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Entradas Etiquetadas ‘Ser’

Dar sentido

Miércoles, 2 de octubre de 2019

Del blog Nova Bella:

 

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“Es lo que hacemos

y lo que somos

lo que da sentido

a nuestras palabras”

*

Derek Jarman,
Wittgenstein

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¿Quién soy?

Lunes, 17 de junio de 2019

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La pregunta que orienta, durante nuestra breve existencia, gran parte de nuestro comportamiento es la siguiente: «¿Quién soy?». Es posible que nos planteemos en raras ocasiones esta pregunta de modo formal, pero la vivimos de una manera muy concreta en las decisiones que hemos de tomar todos los días. Las tres respuestas que solemos dar, por lo general, son éstas: «Somos lo que hacemos, somos lo que los otros dicen de nosotros, somos lo que tenemos» o, con otras palabras: «Somos nuestro éxito, nuestra popularidad, nuestro poder».

Es importante que nos demos cuenta de la fragilidad de una vida que dependa del éxito, de la popularidad y del poder. Su fragilidad deriva del hecho de que los tres son factores externos, unos factores que podemos controlar de un modo bastante limitado. Perder el trabajo, la fama o la riqueza depende a menudo de acontecimientos que escapan por completo a nuestro control; ahora bien, cuando dependemos de ellos, nos hemos malvendido al mundo, porque somos lo que el mundo nos da. Y la muerte nos quita todo eso. La afirmación final se convierte en ésta: «Cuando muramos, estaremos muertos», porque cuando muramos no podremos hacer ninguna otra cosa, la gente ya no hablará de nosotros y ya no tendremos nada. Cuando seamos lo que el mundo hace de nosotros, no podremos ser después de haber dejado este mundo.

Jesús vino a anunciarnos que una identidad basada en el éxito, en la popularidad y el poder es una falsa identidad: es una ilusión. Jesús dice alto y fuerte: «No seáis lo que el mundo hace de vosotros, sino hijos de Dios»

*

H. J. M. Nouwen,
Vivir en el Espíritu,
Brescia 19984, pp. 131s

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La certeza de ser

Viernes, 14 de junio de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Jesús les dijo:
– Les aseguro que antes que naciera Abraham Yo soy.
Entonces cogieron piedras para tirárselas,
pero Jesús se escondió y salió del templo”.

La mente nos hace creer que somos un yo individual y reduce nuestra identidad a nuestra personalidad. Eso hace que veamos la vida como una realidad separada, temiendo incluso que juegue contra nosotros. Pero lo que somos no necesita protección. La vida no puede hacernos daño porque somos la vida.

La sabiduría nos recuerda que la vida no es algo que tenemos, sino lo que somos. Somos vida expresándose en una personalidad concreta y transitoria. No tenemos que estar a la defensiva; lo que somos se halla siempre a salvo; la Vida ya es plena, no padece ansiedad ni se aferra a intereses. Únicamente necesitamos reconocernos en ella y vivir en esa única certeza, la certeza de ser.

Es la única certeza porque, aunque dudemos de todo, aunque incluso no sepamos quiénes o cómo somos, hay algo de lo que es imposible dudar: que somos. Ese ser es atemporal y eterno; por eso, cuando descubrimos nuestra identidad, sabemos que somos no-nacidos. Y lo no-nacido tampoco puede morir. ¿Nos extraña que Jesús hable constantemente de vida y de no morir? Como Jesús, todos podemos decir con verdad: Antes de que Abraham naciese (aunque hayan pasado mil ochocientos años), yo soy.

*

Enrique Martínez Lozano.
Otro modo de leer el Evangelio.

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Afirmar nuestro ser

Viernes, 10 de mayo de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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(imagen de Jim Ferringer)

“Nunca encontraremos nuestra vocación
tratando de pensar si somos mejores
o peores que otros.
Somos lo suficientemente buenos para hacer
lo que estamos llamados a ser.
Sé tú mismo… “.

*

Henri Nouwen

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Filósofo y poeta

Lunes, 18 de marzo de 2019

Del blog Nova Bella:

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El filósofo parte despegándose en busca de su ser,

el poeta sigue quieto esperando la donación

*

Maria Zambrano

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Jueves, 21 de febrero de 2019

Del blog Nova Bella:

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“Sé implemente lo que eres: un pecador tremendamente necesitado de la misericordia amorosa de Dios. No necesitas nada para ser lo que eres. No necesitas ningún truco ningún artificio, ningún disfraz, solamente tu pobreza espiritual. No necesitas ser perfecto, ni siquiera bueno. Se simplemente el pobre que eres y ven. Déjate ser atraído hacia mi, por “Yo atraeré a todos hacia mi” (jn 12,32)

*

FK Nemeck/MT Coombs

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Sencillez

Martes, 19 de febrero de 2019

tumblr_n0hrp0am2H1r2d8pzo1_400Miguel Ángel Mesa
Madrid.

ECLESALIA, 08/02/19.- La sencillez es, quizá, una de las mayores necesidades que tenemos que recuperar los hombres y mujeres de nuestros días, para poder tener una vida más enriquecedora, plena y feliz. Estos serían, a mi modo de entender, algunos de los rasgos de una persona que aspira a vivir con sencillez:

Una persona sencilla sabe escuchar con atención, ofrece sus dones y habilidades con generosidad y se siente agradecido por todo lo que le ofrece en cada momento la vida.

Una persona sencilla no se cree nunca en posesión absoluta de la verdad, atiende a las razones del otro y aprovecha todo lo positivo que se le ofrece.

Una persona sencilla desprende ternura, sensibilidad y cercanía por los cuatro costados.

Una persona sencilla se deja interpelar por la realidad y, ante cualquier situación injusta levanta su voz y sale a manifestarse a la calle, junto a otros hombres y mujeres, sin importarle sus creencias o sus ideas.

Una persona sencilla guarda y protege como oro en paño ese tallo frágil y flexible de la esperanza que, a pesar de los vientos contrarios, siempre vuelve a su ser y permanece en pie.

Una persona sencilla no es codiciosa, ni se afana por tener más dinero o más posesiones: vive contenta con lo que tiene e intenta no angustiarse por nada.

Una persona sencilla se siente libre ante todo y ante todos, sin hipotecar su forma de vida por nada que le impida sentir y respirar en libertad.

Una persona sencilla no cree que ya lo ha conseguido, sino que siempre le sobran cosas; o que lo sabe ya todo, sino que se mantiene en búsqueda permanente.

Una persona sencilla anda siempre deseando el encuentro, pretendiendo la armonía, buscando sin cesar el diálogo y el entendimiento, la paz basada en la justicia.

Una persona sencilla sabe disfrutar con los amigos y amigas de una buena comida en común, de una conversación íntima, de un viaje compartido…

Una persona sencilla goza y es feliz con los pequeños detalles y regalos que le ofrece el día a día, con las personas a las que quiere y que le quieren, con la naturaleza que le rodea.

Una persona sencilla se muestra acogedora y ofrece su solidaridad con los marginados y excluidos, sin importarle lo que digan de ella, porque sabe que solo así será posible otro mundo más humano y fraterno, justo y en paz.

Una persona sencilla camina sonriente, feliz, humilde y confiadamente, junto a los demás, es decir, sobre la palma de la mano del Misterio diáfano de la Vida.

Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia.

Espiritualidad , ,

Silencio

Martes, 5 de febrero de 2019

 

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El silencio

permite al sonido

ser.

*

Eckhart Tolle

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¿Quién soy?

Jueves, 24 de mayo de 2018

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La pregunta que orienta, durante nuestra breve existencia, gran parte de nuestro comportamiento es la siguiente: «¿Quién soy?». Es posible que nos planteemos en raras ocasiones esta pregunta de modo formal, pero la vivimos de una manera muy concreta en las decisiones que hemos de tomar todos los días. Las tres respuestas que solemos dar, por lo general, son éstas: «Somos lo que hacemos, somos lo que los otros dicen de nosotros, somos lo que tenemos» o, con otras palabras: «Somos nuestro éxito, nuestra popularidad, nuestro poder».

Es importante que nos demos cuenta de la fragilidad de una vida que dependa del éxito, de la popularidad y del poder. Su fragilidad deriva del hecho de que los tres son factores externos, unos factores que podemos controlar de un modo bastante limitado. Perder el trabajo, la fama o la riqueza depende a menudo de acontecimientos que escapan por completo a nuestro control; ahora bien, cuando dependemos de ellos, nos hemos malvendido al mundo, porque somos lo que el mundo nos da. Y la muerte nos quita todo eso. La afirmación final se convierte en ésta: «Cuando muramos, estaremos muertos», porque cuando muramos no podremos hacer ninguna otra cosa, la gente ya no hablará de nosotros y ya no tendremos nada. Cuando seamos lo que el mundo hace de nosotros, no podremos ser después de haber dejado este mundo.

Jesús vino a anunciarnos que una identidad basada en el éxito, en la popularidad y el poder es una falsa identidad: es una ilusión. Jesús dice alto y fuerte: «No seáis lo que el mundo hace de vosotros, sino hijos de Dios».

*

H. J. M. Nouwen,
Vivir en el Espíritu, Brescia 19984, pp. 131s.

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Dos miradas a lo sencillo

Viernes, 6 de abril de 2018

Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“Hay que olvidarse de palabras como Dios o muerte,

sufrimiento y eternidad;

hay que ser de nuevo sencillo y sin palabras,

como el grano que crece o la lluvia que cae.

Sólo hay que ser”.

*

Etty Hillesum

***

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“Este es el verdadero corazón del misterio,

tan obvio y sencillo:

la presencia de la misericordia de Dios

en medio de nosotros,

en Cristo “

“La fidelidad a la gracia en mi vida,

es fidelidad a la sencillez

*

Thomas Merton

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De viaje

Viernes, 16 de marzo de 2018

Del blog Nova Bella:

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“No hace falta para nada dar la vuelta al mundo,

pues ya posees el mundo entero,

en la hondura de tu ser,

en la soledad y el silencio.

Ya no hace falta irse lejos,

o marchar tras una quimera”

*

Un cartujo

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Fin de año: “gracias” y “sí”, por Enrique Martínez Lozano.

Martes, 6 de febrero de 2018

young man and sunset El cambio de año suele ser época de balances y de propósitos: analizar y evaluar lo acontecido para programar el futuro o proponerse metas a alcanzar. En este sentido, podría hablarse de balances económicos, informativos, psicológicos, de imagen…

Sin negar la validez de cada uno de ellos en el campo en que se realice, la comprensión sabia de lo que somos –la “mirada espiritual” – otorga una visión de la realidad caracterizada por dos palabras: “Gracias” y “Sí”.

Son las palabras con las que terminaba el diario de un amigo, quien me lo entregó para que lo leyera días antes de que él mismo falleciera en un accidente de tráfico.

Tras hacer un recorrido por lo que consideraba más significativo de su existencia, este hombre joven cerraba su relato en esa fecha con estas palabras: “Por todo lo que ha sido, gracias; a todo lo que venga, sí”.

Esas expresiones revelan, a mi parecer, la comprensión de la que hablaba. El pasado ha sido exactamente como tenía que ser; del mismo modo, el futuro será como tenga que ser. De ahí que la actitud sabia no pueda ser otra que la aceptación profunda, que consiste en alinearse con lo que es. De esa actitud brotará siempre gratitud y aceptación.

Ahora bien, esto no es accesible para el yo ni para la lectura que la mente hace de los acontecimientos. La mente alberga siempre la pretensión de que las cosas sean como ella desea y el yo se afirma justamente en la resistencia a lo que es.

Y parece que, aun siendo conscientes de que aquella pretensión –“las cosas deberían ser diferentes de lo que son”– y aquella resistencia, generan siempre sufrimiento inútil, nos cuesta reconocer el error sobre el que se basan y seguimos manteniéndolas activas.

Una y otra se apoyan, en realidad, en una doble creencia errónea: que somos “algo” separado o desgajado de la vida (lo Real), y que llevamos las riendas de lo que sucede. Sin embargo –las mismas ciencias modernas apuntan en esta dirección– parece que no es cierto ni lo uno ni lo otro. No somos el yo separado que nuestra mente piensa, sino la Vida misma que se expresa en esta forma concreta que llamamos “yo” o “personalidad”. Y tampoco somos, por tanto, portadores de una supuesta libertad individual o libre albedrío, capaz de modificar la realidad a nuestro antojo.

Si nuestra verdadera identidad es una con la totalidad, es claro que somos libertad. Pero el sujeto de la misma no es el yo que, erróneamente, se cree libre, sino la misma totalidad que somos. Ni hay separación ni hay libre albedrío, aunque nuestra mente nos haga tener la sensación subjetiva de que es así.

Cuando comprendes que eres uno con la totalidad –la totalidad misma que se despliega en todas las formas y en lo que percibimos como secuencia espacio-temporal–, desde esa profunda unidad radical, y en la certeza de que aquello que eres está más allá de todas las formas y siempre a salvo de toda circunstancia, de tu interior solo pueden brotar dos palabras: por todo lo que ha sido, gracias; a todo lo que ha de venir, sí.

Enrique Martínez Lozano

Boletín Semanal

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , , , , , ,

El ser nos asusta

Jueves, 25 de enero de 2018

Del blog Pays de Zabulon:

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¿Qué es lo que nos molesta en nuestra sexualidad y nuestra génitalidad? El ser nos asusta, nos interesamos en escudriñar el universo enviando sondas espaciales pero no podemos vernos desnudos y esto no nos inquieta, o pretendemos que esto no tiene que ver con el miedo sino con la moral y  la protección.

Aquellos que se atreven a desnudarse son considerados provocadores y transgresores, cubiertos de prejuicios en ausencia de ropa. Los dejamos a un lado y necesitan numerosos permisos especiales para no ofender a la gran mayoría vestida. Como si la ropa fuera realmente parte de nuestro ser.

*

Sanango Sinchi

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Modelo : Polo Velasco photografiado por Roberto Pacurucu
Fuente texto y foto: www.rpacurucuph.com

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Mis “recordatorios”, por Enrique Martínez Lozano.

Jueves, 18 de enero de 2018

como-ser-un-triunfador_2_1215234Quiero compartir con vosotros y vosotras tres textos, que leo cada día, y que me sirven de “recordatorio” de aquello de donde no quiero escapar…, aunque en realidad el “escape” es imposible porque —lo veamos o no, lo sepamos o no— ya somos aquello de lo que pensamos habernos alejado. Pero, como os decía, me viene bien recordármelo.

Los textos son los siguientes:

1. “YO SOY” (Helen Mallicoat)

Estaba lamentándome del pasado y temiendo el futuro… De repente «mi Señor» estaba hablando: «MI NOMBRE ES YO SOY».

Hizo una pausa. Esperé. Él continuó:

Cuando vives en el pasado, con sus errores y pesares, es difícil. Yo no estoy allí. Mi nombre no es Yo fui.

Cuando vives en el futuro, con sus problemas y temores, es difícil. Yo no estoy allí. Mi nombre no es yo seré.

Cuando vives en este momento, no es difícil. Yo estoy aquí. Mi nombre es YO SOY”.

La religión teísta, con la expresión “mi Señor”, se refiere a la divinidad. Lo cual es absolutamente legítimo. Sin embargo, me parece más ajustado afirmar la no-separación de todo, por lo que tal expresión puede entenderse como otro nombre de aquel Fondo común que compartimos todos los seres, y que, aun sin agotarse en las formas, constituye el núcleo de todas ellas. En ese sentido, la citada expresión nos remite a nuestra identidad más profunda, que puede nombrarse también como “Yo Soy”.

Esta lectura no-dual nos revela algo profundo. Cuando perdemos la consciencia del momento presente, nos alejamos de quienes somos. Por el contrario, en cuanto acallamos la mente y venimos al aquí y ahora, escuchamos en nuestro interior a nuestra verdadera identidad –nuestro “Señor interior”– que nos susurra: “Yo soy”, todo está bien.

2. ACEPTAR LO QUE VENGA (Papaji)

La Esencia de la Destreza es esta: Lo que sea que venga, déjalo venir; lo que se quede, déjalo estar, lo que se va, déjalo ir.

Quédate callado, y adora al Ser.

Esta es la esencia de vivir hábilmente en la apariencia del mundo.

Durante todas las actividades de la vida recuerda siempre que tú eres el Ser.

La manera de vivir una vida feliz es aceptar cualquier cosa que venga, y lo que no viene, que no te importe.

3. “Somos personitas, cada una con su penita”.

Siento no acordarme del nombre de la chica a quien escuché esta frase, en una entrevista reciente. Solo recuerdo que tiene una voz extraordinaria y, acompañada a la guitarra por un muchacho, canta desde una profunda y exquisita sensibilidad.

Mientras la entrevistaban, estaba yo atendiendo otras cosas. Pero esas palabras suyas me detuvieron y atraparon. Me sonaron, en su sencillez no exenta de humor, a “palabra inspirada” –inspirada es aquella palabra que nos silencia por dentro y produce un movimiento de desegocentración– y se me quedaron grabadas. Lo que me detuvo fue su “carga” de humildad y de invitación a la compasión.

Y nos encontramos, una vez más, con la paradoja, que me parece bueno noTERNURA olvidar: es verdad que somos Plenitud…, pero no lo es menos que tal Plenitud se expresa en estas formas concretas –frágiles y necesitadas de compasión– que palpamos a diario. Lo uno y otro, en un abrazo no-dual que, finalmente, nos unifica en el Ser.

Es lo que, una y otra vez, nos recuerda el sabio, también humilde y divertido, que es Fidel Delgado. De entre los numerosos videos suyos que pueden encontrarse en YouTube, os recomiendo ver este, cuyo enlace os dejo: https://www.youtube.com/watch?v=_NpmCPsoLfE

Está aquíSomos –dice Fidel– “seres-humanos”: en cuanto “humano”, soy una forma transitoria, sumamente vulnerable y amenazado de muerte, y por eso lleno de inseguridad y de miedos; sin embargo, en cuanto “ser”, soy una realidad ilimitada y siempre segura.

Esta es nuestra paradoja, que no conviene olvidar, si no queremos perdernos en la confusión: somos “ambas identidades”. Y tal paradoja encuentra una admirable convergencia con lo que ha visto la física cuántica: el Todo se halla en cada parte.

La paradoja –omnipresente en toda la realidad– expresa una doble verdad, que es también en sí misma paradójica: que toda la realidad manifiesta es polar –no existe nada sin su polo opuesto– y que esa aparente contradicción solo queda resuelta en un lugar “superior”, que abraza ambos polos en una unidad mayor. A este abrazo o unidad englobante que no destruye las diferencias es a lo que llamamos “no-dualidad”.

Polaridad y no-dualidad, por tanto, no solo no se excluyen entre sí, sino que explican el carácter paradójico de lo real. Podemos ver lo real como una infinidad de “puntos” separados que, en un nivel más profundo, son una y la misma realidad que están expresando. Si absolutizáramos el valor de los “puntos” en sí mismos, estaríamos ignorando justamente aquello que los explica y les da consistencia. Solo cuando los vemos como expresiones del Todo único, alcanzamos la compresión adecuada, integrada y holística. Pero eso requiere que nos situemos en otro “lugar” desde el que es posible una perspectiva global, un “nuevo modo” de ver.

Al aplicar todo ello a nuestro caso, descubrimos que somos, a la vez, la “parte” –un “punto” particular de la única “red”: el yo individual– y somos, más profundamente, el “Todo” –la “red” completa: el Yo Soy universal–.

Si nos reducimos al yo, todo será confusión y sufrimiento. Solo cuando advertimos nuestra identidad ilimitada, somos capaces de comprender el “juego” de la Vida, que no consiste en otra cosa sino en el despliegue admirable del Ser en cada una de las infinitas formas que lo expresan, en una hermosa e inequívoca no-dualidad. El “Yo Soy” uno se disfraza y “juega” en cada yo individual.

Si nos percibimos únicamente como yoes individuales (o “puntos” aislados en todo el conjunto), serán inevitables la soledad, el miedo y la ansiedad, la comparación, la confrontación, el juicio, la descalificación del otro… Si, por el contrario, tenemos la lucidez suficiente para colocarnos en aquel “lugar” donde los “puntos” son trascendidos, la comprensión y la compasión serán inevitables: porque todo otro, en el nivel más profundo y en el sentido más verdadero, soy también yo mismo.

Con todo ello, me parece claro que vivir ajustadamente esa realidad paradójica que somos requiere consciencia –para no olvidar nunca lo que somos de fondo, aquella realidad ilimitada y siempre a salvo– y compasión –para amar la forma frágil y vulnerable, en que se está expresando de modo transitorio–.

En realidad, la consciencia (o sabiduría) y la compasión son las dos caras de la misma realidad y de la misma actitud. Así lo han expresado los sabios, con cuyas palabras os dejo:

“El amor dice: «Yo soy todo». La sabiduría dice: «Yo soy nada». Entre ambos fluye mi vida” (Nisargadatta).

“La compasión ve al Uno en los muchos, la sabiduría ve a los muchos en el Uno” (Frances Vaughan).

“La gran compasión que surge de la experiencia de unidad se experimentará como la fuerza motriz del universo” (Willigis Jäger).

Para concluir:

El camino es simple: anclarnos en nuestra verdadera identidad, aquello que permanece cuando todo lo demás cambia: ¿qué es lo único que no ha cambiado en mí, a lo largo de mi existencia temporal? Han cambiado mi cuerpo, mis pensamientos, mis sentimientos, mis reacciones… Solo una cosa permanece: la pura consciencia de ser, que puede expresarse como “Yo Soy”. Ese es el Fondo último de cada ser y de todo lo Real.

Si lo único que permanece siempre es la consciencia, se comprende –y aquí se da otra elegante coherencia– que nuestra única certeza sea esta: la certeza de ser. Como escribe Juan Carlos Savater, no necesitamos ninguna experiencia de “iluminación”; basta anclarnos en esa certeza innata y atestiguar su verdadera naturaleza invulnerable y eterna. “Anterior a la idea de ser tal o cual persona, anterior a cualquier tipo de razonamiento o pensamiento, hay una innata «certeza de ser». Una desnuda o pura consciencia que es y sabe que es. Esta es siempre, no la mayor, sino verdaderamente nuestra única e incuestionable certeza” (J.C. SAVATER, La certeza de ser, La Trompa de Elefante, Madrid 2012, p.35).

Permanece todo el tiempo que puedas, a lo largo de todo el día, en la única certeza: la certeza de ser.

Descansar confiadamente en Lo que es

Algo similar es lo que recomendaba el sabio Nisargadatta:

“Rechace todos los pensamientos excepto uno: “Yo soy”, la mente se rebelará en el comienzo, pero con práctica, paciencia y perseverancia, cederá y se mantendrá en calma. Una vez que usted esté en calma, las cosas comenzarán a suceder espontáneamente y de forma totalmente natural, sin ninguna interferencia de su parte.

No se preocupe por nada que usted quiera, piense o haga, sólo permanezca establecido en el sentimiento-pensamiento “Yo soy”, enfocando “Yo soy” firmemente en la mente. En el momento que usted se desvíe, recuerde: todo lo que es perceptible y concebible es pasajero, y solo el “Yo soy” permanece.

Después de todo, el único hecho del que usted está seguro es de que “usted es”. El “Yo soy” es seguro, el “yo soy esto” no lo es.

Yo solía sentarme durante horas 6 seguidas, solamente con el “Yo soy” en mi mente, y pronto la paz, la dicha y un profundo amor que todo lo abarca llegaron a ser mi estado normal.

Independientemente de lo que suceda, únicamente desvíe su atención lejos de ello y permanezca en el sentimiento “Yo soy”. Parece simple, y hasta ordinario, ¡pero funciona!”.

Consciencia e inconsciencia

“Aquellos que ven la luz en sí mismos nunca necesitarán dar vueltas como satélites alrededor de otros” (Michael Michalko).

Enrique Martínez Lozano (Boletín Semanal). Artículo publicado por primera vez en 2014.

Espiritualidad ,

En María descubrimos lo que todos somos.

Viernes, 8 de diciembre de 2017

luciara_virgenLc 1, 26-38

Comprendo muy bien lo difícil que es superar prejuicios que durante siglos han moldeado nuestra religiosidad. Me anima a internarlo el recordar que desde pequeño he visto en el escudo de nuestra orden una sola palabra: veritas. No es que los dominicos nos sintamos en posesión de la verdad, pero nos han enseñado a tenerla como el horizonte hacia el que tiene que caminar el ser humano para poder ser libre, como nos dice el mismo evangelio. La mejor manera de acercarnos a la verdad es superando los errores.

Una fiesta de María es siempre un motivo de alegría, incluso de euforia, diría yo. Ésta de la Inmaculada es para mí la más hermosa y la más profunda. Pero el motivo de esa alegría está más allá de la figura histórica de María. Intentaré explicarme.

De la historia real de María no sabemos casi nada. Los evangelios a penas dicen nada. De una cosa estamos seguros, Jesús tuvo que tener una madre. Lo más grande que podemos decir de esa madre es que fue una mujer absolutamente normal. En esa normalidad debemos descubrir la grandeza de su figura. Si fundamentamos su grandeza en los abalorios y capisayos que le hemos añadido durante siglos, estamos minimizando su verdadero ser y dando a entender que en sí, no es suficientemente importante, puesto que le valoramos más los añadidos que le hemos colocado que su ser esencial.

En el mismo título de la fiesta (inmaculada) enseña la oreja el maniqueísmo que, desde S. Agustín, ha infeccionado los más recónditos entresijos de nuestro cristianismo. Fijaos bien en lo que sigue. En el evangelio de Lc, el ángel llama a María “kejaritomene” = gratia plena = llena de gracia. Pues bien, los cristianos hemos terminado hablando de la “sin pecado”. Ejemplo de cómo la ideología de turno puede tergiversar el evangelio.

Es maniqueísmo el dar por supuesto que lo normal para todo ser humano, es un estado de pecado, y que para ser un verdadero ser humano, alguien tiene que liberarnos de esa lacra. Es insostenible el mantener hoy que todo ser humano nace deshumanizado. Ridiculizamos la idea de Dios cuando aceptamos que el mal está en el inicio de toda andadura humana. Dios es el fundamento de todo ser, también de todo ser humano. La plenitud nunca puede consistir en quitar algo, aunque se trate de un pecado. La plenitud está en el origen de todo ser, no se debe al esfuerzo personal a través de una vida.

Pablo nos dice: Él nos eligió, en la persona de Cristo, para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor. Esta sería la traducción exacta, y no ‘irreprochables’ como dicen la mayoría de las traducciones. La Vulgata dice: “inmaculati”. Nada parecido se dice de María en todo el NT, y sin embargo la llamamos Inmaculada. ¿Por qué nos da pánico reconocer nuestro verdadero ser? Sería la clave para una interpretación actualizada de la fiesta. No debemos conformarnos con mirar a María para quedarnos extasiados ante tanta belleza. Si hemos descubierto en ella toda esa sublime belleza, es porque hemos podido imaginarla gracias a la revelación de lo que Dios es en nosotros.

Lo que decimos de María, debemos descubrirlo en cada uno de nosotros. Es ridículo seguir discutiendo si fue concebida sin pecado desde el primer instante o fue pura e inmaculada un instante después. Lo que debe importarnos es que en María y en todo ser humano hay un núcleo intocable que nadie ni nada puede manchar. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. Tomar conciencia de esta realidad, sería el comienzo de una nueva manera de entendernos a nosotros mismos y de entender a los demás. Podemos decir que María es inmaculada, porque vivió esa realidad de Dios en ella.

Dios no puede hacer excepciones ni puede tener privilegios con nadie. María no es una excepción sino la norma. En María descubrimos la verdadera vocación de todo ser humano. Ser como María no es la meta del hombre, sino que partimos de la misma realidad de la que ella partió. Lo que estamos celebrando en esta fiesta de María nos indica el punto de partida de nuestro trayectoria, aunque también el punto de llegada.

Sobre la figura de María hemos montado durante casi dos mil años, un tinglado tal, que no sé cuanto tiempo necesitaremos para volver a la sencillez y pureza originales. María no necesita ni adornos ni capisayos. Es grande en su simplicidad, no porque la hayan adornado. Ni Dios ni los hombres tienen nada que añadir a lo que María era desde el principio. Basta mirar a su verdadero ser para descubrir lo que hay de Dios en ella, eso que siempre será limpísimo, purísimo, inmaculado. Si lo hemos descubierto en ella, será más fácil tomar conciencia de que también está en cada uno de nosotros.

Me habéis oído muchas veces decir que Dios no puede darnos nada, porque ya nos lo ha dado todo. Todo lo que tenemos de Dios, lo tenemos desde siempre. Nuestra plenitud en Dios, es de nacimiento, es nuestra denominación de origen, no una elaboración añadida a través de nuestra existencia. Lo que hay en nosotros de divino, no es consecuencia de un esfuerzo personal, sino la causa de todo lo que puedo llegar a ser. Aquí está la buena noticia que quiso trasmitirnos Jesús, tan desconcertante que le costó la vida.

María no necesita ningún adorno. Necio sería el que pintara un diamante; estúpido, si cubriera de purpurina una perla; fatuo, si pretendiera adornar una rosa, que acabara de abrirse en la mañana; insensato, si intentara acariciar la mariposa que acaba de salir de su capullo. María es el diamante y es la perla, la pura rosa; y también la mariposa. Limpia de toda ganga es más hermosa. Pero no es sólo ella. Siete mil son los millones de diamantes, que habitan junto a mí esta tierra. No me debo asustar, pues hablamos de Dios. Dios encarnado, que es lo mismo que hablar de lo divino, aunque cubierto de tierra y barro. De nada me servirá descubrir la perla en María si no la descubro en mí.

Si en Jesús hemos descubierto lo divino, ¿Qué necesidad tenemos de María? Aquí está una de las claves de la fiesta. Hay una enorme diferencia entre la manera de llegar a descubrir en Jesús la presencia de lo divino y la manera de encontrar en María esa misma presencia. Nos hacemos una imagen de Dios partiendo de los conceptos que manejamos los humanos. Esos conceptos son muy limitados y al aplicarlos a lo trascendente se quedan siempre cortos. El concepto de Dios al que llegamos a través de Jesús, no lleva a una idea exclusivamente masculina de Dios. Ese Dios masculino queda privado de toda la riqueza conceptual que puede encerrarse en una idea femenina de Dios.

Ésta es la aportación genial que ha hecho el pueblo creyente atribuyendo a la figura de María todo lo que la teología oficial le impedía aplicar directamente a Dios. En María se puede desplegar lo femenino de Dios que es tan importante o más que lo masculino. Todo el machismo que destila nuestra religión, quedaría superado si nos atreviésemos a pensar un Dios absolutamente femenino. Hay en lo femenino riquísimos contenidos que pueden ayudarnos a tomar conciencia de lo que es Dios como madre para cada uno de nosotros.

Tuvieron que pasar varios siglos para que los cristianos empezasen a interesarse por la figura de María. Esto no invalida todo lo que se ha dicho sobre María, pero nos obliga a darle una valoración muy distinta. No podemos seguir interpretando como hechos históricos lo que son solo símbolos femeninos. No, María fue una mujer normal que llevó una vida normal. Nadie se fijó en ella. Cumplió siempre con sus obligaciones de madre y esposa. Eso que a nosotros nos parece una ordinariez, es lo más grande y digno de imitar.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , ,

Sé poemas

Sábado, 2 de diciembre de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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Sé tú mismo,
Ama la Vida,
La que viviste y la que vives,
la que te gustaría vivir también

Sé poemas,
Flores para tus amigos/as,
Los que te hacen sonreír y los que preconizan el verano,
Aquellos que embellecen las paredes también.

Canta, baila, ríe, atrévete,
Como en tus recuerdos,
Cuando tus risas de niño beneficiaban a todos.

Entonces, suelta de tus hombros los sufrimientos injustos,
Las penas a regañadientes,
Y las lágrimas ácidas.

Para estar en la felicidad a menudo es suficiente
Volver tu mirada hacia el sol naciente …

Entonces, la Luz dormida en el fondo de tu corazón
Se pondrá en pie,

Y a tu alrededor cuidarás del Amor …
Dentro de ti, déjate conquistar
Por esta fuerza de vida que transporta los barcos,
Desde la noche de los tiempos.

*

Johan Géma

***

Fuente: post del 10 de mayo de 2012 en anotherdaylight.wordpress.com (blog cerrado por el autor)

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“Todo pasa “, por Enrique Martínez Lozano.

Martes, 28 de noviembre de 2017

shutterstock_142341508Sabemos que todo es impermanente, porque hay “Algo” que es estable.

Todo pasa, porque hay “Algo” que no pasa.

Lo real no cambia; lo que cambia no es real.

Un estudiante fue hasta su profesor de meditación y le dijo:

̶ ¡Mi meditación es horrible! Me distraigo completamente, mis piernas me duelen, o estoy constantemente quedándome dormido. ¡Es horrible!

̶ Ya pasará-, dijo irónicamente el profesor.

Una semana después, el estudiante volvió hasta su profesor:

̶ Mi meditación va de maravillas. Me siento tan consciente, tan apacible, tan vivo… ¡Es maravilloso!

̶ Ya pasará-, contestó irónicamente el profesor.

Es bueno recordar que todo pasa. Las emociones no son permanentes. Hay momentos de alegría y momentos de tristeza. El camino es aceptarlo como parte de nuestra naturaleza.

***

Cuenta una leyenda que hace muchos años, un Rey de un poderoso reino convocó a sus sabios y consejeros, y les dijo:

— He encargado a mis joyeros un precioso anillo, en el que deseo grabar una frase que me ayude e inspire en mis momentos desesperados. Una frase que me ayude a tomar decisiones. Una frase que me ayude cuando me sienta perdido. Una frase que me ayude a ser un Rey más justo, sabio y compasivo

Sus asesores y consejeros, los sabios más cultos del reino, se dispusieron a escribir las frases más extraordinarias. Pero el Rey las rechazaba. No le llegaban. No eran suficiente.

Como suele ocurrir en las leyendas, apareció, de no se sabe dónde, un anciano, humilde, pero que de algún modo transmitía seguridad y sabiduría. Le dijo:

— Majestad, ha llegado a mis oídos que busca una frase, la frase que le sirva en las situaciones complicadas de la vida.

— Efectivamente, contestó el Rey.

— ¿Crees que puedes ayudarme?

— Tengo la frase en este papel.

El Rey, raudo e impulsivo, se dispuso abrirlo; pero el anciano le dijo que no podía leerla hasta que estuviera en una situación desesperada. Sin saber muy bien por qué, pero sintiendo la certeza de que debía seguir el consejo del anciano, guardó el papel, y además le ofreció al anciano ser su acompañante.

Unas semanas más tarde, el Rey se vio metido en una gran emboscada. ¡Estaba desesperado! ¡Huía con su corte por el bosque, tratando de escapar de quienes le perseguían! Pararon en un claro, miró al anciano, que a su vez le miraba tranquilo y confiado, y recordó el papel. Lo sacó, lo leyó. Decía: “Esto también pasará”.

El desconcierto que sintió en un primer instante, poco a poco se transformó en calma y confianza. ¡Efectivamente! ¡Esto también pasará! El Rey estaba entusiasmado. Casi de manera automática respiró profundamente, aliviado.

— ¡Gracias, gracias!, le repetía una y otra vez al anciano. Esta es la clave. ¡Por fin!

A lo que el anciano respondió, sonriendo, lleno de amor y compasión: “Esto también pasará”.

Aunque no lo creamos, aunque estemos en un el peor de los momentos, hemos de tener la certeza de que todo pasa. Lo único que permanece es el cambio, como dijo hace ya mucho tiempo el sabio griego. Todo pasa. Ese momento terrible pasa. Pero ese momento de extrema excitación y placer también pasa.

No existe el placer sin el dolor. Ni la alegría sin la tristeza. Ni el valor sin el miedo. Es la VIDA. La VIDA en la que TODO PASA, y por la que todo pasa.

Esto que tanto te preocupa ahora… también pasará… Y eso que tanto te gusta ahora… también pasará.

Y en todo momento recuerda:

Tú no eres nada de lo que pasa; eres “Eso” en lo que todo pasa.

Sabemos que todo es impermanente, porque hay “Algo” que es estable.

Todo pasa, porque hay “Algo” que no pasa.

Lo real no cambia; lo que cambia no es real.

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal, vía Fe Adulta

Espiritualidad ,

Dónde encontrarse

Viernes, 25 de agosto de 2017

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“El que se vierte hacia afuera para encontrarse a sí mismo en los efectos de sus obras, es como un fuego que no quisiera quemar, sino tan solo producir humo…

Ser‘ no significa nada para aquellos que temen y aborrecen lo que son. Por eso no pueden tener paz en su propia realidad (que refleja la realidad de Dios). Tienen que luchar por evadir su propio ser y comprobar una existencia falsa mediante la constante inspección de lo que hacen. Tienen que estar mirándose al espejo para asegurarse. ¿Qué esperan ver ahí? No a sí mismos, sino alguna señal de que se han convertido en el dios que han soñado llegar a ser por medio de su actividad frenética: un dios invulnerable, todopoderoso, infinitamente sabio, inmensamente bello, inmortal…

Cuanto menos puede ser, tanto más tiene que hacer. Se convierte en su propio lacayo esclavizado: una sombra fustigando moralmente a otra sombra…Después viene el temor. La sombra tiene miedo a la sombra. Al que ‘no es’ le aterran las cosas que no puede hacer…. Después la sombra juzga y detesta a la sombra que no es dios y que no puede hacer absolutamente nada…

Tenemos que aprender a entrar en comunión con nosotros mismos antes de poder comunicarnos con las demás personas y con Dios.
El hombre que no tiene paz consigo mismo, necesariamente proyecta su lucha interior en la sociedad de aquellos con quienes vive y esparce el contagio del conflicto en todos cuantos lo rodean. Aún cuando trate de hacer el bien a otros, sus esfuerzos son desesperados puesto que no sabe cómo hacerse bien a sí mismo. En los momentos del más desenfrenado idealismo, puede metérsele en la cabeza hacer felices a los demás. Por eso se lanza a la obra y lo que resulta es que saca de esa obra todo lo que puso en ella: su propia confusión, su propia desintegración, su propia infelicidad….

Nuestro destino cristiano es en verdad grandioso, pero no podremos conseguir la grandeza si no perdemos todo interés en ser grandes… Es, pues, algo muy grande ser pequeño, es decir, ser nosotros mismos.

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Thomas Merton.
Ser y obrar (fragmentos). Los hombres no son islas

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El arrepentimiento

Jueves, 17 de agosto de 2017

Del blog de la Comunidad Anawin de Zaragoza:

Conoce por qué sentir arrepentimiento no es tan malo mientras que el remordimiento se debe dejar atrás

El arrepentimiento, nos dice la Biblia, es una forma de pena. Pena por los errores cometidos y determinación para alejarse de ellos, para aprender de ellos. Admitir nuestros errores significa ser sinceros con nosotros mismos, aceptar quienes somos y estar dispuestos a ser quienes queremos ser porque así es que como Dios ha querido que seamos y nunca deberíamos fingir ser distintos.

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Contemplación

Martes, 4 de julio de 2017

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Estamos llamados a amar al mundo. Y Dios amó tanto al mundo que le dió a Jesús (Jn 3,16). Hoy, El ama tanto al mundo que nos da al mundo, tú y yo, para que seamos su amor, su compasión y su presencia por una verdadera vida de oración, de sacrificios, de abandono. La respuesta que Dios espera de ti es te vuelvas contemplativo, que seas contemplativo.

Tomemos a Jesús tal como nos dice y seamos contemplativos en el corazón del mundo, porque, si tenemos la fe, estamos perpetuamente en su presencia. Por la contemplación, el alma dibuja directamente en el corazón de Dios las gracias que la vida activa le ha encargado distribuir. Nuestras existencias deben estar ligadas a Cristo vivo que está en nosotros. Si no vivimos en presencia de Dios, no podemos perseverar.

¿Qué es la contemplación?- Vivir de Jesús. Así la comprendo yo. Amar a Jesús, vivir su vida en el seno de la nuestra, vivir la nuestra en el seno de la suya… La contemplación no viene a encerrarse a un gabinete oscuro, sino a permitir que Jesús viva su Pasión, su amor, su humildad en nosotros, que ore con nosotros, que esté con nosotros de santificarse a través de nosotros. Nuestra vida y nuestra contemplación son una. No se trata de hacer sino de ser. Se trata de que nuestro por el Espíritu Santo, infunda en nosotros la plenitud de Dios y nos envía en toda la creación como su mensaje personal de amor (Mc 16, 15).

*

 Teresa de Calcuta

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