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Entradas Etiquetadas ‘Teresa de Lisieux’

Atráeme…

Jueves, 5 de mayo de 2022

raudur.tumblrcom

Las almas sencillas no necesitan medios complicados: dado que yo me encuentro entre ellas, una mańana, durante mi acción de gracias, el Seńor Jesús me dio un medio sencillo para llevar a cabo mi misión. Me hizo comprender este pasaje del Cantar de los Cantares: ‘Atráenos, nosotros correremos al olor de tus perfumes’.

Oh Jesús, no es preciso decir por tanto: ‘Atrayéndome, atrae a las almas que yo amo’.  Esta sencilla palabra, ‘atráeme’ basta. Seńor, ahora lo comprendo: cuando un alma se deja cautivar por el olor embriagador de tus perfumes, no puede correr sola, sino que todas las almas que ama son arrastradas tras ella. Y eso es algo que sucede sin presiones, sin esfuerzos. Es una consecuencia natural de su atracción hacia ti

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Teresa de Lisieux

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“Dos mujeres de octubre”, por Juan Zapatero.

Martes, 26 de octubre de 2021

D8053EC7-6823-4780-8D33-117ADE95E27DDos Teresas, la una con diminutivo, Teresita, la otra con el nombre tal y como suena, Teresa, ocupan, en el santoral de la Iglesia, el inicio y el medio del mes de octubre. La primera es Teresa de Lisieux (Francia), por el lugar donde falleció el 1897; su festividad se celebra el 1 de octubre y es conocida con el nombre completo de Teresita del Niño Jesús. La segunda es Teresa de Ávila, por el lugar donde nació el 1515; su festividad tiene lugar el 15 del mismo mes y su nombre completo es Teresa de Jesús; nombre este que se aplicaba ella misma y que pudo considerar ratificado en su interior, según cuentan, por la supuesta respuesta que recibió de un niño con quien se topó, mientras bajaba las escaleras del convento de la Encarnación “¿Cómo te llamas, niño hermoso?”, le preguntó esta. A lo cual Él contestó “Y tú, ¿cómo te llamas?”. “Yo soy Teresa de Jesús”, dijo ella. A lo cual Él respondió “Pues yo soy Jesús de Teresa”.

Si nos retrotraemos al momento de su muerte, tres siglos y un poco más les separan a ambas. Dos vidas diferentes en muchos aspectos; en la duración concretamente: 67 años en el caso de Teresa frente a los 24 de Teresita; pero, además, y, sobre todo, en la forma de vida que ambas llevaron: andariega y fundadora, en el caso de Teresa de Ávila; recluida en el monasterio y dada de manera exclusiva a la mística y la oración, en el caso de Teresita de Lisieux. Vidas en absoluto contrapuestas, más bien idénticas, pues para ambas el amor era el único motivo y la única razón de todo su ser y su quehacer. “Solo el amor es el que da valor a todas las cosas”, solía decir Santa Teresa de Jesús. “Comprendí que, sin amor, todas obras son nada, aún las más brillantes” repetía con insistencia Santa Teresita del Niño Jesús.

El gran dilema de la mayoría de las religiones, yo diría que siempre de manera implícita, es la apuesta por “creer” frente a “confiar”; conceptos aparentemente iguales, pero que, en la práctica, marcan actitudes profundas, más que diferencias, frente a la vida de las personas que se dicen creyentes. Es verdad que, en el caso de algunas, se trataría más bien de sectas o de grupos sectarios, incluso dentro de las propias religiones, las creencias es su objetivo último; entendido el concepto creencia como el cúmulo de verdades, afirmaciones, dogmas, etc., que conformarían el contenido de fe de dichas religiones o grupos. No debemos olvidar, por otro lado, que las afirmaciones éticas o los consejos morales hacia el buen comportamiento ya son válidos por sí mismos; pero lo son aún más cuando unas y otros llegan acompañados por el testimonio de quien lo afirma o aconseja, quizás por aquello de que “las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran”; o porque son afirmaciones o consejos referidos de alguien que se implicó por ellas y ellos hasta las últimas consecuencias. El caso del Evangelio y la apuesta de Jesús por poner en práctica todo lo que decía y enseñaba es, sin ningún género de dudas, el más claro y evidente, al menos para quienes se consideran o nos consideramos seguidores suyos, más que creyentes en Él. Pero no es este un peligro reciente o de tiempos no demasiado pretéritos; ya en los primeros momentos de la Iglesia apostólica, el peligro de quedarse en la fe (creencia) fue tal que el propio apóstol Santiago se vio obligado a decir que la “la fe sin obras es una fe muerta” (Sant. 2,17). Debe ser, quizá, por aquello de que los dogmas comprometen muy poco o nada, frente a la exigencia profunda y constante de quien apuesta y confía en la persona que dijo y se implicó hasta el final con aquello que dijo.

Teresa y Teresita vivieron momentos en que la fe y sus verdades ocupaban o debían ocupar el centro de la vida de toda persona cristiana. Teresa experimentó, por su parte, algunas de las incomprensiones, advertencias y vicisitudes por parte de los tribunales de la “Santa” Inquisición, aunque en menor medida que su confesor y director espiritual, Juan de la Cruz; pero no por ello menos dolorosas interiormente. La razón no fue otra que poner la experiencia personal del amor de Dios por delante de cualquier otra verdad, por muy sagrada que dicha verdad fuera tenida; y es que no corrían buenos tiempos para la mística que conllevaba el peligro de desplazar al dogma y las “santas verdades”. No era lícito que una “mujer” se atribuyera la experiencia de un Dios próximo y cercano que por entonces quedaba reservada de manera exclusiva a quienes ostentaban el cargo de custodiar, y a buen recaudo, las verdades sagradas del compendio de la fe: varones todos ellos.

Los tiempos que le tocaron vivir a Teresita no fueron tan convulsos como los de Teresa; entre otras cosas, porque la virulencia doctrinal y dogmática de la Reforma y la Contrarreforma había amainado o, para ser más exactos, se había hecho menos visible; aunque, no por ello, menos dolorosa. Teresita pasó una gran parte de su corta vida, excepto los años de infancia y adolescencia, recluida en la clausura del Carmelo. El poco “aire” que llegaba de fuera a las monjas no era precisamente de libertad y de presencia de un Dios próximo y cercano. Pocos años antes de nacer ella, 1864, el Papa Pío IX había publicado el Syllabus, donde se exponían todos los errores de la sociedad moderna que la Iglesia condenaba. Otra vez el dogma y la verdad de la Iglesia, por boca del Papa, se imponían por encima de cualquier otra manera de vivir la experiencia de Dios y de la fe. Bien es verdad que Teresita no recibió ninguna advertencia del exterior, como sí que fue el caso de Teresa, pues su vida pasó desapercibida sobre todo para los de “fuera”; sin embargo, sí que fue reprendida en diversas ocasiones por sus superioras; a pesar de lo cual, ello no le impidió vivir siempre abandonada al buen Dios por el que se sentía locamente amada.

Dos mujeres, Teresa y Teresita, de un Dios próximo y lleno de vida frente a “verdades” de fe que muchas veces alejan y solo ofrecen indiferencia.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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“Oración agradecida “, por Gabriel Mª Otalora

Jueves, 7 de octubre de 2021

Oracion_2216788316_14447695_667x375Leído en su blog Punto de encuentro:

Gracias por tu pan de hoy, y el de mañana

La principal virtud cristiana es la humildad. Gracias a ella, activamos la capacidad de admiración que es la mejor puerta para la actitud de agradecimiento. Jesús nos pide fijarnos en los niños para comportarnos como seguidores suyos, porque ellos viven en total confianza lo que sus padres les dan. Lo que percibo, sin embargo, es que nosotros, adultos y adultas cristianos, estamos centrados en lo que nos falta más que en todo lo que tenemos por pura gracia, gratis.

Todo es gracia, exclamaba santa Teresita del Niño Jesús. De ahí la importancia de la oración de agradecimiento teniendo presente que la Eucaristía señala, desde el enunciado, su importancia (del griego eucharistía, acción de gracias).

Si nos ponemos a pensar en esto, viene a la cabeza la cantidad de bienes y dones que Dios nos ha dado y que jamás se lo agradeceremos porque ni siquiera somos conscientes de que los tenemos como el fruto de un acto supremo de amor hacia cada persona. Valoramos realmente las utilidades de la mano y del brazo cuando se lastiman. Somos plenamente conscientes de lo que atesora algo tan cotidiano como una conversación familiar cuando sentimos el mordisco de la soledad. Y así seguiríamos hasta descubrir montones de gracias que Dios nos regala, cada día, empezando por la propia vida. Damos por hecho lo que tenemos, incluso la experiencia de la fe y del amor.

Recordemos la “pirámide de Maslow” para visualizar mejor las grandes necesidades humanas que hasta el mundo empresarial está de acuerdo tenerlas en cuenta: Necesidades básicas: salud, comida, bebida, vestido… Necesidades de seguridad y protección: vivienda, trabajo, dinero… Necesidades sociales: amistades, familia, pareja… Necesidades de estima: aceptación, logros, competencias, estatus, la propia autoestima… Necesidad de autorrealización: creatividad, madurez, desarrollo de la inteligencia espiritual…

Por eso llevo unas semanas añadiendo a mi oración de agradecimiento diario a Dios por los dones recibidos, la coletilla “…y gracias también por los dones que me vas a regalar en un futuro”. Dios se nos regala en abundancia cada día, hoy, mañana… Solo el hecho de tener tantas potencialidades ya nos debiera infundir sentimientos de humildad ante lo que somos y aquí y esperamos ser en plenitud y para siempre en esas “estancias” que llamamos “Cielo” que el Padre nos tiene preparadas.

Por tanto, me parece una estupenda oración dirigirnos al Padre agradecidos también por todo lo que nos tiene reservado para mañana y el resto de los días, aunque hoy no lo conozcamos. Es un pasito más en la actitud de agradecimiento lleno de humildad sabiendo que nunca podremos igualar el agradecimiento a la generosidad de Dios con nosotros por nuestra limitación; es que ni siquiera somos capaces, como decía, de recordar ni valorar los millones de dones materiales, emocionales y espirituales, grandes y pequeños, que nos provee cada día para hacer el camino conforme a los talentos recibidos, la realidad vital y la actitud de cada persona.

La importancia del agradecimiento está presente en toda la Biblia hasta el punto de que Jesús lo une indisolublemente con la actitud de la confianza cristiana: resulta paradigmáticos los textos de Mateo, Lucas o el apócrifo de Tomás en los que Jesús nos invita a mirar los lirios del campo, cómo crecen, no se fatigan ni hilan; a mirar los pájaros que ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embar­go, nuestro Padre celestial los alimenta. La conclusión es rotunda: “confiad agradecidos, no estéis agobiados por las circunstancias de la vida. ¿No valéis vosotros más que ellos?”.

     Con todo mi corazón te daré gracias;
     por tu misericordia y tu fidelidad.
     En el día que invoqué, me respondiste;
     me hiciste valiente con fortaleza en mi alma.
     Gracias por tu pan de cada día, el de hoy y el de mañana.

                                                                         En torno al Salmo 138

Postdata – Una de las maneras mejores de evangelizar es valorar lo que tenemos viviendo con la alegría de sentirnos agradecidos por el Proyecto de Amor al que hemos sido llamados para ofrecer a los demás con actitud agradecida y alegre. Porque Buena Noticia será dependiendo de la actitud que tengamos sus seguidores.

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Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Viernes, 1 de octubre de 2021

En la Fiesta de esta santa inclusiva, nos acercamos a ella con este post del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

*

Thomas Merton.
Autobiografía.

***

teresa

Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

..Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

*

Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad.
Herder 1982.

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Arroja en el Señor tus ansiedades y Él te sustentará: El abandono en Teresa de Lisieux

Teresa de Lisieux: “El abandono es el fruto delicioso del amor”

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“Desempolvar a Dios”, por Gema Juan OCD

Viernes, 1 de octubre de 2021

15243177266_e7e4107ab9_mHoy celebramos la fiesta de Teresa de Lisieux,  mujer excepcional,  profeta, poeta, escritora, mística y monja. Disfrutemos de este texto que nos acerca a su espiritualidad de confianza y que “desempolvamos” del archivo de  Cristianos Gays:

Leído en el blog Juntos Andemos:

Los evangelios, escritos por manos diferentes, en situaciones distintas y para comunidades diversas, tienen muchas cosas en común. La principal es la necesidad transmitir la buena noticia que es Jesús y con Él, la alegría de recuperar a Dios, al Dios verdadero.

Los evangelistas querían sanear la idea que las gentes tenían de Dios, porque les importaba su felicidad y una idea equivocada de Él podía generar mucha angustia y tristeza; pues Dios pasaba de ser el aliento y la bondad que sostiene la vida, a ser un quisquilloso supervisor.

Jesús quitaba vendas de los ojos y devolvía la voz a quienes la habían perdido, desataba los pies trabados y reponía la fuerza a los que encallaban en la arena de la vida. Lo hacía con una ternura conmovedora, que dejaba ver la pasión que le movía, la que le llevaba a sacudir los cimientos de su religión y a desmontar comercios y marañas espirituales que ahogaban la fe. Cerraba grietas, para que no se desangrara ningún inocente y abría unas entrañas maternas infinitas, para que nadie, absolutamente nadie, pensara que tenía cerrado el acceso a Dios.

Jesús hablaba así de su Padre. Pero con el tiempo, esa imagen se cubrió de polvo y apenas se podía ver su verdadero rostro. Tanto amor revelaba un Dios que no tenía fronteras, que no ponía límites a su bondad. Y eso tambaleaba la imagen de un Dios justo, que «premia a los buenos y castiga a los malos». Rompía las reglas de un juego establecido.

Desempolvar al Dios verdadero ha sido tarea de muchos creyentes y todavía es una tarea necesaria hoy. Sacarle de las alacenas, por más honorables que sean estas. Quitar la máquina registradora, no llevar cuentas, no tener resguardos ni hacer negocios con Él.

Una mujer, que se reconoció entre aquellos de los que Jesús decía: «Dejad que se acerquen a mí», que se veía entre los menores y menos considerados, quitó una gruesa capa de polvo al buen Dios. Era muy cuidadosa y no perdía ocasión de agradarle y mostrarle su amor. Pero tenía una intuición: el amor era confiar sin límites y solo la confianza podía unir a Dios.

Así fue desempolvando y redescubriendo al Dios de Jesús. Conforme avanzaba, quedaban más lejos de ella los usos de su tiempo: un tiempo consagrado a un Dios más justiciero que justo, un Dios que pagaba a sus fieles y castigaba a los insumisos. Y un tiempo donde servir a Dios tenía un camino por excelencia: hacer méritos y sufrir por Él.

couv5850g_260Teresa de Lisieux, muy cerca siempre de Jesús, fue desmontando falsos altares. No siguió un camino confortable, pero tenía una fe muy profunda y una sinceridad extraordinaria. Con ambas cosas, trazó rutas sencillas de acceso al verdadero Dios. Sintió que no podía traficar con Él y no cedió a las presiones, a pesar de alejarse de los cánones de santidad del momento.

Se sentía íntimamente impulsada por el amor descubierto, por el Dios que «se hace mendigo de nuestro amor… Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas» —le decía a su hermana Leonia. Y con ello advierte, todavía hoy, a todo el que se acerca a Dios.

Así es como llega a comprender una idea que compartirá con un hombre que nace poco después de su muerte, Dietrich Bonhoeffer. Los dos refrescan la idea de un Dios a quien no satisface el sacrificio por sí mismo, sino descubrir su misericordia en todo y aceptarla como un camino de seguimiento. El teólogo protestante y la monja carmelita se unen desempolvando el rostro de Dios.

Bonhoeffer señalaría un error importante: la creencia de que se sirve más a Dios en el sufrimiento que en la alegría. Y advertía que el seguimiento se realiza acogiendo su voluntad, sea cual sea. Si es a través de circunstancias amables, seguirle en ellas. Si es en el camino del sufrimiento, hacerlo igualmente. ¿Qué Dios sería ese a quien le fuera más grato el sufrimiento?

Teresa, en la última etapa de su vida, enferma ya, decía a su hermana Inés que en otro tiempo, para mortificarse, mientras comía pensaba en cosas repugnantes. Y le añadió: «Después, me pareció más sencillo ofrecerle a Dios lo que me gustaba». Ese es el Dios que descubre: un Dios que desea lo bueno para todos y que, por eso mismo, alienta la generosidad en cada corazón.

A Teresa le llevó un tiempo comprender que «fuera del amor nada puede hacernos gratos a Dios», que a Él solo el amor le sirve. Desde ahí llegaría a entender lo que el teólogo supo después, que servir a Dios es decir: «Hágase tu voluntad». «¡Nada de merecer! Dar gusto a Dios». De eso se trataba.

Con un humor delicioso, diría a la madre María de Gonzaga, que le hacía tener una estufilla en invierno: «Las demás se presentarán en el cielo con sus instrumentos de penitencia, y yo con un brasero, pero solo cuenta el amor y la obediencia». Cuenta decir: «Hágase».

Teresa decía: «Compruebo con gozo que, amándole a Él, se ha agrandado mi corazón, y se ha hecho capaz de dar a los que ama una ternura incomparablemente mayor que si se hubiese concentrado en un amor egoísta e infructuoso». El Dios desempolvado rescata lo mejor de los seres humanos. Por ello, merece la pena seguir quitando cualquier capa que cubra su verdad.

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Teresa de Lisieux, Copérnico y Mendel, entre los grandes celebrados por la Unesco

Lunes, 26 de abril de 2021

780x580-noticias-unescoElegidos por la Organización para homenajear su contribución en el bienio 2022-2023

El Consejo Ejecutivo de la agencia de la ONU para la educación, la ciencia y la cultura ha votado una lista de 60 personalidades cuyos aniversarios caen en cifras redondas en el bienio 2022-2023

Entre ellos también el genio humanista y teológico de Nerses llamado el “Gracioso”, santo armenio del siglo XII

Un programa de larga duración que pretende honrar a personas de todas las naciones que hayan representado la excelencia en los campos de la paz, la educación, la ciencia, las ciencias sociales y la comunicación

(Vatican News).-Un matemático y astrónomo que derribó las antiguas certezas de que la tierra era el centro del universo y llevó al mundo a la modernidad. Un teólogo y poeta que llegó a ser santo, autor en el siglo I de algunos poemas religiosos y también de uno sobre la historia de su Armenia. Un biólogo que identificó uno de los “big bang” de la vida humana -los mecanismos de la genética- y una joven “científica del amor”, una monja de clausura cuya alma fascinó a generaciones no sólo de creyentes. Nicolás Copérnico, Nerses el “Gracioso”, Gregor Mendel y Teresa de Lisieux: cuatro personalidades que, de diferentes maneras, marcaron una época y contribuyeron universalmente al bien de la humanidad y que, en conjunto, son la expresión de un “genio” cristiano, simbolizado en los cuatro por el hábito religioso que llevaban: un sacerdote, un obispo, un monje agustino y una monja carmelita.

Aniversarios en 2022 y 2023

teresaSon ellos, junto con otras 60 personalidades, los que la UNESCO ha elegido para celebrar en el bienio 2022-2023, según un programa de larga duración que pretende honrar a personas de todas las naciones que hayan representado la excelencia en los campos de la paz, la educación, la ciencia, las ciencias sociales y la comunicación. La decisión es pública, aunque formalmente será validada por la Conferencia General de la UNESCO en noviembre.

En 2022 se recordará a Mendel por el 200 aniversario de su nacimiento, mientras que en 2023 los actos se centrarán en el 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa, el 550 aniversario del nacimiento de Copérnico y el 850 aniversario de la muerte de Nerses el Grande. Sus nombres, al igual que los de las demás personalidades, son propuestos por las naciones de nacimiento de las figuras individuales y, por tanto, en el caso de los cuatro religiosos, Polonia, la República Checa, Armenia y Francia.

Una fe madura produce cultura

“El genio del cristianismo es dar a luz a personalidades capaces de trabajar en todo tipo de campos”, dijo el arzobispo Francesco Follo, observador permanente de la Santa Sede ante la UNESCO, a los medios de comunicación del Vaticano al comentar la decisión de la agencia de la ONU. Y a Vatican News el representante papal destacó el peso que la dimensión religiosa está asumiendo progresivamente en el debate cultural que caracteriza las sesiones de la UNESCO. “Algo interesante en el debate que siguió a la definición de estos aniversarios -un debate centrado en el tema de la educación para la tolerancia- es que algunos países han empezado a decir: pero ¿por qué hablamos sólo de cultura y educación sin hablar nunca de una educación espiritual y religiosa?“. El cristianismo, reitera el prelado, “ha dado forma a Europa” y al fin y al cabo “San Juan Pablo II decía que una fe que no se convierte en cultura no es una fe madura”.

Fuente Religión Digital

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Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Jueves, 1 de octubre de 2020

En la Fiesta de esta santa inclusiva, nos acercamos a ella con este post del blog de Amigos de Thomas Merton:

confiance

“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

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Thomas Merton.
Autobiografía.

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teresa

Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

..Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

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Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad.
Herder 1982.

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Arroja en el Señor tus ansiedades y Él te sustentará: El abandono en Teresa de Lisieux

Teresa de Lisieux: “El abandono es el fruto delicioso del amor”

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“Desempolvar a Dios”, por Gema Juan OCD

Jueves, 1 de octubre de 2020

couv5850g_260Hoy celebramos la fiesta de Teresa de Lisieux,  mujer excepcional,  profeta, poeta, escritora, mística y monja. Disfrutemos de este texto que nos acerca a su espiritualidad de confianza y que “desempolvamos” del archivo de  Cristianos Gays:

Leído en el blog Juntos Andemos:

Los evangelios, escritos por manos diferentes, en situaciones distintas y para comunidades diversas, tienen muchas cosas en común. La principal es la necesidad transmitir la buena noticia que es Jesús y con Él, la alegría de recuperar a Dios, al Dios verdadero.

Los evangelistas querían sanear la idea que las gentes tenían de Dios, porque les importaba su felicidad y una idea equivocada de Él podía generar mucha angustia y tristeza; pues Dios pasaba de ser el aliento y la bondad que sostiene la vida, a ser un quisquilloso supervisor.

Jesús quitaba vendas de los ojos y devolvía la voz a quienes la habían perdido, desataba los pies trabados y reponía la fuerza a los que encallaban en la arena de la vida. Lo hacía con una ternura conmovedora, que dejaba ver la pasión que le movía, la que le llevaba a sacudir los cimientos de su religión y a desmontar comercios y marañas espirituales que ahogaban la fe. Cerraba grietas, para que no se desangrara ningún inocente y abría unas entrañas maternas infinitas, para que nadie, absolutamente nadie, pensara que tenía cerrado el acceso a Dios.

Jesús hablaba así de su Padre. Pero con el tiempo, esa imagen se cubrió de polvo y apenas se podía ver su verdadero rostro. Tanto amor revelaba un Dios que no tenía fronteras, que no ponía límites a su bondad. Y eso tambaleaba la imagen de un Dios justo, que «premia a los buenos y castiga a los malos». Rompía las reglas de un juego establecido.

Desempolvar al Dios verdadero ha sido tarea de muchos creyentes y todavía es una tarea necesaria hoy. Sacarle de las alacenas, por más honorables que sean estas. Quitar la máquina registradora, no llevar cuentas, no tener resguardos ni hacer negocios con Él.

Una mujer, que se reconoció entre aquellos de los que Jesús decía: «Dejad que se acerquen a mí», que se veía entre los menores y menos considerados, quitó una gruesa capa de polvo al buen Dios. Era muy cuidadosa y no perdía ocasión de agradarle y mostrarle su amor. Pero tenía una intuición: el amor era confiar sin límites y solo la confianza podía unir a Dios.

Así fue desempolvando y redescubriendo al Dios de Jesús. Conforme avanzaba, quedaban más lejos de ella los usos de su tiempo: un tiempo consagrado a un Dios más justiciero que justo, un Dios que pagaba a sus fieles y castigaba a los insumisos. Y un tiempo donde servir a Dios tenía un camino por excelencia: hacer méritos y sufrir por Él.

Teresa de Lisieux, muy cerca siempre de Jesús, fue desmontando falsos altares. No siguió un camino confortable, pero tenía una fe muy profunda y una sinceridad extraordinaria. Con ambas cosas, trazó rutas sencillas de acceso al verdadero Dios. Sintió que no podía traficar con Él y no cedió a las presiones, a pesar de alejarse de los cánones de santidad del momento.

Se sentía íntimamente impulsada por el amor descubierto, por el Dios que «se hace mendigo de nuestro amor… Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas» —le decía a su hermana Leonia. Y con ello advierte, todavía hoy, a todo el que se acerca a Dios.

Así es como llega a comprender una idea que compartirá con un hombre que nace poco después de su muerte, Dietrich Bonhoeffer. Los dos refrescan la idea de un Dios a quien no satisface el sacrificio por sí mismo, sino descubrir su misericordia en todo y aceptarla como un camino de seguimiento. El teólogo protestante y la monja carmelita se unen desempolvando el rostro de Dios.

Bonhoeffer señalaría un error importante: la creencia de que se sirve más a Dios en el sufrimiento que en la alegría. Y advertía que el seguimiento se realiza acogiendo su voluntad, sea cual sea. Si es a través de circunstancias amables, seguirle en ellas. Si es en el camino del sufrimiento, hacerlo igualmente. ¿Qué Dios sería ese a quien le fuera más grato el sufrimiento?

Teresa, en la última etapa de su vida, enferma ya, decía a su hermana Inés que en otro tiempo, para mortificarse, mientras comía pensaba en cosas repugnantes. Y le añadió: «Después, me pareció más sencillo ofrecerle a Dios lo que me gustaba». Ese es el Dios que descubre: un Dios que desea lo bueno para todos y que, por eso mismo, alienta la generosidad en cada corazón.

A Teresa le llevó un tiempo comprender que «fuera del amor nada puede hacernos gratos a Dios», que a Él solo el amor le sirve. Desde ahí llegaría a entender lo que el teólogo supo después, que servir a Dios es decir: «Hágase tu voluntad». «¡Nada de merecer! Dar gusto a Dios». De eso se trataba.

Con un humor delicioso, diría a la madre María de Gonzaga, que le hacía tener una estufilla en invierno: «Las demás se presentarán en el cielo con sus instrumentos de penitencia, y yo con un brasero, pero solo cuenta el amor y la obediencia». Cuenta decir: «Hágase».

Teresa decía: «Compruebo con gozo que, amándole a Él, se ha agrandado mi corazón, y se ha hecho capaz de dar a los que ama una ternura incomparablemente mayor que si se hubiese concentrado en un amor egoísta e infructuoso». El Dios desempolvado rescata lo mejor de los seres humanos. Por ello, merece la pena seguir quitando cualquier capa que cubra su verdad.

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Espiritualidad , , ,

Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Martes, 1 de octubre de 2019

En la Fiesta de esta santa inclusiva, nos acercamos a ella con este post del blog de Amigos de Thomas Merton:

confiance

“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

*

Thomas Merton.
Autobiografía.

***

teresa

Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

..Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

*

Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad.
Herder 1982.

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Arroja en el Señor tus ansiedades y Él te sustentará: El abandono en Teresa de Lisieux

Teresa de Lisieux: “El abandono es el fruto delicioso del amor”

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“Desempolvar a Dios”, por Gema Juan OCD

Martes, 1 de octubre de 2019

couv5850g_260Hoy celebramos la fiesta de Teresa de Lisieux,  mujer excepcional,  profeta, poeta, escritora, mística y monja. Disfrutemos de este texto que nos acerca a su espiritualidad de confianza y que “desempolvamos” del archivo de  Cristianos Gays:

Leído en el blog Juntos Andemos:

Los evangelios, escritos por manos diferentes, en situaciones distintas y para comunidades diversas, tienen muchas cosas en común. La principal es la necesidad transmitir la buena noticia que es Jesús y con Él, la alegría de recuperar a Dios, al Dios verdadero.

Los evangelistas querían sanear la idea que las gentes tenían de Dios, porque les importaba su felicidad y una idea equivocada de Él podía generar mucha angustia y tristeza; pues Dios pasaba de ser el aliento y la bondad que sostiene la vida, a ser un quisquilloso supervisor.

Jesús quitaba vendas de los ojos y devolvía la voz a quienes la habían perdido, desataba los pies trabados y reponía la fuerza a los que encallaban en la arena de la vida. Lo hacía con una ternura conmovedora, que dejaba ver la pasión que le movía, la que le llevaba a sacudir los cimientos de su religión y a desmontar comercios y marañas espirituales que ahogaban la fe. Cerraba grietas, para que no se desangrara ningún inocente y abría unas entrañas maternas infinitas, para que nadie, absolutamente nadie, pensara que tenía cerrado el acceso a Dios.

Jesús hablaba así de su Padre. Pero con el tiempo, esa imagen se cubrió de polvo y apenas se podía ver su verdadero rostro. Tanto amor revelaba un Dios que no tenía fronteras, que no ponía límites a su bondad. Y eso tambaleaba la imagen de un Dios justo, que «premia a los buenos y castiga a los malos». Rompía las reglas de un juego establecido.

Desempolvar al Dios verdadero ha sido tarea de muchos creyentes y todavía es una tarea necesaria hoy. Sacarle de las alacenas, por más honorables que sean estas. Quitar la máquina registradora, no llevar cuentas, no tener resguardos ni hacer negocios con Él.

Una mujer, que se reconoció entre aquellos de los que Jesús decía: «Dejad que se acerquen a mí», que se veía entre los menores y menos considerados, quitó una gruesa capa de polvo al buen Dios. Era muy cuidadosa y no perdía ocasión de agradarle y mostrarle su amor. Pero tenía una intuición: el amor era confiar sin límites y solo la confianza podía unir a Dios.

Así fue desempolvando y redescubriendo al Dios de Jesús. Conforme avanzaba, quedaban más lejos de ella los usos de su tiempo: un tiempo consagrado a un Dios más justiciero que justo, un Dios que pagaba a sus fieles y castigaba a los insumisos. Y un tiempo donde servir a Dios tenía un camino por excelencia: hacer méritos y sufrir por Él.

Teresa de Lisieux, muy cerca siempre de Jesús, fue desmontando falsos altares. No siguió un camino confortable, pero tenía una fe muy profunda y una sinceridad extraordinaria. Con ambas cosas, trazó rutas sencillas de acceso al verdadero Dios. Sintió que no podía traficar con Él y no cedió a las presiones, a pesar de alejarse de los cánones de santidad del momento.

Se sentía íntimamente impulsada por el amor descubierto, por el Dios que «se hace mendigo de nuestro amor… Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas» —le decía a su hermana Leonia. Y con ello advierte, todavía hoy, a todo el que se acerca a Dios.

Así es como llega a comprender una idea que compartirá con un hombre que nace poco después de su muerte, Dietrich Bonhoeffer. Los dos refrescan la idea de un Dios a quien no satisface el sacrificio por sí mismo, sino descubrir su misericordia en todo y aceptarla como un camino de seguimiento. El teólogo protestante y la monja carmelita se unen desempolvando el rostro de Dios.

Bonhoeffer señalaría un error importante: la creencia de que se sirve más a Dios en el sufrimiento que en la alegría. Y advertía que el seguimiento se realiza acogiendo su voluntad, sea cual sea. Si es a través de circunstancias amables, seguirle en ellas. Si es en el camino del sufrimiento, hacerlo igualmente. ¿Qué Dios sería ese a quien le fuera más grato el sufrimiento?

Teresa, en la última etapa de su vida, enferma ya, decía a su hermana Inés que en otro tiempo, para mortificarse, mientras comía pensaba en cosas repugnantes. Y le añadió: «Después, me pareció más sencillo ofrecerle a Dios lo que me gustaba». Ese es el Dios que descubre: un Dios que desea lo bueno para todos y que, por eso mismo, alienta la generosidad en cada corazón.

A Teresa le llevó un tiempo comprender que «fuera del amor nada puede hacernos gratos a Dios», que a Él solo el amor le sirve. Desde ahí llegaría a entender lo que el teólogo supo después, que servir a Dios es decir: «Hágase tu voluntad». «¡Nada de merecer! Dar gusto a Dios». De eso se trataba.

Con un humor delicioso, diría a la madre María de Gonzaga, que le hacía tener una estufilla en invierno: «Las demás se presentarán en el cielo con sus instrumentos de penitencia, y yo con un brasero, pero solo cuenta el amor y la obediencia». Cuenta decir: «Hágase».

Teresa decía: «Compruebo con gozo que, amándole a Él, se ha agrandado mi corazón, y se ha hecho capaz de dar a los que ama una ternura incomparablemente mayor que si se hubiese concentrado en un amor egoísta e infructuoso». El Dios desempolvado rescata lo mejor de los seres humanos. Por ello, merece la pena seguir quitando cualquier capa que cubra su verdad.

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Amar en mí

Viernes, 31 de mayo de 2019

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Cuando el Señor mandó a su pueblo amar al prójimo como a sí mismo (cf. Lv 19,18), no había venido aún a la tierra; de suerte que, sabiendo hasta qué punto se ama la propia persona, no podía pedir a sus criaturas un mayor amor al prójimo. Pero cuando Jesús dio a sus apóstoles un mandamiento nuevo, su mandamiento, no habló ya de amar al prójimo como a sí mismo, sino de amarlo como él, Jesús, lo amó y lo amará hasta la consumación de los siglos.

Señor, sé que no nos mandas nada imposible. Tú conoces mejor que yo mi debilidad, mi imperfección, sabes que no podré nunca amar a mis hermanas como tú las amas, si no eres aún tú, Jesús mío, quien las ama en mí. Para concederme esta nueva gracia has dado un mandamiento nuevo. ¡Oh! Cuánto lo amo, pues me da la garantía de que tu voluntad es amar en mí a todos aquellos a quienes me mandas amar. Sí, estoy convencida de ello; cuando practico la caridad, es sólo Jesús quien obra en mí. Cuanto más unida estoy a él, tanto más amo a mis hermanas.

*

Teresa de Lisieux,
Manuscritos autobiográficos C,
Monte Carmelo, Burgos 1997

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Portavoz de los obispos franceses: “Hay algo de Dios que habla” en las relaciones homosexuales

Jueves, 4 de abril de 2019

conference des eveques lourdes le 4/10/2016 “Las cosas están progresando” en la Iglesia con respeto a los derechos de los gays, asegura

Sobre la ley de matrimonio homosexual aprobada en el país galo en 2013, reconoce: “De un mal surgió algo bueno”

“La relación amorosa entre dos personas del mismo sexo… hay algo de Dios que habla allí. Estoy profundamente convencido de ello. Estoy profundamente convencido”. Fuerte defensa de los homosexuales por parte del portavoz de los obispos franceses, monseñor Olivier Ribadeau-Dumas, quien ha insistido en que “en cada relación verdaderamente amorosa se nos está diciendo algo del amor de Dios, cualquiera que sea la relación”.

“Sé que Dios es amor y si dos personas se aman de verdad, hay una relación allí, necesariamente, dijo Ribadeau-Dumas, secretario de la Conferencia Episcopal gala desde 2013 y portavoz desde 2015, en una sesión de preguntas y respuestas con el grupo Devenir un en Christ (Convertirse en uno en Cristo), un ministerio pastoral a los gays y sus familias bajo el lema “Fe y homosexualidad”. Aunque la charla tuvo lugar el pasado octubre, la transcripción de la misa solo ha sido hecha pública esta misma semana por la web Riposte catholique.

Hay en cada relación humana, continuó Ribadeau-Dumas, “hay imperfecciones… tanto en el amor entre un hombre y una mujer, como en el amor entre dos personas del mismo sexo. Pero yo creo que de verdad hay algo que se dice del amor de Dios en ellos. Reflexionando sobre la ley de matrimonio homosexual que se aprobada en Francia en 2013, el prelado dijo que la percepción de la Iglesia de los homosexuales ha cambiado. “De un mal surgió algo bueno”, zanjó.

Las cosas están progresando” en la Iglesia en lo referido al respeto de los homosexuales: “solo tenemos que darles tiempo”, explicó el portavoz de los obispos franceses, añadiendo que espera que los gays encuentren cada vez más aceptación en el corazón de las parroquias, y no solo en ministerios pastorales especializados.

Entiendo lo impacientes que estáis, pero démosles tiempo. Es tranquilizador al fin y al cabo se haya progresado y que haya más pasos adelante. En el corazón de la Iglesia sed amor, amadla, y desde dentro, ayudadla a progresar hacia ese amor, ese reconocimiento, ese amor”, alentó a los presentes en la charla Ribadeau-Dumas, parafraseando a Santa Teresa de Lisieux.

Funte Religión Digital

General, Iglesia Católica , , , , ,

“Gnosticismo y pelagianismo o donde solo cuento yo”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 20 de febrero de 2019

cosmos-alienigenaDe su blog Nihil Obstat:

En el capítulo segundo de su exhortación Gaudete et exultate, el Papa Francisco se refiere a “dos sutiles enemigos de la santidad: el gnosticismo y el pelagianismo…, dos herejías que siguen teniendo alarmante actualidad… En los dos casos ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente”. O sea, en ambos casos sólo intereso yo.

¿Cómo traducir eso del gnosticismo? Se trata de una espiritualidad encerrada en uno mismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de conocimientos más o menos reconfortantes. Pero la perfección de las personas no se mide por sus experiencias intimistas o por profesar determinadas doctrinas, sino por la caridad. El encuentro con Dios no se realiza buscando en las profundidades de uno mismo (porque allí sólo se encuentra uno consigo mismo), sino saliendo de uno mismo y buscando el rostro de los hermanos necesitados, preguntándose qué puede hacer por ellos.

El gnóstico pretender tener respuestas a todas las preguntas y soluciones a todos los problemas. Se podría comparar a esos cristianos que recomiendan determinadas oraciones o prácticas piadosas como remedios infalibles que todo lo arreglan. Olvidan que Dios nos supera infinitamente, que siempre nos sorprende y que no se le puede manipular ni condicionar. “Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino”, dice el Papa. El gnóstico siempre “lo tiene todo claro”, sobre todo tiene claro dónde no está Dios. Se convierte así en juez de los demás. Y olvida que Dios está misteriosamente en la vida de todas las personas, aún cuando su existencia sea un desastre, o estén hundidas bajo el peso de vicios o drogas.

¿Cómo traducir eso del pelagianismo? Es la tentación de confiar sólo en las propias fuerzas, o de sentirse superiores por cumplir determinadas normas o por practicar un determinado estilo de ser católico. Olvida que no todos pueden todo, que en este mundo hay mucha gente débil y frágil. El pelagiano dice que confía en Dios, pero le falta humildad para reconocer su realidad concreta y limitada. “La gracia, precisamente porque supone nuestra naturaleza, no nos hace superhombres de golpe”. Porque tiene en cuenta nuestra naturaleza, la gracia puede parecer lenta. En realidad, actúa de forma histórica y progresiva.

El pelagiano pretende hacer valer sus buenas obras como merecedoras de la recompensa divina. Olvida que los santos evitan depositar la confianza en sus acciones: “En el atardecer de esta vida me presentará ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos”, decía Teresa de Lisieux. Todo lo que tenemos, empezando por la vida, es un regalo de Dios. Por eso, nada podemos alegar ante él. La buena actitud ante Dios es la acción de gracias y la admiración.

Espiritualidad , , ,

Maestro interior

Martes, 8 de enero de 2019

Del blog Nova Bella:

justbecause62

Comprendo, y sé por experiencia, que el reino de Dios está dentro de nosotros. Jesús no tiene necesidad de libros ni de doctores para instruir a las almas; él, el doctor de los doctores, enseña sin ruido de palabras. Nunca le he oído hablar, pero sé que está dentro de mí. Me guía y me inspira a cada instante lo que debo decir o hacer. Descubro, justamente en el momento en que las necesito, luces que hasta entonces no había visto. Y la mayoría de las veces estas luces no se dan precisamente en la oración, sino más bien en medio de las ocupaciones del día.

*

Santa Teresa del Niño Jesús

maestro-interior

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Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Lunes, 1 de octubre de 2018

En la Fiesta de esta santa inclusiva, nos acercamos a ella con este post del blog de Amigos de Thomas Merton:

confiance

“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

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Thomas Merton.
Autobiografía.

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teresa

Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

..Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

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Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad.
Herder 1982.

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Arroja en el Señor tus ansiedades y Él te sustentará: El abandono en Teresa de Lisieux

Teresa de Lisieux: “El abandono es el fruto delicioso del amor”

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“Desempolvar a Dios”, por Gema Juan OCD

Lunes, 1 de octubre de 2018

15243177266_e7e4107ab9_mHoy celebramos la fiesta de Teresa de Lisieux,  mujer excepcional,  profeta, poeta, escritora, mística y monja. Disfrutemos de este texto que nos acerca a su espiritualidad de confianza y que “desempolvamos” del archivo de  Cristianos Gays:

Leído en el blog Juntos Andemos:

Los evangelios, escritos por manos diferentes, en situaciones distintas y para comunidades diversas, tienen muchas cosas en común. La principal es la necesidad transmitir la buena noticia que es Jesús y con Él, la alegría de recuperar a Dios, al Dios verdadero.

Los evangelistas querían sanear la idea que las gentes tenían de Dios, porque les importaba su felicidad y una idea equivocada de Él podía generar mucha angustia y tristeza; pues Dios pasaba de ser el aliento y la bondad que sostiene la vida, a ser un quisquilloso supervisor.

Jesús quitaba vendas de los ojos y devolvía la voz a quienes la habían perdido, desataba los pies trabados y reponía la fuerza a los que encallaban en la arena de la vida. Lo hacía con una ternura conmovedora, que dejaba ver la pasión que le movía, la que le llevaba a sacudir los cimientos de su religión y a desmontar comercios y marañas espirituales que ahogaban la fe. Cerraba grietas, para que no se desangrara ningún inocente y abría unas entrañas maternas infinitas, para que nadie, absolutamente nadie, pensara que tenía cerrado el acceso a Dios.

Jesús hablaba así de su Padre. Pero con el tiempo, esa imagen se cubrió de polvo y apenas se podía ver su verdadero rostro. Tanto amor revelaba un Dios que no tenía fronteras, que no ponía límites a su bondad. Y eso tambaleaba la imagen de un Dios justo, que «premia a los buenos y castiga a los malos». Rompía las reglas de un juego establecido.

Desempolvar al Dios verdadero ha sido tarea de muchos creyentes y todavía es una tarea necesaria hoy. Sacarle de las alacenas, por más honorables que sean estas. Quitar la máquina registradora, no llevar cuentas, no tener resguardos ni hacer negocios con Él.

Una mujer, que se reconoció entre aquellos de los que Jesús decía: «Dejad que se acerquen a mí», que se veía entre los menores y menos considerados, quitó una gruesa capa de polvo al buen Dios. Era muy cuidadosa y no perdía ocasión de agradarle y mostrarle su amor. Pero tenía una intuición: el amor era confiar sin límites y solo la confianza podía unir a Dios.

Así fue desempolvando y redescubriendo al Dios de Jesús. Conforme avanzaba, quedaban más lejos de ella los usos de su tiempo: un tiempo consagrado a un Dios más justiciero que justo, un Dios que pagaba a sus fieles y castigaba a los insumisos. Y un tiempo donde servir a Dios tenía un camino por excelencia: hacer méritos y sufrir por Él.

couv5850g_260Teresa de Lisieux, muy cerca siempre de Jesús, fue desmontando falsos altares. No siguió un camino confortable, pero tenía una fe muy profunda y una sinceridad extraordinaria. Con ambas cosas, trazó rutas sencillas de acceso al verdadero Dios. Sintió que no podía traficar con Él y no cedió a las presiones, a pesar de alejarse de los cánones de santidad del momento.

Se sentía íntimamente impulsada por el amor descubierto, por el Dios que «se hace mendigo de nuestro amor… Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas» —le decía a su hermana Leonia. Y con ello advierte, todavía hoy, a todo el que se acerca a Dios.

Así es como llega a comprender una idea que compartirá con un hombre que nace poco después de su muerte, Dietrich Bonhoeffer. Los dos refrescan la idea de un Dios a quien no satisface el sacrificio por sí mismo, sino descubrir su misericordia en todo y aceptarla como un camino de seguimiento. El teólogo protestante y la monja carmelita se unen desempolvando el rostro de Dios.

Bonhoeffer señalaría un error importante: la creencia de que se sirve más a Dios en el sufrimiento que en la alegría. Y advertía que el seguimiento se realiza acogiendo su voluntad, sea cual sea. Si es a través de circunstancias amables, seguirle en ellas. Si es en el camino del sufrimiento, hacerlo igualmente. ¿Qué Dios sería ese a quien le fuera más grato el sufrimiento?

Teresa, en la última etapa de su vida, enferma ya, decía a su hermana Inés que en otro tiempo, para mortificarse, mientras comía pensaba en cosas repugnantes. Y le añadió: «Después, me pareció más sencillo ofrecerle a Dios lo que me gustaba». Ese es el Dios que descubre: un Dios que desea lo bueno para todos y que, por eso mismo, alienta la generosidad en cada corazón.

A Teresa le llevó un tiempo comprender que «fuera del amor nada puede hacernos gratos a Dios», que a Él solo el amor le sirve. Desde ahí llegaría a entender lo que el teólogo supo después, que servir a Dios es decir: «Hágase tu voluntad». «¡Nada de merecer! Dar gusto a Dios». De eso se trataba.

Con un humor delicioso, diría a la madre María de Gonzaga, que le hacía tener una estufilla en invierno: «Las demás se presentarán en el cielo con sus instrumentos de penitencia, y yo con un brasero, pero solo cuenta el amor y la obediencia». Cuenta decir: «Hágase».

Teresa decía: «Compruebo con gozo que, amándole a Él, se ha agrandado mi corazón, y se ha hecho capaz de dar a los que ama una ternura incomparablemente mayor que si se hubiese concentrado en un amor egoísta e infructuoso». El Dios desempolvado rescata lo mejor de los seres humanos. Por ello, merece la pena seguir quitando cualquier capa que cubra su verdad.

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Espiritualidad , , ,

¿Vida larga? ¿Vida breve? ¡Vida plena!

Sábado, 5 de mayo de 2018

Del blog de Henri Nouwen:

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  “Algunas personas viven mucho tiempo, en cambio otras mueren jóvenes. ¿Qué es mejor, una vida larga o una vida breve? Lo que realmente cuenta no es cuánto tiempo vivimos, sino la calidad de nuestra vida. Jesús murió en la cruz con poco más de 30 años. Teresa de Lisieux tenía poco más de 20 al morir. Ana Frank era una adolescente cuando le quitaron la vida. Pero sus vidas breves siguen fructificando aún después de su muerte.

Una larga vida es una bendición cuando se la vive plenamente y nos conduce a la gratitud, a la sabiduría y a la santidad. Pero algunas personas pueden vivir vidas realmente plenas aunque cuenten con pocos años para vivirlas.

Mientras vemos a tantos jóvenes morir de cáncer o de sida, hagamos todo lo posible para hacerles ver a nuestros amigos que, aunque su vida sea breve, es de un valor infinito.”

*

Henri Nouwen

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Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Domingo, 1 de octubre de 2017

Hoy, en la Fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús, santa inclusiva, meditamos en su camino de infancia espiritual, de abandono en las manos generosas y misericordiosas del Padre…

confiance

“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

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Thomas Merton.
Autobiografía.

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Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

… Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

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Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad. Herder 1982.

 

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Arroja en el Señor tus ansiedades y Él te sustentará: El abandono en Teresa de Lisieux

Teresa de Lisieux: “El abandono es el fruto delicioso del amor”

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En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

“¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acerco al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?”

Contestaron:

“El primero.

Jesús les dijo:

“Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.”

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Mateo 21,28-32

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Teresa de Lisieux: La gran desdibujada.

Sábado, 1 de octubre de 2016

En la Fiesta de esta santa inclusiva, nos acercamos a ella con este post del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“El gran regalo que se me dio ese octubre en el orden de la gracia fue el descubrimiento de que la Florecita era realmente una santa, y no una santa muda como una muñeca en las imaginaciones de muchas ancianas sentimentales. No sólo era santa, sino una gran santa, una de las mayores: ¡Tremenda! Le debo toda clase de disculpas y reparación por haber ignorado su grandeza durante tanto tiempo.”

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Thomas Merton.
Autobiografía.

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Teresa de Lisieux viene a decirles a sus contemporáneos, a su siglo y al nuestro, que el Dios de Jesucristo no tiene nada que ver con un ave de presa; que Dios ama apasionadamente al hombre; que amarle no es ponerse en manos de alguien que nos posee como un amo; que no es, en primer término, despreciar nuestra vida de hombres, sino estimularla, como Él mismo la estima. Teresa coincide con la gran tradición hebrea de la ternura de Dios para con el hombre –al revés de los dioses griegos, impasibles e indiferentes-, un Dios que se alía a los hombres. ¿No se designa en la Biblia el amor que Dios profesa al hombre con el plural rahamin, entrañas? Esa emoción que le hace a uno estremecerse en lo más profundo de su ser es un amor vulnerable, un amor de ternura.

Al mismo tiempo, descubre en el hombre el gusto por responder a Dios, por responderle con pasión. Si Dios es ese Dios compañero de los caminos del hombre, si es un Dios vulnerable, entonces es un auténtico compañero que desea el amor del hombre. ¿No es evidente que ese mensaje de la experiencia de un combate con Dios, en emulación de un amor cada vez más profundo entre un Dios y un hombre que no odian su existencia recíproca, que están desarmados el uno frente al otro, que con una libertad recíproca se dan, digamos, la existencia el uno al otro, no es evidente que esta experiencia coincide con lo que agita al presente el fondo de la humanidad, el deseo de ver liberada la creatividad última del hombre?

..Era inaguantable el Dios preconizado por tantos cristianos. La vida de Teresa es un grito de rebeldía contra ese supuesto Dios propietario y captador que se representaba; contra ese Dios aristócrata que solo se interesaba por quienes son santos desde la infancia o poseen un psiquismo equilibrado que les permite alcanzar una alta perfección moral. Teresa, que conoció la noche de la neurosis y se reconoció hermana de los criminales y pecadores; Teresa responde a la voz de Dios que llama a las gentes de las calles y las plazas y a todo el mundo –a todos nosotros- a los (discapacitados), a los angustiados, a los desafortunados, a los desamparados, a los desesperados…

¿Ha muerto hoy el ‘Dios potentado’? Me temo que no. Hoy se sigue presentando al Dios de Jesucristo como un amo siempre suspicaz, dispuesto en todo momento a condenar. ¿No leemos todavía con frecuencia que si nuestro mundo se encuentra tan bajo y tan cerca de la catástrofe se debe a su castigo por haberse separado de Dios? ¡Siniestra mancha del rostro joven y gozoso del Dios de Jesucristo!..¿Seguirán ciertos escribas muertos de miedo –al contrario de aquella muchacha, de un valor insobornable- haciéndola morir y apartando al pueblo cristiano del agua viva y del fuego devorador que es la vida de Teresa?

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Jean FranÇois Six.
La verdadera infancia de Teresa de Jesús. Neurosis y santidad. Herder 1982.

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“Desempolvar a Dios”, por Gema Juan OCD

Sábado, 1 de octubre de 2016

15243177266_e7e4107ab9_mHoy sábado  celebramos la fiesta de Teresa de Lisieux,  mujer excepcional,  profeta, poeta, escritora, mística y monja. Disfrutemos de este texto que nos acerca a su espiritualidad de confianza y que “desempolvamos” del archivo de  Cristianos Gays:

Leído en el blog Juntos Andemos:

Los evangelios, escritos por manos diferentes, en situaciones distintas y para comunidades diversas, tienen muchas cosas en común. La principal es la necesidad transmitir la buena noticia que es Jesús y con Él, la alegría de recuperar a Dios, al Dios verdadero.

Los evangelistas querían sanear la idea que las gentes tenían de Dios, porque les importaba su felicidad y una idea equivocada de Él podía generar mucha angustia y tristeza; pues Dios pasaba de ser el aliento y la bondad que sostiene la vida, a ser un quisquilloso supervisor.

Jesús quitaba vendas de los ojos y devolvía la voz a quienes la habían perdido, desataba los pies trabados y reponía la fuerza a los que encallaban en la arena de la vida. Lo hacía con una ternura conmovedora, que dejaba ver la pasión que le movía, la que le llevaba a sacudir los cimientos de su religión y a desmontar comercios y marañas espirituales que ahogaban la fe. Cerraba grietas, para que no se desangrara ningún inocente y abría unas entrañas maternas infinitas, para que nadie, absolutamente nadie, pensara que tenía cerrado el acceso a Dios.

Jesús hablaba así de su Padre. Pero con el tiempo, esa imagen se cubrió de polvo y apenas se podía ver su verdadero rostro. Tanto amor revelaba un Dios que no tenía fronteras, que no ponía límites a su bondad. Y eso tambaleaba la imagen de un Dios justo, que «premia a los buenos y castiga a los malos». Rompía las reglas de un juego establecido.

Desempolvar al Dios verdadero ha sido tarea de muchos creyentes y todavía es una tarea necesaria hoy. Sacarle de las alacenas, por más honorables que sean estas. Quitar la máquina registradora, no llevar cuentas, no tener resguardos ni hacer negocios con Él.

Una mujer, que se reconoció entre aquellos de los que Jesús decía: «Dejad que se acerquen a mí», que se veía entre los menores y menos considerados, quitó una gruesa capa de polvo al buen Dios. Era muy cuidadosa y no perdía ocasión de agradarle y mostrarle su amor. Pero tenía una intuición: el amor era confiar sin límites y solo la confianza podía unir a Dios.

Así fue desempolvando y redescubriendo al Dios de Jesús. Conforme avanzaba, quedaban más lejos de ella los usos de su tiempo: un tiempo consagrado a un Dios más justiciero que justo, un Dios que pagaba a sus fieles y castigaba a los insumisos. Y un tiempo donde servir a Dios tenía un camino por excelencia: hacer méritos y sufrir por Él.

couv5850g_260Teresa de Lisieux, muy cerca siempre de Jesús, fue desmontando falsos altares. No siguió un camino confortable, pero tenía una fe muy profunda y una sinceridad extraordinaria. Con ambas cosas, trazó rutas sencillas de acceso al verdadero Dios. Sintió que no podía traficar con Él y no cedió a las presiones, a pesar de alejarse de los cánones de santidad del momento.

Se sentía íntimamente impulsada por el amor descubierto, por el Dios que «se hace mendigo de nuestro amor… Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas» —le decía a su hermana Leonia. Y con ello advierte, todavía hoy, a todo el que se acerca a Dios.

Así es como llega a comprender una idea que compartirá con un hombre que nace poco después de su muerte, Dietrich Bonhoeffer. Los dos refrescan la idea de un Dios a quien no satisface el sacrificio por sí mismo, sino descubrir su misericordia en todo y aceptarla como un camino de seguimiento. El teólogo protestante y la monja carmelita se unen desempolvando el rostro de Dios.

Bonhoeffer señalaría un error importante: la creencia de que se sirve más a Dios en el sufrimiento que en la alegría. Y advertía que el seguimiento se realiza acogiendo su voluntad, sea cual sea. Si es a través de circunstancias amables, seguirle en ellas. Si es en el camino del sufrimiento, hacerlo igualmente. ¿Qué Dios sería ese a quien le fuera más grato el sufrimiento?

Teresa, en la última etapa de su vida, enferma ya, decía a su hermana Inés que en otro tiempo, para mortificarse, mientras comía pensaba en cosas repugnantes. Y le añadió: «Después, me pareció más sencillo ofrecerle a Dios lo que me gustaba». Ese es el Dios que descubre: un Dios que desea lo bueno para todos y que, por eso mismo, alienta la generosidad en cada corazón.

A Teresa le llevó un tiempo comprender que «fuera del amor nada puede hacernos gratos a Dios», que a Él solo el amor le sirve. Desde ahí llegaría a entender lo que el teólogo supo después, que servir a Dios es decir: «Hágase tu voluntad». «¡Nada de merecer! Dar gusto a Dios». De eso se trataba.

Con un humor delicioso, diría a la madre María de Gonzaga, que le hacía tener una estufilla en invierno: «Las demás se presentarán en el cielo con sus instrumentos de penitencia, y yo con un brasero, pero solo cuenta el amor y la obediencia». Cuenta decir: «Hágase».

Teresa decía: «Compruebo con gozo que, amándole a Él, se ha agrandado mi corazón, y se ha hecho capaz de dar a los que ama una ternura incomparablemente mayor que si se hubiese concentrado en un amor egoísta e infructuoso». El Dios desempolvado rescata lo mejor de los seres humanos. Por ello, merece la pena seguir quitando cualquier capa que cubra su verdad.

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