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“Orfeo mejor que Ulises”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 22 de enero de 2020

orfeo-hughes-francois-paul-duqueylardDe su blog Nihil Obstat:

El Papa Francisco, en su exhortación apostólica Christus vivit (nº 223) compara el mito de Ulises con el de Orfeo: “Ulises, para no rendirse al canto de las sirenas, que seducían a los marineros y los hacían estrellarse contra las rocas, se ató al árbol de la nave y tapó las orejas de sus compañeros de viaje. En cambio, Orfeo, para contrastar el canto de las sirenas, hizo otra cosa: entonó una melodía más hermosa, que encantó a las sirenas”.

Hoy son muchas las sirenas que nos distraen de la búsqueda del bien y de la verdad. Ante estas sirenas, ante las descalificaciones de la fe católica, es posible taparse los oídos, no querer escuchar los argumentos que se levantan contra la fe, o responder con malos modos. En cierto modo es lo que hizo Ulises: para defenderse de los malos encantos de las sirenas, y no teniendo modo de responderles, prefirió no escuchar para así salvar su vida. Pero también es posible responder de otro modo ante los ataques a la fe: escuchar con atención lo que el otro tiene que decir y ofrecerle argumentos mejores en defensa de la fe. Es lo que hizo Orfeo: en vez de dejarse encantar por los cantos de las sirenas, encontró una mejor melodía, y las encantadas fueron las malas sirenas.

Los cristianos tenemos que estar preparados para justificar y defender nuestra fe frente a aquellos que la descalifican. Estos argumentos quizás no convenzan a quienes nos critican, pero al menos deben convencernos a nosotros. De este modo, si no convencemos al otro, al menos reforzaremos nuestra fe. Porque el cristiano tiene buenas razones para creer. Y los argumentos en pro de la existencia de Dios son tanto o más sólidos que los argumentos en contra de su existencia. Es posible decir que el mundo es el resultado de un proceso azaroso. Pero es tan serio o más decir que la existencia de la realidad y de la vida tiene una razón; y que de los puros procesos materiales no puede surgir vida inteligente. Por tanto, postular una razón explicativa de la existencia de la materia y de la vida es muy razonable. El creyente cree que esta razón última que todo lo explica es un ser trascendente, que no puede menos que ser personal e inteligente.

Frente a los argumentos descalificatorios de la fe no basta responder con oración, y menos con insultos. Se necesitan otros argumentos. Encontrar argumentos requiere formación y estudio. El estudio humaniza y ofrece sabiduría, sirve (como dice el Papa) “para hacerse preguntas, para no ser anestesiado por la banalidad, para buscar sentido a la vida”. El mejor modo de hacer frente a los desafíos de la ciencia y de la cultura, no es descalificando a la ciencia y a la cultura, sino “con el testimonio de una fe viva y adulta, educada (eso es la teología, una fe adulta educada) para poder percibir con lucidez las dificultades y poderlas vencer” (Gaudium et Spes, 21).

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Juan Antonio Estrada: “Jesús fue un laico judío sin ninguna formación rabínica”

Miércoles, 15 de enero de 2020

jesusdenazareth3“Los profetas fueron los grandes renovadores de Israel”

“El cristianismo surgió como una corriente dentro del judaísmo, protagonizada mayoritariamente por gente sencilla, constituida como una comunidad”

“Hay que volver a evangelizar las viejas cristiandades, convertidas hoy en sociedades sin religión”

“El Jesús de los evangelios fue desplazado por una teología centrada en su filiación divina y en hacer compatibles la persona divina y la humana”

“Hay que recuperar la alternativa cristiana a la religión y a la sociedad, pero esto implica una reforma radical de la Iglesia y del cristianismo, recuperando el Vaticano II y yendo más allá de él”

Jesús proviene de una religión centrada en el culto sacrificial, el sacerdocio del templo, la ley religiosa y las Escrituras sagradas. La profecía, el sacerdodio cultual y los rabinos representaban las instancias determinantes del judaísmo, junto al sanedrín y la autoridad patriarcal. Los profetas fueron los grandes renovadores de la vida de Israel y mantuvieron la esperanza de un mesías. La era mesiánica fue la versión judía de la expectativa universal de una sociedad más fraterna, justa y sin mal. Esta esperanza ofreció un proyecto de vida y fue fundamental para preservar la identidad judía cuando perdieron su tierra y se dispersaron en el imperio.

Jesús fue un laico judío sin ninguna formación rabínica, que cambió la forma de comprender la Escritura y la ley religiosa. Con él surgió otro proyecto de salvación, que centró la religión en las aspiraciones humanas y la sacó del entorno religioso. Ya no era la religión del templo, sino un modo de vivir, vinculado a la ética, centrado en la vida profana y marcado por la urgencia del reinado de Dios en Israel. Comenzó un proceso de desacralización y se desplazó el centro de gravedad del templo, el culto y el sacerdocio en favor de una vida entregada a los demás, especialmente a los más vulnerables. La reacción violenta de la religión amenazada y del poder político, hostil a todo mesianismo, fue su ajusticiamiento. Participó así del destino de los profetas y de todos los que lucharon por cambiar la sociedad y religión judías.

El cristianismo surgió como una corriente dentro del judaísmo, protagonizada mayoritariamente por gente popular y sencilla, discípulos laicos de Jesús. Inicialmente predicaron un mensaje en continuidad con el de Jesús, buscando la conversión del pueblo judío. Pero el anuncio de la resurrección generó un nuevo dinamismo universal y se pusieron las bases de un Dios trinitario, reformando las imágenes divinas del Antiguo Testamento. El cristianismo ha surgido del tronco judío y lo ha rebasado. La relativización de la ley religiosa, del culto y del templo llevó a la ruptura final con el judaísmo y a una nueva forma de entender la relación con Dios. El binomio pecado y castigo, que impregnaba el culto y la ley religiosa, fue desplazado por una dinámica centrada en el sufrimiento humano, en el perdón de los pecados y la misericordia divina. Una vida sacrificada a los demás, siguiendo el modelo de Jesús, un culto existencial y el paso de la comunidad discipular a la Iglesia fueron señales características del cristianismo.

El cristianismo se constituyó como una comunidad de personas, que vivían la salvación como un proyecto de sentido en el mundo y que estaban lejanos a las dinámicas ascéticas y cultuales de Israel y otros grupos religiosos del imperio romano. No rehusaron la herencia judía y romana, pero la transformaron. Se adoptaron estructuras y cargos no religiosos del judaísmo (presbíteros o ancianos) y del imperio romano (obispos y diáconos). Al ser una religión perseguida no podían tener templos y surgieron las iglesias domésticas. El ministerio (diáconos, presbíteros y entre ellos el obispo) no era solo una dignidad sino una carga, ya que los dirigentes eran los primeros perseguidos por las autoridades. Vivían en el seno de las comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio, casados y con familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical. Su forma de vida y de entender la relación con Dios, el culto y las leyes religiosas fueron también la causa de la hostilidad que encontraron en el imperio romano, como antes en Israel.

Diáconos, presbíteros y obispos vivían en el seno de las comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio, casados y con familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical

De ahí se podía esperar una nueva forma de vivir la religión. La de un grupo centrado en la comunidad y en la misión, cuyos protagonistas eran todos los cristianos y no solo los clérigos. Especial relevancia tuvieron las mujeres, cuya conversión arrastraba a toda la familia, las cuales protegieron y financiaron a las incipientes iglesias domésticas.

La quinta columna cristiana en el Imperio fue progresivamente impregnándolo y conquistando cada vez a más personas, a pesar de la hostilidad de los tres primeros siglos. Paradójicamente, el éxito social y religioso fue la causa de un progresivo distanciamiento del proyecto de Jesús y del de la Iglesia primitiva. La creciente clericalización, la pérdida de la comunidad en favor de los ministros, la creación de un culto rejudaizado y romanizado marcaron al cristianismo, cada vez más cercano al modelo religioso preponderante en el imperio.

La revelación de Dios por Jesús se modificó en favor de la homologación con el teísmo de raíces judías y grecorromanas. El Jesús de los evangelios fue desplazado por una teología centrada en su filiación divina y en hacer compatibles la persona divina y la humana. Y el Espíritu Santo, que había inspirado la creación de una comunidad protagonista, con pluralidad de ministerios y carismas, perdió cada vez más relevancia en favor de una gracia transmitida por los sacramentos y la obediencia a la jerarquía.

Dos mil años después vivimos el reto de volver a inspirarnos en Jesús y en el cristianismo primitivo. El futuro está en volver a los orígenes, en la creación de comunidades, en el protagonismo de los laicos y en la igualdad eclesial de las mujeres. Desde ahí será posible afrontar el reto que plantea al cristianismo una sociedad secularizada y laicizada, que ha sustituido a la iglesia de cristiandad.

Hay que recuperar la alternativa cristiana a la religión y a la sociedad, pero esto implica una reforma radical de la Iglesia y del cristianismo, recuperando el Vaticano II y yendo más allá de él. Quizás la crisis actual de la Iglesia y de las vocaciones sacerdotales y religiosas sean la base para una nueva etapa innovadora. Recuperar la fe en Jesús y en su proyecto de vida son exigencias internas del cristianismo. A Dios no lo conocemos pero en la humanidad de Jesús tenemos la referencia para encontrarlo (Jn 1,18) y vivir una vida con sentido. Y desde ahí es posible afrontar la nueva época secular en la que la religión ha perdido irradiación social y capacidad de responder a las demandas humanas. Hay que volver a evangelizar las viejas cristiandades, convertidas hoy en sociedades sin religión.

Fuente Religión Digital

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“Hay obispos que nos piden que recemos, porque ven amenazados sus privilegios y beneficios económicos”, por José M. Castillo, teólogo.

Martes, 7 de enero de 2020

9E989579-F515-4B42-954F-9D057D2BC010De su blog Teología sin censura:

Los políticos que más propugnan el cristianismo son lo que demuestran comportamientos tan anticristianos”

“Con motivo de las elecciones para designar al presidente del gobierno en España, estamos asistiendo a la demostración más patente de lo que es (y cómo funciona) una religiosidad falsificada”

“Un cristianismo, que siembra y propaga la división y el odio, eso podrá ser un “buen fariseísmo”. Pero, de cristiano, ahí no hay nada”

“Los mismos obispos que no han pedido oraciones cuando nos hemos enterado de los abusos que se han cometido en el trato que se les ha dado a los niños, a las mujeres, a los inmigrantes y a tanta gente que sufre indefensa”

En los últimos días y con motivo de las elecciones para designar al presidente del gobierno en España, estamos asistiendo a la demostración más patente de lo que es (y cómo funciona) una religiosidad falsificada.

Es un hecho tan patente, que sería necesario estar ciegos para no darse cuenta del lamentable espectáculo al que estamos asistiendo. Y es que, como bien ha dicho el profesor de la Universidad de Dortmund, Thomas Ruster, “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque nos remite a la falsa religión” (El Dios falsificado, Salamanca, Sígueme, 2011, 228).

3A50B67E-845A-4A4A-82D5-0ECE0F415F2F¿Por qué digo esto? Porque es chocante (e indignante) que los partidos políticos y las instituciones religiosas, que socialmente son considerados como los más religiosos – y en algunos casos, hasta religiosos por vocación y profesión – esos precisamente son los que dicen y hacen las cosas más irreligiosas que, en estos días precisamente, estamos viendo, oyendo y palpando.

Y si no, ¿cómo se explica que quienes más defienden la enseñanza de la religión en la escuela y en los planes de estudio, ésos precisamente son los que más insultan a quienes se oponen a lo que ellos dicen, los que más ofenden a sus adversarios, los que siembran más odio y resentimiento?. De lo que resulta que quienes más propugnan el cristianismo, ésos son lo que demuestran comportamientos tan anticristianos, que, en problemas que interesan o preocupan mucho a la gente, defienden y difunden lo que más daña esa pobre gente. ¿No es eso un “religión falsificada”? Un cristianismo, que siembra y propaga la división y el odio, eso podrá ser un “buen fariseísmo”. Pero, de cristiano, ahí no hay nada. Eso justamente es lo que más rechazó Jesús, como enseña insistentemente el Evangelio.

Y si de los políticos, pasamos a los obispos, la situación (en buena parte de España, al menos), da pena. Y escandaliza. Hay obispos que nos piden que recemos. ¿Cuándo? ¿Para qué? En pocas palabras: porque ven amenazados sus privilegios y beneficios económicos. Los mismos obispos que no han pedido oraciones cuando nos hemos enterado de los abusos que se han cometido en el trato que se les ha dado a los niños, a las mujeres, a los inmigrantes y a tanta gente que sufre indefensa. Los mismos obispos que han hablado públicamente contra el papa Francisco. Los obispos que han ofendido a los homosexuales y se han callado ante los corruptos.

Franco-obispos-cruzada_2174492536_14064404_660x371El citado profesor Ruster, refiriéndose a lo que sucedió en la Alemania nazi de la última guerra mundial, dejó escrito esto: “El holocausto se produjo dentro de una cultura conformada por el cristianismo. No solo los campos de concentración estaban ubicados cerca de los museos, auditorios y bibliotecas…, sino que la mayoría de aquellos facinerosos habían recibido durante años clases de religión cristiana, asistían con frecuencia al culto divino y escuchaban sermones e instrucciones morales. Existió un cristianismo que hizo posible Aushwitz, o al menos no lo impidió” (o. c., 32). Por eso “hay que preguntarse ya en qué difieren la “providencia” de Hitler y su “Todopoderoso”, por una parte, y Dios por otra”.

Si nos atenemos a los preocupantes números, en el gobierno y el desgobierno, hay que preguntarse: ¿a dónde va España en este momento? Y a la Iglesia, ¿qué futuro lo espera?

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Carta de Taizé 2020

Jueves, 2 de enero de 2020

hermano-alois-11-g-200x300Publicamos hoy en nuestro blog  la carta anual del Hermano Alois, prior de la Comunidad de Taizé:

Propuestas 2020

Siempre en camino,
nunca desarraigados

En septiembre, hemos vivido una nueva etapa de nuestra “peregrinación de confianza sobre la tierra” en la Ciudad del Cabo. Sudáfrica es un grande y hermoso país, que mostró al mundo, hace 25 años, la fuerza de la protesta contra el apartheid y una transición no violenta, aunque el país sigue marcado todavía hoy por las profundas divisiones entre las comunidades étnicas.

En este contexto, el hecho de que 1000 familias hayan abierto sus puertas para acoger a los jóvenes fue ya todo un signo. Estos jóvenes se han puesto en camino para salir al encuentro de cristianos de otros orígenes étnicos o confesionales. ¡También nosotros, como ellos, podríamos encontrar el valor de ir hacia los demás y acogernos mutuamente, donde sea que vivamos!

¡Ponernos en camino! Esta es una llamada para nuestro hoy. No permitamos que el desánimo nos invada, discernamos en nuestro entorno los múltiples signos de una vida nueva, portadora del futuro. Estemos atentos a las iniciativas inéditas… aunque no estén siempre rigurosamente elaboradas, y a menudo sean provisionales: avanzando encontraremos soluciones.

Con ocasión de nuestro encuentro europeo en Wrocław, he elegido como título de las “Propuestas 2020” una frase inspirada por la vida de una mujer polaca, Urszula Ledochowska – ¡una santa entre los testigos de Cristo y una ciudadana de Europa adelantada a su tiempo! Al hablar de su vida, alguien dijo: “Siempre en camino, nunca desarraigada”.

Hace treinta años, a finales de diciembre de 1989, estuvimos ya en Wrocław: Polonia había acogido el primer encuentro europeo al este del “telón de acero”. Al tiempo que se derrumbaba el muro de Berlín, el entusiasmo de una libertad reencontrada llenaba los espíritus. Desde entonces, el mundo ha cambiado: Tengo mucha confianza en que la generación joven va a abrir para nuestro tiempo otros caminos de libertad y de justicia.

En la vida y en la fe, somos peregrinos, a veces incluso extranjeros en la tierra. Tanto en tiempos de pruebas como de alegría, recordemos que Dios es fiel y nos invita a perseverar en nuestros compromisos, Él que ya prepara un futuro de paz.

Hermano Alois

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1. Siempre en camino…

…preparados para nuevos comienzos

El Señor dijo a Abrán: “Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré” (Génesis 12, 1)

Por la fe, respondemos a una llamada a ponernos en camino, recordando que un nuevo comienzo es siempre posible, ya sea cuando las cosas van bien o cuando enfrentamos dificultades aparentemente insuperables.

En los primeros capítulos de la Biblia, se encuentra el relato de la vocación de un hombre, Abrahán, llamado a dejarlo todo para partir, sin saber a dónde va. Con su mujer Sara, se hicieron peregrinos, animados por la confianza de que Dios los guiaría.

Una vez en el nuevo país que Dios les había dado, Abrahán y Sara habitaron en tiendas, como si estuvieran siempre en camino. Pero finalmente, sus pruebas se transformaron en bendiciones: Abrahán y Sara descubrieron lo que nunca hubieran encontrado si se hubiesen quedado en casa.

La Biblia está marcada por esta dinámica: ponerse en camino hacia un futuro que Dios prepara. El camino puede estar lleno de trampas –cuando el pueblo de Dios salió de Egipto, anduvieron errantes cuarenta años.

Y Dios mismo se hizo peregrino, guiando y acompañando a su pueblo: “Yo estoy contigo; te guardaré donde quiera que vayas” ﴾Génesis 28, 15﴿.

Al guiar a su pueblo a través del desierto, Dios les enseña a escuchar su voz y les abre posibilidades insospechadas.

Leer o releer, solo o junto a otros, algunos relatos bíblicos en los que Dios nos invita a ponernos en camino: Génesis 28, 10‐15; Éxodo 13, 17‐22; Salmo 126; Isaías 43, 1‐2; Mateo 2, 13‐23; Lucas 10, 1‐9; Hechos 11, 19‐26.

2. Siempre en camino…

… plenamente presentes para aquellos que nos rodean

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor (Marcos 6, 34)

Jesús se presenta a sí mismo como un peregrino, que “no tiene donde reclinar la cabeza” ﴾Mateo 8, 20﴿. Se puso en camino para anunciar esta buena noticia: Dios se ha hecho cercano, está actuando para transformar el mundo. Y nos invita a participar en este proyecto de renovación para toda la familia humana.

Por su vida, Cristo Jesús nos ha mostrado por dónde empezar: estando atentos a los pequeños y a los más vulnerables. Jesús pudo tener tal atención hacia los demás, porque estaba profundamente anclado en Dios. A cada momento de su vida, se dejaba guiar por el Espíritu Santo.

Por su venida en el mundo, Cristo ha compartido plenamente nuestra condición humana. Por su muerte en la cruz, ha sufrido hasta el extremo y reveló su absoluta fidelidad a Dios y a nosotros. Por su resurrección, Cristo ha llegado a ser el testigo del nuevo comienzo que Dios, en su amor, ha dado a la humanidad.

Desconcertados por las violencias y las humillaciones, son muchos los que se sienten como extranjeros en la tierra. Al seguir a Cristo, los cristianos ponen su confianza en Dios, lo cual los lleva a no caer en la indiferencia sino a estar en contacto con la realidad, solidarios y comprometidos.

En el siglo II, una carta cuyo autor ignoramos decía de los cristianos “reside cada uno en su propia patria, pero son como extranjeros. Toda tierra extranjera es su patria, y toda patria les es una tierra extranjera” ﴾Carta a Diogneto﴿

Busquemos un compromiso concreto para expresar en nuestras vidas la atención de Cristo por los más pobres.

En colaboración con las iglesias locales, reunámonos periódicamente para una oración común centrada en torno a la cruz y la resurrección de Cristo.

3. Siempre en camino…

… junto con los exilados

“Si un emigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como un miembro más de vuestro pueblo: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto”. (Levítico 19, 33-34)

En todo el mundo, mujeres, hombres y niños son obligados a abandonar su tierra o deciden buscar un futuro en otra parte. Su motivación es más fuerte que todas las barreras que se levantan ante ellos.

Todos deseamos que se preserve la especificidad de nuestras propias culturas, pero ¿no es la acogida de otros uno de los más bellos dones humanos? Ciertamente, la llegada de extranjeros plantea cuestiones complejas. La afluencia de migrantes debe gestionarse apropiadamente; aunque pueda crear dificultades, puede ser también una oportunidad.

También puede suceder que, aun viviendo en una misma ciudad, en un mismo barrio, un mismo pueblo, a veces durante varias generaciones, hay personas que pueden permanecer como extranjeras las unas para las otras. E incluso entre los que comparten las mismas referencias culturales, puede haber profundas incomprensiones. ¿Podríamos entonces buscar encontrarnos con los y las que no tienen las mismas opciones o convicciones que nosotros?

Al ponernos en camino hacia los demás, ya sea que hayan venido de lejos o que vivan cerca de nosotros sin conocernos, sin duda podríamos comprender mejor que piensan de manera diferente que nosotros.

No nos conformemos con informaciones o estadísticas, tomémonos el tiempo de conocer la situación de un migrante, o de una familia venida de otra parte, de escuchar y comprender su historia y su itinerario.

Entre los jóvenes, incluso entre aquellos que materialmente no carecen de nada, los hay que no pertenecen a ningún lugar. Los lazos familiares rotos son causa de grandes soledades, a veces invisibles. Tratemos de estar atentos a ellos, de acompañar a estas personas, a veces muy próximas a nosotros, que sufren un exilio interior.

4. Siempre en camino…

… junto a toda la creación

Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó: allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña (…) Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. (Salmo 104)

Ante los enormes peligros que amenazan nuestro maravilloso planeta, muchos jóvenes –y menos jóvenes también– se sienten impotentes o desanimados. Y, en los tiempos venideros, las catástrofes climáticas forzarán más y más gente a abandonar sus hogares.

Sin embargo, la fe nos invita a resistir el fatalismo y la angustia. Al comienzo de la Biblia, se lee: “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara” ﴾Génesis 2, 15﴿. Con este poético relato, la Biblia subraya que, en la obra creadora de Dios, nosotros recibimos una responsabilidad particular, la de cuidar de la tierra y preservarla. Redescubrir que formamos parte integrante de la Creación hace que nuestra vida sea más humana.

Nuestra tierra es un don precioso del Creador que podemos recibir con agradecimiento y alegría. La tierra es nuestra casa común y Dios nos llama a velar sobre todas las criaturas y por las generaciones que están por venir.

Ante la emergencia climática, vemos eclosionar múltiples iniciativas. Ellas están marcando más y más la conciencia común. Cierto que limitarnos solo al nivel de las prácticas individuales no es suficiente. Pero es una condición indispensable para el cambio.

Cada uno de nosotros es invitado a actuar a su nivel: revisemos nuestros modos de vida, simplifiquemos lo que podamos, prestando atención a la belleza de la creación.

En vistas al cuidado de la Creación, un testimonio común de las diferentes confesiones cristianas es posible. ¿No constituye una tal urgencia una llamada a unirnos en iniciativas ecuménicas? Algunas ya existen: una de ellas es la red de «iglesias verdes», a la que Taizé se adhirió durante el verano de 2019 (ver http://www.taize.fr/eco)

5. Siempre en camino…

…siempre anclados interiormente

Jesús dijo: Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará (Mateo 6, 6)

Como “huéspedes y peregrinos en la tierra” ﴾Hebreos 11, 13﴿, necesitamos encontrar un lugar de anclaje interior en el que podamos ser nosotros mismos. ¿No es en la oración que este anclaje puede tener lugar, en un diálogo de amistad con Cristo?

Es verdad que nuestra confianza en Dios puede ser frágil. Pero ¿no es la Iglesia una comunidad en la que podemos apoyarnos unos a otros, compartir nuestras dudas y preguntas y sostenernos mutuamente en nuestra búsqueda?

Retornar constantemente a esta comunión con Dios da una gran libertad. Por su amor, Dios quiere hacernos salir de nuestras servidumbres, colectivas e individuales, ayudarnos a remover lo que obstaculiza nuestra marcha.

¿Cómo estar siempre en camino sin jamás estar desarraigados? ¿Podría ser dejando que crezca en nosotros la convicción de que el Reino de Dios está ya comenzando a germinar en nosotros y entre nosotros?

Sí, hay un lugar donde reposar nuestro corazón. Como un centro de gravedad interior en el que Jesús nos dice “encontraréis descanso para vuestro entero ser” ﴾Mateo 11, 29﴿

Y el Espíritu Santo, aliento de bondad, nos guiará,
Incluso en nuestras noches…

Un trabajo por la verdad

Nuestra comunidad de Taizé ha vivido, en 2019, un difícil proceso de búsqueda de la verdad sobre las acusaciones de agresiones sexuales que implicaban a nuestros hermanos. Para proseguir en el camino de la confianza, deseamos que se haga toda la luz y que la palabra se libere.

Más información en http://www.taize.fr/protection

FUENTE: https://www.taize.fr/es, vía Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas de Zaragoza

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2020, bajo el signo de la confianza

Miércoles, 1 de enero de 2020

a_8

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

* * *

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
y guíame por el camino eterno.

*

Salmo 139 (138)

***

 

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José M. Castillo: “La religión y la política han cambiado mucho en veinte siglos, pero el Evangelio sigue siendo el mismo”

Lunes, 30 de diciembre de 2019

50387_N_04-04-12-0-42-02Las relaciones entre religión y política se mantuvieron hasta finales del s. XVIII, cuando en 1789 cuajó legalmente la Ilustración

Para Jesús, lo determinante y lo que necesita este mundo no es que tengamos gobernantes ejemplares, sino que seamos nosotros, los ciudadanos, los que vivamos de una manera ejemplar

¿Se metió Jesús en política? Si respondemos a esta pregunta desde lo que se vivía y cómo se vivía, en el mundo romano del siglo I, a nadie se le ocurriría pensar que la religión y la política estuvieran separadas. Roma afirmaba que su imperio era tal por mandato de los dioses (Warren Carter). Por eso, mientras duró el Imperio y en los siglos posteriores del medievo, tanto los políticos como los hombres de la religión, no sólo mantuvieron el firme convencimiento de que “lo religioso” y “lo político” se necesitaban mutuamente, sino que además lo decían en público y lo defendían a toda costa.

Este criterio fue firme. Incluso ya bien entrado el Renacimiento, después de 1513, Maquiavelo dejó escrito: “Los príncipes o los estados que quieran mantenerse incorruptos deben sobre todo mantener incorruptas las ceremonias de su religión, y tener a ésta siempre en gran veneración, pues no hay mayor indicio de la ruina de una provincia que ver que en ella se desprecia el culto divino (Discursos sobre la primera década de Tito Livio, libro 1, 12). Y así se mantuvieron las relaciones entre religión y política hasta finales del s. XVIII, cuando en 1789 cuajó legalmente la Ilustración.

Pero yo no hablo aquí de las relaciones entre religión y política, sino de Evangelio y política. La religión y la política han cambiado mucho en veinte siglos. El Evangelio sigue siendo el mismo. Ahora bien, en el Evangelio está patente que Jesús no puso el centro de su mensaje en el cambio de los gobernantes y sus programas de gobierno, sino en el cambio de los gobernados y sus conductas. La mentalidad de Jesús aparece, en los Evangelios, tan patente como desconcertante.

“¿No lo estamos viendo ahora, en el silencio y las cosas extrañas, que oímos a no pocos “hombres de la religión”, que defienden su poder y sus privilegios, aunque las mujeres, los extranjeros y los desamparados tengan que seguir soportando lo más duro de la vida?”

Cuando Herodes mandó degollar a Juan Bautista, en una noche de juerga (Mc 6, 14-29 par), los Evangelios ni mencionan denuncia o protesta alguna de Jesús por semejante atrocidad. Y cuando le contaron a Jesús que Pilatos había asesinado a unos galileos, precisamente cuando ofrecían un sacrificio religioso en el templo, Jesús le dijo a la gente lo que nadie seguramente esperaba. En vez de rechazar el crimen de Pilatos, lo que Jesús le dijo a la gente fue tremendo: “Os digo que si no os enmendáis (si no cambiáis de vida), todos vosotros vais a morir igual” (Lc 13, 1-5). Para Jesús, lo determinante y lo que necesita este mundo no es que tengamos gobernantes ejemplares, sino que seamos nosotros, los ciudadanos, los que vivamos de una manera ejemplar.

¿No hemos pensado nunca que el tremendo relato de la pasión de Cristo nos enseña, entre otras cosas, que quien se resistió a condenar a muerte a Jesús no fue el “poder religioso”, sino el “poder político”? Al final, Pilatos cedió. Pero fue porque el “poder religioso”, en el momento decisivo, confesó a gritos su verdadera creencia: “No tenemos más rey que el César” (Jn 19, 15).

Es tremendo, pero hay que reconocerlo, si es que creemos en el Evangelio: el poder religioso cree más en su propio poder, venga de donde venga, que en la fidelidad a Jesús hasta el último suspiro. ¿No lo estamos viendo ahora, en el silencio y las cosas extrañas, que oímos a no pocos “hombres de la religión”, que defienden su poder y sus privilegios, aunque las mujeres, los extranjeros y los desamparados tengan que seguir soportando lo más duro de la vida? ¿Por qué el papa Francisco tiene que soportar tanto rechazo precisamente de quienes no se cansan de insistir que ellos son los conservadores más íntegros de la religión? La política es importante. Pero es más importante nuestra honradez.

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Rafael Aguirre: “El cristianismo que acepta el estudio crítico de sus orígenes asume un gran reto”

Viernes, 27 de diciembre de 2019

Scene 07/53 Exterior Galilee Riverside; Jesus (DIOGO MORCALDO) is going to die and tells Peter (DARWIN SHAW) and the other disciples this not the end.

“En el ADN del cristianismo hay material genético que puede despertar y revitalizar extraordinariamente el cuerpo de la Iglesia”

“De la misma forma que las investigaciones históricas sobre Jesús han contribuido a renovar profundamente la cristología, los estudios serios y críticos sobre los orígenes del cristianismo deben ser un acicate y un revulsivo teórico y práctico para la eclesiología”

“El peligro de una minoría es encerrarse, convertirse en gueto, considerarse selecta”

No es ninguna casualidad que en la actualidad se multipliquen los estudios sobre los orígenes del cristianismo. La avalancha de libros sobre Jesús inevitablemente plantea la pregunta de por qué vino después el movimiento que reivindicaba su causa y su persona. Además en tiempos de crisis se vuelven los ojos a los orígenes para encontrar en ellos puntos de referencias. De la misma forma que las investigaciones históricas sobre Jesús han contribuido a renovar profundamente la cristología, los estudios serios y críticos sobre los orígenes del cristianismo deben ser un acicate y un revulsivo teórico y práctico para la eclesiología. Ciertamente la situación de la Iglesia –de las Iglesias cristianas- es muy diferente en los diversos lugares del mundo y lo que voy a sugerir brevemente tiene una relevancia especial en los países de vieja cristiandad, concretamente en Europa. Me limito a un apunte, que pienso está ya desarrollando sus posibilidades teóricas y prácticas.

El cristianismo surge en el seno del judaísmo como un movimiento creativo, en rápida expansión, tras la novedad histórica que supuso Jesús de Nazaret y las experiencias de su Espíritu. Es una verdad ya adquirida que este movimiento, por su propia vitalidad y porque Jesús no pretendió realizar una labor organizativa, se expresó desde el inicio en tradiciones teológicas plurales (petrina, paulina, postpaulinas, joánica, judeocristianas, gnósticas) y en comunidades cristianas muy diversas. La Iglesia de Jerusalén tuvo grandes problemas con la de Antioquía, pero no rompieron la comunión entre ellas. Pablo jamás dejó de considerarse plenamente judío, pero tuvo enormes conflictos con otros misioneros judeocristianos. Los movimientos sociales idealizan sus orígenes y esto es lo que realizan los Hechos de las Apóstoles, que ocultan la gravedad de la ruptura que se dio entre Pedro y Pablo. Un grupo social que acepta el estudio crítico de sus orígenes asume un gran reto que en el caso del cristianismo implica una maduración de la fe, la aceptación de la historicidad de las estructuras eclesiales y el descubrimiento de posibilidades dormidas o reprimidas. En el ADN del cristianismo hay material genético que puede despertar y revitalizar extraordinariamente el cuerpo de la Iglesia.

“Los seguidores de Jesús se encontraban en una situación marginal en el seno del judaísmo, del que no renegaban en absoluto, pero en el que su situación era sumamente incómoda porque su predicación de un Mesías crucificado resultaba del todo inaceptable”

Fácilmente surge el desconcierto ante “la pluralidad de cristianismos”, que solo a finales del siglo II fueron convergiendo en la “Gran Iglesia”, lo que suponía aceptar elementos comunes sin eliminar notables diferencias. Es este período clave de los dos primeros siglos, históricamente oscuros, el que suscita un interés especial. Reitero que es innegable la pluralidad existente en los grupos cristianos de los orígenes, pero hay dos características que se encuentran en todos ellos: su carácter minoritario y marginal, tanto más acentuadas cuanto más clara era su vinculación con Jesús. El carácter minoritario es obvio tanto entre los grupos en los que predominaban los miembros procedentes del judaísmo como en los formados mayoritariamente por gentiles, como sucedía en las comunidades paulinas.

Pero este carácter minoritario tenía una característica muy peculiar: eran grupos marginales. Esto hay que entenderlo bien. Marginal no es lo mismo que marginado o excluido. Los grupos cristianos no se separaban de su sociedad como los qumranitas judíos que se iban al desierto o los cínicos griegos que rompían ostentosamente con su sociedad. Marginal quiere decir que no aceptaban los valores hegemónicos de su sociedad, pero no huían de ella. Vivían en el margen en el sentido de que vivían como ciudadanos normales, pero el punto de referencia de su identidad estaba fuera de la convenciones sociales establecidas, estaba en Jesús crucificado y en el Reino de Dios que anunció. Estaban en el mundo, pero no eran de este mundo. Los seguidores de Jesús se encontraban en una situación marginal en el seno del judaísmo, del que no renegaban en absoluto, pero en el que su situación era sumamente incómoda porque su predicación de un Mesías crucificado resultaba del todo inaceptable. Todos los seguidores de Jesús, tanto los expulsados de la sinagoga como los de procedencia gentil, se encontraban en el Imperio en una situación marginal, muy difícil de sostener, porque no aceptaban el culto imperial ni introducían a Cristo como una deidad más en el acogedor panteón del politeísmo romano. Más aún: proclamar a Jesús crucificado como Señor e Hijo de Dios era un desafío abierto a la ideología religiosa que divinizaba al emperador y legitimaba el orden imperial.

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El carácter minoritario y marginal era común a los diversos grupos cristianos de los dos primeros siglos. Ahora bien, la diferencia está en cómo gestionaban esta situación, sin integrarse y sin abandonar su sociedad. Las diferencias fueron muy notables. Pensemos, por ejemplo, en la postura más acomodaticia de las Cartas Pastorales, que no hablan de la cruz, y en los Evangelios Sinópticos que reivindican la radicalidad de Jesús con un relato centrado en su muerte en cruz.

¿Todo esto dice algo hoy a la Iglesia? Estudiamos los orígenes del cristianismo porque nos interesa su presente y su futuro. Pienso que la Iglesia de los países de vieja cristiandad, y ya he señalado que tengo presente especialmente a la europea, se encuentra en una situación cada vez más parecida a la de los orígenes: minoritaria y marginal. Es una situación que hay que asumir sin cerrar los ojos a la descristianización galopante, sin nostalgias, con lucidez y como una oportunidad para revitalizar el cristianismo. La presencia de Dios y de su Espíritu no se identifica en absoluto con la centralidad de la Iglesia. El ocaso social de la Iglesia no significa la ausencia de Dios. Lo que está en juego no es una sedicente cultura cristiana, aunque tampoco se trata de abandonar a la ligera las tradiciones recibidas: el punto clave es la vivencia de una fe en Dios que transforme la vida personal y social, que sea un revulsivo cultural.

La presencia institucional de la Iglesia en Europa no corresponde a la fe realmente vivida en comunidades cristianas. Debemos comprender, como decía Pedro Crisólogo en el siglo IV, que somos una minoría “no porque hayamos disminuido de una grande, sino porque crecemos de uno pequeño”. Una minoría con vocación de levadura que se mete en la masa para fermentarla. Porque creemos que aceptar a Jesús y su evangelio abre un horizonte insospechado a la vida humana y le confiere una enorme dignidad. El peligro de una minoría es encerrarse, convertirse en gueto, considerarse selecta y por encima de los demás. Lo peor de todo es cuando un Iglesia, que se pretende mayoritaria socialmente, adquiere mentalidad de gueto. Nuestra sociedad va a ser cada vez menos homogénea ideológicamente y esto es un acicate más para saber ser minoría fraterna, constructiva, abierta y crítica. Jesús enseña a sus discípulos a ser minoría cuando les habla de la sal, de la luz, de la levadura, de la mostaza.

El que la minoría sea marginal es de especial calado y actualidad. Si prescindimos de algunas formas anacrónicas que no tienen nada de evangélicas, la Iglesia ya no es una institución central y en la medida en que adopta posturas evangélicas encuentra desdén autosuficiente, desprecio y oposición abierta. Lo estamos viendo en las reacciones que encuentra el Papa Francisco. Aceptar la marginalidad es la oportunidad para recuperar la capacidad de novedad que sorprende y de crítica del evangelio del crucificado. La Iglesia se tiene que dirigir a esta sociedad con realismo sin desconocer la complejidad de los problemas, pero convencida de que en “la locura de la cruz” hay una sabiduría humana muy profunda. Es hablar desde los pobres, tomar claramente distancia de los valores hegemónicos, afrontar las dificultades que conlleva reivindicar el mensaje evangélico.

La marginalidad puede y deber ser asumida de forma consciente por la Iglesia, con los costes institucionales que conlleva, y considerarla como el lugar social adecuado para ver mejor toda la realidad y también como el lugar donde se pueden generar valores de superior calidad moral. Vivir en la marginalidad es difícil e incómodo, tiene costes importantes, exige, con frecuencia, no acomodarse a lo más comúnmente aceptado, pero también requiere no escaparse con un discurso etéreo y no apto para este mundo.

Para mucha gente la marginalidad es una situación que les viene impuesta, les resulta dolorosa y deshumanizante. Pero la marginalidad ofrece sociológicamente posibilidades positivas y puede ser voluntariamente asumida. Es lo que he intentado explicar en las líneas precedentes. El estudio del cristianismo de los orígenes pone de manifiesto que las primeras comunidades eran marginales tanto respecto al judaísmo como respecto al Imperio. Esta situación les venía dada por su vinculación con Jesús, que ha sido acertadamente calificado como “un judío marginal”. Mucho antes de contar con el favor imperial estas comunidades se extendieron con rapidez porque, desde la marginalidad, mostraban un estilo de vida alternativo que resultaba atrayente para amplios grupos sociales.

Es el gran reto de la hora presente para nuestra Iglesia europea, y de una forma quizá especial para la española, asumir de forma creativa la condición de marginalidad, vinculada necesariamente con la situación de minoría (lúcida y creativa), como una oportunidad para una renovación radical del cristianismo en nuestra sociedad. Es lo que nos pide la mirada a los orígenes consustancial con un movimiento que se sabe heredero de una tradición histórica. De otra forma la amenaza es la nostalgia agresiva o ser la albacea de un patrimonio cultural vitalmente irrelevante para las nuevas generaciones.

Fuente Religión Digital

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Navidad ¿qué va a cambiar?

Miércoles, 25 de diciembre de 2019

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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba ¡unto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

        Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

        Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

        Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de todos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

        Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad.

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W. Pannenberg,
Presencia de Dios,
Brescia 1974, 119-120).

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“Una indiferencia poco explicable “, por Gabriel Mª Otalora

Viernes, 20 de diciembre de 2019

Egipto_Cristianos perseguidosDe su blog Punto de encuentro:

La indiferencia, por definición, es una actitud de desinterés y desapego. Dicen que lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia; por algo será. Si esto lo vemos a través del prisma de la persecución de los cristianos, creo que al menos en Occidente tenemos un grave problema como creyentes en la fe de Jesús, él que tanto se esforzó por ser atento y acogedor con todos los necesitados sin condiciones ni límites, llegando hasta el extremo.

Según diversos estudios, en el siglo XX habrían sido asesinados unos 45 millones de cristianos por causa de su fe. Somos perseguidos en muchas partes del mundo, principalmente en Asia y África, por la cantidad de países de estos dos continentes que están catalogados como perseguidores. Sin olvidarnos que el Papa ha denunciado que hoy en día las persecuciones contra los cristianos se producen “con guante blanco” incluso dentro de las fronteras de Europa donde muchas veces son excluidos o marginados del debate social.

La tendencia en la persecución es un fenómeno social claramente ascendente, tanto en métodos como en el número de países. Entre las principales causas de la persecución destaca la opresión islámica; de hecho, de los cincuenta países en donde existe objetivamente persecución a los cristianos, 35 de ellos es el islamismo la causa del nacionalismo religioso excluyente. Otra causa importante son las dictaduras o cuando el testimonio de fe choca con cualquier régimen o sociedad interpelada. En Arabia Saudita, a la que tan bien tratan Estados Unidos y España, está prohibida la apertura de templos cristianos mientras que la monarquía saudita financia mezquitas entre nosotros.

Descendiendo un poco más al detalle, uno de cada tres cristianos en Asia, sufre persecución, mientras que en África son uno de cada seis. Esto significa que uno de cada nueve cristianos es perseguido en el mundo. Más de 200 millones de cristianos son perseguidos en razón de su fe. La realidad es que es el cristianismo la religión más perseguida del mundo.En cuanto al número de cristianos muertos anualmente por su fe, solo en 2011 y según datos de la organización para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos (OSCE), la cifra se elevó a 105.000 muertos.

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Nosotros estamos enfrascados en rencillas y preocupadísimos por problemas en torno a nuestras comunidades católicas (otra cosa es ocuparnos de resolverlos) que merman su influencia social sin que nadie de la institución jerárquica se plantee medidas correctoras estructurales, aunque sea alguna de las que el Papa marca casi a diario con su actitud y nuevas maneras de ser luz del mundo. Cuánto menos estamos para preocuparnos y ocuparnos de la terrible injusticia que supone la persecución a los cristianos en pleno siglo XXI.

Estamos en Adviento, tiempo de preparación para la acogida evangélica del Niño Dios que nos llama a vivir con otra mirada la existencia. No parece de recibo mantener más tiempo esta grave realidad fuera del foco cristiano y católico del Primer Mundo, de la Unión Europea y de nuestras comunidades. Deberíamos preguntarnos en un contexto de oración porqué no reaccionamos y nos manifestamos a favor de las persecuciones y matanzas, al menos para que el Gobierno actúe al menos por vía diplomática. No recuerdo que algún obispo clame por esta injusticia, a excepción de monseñor Agrelo, el franciscano que ha sido muchos años arzobispo de Tánger. No está en nuestra agenda de vivencias solidarias de fe.

Queremos evangelizar, pero se nos marchan muchos católicos desencantados y posiblemente nuestra falta de solidaridad y sensibilidad también tenga algo que ver con la inconsecuencia de nuestra fe. No es suficiente que existan algunos organismos que trabajan por ayudar en algunos países a algunos cristianos perseguidos, como es el caso del SIT trinitario. Parece que algunos leen el evangelio de manera sesgada y solo les importa la educación concertada, el aborto y el sexo. Y así nos va,   A las puertas de una nueva Navidad.

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Ante la situación de quienes migran. Contra el miedo que excluye y mata.

Jueves, 19 de diciembre de 2019

Inmigrantes2El naufragio de personas migrantes en el Mediterráneo y en el río Bravo al intentar entrar en Europa y EE.UU. ha evidenciado que mares y ríos se han convertido en fosas comunes de vidas perdidas y cuerpos dañados. En lugar de unir pueblos, comunicar personas e intercambiar bienes, se han poblado de muertes anónimas. La solución no vendrá de negarles el auxilio y cerrar los puertos, ni de las expulsiones a países fronterizos y zonas desérticas, ni de convertir los pueblos vecinos en policías sino de respuestas cívicas, éticas, solidarias, políticas, culturales y religiosas.

1.- Es urgente liberar los sentimientos de miedo interesado y discursos irracionales que vinculan la inmigración con la delincuencia, lo forastero con la peligrosidad y que siembran el odio y el rechazo de seres humanos empobrecidos que sólo buscan oportunidades para ellos y sus familias. Necesitamos una pedagogía social en las parroquias, en las catequesis, en los medios de comunicación, en las calles, en los bares… que favorezca respuestas afectivas y efectivas, la convivencia cívica y el encuentro humano. Denegarles protección, cobijo y reconocimiento de sus derechos conduce a la barbarie y es prueba de inhumanidad.

2.- La ética no puede aceptar que unas vidas sean protegidas y otras abandonadas, ya que toda vida humana es valiosa y merece ser defendida. Ninguna de ellas puede perderse sin que eso nos afecte a todos los seres humanos. Está en juego nuestra humanidad, la identidad humana y cristiana, la justicia y la decencia de nuestra sociedad.

Con esas muertes entramos en un grave proceso de decadencia moral y de degradación de todo el mundo: pierde la gente que queda sin raíces y arraigos, pierden sus familias al privarse de la presencia de algunos de sus miembros, pierden sus pueblos y sus comunidades de origen que quedan sin personas con coraje e inteligencia colectiva para trasformar sus condiciones. La hermandad nos compromete en su defensa. Nos unimos a quienes procuran por sus vidas, las ayudan y defienden, las acogen y acompañan arriesgando la propia integridad personal y se exponen a persecuciones desde la legalidad vigente.

3.- Especial responsabilidad política tienen los Estados a la hora de rescatar y auxiliar, sin condiciones, a las personas que han naufragado, de ofrecerles el estatuto jurídico necesario para poder vivir con dignidad y de promover condiciones de vida justas y dignas en sus países de origen. Tienen también la obligación de oponerse a la industria migratoria en manos de mercaderes que anteponen sus beneficios a la seguridad de los seres humanos. Hay que superar las políticas incendiarias y xenófobas que atribuyen a los inmigrantes acciones violentas, olvidando que son ellos quienes sufren violencias y muertes que una política solidaria podría evitar. Sólo la movilización ciudadana logrará políticas justas que defiendan a la gente necesitada y no promuevan la inmigración. Estas políticas son fundamentales en sus países empobrecidos o en guerra para transformarlos en lugares donde se pueda vivir. Al fin y al cabo, el fenómeno de la emigración actual no es otra cosa que la otra cara de la moneda de un bienestar y de un consumismo excluyente y privativo.

4.- Denunciamos los discursos y las ideologías que presentan la inmigración como un peligro para la seguridad, la identidad nacional o el nivel de ocupación en el país de destino. En realidad son hombres, mujeres y menores que vienen en busca de pan, refugio, trabajo y paz. Es importante potenciar una visión de la persona inmigrante como sujeto con unos valores y una capacidad para ayudarnos a transformar nuestro mundo y construir una sociedad más integradora desde la pluralidad cultural. Es engañoso considerar a las personas migrantes simples víctimas necesitadas de atención e incapaces de emprender procesos autónomos de transformación. Con sus naufragios, muere la dignidad de todo el mundo y desaparecen sueños y capacidades que nos hacen falta para construir una sociedad más humana y cambiar el orden mundial.

5.- La comunidad cristiana tiene que llorar esos seres humanos muertos como propios, acompañar sus duelos, recordarlos y nombrarlos por su nombre propio en la liturgia. En efecto, tenemos motivos para hacer duelo mientras se muera un ser humano por alcanzar unas condiciones de vida que nadie tiene derecho a poseer en exclusiva. ¿Acaso no sería razonable que sus nombres resonaran de algún modo en las liturgias hasta golpear nuestras conciencias reconociendo así su derecho a ser llorados?

6.- Queremos también mencionar a los muertos civiles, es decir, de los seres humanos que vagan por nuestras calles durante años sin que se les reconozca su existencia por no disponer de una documentación en regla. Después de haber sobrevivido a la muerte, que acaso sí hayan sufrido familiares o amistades en el recorrido migratorio, se encuentran con el peligro de ser encerrados en los CIEs durante sesenta días y privados de la posibilidad de rehacer sus vidas y contribuir al mismo tiempo al bienestar de la sociedad en la que malviven. Resuena con especial intensidad la sugerencia del papa Francisco: hace falta abrir parroquias, conventos, instituciones eclesiásticas a la gente migrante que solicita asilo y refugio.

Noviembre de 2019

Fuente Grup Cristià del Dissabte

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Los cristianos de Gaza no podrán viajar a Belén en Navidad

Miércoles, 18 de diciembre de 2019

776ED3C9-287D-4EE6-A737-0E822A5A9E2FIsrael restringe el paso a los lugares santos por “órdenes de seguridad”

Líderes cristianos de Jerusalén han condenado la decisión y han agregado que ya han pedido a las autoridades que den marcha atrás

En la Franja residen alrededor de mil cristianos, la mayoría de ellos de la Iglesia Ortodoxa, sobre una población total de cerca de 2,2 millones de personas

13.12.2019 | RD/Reuters

Las autoridades de Israel han anunciado este jueves que los cristianos residentes en la Franja de Gaza no tendrán permiso para visitar las ciudades de Belén y Jerusalén para las festividades de Navidad de este año.

Los cristianos del enclave palestino recibirán permisos para viajar al extranjero, pero no podrán trasladarse a Israel o Cisjordania, donde se encuentran numerosos lugares santos para los cristianos.

Israel aplica severas restricciones a los movimientos desde la Franja de Gaza, controlada por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), considerado como un grupo terrorista.

Una portavoz del enlace militar israelí con los palestinos ha detallado que la medida ha sido adoptada siguiendo “órdenes de seguridad” y que los gazacíes podrán viajar al extranjero a través del cruce del Puente de Allenby, en la frontera con Jordania.

En respuesta, líderes cristianos de Jerusalén han condenado la decisión y han agregado que ya han pedido a las autoridades que den marcha atrás. “Otras personas de todo el mundo reciben permiso para viajar a Belén. Creemos que los cristianos de Gaza deberían tener también este derecho”, ha dicho Uadie Abú Nasar, asesor de los líderes de la Iglesia local.

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Ahondamiento de la política israelí de separación”

Gisha, un grupo pro Derechos Humanos de Israel, ha criticado que la medida apunta a “una intensificación de las restricciones de acceso entre las dos partes del territorio palestino”, por lo que ha denunciado “un ahondamiento de la política israelí de separación”.

Por su parte, Randa el Amash, una cristiana de Gaza, ha resaltado que “cada año reza para que le den permiso para poder celebrar la Navidad y ver a su familia”. “Sería más feliz celebrarlo en Belén y Jerusalén”, ha agregado.

En la Franja residen alrededor de mil cristianos, la mayoría de ellos de la Iglesia Ortodoxa, sobre una población total de cerca de 2,2 millones de personas.

Las autoridades israelíes dieron el año pasado permiso a alrededor de 700 cristianos gazacíes para viajar a Jerusalén, Belén, Nazaret y otras ciudades santas que reciben a miles de peregrinos en cada festividad.

Fuente Religión Digital

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Los dos “Advientos”

Jueves, 12 de diciembre de 2019

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Sant Feliú de Llobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 02/12/19.- Estamos ante dos maneras diferentes, en cierta manera contrarias, de prepararse para el acontecimiento que da sentido a ambos: la Navidad. Por un lado, a nivel litúrgico y religioso, la Iglesia recuerda a sus fieles que estaría bien mantener una actitud fuerte de vigilancia durante las cuatro semanas previas a dicho acontecimiento. De vigilancia no respecto a posibles intrusiones externas, sino a todo lo que pueda suponer desde el interior una distracción que impida descubrir donde se encuentra hoy para todo hombre y mujer la Buena Noticia. Para ello, las iglesias y lugares de culto se adornan de manera especial, dentro de la austeridad requerida. El color morado es el que predomina, acompañado de un signo propio y exclusivo de este tiempo litúrgico como es la corona de Adviento. Yendo más al fondo, en cuanto al mensaje y al testimonio, son los profetas los encargados de recordar que el momento está muy cerca y que, por ello, se hace necesario mantener una actitud activa y expectante de vigilia y de espera. Principalmente Isaías, por lo que al Antiguo Testamento se refiere, es el que recuerda que el “tiempo ya se ha cumplido” y que, por tanto, es hora de despertar y mantenerse alerta. Juan Bautista, en el Nuevo, será quien con su palabra y también su testimonio urgirá a abrir caminos que hagan posible la entrada de Aquel, el único, que trae la paz. Finalmente, María, también José, encarnarán de manera muy especial el mejor ejemplo de que no hacen falta ruidos ni aspavientos; el silencio es el instrumento más idóneo a la hora de oír ese susurro de “Aquel que viene sin romper la caña cascada”.

Lo que me temo es que quizás toda esta preparación no sirva más que para dar pábulo a un cierto sentimiento y sensiblería personal que la imaginación popular ha ido tejiendo a lo largo de veinte siglos a partir de algunos datos, poco precisos ciertamente, del nacimiento de un niño allá, por las tierras de Judea. Todo ello, en vez de asumir en forma de compromiso lo que un día más tarde este recién nacido espetará sin más a los discípulos que el Bautista le envió para preguntarle si era Él realmente el Mesías. “Id y decid a Juan -les respondió- lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los mudos hablan, los cojos caminan…” (Lc. 7, 22-23).

Junto a esta manera de prepararse para la Navidad, la sociedad en general, “cristiana” precisamente, lo vive y lo espera de manera muy diferente. En este sentido, cabe reconocer que acostumbra a madrugar un poco más. Hace algunos días que la mayoría de las calles y plazas de nuestras ciudades comenzaron a iluminarse de manera muy especial. No de la manera que se hace cada año, sino con mayor intensidad, cuando esto es posible; pues, no en vano, los unos y los otros se retan y compiten para a ver quién logra superar mejor el espectáculo conseguido el año anterior. La luz, con todo lo que supone y significa, en este caso deja de tener finalidad en si misma, para convertirse en instrumento y medio que conduce a otras realidades. Así, pues, la luz queda convertida, por un lado, en signo y señal; mientras por otro, se la intenta imbuir de algo mucho más incisivo; es el mejor de los reclamos que llama a los unos y los otros, no solo para que compren lo que en muchos casos podría ser necesario; sino para que lo hagan hasta llegar al paroxismo, si hace falta.

A la calle salen también unos cantos que otrora solamente se cantaban en los templos. Unos cantos preñados de una ternura y de un sentimiento profundo que obligan casi a la fuerza a hacerse portador/a de valores muy especiales. Valores tales como la bondad hacia todo y para con todas las personas; la solidaridad con el pobre, el perdón para con el ofensor, el deseo de paz para quienes, en un sentido o en otro, son víctimas de violencia o de abuso. Hablo de obligar, no porque alguien, desde fuera, imponga deberes más o menos onerosos que haya que esforzarse por llevar a cabo para convertir en realidad los valores antes aludidos. Se trataría de un esfuerzo en la línea, más bien, de una especie de auto obligación interior que nadie va a fiscalizar, sino que va a ser cada una y cada uno quienes lo ponga en práctica con la mayor generosidad del mundo y, curiosamente también, con una inmensa alegría. Vaya; que sí o sí, hay que ser buenos y buenas, porque toca; sin pretender ir más allá. Y eso mal que les pudiera pesar a no sé quién, o, incluso, a nosotras y a nosotros mismos.

Claro que, vistos así estos “Advientos”, muy poco o nada se puede esperar de los mismos a corto y, mucho menos, a largo plazo; pues tengo la impresión de que no son fruto de convicciones sólidas y profundas, sino, más bien, de sentimientos bastante superficiales en general y, por lo visto hasta el momento, muy, pero que muy pasajeros.

A pesar de todo, no estoy abogando, por si alguien lo pudiera llegar a pensar, por un año, en este caso por un diciembre 2019, sin Navidad; ¡Dios me libre! Mis deseos son totalmente otros: ¡Quiero la Navidad; solo faltaba! Pero, eso sí: una Navidad menos mezquina, menos superflua, menos sensible religiosamente, menos… Una Navidad de sentimientos profundos que, a su vez, esté libre de experiencias baladís. Una Navidad que sea fruto de una religión que predica y es testimonio de un compromiso con todas las consecuencias. Y, puestos a pedir, mi deseo es que fuera una Navidad más “evangélica”.

Y, como los deseos son gratis, vayan todos los más posibles por delante, en cuanto a mi se refiere. De manera especial un sincero Adviento y una feliz Navidad para todos los hombres y mujeres sin ningún tipo de distinción ni diferencia.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Evangelio y Humanismo.

Miércoles, 4 de diciembre de 2019

imagesHace tiempo que me pregunto si el cristianismo es un humanismo. Hoy concreto el tema y me pregunto si el evangelio es un humanismo.

Cristianismo y Evangelio

Qué cristianismo. Solemos identificar cristianismo y evangelio, porque el evangelio es (debería ser) la esencia del cristianismo. Lamentablemente existe mucha distancia. “Cristianismo” ha pasado a ser un término sociológico, medible por los registros parroquiales de bautismo. Cristianos se denominó en sus orígenes a los seguidores de Jesús de Nazaret; pero el seguimiento de Jesús se mide por el amor desinteresado, y de éste no hay termómetros ni registros. Actualmente “cristianismo” es un término muy ambiguo y podemos aplicarle aquello de “ni son todos los que están, ni están todos los que son”.

Para mí, cristiano puede considerarse el que trata de seguir a Jesús, y lo interpreta dentro de la variedad de interpretaciones que ofrecen los libros del Nuevo Testamento; pero prefiero evitar el término “cristiano” y referirme directamente al evangelio. ¿Qué importa si Gandhi o Simone Weil se hicieron cristianos o no? Ellos siguieron el mismo Proyecto que Jesús, aunque con distinto nombre; su dedo apuntó a la misma luna.

Qué evangelio. El evangelio es la buena noticia que trajo Jesús, y que se plasma en el mismo Jesús. Conservamos cuatro evangelios reconocidos por las primeras comunidades cristianas, que relatan e interpretan con bastantes divergencias la vida de Jesús. Estas divergencias evitan que  tomemos cada evangelio al pie de la letra, y nos invitan a escuchar el eco que suscitan en nuestra conciencia.

Evangelio y Humanismo

Ha habido épocas en las que se ha acentuado mucho las diferencias entre evangelio y humanismo, entre lo sobrenatural y lo natural. Ha habido otras épocas en que se ha reaccionado contra esta tendencia y se ha acentuado las coincidencias. El mismo Dios que nos “eleva” con su “gracia” es el que creó al hombre y a toda la naturaleza, “y vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Génesis 1,31).

La Historia es testigo del mucho egoísmo humano, que provoca guerras, crímenes, expoliaciones, esclavitud, injusticias…. En cambio se ha historiado menos, pero todos somos testigos de que también existe mucha bondad, compasión, generosidad silenciosa, deseo de justicia. El Psicólogo Carl Rogers basaba sus terapias en suscitar el fondo bueno del corazón humano. Generosidad y egoísmo se entremezclan en nuestra vida, en diversas proporciones, como tendencia expansiva y fuerza de cohesión de nuestra identidad.

En el evangelio tenemos expresiones que acentúan el contraste con lo humano; contrastan incluso con lo mejor de lo humano.

Cuando Pedro trató de disuadir a Jesús de que fuera a Jerusalén, Jesús le reprochó “porque no piensas como Dios sino como los hombres”; pero lo mantuvo como discípulo y le confió cohesionar a todo el grupo.

A un humanista le cuesta entender que “los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”, que las prostitutas precederían a los sacerdotes en el reino de Dios, que el publicano (recaudador de impuestos para el Imperio invasor) preceda al fariseo (religioso cumplidor de la Ley), y sobre todo que el jornalero que empezó a trabajar al atardecer cobre lo mismo que el que comenzó a primeras horas de la mañana.

Examinando estos textos más a fondo vemos que contrastan con algunos principios éticos, con nuestras prácticas religiosas habituales, con nuestra justicia distributiva; pero corresponden a un amor desinteresado, que no actúa coaccionado por cumplir o quedar bien, que no espera consideración ni premios: “aunque no hubiera cielo, yo te amara; y aunque no hubiera infierno, te temiera”.

Una madre siempre sabrá disculpar y perdonar a su hijo. Es que el amor es más profundamente humano que la justicia. La justicia es algo transitorio; con la justicia apenas se contienen los desmanes de una sociedad. El amor es la materia divina de la que estamos tejidos, y es (será cuando lo logremos) la única manera de que una sociedad viva libremente, sin coacciones, en hermandad universal.

Creo que el evangelio, la buena nueva, el Reino de Dios, está ya en nuestra conciencia desde su primer instante; por eso todas las religiones, toda sabiduría laica, son pedagogías (más o menos acertadas) para descubrir y cultivar esta semilla del amor fraterno.

Jesús fue tan profundamente humano que lo consideramos la encarnación de Dios, “el rostro humano de Dios”.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , ,

“Déjame que hable del trisustanvorcio”, por Juan de Burgos Román

Lunes, 25 de noviembre de 2019

odp_035Juan de Burgos Román
Madrid.

ECLESALIA, 11/11/19.- Querido amigo, te cuento: Terminaron, ellos, los instruidos en asuntos de lo alto, convenciéndonos, a nosotros, las gentes de a pie, de que aquel asunto, que era asunto asombroso, complejo y complicado de entender, la doctrina del trisustanvorcio, lo llamaron, nos convencieron, te decía, de que aquello era cosa muy cierta, es más, en reunión solemne del Gran Concilio se le otorgó la categoría de verdad incuestionable, con categoría de dogma, creo, aunque no me hagas mucho caso en esto, y lo hicieron argumentando que era asunto que se desprendía, incuestionablemente, dijeron, de las divinas revelaciones, aquellas que todos nosotros, los creyentes, profesamos, y para apoyar el tal desprendimiento, dieron argumentos intrincados, peliagudos, sofisticados, que las gentes de poco pelo no llegamos a alcanzar, pero que tenían unas trazas harto convincentes, utilizando latines muy enjundiosos y acudiendo a conocimientos de gran calado, al menos eso nos parecía a nosotros, aunque es verdad que andamos algo escasos de olfato en lo que a este asunto se refiere.

Al tiempo, vino a acontecer que la Alta Jerarquía Eclesiástica puso gran empeño en conseguir que el pueblo sencillo de los creyentes, que así dicen cuando a nosotros se refieren, no solo lo percibiésemos como cosa muy cierta, sino que también lo llegásemos a incorporar a nuestro conjunto de creencias con la misma naturalidad con la que nos hemos terminado habituando al manejo, pongamos por caso, de los microondas o los teléfonos móviles, aunque se nos pudiera escapar, que a muchos se nos escapa, cuál es su intríngulis, él del microondas, él del móvil o el del trisustanvorcio, y así lograr que este, el trisustanvorcio, tuviera la virtud de tenernos, al personal, bien encauzado, sin que cada uno fuese por su lado con interpretaciones personales de lo que dicen o dejan de decir los escritos sagrados, que la fe ha de ser una sola y no vale la primera ocurrencia que pudiera tener cualquiera de nosotros, de suerte que el trisustanvorcio ha llegado a ser un arma muy eficaz contra la dispersión, la cual es el comienzo del caos, según nos dicen los que buscan el orden, y la jerarquía lo busca, como lo busca el Alto Mando de un ejército, valga el ejemplo, que es eso, un ejemplo, sin más; bueno a lo que iba: entiéndeme, la jerarquía, que realmente estima que el trisustanvorcio es cosa muy cierta y que, además, resume con gran tino lo que, desparramadamente, se contiene en los sagrados textos, pretende, la jerarquía, digo, que sirva, además, para poner orden en algo tan desordenado como son las manifestaciones de lo alto, que es que parece como si la divinidad se hubiese descuidado en esto de poner cada cosa en su debido lugar, ya que lo revelado ha venido revelándose desarregladamente, a trompicones, cosa esta que les autoriza a ellos, dicen, a poner orden donde no lo hay, lo cual perciben como un encargo que, dicho sea de paso y visto desde fuera, parece entusiasmarles.

Así que, con el correr de los años, vino a resultar que el trisustanvorcio se terminó percibiendo como formando parte de la mismísima revelación divina, olvidando que fue construcción de unos doctos conocedores de los textos sagrados, declarada, eso sí, verdad incuestionable en una, ya lejana, reunión del Gran Concilio, y es que acontecía que, aunque no se dijese expresamente esto, lo de que el trisustanvorcio formaba parte de la verdad revelada, que por lo general no se decía, aunque no siempre, que algunos sí que lo dicen, sin embargo casi siempre se daba a entender, que así se desprende de cuanto se oye en las iglesias, en charlas, homilías, sermones, discursos y toda clase de pláticas religiosas, de manera que, para casi todos, el contenido del trisustanvorcio es tenido por un conjunto de verdades reveladas, que las gentes normales, no doctas, te quiero decir, vienen a suponer que fueron expresamente declaradas desde lo alto.

La Jerarquía, en el desempeño de sus funciones, se ve en la obligación, penosa, supongo, de andar poniendo orden en el desorden que crean quienes proceden indebidamente, bueno, quiero decirte de los que, con interpretaciones erróneas de la verdad revelada, pudieran desfigurar la fe, como el que echa pestilencias en un frasco de perfume, permíteme la comparación, que no es mía, entiéndeme, hablo de quienes discrepan abiertamente de lo que se establece, entre otras, en la doctrina del trisustanvorcio, que las doctrinas permiten, dicen, detectar lo errores mucho mejor que las textos sagrados, pero bueno, a lo que yo iba, cuando en algún lugar surge el error, la Jerarquía marcha diligente a restablecer el orden, lo que la obliga, muy a su pesar, repito, a aplicar los remedios del caso, los cuales ponen a los trasgresores en la siguiente disyuntiva: o retractarse, volver a redil, abandonando su postura discrepante, lo que, siempre, resulta doloroso, y, en algunos casos, incluso imposible, o no retractarse y, en este supuesto, se les margina, en mayor o menor medida, según el fuste de la trasgresión, lo que les convierte en algo así como unos apestados en su propia comunidad de creyentes, o en buena parte de ella, lo cual tampoco es plato de gusto, ni mucho menos.

Los que tienen a su cargo la tarea de poner orden allá donde aparece el desorden de la discrepancia, personajes estos a los que un amigo, que es un tanto enredador y gusta de poner las cosas del revés, ha dado en llamar los rodisikni, no es raro que procedan, ellos, los rodisikni, con gran inflexibilidad y dureza, de tal forma que, para defender lo que el trisustanvorcio asegura, tratan a las gentes con inhumanidad, faltando manifiestamente a la caridad para con el prójimo, que prójimos son los trasgresores por mucho que ellos pudieran haber transgredido, de forma que ha venido a ser normal que, por defender una verdad trisustanvorcica, valga la expresión, se falte a la virtud más importante de cuantas están contenidas en la revelación divina: el amor entre los hombres, y mujeres, por supuesto, que te lo digo porque hoy día anda el personal muy susceptibles en esto del ellos/ellas, y no por otra cosa, te aclaro, y, además, todo ello con el muy considerable agravante de que este proceder inadecuado, el de los rodisikni, no lo hacen ellos a título personal, sino respondiendo a mandatos que dimanan de las alturas, las eclesiásticas, por supuesto, así que, por muy mal que nos pueda sonar, es acertado decir que la doctrina, la del trisustanvorcio y cualquier otra, se ha terminado poniendo por encima de la palabra divina, lo que tengo por resultado doloroso, vergonzoso y deplorable, cuando lo que debiera haber pasado sería que, si la aplicación de este proceso de mantener el orden, en el asunto de las creencias, condujese a la postergación de los discrepantes, entonces, sin dilaciones y de manera contundente, se debería haber revisado todo el proceso, desde sus comienzos, desde el mismo establecimiento de esas doctrinas que a tan penosos resultados conducían.

Últimamente, ha venido a acontecer algo sorprendente y sorpresivo: la más alta figura eclesial de estos momentos, que, aunque no sea muy apropiado, permíteme que le llame el jefe, ha intentado conseguir, discretamente y tomando mil precauciones, que lo revelado por Dios termine quedando por encima de lo deducido por los hombres, al tiempo que busca fórmulas imaginativas que eviten el trato inclemente con los que sacan el pie del tiesto, y entonces, no te lo vas a creer, en respuesta a ello, vienen surgiendo voces, de gentes de las de arriba, incluso de algún vicejefe, voces con gran capacidad para gritar, de entre las que más alto pueden hacerlo y a las que mejor se las escucha, que, primero por lo bajini, pero luego a todo el que les quiera oír, que van y dicen que a donde vamos a ir a parar, que el jefe quiere hacer de menos a la doctrina, que vaya una osadía la suya, que el jefe se mueve por el camino de la herejía, bueno, algunos dicen más, dicen que ya ha llegado a ella, y que, de seguir así, el jefe va a terminar por provocar un cisma, y yo entonces me he acordado de aquello que decía: créese el halcón que todos son de su condición, ¿o no era el halcón?, que parece como si todas estas personas que contra el jefe se revuelven, en lugar de estar mirando al jefe, a donde mirasen fuese a un espejo, que es que este mundo parece como si funcionase al revés.

Y me pregunto que cuál será el gran poder que tienen las doctrinas para que se las asigne ese halo, esa capacidad de seducción, que las convierte en la base de la fe de muchos, no solo de gentes simples y de pocas luces, sino hasta de personajes doctos y conspicuos, que parece como si, al tiempo que nace una doctrina, en el mismo momento del parto, se diese muerte a los textos sagrados que la dieron vida, como si la aportación humana, las elucubraciones que, apoyándose en lo revelado, ha conducido a la doctrina, fuesen algo tan valioso como para eclipsar a lo que tenemos todos por revelado por el mismo Dios; ¿qué tendrán las doctrinas?, que parece como si las recetas que en ellas se contienen fueran alimento de fácil digestión, como lo son los biberones para los niños, y, sin embargo, los deliciosos platos que se contienen en los textos sagrados fuesen una pitanza indigesta.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Lo cristiano es sumar.

Martes, 5 de noviembre de 2019

el-sexo-y-los-curasFelicidades. Un cura que por el motivo que sea, decide dejar de ejercer como presbítero, ya no es visto y tratado como un enemigo de la Iglesia. Ya no es maldito. Sino que –según las nuevas prescripciones de la Iglesia– se le ve como un hermano al que se acoge y se le brindan todas las oportunidades de seguir siendo miembro activo de la comunidad: como profesor, catequista, colaborador…

Es fenomenal ese cambio: de ser una especie de “traidor”, pasa a ser miembro activo positivo.

No hay enemigos, no hay fracasados, no hay personas a las que ver de lejos y tratar como “huidos”. Son personas que han optado por un servicio distinto y que pueden seguir aportando todos sus dones a la comunidad.

Me encanta el que éste sea un nuevo talante. Cuando una persona toma sus decisiones vitales, no hay que verlo como enemigo, sino como compañero, desde otros baremos. Qué bien si acertamos a aprovechar sus cualidades para el bien de la comunidad.

Y esto marca un estilo de actuar a todos los niveles. Que nunca unas leyes, unas costumbres, unas normas, una forma de pensar priven a la comunidad de unos servicios. Con la riqueza tan enorme que suponen los conocimientos, las aptitudes y los saberes que ya tienen.

Se ve que vamos dando pasos serios en la mentalidad y en la práctica de la Iglesia. Hace falta otro empuje y caminar hacia casados –hombres y mujeres– que puedan servir a la comunidad como presbíteros y sacerdotes.

Por lo menos el gesto de no privar de servicios a los que deciden dejar ese ministerio.

Conozco –sobre todo en el mundo de los frailes–, personas que, después de dejar la orden, han estado y siguen trabajando fenomenalmente en sus colegios y sus obras. E incluso, cuando se ha dado el hecho de sacerdotes que han salido por cuestión de fe, han seguido ofreciendo sus valores, su amistad, su familia y su casa a los antiguos amigos y a la parroquia.

En definitiva, se trata de potenciar la suma, todo lo que les ayude a ellos y a los demás. Sumar y aceptarnos.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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“Quienes se oponen a las diaconisas ignoran las Escrituras”, por Baltasar Bueno

Miércoles, 30 de octubre de 2019

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“Si no fuera por las mujeres la Iglesia sería un ente en vías de extinción”

“Me encontré en un pueblecito perdido del desierto a una monja cuyo Obispo la había nombrado “cuasipárroco” y como podía se encargaba de mantener encendida la llama del Evangelio”

“Para los exégetas serios y científicos no hay duda de que el término διάκονοι era igualmente referido a hombres y a mujeres, servidor o servidora”

“Imagino que el Papa Francisco, a partir del concluido Sínodo de la Amazonía, va a sufrir más ataques de quienes le creen convertido en pura herejía”

Mucho me temo que los clérigos “talibanes” que operan dentro y fuera del Vaticano se revuelvan con más ahínco contra el Papa Francisco, quien acaba de conseguir un importante triunfo en su imparable estrategia para que al Espíritu Santo se le deje aletear libremente y renueve la faz, no sólo de la tierra, sino, además, de la necesitada Iglesia.

El logro principal de este último capítulo o etapa de su andadura por el anquilosado mausoleo panteón del Vaticano ha sido el que a la mujer se le reconozca en sus derechos y dignidad de hija también de Dios, equiparable al propio hombre, quien la ha tenido sometida y sojuzgada en el ámbito de lo eclesial y eclesiástico a causa del fuerte clericalismo y machismo imperante.

Si no fuera por las mujeres, la Iglesia, la universal y las locales, sería un ente muy debilitado y en vías de extinción. En mis correrías por el mundo me he encontrado a mujeres llanas del pueblo, a religiosas, que eran las únicas personas que hacían presente a Dios en muchos lugares. Hasta me encontré en un pueblecito perdido del desierto a una monja cuyo Obispo la había nombrado “cuasipárroco” y como podía se encargaba de mantener encendida la llama del Evangelio.

En muchos lugares de misión son ellas, las mujeres, valientes, cargadas de fe y vocación, las que hacen presente a Dios en el entorno de su mundo, sin que por allí aparezcan con la debida frecuencia, con aires de visita de urgencia y despedida, los machos alfa de los clérigos bien porque cada día hay menos, bien porque los pocos que restan llegan a negarse a ir por temor o cobardía.

“San Pablo (Rom,16,1 y I Tim 3,11) nos habla de la existencia de diaconisas en las primeras comunidades cristianas”

Imagino que el Papa Francisco, a partir del concluido Sínodo de la Amazonía, va a sufrir más ataques de quienes le creen convertido en pura herejía, en traidor a la tradición de la Iglesia. Cardenales, Obispos y clérigos contrarios a él, que los tiene, estarán ya preparando sus máquinas de guerra en defensa de la pureza de la Iglesia tradicional estancada y apantanada, en hemorragia creciente de fieles.

Si volvieran a las fuentes primitivas, a las Sagradas Escrituras y a la propia Tradición de la Iglesia, el célebre depósito de la fe, más que operar contra el Papa Francisco se pondrían como principales adalides de esta hermosa gobernación de la barca de Pedro que realiza Bergoglio y que pronto la historia le reconocerá cuando sitúa a la mujer en el lugar que debe estar en la Iglesia, la que tuvo ya en su primitiva historia.

San Pablo (Rom,16,1 y I Tim 3,11) nos habla de la existencia de diaconisas en las primeras comunidades cristianas a las que el machismo y el carácter misógino del clero masculino acabó por machacar y apartar. Para los exégetas serios y científicos no hay duda de que el término  διάκονοι era igualmente referido a hombres y a mujeres, servidor o servidora. La διακονία es un servicio, una actividad, que en los textos neotestamentarios tienen una amplia variedad de acepciones: servir a la mesa, cuidar a alguien caritativamente, servicio apostólico y misionero, proclamadores de la Palabra, servicios a la Comunidad… Todo ello hecho, actuado, a la manera de Jesús, el gran servidor. Los primeros cristianos, influidos por Pablo indudablemente, entendieron la vida y muerte de Jesús como un gran servicio al género humano.

El cristianismo primitivo no fue obra sólo de varones machos alfa, tuvo un gran impulso femenino, como lo tuvo a lo largo de la historia y lo sigue teniendo. Las mujeres diaconisas existieron, luego serían orilladas por quienes quisieron concentrar todo el poder, por el clericalismo, el que sigue denunciando el Papa Francisco.

diaconisas-Iglesia-catolica_2100999896_9844732_667x375Los servicios en el cristianismo fontal eran ministerios apostólicos y de caridad, de atención y cuidado de necesitados y pobres. Con el tiempo los ministerios se corrompieron y se convirtieron en poder, a mayor ministerio, más poder, más distanciamiento de la desnudez del Evangelio al que debían servir.

Por ello, quienes aleguen contra las diaconisas, el que las mujeres no pueden ser llamadas, ordenadas o consagradas al ministerio de la διακονία, apelando a la tradición de la Iglesia que ha reservado al oficio a los varones, mienten descaradamente o desconocen las Escrituras, sobre todo los textos paulinos. Y fuera de Pablo, en su Carta I Pedro (1-12, 4-11) explica el ministerio como servicio de la proclamación de la Palabra y servicio de caridad a los demás.

Bienvenido pues que la Iglesia salga de su ostracismo y medievalismo, de su lacra clerical que la atornilla y encadena, y se entere que debe servir al mundo en la proclamación de la Palabra y en la caridad en voz femenina, no sólo en la subterraneidad, también en la ministerialidad, en igualdad de derechos y obligaciones que los clérigos varones.

Sabor agridulce, de alegría por estarse en camino y recuperación del diaconado femenino; de tristeza, porque la rehabilitación deviene de la necesidad, carestía y escasez de clérigos varones.

Fuente Religión Digital

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Los cristianos de Siria, en peligro de extinción por la ofensiva turca contra los kurdos en Siria

Lunes, 21 de octubre de 2019

4C6C5691-542D-456B-9A38-6757A8264462El Consejo Mundial de Iglesias y el Consejo de Iglesias Cristianas de Medio Oriente también expresaron su preocupación por la suerte de las comunidades cristianas en Siria

Diversas organizaciones alertaron sobre la situación difícil de los cristianos a raíz de la ofensiva turca contra las comunidades kurdas en el norte de Siria, donde, aseguraron, hay riesgo de que unas 400.000 personas sean desplazadas.

Oxfam (Oxford Committee for Famine Relief) y otras 72 organizaciones humanitarias denuncian la situación de 200.000 personas desplazadas reducidas a una condición extrema en el noreste de Siria. Según las Naciones Unidas, este número se duplicará en cuestión de semanas.

Volvemos a la emergencia de 2014“, explica el presidente de Focsiv (Federación Internacional de Servicio Voluntario de Organismos Cristianos) Gianfranco Cattai. “En la frontera, donde operamos indirectamente, hay al menos entre 10.000 y 15.000 personas desplazadas que huyen, son familias, hombres y mujeres y, sobre todo, hay preocupación por los niños“, sostiene.

Una situación desestabilizadora para las personas que, según Cattai, “no huyeron a causa de una situación de crisis climática y ambiental, sino que tuvieron que detener lo que eran las actividades normales de la vida económica, social y política”.

En tanto, el cardenal Gualtiero Bassetti, presidente del Conferencia Episcopal Italiana, dijo en Nápoles: “Ya no tenemos ojos para llorar por lo que está sucediendo”.

En este momento, en lugar de alcanzar objetivos de paz, acaban concentrándose armas, guerras y luchas, subrayó.

El Consejo Mundial de Iglesias y el Consejo de Iglesias Cristianas de Medio Oriente también expresaron su preocupación por la suerte de las comunidades cristianas en Siria.

Hacia la extinción

Desde Alepo, el padre Firas Lutfi, franciscano, afirmó que “cuando hay un conflicto afecta a todos: cristianos, musulmanes, kurdos, pero ciertamente es la comunidad cristiana, presente desde hace dos milenios en Siria, la más afectada”.

Nos arriesgamos a nuestra extinción. Los cristianos son una parte esencial de la sociedad -una parte fundadora, diría yo- y corren el riesgo de ser aniquilados y borrados de la memoria de Siria”, aseveró.

El fraile indicó que otro de los temores es que el fundamentalismo islámico se reagudice en la región. “Los kurdos, que siempre han luchado contra el Estado islámico, fueron apoyados primero por Estados Unidos y luego dejados por los propios aliados a merced de un destino verdaderamente desconocido y trágico”, indicó.

Estos kurdos tienen en sus prisiones a muchos yihadistas del Isis y de otras facciones fundamentalistas islámicas. De las noticias que nos llegan parece que estos prisioneros están escapando y huyendo de su control. Una vez que han escapado, ¿pueden reorganizarse? El miedo es éste”, añadió.

Fuente Religión Digital

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De la Simple Experiencia Espiritual a la Existencia Cristiana, para crecer en Humanidad

Lunes, 14 de octubre de 2019

existencia-cristianaEn estos tiempos de postmodernidad y postcristianismo (tiempos en realidad de regresión espiritual) es habitual, en el ámbito de la espiritualidad, escuchar discursos que oponen la “experiencia espiritual” a la fe (confundida con la creencia), dando a entender que la experiencia espiritual es más profunda que la fe.

En 1959 Jung fue uno de los primeros en expresar esta misma idea en una entrevista en la BBC, en la que al preguntarle si creía en Dios, respondió: “No necesito creer en Dios; lo conozco”. Hoy se ha generalizado esta idea de que la espiritualidad es ante todo un conocimiento, si bien un conocimiento no de tipo teórico sino experiencial, con el riesgo de reducir la espiritualidad al acceso subjetivo (aspecto esencial, a la vez que no el único) que el ser humano tiene de lo espiritual.

Como señaló Leonardo Boff el término “experiencia” hace referencia a un tipo de conocimiento. La etimología de la palabra expresa bien a que conocimiento se refiere: “ex – peri – ciencia”, siendo “ex” una partícula latina que indica “salir de sí”, “peri”, un prefijo griego que significa “alrededor de, por todos los lados” y “ciencia” un modo de hablar del conocimiento. Para Boff el término experiencia haría referencia a un tipo de conocimiento (ciencia) que se logra al salir el ser humano de sí (inmediatez, superación de la separación objeto-sujeto) y abrirse al objeto por todos sus lados o aspectos (no solo los aspectos racionales). La experiencia hace referencia a un tipo de conocimiento, el conocimiento más pleno, de aquello que se manifiesta o muestra a la conciencia (órgano del conocimiento).

En las espiritualidades anteriores a la tradición judeocristiana, la espiritualidad era entendida como un conocimiento, que, o bien, abría a la persona al universo espiritual (valores- arquetipos suprahistóricos) para que guiaran su conducta sin fusionarse con ellos (humanismo espiritual o exoterismo); o bien, llevaba a una supuesta salida de la historia y a la fusión con esas realidades espirituales (gnosis, esoterismo). La forma más plena de experiencia espiritual, la mística (Presencia de la Transcendencia en el seno más profundo de la inmanencia en comunión sin fusión) también se daba en el núcleo de las espiritualidades esotéricas o humanistas precristianas, transcendiéndolas, sin llegar todavía esta mística a poder reconocer la plena realidad y valor espiritual de la historia (la alteridad), como hará la tradición judeocristiana.

El judaísmo será la primera tradición que entenderá la espiritualidad como fe, es decir, más que como una experiencia (conocimiento) como una existencia, un modo de existir (una salida de sí para encontrarse con el Misterio en la historia, al que el corazón- toda la persona- libremente se adhiere). La fe tiene una dimensión experiencial (conocimiento inmediato) y, a la vez, la conciencia de que la experiencia subjetiva es siempre limitada, que hay una realidad más allá de nuestra experiencia, a la que solo la confianza en lo Real (el Misterio) nos permite acceder. La fe tiene en cuenta la realidad de la historia, la realidad de la alteridad más allá de mi interioridad, y eso le hace tomar conciencia de la alteridad del Misterio no reducible a mi experiencia de él, a la vez que accesible a mí porque así Él (el Misterio) lo desea en la Historia de Salvación. La fe se realiza en el cumplimiento de la Ley para el judaísmo.

Con la Encarnación de Jesucristo, toda la historia se vuelve lugar de salvación si vivimos en ella desde Cristo. La fe se libera (integrándola y transcendiéndola) de la Ley para poder vivirse en toda la historia desde la Gracia. La Iglesia será el signo y el instrumento de esa salvación para tod@s en la historia (sin monopolizarla). De este modo, la espiritualidad cristiana será ante todo un modo de vivir, de existir y no solo una “experiencia”, un conocimiento, una gnosis. Pablo llamará a la espiritualidad cristiana una “epignosis”, un conocimiento por encima de la gnosis, que en realidad es una praxis, una manera de existir. No es pues solo una realidad interior, es una realidad interior y exterior, histórica y suprahistórica, individual y colectiva, humana y divina.

La fe cristiana no es una simple creencia, pues supone un encuentro personal con el Misterio (y desde ese encuentro una apertura a las enseñanzas que el Misterio transmite- creencias-) y tampoco es una simple experiencia o conocimiento– aun el de la experiencia mística es limitado-, pues transciende el conocimiento que podamos tener del Misterio; es una existencia vivida en la confianza por y desde Cristo abriéndose al Espíritu que se expresa en toda la realidad ( interior y exterior, “sopla donde quiere”…) que nos lleva al Padre, lo Real.

Las antiguas experiencias religiosas eran concebidas como experiencias de gnosis (conocimiento); con el judeocristianismo la espiritualidad es concebida como fe, que integra la experiencia (conocimiento) y lo que va más allá de mi experiencia, a través de la confianza (fe). Es una espiritualidad manifestada de un modo más pleno, pues se muestra explícitamente esa dimensión que va más allá de la experiencia. En las antiguas experiencias espirituales (más allá de su discurso gnóstico) también podemos encontrar la fe, pero de un modo implícito, por ello, menos pleno.

La fe cristiana, al concebir la espiritualidad como una existencia en relación con un Misterio (Dios) que se hace como nosotros (encarnación) dándonos una dignidad que las viejas religiones nos negaban, nos ayuda a liberarnos de dos de los peligros que tiene la religión:

  1.  El utilizar la religión para dar satisfacción imaginaria a los deseos de omnipotencia infantil que busca la fusión (dominación del Otro) liberándonos imaginariamente de todo límite.  La fe judeocristiana al descubrir la realidad de la historia, de la alteridad, pone límites a ese deseo infantil.
  2. El utilizar la religión para promover la dominación de las personas haciéndolas sentir culpables por no ser perfectas, divinas, atemporales… La fe cristiana ha supuesto la liberación de la culpa y el miedo a la historia, a la existencia, al descubrir que Dios mismo se hace historia, se abaja por amor, liberando y dignificando la existencia, animándonos a nosotros a contribuir a dignificar la existencia de todos, en especial, de los más pequeños y vulnerables (por desgracia, muchas veces el cristianismo ha sido enseñado promoviendo todo lo contrario, la culpa y la dominación).

La fe puede decirse que sería la espiritualidad más plena, pues integra y transciende la experiencia religiosa anterior y alcanza su cumbre en la Mística Cristiana, que es una fe pura o simple en Cristo, en la que se produce la unión con Dios (el Misterio) sin fusionarse con él y en él la unión con toda la realidad.

Una Mística que es una praxis, una existencia, que integra lo interno y lo externo, y no una simple experiencia interna que termina experimentándose en lo externo (vuelta al mercado al final del camino que se dice en el zen) sin llegar a descubrir el valor en sí de lo externo (no solo el valor por su carácter de manifestación del Misterio) como ocurría en la vieja mística.

Olvidar las novedades del cristianismo, que han dignificado al ser humano y le han liberado de miedos y culpas, para construir un mundo más humano y, por ello, más divino, supondría un retroceso a formas más autoritarias y deshumanizadas de vivir la espiritualidad. De ahí, la importancia de recordarlas.

Fuente Cristianía

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La Cruz Gloriosa

Sábado, 14 de septiembre de 2019

Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

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Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo,  cómplices?

 

*

Don Helder Camara,
Un pensamiento para cada día”,
Médiaspaul, 2010

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Jesus in Love

***

Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.

*

Jean Vannier

***

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Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.

Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .

*

G. di S. M. Maddalena,
Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Pablo D’Ors: “Las formas tradicionales de la Iglesia no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos”

Sábado, 31 de agosto de 2019

gente-muere“Hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada”, cuenta el fundador de la Asociación Amigos del Desierto

“La única manera de que exista fidelidad es de forma creativa. Si no hay creatividad, no hay felicidad; hay conservadurismo que es distinto”

“Está muy bien conservar el patrimonio espiritual, pero no estamos llamados a ser siempre conservadores, sino a ser fieles. A vivirlo realmente”

“Esto es lo que olvidamos: tan importante como el patrimonio que hemos recibido como el Evangelio, por ejemplo, es el hombre y la mujer de hoy

“Porque tú puedes tener un mensaje extraordinario pero si realmente no tienes en cuenta al destinatario, ¿para que te sirve un tesoro? ¿Para guardarlo bajo la tierra en un arcón?”

“La fidelidad no es sólo al Evangelio, es al hombre y a la mujer de hoy. Y si estamos lejos de ellos, difícilmente vamos a conectar”

El escritor, sacerdote y asesor cultural del Vaticano, Pablo D’Ors, tiene una “esperanza demencial”. El también fundador de la exitosísima red de meditadores Amigos del Desierto quiere lanzar un nuevo monacato secular, con personas dispuestas a consagrarse en medio del mundo. “Un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo”, nos cuenta, como solución a la “urgencia fundamental para la Iglesia de hoy”: la “renovación espiritual“. Hace falta algo nuevo porque “la mayoría de las formas que la Iglesia Católica presenta, para dar cuerpo a esa búsqueda espiritual, no responden, de hecho, a la sensibilidad de la gente“, afirma.

Hoy tendremos el placer de charlar un rato con uno de los grandes escritores españoles. Pablo D’Ors es novelista y asesor del Vaticano, nada menos. Fundador de unas comunidades de los ‘Amigos del Desierto’ y cura. No sé en qué orden. Bienvenido.

Es un placer estar con vosotros. Muchas gracias, José Manuel, por invitarme.

Decíamos que no sabemos en qué orden colocas tus vocaciones.

Yo suelo presentarme, normalmente, como escritor y sacerdote. Y, últimamente, también como asesor cultural del Vaticano y como fundador de la red de meditadores Amigos del Desierto.

Esto de poner escritor y sacerdote lo hago, más que nada, porque pareciera como si la vocación sacerdotal tuviera que ser la primera. Pero, realmente, en mi historia personal cronológicamente fue primero la literatura: ya con 13 o 14 años escribía mis cuentos y tenía decidido ser escritor.

En todo caso, es cierto que esta doble vocación ha sido la historia de mi vida. Y que así como lo he vivido de manera conflictiva durante mucho tiempo, porque cada una requiere mucha energía o toda tu energía, hoy lo vivo con gran serenidad y armonía. Y yo diría que no son dos vocaciones, sino dos expresiones de la misma.

O sea que, hoy, le pones un guioncito en medio y ya está.

Y me quedo tan pancho. Sí; es el ministerio de la palabra, sea escrita o sea hablada. Y ahora he comprendido que para que esa palabra sea fecunda tiene que nacer del silencio. Eso sí.

Ahora hablamos de tu obra como escritor. Pero háblame un poco de qué estás haciendo, ahora mismo, como cura. Antes estabas en un hospital.

Sí, estuve diez años de capellán hospitalario en el Ramón y Cajal. En el año 2014 fundé la asociación de Amigos del Desierto. Y empezó a crecer: hoy somos 40 Seminarios de Silencio dispersos por la geografía española. Como estaba creciendo mucho -porque realmente hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada, lo que pasa es que las formas tradicionales que ofrece la Iglesia católica no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos- pedí permiso a mí obispo, el cardenal Osoro, para que me liberara y poder trabajar a tiempo completo en la asociación. Y eso es lo que estoy haciendo.

Así que eres fundador.

Sí, aunque yo soy el primer sorprendido. Pero, sí. Y te voy a decir una cosa más, que es casi una primicia: no solamente fundador de esta red de meditadores, -que somos 500 personas- además, hay en proyecto algo maravilloso; es algo así como un monacato secular. Es decir, que hay unas 15 o 20 personas, de esos 500 que te acabo de comentar, que se están pensando consagrarse, en medio del mundo, según este estilo de meditación, de silencio.

Sin vivir juntos en comunidad en un mismo monasterio. Laicos consagrados.

Sí, laicos consagrados, pero monjes. Laicos es una cosa que ya existe de siempre. Lo novedoso…

Monjes en el mundo.

Sí. Carlos de Foucauld ya tenía una intuición sobre esto. Pero había dos cosas que lo harían radicalmente novedoso.

Tú eres muy de Carlos de Foucauld.

Sí. Lo novedoso sería, por un lado, que realmente quiere ser un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo. Es decir, no solamente compatible con la vida laboral, sino también con la vida matrimonial y familiar. Y esto ya son palabras mayores porque, hasta ahora en la Iglesia la consagración monástica no era compatible con consagración matrimonial. Y queremos hacer esta propuesta no porque se nos ocurra, sino porque hay personas que lo viven así.

Y que lo están demandando.

Sí. Y le piden alguna manera teológica, jurídica, a este hecho.

¿Y eso ya ha empezado a rodar?

Hemos empezado a rodar existencialmente. El cardenal está informado pero, bueno, vamos a ver si, efectivamente, va hacia adelante. Llevamos un par de años, así que yo pienso que va adelante.

¿En Roma no te han puesto peros?

Todavía no ha llegado allá. Está aquí, en Madrid.

¿Y ya tienes matrimonios dispuestos a abrazar ese monacato?

Por lo menos a empezar un noviciado.

Pero esto, ¿qué les exigiría? ¿Cómo compaginarían pobreza, castidad y obediencia?

No. Serían votos de, -lo llamamos- desierto y amistad. En definitiva sería lo mismo que oración y comunión. No son los clásicos tres votos de la vida religiosa tradicional.

¿Seguirían haciendo su vida normal?

Sí. Vida familiar y vida laboral pero utilizamos lo que llamaría, en su día, Panikkar “el arquetipo del monje”. Lo que es la unidad.

Digamos que la propuesta más novedosa es que, si hasta ahora el cristianismo se ha articulado fundamentalmente en clave de la palabra, nuestra modesta proposición es articularlo desde el silencio.

Nosotros, los monjes del Tabor, nos conectamos, como cualquier monje tradicional, siete veces al día pero no para los salmos, sino para la oración contemplativa, para la meditación.

Para rezar en silencio.

Sí.

Entonces, tenéis una vida pautada como los monjes, que rezan maitines, completas…

Más o menos, así es.

¿Y la gente está respondiendo a ese tipo de novedad mística?

Es una propuesta espiritual. Yo creo que siempre será propuesta minoritaria porque los monjes nunca han sido mayoritarios; siempre han sido una pequeña porción de los cristianos. Pero una minoría significativa. Yo tengo una esperanza demencial; pienso que hay tanto que purificar en nuestras formas… Leer más…

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