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Dos discípulas de Jesús de Nazaret

Sábado, 5 de octubre de 2019

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José Rafael Ruz Villamil
Yucatán (México).

ECLESALIA, 16/09/19.- Sucede en una casa, la casa de Marta y María —¿y Lázaro?—, donde el Maestro, junto con los suyos y según puede inferirse, suele alojarse en busca de reposo para luego continuar la predicación itinerante del Reino de Dios. Así, la llegada de Jesús y sus discípulos pone a funcionar la dinámica de la hospitalidad que, si ya tratándose de un solo huésped resulta compleja, en el caso de un grupo de predicadores cansados y hambrientos acaba siendo harto complicada, recayendo el peso de los quehaceres en las mujeres de la casa y de los sirvientes, si los hay.

Y es que dentro de la división rigurosa de roles y espacios en el mundo mediterráneo del primer tercio del siglo I, el mundo privado del hogar es el ámbito natural de las mujeres con, además, límites inviolables que todos respetan. Así y en el caso de la hospitalidad, las mujeres se habrían de ocupar de disponer cuanto implica recibir a un huésped particularmente bienvenido: no sólo una mesa bien servida sino también un lecho confortable; de hecho, el tiempo verbal del griego utilizado para decir que Marta “recibió” a Jesús, sugiere una estancia relativamente prolongada de él mismo que, por cierto, se pone a enseñar transformando el hogar de las hermanas en un espacio de encuentro con el Padre y su Reino.

Si se añade que el rol femenino de entonces supone, también, como virtud honorable el silencio en relación con los varones a tal punto que una mujer solamente se comunica con los hombres en los momentos de la comida y, en el caso de su marido, en el lecho conyugal, la actitud de estas hermanas en relación con Jesús de Nazaret no sólo resulta inédita sino escandalosa: tanto el reproche abierto que Marta hace a Jesús, como la actitud de María en relación con él, hacen saltar por los aires el rol de la mujer, en el más puro contexto de la ruptura de roles tradicionales que el Galileo practica y propone como una parte necesaria para sacar adelante la causa del Reino de Dios, en confrontación con el conservadurismo natural de los colectivos rurales de entonces: «Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el vino reventaría los odres y se echarían a perder tanto el vino como los odres: sino que el vino nuevo, en odres nuevos».

En este caso, el vino nuevo es el rol que María adopta al sentarse a los pies del Maestro a “escuchar su palabra”, cosa que provoca la indignación de Marta puesto que su hermana está asumiendo, explícita y abiertamente, un rol que corresponde únicamente a los varones: como que a Marta ya le resultaba suficiente pertenecer al grupo de simpatizantes de la causa de Jesús y contribuir a ella con sus bienes, sí, pero desde el rol que como mujer le es propio. De este modo, Marta al pedir al Maestro que reconvenga a María, le está exigiendo que le evite la vergüenza del deshonor que supone el cambio de rol de su hermana, y, correlativamente, que la envíe al sitio que, como mujer, ha de desempeñar. Sin embargo y en el contexto de inversión del código honor-vergüenza, tan propio de la praxis del Galileo, la mejor parte que María ha elegido y “que no le será quitada” resulta ser, según el mismo Jesús, la liberación de una tradición caduca que impone roles de sometimiento inadmisibles en el horizonte del Reino de Dios.

No son Marta y María, no, los únicos casos de discipulado femenino de que dan cuenta los Evangelios. Más bien este relato viene a mostrar lo que hubo de ser un proceso hacia el discipulado femenino más común de lo que ha querido aceptarse. Y es que el hecho de la presencia de discípulas en el movimiento de Jesús resulta incuestionable: por mencionar sólo un par de referencias, Marcos menciona: “Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”; y Lucas da cuenta de un otro grupo en torno a Jesús: Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes”.

Es así que el rescatar y devolver la presencia femenina, sin límite alguno, en el discipulado actual de Jesús, resulta absolutamente necesario por pura congruencia con la decisión del Maestro por un discipulado sin restricciones de género, no sólo ni tanto en obsequio de los movimientos feministas, sino por honestidad indispensable en relación con el mismo Jesús de Nazaret que quiere una comunidad de seguidores —hombres y mujeres— en el horizonte de la más radical igualdad, con toda la cauda crítica que esto supone para algunos segmentos harto conservadores de la Iglesia y de la sociedad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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El difícil todo

Domingo, 21 de julio de 2019

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EL DIFICIL TODO

Tan sólo mejor
que la mejor parte
que escogió Maria,
el difícil todo.

Acoger el Verbo
dándose al servicio.
Vigilar Su Ausencia,
gritando su nombre.
Descubrir Su rostro
en todos los rostros.

Hacer del silencio
la mayor escucha.
Traducir en actos
las Sagradas Letras.

Combatir amando.
Morir por la vida,
luchando en la paz.

Derribar los troncos
con las viejas armas
quebradas de ira,
forradas de flores.

Cantar sobre el mundo
el Advenimiento
que el mundo reclama
quizá sin saberlo.

El difícil todo
que supo escoger
la otra María…

*

Pedro Casaldáliga

***

 

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:

“Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.”

Pero el Señor le contestó:

“Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.”

*

Lucas 10, 38-42

***

El concepto de hospitalidad ha perdido en nuestra cultura mucha de su fuerza y se emplea a menudo en ambientes donde estaríamos más inclinados a esperar una piedad aguada que una búsqueda seria de auténtica espiritualidad cristiana. Ahora bien, si hay un concepto que merece ser llevado a la profundidad original y a su potencial evocador es el de hospitalidad. Se trata, en efecto, de uno de los términos bíblicos más ricos, un concepto que está en condiciones de ahondar y ensanchar nuestra percepción respecto a las relaciones con los hermanos. Los relatos del Antiguo y del Nuevo Testamento no se limitan únicamente a indicarnos qué grave es la obligación de acoger al extranjero en nuestra casa, sino que nos señalan también que los invitados traen consigo dones preciosos, unos dones que están ansiosos de mostrar a quienes les acogen. Los tres extranjeros recibidos de manera suntuosa por Abrahán en Mambré se le revelan como el Señor y le anuncian que Sara dará a luz un hijo.

Cuando se invita a los extranjeros que pueden dar miedo, entonces revelan al huésped las promesas que traen consigo. De este modo, los relatos bíblicos nos ayudan a darnos cuenta de que la hospitalidad es una virtud importante y – lo que es más, que en el marco de la hospitalidad, huésped e invitado pueden revelarse recíprocamente regalos preciosos, entregándose una vida nueva.

En estos últimos decenios, la psicología ha contribuido mucho a descubrir un nuevo modo de entender las relaciones interpersonales. Sin embargo, algunos de nosotros se han dejado impresionar hasta tal punto por los nuevos descubrimientos que han perdido de vista la enorme riqueza contenida y conservada en conceptos antiguos como el de hospitalidad. Ese concepto podría dar una nueva dimensión a nuestra comprensión de una relación benéfica y a la formación de una comunidad, nuevamente creativa, en un mundo que sufre de alienación y de extrañamiento.

*

H. J. Nouwen,
Viaggio spirítuale per l’uomo contemporáneo,
Brescia 81999, pp. 60 ss.

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Pareja gay adopta a 6 hermanos que llevaban 5 años en orfanatos

Martes, 4 de junio de 2019

Pareja-Gay-6-hermanos-360x240Esto sí es ser solidario, no el aprovecharse de una mujer en necesidad para comprar su útero y satisfacer el narcisismo patriarcal de algunos/as  que necesitan transmitir sus genes para sentirse personas..  eso tiene un nombre…

Steve Anderson-McLean y Rob Anderson-McLean, una pareja del mismo sexo de Pensilvania, EEUU, acaban de adoptar a 6 hermanos que iban saltando de orfanato en orfanato durante cinco años, después de ver una historia similar en la televisión, según Good Morning America.

Desde hacía tiempo deseaban convertirse en padres de nuevo, ya que sus otros hijos ya eran mayores (Parker, de 25 años, y Noah, de 21 años, de un matrimonio anterior), y decidieron investigar. Descubrieron que muchos grupos de hermanos se separan en la adopción y era algo completamente injusto.

 Al final, encontraron a los hermanos Carlos, Nasa, Lupe, María, Selena y Max, que habían estado en casas orfanato durante 1,640 días, tal y como indica en el panel de la fotografía de familia que se hicieron al ser efectiva la adopción.

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Steve Anderson-McLean está con Rob Anderson-McLean.

So it’s official!! This is the first of many! We would like to introduce (in order from left to right…Carlos, Nasa, Lupe, Maria, Selena and Max Anderson-McLean!! ❤️❤️❤️❤️❤️❤️

Nos enamoramos de ellos al instante. Son muy fáciles de hacer sonreír”, dijo Steve en una entrevista. “Su historia era muy triste, hubo negligencia y abusos. Fue en el otoño de 2017 cuando se le retiraron todos los derechos a los padres biológicos».

En junio de 2018, Steve y Rob conocieron a los hermanos, y fueron nombrados oficialmente como padres de los niños el 23 de mayo.

“El juez nos preguntó: ‘¿Entendéis que de este momento en adelante son vuestros hijos? Igual que si fuesen sus hijos biológicos”, recordó Steve. “Obviamente lo sabíamos, pero cuando miré hacia arriba y vi todos esos ojos, fue muy emotivo. Nunca nos imaginamos que tendríamos la suerte o la bendición de tener seis”.

La pareja, que lleva más de 18 años de convivencia y se casaron a los 6 años de relación, quiso compartir ese día tan especial en las redes sociales. Steve compartió en Facebook el pasado 23 de mayo fotos de ellos con el juez y los niños, con su hija Lupe sosteniendo un cartel que decía: “Después de 1,640 días en casas hogar Familia Anderson-McLean. Día de la adopción. 5-23-2019”.

Fuente Oveja Rosa

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“Monárquicos sin fronteras “, por Dolores Aleixandre

Martes, 2 de abril de 2019

amparojuandejuanes1523-1579-eccehomomuseodelprado-3De su blog Un grano de mostaza:

 Cuántas horas de lectura pura y dura de Evangelio nos hacen falta para curarnos de nuestros delirios de realeza

Tú eres el rey de Israel”  proclamó Natanael a espetaperro nada más conocer a Jesús: otro más que se apuntaba al colectivo “monárquicos sin fronteras” que puebla la Biblia y continúa activo en la liturgia. Da lo mismo que el imaginario profético sea tan rico, provocativo y novedoso: donde esté la imagen de rey, que se retiren  todas  las demás. Da lo mismo que el propio Jesús pusiera pies en polvorosa en cuanto querían endosarle el título. Da lo mismo que su corona fuera de espinas, su cetro de caña y su manto, un pingo  color  púrpura. Da lo mismo que la última burla de sus enemigos  fuera precisamente aquel letrero en su cruz.

¿Qué el texto de Mateo habla de  magos?  No importa,  ya nos encargamos nosotros de ascenderles  a reyes e inventarles un séquito de pajes, escuderos y abanderados.  ¿Que hay que hacer memoria de aquella cena en la que uno lavó lo pies de los otros? Vale, pero con jarra de plata y jofaina de porcelana de Limoges. ¿Qué el pan y el vino resultan demasiado corrientes? No pasa nada: el oro de los vasos sagrados y el humo del incienso se encargan de cubrir su normalidad. Cantemos el Gloria, pero que el orden de la invocación sea la adecuada: Rey celestial lo primero y  Padre después, añadiendo en seguida todopoderoso no sea que suene a  demasiado humano.

En caso de atenerse a nuestras fantasías, a María  no le quedaría tiempo para caminar junto a nosotros porque la reclamarían sus deberes de Celestial Princesa y de Reina de tantísima gente como proclaman las letanías. En todo caso, qué raras sus ideas sobre la monarquía: se pone a cantar  contentísima  a un  Dios poco interesado por los tronos y simpatizando claramente con plebeyos y gentuzas varias.  Qué disconforme con su trayectoria vital nuestra afición por coronarla una y otra vez, cuando lo que  a ella de verdad le salió bien fue educar a aquel hijo adicto al último lugar.

         Cuántas horas de lectura pura y dura de Evangelio nos hacen falta para curarnos de nuestros delirios de realeza.

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Santa María Madre de Dios. Martes 01 de Enero de 2019

Martes, 1 de enero de 2019

De Koinonia:

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Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés:

“Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”

Salmo responsorial: 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá! (Padre).” Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño.

A los ocho días, le pusieron por nombre JesúsEn aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

*

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*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(1 de enero de 1978)

Amados hermanos, amados radio-oyentes:

Con el saludo bíblico que Dios mandaba cuando se dirigía a su pueblo, ya que los cristianos hoy somos el Israel espiritual de Dios, somos el pueblo de Dios, y para nosotros es este precioso augurio de Año Nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”, no podía hacerse un saludo más oportuno y espléndido para el año nuevo que estas palabras que la Biblia pone a nuestra consideración esta mañana, y al mismo tiempo unir a esta buena voluntad de Dios la presencia de María, la Virgen Madre.

Hay una fiesta oficial de la Iglesia en honor de María y es hoy, 1º de enero. Ocho días después de dar a luz al Redentor del mundo la Iglesia quiere llamar la atención de todos sus hijos para celebrar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Así se inicia el año bajo la bendición directa de Dios y bajo este título que es toda una inspiración de confianza en el poder de la Virgen, por ser de Dios.

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Santa María, Madre de Dios – C (Lucas 2,16-21)

Martes, 1 de enero de 2019

1e7d38b4250ecca9ea85947cb0758f9b--religious-paintings-religious-iconsOración para Nochevieja

Señor, antes de entrar en el bullicio y el aturdimiento del fin de año, quiero esta tarde encontrarme contigo despacio y con calma. Son pocas las veces que lo hago. Tú sabes que ya no acierto a rezar. He olvidado aquellas oraciones que me enseñaron de niño y no he aprendido a hablar contigo de otra manera más viva y concreta.

Señor, en realidad, ya no sé muy bien si creo en Ti. Han pasado tantas cosas estos años. Ha cambiado tanto la vida y he envejecido tanto por dentro. Yo quisiera sentirme más vivo y más cercano a Ti. Me ayudaría a creer. Pero me resulta todo tan difícil.

Y, sin embargo, Señor, yo te necesito. A veces me siento muy mal dentro de mí. Van pasando los años y siento el desgaste de la vida. Por fuera todo parece funcionar bien: el trabajo, la familia, los hijos. Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.

Ya ha pasado un año más. Esta noche comenzaremos un año nuevo, pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas, las mismas preocupaciones, los mismos trabajos. Y así, ¿hasta cuándo?

Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro. Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos. Pero a mi edad no se pueden esperar grandes cambios. Estoy ya demasiado acostumbrado a un estilo de vida. Ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.

Por otra parte, Tú sabes cómo me dejo arrastrar por la agitación de cada día. Tal vez por eso no me encuentro casi nunca contigo. Tú estás dentro de mí y yo ando casi siempre fuera de mí mismo. Tú estás conmigo y yo ando perdido en mil cosas.

Si al menos te sintiera como mi mejor Amigo. A veces pienso que eso lo cambiaría todo. Qué alegría si yo no te tuviera esa especie de temor que no sé de dónde brota pero que me distancia tanto de Ti.

Señor, graba bien en mi corazón que Tú hacia mí solo puedes sentir amor y ternura. Recuérdame desde dentro que Tú me aceptas tal como soy, con mi mediocridad y mi pecado, y que me quieres incluso aunque no cambie.

Señor, se me va pasando la vida y, a veces, pienso que mi gran pecado es no terminar de creer en Ti y en tu amor. Por eso, esta noche yo no te pido cosas. Solo que despiertes mi fe lo suficiente para creer que Tú estás siempre cerca y me acompañas.

Que a lo largo de este año nuevo no me aleje mucho de Ti. Que sepa encontrarte en mis sufrimientos y mis alegrías. Entonces tal vez cambiaré. Será un año nuevo.

José Antonio Pagola

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Uno de Enero 2019, Día del Sol. Fiesta de Dios Padre y de María Madre

Martes, 1 de enero de 2019

49072846_1144786495698541_6328167224372625408_nDel blog de Xabier Pikaza:

Nació Jesús según la tradición del hemisferio norte el 25 de Diciembre, solsticio de invierno, cuando empezaba a celebrarse la fiesta del Sol, que dejaba de menguar, tras haber declinado a lo largo de otoño.

Tras una semana en que el Sol apenas se había elevado en el horizonte, siete días de frío y poca luz, el sol comenzaba (¡ha comenzado a elevarse!) de manera que se puede celebrar ya el Año Nuevo, tres fiestas en una, este día en que Sol ha empezado a crecer, añadiendo unos minutos a los días:

1. Hoy, Uno de Eneero, es la fiesta del año nuevo del Sol (imagen 2: Sol niño en el vientre de María Madre), que con su luz y calor ofrece a la tierra un nuevo ciclo de vida. No olvidemos hoy al Sol, que es la luz de nuestra tierra, primer signo del Cristo, a quien los cristianos celebraron desde antiguo como Sol Naciente, no sol de imperios que dominan e imponen su norma sobre el mundo, sino sol de amor, plantas que crecen, otra vez la Vida. No olvidemos que esta fiesta es una celebración compartida, con todos aquellos que dan gracias por el Sol, en oriente y occidente.

2. Ésta es la fiesta del año nuevo de María, la Madre de Dios, la Virgen de Enero (que significa Tiempo de la puerta, ianua, puerta abierta a la vida, a quien muchos cristianos católicos celebran hoy como “madre de la vida” (Imagen 2: María madre del año niño), como signo y recuerdo de la gran maternidad del cosmos, que se enciende de rojo de amor, como esta mañana de frío en Castilla, alumbrando el horizonte. Con ella decimos hoy Dios es Madre, y celebramos la fiesta universal de María… Pero ésta no es sólo una Fiesta de Cristianos, sino de todos los hombres y mujeres que celebran y honran a sus madres, que son con el sol el principio de la vida (como decían los medievales).

49099524_1144781155699075_5091609593977503744_n3. Es finalmente la fiesta del año nuevo del Padre Dios, y así quiero recordarlo en especial esta mañana, recordando que es la Fiesta del Dios Padre. Cuando le preguntó Moisés un día como hoy en la montaña de la Zarza Ardiendo quién era, Dios le respondió soy el que soy (=Yahvé), sin darle mas respuesta. Pero Jesús vino a decirnos que no tengamos miedo en llamarle Abba, Aitá: Dios es Padre. Esta es la fiesta de los padres que se oponen a las madres, sino que comparten con ellas el camino de la vida que se ofrece, se regala, se celebra.

De esa manera, hoy, Uno de Enero, acabado el solsticio de invierno del hemisferio norte, podemos declarar comenzado el Año Nuevo del Sol, simbolizado por la Madre Universal, Naría, Fiesta del Padre Dios y de todos los padres.

Definitivamente, el sol se eleva, empieza a recorrer la marcha del año 2019 de la era cristiana, animado por el Dios que es Padre y Madre, con el Sol de Jesús, a la semana de su nacimiento, quiero deseas felicidades, 375 días de felicidad 2019, a todos los amigos del blog, a los familiares y los lectores.

Detalle AmpliadoSe ha cumplido el tiempo, no podemos seguir en la violencia y el odio. Llega, tiene que llegar el Reino del Sol hijo de Dios, la nueva creación, con ese Dios de Miguel Ángel (imagen 3), que abraza con la izquierda a la Mujer Sabiduría, tocando con los dedos de su mano derecha nuestros dedos (¡todos somos Adán!), mientras nos dice: ¡Feliz Año, levantaos ya, vivid sin miedo, pues yo estoy con vosotros!

Llega el Reino de la Humanidad fraterna, tiene que llegar, porque Dios es Padre/Madre y podemos re-nacer y re-novarnos (buscar la paz, vivir en ella) porque somos sus hijos .

Con esta fe en el Dios creador, Padre de los años, Padre/Madre quiero saludar a todos los amigos y comentaristas del blog al comienzo de este Año Nuevo de la Era Cristiana (era común), 2019.

Imágenes: Del altar del Santa María del Sol Niño que nace, según un modelo bizantino, del año 1460, Virgen del Adviento (en la catedral de Córdoba, España, en el recinto de la Mezquita), y del Dios Creador de Miguel Ángel (Capilla Sixtina,Vaticano).

1. La figura de Dios Padre

Dios es Padre/Madre de todos, no sólo de algunos creyentes especiales, pero nosotros, los cristianos, le recordamos hoy de esa manera, como Fuente gratuita de Vida, comenzando el año a los siete días del Nacimiento de Jesús, cuando se celebraba su circuncisión, es decir, su entrada en el pacto israelita, que ha empezado a ser, de manera muy precisa e intensa, un Pacto Universal, Alianza de Humanidad para todos los pueblos y personas. Así, las fiestas de la Navidad y Año Nuevo nos sitúan ante el don de la paternidad de Dios, ante la tarea de una alianza universal.

La imagen de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina nos empieza presentando a Dios como un hombre poderoso, rodeado del halo de la divinidad, extendiendo su mano derecha de un modo afirmativo, dando así vida al Hombre que surge desnudo de los dedos de su amor.

imagesEs un Dios que crea, y nosotros provenimos de su mano derecha, de su amor extendido. Es un Dios que ama: con su mano izquierda abraza a una Mujer, algo más pequeña, inmensamente bella: su Sabiduría y su ternura, su amor femenino. Este Dios Padre/Madre, varón y mujer, mano derecha extendida para crear y mano izquierda arqueada para abrazar, es el Dios de la Vida a quien hoy celebramos.

Ese Dios del brazo extendido y la mano amorosa, varón y mujer, está creando al Hombre (Adán/Jesús) que recibe la vida de sus dedos cariñosos y frágiles, que rozan y acarician la piel de sus dedo. Según la tradición, este hombre creado es un varón desnudo, clara su belleza y misterio de hombre. Pero en el fondo, quien sepa leer, sabe que es un hombre/mujer, pronto ya para amar, para crear nueva vida, para poblar la tierra. A su lado y con él hay que ver a la mujer que está con él y en él, ambos desnudos para vivir, sin más valor que su propia humanidad.

49496940_1144781625699028_7083122488170774528_nAsí queremos vernos hoy, desnudos y limpios, sin más capital que nuestra propia humanidad… Desnudos salidos de la madre/tierra (de la madre/madre, del Dios/Madre)… todos nosotros, varones y mujeres, cristianos y musulmanes. Así, desnudos y amados, somos lo más grande. Dejemos las armas (sin armas nacimos), dejemos a un lado el dinero, las diversas culturas y religiones, las diferencias…

Veámonos desnudos en Dios, ante la vida, desde Trump hasta el Primer Ministro de España, desde el Papa hasta el Gran Mufti de una gran Mezquita, desnudos todos, banqueros que ganan cientos de millones de euros al año hasta pobres parados que estrenan el año con deudas y deudas, y casa vacía o requisada por los bancos y los fondos buitre (¡con perdón de los buenos buitres de los montes!).

Sea como fuere, demos gracias a Dios, porque estamos vivos, con un cuerpo frágil (fragilísimo) y fuerte (¡lo más fuerte!), amenazado y lleno de esperanza, dispuesto al amor, en las manos de Dios.

veámonos así, todos hijos de Dios y de su sabiduría amorosa, femenina, desnudos así, unos y otros, hombres y mujeres, y veremos que nos sobran muchas cosas: búsqueda de armas y de seguridades, violencia de sistemas económicos y de terroristas quizá sin sistema.
Veámonos así, desnudos todos, y veremos que tenemos mucho que desaprender (que olvidar, que perdonar), para aprender a vivir, este Año Nuevo, un año en que yo quiero que llegue (¡queremos que llegue!) para todos el el Reino, sin que nadie se imponga sobre nadie, sin que nadie destruya a nadie. ¡Feliz año para todos!

Con lo anterior ya basta. Ha querido ser mi felicitación, como hace casi trece años, cuando empezaba este blog (el 18.107.96). Pero si alguien quiere seguir y meditar conmigo sobre el Dios Padre según el Evangelio puede hacerlo. Sigue por tanto una reflexión ya más específicamente cristiana.

2. Abba Padre. La primera palabra

La primera palabra del niño, la primera voz del año, la mayor aportación del mensaje de Jesús que ya tiene (según la liturgia) una semana es: Abba, Padre:

Gracias por el año, gracias por la vida.
Gracias porque tú, Dios, eres Abba.

Quiero que éste sea el año del Abba, del Padre Dios que ha dado su vida a Jesús y nos la ha dado a nosotros. Éste es un Dios paradójico, que no dirige a su Reino y que, sin embargo, no quiere llamarse Rey, sino Padre.

Este Dios del año nuevo de Jesús es el mismo Dios de Israel, es Abinu-Malkenu (Nuestro Padre, nuestro Rey), pero Jesús ha querido llamarle básicamente “Abba” (padre, mi padre), invitándonos así a nacer al Año nuevo de Dios, en brazos del Padre

Abba es una palabra aramea que significa «papá». Con ella se dirigen los niños a sus padres, pero también las personas mayores, cuando quieren tratarles de un modo cariñoso. Jesús la ha utilizado en su oración, al referirse al Padre Dios. Es una palabra importantes, novedosa, y por eso Mc 14, 36 la cota en arameo y la tradición posterior la ha seguido empleando también en arameo, como nota distintiva de la plegaria cristiana (cf. Rom 8, 14; Gal 4, 6).

De todas formas, en la mayoría de los casos, los evangelios la han traducido al griego y así dicen: Patêr. Entre los lugares donde Jesús llama a Dios «Padre» pueden citarse los siguientes: Mc 11, 25; 13, 32; Mt 6, 9.32; 7, 11.21; 10, 20; 11, 25; 12, 50; 18, 10; Lc 6, 39; 23, 46 etc. Algunos de esos casos, especialmente en Mateo, son creaciones de la iglesia primitiva. Pero en el fondo de ellos late una profunda experiencia de Jesús, que destacaremos a continuación.

. 3. Abba, Padre/Madre, la palabra originaria

La singularidad de esa manera de relacionarse con Dios reside, precisamente, en su falta de singularidad. Esa palabra (Abba) expresa la absoluta inmediatez, la total cercanía del hombre respecto a su ser más querido, al que concibe como fuente amorosa y misteriosa de vida. No es una palabra secreta, cuyo sentido deba precisarse con cuidado (como el Yahvé de Ex 3, 14).

Ésta es la palabra de Año Nuevo, Abba, Padre ¿Empezamos?.

No es una palabra sabia, de eruditas discusiones, que sólo se comprende tras un largo proceso de aprendizaje escolar, sino la más sencilla, la que el niño aprende y sabe al principio de su vida, al referirse cariñosa y agradecida al padre (un padre materno), que es dador de vida. Leer más…

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01 Enero. Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Martes, 1 de enero de 2019

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“María guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón”

(Lc 2,16-21)

Comenzamos el año de estas dos maneras: contemplando a María de Nazareth como madre de Jesús, Dios y hombre, y orando por la paz. Si tenemos en cuenta que Jesús es el príncipe de la paz, enseguida nos puede venir la idea de que su madre sería la reina de la paz. Por pura lógica; lógica puramente humana.

Muchas veces se nos olvida que la lógica de Dios va por otra parte muy diferente a la nuestra. Tiene mucho que ver, o todo, mejor dicho, que ver con el amor, la humildad y la sencillez. No se trata de títulos, riquezas, ni de adornos; tampoco de tener ni de hacer. Va más bien por ser, solo y complicadamente: ser y dejarse hacer.

Volvamos de nuevo nuestra mirada hacia María, la mujer bendita de Nazareth. Para ello te propongo una imagen y una canción. La imagen nos sitúa en Israel, concretamente Ain Karen, en el lugar en el que la tradición cristiana ubica el encuentro de María con su prima Isabel. Se trata de una escultura que representa a dos mujeres judías embarazadas, una frente a otra agarrándose con ternura. No hay distinción entre ambas, ni adornos, ni riquezas. Nada indica quién es quién.

En cuanto a la canción, describe ese encuentro y bien podría ser la banda sonora de la imagen anterior: “Risas en el aire, gozo hecho canción; música de encuentro, danza de dos cuerpos al ritmo de un abrazo, dos vidas multiplicadas por el AMOR…”. Ser y dejarse hacer.

Así es María de Nazareth, toda una mujer de paz; la que guarda en su corazón diversos momentos, situaciones, sean buenos o no tan buenos, y no deja que pasen sin más, sino que vuelve a ellos para mirarlos con ternura.

Oración

Trinidad Santa, bendícenos y guárdanos;

haz brillar tu rostro sobre nosotras y concédenos tu favor;

muéstranos tu rostro y danos la paz. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Año nuevo María madre: Dios está más allá del concepto de Padre y de Madre

Martes, 1 de enero de 2019

familia tradicionalLc 2, 16-21

En esta fecha es inevitable hablar de tres temas: La paz, María Madre y el tiempo. Empezaremos hablando de la paz. Se nos llena la boca al pronunciar esta palabra, pero no nos interesa demasiado afrontar los problemas que plantea. Todos pedimos a Dios que nos libre de la guerra, pero no estamos dispuestos a exigir en nuestro entorno justicia, que es la condición de una auténtica paz. Luchar por la paz haciendo la guerra garantiza el fracaso. El concepto de guerra preventiva es más perverso que la ley del talión. El ser humano se puede defender de toda agresión sin tener que luchar contra nada ni contra nadie, trabajando por el bien de todos y cada uno de los hombres.

Juan XXIII, en su encíclica “Pacem in terris”, advirtió que la paz será la consecuencia de la Verdad, la Justicia, la Libertad y el amor. Esto lleva consigo tener claro que ningún ser humano es más que otro. Mientras no nos enteremos de esto, mientras haya un solo hombre que se sienta superior, no podrá haber paz. Estamos a años luz de esta utopía, que sin embargo debe ser el fundamento de toda relación humana. Hay muchas personas que intentamos ser justos, ser amables, ser comprensivos, pero con la condición de que no se ponga en duda nuestra superioridad. Esta postura es de auténtica hipocresía.

Unos buscamos la paz de los cementerios: ¡Que nadie se mueva! ¡Ay de aquel que se atreva a vivir! Ahí están los “vivos” de siempre, impidiendo el más ligero signo de vida a los demás. Otros nos contentamos con la paz romana: todos sometidos al servicio del imperio. Una paz que responde a la ley del más fuerte, sostenida con bombas y cañones. ¿Que mueren personas inocentes?, son inevitables “daños colaterales”. ¿Que quedan seres humanos destrozados en el camino?, da lo mismo, lo importante es que se han cumplido los objetivos. Paz conseguida gracias a que la inmensa mayoría de la humanidad no tiene capacidad de reivindicar los más elementales derechos.

La que debíamos buscar todos es la paz armonía, fruto de la Justicia. Pero el mayor enemigo de la justicia es la legalidad que unos pocos privilegiados imponemos a todos, buscando siempre nuestro provecho. ¿Qué pasaría si las leyes del comercio mundial las hicieran los países más pobres, los que pasan hambre hasta la muerte? El primer objetivo de las grandes coaliciones entre las naciones es defender sus intereses económicos. ¿Contra quién? Es demencial. Y encima tenemos que estar oyendo todos los días que somos los buenos. ¡Qué iba a ser del mundo si no fuera por nosotros!

Debemos tomar conciencia de pertenecer a una familia, donde no haya ni superior ni inferior, ni señor ni esclavo, esta es la clave del mensaje evangélico. La transformación debe empezar dentro de cada ser humano. Si desterrásemos de nosotros todo egoísmo, se terminarían todas las guerras. Según Jesús, es más humano el que es capaz de amar más. Es inútil pretender una plenitud humana a costa de los demás.

María Madre. Es la fiesta más antigua de María que se conoce. Pablo VI la recuperó del olvido. Es bonito empezar el año mirando a María Madre, sobre todo si aprendemos a verla sin capisayos y abalorios. La primera imagen que el hombre primitivo tuvo de Dios, fue la de Madre. María Madre viene a suplir las carencias que conllevaba la idea de un Dios exclusivamente Padre. La maternidad de María es un dogma, que fue definido en Éfeso en el 431. Es muy interesante constatar que ese dogma tuvo que ser aclarado y en cierto modo limitado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) afirmando que María era madre de Dios “en cuanto a su humanidad”. Esta aclaración la hemos olvidado por completo y seguimos interpretando mal lo que en el dogma se quiso declarar.

El dogma se definió para confirmar, que el fruto del parto de María fue una única persona, contra la tesis nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús. Fue una definición cristología, no mariológica. María no era aún motivo de la reflexión teológica. No debemos olvidar que este concilio lo promovió Nestorio para que condenara a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo y por lo tanto que María era con pleno sentido, madre de Jesús Hijo de Dios. A Nestorio le salió el tiro por la culata, y fue condenado él; pero a punto estuvo de condenarse como herejía el dogma definido.

Este dogma de la “Theotokos” (la que pare a Dios) se ha entendido mal, porque no se ha tenido en cuenta el sentido que tenían las palabras en aquel contexto. Es el mejor ejemplo de cómo, conservando las palabras, estamos diciendo algo completamente distinto de lo que se quiso definir. En aquella época, se creía que la nueva criatura procedía totalmente del padre. La madre no tenía otra misión que la de ser recipiente donde se desarrollaba la semilla. No se tenía ningún inconveniente en aceptar que alguien pudiera ser hijo de un dios naciendo de una mujer. Es ridículo hablar hoy de Hijo de Dios en sentido biológico.

En la concepción de Jesús, no podemos mezclar lo biológico y el divino. Se trata de dos planos de naturaleza distinta que no tienen posibilidad de interferir uno en otro. En el orden espiritual, lo biológico no tiene ninguna importancia. Hay que defender con rotundidad que, lo que Jesús fue y significó, sólo podía ser obra del Espíritu. Eso nadie lo pone en duda. En los relatos del nacimiento y del bautismo de Jesús, se ve con toda claridad: “Concebido por el Espíritu Santo”; “Nacido del Espíritu Santo”; “Ungido por el Espíritu Santo”; “Movido por el Espíritu Santo”; “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”.

Lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios (Emmanuel). S. Agustín dice que María fue madre de Dios, no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. En eso, María puede seguir siendo modelo porque todos tenemos a Dios en el centro de nuestro ser y todos tenemos que dar a luz a Dios (Eckhart). Los primeros padres llamaban a la Iglesia partera, porque su misión era ayudar a los seres humanos a alumbrar a Dios. Dios sigue dándose a todos y cada uno de los hombres. Descubrir y experimentar ese don es la tarea más importante que puede llevar a cabo un ser humano.

El tercer tema tiene que ver con el tiempo (Año Nuevo). El comienzo del año nos tiene que hacer pensar en el tiempo y en la eternidad. Como seres construidos de materia, formamos parte del tiempo, del devenir, de la evolución. Pero a la vez, la eternidad, de alguna manera, nos está atravesando. Si camináramos por el tiempo con los ojos bien abiertos, descubriríamos horizontes de eternidad en la misma temporalidad. El concepto de eternidad que manejamos, como algo que está más allá del tiempo, nos está jugando una mala pasada. Alcanzaremos la eternidad sumergiéndonos en la temporalidad hasta el fondo.

En el NT se manejan dos conceptos muy distintos de tiempo. Uno es “Chronos” el tiempo astronómico (la medida del movimiento), que nos permite conectar con la realidad material y sentirnos inmersos en la contingencia. El otro concepto es el “Kairos”, que sería el tiempo psicológico o espiritual. Este nos permite ir más allá del tiempo y experimentar en cualquier momento lo trascendente, lo divino, la eternidad.

Meditación

Para saber dónde estoy, debo saber de donde vengo y a donde voy.
El presente consciente incluye el pasado.
El futuro está ya en el presente de la persona despierta.
La figura de María Madre nos ayuda a comprender a Dios.
Dios Padre = poder, autoridad, exigencia; seguridad externa.
Dios Madre = acogida, comprensión, cariño, seguridad interna.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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“¿Dónde está lo nuevo del año nuevo?”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Martes, 1 de enero de 2019

anonuevo-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

Todos los años, cuando llegan estas fechas, nos deseamos un “feliz año nuevo”. Pregunto: ¿dónde está lo nuevo del año? ¿Quizás en que cambiamos un calendario por otro? ¿Qué me aporta a mí este cambio? Nada, a no ser que cambie yo. Que haya algo nuevo en el año nuevo depende de mí.

No es nada fácil que aparezcan novedades en el terreno social o político, porque lo que buscan unos y otros es conservar o incrementar lo que tienen. No quieren cambiar, en todo caso quieren que cambien los otros. Seguro que seguiremos con las mismas guerras, las mismas pocas ganas de acoger a los inmigrantes o de ayudar a los necesitados, las mismas disputas y descalificaciones entre los partidos políticos. Esta mirada pesimista, para ajustarse a la realidad debe completarse con otras perspectivas y actitudes que también continuarán durante el próximo año: seguirá habiendo gente que ayuda a los náufragos, se preocupa por los ancianos y enfermos, lucha por conseguir mejores leyes sociales, se sacrifica por los demás.

Muchas de estas cosas positivas no parecerán nuevas, porque serán continuación de lo que ya había y, además, pocos son conscientes del valor que tienen, pero en ellas está la verdadera novedad. La bondad siempre es nueva, siempre se renueva, siempre rejuvenece. Lo nuevo del año nuevo serán las personas buenas.

En esta línea es posible desearnos unos a otros un feliz año nuevo. Porque si la novedad está en la bondad, entonces seguro que también seremos felices. Sólo en el bien hay felicidad. En el mal puede haber excitación, pasión y, por supuesto, obcecación, pero no verdadera felicidad. Porque la felicidad buena es la que produce contemplar y buscar el bien de los demás que, paradójicamente, coincide con el bien propio. El que busca la felicidad de los demás, ese y sólo ese, trabaja por su propia felicidad.

Desde este humilde espacio en el que vierto mis reflexiones, más o menos acertadas, deseo a todos mis lectores un “feliz año nuevo”. Si logramos que el año 2019 sea nuevo con la eterna novedad de la bondad, entonces también tendremos un año feliz.

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El tiempo termina en la eternidad.

Martes, 1 de enero de 2019

B7732049-1883-4CDE-AA88-9B9813B7D4C1Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. FELIZ AÑO NUEVO.

En primer lugar feliz tiempo, feliz año nuevo, feliz vida.

Existen dos modos de entender el tiempo (no calendarios, que calendarios hay muchos).

1. ETERNO RETORNO

Una forma de entender el tiempo es la del eterno retorno: todo se repite en la vida: las estaciones del año, los ciclos de la mujer, las etapas de la vida humana, etc. Es una concepción del tiempo como el caballo en la noria: gira y gira. No hay nada que esperar, solamente repetir lo que vivimos el año pasado, siglos anteriores, etc. No hay salida, ni esperanza. Es la visión de la filosofía griega y la Nietzsche).

2. EL TIEMPO ES UNA FLECHA QUE VIENE DEL PASADO Y VA AL FUTURO.

La concepción judía (bíblica) del tiempo es la que viene del pasado y como una -flecha- se dirige hacia el futuro. Venimos del Génesis (creación) y caminamos hacia el futuro absoluto (Apocalipsis). Es una vivencia del tiempo esperanzado, siempre caminando hacia el novum, hacia la plenitud.

Hoy en día, desde el nihilismo (nada, vacío) de Nietzsche, que muere en 1900 y lo “tocamos con los dedos”, estamos en una lectura del tiempo de eterno retorno. Lo más que esperamos son las vacaciones del año que viene, los carnavales y “sanfemines”. Pero no hay nada que esperar en sentido transcendente.

Claro que hay que tener cuidado con estas cosas porque la “nada” “nihiliza” la vida y el tiempo. ¿Para qué vivir si no hay nada que esperar?

02. ENTRE CRONÓMETROS Y VIVENCIAS.

Esta media noche las cadenas de televisión y radio nos han retransmitido con tanta precisión como estupidez las doce campanadas y, matemáticamente nos ha dicho que ya estamos en el año 2019 y que seamos muy felices con mucha prosperidad y demás…

Una cosa es el reloj, el cronómetro, las campanadas, el calendario y otra muy distinta el tiempo vivido.

El tiempo cronometrado, el tiempo de reloj, es algo distinto al tiempo vivido. Cuando uno está enfermo el tiempo es “eterno” y no pasa nunca. Cuando estamos sumidos en un problema, en un conflicto, el tiempo es infinitamente más largo a cuando estamos en una situación amable, más o menos feliz.

Muy tempranamente en la iglesia al tiempo vivido serenamente como salvación le comenzaron a denominar kairós: tiempo salvifico.

03. EL TIEMPO.

No es una cuestión fácil de dilucidar qué es el tiempo. Si no me preguntas, sé lo que es; en cuanto me peguntas, no sé lo que es, decía san Agustín

Podíamos pensar que el tiempo es una cristalización, una densidad del transcurrir humano. El tiempo en realidad somos nosotros mismos, nuestra alma es el “memoria es el aula del tiempo”. En nuestra memoria, ¿en nuestra alma?

 En nuestra memoria está presente nuestro pasado: nuestra infancia, nuestros padres, nuestra educación recibida, nuestros años jóvenes de crecimiento, de estudios, de abrirnos a la vida. En el tiempo cronológico han pasado muchas cosas. En el tiempo vivido están muy presentes hoy en día. En cierto sentido, hy somos lo que fuimos.

 Nuestro futuro, aunque cronológicamente no ha llegado, sin embargo en cierta manera, condiciona nuestra vida, nuestro presente. En cierto sentido y hasta cierto punto somos hoy, vivimos hoy como queremos vivir.

 De manera que lo que parece tener más consistencia, el presente, se nos va como el agua entre las manos. El presente es fugaz, tempus fugit.

04. ¿CONDENADOS A SER MARIONETAS DEL TIEMPO?

Antonio Machado tiene algún poema en el que describe el tiempo como aquellos viajes en tren en los que veíamos los postes del teléfono o de lo que fuere que pasaban a toda velocidad, los veíamos delante y al instante los dejábamos atrás.

¿Eso es todo lo que nos cabe esperar? ¿Estamos condenados a vivir el tiempo entre lo que todavía no es y lo que ya no es?

05. EL CONSUELO DEL TEMPO ES EL MÉRITO.

Hay expresiones un tanto significativas de cómo vivimos el tiempo: “pasatiempos”, “matar el tiempo”. Hay otras expresiones todavía más negativas: comamos y bebamos que estos es lo que hay, lo que nos vamos a llevar. Esperemos que pasemos por la vida haciendo algo más que comer y beber.

En otras etapas de la vida queremos amarrar el tiempo y no podemos.

El tiempo permanece cuando se vive con intensidad, cuando se llena de mérito. Los minutos y los años pasan, lo vivido y realizado, queda.

06. EL MÉRITO NO ES LO MISMO QUE EL ÉXITO.

En la vida muchas personas tienen mucho mérito y probablemente poco éxito. El éxito no es el indicador de lo vivido y realizado en la vida. La mayor parte de la humanidad trabaja silenciosamente en donde Dios y la vida le han puesto: en la familia, en el trabajo, en la vida monacal. Muchos de nosotros no tendremos éxito, ni brillo social, ni poder, pero hemos llenado nuestro tiempo: hemos llenado los días de nuestra vida, que dice la Biblia.

07. VIVIR ES RECORDAR Y PROYECTAR.

Vivir es recordar y proyectar. Somos pasado y futuro. Vivimos porque recordamos nuestro pasado, nuestros padres, familia, pueblo, cultura, idioma, fiestas, etc. Cuando no recordamos nuestra vida personal se comienza a desdibujar, (pensemos en enfermedades de la mente).

Vivimos en esa amalgama que es nuestro recuerdo y nuestro proyecto

08. EX MEMORIA, SPES: LA ESPERANZA NACE DE NUESTRA MEMORIA, DE NUESTRO RECUERDO.

96A65EA1-9561-42D6-AC1A-65BBD3AF1355Esto es algo que los hijos de la ilustración no aceptamos de buen grado, porque pensamos que la salida a la vida está en la ciencia, cuando en realidad está en el pasado vivido por Cristo.

Para el pensamiento moderno, -hijos de la Ilustración-, lo pasado es malo, lo viejo mejor dejarlo. Lo bueno es el último modelo, la última tecnología. No es así, ni mucho menos. Menospeciar el pensamiento clásico, el arte, la filosofía del pasado es una estupidez inmensa.

La eterna juventud no existe a pesar de que el capitalismo se empeñe en hacernos eternos jóvenes y nos gusta dejarnos engañar.

La salida al problema de la vida -y de la muerte- está en la resurrección, no en el hospital.

La salida al tiempo está en la eternidad.

09. COMO MARÍA.

En estos días, y en el transcurrir de nuestra vida, tengamos la actitud de María, que meditaba todas estas cosas, guardándolas en su corazón.

 

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Me llamaban Mario, pero soy María. Para una teología trans-género

Martes, 25 de septiembre de 2018

lgbtq-transgenero-identidad-sexualDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté hace unos años la historia de una persona que, habiendo vivido como Mario, hombre bastante feliz y bien casado, con una hija de 21 años, acabó de descubrir que era y quería ser mujer, decidiendo someterse a una pequeña operación, con ayuda hormonal, para cambiar de género y ser lo que siempre había querido: María (cf. cf postal del 13.06.12).

Era (es) una persona conocida en su país, donde trabaja en los medios y en instituciones al servicio de la igualdad de género, en línea hétero- homo- y trans-sexualidad (trans-género). Me dijo que era y quería ser cristiana católica, desde su nueva condición pública de trans-género, preguntándome sobre ello.

Le respondí por carta personal y escribí mi opinión en la postal citada… Con el paso de los años había olvidado casi el tema, hasta que hace unas semenas (7 del 18) me ha vuelto a escribir otra persona, en una situación semejante (Mario/María), para pedirme una opinión (diciéndome que algunas personas de Iglesia no aceptan su postura).

Le he mandado mi nuevo libro sobre La Familia en la Biblia, donde ofrezco algunos principios. Pero, al mismo tiempo, he querido retomar los motivos principales de mi postal antigua (del 6.12), en un momento en que sigo aún perplejo por la actitud de muchos sobre el tema (y por el mismo tema). No tengo claras todas las cosas, pero pienso que puedo opinar desde el evangelio.

UN TEMA PERSONAL, MARIO QUE ES AHORA MARÍA

39018506_1054776241366234_3314893009304158208_n1) De una carta privada de Mario/María. “Entre mucho leer, no he encontrado nada acerca de la postura de la iglesia sobre la transexualidad o transgenerismo, tanto masculino (quizás menos común o poco conocida) como femenino quizás mas común o conocido en los medios.

Soy una mujer transgénero, ´y me considero profundamente cristiana, no creo que exista pecado en la decisión que he tomado en mi vida, y realmente si lo hubo… ya es tarde e irreversible. Quisiera saber si existe algo acerca de la transexualidad en alguna opinión, texto o comunicado que la iglesia católica haya expresado en sus textos”.

2) De la presentación pública de Mario/Maria (contando el cambio a los amigos)

¿Por qué naciendo biológicamente hombre decidí cambiar mi género y presentarme ante el mundo, y ante Ustedes hoy, como mujer?… Esta decisión radical en mi vida no fue obra de un capricho… de una moda… de un deseo irreverente de ubicarme a espaldas de un mundo que todavía hoy no perdona estos cambios… Mi decisión se enmarca dentro de un proceso… un proceso largo y doloroso… en ocasiones lleno de oscuridades, incertidumbres y muchos temores… temores a perder mi familia, mi trabajo, mi puesto en la sociedad.

A lo largo de los años me he esforzado en realizarme profesionalmente y de ir adquiriendo un lugar en el mundo y en la sociedad… Sabía que, al ir dando pasos en el proceso de descubrimiento y asunción de la verdadera realidad de mi género, todos estos logros podrían venirse abajo. Pero he dado el paso. La realidad de vida escogida por mí… no responde al capricho de desafiar lo que se consideran las leyes de la naturaleza y los condicionamientos de una sociedad que nos etiqueta como “machos” o como “hembras”. Ser trans-género, ante todo, implica partir de una condición mucho más fundamental… la condición de persona… de ser humano…

Mi vida social no se desarrolla en el submundo de un gueto, sino en el amplio mundo social como el que se puede desarrollar cualquier persona…

Es verdad que para muchos puede ser difícil aceptar sin más a una persona que nació biológicamente hombre y ahora vive y se expresa como mujer… Estamos inmersos en una sociedad sexista que parece haber reducido al ser humano a ser “macho” o a ser “hembra”… Esta reducción sexista está íntimamente unida a una visión meramente biológica,… donde el sexo es visto sin más como un asunto de tipo biológico,… con estereotipos fijos, con patrones inamovibles prácticamente inmutables que en modo alguno pueden ser desafiados…

Y así,… asistimos a un juego de poderes en el que el macho domina a la hembra y la hembra queda reducida a la sumisión… O, por el contrario, la propuesta de las feministas llevados a ultranza,… que aspiran para la mujer cuotas de poder y muchas cosas más… que tradicionalmente han sido reservadas para el varón…

BREVE REFLEXIÓN DE X. PIKAZA (en forma de carta)

Querida María,

ante todo mi respeto y cariño por tu forma de presentarte como cristiana y persona, que quiere vivir al interior de la Iglesia. Como sabes y dices, he escrito algunas cosas sobre el tema que puedo resumir en las siguientes reflexiones:

a. Un tema de vida e Iglesia. Es un tema complejo y no pueden darse soluciones universales, partiendo de ninguna teoría previa sobre lo la naturaleza, el sexo y el género. En este campo, dentro de la misma Iglesia Católica Oficial, puede haber y hay diversas opiniones, que a veces se esconden, de forma que no puede ofrecer una respuesta vinculante.

Tengo la impresión de que a un tipo de Iglesia y Sociedad le importa más el sexo físico (e incluso biológico) que el género, más vinculada a la identidad psicológica y social… A tí te importa más el género y le alegro. Te presentas como trans-género, no como trans-sexual (que es para ti menos determinante). De todas formas, entre sexo y género hay una relación fuerte, que ha de tenerse en cuenta (y así tú misma te sientes más persona desarrollando tu vida de persona como mujer, con elementos vinculados ordinariamente al sexo femenino).

b. ¿Por qué bastantes “hombres” quieren ser mujeres y no lo contrario? Ciertamente, hay muchas mujeres que quieren actuar como hombres (¡ser realmente machos!), pero sin necesidad de cambiar “oficialmente” de género (¿por motivos biológicos?). Pues bien, a pesar del carácter dominador que se atribuye al hombre, hay pocas mujeres que quieren hacerse “hombres”, con cambio de género (¿será porque actúan ya como hombres desde su realidad externa-oficial de mujeres?). Dejo el tema simplemente planteado, con el tema mucho más profundo de la dualidad de cada ser humano, que tiene, al mismo tiempo, elementos masculinos y femeninos en el desarrollo de su personalidad.

Pues bien, son bastantes los hombres que quisieran ser mujeres, y no por debilidad, ni por enfermedad, sino por identidad con su experiencia más honda. Ese deseo de cambio hacia lo femenino es un elemento a mi juicio muy significativo (y en el fondo positivo) de nuestro tiempo. Por eso te digo, querida María: Ese cambio de género (con elementos de cambio de sexo) te ha permitido no sólo ser mejor como persona, sino mejor persona, que es lo que importa; eres ya mujer, pero no olvides también que eres hombres, que lo has sido y lo sigues siendo.

c. No quiero ni puedo darte una respuesta “moralista”, sino evangélica y/o humana. No creo que Jesús viniera a dar lecciones de moralidad. Sé un poco de Biblia y cristianismo, y en ese plano seguiré, ofreciéndote mi pequeña experiencia. Jesús de Nazaret, en el famoso texto de los “eunucos” por el Reino de los cielos (Mt 19, 12, que ha explicado en mi Comentario de Mateo) supone que hay realidades y condiciones diversas en el plano del sexo y del género, dejando el tema abierto a la búsqueda del Reino de Dios, pues lo que importa, en último término, no es el sexo, ni el género sin más, sino el Reino de Dios. Eso significa que hay caminos distintos, que cada uno/una ha de asumir con responsabilidad, para hacerse persona (para ser mejor persona), como tú dices. Leer más…

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“Apariciones entre interrogantes (I)”, por Salvador Santos.

Jueves, 24 de mayo de 2018

2611149c29d0473La Aparecida

En el término municipal de Orihuela, lugar de nacimiento del poeta Miguel Hernández, existe una zona urbana denominada La Aparecida. Este nombre proviene de una leyenda sobre un lienzo pintado al óleo con una imagen de María, la madre del Galileo, amamantando a su bebé. Al parecer, en 1736 un agricultor llamado Jaime Trigueros encontró el lienzo enterrado mientras labraba su campo. Cuenta la leyenda que los bueyes con los que araba se resistieron a seguir tirando del arado. El campesino halló el lienzo enganchado en su reja. Después de lavarlo, resplandecía. La noticia se divulgó entre los lugareños, que acudían a diario para contemplarlo y rezar. Jaime decidió informar del hecho a la autoridad eclesiástica.

El obispo del lugar, D. José Flores Ossorio, muy aficionado a asuntos de construcción, mandó edificar una capilla en el pueblo de Jaime Trigueros. Pero, por falta de acuerdo del prelado con los vecinos respecto a la ubicación del edificio religioso, se decidió por consenso que una burra llevara el lienzo sobre su lomo y allá donde se parase señalaría el lugar donde debía erigirse el templo. Y así se hizo. La burra se detuvo en el barrio de Los Esparragales. Puro instinto animal. Gracias a los bueyes, al obispo y a la burra se levantó una capilla en el punto preciso que hoy se conoce con el nombre de La Aparecida.

Apariciones a porrillo

Nada insólito. Existen miles de emplazamientos y pueblos de medio mundo donde han arraigado leyendas de apariciones de una mujer a la que identificaban como La Virgen, y a la que asignaban un nombre específico acorde con el lugar o con alguna circunstancia asociada a la supuesta aparición. Dos mil años han dado para apariciones a punta pala. Muchas de ellas convalidadas por el obispo titular de la diócesis correspondiente. Unas pocas, reconocidas oficialmente por la máxima autoridad eclesiástica. Todas han supuesto cambios importantes: Nuevos fervores, oraciones, cánticos, emociones, creencias, patronazgos, fiestas, romerías… Y, sobre todo, prosperidad económica.

En torno a esas supuestas apariciones: cobró auge el sector de la construcción; se revalorizaron fincas y bienes inmuebles; brotaron negocios de diversa índole; se multiplicó el turismo; despertó un interés inusitado entre desvalidos y desahuciados. Y el poder político se preocupó por consolidar y potenciar esos focos de atracción.

La primera aparición

Conforme a la creencia tradicional, la primera aparición tuvo como destinatario a Santiago, uno de los dos ambiciosos hermanos e hijos de Zebedeo. La conocida como Virgen del Pilar decidió en el año 40, estando aún con vida y rondando los sesenta, cruzar el Mediterráneo de punta a punta para aparecérsele a Santiago en la ciudad romana llamada entonces Caesaraugusta (hoy, Zaragoza). Este hijo del Trueno, dicen, ya andaba por aquí. Aunque no pudo entretenerse demasiado por estas tierras. De hecho, tuvieron que retornar los dos, aunque nada se sabe acerca de cómo realizaron ese largo y complicado viaje de ida y vuelta. Santiago debió regresar en breve a Israel porque al rey Herodes Agripa I le dio por cortarle la cabeza hacia el año 44 (Hech 12,1-2). Fue el primero de los Doce en caer.

El reconocimiento de la Virgen del Pilar no quedó solo en el nombre ni en su confirmación por las autoridades religiosas. Desde las alturas políticas se mantuvo un interés especial por la del Pilar. En 1908 un decreto ley firmado por el rey Alfonso XIII la nombró ¡Capitana General del ejército español!

Apariciones imaginadas en el NT.

Al contrario de lo sostenido por la infinidad de narraciones legendarias surgidas durante veinte siglos, casi no existen apariciones reales de María en el NT. Las imaginadas se hallan en los textos de dos de los evangelistas.

Mateo y Lucas hablan de ella al comienzo de sus escritos, último estrato de la composición evangélica. Después del año 70, en un contexto inclinado a idealizar la figura del Galileo para revalorizar su proyecto, estos dos evangelistas construyeron unos relatos con la finalidad de mostrar el origen divino de su concepción y nacimiento. Ambos evangelios nombran a María por su nombre (Mt 1,16.18.20; 2,11; Lc 1,27.30.34.38.39.41.46.56; 2,5.16.19.34). Ahora bien, entre ellos hay más diferencias que coincidencias.

Mateo simplifica:

Mateo ofrece solo un breve apunte:

“Así nació Jesús el Mesías: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 18).

Introduce a un mensajero celestial (“el ángel del Señor” v.20) para explicarle a José ese hecho sorprendente. El evangelista destaca la exclusiva intervención divina en la fecundación de María y subraya con parquedad que ella y José no mantuvieron relaciones sexuales antes del nacimiento del Galileo:

“sin haber tenido relación con él, María dio a luz un hijo, y él le puso de nombre Jesús” (v.25)

El relato de Mateo se reduce a pura narración. Ni María ni ninguno de los personajes citados intervienen activamente. Ella aparece, también en forma pasiva, en el relato de la visita de los sabios llagados de Oriente (2,11). Y es mencionada sin decir su nombre en los relatos de huida y regreso de Egipto (2,14.20-21).

Lucas teatraliza

En Lucas, sin embargo, prima la acción, se multiplican los detalles y los personajes adquieren protagonismo.  El tercer evangelista identifica de entrada al mensajero:

“…envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, que se llamaba Nazaret, a una joven prometida a un hombre de la estirpe de David, de nombre José; la joven se llamaba María” (Lc 1, 26-27).

No se dice quién ni cómo pudo reconocer al mensajero hasta el punto de saber su nombre. Lucas no parece tener dudas. Se trataba de un tal Gabriel, el mismo que aparece en el libro de Daniel (Dan 8,16; 9,21), un texto singular escrito en formato trilingüe (unos trozos en hebreo, otros en arameo y otros en griego) algo más de siglo y medio más atrás.

Lucas escenifica el encuentro del mensajero Gabriel con María. Él comienza a hablar sin haber presentaciones previas. Ella no se sorprende por su presencia, sino por lo que él afirma. Entre ambos se suscita un diálogo (Lc 1,26-38). El tema se centra en la concepción de un hijo por parte de María sin participación de un hombre. Dios mismo intervendrá en la operación. El mensajero aporta detalles de tinte religioso. Para dar credibilidad a su anuncio, le informa que una familiar suya de nombre Isabel parirá también otro niño a pesar de su esterilidad. Tras la aceptación del recado por parte de María, el mensajero se marchó tal como había llegado, sin hacerse notar.

Seis meses antes, ese mismo mensajero, Gabriel, -cuenta Lucas- se había aparecido también al marido de Isabel, el sacerdote Zacarías, durante su servicio en el templo:

“Se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso” (Lc 1,11).

Al pedir garantías respecto a su información, el mensajero le facilita su nombre:

“Yo soy Gabriel, que estoy a las órdenes inmediatas de Dios” (v.19).

La posterior visita de María a Isabel sirve al evangelista para declarar la subordinación del Bautista al Galileo (Lc 1,39-45) y para que María confirme la aceptación de su embarazo divino y pregone poéticamente la grandeza del hijo que espera y la misión definitiva que este tiene encomendada (Lc 1,46-55):

“Su brazo interviene con fuerza,
desbarata los planes de los arrogantes,
derriba del trono a los poderosos
y exalta a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide de vacío”

(vv. 51-53).

    Una aparición desafortunada

De considerar históricos estos relatos resultaría incomprensible la única aparición real de María en los evangelios. No intervino sola. Le acompañaban los hermanos del Galileo. Faltaba únicamente José. Se desconoce el motivo. Marcos nunca lo nombró. A pesar de su ausencia, el nutrido conjunto se bastaba. Iban a por el Galileo. Por lo que parece, se excedió en sus planteamientos y sobrepasó peligrosamente todos los límites. Marcos presenta la maniobra del grupo familiar en dos partes. Corresponden a sus dos movimientos, uno de salida desde el punto donde habitaban y otro de llegada adonde se hallaba el mayor de los hijos. El primero revela las intenciones de la familia y la razón que les mueve a intervenir. El segundo señala el procedimiento usado para ejecutar su plan:

Primer movimiento:

“Al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio” (Mc 3,21).

Segundo movimiento:

“Llegó su madre con sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. Una multitud de gente estaba sentada en torno a él. Le dijeron:

Oye, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera” (Mc 3,31-32).

Para reintegrarlo al orden

El objetivo del grupo de allegados no admite dudas: intentan retirarlo de la circulación y conducirlo a casa. Probablemente, con intención de evitarle riesgos mayores provenientes de la institución religiosa y el poder político. Unos y otros lo tenían ya en el punto de mira. Marcos había dado cuenta con anterioridad de una alianza antinatural entre facciones de religiosos y políticos para eliminarlo:

“Los fariseos, junto con los herodianos, se pusieron enseguida a maquinar en contra suya, para acabar con él” (Mc 3,6).

La finalidad de los familiares al salir en su busca no ofrece dudas. El sentido del verbo griego (traducido por: “echarle mano”) que Marcos utiliza para indicar el propósito de la familia tiene un fuerte carácter coercitivo. En todas las ocasiones en que lo usa, informa sobre una acción fuertemente represiva: El prendimiento del Bautista (Mc 6,17); Las canallas intenciones de sumos sacerdotes, letrados y senadores contra el Galileo (Mc 12,12); el empeño criminal contra él de sumos sacerdotes y letrados (Mc 14,1); la señal de Judas a la turba enviada por los máximos representantes de la nación para capturar al Galileo (Mc 14,44); su apresamiento (Mc 14,46); denunciando el Galileo la violencia empleada en contra suya (Mc 14,49); el prendimiento del joven de la sábana (Mc 14,51).

Para ellos, estaba trastornado

Pero a pesar de la dura agresividad que supone la acción de este verbo, lo que llama la atención es la razón que induce a su madre y a sus hermanos a llevar a cabo esa operación contra él:

“pues decían que había perdido el juicio”.

¿Qué les llevó a tal conclusión? ¿Cómo pensar semejante cosa de él? ¿No aceptó de buen grado María el recado del mensajero Gabriel? ¿No proclamó su alegría reconociendo que su hijo era el de Dios, el definitivo liberador tan anhelado por todos? ¿Cómo pudo pensar que había perdido el juicio un personaje nacido por intervención divina?

¿Experiencias olvidadas?

¡Si su prima Isabel y hasta la criatura que estaba gestando reconocieron el rango divino de su embarazo!:

“¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Y ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Y dichosa tú por haber creído que llegará a cumplirse lo que te han dicho de parte del Señor!” (Lc 1,42-45).

El texto de Lucas reconoce que llevaba muy dentro el mensaje celestial recibido por unos desconocidos pastores acerca del niño (Lc 2,16-17):

“María, por su parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior” (Lc 2, 19).

¿Cómo olvidar a aquel hombre de Jerusalén, Simeón, cuando cogió al niño en brazos y pronunció palabras de liberación universal?:

“Ahora, mi Dueño, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto la salvación
que has puesto a disposición de todos los pueblos:
Una luz que es revelación para las naciones
y gloria para tu pueblo, Israel”
(Lc 2,29-32).

Y ¿cómo no recordar la visita de unos sabios venidos expresamente de Oriente para rendir homenaje al niño y ofrecerle sus regalos? (Mt 2,1-12).

Si el mismo Herodes sintió miedo de perder su poder por el nacimiento de su hijo y, con tal de acabar con él, organizó hasta una matanza de críos (Mt 2,16-18). Y, debido a esa inhumana escabechina, ella y José tuvieron que huir nada menos que a Egipto para salvarle la vida al niño (Mt 2,13-15).

¿Cómo pudo echar en el olvido tantas experiencias? ¿Qué hecho tan escandaloso pudo llevar a cabo el Galileo para que María llegara a pensar que su hijo había perdido la chaveta? Algo muy escandaloso tuvo que ocurrírsele. ¡Y debió llevarlo a cabo! Pero, ¿qué?

Salvador Santos

Publicado en www.atrio.org, el 13-abril-2018

(Si quieres hacer un comentario, en Atrio puedes comentar el artículo)

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Santa María Madre de Dios. Lunes 01 de Enero de 2018

Lunes, 1 de enero de 2018

De Koinonia:

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Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés:

“Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”

Salmo responsorial: 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá! (Padre).” Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Aleluya Heb 1, 1-2

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. En muchas ocasiones habló Dios antiguamente
a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. R.

Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño.

A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(1 de enero de 1978)

Amados hermanos, amados radio-oyentes:

Con el saludo bíblico que Dios mandaba cuando se dirigía a su pueblo, ya que los cristianos hoy somos el Israel espiritual de Dios, somos el pueblo de Dios, y para nosotros es este precioso augurio de Año Nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”, no podía hacerse un saludo más oportuno y espléndido para el año nuevo que estas palabras que la Biblia pone a nuestra consideración esta mañana, y al mismo tiempo unir a esta buena voluntad de Dios la presencia de María, la Virgen Madre.

Hay una fiesta oficial de la Iglesia en honor de María y es hoy, 1º de enero. Ocho días después de dar a luz al Redentor del mundo la Iglesia quiere llamar la atención de todos sus hijos para celebrar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Así se inicia el año bajo la bendición directa de Dios y bajo este título que es toda una inspiración de confianza en el poder de la Virgen, por ser de Dios. Leer más…

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La familia de Jesús, esa gran desconocida

Domingo, 31 de diciembre de 2017

familia-jesus_560x280De sus abuelos no sabemos nada y de su padre, José, casi nada

¿Tuvo Jesús hermanos y la virginidad de María hay que entenderla simbólicamente?

(José M. Vidal).- ¿Qué sabemos hoy, a ciencia cierta, de José, María y Jesús? ¿Qué opinan los exegetas católicos más serios sobre los hermanos y hermanas de Jesús? ¿Es creíble que en la cultura judaica de su tiempo no hubiese formado una familia propia? ¿Cómo vivió su sexualidad? ¿Sintió tentaciones? ¿Pudo enamorarse? ¿Qué relación mantuvo con María Magdalena?

A pesar de ser el personaje más estudiado y analizado por la cultura occidental, Jesús sigue siendo uno de los más desconocidos. Poco se sabe con exactitud del hombre al que 1.000 millones de personas veneran como el “Hijo de Dios”. Siglos de manipulaciones borraron las escasas pistas sobre su realidad. ¿Y los Evangelios?

Tradicionalmente se nos han presentado como textos históricos. Hoy, todos los teólogos reconocen que no se puede escribir con ellos una biografía de Jesús. “El Evangelio es un testimonio de los creyentes. Lo que los evangelistas cuentan no es historia, sino expresión de su fe en Jesucristo”, explica en sus obras el prestigioso teólogo holandés Edward Schillebeck.

Y si de su vida sabemos poco, de su infancia casi nada. Y de su familia, menos. Los abuelos maternos de Jesús no aparecen para nada en los Evangelios. Pero la tradición cristiana no podía dejar al Gran Niño sin abuelos maternos. Sería un pecado contra la ternura. Ese hueco se reconstruye piadosamente a través del “Protoevangelio de Santiago”, un apócrifo escrito en el siglo II, en el que aparecen Joaquín y Ana como padres de María. De la abuela paterna, ni rastro. El abuelo paterno, en cambio, sí figura en los Evangelios de Mateo y Lucas, pero con distinto nombre: Jacob y Helí.

De José, el padre de Jesús, también sabemos muy poco. Era un “tekton” (obrero de la construcción) y los propios Evangelios lo presentan poco más que como una sombra. El teólogo y periodista Juan Arias sostiene en su reciente obra “María, esa desconocida” (Maeva) que José era “un joven de unos 16 a 18 años, que se casó con María cuando ésta tenía entre los 12 y los 16, y no un anciano viudo con seis hijos de un matrimonio anterior, como sostienen los apócrifos”.

“¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Jacobo, José, Simeón y Judas? ¿No están sus hermanas entre nosotros?” (Marcos 6, 2-5), se preguntan extrañados los vecinos de Nazaret al ver a Jesús convertido en un predicador de campanillas. Referencias como ésta a los hermanos de Jesús hay varias en los Evangelios canónicos. Por ejemplo, Lucas (2,7) le llama “el primogénito“. ¿Tuvo Jesús hermanos carnales y, por consiguiente, la virginidad de María hay que entenderla en sentido simbólico?.

Durante siglos se discutió el asunto. Para los ortodoxos, se trata de hermanastros, hijos de un anterior matrimonio de José. Para la mayoría de los protestantes son hermanos de carne y sangre y, en cambio, para los católicos son primos. La interpretación católica pretende salvaguardar la creencia eclesial de que María fue virgen “antes, durante y después del parto”.

Hoy, la mayoría de los exegetas, incluso católicos, sostiene que Jesús fue el hijo primogénito de María, que tuvo más hijos y que su virginidad hay que entenderla de forma simbólica y, por supuesto, no perpetua. En contra del viejo aforismo de que fue virgen “antes, durante y después del parto”.

Porque es sería tanto como obligar a José a una castidad perpetua, que atentaba contra las leyes judías, donde los hijos eran el mayor bien y la actividad sexual algo noble. Para María, como para toda mujer judía, lo más importante era ser madre y no virgen.

En su voluminosa obra “Un judío marginal” (Verbo Divino), el teólogo jesuita John P. Meier sostiene que Jesús tuvo hermanos de sangre. “La mayoría de los exegetas e historiadores ya no creen (no creemos) en milagros de tipo material, que antes solían emplearse para fundar ‘mejor’ la fe: no creemos que Jesús naciera biológicamente de una virgen, rompiendo las leyes del proceso de la vida. Me parece que lo más probable es que Jesús naciese de la relación carnal de María y José, porque virginidad significa que Jesús nace del misterio de Dios”, explica el teólogo Xavier Pikaza.

Y es que, como sostiene Antonio Piñero, catedrático de Filología del Nuevo Testamento de la Complutense, “en la iglesia primitiva nadie defendía la virginidad absoluta de María. Sólo a partir de San Jerónimo, en el siglo IV, se postula la virginidad física y total de María”. Y de hecho, la virginidad de María no es un dogma. Pertenece a la fe de la Iglesia, pero no alcanza el valor del dogma de la Inmaculada, por ejemplo.

¿Y Jesús se enamoró, estuvo casado? De acuerdo con la más estricta ortodoxia católica, Jesús era un hombre completo, de cuerpo entero y, consiguientemente, sexuado. Dios se hizo hombre, y dentro de esa condición está la sexualidad. ¿Cómo la ejerció? ¿Qué relación mantuvo con las mujeres?

Los grandes exegetas coinciden en negar que Jesús se hubiese casado. Y eso que el celibato contravenía las leyes religiosas de su época. “Quien no tiene mujer es un ser sin alegría, sin bendición, sin felicidad, sin defensas contra la concupiscencia, sin paz; un hombre sin mujer no es un hombre“, dice el Talmud. Y menos, si ése hombre era un rabbí, un intérprete de la Ley que, por lo tanto, no podía oponerse al Talmud.

Y sin embargo, a los teólogos les parece un “disparate” la tesis del Código Da Vinci de que Jesús estuviese casado con María Magdalena. “No hay ningún dato para afirmarlo. Si hubiera estado casado, los Evangelios lo mencionarían. Además, es plausible que Cristo optase por ser célibe, como los esenios de su época”, explica el teólogo Rafael Aguirre. O como dice Meier, “Jesús nunca se casó, lo cual lo convierte en un ser atípico y, por extensión, marginal en la sociedad judía convencional”.

Eso sí, todos los exegetas coinciden también en señalar el papel “especial” de la Magdalena en la vida de Jesús. No fue su mujer, pero estuvo muy cerca de él. En el grupo de mujeres que acompañaban a Jesús y a sus discípulos, ella nunca falla. Es la primera receptora de los acontecimientos pascuales. Por eso se la llama “la apóstol de los apóstoles”. “Pero casarla con Cristo es un disparate”, asegura el teólogo jesuita Juan Antonio Estrada.

Fuente Religión Digital

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“Una gran familia”, por Gema Juan OCD

Domingo, 31 de diciembre de 2017

15873186599_4a47509696_mEchando una vista atrás, hacia lo acontecido en este año que hoy acaba y mirando hacia el nuevo que comienza… Un sugerente artículo que hemos leído en su blog Juntos Andemos:

Los evangelios fueron escritos para transmitir una buena noticia y –como diría Juan en el suyo– para despertar la fe y dar vida. Pero, a veces, inquietan profundamente. Nada que ver con la angustia o la tristeza, sino con el impulso y la fuerza que da descubrir las huellas de Jesús.

Son textos capaces de despertar los sentimientos más profundos del ser humano y hacerle mover en la dirección de la luz. Teresa de Jesús decía que siempre los había preferido a otras lecturas espirituales y, consciente de la alegría y el valor que de ahí venía, exclamó: «¡Bendito sea el que nos convida que vamos a beber en su Evangelio!».

El relato evangélico que cuenta que María y José, con un niño recién nacido, tuvieron que huir a Egipto –un texto muy dado a las leyendas y a la imaginación– despierta algo de inquietud. Egipto era la tierra donde solían refugiarse quienes huían de la tiranía en Palestina… era lo que hoy son los países del primer mundo, adonde huyen quienes se refugian de las innumerables tiranías del siglo presente.

Teresa de Jesús se hacía eco del sufrimiento que había vivido la familia de Jesús, recordando la casi invisible presencia de José, que sostenía a la familia. Y Teresa de Lisieux se preguntaba: «¿Por qué no fueron transportados a Egipto en virtud de un milagro?… ¡cuántas penas, cuántas decepciones! ¡Cuántas veces se le habrán hecho reproches al bueno de san José!».

Al volver a este evangelio es casi imposible no pensar en lo que sucede en la actualidad… o bien, al ver lo que sucede en este siglo XXI, es inevitable volverse al evangelio a buscar luz. Porque la desazón que suscita el presente puede apagar su malestar en la inquietud que despierta el evangelio.

Teresa había comprendido que los evangelios muestran quién es Jesús y que con Él se puede dar una respuesta a los males del mundo: «Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes. Él le enseñará. Mirando su vida, es el mejor dechado». La vida de Jesús es un pozo de bondad, sabiduría y esperanza.

Y en un poemita, Teresa había escrito: «Vino del cielo a la tierra para quitar nuestra guerra». El camino de vida que abre Jesús es un cambio de dirección hacia lo más humano, es creer que las cosas pueden cambiar, si no se sofoca el Espíritu que Dios da, que no es «un Espíritu cobarde, sino un Espíritu de energía, amor y buen juicio» —como decía Pablo.

La vida de Jesús estuvo llena de inconvenientes y dificultades desde el principio, como la de tantísimos seres humanos. Por eso, la Buena Noticia que Él es, se agranda al comprender su proximidad, su identificación con los menos favorecidos en el mundo. Y desvela cómo se deshace cualquier distancia con Dios.

Teresa de Jesús percibió esa proximidad y se sintió sacudida, dándose cuenta de que ella no se hacía tan «próxima», como Jesús. Decía: «No hace Él diferencia de Él a nosotros; mas hacémosla nosotros, para no nos dar cada día por Él».

Y entendió que lo que borraba las distancias con Dios era el amor: «Si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo, sí. Y estad ciertas que mientras más en éste os viereis aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios».

La huida de Egipto evoca las innumerables huidas que causan las opresiones de este mundo, donde los que tienen –decía Teresa– sucumben a la tentación de «procurar más y más». Y aún añadió: «Así es este mundo, que él nos da bien a entender sus desvaríos si no estuviésemos ciegos».

Y la estremecedora imagen de unos inmigrantes intentando saltar la valla de Melilla, mientras algunas personas juegan en un campo de golf, evoca otra imagen impresionante: aquella en la que Jesús, colgado ya de la cruz, veía cómo se repartían sus cosas o se reían de Él, los que estaban por allí.

Ni los golfistas ni los transeúntes del Gólgota tienen mayor responsabilidad que quienes no aparecen en esas escenas. Unos y otros son como los personajes de una escena evangélica, al término de la cual reaparece la pregunta fundamental: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?».

El Jesús del Gólgota es aquel niño que tuvo que emigrar con sus padres a Egipto, pero también un hombre tierno que despertó la alegría de los más sencillos y la esperanza de tantos desechados en el Israel del siglo I. Su vida no fue fácil, pero lo que aviva todo eso no es dolor y, menos aún culpa, sino una gran esperanza: la confianza de que Él alienta otra vida posible.

El gran reto que plantea Teresa de Jesús es: «¿Cómo haré mi condición que conforme con la suya?». La condición de Jesús es la que «no hace diferencia», la que no excluye, ni rechaza… ni deporta a los huidos, ni tasa su número por conveniencias económicas*. La condición de Jesús es la acogida, la disponibilidad y la fraternidad.

Nadie ha dicho que todo eso sea sencillo, ni personal ni socialmente, pero como decía Teresa: «La medida del poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor… si le tenéis, procurad no sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran Señor, sino esforzaos a pasar lo que su Majestad quisiere». Y lo que Dios quiere es una gran familia, una fraternidad sin fronteras.

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Bodas de Dios, el romance de la Navidad

Lunes, 25 de diciembre de 2017

25594237_906708629506330_8710464119261867115_nDel blog de Xabier Pikaza:

Ésta es la fiesta de Dios, que se canta y se cuenta con música y letra de amor admirado y de pasmo, como dice San Juan de la Cruz (=SJC) en su Romance de la Trinidad (=RomTrin), que hoy quiero presentar y comentar como Villancico de Navidad, un texto de poesía popular para confesar cantando el contenido de la fe, porque la fe se narra, no se prueba; la fe se atestigua, no se impone.

Para confesar su fe en romance ha compuesto SJC este conjunto de poemas (310 versos) que los editores han llamado Romance… sobre la Santísima Trinidad, pero que estrictamente hablando no trata sólo de la Trinidad que es el amor de Dios en sí (RomTrin 1-76), sino también de la Creación, que es el amor de Dios expandido y regalado (RomTrin 77-220) y de la Navidad, que es el amor de Dios encarnado (RomTrin 221-310).

Como seguirá viendo el lector, la Navidad no es para es para SJC sólo una Fiesta de Nacimiento, sino al mismo tiempo una Fiesta de las Bodas, el desposorio (Alianza-Matrimonio) de Dios con los hombres en Cristo. Por eso, este romance de la Navidad podría titularse Canto de las Bodas de Dios. Desde aquí se entienden los temas que SJC desarrolla en el Romance, los artículos o dogmas de su credo, en un fuerte y bellísimo relato de evangelio, que hoy quiero presentar con cierta longitud, como ampliación de mi Ejercicio de Amor, con el que quiero (Mabel y yo queremos) felicitar la Navidad a todos nuestos amigos.

Esta postal es algo larga, una extensa felicitación de la Navidad Cantada, como solía cantarla San Juan de la Cruz por los caminos de la ancha Castilla, de la abrupta Andalucía, por las sierras de Jaén y de Granada. Quien tenga menos tiempo o ganas de romance entero lea sólo la parte final que trata del pasmo de la Madre y del llanto de Dios que ha querido aprender a llorar con los hombres, para así caminar con ellos por el hondo sendero de la vida:

Los hombres decían cantares, / los ángeles melodía,
festejando el desposorio /que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre / allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa / al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo / de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios, /y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro / tan ajeno ser solía (RomTrin 297-310)

Caminos XL_ejercicio de amor_PORTADA_5239-4.inddBuenos días de Navidad a todos, en esta fiesta del Niño que nace, fiesta de las Bodas de Dios, que se compromete para siempre con los hombres, en la salud y enfermedad, hasta que muerte y consumación nos (nos) una en amor para siempre.

Con este Romance de la Navidad queremos Mabel y yo felicitar a nuestros amigos, deseándole que vivan y sientan en esta Navidad del Amor de Dios que se encarna en la pobreza y camino de este mundo. Hay una Navidad del derroche que deja en llanto al hijo de Dios (mientras lloran con él millones y millones en el mundo). Queremos que este Romance de Navidad sea testimonio de amor encarnado entre todos (para todos) los hombres y mujeres de la tierra.


1. TRINIDAD, DIOS EN SÍ. LAS BODAS DEL PADRE (ROMTRIN 1, 76)

a. Ser como donación y encuentro

SJC comienza retomando el motivo fundacional de Jn 1,1, recreando desde esa perspectiva la frase originaria de la Biblia (Gen 1,1): en el principio, antes de la creación, se encuentra el Verbo (RomTrin 1-2). Conforme a la experiencia de la iglesia, que recoge y despliega la revelación de la Biblia (y de la historia de Jesús), SJC presenta al Verbo como Palabra personal, es decir como Persona, en comunión radical con Dios Padre:

En el principio moraba / el Verbo y en Dios vivía
en quien su felicidad / infinita poseía.
El mismo Verbo Dios era / que el principio se decía.
Él moraba en el principio y principio no tenía.
Él era el mismo principio / por eso de él carecía (RomTrin 1-10)

El texto dice que el Verbo vivía (moraba) en Dios “en quien su felicidad infinita poseía” (Rom 1-4). Para SJC este Verbo es evidente¬mente el Hijo de la tradición dogmática cristiana, ratificada en e1 Concilio de Nicea (año 325), es el Hijo entendido como “palabra activa” de Dios, no como idea que puede existir en sí misma, es el Hijo es Verbo, acción comunicadora, es el mismo Dios que existe así al comunicarse, dándose a sí mismo.

Son significativas las primeras notas de este Verbo. Se dice que mora en Dios, indicando así que Dios no es un ser solitario, alguien que existe cerrado en sí mismo. De un modo consecuente, según eso, la nota primordial de la realidad no es la indepen¬dencia del ser que vive en sí (sustancia) y según eso se aísla de los otros, sino el gesto creador de aquel que sale de sí y puede (quiere) hacer que el otro sea (de tal manera que la realidad es según eso Padre, que se da y se entrega, dándose al Hijo, en quien vive, siendo de esa forma en sí al ser en el otro).

En esa línea se añade que el Verbo es feliz en palabra paradójica: posee infi¬nita felicidad no “poseyéndose” a sí mismo, sino siendo en (por) el otro, pues la felicidad resulta inseparable del amor, es decir, de la comunión con otro. Y se dice también que Dios es principio total no teniendo principio, y dando todo su ser al Hijo (en quien tiene su ser y su gloria). Por su parte el Verbo es plenitud y es principio, pero siendo en el otro y desde el otro, es decir, en el Padre (RomTrin 7-9).
En ese contexto se añade que ni el Padre es en sí (de manera que no puede decir “yo soy”, sino que dice que “sea el Hijo”), y el Hijo tampoco es en sí (sino en el Padre). De esa forma, el “ser” de Dios no se define como autonomía egoísta (dominio de sí mismo), sino como donación, de forma que en el principio de Dios se encuentra el Hijo, que es el mismo Dios “entregado”, saliendo de sí mismo y existiendo en el otro. Este misterio toma forma de paternidad y filiación:

El Verbo se llama Hijo, / que de el Principio nacía.
Hale siempre concebido, / y siempre le concebía.
Dale siempre su sustancia / y siempre se la tenía (RomTrin 11-16).

En ese principio que siempre perdura encontramos ahora al Padre que concibe sin cesar al Hijo, en generosidad-fecundidad originaria, de manera que sólo tiene aquello que da o regala, dándose a sí mismo, plenamente (¡dale siempre su substancia y siempre se la tenía!). Lógicamente, según la tradición cristiana, el Dios primigenio se llama Padre, aunque presenta ras¬gos que recuerdan quizá más la imagen de la Madre (¡hale siempre concebido!). Pero más que el puro nombre importa la función del Padre (Madre) que solo puede tener su sustancia (poseerse) en la medida en que entrega (la “da”, dándose al Hijo).

b. Ser en sí, siendo en el otro

En este principio trinitario (¡el Padre sólo tiene aquello que “da” y pierde, y el Hijo sólo tiene aquello que recibe y que nueva “da”, dándose al Padre) aparece ya en resumen (como en germen) todo el pensamiento y experiencia de SJC. El punto de partida de su pensamiento no es un tipo de “ontología cósmica” (como la de Aristóteles), ni es tampoco un pensamiento conceptual o discursivo. El principio y sentido de la realidad ha de entenderse, según eso, de forma trinitaria, desde el fondo de este símbolo de fe, que SJC presenta de forma narrativa en su romance. En el principio está el “don personal”, de manera que el “ser” de cada uno (empezando por el Padre) está en el otro (empezando por el Hijo), y así podemos hablar de una gloria (o esencia) compartida, pues cada uno la tiene sólo en la medida en que la pierde, es decir, en la medida en que se entrega, dándose a sí mismo, para quedar así en manos del otro (y ser el otro).

La gloria Padre es el Hijo y la del Hijo el Padre (RomTrin 17-20), de manera que cada uno existe y es glorioso precisamente teniendo su gloria fuera de sí mismo (en el otro a quien la entrega, ofreciéndose a sí mismo). Ambos, Padre e Hijo, se vinculan, por lo tanto, al entregarse y ser uno en el otro, en una especie de unidad paterno-filial, que paradójicamente recibe y tiene rasgos nupciales, de manera que la realidad sólo existe (se despliega) allí donde cada uno la pierde, se pierde a sí mismo (dando lo que tiene), para ser y encontrarse a sí mismo en el otro. Leer más…

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“María, José y Jesús en el umbral de la Vida”, por Juan Masiá sj

Lunes, 25 de diciembre de 2017

nacimiento-mesias_mdsvid20130328_0051_3De su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Navidad: Jesús, al nacer, sale del seno de su madre por la “puerta de la vida”.

No sale como un rayo de sol a través de un cristal. Sale, vulnerando el cuerpo materno (como hicimos al alumbrarnos nuestras madres). Por esa misma puerta entró el germen paterno para unirse con el materno y desencadenar el proceso de la concepción. Es la puerta por donde se entra a la unión de las personas para engendrar nueva vida y por donde sale la nueva vida a ver la luz del mundo.

A la entrada, a la salida y a lo largo del proceso, la presencia energetizante de la dynamis del Espíritu de Vida actuó para que la unión se convirtiese en procreación. El misterio de la concepción es la presencia del Espíritu de Vida a lo largo del proceso que comienza y culmina con el cruce de “la puerta de la vida”.

José, en medio de un sueño, despierta a la incógnita y el deseo de acoger la nueva vida con la consiguiente ansiedad. El mensajero angélico le tranquiliza: “No tengas reparo, José, en llevarte contigo a María y unirte a ella como esposo, porque la criatura que llevará en su seno vendrá del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, el Liberador” (Mt 1, 20-21). El nombre lo escoge Dios, pero lo imponen la madre y el padre. Contra la costumbre patriarcal de que el padre imponga el nombre, el mensajero celeste encarga tanto a María, la madre (en el caso del evangelio de Lucas) como a José, el padre (en el caso del evangelio de Mateo), la imposición del nombre (aceptación de la nueva vida, en vez de rechazarla).

Toda criatura nace por obra de Espíritu Santo. Todo padre y madre pueden llamarse con propiedad co-creadores de la nueva vida, nacida de varón y mujer con la bendición del Espíritu de Vida y acogida por quienes le ponen nombre (como promesa de creación continua durante la crianza).

Mateo y Lucas sugieren que María y José conciben y dan a luz a Jesús gracias a la fuerza del Espíritu Santo. Al mismo tiempo están proclamando, de parte del Dios Vivo hecho Dios-con-nosotros, la maravilla de creatividad de toda concepción y alumbramiento.

La concepción es un sustantivo, pero concebir es un verbo. La concepción no es un momento, sino un proceso constituyente de una nueva vida individual y personal, biológicamente aceptada al consumarse la implantación-anidación, y humanamente acogida al asumir el alumbramiento e imponerle el nombre propio.

Concebir es acoger una palabra y una promesa, acogerse estrechamente dos cuerpos y acogerse íntimamente dos personas, acoger biológicamente un pre-embrión para que anide y se haga feto, acoger humanamente a una criatura,y un largo etcétera de acogidas (receptivas,virginales…)

Los progenitores hacen la criatura que Dios les da. Dios les da la criatura que ellos hacen. Y todo esto ocurrre en todo nacimiento. Concebir vida y alumbrar criatura nueva es el enigma y maravilla de creatividad de todo nacimiento, de lo cuál el nacimiento de Jesús es símbolo y epifanía. “La Navidad pone de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano” (Juan Pablo II, Evangelium vitae, n.1)

Concebir y dar a luz son actos de virginidad consumada. No solo no es incompatible la virginidad con la concepción y el nacimiento, sino que estos la consuman. El Espíritu actúa desde dentro: desde dentro de la evolución; desde dentro del óvulo y desde dentro del esperma; desde dentro del seno materno que acoge al pre-embrión al realizarse y comsumarse la concepción al final de la implantación en su seno; desde dentro del corazón de los progenitores que desearon esa nueva vida y la esperaron ya desde antes que se cerciorasen del embarazo; desde dentro de la decisión de cuidar esa gestación hacia el nacimiento, en vez de rechazarla; desde dentro de la aceptación biológica y materno-paterna, al consumarse la concepción; desde dentro de la puesta de acuerdo en darle nombre a la criatura, como gratitud por su vida, como promesa de criarla y educarla…

Al meditar esto en Navidad nos brota una gratitud inmensa hacia nuestros progenitores que nos engendraron con amor y gracias al Espíritu de Vida que nos hizo nacer por obra y gracia suya. También sentimos la responsabilidad de proteger y cuidar toda vida y de vivir todos y todas (hombres y mujeres, célibes o casados, fértiles o estériles, de sexualidad mayoritaria o minoritaria, sin ninguna discriminación ni exclusión) para darnos vida mutuamente y dar vida al mundo.

Ver más, en: El Que Vive,Relecturas de Evangelio, Bilbao: Desclée, 2017, p.57: Sueños de alumbramiento virginal, p.63-84: Entrevista a Mateo y Lucas sobre María, José y Jesús en el umbral de la vida.

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“Humanidad de Dios, humanidad en Dios”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Lunes, 25 de diciembre de 2017

belen02-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

Jesús de Nazaret es la cara humana de Dios. En Jesús, Dios ha venido a nuestro mundo de la mejor manera que podía venir, haciéndose hombre. Y todo por amor. La pregunta que plantea esta humanidad de Dios es si hay “algo” en Dios que le mueve a ser humano, si lo humano está en el seno de la Trinidad, de modo que al hacerse hombre el Verbo divino está mostrando algo propio de la intimidad más profunda de Dios. Puesto que el ser humano es imagen de Dios, hay en el hombre una tendencia que le lleva hacia Dios. Es posible plantear la misma pregunta pero desde el lado de Dios: ¿hay en Dios una tendencia que le lleva hacia lo humano? Y si es así, ¿esta tendencia nos ayuda a comprender mejor las profundidades de Dios?

Algunos teólogos se atreven a Decir que la divinidad de Dios incluye su humanidad. En Jesucristo se manifiesta que ni el hombre está cerrado hacia lo alto, ni Dios cerrado hacia abajo. Lo humano pertenece al propio ser del Dios Trinitario. Como dice Tito 3,4, según la expresiva traducción latina (expresividad que ocultan las traducciones españolas), en Jesucristo apareció “la humanidad de nuestro Dios” (apparuit humanitas nostri Dei). En Jesucristo no aparece sólo un Dios humanado, sino la humanidad de Dios. Dios puede comunicarse con nosotros, porque entre él y nosotros hay un parentesco esencial, tal como dice Hech 17,28: “somos de su raza”. Lo más sorprendente no es que un hombre sea Dios, sino que Dios sea hombre. Lo primero (que el hombre Jesús sea divino) podría considerarse como una blasfemia (y así lo consideraron los judíos, según Jn 10,33), pero lo segundo es una locura inconcebible e inimaginable (cf. 1 Cor 1,23).

En efecto, no sorprende mucho que lo pequeño sea elevado (que Jesucristo sea Dios), esa es la ambición que todos tenemos, el sueño de todos los hombres, la proyección de nuestros anhelos: “ser como dioses”. Lo sorprendente es que lo divino se reduzca o empequeñezca; lo sorprendente es que Dios no retenga su categoría de Dios, sino que despojándose de sí mismo, se haga un hombre cualquiera (Flp 2,6-7). Por eso la Encarnación hay que entenderla no tanto como un remedio del pecado, cuanto como la cumbre de la revelación de Dios. Dios se hace aquello que es: “vino a lo suyo” (Jn 1,11). “A lo suyo”, porque lo suyo es “lo nuestro”. La encarnación manifiesta la primacía del amor: “tanto amó Dios al mundo” (Jn 3,16).

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“La Virgen de la barcaza”, por Jesús Bastante

Lunes, 25 de diciembre de 2017

38379959495_7f69be7702_cDe su blog El Barón Rampante:

¿Ves esa estrella de cinco puntas? Ella nos marcará el camino. No dejará que nos perdamos no temas, nos llevará a un puerto seguro. Ten esperanza. Sí, es cierto, llevamos semanas navegando, y ninguna ciudad nos ha abierto sus muelles. Nadie quiere acogernos. Somos muchos, y extranjeros, no tenemos nada que ofrecer. Pero es Navidad, hoy tendremos suerte. Ten fe.

Antes de acurrucarte, has imaginado un pequeño pesebre con esas botellas rotas. Se hace de noche, y las olas te mecen, ojalá duermas, ojalá sueñes.

Se ha abierto una vía de agua, la gente empieza a inquietarse. Hace días que los móviles dejaron de funcionar, que el motor se paró, que el patrón huyó en otra lancha. Ya no nos queda comida. Pero tú, mi niño, no pierdas la esperanza. Confía. Todo saldrá bien.

Esta noche, ¿te acuerdas? No, cómo vas a hacerlo, si eres aún un bebé. Venían los tíos desde Kirkuk, los abuelos repartían caramelos, los vecinos abrían sus cocinas, tu padre… antes del terror y de la huída, antes de llegar a esta barcaza. Todos nos juntábamos en la plaza, reíamos y cantábamos. Encendíamos velas y compartíamos el fuego.

Nos contaban la historia de aquella familia de Belén, de su borrico, de la noche en que nadie les quiso dar posada. Ella, María, estaba embarazada. Él, José, no quiso abandonarla a merced del frío. Y su hijo nació en un pesebre, al abrigo de los animales.

Algún día te contarán esta historia, y dirán que tú naciste aquel día. Se hace de noche, mi vida. Calor no te faltará, aquí somos muchos. Duerme y espera… Tú busca la estrella, que el cielo está oscuro y cubierto de niebla, pero es la noche. Seguro. Tú duerme, que es Navidad. Que todo saldrá bien. Mira la estrella, mírala. Mira la estrella…

No habrá Navidad si Jesús no nace de verdad, cada día, en en el corazón de aquellos que todavía tienen sueños que cumplir, y realidades que cambiar. Y barcas que salir a buscar al mar oscuro. Para eso, también, nace el Niño. ¡Feliz Navidad!

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