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“No a la guerra entre nosotros”. 16 de febrero de 2020. 6 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 17-37.

Domingo, 16 de febrero de 2020

ninos-judio-y-palestinoLos judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él para hacer la vida más justa y fraterna.

Por eso, según Jesús, no basta cumplir la Ley, que ordena «no matarás». Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata cumple la Ley, pero, si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos, proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

No es este un hecho que se dé solo en la convivencia social. Es también un grave problema en el interior de la Iglesia. El papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de «cristianos en guerra contra otros cristianos». Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: «No a la guerra entre nosotros».

Así habla el Papa: «Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?». El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que «todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis».

José Antonio Pagola

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“Se dijo a los antiguos, pero yo les digo”. Domingo 16 de febrero de 2020. 6º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 16 de febrero de 2020

lectio divinaLeído en Koinonia:

Eclo 15,16-20: No mandó pecar al hombre
Salmo responsorial 118: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
1Cor 2,6-10: Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria
Mt 5,17-37: Se dijo a los antiguos, pero yo les digo

Las lecturas de este domingo tienen como fin hacernos ver cómo Dios actúa en medio de la humanidad, nos permiten comprender la lógica de Dios, nos revelan la manera en que Dios salva al ser humano del pecado, entendiendo el pecado como esa tendencia presente en el interior de la persona que la lleva a encerrarse en sí misma, en sus propios límites humanos, sin poder abrirse a la experiencia infinita de salvación traída por el mismo Dios.

La primera lectura, del libro del Eclesiástico, desarrolla el tema de la libertad que posee el ser humano para elegir lo bueno o lo malo, la vida o la muerte. Somos libres, y «condenados a ser libres» de alguna manera. No podemos abdicar de nuestra responsabilidad. Ante nosotros tenemos las grandes opciones, las grandes Causas, esperando que nos decidamos. «Muerte y vida» están ante nosotros, al alcance de nuestra mano, por la vía de una opción ineludible.

Si en nuestra vida dominan el mal y la muerte, y con ellos el sinsentido y la desesperación, hemos sido advertidos: podemos hacer de nuestra vida una cosa u otra, gracias al poder de la libertad que se nos ha dado, la capacidad de elegir la muerte o la vida, y con ello, la capacidad de convertirnos en vida o en muerte. La capacidad de hacernos a nosotros mismos. Es uno de los misterios más grandes de nuestra existencia, el misterio de la libertad.

En el fragmento de la carta a los Corintios que hoy leemos, Pablo habla, de pasada, de «una sabiduría que no es de este mundo», que procede de otro mundo, que está en otro mundo, el mundo de Dios, que es un mundo «superior», situado literalmente encima del nuestro. Es el mundo superior que los filósofos y sabios del mundo cultural helenista han «imaginado» (no deja de ser una «imagen») para explicar la realidad, y que ha resultado ser una imagen genial, que parece expresar una explicación natural y obvia del mundo, que será acogida por casi todas las culturas subsiguientes (hasta la época moderna).

Y es un conocimiento escondido, inalcanzable, que nada tiene que ver con los saberes de este mundo, y que pertenece sólo a Dios y a quienes Él quiera revelarlo… Es la visión «gnóstica», de la «gnosis» o «conocimiento», un conocimiento divino que pasa a fungir como símbolo del principal bien salvífico: participar de ese conocimiento que salva es el objetivo de la vida humana, porque ese conocimiento es el que salva a la persona al hacerle tomar las decisiones adecuadas en su vida, las decisiones que le hacen caminar el camino de Dios. Es la misma tradición de «la Sabiduría», ya presente en el Primer Testamento, por influjo también helenista. Pablo se mueve en ese mismo ámbito de pensamiento y en esa misma cosmovisión griega de los dos mundos, o dos pisos, uno arriba (el de Dios y los suyos, o el de las Ideas, según Platón) y otro abajo (el de los humanos, o el de la materia corruptible según Platón).

Hoy continuamos leyendo el evangelio de Mateo, en secuencia consecutiva con los fragmentos proclamados en los domingos anteriores. Es el sermón de la Montaña, que comenzó con las Bienaventuranzas, y que continúa con la exposición de las exigencias de la Ley de Moisés (Torá), explicadas por Mateo, que está escribiendo para una comunidad de judíos que se han hecho cristianos, obviamente sin dejar de ser judíos, como ocurrió por lo demás con todos los cristianos. Tenemos pues que caer en la cuenta de que esta re-presentación de la Ley en el evangelio de Mateo está escrita para esa comunidad concreta, que difiere no poco de las nuestras. Obviamente, tiene también un valor universal, pero debe saberse la peculiaridad de esta comunidad, para no hacernos «judaizar» innecesariamente a todos los demás.

Pero, además de esa peculiaridad del evangelio de Mateo, todo el evangelio tiene otra peculiaridad significativa en este campo de lo moral, de la Ley, y es semejante a la que hacíamos notar respecto a la lectura anterior, la de Pablo sobre el conocimiento salvífico o gnosis. La moral vendría a ser también una especie de conocimiento gnóstico: es una voluntad, divina, superior, venida de fuera, desde arriba, desde «el segundo piso», que tenemos que tratar de escuchar en esa dirección. Es una moral «heteró-noma», una norma ajena, venida de fuera, y de arriba, a la que nos tenemos que someter. Someterse a esa ley es el sentido de la vida humana.

La moral, los preceptos, los mandamientos… con su constricción sobre la vida humana, y la consiguiente amenaza de pecado y de condenación, han sido uno de los frentes clásicos de fricción de la religión con el mundo moderno. Durante todo el mundo antiguo, configurado con los patrones del autoritarismo, los imperios, el feudalismo, las monarquías absolutas… el ser humano aceptaba «como lo más natural del mundo» que el «mundo de arriba» era estructuralmente como el de aquí abajo, es decir, un mundo donde está Dios sentado en su trono (como el emperador o el rey o el señor feudal aquí abajo), con su séquito de cortesanos y servidores de la «Corte celestial» (como en la Corte de cualquier rey humano), vigilando el mundo para que se cumplan las órdenes que desde allí se dictan.

San Ignacio de Loyola, como hombre todavía del medievo en su cosmovisión, lo refleja ejemplarmente en su explicación global del sentido de la vida humana, en su meditación central, la del Principio y fundamento (con su castellano medieval): «el hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados» (Ejercicios espirituales, 23).

No inventó nada nuevo ahí san Ignacio. Expresaba -antológicamente, eso sí- la visión medieval y premoderna de una cosmovisión salvífica estructurada en dos pisos, uno superior (no sólo porque está encima, sino porque es absolutamente superior en su naturaleza), y otro inferior (temporal, pasajero, corruptible, peligroso…). Del piso de arriba viene todo: el Ser, el Amor, la Verdad, la Belleza… y la moral. Una moral pues absolutamente heterónoma, indiscutible, abrumadoramente inapelable, y en ese sentido fácilmente perceptible como constringente y ciegamente obligatoria, ajena a toda explicación justificativa, y en ese sentido opresiva.

El mundo moderno cambió radicalmente. El Ancien Regime del autoritarismo, imperialismo, de la obediencia ciega, del sometimiento omnímodo y a-racional se acabó. Los imperios, reinos y monarquías se acabaron, y aparecieron las repúblicas y las democracias, y los derechos de los ciudadanos (que ya no súbditos). Una moral exterior, pre-establecida, superior, sin justificación, inapelable… es sentida ahora como sofocadoramente opresora.

Con el advenimiento de la modernidad, en todos los campos, el mundo de arriba -el segundo piso que genialmente configuraron los helenistas, con Platón a la cabeza- desaparece, como que se evapora. No hace falta que sea negado, sino que la ciencia, con sus avances, cada día lo desplaza hacia atrás, replegándose en favor del descubrimiento de que todo funciona «etsi Deus non daretur», como si Dios no existiese. El cristiano moderno -el que no sigue viviendo con su cabeza en el mundo premoderno medieval- no puede aceptar aquella visión escindida en dos mundos, por muy espiritual que se presente, sino que pasa a vivir en un mundo nuevo, un mundo único, en la única realidad, sin dos pisos superpuestos.

Esta transformación ya es una realidad en la cultura moderna -por más que muchos cristianos y no pocas religiones sigan viviendo escindidamente entre la vida real de la calle y la vida espiritual dualista de sus representaciones religiosas-. Por eso, muchos cristianos se sienten retrotraídos al mundo de sus abuelos cuando escuchan este tipo de discursos morales «heterónomos», como si continuaran existiendo unos preceptos caídos de lo alto, revelados, y por eso mismo indiscutibles, incuestionables, a los que sólo cabría someterse acríticamente como súbditos del Rey del cielo (de un segundo piso). Leer más…

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Si vas al altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda

Domingo, 16 de febrero de 2020

9C52B27E-4264-43FA-97EC-DC3A7B9A1F5ADel blog de Xabier Pikaza:

Las tres primeras antítesis del evangelio

Antes que Dios el hermano

Dom 6, tiempo ordinario, ciclo A. Mt 5, 17-37

   Éste es un evangelio muy largo, con las tres primeras “antítesis” o paradojas del Sermón de la Montaña de Mateo, que son una aplicación de los mandamientos principales: No matarás, no adulteraras, no jurarás en vano… El texto es largo, y sólo voy a comentar la primera antítesis, la del “no matar”, y dentro de ella voy a centrarme en el apartado que dice:

Si vas a llevar una ofrenda o sacrificio ante el altar,  y en el camino recuerdas que hay un “hermano” (hombre o mujer, persona o grupo…) que tiene algo contra ti (no tú contra él, él contra ti), deja allí mismo la ofrenda que llevas a Dios y arregla el tema que tienes con tu hermano, que él te perdona o acepte, si has hecho algo malo contra él. 

  Ésta es una de las palabras más audaces de Jesús (del evangelio de Mateo) y puede (=debe) aplicarse a la crisis de iglesia en que hoy estamos, a pesar del Papa Francisco, como dicen muchos con ocasión de esto de Amazonia. Ciertamente, hacen (hacemos bien) en ir al altar con la ofrenda, pero en el camino tendríamos que pensar: ¿Hay algún hermano o hermana que tiene algo contra nosotros? ¿No será mejor dejar la ofrenda allí mismo, la misa sin acabar, y arreglar antes el tema de los hermanos?

– Hace dos postales (en la del día 12.2.20), he defendido al Papa por esto de Amazonía, diciendo que por ahora, tal como está el “horno” de la Iglesia, no podía haber hecho humanamente otra cosa, pues no se arregla nada “ordenando” (con orden de mundo, no de Dios) a casados o mujeres, y lo que hace falta es una “recreación” radical de los ministerios, a partir de este mandato de Jesús: Si recordáis que los hermanos tienen algo en contra de vosotros…?.

5DCE0F0E-176F-48FF-BFF6-238341DA4E32–Por eso, manteniendo lo que dije en la postal de RD del día 12, por imperativo de evangelio (cuando vayas al altar y veas que tu hermano tiene algo contra ti…, es decir, contra tu iglesia/altar)… quiero decir que antes que la eucaristía de celebración oficial está la eucaristía de reconciliación con los hermanos, de manera que antes de la misa (para poder llevar la ofrenda al altar de Dios) los clérigos tendrían que recordar si los hermanos tienen algo contra ellos, yendo a que les puedan perdonar (y cambiando lo necesario para que puedan perdonarles. No es que lo clérigos perdonen a los hermanos, sino que puedan ser perdonados por los hermanos.

— Conforme a este evangelio, he de añadir, que el Papa Francisco y la Iglesia clerical entera ha de invertir su camino. Tiene que dejar su altar sagrado (es decir, su pretendida dignidad más alta que le lleva a ir directamente al altar) para reconciliarse con su hermano o, mejor dicho, como dice Jesús: para que el hermano ofendido, rechazado o minisvalorado, pueda reconciliarse con él (con la Iglesia).

No es que yo, clérigo  de alta,me reconcilie con mi hermano, diciéndole palabras bonitas (¡querido hermano, querido amazónico…!), sino que él (todos los hermanos ofendidos) se reconcilien conmigo, puedan perdonarme, nos perdonen…  No es que el “buen clérigo”  perdone a los otros (a los de fuera), sino que los otros, los de fuera, puedan perdonar al clérigo (vean en el clérigo “madera” de ser perdonado). Por eso, el clérigo de altar, si sabe que hay alguien que tiene algo contra él, tiene que dejar allí mismo “su ofrenda” (su oficio), para salir a la calle de la vida y pedir perdón a los hermanos agraviados.

BB1A94AE-C5E1-4612-B689-3A68F7D482C6— Voy a decirlo con el lenguaje directo del evangelio: No eres tú, quizá gran clérigo, el que vas a perdonar… sino que es él otro, el que parece de fuera, el que te tiene que perdonar. Se invierte así y se ratifica el “sacramento del perdón”, que se ha cumplido y practicado a veces de un modo inverso al de Jesús,  como si un tipo de personas superiores pudiéramos perdonar a los inferiores, convirtiéndonos así en simples perdona-vidas, desde arriba. “Vete a reconciliarte” significa: Vete a que te acoja y te perdone, vete a que te acoja y te tome de la mano y diga: “vamos juntos”, y perdóname tú también.

— Y “después” presenta la ofrenda… El tema en ése: Deja allí a Dios (con la ofrenda para él), porque lo que él quiere es que vayas a pedir perdón, que aquellos a los que has ofendido puedan perdonar, y “después”.  El problema es cundo llegará ´ ese tiempo de después, cuando los cristianos (y de un modo especial los clérigos de sacrificios) puedan serperdonados por aquellos que tienen algo contra ellos.

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La letra mata, el espíritu da vida. Domingo 6 TO. Ciclo A. 16 de febrero 2020.

Domingo, 16 de febrero de 2020

escribasDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Advertencia previa

            La liturgia ofrece dos posibilidades con respecto al evangelio: una lectura breve, que recoge solo algunas de las afirmaciones principales contenidas en Mt 5,17-37, y una lectura larga, que no omite nada, desarrollando el contenido de la breve. Aunque la primera resulta a veces descarnada y omite ideas muy importantes, la segunda es tan compleja, y con temas tan distintos, que resulta imposible explicarlos en una homilía. Me limitaré a algunas indicaciones sobre la breve. Quien desee un comentario a todo el pasaje puede verlo en J, L, Sicre, El evangelio de Mateo. Un drama con final feliz (Verbo Divino 2019) páginas 114-123.

La lectura breve del evangelio

            Las bienaventuranzas y las parábolas de la sal y la luz, leídas en los domingos anteriores, forman la Introducción al Sermón del Monte. A partir de este momento, Mateo presenta la oferta religiosa de Jesús, contraponiéndola a la de los escribas, los fariseos y los paganos. Para este domingo y el próximo, la liturgia ha elegido solamente la diferencia que debe darse entre el cristiano y el escriba.

Los escribas

            Sociológicamente, los escribas constituyen un grupo muy heterogé­neo, al que pertenecen sacerdotes de elevado rango, simples sacerdotes, miembros del clero bajo, de familias importantes y de todos los estratos del pueblo (comerciantes, carpinteros, constructores de tiendas, jornaleros). Incluso encontramos gente que no eran de ascendencia israelita pura, sino hijos de madre o padre convertidos al judaísmo. El poder de los escribas radica en exclusivamente en su ciencia. Quien deseaba ser admitido en la corporación debía hacer un ciclo de estudios de varios años. Generalmente, desde los 14 años de edad dominaba la exégesis de la Ley (Pentateuco). Pero la edad canónica para la ordenación eran los 40 años. A partir de entonces estaba capacitado para zanjar por sí mismo las cuestiones de legislación religiosa y ritual, para ser juez en procesos criminales y tomar decisiones en los civiles, bien como miembro de una corte de justicia, bien indivi­dualmente. Tenía derecho a ser llamado rabí. Y se les abrían los puestos claves del derecho, de la administración y de la enseñan­za.

El peligro del legalismo

            A pesar de la gran estima de que gozan entre la gente, a Jesús no le resultan simpáticos. No quiere que sus seguidores se parezcan a los escribas, ni que los puedan confundir con ellos. Porque en su postura existe un peligro gravísimo de legalismo, es decir, de exaltación de la ley y de la norma por encima de todas las cosas. Al legalismo, se puede llegar por dos caminos muy parecidos:

  1. a) Buscando seguridad humana. Una persona inmadura, con miedo a correr riesgos, prefiere que le indiquen en cada momento lo que debe hacer. Cuantas más normas, mejor, porque así no se siente insegura.
  2. b) Buscando seguridad religiosa. Estas personas conciben la salvación como algo que se gana a pulso, a base de esfuerzo, cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios. Esta voluntad de Dios no la conciben como una actitud global en la vida, sino concretada en una serie de actos. Cuantas más normas me dicten, mejor conoceré lo que Dios quiere y me resultará más fácil salvarme.

            En lo anterior hay cosas buenas y malas. Pero lo más grave es que la persona amante de las normas corre el peligro de quedarse en la letra de la ley, sin profundizar en su espíritu, que es más exigente. Por ejemplo, la ley manda no comer carne los viernes de cuaresma. Y se queda tranquila con cumplir la letra de la ley, pero no le preocupa comer langosta o gambas. La ley manda ir a misa los domingos y días de fiesta, y la cumple a rajatabla; pero quizá no dedica ni un minuto a Dios durante el resto de la semana.

            Otro grave riesgo de la mentalidad legalista es que, con la ley en la mano, se puede machacar al prójimo y amargarle la existen­cia. Se critica al que no vive como uno considera conveniente, se lo condena, incluso se lo persigue.

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La crítica de Jesús al legalismo

            Para combatir esta postura legalista y enseñar a sus discípulos a actuar cristianamente, Mateo pone en labios de Jesús seis casos concretos, referentes al asesinato, adulterio, divorcio, juramen­to, venganza y amor al prójimo (Mateo 5,21‑48). Este domingo se leen tres de los cuatro primeros; los dos últimos, el domingo próximo.

            En el primer caso, asesinato, Jesús lleva la ley a sus consecuencias más radicales.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que se deje llevar de la cólera contra su hermano será procesado.

            El quinto mandamiento prohíbe matar. La mentalidad legalista, ateniéndose a la letra, se contenta con no hincarle un puñal al prójimo. Jesús dice que el espíritu del mandamiento va mucho más lejos. Lo importante no es sólo respetar la vida física del prójimo, sino también toda su persona. [La lectura larga concreta tres delitos cada vez peores contra el prójimo: encolerizarse con él, insultarlo y ofenderlo gravemente].

            En el segundo caso, adulterio, Jesús también interpreta el mandamiento de forma radical.

Habéis oído el mandamiento “no cometerás adulterio”. Pues yo os digo: El que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 

            La letra de la ley sólo se fija en el hecho físico. Pero Jesús va a su espíritu profundo, teniendo en cuenta incluso el peligro remoto de caer. Su enseñanza coincide con la de otros rabinos: «No puedes decir que se llame adúltero a quien ha cometido adulterio con cuerpo; el que ha cometido adulterio con sus ojos también se llama adúltero» (Simeón ben Lakish).

            En el cuarto caso (el tercero se omite en la lectura breve), a propósito del juramento, también anula la ley.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

            Jesús se mueve en una sociedad que usa y abusa del juramento. El discípulo de Jesús tiene que moverse en una honradez y sinceridad tan absolutas que le baste decir sí y no.

            El próximo domingo veremos otro recurso: cambiar la ley por una norma más exigente.

1ª lectura: Eclesiástico 15,16-21

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.

            Corrobora lo que dice el comienzo del evangelio (¡en la versión larga!) sobre la alternativa de cumplir o no cumplir la voluntad de Dios. Todos tenemos la posibilidad de elegir entre el fuego y el agua, la muerte y la vida, ser pequeño o grande en el Reino de Dios. La última frase, Dios «no deja impunes a los mentirosos» puede aplicarse muy bien a lo que dice Jesús de los legalistas.

 

 

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Domingo VI del Tiempo Ordinario. 16 febrero, 2020

Domingo, 16 de febrero de 2020

D-VI

“Os aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos,

no entraréis en el Reino de los cielos”.

(Mt 5, 17-37)

Jesús, que a los ojos de los letrados y fariseos es un trasgresor de la ley, aparece aquí diciendo que no ha venido a abolir la Ley sino a llevarla hasta sus últimas consecuencias.

Las leyes ya sean religiosas, civiles o de tráfico están puestas como base de un mínimo acuerdo. Tratando de delimitar y salvaguardar los derechos de las personas, de todas las personas. Derechos que se entrecruzan y relacionan con otros derechos, con deberes y obligaciones. Y en esa complicada trama la ley trata de guiar y dar algo de luz.

Pero como toda trama esa trama es tremendamente complicada, llena de recovecos, nudos y discontinuidades. Por eso seguir la ley al pie de la letra no garantiza un comportamiento justo, ni siquiera bueno.

De ahí que Jesús nos advierte: “si no sois mejores que los letrados y fariseos no entraréis en el Reino de los cielos.”

Después de más de 2000 años de historia identificamos a estos personajes como los “malos de la película”. Los letrados y fariseos son los que se opusieron a Jesús, quienes le condenaron y obligaron a las autoridades romanas a crucificar a Jesús.

Visto así es sencillo ser mejor que los letrados y fariseos. Pero si nos ponemos en la piel de las primeras comunidades cristianas o de las primeras personas que se acercaron a Jesús. Esas gentes sencillas de Galilea provenientes del judaísmo. Para ellas ser mejores que los letrados y fariseos era prácticamente imposible. Ellos eran los oficialmente buenos. Los santos. Los irreprochables.

Y los mismos letrados y fariseos se creían buenos. Fieles cumplidores y custodios de las tradiciones y de la Santa Ley. Se sentían cercanos a Dios y seguros en el cumplimiento de sus leyes y preceptos.

Eran gente de bien que se había cerrado sobre sus propias verdades y habían dejado fuera a quienes se salían del esquema.

Por eso la advertencia de Jesús sigue siendo válida para nosotras. “Si no somos mejores que los letrados y fariseos no entraremos en el Reino de los cielos”.

Oración

No permitas, Trinidad Santa, que nos creamos mejores que las demás.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Habéis oído que se dijo… pero yo os digo

Domingo, 16 de febrero de 2020

indice

Mt 5,17-37

Seguimos en el sermón del monte de Mt. La lectura de hoy afronta un tema complicado. Cómo armonizar la predicación y la praxis de Jesús con la Ley, que para ellos era lo más sagrado y definitivo. Ir más allá de lo conocido es el problema radical que se plantea en todos los órdenes de la vida. Damos valor absoluto a lo ya conocido pero nuestro conocimiento será siempre limitado y relativo; por eso debemos ir siempre más allá.

Tuvo que ser muy difícil para un judío aceptar que la Ley no era algo absoluto. Jesús fue contundente en esta materia. Abrió una nueva manera de relacionarnos con Dios. El Dios todopoderoso que está en los cielos y ordena y manda, deja paso al Dios “Ágape” que se identifica con cada uno de nosotros y nos invita a servirlo en los demás. A pesar de ello, muchos años después de morir Jesús, los cristianos se estaban peleando por circuncidar o no circuncidar, comer o no comer ciertos alimentos, cumplir o no el sábado, etc.

La palabra, incluso la de la Biblia, nunca podrá ser definitiva. Esto bien entendido, es el punto de partida para comprender las Escrituras. El hombre siempre tiene que estar diciendo: habéis oído que se dijo, pero yo os digo, porque conocemos cada vez mejor la naturaleza y al ser humano. Si Jesús y los primeros cristianos hubieran tenido la misma idea de la Biblia que muchos cristianos tienen hoy, no se hubieran atrevido a rectificarla.

Cuando hablamos de “Ley de Dios”, no queremos decir que, en un momento determinado, Dios haya comunicado a un ser humano su voluntad en forma de preceptos, ni por medio de unas tablas de piedra, ni por medio de palabras. Dios no se comunica a través de signos externos, sino a través del ser. La voluntad de Dios no es algo distinto de su esencia. La voluntad de Dios está en la esencia de cada criatura.

Si fuésemos capaces de bajar hasta lo hondo del ser, descubri­ríamos allí esa voluntad de Dios; ahí me está diciendo lo que espera de mí. La voluntad de Dios no es nada añadido a mi propio ser, no me viene de fuera. Está siempre ahí pero no somos capaces de verla. Esta es la razón por la que tenemos que echar mano de lo que nos han dicho algunos hombres, que sí fueron capaces de bajar hasta el fondo de su ser y descubrir lo que Dios espera de nosotros. Lo que otros nos dicen nos debe ayudar a descubrirlo en nosotros.

Moisés supo descubrir lo que era bueno para el pueblo que estaba tratando de aglutinar, y por tanto lo que era bueno para cada uno de sus miembros. No es que Dios se le haya manifes­tado de una manera especial, es que él supo aprove­char las circunstan­cias especia­les para profundi­zar en su propio ser. La expresión de esta experiencia es voluntad de Dios, porque lo único que Él quiere de cada uno de nosotros es que seamos nosotros mismos, es decir, que lleguemos al máximo de nuestras posibilidades de ser humanos.

¿Qué significaría entonces cumplir la ley? Algo muy distinto de lo que acostumbramos a pensar. Una ley de tráfico, se puede cumplir perfectamente solo externamente, aunque estés convencido de que el “stop” está mal colocado, yo lo cumplo y consigo el objetivo de la ley, que no me la pegue con el que viene por otro lado y además, evitar una multa. En lo que llamamos Ley de Dios, las cosas no funcionan así.

Si no descubro que lo que la Ley me ordena es lo que exige mi verdadero ser; si no interiorizo ese precepto hasta que deje de ser precepto y se convierta en convencimiento total de que eso es lo mejor para mí, el cumplimiento de la ley me deja como estaba, no me enriquece ni me hace mejor. Fijaos en lo que dice Jesús en el evangelio, “si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Ellos cumplían la ley escrupulo­samente, pero externamente. Eso no les hacía mejores sino mezquinos.

Desde esta perspectiva, podemos entender lo que Jesús hizo en su tiempo con la Ley de Moisés. Si dijo que no venía a abolir la ley, sino a darle plenitud, es porque muchos le acusaron de saltársela a la torera. Jesús no fue contra la Ley, sino más allá de la Ley. Quiso decirnos que toda ley se queda siempre corta, que siempre tenemos que ir más allá de la letra, de la pura formulación, hasta descubrir el espíritu. La voluntad de Dios está más allá de cualquier formulación, por eso tenemos que seguir perfeccionándolas.

Jesús pasó, de un cumplimiento externo de leyes a un descubrimiento de las exigencias de su propio ser. Esa revolución, que intentó Jesús, está aún sin hacer. No solo no hemos avanzado nada en los dos mil años de cristianismo, sino que en cuanto pasó la primera generación de cristianos hemos ido en la dirección contraria. Todas las indicaciones del evangelio, en el sentido de vivir en el espíritu y no en la letra, han sido ignoradas.

Habéis oído que se dijo a nuestros antepasados: no matarás, pero yo os digo: todo el que está enfadado con su hermano será procesado”. No son alternativas, es decir o una o la otra. No queda abolido el mandamiento antiguo sino elevado a niveles increíblemente más profundos. Nos enseña que una actitud interna negativa es ya un fallo contra tu propio ser, aunque no se manifieste en una acción concreta contra el hermano.

Si cuando vas a presentar tu ofrenda, te acuerdas de que tu hermano tiene queja contra ti, deja allí tu ofrenda y vete a reconciliarte con tu hermano…” Se nos ha dicho por activa y por pasiva que lo importante era nuestra relación con Dios. Toda nuestra religiosidad, tal como se nos ha enseñado, está orientada desde esta perspectiva equivocada. El evangelio nos dice que más importante que nuestra relación con Dios es nuestra relación efectiva con los demás. Si ignoramos a los demás, nunca nos encontraremos con Dios.

No dice el texto: si tú tienes queja contra tu hermano, sino “si tu hermano tiene queja contra ti. ¡Que difícil es que yo me detenga a examinar si mi actitud pudo defraudar al hermano! Es impresionante, si no fuera tan falseado: “deja allí tu ofrenda y vete antes a reconciliarte con tu hermano”. Las ofrendas, los sacrificios, las limosnas, las oraciones no sirven de nada si otro ser humano tiene pendiente la más mínima cuenta contigo.

Nos hemos olvidado que eliminar las leyes no puede funcionar si no suplimos esa ausencia de normas por un compromiso de vivencia interior que las supere. Las leyes solo se pueden tirar por la borda cuando la persona ha llegado a un conocimiento profundo de su propio ser. Ya no necesita apoyaturas externas para caminar hacia su verdadera meta. Recuerda: “ama y haz lo que quieras” o “el que ama ha cumplido el resto de la Ley”

Jesús descubre que la Ley no es el fin, sino un medio para llegar al fin. Hoy hemos descubierto que ni siquiera el “Dios” imaginado es el fin. El fin es el hombre concreto. Si nos hemos liberado ya de la Ley (externa), aún nos falta liberarnos de “Dios”, es decir, del Dios Señor poderoso que exige sumisión y, desde fuera, nos controla y manipula.

Meditación

Cumplir la Ley solo evita el castigo. Eso no es buena noticia.
El amor te hace humano y esa es su verdadera recompensa.
La voluntad de Dios eres tú mismo.
Si la buscas en otra parte, trabajaras en vano.
Todos los mandamientos son corsés que te impiden crecer,
porque pondrán limites a tu desarrollo interior.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Epístola a Jesús

Domingo, 16 de febrero de 2020

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El amor es una palabra de luz, escrita por una mano de luz, sobre una página de luz
(Khalil Gibran)

Mt 5, 17-37

No se enciende un candil para taparlo con un celemín, sin que se pone sobre un candelero para que alumbre a todos en la casa

Es la primera Carta que te escribo, Jesús de Nazaret, siguiendo el ejemplo de San Pablo, y recorriendo todos los caminos que por mar y por tierra hizo el de Tarso, como tú recorriste los de Galilea, tu patria, Samaria y Judea.

Las epístolas paulinas fueron doce -un Colegio Apostólico robado-, pero de todas ellas, a mí la que más me gusta es la de los Efesios, en la que nos propone “ser hijos de la luz”, que es también lo que tú siempre fuiste: “Yo soy la luz del mundo, quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).

Una luz abierta al mundo entero, ofertada en tus manos, y nunca oculta bajo el celemín, dejándonos a oscuras y con los ojos ciegos como los de aquel mendigo ciego, llamado Bartimeo, que sentado a la vera del camino te gritaba: “¡Jesús, hijo de David, compadécete de mí! Y tú, eternamente compasivo, le preguntaste: “¿Qué quieres de mí?” A lo que él contesto: “Maestro, que recobre la vista” (Mc, cap. 8).

El papa Francisco dijo que había que preguntarse: “¿Soy yo luz para los otros?”

Si no tenemos camino para andar, ni vista para andar por dónde andamos, andaremos a tientas como aquel ciego que tomaste de la mano, se la impusiste y preguntaste: “¿Ves algo?” Y mientras recobraba la vista dijo: “Veo hombres, y los veo como árboles, pero caminando”. (Mc 8, 23-24)

Dos cosas importantes: ver hombres y verlos caminando. Dos cosas y dos hechos de capital importancia que, ojalá, en nuestra vida fueran siempre ciertos, sobre todo, si además de verlos con los ojos del cuerpo, los vemos también con los del alma, que son, se dice, como espejos.

El alma que hablar puede por los ojos, puede también besar con la mirada, decía, Adolfo Bécquer.

Y con ese camino que andamos y esos ojos que miramos, hallaremos la manera de llegar a ser más humanos y menos divinos, o posiblemente ambas cosas, siempre que sean descubiertas, desde dentro y por nosotros mismos.

Cuando te pidió Felipe que le enseñases al Padre, pues para él le bastaba, tú le respondiste: “Felipe, quien me ha visto mí, ha visto al Padre (Jn 14,8-9).

¿Pero es que el susodicho Felipe, no estaba cuando dijiste: “El Padre y yo somos uno?”  (Jn 10, 29).

Posiblemente el ser humano ha gozado siempre de la habilidad de soñar, de preguntarse por el mundo y de asombrarse con la belleza que ve y que nos rodea.

“El amor es una palabra de luz, escrita por una mano de luz, sobre una página de luz”, dijo con voz de poeta Khalil Gibran

Amable Jesús de Nazaret, Shalom, por escucharme. Espero que hayas recibido mi carta; y por si te apetece contestarme y tienes tiempo, aquí tienes mi correo: vmartinezperez@gmail.com

Supongo que como tú estás más allá del tiempo, tendrás un Apple mac como el mío, y sabrás manejarlo, espero recibirlo, y me despido de ti a la manera como se despedía Pablo en sus Epístolas, en este caso la de los Filipenses:

Que tu gracia, Señor Jesús, esté siempre contigo y conmigo.

Luis Rosales expresa todo esto de este modo:

 LA ÚLTIMA LUZ

La última luz
eres de cielo hacia la tarde, tienes
ya dorada la luz en las pupilas,
como un poco de nieve atardeciendo
que sabe que atardece.
Y yo querría
cegar del corazón, cegar de verte
cayendo hacia ti misma
como la tarde cae, como la noche
ciega la luz del bosque en que camina
de copa en copa cada vez más alta,
hasta la rama isleña, sonreída
por el último sol,
¡y sé que avanzas
porque avanza la noche! y que iluminas
tres hojas solas en el bosque,
y pienso
que la sombra te hará clara y distinta,
que todo el sol del mundo en ti descansa,
en ti, la retrasada, la encendida
rama del corazón en la que aún tiembla
la luz sin sol donde se cumple el día.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Habéis oído que se dijo… Pero yo os digo

Domingo, 16 de febrero de 2020

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Mateo 5,17-37

Nos encontramos este domingo con un texto largo del evangelio de Mateo. Es importante que hagamos un esfuerzo para descubrir el mensaje global, esencial y sumamente importante que nos da, si no queremos correr el riesgo de enredarnos en cada detalle, perdiéndonos lo que de verdad preocupaba a Jesús y a las primeras comunidades cristianas.

Ya el primer párrafo nos sitúa en esta óptica global. Mateo pone en boca de Jesús su postura ante la Ley: He venido a darle plenitud”, no a analizar sus detalles, no a criticar algunos preceptos… a darle plenitud y sentido profundo. Y esta plenitud, no es mejorar la ley por las nuevas normas que Jesús va a plantear frente a las antiguas, por considerarlas más perfectas. La plenitud que el evangelio nos plantea no va de “mayor perfección”, sino de un cambio radical de clave: Jesús mismo es la plenitud de la Ley. Su persona, su identidad, su forma de vivir es la Ley misma en su plenitud.

Por eso acogerle, creer en Él, identificarnos con Él viviendo como discípulos suyos nos hace “grandes en el Reino de los cielos”  expresión que usa Mateo para hablar de Dios mismo, del plan que Dios tiene sobre la humanidad, del mundo que Él sueña para todos.

Hay una frase que se repite tres veces en el texto que hoy leemos, que es novedosa y rompedora. Seguro que resultó escandalosa para muchos contemporáneos de Jesús, judíos fieles a la ley de Moisés, a la que consideraban voz de Dios:

“Habéis oído que se dijo… Pero yo os digo”

Nos sitúa, a ellos y a nosotros, en un terreno conocido. Lo que ordinariamente todos hemos oído y convenimos que hay que hacer, no matar, no jurar en falso, no cometer adulterio, no apropiarnos de lo que no es nuestro… Esto, nos viene a decir el evangelio, no lo vamos a discutir. Pero en sí mismo, si lo tomamos solo al pie de la letra, podemos caer en la contradicción de “cumplir” la norma engañando o incluso burlándonos de lo que en el fondo quiere decir. Es muy probable que ninguno de nosotros empuñe una pistola o un cuchillo y mate a otro, pero, ¿Cuántas veces nuestras palabras o gestos matan proyectos, posibilidades y quitan la alegría de vivir a una persona? Es fácil que en nuestra sociedad no avalemos nuestras palabras “jurando por Dios”, pero ¿Cuántas formas usamos para ocultar, deformar o utilizar la verdad en nuestro provecho?

Frente a ese escenario en el que solemos movernos, el que hemos oído, el evangelio usa una frase lapidaria de Jesús: Pero yo os digo.

La fuerza de la expresión es el yo. No hay más razones para hacer el planteamiento radicalmente nuevo que nos va a ofrecer. Su autoridad reside en su persona. Su manera de vivir es nuestra ley y referente. A partir de ahora, cumplir la ley es creer en él y seguirle. La coherencia de Jesús es el origen de su autoridad. También, en alguna medida, de la nuestra. El mismo,  se atreve a decir “que vuestra justicia no sea igual que la de aquellos que os enseñan la ley, los escribas y fariseos, ellos dicen pero no hacen” Podemos preguntarnos, ¿qué autoridad tienen nuestras palabras para nuestra familia, nuestros hijos, compañeros, alumnos….?  ¿Qué testimonio de cristianos estamos dando? ¿Descubren los que nos rodean por nuestra forma de vivir la de Jesús?

Realmente el evangelio nos plantea un cambio absoluto. Nos dice: no te quedes solo en tus acciones, la ley va dirigida al corazón, al interior de tu persona, a tus actitudes profundas, a tus razones para obrar, a tus sentimientos, a aquello que te construye y te define como persona.

No te puedes quedar en no atacar a tu hermano, estás llamado a amarle, comprenderle, perdonarle… No te quedes solo con no abusar físicamente de una mujer, respétala profundamente, acércate a ella, dirigirte a ella con la dignidad que tiene y se merece…

En los tribunales de nuestra sociedad, son los hechos, las pruebas, los documentos, en definitiva lo tangible, lo que hace que se nos condene o se nos indulte. Muchas veces nuestra fama depende de la imagen que aparece en las redes, de nuestra presencia física… No importa tanto robar como que no nos pillen para poder seguir teniendo una imagen honorable. No importa tanto el que se la juegue a mi mujer o traicione a mis empleados, como el que ella o ellos no se enteren…

Vivir y cumplir la ley como Jesús nos dice, es algo que los primeros cristianos debieron descubrir con tanta fuerza que la sitúan por encima de la integridad física y es condición indispensable para acercarse a Dios, para presentarle nuestra ofrenda o participar en la eucaristía. Aunque no podamos interpretarlo al pie de la letra y cortar la mano que roba o los pies que han dado malos pasos, la fuerza de la expresión nos ayuda a descubrir la importancia que tiene vivir la ley en esta nueva clave. Nos llama a revisar nuestros criterios y juicios de valor… Nos llama a plantearnos como es nuestra relación con Dios, que le ofrecemos, que culto le damos. ¿Podemos seguir orando o participando en la eucaristía si hay hermanos que con justicia tienen quejas de nosotros? ¿Si no atendemos, acogemos, perdonamos y ayudamos a los demás?

Ojalá el evangelio de hoy nos ayude a plantearnos ¿Qué es para mí cumplir la ley? ¿Desde dónde hago lo que “tengo que hacer”? ¿Desde la rutina o la costumbre? ¿Desde la presión del qué dirán de mí?… ¿o desde el corazón?

Si “descargamos o conectamos” la Palabra de Dios directamente en nuestro corazón, lo que pensemos, digamos o hagamos será sincero, auténtico, profundo. Será expresión del amor, del perdón y la comprensión a los hermanos y así, solo así, el vivir los mandamientos, la Ley, nos acercará a Dios y nos hará felices. Porque, como dice el evangelio eso es llevar la Ley a su plenitud.

Mª Guadalupe Labrador Encinas fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Vivir desde el corazón

Domingo, 16 de febrero de 2020

Bondad.1-300x225Domingo VI del Tiempo Ordinario 

16 febrero 2020

Mt 5, 17-37

En medio de la tensión que vive su comunidad, en la que conviven discípulos procedentes del judaísmo –que reclaman el cumplimiento de la ley judía– y los que provienen del paganismo –que subrayan la “ruptura” que ha supuesto Jesús–, Mateo trata de buscar un equilibrio no siempre fácil. Así hay que entender la afirmación, favorable a los judeocristianos, según la cual Jesús no ha venido a “abolir la ley, sino a dar plenitud”. Pero a continuación, para resaltar la “novedad” del mensaje, tal como reclamaban quienes procedían del mundo helénico, remarca que “si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”.

          Más allá de esas muestras de “inestable equilibrio” con el que intenta mantener la paz en su propia comunidad, el texto apunta a algo de mucha mayor hondura y que toca una cuestión básica del camino espiritual: ¿Desde dónde vivo?

          Los códigos morales insisten en las acciones: “no matar”, “no cometer adulterio”, “no jurar”. Pero probablemente todos tenemos experiencia de que es posible no hacer nada de ello y, sin embargo, vivir con el corazón endurecido, desconectado de lo realmente importante.

          El mensaje de Jesús es radical, por cuanto quiere llegar a la raíz. Y por eso nos confronta con nuestra propia verdad: ¿Me vivo desde la norma o desde el corazón?

          Vivir desde el “corazón” significa vivir desde el amor que nace de la comprensión de la unidad que somos, y que se plasma en la “regla de oro”: trata a los demás como te gustaría que ellos te trataran a ti.

¿He interiorizado, desde la comprensión, la llamada “regla de oro”?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Que digan lo que quieran, pero yo os digo que Dios os ama

Domingo, 16 de febrero de 2020

unnamedDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Se os dijo … pero yo os digo.         Las bienaventuranzas comienzan y presiden este capítulo quinto de Mateo y toda la moral / ética del cristianismo.

         (Tengamos presente que Mateo es un evangelio escrito para cristianos de origen judío, que conocían muy bien el AT)-

         Por eso en el NT cambia toda la decoración: Jesús -y ya no Moisés-, sube a un monte, que no es el Sinaí, y promulga un nuevo decálogo, que no son los diez mandamientos, mucho menos los 613 preceptos de los judíos, sino las bienaventuranzas.

         Mateo hila muy fino y compone este esquema literario, que pone en boca de Jesús: En el AT, en el Sinaí se os dijo, ahora: pero yo os digo

         Hemos de pensar que el AT es también palabra revelada y es palabra de Dios. Pero Jesús tiene “la osadía” de prescindir y dejar en un segundo plano ese AT y “soy yo quien os digo”.

Jesús propone unas antítesis de las que hoy hemos escuchado cuatro: el homicidio, el adulterio, el divorcio y el juramento.

  1. alternativas.

         ¿Cuál pueda ser nuestro criterio de comportamiento moral (ética)?

  1. En el cristianismo, la mentalidad legalista no es fuente de moralidad, la letra por la ley, mata, el espíritu es quien da vida (2Cor 3,6). Jesús da un vuelco a la moralidad legalista del Derecho Canónico. La ley, el sábado han sido hechos para el hombre y no el hombre para la ley, (Mc 2,27)
  1. Podemos caer en un fundamentalismo legalista eclesiástico. Si los judíos tenían 613 preceptos, el Código de Derecho Canónico tiene 1752 cánones además de centenares de normas eclesiásticas, litúrgicas, etc…
  1. Se os dijo, pero yo os digo. ¿Y qué es lo que dice JesuCristo. El único criterio cristiano de moralidad es cristiano es el amor: amar a Dios y al prójimo.

La moralidad cristiana es acoger lo que Jesús dijo: la Misericordia de Dios.

  • o Jesús no dijo: eres una adúltera, sino yo no te condeno, (Jn 8,36).
  • o Jesús no dijo: eres una histérica, sino que curó a aquella mujer que perdía la vida (sangre), (Lc 8,43).
  • o Jesús no dijo: eres un neurótico perdido, sino que equilibró a aquellos hombres epilépticos, neuróticos (endemoniados), (Mt 9,32).
  • o Jesús no dijo: este centurión romano es un invasor y opresor, sino que dijo: no he visto en Israel una fe tan grande, (Lc 7,9).
  • o Jesús no dijo a Pedro: me has negado, sino que le dijo ¿me amas? (Jn 21,15-17).
  • o Jesús no dijo a Judas: eres un traidor, sino que tras darle el pan le dirá para hacerle recapacitar: amigo ¿con un beso me entregas? (Mt 26,60).
  • o Jesús no dijo: eres un vulgar ladrón. Sino que dijo: hoy estarás conmigo en el paraíso, Lc 23,39.
  • o Jesús no dijo a Dios en la cruz: mátalos a todos, sino: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. (Lc 23-24).

Se nos han dicho e impuesto con un sinfín de normas, leyes; ¡se nos han dicho tantas cosas ajenas al Nuevo del Nuevo Testamento y al pensamiento de Jesús!. Incluso se nos ha amenazado con la condenación del infierno, sin embargo Jesús nos dijo y habló de la alegría del cielo: Jesús nos ha dicho: no perdáis la calma, no tengáis miedo, yo os aliviaré…

  1. La predicación de Jesús (el Reino de Dios)

La predicación de Jesús expresa sobre todo la presencia de la bondad y la misericordia de Dios para con el ser humano. El concepto fundamental y central del Evangelio de JesuCristo es la misericordia y es la clave de la vida cristiana.[1]

Escribía Paul Tillich, teólogo luterano de mediados del siglo XX:

Cuando oigáis la llamada de Jesús, olvidad todas las doctrinas cristianas, olvidad vuestras propias convicciones y vuestras dudas particulares. Si alguna vez Le seguís a Jesús, olvidad toda la moral cristiana, vuestros logros y vuestras dudas particulares. Nada se os pide -ninguna idea de Dios, ninguna bondad especial propia, ni que seáis religiosos, ni que seáis cristianos, ni siquiera que seáis sabios, ni que os atengáis a una moral. Lo que se os pide es tan sólo que os abráis a lo que se os da y que queráis aceptarlo: el Nuevo Ser (JesuCristo), el ser de amor, de justicia y de verdad que se manifiesta en Aquel cuyo yugo es llevadero y cuya carga es ligera.[2]

La ética y la moral cristiana es lo que Jesús nos dice:

Se os ha dicho y nos pueden decir todo lo que quieran,

 pero yo os digo… que Dios es amor.

[1] W. Kasper, El desafío de la misericordia, Maliaño-Cantabria, Ed Sal Terrae, 2015, 74).

[2] P. Tillich, Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, Barcelona, Ed Nopal, 1968, 160.

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“¿En qué hemos de cambiar?”. 3 Tiempo ordinario – A (Mateo 4,12-23)

Domingo, 26 de enero de 2020

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No es difícil resumir el mensaje de Jesús: Dios no es un ser indiferente y lejano, que se mueve en su mundo, interesado solo por su honor y sus derechos. Es alguien que busca para todos lo mejor. Su fuerza salvadora está actuando en lo más hondo de la vida. Solo quiere la colaboración de sus criaturas para conducir al mundo a su plenitud: «El reino de Dios está cerca. Cambiad».

Pero ¿qué es colaborar en el proyecto de Dios?, ¿en qué hay que cambiar? La llamada de Jesús no se dirige solo a los «pecadores» para que abandonen su conducta y se parezcan un poco más a los que ya observan la ley de Dios. No es eso lo que le preocupa. Jesús se dirige a todos, pues todos tienen que aprender a actuar de manera diferente. Su objetivo no es que en Israel se viva una religión más fiel a Dios, sino que sus seguidores introduzcan en el mundo una nueva dinámica: la que responde al proyecto de Dios. Señalaré los puntos clave.

La compasión ha de ser siempre el principio de actuación

Hay que introducir en el mundo compasión hacia los que sufren: «Sed compasivos como es vuestro Padre». Sobran las grandes palabras que hablan de justicia, igualdad o democracia. Sin compasión hacia los últimos no son nada. Sin ayuda práctica a los desgraciados de la tierra no hay progreso humano.

La dignidad de los últimos ha de ser la primera meta

«Los últimos serán los primeros». Hay que imprimir a la historia una nueva dirección. Hay que poner la cultura, la economía, las democracias y las Iglesias mirando hacia los que no pueden vivir de manera digna.

Hay que impulsar un proceso de curación que libere a la humanidad de lo que la destruye y degrada: «Id y curad»

Jesús no encontró un lenguaje mejor. Lo decisivo es curar, aliviar el sufrimiento, sanear la vida, construir una convivencia orientada hacia una vida más sana, digna y dichosa para todos.

Esta es la herencia de Jesús. Nunca en ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios, si no es liberando a los últimos de su humillación y sufrimiento. Nunca será bendecida por Dios ninguna religión, si no busca justicia para ellos.

José Antonio Pagola

 

 

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“Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.”. Domingo 26 de enero de 2017 Domingo 3º del tiempo ordinario

Domingo, 26 de enero de 2020

11-OrdinarioA3Leído en Koinonia:

Isaías 8,23b-9,3: En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande.
Salmo responsorial: 26: El Señor es mi luz y mi salvación.
1Corintios 1,10-13.17: Poneos de acuerdo y no andéis divididos.
Mateo 4,12-23: Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.

Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial. La necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que le llegue el turno de la renovación. La coyuntura actual nos inspiraría un cierto optimismo… ¿Será posible?

La primera lectura parece haber sido escogida estrictamente por coincidir con la tercera lectura en la alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy –dada la altura a la que estamos en el año litúrgico– se adecúa bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

-Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».

-Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús… No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

-El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio… Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico… O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta… sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente…

-No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar… Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

-Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado… Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha… sin unilateralismos.

-El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás… para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías…

-En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido. Leer más…

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26.1.2020. Fiesta de la Palabra de Dios Una Palabra de Dios y tres biblias

Domingo, 26 de enero de 2020

A023D056-01AC-44A4-93BC-122F73FB8A89Del blog de Xabier Pikaza:

Biblia judeo-cristiana: Por los caminos “adversos” De Dios

 El Papa Francisco ha creado ha creado la Fiesta de la Palabra de Dios, que ha de celebrarse el domingo más cercano a la Conversión de San Pablo (25 de enero). Ésta es la fiesta que celebramos este año, por primera vez, el 26 de enero, como introducción al Año de la Biblia, al que me he referido ya en otra postal (en referencia a mi libro Ciudad‒Biblia).

Esta Fiesta de la Biblia es la Fiesta de la Palabra como encuentro  de los hombres con Dios. Esta fiesta toma como punto de partida y clave el enunciado de Jn 1, 14 (la Palabra se hizo carne, es decir, se hizo hombre, humanidad). En esa línea, haciéndose “carne”, podemos decir que Dios se ha hecho Palabra en la Historia, una Palabra evocada y expresada de un modo especial en el libro de la Historia de Israel y de los Evangelios de Jesús, como expresión de la presencia de Dios entre los hombres.  Una Biblia judeo‒cristiana, tres biblias. Pero esta Biblia de la historia judeo‒cristiana es inseparable de la Biblia Universal, esto es, de la Palabra de Dios, que se expresa en la vida de los hombres. En esa línea se puede hablar de tres religiones y tres biblias:

1. TRES RELIGIONES

 Religiones de la naturaleza, esto es, del cosmos. Suelen ser “paganas” y divinizan los poderes del mundo y de la vida, de una forma que para otras, que se dicen más avanzada, resulta “idolátrica”. En general no tienen libros sagrados, aunque sí mitos y tradiciones que se han transmitido y recreado a lo largo de milenios. En un sentido extenso, en esas religiones se puede hablar de una Biblia Cósmica, que es el mundo entero, la vida sagrada, como saben sus tradiciones

Religiones místicas, de la interioridad.Son más propias del Oriente (India, China). Tienden a descubrir lo sagrado (divino) en la misma vida interior, en el proceso de maduración personal, de inmersión en la realidad absoluta. La primera Palabra de Dios no es un libro exterior (en piedra, ladrillo, papiro o pergamino), sino la Voz que Dios o lo divino graba de una forma viva en cada corazón de hombre o mujer que la escucha o responde.

 Religiones históricas o proféticas.Son más propias del occidente “semita”: judaísmo, cristianismo, Islam. Han tendido a fijar la revelación de Dios en unos libros sagrados, revelados por un Dios personal, que actúa en la historia a los grandes profetas (Moisés, Jesús, Muhammad), de forma distintas, aunque complementarias. Sólo estas religiones tienen libros “canónicos” o normativos estrictamente dicho

 2. TRES BIBLIAS

 Biblia de la Naturaleza

Es la más antigua, y suele identificarse con la “revelación natural”, que viene dada por la misma vida (el mundo), antes de las revelaciones positivas o posteriores.Las escrituras posteriores, judeo/cristiano/musulmanas, dependen de aquella Biblia Universal del cosmos, que se expresa en mil mitos o relatos sagrados que han ido fundando la historia religiosa de la humanidad.

              La Biblia Cristiana no quiere destruir el valor de ese Libro de la Naturaleza, sino dialogar con él y completarlo. Ella sólo será Palabra de Dios en la medida en que permita recuperar el valor sagrado de la naturaleza y la vida de los hombres y mujeres del mundo. Esta Biblia Universal (propia de la mayoría de la humanidad actual) es variada y unitaria, desplegada a lo largo de toda la cultura humana. Ella ha tenido y tiene infinidad de variantes, pero se funda en el hecho de que Dios (lo divino) habla a los hombres en el mundo y en la vida.

Biblia de la interioridad.

Está vinculada a la capacidad de penetración interior de los hombres, pues como dice San Pablo hay una Escriturao Carta de Dios, escrita en nuestros propios corazones(cf. 2 Cor 3-4).  Sin esa voz interior, sin esta Palabra que resuena en la intimidad de cada ser humano (como sabe también Jr 31, 33), no se puede hablar después de una Biblia judía o cristiana.

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26.1. Fiesta de la Palabra: para leer, celebrar y “vivir” la Biblia

Domingo, 26 de enero de 2020

aves-cables-alta-tension-2Del blog de Xabier Pikaza:

Canto de Dios: Iniciación a la Palabra (hermenéutica)

Desde antiguo se viene comparando la Biblia con la música de Dios, y así lo ha destacado el Papa Francisco al instituir esta Fiesta de la Palabra, para leer y celebrar, compartir y liberar, como germen e impulso de Dios en el camino de los hombres. Desde ese fondo he querido:

  1. Presentar de nuevo dos reflexiones que expuse hace unos meses en youtube sobre la hermenéutica en la Biblia y en la historia (estudio) de las religiones, poniendo de relieve el hecho de que la Biblia sólo es palabra de Dios en la medida en que se escucha, se lee, se comparte, se interpreta y se celebra, como una obra musical, que no es la “partitura” en sí, sino la celebración de su música.
  2. Exponer algunos elementos básicos de la hermenéutica o interpretación de la Biblia, en línea judía y cristiana, conforme a mi libro Biblia‒Ciudad. Esta segunda parte es más técnica y servirá para descubrir el otro lado de la Biblia, como libro de instrucciones, para manejar, entender, re-interpretar y aplicar la Biblia, en la vida de los hombres y mujeres que la leen y quieren entenderla, actualizarla, recrearla, recreándose por ella.

Un ejemplo triste. La Biblia de Pizarro y Atahualpa

 9788490731765-esA principios del siglo XVI, cuando los españoles al mando de F. Pizarro tomaron el imperio incaico, hubo un encuentro famoso entre el Inca Atahualpa y y Pizarro, el conquistar, representado  por su capellán,Vicente de Valverde, que se acercó al Inca y le ofreció  la Escritura Cristiana (Biblia o Breviario) diciéndole:

‒ Escucha y cumple: Ésta es la Palabra de Dios, y ella te pide que te conviertas a la verdadera fe de Jesucristo.

Atahualpa tomó el libro, lo puso en su oído y no oyendo nada lo dejó caer al suelo. Entonces, el P. Valverde, buen teólogo, alumno de Salamanca y escolar de los Dominicos de Valladolid, exclamó: ¡Cristianos, este hombre ha arrojado por tierra los evangelios, que son la palabra de Dios, prendedle…!

Aquel fue un encuentro fallido… No se podía presentar la “Palabra de Dios” (que se expresa en la Biblia) de esa manera… Para Atahualpa aquel libro no podía ser palabra de Dios, no le podía hablar. Por su parte, Valverde y los españoles tampoco sabían (o no querían saber) lo que implica la Biblia, que es la experiencia de un encuentro personal con Dios…

   Evidentemente, para que Atahualpa escuchara la “música” de la Biblia, Valverde y sus colegas soldados tendrían que habérsela cantado y vivido de otra forma y para ello no estaban (=no querían estar) “preparados”. Fue tristísimo: La Biblia en el suelo y Atahualpa condenado, al fin, a muerte y ejecutado, con la excusa de que la había “profanado” la Biblia. El Papa Francisco es heredero de aquel desencuentro y “crimen” de la Biblia. En esa línea se puede hablar de muchas biblias “malas”:

  1. La Biblia amuleto,   de los que la llevan o tienen en casa como un talismán protector, en línea de idolatría más que de Palabra de Dios.
  2. La Biblia incensada en las celebraciones, biblia olorosa y lujosa en un ambón callado, que a nadie habla.
  3. La Biblia arrojadiza propias, de aquellos que la emplean sólo para argumentar y condenar a los demás, sin jamás llegar a sus entrañas para dejarse convertir por la Palabra.
  4. La Biblia olvidada y polvorienta, en el rincón de una oscura esquina o biblioteca de la casa, como el arpa del poeta (Becquer), con mil melodías y gritos de amor escondidos y mudos en su seno.
  5. Biblia clerical, domada o dogmatizada por algunos, que la interpretan e imponen a su medida, mientras el conjunto de los fieles no pueden leerla, porque está prohibido que piensan… Esa era la Biblia de mis tías muy mayores de Ceberio, heredada de su hermano cura de principios del siglo XX en un gran armario al que los niños no podíamos llegar…

   Esas y otras semejantes son biblias muertas,  que están ahí pero no hablan, que no son (no se hacen) palabra de vida, ciudad donde uno habita por dentro. En contra de eso, ha de estar en nuestra casa y parroquia la Bibia compartida, de la familia y de la juventud, Biblia que se lee y estudia, que se goza y de discute, que se aprende en la medida en que se lee al caminar.

Para los que tienen y leer esa Biblia, quiero ofrecer las reflexiones que siguen, partiendo de lo que he dicho en Ciudad-Biblia, libro preparado precisamente para los que quieran celebrar esta fiesta del 26.1.2020.

HERMENÉUTICA BÍBLICA

Presentación básica de algunos elementos de hermenéutica, para situar, entender y revivir la Biblia como palabra de Vida en la vida de los hombres.

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 HERMENÉUTICA JUDÍA

La Biblia es Palabra de Dios en la medida se lee y actualiza, se comenta y aplica, de una forma viva, activa, comprometida y creadora dentro de una comunidad de creyentes, es decir, de lectores vivos que descubren y despliegan a través de ella su experiencia y camino creyente.

Tres principios

  1. La Biblia es Palabra de Dios en la medida en que habla, esto es, Dios sigue hablando por ella en el corazón y en la mente de los hombres y mujeres que la toman como referencia básica de su encuentro con Dios. Cerrada en sí, como libro que está ahí, como una “cosa”, por bella o importante que sea, la Biblia no es palabra de Dios.
  2. La Biblia es un libro vivo de toda una comunidad creyente… Cuando algunos particulares, por importantes que sean (ministros‒jerarcas o estudiosos‒escribas…) se apoderan de ella y la toman como propia, esa Biblia deja de ser Palabra de Dios y se convierte en ideología o signo de poder de algunos grupos especiales de especialistas (perdónese la redundancia).
  3. El Papa Francisco ha querido “devolver la Biblia a todos los cristianos católicos”, pues antes, por siglos, había estado secuestrada por estamentos jerárquico‒académicos, de forma que ella no era el libro de reverencia de la Palabra de Dios, sino texto heráldico o de dominación de algunos.

Todo el judaísmo es una interpretación bíblica, como he puesto de relieve al final del estudio del AT (Biblia y judaísmo).  Teniendo eso en cuenta, quiero recoger algunas normas de la  lectura e interpretación de la Biblia, elaboradas por el judaísmo,  desde el mismo interior del texto, entendido como un libro vivo.

Punto de partida.

Los escribas judíos (los grandes rabinos) no se preocupan por deducir de la Biblia unas teorías sobre Dios o sobre el mundo, sino por fijar a partir de ella y de las tradiciones del judaísmo unas normas de vida para el pueblo. Ciertamente, ellos saben que la Ley es gracia, don de Dios, revelación de un misterio que les sobrepasa, regalo sagrado y salvador que Dios mismo ha querido dar a su pueblo para guiarle sobre el mundo a lo largo de una historia que se narra en los libros proféticos (la primera parte de los libros proféticos son los que suelen llamarse históricos, de Josué a 2 Reyes).

Reglas de interpretación

Hay varios métodos de exégesis rabínica, que pueden resumirse en las reglas de Hillel, de R. Ismael o de R. Jose ha-Galili (siglos I y II d. C.). Leer más…

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Comienzo de la actividad de Jesús. Domingo tercero Tiempo Ordinario. Ciclo A

Domingo, 26 de enero de 2020

2f847-pesca_milagrosa_2bDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En los dos domingos anteriores estuvimos junto al río Jordán, recordando el bautismo de Jesús y el testimonio que ofreció de él Juan Bautista. La liturgia da ahora un salto notable. Omite las tentaciones de Jesús (que se leerán el primer domingo de Cuaresma) y nos sitúa en un momento posterior, cuando Herodes, molesto por la predicación de Juan, decide meterlo en la cárcel. Lo que ocurre a continuación lo cuenta el evangelio de Mateo en tres pasajes breves: actividad inicial de Jesús, vocación de los cuatro primeros discípulos, y resumen de la actividad en Galilea. La liturgia permite limitarse al primero, eligiendo la forma breve del evangelio. Dada su importancia, quizá sea lo más aconsejable. Pero añadiré algo sobre los otros dos.

  1. La actividad inicial de Jesús (Mt 4,12-17)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

            Quien se sienta desconcertado por la presentación inicial de Jesús, poniéndose en la fila de los pecadores para bautizarse, tiene motivos para desconcertarse todavía más al leer los comienzos de su actividad. Dicho en palabras muy rápidas, lo primero que hace es huir; lo segundo, actuar en la región más olvidada; lo tercero, repetir al pie de la letra la predicación de Juan Bautista. Pero todo esto encierra un misterio que Mt nos ayuda a desentrañar. Una vez más, para comprender este pasaje conviene compararlo con el de Marcos, que presenta los hechos del siguiente modo.

«Cuando detuvieron a Juan, Jesús se fue a Galilea a pregonar de parte de Dios la buena noticia. Decía: Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca. Arrepentíos y creed la buena noticia».

            La breve noticia de Marcos contiene tres datos: 1) momento en que comienza a actuar Jesús; 2) lugar de su actividad (Galilea); 3) contenido de su predicación. Mt modifica el primero y el tercero y amplía el segundo.

            Momento de actividad

            Es una pena que los evangelistas sean tan sobrios, porque el primer dato resulta más profundo de lo que parece a primera vista. Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan.

            Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase a Jesús igual que nos habla a nosotros, a través de los acontecimientos. Y el gran acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

            Pero hay una diferencia muy sutil entre Mc y Mt. Según Mc, en cuanto encarcelan a Juan comienza Jesús a predicar. Según Mt, lo primero que hace Jesús es retirarse a Nazaret. Desde un punto de vista histórico y psicológico parece una interpretación más adecuada, que abre paso también a una visión más humana de Jesús, como si se tomase un tiempo de reflexión y decisión.

            Lugar de actividad

            La elección del lugar de actividad es sorprendente, más aún que en el caso de Juan Bautista. Juan no predica su mensaje de penitencia en Jerusalén, pero el lugar donde actúa, el desierto, está lleno de reminiscencias simbólicas. Es el lugar donde se espera la manifestación de Dios. Jesús, en cambio, se retira a una región que carece de importancia dentro de la historia judía, incluso conocida con el despreciativo nombre de «Galilea de los paganos». «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comen­taba un rabino orgulloso. El evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

            La elección de Galilea por parte de Jesús tiene sus ventajas y sus riesgos. Ventajas: moverse en una región conocida, y la posibilidad de escapar fácilmente hacia el norte en caso de persecución. Riesgo: proclamar su mensaje en la zona más politizada de Palestina, en un ambiente bastante revolucionario, que se presta a graves conflictos.

            Dentro de Galilea, escoge Cafarnaúm, ciudad de pescadores, campesinos y comerciantes, lugar de paso, que le permite el contacto con gran variedad de gente y un fácil acceso a los pueblecitos cercanos.

            Sin embargo, Mt ve las cosas de forma distinta que el historiador moderno. La elección de Galilea le recuerda una profecía de Isaías, en la que se habla de las terribles desgracias sufridas por esa región durante la invasión asiria del siglo VIII a.C. y se le anuncia la salvación para el futuro. El poema de Isaías 8,23b-9,6 habla de tres motivos de alegría: el fin de la opresión, el fin de la guerra, y el nacimiento de un niño (¿el rey Ezequías?). Pero a Mateo le interesa el primero, para presentar a Jesús como la luz grande que ilumina a Galilea. En esto se centra la primera lectura.

En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

            El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

            Para Mateo, lo esencial es que Jesús no va a dirigirse a la gente importante, a los que pueden cambiar el mundo, sino a «los que habitan en tinieblas», «los que habitaban en tierra y sombra de muerte». La gente más despreciada y olvidada (campesinos y pescadores) será el primer auditorio de Jesús. Para ellos se convierte en una «gran luz».

            El mensaje inicial

            Mateo lo sintetiza en dos cuestiones: conversión e inminencia del reinado de Dios. «Convertíos, que el reinado de Dios está cerca».

            La conversión abarca dos aspectos: vuelta a Dios (como el hijo pródigo vuelve a su padre) y el consiguiente cambio de forma de vida, actuando como Dios quiere.

            Mientras lo anterior lo entendeos todos, la inminencia del reinado de Dios puede provocar bastante desconcierto, sobre todo si la relacionamos con el fin del mundo. Para comprender lo que dice Jesús (lo mismo que decía Juan) hay que partir de la experiencia histórica. Desde el siglo VI a.C. el pueblo judío estuvo sometido a potencias extranjeras (Babilonia, Persia, Grecia, Egip­to, Siria). La opresión cada vez resultó más dura, y fue despertando el anhelo de que Dios reinase en el mundo para acabar con toda esa serie de arbitrariedades e injusticias que lo dominaban. Surge así la idea del reinado de Dios (o «de los cielos», para evitar pronunciar el nombre divino). Algunos grupos lo entienden de forma simbólica: Dios reina a través de las autoridades religiosas judías. Otros lo interpretan en sentido estricto, como auténtica veni­da de Dios para establecer un mundo nuevo y definitivo. Estos grupos apocalípticos estaban convencidos de que esa venida de Dios, el fin del mundo presente, era inminente.

            Se entiende el éxito que encuentra este mensaje entre los contemporáneos: a gente pobre, sencilla, opri­mida por los romanos y sus colaboradores, anuncia un mundo nuevo, de justicia, paz, tranquilidad, amor, en el que Dios será el verdadero rey. ¿Es eso lo que piensa y promete Jesús? Mateo despejará las dudas muy pronto, en el Sermón del Monte, que leeremos los próximos domingos.

            Nuestra respuesta

            Este breve pasaje nos obliga a interrogarnos sobre nuestra propia vida. ¿Sería la misma si Jesús no hubiera comenzado a actuar y proclamar su mensaje? ¿Somos conscientes de que nosotros, como los habitantes de Galilea, estábamos sumergidos en la tiniebla y hemos visto una gran luz? ¿Nos dejamos interpelar por la llamada de Jesús a volver a Dios y a cambiar nuestra forma de vida?

  1. Los primeros discípulos (Mt 4,18-22)

Vocación pescadoresPasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

            ‒ Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.

            Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

            Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

            Este breve pasaje, aparentemente tan fácil de entender, está plagado de misterios cuando se piensa en los principales protagonistas.

            Empezando por Jesús, ¿quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo.

            Si misteriosa resulta la conducta de Jesús, también lo es la de los cuatro llamados. ¿Qué los mueve a dejarlo todo, incluso al padre, y seguir a Jesús sin conocerlo previamente? Aquí hay dos cuestiones distintas: el conocimiento previo y el seguimiento radical.

            Que ya conocían a Jesús lo dan por seguro algunos aludiendo al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús entró en contacto con ellos cuando el bautismo (Jn 1,35-51). O afirmando que el verdadero orden de los acontecimientos es el que se ha conservado en el evangelio de Lucas (4,31-5,11): después de curar a un hombre con espíritu inmundo, a la suegra de Pedro, después de otras muchas curaciones y expulsiones de demonios, cuando Jesús es ya de sobras conocido, es cuando llama a los cuatro primeros discípulos y estos lo siguen.

            Pero este conocimiento previo no resuelve el problema del seguimiento radical, renunciando a todo. ¿Qué les movió a ello? Marcos no lo dice en este momento. Más adelante indicará que Santiago y Juan lo hicieron, al menos en parte, por ambición política: estaban convencidos de que Jesús llegaría a reinar en Jerusalén y ellos pretendían los dos primeros puestos en su corte (Mc 10,35-37). También Simón, al confesar a Jesús como Mesías, rechazando el sufrimiento y la muerte, demuestra una preocupación política. Cosa que deja muy clara Lucas cuando habla de los discípulos de Emaús y en el último diálogo antes de la ascensión: concebían a Jesús como quien había de liberar a Israel (Lc 24,21) e instaurar su soberanía (Hch 1,6). Sin embargo, la explicación anterior, aunque sea válida, supone adelantar datos. En este momento nos quedamos sin saber qué movió a los cuatro a seguir a Jesús.

            Lo que no admite duda es que lo siguieron. Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: creen en la buena noticia del Reinado de Dios, lo siguen y cambian radicalmente de vida.

            Y esto debía provocar en los primeros lectores del evangelio un profundo asombro ante el poder de atracción de Jesús y de la disponibilidad absoluta de los discípulos. Algo en lo que se verían reflejados, porque también ellos y ellas habían sentido la llamada de Jesús y, a pesar de todas las dificultades y críticas, lo habían seguido.

  1. Resumen (Mt 4,23)

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

            Esta frase tan breve puede pasar desapercibida. Pero supone un complemento esencial a lo dicho en el punto 1. Allí, la actividad de Jesús se centra en la enseñanza. Aquí, la enseñanza va acompañada de la acción: recorre, enseña, proclama, cura. Curar enfermedades y dolencias ocupa gran parte del tiempo de Jesús. Hace dos domingos, Pedro resumía todo con las palabras: «pasó haciendo el bien».

            Pero hay en este resumen algo que generalmente no valoramos: Recorría toda Galilea. Supone esfuerzo, sacrificio, pasar de 38º en el lago a pueblecillos nevados en invierno. Por eso añado un complemento sobre esta región tan importante en la vida de Jesús, tomado de José Luis Sicre, El cuadrante. Parte IILa apuesta, Editorial Verbo Divino, Estella 1997, p. 45-46. Todo el capítulo 2 de esa obra lo dedico a “La tierra que conoció Jesús” (págs. 29-52).

GALILEA

        Galilea2 «Quedaba comprendida entre el Jordán, el Líbano, la llanura fenicia, el monte Carmelo y la llanura de Yezrael. Sus dimensiones eran 70 km de largo por 40 de ancho. Según Josefo estaba dividida en dos regiones, la Alta y la Baja, delimitadas geográficamente por el valle que corre hacia Tolemaida (Acco). La Alta Galilea se sitúa entre los 600 y los 1200 m con el Jermak como altura máxima. En cambio, la Baja Galilea está entre los 300 y los 600 m: el monte más alto, el Tabor, tiene 588 m.

En la Baja Galilea comienza Jesús su actividad y en ella reside la mayor parte del tiempo. No debemos imaginarla como una zona pobre y marginada. La antigua alusión que encontramos en el libro de Isaías (“Galilea de los paganos”) ha jugado una mala pasada a muchos lectores del evangelio. Es cierto que en el Antiguo Testamento Galilea cuenta muy poco. Pero en tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma Flavio Josefo en el libro tercero de la Guerra judía (BJ III, 41-43).

Wilkinson admite para Séforis una población de 50.000 habitantes; Josefo indica 40.000 para Tariquea y Jotapata; y para Jaffa, el “pueblo” más grande de Galilea, muy cercano a Nazaret, 17.130 personas. Según Wilkinson, ya que Josefo habla de 204 pueblos, admitiendo un promedio de 500 habitantes, tendríamos unos 365.000 para toda Galilea.

Más importante que el número es la población en sí misma. Galilea, tras numerosas vicisitudes, en tiempo de Jesús se ha estabilizado como región judía. Sólo en Séforis y Tiberíades abunda el elemento pagano. Sin embargo, los judíos del sur no sentían gran estima de los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).»

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Domingo III del Tiempo Ordinario. 26 enero, 2020

Domingo, 26 de enero de 2020

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Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando enfermedades y dolencias del pueblo”.

(Mt 4, 12-23)

Este fragmento del Evangelio de Mateo es muy intenso, trata muchos y variados temas: las dificultades, la misión, la vocación, el Reino, la Buena Noticia…

Y esa Buena Noticia, es la Palabra. Hoy celebramos por primera vez el Domingo de la Palabra, una fiesta liturgica dedicada a las Sagradas Escrituras. A la Palabra viva que nos sigue vivificando. ¿Y qué nos dice hoy esa Palabra?

Empieza con una noticia inquietante: Juan Bautista ha sido encarcelado y Jesús al enterarse se retira. Es lo más sensato. Si a Juan lo han arrestado mejor será “quitarse de en medio”.

Pero parece que ese retirarse de Jesús es solo para tomar impulso porque unos versículos más abajo empiezan a predicar. “Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: -Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

Jesús no se esconde. Toma el relevo. Si Juan no está alguien tendrá que continuar con su misión. La misión de anunciar el Reino.

Pero el Reino se construye siempre en comunidad por eso Jesús mientras predica va llamando a otras personas: “Venid y seguidme”.

De la propia misión surgen las vocaciones. El Reino de Dios cautiva, trasforma. Y lo hace de forma rápida y eficaz.

La pasión por el Reino no admite demoras: “Inmediatamente”. La invitación personal de Dios al corazón de cada persona tiene que ir ligada a una respuesta inmediata y totalizante. Las medias tintas, las dudas, las excusas…¡no tienen cabida!

Si la llamada de Dios no trasforma tal vez no ha encontrado la tierra buena donde germinar. Si hay demasiados “peros” para seguirle probablemente nunca se inicie el seguimiento verdadero.

Y, además, la respuesta siempre implica una renuncia. “Dejaron las redes”. Hay que soltar, dejar a tras lo valioso de nuestra propia vida, aquello que nos da seguridad.

“Inmediatamente dejaron las redes (la barca y a su padre) y le siguieron”. La respuesta a Dios tiene que ser como su llamada: plena.

Y termina este evangelio con tres verbos: enseñando, proclamando y curando. Vuelve a tomar protagonismo la figura de Jesús que ahora recorre la misma Galilea a la que se había retirado.

Oración

Ensancha, Trinidad Santa, nuestro corazón a la medida exacta de tu Amor para que podamos responderte con la misma generosidad con la que tú nos llamas.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Reinado de Dios ya está en mí.

Domingo, 26 de enero de 2020

cristoy-jovenMt 4,12-23

Desde el punto de vista teológico, es muy importante para Mt dejar claro que Jesús comienza su actividad lejos de Judea, de Jerusalén, del templo, de las autoridades religiosas. Quiere desligar la actividad de Jesús de toda posible conexión con la institución. También quiere dejar claro que la predicación de Jesús es continuación de la de Juan, iniciando las dos con la misma frase. Otra obsesión de Mt consiste en explicar la actividad de Jesús desde el AT. Estamos al comienzo del evangelio y ya ha repetido seis veces: “Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura”.

Hace sesenta años que comencé a predicar el evangelio y dada día que pasa me cuesta más esfuerzo el comprenderlo y mucho más explicarlo. Al principio me preguntaba por qué se nos proponía un texto tan pequeño en cada liturgia. Hoy cada frase me parece un pozo sin fondo del que nunca seremos capaces de extraer toda el agua que contiene. También hoy nos vamos a concentrar en una sola frase para intentar sacarle más jugo. “Arrepentíos porque está cerca el Reino de los cielos”. Ya hemos dicho que es la misma que pone Mt en boca del Bautista.

Arrepentíos. La primera palabra es ya una dificultad. El primer significado del “metanoeo” griego no es arrepentirse ni hacer penitencia sino cambiar de opinión, rectificar y de ahí, cambiar de mentalidad. Si cambias de mentalidad, cambiarás de rumbo. Etimológicamente sería ir más allá de lo que tienes en la mente. Al traducirlo por arrepentirse, damos por supuesto que la actitud anterior era pecaminosa. Pero también se puede cambiar de una opinión buena a otra mejor. Por no tener esto en cuenta, damos por supuesto que solo se tiene que convertir el “pecador”.

Todos tenemos que estar cambiando de mentalidad todos los días. Convertirse es rectificar la dirección que llevo, cuando me he dado cuenta de que la meta no está en la dirección que llevo sino en otra. El esfuerzo debe orientarse a descubrir lo que me hace más humano, que es la meta. Debemos tener en cuenta que muchas veces no es posible descubrir que una senda es equivocada, hasta que no la hemos recorrido. Por eso el rectificar es de sabios, como decían los antiguos. El mayor peligro es creer que no tengo nada que rectificar. Por muy clara que tengamos la meta, siempre podemos descubrir otra más ajustada.

Está cerca el Reino. Para dar cuenta de la dificultad de esta idea basta recordar dos textos de los evangelios. Los fariseos le preguntan cuándo llegará el Reino, contesta: no está aquí ni está allá, está dentro de vosotros (entre vosotros). Cuando Pilato le pregunta, Jesús responde: mi Reino no es de este mundo. Me encanta reflexionar sobre las contradicciones del evangelio porque nos obligan a no tomar ninguna formulación como absoluta. Está aquí y no está. Los primeros cristianos decían: ya pero todavía no. Esta aparente contradicción nos obliga a no instalarnos sino estar siempre en marcha hacia una meta aún no conseguida.

Reino de los Cielos. Los demás evangelis­tas (también alguna vez Mt) hablan de “el Reino de Dios”. Las dos fórmulas expresan la misma realidad. A los judíos les resultaba violento emplear la palabra Dios y empleaban circunloquios para evitarla. Uno de ellos era la expresión “los Cielos”. Sería el ámbito de lo divino. En los escritos más tardíos del NT se habla ya del Reino de Cristo. Expresión muy peligrosa porque nos induce pensar que Jesús es la meta y olvidarnos que Jesús nunca se predicó a sí mismo sino que predicó e hizo presente el Reino de Dios.

Hoy podemos asegurar que el núcleo de la predicación de Jesús, fue “El Reinado de Dios”. Jesús acentúa la presencia liberadora de Dios. Lo contrario del Reino de Dios no es el reino de Herodes sino el  “ego-ismo”. Si no reina el amor no puede haber Reino de Dios. La predicación de Jesús fue fruto de una profunda experiencia, que tuvo como punto de partida su religión, pero que la superó. La importancia de Jesús estriba en que fue la fiel manifestación del Reino que es Dios.

La palabra griega “basileia” se refiere en primer lugar, al poder ejercido por el rey, no al territorio ni a los súbditos. Sería más acertado traducirlo por “Reinado de Dios”. Es muy difícil concretar lo que entendió Jesús por ‘Reino de Dios’. Aunque hay decenas de imágenes, nunca se explica su significado en los evangelios. Seguramente se fue desvelando a través de su vida. Pudo partir del significado que tenía para los judíos de su tiempo y que se fuera enriqueciendo con su experiencia. También es probable que pensara en una llegada inmediata de ese Reino.

Es imposible entender esta expresión si no salimos de la idea de un dios soberano, todopoderoso que desde su trono del cielo gobierna el universo. Mientras no superemos ese dios mítico no habrá manera de entender el mensaje de Jesús. Dios es Espíritu. Cuando decimos: Reina la paz, “reina la oscuridad” o “reina el amor”, no pensamos en entes que están dominando alguna parte de la realidad sino en un ambiente, en un medio inmaterial en el que se desarrolla la realidad.

Reinado de Dios, quiere decir que el ser humano debe desarrollarse por lo que tiene de espiritual, que el ámbito de lo divino está presente en lo humano y constituye su atmósfera y su fundamento propio. El Reino es una atmósfera en que las relaciones humanas conmigo mismo, con los demás, con las cosas son posibles. Juan dijo: Él bautizará con Espíritu Santo. Siempre que el hombre se deja mover por el Espíritu y actúa desde él, está haciendo presente el Reino.

No se trata de que Dios, en un momento determinado de la historia, haya decidido establecer una relación nueva con los hombres. Con la venida de Jesús no ha cambiado nada por parte de Dios. Él ha estado siempre inundándolo todo. Lo que ha cambiado es la toma de conciencia por parte de Jesús de esa realidad y la actitud ante los hombres. Entrar en el Reino es tomar conciencia de esa realidad de Dios en mí e inmediatamente actuar en consecuencia. La dinámica del Reino se despliega de dentro a fuera, no imponiendo unas normas obligatorias.

En el evangelio de hoy está muy clara esta dinámica. Primero propone lo que Jesús decía, pero termina el relato diciendo que, eso que decía, lo practicaba. “Y recorría toda Galilea enseñando en la sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando todas las enfermedades y dolencias del pueblo”. Un cristianismo que no me empuje a darme a los demás, no tiene nada que ver con Jesús. El Reino se manifiesta en el que “cura”, no en el curado. Es Jesús, al preocuparse del débil, quien hace presente a Dios, no el cojo o el ciego cuando dejan de serlo.

El Reinado de Dios, significa la radical fidelidad y entrega de Dios al hombre. Por lo tanto, la realidad primera de ese Reino la constituye Dios que se derrama y se funde con cada ser humano. No es una realidad que hace referencia en primer lugar al hombre, sino a Dios. El hombre debe descubrirla y vivirla. Dios no hace un favor al hombre, sino que responde a su ser, que es amor. Esto sí que es un evangelio, es decir, “buena noticia”. El Reino de Dios surge cuando despliego mi verdadero ser, que no es ni materia ni espíritu sino ambas cosas a la vez.

El hombre, para ser fiel a Dios no tiene que renunciar a sí mismo, al contrario, la única manera de ser él mismo, es descubrir lo que Dios es en él. Por eso no puede haber otra perspectiva para el ser humano. En cuanto pone su fin fuera de Dios (fuera de sí mismo), el hombre falla estrepitosamente a su verdadero ser y no hay ya posibilidad de ser fiel ni a Dios ni a sí mismo, de una manera extrínseca, cumpliendo unas órdenes que vienen de fuera. Solamente si soy fiel a mí mismo puedo ser fiel a Dios. La plenitud de humanidad, en Jesús y nosotros, es lo divino.

Meditación

Es muy difícil afrontar un cambio de mentalidad
El punto de partida es una toma de conciencia:
Soy un diamante, pero lleno de impurezas adheridas.
El valor absoluto ya está ahí, aunque camuflado.
Mi tarea es limpiar, tallar, pulir; pero nada que añadir.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Reparando redes.

Domingo, 26 de enero de 2020

redes-manosEra imposible volver atrás para reparar lo que había ocurrido; es inútil poner una tirita sobre un alma herida (Michael Connelly)

26 de enero. DOMINGO III DEL TO

Mt 4,12-23

Arreglando las redes

Estaban Santiago y Juan su hermano, reparando redes en la barca de su padre; les vio Jesús y les dijo: Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres, como les había dicho a otros dos hermanos: Andrés y Pedro.

Esta mañana, al pasear por la playa de mi mente, me encontré con Jesús y me dijo:

¿Te gustaría seguirme?

Le miré sorprendido, pero no me atreví a mirarle, pues sus ojos eran un espejo, aunque en realidad todo su cuerpo lo era, y en él se relejaba la música de todo mi cuerpo y mi alma.

Me vi en esos dos espejos desnudo de cuerpo y reflejado, sus ojos y su cuerpo eran tan cristalinos, que no sentí vergüenza alguna, y continuamos juntos paseando por aquella, ahora desnudos los dos, él solo de alma, y yo de alma y vida.

Las aguas de la mar también se desnudaron, y un par de cormoranes sin vergüenza, se zambulleron en ellas.

En aquella playa mía no había redes que pudieran cogerlos, y siguieron pescando hasta la tarde.

Yo les dije:

No tengáis miedo, yo no apreso cormoranes, soy pescador de hombres, y Jesús me miró muy satisfecho.

El papa Francisco dijo en una Homilía:

Hoy el Señor te invita a caminar con Él la ciudad, te invita a caminar con Él tu ciudad. Te invita a que seas discípulo misionero, y así te vuelvas parte de ese gran susurro que quiere seguir resonando en los distintos rincones de nuestra vida: ¡Alégrate, el Señor está contigo!

En estos menesteres no basta con soñar, hay que lanzar las redes y sacar peces del agua.

Era imposible volver atrás para reparar lo que había ocurrido; es inútil poner una tirita sobre un alma herida (Michael Connelly)

Y si los que, por vocación, lo que debes pescar son personas, no lances las redes en la iglesia, y menos en las calles, extiéndelas simplemente, y deja que se dejen pescar en ella cuantos quieran.

Victor Solano dice

QUIERO REPARAR TU CORAZÓN

Hoy estoy buscando la mejor
manera de  decir te amo
y al mirarte, el amor despierta
mi emoción por ti.
Hoy mis ojos miran
y contemplan el otoño gris.
Cuando muera el día piensa
que hay alguien que vive por ti.
Quiero que llegue el día,
que mi tiempo sea para ti.
Quiero que mi poesía
sea para ti.
Quiero que cantes solo para mí.
Piensa en mí, que tus ojos brillen
y seas feliz.
Yo sé que el tiempo ha pasado.
Yo te prometo ser tuyo
y lo digo con orgullo.
Sin que me quede nada por dentro
yo sé que te has sentido
feliz sentada junto a mi
dejando tu primavera pasar.
Recuérdame y vive tus quince años.
Quiero reparar tu corazón.
Dime Dios cómo quererla
con todo mi corazón. Como manda tú
palabra sin que yo pierda la calma.
Dame valor para esperar
y para poder aguantar a que me
diga que sí y hacerla feliz
como disponen los santos escritos,
te lo suplico por favor.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Convertíos porque está cerca el reino de los cielos. En el año de la Biblia y el Domingo de la Palabra de Dios.

Domingo, 26 de enero de 2020

47702_430163937461_92187362461_5294011_7048196_n26.1.2020. (Mt 4, 12-23)

En el evangelio de hoy, Mateo sitúa a Jesús en Cafarnaún, la Galilea de los gentiles, para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías que leemos hoy en la primera lectura: “El pueblo, que habitaba en tinieblas, vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Jesús es esa luz porque está lleno del Espíritu de Dios.

Estamos en el principio de la vida pública de Jesús. El evangelio de hoy nos presenta tres elementos muy importantes de esa vida pública: 1. El mensaje inicial de Jesús: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. 2.  La elección de los primeros discípulos: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. 3. Breve preludio- resumen de lo va a ser la misión de Jesús: “Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”. En hacer esto consistió, para Jesús y consiste para nosotros, la realización del reinado de Dios en la tierra. Así de sencillo, así de claro, así de exigente.

Todo empezó en Galilea, con los que están en tinieblas y sombras de muerte. Los gentiles. Los que están perdidos, extraviados y descarriados. Los enfermos que necesitan un médico. Con los “nadie”, los necesitados. Y allí la tiniebla se vuelve luz. Jesús sabía para qué y para quién estaba en el mundo: “no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Nosotros también sabemos por dónde hay que empezar: Los últimos tienen que ser los primeros. Iglesia en salida hacia las periferias sociales y existenciales.

“Convertíos, porque está cerca el reinado de Dios”. Y para que esté cerca.  El mensaje inicial y programático de Jesús vincula la conversión y el reinado de Dios. Ya Juan había pedido conversión pero los motivos y fines de Jesús para ella son distintos que los de Juan. No porque se ha cumplido el plazo (parusía) sino porque lo exige el Reino para que éste sea una realidad en todos los hombres. Convertíos, cambiad de mentalidad, de estilo de vida. Cambiad el corazón. De un corazón de piedra a un corazón de carne, a un corazón fraterno y solidario, más humano. Convertíos en mejores personas. Como Jesús que pasó la vida haciendo el bien, así tienen que ser y hacer sus seguidores. El termómetro de nuestra conversión será nuestra capacidad de hacer el bien siempre y a todos. Es decir, nuestra humanidad. La conversión supone una renovación permanente. Siempre inacabada. Cambiar a algo nuevo y mejor. Siempre plus ultra. Esto es lo que exige la conversión al Reino, sus criterios, valores y estilo.

Elección de los primeros discípulos: ”Venid y seguidme”, en imperativo. Desde el inicio de su vida pública, Jesús quiso incorporar a los hombres en la tarea de construir el reinado de Dios en la tierraEl reinado de Dios no está hecho, hay que trabajar para su implantación. Para ayudarle en esta misión Jesús llamó a los primeros discípulos y hoy nos convoca a nosotros que aún vivimos porque el reinado de Dios está inacabado mientras haya un ser humano que necesite de nuestra palabra y nuestras obras. Jesús escoge a sus discípulos para que le acompañen y ayuden en la implantación y desarrollo de su proyecto. Desde ese momento en el movimiento de los seguidores de Jesús la vocación y la misión en el Reino son inseparables. Lo propio y diferencial de ese movimiento es que se trabaja en “compañía-comunidad y en ayuda mutua, en equipo”.

Tareas del Reino: El final del evangelio de hoy es un resumen-anticipo de las actividades de Jesús durante su vida pública. Enseñar y cuidar. Palabra y sanación. Dichos y hechos. Sus enseñanzas explican el misterio del Reino. Las curaciones son anticipos y “signos” del Reino.  Pasó la vida haciendo el bien y diciendo cómo se hace el bien. Y esto para darnos ejemplo, para que nosotros hagamos lo mismo que él y como él. Como buen maestro nos enseña a nosotros, sus discípulos y seguidores, a hacer lo mismo y hacerlo como él lo hizo. Nuestra tarea es continuar la obra empezada por él. Es una cuestión de actitudes y comportamientos identificados con las actitudes y comportamientos de Jesús. Nosotros tenemos que hacer presente el Reinado de Dios con nuestra vida, transparencia de la de Jesús.  Como Jesús, siendo contemplativos en la acción y sobre todo en la relación. Cuidar y curar el dolor y el sufrimiento, sanear la vida, trabajar por una vida más sana, digna y dichosa para todos. Esta es la vida que Dios quiere para todos los hombres. Nosotros hoy somos su providencia, su amor y cuidado, su presencia en medio de los hombres. Dios nos necesita y cuenta con nosotros. De nosotros depende la respuesta.

Y este mensaje del evangelio de hoy contextualizado en…

En el año de la Biblia y el Domingo de la Palabra de Dios.

La Biblia es la historia de la presencia de Dios en la vida de los hombres. Es la Palabra de Dios en vocabulario humano. Y es Palabra viva porque nos habla hoy a nosotros, nos interpela, nos ofrece caminos de salvación que intuimos pertinentes. En la Biblia podemos descubrir el plan -proyecto de Dios para los hombres. La Biblia es una Buena Noticia de Dios para nosotros. La Biblia es la historia de la salvación y fue dicha para nuestra salvación. Nos dice cómo podemos conseguir nuestra plenitud, nuestros anhelos. Nos habla de salvación, felicidad, plenitud. Es nuestra luz, guía y fortaleza.

El 30 de septiembre de 2019 el papa Francisco publicó una Carta Apostólica en forma de “Motu Proprio” Aperuit Illis (Les abrió el entendimiento. Lc 24, 13-35. Los discípulos de Emaús). En ella establece que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Se instituye así el Domingo de la Palabra de Dios: «un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su con su pueblo».

África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Luz en medio de la oscuridad

Domingo, 26 de enero de 2020

Luz.4Domingo III del Tiempo Ordinario 

26 enero 2020

Mt 4, 12-17

“El pueblo que habitaba en tinieblas y vio una luz grande” somos nosotros. A quienes habitan “en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

          Ahí se nombra nuestra paradoja: la oscuridad, la tiniebla y la muerte en todas sus formas constituyen el alimento cotidiano para estos descendientes de primates, que se denominan a sí mismos como “homo sapiens sapiens”. Con frecuencia, es muy poco lo que se requiere para que una persona se vea sumida en la tiniebla del desconcierto y de la inseguridad. Es cierto que tenemos cierta habilidad para sortear dificultades y capear circunstancias adversas. Pero mientras no salgamos de la ignorancia –la fuente de toda oscuridad–, nos veremos privados de la Luz.

          Es solo aquella primera ignorancia la que nos reduce con facilidad a la oscuridad que nos rodea y que aparece a primera vista, a la vez que nos ciega, ocultándonos –negando incluso– la Luz que somos.

         La comprensión experiencial no elimina oscuridades ni evita el dolor, pero nos hace verlos en su justo lugar, y de ese modo nos capacita para vivir con sabiduría la paradoja que somos.

          Luz y tinieblas, Plenitud y carencia, Vida y muerte…: las dos caras de la paradoja. Pero no son realidades “simétricas”. No es que seamos, a la vez, Luz y tinieblas: somos Luz que se está experimentado en una forma limitada donde la oscuridad es inevitable; somos Vida que adopta la forma tanto de nacimiento como de muerte… Hay paradoja, no-dualidad, pero no simetría: una cosa es lo que somos y otra la manera en que, temporalmente, nos estamos experimentando.

          Cuando se regala la comprensión, todo es Luz. Y tampoco es una luz que viniera desde “fuera” –¿desde dónde?– o desde algún Ser separado. Es la Luz de lo que es, de lo que somos. La Luz que es una con lo Real.

¿Me dejo atraer por el anhelo de la Luz?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Recordatorio

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