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X. Pikaza: “La religión de Jesús no es ayuno, sino celebración de bodas”

Jueves, 27 de febrero de 2020

Cena-Jesus_2153494632_13863870_667x375Del blog de Xabier Pikaza:

“Intimidad y comunión de mesas” 

“El mensaje y proyecto de Jesús no desemboca en un sistema de espiritualidad pura, separada de la vida, ni en un modelo de ley impositiva, sino en un proyecto y programa de bodas de amor”

“Los fariseos ayunan dentro de la lógica legal del judaísmo, para obedecer la ley de Dios que así lo ha mandado”

Fariseos y bautistas antiguos (y bastantes cristianos actuales) entienden la religión como renuncia, un modo de ayunar, y su signo más importante la prohibición, en dos campos fundamentales que son la comida y el sexo:

  • No comer (no gozar en la comida), ayunar por sacrificio, pues Dios nos pide grandes sacrificios para así ser perfectos.
  • No tener relaciones sexuales, optar por el celibato, y, de tenerlas, tenerlas bien reguladas, según norma, según ley (pues el matrimonio es de clase de tropa, de gente que no sabe moderarse).
 Pues bien, en contra de eso, la  religión de Jesús no es ayuno (como proponen algunos “virtuosos” de la religión), sino amor de bodas (intimidad) y comunión de mesa  (comidas),  como ha puesto de relieve Jesús en su doctrina más importante sobre el amor y el ayuno (cf. Mc 2, 18-20).

El evangelio oficial del miércoles de ceniza es el de Mt 6, 1-18, con normas importantes sobre la limosna, la oración y el ayuno… Pero he comentado varias veces ese texto en este blog, y así prefiero comentar hoy el de Mc 2,18-20 que es cristianamente hablando más significativo.

            Mc 2, 18 Y estaban los discípulos de Juan y los fariseos ayunando; y vinieron a decir a Jesús: ¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y los tuyos no?19 Jesús les contestó: ¿Pueden acaso ayunar los hijos (=amigos) del novio mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, no pueden ayunar.20 Llegará un día en que el novio les será arrebatado. Entonces ayunarán.

“Iglesia de Jesús, experta en amores y comidas”

Temas de fondo

  1. Bautista y fariseos… Identifican la religión con el ayuno de tipo sexual y alimenticio, pues a Dios le placen los sacrificios de los hombres, que muestran así su sometimiento.
  2. Jesús identifica la religión con unas “bodas”, esto es, con un camino de amor.El amor de bodas no es ayuno, sino don y aprendizaje en intimidad, en felicidad. Dios ha hecho a los hombres para que gocen en amor, no para que ayunen.
  3. Las bodas de amor son despliegue vida Comer juntos, que haya comida para todos, gozarse comiendo, aprender a disfrutar. Maestros de bodas, eso han de ser los discípulos y servidores de Jesús, una escuela y ejemplo de felicidad en el amor.
  4. Pero vendrá el ayuno cuando el novio sea arrebatado…  Ayunarán hombre y mujeres cuando no tengan “bodas”, cuando se les vaya (arrebate) el amor… Pero tendrán que esforzarse para que llegue de nuevo el tiempo de bodas, de comida, de amor… (como seguiré indicando).
Explicación

Pregunta: ¿Por qué los discípulos de Jesús no ayunan? (2, 18). La formulación del texto nos sitúa en el tiempo de Marcos, cuando los fariseos constituyen ya un grupo organizado, con su propia religiosidad (lo mismo que los bautistas de Juan), separados del movimiento de Jesús, cosa que sólo parece haber sucedido en torno al año 70 d.C., cuando se van estabilizando las tendencias del nuevo judaísmo (evidentemente, aquí no aparecen ya celotas y sacerdotes, saduceos y apocalípticos, que han perdido su protagonismo tras el 70).

Nota erudita. Diferencias ante el ayuno  

  1. Fariseos. (a) Ayunan algunos días de penitencia, es decir, de expiación (Lev 16, 29-31) o duelo nacional y/o familiar. (b) Comen: Toman alimentos cultivados y sus comidas comunitarias, con pan y vino, son signo sagrado de Dios y esperanza de salvación. (c) Rechazan las comidas impuras (cerdo, sangre, animales ofrecidos a los ídolos…). De esa forma se separan de los no observantes (judíos impuros y todos los gentiles).
  2. Juan (y otros bautistas). (a) Ayunan siempre, no en tiempos especiales, oponiéndose al pecado del pueblo y de la humanidad, concebida como impura. Así pueden vincularse con los que pasan hambre, por razón de la injusticia social. (b) Comen sóloalimentos silvestres, en actitud de protesta contra-cultural (los alimentos cultivados/vendidos aparecen como patrimonio de los más ricos, al servicio del sistema) y quizá de retorno a una vida de naturaleza. En esa línea, compartir los alimentos injustos va para ellos en contra de la voluntad de Dios (c) Rechazan no sólo los alimentos impuros de la Escritura (cerdo, sangre…), sino los alimentos en sí buenos, pero culturalmente contaminados, como el pan y vino. Por eso, anuncian el juicio, no expresan el Reino. No podrían celebrar la eucaristía.
  3. Jesús (y los cristianos o mesiánicos). (a) No ayunan: Rechazan la visión penitencial de la existencia. Entienden y celebran las comidas como signo de Dios, pero han de ser comidas abiertas a los pobres, sin distinciones de pureza-impureza, como en las multiplicaciones (cf. Mc 6, 34-46; 8, 1-2 par). (b) Comen y beben, en medio de un mundo injusto, no para avalar la injusticia, sino para iniciar un camino de revelación de Dios (de Reino), compartiendo el pan y los peces (multiplicaciones) y el pan y el vino con los necesitados, por alegría y por solidaridad. En ese contexto ellos pueden afirmar que está presente el novio: el amor es más fuerte que la injusticia; la creación de Dios supera a la injusticia de los hombres (cf. Mc 2, 19). (3) No rechazan ningún alimento.En principio, comen de todo, superando así, como había hecho ya Juan, un tipo de leyes de pureza que ratificará (cf. Mc 7, 15-19). En esa línea, la Iglesia de Jesús superará pronto el régimen de comidas puras e impuras (cf. Hch 15), aunque quedará en el fondo, como indicaremos, el tema del ayuno por la ausencia del novio (cf. Mc 2, 20), que puede vincularse al ayuno por solidaridad con aquellos que sufren (o no pueden comer).

82568638_539057183626198_8333456269445186267_nEste comportamiento (y la comparación de Jesús con fariseos y bautistas) nos recuerda que el mensaje y proyecto de Jesús no desemboca en un sistema de espiritualidad pura, separada de la vida, ni en un modelo de ley impositiva, sino en un proyecto y programa de bodas de amor (con novio: símbolo de amor) y de comidas (es decir, de Reino).

Fariseos y bautista podrían aceptar el camino de Jesús, pero sólo a condición de que exigiera penitencia a los conversos (pecadores, publicanos…), creando así una una iglesia penitencial, centrada en el ayuno, pues ellos interpretan la religión como ejercicio programado de autodominio, en las márgenes del mundo (Bautista) o en el centro los pueblos habitados (fariseos). Ellos, bautistas y fariseos, son lo mejor que Israel ha ofrecido en clave nacional judía. Por eso, como representantes de la tradición legal, vienen y preguntan a Jesús: ¿por qué tus discípulos no ayunan?… (2, 18)[3].

En la línea de fariseos y bautistas, los discípulos de Jesús deberían ayunar, realizando así un gesto de ruptura frente a otros grupos de judíos ayunantes. (a) Los bautistas centran el camino de Dios en un “bautismo de conversión», en el que confiesan sus pecados; ellos tienen que reconocerse pecadores, por eso ayunan. (b) Por su parte, los fariseos ayunan dentro de la lógica legal del judaísmo, para obedecer la ley de Dios que así lo ha mandado; la mortificación constituye para unos y otros un aspecto esencial del camino de los hombres religiosos, que sólo así pueden evitar el contagio de un mundo destructor y someterse a la soberanía del Dios que impone su Ley para educarnos y mantenernos sumisos. Los cristianos, en cambio, no ayunan[4].

“Jesús ha definido su evangelio como amor activo”

Bautistas y fariseos son virtuosos de la ascesis, capaces de vencerse y dominar sus apetencias con esfuerzo, y así interpretan la vida y religión como heroísmo. Pero, a los ojos de Jesús su ayuno corre el riesgo de volverse elitista porque puede entender la salvación de Dios como resultado de la obra de los “buenos” y esforzados. Pero ¿qué pasa con los demás, con los millones de pobres del mundo que no logran comportarse como ascetas? Un tipo de ayuno corre el riesgo de silenciar (o de poner en un segundo plano) la gracia de Dios.

En contra de eso, Jesús ha definido su evangelio como amor activo, por encima de la ley-ayuno, como amor de bodas, amor de comidas…

Los amigos del novio no ayunan (2, 19). Siguiendo una técnica que es propia de las discusiones judías de aquel tiempo, este versículo se compone de una pregunta expresa (¿pueden ayunar los hijos/amigos del novio mientras el novio está con ellos?) y de una respuesta implícita (¡no pueden ayunar!). La respuesta era comprensible, y está recogida en diversos pasajes (posteriores) de la Misná. La mayor parte de los grupos judíos afirmaban que el gozo de las bodas está por encima de la ley del ayuno (e incluso de la recitación del Shema, para el novio), de manera que los ayunos quedaban dispensados en tiempo de bodas. Es normal que los oyentes respondan a Jesús: ¡No, los amigos del Novio no ayunan durante su fiesta! Hasta aquí todo es claro. La novedad de Jesús está en suponer que él ha venido como “novio” y que su tiempo mesiánico debe entenderse como fiesta de bodas, hasta que culmine el Reino de Dios.

Compartir-pan_2205089481_14334060_667x375Compartir el pan Mino Cerezo

Pues bien, para Jesús todo tiempo es tiempo de bodas y comida, no es sacrificio de ayuno ni ascesis sexual.  De esa manera, Jesús está invitando a sus amigos (discípulos, pobres, enfermos) al gozo supremo del Reino de Dios, como heraldo de las Bodas de Dios, y Novio universal; por eso, él no quiere iniciar a poseídos y leprosos, paralíticos y publicanos, en técnicas de ascesis, que les seguirían encerrando sobre el mundo viejo de la lucha y de la muerte.

La religión de Jesús no es ayuno, sino gozo. No es terapia de negación, sino tiempo de vino y ropa nueva, pues él viene como “novio”, invitando a los hombres y mujeres a la fiesta de las bodas (fiesta universal de Dios). Por eso, la “religión” no es resultado de un esfuerzo (según la ley de los ayunos), sino regalo gratuito de Dios. No son los hombres (¡los pobres, leprosos…!) los que tienen que dar algo a Dios ayunando, sino que es Dios el que “da” su reino a los hombres. Por eso, la Iglesia de Jesús no se funda en ayunos y ritos, ni se eleva sobre leyes represivas y separaciones (como quieren fariseos y bautistas), sino que brota y culmina como Boda mesiánica, donde el mismo Jesús es novio, amigo universal que ofrece a los hombres y mujeres su alegría. Por eso, lógicamente, sus hijos (= amigos) no ayunan (2, 19)[5].

Jesús no ha venido levantando un estandarte de leyes y vedas, sino con el vino y vestido de bodas, para que todos coman y beban y se casen (=celebren al amor). Él es el nymphios o novio de la humanidad, en palabra que quizá debe entenderse desde la experiencia primera del gozo de amor del paraíso, cuando Adán canta su gozo por Eva (cf. Gen 2, 23-24). Por eso, frente a la ley de ayuno que imponen a sus comunidades los bautistas y los fariseos, Jesús ha proclamado la gracia de las bodas, que definen el sentido de la iglesia.

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El Cristo vivo en la Eucaristía

Jueves, 30 de enero de 2020

Del blog de Henri Nouwen:

David Lachapelle

Henri encontró su plenitud en la eucaristía. Le encantaba celebrar la eucaristía e incluir en ella a todo el mundo, y si en ocasiones daba la impresión de ser un tanto informal con respecto a las normas de la iglesia católica romana relativas a la intercomunión, ello se debía a que quería que cada uno de los presentes tuviera un encuentro personal con Jesucristo. A Henri le encantaba la eucaristía porque amaba a Jesús. Y creía apasionadamente en la presencia real de Jesús en el pan y el vino consagrados. Dado que la eucaristía revestía una importancia tan enorme para él, tuvo el talento natural de llenarla de sentido, de poner de relieve su relación con nuestras vidas. Solía dar la vuelta al altar y mezclarse entre los participantes entendiendo la mano a todas direcciones. Tal vez algunas personas les resultaran molestas estas actitudes, pero todas ellas eran manifestaciones del intenso deseo por parte de Henri de reunir a las personas en torno a Jesucristo….”

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(Testimonio de Jean Vanier)

Located in Inventory 1, #77

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Celebrando una eucaristía en comunidad.

Jueves, 30 de enero de 2020

03-disposición1Poner los bancos en corro o círculo de forma que seamos y nos sintamos comunidad. Saludamos al Señor y nos saludamos unos a otros. Intentamos llenar los bancos de manera que sintamos que somos pueblo de Dios.

En alguna parroquia, la presidencia del presbítero no está fija, sino que ocupa distinto lugar.

Empecemos cantando todos a una y con entusiasmo. Si es preciso, unos avisos relativos a la celebración.

Unos apuntes para celebrar de una forma más viva y comunitaria la eucaristía.

Empezamos por el principio. Sería bueno el juntarnos antes de la Eucaristía, Para eso está el pórtico y charlar: saludos, noticias, necesidades, experiencias relacionadas con la comunidad

Y cantamos con entusiasmo. Puede ser con unas hojas delante o con un PowerPoint en la pantalla. Un canto, como todas, que esté elegido para ese día por el tema de la celebración,

Acogemos la bienvenida del presbítero y hacemos silencio para celebrar el perdón que Dios nos da. Gloria recitado o cantado por todos. Y un silencio para orar antes de que el cura lo haga colectivamente.

Buenos altavoces, lectores preparados, lectura lenta, sosegada, viva, con entonación. Y un poco de silencio. Canto del salmo y evangelio. Sin prisas, remarcando, con viveza y creatividad. Silencio. Y comentario de la Palabra. Será estupendo el que los fieles manifiesten la evocación de ese Mensaje, no para discutirlo, sino para hacernos eco de su contenido. Homilía corta, fresca y que recoja el sentido de las lecturas. Que se noten las horas de preparación. Silencio.

Podemos manifestar nuestra fe. Sería ideal responder cada uno a esta pregunta “en quién creo”. O por lo menos hacer preguntas colectivas y que todos respondamos.

La oración de los fieles, que sea eso, de los fieles. Y que todos nos impliquemos. No rezar por la paz en el mundo, sino para que seamos constructores de paz. Y así con las necesidades sentidas pero sabiendo que Dios ya las conoce y necesita nuestras manos.

Unas ofrendas vivas: de los dones que ofrecemos a la comunidad para los pobres. Que sean dones premeditados y que reflejen nuestra entrega generosa.

Ofrecemos al Padre los dones de la vida, las realidades de este momento con el pan y el vino, como ofrendas y compromisos. Bonito momento para expresar lo que podemos ofrecer a la comunidad y lo que necesitamos de ella: horas de visita, favores, servicios, acompañamientos.

Toda la celebración la hacemos en positivo: Señor, tú nos das, tú nos salvas, tú nos concedes como algo ya dado. No se trata de recordarle a Dios nuestras necesidades que ya las conoce sino tomar conciencia de las posibilidades de nuestra colaboración…

Y un canto que manifiesta nuestra actitud de entrega.

Caemos en la cuenta de que estamos reunidos con Jesús para vivir su entrega, sus comidas, sus mensajes, sus sanaciones. Y su entrega de muerte y resurrección.

Vamos a levantar, no tanto nuestro cuerpo, sino nuestro espíritu, entrega para vivir con Él, su actitud de servicio. Alabanza a Jesús y aclamación como en la entrada de Jerusalén,

Damos gracias por muchos motivos, por nuestra experiencia de vida y salvación y nos disponemos a celebrar con Él su Presencia Salvadora que se entrega por todos los hombres.

Nos sentimos unidos a toda la humanidad a todos los creyentes, presididos por el Papa y nuestro Obispo.

Y anunciamos que Jesús nos recuerda a todos los difuntos y confesamos nuestra fe en su plenitud y resurrección .Ya están con Dios. Por supuesto sin que el recuerdo cueste ningún dinero y sin que nosotros se lo recordemos a Dios, sino que confesamos que Él los tiene presentes consigo.

Todos a una brindamos por Cristo, toda alabanza al Padre con el Espíritu.

Un Padre nuestro –como si fuese el primero de nuestra vida–, escuchando las peticiones y las exigencias que vamos a vivir para hacer realidad esos deseos.

Constatamos que Jesús nos libera de todo mal, de todo pecado y de toda perturbación. Y acogemos la paz para nosotros y la distribuimos con todos los cristianos.

Y compartimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, de los que somos dignos porque la Palabra de Cristo nos ha dado esa dignidad. Comulgamos en las dos especies.

Y silencio, acogida, contemplación, compromiso. En acción de gracias. Pero no necesitamos estar un rato después de misa para dar gracias, porque eso ha sido toda la eucaristía. No comemos chucherías después del banquete.

Unos avisos que concreticen nuestro compromiso comunitario y un canto de acción de gracias. Comentarios y sería estupendo tomar un vino o alguna cosilla toda la comunidad unida. Y realizar la misión que Jesús nos ha pedido.

Gerardo Villar

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“Oír misa entera”, por Gerardo Villar

Jueves, 12 de septiembre de 2019

CATHOLICVS-Santa-Misa-Fieles-Difuntos-Bedminster-All-Souls-Holy-Mass-1¿Existe comunidad de cristianos? Eso me lo pregunto al salir de una eucaristía de domingo. Participo en una misa de una capital de España. Unas cien personas pero ocupando por lo menos 90 bancos. Hay un precioso cartel en la entrada del templo: “se ruega pasen a los primeros bancos.”

Sí que hay una contestación más o menos a las oraciones. Pero me he fijado que nadie se ha saludado al entrar en el templo. Y cada uno ha acudido decididamente al lugar que ya tiene establecido por costumbre. Escuchamos la homilía sin que nadie intervenga más que el cura y pasamos a recitar a coro el credo. Unas bolsas recogen el dinero por todo el templo y prosigue la celebración sin más participación que algún canto propio de la misa. Y nos vamos a la calle.

Hay un aviso respecto de la eucaristía del próximo domingo y cada uno a su casa.

Hoy me toca a mí estar de feligrés. Pero me doy cuenta de que así son también mis celebraciones. Me recuerda el “cumplir”, “oír misa entera” ¿Somos comunidad? ¿Qué nos traemos entre manos todos juntos? Pienso que nada menos que el reino de Dios. Pero para eso, necesitamos dialogar, ver cómo estamos y nos sentimos, cómo están las personas de nuestra comunidad, especialmente los enfermos, que problemas hay, qué experiencias de fe hemos vivido esa semana, que interrogantes nos plantea la situación política y económica de la sociedad del mundo, qué ocurre en otras comunidades….

No hay tiempo porque a continuación hay otras eucaristías, una cada hora.

Cuando celebro, necesito ser consciente de cada palabra, de cada frase y saborearlo. Luchar contra la rutina. Por eso, me permito cambiar algunas palabras y algunas expresiones, para que sean un poco creación, no repetición.

He comprobado que las letras de las canciones no dicen casi nada porque las repetimos rutinariamente. Y a veces cantamos auténticos disparates. En cuantas procesiones se cantó el “sois todo piedra y mal que arrasa el corazón” en lugar de “sois todo piedra imán, que arrastra el corazón” Podríamos hacer una antología del disparate cantado. Ganaría el concurso la salve cantada en latín.

El credo lo recitamos sin ser conscientes de lo que decimos. Me gusta cuando se hace con preguntas y respuestas.

Las ofrendas. Se pasa el cestaño o la bolsa todos los días aunque solamente haya seis personas en misa. Por lo menos, podíamos pagar entre todos el bocadillo de la persona que pide a la entrada del templo.

Las plegarias, tenemos la suerte de que hay diversas fórmulas y esto nos ayuda a la atención personalizada. No recemos siempre la segunda fórmula porque ya la sabemos y es más corta.

En cuanto a las posturas: hay una generalidad que está de pie, y unas pocas personas que celebran de rodillas por “respeto”, que lo hacen muy convencidas.

En las misas normales, comulga la mayor parte. En los entierros y misas masificadas, funerales y bodas comulgan muy pocas personas. Yo suelo preguntar alguna vez “¿quién quiere manzanilla?”. Porque se supone que los que no comulgan están mal, no les va ese Alimento…

En casi todos los templos hay un pórtico. Es una pena que no lo usemos como lugar de encuentro, saludo y diálogo.

Es una misa “dicha” en cadena. Vamos a ir descubriendo en días sucesivos las posibilidades de una eucaristía celebrada en comunidad.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Hombres del compartir…

Jueves, 29 de agosto de 2019

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Para los cristianos de los primeros siglos, el sacramento del altar y el del hermano constituían las dos caras del mismo misterio. Cristo ha reconstituido la unidad humana, rota por el orgullo del hombre, por su voluntad de apropiarse de la creación y, por consiguiente, de la muerte -del estado de muerte- que deriva de esta separación. Cristo no está separado de nada ni de nadie. Con la eucaristía entramos en esta inmensa unidad, somos miembros los unos de los otros, responsables los unos de los otros, y cada uno de nosotros lleva en sí toda la humanidad.

El «sacramento del pobre» no sustituye al del altar […], sino que se arraiga en él, deriva de él, lo expresa. El pan eucarístico no instaura sólo un vínculo entre el Resucitado y cada uno de nosotros, no fundamenta sólo la unidad visible de la Iglesia; nos introduce en la unidad -en el ser de toda la humanidad-. Compartido, hace de nosotros los hombres del compartir […]. En la Iglesia primitiva no había una moral social, sino más bien una concepción sacramental de la solidaridad humana. Partían de la idea del Cuerpo de Cristo en el que la vida trinitaria, vida en comunión, debe difundirse para irrigar de una manera misteriosa el género humano.

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Olivier Clément,
La rívolta dello Spiríto,
Milán 1980, pp. 135ss).

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“¿Eucaristía o celibato? “, por José Mª Castillo

Jueves, 4 de julio de 2019

pasion-de-jesucristo-ultima-cena-500x196De su blog Teología sin censura:

Ante el hecho de tantos cristianos que se tienen que quedar sin Eucaristía cada semana, por falta de presbíteros, hay quienes sospechan, esperan o temen que el Papa pueda tomar una decisión inesperada

Esta posible decisión, a unos les da miedo, mientras que a otros les entusiasma

Estos días, en vísperas del Sínodo de la Amazonía, se habla y se sospecha que el Papa Francisco pueda tomar una decisión inesperada, decisiva, sorprendente. Ante el hecho de tantos cristianos, que se tienen que quedar sin Eucaristía cada semana, por falta de presbíteros, hay quienes sospechan, esperan o temen que el Papa pueda cortar por lo sano y, en consecuencia, pueda decidir que se ordene como presbíteros a hombres casados o a mujeres o vaya Vd a saber.

Esta posible decisión, a unos les da miedo, mientras que a otros les entusiasma. Unos se aferran a la tradición secular de la Iglesia en lo relativo al celibato sacerdotal. Otros recuerdan la vieja tradición de los “viri probati”. En unos hay malestar. En otros, esperanza…. Total, un lío y un lío importante.

 25enero

Dado que, en la Iglesia hemos llegado a esta situación, yo me pegunto: Pero ¿es que estamos locos? ¿hemos perdido el sentido de lo más elemental? ¿de veras, andamos así de extraviados en la Iglesia?

Me planteo estas preguntas por una razón muy elemental: ¿qué instituyó Jesús? ¿la Eucaristía? ¿o el celibato de los curas? Entonces, ¿qué es más importante? ¿ser fieles a Jesús? ¿o ser fieles a lo que se inventó en el concilio de Elvira, por un pequeño grupo de obispos que se reunieron (según parece) en el actual barrio del Zenete, en Granada?

Es duro lo que voy a decir. Pero no puedo callarme. Andamos tan desnortados, que vemos como algo lógico que se dude si darle la razón al Evangelio a dársela a los chamanes del Norte de Asia, que según parece (E. R. Dodds), dieron pie para que los estoicos del s. V (a. C.) pusieran en marcha el “puritanismo” de la cultura occidental.

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“Hermanas, levantaos”, por Teresa Sánchez Carmona.

Martes, 25 de junio de 2019

C4Ns9lEXUAAZM-kTodo gran camino empieza con un paso. Y para darlo resulta imprescindible ponerse en pie. Tomar conciencia de uno mismo, de la presencia y la potencialidad. De la propia dignidad. El oído se abre, la mirada se aclara, el corazón comprende, el cuerpo se yergue, la vida se reinicia: talitá cumi.

Por desgracia, estamos lejos de que las mujeres reciban tal invitación dentro de la Iglesia. La misma que, curiosamente, sigue al Jesús que lloraba con Marta y María, que permitía a una mujer besar y lavar sus pies, que desveló a María de Magdala un amor mayor. Veintiún siglos después las mujeres siguen siendo elegidas: para arreglar las flores del altar, dirigir los cantos en misa, coordinar las catequesis o limpiar la casa del cura. Ah, sí, el Papa también ha elegido a cuatro mujeres como consultoras del Sínodo. Curiosa estoy de ver si les dan la voz cantante o de coristas.

¿Y por qué se permite y legitima marginar a la mujer, considerándola incapaz de realizar las mismas tareas que los hombres? Ellos dicen:

Jesús pudo haber elegido mujeres y no lo hizo. Si en pleno siglo XXI seguimos utilizando el masculino genérico para hablar de ambos sexos, ¿qué podemos esperar de quienes escribieron el Nuevo Testamento?, ¿no es evidente que la mujer ha sido sistemáticamente relegada al anonimato? Si ahora no reconocéis su dignidad, ¿pensáis que iban a hacerlo los primeros cristianos? Hablan de discípulos, claro. Testigos, por supuesto. ¿Mujeres? sin duda. Mujeres fuertes que, en un mundo de hombres, cambiaron la historia y aparecen en la Biblia. Lástima que no escaparan del filtro machista que reduce su papel y lo(a) sexualiza: Eva tentadora, Judith atractiva, María virgen, Magdalena prostituta.

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Hombres y mujeres cumplen diferentes roles en la Iglesia. Mi argumento preferido, por retrógrado. Algo así como “hombre sale a cazar, mujer cuida el fuego”. Por suerte, la misión es una: proclamar que la Buena Noticia es para todos. Uno el mandamiento: “Amaos los unos a los otros”. Pero muchos, sí, los dones del Espíritu. Esos cambian de persona a persona, pero no en razón de su sexo sino por el Misterio que nos habita: hijos de un mismo Dios. Hermanos/as. Sin distinción ni categorías.

Asumiendo que no hay conciencia ni interés por retribuir a la mujer el papel que le corresponde en la Iglesia, me pregunto: ¿por qué lo permiten ellas?

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Y aquí dirijo mi apelo a mis HERMANAS (mujeres de Dios, monjas, consagradas;  PERSONAS que creen en una comunidad igualitaria). A vosotras os pregunto: ¿por qué no presidís la Eucaristía este domingo? ¿De quién esperáis “el permiso”, de Dios o de los hombres? ¿Os prohibiría Jesús reuniros en su nombre, proclamar la Palabra, bendecir el Pan y repartirlo? ¿Hace falta revestir la consagración de algo más que de fe y entrega? ¿Hay un componente “mágico” que os impide a vosotras hacerlo?

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Quizá ha llegado el momento de abandonar esta espera pasiva, ponernos en pie y afirmarnos desde esa libertad que nace de dentro. Con la suave mansedumbre y la firme rebeldía que el propio Jesús manifestó ante quienes se creían señores, jueces y sabios. Como testigos que no pueden ni quieren permanecer encerrados por más tiempo: os invito a presidir la Eucaristía vosotras mismas. Y celebrar la Vida en comunión con quien quiera acompañaros. ¿Se atreverán a echaros de las iglesias? Y si lo hacen, ¿podrán impedir que celebréis al Dios de la Vida en las calles, las casas, los parques y jardines, a plena luz del día?

Ha llegado el tiempo de hacer algo nuevo. Nada hay más revolucionario que levantarse y proclamar que Dios está en medio de nosotras porque lo llevamos dentro. Que encarnarlo no es privilegio de unos pocos. Y que sólo por ÉL, con ÉL y en ÉL nos sentimos legitimadas a administrar los sacramentos. Para que la Palabra se haga cuerpo (también en el nuestro). Que así sea.

Teresa Sánchez Carmona

Fuente Fe Adulta

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La Eucaristía expresa la vida

Lunes, 24 de junio de 2019

Del blog de henri Nouwen:

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“El acontecimiento eucarístico revela las más profundas experiencias humanas, como la tristeza, la atención a los demás, la invitación, la intimidad y el compromiso. Resume la vida que estamos llamados a vivir en el Nombre de Dios. Sólo cuando reconocemos la riquísima red de conexiones entre la Eucaristía y nuestra vida en el mundo, puede aquélla ser «mundana», y nuestra vida «eucarística»”.

“El mundo está lleno de historias, de rumores, de predicadores y de evangelizadores. Existen buenas razones para un cierto escepticismo. Quienes no acuden con nosotros a la Eucaristía no son mejores ni peores que nosotros. También ellos han oído la historia de Jesús y, por lo general, han sido bautizados; algunos incluso han frecuentado la iglesia durante más o menos tiempo. Pero luego, poco a poco, la historia de Jesús se ha convertido para ellos en una historia de tantas, la Iglesia en una pesada carga, y la Eucaristía en un simple rito”.

“En la Eucaristía se nos pide que abandonemos la mesa y que vayamos con nuestros amigos a descubrir juntos que Jesús está realmente vivo y nos llama a todos a formar un nuevo pueblo: el pueblo de la resurrección”.

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Henri Nouwen
Con el corazòn en ascuas

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“Corporis mysterium” . Desconcierto teológico

Lunes, 24 de junio de 2019

2Corpus_Christi_-_Toledo-Venta-de-AiresDel blog de Ramón Hernández Martín Esperanza Radical:

Frente a la celebración del Corpus esta semana, abordo el tema con inmensas precauciones, sabedor de que puedo incomodar, encabritar y hasta escandalizar a muchos. Pero al cirujano no le debe paralizar el hecho de tener que echar mano del bisturí, sobre todo cuando la vida está en juego. Tal es el caso o algo parecido. ¡Con lo bonito que sería dejar que las cosas fluyan mansamente y que te lleve la suave corriente!

 Eucaristía escorada

Diré groso modo, como base, que en el siglo XIII se produce un gran revuelo al abordar el tema de la “presencia real” de Cristo en la Eucaristía, con secuelas importantes para la vida de los creyentes. La preocupación por el tema de tal presencia, tan debatido entonces, lleva a la especulación teológica a servirse de la filosofía griega. Los términos “substancia” y “accidentes” son el eureka definitivo para la racionalización de un gran misterio: el pan y el vino, sin perder apariencia y consistencia, llevan en su misma entraña, en su substancia, el cuerpo y la sangre de Cristo. Cristo, por tanto, se hace realmente presente en ellos como “substancia”. ¡Aleluya! El poder de consagrar que otorga a los sacerdotes el sacramento del orden obra, por así decirlo, un gran milagro físico-metafísico. ¡Gran logro teológico!, y sin embargo….

No, el tema no ha quedado zanjado ni fijado para siempre. Es más, la Eucaristía resultante sale malparada de esa racionalización metafísica, pues su condición de “sacramento”, que convierte a Cristo en pan de vida y bebida de salvación, pierde fuelle al convertirse la Eucaristía en una especie de segunda encarnación y, por ello, en objeto de un trato “personal” que no encaja en el sacramento ni a machamartillo.

Adoración

Santa-EucaristiaLa insistencia en probar la presencia real hace que lo “sacramental” derive a “personal”. De ahí al acompañamiento y a la adoración de Cristo en las especies solo media un paso imperceptible. Y así, lo que únicamente debería servir para comida de salvación deriva en “presencia física” de un Dios digno de ser adorado y acompañado en su soledad. En ese contexto, la festividad del Corpus resulta tan lógica como desatinada.

Tal desajuste teológico y desbarajuste piadoso me obligan a gritar con fuerza que la Eucaristía queda desvirtuada al perder su enorme fuerza sacramental de transformación de nuestra conducta. Partir y compartir el pan de vida exige mucho más que genuflexiones. Además, nada hay en el pan y en el vino que invite a hincar la rodilla.

La conversión de la presencia real en “personal” polariza la piedad cristiana. Asombra el aplomo con que el cantor de la Eucaristía, Santo Tomás de Aquino, trata este sacramento, pero su teología, sólidamente sustentada en la transubstanciación, acentuó tanto la “presencia” que desnaturalizó un sacramento que fundamenta y expresa la Iglesia misma.

De poco han servido las advertencias del mismo Jesús en Jn 4,21-24: Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre… se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad… Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

Partir el pan

Debemos rescatar el significado y la virtualidad de partir y compartir el cuerpo y la sangre del Señor, gesto ritual frente al cual palidece la incuestionable belleza de la celebración del “Corpus”. Que para ello los cristianos nos sirvamos de pan y vino desmonta de un plumazo cualquier atisbo de canibalismo entre nosotros. Se come pan y se bebe vino con la fuerza significativa de comunión efectiva con un Cristo que es vida y salvación. La tradición cristiana anterior lo expresaba mejor hablando de “simbolismo ontológico”, aunque fuera una expresión menos solemne e ingeniosa que la de “transubstanciación”.

Dicha tradición realzaba la virtualidad eucarística al identificar a cada comensal con un grano de trigo y otro de uva. Por ello, los cristianos somos en ella, al mismo tiempo, comida y comensales. La “comunión indigna” sobre la que advierte San Pablo en 1 Cor 11:27-32 denuncia el egoísmo de “no compartir”.  Partir (ascética) y compartir (caridad) es la clave del cristianismo.

Para convertirse en Eucaristía, el cristiano debe seguir el proceso a que son sometidos los granos de pan y uva: de siega, trilla, molienda, fermentación y cocción, en un caso; de vendimia, pisado y fermentación, en el otro. Se trata de comportamientos ascéticos muy exigentes. Resuena en ello el “niégate a ti mismo” evangélico (Mt 16:24).

Compartir el pan

“Compartir” mete en danza nuestra propia vida, pues debemos hacerlo no solo con lo que tenemos, sino también con lo que somos. Debemos poner nuestra carne en el asador del mandamiento del amor. Esa es la madre del cordero del cristianismo.

La razón estriba en que la auténtica “presencia personal” de Cristo no está en el pan de vida y en la bebida de salvación, sino en cada uno de los seres humanos sin excepción, a tenor de lo que dice el mismo Jesús en Mt 25:40: “… a mí me lo hicisteis”. De ahí que la única manera de acercarse a Cristo es alimentarlo, vestirlo, acompañarlo y adorarlo en todos y cada uno de los seres humanos. Un cristiano no debería hincar su rodilla más que ante otro ser humano y más cuanto más necesitado sea, pues Jesús se identifica con él.

Compartir_el_panDe atenernos a esta esplendorosa verdad, la de ver a Dios en cada ser humano, los cristianos cambiaríamos por completo, de forma radical, nuestros comportamientos depredadores y pondríamos en solfa los de todos los demás. Nadie ha podido jamás ni podrá en el futuro proclamar una verdad tan esplendorosa y trascendente, tan libre de demagogias y soflamas populistas. La presencia de nuestro Dios es tan fuerte que aflora invasora en el rostro doliente de todo ser humano, también en el de los agnósticos, ateos, descreídos y desesperados de la vida. Lo hace, además, de forma especial en el de los pobres y desvalidos para que podamos echarle una mano. Teniendo esa conciencia, jamás podremos negarnos a auxiliar a otro ser humano cualesquiera sean su situación y condición.

Frente a un imaginario dilema entre Eucaristía y el ser humano más depravado, el cristiano debe decantarse por el último. En la imposible hipótesis de tener que pisotear la Eucaristía o darle una bofetada a un pederasta asesino, el cristiano debería optar por lo primero, pues entre ambos hay la diferencia que media entre un alimento y quien lo come. El “sagrario” donde realmente habita Dios es el hombre. Repito que la extraordinaria virtualidad de la Eucaristía dimana de que, en ella, todos somos al mismo tiempo comida y comensales, de que participar en su celebración nos exige partirnos y compartirnos.

Fuente Religión Digital

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

Domingo, 23 de junio de 2019

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[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

*

Louis Evely

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Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

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Brihadaranyaka Upanishad

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Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometen nunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre el valor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemosen absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. Incluso, ¿cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía pueden, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas delrelato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. “Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros”.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que les dirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de esta total  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostes, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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***

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.

Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:

“Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.”

Él les contestó:

“Dadles vosotros de comer.”

Ellos replicaron:

“No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.”

Porque eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

“Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.”

Lo hicieron así, y todos se echaron.

Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

*

Lucas 9, 11b-17

***

El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde en el pueblo de Dios se escucha la Escritura cuya exégesis mesiánica nos proporcionó Jesús, y, por consiguiente, allí donde se respeta la Escritura y se obedece su Palabra, que encuentra su expresión actual en la asamblea de la comunidad.

Eso significa: allí donde se vive la vida cotidiana bajo el lema de la voluntad de Dios […]. El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde se celebra el banquete mesiánico, al que Jesús quiso invitarnos precisamente a todos, a los justos y a los pecadores, a los sanos y a los enfermos, a los invitados de la primera hora y a los que se quedan mirando los toros desde la barrera, es decir, allí donde se ha hecho posible, a continuación, la integración y la unanimidad de aquellos que quieren ponerse al servicio ae la construcción del pueblo de Dios. Eso significa: allí donde al convivium, o sea, al banquete de la eucaristía, le corresponde de nuevo el convivir, o sea, la convivencia de los creyentes que precede y sigue a la eucaristía, y encuentra su síntesis festiva en la celebración de semana en semana, de una fiesta a la otra.

El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde se vuelve vital la fe en que el hombre no vive sólo de pan, sino que vive, en primer lugar, de la Palabra de Dios, de su promesa y de la voluntad de aquel que se ha creado un pueblo al que debe llevar a una tierra que mana leche y miel. Eso significa que el milagro tiene lugar asimismo allí donde los creyentes se atreven a dar pruebas de su propia fe y a ponerla a prueba.

*

R. Pesch,
Il miracolo della moltiplicazione dei pañi. C’é una soluzione per la fame nel mondo?,
Brescia 1997, pp. 182ss, passim.

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“Pobres y Eucaristía: una relación indisoluble”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 26 de enero de 2019

tumblr_ni6ywbPyaF1t0skieo3_1280De su blog Nihil Obstat:

A propósito de uno de mis artículos titulado: “El cuerpo de Cristo también son los pobres”, un lector comentó: “Al final llegará el día que quitareis la Eucaristía por falta de fe y la excusa que el Cuerpo de Cristo son los pobres. Cuando no haya pobres, no habrá Cristo, chimpún”. Recordé este comentario leyendo una homilía de San Juan Crisóstomo (347-407), considerado por la Iglesia católica uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente. Los fieles a los que se dirigía este Obispo debían tener también sus dificultades para comprender la relación indisoluble que hay entre pobres y Eucaristía.

El santo pone en paralelo dos palabras de Cristo. Y deja bien claro que el mismo que dijo: “esto es mi cuerpo”, es el que dijo: “tuve hambre y no me distéis de comer”. Pasa luego a comparar el cuidado que a veces ponemos en adornar el templo, el altar o el sagrario, y el poco cuidado que ponemos en atender a los pobres. Su reflexión está guiada por un buen principio: “cuando queremos honrar a alguien, debemos pensar en el honor que a él le agrada, no en el que a nosotros nos place”. Y hace la siguiente aplicación: Dios no necesita vasos de oro; a Dios, sobre todo, le agradan las ofrendas que se dan a los pobres. Los vasos de oro para el templo pueden ser ambiguos; la atención a los pobres es signo seguro de un “corazón de oro”.

Dice Juan Crisóstomo: “el don dado para el templo puede ser motivo de vanagloria, la limosna, en cambio, sólo es signo de amor y de caridad. ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre?… ¿De qué serviría cubrir el altar con lienzos bordados de oro, cuando niegas al mismo Señor el vestido necesario para cubrir su desnudez?”. De ahí la incoherencia de “adornar el pavimento, las paredes y las columnas del templo”, y no conmoverse “ante el Cristo errante, peregrino y sin techo”. En conclusión, dice el santo: “os exhorto a que sintáis mayor preocupación por el hermano necesitado que por el adorno del templo. Nadie resultará condenado por omitir eso segundo; en cambio los castigos del infierno están destinados para quienes descuiden lo primero”.

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Traiciones al espíritu de Jesús: Los primeros cristianos no tenían templos ni celebraban sacrificios

Sábado, 12 de enero de 2019

0A9-440x320-1La Cena del Señor, la Fracción del Pan, no nace en el templo sino en la Sinagoga. La Sinagoga Cristiana toma la estructura de la Judía, pero la modifica y la completa.

Su local no es el Templo, ni la preside un sacerdote (ni un doctor); en ella no se celebran sacrificios sino que se lee la palabra y se hace oración. La modifica, porque la palabra del AT se ve sustituida por los hechos y dichos de Jesús, no narrados y explicados por sabios doctores sino por los Testigos de Jesús; y los participantes ponen en común lo que el Espíritu da a cada uno (profetas). La completa, porque termina con la Fracción del Pan, que no tiene precedente en el AT. En esa reunión no hay sacerdotes, ni aparece alguien que por oficio la presida, ni aparece por ninguna parte que se ofrezca un sacrificio, ni se nombre la palabra altar.

Nuestra pregunta tendrá que ser, necesariamente: ¿de dónde han salido la interpretación sacrificial de la Eucaristía, llamada “el santo sacrificio de la Misa”, con todos sus ritos, su clericalización y la mera “asistencia y participación” de los “laicos”?

Esteban, hace un virulento ataque contra el Templo: “no se pueden hacer casas en el Altísimo”. Los primeros seguidores de Jesús no tienen Templos, lugares de presencia de Dios y de adoración. Pero más tarde fueron surgiendo. ¿Era un retorno al Antiguo Testamento, una traición a Jesús? La magnificencia de los templos cristianos ¿tiene que ver con Jesús o más bien con el Templo de Jerusalén?

Aquí llegamos a la conjunción de varias líneas: el aumento del número, la progresiva crecimiento de la clase clerical, el cambio teológico de banquete a sacrificio, la posesión de riquezas y la concepción de los templos como esplendorosos monumentos a la gloria de Dios, que son un peligro mortal para la Cena del Señor.

Recordemos: Dios no necesita nada, solo que cuidemos de sus hijos. Todo el dinero que tenga la Iglesia es para los pobres. Sólo cuando nadie en el mundo padezca ninguna necesidad podremos dedicar dinero a la gloria de Dios.

El espíritu está en la asamblea, no en la cabeza aislada. En la Iglesia no hay poder sino misión. Hemos comprobado que, invariablemente, las decisiones importantes se tomaban en la asamblea, que aparecía siempre como órgano supremo a la hora de decidir, aun cuando estuvieran presentes los apóstoles y el mismo Pedro.

Esto sucedió desde el principio, con la elección de Matías, hasta el final, con el que llamamos “Concilio de Jerusalén”, a cuyas autoridades se someten Pedro y Pablo, con reticencias de los de Santiago.

¿Cómo se tomarían las decisiones importantes en el futuro? El modo asambleario fue declinando, dejando paso al modo monárquico. ¿Cuándo comenzó esta sustitución? ¿Se parece algo aquel modo asambleario original al modo actual de ejercerse la autoridad del Papa, de los obispos y de los Concilios?

La función de los Doce, y muy especialmente de Pedro: “Nosotros nos dedicaremos a la oración y a la Palabra”, dejando la administración a otras, elegidas por la comunidad. Los Doce, y más tarde los apóstoles, tienen la misión de la Palabra, para cumplir la cual les es necesaria la oración. Eso les da autoridad, pero nunca aparece esta autoridad como un poder ni lejanamente semejante a poderes civiles, ni menos aún militares o económicos. El caso de Pedro es llamativo:

toma iniciativas aceptadas por todos (elección de Matías (1,12);

propone a la comunidad y a ésta le parece bien (ibid.);

es enviado por la comunidad, junto con Juan, a la evangelización de Samaria (8,14);

toma por su cuenta y riesgo de decisión de entrar en casa de paganos y bautizarlos (10,34);

tiene que dar explicaciones a la comunidad de Jerusalén, cosa que hace con toda naturalidad (11, 1);

opina, con autoridad pero sin carácter de decisión definitiva, en el “Concilio de Jerusalén” (15,7);

recibe la reprimenda de Pablo (Gal. 2,11) “porque era digno de reprensión”.

Las formas de gobierno. Hemos comprobado que existen varias formas. La comunidad de Jerusalén parece regirse por un consejo de ancianos presididos por Santiago, “el hermano del Señor”. En otras comunidades aparecen sin más “los presbíteros”, que parecen ser también consejos de ancianos, unas veces espontáneos y otras nombrados por Pablo o algún otro apóstol. Finalmente aparecerán los epíscopos, que una veces son presidentes del consejo de ancianos y otras se presentan con autoridad más personal. De todas estas formas solamente ha subsistido en la Iglesia el episcopado, monárquico.

Tendremos que preguntarnos por qué declinaron las otras formas y también si no podrían existir hoy en la Iglesia sistemas de gobierno diferentes. Aparecen los diáconos, como encargados de temas económicos, como encargados de los aspectos físicos de la Fracción del Pan y como auxiliares de los epíscopos.

Tanto los epíscopos como los presbíteros, los diáconos, y profetas son casados; más aún los textos no aparecen tolerarlo sino exigirlo. 1Tim 3,2-5: Es, pues, necesario que el epíscopo sea irresprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios?

Incluso se habla de los apóstoles, y expresamente de Pedro, como “acompañados por una mujer cristiana” (1 Corintios 9,5). Solamente se habla de célibes refiriéndose a Pablo y Bernabé y no para ponerlos como modelos por su celibato sino precisamente para justificar su carácter excepcional… ¿De dónde ha salido el celibato sacerdotal obligatorio? Ha ido surgiendo más tarde en la Iglesia, puesto que no la encontramos en las primeras comunidades.

No hay más sacerdotes que los del Templo de Jerusalén. Las comunidades cristianas no tienen sacerdotes. ¿Cómo nacieron y qué significan? De todo esto se deduce algo muy claro. Todos estos modos de gobierno pueden ser convenientes o inconvenientes, eficaces o inútiles, pero nunca podrán decir que provienen de Jesús, y por tanto pueden modificarse. Pero lo que sí es de Jesús, y resplandece en las primeras comunidades, es que se sienten responsables de sí mismas, que no hay división ninguna entre los que mandan y los demás, que no hay clase clerical, que nadie se siente con poderes divinos. Las formas pueden cambiar, pero si no cabían con el Espíritu de Jesús son traición y llevan al fracaso.

Las mujeres. Son muy importantes: lo fueron en la vida de Jesús y más aún en la Resurrección; son parte mayoritaria de la primera comunidad de Jerusalén y probablemente también de otras. Son citadas con mucha frecuencia en Hechos como magníficas colaboradoras, y aparecen ostentando los cargos de apóstoles, diaconisas y profetas. Incluso aparecen breves citas en que da la impresión de que es la pareja, el matrimonio, el que es sujeto de la misión.

Esto fue desapareciendo en la Iglesia. No desapareció su importancia real, pero sí toda la participación en cargos de las iglesias. ¿Cuál es la causa de su exclusión a lo largo del tiempo, y cuáles son sus reales y posibles funciones en la Iglesia hoy? Sería largo de explicarlo pero es fácil hacer una afirmación: su exclusión no viene de Jesús.

Al rechazar el sacerdocio para las mujeres se suelen aducir dos argumentos: que Jesús en la última cena ordenó sacerdote a solo varones; y que en la tradición de la Iglesia no ha habido nunca mujeres-sacerdotes. La respuesta a estos argumentos es muy sencilla: en los Hechos de Apóstoles aparece claramente que en las primeras comunidades no hubo sacerdotes, muestra evidente de que Jesús no ordenó de sacerdotes a nadie; pero en todos los servicios a la Iglesia que aparecen en esas comunidades, apóstoles, profetas, diaconisas… aparecen mujeres.

Convertíos: cambiar. El vino nuevo rompe los odres viejos. Si el Antiguo Testamento era fidelidad al pie de la letra a lo antiguo, lo formulado, inmutable, lo de Jesús va a ser muy diferente, y así se muestra en Hechos.

Las primeras comunidades no tuvieron inconveniente en cambiar: abandonaron el Templo, la circuncisión, las restricciones alimentarías, la prohibición de tratar con paganos, el modo de autoridad, la función de las mujeres…

Y se atrevieron a cambiar dos cosas que pasan desapercibidas y son radicalmente importantes: Cambiaron de idioma. Abandonaron el sagrado hebreo de las escrituras y el arameo en que se expresó a Jesús. Hablaron a la gente, tradujeron a Jesús al idioma de todo el mundo. Y es que no tenían un idioma sagrado, ni fórmulas sacras o mágicas.

En el mismo sentido, cambiaron de cultura. No hace falta ser judío, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura para seguir a Jesús. Ni hace falta ser occidental, ni romano, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura.

Me atrevo a decir más: a aquellas comunidades no les hizo falta ser judíos ni en religión. A otras culturas actuales ¿les hace falta ser occidentales en religión? ¿Hay una identificación entre el cristianismo occidental (griego y romano y muchas cosas más) y el camino de Jesús, o eso es lo que nosotros, Occidente, nos hemos creído, con la misma razón/sinrazón que los judíos del tiempo de Jesús y de los Hechos llamaban “Palabra de Dios” a sus interpretaciones y costumbres?

Ni el sacerdocio ni el episcopado monárquico, ni la actitud del Papa como vicario infalible de Cristo, ni el sentido sacrificial de la Cena del Señor ni cinco de los siete sacramentos, ni la diferenciación entre clero y laicos, ni el celibato de los ministros ni la construcción de templos aparecen en los escritos que hemos comentado.

Esto parece indicar con claridad que no tienen su origen en Jesús sino que son introducidos más tarde en la Iglesia. Podrán ser aciertos o equivocaciones, dependerán del Espíritu de Jesús o serán traiciones a él, pero está claro que no pueden fundamentarse en la voluntad de Jesús ni afirmarse que fueron “fundados” por Él.

Pero esto podría ser marginal. Naturalmente las costumbres cambian, los tiempos piden modificaciones. No es lo mismo gobernar una comunidad de veinticinco personas que otra de cien mil ni se pueden reunir en el mismo local, no se pueden transferir modos de las iglesias primeras a las nuestras.

Por supuesto. Pero hay algo que no es marginal: la fidelidad al Espíritu de Jesús. Y aquí tenemos un problema: muchas de las diferencias entre los modos de las primeras iglesias y los de la Iglesia actual no son modificaciones pedidas por la adecuación del espíritu a nuestros tiempos sino más bien desviaciones al espíritu de Jesús.

Una Iglesia que se preocupa más de sus problemas y su propio status que del hambre y la injusticia del mundo, no vive el Espíritu de Jesús.

Una Iglesia que ha convertido la cena del señor en un espectáculo ostentoso, celebrado solo por clérigos y en locales espectacularmente costosos, no tiene nada que ver con la humilde celebración alrededor de la mesa de las primeras comunidades.

Una Iglesia gobernada autocráticamente por personas que se dicen ser representantes del poder Dios mismo no se parece nada a la iglesia asamblearia de sus principios.

Una Iglesia que excluye a las mujeres y exige el celibato de los sacerdotes, no consiste en el número de adeptos ni en su poder económico o en su prestigio social, sino en su capacidad de trasmitir el Espíritu de Jesús.

Conclusión primaria; está muy claro que la Iglesia hoy tiene problemas, pero debería también estarlo que la única vía de solución es repetir la experiencia de las primeras comunidades: obedecer al espíritu de Jesús, aunque hay que renunciar a tantas y tantas cosas que se nos han pegado tan profundamente que nos parece que son fundamentales. Pues no lo son, más bien son traiciones clamorosas al espíritu de Jesús: eso es lo que hace fracasar a la Iglesia.

+ José Ruiz de Galarreta, S.J.

Fuente Reflexión y Liberación

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Algo más que un rito

Lunes, 19 de noviembre de 2018

cristojesusMe duele. Veo que en muchas parroquias se repiten siempre los mismos ritos: misas sin predicación, celebraciones, rosarios a toda marcha…  Pero los que escuchan, no profundizan en lo oído. Incluso muchas veces casi ni se entiende lo que se dice. Se cumplen los ritos y ya está, Y está habiendo un problema serio. Muchos sacerdotes son mayores y ya ni siquiera se les entiende cuando hablan. En los pueblos pequeños se celebra a toda prisa para ir al pueblo siguiente a todo correr y entonces no hay explicación ni comentario de la Palabra.

Todo ello repercute en que cada día va descendiendo la catequesis de la homilía. Cada vez sabemos menos del evangelio. Ya muchas veces ni conocemos el texto. Hay una necesidad urgente en nuestra iglesia de proclamar, profundizar, ahondar en la Palabra.

Hay mucho riesgo de rutina. Necesitamos creatividad para ayudar a que llegue la palabra a las personas. Ya hay muchas abuelas que leen cada día el evangelio del día. Y es una labor estupenda que se hace en general con mucha seriedad. Pero podemos dar un paso más.

Tan importante como la eucaristía, en las parroquias, resulta la lectura del  Evangelio. ¿Podemos crear grupos con los abuelos, donde con letra grande vayamos acercándonos a la Buena Noticia? ¿Podemos  hacer algún programa de radio o tele local?   ¿Podemos pasar unas hojas por las casas? ¿Sería mucho disparate sustituir la misa algún domingo por media hora de lectura comentada, muy sencilla, pero bajando al fondo?

Y por supuesto, hay oportunidades que aprovechar a tope: entierros, bautizos si se dan, novenas, fiestas… Esto requiere una programación hecha concienzudamente y trabajada.

Podríamos pedir a los obispos que se seleccionen las lecturas de distinta manera y se lean dos lecturas con el mismo tema y que traigan un mensaje fácil, positivo, animador.

Siento que las celebraciones, son muy a menudo, rutinarias ¿No se podría dar lugar a la creatividad y decir las oraciones más vivas, más creativas? Ahí tenemos los distintos prefacios, que se prestan a una catequesis más expansiva y que dicen mucho más.  Aprovechar todos los textos posibles y evitar repetir todos los días las mismas fórmulas. Y la oración de los fieles que no sea para pedir “la paz”, sino que nos supongan implicación propia en esa petición: “que construyamos nosotros la paz…” Y así en todas las peticiones.

Que los cantos no sean de oficio sino que expresen el sentimiento de la comunidad, que vayan de acuerdo con la Palabra, que sean nuevos y con ganas.

Que se recuerde y se traiga al altar la realidad, los problemas y las alegrías de hoy. Que las celebremos y las contemplemos.

Y hay un elemento fundamental. A ver si lo conseguimos: somos una comunidad de seguidores de Jesús, que le hacemos presente. Por eso, que estemos cerca físicamente del altar y unidos. No, uno en cada banco y muy atrás.

Que al salir de la celebración, podamos decir con alegría “cuánto lo he vivido” y no aquello de “ya me he quitado un cuidado”.

Se van dando cada día más las celebraciones de la Palabra. Pero que no caigamos en los mismos errores. Que sean sencillas, cercanas, acomodadas y con toda la participación de los fieles.  Puede ser una oportunidad maravillosa de escuchar y acoger la Palabra y para expresarse los fieles.

Todo menos hacer unos ritos, siempre iguales, a toda marcha y sin prisa. “Podemos celebrar en paz”.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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La Misa

Lunes, 29 de octubre de 2018

hombre-y-perro-que-recorren-en-la-puesta-del-sol-5528837Una puesta de sol en la serenidad de la llanura, produce resonancias distintas en el caminante y en el perro que le acompaña.

Juan Ramón Torres García,
Collado Mediano (Madrid).

ECLESALIA, 12/10/18.- Lo más corriente y cotidiano esconde realidades que ni nos imaginamos, y que resultan totalmente ajenas a nuestro limitado acervo conceptual y cultural.

A estas alturas de la civilización humana todavía no hemos desentrañado la realidad de lo que es la materia y nos resulta desconcertante su comportamiento en sus extremos inmensamente pequeños (comportamiento cuántico) y desmesuradamente grandes (comportamiento relativista). Comportamientos comprobados, que han valido el reconocimiento del premio Nobel a sus descubridores, y que nos resultan inimaginables. Además para muchas mentes como la mía, un tanto escasa en razonamiento físico-matemático, nos resultan incomprensibles.

Todo lo anterior viene a cuento para tratar de hablar sobre la misa, epicentro de la vida de la Iglesia, porque es el ámbito de encuentro –si el asistente puede y quiere- con la realidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu. Los encuentros de los humanos con Dios son siempre a Su modo, y requieren por parte de la criatura, abrirse al modo, tiempo y realidad de Dios. Ese Dios esencialmente comunitario y vinculado a la humanidad irrevocablemente en Jesús.

De entrada nos resulta absolutamente incomprensible la presencia originadora de todas las cosas, manteniéndolas en el ser sin intervención que les quite autonomía. Cuando pensamos en Dios no podemos hacerlo sino a la manera humana, pero dentro de nuestras limitaciones hay modos diferentes. Cada persona tiene su modo. Para aclararnos podríamos establecer dos extremos: Pensar en Dios desde la percepción de la propia finitud e inconsistencia (contingencia en términos más precisos) o pensar en Dios como objeto de comprehensión, con la misma actitud con la que podemos abordar el estudio de cualquier otra realidad; desde una postura que da por supuesto que toda realidad se circunscribe al universo mental abarcable por la mente humana. Sólo desde la primera de las actitudes, sólo desde la fe, sólo desde la acción fecunda del Espíritu de Jesús en uno, es posible entrever lo que supone el encuentro de las personas con Jesús en la eucaristía.

El meollo de la “fracción del pan” no está en la presencia de Jesús sino en el encuentro con El. Dios, para quien el tiempo no es más que presente, es quien se ha acercado a los hombres. El es quien ha plantado su tienda entre nosotros y ha vinculado a la humanidad con su ser, de tal modo que quienes aceptan participar de esa realidad divina acceden a “otro mundo”, el reino de Dios.

La relación entre la humanidad y Dios viene modulada al modo humano, para que sea posible el encuentro, pero no es una relación entre iguales –porque no puede ser-.La humanidad como realidad colectiva que existe en personas concretas, es acogida en la realidad divina y es llamada a participar en la vida de Dios. Y la vida de Dios es un misterio de donación en el Hijo y de amor mutuo entre el Padre y el Hijo que es el Espíritu.

La participación de la humanidad –personas concretas- en la vida de Dios, sólo es posible desde el agradecimiento. Desde el aprecio al regalo que supone vincularse desde su pequeñez de criatura, al concierto amoroso de dar gloria al Padre. Y dársela como hijo, por su vinculación con Jesús, y como criatura consciente que le adora y da gracias en nombre suyo y en el de los pájaros y de la hierba… y de toda la creación. La acción de gracias del hijo se manifiesta y concreta en la transformación de la creación que mejora las condiciones de vida de los hombres de modo que les hace más conscientes, más respetuosos, más amorosos, con toda la creación. Se ocupa de la tarea de su Padre.

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Algunas notas que aportaría para la comprensión del encuentro en la eucaristía

  • El por qué Jesús quiso encomendar a la iglesia, su pequeño rebaño, la tarea de gestionar su legado: palabra, encuentro y acción, constructoras de reino de Dios, aunque no es evidente, se enmarca en el respeto profundo que Dios muestra con su creación, y lo en serio que se toma la libertad humana.
  • Que la Iglesia haya decidido vincular la celebración de la eucaristía con personas que hayan sido ordenadas (obispos y presbíteros) es algo que se fraguó en los inicios de la andadura eclesial y que hoy se mantiene. Un cambio en este modo de obrar siempre será de una naturaleza distinta, y menor, que la de tener acceso al encuentro eucarístico en la misa por parte de los creyentes en Jesús.
  • La fracción del pan y el darse Jesús en comida, su cuerpo y su sangre, es pura iniciativa divina, impensable por el hombre, y es independiente del sentimiento y raciocinio de los participantes en la eucaristía. La omnipresencia de Dios, cercana y amorosa, para hacerse más patente y clara a sus hermanos se vincula con el pan y el vino. Al modo que El comprende, y que nos asegura que es El a quien comemos y bebemos.
  • Para disfrutar del encuentro se requiere que los asistentes accedan desde dónde solo es posible el encuentro con Dios, desde la aceptación vital de la trascendencia de Dios y la acogida agradecida del regalo de Su amor.
  • Es la asistencia y participación de los hermanos en la única muerte y resurrección de Jesús, que se produjo en un rincón del imperio romano, y que en el presente de Dios se manifiesta en la celebración de cualquier misa. Es sobrecogedor percibir que en la misa –en cualquiera- estamos presentes en la Última Cena, en el escarnio y dolor de la Pasión y en la luz vencedora de la Resurrección.
  • Un modo más acorde con la realidad del encuentro eucarístico, es considerar que quien comulga accede sensiblemente por Jesús a la realidad de Dios, más que Jesús venga a quien le come.
  • Es un encuentro que se realiza desde la corporeidad, lo más básico en el hombre. Cuerpo llamado a la permanencia en la resurrección.
  • Es un encuentro al modo de Dios, real y vital, independientemente del sentimiento que embargue a la persona en esos momentos. Aunque el encuentro personal no está asegurado –sólo hay encuentro si la persona asistente quiere y está abierta-, la presencia especial y sensible, sí lo está. Jesús dio su palabra, y nos animó a que lo hiciéramos en memoria suya.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“De la mesa a la misa”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Jueves, 6 de septiembre de 2018

eucaristia-720_270x250De su blog Nihil Obstat:

Los primeros cristianos celebraban la Eucaristía en el curso de una cena, alrededor de una mesa. Al hacerlo así manifestaban que el contexto adecuado de la celebración es el amor fraterno y el compartir los bienes, que es lo propio de los hermanos. En esta cena se consagraba el pan y el vino, y los hermanos se ofrecían unos a otros la comida que llevaban, como gesto de fraternidad. Cuando estos “ágapes” degeneraron y, en vez de compartir, cada cual comía de lo suyo, unos buenos manjares y otros una pobre comida, san Pablo se enfada, porque han olvidado lo que en realidad significa la mesa (ver 1 Cor 11,20-22). Estos abusos, la evolución histórica y el crecimiento de la Iglesia hicieron que, en el transcurso del tiempo, la celebración de la eucaristía, prescindiera del contexto de la cena.

Así la mesa se convirtió en misa. Ahora bien, esta evolución de la mesa a la misa pudiera tener su interés. La palabra “misa” tiene dos significados. Por una parte, el término misa era una palabra usada, a partir del siglo IV, para despedir a los fieles al final de la ceremonia. En Roma se decía “ite, missa est” para despedir a las asambleas. Pero el término misa significa también “enviado”. Misa viene de missio, de misión, de misionero, de enviado. Al final de la celebración los fieles son “enviados”. ¿Enviados a qué? A dar testimonio de lo que acaban de vivir.

La palabra misa nos orienta hacia un aspecto importante de la mesa, a saber: que la mesa no es para quedarse en ella, sino para dejarla, para salir afuera y pregonar lo que significa y ocurre alrededor de la mesa. Los cristianos vivimos dentro lo que queremos extender fuera. El amor entre los hermanos es un signo para que el mundo crea. No es un signo que nos encierra en nosotros mismos, sino que nos abre a los demás, sin excepciones. De ahí que el amor cristiano comienza por ser fraterno y se convierte en universal, llegando al extremo del amor al enemigo. La comunión con Jesús resucitado, la eucaristía, nos impulsa a un amor universal. Entre otras cosas porque la eucaristía remite a una vida que se entregó por todos los hombres, buscando la misericordia y el perdón para todos.

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Así mi cuerpo os doy como alimento…

Domingo, 19 de agosto de 2018

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“Corpus Christi”

Todo fue así: tu voz, tu dulce aliento
sobre un trozo de pan que bendijiste
que en humildad partiste y repartiste
haciendo despedida y testamento.

“Así mi cuerpo os doy como alimento…”
¡Qué prodigio de amor! Porque quisiste,
diste tu carne al pan y te nos diste,
Dios, en el trigo para el sacramento.

Y te quedaste aquí, patena viva;
virgen alondra que le nace al alba
de vuelo siempre y sin cesar cautiva.

Hostia de nieve, nube, nardo, fuente;
gota de luna que ilumina y salva.
Y todo ocurrió así, sencillamente.

***

Sencillamente, como el ave cuando
inaugura, de un vuelo, la mañana;
sencillamente, como la fontana
canta en la roca, agua de luz manando:

sencillamente, como cuando ando,
como cuando Tú andabas la besana,
cuando calmabas sed samaritana
cuando te nos morías perdonando.

Sencillamente. Hora de paz. ¡Qué leves
tus manos para el pan, para el amigo!
Cena de doce y Dios. Noche de Jueves.

Y era en Jerusalén la primavera.
Y era blanco milagro ya aquel trigo.
Sencillamente: “Éste es mi cuerpo“. Y era.

***

Que viene por la calle Dios, que viene
como de espuma o pluma o nieve ilesa;
tan azucenamente pisa y pesa
que sólo un soplo de aire le sostiene.

Otro milagro, ¿ves? Él, que no tiene
ni tamaño ni limites, no cesa
nunca de recrearnos la sorpresa
y ahora en un aro de aire se contiene.

Se le rinde el romero y se arrodilla;
se le dobla la palma onduleante;
las torres en tropel, campaneando.

Dobla también y rinde tu rodilla,
hombre, que viene Cristo caminante
-poco de pan, copo de pan- pasando.

*

“Corpus Christi”,
de Antonio Murciano (España, 1929) y Carlos Murciano (España, 1931)

***

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***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

Disputaban los judíos entre sí:

– “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre.”

*

Juan 6, 51-58

***

Decía Agustín: «Oh Dios, mi corazón está inquieto hasta que no repose en ti», pero cuando examino la tortuosa historia de nuestra salvación veo que no sólo nosotros deseamos ardientemente pertenecer a Dios, sino que Dios también anhela pertenecer a nosotros. Parece como si Dios nos estuviera diciendo a grandes voces: «Mi corazón estará inquieto hasta que no pueda reposar en vosotros, mis amadas criaturas» […]. Dios desea comunión: una unidad que sea vital y viva, una intimidad que proceda de ambas partes, un vínculo que sea verdaderamente mutuo […].

        Este intenso deseo que siente Dios de entrar en la más íntima relación con nosotros es lo que constituye el núcleo de la celebración y de la vida eucarística. Dios no sólo quiere entrar en la historia humana convirtiéndose en una persona que vive en una época y en un país específico, sino que quiere llegar a ser nuestro alimento y nuestra bebida diarios en todo tiempo y en todo lugar.

*

H. J. M. Nouwen,
La fuerza de su presencia,
Brescia 52000, pp. 61 ss).

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Leer la Biblia

Sábado, 18 de agosto de 2018

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Esta es una muy buena propuesta para este verano: leer la biblia.

En cada celebración, en todas las celebraciones en las que nos reunimos los cristianos, escuchamos textos bíblicos, sea en la Eucaristía, sea en la Liturgia de las Horas, sea en una oración comunitaria preparada por alguna persona de nuestro grupo. La Palabra es por tanto la protagonista. La teoría la sabemos: Cristo es la Palabra encarnada. En el Evangelio de ayer, día de la Transfiguración, recibíamos una invitación “Escuchadle”.

Cuando no tenemos ni idea de lo que estamos escuchando realmente es más difícil prestarle atención, nos parecen palabras anacrónicas, fuera de nuestro tiempo, ajenas a nuestra vida. Lo siguiente es tomar lo que entiendo, lo que me vale y desechar lo que me suela raro, agresivo o abstracto.

Pero hay otra posibilidad: ponernos manos a la obra y acercarnos a los textos con reverencia, humildad y corazón de aprendiz. Es cierto que no es fácil porque así de sopetón no sabremos ni por dónde empezar… No vamos a proponeros ninguna concreta. Os vamos a dejar una propuesta que os ayudará a comprender mejor lo que leéis. Tal vez a algunos os está interrogando un Evangelio en concreto o las cartas de Pablo o algún libro del Antiguo Testamento. Por ahí podéis de empezar, y después Dios os guiará a través de la riqueza de Su Palabra para que tu mente comprenda y acoja con más profundidad el texto sagrado. Todo es una línea, Antiguo y Nuevo Testamento, pero no una línea recta, con sus curvas, sus subidas y bajas. Pero lo que sí está claro es que es todo un conjunto. No podemos acercarnos a Jesús, y comprender sus palabras, sin escuchar y conocer el antiguo Testamento, la Torá, los Profetas, los sapienciales..

Canal de youtube

Hay un canal en youtube que se llama PROYECTO BIBLIA, en castellano y en inglés, con más vídeos y subtitulados en castellano y un montón de idiomas más: BIBLE PROJECT En él encontraréis vídeos cortos, animados, muy fáciles de entender sobre los libros de la biblia o sobre temas bíblicos. Todo un trabajo hecho gratuitamente para ayudarnos a acercarnos a la Biblia. Esperamos que lo disfrutéis. Que sea un estímulo para comprender y ahondar en vuestra vida cristiana. Que os acerque más a Dios, a Dios Trinidad, como se nos revela en la Biblia.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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“Atraídos por el Padre hacia Jesús”. 19 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,41-51)

Domingo, 12 de agosto de 2018

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Según el relato de Juan, Jesús repite cada vez de manera más abierta que viene de Dios para ofrecer a todos un alimento que da vida eterna. La gente no puede seguir escuchando algo tan escandaloso sin reaccionar. Conocen a sus padres. ¿Cómo puede decir que viene de Dios?

A nadie nos puede sorprender su reacción. ¿Es razonable creer en Jesucristo? ¿Cómo podemos creer que en ese hombre concreto, nacido poco antes de morir Herodes el Grande y conocido por su actividad profética en la Galilea de los años treinta, se ha encarnado el Misterio insondable de Dios?

Jesús no responde a sus objeciones. Va directamente a la raíz de su incredulidad: «No sigáis murmurando». Es un error resistirse a la novedad radical de su persona obstinándose en pensar que ya saben todo acerca de su verdadera identidad. Les indicará el camino que pueden seguir.

Jesús presupone que nadie puede creer en él si no se siente atraído por su persona. Es cierto. Tal vez, desde nuestra cultura, lo entendemos hoy mejor. No nos resulta fácil creer en doctrinas o ideologías. La fe y la confianza se despiertan en nosotros cuando nos sentimos atraídos por alguien que nos hace bien y nos ayuda a vivir.

Pero Jesús les advierte de algo muy importante: «Nadie puede aceptarme si el Padre, que me ha enviado, no se lo concede». La atracción hacia Jesús la produce Dios mismo. El Padre que lo ha enviado al mundo despierta nuestro corazón para que nos acerquemos a Jesús con gozo y confianza, superando dudas y resistencias.

Por eso hemos de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón y dejarnos conducir por él hacia Jesús. Dejarnos enseñar dócilmente por ese Padre, Creador de la vida y Amigo del ser humano: «Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me acepta a mí».

La afirmación de Jesús resulta revolucionaria para aquellos judíos. La tradición bíblica decía que el ser humano escucha en su corazón la llamada de Dios a cumplir fielmente la Ley. El profeta Jeremías había proclamado así la promesa De Dios: «Yo pondré mi Ley dentro de vosotros y la escribiré en vuestro corazón».

Las palabras de Jesús nos invitan a vivir una experiencia diferente. La conciencia no es solo el lugar recóndito y privilegiado en el que podemos escuchar la Ley de Dios. Si en lo íntimo de nuestro ser nos sentimos atraídos por lo bueno, lo hermoso, lo noble, lo que hace bien al ser humano, lo que construye un mundo mejor, fácilmente nos sentiremos invitados por Dios a sintonizar con Jesús.

José Antonio Pagola

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“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”. Domingo 12 de agosto de 2018. Domingo 19º de tiempo ordinario

Domingo, 12 de agosto de 2018

44-ordinarioB19 cerezoDe Koinonia:

1Reyes 19,4-8: Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios.
Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Efesios 4,30-5,2: Vivid en el amor como Cristo.
Juan 6,41-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

La narración del primer libro de los Reyes está sumamente cuidada y llena de detalles que hacen de esta simple huida algo más profundo y simbólico. Para empezar, las alusiones al desierto, a los padres, a los cuarenta días y cuarenta noches de camino, al alimento, al monte de Dios, son demasiado claras y numerosas como para no reconocer en el camino de Elías el camino inverso al que realizó Israel en el éxodo. No se trata sólo de una huida; también hay una búsqueda de las raíces que terminará en un encuentro con Dios. También los grandes héroes como Elías y Moisés (cf. Num 11,15) han sentido nuestra debilidad. Elías, desanimado del resultado de su ministerio huye porque «no es mejor que sus padres» en el trabajar por el reino de Dios y es mejor reunirse con ellos en la tumba (v.4). Cuando el hombre reconoce su debilidad, entonces interviene la fuerza de Dios (2Cor 12,5.9). Con el pan y el agua, símbolos del antiguo éxodo, Elías realiza su propio éxodo (símbolo de los cuarenta días, v.8) y llega al encuentro con Dios. Tal como está narrado este episodio de Elías nos habla del camino, de los empeños, de las tareas demasiado grandes para hacerlas con las propias fuerzas y de la necesidad de caminar apoyados en las fuerzas del alimento que nos mantiene.

La segunda lectura es la continuación de esta exhortación apostólica que desciende a detalles hablando de aquello que el cristiano debe evitar (aspecto negativo) o debe hacer (aspecto positivo). Así, el cristiano puede trabajar en la edificación de la iglesia y no entristecer al Espíritu rompiendo la unidad (4,25-32a; 4,3). Este modo de vivir encuentra su fundamento en aquello que Cristo ha realizado o el Padre ha cumplido por Cristo. Vivir de manera cristiana y vivir en el amor como Cristo y el Padre (cf. Mt 5,48). Como el Padre perdona, así debe hacer el cristiano (v. 32b); Mt 6,12.14-15). Como Cristo ama y se dona en sacrificio, así hace el cristiano. La unidad es fruto del sacrificio personal. El tema de la imitación de Dios, consecuencia y expresión de ser hijos suyos, revela la referencia evangélica de esta exhortación de Efesios (cf. Mt 4,43-48). El Espíritu es el elemento determinante del comportamiento cristiano. En línea con otros pasajes paulinos sobre el Espíritu, en éste su recepción se vincula (indirectamente) al bautismo y se le considera como sello/marca que identificará en la parusía a cuantos pertenecen a Cristo.

El evangelio de Juan que hoy leemos comienza con el escándalo que se produce en los judíos porque Jesús se equipara al pan; pero más aun porque dice que ha “bajado del cielo”. Para ellos esto no tiene explicación, puesto que conocen a Jesús desde su infancia y saben quiénes son sus padres. Para ellos su vecino Jesús, visto en su sola dimensión humana, no guarda relación alguna con las promesas del Padre y con su proyecto de justicia revelado desde antiguo.

Juan utiliza esta figura del escándalo y del no poder ver más allá de la dimensión humana de Jesús, para dar a conocer la dimensión que encierra la persona y la obra del Maestro. En primer lugar, la adhesión a Jesús es obra también de Dios; es él mismo quien suscita la fe del creyente y lo atrae a través de su hijo.

Conocer a Jesús es apenas un primer paso en el cual se encuentran sus paisanos; pero adherir la propia fe a él es el siguiente paso, que exige un despojarse totalmente para poder encontrar en él el camino que conduce al Padre. Sólo este segundo momento permite descubrir que Dios se está revelando en Jesús tal cual es; esto es, un Dios íntimamente comprometido con la vida del ser humano y su quehacer.

Jesús propone asumir el paso de la vida humana con un total compromiso. El alimento, que es indispensable para vivir, es utilizado como metáfora para hacer ver que más allá de la dimensión humana de cada persona hay otra dimensión que requiere también ser alimentada. El ser humano, llamado a trascenderse a sí mismo, tiene que esforzarse también continuamente para que su ciclo de vida no se quede sólo en lo material.

Así pues, el conocimiento y aceptación de la propuesta de Jesús alimenta esa dimensión trascendente del ser humano, que es la entrega total y absoluta a la voluntad del Padre; y la voluntad del Padre no es otra que la búsqueda y realización de la Utopía de la Justicia en el mundo en todos los ámbitos (Reinado de Dios), para que haya «vida abundante para todos» (Jn 10,10). Leer más…

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Dom 12.8.18. Pan vivo. Todos discípulos de Dios

Domingo, 12 de agosto de 2018

38781047_1052461438264381_607642803282903040_oDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 19 B. Jn 6, 41-45. Sigue el tema del domingo anterior, sobre la auténtica comida. Frente a un pan “muerto” (que lleva al dominio de unos, con la opresión de otros, y termina en la muerte), Jesús habló en Cafarnaúm de un pan vivo que es Dios: en él vivimos, pudiendo ser también pan vivo (como él, como Jesús),dando así vida a otros.

En ese fondo presenta el evangelio una de las palabras más sorprendentes de la Biblia: ¡Todos serán discípulos (didaktoi) de Dios! “Todos” tiene un sentido universal, y significa aquellos que escuchen la voz interior, alimentados y enseñados por Dios (=que es su comida) y que así pueden y deben hacerse comida (alimento) unos para otros.

Es evidente que este evangelio puede y debe entenderse también en línea de economía material (¡que todos los hombres coman, que nadie muera de hambre!), pero ha de entenderse sobre todo en clave de “economía integral”, sabiendo que un hombre nace y vive vive de otros hombres (empezando por sus padres), y que sólo es total y plenamente humano si se vuelve alimento para otros.

38831449_1052456324931559_967970643653951488_nHay una economía que, en general, va en contra de este evangelio, pues hombres y pueblos no quieren descubrir la enseñanza de Dios ni hacerse para para los otros, sino que escuchan otras enseñanza y convierten su vida en gran lucha por el pan material, con millones de muertos materiales cada año, y con cientos de millones de muertos más hondos (carentes de verdadera humanidad).

Lógicamente, la respuesta al problema del pan no es más pan, sino más humanidad, en una línea de transformación (de meta-noia, trans-humanización). Sin un nuevo y más alto Capital Humano (sin la conversión del hombre en pan para los otros), nuestra humanidad siglo XXI no tiene salida. En esa línea quiero interpretar el texto del Evangelio de Juan. Buen fin de semana a todos.

Texto

— En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”

— Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día.

— Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

— Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Juan 6, 41-51).

1. Evocaciones históricas

Este pasaje recoge y condensa toda la tradición de la Biblia, que es un libro de Comidas, esto es, de alimentación integral del hombre.

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a. En esa línea culmina la creación, cuando Dios ofrecía a Adán y Eva los frutos del jardín… (Gen 2), diciéndoles que podían comer de todo, pero sin hacerse “dioses” (es decir, sin comer del árbol del bien y del mal, que consiste en “adorar” un tipo de capital in-humano y de matarse unos a otros…). El gran pecado es la “mamona” (el capital divinizado en forma de violencia).

Frente a ese pecado está la revelación de la verdad de Dios: Que hombres y mujeres sean (se hagan) pan, unos para los otros. Para eso es preciso que todos sean “discípulos de Dios”, como Jesús.

b. Ésta es la verdad del Éxodo judío, donde se dice que Dios mismo regalaba el maná (pan del camino) para hombres y mujeres, por igual a todos, de manera que ninguno tuviera más que otros, sino todos lo bastante y suficiente para comer y para amarse (cf. Ex 16; Núm. 11).

Éste es el signo: Que todos puedan comer en fraternidad e igualdad y libertad (como dirá la Revolución francesa…). Que todos puedan comer lo que necesitan, pues lo que sobre se pudre. Se les pudre a los ricos su riqueza sobrante, es decir, aquella que no ponen al servicio de todos, y ellos mismos se pudren con ella… y así los hombres mueren también, aunque quizá de otra manera.

c. Éste es el mensaje del evangelio de este domingo, siempre que sepamos leerlo de un modo integral, aplicando a los cristianos (a los hombres y mujeres) aquello que Jesús dice de sí mismo, conforme al principio de la encarnación… Que todos podamos decir (y digamos con la vida): Yo soy pan de vida…

Como (y porque Jesús es Eucaristía) y porque compartimos su vida, como discípulos de Dios, también nosotros podemos y debemos ser pan de vida. En ese sentido, todos somos hijos de José, pan de Eucaristía, como seguiré indicando en los números que siguen.

2. Simplemente un hombre, pero un hombre hecho comida

Hemos visto en los domingos anteriores el tema de la multiplicación de los panes, con las primeras palabras de Jesús sobre el pan de vida. Avanzando en esa línea, el evangelio de Juan nos descubre el secreto más hondo de Jesús: Escuchando a Jesús podemos y debemos hacernos “discípulos de Dios”, siendo así para para los otros.

Los “judíos” (en este caso no son los “judíos de raza”) sino todos aquellos que no quieren escuchar a Jesús y le critican diciendo: «No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».

Éste es el tema: Critican a Jesús porque no le ven suficientemente elevado, como un ángel poderoso, un emperador sobre la tierra, sino simplemente un hombre que viene de José y de María… ¿Cómo puede decir que él es pan “bajado del cielo”? ¿Cómo podemos decir igualmente nosotros que somos (¡hemos de ser!) pan de vida y de cielo para los hombres y mujeres que están a nuestro lado.

Éste es el tema: la salvación de Dios (pan del cielo) forma parte de nuestra propia historia. Jesús no es pan superior por ser un prodigio celeste, sino, porque, siendo un simple ser humano, ha querido que su vida sea pan para los otros.

3. Revelación del Padre, el verdadero Pan de vida.

Ha nacido de José y María y, sin embargo (¡por eso!), de esa forma, ha venido de Dios, porque el mismo le envía y sostiene, haciéndole pan para los otros. Es un hombre normal y, sin embargo (¡por eso!), puede ser y es Dios/pan para los otros.

Jesús hombre se hace “pan”, humanidad convertida en alimento para los demás, en la línea de aquel adagio de Plauto: “Mortalem mortali iubare, hoc est Deus”. Que un mortal (¡no un dios supereior!) ayude y alimente a otro mortal ¡eso es Dios! Que un hombre como Jesús se haga “eucaristía” (y nos capacite a todos para ser eucaristía, pan compartido): Esa es la revelación de Dios, que atrae a los hombres.

(a) Dios mismo les atrae hacia Jesús, de tal forma que pueden descubrir en él un potencial de vida que les alimenta, les emociona, les sacia. De esa forma, ellos descubren en Jesús el “poder” de Dios que se expresa en la humanidad solidaria, en la entrega de la vida por los otros.

(b) En el fondo de esta “atracción” de Jesús, y de la saciedad que brota de ella se descubre el poder de la resurrección, que consiste en descubrir y vivir ya desde aquí en el nivel más alto de la vida. A Jesús le han matado precisamente por hacerse “pan” (por regalar la vida por los otros). Pues bien, Dios mismo le ha “resucitado”, o, mejor dicho, Dios mismo es su resurrección.

4. Todos discípulos de Dios…

Jesús cita una palabra bíblica que no aparece directamente en el Antiguo Testamento, pero que está su raíz: “serán todos discípulos de (enseñados por: didaktoi) Dios”, tendrán su Espíritu, expresarán su vida, como proclama la más honda palabra de promesa de Joel, citada por Pedro en el primer sermón de la Iglesia:

En aquellos días efundiré mi espíritu sobre todo ser humano,
y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas;
vuestros ancianos tendrán sueños de vida,
y vuestros y vuestros jóvenes verán visiones nuevas (de nueva humanidad)
También sobre los siervos y siervas (esclavos/esclavas)
derramaré mi espíritu en aquellos días (Joel 2, 28- 29; Hechos de los Apóstoles (2, 17-18

Este es un texto claro de revelación del Espíritu, donde se descubre el sentido de “todos serán discípulos de Dios”, Dios mismo les dará su Espíritu para que descubran el sentido de la vida y se vuelvan pan (fuente de pan) para los otros.

“Todos” significa aquí todos, de un modo directo, acogiendo la más honda “palabra/espíritu” de Dios que les hace “discípulos” de Dios (conocedores, portadores, de su obra), para así convertir su propia vida en pan de vida para los demás.

Todos son los mayores y jóvenes, hombres y mujeres, esclavos/esclavas y libres… Todos se descubren de esa forma portadores de Dios, pan de Dios, unos para los otros, superando la división de estado, de sexo/género y de situación social. La mujer ya no es menos que hombre, ni el joven que el mayor, ni el esclavo que el libre… Aquí se revela, en la línea de Gal 3, 28, la verdadero dignidad universal del ser humano, sin jerarquías sacrales, sin dominios sacerdotales (en este contexto se sitúa lo mismo la cita original de Joel como la de Pedro)

La historia de las religiones (e incluso de la Iglesia católica) ha sido a veces una disputa de maestros y escuelas, de jerarcas buenos y falsos maestros… Pues bien, Jesús sabe que el único Maestro es Dios, de manera que todos, cada uno de los hombres y mujeres, puede recibir y recibe la palabra de Dios, como adultos, como mayores de edad.

5. Venir a Jesús, ser como Jesús: hacerse pan

El texto indica que es Dios mismo quien enseña, quien hace a todos discípulos suyos, de manera que puedan vincularse a Jesús, compartir con él la revelación de la vida, el pan compartido. Leer más…

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