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La Pascua: Amenaza de vida

Miércoles, 14 de abril de 2021

Resucitado_2328677121_15455952_660x371La humanidad caminaba perdida y ha encontrado una senda

“Celebrar este momento es descubrir que nada puede permanecer inamovible, que tenemos vocación de vida, de eternidad”

“Una explosión de luz, de primavera, de esperanza, inunda a toda la iglesia”

“Hoy resuena con la misma fuerza el grito de la esperanza en la catedral de San Patricio de Nueva York y en las favelas de Río de Janeiro”

“Si es verdad que habita en nosotros el pecado –todos somos pecadores- hoy desborda en nosotros la gracia”

Estamos de Pascua. Estamos de paso. Celebrar este momento es descubrir que nada puede permanecer inamovible, que tenemos vocación de vida, de eternidad.

Componiendo este misterio que es la vida siempre nos falta una pieza. ¿Cómo componer este puzzle de la vida si nos amenaza la muerte?

 Jesucristo se ha entregado totalmente por amor y en esa totalidad de su entrega comunica toda la fuerza   de   la   resurrección.  Es   el   espíritu   que   da   vida,   la   carne   para   nada   aprovecha.  La resurrección de Cristo nos invita a centrar nuestra mirada en la vida, en lo que produce vida y no en lo que se muere, se marchita y sucumbe.

Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe, seríamos los más necios de todos los hombres.

Pero Él vive, sentimos la fuerza transformadora de su presencia, y este acontecimiento llena de luz y de sentido todos los pasos de nuestra existencia.

La humanidad caminaba perdida y ha encontrado una senda.

Se nos echaba encima la noche del sinsentido y nos ha visitado el sol que nace de lo alto.

Una explosión de luz, de primavera, de esperanza, inunda a toda la iglesia.

 En la vida de Jesús subyace toda una fuerza de moverse y vivir conforme al pensamiento y querer del Padre Eterno. Jesús no ha hace nada fuera de la comunión con el Padre. Todo en él es buscar agradar al Padre y lo busca y lo hace en completa obediencia, aun cuando pueda tener la incertidumbre de que pueda venir más adelante; su obediencia confiada en hacer lo que el Padre le pide es porque tiene la garantía de que el Padre todo lo lleva a feliz término.

El Padre siempre le ha cumplido, aún a pesar de experimentar el miedo, la angustia, la soledad – en esta experiencia sufrida se tritura el trigo- pero sabe que el Padre lo sacará adelante en su promesa, el Padre siempre cumple. Así podemos entender a Abraham cuando el Señor le dice sal afuera de la tienda y contempla el cielo para que veas que tu descendencia será tan grande e incontable como las estrellas del cielo, cuya descendencia resplandecerá, será luz, se hará notar. En la resurrección de Cristo estamos invitados a ver que el Padre eterno ha realizado un plan perfecto con su Unigénito Jesús, quien es el que conoce el pensar del Padre y del amor infinito quede Él brota para toda la creación y como la quiere redimir.

El grito de alegría, ¡aleluya!, resuena en este instante con igual fuerza en todas las comunidades cristianas, en las grandes catedrales góticas y en las humildes chozas africanas; en el corazón de las grandes urbes y en el interior de las selvas donde los misioneros se empeñan por erradicar el hambre, la enfermedad y la incultura.

-Hoy resuena con la misma fuerza el grito de la esperanza en la catedral de San Patricio de Nueva York y en las favelas de Río de Janeiro.

El Señor ha vencido a la muerte y nos ha hecho portadores de vida. La Buena Noticia no es sólo para los que viven bien, es sobre todo para los que sobreviven.

 Solo en Cristo, el Padre lo puede restablecer todo porque Cristo ha sido obediente hasta la muerte de Cruz. Sólo a través de alguien plenamente dócil y obediente a la perfección es como el Padre puede realizar su proyecto y nosotros, como humanidad, poder experimentar todas las gracias y la corona de estas gracias es la vida eterna que se revela en la resurrección. Por eso Jesús dirá a los discípulos ustedes son mis amigos   si   hacen   lo   que   yo   les   digo;   el   que   me   ama   cumplirá   mi   palabra   y   el   Padre   y   yo vendremos y haremos en él nuestra morada.

Ex1QVQPWUAMJKVoEs decir que actuar en plena obediencia a Jesús como Palabra, Camino, Verdad y Vida significa actuar en una armonía de comunión con el Padre y Jesús en la acción del mismo Espíritu Santo que nos va comunicando todas las gracias para conducirnos en la verdad y superar cualquier tentación de engaño, en cuya área es especialista el Maligno, y es la única manera de vencer la oscuridad del mundo y la tentación del diablo si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo.

Como experimenta Jesús en el desierto: movido por el espíritu fue al desierto siendo tentado por Satanás y al final el diablo se retira porque no pudo con Jesús porque tenía la claridad de lo que el Padre quería de él y aunque el diablo lo intentó de todas las formas diciéndole: “Si eres el hijo, haz esto, está escrito en la palabra sagrada y ni así cedió Jesús ante la astucia sagaz del diablo, porque el mismo espíritu del Padre estaba guiando a Jesús.

Es el momento de recuperar nuestro orgullo de hombres y  mujeres creyentes. Porque si es verdad que habita en nosotros el pecado –todos somos pecadores- hoy desborda en nosotros la gracia.

¿De qué nos sirve un Cristo resucitado si tenemos un corazón moribundo?

¿De qué nos sirve un Cristo vivo si apostamos por una cultura de muerte?

¿De qué nos sirve un Cristo triunfante si no vamos a hacer nada para que los niños del tercer mundo no sigan muriendo famélicos? 

 Así nosotros en nuestra vida diaria, en las luchas y combates que la misma fe tiene que enfrentar, tenemos   que   tener   siempre   la   conducción   del   Espíritu   Santo   para   que   en   obediencia   total podamos ser dóciles en el cumplimiento de la voluntad del Padre y que se revele todo lo que el Padre y trae de plan detrás de la vocación que cada uno de nosotros ha recibido. ¡Cuántas cosas bellas el padre eterno quiere revelar en cada uno de nosotros si somos capaces como Cristo de cumplir fielmente su voluntad!

Se trata en este tiempo de Pascua de:

Renovar hoy el amor de los esposos, creciendo en entrega y fidelidad.

Suscitar el diálogo y la entrega en el seno de las familias.

Educar a los niños en los valores del evangelio y en las buenas costumbres que hemos recibido de nuestros mayores.

Apostar por una cultura de vida: sin racismos, intolerancias o fanatismos.

Apoyar los movimientos que contribuyen a crear lazos de solidaridad entre los pueblos: Justicia y Paz, Cáritas…

Amar y cuidar la naturaleza, como don precioso que es, respetando los árboles, los ríos, el aire que respiramos…

Sostener la inmensa y callada labor de los misioneros que trabajan en la vanguardia de la iglesia, al pie de los que sufren, rodeados de peligros y carencias, a pesar de las campañas difamatorias e interesadas que de vez en cuando algunos periódicos difunden por oscuros intereses.

Sentirnos todos un pueblo de Dios, en camino, comprometidos con nuestra iglesia, valorando los sacramentos como lugar de la presencia de Dios, sintiéndonos activos en la comunidad y no simples consumidores de culto.

En definitiva, es ver la vida con otros ojos, con otra mentalidad, sin caer en la trampa del individualismo, de ir cada uno a nuestros asuntos, como si sólo existiera nuestro mundo.

Un antecedente en libertad que tenemos es cómo actúan los primeros padres: Adán y Eva; ellos se dejan engañar por la serpiente y son expulsados del mismo paraíso porque no están en disposición de vivir en armonía con la voluntad del Padre.

Siempre en nuestra libertad nos decidimos si adherirnos desde la fe al Proyecto del Padre que siempre hará desbordar la vida en abundancia. En el Padre florece la vida sin término.

Para algunos el acontecimiento es intranscendente. “Habrán robado el cuerpo”, decían los judíos.

Como si la existencia de Dios viniera a robarnos la libertad humana o pusiera límite a nuestras aspiraciones.

“¡Dios ha muerto! -Decía Nietzsche- la ciencia lo ha matado”. Pero quien realmente ha muerto ha sido Nietzsche y Dios sigue vivo en la confesión y en la vivencia de millones de creyentes.

-Mirad cómo lo dice un himno de la liturgia de las horas:

Quien diga que Dios ha muerto que salga a la luz y vea

Si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto.

Ya no es su sitio el desierto ni en la montaña se esconde,

Decid, si preguntan dónde, que Dios está sin mortaja

En donde un hombre trabaja y un corazón le responde.

-No podemos dejar que sean enjauladas las voces proféticas que nos recuerdan los valores auténticos de la vida.

Centenares de mártires de ayer y de hoy siguen siendo un compromiso permanente por la verdad y la justicia.

-Hay intentos actuales por amordazar a la iglesia, por desprestigiarla desde situaciones y pecados particulares, por acallar su voz profética, pero está avalada por la fuerza del Espíritu de Jesús resucitado que la sostiene y camina con ella.

-Es verdad que hay pecado en la iglesia –Es nuestro propio pecado, el de cada uno de nosotros. Donde hay hombres hay pecado-. Pero también está su deseo profundo de seguir a Jesús, de ser buena nueva para los pobres, de trabajar incansable por la dignidad del ser humano como imagen de Dios.

Resurreccion_2228187166_14568411_667x375 Por eso Jesús dirá: “Todo está cumplido.”  Él ha hecho su obra y, por tanto, con confianza dirá Padre en tus manos encomiendo mi espíritu: la vida, la fuerza, la luz que tú me diste y que me hace tu hijo. Con esa fuerza del espíritu el Padre Resucita a Jesús. El espíritu siempre vive la carne para nada aprovecha.   Nuestra   mirada   de   fe   esta   llamada   a   caminar   en   horizontes   abiertos,   infinitos sorprendentes, plenos y siempre felices superando la angustia, el dolor, el sufrimiento; después de la pasión y cruz siempre hay resurrección en Cristo Camino, Verdad y Vida para nuestros pasos del diario caminar.

El Cristo resucitado está fraguando un futuro nuevo para cada hombre y para toda la humanidad en su conjunto.

-Nuestra historia, la humanidad entera, ha saboreado con demasiada frecuencia el vinagre del dolor, del sufrimiento, de la injusticia, de la guerra.

-¡Cuánto dolor abierto en el costado de la humanidad¡

-¡Cuánta tristeza y soledad en el corazón del hombre moderno  a pesar de su saber y de su técnica¡

¿Adónde iremos? ¿Quién, si no tú, Señor de la vida, Cristo de la luz, tiene palabra de vida eterna?

Hermanos y hermanas, es tiempo de gloria, de gracia, de luz. No desaprovechemos la ternura divina que pasa por nuestra puerta. Descubramos a Jesús presente y cercano en medio de nuestra comunidad. ¡Feliz pascua¡

  Y a Cristo, el Señor resucitado, la gloria, el honor y el poder por los siglos de los siglos.

Con el cierzo que azota la colina

murió el romero, flor de la ladera;

clavado en cruz, desesperado, espera

el milagro de luz que se avecina.

La rama, por el hielo mortecina,

enamorada de la primavera,

ahogada en el dolor de su ceguera,

añora un rayo de savia divina.

Así mis manos, de orgullo sangrantes,

se encallecieron para la oración

y ya no aman como amaron antes.

Así los ojos de mi corazón,

yertos de invierno, sueñan apremiantes

con un destello de resurrección.

Fuente Religión Digital

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Una visión que nos transforma

Jueves, 8 de abril de 2021

Del blog de Henri Nouwen:

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La resurrección no es sólo un acontecimiento post mortem, sino una realidad de la vida cotidiana. Nuestra preocupación por el cuerpo nos convoca a una unidad más allá de la organización, a una intimidad más allá del erotismo y a una integridad más allá de la totalidad psicológica. Unidad, intimidad e integridad son las tres cualidades espirituales de la vida resucitada”.

Somos el pueblo de la resurrección, que vivimos la vida con una gran visión que nos transforma mientras vivimos

*

Henri Nouwen

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Fidel Aizpurúa: El triunfo de los pequeños. Retiro en la Pascua de 2021.

Jueves, 8 de abril de 2021

Golden-tailed Sapphire (Chrysuronia oenone) (♂) Small hummingbird flying and static suspended on a background of green leaves and plants and blue colors, with outstretched wings looking to the right Hay un librito de Carlos Severri con este título. En él pretende motivar a los niños al juego del ajedrez, haciéndoles ver que también los pequeños pueden ganar partidas a los grandes. Y eso puede hacernos conectar con la espiritualidad de la Pascua: un triunfo de pequeños, de derrotados, de caídos que se levantan.

La fe ha envuelto la celebración de la Pascua de brillo, de luz, de épica, de triunfo. Consideramos que la Pascua no solamente es un triunfo grande de Jesús, sino que es el triunfo máximo de la vida. Y es cierto. Pero no hay que olvidar su origen: ¿cómo entenderían los primeros seguidores el triunfo de la resurrección? ¿Como algo para ser publicitado a bombo y platillo o como algo hermoso, pero pequeño, que se guarda en el corazón y que saca a la persona de sus derrotas?

Puede ser la Pascua un tiempo bueno para, uniéndose a Jesús, celebrar los pequeños triunfos de cada día como lenguaje de vida y de esperanza. Quizá en lo pequeño habite mayor verdad que en las celebraciones pomposas. Tal vez la resurrección de Jesús es el lenguaje de vida en lo pequeño, en lo pobre, en lo humilde. No se quiere quitar esplendor a la Pascua, sino situarla en otro marco, más entrañable, más vivo y, tal vez, más real.

De esta manera puede que la Pascua de este año pase de ser una verdad de fe a convertirse en un sencillo dinamismo de vida. Saber que hay triunfo en lo pequeño es lo que puede hacer que el seguidor de Jesús viva su resurrección como promesa del propio triunfo, más allá de cualquier limitación.

1. La luz de la poesía

La verdad poética nos ayuda a pensar la fe con más hondura:
Con frecuencia creemos, oscuridad,
que ocupas todo el espacio
y que nada escapa a tu poder.
Apenas somos capaces de contemplar
la pequeña lumbre que vacila, temblorosa,
en el centro de tu dominio.
Pero, de pronto, algo ocurre en nuestro corazón
y el mundo invierte su destino.
Entonces, oscuridad, te repliegas
hasta los bordes de la existencia
y tu trono es usurpado por la luz.
Expulsado el infierno de nosotros,
el resplandeciente nos otorga su gracia.
Y su sutil, invencible, sonrisa.

R. Argullol

· La vida nos lleva, a veces, a creer, falsamente, que todo es oscuridad, que no hay espacio para la luz, que lo nuestro está amasado en el sinsentido, que no tenemos salida y que, por ello, no hay esperanza. La derrota de la luz es la más triste de las derrotas.

· Esa oscuridad es la que impide el gozo de la contemplación de la luz pequeña que habita en lo oscuro, la pequeña llama que tiembla en cada buena acción, en cada palabra amable, en cada gesto de un corazón que se entrega.

· Pero ocurre que se produce un milagro: la oscuridad se repliega, se encoge y se oculta, deja de oprimir. Y el gozo de la luz surge, pequeño, pero tenaz. Algo de eso es la resurrección de Jesús: la pequeña fuente del gozo que nos dice que nunca se agotará la esperanza y que la alegría será la tierra de quienes aman. Y en esa tierra no habrá infierno porque habrá sido expulsado.

· La sutil sonrisa de Jesús vivo es el mejor signo de resurrección. Celebrar la resurrección es sentirse bien bajo esa sonrisa que nos habla de amor y de vida en nuestros caminos cotidianos, en nuestros trabajos comunes, en nuestras vidas ciudadanas.

2. La luz de la Palabra: Lc 10,17-20

«Los setenta regresaron muy contentos y le dijeron: – Señor, hasta los demonios se nos someten por tu nombre. Él les contestó: – ¡Ya veía yo que Satanás caería del cielo como un rayo! Yo os he dado la potestad de pisar serpientes y escorpiones y todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá haceros daño. Sin embargo, no sea vuestra alegría que se os someten los espíritus; sea vuestra alegría que vuestros nombres están escritos en el cielo».

– El texto pertenece al tema de la misión. Es la vuelta gozosa que narra el triunfo humilde de los discípulos que han comprobado que el mandato de Jesús de “liberar de los demonios”, de ayudar a que los pobres tengan esperanza, ha funcionado. La esperanza de la libertad se ha despertado en el corazón de los pobres y el demonio de la opresión ha dado un paso atrás.

– La caída de Satanás es la caída del desaliento, de la pérdida de ilusión, del desconcierto, de la perplejidad. El Satán que bloquea la vida, que la paraliza y la somete, cae al abismo y renace la esperanza. Es posible el pequeño triunfo en la vida de los humildes, triunfo que habla el lenguaje de la posibilidad de tiempos mejores.

– Nada podrá hacer daño a quien siembra amor, a quien celebra el humilde triunfo de la vida, porque se ha instalado dentro de él la certeza de que el mal no dirá la última palabra. Quien se asocia al triunfo de Jesús se inmuniza contra el desaliento.

– El triunfo de lo pequeño lleva a la alegría mayor: saber que se es ciudadano del reino, que el gozo es el horizonte al que está destinado lo creado, sea cual sea su trayectoria histórica.

3. Ahondando

· Contra el sentimiento de derrota: un sentimiento que, con frecuencia, se apodera de las entrañas de la persona. La resurrección, el triunfo de lo pequeño, pone una nota de color y de esperanza en la grisura de nuestros caminos cotidianos y da fuerza para superar ese sentimiento. Incluso nos dice que, más allá de los fracasos, la vida está destinada al éxito y que tal éxito no se nos negará. Si se nos negara, la resurrección habría sido en vano.

· Celebrar el presente y sus logros: porque no se puede negar que en la vida logramos pequeños éxitos que nos alivian. Celebrar el triunfo sería una inyección de entusiasmo para la vida. Y sería también un acto fe: aquel que cree que el triunfo del resucitado cobra rostro en los pequeños triunfos de cualquiera de los humanos. Eso nos ayudaría a suavizar el, a veces, áspero camino de nuestra vida.

· La última palabra será de ánimo, no de derrota: si nuestra vida, el cosmos mismo, terminara en derrota, la resurrección habría sido en vano. Este universo al que pertenecemos puede que acabe en un caos de extinción. Pero aun así, ese caos será un grito de triunfo, el triunfo de lo acabado, de lo logrado, de lo expandido hasta sus últimos límites. Esta clase de certezas nos pueden sostener cuando se nubla el horizonte.

· Renace la esperanza, da un paso atrás la muerte: así reza un himno de Laudes. La resurrección de Jesús es el renacimiento de la esperanza en las pequeñas grietas que deja abiertas la vida. Cada día asistimos a este retroceso de la muerte, hasta que llegue el día sin luto ni llanto, como dice Ap 21,4. Quizá no nos percatemos de ello, envueltos como estamos en muchos dramas en que la muerte es su componente. Pero la utopía de un mundo de vida plena, sea cual sea la forma de lograrlo, es una realidad viva.

4. Triunfos pascuales

Leyendo el diario caminar humano, detectamos una serie de pequeños triunfos que podríamos denominar como “pascuales”, incorporados al triunfo humilde y hermoso del Resucitado:

· El triunfo de la persistente lucha contra la enfermedad: algo que vemos en esta pandemia. Más allá de planteamientos cuestionables, percibimos el denodado esfuerzo por librar al mundo de una plaga que le aflige. Y, aun contando con intereses discutibles, hay que decir que nunca se había trabajado en modos más colaborativos, más universales, más coordinados. Queda mucha tarea por hacer, pero jamás la humanidad ha tirado la toalla frente a la enfermedad. Su historia es una historia de lucha. Así se construye el triunfo de la resurrección.

· El triunfo de la preocupación por el frágil: cosa que existe en nuestra sociedad, aunque todavía quede un largo camino por recorrer. No están secas las entrañas de lo humano cuando nos conmueve la muerte de una pequeña emigrante en el muelle de Arguineguín; no estamos secos cuando los centros de día están bien atendidos, aunque cuesten mucho dinero; no estamos acabados cuando vemos a tantos ancianos del brazo de un cuidador/a; no estamos arruinados cuando se libra una continua batalla contra los abusos sexuales a menores. Queda mucho por hacer, pero se está haciendo ya.

· El triunfo de la empresa que no despide: ya que en este caos económico en que nos ha sumido la pandemia, muchas empresas están al borde del abismo. Y se empeñan en no despedir, bien sea por vía ertes, o por estirar los recursos hasta el límite. Los empresarios modestos saben que el despido es la puerta que se abre a la exclusión. Por eso, luchan con los pocos medios que tienen en su mano para que esa situación se retrase lo más posible y que, incluso, no llegue a darse.

· El triunfo de la solidaridad que no admite espera: porque para muchos es discutible, pero para quien está ahogado, no. Nos referimos a las llamadas “colas del hambre” que aumentan exponencialmente en estos tiempos de pandemia: personas que se han visto echadas a la pobreza y obligadas a pedir para comer. Es una solidaridad, ya lo decimos, discutible desde muchos lados. Pero quien pone algo en esa cesta vacía que se abre ante él, ayuda a triunfar un poco sobre la muerte social.

· El triunfo de las opciones respetadas: triunfo que nos cuesta mucho, porque se piensa que mi manera de ver las cosas es la correcta. Las diferentes opciones en temas de sexualidad, en temas del final de la vida, en temas de bioética, son respetadas por muchos, aunque a uno no le convenzan. Hacer una ofrenda de la propia manera de pensar hacia la forma distinta de ver las cosas del otro es, sin duda, un lenguaje de resurrección. Es un lenguaje para muchos costoso; toda entrega es costosa.

· Los pequeños triunfos de nuestro día a día: porque sería muy raro que hubiere alguien que logra nunca un pequeño triunfo. Celebrar esos logros es muy saludable y hace que la vida y la fe nos hablen el lenguaje de la esperanza. Conectar esos triunfos humildes con el triunfo del resucitado Jesús les da un horizonte espiritual y un dinamismo que nos empodera y nos hace más inmunes a la derrota.

5. Itinerario pascual

· 1ª Semana (4-10 de abril): celebrar la lucha contra la enfermedad cumpliendo exquisitamente las normas sanitarias y llevando a la oración las situaciones de enfermedad de personas cercanas.

· 2ª Semana (11-17 de abril): celebrar el acompañamiento que se da a los mayores visitando con tiempo amplio a alguna persona mayor. Orar por nuestras casas de mayores.

· 3ª Semana (18-24 de abril): celebrar los esfuerzos de los pequeños empresarios por no despedir. Llevar a la oración a personas que conozcamos que están en erte o en el paro.

· 4ª Semana (25 de abril-1 de mayo): celebrar que haya sensibilidad para llenar las cestas vacías de quien pasa necesidad. Colaborar de algún modo en esa tarea a la vez que se alza la voz pidiendo justicia para los descartados.

· 5ª Semana (2-8 de mayo): celebrar que la sociedad respete cada vez más las opciones personales, aunque a mí no me convenzan del todo. Llevar a la oración el nombre de alguna persona que sufra por sus opciones personales.

· 6ª Semana (9-15 de mayo): celebrar los triunfos personales de cada día. Dar gracias en la oración por algún pequeño triunfo conseguido durante la jornada.

· 7ª Semana (16-23 de mayo): semana de agradecimiento por la resurrección de Jesús y por todos los rostros de resurrección que aparecen en nuestro entorno.

Conclusión

Puede parecer muy modesta y despojada de brillo esta manera de celebrar el triunfo humilde y hermoso de la resurrección de Jesús. Pero se encierra en él un dinamismo, un aliento, que nos puede ser muy útil. Más aún: si esto se vive en comunidad, las posibilidades de celebrar gozosa y aprovechadamente la Pascua se potencian. Que se nos dé el don de la sonrisa del resucitado.

Fidel Aizpurúa

Fuente Fe Adulta

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Ante la Cruz…

Viernes, 2 de abril de 2021

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ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

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III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

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II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

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III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

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Bendecir la vida.

Viernes, 26 de marzo de 2021

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Anunciar la resurrección no es anunciar otra vida, sino mostrar que la vida puede ganar en intensidad y que todas las situaciones e muerte que atravesamos pueden transformarse en resurrección.

Un gran poeta francés, Paul Eluard, decía: “Hay otros mundos, pero están en este”. Así es como debemos pensar en la resurrección. Creo que debemos intentar participar un poco en esta realidad, esto es, intentar convertirnos en hombres de resurrección, testimoniando una moral de resurrección como una llamada a una vida más profunda, más intensa, que finalmente pueda deshacer el sentido mismo de la muerte. Pues estoy convencido de que el gran problema de los hombres de hoy es precisamente el problema de la muerte. Pienso que el lenguaje que debemos utilizar para dirigirnos a los hombres es ante todo el ejemplo que debemos dar, el lenguaje de la vida: con este lenguaje lograremos que comprendan lo que significa resurrección.

Nos hacen falta profetas quizás un poco locos. Sí, porque la resurrección es una locura, y hay que anunciarla a lo loco: si se anuncia de un modo “educado”, no puede funcionar. Debemos decir: “Cristo ha resucitado”, y todos nosotros hemos resucitado en él. Todos los hombres; no sólo los que pertenecen a la Iglesia, todos. Y entonces, si en lo más hondo de nosotros la angustia se transforma en confianza, podremos hacer lo que nadie se atreve a hacer hoy: bendecir la vida.

Hoy los cristianos son cada vez más minoritarios, casi en diáspora. ¿Qué relación tiene esta minoría con la humanidad entera? Esta minoría es un pueblo aparte para ser reyes, sacerdotes y profetas; para trabajar, servir, orar por la salvación universal y la transfiguración del universo, para convertirse en servidores pobres y pacíficos del Dios crucificado y resucitado.

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Olivier Clément,
cit. en En el drama de la incredulidad con Teresa de Lisieux,
Verbo Divino, Estella 1998.

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De mi propia vida

Sábado, 20 de marzo de 2021

Un libro recomendable desde todos los puntos de vista…

Del blog Nova Bella:

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” No puedo fingir que no tengo miedo a la muerte. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores. Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura”

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Oliver Sacks

9788433963956

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Miguel Ángel Munárriz: La vida.

Jueves, 11 de marzo de 2021

ADN_estrellas-976x612Primero fue la materia, luego la vida, luego la inteligencia, la conciencia, la libertad, el amor… Desde nuestra posición en lo alto de la escala evolutiva, todos estos conceptos nos resultan tan familiares que hemos perdido la capacidad de asombrarnos con ellos, de quedar fascinados por ellos, de alucinar pensando que —como se afirma desde ambientes científicos y filosóficos— «ha sido nuestra existencia la que ha determinado la estructura del universo», de sentirnos profundamente agradecidos por esta morada que Dios preparó para nosotros con montañas, con mar, con estrellas, con sol, con atardecer, con vida, con alegría, con amor…

Todo ello fascinante, pero hoy nos vamos a centrar en la vida.

Antes no había vida; en aquel mundo inerte ni siquiera el concepto “vida” tenía ningún significado; era imposible concebir una idea tan radicalmente distinta a la única realidad existente. Pero en un momento dado ésta aparece… ¿Y en base a qué?…

Desde el ámbito científico se afirma que ciertos elementos químicos se combinaron para formar moléculas orgánicas cada vez más complejas; que éstas se agruparon creando unos aglomerados caóticos llamados protobiontes, y que uno de ellos acabó convertido en célula viva; una bacteria. Y en buena lógica, la cosa debió ocurrir más o menos así, pero este relato presenta una seria inconsistencia, y es que la materia no tiene la facultad de generar vida.

La vida es una realidad ontológica —una forma de ser— muy superior a la materia, y en la Naturaleza nada puede ser origen de algo que está más alto en la escala ontológica. Cuando muere un ser vivo desciende en esta escala porque pierde la vida, pero los muertos no pueden resucitar; no pueden ascender. La experiencia nos dice que no se puede hacer surgir algo de la nada, ni dotar de vida a un ser inanimado ni de conciencia a un animal irracional…

Por tanto, el relato científico queda cojo, y no porque esté mal planteado, sino porque le falta un elemento crucial: que la estructura celular que se formó por evolución tuvo forzosamente que recibir un “principio vital” para ponerse en funcionamiento. En la Grecia clásica a este principio vital se le llamaba alma —ánemos (ánima, en latín). Un ser vivo está animado, y cuando el alma, el ánima, le abandona, se convierte en un ser inanimado.

El misterio de la vida no está en saber cómo se formaron los nucleótidos o aminoácidos, ni en cómo estos polimerizaron, ni en cómo llegaron a convertirse en estructuras celulares, sino en cómo el “principio vital” se coló en la Tierra dando lugar a la vida… La Biblia nos dice que fue el soplo de Dios: «Formó Yahvé Dios al hombre de la arcilla y le sopló en el rostro aliento de vida», y ésta es sin duda una interpretación preciosa.

Pero lo más asombroso es que aquel evento crucial para el desarrollo de la Tierra y nuestra propia existencia, no supuso singularidad alguna que pudiese ser percibida; podríamos decir que pasó inadvertido. En apariencia todo seguía igual, pero todo había cambiado. Es como una semilla insignificante que se siembra en el campo y al principio ni siquiera se ve, pero luego se convierte en un árbol majestuoso que se yergue sobre todo lo demás.

La vida de aquella bacteria en nada se parecía a las formas superiores de vida que conocemos, pero tenía la capacidad de trasmitir el principio vital que ella había recibido creando nueva vida, y ésta, la de ir evolucionando hacia seres cada vez más complejos en los que el concepto “vida” iba teniendo un significado cada vez más rotundo, más pleno. La vida, al principio vegetativa, se convirtió en sensitiva, luego en intelectiva, y no solo apareció la razón, sino la conciencia, la libertad, el amor…

Con dos partículas “insignificantes”, Dios construyó el cosmos, y con una bacteria “insignificante” llenó nuestro planeta de vida… ¡Fascinante!

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad

Beto Vargas: Propuesta para una Cuaresma a Color.

Jueves, 18 de febrero de 2021

CuaresmaDe su blog Dios en minúsculas:

Hace once meses que estamos sumidos en ceniza.

Pero nadie puede decir que no hemos caminado, que no hemos resistido, que no hemos mantenido la fe.

Como nunca antes en la breve historia de los que hoy seguimos con vida, necesitamos una cuaresma distinta, un desierto diferente. Para quienes no lo han notado, hace once meses que estamos sumidos en ceniza, viviendo con el miedo de tocarnos, de acercarnos, preguntándonos cuándo va a terminar esto, cuándo va a aparecer en el horizonte alguna señal de la vida que conocíamos, o de una mejor. Hemos venido caminando en la aridez de la virtualidad sin piel, de reducir a una pantalla todas las calles que recorrimos y las casas que visitamos. Hemos permanecido en el ayuno de los encuentros, de las reuniones, de las celebraciones junto a multitudes, y quién sabe cuántas personas se quedaron sin participar, ocultas en el olvido de las bases de datos, porque hemos estado resistiendo gracias al maná del WiFi. Hemos aprendido la vida del desierto, y sí, nos hemos reído (bajo el tapabocas) y hemos cantado, pero tenemos claro que no queremos vivir aquí, que el destino no puede ser éste.

Caminamos sin saber muy bien hacia dónde pero con la ilusión de que vamos hacia alguna parte. Caminamos con pausas, con desalientos, con distracciones para no perder la razón, con noticias que no despejan el panorama, y con despedidas, muchas despedidas – Cuánta indiferencia en quienes teorizan desde las cifras de muertes sólo porque los muertos no son suyos – demasiadas despedidas. Caminamos consternados, midiendo las palabras que le decimos a dios, porque no sabemos exactamente cuál es su papel o su postura en todo esto, y aunque nuestra oración permanece allí a diario, la verdad es que no siempre le decimos lo que pensamos, porque no siempre sabemos lo que pensamos, aunque él sí. Pero nadie puede decir que no hemos caminado, que no hemos resistido, que no hemos mantenido la fe. En nuestra historia quedará sellado que en uno de los momentos más inciertos de nuestra vida no supimos bien cómo confiar, pero no por eso dejamos de hacerlo.

Durante los once meses de esta obligada cuaresma una enorme cantidad de creyentes han asumido la verdadera tarea de la voz que grita en el desierto: Alentar la esperanza en medio de la aridez y aumentar la fuerza de los débiles en medio del cansancio. El desierto tiene sentido porque está orientado a una promesa, y sólo es capaz de atravesarlo quien tiene sus ojos fijos en ella. Por eso la tarea del desierto es recordarla una y otra vez, es “gritar a los sencillos que tienen derecho a existir”, es inundar el corazón de los tristes con la Alegría del Evangelio, es cantarles a los enfermos que el Señor es más fuerte, y recordar a los que sufren que pueden confiar pues quien les cuida no duerme ni descansa. La tarea del desierto es contar la victoria de dios sobre toda incertidumbre y toda muerte.

La vieja cuaresma, esa que algunos insisten en imponer porque aunque afirmen dogmáticamente la resurrección viven una religión funeraria – ¿Qué anuncio de la resurrección se puede esperar de una religión cuyos ministros visten de negro riguroso? se ha preguntado Cortés – y su fe es una idolatría a las sombras y no una confianza en la luz, es la cuaresma de las amenazas, de los anuncios de destrucción, de las alucinaciones del fuego y del castigo, de fingir sobriedad, de teatralizar la austeridad, de libretear la tristeza, de los delirios del gran reseteo y el nuevo orden mundial, de la esquizofrenia esa de acordarse de la vida de los vivos en su “concepción” y en su “muerte natural” pero olvidarlos en todo lo que hay en medio, y dar alaridos durante 40 días mientras los otros 325 se aplauden y se bendicen las lógicas de la muerte. Esa vieja cuaresma no es más que la triste escenografía de una trágica representación a blanco y negro del evangelio, y no es – ni nunca fue – lo que los hijos y las hijas de dios necesitan ahora mismo, en un momento en el que la ceniza de nuestros muertos y el morado de nuestros vestidos han cubierto el planeta entero.

La cuaresma que necesitamos es la auténtica tarea del desierto, la de la expectativa, la del anhelo, la de la promesa. Es preparación para la fiesta, no para el sepelio. Tiene que ser una cuaresma de recordarnos la convicción de Israel en la dificultad, resumida en esas impresionantes expresiones de los salmos: “El Señor piensa en mí”, “El Señor es mi sombra”, “El día en que grité, aumentaste la fuerza de mi alma”, “No duerme tu guardián”, “Cuando camino entre peligros me das vida”. Tiene que ser una cuaresma de inspirarnos confianza, de ilusionarnos con lo que dios sueña con nosotros, de recordarnos que no hemos nacido para el sufrimiento, ni para el agobio, sino para la alegría y la paz. Tiene que ser una cuaresma de recordarle al mundo que ni el dolor, ni la angustia, ni la soledad tienen la última palabra, que el mundo no es un gran desierto, que sólo lo estamos atravesando, pero allí, tras el horizonte de roca y sequedad, hay una promesa de leche y de miel.Tiene que ser una cuaresma a Color.

Que se junten los que cantan, los que cuentan, los que escriben, los que celebran. Que hagan nuevas canciones y nuevas historias para inspirar a los que sienten que se les acaba el aliento. Que intercedan los que oran para que sea sanada la mano paralizada de esta iglesia que se detuvo en que si en la mano o que si en la boca (y tantas otras discusiones estériles), para que no dejemos de llevar en nuestros hombros a los que no pueden andar por sí mismos, confiando en que podrán. Hermanos y Hermanas Todos. Que en las misas y en los grupos se predique que no preparamos el camino del Señor con cara de circunstancia, sino con la alegría de saber que viene, que ya llega, que todo cambia cuando el Reino se hace presente entre nosotros, ¿O es que nunca nos hemos preparado para la llegada de una visita que queremos recibir?. Que el arrepentimiento sea de todo aquello que nos hemos perdido por temor, por no confiar en la mano extendida de dios, por creer a quienes nos dijeron que estábamos mal hechos mientras que el Padre nos mira con orgullo.

¿Ayuno? El que hace a dios sonreír: despertar cada día con la determinación de erradicar una injusticia. ¿Limosna? La que pedía Tobit a su hijo: no volver la cara ante ningún pobre. ¿Oración? La que enseñaba Jesús: sabiendo que el Padre está en lo secreto, y que nos ve en lo secreto. ¿Ceniza? Quien se acerque con algo de luz y de color al corazón de los que sufren ya quedará marcado por la que llevan dentro, la de toda esta larga cuaresma de meses, meses de incertidumbre, duda y duelo. Es hora de hacer la tarea del desierto, que no es describir pormenorizadamente la roca y la arena que ya vemos, sino los ríos, los pastos, las montañas y los valles hacia los que caminamos.Es llenar de colores la ilusión de los que caminan entre grises.

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El elegido de mi corazón

Jueves, 11 de febrero de 2021

Del blog Pays de Zabulon:

raudur.tumblrcom

¿Dónde estás mi amado, mi amor,
¿El elegido de mi corazón?
El tiempo no importa.
Todavía soy un hombre joven
Con un corazón que solo tiene lo mejor que puede ofrecer.
El tiempo no importa.
El cuerpo no sabe lo que la carne sabe,
Y la carne sabe mantener sus impulsos juveniles
Tanto como acumular años y sacar sabiduría de ellos.
Donde estas mi amado, mi amor
¿El elegido de mi corazón?
Yo también te veo seguir tu camino
Por los meandros de la vida
Y poco a poco llegarás a lo que será
Nuestro encuentro.

Qué importa el tiempo
que importante es la espera
¿Qué importancia tienen los errores, las heridas, las pistas falsas?

Te espero.

*

2 – 3/2/2021

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La vida tan callando

Miércoles, 10 de febrero de 2021

Del blog Nova Bella:

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“Como esta vida que no es mía

y sin embargo es la mía,

como este afán sin nombre

que no me pertenece y sin embargo soy yo”

*

Luis Cernuda
Como leve sonido

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Misterio

Viernes, 5 de febrero de 2021

Del blog Nova Bella:

 

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“De todos los misterios de la vida

el mayor es el alba”.

*

Eloy Sánchez Rosillo

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Ahora

Martes, 12 de enero de 2021

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Ahora es el momento de hacer lo que más quieres.
No esperes al lunes, ni esperes a mañana.
Que no aumente ante tí la caravana
de sueños pisoteados. Ya no esperes.

No reprimas por miedo o cobardía.
No postergues la vida con más muerte,
y no esperes nada más de la suerte
que no hay más que tu tesón y tu energía.

Si tu sueño es hermoso dale forma
como esculpe el arroyo la ribera;
como el viento que vive y se transforma.

Y para que todo resulte a tu manera,
redacta para ti mismo tu norma
y convierte tu otoño en primavera.

*

E.J. Malinowski

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No se deja

Lunes, 11 de enero de 2021

Del blog Nova Bella:

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Nos enseñaron las cosas

nos enseñaron límites.

Pero la vida

salta y no se deja.

*

Aurora de Albornoz

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Juan Masiá: “Me parece sensata y razonable la regularización digna de la eutanasia responsable”

Lunes, 21 de diciembre de 2020

unnamedDe su blog Vivir y pensar en la frontera:

“La proposición de ley es moderada y garantista”

“Me parece sensata y razonable la regularización digna de la eutanasia responsable, pero en contexto eutanásico, es decir, que se verdaderamente eu-thanasia o buen morir; mejor dicho, buen vivir mientras y hasta morir”

“Desde mi doble dedicación a la bioética laica y a la espiritualidad cristiana, puedo celebrar la presentación del proyecto de ley orgánica de regulación de la eutanasia”

“Hacen un flaco favor a la defensa de la vida y de la fe las afirmaciones de algunas instancias jerárquicas eclesiásticas que califican de homicidio a la eutanasia jurídica y éticamente responsable, o que invitan a manifestaciones de oración y penitencia para apoyar la oposición a la ley”

Meritxell Rigol: A esos grupos que dicen ‘defender la vida’ ni se les ve ni se les oye contra los feminicidios.

Jesús Sanz acusa al Gobierno de querer “imponer” en España “su fracasada dictadura represiva”

La ex ministra de Sanidad María Luisa Carcedo responde a Sanz: “No debería jugar a ser Dios opinando por ancianos, enfermos y familias”

Me parece sensata y razonable la regularización digna de la eutanasia responsable, pero en contexto eutanásico, es decir, que se verdaderamente eu-thanasia o buen morir; mejor dicho, buen vivir mientras y hasta morir.

Disculpen, lectores y lectoras, porque lo he repetido en este blog por activa y por pasiva.

Desde mi doble dedicación a la bioética laica y a la espiritualidad cristiana, puedo celebrar la presentación del proyecto de ley orgánica de regulación de la eutanasia. He leído la proposición, que me parece moderada y garantista. Coincide en gran parte de sus argumentaciones con las propuestas que se venían haciendo ya hace tiempo más por quienes comparten la doble motivación de “fe y secularidad”, “humanismo y creencia”.

En los debates mediáticos en torno al proyecto de ley se han escuchado a menudo descalificaciones ideológicas mutuas por parte de posturas extremas en contra o a favor del proyecto, que lo apoyan o atacan sin argumentos razonables. Deseando y confiando que ambos extremismos no se reflejen en el debate parlamentario, me permito reiterar con las propuestas siguientes, la postura a la vez secular y espiritual que vengo defendiendo en este blog.

Sería deseable:

Que, en vez de oposición catastrofista o defensa agresiva, se aporten argumentos razonables con serenidad para modificar el proyecto con enmiendas fundamentadas; que no se vote, ni a favor ni en contra, por disciplina partidista, sino por convicción sensata, razonable y en conciencia.

Que no se convierta el debate en cuestión de política partidista ni de ideología religiosa; ni mediante manifestaciones demagógicas partidistas a favor, ni mediante convocatorias confesionales de rogativas penitenciales en contra (que pueden ser peligrosamente cómicas en vez de piadosas).

Que se evite la confusión que califica al contexto eutanásico como “anti-vida” y a la oposición como “pro-vida.

Que no se convierta la oposición a la regularización justa de la eutanasia en una señal de identidad religiosa, porque eso impide el debate ético sereno sobre los casos en que, con un mismo criterio pro-vida y pro-persona, pueden darse opciones y decisiones diferentes, pero ambas éticamente correctas, gracias al discernimiento responsable que guió la decisión.

Que no se califique (descalificando a priori) como eutanasia injusta o como homicidio o suicidio la opción responsable y autónoma por la intervención activa y directa para adelantar el desenlace del morir, asegurando el vivir dignamente mientras y hasta que se muere.

Que se evite plantear los debates como si se tratase de elegir entre paliativos y eutanasia. Los paliativos no son una alternativa, sino un presupuesto. Por eso la ley los incluye en todas circunstancias entre las condiciones previas a la opción eutanásica.

Que se tenga en cuenta, a la hora de proponer enmiendas sobre el procedimiento para la realización de la prestación de ayuda para morir, la importancia del equipo asistencial. La persona paciente tiene derecho a recibir apropiado apoyo y acompañamiento humano, psicológico, social y, en su caso, espiritual. Por ejemplo, el respeto a las creencias de la persona paciente nos exige que le proporcionemos la asistencia espiritual oportuna de acuerdo con su confesionalidad.

NOTA INTEMPESTIVA:

Me permito añadir que, por mi ministerio como sacerdote, estoy obligado a proporcionar esa ayuda espiritual y sacramental a la persona paciente que optó por la eutanasia; además, estoy obligado a disentir (de la iglesia en la iglesia); a disentir, digo, responsablemente del documento de la Congregación para la doctrina de la Fe que eventualmente prohibiese tal comportamiento. También he de añadir que hacen un flaco favor a la defensa de la vida y de la fe las afirmaciones de algunas instancias jerárquicas eclesiásticas que califican de homicidio a la eutanasia jurídica y éticamente responsable, o que invitan a manifestaciones de oración y penitencia para apoyar la oposición a la ley.

No me alargo más, porque en posts anteriores he detallado estos desideria, con la esperanza de que se superen los extremismos ancestrales en los pueblos y naciones del estado español, tan propenso al cainismo denunciado por Unamuno.

Y de paso, déjenme que les diga a los mitrados que recomiendan oración y ayuno contra legisladores, que será mejor rezarle al San Don Miguel de Bilbao y Salamanca, para que en este país dejemos de satanizarnos los “unos contra los otros”. Y con perdón por el desahogo, un abrazo de hermandad a los unos y a los otros…

Fuente Religión Digital

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El camino de la vida.

Viernes, 11 de diciembre de 2020

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De blog de José Arregi:

Los príncipes Pandavas, destronados por sus adversarios, se encontraban en el exilio. El más joven de los hermanos fue en busca de agua. Llegó a un lago cristalino, pero al acercarse y agacharse para beber, escuchó una voz que le dijo:

– ¡Detente! Solo podrás beber del agua de este lago si antes contestas a mis preguntas.

El joven no lo hizo. Bebió y murió. Al ver los demás hermanos que no volvía, fueron a buscarlo uno tras otro. Encontraron el lago, oyeron la voz pero ninguno contestó; bebieron y murieron uno tras otro. Finalmente llegó el último hermano. Éste sí accedió a responder.

– ¿Cuál es el camino que lleva al cielo? [vida plena], preguntó la voz que salía de la boca de un cráneo.

– La veracidad.

– ¿Cómo se puede encontrar la felicidad?

– Mediante la recta conducta.

– ¿De qué se debe uno escapar para evitar el sufrimiento?

– De la propia mente.

– ¿Cuándo una persona es amable?

– Cuando no tiene animadversión.

– ¿De entre todas las cosas sorprendentes del mundo cuál es la más chocante?

– Que mientras uno ve que todo el mundo muere, nadie piensa que también él morirá.

– ¿Por qué camino se accede a la Verdad inmutable [dharma]?

– No por medio de argumentos, ni siquiera por medio de muchas Escrituras Sagradas, sino siguiendo el camino de las personas santas [realizadas: libres y buenas].

La voz quedó satisfecha con sus respuestas, y dejó que el último hermano bebiera del agua del lago y todos los demás recobraron la vida”

*
(Del Mahabharata, epopeya más importante de la India, hacia el s. III a.C.).

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María y Jesús son la antítesis de Eva y Adán en la historia

Martes, 8 de diciembre de 2020

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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Por un tipo de humanidad, Adán y Eva, surgió el pecado en la historia. En el origen de la vida del ser humano hay situaciones de pecado. Pensemos en los hijos que nacen después de una guerra, pensemos que en el origen de la vida de un niño hijo de drogadictos, hay una situación más que difícil, etc…

Por otro tipo de humanidad: María y Cristo, sobreabundó la gracia y el bien, dice San Pablo. María es la antítesis de Eva, como Jesús lo es de Adán

  1. Inmaculada.

         Celebramos hoy la fiesta de María Inmaculada.

Quizás el pecado original haya que entenderlo no como una mancha que se nos transmite por generación. Menos todavía -como se pensó durante siglos- que el pecado original se nos comunica por la generación sexual, sino más bien se podría pensar que: cuando en la escala de la evolución se llega a una cota de inteligencia y de libertad (hominización), surge el mal.

El mal existe desde el comienzo, (pecado original). El pecado existe y existirá siempre donde esté el ser humano por aquello de que la inteligencia y la libertad son capacidades muy hermosas, al mismo tiempo que muy difíciles de “controlar”. Adán y Eva, sean quienes fueren los primeros humanos, hicieron el mal, pecaron. Adán y Eva es -somos- la humanidad bajo el signo del mal.

 Por un tipo de humanidad, Adán y Eva, surgió el pecado en la historia. En el origen de la vida del ser humano hay situaciones de pecado. Pensemos en los hijos que nacen después de una guerra, pensemos que en el origen de la vida de un niño hijo de drogadictos, hay una situación más que difícil, etc…

Por otro tipo de humanidad: María y Cristo, sobreabundó la gracia y el bien, dice San Pablo. María es la antítesis de Eva, como Jesús lo es de Adán. A pesar de los pesares: odios, pecado, muerte, estamos en una historia de gracia y salvación:

Si bien es cierto que el recuerdo de María, llena de gracia y madre del Señor, está presente en la Iglesia desde el comienzo (Pentecostés), Éfeso (año 431), fue el concilio que proclamó a María como madre de Dios (theo-tokos), etc., la explicitación formal del dogma de la Inmaculada la hizo el papa Pío IX en 1854. María fue llena de la gracia, del amor de Dios. Y por eso no hubo pecado en su vida.

María entregó su vida y su persona, su libertad al designio salvífico de Dios.

La madre es siempre memoria de la vida. En nuestra vida personal y familiar, la madre es la fuente de la vida, es la referencia fundamental. María es memoria del Señor. Recordar a la Virgen nos hace bien, porque a su vez nos recuerda a JesuCristo. Dios te salve, María, llena de gracia.

  1. María, esperanza de la humanidad.

La Inmaculada es la Virgen de Adviento, de la esperanza.

En estos tiempos de noche oscura, provocada por la pandemia, por las ideologías egoístas e injustas, que impiden al hombre aspirar a la plenitud de vida, María Inmaculada es madre de la esperanza del ser humano, del pueblo.

Todas las grandes promesas en la Biblia pasan por una mujer: la historia, mal que bien, se abre con la mujer, Eva (y Adán); sigue con la mujer Sara, Débora, Ana, Judit, Esther, Isabel, María…y -de modo apocalíptico- la historia humana termina con la mujer (María) coronada de estrellas, en lucha con el dragón, que concentra todo el poder del infierno y del mundo, que termina siendo vencido.

Así, la Inmaculada quiere decir que el mal, el pecado en sus raíces más profundas, puede ser vencido. La Inmaculada significa que la historia se encamina hacia la plenitud de vida y que podemos esperar “un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia”.

  1. María, orgullo de nuestra raza.

         Tal vez la expresión, “orgullo e nuestra raza”, resulte un poco anacrónica, pero en el fondo quiere decir que podemos estar felices de que una mujer es orgullo de la humanidad.

María, una muchacha del pueblo, escucha al mensajero de Dios y, desde su pequeñez y fragilidad, se atreve a creer que para Dios no hay nada imposible. María se fía de Dios y acoge el mensaje de Dios. Así se realizará la Encarnación. “Encarnarse” significa que Dios asume la condición humana, comparte nuestra pobreza y acepta nuestra miseria para elevarnos a nosotros a compartir su misma vida.

Gracias al “sí” de María, una muchacha de una aldea ignorada, Nazaret, ocurre la encarnación de Dios en la historia y se cumple el gran proyecto salvador de Dios. María es como la nueva Eva, de ahí la expresión: “madre de los vivientes”. Por todo esto, la gracia de ser inmaculada más que un don personal exclusivo es un don a toda la humanidad a la que pertenece. María, estrella de esperanza para nuestro mundo y orgullo de nuestra raza.

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Consuelo Vélez: “Vivir la esperanza del adviento en tiempos de pandemia”

Lunes, 7 de diciembre de 2020

876450C3-AB8B-4321-B6D9-BB9915B2B820De su blog Fe y Vida:

Comenzamos el año litúrgico con el inicio de adviento. Serán cuatro semanas de preparación para la navidad, en un horizonte de alegría (a diferencia de cuaresma que también es tiempo de preparación, pero en un sentido más de conversión), porque esperamos el complimiento de una Buena Noticia: el Dios de los cielos se hace uno de los nuestros, asume nuestra condición humana y desde entonces no hay que buscarlo en las alturas, ni afuera de la historia sino en ella y en los seres humanos con los que se identifica definitivamente. En términos bíblicos: “lo que hiciste a uno de estos pequeños a mí me lo hiciste” (Mt 25, 40) o “nadie puede amar a Dios a quien no ve sino ama al hermano a quien ve” (1 Jn 4, 20).

En el primer domingo de adviento que acaba de pasar, el evangelista Marcos nos invitó a estar vigilantes porque “no sabemos cuándo vendrá el dueño de la casa” (13, 33-37). Esto es lo que nos ha sucedido con la pandemia. No sabíamos, ni imaginábamos que algo así pudiera cambiar nuestro estilo de vida, afectando nuestros planes y proyectos. Por supuesto hemos seguido adelante -con más o menos dificultad-, y esta experiencia nos está ayudando a entender nuestra limitación y vulnerabilidad y la necesidad de estar preparados para afrontar experiencias de este tipo. Ha sido necesario volver a las fuentes de nuestra fe: el Dios vivo, sosteniéndonos en todo momento, no encerrado en templos o liturgias, sino convocándonos siempre a la vida y a superar toda situación.

El segundo domingo de adviento nos presentará la figura de Juan el Bautista (Mc 1, 1-8) anunciando la diferencia entre su bautismo de agua y el que trae Jesús en el Espíritu. Nos convoca a salir de una religiosidad individualista para acoger la vida del Espíritu que siempre impulsa a la liberación de todas las esclavitudes y nos constituye en hijos e hijas de Dios. Podríamos conectarlo con el inicio de la misión de Jesús que Lucas (4, 18-19) describe como acción del espíritu quien lo envía a dar la buena noticia a los pobres de que sus situaciones de dolor van a transformarse. Con la pandemia a cuestas, este bautismo en el espíritu nos invita a cambiar tantas situaciones de pobreza que han hecho tan difícil el cuidado mínimo contra el coronavirus, por falta de agua, de vivienda, de trabajo, de recursos para “cuidar y cuidarse”.

El tercer domingo de adviento nos presentará de nuevo la figura de Juan el Bautista, pero esta vez lo hace el evangelista Juan (1, 6-8. 19-28), aclarando que Él no es el Mesías sino el que allana los caminos para su llegada. Hay que descubrir a este Jesús que viene y la lógica del reino que anuncia. Romperá con los moldes de lo establecido por la ley judía y propondrá otra manera de ser hijo e hija de Dios, basada en la misericordia y el servicio y no en el cumplimiento de la ley y el culto. Buena semana para pensar en todo lo que la pandemia trajo para nuestra vivencia de fe. Esta no se pude basar en ir al templo, ni en la celebración de los sacramentos ni en el cumplimiento del precepto dominical o en cualquier otra de las prácticas tan bien establecidas que teníamos. Nos ha hecho ver que antes que el culto es la vida y antes que el templo es la iglesia viva que somos cada uno de nosotros. Podrán delimitarse los aforos en los templos, con normas de bioseguridad y ayudarán, pero se hace necesario agrandar las fronteras de nuestra experiencia de fe para sentir que “no dejamos de asistir al templo” -por lo dicho antes- sino que podemos estrenar otras formas de ser iglesia que, tal vez, han llegado para quedarse.

El cuarto y último domingo de adviento Lucas (1, 26-38) nos presentará a María como protagonista del acontecimiento que esperamos. El diálogo que sostiene con el ángel es uno de los aspectos más significativos del texto. Esperar al Mesías y acogerlo supone la libre aceptación, pero, sobre todo, la pregunta reflexiva que indaga por cómo será aquello o cómo será posible dadas las circunstancias, es decir, la actitud madura de un seguimiento de Jesús que la hace a ella, no solo madre de Jesús sino la primera discípula y modelo para varones y mujeres en la iglesia.

Una lectura más atenta de cada uno de estos textos bíblicos nos dará muchas más luces para vivir este tiempo de adviento. Pero es importante que articulemos la fe con lo que estamos viviendo. Esperamos tiempos de pospandemia que nos hayan transformado a cada uno y hayan hecho mejor nuestro mundo. Sería una lástima y, sobre todo, una inconciencia, no haber crecido como personas, como sociedad y como iglesia en este tiempo difícil que nos ha tocado vivir y volver a lo de antes, sin ninguna diferencia. A semejanza de María sería bueno preguntarnos muchas veces ¿cómo podemos vivir con más conciencia para afrontar tantas cosas nuevas que pueden llegarnos? ¿Cómo sacar lo mejor de cada uno para responder a los desafíos presentes? ¿cómo estar dispuestos a aceptar las incertidumbres del camino desde una fe viva y activa? Que este adviento -tiempo de esperanza- nos llene de optimismo y fortaleza para asumir lo que va llegando y responder de la mejor forma posible.

(Foto tomada de: https://monitordolarvzla.com/esperanza-el-poema-que-emociona-al-mundo-en-medio-de-la-pandemia/)

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Adviento

Viernes, 4 de diciembre de 2020

graciasLo sucedido en una conferencia celebrada en la Casa Blanca sobre la relación existente entre fe y etnia en los Estados Unidos no fue lo que yo había esperado, pero gracias aquella reunión empecé a comprender lo que es en realidad la Navidad. Allí había negros, blancos y morenos, musulmanes, hindúes, cristianos, bahaistas y nativos americanos, reunidos para hablar de las relaciones de la religión con la raza. Por paradójico que pueda parecer, fue el jefe indio quien me enseñó el significado del texto del Profeta Isaías.

En medio de las elucubraciones teológicas de aquellos de nosotros que deseaban redactar otra ponencia, celebrar otra reunión, realizar otro taller para combatir el racismo, el jefe indio citó de nuevo el mensaje de Isaías. Se puso en pie lentamente, juntó las manos sobre el pecho, miró por encima de nuestras cabezas y dijo apaciblemente: “Me he pasado la vida enseñando a nuestros niños a decir gracias: gracias por la hierba, gracias por la lluvia, gracias por los extraños, gracias por el fuego, gracias por toda la gente del mundo. Pienso que, si aprendemos a decir gracias por todas las cosas, llegaremos a comprender su valor, a respetarlas, a verlas como algo sagrado”.

Fueron unas palabras sencillas, pero que produjeron el efecto de una especie de cataclismo en mi alma. Me hicieron reflexionar. Suscitaron en mí una vez más el espectro de Isaías. Me hicieron pensar de nuevo en lo que realmente quiere decir la escritura cuando nos recomienda que rectifiquemos el camino del Señor. De pronto comprendí que la Navidad es tiempo para gritar: gracias.

La Navidad es el compromiso con la vida que se ha encarnado. Es una llamada a ver a Dios en todas partes, y especialmente en aquellos lugares donde no esperaríamos encontrar Gloria y gracia. Es una llamada a exaltar la vida.

La Navidad es la obligación de ver que todo nos conduce directamente a Dios, de comprender que no hay nada ni nadie en la tierra que no sea para mi camino hacia Dios. Yo supe al instante que en el momento en que empezáramos a celebrar de verdad de la Navidad, a mirar todo y a todos como una revelación de Dios, a dar las gracias por ellos, se acabaría el racismo, no habría más guerras, desaparecería el hambre en el mundo, todo sería un don, y cada persona sería sagrada.

En realidad es muy sencillo y muy claro: todo lo que tenemos que hacer para rectificar el camino del Señor es decir gracias, aprender a vivir intensamente, a entusiasmarnos por la vida, a desarrollar la pasión de vivir”.

Joan Chittister en su libro “El Evangelio, día a día”

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La vida duele y no se trata de anestesiarla.

Martes, 1 de diciembre de 2020

trabajar-a-disgusto-causa-más-depresión-que-estar-en-el-paro58 años. Barcelonesa. Soltera y sin hijos. Licenciada en Medicina y Cirugía y máster en Medicina Naturista. La política es un servicio al bien común, pero en este país ningún político lo cree, eso tiene que cambiar. Espíritu y materia forman una unidad. Estamos en el mundo para espiritualizar la materia.

Mente y corazón

Profesora del máster de Medicina Naturista (COMB) y del máster de Terapia Neural (Universidad de San Juan de Dios), médica de familia en el ambulatorio de la Segu­ridad Social de Esplugues de Llobregat, imparte cursos y conferencias sobre la constitución física y energética del ser humano. Preside Merry Life, asociación sin ánimo de lucro dedicada a la expansión de la conciencia que desarrolla actividades de autocrecimiento. El 12 de octubre la jornada versará sobre: ¿Es el amor el reto de nuestro tiempo? Es autora de De lo físico a lo sutil y coautora de Medicina natural basada en la evidencia. “Necesitamos una mente y un corazón abiertos para seguir avanzando en el conocimiento del milagro de la vida”.

Cuando me estaba formando como médica de familia, ver tanto dolor, enfermedad y sufrimiento me llevó a buscar más allá de lo físico, de lo obvio.

¿Por qué?

Tenía la sensación de que algo se nos estaba escapando, que las personas tenemos un desconocimiento muy profundo de nosotros mismos, y esa falta de conocimiento, del propósito de la vida, nos enferma.

¿Y se puso a buscar?

En la universidad me hicieron experta en enfermedad, en el máster de Medicina Naturista aprendí cómo mantenernos en salud, y también profundicé en el conocimiento del ser humano de la sabiduría antigua oriental. Todo eso cambió mi enfoque como médica.

Integró.

Sí, desde el conocimiento espiritual hasta la física cuántica. Recetar un pensamiento le puede cambiar la vida a una persona.

Ahora imparte cursos sobre la constitución física y energética del ser humano.

Cuando nos introducimos en las partículas subatómicas ya nos dicen los físicos que todo es pura energía. Hay aspectos de nuestra constitución sumamente importantes que no vemos.

Como las emociones.

Sí, y los pensamientos, que son un impulso motor. Entender cómo nos condicionan nuestras creencias y poder cambiar lo que pienso y lo que siento modifica mi realidad.

Lo que es consustancial a la física de partículas no es aplicable a la física clásica.

Que no hayamos sido capaces todavía de unirlo no quiere decir que estén separadas. Cuando inventamos el microscopio electrónico pudimos ver lo que pasaba dentro de las células, la vida molecular, y ahí nos hemos quedado.

¿El paso siguiente?

Electrones y partículas subatómicas: nuestra esencia. El mundo cuántico nos va a hacer cambiar de paradigma.

¿Cuál cree que será ese nuevo paradigma?

Los físicos dicen que estamos inmersos en un mar cuántico de energía, y la sabiduría antigua, que ese mar cuántico es una energía de amor, creadora, expansiva: la energía de la vida que fluye en tus células y por todo el universo y lo mantiene todo cohesionado.

¿Y?

Entenderlo nos hace salir de la competición para entrar en la cooperación. Es un cambio de visión que nos da claridad. Y todo lo que le estoy diciendo está reflejado en nuestra fisiología.

Cuénteme.

Las glándulas suprarrenales fabrican adrenalina y noradrenalina que se disparan cuando nos sentimos amenazados.

Las hormonas del estrés.

Sí, y vivimos sumergidos en esta fisiología. Cuando participa la fisiología del corazón, un segundo cerebro que emite un campo magnético, el miedo se transforma en amor.

¿…?

Cuando nos conectamos con la solidaridad, cuando salimos de la lucha por la supervivencia, cuando salimos del yo, que está en la zona visceral, y subimos a la zona cardiaca, el otro importa y entramos en el altruismo.

Valiente afirmación.

Hoy sabemos que cuando meditamos la coherencia cardiaca se armoniza con la coherencia cerebral y las personas entramos en un mayor bienestar y claridad mental.

Usted ha ido de lo físico a lo sutil.

La psiconeuroinmunología nos ha permitido comprender que todos nuestros sistemas, que creíamos separados, están interconectados, de manera que las dolencias de los pacientes deben ser tratadas de acuerdo con esa conexión.

Entiendo.

Y la plasticidad neuronal nos demuestra que tenemos una gran capacidad de evolucionar, y lo podemos hacer a cualquier edad; eso me permite decirles a mis pacientes que tienen un potencial enorme como seres humanos para comprender y transformar su vida.

¿Todo eso ocurre en su ambulatorio?

A menudo el dolor de cabeza se debe a un problema emocional. El paracetamol elimina el síntoma pero no la causa. La mayoría de los problemas con que me encuentro son psicosomáticos, porque la vida duele, y no se trata de ir anestesiándola.

La OMS nos dice que en el 2020 la segunda causa de enfermedad y de baja laboral serán la depresión y la ansiedad. Despertar la conciencia, intentar comprender, es el gran remedio. Y esa es mi idea de ayudar, con toda humildad y como médica de cabecera al pie del cañón viendo 30 pacientes al día desde hace más de 25 años.

¿Qué le han enseñado sus pacientes?

Que muchas enfermedades se deben a la pérdida de sentido en la vida.

¿Y cuál es el sentido de su vida?

Realizar esa unión entre espíritu y materia.

La ciencia no contempla el espíritu.

La ciencia solo puede afirmar lo que ya se ha materializado, lo demás es experiencia, la que nos explican tantos grandes sabios, la de una conciencia que se expresa.

¿Y usted ha tenido alguna experiencia?

Sí, he tenido la experiencia fugaz de formar parte del todo y de que todo está en mí; y en ese momento he sentido un amor tan grande que no puedo explicar… Y me voy a poner a llorar. Lo que vivimos es un pálido reflejo de lo que somos y de lo que es el amor.

Entrevista de Ima Sanchís a Inma Nogués, médico de familia, en La Contra, de La Vanguardia

Fuente: Boletín semanal Enrique M. Lozano

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Lunes, 16 de noviembre de 2020

Del blog Nova Bella:

 

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Hay un mundo de seres vivientes

en una brizna de hierba“

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Eihei Dogen

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