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Entradas Etiquetadas ‘Eucaristía’

Comunión

Viernes, 7 de junio de 2024
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Qué bonita es la misa. Qué hermoso es saber que este pan que recibo, este pan que doy, es verdaderamente el Señor Jesús y es verdaderamente nuestro alimento. Él ya estaba en nosotros como un Dios inmenso. Él ahora está en nosotros a través de Su humanidad, dándonos Su Cuerpo para comer. Lo que también es genial es que la misa cubre todo el día. Todo se convierte en ofertorio. No paso el día con los brazos y las manos en alto, como en el altar: la gente no me entendería y pensaría que estoy loco. Pero espiritualmente así a través los encuentros del día, ofreciendo las alegrías y los sufrimientos, las esperanzas y los miedos, las virtudes y las debilidades, todo lo que se ve, se oye, se imagina, se sueña…

También es cierto que después de la consagración, fácilmente pensamos que todo lo que nos rodea proviene del Creador y cocreador, el hombre. No hay nada, absolutamente nada, que no esté vivo y santo.

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Y recibir la comunión no es sólo recibir a Cristo. Al recibir a Cristo, abrazamos a toda la humanidad. Si cuando comulgo digo: Señor, contigo recibo a todos menos a una persona, esa persona, ya sabes, ¡es realmente imposible! – esto no es verdadera comunión. La Comunión supone que nuestro corazón ha asumido verdaderamente las infinitas dimensiones del Corazón de Cristo. Hombres de todas las razas, de todos los tiempos, de todos los credos, de todas las esperanzas, de todos los pecados son asumidos por Cristo, hasta el final, y por el cristiano en comunión. Ésta es la alegría y la responsabilidad del cristiano y, de manera particular, del sacerdote.

*

Dom Helder Camara,

El evangelio con Dom Helder
– Entrevistas con Roger Bourgeon
(Desclée de Brouwer, 2009)

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Haced nuevas eucaristías

Lunes, 3 de junio de 2024
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He ido de aldea en aldea,
anunciando la buena nueva
curando enfermedades,
liberando a la gente de sus demonios
personales y grupales
y acercando tu amor de Padre
a todas las personas necesitadas
y con las entrañas abiertas…

El Reino ha llenado mi vida,
día a día, plenamente.
He deseado tanto que todos comenzaran
a vivir y caminar en la tierra
como hijos y hermanos,
con la paz en las manos
la justicia en el corazón,
la mirada serena y limpia,
el rostro sonriente
y sus bienes y dones en común…

Y sigo creyendo, hoy como el primer día,
que el Reino es posible para todos,
aunque la semilla apenas haya surgido
y sea todavía tan débil,
y el fruto no tenga garantía,
y este momento me turbe
y rompa mis quereres y expectativas…

Al principio, cuando era primavera,
quise alegrar el corazón de todos
los que se aman y lo celebran
convirtiendo el agua en vino.
Pero nadie lo entendió,
ni el maestresala,
ni los invitados,
ni los que se casaban…

He vivido minuto a minuto,
procurando que esta tierra sea el lugar
donde Tú, Padre, y todas las personas
se encuentren y se quieran.
Algunas veces se ha realizado el milagro
y ha brotado con fuerza la vida.
Pero la mayoría de las veces
los hombres y mujeres no acuden a su cita…

La muerte me acecha, no hacen falta profecías.
Los que mandan me la tienen jurada
pues no les gusta mi manera.
Quizá ya lo hayan previsto todo.
Pero antes de que ocurra nada,
quiero partir y entregar mi persona
en el pan y el vino, fruto de la cosecha,
para que todos tengan vida
y puedan sentarse en la mesa del Reino,
y sepan que mi entrega por ellos
siempre ha sido auténtica y que voy a llegar
hasta las últimas consecuencias…

Hoy mismo quiero que tengan una tierra nueva,
primicia de sus sueños y mis promesas,
donde no haya hambre ni tristeza,
a menos que queden transformadas en esperanza.
¡Cuánto deseo que el universo entero se recree
y adquiera la bondad de la primera hora,
y encuentre la luz recién amanecida!

¡Qué distinto sería todo, ya desde ahora,
si hombres y mujeres descubrieran,
en su pequeñez su grandeza,
en su libertad su fuerza creadora
y en su amor la unidad y la vida florecida!
También ellos vivirían en pascua continua
y serían capaces de soñar estas cosas…

Por eso, hoy, tomo de la tierra su esfuerzo,
su sudor y fruto, su canto y grito.
Tomo el pan como mi propio cuerpo,
y lo parto y entrego a cada uno en esta mesa
porque es mesa de esperanzas compartidas…

Los que comieron conmigo otras veces
el pan de cada día
en la mesa de los pecadores,
en los caminos polvorientos,
en los descampados yermos y sedientos,
entenderán mi gesto…

Y alzo, de nuevo, la copa de vino
para crear una nueva alianza
que sacie a todos los sedientos,
que quite los miedos más íntimos
y comparta los secretos.
Quiero hacer nuevas todas las cosas.
Voy a hacerme yo mismo vino
para recorran la vida
y entiendan y gocen sus caminos.

No puedo más, ni alcanzo a llegar a otros sitios,
mas quiero que mi entrega y muerte sea por todos,
presentes y ausentes, creyentes e indiferentes…

… … …

Tomad y comed, esto es mi cuerpo.
Tomad y bebed, es el vino de la vida nueva.

Y aprended que no es tan dura ni oscura
la vida que os espera.
Ponedle canto, banquete y un poco de fiesta,
y haced nuevas eucaristías.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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(imágenes de Freepik)

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Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

Domingo, 2 de junio de 2024
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Mi cuerpo es comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

*

Pedro Casaldáliga

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El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

“Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

– “Tomad, esto es mi cuerpo.”

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:

“Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.”

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

*

Marcos 14,12-16.22-26

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

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[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

Louis Evely

*

Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

Brihadaranyaka Upanishad

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Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometen nunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre elvalor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemos en absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. ¿ Incluso, cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía puede, quizá, estar todavía allí?

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Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas del relato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

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“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que les dirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de esta total  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostés, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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Despedida

Jueves, 28 de marzo de 2024
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Despedida

Os quiero y querré siempre, amigos;
no he tenido con vosotros secretos
y seguiré compartiendo alegrías y penas,
esperanzas, sueños y proyectos.
Y esto no es un loco arrebato
ni cosa de un momento de ensueño.
Yo os amé primero y no me desdigo.

Os quiero, de por vida, compañeros;
y tanto os amo y deseo hacerlo,
a pesar del poco tiempo transcurrido
desde que os elegí y nos conocemos,
que os abro mi corazón
y os hago testigos de mis secretos,
utopía, reino y evangelio.

Os quiero como a hermanos pequeños
pues tenemos el mismo Padre
aunque seamos tan distintos.
Yo estaré siempre con vosotros;
y no busquéis razones para ello,
es que os quiero y miro
como me enseñaron y me gusta hacerlo.

Os quiero como a mí mismo me quiero,
y aunque parezca locura
no me avergüenza ser mendigo
hacerme servidor vuestro
y dar la vida por entero,
aunque sea Señor y Maestro
y me miréis con respeto.

Os quiero discípulos y amigos,
y sólo anhelo y os pido
que os améis con locura,
con pasión y ternura,
sin medida ni barreras,
como me habéis visto hacerlo.
Es mi único mandamiento.

Os quiero llenos de Espíritu
y mecidos por su brisa y viento,
libres y muy dispuestos
para curar a heridos y enfermos,
ser sal en medio del mundo
y prójimos que ofrecen consuelo.
¡Sed iguales y multiplicad los servicios!

*

Florentino Ulibarri

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圣餐 / Eucaristía

Jueves, 28 de marzo de 2024
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Para Patio Global. Pinturas religiosas en China

Era el tiempo en el que se procedía a una violenta persecución contra todas las religiones en China. Tuve noticias de que muchos obispos, sacerdotes, hermanas y simples fieles estaban en la cárcel o en campos de trabajos forzados. Habían sido condenados por su fe en Cristo. Recuerdo las santas misas que celebré en la habitación de mi albergue. Sólo el jefe de la delegación de la que formaba parte conocía mi identidad sacerdotal. !Ay de mí si los chinos la hubieran descubierto! Sin embargo, me había traído de Hong Kong una botellita de vino, hostias y algunas hojas de papel con las partes móviles de la misa. Me levantaba a las dos o a las tres de la noche y celebraba la misa en la habitación del albergue, con el mínimo de luz, para no levantar sospechas. Ofrecía yo el divino sacrificio por todos los hermanos cristianos chinos que sabía que estaban en la cárcel, en campos de trabajos forzados o en la clandestinidad.

Aquellas misas nocturnas me conmovían. Estaba llevando a cabo un gesto misionero en China. Dice el Concilio que la eucaristía es “la fuente y la cima de la evangelización” (PO 5).

Es Dios, en efecto, quien evangeliza y convierte los corazones, a través de la obra del misionero, aunque también de modos misteriosos que sólo él conoce. Qué gesto misionero más auténtico puede haber, por consiguiente, que celebrar la misa en la China de la “revolución cultural“, cuando estaba prohibido cualquier gesto público de culto?.

*

Piero Gheddo,
Il Vangelo delle 7.18,
Bolonia 1991, pp. 162ss.

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Jueves 28 de Abril de 2024. “Jueves Santo”.

Jueves, 28 de marzo de 2024
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1ª Lectura:

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.””

***

Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

***

2ª Lectura:

1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.” Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.” Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

***

Evangelio:

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: “Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?” Jesús le replicó: “Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.” Pedro le dijo: “No me lavarás los pies jamás.” Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.” Simón Pedro le dijo: “Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.” Jesús le dijo: “Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.” Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios.”

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. “Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua”. La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación.

Y aquella noche, mientras los egipcios lloraban a sus primogénitos que morían, los israelitas marcados con la sangre del cordero, salían de la esclavitud todas las familias para atravesar el desierto y encaminarse hacia la tierra prometida. Todos los años celebraban algo así como nuestro 15 de septiembre, la fiesta de la emancipación, la fiesta de la libertad, la fiesta en que Dios pasó salvando a Israel. Y al mismo tiempo que hacían actualidad esta fiesta del pasado, recordaban que había una alianza entre Dios y aquel pueblo, por la cual Israel se comprometía a respetar la ley de Dios y Dios se comprometía a proteger de manera especial a ese pueblo. La Pascua y la Alianza encontraron eco en fiestas que ya se celebraban entre los pastores pero que a través de estas revelaciones y de estos signos, tenían ya un sentido de profecía. La Pascua y la Alianza iban a encontrar una personificación cuando el más grande de los judíos, el nacido de Abraham, de David, de la descendencia santa de Israel, va a celebrar la Pascua.

Esta noche, Cristo Nuestro Señor, como buen israelita, con su grupo de israelitas que eran los apóstoles formando una familia, mandaron también a matar su corderito para comerlo en la noche del jueves Santo como lo comían todas las familias de Israel, recordando la vieja historia de la liberación y de la Alianza. ¡Cómo bullían en la mente de Cristo tantos recuerdos de la historia sagrada, cómo se hacían presente en la vida del Señor esta noche de emociones profundas toda la historia de Israel! No ha habido un patriota con más cariño a su pueblo, y a su tierra, y a sus costumbres, que Nuestro Señor Jesucristo. Cuando queramos ser auténticos salvadoreños miremos a Cristo que fue el auténtico patriota que vio la historia de su pueblo, que sintió como suya y como presente la esclavitud de Egipto, y vivió con agradecimiento a Dios la libertad y la alianza entre Dios y el pueblo. Leer más…

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En Corea del Sur, la misa mensual ayuda a los católicos LGBTQ+ a encontrar una comunidad

Viernes, 5 de enero de 2024
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IMG_1776IMG_1767Una arquidiócesis de Corea del Sur ha brindado apoyo a un foro destinado a nutrir espiritualmente a las personas LGBTQ+ y ayudarlas a hablar contra la discriminación.

Arcus, un grupo de católicos LGBTQ+ apoyado por la Arquidiócesis de Seúl, se reúne mensualmente para una misa organizada en la Asociación de Padres LGBTQ en el distrito Jung-gu de Seúl. Después de la Misa, los asistentes se reúnen para socializar, conversar sobre situaciones de sus vidas y discutir sus derechos civiles, informó UCA News.

Antes de que se estableciera la misa mensual, a Soso, un católico bisexual de 31 años, le resultó difícil navegar el “lenguaje de odio en la iglesia”, lo que lo llevó a preguntarse si puede ser católico y LGBTQ+ al mismo tiempo. Dijo que la misa y las reuniones mensuales le permiten reflexionar sobre su relación personal con el catolicismo.

Desde que asistió a las reuniones mensuales, a Soso le ha resultado más fácil procesar su propia identidad y ser más vocal en la defensa de la inclusión LGBTQ+. Él afirmó:

“’Conocer a sacerdotes y monjas amigables con LGBTQ en la Misa de Arcus me dio el coraje para hablar”.

“’Siento que la comunidad se está expandiendo lentamente a medida que nuevas personas continúan asistiendo a misa y cada vez más personas quieren ser parte de ella’”.

Según Human Rights Watch, el clima político y social de Corea del Sur es altamente discriminatorio contra las personas LGBTQ+. La existencia de Arcus crea un espacio seguro muy necesario para los católicos LGBTQ+ y sus aliados. Si bien la homosexualidad es legal, el matrimonio igualitario sigue siendo ilegal en el país. Las parejas del mismo sexo no pueden adoptar niños y no tienen protección contra la discriminación en materia de vivienda. La terapia de conversión todavía no está prohibida.

Desafortunadamente, estos sentimientos anti-LGBTQ+ también se encuentran en espacios religiosos. En una presentación transmitida en noviembre, el P. Jae-gyu Jeong afirmó que las personas LGBTQ+ son “demasiado violentas para las personas religiosas”. Para una mujer de 20 años que optó por permanecer en el anonimato, el comentario de Jeong en sí es “violencia contra las personas LGBTQ”. Una mujer católica anónima consideró que el comentario de Jeong era insensible, considerando la “violencia estructural” que enfrentan las personas LGBTQ+.

Los asistentes a Arcus discuten este tipo de instancias con la esperanza de superar lo que una persona llamó las “amargas experiencias en la Iglesia”. Sin embargo, muchos católicos están dispuestos a aprender y apoyar a la comunidad LGBTQ+. El padre Won Dong-il, que presidió una misa reciente en Arcus, reconoció que cuando conoció a una feligresa lesbiana angustiada hace 20 años, en lugar de ofrecerle apoyo, “no le dijo una palabra cálida”. Ahora afirma: “Si la conociera ahora, le pediría perdón”. Todavía lamenta profundamente su comportamiento anterior.

Personas como el P. Won Dong-il demuestran que el cambio es posible, e iniciativas como Arcus ayudan a iniciar este cambio. A través de una extensión continua y espacios seguros, existe la esperanza de que las personas LGBTQ+ puedan encontrar paz en la iglesia, incluso en lugares como Corea del Sur donde el prejuicio anti-LGBTQ+ en la sociedad sigue siendo fuerte.

—Sarah Cassidy (ella), Ministerio New Ways, 9 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“El frigorífico”, por Gerardo Villar.

Sábado, 18 de noviembre de 2023
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Sin títuloMe vais a perdonar el atrevimiento. Quizás la palabra no es acertada, pero sí sirve para expresar mi pensamiento. Me estoy refiriendo a un hecho religioso que ocurre en casi todos nuestros templos. Y es que cuando celebramos la eucaristía, presentamos el copón lleno de formas, y las que no se consumen en la celebración, se reservan en el sagrario para otras sucesivas celebraciones. Luego se consumirán en sucesivas misas.

No me parece acertado si queremos rememorar la cena del señor. Jesús cogió pan y vino sin haberlos usado antes y los empleó en la Última Cena.

Me parecería mucho más litúrgico, mucho más acertado, preparar tantas formas en un copón antes de la misa. Los fieles van echando una forma cada uno en la bandeja y se depositan en el copón. Tantas, cuantos fieles. De ahí se echan al copón y esas formas son la ofrenda de esa celebración. Luego se presentan en el ofertorio y es el pan que usamos y consagramos en la misa. Es el pan presentado, ofrecido, consagrado y comulgado.

Me parece que tiene mucho más sentido litúrgico. Normalmente reducimos el ofertorio a echar vino y agua y una forma grande. Luego comulgaremos con las formas que hemos guardado los días anteriores. Me falta la frescura y el sentido comunitario de ofrenda.

Y el ideal sería que sea un pan grande que se parte y reparte entre el sacerdote y los feligreses. Un pan que se pueda partir y compartir.

Normalmente damos poca importancia a las ofrendas. Y con el pan, podemos ofrecer nuestra vida y sobre todo, la realidad del mundo. Todos los días recibimos una bocanada de acontecimientos. Quizás solo nos fijamos en lo malo. Buena ocasión el ofertorio para reconocer y presentar lo bueno y positivo que también se da en la vida.

Hay ocasiones en que es necesario hacer un doble acto de fe. Primero, creer que aquello tan delgado, tan trasparente es pan, y luego en la eucaristía creer que es la presencia de Jesús.

Sería positivo el ofrecer formas con grosor y entidad propias del pan.

Me choca cuando llegan personas a comulgar que lo hacen de rodillas y en la boca. Me gustaría que nuestras celebraciones se pareciesen más a la última cena de Jesús. No se trata de cumplir un rito sino Celebrar una comida, la Comida de Jesús.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Julio Guerrero Moreno: “Haced esto en memoria de mí”.

Martes, 14 de noviembre de 2023
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eucaristia05-blog_imagen“Haced esto en memoria de mí”. “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que el venga” (Lucas 22:20; Mateo 26:28; Lucas 22: 19; 1 Corintios 11:26).

Hagámoslo pues, sin titubeos, sin miedos, sin dilación, pero hagámoslo con el alma, con fe, con amor.

Reunámonos con hermanas y hermanos, en oración comunitaria, compartiendo el pan y el vino, repitiendo sus palabras, sin cuestionamientos teológicos estériles, pero, y esto es muy importante, con fe en que Cristo está entre nosotr@s, con determinación de entregarnos a su Proyecto, al Reino que Él inició con su vida, Pasión y Muerte, démonos por entero, con humildad, con perdón, a los demás y a nosotr@s mism@s, y en ese caso, si hay sinceridad e intención de compromiso con Él, nuestra vida irá aproximándose a la Suya, dejándonos guíar por su Mensaje, por su Obra, por sus Actitudes ante esta vida, habrá quienes, según sus “talentos” se preocupará más por unos aspectos, y otros por otros distintos, pero como dijo Pablo, entre todos mostraremos al mundo su presencia, daremos el Testimonio que la humanidad espera de nosotr@s, sus discípul@s desde siempre.

No tratemos nunca de pensar que hacemos nada sagrado –aunque en oración todo lo es-, nada prohibido, nada inadecuado, pues tod@s somos sacerdotes por el bautismo, tod@s conocemos a Cristo y Él, en vida, nos invitó a recordarle en la comida compartida, antes del compromiso permanente, sin exigirnos nada fuera de lo normal, pero que esa normalidad sea imagen de su Presencia.

Creo que el no verlo con la sencillez y profundidad con la que lo veía el Maestro nos ha separado y separa con demasiada distancia cuando el Mensaje es claro, “amaos l@s un@s a l@s otr@s como Yo os he amado”.

Nuestro objetivo es velar por una humanidad más sana, sanándonos primero nosotr@s de la avaricia, de la codicia, de los deseos malignos e insanos, poco a poco, con paciencia y cariño, y después o al tiempo, acompañar a l@s demás en el transcurrir del tiempo, con especial atención a quien sufre enfermedad, soledad no buscada, cárcel, necesidad de una palabra o acto amigo.

Todo lo demás sobra.

Julio Guerrero Moreno, religioso seglar.

Fuente Fe Adulta

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¿Por qué tantas misas?: “La misa se nos volvió ‘gracia barata'”

Sábado, 4 de noviembre de 2023
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Del blog de Jairo Alberto mxy De Dios se habla caminando:

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Fresco sobre la Eucaristía en la Iglesia Antigua

Una reflexión sobre la cantidad de celebraciones eucarísticas en nuestras parroquias

Hay un fenómeno muy común, ya normalizado, hecho costumbre, y es la cantidad de celebraciones eucarísticas en nuestras parroquias; estoy en Antioquia, Colombia, y cada uno de mis lectores podrá verificar si sucede también en su comunidad cristiana.

No hay muchas misas, la misa es una sola, es la vida entregada de Cristo, su amor hasta el extremo, su triunfo sobre el mal; esta misa sucede desde que el mundo es mundo y sucederá siempre y en todo lugar

Ahora, cuando las celebraciones se multiplican sin escrúpulo y no parece que haya reparo si un presbítero celebra en serie, las estadísticas dicen que las iglesias se están vaciando y buena parte de las bancas se quedan sin ocupar: mientras más disminuyen los fieles más eucaristías se celebran.

Los estipendios se volvieron la principal entrada, la misa resultó “la gallina de los huevos de oro” para costear la Iglesia…se financia la Iglesia pero se la mata al mismo tiempo, la vida comunitaria se extingue y van quedando sólo individuos piadosos

Hay un fenómeno muy común, ya normalizado, hecho costumbre, y es la cantidad de celebraciones eucarísticas en nuestras parroquias; estoy en Antioquia, Colombia, y cada uno de mis lectores podrá verificar si sucede también en su comunidad cristiana, en su diócesis, en su país.  Mi intención es el discernimiento eclesial y cuidar el tesoro de la Iglesia, la Eucaristía. La sabiduría popular, cuando ve que algo se reparte a diestra y siniestra y se entrega sin medida, empieza a desconfiar de lo que recibe y dice: “de esto tan bueno no dan tanto”; y después, al ofrecer algo precioso y de mucho valor, se asegura que el don sea bien recibido y explica: “poquito porque es bendito”.

  • La única misa de Cristo

IMG_0931No hay muchas misas, la misa es una sola, es la vida entregada de Cristo, su amor hasta el extremo, su triunfo sobre el mal; esta misa sucede desde que el mundo es mundo y sucederá siempre y en todo lugar; esta misa es nuestra vida, somos el cuerpo de Cristo, sus miembros, unidos a él amamos, entregamos nuestra carne y derramamos nuestra sangre. Celebrar la misa de Cristo, con el pan, el vino y la caridad, es dar gracias, es entrar en ese misterio de donación de sí, es hacerlo tangible y nutrirnos de él. Hay pues una única misa y tenemos la alegría de celebrarla cada vez que nos encontramos, para escuchar la palabra, para compartir la comida, para amarnos.

Celebrar la misa de Cristo, la de nosotros en él, es una gracia inmensa, sin precio, y aquí se aplica lo de la sabiduría popular: si es bueno, lo cuidamos; si es bendito, hay que saberlo dispensar.  El Evangelio en el mismo sentido nos advierte que no podemos tirar las perlas al chiquero y las comunidades de los primeros siglos cristianos hablaban de la disciplina del arcano, esto es de la intimidad y pudor necesarios para los misterios, especialmente para la Eucaristía.

  • La cantidad de celebraciones

Vamos pues al grano.  Se han multiplicado las celebraciones y la misa se nos volvió “gracia barata”. En una sola parroquia, en días de feria, donde hay sólo dos o tres presbíteros, he llegado a contar hasta 13 eucaristías en una jornada y así cada uno de ellos llega a presidir tres, cuatro o más, una después de la otra, terminando una y corriendo, sin siquiera despedirse, alcanzados, para la otra celebración. Los domingos, las celebraciones de precepto, que en algunos sitios empiezan ya antes del medio día del sábado, se suceden casi cada hora.  He encontrado a jóvenes presbíteros, dos o tres años después de su ordenación, drenados por este ritmo ritual y que me han confiado sus escrúpulos de consciencia porque al celebrar no encuentran sentido y unción.

IMG_0934No es raro ver que en un solo pueblo suelen haber varias celebraciones simultáneas, con asambleas muy exiguas, en el templo principal y después en capillas cercanas.  Durante la semana, en muchas parroquias, según gustos y devociones de fieles, sugeridas también por obispos y párrocos, se separan horarios para la misa al Cristo de Buga, a San José, al Divino Niño, al Señor Caído, a la Preciosísima Sangre, al beato Marianito, a María Auxiliadora, a la Madre Laura.  Parece que ahora son las devociones las que llaman a los cristianos, los milagros, los favores, y que la Palabra, la Buena de Jesús, no es ya la que los congrega.

 Cada vez que una niña cumple 15 años, que una pareja celebra el aniversario de matrimonio, que se termina la novena de un difunto, que se cumple un año de la muerte de un cristiano, que alguien va de viaje, que otro se enfermó, que se gradúa un estudiante, que surge una necesidad, que se va a abrir un local comercial, que se va a bendecir un negocio, que pasan “cosas raras” y se cree sufrir maleficios, que hay algo de la vida para agradecer…etc. hay que celebrar, dice la gente, “una misita”, y una para cada caso, porque no se pueden juntar varios cumpleaños, ni varios fines de novena, ni varios grados; si no es privada, la Eucaristía parece no tener valor.

Cuando no hay comunidad, hecho que muestra el fracaso de esta forma nuestra de ser Iglesia, es imposible juntar en una sola las intenciones de todos los que están en la asamblea y llegar a la celebración como hijos e hijas de un mismo Padre, hermanas y hermanos en Jesús.

Surgen cada vez grupos y movimientos, algunos de talante moralista y fundamentalista, que requieren “su misa especial”, “aparte del grueso de la gente”, “sin distracciones y muy concentrados”.  No faltan lasmisas de sanación”, esas muy concurridas, tan concurridas que, según cuentan los que participan, hasta el mismo diablo va y pelea cuerpo a cuerpo con los poseídos y con los exorcistas que presiden.  Estas celebraciones para grupos especiales, como si la misa de Cristo fuera excluyente y gnóstica para iluminados; estas celebraciones de “sanación”, como si pudiese haber un sacramento celebrado con la fe que no sea la mano de Dios que nos da la salud.

IMG_0933Si varios cristianos fallecen en un mismo día, hay un funeral para cada uno y no se concibe una celebración común. Si hay varios matrimonios en la misma fecha hay que celebrar una misa por cada pareja que recibe el sacramento; no se concibe una celebración común para los fieles que mueren el mismo día y no se ve bien que varias familias se unan para celebrar las bodas de los suyos; en estos dos casos, el de la muerte y el amor, se celebra respectivamente con  mentalidad de empresa fúnebre y agencia de bodas, no se ve por ninguna parte la comunión y el sentir eclesial.

A esto se añade el montón de misas que ahora se “publicitan” por la radio, la televisión, las redes sociales.  Sé de presbíteros, colegas míos, que en su “celo” se van los lunes a una emisora y allí, en el estudio, solos, con la asistencia de un técnico de sonido y de algún acólito o lector, sin comunidad, graban, en cuestión de dos o tres horas, las eucaristías para toda la semana, siete “misas” en chorrera, que irán saliendo al aire en los siguientes días, productos para el mercado de los medios. Capítulo aparte merecen las celebraciones en los centros comerciales y en las terminales, invadiendo los mercados y el espacio público.

  • Al principio no era así

En las comunidades apostólicas y en las de los padres de la Iglesia, la Eucaristía era un momento especial, de eso tan bueno no daban tanto y porque lo tenían por bendito lo daban poquito; los cristianos se reunían una vez a la semana, a la caída de la tarde del sábado, ya domingo en su calendario, y pasaban un buen tiempo juntos, escuchando la Palabra, elevando oraciones, nutriéndose del cuerpo y la sangre del Señor, compartiendo una comida, el ágape de los hermanos y hermanas.  En el siguiente texto, san Justino explica a los paganos de su tiempo, lo que hacían en estas celebraciones:

“El día que se llama del sol, se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades o en los campos, y se leen los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas, mientras hay tiempo. Cuando el lector termina, el que hace cabeza nos exhorta con su palabra y nos invita a imitar aquellos ejemplos. Después nos levantamos todos a una, y elevamos nuestras oraciones. Al terminarlas, se ofrece el pan y el vino con agua como ya dijimos, y el que preside, según sus fuerzas, también eleva sus preces y acciones de gracias, y todo el pueblo exclama: Amén. Entonces viene la distribución y participación de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío a los ausentes por medio de los diáconos.  Los que tienen y quieren, dan libremente lo que les parece bien; lo que se recoge se entrega al que hace cabeza para que socorra con ello a huérfanos y viudas, a los que están necesitados por enfermedad u otra causa, a los encarcelados, a los forasteros que están de paso: en resumen, se le constituye en proveedor para quien se halle en la necesidad. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo; y también porque es el día en que Jesucristo, Nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos”.

  • Lógica capitalista en relación al culto

¿De dónde pues tantas celebraciones? Los párrocos suelen decir que los fieles quieren las misas, que las buscan, y que celebrarlas es una forma de atenderlos pastoralmente, de anunciarles el evangelio, de asistirlos con los sacramentos.  No dudo de que hay buena intención en esta respuesta, pero, habría que discernir si más bien se trata de un modo de pensar y proceder que trafica con la gracia como el mundo con el capital: la misa como un bien de consumo individual para “mi necesidad”, “en honor a mi santo de devoción”, “para descanso eterno de mis muertos”, “para que me vaya bien en mis negocios y asuntos”. El banco espiritual que funciona con la ilusión de que la gracia es un asunto que se acumula, que se negocia, que beneficia al que tiene con que pagarla: “mientras más eucaristías me celebren pues más beneficios tengo del cielo y más méritos”; “la misa que me puedo permitir, porque tengo el dinero para pagar la intención, lo que muchos otros no pueden hacer, porque pobrecitos no tienen con qué”.
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Como ejemplo patético de esta lógica capitalista en relación al culto están las “misas gregorianas” por el descanso de los muertos, eucaristías en serie, tan caras que  el común de cristianos ni las puede soñar; al celebrar esas misas se pone énfasis en la cantidad, tienen que ser treinta, y al final del mes,  si el que las preside no las interrumpió ni un solo día, se le asegura al que pagó que su difunto dejó el purgatorio y goza del cielo: esto es mercado, se paga a Dios y el ministro recibe la plata; aquí muere el evangelio de Jesús que nos asegura que Dios ya nos dio todo, que nos toca sólo recibir la salvación.

La lógica capitalista de los fieles, que pretenden acumular gracias como se acumula capital, se corresponde con la lógica capitalista de los que administran las diócesis y las parroquias: los estipendios se volvieron la principal entrada, la misa resultó “la gallina de los huevos de oro” para costear la Iglesia.  La tragedia aquí es que se financia la Iglesia pero se la mata al mismo tiempo, la vida comunitaria se extingue y van quedando sólo individuos piadosos que vienen al culto sin compromiso con los otros; los presbíteros van desapareciendo de la vida real de la gente, se dejan ver sólo en los altares, en monólogos de prédicas repetidas una y otra vez, en poses hieráticas y desconectados de la cotidianidad, sin tiempo para alentar las pequeñas comunidades en los barrios, en las veredas, en las casas;   comunidades que además de la celebración cultual escudriñen las Escrituras, cuiden a los más pobres, trabajen por la justicia, construyan el reino.

  • Eucaristía y economía extractiva

Algunos de nuestros obispos se han opuesto al Estado y a las multinacionales que quieren lucrarse y ganar dinero explotando el territorio; ellos proclaman que la Madre Tierra, la Casa Común, vale más que las ganancias de la minería; creo que la misma posición, esta misma lógica, se necesita para afrontar a todos los que dentro de la Iglesia se lucran de su tesoro y hacen presupuestos poniendo a la Eucaristía como fuente de ingresos; la misa de Cristo no es un recurso para explotar, es salvación para adorar.  La Eucaristía es la vida de la Iglesia, pero la Iglesia no puede vivir de la Eucaristía.

La gracia que se vende y se compra se vuelve “barata”, ya no pesa, ya no es la de Dios.  Dos adjetivos que se diferencian sólo en su acento, mísera y misera, se juntan en estos últimos renglones para describir la economía extractiva que volvió la Eucaristía una mina para explotar.

Fuente Religión Digital

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¿Los pobres en la eucaristía?

Sábado, 4 de noviembre de 2023
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eucaristia_casa_enferma_25_03_14_1La Teología del misal ha dejado a los pobres fuera de las preocupaciones de la comunidad que celebra la Eucaristía. (S. Agrelo)

Lo he visto a través de la tele. Se celebra la fiesta de San Mateo en nuestra tierra. Pero, poco a poco, ha pasado a ser la fiesta de la vendimia. Y entre sus actos, existe el pisado de la uva y la ofrenda a la Patrona, Nuestra Señora de Valvanera. Me ha chocado enormemente el que la celebración se hace con todas las fuerzas vivas políticas, religiosas, sociales, lúdicas, folclóricas ahí presentes. Pero, mientras tanto, existen cientos de vendimiadores que no participan para nada del acontecimiento. Ellos y ellas siguen cortando uva, arrastrándola hasta las bodegas, trabajando en los lagares… Unos lo celebran y otros están trabajando. Y es algo que se repite en muchas localidades con mayor o menor festejo. Los pobres, los obreros no están presentes en la celebración. Me viene a la mente “DERRIBÓ DEL TRONO A LOS PODEROSOS Y A LOS RICOS DESPIDIÓ VACIOS “

Es cierto que en algunas eucaristías se realiza la colecta. Pero por lo que veo es una recolección de céntimos y moneditas. ¿No sería mejor hacer una ofrenda mensual con una cantidad pensada y decidida de antemano?

En muchas parroquias es costumbre entregar una cantidad de dinero a la parroquia o al cura. Y hasta está a veces estipulada la cantidad. Pero es cierto que eso suena a “pagar la misa”, hecho que me suena muy mal y que, si mal no recuerdo, ha sido anulado por el papa Francisco.

Hay ocasiones en que se realiza una colecta para Cáritas. Pero los pobres no son el centro de interés de la Eucaristía ni en sus oraciones, ni en sus ritos. E incluso es muy frecuente que el cáliz y los ornamentos estén elaborados con excesiva riqueza.

Las personas inválidas suelen tener un lugar cercano al altar y ya se va haciendo rampa en todos los templos para facilitarles la entrada.

Se da a veces la pobreza de celebración, porque hay muy pocas personas, por la edad que tienen, porque no estamos dotados para el canto, por el mal servicio de audífonos… Hay aspectos que se pueden y se deben mejorar, pero en otras ocasiones no podemos celebrar sino con medios pobres. Pero eso sí, podemos celebrar con fe viva y con ganas. Y bueno será que en lugar de gastar dinero en los templos elegantes, lo empleemos en las parroquias pobres.

¿Cuándo volveremos a celebrar la Cena del Señor en las casas como los primeros cristianos? Siguiendo ese modelo se aumenta la participación y pueden estar presentes los pobres.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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El Cristo vivo en la Eucaristía

Martes, 3 de octubre de 2023
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Del blog de Henri Nouwen:

David Lachapelle

Henri encontró su plenitud en la eucaristía. Le encantaba celebrar la eucaristía e incluir en ella a todo el mundo, y si en ocasiones daba la impresión de ser un tanto informal con respecto a las normas de la iglesia católica romana relativas a la intercomunión, ello se debía a que quería que cada uno de los presentes tuviera un encuentro personal con Jesucristo. A Henri le encantaba la eucaristía porque amaba a Jesús. Y creía apasionadamente en la presencia real de Jesús en el pan y el vino consagrados. Dado que la eucaristía revestía una importancia tan enorme para él, tuvo el talento natural de llenarla de sentido, de poner de relieve su relación con nuestras vidas. Solía dar la vuelta al altar y mezclarse entre los participantes entendiendo la mano a todas direcciones. Tal vez algunas personas les resultaran molestas estas actitudes, pero todas ellas eran manifestaciones del intenso deseo por parte de Henri de reunir a las personas en torno a Jesucristo….”

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(Testimonio de Jean Vanier)

Located in Inventory 1, #77

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“Ite, Missa est”, por Gabriel Mª Otalora

Martes, 3 de octubre de 2023
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henri-nouwen1Con-el-corazon-en-ascuas-i1n201992De su blog Punto de Encuentro:

Me ha gustado mucho la manera que tiene Henri Nouwen de conectar la Eucaristía y nuestra vida en el mundo, entre lo que celebramos y lo que estamos llamados a vivir, como una misma cosa. Su librito ´Con el corazón en ascuas´ (12ª edición) pivota sobre el encuentro de Emaús que nos abre a un nuevo horizonte. Jesús quiere ser invitado – “quédate con nosotros” – pero tan pronto como le invitan a la mesa, se convierte en el anfitrión que invita a los dos discípulos a entrar en comunión con Él.

Para Nouwen, no solo es que la comunión crea comunidad, sino que la comunidad siempre lleva a la misión, a ser evangelizadores que contagian la Buena Noticia a otras personas desde nuestra experiencia y nuestro ejemplo de vida consiguiente. La fe es un regalo que lleva la responsabilidad de compartirla; cuando encontramos la oveja perdida, la dracma o el tesoro oculto, la alegría debe llevar aparejada querer compartirla. No es cristiano regodearse en una espiritualidad personalista que no hace comunidad ni supone una actitud que transforma.

Hemos convertido la Eucaristía en una oración individualista. ¿Qué Eucaristía vivimos en nuestras misas? ¿Nos sentimos comunidad, alejados unos de otros en los bancos del templo? ¿Con la liturgia actual, de verdad que celebramos algo, como repite insistentemente el celebrante? ¿Nos imaginamos a las primeras comunidades cristianas celebrando la Eucaristía como nosotros?  Nouwen apunta el verdadero significado de la expresión latina con la que finalizaba la Eucaristía en latín Ite, Missa est: “Id, esta es vuestra misión”. El final de la Eucaristía no es la Comunión, ni una despedida de cortesía, sino la misión que encomienda Jesús desde aquella cena santa, donde los discípulos recibieron el mensaje muy concreto de amar desde el servicio radical, donde el primero es el servidor de todos.

Ite, Missa est, id y contad lo que habéis visto, oído y experimentado; no es un regalo para vosotros solos. Sin embargo, ha quedado en la retina que esta expresión sigue significando que la asamblea ha terminado. Todavía en el siglo IX se entendía como “Váyanse, es el momento de la despedida”. (Floro el diácono, teólogo. “De expositione Misae“, P.L., CIX, 72.). Y todavía en internet aparece una traducción como “Idos” o “Váyanse” que solo viendo la etimología nos recuerda el mensaje troncal de la Eucaristía: celebrado el encuentro con el Señor en comunidad, vivamos nuestra fe en el día a día como enviados a que otros se sumen a la experiencia de la Buena Noticia por el ejemplo.

“No es sólo la Eucaristía, sino la vida eucarística” (Nouwen). Aquella comunión o común unión colectiva con Jesús fue el comienzo de la comunidad cristiana. La Eucaristía, pues, es siempre una misión: de la comunión a la comunidad y de esta al ministerio de vivir eucarísticamente de manera recíproca, creciendo el círculo de amor que vamos germinando. Lo que vemos pueden parecer brotes pequeños. Lo importante, el mandato, es la siembra confiada, que el fruto y la cosecha llegarán cuando así lo disponga el dueño de la mies.

Me ha encantado el planteamiento de este librito desde el relato de los discípulos de Emaús: Pérdida, Presencia, Invitación, Comunión y Misión como un todo, para que quede claro que lo que celebramos y estamos llamados a vivir es, en esencia, una misma cosa. Henri Nouwen termina su luminosa reflexión recordando que se nos pide que miremos nuestra vida de un modo totalmente nuevo: no desde abajo, dónde solo nos fijamos en nuestras pérdidas, sino desde arriba, donde Dios nos ofrece su gloria.

Todo ello es una sacudida a nuestra mediocridad católica. La misa no se obliga, somos llamados voluntariamente; se escucha, se participa de manera comunitaria, recuerda Francisco, para ser luz para los demás. Esto no puede darse si ya en la Eucaristía, cada cual se desentiende de los que están al lado, como un conjunto de individualismos ajeno al espíritu celebrativo, comunitario y evangelizador que tuvo aquella Última Cena, presidida por Jesús.

Henri Nouwen no se imaginó hasta qué punto podía mantenernos el corazón en ascuas, ahora en plena efervescencia de la sinodalidad de Francisco y la importancia de la comunidad, de cómo vivirla todos y todas a la escucha del Espíritu, pues de ello depende la eficacia de la Misión.

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El ahora infinito

Miércoles, 19 de julio de 2023
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Dedicado a todos mis hermanos sacerdotes

Cuando yo entre mis manos te sostengo

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EL AHORA INFINITO

Cuando yo entre mis manos te sostengo
cada mañana al abrirse el día
y pronuncio esa palabra que no es mía
para hacerte venir, no te retengo,

ni siento mi poder, pues no intervengo
en ese prodigio del pan, tu eucaristía.
Es como si desapareciera en la sinfonía
de un canto universal del que provengo,

y, perdido mi yo, me disolviera
en el fuego inicial de esa mirada
con que el mundo exterior se hizo visible,

y tal tromba de luz me convirtiera,
abrazado al vacío de mi nada,
en un “ahora” infinito e inasible.

*

Pedro Miguel Lamet
25.06.2023

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La misa es el centro de toda vida espiritual y de toda contemplación.

Miércoles, 14 de junio de 2023
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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El centro de toda vida espiritual es Cristo en Su Misa, Cristo nuestra Pascua, que es sacrificado y “ya no muere más“, sino que “atrae todas las cosas hacia Sí“, para que los que somos bautizados en Su muerte, crucificando nuestra carne y sus deseos, podamos vivir Su vida, con una vida oculta en Cristo en Dios. Y el corazón de toda vida no es meramente la presencia estática del Santísimo Sacramento, aunque Cristo está verdaderamente vivo en nuestros tabernáculos, sino por encima de todo en la acción de la Misa, que es el centro de toda contemplación, una acción en la que la familia cristiana se reune en torno a Cristo y en la que Cristo en Su Cuerpo glorifica a Su Padre. Sacramento de unidad viva en el que el Amor que es Dios une a los hombres Él y unos a otros en Cristo. Cuando la Misa recobra su significado, entonces la devoción al Santísimo Sacramento reservado en el tabernáculo adquiere su auténtico sentido y comienza a vivir. Entonces la vida interior entera se ve unificada y vitalizada, y cada departamento de ella fluye con vida. De hecho, los “departamentos” y las “secciones” de la vida dejan de existor aislados y todo funciona conjuntamente”.

*

Thomas Merton,

Diarios
25 de marzo de 1948

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

Domingo, 11 de junio de 2023
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Del desaparecido blog À Corps… À Coeur:

 

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[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

Louis Evely

*

Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

Brihadaranyaka Upanishad

*

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Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometen nunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre el valor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemos en absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. ¿ Incluso, cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía puede, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas del relato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. “Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que les dirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de esta total  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostés, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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***

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

Disputaban los judíos entre sí:

“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Entonces Jesús les dijo:

– “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.”

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Juan 6,51-58

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El encuentro con la esperanza en la historia de Emaús

Lunes, 24 de abril de 2023
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IMG_9568Sr. Jane Aseltyne

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Jane Aseltyne. La Hna. Jane está en primeros votos con las Hermanas IHM de Monroe, MI. Antes de ingresar, se desempeñó como gerente de comunicaciones en A Nun’s Life Ministry, una organización en línea enfocada en conectar a los discernidores con las Hermanas Católicas, además de proporcionar recursos para el crecimiento y la exploración espiritual. En ministerios anteriores, el trabajo de la Hna. Jane se centró en las poblaciones marginadas, incluidos los adolescentes y los ancianos. Actualmente, es estudiante de posgrado en la Unión Teológica Católica.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

Mientras leía y oraba sobre la lectura del evangelio de hoy, la historia del Camino a Emaús, pensando en la relación de la iglesia con la comunidad LGBTQ+, la palabra que me vino fue “encuentro”.

La historia de Emaús nos es familiar. Dos discípulos caminan por el camino a un pueblo en las afueras de Jerusalén llamado Emaús después de la crucifixión de Jesús. Están “conversando y debatiendo” sobre los hechos que rodearon su muerte. Están confundidos y heridos, tratando de juntar las piezas de lo que acaban de pasar. Mientras camina, Jesús se acerca a ellos, pero no lo reconocen. Jesús pregunta: “¿De qué están discutiendo?” Imagino que se quedan con la boca abierta, los ojos muy abiertos y hablan con un poco de filo en la voz, respondiendo: “¿Eres el único visitante de Jerusalén que no sabe de las cosas que han sucedido en estos días?” Me imagino a los discípulos respirando hondo, sintiendo todas las sensaciones mientras relatan los últimos días: la inseguridad, la frustración y la sensación de desesperanza porque han perdido a Aquel a quien creían que redimiría a Israel.

Pero Jesús los empuja más allá, cuando comienza a interpretar las escrituras. Cuando están juntos a la mesa, Jesús dice la bendición, parte el pan y se lo da, y reconocen a Jesús por lo que era.

Quizás a veces nos hemos sentido como los discípulos en el camino a Emaús, cansados y abrumados con los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. El ciclo de noticias de 24 horas nos recuerda constantemente que no somos ajenos a la lucha y los disturbios políticos, y que la comunidad LGBTQ+ continúa estando en el centro de algunas de las reacciones violentas más violentas en nuestro país.

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Se siguen aprobando proyectos de ley que prohíben el acceso a la atención médica para personas transgénero, y una encuesta reciente realizada por Trevor Project mostró que casi la mitad de los jóvenes LGBTQ+ contemplaron el suicidio en el último año. Es difícil conciliar esta realidad en nuestro país, y aún más difícil leer sobre el apoyo de la jerarquía de la iglesia a las prohibiciones de atención médica y la legislación anti-LGBTQ. Nos deja preguntándonos cuánto tiempo tendremos que luchar por la inclusión y la aceptación, ¿cuánto tiempo debemos esperar para que las personas queer sean celebradas en la iglesia y la sociedad?

Creo que parte del odio es alimentado por la falta de encuentro, la falta de narración de historias y de compartir la verdad de quiénes somos unos con otros. El Papa Francisco es muy consciente de que el mundo necesita más comprensión, más escucha y más tolerancia. Él nos llama a crear una cultura de encuentro, un espacio donde podamos escuchar las historias de los demás y vernos como hijos amados de Dios. Pero Francisco señala que construir este tipo de cultura no es simplemente quedarse atrás y mirar a la distancia. Debemos acercarnos, caminar con, aprender y escuchar con el corazón para ofrecernos unos a otros “una gota de vida”.

El encuentro con Jesús en el camino y en la mesa cambia la percepción de los discípulos sobre lo que ha sucedido en sus vidas. Mientras Jesús les hablaba, sus corazones ardían dentro de ellos, pero al principio, no podían entender la conexión entre su experiencia y este extraño en el camino. Solo reconocieron a Jesús cuando ofrecieron hospitalidad y compartieron una comida juntos. Este encuentro personal con Jesús les permitió verlo como realmente era.

¿Cómo sería si el pueblo de Dios buscara un encuentro genuino con la comunidad LGBTQ+? ¿Estamos dispuestos a dejar que las personas se nos revelen en lugar de decirles quiénes deberían ser?

La historia de Emaús es un ejemplo de verdadero encuentro, y no termina con los dos discípulos en el camino. Después de reconocer a Jesús, inmediatamente regresan a Jerusalén para compartir su experiencia de Cristo resucitado con la comunidad. Recuerdan su experiencia que pasó de la confusión a la euforia, del anonimato al reconocimiento, del extraño al amigo. Me imagino que cuando la comunidad se enteró de su experiencia, fue un bálsamo para sus corazones doloridos por la violencia que habían presenciado. Era esperanza inyectada en sus almas cansadas.  A medida que buscamos encuentros con personas de la comunidad LGBTQ+, traemos historias a las personas de nuestras otras comunidades. Estas historias son mensajeras de esperanza. Al compartir, construimos comunidad, nos entendemos unos a otros en un nivel más profundo y vivimos el llamado a darnos la bienvenida unos a otros. Es en estos momentos que recordamos que no estamos solos. Estamos llamados a la comunidad ya llevar las cargas los unos de los otros. No estamos solos en nuestro cansancio.

—Sr. Jane Aseltyne, 23 de abril de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“No huír a Emaús”. 26 de abril de 2020. 3 Pascua (A). Lucas 24, 13-35.

Domingo, 23 de abril de 2023
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23_3-PASC_A_1682732No son pocos los que miran hoy a la Iglesia con pesimismo y desencanto. No es la que ellos desearían. Una Iglesia viva y dinámica, fiel a Jesucristo, comprometida de verdad en construir una sociedad más humana.

La ven inmóvil y desfasada, excesivamente ocupada en defender una moral obsoleta que ya a pocos interesa, haciendo penosos esfuerzos por recuperar una credibilidad que parece encontrarse «bajo mínimos». La perciben como una institución que está ahí casi siempre para acusar y condenar, pocas veces para ayudar e infundir esperanza en el corazón humano. La sienten con frecuencia triste y aburrida, y de alguna manera intuyen –con el escritor francés Georges Bernanos– que «lo contrario de un pueblo cristiano es un pueblo triste».

La tentación fácil es el abandono y la huida. Algunos hace tiempo que lo hicieron, incluso de manera ruidosa: hoy afirman casi con orgullo creer en Dios, pero no en la Iglesia. Otros se van distanciando de ella poco a poco, «de puntillas y sin hacer ruido»: sin advertirlo apenas nadie se va apagando en su corazón el afecto y la adhesión de otros tiempos.

Ciertamente sería un error alimentar en estos momentos un optimismo ingenuo, pensando que llegarán tiempos mejores. Más grave aún sería cerrar los ojos e ignorar la mediocridad y el pecado de la Iglesia. Pero nuestro mayor pecado sería «huir hacia Emaús», abandonar la comunidad y dispersarnos cada uno por su camino, hundidos en la decepción y el desencanto.

Hemos de aprender la «lección de Emaús». La solución no está en abandonar la Iglesia, sino en rehacer nuestra vinculación con algún grupo cristiano, comunidad, movimiento o parroquia donde poder compartir y reavivar nuestra esperanza en Jesús.

Donde unos hombres y mujeres caminan preguntándose por él y ahondando en su mensaje, allí se hace presente el Resucitado. Es fácil que un día, al escuchar el Evangelio, sientan de nuevo «arder su corazón». Donde unos creyentes se encuentran para celebrar juntos la eucaristía, allí está el Resucitado alimentando sus vidas. Es fácil que un día «se abran sus ojos» y lo vean.

Por muy muerta que aparezca ante nuestros ojos, en esta Iglesia habita el Resucitado. Por eso también aquí tienen sentido los versos de Antonio Machado: «Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas… me quemé la mano».

José Antonio Pagola

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“Lo reconocieron al partir el pan”. Domingo 23 de abril de 2023. 3º Domingo de Pascua

Domingo, 23 de abril de 2023
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25-PascuaA3Leído en Koinonia:

Hch 2,14.22-33: No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio
Salmo responsorial 15: señor, me enseñarás el sendero de la vida
1Pe 1,17-21: Los rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto
Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan

En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro pronunciando su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los judíos presentes como a todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo kerigmático, con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico, acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para salvación de toda la humanidad. Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de todo esto, «nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era reconocerlo como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su segunda venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y miedo que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo, Pentecostés cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del mundo, el Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que acaba de nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este mundo con la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los miedos del fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer que cada mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.

La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una praxis, una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo presente, cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.

En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a mantener la fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento, marginación o exclusión, porque Dios, en un nuevo Exodo, nos libera de una sociedad sometida a leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga con oro o plata. Esta liberación fue asumida por Jesús con el sello de su propia sangre, como una opción de amor, consciente y voluntaria, por los hombres y mujeres del mundo entero. El precio que debemos pagar a Jesús por tanta generosidad, no es con oro ni plata, sino, dando vida a los hermanos que siguen muriendo, víctimas de la injusticia y la deshumanización. Eso será realmente «devolver con la misma moneda».

En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los once (v.33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una mujer, casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo natal frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras conversaban, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo es el Emmanuel. Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por qué? Porque en el fondo todavía tenían la idea de un mesías profeta-nacionalista, que conquistaría el mundo entero para ser dominado por las autoridades de Israel, un mesías necesariamente triunfador… Por eso, estaban viendo en la cruz y en la muerte del maestro, el fracaso de un proyecto en el cual habían puesto sus esperanzas.

Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad, actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio que mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma vida, es el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.

El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima, evidentemente teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua directa de un hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica, que quiere dar un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual de explicación, permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples interpretaciones. Y desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la historia, los creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas lecciones… Leer más…

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Dom 3, Pascua de Emaús: Jesús resucita en el pan compartido (23.4.23)

Domingo, 23 de abril de 2023
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Emaús 3Del blog de Xabier Pikaza:

Se vacían en occidente las iglesias; muchos parecen cansados y se van, nos vamos, como estos dos de Emaús.  

Pero en les sale al encuentro un “peregrino” (mendigo, emigrante, sin techo, expulsado, excluído…) y, tras escucharles,  les cuenta la historia de las víctimas del mundo,  sin tierra ni casa ni pan nifuturo. Se hace tarde, caen las sombres… y los dos fugitivos miedosos sacan fuerza de su miedo y piden al peregrino que se quede esa noche con ellos para contarlas el fin de esa historia. 

El peregrino acepta la invitación.

Entra en casa, se sienta, y, como maestro de la vida,  toma el pan que le ofrecen y lo parte para compartirlo con ellos.Y entonces, solo entonces, los fugitivos entienden.

Esa historia  son ellos, somos nosotros,es Jesús resucitado que camina en (con) todos los peregrinos, se sienta y comparte con ellos (nosotros) el pan de la vida: A la caida de la tarde nos examinarán en el amor.(en su amor) (Juan de la Cruz).

¿Qué hacer en un tiempo como éste en que parece que muchos abandonan su antigua iglesia? Ell evangelio de este domingo, la gran catequesis pascual (largo camino de Jerusalén a Emaús) nos da la respuesta: Sólo compartiendo el pan podremos descubrir y y recrear caminos de resurrección, la nueva pascua de Emaús.

Fugitivos de Jerusalén, mesianismo fracasado (Lc 24, 13-21).

En  la raíz de este pasaje late el recuerdo histórico de unos personajes bien concretos que han quedado desilusionados de Jesús y marchan (huyen)  nuevamente a casa.   Sobre la base del fracaso pascual, ha construido Lucas (quizá con tradiciones anteriores, reflejadas en Mc 16, 12) una bellísima parábola que evoca aspectos hondos del encuentro eucarístico y/o pascual de los cristianos. Comencemos leyendo el texto,  fijemos su estructura dramática, marcando los diversos momentos de la trama, la acción de los agentes.

Al principio hallamos dos fugitivos de Jerusalén (que para Lucas es principio y centro de la nueva comunidad). Son dos, como los varones de la tumba vacía, pues sólo así pueden ser testigos oficiales de aquello que han visto y oído. Escapan de la comunidad incrédula (que no ha escuchado el testimonio de las mujeres), pero Jesús les sale al paso y ellos, tras haberle descubierto en la fracción del pan, vuelven a Jerusalén, hallando a la comunidad reunida en confesión creyente: ¡ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón! (Lc 24, 34). Pero estos de Emaús responde: Ha resucitado y resucita cuando compartimos el pan.

No han ido con las mujeres al sepulcro, para ungir al cuerpo muerto, ni quedan en Jerusalén, como los otros; huyen. Es como si tuvieran más dolor; como si la aventura de Jesús hubiera terminado, como un bello y mentiroso engaño. Cuanto antes pudieran olvidarla mejor: parecen suponer que la vida no se puede edificar sobre recuerdos vacíos, palabras vanas, como las que dicen las mujeres del sepulcro (cf Lc 24, 11-22).

Escapan por los caminos del olvido imposible, y para que Cristo les haga retornar a su mensaje y vida necesitan más razones que la catequesis pascual de las mujeres:a  ellas les bastaba el recuerdo de aquello que Jesús había dicho, al borde de su tumba vacía. Estos necesitan en pan partido y compartido con todos los pobres del mundo. Estos necesitan toda la Escritura y la fracción del pan: tendrán que ver a Jesús para creer, aunque no necesitarán fijarse de un modo detallado en sus manos y pies (como la iglesia pascual de Jn 20, 20 y Lc 24, 40). De esa manera, su misma incredulidad se hará motivo de una más honda y larga catequesis.

Empecemos leyendo el texto, saquemos nuestra Biblia, Lc 23. Ésta será nuestra catequesis de pascua. Son muchos los motivos que podemos destacar en esta catequesis de la pascua.   Ningún comentario suple su  lectura directa del texto.

[Fugitivos, Emaús]

Y dos de ellos (del grupo de los Once y los otros: cf. Lc 24, 9) caminaban aquel mismo día hacia una aldea llamada maús… 

[Presencia de Jesús]  Y ellos dialogaban entre sí sobre todas estas cosas que habían acontecido.Y  sucedió que mientras dialogaban y hablaban el mismo Jesús se acercó y caminaba con ellos.

[Ojos cerrados] Y sus ojos estaban cerrados, para no reconocerle. Y él les dijo:– ¿Qué son esas palabras que decís entre vosotros, mientras camináis? Y ellos se pararon tristes. Y uno, llamado Cleofás, le dijo:

–  ¿Eres tú el único habitante de Jerusalén que ignoras  las cosas que han pasado en ella en estos días? Y les preguntó: ¿Cuáles?Y ellos le dijeron:

[Las cosas de Jesús] –  Las referentes a Jesús de Nazaret, que fue varón profeta,poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo, cómo le entregaron nuestros sacerdotes y jefes, juzgándole a muerte y le crucificaron .Nosotros esperábamos que él fuera quien debía redimir a Israel,pero con todas estas cosas, han pasado ya tres días desde que esto ha sucedido.

[Mujeres] Ciertamente, algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado,pues han ido muy temprano al monumento y, no encontrando su cuerpo,han venido diciendo que han visto una visión de ángeles,que les han dicho que está vivo.

[Sepulcro vacío]   ero algunos de los nuestros han ido al monumentoy han encontrado que es cierto lo que decían las mujeres,pero a él no le han visto (Lc 24, 13-21).

Huyen de Jerusalén, que les vacía del Cristo, buscan un refugio en Emaús. Ellos representan a todos los que han hecho camino de evangelio, pero después se decepcionan. No pueden entender la Cruz que dura hasta el tercer día, no saben situar la muerte del pretendiente mesiánico en el esquema salvador del reino. El signo del pan ha terminado; Jesús no tiene “pan” de reino (el que ellos quieren)… Ellos son el signo de los decepcionados de la humanidad, de los vencidos de Israel de lo que querían un reino de poder y de dominio… y lo han perdido, porque Jesús ha muerto.

  No han podido resistir el fracaso de Jesús. Son los que querian coronas, millonrd de dinero. Han estado con Jesús por interésd, pero se marchna…  Su historia  es un relatode  de perdedores mesiánicos orgullosos, hombres (¿un hombre y una mujer?) que van de retirada, envueltos en tristeza. Desde aquí se entienden las dos palabras principales de su discurso:

 –  ¡Pensábamos que tenía que redimir a Israel! Se han situado ante Jesús, le han visto y oído, han recibido el impacto de sus signos. Por eso, le definen como varón profeta, poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante el pueblo.  En aquel duro tiempo de dolores y esperanzas, muchos actuaron como profetas de Dios, ofreciendo al pueblo un mensaje de salvación.  Conforme a la terminología del tiempo, redimir a Israel significa liberar al pueblo del yugo de los enemigos, estableciendo desde Jerusalén un reino mesiánico de paz y concordia universal.

Las perspectivas de ese reino podían variar, según los textos proféticos (Isaías, Ezequiel) y apocalípticos (Daniel, 1 Henoc etc). Es evidente que Jesús ha suscitado una esperanza de ese tipo, como han entendido no sólo aquellos que le han condenado a muerte (sacerdotes de Jerusalén, procurador romano), sino sus mismos discípulos. Esto significa que, humanamente hablando, su vida y mensaje había quedado, en este plano, abierto.

 – Cómo le entregaron nuestros sacerdotes y jefes, en juicio de muerte, y (los romanos) le crucificaron.Todo judío sabía que el mesianismo era objeto de disputa y recelos entre los diversos grupos del pueblo, especialmente para las autoridades. Algunos esenios, como los de Qumrán, habían tenido que establecerse en el desierto para mantener su mesianismo, opuesto al de los sacerdotes de Jerusalén; también Juan Bautista, que anunciaba el juicio de Dios había sido asesinado por Herodes, rey semi-judío de Galilea y Perea. Otros pretendientes mesiánicos fueron también asesinados, según Flavio Josefo. Por eso, en algún sentido, la muerte de Jesús forma parte de las disputas mesiánicas judías de aquel tiempo; los sacerdotes y jefes de Jerusalén, defensores del orden sacral establecido, pensaron que era necesario entregarlo a los romanos, para bien del pueblo. Los romanos le crucificaron. Hasta aquí todo es duro pero, de alguna forma, cabe en las expectativas judías del tiempo, al menos según nuestro pasaje. Estos fugitivos de Jerusalén contaban con la posibilidad de la muerte del Mesías, aunque esperaban su vuelta inmediata.

Pero con todas estas cosas, han pasado ya tres días desde que esto ha sucedido. Tres días son el tiempo de la culminación, signo de plenitud escatológica. Estos discípulos no se han escapado al ver la cruz alzada en el Calvario, tampoco en el momento del entierro, ni el día siguiente…, ni siquiera al comienzo del tercero. Han resistido tres días en Jerusalén, aunque al final les ha entrado el desencanto. Parece que el milagro debía suceder al comienzo de este tercer día, cuando las mujeres fueron al sepulcro, queriendo ungir el cuerpo. Pero no ha pasado nada: simples visiones, fantasía femenina en torno a un cenotafio. Los hombres han ido y han chocado ante ese monumento, hecho para recordar a Jesús y que no sirve absolutamente para nada, pues está vacío. Eso es lo que queda de Jesús: ¡Una tumba abierta! Evidentemente, estos dos hombres razonables, sin esperar que acabe el tercer día, día de la plenitud, escapan.

Viven una muerte sin pascua, un recuerdo de Jesús sin eucaristía, es decir, sin comida compartida, sin gozo ni esperanza escatológica. Por eso, estos discípulos escapan. No les hemos llamado fugitivos de Emaús, sino de Jerusalén, pues de Jerusalén y de su entorno escapan: huyen, sin duda, de los sacerdotes que han matado a Jesús y de Dios que no le ha respondido. Rechazan la visión de las mujeres, que parecen empeñadas en tejer una red de fantasías en torno al pretendiente asesinado.Evidentemente, escapan sin escaparse, como indica su mismo lenguaje: por eso siguen hablando de unas mujeres de nuestro grupo (que han visto visiones y nos han sobresaltado) y de unos hombres de los nuestros (que no han visto nada…).

Escapan, pero se sienten vinculados a la historia de Jesús. Huyen de Jerusalén, pero (al menos en el recuerdo y desencanto) siguen siendo del grupo que Jesús ha reunido, en torno a su mensaje y su persona.  Hasta entonces, la misma cercanía sorprendente de Jesús (hombre poderoso en obras y palabras) les mantenía protegidos. Ahora, sólo ahora, en el hueco de su muerte, deben mirar  y buscar de verdad lo que buscaban. Este es el día tercero, tiempo de la verdad: cada uno de los actores del drama mesiánico de Jesús debe reaccionar, con la ayuda de Dios.

Fugitivos de Emaús, iglesia actual

Estos varones (¿varón y mujer?) representan a todos los cristianos, tentados de escapar, dejando a las mujeres con sus “ilusiones” y al resto de la comunidad con su falta de fe, ante la tumba vacía. Resulta sintomático que un Documento básico del CELAM, de la Conferencia Eclesial Latino-americaca (Santo Domingo, 1992) haya  situado al conjunto de la iglesia ante este icono pascual. Ciertamente, este relato es un espejo de nuestra eucaristía. Estamos como en aquellos tiempos. Unas mujeres lloran ante la tumba vacío, otros huyen. Esto es la iglesia.  Las mujeres creyentes (cf. Lc 24, 1-8)toman en serio el recuerdo y palabra de Jesús; ellas mantienen viva la fe de la iglesia y sobresaltan a los apóstoles oficiales. Pero  estos fugitivos piensan que ellas siguen atadas a la tumba.

Los jerarcas (apóstoles) están en Jerusalén, en un tipo de gran curia eclesia miedosa. Parecen  indecisos: van al sepulcro en busca de confirmaciones exteriores, son incapaces de escuchar la auténtica palabra y de asumir un liderazgo creador en la comunidad cristiana.

También  los fugitivos, parecen formar parte del grupo dirigente, pero escapan,huyendo de su propia historia, del pasado de su encuentro con Jesús. Con un podo de humor diría que son cardenales fracasados de la gran iglesia…

. Escapan y sin embargo siguen hablando de Jesús, como si tuvieran necesidad de recrear su recuerdo, de recuperar su figura. Uno se llama Cleofás (24, 18). El otro, que puede ser varón o mujer (quizá mejor mujer) permanece innominado.  Huyen de Jesús y de la eucaristía y, sin embargo, serán comienzo de una nueva eucaristía pascual.

La experiencia fundante de pascua sigue siendo un enigma. Pero Lucas nos ayuda a penetrar en algunos de sus motivos principales, distinguiendo entre los grupos de la iglesia. Muchos investigadores han elevado preguntas a su texto. ¿Por qué sitúa la meta de la huida en Emaús, que está en Judea, y no en Galilea, como suponía Mc 14, 28? ¿Por qué presenta como fugitivos a estos dos, y no al conjunto de los apóstoles? ¿Por qué ha centrado la experiencia pascual en Jerusalén y no en Galilea, como Mc 16,  Mt 28 y Jn 21? Nadie ha escrito, que yo sepa, un relato histórico fiable sobre el desarrollo de los acontecimientos pascuales.

 Recuperar el pasado: la “homilía” del peregrino desconocido (Lc 24, 25-27).

 Estos fugitivos han  abandonado la comunidad donde parecen reunidos otros discípulos incrédulos con las mujeres creyentes (cf. Lc 24, 9-10.33-35). Este sería el comienzo del fin: empieza a disgregarse el grupo que Jesús había formado.  Escapan  de él, pero le llevan en su mente y conversación (cf. 24, 14). Pues bien, su mismo alejamiento será principio de nuevo encuentro. Muchas veces resulta necesaria la distancia: separarse del lugar de la experiencia inmediata, tomar tiempo para revivir lo que ha pasado.

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