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“El reto de los católicos”, por Gabriel Mª Otalora

Viernes, 20 de septiembre de 2019

Abusos-sexuales-Iglesia_2111498844_13506057_660x371De su blog Punto de Encuentro:

Regularmente leemos cómo va mermando la influencia de la Iglesia Católica entre la población. Ya lo adelantó el sociólogo Javier Elzo cuando pronosticó que esta iglesia va camino de convertirse “en una secta en el sentido sociológico o numéricamente”. Para algunos es una buena noticia constatar que después de tantos años y siglos de ominosa influencia clerical, empieza a abrirse una ventana laicista, pues todo apunta a que la tendencia se agudizará produciendo en la población un alejamiento aún mayor, tanto de las prácticas religiosas como de la influencia social que transmiten los mensajes de la jerarquía eclesiástica.

Para otros, el informe es una mala noticia, una más, preocupados como están por la marea anticlerical y la indiferencia religiosa. Hay un tercer grupo, en fin, que dentro de la turbación, encuentran más motivos de esperanza que de abatimiento porque perciben la situación actual como una invitación a recuperar los genuinos valores del Reino, eclipsados en buena parte por los propios católicos, a menudo irreconocibles en su ejemplo; jerarcas incluidos, por las tantas veces que ni siquiera ven con buenos ojos la laicidad lo cual solo encabrita y aleja al rebaño en lugar de apacentarlo como haría un buen pastor.

No es menos cierto que la indiferencia religiosa posmoderna es un problema de nuestro tiempo, que ha venido a completar el pensamiento dominante de que Dios impide una auténtica humanidad por ser ambas incompatibles ¿Deformación o ignorancia? ¿El mensaje estorba? Se ha llegado a proclamar la muerte de Dios (Nietzsche) y lanzado la sospecha envenenada de que cuando Dios gana, el hombre es el que pierde; y viceversa. Nuestro ambiente está marcado por una cultura de profunda increencia religiosa que ha dado paso a otros dioses como la tecnología, la razón de Estado, el consumismo, etc., que crecen robustos al ser considerados y aceptados como fines en sí mismos junto a creencias espiritistas y ocultistas de muy diverso signo.

Yo me encuentro entre los católicos esperanzados que creen posible hacer más visible el valor de la Buena Nueva evangélica. ¿Qué es lo que nos falta para transmitir la experiencia liberadora de nuestra religión? Nunca es mal momento para que cada uno se haga esta pregunta.

Para empezar, falta experiencia religiosa en los propios católicos, quizá por retozar demasiado en la sociedad de consumo fiado todo a los ritos y plegarias superficiales. Nos falta mucha humildad para reconocer que el Espíritu no es patrimonio nuestro, que Jesús estuvo buscando a los apestados de su época, y no precisamente para condenarlos sino para transmitirles un chorro de amor que transformaba a cuántos tenían la mínima predisposición a abrirse a Él; y que sus palabras más duras las reservó para los soberbios sepulcros blanqueados, grandes profesionales de la historia de la salvación. Nos falta valentía para vivir más solidariamente, y sobre todo, dejarle a Dios que actúe a través de nuestras manos, viviendo a su imagen y semejanza con el ejemplo y cuando hace falta, la denuncia profética.

Para colmo, muchos de los que niegan a Dios, le están afirmando con su actitud y su conducta. No tienen fe, pero sus hechos trabajan en la dirección de los valores del Evangelio, incluso cuando recriminan la tendencia a apoderarnos de Dios para domeñarlo a nuestra horma. No fue un teólogo quien afirmó que “si Dios no es amor, no vale la pena que exista”, sino Henry Miller. Nuestro reto pasa por recuperar la práctica del espíritu de las bienaventuranzas y volver a experimentar la felicidad que viene de Dios alejando las actitudes que se convierten en causa de desconcierto para quienes buscan sinceramente pero se encuentran con la caricatura de la religión que mueve más al escándalo que a la conversión.

Tal vez, uno de los fracasos más graves de la Iglesia católica sea el no saber presentar a Dios como amigo de la felicidad del ser humano. Sin embargo, estoy convencido de que el hombre contemporáneo sólo se interesará por Dios si intuye que puede ser fuente de felicidad. Se nos olvida que el Evangelio es una respuesta a ese anhelo profundo de felicidad que habita en nuestro corazón. Quizá sea por tantos olvidos por lo que aceptamos pasivamente la consideración de “católico practicante” a quien acude a misa los domingos, en lugar de llamarle así al que vive el Evangelio dentro y fuera del templo.

Si Cristo no es un anhelo para millones de desnortados, buena parte de las causas nacen en nosotros. En este sentido, releamos la parábola del fariseo y el publicano. En su texto encontraremos algunas claves de lo que puede que nos esté pasando sin pensar siquiera que sus palabras se dirigen precisamente a nosotros

Espiritualidad, General, Iglesia Católica , , , , , , ,

“Contemplación de septiembre“, por José Arregi.

Martes, 17 de septiembre de 2019

1C09C465-52C7-48EB-BC49-3DE6BA95331CLeído en su blog:

Preguntas ante el mundo al final del verano

            Pasa el verano, se acerca el otoño, se van las golondrinas. Vuelven el curso y las tareas, el tiempo y las prisas. Y estos desmañados escritos. Vuelven y acucian en septiembre los interrogantes que nunca se fueron: ¿Se abrirá camino la paz en la justicia? ¿Hallará la vida respiro en la Tierra, comunión de vivientes?

            Vuelvo los ojos, repaso los meses y arrecian las dudas. También este verano, centenares de niños, mujeres y hombres, fugitivos de la guerra y de la miseria, se han ahogado en las aguas del Mediterráneo, rodeado de placenteras playas llenas de sol y de turistas. El Open Arms, arca de salvación de 60.000 personas, ha quedado varado en el puerto de Lampedusa, amarrado por nuestros intereses y contradicciones. Miles y miles de hectáreas han ardido en la Amazonía, por pequeños fuegos de indígenas que necesitan un trocito de tierra para vivir, y por gigantescos incendios provocados por la impúdica codicia de grandes empresas. Pero ni las muertes del Mediterráneo, ni la retención del Opens Arms ni los incendios veraniegos de la Amazonía son sucesos puntuales. Son síntomas locales de una catástrofe planetaria. ¿Será imparable?

Mientras tanto, la cumbre del G7, reunida esta vez en la bella Biarritz (País Vasco), ha sido lo que esperábamos: vergonzosa parodia del desgobierno mundial, cínica exhibición de su hegemonía menguante, evidencia creciente de su fracaso ético y político. Ellos saben que nos conducen al caos. ¿Será inevitable?

Perdón por este tono apocalíptico, que nada parece justificar en esta tarde apacible, en esta preciosa localidad de Aizarna, donde los niños juegan sin cesar en su hermosa plaza. Todo parece paz y armonía. Y lo es realmente, ¡benditos los ojos que lo ven! Pero, a la vez, la inquietud me invade. Me pregunto por el futuro de esos niños, de esas madres y padres jóvenes que charlan tranquilamente, sentados en corro, saboreando sus últimos días de vacación. Me asustan las sombras del horizonte. Los gemidos que suben del fondo se mezclan con las risas despreocupadas de la plaza, y perturban la paz de los verdes bosques y prados al otro lado. Y resuena en los oídos la voz resuelta de aquel joven profeta, Jesús de Galilea: “No os inquietéis diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? Levantad la cabeza. Se acerca vuestra liberación”. Así sea.

Pero, para que así, será preciso que implantemos una nueva economía. Una economía sin tanto desecho y basura, sin tanta competición y prisa, sin tanta exclusión y muerte. Una economía equitativa, sobria y solidaria. Una economía humana y feliz, verde como la vida. ¿O preferiremos seguir progresando hacia un mundo cada vez más inclemente y agobiado? El profeta grita en el desierto: “Preparad el camino”.

Será preciso que reinventemos la política, los partidos, la democracia. Un gobierno mundial democrático, libre de la dictadura financiera de unos desalmados.

Será preciso que cuidemos de verdad el empleo y todas las condiciones laborales. ¿Qué será del mundo, por ejemplo, cuando –será muy pronto– los robots hagan las labores que hoy nos ocupan? ¿Cómo se procurarán el pan y los pequeños placeres necesarios de cada día los hijos de Itziar y de todos esos padres sentados en corro?

Será preciso que afirmemos con hechos una ciudadanía universal, la igualdad de derechos de todos los seres humanos, más allá de las fronteras estatales, imposiciones violentas del poder desde su origen hasta hoy. De modo que nadie pueda decir: “Esto es nuestro. Primero nosotros, luego los extranjeros, si caben, si nos conviene”.

Será preciso que reconduzcamos el rumbo de esta pobre especie humana que llamamos Sapiens, sabia. Para que seamos más sabios. Y aprendamos a utilizar mejor las inmensas capacidades de nuestro pequeño cerebro, y las insospechables posibilidades que nos brindan las ciencias de la información y de la vida. Y avancemos hacia una nueva especie, sea ésta humana, hiperhumana o post-humana, pero más humilde, libre y fraterna, más feliz. Si queremos, podremos.

El Espíritu de la vida gime en el corazón de las criaturas. Es el aliento vital originario, más poderoso que todas las fuerzas enemigas de la vida. Es el respiro que sostiene la esperanza desde el corazón de la Tierra hasta la galaxia más lejana.

Espiritualidad , , ,

La Vida es una constante paradoja

Miércoles, 4 de septiembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Frente a la pregunta característica del yo religioso, siempre preocupado, o incluso obsesionado, por su “salvación”, Jesús anima a “entrar por la puerta estrecha”. La expresión alude a la puerta más pequeña que daba acceso a las ciudades amuralladas.

La vida es una constante paradoja. Y cualquier persona que se aventura por el llamado “camino espiritual” es sorprendida por la presencia de esas paradojas a cada paso de la marcha. Una paradoja es una contradicción aparente que, al ser asumida, se resuelve en una verdad mayor: perder y ganar, el rayo de tiniebla, la soledad sonora, la música callada, el vacío pleno, subir es bajar, morir es vivir… La paradoja, que aflora en cada palabra sabia, no es sino reflejo de la polaridad de lo real, y de la naturaleza también polar del ser humano. Y nos indica que la resolución adecuada no pasa por suprimir uno de los dos polos, sino por abrazar ambos en una unidad mayor, en el nivel no-dual. La imagen de la “puerta estrecha” evoca la necesidad de “soltar” todo como medio para experimentar la Vida que somos. Cuanto más soltamos, más fuertes somos. Al soltar todo -eso es la muerte- se nos regala la vida.

*

Enrique Martínez Lozano
“Otro modo de leer el Evangelio”

***

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La sabiduría de no reaccionar.

Lunes, 2 de septiembre de 2019

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Una persona sabia realmente no intenta cambiar nada.
Se vuelve tranquila. Tiene paciencia. Trabaja en sí misma.
Observa sus pensamientos, observa sus acciones
y se observa a sí misma cuando se enoja,
se observa cuando se deprime,

se observa cuando siente celos y envidia, y todo lo demás.

Poco a poco llega a reconocer: “Esto no soy yo. Esto es hipnosis,
esto es una mentira”.
Esta persona no reacciona ante su condición.

En la medida en que no reacciona ante su condición, en esa misma medida se vuelve libre. Ya no le importa lo que los demás hagan. No se compara con nadie. No compite con nadie. Simplemente se observa a sí misma.

Observa la confusión mental. Nunca va por ahí gritando:
“Soy la realidad absoluta. Soy Dios. Soy Consciencia”.
Más bien reconoce de dónde viene y deja a los demás en paz.

Este tipo de ser se desarrolla a un ritmo acelerado.
No importa en qué clase de aprieto se encuentre.

No importa, porque este ser ya está libre
Cuando la mente descansa en el corazón,
cuando la mente no va allá afuera para identificarse con el mundo,
cuando la mente descansa en el corazón,
hay paz, hay armonía, hay puro ser.

Cuando permites que tu mente salga de tu Ser,
ésta empieza a comparar, empieza a juzgar,
empieza a sentirse ofendida
y ahí no hay paz. No hay descanso.

*

Robert Adams

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Boletín Semanal, Enrique Martínez Lozano

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Testimonio

Martes, 27 de agosto de 2019

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San Mateo refiere esta promesa de Jesús: «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20). Aquí no hemos de pensar sólo en la asamblea litúrgica, sino en toda situación en la que dos o más cristianos están unidos en el Espíritu, en la caridad de Jesús. Y tampoco hemos de pensar sólo en la simple omnipresencia del Cristo resucitado en todo el cosmos.

Escribe un exégeta de nuestros días: «Mateo piensa en una presencia “personalizada”. Jesús está presente como crucificado resucitado, es decir, en la apertura de donación total vivida en la cruz, donde él, con toda su humanidad, se abre a la acción divinizante del Padre y se entrega totalmente a nosotros, comunicándonos su espíritu, el Espíritu Santo. La presencia del Resucitado no es, pues, una presencia estática, un estar-aquí y nada más, sino una presencia relacional, una presencia que reúne y unifica y que, en consecuencia, espera nuestra respuesta, la fe.

Brevemente, la proximidad de Cristo reúne a “los hijos de Dios dispersos” para hacer de ellos la Iglesia». Desde la alianza sellada en el Sinaí con Israel, Yahvé se revela como el que interviene eficazmente en la historia. El liberó a los hebreos de la esclavitud de Egipto, hizo de ellos su pueblo. «Yo estoy en medio de vosotros», es la palabra que identifica la primera alianza: una presencia que protege, guía, consuela y castiga…

Con la llegada del Nuevo Testamento, esta presencia adquiere una densidad especial y nueva. La promesa de la presencia definitiva de Dios, o sea, la promesa ae la Alianza definitiva, halla su cumplimiento en la resurrección de Jesús. En la comunidad cristiana, el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, es «el salvador de su Cuerpo», la Iglesia (cf. Ef 5,23). Presente en medio de los suyos, él convoca y reúne no sólo a Israel, sino a toda la humanidad [cf. Mt 28,19-20). Vivir con Jesús «en medio», según la promesa de Mt 1 8,20, significa actualizar desde ahora el designio de Dios sobre toda la historia de la humanidad. Pero ¿cómo hacer visible la presencia permanente del Resucitado?

Cuando, tras la caída del Muro de Berlín, se reunió la primera asamblea especial del Sínodo de Obispos para Europa y se preguntó sobre la nueva evangelización del continente, un religioso húngaro subrayó que la única Biblia que leen los llamados «alejados» es la vida de los cristianos. Y podríamos añadir: somos nosotros, es nuestra vida, la única eucaristía de la que se alimenta el mundo no cristiano. Por la gracia del bautismo, y especialmente por la eucaristía, estamos injertados en Cristo, pero es en la fraternidad vivida donde la presencia de Jesús en la Iglesia se manifiesta y resulta operante en la existencia cotidiana.

En el silencio, dos o tres creyentes pueden testimoniar en el amor recíproco lo que constituye su identidad profunda: ser Iglesia en la atención a los débiles, en la corrección fraterna, en la oración en unidad, en el perdón sin límites.

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F. X. Nguyen Van Thuan,
Testigos de esperanza,
Ciudad Nueva 52001, pp. 155-157.

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Imagen Cerezo Barredo

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He venido a traer fuego a la tierra

Domingo, 18 de agosto de 2019

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Creo que la vida no es una aventura que debamos vivir según las modas que corren, sino con un compromiso encaminado a realizar el proyecto que Dios tiene sobre cada uno de nosotros: un proyecto de amor que transforma nuestra existencia.

Creo que la mayor alegría de un hombre es encontrar a Jesucristo, Dios hecho carne. En él, todo -miserias, pecados, historia, esperanza- asume una nueva dimensión y un nuevo significado.

Creo que cada hombre puede renacer a una vida genuina y digna en cualquier momento de su existencia. Cumpliendo hasta el final la voluntad de Dios no sólo puede hacerse libre, sino también derrotar al mal.”

*

Thomas Merton

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.”

*

Lucas 12, 49-53

***

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Los apóstoles, instruidos por la palabra y por el ejemplo de Cristo, siguieron el mismo camino. Desde los primeros días de la Iglesia, los discípulos de Cristo se esforzaron en convertir a los hombres a la fe de Cristo Señor no por acción coercitiva ni por artificios indignos del Evangelio, sino ante todo por la virtud de la Palabra de Dios. Anunciaban a todos resueltamente el designio de Dios Salvador, «que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4), pero, al mismo tiempo, respetaban a los débiles, aunque estuvieran en el error, manifestando de este modo cómo «cada cual dará a Dios cuenta de sí» (Rom 14,12), debiendo obedecer a su conciencia.

Al igual que Cristo, los apóstoles estuvieron siempre empeñados en dar testimonio de la verdad de Dios, atreviéndose a proclamar cada vez con mayor abundancia, ante el pueblo y las autoridades, «la Palabra de Dios con confianza» (Hch 4,31). Pues defendían con toda fidelidad que el Evangelio era verdaderamente la virtud de Dios para la salvación de todo el que cree. Despreciando, pues, todas «las armas de la carne», y siguiendo el ejemplo de la mansedumbre y de la modestia de Cristo, predicaron la Palabra de Dios confiando plenamente en la fuerza divina de esta palabra para destruir los poderes enemigos de Dios y llevar a los hombres a la fe y al acatamiento de Cristo. Los apóstoles, como el Maestro, reconocieron la legítima autoridad civil: «No hay autoridad que no venga de Dios», enseña el apóstol, que, en consecuencia, manda: «Toda persona esté sometida a las potestades superiores…, quien resiste a la autoridad resiste al orden establecido por Dios» (Rom 13,12). Y al mismo tiempo no tuvieron miedo de contradecir al poder público cuando éste se oponía a la santa voluntad de Dios: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29). Este camino lo siguieron innumerables mártires y fieles a través de los siglos y en todo el mundo.

La Iglesia, por consiguiente, fiel a la verdad evangélica, sigue el camino de Cristo y de los apóstoles cuando reconoce y promueve la libertad religiosa como conforme a la dignidad humana y a la revelación de Dios. Conservó y enseñó en el decurso de los tiempos la doctrina recibida del Maestro y de los apóstoles.

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Concilio Vaticano II,
Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, llss.

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Estad como los que aguardan…

Domingo, 11 de agosto de 2019

Teresa de Jesús, que vivió intensamente la vida, nos invita a nosotros a vivirla con agradecimiento, en atenta espera del Amado, con absoluta confianza porque nos sabemos de su rebaño…

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Teresa de Jesús vivió asombrada. ¿Acaso se puede vivir de otra manera la fe? El don de Dios, en el misterio de su humanidad, la dejó ‘espantada’, como ella decía. La oración interior fue su manera de responder al milagro de la Presencia: “En lo muy muy interior siente en sí esta divina compañía” (7Moradas 1,7). En estos días de agosto, de tiempo ordinario o vacacional, Teresa de Jesús nos invita a mirar asombrados “El amor que nos tiene Jesús porque … De tal manera ha querido juntarse con la criatura, que así como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar Él de ella” (7M 2,3).

Lo que escuchó María: ‘Para Dios nada es imposible’, fue, para Teresa de Jesús, la fuerza que la empujó a realizar los sueños de Dios, desafiando las dificultades. Le decían que la vida nueva que quería vivir era “un disparate” (V 32,14), que las mujeres “no han menester esas delicadeces” (Camino 21,2), pero Jesús había juntado su debilidad con su poder, había engrandecido su nada. A nosotros, tentados tan a menudo por el desaliento, nos conviene escuchar el coraje de Teresa de Jesús: “Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, murmure quien murmurare” (C 21,2).

Lo que le oyó a Jesús Teresa es un excelente programa de vida para nosotros: “Que mirase por sus cosas (las de Jesús), que Él miraría por las suyas” (7M 3,2). “No hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen” (7M 4,16). Ahí está la belleza del testimonio: “Sea Dios alabado y entendido un poquito más, y gríteme todo el mundo” (7M 1,5).

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Tomado del boletín teresiano del CIPE

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***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”

Pedro le preguntó:

“Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”

El Señor le respondió:

“¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.”

*

Lucas 12, 32-48

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Dichosos los que han optado por vivir con sobriedad para compartir sus bienes con los más pobres. Dichosos los que renuncian a más ofertas de trabajo para resolver los problemas de los parados.

Dichosos los funcionarios que agilizan los trámites burocráticos e intentan resolver los problemas de las personas no informadas.

Dichosos los banqueros, los comerciantes y los agentes de venta que no se aprovechan de las situaciones para aumentar sus beneficios.

Dichosos los políticos y los sindicalistas que se comprometen a encontrar soluciones concretas al paro.

Dichosos nosotros cuando dejemos de pensar: «¿Qué mal hay en defraudar? Lo hacen todos…».

Entonces, la vida social se convertirá en una anticipación del Reino de los Cielos.

*

Paul Abela.

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Carpe Diem versus Codicia

Domingo, 4 de agosto de 2019

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¿En qué consiste esto al fondo vivir plenamente las horas de su existencia, ?

No restrasarse a lo que contradice la plenitud del instante; no contrariar ni a la naturaleza, ni a su propia naturaleza; cazar las nubes amenazadoras de las dudas, el viento contrario de las adversidades, la degradación de las predisposiciones positivas y benévolas; desbordar los territorios apretados de la rutina abriéndose en horizontes más amplios.

El Carpe Diem de Horacio nos invita a recoger el día como una fruta llena de jugo. “Nada es más precioso que este día” decía a Goethe para celebrar el el esplendor de lo inédito que brota de la ganga ordinaria de los días.

Abordar mañana por la mañana, y cada mañana, en su frescura aperitiva, en su candor inaugural.

Encontrar la fuente pura de los comienzos, el apetito constante de los descubrimientos y de los encuentros fundacionales, el fervor no comenzado frente a un destino que hay que dar a luz.

Recuerda que hoy es el primero de los días que te quedan por vivir …

*

François Garagon

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En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:

“Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.”

Él le contestó:

“Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?”

Y dijo a la gente:

– “Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.

Y les propuso una parábola:

“Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.”

Y se dijo:

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.”

Pero Dios le dijo:

“Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? “

Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.”

*

Lucas 12, 13-21

***

***

La primera lectura y el evangelio nos ofrecen estímulos no sólo para la meditación y la oración, sino también para obtener una visión más amplia de las cosas en Dios.

El drama de la «vanidad» consiste en el hecho de que las cosas tienen su belleza y su bondad, que atraen el ojo y el corazón del hombre, el cual, en un segundo momento, experimenta con decepción su falacia. De este proceso habla el autor del libro de la Sabiduría. Para él, está claro el principio fundamental: «Por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre, por analogía, a su Creador» (13,5). Sin embargo, los hombres corren el riesgo de mostrarse miopes: «Se dejan seducir por la apariencia» y «maravillados por su belleza, las tomaron por dioses». De ahí el reproche: «Verdaderamente necios…» (13,1.3.6.7). El espíritu humano, «si se libera de la esclavitud de las cosas» (GS 57), puede pasar de una manera expedita de la admiración por ellas a la contemplación del Creador: «Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad» (Rom 1,20).

El Dios creador es el mismo Dios salvador que nos ha enviado a su Hijo. En el evangelio de hoy, meditado a la luz de su contexto inmediato y el del capítulo siguiente (16), Jesús nos abre de una manera gradual los ojos hacia un horizonte cada vez más extenso, un horizonte que nos introduce en la visión de Dios y de su plan sobre el hombre. Si Qohélet se inclinaba a equiparar a hombres y bestias -«No ha superioridad del hombre sobre las bestias, porque todo es vanidad» (3,19)-, Jesús nos revela, en cambio, que existe una gran diferencia: «La vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido.. y vosotros valéis mucho más que los pajarillos» (12,23ss). Nos muestra sobre todo que la administración de esta vida, aunque esté revestida de fragilidad, es decisiva para la futura: «Enriquecerse ante Dios» significa tratar con desprendimiento los bienes de la tierra para hacernos «un tesoro inagotable en los cielos» (12,33). Jesús no nos pide que despreciemos las riquezas de este mundo, sino que las valoremos en relación con un bien inmensamente mayor: la vida eterna.

Dios nos ha mostrado que la vida del hombre es preciosa a sus ojos al dejar que su Hijo diera su vida por nosotros. De este modo, el Hijo ha liberado de la «vanidad» a los hijos de Dios y a toda la creación, indicando su sentido último (cf. Rom 8,19-25). Al bordar con «las obras buenas» el tejido de las frágiles realidades humanas, nos preparamos una «feliz esperanza» (Tit 2,13ss). Ahora bien, el arco iris que une la vida presente con la futura sólo es visible para quien cree en el Señor Jesús, muerto y resucitado: el Padre «por su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable» (1 Pe l,3ss).

Realizar la experiencia de la contemplación a partir de las lecturas de hoy, tras haber meditado y orado sobre ellas, significa, por tanto, pasar de la reflexión sobre la Palabra de Jesús, que nos ilumina sobre la necia y la prudente administración de los bienes, a la visión de la «extraordinaria riqueza de la gracia» de Dios preparada «para nosotros en Cristo Jesús» (Ef 2,7).

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“Hacia una nueva civilización II”, Stefano Cartabia.

Martes, 30 de julio de 2019

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Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 12/07/19.- Nuestra colaboración y nuestra responsabilidad para con la nueva civilización tiene un eje insustituible: uno mismo. El camino empieza por uno mismo. La sabiduría perenne siempre lo supo y plasmó el conocido aforismo común a todas las tradiciones: “si yo cambio, el mundo cambia”.

Puesta esta piedra esencial podemos echar una mirada a unos aspectos donde podemos ver la nueva civilización emergiendo y donde podemos colaborar con nuestra responsabilidad y lucidez.

LA NUEVA CIVILIZACIÓN Y SUS IMPLICACIONES

1. Religiones

La nueva civilización está afectando sensiblemente a lo religioso. En general las religiones mundiales están pasando por situaciones de crisis, especialmente aquellas que tiene una fuerte organización institucional, como por ejemplo la iglesia católica adentro del cristianismo.

La crisis de las religiones y lo religioso es un signo evidente de la nueva civilización que está emergiendo. Justamente porque lo religioso toca una de las esferas más profundas y sensibles del ser humano desde la antigüedad: la relación con la preguntas últimas (definitivas). Preguntas últimas que podemos resumir así: ¿de dónde vengo? ¿Adonde voy? ¿Hay un Ser trascendente? ¿Qué sentido tienen el mal, el dolor y la muerte? ¿Se puede ser feliz en nuestra existencia humana?

Estas son las preguntas religiosas, más allá de la creencias, más allá de los supuestos ateísmos.

La “crisis” de las religiones y lo religioso es un aspecto de la Gran Muerte. Hay que cruzar la Gran Muerte con apertura y radicalidad.

La Gran Muerte en lo religioso se manifiesta esencialmente en el quiebre de la convicción de poseer la verdad. Por muchos siglos cada religión o tradición religiosa estaba convencida de “ser la mejor”, la “auténtica”, la sola poseedora de la verdad.

La nueva civilización está quebrando esta convicción mental y egoica.

Vamos hacia una transformación esencial del fenómeno religioso. Posiblemente las religiones subirán una transformación radical – tal vez algunas desaparecerán – y nos encontraremos en la espiritualidad. La espiritualidad pertenece a la esencia de nuestro ser y del Universo, en cambio el fenómeno religioso está vinculado a la historia y las culturas y por eso mismo está sujeto al cambio, le renovación, la transformación.

En la genuina espiritualidad nos estamos ya encontrando: cristianos, budistas, hinduistas, musulmanes, judíos, ateos. Nos estamos encontrando a partir de la experiencia del Ser, de la Vida, del Amor. Experiencia del Ser que se tiñe maravillosamente de las diferencias, las respeta, las valora, las custodia.

¿Cómo colaborar responsablemente a la nueva civilización en este aspecto?

Cuestionando nuestras posturas mentales, nuestros juicios, nuestra cerrazón.

Cayendo en la cuenta que nuestra pretensión de “tener la verdad” es puramente mental y en el fondo anti-evangélica. Además en lo concreto es un obstáculo en la vivencia existencial del Amor, núcleo – dicho sea de paso – del mensaje evangélico.

Abriendo la mente a otras posibilidades. Escuchando radicalmente el otro desde el silencio mental. Ejercitando la mente al silencio y poniéndonos a servicio de la primacía del Espíritu.

Es el camino del silencio, la interioridad, la profundidad que marca lo genuino de todas las religiones desde los orígenes de la humanidad.

2. Política

La crisis política es mundial. En la actualidad, tal vez como nunca antes, la humanidad sufre una carencia de lideres políticos. Me atrevo a decir –por lo que conozco– que en el mundo occidental casi no hay un líder político digno de ese nombre.

Son pocos los gobiernos que se escapan de los escándalos debidos a la corrupción, a los abusos de poder, a medidas anti-democráticas o hasta anti-humanas.

Esta crisis política es –otra vez– la dimensión de la Gran Muerte.

El camino democrático que rige en gran parte de la humanidad está llegando a su implosión. La nueva civilización vislumbra otra democracia, más autentica, más humana. Tal vez la democracia no es el último estadio en la evolución política de la humanidad. Hay algo más, hay algo mejor.

La nueva civilización está sugiriendo, desde muchos lugares del planeta, otra manera de vivir la democracia.

Surgen experiencia, propuestas, intentos de una democracia nueva.

¿Cómo colaborar?

Reconociendo y desarticulando a nivel personal lo que la Gran Muerte está haciendo a nivel de macro-política: nuestra tendencia al poder, a la fama, al dinero, a la comodidad, a la apariencia, al prestigio.

La clase política surge de la base y desde la base y es reflejo de una sociedad.

Reconociendo en nosotros lo que juzgamos y vemos “afuera” es el primer paso para colaborar con una nueva forma de hacer política.

Mientras hacemos esto – trabajo nunca acabado – podemos crear esta conciencia en nuestros círculos vitales. En lugar de rechazar lo político podemos aportar conciencia y lucidez. Podemos dialogar, crear comunidades, espacios para reflexionar juntos y crecer en lucidez en lugar de la crítica estéril.

Escuchando al otro con radicalidad y sin prejuicios. El otro es siempre mucho más que sus opiniones, ideologías, posturas.

Solo desde una real escucha y aprecio podrá surgir una nueva política; una política que se fundamente en el Ser y no en el pensar.

3. Economía

Otra dimensión donde está actuando la nueva civilización es la economía. Las continuas crisis económicas y financieras que de vez en cuando sacuden también Wall Street y los bancos es la Gran Muerte que tiene que atravesar –y está atravesando– la economía mundial. El sistema económico mundial está también a punto de colapsar. Sigue la absurda e inhumana brecha entre la extrema riqueza y la extrema pobreza. Sigue una economía virtual y muy poco real: el mundo del fútbol es un perfecto ejemplo. Así como el mundo del espectáculo, la televisión y las redes sociales.

Desde muchas partes la nueva civilización está sugiriendo una manera más humana de vivir la economía.

Surgen, cada vez más, experiencias y propuestas que apuntan a la sobriedad, al compartir, a la solidaridad.

¿Cómo colaborar?

Saliendo de la tentación del tener. Saliendo de la ilusoria creencia que la felicidad viene del poder, del tener, del aparentar.

Siempre más nos estamos dando cuenta de eso, aunque los medios y las redes sociales a menudo empujan en la otra dirección y nuestra falta de lucidez nos hace caer e ilusionar.

También es esencial dejar a un lado todos estos medios y redes para centrarnos en nosotros mismos: la plenitud la descubrimos adentro. Hasta que no vamos hacia adentro la seguiremos buscando afuera y caeremos en la ilusión y en una economía muy poco humana y humanizante.

Podemos colaborar con la nueva civilización creando espacios sanos de interioridad y profundidad… para nosotros mismos y para los demás.

Creando espacios y momentos de una sano y sobrio compartir.

Volver a la sobriedad y saborearla es un medio muy eficaz para darnos cuenta de la plenitud que ya somos y tenemos.

Muy útil es también desprendernos de vez en cuando de todo lo que no usamos y no nos es necesario: ropa, objetos, proyectos, etcétera…

Nos daremos cuenta que después de un primer momento de “dolor” se abrirá un espacio enorme de libertad y plenitud.

Porque al desprendernos y al dar, caemos en la cuenta que somos el mismo amor que estamos dando y viviendo.

4. Sexualidad

Todo lo relacionado a la sexualidad tiene una gran importancia y fuerza en el ser humano. La energía sexual es tal vez la más potente en el ser humano, es la energía que concentra las demás dimensiones. Por eso es la energía también más bella, la que engendra vida.

La crisis de lo sexual es evidente: es también esta la Gran Muerte.

La liberación sexual que estamos viviendo nos aportó muchos aspectos nuevos e importante, abrió las puertas a una comprensión más integral de la sexualidad humana. Pero estamos viendo que no es suficiente. Lo sexual sigue generando sufrimiento, sentimientos de culpas, situaciones inhumanas.

¿Por qué? 

Porque se está viviendo como una dimensión aislada de nuestro ser. La liberación sexual se centró en una supuesta libertad y se enfocó en el placer y el puro individualismo.

El placer por el placer – lo sabemos bien – no nos lleva a la experiencia de plenitud.

Buscar en el simple placer la plenitud es como buscar el océano en un vaso de agua.

Somos mucho más que el simple placer sexual. Somos mucho más que nuestra genitalidad.

La nueva civilización intenta integrar lo sexual a toda la persona humana y a todo el ser. Aprender a vivir una sexualidad integrada a nuestra dimensión psíquica y espiritual es fuente de crecimiento y de auténtica plenitud.

¿Cómo colaborar con esta dimensión?

También en este aspecto el primer paso es siempre el crecimiento personal en conciencia: ¿cómo vivo la dimensión sexual en mi existencia?

Reconocer y asumir los que nos duele, las heridas, los sentimientos, las dificultades y los fracasos, es esencial.

En segundo lugar podemos dar paso para vivir una sexualidad cada vez más integrada, antes que nada con nosotros mismos y después con nuestro entorno.

La sexual es una energía que nos conecta y relaciona con todo y con todos. Siempre nos relacionamos a partir de nuestra dimensión sexual y sexuada, con las personas, las cosas, la naturaleza.

El camino de integración abarca también la vivencia de la sexualidad en una existencia y vocación concreta. Vivimos la sexualidad a partir de un estilo de vida.

Todo esto significa que también hay que ordenar la sexualidad: el desorden sin duda no lleva a la integración y a la experiencia de plenitud. La sexualidad, como toda energía, requiere y busca un orden. La energía desordenada es destructiva.

A nivel más familiar y social es fundamental la educación. Tal vez es este uno de los campos donde el camino educativo resulta de fundamental importancia.

Educar en su amplio sentido de acompañar, escuchar, orientar, dialogar, perdonar, recomenzar. Educar la sexualidad es un camino largo y nunca acabado.

5. Ecología

La nueva civilización se está expresando y revelando con un tinte especial en la ecología. La triste y conocida crisis ecológica es la Gran Muerte por la cual se resucitará a una conciencia ecológica integral y humana.

La dimensión ecológica tiene estricta vinculación a las dimensiones políticas y económicas que ya hemos tratado y no creceremos como humanidad sin integrar estas tres dimensiones.

La tierra está herida: hoy hay más conciencia que nunca. El ser humano es parte de la tierra, del agua, del fuego, del aire: hoy hay más conciencia que nunca.

Está emergiendo, desde la nueva civilización, una nueva y exquisita conciencia ecológica. Lenta pero segura, va surgiendo. Lenta porque tiene que lidiar con el ego colectivo obsesionado por el éxito y el poder que hemos visto en el nivel político y económico. Segura porque la tierra está despertando y nos está despertando. También en este nivel no hay marcha atrás.

La nueva civilización supone el despertar de la tierra y su evolución en conciencia.

Nos estamos dando cuenta – los pueblos originarios lo saben desde siempre – que la tierra y lo que vive en ella es un ser consciente. Todo evoluciona hacia niveles de conciencia cada vez mayores. En ámbito cristiano es la intuición que expresó muy claramente Teilhard de Chardin en el siglo pasado. Nada está “muerto”: simplemente vive en otro nivel de conciencia.

¿Cómo colaborar?

Volviendo a un contacto sereno y real con la tierra. Volviendo a la creación y sus multiformes y hermosas manifestaciones.

La comunión serena y prolongada con la naturaleza nos puede regalar un crecimiento importante en conciencia.

Salir de nuestras ciudades y entornos contaminados de ruido y escuchar los arboles, el viento, las flores, los pájaros.

Renunciar con coraje a la televisión y darse un tiempo de calidad para “sentir la tierra”.

La tierra nos está llamando, nos está amando.

¿Escucharemos su voz? ¿Nos dejaremos amar?

Conclusión

La nueva civilización es meta y camino, es camino y meta.

Ya está, porque late en el corazón del mundo. Ya está, porque es lo que, realmente y auténticamente, somos.

Descubrir que el camino es la meta es el comienzo de la verdadera paz y del disfrute. Caminar en la meta es éxtasis.

Como dice el sabio hindú Nisargadatta:

Una vez que te des cuenta que el camino es la meta y que siempre estás en el camino, no para alcanzar una meta, sino para gozar de su belleza y sabiduría, la vida deja de ser una tarea y se torna natural y simple, se convierte en éxtasis…”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* “HACIA UNA NUEVA CIVILIZACIÓN I” en ECLESALIA, 08/07/19

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“Hacia una nueva civilización I”, por Stefano Cartabia, Oblato.

Lunes, 29 de julio de 2019

e13c86abe3d367fa9b1f3d85ce7a7c81Características
Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 08/07/19.- ¿Adónde va el mundo? ¿Adónde va nuestro mundo? Este mundo que es mío, tuyo y de todos a la vez. Preguntarse adónde va el mundo es preguntarse adónde estoy yendo yo y adónde estás yendo tú.

El cambio de época revolucionó nuestro mundo y nuestra cosmovisión: estamos aprendiendo a mirar el mundo con otros ojos y comprendemos el mundo y la vida desde otro nivel de conciencia. El cambio de época afectó y está afectando a los cimientos de las culturas, los pueblos, las sociedades, las religiones.

Está cambiando radicalmente la manera de comprender la vida y con ella la auto-comprensión del ser humano: ¿Quién soy yo? ¿Qué es la vida? ¿Qué sentido tiene vivir? ¿Quién es el ser humano? Preguntas que en muchos ambientes se explicitan y que en otros quedan ocultas, pero preguntas que están presentes, pulsantes, hoy más que nunca. Como el aguijón en la carne de Pablo (2 Cor 12, 7). Vamos – ya estamos yendo – hacia una nueva civilización.

La conciencia humana evoluciona: un hecho innegable que a muchos cuesta asumir. Tal vez por miedo, comodidad, inseguridad. Decir que la conciencia humana evoluciona es afirmar justamente el primado de la conciencia sobre todas las cosas. Y afirmar la primacía de la conciencia es afirmar la lucidez espiritual: puedo saber que estoy sabiendo. Puedo darme cuenta de mí mismo, de las cosas, del mundo. Soy (puedo ser) consciente, soy (puedo ser) autoconsciente y, en todo caso y siempre, soy conciencia.

Decir conciencia es decir: sé, he visto, estoy presente a mí mismo. Ser consciente de un árbol es saber –por experiencia– que este mismo árbol está ahí, frente a mí. Lo estoy viendo, lo estoy experimentando, aparece en mi conciencia.

Como pasa con lo “exterior” pasa también con lo “interior”: puedo ser consciente de mis estados mentales y emocionales. Sé cómo me siento: lo estoy experimentando, lo estoy viendo, puedo nombrarlo.

La nueva civilización está emergiendo desde esta evolución de la conciencia. Cada vez más la humanidad se hace consciente y este crecimiento en la consciencia plantea una revisión esencial de las preguntas que nombramos hace un rato.

  • ¿Cómo contribuir personalmente a la nueva civilización que está surgiendo?
  • ¿Cómo contribuir colectivamente a esta civilización?

CARACTERÍSTICAS ESENCIALES DE ESTA NUEVA CIVILIZACIÓN

1. Emerge lo Uno, la Unicidad

Uno de los rasgos más evidentes de la nueva civilización es el emerger de lo Uno o la Unicidad. En todos los campos del saber y de la experiencia humana surge el descubrimiento de lo Uno y el anhelo hacia lo Uno. Más allá de los conflictos que siguen afectando a nuestro mundo y a nuestra humana convivencia, el surgir de lo Uno es imparable. Es imparable porque pertenece intrínsecamente a la manifestación del Ser y a la evolución de la conciencia. Los conflictos que subrayan las diferencias y no las asumen, son el último intento del ego colectivo para salvar su ficticia existencia. Como los conflictos individuales e internos que cada ser humano experimenta indican la rebeldía de un ego que no quiere desaparecer.

El anhelo de unidad pertenece al corazón humano desde que este apareció en el Universo. La silenciosa voz de lo Uno sigue latiendo y animando al ser humano desde las raíces.

¿Qué es Eso que llamamos Uno o Unicidad?

Antes de nada una aclaración: digo “Unicidad” y no “Unidad” porque en la palabra Unidad se esconde todavía la dualidad. Parecería ser que la Unidad es la síntesis de lo dual. Hablando de Unicidad subrayo Eso que no tiene segundo: el Uno en el sentido que nada se le opone y nada existe fuera de Él.

Retomamos la pregunta: ¿Qué es Eso que llamamos Uno o Unicidad?

Es el Misterio esencial que nos define más allá de cualquier definición. El Misterio que las religiones, las tradiciones espirituales y la filosofía estuvieron buscando desde siempre. Es el Origen, desde donde venimos, en el cual vivimos, y adonde estamos yendo.

Lo llaman Dios, Vida, Ser, Nada, Vacío, Conciencia, Supremo Principio, Fuente, Espíritu… en realidad como lo llamemos tiene poca importancia. Importa experimentarlo, importa sentirlo, importa vivirlo. Más que nada: importa dejarse vivir por Eso.

Es la Vida en la cual y desde la cual vivimos.

Es el Ser en el cual y desde el cual somos.

Es el Respiro que nos respira.

Es el Principio Único. No puede haber dos.

Cada persona lo sabe y lo puede experimentar por sí mismo.

Alcanza también con preguntarse a uno mismo con sinceridad y lucidez: ¿Qué hay detrás o debajo de cada experiencia –por breve que sea– de plenitud? Cuándo me siento realmente pleno: ¿que estoy experimentando?

Siempre, en el fondo de cada experiencia humana de plenitud, está, de alguna manera, la experiencia de lo Uno. Si escarbamos y llegamos al fondo de cada experiencia de plenitud encontramos la sensación de lo Uno. Nos sentimos uno con nosotros mismos y con el Universo.

Lo que ocurre es que a menudo confundimos la real experiencia de plenitud con momentos de placer, con sentimientos y afectos.

Sentirse psicológicamente y espiritualmente en comunión con este Principio, con lo Uno, es la fuente suprema de la Paz y la experiencia cumbre de un ser humano.

Dije “psicológicamente y espiritualmente” porque a nivel más profundo es lo que somos y lo que no podemos no ser. Somos Eso.

Lo que ocurre es que no logramos sentirlo, vivirlo, experimentarlo: porque vivimos en la superficie y vivimos desde la mente.

La nueva civilización está percibiendo cada vez más indicios de todo eso.

Los reflejos en la vida concreta, personal y colectiva, son múltiples: la tecnología, los movimientos sociales y políticos, la globalización general, el encuentro de personas de distintos países pese a la terquedad de los gobiernos.

Hay distintas opciones –espirituales, artísticas y filosóficas– para introducirse (o continuar) este camino y afianzarse en él.

Afianzarse en este experiencia es contribuir a la nueva civilización desde la propia originalidad. Esto nos introduce al siguiente punto.

2. Se respetan y valoran las diferencias

La otra cara de la medalla de lo Uno es la multiplicidad. También este “problema” está al origen del ser humano: lo Uno y lo Múltiple. En nuestra experiencia –interna y externa– aparecen las dos dimensiones.

Experimentamos el Principio Único (tal vez inicialmente solo como anhelo) y también experimentamos la distinción. Experimentamos la Fuente y experimentamos los ríos. Experimentamos la Vida y experimentamos distintas maneras de vivir. Nos sentimos en comunión y nos sentimos distintos.

¿Qué ocurre?

Ocurre que lo Uno se manifiesta, se revela y se expresa a Sí Mismo. Esto engendra la distinción. Es la creatividad infinita.

Los budistas hablan de forma y vacío. El Vacío (lo Uno) se experimenta y revela como forma (múltiple). En la terminología budista podemos encontrar dos expresiones que –a la razón– parecen contradictorias: “el vacío es forma y la forma es vacío” y “el vacío es vacío y la forma es forma”.

Lo que sugieren es la relación intrínseca e inaferrable entre Vacío y forma, entre lo Uno y lo múltiple. Otra manera de decir lo mismo es hablar del Todo y la parte. En sentido estricto la misma relación que hay entre Vacío y forma, Uno y múltiple es la misma relación que hay entre el Todo y la parte: no existe el Todo sin la parte ni la parte sin el Todo y, a la vez, el Todo es Todo y la parte es parte. También la ciencia lo va confirmando y experimentando cuando habla de la estructura holística del Universo.

Afirma el sacerdote jesuita japonés y practicante zen Kakichi Kadowaki: “Esta relación dinámica entre lo uno y lo múltiple, la dialéctica contradictoria entre la parte y el todo, es el concepto central de la enseñanza cristiana.

No es tarea de la mente comprender este Misterio. Por eso trascender la mente es esencial. Justamente este es otro de los signos de la nueva civilización. La humanidad se está dando cuenta de que la mente –es decir lo racional, el pensamiento– no es el último estadio de la evolución. Somos mucho más que pensamiento, el Universo es mucho más que sus leyes científicas y demostrables aunque en ellas se revele y manifieste.

La nueva civilización está lentamente aprendiendo a respetar y valorar las diferencias. Surgen por todos lados dimensiones y formas distintas de la vida que piden aceptación y reconocimiento. Surgen infinitas formas de ser “humano” y de vivir que estamos aprendiendo a valorar y asumir. Todavía en muchos casos nos cuesta mucho, porque vemos solo esta cara de la medalla y no la Unicidad que subyace a todo. Cuando vemos solo la distinción sin lo Uno nos sentimos amenazados (es el ego que siente amenazado en realidad) y esto nos lleva a encerrarnos y defendernos.

El camino es aprender a ver lo distinto desde lo Uno (en término cristiano profecía: ver todo en Dios) y a ver lo Uno que se manifiesta en lo distinto (en término cristiano mística: ver a Dios en todo).

Entonces lo distinto se valorará en toda su unicidad, originalidad y belleza como expresión de lo Uno, como expresión del Mismo Espíritu que nos configura.

Pasamos así la tercera característica de la nueva civilización.

3. Primacía del Espíritu

¿Cuál es el eje de la nueva civilización que está emergiendo?

¿Adónde apuntar para insertarnos responsablemente en esto?

Sin duda podemos afirmar: la primacía del Espíritu.

La correcta relación entre las dos características que vimos antes –Uno y múltiple– solo la podemos vivir desde el Espíritu.

Decir Espíritu es decir interioridad, profundidad, silencio. Decir Espíritu es decir trascender la mente.

Como hemos visto, la relación entre lo Uno y lo múltiple no es algo que la mente pueda comprender, porque la mente es expresión del mismo Misterio. También la física cuántica nos está diciendo la misma cosa desde su punto de vista: el observador está involucrado en lo que ve y por eso lo que se ve no es estático, sino pura posibilidad. Es el famoso “gato de Schrödinger” que al mismo tiempo puede estar vivo o muerto.

Dice el teólogo y místico Bede Griffiths:

la mente humana como observadora está ya involucrada en aquello que observa. Lo que observamos no es la realidad en sí misma, sino la realidad condicionada por la mente humana, los sentidos y los varios instrumentos que son utilizados para extender los sentidos… La vieja comprensión de la ciencia está gradualmente dando lugar a la visión de que la conciencia y la realidad física deberían ser consideradas como aspectos complementarios de la realidad”.

En el fondo lo que afirma rotundamente la primacía del Espíritu es que toda dualidad surge, está abrazada y se consume en un Principio único e invisible que podemos llamar Espíritu.

La primacía del Espíritu hace caer toda estaticidad y fijación de la experiencia dual.

Por cuanto real nos parece ser la dualidad, más real es el Espíritu.

La experiencia dual es sumamente cambiante e inestable. La experiencia realmente espiritual es inmóvil y eterna.

Esta primacía del Espíritu está siendo visualizada y vislumbrada en este tiempo de cambio. Es un pasaje evolutivo esencial. Desde la oscuridad emerge el Espíritu dando origen a la nueva civilización.

La incomodidad que sentimos hacia un mundo dual e impermanente (todo cambia constantemente) y la necesidad de trascender esta misma dualidad no es otra cosa que el empuje y el soplo del Espíritu.

Solo desde el Espíritu podemos asumir, vivir, trascender toda expresión dual de la vida: espíritu/materia, bien/mal, humanidad/divinidad, tiempo/eternidad, vida/muerte.

El Espíritu impregna la materia. También la ciencia hoy en día lo está descubriendo y asumiendo. La cuántica nos dice que la materia es una manera de organizarse de la energía. Así la medicina, que va descubriendo cada vez más la relación constitutiva entre cuerpo, mente y espíritu.

Crecer y afianzarse en la primacía del Espíritu disuelve la paradoja de Uno y lo múltiple y nos permite vivir esta misma paradoja con sabiduría.

Como dice el zen: “La igualdad sin la diferenciación es mala igualdad; la diferenciación sin igualdad es mala diferenciación”.

Para enraizarse en la primacía del Espíritu, la nueva civilización tiene que pasar –ya la está cruzando– la Gran Muerte.

4. La Gran Muerte

La “Gran Muerte” es una expresión zen que indica el radical cambio de percepción –la manera de funcionar de la mente– que se necesita para vivir desde la primacía del Espíritu.

Es sumamente interesante que todas las grandes religiones y tradiciones espirituales de la humanidad sostienen y subrayan la necesidad de atravesar “la muerte” para aprender esta nueva forma de ver y de vivir.

En este sentido los cristianos tenemos muchas palabras de Jesús en el evangelio:

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará” (Mc 8, 35).

Más allá de las palabras y la enseñanza de Jesús, el evento histórico de la cruz asume una relevancia insustituible y tal vez única en la historia humana y expresa maravillosa y claramente la Gran Muerte.

La Pascua –muerte y resurrección– trasciende el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret para convertirse en símbolo eterno de la necesaria muerte para llegar a la resurrección: una nueva manera de ver y vivir.

San Pablo captó con extrema profundidad el alcance de la cuestión.

Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” (Fil 1, 21)
“¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva” (Rom 6, 3-4).

Pasar por la Gran Muerte nos trasforma radicalmente:

Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12, 1-2).

Tal vez el despertar de la conciencia –la primacía del Espíritu– solo la podemos alcanzar como seres humanos a través de esta muerte; y la muerte supone dolor.

Lo podemos descubrir en nuestra experiencia personal: cada vez que hemos crecido humanamente (o espiritualmente, que es lo mismo), hemos pasado por situaciones dolorosas. El dolor atravesado nos dio otra comprensión de nosotros mismos y de la vida en general: en otras palabras nuestro nivel de conciencia se fue ampliando y profundizando. El aprendizaje y el crecimiento en comprensión y conciencia supone dolor. Es así para la gran mayoría de los seres humanos, aunque pueden haber experiencias de iluminación gratuitas sin pasar por el dolor. El Misterio no lo manejamos.

Lo que está ocurriendo en el mundo –aunque seamos en muchos casos inconscientes– es este despertar a través del dolor. Las situaciones de dolor que la humanidad está viviendo y soportando son facetas de la Gran Muerte.

Las dificultades para asumir la primacía del Espíritu y vivir desde ahí la dualidad son el camino necesario que necesita la nueva civilización. Son los “dolores del parto” usando la hermosa imagen del Pablo.

Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la plena filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo” (Rom 8, 22-23).

En nuestra vida individual –microcosmos– ocurre lo mismo. Todas las situaciones de dolor que enfrentamos son los empujes del Espíritu que quiere emerger y manifestarse en plenitud. Es el Espíritu que desde las entrañas del cosmos acompaña la evolución del Universo.

Podemos colaborar con este empuje. Podemos ser más responsables de nuestra conciencia. Este camino de responsabilidad y conciencia nos ahorrará gran parte del dolor que el Espíritu utiliza para despertarnos.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“HACIA UNA NUEVA CIVILIZACIÓN II” en ECLESALIA, 12/07/19

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“Oda a la alegría “, por Gabriel Mª Otalora

Martes, 9 de julio de 2019

1081-1241709730bK5VDe su blog Punto de Encuentro:

Hazte fuerte en la alegría
porque es una fortaleza inexpugnable
(Epícteto)

Cuenta Paulo Coelho en uno de sus libros que una rosa soñaba día y noche con la compañía de las abejas, pero ninguna iba a posarse en sus pétalos. La flor, sin embargo, seguía soñando: durante sus largas noches, imaginaba un cielo donde volaban muchas abejas que se acercaban cariñosamente a besarla. Así aguantaba hasta el día siguiente, cuando volvía a abrirse con la luz del sol. Una noche, la luna, sabiendo de su soledad, le preguntó a la rosa:

-¿No estás cansada de esperar?

-Tal vez. Pero hay que seguir luchando.

-¿Por qué?

-Porque si no me abro, me marchito.

Y Coelho concluye con esta reflexión de su cosecha: “En los momentos en que la soledad parece aplastar toda la belleza, la única forma de resistir es continuar abiertos.” Resistir es la actitud, pero no de cualquier manera: abiertos a lo positivo, esperanzados, sensibles a los demás. La manera cristiana de afrontar cada día. La gente alegre de corazón no lo es porque le van las cosas bien sino por un determinado estado de ánimo con el que encara la existencia.

Sin celebraciones festivas a la vista ni un ambiente de alegría exterior, muchas personas tienen dificultades para ensanchar el corazón. Buscan con afán estímulos con los que contagiarse participando de bullicios festivos de donde sacar chispas de alegría. Al menos tenemos la suerte de vivir en un país con múltiples diversiones populares y manifestaciones sociales de todo tipo para sentir una alegría contagiosa. Pero bien sabemos las veces que depositamos en un evento la ilusión de alegrarnos sin que logremos soltar la tristeza interior aun participando activamente del jolgorio.

La alegría es mucho más que un sentimiento tan efímero y, sobre todo, tan condicionado por lo que sucede a nuestro alrededor. La pregunta de fondo es si la alegría es posible sin estímulos externos de por medio. ¿Solo cabe sentirnos alegres puntualmente, estimulados sobre todo a través del consumismo? La alegría interior es posible manifestada como un vivo sentimiento de ánimo que tiende siempre a salir fuera, contagiando a su alrededor sin estar sujeta necesariamente a cosas externas.

Depende mucho de cada persona, no es algo pasivo como la alegría del aficionado al fútbol que debe esperar a la victoria de su equipo. Se trata, en palabras de Erich Fromm, del esfuerzo interno necesario por desplegar nuestras mejores capacidades humanas, hasta que logramos activarla como expresión de nuestra vitalidad en marcha: cuando descubro algo nuevo, cuando supero una dificultad, cuando aprendo a convivir con ella, cuando ayudo a otra persona, cuando me quedo extasiado ante un bello amanecer… entonces experimento la alegría profunda, la del corazón.

Los problemas, las dificultades y los sinsabores agudizan la ansiedad y a veces nos empujan hacia conductas negativas contra nosotros mismos y contra los demás. Mediante la fuerza de voluntad somos bien capaces de superar la morbosa autocompasión y su influencia sobre nuestros sentimientos, que tanto daño hace en nosotros y en los demás al proyectarlos hacia fuera. Requiere esfuerzo, como todo lo que vale la pena. Decía el compositor Franz Liszt que si dejaba de tocar el piano un día, lo noto yo. Si dejaba de tocarlo tres días, lo notaba el público. Es las cosas pequeñas es donde se gestan muchas alegrías y tristezas.

La alegría es capaz de brotar en medio de los dolores. Ella no depende de las contrariedades sino de la actitud personal ante la vida misma. Pensemos un instante en la cantidad de personas ricas, guapas, exitosas que desconocen la alegría necesitando de todo tipo de estimulantes para hacer soportable la existencia. Podemos atrincherarnos en el dolor o podemos luchar para cambiarlo cuando exista alguna posibilidad; poner de nuestra parte para aceptar cuanto antes la realidad que no puede cambiarse para no perpetuar el sufrimiento. En nosotros está la capacidad de resistir relativizando, aceptándonos, queriéndonos. Y tomar la decisión de sonreír. Es lo que siempre hacen las grandes personas en la adversidad, quizá porque los que aman mucho sonríen con más facilidad.

Para disfrutar de la calidad de vida que proporciona la alegría que hace tan hermosa la existencia, es preciso trabajar el interior de cada persona, un día tras otro, como Liszt. Nos ayudaría mucho leer el Evangelio, no como un tratado de limitaciones, sino como una escuela de aprendizaje de alegría y plenitud caminando esperanzados tras Jesús.

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La certeza de ser

Viernes, 14 de junio de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

ValentíaBLOG

“Jesús les dijo:
– Les aseguro que antes que naciera Abraham Yo soy.
Entonces cogieron piedras para tirárselas,
pero Jesús se escondió y salió del templo”.

La mente nos hace creer que somos un yo individual y reduce nuestra identidad a nuestra personalidad. Eso hace que veamos la vida como una realidad separada, temiendo incluso que juegue contra nosotros. Pero lo que somos no necesita protección. La vida no puede hacernos daño porque somos la vida.

La sabiduría nos recuerda que la vida no es algo que tenemos, sino lo que somos. Somos vida expresándose en una personalidad concreta y transitoria. No tenemos que estar a la defensiva; lo que somos se halla siempre a salvo; la Vida ya es plena, no padece ansiedad ni se aferra a intereses. Únicamente necesitamos reconocernos en ella y vivir en esa única certeza, la certeza de ser.

Es la única certeza porque, aunque dudemos de todo, aunque incluso no sepamos quiénes o cómo somos, hay algo de lo que es imposible dudar: que somos. Ese ser es atemporal y eterno; por eso, cuando descubrimos nuestra identidad, sabemos que somos no-nacidos. Y lo no-nacido tampoco puede morir. ¿Nos extraña que Jesús hable constantemente de vida y de no morir? Como Jesús, todos podemos decir con verdad: Antes de que Abraham naciese (aunque hayan pasado mil ochocientos años), yo soy.

*

Enrique Martínez Lozano.
Otro modo de leer el Evangelio.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

Lo contrario del espíritu es la muerte

Jueves, 6 de junio de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Os dejo dichas estas cosas mientras estoy con vosotros. Ese valedor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre por mi medio, él os lo irá enseñando todo, recordándoos todo lo que yo os he expuesto”

El Espíritu o Dinamismo de vida y de Amor, es la Dimensión invisible de lo Real, que hace que lo visible sea; y ello en una relación no-dual. Por eso, no es lo opuesto a materia (o cuerpo), sino a muerte. En cierto sentido, podríamos decir, metaforicamente, que el cosmos entero no es sino el “cuerpo” del Espíritu, su manifestación y expresión. Por eso, quien sabe VER el mundo, está viendo al Espíritu.

*

Enrique Martínez Lozano

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo”, por Leonardo Boff.

Martes, 4 de junio de 2019

hombreplanta1La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados. A ella está ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización. De donde se deriva su importancia ineludible. O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecológicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo. Aquí van fragmentos de un discurso ecológico, parte de un Todo más grande y vasto.

  1. La irracionalidad de nuestro estilo de vivir

El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos han proyectado para sí, por lo menos en los últimos 400 años, están en crisis.

Este modelo nos hacía creer que lo importante es acumular gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios a fin de poder disfrutar de nuestro corto paso por este planeta.

Para realizar este propósito nos ayudan la ciencia que conoce los mecanismos de la naturaleza y la técnica que hace intervenciones en ella para beneficio humano. Se ha procurado hacer eso con la máxima velocidad posible.

En definitiva, se busca el máximo beneficio con el mínimo de inversión y en el tiempo más breve posible.

El ser humano, en esta práctica cultural, se entiende como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a su gusto, nunca como alguien que está con las cosas, conviviendo con ellas como miembro de una comunidad mayor, planetaria y cósmica.

El efecto final y triste, solamente ahora visible de forma innegable, es el que se expresa en esta frase atribuida a Gandhi: “la Tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”.

Nuestro modelo civilizatorio es tan absurdo que, si los beneficios acumulados por los países ricos se generalizaran a los demás países, necesitaríamos otras cuatro Tierras iguales a la que tenemos.

Ello muestra la irracionalidad que este modo de vivir implica. Por eso el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” pide una radical conversión ecológica y un consumo sobrio y solidario.

  1. La naturaleza es maestra

En momentos de crisis civilizatoria como la nuestra, es imperioso consultar a la fuente originaria de todo: la naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña?

Ella nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.

Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias y los virus hasta los seres más complejos, estamos todos inter-retro-relacionados y, por eso, somos interdependientes. Uno coopera con el otro para vivir.

Una red de conexiones nos envuelve por todos los lados, haciéndonos seres cooperativos y solidarios. Queramos o no, esta es la ley de la naturaleza y del universo. Y gracias a esta red de interdependencias hemos llegado hasta aquí.

Esa suma de energías y de conexiones nos ayuda a salir de las crisis y a fundar un nuevo ensayo civilizatorio. Pero nos preguntamos: ¿somos suficientemente sabios para hacer frente a situaciones críticas y responder a los nuevos desafíos?

  1. Todo está relacionado con todo

La realidad que nos rodea y de la cual somos parte no debe ser pensada como una máquina sino como un organismo vivo, no como constituida de partes estancas, sino como sistemas abiertos, formando redes de relaciones.

En cada ser y en el universo entero prevalecen dos tendencias básicas: una es la de autoafirmarse individualmente y otra la de integrarse en un todo mayor. Si no se autoafirma corre el riesgo de desaparecer. Si no se integra en un todo mayor, corta la fuente de energía, se debilita y puede también desaparecer. Es importante equilibrar estas dos tendencias. En caso contrario caemos en el individualismo más feroz –la autoafirmación– o en el colectivismo más homogeneizador – la integración en el todo. Por eso siempre tenemos que ir y venir de las partes al todo, de los objetos a las redes, de las estructuras a los procesos, de las posiciones a las relaciones.

La naturaleza es, pues, siempre co-creativa, co-participativa, ligada y re-ligada a todo y a todos y principalmente a la Fuente Originaria de donde se originan todos los seres.

  1. Desde el comienzo está presente el fin

El fin está ya presente en el comienzo. Cuando los primeros elementos materiales después del big bang empezaron a formarse y a vibrar juntos, ahí se anunciaba ya un fin: el surgimiento del universo, uno y diverso, ordenado y caótico, la aparición de la vida y el irrumpir de la conciencia.

Todo se movió y se interconectó para dar inicio a la gestación de un cielo futuro, que empezó ya aquí abajo, como una semillita, y fue creciendo y creciendo hasta acabar de nacer en la consumación de los tiempos. Ese cielo, desde el comienzo, es el propio universo y la humanidad llegados a su plenitud y consumación.

No hay cielo sin Tierra, ni Tierra sin cielo.

Si es así, en lugar de hablar de fin del mundo, deberíamos hablar de un futuro del mundo, de la Tierra y de la Humanidad que entonces serán el cielo de todos y de todo.

Leonardo Boff

Fuente Koinonia

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Gonzalo Haya: Mantener el paradigma del tiempo.

Miércoles, 29 de mayo de 2019

el-camino-del-heroe-emprendedorDos paradigmas contrapuestos

Nuestra cultura se ha desarrollado con el paradigma del tiempo progresivo: la vida que avanza desde el nacimiento hasta la muerte, el mundo que se expande desde el Big Bang, la Historia que progresa desde el homo sapiens. Es un paradigma compenetrado con nuestra cultura y por eso tan imperceptible como el oxígeno que respiramos.

Sin embargo no es el único paradigma posible. La cultura oriental se ha desarrollado con el paradigma de un tiempo cíclico: la naturaleza que gira en la rueda de las cuatro estaciones, el grano de trigo que crece como espiga y vuelve a la tierra para morir y resucitar, la reencarnación.

Este monótono girar produce una actitud más estática y contemplativa que se contrapone con la actitud occidental de esfuerzo y progreso.

Actualmente nuestra cultura siente el desencanto del progreso: Auschwitz, bomba atómica, estadísticas de pobreza y malaria… Quizás este desencanto nos esté inclinando hacia un paradigma más estático y resignado.

La no-dualidad

Una muestra de esta tendencia puede ser la conocida como teoría de la no-dualidad. La realidad es una; la variedad del mundo es una creación de nuestro cerebro, del falso yo. Esta realidad única no está sometida al espacio ni al tiempo. Es inmutable y perfecta en sí misma.

Esto contradice nuestra experiencia diaria, pero hay que reconocer que los místicos de todas las religiones son los que mejor han percibido esta unión e identificación con la realidad única. Rumi, místico sufi, vivió de tal modo esta identificación de todas las cosas con dios que llegó a afirmar “Yo soy dios”. Los místicos cristianos, siempre vigilados por la ortodoxia, simbolizaron esta identificación en la unión conyugal (pero no olvidemos que la Biblia reconoce esta unión como “serán los dos una sola carne”).

Una consecuencia positiva de esta deriva más estática puede ser la superación de la angustia, la paz interior, la valoración de una plenitud humana, inmune a los impactos adversos o favorables del mundo exterior.

Una consecuencia negativa, ética y humanamente, de esa satisfacción con nuestra plenitud interior puede ser el egoísmo del aislamiento respecto al prójimo, y muy en particular una negligencia respecto a nuestra responsabilidad por el masivo sufrimiento humano.

En el plano teórico, quizás vivimos un replanteamento del viejo problema filosófico del  uno y lo múltiple -”no puedes bañarte dos veces en el mismo río”– de la idea platónica y las sombras de la caverna. ¿Platón o Aristóteles? ¿La plenitud de la Idea que se diversifica en la multiplicidad de sus imágenes? ¿O las realidades materiales de las que abstraemos conceptos universales como naturaleza, justicia o amor?

Racionalmente no podemos coordinar estas dos interpretaciones de nuestro mundo, unidad y pluralidad, pero vitalmente ambas son auténticas. Nuestra mente racional, al menos en su estadio evolutivo actual, es incapaz de coordinar estas dos interpretaciones extremas; pero nuestro conocimiento sensitivo, al menos en sus estadios más avanzados, sí es capaz de coordinarlos. Lo propuso expresamente Nicolás de Cusa en su “Concordantia oppositorum”, y lo han confirmado los místicos de todos los tiempos y lugares.

El Budismo también ha sabido combinar estos dos conceptos. Para evitar el sufrimiento, recomienda suprimir todo deseo, pero al final se caracteriza por la compasión, por compartir el sufrimiento ajeno. No hay consecuencia lógica entre la propuesta inicial y el resultado final, que tanto lo honra; más parece una contradicción. La consecuencia no está en la lógica sino en la naturaleza de la realidad última: al suprimir los egoísmos, renace espontáneamente la solidaridad humana.

Conclusión

Me vienen a la mente los versos de Machado: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre el mar”. La intuición poética de Machado ha sabido coordinar dos afirmaciones contrarias: Es verdad que “todo pasa” –todo es efímero- pero también es verdad que “todo queda”, todo es plenitud permanente.

“Pero lo nuestro es pasar”, lo que nosotros vivimos y sentimos es “pasar”, es lo efímero, ya sean momentos de plenitud o períodos de opresiva esclavitud. Adoptemos en buena hora nuestra identificación esencial con el-la-lo trascendente; pero “lo nuestro”, nuestro cometido no es recrearnos en esa plenitud sino mantener la sensibilidad con la multiplicidad progresiva de lo temporal.

Gocemos “ya” de nuestra plenitud; “pero todavía no” podemos aflojar en nuestro compromiso temporal por un mundo más justo.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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Recuperar las palabras que dan vida

Martes, 21 de mayo de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“La verdadera teología tiene como finalidad liberar a la iglesia de las falsas teologías. En este sentido, le ayuda a convertirse, es decir, a recuperar lo que es realmente. La teología es una metodología para devolver al pueblo de Dios el uso de la palabra. Son los teólogos paganos o fariseos, introducidos o reintroducidos subrepticiamente en la iglesia, los que han privado al pueblo de la palabra. La iglesia solamente volverá a ser lo que debe ser cuando el pueblo recupere el uso y el manejo familiar de la palabra de Dios.  Por tanto, se trata de destecnificar el lenguaje bíblico y de hacer que el pueblo cristiano vuelva a encontrar las palabras sencillas, que son las de Dios. La Biblia, que era el libro de los simples y de los ignorantes, ha pasado a ser un libro de clérigos y especialistas. De esta masnera, el pueblo se ha visto privado del lenguaje fundamental. Amor, libertad, verdad, comunidad, reino de Dios: estas palabras, y otras muchas, han perdido su sentido auténtico. El lenguaje cristiano se ha convertido en un lenguaje secreto que no tiene nada que ver con las cosas simples de la existencia. Se ha hecho cómplice de una sociedad que ha desposeído a los pobres de sus medios de expresión”.

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Evangelista Vilanova.

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Pascua, Resurrección, tiempo de nuevos caminos de vida.

Lunes, 6 de mayo de 2019

Pascua2Creer en la vida es elemento fundamental para continuar apostando por ella, para no quedarse anclado en la muerte, en la desesperanza que nos paraliza y no nos permite ir abriendo nuevos caminos que nos lleven a avanzar. Las amenazas de muerte, y la propia muerte, es una realidad cada día más presente en la Amazonía, que se manifiesta en la persecución y asesinato de sus pueblos y del medio ambiente.

Ante esta realidad, la Pascua nos trae la posibilidad de regenerar nuestra esperanza, de aumentar nuestra fe, de entender que también depende de nosotros el echar una mano para hacer realidad ese mundo mejor para todos que Jesús anunció con su Resurrección. Ser testigo de la Pascua, de la vida, de la Resurrección es un desafío para todo bautizado, que debe llevar a cabo en medio de aquellos con quienes divide la vida del día a día.

La misión nos lleva a eso, y en este momento, la misión que el Papa Francisco ha encomendado a la Iglesia que peregrina en la Pan-Amazonía es la de abrir nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Esa es una tarea que dará mejores frutos en la medida en que todos los bautizados, y la propia Iglesia como un todo, lleve a cabo un ejercicio de escucha, de contemplación, que ayudará a descubrir las señales de vida, de Resurrección, presentes en medio de aquellos que nunca escucharon, o lo hicieron vagamente, hablar sobre el mensaje cristiano, pero que encierran muchos signos que nos pueden ayudar a entender que Dios siempre tiene sus canales de comunicación.

En la Amazonía la vida se regenera con una velocidad extraordinaria, siempre y cuando esa vida no es decepada por la acción maligna de agentes externos, principalmente el ser humano, que al servicio de un sistema que mata en busca de lucro y aparente bienestar, va destruyendo esa vida para siempre. Decir que creemos en la Resurrección y la Vida reclama de quien pronuncia esas palabras un compromiso cada día más firme y auténtico, que nos lleve a anunciar que Él está vivo y que debemos hacer todo lo que está en nuestras manos para que aquello que es de Dios pueda vivir para siempre.

Podemos decir, como recoge el Documento Preparatorio del Sínodo para la Amazonía, que “con la muerte y resurrección de Jesús se ilumina el destino de la creación entera, impregnado de la potencia del Espíritu Santo, ya evocada en la tradición sapiencial (cf. Sab 1,7). La Pascua lleva a cumplimiento el proyecto de una “creación nueva” (cf. Ef 2,15; 4,24), revelando que Cristo es la Palabra creadora de Dios (cf. Jn 1,1-18) y que «todas las cosas han sido creadas por medio de él y para él» (Co 1,16)”.

Es un tiempo nuevo, una nueva oportunidad de apostar por la Vida, de sembrar esperanza, de abrir nuevos caminos. No dejemos pasar una nueva oportunidad que Dios nos da, que en cada momento histórico nos habla a través de sus enviados, de aquellos en quienes podemos descubrir una voz que nos remueve, que nos regenera, que nos hace mujeres y hombres nuevos, a imagen de Aquel que se entregó a la muerte porque confiaba en la presencia de un Dios que nunca nos abandona en nuestras luchas, en nuestro empeño de hacer realidad el Reino en medio de los que nunca abandonaron el proyecto de Dios. Es Pascua, Resurrección, tiempo de nuevos caminos.

 

Luis Miguel Modino

Religión Digital

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Reflexión del Sábado Santo

Sábado, 20 de abril de 2019
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SÁBADO SANTO

Jesús murió para posibilitar nuestra divinización. La tierra está embarazada de resurrección.

Todo esto es un proceso, como el proceso de nuestras vidas, donde nuestras muertes posibilitan nueva vida. Nuestra vaciedad hoy es posibilidad, como este día es espacio de parar, silenciarnos, vivir en soledad en una espera gozosa que es esperanza de Vida Nueva.

En este día de Sábado estamos llamadas a dejar que Cristo se geste en nuestro interior, no el Jesús histórico que murió, sino el Cristo vivo que todos y cada uno llevamos en semilla en nuestro interior.

Es el día de transformación de la semilla en fruto, de la crisálida en mariposa, es el día de albergar al Cristo naciente en nosotros en nuestro interior, cuna de un tercer nacimiento en un mundo que necesita la comunión y la solidaridad.

Es el Cristo cósmico que es semilla de resurrección para toda la humanidad.

Para leer la reflexión completa, con las pautas de trabajo pincha aquí.

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Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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“¿Quién da la mano a los muertos?”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 1 de marzo de 2019

arcoiris-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

A menudo en la vida parece no haber esperanza. Cuando no eres aceptado, cuando te desprecian por lo que eres o lo que haces, cuando sientes que no te valoran. Un amigo me escribía un correo con título incluido: “en medio del desorden”. En realidad quería decir: desde el caos de mi vida. Pues bien, en medio del desorden, en pleno caos allí está Dios. Si además tienes la suerte de que un amigo se dé cuenta de tu caos y te dé la mano (porque eso es suficiente precisamente cuando hay caos), entonces puedes experimentar que el amor es más fuerte que la muerte. La resurrección de Cristo muestra que la vida triunfa siempre sobre la muerte, el amor sobre el odio, la esperanza sobre la desesperación. Cristo es el que da la mano a los muertos, a esos a quiénes aparentemente parece que ya no se les puede dar la mano.

Los cristianos somos personas de esperanza. Creemos en la resurrección de los muertos. O sea, creemos que la vida nos ha la dado Dios y que Dios no se arrepiente de sus dones. Como sabemos que Dios es poderoso y es misericordioso, estamos ciertos de nuestra esperanza. Dios nos dio la vida y no nos la quita, porque nunca se arrepiente de sus dones. Tampoco la perdemos. La vida viene de Dios y Dios la mantiene siempre. Por eso, la muerte es solo un paso. No es lo que parece. Parece el final. Pero es un paso.

Incluso para la gente que no cree en Dios, la muerte es lo desconocido.  Si es lo desconocido, no pueden afirmar que desemboca en la nada. La muerte para el no creyente debería ser un interrogante, porque no saben lo que allí ocurre. El creyente tampoco sabe mucho, pero sabe lo suficiente. El creyente en Jesús de Nazaret tiene una gran esperanza, la esperanza en un Dios poderoso y bueno. Como es poderoso tiene poder para mantener la vida y resucitar muertos. Como es bueno, nos ama con todo su amor. Y el amor auténtico quiere estar siempre con el amado. Nos ama y por eso nos quiere vivos, nos quiere a su lado.

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Ser conducida

Sábado, 23 de febrero de 2019

camacho-aguilaLo halló en una tierra desierta,
en la soledad rugiente del desierto.
Lo abrazó y cuidó de él.
Lo guardó como a las niñas de sus ojos.
Como el águila que incita a su nidada
y revolotea sobre sus polluelos,
así desplegó él sus alas y los tomó,
llevándolos sobre sus plumas.
Sólo el Señor los guiaba,
no había con él ningún Dios extraño (Dt 32,10-12).

Os invito a hacer esa experiencia. Es todo un reto a la mente occidental y al activismo que desarrolla creyendo que esa mente y sus proyectos son lo correcto. Las personas que intentamos hacer silencio, “sabemos” con lo que significa de sabiduría el término saber, que en las cosas de la interioridad lo importante es dejarse conducir.

Con el tiempo voy entendiendo que la meta misma es el camino. Como en las películas, cuando se solucionan los problemas o el malo muere, se termina, porque la vida, la trama, la historia se escribe mientras caminamos.

Hacer experiencia de “ser conducida” y acoger ese proceso es un regalo del Espíritu, de nuestra Ruah. Nuestra vida, casi siempre rodeada de dificultades de diversa índole, adquiere una dimensión cuántica si tiene el esqueleto firme de la experiencia de Dios o de una sabiduría interior adquirida, como el buen vino, en la bodega oscura de la interioridad, dejando pasar tiempo que parece muerto pero que al final, ese tiempo muerto es el que determina la calidad del “caldo”.

Una de las imágenes bíblicas más potentes por su sencillez y ternura y más antiguas es la de Dios comparado con un águila que conduce a sus polluelos sobre sus alas.

En distintos textos la Palabra nos aproxima a una imagen materna, el águila que conduce a sus polluelos sobre sus plumas y para enseñarles a volar desciende de vez en cuando, para que ellos ejerciten todas sus capacidades, sin embargo, ella, el águila planea vigilante debajo de los pequeños, como brazos siempre abiertos para acogerles y conducirles.

Hacer experiencia de un Dios así permite asumir riesgos, intemperies, fracasos aparentes, porque sabes, vives, que te conducen sobre alas y cuando te sientes caer, de pronto haces pie sobre las suaves plumas de “ama” águila, que de nuevo te recoge y te conduce y reconduce donde se te invita a ir, en su nombre.

Simple, precioso, pero maravillosamente difícil. Muchos “aterrizan” de emergencia cuando sienten que están “en el aire”, otros ya saben que este es el momento de más amor de parte de madre-águila-Dios, es el momento en que confiando plenamente en tus capacidades se retira para que tú despliegues tus alas y tu potencial. Eso sí, sólo es posible ese despliegue cuando sabes que ama-águila planea debajo de ti y dará su vida antes que dejarte “en el aire”.

Por ahí va el compromiso solidario profundo, el minimalismo y la intemperie; el compromiso ecológico y humanitario… posible sí, y eficaz, si primero te atreves a dejarte conducir sobre sus alas, porque desde ahí se adquiere la perspectiva real que hace posible asumir riesgos para que la humanidad y madre tierra, en riesgo, con sus águilas y sus tormentas de nieve, sus ríos y mares, sus azules intensos y amarillos siga siendo humanidad, pero mejor sin riesgos.

Te invito a montarte sobre ama-águila y dejarle que te pasee por tu historia y por el planeta sobre sus alas. Mira, siente, observa, déjate conducir y descubrirás los paisajes interiores y panorámicos que nunca descubrirás si sólo conduces tú.

Magda Bennásar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

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