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Entradas Etiquetadas ‘Solidaridad’

En la persona de su Espíritu

Lunes, 10 de junio de 2019

Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“Es importante que todos, tanto en Occidente como en Oriente, recordemos la necesidad que tenemos del Espíritu Santo, no como algo fuera de lo normal, como una ocurrencia repentina, sino como una realidad siempre presente, algo que forma parte de nuestras vidas.

El Espíritu Santo es una dimensión central y primaria en el estadio presente de nuestra existencia, porque es él quien lleva adelante la obra de formar la nueva creación y de transformarlo y restaurarlo todo en Cristo”.

“Cuanto más estamos solos tanto más estamos juntos; y cuanto más nos hallamos en sociedad, la verdadera sociedad de la caridad, no de las ciudades, tanto más estamos con Él a solas. Pues en mi alma y en la tuya hallo al mismo Cristo que es nuestra Vida, y Él se halla a Sí mismo en nuestro amor, y todos juntos hallamos el Paraíso, que es compartir Su Amor por Su Padre en la Persona de Su Espíritu”.

*

Thomas Merton

pentecostes

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Amor activo, somos responsables de Dios

Miércoles, 5 de junio de 2019

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

El ideal burgués de fraternidad, que la revolución francesa ha unido al de igualdad y libertad, ha quedado en gran parte inoperante en el campo de las luchas político-económicas del siglo XIX–XX, porque no se ha dado una verdadera trasformación en línea de justicia. Detrás de las hermo­sas palabras de hermandad e igualdad se escondía el ansia de dominio de algunos privilegiados, la «libertad» de realizarse a costa de los otros. ¡Que triunfe el que es más fuerte! se decía o, por lo menos, se pensaba. Es lógico que, en contra de esa situación, que ha dado origen al capitalismo financiero y depredador que nos amenaza, se haya levantado un nuevo tipo de conciencia de amor entre los hombres: Una solidaridad de oprimidos, abierta hacia los grandes ideales de igualdad fundamental entre los hombres. Siguiendo en esa línea, a partir de las experiencia ya citada de E. Hillesum, sin negar tu primera actitud de protesta, tú misma me has dicho, que somos responsables de la obra de Dios (es decir, del mismo Dios)[1].

Estrictamente hablando, solidaridad significa comunión de intere­ses y suele surgir allí donde unos hombres, unidos en el mismo dolor y explotación, se sienten capaces de asumir su suerte y comenzar un gran proceso de transformación. El ideal cristiano de fraternidad influía poco y además parecía aliado a los valores burgueses. Las palabras genéricas sobre la vinculación humana de los ilustrados del siglo XVIII sonaban a sermón vacío, en un mundo de masas obreras sometidas a una inmensa explotación. Desde ese fondo surgió en diversos lugares un ideal nuevo de solidaridad humana (cf. cap. 38).

 Fueron tiempos duros, pero no vacíos. Allí donde habría podido decir­se que la historia fracasaba comenzaron a surgir caminos de justicia, en los siglos XIX y XX. Las grandes palabras de amor interhumano parecían rotas, al menos en las capitales de la industria, la política, el comercio. Parecía que lo humano se encontraba condenado a perecer entre los resortes del capital (el nuevo dios), entre intereses coloniales y luchas de poder. Pues bien, desde esa situación se fue elevando la voz de condenados, los obreros sin poder ni pan, que proclamaban una nueva ley humana, un camino de igualdad y de esperanza. De esa forma, en medio de una tierra de palabras vanas y de bellos propósitos de amor inoperante, convertido en propulsor de la injusticia, fue surgiendo un ideal distinto de amor­ solidario, interpretado como fuerza de transformación del hombre y de la historia.

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 Esa solidaridad, entendida como intento de crear amor a través de un cambio de estructuras, se vincula al descubrimiento de que las clases sociales no derivan de la naturaleza, sino que provienen de la historia  y cultura de los hombres, como empiezan diciendo K. Marx y F. Engels, en El Manifiesto comunista de 1848: «Hasta hoy toda la historia de la sociedad ha sido una constante sucesión de antagonismos de clases, que revisten diversas modalida­des, según las épocas». Ese antagonismo deriva de las condiciones de producción, se explicita en formas de ideología clasista, elaboradas para el dominio de unos pocos y se concretiza en la misma organización de los estados. En esa línea, la humanidad, internamente dividida, corre el riesgo de destruirse. Por eso es necesario un movimiento inverso que, partiendo de la misma opresión, pueda superarla. Esto podía realizarlo únicamente la clase proletaria.

En ese contexto quiero hablar de la solidaridad marxista, pero después, en un nivel mucho más hondo, retomando la experiencia de E. Hillesum (y de Jesús), quiero desarrollar algunas ideas que tú misma que tú misma me enseñaste, al decir que debemos ser solidarios con el mismo Dios y ayudarle en el camino de la llegada de su reino. Somos responsables del orden social (como empezaré mostrando con unas reflexiones tomadas en parte del marxismo), pero, en un nivel más hondo, somos responsables del mismo Dios, es decir, de su obra y presencia en el mundo, como supo y dijo Jesucristo.

  Solidaridad comunista.

Como here­dero de la revolución francesa y del judeo-cristianismo, K. Marx (1818-1883) suponía que los hombres han de vincularse en justicia, en contra de lo que sucede actualmente, en que se hallaban divididos, escindidos, rotos por la lucha entre las clases. Sólo desde el interior de la clase subyugada o destruida de los proletarios puede surgir un camino de emancipación solidaria:

¿Dónde reside, pues, la posibilidad positiva de la emancipación…? En la forma­ción de una clase con cadenas radicales, de una clase que es la disolución de todas: de una esfera que posee un carácter universal debido a sus sufrimientos universales y que no reclama para sí ningún derecho especial, porque no se comete contra ella ningún daño especial, sino el daño puro y simple, que no puede invocar ya un título histórico sino su titulo humano…; de una esfera, por último, que no puede emanciparse sin emanciparse de todas las demás esferas de la sociedad y. al mismo tiempo, emanciparlas a todas ellas; que es, en una palabra, la pérdida fatal del hombre y que, por lo tanto, sólo puede ganarse a sí misma mediante la recuperación total del hombre. Esta disolución de la sociedad como clase especial es el proletariado (Marx-Engels, Sobre Religión I, Sígueme, Salamanca 1974, 105).

Este pasaje condensa y anuncia lo que ha querido ser la solidaridad marxista, fundada en la comunión en el dolor y en el despojo. La unidad de la burguesía no se fundamenta en la razón, ni en los valores de la humanidad, sino en intereses de grupo. Por el contrario, la unidad de la clase proletaria se funda sobre la carencia de todos los valores. El proletariado no dispone de nobleza, ni de fuerza o bienes de fortuna; su único valor es la vida, la verdad del hombre que, al llegar hasta la hondura de sí mismo, despojado de todo, no tiene más valor que el hecho de formar parte del género humano. Desde esa base, en el principio de todos los caminos de transformación humana está la vivencia del sufrimiento compartido, la solidaridad en la opresión.

Esa solidaridad se abre en forma de lucha revolucionaria. En un mo­mento determinado, los proletarios, unidos en el despojo, descubren la posibilidad de planear y edificar una existencia diferente, a través de la ruptura del orden actual (burguesía), para así crear una forma de vida compartida. Para realizar ese cambio es necesario que la unión en el dolor se vuelva solidaridad activa en alzamiento y en combate. En este contexto has de entender el lema final del Manifiesto Comunista: ¡proletarios de todos los pueblos: uníos! Esa unión del proletariado constituye el dogma base del credo comunista, que según Marx y Engels se oponen a los esquemas de humildad y pequeñez del cristianismo:

Los principios sociales del cristianismo predican la cobardía, el desprecio de sí mismo, la humillación, la sumisión, el desaliento; en una palabra, todas las cualidades de la canaille. Y el proletariado, que no quiere ser tratado como una canaille, necesita su valentía, su sentimiento de sí mismo, su orgullo y su sentido de independencia mucho más que su pan. Los principios sociales del cristianismo son solapados, y el proletariado es revolucionario (Ibid., 178-179).

Éstos son los elementos que definen y realizan la unión proleta­ria. Enamoramiento y amistad quedan en penumbra, como datos intimistas que no cuentan directamente en la nueva solidaridad. Los valores que se estiman principales son al interior del grupo la camaradería y al exterior la militancia. Camarada es quien se integra en la clase proletaria, convirtiéndola en principio y medida de toda su tarea. El camarada sabe que su suerte personal no es decisiva, lo que importa es la trasformación de clase, la unidad en el proceso, el movimien­to proletario que culmina en el futuro de la nueva humanidad sin opresión del hombre sobre el hombre. Los valores intimistas, individuales, son menos importantes. Lo que importa es la solidaridad de grupo, que lleva a la unidad de los individuos (proletarios), para la transformación de la humanidad. Hasta que llegue ese final reconciliado, el camarada es militante: Se integra en la dinámica de lucha de clases y la asume de tal forma que es capaz de dar su en aras de la solidaridad.

Esa solidaridad tiende al surgimiento de una sociedad sin clases.«Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político» (Manifiesto comunista, Madrid 1977, 46). En una sociedad de clases, el Estado es signo y garantía de violencia, como instrumento de dominio de una clase sobre otras. Por la revolución socialista, el Estado cambiará, haciéndose vehículo de ideas y proyectos revoluciona­rios, que llevan a la superación de las clases sociales. Así, cuando se cumpla el proceso y el proletariado, inicialmente despojado de todo, a través de un proceso de organiza­ción y lucha, haya logrado asumir la esencia de lo humano, el Estado como signo de imposición desaparecerá y la sociedad se organizará de forma transparente y solidaria, en libertad y en igualdad, de tal manera que los signos de la vieja imposición irán al puesto que les fuera preparado previamente, «al museo de antigüedades, junto al torno de hilar y al hacha de bronce (cf. F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Madrid 1970, 217).

Las maneras de hablar sobre ese momento final son diversas: Identificación del hombre con su naturaleza, transparen­cia interhumana, trabajo como juego, superación de las necesidades etc. Triunfará la solidaridad y el hombre no será enemigo de los hombres. Estas eran las palabras básicas del ideal comunista. Ahora que las realizaciones concretas de ese ideal han fracasado (año 2012), tras millones de muertos de la dictadura estalinista y maoísta, preguntamos: ¿Sigue teniendo un valor? ¿Dónde han estado sus fallos? ¿Cómo se relaciona la solidaridad marxista con el amor del cristianismo?

Solidaridad cristiana.

Sabes bien que es difícil contestar a las preguntas anteriores, y aquí sólo puedo esbozar algunos rasgos de la solidaridad cristiana partiendo de una lectura social Mt 25, 31-46 (“tuve hambre y me disteis de comer…»), distinguiendo cinco rasgos de la solidaridad cristiana. En su principio está la gracia de la encarnación, es decir, la certeza de que Dios nos ama, tal como aparece en el evangelio de Jesús. Por eso, la solidaridad con los excluidos no es sencillamente efecto del camino de la historia: Es don de Dios que se hace humano, asumiendo nuestro dolor, es compromiso de ayudar al Dios que sufre en los hambrientos, sedientos, exilados, enfermos y encarcelados.

La solidaridad de Jesús no se identifica con los intereses de un determinado grupo proletario, sino con la situación de todos los oprimidos. El marxismo ha destacado el sufrimiento de la clase proletaria industrial, poniendo de relieve su potencial, a través de un “partido” que asuma y represente los intereses de los proletarios, a los que se vincularán todos los restantes pobres de la tierra. Más que con los proletarios que en el fondo son ya poderosos (capaces de iniciar una revolución violenta, tomando el poder), Jesús se identifica con los proletarios-excluidos, incapaces de tomar el poder.

La solidaridad de Jesús es gracia (donación y comunión). Amar es más que ir asu­miendo la existencia de los otros; amar implica darse, ofreciendo la vida por ellos. Allí donde el marxismo introducía la lucha entre las clases, para liberar a los proletarios-oprimidos, Jesús sabe que la injusticia y violencia del mundo actual sólo puede cambiar con amor no violento. De esa forma, su solidaridad se expresa asumiendo el dolor de la historia (Dios hambriento, Dios preso…) y conduce a la comunión personal. Él no quiere que muramos para así integrarnos en el todo de la clase social o de la especie, sino para crear nuevas  relaciones personales, haciéndonos solidarios con él, ayudándole a ser y a expresarse en todos los que sufren sobre el mundo. Leer más…

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Para que puedan vivir.

Sábado, 17 de noviembre de 2018

A man sleeps on a sculpture of a figure called 'Homeless Jesus' in front of the Archdiocese of Washington Catholic Charities offices in Washington, on September 16, 2015. Photo courtesy of REUTERS/Jonathan Ernst *Editors: This photo may only be republished with RNS-POPE-HOMELESS, originally transmitted on Sept. 24, 2015. Empezamos a ver a personas durmiendo o pasando la noche en los portales, cajeros, puentes…

Todos los cristianos queremos ofrecer signos para que las personas puedan sentirse llamadas a seguir a Jesús de Nazaret.

Y hay un signo –significativo- que hoy veo sencillo y expresivo.

En casi todas las diócesis hay locales, pisos, habitaciones, que no estamos usando como comunidad cristiana y que se están envejeciendo en la soledad y el silencio. Pensemos la cantidad de habitaciones que tenemos en los seminarios, casas de monjas, antiguos colegios, casas parroquiales…

Vería un gesto muy positivo el compartir esos pisos con las personas sin techo, por lo menos hasta que puedan ser personas empadronadas y cobrar la renta ciudadana. En el proceso de acompañar a los refugiados o a los inmigrantes a ser ciudadanos con todos los derechos y obligaciones, hay que empezar porque tengan empadronamiento. Y para ello, necesitan un piso donde vivir. Qué buena operación por parte de los cristianos.

Es cierto que son los gobiernos los principales responsables de dar esa vivienda. Pero en la iglesia no podemos seguir teniendo pisos vacíos. Si queremos vivir el espíritu de Jesús, podemos ceder los pisos.

Sé por propia experiencia lo que cuesta encontrar una vivienda para una familia así. Y mientras, los pisos diocesanos, vacíos.

Buscamos signos evangelizadores. Ahí tenemos uno muy importante. Obras son amores. Alabamos cuando alguna parroquia deja sus locales para que puedan comer y dormir los empobrecidos. Mucho más cuando se trata de locales que están vacíos, abandonados, sin usar.

Incluso todos los cristianos, todas las personas que lo deseemos, podemos unirnos y poner cada uno al mes una cantidad pequeña y entre todos pagar durante seis meses la cuota de alquiler. Luego ya cobrarán como ciudadanos empadronados los 430 euros.

Nuestra misión es crear vida digna para todos. Y quien más lo necesita es quien peor lo pasa.

No se encuentran pisos baratos. Es una necesidad urgente. Podemos prestar nuestras huertas y locales para edificarlos. Y podemos prestarlos a las rentas bajas. El Reino exige la entrega total hacia una sociedad nueva. Y este es un signo urgente.

La principal responsabilidad es del gobierno, pero, en caso de no hacerlo y mientras lo seguimos exigiendo, hay personas que tienen que vivir en la calle. Sería un buen gesto por nuestra parte. Hasta me atrevería a decir: ni un euro más gastado en arreglo de templos, mientras todos los hijos de Dios no tengan casa.

Las personas que piden a la puerta de nuestras iglesias, nos lanzan un SOS. ¿Cómo entrar nosotros en el templo y dejar fuera sin morada a tantas personas?

Entramos en el templo y rezamos alegremente “por los que no tienen vivienda, roguemos al Señor” Y siento que Dios me dice: “pues haz algo, pon siquiera un ladrillo para que encuentren dónde vivir “

No faltan viviendas, falta reparto y uso de las viviendas. Hay para todos.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Enjugar las lágrimas De Dios allí donde llora

Sábado, 1 de septiembre de 2018

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Vino la Segunda Guerra Mundial, con todo el dolor que quedó grabado de manera indeleble en mi memoria. No quise tomar partido sino por el amor y contra el odio. En un país oprimido por la ocupación enemiga, sostuve que los cristianos están obligados a amar a sus enemigos y que defraudarlos sistemáticamente con las pruebas normales y las manifestaciones del amor fraterno es pecado grave. Tuve amigos entre los comunistas y en el Ejército alemán, entre los colaboracionistas, en la Resistencia y entre los voluntarios que combatían contra los rusos en el frente oriental. Eso me trajo a menudo dificultades.

Y es que casi todos los que se comprometían personalmente estaban convencidos de que la patria, Europa, Dios, el Orden Nuevo y todos los restantes ideales únicamente podían ser servidos de una sola manera: la que ellos mismos consideraban justa.

Después de la guerra, puse la misericordia por encima del derecho. Mendigué amor para el enemigo derrotado. Defendí a los inermes, a los prisioneros, a los expulsados de sus casas y de sus tierras, a los perseguidos, a los pobres y a los oprimidos.

Esto fue el comienzo de mi verdadera vocación. La esencia de mi vocación consiste en enjugar las lágrimas de Dios allí donde llore. Como es natural, Dios no llora en los cielos, donde mora en una luz inaccesible y goza eternamente de su felicidad infinita.

Sus lágrimas corren, sin interrupción, por el rostro divino de Jesús, que, aun siendo uno con el Padre celestial, aquí, en la tierra, sobrevive y sufre, está hambriento y es perseguido por los enemigos de los suyos. Las lágrimas de los pobres son las suyas, puesto que Jesús ha querido identificarse enteramente con ellos.

Y las lágrimas de Jesús son lágrimas de Dios.

*

W. van Straaten,
Donde Dios llora,
Biblioteca de Autores Cristianos,
Madrid 1971

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Mística de ojos abiertos

Miércoles, 22 de agosto de 2018

Del blog Nova Bella:

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“Los cristianos deben ser místicos, pero no exclusivamente en el sentido de una experiencia individual espiritual, sino en el de una experiencia de solidaridad espiritual. Han de ser “místicos de ojos abiertos”. […] Son ojos bien abiertos […] los que nos hacen volver a sufrir por el dolor de los demás: los que nos instan a sublevarnos contra el sinsentido del dolor inocente e injusto; los que suscitan en nosotros hambre y sed de justicia, de una justicia para todos.

*

J.B.Metz

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“Tierra Nuestra, Libertad”: “Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron”

Domingo, 29 de julio de 2018

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Tierra Nuestra, Libertad”.

Esta es la Tierra nuestra:

¡La libertad,

humanos!

Esta es la Tierra nuestra:

¡La de todos,

hermanos!

La Tierra de los Hombres

que caminan por ella

a pie desnudo y pobre.

Que en ella nacen, de ella,

para crecer con ella,

como troncos de Espíritu y de Carne.

Que se entierran en ella

como siembra

de Ceniza y de Espíritu,

para hacerla fecunda como a una esposa madre.

Que se entregan a ella,

cada día,

y la entregan a Dios y al Universo,

en pensamiento y sudor,

en su alegría

y en su dolor,

con la mirada

y con la azada

y con el verso…

¡Prostitutos creídos

de la Madre común,

sus malnacidos!

¡Malditas sean

las cercas vuestras,

las que os cercan

por dentro,

gordos,

solos,

como cerdos cebados;

cerrando,

con su alambre y sus títulos,

fuera de vuestro amor

a los hermanos!

¡Malditas sean

todas las cercas!

¡Malditas todas las

propiedades privadas

que nos privan

de vivir y de amar!

¡Malditas sean todas las leyes,

amañadas por unas pocas manos

para amparar cercas y bueyes,

hacer la Tierra esclava

y esclavos los humanos!

¡Otra es la Tierra nuestra, hombres todos!

¡La humana Tierra Libre, hermanos!

*

Pedro Casaldáliga

Tierra nuestra, libertad,
Editorial Guadalupe, Buenos Aires 1974, 151 pp

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En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

“¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?”

Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe contestó:

“Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.”

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?”

Jesús dijo:

“Decid a la gente que se siente en el suelo.”

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

“Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

“Éste sí que es el Profeta que tenía que venir la mundo.”

Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

*

Juan 6,1-15

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Pienso en ti, muchachito de Galilea, de quien Juan no nos ha transmitido palabra alguna, pero ha inmortalizado tu gesto. Caía ya poco a poco la noche sobre la colina. Había allí una muchedumbre rumorosa y festiva a la que te habías unido para escuchar a aquel ¡oven rabí llamado Jesús. Un rabí que no hablaba como los otros y que parecía incapaz de decir «no» a quien le pidiera que le curara. Estabais lejos de todos los pueblos. Y de repente te encontraste con Andrés, completamente inquieto y agitado, que parecía andar buscando algo. Tú te diste cuenta en seguida de que debía tratarse de comida. Tu alforja contenía aún cinco panecillos que tu madre te había cocido la víspera y dos pescados que había cogido tu hermano de noche.

Y diste, a tu vez, todo lo que habías recibido. No diste de lo que te sobraba, sino todo lo que te hacía falta para alimentarte aquel día. ¿Te diste cuenta, después, de la relación que había entre los panecillos que diste a Andrés y aquellas cestas llenas de pan sobre las que se precipitó la multitud exuberante? ¿Notaste cómo se parecían extrañamente aquellos panecillos que no se agotaban nunca a los que tu madre te había preparado? ¿Quién se acuerda de ti hoy? Pero yo te bendigo, muchachito de Galilea. Tú eres para mí como una pequeña imagen del mismo Señor.

En esa otra pascua ahora cercana, será él el niño que ofrecerá «en su miseria cuanto tenía para vivir», su misma vida, para saciar el hambre de una multitud. Lo dará todo, sin cálculos, en la hora en que caerá la noche sobre un mundo desierto. Y el Espíritu, a través de las manos de otros Andrés y de otros Felipe, multiplicará el pan a lo largo de la noche de los tiempos. Ya no se morirá de hambre sobre las colinas desiertas y pobladas de muchedumbres hambrientas

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D. Ange,
Le nozze di Dio dove I povero é re, Milán 1985.

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“Decir haciendo, Crónicas de la periferia” por Pepa Torres

Sábado, 10 de febrero de 2018

9788428554176Miguel Ángel Mesa
Madrid.

ECLESALIA, 29/01/18.- Decir haciendo es una recopilación de artículos y posts que su autora, Pepa Torres, ha seleccionado entre los publicados en la revista Alandar y en los blogs de EntreParéntesis y Cristianisme y Justícia, en torno a sus varios compromisos.

Pepa Torres Pérez es religiosa apostólica del Corazón de Jesús y vive en el barrio de Lavapiés. Es teóloga feminista, educadora social, pero sobre todo se siente militante de muchas de las causas vinculadas a las luchas por la dignidad y la igualdad de las mujeres, las personas migrantes y los movimientos sociales, entre los que se mueve como pez en el agua.

La dedicatoria ya nos muestra de dónde proviene su compromiso vital y cuál es el espíritu que la mantiene y la mueve: “A mis abuelas Araminta y Saturnina, mujeres de periferia y resistencia, y por cuyos sueños de libertad y emancipación hoy soy, en parte, lo que soy”.

Sí, porque todo lo que ha dejado tan bien escrito en este libro, no solo tiene el sustrato de una historia que la ha vivificado y concedido unas profundas raíces vitales, y de una formación teológica, social, política y humana profunda y sólida, sino que todo lo expuesto ha pasado por el crisol de la experiencia, del día a día, de las luchas, las alegrías, las lágrimas, las derrotas, las luchas y las esperanzas de todas las mujeres y los hombres con quienes convive y a quienes acompaña.

Son muchas las asociaciones que aparecen en estas páginas, a las que Pepa apoya. Pero sobre todo presenta personas, muchas de ellas de religión musulmana y que viven en Lavapiés.

Sí, en especial musulmanes, con quienes reza semanalmente en su casa. Una casa abierta a quien la necesite y que comparte con dos mujeres más, Mayte y Carre, con quienes ha formado una comunidad intercongregacional que provoca la admiración de toda la gente que pasa por su hogar, abierto a quien desee compartir con ellas sus vidas.

La oración que empezó un día de forma aislada, se ha convertido desde hace años en un encuentro que convoca a personas cristianas, musulmanas, de otras religiones o sin adscripción religiosa alguna. Y lo que se celebra en ella es la vida concreta, con sus problemas, su sufrimiento, sus gozos, la amistad y el anhelo por una sociedad más justa y fraterna. El agradecimiento al Dios de Jesús y a Alá, por todo lo que se vive en el día a día. Y lo cierto es que quien asiste, repite. Por algo será… Lo dice el autor de esta presentación por experiencia personal.

Decía que en el texto se hacen presentes, con la mayor naturalidad del mundo, las luchas de las trabajadoras del hogar de Territorio doméstico, la librería y el Centro social Traficantes de sueños, los inmigrantes que acaban de saltar la valla de Melilla, la vecina musulmana que les trae un plato cocinado por ella, los militantes que apoyan a los refugiados o por una Sanidad universal, los grupos de mujeres feministas… Porque Pepa sabe que no puede hablar de un Dios bueno, Padre y Madre, misericordioso, sin nombrar a las víctimas del sistema que sufren y que, sin embargo no deben ser objeto de asistencia, sino sujetos dignos de su propia vida e historia, junto a quienes se comprometen de igual a igual con su suerte y su liberación. Nos dice:

“Desde mi doble condición de teóloga y activista reclamo la teología del grito. Porque los excluidos y excluidas no son mudos. Tienen voz. Gritan con sus bocas, en diversidad de acentos y lenguas, y cuando estas son acalladas siguen haciéndolo con la palabra de sus cuerpos”.

Resuenan en estas palabras las de Monseñor Romero, a quien admira profundamente, y de quien ha aprendido que nadie se puede comprometer a fondo, con los marginados de nuestra sociedad y del mundo, sin una espiritualidad y una mística de vida que te sostenga, anime y vivifique. Y este es otro de sus rasgos más característicos: en todo lo que vive, en lo que se compromete, en lo que comparte, se aprecia una profunda mística, que transparenta y atrae. Sus palabras, sus abrazos, su compromiso, su fuerza vital nacen de algo que la nutre interiormente, desde el seguimiento de Jesús por la plena humanización de las mujeres y los hombres, con quienes comparte su existencia.

No oculta nada, denuncia las injusticias con pelos y señales, nombra a los culpables del daño que provocan a los más débiles, tanto en la sociedad como en la Iglesia, pero detrás de todo ello hay un proyecto de amor, de esperanza, de gozo fraterno, de utopía y esperanza labradas en los acontecimientos diarios. Y los grandes proyectos no difuminan las pequeñas alegrías, los mínimos detalles que dan otro sabor a la cotidianidad: la flor del balcón, las confidencia de la amiga, el diálogo sereno tomando un café, el abrazo matutino al árbol en el parque…

Todo la nutre, en todo contempla ese algo más que queda balbuciendo, desde la más absoluta normalidad. Y todo condimentado con el sabor inconfundible de su atención, su ternura y su amistad.

Para más informaciónwww.sanpablo.es

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Biblioteca, Cristianismo (Iglesias), General ,

“Adviento va de venidas”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Martes, 12 de diciembre de 2017

random-pics-sad-songs-17925811-894-894De su blog Nihil Obstat:

Pero no nos confundamos de venida. Muchos cristianos creen que la venida de la que trata el adviento ocurrió en el pasado y, además, la imaginan como la venida de un niño en un pesebre, en el que había un buey y una mula. Imagen inexacta, que además corre el riesgo de apartar nuestra mente de lo esencial, a saber: el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Otros entienden que la venida de la que trata el adviento es más bien un concurso de “idas y venidas” a los grandes almacenes para adquirir alimentos con los que celebrar el fin del año y regalos con los que obsequiar a la familia.

En realidad el adviento cristiano trata de tres venidas. Una ocurrida en el pasado, en la que el Hijo del eterno Padre tomó nuestra condición humana, naciendo de la virgen María. Una segunda venida de la que trata el adviento es la de Cristo al final de los tiempos, “para juzgar a los vivos y a los muertos”, tal como dice el Credo. O sea, para manifestar la verdad de todas las cosas. Una verdad que ahora está oculta, porque en este mundo lo que suele aparecer es la mentira, la injusticia, la pobreza, y también el odio, la guerra y la muerte. Pues bien, cuando el Señor vuelva glorioso quedará claro que estas cosas tan mundanas no tienen ningún futuro. Lo único que tiene futuro es la verdad, la justicia, el amor, la solidaridad, la acogida, el perdón, la paz y el entendimiento entre personas y pueblos.

Precisamente por eso, el adviento trata de una tercera venida, a la que deberíamos prestar mucha atención, pues “el Señor viene en cada persona y en cada acontecimiento para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera gloriosa de su Reino”, tal como dice unos de los prefacios de la Eucaristía de este tiempo litúrgico. Esta venida es la que más nos cuesta comprender y, sin embargo, es la que debería preocuparnos más. En cada ser humano, sobre todo en los necesitados y despreciados, se prolonga el misterio de la Encarnación. En ellos el Señor se hace presente y reclama nuestro amor. Si no prestamos suficiente atención a esta tercera venida, la ocurrida en Belén terminará convirtiéndose en puro folklore, y la última venida en gloria y majestad es posible que sea un motivo de vergüenza (por decir algo suave) para los que no hemos sabido encontrarle en el prójimo.

Espiritualidad , , ,

Si cuidamos de los demás…

Jueves, 7 de septiembre de 2017

Del blog de la Comunidad Anawin, de Zaragoza:

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“Donde no hay buen gobierno el pueblo se hunde pero la abundancia de consejeros nos trae la salvación. Una comunidad solo funciona si cuidamos de los demás. Es nuestra responsabilidad cuidar de nuestro prójimo, estar ahí cuando nos necesitan. Porque hasta los mas fuertes de entre nosotros pueden padecer sufrimientos inimaginables, no podemos darles la espalda. No podemos dejar que luchen solos, no podemos permitirlo.”

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Sensible y capaz de resistir…

Jueves, 13 de julio de 2017

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Dios, que me entrega tesoros para que los guarde, me permite que los custodie y los administre bien   Me agrada relacionarme con los demás. Mi intensa participación, me parece, irradia lo mejor y más sincero de mí; las personas se muestran sinceras conmigo, cada uno es una historia, y todos me cuentan su vida. Y mis ojos encantados no tienen que leer. […]. Soy un enfermo, no puedo hacer nada. Mas tarde enjugaré lágrimas y replegaré miedos, allá abajo. En el fondo, ya lo hago en esta cama. ¿Quizá sea por esto que tengo fiebre y mareos?. No quiero ser cronista de horrores. Ni tampoco de sucesos sensacionales.

Esta mañana le he dicho a Jopie: siempre llego a la misma conclusión, la vida es bella. Y creo en Dios. Quiero estar entre los  “horrores” y decir igualmente que la vida es bella. Ahora, con fiebre y mareos, acostado en un rincón, no puedo hacer nada. Hace poco me he despertado con la garganta seca, he aferrado mi vaso y he agradecido los sorbos de agua; he pensado: si pudiese andar entre los millares de hombres amontonadas por ahí y pudiese ofrecerles un trago… Me digo: no es nada, tranquilo, no es nada, tranquilo.

Cuando una mujer o un niño hambriento se ponía a llorar detrás de nuestras mesas de grabación, me arrimaba, le abrazaba sobre mi pecho, le apretaba, le sonreía y suavemente le decía a quien se encontraba acurrucado y aturdido: no es nada, no es nada. Me quedaba allí y, si podía, hacía algo. A veces me sentaba cerca de alguien, le ponía el brazo encima del hombro, guardaba silencio y le miraba a la cara. Nada resultaba nuevo, ninguna de aquellas expresiones de dolor humano. Todo me parecía familiar; como si ya hubiera vivido cada casa. Algunos me decían: tienes nervios de acero para resistir. No creo que tenga nervios de acero; mas bien, nervios sensibles, capaces de “resistir”. Tengo el coraje de mirar de frente al dolor. Al final de coda día me decía: ¡quiero tanto a los hombres!

*

E. Hillesum,
Diario 1941-1943, Milán 1992, 232ss).

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Declaración de solidaridad sin fronteras

Jueves, 13 de julio de 2017

solidarios-300x264Miguel Ángel Mesa Bouzas
Madrid.

ECLESALIA, 07/07/17.- Siendo mayor de edad, y en plenas facultades mentales, con domicilio en Madrid, pero sintiéndome ciudadano del mundo, abogando por la superación y la eliminación de todas las fronteras en todos los países del mundo:

DECLARO:

Que a pesar de mis insuficiencias, temores e incoherencias, deseo que me inscriban en un registro que conste en todos los estamentos públicos y privados, nacionales e internacionales, en el que conste que me siento muy unido, enteramente cercano, intensamente identificado y en profunda solidaridad:

Con las mujeres, que sufren discriminaciones de todo tipo, acoso y toda clase de violencia, que son obligadas a casarse en edades tempranas, o son víctimas de trata para prostituirse, que son asesinadas por sus parejas, familiares u otras personas, por el simple hecho de ser mujeres, en un inmenso feminicidio a escala mundial.

Con el colectivo LGTBI, con cada una de sus personas concretas, con nombres y apellidos, con sus luchas y reivindicaciones, para superar la exclusión, el rechazo, el insulto, la violencia, la prisión, la muerte que sufren cada día.

Con los niños y niñas obligados a realizar un trabajo esclavo, a vender sus cuerpos, que sufren distintos tipos de agresiones en la escuela, en su casa, en la sociedad, que son empujados a la droga o enrolados a la fuerza en distintas guerrillas…

Con las personas en paro, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que no tienen un trabajo, no pudiendo así independizarse, mantener a sus familias, sentir que pueden vivir con cierta seguridad, felices, con dignidad.

Con las personas refugiadas, que tienen que huir de sus países en guerra, por pobreza, para escapar de las persecuciones de distintos tipos, para mejorar sus vidas… y son engañados, extorsionados, violentados, perseguidos y, al final, al fin cuando llegan a su destino, son rechazados y apartados en campos de aislamiento… quienes han tenido ¿la suerte? de llegar.

Con las personas ancianas, olvidadas, abandonadas, desatendidas por sus familiares, por el Estado, muchas de ellas con alzheimer, parkinson u otras enfermedades, o sin medios para subsistir.

Con todos los hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y ancianos de toda la tierra, que son víctimas de la guerra, el hambre, el odio, la violencia, el terrorismo, la marginación, la expulsión de su tierra, el racismo, o la persecución por sus ideas políticas o sociales, su identidad sexual, su religión, su etnia…

Con los países del Sur y los colectivos empobrecidos de nuestro mundo, valiosos y ricos por sus tierras y sus gentes, pero colonizados, explotados, enfrentados de forma subliminal entre su propia población, marginados de las decisiones que les afectan, ninguneados, despreciados por los países ricos del Norte, tan cristianos y civilizados, pero que en realidad son los causantes de muchas de sus desgracias, guerras y violencias, de su desesperanza.

Con la Madre Tierra, que sufre la devastación, el expolio, la polución, la despreocupación del género humano hacia ella. El aire, los ríos, lagos, mares y océanos, la superficie terrestre están en gran medida contaminados; los bosques, la selva, la flora y muchos animales están desapareciendo y, por eso, nuestro mundo está dando cada día más señales del dolor que le causan los seres humanos y, en especial, los países ricos, que no quieren tomar medidas drásticas para que se invierta el proceso de cambio climático que estamos causando y sufriendo.

Y para que así conste, reafirmando mi plena solidaridad y mi deseo de seguir siendo fiel, en la medida de mis posibilidades, a todas estas personas, a estos colectivos y sus justas causas, a este hermoso planeta azul, firmo la presente declaración a 30 de junio de 2017

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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La fundación San Martín de Porres, con personas LGBT, mujeres en riesgo…

Domingo, 25 de junio de 2017

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Antonio Rodríguez: “Atendemos en alojamiento y empleo en torno a 500 personas vulnerables”

“Todos tienen derecho a una segunda oportunidad”, cuenta el director del proyecto dominico 

(Elizabeth Ortega, en Tendiendo Puentes).- “Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte…”, o se crucen en su camino con personas como Antonio Rodríguez, director de la Fundación San Martín de Porres, que son sensibles a la necesidad de darle una respuesta eficaz a los más de 30.000 “sin techo” que hay en España.

Empecemos por 500 en Madrid, que son las personas atendidas anualmente por esta fundación que nace en 1962, por iniciativa de los dominicos y con el Padre Ángel Manzaneque Romero a la cabeza, aunque no se formaliza jurídicamente hasta el año 1967.

La historia del Albergue de San Martín de Porres y, por ende, de la fundación, va de la mano de la historia de pobreza extrema que se vivía en las masas de población, que se acercaban a Madrid, víctimas del éxodo rural o de aquellos que se quedaron excluidos por cuestiones ideológicas y política: excombatientes de la guerra civil y, en general, víctimas de la contienda del país“, nos cuenta Antonio Rodríguez, director de la fundación de los dominicos, de carácter civil, pero cuya presidencia recae en el cardenal D. Carlos Osoro.

“Por entonces en Madrid sólo existía el albergue municipal de San Isidro con un fuerte carácter represivo y el padre Manzaneque, que vino con una sensibilidad muy acusada de Roma, y fue capaz de dar una respuesta incipiente a esta realidad, comprando unos terrenos en los que edificó el albergue que cambió drásticamente con la llegada de la democracia”.

A partir de la década de los 70 los retos a los que se tendrían que afrontar serían otros: el desarraigo provocado por la movilidad geográfica, el paro masivo y el aumento del consumo de drogas, modificaron el perfil de las personas que se veían abocadas a la calle y no sería hasta finales del siglo XX, con la incorporación de España en la Unión Europea, cuando se empiezan a diseñar estrategias que iban más allá de los planes de emergencia, para generar proyectos de formación, empleo y modelos de alojamientos alternativos, que les devolvían la dignidad como personas autónomas e insertadas nuevamente en la sociedad.

pa9s8udpa8dup8audpa_560x280Antonio Rodríguez, director de la Fundación San Martín de Porres

La obra social de la fundación San Martín de Porres es de una radicalidad extrema, que sorprende en contenido y forma, a favor de las personas sin techo con las que comparten el día a día, sus sueños y frustraciones y con los que trazan un proyecto vital para que se vuelvan a enganchar al carro de la vida.

“Además de la atención a las personas sin hogar, nuestro campo de actuación se está expandiendo -nos comenta con satisfacción Antonio- y se está materializando en diversos proyectos, de carácter europeo, en los que se trabaja con servicios de alojamiento, empleo y salud mental, de una forma personalizada y participativa, que estimula una implicación responsable y gradual de la persona a lo largo de las distintas etapas del proceso en el que se le acompaña, hasta que son capaces de vivir por sí mismos”.

En las últimas décadas y especialmente con el cambio de siglo se ha trabajado mucho en el uso del lenguaje para no estigmatizar aún más a los que Eduardo Galeano, uno de los escritores más destacados de la literatura latinoamericana, llamaba “Los nadies”, y se desechó cualquier terminología que evocara a mendigos, indigentes o vagabundos para hablar de “sin techos” o “transeúntes”, pero sin tener aún claro cómo hablar de este fenómeno en las ciudades del primer mundo, sin que nos genere cierto cargo de conciencia.

Ahora para describir este fenómeno se utiliza el término “sinhogarismo”, que tiene cuatro categorías: sin techo, sin vivienda aunque vive en centros, prisiones, refugios…, vivienda insegura o inadecuada como una chabola o piso patera. Estas cuatro clasificaciones ponen el énfasis en una condición coyuntural y no estructural de la persona que está sin hogar, evitando perpetuar esa condición de por vida.

acceso-a-la-fundacion-san-martin-de-porres“En la actualidad -relata Antonio- desarrollamos distintos proyectos y programas de acogida y alojamiento. Por una parte está el centro de acogida o albergue “San Martín de Porres” con una capacidad de alojamiento para 62 personas sin hogar, 220 personas atendidas a lo largo del año.

“Por otra parte, en 26 viviendas independientes con 81 plazas de alojamiento, mayoritariamente en habitación individual, estamos desarrollando distintos proyectos específicos para distintos perfiles de personas sin hogar: mujeres con cargas familiares en coordinación con los servicios sociales de Carabanchel (15 plazas), un proyecto piloto de acogida a personas LGTB mayoritariamente “trans” en coordinación con el servicio LGTB de la Comunidad de Madrid (15 plazas), el proyecto “PISOS PLAZA MAYOR” (11 viviendas, 19 plazas) en coordinación con el Ayuntamiento de Madrid damos alojamiento a personas que pernoctaban en la Plaza Mayor pasando directamente de la calle a un piso (HousingFirst) y el resto de viviendas para personas sin hogar que están en un proceso de inserción sociolaboral.

“Y no solo acaba aquí nuestro trabajo sino que para que salgan de la exclusión tenemos que recorrer un itinerario que va desde la formación a la ayuda en la búsqueda activa de empleo, y hemos conseguido colocar incluso en la crisis a más 150 personas. A lo largo de un año, atendemos en nuestros diferentes recursos de alojamiento y empleo en torno a 500 personas“.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida,
Que no son, aunque sean.
Que no tienen nombre, sino número.

Pero tienen derecho a una segunda oportunidad -comparte con nosotros Antonio queriéndonos hacer partícipe de la claridad con la que analiza esta tétrica realidad del primer mundo- por eso desde el 2015 estamos adaptando una antigua Casa de Ejercicios de los dominicos en Santander para convertirlo en un hotel rural, acompañado de un proyecto de agricultura ecológica en marcha, gestionado íntegramente por personas sin hogar”.

Sigue con su conversación fluida llevándonos mentalmente a una hospedería en el Monasterio Nuestra Señora de Montesclaros, también en Santander, que desde este año 2017 la están llevando también personas sin hogar, en los que se capacitan para el sector servicio, especialmente: conserjería, limpieza y restauración…

La conversación era envolvente como las sábanas que se secaban al aire libre en el patio de la Vía Carpetana, sede de la fundación San Martín de Porres que trabaja por los nadie, aquellos que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja o negra de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos, que la bala que los mata o que el frío que los conduce a un destino que merecía una segunda oportunidad.

Fuente Religión Digital

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“El ego se apropia también del compromiso (IV)”, por Enrique Martínez Lozano.

Miércoles, 31 de mayo de 2017

narcisismo1Decía en la primera entrega de este comentario que me produce tristeza percibir que, incluso hablando de espiritualidad y de compromiso, se caiga en la descalificación del otro y en el dualismo que fragmenta lo real. Frente a lo que considero trampas engañosas que nacen del ego, me parece importante abandonar cualquier mentalidad de “tribu”, superar el dualismo mental y avanzar hacia una integración consciente.

La descalificación es un mecanismo característico del ego. Resulta significativo el hecho de que cada grupo tenga la convicción de que cree en la “verdad” –con la que se ha identificado la creencia en la que se ha crecido–, mientras que son únicamente todos los demás los que creen en “supersticiones”. Frente a esta postura, nos hace bien reconocer que la persona que confiesa otra religión piensa exactamente lo contrario: para ella, las creencias fantasiosas o supersticiosas son las nuestras.

Por su parte, el dualismo es igualmente una construcción mental que, mientras la creemos, nos mantiene alejados de la realidad. El ego es simplista porque su perspectiva es sumamente reducida. Al tomar distancia de él, empezamos a abrirnos al amplio e inclusivo horizonte de la verdad.

Tal como lo veo, la integración –de polos opuestos, pero complementarios; de visiones del mundo diferentes a la del propio “catecismo” – no será posible hasta que no avancemos en la respuesta adecuada y experiencial a la pregunta ¿quién soy yo?; respuesta que, según el oráculo de Delfos, nos permite acceder a la comprensión de toda la realidad: “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”. Por mi parte, no conozco pregunta más urgente ni desinstaladora que aquella; en realidad, el narcisismo no es otra cosa que la vivencia que resulta del hecho de habernos quedado instalados en una respuesta equivocada a esa primera cuestión.

La respuesta adecuada me hace ver que no soy el “yo” que mi mente pensaba. Según el autor del escrito que comento, “lo que mejor las caracteriza [a las que denomina “corrientes pseudomísticas”] es el lugar de honor exclusivo que reservan al individuo, al yo, que se erige en el único dios que, según sus criterios, merece entrega absoluta”. No niego que eso pueda darse, e incluso que sea un “paso” por el que transite la persona que va en busca de la verdad. Sin embargo, la genuina espiritualidad no anhela ningún “lugar de honor” para el yo, porque ha descubierto su inexistencia. Y desde la comprensión de su verdadera identidad, la persona espiritual no busca sino quitarse de en medio, “destronarse” a sí misma, para que la Vida se exprese a través de ella.

A partir de ahí, uno ya no “elige” qué hacer, sino que se vive como cauce o canal de la Vida que fluye. Es la Vida la que “toma las decisiones” y a uno no le queda otra cosa que alinearse con ella, en la vivencia de la unidad con todo lo real. Con lo cual, venimos a descubrir que, también en el terreno del compromiso, la pregunta decisiva no es ¿qué hago?, sino ¿desde dónde lo hago?

Si es desde el ego (o estado mental), habrá resistencia, apropiación, comparación, descalificación e incluso arrogancia. Cuando nace de la comprensión (o estado de presencia), hay aceptación, desapropiación, gratuidad y espíritu inclusivo.

El título de este trabajo me parece que no tiene excepciones: El ego se apropia también del compromiso. ¿Existe algún medio para evitar que sea así? Solo uno: comprender que el compromiso genuino no puede nacer nunca del ego y vivir en desapropiación.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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“El ego se apropia también del compromiso (III)”, por Enrique Martínez Lozano.

Jueves, 18 de mayo de 2017

narcisismo1Quise hacer el relato que compartía la semana anterior para alertar del riesgo que supone dejarse engañar por hermosas palabras. Detrás de ellas suele haber verdades no dichas ni reconocidas, necesidades psicológicas inconscientes que boicotearán todo camino de crecimiento y de entrega. Con lo cual, vuelvo al punto de origen: ¿qué es –y a quién puede beneficiar– un compromiso que no nace de la consciencia clara de quienes somos? No se niega la “buena voluntad” ni la “entrega” de quien lo vive, pero ¿a qué conduce? Fuera de la consciencia, no es extraño que todos los esfuerzos por mejorar el mundo no consigan sino estropearlo más. “Hasta que no trasciendas el ego –escribe John R. Price–, no podrás sino contribuir a la locura del mundo”.

El compromiso no es el criterio definitivo, por cuanto esa palabra –como cualquier otra- puede encerrar contenidos muy dispares. Tampoco la espiritualidad se libra de ese mismo carácter ambiguo. Solo una comprensión profunda e integradora capacitará y favorecerá un modo de vivir marcado por la unidad y la compasión. No en vano, el que nos dejó la sublime parábola del “juicio final” no fue un moralista –que pusiera la “obligación” del “compromiso” por encima de cualquier otra cosa-, sino un hombre sabio –genuinamente espiritual– que sabía que “el Padre y yo somos uno” y que era igualmente uno con todos los seres, razón por la cual, “lo que hicisteis a cada uno de estos, me lo hicisteis a mí”.  En efecto, cuando sé, de manera experiencial, que el otro es no-separado de mí, he encontrado la clave para vivir el compromiso.

Cuando no es así, suele ocurrir que el compromiso se convierte en otro “objeto” más que el ego se apropia, con el que se alimenta y fortalece. ¡Un ego “comprometido” es un ego que se siente muy vivo! ¿Quién no ha conocido personas que, pregonando la necesidad de compromiso y haciendo de él una referencia permanente –objeto incluso de su enseñanza–, lo estaban usando, en la práctica, para autoafirmarse, descalificar a otros –y de ese modo auparse ellos– y mantener su resistencia ante una realidad frustrante que eran incapaces de aceptar? El narcisismo –como bien reconoce el autor del texto que estoy comentando– consiste en vivir girando en torno al ego (“yo, mí, me, conmigo”). Pero sucede que el ego puede apropiarse también de la “acción” más exigente. Y no es difícil percibir cuánto narcisismo oculta una fachada –y una proclamación– de compromiso.

Por eso, solo cuando se libera de aquellas necesidades antes ocultas que lo condicionaban, el compromiso se vive con gratuidad y desapropiación. Se deja de juzgar el modo como los otros lo viven –el juicio, como la comparación y la descalificación del otro, son muestras de narcisismo– y se comprende que, también aquí, se darán tantas formas como personas. Y tal vez haya que abandonar las etiquetas mentales acerca de lo que es una “persona comprometida” para abrirse a valorar los diferentes modos de vivirlo.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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“El ego se apropia también del compromiso (II)”, por Enrique Martínez Lozano

Miércoles, 17 de mayo de 2017

narcisismo1“Espiritualidad” y “compromiso” son, sin duda, hermosas palabras. Y somos conscientes de la facilidad con la que los humanos nos dejamos engañar por palabras que gozan de plausibilidad social. Pero, separadas –desconectadas entre sí–, son fuente de confusión y, en último término, de sufrimiento, porque nos hacen movernos en una “media verdad”.

Tal como lo veo, ambas expresiones únicamente pueden conjugarse y nutrirse mutuamente cuando arrancamos de una respuesta adecuada a la pregunta primera: ¿quién soy yo? Creo comprender lo que el autor (del artículo que comento y que envié la semana pasada) pretende decir al afirmar que la pregunta decisiva para él es “¿dónde está tu hermano?”; sin embargo, me parece que será imposible responder a ella ajustadamente si no sé realmente quién soy. ¿Quién soy yo?: esta es la cuestión de la que pende absolutamente todo lo demás.

El interés por esta pregunta –si es genuino– no solo no es narcisista, sino que nos conduce a la comprensión de quienes somos y, de ese modo, termina pulverizando el narcisismo. Ignorar esa cuestión –atribuyéndola a “modas psicologistas”– equivale a construir sin cimientos sólidos.

En este punto, me parece oportuno aportar algo de mi propia experiencia, con el objetivo pedagógico de clarificar lo que vengo diciendo: creo que la narración de lo vivido puede favorecer la comprensión más que discursos teóricos o razonamientos eruditos sobre el tema.

Recuerdo nítidamente la fuerza que el compromiso social adquirió en mi juventud, hasta el punto de que en todo momento me estaba evaluando a mí mismo a partir de si estaba o no “comprometido”. Una vez llegado a Argentina, adonde me llevó –más allá del detonante concreto que lo provocó– el anhelo de un compromiso mayor, buscaba “entregarme” en los barrios más necesitados de la ciudad donde había aterrizado. Todo en mí giraba en torno al compromiso: el tiempo dedicado, el uso del dinero, el trabajo en el barrio… Me reprochaba incluso no tener el coraje suficiente para dejar la casa donde vivía e irme a vivir a uno más de los “ranchitos” de aquella especie de “villa miseria” que a diario recorría.

Por aquella época no me hacía demasiadas preguntas acerca de lo que hacía. Más adelante, poco a poco, fueron surgiendo, a partir de algo que un día hizo “clic” en mí. Eso ocurrió una mañana cuando, visitando a unos ancianos que malvivían bajo unas latas y cartones, sin otro bien en su interior que una enorme pantalla de televisión, descubrí que eran más felices que yo. Dentro de mí se disparó una especie de alarma: tenía claro que mi objetivo era ayudar a aquellas personas a que fueran felices y, de golpe, descubro que lo eran más que yo. ¿Qué movía realmente mi dedicación?

Poco a poco me fui abriendo a la verdad de lo que vivía, descubriendo que existían en mí motivaciones de todo tipo, unas confesadas, otras –para mí en aquel momento– inconfesables. Descubrí que en mi compromiso había ciertamente amor a las personas y fidelidad a mi vocación cristiana. Pero se hallaban presentes igualmente otros motivos, en forma de necesidades inconscientes, más o menos ocultas o camufladas: de ser reconocido, aceptado e incluso aplaudido; de sentir mi vida “útil” y con sentido; de creer estar en la verdad y de ser “coherente” con ella; de tener una imagen de persona “comprometida”; de liberarme de la frustración que me suponía el hecho de que la realidad no se ajustara a mis deseos, por lo que estaba instalado en la resistencia a la vida; de compensar culpabilidades reprimidas y de sentirme “digno” ante Dios; de perfeccionismo…

Todo se daba mezclado, en dosis diferentes. Descubrirlo de golpe supuso un zarandeo notable, una sensación de quedar desnudo ante la realidad, un encuentro con mis “demonios interiores” –la parte oscura y oculta de mí–… y el comienzo de una puesta en verdad que no sabía dónde habría de conducirme.

De aquella crisis fui aprendiendo el camino de “vuelta a casa”, de la que, sin ser consciente, había vivido alejado. ¿Cómo podría acompañar a alguien en ese camino si yo mismo no lo recorría? Fui consciente de que muchas de mis “seguridades” anteriores podrían verse amenazadas, pero aún así experimentaba una fuerza interior –hoy sé que era un gratuito anhelo espiritual– que me proveía de determinación para afrontar todo lo que pudiera surgir.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Bienvenida

Sábado, 18 de marzo de 2017

Leído en Fe Adulta:

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Bienvenida la mañana,
con la clara luz de cada nuevo amanecer,
que me invita a despertar
a la belleza que me rodea
y aceptar la fragilidad y la esplendidez humana,
a renacer bajo la transparencia del agua,
a mirar el mundo como recién nacido,
reavivando mi anhelo por vivir,
con pasión, agradecimiento y buen humor,
cada momento de la jornada.

Bienvenida la tarde, 
que me urge a acudir a la cita
para brindar solidaridad y ternura,
al descanso y el sosiego,
a la intimidad y al diálogo,
a contemplar el variado tornasol
y el sorprendente espectáculo
de cada crepúsculo,
a dejarme conmover
por la vulnerabilidad y la bondad
de tantos gestos, que me motiva
a seguir caminando, a ser más humano.

Bienvenida la noche,
que me mueve a contemplar las estrellas
que un día existieron y aún iluminan mi vida
y a las que, radiantes, me impulsan hoy
a recrear otro universo,
a descubrir la poesía que me habita,
a cuidar con delicadeza y entusiasmo,
a dejarme emocionar por el silencio.
A escuchar cómo palpitan
los latidos de tantos vivos recuerdos
y a dejarme abrazar por el Mar,
que me mece con sus olas revestidas
de espuma y de sueños.

 *
  Miguel Ángel Mesa
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Nicolás Castellanos: “Llegué a Bolivia con 32.000 dólares y salvé 5.000 vidas”

Domingo, 5 de marzo de 2017

nicolas-castellanos_560x280Renunció al obispado de Palencia, para poner en práctica sus prédicas

Vive en uno de los barrios más humildes y pobres de Santa Cruz de la Sierra

En un gesto inédito, renunció a la mitra el mismo año que el también obispo de Málaga, Ramón Buxarrais. Éste se fue a Melilla y Nicolás Castellanos, hasta entonces, titular de Palencia, se fue a Bolivia. Con los pobres de los pobres. A ellos entregó su vida entera, apostando por la educación de niños y jóvenes. Hoy puede presumir del complejo ‘Hombres Nuevos‘ en Santa Cruz de la Sierra, que acoge a más de 14.000 chavales.

Y, a sus 82 años, el obispo sin obispado sigue al pié del cañón, con su gente de Bolivia y repasa, para la agencia Efe, su recorrido con los desheredados. A los que ha rescatado del descarte y a los que sigue defendiendo con uñas y dientes. Es su abogado defensor.

El obispo emérito español Nicolás Castellanos llegó a Bolivia hace 25 años con una suma igual a 32.000 dólares que le dieron en su homenaje de despedida y comenzó la fundación Hombres Nuevos con la que asegura haber salvado al menos 5.000 vidas.

“Trajimos 5 millones de pesetas (32.000 dólares) y al mes de estar aquí ya montamos el centro de niños desnutridos con el que hemos salvado más de 5.000 vidas“, dijo Castellanos en una entrevista con Efe, al recordar que llegó a Bolivia el 16 de enero de 1992.

Desde entonces, el religioso (Mansilla del Páramo, León, España, 1935) vive en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (este) en uno de los barrios más humildes y pobres, Plan 3.000, pero no ha perdido su acento leonés ni se olvida de sus orígenes.

En Bolivia ha conseguido, junto a Hombres Nuevos, la integración social de niños y adolescentes, la construcción de escuelas, internados, centros médicos y también de templos.

“Yo no venía con la idea de hacer iglesias”, asegura, pero no había ninguna en el Plan 3.000 y la gente “quería un templo”. En total, el obispo Castellanos ha construido ya quince.

Castellanos renunció al obispado de Palencia (Castilla y León) en 1991 porque quería poner en práctica sus prédicas, yendo a “vivir a un barrio pobre”.

“¿Por qué un obispo no va a recibir la llamada para ser misionero?”, se preguntó.

Y mientras preparaba su renuncia, se “enamoró” de Bolivia en unas conferencias que le invitaron a dar en el país andino.

“Por otra parte, después de Haití, Bolivia es el país más pobre de América Latina“, explica al citar una cifra dramática: “al año mueren 14.000 niños y niñas” por causas evitables, como la diarrea.

Su intención, dice, era “escuchar y conocer las necesidades reales y sentidas de la gente” y después de este cuarto siglo “todo este esfuerzo y trabajo han levantado esperanza en la gente”.

En este tiempo ha visto como Santa Cruz pasó de ser una ciudad pequeña a la más grande, poblada y pujante de Bolivia.

El religioso cree que su contribución al crecimiento de la población cruceña ha llegado con la educación: “hemos hecho más de cien escuelas y eso implica también un cambio generacional. Un país para que salga de la pobreza necesita escuela para todos, de cierta calidad y que eduque en valores“.

Su posicionamiento en el lado de los desfavorecidos le valió en 1998 para ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, y aún no pierde las relaciones con España.

De hecho, hace unos meses el gobierno de su comunidad autónoma, Castilla y León, autorizó un gasto de 118.000 euros para la construcción de internados en el altiplano boliviano, lo que cual supondrá una expansión de su trabajo hacia la zona andina.

Asegura que hoy, sin ese internado, los jóvenes del campo tienen que andar hasta seis horas al día a 4.000 metros de altitud para llegar a una escuela, así que quiere darle “bienestar a esos hijos”.

Para celebrar los 25 años de Hombre Nuevos Bolivia, los jóvenes cruceños de la orquesta de la fundación fueron invitados hace unos días dar un concierto en el Vaticano.

“Fue algo excepcional, maravilloso. Imagínate jóvenes que jamás habían salido de Bolivia, encontrarse en un espectáculo tan maravilloso como un concierto delante del Papa ante 8.000 personas”, exclama el misionero.

Estos jóvenes comenzaron hace muchos años en la orquesta impulsada por el religioso y han conseguido interpretar obras musicales bolivianas en frente de un público internacional.

“La portavoz del Vaticano, Paloma García, que participó en un concierto vino emocionada y me dijo que pensaba que harían algo folclórico, exótico, bonito, pero nada más, pero que se había dado cuenta de que es una orquesta que está a la altura de cualquier orquesta de Europa”, afirma orgulloso el obispo.

Y a pesar de toda su obra humanitaria, Castellanos cree que aún “queda mucho por hacer” y se compromete a seguir trabajando “ilusionados para reducir las fronteras de la pobreza que es la ignominia de la humanidad”.

José M. Vidal

Fuente Efe – Religión Digital

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El poder de Dios en nuestras manos

Martes, 3 de enero de 2017

proxyRealmente suena fuerte lo que nos ha puesto a escribir, sintetizado en el título de este artículo. Quizás abrume, quizás escandalice, pero la libertad que nos ha sido dada puede llegar al límite de lo absurdo: frustrar el plan de Dios para con nosotros y con todo lo que nos rodea, que es puro don.

Todo empezó leyendo el episodio de los dos ciegos suplicantes que seguían a Jesús (Mt 9, 27-31). No actuó de inmediato, les implicó en su propia sanación, aunque el poder de sanar procediera de él -“¿Creéis que puedo hacerlo?”-; un contundente “Sí” salió de las entrañas de los dos hombres y aún así, no les liberó de su propia responsabilidad en la sanación – “Que os suceda según vuestra fe”-. Su fe debía ser grande pues “se les abrieron los ojos”.

¿Qué significa creer que Dios todo lo puede? ¿Lo creo? ¿Estamos convencidas hasta el extremo de pasar evaluación de nuestra propia fe?

Lo primero será adentrarnos en la contaminación que sufrimos referente a la idea del Poder. Esa palabra nos lleva instantáneamente a pensar en varios tipos de poderes, que a veces hasta se confunden: el poder de Dios y los poderes del mundo, el poder del dinero, etc…

El poder de Dios, generalmente se identifica con algo sobrenatural, incluso mágico. Un poder ejercido por alguien fuera del mundo, que por voluntad propia o movido por los pedidos, ruegos y súplicas de las personas intervendría para cambiar situaciones. Este poder sería capaz por sí solo de hacer milagros y otros signos de manera antojadiza, ya que en algunas ocasiones cambiaría el rumbo de las circunstancias y en otras no.

Los poderes del mundo, con los esquemas de opresión, discriminación, avaricia, corrupción, etc. manipulan, aplastan y difunden el miedo como mecanismo de sumisión, anestesiando la capacidad de libertad de la gente. Esto mismo sucede muchas veces dentro de las religiones, que en nombre de Dios cometen todo tipo de atropellos.

El poder del dinero como espejismo que doblega la cultura, la creatividad, la capacidad intelectual, transformando la vida en una cadena de producción y de consumo. Cada instante del tiempo se mercantiliza y se valora según la rentabilidad que produce. Ahí caen los más débiles: los niños, los ancianos, los enfermos, lo que huyen de conflictos sangrientos… Así ejerce el mitológico Rey Midas actualizando las formas y maneras a estos tiempos. Desgraciadamente también por este poder, las religiones son tentadas.

Nuestro modo de entender el poder está influido por el modo en que lo ejercen quienes dominan las naciones, pero, sorprendentemente, al detenernos con seriedad frente a la figura de Jesús entregándose hasta la cruz por solidaridad con quienes estaban llenos de miedo y atormentados por la injusticia, nos llega un modo distinto de entender el poder de Dios. Es el poder de lo humilde, de lo chiquito, de lo escondido que irrumpe como la levadura en la masa transformándolo todo. Así el poder de Dios en nuestras manos tiene una fuerza arrolladora. Y con ese nuevo modo de entenderlo nos llegan nuevas palabras. Solidaridad, la primera palabra, solidaridad hasta la muerte, y esta solidaridad es una que nace desde la impotencia que nos lleva a reinterpretar la vida desde Dios. Otra palabra que nos llega es responsabilidad, al darnos cuenta de que es a través de nosotros como se manifiesta el poder solidario de Dios.

La solidaridad se hará realidad mirando el sufrimiento del mundo, dejando que la empatía y la compasión se hagan presentes en los espacios donde la violencia destruye sin ton ni son; pero también en el epicentro del poder del mundo, en donde se toman las decisiones de matar o no matar, de acoger o repatriar, de fabricar armas o vacunas.

Tenemos responsabilidad activa en la administración de ese poder infinito que Dios tiene y que ha querido poner en nuestras manos, implicándonos en su acción salvífica. Y cada día nos pregunta: “¿Creéis que puedo hacerlo?”. ¿Qué respondemos?

Si el silencio y la cabeza agachada son la respuesta, seguirán sufriendo tantos inocentes.

“¡Qué suceda según vuestra fe?… ¿Será nuestra fe capaz de mover montañas? Seremos capaces de ser luz y sal o dejaremos escondido el poder que Dios nos ha dado para transformar el mundo?

Viviendo ya el tiempo de Navidad,  revisemos que para Dios todo empieza siempre en pequeño, incluso de restos. A veces suspendemos en solidaridad y en responsabilidad, pero la esperanza sale al paso. “Ven, Señor, Jesús…” y aquí llega, es Navidad.

Yolanda Chavez (Los Ángeles)

Mari Paz López Santos (Madrid)

Patricia Paz (Buenos Aires)

Fuente Fe Adulta

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Solidarios con todos

Domingo, 25 de diciembre de 2016

solidarios-300x264Hermanos, Dios ha querido hacerse hombre, ha querido compartir con nosotros la aventura de la vida, saber por experiencia propia qué es vivir en este mundo, gozar, sufrir y crecer, caminar con nosotros… Oremos.

Padre, que seamos solidarios con todos.

• Te presentamos Padre a la Iglesia, que sea faro que nos recuerde permanentemente el gozo de sabernos hijos tuyos y la misión encomendada de ser Buena Noticia para todo el mundo, y en especial, para los más desfavorecidos.

Padre, que seamos solidarios con todos.

• Nos presentamos, Padre, todos los que queremos seguir a tu hijo Jesús, que nuestra vida entera sea un grito de esperanza para todos los que viven con dificultad, que seamos, en medio de este mundo, recuerdo y presencia de tu corazón solidario y misericordioso.

Padre, que seamos solidarios con todos.

• Te recordamos, Padre, a todos los enfermos, los huérfanos, las viudas, los parados, los maltratados, los excluidos, que la llegada de tu hijo Jesús suponga una Buena Noticia en sus vidas, que también ellos encuentren motivos para la alegría y la esperanza.

Padre, que seamos solidarios con todos.

• Te recordamos, Padre, a todos los pueblos que viven conflictos bélicos, a todos los que sufren el azote del terrorismo, que la venida de tu hijo Jesús, y nuestro firme compromiso hagan posible la paz en el mundo.

Padre, que seamos solidarios con todos.

Padre bueno, en estas vísperas de la celebración de la Navidad, concédenos la gracia de abrirnos y transformarnos por dentro para que seamos Buena Noticia en nuestros entornos. Gracias, Padre, por hacerte uno entre nosotros.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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Misterioso descubrimiento

Martes, 13 de diciembre de 2016

Del blog de Henri Nouwen:

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“Los que han descendido al misterio profundo de sus corazones y han hallado el hogar íntimo donde encuentran a su Señor, llegan al misterioso descubrimiento de que la solidaridad es la otra cara de la moneda de la intimidad. Se hacen conscientes de que la intimidad del hogar de Dios incluye a todos. Empiezan a ver que el hogar que han encontrado en su ser más íntimo es tan amplio que en él cabe toda la humanidad.”

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Henri Nouwen

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