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Buscar a Dios perfectamente

Lunes, 29 de abril de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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He aquí, pues, lo que significa buscar a Dios perfectamente: apartarse de la ilusión y el placer, de las ansiedades y deseos mundanos, de las obras que Dios no quiere, de una gloria que es sólo exhibición humana; mantener libre mi mente de confusiones, para que mi libertad pueda estar siempre a disposición de Su voluntad; conservar el silencio en mi corazón a la espera de la voz de Dios; cultivar una libertad intelectual para con los conceptos e imágenes de las cosas creadas para recibir el secreto contacto de Dios en la fe; amar a todos los hombres como a mí mismo; descansar en la humildad y hallar la paz en el apartamiento de los conflictos y competencias con los demás hombres; desviarse de controversias, y apartar las pesadas cargas de juicios, censuras y críticas y todo el peso de opiniones que no tengo obligación de mantener; tener una voluntad que esté siempre dispuesta a replegarse en sí misma y a concentrar todas las potencias del alma en su centro más profundo para aguardar en callada expectación la venida de Dios, posada sin esfuerzo en tranquila concentración sobre el punto de mi confianza en Él; reunir todo lo que soy y tengo, y todo lo que pueda sufrir, hacer y ser, y abandonarlo todo a Dios en la resignación de un perfecto amor, ciega fe y pura confianza en Él, para hacer Su voluntad.

Y luego esperar en paz y desasimiento y olvido de todas las cosas.

*

Thomas Merton
Semillas de contemplación

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Filósofo y poeta

Lunes, 18 de marzo de 2019

Del blog Nova Bella:

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El filósofo parte despegándose en busca de su ser,

el poeta sigue quieto esperando la donación

*

Maria Zambrano

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“Búsqueda creativa”. 19 de noviembre de 2017. 33 Tiempo ordinario(A). Mateo 25, 14-30

Domingo, 19 de noviembre de 2017

007-parable-talentsA pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva.

Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.

El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar; la gracia; conservar la vocación…

Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia… Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?

Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?

Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman “prudencia”, “fidelidad al pasado”, “resignación”… Llevan más bien otro nombre: “búsqueda creativa”, “audacia”, “capacidad de riesgo”, “escucha al Espíritu” que todo lo hace nuevo.

Lo más grave puede ser que, lo mismo que le sucedió al tercer siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Las huellas

Sábado, 21 de octubre de 2017

huellas-de-camelloUn gran amigo es Hermanito de Foucault. Desde los dieciocho años va contemplando y buscando a Dios. Su primer trabajo fue cuidar camellos en el desierto. Y para ello, se especializó en conocer y buscar huelas de camello en la arena. Me quedé impresionado. ¿Cómo se pueden conocer las huellas de cada camello…? Esto viene muy bien. Muchas veces me lamento de que es muy difícil ver las huellas de Dios en la vida.

Todo es cuestión de entrenamiento. Conocer cómo se manifiesta Dios, cómo deja sus huellas y luego… a buscar.

Dios nos dice Jesús que se manifiesta especialmente en las personas. Y entre ellas, en las más pobres. Cómo verle en el preso, en el hambriento, en el enfermo, en el ignorante… Vista y acción. Sin duda yo creo que lo primero es conocerle dentro de mí, en mis pobrezas y miserias.

Es curioso, nunca lo había pensado. Las huellas son el casco del pie al revés. Igual es cuestión de ver la parte positiva al ver las señales. Puede parecer feo, pero le doy la vuelta y siempre veo lo positivo: los animales, o las personas, que han pasado por ahí me hacen pensar en las maravillas que soportan esos pies, en el peso, el cuerpo, la inteligencia….

Dios se hace presente, deja su marca, en la belleza de la naturaleza. Y también en lo que no vemos pero se revela… Ahora me toca jubilarme. Es la parte inversa de la vida. Ya no son ilusiones, actividades, fuerza, coraje… Es ver los resultados de toda una vida. Y las huellas son cansancio, dolores, disminuciones… ¿Y si me fijo y recuerdo lo que ha producido esas huellas que ahora tengo? Una mano de labrador está llena de callos. ¡Qué hermosura, qué grandeza, qué obra de arte!

Cada vez que vea alguna carencia en las personas, algún detalle de fracaso, dolor, marginalidad, voy a pensar en quienes produjeron esas huellas. Quizás otras personas con su trato, con su estilo de vida, con su riqueza produjeron esa marginación. Para que unas personas vayan corriendo a 120 por hora, muchas tienen que ir a pie, en autobús, en animal, o a velocidades cortas.

Me resulta más difícil ver las intenciones de las personas, que las huellas de los camellos.

Es cuestión de mirar siempre las huellas. Detrás hay toda una vida, una intencionalidad. Y sobre todo, una persona. Por eso es tan importante llegar a la persona, a quiénes produjeron esos frutos.

Y por supuesto, voy a intentar ver lo bonito en todo porque “mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura y yéndolas mirando, vestidas las dejó de su hermosura”.

Necesito tiempo para aprender a conocer las huellas del camello, para reconocer la presencia de Dios que está en todas las cosas y personas.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , , ,

Invisible

Viernes, 22 de septiembre de 2017

Del blog Nova Bella:

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“Lo más importante es invisible.

Pero siempre lo hemos buscado con los ojos.

*

Li Yiyi

page-tsouPage Tsou

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¿Dónde me buscas amigo?

Miércoles, 23 de agosto de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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¿Dónde me buscas amigo?
Estoy aquí contigo.

No estoy ni en el ídolo
Ni en la peregrinación
Ni en el aislamiento de los confines del mundo
Ni en el templo
Ni la mezquita
Ni en la Kaaba o sobre el
Monte Kailash
Yo estoy en ti, amigo
Estoy ahí, en ti
Ni en la oración o las austeridades
Ni en la disciplina o el ayuno.

No estoy ni en las buenas acciones
Ni en el yoga de la renuncia.

Ni en el prana ni en la pindala
Ni en el éter de Brahma
Ni en el Dharma o en el Karma.

Aquí ni los Vedas ni puja.

Yo estoy en el aliento de todo lo que respira.

Si me buscas de veras me verás enseguida,
y llegará el momento en que me encuentres.

*

Kabir,
poeta místico indio (1440-1518)
(para saber más sobre kabir, clicar aquí)

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Citado en un foro icietmaintenant

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Buscando tierra firme.

Lunes, 19 de junio de 2017

nadar-no-mar-gasta-calorias-e-mantem-a-forma-2-449-thumb-570En este cambio de época, hacia una nueva era axial, parece que el suelo se nos mueve bajo los pies y buscamos tierra firme donde asentarnos. Sabemos que las limitaciones de nuestra contingencia no nos permiten alcanzar plena seguridad, pero nuestro ser racional puede y debe elaborar unas razonables bases de comprensión y estabilidad. Lo requiere un Estado de derecho, y lo requieren la convivencia y el progreso científico y humanista. Estas son unas reflexiones previas dentro de mi limitado horizonte:

· La realidad nos trasciende y escapa a nuestras posibilidades actuales de conocimiento, tanto en lo físico (física cuántica) como en lo filosófico y en lo teológico (Dios es un misterio). Parodiando al Crisóstomo, interpretación de interpretaciones y todo interpretación.

· Nuestros conocimientos se realizan mediante: 1. Una percepción inmediata (sensible, intuitiva, o espiritual). 2. Una posterior explicación conceptual.

· Todas nuestras explicaciones son interpretaciones parciales y sesgadas de la realidad; son válidas dentro de ese sistema de representaciones, pero no son certezas absolutas sino aproximaciones a la realidad.

· Para no caer en arbitrariedades ni en esquizofrenia, necesitamos un sistema de conocimientos razonable, tanto conceptual como emocionalmente, consensuado por la mayoría de las culturas actuales (como es recibida la “ley de oro” de todas las religiones).

· “Los conceptos claros y bien diferenciados” son un ideal irrealizable, porque los conceptos son generalizaciones de nuestras experiencias, y éstas son parciales y muy condicionadas. Los conceptos  producen más impresión de certeza y seguridad que los mitos y los símbolos, pero probablemente transmiten peor que éstos la riqueza de la realidad. Nuestra interpretación razonable de la realidad debe basarse en ambos modos de conocimiento.

· En este conjunto de conocimientos podemos descubrir una razonable coherencia que denominamos paradigmas. Estos paradigmas pueden ser sectoriales (geográfica o culturalmente) o universales (más o menos universales); temporales o permanentes.

· El paradigma postreligional puede ser válido en la evolución de la cultura que solemos llamar occidental, pero ajeno a la cultura popular hispanoamericana, oriental, o africana.

(El P. Adolfo Nicolás decía, más o menos, que en Occidente prevalece la razón, en Oriente la armonía, en Hispanoamérica y en África los sentimientos).

· El paradigma cristiano (o jesuánico) por excelencia es la opción preferencial por los pobres.

A mi entender, este paradigma es (al menos) sectorial cristiano y permanente; aunque más bien sería propio de un determinado nivel de conciencia, sea religiosa o laica. Yo diría que precisamente es jesuánico porque Jesús alcanzó ese determinado nivel de conciencia.

· Por mi parte puedo decir que actualmente mi mayor certeza no consiste en la afirmación de determinados conceptos sino en una percepción inmediata de la conciencia, y consiste en la constatación del sufrimiento humano y la tendencia -o la obligación- de aliviarlo en lo posible. (Quizás sea una manifestación del imperativo categórico).

· En esta incertidumbre epistémica, es necesario adoptar algunas normas de discernimiento. Mi esquema interpretativo, más práctico que teórico, consiste en la interacción de tres elementos (he asumido en tres la innumerable cantidad de datos y experiencias que se combinan en nuestra conciencia). Expreso esta interacción en el siguiente esquema:

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· El Jesús transmitido por los sinópticos (a pesar de las diferencias en su interpretación), y leído a través de los actuales Signos de los tiempos, es la referencia humana que encuentra más eco en mi conciencia.

· Mi conciencia no reacciona igualmente ante todas las palabras o acciones de Jesús. Creo que esto depende por una parte de las circunstancias ambientales (signos de los tiempos) y personales del momento en que las recibo, y por otra de las disposiciones de la propia conciencia: ¡Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios! Como sucede en la refracción de la luz, la incidencia del mensaje recibido se desvía más o menos según la densidad (limpieza) del corazón que lo recibe.

· Los Signos de los tiempos (autonomía, igualdad de género, pluralismo religioso…) pueden considerarse como paradigmas interpretativos para comprender el mensaje/ejemplo de Jesús y el mensaje de la propia conciencia. A su vez, descubrimos y discernimos los signos de los tiempos por los mensajes del evangelio y por los mensajes de nuestra conciencia, porque pueden ser confundidos con nuestras tendencias ambiciosas (nacionalismo, progreso unilareal…). (Un grupo de la Universidad católica de Chile está desarrollando una Teología de los signos de los tiempos).

Jesús también vivió un tiempo de crisis. Mejor aún, Jesús provocó un momento de crisis respecto a la religión tradicional de su pueblo. Esta crisis ha sido reinterpretada a lo largo de los siglos, y no siempre en la dirección original. La mejor interpretación consiste en “Volver al Jesús de Galilea” leído con el lenguaje de los signos de los tiempos, en los que también está presente el Espíritu que Jesús nos dejó.

Siempre, pero especialmente en momentos de incertidumbre, tenemos que asumir nuestra responsabilidad. “Caminante no hay camino / se hace camino al andar”.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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“La fe como búsqueda”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 4 de diciembre de 2015

1078viastrenDe su blog Nihil Obstat:

Si hace unos años se realzaban las dimensiones doctrinales de la fe, hoy tanto la teología como el Magisterio insisten en las dimensiones personales de la fe. La fe es, ante todo, un encuentro del creyente con el Dios vivo que se nos da a conocer en Jesucristo. Por la fe nos encontramos con el Dios fiel que establece una relación de amor con el ser humano. Por eso, como muy bien dijo el Papa Francisco, la fe nos saca de nosotros mismos, de nuestra autorreferencialidad: “el conocimiento de la fe no invita a mirar a una verdad puramente interior. La verdad que la fe nos desvela está centrada en el encuentro con Cristo, en la contemplación de su vida, en la percepción de su presencia”.

Esta dimensión de encuentro no debe ocultar que la fe es también una búsqueda. Toda persona religiosa debe recorrer un camino para encontrar al Dios que sorprende siempre. En esta búsqueda podemos encontrarnos los seguidores de las diversas religiones. Pero la dimensión de búsqueda concierne también a la vida de los que, aunque no crean, desean creer y no dejan de buscar. Este segundo sentido de la búsqueda se aproxima a la experiencia de muchos contemporáneos que, en lo referente a Dios se plantean preguntas, referidas sobre todo al silencio de Dios frente al mal y la violencia, a veces cometida en su nombre. Los creyentes deberíamos aprovechar esta experiencia de búsqueda para encontrar puentes de diálogo con esos que preguntan. Pues en la búsqueda hay un aspecto que introduce en la misma fe.

En efecto, la fe, en cuanto tal, tiene una dimensión de búsqueda. Tomás de Aquino explica que en la fe hay una adhesión firme a Dios, pero también hay un aspecto de inquisición y de búsqueda. El santo llega a decir que este aspecto de búsqueda tiene coincidencias con la duda. Lo interesante del análisis tomista es que este aspecto de búsqueda no es un momento inicial en la fe, que podría ser superado, sino un momento permanente, que nunca desaparece. La claridad no es lo propio de la fe, puesto que el creyente se encuentra con un Dios misterioso, el misterio por excelencia, que siempre se nos escapa. Esto explica que, en todo auténtico creyente, puedan surgir fácilmente movimientos de duda y vacilación, contrarios a aquello que firmísimamente acepta, como bien reconoce Tomás de Aquino.

Ser consciente de la búsqueda irremediable que comporta la fe, por una parte facilitaría la comprensión de los no creyentes y el diálogo con ellos. Y, por otra, facilitaría la mejor comprensión del propio creyente que, a veces, tiene la impresión de que cuánto más avanza en el camino de la fe, más preguntas se le suscitan y menos respuestas encuentra. Si el camino de la fe nos acerca al Misterio de Dios, es lógico que cuanto más cerca estamos del Misterio, más misterioso nos resulte. En cierto sentido, el encuentro con la luz es también encuentro con la oscuridad. Así se comprende que los místicos digan que avanzan en las tinieblas de la fe.

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“Búsqueda creativa”. 16 de noviembre de 2014. 33 Tiempo ordinario(A). Mateo 25, 14-30

Domingo, 16 de noviembre de 2014

56-OrdinarioA33A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.

El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar; la gracia; conservar la vocación…

Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia… Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?

Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?

Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman “prudencia”, “fidelidad al pasado”, “resignación”… Llevan más bien otro nombre: “búsqueda creativa”, “audacia”, “capacidad de riesgo”, “escucha al Espíritu” que todo lo hace nuevo.

Lo más grave puede ser que, lo mismo que le sucedió al tercer siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
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