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Con María junto a la Cruz.

lunes, 15 de septiembre de 2025
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En el día que los católicos celebran a nuestra Señora de los Dolores, recordamos a tantos hermanos y hermanas que están sufriendo…

La devoción a la Virgen de los Dolores se remonta a los primeros años del segundo milenio, como desarrollo de la «compasión» con María iuxta crucem Jesu. Esta devoción fue formulada litúrgicamente en tierras germanas, concretamente en Colonia, el año 1423. Sixto IV insertó en el misal romano la memoria de Nuestra Señora de la Piedad. La atención hacia María «dolorosa»se fue desarrollando gradualmente en la forma de los Siete Dolores, representados en las siete espadas que traspasan el corazón de la madre de Cristo. La extensión a la Iglesia latina en 1727 fue favorecida por los Siervos de María, que la celebraban desde 1668. La colocación en el 15 de septiembre se remonta a Pío X (1903-1914). En el calendario litúrgico de 1969 se la denomina memoria de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.

 

***

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:

+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo:

+ «Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

*

Juan 19,25-27

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ORACIÓN

Santa María, mujer del dolor, madre de los vivientes, salve. Nueva Eva, Virgen junto a la cruz, donde se consuma el amor y brota la vida.

Madre de los discípulos, sé tú la imagen conductora en nuestro compromiso de servicio; enséñanos a permanecer contigo junto a las infinitas cruces donde todavía sigue siendo crucificado tu Hijo; enséñanos a vivir y a atestiguar el amor cristiano, acogiendo en cada hombre a un hermano; enséñanos a renunciar al opaco egoísmo para seguir a Cristo, única luz del hombre. Virgen de la pascua, gloria del Espíritu, acoge la oración de tus siervos.

***

 

La meditación sobre los siete dolores de la bienaventurada Virgen podrá expresarse fácilmente en términos actuales, en cuanto los comparemos con los múltiples sufrimientos por los que está marcada la vida hoy…

Principalmente en virtud de nuestra identidad cristiana, aceptaremos ser nosotros mismos una existencia atravesada por la espada del dolor. Siguiendo a Jesús, tomaremos cada día nuestra cruz (Le 9,23; cf. Mc 8,34; Mt 16,24). Sensibles al drama de innumerables personas y grupos obligados a emigrar desde países pobres nada naciones más ricas, en busca de pan o de libertad, pondremos a salvo la vida de todo tipo de persecución y ofreceremos nuestra contribución activa a la acogida de los emigrantes […].

En presencia de cuantos, en medio de la incertidumbre del vivir, añoran el rostro del Señor o se encuentran angustiados por haberlo perdido, nuestras comunidades han de ser lugares que apoyen su trabajosa búsqueda. Han de convertirse en santuarios de consuelo para tantos padres y madres que, desolados, lloran la pérdida física o moral de sus hijos. Como copartícipes de un mismo itinerario de fe, acompañaremos a nuestros hermanos y hermanas por la vía de su calvario: con gestos de delicadeza, como Verónica, o llevando su peso, como el Cirineo.

*

H. M. Moons,
Con María junto a la cruz,
Roma 1992, 19ss.

María como una inmigrante detenida por agentes de IC
(Obra de Katie Jo Suddaby) 

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“Tiene que ser elevado el Hijo del hombre”. Domingo 14 de septiembre de 2025. Exaltación de la Santa Cruz 24ª semana de tiempo ordinario

domingo, 14 de septiembre de 2025
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Leído en Koinonia:

Números 21,4b-9: Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.
Salmo responsorial: 77: No olvidéis las acciones del Señor.
Filipenses 2,6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.
Juan 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

En el diálogo entre Jesús y Nicodemo, en el fragmento del evangelio de Juan que hoy leemos, encontramos una alusión al relato de la serpiente de bronce elevada por Moisés en el desierto (Núm 21,8s) y que el evangelista retoma para compararlo con la manera como el Hijo del Hombre fue levantado en la cruz. La palabra “levantar” es usada en dos sentidos: la elevación en la cruz y la elevación a la diestra del Padre. La tradición cristiana la ha traducido por «exaltación”. Juan, en su teología, ve en la crucifixión el momento culminante de la vida de Jesús, la «hora” de su glorificación. La “exaltación” sería el tránsito de Jesús del mundo al Padre, la Pascua salvadora en la que Jesús es glorificado. Éste sería el sentido en el que celebramos hoy la exaltación de Jesús, más que de la cruz. La cruz no la exaltamos. La cruz un signo del gran amor de Jesús para con la humanidad. Sólo en ese sentido podría exaltarse la cruz. Por eso, el evangelio insiste en que Jesús no vino a juzgar, condenar o acabar el mundo, por el contrario, vino a dar testimonio de que el amor es el camino seguro que conduce a la resurrección.

Jesús no amó la cruz, sino que quiso evitarla. Lo cual no fue una «debilidad humana», sino su deber lógico. Porque tampoco podemos ya decir que «el Padre lo envió a la muerte y una muerte de cruz… En Jesús no hay nada de una visión ni masoquista (que ame o valore la cruz por sí misma), ni que la incorpore «al plan de Dios» por voluntad divina, ni una visión expiadora: Jesús sufriendo, muriendo en la cruz para ofrecer a Dios Padre ese sufrimiento violento en nombre de la humanidad, para así «aplacar» al «airado» Eterno Padre, que habría cancelado sus relaciones con la humanidad por causa de un supuesto pecado original cometido por una supuesta «primera pareja» de primates humanos…

Lamentablemente –tenemos que reconocerlo– la cruz es también, no sólo ese signo del amor consecuente y de la coherencia de Jesús con su misión, sino sobre todo el signo central de todo este relato mitológico de pecado original, masa humana condenada, envío desde el cielo de un Mesías redentor, expiación en la cruz, recuperación de la humanidad. Se puede decir, sin temor a exagerar, que durante demasiado tiempo ha fungido como el relato esencial cristiano. Ha sido el mensaje concentrado en que las Iglesias cristianas han hecho coincidir su doctrina, su visión, y su misión. Y es la visión más ampliamente difundida… en nombre de Jesús, que nunca supo de ello ni nunca quiso morir para expiar un pecado original.

Afortunadamente, ello ha sido algo tan extendido masivamente en las Iglesias y tan ingenuamente (mitológicamente) aceptado, que ni siquiera ha sido declarado oficialmente dogma… se dio por supuesto simplemente. De forma que, sencillamente, no es dogma; es –aunque pueda sorprendernos este su status– una tradición, tan antigua y venerable como superable y prescindible. Esto alivia a muchos cristianos que ya no pueden vivir en el mundo mitólógico (ni siquiera siendo conscientes de que se las han con símbolos…: muchas personas de la sociedad de hoy ya no toleran símbolos de determinado tipos mitológicos, ni siquiera sabiendo conscientemente que son mitos; su cultura actual no tolera ya mitologías a la hora de manejar/expresar el sentido de su vida humana: se ha convertido incluso en una cuestión de dignidad, de honor).

Son demasiadas cosas las que están implicadas en esta mitología de la cruz, que no sólo ya no puede ser «exaltada», sino que debe ser «deconstruida». Ya los hemos insinuado, pero merecerían un abordaje detenido, detallado y a fondo: pecado original como pecado mitológico primordial que causa la desgracia de la humanidad (mito común en muchas religiones); la massa damnata o humanidad condenada por el pecado original, de la que san Agustín hablaba y que marcó a la teología por más de un milenio; la interpretación de todos los males como castigo de Dios por «nuestro» pecado original (pérdida de los supuestos dones preternaturales, de la ciencia infusa, de la inmortalidad, del equilibrio psíquico-espiritual, condena a ganar el pan con el sudor de nuestra frente, condena de la mujer a dar a luz con dolor y a estar sometida al varón…); la interpretación de la muerte de Jesús como expiación para aplacar al Padre Eterno; la interpretación esencial del bautismo como instrumento para el perdón del pecado original; el valor expiatorio del dolor asumido (incluso provocado, la mortificación) voluntariamente; el amor a la cruz…

El cristianismo tiene ahí una responsabilidad colectiva por tanto sufrimiento psíquico infligido a tantas generaciones humanas, durante tanto tiempo, aunque haya sido involuntariamente, por un espejismo cultural, no por mala voluntad. No basta dejar de hablar de aquello que ya da vergüenza hablar. Es una obligación de responsabilidad colectiva «agarrar el toro por los cuernos», de frente, reconocidamente, sin callar nada vergonzantemente, y negar explícitamente lo hoy reconocemos que fue un error, y tratar de liberar a tantas personas que aún arrastran en su conciencia, y con frecuencia en las capas subconscientes de su psiqué, la desconfianza ante el mundo, ante la materia, ante la sexualidad, ante el placer y la felicidad. O una visión espiritual masoquista (como aquella de la Imitación de Cristo, de Kempis: «Tanto más santo te harás, cuanta más violencia te hicieres»). Leer más…

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14.9.25. No son los hombres para Dios, sino Dios para los hombres. Santa Cruz (Flp 2, 6-11) Dom 24 TO

domingo, 14 de septiembre de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:


Este motivo c (=no es el hombre para el templo, sino el templo para el hombre, Mc 2, 27) está en el fondo  de la epístola (Flp 2, 6-11)  y del evangelio de este domingo (Jn 3,  3, 13-17), que corresponde a la fiesta litúrgica de la “exaltación” de la Santa Cruz (14.9.25),  la Cruz de Septiembre.

Con este motivo ofrezco un comentario de Flp 2, 6-11, que es quizá el texto más importante de la liturgia y teología cristiana. Éste es el evangelio en estado puro, evangelio de cruces en Gaza, Ucrania y medio mundo, todas ellas Santa Cruz de Dios en Cristo y en los hombres.

| Xabier Pikaza

TEXTO:  FLP  2, 5-11

 a) (Jesucristo), siendo de condición de Dios, no quiso conseguir por fuerza el ser igual a Dios.

  • (a) Se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo. Hecho semejante a los hombres, y mostrándose en su forma de ser como los hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
  • (b) Por eso Dios lo exaltó en forma suprema concediéndole aquel Nombre que excede a todo nombre, de tal forma que al nombre de Jesús toda rodilla se doble (en cielo, tierra y el abimo)

y toda lengua confiese Jesús Cristo, es el Señor (para gloria de Dios Padre) (Flp 2, 6-11) [1].

LECTURA.  JESUCRISTO, REVELACIÓN DE DIOS

El himno consta de una introducción (A) y dos estrofas (B y C ) ordenadas según la forma tradicional de los textos judíos del tiempo: hay una primera parte de humillación y sufrimiento (b), superada por la intervención de Dios que invierte el sufrimiento y glorifica al humillado c). Hasta aquí todo es normal en el contexto en que se mueve el primitivo cristianismo.

La novedad está en la forma de entender e interpretar los elementos dentro del esquema. A nuestro juicio, sus aspectos más salientes son: identidad del sujeto, carácter voluntario de su gesto, hondura de su humillación, sentido universal y salvador de su glorificación.

 1) El principio de interpretación del texto consiste en identificar el sujeto. ¿Quién es ese Jesucristo que, teniendo condición de Dios, se humilla, despojado de su gloria, hasta morir crucificado? Hay dos interpretaciones principales, una encarnacionista, la otra pascual.

 2) La interpretación encarnacionista es más tardía, aunque después haya tenido carácter casi dominante: empieza con los padres latinos, posteriores a las grandes controversias cristológicas, domina en la escolástica y llega a nuestros días con matices muy variados.

Ella supone que el sujeto del himno, como punto de partida del gran drama redentor, ha sido el mismo Jesús en su carácter de Hijo eterno: Estaba en Dios, tenía realidad originariamente divina, esencia preexistente. Podía haber permanecido en su nivel divino, disfrutando para siempre con el Padre y permitiendo que los hombres destruyeran su existencia mortal en el pecado. Pues bien, en gesto salvador que nos desborda, el Hijo se ha encarnado: abandona su primera condición, deja su gloria y comparte la existencia con los hombres, entregándose por ellos hasta el mismo extremo de la muerte.

Sin duda, esa postura responde a la experiencia de la Iglesia que deriva del conjunto del NT y se precisa en los concilios de Nicea y Calcedonia. El problema está en saber si corresponde a la palabra y al mensaje de Flp 2, 6-11, tal como fue asumido por Pablo. Significativamente, los mejores defensores de esta perspectiva son aquellos eruditos que interpretan el texto en línea gnostizante.

Ellos recuperan el valor de encarnación de Flp 2, 6-11, pero lo entienden de manera mítica y no como lo asume el dogma de la Iglesia. Piensan que no puede tratarse de una encarnación del Hijo eterno en línea trinitaria, pues aún no se encontraba desvelado ese misterio. El que se encarna es una especie de ser mítico, entendido con rasgos de carácter cosmológico: el hombre original divino o el Dios original humano de la gnosis desciende a nuestro mundo, se introduce en la miseria de la tierra y, penetrando hasta el abismo de la muerte, hace posible que los hombres queden liberados de la muerte; de esa forma ha roto las barreras del cosmos que cerraban a los hombres como en cárcel, para conducirles al ámbito de gloria.

Esta es la postura que han seguido muchos protestantes alemanes, sobre todo a partir de E. Kasemann. Llegando hasta el final, y por encima de la diferencia de representaciones (Hijo eterno o figura gnóstica), coinciden defendiendo una exégesis dogmática, que mira el texto desde las doctrinas posteriores de la Iglesia, utilizando para ellos categorías gnósticas. Esa misma coincidencia puede indicar que es conveniente interpretar de otra manera este pasaje.

Preferimos, según eso, la interpretación pascual, como expresión de la entrega  de Jesús  hombre en el gesto de su vida, muerte y resurrección. Esta línea no resulta nueva. Está representada por los más antiguos padres griegos que, menos influidos por motivos de dogmática, han visto en este pasaje la hondura de la ofrenda de Jesús, su entrega como siervo por los hombres.

Ésta es una perspectiva que, fundándose en razones diferentes, em­piezan a seguir algunos de los representantes más significativos de la exégesis católica: el sujeto de Flp 2, 6-11 es el mismo Jesucristo de la historia que, pudiendo haber desplegado su realidad en una esfera de poder-dominio, ha preferido entregarse por los otros como siervo, llegando de esa forma hasta la muerte11•

Esto nos permite precisar el tema. Este himno no  expone la “historia” ser divino en su esencia suprahistórica y eterna (el Cristo-Logos divino de Nicea-Calcedonia), ni la en un posible individuo celestial de rasgos míticos (hijo divino de la gnosis) que un día ha descendido a iluminar la vida de los hombres cautivos.

Este  himno trata de Jesús, mesías concreto de la historia. La vivencia y confesión de los cristianos ya conoce su grandeza: es delegado de Dios, representante de su reino y de su vida sobre el mundo. Por eso ellos plantean el problema: ¿Cómo puede morir si es la presencia de Dios sobre la tierra? ¿cómo puede sufrir si es que no tiene ningún tipo de pecado?

Estas eran las preguntas que ocupaban a la Iglesia. Ella no se hallaba dominada por cuestiones de carácter ontológico. No le preocupaba la posible esencia premundana de Jesús. Su problema más urgente era entender la hondura, la amplitud y contenido de la entrega de Jesús hasta la muerte.  Con esto se ilumina el punto de partida: las notas que definen a Jesús en su existencia sobre el mundo.

Ciertamente es hombre; pero no es hombre cualquiera, dominado por la lucha y la violencia de la tierra. Jesús es es hombre de manera originaria: nace nuevamente del principio de lohumano, desde aquella raíz de la que vino Adán en el principio, es decir, del mismo Dios.

Por eso, el himno le atribuye, con palabras rítmicas solemnes, los valores primigenios de la creación: aquella forma o semejanza de Dios (en mophe theou hyparkhon, Flp 2, 6) que le permiten realizarse en ámbito de gloria. Jesús tiene morphe de Dios en el sentido de grandeza o dignidad: es eikon en el sentido en que lo indican 2 Cor 4, 4; Col 1, 15.

Como hombre originario y nuevo principio de lo humano (nuevo Adán), Jesús es el reflejo de Dios sobre la tierra (cf. Gén 1, 27); por eso pudo haberse agarrado a la grandeza de su propia condición, buscando un tipo de existencia que viniera a reflejarse de manera externa como gloria, en forma de ventaja personal, como dominio por encima de los otros. En esta perspectiva se ha venido a situar el autor de nuestro himno.

Sólo desde aquí se puede entender el carácter voluntario y fundante de su gesto: «no quiso aferrarse a (no quiso conseguir con fuerza) un tipo de ser igual a Dios… Se despojó de sí mismo, se humilló… ».

Dos formas de existencia se han abierto ante Jesús: por un lado puede aprovecharse de su gloria y disfrutar de su grandeza, convirtiendo así su «condición divina» en fuente de egoísmo y de dominio por encima de los otros; por otro lado puede realizar su vida en forma de servicio, compartiendo la existencia con los más nece­sitados, renunciando a su grandeza y ofreciéndose en las manos de un Dios que es pura gracia.

Pues bien, el himno canta de manera simbólica y solemne el misterio de esta gran elección de Jesucristo: como fun­damento de hombre nuevo Jesús toma un camino de solidaridad (se asemeja a los pequeños) y servicio (se entrega como esclavo). De esa forma invierte la elección antigua del pecado de Adán que, preten­diendo hacerse grande, ha destruido la vida de los hombres14.

El himno alude al nuevo surgimiento humano. Según la tradición judeo-apocalíptica, la historia de los hombres se encontraba dominada por dos grandes elecciones [2].

 1) Situado ante la base de la  opción de Jesús, Satán vino a elevarse frente a Dios y, pretendiendo convertirse en ser divino por un gesto de altivez y de dominio, destruyó su propia vida, haciéndose principio de violencia y pecado para todos, incluso los hu­ manos. En ese sentido, Flp 2 debe entenderse desde el trasfondo de las tentaciones de Jesús, tal como han sido formuladas por Mt 4 y Lc c (cf. Mc 1, 12-13).

2) De manera semejante, Adán, que era expresión de Dios e imagen de su propia realidad sobre la tierra, quiso hacer de su grandeza signo de poder y de esa forma vino a convertirse en portador de violencia, esclavo de la muerte sobre el mundo (eso significa que este himno plantea ya el esquema básico de Rom 5, con la oposición entre Adán (el hombre dominado por Satán y Cristo, el hombre libre en amor y diálogo, ante Dios)

 Ese es el trasfondo en que nos pone nuestro texto. No habla de ninguna realidad imaginaria, no comienza por llevarnos al espacio de la pura eternidad ni tampoco hacia los mitos. El himno nos conduce al mismo principio de la historia, allí donde los hombres se descubren condicionados por un tipo de poder que lleva a la violencia y muerte. Por eso, cuando dice que Jesús, teniendo «condición divina», pudo haber optado por un modo de existencia diferente, en gesto de con­ quista, de egoísmo y de dominio por encima de los otros, el himno nos sitúa ante las fuentes del pecado originario.

No es que hubiera una opción normal (Jesús que quiere vivir «como Dios», en actitud dominadora) y otra opción más elevada, que se expresa como abaja­ miento y entrega por los otros. Las opciones resultan contrapuestas: una es mala y otra buena. En el caso, cristianamente imposible, de que el Cristo hubiera interpretado el mesianismo en clave de grandeza egoísta y de dominio, pretendiendo ser como Dios «por fuerza», se hubiera convertido en nueva fuente de pecado, como Adán y el Diablo del principio.

En el centro del himno se expresa la experiencia de las tentaciones: el mismo Diablo es quien indica a Jesús lo que supone ser «de condición divina», «hijo de Dios», en actitud de riqueza material, en gesto de dominio sobre los pueblos, en gloria externa y en milagros (cf. Mt 4, 1-11 par). Estamos en el centro de la paradoja cristiana, en el círculo más hondo del misterio:

(a) Los que intentan convertirse en Dios (Adán, Satán) destruyen su existencia; el que renuncia a dominar como divino (Jesús) funda la existencia verdadera ¿Por qué? Porque en el fondo el Dios que aquellos (Adán, Diablo) pretendían no era Dios sino espe­jismo o proyección de sus propias apetencias de dominio.

(b) Por eso, Jesús, no queriendo ser divino como ellos, ha venido a desvelarse como verdadero ser Divino: muestra el señorío por el gesto de la entrega gratuita de su vida. Desde ese fondo, debemos precisar el tema, concretando así mejor la hondura de la entrega y abajamiento de Jesucristo.

Adán y el Diablo fueron «creadores» de estirpe: suscitaron con su opción un tipo de existencia. No partieron de algo previo; su elección fue la primera y engendró muerte y violencia para sus descendientes (o subordinados). Pues bien, Jesús ha realizado su opción sobre una tierra previamente condenada: ha expresado su entrega sobre un mundo donde estaba dominando la violencia. No ha empezado a crear desde la nada un hombre sin raíces de pecado precedente, como un Adán distinto que quiere suscitar otro linaje, independiente del antiguo. Jesús tampoco  aparece como hombre bueno, pero aislado, frente al campo de violencia de los otros. Jesús ha realizado algo más duro, radical y salvador: Introduce su camino de servicio y gracia donde estaba la violencia de los otros; por eso no ha creado nueva estirpe de la nada sino que ha recreado la que estaba antes caída; de esa forma salva y reconstruye lo que Satán y el Diablo habían destruido.

  Jesús no ha renunciado a una existencia de dominio con el fin de realizarse humanamente, como siervo de Dios y hombre de entrega, sobre un mundo resguardado donde todos se mantienen en un gesto de obediencia y gracia. En contra de eso, Jesús ha comenzado su camino en una tierra dominada por la ley de la violencia. Para hacerse siervo de Dios tiene que hacerse esclavo de los hombres, en gesto que conduce hasta la entrega dura de la vida.

Así lo ha destacado el texto: «hecho a semejanza de los hombres y mostrándose en la forma de ser como los hombres», Jesús ha introducido (encarnado) su humanidad “obediente” a Dios (en diálogo con Dios) en el camino de la antigua humanidad de Adán, que estaba condenada a la violencia.

Jesús empieza a realizar una manera distinta de vida humana, pero no sobre el vacío previo sino en el mismo centro de un camino dominado por la angustia de la muerte y por la lucha más violenta entre los hombres. No habita en un espacio inmunizado; no se guarda de las fuerzas de lo malo cerrándose en un tipo de refugio, desligado, aislado del entorno. Jesús ha decidido suscitar su humanidad (su reino) desde el fondo de este mundo do­ minado por lo malo. La entrega de Jesús se puede precisar por eso en dos rasgos.

 (1) El primero es más bien un presupuesto: Jesús toma  una forma de existencia humana que ya existía; por eso empieza a vivir como los otros, en el modo y forma limitada de los hijos de Adán sobre la tierra.

(2) El segundo aparece destacado de manera más expresa:  Jesús no es hombre en general; se hace humano en condición de «siervo», vaciándose, humillándose, entregando su vida hasta la muerte. Sobre un mundo en que los hombres quieren imponerse por la fuerza, Jesús vive como siervo, es decir, como un esclavo al que maltratan y condenan a la muerte infame de la cruz.

 Vistos de esa forma, el vaciarse (ekenosen; 2, 7) y humillarse (etapeinosen; 2, 8) no presentan dos momentos sucesivos, como serían encarnación y muerte. Ambos aluden al mismo gesto de la entrega de Jesús que, en vez de haber optado por una humanidad dominadora, como la de Adán (comer del árbol) y la de Satán en Mt 4 y Lc 4 (vencer por dinero, tomar el poder, hacerse un ídolo para ser adorado) ha realizado su vida como ofrenda humilde y pobre en amor por los demás, hasta la muerte, asumiendo la suerte de los derrotados de la historia humana.

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14 de septiembre – Exaltación de la Santa Cruz

domingo, 14 de septiembre de 2025
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“Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.”
(Jn 3,14-15).

Las pocas líneas del evangelio de hoy están llenas de un fuerte contenido teológico: se nos habla del Hijo del hombre levantado, del Hijo único de Dios enviado a salvar el mundo, de creer, de la vida eterna, de subir y bajar del cielo… Todo esto para comprender la cruz.

El recorrido que va desde la muerte por crucifixión de Jesús de Nazaret hasta celebrar hoy una fiesta llamada “exaltación de la Santa Cruz” es un largo camino de reflexión, experiencia e interpretación de los cristianos, sobre todo los primeros seguidores de Jesús.

El evangelio de hoy refleja la interpretación de la cruz que hicieron las comunidades joánicas. Según este texto, Jesús es el único que ha bajado del cielo al mundo enviado por Dios Padre, y ha vuelto a subir al cielo por un camino muy peculiar: por la cruz, que lo levanta de nuevo hacia el cielo, hacia el Padre.

El sentido de la cruz se entiende por la alusión a Moisés. El libro de los Números cuenta que Dios envió serpientes venenosas al pueblo de Israel como castigo por haber hablado contra él mismo y contra Moisés. Luego pidió a Moisés que hiciera una imagen de la serpiente y la colocara en alto. Quien era picado la miraba y así salvaba la vida.

El evangelio de Juan, por lo tanto, nos dice que mirar a Jesús crucificado es acoger la salvación que nos regala Dios. En otras palabras: creer que Jesús es el Hijo de Dios y que ha sido enviado para nuestro bien plenifica nuestra vida. Nos libera de nuestras desconfianzas, miedos y murmuraciones contra Dios y contra las demás.

Mirar a Jesús en la cruz es ver a Dios en el último lugar, el que nuestra existencia cristiana está llamada a atender y cuidar. Incluso a aceptar y hasta a buscar (para nosotras mismas, no para colocar en él a las demás, que es muy diferente). Es el lugar de quienes no son defendidas ni escuchadas, de quienes ven como el resto mira hacia otro lado, quienes acaban abandonadas porque nunca han dejado de buscar la coherencia.

Este lugar es el que elige Jesús para desde él llevarnos a la vida plena, porque es el lugar donde más se puede amar.

Oración

Jesús, ayúdanos a despojarnos como tú, a dejar pasar a las demás, a no aplastar con nuestro afán por ser atendidas. Llévanos al lugar donde se puede amar sin condiciones. Amén.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Cruz y Trinidad

domingo, 14 de septiembre de 2025
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Trinidad del retablo de la Cartuja de Miraflores (Burgos)

El diálogo de Jesús con Nicodemo (Jn 3,13-17) constituye una enseñanza cíclica que va adentrando al lector hacia un núcleo: creer en el Hijo del Hombre. Jesús le propone a Nicodemo ver el reino de Dios. Capta su atención (y la nuestra como lectores) al invitarlo a “nacer de nuevo”. La pregunta de Nicodemo “¿puede un hombre entrar en el seno materno de nuevo?” ha sido causa de muchas interpretaciones: desde la pregunta por la reencarnación hasta diferentes formas de continuidad de la vida. Jesús hace referencia a un nacer del agua y del Espíritu. Y abre con ello una serie de polaridades (humano/espíritu o lo alto y lo terreno, cielo y tierra…) que cuestionan acerca de cómo vincular estos polos aparentemente inconexos. ¿Cómo ser humano y vivir del Espíritu? ¿Cómo vivir en la tierra siendo ciudadanos del cielo? ¿Cómo entrar en el reino?…   Además se habla en términos temporales y espaciales: el que nace del Espíritu no sabe de dónde viene ni a donde va” (v.8). El texto plantea muchas preguntas a un maestro fariseo importante entre los judíos y así va generando cada vez más inquietud.

Las polaridades encontraran una posible relación en los versículos siguientes: Jesús es quien bajó del cielo y puede subir al cielo porque ha venido de allí (v.13). Dios amó al mundo y le dio a su hijo (v.16). Este subir y bajar, este envío, tiene una clara misión que podríamos llamar de integrar a los que creen en este vínculo, en esta distancia entre lo alto y lo terreno, entre el cielo y la tierra. Los creyentes han de dejarse guiar por el Espíritu para ser introducidos en esta relación entre el amor de Dios y la salvación del Hijo.

Desde este texto, la fiesta de la exaltación de la cruz que hoy celebramos solo puede comprenderse como una fiesta de la Trinidad que introduce a quienes creen en sus vínculos recíprocos. Mirar la cruz es mirar la salvación de una manera nueva: trayendo al centro la humanidad que asume y acepta todo lo que la vida le presenta, con sus dolores, rechazos y muerte. Podemos decir que entrar en el reino tiene que ver con nacer y obrar según el Espíritu, percibir la sabiduría del presente y creer en el Hijo del hombre. Mirar la cruz es contemplar a la Trinidad que introduce a su creación en sus vínculos de amor.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Exaltación de la Santa Cruz. Nicodemo significa: victoria del pueblo. Cristo ha vencido el pecado, la ley y la muerte

domingo, 14 de septiembre de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

08.09.2025

01.- Tres celebraciones de la cruz de Xto

A lo largo del año celebramos tres fiestas de la cruz del Señor:

  1. La fiesta más importante es el Viernes Santo: la pasión y muerte en cruz de JesuCristo.
  2. El 3 de mayo recordamos el día en que Santa Elena encontró en Jerusalén la cruz en la que fue crucificado el Señor Jesús en el 326 d.C.
  3. Hoy, 14 de septiembre, celebramos la exaltación de la santa cruz en la que evocamos la consagración de la basílica del santo sepulcro en Jerusalén. Los ortodoxos denominan a la misma basílica como de la “resurrección” (Anastasis).

02.- Nadie ha subido al cielo, (vv 13).

Nadie humano –excepto JesuCristo- garantiza la salvación. La justificación y el cielo vienen a nosotros. Nosotros no conquistamos el cielo, ni la felicidad. Es Dios quien se acerca a nosotros y nos salva.

Dios se acerca nosotros por JesuCristo y nos salva

La salvación es un don, una gracia, no una conquista humana.

Agradezcamos, que eso significa vivir en gracia, agradezcamos a Dios que nos salva.

03.- La serpiente.

Se trata de un lenguaje mitológico pero significativo: quien elevaba la mirada a la serpiente de Moisés, quedaba curado.

Si Adán y Eva (el ser humano) ante la serpiente del Paraíso hubieran elevado la mirada a Dios en vez de esconderse de Él, la historia de la humanidad habría sido otra.

Pero somos humanos y nuestra libertad es frágil. Pero Dios nos abandonará nunca porque quiere que nos salvemos.

04.- Cuando sea elevado sabréis que yo soy…

El evangelio de San Juan nos habla tres veces de que JesuCristo será elevado. Se trata de la cruz, (Jn 3,14: 8,28; 12,32). Y cuando sea elevado sabréis que Yo soy.

Sabemos, creemos, que el Yo soy de San Juan tiene una gran densidad cristiana (cristológica): Yo soy el agua, Yo soy el pan de vida, Yo soy la luz, Yo soy el buen pastor, Yo soy el camino, Yo soy la resurrección

Este Yo soy es la definición de Dios ya en el AT: Yo soy el que soy le dice Dios a Moisés (Ex 3,14).

S Juan aplica este Yo soy a Jesús. Jesús es Dios.

Mirarán al que traspasaron (Zac 12,10 / Jn 19,37).

Mirar al crucificado es nuestra salvación. Mirar a JesuCristo en la cruz infunde una gran paz y serenidad.

Cuando ´Jesús sea elevado sabréis que Yo soy. En la cruz, -sobre todo en la cruz-, sabremos que Cristo es nuestro salvador.

Por Él estamos justificados.

Sus heridas nos han curado (1Ped 2,24; Is 53, 4-5).

05.- Judas: de la luz a la noche – Nicodemo: de la noche a la luz

Judas y Nicodemo son dos personajes antitéticos.

Judas, que estaba en o con la luz (JesuCristo), sale del cenáculo a las tinieblas, era de noche…

Nicodemo se acerca de noche a la luz y termina siendo discípulo de Jesús.

En el evangelio de Juan aparece seis veces la idea, la realidad de la noche (Jn 3,2; 9,4; 11,10; 13,30; 19,30; 21,3). La noche es la ausencia de Cristo, la ausencia de luz.

Nicodemo significa victoria del pueblo (nike: victoria / demos: pueblo), la victoria de la luz. Cuando en la noche de la vida personal, social, eclesial nos acercamos al crucificado, se hace la luz en nuestra existencia. Nicodemo sale de las tinieblas y llega a la luz.

(Podríamos preguntarnos si estamos en la luz o en la noche, si estamos más en Judas o en Nicodemo).

06.- La cruz es salvación

En el evangelio de S Juan la elevación en la cruz es la glorificación del Señor; por eso Jesús dice: «y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32-33). El Dios de nuestra salvación es un Dios que nos ama hasta el final. Es un Dios que nos quiere y nos salva por medio de JesuCristo

Miremos al que traspasaron

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“Transformar las cruces de nuestra historia presente”, por Consuelo Vélez

domingo, 14 de septiembre de 2025
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De su blog Fe y Vida:

Domingo XXIV de TO 14-09-2025 Exaltación de la Santa Cruz

El valor de la cruz no es por ella misma sino por el amor que surge de ella

Juan opone el mundo a Dios, pero no para desvalorizar lo humano sino como signo del pecado, del anti reino, del separase de Dios

La cruz es fruto de la fidelidad de Jesús a su misión

La cruz de Cristo nos ha dado la vida y nos invita a ser portadores de esta vida que él nos regala, trabajando por transformar todas las cruces de nuestro presente

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

+ «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él»

(Jn 3, 13-17).

Hoy celebramos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, recordando el significado que tiene la cruz para la vida cristiana. Como decía Pablo “nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los griegos” (1 Cor 1, 23). Es decir, el misterio de la cruz marcó la historia de Jesús, pero no debemos olvidar que esta es inseparable de su resurrección, porque “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1 Cor 15, 14). Por lo tanto, el valor de la cruz no es por ella misma sino por el amor que surge de ella.

Esto es lo que el evangelio de Juan que hoy consideramos nos muestra. Recordemos que este evangelio es más teológico que los sinópticos, de ahí que su lenguaje sea más conceptual. Juan opone el mundo a Dios, pero no para desvalorizar lo humano sino como signo del pecado, del anti reino, del separase de Dios. Precisamente a ese mundo, Dios le ofrece su Hijo, se lo entrega para que los que no creen, lleguen a creer. La oposición no es entre lo material y lo espiritual sino entre los que tienen fe y los que no la tienen. Dios espera, con su amor ilimitado, llegar a todos aquellos que no creen para darles la vida eterna.

Es muy importante comprender que la cruz es fruto de la fidelidad de Jesús a su misión y, por eso, él sigue anunciando el amor a los últimos, la misericordia con todos, la urgencia de transformar la realidad, comenzando con los más pobres, aunque eso le lleve al conflicto, la persecución y la muerte. Ante ese hecho, Jesús prefiere entregar su vida a renunciar a la coherencia con lo predica. Y, es en esto, en lo que el amor de Dios se manifiesta en plenitud.

El texto de hoy es la conclusión del diálogo de Jesús con Nicodemo donde este le ha preguntado cómo es posible nacer de nuevo y la respuesta de Jesús va por la línea de nacer no de la carne sino del espíritu. Jesús finaliza este diálogo retomando el texto donde Moisés levante la serpiente en el desierto, diciéndole que así será levantado el Hijo del Hombre para que todos tengan vida eterna. En efecto, la cruz de Cristo nos ha dado la vida y nos invita a ser portadores de esta vida que él nos regala, trabajando por transformar todas las cruces de nuestro presente.

(Foto tomada de: https://sopenabilbao.org/tiempo-de-cruces/)

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“El don del Hijo elevado”, por Joseba Kamiruaga Mieza.

domingo, 14 de septiembre de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

El Evangelio pide la purificación de la mirada y el redescubrimiento de la verdad, creyendo en el gran amor con que Dios ha amado al mundo y en el don de su Hijo para la salvación y no para la condenación del mundo mismo. Pero para creer esto es necesario percibir de manera muy personal que somos destinatarios de ese amor.

Ese «mundo» que Dios amó tanto como para dar a su Hijo único, debe entenderse ciertamente como la humanidad entera, pero en él cada uno de nosotros debe saber verse a sí mismo. Y debe poner su nombre en ese mundo: aunque llegara al mundo entero, si ese amor no me alcanza a mí, queda reducido a la impotencia y no me cambia ni me convierte.

Por lo tanto, es necesario saber verse a uno mismo, pero insertado en un «mundo», en la humanidad que es destinataria del amor de Dios, y verse a uno mismo en relación con Dios mismo y con su amor. Por lo tanto, ya no verse a uno mismo como el centro del mundo, sino en el mundo. Y bajo la mirada del Señor.

El pasaje evangélico de la liturgia de hoy se inserta en el discurso de Jesús con Nicodemo, diálogo en el que Jesús desconcierta a Nicodemo diciéndole que es necesario un renacimiento desde lo alto, es decir, desde el Espíritu Santo derramado desde lo alto. La reacción asombrada de Nicodemo – «¿Cómo puede suceder esto?» – encuentra en Jesús una respuesta que nos desconcierta: «Si no creéis cuando os hablo de cosas terrenas, ¿cómo creeréis cuando os hable de cosas celestiales?» (Jn 3,12).

Según el contexto, las «cosas terrenas» consisten precisamente en la dinámica del renacimiento espiritual que debe tener lugar en la vida, aquí en la tierra, en la humanidad de la persona que, gracias a la fe, se abre a la acción del Espíritu Santo.

Mientras que las cosas celestiales son la paradoja de una elevación que coincide con una condena a muerte y de un suplicio, la crucifixión, que es exaltación, glorificación. Esta incredulidad – «¿cómo creeréis si os hablo de cosas del cielo?» – parece hacerse eco de las palabras del profeta en Isaías 53,1: «¿Quién creerá en nuestro anuncio?», que siguen al anuncio de que «el siervo del Señor será exaltado» (Is 52,13).

En el corazón de la fe cristiana hay algo increíble. Y lo increíble se especifica inmediatamente después: la elevación del Hijo del hombre es el acontecimiento que realiza plenamente y cumple el don que el Padre ha hecho a la humanidad: el don del Hijo.

La elevación, en verdad, es también el abajamiento; la subida, la anabasis, es también la katabasis, el descenso, la kenosis. En el cristianismo se produce una remodelación de la verticalidad.

El pasaje evangélico habla del paradójico nacimiento desde lo alto como verdadera iniciación a la vida cristiana (cf. Jn 3,3), y el traductor latino utiliza a veces altum o altitud para traducir el griego báthos, profundo/profundidad.

La cruz como elevación significa que se asciende hacia el punto más bajo de la sociedad y de la religiosidad de la época: la muerte en la cruz es la muerte infame y vergonzosa de los malditos por Dios y de los bandidos de la sociedad.

Pero, sobre todo, detrás del simbolismo de subir y bajar («nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo»: Jn 3,13) está el acontecimiento del don que expresa el amor de Dios. Un amor que, como tal, no pretende en absoluto condenar, sino solo salvar, dar sentido y plenitud. Un amor gratuito, incondicional, pero que puede difundirse y manifestar sus energías en quienes le dan espacio acogiéndolo en sí mismos a través de la fe.

«Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único». Jesús, como don de Dios, es sacramento y narración del amor de Dios y, en el itinerario de Dios al hombre, el amor del Padre (el Dador) se convierte en amor del Hijo (el Don que se entrega a sí mismo) y se convierte en amor en el hombre (el donatario).

El don que es Jesús es asimétrico, no busca reciprocidad: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo» (Jn 15,9); «Como yo os he amado, así os amad también vosotros unos a otros» (Jn 13,34).

El movimiento de la donación divina no se convierte en un círculo vicioso y cerrado en la bipolaridad infernal «yo-tú, tú-yo», siempre expuesta al riesgo de la violencia y la opresión, sino que permanece abierto a un tercero, cuya subjetividad tiende a hacer florecer y a servir a la vida. Este don se descentra con respecto al Donante y se resuelve en la vida del donatario. El amor que narra este don no es totalitario ni obligatorio, no exige gratitud, sino que respeta la libertad y la vida del hombre.

La salvación, no la condenación, es el fin del envío del Hijo por parte del Padre (cf. Jn 3,17). Esta es la intención paterna de Dios, el sentido de su amor que se expresa en el don del Hijo.

Y este actuar divino es normativo para la Iglesia. Ella también es enviada entre los hombres, no para juzgarlos, mucho menos para condenarlos, sino para ser signo de salvación y para anunciarles lo único salvífico y necesario: la misericordia de Dios. Ante personas que a menudo sienten la vida como una condena, la Iglesia tiene la tarea de anunciar la misericordia divina, de realizar una obra de liberación, de dar sentido, esperanza y vida.

Juan subraya que el don del Hijo tiene como fin dar vida, no muerte, a los hombres (cf. Jn 3,16). Jesús, como don para la vida de los hombres, vivió toda su existencia entregando su vida, y así generó vida, transmitió y suscitó vida. Y toda su vida terrenal fue este don que él renovó continuamente a los hombres para su vida. Y esto culminó en la muerte en la cruz, que Juan llama «exaltación» (3,14).

Como Moisés, obedeciendo el mandato misericordioso de Dios, levantó la serpiente en el desierto para que quien la mirara encontrara la vida y la curación, así la elevación del Hijo del hombre es el cumplimiento de la misericordia divina para la salvación de los creyentes (cf. 3,14-15; Nm 21,4-9). Si en la serpiente levantada el creyente era llevado a reconocer su propio pecado mirando a la cara al simulacro de quien lo había castigado con sus mordiscos, en Jesús levantado el creyente ve la misericordia de Dios que manifiesta un amor unilateral y universalmente salvífico.

Sin embargo, su existencia dedicada a los demás, su vida entregada, no evitó el rechazo que se le opuso. Si la salvación está destinada a todos, solo algunos acceden a la fe y al conocimiento del don de Dios en Jesús. Es decir, ese don puede ser desconocido y rechazado. Pero este rechazo no suprime la cualidad de don que es Jesús, y confirma que está al servicio de la libertad del donatario.

Aquí se revela que el don de Dios —gratuito pero no neutro— se convierte en una llamada a la fe. No es casualidad que la primera mención del amor de Dios en el cuarto evangelio (3,16) vaya acompañada de cinco referencias a la fe (o a la falta de fe) del hombre (3,15.16.18).

Y la distinción entre adhesión y no adhesión se convierte en discernimiento entre la luz y las tinieblas, entre las obras hechas «en Dios» (3,21) y las obras malignas (3,19: hechas en el Maligno). Esta distinción no se sitúa en el plano moral, sino que designa una toma de posición frente al enviado de Dios.

Entonces se comprende que la única obra esencial según el cuarto evangelio es la fe. El debate entre la fe y las obras es resuelto así por Juan: «Esta es la obra de Dios: creer en el que él ha enviado» (Jn 6,29). En este acto de fe está también la curación de nuestra mirada, nuestro paso de la ceguera a la luz.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 14 de septiembre de 2025.

1.- La escuela de la cruz.

2.- La cruz, punto de unión entre Dios y el mundo.

3.- La cruz, el amor que baja el cielo.

4.- La cruz: la epifanía de un amor más grande y hasta el extremo.

5.- El don del Hijo elevado.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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María, pequeña María…

lunes, 8 de septiembre de 2025
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En la Festividad de la Natividad de María.

La fiesta del nacimiento de María se remonta al siglo V, momento en el que se edificó una iglesia en Jerusalén, en el lugar donde los apócrifos imaginaban que había estado la casa de Joaquín y Ana, padres de la madre de Jesús.

Las razones de la elección del día 8 de septiembre no nos son conocidas (la fijación de la solemnidad de la Inmaculada Concepción nueve meses antes, en el calendario litúrgico, es tardía).

La Iglesia oriental solemniza la natividad de María como inicio del ańo litúrgico; las primeras celebraciones en Occidente (a partir de Roma) aparecen en el siglo VII

“Cualquiera que sean nuestros estados de vida y de responsabilidades, estamos totalmente envueltos en la maternidad dulce de María, que cumple para nosotros los mismos hechos que toda madre prodiga a sus hijos: ama, vela, protege, intercede…

Como la pequeña Teresa de Lisieux, ama siempre más a María, y, siempre más también,  has de saber hacerla amar.

Qué, por ella, traigas a tus hermanos a Cristo Jesús.”

*

Juan XXIII

del blog de la Communion Béthanie:

***

MADRE DEL MUNDO NUEVO

Estamos otra vez en el Principio.
Dios quiere hablar y el aire se acrisola.
Como un niño, en la sangre, nace el mundo;
y del caos emerge la Esperanza, con sus flores salvadas de la muerte.
(Este ramo de olivo que crece en tus pisadas, paloma de Sus Ojos,
tendrá toda la Tierra penitente para echar las raíces…).

Aún no mugía el mar, ni tendía sus lonas el cielo por los montes,
y tú jugabas ya -la consentida- en la plaza infinita de Sus Manos:
primera siempre al mimo de Su Gozo…
Si estamos otra vez en el Principio, tendrás que amanecer: el Mundo Nuevo
necesita la puerta de tu seno para llegar incólume,
(Belén se apuesta siempre detrás de tus espaldas).

Mientras los hombres buscan sus tesoros piratas -¡los bajeles perdidos de sus rutas sin norte!-,
un día, inesperado, tú surges de las simas del Paranagua, viva,
como un tesoro tierno a la memoria,
antigua de ternura y de favores, coronada de espuma de sorpresas,
con el Niño en los brazos, ofrecido…
La Tierra está en mantillas, dormida en tu regazo.

La Europa verdadera, como un cruzado loco que vuelve escarmentado
de tantas aventuras,
espera tu venida junto a Chartres y en la umbría sagrada de Einsiedeln.
Los almendros latinos aún tienen primavera para acoger tus plantas.
Todavía hay pastores y un buey manso en la cumbre.
¡Todo el cuerpo de Europa se ha hecho gruta, en la herida,
para enmascarar la luz de tu presencia!

América sacude sus pañales, con un grito rebelde, contra el mar transitado,
pero en su boca niña balbucea, cantando, tu nombre, Guadalupe,
y late la manigua como un puerto que siente tu llegada:
-¡Vendrá Santa María, libre de carabelas!
Como una diosa estéril y fecunda, empapada en la lluvia de la Espera,
como una cruz cansada de martirio,
Asia cruje, sangrando por sus lotos…
¡Pero el bambú ya ensaya cañas de profecía detrás de las Comunas;
la Luna sabia sigue tus pies para calzarte,
y en la liturgia hindú llama a tu Hijo el arpa de Tagore y de los parias!

Mientras llegan los sueños en cayuco inestable,
y acosada por todos los pájaros secretos que hierven en la selva con la noche,
Africa arrulla, alborotadamente, sus veinte cunas nuevas.
Se quiebran sus tambores en parches de alegría
y las lanzas preguntan por la aurora:
¡porque el mar no termina en la mirada!
Y danzan sus miningas, con las anillas rotas,
enarbolando el sol entre las risas,
¡porque hay una Mujer sobre las chozas, detrás de las estrellas,
con el sol en los hombros, como un clote!
Con los sueños que llegan en cayuco inestable, arriba el Evangelio mecido por tus manos;
llegan tus manos fieles, con la Paz en la proa.

Neófitas de sal y de promesas, las Islas balbucientes acuden al marfil de tu garganta,
con un abrazo tenso de siglos de impaciencia, seguras del Encuentro.

¡Todos los meridianos se enhebran en la rosa de tu Nombre…!

Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras.
¡Que callen los profetas fatídicos! Cabemos
todos juntos, hermanos, en la mesa que el Padre ha abastecido.
¡Que calle todo miedo, para siempre!

Los átomos dispersos se engarzarán, sumisos, en tu manto;
y el cielo, descubierto en mil caminos,
se hará pista a tus viajes de ¡da y vuelta -de Dios hasta los hombres-,
¡nostalgia nuestra, Asunta!

…Dios llega al aeropuerto de la Historia;
a tiempo en todo Tiempo, el heredado pulso de tu sangre.

Los sellos del Concilio acuñan tu figura sobre la piel lavada de la Iglesia,
y llega una corona de voces alejadas, en pleamar dichosa,
al pie de tu Misterio…

Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:
¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!

*

Pedro Casaldáliga
“Llena de dios, y tan nuestra”. Antología mariana

***

Genealogía de Jesús, Mesías, Hijo de David, Hijo de Abrahán:

Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara; Farés engendró a Esrón; Esrón engendró a Aran; Aran engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón. Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé; Jesé engendró al rey David. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón.

Salomón engendró a Roboán; Roboán engendró a Abías; Abías engendró a Asá; Asá engendró a Josafat; Josafat engendró a Jorán; Jorán engendró a Ozías; Ozías engendró a Joatán; Joatán engendró a Acaz; Acaz engendró a Ezequías; Ezequías engendró a Manases; Manases engendró a Amón; Amón engendró a Josías. Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la cautividad de Babilonia.

Después de la cautividad de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel; Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliaquín; Eliaquín engendró a Azor; Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Ajín; Ajín engendró a Eliud; Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matan; Matan engendró a Jacob. Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Mesías.

De modo que hubo catorce generaciones desde Abraham hasta David, catorce desde David hasta la deportación de los israelitas a Babilonia y otras catorce desde la deportación a Babilonia hasta el nacimiento del Mesías.

El nacimiento de Jesús, el Mesías, fue así: su madre, María, estaba prometida a José y, antes de vivir juntos, resultó que había concebido por la acción del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió separarse de ella en secreto. Después de tomar esta decisión, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

José, hijo de David, no tengas reparo en recibir a María como esposa tuya, pues el hijo que espera viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había anunciado el Señor por el profeta: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel». (que significa: Dios con nosotros).

Cuando José despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y tomó a María por esposa.  Pero no hicieron vida conyugal hasta que ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.

*

Mateo 1,1-16.18-23

***

En estos momentos difíciles para el mundo, estas breves palabras de Monseñor Yves Ramousse, Vicario Apostólico de Phnom Penh, Camboya, (2001-2021) nos acompañan durante este verano:

«Mantengamos la esperanza. En algún lugar del mundo, siempre hay un loto floreciendo, un niño sonriendo, un corazón floreciendo… En algún lugar, siempre hay dos manos alzadas en oración, dos brazos abiertos para recibir… Todavía hay caminos hacia la paz y la reconciliación. Siempre hay una oportunidad para la amistad y el compartir. En esta cadena invisible que nos une a través de océanos y costas, cada uno de nosotros es un eslabón precioso… Cada uno de nosotros es, a su vez: el que da y el que recibe, el que consuela y el que se salva

***

***

Oración

A ti nos dirigimos, bienaventurada Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra. ¿Podemos, con el corazón estremecido, ocuparnos del problema más grande, de vida o muerte, que pesa sobre la humanidad entera, sin encomendarnos a tu intercesión para que nos preserves?

Esta es tu obra, María. A ti nos encomendó Jesús bendito en el momento extremo de su sacrificio cruento. Estamos seguros de tu intervención.

El 8 de septiembre la santa Iglesia celebraba el aniversario de tu gozoso nacimiento, saludándolo como el comienzo de la salvación del mundo, y celeste augurio de incremento de paz.

Sí, esto es lo que te pedimos, madre nuestra dulcísima y reina del mundo. Lo que este necesita no son guerras victoriosas o pueblos de trotados, sino salud renovada y más robusta, paz fecunda y serena; esto necesita y esto pide a grandes voces: “salutis exordium et pacis incrementum. Amén. Amén.

*

“A María, reina del mundo”,

en Juan XXIII, 1964, p. 483

***

Pieta,
de Kim Ki-duk.

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La aurora es un momento fabuloso: el que precede inmediatamente al salir el sol. Antes sólo eran tentativas. Un leve palidecer el cielo por oriente, apenas visible en la noche. Sigue un clarear creciente, lentamente al comienzo, luego más rápidamente, siempre más rápidamente. Finalmente un instante en el que el surgir de la luz es tan victorioso y ardiente, el esplendor tan cegador a los ojos habituados a la noche, que nos podríamos creer ante el mismo sol: apenas un instante después, como una llamarada, su luz arde en el hilo del horizonte. Y finalmente el sol. Hasta ese momento, nos podíamos haber engañado, pues ya se transparentaba en lo que sólo era la aurora. Lo mismo la Inmaculada concepción. Primero, a lo largo de los siglos precedentes, se trataba del alba de Cristo, de los comienzos de su pureza y santidad, ya maravillosos considerando que se realizaban en la naturaleza humana, pero aún oscuros respecto a El. María es el culmen de la aurora, el surgir del día. Pero su luz ilumina a todos. La Inmaculada concepción distingue a María de los demás humanos sólo para unirla más a Cristo, que pertenece a todos (…).

Tras el decreto que estableció la venida de Cristo, se da esta larga preparación que ya la realiza inicialmente y que llena toda la historia antigua de la humanidad. Ahora bien, toda esta preparación lleva a María, porque ella (…) es portadora de Cristo. La preparación es inmensa: es la única obra de Dios mismo en este mundo; se compromete con todo su amor: haciendo confluir, en virtud de su gracia, todo lo que en nuestros esfuerzos humanos hay de verdaderamente bueno: se plasma una naturaleza humana que será la suya.

Llega un día en que todo está preparado. En la Virgen todo se reúne para pasar de ella al Hijo (…). María es la figura absoluta y total, y lo es para siempre, porque, siendo Madre de Dios, es la que une el Hombre-Dios con la humanidad.

*

É. Mersch,
La teología del Cuerpo místico,
I
, Tournai 1944, 219-221.

***

La misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye de ninguna manera la única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia.

Porque todo el influjo salvífico de la bienaventurada Virgen en favor de los hombres nace del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.

La bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la divina providencia,  fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor.

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación y lo mantuvo sin vacilación al pie de la cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación.

Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora.

La Iglesia no duda en atribuir a María ese oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador .

*

Del Concilio Vaticano II,
Lumen gentium, 60-62.

***.

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Tarde te amé…

jueves, 28 de agosto de 2025
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Recordamos hoy, en su fiesta, al converso Agustín de Hipona…

“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti”

San Agustín

“¡Tarde te amé,

hermosura tan antigua y tan nueva,

tarde te amé!

Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera,

Y por fuera te buscaba;

Y deforme como era,

Me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.

Me retenían lejos de ti aquellas cosas

Que, si no estuviesen en ti, no serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera:

Brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;

Exhalaste tu perfume y respiré,

Y suspiro por ti;

Gusté de ti, y siento hambre y sed;

Me tocaste y me abrasé en tu paz.”

*

San Agustín

***

Alessandro Preziosi como Agustín en el filme Sant Agostinho

No con conciencia dudosa, sino cierta, Señor, te amo yo. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables.

Sin embargo, tú te compadecerás más altamente de quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia con quien fueses misericordioso: de otro modo, el cielo y la tierra cantarían tus alabanzas a sordos.

Y ¿qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manas ni mieles, no miembros gratos a los amplexos de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto amplexo, cuando amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y amplexo del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo, y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios .

*

Confesiones X, 6,8.

 

***

Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354. Fue educado siguiendo los hábitos cristianos de su madre, Mónica, y, como se reveló enseguida como un ¡oven de prometedoras cualidades, fue encaminado a la carrera de retórica. Ya desde los tiempos de estudio en Cartago estuvo marcado por una incomodidad interior que le llevaría lejos. La primera respuesta a esta sed de totalidad fue una vida mundana tejida por varios vínculos, más o menos límpidos. Ahora bien, la inquietud es también sed y búsqueda de la verdad: se apasiona con la lectura del Ortensio de Cicerón, lee la Sagrada Escritura, pero no se entusiasma con ella y acaba por adherirse al racionalismo y al materialismo de la secta de los maniqueos. Tras haber enseñado en Tagaste y en Cartago, se traslada primero a Roma (383) y después a Milán (384). Aquí su viaje espiritual da un viraje decisivo: conoce y escucha al obispo Ambrosio, revisa sus posiciones sobre la Iglesia católica, vuelve a leer la Sagrada Escritura y, en medio de la lucha entre sus antiguos hábitos de vida y los nuevos impulsos interiores, al final se abre a la luz y a la riqueza de Cristo.

Fue bautizado el año 387 por Ambrosio. Decidido a volver a África, se establece en Tagaste y funda allí su primera comunidad monástica, siguiendo el modelo de la comunidad cristiana de Jerusalén. En el año 391 fue ordenado sacerdote por el obispo Valerio, a quien en el 395 le sucede en la guía de la diócesis de Hipona. Desde entonces se dedicó por completo a la vida de la Iglesia -ministerio de la Palabra, defensa de la fe-, aunque prosigue con la experiencia de vida común con un grupo de hermanos monjes, a los que traslada al episcopio. Escribió más de doscientos libros y casi un millar de documentos, entre sermones y cartas. Murió el 28 de agosto del año 430. Hasta tal punto fue hijo de la Iglesia que se convirtió en padre… y doctor.

En Agustín no vivió un solo hombre: vivió en él la criatura de carne y hueso, de nervios y sangre, con su desarrollo misterioso, múltiple; vivió el escritor, conjuntamente sumo escritor, sumo filósofo, sumo teólogo, y sobre cualquier otra cosa poeta sumo de los afectos y de las verdades; vivió el cristiano y el monje, el sacerdote y el obispo, el santo. Recibió de Dios todos los dones más altos: una juventud tempestuosa, la palabra creadora, el silencio inenarrable de la oración, la fuerza necesaria para gobernar su ánimo en la navegación ultraterrena y en el aura de lo divino. Experiencia de hijo y de padre, de pecador desbandado y de obispo muy rígido, de escolar y profesor y, por tanto, de maestro de su pueblo y de todo el Occidente; de mundano y de monje, de escritor y de filósofo, de polemista y de amigo, de pensador y de contradictor y orador.

En todos esos pasajes no perdáis nada de su riquísima y potentísima humanidad: todo lo llevó consigo y lo fundió en el ardor y en la luz única de su santidad doloroso y extática. Amó, y de su experiencia de amor surgirá un amor a Dios, tal vez el más elevado que jamás haya salido de corazón humano […].

Cuando moría Agustín en su ciudad asediada, no moría nada: nacía, para él, en los cielos amados sin paz y deseados sin tregua; nacía, para nosotros, en nuestra historia y en nuestra alma. Desde aquel día hay algo de agustiniano tanto en la historia de todos los hombres como en la historia de cada uno de ellos.

*

G. de Luca,
San Agustín. Escritos y traducciones ocasionales

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(l-ll) Predica el Evangelio con el ejemplo, y cuando te pregunten, háblales de Dios. (San Francisco de Asís) ¡Bienaventuranzas de los que caminan de tu mano!

miércoles, 27 de agosto de 2025
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Del blog de Alfonso J Olaz El Rincón del Peregrino:

05.08.2025 | Alfonso Olaz OFS

(I) Se anuncio de la mirada de Cristo
Peregrino de sus ojos, y verás en tus hermanos
los claroscuros en sus corazones.

Paso firme, tranquilo,
como el hermano de la confianza

Predicar sin nada, sin ambición, ni objetivos, ni metas, ni resultados.

Porque nada esperas, aprendiste a agradar a Dios.
Anunciando desde tu pobreza,
Dando gracias a Jesús por todo
que esto le agrada mucho.

Desde la confianza de ser, criatura muy amada,
Para que conozcan el rostro del Amado.

Predicar como vives; si no, no vivas para predicar el Evangelio que no tienes.

Primero ama
Ama a los hermanos
A los más próximos
A los de casa
A los que duelen cerca

Y así podrás amar a Cristo, el cercano
Porque sin los hermanos
No hay Cristo resucitado
sin el Cristo roto
que gime en el pobre
crucificado.

Porque Dios está cerca
pero no más que ellos.

Predica como si estuvieras con el mismo Jesús: Escuchando sin juzgar,
Mirando sin actuar, Consolando sin esperar ser consolado,
Amando sin esperar amor, Perdonando sin esperar perdón.

Porque es Él, el más pobre, el que perdona.
Ya que el que escucha sin juzgar, no será juzgado por su obrar,
Ni dejado de ser consolado, porque ha amado
Siendo su mirada sin fronteras, y así será perdonado con la desmesura de su Amor.

Porque ya lo has recibido todo,
Y así creerán en Dios, te tomarán por testigo,
imaginarán que lo viste con Tus propios ojos.

Del Evangelio a la vida,
de la vida al Evangelio.

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Bernardo de Claraval: Amo porque amo, amo por amar.

miércoles, 20 de agosto de 2025
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Celebramos hoy la fiesta de San Bernardo,  místico del camino  hacia la unión espiritual con Dios, cantor del amor esponsal… Traemos uno de los textos del Oficio de Lectura preparados para hoy… Excelente meditación.

Amo porque amo, amo por amar

El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la creatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.

El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?

Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la creatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.

Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la creatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.

*

De los Sermones de san Bernardo, abad, sobre el Cantar de los Cantares
(Sermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302)

***

San Bernardo de Claraval
Museo de Dijon – Dijon, Francia

Bernardo, primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña. Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su juventud, entró a los 20 años en el monasterio de Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a muchos jóvenes nobles.

Tras ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes, obispos y papas, refutó herejías, defendió los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.

***

 

El fin del hombre es el reconocimiento de la verdad, que es Dios, lo que implica el conocimiento de la relación del hombre con Dios, que es una relación de indigencia. Como el obstáculo es el orgullo, el remedio es la humildad; la condición es la gracia, el encuentro con Dios en Cristo. El resultado es la estima del hombre por su dignidad recuperada de imagen de Dios: mientras que la ignorancia de sí y el orgullo disminuyen el valor del hombre, la humildad, reconocimiento de la necesidad de Dios, pero también de la capacidad de Dios que hay en el hombre, revela a éste lo que él mismo es. De este modo, «sale» de él mismo y se eleva, crece, «se extiende» a nuevas dimensiones, las del amor a Dios y al prójimo. El ser humilde se vuelve manso, misericordioso. Así, la fe vivida y, por así decirlo, transformada en humildad, en caridad, hace, según los modos de hablar de nuestro tiempo, salir al «mí mismo» del «yo»: despierta al yo a la libertad del «mí mismo», le hace convertirse en persona en presencia de Dios, en comunión de solidaridad con todos.

En Bernardo está siempre presente este mensaje de gloria, condicionado por su mensaje de humildad, este realismo extremo en la consideración de la miseria del hombre, y esta confianza indefectible en la gloria que está ya en él y no espera más que manifestar sus efectos. La función de la expresión literaria será hacer ver un poco de esta luz oculta que percibe la mirada de la fe. En Bernardo, como también en otros grandes espirituales que fueron escritores, la intensidad de la experiencia explica el carácter ferviente, apasionado de la expresión y, por consiguiente, la parte de exageración que ésta pueda tener: tanto si evoca las profundidades de nuestra bajeza o la sublimidad de las visitas del Verbo, parece ir a veces demasiado lejos, rebasar los límites de lo razonable y, en todo caso, de lo normal y de lo habitual. A decir verdad, se limita simplemente a revelar, a propósito de él mismo, lo que puede ser el caso de todos.

Sus escritos manifiestan un pensamiento a la vez contemplativo y tan comprometido como es posible. Cada uno de ellos empezó siendo un acto bien preciso, pero en cada uno de ellos alcanza Bernardo lo universal. Cuanto más lúcido es un ser sobre sí mismo, más ilumina a los otros sobre ellos mismos.

*

J. Leclercq,
Bernardo de Claraval,
Edicep, Valencia 1991, pp. 212-213.

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San Bernardo de Claraval y San Malaquías: «el doctor melifluo» y el arzobispo a quien amaba

miércoles, 20 de agosto de 2025
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Cristo Abrazando a San Bernardo de Claraval

– obra de Francisco Ribalta

Amado corazón de mi corazón,
llévate hacia ti mis afectos,
esto es lo que más quiero.*

– Bernardo de Claraval –

Bernardo de Claraval, quien escribiera poesía homoerótica sobre Jesús, era un abad francés medieval que mantenía una amistad apasionada con una persona de su mismo sexo: el arzobispo irlandés Malaquías de Armagh. Bernardo es más conocido tanto por haber fundado 70 monasterios por toda Europa como por sus escritos místicos. Su fiesta es el 20 de agosto.

Su primer amor era Jesús, pero inundó a Malaquías con besos durante su vida. Después que Malaquías murió en sus brazos, se intercambiaron la ropa. Malaquías fue enterrado con el hábito de Bernardo. Bernardo se puso el hábito de Malaquías para dirigir el funeral y lo vistió hasta su muerte cinco años más tarde. Bernardo fue enterrado al lado de Malaquías, aún vistiendo el hábito de Malaquías. Malaquías (1094-1148) se convirtió en el primer santo nacido en Irlanda en ser canonizado.

Bernardo (1090-1153) fue consejero de cinco Papas y un reformador monástico que construyó la orden cisterciense de monjes y monjas. Se le conoce como el último de los Padres de la Iglesia. El más famoso dicho que se le atribuye es: «El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

Bernardo era un hombre de su tiempo, quien se dedicaba a las prácticas ascéticas rigurosas y que apoyaba las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana sobre el celibato. La gente de hoy podría decir que tenía una orientación «homosexual» al tiempo que se abstenía de tener contacto sexual. Los místicos y místicas medievales crearon formas alternativas de la sexualidad que desafían incluso las categorías actuales, pero que podrían ser englobadas bajo el término «queer». Estas personas místicas dirigían su sexualidad hacia Dios y experimentaban el amor de Dios a través de la amistad apasionada con otro ser humano.

Fue mentor de Aelredo de Rievaulx, el santo patrón de la amistad y también, según algunos, gay. Aelred viajaba de Inglaterra a Francia todos los años para visitar Claraval, donde Bernardo era abad. Según se informa, escribió su libro “The Mirror of Charity” («El espejo de la caridad») a petición de Bernardo.

Tanto monasterios como conventos proporcionaban una estructura social fuera del matrimonio, que atraía a muchas personas que hoy en día se definirían como LGBTI o queer. Los monjes y las monjas medievales que vivían en las comunidades del mismo sexo bajo un voto de celibato desarrollaron formas alternativas de vida y amor entre personas del mismo sexo.

El estricto ascetismo de Bernardo se equilibraba con dulces visiones eróticas, lo que le valió el título de Doctor Mellifluus (“El Doctor Melifluo”, ”boca de miel”). Bernardo optó por utilizar el Cantar de los Cantares, el libro más erótico de la Biblia, como vehículo importante para sus enseñanzas.Comenzó sus «Sermones sobre el Cantar de los Cantares» en 1135 y había completado 86 sermones cuando  murió casi 20 años más tarde, aunque la serie de sermones todavía no había sido terminada.

«Jesús, para mí, es la miel en la boca, la música en el oído, una canción en el corazón», escribió en su decimoquinto sermón sobre el Cantar de los Cantares.

Sus obras menos conocidas incluyen Vida de San Malaquías de Armagh, que es su idealizado tributo al hombre a quien amaba, y «Salve Mundi Salutare» (citado a continuación), un poema de amor a Jesús, cuyo homoerotismo original ha sido suprimido en muchas traducciones contemporáneas. Este poema se convirtió en la base para el popular himno inglésO Sacred Head, Now Wounded.”(«Oh cabeza sagrada, ahora herida.«)

Bernardo fue por desgracia asociado a la Segunda Cruzada, aunque habló en contra del maltrato de los cristianos hacia los judíos y apoyó a otra mística queer, Hildegard de Bingen,, en sus esfuerzos para lograr que sus visiones fueran publicadas.

Bernardo nació en una familia noble en en año 1090 en las afueras de Dijon, en la Borgoña francesa. Según la leyenda, su madre tuvo un sueño durante el embarazo en el cual un cachorro blanco ladraba en su vientre. Esto fue interpretado en el sentido de que daría a luz a un guardián de Dios. La imagen del perro blanco se convirtió en uno de los atributos de Bernardo, un símbolo utilizado en las imágenes del santo.

Malaquías de Armagh, izquierda, y Bernardo de Clairvaux
por Rowan Lewgalon

Bernardo y un perro blanco, ambos con ojos azules, aparecen juntos en este llamativo retrato contemporáneo creado por la pintora Rowan Lewgalon, quien es una artista espiritual que reside en Alemania donde ejerce el sacerdocio como clériga en la Iglesia Católica Apostólica Antigua.

Cuando Bernardo tenía 19 años, su madre murió y él decidió unirse a una pequeña comunidad religiosa de monjes que acababa de ser creada en la zona. Estos monjes fueron llamados «los cistercienses», y su objetivo era la reforma monástica como un retorno a las normas más austeras de San Benito. Al cabo de tres años Bernardo fue enviado a fundar un monasterio cercano en un lugar cuyo nombre pasó a formar parte de su propia identidad: Claraval (Clairvaux en francés).

Unos 25 años más tarde conoció a Bernardo Malaquías, cuyo nombre irlandés era Maelmhaedhoc O’Morgair. Malaquias era primado de toda Irlanda cuando visitó por primera vez el convento de Claraval alrededor del año 1139. Bernardo tenía cerca de 50 años de edad y Malaquías era cuatro años menor. Pronto ambos se convirtieron en devotos y apasionados amigos. Malaquías incluso le pidió al Papa permiso para convertirse en monje cisterciense, pero el Papa se negó a concederle este permiso.

Malaquías viajó para ver a Bernardo por segunda vez en en año 1142. Estaban tan cerca que Bernardo literalmente lo cubrió de besos en una escena que fue descripta así por el sacerdote ortodoxo Richard Cleaver en su libro Know My Name: A Gay Liberation Theology (Conoce mi nombre: Una Teología de la Liberación Gay) (1995): «el relato de Bernardo es una lectura profundamente romántica para una persona gay moderna; ‘Oscula rui‘  dice Bernardo del reencuentro: ‘corrí a besarlo

Su relación había durado casi una década cuando Malaquías se reunió con Bernardo por tercera y última vez. Malaquías cayó enfermo cuando llegó a Claraval en el año 1148 y murió en los brazos de Bernardo en el Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre. Cleaver una vez más nos cuenta los detalles basados en los relatos de Geoffrey, el secretario y compañero de viaje de Bernardo:

Geoffrey de Auxerre nos dice lo que pasó después. Bernardo se puso el hábito tomado del cuerpo de Malaquías ya que estaba siendo preparado para el entierro en Claraval, y lo usó para celebrar la misa de cuerpo presente. Eligió para cantar no una misa de réquiem sino la misa de un obispo confesor: una canonización personal y, de paso, un ejemplo del uso de la liturgia para hacer teología. El mismo Bernardo fue más tarde enterrado junto a Malaquías, en el hábito de Malaquías. Tanto para Bernardo como para nosotros hoy en día, este tipo de amor apasionado por otro ser humano era un canal indispensable para experimentar el amor De Dios”.

Después de la muerte de Malaquías, Bernardo vivió otros cinco años. Las esculturas y pinturas estaban prohíbidas en el monasterio Claraval durante su vida, sin embargo a finales del siglo XV el retablo en la abadía de Claraval exhibía una pintura del bautismo de Jesús y a Bernardo y Malaquías conjuntamente como testigos.

Bernardo murió el 20 de agosto de 1153 a los 63 años. Fue enterrado en la abadía de Claraval junto a Malaquías, vistiendo el hábito de Malaquías. Había vivido durante 40 años en comunidad con otros hombres cuyas relaciones amorosas los llevaron más cerca de Dios.

Bernardo y Malaquías en el retablo de Le Cellier

Bernardo y Malaquías reúnen a otros alrededor del trono de la Virgen y el niño en el Retablo de Le Cellier de 1509 de Jean Bellegambe. Bernard está a la izquierda mientras Malachy está a la derecha. Procede de una capilla de la abadía cisterciense de Clairvaux,

En el libro “Queerly Lutheran” de Megan Rohrer se ofrece una posdata intrigante: Después de la muerte de Bernardo, muchos franceses creyeron que si pasaban bajo el arco iris de San Bernardo, sufrirían una metamorfosis de género.

Una oración escrita por Geoffrey, el secretario de Bernardo muestra cómo la comunidad en Claraval entiende y celebra el amor entre Bernardo y Malaquías. Da las gracias a Dios por estas «dos estrellas de brillo tan sublime» y «tesoro doble

Como monje, Bernardo, naturalmente, dirigió gran parte de su energía erótica hacia Jesucristo.Esta actitud está muy bien expresada en su poema «Salve Salutare Mundi» (Salvador del mundo, te saludo). Escribió siete secciones, cada una dirigida a diferentes partes del cuerpo crucificado de Jesús: los pies, las rodillas, las manos, los laterales, el pecho, la cara y, finalmente, el corazón.

El poema se atribuye tradicionalmente a Bernardo de Claraval, aunque algunos eruditos modernos creen que pudo haber sido escrito por otro abad cisterciense, Arnulfo de Lovaina. También es conocido comoOratio rhythmica ad singula membra Christi un cruce pendentis” (oración rítmica a los sagrados miembros de Jesús colgado en la cruz), o  simplemente como Oratio Rhythmica.

El poema original, en todo su esplendor erótico, generalmente no se incluye en los libros que recogen los «escritos esenciales» de Bernardo. Sigue existiendo en algunas ediciones antiguas, las cuales son difíciles de encontrar. Las versiones y traducciones modernas están editadas de modo que eliminan gran parte del homoerotismo y, a veces incluso agregan referencias heterosexuales que están ausentes en el escrito original en latín. El original también está benditamente libre de términos eclesiales tales como «Señor«, y habla sólo del amor entre «tú»y «yo».

Como se ha dicho anteriormente, ese poema es la base de obras musicales muy importantes tales como el himno “O Sacred Head, Now Wounded” («O sagrada cabeza, ahora herida«) y el oratorio barroco “Membra Jesu Nostri”» (traducido generalmente como «Los miembros de nuestro Señor Jesús «), escrito por el compositor barroco danés Dieterich Buxtehude en 1680, más de 500 años después de la muerte de Bernardo. El ciclo de siete cantatas de Buxtehude se considera como el primer oratorio Luterano. Todo el oratorio se puede escuchar en el vídeo accesible en este enlace.

El clímax de este poema se expresa en el cuadro en la parte superior de este post: «Cristo Abrazando a San Bernardo» del pintor Francisco Ribalta. Este artista barroco español aparentemente pintó esta obra maestra en la Cartuja de Porta Coeli, en Valencia, España en torno al año 1625.

Las referencias a este poema y a numerosas pinturas de Bernardo con Cristo se incluyen en un capítulo completo dedicado a Bernardo en el libro de 2013 “Saintly Brides and Bridegrooms: The Mystic Marriage in Renaissance Art de Carolyn D. Muir, profesora de arte en la Universidad de Hong Kong. 

El sitio web para España del Museo Nacional del Prado en Madrid, donde actualmente se encuentra, dice: «La escena se basa en una de las visiones místicas del santo, extraído de uno de los libros religiosos más populares de la época barroca:  ‘Flos Sanctorum’ o ‘Libro de las Vidas de los Santos’ de Pedro de Ribadeneyra, el cual fuera publicado en 1599″.

Todo el poema contiene 74 versos de cinco líneas cada uno, los cuales son demasiados para reproducir aquí. Gran parte del homoerotismo está implícito en el hecho de que este poema de amor fue escrito por un hombre para otro hombre: de Bernardo a Jesús con amor. Sin embargo, es muy difícil de encontrar, por lo que una selección de los versos más eróticos y menos conocidos se reproducen aquí tanto en el original en Latín como su traducción al castellano, la cual fuera realizada por el Dr. Luis Ángel Sanchez exclusivamente para este blog. La traducción al inglés de Emily Mary Shapcote fue publicada en el libro de 1881 “La vida de San Buenaventura de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. La versión en línea de ese libro contiene el poema completo en su apéndice.


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 A las Manos
Ad Manus

IX.
Manos santas, os abrazo
y gimiendo me deleito;
dando lágrimas con besos
doy las gracias a tantas águilas,
clavos duros y santas gotas.

Manus sanctae vos amplector,
Et gemendo condelector,
Grates ago plangis tantis
Clavis duris, guttis sanctis,
Dans lacrymas cum osculis.

A los Costados
Ad Latus

VII.
Con mi boca te toco
y ardientemente me estrecho junto a ti;
ante ti arrojo mi corazón
y con ferviente pecho paso mi lengua sobre ti,
Llévame todo hacia ti.

Ore meo te contingo,
Et ardenter ad me stringo
In te meum cor intingo,
Et ferventi corde lingo,
Me totum in te traiice.

Al Pecho
Ad Pectus

VIII.
Tú eres el abismo de la sabiduría,
las armonías de los ángeles
a ti te alaban y de ti fluye
lo que Juan, recostado, succionó,
haz que yo habite dentro de ti.

Tu abyssus es sophiae
Angelorum harmoniae
Te collaudant, ex te fluxit
Quod Joannes Cubans suxit,
In te fac ut inhabitem.

Al Corazón
Ad Cor

VI.
Que por el centro de mi corazón
pecador y culpable
tu amor atraviese
hacia donde todo él se arrebata
languideciendo por la herida del amor.

Per medullam cordis mei,
Peccatoris atque rei,
Tuus amor transferatur,
Quo cor totum rapiatur,
Languens amoris vulnere.

VII.
Ensánchate, ábrete,
como una rosa que exhala su perfume milagrosamente,
únete a mi corazón
úngelo y perfóralo.
¿Qué puede sufrir quien te ama?

Dilatare, aperire,
Tanquam rosa fragrans mire,
Cordi meo te conjunge,
Unge illud et compunge,
Qui amat te quid patitur!

IX.
A viva voz te llamo,
dulce corazón, pues te amo
inclínate hacia mi corazón
para que él pueda acercarse
hacia ti con devoto pecho.

Viva cordis voce clamo,
Dulce cor, te namque amo;
Ad cor meum inclinare,
Ut se possit applicare,
Devoto tibi pectore.

XI.
Ábrete, rosa del corazón,
cuya fragancia se expande milagrosamente;
llama del deseo,
haz que mi corazón te anhele.

Rosa cordis aperire,
Cujus odor fragrat mire,
Te dignare dilitare,
Fac cor meum anhelare,
Flamma desiderii.

XIII.
Introduce tu corazón adentro de mi seno
Para que esté cerca de ti
en el dolor gozoso,
Porque apenas se cautiva a sí mismo
junto al [dolor] deforme y bello.

Infer tuum intra sinum
Cor, ut tibi sit vicinum,
In dolore gaudioso,
Cum deformi specioso,
Quod vix seipsum capiat.

 

___

*El epigrafe en la parte superior de esta entrada es una traducción también realizada por el Dr. Luis Ángel Sanchez del siguiente poema:

Cordis mei cor dilectum,
In te meum fer affectum,
Hoc est quod opto plurimum.

___
Enlaces relacionados:
 

San Bernardo de Claraval – Vida de San Malaquías de Armagh (texto completo)

«La oración rítmica a los Sagrados Miembros de Jesús colgado de la cruz«, de Bernardo de Claraval. Texto completo en latín y en Inglés. (Desplácese hacia abajo para encontrar en un apéndice «La vida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de San Buenaventura»)

Sermones sobre el Cantar de los Cantares de Bernardo de Claraval

La vida de San Malaquías por Bernardo de Claraval

Esta entrada es parte de la serie Santos GLBTI  por Kittredge Cherry en el blog Jesus in Love [Jesús enamorado]. Ese blog presenta en las fechas adecuadas durante todo el año tanto santas y santos como mártires, héroes, heroínas y personas consagradas de especial interés para las personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales (GLBTI) y sus aliadas y aliados.

Esta entrada es una traducción de «Saints Bernard of Clairvaux and Malachy: Honey-tongued abbot and the archbishop he loved» del blog Jesus in Love. Traducción de Hugo Córdova Quero. Los poemas de Bernardo de Claraval en esta entrada han sido traducidos por el Dr. Luis Ángel Sanchez, Profesor de Latín en las siguientes universidades de Argentina: Universidad de Buenos Aires (UBA), Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Agradecemos profundamente que un erudito como el Dr. Sanchez haya tenido la gentileza de realizar estas traducciones para nuestro blog. Las ideas vertidas en esta entrada pertenecen exclusivamente a su autora Kittredge Cherry.

Kittredge Cherry

Fundadora de  Q Spirit

Kittredge Cherry es una autora cristiana lesbiana que escribe regularmente sobre la espiritualidad LGBTQ. Tiene títulos en religión, periodismo e historia del arte. Fue ordenada por las Iglesias de la Comunidad Metropolitana y se desempeñó como su oficial ecuménica nacional, defendiendo los derechos LGBTQ en el Consejo Nacional de Iglesias. y Consejo Mundial de Iglesias.

Copyright © Kittredge Cherry. Todos los derechos reservados.

Qspirit.net presents the Jesus in Love Blog sobre espiritualidad LGBTQ.

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( l-ll) Que poco necesito y lo poco que necesito, lo necesito poco. ¡El Amor no es amado! S. Francisco de Asís (Francisco lo gritó… y sigue doliendo)

sábado, 16 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en ( l-ll) Que poco necesito y lo poco que necesito, lo necesito poco. ¡El Amor no es amado! S. Francisco de Asís (Francisco lo gritó… y sigue doliendo)

Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

29.07.2025 | Alfonso Olaz OFS

( l-ll) Que poco necesito y lo poco que necesito, lo necesito poco.

¡Que poco necesito para ser Feliz, Señor!

Saberme que estoy en tus manos
Que me haces TÚ pobre, para consolar a mis hermanos pobres
Que con nuestro egoismo asi los hemos hecho.

Cuan pobre barro soy
y con tu soplo de fuego
me das la vida, para ser tu criatura que abrase-
y anuncie con su ejemplo, la esperanza para todos, todos.

Desde tu infinito me has cuidado
y ahora con tu espiritu me has traído a tu tierra buena,
para hacer tu voluntad.
Y proclamar la buena nueva a mis hermanos pobres de tu tierra mojada.

Carezco de todo, que todo es tuyo, y nada merezco, porque soy muy poca cosa.

¡De que me preocupo Señor, Si nada me falta y todo contigo lo tengo!

Dejarse llevar en el soplo de tu espíritu es sencillo y difícil.
Y encajar todo en mi vida, para hacerla Tuya

Sencillo como las avecillas,
Humilde como el gusano
Fuerte como el hermano Sol
Luminoso como las hermanas estrellas.

Siendo tu río para saciar al que tiene sed
Esencia de tu mar para despejar todas las dudas del incredulo
Naturaleza de tu montaña para mostrarte a todos, que tu eres presencia viva

***

 (ll) ¡El Amor no es amado!
(Francisco lo gritó… y sigue doliendo)

¡Hermano, no tengas miedo de amar!
¡Ten miedo, sí… de no hacerlo!
De dejar pasar la vida como un tren vacío, sin ternura, sin rostro, sin compromiso.

Qué larga es la condena de una vida sin amor.
Qué dura la pena del que pasó por el mundo sin dejar huellas ni abrazos-

Pero qué corta —
¡y qué hermosa!— es la vida cuando se vive amando,
como la rosa que se abre sin ruido, como el ruiseñor que canta sin testigos.

¡Hermano, todavía estás a tiempo!
Aunque no hayas amado, aunque no hayas sabido, aunque no hayas podido.
Cree. Y ama.
Porque ya no amas solo. Ahora Él ama contigo.
Y tú con Él.

No tengas miedo.
El miedo no viene del Amor.
El miedo encierra.
El Amor, no.
El Amor libera.
Y el Amado se deja amar, con manos torpes, con corazón herido, con historia quebrada.-

Ahora ama y Confía.
Que amarás como Él sueña. Amando, amando mucho, sin medida, sin defensa.-

Para que el Amor, sea por fin amado. Y ya no olvidado.
Y para que el Amado —Cristo pobre y hermano—
ame también en ti a tu hermano, al caído, al último de todos.-

Porque ahí es donde Él vive. Y donde tú has de vivir.
Como vive el amor entre la rosa y el ruiseñor: silencioso, fiel, gratuito.

Del Evangelio a la vida… De la vida al Evangelio…

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Maximiliano María Kolbe, un corazón donado…

jueves, 14 de agosto de 2025
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Hoy recordamos, en su festividad, a este ejemplo de entrega sin límites…

Nació en Polonia en 1894. A los 13 años entró en los menores conventuales. Una vez terminados sus estudios filosóficos y teológicos en Roma, instituyó en ella la «Milicia de la Inmaculada», en 1917. Tras ser ordenado sacerdote en 1927, fundó en su patria la «Ciudad de la Inmaculada», centro de vida espiritual y de actividad editorial. Ejerció como misionero en Japón y volvió a Polonia en 1936, donde prosiguió su intensa obra de apostolado. Durante la Segunda Guerra Mundial fue deportado al campo de concentración de Auschwitz, donde murió al ofrecer su vida por la de un compañero de prisión, el 14 de agosto de 1941. Fue beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado con el título de mártir por Juan Pablo II en 1 982.

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En todos los continentes, o casi, es conocida y notoria la figura de san Maximiliano María Kolbe. Y quien ha recibido el don de acercarse a él, queda profundamente conquistado por el santo. Porque se quedará tan presente en su propia vida, que sentirá la necesidad de invocarlo, imitarlo y enamorarse de su poliédrica figura de hombre, sacerdote, religioso, apóstol y mártir.

«Sólo el amor crea», había repetido miles y miles de veces el padre Kolbe durante su vida. «Sólo el amor crea», cantaban las obras que iba ideando y concretando una tras otra, a fin de llevar la vida de la verdad a cada hombre con la imprenta; para llevar las ondas de la vida a cada casa por medio de la radio; para dar un signo de la vida eterna a través de las esculturas y las pinturas de los hermanos. Y en sus largos viajes no perdía la ocasión de acercarse al ateo, al masón, al judío, al incrédulo, al cristiano adormecido en su fe, para que el nuevo destello de la vida iluminara el camino que lleva a la salvación.

«Sólo el amor crea», ha ido repitiendo el papa «venido de lejos », cada vez que se detiene a hablar de este hombre: el hombre de nuestro tiempo, el hombre de la magna y profunda herencia.  La herencia espiritual de san Maximiliano María Kolbe no tiene límites. La consagración total a la Inmaculada con propósitos apostólicos, que él vivía y promovía, es y debe ser una verdadera espiritualidad. Indudablemente, es una herencia muy comprometedora, porque se trata de imitar a aquel que nos la ha dejado. A saber: se trata no de tener «algo» de él (posibles reliquias, algún autógrafo, su biografía, etc.), sino de poseer su espíritu, porque de los santos queda sobre todo lo que han hecho, actuando según la voluntad de Dios. Recoger su herencia significa permitir a Dios que obre en nosotros como obró en ellos. Como obró en san Maximiliano María Kolbe y en muchos de sus seguidores

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(L. Faccenda [ed.], «Un corazón donado. San Maximiliano María Kolbe», suplemento a Milizia Mariana 4 [1994] 11; 51ss; 75).

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El verdadero amor.

viernes, 18 de julio de 2025
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Del blog Pays de Zabulon:

Se siente tan bien ser mirado a los ojos por alguien que nos permite ser quienes podemos ser en ese momento. Alguien que nos acoge tal como somos. O tal como somos.

El amor verdadero llega a nuestras vidas el día que alguien, sin decir una palabra, nos mira a los ojos y nos dice que nos ama. Sin necesidad de decirlo. Sin necesidad de usar palabras. Sin necesidad de usar palabras, nos miran a los ojos y nos tranquilizan.

Porque las personas que nos aman de verdad nos dan la libertad de ser quienes somos. No exigen lo que no podemos. ¿Sabes por qué? Porque no les gustan las expectativas, pero sí aman la realidad. Quienes aman las expectativas corren el riesgo de no amar nunca a nadie.

Y para quienes descubren que el amor, esta hermandad, consiste en acoger a quienes tienen cualidades y defectos, ¡entonces se convierte en realidad! Soy amado no cuando solo presumo mis buenas cualidades; Me siento amado el día que alguien descubre mi mayor defecto, y aun así, me mira, sonríe y me dice: «¡TE QUIERO TANTO!«.

Escucha, si voy a entrar en tu vida, solo quiero hacerte sentir bien. Porque creo que estás harto de que te hagan daño.

Si voy a ser tu amigo, solo quiero ser una para ayudarte a mejorar. Si no, no me necesitas. Si no, no hago ninguna diferencia. Quiero estar en tu vida para ayudarte a mejorar. Si no, me arriesgo a quedar fuera de esta historia. Me arriesgo a ser completamente superflua. Ahora bien, si pudiera aportar algo diferente a tu historia, me gustaría estar ahí, si me lo permites.

Eso es, eso es lo que marca la diferencia: personas que siempre nos dan una segunda oportunidad. Porque ser amada cuando te lo mereces es fácil. Cuando todo lo haces bien, la otra persona te mira a los ojos y sonríe. Pero cuando todo lo haces mal, es cuando descubres si la otra persona te ama o no.

Porque en la vida, solo tienes derecho a decir «te amo» después de haber dicho «te perdono» innumerables veces. Sin perdón, nunca ha habido amor. Por eso, esas relaciones que terminan con el primer error, nunca te amaron. Si no pueden perdonar tu error. Si no pueden mirarte a los ojos y empezar de nuevo, entonces nunca te amaron.

Porque así es la vida, los seres humanos, llena de defectos. Llena de fracasos. Nadie es perfecto, y el amor se trata de encontrar esas imperfecciones, de descubrir que somos una pareja perfecta, por imperfectos que seamos. Juntos, combinamos nuestras fortalezas e imperfecciones.

Te doy mis cualidades, tú me das las tuyas, y así corregimos juntos nuestros defectos. Nos volvemos mejores.

Solo, a tu lado, no puedo ser ni la mitad de lo que soy.

Padre Fábio de Melo

(texto traducido del brasileño)

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Fábio de Melo es un sacerdote católico brasileño, miembro de la Congregación del Sagrado Corazón. Trabaja en la Diócesis de Taubaté (estado de São Paulo). Es conocido por sus numerosas actividades como predicador espiritual, presentador, presentador del programa «Dirección Espiritual», cantante (8 álbumes) y profesor de teología. Puedes seguirlo en Instagram o Youtube. Partidario del matrimonio igualitario durante varios años, recientemente fue cuestionado por una congresista que lo instó a revelar su homosexualidad (ver aquí) como figura pública con responsabilidad hacia quienes lo considerarían un «santo«.

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Fuente del texto y la imagen: Blog escritossobreaausencia.wordpress.com (16 de octubre de 2015), que transcribe una exhortación del Padre Fábio de Melo transmitida por YouTube en 2015.

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“ A vueltas con los conceptos de diferencia y fecundidad: una reflexión sobre la homosexualidad”, por Joseba Kamiruaga Meza CMF.

viernes, 18 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternatiba Cristiana):

El principal argumento que la doctrina de la Iglesia católica suele oponer al amor homosexual que también quiere expresarse en gestos corporales es la ausencia de diferencia de sexo, de la que se deriva, por otra parte, la ausencia de fecundidad procreativa; no es posible engendrar. La diferencia y la fecundidad son esenciales para el amor.

Aquí incluso podemos remontarnos a Dios mismo. El Dios que Jesús reveló es un Dios en el que hay diferentes personas y una comunión fecunda entre ellas. Todo amor que quiera estar en sintonía con este Dios no puede carecer de diferencia y fecundidad.

Ahora bien, la pregunta puede ser ésta: ¿es válida la idea de que entre dos personas del mismo sexo no existe diferencia sexual, no existe fecundidad, o podemos superarla de alguna manera? Mi hipótesis teológica iba precisamente en esta línea.

Yo considero que incluso la diferencia sexual también puede reconocerse entre personas del mismo sexo, sobre todo a nivel físico, que es el que parece más similar. La similitud física no excluye toda diferencia. Ya a nivel biológico, entre dos cuerpos masculinos o entre dos cuerpos femeninos hay diferencias precisamente en cuanto al sexo, a los caracteres sexuales secundarios: el tamaño, la forma, la postura, etc.

Todos distinguimos bien entre personas del mismo sexo. Luego, a nivel psicológico, tenemos modalidades cognitivas, afectivas, tipos de carácter y estructuras del inconsciente aún más marcadamente diferentes. También a nivel sociocultural, las personas provienen de diferentes núcleos familiares, de diferentes grupos sociales, de diferentes historias parentales. Todo esto hace que, incluso cuando me encuentro con una persona de mi mismo sexo, pueda reconocer una alteridad, una diferencia sexual.

Sin embargo, el elemento más decisivo se encuentra a nivel propiamente antropológico. La persona debe ser pensada como una unidad de espíritu y cuerpo. Si es así, cada uno de nosotros es una persona única.

La teología más tradicional sostiene que el alma-espíritu es insuflado por Dios en la persona que recibe la vida física de sus padres. Este dato de la tradición recuerda que cada uno de nosotros es único, que nadie es idéntico a otra persona desde el punto de vista espiritual.

Pero si entre el espíritu y el cuerpo hay unidad, entonces significa que también en el cuerpo se refleja esta unicidad, esta singularidad. Aquí estaría la razón antropológica que permite decir que también entre personas del mismo sexo se reconoce una diferencia sexual.

En cuanto a la fecundidad, es cierto que entre personas del mismo sexo, creo que este es el dato más evidente e incontrovertible, no hay fecundidad procreativa, no puede nacer un hijo. Entre dos personas de sexo diferente, sí, puede ocurrir accidentalmente que sean estériles, pero no estructuralmente como en el caso de dos personas del mismo sexo.

Sin embargo, la fecundidad, antes que procreativa, antes que generar un hijo, es ante todo, por ejemplo, fecundidad espiritual. Cuando dos personas se dan vida mutuamente son fecundas; el otro vive del amor que recibe, del cuidado, de la atención. Luego incluso se puede reconocer una fecundidad relacional. Cuando dos personas entran en comunión, comparten la vida, no solo la intercambian, sino que nace algo nuevo. Esa pareja que surge de ese amor es una novedad.

Incluso se puede decir que también se reconoce una fecundidad social. Cuando dos personas entran en comunión, contribuyen a la sociedad, entran en relación con los demás enriquecidos por su unión recíproca. Por ejemplo, ser acogido en una casa por dos personas que comparten la vida no es lo mismo que ser acogido por dos individuos distintos.

Sobre la base de estas razones, me parece que también es posible reconocer en una relación homosexual aspectos de diferencia y fecundidad, por lo que si es cierto que en una relación homosexual no están presentes todas las potencialidades de diferencia y fecundidad  – me pregunto en qué relación están presentes todas esas potencialidades -, me permito decir que también están presentes y, por lo tanto, que el amor homosexual en ese sentido es un amor posible.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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¡Caminante de la vida, procura hacer tú lo mismo!

domingo, 13 de julio de 2025
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El buen samaritano
(Lc 10, 30)

No es muy larga la distancia,
sí es peligroso el camino
que va de Jerusalén
hasta el verde paraíso
de Jericó, fértil vega,
novia del sacro Jordán
y manantial del Profeta.
Y, aunque próxima al Mar Muerto,
es rico vergel de vida:
“la ciudad de las palmeras
y las rosas encendidas.”

Yace en la cuneta un hombre,
medio muerto y malherido,
mas todos pasan de largo
eludiendo compromisos:
el sacerdote, el levita
y otros muchos peregrinos.
Pasa un buen samaritano,
caballero en su pollino,
y sin preguntar quién es
-aunque bien ve que es judío-
se aproxima sin desdén,
le hace una cura de urgencia
con su propio aceite y vino,
y lo lleva hasta el mesón
donde lo cuida con mimo.
“¡Cuídalo bien mesonero,
yo te pagaré con creces
cuanto hayas gastado en él,
cuando vuelva de camino!

¿El prójimo verdadero?
El que prestó sus auxilios,
el que olvidó que aquel hombre,
medio muerto y malherido
que yacía en la cuneta,
era un olvidado judío;
el que olvidó que era suyo
su propio aceite y su vino.

¡Caminante de la vida,
procura hacer tú lo mismo!

*

José Luis Martínez SM

***

 

(El buen Samaritano gay)

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

“Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”

Él le dijo:

“¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”

Él contestó:

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.”

Él le dijo:

– “Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.”

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:

“¿Y quién es mi prójimo?”

Jesús dijo:

“Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?

Él contestó:

“El que practicó la misericordia con él.

Díjole Jesús:

– “Anda, haz tú lo mismo.”

*

Lucas 10, 25-37

***

A lo largo de la historia, cada vez que los hombres y las mujeres han sido capaces de responder a los acontecimientos del mundo tomándolos como ocasiones para madurar su propio corazón se ha abierto una fuente inagotable de generosidad y de vida nueva, entreabriendo una esperanza que superaba toda predicción humana. Si pensamos en las personas que nos han infundido esperanza, reforzando nuestro espíritu, descubrimos con frecuencia que no eran en absoluto profesionales del consejo, de la amonestación y de la moral, sino sólo personas capaces de expresar, con sus palabras y sus acciones, la condición humana de la que participaban, y que nos han incitado a hacer frente a los hechos reales de la vida.

Los predicadores que reducen lo inexplicable a problema, ofreciendo soluciones de servicios médicos de urgencias, nos deprimen porque evitan la piadosa solidaridad de donde proviene la curación. Ni Kierkeqaard, ni Sartre, ni Camus, ni siquiera Solzhenitsin han ofrecido nunca soluciones. Sin embargo, muchos de los que les leen encuentran energías para proseguir en la búsqueda. Quien no huye de nuestros dolores, sino que los toca piadosamente, nos cura y nos refuerza. A decir verdad, la paradoja consiste en el hecho de que el comienzo de la curación está en la solidaridad en ese dolor. En nuestra sociedad, orientada hacia las soluciones, cada vez es más importante darse cuenta de que pretender aliviar el dolor sin compartirlo es como pretender salvar a un niño de una casa en llamas sin correr el riesgo de quemarse.

*

H. J. Nouwen,
Viaje espiritual para el hombre contemporáneo,,
Brescia 81999, p. 54

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¡No andéis preocupados por vuestra vida, que no es vuestra! Ni por vuestros logros que no os pertenecen

sábado, 5 de julio de 2025
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Del blog de Alfonso J.Olaz El Rincón del Peregrino:

19.06.2025 | Alfonso Olaz OFS

¡No andéis preocupados por vuestra vida, que no es vuestra! Ni por vuestros logros que no os pertenecen

¡De qué te vale sobrevivir sin amor, para morir cada día con miedo!
Y volviendo a nacer, ¡No saber para qué he vivido y cuál es mi destino…!

Malviviendo cada día

¿De qué me sirve no escuchar lo que debo hacer, para no hacerlo?
Y no haciendo lo que escucho, hago lo que no debo

¡Alégrate de estar siempre oculto!
¡Cómo Jesús lo estuvo…!
¡Colabora desde la penumbra para el bien común y no te rindas…!

¡El humilde está muy cerca de Dios…!
Tocando con sus pies su tierra roja, de árboles y plantas floridas
Ha escrito su nombre en el suelo, junto al de Jesús
¡Y ya nada espera!

¡Solo vive para Dios!
Y confiando en todo, todo le basta
No hace planes, vive al día
Como las aves del cielo
Y los animales terrenos

Con tus manos desnudas, corazón lleno de misericordia
y bastón del peregrino del evangelio
Aprendió la sabiduría del pobre, de los descartados
Con el compañero de su escuela: Jesús, pobre y alegre.

Hermano/a peregrino
Que tu cielo es la tierra

Y tu tierra es de cielo azul de alegría y verde de esperanza
Para acampar en la gran tienda del arco iris, todos los hermanos, todos.

Y así lo hace cada día
A pesar de las tormentas y de la noche oscura

Porque vive como cree
Y no se rinde
No anda preocupado por su vida, que es toda de Jesús.
Y de su hermano Jesús es toda su vida, para compartirla con todos.

Del Evangelio a la vida
De la Vida al evangelio

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“El agua cristalina de la confianza (salmo 6)“, por Miguel Ángel Mesa.

viernes, 4 de julio de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

Si tú eres el Dios del amor,
es imposible que castigues y condenes.

Además tu palabra nos ayuda a rectificar,
a cambiar de actitud, a reflexionar
sobre nuestras conductas erróneas.

Tú eres pura misericordia,
que nos libera del odio y del egoísmo.

La muerte tiene su propio reino,
pero tú eres el Dios de la vida,
y nos invitas a gozar de ella cada día.

A veces me siento irritado, confundido,
por tantas contradicciones
como asumo en mi existencia.

Y entonces mi oración se dirige a ti,
mi súplica te alcanza desde mi hondón personal
y siento que estás a mi lado, que me escuchas,
y es cuando brota como de un manantial
el agua cristalina de la confianza.

*

24.06.2025

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