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Ramón Hernández Martín: Misas, ni en latín ni sin cena. Sobreabundancia.

Viernes, 20 de agosto de 2021

Frank White, Dayton Moore, David DeJesus, Kevin Uhlich and Royals staff serve Thanksgiving lunch at City Union MissionLeído en su blog Esperanza radical:

Hay muchos millones de personas que, en el balance general de la marcha de la humanidad, siguen adelante con menos de un euro al día, cargando con calamidades sin cuento que van del hambre al frío y a la enfermedad. Y hay otros muchos para quienes mil euros diarios es una bagatela, una menudencia. Afortunadamente, la vida es maleable y se adapta incluso a las situaciones más extremas. En la primera lectura de este domingo, el profeta Eliseo, consciente de este devenir, juzga excesivo el monto de las primicias a que como tal tiene derecho y ordena al oferente que lo reparta entre quienes pasan hambre. La cuestión no es que “lo mucho para uno” sea “poco para muchos”, sino que lo disponible se reparta, porque, en definitiva, que muchos tengan lo necesario depende de la generosidad de quienes realmente lo poseen todo. El viejo proverbio popular de “ayúdate que yo te ayudaré” invita a abordar el gigantesco problema del hambre en el mundo, confiados en que Dios y la naturaleza se alíen de tal manera que, dado el primer paso, el de “ayúdate”, como punto de partida, la llegada o meta sea cosa de coser y cantar.

La liturgia de este domingo lo viene a certificar por duplicado. El criado del profeta Eliseo repartió las primicias recibidas entre los hambrientos y el hecho resultó tan exitoso que todos saciaron su hambre y hasta sobraron alimentos. Por su parte, el gran profeta Jesús, viendo que la multitud que lo seguía estaba hambrienta, recogió lo que algunos tenían y lo mandó repartir de tal manera que lo que parecía poco, cinco panes y dos peces, fue suficiente no solo para que comieran más de cinco mil personas, sino también para que con lo sobrante se llenaran doce canastas.

La clave de tan gran milagro la ofrece san Pablo en la segunda lectura de hoy, tomada de su carta a los Efesios: “Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”, lo que, puesto en Román paladino, viene a significar lo mismo que el proverbio a que nos hemos referido: que unamos nuestras fuerzas y cuanto tenemos para ser invencibles y para que no nos falte nada de lo necesario. De hecho, aunque los pobladores de la Tierra seamos ya casi ocho mil millones, la capacidad productiva de esta y la industria de nuestras manos facilita que hoy podamos producir alimentos suficientes incluso para una población doble que la actual. ¿A qué se debe entonces que, siendo los que somos, más de ochocientos millones de seres humanos pasen hoy hambre? Hay solo una única respuesta a tan grave cuestión: el mal reparto que se hace debido a distintas causas, siendo una de las principales y más graves la depredación o la avaricia de minorías acaparadoras que viven a todo tren y como si lo fueran a hacer para siempre.

El reparto de alimentos es una de las más sólidas y atractivas claves evangélicas. Ciertamente, los cristianos hemos de atender a lo que Jesús predica cuando nos habla de que Dios es nuestro padre, pero también a sus hechos cuando da de comer a los hambrientos, hechos que rubrican fehacientemente su predicación. Hay mucha más conexión que la que pudiera pensarse a simple vista entre el relato de la multiplicación de los panes y los peces y la crónica de la Última Cena, pues también en esa multiplicación “Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados”. El gran milagro multiplicador se debió, seguramente, más al hecho de repartir entre todos lo que algunos tenían que en la multiplicación mágica de lo poco que había. En la eucaristía, el hecho de partir y compartir tiene una carga teológica mucho más profunda que el supuesto efecto mágico de unas palabras de consagración que sustituye una sustancia por otra. La “transustanciación” nunca dejará de ser, en todo su alcance dogmático y teológico, más que un especulativo recurso filosófico elevado a categoría de ontología sacra. Si en estos momentos el papa desaconseja la misa en latín y de espaldas al pueblo por la desconexión que tal rito tiene con los fieles, más cabe decir incluso de las misas en lenguas vernáculas y de cara al pueblo por una desconexión más profunda y radical tanto con la “memoria viva” de Jesús como con la vida de los fieles. Salta a la vista que nuestras misas nada tienen que ver realmente con la Cena del Señor.

Seguramente, el problema más grave que padece la humanidad en nuestros días se cifra en saciar el hambre de tantos millones de seres humanos desheredados de la fortuna. En las comidas que celebró Jesús, muchas veces con publicanos y prostitutas, hecho que se constituyó en una de las mayores acusaciones contra él para crucificarlo, había comida suficiente para que todos se saciaran y hasta sobrara. A todas ellas las acompaña la acción de gracias, el hecho cultual, y, a la Última Cena Jesús le añade la orden de que se celebre en “memoria viva” suya, de que pasó por este mundo haciendo el bien y sirviendo a los demás. Es más, pues en esa misma Cena Jesús mismo concretó dicho servicio tanto en el lavatorio de los pies de sus discípulos, que él mismo realizó, como en la ordenanza de que nos amemos los unos a los otros con el mismo amor con que él nos ha amado, amor que le lleva a dar su vida por todos nosotros.

Por todo ello, sin comida compartida, sin servicio efectivo y sin amor incondicionado no puede haber misa que valga. Puede que en las actuales misas católicas haya mucho culto, mucha genuflexión, mucho golpe de pecho y mucho deseo de paz, pero si no hay comida compartida, servicio efectivo y amor incondicional, no sirven a la “memoria viva” de la vida de Jesús ni al cumplimiento de las recomendaciones tan encarecidas que nos hizo en el momento mismo de su partida. Para cumplir su propia razón de ser, las misas católicas necesitan mucho más que un lenguaje inteligible (la celebración en la lengua vernácula) y que los fieles vean lo que acontece en un altar situado frente a ellos. Bien está que el papa Francisco intente agrandar la comprensión y la participación de los fieles en las misas, pero, a pesar de su gran esfuerzo por conseguirlo frente a quienes prefieren enjaularse en el misterio, debemos dejar constancia aquí, sin ambages ni componendas, que la distancia entre una misa de corte tradicionalista en latín y de espaldas a los fieles y la orquestada por el concilio Vaticano II en lengua vernácula y celebrada frente a ellos, es mucho menor que la que hay entre esta última y la Cena del Señor. Podríamos decir, groso modo, que, mientras la Última Cena de Jesús es un acontecimiento social festivo no sacro, cuya fuerza se manifiesta en compartir, servir y amar, las actuales misas católicas no dejan de ser más que una especie de pantomima sacra, de tinte carnavalesco, en las que realmente nada se comparte, no se realiza ningún servicio y el amor se reduce a una consigna etérea. Lograr que la misa católica se parezca algo a la Cena del Señor requiere una audaz reforma litúrgica que la Iglesia católica no está en condiciones de afrontar porque, además de cuestionar muchos de los privilegios de la casta dirigente, desencadenaría cambios de perspectiva y comportamientos incómodos para la institución eclesial.

Subrayemos como conclusión de todo lo dicho que, cuando Jesús estaba presente, todos comían hasta saciarse e incluso sobraban alimentos, cosa que obviamente no puede decirse hoy de nuestra Iglesia católica, en la que, mientras muchos eclesiásticos y fieles ricos se ceban hasta enfermar, hay muchísimos otros seres humanos, cristianos o no, que no tienen ni un pedazo de pan duro que llevarse a la boca. ¿De qué sirve invitar a todos a una eucaristía en cuya celebración se habla de partir y compartir, pero realmente nada se parte ni comparte? ¿Puede alguien convencerlos con argumentos de peso, con hechos, de que tanto los políticos por delegación social como los eclesiásticos por mandato divino están ahí para servirlos? ¿Acaso no resulta un sarcasmo hablar de amor a quien tiene el estómago vacío y le tiemblan las piernas por debilidad física? ¿Con qué argumentos se los puede reanimar y rescatar de la inanidad a que la avaricia, incluso la de muchos que se dicen cristianos, los ha condenado? Resolvamos primero tan grave problema para poder acercarnos al altar y tributar a nuestro gran Dios un culto digno, que exprese como es debido nuestra hermandad y nuestra filiación divina.

Ramón Hernández Martín

Blog en Religión Digital, 25.07.2021

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“Tierra Nuestra, Libertad”: “Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron”

Domingo, 25 de julio de 2021

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Tierra Nuestra, Libertad”.

Esta es la Tierra nuestra:

¡La libertad,

humanos!

Esta es la Tierra nuestra:

¡La de todos,

hermanos!

La Tierra de los Hombres

que caminan por ella

a pie desnudo y pobre.

Que en ella nacen, de ella,

para crecer con ella,

como troncos de Espíritu y de Carne.

Que se entierran en ella

como siembra

de Ceniza y de Espíritu,

para hacerla fecunda como a una esposa madre.

Que se entregan a ella,

cada día,

y la entregan a Dios y al Universo,

en pensamiento y sudor,

en su alegría

y en su dolor,

con la mirada

y con la azada

y con el verso…

¡Prostitutos creídos

de la Madre común,

sus malnacidos!

¡Malditas sean

las cercas vuestras,

las que os cercan

por dentro,

gordos,

solos,

como cerdos cebados;

cerrando,

con su alambre y sus títulos,

fuera de vuestro amor

a los hermanos!

¡Malditas sean

todas las cercas!

¡Malditas todas las

propiedades privadas

que nos privan

de vivir y de amar!

¡Malditas sean todas las leyes,

amañadas por unas pocas manos

para amparar cercas y bueyes,

hacer la Tierra esclava

y esclavos los humanos!

¡Otra es la Tierra nuestra, hombres todos!

¡La humana Tierra Libre, hermanos!

*

Pedro Casaldáliga

Tierra nuestra, libertad,
Editorial Guadalupe, Buenos Aires 1974, 151 pp

***

 

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

“¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?”

Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe contestó:

“Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.”

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?”

Jesús dijo:

“Decid a la gente que se siente en el suelo.”

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

“Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

“Éste sí que es el Profeta que tenía que venir la mundo.”

Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

*

Juan 6,1-15

***

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***

Pienso en ti, muchachito de Galilea, de quien Juan no nos ha transmitido palabra alguna, pero ha inmortalizado tu gesto. Caía ya poco a poco la noche sobre la colina. Había allí una muchedumbre rumorosa y festiva a la que te habías unido para escuchar a aquel ¡oven rabí llamado Jesús. Un rabí que no hablaba como los otros y que parecía incapaz de decir «no» a quien le pidiera que le curara. Estabais lejos de todos los pueblos. Y de repente te encontraste con Andrés, completamente inquieto y agitado, que parecía andar buscando algo. Tú te diste cuenta en seguida de que debía tratarse de comida. Tu alforja contenía aún cinco panecillos que tu madre te había cocido la víspera y dos pescados que había cogido tu hermano de noche.

Y diste, a tu vez, todo lo que habías recibido. No diste de lo que te sobraba, sino todo lo que te hacía falta para alimentarte aquel día. ¿Te diste cuenta, después, de la relación que había entre los panecillos que diste a Andrés y aquellas cestas llenas de pan sobre las que se precipitó la multitud exuberante? ¿Notaste cómo se parecían extrañamente aquellos panecillos que no se agotaban nunca a los que tu madre te había preparado? ¿Quién se acuerda de ti hoy? Pero yo te bendigo, muchachito de Galilea. Tú eres para mí como una pequeña imagen del mismo Señor.

En esa otra pascua ahora cercana, será él el niño que ofrecerá «en su miseria cuanto tenía para vivir», su misma vida, para saciar el hambre de una multitud. Lo dará todo, sin cálculos, en la hora en que caerá la noche sobre un mundo desierto. Y el Espíritu, a través de las manos de otros Andrés y de otros Felipe, multiplicará el pan a lo largo de la noche de los tiempos. Ya no se morirá de hambre sobre las colinas desiertas y pobladas de muchedumbres hambrientas

*

D. Ange,
Le nozze di Dio dove I povero é re,
Milán 1985.

***

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Clamamos por un mundo más justo

Martes, 6 de julio de 2021

VacunaComunidades Cristianas Populares
ESPAÑA.

ECLESALIA, 21/06/21.- Ya sabemos que el capitalismo lleva en su ADN la desigualdad y la injusticia, porque se basa en acaparar riqueza (unas pocas personas) a costa del empobrecimiento de otras muchas. Los paraísos de los países ricos se han construido sobre los infiernos de los países pobres.

Pero el actual neoliberalismo globalizado, financiero y especulativo, ha llevado la desigualdad a extremos insoportables: el 1% más rico acapara el 99% de la riqueza mundial: oligopolios de las grandes corporaciones aumentan exponencialmente sus beneficios y dejan en la cuneta a millones de ser humanos condenados a una vida y una muerte inhumanas.

La crisis de la actual pandemia del COVID-19 ha agravado aún más esa desigualdad: algunos millonarios se han hecho más ricos, y especialmente las grandes corporaciones farmacéuticas y los fondos de inversión que están detrás, se han beneficiado descaradamente con miles de millones… a costa de la salud de la población y con la complicidad de los países ricos (Europa y USA, especialmente) con el tema de las vacunas, acaparando el 75% y sobre todo no permitiendo la liberación de las patentes que haría posible que las vacunas llegasen a todo el mundo.

Las Comunidades Cristianas Populares del Estado español (CCP)  denunciamos este sistema injusto que prioriza la economía sobre la vida y las personas. “Un sistema que mata” como dice el Papa Francisco. Un sistema incompatible con la vida (un “necro-poder”), incompatible también con el cuidado del Planeta como Casa Común y con los Derechos Humanos de toda la humanidad, en primer lugar el derecho a la vida, pero también a la salud, la tierra, a migrar…

Exigimos la liberación de las patentes de las vacunas del COVID-19, para que puedan ser fabricadas a precio de costo y distribuidas gratuitamente a toda la población mundial. O toda la población está a salvo o nadie estaremos a salvo. No solo por egoísmo sino por solidaridad y humanidad.

No nos olvidamos de las otras pandemias que azotan el mundo. Especialmente el hambre y la vida infrahumana de millones de personas. La violencia, especialmente en las guerras y los 72 conflictos armados activos actualmente. La violencia contra las mujeres, las violaciones y feminicidios y la discriminación de género.

Ante tanta desigualdad e injusticia, clamamos por un mundo más justo, humano y solidario. El mensaje papal de hermandad universal nos parece una exigencia ética más allá de connotaciones religiosas. Sólo soñando la utopía de otro mundo posible podemos transformar este.

Y ya se están dando realidades pequeñas pero esperanzadoras de cuidado del Planeta, de cuidados de la vida, de defensa de los Derechos Humanos… La igualdad se abre paso con el feminismo, con la solidaridad y el trabajo por un mundo más justo.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“¿Qué habremos aprendido en este tiempo de pandemia?”, por Consuelo Vélez

Jueves, 17 de junio de 2021

Formas-de-ser-habitar-despues-pandemia-D

De su blog Fe y Vida:

“Ya es tiempo de preguntarnos”

“En los últimos meses las vacunas han aliviado, en buena parte, la situación y se respira un aire de ‘confianza’ para seguir adelante con las tareas emprendidas. No está ganada la batalla y no han faltado los que siguen negando que esta pandemia exista”

“Las posturas ante esta pandemia, como ante tantas otras realidades que vivimos, son tan distintas según las personas y sus circunstancias vitales”

“A nivel de conciencia social, la pandemia ha revelado la precariedad de nuestros países a muchos niveles, especialmente, calidad en los servicios de salud y cubrimiento de las necesidades básicas”

“Visto desde nuestra experiencia de fe, ¿habremos aprendido algo de esta pandemia? ¿hemos dado testimonio del valor de la fe cristiana ante las realidades que vivimos? ¿Esa conciencia social es fuerte entre los que nos decimos creyentes?”

“El documento de Puebla de hace más de cuarenta años sigue vigente: “Es un escándalo y una contradicción con el ser cristiano la inmensa brecha entre ricos y pobres, en naciones que se dicen creyentes”. Conviene reflexionar más a fondo sobre esto”

“Si nos detenemos y nos examinamos, saldremos una vez más, fortalecidos, “como el oro en el crisol” (1 Pe 1,7), a seguir viviendo con alegría y esperanza esta vida humana en la que Dios no nos deja de la mano”

Hace más de un año que estamos oyendo noticias sobre el coronavirus. En los últimos meses las vacunas han aliviado, en buena parte, la situación y se respira un aire de “confianza” para seguir adelante con las tareas emprendidas. No está ganada la batalla y seguimos afrontando los llamados “picos” de la pandemia en diversas partes del mundo, pero pareciera que un regreso a la “normalidad” comienza a ser más evidente. Para algunos, esa “normalidad” ya ha sido asumida en sus vidas porque o ya se contagiaron y no fue grave su enfermedad o han vivido sin prestar atención a la situación -casi jugando a la ruleta rusa, es decir, si les toca, lo asumirán y si no, siguen con su vida sin que les importe mucho lo que pasa a su alrededor, y no han faltado los que siguen negando que esta pandemia exista.

Mirando otro aspecto –las medidas tomadas por los gobiernos para controlar la pandemia-. algunos las han rechazado aduciendo que atentan contra su libertad. Otros, ante la necesidad “innegociable” de trabajar para comer, no han podido cumplir con las medidas propuestas y celebran cada apertura que se hace para sobrevivir, sin detenerse en ninguna otra reflexión. Esto último es entendible y doloroso. Ha sido la realidad, especialmente, de los países pobres porque en aquellos donde el Estado ha cubierto las necesidades básicas, no se ha sentido tanta angustia y, hasta algunos están contentos de recibir el sustento sin tener que trabajar.

En fin, las posturas ante esta pandemia, como ante tantas otras realidades que vivimos, son tan distintas según las personas y sus circunstancias vitales, que cabe la conocida expresión “hay de todo en la viña del Señor” y con esa realidad tenemos que contar a la hora de asumir lo que en cada momento histórico tenemos que vivir.

Pero visto desde nuestra experiencia de fe, ¿habremos aprendido algo de esta pandemia? ¿hemos dado testimonio del valor de la fe cristiana ante las realidades que vivimos? O simplemente ¿hemos aguantado -como todos- esta circunstancia, dejándonos llevar por lo que depara cada día, sin muchos cambios -más que los impuestos desde fuera- y deseando no hablar más de esto para seguir en la “normalidad” que traíamos desde siempre? Las respuestas no son unánimes, pero algunas líneas de reflexión podemos señalar.

A nivel de conciencia social, la pandemia ha revelado la precariedad de nuestros países a muchos niveles, especialmente, calidad en los servicios de salud y cubrimiento de las necesidades básicas. En Colombia esto se ha hecho tan evidente -ya se tenía conciencia de ello, pero en este tiempo se ha hecho inaplazable- y por eso estamos viviendo la urgencia de un cambio para que se garantice -en palabras de Francisco- las tres “T” -Tierra, Techo y Trabajo- para todos y todas.

Ahora bien, ¿esa conciencia social es fuerte entre los que nos decimos creyentes? Aquí hay mucho para reflexionar. Es verdad que algunos grupos de iglesia han apoyado explícitamente las movilizaciones y unen fe y vida, fe y justicia social, fe y derechos humanos. Pero mucho me temo que hay una gran porción de iglesia que siente tanto pavor de salir del “statu quo” establecido, que invocando actitudes profundamente cristianas -paz, reconciliación, fraternidad- no levantan su voz exigiendo un cambio, sino que, en cierta medida, se hacen cómplices de mantener las cosas como están, sin darle nombre a las causas de tanta injusticia. Las palabras del documento de Puebla de hace más de cuarenta años siguen vigentes: “Es un escándalo y una contradicción con el ser cristiano la inmensa brecha entre ricos y pobres, en naciones que se dicen creyentes”. Conviene reflexionar más a fondo sobre esto.

Mirando lo que corresponde a la oración y la vida sacramental, mucho me temo que no hemos reflexionado lo suficiente. Sobre la oración, incluso hoy, pasado más de un año, se sigue invocando a Dios “para que retire la pandemia” -hasta el papa Francisco se ha expresado así-. Por supuesto es legítimo acudir a Dios para que nos fortalezca en esta experiencia tan dura.

Pero “pedirle que quite la pandemia”, ¿no supone la imagen de un Dios al que se le reza hace más de un año y no ha querido ayudarnos? Pasa el tiempo y los creyentes no asumimos que el Dios cristiano es un Dios que respeta la “autonomía de las realidades terrestres” y su presencia entre nosotros no es para intervenir si rezamos o no, sino para sostenernos en la inmensa tarea de continuar su obra creadora, comprometiéndonos con todo lo que somos y podemos para hacer de este mundo una casa común donde “ninguno pase necesidad” (Hc 2, 45).

Finalmente, ya se ha hablado mucho de la vida sacramental y litúrgica y de la urgencia de recuperar lo esencial -la vida- para celebrarlo -cuando sea posible- en los templos. Algunos solo han vuelto a los templos, como quien le gana la batalla a un gobierno que los cerró -parece que injustamente, según interpretan- pero sin la certeza de que nada ni nadie nos separa del amor de Dios porque Él no solo está en el templo, sino en la vida concreta de cada día, en casa, en cuarentena, en la red, en el deseo de volver a abrazar y encontrarnos con los demás, en la muerte que ha visitado y sigue visitando a tantas familias, etc.

En conclusión, ya es tiempo de preguntarnos ¿qué nos va dejando esta experiencia? ¿qué cambios ha producido en nuestra vida, en nuestra pertenencia eclesial, en nuestra participación social, etc.? Si no hacemos estas preguntas, de nada habrá servido todo este tiempo. Pero si nos detenemos y nos examinamos, saldremos una vez más, fortalecidos, “como el oro en el crisol” (1 Pe 1,7), a seguir viviendo con alegría y esperanza esta vida humana en la que Dios no nos deja de la mano, pero cuenta con las nuestras para vivir esta situación y tantas otras que seguirán llegando.

(Foto portada tomada de Cider)

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Gerardo Villar: Levantemos el “paso”.

Viernes, 26 de marzo de 2021

mas-que-solo-caminar-con-Je¿Cuáles son los principales problemas de la humanidad? Yo indicaría estos cuatro:

1.-Pandemia, sanidad

2.- Hambre en el mundo

3.-Guerra, refugiados, emigrantes

4.- Medioambiente y cuidado de la naturaleza

Cuatro bloques de problemas que, a mí me parecen, son los más importantes en este momento de la humanidad.

Hemos tenido un minuto de lucidez que nos ha venido con la pandemia. Por una vez nos hemos puesto todos en movimiento, nos ha igualado a todas las personas, aunque con diferencias abismales. Pero todos estamos tocados. Nos ha invitado a toda la humanidad a poner manos a la obra y buscar alternativas.

Es cierto que la respuesta es desigual y que mientras en Europa tenemos vacunas, con dificultades, en Canadá les sobran, y en África y América apenas les llegan unas gotitas. Pero sí que hay un movimiento general. Y espero que en todos esté el que la respuesta sea general.

A la vez estamos embarcados en la transformación de una sociedad industrial hacia otra sociedad informática. Es un momento clave en la historia. Y es preciso que descubramos hacia dónde queremos caminar y trabajemos para que toda la humanidad nos movamos socialmente empujando a los gobiernos y a los grandes capitales hacia otra sociedad más igualitaria, más humana.

Dos puntos importantes: que la nueva sociedad parta de la reflexión y de la colaboración de todas las personas, sin olvidarnos de los más pobres, no ya solo como destinatarios sino como agentes de ese nuevo mundo. Lo cual requiere participación muy activa de todos. Es momento de sentirnos impactados todos y mover la sociedad hacia la participación.

Hemos demostrado ante el covid que somos un pueblo que sabe luchar en la dificultad y seguir con esperanza. Esa esperanza y ese esfuerzo nos pueden llevar a un mundo alternativo. Los grandes problemas que exponía arriba, se pueden resolver. Hay que intentarlo. Da gusto que el esfuerzo del pueblo se vea reforzado por los grandes líderes y contamos con la ayuda fenomenal del papa, que nos apoya y nos orienta. Ahí tenemos la encíclica Fratelli Tutti.

Cuando se va a sacar un paso de la semana santa, se preparan todos los costaleros con el hombro debajo del paso y a una señal del mayordomo, todos arriman el hombro y se levanta el paso. Así necesitamos hacer en la humanidad. Hay muchos y buenos mayordomos de muchos estilos en la sociedad.

Que nos indiquen cómo arrimar el hombro y levantar esta realidad.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad

El prójimo

Martes, 16 de febrero de 2021

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Si os resulta difícil interesaros por el prójimo, reflexionad sobre el hecho de que no podéis alcanzar la bienaventuranza de ningún otro modo. Suponed que se declara un incendio en una casa: algunos vecinos, preocupados sólo por sus cosas, no se preocupan de alejar el peligro. Cierran la puerta y se quedan en sus casas, temiendo que entre alguien y les robe. Pues bien, sufrirán un gran castigo. El fuego crecerá y quemará todos sus bienes. Y ellos, por no haberse interesado por el prójimo, perderán también lo que tienen.

        Dios ha querido unir entre sí a los hombres, y para ello ha imprimido en las cosas la ley de que el beneficio del prójimo vaya ligado al de cada uno. Y, de este modo, subsiste todo el mundo. Así sucede también en la nave si el capitán, al estallar la tempestad, sacrifica el bien de muchos buscando sólo su propia salvación: en seguida se ahogarán tanto los otros como él mismo. Así sucede en todas las ocasiones: si se tiene en cuenta únicamente el propio interés, no podrán sostenerse ni la vida ni el mismo arte.

*

Juan Crisóstomo,
Homilías sobre la primera carta a los Corintios, 25,4.

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“Nuestro peor enemigo”, por Gabriel Mª Otalora

Viernes, 12 de febrero de 2021

Cortesd18febrero2011Estamos viviendo tiempos de un laicismo furibundo que no quiere ver otra cosa que una Iglesia católica como una institución del pasado, llena de privilegios y convertida en una rémora para el progreso, la libertad y la felicidad. Por otro lado, están los católicos que se sienten víctimas de una gran injusticia en forma de un ataque sistemático a la religión católica que provoca una sociedad empobrecida espiritualmente, sin moral,y persigue arrumbar los valores más esenciales del ser humano.

Ambas posturas no tratan de escucharse ni tampoco quieren ver lo que de verdadero hay en esas críticas ni sobre lo que tienen de bueno quienes piensan y sienten en el otro extremo. Nuestra Iglesia aporta un gran bien a la sociedad y es causa de escándalo; esta es la doble verdad. La autocrítica no es nuestra especialidad ni tampoco la comunicación de todo lo bueno que hacemos a la sociedad en nombre de Cristo -ya lo expuse en otra reflexión anterior- más allá de Cáritas y algunas onl´s (organización no lucrativa) muy conocidas, que son una parte pequeña de la inmensa labor eclesial de construcción del Reino en muchísimos campos de la exclusión social con los más desfavorecidos.

 La Iglesia es la comunidad de seguidores de Jesús iluminada por el Espíritu Santo. Pero cuando hacemos de la institución un poder humano, nos alejamos de la verdadera comunidad continuadora de la obra de Cristo; y escandalizamos, claro que sí. El teólogo José Antonio Pagola ha escrito recientemente que “Una de las herejías más graves es hacer de la Iglesia el ‘sustitutivo’ del reino de Dios”. Algo parecido le ocurrió a aquella Iglesia judía que no aceptó a Jesús porque suponía desmontar todo el poder acumulado en forma de una institución teocrática y ajena a la esencia de Dios Amor y de su proyecto.

Como afirma Pagola, cuando Dios reina en el mundo, la humanidad progresa en justicia, solidaridad, compasión, fraternidad y paz. A esto se dedicó Jesús con verdadera pasión. Por ello fue perseguido, torturado y ejecutado. En lugar de mirar la vida como la miraba Jesús y de sentir y actuar como Él para construir un mundo más solidario y fraterno, la Iglesia vive en una grave herejía al primar la institución eclesial como un absoluto que sustituye, en la práctica, al reino de Dios descentrando su misión y espantando a muchos buscadores de buena fe.

Las tres grandes tentaciones de poder, vanagloria y dinero han calado muy hondo en la institución confundiéndose con el Pueblo de Dios al que hemos sido llamados. Todo es Iglesia, pero no podemos defender desde el evangelio a semejante estructura, incluido el Estado Vaticano y a las jerarquías locales que asfixian la autocrítica y la acción liberadora del Espíritu. El Papa lo intenta y ¡hay que ver las resistencias!

Dicho lo anterior, son muchos los que se niegan a reconocer el bien que la Iglesia aporta a la sociedad. A veces por su mezquindad y defensa de intereses inconfesables; otras veces es por nuestro pésimo ejemplo al sustituir la autoridad del servicio y del amor por el poder y sus lamentables escándalos llenos de soberbia. Para visualizar el bien que hace la Iglesia en el mundo, hay que escuchar las voces de los obispos de Irak, de Siria, de Santiago Agrelo hasta hace poco arzobispo en Tánger, que denuncian constantemente las atrocidades que sus gentes están sufriendo a manos de los poderosos y son verdaderos pastores de amor con los que sufren.  Ellos actúan como profetas que defienden la dignidad del ser humano puestos los ojos en Cristo Jesús. Pero de estos salen pocas noticias y nosotros tampoco las producimos demasiado en nuestras comunidades.

Si somos Buena Noticia para el mundo, debemos mostrar y propalar nuestras estructuras solidarias que tanto aportan al PIB estatal de manera voluntaria y solidaria. No es un ejercicio de vanagloria sino de evangelización, de mostrar lo que ofrecemos en hospitales, cárceles, comedores asistenciales, barrios maltratados, colectivos expulsados a las cunetas sociales. Muchos no nos conocen en lo bueno. Pero hoy es imposible saberlo pues no hay un lugar en el que podamos saber la organización solidaria de la Iglesia, ni siquiera a nivel diócesis, juntando lo diocesano con las onl´s de las órdenes religiosas.

Mientras tanto, solo nos publicitan lo malo y nosotros no sabemos hacer una sana autocrítica institucional, al menos en la línea de Francisco, empezando por muchos obispos y curas que parecen pagados por quienes no quieren una Iglesia basada en las actitudes de Jesús de Nazaret. Somos, en definitiva, nuestro propio enemigo.

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Ollas populares y redes vecinales: así se organizan defensoras trans en México frente a la pandemia

Viernes, 5 de febrero de 2021

Centro-comunitario-Vihda-Trans-en-Tampico1-1024x768Por Georgina González

Fotos: Gentileza de Tamaulipas Diversa Vihve Trans

Ana Karen López Quintana es defensora de derechos humanos y preside la organización Tamaulipas Diversa Vihve Trans, dedicada a defender los derechos de las poblaciones trans, les trabajadorxs sexuales y personas que viven con VIH en Tampico, Altamira y Madero, al sur del estado mexicano de Tamaulipas. La autogestión ha sido su mejor herramienta para hacer frente a la crisis alimentaria, económica y de salud que experimentan estas poblaciones durante la pandemia.

“La pandemia sigue afectando a las personas que están ejerciendo el trabajo sexual y a las que se dedican al show travesti, a meserear, fichar (trabajadora que gana comisiones por las bebidas alcohólicas consumidas dentro de un bar), que trabajan en casa (trabajdoras domésticas) o en restaurantes pues fueron despedidas y no tienen trabajo en estos momentos. Todas ellas, mayormente parte de la población LBT (lesbianas, bisexuales y trans), viven una situación muy crítica”, cuenta Ana Karen en entrevista con Presentes.

Ante la covid-19, Vihve Trans buscó soporte con los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal). Sin embargo, luego de diez meses, el Estado permanece ausente frente al llamado de ayuda para que mujeres trans, trabajadorxs sexuales y personas que viven con VIH hagan frente a las desigualdades y violencias que experimentan durante la emergencia sanitaria.

“El Estado no nos ha brindado absolutamente nada, ni dinero, ni cubrebocas, ni gel antibacterial, ni guantes, ni condones. Todo ha sido ayuda de sociedad civil, sobre todo por el apoyo emergente de Fondo Semillas. Sin ese fondo hubiéramos colapsado y hubiera más personas afectadas y contagiadas por covid-19. Gracias a eso hemos podido acercarnos a la comunidad”, advierte Ana Karen.

De abril a mitad de enero de 2021 les integrantes de Vihve Trans han repartido 680 despensas (productos de canasta básica); 250 kits de limpieza personal; 450 cubrebocas lavables y 115 mil condones masculinos y 1500 femeninos. Además, se realizaron 600 pruebas rápidas de VIH, se brindó atención médica a 25 personas LGBT adultas mayores y a 45 niñes que viven con VIH. Este trabajo territorial aparece recogido en la investigación de la organización Front Line Defenders.

Sin empleo, sin hogar

Entrega-de-verduras-en-el-centro-comunitario-1024x768“Al principio todo fue un caos, hubo chicas que entraron en psicosis y no sabíamos ni para dónde hacernos”, recuerda Ana Karen. De golpe los hoteles, estéticas y otros espacios de trabajo cerraron.

Para apoyar y contrarrestar la falta de empleo, de techo y comida, Vihve Trans generó acciones como rifas en Facebook, a hacerse más visibles en redes sociales y a nivel local, a tocar puertas con otras organizaciones y funcionarios públicos.

Algunas mujeres trans y personas que ejercen el trabajo sexual se quedaron sin empleo y a su vez sin techo, algunas también fueron orilladas a abandonar los departamentos que rentaban como consecuencia del estigma. “Ya no querían rentarle a las chicas por la cuestión de que creen que iban a traer el virus de covid-19 y más clientes”, señala Ana Karen. 

“Hubo chicas que se refugiaron con amigas o buscaron pagar renta en otro lado entre dos personas. Y por necesidad, clandestinamente ejercen el trabajo sexual arriesgando su salud, algunas fueron afectadas con el covid-19”, agrega.

Se olvida una pandemia por otra

Ana Karen tuvo que buscar fondos económicos para poder incinerar a diez mujeres. Siete de ellas ejercían el trabajo sexual, 3 más no pero todas vivían con VIH y no contaban con tratamiento antirretroviral, eso las afectó fatalmente al momento de enfermar de covid-19.

“Durante esta pandemia no hemos tenido el abasto oportuno de medicamentos antirretrovirales y los estudios de rutina de VIH. El gobierno no está tan apegado a esto y es urgente que se brinden medicamentos y estudios médicos”, señala Ana Karen.

En México las autoridades de salud orientaron todos sus esfuerzos a la pandemia por covid-19 y dejaron de brindar detección, atención y seguimiento a la pandemia de VIH. 

Tan solo en Tamaulipas en 2019 las autoridades de salud detectaron 329 nuevos casos de VIH, en contraste, en 2020 se detectó un total de 24, 23 hasta marzo y un solo caso entre el 29 de junio y el 15 de noviembre, de acuerdo a datos del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el sida.

Ana Karen enfatiza en la urgencia porque el Estado brinde atención médica integral a les trabajadorxs sexuales, personas trans y personas que viven con VIH. “No solo hay desabasto de medicamentos para VIH, también para hipertensión, diabetes. Además, el personal de salud no está sensibilizado, muchas personas trans tienen miedo de ir (al centro de salud) porque es común que no se respete ni su nombre ni su identidad”, añade.

Para poder cremar a sus diez compañeras Ana Karen pidió apoyo a funcionarios públicos locales y es que el país también enfrenta una crisis funeraria donde los servicios de cremación han duplicado sus precios. Al final, consiguió un descuento y con el apoyo solidario de la red de mujeres trans del sur de Tamaulipas logró solventar el gasto.

“Nos dolió mucho no poder llorarlas y hacer un velorio, debían ser cremadas. Muchas no eran de aquí, unas eran de Veracruz, de San Luis Potosí, de Nuevo León (estados colindantes a Tamaulipas), y es que sabes que del trabajo sexual migran constantemente, no están sus familias, al final sus cenizas fueron entregadas a las amigas que pudieron hacer aquí”.

“Tamaulipas es conservador y violento”

Vihda-Trans-junto-a-Tendremos-Alas-ACDefender los derechos humanos en Tamaulipas tiene sus riesgos. Y aunque Ana Karen se sabe “un roble que no se deja vencer ante ninguna tempestad”, tiene claro que el estado que la vio crecer “es conservador y violento con quienes levantan la voz”. 

“No tenemos avances en ley de identidad o matrimonio igualitario, sin embargo, por ahora estamos trabajando en un solo frente como movimiento de la diversidad sexual por el derecho a la salud integral libre de estigma y libre de discriminación”, explica Ana Karen.

Además, se busca reformar el Código Civil del estado que impone como requisito para contraer matrimonio la presentación de estudios clínicos prenupciales y que impide esta unión a la persona que sean diagnosticadas con VIH, a menos que interponga un amparo.

Tamaulipas también es uno de los estados que más ha padecido la violencia generada por la estrategia de seguridad llamada “guerra contra en narco” que llevó a las calles a los militares.

“Es difícil trabajar realmente en este contexto. La presencia de policías o militares no representa un beneficio para nosotras, al contrario, de ellos solos tenemos rechazo, discriminación y detenciones injustas”, advierte Ana Karen.

Según la Encuesta sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidd de Género (ENDOSIG 2019), 3 de cada 10 personas LGBT encuestadas experimentaron un trato discriminatorio por parte de la policía, siendo el más común los interrogatorios sin motivos aparentes.

Además, un informe de 2016 sobre las condiciones de los derechos humanos de las mujeres trans en México elaborado por el Transgender Law Center y la clínica de estudios LGBT de la Universidad de Derecho de Cornell, concluye que “las mujeres trans ya eran objeto de abusos policiales y militares, pero una vez que comenzó el aumento de la militarización bajo Calderón (ex presidente que instauró esa estrategia de seguridad pública en 2006), las mujeres trans sufrieron un aumento en las agresiones. Los militares cometen los mismos abusos que la policía al hacer que las mujeres trans sean objeto de detenciones arbitrarias, golpizas, extorsiones y robos”.

La resistencia trans

“Trabajar ha sido difícil, créeme que de repente pues sí me llega la desesperación, la angustia, lloro. Pero desahogar me hace bien, me he sentido respaldada por mi familia, por mi esposo y todo esto me ha empoderado aún más”, confiesa Ana Karen. Y agrega, “también veo fortalecidas a mis compañeras, algunas lloran cuando reciben los apoyos, dan las gracias y me han dado a entender que no se sienten solas y que están unidas y así nació la resistencia trans”

“La resistencia trans” es una red de personas LGBT, en su mayoría jóvenes, que trabajan como voluntarias para acercar los apoyos alimenticios, de prevención y pruebas de detección de VIH, sífilis y hepatitis en los municipios de Tampico, Altamira y Madero.

Pero la resistencia también se extendió al sur, en Veracruz, y de la mano de Tendremos Alas AC tejen puentes para gestionar apoyos a trabajadorxs sexuales, personas trans y personas que viven con VIH en Pánuco y Pueblo Viejo, a 45 minutos de Tampico.

Frente a la ausencia del Estado, la discriminación de la sociedad, la violencia institucional, el acoso policial, militar y del crimen organizado, la organización Vihve Trans reclama hoy más fuerte que nunca: “¡Nosotrans existiendo, resistiendo y persistiendo! (…) y con este empoderamiento comunitario vamos a fortalecernos aún más para tomar decisiones. Aquí estamos y queremos que nuestros derechos se garanticen y respeten”.

Fuente Agencia Presentes

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2020, Adviento solidario

Martes, 15 de diciembre de 2020

jose-y-maria-sobre-un-burro_12_09Carmen Herrero Martínez, Fraternidad Monástica de Jerusalén
Estrasburgo (Francia).

ECLESALIA, 14/12/20.- En primer lugar, recordar lo que significa Adviento. Adviento es una palabra que viene del latín, adventus, que quiere decir “llegada solemne”. Adviento, un tiempo para vivirlo bajo el signo de encuentroentre un Dios que viene al encuentrodel hombre y el hombre que va al encuentro de Dios. Un Dios que se hace solidario con la humanidad caída y viene a levantarla, a sacarla del estado de esclavitud en el que vive, para darle la libertad, la salvación.“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito” (Jn 3, 16). “Dios hecho materia, para que la materia sea divinizada” [1]. Y santo Tomás de Aquino dice: “Es evidente que el Hijo de Dios tomó nuestra condición y vino a nosotros no por un motivo insignificante, sino por nuestro bien. Él se vinculó a nosotros, por decirlo de esta manera, tomando un cuerpo y un alma humana y naciendo de una Virgen, para poder darnos su Divinidad. De esta manera, él se hizo hombre para que el hombre se haga Dios”.

El Adviento está marcado por la espera y esperanza que culmina en el nacimiento de Jesús. Y en este momento histórico que estamos viviendo -tan incierto y alarmante- la esperanza es una necesidad vital sino queremos perecer. Con fuerza y mucha fe hemos de gritar: ¡Maranatha, ven, Señor Jesús! Ven a salvar a tu pueblo de esta pandemia que supera su capacidad y le conduce a la desesperanza y a la pobreza extrema.

Pese a este sufrimiento real, vivamos el Adviento como un camino que vamos recorriendo, a través de las cuatro semanas litúrgicas, acompañados por la Palabra de Dios que la Iglesia nos propone. Este camino nos lleva a Belén, donde se realiza el acontecimiento central de la historia salvífica: el nacimiento del Hijo de Dios. “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gal 4,4). Benedicto XVI dice: “El acontecimiento central de nuestra fe es que Dios-Amor, ama tanto al mundo -a nuestro mundo- que le ha enviado a su Hijo, Jesucristo, este Niño, Jesús que nos nace, es el Amor de Dios encarnado [2].

A la espera y esperanza hemos de añadir la solidaridad, porque desde el momento que Dios se hace Hombre, solidario con la humanidad, todo cuanto concierne al ser humano, conciernea la Iglesia ya los cristianos. De ahí que la solidaridad sea esencial para el cristiano. Vivir un Adviento solidario quiere decir: comprometerse con los más pobres y necesitados. Entendiendo por pobres no solamente a aquellas personas que carecen de lo económico, sino a tantas personas que están sumergidas en la pobreza humana, moral y espiritual. Esta pobreza que,a numerosos hombres y mujeres, en nuestros días, les esclaviza y les impide vivir en libertad y plenitud de vida, bajo la apariencia de riqueza y poder. ¡Fuerte pobreza escondida en la opulencia!

Este año, 2020, el tema de la solidaridad tiene un coloridomuy especial y grita con urgencia un compromiso real. Un compartir con los más pobres y necesitados de la sociedad. Este año está marcado por el covid 19 que tanto sufrimiento y pérdidas humanas y económicas está causando a nivel mundial. ¿Cómo no sentirse solidarios con las familias que han perdido un ser querido en tales condiciones? ¿Y con quienes han perdido su trabajo, con aquellas personas y hogares que se ven en la pobreza absoluta?

Ser solidarios es estar al lado del necesitado, sea cual sea su situación. Sentir cierta compasión y hacer humanamente lo que podamos, cada uno desde su propia realidad. Recordemos las palabras de Jesús: “Cada vez que lo hicisteis a uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,34). El criterio del juicio final es: “Tuve hambre y me disteis de comer” (Mt 25,39s). Siendo Dios el centro de nuestra vida, el prójimo, el hermano, tiene que estar junto a Dios, no podemos separarlo. “Si alguno dice: ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20). ¡No cabe separación entre Dios y el hermano! La exigencia cristiana es diáfana porque Dios se ha hecho solidario con toda la humanidad. Él nos entrega a su Hijo, a su Unigénito, asumiendo nuestra propia naturaleza para liberarnos del pecado y salvarnos. Cristo, el Hijo de Dios, ciudadano del cielo, por derecho natural, se ha hecho Hijo del Hombre en el tiempo, ciudadano de la tierra. “El cuál siendo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo, hecho semejante a los hombres” (Flp 2,2-27). Jesús se hace solidario con la Humanidad caída, en la mayor de las pobrezas: el pecado, la ruptura con su Creador.

¡Qué maravilla si realmente viviésemos así el Adviento, animados, de este espíritu solidario y fraterno! Sabemos que vivir como hermanos ycompartir los bienes humanos y espiritualesno es fácil, pero al menos, intentemos hacer lo “poco” que está a nuestro alcance y pidamos a Dios, nuestro Padre, que nos conceda la gracia y la audacia de amar como él nos ama,aprendiendo de él a ser solidarios con nuestros hermanos y hermanas en humanidad como Dios lo ha sido y lo sigue siendo con cada uno de sus hijose hijas.

A nosotros, los cristianos, y a todo ser humano, nos toca esforzarnos y poner ese grano de arena que ayude a formar una sociedad donde el amor de unos con otros sea posible y más en las circunstancias históricas que estamos viviendo en este Adviento 2020. Pues como dice el refrán: “Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. Los pequeños gestos y pequeños“pasos”, que cada uno vamos dando hacia el hermano construyen grandes caminos que convergen en el encuentro, en la alegría y la amistad fraterna. Desde esta colaboración y deseo de amarnos los unos a los otros como hermanos, hijos de un mismo Padre, y salvados por Jesucristo, estamos construyendo una sociedad más humana, más justa y solidaria; porque un mundo mejor es posible, con la ayuda de Dios y nuestra propia colaboración.

Esta pandemia, ¿nos abrirá los ojos y el corazón para mirar el pasado y evitar los errores personales y socialesdel individualismo, la arrogancia y el sálvese quien pueda?

Según voy escribiendo me viene a la mente y al corazón la imagen de María y José en el momento en el que iban buscando posada y nadie los acogió: “Para ellos no había sitio en la posada”. Nadie fue solidario con ellos.

En nuestros días, en nuestra sociedad, también hay muchas marías y josés que no encuentran sitio en la “posada”, en la sociedad; porque molestan y cambian nuestros planes… como una mujer encinta molestaba y cambiaba la organización del posadero… Lo desconocido siempre nos da miedo. María no era una mujer ordinaria pues en su seno se había encarnado el Hijo de Dios, pero el Salvador del mundo no encontró un sitio digno para nacer. Mensaje para reflexionar y llevar a la vida desde la acogida sencilla y fraterna de unos con otros y de tantos emigrantes que llaman a nuestras puertas europeas.

Si vivimos el ADVIENTO abiertos a la esperanza desde una real solidaridad la NAVIDAD será muy distinta, tanto en las familias, como en las comunidades y en la sociedad; porque donde reina la solidaridad y el amor, allí está Dios, el Emmanuel encarnado, y allí es NAVIDAD

¡FELIZ   NAVIDAD!


[1]. San Máximo el Confesor.

[2].Benedicto XVI, su primeraen la encíclica,Dios es amor”, nº 1.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Esta es nuestra fe”, por Gabriel María Otalora

Miércoles, 18 de noviembre de 2020

Ferdinand Hodler El buen samaritano, 1885De su blog Punto de Encuentro:

Jesús vivió en una época marcada por la omnipresencia de la ley judía de un pueblo que esperaba impaciente la llegada del Mesías que les liberara de los invasores -entonces eran los romanos- y una sociología estructural que fabricaba muchos excluidos.

A pesar de tan ominosa realidad, Jesús amplía el concepto “prójimo” reducido entonces al círculo de “los nuestros”. Él está con el que sufre, sin exclusiones de ningún tipo aunque le cueste la vida. Las excepciones son cosa nuestra. No aprueba que los romanos ni los publicanos y terratenientes judíos opriman al pueblo. Pero se centra en lo que entiende como esencial, básico: mostrar la Buen Noticia del amor del Padre desfigurada por la interpretación religiosa y las cargas que imponían los jefes político-religiosos con tanta hipocresía en nombre de Dios.

Para Jesús, cualquier limitación de acoger desaparece ante la persona que tenga necesidad de mí -como prójimo- y que yo pueda ayudar, independientemente de cualquier otra consideración, aun de tipo religioso. Es el comienzo de la religión del amor y de la verdadera imagen de Dios. Y ahora sigue urgiendo mostrar el verdadero rostro de Dios Amor con testimonio y ejemplo a nuestro alrededor.

Este domingo celebramos precisamente el gran día de la culminación que lo es para miles de millones de personas que nos han precedido y ya gozan de un eterno presente en la plenitud del Amor de Dios.

“Haced esto en memoria mía”, el estribillo que echamos en falta en buena parte de nuestra Iglesia occidental. Es con Jesús que nace el cristianismo no como una ideología sino como una relación de amor sintiéndonos comunidad, más allá del conocimiento de verdades fundamentales; hechos de amor, no solo verdades en forma de leyes. No se habla de “enseñanzas de los apóstoles”, sino de Hechos de los apóstoles.

Para todos, la sentencia inapelable “Por sus hechos los reconoceréis”. Antonio Salas nos recuerda que, si exprimiésemos a fondo el potencial del evangelio, acaso algún día se considere tan religiosa la asistencia a misa (cometido religioso) como la lucha a favor de un marginado (cometido profano). Desde luego que las prioridades actuales necesitan una urgente revisión en la práctica porque la fe sin frutos es una fe muerta.

Veamos un ejemplo concreto que nos puede revelar hasta qué punto el mensaje de Jesús puede ser maravilloso y rompedor cuando lo practicamos con amor. Lo cuenta Joan Chittester en uno de sus libros. Ocurrió en una conferencia en Asia para analizar los problemas de las mujeres, en especial de las necesidades de las mujeres de los países en desarrollo, donde la mayoría de asistentes a dicha conferencia eran pobres y mujeres, y solo unos cuantos eran activistas bien financiados y observadores oficiales.

Cuando se intercambiaron los correos electrónicos entre los participantes para mantener el contacto, una de ellas llamada Rose, pastora presbiteriana keniata, justificó dejar en blanco su dirección de e-mail diciendo que no tenía correo electrónico porque era muy caro para su comunidad. Y cuando podía utilizarlo, la conexión era demasiado lenta y poco fiable. Al finalizar la conferencia y la gente se despedía, otra conferenciante le dijo a Joan Chittister justo antes de compartir el taxi juntas: “No puedo irme sin ver antes a Rose. Le prometí que le daría una cosa”. “¿Qué le diste a Rose?”, le preguntó Chittester durante el trayecto en taxi a su compañera. “Mi tarjeta de crédito”, me respondió. “¿Tu tarjeta de crédito?” -dijo Chittester-: ¿y por qué demonios se la has dado?”, le insistió. “Para que pueda pagar las mensualidades de su correo electrónico”, le respondió tranquilamente.

Solo recuperaremos el interés de los alejados como verdadera buena noticia dando pasos firmes hacia lo esencial; y estamos demasiado pasivos, calculadores, interesados: “No me preocupan el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética -decía Martin Luther King-, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. Por eso, el ejemplo del samaritano compasivo desborda el contexto religioso judío de entonces para convertirse en un referente atemporal y una llamada al compromiso de todos, al qué hay que hacer y cómo hacerlo.

Aceptemos con la humildad del publicano que Dios nos quiere a todos igual, que las indignidades y exclusiones son cosa nuestra, no suya. Y que Cristo murió por todos -no por “muchos”– porque todos somos llamados a ser eternidad de amor gozando la presencia de Dios Amor, tal cual es, pero empezando aquí, tras las huellas de Jesús. Esta es nuestra fe y no admite atajos aunque algunos parece que leen el evangelio del revés.

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Elijo contagiar

Lunes, 16 de noviembre de 2020

8C9F5E1B-F771-4690-9234-41F6C3FD2D43Mari Paz López Santos
Madrid

ECLESALIA, 06/11/20.- Sé que el título es complicado, que puede generar pánico. Calma. Mucha calma. He elegido no dulcificarlo. Que me perdone quien no entienda, pero no están los tiempos para encubrir la realidad con exceso de glucosa.

“Contagiar” es un verbo que no admite bromas después de los meses que llevamos de sobresalto en sobresalto. La definición en el diccionario de la Real Academia no puede ser más escueta y contundente: “Transmitir una enfermedad a alguien”. Rotundo.

Menos mal que deja un respiro, porque en “sentido figurado” se puede utilizar fuera del contexto amenazante de una enfermedad. Un alivio pode contagiar algo positivo.

Me he tomado tiempo de reflexión y ya puedo contar abiertamente que elijo contagiar sentido común. Sí, lo sé, “el menos común de los sentidos”, añadimos siempre que sale en las conversaciones.

El sentido común es algo ancestral. Tiene un no sé qué primario que pone en guardia al ser humano ante el peligro; previene interiormente de lo que puede causar un mal físico, psíquico o espiritual a la persona, al grupo humano, a las relaciones… a la vida.

Cuando era pequeña escuchaba a las personas mayores decir: “Eso es de sentido común”. También en formato bronca cuando hacías algo que, por imprudencia, podría haber acabado en problemas, en casa decían: “¿Es que has perdido el sentido común?

El asunto es que, generación tras generación, se iba transmitiendo el significado del sentido común, dentro del bagaje de la educación.

Pero llegados al momento en el que vivimos, el sentido común es otro de los valores que han pasado a la estantería de piezas antropológicas.

Creo firmemente que, en el tiempo que llevamos sufriendo una pandemia a nivel mundial, el sentido común es elemento imprescindible, no sólo a nivel individual sino colectivamente. Necesitamos ponerlo de actualidad para conseguir salir adelante sin desplomarnos por el camino.

De verdad que me hubiera gustado empezar hablando de que mi elección es contagiar esperanza, animar a quien lo necesita, cuidar, proteger, preparar bizcochos y pasarle un trozo a mi vecina mayor que vive sola, llamar por teléfono a una amiga que se quedó viuda en pleno encierro y no puedo ir a darle un abrazo, contar cuentos por ZOOM a mis nietos, celebrar de forma creativa y con distancia de seguridad todos los cumpleaños y aniversarios de los miembros de mi familia y un sinfín de posibilidades que dulcifiquen el tiempo de pandemia. Todo esto son también elecciones radicales, ¡faltaría más!… y las llevo poniendo en práctica desde el minuto cero del estado de alarma.

Sé que para algunos el sentido común no tiene buena prensa; se interpreta como cortapisa a la razón y a la libertad personal. No lo entiendo así.

Para mí tiene que ver con lo natural, con nuestros antepasados de las cuevas, con la protección mutua para la supervivencia, con el instinto para detectar el peligro que puede llevar a la muerte o la enfermedad, la estupidez amenazante, la injusticia que aplasta, etc.

El refranero popular y la sabiduría de hombres y mujeres de culturas y religiones nos muestran que hay un hilo conductor que nos une por dentro, salvo que lo cortemos de raíz y perdamos la parte de savia común que nos tocó y echamos a perder. Insisto de nuevo en el peligro que esto tiene tanto en lo personal como en la responsabilidad social.

Elijo contagiar sentido común porque con la que está cayendo, a nivel mundial, hemos de empezar a adiestrarnos como deportistas de élite en el arte de ejercer este sentido que nos une a todos como hojas del mismo árbol.

La recuperación del sentido común es una emergencia a todos los niveles y en todos los estamentos que configuran el orden mundial. Es lo básico, lo primigenio.

¿Cómo enfrentar la incertidumbre que está creando la pandemia? ¿Cómo espantar el miedo que puede llegar a provocar que vivamos como islas en medio de un océano peligroso? ¿Cómo ser creativos transformando las formas de relación para que no se pierda la transmisión del afecto, del cariño, del cuidado? ¿Cómo invertir el tiempo? ¿Nos ayudará a salir adelante el mirarnos unos a otros –más allá de las mascarillas y la distancia de seguridad– no como individuos aislados sino como miembros de la misma comunidad? ¿Podremos dejar enterradas las diferencias poniendo encima de la mesa las necesidades, la colaboración, el servicio y el interés por el otro? ¿Enfrentaremos el sinsentido del poder y el dinero que mide, pesa, exprime y pone precio a cada instante de la vida humana?

Cito ahora pensamientos de personas que me han dado pistas:

  • Willian Osler (1849-1919, médico canadiense): “El jabón, el agua y el sentido común son los mejores desinfectantes”. Sensata y muy práctica recomendaciónpara tiempo de pandemia.
  • Abad Pastor (siglo IV): “En toda conversación, huye de quien no para de discutir”. Este apotegma de un sabio monje de los que vivían en el desierto, viene al pelo para desenmascarar la actuación de políticos, medios de comunicación y conversaciones de pasillo.
  • Charles Darwin (Inglaterra 1809-1882, científico):“No es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive sino aquel que más se adapte a los cambios”. Aquí nos ganan por goleada los niños y niñas que en los casi tres meses de encierro han sabido adaptarse a la situación de forma creativa. Son un ejemplo viviendo el momento presente, ese que tanto nos cuesta a los adultos.
  • Dalai Lama (1935, budista, líder espiritual del Tibet, Premio Nobel de la Paz 1989): “El amor y la compasión son necesidades no lujos. Sin ellos la humanidad no puede sobrevivir”. El amor y la compasión no se compran, se han de dar gratis. Pero lo gratis no se comprende mucho en un mundo en el que casi todo tiene precio. Despertar es indispensable para sobrevivir.
  • María Montessori (Italia,1870-1952, médica y pedagoga):“La responsabilidad de evitar conflictos incumbe a los políticos; la de establecer una paz duradera, a los educadores”. A los políticos les atañe no sólo la responsabilidad de evitar conflictos, también la de resolverlos. Alos educadores, además de la formación académica, son responsables de la transmisión de valores; esos tesoros que provienen del sentido común y serán la herramienta para vivir en paz.
  • Jiddu Krishnamurti (India, 1895-1986, escritor):“No es saludable estar bien adaptados a una sociedad profundamente enferma”. ¿Nos dábamos cuenta antes la pandemia? Unos pocos, considerados profetas agoreros, lo venían avisando. Pero el consumo primaba sobre todo: personas, países y el planeta donde vivimos. Ya sabemos los resultados. Habrá que reconvertir la situación.
  • Confucio (China, 5552 a. C – 479 a. C):“No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación”. Ser creativos y estar abiertos al cambio es imprescindible en momento de crisis, cuando se necesitan iniciativas nuevas y grandes dosis de sentido comúnque hagan cambiar el rumbo de la historia.
  • Nelson Mandela (1918-2013, Sudáfrica, abogado y político, Premio Nobel de la Paz 1993):“Cuando dejamos que nuestra luz brille, inconscientemente damos permiso a los otros para que hagan lo mismo”. La luz llama a la luz. Hemos de creer en la luz del otro y sumar luces sino viviremos todos a oscuras.
  • Yoritomo Tashi (filósofo japonés, siglo XII):“El sentido común es el arte de resolver los problemas, no de plantearlos”. Lamentablemente este arte no está muy de moda actual y los problemas se cronifican.
  • Eduardo Galeano (Uruguay 1940-2015, escritor):“Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillannuestra conciencia o violan nuestro sentido común”. Para eso hay que reconocer que la manipulación existe y la mentira acecha por todos lados. Ser conscientes de que ambos venenos nos afectan y debemos tomar medidas para combatir tanta presión.

Agradezco lo que he recibido leyendo y pensando lo que me han comunicado estas personas y me reafirmo en la elección de contagiar sentido común. Sé que no es mucho y que entra dentro deun programa de mínimos, pero“algo es algo” y“por algo se empieza”, como dice el refranero.

El sentido común ayuda a reconducir actitudes que hacen mucho daño, que son injustas y que crean mucho sufrimiento. Pero hay más. Es un sentido que tiene dentro la semilla pequeñísima de algo mucho más grande.

Un mensaje del que nos hablan cuatro compañeros del principio del Camino, a los que les debemos agradecimiento por dejarlo escrito: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”Mateo 22, 39, Marco s12,31, Lucas 10,27 y Juan 13,34 elevando el listón: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”, como Jesús les mostró.

Elijo volver una y otra vez al mensaje porque sólo el contagio del Amor, salva.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Leonardo Boff: “¿Vale más el lucro o la vida? Lo que nos está salvando es lo que le falta al capitalismo: la solidaridad, la cooperación”

Sábado, 18 de julio de 2020

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“El capitalismo se caracteriza por explotar hasta el límite la fuerza de trabajo, por el pillaje de los bienes y servicios de la naturaleza, en fin, por la mercantilización de todas las cosas”

“¿Debemos salvar la economía o salvar vidas humanas? Si hubiéramos seguido la lógica del capital, todos estaríamos en peligro”

“Los que buscan una transición paradigmática, dentro de la cual me sitúo yo, deben proponer otra forma de habitar la Casa Común”

Para comprender el significado del coronavirus, tenemos que encuadrarlo en su debido contexto, no verlo aisladamente bajo la perspectiva de la ciencia y de la técnica siempre necesarias. El coronavirus viene da la naturaleza, contra la cual los seres humanos, particularmente a través del capitalismo global desde hace siglos, llevan a cabo una guerra sistemática contra esta naturaleza y contra la Tierra.

El capitalismo neoliberal gravemente herido

Concentrémonos en la causa principal que es el orden capitalista. Conocemos la lógica del capitalismo. Él se caracteriza por explotar hasta el límite la fuerza de trabajo, por el pillaje de los bienes y servicios de la naturaleza, en fin, por la mercantilización de todas las cosas. De una economía de mercado hemos pasado a una sociedad de mercado. En ella las cosas inalienables se transforman en mercancía: Karl Marx en su Miseria de la Filosofía de 1847, lo ha descrito bien: «Cosas intercambiadas, dadas pero jamás vendidas… todo se ha vuelto venal como la virtud, el amor, la opinión, la ciencia y la conciencia… todo se ha vuelto vendible y llevado al mercado». Él llamó a esto el “tiempo de la corrupción general y de la venalidad universal” (ed.Vozes 2019, p.54-55). Es lo que se implantó desde el fin de la segunda guerra mundial.

Nosotros seres humanos, bajo el modo de producción capitalista hemos roto todos los lazos con la naturaleza, convirtiéndola en un baúl de recursos, considerados ilusamente ilimitados, en función de un crecimiento considerado también ilusamente ilimitado. Resulta que un viejo y limitado planeta no puede soportar un crecimiento ilimitado.

La Tierra viva, Gaia, un superorganismo que articula todos los factores para continuar viva y producir y reproducir siempre todo tipo de vida, ha empezado a reaccionar y a contraatacar mediante el calentamiento global, los eventos extremos en la naturaleza, y el envío de sus armas letales, que son los virus y las bacterias (gripe porcina, aviar, H1N1, zika, chikungunya, SARS, ébola y otros), y ahora el de la COVID-19, invisible, global y letal.

Este virus ha puesto a todos de rodillas, especialmente a las potencias militaristas cuyas armas de destrucción masiva (que podrían destruir toda la vida varias veces) resultan totalmente superfluas y ridículas.

A propósito de la COVID-19 ha quedado claro que cayó como un meteoro rasante sobre el capitalismo neoliberal desmantelando su ideario: el beneficio, la acumulación privada, la competencia, el individualismo, el consumismo, el estado mínimo y la privatización de la cosa pública y los bienes comunes. Ha sido gravemente herido. Ha producido demasiada iniquidad humana, social y ecológica, hasta el punto de poner en peligro el futuro del sistema-vida y del sistema-Tierra.

Mientras, planteó inequívocamente la disyuntiva: ¿vale más el lucro o la vida? ¿Debemos salvar la economía o salvar vidas humanas? Según el ideario del capitalismo, la elección sería salvar la economía en primer lugar y luego las vidas humanas. Pero hasta hoy nadie ha encontrado la fórmula mágica para articular las dos cosas: producir riqueza y evitar la contaminación de los trabajadores. Si hubiéramos seguido la lógica del capital, todos estaríamos en peligro.

Lo que nos está salvando es lo que le falta a él: la solidaridad, la cooperación, la interdependencia entre todos, la generosidad y el cuidado mutuo de la vida de unos y otros y de todo lo que vive y existe.

Alternativas posibles para el poscoronavirus

El gran desafío que se nos plantea a cada uno de nosotros, la gran pregunta, especialmente a los dueños de las grandes corporaciones multinacionales es: ¿Cómo continuar? ¿Volver a lo que era antes? ¿Recuperar el tiempo y los beneficios perdidos?

Muchos dicen: volver simplemente a lo que era antes sería un suicidio, porque la Tierra podría volver a contraatacar con virus más violentos y mortales. Los científicos ya han advertido que dentro de poco podemos sufrir un ataque aún más feroz si no aprendemos la lección de cuidar la naturaleza y desarrollamos una relación más amistosa con la Madre Tierra.

Enumero aquí algunas alternativas, pues los señores del capital y las finanzas están en una furiosa pugna entre ellos para salvaguardar sus intereses y sus fortunas. La primera alternativa sería volver al sistema capitalista neoliberal pero ahora de forma extremadamente radical. El 0,1% de la humanidad, los multimillonarios, serían quienes utilizarían la inteligencia artificial con capacidad para controlar a cada persona del planeta, desde su vida íntima a la privada y la pública. Sería un despotismo de otro orden, cibernético, bajo la égida del control/dominación total de la vida de las poblaciones.

Esta alternativa no ha aprendido nada de la COVID-19, ni ha incorporado el factor ecológico. Bajo la presión general puede asumir una responsabilidad socioecológica para no perder beneficios ni seguidores. Pero siempre que hay un poder dominador surge un antipoder incluso con rebeliones causadas por el hambre y la desesperación.

La segunda alternativa sería el capitalismo verde, que ha sacado lecciones del coronavirus y ha incorporado el hecho ecológico: reforestar lo devastado, conservar la naturaleza existente al máximo. Pero no cambiaría el modo de producción ni la búsqueda de beneficio.

Lo verde no discute la desigualdad social perversa y haría de todos los bienes naturales una ocasión de ganancia. Ejemplo: no sólo ganar con la miel de abejas, sino también con su capacidad de polinizar otras plantas. La relación con la naturaleza y la Tierra es utilitaria y no se le reconocen derechos, como declara la ONU, ni su valor intrínseco, independiente del ser humano. Sigue todavía antropocéntrico.

La tercera sería el comunismo de tercera generación, que no tendría nada que ver con las anteriores, poniendo los bienes y servicios del planeta bajo una administración colectiva y central. Podría ser posible, pero supone una nueva conciencia, además de no dar centralidad a la vida en todas sus formas. Seguiría siendo antropocéntrico. Está en parte representado por los filósofos Zizek y Badiou. Debido a los perjuicios existentes y al recuerdo de lo que fue el comunismo de Estado del imperio soviético, controlador y represor, tiene pocos seguidores.

La cuarta sería el eco-socialismo, con mayores posibilidades. Supone un contrato social global con un centro plural de gobierno para resolver los problemas globales de la humanidad. Los bienes y servicios naturales limitados y muchos no renovables se distribuirían equitativamente entre todos, con un consumo decente y sobrio que incluiría también a toda la comunidad de la vida, que también necesita medios de vida y de reproducción.

Esta alternativa estaría dentro de las posibilidades humanas, a condición de desarrollar una sólida conciencia ecológica, volverse un dato de toda la sociedad con responsabilidad por la Tierra y la naturaleza. A mi juicio es todavía sociocéntrico. Le falta incorporar la nueva cosmología y los datos de las ciencias de la vida, de la complejidad, viendo a la Tierra como un momento del gran proceso cosmogénico, biogénico y antropogénico: Tierra como Gaia, un superorganismo que se autorregula y garantiza la vida de todos los vivientes.

La quinta alternativa sería el buen vivir y convivir, ensayada durante siglos por los pueblos andinos. Es profundamente ecológica, porque considera a todos los seres como portadores de derechos. El eje articulador es la armonía que comienza con la familia, con la comunidad, con la naturaleza, con todo el universo, con los antepasados y con la Divinidad. Esta alternativa tiene un alto grado de utopía pero quizás la humanidad, cuando se descubra a sí misma como una especie viviendo en una única Casa Común, sea capaz de lograr el buen vivir y convivir.

Conclusión de esta parte: Está claro que la vida, la salud y los medios de vida están en el centro de todo, no el beneficio y el desarrollo (in)sostenible. Se exigirá más Estado con más seguridad sanitaria para todos, un Estado que satisfaga las demandas colectivas y promueva un desarrollo que obedezca a los límites y al alcance de la naturaleza.

Como el problema del coronavirus es global se hace necesario un contrato social global, con un cuerpo plural de dirección y coordinación, para implementar una solución global. O salvamos a la naturaleza y a la Tierra o engrosaremos la procesión de los que se dirigen al abismo.

¿Cómo buscar una transición ecológica, exigida por la acción mortífera de la COVID-19? ¿Por dónde empezar?

No podemos subestimar el poder del “genio” del capitalismo neoliberal: él es capaz de incorporar los datos nuevos, transformarlos en su beneficio privado y usar para ello todos los medios modernos de robotización, la inteligencia artificial con sus miles de millones de algoritmos y eventualmente las guerras híbridas. Puede convivir sin piedad, indiferente, con los millones y millones de hambrientos y arrojados a la miseria.

Por otra parte, los que buscan una transición paradigmática, dentro de la cual me sitúo yo, deben proponer otra forma de habitar la Casa Común, con una convivencia respetuosa de la naturaleza y cuidado con todos los ecosistemas, deben generar en la base social otro nivel de conciencia y nuevos sujetos portadores de esta alternativa. Para esa inmensa tarea tenemos que descolonizarnos de las visiones del mundo y de falsos valores como el consumismo inculcados por la cultura del capital. Tenemos que ser antisistema y alternativos.

Presupuestos para una transición bien sucedida

El primero es la vulnerabilidad de la condición humana, expuesta a ser atacada por enfermedades, bacterias y virus. Dos factores están en el origen de la invasión de microorganismos letales: la excesiva urbanización humana que ha avanzado sobre los espacios de la naturaleza destruyendo los hábitats naturales de los virus y las bacterias, que saltan a otro ser vivo o al cuerpo humano. El 83% de la humanidad vive en ciudades.

El segundo factor es la deforestación sistemática debida a la voracidad del capital, que busca la riqueza con el monocultivo de soja, de caña de azúcar, de girasol o con la producción de proteínas animales (ganado), devastando bosques y selvas, y desequilibrando el régimen de humedad y de lluvias en extensas regiones como la Amazonía.

Segundo presupuesto: la inter-retro-relación de todos con todos. Somos, por naturaleza, un nudo de relaciones orientado hacia todas las direcciones. La bioantropología y la psicología evolutiva han dejado claro que la esencia específica del ser humano es cooperar y relacionarse con todos. No hay ningún gen egoísta, formulado por Dawkins a finales de los 60 del siglo pasado sin ninguna base empírica. Todos los genes están interrelacionados entre sí y dentro de las células. Nadie está fuera de la relación. En este sentido, el individualismo, valor supremo de la cultura del capital, es antinatural y no tiene ninguna sustentación biológica.

Tercero presupuesto es el cuidado esencial: Pertenece a la esencia de lo humano el cuidado sin el cual no subsistiríamos. El cuidado es además una constante cosmológica: las cuatro fuerzas que sostienen el universo (la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte) actúan sinérgicamente con extremo cuidado sin el cual no estaríamos aquí reflexionando sobre estas cosas.

El cuidado supone una relación amiga de la vida, protectora de todos los seres porque los ve como un valor en sí mismos, independiente del uso humano. Fue la falta de cuidado de la naturaleza, devastándola, lo que hizo que los virus perdieran su hábitat, conservado durante miles de años y pasaran a otro animal o al ser humano. El ecofeminismo ha aportado una contribución significativa a la preservación de la vida y de la naturaleza con la ética del cuidado desarrollada por ellas, porque el cuidado es del ser humano, pero adquiere una especial densidad en las mujeres.

Cuarto presupuesto: la solidaridad como opción consciente. La solidaridad está en el corazón de nuestra humanidad. Los bioantropólogos nos han revelado que este dato es esencial al ser humano. Cuando nuestros antepasados buscaban sus alimentos, no los comían aisladamente. Los llevaban al grupo y servían a todos empezando por los más jóvenes, después a los mayores y luego a todos los demás. De esto surgió la comensalidad y el sentido de cooperación y solidaridad. Fue la solidaridad la que nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue válido ayer también vale para hoy.

Esta solidaridad no existe sólo entre los humanos. Es otra constante cosmológica: todos los seres conviven, están involucrados en redes de relaciones de reciprocidad y solidaridad de forma que todos puedan ayudarse mutuamente a vivir y co-evolucionar. Incluso el más débil, con la colaboración de otros subsiste, tiene su lugar en el conjunto de los seres y coevoluciona.

“El ecofeminismo ha aportado una contribución significativa a la preservación de la vida y de la naturaleza con la ética del cuidado desarrollada por ellas”

El sistema del capital no conoce la solidaridad, solo la competición que produce tensiones, rivalidades y verdaderas destrucciones de otros competidores en función de una mayor acumulación. Hoy en día el mayor problema de la humanidad no es ni el económico, ni el político, ni el cultural, ni el religioso, sino la falta de solidaridad con otros seres humanos que están a nuestro lado. El capitalismo ve a cada uno como un consumidor eventual, no como una persona humana con sus preocupaciones, alegrías y sufrimientos.

Es la solidaridad la que nos está salvando ante el ataque del coronavirus, empezando por el personal sanitario que arriesga desinteresadamente su vida para salvar otras vidas. Vemos actitudes de solidaridad en toda la sociedad, pero especialmente en las periferias, donde la gente no puede aislarse socialmente y no tiene reservas de alimentos. Muchas familias que recibieron canastas de alimentos las repartían con otros más necesitados.

Pero no basta con que la solidaridad sea un gesto puntual. Debe ser una actitud básica, porque está en la esencia de nuestra naturaleza. Tenemos que hacer la opción consciente de ser solidarios a partir de los últimos e invisibles, de aquellos que no cuentan para el sistema imperante y son considerados como ceros económicos, prescindibles. Sólo así deja de ser selectiva y engloba a todos, porque todos somos coiguales y nos unen lazos objetivos de fraternidad.

Transición hacia una civilización biocentrada

Toda crisis hace pensar y proyectar nuevas ventanas de posibilidades. El coronavirus nos ha dado esta lección: la Tierra, la naturaleza, la vida en toda su diversidad, la interdependencia, la cooperación y la solidaridad deben ser centrales en la nueva civilización si queremos sobrevivir.

Parto de la interpretación siguiente: que nosotros fuimos los primeros que atacamos a la naturaleza y a la Madre Tierra durante siglos, pero ahora la reacción de la Tierra herida y la naturaleza devastada se está volviendo en contra nuestra. Tierra-Gaia y naturaleza están vivas y en tanto que vivas sienten y reaccionan a las agresiones. La multiplicación de señales que la Tierra nos ha enviado, empezando por el calentamiento global, la erosión de la biodiversidad del orden de 70-100 mil especies por año (estamos dentro de la sexta extinción masiva en la era del antropoceno y del necroceno) y otros eventos extremos, deben ser captados e interpretados.

O cambiamos nuestra relación con la Tierra y la naturaleza en el sentido de sinergia, cuidado y respeto, o la Tierra puede no querernos más sobre su superficie. Y esta vez no hay un arca de Noé que salve a algunos y deje perecer a los demás. O todos nos salvamos o todos pereceremos.

Casi todos los análisis de la COVID-19 se centraron en la técnica, la medicina, la vacuna para salvar vidas, el aislamiento social y el uso de mascarillas para protegernos y no contaminar a los demás. Todo eso hay que hacerlo y es indispensable.

Rara vez se habla de la naturaleza, aunque el virus vino de la naturaleza. Eso lo hemos olvidado. La transición de una sociedad capitalista de superproducción de bienes materiales a una sociedad que sustente toda la vida con valores humano-espirituales como el amor, la solidaridad, la compasión, la interdependencia, la justa medida, el respeto y el cuidado no se producirá de la noche a la mañana.

Será un proceso difícil que requiere, en palabras del Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común”, una “conversión ecológica radical”, que nos llevará a incorporar relaciones de cuidado, protección y cooperación: un desarrollo hecho con la naturaleza y no contra la naturaleza.

El sistema imperante puede conocer una larga agonía, pero no tendrá futuro. En mi opinión, no seremos nosotros los que lo derrotaremos para siempre, sino la propia Tierra, negándole las condiciones para su reproducción al haber excedido los límites de los bienes y servicios de la Tierra superpoblada. Este colapso se verá reforzado por la acumulación de críticas y de prácticas humanas que siempre se han resistido a la explotación capitalista.

La incorporación del nuevo paradigma cosmológico, biológico y antropológico

Para una nueva sociedad posCOVID-19 hay que asumir los datos del nuevo paradigma, que ya tiene un siglo de existencia pero que hasta ahora no ha logrado conquistar la conciencia colectiva ni la inteligencia académica, ni mucho menos la cabeza de los “decision makers” políticos.

Este paradigma es cosmológico. Parte del hecho de que todo se originó a partir del big bang ocurrido hace 13.7 mil millones de años. De su explosión salieron las estrellas rojas gigantes y con su explosión, las galaxias, las estrellas, los planetas, la Tierra y nosotros mismos. Todos estamos hechos de polvo cósmico. La Tierra que tiene ya 4.3 mil millones de años y la vida unos 3.8 mil millones de años están vivas. La Tierra, y esto es un dato de ciencia ya aceptado por la comunidad científica, no sólo tiene vida en ella sino que está viva y produce todo tipo de vidas.

El ser humano que apareció hace unos 10 millones de años es la porción de la Tierra que en un momento de alta complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar y a cuidar. Por eso hombre viene de humus, de tierra buena.

Inicialmente mantenía una relación de coexistencia con la naturaleza, luego pasó a intervención en ella a través de la agricultura y en los últimos siglos ha llegado a la agresión sistemática mediante la tecnociencia. Esta agresión se ha llevado a cabo en todos los frentes hasta el punto de poner en peligro el equilibrio de la Tierra y ser incluso una amenaza de autodestrucción de la especie humana con armas nucleares, químicas y biológicas.

Esta relación de agresión está detrás de la actual crisis de salud. De seguir adelante, la agresión podría traernos crisis más fuertes hasta aquello que los biólogos temen: The Next Big One, aquel próximo gran virus inatacable y fatal que llevará a la desaparición de la especie humana de la faz de la Tierra.

Para evitar este posible armagedón ecológico, es urgente renovar con la Tierra viva el contrato natural violado: ella nos da todo lo que necesitamos y garantiza la sostenibilidad de los ecosistemas. Y nosotros, según el contrato, le devolvemos cuidado, respeto a sus ciclos y le damos tiempo para que regenere lo que le quitamos. Este contrato natural ha sido roto por ese estrato de la humanidad que explota los bienes y servicios, deforesta, contamina las aguas y los mares.

Es decisivo renovar el contrato natural y articularlo con el contrato social: una sociedad que se siente parte de la Tierra y de la naturaleza, que asume colectivamente la preservación de toda la vida, mantiene en pie sus bosques que garantizan el agua necesaria para todo tipo de vida, regenera lo que fue degradado y fortalece lo que ya está preservado.

La relevancia de la región: el biorregionalismo

Dado que la ONU ha reconocido a la Tierra como la Madre Tierra y los derechos de la naturaleza, la democracia tendrá que incorporar nuevos ciudadanos, como los bosques, las montañas, los ríos, los paisajes. La democracia sería socio-ecológica. Solamente Bolivia y Ecuador han inaugurado el constitucionalismo ecológico al reconocer los derechos de la Pacha Mama y de los demás seres de la naturaleza.

La vida será el faro orientador y la política y la economía estarán al servicio no de la acumulación sino de la vida. El consumo, para que sea universalizado, deberá ser sobrio, frugal, solidario. Y la sociedad estará suficiente y decentemente abastecida.

Para finalizar, una palabra sobre el biorregionalismo. La punta de lanza de la reflexión ecológica se está concentrando actualmente en torno a la región. Tomando la región, no como ha sido definida arbitrariamente por la administración, sino con la configuración que ha hecho la naturaleza, con sus ríos, montañas, bosques, llanuras, fauna y flora y especialmente con los habitantes que viven allí. En la biorregión se puede crear realmente un desarrollo sostenible que no sea meramente retórico sino real.

Las empresas serán preferentemente medianas y pequeñas, se dará preferencia a la agroecología, se evitará el transporte a regiones distantes, la cultura será un importante elemento de cohesión: las fiestas, las tradiciones, la memoria de personas notables, la presencia de iglesias o religiones, los diversos tipos de escuelas y otros medios modernos de difusión, de conocimiento y de encuentro con la gente.

Pensando en un futuro posible con la introducción del bioregionalismo, la Tierra sería como un mosaico hecho con distintas piezas de diferentes colores: son las diferentes regiones y ecosistemas, diversos y únicos, pero todos componiendo un único mosaico, la Tierra. La transición se hará mediante procesos que van creciendo y articulándose a nivel nacional, regional y mundial, haciendo crecer la conciencia de nuestra responsabilidad colectiva de salvar la Casa Común y todo lo que le pertenece.

La acumulación de nueva conciencia nos permitirá saltar a otro nivel donde seremos amigos de la vida, abrazaremos a cada ser porque todos, desde las bacterias originales, pasando por los grandes bosques, los dinosaurios, los caballos, los colibríes y nosotros, tenemos el mismo código genético, los mismos 20 aminoácidos y las 4 bases nitrogenadas o fosfatadas. Es decir, todos somos parientes unos de otros con una fraternidad terrenal real como afirman la Carta de la Tierra y la encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la Casa Común del Papa Francisco. Será la civilización de la “felicidad posible” y de la “alegre celebración de la vida”.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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Félix Placer: “Se hace ahora especialmente urgente una teología con Espíritu”

Viernes, 5 de junio de 2020

10-Pintura-primitivista-de-Olga-Maradiaga“En nuestro afán de mayor velocidad productiva y consumista”

“Desde una teología holística, en diálogo, implicada en el sufrimiento, vivir se comprende como solidaridad, es compartir, dar y recibir; en última instancia, amar y ser amado”

“Es necesario comprender que lo importante no es dominar/poseer, sino relacionarse/dar; que no somos el centro de todo”

“Necesitamos otra visión del mundo, recuperar y cultivar valores de relación con los demás, de respeto y cuidado de la naturaleza”

En varias ocasiones ha insistido el Papa Francisco que una ‘Iglesia en salida’ debe estar en los lugares donde el sufrimiento se hace presente, que sea un ‘hospital de campaña’, que se le encuentre allí donde la gente sufre y pide ayuda, cercanía, apoyo. Ahora la pandemia global que ha conmocionado al mundo y ha generado una radical incertidumbre, profunda inseguridad, preocupante indefensión, plantea preguntas y pide respuestas urgentes, por supuesto, sanitarias, pero también otras que afectan a nuestra manera de vivir, a nuestras formas de relacionarnos, de comprendernos, de encontrar   sentido y orientación ante la vulnerabilidad y levedad profundas de nuestra existencia, de toda la humanidad y del sentido de la afirmación de Dios.

Estas preguntas ponen de manifiesto y exigen apremiantes respuestas. En este caso, por supuesto, la atención sanitaria es imprescindible y urgente; pero también otras y, entre ellas, las que den razón  de esta situación, parte visible de un profundo iceberg contra el que hemos chocado en nuestro afán de mayor velocidad productiva y consumista, de salvaje competitividad por conseguir beneficios incontrolados, de injusto enriquecimiento a costa de la pobreza de muchos y depredación de la naturaleza.

¿Cómo interpretar este estado de cosas? ¿Cómo responder a los dramas y sufrimiento que este proceso vírico está generando y, por supuesto, a un futuro próximo de incertidumbre? Pienso que la teología puede abrir horizontes de sentido, proponer pautas éticas que marquen caminos nuevos y fundamenten una esperanza teológica profundamente humana en el crítico momento actual. Para ello necesita encontrar su lugar teológico en esos hospitales del dolor, ser hospital de campaña.

Esta teología debe ser elaborada, por tanto, en el compromiso con la experiencia humana actual, ahora en este proceso pandémico tan complejo y doloroso, y desde ahí ofrecer  respuestas con su testimonio y ayudar a descubrir el sentido de lo que significa el ser humano, ser personas, ser humanidad en un mundo y universo donde todo es relación e interdependencia en Dios.

No es una teología nueva. Teólogos y teólogas actuales la están elaborando y ofrecen respuestas que tratan de abrir caminos de sentido, compromisos y actitudes solidarias. Su línea fue ya abierta por otros teólogos que ofrecieron con su vida y pensamiento  importantes y decisivas aportaciones para una teología comprometida. Subrayo ahora  dos inolvidables compañeros recientemente fallecidos: Johann Baptist Metz (1928-2019) y Juan de Dios Martín Velasco (1934-2020).

El conocido teólogo alemán ofreció una teología desde el holocausto de Auschwitz y desde el sufrimiento del mundo que le indujeron a elaborar un pensamiento creyente implicado en lo político para afrontar un esfuerzo colectivo hacia la justicia, la libertad y la paz; sin pretender dar respuesta a todas las preguntas que brotan del dolor humano  y que, afirmaba, aunque algunas sean incontestables, nunca pueden olvidarse. Por eso propuso una ‘mística de ojos abiertos’, es decir, una solidaridad espiritual con la justicia que conduce al compromiso concreto.

El fenomenólogo y teólogo abulense abogó por una teología del encuentro de Dios en los hombres dentro de la problemática social y cultural desarrollando el diálogo con otras religiones sin exclusivismos ni inclusivismos sino  unificadas en una mística que se vive y realiza en la vida diaria a través de cuyos acontecimientos entramos en relación con Dios.

Desde estos lúcidos planteamientos la primera constatación teológica es, a mi entender, experimentar nuestra carencia como individuos. Aunque poseamos y consumamos sin límite, no estamos llenos; somos vacío, es decir, una realidad abierta que no se satisface con tener cosas, poder, dinero, como una falsa promesa de un mundo feliz, si asumíamos sus imperativos de sometimiento y que hubiera condenado a muerte a Jesús hoy: ¿acaso el sistema global capitalista no lo está haciendo con tanta gente pobre del mundo?

Ese vacío existencial (que no es carencia de cosas) solo se realiza en la apertura  comunicativa y relación ética con los demás, con la naturaleza, con el cosmos de cuya energía vivimos; donde Dios es sentido, compasión, esperanza y fortaleza. Desde esta teología holística, en diálogo, implicada en el sufrimiento, vivir se comprende como solidaridad, es compartir, dar y recibir; en última instancia, amar y ser amado.

La respuesta auténticamente teológica nos abre entonces a soluciones solidarias y trasformadoras, también políticas, a un progreso creativo que se está realizando en el cosmos y al que contribuimos desde nuestro lugar, desde la sencillez de nuestra vida, tejiendo con nuestras relaciones una urdimbre de pluralidad y diálogo desde la diversidad, la atención y cuidado, la ternura, el amor.

Necesitamos, por tanto, una teología entendida como reflexión que parte de la vida, de la experiencia y de su implicación dialogante y comprometida con ella; que nos ayuda a contactar con los acontecimientos, a interpretarlos, a descubrir su sentido, a aprender y emprender acciones creativas y solidarias, como ahora las del  mundo sanitario, con su  entrega profesional ejemplar, y de  otras muchas personas según sus posibilidades, donde está actuando la energía liberadora de Dios.

Albert Camus concluye en su libro ‘La peste’: “Algo se aprende en medio de las llagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio… El final de la peste no fue una victoria definitiva… Hay que seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable a pesar de los desgarramientos personales… La alegría está siempre amenazada porque el vacilo de la peste no muere ni desaparece jamás”.

Esta constatación del premio nobel nos ayuda a comprender que hay algo profundo en el ser humano, que aparece en estas situaciones límite,  revelándonos lo que somos en el fondo, más allá de las falseadas convicciones trasmitidas por intereses egoístas. En definitiva, nos descubre la energía profunda que nos mueve, el espíritu que nos alienta y nos impulsa y motiva, desde la alteridad reconocida, a superar todo dualismo, para experimentar la unidad y la felicidad que no consiste en poseer y estar lleno, sino en la relación con todo lo que es. Nos une, por tanto, a todas las personas, a toda la tierra, al cosmos en el que vivimos y somos;  desde esta experiencia holística, desde esta espiritualidad,  podemos intuir  las razones de nuestra existencia y su inspiración latente más profunda: Dios.

Pero la pregunta inmediata permanece: ¿cómo resolver ahora, con humanidad y eficacia, la urgencia de situaciones tan urgentes y dolorosas para tantas personas? Es indudable que esta teología nos motiva a la solidaridad y sinergia, a la cooperación y ayuda   mutua, a ser hospital de campaña, al diálogo como conducta básica para encontrar respuestas comunes, a la ayuda, colaboración, solidaridad.

Aun así y de todas formas permanece una pregunta inquietante. Este episodio se superará, aunque con un elevado coste humano; pero vendrán otros, como recordaba el  autor de ‘La peste’. Además sus graves consecuencias económicas, políticas, sociales son de largo alcance. Es necesario, en consecuencia, un cambio cualitativo de mentalidad, otro modo de pensar y de vivir, de creer.

Las respuestas, por tanto, no pueden ser ocasionales. Necesitamos otra visión del mundo, recuperar y cultivar valores de relación con los demás, de respeto y cuidado de la naturaleza. La teología puede aproximarnos a orientaciones y formas nuevas de pensar, ofrecernos una hermenéutica que nos abra a nuevos sentidos; proponernos una profunda motivación, otras convicciones, una interiorización personal y colectiva  que nos lleve a afrontar lo real en toda su complejidad y totalidad, a situarnos ante la vida con responsabilidad compartida, a comprender y comprendernos en Dios. Es decir, se hace ahora especialmente urgente una  teología con Espíritu  que, junto a  las  grandes tradiciones religiosas (J.M. Velasco), nos abra a la profunda conexión de todas las cosas; que nos descubra que la persona, la tierra, el cosmos están animados por el Espíritu que les confiere unidad y conduce a experimentar una conciencia vital para  buscar la relación consigo mismo en todas sus dimensiones, con los demás, con la tierra, con Dios.

“La urgencia nos impulsa a la cooperación y al diálogo como conducta básica para encontrar respuestas comunes”

En el universo, tal como lo conocemos, la mujer y el hombre son la expresión histórica más acabada del dinamismo cósmico; con sus grandes limitaciones, ciertamente, constituyen la única existencia concreta capaz de interpretar la vida, de tomar conciencia de ella, de expresarla simbólicamente, de sentirse libres, de progresar, de trascenderse, de amar. Para ello es necesario comprender que lo importante no es dominar/poseer, sino relacionarse/dar; que no somos el centro de todo, sino parte de un todo dentro de una inmensa complejidad: que estamos dentro del cosmos, de su vida y el cosmos y su vida están en nosotros.

En esta espiritualidad la persona se siente ella misma y da razón del sentido de su existencia. En ella  expresa su conciencia relacionada que implica corporeidad,  interioridad y aliento vital. Significa los valores más profundos y vitales que nos animan a vivir, a actuar, a amar. “Es la fuerza inspiradora del pensar, del sentir y del actuar de una determinada persona o comunidad”, como la describe Marià Corbí .

Esta forma de espiritualidad nos lleva a interpretar de una nueva manera los acontecimientos positivos y negativos y a afrontarlos con un sentido diferente al que el individualismo y el egocentrismo nos han habituado; nos abre al biocentrismo que nace como energía desde lo más profundo del cosmos, superando dualismos y antropocentrismos. Nos conduce a una ética cósmica de relación con las personas y  pueblos, con la tierra y el universo, buscando y creando bien común, humanismo planetario donde cambia el sentido de la economía, de la política. Es una ecoética liberadora de solidaridad, de igualdad, de dignidad sin exclusiones.

Cuando nuestro modo de vida se ha desestabilizado profundamente, no solo por el COVID-19, sino porque nuestra civilización occidental había ya causado ese profundo desequilibrio con un desarrollo suicida, esta pandemia ha provocado un dramático shock que ha conmovido al mundo. Esta traumática y dolorosa experiencia puede ser comprendid  desde esa mística de ojos abiertos (J.B.Metz) que nos abre, nos convierte a un nuevo modo de vida y descubre un mundo de esperanza donde la seguridad anhelada no viene de la posesión y acumulación de bienes, sino de la  solidaridad; donde el bienestar no es aislamiento y egoísmo, sino relación y encuentro (J.M. Velasco); donde vivir no es consumir, sino compartir; donde la tierra no es un instrumento inanimado y explotable sin límites, sino un ser vivo, generador de vida, que debe ser cuidado y querido, porque ella nos cuida y quiere; donde la fuente de la vida no está en el dinero acumulado, en la producción ilimitada y en el consumo desenfrenado de unos pocos a costa de la pobreza de muchos, sino en la igualdad y  la justicia; donde, en definitiva, el hombre-mujer no son el centro del mundo, sino una profunda relación holística donde nadie puede prescindir de los demás en la tierra que habitamos, donde personas y pueblos debemos ser hospital de acogida y sanación para todos.

En última instancia, tanto la teología que interpreta la vida, como la espiritualidad que la vive, nos  disponen a una radical conversión hacia el ‘buen vivir’ que despliega actitudes creativas de cercanía, amistad, hospitalidad, colaboración, sinergia, confianza, solidaridad. Ahí iremos buscando con garantía de éxito las respuestas a los decisivos desafíos  a los que la situación de nuestro mundo nos  confronta, descubriéndonos su raíz más honda y abriéndonos a respuestas holísticas que laten en la energía espiritual que nos mueve, anima y  envuelve en el misterio de la Pascua cósmica.

“Nuestro modo de vida se ha desestabilizado profundamente, no solo por el COVID-19, sino porque nuestra civilización occidental había ya causado ese profundo desequilibrio con un desarrollo suicida”

Fuente Religión Digital

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Teledragtón: inédito evento de recaudación de fondos hace historia para el transformismo chileno

Miércoles, 6 de mayo de 2020

tele-movilhLa actividad, coordinada por los canales de Youtube Femme, Farándula Gay y Éxodo, logró reunir más de 12 millones de pesos que irán en beneficio de unos 120 transformistas cuya fuente laboral ha sido impactada por el Covid-19.

En un hecho sin precedentes en la historia del transformismo chileno, distintos canales LGBTI de Youtube se unieron para dar vida a la denominada “Teledragton”, una iniciativa desarrollada el pasado 1 de mayo por 26 horas continuas y que logró recaudar 12.005.034 pesos para ir ayuda de artistas afectados laboralmente por el  Covid-19.

Conscientes de que el transformismo depende laboralmente de los locales nocturnos, los canales de Youtube Femme, Farándula Gay y Éxodo se unieron para transmitir una maratónica jornada donde se presentaron transformistas y otros artistas que llamaron continuamente a las personas a donar.

El éxito fue total, pues si bien la meta era recaudar $1.800.000 que beneficiarían a 18 transformistas, finalmente se obtuvo $12.005.0034, con lo que otros 102 artistas podrían verse beneficiados.

Superada la meta, el Canal Éxodo señaló por redes sociales que “este “uno” todos fuimos uno. Felices de este logro, fueron momentos difíciles, una noche y día eternos, discusiones, peleas, errores, pero el resultado principal de logro. No por nosotros, sino por ustedes, por las 18 y por las demás que serán beneficiadas”.

En tanto, Farándula Gay añadió que “alcanzamos los 12 millones de pesos en una jornada de 24 horas de transmisión. Todo irá en ayuda de las transformistas del ambiente” y Canal Femme ofreció “gracias totales” a quienes hicieron posible este triunfo que marca un antes y un después en la historia del transformismo chileno.

Y es que con más de 50 mil visualizaciones y la obtención de 2660 suscriptores, la Teledragton se presenta desde ahora como un digno espacio de solidaridad y de exhibición de un arte tan querido como lo es el transformismo

Entre otros personajes, difundieron el evento Alfredo Castro, Antonia Zegers, Neilas Katinas, Tatiana Molina, Tonka Tomicic, Mariana Loyola, Alfonso Cabrera y Alejandra Valle.

Con la animación de Maureen Junot, desfilaron además por la Teledragton las/as reconocidos transformistas La Botota, Miss Leona, Nicole Gaultier, La Pola,  entre otros,  así como los solistas Carolina Soto, Daniel Donoso, Sonia y María Jimena Pereyra y la actriz Yamila Reyna.

La actividad contó además con una vedetón, un café concert, subastas, noticias y humor.

El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) aplaudió la iniciativa y felicitó a sus organizadores, calificando al evento como “histórico”.

“El transformismo siempre ha sido un arte muy querido. Es un arte que desde el inicio del movimiento LGBTI ha contribuido a romper las cadenas de la discriminación y que es parte de toda nuestra historia. La Teledragton es un ejemplo de solidaridad y reconocimiento que seguramente sus organizadores volverán a replicar en algún momento. Nos sacamos el sombrero por todas las personas que idearon, produjeron y dieron vida a este evento”

Fuente MOVILH

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Covid-19 en Brasil: activismo LGBT+ crea redes solidarias frente a la ausencia estatal

Lunes, 27 de abril de 2020

Casa-Aurora-1Por Sellena Ramos; Joao Hugo y Marcos Tolentino*

Desde que comenzó la pandemia de coronavirus, en América Latina y el Caribe ya hay más de 50 mil casos confirmados. Brasil es el país más afectado de la región, con más de 20 mil casos confirmado y más de mil muertes. En paralelo a las noticias sobre el avance de la pandemia, la prensa brasilera publica iniciativas y proyectos que buscan disminuir sus impactos sociales. Para muchos brasileros esta situación pone en evidencia cuestiones de supervivencia, resiliencia y solidaridad. Qué será construido después de esto y la crisis generará una revisión de la forma en que nos relacionamos con el otrx es algo que recorre los medios y las redes sociales.

El escenario de incertidumbre y ansiedad se agrava frente a la postura del presidente Jair Bolsonaro. En los últimos dos meses, Bolsonaro ha dicho que la pandemia de coronavirus es una histeria creada por la prensa y que se trata de una gripe como cualquier otra.

Si la población brasilera en general se siente desprotegida frente a un presidente que no quiere comprender ni asumir la gravedad, en el caso de las personas LGBTQIA+ es aún más grave pues nos encontramos en un periodo de retrocesos de derechos políticos y de exposición a las vulnerabilidades.

Panorama LGBTQIA+ en Brasil

En Brasil, la vida cotidiana de las personas LGBTQIA+ está marcada por estrategias de supervivencia. Desigualdades regionales, de raza, de clase, etarias y de género agravan más este cuadro. Para unxs, estas estrategias precisan ser trazadas deliberadamente. Para otrxs, no son tan perceptibles, pues tienen el privilegio de sentirse como parte de una sociedad donde la cisheteronormatividad pauta las relaciones sociales.

Cuando la orientación afectivo-sexual y la identidad de género son disidentes de los patrones hegemónicos de la cisheteronormatividad y el crimen de la LGBTfobia es estructural, muchas personas LGBTQIA+ son expulsadas de sus casas, excluídas de sus ambientes sociales e inclusive asesinadas. En la Segunda Relatoría de 2018 de crímenes contra las personas LGBTQIA+ divulgada por el Grupo Gay de Bahía (GGB), 420 personas murieron en Brasil en 2018. De acuerdo al Dossier de Asesinatos y Violencia contra personas Trans Brasileras, divulgado este año por la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (ANTRA), Brasil pasó del lugar 58 al lugar 68 en el ranking de países seguros para ser LGBTQIA+.

Es importante recordar que existen subregistros y ausencias de los datos gubernamentales, principalmente debido a la inexistencia de una ley que tipifique el crimen contra la LGBTfobia. En el Legislativo Federal, los proyectos de ley direcionados para las demandas específicas de la población LGBTQIA+ quedan trancados por la presencia de la llamada bancada evangélica. En consecuencia, fue el Supremo Tribunal Federal (STF) desde donde se tomaron decisiones que garantizan, por ejemplo, el matrimonio igualitario. El 13 de junio de 2019, el STF tipificó el crimen de LGBTfobia en Brasil, y pasó a ser penalizado por la Ley de Racismo (7716/89), que hoy prevé crímenes de discriminación por el prejuicio de “raza, color, etnia, religión y procedencia nacional”. Entretanto, sabemos que la norma y la práctina hay una brecha.

Así, la pandemia del coronavirus nos encontró en un contexto de ausencia de políticas públicas nacionales para las personas LGTBQIA+. Esta situación todavía no fue modificada teniendo en cuenta nuestras demandas específicas.

Necesitamos políticas efectivas, como medidas que garanticen un subsidio y acogida para las personas LGBTQIA+ expulsadas de sus hogares, que no tienen acceso al mercado laboral y que encuentran en la prostitución la única salida financiera.

El 1 de abril fue anunciado una ayuda de emergencia por tres meses para lxs trabajadorxs informales de Brasil.

En relación al área de la salud, el 17 de marzo el Ministerio de Salud publicó un oficio orientado a los servicios especializados para que aumentaran en las farmacias la cantidad de medicamentos anti-retrovirales y la Profilaxis Pre-Exposición (PrEP). Esta medida afecta a una gran parte de nuestra población. Sin embargo, la exclusión y marginación social que enfrentamos en otros espacios se extiende a los hospitales y ambulatorios, donde no están ganrantizados el respeto a la orientación sexual y a la identidad de género.

Las campañas de ayuda del activismo

El papel del Estado es fundamental para subsidiar las necessidades de la sociedad. Cuando se trata de la población LGBTQIA+ el apoyo no llega y precisamos luchar cotidianamente para obligar al Estado a cumplir sus funciones y viabilizar recursos. Existen campañas de recaudación de recursos financieros, alimentos y materiales de higiene personal en todo el país impulsadas por activistas de la diversidad sexual. Algunos ejemplos: la campaña “Fortalezca a una personas trans”, impulsada en las redes sociales por la diputada estatal de la Bancada Activista, Erika Hilton; y las campañas de recaudación realizadas por la Red Poc, en Belo Horizonte; por el Grupo por La vida en Rio de Janeiro; por el Centro de Referencia y Defensa de la Diversidad y por la Asociación del Desfile LGBT de Sao Paulo; por el Colectivo de Transs Pra Frente y por la Asociación Bahiana de Travestis, Transexuales y Transgéneros en Acción (Atração), en Salvador. También en Bahía, el Movimiento Drag lanzó una campaña de recaudación de alimentos no perecederos e ítems de higiene para auxiliar a las artistas drags que ahora mismo no pueden trabajar durante la cuarentena.

Además de la recaudación de alimentos y artículos de higiene personal, notamos que una de las formas de movilización LGBTQIA+ brasileras ha sido la producción de información. La Asociación Nacional de Transexuales y Travestis (ANTRA), por ejemplo, produjo dos cartillas informativas. La primera de ellas fue dirigida a travestis y mujeres trans trabajadoras sexuales.

La segunda cartilla tiene información sobre como reaccionar en casos de violencia doméstica durante el aislamiento social, de manera de enfrentr un posible aumento del riesgo de las agresiones contra LGBTQIA+ en estas situaciones. Como apunta ANTRA, muchas personas LGTQIA+ se ven forzadas a convivir en ambientes tóxicos, con familiares que los agreden, y sin posibilidad de contacto con otros miembrxs de la comunidade.

En las redes sociales

El aislamiento de las personas LGBTQIA+ ha sido combatido también a través de las redes sociales. La Asociación Brasilera de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Trans e Intersex (ALGBT+), por ejemplo desarolló en Instagram una serie de “lives” llamados “Diálogos LGBTI+”, donde se conversa con especialistas de temas vinculados a las vivencias de personas LGBTQIA+ en el contexto de la pandemia.

Las redes sociales también han sido un espacio para compartir cuestiones relativas a la salud mental de las personas LGBTQIA+ que pueden agravarse con el aislamiento social. En ese sentido, el Centro de Referencia LGBT+ de Campinas (SP), el primero en dar este tipo de atención, también ha utilizado las redes. Otra inciativa en las redes es la difusión de cultura y arte queer. El 4 y 5 de abril se realizo el festival LGBT Online, “Marsha! Entra na Sala”, que contó con veinte horas de programación entre shows, DJ sets y conversaciones.

Las casas de acogida

Es este marco se insertan también los centros de acogida. Su desarrollo en los últimos años representa acciones emergentes frente a los retrocesos de políticas de asistencia para la población LGBTQIA+. En Brasil hoy existen 15 casas de acogida distribuídas en todo el território nacional, que desempeñan sus labores en paralelo al Estado. Allí, además de tener acceso a ayudas básicas – techo, alimentación e higiene persona- lxs habitantes tiene acceso a servicios de salud integral, iniciativas de reinserción cultural y social. Frente a la pandemia, algunas instituciones de acogida se unieron y desarrollaron la Red Brasilera de Casas de Acogida LGBTQIA+ (REBRACA) con el objetivo de enfrentar estrategicamente las crisis sanitarias, políticas y sociales de Brasil. El 31 de marzo, REBRACA inició la campaña de recaudación colectiva de canastas básicas y materiales de higiene.

Casa Aurora en Bahía

Además de este trabajo colectivo, cada casa adapto sus servicios para garantizar una acogida integral durante la cuarentena. Casa Aurora surgió en mayo de 2019 como una casa de acogida para personas LGBTQIA+, localizada en el centro de Salvador, estado de Bahía. La institución recibe a jóvenes de entre 28 y 29 años que están en situación de vulnerabilidade y riesgos sociales, abandonadxs o apartadxs de sus familias a causa de su orientación afectivo-sexual e identidade de género. Aquí les garantizamos las tres comidas, produtos de higiene personal y algunos servicios como: atividades socioeducativas, servicios jurídicos, y una Clínica Social con acompañamiento terapêutico y assistência social, psicológica y psiquiátrica.  A lo largo de la breve trayectoria, la institución ya asistió a cerca de 400 personas LGBTQIA+ .

Casa Aurora es la única institución de acogida específica para personas LGBTQIA+ del Estado de Bahía. Coordinada por lx activistas João Hugo y Sellena Ramos, resistimos a través de donaciones filantrópicas y microdonaciones, recaudación de alimentos, materiales de higiene personal y ropa.

Debido al subregistro de casos de coronavirus, por la dificultad de acceso a los testeos en Brasil, y la ausencia de políticas públicas para las personas LGBT+, no podemos dimensionar el impacto de la pandemia en el colectivo. Por eso las casas de acogida así como todas las redes creadas durante este último mes por el activismo de la diversidad sexual resulta en un fortalecimento de nuestras estrategias y prácticas y el trabajo en red con otros colectivos e instituciones de nuestra comunidad.

*Activistas LGBT+ e integrantes de la Casa de Acogida Aurora

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Brasil, una situación muy complicada para el colectivo LGTB

En 2018, además, fuimos testigos de como la LGTBfobia ha escalado hasta alcanzar ámbitos activistas y políticos. En mayo del año pasado recogíamos el asesinato en Río de Janeiro de la activista de género no binario Matheusa Passareli. Y en marzo el de la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco, afrodescendiente, abiertamente bisexual, feminista y activista en favor de los derechos humanos. Una escalada a la que también nos hemos referido al recoger tanto el episodio de acoso que sufrió Judith Butler en una visita al país para participar en un debate universitario como la decisión de un juez federal contra la orden del Consejo Federal de Psicología que prohibía desde hace años las «terapias» reparadoras de la homosexualidad. Y que ha forzado al que fuera primer diputado abiertamente gay de Brasil, Jean Wyllys, a abandonar el país e instalarse en Alemania (ver aquí la interesante entrevista que hace pocos días publicaba eldiario.es).

La llegada de Bolsonaro a la presidencia

La situación de la comunidad LGTB, incluso ya antes de la victoria de Bolsonaro en octubre de 2018, es muy dura. El Grupo Gay de Bahía, colectivo que hace una meritoria labor de monitorización de los delitos de odio en Brasil, tuvo conocimiento de 445 muertes violentas de personas LGTB en 2017: 387 asesinatos y 58 suicidios, un aumento del 30% con respecto a 2016, «cuando se registraron 343 muertes», comienza su informe 2017. De alguna de estas muertes nos hemos hecho eco en esta misma página, como sucedió por ejemplo con el terrible asesinato de Dandara dos Santos, una mujer trans. La tendencia, en este sentido, ha sido creciente a lo largo de los últimos años.

Y si algún político encarna a la perfección esa LGTBfobia en su discurso político, ese es Jair Bolsonaro, elegido presidente en octubre de 2018. Una victoria que, dados los precedentes del personaje y el apoyo del poderoso movimiento evangélico, abrió un escenario terrible para las personas LGTB en Brasil. Ya en 2011 lo mencionábamos cuando acusó al Ministerio de Educación de «fomentar la homosexualidad» por promover un proyecto contra la homofobia. En 2014 volvimos a referirnos a Bolsonaro, que negaba que educar en la diversidad sirviese para combatir la homofobia, y acusaba explícitamente a los que así lo defienden de querer «llevar la materia a las escuelas para transformar a niños de seis años en homosexuales. Al punto de que así se facilita la pederastia en Brasil».

Bolsonaro acababa la entrevista burlándose del intento de aprobar una ley que castigase la violencia homófoba, a la que quitaba importancia. «¿Solo porque a uno le guste tomar por culo se convierte en un semidios al que no se le puede pegar?», remataba. El ahora presidente ha hecho otras declaraciones homófobas en el pasado, como aquellas en las que aseguraba preferir que un hijo suyo muriese en un accidente a que apareciese «con un bigotudo», pero basta con releer la entrevista de 2014 a El País para ser consciente de la monstruosidad del personaje.

En el ámbito legal, hay que tener en cuenta que muchos de los avances en derechos LGTB que ha experimentado Brasil se han producido al margen de los poderes legislativo o ejecutivo: el matrimonio igualitario es una realidad posible gracias a resoluciones judiciales, mientras que la prohibición de las «terapias» reparadoras, sobre la que como mencionamos arriba tiene lugar una batalla en los tribunales, fue una decisión profesional del Consejo Federal de Psicología. La presión de los grupos evangélicos para que desde el poder político se ponga coto e incluso se revierta esta situación puede encontrar en Bolsonaro el aliado ideal.

En este sentido, la recién aprobada tesis del Supremo contra la LGTBfobia es una soplo de aire fresco en un ambiente profundamente enrarecido.

Fuente Agencia Presentes/Cristianos Gays

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La Fundación 26 de Diciembre impulsa la campaña #SolidaridadTrans en apoyo a uno de los colectivos más castigados por la crisis del coronavirus

Lunes, 20 de abril de 2020

SolidaridadTrans-cuadrado-1080x1080-1-300x300Las solicitudes de ayuda a la asociación por parte de personas trans se han duplicado desde la entrada en vigor del estado de alarma. Esta iniciativa pretende dar una cobertura básica en materia de vivienda, comida y productos básicos.

La crisis económica y social que está provocando la pandemia del coronavirus sitúa a las personas trans como uno de los colectivos más afectados. Llueve, además, sobre mojado: según un gran estudio realizado en España sobre la realidad social de las personas trans -realizado por la Universidad de Málaga en 2011-, solo el 22,2% de personas de este colectivo cuenta con un trabajo estable. Una cifra que, lejos de reducirse con el paso de los años, se dispara hasta un 85% en otras estimaciones más recientes.

Esta situación indica una clara discriminación social y obliga a buena parte de ese alrededor del 80% de personas trans en situación de desempleo a buscar una ocupación en la economía sumergida y recurrir al trabajo sexual como fuente de ingresos. Algo que se hace imposible en la situación actual de confinamiento para luchar contra la COVID-19, por lo que la situación de muchas personas trans se hace, si cabe, mucho más desesperanzadora que la del resto de la sociedad.

La Fundación 26 de Diciembre de mayores LGTB también trabaja por la inclusión sociolaboral del colectivo trans a través del Proyecto Ámbar. Un programa que, ante el parón empresarial y el confinamiento, ha iniciado una campaña de donaciones para dar respuesta al aluvión de solicitudes de ayuda por parte de personas trans que se ven en situación de extrema necesidad. Si el programa contaba en un principio con unos 115 destinatarios, más de 150 nuevas personas han recurrido a la fundación solicitando ayuda al no poder hacer frente a los gastos mínimos para cubrir sus necesidades básicas.

Para dar respuesta a tales necesidades, la organización impulsa la campaña #SolidaridadTrans, con la que a través de donaciones pretenden recaudar fondos suficientes para apoyar a las personas trans en sus necesidades diarias más básicas, como el pago de la vivienda (alquiler, hipoteca, facturas de luz, agua o gas), la adquisición de comida, documentación y otros productos básicos. «La población trans es un colectivo invisibilizado dentro de la comunidad LGTBI y no somos conscientes de que existe una parte del colectivo tan vulnerable», explica Pedro Bogo, responsable del Proyecto Ámbar y de la puesta en marcha de esta campaña.

Para colaborar con #Solidaridadtrans, se pueden hacer donaciones a través de la página www.fundacion26d.org/solidaridadtrans o bien mediante transferencia bancaria en la C.C: BBVA: ES13 0182 1245 1702 0159 5404, con el asunto SolidaridadTrans. Desde la fundación también se realiza una invitación a las empresas para que entren a formar parte de la Red Ámbar y den oportunidades de formación y contratación a estas personas.

Todas las personas adscritas para recibir las ayudas de la campaña #SolidaridadTrans quedarán a su vez dentro del Proyecto Ámbar, a través del cual podrán acceder a formación, orientación y a la oportunidad de encontrar un empleo. Las personas que deseen entrar en esta bolsa de ayuda pueden contactar en el teléfono 640 267 302 o escribir a proyectoambar@fundacion26d.org

El Proyecto Ámbar cuenta con más de una veintena de empresas colaboradoras entre las que se encuentran marcas tan reconocidas como Pantene o Carrefour y tan comprometidas como REDI, Peluquerías Cortacabeza o MyGwork, entre otras muchas. Otras impulsoras del proyecto y de la campaña #SolidaridadTrans esta campaña son las empresas Lal La Buya, Factoría Cariño y Suma Latina Producciones. Desde su puesta en marcha a mediados del pasado año, este programa ha conseguido dar trabajo a más de 25 personas trans. Este programa está subvencionado por la Comunidad de Madrid.

Fuente Dosmanzanas

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Michael Moore: “El Resucitado está presente… en los crucificados que todavía esperan redención”

Viernes, 17 de abril de 2020

artwork_images_424157556_176230_david-lachapelleEl camino de fe a la luz (y las sombras) del misterio pascual (y8)

“Cuando la tumba se abrió, no vieron nada. No encontraron a nadie. Sólo se escuchó como un rumor de ángeles que decía: ‘No está aquí…vayan a Galilea. Allí lo encontrarán'”

“Para encontrarse con el Resucitado hay que desplazarse hacia los márgenes de la historia, esto es, a los lugares de fractura, a los espacios de no-vida”

“Dios no revivifica un cadáver, sino que recupera y reivindica la persona total de Jesús, es decir, toda una existencia, toda una historia, todo un modo de vivir… que lleva a un modo de morir”

8. Cuando la fe se dibuja como horizonte: el triunfo de la Vida

Y ahí estaban, todavía expectantes en aquella mañana de domingo, esa enorme legión de desahuciados y desesperanzados, al pie del sepulcro, esperando que alguien les corriera la piedra para ver qué había detrás… para ver si encontraban respuestas a todas sus preguntas (últimas). Pero, cuando la tumba se abrió, no vieron nada. No encontraron a nadie. Sólo se escuchó como un rumor de ángeles que decía: “No está aquí…vayan a Galilea. Allí lo encontrarán” (cf. Mt 28,1ss; Mc 16,1ss; Lc 24,1ss).

 Y este fue el mensaje que, gratuitamente, ese grupo de marginales -como en otro tiempo los pastores en Belén- nos compartió y dejó como testamento para el cristianismo futuro: para encontrarse con el Resucitado hay que desplazarse hacia los márgenes de la historia, esto es, a los lugares de fractura, a los espacios de no-vida. Porque Galilea -afirman los exegetas- amén de ser el lugar geográfico donde el Jesús terreno desarrolló su ministerio (y esa región era considerada marginal por “contaminada” en la Palestina de entonces), es un lugar teologal que alude a la praxis vital de Jesús. Ir a Galilea, por tanto, significa volver la mirada al Jesús histórico. Recuperar su historia concreta para, reeditándola, volver a hacerlo presente en el Espíritu.

En fórmula abreviada: “el Resucitado es el Crucificado” (J. Sobrino), y el crucificado es el que se jugó la vida practicando -no sólo predicando- la misericordia: el corazón vuelto al miserable… “aunque sea sábado”. O en lenguaje un poco más formal: vida, muerte y resurrección se reenvían mutuamente para una correcta intelección. Jesús muere como muere porque vive como vive; y es resucitado –rescatado de la aniquilación y glorificado– en virtud de esa vida –agradable al Padre– que lo llevó a esa muerte –sufrida por el Padre. Dios no revivifica un cadáver, sino que recupera y reivindica la persona total de Jesús, es decir, toda una existencia, toda una historia, todo un modo de vivir… que lleva a un modo de morir.

Focalizándonos en el hilo conductor de estos días -el camino de fe- habría que decir ahora que la resurrección nos ofrece un horizonte de comprensión nuevo de la totalidad: nos dice algo sobre Jesús, sobre Dios y sobre el sentido de nuestra vida

Nos dice algo sobre Jesús, porque, resucitándolo, rescatándolo de los lazos de la muerte, de la aniquilación, el Padre ratifica la identidad y la misión de Jesús: en verdad, él era el Hijo amado del Padre, y su prédica del reino como proyecto de humanización a través de la praxis de misericordia era la misión que debía cumplir: “Humanizar la humanidad practicando la proximidad” (P. Casaldáliga). Identidad y misión que habían sido puestos en tela de juicio por sus paisanos que lo habían acusado de impostor, de blasfemo, de pretender reformar las instituciones tradicionales (templo, ley, culto). O sea: la resurrección es el “sí” que pronuncia Dios ante el “no” que dictaminaron los hombres. Jesús sí es el Hijo y su proyecto es de Dios y sigue adelante.

Nos dice algo sobre Dios mismo: que Él es el Dios de la vida, de vivos y no de muertos, cuyo amor salvífico no se detiene ante la muerte, sino que, tocándola en la carne de su Hijo, la vence. Tiene poder sobre la nada (es creador), sobre el pecado (es salvador) y sobre la muerte (es resucitador); es un Dios liberador que interviene para reivindicar la vida de Jesús de Nazaret, injustamente crucificada, haciendo suya la causa de las víctimas y venciendo el poder de los ídolos; es un Dios que en la historia de Jesús aparece como discreción, kénosis, proximidad, cálida afinidad, semper minor -cruz-, pero también se nos revela como alteridad, inmanipulable, todopoderoso, semper maior -resurrección- (J. Sobrino).

Y nos dice algo sobre el sentido de nuestra vida y de nuestra historia. Porque alcanzan respuesta las preguntas que ayer, desde el sepulcro, despuntaban, amenazantes para la fe: ¿es la muerte el destino definitivo del hombre?, ¿tienen la última palabra los prepotentes y verdugos de la historia?, ¿hay posibilidad de soñar con un futuro distinto? En definitiva ¿valió la pena la vida y muerte de Jesús? ¿sigue siendo creíble su propuesta? La resurrección de Jesucristo es la respuesta que trae la implantación definitiva de un horizonte universal de promesa que se extiende, sobre todo, a lo humanamente desesperado (G. Greshake).

Siendo como es, universal, la promesa provoca también a una misión universal: la de ponerse en camino, totalmente y sin reservas, hacia el futuro prometido, buscando cambiar lo “penúltimo” en dirección a lo “último”. Con la historia puesta en nuestras manos -y éstas sostenidas por las de Dios- habrá que ir apurando la utopía, esa imposible ansia humana de plenitud, anticipando esa consumación en múltiples representaciones y utopías reales, porque cuando se abandona ese punto de mira, se imposibilita toda crítica… y se cae en la canonización del estado de cosas. Sustentados por la esperanza en el Dios-más-fuerte-que-la-muerte, habremos de tener siempre presente que “lo definitivo se está construyendo en lo provisional” (G. Gutierrez).

Somos, pues, interpelados a cultivar una esperanza crítica que, mediante el uso de la razón anamnética, pueda mantener presente la memoria del sufrimiento pasado, y latente la esperanza para las víctimas. En medio de esa lucha, el principio-esperanza recuerda que en la resurrección del Hijo de Dios el futuro vencedor ya se ha anticipado en la historia, aunque no elimina el todavía no que denuncia un mundo donde el reino de filiación y fraternidad sigue siendo utopía, en medio de tanta crucifixión.

Queda el desafío lanzado a nuestra libertad para seguir avanzando, en una dialéctica de muerte-resurrección, desautorizando ‒junto con el Jesús terreno y glorificado‒ a los victimarios, ya escatológicamente vencidos por el Vencido Viviente; recordando siempre que no es el sólo esfuerzo humano sino la presencia del Espíritu del Resucitado, siempre activo, el que incita a la esperanza del fin anticipado en medio de la oscilación propia de la historia entre prometeísmo y desesperación; y que no es necesariamente el éxito histórico (que en general cuesta la sangre ajena) sino la propia sangre derramada (martirio), de golpe o a gotas, lo que fecunda y “violenta” el Futuro para que se haga presente.

Puesto que la resurrección no anula la cruz, los verdugos de la historia siguen teniendo palabras penúltimas; pero como la resurrección sí supera la cruz podemos confiar en que la muerte –la más radical amenaza que se alza contra la realización personal– y la injusticia –la gran amenaza de sinsentido para la historia de la humanidad– no triunfarán. La palabra que Dios pronuncia en la resurrección de Jesús es posterior a su “silencio” sufriente en la cruz y por eso podemos afirmar desde la fe que la sentencia última y definitiva es la promesa de triunfo de la vida sobre la muerte, de la justicia sobre la injusticia, de las víctimas sobre los victimarios.

“Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto” (Jn 20,2), reclaman unos; “vayan a Galilea” (cf Mt 28,7), responden otros. Allí, el Resucitado está presente… en los crucificados que todavía esperan redención. El gran signo de la resurrección es una ausencia, que reenvía a otro lugar, a otro modo de presencia. Hasta el momento en que “Dios llegue a ser todo en todos” (1 Co 15,28). Y, en el mientras tanto de la historia, cultivemos la esperanza practicando la misericordia, porque

Es tarde
pero es nuestra hora.

Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer el futuro.

Es tarde
pero somos nosotros
esta hora tardía.

Es tarde
pero es madrugada
si insistimos un poco

(P. Casaldáliga)

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Covid-19: Un comité de emergencia para ayudar a LGBT+ en Mar Del Plata

Jueves, 16 de abril de 2020

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Por Sandra López Maidana

La cuarentena obligatoria establecida por el gobierno argentino para hacerle frente a la pandemia del Covid-19 dejó en evidencia, entre otras cosas, las desigualdades que existen en amplios sectores de la sociedad. Y en Mar del Plata esto quedó patente entre las personas travestis y trans. La situación se agudiza también por las interseccionalidades que atraviesan: ser pobres, ejercer la prostitución, no acceder a bienes culturales/sociales, en muchos casos ser migrantes y/o no acceder a empleos formales. Cierta actitud de vigilancia que genera esta pandemia se recrudece sobre estas identidades que sufren atropellos por parte de vecinos y vecinas de Mar del Plata con amenazas de llamar a la policía cuando las ven circular por las calles.

WhatsApp-Image-2020-04-09-at-22.59.06-1024x768Por estos motivos se organizó un comité de emergencia LGTBQI+ integrado por las organizaciones Asociación Mundo Igualitario (AMI), 100 % Diversidad y Derechos MDP y el área de género y diversidad del movimiento Atahualpa Mar del Plata. Desde allí se solicitan donaciones de alimentos secos, productos de higiene personal y de limpieza necesarios para asistir al colectivo.

Desde el Comité se articuló con el Ministerio de las Mujeres y Diversidad de la Provincia de Buenos Aires. Se recibieron donaciones del Colectivo Faro de la Memoria y a través de la campaña #noscuidamosentretodes organizada por Orgullo y Lucha, se ha intervenido en 120 situaciones de emergencia alimentaria.

Aquellas personas que se sientan convocadas a ayudar como también de instituciones locales y de la zona pueden contactarse a través de las redes sociales de AMI y de los siguientes teléfonos:

Cintia Pili (223) 5119549. Agustina Ponce (223) 4381941. Laura Cardozo (223) 4487485. Claudia Vega (223) 5391458.

Si necesitan asistencia o quieren ayudar como voluntarias pueden comunicarse a los siguientes correos electrónicos:

maria.laura.cardozo.lucero@gmail.com, asociacion.mundo.igualitario@gmail.com .

Fuente Agencia Presentes

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Espiritualidad franciscana

Viernes, 3 de abril de 2020

Del blog Nova Bella:

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“Poco a poco San Francisco fue descubriendo una realidad que aún no se había atrevido a mirar cara a cara: la del hombre naturalmente frágil, limitado y necesitado de solidaridad, especialmente en el sufrimiento, la enfermedad, la marginación y la pobreza. Comenzó de inmediato a prodigar sus cuidados a los leprosos y a convivir con ellos, aun a costa de sufrir la incomprensión y persecución familiar y el rechazo de sus conciudadanos…

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Julio Herranz Miguelañez, ofm

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Coronavirus: «Nos cuidamos entre todes», la red para asistir a LGBTI+

Martes, 31 de marzo de 2020

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Fotos: Ariel Gutraich/Archivo Presentes y gentileza Orgullo en Lucha

Ante la pandemia de coronavirus (Covid-19), organizaciones en todo el mundo están tejiendo redes para acompañar a las personas en situación de extrema vulnerabilidad social. En Argentina, a partir del Covid-19 el activismo de la diversidad sexual creó la Red LGBTI+ «Nos cuidamos entre todes».

red-LGBT-coronavirusEsta iniciativa, a la que convocan a sumarse, apunta a asistir y acompañar a personas LGBTI+ en situación de extrema vulnerabilidad social a través de distintas acciones: campaña de donaciones, acompañamiento para acceder a subsidios estatales de emergencia y monitoreo de las políticas públicas específicas, entre otras.

«Las medidas son vitales pero exponen la vulnerabilidad»

La Red LGBTI+ surgió por iniciativa de 100% Diversidad y Derechos y La Rosa Naranja, junto con las organizaciones del espacio Orgullo y Lucha. Greta Pena, explicó que «Las medidas de cuarentena, aislamiento preventivo y distanciamiento social son vitales. Sin embargo, también dejan expuestas situaciones de vulnerabilidad. Esta Red busca con acciones comunitarias solidarias aliviar el tránsito de las personas LGBTI+ en emergencia social y contribuir a que las políticas públicas lleguen a quienes la necesitan”, dijo Greta Pena, directora de 100% Diversidad y Derechos.

Desde La Rosa Naranja, la activista travesti Marcela Tobaldi, describe lo que atraviesan muchas de sus compañeras: “La situación de vulnerabilidad social en la cual se encuentran las personas travestis y trans es estructural, con enormes barreras para acceder a derechos humanos básicos como la educación, la salud, trabajo formal y vivienda. Las necesarias medidas de aislamiento social obligatorio han empeorado esa situación, ya que impide el desarrollo de actividades de subsistencia, frente a las cuales estamos reforzando las redes de organización territorial”.

A todo el país

redLGBTI-coronavirus90385229_212218426791168_3444856151290675200_nLa red ya trabaja para llegar a distintas ciudades de la Argentina. En una semana entregó 60 kits de ayuda a la población trans en Ciudad de Buenos Aires (en los barrios de Constitución, Villa Crespo) y en la provincia de Buenos Aires (Morón y Lanús).

“En los próximos días, en alianza con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), distribuiremos 260 kits para personas LGBTI+, especialmente a población trans migrantes en las ciudades de Neuquén, Rawson (Chubut), Salta, Mendoza, Posadas (Misiones), Mar del Plata, Tigre (provincia de Buenos Aires) y Ciudad de Buenos Aires”, informaron a este medio. Los kits incluyen por ahora 18 productos: arroz, fideos, queso rallado, arvejas, aceite, puré tomate, galletitas de agua, mermelada, te, yerba, azúcar, pate, mayonesa, alfajores, turrones y pasta dental, jabón de mano y lavandina).

Esta semana entregaron al Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad y al Ministerio de Desarrollo Social un relevamiento nacional de personas travestis y trans para ser incorporadas al programa “Hacemos Futuro”, a fin de que puedan acceder a un ingreso mensual, ademásde canalizar la distribución de ayuda directa de esos organismos.

“En este marco recibimos una donación de la Fundación UNILEVER, de productos de limpieza e higiene personal y del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), de dinero que se destinará a seguir atendiendo situaciones de emergencia”.

Vos también podés participar

REdd-LGBTI-CORONAVIRUS-300x300La Red LGBTI+ Nos cuidamos entre todes agradece la solidaridad y sigue convocando a donar y participar a través de esta plataforma: http://bit.ly/ .

Quiénes integran Orgullo y Lucha

100% Diversidad y Derechos, Afros LGBT. Agrupación Xangó, Amiges por la Diversidad, Asociación Civil La Rosa Naranja, Travestis y Trans por los Derechos Humanos, Asociación Familias Diversas (AFDA), Asociación Mundo Igualitario (AMI – Mar del Plata), Comunidad Homosexual Argentina (CHA), Conurbanes por la Diversidad, Cooperativa 7 Colores, Diversidad en Acción – Tigre, Infancias Libres, La Cámpora Diversia, La Sublevada – NE. Mala Junta-Vamos, Mujeres Trans Argentinas (MTA), Raíz Social Popular y Feminista, Scouts por la Igualdad.

Fuente Presentes

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