Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Gracia’

“Yo soy el Señor tu Dios, el que te sacó del armario”, por Carlos Osma

Jueves, 17 de octubre de 2019

cruzarDe su blog Homoprotestantes:

“¡Ordena a los israelitas que sigan adelante! Y tú, levanta tu bastón, extiende tu brazo y parte el mar en dos, para que los israelitas lo crucen en seco”

(Ex 14,15b-16).

En unas sociedades tan secularizadas como las nuestras es lógico que la Biblia no tenga nada que ver con la vida de la gran mayoría de la población. Si no tienes canas es difícil que sepas quienes eran por ejemplo Rut y Noemí, y si por alguna razón te suena el nombre de Sansón, es posible que lo confundas con uno de los cuatro fantásticos. Pero si has nacido en una familia cristiana y las historias bíblicas son para ti el pan nuestro de cada día, eso tampoco significa que tus experiencias se vean reflejadas, cuestionadas o interpeladas por ella. Quizás únicamente sea el lugar desde donde justificas legalmente si lo que haces es o no correcto, pero sin que haya ningún tipo de reinterpretación a partir de tu propia experiencia. Tampoco tiene por qué ser fuente de liberación, ya que quizás es como agua estancada en el pantano que otros construyeron, en vez de ser como aquella otra que avanza decidida hacia el mar por un cauce que, en ocasiones, no puede contenerla y acaba siendo rebasado. Sin embargo, hay personas para las que algunos pasajes bíblicos tienen tanto que ver con sus propias vivencias, que son incapaces de leerlos sin verse como protagonistas de lo que en ellos se relata.

La mayoría de personas LGTBIQ estuvimos durante mucho tiempo frente al Mar Rojo, atrapados entre unos poderes que nos querían sometidos y esclavizados, y el temor paralizante que nos generaba un mar que parecía ser el fin del mundo. La huida de Egipto es un texto que tiene tanto que ver con nosotras, que es difícil leerlo sin que algo dentro nuestro se remueva. Esa experiencia opresiva, de no saber hacia donde tirar, de creer que no hay escapatoria, que únicamente podemos elegir entre la esclavitud y la muerte, nos ha dejado una huella tan profunda, que cuando leemos textos como este, sentimos que nos conectamos no solo con quienes vivieron aquella situación hace miles de años -no entro en el debate sobre los hechos históricos que originaron y moldearon el texto-, sino con tantas y tantas otras que lo siguen viviendo hoy. ¿Recuerdas aquel dolor en el pecho, la falta de aire, el temor, la soledad, o el creer que incluso dios te había abandonado a tu suerte? Pues es similar al que tristemente siguen sintiendo hoy otras personas LGTBIQ que viven a nuestro alrededor. Personas que pueden no haber llegado siquiera a la adolescencia pero que, como nosotras no hace tanto, se debaten entre el poder LGTBIQfóbico esclavizante de Egipto y el de la muerte del Mar Rojo.

Podríamos intentar olvidarlo todo, hacer como que aquello no ocurrió, pero de manera inevitable volvemos continuamente a aquel lugar originario donde adquirimos una nueva identidad, la de ser hijos e hijas de un Dios liberador, porque allí recordamos que la dicotomía a la que se nos sigue obligando a escoger todavía hoy, entre esclavitud o muerte, es absolutamente falsa. La elección se da a otro nivel, creer a un dios fundamentalista que únicamente puede vernos como esclavos a los que es necesario someter y castigar por desear la libertad y la justicia, o en un Dios liberador que conoce el dolor de los seres humanos y se pone del lado de quienes lo padecen y en contra de quienes lo infringen. Y esa elección se repite y se repite constantemente en las decisiones que seguimos tomando en nuestro día a día, por eso es importante volver allí constantemente, frente al Mar Rojo, para recordar qué Dios fue el que nos liberó, y cuál el que quería esclavizarnos. “Yo soy el Señor tu Dios, el que te sacó del armario”, nos diría hoy, para después añadir: “No olvides por tanto al inmigrante, a la mujer maltratada, ni al niño vulnerable”. 

Y es que es verdad que la muerte no tiene la última palabra, lo sabemos por experiencia propia, el Mar Rojo puede parecer inmenso e infranqueable, pero el Dios liberador es capaz de partirlo en dos y dejar un camino de tierra seca por donde únicamente quienes anhelan la libertad pueden pasar. Por allí cruzamos, caminamos durante semanas, meses, años, maravillados de que la vida se abría paso de forma milagrosa. Y es importante compartir con quienes tenemos cerca que ese camino existe, que hay que atreverse a dar el paso y seguir hacia adelante, que el temor no puede ser la única forma posible para mantenerse con vida. Pero igualmente es importante que nosotros tampoco lo olvidemos nunca, porque las situaciones de opresión, aunque diferentes de aquella, siempre vuelven a repetirse. Vivir liberados exige constantemente decisiones valientes por el Dios liberador, y contra el dios de la opresión. La LGTBIQfobia no ha desaparecido, aunque ya no tenga el mismo poder sobre nosotros que cuando salimos de Egipto. Por eso cada día debemos seguir tomando decisiones valientes que hagan que nuestra vida no se rija por ella, sino por la liberación. Y es que el Señor no solo nos “sacó del armario”, sino que nos “saca de cualquier otro Egipto” cada día, y eso hay que afirmarlo, compartirlo, gritarlo, donde sea necesario.

Vivimos muchos tipos de éxodo a lo largo de la vida, cada uno con características bien diferentes. Pero es importante volver a poner nuestra mirada en aquel que nos cambió para siempre, el que nos proporcionó una existencia que no teníamos, el que únicamente fue posible por la intervención de un Dios que sintió nuestro dolor y actuó para liberarnos. Y al recordar ese éxodo que llevamos marcado a fuego dentro de nosotras, el resto de éxodos podemos afrontarlos de una manera más confiada. El Dios liberador está de nuestro lado. Sabemos que hay personas que todavía están frente al Mar Rojo atemorizadas, incapaces de dar un solo paso y sintiendo que no hay otra vida para ellas. Pero para las personas LGTBIQ que fuimos liberadas, en ese texto estamos nosotras mismas. No podemos leerlo sin ver delante nuestro al propio Moisés alzando su vara y partiendo en dos, por la gracia divina, aquel mar que nos paralizaba. Y en su actualización constante, afirmamos confiadamente que pase lo que pase: “Señor, con tu amor vas dirigiendo a este pueblo que salvaste; con tu poder lo llevas a tu santa casa”. (Ex 15,13).

Carlos Osma

Puedes conseguir mi libro “Solo un Jesús marica puede salvarnos”, con más reflexiones cristianas en clave gay, en:

– La Página de Amazon.es en España

– La Página de Mercado Libre en Argentina

 – La Página de Amazon.com si estás en otro país.

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Hoy mismo

Martes, 16 de julio de 2019

2A0E2DA9-D1BE-497D-AA6D-C96F2FDE1603

¡Padre del cielo! Tu gracia y tu misericordia no cambian con la mutación de los tiempos, no envejecen con el transcurrir de los años, como si fueras, al igual que un hombre, un día más misericordioso que otro, más misericordioso el primero que el último. Tu gracia no cambia, dado que eres inmutable, que eres siempre el mismo, eternamente joven, nuevo en cada nuevo día, porque cada día dices: «Hoy mismo».

Oh, mas si un hombre toma en consideración esta palabra y, cogido por ella, se dice seriamente a sí mismo con santa determinación: «Hoy mismo», entonces eso significa para él que desea ser cambiado juntamente ese día, desea que precisamente ese día pueda llegar a ser para él significativo con respecto a los otros días, significativo por el renovado refuerzo en el bien que una vez eligió, o tal vez incluso significativo porque escoge el bien. Tu gracia y tu misericordia consisten en esto: en que tú, inmutable, dices cada día: «Hoy mismo». En efecto, tú eres el que da «hoy mismo» el tiempo de la gracia; el hombre, sin embargo, es alguien que debe coger «hoy mismo» el tiempo de la gracia. Así es nuestro hablar contigo, oh Dios; existe una diferencia de lenguaje entre nosotros; sin embargo, nos esforzamos por comprenderte y por hacernos comprensibles a ti, y tu no te avergüenzas de ser llamado nuestro Dios.

Eso que -dicho por ti, oh Dios- es la eterna expresión de tu gracia y de tu misericordia inmutables, eso mismo -repetido en su justo sentido por un hombre- constituye la máxima expresión del cambio y de la decisión más profunda; sí, como si todo estuviera perdido si el cambio y la decisión no tuvieran lugar hoy precisamente.

Concédenos, pues, que este día pueda ser un día de verdadera bendición, que podamos escuchar la voz de aquel a quien tú enviaste al mundo y podamos seguirle.

*

Soren Kierkegaard,
«Ejercicio del Cristianismo»,
en Micromega
2 [2000], pp. 103-105, passim

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Gracia, amor desbordante”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Jueves, 8 de noviembre de 2018

praiseDe su blog Nihil Obstat:

En la liturgia, la catequesis y la predicación se utiliza con frecuencia el término “gracia”. ¿Qué implica, qué se quiere decir con esta palabra? Gracia es ante todo el Amor de Dios por nosotros, un amor tan gratuito que se diría que no tiene ningún otro motivo que Dios mismo: Dios es así, tan generoso, tan desbordante de amor. Es “lleno de gracia” (Jn 1,14). Humanamente podría describirse con la imagen de lo que sobra por todas partes y por todas partes se derrama. Así es el amor de Dios: un amor sobrante que brota de un corazón amante y apasionado, que ama sin poder hacer otra cosa porque él “es” el Amor.

Gracia es también el resultado que este amor primero y gratuito de Dios ha causado en nosotros: de su plenitud, todos hemos recibido una gracia que se corresponde con la suya (Jn 1,16). El ser humano que recibe el amor de Dios no lo recibe de forma pasiva. Más aún, el ser humano que ha acogido el amor de Dios ya no está ante Dios en la situación anterior, ya no es el ser humano que era antes de acoger este amor. Es una persona transformada, una nueva creación.

Además de transformar a la persona, la gratuidad del amor de Dios suscita en el receptor una respuesta de nueva gratuidad: “nosotros amamos, porque él nos amó primero” (1 Jn 4,19). El amor de Dios es creador y busca multiplicarse hasta el infinito para alcanzar así lo propio de toda gratuidad: la superabundancia.

En los manuales de teología se ha acentuado, a veces, el segundo de los aspectos de la gracia que hemos mencionado: la transformación de la persona que acoge el amor de Dios. Pero es importante dejar clara la primacía de la iniciativa soberana de Dios, que ama al ser humano de forma incondicional, antes de cualquier respuesta posible del ser humano, siendo fiel a ese amor en toda circunstancia. Esta fidelidad de Dios a su amor encuentra su más poderosa manifestación en el hecho de que ame a sus enemigos (Rm 5,19). Ahí se manifiesta la incondicionalidad de un Amor: “el Altísimo es bueno con los desagradecidos y perversos” (Lc 6,35).

Ahora bien, la gracia, en su más acabado sentido teológico, no se realiza en el amor al enemigo. Porque la gracia es esencialmente encuentro y relación. En Dios es comunión y en el ser humano es apertura que responde y acoge con agradecimiento la oferta divina de comunión. Ni Dios sólo ni el hombre sólo constituyen la gracia. La gracia es el encuentro de dos amores, aunque en el caso del amor de la persona a Dios, tal amor haya sido suscitado por el previo amor divino.

Espiritualidad , , ,

“Del pecado y la gracia al amor y la empatía”, por Carlos Osma

Lunes, 26 de marzo de 2018

empatiaDe su blog Homoprotestantes:

Hay veces que de pronto, no sabes muy bien porqué, percibes cosas que hasta ese momento te pasaban inadvertidas. Me ocurrió ayer, sentado en el banco de la iglesia, después de cantar una canción que se proyectaba sobre la pantalla que hay en la pared central de la iglesia. Una canción nueva, si la comparamos con los himnos del siglo XVII y XVIII que aparecen en el himnario que en aquel momento tenía entre las manos, y que hablaba de un Dios de amor que se preocupa por mí y expresaba también el agradecimiento y amor que siento por él.

Al abrir el himnario intenté buscar himnos que mostraran de la mima forma ese amor, y me di cuenta de que la inmensa mayoría hablaban de otra cosa. Pensé que el ser humano ha cambiado mucho en los últimos siglos, y que por tanto la manera en la que se aproxima a Dios ha sufrido también un cambio. Si hay un tema que destacaba sobre todos los demás en el himnario, era el pecado, el reconocerse o sentirse pecador. Pero no por haber cometido un error, por haber fallado en algo, sino por algo más esencial: por ser un ser humano. Y ante este callejón que parece sin salida, los himnos hablaban también de la gracia de un Dios que quiso salvarnos. Me sorprendió que incluso aquí, no se expresará con más rotundidad lo que a algunos de nosotros nos puede parecer una obviedad: que quiso salvarnos por amor. Pero no, lo que se dejaba meridianamente claro es que esa gracia no dependía de nuestras buenas o malas acciones, sino de la voluntad divina.

Imagino que, en una sociedad marcada por el control sobre la vida de las personas, la visión de la divinidad no podía ser muy diferente a la de un juez, que por mucho que haga todo lo posible por salvarnos, su función principal es juzgar y encontrar culpables. Una vez identificados, entra en juego el tema del sacrificio sustitutorio, y Jesús como cordero que lleva sobre él los pecados del mundo. No digo nada nuevo al afirmar que una gran parte del cristianismo sigue moviéndose dentro de este binomio: el del pecado y la gracia. Y lo hacen predicando a una sociedad que ya no existe, o intentando hacer retroceder a cristianos y cristianas un par de siglos como mínimo para que sus teologías puedan tener algún sentido. Es por eso que el diálogo con ellos es muy complicado.

No soy objetivo cuando reflexiono sobre esta forma de entender el cristianismo ya que, en su voluntad por el control social, las personas LGTBI somos pecadoras en esencia, e incluso me atrevería a decir que ni Dios puede sacarnos de esta categoría. La gracia divina solo nos alcanzará cuando ya no seamos quienes somos, en otras palabras: para las personas LGTBI el sacrificio de Jesús en la cruz fue insuficiente. Estoy convencido que es un error pretender mantenernos dentro de este esquema mental que ya no es el nuestro, y que intentar pensar como lo hacían nuestras bisabuelas, o los bisabuelos de nuestras bisabuelas, es una clara estupidez. Aunque también me resisto a desecharlo completamente como si no pudiera aportarnos nada. No me gusta la palabra pecado porque la asocio con no haber cumplido alguna de las leyes que aparecen en el listado de acciones que alguien ha decidido como prohibidas. Pero alguna palabra debería haber para indicar que se está actuando de forma injusta contra el prójimo, contra la naturaleza, contra la vida. Y otra para indicar que es posible pasar página, y deshacer los caminos equivocados sin sentirnos siempre culpables. Alguna manera habrá de seguir a un Dios que nos mueve a la justicia, pero que no sea un juez.

Tengo que reconocer que aunque mi fe cristiana está fundada en la afirmación de que Dios es amor, es decir, en el Dios que Jesús reveló; la canción que se proyectaba sobre la pared, tampoco muestra en mi opinión lo esencial del cristianismo. Quizás esté equivocado, o éste reaccionando exageradamente ante el excesivo individualismo cristiano con el que me he encontrado a lo largo de los años. Ese que habla de yo y Dios, de mi amado Jesús, de mi salvador, de mi maestro; y que en realidad no es más que un hacerse a Dios a mi imagen y semejanza. La canción era preciosa, y seguro que a otras personas les habrá traído otras reflexiones mucho más positivas que la mía, pero ayer me pregunté si el Dios de amor de nuestra generación y nuestro mundo, que ha sustituido al anterior Dios juez, está inevitablemente condenado a ser un producto del individualismo, o incluso del consumismo. ¿Cómo poder vivir la radicalidad del evangelio sin hacer trampas para domesticarlo? ¿Cómo liberarnos de un Dios juez sin caer en los brazos de un Dios de amor que no es más que mi opinión sobre lo que es bueno o malo?

Estoy convencido de que esta pregunta tiene multitud de respuestas, pero mientras sostenía un himnario en la mano, y cantaba la canción que se proyectaba en la pared, pensé que el Dios de amor de Jesús no es un Dios que se preocupa especialmente por mí, sino que lo hace por cada uno de los seres humanos. Y que no lo hace con discursos políticamente correctos, o esos que aplauden los convencidos, sino con acciones que liberan a las personas oprimidas. El Dios de Jesús no es el Dios padre que me ama para que me sienta bien, sino el Dios de amor que aboga por un mundo más justo, y es en la medida que hacemos más justo el mundo, que su amor irrumpe de manera más clara. El amor cristiano no busca que yo me sienta querido, o amado, que me sienta un niño protegido por mi padre/madre celestial… El amor cristiano busca hacer nacer en nosotras y en nosotros la empatía por el prójimo. Por eso donde no hay empatía por quienes sufren, donde no existe la capacidad de ponerse en la piel del otro o de la otra, puede haber mucho sentimiento de amor divino, pero ni una pizca del amor del Dios que nos reveló Jesús. Nuestra generación no sólo debería leer la Gracia de Dios como una muestra de su amor, sino entender que ese amor tiene una dirección inequívoca hacia el prójimo.

Se que queda muy bonito hablar de amor y de prójimo, pero si soy sincero, más allá de los discursos políticamente correctos, pienso que éste es el verdadero lugar donde la fe cristiana pasa su control de calidad. Es tan fácil dejarnos cegar por nuestros prejuicios y eliminar la palabra prójimo de tantos seres humanos. Las personas LGTBI lo sabemos, los discursos cristianos homófobos niegan nuestra existencia, y nos reducen a simples acciones pecaminosas, de esa manera ya no somos prójimos, y podemos no ser merecedoras del amor divino. Ante esto, creo que estamos llamadas a reivindicar nuestra existencia, a defender la dignidad que Dios nos ha dado; pero por otro lado somos interpeladas también a no caer en el mismo error, a escapar de nuestro ego, de nuestra moral, y a ser capaces de entender que cualquier ser humano es nuestro prójimo, sobre todo los más desfavorecidos, y que el amor de Dios no tiene su fin en nosotras, sino en ellas.

Carlos Osma

Espiritualidad , , , , ,

Gracia

Lunes, 5 de febrero de 2018

tumblr_nw7lqioyqv1sl9s2oo1_540

Todos los movimientos naturales están regidos por leyes análogas a las de la gravedad material. Sólo la gracia constituye una excepción. Es preciso esperar siempre que las cosas sucedan en conformidad con la gravedad, salvo intervención de lo sobrenatural.

Gravedad. En general, lo que esperamos de los otros está determinado por los efectos de la gravedad en nosotros; lo que recibimos de ellos está determinado por los efectos de la gravedad en ellos. En algunas ocasiones (por casualidad), ambos hechos coinciden; con frecuencia, no. […] El hombre tiene la fuente de su energía moral, así como la de su energía física (alimento, respiración) en el exterior. Por lo general, la encuentra, y eso le crea la ilusión -incluso respecto a su propio físico- de que su ser lleva en sí mismo el principio de su propia conservación. Sólo la privación hace sentir la necesidad. Y, en caso de privación, no se le puede impedir dirigirse hacia cualquier objeto comestible.

Existe un solo remedio: una clorofila que le permita alimentarse de luz. No juzgar. Todas las culpas son iguales. Existe una sola culpa: no tener la capacidad de alimentarse de luz. Porque, una vez abolida esta capacidad, son posibles todas las culpas. Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envía. No existe el bien fuera de esta capacidad.

*

Simone Weil,
La gravedad y la gracia,
Editorial Trotta, Madrid 1994.

simone-weil2

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Hablar de gracia, salvación y misericordia”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Lunes, 2 de enero de 2017

1175eucarisDe su blog Nihil Obstat:

Gracia, salvación, misericordia son tres palabras muy positivas. Están muy relacionadas, más aún, entrelazadas, la una no puede existir sin las otras. Las tres remiten a lo más fundamental de la fe cristiana: Jesucristo, “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo del cielo”. En Jesucristo queda claro que Dios es un Dios de los hombres, un Dios de salvación, un Dios cercano. Bajó del cielo para salvarnos, no desde la lejanía, no desde fuera, sino desde nuestra propia realidad y a partir de ella. Y eso por puro amor, un amor gratuito. No por nuestros méritos, no por nuestras fuerzas o exigencias, sino por pura benevolencia, por gracia. Una gracia que también es misericordia, o sea, es la actitud del que quiere ayudar. Nos ayuda a realizar nuestra vocación divina, aquello para lo que hemos sido creados, pero que no podemos alcanzar por nuestras fuerzas o por nuestros medios. Si Dios nos eleva, nos diviniza, es porque así le place.

Estas tres palabras tan positivas parece que resultan hoy difíciles de comprender. Y con la dificultad de comprensión aparece algo más grave: la dificultad de aceptar lo que ellas significan. En este mundo nuestro, donde lo que se valora es lo que tiene precio, lo costoso, se diría que las cosas “gratuitas” son precisamente las que no valen nada. En este mundo nuestro, donde lo que se exige es la justicia, se diría que la misericordia es un acto de debilidad, que para colmo prescinde de la justicia. En este mundo nuestro, en donde cada uno quiere realizarse por sus propios medios y poner en valor sus muchas posibilidades, una salvación que viene de fuera no tiene sentido. No queremos que nos salven, queremos salvarnos nosotros mismos. No queremos ser deudores de nadie, queremos que nos den lo nuestro, lo que nos hemos ganado.

Y, sin embargo, en este mundo donde hay tanta pobreza, tanta guerra, tanta hambre, tantas personas abandonadas o expulsadas de sus tierras, donde el trabajo se ha convertido en un privilegio, donde hay más miseria y necesidad que nunca, muchos reclaman una sociedad alternativa, basada en valores distintos de los mercantiles, una sociedad que vaya más allá de los “papeles” y de los “derechos”, una sociedad en donde lo justo no sea lo que a cada uno se le debe o lo que uno se ha ganado, sino el que todos estén bien, el que haya pan para todos, no importa cuales sean los medios para estar bien y para tener comida.

En una sociedad en donde lo que cuenta es el esfuerzo, el rendimiento, el éxito y la conquista, es más necesario que nunca anunciar que Dios regala gratuitamente la vida, que acoge misericordiosamente a los que nada pueden exhibir, que perdona a los pecadores, que justifica a los que no tienen derecho. Este anuncio nos llama a vivir de otra manera, con criterios distintos a los del mundo.

Espiritualidad , , , , ,

Los principios de la misericordia: Gracia, pobreza y universalidad

Sábado, 26 de noviembre de 2016

shutterstock_103268435Del blog de Xabier Pikaza:

Está terminando el Año de la Misericordia, que Jesús instauró en Nazaret de Galilea (Lc 4, 18 ss) y que el Papa Francisco ha proclamado para toda la Iglesia este año 2016.

No es fácil valorar los resultados de propuesta del Papa, conforme al Espíritu de Jesús, en un tiempo en que domina dentro de la jerarquía de la Iglesia el miedo y fuera de ella (en la economía y la política) el deseo de tener y dominar, olvidando los valores humanos.

Pues bien, en ese contexto quiero proponer los tres principios de la misericordia que son, a mi juicio, la gracia, la pobreza y la universalidad, conforme al tema del libro que escribí hace un año con J. A. Pagola (Las obras de misericordia, Verbo Divino):

a. La misericordia asume el primado de la gratuidad . Por encima de la ley está la gracia, por encima de todo deber está el don generoso de la vida: Que todos “sean”, ese es el principio de la misericordia.

b. La misericordia pone de relieve la mediación de los pobres, es decir, de los expulsados y oprimidos, de los incapaces de defenderse por sí mismos en este mundo de violencia y opresión. Sin destacar el derecho de los pobres (de las víctimas) no se puede hablar de la misericordia.

c. La misericordia tiene como fin la universalidad: Que todos puedan vivir, que haya espacio y camino para todos todos, en línea de globalización.. Para que todos puedan vivir es preciso insistir en la gracia de la vida, en la ayuda de los pobres, como seguiré indicando.

Éstos son pues “los principios” de la misericordia:
-El primado de la gracia
-La mediación de la pobres
-La meta de la uniersalidad humana

1. Principio, el primado de la gratuidad .
imagessinfotogif
La misericordia no puede imponerse por medios políticos o económicos, sino que debe ofrecerse y extenderse gratuitamente, por el gozo de dar y compartir.

El peligro de (casi) todas las revoluciones (francesa, soviética…) ha estado en la toma de poder, y en el intento de imponer por la fuerza sus principios. Pues bien, en contra de eso, la revolución que proponemos desde las religiones no se puede realizar tomando el poder, pues si lo hiciera dejaría de ser revolución “religiosa”, en el nivel del mundo de la vida, y se convertiría en un elemento más del mecanismo del sistema.

Kant suponía que la globalización puede alcanzarse por medios racionales y económicos, que en el fondo terminan imponiéndose de un modo sistémico. Pues bien, sin negar el valor de ese nivel, los cristianos afirman que la globalización (es decir, la unión de todos los hombres) es un don o, quizá mejor, una revelación de Dios y que sólo así, en forma de don (revelación gratuita) puede extenderse.

Aquí se sitúa, a mi juicio, la gran “mutación evangélica” (y la experiencia del budismo): En el descubrimiento del valor creador de la gratuidad, superando el deseo impositivo/posesivo que nos lleva a luchar mutuamente. La vida verdadera no avanza en una línea de ley y posesión, de lucha mutua y de toma de poder, sino de gratuidad y comunicación universal. Por largos siglos, los hombres han pesando que los bienes de la tierra deben conquistarse por la fuerza y que sólo se puede conseguir la paz con imposiciones (sacrificando de algún modo a los demás). Pues bien, la lógica de Jesús invierte esa ley de imposición sacrificial y las disputas por la propiedad: La realidad es don (regalo) y sólo como regalo puede tenerse y compartirse.

Mientras los bienes del mundo eran tierras o metales preciosos, máquinas o petróleo, podía utilizarse la lógica de la oposición o sacrificio: tengo que quitar a los demás lo que tienen para tenerlo yo mismo, y así ser poderoso. Pero en el nuevo mundo de los bienes “inmateriales”, donde lo que importa es la “creación de vida”, esa lógica de la oposición puede y debe superarse. Estamos entrando en una era económica o social muy diferente, en la que pierden su prioridad los antiguos tipos de propiedad privada (entendida como fuente de enfrentamientos), de manera que el “mercado” (que estaba en el centro de la propuesta de Kant) puede expresarse y desplegarse en forma de donación mutua, sin propiedad privada de tipo impositivo.

Pueden ya cumplirse las “leyes del mercado” que había propuesto Kant, pero no en forma de compraventa, sino de gratuidad. Sólo aquellos que crean y dan (que regalan lo que son y lo que hacen) podrán vivir en el futuro, abriendo un camino de concordia universal. Sólo en un segundo momento se podrán concretar las mediaciones sistémicas de ese don supremo que es la vida regalada y compartida.

2. Mediación mesiánica: los pobres.

Kant había propuesto una paz de fabricantes y comerciantes, de gente que utiliza los medios económicos para relacionarse y enriquecerse, y su propuesta (¡quizá mal entendida!) condujo a un mercado de ricos, de burgueses propietarios egoístas. Ésta era la paz de los que pueden, es decir, de los fuertes y grandes, una paz que acaba estando al servicio de capital, que se concreta en los intereses de los privilegiados que dirigen el mercado. En contra de eso, la paz de Jesús puede y debe elevarse a partir de los pobres, es decir, de aquellos que no buscan la “toma de la riqueza” (en paralelo con lo que antes he dicho sobre la “toma de poder”), sino que dan y comparten lo que tienen, desde la pobreza, es decir, desde la gratuidad compartida.

El mundo actual busca la globalización desde la riqueza, es decir, desde la propiedad de unos bienes, convertidos en principio de posesión. Pues bien, como vengo diciendo, los bienes materiales siguen siendo importantes, pero ellos sólo pueden ser mediadores de comunicación universal en la que medida en que se convierten en don regalado y compartido. Ésta no es la pobreza del no tener, sino la que se expresa allí donde los hombres y mujeres se elevan de nivel, de tal forma que son por lo que dan y comparten.

Ésta es la segunda nota de la misericordia: la mediación de los pobres.
Dentro de una sociedad injusta y dividida, la gracia de Dios (es decir, el movimiento de la vida) viene a expresarse de manera peculiar y más intensa a través de los margi¬nados del sistema, es decir, de aquellos que salen del sistema, pero no de una manera puramente negativa, sino como representantes y testigos de un nivel más alto de realidad, en el plano del mundo de la vida.

Ésta no es una afirmación general de tipo filosófico; no es un principio de razón social abstracta sino una categoría mesiánica que brota de la misma acción del Cristo que ha querido encarnarse entre los pobres, expresando en el plan de Dios e iniciando con ellos un camino salvador abierto a todos, en línea de gratuidad compartida, no de posesión egoísta de los bienes. En este nivel se sitúa el budismo, cuando renuncia al deseo de bienes, para expresar y realizar la vida en el plano de la compasión universal.

Éste no es un principio negativo, un “no tener” (bajar de nivel), sino un principio positivo, que se expresa como un ascenso de nivel: Se trata de descubrir y desarrollar unos bienes más altos, en línea de comunión, en el nivel del mundo de la vida. Sólo desde ese plano superior podrá expresarse la mediación económica del sistema, que no estará ya al servicio de Mamón (el Dios capitalista), sino de la humanidad concreta.

3. Meta: paz religiosa y comunicación personal.

Frente a la universalidad del mercado, que regula los intercambios comerciales partiendo de los intereses de los ricos, Jesús promueve la universalidad de la vida, que se expresa en la comunicación personal entre los hombres, partiendo de los pobres. Frente a la universalidad de un imperio que reúne a todos desde el poder más alto del «imperator» o general en jefe, vinculándoles en la lucha contra un enemigo común (chivo emisario), Jesús destaca la comunicación múltiple de todos con todos, desde abajo, en forma de redes de vida y afecto, de fe compartida. La universalidad de Jesús no se funda en una jerarquía que dirige y domina al conjunto desde arriba, sino en la comunicación directa, desde abajo, a partir de los más pobres, de los excluidos del sistema.

Allí donde la vida es gracia (un regalo) y partiendo de los pobres (excluidos del orden militar, económico o religioso) puede alcanzarse la verdadera universalidad, entendida como diálogo múltiple y enriquecimiento mutuo de personas y grupos (incluso de religiones). Nosotros queremos destacar aquí el universalismo cristiano, pero sabiendo que se trata de un universalismo humano que tiene una base biológica (hombres y mujeres somos una misma especie) y una estructura dialogal: formamos una comunidad múltiple de dialogantes que comparten un lenguaje vital y un mismo camino de pobreza, es decir, de gratuidad compartida.

Pues bien, según el evangelio cristiano, la unidad de todos los hombres sólo puede realizarse desde los expulsados de los grandes sistemas del mundo. Esta es la universalidad que parte los pobres; no se trata de construir sistemas religiosos o sociales, sino de que los hombres (empezando por los más pequeños: pobres, marginados, excluidos) puedan comunicarse, como Cristo, «piedra que los arquitectos desecharon y que ahora es cabeza de ángulo y principio de todo el edificio» (Mc 12, 10 par; cf. Sal 118, 22-23) .

En esa línea, los cristianos afirman que Cristo (el mesías expulsado y crucificado) es la piedra desechada y que con ella no se puede construir un edificio al estilo del templo judío (o de una nueva catedral cristiana), ni un nuevo imperio social o religioso como el que habían fundado por entonces los romanos. Jesús hizo algo mucho más concreto y profundo: abrió unos espacios de comunicación desde los más pobres, como un bazar multiforme, pero no al estilo capitalista moderno, para imponer el propio y conseguir riquezas a base de los otros, sino simplemente para compartir experiencias y vivir enriquecidos.

Su movimiento se compara al de un grupo de gentes que se van reuniendo para hablar y vivir, como en una plaza abierta (cf. Ap 22, 2), donde cada uno aporta lo que tiene y todos pueden comunicarse de un modo directo, sin intermediarios superiores, sin leyes jerárquicas, sin otra norma que el deseo de ofrecer cada uno lo que tiene y el respeto a las necesidades de los otros. Jesús no ha querido ofrecer en este campo una respuesta teórica, no ha construido otro templo, no ha querido otro imperio, sino que ha iniciado un camino de humanidad, de diálogo concreto y universal, como en un gran bazar donde parece que reina el desorden absoluto y, sin embargo, hay un orden e intercambio más hondo que en todos los programas impositivos, de tipo social o religioso .

La universalidad verdadera solo es posible donde los hombres se miran y encuentran (dialogan) de un modo directo, pues los temas de la vida no están hechos y resueltos de antemano (como en una gran catedral, de diseño unitario), sino que se van resolviendo a medida que los hombres se dan y reciben la vida, se encuentran y dialogan (cf. Mt 25, 31-46). Esta globalización del Dios de Cristo no se resuelve con más dinero, poder o imposición religiosa (con dinero y poder se hacen catedrales y ejércitos, como suponen los relatos de la tentaciones: Mt 4 y Lc 4), sino desde la experiencia de amor compartido. Tiene que acabar la dialéctica de oposición: el principio de la acción (triunfo del fuerte) y reacción (venganza del más débil).

También tiene que caer el sistema interpretado como dictadura de algunos (jerarcas antiguos o nuevos) y también una ley que se aparece como expresión del conjunto (gran templo) que se impone sobre los hombres concretos. Debemos añadir que nadie triunfa ni se impone, ni siquiera el todo, pues no existe un «todo» dominante por encima de los individuos (Dios no es todo, sino fuerza que actúa en cada uno de los hombres). Sobre el imperio de la ley (talión universal), Jesús ofrece el mesianismo de la gracia.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“La “Sola Gratia” nunca ha sido gratis “, por Carlos Osma

Lunes, 21 de noviembre de 2016

introDe su blog Homoprotestantes:

Por mucho que se enarbole la bandera del verdadero protestantismo, o del cristianismo más original, la gracia nunca ha sido suficiente para justificar el amor de Dios por los seres humanos. Siempre se han puesto condiciones para que Dios se mueva a misericordia y se decida a salvarnos de nuestras miserias o de las que nos rodean. La “Gratia” nunca ha sido gratis, se ha convertido más bien en un filón de donde muchas y muchos han ido estirando para beneficio propio.

Cuando los evangelios nos presentan a Jesús curando enfermos, liberando a poseídos o salvando a mujeres a punto de ser apedreadas, se nos está hablando de la “Gratia” divina, del amor de un Dios que por iniciativa propia decide acercarse al ser humano para salvarlo de sus miserias, aunque éste no haya hecho nada por merecerlo. En ningún lugar se nos dice que esos hombres y mujeres fuesen ejemplares, más bien todo lo contrario, en la mayoría de ocasiones eran personas marginadas y rechazadas por la sociedad y los religiosos de su tiempo.

Pero cuando cerramos la Biblia y escuchamos a quienes predican el amor incondicional de Dios, parece que no todos los seres humanos somos merecedores de dicha “Gratia”, sólo quienes piensan, sienten o actúan dentro de lo que la predicadora o predicador de turno considera aceptable. Dicho de otra manera, se nos pide que seamos aceptables para que Dios nos ame lo suficiente para querer salvarnos. El amor de Dios, al que se nos tiene acostumbrados, no es todopoderoso; cumplir las normas de quienes predican la “Gratia”, sí.

Fue Dietrich Bonhoeffer quien habló de dos tipos de gracia, la gracia barata y la gracia cara, y es la primera de ellas la que se vende y se compra desde los altares de quienes se han erigido como mediadores entre nosotros y Dios. La gracia barata es la gracia que merecemos, la que nos hemos ganado siendo buenas personas. Es la gracia de quienes vivimos encerrados en el mundo de lo aceptable, de lo correcto. La gracia de quienes miramos a Dios esperando a que nos pague todo lo que hemos hecho por su causa, por su Reino, aunque éste no sea más que un mundo religioso ideal construido a nuestra imagen y semejanza.  La gracia cara es aquella que no merecemos nosotros, ni nuestros enemigos, pero que Dios da tanto a unos como a otros. Es la gracia de los desposeídos, de los marginados, de quienes no son aceptables, de quienes egoístamente intentan construir un mundo más justo que les permita tener vida. Es la gracia de los hijos pródigos que se equivocaron mil veces, de quienes arruinaron su vida corriendo tras deseos que nunca fueron satisfechos, pero que ahora vienen avergonzados para ser abrazados por su padre.

Creo sinceramente que muchas cristianas y cristianos lgtbi hemos puesto demasiada energía en comprar gracia barata, realizando un esfuerzo titánico que no ha satisfecho nuestra necesidad de aceptación. Hemos pedido perdón por cosas que jamás deberíamos haber pedido, y nos hemos comportado como quienes no éramos, permitiendo que nos despreciasen sin abrir la boca. Como reacción a todo esto, en ocasiones nos hemos ido al otro extremo queriendo demostrar que somos perfectos, cristianos intachables con una fuerza de voluntad que puede cambiar por sí sola el mundo y nuestras comunidades. Por eso, aunque afirmábamos que no necesitábamos la gracia barata, nuestro comportamiento seguía haciéndonos sus prisioneros. Y lo que es peor, nos olvidábamos de la otra gracia, la de verdad, la gracia cara de un Dios que nos ama tal y como somos.

Los cristianos y las cristianas lgtbi, como el resto de seres humanos, somos vulnerables. Vivimos multitud de situaciones dolorosas, que nos hacen sentir impotentes. Al igual que sentimos felicidad cuando nos enamoramos, o alegría por compartir la amistad con personas a las que queremos, también vivimos fracasos, enfermedades, injusticias, o la misma muerte de nuestros seres queridos y la nuestra propia. No somos todopoderosos, no somos infalibles, ni heroínas, ni siquiera tenemos a veces la fuerza necesaria para estar a la altura de las circunstancias en las que vivimos. Gastamos demasiada energía en esconder que en realidad somos frágiles y que necesitamos la gracia de Dios, esa que da Él a pesar de cómo somos nosotros. Y ese “a pesar”, no tiene nada que ver con nuestra orientación sexual, más bien todo lo contrario, es por su gracia que somos capaces de amar y desear a personas de nuestro mismo sexo.

Cuando dejamos de exigirnos la perfección, cuando ya no nos importa lo que piensen los vendedores de indulgencias, es entonces cuando nos abandonamos a la “Gratia” divina. Una “Gratia” que nunca es una huida del mundo, sino otra forma de vivir en él. Es también, el poder de la vida que surge donde reina la muerte y que nos permite llegar más lejos de lo que nuestras fuerzas por sí solas alcanzarían para construir a nuestro alrededor un mundo más justo; es un sentido, una guía, una esperanza, un empuje que nos invita a no rendirnos ante nuestras limitaciones o nuestra fragilidad, y a poner todo nuestro esfuerzo al servicio de dignificar la vida; todas las vidas.

Somos arcilla en las manos del alfarero… Es en nuestra debilidad donde Dios muestra su poder, su voluntad de salvarnos, su amor incondicional por nosotros. Es su gracia, esa que le costó tan caro conseguir, la que nos ha convertido en sus hijas e hijos. Nunca han sido nuestros méritos o deméritos los que nos han hecho merecedores o no merecedores de ella. Aunque nos cueste comprenderlo y aceptarlo, el cristianismo predica a un Dios que se acerca al ser humano para salvarlo sin exigirle previamente algo a cambio. Es el amor de Dios el origen y la consumación de la salvación, y Jesús el único mediador para nosotros los cristianos. Todos los demás mediadores que dicen serlo en su nombre, son simples usurpadores. Y el reino que pretenden construir es el suyo propio, el de las buenas personas, que nada tiene que ver con el Reino de los desheredados que predicó Jesús.

Carlos Osma

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Querer pocas cosas

Miércoles, 20 de julio de 2016

Del blog  Amigos de Thomas Merton:

a_26

“Es más sabio querer menos cosas con la voluntad y,

por consiguiente,

dejarse llevar al paso profundo

y calmo de la vida,

y de la gracia”.

*

Thomas Merton

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

Es Navidad cuando…

Domingo, 3 de enero de 2016

abundanceMiguel Ángel Bouzas.
Madrid

ECLESALIA, 25/12/15.- Es Navidad cuando descubrimos que todo en la vida es gracia, que todo es don, que estamos llamados a salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro, para hacernos un regalo para los demás.

Es Navidad cuando escuchamos la buena noticia de la presencia de la bondad en los demás, en el mundo que nos rodea y nos dejamos seducir, llevando con alegría nuestro compromiso para acabar con la tristeza, la soledad, la injusticia, el dolor y tanto llanto.

Es Navidad cuando alejamos nuestro egoísmo y salimos a contemplar la realidad, nos llenamos de asombro al descubrir dónde está presente Dios, dónde se encarna, en qué belenes nace, sufre, está marginado. Y no nos quedamos de brazos cruzados.

Es Navidad cuando hacemos presentes a las estrellas que nos han guiado hasta donde hoy estamos, lo que ahora somos. Especialmente de todos los familiares, amigos y amigas que nos han acompañado en nuestras vidas. Ellos y ellas están presentes celebrando con nosotros esta Navidad.

Es Navidad cuando no nos dejamos llevar por la desilusión y sabemos descubrir y recrear nuevas estrellas, que nos impulsan a vivir con ilusión, con esperanzas renovadas, realistas, pero conducidos por el sueño de una sola humanidad fraterna, en medio de una creación donde la vida surja en plenitud.

Es Navidad si seguimos viviendo no de forma aislada, sino en comunidad, junto a otras personas que nos ayudan a crecer, a Francisco renovando la Iglesia, a tantas mujeres y hombres que se convierten en navidad cada día del año, al convertirse en don gratuito para los demás.

Es Navidad cuando cuidamos a quien nos necesita y nos dejamos cuidar cuando nuestros ánimos decaen. Siempre marchamos en camino hacia Belén, hacia Dios, hacia el misterio del Amor, la Belleza y la Bondad que anida en cada ser humano, en la Naturaleza y el Universo que nos embelesa, nos consuela y nos llena de paz y energía, para seguir construyendo un mundo nuevo

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , , ,

Estar al acecho.

Martes, 22 de julio de 2014

Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

ventana

 

“No esperes la próxima desgracia que te pueda suceder,

sino estate al acecho, con una gozosa fe de niño,

la próxima gracia que Dios tiene reservado para tí. “

*

13 de julio de Dios llama.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Delicadeza de Corazón

Viernes, 27 de junio de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

Vishal-Raj-Seduction-Burbujas-De-Deseo-02-533x800

Cristo ha manifestado su divinidad. Ha revelado su verdadera gloria mostrando en Caná su bondad y su delicadeza de corazón.

Sufrió pensando que dos encantadores recién casados serían humillados y afligidos porque el vino iba a faltar al primer día de su boda. Simpatizó con la alegría simple de estos buenos convidados que habrían sido despechados por tener que dejar de beber en medio de un festín.

Lo que Jesús ataca en el milagro de Cana, es justamente esta separación absurda y sacrílega, entre el Dios de la naturaleza y el de la gracia, entre al Dios que ha creado el mundo y todo lo que contiene y el Dios al que se adora en los templos y las iglesias.

*

Louis Évely, “Escuchando el Evangelio” (1968), p. 50

dc3a9licatesse

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , , , , , , , ,

Recordatorio

Las imágenes y fotografías presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Yo, por supuesto, a petición de los autores, eliminaré el contenido en cuestión inmediatamente o añadiré un enlace. Este sitio es gratuito y no genera ingresos.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un lugar de entretenimiento. La información puede contener errores e imprecisiones.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.