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La Hipocresía de Matar y “Defender la Vida”

Martes, 10 de septiembre de 2019

48625872743_fdb74879c4Del blog de Beto Vargas Dios en minúscula:

Los líderes pro-vida y sus lógicas de exterminio

Con alarmante frecuencia encontramos noticias de políticos “pro-vida” que defienden estilos de soberanía y de gobierno que no solo son excluyentes e inhumanos, sino que rayan en el genocidio.

El catolicismo suele tener una rápida respuesta, casi un comodín, cuando se trata de las delicadas y nunca simples discusiones sociales y políticas sobre la vida. La afirmación que aparece en la punta de la lengua de predicadores, presentadores, jerarcas, influencers y tuiteros de a pie es que por convicción “defendemos la vida desde la concepción hasta la muerte natural”. Pero, ¿Qué tan cierto es?

De la defensa de la vida al momento de la concepción suele haber poca discusión, aunque el postulado tiene sus grietas, no por el valor absoluto de la vida, ni por la opción fundamental que la fe implica para estar siempre a favor de ella, sino más bien por los mecanismos utilizados por los grupos que hacen de esa opción, propia de la fe en nuestro caso, una especie de arma de combate con la que insisten en ganar en lo político y lo legislativo para que todos, aún los no creyentes o los que confiesan una fe distinta, sean obligados a concebir la existencia misma tal como se concibe en esos grupos. Sobraría decir que nada tiene que ver el evangelio con gritarles “asesinas” y “matabebés” a las mujeres que han hecho opciones distintas, pero se ve a diario. Sobraría recordar que para Jesús denigrar al hermano es tan grave como matarlo, pero se ve a diario que las redes católicas se hinchan de orgullo, ya no por pescar hombres, sino por denigrar mujeres.

Lo preocupante es que aquella “defensa de la vida desde la concepción”, que más que defensa debería ser propuesta seductora, iniciativa inspiradora, experiencia liberadora del temor para todos los que alguna vez se han preguntado con una prueba de embarazo en las manos: ¿y ahora qué hacemos?, es que convertida en un arma de control religioso – no se puede ser católico sin ser pro-vida a la manera de los pro-vida – y de propaganda política – no se puede ser católico y no votar a los pro-vida – se han ido encaramando en posiciones de poder ciertas personas con un total y absoluto desinterés por la vida real de los seres humanos y dispuestos a hacer o posible por acelerar la muerte “natural” de sus hermanos.

Con alarmante frecuencia encontramos noticias de políticos “pro-vida” que defienden estilos de soberanía y de gobierno que no solo son excluyentes e inhumanos, sino que rayan en el genocidio. En Italia, España, Estados Unidos, Colombia, Argentina, solo por mencionar los casos más nombrados, nos encontramos en momentos en los que el protagonismo de los líderes de partidos políticos que se declaran pro-vida ha logrado prostituir la palabra “vida” cada vez que sus representantes la pronuncian, pues con sus decisiones de gobierno han desahuciado a miles, a millones de personas que sufren las consecuencias de las guerras y conflictos que los patrocinadores de aquellos partidos han causado, y no se ven pañuelos azules en las fronteras.

La Jerarquía tiene una alta responsabilidad en la manipulación descarada de la que son víctimas o cómplices los movimientos católicos, pues la formación deficiente del laicado, el poco criterio que se desarrolla en la catequesis dominical o en la homilía, la distancia abismal entre la teología de las facultades y la catequesis de los sacramentos, deja a buena parte del pueblo – entre los que también hay quien se gasta sus kilos de pereza – a merced de la publicidad engañosa de la apologética de bolsillo y de los predicadores de clichés, que usan frases de Corintios o el Levítico como si fueran libros iguales, y que jamás se han dado una vuelta por los pasajes en los que Jesús llama hipócritas a quienes se comportan como aquellos líderes a los que tanta campaña les hacen.

Por eso tantos no tienen ningún inconveniente en votar por individuos que representan el horror de los vulnerables, como alguien que planea el desalojo del pueblo gitano de un país (tal como en la Alemania del Reich), o por alguien que provoca la división de miles de familias y la orfandad de sus bebés por el hecho de haber nacido al otro lado del río, o alguien que decide la creación de campos de concentración de migrantes ilegales, o que defiende la necesidad y las “bondades” del trabajo infantil, o por quien afirma que las violaciones a las niñas suceden porque no llevan ropa interior, o por quien revive una política militar de efectividad que en el pasado produjo más de siete mil asesinatos ilegales por parte de la fuerza pública, o quien se ríe cuando en un mitin político alguien grita que la solución para controlar a los migrantes es dispararles, y se les vota con la conciencia limpia solo porque dicen estar en contra del aborto. Son los partidos pro-vida y sus lógicas de exterminio, con sus Salvinis, sus Trumps, sus Bolsonaros.

Los ahogados del mediterráneo, los desaparecidos de Sudamérica, los enfermos en la frontera de México, los hijos perdidos de sus padres en los centros sociales de los estados fronterizos de USA, los abandonados a su suerte por la política interior o exterior de nuestros países ¿No son acaso responsabilidad de todos los que votaron a quienes tomaron esas decisiones? ¿No pesan también en la conciencia de quienes pudiendo formar a un pueblo despierto y liberador de sus hermanos, los adormece con rezos y reglas para celebrar adecuadamente un rito? ¿No le cabe una enorme responsabilidad a esa prensa católica que no hace más que inflar la percepción de bondad y mesianismo de estos partidos irresponsables cuyas políticas despreciables cargan de sufrimiento la existencia de los predilectos de dios?¿No tenemos los creyentes mucha responsabilidad en el destino de nuestros pueblos cuando asumimos el compromiso político – y otros cuántos más – desde una actitud crédula e inmadura que delega en el clero la entera capacidad de formarnos?

No es creíble un discurso de “defensa” de la vida que apunta su arma hacia cualquier defensor del aborto pero que envía flores y se hace selfies con quienes envían a la muerte a miles. No es creíble ese catolicismo que elogia la homofobia, el racismo, la xenofobia, la marginación, y afirma que la modificación franciscana del catecismo para declarar inadmisible la pena de muerte es contraria a la doctrina católica, mientras que se arroga para sí la exclusividad de lo pro-vida. No es creíble una Iglesia que permite y en ocasiones promueve que su gente sea engañada en esta simulación de democracia. No es creíble.

Aún así, en la iglesia, en la misma iglesia de toda este panorama deprimente, hay valientes por todas partes que, instalados ya en las periferias, se dedican con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas a la defensa – ésta si urgente y necesaria – de la dignidad y los derechos de sus hermanos más pequeños. Ellos nos confrontan, ellos nos movilizan, nos inspiran, pues su vida nos pide a gritos renunciar a la posibilidad de un evangelio aliado con el poder y de espaldas a los necesitados. Su mensaje nos convoca a trabajar porque a nadie le llegue la muerte antes de tiempo. Una mirada a Oscar Romero, a Pedro Casaldáliga, a Santiago Agrelo, a Darío Monsalve, a Teresa Forcades, a Ángel Macín puede fácilmente devolvernos la confianza en ésta historia nuestra en la que dios no deja de confiar en que podremos entregar el Reino en las manos de los pobres a los que pertenece, y en la que seremos capaces de ver en todos los constructores de paz a los hijos de dios; solo así podremos vencer a esa hipocresía que tanto daño está causando en distintos lugares del planeta mientas muestra un disfraz de la “defensa de la vida”.

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Más muertos en el Mediterráneo, el mar de los muertos.

Miércoles, 28 de agosto de 2019

Emigrantes-muertos_2144495545_13806701_660x371“En lo que llevamos de año han muerto en el Mediterráneo 899 personas inmigrantes intentando llegar a Europa, en su mayoría procedentes de Africa, huyendo de otra muerte, la muerte por hambre”

“Casi todos los días hay un niño emigrante muerto o desaparecido”

“En España hemos construido las vallas de Ceuta y Melilla, rematadas con concertinas cortantes y sangrantes para frenarlos, los recluimos en los CIES, o los devolvemos en caliente”

Más muertos en el mar de muertos, el Mediterráneo, cementerio de los emigrantes africanos

“No humilles al emigrante” (Ex. 23,9); “No lo oprimas” (Lev. 19,34); “No lo explotes” (Dt.23, 16); “No defraudes el derecho del emigrante”. (Dt. 24,17); “Maldito quien defrauda al emigrante de sus derechos”. (Dt. 27,19). “Una misma ley habrá para el nativo y para el forastero que habita en medio de vosotros” (Ex 12,49). “Al forastero que reside junto a vosotros, le miraréis como uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo”. (Lev.19,34). José “se levantó, tomó al niño y a su madre y se refugió en Egipto” (Mt.2,14-15). “Fui forastero y me acogisteis” (Mt. 25,35).

¡qué lejos estamos de esta gran mensaje bíblico!

En lo que llevamos de año han muerto en el Mediterráneo 899 personas inmigrantes intentando llegar a Europa, en su mayoría procedentes de Africa, huyendo de otra muerte, la muerte por hambre. De 2014 a 2018 perecieron o desaparecieron en este mar 17900 personas, de las cuales un número importante son niños: casi todos los días hay un niño migrante muerto o desaparecido. Aparte están los no cuantificados que desaparecen a lo largo del penoso trayecto que tienen que recorrer hasta llegar a las orillas del Mediterráneo, o desaparecen sin dejar rastro.

Además de pasar mil penalidades, se encuentran con las puertas cerradas de Europa, sobre todo de los países con gobiernos de la ultraderecha, como el del Ministro del Interior, Matteo Salvine, en Italia, que en estos momentos está negando la entrada a 135 inmigrantes recogidos por una patrullera de su país. Hizo lo mismo en agosto con otra patrullera, también italiana, que había recogido a 138. Además este xenófobo gobernante, vicepresidente de Italia, acaba de cerrar uno de los mayores centros de refugiados de Europa, en Sicilia, que si bien tenía fallos de gestión, en vez de mejorarlo lo clausura con estas palabras: “Lo único cierto es que se ahorrará un montón de dinero y contaremos con más fuerzas del orden para desplegar en el territorio. Hoy es un bonito día para la legalidad y la seguridad“. ¡Qué cínico!

  1472494219_034026_1472494504_noticia_normal Pero no solo los políticos de ultraderecha rechazan a los inmigrantes (uno, español, dijo que “si el Papa quiere inmigrantes que los acoja él”), también muchos ciudadanos que los siguen piensan lo mismo.

En España hemos construido las vallas de Ceuta y Melilla, rematadas con concertinas cortantes y sangrantes para frenarlos, los recluimos en los CIES, o los devolvemos en caliente. Si les preguntas por la calle de dónde son no te quieren contestar con la verdad, por miedo a ser identificados, pues desconfían de quién eres.

En Alemania se ha aprobado una polémica ley para agilizar el proceso de deportación de inmigrantes

Donald Trump está empeñado en construir un muro inmenso para impedir el pasó a los E.UU. de los suramericanos con una inversión de 6000 millones de dólares. Acaba de conseguir que el Supremo de su país le autorice 2500 millones, que estaban destinados a la lucha contra el narcotráfico. ¡Muy bien! No recibirán inmigrantes, pero comerán droga. Los EE.UU. quieren tener las puertas de los países del sur bien abiertas para ir a explotar sus materias primas, y hacerse con sus tierras, pero se las cierran para que no entren a su país después de haberlos empobrecido.

muertos-mar-mediterraneo-1Ese bochornoso e indigno presidente, que cometió la crueldad de deportar a casi 3000 padres sin sus hijos, acaba de afirmar que la aprobación de esos millones para el muro son: “¡Gran victoria para la seguridad fronteriza y el Estado de derecho!”. Derechos, sí, para los ricos de EE.UU., pero desgracia y miseria para los pobres del sur. Por eso los Obispos de México denuncian que, la emigración tiene como principio el hambre, la pobreza, la violencia, y la falta de oportunidades. De ahí que miles de migrantes están esperando cruzar a los Estados Unidos, a la vez que otros tantos son detenidos y deportados a México.

Como los europeos, chinos, rusos, japoneses: todos queremos el coltán de la República Democrática del Congo (que tiene el 80 % del que hay en el mundo) para nuestros móviles, televisores, ordenadores, tablets, armas de última generación como las usadas en Siria y Yemen, pero no los queremos a ellos: queremos lo que tienen los africanos para nuestra buena y lujosa vida, pero no los queremos a ellos. Lo que ocurre en el Congo con el coltán ha sido calificado por Naciones Unidas como un genocidio que se ha saldado con más de cinco millones de muertes, incluidos muchos niños, que se adaptan mejor a las estrecheces de las minas, generalmente poco profundas que se derrumban con facilidad con las lluvias, dejándolos sepultados.

Unicef denuncia que en el Congo hay más de 40.000 menores trabajando en las minas de mineral, con una jornada de 12 horas por 1 euro al día. La extracción del coltán supone la muerte de dos personas por kilo extraído, mientras en Europa renovamos cada año el 40 % de los móviles, lo que solo en España supone 18 millones, pero cuando vas a comprar el Smartphone, lleno de minerales de sangre humana, el vendedor no te cuenta absolutamente nada de esto.

Al-menos-74-inmigrantes-muertos-en-un-naufragio-frente-a-la-costa-de-Libia-696x395Además de esa explotación inhumana, tan injusta y cruel, los europeos y norteamericanos hemos convertido un barrio de Acra, capital de Ghana, donde 40.000 personas viven en extrema pobreza, en uno de los cementerios de basura electrónica más grandes del mundo, algo muy parecido a lo que hicimos, ya desde los años 80, en el Indico a las puertas acuáticas de Somalia, pero aun peor, depositando allí basura radiactiva, descubierta por el Tsunami de Indonesia en 2004 (Ver informe de UNEP-ONU), que ha incrementado las enfermedades y las muertes por cáncer en el país.

Pues bien, son millones de personas las que, obligadas por la miseria, la impotencia y la desesperación huyen de sus países de origen, dejando atrás sus raíces, sus familias y su tierra en busca de una vida un poco más digna, arriesgando su propia vida, pues si no lo hacen ya la tiene perdida. Pero el colmo del mal es que algunos dirigentes y políticos de los países desarrollados, muchas veces criminalizan a las personas e instituciones que los recogen para que no mueran ahogados en el mar. Por su parte Trump ha desplegado miles de efectivos de la Guardia Nacional en la frontera sur del país para frenar la migración, solución que será fallida, porque al hambre no se le pueden poner fronteras.

El Gobierno español ha cambiado la legislación para acoger a las personas refugiadas en los centros de atención a inmigrantes, pero tienen que esperar mucho tiempo a que se aprueba su solicitad de protección internacional y entre tanto se ven obligados a vivir en la calle.

1478174293_591055_1478174683_noticia_normalEl Papa Francisco señala claramente cuál ha de ser nuestra actitud ante los inmigrantes: acoger, proteger, promover e integrar.

Os agradecemos muy cordialmente la difusión que muchos hacéis de estos comentarios, así como su acogida electrónica en Religión Digital, Redes Cristianas, página Web Gaspar García Laviana, Reflexión y Liberación, Justicia y paz Tenerife, Apóstolas de los Apóstoles, por si pueden aportar un mínimo a la reflexión para la construcción de un mundo mejor, que fue la misión de Jesucristo para el bien de toda la creación y su plenitud definitiva.

Un cordial abrazo a tod@s, y en especial para los inmigrantes de Africa y a quienes colaboráis con los proyectos de Ruanda y Guatemala, para que en lo posible no tengan que emigrar.-Faustino

Faustino Vilabrille

Fuente Religión Digital

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Lo contrario del espíritu es la muerte

Jueves, 6 de junio de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Os dejo dichas estas cosas mientras estoy con vosotros. Ese valedor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre por mi medio, él os lo irá enseñando todo, recordándoos todo lo que yo os he expuesto”

El Espíritu o Dinamismo de vida y de Amor, es la Dimensión invisible de lo Real, que hace que lo visible sea; y ello en una relación no-dual. Por eso, no es lo opuesto a materia (o cuerpo), sino a muerte. En cierto sentido, podríamos decir, metaforicamente, que el cosmos entero no es sino el “cuerpo” del Espíritu, su manifestación y expresión. Por eso, quien sabe VER el mundo, está viendo al Espíritu.

*

Enrique Martínez Lozano

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Consciencia después de la muerte.

Miércoles, 15 de mayo de 2019

índicePim Van Lommel, cardiólogo: investiga regresos de la muerte.

Tengo 58 años. Soy cardiólogo desde hace 31 y profesor de Cardiología del hospital Rijnstate de Arnhem (Holanda). He visto morir a cientos de pacientes y resucitar a algunos: mi vida cambió cuando empecé a averiguar qué había al otro lado. Mi estudio en ‘The Lancet’ desafía el concepto de conciencia de la medicina oficial.

Más allá

“Si estoy yo, no está la muerte; si está la muerte, no estoy yo. ¿Por qué, pues, preocuparnos de ella?”. Lo decía Epicuro y para mí era suficiente hasta ahora, pero el doctor Van Lommel me lo deja inservible: si está la muerte, seguimos estando nosotros. La pregunta es: ¿seguimos siendo nosotros? Y si no somos nosotros ya, ¿quiénes somos? Como todos los grandes avances, el de Van Lommel, avalado por The Lancet (“Near death experience in survivors of cardiac arrest: a prospective study in the Netherlands”, diciembre del 2001), más que responder, plantea un montón de preguntas. Al contestar a las mías, Van Lommel me ha transmitido la tranquilidad de un hombre feliz, porque se ha asomado al más allá como científico y le ha gustado.

Tenía 42 años y sufrió un infarto en el autobús. Llegó a mi hospital en coma, ya azul, sin pulso ni respiración. Lo intubamos. La enfermera le quitó la prótesis dental para conectarle el tubo…

¿Y murió?

Clínicamente estaba muerto. Pero al cabo de hora y media su corazón volvió a latir débilmente. Tras una semana abrió los ojos y la primera persona que vio fue aquella enfermera que le había intubado cuando estaba en coma.

¿Y…?

Fue la enfermera la que casi sufre un ataque entonces, porque el paciente que ella había visto muerto la saludó y le dio las gracias por haberle intubado con mimo. Y le preguntó dónde había puesto su prótesis dental…

No es la primera vez que se explican estas experiencias: túneles, luces blancas…

Pero es la primera vez que la prestigiosa The Lancet publica un estudio como el mío, que desafía nuestro concepto de conciencia.

Cuénteme.

Es el primer estudio científico prospectivo, no retrospectivo; es decir, no explicamos experiencias después de la muerte (EDM), porque ya han sido suficientemente documentadas, sino que apuntamos las causas que las producen.

Pues explique.

Estudiamos 344 casos de pacientes que habían sufrido un ataque cardiaco y estaban clínicamente muertos. Solo 62 de ellos (el 18 por ciento) había experimentado una EDM.

No son muchos.

Precisamente por eso, no aceptamos la explicación meramente fisiológica de esas EDM. Como sabe, hay tres explicaciones médicas hoy aceptadas para justificar las EDM.

No lo sabía, pero me estoy enterando.

La primera es fisiológica: la anoxia (falta de oxígeno) en el cerebro daría lugar a alucinaciones, luces blancas y demás.

Resplandor blanco al final del túnel.

Luego hay otra teoría, la psicológica, que sostiene que esas EDM son fruto del miedo a la muerte. Y luego una tercera teoría afirma que las EDM son consecuencia de la mezcla de anoxia y el miedo a la muerte.

¿Y usted qué cree?

Yo he demostrado que no puede ser la anoxia, pues todos los pacientes la padecen y, por tanto, todos tendrían también que experimentar una EDM. En cambio, solo el 18 por ciento de quienes la experimentan tiene una EDM. Tampoco acepto la teoría psicológica, porque los 344 pacientes que entrevisté no tienen conciencia de haber sufrido ese miedo a la muerte.

¿Y son sinceros siempre?

Sus recuerdos son precisos, claros y muchas veces comprobables, como el de la prótesis que le explicaba. Pero no cuestione mi estudio. ¿Por qué no cuestiona nuestra idea de conciencia?

Estoy dispuesto.

Muchos médicos, cuando oyen estas historias de pacientes, prefieren atribuirlas a alucinaciones, al trauma, a lo que sea, porque cuestionan su concepto de conciencia y de muerte.

¿Y usted?

Yo ya no puedo aceptarlo tras mis 31 años de cardiólogo y de haber visto morir a cientos de pacientes y resucitar a decenas de ellos. La medicina oficial considera que la conciencia es un producto del cerebro y por lo tanto desaparece cuando desaparecen las funciones cerebrales.

Eso tiene su lógica…

¡Pero la realidad y mi experiencia lo desmienten! Estos enfermos con sus EDM demuestran que hay conciencia después de la muerte y la tenían cuando ya estaban clínicamente muertos y sin funciones cerebrales. Su percepción estaba encima de su cuerpo y fuera de él. ¡Y tuvieron experiencias ultrasensoriales comprobadas!

¿Y usted qué piensa?

Me interesa el concepto de conciencia como retransmisor de ondas, una especie de televisión que repite ondas que llegan de otro sitio. Así que, aunque el cerebro deje de funcionar, la conciencia sigue retransmitiendo.

Interesante.

Y me intriga ver cómo las experiencias después de la muerte cambian la vida de mis pacientes. ¿Sabe que el 70 por ciento de los regresados se divorciaron poco después?

 ¿Por qué?

Porque ya eran otras personas y su nueva personalidad no casaba con su antigua pareja. Cuando regresan de la muerte, los pacientes con una EDM ya son otras personas.

¿Por qué?

Han perdido el miedo a la muerte, pues han estado allí y saben que no pasa nada, que de algún modo siguen estando en alguna parte. Y eso les cambia su manera de vivir.

Pero no son ellos ya…

¡Por ahí va usted bien! Ahora siga pensando conmigo…

Lo intentaré.

¿Cómo es posible que cambiemos nuestro cuerpo hasta la última célula unas 50 veces en 80 años –si es que llegamos a vivirlos– y sigamos siendo nosotros?

¿Aún somos nosotros?

Siga haciéndose preguntas. ¿Está la conciencia ligada a nuestro yo o puede ir más allá? Está claro que puede ir más allá de la muerte. Lo hemos demostrado.

Doctor, no sé si yo quiero ir más allá.

Ese es el problema de muchos humanos y, no crea, también de muchos médicos.

¿Y usted?

A mí, este estudio me ha cambiado la vida porque, si no temes la muerte, cambias tu vida.

Boletín Semanal de Enrique Martinez Lozano

Entrevista de Lluís Amiguet a Pim van LOMMEL

La Contra de La Vanguardia

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Reflexión del Sábado Santo

Sábado, 20 de abril de 2019
semilla
SÁBADO SANTO

Jesús murió para posibilitar nuestra divinización. La tierra está embarazada de resurrección.

Todo esto es un proceso, como el proceso de nuestras vidas, donde nuestras muertes posibilitan nueva vida. Nuestra vaciedad hoy es posibilidad, como este día es espacio de parar, silenciarnos, vivir en soledad en una espera gozosa que es esperanza de Vida Nueva.

En este día de Sábado estamos llamadas a dejar que Cristo se geste en nuestro interior, no el Jesús histórico que murió, sino el Cristo vivo que todos y cada uno llevamos en semilla en nuestro interior.

Es el día de transformación de la semilla en fruto, de la crisálida en mariposa, es el día de albergar al Cristo naciente en nosotros en nuestro interior, cuna de un tercer nacimiento en un mundo que necesita la comunión y la solidaridad.

Es el Cristo cósmico que es semilla de resurrección para toda la humanidad.

Para leer la reflexión completa, con las pautas de trabajo pincha aquí.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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“¿Quién da la mano a los muertos?”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 1 de marzo de 2019

arcoiris-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

A menudo en la vida parece no haber esperanza. Cuando no eres aceptado, cuando te desprecian por lo que eres o lo que haces, cuando sientes que no te valoran. Un amigo me escribía un correo con título incluido: “en medio del desorden”. En realidad quería decir: desde el caos de mi vida. Pues bien, en medio del desorden, en pleno caos allí está Dios. Si además tienes la suerte de que un amigo se dé cuenta de tu caos y te dé la mano (porque eso es suficiente precisamente cuando hay caos), entonces puedes experimentar que el amor es más fuerte que la muerte. La resurrección de Cristo muestra que la vida triunfa siempre sobre la muerte, el amor sobre el odio, la esperanza sobre la desesperación. Cristo es el que da la mano a los muertos, a esos a quiénes aparentemente parece que ya no se les puede dar la mano.

Los cristianos somos personas de esperanza. Creemos en la resurrección de los muertos. O sea, creemos que la vida nos ha la dado Dios y que Dios no se arrepiente de sus dones. Como sabemos que Dios es poderoso y es misericordioso, estamos ciertos de nuestra esperanza. Dios nos dio la vida y no nos la quita, porque nunca se arrepiente de sus dones. Tampoco la perdemos. La vida viene de Dios y Dios la mantiene siempre. Por eso, la muerte es solo un paso. No es lo que parece. Parece el final. Pero es un paso.

Incluso para la gente que no cree en Dios, la muerte es lo desconocido.  Si es lo desconocido, no pueden afirmar que desemboca en la nada. La muerte para el no creyente debería ser un interrogante, porque no saben lo que allí ocurre. El creyente tampoco sabe mucho, pero sabe lo suficiente. El creyente en Jesús de Nazaret tiene una gran esperanza, la esperanza en un Dios poderoso y bueno. Como es poderoso tiene poder para mantener la vida y resucitar muertos. Como es bueno, nos ama con todo su amor. Y el amor auténtico quiere estar siempre con el amado. Nos ama y por eso nos quiere vivos, nos quiere a su lado.

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Diario último

Sábado, 16 de febrero de 2019

Del blog Nova Bella:

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Hoy tendría que ser el día elegido para pararme,

pero sigo escribiendo.

Debo considerarme más aquí que allá.

Adiós ya existió.

Mañana ya veremos

Mi escritura ya está.

Y gracias a ella he vivido”

*

Ignacio Carrión

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Vida después de la muerte.

Sábado, 16 de febrero de 2019

NOSOTROSESCOGEMOSEntrevista de Ima Sanchis a Luján Comas, licenciada en medicina, especializada en anestesiología y reanimación, en La Contra, de La Vanguardia

69 años. Barcelonesa. Viuda, tengo tres hijos. Trabajé como médico adjunto en el hospital Vall d’Hebron 32 años y ahora lo hago en una consulta privada de medicina integrativa. Soy apolítica, pero creo que las mujeres pueden cambiar las cosas. En la vida todo tiene sentido, estamos aquí para evolucionar.

Amiga de la muerte

Ejerciendo su especialidad, anestesiología y reanimación, se preguntó qué pasa con la conciencia mientras nuestros parámetros vitales son una línea inexpresiva. Pero el empujón final para dedicarse a investigar sobre la muerte y las ECM (experiencias cercanas a la muerte) fue cuando a su marido le diagnosticaron una enfermedad terminal. Es cofundadora de la asociación sin ánimo de lucro Merry Human Life Society (Merrylife) para la evolución de la conciencia, y coautora del libro ¿Existe la muerte? junto a Anji Carmelo. Será ponente de una jornada sobre la continuidad de la consciencia más allá de la muerte que tendrá lugar el sábado 6 de octubre en la Facultad de Psicología de la Blanquerna y organiza Merrylife.

“Considero que la muerte es el momento más importante de la vida. Aquí se queda todo lo denso, te llevas tu conciencia”.

 ¿Cuál es su experiencia con la muerte?

Trabajé como médico adjunto en el hospital Vall d’Hebron durante 32 años, de ellos 18 como anestesióloga en cirugía cardiaca.

¿Muerte y reanimación han sido su pan de cada día?

He estado en contacto con la muerte desde dos vertientes. Una es personal: yo nací tras la muerte de una hermana, recuerdo ir al cementerio desde muy pequeña. También viví tres abortos tardíos de mi madre, la muerte de un hermano a los 26 años y la muerte de mi marido.

¿A qué edad enviudó?

A los 48 años. Fue entonces, con el diagnóstico de enfermedad terminal de mi marido, médico reumatólogo, cuando empecé a investigar la muerte y la posibilidad de un más allá para ayudarle en ese tránsito.

¿Y en lo profesional?

Debido a mi especialidad he reanimado muchos paros cardiacos y he asistido a operaciones muy graves. Fui parte del equipo del primer trasplante bipulmonar de España y el primer unipulmonar de Catalunya. Todo esto me acerca mucho a la muerte y hace que me haga muchas preguntas.

Hablemos de ellas.

Había un tipo de operaciones que hacíamos en cirugía cardiaca bajo hipotermia profunda. Casos en los que la aorta se rompe en la zona de la que salen las arterias que irrigan el cerebro. Para que el cirujano pudiera coser teníamos que parar la circulación sanguínea, el corazón y la respiración.

¿Y eso no es la muerte?

Sí, aparentemente la persona está muerta. Luego, a través del calentamiento, el oxígeno y los fármacos, su actividad vuelve a la vida. Yo no podía evitar preguntarme: ¿dónde está la conciencia mientras tanto? Si la conciencia está en el cerebro, cuando este no recibe oxígeno, ¿qué pasa con ella?

¿Qué entendió?

Que la conciencia no es un producto de nuestro cerebro sino que utiliza a nuestro cerebro. Dediqué mucho tiempo a investigar las ECM (experiencias cercanas a la muerte).

Ha colaborado usted con el cardiólogo holandés Pin Van Lommel.

Sí, que desde 1988 se ha dedicado a documentar casos incuestionables de ECM. En el 2001, en The Lancet, publicó un estudio clínico prospectivo con 344 pacientes en el que participaron diez hospitales holandeses.

¿Sobre vivencias de ECM?

Sí, pacientes que mueren clínicamente, es decir, que corazón y cerebro dejan de funcionar, y aun así pueden explicar sus percepciones sensoriales como si fueran un ser completo (las personas ciegas ven como si tuvieran vista, los sordos oyen…), y pueden sentir, recordar y pensar. Pero su cerebro no tiene rastro de actividad porque simplemente está “muerto”.

¿Y qué cuentan?

Las situaciones más comunes descritas son que han podido verse a sí mismos y lo que pasaba en aquel momento en su entorno; han revisado toda su vida en el pasado y también en el futuro y comprendido el sentido de su existencia. Han sentido una paz y un amor incondicional indescriptible.

¿Pese a que su cerebro está muerto?

Sí, por tanto esa consciencia que continúa durante este trance no se encuentra en el cerebro. Es una energía, y como energía no se crea ni se destruye, se transforma y perdura.

¿Se da algún cambio en esas personas?

La mayoría modifican su escala de valores, pierden el miedo a morir y afrontan la vida de una forma radicalmente diferente: empiezan a dedicarse a trabajos que dan sentido a sus vidas, de servicio y ayuda a los otros…

Hay médicos que afirman que esas experiencias son meras alucinaciones.

Sí, debidas a la falta de oxígeno que todos sufrimos en ese momento, pero no todos tenemos un ECM, tan solo un 20%. También dicen que son causadas por el exceso de anhídrido carbónico o por una epilepsia del lóbulo temporal, pero todas son rebatibles.

¿Cómo se lo explica usted?

En 1990, Stuart Hameroff, psicólogo en la Universidad de Arizona, y Roger Penrose, físico matemático en la de Oxford, propusieron que los microtúbulos, las unidades más pequeñas del citoesqueleto de las células, actúan como canales para la transferencia de información cuántica responsable de la consciencia.

¿Somos como aparatos de radio?

Exacto, y cuando morimos el contenido de los microtúbulos vuelve a esa conciencia cuántica y si te reaniman se puede recuperar.

¿Me está diciendo que en nosotros hay una conciencia universal?

Sí, y cuando mueres esa conciencia a la que se suman tus experiencias pasa a la conciencia cuántica, pero no se pierde la información.

¿Se trata de una conciencia que está continuamente aprendiendo?

Sí, continuamente, y que está conectada a todo. El mundo de las subpartículas de las que todo está hecho, están interconectados, usted, yo, los árboles, la mesa, todo el universo… Puede ser una explicación. Lo que está claro es que si entendiésemos que no existe la muerte, no tendríamos miedo y viviríamos de otra manera.

Ima Sanchis

La Contra. La Vanguardia

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La Dama Blanca

Lunes, 26 de noviembre de 2018

Del blog Nova Bella:

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No hay ningún lugar para la muerte
ningún átomo que ella pueda aniquilar
ya que tú eres el Ser y el Aliento
y lo que eres nunca será destruido”

*

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Que personas como estas hayan muerto
nos permite morir con mayor paz

*

Emily Dickinson

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Escucha y atiende a razones.

Domingo, 4 de noviembre de 2018

ShemaIsrael.inddDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. ESCUCHA, ISRAEL.

La primera actitud del ser humano en la Biblia es: Escucha Israel, (Shema, Israel).
Escuchar en la vida es el talante de todo ser humano. Rahner entendía al hombre como aquel que escucha, que presta oído y atención a toda palabra que se pronuncia en la historia. Somos “Oyentes de la palabra”, de toda palabra que se ha pronunciado y se dice en la historia.

Es bueno escuchar las palabras y preguntas que brotan de la condición humana: de la vida, del trabajo, de la nostalgia de felicidad, de la convivencia, de la ética, de la enfermedad, de la muerte, de los pobres y marginados.

No es sensato eliminar palabras y preguntas del campo de visión humano, de la educación, de la sociedad. Sobre todo no es sensato eliminar las cuestiones últimas éticas, la muerte. ¡Menos mal que vuelven a poner la filosofía en los planes de educación!

Hemos de prestar atención -escucha- a toda posible palabra también de Dios (Revelación), una palabra que nos viene de Dios. En el principio existía la Palabra, (Jn 1,1).

Escuchar no es meramente oír, sino atender, acoger al otro, a lo que viene y me sobreviene.

Escuchar es también recibir la voz de Dios que habla por la comunidad eclesial, del pueblo. (En la época neotestamentaria lo que brotaba de la conciencia de la comunidad era considerado como proveniente del Señor).

Muchos curas y obispos, superiores de comunidades, muchos políticos no saben o no quieren escuchar realmente la voz del pueblo, de la comunidad eclesial. Creemos que tenemos la verdad, la razón y el poder y nos imponemos a los demás con vocación no eclesial, sino de dominio.

ESCUCHA EN LA VIDA. ATIENDE A RAZONES
.

02. DIOS ES NUESTRA ÚNICO SEÑOR
.

Siempre estamos rodeados de ídolos y fetiches que dominan nuestra vida: dioses de barro de la vida política, deportiva, eclesiástica que pretenden suplantar a Dios.

Pero solamente Dios es Dios.

Claro que podemos tener alguna dificultad a la hora de pensar y decir quién sea Dios.

Decía un teólogo del siglo XX, (P. Tillich), que tendréis que olvidar todo lo que habéis aprendido de Dios, incluso su nombre y ahondar en la profundidad de vuestra vida para saber qué es Dios.

Lo que amáis en el fondo de vuestro ser, eso o ese es Dios.

¿Y qué amamos en el fondo de nuestro ser? Amamos la justicia, la paz, la libertad, el amor. Pues eso o tal es Dios. ¿O no dice el NT que Dios es amor? (1Jn 4,8). Todo eso es Dios: amor, libertad, paz, justicia.

No hay político, ni economista, ni eclesiástico que sustituya a Dios.

Quien ama y busca esos grandes valores en la vida, no es ateo, sino creyente. Quizás sea un creyente, un cristiano anónimo, “sin carnet eclesiástico”, pero quien se toma en serio la vida, la justicia, la libertad, el amor, ese es un profundo creyente. SÓLO DIOS ES DIOS.

03. AMARÁS.

Se trata de la moral, del modo de vivir cristiano.

Es un escriba, un hombre de leyes, quien pregunta a Jesús: ¿cuál es el mandamiento principal?

Jesús le contestó correctamente conforme a la ley. Pero Jesús no tuvo un comportamiento legal, más bien Jesús fue un “fuera de la ley”. Para Jesús cuenta la persona, no la ley. Por eso lo mismo cura en sábado, que trata con mujeres y prostitutas, es libre ante la sangre, ante la muerte, se acerca a los leprosos…

Por desgracia en el ámbito católico -como en el judaísmo- todo se convirtió y se tradujo en una normativa sin fin: preceptos y normas que, como las infrinjas, te mandan al infierno per omnia saecula saeculorum.

El planteamiento de la moral cristiana no se plantea desde la ley, desde los mandamientos, sino desde el seguimiento de Jesús y desde la persona, desde el valor y cuidado del ser humano y siempre con amor.

Allá en los tiempos conciliares el padre de la moral moderna, Bernard Häring, publicó una gran obra que entendía la moral desde el seguimiento de Cristo: “la Ley de Cristo”.

¿Y cuál es la ley de Cristo? El amor.

Decía K Rahner que la Iglesia haría bien en proponer como único criterio de moralidad el amor. Después, las concreciones, se irían extrayendo en las diversas comunidades y momentos.

Ya san Agustín decía: ama y haz lo que quieras.

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La muerte está vencida

Viernes, 2 de noviembre de 2018

Del blog ya desaparecido À Corps… À Coeur:

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¡Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban ” los durmientes “. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! “

*

Père Pierre Trevet

*

¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que “se fueron”. La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el “Purgatorio“, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una “inteligencia” celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

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Viernes 02 de Noviembre de 2018. Fieles Difuntos

Viernes, 2 de noviembre de 2018

 

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Job 19,1.23-27a

Yo sé que está vivo mi Redentor

Respondió Job a sus amigos:

“¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Redentor, y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán.”

***

Salmo responsorial: 24

A ti, Señor, levanto mi alma.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.

Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados. R.

Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti. R.

***

Filipenses 3,20-21

Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso

Hermanos:

Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.

***

Marcos 15,33-39;16,1-6

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:

-“Eloí, Eloí, lamá sabaktaní“. (Que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”)

Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

-“Mira, está llamando a Elías.

Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:

-“Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.”

Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

-“Realmente este hombre era Hijo de Dios.”

[Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:

“¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:

-“No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron.”]

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“En las manos de Dios”. 2 de noviembre de 2018. Conmemoración de los difuntos. Marcos 5, 33-39; 16,1-6

Viernes, 2 de noviembre de 2018

jesus-abrazo-2Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.

Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?

La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?

Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”

¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.

A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:

“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nosotros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver“.

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Señor, tengo mi esperanza en ti.

Viernes, 7 de septiembre de 2018

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Del cuaderno de notas de un joven jefe scout, estudiante de agronomía, muerto de leucemia:

«En ocasiones quisiera irme a vivir a un lugar solitario, silencioso, donde no haya confusión, distracción, donde pudiera dedicarle a Él, sólo a Él, mi tiempo, todo mi tiempo. Me doy cuenta de que todo lo que hay a mi alrededor me distrae, me lleva a donde no quiero ir: a la envidia, a la maldad, al pecado corporal. Debo prepararme para aquel momento, debo estar preparado para cuando me llame a Él. No puedo dejar pasar los días. Cada segundo es importante, esencial, indispensable, y no debo malgastar de este modo mi tiempo.

Cuando me preguntan sobre mi enfermedad, rara vez soy yo quien empieza a hablar de ella y, al oír lo que pienso y cómo hablo de ella, me dicen que soy pesimista. ¡No! Soy realista.

Sé lo que me sucederá, cómo moriré; he visto morir a otros, apagarse lentamente, día tras día. Sé de qué modo, en qué hospital y cómo. He visto llorar a un hombre. Me decía: “Tengo que morir… Moriré”. Sé que esto también me sucederá a mí. Ahora bien, ¿cómo decirle a alguien: “Sí, tengo miedo, pero no veo la hora”? Tú me llamas, yo responderé: “Aquí estoy”. No lo diré a nadie, lo sabes Tú, lo sabe Él.

Ni siquiera puedo extrañarme de todo lo que me rodea: deben ponerme las inyecciones, darme las pastillas. ¡Todo esto sirve! Sirve para prepararme mejor, para recuperar el tiempo que he perdido y que perderé. ¡Ayúdame, Dios! Ayúdame a no ser hipócrita, a confiar sólo en ti. ¿Continuaré fingiendo estudiar, actuando como si todo fuera normal, como si no hubiera pasado nada? Dios, indícame el camino. Es de noche, no veo a dónde quieres que vaya. ¡Ilumíname el camino! Está oscuro, sé luz para mí. No me siento mártir. Muy diferentes y más duros son los sufrimientos de quienes han muerto por ti, de quienes han elegido morir por ti, Señor. ¡Qué valor, qué fuerza! Todo esto me hace sentirme pequeño e inútil, pero, Señor, tengo mi esperanza en ti» .

*

Michelle Chinellato

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An arounded tomb (Una tumba rodeada)

Miércoles, 4 de julio de 2018

Del blog Nova Bella:

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Lo que sobrevivirá de nosotros es el amor

*

Philip Larkin

***

Time has transfigures them into
Untruth. The stone fidelity
They hardly meant has come to be
Their final blazon, and to prove
Our almost-instinct almost true:
What will survive of us is love.

*

El tiempo los ha transfigurado
en la falsedad. La fidelidad
de piedra que apenas significan ha llegado
a ser su blasón final, y para demostrar
que nuestro casi instinto es casi verdadero:
lo que sobrevivirá de nosotros es el amor.

larkinh

***

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“¿Cómo, donde y en quién está presente y actúa el Señor resucitado?”, por José María Castillo, teólogo.

Viernes, 6 de abril de 2018

6a00d8341c730253ef00e54f2b32268833-640wiLeído en Koinonia:

Es un hecho que la resurrección de Jesús constituye el acontecimiento central de nuestra fe cristiana. Pero es un hecho también que ese acontecimiento central de la fe cristiana no parece estar en el centro de la vida de los creyentes. Por lo menos, a primera vista, no se tiene la impresión de que los cristianos lo entiendan y lo vivan así. Hay otras cosas que interesan más al común de los mortales bautizados. Y conste que me refiero a cosas estrictamente religiosas: la pasión del Señor, la devoción a la Virgen y a los santos, determinadas prácticas religiosas, etc.

Sin embargo, a mí me parece que no deberíamos precipitarnos a la hora de dar un juicio sobre esta cuestión. Porque, sin duda alguna, se trata de un asunto más complicado de lo que parece en un primer momento. Por eso, valdrá la pena analizar, ante todo, de qué maneras el Resucitado debe estar presente en la vida y el comportamiento de los creyentes, según el Nuevo Testamento, para poder, desde ahí, sacar luego las consecuencias.

La persecución: predicar la resurrección es entrar en conflicto

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos informa de que los discípulos de Jesús eran perseguidos por causa de la resurrección, exactamente por predicar que Cristo había resucitado: “el comisario del templo y los saduceos, muy molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban que la resurrección de los muertos se había verificado en Jesús, les echaron mano y, como era ya tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente” (Hech 4,1-3). Más claramente aún, si cabe, cuando los apóstoles son llevados ante el tribunal y testifican valientemente la resurrección (Hech 5,30-32), provocan la irritación en los dirigentes religiosos, que deciden acabar con ellos (Hech 5,33). Y lo mismo pasa en el caso de Esteban: cuando éste confiesa abiertamente que ve a Jesús resucitado en el cielo “de pie a la derecha de Dios” (Hech 7,56), la reacción no puede ser más brutal: “Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos y, todos a una, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearle” (Hech 7,57-58). Y otro tanto cabe decir por lo que se refiere a Pablo, que confiesa por dos veces que fue llevado a juicio precisamente por predicar la resurrección (Hech 23,6; 24,1).

Jesús Misionero 0001Ahora bien, este conjunto de datos plantea un problema. Porque la verdad es que actualmente nadie es perseguido, encarcelado y asesinado por predicar la resurrección. Es más, parece que el tema de la resurrección es uno de los temas más descomprometidos y menos peligrosos que hay en el evangelio. De donde se plantea una cuestión elemental: ¿será que no entendemos ya lo que significa la resurrección del Señor?, ¿será, por lo tanto, que no la predicamos como hay que predicarla?

Para responder a esta cuestión, empezaré recordando cómo presentan los apóstoles y discípulos la resurrección de Jesús. En este sentido, lo más importante es que la presentan en forma de denuncia. Una denuncia directa, clara y fuerte: Vosotros lo habéis matado, pero Dios lo ha resucitado (Hech 3,15; 4,10; 5,30; 13,30). Por lo tanto, se trata de un anuncio que, en el momento de ser pronunciado, tiene plena actualidad. Es decir, no se trata de una cuestión pasada, que se recuerda y nada más, sino que es un asunto que concierne y afecta directamente a quienes oyen hablar de ello. Más aún, es un asunto gravísimo, que, en el fondo, equivale a decir lo siguiente: Dios le da la razón a Jesús y os la quita a todos vosotros. Porque, en definitiva, la afirmación según la cual “Dios lo ha resucitado” (Hech 2,24-32; 3,15-26; 4,10; 5,30 ,30; 10,40; 13,30.34.37), viene a decir que Dios se ha puesto de parte de Jesús, está a favor de él y le ha dado la razón, aprobando así su vida y su obra.

Por consiguiente, parece bastante claro que predicar la resurrección y vivir ese misterio consiste, ante todo, en portarse de tal manera, vivir de tal manera y hablar de tal manera que uno le da la razón a Jesús y se la quita a todos cuantos se comportan como se comportaron los que asesinaron a Jesús. Pero, es claro, eso supone una manera de vivir y de hablar que incide en las situaciones concretas de la vida. Y que incide en tales situaciones en forma de juicio y de pronunciamiento: a favor de unos criterios y en contra de otros; a favor de unos valores y en contra de otros; a favor de unas personas y en contra de otras; y así sucesivamente.

1442591743_943701_1442591879_noticia_normalDe donde resulta una consecuencia importante, a saber: la primera forma de presencia y actuación del resucitado en una persona y en una comunidad de creyentes consiste en ponerse de parte de Jesús y de su mensaje, en el sentido indicado. Por lo tanto, se trata de una forma de presencia y de actuación que inevitablemente resulta conflictiva, como conflictiva fue en el caso de los primeros creyentes, que se vieron perseguidos por causa de su fidelidad al anuncio del resucitado.

Y todo esto, en definitiva, quiere decir lo siguiente: Jesús fue perseguido y asesinado por defender la causa del ser humano, sobre todo por defender la causa de los pobres y marginados de la tierra, contra los poderes e instituciones que actúan en este mundo como fuerzas de opresión y marginación. Por lo tanto, se puede decir que cuantos sufren el mismo tipo de persecución que sufrió Jesús, esos son quienes viven la primera y fundamental forma de presencia del resucitado en sus vidas, mientras que, por el contrario, quienes jamás se han visto perseguidos o molestados, quienes siempre viven aplaudidos y estimados, ésos se tienen que preguntar si su fe en la resurrección no es, más que nada, un principio ideológico con el que a lo mejor se ilusionan engañosamente. He ahí un criterio importante, fundamental incluso, para compulsar y medir nuestra propia fe en Jesús Resucitado.

El triunfo de la vida: el Resucitado está presente donde la vida lucha contra la muerte

La enseñanza de San Pablo sobre la resurrección se centra, sobre todo, en un punto esencial, a saber: que la resurrección cristiana es el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte. Así fue en el caso de Jesús. Y así es también en la situación, en la vida y en la historia de cada creyente (Rom 6,4.5.9; 7,4; 2 Cor 5,15; Fil 3,10-11; Col 2,12). Porque, en definitiva, el destino del cristiano es el mismo destino de Jesús. Leer más…

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“Vida eterna”, por Dolores Aleixandre

Lunes, 27 de noviembre de 2017

38065104896_e1be25fca7Cuenta el Evangelio que en dos ocasiones un maestro de la ley y un joven rico, preguntaron a Jesús cómo “heredar vida eterna: al primero lo remitió a las cunetas de los caminos haciéndose cargo de la gente herida; al otro le propuso algo aún más difícil: “suelta, deja, hazte libre, vente conmigo”.

– “Qué fuerte, tú” piensan algunos, y se ponen a buscar posibilidades de última generación: este verano se ha celebrado en San Diego, California, un Congreso para la vida eterna con asistencia de 2.000 personas.

No piensen que lo han organizado los mormones o los adventistas del Séptimo día, sino el Millennium Project liderado por un tal Sr. Cordeiro: en su ponencia ha confirmado la existencia de experimentos con ratones en los que se consigue triplicar su esperanza de vida.

Su conclusión es que está próximo el momento en que la ciencia le ganará la batalla a la muerte y podremos elegir entre morir o vivir eternamente: quien quiera morir, morirá, y quien desee seguir viviendo, será inmortal y encima tendrá un aspecto juvenil, sin apariencia de anciano ni nada por el estilo.

De momento, una señora en EEUU se está pagando ya con su dinero y riesgo para su vida, un tratamiento que consiste en inyectarse telomerasa, una enzima que vuelve a hacer que los telómeros crezcan. Siento no poder ofrecerles, por falta de espacio, más información sobre los telómeros pero les remito al Sr. Cordeiro que seguramente lo hará con gusto, y aún más si se deciden a participar en el experimento.

Me parece más provechoso dejar sitio a estas palabras de ese creyente sabio que fue Jose María Cabodevilla: “En este largo proceso de ruina, mientras van desplomándose las casas, los imperios, los alfabetos, he aquí que persiste, obstinada, terca, conmovedora en su fragilidad, una voz que es casi un susurro, una voz que es casi un secreto de familia, esa certeza que van transmitiéndose las generaciones: Creo en la resurrección de los muertos”.

Dolores Aleixandre. Vida Nueva, Noviembre 2017

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La muerte está vencida

Jueves, 2 de noviembre de 2017

Del blog ya desaparecido À Corps… À Coeur:

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¡Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban ” los durmientes “. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! “

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Père Pierre Trevet

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¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que “se fueron”. La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el “Purgatorio“, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una “inteligencia” celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

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“En las manos de Dios”. 2 de noviembre de 2017. Conmemoración de los difuntos. Marcos 5, 33-39; 16,1-6

Jueves, 2 de noviembre de 2017

jesus-abrazo-2Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.

Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?

La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?

Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”

¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.

A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:

“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nootros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver“.

José Antonio Pagola

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“Infierno”, por José Mª Castillo, teólogo

Martes, 29 de agosto de 2017

36121459720_4b6ef97be6_zDe su blog Teología sin Censura:

Recientemente he publicado, en esta misma página, una memoria muy resumida de la excelente Semana Bíblica sobre el tema de “La Muerte, que han explicado los profesores Alberto Maggi y Ricardo Pérez Márquez, del “Centro Studi Biblici G. Vannucci”, de Montefano (Italia). En este Encuentro, yo intervine para exponer (de forma resumida) dos temas necesariamente relacionados (para los creyentes) con la muerte: el pecado y el infierno.

Confieso que me ha impresionado la reacción de muchos lectores de Religión Digital. No por la violencia y la agresividad de algunos de tales lectores, en sus comentarios, sino por la ignorancia que dejan patente en lo que dicen. Cuando una persona no tiene más respuesta que el insulto, para expresar su desacuerdo, es que carece de argumentos para rebatir lo que piensa que debe rechazar.

Pero vamos al asunto que interesa. Ante todo, el “infierno”. En la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, no está definida, como dogma de fe, la existencia del infierno.

Lo que el Magisterio papal ha enseñado es que “quienes se van de este mundo en pecado mortal” se condenan (Denz.-Hün., 1002, 1306). Pero lo que no está definido en ninguna parte es que alguien haya muerto en pecado mortal. Ni de Judas se puede afirmar tal cosa. Porque trasciende este mundo. Y jamás ha estado, ni podrá estar a nuestro alcance. Por tanto, aunque en algunos documentos eclesiásticos aparezca la palabra “infierno”, semejante término no pasa de ser una mera hipótesis, que nadie ha dicho que exista realmente.

Además -y esto es lo más elocuente- si el infierno existiera, solamente Dios lo podría haber hecho; y solamente Dios lo podría mantener. Pero realmente ¿es eso posible? El infierno, por definición, es un castigo. Y un castigo eterno. Ahora bien, un castigo -sea el que sea- se puede programar y realizar como medio o como fin. Como “medio”, lo hacemos constantemente: se castiga para educar, para corregir, para evitar que un delincuente siga delinquiendo, etc. Pero, si el castigo es “eterno”, en ese caso (único), no puede ser medio para nada. O sea, no tiene (ni puede tener) otra finalidad que hacer sufrir.

Pero en este supuesto, ¿se puede compaginar la bondad absoluta de Dios con la maldad absoluta que lleva en sí mismo el hecho de hacer sufrir sin otra posible finalidad que hacer sufrir?

Todo esto supuesto, no hay que calentarse mucho la cabeza para llegar a una conclusión: o creemos en Dios o creemos en el infierno. Armonizar ambas creencias, ocultando lo que interesa para “que cuelen”, y sobre todo para meter miedo a los indefensos oyentes de tantos apasionados sermones de iglesia, eso es usar (y abusar) de Dios, para conseguir lo que a nosotros nos conviene.

Es verdad que, al negar la existencia del infierno, dejamos al descubierto el problema de la justicia divina. La justicia de la que echamos mano para explicarnos la solución última que tendrá la incontable cantidad de maldades que vemos y sufrimos en este mundo. Pero lo que, en este caso, tenemos que preguntarnos es, si no ocurre, más bien, que le cargamos a Dios que sea él quien haga la justicia que nosotros no tenemos ni la libertad ni el coraje de hacer.

Además, no es lo mismo el “delito” que el “pecado”. Quienes, según sus creencias, se vean a sí mismos como pecadores, se las tendrán que ver con Dios. Pero, si somos honestos y coherentes, tendremos que aceptar que este mundo está tan destrozado y es causa de tanto sufrimiento porque somos nosotros los que permitimos y aceptamos que las leyes, la justicia y el derecho, no existan, en unos casos; no se apliquen, en otros, de manera que los incipientes e incompletos Derechos Humanos, que hemos llegado a redactar, en los asuntos de más graves consecuencias, se queden en meros enunciados que jamás se aplican en defensa de quienes tienen que soportar lo más duro de la vida.

¿Y le vamos a exigir a Dios que nos saque las castañas de fuego? ¿Para eso nos va a servir la religión? ¿Para exigirle a Dios que resuelva lo que nosotros tendríamos que resolver? Si este mundo está tan roto como está, no es porque Dios lo ha hecho así. Lo hemos hecho nosotros. Y a nosotros nos corresponde humanizarlo y hacerlo más habitable.

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Recordatorio

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