Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Cristo Rey’

Michael Moore: “Ser rey o no ser rey… ¡esa no es la cuestión!”

Sábado, 27 de noviembre de 2021

Michael-Moore-rey-cuestion_2397970199_15808053_660x371Lo que está en juego es nuestra imagen de Dios en relación con el poder

“La cuestión religiosa fundamental no se dirime proclamando si Jesús es rey o no, sino aclarando qué se entiende por reyecía y por reinado”

“Cuando Jesús habla del tema no lo relaciona consigo mismo -si él es rey o no- sino con su Padre: habla del Reino de Dios y del Dios del Reino… sin confusión y sin separación”

“Dios reina -se hace su voluntad- cuando se dan circunstancias humanas bien concretas y, aparentemente poco sagradas o, si se prefiere, bastante profanas, que tienen que ver siempre con la superación de situaciones de des-humanización”

“Sería bueno recuperar la tradición teológico-espiritual franciscana que remite al Dios que se revela en Jesucristo de un modo eminente en el pesebre, la cruz y la eucaristía (…) Es la omni-potencia de un Dios que, libremente, se (des)vela en la im-potencia de lo aparentemente anti-divino, débil y vulnerable”

Si uno lee a la ligera el pasaje bíblico que la liturgia ofrece para reflexionar sobre la festividad de Cristo rey (Jn 18, 33-37) queda un tanto mareado. Parece un diálogo de locos: preguntas que no terminan de responderse y respuestas que no obedecen a preguntas hechas (recurso estilístico típico del evangelio según Juan). Y nos dan ganas de recordarle a Jesús sus propias palabras: “Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea realmente sí; y cuando digan ‘no’, que sea no” (Mt 5,37). Porque el desorientado de Pilatos simplemente le pregunta acerca de lo que decían que él decía (o no): que era rey de los judíos. La confusión nos ofrece la posibilidad de una aclaración porque, creo, la cuestión religiosa fundamental no se dirime proclamando si Jesús es rey o no, sino aclarando qué se entiende por reyecía y por reinado.

reino Exégetas y teólogos coinciden hoy en afirmar que la categoría de “reino” es el eje en torno al cual se entiende la identidad, la misión y la muerte del profeta de Galilea. Por tanto, no es un tema menor desde el punto de vista histórico y teologal; diversa cuestión es la significación que intentó dársele cuando se instituyó la fiesta litúrgica de Cristo rey (Pío XI, 1925) y el uso que se le ha dado a lo largo de la historia de la iglesia -antes y después de esa fecha-, sobre todo en lo que atañe a las relaciones entre el llamado poder espiritual y el poder temporal… pero eso es otro tema. En este breve espacio sólo quiero comentar algo sobre el trinomio Jesús-reino-Dios, y la imagen que de lo divino subyace en relación con el poder.

Cabe señalar, como me gusta decir usando lenguaje actual, que Jesús fue poco autorreferencial: cuando habla del tema -fundamentalmente en los sinópticos- no lo relaciona consigo mismo -si él es rey o no- sino con su Padre: habla del Reino de Dios y del Dios del Reino… sin confusión y sin separación. Lo primero, porque Dios no se identifica -no se agota- con ninguna realidad mediadora (ni el reino, ni la Iglesia ni su mismo Hijo) y lo segundo porque no se lo puede conocer y confesar fuera de las múltiples mediaciones, fuera de esta historia.  En efecto, “a la vez que revela el designio del Padre, Jesús critica toda forma de humanismo que pretenda instaurar un Reino olvidando su último fundamento y condición de posibilidad que es la Paternidad de Dios; y en cuanto revela cuál es su voluntad histórica, critica toda iglesia, toda teología, toda fe, que intente predicar un Dios sin Reino” (J.I. González Faus). El Dios que predica Jesús no es alguien sin rostro, abstracto y a-histórico, sino que hace referencia a un Dios que reina cuando se dan ciertas situaciones históricas bien concretas. El Salmo 146 (esp.7-10) es muy iluminador al respecto: “Él hace justicia a los oprimidos, / y da pan a los hambrientos. / El Señor da libertad a los cautivos, / el Señor abre los ojos a los ciegos, / el Señor levanta a los humillados, / el Señor ama a los justos; / el Señor protege al emigrante, / sostiene a la viuda y al huérfano. / ¡El Señor reina por siempre, / tu Dios, Sión, por todas las edades! / ¡Aleluya!” Por tanto, Dios reina -se hace su voluntad- cuando se dan circunstancias humanas bien concretas y, aparentemente poco sagradas o, si se prefiere, bastante profanas, que tienen que ver siempre con la superación de situaciones de des-humanización.

Jesús vive y muere por esa “Causa” (Pedro Casaldáliga). Para él, el “reino de Dios” -con su innegable dimensión política en cuanto afecta a la vida de la polis– es lo primero y lo último: no es la Iglesia, no es “el cielo” ni la vida más allá de la muerte, no es tampoco su propia persona, no es ni siquiera “Dios” en abstracto. Lo más importante para Jesús es el Dios del reino, el Dios que escucha (de un modo particular) a las víctimas y quiere implantar la justicia en la historia. Lo último (= determinante) es, pues, el reino como promesa de Dios para la humanidad (sufriente).

piedadCabe recordar que “al cristianismo no se le pidió tener fe en Jesús como Dios, se le pidió creer en la buena noticia y la buena noticia era la venida del Reino de Dios” (J.L. Segundo). Y urge hacerlo porque “luego de Jesús, el fracaso de la vida terrena del Maestro, más la centralidad de la Cruz en la teología cristiana y el posible error cronológico del propio Jesús y de la Iglesia primitiva sobre la inminencia de esa llegada del Fin, fueron llevando a los cristianos a olvidar el Reino en su idea de Dios o, al menos, a cambiar el significado del Reino para poder seguir creyendo en Jesús y en Dios” (J.I. González Faus). Por eso, repetimos, cristianamente, no hay Dios sin reino ni reino sin Dios.

¿“Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat” ? Depende… A este punto sería bueno recuperar la tradición teológico-espiritual franciscana que remite al Dios que se revela en Jesucristo de un modo eminente en el pesebre, la cruz y la eucaristía. Claramente, no es allí el monarca mayestático que, sentado en un trono dorado, bendice e imparte justicia (como suele representárselo iconográficamente). Muy por el contrario, alude a un Dios que se manifiesta en la carne de un bebé, de un hombre fracasado y de un pedazo de pan in-significante. Es la omni-potencia de un Dios que, libremente, se (des)vela en la im-potencia de lo aparentemente anti-divino, débil y vulnerable. Ante ello, la pre-potencia del hombre queda cuestionada. Ni sentado ni de pie: maniatado entre pañales, aferrado por clavos y encerrado en la materia inerte.

Ser rey o no serlo nos remite a la asociación que, inmediatamente, hacemos entre lo divino y el poder. Una vez más, en esa festividad de Cristo rey, lo que se pone juego es nuestra imagen de Dios (revelada en Jesús). Y no es un tema menor, puesto que, toda la revelación de Dios es una especie de lucha con el hombre, para que éste le acepte allí donde Dios quiere revelarse: en lo último y en lo escondido, desde lo último y entre los últimos […] Pero, a pesar de esa revelación, el ser humano sigue buscando a Dios en aquello que es lo primero, lo más grande, deslumbrante y avasallador. Dios se revela en el amor y el hombre se empeña en buscarle en el poder (J.I. González Faus).

Fuente Religión Digital

Biblia, Espiritualidad , , ,

Agrelo: “Ellos, expuestos a la muerte, condenados a morir de hambre y de frío en fronteras diseñadas para la seguridad de unos pocos, ellos son ‘el rey’”

Martes, 23 de noviembre de 2021

David Trullo+Ecce Homo“Ellos, con sus vidas a cuestas, son mi Rey”

Interrogado por el procurador romano: ¿Eres tú el rey de los judíos?, Jesús de Nazaret, un despojado de todo poder, un acusado a quien todos podían escupir y despreciar, humillar y atormentar, responde: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz

Ellos, los despojados de poder, de derechos y de pan, los acusados de violentos y borrachos, los señalados como un peligro para los demás, ellos son “el rey”, y quienes son de la verdad escuchan su voz

A un pobre, juzgado por sanedrines teocráticos y magistrados imperiales, condenado por todos, ajusticiado como blasfemo, como esclavo y criminal, y sellado en un sepulcro para enterrar allí con su cuerpo también su memoria, a ese pobre los cristianos lo celebramos en la liturgia de cada día, que es lo mismo que decir, lo recordamos cada día con agradecimiento y con fiesta, y hoy lo declaramos, no sólo nuestro Rey, sino El Rey del universo, ¡El Rey!

Interrogado por el procurador romano: ¿Eres tú el rey de los judíos?, Jesús de Nazaret, un despojado de todo poder, un acusado a quien todos podían escupir y despreciar, humillar y atormentar, responde: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

Ese hombre, Jesús, con su púrpura de burla, su corona de espinas, su trono de crucificado, ése es el Rey ante quien nosotros nos inclinamos, ése es el Rey a quien hoy aclamamos diciendo: El Señor reina, vestido de majestad.

En ese hombre, en ese pobre, en su abandono, en su debilidad, reconocemos el amor que da consistencia al universo, la fuerza que lo mueve; en ese retoño sin aspecto que pudiéramos apreciar, en ese desecho de hombre, reconocemos al Hijo más amado, en quien el Padre quiso fundar todas las cosas: Así está firme el orbe y no vacila.

En ese crucificado reconocemos a Aquel que nos amó y nos liberó de nuestros pecados y nos ha convertido en un reino, y nos ha hecho sacerdotes de Dios.

De ese hombre nos fiamos. A ese Rey le abrimos de par en par las puertas de nuestra vida

Sea que lo recibamos resucitado y humilde en la divina eucaristía, sea que lo recibamos herido y necesitado en el cuerpo de sus pobres, es siempre el Rey quien entra en nuestra vida, es el Señor quien se sienta como rey eterno, es el Señor quien bendice a su pueblo con la paz.

C53832A4-4500-4ABB-9691-E268E7EA04F5

Refugiados afganos atrapados en la frontera entre Polonia y Bielorrusia Attila Husejnow / SOPA Images Via / DPA

Y cuanto dije de él, cuanto creo de él, cuanto celebro de su misterio, lo digo de él en los pobres, lo creo de los pobres en él.

Ellos, los despojados de poder, de derechos y de pan, los acusados de violentos y borrachos, los señalados como un peligro para los demás, ellos son “el rey”, y quienes son de la verdad escuchan su voz.

Ellos, expuestos a la muerte, asfixiados en éxodos imposibles, condenados a morir de hambre y de frío en fronteras diseñadas para la seguridad de unos pocos, ellos son “el rey”.

En ellos, en su abandono, en su debilidad, la fe reconoce y abraza al Hijo más amado, al Señor de nuestra vida, a aquel en quien el Padre quiso fundar todas las cosas.

Ellos, con su estigmatización social a cuestas, con sus vidas a cuestas, con su fardo de miedos y angustias y terrores y agonías a cuestas, ellos son mi rey, de ellos voy diciendo: “El Señor reina”; y no quiero borrar lo que el salmista añadió: “vestido de majestad”; pues también en estos reyes, de burla para la impiedad, pero de verdad para la fe, habita, como en el Rey del universo, la gloria de Dios.

Pero éstas son sólo cosas de la fe, misterios que ella sola revela, luz que ella enciende en la mirada.

Hoy, el milagro de la fe nos permite ver al Rey, recibirlo y abrazarlo en la Eucaristía y en los pobres.

Fuente Religión Digital

Biblia, Espiritualidad , ,

Cristo Rey: ¿La fiesta sagrada oficial de los católicos LGBTQ?

Lunes, 22 de noviembre de 2021

imageLa reflexión de hoy es de Michaelangelo Allocca, cuya breve biografía se puede encontrar haciendo clic aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para la solemnidad de Cristo Rey se pueden encontrar haciendo clic aquí.

Propongo que la Solemnidad de Cristo Rey se convierta en la fiesta sagrada oficial de la comunidad católica LGBTQ. Antes de que me aten a la estaca y se encienda un fuego bajo mis pies, permítanme un minuto para explicarme.

Soy muy consciente de que muchos (incluido yo mismo) que nadan en el extremo más progresista y orientado a la justicia del grupo católico se sienten incómodos con la fiesta de hoy. Incluso con el ajuste fino teológico aplicado para explicarlo, una imagen tan triunfalista y monárquica del Salvador es muy problemática.

Pero este aspecto problemático es clave en mi propuesta de que nuestra comunidad tome como patrón a Cristo Rey… de la Ironía. Celebrar a Cristo como “rey” es el epítome de la ironía, y por eso, diría yo, es la posición de las personas LGBTQ en la Iglesia Católica: absolutamente central y esencial, pero abominablemente irrespetada y marginada.

Las lecturas litúrgicas de hoy resaltan la ironía del título de “Rey”. Como algunas otras fiestas (la Asunción; la Inmaculada Concepción), las lecturas no hablan explícitamente sobre el tema del día, ya que no hay escrituras que hablen directamente sobre él. Hoy escuchamos un salmo real que describe a Dios como un rey “vestido de majestad” y el título mesiánico de “Hijo del Hombre” en la profecía de Daniel. Escuchamos la visión de Apocalipsis que describe a Jesucristo gobernando después de su muerte, lo que solo llama la atención de que durante su vida, Jesús nunca aceptó el título de rey.

Sí, se llamó a sí mismo “Hijo del Hombre”, que tenía asociaciones mesiánicas. Pero esto es lo más cerca que estuvo de llamarse a sí mismo rey, y en realidad no está tan cerca. El Mesías sugirió “rey” a muchos judíos en ese momento. La palabra significa literalmente “ungido”, como lo eran los reyes; pero también fueron ungidos sacerdotes, e incluso ocasionalmente profetas. Más concretamente, Jesús mismo dejó en claro que “rey” no era la forma en que entendía su papel como mesías.

Plutarco y Shakespeare dijeron que muchos estaban impresionados por la humildad mostrada por Julio César al rechazar una corona tres veces. Pero esto es algo estrictamente amateur comparado con la persistencia de Jesús en rechazar los esfuerzos por coronarlo. En el evangelio de hoy, Pilato le pregunta sin rodeos si él es “un rey“, y específicamente, “rey de los judíos”. Jesús da un paso lateral o redirige la pregunta; los lectores del evangelio de Juan se preguntan si el “tú lo dices” de Jesús es un “sí” tácito o simplemente un exasperado, “no tienes idea de lo que soy en realidad, y esa palabra probablemente se acerca más a tu vocabulario, así que seguro, multa.”

En varios puntos de los evangelios, Jesús evade y rechaza repetidamente los esfuerzos por convertirlo en rey; y, sin embargo, es precisamente el cargo de pretender ser rey lo que se utiliza para que sea condenado por un delito capital. Es una de las mayores ironías en la historia de la Iglesia que el título que Jesús evitó enérgicamente en vida, y que se convirtió en el instrumento de su muerte, se le fijó póstumamente y se perpetuó en esta fiesta.

Y por eso propongo que nosotros, como católicos LGBTQ, nos identifiquemos con este epítome contraintuitivo de ironía, debido a la ironía de nuestro estatus dentro de la iglesia. Dudo que tenga que convencer a alguien de que, a pesar de que el Papa Francisco avanza en la dirección correcta, gran parte de la Iglesia todavía apenas tolera (si es que eso) nuestra presencia. Casi todas las semanas trae una nueva historia de un maestro en una escuela católica, o un organista parroquial, que fue despedido debido a su condición públicamente gay, ya que ‘no se ajusta a la enseñanza de la Iglesia’. Pero como se ha señalado durante mucho tiempo, elimine todo los empleados homosexuales y no tendrías escuelas católicas; Elimina a todos los músicos alegres, y las iglesias estarían en silencio. Y, por supuesto, ¿cuántos sacerdotes quedarían si todos los homosexuales fueran despedidos?

A principios de este mes, el pastor de una parroquia de Chicago escribió una columna en el National Catholic Reporter declarando rotundamente que su parroquia bien podría haberse derrumbado por la pandemia, si no fuera por los heroicos esfuerzos de sus miembros LGBTQ. Este pastor está afirmando la irónica verdad de que posiblemente la comunidad más despreciada y menospreciada de la Iglesia es quizás su mayor fortaleza y su alma.

El Salvador que siempre se puso del lado de los pobres y oprimidos, que estuvo a punto de ser asesinado en la infancia por un rey, que fue ejecutado por un imperio, es celebrado todos los años como “el Rey”. Cuando imagino a Jesús riéndose de esta divina ironía, no tengo ninguna duda de que estaría encantado si hiciéramos de esta nuestra fiesta religiosa especial.

—Michaelangelo Allocca, 21 de noviembre de 2021

Fuente New Ways Ministry

Biblia, Espiritualidad, Historia LGTBI , , , , , , ,

“Soy rey… para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

Domingo, 21 de noviembre de 2021

972AF58F-9E88-47EC-90D3-FAD2503C66F8

¿ME DEJÁIS SOLO?

¿Me dejáis solo?
¿Con la verdad?

¿Por qué no me ayudáis
a examinar la piedra fascinante
que me ha atraído siempre a la frontera?

Los caminos trillados
son caminos de todos.
Nosotros, por lo menos,
debemos arriesgar estas veredas
donde brota la flor del Tiempo Nuevo,
donde las aves dicen la Palabra
con el vigor antiguo,
por donde otros arriesgados buscan
la humana libertad…

Si el corazón es limpio
no ha de atraparnos nunca
la noche intransitable.
El viento y las estrellas
nos dictarán los pasos.

¿Por qué me dejáis solo,
con o sin la verdad?

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, 1986

***

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:

– “¿Eres tú el rey de los judíos?”

Jesús le contestó:

“¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”

Pilato replicó:

– “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?”

Jesús le contestó:

“Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”

Pilato le dijo:

“Conque, ¿tú eres rey?”

Jesús le contestó:

“Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

*

Juan 18, 33b-37

***

Jesús, que está a punto de subir al patíbulo, sin que se intente un solo gesto, de la tierra o del cielo, para defenderle, este mismo Jesús afirma con una calma suprema: «Yo soy rey». Rey, es decir, no sólo libre (y está atado), sino también Señor (y están a punto de matarle).

Aquel instante exigía la fe más firme, porque era el de la oscuridad más profunda, era el momento en que daba la impresión de que del Dios-nombre ya no quedaba nada de Dios y, dentro de muy poco, tampoco quedaría nada del hombre. No era difícil creer en el poder de Jesús cuando mandaba sobre las enfermedades, sobre la tempestad, sobre la muerte. Ahora bien, para pensar como Rey y como Dios a uno que ha sido vencido, aplastado, reducido a nada, es preciso recurrir a una lógica que invierta cualquier pensamiento humano, es preciso dejar que se hunda nuestra propia inteligencia en las tinieblas más densas; en una palabra, renunciar a cualquier otra luz que no sea la de la confianza ciega, propia del amor […].

En aquel momento era menester el amor mismo de Dios para comprender que el despojo total podría constituir la ofrenda suprema del amor, para descubrir en la aniquilación de la cruz la manifestación más sublime de la omnipotencia de Dios.

Jesús manifiesta su propia realeza y su soberano señorío sirviéndose de la mala voluntad de los hombres para cumplir su voluntad de salvación, utilizando su odio para su obra de amor.

Le crucificaban para quitarle de en medio, y he aquí que lo vuelven a zambullir en la eternidad de donde había venido y que, con su retorno, volverá a abrirla a todos los hombres

*

I. Riviére,
A chaqué jour suffit sa joie,
París 1949, pp. 171 ss.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Testigos de la Verdad”. Jesucristo, Rey del universo – B (Juan 18,32-37)

Domingo, 21 de noviembre de 2021

55_34_TO_B_1480687El juicio tiene lugar en el palacio donde reside el prefecto romano cuando acude a Jerusalén. Acaba de amanecer. Pilato ocupa la sede desde la que dicta sus sentencias. Jesús comparece maniatado, como un delincuente. Allí están, frente a frente, el representante del imperio más poderoso y el profeta del reino de Dios.

A Pilato le resulta increíble que aquel hombre intente desafiar a Roma: «Con que, ¿tú eres rey?». Jesús es muy claro: «Mi reino no es de este mundo». No pertenece a ningún sistema injusto de este mundo. No pretende ocupar ningún trono. No busca poder ni riqueza.

Pero no le oculta la verdad: «Soy rey». Ha venido a este mundo a introducir verdad. Si su reino fuera de este mundo tendría «guardias» que lucharían por él con armas. Pero sus seguidores no son «legionarios», sino «discípulos» que escuchan su mensaje y se dedican a poner verdad, justicia y amor en el mundo.

El reino de Jesús no es el de Pilato. El prefecto vive para extraer las riquezas de los pueblos y conducirlas a Roma. Jesús vive «para ser testigo de la verdad». Su vida es todo un desafío: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Pilato no es de la verdad. No escucha la voz de Jesús. Dentro de unas horas intentará apagarla para siempre.

El seguidor de Jesús no es «guardián» de la verdad, sino «testigo». Su quehacer no es disputar, combatir y derrotar a los adversarios, sino vivir la verdad del evangelio y comunicar la experiencia de Jesús, que está cambiando su vida.

El cristiano tampoco es «propietario» de la verdad, sino testigo. No impone su doctrina, no controla la fe de los demás, no pretende tener razón en todo. Vive convirtiéndose a Jesús, contagia la atracción que siente por él, ayuda a mirar hacia el evangelio, pone en todas partes la verdad de Jesús. La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda a la suya.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Tú lo dices: soy rey.” Domingo 21 de noviembre de 2021. Domingo 34 del tiempo ordinario. Fiesta de Cristo Rey

Domingo, 21 de noviembre de 2021

61-ordinarioB34 cerezoLeído en Koinonia:

Daniel 7, 13-14: Su dominio es eterno y no pasa.
Salmo responsorial: 92: El Señor reina, vestido de majestad.
Apocalipsis 1, 5-8: El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
Juan 18, 33b-37: Tú lo dices: soy rey.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno… Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

21.11.21.Domingo de Cristo Rey. Pilato le preguntó: ¿Eres el rey de los judíos? Jesús respondió: Para eso he nacido y he venido al mundo; para ser testigo de la verdad (Jn 18, 33-37).

Domingo, 21 de noviembre de 2021

0BE201FB-A8FF-480B-9374-20D457608119Del blog de Xabier Pikaza:

El texto es algo más complejo, pero esas son sus palabras centrales: El Reino de Dios consiste en decir/hacer la verdad. No se trata de expresar una verdad que ya existía fuera, en un tipo de cielo independiente de la tierra, sino de hacerse (ser-vivir) en verdad.

1) Muchos pensaron (y siguen pensando) que Jesús debería ser como David, Alejando, César o Napoleón: conquistador guerrero, creador de dinastía eterna de reyes triunfadores. Pero se equivocaban. Ni esos fueron reyes de verdad, ni Jesús fue rey por armas o dinero, sino por ser testigo de la verdad y así le mataron, pero fue y sigue siendo rey verdadero.

2) Así le presenta el evangelio de Juan como Cristo-rey ante Pilato, representante del César Augusto de Roma. Fue y sigue siendo Rey en el sentido más alto, en un mundo como el nuestro (año 2021) donde (en nombre de Dios, de la paz, del orden mundial, del capital o del progreso) se siguen inventando e imponiendo reinos de muerte, imposición y mentira. Un día como hoy se sigue crucificando  a muchos hombres y mujeres simplemente porque son testigos de la verdad, como Jesús.  

Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” Pilato replicó: “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?” Jesús le contestó:

“Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.” Pilato le dijo: “Conque, ¿tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

Interpretación básica: soy rey. para eso he nacido y para eso he venido: para dar testimonio de la verdad ( jn 18, 37)

 Juan Bautista de Jerusalén había sido profeta del juicio de Dios, y así pensaba que este mundo debía pasar por el fuego (siendo destruido por el hacha y huracán), a fin de que surgiera después un mundo distinto, para un grupo pequeño de liberados (Mt 3, 1-10 par), el Reino de Dios. Augusto o Tiberio de Roma era entonces Rex, gran Basileus por imponer su dominio militar (imperium) sobre todo el mundo conocido.

 Jesús, en cambio, no anunció un como Bautista, ni conquistó un imperio con legiones como Augusto, sino que inició un programa de liberación por la verdad, anunciando y preparando así la llegada del Reino de Dios para todos los que buscan y aceptan la verdad (cf. Mc 1, 14-15).

La respuesta del Bautista era más fácil: Dios había fracasado con el mundo y debía destruirlo, para crear después uno distinto (con hombres limpios, ya purificados). La respuesta de César Augusto era más visible: Las legiones de su imperio se extendían por todos los caminos como testimonio de un imperio mundial, llamado a extenderse sobre el orbe de la tierra.

Jesús, en cambio, se atrevió a pregonar y anunciar la verdad (ser verdadero) ese un mundo que parecía condenado, para crear de esa manera el Reino de Dios que es la Verdad, desde los pobres y excluidos.

            De esa forma, en un mundo como aquel, obsesionado por pecados, faltas e impurezas, en un tiempo en que el templo de Jerusalén funcionaba como máquina de expiación y purificaciones, al servicio de la remisión de los pecados, dentro de un imperio obsesionado por perfeccionar su máquina militar, Jesús vino a presentarse como un hombre de Dios, había enviado para dar testimonio de la verdad, anunciando de esa forma la llegada de un Reino en el que todos los hombres y mujeres serían “reyes”, seres libres, abiertos a Dios, comunicándose entre sí, por amor y salud, en la la Verdad.

 Ciertamente, habló de la llegada del Reino, pero no en sentido de dominio económico, social o militar, sino de servicio mutuo, de establecimiento de la vedad por el amor. Por eso no vino anunciando una guerra apocalíptica, ni la destrucción de los perversos, sino sembrando humanidad, desde Galilea, ofreciendo a los enfermos, marginados y pobres la Palabra, pues otros se habían apropiado de ella, dejándoles sin nada, sin riqueza ni semilla humana. Quiso así que todos fueran reyes, en un Reino fundado en la verdad Dios y en la fraternidad entre los hombres.

No sabía de antemano la forma en que vendría ese Reino (ni qué día), pero estaba seguro de que había comenzado a revelarse, y que culminará muy pronto, desde Galilea, transformando a los artesanos y pobres, a los expulsados y enfermos de las aldeas de su tierra, que se convertirán en portadores de la Verdad de Dios.

No quiso ni pudo evocar sus detalles, pero estaba convencido de que el Reino estaba viniendo a través de campesinos, artesanos y pobres, a quienes él concibió como portadores de la verdad de Dios, para culminar así la obra de la creación (Gen 1). No fue a las ciudades mayores de Galilea (Séforis, Tiberíades) o de su entorno helenista (Tiro, Escitópolis, Gadara, Gerasa, Damasco), pues, aunque en ellas había muchos pobres, su núcleo dominante se hallaba pervertido, al servicio del poder.

Así inició su marcha entre las aldeas de Galilea, con la certeza de que Dios le enviaba a recoger y transformar a las “ovejas perdidas” (cf. Mt 10, 6), para iniciar con ellas un movimiento al servicio de la Verdad de Dios (que es el Reino), para Israel y para la humanidad entera.

 En esa línea debemos superar un gran malentendido, propio de aquellos que creen que el Reino de Dios vendría de repente, a través de algún tipo de estallido espectacular, como la descarga de un rayo que brilla en el horizonte y sacude la tierra de repente (cf. Mt 24, 27), sin que los hombres puedan hacer nada para impedirlo. Ciertamente, en un sentido, la llegada del Reino será como relámpago que alumbra y transforma de pronto el espacio y tiempo de los hombres. Pero en otro ha de entenderse como resultado de un proceso que habían puesto en marcha los profetas y que Jesús ha ratificado y acelerado con su vida, siendo testigo de la verdad de Dios.

Jesús no fue inventor de empresas productoras, ni organizó nuevos mercados laborales, como los que estaban imponiendo en aquel tiempo los magnates de Galilea, ni promotor de una alternativa política, pero hizo algo mucho más profundo y duradero: Inició desde (con) los pobres (enfermos, excluidos) de su entorno un camino de humanidad, es decir, de Reino de Dios, siendo así testigo de la verdad de Dios y de su vida entre los hombres.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo 34. Ciclo B. Fiesta de Cristo Rey

Domingo, 21 de noviembre de 2021

J026_PantocratorDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como la Iglesia siempre va por sus caminos, el próximo domingo termina el año litúrgico, con más de un mes de anticipación al año civil. Los domingos posteriores los dedicaremos a preparar la Navidad (tiempo de Adviento) y a celebrarla. Pero ahora nos toca cerrar el año, y la Iglesia lo hace con la fiesta de Cristo Rey.

Motivo y sentido de la fiesta

No se trata de una fiesta muy antigua, la instituyó Pío XI en 1925. Por eso, cuando se buscan imágenes de Cristo Rey en Internet, aparece una serie de estampitas horribles, de pésimo gusto, en las que siempre lleva una corona en la cabeza. En cambio, el arte románico y el gótico, cuando representan a Jesús en majestad lo hacen como Maestro, con la mano derecha levantada en señal de enseñar, no como Rey.

            ¿Por qué quiso Pío XI subrayar este aspecto? Para comprenderlo hay que recordar la fecha de la institución de la fiesta: 1925. La Primera Guerra Mundial ha terminado hace siete años. Alemania, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra, Austria, incluso los Estados Unidos, han tenido millones de muertos. La crisis económica y social posterior fue tan dura que provocó la caída del zar y la instauración del régimen comunista en Rusia en 1917; la aparición del fascismo en Italia, con la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, y la del nazismo, con el Putsch de Hitler en 1923. Mientras en los Estados Unidos se vive una época de euforia económica, que llevará a la catástrofe de 1929, en Europa la situación de paro, hambre y tensiones sociales es terrible.

            Ante esta situación, Pío XI no hace un simple análisis socio-político-económico. Se remonta a un nivel más alto, y piensa que la causa de todos los males, de la guerra y de todo lo que siguió, fue el “haber alejado a Cristo y su ley de la propia vida, de la familia y de la sociedad”; y que “no podría haber esperanza de paz duradera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Cristo Salvador”. Por eso, piensa que lo mejor que él puede hacer como Pontífice para renovar y reforzar la paz es “restaurar el Reino de Nuestro Señor”. Las palabras entre comillas las he tomado del comienzo de la encíclica Quas primas, con la que instituye la fiesta.

            La posible objeción es evidente: ¿se pueden resolver tantos problemas con la simple instauración de una fiesta en honor de Cristo Rey?, ¿conseguirá una fiesta cambiar los corazones de la gente? Los noventa años que han pasado desde entonces demuestran que no.

            Por eso, en 1970 se cambió el sentido de la fiesta. Pío XI la había colocado en el mes de octubre, el domingo anterior a Todos los Santos. En 1970 fue trasladada al último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús.

            Ahora, la celebración no pretende primariamente restaurar ni reforzar la paz entre las naciones sino felicitar a Cristo por su triunfo. Como si después de su vida de esfuerzo y dedicación a los demás hasta la muerte le concedieran el mayor premio.

Las lecturas

            La primera lectura, de Daniel, anuncia el triunfo del Hijo del Hombre, que recibe el poder y la gloria.

Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.

            La segunda, del Apocalipsis, llama a Jesús “Príncipe de los reyes de la tierra”. Pero no se considera por encima de nosotros ni lejos de nosotros. “Nos ama y nos ha lavado con su sangre”, y nos hace compartir su dignidad convirtiéndonos en un “reino de sacerdotes”. Tras la desaparición de la monarquía judía, esta expresión significaba que el pueblo estaría regido por sacerdotes. El Apocalipsis lo enfoca de manera distinta: no exalta el poder de los sacerdotes, sino el carácter sacerdotal del pueblo de Dios.

Y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos. Amén. Mirad, que viene acompañado de nubes; todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, Aquel que es, que era y que va a venir, el Todopoderoso.

            La tercera, del evangelio de Juan, ofrece una visión más crítica de la realeza. Es un auténtico interrogatorio, en el que Pilato formula cuatro preguntas; pero Jesús no es un acusado que se limita a responder. A la primera pregunta responde con otra pregunta casi insultante para un prefecto romano. A la segunda, “¿Qué has hecho?”, tampoco responde. Se remonta a la pregunta inicial de Pilato sobre si es el rey de los judíos, y se expresa de forma tan desconcertante, hablando de “un reino que no es de aquí”, que a Pilato no le quedan las ideas claras. Su pregunta final no es “¿Eres tú el rey de los judíos”, sino “¿Luego tú eres rey?”. La dimensión nacionalista desaparece; lo importante es la realeza misma de Jesús. Después de lo anterior, lo lógico sería que Jesús se limitase a responder: “Sí, soy rey”. En cambio, añade algo absolutamente nuevo: no ha venido a gobernar, ni a recibir honor y gloria, sino a dar testimonio de la verdad. Si recordamos que él es “el camino, la verdad y la vida”, Jesús ha venido a dar testimonio de sí mismo, a darse a conocer, a demostrar a la gente que “tanto amó Dios al mundo, que le dio a su hijo unigénito”. Un testimonio por el que lo acusarán de blasfemo y que, entre otros motivos, le costará la vida.

Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Respondió Jesús: “¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?”  Pilato respondió: “¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?” Respondió Jesús: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.” Entonces Pilato le dijo: “¿Luego tú eres Rey?” Respondió Jesús: “Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.”

Reflexión personal

 Generalmente esperamos de la homilía que nos ilumine y nos anime a ser mejores, a vivir de acuerdo con la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Y esto es esencial si tenemos en cuenta las últimas palabras del evangelio: “Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Pero la fiesta de Cristo Rey nos invita también a felicitar, dar la enhorabuena a quien tanto ha hecho por nosotros.

Al mismo tiempo, el sentido primitivo de la fiesta encaja perfectamente con la situación que vivimos hoy de problemas sociales, políticos y económicos. No podemos ser ingenuos en las soluciones, pero tampoco podemos negarle la razón a Pío XI: si el mundo viviese de acuerdo con el evangelio, otro gallo nos cantaría.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Jesucristo Rey del Universo. Último Domingo del Tiempo Ordinario. 21 de Noviembre de 2021

Domingo, 21 de noviembre de 2021

 

A77E54F8-DEF0-4471-8137-7D33A6BF9CFF

“Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.”

(Jn 18, 33-37)

Jesús es Rey. Hoy celebramos precisamente eso: Jesucristo Rey del Universo. Pero hay que reconocer que después de tantos reyes (¡y de tantos tiranos!) la imagen de rey no nos cae simpática. Tampoco los gobernantes nos ofrecen una imagen en la que apoyarnos.

Vivimos un cambio de época en el que las instituciones y los organismos de poder se encuentran en crisis, algo que sucede en la historia con una rítmica periodicidad.

El poder tiende a convertir a todos en lo mismo. Da exactamente igual si uno llega al poder por heredar un apellido o por aclamación popular, una vez en el poder se sucumbe al propio bienestar y al de los más cercanos. Pasa con los grandes poderes y pasa con los pequeños.

Tal vez por eso Jesús se apartó siempre del poder. Cuando las multitudes quieren proclamarlo rey él se aparta. Él había venido para servir. Parece que el único antídoto contra la tiranía es precisamente el servicio al estilo de Jesús.

Pero no nos engañemos, el servicio es desagradable. Ponerse a los pies de los demás facilita el ser pisoteado. Y también se corre el peligro de caer en el servilismo que denigra.

El camino que recorre Jesús es estrecho y poco claro. Caminar tras sus huellas es decidirse a dejarse confrontar continuamente.

El mismo Jesús se pasa medio evangelio “retirándose a orar”. Jesús se hizo ser humano y pasó por las mismas dudas y las mismas tentaciones que pasamos todas las personas.

Su reinado estaba al servicio de la verdad. Y la verdad suele ser siempre más amplia. Nuestros puntos de vista, nuestra claridad meridiana suelen palidecer cuando se descubre la verdad. La verdad no se deja poseer por una sola persona. Al contrario, se reparte. Todas tenemos algo de verdad. El problema es creer que esa pequeña verdad que tenemos es la verdad completa. Ese es el principio de la tiranía y del fanatismo.

Oración

¡Que venga tu reino, Trinidad Santa! Ábrenos la mente para que podamos reconocer que Tu Verdad es siempre más amplia de lo que alcanzamos a ver.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Biblioteca, Espiritualidad , , , , , ,

Tú has nacido para ser rey.

Domingo, 21 de noviembre de 2021

corona-hombre-6DOMINGO 34º (B) CRISTO REY

Jn 18,33-37

Es muy importante que tengamos una pequeña idea del momento y del motivo por el que se instituyó esta fiesta. Fue Pío XI en 1925, cuando la Iglesia estaba perdiendo su poder y su prestigio acosada por la modernidad. Con esta fiesta se intentó recuperar el terreno perdido ante un mundo secular, laicista y descreído. En la encíclica se dan las razones para instituir la fiesta: “recuperar el reinado de Cristo y de su Iglesia”. Para un Papa de aquella época, era inaceptable que las naciones hicieran sus leyes al margen de la Iglesia.

Ha sido para mí una gran alegría y esperanza el descubrir en una homilía sobre esta fiesta del papa Francisco, una visión mucho más de acuerdo con el evangelio. Pío XI habla de recuperar el poder de Cristo y de su Iglesia. El papa Francisco habla, una y otra vez, de Jesús y su Iglesia poniéndose al servicio de los más desfavorecidos. No se trata de un cambio de lenguaje sino de la superación de la idea de poder en el que la Iglesia ha vivido durante tantos siglos. El cambio debía ser aceptado y promovido por todos los cristianos.

El contexto del evangelio, que hemos leído, es el proceso ante Pilato, a continuación de las negaciones de Pedro, donde queda claro que Pedro ni fue rey de sí mismo ni fue sincero. Es muy poco probable que el diálogo sea histórico, pero nos está transmitiendo lo que una comunidad muy avanzada de finales del s. I pensaba sobre Jesús. Dos breves frases puestas en boca de Jesús nos pueden dar la pauta de reflexión: “mi Reino no es de este mundo” y “yo para eso he venido, para ser testigo de la verdad”.

¿Qué significa un Reino que no es de este mundo? Se trata de una expresión que no podemos “comprender” porque todos los conceptos que podemos utilizar son de este mundo. ¿En qué estamos pensando los cristianos cuando, después de estas palabras, nombramos a Cristo rey, no solo del mundo sino del universo? Con el evangelio en la mano es muy difícil justificar el poder absoluto que la Iglesia ha ejercido durante siglos.

Tal vez encontremos una pista en la otra frase: “he venido para ser testigo de la verdad”. Pero solo si no entendemos la verdad como verdad lógica (adecuación de una formulación racional a la realidad) sino entendiéndola como verdad ontológica, es decir, como la adecuación de un ser a lo que debe ser según su naturaleza. Jesús siendo auténtico, siendo verdad, es verdadero Rey. Pero lo que le pide su verdadero ser (Dios) es ponerse al servicio de todo aquel que le necesite, no imponer nada a los demás.

No se trata de morir por defender una doctrina. Se trata de morir por el hombre. Se trata de dar testimonio de lo que es el hombre en su verdadera realidad. El Hijo de hombre (único título que Jesús se aplica a sí mismo), nos da la clave para entender lo que pensaba de sí mismo. Se considera el hombre auténtico, el modelo de hombre, el hombre acabado, el hombre verdad. Su intención es que todos lleguen a identificarse con él. Jesús es la referencia para el que quiera manifestar la verdadera calidad humana.

Pilato saca afuera a Jesús, después de ser azotado, y dice a la multitud: Este es el hombre”. Jesús no solo es el modelo de hombre y exige a sus seguidores que respondan al modelo que vean en él. Jesús dice soy rey, no dice soy el rey. Indicando así que todo el que se identifique con él será también rey. Esa es la meta que Dios quiere para todos los seres humanos. Rey de poder solo puede haber uno. Reyes servidores debemos ser todos. No se trata de que un hombre reine sobre otro, sino de un Reino donde todos se sientan reyes.

Cuando los hebreos (nómadas) entran en contacto con la gente que vivía en ciudades, descubren las ventajas de aquella estructura social y piden a Dios un rey. Los profetas lo interpretaron como una traición (el único rey de Israel es Dios). El rey era el que cuidaba de una ciudad o un pequeño grupo de pueblos. Era responsable del orden; les defendía de los enemigos, se preocupaba de los alimentos, impartía justicia… El Mesías esperado siempre respondió a esta dinámica. Los seguidores de Jesús no aceptaron un cambio tan radical.

Solo en este contexto podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo el contenido que él le da es más profundo. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios del que nadie va a quedar excluido. El Reino que Jesús anuncia no tiene nada que ver con las expectativas de los judíos de la época. Por desgracia tampoco tiene nada que ver con las expectativas de los cristianos hoy.

Jesús, en el desierto, percibió el poder como una tentación: “Te daré todo el poder de estos reinos y su gloria”. En Jn, después de la multiplicación de los panes, la multitud quiere proclamarle rey, pero él se escapa a la montaña, él solo. Toda la predicación de Jesús gira entorno al “Reino”; pero no se trata de un reino suyo, sino de Dios. Jesús nunca se propuso como objeto de su predicación. Es un error confundir el Reino de Dios con el reino de Jesús. Mayor disparate es querer identificarlo con la Iglesia, que es lo que pretendió la fiesta.

La característica fundamental del Reino predicado por Jesús es que ya está aquí, aunque no se identifica con las realidades mundanas. No hay que esperar a un tiempo escatológico, sino que ha comenzado ya. “No se dirá, está aquí o está allá, porque mirad: el reino de Dios está entre vosotros”. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un reino que es Dios. Cuando decimos “reina la paz”, no estamos diciendo que la paz tenga un reino. Se trata de hacer presente a Dios entre nosotros, siendo lo que tenemos que ser.

Cualquier connotación que el título tenga con el poder tergiversa el mensaje de Jesús. Una corona de oro en la cabeza y un cetro de brillantes en las manos, son mucho más denigrantes que la corona de espinas. Si no nos damos cuenta de esto, es que estamos proyectando sobre Jesús nuestros propios anhelos de poder. Ni el “Dios todopoderoso” ni el “Cristo del Gran Poder” tienen absolutamente nada que ver con el evangelio.

Jesús nos dijo: el que quiera ser primero, sea el último y el que quiera ser grande, sea el servidor. Ese afán de identificar a Jesús con el poder y la gloria es una manera de justificar nuestro afán de poder. Nuestro yo, sostenido por la razón, no ve más futuro que potenciarse al máximo. Como no nos gusta lo que dice Jesús, tratamos por todos los medios de hacerle decir lo que a nosotros nos interesa. Eso es lo que siempre hemos hecho con la Escritura.

Meditación

Jesús está hablando de la autenticidad de su ser.
Falso es todo aquello que aparenta ser lo que no es.
Ser Verdad es ser lo que somos, sin falsearlo.
El objetivo de tu vida es descubrir tu verdadero ser
y manifestarlo en todo momento.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Venga a nosotros tu Reino.

Domingo, 21 de noviembre de 2021

Lectio-Divina-verdad-1200x800Jn 18, 33-37

«¿Luego tú eres Rey?» … Respondió Jesús: «Sí, … para esto he nacido y para esto he venido al mundo»

Sí, Jesús es rey. Es rey de los que no acumulan tesoros en la Tierra, de los que no amparan la violencia, de los que lloran, de los que tienen hambre y sed de justicia, de los misericordiosos, de los limpios de corazón, de los que trabajan por la paz, de los perseguidos por causa de la justicia.

Es rey de los que se reconcilian con su hermano antes de ir a orar, de los que ofrecen la otra mejilla, de los que dan a quienes les piden, de los que perdonan setenta veces siete, de los que se sienten servidores de todos y esclavos de todos, de los que hacen el bien a los que les aborrecen, de los que bendicen a los que les maldicen y oran por quienes les atormentan, de los que no juzgan ni condenan, de los que hacen a los demás lo que quisieran que los otros hiciesen con ellos.

Pero su reino no es como los de este mundo. En su reino todo es al revés: desde dentro, por conversión; desde abajo, desde el servicio, no desde el poder. Para el mundo, el primero es el que más tiene; para el Reino, el primero es el que más sirve. Para el mundo, el más importante es el más dotado; para el Reino, el más importante es el más necesitado.

Porque el Reino que nos ofrece Jesús es el reinado de los criterios de Abbá en el mundo, y por esa razón el objeto primero de su mensaje fue el Reino: por eso, también, nos invitó a pedirle a Abbá que viniese a nosotros su Reino, porque ése es el mayor anhelo del cristiano; su mayor esperanza; su misión; el sentido de su vida… «Buscad primero el Reino y su justicia y lo demás se os dará por añadidura».

Para imaginar el Reino pensemos en una pizca de levadura que fermenta toda la masa, en un grano de mostaza que cuando germina y crece se convierte en un gran arbusto que todo lo invade. Porque el Reino no se impone, el Reino se siembra, y cuando cae en buena tierra da el ciento por uno. El Reino es cosecha. Es abundancia. Las primeras comunidades cristianas eran fértiles y crecían sin cesar. Como la mostaza. El Reino es como un tesoro escondido en un campo, que cuando alguien lo encuentra, vende cuanto tiene para comprarlo, y lo hace “lleno de alegría” —esa es la clave de todo—, y ya solo le interesa el tesoro que acaba de descubrir; lo demás deja de tener valor para él.

Nuestra mayor tentación es dudar de que vaya a llegar un momento de la historia en que el reinado de Dios acabe imponiéndose a tanto reyezuelo que rige nuestro destino, y así lo expresaba Ruiz de Galarreta: «El consumo desenfrenado parece más fuerte que la bondad, la generosidad y la austeridad. Pero Jesús creía en la pujanza de la semilla, en el poder de la levadura, en la fuerza imparable del Espíritu de Dios…»

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

¡¡¡Venga a nosotr@s tu Reino!!!

Domingo, 21 de noviembre de 2021

cd01e3397f71b6db586fbddd31f19e19-catholic-art-spiritualityJn 18, 33b-37

21 de noviembre de 2021

El evangelio de este domingo, con el que se cierra el año litúrgico, nos introduce en una escena muy compleja de la vida de Jesús. El contexto en que se desarrolla es el juicio político al que fue sometido denunciado por las autoridades judías. Como podemos observar, no estamos ante un diálogo distendido entre dos iguales; es un Procurador romano frente a un acusado que debe responder y dar razón de lo que le ha llevado a esta situación.

Pilato pregunta directamente si es el rey de los judíos. Es la acusación que le ha llevado a este juicio por las mismas autoridades judías al verse incapaces de deshacerse de él.  Han politizado el término Mesías y malinterpretado a Jesús como un rebelde frente al Imperio y un traidor de su Pueblo. Jesús, en un primer momento, responde con otra pregunta a la de Pilato porque parece que ha captado la poca seriedad del Procurador frente a las acusaciones de los judíos y la incomprensión de su respuesta.

Comienza Jesús aclarando el significado del término “rey”. Y este interrogatorio da un importante giro apareciendo el mensaje central de este texto. Jesús quiere dejar claro que es rey, pero no de un reino que se apoya en el poder, en la fuerza dominadora o que se defiende con armas. El reino de Jesús no se parece en nada al imperio romano ni a otros reinos políticos y/o religiosos.

La revelación esencial de este pasaje tiene que ver con la manifestación de la existencia de dos planos en la vida: el mundo espacio-temporal y el mundo espiritual que late en la misma naturaleza humana. Dice Jesús que su Reino no es de este mundo, es decir, no está sometido a las leyes de la materia, no puede ser comprendido desde los códigos que rigen la mente humana en su lado más racional o en su versión más apegada al ego. Su reino no necesita dogmas, esoterismos y rituales que contenten a un Dios fuera de la vida, de las personas, de la historia. No necesita “soldados” que impongan su verdad; no necesita servidores elegidos que van convirtiendo a quienes desintonizan con unos principios rígidos y fanáticos para complacer a un Dios que pondrá orden en este mundo.

No parece ser así su proyecto. Jesús es rey del mundo ya ordenado que forma parte de nuestra existencia en su espacio más profundo. Y, en la medida en que vivamos arraigados en este mundo interior, podremos reordenar el mundo visible para que el género humano ocupe su verdadero lugar desde su auténtica dignidad.

Jesús no viene a enfrentar a estos dos mundos sino a unificarlos, a darles coherencia y a integrarlos desde la Verdad. Aparece así, de nuevo, en un escrito joánico, la palabra verdad – alētheia- que Jesús considera como la razón de su ser y su misión. La verdad de la que habla Jesús no es un argumentario cargado de afirmaciones cerradas para tener razón. No se trata de poseer la verdad o estar en la verdad, de tener unos derechos sobre nadie o sobre nada.  Lejos está de este planteamiento. Jesús habla de la verdad como de una posición ante la vida, una opción de vida: vivir en la verdad es buscar la verdadera esencia que somos, nuestra posibilidad de plenitud, nuestras raíces más profundas, conectarnos a ese Reino que saca a la luz la bondad humana como imagen de la bondad Divina.

Termina esta escena con unas palabras de Jesús que parecen ser una llamada a conectar con esa verdad que se va revelando al escuchar su voz. Su voz es siempre la expresión de un ser que supera el poder a base de servicio, la ambición transformada en compartir la propia vida y la idolatría haciendo visible a un Dios que es liberación y luz en el núcleo más esencial de nuestro ser. Su voz es la voz de las Bienaventuranzas que podrían ser la verdadera revolución en este mundo. ¿No echamos de menos en algunos ámbitos sociales y eclesiales la limpieza de corazón, la honestidad, la justicia, la paz, la sanación, la lealtad, la solidaridad, la empatía, el perdón, la igualdad de derechos en el género humano y de sus géneros, así como el cuidado real de los más desfavorecidos de nuestro mundo?

En esta fiesta de Cristo Rey, quiero unirme a la oración cristiana más auténtica y expresar de corazón ¡¡¡VENGA A NOSOTR@S TU REINO!!!

¡¡FELIZ DOMINGO!!

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

La Verdad que hace libres

Domingo, 21 de noviembre de 2021

LibertadFiesta de «Cristo Rey»

21 noviembre 2021

Jn 18, 33-37

Es notable la insistencia del cuarto evangelio en la cuestión de la verdad. Jugando con el binomio verdad/mentira, reprocha a “los judíos” -recuérdese que, con tal expresión, este evangelio se refiere a los que no han creído en Jesús- ser “hijos del diablo, mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44). Frente a ellos, Jesús es presentado como portador y mensajero de la verdad, hasta poner en su boca estas expresiones: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6) y “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18,37).

En el mismo relato del proceso, Pilato lanza la pregunta fundamental: “¿Qué es la verdad?” (Jn 18,38). Lástima que, apenas formulada, Pilato “salió fuera”, sin darle a Jesús la oportunidad de ofrecer su respuesta.

Con todo, algo tenemos claro: la verdad no es un concepto. Por lo cual, nadie puede pretender poseerla. La verdad es una con la realidad, es… lo que es. Y es también lo que somos. Esta es nuestra paradoja: no podemos apresarla, pero sin embargo la somos.

Estamos en la verdad, no cuando profesamos una creencia determinada, ni porque sostengamos un concepto concreto. Somos verdad y caemos en la cuenta de ello cuando reconocemos nuestra verdadera identidad. Eso es vivir en la verdad o, como dice el texto evangélico, “ser de la verdad”: vivir en la comprensión de lo que somos.

Al comprenderlo, por una parte, reconocemos la verdad de todos los seres, a la vez que nuestra unidad con ellos; por otra, logramos la libertad interior. Y advertimos el acierto de aquellas palabras que este evangelio pone también en boca de Jesús: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,32).

Realmente, nada, fuera de la comprensión, puede garantizarnos la libertad. En la ignorancia de lo que somos -incluso aunque se presuma de lo contrario-, todo es confusión, oscuridad y esclavitud a miedos y necesidades. Al comprender lo que somos, nos reconocemos a salvo y nos liberamos de los miedos que nos tiranizaban. Ciertamente, solo la verdad nos hace libres.

¿Distingo cuando vivo en la verdad de cuando me muevo en la mentira?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Cuando el sistema eclesiástico ya no es eclesial, volvamos al que es: Yo soy Rey

Domingo, 21 de noviembre de 2021

icono_cristo_pantocratorDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Yo soy rey. Unas notas para centrarnos en Cristo

1.- Muy del estilo del evangelio San Juan, el encuentro entre Jesús y Pilato, como todo el relato de la pasión según san Juan tiene un ritmo lento, hierático, majestuoso.

En términos teológicos e icónicos, San Juan es quien ha dado pie al pantocrator hierático de la Iglesia oriental. Cristo preside su vida y su muerte.

Nosotros, occidentales, estamos más habituados al Cristo sufriente de los sinópticos, que quedará reflejado en la imaginería y pintura descriptiva de Velázquez y tantos otros, así como en los pasos de Semana Santa, etc.

2.- Un solemne Yo soy sobre el que está construido todo el evangelio [1], recorre todo el evangelio de Juan,

Jn 6,35  Yo SOY el pan de VIDA.

Jn 8,12  Yo SOY las LUZ del mundo.

Jn 10,14 Yo SOY el BUEN PASTOR y conozco las mías.

Jn 11,25 Yo SOY la RESURRECCIÓN y la VIDA.

Jn 14,6  Yo SOY el CAMINO, la VERDAD y la VIDA.

Jn 18,5  YO SOY… y cayeron los soldados por tierra…

Jn 18,37 Yo SOY REY.

Yo Soy el que Soy es la frase que Dios da como respuesta cuando Moisés le pregunta por su nombre: “Yo soy el que soy”, (Ex 3,13-14). Ahora, ante Pilatos –y ante todos los hombres de poder- Jesús hace suya la misma expresión y el mismo tono vital: Yo soy Rey. Cristo es el que es: Cristo es Dios. (Si bien mi Reino no es como s de este mundo: Roma o Glasgow).

  1. 3.- Curiosamente en el evangelio de San Juan, Jesús no emplea nunca la expresión Reino de Dios / Reino de los cielos (solamente aparece una vez esta expresión y en boca de Nicodemo: ¿qué tiene que hacer un hombre viejo para entrar en el Reino, Jn 3,4?).

Jesús no habla del Reino sino que habla de vida: Yo soy el pan de vida, el agua de vida, la resurrección y la vida…

Sin embargo en San Juan, no hay Reino, pero hay Rey. (Emplea 18 veces la expresión “rey”: 17 las aplica a Jesús).

4.- Este modo de Juan de construir el evangelio, es porque le imprime una gran densidad cristológica: Yo soy: Yo soy rey. El evangelio de Juan es profundamente cristológico

    El Vaticano II hizo un gran esfuerzo  por reconducir el cristianismo hacia Cristo: a través de la Palabra, de la Liturgia y la Iglesia. El centro del cristianismo es Cristo, no la bisutería y avalorios eclesiásticos.

  1. Y el evangelio de Juan es profundamente cristológico porque aquellas comunidades joánicas sufrieron una profunda decepción eclesiástica y ello por dos motivos:
  2. Porque aquellos primeros cristianos fueron expulsados del mundo judío al que se sentían unidos por tradición cultural-religiosa.
  3. Porque habían comenzado a entrar en la iglesia doctrinas extrañas de corte griego (gnósticos), muy espiritualoides, pero poco cristianas.

Por estas razones, La tradición de San Juan se centra en Cristo e insistirá en el permaneced en lo que os enseñé desde el comienzo, permaneced en mi amor, etc. Permanezcamos pues en el Señor.

Quizás también nosotros podemos estar decepcionados del sistema eclesiástico.

    Escribe el dominico sudafricano Albert Nolan:

En la Iglesia hay también un sentimiento creciente de desaliento. El Concilio Vaticano II suscitó en muchos de nosotros un entusiasmo esperanzador en el futuro de la Iglesia. Parecía que estábamos empezando a alejarnos de una Iglesia autoritaria y jerárquica para entrar para entrar en la libertad radical de Jesús y el evangelio. Pero desde entonces, casi todos los logros del concilio han sido socavados y anulados lenta pero rigurosamente. [2]

Cuando vemos cómo van nuestras diócesis, cuando estamos viendo el enfrentamiento frontal al papa Francisco de muchos jerarcas Y estamentos eclesiásticos, cuando vemos cómo se ha dejado de lado el Vaticano II, es el momento de volver al que es, sobre todo de volver y permanecer en el Señor, en el Evangelio, y en el Vaticano II, en  Francisco.

    En las noches oscuras del alma, en las decepciones eclesiásticas, congregacionales o personales, la salida está en el que es. Permaneced, permaneced en mi amor. (Jn 15,9-11).

Dos breves conclusiones finales:

  1. Al finalizar este año litúrgico sintamos la paz profunda de que Cristo encuadra nuestra existencia. Él es y está al comienzo y al final de nuestra existencia. Estamos hechos para finalizar en Cristo. El tiempo termina en la eternidad, el hombre concluye en Dios.
  1. En estos tiempos de nihilismo (nihil significa nada), descansemos en el ser, en el que es. No estamos cimentados en el vacío, en la nada, sino en el ser, en el que es: Yo soy. Ello nos causará una profunda serenidad porque

mis palabras no pasarán

[1] El evangelista san Juan aplica a Jesús esta expresión: “Yo soy” en más de 50 ocasiones

[2] Albert Nolan, Esperanza en una época de desesperanza. Y otros textos esenciales. Santander, Ed Sal Terrae, 2010, 26

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Será todo en todos: Resurrección de la carne, vida perdurable . Amén

Martes, 24 de noviembre de 2020

Resurrección2Del blog de Xabier Pikaza:

La postal anterior de RD presentaba a Cristo como plenitud y juicio de la historia:Rey hambriento y sediento, extranjero y desnudo, enfermo y encarcelados, adelantedo y signo de la nueva humanidad (pero con riesgo de destrucción humana).

Sobre ese tema publiqué hace tiempo un estudio sobre el fin de la historia (Rev. Catalana de Teología). en un homenaje que amigos y colegas dedicábamos a J. M. Rovira Belloso. Retomo aquí la conclusión de aquel trabajo, que, situado en el contexto de su extensa obra, vinculaba la comunicación racional de la Ilustración y el Evangelio de la resurrección, expresando así la fe más antigua de la Iglesia: creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna, amén.

Para desarrollar el sentido de ese credo, con la resurrección de la carne (=historia) como meta y sentido de la creación he escrito el nuevo libro, La palabra de Dios se hizo carne. Retomo y condenso aquí el argumento de ese libro, con las páginas finales del homenaje a Rovira Belloso, respondiendo así a las especulaciones apocalípticas no cristianas de autores como las de L. Fanzaga, de las que he tratado también en una postal anterior de RD.

23.11.2020 | X. Pikaza

FRASES Un Mal Capitulo No Es El Fin De La Historia F@MisFrasesOk OFrase FacebookMisFrasesOk 🙄😌 | Facebook Meme on awwmemes.com

Hemos resuelto muchos problemas, pero queda abierto el misterio de la vida: el sentido y tarea de nuestro nacimiento, de la libertad y de la muerte en (con) los demás seres humanos, pues en ellos nos movemos, vivimos y somos (como sabe y dice Pablo en Hech 17, 28). El mismo Pablo añade que Dios es y será “todo en todos” (1 Cor 15, 28), pues en él son (seremos) vivificados todos.

Ésta es la experiencia cristiana radical, principio, sentido y meta de la historia, como sabe y dice el Credo Romano (=de los apóstoles): Creo en la resurrección de la carne y (o) en la vida perdurable.

Ese credo, que nos lleva con toda la teología de la Biblia del Dios creador del Principio al Dios Resucitador del final, constituye el tesoro, clave y tarea de la vida humana. Estamos llamados a la resurrección o culminación de la vida en Dios (en y por Cristo), pero corremos el riesgo de destruirnos, pues el Dios de la Vida no ha querido ni quiere imponerse a la fuerza, sino que deja su vida (se deja a sí mismo) en nuestras manos, de forma que pudiéramos destruirnos, creando un mundo sin él (contra él) para la muerte, como ha puesto de relieve el Papa Francisco (Lodato si, 2015).

Desde ese fondo retomo las páginas finales del trabajo de homenaje a Rovira Belloso, del año 2020, situando ese tema en el trasfondo de la modernidad, es decir, entre el siglo XX y XXI, traduciendo así la antigua esperanza apocalíptica en claves modernas de riesgo y experiencia creadora, dentro de un mundo abierto a la resurrección (desde un trasfondo de racionalidad operativa), pero con riesgo de destruirse a sí mismo, cayendo en el “infierno” de su propia muerte (pues Dios en Cristo ofrece su Vida, pero no nos la impone).

Fallece Josep Maria Rovira Belloso, teólogo de referencia en Cataluña
Estructura racional y super-estructura personal

Por un lado me sitúo en una línea racional que va de la antigua (siglo XVIII) a la nueva ilustración (siblo XX), destacando con M. Weber[1] que una visión de la historia lleva de la magia a la racionalidad operativa: vivíamos inmersos en un mundo sagrado, sometidos a sus ritmos; ahora somos nosotros los que proyectamos y aplicamos nuestros propios esquemas racionales sobre el mundo.

Pero, al mismo tiempo, acepto de un modo aún más intenso (en otro plano) el modelo y compromiso de vida y esperanza del evangelio cristiano. En el fondo de la razón y acción operativa existe y se despliega una más alta meta-razón de gratuidad, expresada en el menaje y vida (resurreccón) de Jesús. Desde ese fondo distingo y vinculo los dos niveles de la historia.

– Plano estructural: un mundo en el que todo se define por la ciencia. Un tipo de historia culmina allí donde, con medios científicos, surge y se organiza un sistema mundial de razón, al servicio de todos los humanos, ofreciendo a todos unas mimas posibilidades económicas, educativas, sociales. Por ventaja del sistema y para bien de cada uno de sus miembros, a ese plano podría surgir una ley que vincula e iguala a todos (como puso de relieve Benedicto XVI, Spe Salvi).

Eso significa que debe (puede) terminar la historia de las viejas disputas nacionales o sociales: todos los humanos podrán vivir y desarrollarse dentro de un mismo sistema universal de intercambios racionales[2]. En ese nivel no podría hablarse de “libertad”: cada uno debería aceptar las posibilidades y deberes que le ofrece el sistema, dentro de una estructura universal de relaciones (de educación, trabajo y consumo) avalado por el “sistema racional” (supra-personal).

– Plano supra-estructural. Sobre la base anterior, obligatoria para todos, se eleva un ancho campo de elecciones y gozos, realizaciones y libertades, que cada individuo o grupo particular podrá desarrollar en plano afectivo y/o religioso, artístico o deportivo, de descanso y juego. La misma “necesidad” estructural ya resuelta (no habrá agobio por la comida, ni falta de trabajo o de vivienda) liberaría una serie inmensa de posibilidades de gozo y plenitud humana por ahora insospechada.

Resueltos en el plano anterior los problemas estructurales, se abrirá un ancho campo de libertad, para que cada individuo (o grupo) particular pudiera expresar y cultivar sus “aventuras”, sus ideales y gozos personales y comunitarios (de familia o grupo). Sólo en ese plano seguirá abierto el camino de la historia: como búsqueda de dignidad personal y reconocimiento mutuo, de gozo y amor, en el campo afectivo, artístico y religioso. No podemos ni imaginar lo que será el florecimiento humano a ese nivel: nacerá entonces la historia verdadera.

Nuevo nicho religioso

– Cambiarían a ese nivel, o tendrán que replantearse, algunas de tradiciones religiosas: no se podrá hablar de la bienaventuranza de los pobres, en sentido puramente material, pues no habría pobres en un mundo de abundancia organizada; tampoco se podrá decir que los mártires son felices, pues la sociedad no tendrá necesidad de mártires. Un tipo de tradiciones religiosas seguirían conservando un valor, pero sólo como recuerdo o la memoria de los tiempos “prehistóricos”, pues sus aportaciones (liberadas de oscurantismos e irracionalidades) habrán sido recogidas para siempre en la riqueza de la nueva experiencia ética y estética de la humanidad ya liberada de las violencias del pasado[3].

-Pero con eso se abriría y debería desarrollarse un nuevo “nicho” ecológico y religioso, en un nivel de gratuidad, no de necesidad, de mística de amor (a Dios y a los demás en los demás), en un plano de comunicación gratuita, de identificación original con Dios y de experiencia divina de la vida, en la que se valora la muerte como experiencia de entrega personal signo de resurrección (de recuperación y pervivencia o super-vivencia de la vida, en la vida de los demás (resurrección en Dios, es decir, en la comunión interhumana).

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“La sorpresa final”. 22 de noviembre de 2020. Solemnidad de Cristo Rey. Mateo 25, 31 – 46

Domingo, 22 de noviembre de 2020

01_ultimate_exterface(Imagen Exterface)

Los cristianos llevamos veinte siglos hablando del amor. Repetimos constantemente que el amor es el criterio último de toda actitud y comportamiento. Afirmamos que desde el amor será pronunciado el juicio definitivo sobre todas las personas, estructuras y realizaciones de los hombres. Sin embargo, con ese lenguaje tan hermoso del amor, podemos estar ocultando con frecuencia el mensaje auténtico de Jesús, mucho más directo, sencillo y concreto.

Es sorprendente observar que Jesús apenas pronuncia en los evangelios la palabra «amor». Tampoco en esta parábola que nos describe la suerte final de los humanos. Al final no se nos juzgará de manera general sobre el amor, sino sobre algo mucho más concreto: ¿qué hemos hecho cuando nos hemos encontrado con alguien que nos necesitaba? ¿Cómo hemos reaccionado ante los problemas y sufrimientos de personas concretas que hemos ido encontrando en nuestro camino?

Lo decisivo en la vida no es lo que decimos o pensamos, lo que creemos o escribimos. No bastan tampoco los sentimientos hermosos ni las protestas estériles. Lo importante es ayudar a quien nos necesita.

La mayoría de los cristianos nos sentimos satisfechos y tranquilos porque no hacemos a nadie ningún mal especialmente grave. Se nos olvida que, según la advertencia de Jesús, estamos preparando nuestro fracaso final siempre que cerramos nuestros ojos a las necesidades ajenas, siempre que eludimos cualquier responsabilidad que no sea en beneficio propio, siempre que nos contentamos con criticarlo todo, sin echar una mano a nadie.

La parábola de Jesús nos obliga a hacernos preguntas muy concretas: ¿estoy haciendo algo por alguien?, ¿a qué personas puedo yo prestar ayuda?, ¿qué hago para que reine un poco más de justicia, solidaridad y amistad entre nosotros?, ¿qué más podría hacer?

La última y decisiva enseñanza de Jesús es esta: el reino de Dios es y será siempre de los que aman al pobre y le ayudan en su necesidad. Esto es lo esencial y definitivo. Un día se nos abrirán los ojos y descubriremos con sorpresa que el amor es la única verdad, y que Dios reina allí donde hay hombres y mujeres capaces de amar y preocuparse por los demás.

 

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Se sentará en el trono de su gloria”. 22 de Noviembre de 2020. Ciclo A. Jesucristo Rey del universo

Domingo, 22 de noviembre de 2020

57-OrdinarioA34Leído en Koinonia:

Ezequiel 34,11-12.15-17: A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.
Salmo responsorial: 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Corintios 15,20-26.28:Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.
Mateo 25,31-46:Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

22. XI. 2020. Ciclo A. (Mt 25, 31-46). Cristo Rey: Hambriento y sediento, extranjero y desnudo, enfermo y encarcelado

Domingo, 22 de noviembre de 2020

A019542E-7CA4-4341-B673-8BCB82B53B70Del blog de Xabier Pikaza:

Termina hoy el ciclo litúrgico 2020, presidido por el retablo del juicio final (Mt 25,31-46), uno de los textos más ricos, esperanzados y peor entendidos de la historia cristiana, que lo ha tomado como carta magna del miedo y la amenaza religiosa (como en la Capilla Sixtina del Vaticano).

Mt 25, 31-46 es la parábola del Dios Pobre, pues los pobres, en sus varios sentidos (hambriento, sedienta, desnudo, extranjero…), aparecen en ella como hijos de Dios, “hermanos de Cristo”, que se identifica con ellos: “Tuve hambre, tuve sed, fui extranjero y desnudo, enfermo y encarcelado”. Esos pobres de Dios son el mismo Dios en persona, aquel en que nos movemos, vivimos y somos.

Mt 25,31-46 es la parábola de la historia humana: Está en el fondo el amor de “bodas” (Mt 25,1-3) y la tensión vital (talentos: Mt 25, 14-30). Pero el sentido y futuro de la historia humana está definido por la solidaridad de Dios, que es en sí siendo en los otros.

Entendido así, este pasaje es la carta magna de los derechos y deberes humanos (no de la amenaza, sino de la riqueza más honda de la vida), tal como la formularé al final de este comentario.

21.11.2020 | X Pikaza

Mt 25, 31-46.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”

Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.” Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y él replicará: “Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.” Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”

2715C2EA-2C88-4E10-9D57-45976FBC7569

LECTURA DE CONJUNTO. INTRODUCCIÓN

Este pasaje recoge la ley o bene nueva y la tarea o responsabilidad del judaísmo mesiánico. Algunos de sus rasgos pueden encontrarse no sólo en el AT, sino en otras religiones y culturas Pero en su conjunto es un texto cristiano, vinculado al Sermón de la Montaña, que ha marcado no sólo la teología del cristianismo, sino de toda la cultura de occidente (y del mundo). Mirado en esa clave, Mt 25, 31‒46 es un texto de revelación suprema de Dios, elaborado por la Iglesia desde una perspectiva israelita de pacto que se abra a la experiencia universal de gracia del evangelio[1].

‒ Este pasaje responde al mensaje de Jesús, que había vinculado su Reino con el juicio que ha de aplicarse a todos los hombres, partiendo de la misericordia de Dios, la curación de los enfermos y la salvación de los pecadores. En esa línea, el mismo Jesús o sus seguidores inmediatos han podido afirmar que Dios se identifica con los pequeños y los pobres, con quienes sufre y a quienes ofrece salvación.

Este pasaje responde al mensaje de Mateo, y contiene aspectos (elementos) des “derecho escatológico” (cf. también Lc 12, 8-9; Mc 8, 38), expresado en la figura del Hijo del hombre, que, por un lado, comparte la suerte de los pobres (con quienes se identifica) y, por otro, juzga a los pueblos según la manera que ellos han tenido de tratarles. En esa línea podemos afirmar que ha sido formulado en su sentido actual por una iglesia judeocristiana como la de Mateo[2].

 Las seis “obras” de Mt 25, 31-46 (dar de comer al hambriento, de beber al sediento, acoger al exilado, vestir al desnudo, visitar al enfermo y encarcelado) se encuentran poderosamente influidas por la teología israelita del pacto de Dios con los hombres, tal como ha sido reformulada por Jesús en su anuncio del Reino de Dios, con su forma de servir a los necesitados y con su muerte mesiánica. Éste es un texto paradójico en varios sentidos, pues recoge de forma universal la novedad del mensaje judío y cristiano de Jesús y de la Iglesia primitiva, sin que aparezcan expresamente unos rasgos confesionales exclusivamente cristianos, de manera que puede y debe aplicarse a la humanidad en su conjunto:

 ‒ Esta palabra proviene de la historia de Israel, y condensa el mensaje central de la Ley y los profetas, pero lo hace desde Jesús, de un modo universal, pues no contiene nada exclusivamente judío, ni en su formulación (no habla del Dios Yahvé, ni del templo, ni de sacerdotes, ni de sacrificios o sacramentos), de manera puede aplicarse y se aplica por igual a todos pueblos, con los mismos derechos y deberes, como si la pertenencia israelita no contara (y no cuenta en ese plano). El juez final aparece como Hijo del Hombres, es decir, como humanidad universal, como eso que pudiéramos llamar el principio divino de la humanidad.

‒ Éste es un texto cristiano y eclesial, y, sin embargo, no contiene ninguna referencia a la Iglesia, ni a Jesús, entendido de un modo particular, pues el juez divino aparece simplemente como Hijo del Hombre, esto es, como principio divino de la humanidad y signo (portador) de las necesidades humanas[3]. Ciertamente, el cristiano puede afirmar que ese juez final es el mismo Jesús de Nazaret, cuya historia está contando el evangelio de Mateo, pero sin que esto se diga expresamente. El texto en sí sólo supone y afirma que el Dios del juicio se identifica con las necesidades humanas (o, mejor dicho, con los necesitados a quienes Jesús ayudó durante el tiempo de su mensaje, de manera que por ayudarles en concreto, por encima de toda ley particular, religiosa o política le mataron).

 No existe, que sepamos, ningún texto judío o pagano (egipcio, mesopotamio, chino…) que haya condensado las necesidades humanas de esa forma, mirándolas desde una perspectiva de justicia, pero como expresión del sufrimiento de Dios, que padece en los necesitados. En esa línea, leído desde el conjunto del evangelio, Mt 25, 31‒46 supone que los sufrimientos de los hombres se identifican con el dolor de Jesús, que los ha compartido con (que ha muerto por) ellos. Pero el texto en sí no lo dice, de manera que esas necesidades pueden entenderse de forma universal, sin tener que apelar a Jesús para entenderlas.

 Este pasaje no discute la causa radical de esos males, aunque sabe que están vinculados con la injusticia humana (unos hombres no ayudan a otros)… y sabe también que en ellos se expresa de un modo misterioso el mismo ser divino. No razona sobre el origen del hambre o de la cárcel, sino que supone su existencia y busca una forma de solucionarlos, no en clave de imposición legal, sino de llamada a la conversión (transformación) humana, en una línea gratuidad, desde la experiencia del Dios que se hace presente en las necesidades de los hombres, y les pide que sean solidarios unos con los otros, en perspectiva de juicio final[4].

francia-espana-cumplen-refugiados-alemania_995611997_121379910_667x375

Como vengo diciendo, cerrado sí mismo, este pasaje no es específicamente cristiano (no contiene nada específicamente confesional, propio de la Iglesia), pero los cristiano pueden y deben entenderlo desde la perspectiva de un Jesús, a quien identifican con el Hijo del Hombre que se sentará sobre el trono de su Gloria, recibiendo a todas las naciones e identificándose, al mismo tiempo, con todos hambrientos y sedientos, enfermos y encarcelados, posesos y pecadores a cuyo servicio él había puesto su vida.

En un sentido, desde una esperanza anterior centrada en el libro de Daniel, los cristianos esperan a un Hijo de Hombre (=Hombre universal), Gran Rey-Mesías de Dios, y así le ven, al fin, pero identificándose con los hambrientos‒sedientos, exilados‒desnudos, enfermos‒encarcelados, por quienes ha dado su vida, y con quienes se manifiesta, incluyendo en su “yo” necesitado (y al fin asesinado) la opresión, sufrimiento y muerte de todos los excluidos y sufrientes de la historia[5].

Esta sentencia final de Jesús recoge toda su enseñanza y vida anterior, desde la montaña de Galilea, cando Jesús decía a sus enviados que “enseñaran a todas las naciones a cumplir lo que él les había mandado/encargado” (enteilamên hymin: 28, 20). Éste es su gran “encargo” de Jesús, su comisión definitiva: Que sean todos como él ha sido. Miradas así, estas dos palabras  de esús (una del envío/comisión, 28, 16‒20,  y otra del juicio/desvelamiento final, 25, 31‒46), vinculadas entre sí, constituyen un (el)  elemento central de la teología de la Biblia, ratificada y cumplida por Jesús que aparece, al mismo tiempo, como aquel  que está presente en los necesitados y como aquel que pide a todos los hombres que (les) ayuden, colaborando así en la tarea creadora de Dios.

PROFUNDIZACIÓN.TUVE HAMBRE Y ME DISTÉIS DE COMER…

 Como he puesto de relieve en Teología de la Biblia, esta “parábola”  retoma y recrea el sentido de las dos anteriores de Mr 25,1-30 (del aceite en la noche, de la administración de los talentos)… pero lo hace desde la perspectiva de la necesidad humana: Es bueno tener pan y agua, un grupo social y dignidad, libertad y salud. Pero supone que esas riquezas propias (de tipo social y personal, más que puramente monetario), han de ponerse al servicio de los demás, para dar de comer al que tiene hambre, acoger en casa al que no la tiene etc.

Según este pasaje, aquello que cuenta de verdad no es el dinero (ni la falta de dinero), sino la solidaridad: que hombres y mujeres puedan ayudarse, alimentarse, acogerse, visitarse… Entendido así, desde la raíz de esta parábola, el dinero puede servir como medio para activar la comunión interhumana (dar de comer, acoger y ayudar a los enfermos…), de manera que no sea fin en sí mismo, sino que uno hombres lo empleen para ayudar a los hombres, es decir, a los necesitado (al hambriento, al sediento, al extranjero, al desnudo…). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Dos regalos, con una condición. Fiesta de Cristo Rey. Domingo 34 Ciclo A.

Domingo, 22 de noviembre de 2020

a_7Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

Como la Iglesia siempre va por sus caminos, el próximo domingo termina el año litúrgico, con más de un mes de anticipación al año civil. Los domingos siguientes los dedicaremos a preparar la Navidad (tiempo de Adviento) y a celebrarla. Pero ahora nos toca cerrar el año, y la Iglesia lo hace con la fiesta de Cristo Rey.

Motivo y sentido de la fiesta

            No se trata de una fiesta muy antigua, la instituyó Pío XI en 1925. ¿Qué pretendía con ella? Para comprenderlo hay que recordar los principales acontecimientos de la época. La Primera Guerra Mundial ha terminado siete años antes. Alemania, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra, Austria, incluso los Estados Unidos, han tenido millones de muertos. La crisis económica y social posterior fue tan dura que provocó la caída del zar y la instauración del régimen comunista en Rusia en 1917; la aparición del fascismo en Italia, con la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, y la del nazismo, con el Putsch de Hitler en 1923. Mientras en los Estados Unidos se vive una época de euforia económica, que llevará a la catástrofe de 1929, en Europa la situación de paro, hambre y tensiones sociales es terrible.

            Ante esta situación, Pío XI no hace un simple análisis sociopolítico-económico. Se remonta a un nivel más alto, y piensa que la causa de todos los males, de la guerra y de todo lo que siguió, fue el “haber alejado a Cristo y su ley de la propia vida, de la familia y de la sociedad”; y que “no podría haber esperanza de paz duradera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Cristo Salvador”. Por eso, piensa que lo mejor que él puede hacer como Pontífice para renovar y reforzar la paz es “restaurar el Reino de Nuestro Señor”. Las palabras entre comillas las he tomado del comienzo de la encíclica Quas primas, con la que instituye la fiesta.

            La posible objeción es evidente: ¿se pueden resolver tantos problemas con la simple instauración de una fiesta en honor de Cristo Rey?, ¿conseguirá una fiesta cambiar el corazón de la gente? Los noventa años que han pasado desde entonces demuestran que no.

            Por eso, en 1970 se cambió el sentido de la fiesta. Pío XI la había colocado en el mes de octubre, el domingo anterior a Todos los Santos. En 1970 fue trasladada al último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús.

            Ahora, la celebración no pretende primariamente restaurar ni reforzar la paz entre las naciones sino felicitar a Cristo por su triunfo. Como si después de su vida de esfuerzo y dedicación a los demás, hasta la muerte, le concedieran el mayor premio.

            Pero las lecturas no hablan de una celebración de campanas al vuelo y ceremonias deslumbrantes. Hablan de lo bien que se porta Cristo Rey con nosotros y de la respuesta que espera de nuestra parte.

Primer regalo: su preocupación por nosotros (lectura de Ezequiel)

               En el Antiguo Oriente, la imagen habitual para hablar del rey era la del pastor. Simbolizaba la preocupación y el sacrificio por su pueblo, como la de un pastor por su rebaño. En la práctica, no siempre era así. El c. 34 de Ezequiel habla de los reyes judíos como malos pastores que han abusado de su pueblo y luego se han desinteresado de él y lo han abandonado cuando se produjo la caída de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

Pero Dios no va a permanecer impasible: eliminará a esos malos reyes y ocupará su puesto haciendo dos cosas: 1) como Rey-pastor, buscará a sus ovejas, las cuidará, etc. 2) como Rey-juez, juzgará a su rebaño, defendiendo a las ovejas y salvándolas de los machos cabríos (por eso llamamos en España “cabrones” a los que se portan mal con otros).

            El texto del evangelio (el Juicio Final) empalma con el segundo tema. Pero la liturgia se ha centrado en el primero, que subraya la preocupación de Dios por su pueblo. Es interesante advertir la cantidad de acciones que subrayan su amor e interés: «seguiré el rastro de mis ovejas, las libraré, apacentaré, las haré sestear, buscaré, recogeré, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas». En el contexto de la fiesta de hoy, estas frases habría que aplicarlas a Jesús y ofrecen una imagen muy distinta de Cristo Rey: no lo caracterizan el esplendor y la gloria sino su cercanía y entrega plena a todos nosotros. Buen momento para recordar cómo se ha comportado con cada uno, buscándonos, librándonos, curando…

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.  Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.  Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.»

Segundo regalo: victoria sobre la muerte (lectura la 1ª carta a los Corintios)

Pablo, influido sin duda por las campañas romanas de su tiempo, presenta a Dios Padre como el gran emperador que termina triunfando y sometiendo todo. Pero quien guerrea en su nombre es Cristo, que debe enfrentarse a numerosos enemigos. El último de ellos, el más peligroso, es la muerte, a la que Jesús vence en el momento de resucitar. De esa victoria sobre la muerte participamos también todos nosotros. El fin del año litúrgico, que recuerda el fin de la vida, es un momento adecuado para superar la incertidumbre y la angustia ante la muerte y agradecer la esperanza de la resurrección.

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Una condición (evangelio)

El evangelio no se centra en el triunfo de Cristo, que da por supuesto, sino en la conducta que debemos tener para participar de su Reino.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

̶  Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. 

Entonces los justos le contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 

Y el rey les dirá: 

̶  Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. 

Y entonces dirá a los de su izquierda:

̶  Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también éstos contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?

Y él replicará:

̶  Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

La parábola es tan famosa y clara que no precisa comentario, sino intentar vivirla. Pero indico algunos datos de interés.

  1. A diferencia de otras presentaciones del Juicio Final en la Apocalíptica judía, quien lo lleva a cabo no es Dios, sino el Hijo del Hombre, Jesús. Es él quien se sienta en el trono real y el que actúa como rey, premiando y castigando.
  2. Los criterios para premiar o condenar se orientan exclusivamente en la línea de preocupación por los más débiles: los que tienen hambre, sed, son extranjeros, están desnudos, enfer­mos o en la cárcel. Estas fórmulas tienen un origen muy antiguo. En Egipto, en el capítulo 125 del Libro de los Muertos, encontramos algo pareci­do: «Yo di pan al hambriento y agua al que padecía sed; di vestido al hombre desnudo y una barca al náufrago». Dentro del AT, la formulación más parecida es la del c. 58 de Isaías: «El ayuno que yo quiero es éste: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.» Lo único que Jesús tendrá en cuenta a la hora de juzgarnos será si en nuestra vida se han dado o no estas acciones capitales. Otras cosas a las que a veces damos tanta importancia (creencias, prácti­cas religiosas, vida de oración…) ni siquiera se mencionan.
  3. La novedad absoluta del planteamiento de Jesús es que lo que se ha hecho con estas personas débiles se ha hecho con Él. Algo tan sorprendente que extraña por igual a los condenados y a los salvados. Ninguno de ellos ha actuado o dejado de actuar pensando en Jesús; pero esto es secundario.

 

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Jesucristo Rey del Universo. 22 noviembre, 2020

Domingo, 22 de noviembre de 2020

Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.”

(Mt 25, 31-46)

Estos textos bíblicos en los que los buenos quedan separados de los malos me lleva a preguntarme: ¿somos imagen de Dios o hacemos a Dios a nuestra imagen?

Cada vez me cuesta más pensar en un Dios que se sienta a separar. ¿Cómo puede Dios Trinidad, que es comunión, sentarse a separar?

Tampoco me convence el otro extremo de pensamiento: “Total, si todo vale, vivo a mi bola sin preocuparme.” Creo que nuestra vida cuenta, y nuestras acciones y oraciones la encaminan en un sentido o en otro. Nos vamos haciendo personas cada vez más plenas o cada vez más vacías. Con todo, siempre, siempre, estamos a tiempo de volvernos hacia la plenitud.

La bondad y la maldad no son dos fuerzas iguales y contrarias. El mal no puede ya vencer porque ya fue vencido. No tiene poder sino que se encamina a su fin. Esta es nuestra esperanza, nuestra fe.

Creemos que Dios ha vencido al mal, a la muerte, a la oscuridad. Caminamos hacia la VIDA.

Muchas veces la realidad parece decir todo lo contrario. Seguramente más de una persona estará pensando: “¿cómo puede decir que el bien ya ha vencido cuando estamos viviendo una situación mundial de pandemia, cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres y numerosos, cuando la naturaleza entera parece no resistir más… (aunque algunos sigan negado el cambio climático…)?

Es verdad, la lista de cosas que no funcionan es larga. Pero lo bueno es más grande y más resistente. Por cada gesto de violencia y desconfianza, por cada injusticia  hay cientos de gestos de generosidad, de acogida y de reconciliación que nos van trasformando. No los apreciamos porque nos parecen “lo normal”, lo que debiera ser. Eso significa que la inmensa mayoría de la humanidad desea lo bueno, lo justo, lo que nos permite convivir.

La fiesta de Jesucristo como Rey del Universo nos viene a recordar la bondad que ya somos en semilla y en la que debemos esforzarnos por crecer. Si Cristo comienza a Reinar es que la Vida, lo Bueno, el Bien…¡ha vencido!

Podemos repetir con confianza las palabras de la mística medieval Juliana de Norwich: ¡Todo irá bien, y todo irá bien y absolutamente todo acabará bien!

Oración

Aumenta nuestra fe y nuestra confianza. Danos una mirada llena de esperanza que sepa descubrir y agradecer la bondad escondida en cada corazón humano en todos los rincones de la creación. ¡Amén!

*
Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Recordatorio

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Yo, por supuesto, a petición de los autores, eliminaré el contenido en cuestión inmediatamente o añadiré un enlace. Este sitio es gratuito y no genera ingresos.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un lugar de entretenimiento. La información puede contener errores e imprecisiones.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.