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Un “dios intervencionista” no existe. Porque si existiera sería un monstruo.

Miércoles, 14 de septiembre de 2022

8AF9DD1C-27A0-41D0-A509-9E6502486257Del blog de Jairo del Agua:

Basta un uso básico de la razón -don del Dios verdadero- para ver la evidencia de esta afirmación: “Un dios intervencionista NO existe, porque si existiera sería un canalla”.

¿Has visto o padecido alguna de las infamias, dolores y horrores de este mundo? Entonces no puedes creer en un “dios intervencionista”. Si existiera, evitaría todo eso y más. ¿No lo haría cualquier madre?

Dios NO puede intervenir en la administración de este mundo porque la ha confiado a nuestra inteligencia, voluntad y libertad. Lo dice claramente el Génesis: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y gobernadla” (Gn 1,28). No seríamos verdaderamente libres si estuviéramos “intervenidos”. Y Dios quiso crearnos libres, a su imagen, para que creciéramos conduciendo nuestra existencia.

Pero nos han metido en la “rutina errónea” de pedir y pedir que Dios intervenga, hasta en los más pequeños detalles: que el niño apruebe, que se me quite el dolor de rodilla, que se cure mi padre, que se convierta mi vecino, etc. Y ahí andamos enrolados, sin meditar en lo absurdo de nuestra actividad religiosa.

Dios no tiene más manos, ni pies que los tuyos. Eres tú el que puede y debe actuar para hacer crecer el bien en el mundo, eres tú el que tiene que buscar los remedios y las soluciones. Lo dice claramente la “parábola de la viña arrendada” (Mt 21,33): el dueño se ausentó y la dejó en manos de los viñadores. Algún día volverá y pedirá las cuentas. Lo mismo se lee en otras parábolas como “la de los talentos” (Mt 25,14).

Por cierto, una de las decisiones que no valoramos lo suficiente es el “voto democrático”. Muchísima gente vota con las tripas en vez de usar la cabeza y elige a quienes nos conducen a la ruina. En vez de votar a “los mejores, los más preparados, los que han demostrado que levantan la nación”, como ya proponían los sabios griegos. Muchos votan por ideología religiosa, política, familiar, por resentimiento, odio, egoísmo, etc.

La administración de un país hay que confiarla a quienes saben administrar este mundo y conducirnos a la prosperidad y libertad. ¡Cuánto dolor reparten los embaucadores que nos llevan a la ruina! Muchas veces envueltos en banderas de igualdad, defensa de los pobres, progreso, etc. Sin embargo “sus hechos históricos” son nefastos y totalmente contrarios a sus efímeras promesas.

¡Cuántos países hay hoy mismo que se han hundido por votar ideologías ya fracasadas, por elegir a ignorantes, mentirosos o parlanchines, por seguir a “flautistas de Hamelín” que conducen al precipicio con su magia musical!

De nada te servirá después pedir a Dios que resuelva los problemas, que nos dé paz y prosperidad, que ilumine a los gobernantes, etc. como hacemos inútilmente en la Misa. Podría responderte desde el cielo: “¿Te informaste y elegiste bien? La administración de este mundo es cosa vuestra, para eso os doté de inteligencia, voluntad y libertad”.

Si fuéramos conscientes de lo que nos jugamos a la hora de ir a votar, nos entrarían escalofríos. Un enorme porcentaje de nuestra vida depende del “entorno” en que vivimos y por tanto de quienes nos gobiernan. Esta es la verdadera “causa de la pobreza” de muchos países y no la “pecadora injusticia” que muchos magnifican.

Y es que Dios nos ha regalado un enorme jardín con todo lo necesario para vivir bien y progresar. Él nos apoya y nos ilumina desde dentro para que acertemos en el uso de nuestra libertad y nos empuja a progresar a través del íntimo “dinamismo de crecimiento”. Si interviniese en este mundo, estaría condicionando nuestra libertad que no sería plena. Cuando El nos da algo, nos lo da completo, aún a riesgo de que no lo administremos bien. ¿No has leído la “parábola del hijo pródigo” (Lc 15,11)? ¿Qué más necesitas para entender?

Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Por qué la Iglesia camina en dirección contraria al sentido común? ¿Por qué nos han enseñado a pedir en todo momento la “intervención” de Dios? ¿Por qué la mayoría de oraciones le insisten que intervenga y cumpla sus obligaciones? ¿No debería ser a la inversa?

Somos nosotros los que tenemos que aprender a discernir nuestros deberes humanos y administrar bien nuestras vidas. Pero esta certeza apenas la promocionan los “maestros de la ley”. Prefieren inducirnos a creer en un supuesto “dios perchero”.

Por eso esa pregunta deberías hacérsela a los dirigentes de la Iglesia“venerados y ensalzados” por el instintivo “clericalismo” con que nos educaron. En mi opinión, se han distanciado del Evangelio, lo que nos lleva camino de Babilonia, es decir, al destierro. Del que solo volveremos cuando nos abracemos a Jesús de Nazaret y su Evangelio. Una vez más la historia se repite.

Te convencerás solo con ver que los sacerdotes disminuyen, que su edad media está en más de 65 años, que jóvenes y adultos huyen de una “religión irracional”, rutinaria y aburrida, que la mayoría de la gente pasa de las moralinas clericales, que los colegios católicos se han descafeinado, etc. Solo prospera la Iglesia en aquellos países que todavía viven sumergidos en la ignorancia, la magia, los mitos y las imaginadas intervenciones sobrenaturales.

Para terminar te traeré la voz de una joven mística que tuvo que bajar a lo más profundo de sí misma para sentir el abrazo de Dios y comprenderle. Hay verdades que se hacen evidentes desde el más intenso desamparo.

Etty Hillesum (1914-1943). Joven holandesa de origen judío, aunque conocía y apreciaba el Evangelio. Sus vivencias espirituales profundas quedaron recogidas en sus diarios. Fue deportada y murió en Auschwitz. A propósito del sufrimiento que le circundaba, oraba y escribía:

“Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica…

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros.

Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida…Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior…”

No existe, pues, el “silencio de Dios”. Él está presente en nuestro interior siempre. Pero somos nosotros sus “delegados” para construir la humanidad en este mundo que nos ha entregado para que lo administremos.

Si existiera un “dios intervencionista” que hubiese permanecido inactivo ante los horrores de la Segunda Guerra, por ejemplo, sería un “dios despreciable, perverso y canalla”. Pero los cristianos tenemos la revelación del Abba de Jesús y sabemos que Dios es todo amor y ternura, como desgrana el Evangelio y nuestro interior corrobora. Somos nosotros los que tenemos que buscar, encontrar y sembrar el “reino de Dios” en este mundo.

Una última observación. Todos los dolores y horrores de aquellos años comenzaron con una “democrática votación” a favor del “nacional socialismo”.

Aquel error inicial de tanta gente, muchos buenos seguramente, fue el origen de una inmensa barbarie.

Nosotros administramos el mundo y el mundo sufrirá si no acertamos en nuestras decisiones. “Quien no aprende de sus errores está condenado a repetirlos”.

Comprendo perfectamente que a muchos asuste esa “responsabilidad” de ser conductores de sus vidas. Prefieren ser eternamente “niños” y colgarse de un supuesto “dios niñera” al que hay que “usar” para satisfacer nuestras necesidades a golpe de insistente petición. Esto es lo que nos han enseñado y a lo que nos inducen con las plegarias oficiales.

En contraposición a ese “dios externo y mágico”, está el Dios de Jesús que se ausenta discretamente de nuestras vidas (lo repite el Evangelio) para que seamos responsablemente “libres”. Pero permanece en nuestro “interior” siempre para iluminarnos, motivarnos, apoyarnos y fortalecernos como un Padre amantísimo.

Y nos ha dado una Tierra llena de recursos y regalos para que la gobernemos y consigamos todo lo que necesitamos. Es un Dios que no interviene directamente en este mundo porque ya nos ha dado toda su herencia. Pero es un “Dios siempre presente” para que consigamos humanizar el mundo, extender su Reino y ser felices.

P.D. Había terminado esta meditación cuando cayó en mis manos una homilía de un humilde y gran teólogo. Copié este luminoso párrafo:

“De manera menos lapidaria yo me atrevo a decir: Si rezamos, esperando que Dios cambie la realidad: malo. Si esperamos que cambien los demás, malo, malo. Si pedimos, esperando que el mismo Dios cambie: malo, malo, malo. Y si terminamos creyendo que Dios me ha hecho caso y me ha concedido lo que le pedía: rematadamente malo. Cualquier argucia es buena, con tal de no vernos obligados a hacer lo único que es posible: cambiar nosotros (Fr. Marcos).

Jairo del Agua

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Características del estado despierto.

Sábado, 27 de agosto de 2022

Máscara-552x640Entonces, ¿cuáles son las características básicas del estado despierto según las tradiciones espirituales?

Quizás el tema más frecuente sea el de la unión. En el estado despierto vamos más allá de la separación y entramos en un estado de conexión y de unión. Y, lo que es más importante, este estado significa conectar con la esencia espiritual del universo ―llámese Brahman, Tao o Dios― y con la parte más profunda de nosotros mismos, ya que la esencia universal es también la de nuestro propio ser. El mayor obstáculo para esta conexión (tanto con la esencia espiritual del universo como con nuestro propio ser) es nuestro intenso sentido del ego, con todos sus deseos, ambiciones y apegos. Las fronteras limitantes del ego, tan firmes y sólidas, nos encierran dentro de nuestro propio espacio mental; nos separan del mundo. Por lo tanto, para poder trascender la separación y conectar con el espíritu, debemos debilitar este yo; por así decirlo, ablandar de algún modo sus sólidos contornos. (Las tradiciones describen este proceso como una auto-aniquilación o autonegación). Nuestro sentido de identidad y aquello sobre lo que gravitamos habitualmente tienen que alejarse del yo estrecho y personal y pasar a formar parte de una expansión más amplia y más profunda del ser.

Una segunda característica del estado despierto que resaltan todas las tradiciones que hemos examinado es la calma o quietud interior, el vacío interior. La mente de los individuos despiertos no está constantemente ocupada o parloteando; estas personas no se ven asaltadas por deseos y emociones turbulentas. En su interior están tranquilas, en paz; su consciencia es pura y está en calma, serena, como un lago. De hecho, todas las tradiciones están de acuerdo en que el desarrollo de la calma interior es una parte esencial del proceso de despertar. Dicho en otras palabras, si quieres despertar, tienes que aprender a sosegar, ralentizar y calmar tu mente, y a trascender las capas de pensamiento y de emoción que nublan tu consciencia. Por esta razón, entre otras, la meditación regular es importante. Al meditar, podemos llegar a comprender que no somos nuestros pensamientos y establecer contacto con capas más profundas y más amplias de nuestro ser que están más allá del pensamiento. Meister Eckhart describe «la tormenta del pensamiento interior» que normalmente asedia nuestra mente, y afirma que «para que Dios diga su palabra al alma, esta debe estar en reposo y en paz». De manera similar, el Maitri Upanishad describe cómo «cuando la mente está en silencio… puede penetrar en un mundo que está más allá de la mente: el Fin más elevado».

Una tercera característica del estado despierto que aparece en todas las tradiciones es la plenitud. A los individuos despiertos les preocupa muy poco o nada tener éxito en el mundo, las posesiones físicas o las ambiciones personales, y no se ven afectados por los elogios, la culpa o las descalificaciones; no necesitan la aprobación de los demás. No tienen necesidad de agregar nada a si mismos, como el éxito, el estatus o la riqueza, porque ya se sienten plenos, completos, realizados. El Sutra del Corazón budista lo resume claramente de este modo: «En su indiferencia hacia el logro personal y en su falta de deseo de autojustificación, los hombres y mujeres iluminados no pueden nunca ser denostados o alterados por los demás». El Bhagavad Gita describe a la persona despierta como alguien que no se ve afectado ni por el placer ni por el sufrimiento, para quien el oro, las piedras o la arena son lo mismo, y «cuya paz permanece inalterable tanto en lo agradable como en lo desagradable». Sin embargo, esta falta de preocupación por las opiniones que los demás puedan tener de ellos no significa que a las personas despiertas no les preocupen los demás en absoluto.

Al contrario, su falta de interés en sí mismos y su mayor sentido de la conexión nos lleva a una cuarta característica del estado despierto que aparece en todas las tradiciones espirituales: un grado muy elevado de compasión y altruismo. Al mismo tiempo que conectan con la esencia espiritual del mundo y con su propia esencia, aquellos que han despertado conectan también de forma muy intensa con el resto de los seres humanos. Tienen una gran capacidad para la empatía, para sentir lo mismo que están sintiendo los demás ―para sentir con ellos―. Pueden sentir el sufrimiento, la frustración y el dolor de otras personas, lo que les genera un impulso altruista para aliviar su sufrimiento o ayudarles a desarrollarse. Debido en parte a que para ellos sus propias ambiciones y deseos ya no son importantes, sienten un fuerte impulso de servir a los demás y de practicar la bondad y la generosidad. Este espíritu de altruismo fue claramente expresado por el monje budista del siglo VII Shantideva, quien escribió: «Quiero eliminar el sufrimiento de todos y cada uno de los seres vivos, haciendo así que puedan llegar a la iluminación… Mi preocupación por el bienestar de los demás me aporta más mérito que cualquier acto de adoración». En última instancia, esta actitud compasiva se deriva del hecho de ser consciente de que el espíritu está presente en todos, de modo que, en cierto sentido, uno es todos los demás. Por lo tanto, cuando otras personas sufren, somos nosotros mismos los que sufrimos. Como dice Moisés Cordovero, el místico judío del siglo XVI: «El que peca no se está perjudicando únicamente a sí mismo, sino también a aquella parte de sí mismo que pertenece a los demás». De esta manera, es importante amar a los demás, porque «los demás son en realidad uno mismo».

Un quinto elemento común al estado despierto entre las diversas tradiciones espirituales (relacionado con el primer tema de la unión) es el abandono de cualquier identidad o voluntad personal. Dicho en otras palabras, despertar significa olvidar la idea de que uno es el que está dirigiendo su propia vida y siguiendo sus propios planes o sus propias ambiciones. En lugar de eso, la vida se convierte en la expresión de algo más grande que nosotros mismos, una fuerza que fluye a través de nosotros. Esta es la idea taoísta de wu wei ―acción sin acción―, cuando nos damos cuenta de que el Tao es nuestra naturaleza y todo lo que hacemos es la expresión natural de esta. En las tradiciones espirituales monoteístas, el místico abandona su propia voluntad personal para poder así vivir a través de Dios ―o para que Dios pueda vivir a través de él―. En la cábala, por ejemplo, la voluntad individual ha de ser «elevada» hasta convertirse en una con En Sof, el principio divino que impregna el mundo y lo trasciende. Cuando alineamos nuestra voluntad personal con la de Dios, nos convertirnos en agentes de dicha voluntad divina, y una poderosa energía transformadora con la que podemos contribuir a sanar el mundo comienza a fluir a través de nosotros.

Y para terminar, resaltemos brevemente otros dos claros aspectos ―y, en cierto sentido, obvios―. El primero de ellos es que el estado despierto trae consigo una consciencia más intensa y completa de la realidad. El mundo, tal como lo percibimos con la consciencia ordinaria, es tan solo una realidad limitada, una sombra. Como lo expresó el filósofo griego Platón, estamos sentados en una cueva, mirando las sombras de la pared que tenemos frente a nosotros, mientras que el mundo real pasa por detrás. En realidad, el mundo no es algo trivial, prosaico y sin sentido, sino que irradia significado y armonía resplandeciente. Realmente, en lugar de separación, lo que hay es unidad. En términos del vedanta indio, se descubre la ilusión de maya (el engaño), revelando así un mundo de unidad donde antes no había más que un mundo ilusorio de dualidad y separación. O, usando las palabras del místico sufí del siglo XI Al-Ghazali, es un estado «cuya relación con nuestra consciencia normal en la vigilia es análoga a la relación de esta con los sueños. ¡Comparado con este estado, tu consciencia habitual de vigilia sería el equivalente a estar soñando!».

Finalmente ―y quizás sea lo más evidente―, el estado despierto se percibe en todas las tradiciones como un estado de intenso bienestar. Todas coinciden en señalar que despertar significa trascender la ansiedad y el miedo y alcanzar un sentido de gran serenidad, dicha y felicidad. En el budismo, el concepto de bodhi lleva implícita la cesación del sufrimiento. En el taoísmo, el término ming significa vivir con una felicidad espontánea. En el vedanta indio, la felicidad es una de las cualidades de la consciencia misma, tal y como se expresa en satchitananda (ser-consciencia-felicidad). La esencia del brahman es la dicha, la alegría o el gozo: «Brahman es alegría, pues todos los seres provienen de la alegría, viven gracias a ella y a ella regresan». Por lo tanto, la auto-realización es, literalmente, despertar a la dicha, al gozo, la felicidad y la alegría. Del mismo modo, en la espiritualidad judía, devekut es un estado de alegría y exaltación, como también lo es el estado sufí de baqa.

Steve Taylor

Boletín semanal de Enrique Martínez Lozano / Steve TAYLOR, El Salto, Ediciones Gaia 2018

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El deseo humano

Viernes, 26 de agosto de 2022

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Mercedes Nasarre Ramón, psiquiatra,
Huesca

ECLESALIA, 25/07/22.- Los seres humanos tenemos nombre, porque además de ser cuerpo, somos historia. Mejor dicho, somos humanos por eso, porque hacemos de nuestra vida una historia, le damos un sentido y quizá, más profundamente, una misión. Claro que para esto se ha de tener fe. Fe es tener confianza plena en algo o alguien.

¡Qué difícil es hoy tener confianza plena! Lo digo como psiquiatra, porque muchas personas enferman por falta de confianza (en uno mismo, en los otros, en la vida, en Dios…)

Nuestro psiquismo se desarrolla a través de los vínculos y el deseo humano es el motor del vínculo. Cuando establecemos un vínculo (estamos hablando de toda relación íntima, sexual o no) se da todo el recorrido del deseo, es decir, hay una reedición de los sentimientos infantiles: “quiéreme”, “qué quieres de mí”, “quiero el deseo mismo”, hasta llegar al deseo adulto que se pregunta ¿qué quiero yo? La esencia del deseo es abrirnos al otro y si la intención es la apropiación se convierte en algo destructivo, mientras que si estamos atentos a la alteridad vamos creciendo, a través del deseo, hacia formas de amor cada vez más altas.

Cuando en la oración uno pregunta ¿qué quieres de mí?, se está haciendo niño para ir más allá de sí mismo. Se abandona, aún con una fe oscura, a la relación definitiva. Reconoce íntimamente la propia nada y ama, ama con todo su ser. Desea únicamente agradar a Dios, es decir, ser justo. Y solo así puede descubrir su deseo adulto, que le compromete hasta llegar a ser una auténtica misión.

Crecemos gracias a espejarnos en los otros, por eso, en el cristianismo, no es banal que el modelo humano sea Cristo, fusión total con lo divino, es decir, amor a todos los seres humanos.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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“¿Nacemos por casualidad, vivimos por inercia y morimos por accidente” (Sartre). O ponemos un principio y fundamento (S Ignacio)?

Domingo, 31 de julio de 2022

42301465-947E-4AEF-94BA-6BE54ABEC5A6Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre: 

01.- San Ignacio y su tiempo

San Ignacio vivió en el siglo XVI, siglo y tiempos recios como decía JI Tellechea en su biografía de San Ignacio. Es la época en la que comienza la modernidad (Galileo, Copérnico…) son los tiempos de Lutero, del Concilio de Trento, de San Ignacio. En la Iglesia existía una gran corrupción y se imponía una Reforma que no terminaba de llegar desde Roma.

Finalmente la Reforma se desencadena en el norte de Europa, en Alemania, promovida por Lutero, “padre” del protestantismo naciente contra el que reaccionará Roma con su Contrarreforma tridentina.

    Como fruto de la Contrarreforma (Trento) fueron surgiendo diversos movimientos e instituciones católicas con la buena finalidad de elevar un poco el nivel de una iglesia que se encontraba en una situación peor que decadente. Surgen varios movimientos sacerdotales: los jesuitas, el oratorio de sacerdotes de San Felipe de Neri (1515-1595), un poco más tarde los sacerdotes vicencianos (San Vicente de Paúl, 1576-1660), la Escuela sacerdotal francesa de San Sulpice del padre Olier ya en el siglo XVII, el movimiento sacerdotal promovido por el cardenal Bérulle (1575-1629), a su vez impulsado por San Francisco de Sales. Los jesuitas, fundados por san Ignacio (Compañía de Jesús) contribuirán también a esta reforma en la Iglesia.

02.- Principio y fundamento

    S Ignacio contribuyó a su tiempo y a la historia de la Iglesia con los “Ejercicios Espirituales”. Sobre todo la primera meditación: principio y fundamento.

Francisco Javier y toda la espiritualidad ignaciana se cimentarán en esta Roca que es Dios.

El fundamento de la existencia es Dios.

    Hoy en día vivimos en la llamada postmodernidad: después de lo moderno, después de la modernidad. Cultualmente vivimos en una gran frivolidad, superficialidad.

Han caído lo que llamábamos “grandes relatos”: el Éxodo, la libertad, incluso la justicia, la religión, etc. Y en estos tiempos que vivimos lo que nos interesa es el “relato pequeño”. A mí dame un buen sueldo a fin de mes, unas buenas vacaciones y déjame de libertad, de justicia, de idealismos, de patria, de honradez, de Dios, etc…

Podríamos aplicarnos aquello que decía JP Sartre (1905-1980) en su novela “La Náusea”: “Nacemos por casualidad, vivimos por inercia y morimos por accidente. Somos una pasión inútil“.

Nos hemos quedado sin principio ni fundamento. No tenemos cimiento, roca en la que cimentar nuestra vida. En lenguaje coloquial podríamos decir que “no tenemos fundamento” ni en la vida ni en la muerte.

    Hace unos días decía el presidente Sánchez que su pretensión (la de su gobierno) era hacer la vida más fácil. Yo creo que se trata de hacer una vida más digna, más fundamentada, mejor anclada, con criterios idealistas sanos y fuertes. Una vida blanda no vale mucho la pena.

    La vida no es un pasatiempo. Nos hará bien fundamentarla.

03.- También hoy la Iglesia necesita una gran reforma.

 El obispo de Roma: Francisco.

    Es evidente que la iglesia actual necesita una Reforma del peso y talante de la del siglo XVI.

El papa Francisco, jesuita, intenta como buenamente puede –y le dejan-  llevar adelante otra reforma con la cuestión de la sinodalidad.

Francisco podrá hacer mucho o poco. El tiempo, la historia y el bloque de cardenales, obispos, laicos y movimientos religiosos contrarios a Francisco dirán. (Es penoso el documento sobre la sinodalidad que ha sacado la Conferencia episcopal española).

Pero los gestos y símbolos de Francisco, su Magisterio  son más evangélicos: los pobres, vivir en Santa Marta y no en las estancias pontificias, la reducción de protocolos litúrgicos y políticos, “menos doctrinarismo” y mayor acercamiento a los pobres, su preocupación continua por los emigrantes, su viaje a Canadá para pedir perdón a los indios y por la pederastia, la cuestión de los homosexuales, la empatía con la laicidad del Estado, la firme voluntad de cambio, de renovación y saneamiento de la Curia, de la Iglesia. Por otra parte, no hay homilía o discurso en el que no haya una palabra del Dios de misericordia.

    Según me parece, Francisco podrá lograr poco, por lo que, quizás, habremos de quedarnos en el buen espíritu y tono vital-eclesial del papa Francisco. En mi opinión no se conseguirá mucho, pero no perdamos la memoria de que las cosas fueron y pueden ser de otro modo.

    Hoy en día, como en tiempos de San Ignacio es necesaria una Reforma en la contrarreforma que surgió después del Concilio Vaticano II, un saneamiento a fondo de tantas cuestiones eclesiásticas que no tiene nada que ver con el Evangelio de Jesús.

Como san Ignacio habremos de volver al principio y fundamento que no es el mundo eclesiástico, sino Dios.

¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios? (Romanos 8)

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Una semana diferente…

Martes, 12 de abril de 2022

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En este tiempo de Guerra en Ucrania, y de tantas guerras olvidadas en diversos países, aún de Coronavirus, en tiempos de LGTBIfobia asesina en muchas partes del mundo, como vemos casi a diario en esta página Cristianos Gays,  esta Semana será muy, muy diferente…

Para algunos será una semana de confinamiento, para alguno, quizá, de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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pintada

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Hay que salvar a Dios

En 1972, Maurice Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de Cuaresma. Místico, teólogo, Maurice Zundel es un verdadero profeta del siglo XX.  En palabras del abbé Pierre: “Con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto.

Os invitamos a seguir con Maurice Zundel, paso a paso, hasta Pascua …

Cristo en Auschwitz

Porque la Pasión de Jesucristo revela en el tiempo el amor eterno de Dios para con el hombre, Dios será eternamente crucificado mientras haya un único ser, una sola criatura que diga no. No hay parcialidad en Dios. Dios no es una madre que discierne entre sus hijos; cada criatura es el objeto de una ternura infinita y, mientras haya una sola que no sea recogida en las cosechas eternas, Dios será crucificado. Esto es el Infierno, el Infierno de Dios, el Infierno en la luz de la Cruz, el Infierno al cual condenamos a Dios y del cual absolutamente hay que librarlo. Es la única manera de escuchar la llamada de la Cruz. No se trata de un sacrificio ofrecido a Moloch por un inocente acosado y abandonado, se trata de esta inocencia del Dios revelado en Jesús. Se trata de la Pasión de un Dios que es madre, infinitamente más que todas las madres, y cuya justicia maternal contiene esta sustitución de la inocencia infinita a la culpabilidad ilimitada. Y si esto es verdad,  hay que revertir absolutamente todas las perspectivas: no es a nosotros, es a Dios a quien hay que salvar.  Hay que salvar a Dios de nosotros mismos, como es necesario salvar la música de nuestro ruido, la verdad de nuestros fanatismos y el amor de nuestra posesión. La Cruz finalmente es la cicatrización de todas las heridas que Dios noha cesado de sopotar en el curso de la Historia, ya que todos los males y las catástrofes que afectaron el Universo, la Vida y la humanidad, fueron otras tantas heridas en el Corazón de Dios.

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David Trullo+Ecce Homo

(David Trullo+Ecce Homo)

Señor Jesús, Tú que consentiste que te hirieran, gracias por venir para habitar mi gran herida. Dame la gracia de abandonarme en Ti en la confianza, Tú que conoces el peso de los días y la dureza del camino …

 *

Maurice Zundel
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Las campanas doblan por ti.

Viernes, 24 de septiembre de 2021

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¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?

¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?

¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?

¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

*

John Donne

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Dicho tantas veces

Jueves, 23 de septiembre de 2021

Del blog Nova Bella:

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Soy hombre,

y por lo tanto,

nada que sea humano

me resulta extraño.

*

Terencio

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Deseo

Viernes, 13 de agosto de 2021

Del blog Nova Bella:

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‘La soledad es parte del ser humano,

porque no existe nada que pueda llenar completamente

las necesidades del corazón humano”

*

Jean Vanier

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La psicología transpersonal (PT).

Viernes, 18 de junio de 2021

a_1sEl mundo psiquista es muy plural, afortunadamente. Hay cuatro fuerzas que destacan, fundamentalmente. La conductista, la psicoanalista, la humanista y ahora la transpersonal. Nos vienen a decir que el Ser Humano, que se puede medir y cuantificar a nivel científico, es mucho más que un número o algoritmo. El Ser Humano es, además, un valor de calidad y cualidad, no medible científicamente. El peligro es creerse que una corriente puede dar razón o explicación de todo el Ser Humano. Es como si un pétalo de la margarita, que no es ni toda la flor ni todo el jardín, se creyera que puede dar una razón o explicación de toda la flor o de todo el jardín o jardines. De este posicionamiento, que está muy extendido, se llama “reduccionismo”. Una pequeña parte cree explicar todo el conjunto. Esto tiene aplicación en muchos ámbitos actuales. Necesitamos emplear la capacidad crítica constructiva y transformadora en esta nueva globalización, que aún no tiene jurisdicción clara. De momento parece que la nueva estructura global está subordinada a la economía y la tecnología. Eso es asfixiante y letal para el desarrollo integral de todo Ser Humano.

Pues bien, el aparato psíquico humano, y hablo desde la visión freudiana, está basado en la dialéctica tensional entre el ello (el mundo del placer), el superego (el mundo cultural de normas y valores) y el ego (principio de realidad). Este intenta equilibrar teniendo en cuenta la fuerza de esta tensión, que es no únicamente normal sino necesaria para el proceso de maduración. Si se quiere profundizar en este punto puede ser útil esta metáfora: El ello es un caballo (ello) con una buena crinera (superego primario) que da pie a emerger un jinete (ego) que pueda domar la fuerza o energía salvaje o primaria del caballo pero dirigiéndose no por la crinera, que también es muy primaria, formada por las normas culturales que hemos aprendido al nacer en un lugar concreto, partiendo de la familia, sino que el jinete (el ego) pueda construir sus propias riendas(superego posterior) para guiar y conducir el caballo por donde el ego crea oportuno y de forma sana.

Ahora bien, el jinete debe autoescucharse. No es únicamente conducta y cognición, sino también afectos y emociones, pero en niveles diferentes. Uno es inconscientemente lejos de la conciencia del ego; o más cerca: el preconsciente o subconsciente que puede saber con una reflexión seria; y el consciente, que el ego ve y vive, es decir, que se da cuenta.

La PT ha tomado conciencia de que hay una dimensión incrustada en el ADN de todo Ser Humano que la podemos nombrar: la interioridad; otros lo llaman: espiritualidad. Antiguamente: religiosidad. Sea el nombre que sea, todo Ser Humano está envuelto por esta profundidad y debe ir tomando conciencia para disfrutar y vivir de una salud integral o total. De este aspecto habla la PT. No es necesario creer en “dioses ni en la otra vida “, sino vivirse uno mismo a fondo en esta vida. Como dice Agustín de Hipona (Argelia) (354-430): Cuánto más arriba llego, aún hay más altura; y cuanto más me adentro en mi interior, aún hay más profundidad. El ego o el jinete tiene que tomar conciencia. La PT, esta cuarta fuerza psiquista, incluye de forma clara y consciente, como he indicado, la interioridad o espiritualidad. Es un movimiento psiquista que se está extendiendo por doquier. A más de 20 países de Europa, también en Rusia, Estados Unidos, Israel y en nuestro país, en Cataluña.

El modelo vigente para la psicología clínica, que es bio.psiquic.social queda completado. Al inicio de todo están los campos magnéticos o energéticos, aquí la física cuántica es una gran aportación, que nos envuelven y la corporeidad queda dinamizada de tal forma que el ego se va expandiendo por niveles diferentes de conciencia, que todo el mundo pasa, desde el animista, mágico, mítico, racional, razonable, interior y de profundidad. No es cuestión de ideas o conceptos sino de experiencia. No es a base de creencias, que son muchas veces inhumanas, sino de vivencia propia que se convierte en altruista, de comprensión, de respeto a la dignidad de cualquier Ser Humano. Recuerdo la frase de André Malraux (1901-1972), un buen escritor francés: El siglo XXI será místico o no lo será.

La PT cultiva explícitamente esta dimensión de interioridad. Hemos de ser conscientes de que ciertas ideologías intentan sedarla, dormirla porque es peligrosa. Este nivel de conciencia es un despertar, un nuevo caminar para contemplar la vida de otra forma. Esto no encaja en un mundo consumista o capitalista donde todo tiene un precio, todo se mide. No hay calidad de vida interior: todo es materia. O el adoctrinamiento religioso en un “dios”, construido por hombres que lo imponen a todos, sino se cae en la herejía o en condena a muerte.

Las ideologías, sean del color que sean, son cuestionadas por la PT y lleva a ser consciente de ello. Como también a construir la propia personalidad cuando el ego o el jinete toma consciencia que no es propietario sino gestor de su vida. No es un micrófono sino un altavoz de su profundidad. Una vida relacional con red. De ahí la importancia de conocer LA SABIDURÍA de todas las culturas. Todo puede convertirse en camino dice Nisargadatta (1897-1981). Y como libro, indico el de Michael Whasburn: El ego y el fundamento dinámico. Una teoría transpersonal del desarrollo humano (1995).

Jaume PATUEL PUIG (1935)

Pedapsicogogo.

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Jaume Patuel Puig: La interioridad del ser humano.

Sábado, 24 de abril de 2021

silencio-es-sinonimo-500x334Interior del ser humano. Si seguimos los tres términos. Primero: ser. Nos dicen los diccionarios tiene más de 14 significaciones. Parto de lo que existe y es fruto de evolución inorgánica como orgánica en el microcosmos y macrocosmos. El segundo: humano. Tiene pocas. Considero que a un ser vivo lo caracteriza el habla. El tercero: interior. Tiene más de doce significaciones. Parto de lo más adentro e íntimo o lo que se siente en profundidad.

Así pues, este “ser humano que es hablando” se da cuenta, gracias a la palabra, que tiene un doble acceso a la realidad. Además tiene la capacidad de silenciar uno para contemplar el otro y este lo lleva en su interior silencioso, a lo más íntimo del más íntimo. Sólo se realizará y madurará integralmente si tiene en cuenta estas dos dimensiones. Lo que acabo de decir en palabras, creo que con una metáfora puedo hacerlo más comprensivo. Imaginemos en una rama de un árbol que hay dos pájaros. Uno picotea  para comer y juega; el otro contempla la belleza de la naturaleza. En este cuadro lo vemos por partes, pero es un todo. Es decir, que ambos son necesarios, imprescindibles para la totalidad. Así es el ser humano, gracias a la palabra. La capacidad de hablar es un dato biológico; es dada, pertenece a la naturaleza. Y el contexto produce el idioma o lengua, este es cultural, producto del ser humano. Esta realidad de todo ser humano en ser consciente, según las etapas de la vida, le ayuda a ver que no todo es comer, dormir, trabajar, divertirse, hacer el amor y otros asuntos humanos, sino que hay también contemplar el exterior y el interior silenciosamente, sin preocupaciones y prisas. Y por esta indagación profunda del ser humano vivo constata que tiene una intimidad u hondura. Y se encuentra en ella, lo envuelve, lo abraza. Es un silencio hablando: Una cualidad que le hace vivir la Totalidad.

Podemos ver que la interioridad del ser humano es una dimensión de la existencia que hay que cultivar para desarrollar el proceso de crecimiento en camino de un ser humano maduro, completo, integral. Pero encanta y atrae más el pájaro que picotea,  come y juega, que es necesario, pero a la vez, está el otro, el  que contempla silenciosamente, aunque tan necesario como el otro. O también son las dos alas imprescindibles  para que el pájaro pueda volar.

Ahora bien, al escribir estas líneas soy muy consciente de que la dinámica enloquecida de la sociedad occidental, que es la nuestra, sólo tiene la preocupación de que el pájaro que pica y come pueda encontrar siempre de todo y más, si bien no es necesario. Le pone a su entorno tanto ruido: publicidad, miedos por la pandemia, informaciones tóxicas, limitaciones de movimiento mental y físico, como otros aspectos, que no quiere que se dé cuenta que tiene otra dimensión tan necesaria, además aparentemente inútil (por tanto, no rentable económicamente) a la que le tiene miedo. Ya que nace una visión diferente de la realidad que no favorece el consumismo ni la obediencia pasiva y es camino de autonomía.

Intentamos dar un paso más. No en vano, un libro matriz de la cultura occidental, la Biblia, dispone que el séptimo día sea para reposar. En ese momento, no había vacaciones ni de invierno o Navidad ni primavera o Semana Santa ni verano o de agosto. El ser humano, que tiene la palabra para hacer silencio, precisa  “reposo y calma”. Encontrarse consigo mismo. Tomar otro nivel de conciencia: Ser consciente de que es más profundo, de más interioridad o intimidad como el pájaro que contempla lo que es gratuidad, pero tan necesario como el pájaro que busca la comida.

Si el pájaro que consume sabe escaparse con sus circunloquios, hay, desgraciadamente, un fuerte autoengaño, además convencido de que es la totalidad o maduro; el otro que contempla se da cuenta de que sólo con el silencio, esté donde esté (montaña arriba, o caminar por las calles de las grandes ciudades), es el camino. Y me atrevo a indicar que la pandemia o sindèmia ha facilitado para muchos seres humanos el descubrir este pájaro contemplativo. Es cierto que el solo camino para vivirlo es el silencio. Una humanista de Barcelona (Catalunya), Teresa Guardans (1956), profesora e indagadora en el Centro de Estudios de Tradiciones de Sabiduría en Barcelona, nos da una herramienta. Acaba de publicar: SILENCIO (Ed. San Pablo, 2021). Un librito válido y  valiente para hacer Silencio en plena ciudad. Un auténtico desafío que vale la pena emprender.

La interioridad del ser humano es esta realidad tan imprescindible que lleva a evitar muchas molestias y disfunciones psíquicas o ciertos malestares emocionales. Un aspecto del C.19 ha hecho emerger a la población, según estadísticas oficiales, un 45% de cuadros de ansiedad como de depresiones. Malestar físico, ciertamente sí, pero ocasionado por un mundo emocional alterado y falta de interioridad, ciertamente también.

El artículo se publica cuando nos encontramos en Semana Santa. ¿Qué significa este bullicio y ruido cultural? El nuevo paradigma global nos afirma que la interioridad es una dimensión intrínseca de todo ser humano. Gratuita, sí y afortunadamente, pero necesaria a la vez. Es dada si se busca: Son los buscadores de la profundidad. ¿Lo eres?

Jaume Patuel Puig (1935)

Pedapsicogogo.

Fuente Fe Adulta

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El universo y nosotros

Lunes, 19 de abril de 2021

Del blog Pays de Zabulon:

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Nuestros cuerpos son parte del cosmos. . .

. . . Estamos hechos de su materia – su agua, su carbono, sus electrones, protones y neutrones. Tenemos masa y experimentamos inercia. La electricidad dentro de nuestras fibras nerviosas, por ejemplo, es parte de la electricidad del cosmos. Los átomos de nuestro cuerpo, como los de las sustancias que estudian los químicos, se mantienen unidos por enlaces. El núcleo de cada uno de nuestros átomos, y también de los que se encuentran en materiales distintos de nosotros, se mantiene unido por misteriosas fuerzas nucleares. El aliento de nuestra vida depende de la atmósfera que nos proporcione átomos de oxígeno. Sin embargo, no somos dueños de nuestros átomos. Los tomamos prestados para usarlos a lo largo de nuestras vidas y los entregamos al morir.

Our Bodies Are Part of the Cosmos . . .

. . . We are made of its matter – its water, its carbon, its electrons, protons, and neutrons. We have mass and we experience inertia. The electricity within our nerve fibers, for example, is part of the electricity of the cosmos. The atoms in our bodies, like those in the substances that chemists study, are held together by bondings. The core of each of our atoms, and also of those in materials apart from ourselves, is held together by mysterious nuclear forces. The breath of our life depends on the atmosphere that provide us with oxygen atoms. Yet we do not own our atoms. We borrow them to use throughout our lives and surrender them at death.

– Henry A. Garon, The Cosmic Mystique, Orbis Books, 2006, p. 29
citado por The Wild Reed

Pero entonces, ¿nuestra alma, nuestras energías, nuestro ser también?

La Biblia nos dice que Dios sondea los riñones y los corazones. Sin embargo, no son los órganos corporales los que se designan (aunque Dios puede  preocuparse por nuestra salud física) sino más bien lo que los habita: las energías vitales y las intenciones, en el sentido de dirección de la vida. Los riñones son concebidos como la sede de la energía vital, y especialmente de la potencia sexual, pero no sólo. El corazón es concebido como el centro del ser, donde residen a la vez, tanto las emociones como la voluntad. El Antiguo Testamento no distingue entre corazón y cabeza como lo hacemos hoy. Para él, todo es uno, es lo mismo.

Cuando Jesús es resucitado, ¿qué es resucitado?
¿Qué es lo que está vivo?

Y yo, cuando resucite,
¿Qué es lo que resucitará

¿Tomo prestado del universo y lo devuelvo?
¿Es que cruzo el universo
y recupero mi integridad
después de estar un tiempo encerrado
en la materia?

Donde esta la vida

¿Qué es la vida?

No lo sabemos.
No completamente.

Y el acontecimiento de Pascua
viene a alimentar positivamente
todas estas preguntas.

Los amigos de Jesús dicen que lo han visto resucitado,
aunque les cuesta reconocerlo.

Hay, sin embargo, este impulso,
esta fuerza  de vida.
Que los despierta, que los confirma, que los arrastra.

Experiencia pascual.
Paso de Pascua.

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Una semana diferente…

Lunes, 29 de marzo de 2021

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En este tiempo de Coronavirus, en tiempos de LGTBIfobia asesina en muchas partes del mundo, como vemos casi a diario en esta página Cristianos Gays,  esta Semana será muy, muy diferente…

Para algunos será una semana de confinamiento, para alguno, quizá, de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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Hay que salvar a Dios

En 1972, Maurice Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de Cuaresma. Místico, teólogo, Maurice Zundel es un verdadero profeta del siglo XX.  En palabras del abbé Pierre: “Con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto.

Os invitamos a seguir con Maurice Zundel, paso a paso, hasta Pascua …

Cristo en Auschwitz

Porque la Pasión de Jesucristo revela en el tiempo el amor eterno de Dios para con el hombre, Dios será eternamente crucificado mientras haya un único ser, una sola criatura que diga no. No hay parcialidad en Dios. Dios no es una madre que discierne entre sus hijos; cada criatura es el objeto de una ternura infinita y, mientras haya una sola que no sea recogida en las cosechas eternas, Dios será crucificado. Esto es el Infierno, el Infierno de Dios, el Infierno en la luz de la Cruz, el Infierno al cual condenamos a Dios y del cual absolutamente hay que librarlo. Es la única manera de escuchar la llamada de la Cruz. No se trata de un sacrificio ofrecido a Moloch por un inocente acosado y abandonado, se trata de esta inocencia del Dios revelado en Jesús. Se trata de la Pasión de un Dios que es madre, infinitamente más que todas las madres, y cuya justicia maternal contiene esta sustitución de la inocencia infinita a la culpabilidad ilimitada. Y si esto es verdad,  hay que revertir absolutamente todas las perspectivas: no es a nosotros, es a Dios a quien hay que salvar.  Hay que salvar a Dios de nosotros mismos, como es necesario salvar la música de nuestro ruido, la verdad de nuestros fanatismos y el amor de nuestra posesión. La Cruz finalmente es la cicatrización de todas las heridas que Dios noha cesado de sopotar en el curso de la Historia, ya que todos los males y las catástrofes que afectaron el Universo, la Vida y la humanidad, fueron otras tantas heridas en el Corazón de Dios.

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David Trullo+Ecce Homo(David Trullo+Ecce Homo)

Señor Jesús, Tú que consentiste que te hirieran, gracias por venir para habitar mi gran herida. Dame la gracia de abandonarme en Ti en la confianza, Tú que conoces el peso de los días y la dureza del camino …

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Maurice Zundel
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El tesoro escondido

Domingo, 26 de julio de 2020

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Se puede definir al hombre como el que busca la verdad”

Juan Pablo II

La vida que Dios da al hombre es original y diferente de la de los demás criaturas vivientes, o que el hombre aunque proveniente del polvo de la tierra (cf Gn 2,7; 3,19; Job 34,15; Sol 103,14; 104,29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencio, resplandor de su gloria (cf Gn 1,26-27; Sol 8,6). Al hombre se le ha dado un altísima dignidad, que tiene sus raíces en el vínculo íntimo que lo une o su Creador: en el hombre se refleja la realidad misma de Dios.

En la vida del hombre, la imagen de Dios vuelve o resplandecer y se manifiesta en toda su plenitud con lo venida del Hijo de Dios en carne humana: “El es Imagen de Dios invisible” (Col 1 ,15), “resplandor de su gloria e impronta de su sustancia” (Heb 1,3). El es la imagen perfecta del Padre… La plenitud de la vida se da a cuantos aceptan seguir a Cristo. En ellos, la imagen divina es restaurada, renovada y llevada a perfección. Este es el designio de Dios sobre los seres humanos; que “reproduzcan la imagen de su Hijo” (Rom 8,29). Solo así con el esplendor de esta imagen, el hombre puede ser liberado de lo esclavitud de lo idolatría, puede reconstruir lo fraternidad rota y reencontrar su propio identidad

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Juan Pablo II,
carta encíclica Evangelium vitae, nn. 34.36.

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En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?

Ellos le contestaron:

– “Sí.”

Él les dijo:

“Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.”

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Mateo 13,44-52

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Y Dios tomó al hombre…

Lunes, 20 de julio de 2020

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“El Señor Dios tomó al hombre

y lo colocó en el jardín del Edén,

para que lo guardara

y lo cultivara”.

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Génesis 2, 15

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Es Cristo en él

Lunes, 9 de marzo de 2020

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Sí, ví además que nuestro Señor se alegra de la tribulación de los suyos con piedad y compasión; y a toda persona que quiere llevar con amor a su felicidad le envía algo que, a sus ojos, no constituye un defecto, pero a causa del cual esas personas son humilladas y despreciadas en este mundo, ultrajadas, sometidas a burlas, puestas aparte. Y hace esto para impedir el daño que les produciría el fasto, el orgullo y la vanagloria de esta mísera vida, y hacer más expedito el camino que les llevará al cielo, a la alegría infinita y eterna. Por eso dice: «Yo os arrancaré por completo de vuestros afectos vanos y de vuestro orgullo malvado, y os reuniré después y os haré humildes y apacibles, puros y santos, uniéndoos a mí».

Y entonces vi que toda compasión natural que tiene el hombre por sus hermanos cristianos, unida a la caridad, es Cristo en él. Por otra parte, todo tipo de anonadamiento mostrado por Jesús en su pasión revela dos aspectos de la intención de nuestro Señor: uno es la felicidad a la que seremos llevados y en la que quiere que nos alegremos; el otro es el consuelo en nuestro dolor, porque quiere que sepamos que todo se transformará en gloria y ganancia para nosotros en virtud de su pasión, y que sepamos también que nosotros no sufrimos solos, sino con él, y que lo veamos como nuestro apoyo. Y desea que veamos que todos sus sufrimientos y tribulaciones superan con mucho todo cuanto nosotros podamos sufrir, hasta tal punto que no podemos tener una comprensión cabal del mismo. Y si consideramos bien esta voluntad suya nos salvaremos de lamentarnos y de la desesperación cuando experimentemos dolor; y si pensamos correctamente que nuestro pecado nos merece las penas, su amor nos excusa aún. Y por su gran cortesía elimina todo reproche y nos mira con compasión y piedad, como niños inocentes y sin culpa.

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Juliana de Norwich,
Libro de Visiones y Revelaciones,
Ed.Trotta. Madrid 2002, p. 168.

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Explorando el corazón humano

Lunes, 17 de febrero de 2020

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Hermano, quizás en mi soledad me he convertido por decirlo así, en un explorador para tí, en un buscador de ámbitos que tú no eres capaz de visitar… He sido llamado a explorar un área desierta del corazón humano donde las explicaciones ya no son suficientes, y donde uno aprende que lo único que cuenta es la experiencia. Una región árida, rocosa y oscura del alma, a veces iluminada por extraños fuegos que los hombres temen, y poblada por espectros que los hombres evitan cuidadosamente, excepto en las pesadillas. Y en esta área he aprendido que uno no puede conocer verdaderamente la esperanza si no ha descubierto cuánto se parece a la desesperanza.

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Thomas Merton
El libro de las horas

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Un cuento bonito.

Sábado, 18 de enero de 2020

Dimensões+humanasEl Ser Humano, esa majestuosa obra de Dios, con una vida completa por vivir, en medio de una hermosa creación, rodeado del verdor de la naturaleza, del canto de los pájaros, del colorido de las aves, de la frescura de las aguas de manantiales y páramos, pisando unas veces oro, petróleo, esmeraldas, flores o fina hierba; quien piensa, siente, se mueve, ama, se detiene o avanza; un ser muy misterioso en ocasiones, asombrado en otras; muy inteligente y libre; triste o alegre, negro, blanco, indígena, mestizo, peli negro, mono, peli rojo; lleno de sueños por vivir, y espacios por conquistar.

Ese maravilloso ser humano, quizás seas tú y/o esté también a tu lado, o esté confundido tras la mole de cemento, mirando el horizonte sintiéndose sin futuro, o perdido en decisiones incorrectas, tomadas pensando que estaba entre personas correctas, que nunca pensaron de forma correcta, pero fingieron estar pensando lo que parecía correcto; o es aquel que siente todo injusto porque no tiene de sobra o lo que tiene otro lo quiera también; o es el que estudio, acumuló títulos pero no se educó; o el que nació en muy buena posición, pero ahora toco fondo; o quizás sea un mariachi que te canta debajo de tu ventana; o un mesero que se esmera por caer bien para que lo veas y le asignes propina; o un profesor que se hizo a un grupo de alumnos que no quiere, pero le gusta estar aunque no esté a gusto; o es el docente entregado y afectuoso con sus alumnos; o tal vez no sé, cualquier ser  humano jugando un rol o muchos que la vida le asigna como son: padre, esposo, hijo, amante, hermano, sacerdote, vigilante, zapatero, madre, cantante, activista, presidenta, gerente o jardinero; o político, dictador o estadista… ¿qué sabemos del corazón detrás del personaje?, pero las personas son más que el personaje y el ser humano que creo Dios es más que cualquier ser, es perfecto, es su imagen, contiene el amor de Dios en toda su expresión, pero ha querido siempre milagros, maná, pescado, mermelada y dulces; todo lo quiere, sin esfuerzo, quiere que le digan si, que le pongan alfombra roja, que se inclinen para celebrar su impetuoso ego que lo hace quedar mal, cada que se le sale la vanidad; que levita a cambio de caminar; que se ufana de estar entre los más “ricos” de la revista “X”, frente a la precariedad de tantos infantes sin porvenir, y tantas personas, sin recursos, sin agua, tapadas de basura.

¿Por qué el corazón de ese maravilloso ser humano, se corrompió, si todo era bueno, Dios creo el mundo y vio que todo era bueno?, el paraíso esta, los protagonistas están, la riqueza existe, la vida sigue su curso, extraigamos el talento que tenemos, esforcémonos por trabajar por la unidad, la sanación y salvación del mundo; este es el cuento bonito, hay que sentir compasión, ser responsable y hacer las cosas bien, mejor, para mejorar en sociedad, en humanidad; si es cuento bonito, todo está pero no estamos nosotros, estamos evadidos, distraídos, ensombrecidos, muy lentos en apoyar las causas justas y buenas, en decirle no a la deshonestidad, a la injusticia, a la hipocresía, a los gobernantes mediocres. Dios nos hizo libres, dignos, fuertes, sanos, y hemos dejado que la raza humana se humille, sin tener porque hacerlo…y es el mismo ser humano algunas veces quien le pone la lápida y lleva al fondo a otro ser humano, recordemos…”Jesús, alzando la vista, dijo: -Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste. Dicho esto, grito con todas su fuerzas: ¡Lázaro, sal fuera!.. Quítenle las vendas y dejan que se vaya –les dijo Jesús”. (Juan, 11, 41-44b).

Querido Ser Humano… haz tu mejor esfuerzo ahora, ayuda, avanza. Gracias.

Yolanda Salamanca Pinilla

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad

“La maravillosa paradoja del despertar”, por Jeff Foster.

Martes, 19 de noviembre de 2019

despertarEres un ser humano profundamente conectado a todos y a todo en formas inimaginables, dependes del universo entero y de todos aquellos que te rodean – de la ropa que vistes, de los alimentos que comes, de las palabras que utilizas, de las historias que escuchas, lees y observas, del aire que respiras, de este mensaje que estás leyendo ahora. Como ser humano estás lastimado y eres perfectamente imperfecto, estás aprendiendo cómo amar nuevamente después de haberlo olvidado a través de tantos años de condicionamiento y estás aprendiendo cómo sentir, cómo conectarte, cómo hablar honesta y libremente y cómo escuchar con compasión y sin prejuicios. Este es un camino de sanación y realización que va profundizándose cada vez más y que no tiene fin. Algunas enseñanzas enfatizan este punto de vista “relativo”.

Exactamente al mismo tiempo, eres la consciencia misma, anterior a todos los conceptos, eres siempre presente, ya completo, nunca dependes de nada ni de nadie. No existe ninguna duda respecto de tu despertar o tu iluminación a través del tiempo ya que siempre has sido Eso, mucho antes del surgimiento del tiempo. Tú estás aquí antes que cualquier pregunta y respuesta. No hay sanación debido a que no hay nadie a quién sanar, y tampoco hay ningún futuro externo al Ahora. Para la consciencia, no hay sufrimiento. Para la consciencia, no hay lucha. Algunas enseñanzas espirituales enfatizan este punto de vista “absoluto”, o incluso aseguran que este es el único punto de vista.

Pero aquí está el problema:

Negar lo relativo, aferrarse a lo absoluto, evitar o alejarte de la vía humana hará que te mantengas permanentemente lastimado y atrapado en el sufrimiento, rechazando tus heridas o incapaz de reconocerlas, incluso si crees que estás completamente despierto y libre de historias y personalidad.

Negar lo absoluto, aferrarte a lo relativo, olvidar aquello que realmente eres, hará que seas por siempre un buscador, que te mantengas siempre atrás de algo y atrapado en las historias, incluso si crees que estás completamente sanado a un nivel humano, según tu concepto.

He conocido a mucha gente a través de los años, algunos de ellos maestros espirituales que afirman estar completamente despiertos, perfectamente libres, que dicen cosas como “no hay nadie aquí” y “no soy una persona” y “no hay ningún yo” y sin embargo, claramente, a nivel relativo humano, siguen sintiéndose sumamente lastimados, luchando con un dolor oculto e inconsciente, reflejando sus heridas no resueltas en otros – en sus familias, amigos, incluso en sus estudiantes – lastimando a otros y justificándose con una ingeniosa “lógica no dual” (por ejemplo, “no hay elección”, “todo es proyección tuya”, etc., etc.). Una iluminación sin compasión es como un océano sin sus miríadas de olas, como una madre cósmica despojada de sus amados hijos. He hablado mucho acerca de cómo yo caí alguna vez dentro de ese árido desierto espiritual. Un sitio nada agradable. Sin embargo, también es parte del viaje.

También he conocido a mucha gente a través de los años que se consideran seres humanos completamente evolucionados, íntegros, exitosos, felices, incluso humanos perfectos, y muy en el fondo, siguen sintiéndose separados de la vida de alguna manera, se sienten vacíos por dentro, todavía sienten un anhelo por algo que no han logrado alcanzar pero que tampoco pueden definir. Cuando nuestra humanidad pierde el piso, nos quedamos atrapados en el drama humano sin fundamento y empezamos a sentirnos sumamente vacíos independientemente de lo que logremos crecer y evolucionar. Por mucho que nos esforcemos y nos dediquemos a buscar, nunca somos capaces de llegar allí. También he conocido bastante bien esta parte del viaje.

¿Cuándo asimilaremos esta divina paradoja? ¿Cuándo dejaremos de dividir lo “absoluto” de lo “relativo” y cuándo llegaremos a comprender que tanto nuestra humanidad como nuestro despertar, nuestra naturaleza de Buda y nuestra experiencia humana, nuestra espiritualidad y nuestras vidas tal y como las vivimos, el camino de la sanación y el no-camino del despertar al momento presente nunca estuvieron divididos desde un principio?

En constante sanación, desde el punto de vista humano; y siempre ya sanado, como la consciencia misma. Ambos en perfecta intimidad.

Jeff Foster

Boletín semanal de Enrique Martínez Lozano

Fuente:  http://www.facebook.com/jeff-foster-en-español/

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“Hacia una nueva civilización II”, Stefano Cartabia.

Martes, 30 de julio de 2019

e13c86abe3d367fa9b1f3d85ce7a7c81Implicaciones
Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 12/07/19.- Nuestra colaboración y nuestra responsabilidad para con la nueva civilización tiene un eje insustituible: uno mismo. El camino empieza por uno mismo. La sabiduría perenne siempre lo supo y plasmó el conocido aforismo común a todas las tradiciones: “si yo cambio, el mundo cambia”.

Puesta esta piedra esencial podemos echar una mirada a unos aspectos donde podemos ver la nueva civilización emergiendo y donde podemos colaborar con nuestra responsabilidad y lucidez.

LA NUEVA CIVILIZACIÓN Y SUS IMPLICACIONES

1. Religiones

La nueva civilización está afectando sensiblemente a lo religioso. En general las religiones mundiales están pasando por situaciones de crisis, especialmente aquellas que tiene una fuerte organización institucional, como por ejemplo la iglesia católica adentro del cristianismo.

La crisis de las religiones y lo religioso es un signo evidente de la nueva civilización que está emergiendo. Justamente porque lo religioso toca una de las esferas más profundas y sensibles del ser humano desde la antigüedad: la relación con la preguntas últimas (definitivas). Preguntas últimas que podemos resumir así: ¿de dónde vengo? ¿Adonde voy? ¿Hay un Ser trascendente? ¿Qué sentido tienen el mal, el dolor y la muerte? ¿Se puede ser feliz en nuestra existencia humana?

Estas son las preguntas religiosas, más allá de la creencias, más allá de los supuestos ateísmos.

La “crisis” de las religiones y lo religioso es un aspecto de la Gran Muerte. Hay que cruzar la Gran Muerte con apertura y radicalidad.

La Gran Muerte en lo religioso se manifiesta esencialmente en el quiebre de la convicción de poseer la verdad. Por muchos siglos cada religión o tradición religiosa estaba convencida de “ser la mejor”, la “auténtica”, la sola poseedora de la verdad.

La nueva civilización está quebrando esta convicción mental y egoica.

Vamos hacia una transformación esencial del fenómeno religioso. Posiblemente las religiones subirán una transformación radical – tal vez algunas desaparecerán – y nos encontraremos en la espiritualidad. La espiritualidad pertenece a la esencia de nuestro ser y del Universo, en cambio el fenómeno religioso está vinculado a la historia y las culturas y por eso mismo está sujeto al cambio, le renovación, la transformación.

En la genuina espiritualidad nos estamos ya encontrando: cristianos, budistas, hinduistas, musulmanes, judíos, ateos. Nos estamos encontrando a partir de la experiencia del Ser, de la Vida, del Amor. Experiencia del Ser que se tiñe maravillosamente de las diferencias, las respeta, las valora, las custodia.

¿Cómo colaborar responsablemente a la nueva civilización en este aspecto?

Cuestionando nuestras posturas mentales, nuestros juicios, nuestra cerrazón.

Cayendo en la cuenta que nuestra pretensión de “tener la verdad” es puramente mental y en el fondo anti-evangélica. Además en lo concreto es un obstáculo en la vivencia existencial del Amor, núcleo – dicho sea de paso – del mensaje evangélico.

Abriendo la mente a otras posibilidades. Escuchando radicalmente el otro desde el silencio mental. Ejercitando la mente al silencio y poniéndonos a servicio de la primacía del Espíritu.

Es el camino del silencio, la interioridad, la profundidad que marca lo genuino de todas las religiones desde los orígenes de la humanidad.

2. Política

La crisis política es mundial. En la actualidad, tal vez como nunca antes, la humanidad sufre una carencia de lideres políticos. Me atrevo a decir –por lo que conozco– que en el mundo occidental casi no hay un líder político digno de ese nombre.

Son pocos los gobiernos que se escapan de los escándalos debidos a la corrupción, a los abusos de poder, a medidas anti-democráticas o hasta anti-humanas.

Esta crisis política es –otra vez– la dimensión de la Gran Muerte.

El camino democrático que rige en gran parte de la humanidad está llegando a su implosión. La nueva civilización vislumbra otra democracia, más autentica, más humana. Tal vez la democracia no es el último estadio en la evolución política de la humanidad. Hay algo más, hay algo mejor.

La nueva civilización está sugiriendo, desde muchos lugares del planeta, otra manera de vivir la democracia.

Surgen experiencia, propuestas, intentos de una democracia nueva.

¿Cómo colaborar?

Reconociendo y desarticulando a nivel personal lo que la Gran Muerte está haciendo a nivel de macro-política: nuestra tendencia al poder, a la fama, al dinero, a la comodidad, a la apariencia, al prestigio.

La clase política surge de la base y desde la base y es reflejo de una sociedad.

Reconociendo en nosotros lo que juzgamos y vemos “afuera” es el primer paso para colaborar con una nueva forma de hacer política.

Mientras hacemos esto – trabajo nunca acabado – podemos crear esta conciencia en nuestros círculos vitales. En lugar de rechazar lo político podemos aportar conciencia y lucidez. Podemos dialogar, crear comunidades, espacios para reflexionar juntos y crecer en lucidez en lugar de la crítica estéril.

Escuchando al otro con radicalidad y sin prejuicios. El otro es siempre mucho más que sus opiniones, ideologías, posturas.

Solo desde una real escucha y aprecio podrá surgir una nueva política; una política que se fundamente en el Ser y no en el pensar.

3. Economía

Otra dimensión donde está actuando la nueva civilización es la economía. Las continuas crisis económicas y financieras que de vez en cuando sacuden también Wall Street y los bancos es la Gran Muerte que tiene que atravesar –y está atravesando– la economía mundial. El sistema económico mundial está también a punto de colapsar. Sigue la absurda e inhumana brecha entre la extrema riqueza y la extrema pobreza. Sigue una economía virtual y muy poco real: el mundo del fútbol es un perfecto ejemplo. Así como el mundo del espectáculo, la televisión y las redes sociales.

Desde muchas partes la nueva civilización está sugiriendo una manera más humana de vivir la economía.

Surgen, cada vez más, experiencias y propuestas que apuntan a la sobriedad, al compartir, a la solidaridad.

¿Cómo colaborar?

Saliendo de la tentación del tener. Saliendo de la ilusoria creencia que la felicidad viene del poder, del tener, del aparentar.

Siempre más nos estamos dando cuenta de eso, aunque los medios y las redes sociales a menudo empujan en la otra dirección y nuestra falta de lucidez nos hace caer e ilusionar.

También es esencial dejar a un lado todos estos medios y redes para centrarnos en nosotros mismos: la plenitud la descubrimos adentro. Hasta que no vamos hacia adentro la seguiremos buscando afuera y caeremos en la ilusión y en una economía muy poco humana y humanizante.

Podemos colaborar con la nueva civilización creando espacios sanos de interioridad y profundidad… para nosotros mismos y para los demás.

Creando espacios y momentos de una sano y sobrio compartir.

Volver a la sobriedad y saborearla es un medio muy eficaz para darnos cuenta de la plenitud que ya somos y tenemos.

Muy útil es también desprendernos de vez en cuando de todo lo que no usamos y no nos es necesario: ropa, objetos, proyectos, etcétera…

Nos daremos cuenta que después de un primer momento de “dolor” se abrirá un espacio enorme de libertad y plenitud.

Porque al desprendernos y al dar, caemos en la cuenta que somos el mismo amor que estamos dando y viviendo.

4. Sexualidad

Todo lo relacionado a la sexualidad tiene una gran importancia y fuerza en el ser humano. La energía sexual es tal vez la más potente en el ser humano, es la energía que concentra las demás dimensiones. Por eso es la energía también más bella, la que engendra vida.

La crisis de lo sexual es evidente: es también esta la Gran Muerte.

La liberación sexual que estamos viviendo nos aportó muchos aspectos nuevos e importante, abrió las puertas a una comprensión más integral de la sexualidad humana. Pero estamos viendo que no es suficiente. Lo sexual sigue generando sufrimiento, sentimientos de culpas, situaciones inhumanas.

¿Por qué? 

Porque se está viviendo como una dimensión aislada de nuestro ser. La liberación sexual se centró en una supuesta libertad y se enfocó en el placer y el puro individualismo.

El placer por el placer – lo sabemos bien – no nos lleva a la experiencia de plenitud.

Buscar en el simple placer la plenitud es como buscar el océano en un vaso de agua.

Somos mucho más que el simple placer sexual. Somos mucho más que nuestra genitalidad.

La nueva civilización intenta integrar lo sexual a toda la persona humana y a todo el ser. Aprender a vivir una sexualidad integrada a nuestra dimensión psíquica y espiritual es fuente de crecimiento y de auténtica plenitud.

¿Cómo colaborar con esta dimensión?

También en este aspecto el primer paso es siempre el crecimiento personal en conciencia: ¿cómo vivo la dimensión sexual en mi existencia?

Reconocer y asumir los que nos duele, las heridas, los sentimientos, las dificultades y los fracasos, es esencial.

En segundo lugar podemos dar paso para vivir una sexualidad cada vez más integrada, antes que nada con nosotros mismos y después con nuestro entorno.

La sexual es una energía que nos conecta y relaciona con todo y con todos. Siempre nos relacionamos a partir de nuestra dimensión sexual y sexuada, con las personas, las cosas, la naturaleza.

El camino de integración abarca también la vivencia de la sexualidad en una existencia y vocación concreta. Vivimos la sexualidad a partir de un estilo de vida.

Todo esto significa que también hay que ordenar la sexualidad: el desorden sin duda no lleva a la integración y a la experiencia de plenitud. La sexualidad, como toda energía, requiere y busca un orden. La energía desordenada es destructiva.

A nivel más familiar y social es fundamental la educación. Tal vez es este uno de los campos donde el camino educativo resulta de fundamental importancia.

Educar en su amplio sentido de acompañar, escuchar, orientar, dialogar, perdonar, recomenzar. Educar la sexualidad es un camino largo y nunca acabado.

5. Ecología

La nueva civilización se está expresando y revelando con un tinte especial en la ecología. La triste y conocida crisis ecológica es la Gran Muerte por la cual se resucitará a una conciencia ecológica integral y humana.

La dimensión ecológica tiene estricta vinculación a las dimensiones políticas y económicas que ya hemos tratado y no creceremos como humanidad sin integrar estas tres dimensiones.

La tierra está herida: hoy hay más conciencia que nunca. El ser humano es parte de la tierra, del agua, del fuego, del aire: hoy hay más conciencia que nunca.

Está emergiendo, desde la nueva civilización, una nueva y exquisita conciencia ecológica. Lenta pero segura, va surgiendo. Lenta porque tiene que lidiar con el ego colectivo obsesionado por el éxito y el poder que hemos visto en el nivel político y económico. Segura porque la tierra está despertando y nos está despertando. También en este nivel no hay marcha atrás.

La nueva civilización supone el despertar de la tierra y su evolución en conciencia.

Nos estamos dando cuenta – los pueblos originarios lo saben desde siempre – que la tierra y lo que vive en ella es un ser consciente. Todo evoluciona hacia niveles de conciencia cada vez mayores. En ámbito cristiano es la intuición que expresó muy claramente Teilhard de Chardin en el siglo pasado. Nada está “muerto”: simplemente vive en otro nivel de conciencia.

¿Cómo colaborar?

Volviendo a un contacto sereno y real con la tierra. Volviendo a la creación y sus multiformes y hermosas manifestaciones.

La comunión serena y prolongada con la naturaleza nos puede regalar un crecimiento importante en conciencia.

Salir de nuestras ciudades y entornos contaminados de ruido y escuchar los arboles, el viento, las flores, los pájaros.

Renunciar con coraje a la televisión y darse un tiempo de calidad para “sentir la tierra”.

La tierra nos está llamando, nos está amando.

¿Escucharemos su voz? ¿Nos dejaremos amar?

Conclusión

La nueva civilización es meta y camino, es camino y meta.

Ya está, porque late en el corazón del mundo. Ya está, porque es lo que, realmente y auténticamente, somos.

Descubrir que el camino es la meta es el comienzo de la verdadera paz y del disfrute. Caminar en la meta es éxtasis.

Como dice el sabio hindú Nisargadatta:

Una vez que te des cuenta que el camino es la meta y que siempre estás en el camino, no para alcanzar una meta, sino para gozar de su belleza y sabiduría, la vida deja de ser una tarea y se torna natural y simple, se convierte en éxtasis…”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* “HACIA UNA NUEVA CIVILIZACIÓN I” en ECLESALIA, 08/07/19

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“Hacia una nueva civilización I”, por Stefano Cartabia, Oblato.

Lunes, 29 de julio de 2019

e13c86abe3d367fa9b1f3d85ce7a7c81Características
Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 08/07/19.- ¿Adónde va el mundo? ¿Adónde va nuestro mundo? Este mundo que es mío, tuyo y de todos a la vez. Preguntarse adónde va el mundo es preguntarse adónde estoy yendo yo y adónde estás yendo tú.

El cambio de época revolucionó nuestro mundo y nuestra cosmovisión: estamos aprendiendo a mirar el mundo con otros ojos y comprendemos el mundo y la vida desde otro nivel de conciencia. El cambio de época afectó y está afectando a los cimientos de las culturas, los pueblos, las sociedades, las religiones.

Está cambiando radicalmente la manera de comprender la vida y con ella la auto-comprensión del ser humano: ¿Quién soy yo? ¿Qué es la vida? ¿Qué sentido tiene vivir? ¿Quién es el ser humano? Preguntas que en muchos ambientes se explicitan y que en otros quedan ocultas, pero preguntas que están presentes, pulsantes, hoy más que nunca. Como el aguijón en la carne de Pablo (2 Cor 12, 7). Vamos – ya estamos yendo – hacia una nueva civilización.

La conciencia humana evoluciona: un hecho innegable que a muchos cuesta asumir. Tal vez por miedo, comodidad, inseguridad. Decir que la conciencia humana evoluciona es afirmar justamente el primado de la conciencia sobre todas las cosas. Y afirmar la primacía de la conciencia es afirmar la lucidez espiritual: puedo saber que estoy sabiendo. Puedo darme cuenta de mí mismo, de las cosas, del mundo. Soy (puedo ser) consciente, soy (puedo ser) autoconsciente y, en todo caso y siempre, soy conciencia.

Decir conciencia es decir: sé, he visto, estoy presente a mí mismo. Ser consciente de un árbol es saber –por experiencia– que este mismo árbol está ahí, frente a mí. Lo estoy viendo, lo estoy experimentando, aparece en mi conciencia.

Como pasa con lo “exterior” pasa también con lo “interior”: puedo ser consciente de mis estados mentales y emocionales. Sé cómo me siento: lo estoy experimentando, lo estoy viendo, puedo nombrarlo.

La nueva civilización está emergiendo desde esta evolución de la conciencia. Cada vez más la humanidad se hace consciente y este crecimiento en la consciencia plantea una revisión esencial de las preguntas que nombramos hace un rato.

  • ¿Cómo contribuir personalmente a la nueva civilización que está surgiendo?
  • ¿Cómo contribuir colectivamente a esta civilización?

CARACTERÍSTICAS ESENCIALES DE ESTA NUEVA CIVILIZACIÓN

1. Emerge lo Uno, la Unicidad

Uno de los rasgos más evidentes de la nueva civilización es el emerger de lo Uno o la Unicidad. En todos los campos del saber y de la experiencia humana surge el descubrimiento de lo Uno y el anhelo hacia lo Uno. Más allá de los conflictos que siguen afectando a nuestro mundo y a nuestra humana convivencia, el surgir de lo Uno es imparable. Es imparable porque pertenece intrínsecamente a la manifestación del Ser y a la evolución de la conciencia. Los conflictos que subrayan las diferencias y no las asumen, son el último intento del ego colectivo para salvar su ficticia existencia. Como los conflictos individuales e internos que cada ser humano experimenta indican la rebeldía de un ego que no quiere desaparecer.

El anhelo de unidad pertenece al corazón humano desde que este apareció en el Universo. La silenciosa voz de lo Uno sigue latiendo y animando al ser humano desde las raíces.

¿Qué es Eso que llamamos Uno o Unicidad?

Antes de nada una aclaración: digo “Unicidad” y no “Unidad” porque en la palabra Unidad se esconde todavía la dualidad. Parecería ser que la Unidad es la síntesis de lo dual. Hablando de Unicidad subrayo Eso que no tiene segundo: el Uno en el sentido que nada se le opone y nada existe fuera de Él.

Retomamos la pregunta: ¿Qué es Eso que llamamos Uno o Unicidad?

Es el Misterio esencial que nos define más allá de cualquier definición. El Misterio que las religiones, las tradiciones espirituales y la filosofía estuvieron buscando desde siempre. Es el Origen, desde donde venimos, en el cual vivimos, y adonde estamos yendo.

Lo llaman Dios, Vida, Ser, Nada, Vacío, Conciencia, Supremo Principio, Fuente, Espíritu… en realidad como lo llamemos tiene poca importancia. Importa experimentarlo, importa sentirlo, importa vivirlo. Más que nada: importa dejarse vivir por Eso.

Es la Vida en la cual y desde la cual vivimos.

Es el Ser en el cual y desde el cual somos.

Es el Respiro que nos respira.

Es el Principio Único. No puede haber dos.

Cada persona lo sabe y lo puede experimentar por sí mismo.

Alcanza también con preguntarse a uno mismo con sinceridad y lucidez: ¿Qué hay detrás o debajo de cada experiencia –por breve que sea– de plenitud? Cuándo me siento realmente pleno: ¿que estoy experimentando?

Siempre, en el fondo de cada experiencia humana de plenitud, está, de alguna manera, la experiencia de lo Uno. Si escarbamos y llegamos al fondo de cada experiencia de plenitud encontramos la sensación de lo Uno. Nos sentimos uno con nosotros mismos y con el Universo.

Lo que ocurre es que a menudo confundimos la real experiencia de plenitud con momentos de placer, con sentimientos y afectos.

Sentirse psicológicamente y espiritualmente en comunión con este Principio, con lo Uno, es la fuente suprema de la Paz y la experiencia cumbre de un ser humano.

Dije “psicológicamente y espiritualmente” porque a nivel más profundo es lo que somos y lo que no podemos no ser. Somos Eso.

Lo que ocurre es que no logramos sentirlo, vivirlo, experimentarlo: porque vivimos en la superficie y vivimos desde la mente.

La nueva civilización está percibiendo cada vez más indicios de todo eso.

Los reflejos en la vida concreta, personal y colectiva, son múltiples: la tecnología, los movimientos sociales y políticos, la globalización general, el encuentro de personas de distintos países pese a la terquedad de los gobiernos.

Hay distintas opciones –espirituales, artísticas y filosóficas– para introducirse (o continuar) este camino y afianzarse en él.

Afianzarse en este experiencia es contribuir a la nueva civilización desde la propia originalidad. Esto nos introduce al siguiente punto.

2. Se respetan y valoran las diferencias

La otra cara de la medalla de lo Uno es la multiplicidad. También este “problema” está al origen del ser humano: lo Uno y lo Múltiple. En nuestra experiencia –interna y externa– aparecen las dos dimensiones.

Experimentamos el Principio Único (tal vez inicialmente solo como anhelo) y también experimentamos la distinción. Experimentamos la Fuente y experimentamos los ríos. Experimentamos la Vida y experimentamos distintas maneras de vivir. Nos sentimos en comunión y nos sentimos distintos.

¿Qué ocurre?

Ocurre que lo Uno se manifiesta, se revela y se expresa a Sí Mismo. Esto engendra la distinción. Es la creatividad infinita.

Los budistas hablan de forma y vacío. El Vacío (lo Uno) se experimenta y revela como forma (múltiple). En la terminología budista podemos encontrar dos expresiones que –a la razón– parecen contradictorias: “el vacío es forma y la forma es vacío” y “el vacío es vacío y la forma es forma”.

Lo que sugieren es la relación intrínseca e inaferrable entre Vacío y forma, entre lo Uno y lo múltiple. Otra manera de decir lo mismo es hablar del Todo y la parte. En sentido estricto la misma relación que hay entre Vacío y forma, Uno y múltiple es la misma relación que hay entre el Todo y la parte: no existe el Todo sin la parte ni la parte sin el Todo y, a la vez, el Todo es Todo y la parte es parte. También la ciencia lo va confirmando y experimentando cuando habla de la estructura holística del Universo.

Afirma el sacerdote jesuita japonés y practicante zen Kakichi Kadowaki: “Esta relación dinámica entre lo uno y lo múltiple, la dialéctica contradictoria entre la parte y el todo, es el concepto central de la enseñanza cristiana.

No es tarea de la mente comprender este Misterio. Por eso trascender la mente es esencial. Justamente este es otro de los signos de la nueva civilización. La humanidad se está dando cuenta de que la mente –es decir lo racional, el pensamiento– no es el último estadio de la evolución. Somos mucho más que pensamiento, el Universo es mucho más que sus leyes científicas y demostrables aunque en ellas se revele y manifieste.

La nueva civilización está lentamente aprendiendo a respetar y valorar las diferencias. Surgen por todos lados dimensiones y formas distintas de la vida que piden aceptación y reconocimiento. Surgen infinitas formas de ser “humano” y de vivir que estamos aprendiendo a valorar y asumir. Todavía en muchos casos nos cuesta mucho, porque vemos solo esta cara de la medalla y no la Unicidad que subyace a todo. Cuando vemos solo la distinción sin lo Uno nos sentimos amenazados (es el ego que siente amenazado en realidad) y esto nos lleva a encerrarnos y defendernos.

El camino es aprender a ver lo distinto desde lo Uno (en término cristiano profecía: ver todo en Dios) y a ver lo Uno que se manifiesta en lo distinto (en término cristiano mística: ver a Dios en todo).

Entonces lo distinto se valorará en toda su unicidad, originalidad y belleza como expresión de lo Uno, como expresión del Mismo Espíritu que nos configura.

Pasamos así la tercera característica de la nueva civilización.

3. Primacía del Espíritu

¿Cuál es el eje de la nueva civilización que está emergiendo?

¿Adónde apuntar para insertarnos responsablemente en esto?

Sin duda podemos afirmar: la primacía del Espíritu.

La correcta relación entre las dos características que vimos antes –Uno y múltiple– solo la podemos vivir desde el Espíritu.

Decir Espíritu es decir interioridad, profundidad, silencio. Decir Espíritu es decir trascender la mente.

Como hemos visto, la relación entre lo Uno y lo múltiple no es algo que la mente pueda comprender, porque la mente es expresión del mismo Misterio. También la física cuántica nos está diciendo la misma cosa desde su punto de vista: el observador está involucrado en lo que ve y por eso lo que se ve no es estático, sino pura posibilidad. Es el famoso “gato de Schrödinger” que al mismo tiempo puede estar vivo o muerto.

Dice el teólogo y místico Bede Griffiths:

la mente humana como observadora está ya involucrada en aquello que observa. Lo que observamos no es la realidad en sí misma, sino la realidad condicionada por la mente humana, los sentidos y los varios instrumentos que son utilizados para extender los sentidos… La vieja comprensión de la ciencia está gradualmente dando lugar a la visión de que la conciencia y la realidad física deberían ser consideradas como aspectos complementarios de la realidad”.

En el fondo lo que afirma rotundamente la primacía del Espíritu es que toda dualidad surge, está abrazada y se consume en un Principio único e invisible que podemos llamar Espíritu.

La primacía del Espíritu hace caer toda estaticidad y fijación de la experiencia dual.

Por cuanto real nos parece ser la dualidad, más real es el Espíritu.

La experiencia dual es sumamente cambiante e inestable. La experiencia realmente espiritual es inmóvil y eterna.

Esta primacía del Espíritu está siendo visualizada y vislumbrada en este tiempo de cambio. Es un pasaje evolutivo esencial. Desde la oscuridad emerge el Espíritu dando origen a la nueva civilización.

La incomodidad que sentimos hacia un mundo dual e impermanente (todo cambia constantemente) y la necesidad de trascender esta misma dualidad no es otra cosa que el empuje y el soplo del Espíritu.

Solo desde el Espíritu podemos asumir, vivir, trascender toda expresión dual de la vida: espíritu/materia, bien/mal, humanidad/divinidad, tiempo/eternidad, vida/muerte.

El Espíritu impregna la materia. También la ciencia hoy en día lo está descubriendo y asumiendo. La cuántica nos dice que la materia es una manera de organizarse de la energía. Así la medicina, que va descubriendo cada vez más la relación constitutiva entre cuerpo, mente y espíritu.

Crecer y afianzarse en la primacía del Espíritu disuelve la paradoja de Uno y lo múltiple y nos permite vivir esta misma paradoja con sabiduría.

Como dice el zen: “La igualdad sin la diferenciación es mala igualdad; la diferenciación sin igualdad es mala diferenciación”.

Para enraizarse en la primacía del Espíritu, la nueva civilización tiene que pasar –ya la está cruzando– la Gran Muerte.

4. La Gran Muerte

La “Gran Muerte” es una expresión zen que indica el radical cambio de percepción –la manera de funcionar de la mente– que se necesita para vivir desde la primacía del Espíritu.

Es sumamente interesante que todas las grandes religiones y tradiciones espirituales de la humanidad sostienen y subrayan la necesidad de atravesar “la muerte” para aprender esta nueva forma de ver y de vivir.

En este sentido los cristianos tenemos muchas palabras de Jesús en el evangelio:

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará” (Mc 8, 35).

Más allá de las palabras y la enseñanza de Jesús, el evento histórico de la cruz asume una relevancia insustituible y tal vez única en la historia humana y expresa maravillosa y claramente la Gran Muerte.

La Pascua –muerte y resurrección– trasciende el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret para convertirse en símbolo eterno de la necesaria muerte para llegar a la resurrección: una nueva manera de ver y vivir.

San Pablo captó con extrema profundidad el alcance de la cuestión.

Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” (Fil 1, 21)
“¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva” (Rom 6, 3-4).

Pasar por la Gran Muerte nos trasforma radicalmente:

Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12, 1-2).

Tal vez el despertar de la conciencia –la primacía del Espíritu– solo la podemos alcanzar como seres humanos a través de esta muerte; y la muerte supone dolor.

Lo podemos descubrir en nuestra experiencia personal: cada vez que hemos crecido humanamente (o espiritualmente, que es lo mismo), hemos pasado por situaciones dolorosas. El dolor atravesado nos dio otra comprensión de nosotros mismos y de la vida en general: en otras palabras nuestro nivel de conciencia se fue ampliando y profundizando. El aprendizaje y el crecimiento en comprensión y conciencia supone dolor. Es así para la gran mayoría de los seres humanos, aunque pueden haber experiencias de iluminación gratuitas sin pasar por el dolor. El Misterio no lo manejamos.

Lo que está ocurriendo en el mundo –aunque seamos en muchos casos inconscientes– es este despertar a través del dolor. Las situaciones de dolor que la humanidad está viviendo y soportando son facetas de la Gran Muerte.

Las dificultades para asumir la primacía del Espíritu y vivir desde ahí la dualidad son el camino necesario que necesita la nueva civilización. Son los “dolores del parto” usando la hermosa imagen del Pablo.

Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la plena filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo” (Rom 8, 22-23).

En nuestra vida individual –microcosmos– ocurre lo mismo. Todas las situaciones de dolor que enfrentamos son los empujes del Espíritu que quiere emerger y manifestarse en plenitud. Es el Espíritu que desde las entrañas del cosmos acompaña la evolución del Universo.

Podemos colaborar con este empuje. Podemos ser más responsables de nuestra conciencia. Este camino de responsabilidad y conciencia nos ahorrará gran parte del dolor que el Espíritu utiliza para despertarnos.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“HACIA UNA NUEVA CIVILIZACIÓN II” en ECLESALIA, 12/07/19

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