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Vigilantes (custodes/custodios) de la Tradición. Un documento menos afortunado

Jueves, 5 de agosto de 2021

TrentoDel blog de Xabier Pikaza:

“Vayan a la calle y celebren la eucaristía en libertad creadora, en comunión con todo, en libertad”

Digo “menos afortunado”, pues (a mi juicio no responde a la problemática actual del evangelio (de la eucaristía). Dice cosas importantes, desde la perspectiva de un tipo de unidad litúrgica, pero me parecen “fuera de lugar”, hay otros temas más urgentes y evangélicos en la Iglesia.

Responde a los mal llamados “tridentinos” (Trento fue en su tiempo otra cosa). Parece que quiere “vigilar” (atar en corto) a un tipo de tradicionalistas “lefebvrianos” (de Mons. Lefebvre), partidarios de una “misa” de tradición… Y responde “mal”, pues la verdadera respuesta debería ser una “superación de nivel”: Los grandes problemas se resuelven “por ascenso”, volviendo al evangelio, como quiere (y está diciendo) Francisco en otros lugares y documentos.

No sé si Francisco se ha dejado llevar, si le han “metido un gol”… Pero creo que éste no es su estilo. No se trataba de ajustar pequeños detalles jurídicos para que los “tridentinos” puedan seguir diciendo su misa, con todas las garantías jurídicas, atándoles en corto (bajo los buenos obispos).

Se trata de abrir la eucaristía al cielo azul de la vida de Jesús, a la “carne” y “sangre” de los hombres, como quiere el Documento eucarístico fundamental de la iglesia, que es Jn 6, bien leído, bien actualizado, un texto que habla de la carne y sangre de la vida, carne y sangre que es en Cristo presencia, revelación y tarea, gozosa,  Fiesta del pan, fiesta del vino, celebración de humanidad.

 eucaristia-720_270x250El Papa Francisco acaba de publicar un Motu Proprio (documento escrito por su propia voluntad) sobre  la celebración de la eucaristía, titulado  Traditionis Custodes (vigilantes o custodios de la tradición):  Carta del santo padre Francisco a los obispos de todo el mundo para presentar el motu proprio «Traditionis custodes» sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970, 16.07.2O21: 

 Es un documento impecable, en el buen estilo romano. Pero, a mi juicio, su publicación resulta quizá innecesaria. El tema de la Eucaristía es mucho más importante que lo que puede dar a entender ese documento.

1.Con ese documento no se actualiza el tema de fondo de la celebración y el compromiso de la eucaristía que, según dice Pablo en Gal 2, es la “verdad del evangelio”, que consiste en “comer juntos” (synesthien) compartir, la vida y misión de Cristo, expresan la presencia de Dios (la buena nueva de su vida), crear comunión de vida entre todos los creyentes y los hombres.

2.Muchos han podido pensar que este documento es una “revancha” del Papa ante aquellos que le critican y atacan. Los tridentinos van por ahí diciendo “nosotros somos la tradición”; el Papa les responde que el custodio o guardián de la tradición es él, la Iglesia Vaticano.  Estoy seguro de que Francisco no actúa por revancha, pero en este momento de su pontificado no me parecía apropiado poder dar esa impresión.

3.A mi entender, éste es un documento escrito por unas Congregaciones romanas que en vez de ser animadoras de evangelio, desde el fondo de la misma vida de Jesús (de la carne y sangre de las comunidades), aparecen y actúan como “vigilantes” (custodes, como dice el documento). Pienso que no se trata de “vigilar”, sino de animar, de impulsar, de volver al principio de don y compromiso de la Eucaristía, en esto tiempos de inmenso cambio. La tradición se “demuestra” (se guarda) cambiando, como la vida.

4.Mas que “guardianes” de la tradición, un tipo de “tridentinos” me parecen “sepultureros de la tradición”, pues conservarla inmutable, en un determinado momento, me parece enterrarla. Pienso que es bueno que ellos existan, que tengan sus “misas”, su música, su incienso… como testimonio, pero sin querer imponerse a nadie, si presentarse como los únicos, desde la “humildad” del Cristo servidor.

5.El Papa (la iglesia romana) no es “guardiana” (custodes…) de la tradición, en lucha con los tridentinos, sino “testigo” de una tradición abierta, creadora, donde hay tridentinos, pero otros muchos modos  y formas de eucaristía, unas más oficiales, otras menos… No se trata pues de guardar como en un banco (lo que se guarda en el banco cerrado se pudre, dice Jesús hablando del orín y la polilla). Sólo lo vivo, lo abierto, se mantiene.

Misa en latín6.Otros temas hay muchísimo más importantes: El primero falta de ministros eucarísticos y de celebraciones por un tipo de “legislación” obsoleta, que no deriva del evangelio. Hay miles y millones de comunidades sin eucaristía… por la “ley” del celibato, por la exclusión de la mujer, por el tipo de celebración jurídica actual… Ése es el tema: “recrear” la eucaristía. En ese contexto, este documento parece anacrónico e innecesario.

7.Personalmente no estoy nada a favor del mantenimiento “oficial” de las misas “tridentinas”… pero tampoco de su condena. Digo “oficial”: Que las haya, donde hay gente que las quieren, que las celebren con hondura, con piedad, con arte… Incluso iré alguna vez a participar en ellas. Han tenido y tienen un valor (siempre que no quieran ser la únicas misas…, ni condenar a otras). Muchos dicen que no son más  que un anacronismo. Son además muy, muy minoritarias: Dejen que están ahí…  Pero de anacronismos también se “pervive”. Hay gente para todo. Dejen que tengan sus misas, pidan sólo que sean misas “respetuosas” con otras tradiciones. Que los tridentinos no se crean los únicos…

8.Yo dejaría que las cosas se vayan resolviendo por sí mismas. Que los “tridentinos” a los que alude este documento tengan su música de antaño, sus colores, sus inciensos, su campañillas… y su miedo, su inmenso miedo a la libertad,  al amor desbordante de Dios, a la multiplicidad, a la liturgia de la vida, de hombres y mujeres, en la calle…

9.Me gustaría, finalmente, que los hombres vaticanos que hacen estos documentos (los de la Congregación del Culto Divino, los de Congregación de la Fe…) vayan a la calle y celebren la eucaristía en libertad creadora, en comunión con todo, en libertad… Que el Papa Francisco, como animador de la comunión y libertad cristiana, no baje a la arena de estas discusiones.

Fiesta del pan, fiesta del vino. Compartir la carne, compartir la sangre de la vida.

El ser humano ha sido concebido y ha nacido para agradecer y celebrar la vida, en comunión de pan, en comunión de vida, en comunión con todos los hermanos, los hombres y mujeres de la tierra, en unión con Cristo, que Cuerpo Universal, que es Carne que se entrega, regala, comparte, que es Sangre de humanidad, como ha puesto de relieve Jn 6 en su Documento de Cafarnaúm, el primer manifiesto eucarístico de la Iglesia.

Ese Documento de Cafarnaúm fue un “texto triste”, porque muchos se fueron… no porque Jesús les echara o les prohibiera ciertas ceremonias, sino porque no querían compartir  la carne y la sangre de la vida.  Pueden cambiar muchas cosas en esta “fiesta humana de Dios” que es la Carne y Sangre de Jesús, de todos los hombres, pero tienen que mantenerse las comidas concretas  la fiesta de un Dios que se revela en el camino de justicia y alegría, fraternidad y esperanza, que los cristianos, herederos de la historia israelita, descubren y celebran en sus “comuniones de vida”, que Juan de la Cruz definió como   cena que recrea (=libera) y enamora.

La eucaristía es júbilo divino y comida humana, es adoración del Dios de la vida, es compromiso de comunicación concreta, de “carne”, de “sangre”, es justicia, solidaridad y ternura de Dios. No es sólo alegría de los hombres y mujeres que dan gracias a Dios bendiciendo los dones gozosos de la tierra; es gozo de Dios que se alegra de sus hijos y hermanos, los humanos, porque acogen la vida y responden jubilosos.

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La eucaristía es fiesta de comunión, alegría desbordada que se encarna en el pan y el vino (cuerpo y sangre, palabra y comida) que comparten en Jesús, el Cristo; ella es amor, experiencia de trabajo creador, pan y vino compartidos, noviazgo nunca viejo de cuerpo regalado y sangre renovada, jubileo de Dios.

Así ha querido indicarlo en varios textos, en diversos momentos, arraigando el pan y vino de la fiesta cristiana sobre el suelo de las celebraciones jubilares de la vida. Hay sin duda jubileos distintos y famosos, romerías que llevan a los grandes santuarios hindúes o budistas, judíos, musulmanes o cristianos (Benarés y Lhasa, Jerusalén y la Meca, Roma y Compostela); años sabáticos, tierras santas y tiempos sagrados, que se repiten cíclicamente, marcando divisiones antiguas o nuevas del tiempo y espacio.

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Cardenal brasileño celebra misa en memoria de las víctimas locales de la violencia contra las personas LGBTQ

Martes, 22 de junio de 2021

brazil-mass-690x450-1Miembros con el cardenal da Rocha en la misa por las víctimas de violencia LGBTQ

Un importante prelado de Brasil se unió a dos grupos LGBTQ para celebrar una misa en memoria de los que habían muerto debido a la violencia homofóbica y transfóbica.

El cardenal Sérgio da Rocha de Salvador celebró la misa a mediados de mayo junto a católicos LGBTQ, activistas y algunos líderes de otros grupos religiosos (así como un artista de drag que cantó “una versión popular brasileña del Ave María”). Crux  informó además:

“En su homilía, da Rocha recordó la gran cantidad de personas LGBT asesinadas en Brasil en 2020, especialmente en la región Nordeste, donde se encuentra el estado de Bahía.

“‘ La Iglesia está llamada a ser madre misericordiosa; sufre con la violencia perpetrada contra el pueblo. […] La violencia contra la población LGBTI + es una triste señal de una sociedad acostumbrada a constantes violaciones de la vida, de la dignidad, de los derechos de tantas víctimas de muerte brutal ”, dijo el cardenal.

“Hizo hincapié en que no se puede tolerar ninguna forma de violencia y que los brasileños ‘no pueden acostumbrarse a tantas muertes violentas, como si fueran normales o inevitables’”.

La Misa se realizó a pedido de dos grupos LGBTQ, el Centro de Incidencia y Defensa de los Derechos LGBT en el Estado de Bahía (CPDD / LGBT) y la Institución Benéfica Conceição Macedo (IBCM):

“‘ Según Renildo Barbosa, director de CPDD / LGBT, la Arquidiócesis de Salvador respondió rápidamente a la solicitud de una Misa por los miembros de la comunidad LGBT asesinados.

““ Lo vimos como un gesto de amor y saludo de la Iglesia. Muchas personas LGBT creen en Cristo y aman a la Iglesia Católica. Se ha construido un puente “, dijo Barbosa a Crux.

Organizador P. Lázaro Muniz dijo que los funcionarios de la iglesia “acogieron con agrado” la invitación a celebrar una Misa porque la iglesia siempre se pone del lado de los pueblos oprimidos y siempre reza por los muertos, por lo que esta Misa fue totalmente acorde con esas tradiciones.

La Red de Grupos Católicos LGBT de Brasil expresó su apoyo a la Misa:

“” No esperábamos nada de eso. La importancia de que una alta autoridad episcopal acepte celebrar una misa por las víctimas de la LGBTfobia es innegable ”, dijo a Crux Cris Serra, coordinadora de la red.

“Serra enfatizó el hecho de que da Rocha usó la abreviatura ‘LGBTI +’, y no el término genérico ‘homosexual’ más comúnmente empleado por los funcionarios de la Iglesia.

“’Cuando el Cardenal da Rocha – Primado de Brasil – dijo“ LGBTI + ”, se negó a tolerar el borrado de las personas que somos y a repetir el rechazo de la Iglesia a escucharnos y reconocer la legitimidad de nuestra experiencia y de lo tenemos que decir sobre nosotros mismos ‘, dijo Serra ”.

Serra también señaló que celebrar la Misa también fue “digno de mención” porque sucedió después de que el Vaticano prohibiera bendecir a parejas del mismo sexo en marzo. Sobre la reacción general a esa prohibición por parte de los líderes de la iglesia en Brasil, Serra dijo que “el silencio ha sido escandaloso”, especialmente en comparación con la respuesta crítica del Norte Global.

El cardenal da Rocha dijo en la misa que “[la iglesia] sufre con la violencia perpetrada contra el pueblo”. Su inclusión de las personas LGBTQ entre las víctimas con las que se apoya la iglesia es muy necesaria en Brasil, que es tanto la nación católica más grande del mundo como un país donde los niveles de violencia contra las personas transgénero son extremadamente altos. De hecho, el año pasado hubo un aumento del 41% en los asesinatos de personas transgénero, con un total de 175 víctimas, la mayoría de las cuales eran negras. La apertura de Da Rocha a la solicitud de los grupos LGBTQ y su voluntad de extender el cuidado pastoral de la iglesia es un testimonio que se espera que más pastores brasileños imiten como respuesta a la grave crisis de violencia anti-LGBTQ en el país.

—Robert Shine, New Ways Ministry, , 15 de junio de 2021

Fuente New Ways Ministry,

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La muerte está vencida

Lunes, 2 de noviembre de 2020

Del blog ya desaparecido À Corps… À Coeur:

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¡Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban ” los durmientes “. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! “

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Père Pierre Trevet

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¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que “se fueron”. La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el “Purgatorio“, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una “inteligencia” celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

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La misa, un rito muerto

Martes, 23 de junio de 2020

Ermita-derruida-Navarra_2241385852_14701951_660x371“Palabras sobre palabras. Fieles que dormitan. Fieles que no reflexionan sobre lo que se dice” La misa ya no dice nada a los fieles. Es un recitado de sinsentidos sin incardinación alguna en la vida de los feligreses. O cambian la estructura actual y los textos, o cada vez producirá mayor desafecto

¿Pero qué ha sucedido en el pueblo en los últimos tiempos, especialmente en estos tres meses de reclusión? Ni más ni menos que la desaparición de tal sentimiento de culpa y la siembra del relativismo más absoluto cuando de sentimientos religiosos se trata

Decía yo con un sobreentendido sentido irónico que, cuando me jubilara, me empadronaría en el pueblo y me presentaría al puesto de alcalde de la localidad. Con mi prestigio, sería elegido. ¿Propósito? Uno de ellos, la celebración ciudadana del domingo.

Para ello, a la misma hora designada para la celebración litúrgica y con la malévola intención de sustituir eventos semanales, confeccionaría un programa, que podría variar de un domingo a otro, basado en lecturas ad hoc, a veces jocosas, a veces moralizantes y, sobre todo entretenidas, sacadas de los clásicos españoles. Vendría luego una discusión o reflexión sobre lo sucedido durante la semana en el pueblo, referido a hechos o personas; recuerdos del pasado; propuestas; soluciones a determinados problemas; mejoras del pueblo. Incluso alguna referencia a la situación del país. Es decir, una tertulia en nada disímil a la que se podría tener en una bodega o en el bar. De vez en cuando, una canción popular que incluso podría ser intervención individual de alguien con buena voz. Al final, un refrigerio de queso, chorizo y jamón acompañado de vino de la tierra, cerveza o mosto. El presupuesto del pueblo no sufriría merma alguna.

¿Alguien se imagina el lugar que elegirían los ciudadanos para celebrar el domingo? La iglesia cerraría sus puertas por falta de quorum.

Comentaba yo con los pocos que acudieron a la misa del pasado domingo en el pueblo –al fin hizo acto de presencia el párroco– algo sobre el ambiente que reina en las celebraciones dominicales: la misa es un rito muerto. Los pocos que acuden lo hacen más por inercia que por convicción. Quizá porque todavía resuenan los ecos de “pecado mortal”, culpa sobrevenida sobre aquellos que voluntariamente no celebran el domingo con una misa.

¿Pero qué ha sucedido en el pueblo en los últimos tiempos, especialmente en estos tres meses de reclusión? Ni más ni menos que la desaparición de tal sentimiento de culpa y la siembra del relativismo más absoluto cuando de sentimientos religiosos se trata: cuando el mismo arzobispado establece que determinados pueblos sólo tendrán dos misas al mes, con el aditamento de que una de ellas será el sábado a las 13 horas, coincidiendo con la llegada del carnicero, del frutero o del panadero, un pensamiento se apodera de los feligreses: no pasa nada no acudiendo a misa en domingo. Son ellos los que obligan a pecar. Ellos mismos han determinado que así sea, dado que dos domingos al mes, o tres, no hay misa en el pueblo.

Más aún: la falta de incardinación del sacerdote al pueblo asignado, ha producido un desafecto total hacia la Iglesia. El sacerdote llega un cuarto de hora antes del oficio, dice la misa sin referencia alguna al pueblo en que se halla (el sermón suele ser leído y sirve para los cuatro o cinco pueblos que atiende), se desviste en la sacristía charlando un rato con alguna feligresa que se atreve a entrar en la sacristía, sale de la iglesia con parsimonia, se introduce en su coche y se va. El pueblo dejó de existir para él, que vive un ambiente urbano desligado totalmente de los quehaceres, alegrías o sinsabores del pueblo. Dígase lo mismo de los funerales a los que necesariamente asiste. Reflexiones sobre la muerte como si de un camboyano se tratara. Nada relacionado con el devenir vital del difunto o las circunstancias que afectan a la familia.

Viniendo al propósito de estas reflexiones: el rito de la misa está muerto. Es algo anquilosado. Palabras sobre palabras. Fieles que dormitan. Fieles que no reflexionan sobre lo que se dice. Fieles a los que nada dicen las palabras arcanas del sacramento. Ya no es de recibo el que las fórmulas sean sacramentales y, supuestamente, realicen lo que dicen. Cierto es que todavía hay quienes piensan que “ahí” está Jesús, pero creer en ello ya no afecta en absoluto a la vida de las personas.

Las lecturas las más de las veces no se entienden; los sermones que las explicitan no tienen consistencia ni relación con la vida cotidiana; la participación de los fieles en el rito es nula, se limitan a escuchar y contestar; las fórmulas se recitan de memoria y no parecen salir “del corazón”. No es que el rito tenga que ser emotivo, pero sin el sentimiento no hay participación.

La configuración actual del rito de la misa debe desaparecer, por más que su estructura tenga una lógica y sus palabras sean fruto de muchos siglos de sedimentación dogmática.

Fuente Religión Digital

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Julio Puente: “Para el cristiano es esencial dar culto a Dios cuidando a su prójimo, no las doctrinas y ritos”

Jueves, 18 de junio de 2020

eucaristia-720_270x250“Dar Misa”. Creo que no es una manera de hablar que haya surgido ahora, debido a la actual situación, sino que ya viene de bastante lejos. Me refiero a un tipo de lenguaje referente a cuestiones religiosas, relacionado fundamentalmente con el cumplimiento de ciertos ritos y preceptos. Referido de una manera muy especial al precepto de la misa dominical, sobre el que la jerarquía eclesiástica insiste siempre que encuentra la mínima ocasión. De hecho, nada más decretarse el “Estado de alarma”, los obispos se apresuraron a informar a sus fieles que, durante el tiempo que durase dicho estado, quedaban dispensados de cumplir con el mencionado precepto.

La “nueva normalidad” afecta también a todas las confesiones religiosas y, por ende, a la Iglesia católica; quizás de manera especial, por ser la más numerosa, sociológicamente hablando; y la más visible a nivel exterior.

“A partir de tal día se puede comenzar a ´dar` misa”, oíamos decir a los informadores o leíamos en los medios de comunicación social, cuando referían lo que se podía hacer dependiendo de la fase en qué nos encontrásemos en un momento dado a nivel de desescalada. Efectivamente: “dar” misa. Para nada se decía ni se insinuaba el concepto “celebrar”; entre otras razones, porque la cultura religiosa es la gran ausente en general en nuestra sociedad y, por ende, aunque resulte lamentable, en las personas que debieran ser más exactas y precisas, por razón de su profesión. No es extraño oír de decir a algunas personas “para el caso es lo mismo”, cuando alguien ha intentado puntualizar o aclarar ambos conceptos: dar y celebrar.

No pretendo con esto acusar a dichos medios y a sus profesionales, aunque me resulta bastante triste constatar cómo a veces utilizan conceptos sin el más mínimo rigor, desinformando a la audiencia o por lo menos no informándola con el rigor que se les debiera exigir.

Y, ¿por qué este ajuste desinformativo referente a estos conceptos? Seguramente que se podrían aducir causas diversas. Pero se me ocurre aplicar en esta ocasión el dicho “De aquellos polvos, estos lodos”. Sí, señores responsables de la Liturgia y obispos en general, por ser ustedes los encargados de aplicar y ayudar a cumplir las normas que dimanan del Dicasterio romano sobre la citada disciplina. Quiero decirles que ustedes han hecho muy poco o, para ser más exactos, han contribuido muy mucho, a que los sacramentos en general, y la misa de manera particular, se hayan convertido en “objetos” de “consumo” (perdonen la expresión; a lo mejor no es muy acertada que digamos). Es decir, la impresión de la inmensa mayoría, profana y versada, cuando se refieren a la misa no dicen, por ejemplo, “voy a celebrar la misa y, menos aún, voy a la celebración de la Eucaristía”, sino sencillamente “voy a misa”. Un “ir” a un lugar, a una iglesia o a un centro de culto.

Considero que es oportuno mencionar, al hilo de lo que estoy refiriendo, la campaña que se lanzó por parte de grupos católicos “integristas” de varios países, que se dirigían a sus respectivos obispos diciéndoles “Devolvednos la misa”. Dicha campaña se desató cuando el tiempo de confinamiento se alargaba más de lo previsto y los templos continuaban cerrados, sin posibilidad de celebraciones ni de ningún tipo de culto. Creo que sobran comentarios.

Quiero matizar en mi caso como “asistente” (quizás como “participante” a la vez; al menos en algunas ocasiones; eso creo yo) ciertos aspectos que, bajo mi punto de vista, sitúan a la misa mucho más cerca del “dar” que del “celebrar”.

Asumo que se me acuse de superficial y de falto de fe en los misterios divinos. ¡Qué le vamos a hacer! Me esforzaré por profundizar en ellos; lo prometo. Pero, mientras tanto, no puedo dejar de manifestar esa especie de devoción que la misa supone para la inmensa mayoría de personas. Sobre todo, en el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de la Consagración. Es entonces cuando para las personas allí congregadas, según les enseñaron y en su mayoría continúan enseñándoles, Jesús se hace presente de manera “real”. Ante misterio tan grande y venerable, solamente les queda la adoración “personal” como la mejor de las respuestas. Claro que, si hacemos un breve repaso, no deja de ser, por lo menos un tanto sospechoso, que la Palabra de Dios y de Jesús “leída” o “proclamada” (vete tú a saber) momentos antes haya pasado muy o totalmente desapercibida y muy poco o nada venerada, al menos por parte de la mayoría de los allí presentes.

A todo esto, podríamos añadir la intención o intenciones que muchas personas llevan o llevamos, cuando vamos a misa. Que está bien y es bueno tener esa especie de recuerdo/rememoración, de hecho la Liturgia también lo prevé, de “mi” vida, de lo “mío” y de los “míos”. Pero, claro, deja de estarlo a partir del momento en que el “mi”, lo “mío” y los “míos” se convierten en centrales, únicos y exclusivos. Dejando prácticamente olvidado y al margen lo “tuyo”, lo del “otro”, los “vuestros”, lo de la “comunidad”, etc.

Todo ello contribuye a que el ambiente que en general se respira en las misas es, como acabo de decir, muy o demasiado individual y poco o nada comunitario. Por ello, pido que se me perdone el símil, tiene mucho de comercio y poco de fiesta celebrada. El primer caso nos recuerda un lugar donde a una persona la da, frente al segundo en el que las personas se juntan para compartir. Este es el sentido que nos sitúa en el “dar” frente al “celebrar”.

Y, si se me permite como anécdota, recordar que, si bajamos al terreno del vulgo no versado (no hablo del versado, aunque a lo mejor nos llevaríamos unas sorpresas mayúsculas), no resulta extraño oír a alguien que ha asistido a una misa por razón de “compromiso”, decir expresiones como, por ejemplo: el cura que “daba” la misa era tal o cual. “Daba la misa”. Quiero interpretar su expresión y su pensamiento como una persona que daba (no sé qué) y el resto de las allí presentes lo recibían.

Ya sé que muchas personas pueden pensar que el tema de “dar” frente a “celebrar” puede pertenecer al campo de lo curioso o poco más; posiblemente sí. Pero tengo la plena convicción de que en el fondo de ello hay una especie de enjundia muy suculenta que los responsables deberían apresurarse cuanto antes a esclarecer. Pero ¡por favor!, en vez de acusar, reñir o yo qué sé a la gente, que bajen y se lo expliquen desde la vida, en vez de hacerlo desde la Liturgia y desde el Dogma.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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La muerte está vencida

Sábado, 2 de noviembre de 2019

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¡Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban ” los durmientes “. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! “

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Père Pierre Trevet

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¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que “se fueron”. La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el “Purgatorio“, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una “inteligencia” celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

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“Oír misa entera”, por Gerardo Villar

Jueves, 12 de septiembre de 2019

CATHOLICVS-Santa-Misa-Fieles-Difuntos-Bedminster-All-Souls-Holy-Mass-1¿Existe comunidad de cristianos? Eso me lo pregunto al salir de una eucaristía de domingo. Participo en una misa de una capital de España. Unas cien personas pero ocupando por lo menos 90 bancos. Hay un precioso cartel en la entrada del templo: “se ruega pasen a los primeros bancos.”

Sí que hay una contestación más o menos a las oraciones. Pero me he fijado que nadie se ha saludado al entrar en el templo. Y cada uno ha acudido decididamente al lugar que ya tiene establecido por costumbre. Escuchamos la homilía sin que nadie intervenga más que el cura y pasamos a recitar a coro el credo. Unas bolsas recogen el dinero por todo el templo y prosigue la celebración sin más participación que algún canto propio de la misa. Y nos vamos a la calle.

Hay un aviso respecto de la eucaristía del próximo domingo y cada uno a su casa.

Hoy me toca a mí estar de feligrés. Pero me doy cuenta de que así son también mis celebraciones. Me recuerda el “cumplir”, “oír misa entera” ¿Somos comunidad? ¿Qué nos traemos entre manos todos juntos? Pienso que nada menos que el reino de Dios. Pero para eso, necesitamos dialogar, ver cómo estamos y nos sentimos, cómo están las personas de nuestra comunidad, especialmente los enfermos, que problemas hay, qué experiencias de fe hemos vivido esa semana, que interrogantes nos plantea la situación política y económica de la sociedad del mundo, qué ocurre en otras comunidades….

No hay tiempo porque a continuación hay otras eucaristías, una cada hora.

Cuando celebro, necesito ser consciente de cada palabra, de cada frase y saborearlo. Luchar contra la rutina. Por eso, me permito cambiar algunas palabras y algunas expresiones, para que sean un poco creación, no repetición.

He comprobado que las letras de las canciones no dicen casi nada porque las repetimos rutinariamente. Y a veces cantamos auténticos disparates. En cuantas procesiones se cantó el “sois todo piedra y mal que arrasa el corazón” en lugar de “sois todo piedra imán, que arrastra el corazón” Podríamos hacer una antología del disparate cantado. Ganaría el concurso la salve cantada en latín.

El credo lo recitamos sin ser conscientes de lo que decimos. Me gusta cuando se hace con preguntas y respuestas.

Las ofrendas. Se pasa el cestaño o la bolsa todos los días aunque solamente haya seis personas en misa. Por lo menos, podíamos pagar entre todos el bocadillo de la persona que pide a la entrada del templo.

Las plegarias, tenemos la suerte de que hay diversas fórmulas y esto nos ayuda a la atención personalizada. No recemos siempre la segunda fórmula porque ya la sabemos y es más corta.

En cuanto a las posturas: hay una generalidad que está de pie, y unas pocas personas que celebran de rodillas por “respeto”, que lo hacen muy convencidas.

En las misas normales, comulga la mayor parte. En los entierros y misas masificadas, funerales y bodas comulgan muy pocas personas. Yo suelo preguntar alguna vez “¿quién quiere manzanilla?”. Porque se supone que los que no comulgan están mal, no les va ese Alimento…

En casi todos los templos hay un pórtico. Es una pena que no lo usemos como lugar de encuentro, saludo y diálogo.

Es una misa “dicha” en cadena. Vamos a ir descubriendo en días sucesivos las posibilidades de una eucaristía celebrada en comunidad.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Aquella misa en la favela…, por Pedro Arrupe sj

Viernes, 7 de junio de 2019

fabela_1Hace algunos años, cuando visitaba una provincia de jesuitas en América Latina, fui invitado a celebrar en un suburbio, en una favela , en uno de los lugares más pobres de la zona. Unas cien mil personas vivían allí en medio del barro, porque este suburbio estaba construido en una depresión que se inundaba cada vez que llovía…

La misa tuvo lugar bajo una es pecie de techumbre en mal estado, sin puerta, con perros y gatos que entraban libremente. La eucaristía comenzó con cantos, acompañados por un guitarrista que no era precisamente un virtuoso. El resultado me pareció, con todo, maravilloso. El canto repetía : “Amar es darse… ¡Qué bello es vivir para amar y qué grande tener para dar!”.

A medida que el canto avanzaba, sentí que se me hacía un gran nudo en la garganta. Tenía que hacer un verdadero esfuerzo para continuar la misa. Aquellas gentes, que parecían no tener nada, estaban dispuestas a darse a sí mismas para comunicar a los demás la alegría, la felicidad.

Cuando en la consagración elevé la hostia, percibí, en medio del tremendo silencio, la alegría del Señor que se encuentra entre los que ama. Como dic e Jesús: “Me ha enviado a predicar la Buena Noticia a los pobres”, y “felices los pobres”...

Al dar la comunión, me fijé en que en aquellos rostros secos, duros, quemados por el sol, había lágrimas que rodaban como perlas. Acababan de encontrarse con Jesús, que era su único consuelo. Mis manos temblaban.

Mi homilía fue corta. Fue sobre todo un diálogo. Me contaron cosas que no suelen escucharse en los discursos importantes, cosas sencillas, pero profundas y sublimes, desde un punto de vista humano.

Una vie jecita me dijo: “Usted es el superior de estos padres, ¿no? Pues bien, señor, un millón de gracias, porque vosotros, los jesuitas, nos habéis dado este gran tesoro que necesitamos y no teníamos: la misa”.

Un muchacho dijo en público: “Padrecito: quiero qu e sepa que estamos muy agradecidos, porque estos padres nos han enseñado a amar a nuestros enemigos. Hace una semana yo había conseguido un cuchillo para matar a un compañero al que odiaba. Pero después de escuchar al padre predicar el Evangelio, en vez de matar a aquel compañero compré un helado y se lo regalé”.

Por fin, un tipo corpulento, con aspecto de delincuente y que casi daba miedo, me dijo: “Venga a mi casa. Tengo un regalo para usted”. Yo, indeciso, dudaba si debería aceptarlo, pero el jesuita qu e me acompañaba me dijo: “Acepte, padre, son muy buena gente”.

Así que fui con él a su casa, que era una barraca medio destruida, y me invitó a sentarme en una silla desvencijada. Desde mi sitio yo podía contemplar la puesta del sol. El grandullón me dijo: “Mire, señor, ¡qué hermosura!” Nos quedamos en silencio durante algunos minutos. El sol desapareció. El hombre exclamó: “No sabía cómo agradecerle todo lo que hacen por nosotros. No tengo nada que darle. Pero pensé que le gustaría ver esta puesta de sol. ¿A que le ha gustado? Adiós”. Y me dio la mano.

Cuando se iba, pensé: “No es fácil encontrar un corazón así”. Ya abandonaba la calleja, cuando una mujer, muy pobremente vestida, se acercó a mí, me besó la mano, me miró y me dijo con voz emocionada: “Padre, rece por mí y por mis hijos. Yo también he oído esa misa tan bonita que usted acaba de decir. Tengo que volver a mi casa. Pero no tengo nada que dar a mis hijos… Rece por mí: Él nos ayudará”. Y desapareció corriendo hacia su casa.

¡Qué cosas aprendí en aquella misa entre los pobres! ¡Qué diferencia con las grandes recepciones que organizan los poderosos de este mundo!

Testimonio de Pedro Arrupe recogido en un libro-entrevista de Jean-Claude Distsch

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Las banderas de la Dictadura y de la Falange, en la puerta de la capilla del seminario de Murcia donde se celebró la misa por Franco, quien, por fin, saldrá del Valle de los Caídos

Lunes, 18 de marzo de 2019

1550675696_328428_1550675846_noticia_normalBanderas-Dictadura-Falange-seminario-Murcia_2103699626_9866176_660x633¡Qué ocasión perdida para la Iglesia española! … Nunca terminarán de desvincularse de la Dictadura Franquista…Y se exyrañaarán de los templos vacíos.

El obispo se ha convertido en cómplice de la mentira y de la actitud permisiva del rector del seminario y obispo auxiliar electo hacia la eucaristía por el Dictador

¿Tendrá monseñor Lorca las agallas necesarias para rectificar y pedir perdón a los medios de comunicación vilipendiados y a su santo pueblo de Dios engañado?

Lo más probable es que cierren filas, busquen a los supuestos ‘traidores‘ hasta debajo de las piedras, y pongan en marcha represalias contra ellos 

El obispo de Murcia coacciona a sus curas para que firmen un texto de apoyo al obispo electo, que permitió una misa a Franco en el seminario. Los sacerdotes, obligados a firmar el documento en presencia de los vicarios de zona

“Aseguramos que nunca se ha realizado en ninguno de los seminarios diocesanos (en nuestra Diócesis tenemos tres) un acto político durante la celebración de la Eucaristía, ni en ninguna otra actividad o celebración”. Así reza uno de los párrafos del comunicado con el que el obispo de Murcia, monseñor Lorca Planes, pretendía descalificar “una noticia publicada en un portal web”, sin atreverse siquiera a citar a Religion Digital.

Nuestro portal había denunciado dos días antes que el pasado 20 de noviembre se había celebrado una misa en sufragio de Franco en la capilla del seminario, con la bandera de la dictadura y con el consentimiento del todavía rector del seminario y obispo electo de Cartagena-Murcia, Sebastián Chico.

Pero la vieja técnica del encubrimiento y la igualmente añeja de ‘matar al mensajero’ para eludir responsabilidades se ve desmentida por los hechos. Obra en nuestro poder la prueba evidente de que el señor obispo, acompañado de toda su Curia, mentía a sabiendas.

Se trata de una foto, en la que aparecen la bandera de la Falange y la antigua bandera española de la época de la dictadura, colocadas a la puerta de la capilla del Seminario Mayor de San Fulgencio, precisamente el día 20 de noviembre, cuando se celebró la eucaristía por el alma de Franco, a petición de cuatro seminaristas que simpatizan abiertamente con Vox y con la ultraderecha.

Y, además, no ocultan su sensibilidad política, porque, como asegura el comunicado del obispo, “en ninguno de los seminarios de la Diócesis de Cartagena se condiciona el pensamiento político de los jóvenes que allí se forman”.

En la instantánea se ve claramente que las banderas están en la puerta de la capilla de “Mártires fulgentinos, los cuatro mártires de la guerra civil, que eran seminaristas en el seminario de San Fulgencio.

Las medias verdades del comunicado de monseñor Lorca Planes se vuelven, pues, contra él, que, con su actitud de cierre de filas ante una acusación verosímil y destapada por sus propios curas, se ha convertido en cómplice de la mentira y de la actitud permisiva del rector del seminario y obispo auxiliar electo hacia la eucaristía por el Dictador.

¿Qué hará, ahora, monseñor Lorca Planes? ¿Tendrá las agallas necesarias para rectificar y pedir perdón a los medios de comunicación vilipendiados y a su santo pueblo de Dios engañado? ¿O más bien, se seguirá escondiendo, encubriendo la verdad y llamando a un ‘prietas las filas’? ¿Moverá ficha el Nuncio, Renzo Fratini, y hará llegar esta información al Papa, para que no vuelva a ser engañado, a la hora de nombrar obispos?

Conociendo los mecanismos ‘mafiosos’ de la casta clerical, que tanto denosta Francisco, lo más probable es que cierren filas, busquen a los supuestos ‘traidores’ hasta debajo de las piedras, y pongan en marcha represalias contra ellos. Al más puro estilo de la camorra. La misma estrategia que la seguida en los casos de abusos sexuales. ¡Es que no aprenden ni se convierten!

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Franco saldrá del Valle el 10 de junio

La vicepresidenta anuncia que los restos serán traslados ese día al cementerio de Mingorrubio

Carmen Calvo precisa que no habrá ni comunicación ni imágenes de la salida del dictador de Cuelgamuros, ni de su llegada a Mingorrubio

La familia asegura que “son fuegos artificiales” y recuerda que el Gobierno no tiene “autorización eclesiástica” para llevar a cabo la exhumación

El Arzobispado no se pronunciará al respecto. La Abadía, por el momento, se remite a su comunicado del 12 de marzo

El Supremo permitirá la exhumación de Franco… después del 28-A

5b352f1dca7f510 de junio. Por la mañana. Esa será la fecha de la salida de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos. ¿Destino? Como adelantó hace meses RD, el destino de la momia del dictador será el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, donde reposan los restos de su mujer, Carmen Polo.

Así lo ha anunciado este mediodía la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, durante la rueda de prensa posterior del Consejo de Ministros. En la misma, Calvo ha subrayado que no habrá comunicación ni imágenes, ni convocatoria pública de la exhumación de los restos del dictador.

“Esta decisión la tiene que cumplir cualquier Gobierno, salvo que cambie los procedimientos (antes del 10 de junio)”, ha admitido Calvo, quien ha añadido que la fecha se ha elegido para que quede “al margen” de los procesos electorales y para proteger el derecho a la tutela judicial efectiva de los familiares, que ha llevado el caso a los tribunales.

La fecha se ha fijado sin esperar a que el Tribunal Supremo decida sobre la suspensión cautelar del traslado de los restos, si bien deja claro que dicha fecha puede ser pospuesta si el tribunal anulara o suspendiera esa decisión del Ejecutivo en el marco del procedimiento contencioso administrativo abierto con la familia. Tal y como anunció RD, el Supremo fallará en contra de la suspensión después de las generales.

pEl prior del Valle de los Caídos

El Gobierno también ha contemplado la posibilidad de que la familia, “si quiere y decide”, celebre una “íntima” ceremonia en el lugar de la reinhumación y acorde a sus preferencias religiosas, resaltando que sólo será “para los familiares”.

En cuando al acceso a la basílica del Valle de los Caídos para proceder a la exhumación, Calvo ha reiterado que el Ejecutivo ya ha “dado cuenta públicamente del pronunciamiento formal de la propia Iglesia Católica” que manifestó “que no se opondrá a la exhumación” y “acatará la decisión de la autoridad competente”.

Preguntado sobre el particular, el Arzobispado de Madrid ha anunciado que no hará ningún tipo de manifestación por el momento, mientras que la Abadía tampoco ha dicho nada más, después de que el pasado 12 de marzo anunciara recurso ante el Tribunal Supremo.

Por su parte, fuentes de la familia Franco han subrayado que la decisión del Gobierno “son fuegos artificiales” y recuerda que el Ejecutivo no tiene “autorización eclesiástica” para llevar a cabo la exhumación.

Fuente Religión Digital

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Algo más que un rito

Lunes, 19 de noviembre de 2018

cristojesusMe duele. Veo que en muchas parroquias se repiten siempre los mismos ritos: misas sin predicación, celebraciones, rosarios a toda marcha…  Pero los que escuchan, no profundizan en lo oído. Incluso muchas veces casi ni se entiende lo que se dice. Se cumplen los ritos y ya está, Y está habiendo un problema serio. Muchos sacerdotes son mayores y ya ni siquiera se les entiende cuando hablan. En los pueblos pequeños se celebra a toda prisa para ir al pueblo siguiente a todo correr y entonces no hay explicación ni comentario de la Palabra.

Todo ello repercute en que cada día va descendiendo la catequesis de la homilía. Cada vez sabemos menos del evangelio. Ya muchas veces ni conocemos el texto. Hay una necesidad urgente en nuestra iglesia de proclamar, profundizar, ahondar en la Palabra.

Hay mucho riesgo de rutina. Necesitamos creatividad para ayudar a que llegue la palabra a las personas. Ya hay muchas abuelas que leen cada día el evangelio del día. Y es una labor estupenda que se hace en general con mucha seriedad. Pero podemos dar un paso más.

Tan importante como la eucaristía, en las parroquias, resulta la lectura del  Evangelio. ¿Podemos crear grupos con los abuelos, donde con letra grande vayamos acercándonos a la Buena Noticia? ¿Podemos  hacer algún programa de radio o tele local?   ¿Podemos pasar unas hojas por las casas? ¿Sería mucho disparate sustituir la misa algún domingo por media hora de lectura comentada, muy sencilla, pero bajando al fondo?

Y por supuesto, hay oportunidades que aprovechar a tope: entierros, bautizos si se dan, novenas, fiestas… Esto requiere una programación hecha concienzudamente y trabajada.

Podríamos pedir a los obispos que se seleccionen las lecturas de distinta manera y se lean dos lecturas con el mismo tema y que traigan un mensaje fácil, positivo, animador.

Siento que las celebraciones, son muy a menudo, rutinarias ¿No se podría dar lugar a la creatividad y decir las oraciones más vivas, más creativas? Ahí tenemos los distintos prefacios, que se prestan a una catequesis más expansiva y que dicen mucho más.  Aprovechar todos los textos posibles y evitar repetir todos los días las mismas fórmulas. Y la oración de los fieles que no sea para pedir “la paz”, sino que nos supongan implicación propia en esa petición: “que construyamos nosotros la paz…” Y así en todas las peticiones.

Que los cantos no sean de oficio sino que expresen el sentimiento de la comunidad, que vayan de acuerdo con la Palabra, que sean nuevos y con ganas.

Que se recuerde y se traiga al altar la realidad, los problemas y las alegrías de hoy. Que las celebremos y las contemplemos.

Y hay un elemento fundamental. A ver si lo conseguimos: somos una comunidad de seguidores de Jesús, que le hacemos presente. Por eso, que estemos cerca físicamente del altar y unidos. No, uno en cada banco y muy atrás.

Que al salir de la celebración, podamos decir con alegría “cuánto lo he vivido” y no aquello de “ya me he quitado un cuidado”.

Se van dando cada día más las celebraciones de la Palabra. Pero que no caigamos en los mismos errores. Que sean sencillas, cercanas, acomodadas y con toda la participación de los fieles.  Puede ser una oportunidad maravillosa de escuchar y acoger la Palabra y para expresarse los fieles.

Todo menos hacer unos ritos, siempre iguales, a toda marcha y sin prisa. “Podemos celebrar en paz”.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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La muerte está vencida

Viernes, 2 de noviembre de 2018

Del blog ya desaparecido À Corps… À Coeur:

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¡Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban ” los durmientes “. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! “

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Père Pierre Trevet

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¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que “se fueron”. La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el “Purgatorio“, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una “inteligencia” celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

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La Misa

Lunes, 29 de octubre de 2018

hombre-y-perro-que-recorren-en-la-puesta-del-sol-5528837Una puesta de sol en la serenidad de la llanura, produce resonancias distintas en el caminante y en el perro que le acompaña.

Juan Ramón Torres García,
Collado Mediano (Madrid).

ECLESALIA, 12/10/18.- Lo más corriente y cotidiano esconde realidades que ni nos imaginamos, y que resultan totalmente ajenas a nuestro limitado acervo conceptual y cultural.

A estas alturas de la civilización humana todavía no hemos desentrañado la realidad de lo que es la materia y nos resulta desconcertante su comportamiento en sus extremos inmensamente pequeños (comportamiento cuántico) y desmesuradamente grandes (comportamiento relativista). Comportamientos comprobados, que han valido el reconocimiento del premio Nobel a sus descubridores, y que nos resultan inimaginables. Además para muchas mentes como la mía, un tanto escasa en razonamiento físico-matemático, nos resultan incomprensibles.

Todo lo anterior viene a cuento para tratar de hablar sobre la misa, epicentro de la vida de la Iglesia, porque es el ámbito de encuentro –si el asistente puede y quiere- con la realidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu. Los encuentros de los humanos con Dios son siempre a Su modo, y requieren por parte de la criatura, abrirse al modo, tiempo y realidad de Dios. Ese Dios esencialmente comunitario y vinculado a la humanidad irrevocablemente en Jesús.

De entrada nos resulta absolutamente incomprensible la presencia originadora de todas las cosas, manteniéndolas en el ser sin intervención que les quite autonomía. Cuando pensamos en Dios no podemos hacerlo sino a la manera humana, pero dentro de nuestras limitaciones hay modos diferentes. Cada persona tiene su modo. Para aclararnos podríamos establecer dos extremos: Pensar en Dios desde la percepción de la propia finitud e inconsistencia (contingencia en términos más precisos) o pensar en Dios como objeto de comprehensión, con la misma actitud con la que podemos abordar el estudio de cualquier otra realidad; desde una postura que da por supuesto que toda realidad se circunscribe al universo mental abarcable por la mente humana. Sólo desde la primera de las actitudes, sólo desde la fe, sólo desde la acción fecunda del Espíritu de Jesús en uno, es posible entrever lo que supone el encuentro de las personas con Jesús en la eucaristía.

El meollo de la “fracción del pan” no está en la presencia de Jesús sino en el encuentro con El. Dios, para quien el tiempo no es más que presente, es quien se ha acercado a los hombres. El es quien ha plantado su tienda entre nosotros y ha vinculado a la humanidad con su ser, de tal modo que quienes aceptan participar de esa realidad divina acceden a “otro mundo”, el reino de Dios.

La relación entre la humanidad y Dios viene modulada al modo humano, para que sea posible el encuentro, pero no es una relación entre iguales –porque no puede ser-.La humanidad como realidad colectiva que existe en personas concretas, es acogida en la realidad divina y es llamada a participar en la vida de Dios. Y la vida de Dios es un misterio de donación en el Hijo y de amor mutuo entre el Padre y el Hijo que es el Espíritu.

La participación de la humanidad –personas concretas- en la vida de Dios, sólo es posible desde el agradecimiento. Desde el aprecio al regalo que supone vincularse desde su pequeñez de criatura, al concierto amoroso de dar gloria al Padre. Y dársela como hijo, por su vinculación con Jesús, y como criatura consciente que le adora y da gracias en nombre suyo y en el de los pájaros y de la hierba… y de toda la creación. La acción de gracias del hijo se manifiesta y concreta en la transformación de la creación que mejora las condiciones de vida de los hombres de modo que les hace más conscientes, más respetuosos, más amorosos, con toda la creación. Se ocupa de la tarea de su Padre.

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Algunas notas que aportaría para la comprensión del encuentro en la eucaristía

  • El por qué Jesús quiso encomendar a la iglesia, su pequeño rebaño, la tarea de gestionar su legado: palabra, encuentro y acción, constructoras de reino de Dios, aunque no es evidente, se enmarca en el respeto profundo que Dios muestra con su creación, y lo en serio que se toma la libertad humana.
  • Que la Iglesia haya decidido vincular la celebración de la eucaristía con personas que hayan sido ordenadas (obispos y presbíteros) es algo que se fraguó en los inicios de la andadura eclesial y que hoy se mantiene. Un cambio en este modo de obrar siempre será de una naturaleza distinta, y menor, que la de tener acceso al encuentro eucarístico en la misa por parte de los creyentes en Jesús.
  • La fracción del pan y el darse Jesús en comida, su cuerpo y su sangre, es pura iniciativa divina, impensable por el hombre, y es independiente del sentimiento y raciocinio de los participantes en la eucaristía. La omnipresencia de Dios, cercana y amorosa, para hacerse más patente y clara a sus hermanos se vincula con el pan y el vino. Al modo que El comprende, y que nos asegura que es El a quien comemos y bebemos.
  • Para disfrutar del encuentro se requiere que los asistentes accedan desde dónde solo es posible el encuentro con Dios, desde la aceptación vital de la trascendencia de Dios y la acogida agradecida del regalo de Su amor.
  • Es la asistencia y participación de los hermanos en la única muerte y resurrección de Jesús, que se produjo en un rincón del imperio romano, y que en el presente de Dios se manifiesta en la celebración de cualquier misa. Es sobrecogedor percibir que en la misa –en cualquiera- estamos presentes en la Última Cena, en el escarnio y dolor de la Pasión y en la luz vencedora de la Resurrección.
  • Un modo más acorde con la realidad del encuentro eucarístico, es considerar que quien comulga accede sensiblemente por Jesús a la realidad de Dios, más que Jesús venga a quien le come.
  • Es un encuentro que se realiza desde la corporeidad, lo más básico en el hombre. Cuerpo llamado a la permanencia en la resurrección.
  • Es un encuentro al modo de Dios, real y vital, independientemente del sentimiento que embargue a la persona en esos momentos. Aunque el encuentro personal no está asegurado –sólo hay encuentro si la persona asistente quiere y está abierta-, la presencia especial y sensible, sí lo está. Jesús dio su palabra, y nos animó a que lo hiciéramos en memoria suya.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“De la mesa a la misa”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Jueves, 6 de septiembre de 2018

eucaristia-720_270x250De su blog Nihil Obstat:

Los primeros cristianos celebraban la Eucaristía en el curso de una cena, alrededor de una mesa. Al hacerlo así manifestaban que el contexto adecuado de la celebración es el amor fraterno y el compartir los bienes, que es lo propio de los hermanos. En esta cena se consagraba el pan y el vino, y los hermanos se ofrecían unos a otros la comida que llevaban, como gesto de fraternidad. Cuando estos “ágapes” degeneraron y, en vez de compartir, cada cual comía de lo suyo, unos buenos manjares y otros una pobre comida, san Pablo se enfada, porque han olvidado lo que en realidad significa la mesa (ver 1 Cor 11,20-22). Estos abusos, la evolución histórica y el crecimiento de la Iglesia hicieron que, en el transcurso del tiempo, la celebración de la eucaristía, prescindiera del contexto de la cena.

Así la mesa se convirtió en misa. Ahora bien, esta evolución de la mesa a la misa pudiera tener su interés. La palabra “misa” tiene dos significados. Por una parte, el término misa era una palabra usada, a partir del siglo IV, para despedir a los fieles al final de la ceremonia. En Roma se decía “ite, missa est” para despedir a las asambleas. Pero el término misa significa también “enviado”. Misa viene de missio, de misión, de misionero, de enviado. Al final de la celebración los fieles son “enviados”. ¿Enviados a qué? A dar testimonio de lo que acaban de vivir.

La palabra misa nos orienta hacia un aspecto importante de la mesa, a saber: que la mesa no es para quedarse en ella, sino para dejarla, para salir afuera y pregonar lo que significa y ocurre alrededor de la mesa. Los cristianos vivimos dentro lo que queremos extender fuera. El amor entre los hermanos es un signo para que el mundo crea. No es un signo que nos encierra en nosotros mismos, sino que nos abre a los demás, sin excepciones. De ahí que el amor cristiano comienza por ser fraterno y se convierte en universal, llegando al extremo del amor al enemigo. La comunión con Jesús resucitado, la eucaristía, nos impulsa a un amor universal. Entre otras cosas porque la eucaristía remite a una vida que se entregó por todos los hombres, buscando la misericordia y el perdón para todos.

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Dudas, de un par de legos, acerca de la misa

Lunes, 30 de julio de 2018

En esta fotografía proporcionada por el periódico del Vaticano L'Osservatore Romano, el papa Francisco celebra su primera misa como pontífice con los cardenales, en la Capilla Sixtina del Vaticano, el jueves 14 de marzo de 2013. (Foto AP/L'Osservatore Romano, ho)Juan de Burgos Román
Madrid.

ECLESALIA, 02/07/18.- Querido Oibas: Espero que sepas perdonarme por venir a importunarte; te cuento:

Tengo un amigo, llamado Ubaldo, que es hombre inquieto, de no muchos estudios y con notoria inteligencia natural. Él cree que yo sé más de lo que yo sé y me acribilla a preguntas; la mayoría de las veces no atino a darle respuesta certera, como me pasa ahora. Y es que, en casi todo, soy yo tan lego como lo es él. Y ocurre además que, en los asuntos que a Dios se refieren, ambos tenemos una visión pueril, casi la de nuestra infancia. Así que vengo aquí esperanzado en que tú me eches una mano en esto de aclararle las cosas a Ubaldo y, de paso, también a mí.

El otro día me vino Ubaldo con que había leído que, no hace mucho, un obispo excomulgó a un matrimonio, pues en su casa se decían misas sin cura (simulacros de misas, creo que las llamaba el obispo en su alegato excomulgatorio). Ubaldo se interesó vivamente por aquel asunto y, en respuesta, me lanzó un cúmulo de dudas, preguntas y comentarios. Te los resumo:

A los comienzos, Ubaldo estaba dominado por la idea de que los curas tienen mucho poder; bueno, después de hablar un rato los dos, resultó que en lo del poder de los curas había tres componentes: el poder que ellos realmente tienen, el que creen tener y él que nosotros creemos que tienen; a los dos últimos los daba él por seguros, del primero dudaba un tanto. Y es que, se preguntaba, ¿tan importantes son los curas que el propio Jesús no puede personarse, en la misa, si no es invocado por un cura? y, aún más, ¿cómo es que Jesús se ve obligado a bajar de inmediato cada vez que un cura se lo demanda? (con la pertinente formula litúrgica, por supuesto). Alguien nos dijo que en esto las cosas funcionar de acuerdo con lo que en latín llaman ex opere operato (aplicado a los sacramentos, significa que son eficaces por sí mismos, que sus efectos no dependen ni de quienes los administran ni de quienes los reciben); nos quedamos aturdidos, confusos con aquel automatismo, pues nos parecía, y sabrás perdonar la forma chanflona de expresarme, como si estuviéramos hablando de una máquina tragaperras, de la que, al meter la moneda, sale automáticamente la chocolatina. Era evidente que algo importante se nos estaba escapando, que todo eran dudas y conflictos con la ortodoxia eclesiástica.

En otro momento, me dijo Ubaldo que en eso del personarse Jesús estaba él un tanto confuso, pues si, como es bien sabido, Dios está en toda partes, Ubaldo opinaba que allí, en la misa, también había de estar, y ello desde el principio, sin necesidad de que se le invocase. Entonces Ubaldo dio en suponer que, quizá, para poder salir del atolladero en el que se estaba metiendo, habría que distinguir entre: que Dios estuviera presente entre nosotros, que de seguro lo estaba, y que nosotros lo percibiéramos; y me decía Ubaldo que de nada nos ha de valer lo primero sin lo segundo y que, por ello, habíamos de ir tras de esto último, es decir, del ir en pos de percibir la indudable presencia de Jesús.

Reincidiendo en lo de la presencia de Jesús en la misa, decía Ubaldo que, si antes de la lectura del Evangelio el cura dice “El Señor esté con vosotros” (alguno dicen está, en vez de esté, que parece más acertado), resulta entonces que lo de que el Señor ya está por allí es cosa admitida, por lo que cabe imaginarse, decía Ubaldo, con humor irreverente, que “el Jesús que llega con la consagración quizá sea otro Jesús, uno distinto del que ya estaba”. Dijo también Ubaldo que lo que no le parecía de recibo era lo que le tenía oído a un cierto clérigo, que venía a ser algo así como que Jesús está: a los comienzos de un modo difuso, tenue, liviano y luego, tras la plegaria eucarísticas, más vigoroso, como concentrado, con perdón.

Ubaldo tampoco entendía que, sabiendo lo mucho que Jesús nos amaba, como era posible que no accediera a hacerse presente entre los asistentes a la misa hasta no ser llamado ritualmente por un cura. Así que no le cabía a él en la cabeza como era que la Iglesia hubiera establecido que los curas tienen ese poder y que, además, son los únicos que lo tienen; y, entonces, vinimos los dos a pensar que la cosa había de tener su origen en aquello de “lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” (Mateo 16,19) y a que la Iglesia había hecho un uso inmoderado de ello. Ubaldo dijo entonces que, de seguro, Jesús se había pillado los dedos con aquella promesa, pues le estaba trayendo muy malas consecuencias, salvo, dijo, que la tal promesa hubiera sido mal entendida, que todo era posible y añadió irónicamente: bueno, todo no, que parece que la Iglesia no puede equivocarse (otra promesa, parece). Así que algo importante se nos escapaba también ahora.

Aunque de distinto carácter, Ubaldo también me hizo la siguiente reflexión acerca de la misa: él estimaba que en poco se parecen nuestras misas a lo que debió ser la Última Cena, que en las misas hay rito, ceremonia preestablecida, liturgia, orden, seriedad, recogimiento, respeto y veneración hacia un personaje muy importante, Jesucristo Rey del Universo y, sin embargo, aquella cena debió ser un acontecimiento franco en el que primó la espontaneidad, los abrazos cálidos entre amigos, la camaradería y la atenta escucha al maestro-amigo Jesús de Nazaret ¿Y dicen, decía Ubaldo, que las misas reproducen la Cena del Señor? ¿Qué reproducir, copiar, imitar, calcar, repetir, duplicar es ese?, ¿Con que criterio se puede detectar?

En estas estamos Ubaldo y yo, amigo Oibas, llenos de dudas, incertidumbres, titubeos. Así que, animado por tu buena disposición para conmigo, te pido que te animes a darme respuestas apropiadas a las dudas de Ubaldo y que, aunque pudiera ser mucho pedirte, intentes hacerlo a la pata la llana, que no han de alimentarnos doctas explicaciones, que son difíciles de entender para nosotros. Espero que esto último no te sea muy trabajoso; recuerda aquello de: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”, Lucas 10, 21

Con todo cariño, Juan.

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“La Misa”, por Gabriel Mª Otalora

Miércoles, 21 de marzo de 2018

4-synod-handover-e1519595304393Gabriel Mª Otalora

Bilbao (Vizcaya)

ECLESALIA, 26/02/18.- “Haced esto en memoria mía”, nos dijo Jesús, o lo que es lo mismo, recrear y no solo recordar, el signo de la presencia de Cristo desde el acto de compartir la vida en comunidad de acción de gracias, que esto significa “eucaristía”. Desde entonces, los cristianos hemos mantenido la celebración del día del amor fraterno que fue aquel Jueves Santo, recreando como digo la presencia amorosa de Dios que se derrama en nuestros corazones. Tras los ritos litúrgicos de la misa late el amor de Dios a la espera de nuestra capacidad de apertura y escucha. Por tanto, quien no ama no puede acceder a ese amor; al menos, debe mantener una actitud humilde de sincero cambio que llegará con la fuerza del Espíritu. La misa, pues, se vive desde el corazón dejándose interpelar por Dios con el ojo puesto en el hermano porque, en definitiva, todo amor en una forma de eucaristía.

Dicho lo anterior, nuestras misas languidecen y no son precisamente celebrativas, al menos en el Primer Mundo. En este contexto, creo que pasó desapercibido el Motu proprio del Papa Francisco Magnum Principium (de 3 de septiembre de 2017) con la que se modifica el canon 838 del Código de Derecho Canónico. La explicación de estas variaciones la ofrece el mismo documento pontificio.

La finalidad del cambio es definir mejor el papel de la Sede apostólica y de las conferencias de obispos, llamadas a trabajar dialogando entre ellas, respetando sus propias competencias, que son diferentes y complementarias, tanto para la traducción de los libros típicos latinos, como para eventuales adaptaciones de textos y ritos. Lo que el Papa pretende es modificar la liturgia desde abajo, dando carta blanca a las Conferencias Episcopales y a las Diócesis para que actualicen y hagan más vivas las celebraciones según las exigencias locales y al lenguaje moderno.

A partir de aquí, tampoco ha sido noticia relevante que el cardenal arzobispo de Wellington, Nueva Zelanda, ordenase un cambio creativo en la Misa siguiendo el contexto del Motu Proprio de Francisco al que me estoy refiriendo. El cardenal John Dew pidió a las iglesias que se desvíen del protocolo litúrgico de la lectura del Evangelio conducido por el clero, como está ordenado, con una lectura de la Lectio Divina del Evangelio del día realizada por un laico. Algo que es “completamente contrario” al documento de gobierno para todas las celebraciones de la Misa Católica; pero que él ha insistido en que lo hizo inspirado por el Papa Francisco:

“Esta iniciativa en clave de Lectio Divina es una manera en que la Archidiócesis está respondiendo a la súplica del Papa Francisco de hacer que las Sagradas Escrituras sean más conocidas y difundidas”. Él nos ha recordado que podemos tomar iniciativas creativas en nuestras parroquias para que podamos convertirnos en ‘vasijas vivientes para la transmisión de la palabra de Dios’”, dijo el cardenal.

¿Qué es lo más importante de todo esto, según lo veo yo? Que la cerrazón ante una norma litúrgica, da igual el resultado práctico, es contraria, como toda cerrazón, a la esencia del evangelio o Buena Noticia; porque hoy la Misa no es una buena noticia y quienes asisten al culto, tienen una media de edad por encima de los sesenta años.

Jesús encandilaba, atraía, arrastraba a las gentes, sobre todo a las más sencillas de corazón, a los pobres en su aceptación más primaria y a personas de otro nivel pero que abrieron su corazón a la escucha. De la misma manera que una fe sin obras es una fe muerta, una celebración de la Misa como la actual no puede verse como lo que realmente es: una “celebración” del amor cristiano que nos impele a cambiar el día a día empezando por cada uno de nosotros.

Mala noticia si es más importante la vasija que su contenido: odres nuevos para vinos nuevos… ¿nos suena?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

Espiritualidad , , , ,

La muerte está vencida

Jueves, 2 de noviembre de 2017

Del blog ya desaparecido À Corps… À Coeur:

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¡Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban ” los durmientes “. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! “

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Père Pierre Trevet

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¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que “se fueron”. La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el “Purgatorio“, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una “inteligencia” celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , ,

“Mesa compartida, sí. Ni sacrificio, ni sacerdocio”, por José María García-Mauriño.

Jueves, 19 de octubre de 2017

eucaristia0Todas las culturas tienen su religión. Todas las religiones tienen su sacerdocio. Esta institución, la religión, tiene la tarea de mediación entre los dioses y el pueblo. Los dioses imponen su voluntad a la gente, tienen que cumplir las normas que provienen del Olimpo. Y el que no las cumpla es objeto de castigo, personal o socialmente. Se castiga a los individuos y al pueblo entero que no cumplen sus mandatos. Las enfermedades son un “castigo” divino, personal. Las tormentas, la sequía, son un castigo colectivo. Así, Júpiter, el rey de los dioses, se “enfada” enviando rayos y truenos, al territorio de un pueblo que no obedece sus órdenes. Entonces, el sacerdote ofrece sacrificios para aplacar la ira de los dioses. El sacerdote es un ser especial, apartado de la gente, una persona sagrada y consagrada para ejercer un culto a los dioses. Es una persona que tiene poder para tener propicios a los dioses, celebrando cultos, sacrificios, ritos expiatorios, como la inmolación del cordero pascual. Se le da carácter divino, como personas escogidas por dios. Existe, pues, una relación entre el sacerdote, el sacrificio y el pueblo. El acceso al dios se realiza mediante los ritos que el sacerdote ofrece a los dioses, en reparación por los pecados. El sacerdote está más cerca del dios que el resto de la gente. Por eso, se acude a él y le ofrecen dones, animales, dinero, etc. para estar a buenas con dios.

Esta mentalidad ancestral es la que se ha trasladado al cristianismo. El sacerdocio hace de mediación entre Dios y la comunidad cristiana. El sacerdocio de Cristo es el único mediador entre el Padre y los fieles. Los fieles han pecado, han desobedecido órdenes, mandatos, (los 10 mandamientos), y necesitan una reparación para no cargar con la ira de Dios (“ab ira tua, libera nos, Domine”. “De tu ira líbranos Señor”, ¿recuerdan?) La muerte de Cristo, dicen algunos teólogos, es una reparación sacrificial por nuestros pecados. Esto es lo que dice la teología tradicional. “Dios no perdona ni a su propio Hijo y lo entrega por todos nosotros”. La idea de que Dios necesita del sacrificio y muerte, para perdonar los pecados, es sencillamente repugnante. ¿Qué clase de Dios es éste? ¿Acaso la muerte de Cristo fue un sacrificio sacerdotal? Recuerdo la grandiosa afirmación del profeta Oseas (6, 6): “Misericordia quiero y no sacrificios”.

Las primeras comunidades judeocristianas asocian la celebración eucarística con los sacrificios del AT que están muy presentes en su cultura religiosa. Eran práctica habitual en el templo de Jerusalén. No podía ser de otro modo. Seguían lo ritos propios de las religiones antiguas. Durante mucho tiempo se decía, y todavía se sigue repitiendo, que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Todo esto se ha ido fraguando en el cristianismo, y surge la imagen de la Eucaristía como sacrificio. Se repite el tema de las religiones: la liberación del pecado por medio del rito de la muerte. Se ha dicho con machacona insistencia por teólogos, pastores y el pueblo cristiano que el culto al que hay que asistir los domingos y fiestas de guardar, le llamen el “santo sacrifico de la Misa”. Resulta sorprendente la cantidad de veces que se emplea la palabra sacrificio en los textos de la Misa.

Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso. El Señor reciba de tus manos este sacrificio

En la Plegaria Eucarística II, se dice textualmente:

“Así, pues, Padre, 
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo, 
de su admirable resurrección y ascensión al cielo, 
mientras esperamos su venida gloriosa, 
te ofrecemos, en esta acción de gracias, 
el sacrificio vivo y santo.

De nuevo, el sacrificio. Pero continúa la Plegaria

“Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, 
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación 
quisiste devolvernos tu amistad,…”

Estas frases suenan a blasfemia: Dios nos devuelve su amistad gracias a la inmolación de una víctima que es su Hijo… El Hijo es sustituido por el Cordero. Y el cordero hay que inmolarlo en el altar de los sacrificios para aplacar al Dios que está enojado con su pueblo por sus pecados ¿Tan cruel es Dios? ¿Necesita la sangre y la sangre de su Hijo, para recuperar la amistad con los seres humanos (SH)? El Dios de Jesús no necesita sangre para perdonar los pecados. Jesús fue ejecutado, no “sacrificado”. Se ha sustituido el altar por la mesa. El sacrificio, por el disfrute de la mesa compartida, es decir, por la comensalía, en la que se comparte la comida para todos, que nadie pase hambre en el mundo, se comparte la vida, para todos los seres humanos, porque todos son hijos de Dios.

El rito, el culto religioso, que se realiza es para establecer o restablecer, la comunicación con Dios. Cristo estableció una comunicación perfecta, directa y definitiva entre el SH y Dios. No necesita de mediaciones. Jesús, al morir como murió, no ofreció a Dios, ni un rito religioso, ni una ceremonia sagrada, ni un culto reparador, sino que se ofreció a sí mismo. No ofreció sangre de animales, ni pan ni vino, sino que ofreció su vida, su propia sangre. Su ofrenda consistió en ofrecer su propia humanidad. Jesús rompió con las normas y prácticas religiosas, porque para él lo importante no son los ritos sagrados que le relacionan con Dios, sino la relación humana solidaria entre todos los seres humanos en la realidad de la vida, la fraternidad universal. Lo importante en cualquier religión, no es Dios, sino la gente, las personas. Dios no necesita nuestra adoración, ni nuestra alabanza ni nuestro servicio, ni nuestros ritos. Para muchos jerarcas, sacerdotes y teólogos, el culto es el centro de la religión. Es lo que pasa en muchas religiones que el culto lo es todo. En la iglesia católica actual el culto tiende a ser casi la única expresión de la iglesia.

La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los seres humanos otro camino de relación con Dios, distinta del culto, de lo sagrado, distinta de los ritos y ceremonias religiosas. Es decir, el camino sencillo de la relación con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética, no religiosa, vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes tenía el monopolio de la salvación. La salvación venía de otra parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder político. “Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley. Pasa por los excluidos de la historia.” (González Faus) En adelante ya no hay sacerdocio que valga. La comunicación con Dios es una relación filial, de Padre a Hijos, no de mediación sacerdotal. Ni el sacerdocio personal, ni el llamado sacerdocio de los fieles.

Sacerdocio, propiamente tal, no existe ninguno en la Iglesia. En todo el N.T. sólo se habla de sacerdocio cristiano aplicándolo a Cristo, pero en el sentido de una transformación revolucionaria en el concepto mismo de sacerdocio. Porque el sacerdocio de Cristo no es un sacerdocio ritual, sino existencial. Es decir, se trata del sacerdocio que se realiza y se vive en la existencia entera. No limitado a los ritos y ceremonias del Templo y del culto sagrado.

En la Iglesia se empezó a hablar de sacerdocio en el s. III, aplicado a los dirigentes (presbíteros) de las comunidades. Hay una alusión en la 1 Carta de Pedro donde se habla de un “pueblo sacerdotal”, pero eso no pasa de ser una pura denominación. Y además una usurpación que hizo la Iglesia de algo que correspondía, más bien, al judaísmo.

El sacerdocio de los fieles, del pueblo de Dios, es una de tantas interpretaciones, bonita, pero innecesaria. ¿Qué intermediación o qué sacrificio ofrecen? La comunidad como tal no es tampoco mediadora entre Dios-Padre y los creyentes. Son los creyentes mismos los que se relacionan directamente con Dios. La religión que Dios quiere, la comunicación con Dios que nos ha dejado Jesús como horizonte, es el culto, personal y comunitario de la propia vida, la vida honrada, honesta, bondadosa, compasiva, servicial y solidaria.

José María García-Mauriño

Enero de 201

Fuente Fe Adulta

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , ,

“La misa en latín, ¿qué representa?”, por José Mª Castillo

Viernes, 6 de octubre de 2017

"misa-en-latDe su blog Teología sin censura:

Es bien sabido que en la Iglesia hay gente, seguramente más de la que imaginamos, que añora la misa en latín. Y conste que, entre los añorantes del latín eclesiástico, no faltan numerosos obispos e incluso importantes cardenales. Según parece, así muestran estos “latinistas” su fidelidad a la tradición cristiana. Y, de paso, parece que pretenden situarse de frente – o en contra – del papa Francisco.

No estoy hablando de un tema intranscendente. La cosa tiene más enjundia de lo que seguramente imaginamos. Por lo menos, así pensaba san Pablo, ya desde los primeros años en que los cristianos empezaron a reunirse en sus incipientes reuniones litúrgicas. Mucha gente, que se considera culta, no sabe que, en la Antigüedad, concretamente en el s. I, en no pocas regiones del Imperio (en Roma, por ejemplo), se hablaban dos lenguas, el griego y el latín. En Rom 1, 14, Pablo se dirige a “ellenes kai bárbaroi”, los que entendían el griego y los que no lo entendían, lo que significaba “los que eran cultos y los que no lo eran”. Por eso el término “bárbaros” se aplicaba a quienes hablaban una lengua que no se entendía. Era el tipo extraño, con el que no había modo de comunicarse.

Pues bien, así las cosas, san Pablo no duda en hacer afirmaciones muy duras contra los que, en las reuniones litúrgicas, se ponen a hablar contra los que, cuando la comunidad está reunida, ellos utilizan una lengua que no entiende nadie. Pablo es claro y tajante: “Por tanto, si se reúne toda la comunidad en el mismo lugar y todos hablan en lenguas (extrañas), y entran en ella personas no iniciadas o no creyentes, ¿no dirán que estáis locos?” (1 Cor 14, 23).

Sabemos que finalmente y después de tres siglos, terminó por imponerse el latín como lengua común de la Iglesia, ya que era la lengua común en el “tardo-Imperio”. Pero, con el paso del tiempo, ocurrió “lo que tenía que ocurrir”. Y fue sencillamente que, a medida que el clero fue creciendo y se fue imponiendo, el “clero” terminó por equipararse con la Iglesia. En el siglo nueve, autores como Amalario y Floro no tuvieron reparo en afirmar que “la Iglesia designa principalmente al clero”. O bien, “la Iglesia que consiste sobre todo en los sacerdotes”.

Las consecuencias, que se siguieron de una Iglesia así pensada y sobre todo organizada con una presencia clerical tan avasalladora y totalizante, fueron de enorme importancia: el desarrollo creciente de las lenguas vernáculas no pudo impedir que la misa se siguiera diciendo en latín. Es más, a partir de aquellos tiempos, los sacerdotes empezaron a decir la misa de espaldas al pueblo, rezando en voz baja, se difundieron las misas solitarias, es decir, misas que decía el sacerdote solo y sin asistencia de fieles o, a lo más, un acólito. Además, el pueblo ya no aportaba las ofrendas al altar, sino que se pasaba el “cepillo” de las limosnas, etc.

Y así han estado las cosas en la Iglesia hasta el concilio Vaticano II. Pero la fuerza de aquellas tradiciones ha sido tan resistente, que ya estamos viendo lo que tenemos. Es evidente que el empeño por mantener el latín en la misa no es cuestión de fidelidad a la tradición, sino que lo que está en juego es la pasión por el mantener el poder del clero. En una Iglesia en la que el Papa se acerca más al pueblo sencillo que el clero, es inevitable que tengamos que ver a importantes cardenales defendiendo los privilegios de los clérigos. En ello se juegan su poder, su prestigio y su futuro, por más que eso aleje más a la gente de la Iglesia. O incluso sea. para no pocos, motivo de risa y burla.

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Todos los domingos

Martes, 25 de julio de 2017

mesa-compartida…y fiestas de guardar.

Es gordo y serio. El juez me obliga a ir a visitar a mi madre “x” días a la semana.  Algo no funciona. Y no funciona fundamentalmente el amor.

De siempre me ha resultado muy preocupante el que la Iglesia haya puesto como mandamiento y obligación el “oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar”.  Ya en principio, chirria eso de “oír”. Preferiría “celebrar”. Y el tenerlo que hacer ciertos días por obligación, indica que algo no funciona en nuestra fe, en nuestra vivencia de Jesús Resucitado, en nuestro sentido de comunidad. Si realmente estoy enamorado de Jesús, no hace falta que me lo manden, sino que espontáneamente acudiré y participaré con la comunidad en “el recuerdo de Jesús” y en su vivir su presencia.

Y ¿eso de entera? ¿Es que se puede “cumplir” estando solo en la consagración?

En esta línea, me extraña enormemente el que nos obliguen a comulgar por lo menos en “Pascua Florida”. ¿Es que estamos en otoño o en invierno lo restante del año?  No entiendo una eucaristía sin participar en la comunión “Tomad y comed todos”. Es una celebración gozosa y en ella no puede faltar ninguna parte esencial.

Se ha metido la idea de que hay que confesarse antes de comulgar, pero yo creo que es más la idea de “cumplir”, de “oír” lo que nos penetra y así nos quedamos viendo y oyendo: “Ya hemos cumplido”.

Es cierto que si todos hiciésemos caso, tendríamos unas celebraciones de toda la comunidad.  Pero, dado el giro y la evolución de la sociedad, ¿no sería preferible el fomentar que cada día sea una celebración viva sin esperar al domingo?

Porque los niños están el fin de semana con los deportes y los padres con las salidas fuera. Una misa entre semana, bien vivida, ¿no podría ser el futuro? Es más, cuando cada vez va a haber menos eucaristías los domingos por falta de clero?

Avancemos más hacia la celebración aunque perdamos la obligación. Todo esto me surge al ver que vamos perdiendo la fe y dejando la costumbre y esa también la olvidamos.

Es preciso preparar mejor las eucaristías, más vivas, más participadas, más comunitarias.  Y eso irá creando sentido de celebración gozosa caminaremos hacia la celebración de la primitiva comunidad

Es curioso eso de “fiestas de guardar”, porque se van cambiando y haciendo laborables, fiestas que antes se celebraban religiosamente.

Cuando la sociedad avanza hacia la secularización, podemos trabajar ese día pero a la vez celebrar la Eucaristía…  Y no con menor devoción. Porque hay un aspecto del Misterio de Jesús que celebrar… Y sin duda, es más importante ese Misterio que la fecha del calendario.

Lo importante, me parece, es que nuestras eucaristías sean vivas, participativas, asamblearias. Que salgamos todos entusiasmados a continuar nuestra misión de cristianos que nos ha propuesto la Palabra de Dios.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Las misas de la tele no son misas

Jueves, 6 de abril de 2017

imagesteleDel blog de Xabier Pikaza:

El diputado P. Iglesias ha propuesto que la televisión pública no ofrezca la misa, pues se trata de un servicio religioso privado, propio de algunos ciudadanos, que no pueden “imponer” su afirmación religiosa sobre el conjunto de la población.

Esa propuesta me parece equivocada y falsa en una línea de democracia social, pero válida en sentido religioso cristiano.

1. Como ciudadano de un país que dice ser libre defiendo la misa en la televisión pública, siempre que haya un número significativo de ciudadanos que la quieran. Ciertamente, el Estado es a-confesional (no ha de inclinarse por ninguna confesión religiosa), pero debe respetar la voluntad de los ciudadanos, y si un grupo significativo quiera misa se la debe ofrecer.

Personalmente, puede que no me gusten los toros, ni un tipo de fútbol, ni ciertos programas con intimidades ambiguas… Pero si otros las quieren debo conformarse. Así también la misa puede y debe emitirse en la televisión, si hay bastantes ciudadanos que la quieren. Ése un principio fundamental de la democracia. Unos pueden querer misa, otros una ceremonia musulmana, otros música de cámara, como ciudadanos libres.

2. Como cristiano, en cambio, me siento molesto con la misa por televisión, no por “culpa” del Estado o de la sociedad, sino como miembro de la misma Iglesia. Ciertamente, se pueden y se deben emitir programas de tipo religioso, sean de tipo católico, islámico o budista (si una parte de la sociedad lo quiere, y si ellos no van en contra de los principios fundamentales de la sociedad).

_1917325_020408risi300Pero creo que la misa en cuanto tal no es un “tema” de televisión, no es para verse desde fuera, en una pantalla, sino una celebración activa de una comunidad creyente, donde los que “van a misa” deben celebrarla, estando juntos, compartiendo la palabra, incluso “tocándose” (dándose la paz unos a otros) y, sobre todo, comunicándose el pan y el vino de Jesús, en gesto de comunión personal humana.

Por eso he dicho que la misa por televisión no es misa y, a mi juicio (al menos en general, en cuanto misa-misa), no debería retransmitirse por televisión. Puede y quizá debe haber otros programas de tipo religiosos y/o cristiano de televisión (sermones, debates, narraciones, incluso oraciones…), pero la misa de televisión no es tal, pues le falta la presencia comunitaria, la conversación y comunión, el pan y el vino… Puede hacerse quizá en televisión una “liturgia de la palabra” (como en una video-conferencia), pero no una misa estrictamente dicha.

Se me podrá decir ¿qué pasa entonces con los enfermos o ancianos que no pueden participar en la misa comunitaria? Hay dos respuestas o soluciones:

(a) Se lleva a los enfermos o ancianos la comunión a casa o al hospital, a modo de prolongación de la liturgia eucarística, como se hacía en tiempos antiguos, retomando en casa la proclamación de la Palabra y la celebración comunitaria.

(b) O se celebra una auténtica misa, aunque quizá más breve y simple, en la misma habitación del anciano o enfermo, una eucaristía doméstica, presidida y animada por alguno de sus familiares o vecinos, con presencia personal y comunión (sin necesidad de que sea una misa oficial de la parroquia, celebrada por el párroco u obispo ministerial).

En este contexto quiero añadir algunas reflexiones complementarias.

La eucaristía se celebra en directo y en común, no se mira ni se ve en televisión

eucaristia_casa_enferma_25_03_14_1Un tipo de mundo vincula a los hombres y mujeres a través de un tipo de espectáculos externos, de tipo impersonal. Por el contrario, la iglesia les vincula por la eucaristía, que es Palabra y Pan compartido, que no puede convertirse nunca en un puro espectáculo.

La eucaristía retoma el motivo de las comidas de Jesús a campo abierto (multiplicaciones: Mc 6-8 par) y a su Cena de entrega y despedida (Mc 14 par), de manear que ella debe entenderse como activo, en el que participan todas y todas. La misa no es una ceremonia que pueda convertirse en un simple espectáculo para ver en una pantalla, sino un gesto común y concreto de comunicación humana, fundada en el recuerdo de Jesús y en su presencia, expresada en la palabra y el pan (vino) compartido.

Parece que tenemos miedo a la eucaristía concebida de esa forma, y por eso tendemos a convertirla en un ritual de sacralidad escindida de la vida concreta, de tal forma que a veces parece un ejercicio sacral, repetido como espectáculo, en las grandes reuniones de los fieles, que siguen estando solos, sin comunicarse entre ellos, como clientes pasivos de un misterio exterior, que podría ‘celebrarse’ (mal-celebrarse) incluso por televisión, como he puesto de relieve Fiesta del Pan, fiesta del Vino. Mesa común y Eucaristía, EVD, Estella 2000.

En contra de eso he de afirmar que no es bueno que la eucaristía se vuelva espectáculo: algo que se puede exponer y ostentar, como un rito entre otros rituales deportivos o circenses de nuestra cultura dominada por los medios. No se ha de ir a la misa como se va a ver un partido de televisión o a escuchar una música de cámara. La misa es música donde todos cantan, drama en que todos actúan, conversación donde todos hablan y mesa en la que todos comen.

Entendida así, la eucaristía es una forma intensa de asumir la creación, el pan y vino del trabajo, el alimento personal (¡quiero vivir!), la participación comunitaria (¡comemos juntos!), tal como se expresa en la encarnación pascual del Cristo, en la que compartimos uno a uno y todos juntos el recuerdo y la presencia de Jesús (=de la vida de Dios) en la Palabra y el Pan.


La eucaristía es la Vida que se abre y encarna en la comunidad y en cada uno de sus participantes, de tal forma que nadie puede celebrarla por nadie, realizando funciones superiores o de representación, pues cada uno ha de ‘comer’ por sí, compartiendo la palabra que se centra en Cristo y comiendo todos juntos
.

Es bueno que las celebraciones se hayan valorado y dignificado, desarrollando rituales de lugares (edificios) y formas artísticas (música, pintura) pero no se puede suplantar u oscurecer lo central: la Palabra y Pan compartido, la comunicación real de los creyentes. La cena de Jesús se per-vierte si las formas se hacen centro, si los signos rituales se separan de la vida, convirtiéndose en espectáculo para ver, sin comunión concreta de creyentes y sin es comida real.

La liturgia oficial ha tendido a olvidar a veces esta experiencia de comunicación, desligando la alabanza de Dios de la comida real y la solidaridad de los creyentes de los creyentes, reunidos en torno a la palabra y el pan compartido. En esa línea, pienso y digo que la iglesia necesita recuperar la realidad física (social, alimenticia… ) de su eucaristía, vinculada al recuerdo de la entrega de Jesús (última Cena) y a sus comidas concretas (multiplicaciones). Por eso, una misa que sólo “se ve” (como espectáculo externo de televisión no es eucaristía).

La eucaristía es celebración compartida de la vida de los hombres, partiendo de la Vida de Jesús

Los cristianos hemos discutido a veces de forma cosista, hasta enfermiza, el momento en que Jesús se trans-sustancia en el pan consagrado, olvidando algo previo: lo más importante es que haya pan ofrecido y compartido, mesa común, palabra y camino de encuentro, por encima de un mundo de pura imagen donde todo se ve, de un mundo de mercado donde todo se compra-vende.

Este es el punto de partida: que los cristianos se junten y celebran su experiencia común, la palabra de Jesús, proclamada y comentada entre todos, el pan y el vino de la vida…
Este es el pan nuestro, que nosotros, cristianos, deberíamos ofrecer, como mesa abierta a todos los humanos. Este es, al mismo tempo, el pan de los otros, de aquellos que nos invitan a la mesa de su cultura y vida. Sólo así, en la encarnación concreta de la palabra y el pan, de ellos y nuestro, va gestándose y creciendo la concordia humana de Jesús, que los cristianos llamamos eucaristía.

Otros signos y presencias pasan, pero queda para siempre para los cristianos la palabra de la vida de Jesús, con la comida compartida, en la que descubrimos y celebramos el Signo y Presencia de Dios que es Jesucristo. No podemos imponer esa eucaristía a musulmanes y judíos (o agnósticos y fieles de otras religiones), pero debemos ofrecerla, volviéndonos expertos en Palabra y Mesa fraterna.

Sin esta palabra y pan compartido en con concreto, en comunidad humana, no se puede hablar de eucaristía. Por eso, una misa para ver en la televisión no es “sacramento” de Jesús, no es misa cristiana. Un judío famoso, llamado F. Rosenzweig (La estrella de la Redención, Salamanca 1997, 374-389, 427-428), nos llamaba la atención diciendo que la pascua-comida judía es comida real que vincula de hecho a los comensales, mientras la eucaristía sólo reúne a los cristianos en espíritu, dejando que sigan en lo externo separados.

Una celebración pascual judía por televisión no es pascua, ni celebración. En una línea semejante, una misa cristiana por televisión puede ser buena en sentido intimista como devoción o en sentido artístico como celebración ritual de cantos… pero no es misa cristiana, no es recuerdo y presencia concreta de Jesús.

Sólo en esa línea podemos hablar en verdad de la eucaristía cristiana. Los cristianos no tenemos más autoridad y riqueza que la presencia de Dios en cada uno de los hombres y mujeres de la tierra, por medio de Jesús que ha puesto su vida al servicio del Reino, esto es, de la humanidad entera expresada y concretada en cada una de las comunidades que celebran su memoria, en concreto, dándose la mano, el beso de la paz, y compartiendo la palabra y el pan de Jesús.

Ciertamente, la misa por televisión puede ayudar en un sentido a ciertos cristianos… Pero esa misa no es la misa de verdad. Por eso, el tema no es que haya o no haya misa “televisada” en los canales públicos del Estado (¡cosa a la que tienen derecho los cristianos como ciudadanos!), sino el que haya de verdad eucaristía en todas las comunidades cristianas, incluso en las habitaciones privadas de enfermos o ancianos.

Maria Jesus Moreno (FB)

Hola Xavier. Entiendo muy bien lo que dices y lo comparto en cierta medida, pero yo creo que es importante hacer algunas matizaciones. Las personas mayores que ponen la misa de TV cada domingo, no la ven como un espectáculo, sino que suelen estar presentes con verdadera devoción.

Claro que lo ideal sería celebrar una eucaristía en casa o una celebración de la Palabra a la vez que se les administra la comunión, pero lo cierto es que ese servicio no se da. En muchos casos, los hijos, nietos etc de las personas mayores que “ven” la misma por la tele, no están dispuestos a ser ellos los promotores de esa celebración casera. La mayoría de las veces son agnósticos o pasan de lo religioso.

Tampoco hay sacerdotes suficientes, o los sacerdotes que hay no tiemen tiempo suficiente como para acercarse a cada casa, a cada familia para hacer este servicio. Podría haber un servicio de laicos que desempeñara esta función de acompañamiento en la vivencia de la fe y en la celebración de la Palabra pero hoy por hoy eso todavía no se da. Y además las familias de los ancianos tendrían que permitirlo.

Mientras no se pueda facilitar a este colectivo de personas otras forma más adecuadas de celebrar comunitariamente la fe, la misa de la TV puede ayuderles mucho y hacerles acercarse, aunque sea muy precariamente a ese Misterio de Comunión. No creo que hayamos de verlo simplemente como un espectáculo. Creo que esos televidentes no lo perciben así.

Espiritualidad, General, Iglesia Católica ,

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