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“Lo que nos falta hoy: El amor universal e incondicional “ por Leonardo Boff

Sábado, 14 de septiembre de 2019

salvando_al_mundo-760x505Dedicado a la pensadora y maestra-astróloga Martha Pires Ferreira

Vivimos actualmente tiempos sombríos de mucho odio y de falta de finura. Precisamos rescatar lo más importante, que nos humaniza verdaderamente: el simple amor. Estimo que debemos siempre retomar el tema del amor universal y sin precondiciones.

Sobre él se han dicho las cosas más elevadas hasta llegar a designar el nombre propio de Dios. Para superar el discurso convencional conviene incorporar la contribución que nos viene de las distintas ciencias de la Tierra, de la biología y de los estudios sobre el proceso cosmogénico. Cada vez queda más claro que el amor es un dato objetivo de la realidad global y cósmica, un evento bienaventurado del propio ser de las cosas, en las cuales estamos incluidos nosotros también.

Dos movimientos, entre otros, presiden el proceso cosmogénico: la necesidad y la espontaneidad.

Por necesidad de supervivencia, todos los seres son interdependientes y se ayudan unos a otros. La sinergia y la cooperación de todos con todos, más que la selección natural, son las fuerzas fundamentales del universo, especialmente entre los seres orgánicos. La solidaridad es más que un imperativo ético. Es la dinámica objetiva del propio cosmos, y explica por qué y cómo hemos llegado hasta aquí.

Junto con esa fuerza de la necesidad se presenta también la espontaneidad.

Los seres se relacionan e interactúan espontánemente, por pura gratuidad y alegría de convivir. Tal relación no responde a una necesidad. Obedece a un impulso de crear lazos nuevos, por la afinidad que emerge espontáneamente y produce deleite. Es el universo de la novedad, de la irrupción de una virtualidad latente que hace surgir algo maravilloso y que vuelve al universo un sistema abierto. Es el adviento del amor.

Él se da entre todos los seres, desde los primeros topquarks que se relacionaron más allá de la necesidad de crear campos de fuerza que les garantizasen la supervivencia y el enriquecimiento en el intercambio de informaciones. Muchos se relacionaron por sentirse espontáneamente atraídos por otros y componer un mundo no necesario, gratuito, pero posible y real.

De esta forma, la fuerza del amor atraviesa todos los estadios de la evolución y enlaza a todos los seres dándoles irradiación y belleza. No hay razón que los lleve a componerse en eslabones de espontaneidad y libertad. Lo hacen por puro placer y por alegría de convivir. Hay cosmólogos que afirman que el universo está lleno de color y es, por lo tanto, extremadamente bello.

El amor cósmico realiza lo que la mística siempre ha intuido: “la rosa no tiene un porqué. Florece por florecer. No se cuida de sí misma ni se preocupa de si la admiran o no”. Así el amor, como la flor, ama por amar y florece como fruto de una relación libre, como entre los enamorados.

Por el hecho de que somos humanos y autoconscientes, podemos hacer del amor un proyecto personal y civilizatorio: vivirlo conscientemente, crear condiciones para que la amorización pueda darse entre los seres humanos y con todos los demás seres de la naturaleza. Podemos enamorarnos de una estrella distante y crear una historia de afecto con ella. Los poetas saben de eso.

El amor es urgente en Brasil y en el mundo. Millares de refugiados son excluidos y millares de nordestinos, ofendidos. Más que preguntar quién destila rabia e intolerancia habría que preguntar por qué las practican. Seguramente porque faltó el amor como relación que abriga a los seres humanos en la bella experiencia de abrirse cada uno y acoger jovialmente al otro y respetarse mutuamente.

Digámoslo con todas las palabras: el sistema mundial imperante no ama a las personas. Ama el dinero y los bienes materiales; ama la fuerza de trabajo del obrero, sus músculos, su saber, su producción y su capacidad de consumir. Pero no ama gratuitamente a las personas como personas, portadoras de dignidad y de valor.

Predicar el amor y decir: “amémonos unos a otros como nos amamos a nosotros mismos”, supone una revolución. Es ser anticultura dominante y estar contra el odio imperante.

Hay que hacer del amor aquello que el gran florentino, Dante Alighieri, escribió al final de cada cántico de la Divina Comedia: “el amor que mueve el cielo y todas las estrellas”; y yo añadiría, amor que mueve nuestras vidas, amor que es el nombre sacrosanto del Ser que hace ser todo lo que existe.

Leonardo Boff

Fuente Koinonía

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“Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo”, por Leonardo Boff.

Martes, 4 de junio de 2019

hombreplanta1La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados. A ella está ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización. De donde se deriva su importancia ineludible. O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecológicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo. Aquí van fragmentos de un discurso ecológico, parte de un Todo más grande y vasto.

  1. La irracionalidad de nuestro estilo de vivir

El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos han proyectado para sí, por lo menos en los últimos 400 años, están en crisis.

Este modelo nos hacía creer que lo importante es acumular gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios a fin de poder disfrutar de nuestro corto paso por este planeta.

Para realizar este propósito nos ayudan la ciencia que conoce los mecanismos de la naturaleza y la técnica que hace intervenciones en ella para beneficio humano. Se ha procurado hacer eso con la máxima velocidad posible.

En definitiva, se busca el máximo beneficio con el mínimo de inversión y en el tiempo más breve posible.

El ser humano, en esta práctica cultural, se entiende como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a su gusto, nunca como alguien que está con las cosas, conviviendo con ellas como miembro de una comunidad mayor, planetaria y cósmica.

El efecto final y triste, solamente ahora visible de forma innegable, es el que se expresa en esta frase atribuida a Gandhi: “la Tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”.

Nuestro modelo civilizatorio es tan absurdo que, si los beneficios acumulados por los países ricos se generalizaran a los demás países, necesitaríamos otras cuatro Tierras iguales a la que tenemos.

Ello muestra la irracionalidad que este modo de vivir implica. Por eso el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” pide una radical conversión ecológica y un consumo sobrio y solidario.

  1. La naturaleza es maestra

En momentos de crisis civilizatoria como la nuestra, es imperioso consultar a la fuente originaria de todo: la naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña?

Ella nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.

Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias y los virus hasta los seres más complejos, estamos todos inter-retro-relacionados y, por eso, somos interdependientes. Uno coopera con el otro para vivir.

Una red de conexiones nos envuelve por todos los lados, haciéndonos seres cooperativos y solidarios. Queramos o no, esta es la ley de la naturaleza y del universo. Y gracias a esta red de interdependencias hemos llegado hasta aquí.

Esa suma de energías y de conexiones nos ayuda a salir de las crisis y a fundar un nuevo ensayo civilizatorio. Pero nos preguntamos: ¿somos suficientemente sabios para hacer frente a situaciones críticas y responder a los nuevos desafíos?

  1. Todo está relacionado con todo

La realidad que nos rodea y de la cual somos parte no debe ser pensada como una máquina sino como un organismo vivo, no como constituida de partes estancas, sino como sistemas abiertos, formando redes de relaciones.

En cada ser y en el universo entero prevalecen dos tendencias básicas: una es la de autoafirmarse individualmente y otra la de integrarse en un todo mayor. Si no se autoafirma corre el riesgo de desaparecer. Si no se integra en un todo mayor, corta la fuente de energía, se debilita y puede también desaparecer. Es importante equilibrar estas dos tendencias. En caso contrario caemos en el individualismo más feroz –la autoafirmación– o en el colectivismo más homogeneizador – la integración en el todo. Por eso siempre tenemos que ir y venir de las partes al todo, de los objetos a las redes, de las estructuras a los procesos, de las posiciones a las relaciones.

La naturaleza es, pues, siempre co-creativa, co-participativa, ligada y re-ligada a todo y a todos y principalmente a la Fuente Originaria de donde se originan todos los seres.

  1. Desde el comienzo está presente el fin

El fin está ya presente en el comienzo. Cuando los primeros elementos materiales después del big bang empezaron a formarse y a vibrar juntos, ahí se anunciaba ya un fin: el surgimiento del universo, uno y diverso, ordenado y caótico, la aparición de la vida y el irrumpir de la conciencia.

Todo se movió y se interconectó para dar inicio a la gestación de un cielo futuro, que empezó ya aquí abajo, como una semillita, y fue creciendo y creciendo hasta acabar de nacer en la consumación de los tiempos. Ese cielo, desde el comienzo, es el propio universo y la humanidad llegados a su plenitud y consumación.

No hay cielo sin Tierra, ni Tierra sin cielo.

Si es así, en lugar de hablar de fin del mundo, deberíamos hablar de un futuro del mundo, de la Tierra y de la Humanidad que entonces serán el cielo de todos y de todo.

Leonardo Boff

Fuente Koinonia

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Mayday, mayday; nos hundimos.

Martes, 7 de mayo de 2019

Knight-ThunbergParliamentGreta Thumberg

Me van a permitir que comience dándoles mi opinión, y es que el calentamiento global (el nunca suficientemente aludido cambio climático) se ha convertido ya en el mayor problema al que se ha enfrentado la humanidad en toda su historia. Y puede sorprenderles la contundencia de esta afirmación, pero todo apunta a que va a provocar incomparablemente más muertes que las dos grandes guerras, y que una vez desencadenado puede durar cientos o miles de años. La ONU nos habla de escasez dramática de los recursos necesarios para la vida, y Stephen Howking (y otros muchos) de extinción de la especie humana.

Un inciso, si llegados a este punto Ud. piensa que todo es un camelo de gente catastrofista, o que nos están engañando en aras de dios sabe qué, le recomiendo que lo deje aquí y a vivir que son dos días, pero si no, puede ser que le interese lo que viene a continuación.

He visto el discurso de Greta Thumberg (activista sueca de 16 años) en la XIV Conferencia sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, y quiero comenzar mostrando mi identificación con sus palabras. Salvo excepciones, los líderes mundiales se están comportando como auténticos irresponsables ante este descomunal problema; como si no fuese con ellos. Y esto es aplicable a la extrema derecha, a la derecha, al centro, a la izquierda y a la extrema izquierda, es decir, a todo el arco político convertido en títere de los intereses económicos.

Pero creo que el discurso queda cojo si lo focalizamos solo en ellos. Los líderes mundiales pueden legislar para paliar el problema, pero somos nosotros, todos y cada uno de nosotros (Ud. y yo) los que lo estamos provocando; los que estamos derrochando energía, demandando un tren de vida insostenible y contaminando el planeta con nuestros desperdicios. Cuando echamos la culpa a los ricos debemos ser conscientes que todos nosotros nos estamos comportando como nuevos ricos cretinos e insolidarios; que todos nosotros estamos viviendo por encima de las posibilidades de una humanidad que habita un ecosistema limitado, frágil y vulnerable.

Alimentamos el problema cuando derrochamos calefacción, o aire acondicionado, o electricidad, o agua caliente; cuando usamos el coche para desplazarnos habiendo otras alternativas; cuando tenemos las puertas de nuestro comercio abiertas calentando las aceras en invierno y enfriándolas en verano; cuando mantenemos nuestro local o nuestra casa más caliente en invierno que en verano… Sería muy saludable que nos hiciésemos permanentemente esta reflexión: lo que yo derrocho debo multiplicarlo por cuatro mil millones para poder hacerme una idea del impacto de mis actos sobre la Naturaleza. Por supuesto, esa enorme cifra corresponde al número de personas con capacidad de herir a la Naturaleza y con el mismo derecho que yo para hacerlo.

¿Y qué se supone que podemos hacer?… Pues me temo que solo hay un camino para desactivar el mecanismo de relojería que va a hacer saltar todo por los aires, aunque afortunadamente podemos recorrerlo sin ayuda de los líderes. Las cumbres del clima no van a paliar jamás el problema, y la mejor prueba de ello es la cumbre de París cuya fórmula fue “más tecnología y más economía”; es decir, más de lo que nos ha llevado al desastre. La única solución es la austeridad generalizada. Podemos elegir una austeridad voluntaria desde ahora, o una austeridad caótica y trágica dentro de unos años. En una conferencia que dio en Pamplona Jon Sobrino SJ, nos decía: “Debemos caminar hacia la cultura de la austeridad compartida”. Y ya sabemos que esta fórmula choca contra todo principio económico, pero si alguien piensa que de ésta vamos a salir indemnes es que está loco.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

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“La tontería del antiglobalismo”, por Leonardo Boff

Miércoles, 16 de enero de 2019

imagesSe está produciendo en todo el mundo una ola anti-globalista. Tal vez pocas cosas sean más regresivas y disparatadas en el mundo actual que ésta. Había un cierto anti-globalismo, fruto del proteccionismo de varios países, pero que no amenazaba el proceso general e irreversible de la globalización. Esa ola fue asumida como plataforma política por Donald Trump que, según el premio Nobel en economía Paul Krugman, sería uno de los presidentes más tontos de la historia norteamericana. Lo mismo sirve para nuestro recién electo presidente brasileño, el ex capitán Bolsonaro y sus Ministros de Educación y de Relaciones Exteriores, negacionistas de este fenómeno, que sólo personas desinformadas y con prejuicios no perciben.

¿Por qué se trata de un disparate de los más insensatos? Porque va directamente contra la lógica del proceso histórico incontenible. Hemos alcanzado un nuevo estadio en la historia de la Tierra y de la Humanidad. Si no, veamos: hace miles de años, los seres humanos, surgidos en África (todos somos africanos), empezaron a dispersarse por el vasto mundo, comenzando por Eurasia y terminando en Oceanía. Al final del paleolítico superior, hace cuarenta mil años, ya ocupaban todo el planeta con cerca de un millón de personas.

Desde el siglo XVI comenzó la vuelta de la diáspora. En 1519-1522 Fernando de Magallanes realizó la primera vuelta al planeta, comprobando que es redondo. Cada lugar puede ser alcanzado desde cualquier lugar. El proyecto colonialista europeo occidentalizó el mundo. Grandes redes, especialmente comerciales, conectaron a todos con todos. Este proceso se prolongó desde siglo XVII al XIX cuando el imperialismo europeo, a hierro y fuego, sometió el mundo entero a sus intereses. Nosotros, los del Extremo-Occidente nacimos ya globalizados. Este movimiento se reforzó en el siglo XX, después de la segunda guerra mundial. Y en los tiempos actuales, cuando las redes sociales nos hicieron a todos vecinos, a la velocidad de la luz, y la economía comandó el proceso, especialmente a través de la “gran transformación” (K. Polanyi), que significó el paso de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Todo, todo, hasta lo más sagrado de la verdad y de la religión, se convirtió en mercancía. Karl Marx en La Miseria de la Filosofía (1847) llamó a esto “la corrupción general” y la “venalidad universal”.

La globalización que los franceses prefieren llamar, con mayor razón, planetización, es un hecho histórico innegable. Todos nos estamos encontrando en un mismo lugar: en el planeta Tierra. Estamos en la fase tiranosáurica de la globalización, que viene siendo hecha bajo el signo de la economía mundialmente integrada, voraz como el mayor de los dinos, el tiranosaurio, al ser profundamente inhumana, por la pobreza que causa y por la acumulación absurda que permite.

Ya hemos entrado en la fase humano-social de la globalización por algunos factores que se han vuelto universales, como la ONU, la OMC, la FAO y otros, los derechos humanos, el espíritu democrático, la percepción de un destino común Tierra-Humanidad y el ser el homo sapiens sapiens y demens, una única especie.

Notamos ya los albores de la fase ecozoico-espiritual de la globalización. La ecología integral y la vida en su diversidad, y no la economía, tendrán la centralidad, la reverencia ante todo lo creado y un nuevo acuerdo con la Tierra, vista como Madre y como un super Organismo vivo que debemos cuidar y amar, valores profundamente espirituales. Crece la noción de que somos aquella porción de la Tierra viva que con un alto grado de complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Tierra y Humanidad formamos una única entidad, como bien testificaron los astronautas desde sus naves espaciales.

Ha llegado el momento, como profetizaba el paleontólogo y científico Pierre Teilhard de Chardin ya en 1933, en que “la edad de las naciones ha pasado. Si no queremos morir es la hora de sacudir viejos prejuicios y construir la Tierra”. Ella es nuestra única Casa Común, la única que tenemos, como enfatizó el Papa Francisco en su encíclica Sobre el cuidado de la Casa Común. (2015). No tenemos otra.

Estamos oyendo prejuicios extraños a los futuros gobernantes y ministros en el sentido de que la globalización es una trama de los comunistas, para dominar el mundo. Son los que, según Chardin, no se ocupan de construir la Casa Común, sino que se vuelven rehenes de su pequeño y mezquino mundo, del tamaño de sus cabezas, escasas de luz.

Si no consiguen ver la nueva estrella que ha irrumpido, el problema no es de la estrella sino de sus ojos ciegos.

Leonardo Boff

Fuente Fe Adulta

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Mística y espiritualidad

Miércoles, 7 de noviembre de 2018

121520679Después de releer y gozar de nuevo del libro Mística y Espiritualidad de Leonardo Boff y Frei Betto, me han surgido estas breves reflexiones que comparto:

La espiritualidad es el aliento que nos ayuda a respirar mejor, de una forma más natural, a vivir con otros valores. Impregna nuestra manera de ser y la manera concreta en que ponemos éticamente por obra lo que pensamos, desde la honda motivación de nuestra vida, desde nuestras creencias y convicciones más profundas, en la existencia concreta de cada día, para que haya más vida y en abundancia.

La mística es el fuego, la llama, la fuerza que nos empuja e ilumina, que nos ayuda a ser más transparentes, a dejarnos invadir y sorprender por el misterio cotidiano de la realidad. También cuida de la delicada planta de nuestra esperanza, para que no decaigamos, para mantener la antorcha encendida, para compartir lo que somos y tenemos con generosidad, para que otro mundo se vaya haciendo posible, en nuestro entorno, desde lo frágil y pequeño, en las relaciones que mantenemos y construimos. Y también al compromiso con las grandes causas, por la felicidad de los seres humanos y el cuidado de la biodiversidad en nuestra Madre Tierra. Unidos, sintiéndonos parte de todo el Universo.

A la espiritualidad y la mística, para que puedan desarrollar toda su potencialidad en nosotros, tenemos que alimentarlas cada día para que no languidezcan. Son como las brasas de una hoguera, que tenemos que avivar y proteger para que no se apaguen. O como una semilla, que debemos depositar en una maceta con buena tierra, regarla y ponerla al sol, para que vaya creciendo y al final pueda dar fruto.

La mística y la espiritualidad se complementan y deben ir de la mano porque, si no, se debilitan, cojean, como si nos faltara una pierna y no tuviéramos otro apoyo para seguir caminando. Las dos unidas pueden colmar la existencia de cualquier persona, de cualquier religión, creencia  o filosofía existencial; se retroalimentan mutuamente y nos ayudan a vivir intensamente, en plenitud, a contemplarlo todo con una mirada transparente, compasiva, fraterna, gozosa…

Miguel Ángel Mesa Bouzas

Fuente Re Adulta

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Todos santos, aquí y ahora.

Jueves, 1 de noviembre de 2018

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La vida futura es el opio del pueblo, es una mistificación que hace esperar del futuro un cambio que no no se habría producido o por lo menos no se ha preparado en el presente.

La verdadera fe cristiana no es la fe en una vida futura, sino en la vida eterna, y si es eterna, sólo se necesita un momento de reflexión para comprender que ya se ha iniciado. Vivimos ahora, o no viviremos nunca.

*

Luis Evely, “Ese hombre eres tú” (1957), p. 58

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En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”

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Mateo 5, 1-12a

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Tu verdadera identidad es ser hijo de Dios. Esa es la identidad que debes aceptar. Una vez que la hayas reivindicado y te hayas instalado en ella, puedes vivir en un mundo que te proporciona mucha alegría y, también, mucho dolor. Puedes recibir tanto la alabanza como el vituperio que te lleguen como ocasiones para fortalecer tu identidad fundamental, porque la identidad que te hace libre está anclada más allá de toda alabanza y de todo vituperio humano. Tú perteneces a Dios y, como hijo de Dios, has sido enviado al mundo.

Dado que ese lugar profundo que hay dentro de ti y donde se arraiga tu identidad de hijo de Dios lo has desconocido durante mucho tiempo, los que eran capaces de afectarte han tenido sobre ti un poder repentino y a menudo aplastante. Pero no podían llevar a cabo aquel papel divino, y por eso te dejaron, y te sentiste abandonado. Pero es precisamente esta experiencia de abandono la que te ha atraído a tu verdadera identidad de hijo de Dios.

Sólo Dios puede habitar plenamente en lo más hondo de ti. Puede ser que haga falta mucho tiempo y mucha disciplina para volver a unir tu yo profundo, escondido, con tu yo público, que es conocido, amado y aceptado, aunque también criticado por el mundo; sin embargo, de manera gradual, podrás empezar a sentirte más conectado a él y llegar a ser lo que verdaderamente eres: hijo De Dios.

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H. J. M. Nouwen,
La voz del amor,
Brescia 21997, pp. 98ss, passim.

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La otra madre

Martes, 5 de junio de 2018

madre-tierraJuan Zapatero Ballesteros
Sant Feliu de LLobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 23/04/18.- Los medios de comunicación, pero especialmente la radio, vaya, el cuarto poder en general, ¡para qué andar con remilgos!, llevan bombardeándonos desde hace ya algunas semanas, concretamente desde el día 20 de marzo, con spots publicitarios en los que la madre ocupa de manera total y absoluta el protagonismo. He especificado el día en qué comenzó su campaña, porque hasta dos días antes habían hecho exactamente lo mismo con el padre. ¿Quién no se enternece ante una madre y sobre todo ante lo que este ser representa? Digo esto porque los señores y señoras que nos hablan a través de semejantes medios juegan con ventaja. Sea como fuere lo que pretenden estos comunicadores, no voy yo a dudar de sus intenciones, ¡solo faltaba!, pero especialmente de quienes les pagan, es conseguir que todo hijo o hija, que se den por bien nacidos, la muestren su afecto de manera especial en su día que, según marca el calendario, este año es el 6 de mayo. No cabe la menor duda que la intención es a todas luces buenísima. Ahora bien; no lo es tanto, sin embargo, cuando la manera de mostrar dicho afecto queda reducida a que los hijos e hijas obsequien con regalos de todo tipo a su progenitora. Como podéis ver una vez más estamos en lo de siempre: afecto y consumo ligados de manera estrecha. Podría seguir escribiendo sobre el tema, pero pienso que habéis intuido por dónde voy y, por ello, no voy a continuar por semejante derrotero, porque mi intención es otra en este caso.

Afortunadamente cada vez se habla más de otra madre que no es precisamente la que biológicamente no has transmitido la vida a los hijos e hijas. Me refiero a la Tierra, al planeta en donde habitamos. Bien es verdad que son sobre todo los países sudamericanos cuyos orígenes habría que fijarlos en las culturas incaicas, aztecas, mayas etc. quienes más arraigado tienen en su cultura el concepto “madre” aplicado a la Tierra. De ahí la expresión tan propia y tan típica de ellos a la hora de denominarla como “pacha mama”. Sí, la tierra también es nuestra madre; tuya y mía. De ella hemos salido, ella nos ofrece todo lo necesario para nuestro cuidado y alimento y, de una manera u otra, a ella volveremos un día. Tengo la impresión, sin embargo, que de esta madre nos recordamos muy poco. Baste traer a colación, pues creo que no está de más saberlo, que el día dedicado a conmemorar su efeméride no fue otro que ayer, 22 de abril, y que comenzó a celebrarse el año 1970 con el nombre, nada menos que, de “Día internacional de la Madre Tierra”. ¿Qué medios de comunicación lo han puesto en solfa? Creo que lo mejor es callar. Ya no hablo de regalos, por lo que a la “Madre Tierra” se refiere, sino de atropellos, a veces en grado demasiado extremo. ¿Qué hemos hecho de ella? Me parece que bien poca cosa puedo añadir a lo que tú ya no sepas. La hemos troceado en mil añicos, levantando fronteras por todas partes, con las consecuencias que todo esto ha llevado y continúa llevando por diferentes lugares del planeta. Los más poderosos han excluido a los más débiles, aduciendo cuestiones de raza, de cultura, de educación, de pensamiento, de religión, etc. Pero, no nos engañemos, en el fondo de semejante destrozo no existe ninguna otra razón que no sea la fuerza y el poder económico de los más poderosos y potentados. La estamos esquilmando sin piedad ni miramientos, intentando sacar de la misma todo lo que podemos y más, precisamente quienes más pueden para satisfacer sus intereses económicos, sin tener en cuenta para nada las nefastas consecuencias que por ello, con toda certeza, ya están padeciendo muchas personas y padecerán aún más las generaciones venideras. Mientras tanto, los mandatarios y gobernantes no están dispuestos a hacer el más mínimo esfuerzo, no ya para dejarla al menos como está en estos momentos, sino para no llegar más allá, si para ello tienen que renunciar a conseguir pingües ganancias o si ello les supone ser menos que otro país o que la potencia política frente a la cual rivalizan.

Seguramente estarás pensando y me puedes decir, con toda razón, que tú puedes hacer bien poco. Es posible; cada una, cada uno, lo sabrá según su propia conciencia. Yo solamente te sugiero una cosa: que comiences por respetarla desde tu vida diaria. Tú sabrás qué te implica poner en práctica dicho concepto. Pero pienso que es el mejor de los regalos que en estos momentos puedes hacer a la “Madre Tierra”. ¡Gracias!

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Carta 5 _ Sábado Santo 2018. 31 marzo, 2018

Sábado, 31 de marzo de 2018

carta5

Aquí, 31 de marzo de 2018

¡Tachán! Llegamos a la última parte. Si no sabes qué elemento es el que falta será porque te has echado una buena siesta todo el día. Por cierto, ¿has comido? Estaba bueno el bocata, ¿eh? Con estos días de “ayuno” empieza a haber sinfonía en el estómago, jajaja.

Pues sí, ¡tierra a la vista! Y menuda alegría les daba a los marineros que llevaban meses en alta mar.

Ese es nuestro cuarto elemento, ¡la tierra! La tierra de la que formamos parte ya que somos barro (¿pero no éramos agua?, qué lío), de la que nos alimentamos, la tierra que nos permite estar erguidos, y la que nos acogerá el día de mañana. La bendita tierra que Dios nos ha dejado para que la cuidemos, la embellezcamos, la hagamos crecer,… Igual podemos esmerarnos más en esto, que la tierra es la casa común, pero… eso sería para otra carta.

La cuarta parte de la celebración de esta noche es la eucaristía. Es verdad que llamamos así a toda la celebración pero ahora me refiero a esa parte que transcurre en torno a la mesa del altar. Porque hay otra mesa, que no os lo he dicho antes, la de la Palabra, y ambas alimentan por igual, aunque por cuestiones de tradición le hayamos dado más preponderancia a este momento.

¡Uff!, se podrían contar un montón de cosas de esta cuarta parte de la celebración, pero me quedo solo con un par de aclaraciones que son importantes.

Hay un momento que no siempre le damos importancia y es ese en el que llevamos pan y vino a la mesa. Así, sin más, pan (o las formas que pretenden imitarlo) realizado por alguien a través de la manipulación del trigo, por manos humanas, y vino que procede de uvas y que, tratado se ha convertido en ese alegre líquido.

Bueno, los “regalitos” en sí no son para tirar cohetes, ¿no? Pero unos minutos después, volveremos a hacer esa misma procesión, y ahora ya no para dar sino para recibir, y ahí Dios, se pasa, sieeempre tan exagerado. No puede corresponder con un pan mejor o un vino aún más exquisito, no, lo ha transformado en el mismo cuerpo y en la misma sangre de Jesús.

En el ajo estás tú y Él, es decir, el ser humano y Dios. Porque es la suma de la colaboración humana más la fuerza del Espíritu quien transforma esos humildes objetos en Presencia.

Vale, ¿y ahora? La segunda cuestión: ¿lo vas a comer?, ¿lo vas a beber?, ¿te atreves?, ¿te comprometes? Porque ya no es solo que te dé fuerza, o entres en comunión con Dios, no, es más, eso es muy íntimo, a veces intimista, que no es bueno. Aquí lo chungo está en que te compromete con quien está a tu lado, o quien te espera en casa, o el lunes en el trabajo. No, perdona, no confundas, vivir esta parte de la celebración es hacerte tú cuerpo de Cristo, y eso requiere más fe, y más Espíritu. ¿Qué? , ¿te escaqueas?, ¿vas a comulgar por costumbre? No, piénsatelo, si te atreves a comer y a beber hoy… estarás diciendo Sí a ser cuerpo de Cristo. Y, si echas un vistazo al día de ayer, ya ves cómo le fue a Él, aunque sabemos que la cosa se solucionó, pero el trago fue durillo.

Hala, traga esta parte. Mira a la luz, inspira, bebe agua y… buena digestión.

Nos vemos esta noche, ven de blanco, ¿eh? Ahora ya conoces los ritos, vendrás, ¿no? ¿Sabes a qué? A celebrar la Vida.

¡Un abrazo enooooooooorme!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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“Los derechos de la Madre Tierra y su dignidad”, por Leonardo Boff.

Sábado, 24 de marzo de 2018

91c2bcfae56e63fdaf9d857059794e54-earth-day-planet-earthAnteriormente hemos escrito sobre los derechos de los animales. Ahora procede discurrir sobre los derechos de la Madre Tierra y de su alta dignidad. El tema es relativamente nuevo, pues la dignidad y los derechos estaban reservados solamente a los seres humanos, portadores de conciencia y de inteligencia, como lo hace Kant en su ética. Predominaba todavía la visión antropocéntrica, como si nosotros exclusivamente fuésemos portadores de dignidad. Olvidamos que somos parte de un todo mayor. Como dicen renombrados cosmólogos, si el espíritu está en nosotros es señal de que estaba antes en el universo del cual somos parte.

Hay una tradición que viene desde la más remota antigüedad que siempre ha entendido a la Tierra como la Gran Madre que ha generado a todos los seres que existen en ella. Las ciencias de la Tierra y de la vida, por vía científica, nos confirmaron esta visión. La Tierra es un superorganismo vivo, Gaia (Lovelock), que se autorregula para ser siempre apta para mantener la vida en el planeta.

La propia biosfera es un producto biológico pues se origina de la sinergia de los organismos vivos con todos los demás elementos de la Tierra y del cosmos. Crearon el hábitat adecuado para la vida, la biosfera. Por lo tanto, no sólo hay vida sobre la Tierra. La Tierra misma está viva y como tal tiene un valor intrínseco y debe ser respetada y cuidada como todo ser vivo. Este es uno de los títulos de su dignidad y la base real de su derecho de existir y de ser respetada.

Los astronautas nos dejaron este legado: vista desde fuera, Tierra y Humanidad fundan una única entidad; no pueden ser separadas. La Tierra es un momento de la evolución del cosmos; la vida es un momento de la evolución de la Tierra; y la vida humana, un momento de la evolución de la vida. Por eso podemos decir con razón que el ser humano es aquella porción de la Tierra en que ella empezó a tomar conciencia, a sentir, a pensar y a amar. Somos su porción consciente e inteligente.

Si los seres humanos tienen dignidad y derechos, como es consenso entre los pueblos, y si Tierra y seres humanos constituyen una unidad indivisible, entonces podemos decir que la Tierra participa de la dignidad y de los derechos de los seres humanos y viceversa.

Por eso no puede sufrir una sistemática agresión, explotación y depredación por un proyecto de civilización como el nuestro que sólo la ve como algo sin inteligencia y por eso la trata sin ningún respeto, negándole valor intrínseco en función de la acumulación de bienes materiales.

Es una ofensa a su dignidad y una violación de su derecho de poder continuar íntegra, limpia y con capacidad de reproducción y de regeneración. Por eso, está en discusión en la ONU el proyecto de un Tribunal de la Tierra que castigue a quien viola su dignidad, contamina sus océanos y destruye sus ecosistemas, vitales para el mantenimiento de los climas y del ciclo de la vida.

Finalmente, hay un último argumento que se deriva de una visión cuántica de la realidad. Esta constata, según Einstein, Bohr y Heisenberg, que la materia no existe, pues todo, en el fondo, es energía en distintos grados de densidad. La llamada materia es energía altamente interactiva. La materia, desde los hadrones y los topquarks, no tiene solamente masa y energía. Todos los seres son portadores también de información, fruto de la interacción entre ellos.

Cada ser se relaciona con los otros a su manera de tal forma que se puede decir que surgen niveles de subjetividad y de historia. La Tierra en su larga historia de 4,5 mil millones de años guarda esta memoria ancestral de su trayectoria evolutiva. Ella tiene subjetividad e historia. Lógicamente, es diferente de la subjetividad y de la historia humana, pero la diferencia no es de principio (todos están conectados entre sí) sino de grado (cada uno a su manera).

Una razón más para entender, con los datos de la ciencia cosmológica más avanzada, que la Tierra posee dignidad y por eso es portadora de derechos, lo que corresponde por nuestra parte a los deberes de cuidarla, amarla y mantenerla saludable para continuar generándonos y ofreciéndonos los bienes y servicios que nos presta. Este es uno de los mensajes centrales de la encíclica del Papa Francisco “sobre el cuidado de la Casa Común” (2015). En la misma línea va la Carta de la Tierra, uno de los documentos axiales de la nueva visión de la realidad (2000) y de los valores que es importante asumir para garantizar su vitalidad. El sueño colectivo que propone no es “desarrollo sostenible”, fruto de la economía política dominante, antiecológica, sino “un modo de vida sostenible” que resulta del cuidado de la vida y de la Tierra. Este sueño supone entender a “la humanidad como parte de un vasto universo en evolución” y a la “Tierra como nuestro hogar y viva”. Implica también “vivir el espíritu de parentesco con toda la vida”, “con reverencia el misterio de la existencia, con gratitud el don de la vida y con humildad nuestro lugar en la naturaleza” (Preámbulo). Propone una ética del cuidado que utiliza racionalmente los bienes escasos para no perjudicar el capital natural ni a las generaciones futuras; ellas también tienen derecho a un Planeta sostenible y con buena calidad de vida. Esto solamente ocurrirá si respetamos la dignidad de la Tierra y los derechos que ella tiene de ser cuidada y guardada para todos los seres, también los futuros.

Ahora puede comenzar el tiempo de una biocivilización en la cual Tierra y Humanidad, dignas y con derechos, reconocen su recíproca pertenencia, de origen y de destino común.

Leonardo Boff

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Fuente Servicios Koinonia

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El hoy de Dios

Martes, 21 de febrero de 2017

Del blog de la Communion Béthanie:

El hermano Roger es una profeta de nuestro tiempo. Centró toda su vida en Cristo, en cuyo nombre dio la bienvenida a cualquier persona, cualquiera que sea su ori gen, su pasado, su edad, su religión. Hombre de oración, el fundador de la comunidad ecuménica de Taizé no ha dejado de animar a los hombres a reconciliarse. Su testamento espiritual continúa sosteniendo a aquellos que deseen desarrollar un monaquismo interior. Os proponemos oraciones y palabras del hermano Roger para alimentar cada semana la vida interior en el seguimiento del Dios uno y trino. (Citas sacadas del libro “Vivir para amar” Ed. Les Presses de Taizé, 2010).

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Canta alma mía: estoy en Cristo, soy de Cristo. Imperceptible cambio en el interior,  la transfiguración del ser se prosigue a lo largo de la existencia. Concede vivir en el momento presente, hace de cada día un hoy de Dios. Ya en la tierra, es comienzo de la resurrección, el comienzo de una vida que no tiene fin.

*

Frère Roger de Taizé,
Vivir lo inesperado
(Carta del hermano Roger, 1974)

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Ser luz, ser sal…

Domingo, 5 de febrero de 2017

Luz en la noche

El canto quiere ser luz…

El canto quiere ser luz.
En lo oscuro el canto tiene
hilos de fósforo y luna.
La luz no sabe qué quiere.
En sus límites de ópalo,
se encuentra ella misma,
y vuelve.

*

Federico García Lorca

***

El Señor ha puesto su mirada sobre nosotros;
ha puesto su confianza y su esperanza;
el Señor Dios ha hablado y cuenta con nosotros.

Nos pusiste , Señor, en esta tierra,
como luz, como hoguera abrasadora,
a nosotros que apenas mantenemos encendida
la fe de nuestras lámparas.

Nos dejaste , Señor, como testigos,
como anuncio brillante entre la gente,
a nosotros, tu pueblo vacilante,
tus seguidores de lengua temblorosa.

No te oirán si nosotros nos callamos,
si tus hijos te apartan de sus labios.
no verán el fulgor de tu presencia,
si tus fieles te ocultan con sus sombras.

Fortalece , Señor, nuestra flaqueza,
que tus siervos anuncien tu Palabra;
resuene tu voz en nuestra boca;
que tu Luz resplandezca en nuestras vidas;
que tu fuego sea siempre llama viva en nuestros corazones.

Quiero entrar en el ritmo gozoso de tu Palabra;
quiero encontrar en tu llamada, mi libertad.
Dame tu fe, que rompan los esquemas que me cercan;
Dame tu fe, que entre en la luz de tu camino.
Dame tu fe, para que ame la verdad de corazón.

Aquí estoy , Señor,
desbordado por el sermón de la montaña,
fascinada por tus retos,
desconcertada ante tus exigencias.

Aquí estoy, Señor, apasionado por la utopía,
eres audaz, eres arriesgado en tu mensaje,
eres un imposible al corazón de la persona,
sólo posible en tu Espíritu.

Necesito un corazón pobre, humilde , sencillo,
capaz de firmeza y esperanza,
capaz de buscar tu voluntad y hacerla ley en mi comportamiento.
Un corazón misericordioso, compasivo,
que acoge al que sufre,
que vive en la verdad y la transparencia,
que trabaja por la paz y la justicia.

Jesús, Señor del camino lleno de exigencias, de utopía, de esperanza,
abre mi corazón a tu horizonte,
y alienta mi empeño con tu Espíritu de vida.

Jesús ha puesto su mirada en nosotros
y nos dice que seamos sal y luz de la tierra.
Sal y luz para dar sentido a la vida;
para hacer ver que merece la pena ser vivida
desde el proyecto de Jesús.

*

(De una celebración de las Hijas de la Caridad)

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

*

Mateo 5,13-16

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Ser fermento de paz

Martes, 29 de noviembre de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

El hermano Roger es un profeta de nuestro tiempo. Centró toda su vida en Cristo, en cuyo nombre dio la bienvenida a cualquier persona, cualquiera que sea su origen, su pasado, su edad, su religión. Hombre de oración, el fundador de la comunidad ecuménica de Taizé no ha dejado de animar a los hombres a reconciliarse. Su testamento espiritual continúa sosteniendo a aquellos que deseen desarrollar un monaquismo interior. Os proponemos oraciones y palabras del hermano Roger para alimentar cada semana la vida interior en el seguimiento del Dios uno y trino. (Citas sacadas del libro “Vivir para amar” Ed. Les Presses de Taizé, 2010).

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*

“Una paz sobre la tierra se prepara en la medida en que cada uno se atreve a interrogarse: ¿estoy dispuesto a buscar una paz interior, dispuesto a avanzar con desinterés?

Incluso desprovisto, puedo ser fermento de confianza allí dónde vivo, con una comprensión hacia los otros que se aumentará siempre más ?

*

Frère Roger de Taizé,

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Trata de sueños

Martes, 8 de noviembre de 2016

tratahumanaIñigo García Blanco, Hermano Marista,
Madrid.

ECLESALIA, 24/10/16.-Tras acompañar en aquellos días de septiembre algunas de las acciones emprendidas de sensibilización y capacitación de la ‘Red de Enfrentamiento al tráfico de personas en la Triple Frontera (Brasil-Colombia-Perú)’, estoy un tanto des-soñado (inquieto en la hora de los sueños). Los relatos que hay tras “la trata” me desvelan.

Esta realidad ha sido un nuevo aldabonazo en mí para mirar de otra forma los movimientos migratorios, los sueños negociados y ocultos que se mueven transnacionalmente, los dramas silenciados que pueden ser juzgados por la alienación de los derechos, principalmente el de la dignidad y la autonomía. El 23 de septiembre se celebraba el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños que fue instaurado por la Conferencia Mundial de la Coalición contra la Trata de Personas en coordinación con la Conferencia de Mujeres que tuvo lugar en Dhaka, Bangladesh, en enero de 1999.

La trata de personas es un delito que despoja a los seres humanos de sus derechos, echa por tierra sus sueños y les priva de su dignidad. Es un delito que nos avergüenza en nuestra historia cada vez más anémica de humanidad. La trata de personas es un problema mundial, al que ningún país es inmune. Millones de víctimas se encuentran atrapadas y son explotadas cada año por esta forma moderna de esclavitud.

El Protocolo de Palermo define la trata de personas en su art. 3 como: “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esta explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.”

Existen en el mundo 200 millones de personas migrantes, 60 millones de desplazados, 20 millones de ellos refugiados y 40 desplazados internos, y 4 millones de víctimas de trata.

Uno de los grupos de alta vulnerabilidad en esta “situación de trata” es el de las niñas y niños. Encontramos aquí factores comunes que propician dicha vulnerabilidad: la pobreza, que lleva a las familias a abandonar a los menores en manos de traficantes en la creencia de que lograrán un futuro mejor; en crisis humanitarias, donde los verdugos aprovechan las situaciones de caos para raptar a sus víctimas; en conflictos armados, donde los niños suelen ser empleados como soldados por lo fácil que resulta manipularlos… De acuerdo con datos ofrecidos por UNICEF, cada día 4.000 niños y niñas son víctimas de trata. En general, el fin de la trata de menores es que éstos sean explotados sexualmente (importante en este punto mencionar el auge de la pornografía infantil, así como a chicas adolescentes obligadas a prostituirse), forzados a matrimonios pre-pactados, o para trabajos forzosos en fábricas o como personal de servicio doméstico.

En expresión del Papa Francisco, cada una de estas personas son consideradas “población sobrante”, producto de la “cultura del descarte”, que nos vuelve incapaces para compadecernos ante los clamores de los otros. Son los nadie-sin-sueños, nadie-sin-futuro, nadie-sin-derechos. Seguramente por eso que pasan desapercibidos sus rostros ante nosotros; se vuelven invisibles para nuestra acomodada medida de justicia y distribución de oportunidades. Las cifras no muestran la realidad que ocultan.

Sigo desvelado, la sola definición de este fenómeno, de esta acción violenta me irrita y me hace temblar al tratar de poner rostro a sus víctimas, niños, niñas, adolescentes, mujeres. Sueños truncados por una trata de intereses deshumanizados.

Me viene a la mente la imagen del atrapasueños tan corriente por estas tierras. La antigua leyenda de los indios ojibwa sobre los atrapasueños habla de que los sueños pasan por la red filtrando y deslizando los buenos sueños a través de suaves plumas hasta que llegan a nosotros. Los malos sueños, sin embargo, son atrapados en el tejido y mueren con el primer haz de luz del día.

Ojalá seamos capaces de proteger los buenos y deseables sueños, mientras que aquellos que amenazan nuestras historias y nuestros derechos no lleguen a nosotros. Llamados a ser protectores de sueños de los más pequeños, de aquellos que nos contagian la ilusión por la vida en cada una de sus expresiones y colores. No podemos seguir permitiéndonos que “la trata” siga siendo impune, que siga ocurriendo a costa de los más pequeños y pequeñas de nuestras comunidades… precisamos desenmascarar esta práctica indigna y aberrante contra el valor más profundo de la vida. Al menos gritar que no permitiremos más trata de sueños (que no son los de nuestros pequeños).

Queremos trabajar en red pues sabemos de su fuerza transformadora que estrecha lazos y el compromiso por la vida y la defensa a ultranza de los derechos humanos, en especial de los niños y jóvenes de nuestras comunidades locales. Precisamos construir juntos un mundo mejor, cuidar entre todos ésta nuestra Casa Común de Todos.

Quisiera saber sumarme

en la lucha contra la ideología y el sistema económico

que provoca la exclusión de millones de personas,

en la denuncia de la sistemática transgresión de los derechos humanos

de las “personas en movimiento” por parte de los Gobiernos,

al trabajo por otro mundo posible hospitalario,

al discipulado y a la práctica solidaria de Jesús de Nazaret, “el flaco”,

a hacer una nueva teología de la emigración,

a pasar de la exclusión a la hospitalidad.

Nadie tiene derecho a robar tus sueños,

ni a perturbar tu creativa imaginación.

Nadie tiene derecho a traficar contigo,

pues no eres mercancía ni objeto de intercambio.

Nadie tiene derecho a robar tu vida,

mucho menos vulnerarla ni encerrarla.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de trata.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de violencia.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de la pobreza.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de la prostitución.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima del silencio.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de la exclusión.

Una red se teje, atravesando fronteras, a lo largo y ancho del mundo,

reclamando el fin de la trata de personas y su esclavitud…

reclamando justicia y rescatando la dignidad…

reclamando la libertad y la autonomía para ser sueño vivo…

reclamando los sueños arrebatados y empoderándolos con color…

reclamando el espíritu que llevamos dentro…

reclamando un tiempo nuevo para desplegar la hospitalidad.

El mundo tendrá que escuchar su voz.

Del Libro del Eclesiastés, 4,1:

“Pensé además en todos los abusos que se cometen bajo el sol. Vi las lágrimas de las personas oprimidas, y no hay nadie que las consuele; sufren la violencia de sus opresores, y no hay nadie que venga en su ayuda”

Un cálido abrazo

Íñigo García Blanco

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Todos santos, aquí y ahora.

Martes, 1 de noviembre de 2016

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La vida futura es el opio del pueblo, es una mistificación que hace esperar del futuro un cambio que no se habría producido o por lo menos no se ha preparado en el presente.

La verdadera fe cristiana no es la fe en una vida futura, sino en la vida eterna, y si es eterna, sólo se necesita un momento de reflexión para comprender que ya se ha iniciado. Vivimos ahora, o no viviremos nunca.

*

Luis Evely, “Ese hombre eres tú” (1957), p. 58

***

 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”

*

Mateo 5,1-12a

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Verdes

Martes, 26 de abril de 2016

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A la tierra de Ecuador, a las víctimas del terremoto y a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo, que están dejando allí pedazos de sus vidas por tratar de salvar las de otros.

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Palabras de sabios para el Día Mundial de la Tierra, que nos llaman a celebrarlo y vivirlo a diario, no solo hoy. Sin una visión bucólica, idílica del planeta; sin olvidar que también puede ser terrible, sobre todo cuando lo maltratamos con tanta irresponsabilidad.

***

“La Palabra es vivir, ser, espíritu, todo verde reverdecer, toda creatividad. Esta Palabra se manifiesta en toda criatura.

Hildegarda de Bingen

*

“La fuerza que a través de la mecha verde impulsa a la flor, impulsa mi edad verde…La fuerza que impulsa al agua a pasar a través de las rocas, impulsa mi sangre roja.”

Dylan Thomas

*

“El universo es la principal revelación de lo divino, el principal escrito sagrado, el punto principal de comunión divino-humano.”

Thomas Berry

*

“La humanidad participa por naturaleza en todos los acontecimientos cósmicos y está entrelazada hacia adentro y hacia afuera con ellos.”

Richard Wilhelm

*

 “Al parecer, algunos piensan que un santo no puede en modo alguno sentir interés natural por ninguna de las cosas creadas. Se imaginan que toda forma de espontaneidad o disfrute es el goce pecaminoso de una ‘naturaleza caída’. Que ser sobrenatural significa ahogar toda espontaneidad con tópicos y reflexiones acerca de Dios. …Como si los santos ofendieran a Dios cada vez que estiman la belleza, la bondad, las cosas agradables. ..Un santo es capaz de amar las cosas creadas y gozar usándolas y tratando con ellas de una manera perfectamente sencilla y natural, sin hacer referencias formales a Dios, sin atraer la atención sobre su piedad y actuando sin ninguna forma de rigidez artificial.“..

*

Thomas Merton

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Estamos en nuestra casa

Lunes, 25 de abril de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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” Estamos en nuestra casa.

Por todas partes por donde se extienda el cielo,

estamos en nuestra casa.

En cualquier lugar de esta tierra,

si lo llevamos todo en nosotros,

estamos en nuestra casa. “

*
Etty Hillesum
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“¿Cómo tratas a Hestia: tu hogar y la Tierra como Casa común?”, por Leonardo Boff

Sábado, 6 de febrero de 2016

hestia-3Leído en la página web de Redes Cristianas

Existe actualmente toda una forma nueva de interpretar los antiguos mitos griegos y de otros pueblos. En vez de considerar a los dioses y diosas como entidades existentes, ahora crece la hermenéutica, especialmente tras los estudios del psicoanalista C.G. Jung y sus discípulos J. Hillman, E. Neumann, G. Paris y otros, de que se trata de arquetipos, es decir, de fuerzas psíquicas ancestrales que habitan en nosotros y mueven nuestras vidas. Irrumpen de forma tan vigorosa que los conceptos abstractos no consiguen expresarlas más que mediante relatos mitológicos. En este sentido el politeísmo no significa la pluralidad de divinidades, sino de energías que vibran en nuestra psique.

Uno de esos mitos que tienen un significado profundo y actual es el de la diosa Hestia. Según el mito, es hija de Cronos (el dios del tiempo y de la edad de oro) y de Rea, la gran madre, generadora de todos los seres. Hestia representa nuestro centro personal, el centro del hogar y el centro de la Tierra, nuestra Casa común. Es virgen, no por despreciar la compañía del hombre, sino para poder cuidar con más libertad a todos los que se encuentran en el hogar. Así y todo suele ir acompañada de Hermes, el dios de la comunicación (de donde viene hermenéutica) y de los viajes. No son marido y mujer; son autónomos, aunque vinculados siempre recíprocamente.

Ellos representan dos facetas de cada persona humana, que es portadora simultáneamente del ánimus (principio masculino, Hermes) y del ánima (principio femenino, Hestia).

Hestia significa en griego el hogar con el fuego encendido: el lugar alrededor del cual todos se agrupan para calentarse y convivir. Por lo tanto, es el corazón de la casa, el lugar de la intimidad familiar, lejos del barullo de la calle. Hestia protege, da seguridad y refugio. Además, a ella le corresponde también el orden de la casa y tiene la llave de la despensa para que esté siempre bien abastecida para familiares y huéspedes.

En las ciudades griegas y romanas había siempre un fuego encendido, para expresar la presencia protectora de Hestia (la Vesta de los romanos). Si se apagaba el fuego, era presagio de alguna desgracia. Tampoco se empezaba la comida sin hacer un brindis a Hestia: “para Hestia” o “para Vesta”.

Hestia concretamente significaba también ese rincón donde uno se recoge para estar solo, leer su periódico o un libro y hacer su meditación. Cada persona tiene su “rinconcito” o su butaca preferida. Para saber donde se encuentra nuestra Hestia debemos preguntarnos cuando estamos fuera de casa: ¿cuál es la imagen que nos recuerda mejor nuestro rincón, donde Hestia se oculta? Ahí está el centro existencial de la casa. Sin Hestia la casa se transforma en un dormitorio o en una especie de pensión gratuita, sin vida. Con Hestia hay afecto, bienestar y el sentimiento de estar “finalmente en casa”. Ella era considerada como una araña, por tejer telas que unen a todos, trasmitiendo las informaciones.

Hestia era venerada por todos y la primera en ser reverenciada en el Olimpo. Júpiter defendió siempre su virginidad contra el asedio sexual de algunos dioses más atrevidos.

Nuestra cultura patriarcal y la masculinización de las relaciones sociales debilitaron mucho a Hestia. Las mujeres han hecho bien saliendo de casa y desarrollando su dimensión de animus (capacidad de organizar y dirigir), pero han tenido que sacrificar, en parte, su dimensión de Hestia. En ellas se muestra la dimensión de Hermes, que se comunica y se articula. Han llevado al mundo del trabajo las principales virtudes de lo femenino: el espíritu de cooperación y el cuidado, que hacen las relaciones menos rígidas, pero llega el momento de volver a casa y recuperar a Hestia.

¡Ay de la casa descuidada y desordenada! Ahí surge el deseo de que Hestia se haga presente para garantizar una atmósfera buena, íntima y familiar. Esta no es solo tarea de la mujer sino también del hombre. Por eso en todo hombre y en toda mujer deben equilibrarse el momento de Hermes, estar fuera de casa para trabajar, con el momento de Hestia, de volver al centro donde tiene su refugio y su bienestar.

Hoy, por más feministas que sean las mujeres, están recuperando cada vez más este fino entramado vital.

Hestia no significaba solamente el hogar de la casa o de la ciudad. También designaba el centro de la Tierra donde está el fuego primordial. Hoy ya no es una creencia sino un dato científico. En el centro hay hierro incandescente. Lógicamente, cuando se estableció el heliocentrismo y se invalidó el geocentrismo, hubo un derrumbe emocional de la figura de Hestia, la Casa Común. Pero lentamente se ha ido reconquistando. Si bien la Tierra ya no es el centro físico del universo, sigue siendo el centro psicológico y emocional. Aquí vivimos, nos alegramos, sufrimos y morimos. Incluso viajando a los espacios exteriores, los astronautas siempre mostraban tener nostalgia de la Madre Tierra, donde está todo lo que es significativo y sagrado.

Hoy tenemos que rescatar a Hestia, protectora de la Casa Común, mantener su fuego vivo y darle sostenibilidad. No le estamos dando el trato de honor que merece, por eso ella nos envía quejas con el calentamiento global y las calamidades naturales. No debemos rebajar a Hestia a mero repositorio de recursos sino tratarla como la Casa Común que debe ser bien cuidada para que siga siendo nuestro hogar acogedor y bienhechor.


Leonardo Boff es articulista del JB online y escritor.

Traducción de MJ Gavito Milano

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Domingo, 1 de noviembre de 2015

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La vida futura es el opio del pueblo, es una mistificación que hace esperar del futuro un cambio que no no se habría producido o por lo menos no se ha preparado en el presente.

La verdadera fe cristiana no es la fe en una vida futura, sino en la vida eterna, y si es eterna, sólo se necesita un momento de reflexión para comprender que ya se ha iniciado. Vivimos ahora, o no viviremos nunca.

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Luis Evely, “Ese hombre eres tú” (1957), p. 58

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En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”

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Mateo 5,1-12a

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Salir a buscar la belleza de la comunidad*

Sábado, 26 de septiembre de 2015

mundo-en-la-caraYolanda Chaves; Mari Paz López Santos; Patricia Paz
Los Ángeles; Madrid; Buenos Aires.

ECLESALIA, 11/05/15.-  “En el principio…” en aquel primer instante, tras crear el cielo, la tierra, el mar y todo lo que allí se contiene, Dios creó al ser humano. Macho y hembra los creó. Ser humano masculino y ser humano femenino. No dice nada el Génesis ni de negros y amarillos, ni de trigueños y apiñonados,  ni dorados y rojizos, ni  pardos ni blancos, sólo dice que los creó. Nada de tonalidades, nada de metros y centímetros, nada de culturas, naciones, religiones… nada de nada.

Sopló en sus narices un aliento de vida, el mismo aliento, la misma vida, la única vida que Dios podía insuflar: la suya propia. Y fue para todos. Ellas y ellos existieron. Sin más. Y Dios miró lo que había hecho y vio que era muy bueno. Miró como respiraban, como se movían, y quedó contemplando aquella diversidad de colores y formas, viendo como se paseaban por la Creación, ese espacio maravilloso que los esperaba para ser habitado. El Creador sonrió viendo que su obra además de buena era bella… ¡era muy hermosa!

Dio por sentado que entendían que todo eso que les regalaba era para ser compartido. Ninguno de los seres humanos había hecho nada para merecer tanta abundancia, tanta diversidad. Ninguno había pensado los mecanismos y ciclos de la naturaleza. No habían diseñado las formas, ni los colores, ni las texturas de cuanta belleza podían admirar sus ojos. El día y la noche, la tierra, el aire y el agua, el frío y el calor, la multiplicidad de vida animal y vegetal que los rodeaba, todo, absolutamente todo, era don gratuito y amoroso del Creador para ser disfrutado y compartido.

¿Cuándo se rompió aquel instante, el primero y único? En el preciso momento en que el ser humano se atribuyó la vida no como Don sino como  propiedad suya. Así se autoexcluyó del Paraíso, iniciando un viaje que parece no tener fin.

Nos hemos apropiado de la tierra excluyendo a muchos de gozar de sus frutos. Millones de personas desplazadas de sus lugares de origen por el hambre, la violencia, las guerras, las persecuciones, esperan en vano ser recibidos como hermanos para poder rehacer sus vidas y gozar de una existencia digna. La Madre Tierra está siendo explotada sin respeto y sin amor causando graves daños que ponen en peligro la subsistencia de la especie a corto plazo. Hemos olvidado por completo que lo recibido es don y que se nos entregó para ser compartido sin distinciones.

Hay razas, países y culturas que se sienten superiores y con derecho sobre los que consideran inferiores. Delimitamos nuestra casa común con fronteras, con muros, con leyes. Los poderosos saquean los recursos de aquellos que no tienen los medios para defender sus ríos, su aire limpio, sus minas, su cielo azul, sus montañas, en definitiva, su hogar. Se gastan fortunas en ejércitos y armamento para sostener toda esta depredación en vez de designar esos recursos para terminar con el hambre y la exclusión.

Que las razas nos distingan pero no nos clasifiquen. Que la diversidad nos enriquezca. Que veamos a través de los ojos del Creador que todo lo que existe es bueno y bello y, por lo tanto, debe de ser respetado y cuidado. Que nadie se quede sin una mesa para comer, un techo para guarecerse, ropa para vestirse y una mano amiga para acompañarlo. El Reino es un banquete donde todos tienen un lugar, donde nadie quede excluido mirando desde fuera.

En la reciente encíclica del Papa Francisco, “Laudato si”, resuena el Cántico de San Francisco a la Hermana Tierra: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra, Madre Tierra”. El Papa llama a “entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común” (3); y también a ir más allá, reflexionando: “No nos servirá descubrir los síntomas si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica” (101).

Es urgente salir de este paradigma individualista y consumista e iniciar el camino hacia un modelo evangélico donde la solidaridad y el bien común sean la  manifestación de que hemos entendido y aceptado el don gratuito de la Creación para ser compartido en igualdad y fraternidad.

Pero nada de esto podremos conseguir sin una verdadera conversión del corazón, que nos haga mirar a los demás y a la casa común como iguales, y los beneficios y logros sean para todos. Que el bien común sea la ley suprema que rija nuestras comunidades y nadie sea más que nadie. Donde el concepto de éxito no sea tener sino ser con los otros y juntos tener una vida digna.

Ya es tiempo de iniciar el camino de retorno al origen, al instante aquel; dejando el lastre de odios y diferencias, de dolor y frustración, de corrupción y violencia. Ha llegado la hora de salir a buscar la belleza de la comunidad, para la que fuimos creados  y amados

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*Nota de las autoras:  Queremos dedicar este nuevo escrito “a seis manos” a todos los refugiados que han muerto en estos días, a los que han seguido camino intentando llegar a destinos seguros para sus vidas y las de sus hijos. Acabamos este escrito antes de que el pequeño Aylan Kurdi entrara en nuestros corazones como icono, representando a todos los pequeños inocentes que mueren cuando sólo deberían disfrutar una vida digna y feliz.

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Oración por nuestra tierra

Sábado, 11 de julio de 2015

a_3wDios omnipotente,

que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.

Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.

Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.

Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.

Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

*

Francisco

Oración por nuestra tierra.
Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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