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Penetrar en las grietas de la vida.

Sábado, 21 de enero de 2023

Del blog de José Arregi Umbrales de Luz:

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La vida es un ir abriendo brechas hasta finalmente comprender que aquél era el camino. Y entonces vuelve a sorprenderme la capacidad de la vida para encontrar resquicios donde seguir creando. Esto es algo que siempre me deja anonadado, como quien bien comprende que la vida nos rebasa, y sobrepasa todo lo que sobre ella podamos pensar. Desde su raíz oscura, la vida busca un lugar donde volver a nacer.

Y en tiempos de catástrofes como es el nuestro, los hombres se ven obligados a demostrar cuántos de ellos conservan aún su pertenencia a lo genuino, a lo humano. Solo el que lleve en sí al menos una mínima parte de la raíz primordial será capaz de guardar aquel manantial oculto del que surge el coraje para seguir luchando. Como afirma Jünger: “En los grandes peligros se buscará lo que salva a mayor profundidad”.

Nuestra esperanza hoy se apoya en que al menos una de estas raíces vuelva a ponernos en contacto con aquel reino telúrico del que se nutre la vida de los pueblos y de los hombres. Necesitamos el valor de penetrar en las grietas para que pueda volver a filtrarse el torrente de la vida.

En medio del miedo y la depresión que prevalece en este tiempo, irán surgiendo, por debajo, imperceptiblemente, atisbos de otra manera de vivir que busque, en medio del abismo, la recuperación de una humanidad que se siente a sí misma desfallecer.” (Ernesto Sábato, España en los diarios de mi vejez, 2004)

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Te descifro

Jueves, 12 de enero de 2023

Del blog Nova Bella:

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Estabas desde siempre,

como un lenguaje escrito

en el fondo de mi

y te estoy descifrando.

*

Renata Durán

***

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Andar por la vida cada día.

Lunes, 9 de enero de 2023

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Andar por la vida
portando tu mensaje y buena noticia;
andar erguido y feliz
a pesar de las inclemencias del camino,
de las tormentas y contratiempos;
andar a plena luz
sin miedo a ser reconocido
como testigo tuyo aquí y ahora.

Detener el paso
y descansar de cargas y agobios;
dialogar y compartir
cada día con quienes van y vienen;
volver a salir
y agradecer el camino y sus historias;
reiniciar la marcha
y vivir las costumbres y las sorpresas…

Ser consciente
de lo que has puesto a nuestro lado;
mirar atentamente
en todas las direcciones
sin olvidar el horizonte,
y contemplar el cielo abierto,
ya para siempre,
con sus luces, silencios y voces…

Hoy y cada día,
protegido por tu manto y sombra,
me siento más hijo,
más bautizado,
más ligero,
más lleno de alegría,
más encontrado…
más enviado y amado…

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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2023, bajo el signo de la confianza

Domingo, 1 de enero de 2023

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Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

* * *

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
y guíame por el camino eterno.

*

Salmo 139 (138)

***

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Ternura

Viernes, 23 de diciembre de 2022

Del blog Nova Bella:

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He vivido toda mi vida añorando ternura

*

Tita Merello

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“El placer de vivir… y una receta”, por Gabriel María Otalora

Jueves, 1 de diciembre de 2022

CC3H4D Pope John XXIII (1881-1963) Who Reigned As Pope From 1958. Juan XXIII, por De Agostini, 1958–1963

De su blog Punto de encuentro:

El placer de vivir no es sinónimo de vivir de placer, como obstinadamente nos muestra el consumismo. Si mezclamos lo que es bueno con lo que es agradable sin hacer ninguna distinción corremos el riesgo de quedarnos con el envoltorio de lo que andamos buscando. De hecho, muchos placeres son malos en sí mismos (vengarse de alguien) o en su descontrol (ingesta de alcohol) porque suelen pasarnos factura. Y muchas de las cosas por las que merece la pena luchar tampoco son placenteras, cosa que olvidamos con facilidad.

Sin embargo, hay placeres y placeres. Ciertos hechos nos causan placer al estar ligados a la consecución de un logro; otros, quizá la mayoría, son más convencionales. No todos los placeres son iguales ni tampoco todos gozamos lo mismo ante un mismo estímulo placentero.

No se trata de cuestionar lo saludable de comer a gusto, viajar… sin lo cual la vida se vuelve mortecina y poco creadora; lo importante es poner en cuestión el sentido que le damos al placer. Si consideramos todo lo que es placentero la clave de la buena vidanos vamos a empobrecer por nuestra dependencia hacia el acto que lo produce, haciendo imposible que experimentemos la alegría y la plenitud ansiadas. Nuestro paso por el mundo tiene un sentido más elevado que calmar instintos para vivir desde ellos Somos, en expresión de Aristóteles, animales racionales y sociales, capaces de experimentar plenitud, dicha, felicidad, alegría, amor…

El placer de vivir es algo bueno, hermoso y necesario que llega como algo sobrevenido a una conducta principal que podríamos denominar “salir de uno mismo” para lograr ser justos con uno mismo (autoestima) y con los demás (autorrealización).

En el caso de la realización personal, resulta paradójico que las personas que lo logran son aquellas que buscan mejorar el mundo exterior al yo. Una de las mayores aberraciones sobre el placer la construyó Nietzsche contraponiendo el tú debes al yo quiero del Superhombre, que no existe: ¿Por qué lo bueno tiene un valor superior a lo malo? ¿Y si fuera al revés?, se preguntaba; ¡Lo bueno es malo, sin conciencia no hay culpa!, se respondía, en su pretensión por descodificar el epicentro del ser humano sin necesidad de deber moral alguno hacia nuestros prójimos ¿Qué pensaría este hombre del placer que proporciona amar a un semejante? Empezó por subvertir los valores humanos y acabó por anunciar la muerte de Dios.

Renunciar voluntariamente a algo puede ser muy estúpido o muy inteligente; todo depende si dicha renuncia se justifica por algún bien superior: puedo no ir al cine para visitar a una persona enferma… El  placer no debe ser el fin pues, cada vez que se utiliza como ídolo o como escapatoria, lo único seguro es que desaparece la alegría y aumenta la infelicidad. ¡El placer de vivir está sometido a unas reglas! Aceptemos la vida tal cual es.

¿Existe una vida ideal? Con frecuencia hablamos del deseo de tener una vida ideal; parece un refuerzo al anhelo de ser todo lo felices que podamos. Pero la vida ideal de un militar, por ejemplo, está centrada en el logro de condecoraciones, al pasar a la historia como un gran estratega. Y esto no coincide en absoluto con la vida ideal de un artista, ni con las inquietudes de un científico. Ni siquiera una persona del siglo XXI piensa en una vida ideal parecida a la de otra del siglo XV.

Lo ideal es algo relativo que está en función del escenario vital de cada uno, condicionando nuestras actitudes y emociones. Alcanzar determinado estadio de madurez y de serenidad solo es factible por medio de la superación de las dificultades. A todos nos tienta lo fácil pero detrás de lo fácil no hay superación ni crecimiento, ni tampoco verdadero disfrute de la existencia. El Evangelio nos lo repite con insistencia que una vida fácil acarrea una existencia poco profunda, poco realizada, pobre.

Recordemos la receta del Papa Juan XXIII, su decálogo:

  1. Hoy viviré el presente como un don, sin alimentar sentimientos de agobio ante los posibles contratiempos de mañana.
  2. Hoy me ejercitaré en el desarrollo de mi una correcta autoestima: seré el primero en amarme, en comprender mis limitaciones sin sentirme devaluado por ellas.
  3. Hoy convertiré en una posibilidad de disfrute el mundo de mis relaciones, tendiendo puentes y facilitando la comunicación.
  4. Hoy desarrollaré las posibilidades que tengo para mejorar mi entorno controlando mis fuerzas más negativas.
  5. Hoy dedicaré un tiempo a mi formación personal para que mi vida produzca frutos.
  6. Hoy haré algún acto de generosidad, aunque sea pequeño, pues cuanto más doy, más me enriquezco.
  7. Hoy tomaré conciencia del efecto positivo del esfuerzo.
  8. Hoy evitaré la frustración ante las expectativas no cumplidas, a sabiendas de que siempre no todo sale como me gustaría.
  9. Hoy me alimentaré de los sentimientos más nobles y las creencias que dan sentido a mi vida por encima de la mediocridad y la desesperanza.
  10. Hoy no me dejaré llevar por sentimientos paralizantes, miedos, inseguridades, culpa malsana, visiones mezquinas, etc.

¡Y feliz día a día, a las puertas del Adviento!

Espiritualidad ,

Afirmación de fe, hoy y cuando vengas.

Lunes, 21 de noviembre de 2022

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Creemos en Jesús,
presente en la alegría y esperanza del pueblo
marcado por una historia de sufrimiento y pobreza.

Creemos en Jesús,
presente en las personas que atraviesan situaciones críticas
a causas de las decisiones de otras personas.

Creemos en Jesús,
presente en los jóvenes marginados y sin trabajo
por causa de las estructuras que hemos creado.

Creemos en Jesús,
presente en los refugiados que huyen y no son acogidos
porque los sentimos como un estorbo y nos dan miedo.

Creemos en Jesús,
presente en el pobre que sufre,
en el triste y sin futuro,
en el perseguido y encarcelado,
en los emigrantes y exiliados,
en los niños explotados y abandonados,
en las mujeres humilladas y ninguneadas,
en las personas sin dignidad y sin salario…

Creemos en Jesús,
presente en los ciudadanos sin derechos,
en los creyentes perseguidos por la sociedad y su iglesia,
en las persona que luchan por un mundo nuevo,
en sus seguidores y mártires, aún sin reconocimiento.

Creemos en Jesús,
presente en todos los calvarios y cruces
que hemos levantado a lo largo del camino
por defender nuestras conquistas e intereses.

Creemos en Jesús,
y reafirmamos nuestra esperanza en él,
y en la fuerza sanadora y liberadora
de su amor derramado en nosotros y nosotras..

Creemos en Jesús, vivo y presente
en nuestro mundo e historia,
en nuestra sociedad e iglesia,
y en nuestra vida, cada día.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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“¿Qué seré después de mi muerte? “, por José Arregi

Sábado, 19 de noviembre de 2022

Vida-digital-despues-de-la-muerteDe su blog Umbrales de Luz:

No nos gusta hablar de la muerte, siendo así que forma parte de la vida nuestra de cada día. No nos gusta hablar de la muerte, pero –o, mejor quizás, porque– la muerte nos sigue doliendo. Y es la muerte ajena la que más nos duele, con la soledad abatida y la tristeza del vacío que deja, los recuerdos dolorosos y los duelos irresueltos que quedan, los conflictos que surgen no pocas veces entre los más cercanos. La muerte sigue haciendo correr ríos de lágrimas: lágrimas de aflicción, lágrimas de desahogo, lágrimas también de consuelo.

Otros muchos animales, a su manera, lloran también a los muertos más próximos, e incluso, a su manera, acompañan su duelo con algún tipo de rito funerario. El duelo no es específico y exclusivo de los humanos. Nada nos es exclusivo. Pero es innegable que la sepultura ritual es una de las huellas culturales más antiguas de la humanidad, muchos miles de años antes de que se formaran las primeras religiones. En el año 2018 se descubrieron en Kenia los restos de un niño Sapiens de hace unos 78.000 años enterrado con mimo y ternura, como si lo hubieran puesto a dormir. En Israel se han identificado varias sepulturas, tanto Sapiens como Neanderthal, de hace entre 90.000 y 130.000 años. Y en pleno Paleolítico se encuentran casos en que la tierra sobre la que descansan los restos humanos contiene polen, ese polvillo maravilloso dotado de células capaces de fecundar la vida; esos restos humanos habían sido depositados sobre un lecho de flores, en la tácita esperanza de que fueran a germinar, florecer y dar fruto: vivir. Aquellos ritos funerarios les servían –como los nuestros, religioso o laicos, nos sirven hoy– para aliviar la pena, apaciguar los conflictos, fortalecer la confianza en la vida que sigue y que hay que cuidar. ¿Se equivocaban?

Mucho después, todas las religiones crearon mitos y elaboraron doctrinas que expresaban conceptualmente esa oscura esperanza de vida después de la muerte. Creo en esa esperanza, pero ya no puedo creer en los conceptos que la expresan. Sirvieron en otros tiempos para sostener el ánimo, la confianza, la vida. Hoy ya no nos sirven. Hoy no puedo creer que el atman, el “alma” o la conciencia o el Yo o la individualidad profunda, después de la muerte, se reencarne en otro cuerpo, según la inexorable ley del karma. Ni que el “alma” sea inmortal y sobreviva por separado después de la disgregacuión del cuerpo físico. Ni que vayamos a resucitar al final del mundo, como creían algunos judíos de la época de Jesús y siguen creyendo muchos judíos, cristianos y musulmanes. No puedo creer que haya un juicio ante un “Dios”, sea riguroso o sea bondadoso, ni en un infierno eterno para los malos, ni en un paraíso feliz para los justos… Es preciso deconstruir todos esos conceptos por una razón sencilla: porque están ligados a una visión del mundo que ya no es la nuestra.

¿Qué haremos, pues, con todos esos viejos conceptos? Cabe olvidarlos o abandonarlos definitivamente, o cabe reinterpretarlos. Personalmente, en la mayoría de los casos, yo me inclino a reinterpretarlos, porque no inventamos el lenguaje y porque hablar consiste siempre en reinterpretar, en sacar lo nuevo de lo viejo. No creo en lo que dicen los conceptos, pero creo en lo indecible al que se refieren y que aún pueden sugerir.

Creo que vivir es darse y que darse es la mejor forma de recibirse y de ser. Que morir es vaciarse o darse del todo y que vaciarse y darse del todo es el paso para ser plenamente. Que aprendemos a vivir aprendiendo a morir un poco cada día como mejor podamos, y que aprendemos a morir aprendiendo a vivir cada día lo mejor que podamos, en bondad desprendida y feliz. Que ahí se realiza en nosotros el Misterio de la Vida o de Dios, que es Pascua, incesante Pasar, inagotable Darse y Recibirse y eterno Renacer. Que no hay otro fin del mundo que la codicia y la opresión universal. Que no hay otro criterio de juicio que el amor de cada día. Que no hay otra condenación ni infierno que el que nos procuramos en esta vida a nosotros mismos y a los demás cuando nos encerramos en nuestro y nos hacemos la guerra. Que no hay otro cielo que la bienaventuranza compartida en la comunión de los vivientes, la Vida Buena común, y que ése es el cielo posible de esta nuestra Tierra común, el cielo al que aspiramos y del que somos responsables.

Pero ¿qué quedará de mí después de mi muerte? Quedará la vida que hemos vivido y nos transciende en todas las direcciones. Quedará la vida que inventó la muerte para seguir viviendo. Quedará la muerte que es condición y umbral de la vida y de su secuencia, al menos en la forma en que la conocemos en esta Tierra. Mientras la vida viva no morirá la muerte, y mientras no muera la muerte vivirá la vida, como dijeron los sabios Vedas de la India hace 4.000 años. Quedará la Vida Eterna en todo lo que es. Quedará el Aliento que fugazmente tomó cuerpo en mí y se hizo mi yo en permanente cambio. Quedará la materia madre de todas las formas, la materia eterna que me ha formado en su eterna transformación, la energía transformadora de la que provengo y en la que me sumergiré. Quedará la luz de cada mañana y la paz de cada atardecer. Quedará el Aliento eterno que animó pasajeramente mi forma, mi yo. Nada se pierde sino la apariencia. Todo se transforma, como la luz del alba y de la tarde.

Después de mi muerte, no quedará esta apariencia psicológica, emocional individual e inestable. Quedará mi recuerdo en el corazón o en la memoria de quienes me recordarán haciéndome renacer cada vez. Quedará el Vacío de esta forma cambiante que soy. ¿Quedará también la huella de esta forma única y cambiante que llamo “yo”? Mas allá de todo espacio y tiempo, en el presente sin comienzo ni fin, ¿la Memoria o el Corazón del Cosmos infinito guardará la memoria viva, vivificadora, de esta forma, la información o conciencia que hemos sido en esta fugaz existencia? Tal vez, pero no lo sé ni me importa.

Para decir lo que seré después de mi muerte, solo quedan metáforas que me abren al infinito que late en nuestras mejores palabras y anhelos. Después de la muerte de esta chispa vacilante y efímera, seré el Fuego que danza, transforma y recrea, seré el Fondo inaprehensible e inasible de cuanto es, el Aliento universal y verdadero del que vine y vuelvo. Seré en Todo, y de alguna forma seré Todo. SERÉ EL QUE SOY, LA QUE SOY, LO QUE SOY, el Infinito en todo. Y es lo que quiero vivir y cuidar en este preludio de la Vida que es esta forma de vida-muerte que vivo.

Si abriéramos más los ojos, si nuestra conciencia se expandiera, muchas lágrimas de aflicción podrían convertirse en lágrimas de consuelo.

Aizarna, 5 de noviembre de 2022

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Para Dios todos están vivos

Domingo, 6 de noviembre de 2022

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PRESENCIAS

con amigos ausentes.
Me encuentro siempre
entre el instante y la muerte.
Me encuentro siempre
con un libro enfrente,
con un hombre doliente,
y un paisaje y la corriente,
y el sol rusiente,
y el sueño, por fin, clemente.
Y un pájaro, un niño, y un árbol, vivientes.
Y Dios persistentemente presente…

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental,
Editorial Sígueme, Salamanca 1971

***

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:

“Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.”

Jesús les contestó:

“En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.

Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.”

 

*

Lucas 20, 27-38

***

 

Entre las diferentes formas de la corporeidad existe un abismo imposible de colmar a veces: una piedra no se convierte en pájaro. Otras formas corpóreas, sin embargo, aunque presentan diferencias, están en una relación vital, constituyen las fases de un único desarrollo, como por ejemplo la semilla y la planta que de ella nace. En este caso, el abismo queda superado por el misterio del grano que germina. Sin embargo, para superarlo es necesario lo que Pablo llama «el morir». La semilla debe entrar en la tierra y morir en ella, es decir, perder su forma, a fin de que pueda nacer la nueva planta. Y he aquí el paso: lo mismo sucede en el hombre. También en el hombre está presente la corporeidad en dos formas: la terrena y la celestial; de ellas, la primera es semilla de la segunda. También ellas están separadas por la muerte. El cuerpo deberá ser depositado en la tierra y descomponerse; sólo entonces se convertirá en el cuerpo nuevo, celestial. Pero he aquí la diferencia: la planta «nace» verdaderamente «de la semilla», de sus virtualidades y funciones; no así, en cambio, el cuerpo celestial del terrestre. A través de su descomposición, la semilla vive de una manera directa en la nueva planta. El cuerpo humano será resucitado después de la muerte. Aquí domina otro poder, que no brota del interior de la estructura humana, sino de la libertad de Dios.

*

Romano Guardini,
Le cose ultime,
Milán 1997, pp. 69ss.

***

***

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Las calles de mi infancia

Sábado, 5 de noviembre de 2022

Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

20.10.2022

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No pude reconocer las calles que aquella tarde
decidí recorrer para silenciar la nostalgia.
Ya no eran las de antes,
las que disfrutaba con la mirada bañada de asombro,
con el aliento entrecortado
por lo que a cada instante resultaba inédito.

Ha desaparecido mi colegio,
cuyas ventanas asomaban
por los bajos de un edificio de pisos.
También la mercería donde compraba las cremalleras
y las bobinas de hilos de colores, para que mi madre
terminara los trajes que la encargaban.
Y la panadería, con su mostrador de mármol,
se ha transformado en una pequeña frutería
donde despacha un joven de Bangladesh.

Han ocultado también los charcos que pisaba
con mis botas de hule,
bajo una gruesa capa de oscuro asfalto.

Y en el lugar que ocupaba mi casa baja,
con su entrada de arena, su fuente y su higuera,
ahora se alza un bloque de viviendas
donde los vecinos apenas se saludan…

Los recuerdos se agolpan en mi mente,
pero ya no son los mismos lugares
a los que se aferraba la memoria.

Algo más viejo que antes de llegar,
los pies lentos, cansados, retoman la senda
del hogar que ahora me cobija,
donde solo quedan fotos de color sepia,
con la apagada claridad de una infancia
que se desvanece tras la niebla de los días.

*

MiguelÁngel Mesa

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***

 

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La hoja y el árbol.

Jueves, 3 de noviembre de 2022

Del blog de José Arregi Umbrales de luz:

Parábola en memoria de todas aquellas/os cuya presencia aparente perdimos

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Una tarde de otoño me encontraba en un parque, absorto en la contemplación de una hoja muy pequeña y bonita en forma de corazón. Su color era rojizo y casi colgaba de una rama, de la cual parecía que estuviese a punto de caer. Estuve mucho tiempo con ella y le hice muchas preguntas. Supe que la hoja había sido la madre del árbol. Normalmente, pensamos que el árbol es la madre y que las hojas son los hijos, pero al mirar la hoja vi que también era madre del árbol. La savia que toman las raíces no es más que agua y minerales, que son insuficientes para nutrir al árbol, de manera que éste distribuye la savia a las hojas. Estas se encargan de transformar esta savia rudimentaria en savia elaborada y, con ayuda del sol y del gas, enviarla de vuelta para nutrir al árbol. Además, como la hoja se une al árbol por un tallo, es fácil ver la comunicación entre ambos.

Le pregunté a la hoja si tenía miedo porque el otoño había llegado y las otras hojas empezaban a caer. La hoja me dijo: «No, no tengo miedo. Durante toda la primavera y el verano estuve muy viva. Trabajé y ayudé a nutrir al árbol y gran parte de mí misma se encuentra en este árbol. Por favor, no digas que sólo soy esta pequeña forma, porque la forma de hoja es sólo una pequeña parte de mí. Soy todo el árbol. Sé que estoy en el árbol y que, cuando vuelva a la tierra, continuaré nutriendo al árbol. Es por eso por lo que no me preocupa. Cuando deje esta rama y surque el aire hasta la tierra, saludaré al árbol y le diré ‘hasta pronto’».

*

Tich Nhat Hanh,
maestro zen vietnamita,
Ser paz, 1999

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Koldo Aldai: Reverenciar la vida.*

Jueves, 27 de octubre de 2022

wgbu2jy7aarhoxyaxsjbhpuwnx6jc3sachvcdoaizecfr3dnitcq_3_0Hay ideas que maduran en el consciente colectivo, que empiezan a saltar de mente en mente, señal indubitativa de que les ha llegado su hora aguardada. Tal es el caso de conceptos como “espiritualidad ecológica” o “ecología profunda”, que expresan, al fin y al cabo, nuestro anhelo de vivir más insertos en la Creación, su armonía y sus ritmos, más en comunión respetuosa y amorosa con la Tierra, nuestra Madre, y sus Reinos. En el ocaso de una civilización desacralizada y meramente consumista, en los estertores del paradigma individualista-materialistas, en el agotamiento de la sociedad que depreda sin medida agua, cielo y tierra…, conviene abrazar estos pensamientos simiente-esperanza. Conviene también dilucidar cómo los querremos encarnar, aplicar en nuestra vida cotidiana. Todo ideario deberá buscar su compromiso o conexión con la realidad.

Si deseamos que nuestra ecología sea comprometida, verdadera y “profunda”, conviene acertar cómo y hasta dónde deseamos “cavar”. “Reverenciar la Creación” puede ser un ejercicio de adoración pasivo o puede invitarnos a una actitud más proactiva, por ejemplo a calzar buzo, a coger carretilla, rastrillo y azada. Proponemos reverenciar la Vida, no sólo en el reclinatorio apartado, sino en medio de Ella.

La urgencia planetaria de nuestros días demanda que esa ecología profunda arraigue de forma preferencial en la educación. La educación de hoy nos permitirá visualizar y predisponer la sociedad del mañana.  La huerta acerca al niño al asombro y éste desemboca a su vez en el agradecimiento. No podremos sumirnos en el sincero y profundo agradecimiento sin, en algún momento, dar con un Eco, sin encontrar Receptor, sin tropezar, tarde o temprano, con Aquello que nos desborda y que hemos convenido referir como “Dios”. Ese Dios, que felizmente ha mutado de arriba abajo nuestras vidas, siempre se hallará al final de todas nuestras rendiciones, no necesariamente al comienzo de la “instrucción” en el tradicional sentido del término.

Más que “conducir” (“educere”), abrir ventanas, puertas y oportunidades. Más que el ayer del encaminar, el mañana de creciente libertad y por lo tanto de sorpresa y descubrimiento.   Quien es “conducido” a menudo querrá tomar relevo, protagonismo, delantera; a veces también deshacer el camino. La conducción férrea puede anunciar el postrero peligro del extravío. Por lo tanto, no tanto “conducir” al alumno a Dios por los caminos ya trillados y a menudo gastados, sino levantar las vallas y cerrojos, propiciar las condiciones para que en algún momento del recorrido se dé ese “tropiezo sagrado”, esa singular experiencia sin retorno, ese “hallazgo” que no tendrá vuelta hacia atrás.

El agradecimiento a la postre siempre desembocará en el Misterio sin Nombre. Estamos dibujando un nuevo recorrido para llegar a Dios, un nuevo trazado con todos sus borrones inevitables, con todos sus errores y despistes, con todas sus desazones…, sobre todo desbordados y desbordadas de un nuevo entusiasmo (‘En -Theos‘, que lleva a Dios dentro).

No tanto el academicismo libresco, la recepción pasiva de conocimientos por “divinos” que semejen, sino la experiencia directa, protagonista y vital. No tanto la metafísica inasible, sino la física, los procesos naturales visibles y cercanos. Que el niño, la niña pueda llegar a Dios, a lo Inombrable no precisamente memorizando un catecismo ajeno, a menudo ininteligible; sino en medio de la Naturaleza, cavando la tierra con la azada, sembrando la semilla y aguardando a que la magia de la planta, de la flor, del fruto… se revelen, lenta y silenciosamente, ante sus ojos maravillados.

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Estamos cocreando una nueva educación que resuene con nuestra hora intensa, difícil, a la vez que cargada de oportunidades; una educación que prescinda cada vez más del aula pequeña entre las paredes e invite a salir al aula inmensa de la Creación, que nos permita darnos de bruces con su Origen. Ya no importa tanto los nombres que demos al Creador, tantas veces los Nombres nos han dividido y confrontado; lo que más nos interesa es propiciar ese santo “tropiezo”, capaz de enfocar nuestras vidas en el mejor de los sentidos: el de la absoluta rendición e infinito agradecimiento.

Koldo Aldai

* Resumen de la ponencia del autor en el próximo Encuentro Galilea 2022, “Espiritualidad ecológica”. https://www.centrovedruna.org/actividades/formacion/87/galilea-2022

Fuente Fe Adulta

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En ocasiones la vida.

Miércoles, 19 de octubre de 2022

De su blog Otro mundo es posible:

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De vez en cuando la vida
nos besa en la boca.
(Joan Manuel Serrat)

En ocasiones la vida
me brinda una nueva oportunidad
para salvar los restos del naufragio,
entonces vuelvo a recordar de dónde provengo
y decido el mejor camino hacia el que dirigirme.

En ocasiones la vida
me abraza y me da calidez y ánimo,
para poder abandonar mi refugio
y enfrentar el relente de la mañana,
recreando la luz de una inédita aurora.

En ocasiones la vida
derrama en mí semillas que un día,
sin esperarlo, germinan, florecen, maduran,
y tengo que retomar el sosiego
de la memoria para descifrar sus raíces.

En ocasiones la vida
hace que se acallen tantos ruidos
y vuelva arrobado mi corazón
al silencio que me reclama desde dentro,
a la atenta mirada sin tiempo.

En ocasiones la vida
se presenta con la apariencia
de un hombre o una mujer singular,
que despierta en mí la llama escondida,
que calma mi sed ardiente en su manantial.

En ocasiones la vida
me hace probar el amargo sabor de la muerte,
el irreemplazable vacío de la persona amada,
la dolorosa sensación de soledad, el desaliento,
que solo se alivia al revivir tantas experiencias vividas.

En ocasiones la vida
me regala la roja rosa de la amistad
y su aroma se despliega balsámico
por todos los pliegues del alma,
por cada rincón de mi casa abierta al encuentro.

En ocasiones la vida
me va desprendiendo a la hora del otoño
de las hojas secas, de las ramas estériles,
y me enseña la sabiduría de saber esperar,
a descifrar qué es secundario y qué es esencial.

*

Miguel Ángel Mesa

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad

“La misión es una dimensión constitutiva de la vida cristiana”, por Consuelo Vélez.

Miércoles, 12 de octubre de 2022

mision-dimension-constitutiva-vida-cristiana_2493060670_16224708_660x371De su blog Fe y Vida:

Octubre se ha considerado el mes de las misiones. Pero es importante aclarar que la misión no es una actividad puntual para un tiempo determinado, sino una dimensión constitutiva de la vida cristiana. En efecto, el cristianismo nació como una llamada a la misión. El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús resucitado confiando la misión a sus discípulos: “Vayan y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo he mandado” (Mt 28, 19-20).

Históricamente ese mandato misionero se fue quedando reservado a los clérigos y religiosos porque ellos se sentían responsables de la misión y el resto del Pueblo de Dios -el laicado- solo era receptor de la misma, sin sentirse capacitado para realizarla. Pero con Vaticano II, se comenzó a dar más protagonismo al laicado -como siempre debió ser- y poco a poco ha ido aumentando la conciencia misionera de todo el Pueblo de Dios. Con la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida en 2007, se buscó fortalecer esa dimensión misionera inherente a la vida cristiana, manifestándolo en el lema de dicho acontecimiento: Discípulos misioneros para que todos los pueblos en Él tengan vida. Actualmente, con la llamada del Papa Francisco a la sinodalidad, se siguen abriendo caminos para entender que la vida cristiana consiste en “caminar juntos”, donde todo el pueblo de Dios -clérigos, religiosos, religiosas y laicado- son responsable de la misión de evangelizar.

Pero ¿qué es la misión? Una respuesta podemos encontrarla en el evangelio de Lucas, cuando Jesús entra a la sinagoga de Nazaret y lee el texto del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de la gracia del Señor” (Lc 4, 18-19). La misión consiste en promover la vida en abundancia para todos, superando todo tipo de opresión y esclavitud. Nuestro Dios es el Dios de la vida y la misión ha de testimoniar esta realidad. Esa vida en abundancia se expresa en el culto y este fortalece para trabajar por la justicia, porque cómo dice el profeta Isaías el culto que agrada a Dios “es buscar lo justo, dar los derechos al oprimido, defender a la viuda (Is 1, 17).

Además de los sujetos implicados en la misión que, como ya dijimos, ha de ser todo el pueblo de Dios, la misión ha de entenderse en toda su complejidad. Hablamos de misión cuando se realiza el primer anuncio a todos aquellos que no conocen a Cristo. Este tipo de misión se le conoce como misión “Ad gentes” porque supone ir a lugares lejanos y a culturas diferentes, implicando toda la vida de los que se dedican a este tipo de misión ya que, al ir a otros lugares desconocidos, necesitan una generosidad inmensa para asumir condiciones adversas. Actualmente, este tipo de misión ha ido modificando su manera de comprenderse porque se ha entendido que la fe no se impone a nadie y se han de respetar las otras culturas con sus propias tradiciones. En este sentido, esta misión ha de abrirse al diálogo ecuménico e interreligioso y ofrecer con gratuidad la fe que se profesa.

También la misión se realiza entre los que habiendo oído hablar de Cristo, se han alejado de la fe. Este es uno de los inmensos desafíos en los países tradicionalmente cristianos donde parece imperar más un sentido religioso cultural que de opción personal. Aunque se acuda a los sacramentos, por ejemplo, estos constituyen más un acto social que un compromiso de fe. Pero más preocupante que esto es la inmensa mayoría que ya no práctica en absoluto su fe, ni transmiten a sus hijos ningún sentido religioso.

Finalmente, la misión también se ejerce entre los que practican su fe y la viven coherentemente porque la experiencia de Dios no es algo estático y conseguido de una vez para siempre, sino que ha de alimentarse, formarse, irradiarla, celebrarla. La vida cotidiana es misión, la celebración sacramental es misión, el compromiso social es misión, la vida entera es misión.

Conviene, por tanto, que este mes ampliemos el horizonte para valorar profundamente las misiones en regiones distantes y difíciles, pero sin dejar de lado la misión en la vida cotidiana y mucho menos la misión entre los que se han alejado. Sobre estos últimos, no podemos olvidar que muchos se alejan por el anti testimonio de los que nos llamamos cristianos, con lo cual, nuestra responsabilidad es inmensa y hemos de sentirnos urgidos a la coherencia y testimonio para producir frutos que los atraigan nuevamente a participar de la comunidad eclesial.

Ser discípulos misioneros constituye entonces dos caras de la misma moneda. No se puede afirmar que se ama a Cristo si ese amor no se hace expansivo y comunicativo en la misión. Pero, al mismo tiempo, no se puede amar a manos llenas a cada uno de los hermanos si ese amor no se alimenta de la palabra de Dios, de los sacramentos, de la vida fraterna. Ojalá este mes misionero reavive en todos, el deseo de comunicar la propia fe y, como decían los discípulos, sentir que no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído (Hc 4, 20). También agradecer la vida de tantos misioneros ad gentes, a quienes se les dedica más explícitamente este mes, para que sientan la fortaleza del envío y sigan siendo testimonio de la presencia de Dios en tantos pueblos que todavía hoy, no conocen a Cristo.

(Foto tomada de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/pobreza-en-colombia-y-america-latina-cinco-datos-mas-relevantes-563917)

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Vida en Cristo (2)

Jueves, 6 de octubre de 2022

Del blog Amigos de Thomas Merton: 

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“Al vivir en mí, Cristo es al mismo tiempo Él mismo y Yo mismo. Desde el momento en que me uno a Él “en un solo espíritu” acaba la contradicción implícita en el hecho de que seamos personas diferentes. Natural y físicamente, Él continúa como Hijo de Dios nacido de la Virgen bendita en Nazaret, que hizo el bien y murió en la cruz hace dos mil años. Yo persisto como la persona singular que soy. Pero mística y espiritualmente Cristo vive en mí desde el momento en que me uno a Él en su muerte y Resurrección, por el sacramento del Bautismo y por todas las instancias y episodios de una vida cristiana. Esta unión no es sólo un vínculo moral o un acuerdo de voluntades, ni siquiera un nexo psicológico que fluye desde el hecho de que lo mantengo en mis pensamientos. Místicamente, Cristo identifica a sus miembros consigo mismo al darles su Espíritu Santo”.

*

Thomas Merton

El hombre nuevo

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Honrar, siempre honrar…

Miércoles, 21 de septiembre de 2022

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También meteremos monedas en el bolsillo de su postrero barquero, también desearemos el mejor de los tránsitos a Isabel II. Supremo respeto a tan popular figura. Toda persona es sagrada, digna de honra, máxime si concita tanto encomio y admiración, si a lo largo de toda la geografía mundial se redactan apresurados infinidad de elogios, se la extraña ya tanto. Supremo respeto desde el momento en que crecen imparables las montañas de flores en su memoria y los peluches escalan a la carrera las rejas de su Palacio. Suprema honra por más que tantas cuestiones, en particular tanta opulencia, no terminemos de comprender. Trajo larga estabilidad y prosperidad a su nación, por más que su balanza, al igual que la nuestra y de todo congénere, tiene su ineludible contrapeso.

Feliz estancia al otro lado de la orilla a la reina de Inglaterra. Grato tránsito a la monarca recién fallecida, buen viaje a todo hijo o hija de Dios que, tras intenso pulso evolutivo, abandona su vestidura terrestre para retornar al hogar verdadero. Al otro lado del velo, por supuesto también para ella tiernos brazos, seres celestiales y trompetas de otros vientos, lujo y brillos que no caducan, palacios de genuino cristal.

Honrar, siempre honrar, por más que no comprendiéramos el Brexit, ni lo de las Malvinas, ni el bombardeo del Belgrano, ni el vasto imperio, ni la riqueza desmesurada… Honrar siempre honrar por más que huelgue ya el cuello de armiño y el cetro del medioevo, por más que creamos que hemos de progresar hacia estructuras e instituciones más horizontales, democráticas y compartidas; honrar siempre honrar porque nosotros también erramos e igualmente querremos ser recibidos con los brazos abiertos al culminar nuestra, tantas veces fallida, experiencia en la carne.

*

Koldo Aldai

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Vida en Cristo (1)

Viernes, 2 de septiembre de 2022

Del blog Amigos de Thomas Merton: 

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El cristianismo es más que un sistema ético, y también resulta claro que el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia consideran a Cristo como mucho más que un “profeta” o un gran Maestro. Como Hijo de Dios y segundo Adán, Él es la Cabeza y la Vida de toda la especie humana y, como tal, es el principio del que fluye hacía nuestras almas toda la fortaleza y la luz que nos reintegra a la divina semejanza y nos hace hijos de Dios, capaces de conocer y amar a Dios a la luz de la contemplación y de glorificarlo mediante la caridad perfecta hacía otros hombres. Jesús no nos enseña sólo la vida cristiana, la crea en nuestras almas con la acción su Espíritu. Nuestra vida en Él no es un asunto de simple buena voluntad ética. No se trata de una mera perfección moral. Es una realidad espiritual enteramente nueva, una trasformación interior”.

Thomas Merton

El hombre nuevo

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He venido a traer fuego a la tierra

Domingo, 14 de agosto de 2022

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 >Creo que la vida no es una aventura que debamos vivir según las modas que corren, sino con un compromiso encaminado a realizar el proyecto que Dios tiene sobre cada uno de nosotros: un proyecto de amor que transforma nuestra existencia.

Creo que la mayor alegría de un hombre es encontrar a Jesucristo, Dios hecho carne. En él, todo -miserias, pecados, historia, esperanza- asume una nueva dimensión y un nuevo significado.

Creo que cada hombre puede renacer a una vida genuina y digna en cualquier momento de su existencia. Cumpliendo hasta el final la voluntad de Dios no sólo puede hacerse libre, sino también derrotar al mal.”

*

Thomas Merton

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.”

*

Lucas 12, 49-53

***

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Los apóstoles, instruidos por la palabra y por el ejemplo de Cristo, siguieron el mismo camino. Desde los primeros días de la Iglesia, los discípulos de Cristo se esforzaron en convertir a los hombres a la fe de Cristo Señor no por acción coercitiva ni por artificios indignos del Evangelio, sino ante todo por la virtud de la Palabra de Dios. Anunciaban a todos resueltamente el designio de Dios Salvador, «que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4), pero, al mismo tiempo, respetaban a los débiles, aunque estuvieran en el error, manifestando de este modo cómo «cada cual dará a Dios cuenta de sí» (Rom 14,12), debiendo obedecer a su conciencia.

Al igual que Cristo, los apóstoles estuvieron siempre empeñados en dar testimonio de la verdad de Dios, atreviéndose a proclamar cada vez con mayor abundancia, ante el pueblo y las autoridades, «la Palabra de Dios con confianza» (Hch 4,31). Pues defendían con toda fidelidad que el Evangelio era verdaderamente la virtud de Dios para la salvación de todo el que cree. Despreciando, pues, todas «las armas de la carne», y siguiendo el ejemplo de la mansedumbre y de la modestia de Cristo, predicaron la Palabra de Dios confiando plenamente en la fuerza divina de esta palabra para destruir los poderes enemigos de Dios y llevar a los hombres a la fe y al acatamiento de Cristo. Los apóstoles, como el Maestro, reconocieron la legítima autoridad civil: «No hay autoridad que no venga de Dios», enseña el apóstol, que, en consecuencia, manda: «Toda persona esté sometida a las potestades superiores…, quien resiste a la autoridad resiste al orden establecido por Dios» (Rom 13,12). Y al mismo tiempo no tuvieron miedo de contradecir al poder público cuando éste se oponía a la santa voluntad de Dios: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29). Este camino lo siguieron innumerables mártires y fieles a través de los siglos y en todo el mundo.

La Iglesia, por consiguiente, fiel a la verdad evangélica, sigue el camino de Cristo y de los apóstoles cuando reconoce y promueve la libertad religiosa como conforme a la dignidad humana y a la revelación de Dios. Conservó y enseñó en el decurso de los tiempos la doctrina recibida del Maestro y de los apóstoles.

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Concilio Vaticano II,
Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, llss.

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Estad como los que aguardan…

Domingo, 7 de agosto de 2022

Teresa de Jesús, que vivió intensamente la vida, nos invita a nosotros a vivirla con agradecimiento, en atenta espera del Amado, con absoluta confianza porque nos sabemos de su rebaño…

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Teresa de Jesús vivió asombrada. ¿Acaso se puede vivir de otra manera la fe? El don de Dios, en el misterio de su humanidad, la dejó ‘espantada’, como ella decía. La oración interior fue su manera de responder al milagro de la Presencia: “En lo muy muy interior siente en sí esta divina compañía” (7Moradas 1,7). En estos días de agosto, de tiempo ordinario o vacacional, Teresa de Jesús nos invita a mirar asombrados “El amor que nos tiene Jesús porque … De tal manera ha querido juntarse con la criatura, que así como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar Él de ella” (7M 2,3).

Lo que escuchó María: ‘Para Dios nada es imposible’, fue, para Teresa de Jesús, la fuerza que la empujó a realizar los sueños de Dios, desafiando las dificultades. Le decían que la vida nueva que quería vivir era “un disparate” (V 32,14), que las mujeres “no han menester esas delicadeces” (Camino 21,2), pero Jesús había juntado su debilidad con su poder, había engrandecido su nada. A nosotros, tentados tan a menudo por el desaliento, nos conviene escuchar el coraje de Teresa de Jesús: “Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, murmure quien murmurare” (C 21,2).

Lo que le oyó a Jesús Teresa es un excelente programa de vida para nosotros: “Que mirase por sus cosas (las de Jesús), que Él miraría por las suyas” (7M 3,2). “No hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen” (7M 4,16). Ahí está la belleza del testimonio: “Sea Dios alabado y entendido un poquito más, y gríteme todo el mundo” (7M 1,5).

*

Tomado del boletín teresiano del CIPE

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***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”

Pedro le preguntó:

“Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”

El Señor le respondió:

“¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.”

*

Lucas 12, 32-48

***

Dichosos los que han optado por vivir con sobriedad para compartir sus bienes con los más pobres. Dichosos los que renuncian a más ofertas de trabajo para resolver los problemas de los parados.

Dichosos los funcionarios que agilizan los trámites burocráticos e intentan resolver los problemas de las personas no informadas.

Dichosos los banqueros, los comerciantes y los agentes de venta que no se aprovechan de las situaciones para aumentar sus beneficios.

Dichosos los políticos y los sindicalistas que se comprometen a encontrar soluciones concretas al paro.

Dichosos nosotros cuando dejemos de pensar: «¿Qué mal hay en defraudar? Lo hacen todos…».

Entonces, la vida social se convertirá en una anticipación del Reino de los Cielos.

*

Paul Abela.

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Carpe Diem versus Codicia

Domingo, 31 de julio de 2022

 

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¿En qué consiste esto al fondo vivir plenamente las horas de su existencia, ?

No restrasarse a lo que contradice la plenitud del instante; no contrariar ni a la naturaleza, ni a su propia naturaleza; cazar las nubes amenazadoras de las dudas, el viento contrario de las adversidades, la degradación de las predisposiciones positivas y benévolas; desbordar los territorios apretados de la rutina abriéndose en horizontes más amplios.

El Carpe Diem de Horacio nos invita a recoger el día como una fruta llena de jugo. “Nada es más precioso que este día” decía a Goethe para celebrar el el esplendor de lo inédito que brota de la ganga ordinaria de los días.

Abordar mañana por la mañana, y cada mañana, en su frescura aperitiva, en su candor inaugural.

Encontrar la fuente pura de los comienzos, el apetito constante de los descubrimientos y de los encuentros fundacionales, el fervor no comenzado frente a un destino que hay que dar a luz.

Recuerda que hoy es el primero de los días que te quedan por vivir …

*

François Garagon

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En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:

“Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.”

Él le contestó:

“Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?”

Y dijo a la gente:

– “Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.

Y les propuso una parábola:

“Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.”

Y se dijo:

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.”

Pero Dios le dijo:

“Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? “

Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.”

*

Lucas 12, 13-21

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***

La primera lectura y el evangelio nos ofrecen estímulos no sólo para la meditación y la oración, sino también para obtener una visión más amplia de las cosas en Dios.

El drama de la «vanidad» consiste en el hecho de que las cosas tienen su belleza y su bondad, que atraen el ojo y el corazón del hombre, el cual, en un segundo momento, experimenta con decepción su falacia. De este proceso habla el autor del libro de la Sabiduría. Para él, está claro el principio fundamental: «Por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre, por analogía, a su Creador» (13,5). Sin embargo, los hombres corren el riesgo de mostrarse miopes: «Se dejan seducir por la apariencia» y «maravillados por su belleza, las tomaron por dioses». De ahí el reproche: «Verdaderamente necios…» (13,1.3.6.7). El espíritu humano, «si se libera de la esclavitud de las cosas» (GS 57), puede pasar de una manera expedita de la admiración por ellas a la contemplación del Creador: «Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad» (Rom 1,20).

El Dios creador es el mismo Dios salvador que nos ha enviado a su Hijo. En el evangelio de hoy, meditado a la luz de su contexto inmediato y el del capítulo siguiente (16), Jesús nos abre de una manera gradual los ojos hacia un horizonte cada vez más extenso, un horizonte que nos introduce en la visión de Dios y de su plan sobre el hombre. Si Qohélet se inclinaba a equiparar a hombres y bestias -«No ha superioridad del hombre sobre las bestias, porque todo es vanidad» (3,19)-, Jesús nos revela, en cambio, que existe una gran diferencia: «La vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido.. y vosotros valéis mucho más que los pajarillos» (12,23ss). Nos muestra sobre todo que la administración de esta vida, aunque esté revestida de fragilidad, es decisiva para la futura: «Enriquecerse ante Dios» significa tratar con desprendimiento los bienes de la tierra para hacernos «un tesoro inagotable en los cielos» (12,33). Jesús no nos pide que despreciemos las riquezas de este mundo, sino que las valoremos en relación con un bien inmensamente mayor: la vida eterna.

Dios nos ha mostrado que la vida del hombre es preciosa a sus ojos al dejar que su Hijo diera su vida por nosotros. De este modo, el Hijo ha liberado de la «vanidad» a los hijos de Dios y a toda la creación, indicando su sentido último (cf. Rom 8,19-25). Al bordar con «las obras buenas» el tejido de las frágiles realidades humanas, nos preparamos una «feliz esperanza» (Tit 2,13ss). Ahora bien, el arco iris que une la vida presente con la futura sólo es visible para quien cree en el Señor Jesús, muerto y resucitado: el Padre «por su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable» (1 Pe l,3ss).

Realizar la experiencia de la contemplación a partir de las lecturas de hoy, tras haber meditado y orado sobre ellas, significa, por tanto, pasar de la reflexión sobre la Palabra de Jesús, que nos ilumina sobre la necia y la prudente administración de los bienes, a la visión de la «extraordinaria riqueza de la gracia» de Dios preparada «para nosotros en Cristo Jesús» (Ef 2,7).

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