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La Cruz Gloriosa

domingo, 14 de septiembre de 2025
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Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo,  cómplices?

 

*

Don Helder Camara,
Un pensamiento para cada día”,
Médiaspaul, 2010

Jesus in Love

***

Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.

*

Jean Vannier

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

1Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él.

*

Juan 3,13-17

***

Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.

Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .

*

G. di S. M. Maddalena,
Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss

***

La Iglesia católica Romana, muchos grupos protestantes y ortodoxos celebran la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre, ya que ese día es el aniversario de la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el año 335 de la era actual, tras haber sido descubierta la cruz por Santa Elena. También se dice que ese día se conmemora la recuperación de la Cruz por Heraclio en el 628 de manos de los persas, quienes la habían llevado a Ctesifonte tras tomar Jerusalén en 614. En la liturgia se tiene constancia de esta celebración desde el siglo IV. En la liturgia romana celebra este día como «fiesta del Señor«, segunda categoría litúrgica entre las fiestas de los santos, celebrándose en todas las iglesias. Si cae en domingo, tiene preferencia ante la celebración dominical. El color litúrgico del día es el rojo. Tradicionalmente, en esta fiesta se exponen las reliquias de la Santa Cruz, si existen en el templo, u otras cruces.

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San Agustín (354-440). Pensar el cristianismo

miércoles, 3 de septiembre de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

La elección del papa León XIV, religioso y pensador agustino, nos invita a evocarla figura y obra de San Agustín en la iglesia.

Agustín es, quizá, el mayor pensador de la iglesia occidental, l anterior a la Reforma Protestante, venerado por   católicos y protestantes, admirado aunque menos seguido por los ortodoxos.  Así le quiero presentar como pensador clave para el siglo XXI, no para seguirle al pie de la letra, sino para replantear a su lado, con valentía y libertad, la temática actual de la sociedad y de la iglesia.

Texto tomado básicamente de Pikaza, Patrística (Clie 2022) y de Diccionario Pensadores Cristianos.  Mapa del entorno de Annaba/ Hipona, con ruinas de Hipona, junto a Túnez (hoy Argelia) 

| X. Pikaza

INTRODUCCIÓN, SAN AGUSTÍN Y SU TIEMPO

AGUSTÍN DE HIPONA (354-430). VISIÓN ESQUEMÁTICA

Confesiones, el libro de su vida

Un pecado difícil de valorar, un libro ejemplar. Agustín es el  primer pensador de gran talla que ha escrito unas Confesiones (397 al 400), donde ha dado razón de su conducta, presentando sus “pecados”. Desde una perspectiva actual, esos “pecados” no son tales, o resultan menores, de manera que podríamos tomarlos como errores de juventud, pasiones de crecimiento, libertades sexuales… En la actualidad nos choca más la relación que mantuvo con su esposa/concubina, que fue madre de su hijo.

Lógicamente, no podemos proyectar en él nuestra manera de entender las relaciones afectivas y personales, pero en línea de Evangelio parecería normal que, después de convertirse, Agustín hubiera formalizado su relación con la madre de su hijo, casándose plenamente con ella. Según eso, el  “pecado” de Agustín no habría sido su crisis de adolescencia, ni sus iniciaciones sexuales, ni mucho menos su matrimonio, sino, al contrario, el haber abandonado a su mujer por un tipo de ascesis “cristiana”. Con esa salvedad, debemos añadir que sus Confesiones siguen siendo el libro más intenso y verdadero que un cristiano de occidente haya escrito sobre el despliegue de su conciencia.

 Una Regla para los hermanos

Vida fraterna en comunidad. No pudo escribir un tratado Sobre el Matrimonio o la vida conyugal, pues se lo impedían sus condicionamientos personales, intelectuales y eclesiales. Pero escribió una Regla de vida para una comunidad de célibes, marcando con su autoridad el camino posterior de la vida religiosa, entendida como experiencia de unión fraterna (amor mutuo) en comunidad. Esa Regla constituye  uno de los textos más significativos del cristianismo de occidente, una guía para hermanos y hermanas que quieren vivir el cristianismo como experiencia de amor mutuo. Millones de personas, que no han entendido ni leído sus grandes tratados teológicos, ni han seguido sus disputas eclesiales, han escuchado y cumplida esta regla de vida religiosa, centrada en el amor comunitario.

Teología del pecado y la gracia. Controversia pelagiana

Por su itinerario personal y su origen maniqueo le ha preocupado el tema del mal. En esa línea ha insistido en el pecado “original”, vinculado al sexo (y a la procreación), no a una especie de caída previa de las almas (como parecía suponerse en la línea de Orígenes, de tipo todavía más platónico). Orígenes vinculaba el pecado con la misma generación/caída, con una especie ruptura en Dios. Agustín, en cambio, releyendo en otra línea el texto básico de Pablo (Rom 5), piensa que el  “pecado de Adán” se vincula con el origen histórico (sexual) de la vida humana. Esa insistencia  en el pecado del origen ha marcado el cristianismo occidental,  que a veces ha estado obsesionado por el ser humano como masa “damnata” (condenada a la muerte y al infierno por un pecado original antiguo).

 Pero Agustín es también el teólogo de la gracia, de manera que ha insistido en la experiencia del amor de Dios que se ofrece y expande, como regalo inmerecido, en Cristo. Si a veces nos perturba su visión del pecado, nos sigue emocionando su forma de entender la gracia. Desde ese fondo se entiende su enfrentamiento con los pelagianos, que, siguiendo a un monje inglés llamado Pelagio, tendían a insistir en la exigencia de un esfuerzo propio (aunque es muy posible que Agustín no haya sabido percibir el aspecto positivo de Pelagio).

 Plano social, historia de Roma:

Ciudad de Dios. Agustín se ocupa no sólo del pecado del origen (nacimiento, sexo), sino del pecado de la historia, vinculado en su tiempo con el drama (tragedia) de la caída de Roma. Por eso escribió,  hacia el final de su vida, del 413 al 426, en diversas etapas, una obra apasionantes sobre el despliegue de la humanidad, para responder a quienes acusaban a los cristianos de ser los causantes de la ruina de Roma, incapaz de resistir ya a los invasores, y saqueada de hecho por los visigodos (año 410). Muchos romanos pudientes habían escapado de la urbe. Otros pensaban que el fin de los tiempos estaba a las puertas, pues Roma, ciudad eterna, antes defendida por sus dioses, parecía condenada sin remedio a la ruina.

Dos ciudades. Pues bien, Agustín refuta a los que piensan que los dioses paganos habrían defendido a Roma, y añade, en ese contexto, que en el mundo coexisten dos “ciudades”, una que se apoya en Dios, otra en el mismo mundo, ambas mezcladas desde el principio de los tiempos. Más que una sola historia que tiende a la salvación final de Dios en Cristo, hay “dos historias”, pues la Ciudad de Dios se opone a la del Mundo (y viceversa), de manera que la Ciudad del Mundo, reflejada por Roma, se encuentra bajo el riesgo de la destrucción. Por eso, la tarea clave de la Iglesia no es transformar el mundo ni salvarlo, sino mantenerse firme y resistir, en medio de la prueba, hasta que llegue la hora de Dios. Desde ese fondo se entiende su gran pesimismo histórico.

 Trinidad, en el interior de Dios

Pensar lo impensable. Pero más que la historia de los hombres Agustín quiso estudiar  el despliegue de la vida de Dios, que es Trinidad. En esa línea escribió su obra magna (De Trinitate; 399-412, con revisión del 420), para resolver sus problemas sobre Dios (vinculados, en parte, al maniqueísmo y a su propia experiencia interior), más que para exponer la fe de la Iglesia (como habían hecho Basilio, Gregorio Nacianceno etc.).

En su base está la certeza de que la mente humana es imagen de la Trinidad, una visión antropológica que ha marcado el despliegue intelectual y la teología de occidente, aunque esa visión del Dios-Trinidad no parezca necesariamente vinculada con Jesús. Sin duda, Agustín quiere hablar del Dios cristiano, y así lo hace, volviendo siempre a la Escritura. Pero su argumento principal  no brota del interior del cristianismo, en la línea de los concilios de Nicea y  Constantinopla (325, 381), sino de un dato antropológico, abierto al diálogo de religiones y de la filosofía: la constitución de la mente humana, como entendimiento y voluntad.

Controversia donatista, violencia religiosa

Un orden en la Iglesia. Agustín ha sido un pensador realista, preocupado por el orden de la Iglesia. Durante cien años, los Donatistas, seguidores de Donato, obispo de Cartago (muerto hacia el 312 dC), habían mantenido sin muchas dificultades su visión rigurosa de la Iglesia, insistiendo en la necesidad del buen ejemplo de los obispos (y rechazando a los que habían apostatado en la persecución de Diocleciano). Así crearon, sobre todo en el norte de África, iglesias de “puros”, que insistían en el testimonio de las personas, más que en las estructuras eclesiales. Pero tras el edicto de Teodosio, que hizo del cristianismo religión oficial del Estado  (380 dC), tendió a imponerse en todas partes una misma estructura eclesial, de manera que a los donatistas se les exigía la unión con la Gran Iglesia.

 El poder al servicio de la Iglesia. En este contexto, algunos obispos pensaron que era lícito el uso de la fuerza, y, en un momento dado, el mismo Agustín afirmó que se podía apelar a la violencia del Estado para conseguir la unidad de la Iglesia, conforme a una lectura literal (impositiva) de la parábola del banquete, donde el amo dice a su criado “coge intrare” (oblígales a entrar en la sala del festín; cf. Lc 14, 22- 23). Basándose en ese pasaje,  en su carta a Bonifacio (Ep. ad Bon. c. 6), Agustín  pide a la autoridad civil que apele a la fuerza para que los donatistas entren en la gran Iglesia. Es posible que Agustín no haya querido universalizar esa imposición, e indudablemente se habría horrorizado si supiera que ella se ha empleado más tarde para justificar el uso de la fuerza contra los  herejes y  para crear inquisiciones; pero se ha tratado de una palabra funesta.

AGUSTÍN [1].  PENSADOR PARA EL SIGLO XXI (Pikaza, Patrística 2023)

 Obispo y teólogo latino, nacido en Tagaste, Norte de África. Su aventura personal, unida de forma inseparable a su teología, ha marcado hasta hoy la cultura y la vida cristiana de occidente. Nadie ha influido como él en el desarrollo del pensamiento medieval cristiano, tanto en el plano de la filosofía, como en la teología y la vida eclesial. Su visión del mundo se expresó de muchas maneras y en diversas obras de tipo filosófico y teológico, antes y después de su conversión al cristianismo (año 386) y de su elección como obispo de Hipona (395).

Fue retórico y pensador, con gran capacidad para analizar los temas de la vida. Estudió oratoria en Cartago y siendo joven tomó una “concubina” (mujer oficial, de rango inferior, a la que podía abandonar después, para casarse con otra de su mismo rango).Estuvo casado con ella por más de doce años (hasta el 384), y tuvieron un hijo llamado Adeotado, “dado por Dios” (el año 372).

Cultivó pronto la filosofía (ya el año 372 leyó el Hortensio de Cicerón), inclinándose hacia un tipo de platonismo, pero sin estar convencido de la bondad de los seres. Le preocupó de un modo intenso el tema del mal, en un plano de pensamiento y vida, y se inscribió como “oyente” (auditor) en la iglesia de los maniqueos (de Mani, del he tratado en el capítulo anterior), en la que permaneció casi diez años (de los diecinueve a los veintiocho), mientras enseñaba retórica en Tagaste y en Cartago (del 374 al 383).

Su pertenencia al maniqueísmo marcó de un modo profundo no sólo el camino de su vida, sino sus respuestas teológicas. Su primera experiencia de salvación no fue el encuentro con Jesús, el Cristo, en un contexto normal de comunión religiosa (desde el Antiguo Testamento), sino la búsqueda y descubrimiento del Bien Supremo, desde un fondo de maniqueísmo, que él irá superando con el platonismo. En esa línea, terminó reconociendo la creación positiva del mundo (en contra de la caída maniquea), pero le costó superar una visión negativa de la carne (materia) y de la relación sexual.

Durante esos años de maniqueísmo, el pensamiento y la iglesia de Mani no lograron convencerle del todo, pero marcaron de un modo fuerte su espíritu de buscador apasionado de la verdad. Su misma turbación interior le llevó a seguir buscando en Milán, donde se trasladó, actuando también allí como maestro de retórica (384), y donde leyó de un modo intenso la obra de algunos platónicos (Plotino y Porfirio) que le permitieron superar el dualismo, gnóstico, con el descubrimiento un tipo de bondad sagrada, de tipo más alto filosófico‒religioso.

En Milán escuchó los sermones de Ambrosio, con su interpretación alegórica de textos de la Biblia (en especial los de la creación, Génesis), y en esa línea pudo replantear los temas discutidosdel maniqueísmo, descubriendo el carácter espiritual de Dios, el valor positivo de la vida y la importancia de la gracia, que había permanecido antes opacada o marginada. Desde ese fondo pudo avanzar hacia el evangelio y aceptar la singularidad y diferencia del cristianismo, de manera que su conversión filosófica (al platonismo) vino a desembocar en una reconstrucción religiosa (cristiana), estrictamente dicha, aunque con “heridas” maniqueas que permanecieron latentes a lo largo de su vida.

Esa conversión (año 386) contiene diversos elementos de tipo personal social, intelectual y emotivo, que no pueden juzgarse desde nuestra perspectiva, pero que han de tenerse en cuenta para interpretar su trayectoria de vida y pensamiento. En este contexto quiero referirme de un modo especial a su relación con la mujer con quien había compartido su vida en matrimonio legalmente válido (aunque jurídicamente inferior) durante más de doce años. Lógicamente, desde nuestra visión del evangelio, una vez convertido, Agustín podría (debería) haber legalizado (cristianizado) el matrimonio jurídicamente temporal con la madre de su hijo, en vez de romperlo según ley, cuando encontrara una mujer superior para casarse definitivamente con ella.

Ciertamente, no podemos juzgar su conducta desde nuestro contexto social y cristiano, pero, siendo como era un hombre extraordinario, podríamos pedirle algo distinto, y así pensamos, según el evangelio (no desde la ley de Roma ni desde un espiritualismo platónico, contrario a la carne y a la sacralidad del matrimonio), que él debería haber “recreado” (elevado y sanado) la relación que mantenía con aquella mujer (¡cuyo nombre no cita!), integrando de esa forma su vida sexual, afectiva y familiar en un contexto cristiano.

En contra de eso, por resabio de pelagianismo (conforme al cual el matrimonio es malo, propio de personas de segunda clase, carnales no espirituales) o por un tipo de espiritualismo de corte platónico, Agustín optó por abandonar (expulsar)a su esposa (que le dejó así, aunque le quería y hubiera querido mantenerse a su lado), para iniciar un camino de soledad afectiva y de renuncia a la comunión radical hombre‒mujer que marcará no sólo su historia de cristiano, sino la teología posterior de occidente. En una línea que puede compararse a la de Orígenes, él interpretó el cristianismo más hondo como renuncia y felicidad contemplativa (de conocimiento de Dios) que exige un tipo desacrificiumphalli(renuncia a la vida sexual y conyugal).

De esa manera, tras dejar a su esposa, el año 386,  Agustín abandonó también su “cátedra” de retórica en Milán y se retiró a una finca cercana, en Casiciaco, con su madre y algunos amigos, para dedicarse al estudio y la meditación. El año 387 recibió el bautismo, y en el camino de retorno hacia África falleció su madre en Ostia. Al llegar a Tagaste vendió sus bienes y repartió el producto de la venta a los pobres, retirándose a una pequeña propiedad para iniciar una vida monacal, escribiendo después su famosa Regla de Vida Común, que ha servido de inspiración para numerosas comunidades, a lo largo de los siglos, siendo aún observada por grupos de religiosos católicos (y protestantes).

El año 391 viajó a Hipona para fundar un monasterio, pero la comunidad cristiana le eligió diácono del obispo Valerio, ministerio que él aceptó con dificultades pero con plena entrega. A la muerte de Valerio, el año 395 fue elegido obispo, y desde ese momento hasta su muerte (el 430), desarrolló una intensa actividad ministerial, dirigiendo su iglesia, escribiendo sobre teología y vida cristiana, refutando las “herejías” de su entorno y de todos los lugares de donde le escribían, pidiendo consejo sobre temas vinculados con los donatistas, arrianos, maniqueos, pelagianos, priscilianistas etc.

Su obra condensa y refleja toda la vida de la iglesia y de la sociedad de su tiempo, que evocaré comentando cuatro de sus obras más significativas: Confesiones, Reglas de vida religiosa, Ciudad de Dios y Trinidad. Mi lectura de su pensamiento será voluntariamente “parcial” (algo sesgada), insistiendo en algunos de sus rasgos quizá más negativos, para así exponer mejor la grandeza de su proyecto cristiano, que ha de ser reasumido y recreado desde nuestra perspectiva, en el siglo XXI.

Confesiones. El “pecado” de Agustín [2]

Éste es uno de los libros más influyentes de la historia universal. Ningún cristiano se había sentido obligado hasta entonces a dar cuenta de su vida, para presentarla ante la comunidad creyente. Pero Agustín quiso hacerlo, pues su experiencia anterior y su “conversión” eran hechos públicos, conocidos por muchas personas, en la iglesia y en la sociedad civil; y así escribió el libro de su vida, tras haber sido consagrado obispo (el año 395), para presentarlaante todos en forma de plegaria, de reconocimiento personal de su pasado y de comunicación ante (con) aquellos que quisieran conocerle. Leer más…

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Descubren en Abu Dabi una cruz cristiana de 1.400 años que demuestra que el islam y el cristianismo convivieron en paz.

miércoles, 3 de septiembre de 2025
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Departamento de Cultura y Turismo de Abu Dabi

El hallazgo de una cruz milenaria en la isla de Sir Bani Yas revela que el cristianismo no solo estuvo presente en la península arábiga, sino que prosperó en plena expansión del Islam, aportando una nueva visión sobre la convivencia de ambas religiones

Un equipo de arqueólogos descubrió en la isla de Sir Bani Yas, en Abu Dabi, una cruz de estuco de más de 1.400 años de antigüedad, lo que aporta pruebas materiales inéditas sobre la presencia del Cristianismo en pleno corazón del mundo islámico.

La pieza, de 27 cm de largo por 17 de ancho, fue encontrada en el patio de antiguas viviendas monásticas cercanas a una iglesia y un monasterio cristiano. El diseño muestra una pirámide escalonada que representa el Gólgota, lugar donde, según la tradición, fue crucificado Jesús, además de motivos florales que reflejan influencias locales.

Los expertos señalan que la cruz habría sido utilizada como objeto de devoción por los monjes del complejo y la relacionan con la Iglesia del Oriente, una rama cristiana que floreció en Asia y llegó hasta India y China.

Cristianismo e islam: convivencia en el Golfo

La arqueóloga Maria Gajewska, líder de la excavación, explicó que el diseño de la cruz demuestra cómo el Cristianismo no solo sobrevivió en la región, sino que se adaptó culturalmente al entorno árabe. excavación, “cada elemento de esta cruz incorpora motivos locales. Nos dice que el cristianismo no solo existía en esta región, sino que prosperaba, adaptándose visualmente a su contexto cultural”. Esto contradice la idea de que el Cristianismo desapareció en los siglos VII y VIII con la llegada del Islam.

El hallazgo apunta a una época en la que ambas religiones coexistieron pacíficamente, compartiendo un espacio histórico de respeto mutuo. De hecho, no hay evidencias de abandono violento en el monasterio: los arqueólogos creen que los monjes se retiraron de manera organizada e integrándose en las nuevas comunidades musulmanas.

“El descubrimiento de esta antigua cruz cristiana en la isla Sir Bani Yas es un poderoso testimonio de los profundos y perdurables valores de coexistencia y apertura cultural de los EAU. Nos recuerda que la coexistencia pacífica no es una construcción moderna, sino un principio intrínseco a la historia de nuestra región”, aclara Gajewska.

Una joya arqueológica en Abu Dabi

Yacimiento arqueológico donde se han encontrado la cruz cristiana. Departamento de Cultura y Turismo de Abu Dabi

El monasterio de Sir Bani Yas ya había sido descubierto en 1992, pero la cruz hallada ahora es uno de los objetos más valiosos recuperados en décadas. El complejo incluye iglesia, viviendas y espacios de retiro espiritual, construidos con piedra caliza y coral, y equipados con aljibes para almacenar agua, lo que refleja una vida monástica organizada y estable.

Junto a la cruz se encontraron otros objetos rituales, como cerámicas, piezas de vidrio y una botella verde que pudo contener aceites sagrados.

Hoy, el sitio arqueológico forma parte de una reserva natural abierta al público, donde los visitantes pueden recorrer los restos de la iglesia y observar en exposición cálices, sellos y cruces originales que documentan una historia poco conocida de la región.

Fuente Nathional Geographic/Gizmodo

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Sobre el futuro del cristianismo: la cuarta hipótesis (Maurice Bellet)

martes, 2 de septiembre de 2025
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De su blog Umbrales de Luz:

 ¿Tiene futuro el cristianismo? Este es el tema que desarrolla Maurice Bellet en una obra titulada La cuarta hipótesis. Sobre el futuro del cristianismo (nota 1). Maurice Bellet, sacerdote, teólogo, filósofo y psicoterapeuta, siguió un camino muy original en el universo cristiano. Libro tras libro, trazó nuevos caminos lejos de los debates trillados en los que con demasiada frecuencia se estanca el catolicismo contemporáneo.

Nos invita a una experiencia de amanecer, de conmoción de todo el ser por una ‘buena nueva’ que nos arranca de la tristeza y la muerte. Si la palabra Evangelio tiene algún sentido, solo puede ser el de un acontecimiento nuevo, inesperado, radicalmente ‘bueno’ y no algo aburrido y repetitivo. Ciertas formas de educación religiosa pueden ser el peor obstáculo para que haya ‘buena nueva’, al contribuir a evitar que cada uno experimente personalmente una palabra nueva. Bellet escribe: El Evangelio es por naturaleza lo inaudito, lo aún no escuchado. Es de todos los tiempos. Sin embargo, el nuestro da un vigor particular a este inaudito. Hay una desinstalación con respecto al cristianismo establecido; una confrontación con el poscristianismo; una relación con lo extremadamente extraño (…). La fuerza del Evangelio es anunciar que el camino de cada uno es su camino, porque es a él a quien se dirige la palabra, esa palabra que desata la instalación y lleva a lo lejos: ‘No sabes adónde va’ (nota 2).

Las religiones son las lenguas maternas del sentido de la existencia. No son garantías automáticas. A quienes se proclamaban descendientes de Abraham, Cristo les respondió: De estas piedras, Dios puede hacer hijos de Abraham. Ninguna herencia religiosa, ninguna educación, ningún azar de nacimiento puede dispensar de una conversión. Cristo no es tanto el fundador de una nueva religión como aquel que nos invita a cuestionar radicalmente todas nuestras religiones de nacimiento en una aventura personal. A quienes quieren encerrarlo en la descendencia abrahámica, él responde: Antes de que Abraham existiera, yo soy”. Todo hombre debe pronunciar algún día, a su manera, esta frase con la que no se reduce a su historia y a su geografía para reconocer el don de la filiación divina y de la fraternidad universal.

No hay acceso a lo esencial sin la experiencia de Abraham: abandonar lo que se conoce para ir hacia lo que no se conoce. Desde este punto de vista, Maurice Bellet muestra que la relación crítica que vivieron los primeros cristianos con la institución religiosa de la época es constitutiva del enfoque evangélico. Para quien vive la experiencia nueva de la Palabra, el cristianismo instituido puede aparecer, según Maurice Bellet, como el análogo de lo que fue el judaísmo establecido en la época de los primeros cristianos (nota 3).

Plantea varias hipótesis para el futuro del cristianismo:

1) El cristianismo desaparece, y con él el Cristo de la fe. Se cumple el acontecimiento anunciado por la crítica de los siglos XVIII y XIX. Solo quedan las obras de arte y los trabajos de los historiadores.

2) La disolución del cristianismo. No se destruye propiamente, pero lo que ha aportado a la humanidad se convierte en bien común y se le escapa. El cristianismo se disuelve en los derechos humanos y en un espiritualismo indiferenciado.

3) El cristianismo continúa como antes. Se conserva, se restaura, se restablece. Continúan las disputas internas cuyo objetivo esencial es la institución y su control.

4) Bellet elige una cuarta hipótesis. Sí, hay algo que termina, inexorablemente. Es un determinado sistema religioso histórico. Es, dice Bellet, el fin del cristianismo, si se trata de uno de esos ismos que caracterizan la modernidad: idealismo, marxismo, materialismo, existencialismo, etc. Pero este fin de un sistema histórico abre la posibilidad de un despertar de resurrección: Un hombre vino entre nosotros, uno entre todos los demás, y se le concedió atravesar lo imposible, transgredir lo evidente: la evidencia de la muerte. Así que descendió hasta lo más profundo de lo profundo, hasta perder a Dios: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Murió, lo matamos. Algunos afirman que está vivo. Es la afirmación inaudita de una humanidad que se atreve a preferir la vida a la muerte. (…) ¿Cómo conoceré a este Cristo de forma viva y concreta? ¿Dónde si no es en ese ágape, ese amor entre hermanos del que el apóstol Juan se atreve a decir que quien ama así ha nacido de Dios y conoce a Dios? Asimismo, Pablo declara en la primera epístola a los Corintios (cap. 13) que todo pasará, incluida la fe, solo permanecerá el ágape para la eternidad. Y es por eso que la vida eterna ya está aquí, en esta resurrección en la que hemos pasado del gusto por el asesinato al don de la vida” (nota 4).

Al final de su obra, Maurice Bellet nos indica un camino: Así se sigue lo que he llamado la cuarta hipótesis. Es sin juzgar el camino que otros pueden seguir. La gran Iglesia es la antisecta: hay diversidad de caminos, de estilos, de pensamientos. En cuanto a los maestros… ‘No llaméis a nadie padre o maestro’. Solo es Iglesia la formada por hermanos que se aman y se ayudan unos a otros (…) (nota 5).

La obra de Maurice Bellet es saludable para recordarnos que toda institución religiosa solo tiene sentido si invita a arriesgarse a ese segundo nacimiento del que Cristo hablaba a Nicodemo (Jn 3, 1-12).

Bernard Ginisty

(Publicado el 20 de agosto de 2025 por GARRIGUES ET SENTIERS. Espaces de liberté, de foi et de reflexión chrétiennes)

NOTAS:

1. Maurice BELLET (1923-2018): La quatrième hypothèse. Sur l’avenir du christianisme,  éditions Desclée de Brouwer, 2010.
2. Id. páginas 30-31.
3. Id. página 21.
4. Id. páginas 119-120. Este es el tema de la obra de Emmanuel TOURPE: À l’amour que vous aurez les uns pour les autres… Le dernier mot de Dieu, éditions Artège 2024, que recibió el gran premio católico de literatura 2025 otorgado por la asociación de escritores católicos de lengua francesa.
5. Id. páginas 108-109.

https://www.bernardginisty.com/chroniques-2025/

https://www.garriguesetsentiers.org/2025/08/sur-l-avenir-du-christianisme-la-quatrieme-hypothese-maurice-bellet.html?utm_source=_ob_email&utm_medium=_ob_notification&utm_campaign=_ob_pushmail

Agradezco a Bernard Ginisty este texto publicado el 20 de agosto de 2025 en GARRIGUES ET SENTIERS. Espaces de liberté, de foi et de réflexion chrétiennes, y retomado por Lucienne Gouguenheim en : https://nsae.fr/2025/08/23/sur-l-avenir-du-christianisme-la-quatrieme-hypothese-maurice-bellet/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_source_platform=mailpoet&utm_campaign=newsletter-nsae_97
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«Mahoma y Jesús», por Xabier Pikaza

miércoles, 27 de agosto de 2025
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Mahoma guía a Abraham, Moisés y Jesús (manuscrito persa medieval)

Del blog de Xabier Pikaza:

No toca a los políticos juzgarles,  pero muchos lo están haciendo,  directa o indirectamente, con cara y desparpajo, como si tuvieran patente de corso y formación   decidiendo sobre todo lo decible en tierra y cielo.

Así he visto a más de cuatro pontificar sobre islam y cristianismo, sin haber pasado por la escuela de religiones, naciones e identidades.  No es mucho lo que sé, pero llevo 50 años en el tema y me atrevo a reflexionar (no juzgar) sobre uno y otro (Jesús y Mahoma), desde una perspectiva histórica y cultural.

Soy cristiano y opto con el corazón por Jesús, pero sin condenar en modo alguno a Mahoma (¡Dios le bendiga!), pues tiene muchas cosas que enseñarnos y aportar a cristianos y no cristianos. Sin Mahoma, nuestro cristianismo hispano sería mucho más  infeliz, más pobre.

Mahoma nació en torno  el 570 d.C.)  en La Meca, ciudad sagrada, con un santuario llamado Caaba, donde se mantenía la memoria de Abraham (patriarca del  Dios de los judíos y los árabes),  en la ruta comercial del  norte al sur de Arabia occidental (de Siria a Yemen ) y conocía las religiones del entorno (paganismo árabe, judaísmo,  cristianismo y quizá zoroastrismo). Era caravanero de oficio, poeta, vidente  y conocía  las tradiciones de los diversos pueblos de su entorno

Hacia al 610 sintió la llamada de Dios para anunciar el juicio a su ciudad, cuyos dirigentes se sintieron amenazados por sus denuncias y le condenaron a muerte. Sintiéndose en peligro, pero arropado por un grupo de seguidores, el nuevo profeta Mahoma “rompió” social y militarmente con la ciudad/santuario de la Meca y, saliendo de ella se refugió en Medina, con cuyos habitantes hizo un pacto de solidaridad (Hégira: 622 d. C.).

Tras unos años de exilio y guerras religioso-sociales, habiendo tomado el control de Medina, Mahoma  volvió a la Meca (630), como vencedor, creando entre las tribus árabes la Umma o nación de elegidos, vinculado no sólo por un pacto de fe, sino también de espada vencedora, con mucha prudencia y gran potencial armado, en nombre del Dios de la victoria.

Mahoma no entendió (no aceptó)  la separación que Jesús y Pablo habían establecido entre política imperial (espada, ley, dinero) y compromiso religioso a favor del Reino de Dios en la tierra. En ese sentido, Mahoma identificó el cristianismo con un tipo de estado romano (bizantino) de espada militar, ley judicial y dinero, presentándose así, de hecho, como testigo del fracaso real del cristianismo oficial de su tiempo, que tenía sin duda elementos fuertes de evangelio de Jesús y teología paulina, pero que en su forma externa se había convertido  en “religión de Estado” con una espada al servicio de la “santa iglesia””, con un derecho-ley militar (código de Justiniano) y con una economía/dinero  que no respondía al evangelio, ni a las necesidades reales de gran parte de la población del oriente (entre Egipto-Siria y Mesopotamia).

En ese contexto, lo más hábil e inteligente que pudo hacer Mahoma, desde el contexto religioso, social y militar de las tribus del entorno de la Meca, en el primer tercio del siglo VI d.C., era  vincular la religión profética con un pronunciamiento militar, pues eso era lo que se ha hecho en el contexto cristiano/bizantino y romano, como forma de imitar y seguir el camino de Jesús.

No se le puede acusar ni condenar por unir a Dios con la espada, porque lo mismo hacían los cristianos “romanos” (imperiales, bizantinos) de su entorno. Es normal que algunos pensadores  cristianos, , como Juan Damasceno (675-750), buenos conocedores de movimiento de Mahoma, siguieran considerando al Islam como fracción cristiana (judeo-cristiana).

Mahoma se sintió heredero del judaísmo y cristianismo y pensó que Dios le había elegido para ser profeta (nabi) y enviado (rasul) divino, heredero del profetismo y monoteísmo bíblico, ratificando la tradición religiosa de los monoteístas locales (hanif) y de los judíos y cristianos, cuyas tradiciones quiso vincular y vinculó en un camino sorprendente de  rigor personal, social y militar, jurídico y económica,  insistiendo en las tradiciones de Abraham con Ismael, su hijo (hijo de Agar)  que habrían sido constructores de la Caaba de la Meca, santuario abierto a los monoteístas árabes.

En esa línea, quizá sin quererlo, Mahoma rechazó (o no entendió), la novedad de Jesús  y su evangelio de cruz y presencia pascual (con una norma de vida que culmina en su triple rechazo  del adulterio, homicidio y robo: Rom 13, 8-10). En esa línea, como heredero del un cristianismo histórico, militarizado por los “nuevos romanos” de Bizancio y de un judaísmo tradicional, de tipo brahámico más que mosaico,  pudo optar por la guerra en contra de sus adversarios, para imponer así, desde la Meca, la religión “verdadera” que Dios le iba revelando y que él fue transmitiendo en sus oráculos  o suras que empezaron a ser recopiladas en forma de “Corán”, esto es, de recitación sagrada.

Pactó  con los que pudo pero al fin tuvo que huir de la Meca y, refugiándose en Medina/Yatrib, pudo luchar contra los que no aceptaban su proyecto (que a s juicio era el mismo de los profetas antiguos. Superó las dificultades, tomó primero el control de Medina y después el de la Meca (630 d.C.), y en el momento de su muerte (632) su Islam (religión de sometimiento universal a Dios) comenzaba a extenderse por convencimiento y guerra más allá de Arabia. No fue un dualista (Dios contra el hombre), pero introdujo una fuerte oposición entre  Allah, Dios absoluto de todo poder, y una humanidad que debe obedecerle, con sumisión completa.

Quiso ser profeta de los sometidos o musulmanes, empezando por los árabes del entorno de la Meca, que debían “convertirse” y superar su semi-paganismo semejante al del entorno cananeo de los judíos antiguo (siglos VIII-IV a.C), mientras bizantinos y persas luchaban en su tiempo (entre el siglo V-VII d.C.),  en el entorno de Arabia debilitándose mutuamente, en el momento en que los árabes islamizados se preparaban para una guerra de conquista militar, social y religiosa.

 Mahoma no quiso fundar otra religión, sino re-descubrir y propagar la que a su juicio había sido y era la religión eterna, revelada desde siempre a sus profetas, una religión de sumisión a Dios (como súbditos más que hijos) y de sometimiento humano (aceptar y obedecer el mandato de Dios interpretado  por las autoridades religiosas del Islam político). A su juicio, Dios no es libertad en amor de los hombres, sino sometimiento de todos bajo la autoridad de Dios, que ha revelado su “ley” por los profetas, culminando en el Corán, que ahora debemos aceptar como religión definitiva:

 Decid: Creemos en Dios y en lo que nos ha revelado  por Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus,  en aquello que Moisés, Jesús y los profetas recibieron de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos sometemos a Él (Corán 2, 136)

Creer no es confiar y dialogar con Dios en libertad (para transformarnos en amor como quería Jesús), sino someternos a Dios. Esa diferencia entre el evangelio (libertad en Dios encarnado) y el Islam (sometimiento bajo el dictado de Dios) puede parecer pequeña, pero es fundamental, pues indica que, según el Islam, el ser humano no es hijo (de la naturaleza de Dios) sino siervo y que ha de inclinarse bajo su dominio conforme a su revelación por el Corán. También los cristianos creen en la revelación de Dios, pero saben que Dios no se revela para tenernos sometidos a su voluntad, sino para encarnarse en nosotros, diciéndonos “sed libres”, vivid en amor mutuo.

Mahoma pensaba que Jesús había sido bueno y que había muerto en el fondo por no luchar, no vencer y no tener que imponerse a los enemigos de  Dios, siendo, por eso, condenado a muerte. Fue bueno pero “blandengue”, no quiso o no supo utilizar el poder de Dios, tuvo quizá miedo de utilizar la “santa violencia”, fue de aquellos a los que F. Nietzsche (1844-1900) llamará más tarde “santos idiotas” en la línea del Santo Idiota de F. Dostoievsky (1821-1881).

Mahoma pensó que Dios le había enviado como profeta final, para completar lo que Jesús no había conseguido realizar, para vencer y someter a todos los enemigos de Dios, transmitiendo sus más hondas “revelaciones”, esto es, a las palabras de Dios que él iba escuchando en su interior y dictando en forma de Corán.

De un modo consecuente, para  cumplir su obra profética, conforme a la voluntad de Dios que él escuchaba en sus revelaciones, Mahoma tuvo que apelar a sus amigos guerreros (Omar, Utman, Alí) y escogió la vía de las armas, para imponer la ley de Dios los enemigos de Dios, de forma que todos pudieran se sometieran a la ley del Islam cumpliera la voluntad de Dios, en contra de los cristianos que, según Pablo, tenían que someterse al “logos” o palabra de la Cruz de Cristo (cf. 1 Cor 1, 18: Ὁ λόγος γὰρ ὁ τοῦ σταυροῦ ), que es necedad para los que “se pierden” a sí mismo, pero que es autoridad o  fuerza de Dios para los que se salvan. Mahoma no buscó como colaboradores a unos “apóstoles o enviados pacíficos” como Jesús (los Doce, Magdalena y las mujeres, el Discípulo amado y los misioneros helsnistas, sino guerreros religiosos para imponer el islam sobre la tierra.

Mahoma y Jesús. Dos estrategias  de Dios

Conforme a la visión de Mahoma, creer no es vivir en libertad ante Dios y dialogar en amor entre los hombres, sino someterse bajo Dios, inclinándose hasta el suelo, en filas de solitarios sumisos, unos juntos otros, en filas inmensas, en esterillas, inclinados sobre la tierra en mezquitas o plazas públicas,   pero sin hablar entre sí, cada uno cerrado en sí mismo y todos juntos.

Esa fue conforme a Mahoma la esencia de la religión, tal como, a su juicio se había expresado según los profetas de Israel y especialmente según la voluntad que Jesucristo no pudo cumplir en su vida, pues antes de hacerlo le mataron. Así pensó, así propuso Mahoma, pero, en esa línea (conforme a mi visión de Cristiano), no logró captar el mensaje central de Israel (siervo de Yahvé, justo sufriente), ni menos el de Jesús, aunque él no fue ni sigue siendo responsable de ello,  porque aceptó y mantuvo un cristianismo común de su entorno, que seguía y sigue siendo, en una línea algo distinta un cristianismo guerrero.

 -Mahoma pensó y dijo que Jesús había sido precursor suyo, como insinúa un texto del Corán. «Jesús, Hijo de María, dijo: Hijos de Israel, yo soy el que Dios os ha enviado para confirmar la Torá anterior a mí y para anunciar la venida de un Mensajero que vendrá después de mí, llamado Ahmad» (Corán 61, 6).  En esa línea, en sentido profundo, Mahoma tiene razón cuando afirma que Jesús no pudo imponer por ley la voluntad de Dios y conquistar Jerusalén, ciudad sagrada, porque no creía en el Dios de las conquistas, ni convocó a un ejército para hacerlo, sino que vino a presentarse como signo y portavoz de un Dios que no conquista ni se impone, sino que ama y ofrece su vida en gratuidad hasta la muerte.

– A diferencia de  Jesús, que no subió a Jerusalén con un ejército, para conquistar la ciudad de David y sus promesas, sino que entró desarmado en ella,  Mahoma salió primero de la Meca, en gesto de protesta militar, para volver después como profeta de la sumisión a Dios,   con un ejército de fieles, creyentes y seguidores, para tomar la ciudad  e imponer en ella su dictado religioso. Pudo  pensar que en el fondo  estaba siguiendo el camino y mensaje de Jesús,  pero lo que hacía en realidad era muy distinto, aunque (como he dicho) no podemos criticarle, porque muchos cristianos bizantinos pensaban también que eran fieles a Jesús luchando contra persas  y otros tipos de  cristianos e infieles.

–  Mahoma fue justo, en línea de sumisión a Dios, imponiendo su Corán y formando con compañeros musulmanes una comunidad de sometidos a Dios. Supo organizarse bien,  tuvo a su lado un grupo de expertos  soldados, ganó por ellos la guerra  de reconquista de la Meca e inicio una gran campaña de islamización de la humanidad, pero su proyecto no iba en la línea de Jesús.   Pensaba así, y creía  que Dios mismo le había enviado para culminar la obra de Jesús, en la línea de Islam,  pero su camino era distinto,  aunque podía estar cerca de lo que creían muchos  cristianos imperiales (bizantinos y romanos) de aquel tiempo [1].

Mahoma pensó que su mensaje y camino era el mismo mensaje y camino de Jesús y que Dios le había confiado el  encargo de lograr que todos los hombres y mujeres se sometieran al único  Dios, que es Allah  (no hay otro).  Pero, en contra de lo que podía haber dicho Mahoma, Jesús no había querido que los hombres se sometieran, sino que vivieron en libertad de amor, unos con otros, conforme a la voluntad de Dios que es amor en libertad, por encima (en contra) de toda guerra (f. 1 Jn 4, 7-21).

Mahoma pudo creer que el Dios de Jesús había sido un Dios de, sometimiento, pero Jesús no vino con el fin de  que los hombres se sometieran a Dios, sino de que vivieran en libertad de amor en Dios, para amar al prójimo como a sí mismos (Rom 13, 8-10).

 –Jesús había ofrecido un mensaje de futuro, un camino de expansión mesiánica, que el Evangelio  de Juan 14-16 simbolizaba en el Espíritu Santo, que es libertad de amor en Dios y de amor entre los hombres. Conforme a la tradición musulmana, ese “Espíritu Santo”, prometido por Jesús se identifica con Mahoma, y no es Espíritu de libertad en Dios, sino de sometimiento a Dios para extender su religión a todo el mundo.

Mahoma pensó que Dios le enviaba para que todos los seres humanos se sometieran a Dios, conforme a una ley de acatamiento, que puede imponerse de algún modo a través de una guerra Santa, en la línea de un Antiguo Testamento que, como he puesto de relieve en cap. 1 había sido superada ya por los profetas, en especial por Isaías II (Siervo de Yahvé).

Mahoma rechazó la opción y experiencia de libertad de amor de Jesús (que se dejó matar por cumplir la voluntad de Dios, pues no subió a Jerusalén para triunfar, sino para ofrecer amor, aunque fracasar). Pues bien, en contra de Jesús,  como profeta y mensajero final de la voluntad triunfadora de Dios,  Mahoma estaba convencido de que él debía triunfar en la Meca, con guerra y pactos militares, para establecer su comunidad de sometidos  musulmanes (creando con ellos la ‘Umma).

Por eso (como he  dicho), a diferencia de Jesús, en el momento del riesgo, cuando vio que podían matarle, Mahoma planeó y cumplió una estrategia humanamente acertada (estrategia más propia de Pedro y de parte de la iglesia posterior  (cf. Mt 8, 17-31). En esa línea, quiso hizo que algunos de sus discípulos se refugiaran en Etiopía (hacia el 615 d.C.) y después, rompiendo los lazos tribales y sacrales que le unían con la Meca, «emigró» con muchos seguidores a Yatrib/Medina (Hégira, año 622), para fundar allí la primera comunidad estable de sometidos a Dios, políticamente independientes, militarmente poderosos.

Como era lógico, debió superar algunas dificultades de otros grupos de Medina y rechazar los ataques de sus adversarios de la Meca, hasta que, tras varios años de padecimientos, logró volver victorioso a la Meca (630), logrando imponer su visión de Dios y someter a la mayoría de los habitantes del entorno.

Mahoma entró en la Meca al mando del ejército de los sometidos a Dios para establecer su “ley” (que él identifica con, la voluntad de Dios, sobre el conjunto de la población). Jesús,  en cambio, quiso entrar en Jerusalén sin armas, quedándose en manos de sus sacerdotes y solcados, dejándose matar por aquellos que creían en el Dios de la  ley y el orden, no en la gracia.

-Los discípulos/compañeros de Mahoma confiaban en sus dotes militares  y en conjunto le siguieron y lucharon con él por conquistar la Meca, como ejército de fieles de Allah, Dios de guerra santa. Mahoma no quería un Reino interior (aunque destacó la necesidad de someterse a Dios), sino que “impuso” un “reino social”, una”umma” o comunidad o comunidad de sometidos a Dios en  la Meca) y, ciudad que “purificó” de la idolatría, para convertirla en santuario o mezquita universal para todos los creyentes.

– Los discípulos/amigos de Jesús querían también que él encabezara un movimiento mesiánico de guerra y conquista de Jerusalén,  Pero Jesús se opuso al deseo de sus discípulos, y subió a Jerusalén sin armas, dispuesto a que le mataran.  Desde ese fondo se entiende la dificultad que  Jesús tuvo para comunicar a los discípulos lo que él entendía y quería sobre el Reino, de manera que ellos le abandonaron cuando fue condenado a muerte [2].

 El evangelio muestra así la disonancia que hubo entre Jesús y sus discípulos, una incomprensión creciente, que se encuentra también motivada por el hecho de que ni siquiera Jesús podía saber y describir externamente la manera en que iban a desarrollarse los acontecimientos.  Jesús tenía un plan de Reino y conforme a su visión no podía subir a Jerusalén como soldado, para imponerse por la fuerza y tomar con armas la ciudad, sino que debía venir como amigo (representante y portavoz de un Reino de amigos de paz),  para quedar en manos de las “autoridades de Israel” (como sus discípulos itinerantes quedaban en manos de los sedentarios).

Jesús no podía compartir la estrategia de los sacerdotes de Jerusalén y de los políticos de Roma, pues ella se situaba en el plano de la racionalidad social y política, es decir, de “juicio” o talión: de medios y fines, es decir, de intereses, conforme a las guerras normales de este mundo.  Ciertamente, él confiaba en Dios, como poder de gratuidad, a quien llamaba Padre y a quien pedía “venga tu Reino”, pero sin obligarle a que respondiera de un modo o de otro.

 Si Jesús hubiera apelado a las armas, si hubiera “levantado” un ejército para conquistar Jerusalén (como Mahoma para tomar la Meca), si hubiera apoyado su empresa con pactos militares,  no hubiera sido el Cristo del Sermón de la Montaña, ni del conjunto del Nuevo Testamento y de la Iglesia universal del siglo II-III d.C., sino un personaje distinto, fundador de una religión diferente. La visión que Jesús tenía de Dios y de los hombres le impidió subir a Jerusalén con armas para conquistarla. Si hubiera entrado en ella con un ejército hubiera dejar de creer en el Dios de su evangelio y  de la fraternidad universal humana.  Mahoma, en cambio, creyó que Dios le impulsaba a conquistar La Meca y le ayudaría a conseguirlo:

 – Mahoma pensaba que Dios no puede permitir que su Profeta final muriera sin triunfar y  por eso él triunfó: Conquistó La Meca e impuso su paz por la fuerza.Dios es poder absoluto y por eso impone su paz sobre el mundo entero. Eso significa que la voluntad del hombre  es derivada,  pues de hecho sólo existe la de Dios. Por eso, el hombre tiene que abandonar su voluntad y aceptar sólo la de Dios,  ante quien todos deben someterse de manera mística y  social [3].

Jesús, en cambio, pensaba  que Dios es amor en libertad, que no tiene su destino decidido, sino que debe irlo trazando paso a paso,  en amor a los hombres a quienes no toma como sometidos, sino como libres, para que  cumplan su voluntad (la de amarse unos a otros), para que todos sean y compartan el camino, dándose la vida unos  otros. La voluntad de Dios no es el sometimiento, sino la libertad de los hombres Esa voluntad de Dios se expresa   por la voluntad y entendimiento de los hombres que sólo a través de un diálogo en libertad puede ponerse de acuerdo y vivir unos en otros.

 El Dios de Mahoma no habla a través del diálogo entre los hombres (es decir, en la comunicación libre entre ellos); sino como una verdad y destino revelado, impuesto, por encima de todos, a través de Mahoma, su profeta,  como un destino impuesto, decidido de antemano, por predestinación superior. En contra de eso, el Dios de Jesús está implicado en la vida de los hombres, en ellos, se revela y por ellos actúa.

A juicio de Mahoma,  Dios no se encarna, no camina en/con con los hombres y mujeres (como fuente de libertad gratuita, haciendo que ellos sean creadores, sino que permanece separado, decidiéndolo todo de antemano, desde arriba. Por eso, estrictamente hablando, los hombre “no se hacen· (no son libres), sino que es Dios quien hace en ellos. Por el contrario, el Dios de Jesús se encarna en la vida de los hombres, de forma que son los mismos hombres los que deciden lo que es y ha de ser la voluntad de Dios.

-El Dios cristiano se encarna en la historia y mensaje de Jesús, no en un libro dictado desde arriba), sino en un hombre que asume la historia de la humanidad, trazando en ella un camino de curación y diálogo entre todos los hombres en libertad de amor, esto es, en comunión personal, de forma  que la misma razón compartida y la historia de los hombres sea revelación y presencia del Espíritu divino (=Espíritu Santo). El signo máximo de la presencia de Dios no es un libro (Corán), ya escrito de antemano, como piensan los musulmanes, sino la vida/mensaje de Jesús, Hijo de Dios, y la vida/comunión de los creyentes, que son revelación y camino de Dios en la historia.

– Por el contrario, el Dios de Mahoma no tiene historia ni deja en libertad a los hombres, pues todo lo ha dicho y fijado ya en el Corán. Es un Dios que no necesita ni quiere que los hombres sean creadores de sí mismos. Los musulmanes creen en un Corán externo y eterno, con un Dios que ha trazado para ellos, para todos,  el camino de la vida (presencia de Dios) desde arriba. El Islam no es una religión de diálogo  racional y personal, de mesa redonda de comunicación, sino de sometimiento de todos y cada uno de los hombres a la voluntad de Dios. En ese sentido, los musulmanes dicen que los hombres son libres, pero añadiendo que ellos deben someterse a Dios, comprometiéndose a luchar, por obediencia a Dios, sometiéndose libremente ha de ofrecerse, pero que  implica, al mismo tiempo,  para conseguir, a través de esa yihad o guerra santa  que los seres humanos se sometan a Dios [4].

Guerra de Dios (Mahoma),  libertad en amor (Jesús)

  Mahoma y Jesús recorrieron un camino en parte semejante, pues, en un momento crucial, ambos se encontraron ante la opción definitiva: Cómo subir a Jerusalén (Jesús) y volver a la Meca (Mahoma) [5], y lo hicieron lo hicieron de maneras distintas:

–Llegado el momento decisivo,  Mahoma abandonó el camino de riesgo y sufrimiento (muerte) en la Meca, pensando que Dios le ofrecería una victoria social y religiosa, espiritual y militar  en este mismo mundo, si es que se separaba de la “falsa teocracia” de la Meca y creaba la “verdadera”, poder sumo de Allah y de sus sometidos,  según su Corán (lo que Dios le iba revelando) Con esa certeza emigró a Medina y conquistó después la Meca, estableciendo la sharía o ley del triunfo de la umma, pueblo de Dios. Muchas iglesias y naciones que se llaman cristianas han seguido un camino semejante: han creado una fuerza militar para defenderse en nombre de Jesús o imponer su reinado (a veces en nombre de la cruz, pero en contra el evangelio).

En contra de eso, para cumplir su evangelio (su inspiración interior, su experiencia de Dios, Jesús entró sin armas en Jerusalén, dejándose matar por aquellos que creían en el Dios de la violencia de la ley y de las armas, judíos de templo y romanos de imperio y legión. Entró mostrando   que creía en el Dios de la no violencia activa, en la comunión en liberad, en Dios como Padre de los hombres. Entró y murió (le mataron), pero dejó sobre la tierra una semilla de Reino (una espada de transformación personal y social sin guerra),con y un gesto de amor  que es principio de resurrección. Así podemos recordarle como mensajero y testigo de una libertad y camino de cruz, en esperanza, por encima de la guerra (c. 1 Cor 1, 18..

Mahoma pensaba que el auténtico profeta ha de ser siervo de Dios, capaz de padecer persecución, como Jesús, pero añadiendo que esa persecución sufrida puede vincularse con un  comportamiento militante, de guerra santa,  como la de Josué (Jos 5) y la de David matando a Goliat A diferencia de Jesús, Mahoma creyó que un profeta debe triunfar en el mundo, como él triunfó, tomando bajo su control la ciudad (La Meca, año 630 d.C), muriendo dos años después (632), de muerte natural, como triunfador glorioso, no crucificado   como Jesús

Jesús, en cambio, en la etapa decisiva de su vida, desde la “confesión de Cesarea de Felipe”, en contra de la opinión de Pedro y de los Doce, tras sularga misión en Galilea,  proclamó que esa necesario que el Hijo del Hombre padeciera y muriera (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 32-34) [6].

-Los cristianos confiesan que Jesús puso su vida en manos de Dios, muriendo por el Reino y que Dios le resucitó de la muerte, instaurando la comunión universal del Reino sobre los poderes de violencia del mundo. El mismo Yahvé-Sin-Nombre (liberador de los hebreos) vino a revelarse por tanto como Padre que acoge a Jesús en su vida y le resucita en su muerte como salvador de los hombres.

–  Mahoma y los musulmanes en general piensan que Jesús debería haber luchado contra los adversarios en vez de dejarse matar por ellos, añadiendo  que no pudo culminar su obra (instaurar el Reino de Dios), pues murió como fracasado en una cruz. Algunos musulmanes añaden que el Dios que le había enviado no pudo  abandonarle al fin  y dejarle morir bajo el poder de “perversos” enemigos. Por eso le libró de la cruz,, llevándole de forma directa hasta su gloria, en resurrección sin muerte (como a Henoc o a Elías).

Según Mahoma, Jesús era bueno, era un musulmán de fondo verdadero,   pero no logró realizar la obra de Dios, ni culminar su promesa. No conquistó  Jerusalén para extender (imponer) desde allí la Ley de Dios sobre la tierra. Lógicamente, sus discípulos fracasaron también: no lograron extender su evangelio a todo el mundo. Jesús no pudo ser, por tanto, el profeta final que se esperaba¸ por eso tuvo que venir Mahoma, para culminar la obra anterior de los profetas y en especial la de Jesús, creando en este mundo una religión triunfadora, abierta a la culminación final de musulmanes, es decir, los sometidos al Dios verdadero. Desde ese fondo se entienden las palabras más fuertes del Corán, propias del “período ·de Medina (622-630), tiempo de guerra fundacional, para reconquistar la Meca y comenzar la implantación del Islam en Arabia y en todo el mundo

-Quienes crean, emigren y luchen por Allah con su hacienda y sus personas tendrán una categoría más elevada junto a Dios…Su Señor les anuncia su misericordia y satisfacción, así como Jardines en los que gozarán de delicias sin fin. Dios tiene junto a sí una magnífica recompensa. ¡Creyentes! No toméis como amigos a vuestros padres y hermanos si prefieren la incredulidad a la fe (Corán 9, 20-24).

 El musulmán debe someterse a Dios, dejando los ídolos, saliendo de la Meca  antigua (ciudad de injusticia) para luchar por Allah (esto es, por la nueva familia de Dios y por la expansión y triunfo del Islam. La fe implica así una ruptura familiar y económica una decisión y lucha militar por causa del Islam. Mahoma retoma  de esa desde una nueva perspectiva social y militar el programa de la nueva familia de Jesús, que hemos descrito al comienzo de este libro (cf. Mt 10, 34-39), que podrían traducirse así en perspectiva musulmana: “No penséis que he venido a traer paz, sino espada, separando al hombre de sus padres, hermanos e hijos, creando una nueva comunidad de militantes al servicio de Allah”. El programa de nueva familia de Allah, la de Mahoma, la Umma/Am o pueblo de Dios, retoma muchos elementos programa de Jesús, pero con una diferencia:

-Jesús sembraba el reino de Dios por la palabra y el contacto personal,  llamando a los pobres y excluidos, para regalarles su vida,  de forma que estuvieran  todos dispuestos a servirse unos a otros,  como simiente de trigo de paz que se introduce en la tierra (Mc 4; Mt 13), para que así produzca mucho fruto. El pueblo/familia de Jesús es la comunidad  de aquellos que se aman y comparten la palabra, viviendo y muriendo unos en otros  y por otros, resucitando así en la palabra de la vida, que es Dios, encarnándose en la historia de los hombres.

Mahoma quiso crear y creó un nuevo pueblo, saliendo de la Meca, antigua ciudad de las lealtades económicas y sociales, para crear desde Medina. en seis años de guerra (que pueden compararse con los los seis de los esenios de Qumrán: Milhama)  la nueva comunidad de los liberados de Dios, vencedores de la guerra de la Héjira, formando desde el centro la Meca la nueva comunidad universal de los creyentes [7]. La opción por Dios y su comunidad supera y en un sentido radical anula las restantes opciones y valores de la humanidad: La comunión entre padres e hijos, hermanos y esposos, tribu y hacienda, todos los posibles pactos y valores anteriores, han de transcenderse y ponerse al servicio del Islam.

 Así interpreta y así cumple Mahoma su programa de creación del  pueblo musulmán. Jesús inició y recorrió un camino de paz centrada en el amor mutuo, en la entrega de la vida de unos en (y por) otros, conforme al mandamiento central: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Lev 19, 18; Mc 12, 31; Rom 13, 8-10. Mahoma, en cambio, apela a los principios y medios de la guerra santa.  Conforme a su mensaje  no hay encarnación de Dios  en la vida humana, pues el Dios del Islam no es amor, sino sometimiento universal,como supone una sura central sobre la guerra santa:

Cuando hayan transcurrido los meses sagrados (de la tregua):

−Matad a los asociadores (=politeístas que asocian otros dioses al único Dios). dondequiera que los encontréis. − ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! − Pero si se arrepienten, hacen la azalá (=oración) y dan el azaque (=tributo), dejadles en paz. Dios es indulgente, misericordioso (Cor 9, 5).

           La estrategia del Islam se concreta en la victoria militar sobre los enemigos… Luchar y vencer y matar a los   que puedan alzarse y responder con arma) para así imponer la paz armada, conforme al principio militar de la antigua Roma: Parcere subiectis, debellare superbos, perdonar a los que se someten, someter a los soberbios  (es decir, a los que rechazan s Roma o al Islam). Éste es el dios de poder, del talión militar y la victoria que se impone por la fuerza, un dios cuyas “proclamas” militares se siguen escuchando (2026).

Excurso. Aportación y riesgo del islam desde una perspectiva bíblica [8].

 En la base del mensaje de Mahoma y de la experiencia musulmana, desarrollada por la tradición posterior, late una mística radical de sometimiento a Dios, que así aparece como aquel que es (hace )Todo. Este Dios superior acoge de un modo especial a los humildes y pequeños pero de tal forma  que, en realidad, ante su Juicio superior, terminan siendo iguales ricos y pobres, opresores y oprimidos. (1) Por eso, el Islam es religión de suma tolerancia: Dios sólo exige que nos sometamos a él, pues posee toda justicia y derecho y nada de lo que hagamos le puede influir, ya que él es quien nos hace, actuando por nosotros. (2) Pero, en otro plano, es una religión  intolerante, pues piensa que la voluntad de Dios, revelada en el Corán, puede y debe aplicarse sobre todo el mundo, utilizando si es preciso métodos de fuerza. En ese fondo distinguimos dos momentos de la vida de Mahoma.

 ‒Período mecano: mensaje universal, sin guerra (612-622 d.C.). En las suras antiguas, que son la raíz del Corán, Mahoma se muestra más cercano a las tradiciones pacificas de judíos y cristianos. No apela a la Yihad o guerra santa, no establece una comunidad militante, sino que va construyendo una comunidad pacífica de sometidos a Dios, en medio de un entorno crecientemente hostil de politeísmo mercantilista. En ese momento, los signos primordiales de la revelación de Dios son la superación de la idolatría, la sumisión a la única divinidad y la justicia social, que se expresa en la ayuda a los pobres. Como prueba de su mensaje, Mahoma apela al juicio futuro de Dios. Éste es el Primer Corán o Islam, sin poder político ni sometimiento social.

Hégira y guerras de Medina: Sumisión a Dios y violencia militar (622-630). Cuando su grupo fue perseguido, Mahoma “recibió” de Dios un mensaje de ruptura y recreación social, que se tradujo en la creación de una comunidad liberada de creyentes (Hégira 622 d.C., año 1 de la era musulmana). En vez de dejarse matar o de seguir anunciando el Mensaje de un modo no violento, Mahoma y los suyos emigraron a Medina, donde respondieron con violencia a la violencia de los enviados del «sistema comercial» politeísta de la Meca. En este contexto se sitúa la intolerancia musulmana, proclamada el Yihad o guerra santa contra los paganos de la Meca, que se expresa en la muerte de los judíos de Medina que no aceptaban su mensaje y en la toma posterior de la Meca [9].

Un Islam fundado en suras del período mecano será tolerante, Islam de creyentes que pueden mantenerse y vivir en el exilio, sin tomar el poder, dialogando en paz con hombres y mujeres del entorno.  Un Islam centrado en las suras de Medina será impositivo, de manera que tenderá a defender (e incluso imponer) su religión ‘verdadera’ y su forma de vida social apelando a la guerra, no sólo contra los infieles o paganos exteriores, sino contra los disidentes interiores, defendiendo ante todo los pretendidos «derechos» de Dios. [10].

En los últimos siglos, muchos musulmanes se han sentido amenazados por una política y religión que ellos vinculan al cristianismo. Varios países de mayoría islámica fueron colonizados entre el siglo XVIII y XX por potencias “cristianas” de occidente (Rusia, Inglaterra, Francia, USA). Además, gran parte de la población de esos países de mayoría musulmana sigue  siendo pobre  y se siente  dominada por la cultura y organización del sistema neo-liberal, que ellos interpretan como propio del cristianismo de occidente. Algunos musulmanes se han dejado vencer por la inquietud (por el temor de que la marea de opresión de occidente les destruya) y, asumiendo interpretaciones extremas del Libro (Corán) y tradiciones de la ‘guerra santa’, parecen llamados a luchar contra un occidente “opresor”.

El sentimiento de fracaso ante el sistema ilustrado de la modernidad, la humillación colonial y la situación de pobreza, hace que algunos busquen la seguridad en una guerra santa, dirigida por líderes musulmanes semejantes a los antiguos  como Saladino, que reconquistó Jerusalén (1187 d.C.)  A pesar de eso, la mayoría de los musulmanes desean la paz y anhelan la concordia social, por razones y experiencias sociales, culturales y religiosas

Los musulmanes asumen expresamente la herencia de Abrahán (Ibrahim) que, acompañado de su hijo Ismael habría peregrinado hasta la Meca para orar ante la piedra sagrada de la Caaba. Ratificando el gesto del patriarca, para imitar su fe y expandir su herencia, los fieles musulmanes se comprometen a peregrinar también hasta la Meca, una vez en la vida, si es que pueden. En ese camino de fe y adoración, se confiesan herederos y garantes de la tradición de Abrahán, fijada en el monoteísmo musulmán y en la piedad que se centra en la Meca. Así se creen herederos del gran patriarca hanif, devoto de Dios, monoteísta, en la línea de una tradición religiosa que se había manifestado ya desde el principio (por Adán, Noé y el resto de los profetas).

  1. Los musulmanes mantienen un monoteísmo cercano al judío. Por eso rechazan la Trinidad cristiana lo mismo que la Encarnación de Dios en Cristo. Dios se presenta para ellos como el Señor siempre transcendente que dirige desde arriba el curso de la historia, de una forma que parece ya predestinada de antemano. De tal modo destacan el poder y acción de ese Dios que tienden a dejar en segundo plano la libertad del hombre. Jesús es para ellos un profeta excelso, hijo María, nacido de forma virginal, predicador del evangelio para los judíos que no le recibieron y por eso quisieron matarle, cayendo de esa forma en gran pecado. Posteriormente, traicionando su mensaje, los cristianos divinizaron a Jesús, cayendo en gran pecado, por introducir la división en Dios y por confesar que un hombre es divino.
  2. Los musulmanes defienden una pacificación intra-histórica de la humanidad, vinculada a la expansión del Islam (que es según ellos, la religión originaria y verdadera) y al establecimiento de la Umma o comunidad de los creyentes. En ese sentido, para ellos resulta esencial el triunfo histórico del Islam. Ciertamente, la unidad sagrada de la Umma se ha roto pronto y los musulmanes se han dividido en grupos a veces enfrentados. Pero la mayoría siguen añorando la unidad sacral islámica que debe extenderse a todos los pueblos (estados) de mayoría musulmana, expandiéndose luego al universo entero. En ese aspecto, la mayoría de los musulmanes esperan extenderse a todos los países, para establecer el Islam en la tierra entera a través de una nueva Yihad o guerra santa (aunque no todos la interpreten de igual forma.
  3. La misión musulmana se establece en forma de sumisión universal a través de un proceso de acatamiento de Dios, conforme se establece en la sharía o legislación sagrada que debe regular la vida de los creyentes. Más que una religión espiritual (una forma interiorizada de encuentro con Dios) y de comunión libre y amorosa entre los hombres, el Islam es un programa de vida social en el que (pareciendo que todo es secular) todo está en el fondo sacralizado. Religioso es el ejercicio del poder y religiosa es la forma de entender la propiedad y la justicia, igual que la manera de fundar y organizar la familia. Por eso resulta difícil una desacralización del Islam en el sentido occidental del término. Lo que Dios ha revelado a Mahoma debe mantenerse de un modo inmutable, de manera que los fieles ratifiquen su total sometimiento a Dios.

 En principio, los musulmanes quieren respetar a los creyentes de las religiones del Libro (judíos, cristianos) y piensan que sólo pueden convertir por fuerza a los paganos. Pero allí donde son mayoría ellos procuran adueñarse de los resortes de la administración judicial, política y económica de los diversos pueblos (como parece pedirlo la sharia), para así ofrecer a todos la «plenitud sagrada», que consiste en la sumisión a Dios, en la forma musulmana.  Por eso los mismos estados musulmanes se sienten obligados a proteger y expandir las normas del Islamn, de forma que la globalización de la humanidad se realice a través de la sharía o ley musulmana.

 Los musulmanes defienden en teoría la libertad de los hombres ante Dios, pero, al mismo tiempo, afirman que  Dios se manifiesta a través de una palabra dominadora (de sometimiento), dirigida a todos. Según el Islam, no hay un pueblo escogido, en el sentido judío del término. No hay tampoco encarnación de Dios (ni en Cristo ni en Mahoma, ni en María o un profeta de otro tiempo). Pero Dios ha revelado su Palabra por Mahoma a todos los pueblos de, suscitando así el Islam, término emparentado con shalam/shalom que significa, al mismo tiempo, sumisión (a la voluntad de Dios) y pacificación (culminación de la historia.

NOTAS

[1] Estos pasajes suponen que Ley y Evangelio habían anunciado a un Profeta Ahmad, Alabado, título incluido en Muhamad (=Mahoma), que sería el Paráclito de Juan. La tradición musulmana supone que Mahoma ha cumplido las promesas de Dt 18 y Jn 14-16. Cf. M. Muhamad Ali, El Sagrado Corán, Ahmadiyyah, Lahore 1986, 1181-1182.Cf. J. Cortés, El Corán, Herder, Barcelona 1995, 644-645.

[2] Así lo ha destacado, por ejemplo, R. M. Fowler, The Gospel of Mark, Fortress, Minneapolis 1991;  cf. M. Navarro, Marcos, Verbo Divino, Estella 2006.

[3] La tradición musulmana considera la muerte de Jesús (si es que murió de verdad) como fracaso (no pudo culminar su obra profética). A su juicio, los cristianos han recaído en un tipo de idolatría: Han divinizado a Jesús y han abandonado la sumisión a Dios y el cumplimiento de su ley, al menos en occidente. Jesús fue un perdedor: no extendió su mensaje, se dejó matar y sus discípulos dijeron que había resucitado. Mahoma, un vencedor: triunfó en su ciudad e inició un camino de cambio mundial. Cf. L. Gardet, L’Islam e i cristiani, Citta’ Nuova, Roma 1988; G. Rizzardi, Il problema della Cristologia Coranica, I. Propaganda, Milano 1982.

[4] La fe musulmana deja poco espacio para la oración como diálogo creador entre los hombres, pues Dios lo hace todo y los hombres sólo someterse a Dios. Por el contrario, los cristianos creen que Dios no obliga a los hombres a vivir de una manera determinada, no les impone una ley acabada que deben cumplir, sino que les abre un camino de fe en gratuidad, para que libremente busquen y pacten, en comunión creadora,  lo que han de ser.

[5] Cf. X. Pikaza, Globalización y monoteísmo, Verbo Divino, Estella 2002

[6] Éste fue, a mi juicio, el descubrimiento mesiánico (teológico) fundamental de Jesús. según Mc 8: “Es necesario” (dei) que el Hijo del Hombre (enviado mesiánico de Dios) asuma un camino de derrota, sufrimiento y muerte, como he puesto de relieve tanto en Historia de Jesús. Cf.S. Vidal, Los tres proyectos de Jesús Sígueme, Salamanca 2002, y Jesús el Galileo, Sal Terrae, Santander 2006.

[7] En este contexto Mahoma  pudo prometer el paraíso como descanso y triunfo del guerrero fiel «Y no digáis que quienes han caído por Allah que han muerto. No, sino que viven» (2, 154). Caídos por Allah son los fallecidos en la guerra contra los infieles de la Meca o los enemigos de la fe. «Allah ama a los que luchan en fila por su causa, como si fueran un sólido muro», edificio sellado con plomo (cf. 4, 94-96; 8, 59-66; 9, 5-6).

[8] Mahoma se sintió heredero de la tradición de Israel, vinculada a la tierra de Palestina, donde Abraham y los patriarcas, los profetas y Jesús habían desarrollado su misión. Pues bien, a los pocos años de su muerte, los guerreros musulmanes conquistaron Jerusalén y consideraron propio el lugar de su templo, donde alzaron su Mezquita Lejana y sagrada, que permanece hasta hoy (en gesto que muchos judíos entienden como imposición y violencia). Los musulmanes se extendieron pronto por gran parte del mundo. Desde su nueva perspectiva de expansión victoriosa, ellos  han dejado en segundo plano los rasgos más sufrientes de Israel (pueblo paria, comunidad de exilados) y del cristianismo, vinculado a la muerte de Jesús para destacar y universalizar un rasgo de unificación social y apertura hacia todos los pueblos. He presentado el  tema en diversas entradas de X. Pikaza y A. Aya, Diccionario de las tres religiones,  Verbo Divino, Estella  2008.

[9] De esa forma se consuma la paradoja musulmana. Mahoma mantiene, por un lado, la tolerancia superior, fundada en el sometimiento a Dios. Por otro, proclama la intolerancia y la guerra contra los enemigos del Islam, en gesto que culmina con la toma de la Meca (630).

[10] Desde nuestra perspectiva cristiana, sería conveniente que el mismo Islam se recreara, de manera que la Hégira se adapte a las nuevas condiciones de la humanidad y, sobre todo, a la experiencia fundante del Dios originario de Mahoma, en el período mecano, en dialogo con judíos y cristianos. Es bueno el recuerdo de la Meca, por historia, por fidelidad al legado de Abraham y de Mahoma. Pero,  al mismo tiempo,vsería importante separar el Islam de la ciudad concreta de la Meca, de manera que los creyentes puedan descubrir a Dios en todos los lugares de la tierra, en todas las comunidades de los hombres, en gesto de reconciliación universal. Sea como fuere, es claro que ese proceso de recreación lo han de realizar los mismos musulmanes, aunque los demás, judíos y cristianos, les podemos acompañar, asumiendo también una tarea paralela y convergente de refundación de nuestras tradiciones.

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Consejo Mundial de Iglesias (CMI): Estocolmo, capital del ecumenismo (cien años después): «En este tiempo, Dios nos llama a ser portadores de la paz».

miércoles, 27 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Consejo Mundial de Iglesias (CMI): Estocolmo, capital del ecumenismo (cien años después): «En este tiempo, Dios nos llama a ser portadores de la paz».

El Consejo Mundial de las Iglesia (CMI) conmemora el centenario de la Conferencia Ecuménica de Estocolmo

 

 «Tenemos la obligación ante nuestra comunidad mundial de estar unidos en la fe y en la acción»

Durante una celebración ecuménica especial celebrada en Filadelfiakyrka, Suecia, el 22 de septiembre, líderes religiosos de todo el mundo se reunieron para conmemorar la historia del movimiento ecuménico y trazar un futuro con una unidad aún más profunda y una acción decidida

Pillay: «Cien años después de la Conferencia de Estocolmo, el testimonio del movimiento ecuménico por la unidad en medio de la división es una vez más un llamamiento urgente en un mundo que se encuentra en una trayectoria acelerada de fragmentación, confrontación y conflicto, y alejado de la justicia, la solidaridad y la paz»

Bartolomé: «Hoy podemos ver cómo se desarrolla ante nuestros ojos un mundo cada vez más dividido. Nunca antes había sido posible que un grupo de seres humanos exterminara a tantas personas al mismo tiempo»

La celebración formaba parte de una Semana Ecuménica que conmemora el centenario de la Conferencia Ecuménica de Estocolmo de 1925, un hito significativo para el movimiento ecuménico moderno. Los asistentes a la celebración en Estocolmo celebran el ecumenismo, la paz y la fraternidad.

El arzobispo Martin Modeus, arzobispo de la Iglesia de Suecia y moderador del Consejo Cristiano de Suecia, reflexionó sobre el legado de la reunión, en particular el del arzobispo Nathan Söderblom de Uppsala.

«Habló del Espíritu Santo invitando a encender una llama en los corazones de todos los asistentes, independientemente de su procedencia», dijo Modeus. «El amor no es mirarse unos a otros, sino mirar en la misma dirección. A nosotros, como cristianos, se nos pide que nos mantengamos al lado de Cristo para poder ver lo que él ve, decir lo que él dice y hacer lo que él hace».

La reverenda Karin Wiborn, líder de la Iglesia Unida de Suecia, presentó a la presidencia del Consejo Cristiano de Suecia, que representa a 27 iglesias diferentes. «Hemos soñado, hablado y caminado juntos para poder acogerles aquí», afirmó.

Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé pronunció una homilía titulada «Tiempo para la paz de Dios», en la que reflexionó sobre la evolución y las expectativas del movimiento ecuménico ante un mundo fracturado que busca en los líderes religiosos la reconciliación y la paz.

Cien años de la Conferencia de Estocolmo Albin Hillert/WCC

«Tenemos la obligación ante nuestra comunidad mundial de estar unidos en la fe y en la acción», afirmó el Patriarca Ecuménico. «Solo podemos ofrecer un testimonio creíble cuando nos unimos en oración para invocar la paz de Dios, que supera nuestro entendimiento y nuestros logros».

El patriarca ecuménico también señaló que el compromiso del Patriarcado Ecuménico con la visión y la misión del Consejo Mundial de las Iglesias (CMI) siempre ha sido inquebrantable y primordial. «Hoy podemos ver cómo se desarrolla ante nuestros ojos un mundo cada vez más dividido», afirmó. «Nunca antes había sido posible que un grupo de seres humanos exterminara a tantas personas al mismo tiempo».

Nunca antes la humanidad había estado en condiciones de destruir tantos recursos medioambientales del planeta, añadió el Patriarca Ecuménico. «Como cristianos unidos en nuestra fe y convicción de que este es el momento de la paz de Dios, tenemos la obligación ética de resistir la guerra como una necesidad política y nacional y, en su lugar, promover la paz como una exigencia existencial y espiritual», afirmó. «La amenaza a la estructura de la vida humana y a la supervivencia del medio ambiente natural hace que esta obligación sea la prioridad absoluta por encima de todas las demás».

Cumbre ecuménica en Estocolmo Albin Hillert/WCC

El secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, el reverendo Prof. Dr. Jerry Pillay, compartió un discurso en el que conmemoró a quienes se reunieron en Estocolmo hace 100 años y alzaron su voz en favor de la justicia, la paz, la reconciliación y un nuevo orden social.

«La conferencia dio origen al movimiento Vida y Obra, en el que las iglesias buscaban responder a los desafíos sociales, políticos e internacionales, y fue una de las principales corrientes ecuménicas que condujeron a la creación del Consejo Mundial de Iglesias en 1948», dijo Pillay. «El delegado más joven de la Conferencia de Estocolmo fue Willem Visser ‘t Hooft, quien en 1948 se convirtió en el primer secretario general del CMI».

La participación ortodoxa en Estocolmo es significativa, tanto hace 100 años como hoy, señaló Pillay.

«Cien años después de la Conferencia de Estocolmo, el testimonio del movimiento ecuménico por la unidad en medio de la división es una vez más un llamamiento urgente en un mundo que se encuentra en una trayectoria acelerada de fragmentación, confrontación y conflicto, y alejado de la justicia, la solidaridad y la paz», afirmó.

 

***

Estocolmo, capital del ecumenismo (cien años después): «En este tiempo, Dios nos llama a ser portadores de la paz«

Líderes eclesiásticos de todo el mundo, acompañados por el primer ministro sueco Ulf Kristersson y su esposa, la reverenda Birgitta Ed, posan para una foto de grupo Albin Hillert/WCC

«Una paz que no es simplemente la ausencia de guerra, sino que se caracteriza por la justicia y la reconciliación»

«Estamos juntos, diferentes en tradiciones, lenguas, contextos y expresiones, pero unidos en Cristo», reza el llamamiento. «Nuestra unidad no es uniformidad, sino una diversidad reconciliada que refleja el amor creador de Dios»

«No podemos permanecer en silencio cuando hay personas desplazadas, cuando el odio echa raíces, cuando el cambio climático provocado por el ser humano amenaza el futuro de la vida»

 

El servicio «Tiempo para la paz de Dios», celebrado el 24 de agosto en la catedral de Uppsala (Suecia), reunió a voces ecuménicas en conmemoración del centenario del servicio de clausura de la reunión «Vida y obra», celebrada en Estocolmo en 1925 y presidida por el entonces arzobispo Nathan Söderblom.

El Consejo Mundial de Iglesias (CMI)estuvo representado en el servicio por la obispa Ingeborg Mittömme, miembro de los comités central y ejecutivo del CMI. El servicio fue oficiado por el arzobispo Dr. Martin Modéus y la decana Matilda Helg. Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé recitó el Credo Niceno en griego durante el servicio, tal y como hizo el Patriarca de Alejandría en el servicio celebrado en la catedral en 1925.

La obispa Ingeborg Midttomme, de la Iglesia de Noruega, y otros líderes eclesiásticos de diferentes tradiciones se reúnen para presentar un llamamiento ecuménico sobre el tema «Tiempo para la paz de Dios» durante un servicio ecuménico de oración en la catedral de Uppsala.

Se presentó un llamamiento ecuménico en el que se reconocía que los líderes eclesiásticos se reunían en un momento que clama por la paz. «Una paz que no es simplemente la ausencia de guerra, sino que se caracteriza por la justicia y la reconciliación», reza el llamamiento. «En este momento, Dios nos llama —como iglesias, como hermanos en la fe, como seres humanos— a ser portadores de la paz de Dios».

Llamamiento ecuménico en Upsala Albin Hillert/CMI

El llamamiento recordó a los reunidos que la misión de la iglesia no es para nuestro propio bien, sino para el bien del mundo.

«Estamos juntos, diferentes en tradiciones, lenguas, contextos y expresiones, pero unidos en Cristo», reza el llamamiento. «Nuestra unidad no es uniformidad, sino una diversidad reconciliada que refleja el amor creador de Dios».

El llamamiento también hizo hincapié en la responsabilidad común de trabajar por la paz.

Nos exhortamos mutuamente a oponernos a la violencia, a promover el diálogo entre religiones y culturas, y a ser la voz de quienes no son escuchados

«La búsqueda de la paz y la posibilidad de la reconciliación son fundamentales para el testimonio común de las iglesias», reza el llamamiento. «Nos exhortamos mutuamente a oponernos a la violencia, a promover el diálogo entre religiones y culturas, y a ser la voz de quienes no son escuchados».

Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé del Patriarcado Ecuménico (izquierda), el reverendísimo Stephen Cottrell, arzobispo de York (derecha) y, detrás de ellos, el arzobispo Dr. Martin Modéus, de la Iglesia de Suecia Albin Hillert/CMI

El llamamiento reflejaba que la paz de Dios no es pasiva. «Es activa. Busca la justicia. Tiende puentes. Cura las heridas y crea espacio para la reconciliación», reza el llamamiento. «Por lo tanto, no podemos permanecer en silencio cuando hay personas desplazadas, cuando el odio echa raíces, cuando el cambio climático provocado por el ser humano amenaza el futuro de la vida».

Muchas de las iglesias que estuvieron representadas con invitados en la reunión de 1925 están ahora establecidas en Suecia.

En 1925, el tema de la reunión de Estocolmo y del servicio religioso en Uppsala fue que la unidad de la iglesia es por el bien del mundo. La reunión formaba parte de los esfuerzos por la paz y el entendimiento tras la Primera Guerra Mundial, en una época tumultuosa en la que la iglesia buscaba su misión en relación con la modernidad, la industrialización y las nuevas formas sociales.

Fuente Religión Digital

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Reino Unido, Australia, Francia y Uruguay: Otros cuatro países que pierden su mayoría social cristiana

lunes, 18 de agosto de 2025
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En la década de 2010 a 2020, el número de países con mayoría cristiana disminuyó de 124 a 120, mientras que los musulmanes eran mayoría en 53 países y los budistas en siete

El número de países sin una clara mayoría religiosa aumentó ligeramente, de seis en 2010 a siete en 2020. El análisis, realizado por el Pew Research Center

07.08.2025

(7 Margens).- En la década de 2010 a 2020, el número de países con mayoría cristiana disminuyó de 124 a 120, mientras que los musulmanes eran mayoría en 53 países y los budistas en siete. Los hindúes eran mayoría en solo dos países: India y Nepal. El número de países sin una clara mayoría religiosa aumentó ligeramente, de seis en 2010 a siete en 2020. El análisis, realizado por el Pew Research Center, se citó en la edición del 4 de agosto de Christian Today.

La pérdida de la mayoría cristiana se produjo en el Reino Unido, Australia, Francia y Uruguay. En estos países, la proporción de personas que se identifican como cristianas se redujo a menos del 50 %, mientras que el porcentaje de personas que se declaran sin religión aumentó considerablemente. En 2020, Uruguay se convirtió en el único país de América sin mayoría cristiana, con el 52 % de su población declarando no identificarse con ninguna religión y solo el 44 % como cristiana. En el Reino Unido, Australia y Francia, ningún grupo religioso tenía mayoría. Sin embargo, las poblaciones no afiliadas se acercaron, o incluso superaron, al número de cristianos, lo que refleja tendencias más amplias hacia la secularización.

La tendencia general observada es prácticamente la misma en todos los países: la disminución de quienes se identifican como cristianos se atribuye al creciente número de personas que abandonan el cristianismo, lo que contribuye al aumento de la población no religiosa.

Otros dos países, Nueva Zelanda y los Países Bajos, también pasaron a ser mayorías no religiosas, uniéndose a un grupo de ocho naciones que ya ostentaban esta condición en 2010: China, Corea del Norte, República Checa, Hong Kong, Vietnam, Macao y Japón. Las poblaciones no afiliadas de estos países incluyen a personas que se identifican como ateas, agnósticas o que no profesan ninguna religión en particular.

El informe del Pew Research Center muestra que, si bien el cristianismo sigue siendo la religión más extendida geográficamente, su proporción en la población mundial es menor que la de países donde los cristianos constituyen una mayoría. En 2020, los cristianos representaban el 29 % de la población mundial, pero eran mayoría en el 60 % de los países. Esta disparidad se debe a que el cristianismo tiene una presencia muy débil en países densamente poblados como China e India.

Fuente Religión Digital

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“Carta para el prisionero Dietrich Bonhoeffer”, por Carlos Osma.

martes, 12 de agosto de 2025
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De su blog Homoprotestantes:

[Menorca] 26 de julio de 2025

Querido Dietrich,

Primero de todo disculparme por la familiaridad con la que me dirijo a ti en esta carta pero, aunque fuiste asesinado casi treinta años antes de que yo naciera, tus pensamientos han sido para mí tan relevantes desde que era joven, que te sigo considerando como un profesor por el que siento un profundo agradecimiento, y al que tengo que volver a leer de vez en cuando para no olvidar que «Dios no nos llama a la religión, sino a la vida» [1]. Solo como anécdota te explicaré que cuando mi marido y yo nos casamos —eso es hoy posible, siento que tú no pudieras vivirlo—, lo hicimos en la congregación de Barcelona donde tú fuiste asistente de vicario durante un año. No fue una casualidad, era una forma de agradecerte el empujón final para —como lo decimos hoy — salir del armario.

Imagino que te sorprenderá recibir esta carta, pero no te la envío a la prisión de Tegel donde la Gestapo te encerró en 1943 acusándote de conspiración, ni al campo de concentración de Buchenwald, o al de Flossenbürg donde —como treinta mil personas más durante los siete años en los que estuvo abierto— fuiste asesinado en abril de 1945 por tu relación con el complot que intentó asesinar a Hitler. Te la envío a la prisión en la que estás encerrado desde entonces, y no me refiero a esa en la que eres una especie de santo protestante —¡Tú, que escribiste que «ante los religiosos, me avergüenzo con frecuencia de nombrar a Dios» [2]!— sino a esa otra donde el heterocentrismo te tiene hoy prisionero. Tengo que reconocer que yo mismo te había situado allí, y ahora no entiendo cómo ha sido posible. Te pido disculpas, y que sirva esta carta como un intento de liberarte.

No me ha gustado nunca leer comentarios o biografías sobre la obra de autores que me han influido, prefiero hacerme yo mismo una idea leyendo sus obras. Por eso cuando en 2018 Charles Marsh publicó una biografía sobre ti [3], no tuve ningún interés en leerla. Evidentemente me equivoqué. Había leído algún artículo en el que se afirmaba que Marsh insinuaba que estabas enamorado de tu amigo Eberhard Bethge, pero no le di credibilidad —la homofobia interiorizada entre otras cosas nos hace pensar que una persona es heterosexual hasta que no se demuestre lo contrario, sobre todo si como ocurre en tu caso eres uno de los teólogos más importantes del siglo XX—. Pero este verano, por un buen comentario que hizo un amigo sobre el libro, decidí hacerlo. Cuando llegué a la primera descripción de vuestra relación, me quedé perplejo:

«Desde que la Gestapo cerró Finkenwalde el 28 de septiembre de 1937, y hasta poco antes del arresto de Bonhoeffer en abril de 1943, Bethge y él permanecieron juntos, compartiendo un dormitorio en la casa de sus padres de Marienburger Alle siempre que estaban en Berlín. Tenían también una cuenta bancaria en común, firmaban las postales navideñas como “Dietrich y Eberhard”, discutían sobre los regalos que hacían en común, planeaban sofisticadas vacaciones, y tenían numerosas peleas. Karl y Paula Bonhoeffer, así como sus hijos y familiares, guardaron para sí cualquier tipo de reserva que el dúo pudiera suscitarles, y pronto dieron la bienvenida al “señor Bethge” al círculo familiar» [4].

En una entrevista que le realizaron a Marsh sobre la biografía Extraña Gloria afirmó que sobre tu homosexualidad los especialistas habían debatido mucho en las conferencias que se han hecho sobre tu vida y reflexión teológica, pero ese debate siempre tenía lugar entre comidas, copas y cervezas, nunca en sesiones académicas. [5] Me alegra que se haya atrevido a dar valor a esta área tan importante de tu vida, ofreciendo muchos datos que ponen de relieve tu relación con Bethge, y que te libera de los márgenes, de los cuchicheos entre especialistas, y de la prisión en la que muchos te querrían. Quizás el dato que más me sorprendió, porque muestra la naturalidad con la que tu familia vivía vuestra relación, es la forma en la que se refirió a Bethge tu sobrina Marianne al describir el momento en el que sacasteis a su familia de Alemania para ponerla a salvo porque tu hermana gemela Sabine estaba casada con un cristiano de origen judío:

«Nuestro coche estaba repleto, pero de manera que pareciera que simplemente íbamos de vacaciones. Christiane y yo estábamos acostadas en la parte trasera. El tío Dietrich y el «tío» Bethge habían traído un coche» [6].

Decidí después de leer a Marsh, volver a leer las cartas que tú y Bethge os mandasteis cuando estabas en la prisión de Tegel. Unas cartas que podían pasar la censura de la Gestapo, o ser leídas por los intermediarios que os las hacían llegar. Pero aun así, leía y volvía a leer frases que hasta ese momento me habían pasado totalmente desapercibidas, y que daban cuenta de vuestra relación:

«Solamente hablando contigo llegaba a saber si mi pensamiento servía para algo o no… Pensaré cada día en ti y pediré a Dios que te guarde y te vuelva a traer». [7]

 «Para nosotros dos fue muy hermoso el estar juntos y no puedo imaginarme que en los años que vengan se haya de cambiar algo en esto. Eso es una posesión real, quizás obtenida lenta y trabajosamente, pero ha merecido la pena todo lo que los dos hemos invertido en ello» [8].

«Cual claras y frescas aguas, donde el espíritu se purifica del polvo del día, en las que se refresca del abrasador calor y se fortifica a la hora del cansancio; cual baluarte, adonde tras el peligro y la confusión se retira el espíritu, donde se encuentra asilo, consuelo y fuerzas, así es el amigo para el amigo» [9].

«Hoy hace ocho años, por la noche, nos hallábamos sentados ante la chimenea… Sé que estás pensando en mí en este día, y si tus pensamientos no solo contienen recuerdos del pasado, sino también esperanzas para el futuro, incluso aunque sea un futuro cambiado, entonces seré feliz» [10].

Sé que nunca te han gustado ni los novelistas ni los teólogos que están obsesionados con la vida íntima y personal, y que para ti la esencia de un ser humano no radica ahí, pero algo más de dos décadas después de tu muerte el movimiento feminista puso sobre la mesa que lo personal es político, y a partir de entonces quienes sentimos atracción afectivo-sexual por personas de nuestro mismo sexo hemos utilizado la estrategia de visibilizarnos para tratar de lograr espacios de libertad, y leyes que nos protejan a nosotros y nuestras familias. Supongo que a ti te sonará todo esto un poco extraño, no puedo hacer que pienses como yo lo hago en el siglo XXI, como tampoco trato de trasladar acríticamente mi experiencia a la tuya. Sin embargo, creo que es importante que se visibilice tu relación de amor con Bethge, es necesario que puedas salir de esa prisión, primero por vosotros, por dar dignidad y reconocimiento a vuestra relación, a vuestros sentimientos. Pero también porque has sido y sigues siendo un referente para muchos cristianos y cristianas, a los que puedes ayudar a entender el amor y el deseo entre dos personas del mismo sexo como parte también de la creación de dios.

Muchos se han aferrado a la amistad —así es como os reconocíais el uno al otro— para explicar la naturaleza de vuestra relación. Pero tus cartas muestran algo más que una amistad, más bien un intento de responder a las preguntas que realizó Foucault sobre el deseo de querer estar con una persona de tu mismo sexo:

«¿Cómo pueden dos varones estar y vivir juntos, compartir su tiempo, su comida, su dormitorio, su ocio, sus desgracias, sus experiencias, sus confidencias? ¿En qué consistiría eso de estar entre hombres a pelo, ajenos a las relaciones institucionales, familiares y de compañerismo impuesto?» [11].

Y para dar más peso a su argumento se aferran a tu compromiso matrimonial con María von Wedemeyer, ignorando que el matrimonio era casi la única posibilidad que se os abría a la mayoría de hombres y mujeres gais de vuestra generación. Bastan las palabras de María, explicando una de sus visitas a la prisión de Tegel, para comprenderlo:

«Y era tan buena, tu cálida mano; todo lo que deseaba era que la dejaras ahí… Un escalofrío me recorrió entera, me llenó por completo, sin dejar espacio para el pensamiento. Pero la quitaste. No te gusta ser romántico, ¿verdad?[12].

He leído también varios comentarios de personas que te han rescatado de la prisión de la  heteronormatividad, pero que te hacen pagar un precio por ello. El primero es el propio Marsh en su biografía cuando afirma cosas como:

«La relación de Bonhoeffer con Bethge siempre había tratado de moverse en la dirección del amor romántico, siempre casto» [13].

Y llega a afirmar incluso, sin prueba alguna, que moriste célibe. Supongo que trata de presentarte más aceptable a esas instituciones religiosas que te tienen como referente pero muestran verdaderos problemas con el sexo en general, y entre dos hombres o dos mujeres en particular. No sé si te producirá una sonrisa lo que te voy a decir, pero creo que al igual que son incapaces de pensar que el nacimiento de Jesús se debió a una noche de amor entre María y José, a las que les precedieron y siguieron muchas más; no quieren ni imaginarse lo que tú y Bethge podrías haber hecho en la habitación de tus padres. Esa obsesión por problematizar el sexo, sobre todo el de las personas gais —ahora solemos identificarnos así— me parece que habla más de sus temores y frustraciones que de nuestra realidad. O somos célibes, y por tanto santos, o tenemos sexo compulsivo, convirtiéndonos en degenerados. A mí no me importa lo que pasara en vuestra intimidad, pero espero que os hiciera felices.

Nunca necesité que fueras gay para sentirme interpelado por tus reflexiones, y en el fondo no intenté entrar en tu intimidad cuando las leía, sino en la mía. Quizás por eso no me di cuenta de que amabas a otro hombre, mientras tus palabras me preparaban para que yo pudiera hacerlo aunque eso significara perderlo casi todo:

«Cuando uno ha renunciado por completo a llegar a ser algo, tanto un santo como un pecador convertido o un hombre de iglesia, un justo o un injusto, un enfermo o  un sano… entonces se arroja uno por completo en los brazos de Dios, entonces ya no nos tomamos en serio nuestros propios sufrimientos, sino los sufrimientos de Dios en el mundo, entonces velamos con Cristo en Getsemaní» [14].

Espero de todo corazón que algún día seas liberado completamente de la prisión heteronormativa donde la religiosidad pretende mantenerte encerrado. Pero, antes de despedirme, me gustaría saber si te sientes de alguna forma culpable por no haber levantado también la voz por esos hombres que murieron en campos de concentración como el tuyo llevando un triángulo rosa en el pecho. No es un juicio, no soy nadie para tratar de ponerme en tu lugar así a la ligera; sin embargo es una de las muchas preguntas que me hago después de descubrir tu amor por Bethge. Sé que no voy a obtener una respuesta definitiva a la pregunta, o quizás ya la diste en tu diario poco tiempo antes de tu muerte:

 «No debes dudar nunca de que recorro con gratitud y alegría el camino por el que soy conducido. Mi vida pasada está colmada de la bondad de Dios, y sobre la culpa se halla el amor perdonador del Crucificado» [15].

De corazón muchas, muchas, muchas gracias por todo. Te envío todo mi afecto, y mi deseo de liberación. Tuyo,

Carlos Osma

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Notas:

[1] Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio, Salamanca: Ediciones Sígueme 2001, p. 253.

[2] Ibid. 198.

[3] Charles Marsh, Extraña Gloria. Vida de Dietrich Bonhoeffer, Madrid: Editorial Trotta 2018.

[4] Ibid. 316.

[5] Christopher Benson, Dietrich Bonhoeffer and the Romance of Friendship [en línea], Spiritual Friendship <https://spiritualfriendship.org/2014/06/05/dietrich-bonhoeffer-and-the-romance-of-friendship/> [Consulta: Julio 2025].

[6] Marsh, Extraña Gloria, p. 354.

[7] Bonhoeffer, Resistencia y sumisión, p. 99.

[8] Ibid. 230.

[9] Ibid. 272.

[10] Marsh, Extraña Gloria, p. 468.

[11] Michel Foucault, ¿Qué hacen los hombres juntos?, Madrid: Ediciones Cinca. Colección Empero 2015.

[12] Marsh, Extraña Gloria, pp. 452-453.

[13] Ibid. 494.

[14] Bonhoeffer, Resistencia y sumisión, p. 258.

[15] Ibid. 274.

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“Las Iglesias cristianas, ante el genocidio de Gaza “, por Juan José Tamayo

viernes, 8 de agosto de 2025
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El ‘éxodo’ palestino diario en Gaza


Leído en su blog:

«No cabe el silencio, ni la equidistancia, sino la condena de Netanyahu y la defensa del Estado de Palestina»

«Las Iglesias cristianas, incluidas las pertenecientes a los sectores progresistas, han reaccionado con tibieza, salvo algunas excepciones, ante el genocidio de Israel contra Gaza, y en muchos casos con el silencio y la equidistancia, quizá por el falso temor de ser acusadas de antisemitismo, sin distinguir entre antisemitismo y antisionismo, entre judaísmo y gobierno genocida de Israel»

«No se puede hacer una lectura fundamentalista de la Biblia hebrea que legitime el genocidio. Hay que aplicar una hermenéutica histórico-crítica basada en la defensa de los derechos humanos, siendo el primero el derecho a la vida, fundamento de todos los derechos»

«Es necesario visibilizar y desenmascarar el trasfondo religioso del genocidio de Gaza, del que se habla poco en los análisis políticos internacionales, pero que es fundamental»

 

Las Iglesias cristianas, incluidas las pertenecientes a los sectores progresistas, han reaccionado con tibieza, salvo algunas excepciones, ante el genocidio de Israelcontra Gaza, y en muchos casos con el silencio y la equidistancia, quizá por el falso temor de ser acusadas de antisemitismo, sin distinguir entre antisemitismo y antisionismo, entre judaísmo y gobierno genocida de Israel. Esa distinción es fundamental. Yo mismo he sido acusado de enemigo de la religión judía y de antisemita por denunciar el genocidio y por cuestionar el uso político violento de la ideología teológica excluyente de “pueblo elegido” y tierra prometida” contra el pueblo palestino.

El papa Francisco condenó genéricamente la muerte de niños en los conflictos mundiales y afirmó que “matar a niños es negar el futuro”. En sus Memorias afirmó tímidamente que la actitud de Israel en Gaza es un genocidio, pero no como una postura propia, sino refugiándose en la expresión “según expertos internacionales”, y solicitó una investigación al respecto. Pidió el alto el fuego y la liberación de los rehenes y se mostró conmovido por la “gravísima situación humanitaria” de la población gazatí y exigió en varias ocasiones “ayuda a la población exhausta”.

Sin embargo, en la mayoría de sus discursos mostró cierta equidistancia, cuando se refirió a Israel y a Gaza, sin distinguir entre el Estado agresor, Israel, y el pueblo agredido, Gaza. Incluso aplicó a Ucrania el adjetivo “martirizada”, que no utilizó para calificar y denunciar el genocidio contra la población gazatí. ¿Prudencia por ser la máxima autoridad del Estado de la Ciudad del Vaticano? Creo que no, más bien indefinición, como no pocos dirigentes políticos. Otros, sin embargo, se han pronunciado abiertamente contra el genocidio y han denunciado a Netanyahu.

Una de las condenas más nítidas y contundentes contra el genocidio ha sido la Kairós Global por la Justicia, coalición internacional nacida como respuesta solidaria al documento Kairós Palestina, aprobado por un grupo de líderes cristianos palestinos de 2009: No podemos servir a Dios y a la opresión del pueblo palestino. Es esta organización la que, dentro de las iglesias cristianas, ha denunciado con más contundencia el sionismo, el colonialismo, el genocidio, el exterminio y la limpieza ética del pueblo palestino por parte de Israel y de Estados Unidos, y ha desenmascarado la pasividad de la Unión Europea y el cinismo de las iglesias cristianas.

Papel importante en la denuncia está jugando la Teología Palestina de la Liberación, que se muestra crítica con la utilización sionista de la Biblia hebrea en favor de los asentamientos y de la expulsión del pueblo palestino de su territorio y hace una revisión desmitificadora de la ideología excluyente del “pueblo elegido” y de la “tierra prometida”, que se autoaplica Israel. Denuncia, a su vez, el constantinismo judío y su alianza con el sionismo político, llevada a cabo por líderes religiosos ultraortodoxos y por no pocos teólogos judíos, que de portadores del mensaje profético liberador de la Biblia hebrea se han convertido en colonizadores y conquistadores.

Munther Isaac, teólogo palestino y decano del Colegio Bíblico de Belén, en un contundente sermón ampliamente difundido por las redes sociales, expresó su indignación por la complicidad de las iglesias cristianas: “Que quede claro. El silencio es complicidad. Sus palabras superficiales de empatía sin contacto con la acción revelan complicidad. Gaza fue agredida antes del 7 de octubre y el mundo miraba en silencio”. Y terminaba el sermón con este certero aforismo: “Gaza se ha convertido hoy en brújula moral del mundo”.

Undecálogo

Resumo en el siguiente undecálogo la actitud que, a mi juicio, deben adoptar las iglesias cristianas, y en general las religiones, ante tamaños crímenes cometidos impunemente por Israel contra la población de Gaza y Cisjordania, así como ante los ataques contra Irán y las intervenciones militares contra el Líbano y Siria.

  1. Las religiones tienen que reconocer el genocidio sin ambages, verificado por las organizaciones internacionales y por la realidad incontestable de los hechos: más de 60.000 asesinatos con premeditación y alevosía, de los cuales el 70 % son mujeres, niños y niñas. Son estremecedoras las imágenes de los niños y las niñas muertos de hambre en los brazos de sus padres, antes de que llegara la comida. En estos días han fallecido (=han sido asesinados) por inanición más de 150 personas, en su mayoría niñas y niños, y se ha producido el asesinato de más de 1.000 personas tiroteadas en las zonas donde se repartía la poca comida que llegaba. El 31 de julio, han sido asesinadas más de 100 personas por el ejército israelí mientras buscaban comida. Es una estrategia premeditada de Netanyahu: no solo matar de hambre, sino asesinar al reclamo de la comida. Mayor inhumanidad no cabe en mente y corazón humanos, pero sí en Netanyahu y en su cómplice Trump.
  2. Es hora de declarar ya el alto el fuego, de levantar todas las restricciones de acceso de comida a Gaza y de evitar más muertes y destrucción. No estamos siquiera en el apartheid de Gaza, Netanyahu ha dado un paso más hacia la solución final. Y esto no es catastrofismo, sino la descripción más cruda de la cruda realidad mortífera.
  3. No es posible la neutralidad, ni la equidistancia, y menos aún el silencio. Las tres actitudes constituyen un delito de complicidad con el genocidio, el exterminio y la limpieza ética.
  4. No se puede normalizar el genocidio. Las religiones deben condenarlo con toda contundencia y denunciar públicamente a sus responsables: Netanyahu, sus ministros, el ejército israelí, una parte de la ciudadanía israelí que apoya el genocidio, Estados Unidos, etc.
  5. Hay que rechazar enérgicamente la propuesta de Trump, apoyada por Netanyahu, de deportar a la población palestina, que, como ha demostrado Olga Rodríguez en un riguroso análisis en este diario:

No es sin más una reubicación de la población palestina en los países vecinos de Egipto y Jordania, sino un desplazamiento forzado, un crimen que viola el derecho internacional humanitario.

No es una reconstrucción del territorio asolado por el ejército israelí, sino una voluntad de hacer negocio a costa del saqueo, el colonialismo y el genocidio.

No es una urbanización, ni una “transacción inmobiliaria”, como lo presenta Trump, sino una limpieza étnica, que se enmarca en un proceso de apartheid iniciado en 1948.

     6. No estamos ante una lucha entre dos partes violentas, sino ante una guerra del colonizador Israel contra el pueblo palestino colonizado. Debe exigirse, por ello, el fin del programa colonial de Israel sobre el pueblo palestino y del sionismo, que es la base de dicho proyecto.

     7. Debe condenarse el sionismo cristiano de no pocos dirigentes políticos y religiosos que apoyan y legitiman el sionismo judío.

       8. Es necesario visibilizar y desenmascarar el trasfondo religioso del genocidio de Gaza, del que se habla poco en los análisis políticos internacionales, pero que es fundamental. Netantahu está practicando la ley de la venganza, más allá del “ojo por ojo y diente por diente”, siguiendo el “canto de Lámec”: “Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. Caín será vengado siete veces y Lámec lo será setenta y siete veces” (Libro del Génesis: 4,24). Justifica el genocidio contra el pueblo palestino apelando al castigo que Dios impuso a Amalec. “Recordad el castigo que Yahvé infligió a Amalec”, amonestó el primer ministro israelí a los gazatíes en uno de sus discurso más incendiarios, citando el siguiente texto de la Biblia hebrea:

Así dice el Señor todopoderoso: He resuelto castiga a Amalec por lo que hizo a Israel, cerrándole el paso cuando subía de Egipto. Así que vete, castiga a Amalec y consagra al exterminio todas sus pertenencias sin piedad: mata hombres y mujeres, muchachos y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y asnos” (primer libro de 1Samuel 15,3; cf también 23, 17-19).  “La consagración al exterminio -comenta la edición de la Biblia de La Casa de la Biblia- es una práctica propia de la guerra santa: todo lo que se consagra al exterminio deberá ser destruido como ofrenda a la divinidad y no puede ser tomado como botín de guerra; se quiere evitar así el abuso y la avaricia”.

      9. No se puede hacer una lectura fundamentalista de la Biblia hebrea que legitime el genocidio. Hay que aplicar una hermenéutica histórico-crítica basada en la defensa de los derechos humanos, siendo el primero el derecho a la vida, fundamento de todos los derecho, en la igual dignidad de todos los seres humanos y la no discriminación por razones de género, identidad sexual, procedencia geográfica, color de la piel, clase social, creencia o increencia religiosa, etc., y en la no violencia activa en favor de la justicia.

     10. Hay que exigir a Israel el cumplimiento de los mandamientos de la ley mosaica, en concreto estos dos, que Israel viene transgrediendo desde hace cerca de 80 años en Palestina: “No pronunciar el nombre de Dios en falso” (Libró del Éxodo: 20,7) y “No matarás” (Libro del Éxodo: 20,13), al tiempo que es necesario recuperar las imágenes bíblicas que presentan a Dios como “tardo a la ira y rico en clemencia”, compasivo, pacífico, no violento, amoroso, no vengativo.

      11. Debe exigirse el cumplimiento de la sentencia condenatoria del Tribunal Penal de la Haya contra Netanyahu, apoyar la lucha y la resistencia palestina en defensa de su territorio y de su reconocimiento como Estado soberano, libre e independiente y no a seguir siendo una colonia martirizada por Israel. La lucha y la resistencia del pueblo palestino son nuestra lucha y nuestra resistencia.

Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, 2025, 3ª ed.).

(artículo publicado el 29 de julio en eldiario.es actualizado y ampliado).

Fuente Religión Digital

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Thomas Müntzer, anhelo de igualdad.

sábado, 26 de julio de 2025
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El pasado 27 de mayo se cumplían 500 años de su ejecución y de la Revolución Campesina…

Yo, Thomas Müntzer, suplico a la Iglesia que no adore a un Dios mudo, sino a uno vivo y que habla: ninguno de los dioses es más despreciable para las naciones que este Dios vivo de los cristianos que no tienen parte de Él”.

*

((Müntzer, Thomas (1988). Matheson, Peter, ed. The Collected Works of Thomas Müntzer (en inglés). Edimburgo: T&T Clark. p. 378)

***

Mira, los señores y los potentados están en el origen de cada usura, de cada apropiación indebida y cada robo; ellos toman de todos lados: de los peces del agua, de las aves del aire, de los árboles de la tierra (Isaías 5:8). Y luego hacen divulgar entre los pobres el mandamiento de Dios: «No robar». Pero esto no vale para ellos. Reducen a miseria a todos los hombres, despellejan y despluman a campesinos y artesanos, y a cada ser vivo (Miqueas 3:2-4). Y para ellos, la más pequeña falta justifica el ahorcamiento.

*

(Thomas Müntzer, Refutación bien fundada, 1524.)

***

 Llamando a los campesinos a la lucha, “allí tenían el arco iris, el vínculo, la señal de que Dios estaba de su parte; que ellos se limitasen a batirse con coraje y a demostrar arrojo

*

(Bloch, Ernst (2002) [​1921​]. Thomas Müntzer, teólogo de la revolución. Madrid: Antonio Machado Libros.) pp. 83-84.

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Omnia sunt communia”: “todas las cosas deben compartirse en común, y su distribución a cada uno debe ser hecha en base a su necesidad

*

(Müntzer, Thomas (1988). Matheson, Peter, ed. The Collected Works of Thomas Müntzer (en inglés). Edimburgo: T&T Clark.

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Imagen Thomas Müntzer en el billete de 5 marcos de la RDA en la emisión de 1971 a 1990. Dominio Público. Wiki Commons.

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“Thomas Müntzer: 1525-2025”, por Michael Löwy

sábado, 26 de julio de 2025
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I.

Este año, los revolucionarios de todo el mundo celebran la memoria de Thomas Müntzer (1490-1525), ejecutado en Mühlhausen el 27 de mayo de 1525. Predicador anabaptista y uno de los líderes religiosos de la guerra de los campesinos en el Sacro Imperio Romano Germánico en el siglo XVI, fue un auténtico líder revolucionario.

Nacido en el seno de una familia de artesanos pobres, estudió teología y fue ordenado sacerdote, pero en 1519 se unió a Lutero. Poco después, en 1521, redactó el Manifiesto de Praga, que era un llamamiento a la revuelta contra «la ramera de Babilonia», como se denominaba a la Iglesia de Roma. Sin embargo, pronto criticó a Lutero por su connivencia con los poderosos. En 1524 pronunció el Sermón a los príncipes, en el que atacó con virulencia la autoridad de la Iglesia y del Imperio. Se unió al movimiento campesino anabaptista y predicó el restablecimiento de la Iglesia apostólica, por la fuerza si era necesario, para preparar lo antes posible el reino de Cristo. Thomas Müntzer y su grupo tomaron el poder en febrero de 1525 en Mühlhausen, Turingia, donde instauraron una especie de poder revolucionario radical e igualitario, aliado a la revuelta campesina.

Místico y milenarista, inspirado en la doctrina medieval de la «Tercera Edad» de Joaquín de Fiore, Müntzer era también un revolucionario que denunciaba el poder de los ricos y la complicidad de Lutero con los príncipes. Al igual que los anabaptistas, exigía a sus seguidores que practicaran el bautismo de adultos. En la tradición apocalíptica, anunciaba la inminencia del fin de los tiempos y del juicio final. En sus sermones de Wittenberg (1523) intentó levantar a los artesanos y campesinos contra los príncipes reinantes y los poderes eclesiásticos.

Decidido a unir su destino a la revuelta campesina, Thomas Müntzer se puso al frente en mayo de 1525 de un ejército de siete mil soldados campesinos que se preparaba para combatir a los príncipes en Frankenhausen. La batalla tuvo lugar el 15 de mayo: mal equipados e inexpertos, los campesinos fueron masacrados por los ejércitos principescos, compuestos por mercenarios profesionales fuertemente armados y provistos de cañones. Herido, Müntzer fue capturado en una casa de Frankenhausen, donde se había refugiado. Tras ser torturado, fue decapitado en Mühlhausen (Turingia) ante una multitud de representantes de la alta nobleza. Para que lo viera el buen pueblo, su cabeza empalada fue expuesta en las murallas de la ciudad.

Una inscripción mural en la ciudad de Heldrungen lo estigmatiza como archifanaticus patronus et capitane us seditiosorum rusticorum: un homenaje involuntario…

II.

Los socialistas alemanes, desde el siglo XIX, encontraron en la guerra de los campesinos del siglo XVI y en la figura de Thomas Müntzer una fuente de inspiración y un precedente histórico capital.

Este es el caso, en particular, de Friedrich Engels, que les dedicó uno de sus principales —si no el más importante— estudios históricos: el libro La guerra de los campesinos en Alemania (1850). Su interés, su fascinación incluso, proviene probablemente del hecho de que este levantamiento fue el único movimiento verdaderamente revolucionario en la historia alemana antes de 1848. El libro comienza, por cierto, con esta frase: «El pueblo alemán también tiene sus tradiciones revolucionarias» [1].

Analizando la Reforma protestante y la crisis religiosa de principios de siglo en Alemania en términos de lucha de clases, Engels distingue tres bandos que se enfrentan en un campo de batalla político-religioso: el bando conservador católico, compuesto por el poder del Imperio, los prelados y una parte de los príncipes, la nobleza rica y el patriciado de las ciudades; el partido de la Reforma luterana burguesa moderada, que agrupaba a los elementos poseedores de la oposición, la masa de la pequeña nobleza, la burguesía e incluso una parte de los príncipes, que esperaban enriquecerse con la confiscación de los bienes de la Iglesia. Por último, los campesinos y los plebeyos constituían un partido revolucionario, «cuyas reivindicaciones y doctrinas fueron expresadas con mayor claridad por Thomas Müntzer» [2].

Este análisis de los enfrentamientos religiosos a través del prisma de las clases sociales antagónicas es notable, aunque Engels parece, de forma reduccionista, considerar la religión solo como una «máscara» o «tapadera» detrás de la cual se esconden «los intereses, las necesidades y las reivindicaciones de las diferentes clases». En el caso de Müntzer, afirma que «ocultaba» sus convicciones revolucionarias bajo una «fraseología cristiana» o bajo una «máscara bíblica»; si se dirigía al pueblo «en el lenguaje del profetismo religioso» era porque era «el único que era capaz de entender en aquella época» [3].

Al mismo tiempo, no oculta su admiración por la figura del profeta milenarista, cuyas ideas describe como «cuasi comunistas» y «religiosas revolucionarias»:

Su doctrina política se correspondía exactamente con esta concepción religiosa revolucionaria y superaba tanto las relaciones sociales y políticas existentes como su teología superaba las concepciones religiosas de la época. […] Este programa, que era menos una síntesis de las reivindicaciones de los plebeyos de la época que una anticipación genial de las condiciones de emancipación de los elementos proletarios que germinaban entre esos plebeyos, exigía la instauración inmediata en la tierra del Reino de Dios, del reino milenario de los profetas, mediante el retorno de la Iglesia a sus orígenes y la supresión de todas las instituciones que contradecían a esta Iglesia, supuestamente primitiva, pero en realidad completamente nueva. Para Muntzer, el reino de Dios no era otra cosa que una sociedad en la que no habría diferencias de clase, ni propiedad privada, ni poder estatal extranjero, autónomo, opuesto a los miembros de la sociedad [4].

Lo que se sugiere en este sorprendente párrafo es no solo la función protestataria e incluso revolucionaria de un movimiento religioso, sino también su dimensión anticipadora, su función utópica. Estamos aquí en las antípodas de la teoría del «reflejo»: lejos de ser una simple «expresión» de las condiciones existentes, la doctrina político-religiosa de Müntzer aparece como una «anticipación genial» de las aspiraciones comunistas del futuro. En este texto se encuentra una nueva pista, que no es explorada por Engels, pero que más tarde será profundamente trabajada por Ernst Bloch, especialmente en su ensayo juvenil sobre Thomas Müntzer.

III.

Casi un siglo más tarde, en 1921, el joven Ernst Bloch publicará su Thomas Müntzer, theologien de la revolution, un homenaje entusiasta, por parte de un marxista libertario, al líder de los anabaptistas, y un análisis detallado de sus proclamas. En una introducción, revisa la bibliografía sobre Müntzer y menciona positivamente el libro de Engels sobre la guerra de los campesinos, aunque lo presenta únicamente como «un estudio económico y sociológico, con referencias laterales a los acontecimientos de 1848»: una descripción que no hace justicia a la riqueza de esta obra. También menciona, como un acercamiento simpático, el capítulo que le dedica Karl Kautsky en su libro sobre los precursores del socialismo. Sin embargo, a pesar de sus cualidades, Kautsky, por su apego a la filosofía de la Ilustración, manifiesta, en su opinión, una «total incapacidad para comprender los hechos religiosos» y, en particular, la mística apocalíptica del teólogo revolucionario [5].

En Ernst Bloch, por el contrario, esta dimensión apocalíptica del discurso de Müntzer se destaca con admiración:

Aquí no se luchaba por tiempos mejores, sino por el fin de todos los tiempos: en sentido estricto, en una propaganda apocalíptica de la acción. No para vencer las dificultades terrenales en una civilización eudemonista, sino para […] la irrupción del Reino [6].

Analizando el primer gran documento de Müntzer, el Llamamiento de Praga (1521) –Intimatio ThomaeMuntzeri […] contra Papistas–, que reproduce íntegramente, Bloch ve en este texto inaugural «suceder y confundirse, de manera casi inmediata, el odio a los señores, el odio a los sacerdotes, la reforma de la Iglesia y el misticismo mesiánico» [7].

Sin embargo, muy rápidamente, las prédicas de Müntzer se radicalizan. En una interpretación de tono anarquista, Bloch percibe su doctrina y la de los anabaptistas como una negación de la autoridad del Estado y de toda ley impuesta desde fuera, «adelantándose casi a Bakunin». Müntzer predicaba «una república mística y universal» e incluso «algo aún más profundo: una completa comunidad de bienes, el retorno a los orígenes cristianos, el rechazo de toda autoridad pública» [8].

Para ilustrar la radicalidad de Müntzer, Bloch cita largos pasajes de la Apología de Núremberg (1524), donde el teólogo anabaptista denuncia a los señores y príncipes (con abundantes citas de los profetas del Antiguo Testamento) con argumentos que tienen una sorprendente actualidad en 2025:

Se apropian de todas las criaturas; los peces en el agua, los pájaros en el aire, la vegetación en la tierra, todo debe pertenecerles, Isaías 5 […]. Ahora los vemos oprimir a todos los hombres, al pobre labrador, al pobre artesano, desollar y despojar a todo lo que vive, Miqueas 3 [9].

Para Bloch, el reformador Müntzer se sitúa en las antípodas de la divinización luterana del Estado y del «capitalismo como religión» de Calvino. Describe su llamamiento de 1525 a los mineros como una «declaración de guerra a las casas de Baal», e incluso como «el más apasionado, el más furioso manifiesto revolucionario de todos los tiempos». Por desgracia, sin gran resultado [10].

Poco después, en Frankenhausen, el «ejército revolucionario y mesiánico» de los campesinos, mal armados —sin artillería ni pólvora— y sin un estado mayor experimentado, inspirado pero no comandado por Müntzer, fue exterminado por los señores feudales.

Ernst Bloch percibe a Thomas Müntzer como un momento crucial de la historia subterránea de la revolución, que va desde los cátaros, los valdenses y los albigenses hasta Rousseau, Weitling y Tolstói: una inmensa tradición que quiere «acabar con el miedo, con el Estado, con todo poder inhumano» [11].

¿Quiénes serían hoy los herederos de Thomas Müntzer y de esta historia clandestina? Ernst Bloch evoca a Karl Liebknecht y, en la conclusión de su ensayo, hace un llamamiento a una alianza «entre el marxismo y el sueño de lo incondicionado […], en el mismo plano de campaña». El ensayo de Bloch fue escrito en un momento, 1921, en el que la revolución en Alemania aún parecía posible. De ahí la sorprendente conclusión del libro: «Erguido sobre los escombros de una civilización arruinada, se alza el espíritu de la utopía indestructible […]» [12].

IV.

¿Sigue siendo actual esta historia, cinco siglos después? ¿Sigue hablando a nuestro espíritu el personaje de Thomas Müntzer? Así lo creen los redactores de la revista Negatif y del Grupo Surrealista de París, que publicaron, el 1 de mayo de 2025, un magnífico panfleto en homenaje al 500 aniversario de la Guerra de los Campesinos. En él se cita el siguiente fragmento del libro de Ernst Bloch: «Espera que se escuche su voz, esta historia subterránea de la revolución».

Así se refieren los autores al predicador decapitado por los señores en mayo de 1525:

A la vanguardia de este movimiento, la figura del predicador Thomas Müntzer aparece como la voz más radical del momento. Thomas Müntzer […] la voz más alta que llamaba a la revuelta más amplia; él, el martillo vengador dispuesto a todas las luchas contra los hambrientos, los explotadores y los hipócritas religiosos de su tiempo; él, que hizo temblar a los poderosos; […] él, que no abandonó a los rebeldes cuando los ejércitos de los príncipes, fuertes por el apoyo ideológico del siniestro Lutero, se unieron para masacrar salvajemente a quienes se habían atrevido a levantarse contra su orden; él, Thomas Müntzer, que sucumbió en la batalla, nos sigue dando, quinientos años después de su muerte, el ejemplo de la inflexibilidad de nuestras exigencias milenarias, más radicales aún que cualquier milenarismo anticuado. En este 1 de mayo de 2025, gloria a ti, Thomas Müntzer, cuya sombra incendiaria seguirá desgarrando la noche de nuestra época, que no es menos oscura y oscurantista que la tuya.

El folleto se distribuyó durante las manifestaciones callejeras del 1 de mayo de 2025.

En su prefacio a la reedición de la traducción francesa de La guerra de los campesinos en Alemania, de Engels, Eric Vuillard observa: «Esta guerra de los campesinos no pertenece al pasado, no es […] una revuelta anticuada para los libros de historia. […] Esta historia no ha terminado» [13]. Esto es especialmente cierto en América Latina, que ha vivido numerosas «guerras campesinas», desde Túpac Amaru hasta Emiliano Zapata, y desde Augusto César Sandino hasta el EZLN de Chiapas. Es una lucha que continúa hoy en día, bajo la dirección de la gran confederación Vía Campesina, para imponer una verdadera reforma agraria y romper con la lógica ecocida del agronegocio capitalista.

Walter Benjamin estaba convencido de que la memoria de los antepasados martirizados es la fuente más poderosa de las revueltas de los oprimidos. Esto es válido, más que nunca, para los campesinos insurgentes de 1525 y su teólogo revolucionario, Thomas Müntzer.

[1] Friedrich Engels, La guerra de los campesinos en Alemania (1850), París, Ed. Sociales, trad. Emile Bottigelli, Prefacio de Eric Vuillard, Introducción de Racher Renault, p. 69.

[2] Ibid. p. 101.

[3]Ibid. p. 95.

[4]Ibid. p. 113.

[5]E. Bloch, Thomas Müntzer, theologien de la révolution (1921), París, Julliard, trad. Maurice de Gandillac, 1975, p. 21.

[6]E. Bloch, Thomas Müntzer, teologías de la revolución, p. 91.

[7]Ibid. pp. 32-33.

[8]Ibid. pp. 119, 137.

[9]Ibid. pp. 66-67

[10]Ibid. pp. 182-183, 96-98.

[11]Ibid. p. 305

[12]Ibid. pp. 154, 306

[13]Eric Vuillard, «Prefacio», en Engels, La guerra de los campesinos en Alemania, pp. 9-10.

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[Imagen de Christoph van Sichem, Dominio Público, via Wikimedia Commons]

[Artículo publicado el 24/06/2025 en Jacobinlat].

Fuente Cristianismo y Justicia

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“Padre Nuestro”, por Josep Miquel Bausset

jueves, 24 de julio de 2025
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Así comienza la oración que Jesús enseñó a los apóstoles (Lc 11:1-4), cuando éstos le pidieron que les enseñara a rezar, como el Bautista lo hizo con sus discípulos.

Jesús comienza su oración llamando a Dios: Padre nuestro. No, Padre mío. Y es que el Padrenuestro es esencialmente una oración comunitaria, nunca una oración individual. Por eso decimos Padre nuestro. De aquí que de la paternidad de Dios, nace, necesariamente, la fraternidad de los unos con los otros. Porque no es posible rezar a un mismo Padre, sin que nos reconozcamos hermanos todos los que nos dirigimos al mismo Dios.

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente Putin, cuando en Ucrania está masacrando a sus hermanos, hijos de un mismo Padre? Cuando está asesinando a los hijos del Padre, al cual él reza.

¿Cómo rezará el Padrenuestro (porque seguro que lo reza), el presidente Trump, cuando, por una parte juró su cargo sobre la Biblia y por la otra, está criminalizando y persiguiendo a los inmigrantes, intentado hacer deportaciones masivas de las personas que llama “ilegales” y que son hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que, a través de las redes sociales, incitan a la violencia contra los inmigrantes, hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los dirigentes de la derecha española, que desprecian y señalan a los inmigrantes “irregulares” y de una manera especial a los menores no acompañados?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los grupos violentos que agreden a sus hermanos en Torre Pacheco, haciendo daño a los hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que han incendiado mezquitas (como la de Piera) o lugares de culto de los musulmanes, haciéndolo, seguramente, invocando el nombre de Dios y la “defensa” de España?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente del País Valenciano y sus consellers, que con su acción negligente durante la Dana del pasado 29 de octubre, no evitaron la muerte de 228 hermanos suyos, valencianos también, ahogados por la desidia y la parálisis de un gobierno que, de haber avisado a tiempo, habría evitado la  muerte 228 personas, hijas de un mismo Padre?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el concejal del PP de mi pueblo, que escribió en las redes sociales: “Cada día entran ilegalmente a nuestro país personas que no vienen a sumar, vienen a hacer daño”? (Levante, 1 de julio de 2025).

Cuando rezamos el Padrenuestro estamos invocando a un mismo Padre y por eso mismo, estamos reconociendo a los demás, como a hermanos. De aquí que el Padrenuestro nos urge a la fraternidad, a descubrir en los demás a unos hermanos. No a unos enemigos, ni a unos que vienen a “hacer daño”, como dicen de sus hermanos inmigrantes, los que después “devotamente”, e hipócritamente rezan el Padrenuestro.

Decía Plauto (254-184 aC), que “el hombre es un lobo para el hombre”. Y los filósofos de la sospecha decían: “El otro es el infierno”. Los cristianos Putin, Trump, los políticos que criminalizan a los que llaman “inmigrantes irregulares”, los salvajes que incendian mezquitas o agreden a las personas “sin papeles que vienen de otros países, ¿ven a estas personas como enemigas? ¿Cómo pueden rezar el Padrenuestro, con sinceridad, despreciando y criminalizando a sus propios hermanos?

En su competición con VOX, para ver quién es más racista, el señor Feijóo ha pedido la deportación “inmediata” de cualquier inmigrante irregular que delinca. “Debemos ser contundentes”, ha expresado el señor Feijóo. (El Mundo, 16 de julio de 2025). El presidente del PP habría de empezar a ser contundente con los políticos de su partido condenados recientemente por la Audiencia de València, por fraude, prevaricación y malversación, como lo han sido dos exalcaldes del PP, uno de Enguera y otro de Requena (La Veu del País Valencià, 16 de julio de 2025). Pero claro, estos exalcaldes no eran inmigrantes y por eso el señor Feijóo no será contundente con ellos.

San Juan, en su primera carta, nos dice: “El que dice que está en la luz y odia a su hermano, todavía está en la tiniebla” (1Jn 2:9). Y también: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos” ya que “todo aquel que odia a su hermano, es un homicida” (1Jn 3:14-15).

El Padrenuestro nos evita que caigamos en la aporofobia, que como la definió la profesora Adela Cortina, es “el rechazo, la aversión, el miedo y el desprecio hacia el pobre”. Simplemente por el hecho de ser pobre, ya que el racismo (normalmente), no se manifiesta en los futbolistas que llegan de Latinoamérica o de África, que no solamente no sufren ningún rechazo, sino que son aplaudidos y admirados. Tampoco hay ningún problema con el color de la piel, con los turistas que llegan con las carteras llenas de dinero. El único problema que encuentran los racistas es con los inmigrantes pobres.

Aquellos que, llenos de odio, quieren expulsar a los inmigrantes “ilegales”, criminalizándolos, los que incendian mezquitas o los que incitan al odio y agreden a los extranjeros, demuestran su hipocresía cuando rezan el Padrenuestro, porque rezan esta oración sin reconocer como hermanos a todos los hijos de Dios. A todos éstos, más les valdría no rezar el Padrenuestro, porque odiando a sus hermanos inmigrantes, rezan hipócritamente la oración del Señor, ya que no reconocen como a hermanos a los inmigrantes que vienen a nuestro país, no a hacer daño (como dicen algunos), sino a buscar una vida más digna.

Josep Miquel Bausset

Fuente Religión Digital

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¿Son necesarias las Religiones?, por Manuel Fraijó.

miércoles, 23 de julio de 2025
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Bonhoeffer en el recuerdo

Bien avanzado el siglo XX, D. Bonhoeffer, el pastor protestante asesinado por Hitler el 9 de abril de 1945, cuando apenas contaba 39 años, escribía: “Ha pasado el tiempo de la religión en general. Nos encaminamos hacia una época totalmente arreligiosa… si un día resulta claro que no existe el apriori religioso, sino que ha sido una forma del hombre históricamente condicionada y transitoria ¿qué significaría esto para el cristianismo?

Bonhoeffer pensaba que en Europa se había decretado ya la muerte de Dios y, por consiguiente, el final de la religión cristiana. Él se proponía viajar a la India por si de allí pudiera venir la “salvación”. No se proponía, naturalmente, convertirse al hinduismo ni al budismo. Y tampoco deseaba predicar allí el cristianismo. Él sabía que en veinte siglos solo un 3% de Asia se ha convertido al cristianismo. Probablemente lo que Bonhoeffer buscaba en la India era la innegable religiosidad de aquellas tierras. Allí, pensaba él, quedan semillas de la auténtica actitud religiosa. Actitud que Bonhoeffer plasmó en su libro Resistencia y sumisión.

Varias generaciones encontramos en aquellas cartas, escritas desde una prisión berlinesa, antesala de la muerte, aliento y lucidez. Y nos quedó claro -si no lo sabíamos ya- que la vida consta de días de Resistencia (de vigor, de fuerza, de salud, juventud), y de Sumisión (eclipse de todo lo anterior, lento acabamiento, vejez, enfermedad y muerte). Bonhoeffer experimentó la sumisión definitiva, la última, aquel 9 de abril en el que, con su Biblia bajo el brazo, enfiló el camino del patíbulo. Todavía le dio tiempo de decir a un compañero de prisión: “Es el final, para mí el comienzo de la verdadera vida”. Aquel día se truncó el futuro del que, según sus biógrafos, habría sido el nuevo K. Barth de la teología protestante. Y, sobre todo, se truncó la vida de una persona buena, de un cristiano solidario y responsable. Antes de participar en la conjura contra Hitler abandonó “sólo oficialmente” su Iglesia para que esta no pudiera ser acusada de complicidad.

En una de sus cartas, Bonhoeffer se preguntaba qué problemas de los muchos que aquejaban a aquella Europa en guerra se podrían solucionar suprimiendo las religiones. Tal vez tenía presente el título de un celebrado libro del padre de la teología protestante del siglo XIX, F.D.E. Schleiermacher: Sobre la religión. Discursos a sus menospreciadores cultivados. En los días de Schleiermacher (1768-1834) la religión era abiertamente zarandeada por no pocos círculos intelectuales. El libro de Schleiermacher se proponía rebatir a aquellos osados pensadores ilustrados.

Hoy, casi un siglo después de la muerte de Bonhoeffer, sabemos que las religiones no se pueden suprimir, están indisolublemente ligadas a la cultura de sus pueblos. Los grandes sistemas metafísicos de la India, por ejemplo, son incomprensibles sin el hinduismo y el budismo. Es más: cuando una religión se debilita queda su cultura. J. L. López Aranguren (1909-1996) aventuraba la hipótesis de que España se deslizaba hacia un tiempo nuevo en el que, en lugar de hablar de “religión cristiana”, sería más correcto hablar de “cultura cristiana”.  También el filósofo polaco L. Kolakowski advirtió a los europeos que “ser enteramente no cristiano significaría no pertenecer a esta cultura”. El rechazo del credo cristiano es compatible con un firme anclaje en la cultura cristiana. Se trata de una tesis aplicable al resto de las religiones. Al concluir un viaje por China, el filósofo B. Russell concluía que los chinos no tenían religión. “La religión de los chinos es ser chino”, concluyó. Habría podido añadir que “ser chino” es estar profundamente enraizado en la cultura confuciana o taoísta, es decir, en las religiones de aquellas tierras.

El universo de las religiones es altamente plural. Hasta diez mil religiones cuentan los historiadores. Ortega y Gasset, refiriéndose a los habitantes de Togo (tuvo, en Alemania, un compañero de estudios de esta nacionalidad), recuerda que se diferencian unos de otros con la expresión: “ese baila al son de otro tambor. El tambor simboliza el sistema de creencias para muchos pueblos primitivos.

Los historiadores de las religiones suelen hablar de “tres tambores, de tres grandes familias o grupos de religiones: religiones proféticas (judaísmo, cristianismo, islam), místicas (hinduismo, budismo), sapienciales (taoísmo, confucionismo). Estas líneas se proponen “tocar” fugazmente los tres tambores, es decir: ofrecer una somera información descriptiva que muestre la irreparable pérdida que supondría prescindir del legado y la herencia de las religiones.

Nos referiremos a las religiones, no a las Iglesias. Son difícilmente separables, peroro mezclarlas nos conduciría a otro escenario. Tampoco abordaremos el complejo tema de la “verdad” de las religiones. El historiador Salustio zanjó el tema de la verdad con una afirmación que ha pasado a la historia: “Estas cosas no sucedieron nunca, pero existen siempre”. A partir de la Ilustración europea se ha ido abriendo camino el convencimiento de que no tenemos acceso a la verdad de las religiones. La investigación ha renunciado al “qué son” y se ha centrado en el “para qué sirven”.

La utilidad ha ido ganando la partida a la verdad. El concilio Vaticano II admitió que todas las religiones son caminos de salvación paras sus creyentes. Aceptó de esta forma, sin abordar el tema de la verdad de sus contenidos doctrinales, que todos los credos religiosos conducen a la salvación. “Salvación” es la palabra definitiva de las religiones. Buda predicaba que, así como el agua del mar sabe toda ella a sal, también todas las religiones saben a salvación. Por lo demás es legítimo que todas las religiones pretendan ser verdaderas y tener “validez universal”; el problema surge cuando cada una de ellas pretende ser la “única” portadora de la verdad. Solo entonces brota la discordia, incluso las guerras, entre ellas. Se impone, pes, distinguir entre la legitima pretensión de “validez universal” y la conflictiva, rechazable, pretensión de “validez única”.

Tres grandes familias (tambores) de religiones

Defendía el gran teólogo protestante, Adolf von Harnack, que quien conoce el cristianismo conoce todas las religiones. Por las mismas fechas, a comienzos del siglo XIX, Max Müller, el iniciador de la moderna ciencia de las religiones, le corrigió asegurando que quien conoce solo una religión no conoce ninguna (Goethe había dicho que quien conoce solo una lengua no conoce ninguna).

Tal vez convenga distinguir entre “conocer” y “tener información”. Solo es posible “conocer” la propia religión, la que se practica o se ha practicado a lo largo de la vida. De las restantes solo nos es permitido “tener información”. Renán, siempre tan sagaz, afirmaba que cuando mejor se conoce una religión es cuando se la abandona. Probablemente se refería a la fuerza cognoscitiva de la ausencia: a los seres queridos se les conoce mejor cuando ya se fueron, cuando solo el recuerdo nos une a ellos. Una religión abandonada, despojada de la rutina de la familiaridad, puede cobrar nueva fuerza ante su antiguo fiel practicante. El abandono de la fe puede ser fuente de mayor y más profundo conocimiento de la religión abandonada. Lo tenido por obvio suele perder profundidad. Pero abordemos ya nuestros “tres tambores”.

Las religiones proféticas

Son las monoteístas, es decir, las que creen en un solo Dios. Solemos considerar como tales el judaísmo, el cristianismo, y el islam. Su figura emblemática es, obviamente, el profeta. Son religiones activas, dinámicas, transformadoras de la realidad social. Son, además, religiones afirmativas que en su largo caminar han acumulado una rica herencia doctrinal. Precisamente por ello, el diálogo con ellas se torna trabajoso.

Tienen un amplio legado que defender. En su interior han introducido filosofías muy precisas que no toleran la ambigüedad en el ámbito de los enunciados doctrinales.  Son religiones muy configuradas, muy firmes en su universo de creencias. Rechazan todo proceder quebradizo o meramente insinuante. Desean saber a qué atenerse. No están dispuestas a poner en peligro los logros de su pasado, de su tradición. De ahí que, a veces, confundan el diálogo con la rendición incondicional. Su tolerancia, en este sentido, será siempre matizada. Agobiadas de convicciones, les queda poco espacio para la negociación con otras religiones. No consideran negociable su identidad. Sus concesiones no rebasarán nunca el ámbito de lo accesorio. En este sentido, los trofeos que ofrecerán a sus interlocutores serán siempre bien secundarios. De ahí el estancamiento del diálogo interreligioso. Con frecuencia no se traspasa el umbral de los “acuerdos operativos”, es decir, de la colaboración en las tareas solidarias que nos interpelan a todos. Son más propensas a entenderse en los temas éticos que en los contenidos doctrinales religiosos.

Las religiones místicas

Estas religiones, el hinduismo y el budismo, tienen en el místico su figura emblemática. En ellas predomina la contemplación sobre la acción. Cultivan la interioridad, la indiferencia frente al mundo, la extinción de las pasiones y deseos. Buscan la paz interior, el sosiego, la calma espiritual. Aspiran a dominar nuestro siempre agitado mundo interior. Son tolerantes, pacíficas, compasivas (aunque también su pasado sabe de guerras y exterminios).  Persiguen una cierta imperturbabilidad. El tiempo y sus avatares pierden mordiente. Su meta es un cierto señorío sobre todo lo que ocurre. Piensan que, si estamos bien amueblados interiormente, podremos hacer frente al trajín del devenir histórico.

La gran batalla se libra en el ámbito de la extinción del deseo. Hay que calmar y dominar la insaciable apetencia del ser humano. De ella brotan todas las desventuras y sufrimientos. Es necesario desplazar acentos y relativizar la marea de los acontecimientos históricos. Algo que no se alcanza solo por la práctica del culto y los ritos. Estos pierden su importancia central. La batalla decisiva se libra en el campo de la ascesis personal. Es ahí donde se aprende a otorgar el debido relieve a cada cosa.   Es necesario jerarquizarlo todo debidamente.

La meditación y la contemplación son los mejores aliados del hinduismo y el budismo. Por medio de ellas se despierta la profundidad, el recto pensar y sentir. Hay en estas religiones una poderosa confianza antropológica de fondo. Consideran que las personas disponemos de recursos suficientes para tomar las riendas de nuestro destino. Creen posible la victoria sobre el agitado mundo interior. La meta final es la paz interior. En el fondo, las religiones místicas son un canto a la dignidad del ser humano. Creen que, si se lo propone, puede hacerse con el mando de su vida. En este sentido, son más optimistas de lo que se suele pensar.

Las religiones sapienciales

Tienen su prototipo en el sabio. Las más conocidas son el confucionismo y el taoísmo. Lo que estas religiones buscan, sobre todo el confucionismo, es organizar y ordenar la vida, la privada y la pública. Se procura una organización sabia y prudente de la sociedad, la política, la economía y la familia. Se cultiva el recuerdo de los antepasados y las tradiciones familiares. Se otorga gran relieve a los usos ancestrales relacionados con la magia y la adivinación. La gran duda es si estas religiones son realmente religiones o, más bien, sabidurías, cosmovisiones filosóficas. Esta duda es mayor en el caso del confucionismo, la religión de los funcionarios chinos. Es una religión urbana, volcada en la civilización y en todo lo que puede fomentarla. Fundamental es también el humanitarismo. Confucio prohibía incluso “disparar a un pájaro posado”. No sería “juego limpio”, advertía

El taoísmo, en cambio, es la religión de las clases campesinas que desconfían profundamente de la civilización y de sus logros. Se refugia en el contacto con la naturaleza y en el cultivo de las relaciones humanas y familiares. Este contacto con la naturaleza reviste en el taoísmo un carácter hondamente místico.

Para concluir: por motivos pedagógicos hemos destacado lo que prevalece en cada uno de estos grupos de religiones. Pero existe un notable cruce de herencias. Hay mística en las religiones proféticas. Ahí están los grandes místicos cristianos para mostrarlo; sin olvidar, naturalmente, el sufismo en el islam. Y también hay sabiduría en las religiones proféticas. Baste recordar la literatura sapiencial del Antiguo Testamento. Y también existe el profetismo en las religiones místicas. La figura de Gandhi lo avala. Y acabamos de ver que la mística está presente en las religiones sapienciales, sobre todo en el taoísmo. Por tanto: en todas las religiones hay mística, profetismo y sabiduría. Se trata de un problema de acentos y prevalencias.

Bien mirado, nuestra pregunta inicial ¿Son necesarias las religiones? tal vez carece de sentido. El 85% de la humanidad practica alguna religión, religión que le ayuda a vivir, o sobrevivir, digna y esperanzadamente. Y todo lo que presta tan crucial ayuda adquiere la categoría de necesario y debería gozar del respeto universal.

Manuel Fraijó

Fuente Fe Adulta

Budismo, Comunidad Bahá'í, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , , , , , , , , , , , ,

“El cristianismo de María Magdalena” por Juan José Tamayo, teólogo.

martes, 22 de julio de 2025
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El Papa Francisco elevó la Memoria de María Magdalena, convirtiéndola en fiesta, que se celebrará todos los años el 22 de Julio. Por eso, para este día, recomendamos la lectura de los artículos, muchos, que hemos dedicado a la figura de la Apostolorum Apostola, y refrescamos este que leímos en la página web de Redes Cristianas

En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.

La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.

Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.

La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ellaque las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.

El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.

En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.

A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.

Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.

¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.

Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.

Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.

Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..

Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.

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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.

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La sobrina lesbiana de Trump afirma que las creencias religiosas de su familia le enseñaron a venerarse a sí mismo.

sábado, 12 de julio de 2025
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Mary Trump | Captura de pantalla

Mary Trump criticó duramente a su tío por invocar a «un Dios en el que no cree» para justificar el bombardeo de Irán.

Molly Sprayregen (Ella)
1 de julio de 2025

La sobrina lesbiana de Donald Trump, la psicóloga clínica Mary Trump, criticó duramente a su tío por invocar a Dios como justificación para bombardear Irán y dejó claro que solo adora a un hombre: a sí mismo.

En un discurso reciente a la nación sobre su decisión de atacar Irán, Donald Trump declaró: «Quiero agradecer a todos, y en particular a Dios. Quiero decir que te amamos, Dios, y amamos a nuestras grandes fuerzas armadas. Protégelas. Que Dios bendiga a Oriente Medio. Que Dios bendiga a Israel. Y que Dios bendiga a Estados Unidos. Muchas gracias. Gracias«.

En una entrada de blog, Mary Trump enfatizó que su tío no solo no cree en Dios, sino que también es ofensivo usar la religión para justificar la violencia. «En el contexto de bombardear un país de Oriente Medio, recuerda a las Cruzadas«, añadió.

Luego compartió algunas anécdotas familiares para explicar la verdadera irreligiosidad del presidente. Su abuelo, Fred Trump (padre de Donald Trump), era fan del entonces enormemente popular pastor Norman Vincent Peale.

Las enseñanzas de Peale, explicó, fueron precursoras del evangelio de la prosperidad, la creencia en algunas sectas cristianas de que cuanto más devoto sea uno a Dios, más riqueza material obtendrá. A menudo se critica este concepto por su énfasis en el materialismo y por utilizarse para explotar a las personas para que donen dinero a sus instituciones religiosas.

Peale predicaba que lo único que se interponía en el camino del éxito de una persona era la falta de confianza en sí mismo.

Mary Trump compartió dos citas de su libro, El poder del pensamiento positivo: «Simplemente no se permite que los obstáculos destruyan tu felicidad y bienestar. Solo necesitas ser derrotado si estás dispuesto a serlo» y «Es aterrador pensar en la cantidad de personas patéticas que se vieron obstaculizadas y sumidas en la miseria por la enfermedad conocida popularmente como complejo de inferioridad».

La visión de Peale confirmó claramente lo que mi abuelo ya pensaba: era rico porque se lo merecía”, dijo. “La inseguridad no era parte de la naturaleza de mi abuelo, y nunca consideró la posibilidad de su propia derrota”.

Fred Trump, explicó, usó las enseñanzas de Peale para defender su creencia de que dar a los demás simplemente lo hacía valer menos y a ellos más. “El valor financiero era lo mismo que la autoestima”, explicó. “El valor monetario era el valor humano. Cuanto más tenía Fred Trump, mejor era que los demás”.

Transmitió estas opiniones a Donald Trump, dijo.

¿Qué dice eso sobre la religión en mi familia? Empezando por mi abuelo, lo único que importaba, lo único en lo que creían, era el dinero. Dios no entraba en la ecuación y nunca vi una profesión sincera de fe en Dios”.

Acusó a su tío de usar la religión “como un arma para exculpar la fe de sus seguidores”. Dijo que nunca ha leído la Biblia, pero que aun así la usa para “convencer a personas predispuestas a ser convencidas, de que comparte sus creencias y es el mensajero de Dios”.

Donald y sus aliados usan la religión para justificar todo lo que hacen, por diabólico que sea. Es cínico, hipócrita y, francamente, una explotación grotesca de la fe sincera de millones de estadounidenses”.

Enfatizó que Donald Trump no estaba escuchando a Dios cuando decidió atacar a Irán; estaba escuchando al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Cualquiera que piense que un cristiano o el Jesucristo descrito en el Nuevo Testamento instaría a cualquier individuo a llevar a cabo un bombardeo no provocado de otra nación es tan iluso como quienes siguen pensando que Donald Trump es una especie de santo”.

También se burló del embajador de Estados Unidos en Israel por afirmar que Donald Trump tuvo una conversación directa con Dios que lo llevó a tomar la decisión de atacar a Irán.

Lo que me preocupa no es que Dios esté en contacto directo con Donald, porque eso es absurdo”, escribió. “Sino que hay muchas voces que le hablan, y todas están en su cabeza”.

También aclaró que no hay problema con que no crea en Dios, sino con que afirme hacerlo para su propio beneficio. Solo cree en un poder superior”, concluyó, “y, en su cabeza, ese es él”.

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Molly Sprayregen es la editora adjunta de LGBTQ Nation y lleva casi una década informando sobre historias queer. Ha escrito para Them, Out, Forbes, Into, Huffington Post y otros medios. Tiene una licenciatura en Inglés y Escritura Creativa por la Universidad de Pensilvania y una maestría en Bellas Artes por la Universidad Northwestern.

 

Fuente LGBTQNation

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“San Benito, patrono de la Europa abierta que acoge”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

viernes, 11 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

San Benito, de cómo vivir en la presencia de Dios.

San Benito, un modelo de construcción cristiana de Europa.

 

La actitud y la fe básicas sobre la hospitalidad que San Benito, proclamado patrono de Europa por San Pablo VI, esbozó en la Regla, se expresan en un pasaje significativo: «Que todos los huéspedes que vengan sean acogidos como Cristo, porque él dirá: ‘Fui huésped y me acogisteis’» (Mateo 25, 35).  La opción de San Benito se forjó en un contexto político, social y económico de incertidumbre y de profundos cambios; se forjó en el alimento de la Palabra de Dios y en el testimonio de los Padres, pero sobre todo en su larga experiencia de vida monástica. En el ocaso de la gloria de Roma, con los nuevos pueblos ya establecidos dentro de las fronteras del antiguo imperio, el joven de Nursia se hizo eco de la voz del salmista: «¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?» (Salmo 34, 12ss). 

Ante las tragedias cotidianas que siguen ocurriendo en el Mediterráneo y a lo largo y ancho de las zonas de guerra, la solución no puede venir de la geopolítica emocional. La opción de San Benito es clara: acogida y hospitalidad. «El huésped y el pobre -escribió un gran monje, Evagrius Ponticus- son el colirio de Dios. Quien los acoge recupera pronto la vista«. El monacato nunca ha dejado de ser fuente de inspiración y, ante el fenómeno arrollador de las migraciones, que se ha convertido en estructural, hoy puede ofrecer recetas auténticas e integrales, aunque lleven consigo una sana carga de provocación. Como cantaba Efrén el Sirio: «La jactancia de los cristianos es la acogida de los extranjeros y la compasión [hacia los pobres]. La jactancia y la salvación de los cristianos es tener siempre como comensales en su mesa a los pobres, a los huérfanos y a los forasteros, pues de una casa así Cristo nunca se irá«. No sólo el monje, sino todo ser humano está invitado a ser imagen de Dios también en la hospitalidad.

En el monasterio, la llegada de huéspedes es una bendición divina: el portero los acoge con las palabras «Deo gratias» o «Bénedic«, con mansedumbre y temor de Dios; con estas fórmulas, San Benito indica que es el forastero quien llama a la puerta para bendecir al monje. A continuación, se rodea al huésped con el abrazo del rito, mediante una verdadera liturgia de la hospitalidad: el superior y los hermanos se reúnen con el huésped, rezan juntos, se intercambia el signo de la paz con un beso; primero se parte el pan de la oración con el huésped, llevándole al oficio divino de la comunidad, después se sientan con él, escuchando juntos la lectura de las Sagradas Escrituras. A continuación se le lavan las manos y los pies, de lo que se encarga el abad de la comunidad. Después rompen el ayuno –los hijos del Esposo no pueden ayunar mientras el Esposo está con ellos (Marcos 2, 18-22)- y cantan juntos: «Hemos recibido, oh Dios, tu misericordia en medio de tu templo» (Salmo 47). Parece un juego de las partes, pero no es el pobre el que se beneficia de la hospitalidad, sino toda la comunidad implicada, porque recibe la misericordia del Señor. Como se puede imaginar, se trata de un verdadero compromiso que cuesta esfuerzo, en términos de tiempo y de medios materiales. San Benito era muy consciente de que siempre había que estar preparado: los forasteros y los huéspedes podían aparecer de improviso y, además, ser numerosos. Y no eran necesariamente buenos cristianos, bien vestidos y admiradores del canto gregoriano.

«Acoged también con el mayor cuidado y solicitud a los pobres y a los peregrinos, porque en ellos se acoge aún más a Cristo«. Para San Benito, una cosa es cierta: la presencia misteriosa, pero real, de Cristo resucitado es acogida en el huésped. Nosotros, que esperamos la segunda venida del Mesías, lo encontramos ya en el forastero que llama a nuestras puertas. La intuición de San Benito es profunda: los monjes saben que son peregrinos en este mundo; no acogen en sus casas a pobres y extraños, sino a semejantes en la casa de Dios. Y Dios llega las más de las veces de forma inesperada y casi secreta.

Así pues, la revolución espiritual y cultural de la Regla no sirve para levantar los baluartes de un hortus conclusus, sino que es una forja abierta de civilización, que irradia desde el monasterio hacia el mundo. «Del pan de san Benito ha comido toda la Iglesia«, recordaba el cardenal benedictino Alfredo Ildefonso Schuster. La pureza evangélica tan antigua y tan nueva del legislador de Nursia no puede dejar de tocar también nuestros corazones, en un momento en que el Santo Padre llama al Cuerpo de Cristo -de Aquel que se hizo pobre y extranjero por nosotros- a convertirse más eficazmente en una Iglesia para los pobres. Cercanía y proximidad a los pobres y a todos los que piden ser acogidos: la Opción de San Benito y la Opción Francisco no pueden estar más cerca.

«Esto es precisamente lo que hizo San Benito» – decía el Papa Francisco a los participantes en la conferencia (Re)thinking Europe de 2017 – «No le importó ocupar los espacios de un mundo perdido y confuso. Sostenido por la fe, miró más allá y desde una pequeña cueva de Subiaco dio vida a un movimiento contagioso e imparable que rediseñó el rostro de Europa«. En esta obra fue verdaderamente un mensajero de la paz, un realizador de la unidad y un maestro de la civilización. En una carta escrita en recuerdo del 10º aniversario de su visita a Lampedusa, escribía: «en estos días en que asistimos a la repetición de graves tragedias en el Mediterráneo, nos estremecen las masacres silenciosas ante las que aún permanecemos impotentes y atónitos. La muerte de inocentes, principalmente niños, en busca de una existencia más serena, lejos de las guerras y la violencia, es un grito doloroso y ensordecedor que no puede dejarnos indiferentes. Es la vergüenza de una sociedad que ya no sabe llorar y compadecerse de los demás«.

El quid de la cuestión está aquí: la globalización de la indiferencia, una grave falta de empatía y caridad. Evagrio Póntico escribía desde el desierto norteafricano: «Monje es aquel que se considera uno con todos, acostumbrado como está a verse en todos«. Así pues, acoger a los pobres y a los extranjeros -y acoger al Señor en su persona- conserva todo su valor real, pero es también símbolo y preparación para otra acogida, más profunda e interior: la acogida que se da al Señor en el propio corazón y que es la finalidad de toda la vida.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Una muestra más del racismo de los que se consideran católicos puros De cuando la ‘fachosfera’ (política y clerical) abogó por la limpieza étnica… usando el Catecismo

viernes, 11 de julio de 2025
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¿Qué ha podido aprender esta señora de su abuelo, militar franquista furibundo, abogado defensor del capitán Francisco Dusmet, procesado y condenado por su participación en el fallido golpe de Estado de 1981,​  y ser condenado él mismo en 1987 por ausentarse de su domicilio sin permiso para visitar al dictador libio Gadafi con la presunta intención de obtener financiación para un golpe de Estado? Basura, mucha basura… Este es el Fascismo racista, xenófobo, LGTBIfobo y machista que nos viene si no los paramos.

(Rocío de Meer y una de sus ‘perlas’ sobre la migración)

Más allá de las lecciones básicas de Historia, que a más de uno le harían falta, lo que se esconde tras esta propuesta de la ultraderecha supuestamente ‘católica‘ es una suerte de ‘limpieza étnica’ que no tiene en cuenta la Humanidad, la legislación ni la realidad social y cultural de este país.

Lo más irritante, con todo, es que haya personajes, con cierta influencia en sectores católicos, que echan incluso mano del Catecismo para justificar este tipo de perversiones antievangélicas.

 

Han dado un salto al vacío. Por si a alguien le quedaba alguna duda, la ultraderecha española de VOX se ha terminado de quitar la careta y ha defendido la «deportación masiva» de entre ocho y diez millones de migrantes (y, ojo, también los llamados ‘de segunda generación‘, esto es, españoles de pleno derecho hijos de padres extranjeros) para «preservar la identidad española«, según afirmó, contundentemente, ayer, la diputada Rocío de Meer (un apellido netamente castellano, por cierto). Sí, la misma que hoy, también, ha exigido a la diócesis de Almería que dé marcha atrás en su propuesta de transformar el seminario menor (vacío por falta de vocaciones) en un centro de acogida e inserción laboral de menores migrantes.

«Tenemos el derecho a querer sobrevivir como pueblo«, decía la diputada almeriense de VOX. Como si el pueblo español pudiera entenderse sin la aportación secular de millones de hombres y mujeres procedentes de otras naciones, de otras culturas, pues la nuestra es una nación que contribuyó a hacer historia desde el mestizaje y la confluencia de culturas, ¿o acaso olvidamos Toledo, Córdoba, que buena parte de los ciudadanos españoles compartimos raíces judías o musulmanas, fruto de ocho siglos de presencia islámica en la península? Rizando el rizo, los católiquísimos reyes godos venían de Alemania… en fin.

Más allá de las lecciones básicas de Historia, que a más de uno le harían falta, lo que se esconde tras esta propuesta de la ultraderecha supuestamente ‘católica’ es una suerte de ‘limpieza étnica’ que no tiene en cuenta la Humanidad, la legislación ni la realidad social y cultural de este país. Y no hablo de la ‘necesidad’ que tenemos de contar con los migrantes para sostener la economía (que esconde un sutil muestra de ese racismo inconsciente que todos llevamos dentro), sino de la falta absoluta de moral de aquellos que pretenden expurgar a una quinta parte de la población que vive en España.

Lo más irritante, con todo, es que haya personajes, con cierta influencia en sectores católicos, que echan incluso mano del Catecismo para justificar este tipo de perversiones antievangélicas.  Es el caso del autoproclamado ‘pater Góngora‘, uno de los asiduos de la rediviva Sacristía de la Vendée (como, por cierto, el párroco de Trévelez), y que utiliza de forma torticera el número 2241 del Catecismo para justificar «un control férreo y con criterios profesionales del acceso» o la «remigración de todo aquel que quebrante el orden» para «desactivar el efecto llamada y los circuitos de criminalidad por todo el litoral español y grandes capitales«.

Él mismo coloca el texto íntegro del Catecismo, que no dice en absoluto nada de esto, ni en espíritu ni en forma. Basta leerlo. Pero quien no sabe leer, o lo hace con las lentes sucias y desenfocadas, puede sentirse provocado a pensar que lo que este personaje -y muchos otros, lamentablemente no se trata de casos aislados- concluye. Y que da de patadas, una vez más, al Evangelio de Jesús.

Y es que, en el fondo, lo que estos tipos (y tipas, no se me vaya a enfadar la diputada por Almería) pretenden no es más que un burdo intento de limpieza étnica. «Tenemos el derecho a querer sobrevivir como pueblo»… frente a ideólogos del fascismo como éstos.

Fuente Religión Digital

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“Aprended de mí, dice el Señor, a acoger y a incluir”, por Joseba Kamiruaga Meza.

sábado, 28 de junio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Me gustaría proponer tres pasajes de la Biblia, de los Evangelios, que nos ayudan a arrojar luz sobre cómo la Iglesia puede trabajar con las personas LGBTQ+ porque entiendo que en todo esto, es necesario mirar a Jesús porque Jesús es el modelo para saber cómo tratar a todos en la Iglesia y cómo hacer cualquier cosa.

1.- En Cafarnaúm, Jesús es abordado por un centurión romano al mando de cien hombres.

Este soldado le dice que su siervo está enfermo. Jesús se ofrece a ir a su casa y el hombre le dice que no es necesario, porque basta con que Él lo diga y su siervo se curará. También le explica a Jesús que tiene muchas personas bajo su autoridad, que obedecen todas sus órdenes. Jesús se queda atónito y afirma que nunca ha visto una fe así en ningún lugar de Israel. Al final del pasaje, Jesús cura al siervo del hombre.

Para la mayoría de los cristianos, esta historia muestra el poder de Jesús, capaz de curar enfermedades con solo sus palabras. Pero hay otro significado que a veces se nos escapa…

El centurión romano es completamente ajeno a la sociedad judía. No es judío. No es monoteísta. No cree en un solo Dios. Probablemente es politeísta, cree en la religión de Roma. Sin embargo, Jesús no condena a este personaje, a pesar de que no es de cultura judía, ni le pide que se convierta antes de dirigirse a Él ni como condición para la concesión del favor que le solicita. Al contrario, le escucha y se encuentra con él. Le escucha atentamente y luego le hace un gran favor, curando a su siervo.

Esta es una primera indicación de cómo Jesús trata a las personas marginadas, y creo que es una gran lección para todos nosotros, en la Iglesia y en la sociedad, sobre cómo tratar a las personas que desean encontrar a Dios y que desean tener una relación con Dios. Es exactamente lo que quiere el centurión romano: al pedir su ayuda, declara que quiere una relación con Jesús. Y Jesús le ayuda, le trata con respeto, compasión y sensibilidad.

2.- La segunda historia es la de la mujer en el pozo, o la samaritana.

En la época de Jesús, los judíos y los samaritanos estaban enfrentados por motivos principalmente religiosos. Se tiende a interpretar la parábola del buen samaritano como una invitación a ser siempre buenas personas y a ayudar al prójimo, pero esa historia tiene un significado adicional para la gente de la época porque los samaritanos eran «los otros», el grupo odiado.

En el Evangelio de Juan, Jesús se encuentra en Samaria, la región donde viven los opositores al judaísmo, y al mediodía se encuentra con una mujer samaritana junto a un pozo. Más adelante en la historia, comprendemos por qué esa mujer estaba en el pozo al mediodía, a pesar del gran calor: se había casado varias veces y ahora vivía con un hombre que no era su marido. Probablemente, por lo tanto, había sido excluida por las otras mujeres y tal vez se sentía marginada. Jesús comienza a hablarle a pesar de ser una mujer samaritana. Y, en lugar de condenarla o criticarla, escucha su historia y los dos mantienen una de las conversaciones más largas de todos los Evangelios.

También en este caso, como en la historia anterior de Cafarnaúm, Jesús trata a una persona marginada —una mujer samaritana que vive con un hombre que no es su marido— con respeto, compasión y sensibilidad. La encuentra, la escucha, crea una intimidad revelándose a ella.

3.- La tercera historia, la última, es la historia de Zaqueo —invito a interpretar a este personaje como un ejemplo, un emblema de las personas LGBTQ+ en la Iglesia— y se encuentra en el Evangelio según Lucas.

Jesús está atravesando Jericó, una de las ciudades más grandes de la época. En Jericó vive un hombre llamado Zaqueo, que es el jefe de los publicanos, lo que en aquella época significaba ser el peor de los pecadores (ser jefe de los publicanos significaba estar confabulado con los romanos, y esto hace que Zaqueo se sienta extremadamente marginado). Zaqueo es descrito como un hombre de baja estatura y es descrito como incapaz de ver a Jesús debido a la multitud. En la historia, Jesús está pasando y Zaqueo se sube a un árbol para verlo. Ese era su deseo, y para intentar cumplirlo decide subirse a un árbol, porque entre la multitud no puede verlo. Y mientras Jesús atraviesa la multitud, no señala a un líder religioso, a un rabino o a uno de sus discípulos, sino que se dirige a Zaqueo y le pide que baje inmediatamente, porque quiere quedarse en su casa. Esta es una señal pública de acogida hacia alguien que está marginado. Zaqueo baja lleno de alegría. Zaqueo baja y le acoge en su casa.

Al ver la escena, todos murmuraban. Todos los que vieron a Jesús extender su gracia a una persona marginada se enfadaron, porque extender la gracia a los marginados siempre enfada a alguien. Pero Zaqueo permanece en su lugar y dice que dará la mitad de sus bienes a los pobres y que, si ha defraudado a alguien, le devolverá cuatro veces más. Por lo tanto, se convierte. Y con «conversión» no me refiero a una terapia de conversión, de la que algunos hablan en relación con las personas LGBTQ+, sino que hablo de conversión, en griego metanoeîn: un cambio en el corazón y en el pensamiento que el encuentro con Dios siempre produce. Zaqueo, después de haber sido acogido por Jesús, vive entonces una experiencia de conversión, y Jesús le dice que, ese día, la salvación ha entrado en su casa. Una vez más, Jesús no condena ni critica a una persona marginada, sino que le da una especie de bendición pública.

Para Jesús no existe un nosotros y un ellos. Solo existe un nosotros. Jesús quería desplazar y llevar a las personas del centro a los márgenes de las periferias y del exterior al interior. Este es el movimiento de Jesús, que quería crear un único nosotros. Un sentido cada vez más amplio y profundo del nosotros, de quiénes somos.

Y los cristianos católicos LGBTQ+ también forman parte de ese nosotros. Me parece, por tanto, que existen al menos dos posiciones posibles cuando pensamos en este ministerio en la Iglesia católica o en cualquier ministerio con personas LGBTQ+. Podemos estar con la multitud que murmura al ver que la gracia se extiende a los marginados, como en la historia de Zaqueo, o podemos estar con Jesús y dirigir amor, gracia y compasión tratando a los demás con respeto y sensibilidad.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

domingo, 22 de junio de 2025
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[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

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Louis Evely

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Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

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Brihadaranyaka Upanishad

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Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometen nunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre elvalor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemosen absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. Incluso, ¿cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía pueden, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas delrelato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. “Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros”.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que les dirige  a sus discípulos en el lavatorio de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de esta total  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostes, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

***

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.

Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:

“Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.”

Él les contestó:

“Dadles vosotros de comer.”

Ellos replicaron:

“No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.”

Porque eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

“Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.”

Lo hicieron así, y todos se echaron.

Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

*

Lucas 9, 11b-17

***

El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde en el pueblo de Dios se escucha la Escritura cuya exégesis mesiánica nos proporcionó Jesús, y, por consiguiente, allí donde se respeta la Escritura y se obedece su Palabra, que encuentra su expresión actual en la asamblea de la comunidad.

Eso significa: allí donde se vive la vida cotidiana bajo el lema de la voluntad de Dios […]. El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde se celebra el banquete mesiánico, al que Jesús quiso invitarnos precisamente a todos, a los justos y a los pecadores, a los sanos y a los enfermos, a los invitados de la primera hora y a los que se quedan mirando los toros desde la barrera, es decir, allí donde se ha hecho posible, a continuación, la integración y la unanimidad de aquellos que quieren ponerse al servicio ae la construcción del pueblo de Dios. Eso significa: allí donde al convivium, o sea, al banquete de la eucaristía, le corresponde de nuevo el convivir, o sea, la convivencia de los creyentes que precede y sigue a la eucaristía, y encuentra su síntesis festiva en la celebración de semana en semana, de una fiesta a la otra.

El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde se vuelve vital la fe en que el hombre no vive sólo de pan, sino que vive, en primer lugar, de la Palabra de Dios, de su promesa y de la voluntad de aquel que se ha creado un pueblo al que debe llevar a una tierra que mana leche y miel. Eso significa que el milagro tiene lugar asimismo allí donde los creyentes se atreven a dar pruebas de su propia fe y a ponerla a prueba.

*

R. Pesch,
El milagro de la multiplicación de los panes. ¿Hay solución al hambre mundial?,
Brescia 1997, pp. 182ss, passim.

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“La fe cristiana y su futuro. Perspectivas“, por José María Aguirre Oráa

sábado, 7 de junio de 2025
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Perspectivas de futuro Rikki Chan

«Todos los grandes relatos han entrado en crisis de alguna manera o están tocados»

«El cristianismo es precisamente la religión de la salida de la religión e incluso está en el origen de los valores de nuestras sociedades occidentales, entre los que hay que incluir la democracia y la separación de la Iglesia y del Estado»

«Esta es una perspectiva que defendemos abundantes filósofos, intelectuales y teólogos de enjundia cristiana: la fe cristiana es la instauración de la autonomía humana, no de la heteronomía servil. No tenemos un Dios que nos dicta lo que hay que hacer, sino un Dios que nos impulsa a pensar y experimentar la creación de un mundo humano que sea solidario, fraternal. No tenemos un plan establecido de trabajo. Tenemos una inteligencia para pensar y una voluntad para actuar: el único norte es la fraternidad»

| José María Aguirre Oráa

 1. El fenómeno de la secularización

Estamos en plena vorágine de un cambio cultural de proporciones incalculables y enormemente significativas. Más allá del debate y de la discusión de si hemos abandonado la Modernidad para abrirnos a otra nueva etapa histórica, la Postmodernidad, los análisis nos permiten descubrir que tras las intuiciones descriptivas de la postmodernidad se encuentran análisis valiosos sobre nuestra actual situación. Un punto importante, que hay que destacar, es que todos los grandes relatos han entrado en crisis de alguna manera o están tocados en tanto macrorelatos: marxismo, existencialismo, cientismo, religiones… Por ello los discursos y las concepciones absolutistas y fundamentalistas están en quiebra, aunque todavía de hecho en la realidad social tengan un poder social y político importante.

En este sentido está emergiendo en el marco de Occidente un fenómeno destacado de ateísmo y de agnoscitismo de masas, que no había ocurrido en otras etapas históricas. Una visión estrictamente intramundana de la historia y de la existencia humana está ganando terreno en ambientes maduros, intelectuales, jóvenes… Las visiones de transcendencia pierden vigor y sentido. No importa el más allá de la vida humana y del mundo, interesa el más acá concreto y vivo. Se diría que Nietzsche y su crítica del platonismo cristiano han adquirido una acreditación y un impacto contundentes.

Frente a esta realidad también hay que señalar que en otras latitudes del mundo crecen o se mantienen las fes religiosas de todo tipo, por lo que el fenómeno anterior no se extiende como una marea por todo el orbe. En una gran mayoría de países el fenómeno religioso sigue vivo y muy vivo, impregnando comportamientos colectivos e individuales con mucha fuerza. Por ello mi diagnóstico señalaría la radical pluralidad de situaciones que existen respecto al fenómeno de la religión a escala del universo. Las discusiones sobre la tan cacareda tesis del necesario proceso de civilización que avanza de la etapa religiosa hasta la etapa secular sigue animando la escena intelectual sociológica y filosófíca. La última etapa del pensamiento de Jürgen Habermas lo evidencia de manera ejemplar [i].

2. Secularización y fe cristiana

Sin duda ante esta situación la pregunta se antoja inevitable: ¿Qué pensar de la secularización? Para un sector importante de la jerarquía católica, de mentalidad conservadora, y para colectivos cristianos de esa misma línea, el proceso de secularización es interpretado como un fenómeno surgido de la impronta de la modernidad que cuestiona en su íntima esencia lo religioso y atenta en consecuencia contra el desarrollo de la religión y de la fe cristianas. Por ello se sitúan en una abierta oposición de combate frente al fenómeno de la secularización. La modernidad intelectual no es vista con muy buenos ojos, para ellos se trata de un disolvente explícito o tácito de la fe o de las convicciones religiosas. El hombre se hace mayor de edad en todos los ámbitos de la existencia humana, conquista su autonomía y rechaza al Dios todopoderoso de las religiones. Cuanto más aumenta la autonomía humana, más desaparece su relación y dependencia con Dios. También se produce este fenómeno en otras confesiones cristianas y evidentemente en otras religiones.

Para otras perspectivas teológicas y religiosas el juicio sobre la secularización es más matizado y consideran que la secularización no es inevitablemente antireligiosa o anticristiana

Sin embargo, para otras perspectivas teológicas y religiosas el juicio sobre la secularización es más matizado y consideran que la secularización no es inevitablemente antireligiosa o anticristiana. Incluso utilizan otra clave interpretativa de esta realidad. La secularización puede ser interpretada como un desenlace intelectual y práctico tremendamente enraizados en el Evangelio y en la lógica del pensamiento cristiano (y no solo cristiano moderno) de larga fecha. Si Dios aparece en la religión cristiana como Absoluto, esto significa y supone la desdivinización de lugares, tiempos, objetos, instituciones que se han considerado «sagrados». Para la fe cristiana lo único sagrado es la persona humana y su dignidad inalienable. A veces esto supone reafirmar la dialéctica entre religión y fe. La fe cristiana no presupone, como parece ser característica de la religión, una dependencia existencial y práctica de Dios. Precisamente la fe sostiene la autonomía del mundo y de la persona como la culminación del proceso de libertad humana: de la heteronomía a la autonomía. Habría que recordar aquí el lema «Etsi Deus non daretur», expresión de Dietrich Bonhöffer para señalar que Dios ha de ser pensado fuera de todo papel de tapaagujeros de la ignorancia o de la incapacidad humanas.

Parecería que el cristianismo y la modernidad fueran enemigos que libran una batalla secular, una última pugna de las «guerras de religión»: de un lado la fe, la idea aseguradora de una transcendencia; de otro lado el desencantamiento moderno que certifica y toma nota de la «muerte de Dios». ¿De un lado la tradición, la verdad, la autoridad; del otro la laicidad, el relativismo, la defensa de las libertades individuales? Lejos de oponer frontalmente estos dos campos, dos autores, René Girard y Gianni Vattimo recientemente fallecidos se esforzaron por el contrario en acercarlos.[ii] A partir de presupuestos filosóficos y de argumentos diferentes, los dos sostienen esta tesis aparentemente paradójica, pero de una profundidad intelectual y reflexiva destacable compartida por otros pensadores de perspectiva cristiana: secularización y laicidad son productos del cristianismo. El cristianismo es precisamente la religión de la salida de la religión e incluso está en el origen de los valores de nuestras sociedades occidentales, entre los que hay que incluir la democracia y la separación de la Iglesia y del Estado.

Marcel Gauchet señala igualmente que el cristianismo es la «religión de la salida de la religión». No hay que entender esta expresión «como si la gente ya no creyera en Dios. ¡Realmente no creían más en otros tiempos! […] La salida de la religión es la salida de la organización religiosa del mundo». Y sigue con su perspectiva: «Lo que es determinante en el caso cristiano es el propio Cristo. La idea de la encarnación no brilla por su racionalidad. La idea de un solo Dios parece incompatible con la idea de un Dios delegado que ejerza de intermediario. Es posible que [Dios] necesite un mensajero como Moisés en los judíos o Mahoma en el caso del islam, pero con Cristo se trata de otra cosa. Un Dios que toma la forma de hombre. Pero esta extraña idea tiene un efecto importante. La encarnación obliga a concebir una alteridad radical de Dios (del Dios extraterrestre de Yahvé y de Alá) ¿Qué (quién) es este Dios que nos habla desde el interior de nuestro mundo de los hombres y que, por lo tanto, aparece completamente exterior al Dios de Yahvé y de Alá?». «Cristo viene simplemente para testimoniar el interés del Padre por la salvación de los hombres. No nos dice inmediatamente lo que hay que hacer, sino que hay que pensar en otro mundo. La encarnación de Cristo es portadora de toda una serie de desarrollos potenciales que necesitarán siglos y siglos para expresarse, pero que permitirán, paso a paso, la emergencia de un mundo humano autónomo a partir del mundo religioso. No hay nada sorprendente, para un cristiano convencido, pensar, sin dejar de ser perfectamente cristiano, que los hombres hacen su ley, que las relaciones entre ellos son un área y que lo que conecta a cada individuo a Dios es otra».

Esta es una perspectiva que defendemos abundantes filósofos, intelectuales y teólogos de enjundia cristiana: la fe cristiana es la instauración de la autonomía humana, no de la heteronomía servil. No tenemos un Dios que nos dicta lo que hay que hacer, sino un Dios que nos impulsa a pensar y experimentar la creación de un mundo humano que sea solidario, fraternal. No tenemos un plan establecido de trabajo. Tenemos una inteligencia para pensar y una voluntad para actuar: el único norte es la fraternidad.

La secularización remite a un proceso de gradual expulsión de las autoridades eclesiásticas del ámbito del dominio temporal, sobre el cual el Estado moderno […] alzaba una pretensión de monopolio

La secularización remite a un proceso de gradual expulsión de las autoridades eclesiásticas del ámbito del dominio temporal, sobre el cual el Estado moderno […] alzaba una pretensión de monopolio. Un filósofo canadiense, Charles Taylor, extrae las consecuencias sociales de esta pérdida del monopolio religioso de lo público y señala que lo que caracteriza la «era secular» es la desaparición de la adscripción religiosa basada en la tradición y el paso a una religión de elección: «Mi propia visión de la “secularización” que, confieso libremente, ha sido conformada por mi propia perspectiva como creyente (pero que, con todo, quisiera esperar ser capaz de defender con argumentos), es que ha habido ciertamente un “declive” de la religión. La creencia religiosa existe ahora en un campo de elección que incluye varias formas de objeción y rechazo; la fe cristiana existe en un campo en el que también hay un amplio abanico de otras opciones espirituales. Pero la historia interesante no es meramente la del declive, sino también la de un nuevo lugar de lo sagrado o espiritual en relación con la vida social e individual. Este nuevo lugar es ahora la ocasión para recomposiciones de la vida espiritual en nuevas formas, y para nuevas vías de existencia dentro y fuera de la relación con Dios»[iii]. La secularización es el orden social, jurídico y político que concibe como parte inextricable de la autonomía individual la libertad de los ciudadanos para religarse a través de confesiones organizadas o mediante un «bricolaje espiritual». El ejercicio individual y colectivo de la libertad religiosa no prejuzga el tipo de decisión que se toma. Lo que se enfatiza, en cambio, es el hecho de que se trate de elecciones propiciadas por un orden legítimo que no interfiera en las creencias a las que los ciudadanos se quieran vincular. Evidentemente el fenomeno de la secularización no tiene únicamente consecuencias políticas y jurídicas, sino que implica también «el declive de la influencia pública de la iglesia y de las religiones en la determinación directa […] del saber, de las normas, de las costumbres»[iv].

Llegados a este punto convendría indicar algo que ha puesto de relieve Habermas en sus últimos escritos sobre religión y que puede ayudarnos al restablecimiento de un respeto real y creativo a todas las personas precisamente en una sociedad secular y no secularista. Según Habermas, las limitaciones impuestas por el principio de separación de poderes o de ámbitos pueden conllevar un reparto desigual de las cargas de tolerancia que creyentes e increyentes deben soportar cuando se trata de apoyar la legislación existente o de argumentar a favor de una u otra postura. Mientras, según Habermas, a los increyentes o ciudadanos secularizados les basta con utilizar un lenguaje que es el mismo que rige en su fuero interno, los creyentes tienen que traducir su cosmovisión a un lenguaje secularizado para lograr que sus aportaciones a los debates públicos cumplan con unos requisitos mínimos de imparcialidad. Es incuestionable que los esfuerzos que impone la socialización o, en este caso, la participación en debates democráticos, no son los mismos para todos los ciudadanos. Cuando la línea que divide a unos de los otros se solapa con la que separa a ciudadanos seculares y religiosos, entonces tal vez se puede decir que el mayor esfuerzo que deben hacer los creyentes va en menoscabo de la libertad religiosa e incluso atenta contra la neutralidad liberal, pues supone una discriminación de algunos ciudadanos por motivos religiosos o ideológicos

3. La triple dimensión de la fe cristiana

Yo creo que la fe cristiana tiene tres componentes esenciales que no pueden contemplarse separados ni ser separados de hecho: conocimiento, actitud, sentimiento. Evidentemente hay concepciones ideológicas que conciben la fe cristiana en un solo sentido de los descritos anteriormente, con exclusión de los otros dos, pero a mi entender mutilan la globalidad de la experiencia cristiana. Para mí la unidad de estas tres perspectivas me resulta fundamental, porque quizás esta triple dimensión de la fe cristiana es su característica fundamental.

En primer lugar la fe cristiana supone una manera de conocer, al menos en dos aspectos esenciales de la vida humana. Un aspecto sería el sentido del universo: más allá de las explicaciones científicas y en consonancia con ellas el origen y el proceso del universo sugieren el postulado de una creatividad inmanente a la obra en el universo. Difícilmente esta creatividad radical puede verse como dimensión inmanente de la propia materia, sin apelar a una creatividad originaria inscrita en su seno e impeliéndola al movimiento continuo. La figura de un Dios Creador del universo y de la vida humana aparece como una «solución» adecuada al enigma del mundo y de su dinamicidad. Pero, es que, además, en esta misma lógica de la fe el hombre no aparece como el esclavo de Dios al servicio de lo que diga el señor, sino como el creador que continúa la obra de creación, el impulsor de una creatividad inscrita en la creatividad del universo.

Otro aspecto sería el relativo al sentido de la existencia humana. La antropología y la ética de la fe cristiana nos indican con claridad un componente fundamental para conocer la existencia humana y su sentido: la dinámica de la fraternidad. La persona humana no es un individuo aislado que puede llevar su lógica por sus solos recursos. Es un individuo intersubjetivamente constituido. La intersubjetividad forma parte intrínseca de nuestra existencia. Nos nacen, nos educan, nos hacen y nos deshacen. Nadie como la fe cristiana ha insistido tanto en la individualidad humana, en su respeto absoluto, en su sagrada e inalienable realidad. Pero a la vez, ha insistido en su componente intersubjetivo, en la radical fraternidad de las personas, en la visión de que todos los humanos somos hermanos, prójimos a los que acercarnos. La fe cristiana es radicalmente solidaria y fraterna. La fe cristiana no solo es una forma de conocer, es también una forma de actuar: la praxis de la fraternidad.

Lo dicho anteriormente comporta una dimensión ética insoslayable. Nuestro comportamiento no tiene más remedio que articularse de la misma manera: en clave solidaria y fraterna. La guía de acción debe ser el respeto absoluto a cada persona y a todas las personas. Nadie queda ni puede quedar excluído de la dinámica de la fraternidad. Y además la persona humana es siempre una posibilidad de libertad que debe crecer. Si nada ni nadie de lo mundano y de lo humano es Dios, si nada ni nadie nos indican los caminos de nuestra libertad, nuestra inteligencia y nuestra voluntad deben guiarnos en el complicado camino de nuestra libertad de acción. Tenemos perspectivas, pero no leyes, tenemos unas líneas generales, pero no el GPS detallado y ordenado de nuestra acción.

La compasión es el rostro sentido y volitivo de la fraternidad. Nuestro sentimiento motiva nuestro querer

Y hay una tercera dimensión de nuestra fe. La fe cristiana es también una manera de sentir y de querer. Estamos y nos sentimos amados por Dios, amados inmensamente por un Padre bueno que nos ha volcado a la vida y experimentamos un sentimiento de no sentirnos solos y abandonados en un mundo hostil y mortífero. Por consiguiente, nos inunda el sentimiento de com-pasión. Si experimentamos de alguna manera la compasión de Dios, transmitimos nuestra compasión a todos los humanos y a todo lo valioso de nuestro universo. La compasión es el rostro sentido y volitivo de la fraternidad. Nuestro sentimiento motiva nuestro querer. Queremos la compasión porque la sentimos buena para la existencia de todas las personas.

4. Perspectivas de la fe cristiana

La fe cristiana está en perfecta sintonía con la razón científica. Podríamos decir (como en aquella consigna nicaraguense tan repetida y acertada: «Entre cristianismo y revolución no hay contradicción») de manera contundente que entre ciencia y religión no hay contradicción. Ciencia y religión son complementarias. Oigamos a Max Planck: «No puede haber nunca una oposición real entre ciencia y religión, pues la una es el complemento de la otra. […] La religión y la ciencia natural luchan juntas en una incesante, indesmayable batalla contra el escepticismo y el dogmatismo, contra la increencia y la superstición. Por tanto ¡Adelante hacia Dios!»[v].

Incluso habría que decir más: la lógica científica en el campo de la física y en el de la biología nos encauza en la lógica de un designio inteligente, que se encuentra a la obra en la realidad del universo. Consideremos este texto de Anthony Flew, primeramente ateo declarado durante largo tiempo y que ha acabado reconociendo una perspectiva teísta: «La ciencia se basa en la presunción de que el universo es totalmente racional y lógico en todos sus niveles», escribe Paul Davies, que es probablemente el divulgador más influyente de la ciencia moderna en la actualidad. “Los ateos afirman que las leyes de la naturaleza existen porque sí y que el universo es en último extremo absurdo. Como científico, me resulta difícil aceptar esto. Debe haber un fundamento racional inmutable en el cual encuentre su raíz la naturaleza lógica y ordenada del Universo“. Los científicos que apuntan hacia la Mente de Dios no avanzan simplemente una serie de argumentos o un proceso de razonamientos silogísticos. Más bien, proponen una visión de la realidad que surge del corazón conceptual de la ciencia moderna y se impone a la mente racional. Es una visión que personalmente estimo persuasiva e irrefutable»[vi].

Como ya he señalado en otro escrito, Jean Ladrière [1] [vii] defiende que la razón científica comporta en sí misma, en su propia lógica interna, la posibilidad de abrirse al sentido de la creatividad radical que opera en el cosmos y de todo lo que esta creatividad implica y de este modo abrirse al reconocimiento de la creación del Universo. El «logos» interno que anima la ciencia comporta en sí, de modo constitutivo, la posibilidad de reconocer aquello de lo que este logos es una huella. La realidad nos envía más allá de sí misma, aparece como habitada por un dinamismo constitutivo estructural que va en el sentido de una unión creciente con una subsistencia creadora.

Aquí aparece una consonancia posible, aunque no necesaria, entre la ciencia y la fe. La ciencia no proporciona por sí misma un acceso directo a la fe. La ligazón entre razón científica y fe cristiana no tiene una conexión lógicamente necesaria, ya que en este caso comportaría un carácter necesario que se impondría lógica y racionalmente. Esto no sucede así, lo sabemos muy bien. Sin embargo, la ciencia nos hace ver la creatividad que opera incesantemente en el mundo. A partir de esta visión de la ciencia, a partir de esta realidad de operatividad radical existe un relé filosófico que puede conducirnos a la idea de creatividad que permite el paso a la idea de creación y que incluso postula la idea de la creación. Las resonancias kantianas con sus postulados de la razón son clarísimas. La lógica reflexiva es similar o se asemeja a la perspectiva de Kant.

Otro aspecto importante que quisiera destacar lo constituye el horizonte de la fraternidad. La fe cristiana implica un compromiso claro, etico-político, de trabajo por la justicia en las coordenadas del mundo. El conjunto de los libros de la Biblia y sobre todo la predicación profética pone en boca de Dios la exigencia de justicia para los desamparados de la época, los pobres, los huérfanos y las viudas. Si algo señaló Jesús de Nazareth en su constante predicación es la exigencia de fraternidad universal. Y esto significa en román paladino establecer como criterio fundamental la compasión por una parte por el dolor de los pobres y por otra también  por sus esperanzas, porque son los que lo necesitan realmente, los que son asediados por la pobreza, la opresión, la esclavitud, la discriminación… Ellos son los primeros en la mente y en la preocupación de Dios, ellos son los primeros también en la nuestra.

Esto lo comprendió muy bien y lo impulsó el Concilio Vaticano II y de forma reiterada las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Se podría decir que no hay manera de honrar a Dios que no pase por la honra a los pobres y marginados. Las posturas que de hecho se salgan de este carril, son pura vaciedad de fe o declaraciones verbales religiosas estériles. Éste ha sido siempre el criterio fundamental de cercanía a las exigencias de Dios, de acceso a la fe en Él. Lo demás son palabras vacías y creencias sin fundamento. Esto nos lo enseñó de manera magistral y sin aspavientos un gran cristiano y un teólogo magnífico, Gustavo Gutiérrez, a quien le siguieron Leonardo Boff, Juan Luis Segundo, Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino y muchos más que sería largo citar.

Quisiera traer a colación a Carlos Fernández Liria, un filósofo marxista y de izquierdas que tiene una perspectiva interesante sobre el cristianismo en la línea que estoy señalando. Según él, el cristianismo no es una religión como cualquier otra, porque las religiones siempre consisten en predicar un contenido cultural, decir es bueno esto o lo otro y que está prohibido esto o lo otro. Y el cristianismo es una religión muy extraña porque no defiende un contenido, sino una forma. Jesús (que por otra parte en el Evangelio de San Juan se define nada más y nada menos que como el logos hecho carne, es decir, como la razón hecha carne) no dice «tienes que hacer esto o lo otro». A Jesús le importa más bien una forma: «Hagas lo que hagas, hazlo de forma que estés seguro de que al hacerlo amas al prójimo como a ti mismo». Esto significa que te debes poner en el lugar del otro. Esto es el imperativo categórico de Kant, que hagas lo que hagas puedas querer que la decisión que estás tomando se torne ley universal. Este es el imperativo categórico kantiano y lo que dice Jesús es una formulación emotiva o mítica de lo mismo. En ese sentido, lo que predican los cristianos es la forma misma de la razón. El cristianismo en sí mismo es la religión más racional del mundo, tanto que San Juan puede decir que Jesús es la razón hecha carne.

Y en ese sentido, si el marxismo hubiera sido inteligente lo habría aprovechado. Este es el alegato de Carlos Fernández contra la tradición atea marxista y de izquierdas. Esta tradición regaló también el cristianismo al enemigo, con lo cual le regaló nada menos, como dijo Gramsci, que la organización de masas más potente que haya habido en la historia de la humanidad, la Iglesia católica. Nunca debió el marxismo regalar la Iglesia católica, debería haber luchado por conquistarla desde su interior. Fue un gravísimo error predicar el ateísmo.

Este concepto constituía el nervio central de la Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal

En esta misma línea Carlos Fernández Liria indica (y llama mucho la atención) con énfasis que el concepto más interesante que se ha forjado en la reflexión ética y moral del siglo XX ha sido el concepto de «pecado estructural». Este concepto constituía el nervio central de la Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal. Mientras ellos se jugaban la vida y daban de lleno en la diana del problema ético de nuestro tiempo, la filosofía académica de izquierdas y de derechas estaba completamente en la Luna. La verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué estaría en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la acción política organizada y no por el voluntarismo moral que intenta inútilmente apartarse de la maquinaria del sistema. «No sé si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aquí no valen más que soluciones políticas y económicas muy radicales. Y la única cuestión moral relevante que todavía tenemos sobre la mesa es la de qué tendríamos la obligación de estar haciendo políticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero económico genocida [viii]». Nuestra responsabilidad cristiana nos exige actuar con esta perspectiva de manera perentoria. No veo otra alternativa.

Un autor como Cornel West [ix] indica que el cristianismo tendría que suponer una auténtica revolución a partir de la moral que lo fundamenta. Las convicciones religiosas, además de sustentar los valores políticos, nos permiten ir más allá. Así, la aceptación de la solidaridad como valor político aunque necesaria, quizás resulte insuficiente y debería acompañarse por sentimientos como el amor a los demás y la disposición a celebrar con los desfavorecidos. Tras destacar lo que, en términos utilizados por Habermas, podemos denominar el potencial semántico de la religión, West invita a los creyentes también a tener oído para lo secular y a actuar con empatía e imaginación para adentrarse en la cosmovisión, también respetable, de los agnósticos y los ateos.

NOTAS

[1]

[i] HABERMAS, J.,  Israel o Atenas. Ensayos sobre religión, teología y racionalidad (2001) ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2005) Mundo de la vida, política y religión (2012), Una historia de la filosofía. 2 vol. (2019)

[ii] René GIRARD es el autor de ensayos como La Violencia y lo Sagrado (1972), Cosas ocultas desde la fundación de mundo (1978), Acabar Clausewitz (2007).De la violencia a la divinidad (2007) ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2007). Filósofo y hombre político italiano, Gianni VATTIMO escribió El fin de la modernidad (1987), La sociedad transparente (1990), Después de la Cristiandad. Por un cristianismo no religioso (2004), Dios: la posibilidad buena (2012).

[iii] TAYLOR Ch.,  Una era secular, Madrid, Gedisa, 2014. El futuro del pasado religioso, Madrid, Trotta, 2021.

[iv] MARRAMAO G., Cielo y tierra. Genealogía de la secularización, Barcelona: Paidós, 1998, p. 5.

[v] Citado en FLEW A., Dios existe, Trotta, Madrid, 2012, p. 98.

[vi] FLEW A. Dios existe, op. cit., p. 101. Este autor cita un texto de DAVIES P., «What Happened Before the Big Bang», en RUSSSEL STANNARD (Ed.), God for the 21ª Century, Templeton Foundatio Press, Filadelfia, 2000, p. 12.

[vii] Ver a este respecto LADRIÈRE J.,  L’articulation du sens, 2 Tomos, Paris, Ed. du  Cerf, 1984;  L’espérance de la raison, Leuven, Peeters, 2003; Le temps du posible, Leuven, Peeters, 2004; La foi chrétienne et le destin de la raison, París, Ed. du Cerf, 2004.

[viii] FERNÁNDEZ LIRIA C., Los diez mandamientos del siglo XXI , en Rebelión, 20 de Enero de 2009.

[ix] HABERMAS J.- TAYLOR Ch.- BUTLER J.- WEST C., El poder de la religión en la esfera pública,Trotta, Madrid 2011, 145 p.

Fuente Religión Digital

Espiritualidad, General , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

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