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Mayor amor

Miércoles, 13 de enero de 2021

Del blog Nova Bella:

 

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“El que amó más

que todos sus compañeros,

el que amó más

en toda su generación

amando ahora a un tal

“ser trascendente”/

como decir: un tipo no existente.

En qué has venido a parar,

Ernesto”.

*

Ernesto Cardenal

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Tuyo es todo esto, y todo es para ti

Lunes, 14 de diciembre de 2020

Juan de Yepes, hijo de Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez, nació en Fontiveros (Ávila) en el año 1542. Tras una niñez llena de miseria, entró en 1563 en el Carmelo. En 1567, año de su ordenación sacerdotal, conoció a Teresa de Jesús en Medina del Campo y decidió seguirla en la fundación de la nueva familia del Carmelo. Fue primero carmelita descalzo en Duruelo, en 1568, y ocupó a continuación el cargo de maestro y formador.

En 1572 lo reclamó Teresa para confesor del monasterio de la Encarnación del que era priora. Fue perseguido y encerrado, entre diciembre de 1577 y agosto de 1578, en la cárcel conventual de Toledo, donde realizó una fuerte experiencia del sufrimiento y de la «noche oscura». Tras salir de la cárcel, se incorporó a la vida de la naciente Reforma y ocupó el cargo de superior en Segovia. Murió en Ubeda el 14 de diciembre de 1591. Fue canonizado por Benedicto XIII en 1726 y proclamado doctor de la Iglesia por Pío XI el 24 de agosto de 1926.

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En la Fiesta del poeta enmorado de lo Indecible, Juan de la Cruz, traemos esta preciosas palabras… Hasta su prosa es poesía. El ritmo y la cadencia lo acompañan en revestir de palabra lo indecible.

La obra de Juan es un tratado ecológico, una espiritualidad telúrica. La primera mitad del Cántico Espiritual es un canto de amor a la creación y de comunión con ella. Versos arrobadores que cantan el desposorio con la creación. La relación entrañable con el cosmos, con la madre tierra, muestra una espiritualidad telúrica admirable:

 “Buscando mi amores…

¡Oh cristalina fuente…!

Mi Amado las montañas…

La música callada

 la soledad sonora

la cena que recrea y enamora”.

*

Cántico espiritual

***

San Juan

Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre.”

*
Oración de alma enamorada

*

San Juan de la Cruz

***

Juan de la Cruz es un enamorado de Dios. Trataba familiarmente con él, hablaba constantemente de él. Lo llevaba en el corazón y en los labios, porque constituía su verdadero tesoro, su mundo más real. Antes de proclamar y cantar el misterio de Dios, es su testigo; por eso habla de él con pasión y con dotes de persuasión no comunes: «Ponderaban los que le oían, que así hablaba de las cosas de Dios y de los misterios de nuestra fe, como si los viera con los ojos corporales». Gracias al don de la fe, los contenidos del misterio llegan a formar para el creyente un mundo vivo y real. El testigo anuncia lo que ha visto y oído, lo que ha contemplado, a semejanza de los profetas y de los apóstoles (cf. 1 Jn 1,1-2).

Como ellos, el santo posee el don de la palabra eficaz y penetrante; no sólo por la capacidad de expresar y comunicar su experiencia en símbolos y poesías transidos de belleza y lirismo, sino por la exquisitez sapiencial de sus dichos de luz y amor, por su propensión a hablar «palabras al corazón, bañadas en dulzor y amor», «de luz para el camino y de amor en el caminar».

La viveza y el realismo de la fe del doctor místico estriban en la referencia a los misterios centrales del cristianismo. Una persona contemporánea del santo afirma: «Entre los misterios que me parece tenía grande amor era al de la Santísima Trinidad y también al del Hijo de Dios humanado». Su fuente preferida para la contemplación de estos misterios era la Escritura, como tantas veces atestigua; en particular, el capítulo 17 del evangelio de san Juan, de cuyas palabras se hace eco: «Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo» (Jn 17,3).

Teólogo y místico, hizo del misterio trinitario y de los misterios del Verbo Encarnado el eje de la vida espiritual y el cántico de su poesía. Descubre a Dios en las obras de la creación y en los hechos de la historia, porque lo busca y acoge con fe desde lo más íntimo de su ser: «El Verbo Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser del alma… Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con él, pues le tienes tan cerca. Ahí le desea, ahí le adora».

¿Cómo consigue el místico español extraer de la fe cristiana toda esa riqueza de contenidos y de vida? Sencillamente, dejando que la fe evangélica despliegue todas sus capacidades de conversión, amor, confianza, entrega. El secreto de su riqueza y eficacia estriba en que la fe es la fuente de la vida teologal: fe, caridad, esperanza. «Estas tres virtudes teologales andan en uno».

Una de las aportaciones más valiosas de san Juan de la Cruz a la espiritualidad cristiana es la doctrina acerca del desarrollo de la vida teologal. En su magisterio escrito y oral centra su atención en la trilogía de la fe, la esperanza y el amor, que constituyen las actitudes originales de la existencia cristiana. En todas las fases del camino espiritual son siempre las virtudes teologales el eje de la comunicación de Dios con el hombre y de la respuesta del hombre a Dios.

La fe, unida a la caridad y a la esperanza, produce ese conocimiento íntimo y sabroso que llamamos experiencia o sentido de Dios, vida de fe, contemplación cristiana. Es algo que va más allá de la reflexión teológica o filosófica. Y la reciben de Dios, mediante el Espíritu, muchas almas sencillas y entregadas.

Al dedicar el Cántico espiritual a Ana de Jesús, anota el autor: «Aunque a Vuestra Reverencia le falte el ejercicio de teología escolástica con que se entienden las verdades divinas, no le falta el de la mística que se sabe por amor en que no solamente se saben, mas juntamente se gustan». Cristo se les revela como el Amado; aún más, como el que ama con anterioridad, como canta el poema de «El pastorcico» .

*

Carta apostólica Maestro en la fe,
en el IV centenario de la muerte de san Juan de la Cruz, 8-10.

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***

“Fuera de su nativa España, San Juan de la Cruz nunca fue un santo muy popular. Su doctrina es considerada como “difícil”, y le exige a los demás la misma austeridad intransigente que él practicó durante su vida entera. Sin embargo, un estudio más ceñido a su doctrina…, probaría que San Juan de la Cruz poseía todo el equilibrio, la prudencia y la “discreción” que caracteriza a la más elevada santidad. No es un fanático aplicado a sobrecargar a sus subordinados con fardos insoportables que acabarían por reducirlos a ruinas morales y físicas. Las exigencias que formula son inflexibles en lo esencial pero flexibles en sus aspectos accidentales. Su único propósito consiste en situar al hombre entero, cuerpo y alma, bajo la guía del Espíritu de Dios. En la práctica, San Juan de la Cruz se opuso inexorablemente al formalismo y la inhumanidad de quienes comparaba con “herreros espirituales” que martillaban violentamente las almas de sus víctimas para hacerlas calzar en algún modelo convencional de perfección ascética. Sabía muy bien que este tipo de ascetismo era uno de los más defectuosos, porque a menudo era una manifestación de incorregible orgullo espiritual. La claridad y la lógica de este carmelita español, sumada a su insuperable y experimentado conocimiento de las cosas de Dios, lo sitúan de lejos como uno de los más grandes y más confiables de todos los teólogos místicos”.
*
Ascenso a la Verdad”, páginas 320-323
Thomas Merton
Ed. Lumen,
vía Amigos de Thomas Merton
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“Juan de la Cruz, un amor que no sabe de pecado”

Lunes, 14 de diciembre de 2020

são joão da cruzDel blog de Xabier Pikaza:

Celebra hoy la Iglesia Católica la memoria de San Juan de la Cruz, el más poderoso de los testigos del amor en la historia de occidente.

En esta postal (tomado de mi libro Amor de hombre, Dios enamorado, Desclée de Brouwer, Bilbao 2004), quiero presentar su figura y comentar una estrofa de su Cántico Espiritual, para indicar que en el amor no hay pecado. Esto dice el hombre o mujer que ama:

Está el alma en este punto en cierta manera
como Adán en la inocencia,
que no sabía qué cosa era mal,
porque está tan inocente
que no entiende el mal, ni cosa juzga a mal

Muchas veces he presentado en este blog a Jesús con los pecadores, y algunos lectores creyeron que decía que Jesús era pecador. Pero es todo lo contrario. Precisamente porque no tenía pecado Jesús podía (y debía) hacerse presente en amor entre los pecadores.

Quizá nadie con San Juan de la Cruz ha entendido este misterio y compromiso: vivir en amor, sin pecado; andar con los pecadores, sin juzgarles, vivir en la inocencia. Esto que dice SJC es el centro de la vida cristiana, el mensaje de Jesús. Éste debía ser el mensaje y ejemplo de la iglesia: vivir en inocencia de amor.

Con Juan de la Cruz quiero dejar a mis lectores este día. Presento primero la estrofa de bebida de amor, a vida sin pecado, en amor enamorado. Resume después, de un modo erudito, su vida y obra. Quien sólo se interese por la vida, lea sólo la primera parte; quien se interesa por la experiencia, lea la segunda.

1. En el amor no hay pecado CB 26).

En el Cántico Espiritual B, estrofa 26. En la interior bodega. Ignorancia de amor ha expuesto San Juan de la Cruz la experiencia más honda de una vida sin pecado, en inocencia «original»:

En la interior bodega
de mi Amado bebí, y cuando salía
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía.

Esta bebida transforma el entendimiento y juicio de la Amante, haciéndole olvidar lo que sabía (en un nivel de ley), de manera que ella puede saber-saborear el amor inocente, más allá del pecado

1. En la interior bodega.

Parece que hay siete bodegas y que ésta es la más honda, el amor más profundo (cf. Cant 2, 4), que transforma al hombre en Dios:

Y lo que Dios comunica al alma en esta estrecha junta
es totalmente indecible y no se puede decir nada,
así como del mismo Dios
no se puede decir algo que sea como Él,
porque el mismo Dios es el que se le comunica
con admirable gloria de transformación de ella en Él,
estando ambos en uno, como si dijéramos ahora:
la vidriera con el rayo de sol, o el carbón con el fuego
(Coment 26, 4).

El amante queda así transfigurado en el calor y luz de Dios, renaciendo en el vino de Cristo. Esta es la eucaristía teológica, la embriaguez del hombre que nace y crece en la bodega del Amado, al interior del ser divino. En esa línea, los hombres y mujeres (re)nacen al amarse.

2. De mi Amado bebí.

Los hombres “beben de su Amado” (Dios), como los amantes se beben entre sí. Ciertamente, han nacido de unos padres (de una madre); ahora renacen de aquellos que les aman y en ellos viven y así se transforman unos en los otros.

Como la bebida se difunde y derrama
por todos los miembros y venas del cuerpo,
así se difunde esta comunicación de Dios
sustancialmente en toda el alma
o, por mejor decir, el alma se transforma en Dios,
según la cual transformación
bebe el alma de su Dios, según la sustancia de ella
y según sus potencias espirituales; porque
según el entendimiento bebe sabiduría y ciencia,
y según la voluntad bebe amor suavísimo
y según la memoria bebe recreación…
(Coment 26, 5).

Este beber y transformarse en Dios es la eucaristía más honda, que no está hecha de celebraciones aisladas (en momentos especiales), sino de la misma vida de Dios en amor, sobre todas las exigencias moralistas. No nacemos ni vivimos para “merecer el cielo” por las obras buenas, sino para recibir y asumir el don de la vida, el mismo Dios, nuestro cielo.

3. Y cuando salía por toda aquesta vega ya cosa no sabía.

El conocimiento de Dios se vuelve olvido del mundo, como habían destacado los griegos, hablando de la embriaguez o manía religiosa y del río Leteo, hecho de aguas frías o fuego, donde los muertos olvidan lo viejo cuando pasan al mundo interior (inferior o superior) de lo divino:

Aquella bebida de altísima sabiduría de Dios que allí bebió
le hace olvidar todas las cosas del mundo
y le parece al alma que lo que ante sabía
y aún lo que sabe todo el mundo,
en comparación de aquel saber, es pura ignorancia…
(El alma queda así informada de ciencia sobrenatural…
ante la cual) todo el saber natural y político del mundo
antes es no saber que saber
(Coment 26, 13).

4. Y el ganado perdí que antes seguía.

La amante era pastora acompañando y guardando su ganado. “Y de este ganado unos tienen más y otros menos…, hasta que, entregándose a beber en esta interior bodega, lo pierden todo, quedando (como habemos dicho) hechos todos en amor” (Coment 26, 19). Lógicamente, el alma que ha bebido de Dios y se ha embriagado se pierde al mundo viejo, como seguirán destacando las próximas estrofas (CB 27- 29.

Tanto Platón como Filón, judío alejandrino (Vida contemplativa), habían comparado el conocimiento de Dios con una embriaguez. También la amante de SJC ha entrado en la bodega de ebriedad o entusiasmo de amor, que en-ajena al hombre, quedando fuera de sí, en el éxtasis más hondo. Por eso, cuando sale “por toda aquesta vega” de las leyes racionales, programadas de un modo “político”, el hombre enamorado siente y dice que ya no sabe nada.

“La sabiduría de los hombres y de todo el mundo es pura ignorancia”, porque “las mismas ciencias naturales y las mismas obras que Dios hace, delante de lo que es saber a Dios es como no saber, porque donde no se sabe a Dios no se sabe nada” (Coment 26, 13).

En este contexto ha presentado SJC la exigencia de superar una lógica de mundo o de sistema, donde cada cosa se demuestra a partir de lo anterior, en un conjunto bien organizado, en un nivel de juicio.

Aquel endiosamiento y levantamiento de mente en Dios
en que queda el alma como robada y embebida en amor,
toda hecha en Dios, no la deja advertir a cosa alguna del mundo,
porque no sólo de todas las cosas, más aún de sí
queda enajenada y aniquilada,
como resumida y resuelta en amor,
que consiste en pasar de sí al Amado…
Está el alma en este punto en cierta manera
como Adán en la inocencia,
que no sabía qué cosa era mal,
porque está tan inocente
que no entiende el mal, ni cosa juzga a mal,
y oirá cosas muy malas y las verá con sus ojos
y no podrá entender que lo son,

porque no tiene en sí hábito de mal por donde lo juzgar,
habiéndole Dios raído
los hábitos imperfectos y la ignorancia (… del pecado)
con el hábito perfecto de la verdadera sabiduría
(Coment 26, 14).

La hermosura y fuerza del amor pone a la Amante en contemplación directa del Amado, sobre todo conocimiento particular, sobre todo interés, en amor puro y total, de manera que podemos hablar de una experiencia de sublimidad. Por eso, la Amante se encuentra más allá del bien y del mal, no en indiferencia, como si todo le diera lo mismo, sino en sobreabundancia bondadosa, conforme a la palabra de Jesús: “no juzguéis, perdonad…” (Cf. Mt 7, 1).

. APÉNDICE: San Juan de la Cruz (=SJC(, poeta de amor. Vida y obra

Nace en 1542, Fontiveros (Avila), de Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. Queda pronto huérfano de padre. Su madre, tejedora de oficio, sin protección familiar ni dinero, busca trabajo en Arévalo (1548) y Medina del Campo (1551), rica ciudad de Castilla. SJC conoce la estrechez y pobreza rigurosa de los pobres de su tiempo.

1559–1563:

Trabaja en el hospital de infecciosos (de enfermedades venéreas) de Medina, entrando así en contacto con la miseria y dureza de la vida. Al mismo tiempo cursa humanidades en el Colegio de la Compañía de Jesús, uno de los centros más prestigiosos de cultura humanista y literaria de su tiempo. Conoce a los clásicos latinos, se familiariza con la poesía renacentista.

1563-1968:

Ingresa en la Orden de los Carmelitas, en Medina (1963), con el nombre de Juan de San Matías. Estudia en la Universidad Salamanca, donde es delegado de estudiantes, interesándose por la espiritualidad y teología bíblica más que por la escolástica. Abandona la Universidad sin acabar los estudios. Se ordena presbítero (1567) y encuentra a Teresa de Jesús.

1568-1877:

Inicia la Reforma del Carmelo masculino en Duruelo y Mancera, junto a Peñaranda (Salamanca), siendo maestro de novicios y rector en Alcalá de Henares. De 1572 a 1577 es Confesor del Monasterio de la Encarnación de Ávila, donde Teresa de Jesús es superiora. Realiza una intensa función de maestro y director espiritual, especialmente de religiosas.

1577-1578:

Acusado de falta de obediencia contra la Orden de los Carmelitas (Calzados) y contra la Iglesia, es recluido en una cárcel conventual de Toledo, de donde se evade a los ocho meses. Vive allí sus más hondas experiencias de amor en soledad y las recoge en sus poemas, especialmente en el Cántico Espiritual, que expresan su madurez personal y le permiten realizar su tarea de maestro de almas.

1578-1591:

Como Prior o Rector de los conventos de Jaén, Baeza, Granada y Segovia y como Definidor de los Descalzos, viaja por las dos castillas, Andalucía y Portugal. Comenta sus poemas y escribe tres libros de iniciación y dirección espiritual. (1) Subida al Monte Carmelo y Noche Oscura (básicamente de 1578 a 1582), que pueden tomarse como dos obras o dos partes de una misma obra. (2) Cántico Espiritual, con dos redacciones: la primera, CA, de 39 estrofas (1584); la segunda, CB, de 40 estrofas (1585-1586) que aquí comentaremos. (3) Llama de amor viva, fue redactada al mismo tiempo que CB (entre 1585-1586); de ella se conservan también dos versiones (LA y LB), realizadas por el mismo SJC.

1591:

Culminada básicamente su producción literaria en 1586, tras haber realizado una obra muy intensa de dirección espiritual y de organización de la Reforma del Carmelo, SJC cae en desgracia ante las nuevas autoridades de la Orden, siendo relegado por los superiores. Quieren destinarle para la fundación de México. Muere en Úbeda (Jaén), el 14 de diciembre de 1591, a los 49 años, pidiendo que lean en su lecho de agonía el Cantar de los Cantares.

Podrían destacarse algunas fechas y datos: hospital de infecciosos, universidad de Salamanca, colaboración con Teresa de Jesús, cárcel en Toledo, organización de la Reforma del Carmelo, dirección espiritual… Viajó mucho, pero fue hombre de acción interior más que exterior, de contacto personal más que de organización. Murió casi fracasado: la Reforma del Carmelo masculino que él había iniciado e impulsado parecía tomar otros caminos de institución y ascesis; pero quedó su testimonio y, sobre todo, quedaron sus libros.

Los libros de San Juan de la Cruz nacieron de su experiencia personal y de su contacto con personas a quienes dirigía y, en general, son un comentario de sus versos. Había escrito y divulgado también otros poemas significativos, por su contenido teológico o espiritual (Romance de la Trinidad, El Pastorcico, La Fonte, Super Flumina Babylonis); pero sólo comentó por escrito tres de ellos, porque le parecían más significativos o porque así se lo pidieron las personas de su entorno:

* La Subida y La Noche empiezan siendo comentarios paralelos de las ocho estrofas del poema En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada… Pero en un caso y en otro, SJC olvida pronto los versos y escribe de hecho un tratado (en dos partes o dos libros) sobre el proceso de purificación de aquellos que quieren encontrar a Dios, esto es, ascender (ser elevados) hasta su presencia.

* El Cántico Espiritual comenta las 39 (CA) o las 40 (CB) estrofas del poema del mismo nombre, donde SJC ofrece una versión nueva del Cantar de los Cantares de la Biblia, en la que se expresa como poeta y analista, creador y hermeneuta del amor enamorado. Siguen influyendo en esta obra las negaciones de Subida y Noche, pero ellas son ahora un presupuesto o medio. Lo que importa es el encuentro de amor.

* La Llama de Amor Viva, que expone y comenta cuatro canciones que empiezan Oh llama de amor viva, / que tiernamente hieres…, es la obra teológicamente más honda de SJC y en ella muestra que al fin sólo importa y queda Dios, como fuego interior que consume y consuma la vida de los hombres. Desaparecen las restantes referencias: no hacen falta purificaciones ni caminos largos. El fuego de Dios lo llena todo.

Estos son los libros. Parecen escritos al azar y, sin embargo, ofrecen una poderosa visión de conjunto de la experiencia de un hombre que ha visto el amor de Dios en la experiencia del amor humano. SJC es poeta de ese amor. Pero, siendo poeta, es también hermeneuta: no sólo dice y despliega en amor su experiencia, sino que la interpreta, desde su visión del cristianismo (de la Biblia) y la cultura de su tiempo. Vive en una época de crisis humana y religiosa, al interior de la gran aventura imperial y colonial de la corona española. Pero esa aventura no le importa, ni tampoco las luchas de católicos contra protestantes, ni la gloria externa de la Iglesia católica. Sólo le importa una cosa: que hombres y mujeres aprendan a querer a Dios y que se quieran.

Espiritualidad , ,

Amistad

Sábado, 5 de diciembre de 2020

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“El amor engendró al mundo;

la amistad lo hará renacer”

*

Friedrich Hölderlin
Hiperión

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Pedro Rafael Ortiz, sacerdote: “Resurge un ‘moderno fariseísmo’ y ‘apologética religiosa’ frente a los testigos del amor”

Jueves, 3 de diciembre de 2020

brujas-Salem-victimas-fanatismo_2118998110_13573537_660x371Vive y deja decir

“Las convocatorias fanáticas tienen, entre sus efectos muchas veces no deseados, los episodios de violencia entre la gente y las guerras entre las naciones”

“Toma como expresión común discursos sobre las conductas sexuales o íntimas, pero en que realidad su fundamento es la lealtad al sistema de opresión y de privilegios de los pocos sobre los muchos”

“Sería injusto, sin embargo, si denunciara esos intentos de la derecha extrema y me hiciera el ciego y sordo ante otras agendas fanáticas”

Es común que las declaraciones y las convocatorias fanáticas comiencen con frases como “no lo podemos tolerar”. Son frases que ponen de manifiesto el ahogo existencial de personas que se encuentran asediadas por verse forzadas a convivir con aquellos que hacen cosas que les parecen dañinas. Estoy hablando de situaciones de la vida cotidiana y sencilla, pero también sobre asuntos sociales y políticos, tanto en la escala nacional, como internacional. Esas convocatorias fanáticas tienen, entre sus efectos muchas veces no deseados, los episodios de violencia entre la gente y las guerras entre las naciones.

Tengo la impresión de que los intentos por provocar una nueva confrontación entre religiosos van por esa misma senda extraviada. Esta vez no se trata de crear enemistad entre católicos y protestantes, sino de un intento de dividir de manera irreconciliable a los cristianos, que toma como expresión común discursos sobre las conductas sexuales o íntimas, pero en que realidad su fundamento es la lealtad al sistema de opresión y de privilegios de los pocos sobre los muchos. Aquí, el amor por la “ley” y la “norma” está puesto siempre por encima de la persona a quien dejamos de respetar.

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Sería injusto, sin embargo, si denunciara esos intentos de la derecha extrema y me hiciera el ciego y sordo ante otras agendas fanáticas que también pasean por nuestros caminos. Con mucho dolor, me he referido a la “hipocresía de modernos fariseos”, que so color de defender los derechos civiles, amarrados a una visión moralista (y no moral) fomentan también la confrontación inútil por la manera en que la gente habla, que quieren imponer a los demás la forma en que ven las cosas y que reaccionan con odio visceral ante cualquier crítica. Los he visto cuando echan a la basura derechos como la presunción de inocencia y el debido proceso de ley al toparse con una denuncia de que alguien hizo algo que “no podemos tolerar”.

“Cuando vivimos en un mundo donde campea tanta injusticia, no es bueno perder el tiempo en confrontaciones enanas por palabras. Dígale al amor como usted mejor pueda, porque lo que de verdad importa es que nos amemos mucho”

Pero hoy quiero referirme a los intentos de convertir las creencias religiosas en campos de batalla, en zona llena de trampas explosivas, en las que los pastores y los fieles se conviertan en ejércitos hostiles entre sí, en bandos que se odien entre ellos. Reitero que se trata de agendas políticas y económicas de la ultraderecha, que pretende darle rango de gran espiritualidad a la defensa del capital y demonizar la lucha de los pobres por la justicia que abraza el nuevo modelo de Iglesia desde la comunión fraterna.

Al decir de nuestros pueblos “vive y deja vivir”, me atrevo a agregarle “vive y deja decir”. Dejemos que cada cual diga su punto de vista sobre las cosas. Dejemos que cada quien predique lo que crea que es la verdad. Total, si dicen de nosotros las cosas más horrendas y mentirosas, podemos sentirnos bienaventurados. Después de todo, los grandes profetas de la historia fueron objeto de calumnias.

No nos dejemos llevar a la confrontación con los agentes de la mentira. Mejor concentrar nuestros esfuerzos en continuar sembrando la buena semilla del amor que sigue propagando el nuevo proyecto dé hermandad impulsado por nuestro querido Papa Francisco.

Porque para los que tenemos la encomienda de predicar la fe, recordemos que el juicio no será sobre qué tipo de carne comimos, sino, si dimos de comer al que tenía hambre. El juicio no será sobre a cuántos metimos a la cárcel, sino si fuimos a ver al ser humano que estaba preso. No se nos va a juzgar sobre si usamos los talentos multiplicando la fortuna, sino si usamos lo que teníamos para socorrer a otros. No se nos juzgará sobre a cuántos condenamos, sino sobre si perdonamos, sobre si de verdad, corazón adentro, luchamos por la justicia y la libertad. Cuando vivimos en un mundo donde campea tanta injusticia, no es bueno perder el tiempo en confrontaciones enanas por palabras. Dígale al amor como usted mejor pueda, porque lo que de verdad importa es que nos amemos mucho y realmente tengamos conciencia de que somos “Todos Hermanos”. Por eso digo, vive y deja decir.

Fuente Religión Digital

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Si me quieres…

Miércoles, 25 de noviembre de 2020

En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, también podemos decirlo con poesía…

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“Si me quieres, quiéreme entera,

no por zonas de luz y sombra…

Si me quieres, quiéreme negra

y blanca. Y gris, y verde y rubia,

y morena…

Quiéreme día,

quiéreme noche…

¡Y madrugada en la ventana abierta!…

Si me quieres, no me recortes:

¡Quiéreme toda… O no me quieras!”

*

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Dulce María Loynaz

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Foto Pikist

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“Descansando sobre el pecho de Jesús”, por Carlos Osma

Lunes, 23 de noviembre de 2020

pexels-joshua-mcknight-1149361De su blog Homoprotestantes:

“Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba reclinado en el pecho de Jesús”[1].

Pues sí, esta puede ser una de las frases que considero más bellas de la Biblia, y no porque rebose homoerotismo por todos lados, sino porque en ella observo amor cotidiano, ese que muchos tenemos cada día cuando después de una dura jornada de trabajo nos sentamos en el sofá y apoyamos la cabeza en el pecho de la persona que amamos. Es posible que para algunos este gesto no tenga importancia, que no quiera decir nada, pero para quienes de vez en cuando nos paramos a analizar nuestra cotidianidad, sabemos que en realidad son los más importantes.

A menudo este versículo pone nerviosos a los que se han erigido en defensores de la obligatoriedad de la heterosexualidad de Jesús y del resto de sus seguidoras. Por eso lanzan amenazas infernales a quienes se atrevan a insinuar que, cuando el resto de discípulos desaparecía, había sexo entre Jesús y su discípulo amado. Y nos da un poco de risa, porque cuando nosotras todavía no nos lo habíamos ni planteado, ellos ya habían visualizado las cien posturas imposibles que Jesús y su discípulo amado no podían realizar. Me quedo con las ganas de conocer ese Kamasutra prohibido, seguro que sería todo un bestseller de la literatura cristiana, mucho más ameno que aquellos insoportables libros de teología que tratan de repetir, sin ni siquiera pasar por la propia experiencia, lo que otras y otros ya han dicho antes. Como diría el Predicador: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”[2].

Mientras el discípulo amado descansaba en el pecho de su amado, Jesús anuncia que una de las personas que hay en la habitación le va a entregar. Agatha Christie no lo podría haber hecho mejor, la tensión y el miedo invaden la sala donde tiene lugar la cena, mientras por unos segundos el evangelista invita a los discípulos a convertirse en Miss Marple o en Sherlock Holmes para descubrir quién es el traidor. ¿Quién de todos los presentes entregará a la muerte a Jesús? ¿Seré yo maestro? ¿Serás tú Simón Pedro? ¿O será el discípulo amado? La desconfianza es el elemento más siniestro en esta escena. Saber que un discípulo con el que comparten el seguimiento de Jesús les traicionará, desestabiliza por completo la comunidad de seguidores del maestro. Frente al desconcierto y la desconfianza del resto, el discípulo amado reposa su cabeza en el pecho de Jesús.

Ya hemos dicho antes que la policía del pensamiento teológico verdadero al leer este texto dirige su dedo acusador hacia el discípulo amado. Es él quien supone la mayor amenaza para su evangelio de exclusión, y por tanto para ellos son las personas LGTBIQ las que quieren traicionar al maestro. “Eres tú”, nos dicen, “tú quieres acabar con el evangelio”. Ante esta fake news podemos responder manteniendo la confianza, sabiendo en quien hemos creído, teniendo esperanza, y acercándonos a Jesús para descansar. Pero a veces, en vez de hacer esto, acabamos imitándoles y preguntándonos también nosotras quienes son los traidores para los que el evangelio ya no es lo que era (o mejor dicho, lo que ellos querían que fuese). En nuestro caso suele ser una pregunta retórica, claro, porque no necesitamos señales divinas para saber quienes comparten con nosotros el pan y el vino, pero se venden por unas monedas de plata a los sacerdotes de la religiosidad oficial que quieren oprimirnos. Sin embargo, no deberíamos olvidar que no hemos sido llamados a ser detectives, ni inspectores de la vida y la fe de los demás, sino seguidores de Jesús que confían y descansan en su maestro. Discípulos y discípulas que ponen primero el oído, no en las palabras de los traidores del evangelio, sino en el corazón amoroso de Jesús.

El juego del Cluedo al que nos invita el evangelista es resuelto con rapidez por el propio Jesús, él mismo desenmascara al traidor, al discípulo Judas Iscariote. Y es que es el propio evangelio, la buena noticia de salvación, el que nos pone a cada uno en nuestro lugar. A quienes lo entienden como un escape room de la comunidad de iguales, los lleva a través de la oscuridad hasta el poder y la respetabilidad del Templo que quiere acabar con Jesús. Y a quienes lo perciben como un mensaje de fraternidad, amor y salvación, los lleva a descansar confiados sobre el pecho del maestro. Los cristianos LGTBIQ también tenemos que decidirnos muchas veces ante estas dos maneras de entender el evangelio: ponerlo a nuestro servicio para obtener reconocimiento, dinero y poder, o dejarnos interpelar por él para mostrar de forma desinhibida nuestro amor por quienes a nuestro alrededor corren el peligro de ser crucificados.

A menudo, cuando hemos de tomar esta decisión, la demoramos, la dejamos para otro momento, intentando posponerla hasta que no haya otro remedio. Sabemos que descansar en el pecho de Jesús tiene un precio, la experiencia nos lo recuerda siempre. Pero las palabras que Jesús le dirige a Judas Iscariote antes de que este se decidiera por la traición, creo que también las podría dirigir al resto de sus discípulos, a su discípulo amado, y como no, a nosotros y a nosotras: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto”[3]. Los traidores no dudan, quienes se deciden por el evangelio del amor, tampoco deberían hacerlo.

Carlos Osma

NOTAS:

[1] Jn 13,23

[2] Ecl 1,2

[3] Jn 13,27

Consulta dónde encontrar Solo un Jesús marica puede salvarnos

 

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Elijo contagiar

Lunes, 16 de noviembre de 2020

8C9F5E1B-F771-4690-9234-41F6C3FD2D43Mari Paz López Santos
Madrid

ECLESALIA, 06/11/20.- Sé que el título es complicado, que puede generar pánico. Calma. Mucha calma. He elegido no dulcificarlo. Que me perdone quien no entienda, pero no están los tiempos para encubrir la realidad con exceso de glucosa.

“Contagiar” es un verbo que no admite bromas después de los meses que llevamos de sobresalto en sobresalto. La definición en el diccionario de la Real Academia no puede ser más escueta y contundente: “Transmitir una enfermedad a alguien”. Rotundo.

Menos mal que deja un respiro, porque en “sentido figurado” se puede utilizar fuera del contexto amenazante de una enfermedad. Un alivio pode contagiar algo positivo.

Me he tomado tiempo de reflexión y ya puedo contar abiertamente que elijo contagiar sentido común. Sí, lo sé, “el menos común de los sentidos”, añadimos siempre que sale en las conversaciones.

El sentido común es algo ancestral. Tiene un no sé qué primario que pone en guardia al ser humano ante el peligro; previene interiormente de lo que puede causar un mal físico, psíquico o espiritual a la persona, al grupo humano, a las relaciones… a la vida.

Cuando era pequeña escuchaba a las personas mayores decir: “Eso es de sentido común”. También en formato bronca cuando hacías algo que, por imprudencia, podría haber acabado en problemas, en casa decían: “¿Es que has perdido el sentido común?

El asunto es que, generación tras generación, se iba transmitiendo el significado del sentido común, dentro del bagaje de la educación.

Pero llegados al momento en el que vivimos, el sentido común es otro de los valores que han pasado a la estantería de piezas antropológicas.

Creo firmemente que, en el tiempo que llevamos sufriendo una pandemia a nivel mundial, el sentido común es elemento imprescindible, no sólo a nivel individual sino colectivamente. Necesitamos ponerlo de actualidad para conseguir salir adelante sin desplomarnos por el camino.

De verdad que me hubiera gustado empezar hablando de que mi elección es contagiar esperanza, animar a quien lo necesita, cuidar, proteger, preparar bizcochos y pasarle un trozo a mi vecina mayor que vive sola, llamar por teléfono a una amiga que se quedó viuda en pleno encierro y no puedo ir a darle un abrazo, contar cuentos por ZOOM a mis nietos, celebrar de forma creativa y con distancia de seguridad todos los cumpleaños y aniversarios de los miembros de mi familia y un sinfín de posibilidades que dulcifiquen el tiempo de pandemia. Todo esto son también elecciones radicales, ¡faltaría más!… y las llevo poniendo en práctica desde el minuto cero del estado de alarma.

Sé que para algunos el sentido común no tiene buena prensa; se interpreta como cortapisa a la razón y a la libertad personal. No lo entiendo así.

Para mí tiene que ver con lo natural, con nuestros antepasados de las cuevas, con la protección mutua para la supervivencia, con el instinto para detectar el peligro que puede llevar a la muerte o la enfermedad, la estupidez amenazante, la injusticia que aplasta, etc.

El refranero popular y la sabiduría de hombres y mujeres de culturas y religiones nos muestran que hay un hilo conductor que nos une por dentro, salvo que lo cortemos de raíz y perdamos la parte de savia común que nos tocó y echamos a perder. Insisto de nuevo en el peligro que esto tiene tanto en lo personal como en la responsabilidad social.

Elijo contagiar sentido común porque con la que está cayendo, a nivel mundial, hemos de empezar a adiestrarnos como deportistas de élite en el arte de ejercer este sentido que nos une a todos como hojas del mismo árbol.

La recuperación del sentido común es una emergencia a todos los niveles y en todos los estamentos que configuran el orden mundial. Es lo básico, lo primigenio.

¿Cómo enfrentar la incertidumbre que está creando la pandemia? ¿Cómo espantar el miedo que puede llegar a provocar que vivamos como islas en medio de un océano peligroso? ¿Cómo ser creativos transformando las formas de relación para que no se pierda la transmisión del afecto, del cariño, del cuidado? ¿Cómo invertir el tiempo? ¿Nos ayudará a salir adelante el mirarnos unos a otros –más allá de las mascarillas y la distancia de seguridad– no como individuos aislados sino como miembros de la misma comunidad? ¿Podremos dejar enterradas las diferencias poniendo encima de la mesa las necesidades, la colaboración, el servicio y el interés por el otro? ¿Enfrentaremos el sinsentido del poder y el dinero que mide, pesa, exprime y pone precio a cada instante de la vida humana?

Cito ahora pensamientos de personas que me han dado pistas:

  • Willian Osler (1849-1919, médico canadiense): “El jabón, el agua y el sentido común son los mejores desinfectantes”. Sensata y muy práctica recomendaciónpara tiempo de pandemia.
  • Abad Pastor (siglo IV): “En toda conversación, huye de quien no para de discutir”. Este apotegma de un sabio monje de los que vivían en el desierto, viene al pelo para desenmascarar la actuación de políticos, medios de comunicación y conversaciones de pasillo.
  • Charles Darwin (Inglaterra 1809-1882, científico):“No es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive sino aquel que más se adapte a los cambios”. Aquí nos ganan por goleada los niños y niñas que en los casi tres meses de encierro han sabido adaptarse a la situación de forma creativa. Son un ejemplo viviendo el momento presente, ese que tanto nos cuesta a los adultos.
  • Dalai Lama (1935, budista, líder espiritual del Tibet, Premio Nobel de la Paz 1989): “El amor y la compasión son necesidades no lujos. Sin ellos la humanidad no puede sobrevivir”. El amor y la compasión no se compran, se han de dar gratis. Pero lo gratis no se comprende mucho en un mundo en el que casi todo tiene precio. Despertar es indispensable para sobrevivir.
  • María Montessori (Italia,1870-1952, médica y pedagoga):“La responsabilidad de evitar conflictos incumbe a los políticos; la de establecer una paz duradera, a los educadores”. A los políticos les atañe no sólo la responsabilidad de evitar conflictos, también la de resolverlos. Alos educadores, además de la formación académica, son responsables de la transmisión de valores; esos tesoros que provienen del sentido común y serán la herramienta para vivir en paz.
  • Jiddu Krishnamurti (India, 1895-1986, escritor):“No es saludable estar bien adaptados a una sociedad profundamente enferma”. ¿Nos dábamos cuenta antes la pandemia? Unos pocos, considerados profetas agoreros, lo venían avisando. Pero el consumo primaba sobre todo: personas, países y el planeta donde vivimos. Ya sabemos los resultados. Habrá que reconvertir la situación.
  • Confucio (China, 5552 a. C – 479 a. C):“No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación”. Ser creativos y estar abiertos al cambio es imprescindible en momento de crisis, cuando se necesitan iniciativas nuevas y grandes dosis de sentido comúnque hagan cambiar el rumbo de la historia.
  • Nelson Mandela (1918-2013, Sudáfrica, abogado y político, Premio Nobel de la Paz 1993):“Cuando dejamos que nuestra luz brille, inconscientemente damos permiso a los otros para que hagan lo mismo”. La luz llama a la luz. Hemos de creer en la luz del otro y sumar luces sino viviremos todos a oscuras.
  • Yoritomo Tashi (filósofo japonés, siglo XII):“El sentido común es el arte de resolver los problemas, no de plantearlos”. Lamentablemente este arte no está muy de moda actual y los problemas se cronifican.
  • Eduardo Galeano (Uruguay 1940-2015, escritor):“Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillannuestra conciencia o violan nuestro sentido común”. Para eso hay que reconocer que la manipulación existe y la mentira acecha por todos lados. Ser conscientes de que ambos venenos nos afectan y debemos tomar medidas para combatir tanta presión.

Agradezco lo que he recibido leyendo y pensando lo que me han comunicado estas personas y me reafirmo en la elección de contagiar sentido común. Sé que no es mucho y que entra dentro deun programa de mínimos, pero“algo es algo” y“por algo se empieza”, como dice el refranero.

El sentido común ayuda a reconducir actitudes que hacen mucho daño, que son injustas y que crean mucho sufrimiento. Pero hay más. Es un sentido que tiene dentro la semilla pequeñísima de algo mucho más grande.

Un mensaje del que nos hablan cuatro compañeros del principio del Camino, a los que les debemos agradecimiento por dejarlo escrito: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”Mateo 22, 39, Marco s12,31, Lucas 10,27 y Juan 13,34 elevando el listón: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”, como Jesús les mostró.

Elijo volver una y otra vez al mensaje porque sólo el contagio del Amor, salva.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Al amor de Dios, ¿le limita la justicia divina?

Miércoles, 4 de noviembre de 2020

nazarin-1959-luis-bunuel-540x336Paco Rabal en Nazarín, la obra de Benito Pérez Galdós que Luis Buñuel llevó al cine.

Juan de Burgos Román
Madrid.

ECLESALIA, 25/09/20.- Imagina que te llegan estas dos informaciones:

1ª.-Tu amigo Andrés te dice que ayer a las 12 AM estuvo hablando con Ataulfo en Cádiz.

2ª.-Tu amigo Baltasar te dice que ayer a las 12 AM se encontró con Ataulfo en Oviedo.

Es obvio que una, al menos, de estas dos informaciones no puede ser cierta ¿Cómo procederías tú para averiguar cuál de ellas dos pudiera ser la falsa?

Si Andrés es de tu total confianza, pensarás que la información que te dio Baltasar será la falsa; y, al revés, si te fías plenamente de Baltasar, pensarás que fue Andrés el que te dijo algo incierto. Así que, si te interesa averiguar la verdad, procederás de muy distinta manera según el grado de fiabilidad que te ofrezca cada uno de tus dos amigos; en el primer caso, iras detrás de ver si Baltasar se equivocó (o te mintió) y, en el segundo, iras a ver si fue Andrés el que no te dijo la verdad. Todo depende de en quién de los dos, Andrés o Baltasar, tengas fe y en cual no, o a cuál de los dos le concedes tú más credibilidad.

Imagina ahora que te llegan estas dos informaciones:

1ª.- Unos hermanos en la fe te dicen que el amor de Dios es tan grande que, tras la muerte, Él nos regalara a todos, sin excepción (salvo a los que pudieran rechazarlo, lógicamente) un vivir en plenitud por toda la eternidad.

 2ª.- Otros hermanos en la fe te dicen que, a pesar de que el amor que Dios nos tiene es infinito, como resulta que también es infinita su justicia, ha de ocurrir que, tras la muerte, no le será dado conceder un vivir en plenitud a gentes que mucho pecaron.

Es obvio que una, al menos, de estas dos informaciones no puede ser cierta ¿Cómo procederías tú para averiguar cuál de ellas dos pudiera ser la falsa?

Si tus adentros te dicen que el amor es, en Dios, lo definitivo, que Él es amor y que todo lo demás está subordinado a ese gran amor, entonces darás crédito a la primera de las anteriores aserciones y, si quieres investigar sobre ello, te pondrás a ver si los textos evangélicos en los que se habla de condenaciones eternas se deben entender no textualmente, te pondrás a ver si resulta que, los tales textos, quieren decir cosa distinta de la que parece a primera vista, a confirmar que el amor, en Dios, no puede estar mediatizado por nada, a ir detrás de averiguar como puede de ser la justicia divina para que nada pueda ella mermarle al amor.

Pero si tu sentir va por el lado de percibir que la justicia divina está, digamos, en pie de igualdad con el amor de Dios, que Dios es tan amoroso como justiciero, lo que impediría que algunos pudieran acogerse a ase amor a causa de sus muchas maldades, pues la justicia así lo exigiría, entonces darás crédito a la segunda de las antedichas informaciones y, si quieres investigar sobre ello, entonces te situarás dando crédito a la interpretación literal de los textos evangélicos en los que aparecen condenaciones eternas, rechazando cualquier otro modo de entenderlos, lo que sería, supondrías, tergiversar el verdadero mansaje divino.

Y es que, en el fondo, todo depende del Dios en el que cada uno crea.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, por Carlos Osma

Jueves, 29 de octubre de 2020

projimoamorA Ana la maltrataba Juan, su marido, pero nadie en la iglesia dijo nada. No querían ver las marcas que un líder evangélico dejaba en el cuerpo de su esposa, o quizás, creyeron que Ana debía llevar con resignación la situación sometiéndose a su marido para que los no cristianos pudiesen ser ganados para el evangelio[1]. Un día Juan desapareció y, afortunadamente para ella, no volvió nunca más. Años después Ana conoció a Jorge y se enamoró, y al poco tiempo hubo boda, pero no como la que se merecen las vírgenes que acceden al matrimonio por primera vez. De eso se encargó el pastor de la iglesia, que en su sermón no habló de ayuda mutua, ni de entrega, ni de amor… estaba más preocupado por justificar, Biblia en mano, porqué una mujer cristiana repudiada podía casarse por segunda vez: “cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera”[2]. Pedro, el primo de Ana, que estaba allí el día de la boda, no logró adivinar si las lágrimas de Ana eran de vergüenza, por la humillación a la que estaba siendo sometida por alguien que carecía completamente de empatía, o si por el contrario eran de felicidad, al ver como la palabra fornicación escrita hacía dos mil años en otro idioma, en otro mundo diferente al suyo, le había permitido comenzar una nueva vida con Jorge.

A Pedro le dejó marcado aquel suceso, aquella utilización vil de la Biblia contra una persona a la que quería. Por eso, cuando se enamoró de Luís y salió del armario delante de la comunidad evangélica de la que formaba parte, sabía que no lo tendría fácil para ser aceptado, aun así, no imaginó que la gente con la que había crecido le daría la espalda como a un apestado. Decían que no era realmente cristiano porque “todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado”[3]. La relación entre Pedro y Miguel maduró y se estrechó, se casaron diez años después, y cuando invitaron a Ana a su boda, esta rechazó la invitación porque, según les explicó, la Biblia dice que la voluntad de Dios para el hombre es una mujer, no otro hombre. Y les leyó un versículo, sentada en un sofá al lado de Jorge, su segundo marido, mientras la ira recorría de arriba a abajo el cuerpo de Pedro: “Dejará por tanto el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne”[4].

Luís también era de una familia evangélica, pero de una tradición distinta a la de Pedro, que había jurado y perjurado que no volvería a pisar una iglesia en su vida. Aún así, tiempo después, Luís convenció a Pedro para que le acompañara a su iglesia al bautizo de su sobrino Miguel. La celebración fue muy emotiva, a la hermana de Luís le había costado mucho tener un bebé, y cuando ya lo daba por imposible, la última inseminación fue un éxito. Beatriz, la pastora, hizo un sermón impecable: directo, actual, coherente y lleno de empatía. Al acabar se acercó a Pedro, le saludó, y le preguntó si se había sentido bien durante la celebración. Pedro le respondió que no quería ofenderla, pero que no estaba de acuerdo con lo que había visto, que le parecía antibíblico que se bautizara a un niño, porque como seguramente ella sabía, se necesita el arrepentimiento antes de ser bautizado. La misma Biblia lo dice: “Arrepentíos y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo”[5]. Por otro lado, añadió que él no se consideraba machista, todo lo contrario, por definición un gay no podía serlo, pero que lo que había encontrado más alejado de la enseñanza bíblica era que lo hubiera hecho una mujer, y que además hubiese predicado. Que la Biblia era muy clara en ese sentido y que ella debería saberlo, pero por si acaso, se lo recitó de memoria: “No permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”[6]. Beatriz ni se inmutó, estaba acostumbrada a esos comentarios, de hecho, los que realmente le preocupaban no eran estos, sino los que hacían cuando ella no estaba delante otros pastores que se decían liberales y progresistas, pero eran incapaces de reconocer su machismo. “Dios te bendiga”, fue la única respuesta que le dio a Pedro, y aunque a veces le preguntó a Luís por él, no volvió a verlo nunca más por la iglesia.

Tres semanas después Beatriz fue a un encuentro de mujeres pastoras, y allí se enteró de que Jaime, un pastor que recordaba vagamente del seminario, ahora era la pastora Júlia y quería participar en el encuentro. De hecho, se había presentado en él, algo que a muchas mujeres pastoras no les había parecido correcto. Beatriz no dudó en acercarse a Julia para decirle que tenía todo su apoyo, que admiraba su valentía, que imaginaba que no debía haber sido fácil haber hecho la transición, y que para cualquier cosa que necesitara todas las pastoras estarían a su lado, incluso para acompañarla en el día del Orgullo Gay. Sin embargo, le dijo intentando medir sus palabras, aunque estamos siempre al lado de las personas transexuales, esto no es un encuentro sobre diversidad, sino para mujeres. “No para personas que se sienten mujeres, sino para las que lo son”, apostilló, dándose cuenta de que aquello no había sonado del todo progre. Julia le respondió que ella no se sentía una mujer, sino que era una mujer. Y Beatriz acabó por recordarle que, aunque cada persona tiene el derecho a expresarse como considere, la Biblia deja muy claro que “Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creo, varón y hembra los creó”[7], que la voluntad de Dios no la puede cambiar un médico en una operación, y que aquel era un encuentro de hembras creadas por Dios. Julia, indignada, sabiendo que aquello era una batalla perdida, se dio media vuelta y se marchó.

En la puerta de la iglesia que Júlia pastoreaba dormían todos los días un grupo de indigentes, y cada mañana tenía que llamar a la guardia urbana para que viniese a recoger los cartones y colchones que dejaban. Un día, Júlia llegó más temprano a la iglesia, Santiago todavía dormía cuando ella empezó a gritarle: “¡Esto es una iglesia, no un hostal!”. Santiago al escucharla, se levantó enseguida y recogió los dos cartones con los que esa noche se había protegido del frío. Después, le explicó que no tenía dinero para pagarse un hostal, pero Júlia le respondió que si se hubiera esforzado su situación sería otra, y añadió que trabajar y dejar de vivir de los demás era un mandato divino recogido en la Biblia: “con el sudor de tu frente comerás el pan”[8]. Santiago desapareció dejándola con la palabra en la boca.

Cuando dobló la esquina se encontró con Arturo, al que no conocía y que jamás había visto por allí, que le preguntó si pasaba cocaína. Santiago le respondió que dos calles más arriba, había un camello, pero que tuviera cuidado porque era un tipo peligroso que no se andaba con tonterías. Después, le dijo que vaya mierda haber caído tan bajo, que daba asco y que se quitara de delante. Que lo mejor que podía hacer era cuidar su cuerpo porque “era el templo del Espíritu Santo”[9], o al menos eso era lo que recordaba que le dijo el párroco cuando hace muchos años hizo los cursos de confirmación. Arturo ni escuchó lo último que le dijo, únicamente subió dos calles, consiguió la coca, y la esnifó. Con el subidón, se dirigió a casa, y allí encontró a Dámaris, su pareja, que se negó a mantener relaciones sexuales con él. Entonces empezó a golpearla mientras le decía que, según la Biblia, las mujeres deben someterse a sus maridos en todo, porque ellos son su cabeza[10].

Carlos Osma

Consulta dónde encontrar “Solo un Jesús marica puede salvarnos”

Notas:

[1] 1 P 3,1.

[2] Mt 19,9.

[3] 1 Jn 3,9

[4] Gn 2,25.

[5] Hch 2,38.

[6] 1 Ti 2,12.

[7] Gn 1,27.

[8] Gn 3,26.

[9] 1 Co 6,19.

[10] Ef 5,22.

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Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado

Domingo, 25 de octubre de 2020

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Antes de la venida de Jesús, los imprecaciones de los profetas recordaban que los sacrificios no le agradaban o Dios y que era imposible darle culto sin un corazón humilde que no practicara la justicia con el prójimo   Un par de frases sólidas de los labios de Cristo nos bastan para que sepamos qué meditar y qué hacer hasta el final del mundo: “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también amaos los unos o tos otros”. ¡Y es todo!

¿Por qué este mandamiento es nuevo? Antes de pronunciar estas palabras, a la pregunta: “Cual es el mandamiento mas importante de la Ley”, Jesús no hace otra cosa que recordar la Ley: “Amarás at Señor tu Dios, con todo tu corazón, con todo tu alma y con todo tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: Amarás al prójimo como o ti mismo. En estos dos mandamientos se basó toda  la ‘Ley y los profetas’”. Después de recordar que en el Antiguo Testamento esté escrito:‘Amarás a tu prójimo, odiarás a tu enemigo”, “Ojo por ojo, diente por diente”, Jesús añade: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen; a quien os abofetee en la mejilla derecha presentadle también la otr”. Entiéndase: esto no es una aplicación, sino una consecuencia,

Lo nuevo en el mandamiento de amarnos unos a otros es, desde ahora, amar a nuestros hermanos como Jesús nos ama [..,]. Y aun hoy otro aspecto de este mandamiento del Señor, no siempre bien comprendido, sobre el que debemos reflexionar brevemente. En efecto, en el mandamiento de la Ley tenemos que amar al prójimo “como a ti mismo”. Se ha visto en esta  término uno especie de “minimización” del amor o los otros y casi la justificación de una solapada prudencia egoísta. Y ciertamente, no estamos obligados a amar o nuestros hermanos más que a nosotros mismos. No tenemos que pretender excesivas cosas con los otros, ya que es necesario empezar por nosotros mismos. Y se acaba con una filosofía de la vida muy mediocre y con una concepción muy humana y egoísta del amor al prójimo. El Señor repite este mandamiento y lo asume como propio .

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René Voillaume,
Con Jesús en el desierto, Brescio i969, 103ss

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***

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

“Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

Él le dijo:

“”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.”Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.

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Mateo 22,34-40

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“No olvidar lo esencial”. 30 Tiempo ordinario – A (Mateo 22,34-40)

Domingo, 25 de octubre de 2020

201110211226393d6463No era fácil para los contemporáneos de Jesús tener una visión clara de lo que constituía el núcleo de su religión. La gente sencilla se sentía perdida. Los escribas hablaban de seiscientos trece mandamientos contenidos en la ley. ¿Cómo orientarse en una red tan complicada de preceptos y prohibiciones? En algún momento, el planteamiento llegó hasta Jesús: ¿qué es lo más importante y decisivo? ¿Cuál es el mandamiento principal, el que puede dar sentido a los demás?

Jesús no se lo pensó dos veces y respondió recordando unas palabras que todos los judíos varones repetían diariamente al comienzo y al final del día: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Él mismo había pronunciado aquella mañana estas palabras. A él le ayudaban a vivir centrado en Dios. Esto era lo primero para él.

Enseguida añadió algo que nadie le había preguntado: «El segundo mandato es: amarás a tu prójimo como a ti mismo». Nada hay más importante que estos dos mandamientos. Para Jesús son inseparables. No se puede amar a Dios y desentenderse del vecino.

A nosotros se nos ocurren muchas preguntas. ¿Qué es amar a Dios? ¿Cómo se puede amar a alguien a quien no es posible siquiera ver? Al hablar del amor a Dios, los hebreos no pensaban en los sentimientos que pueden nacer en nuestro corazón. La fe en Dios no consiste en un «estado de ánimo». Amar a Dios es sencillamente centrar la vida en él para vivirlo todo desde su voluntad.

Por eso añade Jesús el segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir olvidado de gente que sufre y a la que Dios ama tanto. No hay un «espacio sagrado» en el que podamos «entendernos» a solas con Dios, de espaldas a los demás. Un amor a Dios que olvida a sus hijos e hijas es una gran mentira.

La religión cristiana les resulta hoy a no pocos complicada y difícil de entender. Probablemente necesitamos en la Iglesia un proceso de concentración en lo esencial para desprendernos de añadidos secundarios y quedarnos con lo importante: amar a Dios con todas mis fuerzas y querer a los demás como me quiero a mí mismo.

José Antonio Pagola

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“Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo”. Domingo 25 de octubre de 2020. 30º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 25 de octubre de 2020

53-OrdinarioA30Leído en Koinonia:

Éxodo 22,20-26: Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
Salmo responsorial: 17: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
1Tesalonicenses 1,5c-10:Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
Mateo 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Podríamos decir que hoy comenzamos la recta final del año litúrgico; esto significa que dentro de un mes estaremos finalizando un ciclo para dar inicio al siguiente. Nos vienen entonces de maravilla las lecturas de hoy para que desde ya comencemos a revisar nuestra vida de fe y cada una de nuestras acciones a lo largo de este año y para que nos preparemos de manera adecuada para vivir con más radicalidad y compromiso el año que viene. La frase clave del pasado domingo nos puede ayudar a entender con más precisión el mensaje de hoy y el de los próximos domingos. Escuchamos hace ocho días la bien conocida frase de Jesús: “den al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Centrémonos en lo que hay que dar a Dios; de este modo, lo que habría que “dar al césar” tendrá que ir disminuyendo cada día más y más, pues en la medida que vamos ampliando nuestra conciencia de ciudadanos/as del Reino, todo lo que somos y tenemos estará únicamente en función de ese proyecto de Reino que es la sociedad solidaria, igualitaria y fraterna; el “césar” y su sistema, tendrán que desaparecer, por fuerza. Y la manera práctica cómo Dios tiene en mente la creación de ese sistema humano social distinto al egipcio, lo expone maravillosamente en el Sinaí, en el contexto de la Alianza con su pueblo. Para ello se vale de tres figuras que simbolizan lo que NO es su proyecto: la viuda, como símbolo del más desvalido de los seres por no tener un macho que le de identidad; el forastero, por no tener un pedazo de tierra donde realizar su proyecto personal y familiar, y el que no posee nada y va de préstamo en préstamo, como símbolo del indigente. Si el seguidor de Yahveh pasa por alto estos tres extremos o declaradamente se aprovecha de su situación, o no hace nada por mejorarla (lo más común aún en nuestros días), él mismo está atrayendo sobre sí la desgracia por ir en contravía del proyecto de la justicia que es la esencia misma del proyecto de Dios que mueve todo el aparato liberador de Egipto. Nada más claro para ayudarnos a entender, además, el pasaje del evangelio que hoy escuchamos; Jesús sienta su posición respecto al camino que hay que seguir si se quiere estar en sintonía auténtica con el proyecto del Padre: no es el legalismo, no es la preocupación de si estamos o no cumpliendo este o aquel mandato; no se puede dudar: “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”; en esto se resume toda la Revelación de Dios.

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobretodo, contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra que habían sufrido el desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impune a los opresores, explotadores y usureros.

Un hombre del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan consagrada, que se considera «natural» la situación de sometimiento absoluto con el que las finanzas internacionales, impúdicamente especulativas, dominan la vida y el trabajo de las mayorías de los distintos países, mediante la subida y la bajada, casi enteramente caprichosa, de los intereses de «los mercados» internacionales. Hace unos años fue con la Deuda Externa: países enteros gravados con deudas que equivalían a muchas veces su producto nacional bruto anual… es decir, que debían todo lo que podían producir durante varios años, podríamos decir que de hecho se debían a sí mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que habían sido ofrecidos a intereses bajísimos, pero «fluctuantes», intereses que una vez contraídas las deudas fueron internacionalmente alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Por qué no se sabe en qué cifra de interés comienza la «usura» en el plano internacional? ¿No estamos viviendo una situación de usura en el sistema financiero internacional? Solemos pensar que el mundo civilizado y moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas.

 Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero, al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos de la Ley (la escrita y la oral), los así llamados paganos eran esclavos de la incesante marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

 El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección al mostrarnos que para Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y recíproco.

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley. Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse, cocinar e incluso auxiliar al necesitado.

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que el cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el espíritu mismo de la legislación divina.

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura (la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos imperativos éticos.

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al mandamiento principal, a los dos amores. Leer más…

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Dom 25 octubre. 30 T0 Amar a Dios y amar al prójimo. Éste es el credo y mandamiento. de la Iglesia

Domingo, 25 de octubre de 2020

amar-al-projimoDel blog de Xabier Pikaza:

El credo cristiano consta de dos artículos: Amar a Dios y amar al prójimo. No es aceptar una verdades o artículos de fe, sino confiar en el don (Dios) de la vida y amar a los demás hombres (que son prójimos), vinculado ambos principios en un tipo de simbiosis radical…Esa fe activa que defina la vida de los creyentes…

Esa era también también la fe radical del AT… pero un tipo de rabinismo había tendido a insistir en un tipo de “obras” de tipo ceremonial, sacral y religioso. Muchos cristianos han vuelto a insistir en algo parecido, en un tipo de “obras” religiosas y de prohibiciones de tipo moralista. Jesús, en cambio, no tiene (no enseña) más fe ni mandamiento que amar a Dios (fuente de vida) y al prójimo como a uno mismo (es decir, en comunión conmigo). Quien dice que cree y no vive la fe (no ama) se está mintiendo a sí mismo.

24.10.2020 | X.Pikaza

Un amor, dos amores que son uno, en el principio de la Iglesia 

Mc 12, 28-34 había presentado esta escena como diálogo de Jesús con un escriba que está cerca del Reino de los cielos, de manera que ambos, el fariseo y Jesús, iban en una misma línea. Pues bien, según Mateo, este fariseos es un  escriba experto en leyes (nomikos), y no viene para aprender o compartir un camino, sino para tentar a Jesús(22,35), como el Diablo de 4, 11, que actuaba también como experto en leyes, apelando a textos de Deuteronomio y Salmos. Este fariseo no quiere conocer y cumplir el mandamiento mayor, sino “cazar” a Jesús por su doctrina (cf. 22, 25), en una disputa que no busca el conocimiento y diálogo mutuo, sino el engaño y condena[1].

22 34 Y los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron todos a una, 35 y uno de ellos, que era experto en la Ley (escriba), le preguntó para ponerlo a prueba: 36 Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley? 37 Y él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. 38 Éste es el mandamiento mayor y primero. 39 El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 En estos dos mandamientos se sostiene toda la Ley y los Profetas.

Éste es el primer credo cristiano, vinculado al credo israelita (y de alguna forma a la sahadamusulmana), que consta de dos artículos: el primero y más grande es amar a Dios; y el otro que es semejante, amar al prójimo. Se puede añadir que este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema (amar a Dios: Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) e incluye, en segundo lugar, el mandato de amar al prójimo, como propone Lev 19, 18 y otros textos semejantes.

Credo judío, credo universal. En esa línea, todo lo que dice este credo es judío, y puede ser aceptado por las religiones teístas que interpretan el amor como experiencia fundante de la vida. Este mandamiento se plantea desde el judaísmo, pero desborda sus fronteras[2].

‒ ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? (22, 34-36). Ciertamente la pregunta es buena, aunque Mateo supone que ha sido preparada y formulada con malicia por los fariseos, que le siguen tentando (lo mismo que en el caso del tributo del César: 22, 15-16), mandándole a un maestro de la ley para que discuta con él. Pues bien, la malicia de la pregunta está en el hecho de que diversas escuelas judías discrepaban sobre el “primer” mandamiento y, sobre todo, en el hecho de que podía pensarse que Jesús no admitía el principio radical del judaísmo (confesar que Dios es uno), por dedicarse demasiado a la causa de los hombres (pareciendo a veces que por ayudar a los necesitados dejaba en un segundo plano a Dios).

Los fariseos que así preguntan son cuidadosos en cumplir los mandatos. Además, en contra de lo que suele decirse, su problema no está en que los mandatos sean numerosos (más tarde se dirá que hay 248 positivos y 365 negativos, en total 613), pues la mayoría resultaban obvios en aquella sociedad. El problema consistía en “organizarlos”, insistiendo en el más importante, y entendiendo los demás como una aplicación o consecuencia. En esa línea podían citarse maestros como Hilel que estaban cerca de Jesús (o viceversa)[3].

 ‒ No hay un solo mandamiento, sino dos (22, 37-39). Le piden que diga cuál el más grande (megalê), como si hubiera uno mayor, por encima de los demás, y él ha respondido que hay uno que es grande y primero (mega,lh kai. prw,th), para añadir inmediatamente que hay otro semejante(o`moi,a). (a) El grande y primero es amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…, como dice el shema (escucha Israel, el Señor tu Dios es Uno…: Dt 6, 5), y en esa línea Jesús se muestra plenamente judío, pues mantiene el amor (=fidelidad) a Dios por encima de todas las cosas. (b) Pero Jesús añade que hay un segundo mandamiento, semejante (homoia): amarás a tu prójimo como a ti mismo (cf. Lev 19, 18).

Esta respuesta es decisiva para interpretar el movimiento de Jesús, tanto por lo que añade como por lo que niega. (a) Jesús añade algo fundamental: Junto al amor a Dios hay otro amor (fidelidad) semejante, en relación con el prójimo. Eso significa que, en un sentido, él ha puesto al prójimo al mismo nivel práctico que a Dios, igualando en importancia los dos mandamientos. (b) Jesús ha citado sólo un segundo mandamiento (amor al prójimo), semejante al primero, de manera que margina todos los restantes mandamientos, sean dos o seiscientos. De esa forma devalúa en su raíz la multitud de los preceptos legales del judaísmo nacional que, a su juicio, sólo tienen valor en la medida en que pueden tomarse como consecuencia (o expresión) del amor a Dios y al prójimo. Leer más…

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“Aprenda a salvarse en treinta segundos”. Domingo 30. Ciclo A.

Domingo, 25 de octubre de 2020

mandamientosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

¿Cuál es el mandamiento principal? Muchos católicos responderían: «Ir a misa el domingo». Los que piensan así probablemente no irán a misa este domingo. A los que piensen de otro modo y vayan, les gustará recordar lo que pensaba Jesús.

El problema de los contemporáneos de Jesús

En los domingos anteriores, diversos grupos religiosos se han ido enfrentado a Jesús, y no han salido bien parados. Los fariseos envían ahora a un especialista, un doctor de la Ley, que le plantea la pregunta sobre el mandamiento principal. Para comprenderla, debemos recordar que la antigua sinagoga contaba 613 mandamientos (248 preceptos y 365 prohibiciones), que se dividían en fáciles y difíciles: fáciles, los que exigían poco esfuer­zo o poco dinero; difíciles, los que exigían mucho dinero (como honrar padre y madre) o ponían en peligro la vida (la circuncisión). Generalmente se pensaba que los importantes eran los difíciles, y entre ellos estaban los relativos a la idolatría, la lascivia, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá.

¿Se puede reducir todo a uno?

Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar, de saber qué era lo más importante. Este deseo se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos Shammai y Hillel, que vivie­ron pocos años antes de Jesús. Una vez llegó un pagano a Shammai y le dijo: «Me haré prosélito con la condición de que me enseñes toda la Torá mien­tras aguanto a pata coja». Shammai lo despidió amenazándolo con una vara de medir que tenía en la mano. El pagano acudió entonces a Hillel, que le dijo: «Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción” (Schabat 31a). También el Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) sintetizó toda la Ley en una sola frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran princi­pio general en la Torá».

La novedad de Jesús

Mateo había puesto en boca de Jesús una síntesis parecida al final del Sermón del Monte: «Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas» (Mt 7,12). Pero en el evangelio de hoy Jesús responde con una cita expresa de la Escritura:

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

̶ Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo:

̶  Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

            «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Deuteronomio 6,5). Son parte de las palabras que cualquier judío piadoso recita todos los días, al levantarse y al ponerse el sol. En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable. No peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente.

            La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el manda­miento principal, y añade un segundo, tan importante como el primero: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19,18). Una vez más, su respuesta entronca en la más auténtica tradición profética. Los profetas denunciaron continuamente el deseo del hombre de llegar a Dios por un camino individual e intimista, que olvida fácilmente al prójimo. Durante siglos, muchos israelitas, igual que muchos cristianos, pensaron que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos… Sin embargo, los profetas les enseñaban que, para llegar a Dios, hay que dar necesariamente el rodeo del prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa. Dios y el prójimo no son magnitudes separables. Tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo. Ambos preceptos, en la mentalidad de los profetas y de Jesús, están al mismo nivel, deben ir siempre unidos. «De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas» (v.40).

El prójimo son los más pobres (1ª lectura)

            En esta misma línea, la primera lectura es muy significativa. Podían haber elegido el texto de Deuteronomio 6,4ss donde se dice lo mismo que Jesús al principio: «Escucha, Israel, el Señor tu Dios es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…» Sin embargo, han elegido un texto del Éxodo que subraya la preocupación por los inmigrantes, viudas y huérfanos, que son los grupos más débiles de la sociedad (la traducción que se usa en España dice los «forasteros», pero en realidad son los inmigrantes, los obligados a abandonar su patria en busca de la supervivencia, marroquíes, senegaleses, rumanos, etc.). Luego habla del préstamo, indicando dos normas: si se presta dinero, no se pueden cobrar intereses; si se pide el manto como garantía, hay que devolverlo antes de ponerse ponerse el sol, para que el pobre no pase frío. Es una forma de acentuar lo que dice Jesús: sin amor al prójimo, sobre todo sin amor y preocupación por los más pobres, no se puede amar a Dios.

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

El ejemplo de unos cristianos pobres (2ª lectura: 1 Tes 1,5c-10)

            La lectura de la primera carta a los Tesalonicenses, continuación del fragmento que leímos el domingo pasado, recuerda lo bien que acogieron «la Palabra, entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo». La continuación de la carta aclara que «tanta lucha» se refiere a las persecuciones de los judíos. La comunidad, quizá la más pobre de las que fundó Pablo, supo unir dos realidades aparentemente irreconciliables: sufrir y vivir alegres, gracias al Espíritu Santo. De este modo se convirtieron en modelo para otros muchos cristianos de Macedonia y Grecia y nos recuerdan el ejemplo parecido de otras comunidades actuales.

            El texto, aunque muy breve, contiene dos datos interesantes: 1) Resume la predicación de Pablo, al menos en sus primeros tiempos: el recurso para evitar el castigo futuro de Dios consiste en abandonar los ídolos, volverse al Dios verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús. 2) Hay comunidades cristianas no solo en Macedonia, sino también en Acaya y «en todas partes»; Acaya es la región situada al norte del Peloponeso, entre la región de Corintia y el mar Jónico. Esto demuestra que la predicación de Pablo y de los otros misioneros no se limitó a la ciudad de Corinto, sino que se extendió también hasta relativamente lejos.

Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegaste a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra comunidad, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes; vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que os librará del castigo futuro.

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Amor, defensas y sustitutos

Domingo, 25 de octubre de 2020

Amor.2Domingo XXX del Tiempo Ordinario

25 octubre 2020

Mt 22, 34-40

La pregunta que los fariseos formulan a Jesús no era ociosa: por una parte, se trataba de una cuestión debatida entre ellos y, por otra, parecía necesario establecer una cierta jerarquía entre la jungla de normas que los propios fariseos habían desarrollado al comentar la Torá.

   La respuesta de Jesús se enmarca dentro de la ortodoxia tradicional: el primer mandamiento para un judío es el famoso Shemá Israel (“Escucha, Israel”), tal como fue recogido en el Libro del Deuteronomio (6,4-9). En su respuesta, Jesús une el Shemá Israel con el amor al prójimo. Lo que hace es anudar dos textos de la Torá: Deut 6,4-5 y Lev 19,18. Sin embargo, tampoco esta unión sería completamente original de Jesús, ya que su propio interlocutor –otro rabino– la reconoce del mismo modo.

     No es casual que diferentes tradiciones sapienciales, de un modo u otro, establezcan el amor como “el mandamiento más importante”. Porque tal “mandamiento” no depende de alguna voluntad arbitraria, sino que es expresión de la naturaleza de lo real. Al afirmar que el amor es “lo más importante” no se hace sino reconocer la unidad profunda de lo real, la no-separación de todo lo que es. Porque eso es el amor, no un sentimiento o emoción, sino la certeza de que no existe nada separado de nada, por lo que todo lo que hago a alguien o a algo me lo estoy haciendo a mí. Y es aquí justamente donde se enraíza la llamada regla de oro, presente en todas las tradiciones espirituales: “No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti” o “trata a los demás como desearías que ellos te tratasen a ti”.

   Lo que ocurre es que, al querer amar, solemos encontrar no pocas resistencias. Por un lado, el amor humano es reactivo. Eso significa que, cuando no nos hemos sentido amados de un modo incondicional, nuestra propia capacidad de amar ha podido quedar bloqueada y nosotros mismos atrapados en diferentes mecanismos de defensa, al tratar de protegernos del sufrimiento generado por aquella carencia. Por otro, el miedo a darnos o entregarnos suele hacer que nos defendamos del amor, prefiriendo permanecer en nuestra zona de confort.

    A raíz de una parábola de Jesús, hace unas semanas comentaba que, en el nivel profundo, la realidad es como la fiesta de un banquete de bodas. Sin embargo, al no verla así –porque estamos alejados de aquella profundidad–, podemos pensarla como un castigo, un absurdo ­–“pasión inútil” la llamó algún filósofo existencialista–, una prueba o un aprendizaje. Y al alejarnos de aquella misma profundidad que es plenitud, buscamos sustitutos de la fiesta, para entre-tenernos –necesita entretenerse el que no se “tiene” a sí mismo–, en un intento desesperado de evitar la superficialidad y el vacío.

    Cuando desconectamos del amor –entendido como certeza de no separación–, nos alejamos de nosotros mismos y, en el mismo movimiento, de la vida que somos. Tal vez necesitemos recorrer el camino que nos permita mantener una cercanía amorosa con nosotros mismos y con toda la realidad, en la certeza de que somos uno con todo lo que es.

¿Amo o me distancio?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La experiencia cristiana más profunda es sentirse amablemente querido por Dios.

Domingo, 25 de octubre de 2020

_21_1_1_1130_1.El amor es la actitud más realizadora y sanante del ser humano.

         Podríamos decir que las personas somos un entramado de dimensiones, que hemos de integrar bien en la vida para que resultemos equilibrados, serenos, pacíficos interiormente y en las relaciones con los demás.

         Somos seres corpóreos, inteligentes, sociales-políticos, libres, seres culturales, seres históricos, etc. Todas estas dimensiones las viviremos serenamente si vivimos en amor.

Cuando otra realidad o perspectiva humana se alza como “dios”, pueden surgir graves desajustes y polarizaciones en la vida personal y comunitaria. Cuando el dios de mi vida es la patria, el poder, el sexo, el dinero, etc. entonces todo queda distorsionado.

         Uno vive en bondad y una comunidad social o cristiana vive en paz, cuando vive en un clima de amor. Decía San Juan de la Cruz que el amor ni cansa, ni se cansa.

         Podemos vivir sin dinero, con hambre, sin justicia, sin libertad (¡hemos vivido!). Lo que no podemos vivir es sin ser amados y sin amar.

2.Dios es amor.

         Dios nos ama ya en la creación

         Dios es amor, al menos el Dios de Jesús es amor. Dios nos ha creado porque nos ha amado ya en el seno materno (salmo 138).

Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho;

si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.

Tú tienes compasión de todos”,

y tú amas todo lo que tiene vida,

         (Sabiduría 11,24.26)

Dios es bueno siempre con nosotros.

Ya en el AT Dios había hecho una -muchas- Alianza de amor con su pueblo: Dios no abandona nunca a “su gente”, y su gente somos todos, toda la humanidad. Dios está siempre de parte de sus hijos, de la humanidad. El pueblo hacía lo que podía, que era más bien poco y regular. Pero Dios siempre es fiel, su misericordia es eterna, repite un salmo.

La seriedad de nuestra existencia humana y cristiana se entiende desde la infinita misericordia de Dios.

         El ser humano y los cristianos nos entendemos como tales desde el amor, desde la bondad de Dios.

         Jesús no fue un monje religioso que pudiera haber vivido en Qumrám. Jesús fue el hombre para los demás.

 3. El amor no es ley religiosa. (A vueltas con la religión).

         El amor no es una norma o ley, al estilo de los 248 preceptos y de las 365 prohibiciones de la religión judía. El amor es esa fuerza que abre nuestra existencia hacia los demás.

         Y el amor se realiza en lo que hemos escuchado en la primera lectura del libro del Éxodo:

No oprimirás ni vejarás al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, no siendo usurero ni extorsionando al pobre.

         Es muy semejante a lo que Jesús dice en el NT (Mt 25,31-46):

Amamos cuando damos de comer al hambriento, damos de beber al sediento, vestimos al desnudo, acogemos al extranjeros, visitamos a los enfermos y encarcelados.

4. a propósito del extranjero

         En la lectura del libro del Éxodo (1ª lectura) hemos escuchado algo que es constante en la Biblia y está muy presente en el pensamiento de Jesús: “No oprimirás ni vejarás al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto

Jesús no es racista, ni mucho menos, y el cristiano, tampoco debe serlo.

Por una parte, Jesús era judío, más bien galileo, nazareno, pero conocía “al dedillo” la Palabra y sabía también el hondo respeto que Israel sentía -debía sentir- hacia el extranjero: porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto. Son decenas los textos en los que se recuerda esta actitud:

Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido. Mostrad, pues, amor al extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto, (Dt 10,18-19).

         Cuando el mismo Mateo “escenifica el “juicio final” dice: Fui extranjero y me acogisteis, (Mt 25,35), o no me acogisteis…

         No es fácil ser extranjero y menos cuando se es extranjero por debilidad y pobreza. Pensemos en tantos miles de emigrantes por razones de hambre, falta de trabajo, exilios políticos, etc., etc.

Por otra parte, Jesús siempre, siempre mira primero al ser humano. Jesús no le pide a nadie el “carnet del partido” o el DNI o el pasaporte, ni tan siquiera la partida de bautismo. “San Pedro” en la “puerta del cielo” no le pide absolutamente a nadie el pasaporte, la nacionalidad, etc., y Dios Padre, menos. En el cielo no hay “sin papeles”, ni indocumentados, ni extranjeros, ni emigrantes

         Jesús cura, perdona, sana, alivia, acompaña a todo el mundo sea de la nación que sea, sin hacer acepción de personas, (Rom 2,11). A Jesús le da lo mismo da que seamos leprosos, endemoniados, medio locos, paralíticos, hombres o mujeres, samaritanos y samaritanas, centurión romano, cananeos, cobradores de impuestos, o que estemos muertos moral o físicamente. Jesús cura, salva.

         Parece que las naciones y las Iglesias tienen fronteras, pero la salvación de Jesús no tiene límites. ¿Fuera de la Iglesia no hay salvación? ¿Y quién y por qué hay que poner rayas rojas en la Iglesia?

Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos los que encontréis, buenos y malos. (Mt 22).

5. volvamos al Dios del amor

         La tradición (los escritos) de San Juan hace gran hincapié en el amor a los demás como criterio del amor a Dios:

Quien dice que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en las tiniebla. El que ama a su hermano vive en la luz y no hay nada que le haga caer en pecado. (1Jn 2,9)

El que no ama no ha conocido a Dios, (1Jn 4,8)

El que no ama, aún está muerto. (1Jn 3,14)

El que dice: “Yo amo a Dios”, pero al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. (1Jn 4,20)

         La persona religiosa pretende contentar a Dios como los fariseos y el mundo judío: cumpliendo la ley, los ritos El cristiano ama a Dios a través del prójimo.

Llama la atención que hoy en día los obispos tienen la gran preocupación de la escasez de curas y, por tanto, de que no se celebre Misa en tal pueblo a tal hora. Ahora con la pandemia les preocupa si la Misa por TV “vale o no vale” (¿Y qué será valer o no valer? En Roma hay dicasterios, congregaciones y curias para todo: de culto, de religiosos, Secretaría de estado, etc, pero no hay una Congregación para los pobres.

Sin embargo, decía K. Rahner, el único criterio moral cristiano es el amor, el amor a los demás y, por tanto, a Dios. De otro modo: amar a Dios es ser buen samaritano, lo demás son “milongas” lucernarias.

6. El amor hace bien.

         Probablemente la experiencia humana y cristiana más profunda sea el amor o la ausencia de amor.

         Detrás de tantos comportamientos de ansiedad, de deseo de poder, de fanatismo, hay una falta de afecto fundamental, probablemente desde la infancia.

         Quien ha sido y es amado, se encuentra centrado y sereno en la vida.

Hay estudios acerca de la falta de afecto inicial en los comportamientos fanáticos de tipo religiosos (Islam / ultracatólicos). Quien ha experimentado en su vida el amor, no será fundamentalista fanático. Cuando no se tiene la experiencia íntima del amor, se está tocando a vísperas de fanatismos.

El amor abre nuestra existencia a la vida, a la creatividad.

  1. ser cristiano es sentirse querido por Dios.

Todos nos hemos encontrado con alguna o algunas personas buenas, bondadosas en la vida; personas buenas que nos quieren (sin memeces ni alharacas). Esa es la experiencia cristiana, sentirse amablemente querido por Dios.

Yo no sé si a Dios le preocupa ni le interesa mucho todo el tinglado eclesiástico, el trasiego de obispos, el cumplimiento de la normativa litúrgica y todo el tinglado ultraortodoxo, más bien pienso que a Dios le importa poco toda esa coreografía.

Dios siente lástima y le conmueve mucho más la pandemia, los enfermos, el hambre de los niños, el paro, la madre soltera, la chica que anda angustiada y le da vueltas la cabeza y el corazón por el aborto que le ronda. A Dios -al Dios de Jesús – le preocupan mucho más los deprimidos, los suicidas, los encarcelados, que si hay que ponerse casulla o cómo se celebra la penitencia.

Y es que Dios nos quiere, nos ama a los seres humanos. Dios es amor. Lo demás es “pompa y circunstancia”.

Puede ocurrir que seamos unos perfectos cumplidores, unos buenos fariseos, pero que no tengamos la experiencia de ser cristianos, ni humanos. Y esto no es que esté bien o mal jurídicamente, sino que es una pena que no sintamos en la vida la bondad de Dios.

Dios no nos ama porque nosotros seamos buenos, sino porque Él es bueno. Ser cristiano es sentirse querido por Dios y vivir en esa bondad que transmite.

         Buenos cristianos son el hijo pródigo, la pecadora que se postra a los pies de Jesús, la pobre mujer a la que quieren apedrear y a la que Jesús “no condena”, el buen samaritano, Zaqueo ¿Con quién trataba y comía Jesús? Pues todos esos son malos religiosos, pero excelentes cristianos, etc.

7. a veces no es fácil.

Nadie dice que -a veces- sea fácil amar. En problemas serios en los que entran en juego viejos contenciosos, viejas cuestiones familiares, modos de ser y psicologías, no es tarea sencilla.

         Llegar a ciertos convencimientos de bondad y amor es, en muchos casos, tarea lenta que requiere procesos y recorridos en los que se ve implicada toda la persona: la inteligencia, la libertad.

Los sentimientos negativos estarán y aflorarán -probablemente- siempre, pero habremos de aplicar la inteligencia y la razón sobre los sentimientos para saber dejar de lado, aparcar viejas cuestiones, cerrar carpetas abiertas y vivir en la mayor entereza y paz posibles.

         El amor, el respeto, hacer el bien humaniza también a todo el mundo: a uno mismo y a los demás.

Ama y haz lo que quieras, o lo que quieras (amas), hazlo

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Sólo quien ama está en contacto con la Verdad.

Miércoles, 14 de octubre de 2020

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Gandhi preguntó una vez: «¿Cómo puede ser fraternal el que cree poseer la verdad absoluta?». Digámoslo con franqueza: la historia del cristianismo plantea una y otra vez esa cuestión. El problema: Dios se ha revelado a los hombres en Cristo, pero se ha revelado ante todo como amor. Entonces, la verdad absoluta se capta como amor: por tanto, no de tal modo que excluya el amor en ciertas situaciones limitadas. Solo quien ama puede estar seguro de que sigue en contacto con la verdad, que, en realidad, es demasiado absoluta para ser captada con su mente. Por eso, quien se adhiere a la verdad del Evangelio tiene miedo de poder perder la verdad por un fallo del amor, no por un fallo del conocimiento. En ese caso, es humilde y, por tanto, es juicioso. Pero scientia inflat, «el conocimiento hincha» al hombre como un globo y le da una integridad precaria en que cree tener en sí mismo todas las dimensiones de una verdad cuya totalidad se les niega a otros. Entonces, según cree, llega a tener obligación, en virtud de su conocimiento superior, de castigar a los que no comparten esa verdad. ¿Cómo puede «amar» a otros, piensa, sino imponiéndoles la verdad que, de otro modo, ellos insultarían y despreciarían? Tal es la tentación.

En el refectorio están leyendo un libro tendencioso sobre el comunismo. El comunismo es insidioso. Hemos de odiar todo lo insidioso, y en especial esa suprema insidia diabólica que es el comunismo. Si lo odiamos con todo el poder de nuestro ser, podemos estar seguros de que somos y seremos siempre justos, libres, sinceros, honrados, abiertos. Hoy (se nos dice), el odio al comunismo es la prueba de ser un buen cristiano. La prenda de toda verdad es nuestro odio político. Odiad a Castro. Odiad a Krushchev, Odiad a Mao. Todo eso a la vez que se habla del «misericordioso amor de Dios» y los «latidos del Sagrado Corazón». Parece haber otra dimensión que no hemos descubierto…

Crisóstomo tiene algunas hermosas cosas que decir sobre ovejas y lobos en el tercer Nocturno del día de san Bernabé: «Mientras sigamos siendo ovejas, venceremos. Aunque estemos rodeados por mil lobos, vencemos y somos victoriosos. Pero en cuanto somos lobos, nos derrotan, pues entonces perdemos el apoyo del Pastor, que no alimenta a los lobos, sino solo a las ovejas» (de la Homilía 34 sobre san Mateo).

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Thomas Merton
Conjeturas…

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Miguel Ángel Munárriz: El amor.

Lunes, 12 de octubre de 2020

i-toni-dell-amore-614024Erich Fromm, psicoanalista alemán, afirma que el hombre está totalmente solo salvo en la medida en que ayuda al otro; que se volvería loco si no pudiera librarse de su prisión al unirse a los demás hombres. El hombre primitivo se sentía uno con la Naturaleza, pero según se fue liberando de estos vínculos primarios, fue en aumento la angustia que le producía su soledad. El hombre actual se refugia en el rebaño para superarla, pero sus relaciones con los demás son tan superficiales que no le libran de la angustia.

La solución plena está en la fusión con otra persona en el amor. Este deseo de unión interpersonal es el más poderoso que actúa en el hombre, pero solo el amor maduro capacita para superar la soledad. Un amor es maduro cuando la unión preserva la propia identidad y la de las personas amadas.

Amar es fundamentalmente dar, no recibir. Dar sin recibir a cambio puede considerarse como empobrecimiento o como virtud en el sentido de sacrificio, pero quizás su sentido más genuino sea expresión de potencia, de poder, de fuerza, de riqueza… La esfera más importante del dar es el dar de sí mismo, y cuando se da así, no se puede dejar de recibir, y por eso, dar significa hacer de la otra persona un dador, y compartir ambos la alegría de lo que han creado.

Pero hay muchos tipos de amor —dice Fromm—. El amor de una madre es incondicional; el niño no tiene que hacer nada para obtenerlo. El amor del padre hay que ganarlo y puede perderse. La relación entre la madre y el niño es de desigualdad, en la que uno necesita toda la ayuda y la otra la proporciona. Este altruismo es considerado como la forma más elevada de amor y el más sagrado de todos los vínculos emocionales, pero la madre recibe más que el niño porque se trasciende en el niño; porque su amor por él colma de sentido su vida.

El amor fraterno se caracteriza por su falta de exclusividad, y en él se realiza la solidaridad humana. Si percibo en una persona solo lo superficial, percibo fundamentalmente las diferencias; percibo lo que nos separa. Si penetro hacia el núcleo, percibo nuestra identidad, nuestra hermandad. El amor comienza a desarrollarse si amamos a los que no necesitamos.

El amor a Dios también puede tener su origen en la necesidad de evitar la angustia de la soledad a través de la unión con alguien. Cuando la religión ha tenido un carácter matriarcal, los dioses se han caracterizado por profesar un amor incondicional e igual para todos. El creyente sabe que, aunque haya pecado, su Madre le amará y no amará a otro más que a él. Este amor propicia lo que ocurre entre la madre y el hijo, es decir, que el amor a Dios, y el amor de Dios hacia él, son inseparables. En las etapas patriarcales, ocurre que el Padre tiene exigencias, establece principios y leyes, supedita su amor a la obediencia, tiene predilección por el más obediente y capacitado, y las cosas se complican…

Quizás, el pasaje evangélico que mejor muestre el amor de Dios —de Abbá—, sea el del hijo pródigo. En expresión de Ruiz de Galarreta; «Jesús tiene la osadía de comparar a Dios con el paterfamilias venerable que echa por la ventana su dignidad y la mitad de su hacienda, porque ha recuperado al sinvergüenza de su hijo que ha vuelto a casa muerto de miseria». Nada de ofensas, nada de reproches, solo el amor incondicional de un padre; un amor que precisamente por su incondicionalidad es más propio de una madre. Podemos sentir a Dios como un Padre que nos recompensará por nuestras buenas obras en el momento de la muerte, y podemos sentir el amor incondicional de una Madre y responder a su amor amando a sus hijos; porque Dios no necesita nada de nosotros, pero tiene hijos que sí nos necesitan.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad ,

Un amor que siempre da la bienvenida

Martes, 6 de octubre de 2020

Del blog de Henri Nouwen:

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“La parábola del hijo pródigo
es la historia
que habla del amor que ya existía
antes de cualquier rechazo
y que estará presente después
de que se se hayan producido
todos los rechazos.
Es el amor primero y duradero
de un Dios que es Padre y Madre.
Es la fuente del amor humano,
incluso del más limitado.
Toda la vida y predicación de Jesús
estuvo dirigida a un único fin:
revelar el inagotable e ilimitado amor
materno y paterno de su Dios
y mostrar el camino para dejar que ese amor
dirija nuestra vida diaria.
Es el amor que siempre da la bienvenida a casa
y que siempre quiere celebrarlo”.

*

Henri Nouwen
El regreso del hijo pródigo

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Imagen:Foto de Amor creado por freepik – www.freepik.es

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