conviene incorporar la contribución que nos viene de las distintas ciencias de la Tierra, de la biología y de los estudios sobre el proceso cosmogénico. Cada vez queda más claro que el amor es un dato objetivo de la realidad global y cósmica, un evento bienaventurado del propio ser de las cosas, en las cuales estamos incluidos nosotros también.

Dos movimientos, entre otros, presiden el proceso cosmogénico: la necesidad y la espontaneidad.

Por necesidad de supervivencia, todos los seres son interdependientes y se ayudan unos a otros. La sinergia y la cooperación de todos con todos, más que la selección natural, son las fuerzas fundamentales del universo, especialmente entre los seres orgánicos. La solidaridad es más que un imperativo ético. Es la dinámica objetiva del propio cosmos, y explica por qué y cómo hemos llegado hasta aquí.

Junto con esa fuerza de la necesidad se presenta también la espontaneidad.

Los seres se relacionan e interactúan espontánemente, por pura gratuidad y alegría de convivir. Tal relación no responde a una necesidad. Obedece a un impulso de crear lazos nuevos, por la afinidad que emerge espontáneamente y produce deleite. Es el universo de la novedad, de la irrupción de una virtualidad latente que hace surgir algo maravilloso y que vuelve al universo un sistema abierto. Es el adviento del amor.

Él se da entre todos los seres, desde los primeros topquarks que se relacionaron más allá de la necesidad de crear campos de fuerza que les garantizasen la supervivencia y el enriquecimiento en el intercambio de informaciones. Muchos se relacionaron por sentirse espontáneamente atraídos por otros y componer un mundo no necesario, gratuito, pero posible y real.

De esta forma, la fuerza del amor atraviesa todos los estadios de la evolución y enlaza a todos los seres dándoles irradiación y belleza. No hay razón que los lleve a componerse en eslabones de espontaneidad y libertad. Lo hacen por puro placer y por alegría de convivir. Hay cosmólogos que afirman que el universo está lleno de color y es, por lo tanto, extremadamente bello.

El amor cósmico realiza lo que la mística siempre ha intuido: “la rosa no tiene un porqué. Florece por florecer. No se cuida de sí misma ni se preocupa de si la admiran o no”. Así el amor, como la flor, ama por amar y florece como fruto de una relación libre, como entre los enamorados.

Por el hecho de que somos humanos y autoconscientes, podemos hacer del amor un proyecto personal y civilizatorio: vivirlo conscientemente, crear condiciones para que la amorización pueda darse entre los seres humanos y con todos los demás seres de la naturaleza. Podemos enamorarnos de una estrella distante y crear una historia de afecto con ella. Los poetas saben de eso.

El amor es urgente en Brasil y en el mundo. Millares de refugiados son excluidos y millares de nordestinos, ofendidos. Más que preguntar quién destila rabia e intolerancia habría que preguntar por qué las practican. Seguramente porque faltó el amor como relación que abriga a los seres humanos en la bella experiencia de abrirse cada uno y acoger jovialmente al otro y respetarse mutuamente.

Digámoslo con todas las palabras: el sistema mundial imperante no ama a las personas. Ama el dinero y los bienes materiales; ama la fuerza de trabajo del obrero, sus músculos, su saber, su producción y su capacidad de consumir. Pero no ama gratuitamente a las personas como personas, portadoras de dignidad y de valor.

Predicar el amor y decir: “amémonos unos a otros como nos amamos a nosotros mismos”, supone una revolución. Es ser anticultura dominante y estar contra el odio imperante.

Hay que hacer del amor aquello que el gran florentino, Dante Alighieri, escribió al final de cada cántico de la Divina Comedia: “el amor que mueve el cielo y todas las estrellas”; y yo añadiría, amor que mueve nuestras vidas, amor que es el nombre sacrosanto del Ser que hace ser todo lo que existe.

Leonardo Boff

Fuente Koinonía

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“Una esclavitud que suprime toda esclavitud”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 4 de septiembre de 2019

450_1000De su blog Nihil Obstat:

Una de las claves de la enseñanza de Jesús es la reciprocidad, que es una consecuencia directa de la fraternidad: “amaos los unos a los otros”. La plenitud del amor evangélico no va en una sola dirección (el amor al enemigo, por ejemplo), siempre es bidireccional: es mutuo. En este amor mutuo, el de los unos a los otros, está el signo de los discípulos de Cristo, el gran signo para que el mundo crea.

Se diría que San Pablo lleva a su extremo la bidireccionalidad al emplear la siguiente formulación: “sed esclavos los unos de los otros por el amor”. La esclavitud, en tiempos de san Pablo, comportaba derechos absolutos del amo sobre el esclavo. San Pablo se enfrentó a un problema social con repercusiones cristianas, pues se encontró con amos y esclavos cristianos. Su contexto social no le permitía cambiar las leyes y costumbres de la época. De ahí que emplea lo que hoy llamaríamos componendas, y recomienda a los amos que traten bien a sus esclavos.

Pero, junto con las componendas, aparecen en san Pablo auténticas “bombas de relojería”, que sólo con el tiempo producirán sus necesarios efectos. Una de estas “bombas” pudiera ser la exhortación a que los cristianos sean “esclavos los unos de los otros”. Si mi hermano tiene derecho a mi servicio incondicional, yo tengo el mismo derecho sobre él. Eso significa la conversión de la esclavitud en amor absoluto e incondicional.

En una comunidad cristiana solo hay hermanos. No hay maestros ni señores. Ya lo dijo Jesús: no llaméis a nadie maestro ni director, porque sólo uno es vuestro maestro, el Padre del cielo. Esta fraternidad debe traducirse siempre en reciprocidad, llegando a lo más concreto. De ahí la exhortación de san Pablo al servicio mutuo, incluso en los detalles que requieren más humildad, esos detalles que estaban reservados a los esclavos de inferior categoría como, por ejemplo, lavar los pies al amo y señor. Si yo soy esclavo de mi hermano y mi hermano es esclavo mío, entonces los dos estamos exactamente al mismo nivel, somos totalmente iguales en dignidad, gobierno y servicio.

La clave de las relaciones entre cristianos es la reciprocidad: lo que yo soy para el otro, el otro lo es para mí. Cuando no hay reciprocidad, no hay amor cristiano. Mejor dicho: puede haber amor cristiano sin reciprocidad, es el caso del amor al enemigo. Pero ya he dicho que ese no es el ideal del amor cristiano. La plenitud del amor cristiano es el amor mutuo: amaos los unos a los otros. El mejor ejemplo de esta reciprocidad es el amor de Jesús al Padre y del Padre a Jesús: “como el Padre me amó, así os he amado yo”; permaneced en un amor como el mío. De ahí esta palabra de Jesús a sus discípulos: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

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Tarde te amé…

Miércoles, 28 de agosto de 2019

En la fiesta del converso Agustín de Hipona…

“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti”

San Agustín

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“¡Tarde te amé,

hermosura tan antigua y tan nueva,

tarde te amé!

Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera,

Y por fuera te buscaba;

Y deforme como era,

Me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.

Me retenían lejos de ti aquellas cosas

Que, si no estuviesen en ti, no serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera:

Brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;

Exhalaste tu perfume y respiré,

Y suspiro por ti;

Gusté de ti, y siento hambre y sed;

Me tocaste y me abrasé en tu paz.”

*

San Agustín

***

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Alessandro Preziosi como Agustín en el filme Sant Agostinho

No con conciencia dudosa, sino cierta, Señor, te amo yo. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables.

Sin embargo, tú te compadecerás más altamente de quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia con quien fueses misericordioso: de otro modo, el cielo y la tierra cantarían tus alabanzas a sordos.

Y ¿qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manas ni mieles, no miembros gratos a los amplexos de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto amplexo, cuando amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y amplexo del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo, y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios .

*

Confesiones X, 6,8.

 

***

Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354. Fue educado siguiendo los hábitos cristianos de su madre, Mónica, y, como se reveló enseguida como un ¡oven de prometedoras cualidades, fue encaminado a la carrera de retórica. Ya desde los tiempos de estudio en Cartago estuvo marcado por una incomodidad interior que le llevaría lejos. La primera respuesta a esta sed de totalidad fue una vida mundana tejida por varios vínculos, más o menos límpidos. Ahora bien, la inquietud es también sed y búsqueda de la verdad: se apasiona con la lectura del Ortensio de Cicerón, lee la Sagrada Escritura, pero no se entusiasma con ella y acaba por adherirse al racionalismo y al materialismo de la secta de los maniqueos. Tras haber enseñado en Tagaste y en Cartago, se traslada primero a Roma (383) y después a Milán (384). Aauí su viaje espiritual da un viraje decisivo: conoce y escucha al obispo Ambrosio, revisa sus posiciones sobre la Iglesia católica, vuelve a leer la Sagrada Escritura y, en medio de la lucha entre sus antiguos hábitos de vida y los nuevos impulsos interiores, al final se abre a la luz y a la riqueza de Cristo.

Fue bautizado el año 387 por Ambrosio. Decidido a volver a África, se establece en Tagaste y funda allí su primera comunidad monástica, siguiendo el modelo de la comunidad cristiana de Jerusalén. En el año 391 fue ordenado sacerdote por el obispo Valerio, a quien en el 395 le sucede en la guía de la diócesis de Hipona. Desde entonces se dedicó por completo a la vida de la Iglesia -ministerio de la Palabra, defensa de la fe-, aunque prosigue con la experiencia de vida común con un grupo de hermanos monjes, a los que traslada al episcopio. Escribió más de doscientos libros y casi un millar de documentos, entre sermones y cartas. Murió el 28 de agosto del año 430. Hasta tal punto fue hijo de la Iglesia que se convirtió en padre… y doctor.

*

En Agustín no vivió un solo hombre: vivió en él la criatura de carne y hueso, de nervios y sangre, con su desarrollo misterioso, múltiple; vivió el escritor, conjuntamente sumo escritor, sumo filósofo, sumo teólogo, y sobre cualquier otra cosa poeta sumo de los afectos y de las verdades; vivió el cristiano y el monje, el sacerdote y el obispo, el santo. Recibió de Dios toaos los clones más altos: una juventud tempestuosa, la palabra creadora, el silencio inenarrable de la oración, la fuerza necesaria para gobernar su ánimo en la navegación ultraterrena y en el aura de lo divino. Experiencia de hijo y de padre, de pecador desbandado y de obispo muy rígido, de escolar y profesor y, por tanto, de maestro de su pueblo y de todo el Occidente; de mundano y de monje, de escritor y de filósofo, de polemista y de amigo, de pensador y de contradictor y orador.

En todos esos pasajes no perdáis nada de su riquísima y potentísima humanidad: todo lo llevó consigo y lo fundió en el ardor y en la luz única de su santidad doloroso y extática. Amó, y de su experiencia de amor surgirá un amor a Dios, tal vez el más elevado que jamás haya salido de corazón humano […].

Cuando moría Agustín en su ciudad asediada, no moría nada: nacía, para él, en los cielos amados sin paz y deseados sin tregua; nacía, para nosotros, en nuestra historia y en nuestra alma. Desde aquel día hay algo de agustiniano tanto en la historia de todos los hombres como en la historia de cada uno de ellos.

*

G. de Luca,
Sant’Agostino. Scrítti d’occasione e traduzioni

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En este amor somos eternos

Viernes, 23 de agosto de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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“Entonces comprendí que lo que el Señor
quiere mostrarnos es el amor:
Y vi con certeza, en todas las cosas,
que, antes de que Dios nos creara, ya nos había amado,
y que el amor nunca disminuye ni disminuirá.
En este amor se han realizado todas sus obras,
y en este amor nuestra vida es eterna”.

*

Juliana de Norwich

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Bernardo de Claraval: Amo porque amo, amo por amar

Martes, 20 de agosto de 2019

Celebramos hoy la fiesta de San Bernardo,  místico del camino  hacia la unión espiritual con Dios, cantor del amor esponsal… Traemos uno de los textos del Oficio de Lectura preparados para hoy… Excelente meditación.

Amo porque amo, amo por amar

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El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la creatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.

El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?

Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la creatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.

Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la creatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.

*

De los Sermones de san Bernardo, abad, sobre el Cantar de los Cantares
(Sermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302)

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Bernardo de Claraval – obra de Rowan Lewgalon

Bernardo, primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña. Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su juventud, entró a los 20 años en el monasterio de Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a muchos jóvenes nobles.

Tras ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes, obispos y papas, refutó herejías, defendió los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.

***

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El fin del hombre es el reconocimiento de la verdad, que es Dios, lo que implica el conocimiento de la relación del hombre con Dios, que es una relación de indigencia. Como el obstáculo es el orgullo, el remedio es la humildad; la condición es la gracia, el encuentro con Dios en Cristo. El resultado es la estima del hombre por su dignidad recuperada de imagen de Dios: mientras que la ignorancia de sí y el orgullo disminuyen el valor del hombre, la humildad, reconocimiento de la necesidad de Dios, pero también de la capacidad de Dios que hay en el hombre, revela a éste lo que él mismo es. De este modo, «sale» de él mismo y se eleva, crece, «se extiende» a nuevas dimensiones, las del amor a Dios y al prójimo. El ser humilde se vuelve manso, misericordioso. Así, la fe vivida y, por así decirlo, transformada en humildad, en caridad, hace, según los modos de hablar de nuestro tiempo, salir al «mí mismo» del «yo»: despierta al yo a la libertad del «mí mismo», le hace convertirse en persona en presencia de Dios, en comunión de solidaridad con todos.

En Bernardo está siempre presente este mensaje de gloria, condicionado por su mensaje de humildad, este realismo extremo en la consideración de la miseria del hombre, y esta confianza indefectible en la gloria que está ya en él y no espera más que manifestar sus efectos. La función de la expresión literaria será hacer ver un poco de esta luz oculta que percibe la mirada de la fe. En Bernardo, como también en otros grandes espirituales que fueron escritores, la intensidad de la experiencia explica el carácter ferviente, apasionado de la expresión y, por consiguiente, la parte de exageración que ésta pueda tener: tanto si evoca las profundidades de nuestra bajeza o la sublimidad de las visitas del Verbo, parece ir a veces demasiado lejos, rebasar los límites de lo razonable y, en todo caso, de lo normal y de lo habitual. A decir verdad, se limita simplemente a revelar, a propósito de él mismo, lo que puede ser el caso de todos.

Sus escritos manifiestan un pensamiento a la vez contemplativo y tan comprometido como es posible. Cada uno de ellos empezó siendo un acto bien preciso, pero en cada uno de ellos alcanza Bernardo lo universal. Cuanto más lúcido es un ser sobre sí mismo, más ilumina a los otros sobre ellos mismos.

*

J. Leclercq,
Bernardo de Claraval,
Edicep, Valencia 1991, pp. 212-213.

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Acercarse…

Sábado, 17 de agosto de 2019

Del blog Lo que me gusta y no me gusta:

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Acercándonos a otra persona con amor en el corazón,

sin pedir nada sino tan sólo ofreciendo ese amor,

creamos relaciones milagrosas.

*

Wayne Dyer

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Maximiliano María Kolbe, un corazón donado…

Miércoles, 14 de agosto de 2019

Hoy recordamos, en su festividad, a este ejemplo de entrega sin límites…

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Nació en Polonia en 1894. A los 13 años entró en los menores conventuales. Una vez terminados sus estudios filosóficos y teológicos en Roma, instituyó en ella la «Milicia de la Inmaculada», en 1917. Tras ser ordenado sacerdote en 1927, fundó en su patria la «Ciudad de la Inmaculada», centro de vida espiritual y de actividad editorial. Ejerció como misionero en Japón y volvió a Polonia en 1936, donde prosiguió su intensa obra de apostolado. Durante la Segunda Guerra Mundial fue deportado al campo de concentración de Auschwitz, donde murió al ofrecer su vida por la de un compañero de prisión, el 14 de agosto de 1941. Fue beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado con el título de mártir por Juan Pablo II en 1 982.

*

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En todos los continentes, o casi, es conocida y notoria la figura de san Maximiliano María Kolbe. Y quien ha recibido el don de acercarse a él, queda profundamente conquistado por el santo. Porque se quedará tan presente en su propia vida, que sentirá la necesidad de invocarlo, imitarlo y enamorarse de su poliédrica figura de hombre, sacerdote, religioso, apóstol y mártir.

«Sólo el amor crea», había repetido miles y miles de veces el padre Kolbe durante su vida. «Sólo el amor crea», cantaban las obras que iba ideando y concretando una tras otra, a fin de llevar la vida de la verdad a cada hombre con la imprenta; para llevar las ondas de la vida a cada casa por medio de la radio; para dar un signo de la vida eterna a través de las esculturas y las pinturas de los hermanos. Y en sus largos viajes no perdía la ocasión de acercarse al ateo, al masón, al judío, al incrédulo, al cristiano adormecido en su fe, para que el nuevo destello de la vida iluminara el camino que lleva a la salvación.

«Sólo el amor crea», ha ido repitiendo el papa «venido de lejos », cada vez que se detiene a hablar de este hombre: el hombre de nuestro tiempo, el hombre de la magna y profunda herencia.  La herencia espiritual de san Maximiliano María Kolbe no tiene límites. La consagración total a la Inmaculada con propósitos apostólicos, que él vivía y promovía, es y debe ser una verdadera espiritualidad. Indudablemente, es una herencia muy comprometedora, porque se trata de imitar a aquel que nos la ha dejado. A saber: se trata no de tener «algo» de él (posibles reliquias, algún autógrafo, su biografía, etc.), sino de poseer su espíritu, porque de los santos queda sobre todo lo que han hecho, actuando según la voluntad de Dios. Recoger su herencia significa permitir a Dios que obre en nosotros como obró en ellos. Como obró en san Maximiliano María Kolbe y en muchos de sus seguidores

*

(L. Faccenda [ed.], «Un cuore donato. San Massimiliano María Kolbe», suplemento a Milizia Mariana 4 [1994] 11; 51ss; 75).

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Amor

Viernes, 2 de agosto de 2019

Del blog Nova Bella:

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El amor es un sueño que se sueña con los ojos abiertos. Dios en las entrañas…

*

El amor es vivir desterrado de ti, instalado en la cabeza, en la respiración, en la piel del otro; y que ese lugar sea el paraíso.

*

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El amor es vivir prescindiendo del suelo. Es necesitar la felicidad del otro para conseguir la tuya propia. Confiar y compartirlo todo. El amor son los cimientos de la felicidad.

*

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Leola,
protagonista de historia del rey transparente,
de Rosa Montero

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“«In la k’ech» = yo soy otro tú”, por Enrique Martínez Lozano

Martes, 23 de julio de 2019

74225676-feliz-pareja-interracial-homosexual-tener-descanso-en-el-interior-hombre-afroamericano-descansando-eSin reserva ni duda, permito que estés en el mundo como eres, sin un pensamiento o palabra de juicio.

No veo error alguno en las cosas que puedas decir, ni hacer, sentir y creer, porque entiendo que te estás honrando a ti mismo al ser y hacer lo que es verdad para ti.

No puedo recorrer la vida con tus ojos ni verla a través de tu corazón.

No he estado dónde tú has estado ni experimentado lo que has experimentado, viendo la vida desde tu perspectiva única.

Te aprecio exactamente como eres, siendo tu propia y singular chispa de la Consciencia Infinita, buscando encontrar tu propia forma individual de relacionarte con el mundo.

Sin reserva ni duda, te permito cada elección para que aprendas de la forma que te parezca apropiada.

Es vital que seas tu propia persona y no alguien que yo u otros piensen que “deberías” ser.

En la medida de mi capacidad, sin denigrarme o ponerme en un compromiso, te apoyaré en eso.

No puedo saber qué es lo mejor para ti, lo que es verdad o lo que necesitas, porque no sé lo que has elegido aprender, cómo has elegido aprenderlo, con quién o en qué período de tiempo.

Solo tú puedes sentir tu excitación interna y escuchar tu voz interna; yo solo tengo la mía. Reconozco que, aunque sean diferentes entre sí, todas las maneras de percibir y experimentar las diferentes facetas de nuestro mundo, todas son válidas.

Sin reserva ni duda, admito las elecciones que hagas en cada momento.

No emito juicio sobre esto porque es imprescindible que honre tu derecho a tu evolución individual, porque esto da poder a ese derecho tanto para mí como para todos los otros.

A aquellos que elegirían un camino que no puedo andar o que no andaría, y aunque puede que elija no añadir mi poder ni mi energía a ese camino, nunca negaré el regalo de amor que Dios me ha concedido para toda la Creación.

— Como te amo, así seré amado.

— Así como siembro, recogeré.

Sin reserva ni duda, te permito el derecho universal de libre albedrío para andar tu propio camino, creando etapas o manteniéndote quieto cuando sientas que es apropiado para ti.

No puedo ver siempre el cuadro más grande del Orden Divino, y así no emitiré juicio sobre si tus pasos son grandes o pequeños, ligeros o pesados, o conduzcan hacia arriba o hacia abajo, porque esto sólo sería mi punto de vista.

Aunque vea que no haces nada y juzgue que esto es indigno, yo reconozco que puede que seas el que traiga una gran sanación al permanecer en calma, bendecido por la Luz de Dios.

Porque es el derecho inalienable de toda vida el elegir su propia evolución y sin reserva ni duda, reconozco tu derecho a determinar tu propio futuro.

Con humildad, me postro ante la comprensión de que, aunque el camino que veo es mejor para mí, no significa que sea también correcto para ti; que lo que yo creo no es necesariamente verdad para ti.

Sé que eres guiado como yo lo soy, siguiendo tu entusiasmo interno por conocer tu propio camino.

Sé que las muchas razas, religiones, costumbres, nacionalidades y creencias en nuestro mundo nos traen una gran riqueza y nos procuran los beneficios y enseñanzas de tal diversidad.

Sé que cada uno de nosotros aprende en nuestra manera única para devolver ese amor y sabiduría al TODO.

Entiendo que si solo hubiese una forma de hacer algo, solo necesitaría haber una persona.

Apreciaré tu luz interna única, te comportes o no de la manera en la que considero que deberías, y aunque creas en cosas que yo no creo.

Entiendo que eres verdaderamente mi hermano y mi hermana, aunque puede que hayas nacido en un lugar diferente y creas en diferentes ideales.

El amor que siento es por absolutamente todo lo que ES.

Sé que cada cosa viva es una parte de la conciencia y siento un amor profundo por cada persona, animal, árbol, piedra y flor, por cada pájaro, río y océano, y por todo lo que es en el mundo.

Vivo mi vida en servicio amoroso, siendo el mejor que yo pueda, haciéndome más sabio en la perfección de la Verdad Divina, haciéndome más feliz, más sano y cada vez más abundantemente gozoso.

Aunque a lo largo del camino puede que me gustes, o sienta indiferencia por ti, o me disgustes, no voy a dejar de amarte, de honrar tu singularidad y de permitirte ser tú.

Esta es la llave de la paz y armonía en nuestras vidas y en nuestras Tierra porque es la piedra central del Amor Incondicional».

In la k’ech”: Los mayas saludaban con esta expresión, que significa “Yo soy otro tú”;  y contestaban: “Hala Ken”, que significa “Tú eres otro yo”.

 

Enrique Martínez Lozano

Boletín Semanal

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Mar Saba

Lunes, 15 de julio de 2019

Del Blog Nova Bella:

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Dame palabras fáciles y claras
para explicar la sencillez del alma
antes de ser rozada por las cosas,
cuando el alma no amaba equivocarse.
Pues al desierto voy, dame lo extraño,
que es ver por vez primera lo sencillo.
la tiniebla y la luz se separaron;
la noche vino y vino la mañana

*
Julio Martinez Mesanza

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¡Caminante de la vida, procura hacer tú lo mismo!

Domingo, 14 de julio de 2019

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El buen samaritano
(Lc 10, 30)

No es muy larga la distancia,
sí es peligroso el camino
que va de Jerusalén
hasta el verde paraíso
de Jericó, fértil vega,
novia del sacro Jordán
y manantial del Profeta.
Y, aunque próxima al Mar Muerto,
es rico vergel de vida:
“la ciudad de las palmeras
y las rosas encendidas.”

Yace en la cuneta un hombre,
medio muerto y malherido,
mas todos pasan de largo
eludiendo compromisos:
el sacerdote, el levita
y otros muchos peregrinos.
Pasa un buen samaritano,
caballero en su pollino,
y sin preguntar quién es
-aunque bien ve que es judío-
se aproxima sin desdén,
le hace una cura de urgencia
con su propio aceite y vino,
y lo lleva hasta el mesón
donde lo cuida con mimo.
“¡Cuídalo bien mesonero,
yo te pagaré con creces
cuanto hayas gastado en él,
cuando vuelva de camino!

¿El prójimo verdadero?
El que prestó sus auxilios,
el que olvidó que aquel hombre,
medio muerto y malherido
que yacía en la cuneta,
era un olvidado judío;
el que olvidó que era suyo
su propio aceite y su vino.

¡Caminante de la vida,
procura hacer tú lo mismo!

*

José Luis Martínez SM

***

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(El buen Samaritano gay)

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

“Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”

Él le dijo:

“¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”

Él contestó:

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.”

Él le dijo:

– “Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.”

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:

“¿Y quién es mi prójimo?”

Jesús dijo:

“Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?

Él contestó:

“El que practicó la misericordia con él.

Díjole Jesús:

– “Anda, haz tú lo mismo.”

*

Lucas 10, 25-37

***

A lo largo de la historia, cada vez que los hombres y las mujeres han sido capaces de responder a los acontecimientos del mundo tomándolos como ocasiones para madurar su propio corazón se ha abierto una fuente inagotable de generosidad y de vida nueva, entreabriendo una esperanza que superaba toda predicción humana. Si pensamos en las personas que nos han infundido esperanza, reforzando nuestro espíritu, descubrimos con frecuencia que no eran en absoluto profesionales del consejo, de la amonestación y de la moral, sino sólo personas capaces de expresar, con sus palabras y sus acciones, la condición humana de la que participaban, y que nos han incitado a hacer frente a los hechos reales de la vida.

Los predicadores que reducen lo inexplicable a problema, ofreciendo soluciones de servicios médicos de urgencias, nos deprimen porque evitan la piadosa solidaridad de donde proviene la curación. Ni Kierkeqaard, ni Sartre, ni Camus, ni siquiera Solzhenitsin han ofrecido nunca soluciones. Sin embargo, muchos de los que les leen encuentran energías para proseguir en la búsqueda. Quien no huye de nuestros dolores, sino que los toca piadosamente, nos cura y nos refuerza. A decir verdad, la paradoja consiste en el hecho de que el comienzo de la curación está en la solidaridad en ese dolor. En nuestra sociedad, orientada hacia las soluciones, cada vez es más importante darse cuenta de que pretender aliviar el dolor sin compartirlo es como pretender salvar a un niño de una casa en llamas sin correr el riesgo de quemarse.

*

H. J. Nouwen,
Viaggio spirituale per l’uomo contemporáneo,
Brescia 81999, p. 54

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