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Preferir siempre su voluntad

Sábado, 5 de septiembre de 2020

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“A veces pienso que quizá muera pronto, aunque todavía no soy viejo (cuarenta y siete años). No sé exactamente qué clase de convicción lleva consigo este pensamiento, o qué significa para mí. La muerte siempre es una posibilidad para todos. Vivimos en presencia de esa posibilidad. Así, siempre tengo conciencia de que puedo morir, y me alegro, si esa es la voluntad de Dios. «Salid a Su encuentro». Y a la luz de eso me doy cuenta de la futilidad de mis cuidados y preocupaciones, y en especial de mi principal cuidado, central para mí, que es mi obra de escritor… Aunque sé por experiencia que sin ese cuidado y ese trabajo saludable me estorbaría a mí mismo mucho más, mucho más obstruido por mi propia inercia y confusión. Si no estoy totalmente libre, entonces el amor de Dios, espero, me liberará. Lo importante es simplemente volverse a Él todos los días y a menudo, prefiriendo Su voluntad y Su misterio a todo lo que es evidente y tangiblemente «mío».

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Thomas Merton

Conjeturas...

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Fotografía: Yazmi Palenzuela

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Andrés Felipe Rojas Saavedra: La muerte del justo redime al pecador.

Martes, 25 de agosto de 2020

crucificado-campesinoLa crisis espiritual del cristianismo actual, se debe a una visión mesiánica veterotestamentaria, la misma que fue criticada por Jesús al ser propuesta por Simón Pedro.

La edad media, cargada de tantos fenómenos religiosos, llegó a repensar el cristianismo como un gran ejército que era capaz por la espada, de silenciar a los infieles y de instaurar el Reino de la Iglesia (no el Reino de Dios) con el Sumo Pontífice a la cabeza (no Cristo).

La idea de defender la religión y los lugares santos con la orden del Temple o las “Cruzadas” (instigado por algunos reyes católicos) es sin duda una de las tergiversaciones más graves del cristianismo, y aún hoy quedan esos vestigios de una religión guerrera, de una religión intransigente, incapaz de dialogar con el que piensa distinto. Debo confesar que hace poco viendo una representación de Miguel Arcángel, descubrí que no había imagen más anticristiana que la de un ángel levantando una espada pisando al “diablo”.

Esta imagen del arcángel es tomada por el libro del Apocalipsis para asociarlo a la imagen de los mártires que con su sangre son capaces de proclamar la victoria del Cordero (Ap. 12, 7-9); dicho relato presenta la expulsión del “cielo” del “acusador de nuestros hermanos” (Ap. 12, 10) una clara evocación al personaje que ocasiona los males al justo Job, cuyo mito tiene como intención hablar de la ley de la compensación y responder a la pregunta ¿por qué le pasan cosas malas a los justos? (Job. 1, 6)

No es precisamente un combate entre iguales; dicho libro, el apocalipsis, puede manifestar muy bien la intención final de esta reflexión, los oprimidos alcanzan la victoria, no levantándose en armas contra sus victimarios, sino asumiendo la misma condición del Cordero degollado, lavando sus vestiduras en la sangre del martirio (Ap. 7, 14).

Algunas imágenes de Dios, en el antiguo testamento, lo presentan como el Tsebaoth צבאות (Dios de los ejércitos) al estilo del dios griego Ares, con su equivalente romano: Marte, dios de la guerra. Junto al pueblo de Israel, conquistando la tierra prometida, está la mano poderosa de Dios contra sus adversarios; pero muchos de estos relatos son post Babilónicos, es decir, tuvieron la intención de recuperar el sentido de nación de Israel luego de la deportación y casi desaparición de ellos como pueblo, se puede hacer una lectura con las mismas herramientas hermenéuticas del libro del apocalipsis, sobre todo con los libros del Éxodo, Josué, Jueces, entre otros.

El Dios que lucha, lo hace del lado de los pequeños, de los pobres, de los oprimidos. Dicha visión del Dios protector, del pastor, incluso del עִמָּנוּאֵל (Emanuel) se acompaña de la triada completada por profetas como Isaías: huérfanos, viudas y extranjeros.

Pero la lectura superficial de los textos veterotestamentarios, pueden llevar a la confusión de creer que YHWH es un “dios de guerra”, dicha visión queda absolutamente abolida o más bien zanjada en la presentación mesiánica de Jesús y su proyecto de Reino, distinto a la visión de los judíos de la época. Si Dios era Rey, no lo era como los de este mundo (Mt. 10, 43-45), y si la espada se utilizaba para conquistar, debía ser envainada porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. (Mt. 26, 52)

La imagen del siervo sufriente, adoptada por Jesús, es el único camino para la consecución de los valores auténticos del Reino. El malvado, de frente al rostro sin apariencia humana (Isaías 53, 2) no tiene de otra más que verse identificado en el reflejo de inhumanidad y sentirse tocado por aquellos que sufren, aunque no se de en el mismo momento o incluso a largo plazo.

La redención del malvado se da en ese espiral de relaciones inhumanas, el criminal al verse confrontado con la paciencia y amor ágape (ἀγάπη) de la víctima, redescubre su propia humanidad perdida, y para completar la escena de misericordia, sucede algo impensable, la víctima muere perdonando, sus últimas palabras no son de venganza, ni de odio, sino de una profunda espiritualidad que viene concebida de la confianza en el Dios que resucita.

Por eso el autor de la doble obra neotestamentaria (Lucas y Hechos) presenta a Jesús perdonando (Lc. 23, 34) y al primer mártir imitando a su maestro (Hc. 7, 60). El libro de Hechos, que es un evangelio proyectado en la vida de los seguidores de Jesús, presenta como la persecución e incluso la muerte, se convierten en semillas de nuevos cristianos, como aseguraba Tertuliano (año 197), que de seguro se inspira en las palabras del Señor, cuando evoca la realidad de la semilla que cae en tierra y muere (Jn. 12, 24)

Yo he sido un convencido que el relato de la conversión de Pablo camino a Damasco es una respuesta “reflejo” del apóstol frente a los que el perseguía, Jesús se le presenta como el perseguido y el reconoce el rostro del Señor en todos aquellos que había enviado a la cárcel y hecho azotar.

Por eso es impensable que un cristiano asuma la violencia o la guerra, como una salida mediática para el conflicto del mundo de hoy, no se puede ni siquiera consentir en el pensamiento ideas que promuevan conflictos armados o “venganzas a propia mano”. Hace poco se viralizó una noticia acontecida en México de dos ladrones que se subieron a una combi (bus de transporte público) y uno de ellos fue presa de sus víctimas quienes le proporcionaron una golpiza que lo llevo finalmente a la muerte, mucha gente celebró enfáticamente el trágico acontecimiento, pero sin duda puede que los redimidos no haya sido los que se libraron del atraco sino el atracador, porque esa es la lógica ilógica de Dios, a quién no le podemos reprochar el modo de gobernar el mundo (Mt. 20, 1-16).

Y en Colombia, una gran parte de la población siente un odio visceral por los grupos armados al margen de la ley, muchos de ellos ni siquiera estuvieron en el fuego cruzado en los momentos más duros de la guerra, pero aún así existe en el imaginario colectivo una visión de “la muerte redentora” es decir, la idea que matando a los malos se logrará la paz, en el fondo la guerra nunca se irá porque quedarán los victimarios de los victimarios, es como un circulo de violencia de nunca acabar. Una tarea grande que se tiene en este país, que se profesa de mayoría cristiana, es ayudarles a redescubrir la humanidad de todos, incluso de los que se consideran malos, ya que muchos de ellos fueron reclutados siendo niños y no conocieron otra realidad más que la guerra.

En la película de Harry Potter y la orden del Fénix, sin pretender hacer apología de la “brujería” o cosa parecida, en un diálogo entre Harry y su padrino Sirius, él le recuerda que “las personas no se dividen en buenos y malos; todos tenemos luz y oscuridad en nuestro corazón. Lo importante es qué parte decidimos potenciar” o en la traducción latina “lo que importa son los caminos que tomamos”. Dicha escena puede concluir cuando al final de la película Sirius es asesinado y, en el recuerdo de la imagen de su padrino, Harry opta por perdonar a la asesina.

El mensaje de Jesús es contundente, perdonar a los que nos ofenden, orar por quienes nos persiguen e imitar al Padre que hace brillar el sol sobre justos e injustos (Mt. 5, 45). El cristianismo no puede seguir divido, entre los que son buenos y merecen premios temporales y los que son malos y deben ser rechazados por la comunidad, esa división, según los relatos Bíblicos, no se da sino hasta el juicio del Hijo del Hombre sobre el mundo (Mt. 14, 24; 25, 32), Él es el único con la autoridad de juzgar (Mt. 7, 2), además puede correrse el riesgo que todos los que se consideraron a sí mismos como trigo, resulten siendo cizaña, o que sean como el hijo mayor de la parábola, creyendo que por vivir en la casa del Padre estaba con su corazón embotado totalmente a su voluntad (Lc. 15, 11-32).

Estos postulados no implican un silencio frente a las injusticias o a la denuncia profética de las estructuras de muerte, al contrario, asumir la actitud del siervo sufriente, es una denuncia mucho más locuaz que las mismas palabras. Se contagia con un testimonio capaz de desenmascarar a los verdaderos “diablos” y llevar a los perversos a caminos de humanización.

Y esta tarea de humanización es bidireccional, en desarmar a los que se creen buenos y en convertir por la fuerza de la bondad interior a los que usan la violencia como instrumento de poder. Esta misión urge en un mundo donde crece el individualismo ateo y donde cada vez más crece una brecha entre, unos que se creen buenos y otros que son considerados como malos, en el fondo dicha brecha va a acompañada, no exclusivamente, en la división de estratos sociales.

Comprender ese misterio del Reino de Dios no es algo fácil; el Señor nos pone a prueba no en los momentos felices de nuestra vida, sino en los momentos límites, el que pierde su vida la ganará (Mt. 10, 37 ss), pero la religiosidad actual, se encuentra en crisis, la negación de los compromisos auténticos del cristianismo, ha llevado a un tipo de religiosidad peligrosa: con valores torcidos, con visiones híbridas de un espiritualismo medieval, un capitalismo salvaje y un consumismo individualista y deshumanizado. Al punto llegaremos a ser hombres y mujeres profundamente creyentes en un más allá vacío y en un más acá sin sentido.

Tendríamos que tener el valor de la mujer que vio a todos sus hijos morir y solo confiaba en la promesa de recuperarlos en la eternidad “Él, en su misericordia, les devolverá la vida y el aliento” (2 Mac. 7, 23)

A modo de conclusión, como afirmaba Hans Kung, en su obra Ser Cristiano, “cristianismo y humanismo no son polos opuestos; los cristianos pueden ser humanistas, y los humanistas, cristianos… el cristianismo sólo puede entenderse rectamente como humanismo radical” (Cfr. Pág. 29. Ed. 1977) Dicho humanismo no pone al ser humano como el centro del universo, dominando y controlando al resto de la creación, más bien pone al hombre al servicio del hombre, y ese servicio implica una integración con todo lo que lo rodea, cambiando el modo de estar el mundo y abriendo su corazón al Evangelio, capaz de hablar en medio de las tormentas del mundo de hoy y dar respuestas radicales frente a una sociedad relativa.

Solo hay dos caminos, el primero lleva a la Resurrección, pero dicho camino implica el sufrimiento y la cruz asumidos con valentía profética, y el segundo camino termina en el calvario, con las armas empuñadas y mirando una cruz vacía, con unos edictos de guerra sin sentido y un fratricidio que terminará con las vidas de todos los involucrados en el conflicto.

La muerte de los que siguen el camino de Jesús, hará brotar la esperanza en un mundo dividido, redimiendo y perdonando a los que persiguen.

Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM

Fuente Fe Adulta

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Muere Pedro Casaldáliga, el profeta del Araguaia

Sábado, 8 de agosto de 2020

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A las 9:40 a.m. (hora de Brasilia), en la ciudad de Batatais, estado de São Paulo, Brasil

La misa fúnebre se celebrará en Batatais el 9 de agosto de 2020 a las 15.00 horas

El velatorio tendrá luhar en tres sitios: Batatais, Ribeirão Cascalheira y Sao Felix do Araguaia

La Prelatura de San Félix de Araguaia (Mato Grosso, Brasil), la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos) y la Orden de San Agustín (Agustinos) anuncian la muerte de Monseñor Pedro Casaldáliga Pla, CMF, Obispo Emérito de la Prelatura de San Félix de Araguaia (Mato Grosso) y Misionero Claretiano, que falleció en este 8 de agosto de 2020 a las 9:40 a.m. (hora de Brasilia), en la ciudad de Batatais, estado de São Paulo, Brasil.

El velatorio tendrá lugar en tres lugares:

1 – En Batatais – SP

Pedro Casaldáliga, CMF, será velado el 8 de agosto de 2020, a partir de las 3 p.m. en la capilla del Centro Universitario Claretiano – Batatais, una unidad educativa dirigida por los Misioneros Claretianos, ubicada en la calle Dom Bosco 466, Castelo, Batatais, São Paulo, Brasil. Información: 16.3660-1777.

La misa fúnebre se celebrará en Batatais el 9 de agosto de 2020 a las 15.00 horas en la dirección antes mencionada y estará abierta al público en general. También se transmitirá en directo a través del enlace https://youtu.be/spto8rbKye0. El enlace estará abierto para que otros medios de comunicación lo transmitan.

2 – En Ribeirão Cascalheira – MT

El cuerpo del obispo Pedro Casaldáliga, CMF, será velado en el Santuario de los Mártires a partir del 10 de agosto, sin que se estime el tiempo de llegada del cuerpo. Información: teléfono 66 – 98420 – 2253 Fr.

3 – En São Félix do Araguaia – MT

El cuerpo de Dom Pedro Casaldáliga, CMF, será velado en el Centro Comunitario Tia Irene. El entierro será en São Félix do Araguaia.

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Pedro Casaldáliga, el obispo descalzo y el poeta de los que no cuentan

Este obispo descalzo y sin mitra, con el corazón lleno de nombres, nunca dejó de apoyar a todos los que hoy más le cantan, y que no dejarán que sus versos sean un futuro imposible

Nació a orillas del Llobregat, en una lechería de Balsanery en 1.928, en el seno de una familia católica. La Guerra Civil española le cogió en zona republicana, por lo que desde sus ocho años y hasta los once, el tiempo que duró la guerra, se confesaba en los establos y galerías, y ayudaba en misa a eucaristías de catacumba

São Felix do Araguaia, pequeño municipio del Mato Grosso de Brasil. Llega en 1.968 desde España junto con Manuel Luzón, CMF a fundar una misión católica, cuyos 150.000 kilómetros cuadrados de pastizales, florestas, selvas y ríos habitados por indios, pobres campesinos emigrados y peones de acarreo de los interminables latifundios agropecuarios fueron hechos Prelatura Apostólica

Ha muerto un referente religioso de nuestros días. El obispo emérito de São Félix do Araguaia ha fallecido a los 92 años. Aunque ya avisaba su larga enfermedad de Párkinson, con la que convivió durante muchos años el final llegó en el hospital de Batatais. A Pedro Casaldáliga le acompañan las causas que dieron sentido a su vida: Dios, los pobres, la tierra, los indígenas, los mártires… También su amplia obra poética y sus hermanos de la congregación a la que él pertenecía, los Misioneros Claretianos.

Era un religioso de una vida de oración muy profunda, de donde nace su ofrenda apostólica con la gente marginada. Un hombre insobornable, comprometido con el Evangelio. Y los suyos, su gente, han sido siempre los que nada pueden, los que no cuentan. Los que mueren-matados tantas veces antes de tiempo. Este obispo descalzo y sin mitra, con el corazón lleno de nombres, nunca dejó de apoyar a todos los que hoy más le cantan, y que no dejarán que sus versos sean un futuro imposible.

Pedro Casaldáliga nació a orillas del Llobregat, en una lechería de Balsanery en 1.928, en el seno de una familia católica. La Guerra Civil española le cogió en zona republicana, por lo que desde sus ocho años y hasta los once, el tiempo que duró la guerra, se confesaba en los establos y galerías, y ayudaba en misa a eucaristías de catacumba. Algunas veces tuvo que encubrir ante los milicianos el paradero de las monjitas de sus primeros años de escuela, o dar escondite a los desertores. Finalizada la guerra, le hizo saber a sus padres su deseo de ser sacerdote. Al año siguiente entró al seminario de Vic y entre conversaciones con sus superiores y visitas al sepulcro de San Antonio María Claret, llega a escribir en su diario que “se me despertó la vertiente última de mi vocación sacerdotal”. Sería misionero.

De sus años de formación, “podría decir lo que ya tantos otros han dicho”, pero el joven Pedro Casaldáliga ya sentía que el celo le abrasaba. Dicho con sus propias palabras “la definición que del Misionero Claretiano nos legara el Fundador pedía eso, un hombre que arde en caridad, que abrasa por donde pasa…”.

Sus primeros 16 años de claretiano en España 

Sabadell, durante seis años y Barcelona durante los tres siguientes supusieron un contacto con la realidad social española que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su ministerio sacerdotal. Alternó el mundo obrero con los Cursillos de Cristiandad, con la vida en comunidad, con clases en la escuela y horas en el confesionario. También como director de la Juventud Claretiana, donde atendía a los ‘descartados’ -como hoy diría el papa Francisco- por culpa del vicio, del dolor, de las migraciones o de la falta de trabajo. Y en medio de todo esto, es llamado para implantar los Cursillos en Guinea, “en la parte que aún era española”. A su regreso, escribió: “Ya llevaba para siempre en el corazón, confusamente, como un feto, África, el Tercer Mundo, Los Pobres de la Tierra y esa nueva Iglesia –La Iglesia de los pobres– que diríamos a partir del Concilio”.

A los 33 años, coincidiendo con el inicio del Concilio Vaticano II, recibe destino para ir a Barbastro, para ser formador de los seminaristas claretianos –pasó allí tres años– “bajo las sombras aún presentes de los cincuenta y un mártires hermanos de 1.936”, anota en su diario. A estas alturas, le llegó un nuevo encargo: ir a Madrid, a dirigir la centenaria revista cordimariana El Iris de Paz, a la que cambió el nombre por Iris, Revista de Testimonio y Esperanza.

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Dicho con sus propias palabras “la definición que del Misionero Claretiano nos legara el Fundador pedía eso, un hombre que arde en caridad, que abrasa por donde pasa…”

En torno a esta y otras actividades de Madrid se había fraguado un grupo de compañeros claretianos con quienes compartía la vida en total comunión –“compañeros del alma, compañeros de las horas decisivas, imprescindibles en el futuro: Fernando Sebastián, Teófilo Cabestrero, Maximino Cerezo, Santiago García, Rufino Velasco, etc…”–.

Seguidamente, hubo Capítulo General de renovación de la Congregación en 1.967 y Pedro fue elegido para participar en él como representante de la antigua Provincia de Aragón. De estos días, Pedro escribe: “El anuncio de la Palabra era nuestra misión en la Iglesia. Debíamos vivir el Vaticano II”. Y fue durante este Capítulo de renovación cuando fue enviado al Mato Grosso: “Yo –apunta Pedro en sus diarios– había conseguido, por fin, lo que había soñado y pedido y buscado, rabiosamente, durante todos los días de mi vida de vocación: las Misiones”.

América Latina será mi cruz definitiva 

São Felix do Araguaia, pequeño municipio del Mato Grosso de Brasil. Llega en 1.968 desde España junto con Manuel Luzón, CMF a fundar una misión católica, cuyos 150.000 kilómetros cuadrados de pastizales, florestas, selvas y ríos habitados por indios, pobres campesinos emigrados y peones de acarreo de los interminables latifundios agropecuarios fueron hechos Prelatura Apostólica por la Santa Sede en 1.969.

A Brasil llegó, cuenta él, “sin saber muy bien a dónde ni cómo, pero sintiendo que veníamos en misión. Y llegamos en pleno recrudecimiento de la dictadura militar y nos encontramos con una Iglesia de catacumbas con sus espléndidas minorías proféticas y la sangre corriendo”.

Pronto le salpicaría en su misión esa sangre que corría, y pronto le consagrarían obispo, el 24 de octubre de 1.971, día de San Antonio María Claret. Y ese mismo día publicó la carta pastoral Una Iglesia en la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social. Junto a la Doctrina de la Iglesia que incluía denunciar las injusticias en la evangelización, daba 80 páginas de testimonios con nombres, apellidos, lugares, haciendas y firmas.

Y comenzó a ser misionero-obispo bajo amenazas de muerte, hasta el punto de ver cómo moría asesinado el P. João Bosco Penido, SJ, vicario de la Prelatura. Amenazado, pues, por su fidelidad a la misión profética de vivir y anunciar testimonialmente el evangelio liberador de los excluidos y esclavizados por el inhumano sistema de vida y de poder vigentes “bajo la Ley suprema del revólver del 38”.

Nunca volvió a España, ni siquiera para el entierro de su madre. No abandonó la Misión porque no podía correr el riesgo de salir de Brasil. Es más, a los pocos meses de ser ordenado obispo, ya escribía: “esta es mi tierra en la Tierra. Este es mi pueblo. Por ella, con él, caminaré hacia la Patria”. El Gobierno había intentado expulsarlo del país en diversas ocasiones; en concreto, le incoaron cinco procesos de expulsión, pero la intercesión directa del Papa Pablo VI lo impidió. “Quien toca a Pedro, toca a Pablo”, tuvo que subrayar el Pontífice. Años más tarde, tras la visita ad limina con el Papa Juan Pablo II, el 21 de junio de 1.988, Casaldáliga afirmó: “creo en Pedro y su primado y estoy dispuesto a dar la vida por él”. Hablaron, entre otras cosas, de la injusticia que se da en Brasil, y su problemática social.

El trabajo pastoral de Casaldáliga y de su equipo se centró en las siguientes áreas: catequesis y celebraciones de la fe; educación; atención a la salud; y las reivindicaciones mayores como la defensa de los derechos humanos, la lucha por la tierra y la causa indígena.

En torno a 1.984 se le diagnostica la Enfermedad de Párkinson“el hermano Párkinson”, como él mismo se refiriera a ella–. Una enfermedad neurológica que afecta a los movimientos de la persona, causa lentitud de movimientos, rigidez muscular, y alteraciones en el habla y al escribir. Comienza a cumplir disciplinalmente los consejos médicos, lo que de alguna manera retarda, pero no detiene el avance de la enfermedad.

En el año 2.003 le llegó a Pedro el tiempo de renunciar al cargo de obispo. Su preocupación era la de la continuación de la caminhada pastoral. Esto le fue angustiando, sobre todo con la demora de la nunciatura, afectándole a su salud, cada vez más frágil. Finalmente, el 2 de febrero del 2.005 el Vaticano le aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la Prefectura por mayoría de edad, nombrando obispo de São Felix do Araguaia a monseñor Leonardo Ulrich Steiner, de la Orden Franciscana. Dom Pedro continuó viviendo en la prelatura a partir de entonces, ya jubilado. Ex-mérito, como le definió un periodista poco familiarizado con el lenguaje eclesiástico, y que él siempre citaba como una broma.

Al final de sus años, muchos medios de comunicación estuvieron interesados en acercarse a Pedro, pero él se resistía a conceder entrevistas que hablaran de sí mismo: “Olvídense de mí y ocúpense de las causas que dan sentido a mi vida. Ellas permanecen”, argumentaba. La gente pasa. Las causas continúan y los días siguen dando que pensar.

Algunos Títulos y Premios otorgados a Mons.Pedro Casaldáliga, CMF.  

El escritor argentino, Adolfo Pérez Esquivel propuso para premio Nobel de la Paz de 1.989 al obispo claretiano Pedro Casaldáliga. “El motivo principal para lanzar la candidatura de Pedro –dice el escritor– es el trabajo realizado durante veinte años por este obispo en pro de la integración latinoamericana en defensa de los derechos de los indios pobres y de los trabajadores de la Amazonía brasileña”. Fue nuevamente propuesto en 1.991 y 1.992.

La fundación española Alfonso Comín le concedía el 28 de septiembre de 1.992 el Premio Internacional por “compartir desde 1.968 la vida de los indígenas y campesinos de esta parte del Amazonas defendiendo sus derechos y haciendo sentir su voz frente a la agresión que padecen contra su vida, su tierra y su cultura y por la solidaridad que mantiene con toda América Latina”.

En 1.993 fue propuesto candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Al año siguiente, el actual Rey de España, Felipe VI, mencionó uno de sus poemas en el discurso de estos galardones. En 1.995, repite candidatura al Premio Príncipe de Asturias, esta vez optando al área de Comunicación y Humanidades.

En 1.999 la Fundación León Felipe, de España, le otorga el “Premio por los derechos humanos” con la siguiente argumentación: “Ante la globalización económica, que gratifica siempre a los más ricos y acaudalados, Pedro Casaldáliga ha universalizado el grito de los pobres por su liberación. Con su palabra profética y su presencia permanente entre los indígenas del Mato Grosso, Casaldáliga está siendo un acicate insobornable contra la injusticia y una llamada a la conciencia humana y cristiana sobre el valor y dignidad de la persona humana”.

En 2.006 recibe el Premio Internacional de Cataluña. Los miembros del jurado y el Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, viajan a Brasil para entregárselo. Es nombrado Hijo Predilecto de su Ciudad Natal en 1.985 y Doctor Honoris Causa por la Universidad Federal del Mato Grosso en 2.003 y por la Universidad de São Felix do Araguaia en el 2.006.

 Fuente Oficina de Prensa de los Claretianos

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Dolores Aleixandre: “Lo que añoramos y ansiamos recuperar es precisamente lo más corriente y cotidiano”

Martes, 5 de mayo de 2020

amigos2-572x750De su blog Un grano de mostaza:

Lo que asombra es la discreta manera de hacerse próximo del Resucitado”

“La banalidad de los lugares comunes, el ‘Descanse en paz’ de las esquelas y necrológicas y su oferta de una eternidad dedicada fundamentalmente a descansar, resulta mínimamente estimulante”

“Lo que añoramos y ansiamos recuperar es precisamente lo más corriente y cotidiano: salir a la calle sin miedo, caminar con libertad, estrechar una mano, abrazar a alguien, sentir la calidez de la cercanía de los que queremos, mirarnos a los ojos en directo”

Si hemos aprendido, un poco más, a no separar a Dios de la vida misma, a no desear ninguna apoteosis fuera de nuestra vida cotidiana, estamos empezando a entender lo que es la Encarnación. Estamos, como Nicodemo, “naciendo de nuevo”

Tanto el imaginario sobre “vida eterna” como el de “resurrección” me han parecido siempre escasos, planos y poco atrayentes. Ya sé que voy a decir una barbaridad pero el políptico de la Adoración del Cordero Místico, de los hermanos Van Eyck, por muy obra de arte que sea,  no me inspira el más mínimo deseo de participación. Y en el otro extremo, el de la banalidad de los lugares comunes, el “Descanse en paz” de las esquelas y necrológicas y su oferta de una eternidad dedicada fundamentalmente a descansar, resulta mínimamente estimulante.

En cuanto a la “resurrección”, entiendo que es muy difícil encontrar lenguajes para hablar de ella y no hay más que ver los ensayos y tanteos de los autores del Nuevo Testamento a la hora de hablar de encuentros con el Resucitado. Entonces, nos dejamos llevar por nuestra tendencia a suplir lo que le falta a la discreción del lenguaje bíblico, y damos rienda suelta a nuestros deseos de grandiosidad.

En la Pascua del año pasado me llegó una presentación con el título: Apoteosis de la Resurrección. Me apresuré a mandarla sin abrir a la papelera, movida por el convencimiento de que, si algo está ausente en las apariciones del Resucitado tal como  las cuentan los evangelios, es precisamente la apoteosis. El diccionario de la RAE la define como “ensalzamiento de una persona con grandes honores y alabanzas”,  con sinónimos como “delirio, júbilo, frenesí, entusiasmo, enardecimiento, culminación, cúspide, homenaje o glorificación”. Pero, por más que busquemos algo de eso en los relatos pascuales (y cuánto nos gustaría, la verdad…), nos es imposible encontrar ni rastro de semejantes exaltaciones, resplandores, centelleos o arrebatos.

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Políptico de la Adoración del Cordero Místico. Hnos Van Eyck

A la hora de contar cómo conectaba el Resucitado con los suyos, lo que asombra es su discreta manera de hacerse próximo, de sorprenderles en sus trayectos habituales, de saludarles con el Shalom de cada día, de presentarse bajo las apariencias más comunes: un trabajador de parques y jardines, un transeúnte desinformado al que hay que poner al día de los últimos sucesos, un desconocido ocioso que pregunta desde la orilla qué tal va la pesca.

“Si hemos aprendido a no desear ninguna apoteosis fuera de nuestra vida cotidiana, estamos empezando a entender lo que es la Encarnación”

Todo reenvía a la vida ordinaria, a la Galilea de la cotidianidad más corriente y moliente pero iluminada ahora desde el interior por una secreta alegría. Lo definitivamente portentoso y extraordinario no es que Jesús diera de comer a cinco mil en el desierto, sino que preparara él mismo las brasas para que desayunaran los suyos. O que les preguntara otro día si les había sobrado algo del pez asado que acababan de comer. La maravilla no era haber hecho andar a un paralítico con la fuerza de su palabra, sino que Pedro, Juan y María de Magdala corrieran juntos a buscarle en la mañana de Pascua.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con la pandemia del coronavirus? Pues creo que mucho porque, junto a la desolación de tantas pérdidas, estamos descubriendo con asombro que lo esencial de nuestra vida resulta ser aquello que dábamos por supuesto y que no nos parecía importante. Lo que añoramos y ansiamos recuperar es precisamente lo más corriente y cotidiano: salir a la calle sin miedo, caminar con libertad, estrechar una mano, abrazar a alguien, sentir la calidez de la cercanía de los que queremos, mirarnos a los ojos en directo, citarnos con amigos para tomar unas cañas.

Si después de esta sacudida vamos identificando la presencia íntima de Dios en nuestra oscuridad diaria y en las existencias frágiles de los otros; si aprendemos a mirar realmente lo que tenemos delante, con su mezcla de alegrías, sorpresas, fracasos y preguntas; si nos asombramos de que amanezca un día más, de que haya brotes en las ramas de los castaños y de que el vecino del 3º salga de casa a las 5 de la mañana porque a las 6 empieza su turno como conductor de la EMT; si hemos aprendido, un poco más, a no separar a Dios de la vida misma, a no desear ninguna apoteosis fuera de nuestra vida cotidiana, estamos empezando a entender lo que es la Encarnación. Estamos, como Nicodemo, “naciendo de nuevo”.

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Resucitar es saberme vivo aquí y ahora

Jueves, 16 de abril de 2020

muerte_2221587851_14500335_667x375Del blog de Pedro Miguel Lamet:

Somos manifestación de lo inmanifestado

Llega la Pascua y con ella una cierta locura. Los discípulos se hacen un lío

No hay una prueba física, científica y racional de la resurrección. La gran experiencia definitiva de que Cristo ha resucitado es la transformación de aquel grupo de pescadores ignorantes y atemorizados,

En mi opinión los apóstoles despertaron por dentro, descubrieron que la muerte no existe, que desde siempre eran seres sin tiempo en el tiempo

Hoy abunda la noche, el miedo, las puertas tranqueadas, los corazones solitarios,

Resucitar es ver más, romper nuestros códigos, tocar la alegría del Ser. “El que cree en mi tiene vida permanente”. (Jn 5.25)

Ocurrió en la historia. Pero cualquier ser humano despierto pudo resucitar y podrá resucitar siempre, si entra por la contemplación iluminada en el no tiempo

Resucitar es descubrir que puedo volar, saberme vivo para siempre, en este momento aquí y ahora, sin depender de las arrugas, el paso del tiempo, el dolor y hasta la misma muerte.

Llega la Pascua y con ella una cierta locura. Los discípulos se hacen un lío. María de Magdala, la enamorada, no reconoce a Jesús a primea vista. Los de Emaús huyen atrapados por la murria. Tomás quiere meter su mano en la llaga del costado. Y en el centro la polémica de la tumba vacía, que tanto preocupará a los teólogos-

 No hay una prueba física, científica y racional  de la resurrección. La gran experiencia definitiva de que Cristo ha resucitado es la transformación de aquel grupo de pescadores ignorantes y atemorizados, cuyo líder ha sido ejecutado a las puertas de Jerusalén, la confluencia de sus testimonios. Jesús ahora atraviesa paredes, está y no está, despierta la duda o inflama el corazón.

La experiencia del resucitado, aunque se apoya en hechos históricos, requiere la fe o en cierto modo la mística. En mi opinión los apóstoles despertaron por dentro, descubrieron que la muerte no existe, que desde siempre eran seres sin tiempo en el tiempo, pertenecían a la explosión de luz que une lo creado con lo increado, manifestación de lo inmanifestado, y eso les cargó de comprensión y fuerza.

Hoy abunda la noche, el miedo, las puertas tranqueadas, los corazones solitarios, las tesis e ideas que dividen, el enfrentamiento agresivo de creyentes e increyentes e incluso de fieles entre sí, como siempre hubo, hasta ocasionar incluso guerras de religión. La resurrección ocurre en lo íntimo de cada conciencia y fuera de ella. De poco vale que se demuestre la autenticidad de la sábana santa o que se encuentre un papiro más antiguo para convencer de su verdad. Es una verdad a la vez histórica y metahistórica. Porque la mejor historia es la escrita con las vivencias de los hombres. Resucitar es ver más, romper nuestros códigos, tocar la alegría del Ser. “El que cree en mi tiene vida permanente”. (Jn 5.25)

Ocurrió en la historia. Pero cualquier ser humano despierto pudo resucitar y podrá resucitar siempre, si entra por la contemplación iluminada en el no tiempo. Y sin embargo no es un hecho sólo espiritual, sino también material en cuanto cualquier resucitado es capaz de transformar la materia, las injusticias, la dinámica del odio y el dolor, e incluso nuestra falsa sensación de morir. Desde esta perspectiva es un acontecimiento cósmico que disuelve todos nuestros miedos y angustias y que puede experimentar cualquier hombre que se abra a lo profundo del hombre.  Resucitar es descubrir que puedo volar, saberme vivo para siempre, en este momento aquí y ahora, sin depender de las arrugas, el paso del tiempo, el dolor y hasta la misma muerte.

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Jesús Martínez Gordo: “Ante estos dramas, es normal que se asista al derrumbe del imaginario de un Dios todopoderoso”

Martes, 7 de abril de 2020

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“Tenemos, nos guste o no, fecha de caducidad”  

 “La muerte, prematura e injusta, y la que se ceba en los más débiles, nos afecta a todos: seamos deístas y teístas, ateos o agnósticos-ateos”

“Es más sensato reconocer que el cristianismo, no teniendo la respuesta racional a este problema, habilita, sin embargo, para afrontarlo de manera coherente y lúcida”

“Por qué lo hemos mirado como algo ajeno a nosotros mientras campaba por China y otros países y por qué es capaz de sacar lo mejor y lo peor de nosotros”

“Ahora que nos hemos dado cuenta de que Dios y rezar no sirven para nada, sería la ocasión para dar el presupuesto de la Iglesia a la sanidad”. Así se leía en uno de los whatsapps que he recibido estos días. Más allá de que siempre haya quien, aprovechando que San José era carpintero, quiera hablar de la confesión, me interesa reflexionar en voz alta sobre una vieja cuestión que, formulada hace más de dos milenios por Epicuro, reaparece en estos tiempos con particular fuerza y que se puede reformular en estos términos: “¿Quiere Dios evitar el coronavirus, pero no puede? Entonces es impotente. ¿Puede, pero no quiere? Entonces es malévolo. ¿Sí puede y quiere? Entonces, ¿por qué existe el coronavirus?”.

Cuando hay que enfrentarse con semejante drama (y con la contradicción –existencial y racional– que funda), es normal que se asista no solo al derrumbe del imaginario de un Dios todopoderoso e incluso bondadoso, sino también a la defensa de la mayor consistencia racional del ateísmo o del agnosticismo-ateo frente a las explicaciones deístas o teístas. Uno de los ejemplos, probablemente el que me ha resultado más llamativo estos últimos años, es el testimonio del pastor estadounidense Bart D. Ehrman sobre su tránsito de la fe cristiana a la increencia por no haber podido soportar esta contradicción entre un Dios omnipotente y bueno con la existencia, en su caso, del mal, en general.

 Pero tengo que recordar, como necesario e ineludible contrapunto, no solo la existencia de personas (en el caso de Etty Hillesum) que descubrieron la fe en plena Shoah o exterminio nazi, sino que tampoco faltan en nuestros días las que sostienen que éste -el problema del mal o del Coronavirus y Dios- ha de afrontarse en términos estrictamente racionales. Y así ha de ser porque la muerte, prematura e injusta, y la que se ceba en los más débiles, nos afecta a todos: seamos deístas y teístas, ateos o agnósticos-ateos e incluso antiteístas e indiferentes. Ya no vale, apuntan, criticando a estos últimos, creer haber alcanzado una explicación racional más consistente que la teísta negando la existencia de Dios y quedarse, según los casos, plácida, tranquila o angustiosamente sumidos en el silencio o en el mutismo. Semejante respuesta o ensayo de explicación alternativa –que no acaba de eludir la perplejidad que atenaza a todos, teístas o ateos– no es, cuando se dé, una explicación racionalmente más firme que la creyente. De ninguna manera.

Quizá, por ello, en los últimos años los teólogos han seguido reflexionando sobre la cuestión. En concreto, he encontrado tres ensayos de explicación que merecen la pena ser tenidos en cuenta estos días. Me tomo la libertad de indicar lo que considero más sustancial de sus respectivas aportaciones en estas circunstancias: la de J. A. Estrada; la de J.-B. Metz y la de A. Torres Queiruga.

Juan Antonio Estrada declara “imposible” el intento de armonizar racionalmente el mal con un Dios bueno y omnipotente. No se puede exculpar a Dios. Cuando se intenta, se acaba favoreciendo el imaginario de un ser malvado a costa del sacrificio de las personas. Es más sensato reconocer que el cristianismo, no teniendo la respuesta racional a este problema, habilita, sin embargo, para afrontarlo de manera coherente y lúcida, muy lejos de la indiferencia o la desesperanza: quien, como es su caso, se autocomprende como un cristiano, sabe que el problema le sobrepasa racionalmente pero, a la vez, que también tiene motivos más que sobrados para combatir el mal, en particular, el injusto y antes de tiempo, como lo hizo Jesús de Nazaret, estando al lado de los que lo padecen, curando, acompañando, alentando.

Sin dejar de reconocer el silencio (racional) en el que habitualmente nos adentra la petición de una respuesta congruente por parte de Epicuro, no hay que descuidar los gritos y las demandas de justicia que, a pesar de todo, siguen dirigiendo a Dios las víctimas. He aquí el punto de partida de la explicación ofrecida por J.-B. Metz. La atención a tales demandas le lleva a erigir dichos gritos y lamentos en el principio cognoscitivo de todo y, a la par, a entender la fe cristiana como “memoria de la pasión”, es decir, como memoria de un Crucificado cuyo drama se actualiza en el clamor de todas las víctimas. En nuestro caso, en primer lugar, como principio cognoscitivo: preguntarse por qué irrumpe el Coronavirus; por qué se ceba en los más débiles del mundo y de nuestra sociedad; porqué lo hemos mirado como algo ajeno a nosotros mientras campaba por China y otros países y por qué es capaz de sacar lo mejor y lo peor de nosotros. Y, en segundo lugar, como actualización en el tiempo presente de la tragedia acontecida hace dos mil años en el Calvario y, por ello, en quienes, como así sucede estas últimas semanas, mueren, porque son ancianos, enfermos, débiles o profesionales de la medicina o trabajadores en servicios imprescindibles para la ciudadanía; y, además, sin poder despedirse de sus seres queridos.

“Entender la fe cristiana como “memoria de la pasión”, es decir, como memoria de un Crucificado cuyo drama se actualiza en el clamor de todas las víctimas”

Andrés Torres Queiruga, prolongando la vía abierta en su día por G. Leibniz, sale críticamente al paso de las explicaciones que subrayan la oscuridad, el silencio o el retraimiento –el “zimzum”– de Dios y sitúa la clave explicativa del mal en la fragilidad en cuanto tal; por tanto, no en Dios mismo: tenemos, nos guste o no, fecha de caducidad, habida cuenta de nuestra constitutiva finitud. Nos somos dioses. La suya es una propuesta dispuesta a mostrar la articulación existente, y sin estridencias de ninguna clase, entre la insuperable idoneidad del amor divino –que caracteriza no tanto como el todopoderoso, sino como el Antimal– y el mal (en nuestro caso, el Coronavirus) que se aloja en la constituyente limitación de lo finito y, sobre todo, en el perecimiento prematuro e injusto. Éste, recuerda, es un problema, ante todo y, sobre todo, racional, propio de la condición humana en cuanto tal; no solo de los creyentes. Por eso, nos atañe a todos y requiere una explicación por parte de todos, más allá de nuestra fe o ausencia de ella, aunque los creyentes tengamos sobrados motivos y razones para no desesperar e implicarnos en su erradicación.

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Finalmente, creo que no está de más traer a colación lo sostenido por Paolo Flores d’Arcais en su debate con J. Ratzinger el año 2008, pocos meses antes de que fuera elegido papa: En lo que toca al “apoyo a los marginados, a los últimos, respecto al deber de la solidaridad”, los creyentes –sostuvo– sacaban a los no creyentes bastantes puntos de ventaja. Y, probablemente, carecer de fe hacía “mucho más difícil la capacidad de renunciar al egoísmo, de sacrificarse por los demás”.

Eso no quería decir, matizó, que lo hiciera imposible. Evidentemente, prosiguió, también se daba entrega y generosidad entre los ateos e increyentes; sobre todo en los momentos más trágicos de la historia de la humanidad. Pero era una entrega que, sin saber muy bien por qué, se mostraba intermitente cuando había que afrontar el compromiso –discreto y paciente– del día a día: “Ni qué decir tiene –indicó– que un ateo puede sacrificar su vida. No obstante –balbució–, tengo la impresión de que resulta más fácil…, o sea, más fácil…, menos difícil, sacrificarla en momentos excepcionales que hacer sacrificios menores, pero cotidianos (para quien no cree que para quien cree o, por lo menos, que para algunos que no creen)”. En síntesis, concluyó, “la piedra donde tropezar es para el ateo la incapacidad de caridad”.

Se agradece poder escuchar (y recordar) un testimonio como el reseñado. Y más, en estos tiempos en los que creyentes e increyentes compartimos la tarea de erradicar algo de tanta desolación en este tiempo de coronavirus; resabios anticlericalistas al margen.

Fuente Religión Digital

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Espiritualidad benedictina

Martes, 31 de marzo de 2020

Del blog Nova Bella:

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Hay que intentar afrontar la enfermedad y la muerte como dos necesidades integradas en la propia vida, no tanto como una excepción que no debería haber ocurrido, ni mucho menos como un castigo o un destino fatalista. Se trata de vivirlas como una oportunidad única para profundizar en la configuración con Cristo.

*

Ignasi Fossas, osb

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Juan Masiá sj: “Dejar morir dignamente no es matar, sino ayudar a vivir dignamente al morir y en el morir”

Lunes, 2 de marzo de 2020

despenalizacion-eutanasia-debate-Congreso_EDIIMA20180508_0733_4Decalogo de eu-thanasia justa, humana y espiritualmente

“Hay que reconocer el derecho a vivir dignamente durante el proceso de morir y mientras se muere”

“Hay que acompañar la decisión autónoma de la persona doliente que elige el cuidado paliativo justo, incluida la sedación terminal, debidamente protocolizada y consentida”

“Hay que proteger las decisiones autónomas y responsables de aceleración del proceso de cese vital, asegurando que no se viole la dignidad y derechos de las personas pacientes que opten por solicitarlo”

“Es un extremismo identificar el respeto a la dignidad con la prolongación a toda costa de la vida biológica. Es un extremismo suspender los soportes vitales por motivos meramente económicos u otros intereses no confesados”

“Tomar decisiones creativas acerca del fin de la vida no tiene necesariamente que estar en contra de una fe religiosa, si se entiende que el Creador ha creado criaturas creadoras encargándoles que co-creen, es decir, que cooperen a la creación y cuidado continuo de la vida”

Decalogo de eu-thanasia justa, humana y espiritualmente:

1.-La persona paciente tiene derecho a que se respete su dignidad cuando pide que le ayuden a vivir dignamente mientras se muere

2.-Hay que reconocer el derecho a vivir dignamente durante el proceso de morir y mientras se muere

3.-Hay que acompañar a la persona doliente moribunda, apoyando razonable y responsablemente sus demandas de ayuda humana y espiritual para vivir dignamente el proceso de morir.

4.-Hay que acompañar la decisión autónoma de la persona doliente que elige el cuidado paliativo justo, incluida la sedación terminal, debidamente protocolizada y consentida.

5.-Hay que acompañar la decisión autónoma de la persona doliente que elige el rechazo de recursos sanitarios fútiles, desproporcionados u onerosos, sobre todo cuando solo sirvan para alargar el proceso de morir; (opción por limitarse al uso proporcionado de los medios de prolongación de la vida incluida la renuncia a la alimentación e hidratación artificiales).

6.-Hay que acompañar la decisión autónoma de la persona doliente que solicita la ayuda personal y social (sanitaria, legal y psicológica o de acompañamiento espiritual), para llevar a cabo responsable y justamente la aceleración directa e intencionada del proceso de morir. Hay que proteger los derechos, autonomía y dignidad de la persona paciente en los casos de opción justificada por una aceleración del proceso de morir que, al menos, convendría despenalizar.

7.-Las opciones arriba mencionadas pueden calificarse como eu-thanasia justa o ayuda a vivir dignamente el proceso de morir. Etimológicamente, eu-thanasia es buen morir, vivir dignamente el proceso de morir. Eu-thanasia  valdría para designar la eutanasia justa. La eutanasia injusta sería simplemente “mala muerte”

8.-Ética cívica y legislación democrática han de garantizar la seguridad jurídica para la protección del vivir durante el proceso de morir:

A) Ante las solicitudes de ayuda en el proceso de morir: Hay que proteger la gradualidad en el uso de los recursos paliativos, así como el acceso justo a ellos. Hay que proteger la práctica de la moderación del esfuerzo terapéutico (incluida la retirada de alimentación e hidratación artificiales)

B) Ante las solicitudes de ayuda para morir pacíficamente: Hay que proteger el control prudente de la sedación profunda en fase terminal. Hay que proteger las decisiones autónomas y responsables de aceleración del proceso de cese vital, asegurando que no se viole la dignidad y derechos de las personas pacientes que opten por solicitarlo (despenalización de la aceleración asistida del proceso de morir)

9.-Dejar morir dignamente no es matar

Dejar morir dignamente no es matar, sino ayudar a vivir dignamente al morir y en el morir.La persona tiene derecho a vivir dignamente hasta el momento de morir. Es un extremismo identificar el respeto a la dignidad con la prolongación a toda costa de la vida biológica. Es un extremismo suspender los soportes vitales por motivos meramente económicos u otros intereses no confesados, o por no reconocer la dignidad de la persona en esa situación. El buen morir respetando la dignidad de la persona (que puede conllevar a veces una solicitud de eutanasia justa) no se debería confundir con una eutanasia irresponsable. Una eutanasia justa (cumplidas las condiciones de respeto a la dignidad y libertad de la persona) no se puede equiparar con el homicidio, como tampoco puede ni debe llamarse suicidio al asumir responsable y libremente la propia muerte.

10.-Tomar decisiones creativas acerca del fin de la vida no tiene necesariamente que estar en contra de una fe religiosa, si se entiende que el Creador ha creado criaturas creadoras encargándoles que co-creen, es decir, que cooperen a la creación y cuidado continuo de la vida. Lo cuál no significa absolutizar el mantenimiento a ultranza de la vida biológica, sin tener en cuenta las exigencias de la vida personal y espiritual destinada a transformarse en vida eterna, en el seno de la Vida de la vida.

(Ver mas: en el ultimo numero de la Revista Exodo)

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Juan Masiá: “Satisfacción de pena y condenación eterna son incompatibles con la misericordia todopoderosa”, por Juan Masiá s.j.

Viernes, 24 de enero de 2020

934f3a00dcb72e2fa4ed7bb077b51c9dDe su blog Vivir y pensar en la frontera:

“Los novísimos, solo tres: muerte, juicio y gloria”

“Es posible un juicio final sin premio merecido ni castigo eterno, con tal de que entendamos bien el juicio de Dios como juicio de reconocimiento, justificación y misericordia”

“Como ha dicho el Papa Francisco ‘Dios no puede desear la condenacion eterna de nadie por muy esclavo que sea del mal'”

Pienso y creo que es posible un juicio final sin premio merecido ni castigo eterno, con tal de que entendamos bien el juicio de Dios como juicio de reconocimiento, justificación y misericordia.

 Escribo estas líneas prolongando el diálogo, publicado en este blog para preparar la llegada a Japón del Papa Francisco. En aquel artículo, Adolfo Nicolás reinterpretaba los cuatro “novísimos o postrimerías” del catecismo tridentino (muerte, juicio, infierno y gloria) reformulando así: muerte, juicio, nada y gloria.

Adolfo Nicolas habla del “momento de lucidez que Dios concede a cualquiera”. Si el juicio es lucidez  para reconocer la gracia y el perdón, en un juicio de reconocimiento ya va incluida la parte positiva que se salva en los símbolos de purificatorio temporal y castigo definitivo, una vez despojados del matiz negativo, porque satisfacción de pena y condenación eterna son incompatibles con la misericordia todopoderosa.

Como ha dicho el Papa Francisco “Dios no puede desear la condenacion eterna de nadie por muy esclavo que sea del mal”.

 Quedan, por tanto, las postrimerías o novísimos, como las llamaban los viejos catecismos, reducidas a tres, en vez de cuatro: muerte, juicio y gloria

 Lectores y lectoras preguntarán qué pasa con la tradición del purgatorio y si desaparece el infierno. Respondo: el purgatorio como símbolo de purificación y el infierno como símbolo de la posibilidad de autodestrucccion de la persona libre y llamada permanente a la conversión, siguen teniendo una funcion de llamada a despertar del autoengaño. Pero permanecen asi, no como realidades exentas, sino como parte del juicio, con tal de entender el juicio, no como sentencia de condenación o remuneración, sino como llamamiento a la lucidez del reconocimiento, la gracia de la rehabilitación y la fe en la misericordia perdonadora.

 Así entendido el juicio, los novísimos o postrimerías no serían cuatro, sino tres: muerte, juicio y gloria. Rezamos con el buen ladrón para decir a Jesucristo: “Acuérdate de mi en tu Reinado…” (Lc   )

 Esto supuesto, releamos Mt 25 en clave de reconocimiento y misericordia. Reconocer es admitir la carencia de méritos propios para salvarse o admitir que somos acreedores a un castigo. Pero reconocer significa también agradecer. Agradecemos la misericordia y creemos en el perdón.

El escenario de ovejas y cabras a derecha e izquierda del Juez Omni-misericordioso se desarrolla así:

 Dijo a las ovejas (a la derecha): Tuve hambre y me disteis de comer.  Cuando lo hicisteis con los pequeños conmigo lo hicisteis. Pero reconoced que no lo hicísteis por vuestra propia fuerza ni para ganar méritos, sino por gracia de mi Espíritu que os lo hizo hacer. Reconocedlo y creed en la gracia. Y ahora entrad, benditos del Padre, por la puerta de la salvación.

Dijo a las cabras  (a la izquierda): Tuve hambre y no me dísteis de comer. Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de esos tan insignificantes, dejasteis de hacerlo conmigo. Reconocedlo, confesadlo (Confiteor), reconoced que mereceríais ser condenados severamente, si no fuera porque el castigo definitivo es incompatible con mi misericordia. Y ahora, reconocida la culpa y creyendo en el perdón, venid también vosotros, bendecidos por el Padre y entrad por la puerta de la salvación

En este juicio de reconocimiento, las palabras clave son: lucidez, rehabilitación y misericordia.

 Reconocemos, como ovejas, lúcidamente la carencia de mérito; reconocemos, como cabras, honestamente que merecemos que se haga justicia (no condenadora o vindicativa, sino rehabilitadora)  y reconocemos, tanto ovejas como cabras, la gracia y la misericordia.

 Como al principio de la misa y también en la confesión (hecha ante Dios y acompañada  por la iglesia), reconocemos sacramentalmente  la reconciliación: la necesidad de sanación y la necesidad de creer en el perdón, tal como lo pedimos y recibimos cada vez que rezamos el Padre Nuestro para prepararnos a recibir la comunion…

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Para Dios todos están vivos

Domingo, 10 de noviembre de 2019

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PRESENCIAS

con amigos ausentes.
Me encuentro siempre
entre el instante y la muerte.
Me encuentro siempre
con un libro enfrente,
con un hombre doliente,
y un paisaje y la corriente,
y el sol rusiente,
y el sueño, por fin, clemente.
Y un pájaro, un niño, y un árbol, vivientes.
Y Dios persistentemente presente…

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental,
Editorial Sígueme, Salamanca 1971

***

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:

“Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.”

Jesús les contestó:

“En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.

Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.”

 

*

 

Lucas 20, 27-38

***

 

Entre las diferentes formas de la corporeidad existe un abismo imposible de colmar a veces: una piedra no se convierte en pájaro. Otras formas corpóreas, sin embargo, aunque presentan diferencias, están en una relación vital, constituyen las fases de un único desarrollo, como por ejemplo la semilla y la planta que de ella nace. En este caso, el abismo queda superado por el misterio del grano que germina. Sin embargo, para superarlo es necesario lo que Pablo llama «el morir». La semilla debe entrar en la tierra y morir en ella, es decir, perder su forma, a fin de que pueda nacer la nueva planta. Y he aquí el paso: lo mismo sucede en el hombre. También en el hombre está presente la corporeidad en dos formas: la terrena y la celestial; de ellas, la primera es semilla de la segunda. También ellas están separadas por la muerte. El cuerpo deberá ser depositado en la tierra y descomponerse; sólo entonces se convertirá en el cuerpo nuevo, celestial. Pero he aquí la diferencia: la planta «nace» verdaderamente «de la semilla», de sus virtualidades y funciones; no así, en cambio, el cuerpo celestial del terrestre. A través de su descomposición, la semilla vive de una manera directa en la nueva planta. El cuerpo humano será resucitado después de la muerte. Aquí domina otro poder, que no brota del interior de la estructura humana, sino de la libertad de Dios.

*

Romano Guardini,
Le cose ultime,
Milán 1997, pp. 69ss.

***

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La muerte está vencida

Sábado, 2 de noviembre de 2019

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¡Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban ” los durmientes “. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! “

*

Père Pierre Trevet

*

¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que “se fueron”. La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el “Purgatorio“, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una “inteligencia” celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

***

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Sábado 02 de Noviembre de 2019. Fieles Difuntos

Sábado, 2 de noviembre de 2019

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Job 19,1.23-27a

Yo sé que está vivo mi Redentor

Respondió Job a sus amigos:

“¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Redentor, y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán.”

***

Salmo responsorial: 24

A ti, Señor, levanto mi alma.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.

Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados. R.

Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti. R.

***

Filipenses 3,20-21

Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso

Hermanos:

Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.

***

Marcos 15,33-39;16,1-6

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:

-“Eloí, Eloí, lamá sabaktaní“. (Que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”)

Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

-“Mira, está llamando a Elías.

Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:

-“Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.”

Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

-“Realmente este hombre era Hijo de Dios.”

[Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:

“¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:

-“No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron.”]

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“En las manos de Dios”. 2 de noviembre de 2019. Conmemoración de los difuntos. Marcos 5, 33-39; 16,1-6

Sábado, 2 de noviembre de 2019

jesus-abrazo-2Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.

Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?

La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?

Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”

¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.

A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:

“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nosotros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver“.

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“Los muertos viven”, por José Arregui

Viernes, 1 de noviembre de 2019

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Leído en su blog:

En el corazón o la memoria de todo

Las campanas de Aizarna han tocado a muerto. Han irrumpido en la calma de la mañana otoñal, difundiendo en el valle la memoria de Luisa, abuela nonagenaria del caserío Irure, mujer de extraordinaria fortaleza y ternura, mujer hecha hospitalidad materna para todo el que llegase, fuera quien fuera y como fuera. Las ondas sonoras del bronce han ascendido por el horizonte de Santa Engracia hacia el Infinito, fundiéndose con la música del universo sin medida.

¿Y Luisa, su espíritu, su conciencia, ‘ella’… a dónde se han ido? ¿Se habrá disuelto en la nada al apagarse su viva sonrisa, su dulce mirada, la luminosa paz de sus ojos? La pregunta me turba, pero no puedo pensar razonablemente que algo, alguien, alguna de las infinitas formas del Ser se disuelva en la nada. La nada no existe, ni de ella puede surgir algo. Toda forma es una conjunción de formas precedentes. Y todo lo que constituye a cada cosa en su figura concreta se convierte luego en otra cosa y en otra, y así sin cesar, en constante transformación. Nada se convierte en nada.

Cuando en otoño se suelta del tallo el rabillo de la hoja y, balanceándose en el aire, cae al suelo, vuelve a convertirse en tierra y la tierra en savia, la savia en yema, hoja, flor, fruto, y semilla envuelta en fruto. El fruto se convierte en alimento de seres vivos, y la semilla en germen en el seno de la tierra. La vida seguirá viviente en nuevas formas, inagotables y maravillosas. Nada se aniquila, todo se transforma. El milagro de la primavera empieza en el otoño, y la abundancia del verano en el desierto del invierno. O a la inversa: el verano viene del otoño y el invierno de la primavera, en la rueda de la vida en que todo es uno.

En la espiral de la vida más bien, pues nada vuelve a ser lo que fue, ni la misma forma se repite nunca. Observad y admirad: de incontables hojas que han sido, son y serán en la tierra, no ha habido, ni hay ni habrá jamás dos iguales. Ni dos granitos de arena ni dos toques de campana exactamente iguales, a pesar de las apariencias. Ni siquiera, al parecer, han existido ni existen ni existirán dos átomos que sean idénticos del todo. Asombroso. Cada forma, viviente o no viviente, desde lo infinitamente pequeño hasta lo infinitamente grande, en el universo entero, es diferente de todas las demás. Cada ser es único y distinto. Infinita dignidad de cada ser. Infinito respeto a cada ser.

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Cada ser es único y distinto, pero no separado ni solitario. Todo cuanto es desde siempre está conectado con todo lo que es, ha sido y será hasta siempre. Esa frágil hoja que ya amarillea y se mece a la brisa de la tarde no sería exactamente como es si en este universo, desde el primer Big Bang hasta hoy, hubiera faltado una sola partícula atómica en su forma exacta. Todos estamos interrelacionados con todos los seres, no solo del presente, sino también del pasado más lejano y del futuro más remoto. Solo nos distingue la forma, pero todas las formas estamos unidas. Somos interser, inter-seres, inter-vivientes, inter-humanos, ligados en todo con todo eternamente, desde el primer neutrón hasta las galaxias aún sin formarse. En la forma particular que somos siguen siendo y viviendo todos los seres que fueron e incluso serán, porque somos la transformación de lo que otros fueron, y otros serán la transformación de lo que nosotros somos. Cada ser guarda, se puede decir, la memoria viva de todo lo que fue en el pasado e incluso de lo que será en el futuro. De alguna manera, en cada ser es todo. Somos uno.

Y somos uno en el Todo sin forma que nos hace ser, en el Fondo de esta forma o ‘yo’ físico, mental y emocional, en el Fondo de esta conciencia individual que nos distingue y que erróneamente creemos que nos separa. Somos uno en el Ser, el Espíritu, el Aliento Vital que nos hace existir, respirar, vivir. Somos comunión de vida inmortal en formas infinitamente diversas. Somos uno en el Corazón eterno o la Memoria creadora que late en lo más profundo de las formas pasajeras. Cada forma encarna la Memoria del Todo. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. A ti, a mí, a todos, nos corresponde encarnar la Memoria vivificadora de todos los muertos. Cuando los recordamos, es decir, cuando los ‘traemos al Corazón’ bueno de la vida, los hacemos vivir. Infinita responsabilidad mística, ecológica, política: mantener viva la Vida o la Memoria de todos los seres.

Creo en “Dios” en cuanto Todo, Corazón, Memoria o Conciencia de todas las formas. Creo que, al igual que cuanto nace ‘muere’ a su antigua forma –incluida su conciencia individual separada–, cuanto muere ‘nace’ en el Todo, en la Memoria o en la Conciencia universal de todos los seres, en este universo o en otro, más allá del espacio y del tiempo, en una forma que desconocemos. Creo que el aliento vital no muere, que la vida resucita sin cesar, que cuando doblan las campanas anuncian la vida.

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Embarque inmediato. Último aviso a los pasajeros

Martes, 29 de octubre de 2019

450_1000De su blog Grano de Mostaza:

Me ha ocurrido en dos ocasiones, las dos en el aeropuerto de Roma: estar  esperando la salida de mi vuelo en una puerta de embarque equivocada,  por despiste mío o por  un cambio no anunciado de última hora, y escuchar con  sobresalto mi nombre por los altavoces conminándome a embarcar de inmediato. He recordado la anécdota al saber que un jesuita amigo y admirado, se está muriendo de cáncer y que fue quien me encargó, hace  unos años, escribir algo sobre “acompañar la muerte” en  la revista Manresa  que él dirigía. Y ahora pienso que,  lo mismo que en el aeropuerto hubiera agradecido tener cerca a alguien que me sacara de mi distracción, le deseo de todo corazón que a la hora de esa “salida” tan decisiva como es la final,   pueda contar con buena compañía.

Escribí entonces que los altavoces existenciales nos van avisando con tiempo: “No eres más que una suma de días”, decía Rabi’a,  una mística sufí del s. VIII, “cuando un día se va, con él se va una parte de ti. Y cuando una parte de ti se va, no tardará en irse todo”. Según Epicuro “En todas las demás cosas  es posible procurarse una seguridad pero, a causa de la muerte, los humanos habitamos en una ciudad sin muros”. Y para Madeleine Delbrel “llevamos nuestra muerte empezada y pronto terminada como nuestro propio y definitivo alumbramiento. Pero se trata de nacer bien cada vez que morimos, de nacer un poco cuando morimos un poco, y de nacer mucho cuando morimos mucho. Se trata, en este trato con la muerte, de aprender a tratar con la vida”

A pesar de que solemos vivir ajenos a esos avisos, en algún determinado momento,  tomamos conciencia de  la proximidad de la muerte y nos invade  un sentimiento de alarma que puede desembocar en ese miedo que, según Hebreos, conduce a la esclavitud (cfr. He 2,15). Nos sentimos entonces tan desvalidos  como una “ciudad sin muros” y con dos caminos abiertos ante nosotros: refugiarnos en el Único que puede cobijarnos o  buscar despavoridos falsas protecciones y defensas que, además de no preservarnos de la muerte, nos alejan de la Vida.

Cómo evitar esas trampas, cómo ayudar también a otros a desenredar esa madeja, cómo estar a su lado cuando los muros protectores se agrietan amenazando derrumbamiento y pequeñas muertes empiezan a asomarse por las ventanas.  Otros lo hicieron antes que nosotros: José estaba a la cabecera de Jacob, su padre, cuando este moría (Gen 48,2); Moisés tuvo cerca de él a Josué (Dt 32,44) y cuando Noemí, ya vieja y sola, emprendía el camino hacia su tierra de origen, su nuera Rut  acompañó su retorno. También Jesús en su camino hacia la muerte contó con el apoyo de Simón de Cirene para llegar hasta su final (Mc 15,21).

Quizá lo que nos toca a nosotros es algo modesto: tratar de estar al lado de otros para ayudarles a descifrar los mensajes que llegan desde los “altavoces” y acierten con su verdadera “puerta de embarque”, conscientes al mismo tiempo de que también nosotros estamos en la lista de pasajeros.

Recuerdo el impacto que me produjo en la adolescencia aquella escena de la película “Balarrasa”, de tanto éxito en el medio nacional-católico de entonces: después de un accidente de coche, una mujer agonizaba y decía a su compañero al hacer balance de su vida: “Mira mis manos, están vacías”. Eso desencadenaba la conversión y vocación misionera del protagonista que tomaba la decisión de llegar a la muerte con las manos llenas. Más allá de lo bienintencionado del mensaje, la realidad es que ese camino puede conducir fácilmente al narcisismo o a la autosuficiencia. A la muerte llegamos todos con las manos afortunadamente vacías y tenemos que asumir serenamente esa realidad dejando que sea  Otro quien nos las llene.  Y cultivar ya desde ahora esa convicción  que expresa Erri de Luca: “No es el amante el que conoce el amor sino el amado, el que acepta quedar transfigurado por la visión de los ojos de otra persona”.

 Doy testimonio de que el amigo por el que rezo en estos momentos ha ido ejercitando a  lo largo de su vida la práctica de dejarse mirar así.

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La Hipocresía de Matar y “Defender la Vida”

Martes, 10 de septiembre de 2019

48625872743_fdb74879c4Del blog de Beto Vargas Dios en minúscula:

Los líderes pro-vida y sus lógicas de exterminio

Con alarmante frecuencia encontramos noticias de políticos “pro-vida” que defienden estilos de soberanía y de gobierno que no solo son excluyentes e inhumanos, sino que rayan en el genocidio.

El catolicismo suele tener una rápida respuesta, casi un comodín, cuando se trata de las delicadas y nunca simples discusiones sociales y políticas sobre la vida. La afirmación que aparece en la punta de la lengua de predicadores, presentadores, jerarcas, influencers y tuiteros de a pie es que por convicción “defendemos la vida desde la concepción hasta la muerte natural”. Pero, ¿Qué tan cierto es?

De la defensa de la vida al momento de la concepción suele haber poca discusión, aunque el postulado tiene sus grietas, no por el valor absoluto de la vida, ni por la opción fundamental que la fe implica para estar siempre a favor de ella, sino más bien por los mecanismos utilizados por los grupos que hacen de esa opción, propia de la fe en nuestro caso, una especie de arma de combate con la que insisten en ganar en lo político y lo legislativo para que todos, aún los no creyentes o los que confiesan una fe distinta, sean obligados a concebir la existencia misma tal como se concibe en esos grupos. Sobraría decir que nada tiene que ver el evangelio con gritarles “asesinas” y “matabebés” a las mujeres que han hecho opciones distintas, pero se ve a diario. Sobraría recordar que para Jesús denigrar al hermano es tan grave como matarlo, pero se ve a diario que las redes católicas se hinchan de orgullo, ya no por pescar hombres, sino por denigrar mujeres.

Lo preocupante es que aquella “defensa de la vida desde la concepción”, que más que defensa debería ser propuesta seductora, iniciativa inspiradora, experiencia liberadora del temor para todos los que alguna vez se han preguntado con una prueba de embarazo en las manos: ¿y ahora qué hacemos?, es que convertida en un arma de control religioso – no se puede ser católico sin ser pro-vida a la manera de los pro-vida – y de propaganda política – no se puede ser católico y no votar a los pro-vida – se han ido encaramando en posiciones de poder ciertas personas con un total y absoluto desinterés por la vida real de los seres humanos y dispuestos a hacer o posible por acelerar la muerte “natural” de sus hermanos.

Con alarmante frecuencia encontramos noticias de políticos “pro-vida” que defienden estilos de soberanía y de gobierno que no solo son excluyentes e inhumanos, sino que rayan en el genocidio. En Italia, España, Estados Unidos, Colombia, Argentina, solo por mencionar los casos más nombrados, nos encontramos en momentos en los que el protagonismo de los líderes de partidos políticos que se declaran pro-vida ha logrado prostituir la palabra “vida” cada vez que sus representantes la pronuncian, pues con sus decisiones de gobierno han desahuciado a miles, a millones de personas que sufren las consecuencias de las guerras y conflictos que los patrocinadores de aquellos partidos han causado, y no se ven pañuelos azules en las fronteras.

La Jerarquía tiene una alta responsabilidad en la manipulación descarada de la que son víctimas o cómplices los movimientos católicos, pues la formación deficiente del laicado, el poco criterio que se desarrolla en la catequesis dominical o en la homilía, la distancia abismal entre la teología de las facultades y la catequesis de los sacramentos, deja a buena parte del pueblo – entre los que también hay quien se gasta sus kilos de pereza – a merced de la publicidad engañosa de la apologética de bolsillo y de los predicadores de clichés, que usan frases de Corintios o el Levítico como si fueran libros iguales, y que jamás se han dado una vuelta por los pasajes en los que Jesús llama hipócritas a quienes se comportan como aquellos líderes a los que tanta campaña les hacen.

Por eso tantos no tienen ningún inconveniente en votar por individuos que representan el horror de los vulnerables, como alguien que planea el desalojo del pueblo gitano de un país (tal como en la Alemania del Reich), o por alguien que provoca la división de miles de familias y la orfandad de sus bebés por el hecho de haber nacido al otro lado del río, o alguien que decide la creación de campos de concentración de migrantes ilegales, o que defiende la necesidad y las “bondades” del trabajo infantil, o por quien afirma que las violaciones a las niñas suceden porque no llevan ropa interior, o por quien revive una política militar de efectividad que en el pasado produjo más de siete mil asesinatos ilegales por parte de la fuerza pública, o quien se ríe cuando en un mitin político alguien grita que la solución para controlar a los migrantes es dispararles, y se les vota con la conciencia limpia solo porque dicen estar en contra del aborto. Son los partidos pro-vida y sus lógicas de exterminio, con sus Salvinis, sus Trumps, sus Bolsonaros.

Los ahogados del mediterráneo, los desaparecidos de Sudamérica, los enfermos en la frontera de México, los hijos perdidos de sus padres en los centros sociales de los estados fronterizos de USA, los abandonados a su suerte por la política interior o exterior de nuestros países ¿No son acaso responsabilidad de todos los que votaron a quienes tomaron esas decisiones? ¿No pesan también en la conciencia de quienes pudiendo formar a un pueblo despierto y liberador de sus hermanos, los adormece con rezos y reglas para celebrar adecuadamente un rito? ¿No le cabe una enorme responsabilidad a esa prensa católica que no hace más que inflar la percepción de bondad y mesianismo de estos partidos irresponsables cuyas políticas despreciables cargan de sufrimiento la existencia de los predilectos de dios?¿No tenemos los creyentes mucha responsabilidad en el destino de nuestros pueblos cuando asumimos el compromiso político – y otros cuántos más – desde una actitud crédula e inmadura que delega en el clero la entera capacidad de formarnos?

No es creíble un discurso de “defensa” de la vida que apunta su arma hacia cualquier defensor del aborto pero que envía flores y se hace selfies con quienes envían a la muerte a miles. No es creíble ese catolicismo que elogia la homofobia, el racismo, la xenofobia, la marginación, y afirma que la modificación franciscana del catecismo para declarar inadmisible la pena de muerte es contraria a la doctrina católica, mientras que se arroga para sí la exclusividad de lo pro-vida. No es creíble una Iglesia que permite y en ocasiones promueve que su gente sea engañada en esta simulación de democracia. No es creíble.

Aún así, en la iglesia, en la misma iglesia de toda este panorama deprimente, hay valientes por todas partes que, instalados ya en las periferias, se dedican con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas a la defensa – ésta si urgente y necesaria – de la dignidad y los derechos de sus hermanos más pequeños. Ellos nos confrontan, ellos nos movilizan, nos inspiran, pues su vida nos pide a gritos renunciar a la posibilidad de un evangelio aliado con el poder y de espaldas a los necesitados. Su mensaje nos convoca a trabajar porque a nadie le llegue la muerte antes de tiempo. Una mirada a Oscar Romero, a Pedro Casaldáliga, a Santiago Agrelo, a Darío Monsalve, a Teresa Forcades, a Ángel Macín puede fácilmente devolvernos la confianza en ésta historia nuestra en la que dios no deja de confiar en que podremos entregar el Reino en las manos de los pobres a los que pertenece, y en la que seremos capaces de ver en todos los constructores de paz a los hijos de dios; solo así podremos vencer a esa hipocresía que tanto daño está causando en distintos lugares del planeta mientas muestra un disfraz de la “defensa de la vida”.

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Más muertos en el Mediterráneo, el mar de los muertos.

Miércoles, 28 de agosto de 2019

Emigrantes-muertos_2144495545_13806701_660x371“En lo que llevamos de año han muerto en el Mediterráneo 899 personas inmigrantes intentando llegar a Europa, en su mayoría procedentes de Africa, huyendo de otra muerte, la muerte por hambre”

“Casi todos los días hay un niño emigrante muerto o desaparecido”

“En España hemos construido las vallas de Ceuta y Melilla, rematadas con concertinas cortantes y sangrantes para frenarlos, los recluimos en los CIES, o los devolvemos en caliente”

Más muertos en el mar de muertos, el Mediterráneo, cementerio de los emigrantes africanos

“No humilles al emigrante” (Ex. 23,9); “No lo oprimas” (Lev. 19,34); “No lo explotes” (Dt.23, 16); “No defraudes el derecho del emigrante”. (Dt. 24,17); “Maldito quien defrauda al emigrante de sus derechos”. (Dt. 27,19). “Una misma ley habrá para el nativo y para el forastero que habita en medio de vosotros” (Ex 12,49). “Al forastero que reside junto a vosotros, le miraréis como uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo”. (Lev.19,34). José “se levantó, tomó al niño y a su madre y se refugió en Egipto” (Mt.2,14-15). “Fui forastero y me acogisteis” (Mt. 25,35).

¡qué lejos estamos de esta gran mensaje bíblico!

En lo que llevamos de año han muerto en el Mediterráneo 899 personas inmigrantes intentando llegar a Europa, en su mayoría procedentes de Africa, huyendo de otra muerte, la muerte por hambre. De 2014 a 2018 perecieron o desaparecieron en este mar 17900 personas, de las cuales un número importante son niños: casi todos los días hay un niño migrante muerto o desaparecido. Aparte están los no cuantificados que desaparecen a lo largo del penoso trayecto que tienen que recorrer hasta llegar a las orillas del Mediterráneo, o desaparecen sin dejar rastro.

Además de pasar mil penalidades, se encuentran con las puertas cerradas de Europa, sobre todo de los países con gobiernos de la ultraderecha, como el del Ministro del Interior, Matteo Salvine, en Italia, que en estos momentos está negando la entrada a 135 inmigrantes recogidos por una patrullera de su país. Hizo lo mismo en agosto con otra patrullera, también italiana, que había recogido a 138. Además este xenófobo gobernante, vicepresidente de Italia, acaba de cerrar uno de los mayores centros de refugiados de Europa, en Sicilia, que si bien tenía fallos de gestión, en vez de mejorarlo lo clausura con estas palabras: “Lo único cierto es que se ahorrará un montón de dinero y contaremos con más fuerzas del orden para desplegar en el territorio. Hoy es un bonito día para la legalidad y la seguridad“. ¡Qué cínico!

  1472494219_034026_1472494504_noticia_normal Pero no solo los políticos de ultraderecha rechazan a los inmigrantes (uno, español, dijo que “si el Papa quiere inmigrantes que los acoja él”), también muchos ciudadanos que los siguen piensan lo mismo.

En España hemos construido las vallas de Ceuta y Melilla, rematadas con concertinas cortantes y sangrantes para frenarlos, los recluimos en los CIES, o los devolvemos en caliente. Si les preguntas por la calle de dónde son no te quieren contestar con la verdad, por miedo a ser identificados, pues desconfían de quién eres.

En Alemania se ha aprobado una polémica ley para agilizar el proceso de deportación de inmigrantes

Donald Trump está empeñado en construir un muro inmenso para impedir el pasó a los E.UU. de los suramericanos con una inversión de 6000 millones de dólares. Acaba de conseguir que el Supremo de su país le autorice 2500 millones, que estaban destinados a la lucha contra el narcotráfico. ¡Muy bien! No recibirán inmigrantes, pero comerán droga. Los EE.UU. quieren tener las puertas de los países del sur bien abiertas para ir a explotar sus materias primas, y hacerse con sus tierras, pero se las cierran para que no entren a su país después de haberlos empobrecido.

muertos-mar-mediterraneo-1Ese bochornoso e indigno presidente, que cometió la crueldad de deportar a casi 3000 padres sin sus hijos, acaba de afirmar que la aprobación de esos millones para el muro son: “¡Gran victoria para la seguridad fronteriza y el Estado de derecho!”. Derechos, sí, para los ricos de EE.UU., pero desgracia y miseria para los pobres del sur. Por eso los Obispos de México denuncian que, la emigración tiene como principio el hambre, la pobreza, la violencia, y la falta de oportunidades. De ahí que miles de migrantes están esperando cruzar a los Estados Unidos, a la vez que otros tantos son detenidos y deportados a México.

Como los europeos, chinos, rusos, japoneses: todos queremos el coltán de la República Democrática del Congo (que tiene el 80 % del que hay en el mundo) para nuestros móviles, televisores, ordenadores, tablets, armas de última generación como las usadas en Siria y Yemen, pero no los queremos a ellos: queremos lo que tienen los africanos para nuestra buena y lujosa vida, pero no los queremos a ellos. Lo que ocurre en el Congo con el coltán ha sido calificado por Naciones Unidas como un genocidio que se ha saldado con más de cinco millones de muertes, incluidos muchos niños, que se adaptan mejor a las estrecheces de las minas, generalmente poco profundas que se derrumban con facilidad con las lluvias, dejándolos sepultados.

Unicef denuncia que en el Congo hay más de 40.000 menores trabajando en las minas de mineral, con una jornada de 12 horas por 1 euro al día. La extracción del coltán supone la muerte de dos personas por kilo extraído, mientras en Europa renovamos cada año el 40 % de los móviles, lo que solo en España supone 18 millones, pero cuando vas a comprar el Smartphone, lleno de minerales de sangre humana, el vendedor no te cuenta absolutamente nada de esto.

Al-menos-74-inmigrantes-muertos-en-un-naufragio-frente-a-la-costa-de-Libia-696x395Además de esa explotación inhumana, tan injusta y cruel, los europeos y norteamericanos hemos convertido un barrio de Acra, capital de Ghana, donde 40.000 personas viven en extrema pobreza, en uno de los cementerios de basura electrónica más grandes del mundo, algo muy parecido a lo que hicimos, ya desde los años 80, en el Indico a las puertas acuáticas de Somalia, pero aun peor, depositando allí basura radiactiva, descubierta por el Tsunami de Indonesia en 2004 (Ver informe de UNEP-ONU), que ha incrementado las enfermedades y las muertes por cáncer en el país.

Pues bien, son millones de personas las que, obligadas por la miseria, la impotencia y la desesperación huyen de sus países de origen, dejando atrás sus raíces, sus familias y su tierra en busca de una vida un poco más digna, arriesgando su propia vida, pues si no lo hacen ya la tiene perdida. Pero el colmo del mal es que algunos dirigentes y políticos de los países desarrollados, muchas veces criminalizan a las personas e instituciones que los recogen para que no mueran ahogados en el mar. Por su parte Trump ha desplegado miles de efectivos de la Guardia Nacional en la frontera sur del país para frenar la migración, solución que será fallida, porque al hambre no se le pueden poner fronteras.

El Gobierno español ha cambiado la legislación para acoger a las personas refugiadas en los centros de atención a inmigrantes, pero tienen que esperar mucho tiempo a que se aprueba su solicitad de protección internacional y entre tanto se ven obligados a vivir en la calle.

1478174293_591055_1478174683_noticia_normalEl Papa Francisco señala claramente cuál ha de ser nuestra actitud ante los inmigrantes: acoger, proteger, promover e integrar.

Os agradecemos muy cordialmente la difusión que muchos hacéis de estos comentarios, así como su acogida electrónica en Religión Digital, Redes Cristianas, página Web Gaspar García Laviana, Reflexión y Liberación, Justicia y paz Tenerife, Apóstolas de los Apóstoles, por si pueden aportar un mínimo a la reflexión para la construcción de un mundo mejor, que fue la misión de Jesucristo para el bien de toda la creación y su plenitud definitiva.

Un cordial abrazo a tod@s, y en especial para los inmigrantes de Africa y a quienes colaboráis con los proyectos de Ruanda y Guatemala, para que en lo posible no tengan que emigrar.-Faustino

Faustino Vilabrille

Fuente Religión Digital

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Lo contrario del espíritu es la muerte

Jueves, 6 de junio de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Os dejo dichas estas cosas mientras estoy con vosotros. Ese valedor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre por mi medio, él os lo irá enseñando todo, recordándoos todo lo que yo os he expuesto”

El Espíritu o Dinamismo de vida y de Amor, es la Dimensión invisible de lo Real, que hace que lo visible sea; y ello en una relación no-dual. Por eso, no es lo opuesto a materia (o cuerpo), sino a muerte. En cierto sentido, podríamos decir, metaforicamente, que el cosmos entero no es sino el “cuerpo” del Espíritu, su manifestación y expresión. Por eso, quien sabe VER el mundo, está viendo al Espíritu.

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Enrique Martínez Lozano

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Consciencia después de la muerte.

Miércoles, 15 de mayo de 2019

índicePim Van Lommel, cardiólogo: investiga regresos de la muerte.

Tengo 58 años. Soy cardiólogo desde hace 31 y profesor de Cardiología del hospital Rijnstate de Arnhem (Holanda). He visto morir a cientos de pacientes y resucitar a algunos: mi vida cambió cuando empecé a averiguar qué había al otro lado. Mi estudio en ‘The Lancet’ desafía el concepto de conciencia de la medicina oficial.

Más allá

“Si estoy yo, no está la muerte; si está la muerte, no estoy yo. ¿Por qué, pues, preocuparnos de ella?”. Lo decía Epicuro y para mí era suficiente hasta ahora, pero el doctor Van Lommel me lo deja inservible: si está la muerte, seguimos estando nosotros. La pregunta es: ¿seguimos siendo nosotros? Y si no somos nosotros ya, ¿quiénes somos? Como todos los grandes avances, el de Van Lommel, avalado por The Lancet (“Near death experience in survivors of cardiac arrest: a prospective study in the Netherlands”, diciembre del 2001), más que responder, plantea un montón de preguntas. Al contestar a las mías, Van Lommel me ha transmitido la tranquilidad de un hombre feliz, porque se ha asomado al más allá como científico y le ha gustado.

Tenía 42 años y sufrió un infarto en el autobús. Llegó a mi hospital en coma, ya azul, sin pulso ni respiración. Lo intubamos. La enfermera le quitó la prótesis dental para conectarle el tubo…

¿Y murió?

Clínicamente estaba muerto. Pero al cabo de hora y media su corazón volvió a latir débilmente. Tras una semana abrió los ojos y la primera persona que vio fue aquella enfermera que le había intubado cuando estaba en coma.

¿Y…?

Fue la enfermera la que casi sufre un ataque entonces, porque el paciente que ella había visto muerto la saludó y le dio las gracias por haberle intubado con mimo. Y le preguntó dónde había puesto su prótesis dental…

No es la primera vez que se explican estas experiencias: túneles, luces blancas…

Pero es la primera vez que la prestigiosa The Lancet publica un estudio como el mío, que desafía nuestro concepto de conciencia.

Cuénteme.

Es el primer estudio científico prospectivo, no retrospectivo; es decir, no explicamos experiencias después de la muerte (EDM), porque ya han sido suficientemente documentadas, sino que apuntamos las causas que las producen.

Pues explique.

Estudiamos 344 casos de pacientes que habían sufrido un ataque cardiaco y estaban clínicamente muertos. Solo 62 de ellos (el 18 por ciento) había experimentado una EDM.

No son muchos.

Precisamente por eso, no aceptamos la explicación meramente fisiológica de esas EDM. Como sabe, hay tres explicaciones médicas hoy aceptadas para justificar las EDM.

No lo sabía, pero me estoy enterando.

La primera es fisiológica: la anoxia (falta de oxígeno) en el cerebro daría lugar a alucinaciones, luces blancas y demás.

Resplandor blanco al final del túnel.

Luego hay otra teoría, la psicológica, que sostiene que esas EDM son fruto del miedo a la muerte. Y luego una tercera teoría afirma que las EDM son consecuencia de la mezcla de anoxia y el miedo a la muerte.

¿Y usted qué cree?

Yo he demostrado que no puede ser la anoxia, pues todos los pacientes la padecen y, por tanto, todos tendrían también que experimentar una EDM. En cambio, solo el 18 por ciento de quienes la experimentan tiene una EDM. Tampoco acepto la teoría psicológica, porque los 344 pacientes que entrevisté no tienen conciencia de haber sufrido ese miedo a la muerte.

¿Y son sinceros siempre?

Sus recuerdos son precisos, claros y muchas veces comprobables, como el de la prótesis que le explicaba. Pero no cuestione mi estudio. ¿Por qué no cuestiona nuestra idea de conciencia?

Estoy dispuesto.

Muchos médicos, cuando oyen estas historias de pacientes, prefieren atribuirlas a alucinaciones, al trauma, a lo que sea, porque cuestionan su concepto de conciencia y de muerte.

¿Y usted?

Yo ya no puedo aceptarlo tras mis 31 años de cardiólogo y de haber visto morir a cientos de pacientes y resucitar a decenas de ellos. La medicina oficial considera que la conciencia es un producto del cerebro y por lo tanto desaparece cuando desaparecen las funciones cerebrales.

Eso tiene su lógica…

¡Pero la realidad y mi experiencia lo desmienten! Estos enfermos con sus EDM demuestran que hay conciencia después de la muerte y la tenían cuando ya estaban clínicamente muertos y sin funciones cerebrales. Su percepción estaba encima de su cuerpo y fuera de él. ¡Y tuvieron experiencias ultrasensoriales comprobadas!

¿Y usted qué piensa?

Me interesa el concepto de conciencia como retransmisor de ondas, una especie de televisión que repite ondas que llegan de otro sitio. Así que, aunque el cerebro deje de funcionar, la conciencia sigue retransmitiendo.

Interesante.

Y me intriga ver cómo las experiencias después de la muerte cambian la vida de mis pacientes. ¿Sabe que el 70 por ciento de los regresados se divorciaron poco después?

 ¿Por qué?

Porque ya eran otras personas y su nueva personalidad no casaba con su antigua pareja. Cuando regresan de la muerte, los pacientes con una EDM ya son otras personas.

¿Por qué?

Han perdido el miedo a la muerte, pues han estado allí y saben que no pasa nada, que de algún modo siguen estando en alguna parte. Y eso les cambia su manera de vivir.

Pero no son ellos ya…

¡Por ahí va usted bien! Ahora siga pensando conmigo…

Lo intentaré.

¿Cómo es posible que cambiemos nuestro cuerpo hasta la última célula unas 50 veces en 80 años –si es que llegamos a vivirlos– y sigamos siendo nosotros?

¿Aún somos nosotros?

Siga haciéndose preguntas. ¿Está la conciencia ligada a nuestro yo o puede ir más allá? Está claro que puede ir más allá de la muerte. Lo hemos demostrado.

Doctor, no sé si yo quiero ir más allá.

Ese es el problema de muchos humanos y, no crea, también de muchos médicos.

¿Y usted?

A mí, este estudio me ha cambiado la vida porque, si no temes la muerte, cambias tu vida.

Boletín Semanal de Enrique Martinez Lozano

Entrevista de Lluís Amiguet a Pim van LOMMEL

La Contra de La Vanguardia

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Reflexión del Sábado Santo

Sábado, 20 de abril de 2019
semilla
SÁBADO SANTO

Jesús murió para posibilitar nuestra divinización. La tierra está embarazada de resurrección.

Todo esto es un proceso, como el proceso de nuestras vidas, donde nuestras muertes posibilitan nueva vida. Nuestra vaciedad hoy es posibilidad, como este día es espacio de parar, silenciarnos, vivir en soledad en una espera gozosa que es esperanza de Vida Nueva.

En este día de Sábado estamos llamadas a dejar que Cristo se geste en nuestro interior, no el Jesús histórico que murió, sino el Cristo vivo que todos y cada uno llevamos en semilla en nuestro interior.

Es el día de transformación de la semilla en fruto, de la crisálida en mariposa, es el día de albergar al Cristo naciente en nosotros en nuestro interior, cuna de un tercer nacimiento en un mundo que necesita la comunión y la solidaridad.

Es el Cristo cósmico que es semilla de resurrección para toda la humanidad.

Para leer la reflexión completa, con las pautas de trabajo pincha aquí.

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Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Recordatorio

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