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“Más de lo mismo”, por José Ignacio González Faus.

Viernes, 8 de julio de 2022

sacerdotisas-anglicanasDe su blog Miradas Cristianas:

Seguimos con lo del celibato y ministerio femenino

Una perspectiva histórica, otra científica y otra espiritual

Lo que debe contar aquí son aquellas palabras de Jesús: “os conviene que yo me vaya porque si no, no vendrá a vosotros el Espíritu que os conducirá a la plenitud de la verdad”

Según Aristóteles, la mujer es intrínsecamente inferior al hombre. Según Platón, dialogar solo se puede con hombres porque las mujeres no tienen altura para eso.

Ser constructor y responsable de una comunidad implica renunciar de entrada a esa actitud de enfocar todas las cuestiones desde el ángulo de los propios derechos.

Las reacciones diversas y variadas (privada y públicas) sobre las últimas reflexiones dedicadas al celibato y ministerio femenino, eran previsibles y confirman lo que creo que todos sospechamos aunque no queremos reconocer: que, sobre todo en lo que toca al ministerio de la mujer, hay en la Iglesia divisiones muy grandes que nos alejan de aquel “sensus communis fidelium” donde la teología veía siempre una señal del Espíritu. Dije por eso que es hora de la pedagogía más que de la confrontación. Y quisiera adoptar ahora aquella actitud de Pablo que, a la vez que proclamaba que se pueden comer carnes sacrificadas a los ídolos (¡que eran las más baratas en las carnicerías!), buscaba convencer a los contrarios de que, si los ídolos no son nada, aquellas carnes no pueden estar manchadas por ninguna clase de impureza.

Intentemos mirar desde tres perspectivas.

1. Perspectiva histórica.- Después volveremos a los argumentos. Ahora quisiera hacer una prospectiva: imaginemos que en dos días Francisco cambia toda la legislación eclesiástica y tenemos en poco tiempo un grupo de mujeres presidiendo las misas habituales. Mi pronóstico, como muy probable, es que decenas o cientos de millones de católicos dejarían de ir a misa cuando presidiera una mujer, y que esa huelga encontraría el apoyo de buena parte del clero y algunos obispos. ¿Sería razonable correr un riesgo de ese tamaño, precisamente en estos momentos tan “antifrancisco”? Una iglesia cismática será todo lo contrario de una iglesia sinodal. Y repito que ese pronóstico no me parece improbable.

En la situación vivida hasta ahora, muchas veces teníamos que aprender a decir: “la Iglesia nunca será como yo querría, pero la acepto”. Y la culpa de esa desilusión estaba entonces en las autoridades eclesiásticas, que bastante hicieron sufrir a algunos. En la Iglesia del futuro tendremos que decir lo mismo: pero la razón de ese desencanto ya no estará en las mal llamadas “jerarquías” sino en el mismo pueblo de Dios. De ahí la importancia de esa pedagogía paciente.

2.- Perspectiva científica.- Personalmente, los argumentos de que Jesús no llamó mujeres al apostolado me parece que no prueban nada porque confunden la voluntad de Jesús con la sociedad en que vivió Jesús. El seguimiento de Jesús no consiste en hacer miméticamente lo que Él hizo, sino en hacer lo que Él haría hoy. El número de doce parecía intocable al principio (como se refleja al comienzo del libro de los Hechos) hasta que se vio que la universalidad del cristianismo llevaba a olvidarlo. También se podía haber argumentado que Jesús solo eligió para apóstoles a judíos, vinculando eso con la visión veterotestamentaria del sacerdocio. Por suerte no se hizo (quizá gracias al primitivo rechazo judío hacia el cristianismo).

En cualquier caso, creo que lo que aquí debe contar son aquellas palabras de Jesús: “os conviene que yo me vaya porque si no, no vendrá a vosotros el Espíritu que os conducirá a la plenitud de la verdad”. Temo que los contrarios al ministerio femenino se estén cerrando a esa “plenitud de la verdad”. Y esto no es nuevo: está también el dato de esa Junia de la carta a los romanos, llamada por Pablo “apóstol” y a la que parece que se le masculinizó el nombre para evitar problemas. Y están todas las acusaciones paganas al primer cristianismo como “corruptor de la mujer”, que obligaron a aparcar muchos primeros pasos, para no alejar a los paganos que era la causa más urgente entonces.

En esta cuestión ha jugado también un papel negativo el repetido tópico de algunas feministas laicas, que pretenden que el cristianismo es antifeminista y el paganismo era feminista, y que mucha gente se lo ha tragado. Sobre eso solo dos detalles: es el gran Aristóteles quien define a la mujer como intrínsecamente inferior al macho, como un “varón a medio hacer” (vir dimidiatus). Y bastantes problemas le creó a su admirador Tomás de Aquino que, en este punto se apartó de quien él llamaba “el filósofo”. Y es el gran Platón quien escribe que para dialogar solo podemos hacerlo con hombres porque las mujeres no tienen altura para eso. A pesar de la Diótima de Sócrates ¿cuántas mujeres participan en los diálogos de Platón? Y hasta podría ser que (dada la situación social de la mujer entonces) algo de apariencia tuviera ese argumento. Pero la razón griega ya podría haber aprendido a distinguir entre lo que es de la naturaleza y lo que puede ser de la historia.

En fin: para cualquier problema histórico que se presente, hace falta mucha paciencia y mucho estudio. Personalmente y a lo largo de los años, fui aprendiendo tres principios que los presento aquí por si ayudan a alguien.

1.- Mirar de no argumentar desde mis sentimientos (por justificados que estén) sino desde los datos aquilatados. Y aquilatar los datos, en el campo de la historia, es bastante difícil: porque pasa el tiempo y alguien descubre un dato o una hipótesis nueva que sacude muchas “evidencias” tranquilas.

2.- Cuando disiento de alguien, tratar de ver qué puede haber de verdad en lo que dice, en la línea de lo que san Ignacio llamaba “salvar la proposición del prójimo”. Para no quedarme yo sin esa dosis de verdad.

3.- Analizar y preguntarme: si un polemista bien dotado disintiera de lo que digo ¿qué argumentos podría darme? Digo polemista bien dotado refiriéndome a aquellos que aportan argumentos; no a los que se limitan a llamarte comunista o facha y creen que con eso ya te han refutado del todo.

Incoherente como soy y he sido, no pretendo que esos principios los he cumplido siempre. Pero sí creo que tienen su valor, y los ofrezco aquí por si le sirven a alguien [1].

3. Perspectiva espiritual.- Pasando a un campo más de espiritualidad y menos analítico, creo que la misión del ministerio eclesial consiste en ser creador de comunidad (mi libro Hombres de la comunidad, fue traducido al inglés como Builders of community, y aplaudí mucho esa traducción cuando se me propuso). Cito esto porque quien de veras quiera ser creador (y responsable) de comunidad, habrá de estar dispuesto a sacrificar muchas veces derechos propios; y a sacrificarlos sin buscar por otro lado compensaciones de mayor dignidad y poder. Desde la reclamación de los propios derechos como actitud primaria, poca comunidad se construirá.

Aquí viene la importancia de lo que califiqué como “desacerdotalizar” el ministerio. El que preside la eucaristía no es quien consagra el pan y el vino porque tiene un poder casi mágico; consagra toda la asamblea. Ya en el siglo XII escribió el beato abad Guerrico (gran amigo de san Bernardo) que “el sacerdote no consagra solo ni ofrece solo sino que toda la comunidad de los creyentes consagra y ofrece con él”. Si las palabras las pronuncia él solo es porque estamos escuchando una narración y en los relatos es uno solo el que narra. Y la necesaria presencia del ministro eclesiástico en la celebración eucarística no es porque sea él quien tiene ese poder mágico de consagrar pronunciando unas palabras. Es porque él, por así decir, hace oficialmente presente a la Iglesia en aquella celebración. Y es la Iglesia, como “sacramento raíz” la que tiene eso que llamamos poder de consagrar.

Permítaseme por eso añadir que me parece ridículo y clerical el que, en las concelebraciones, cuando llega lo de “esto es mi cuerpo etc.”, todos los curas presentes extiendan la mano y pronuncien esas palabras. No hace ninguna falta ese gesto porque sin él, consagrarán igual. Pero este detalle me parece un ejemplo de esa mentalidad de poder que se ha vinculado tanto al ministerio eclesial cuando, curiosamente, la palabra ministerio significa literalmente: “lugar de lo menor”.

4. Despedida y cierre.- Termino como he dicho otras veces: todo esto es solo una palabra de un individuo particular. Sabiendo además que los intelectuales tendemos a volver las cosas más lentas y a desesperar a los impacientes: porque la verdad es lenta y, como decía la gran Teresa: “padece más no perece”. Hay personas activas que suelen tener una intuición bastante certera de las cosas. Y hay que darles campo, aun sabiendo también que su intuición nunca es perfecta del todo. (Desde Hegel a Agustín, no ha habido genio que no dijera también alguna tontería seria).

Y sobre todo, no hay que perder el buen humor. Porque como me dijo una vez el amigo Pep Vives, no sé qué Padre de la Iglesia decía que “el Espíritu Santo es el buen humor de Dios”.

Así que “veni sancte Spiritus”.

[1] Quizá cabría añadir el consejo de leer bien lo que se lee y asegurarse de que el autor dice lo que yo le hago decir. Porque hace poco he asistido a este detalle curioso: en un blog el autor se dirige al presidente Biden diciéndole que no tiene ningún derecho a erigirse en autoridad mundial y que esa autoridad debería estar en la ONU. Pues bien, uno de los comentaristas escribe: “el presente artículo nos deja con la idea de que el presidente Biden es una autoridad mundial legítima; la autoridad legítima es el consejo de seguridad de Naciones Unidas” (¡!). Sin llegar a tanto pero, al menos, procuremos no leer así ni caminar en esa dirección.

 

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica , , ,

Hacia un idolatría de la Eucaristía.

Domingo, 19 de junio de 2022

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[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

*

Louis Evely

***

Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

*

Brihadaranyaka Upanishad

***

Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometen nunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre el valor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemosen absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. Incluso, ¿cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía pueden, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas delrelato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. “Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros”.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que les dirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de esta total  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostes, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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***

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.

Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:

“Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.”

Él les contestó:

“Dadles vosotros de comer.”

Ellos replicaron:

“No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.”

Porque eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

“Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.”

Lo hicieron así, y todos se echaron.

Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

*

Lucas 9, 11b-17

***

El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde en el pueblo de Dios se escucha la Escritura cuya exégesis mesiánica nos proporcionó Jesús, y, por consiguiente, allí donde se respeta la Escritura y se obedece su Palabra, que encuentra su expresión actual en la asamblea de la comunidad.

Eso significa: allí donde se vive la vida cotidiana bajo el lema de la voluntad de Dios […]. El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde se celebra el banquete mesiánico, al que Jesús quiso invitarnos precisamente a todos, a los justos y a los pecadores, a los sanos y a los enfermos, a los invitados de la primera hora y a los que se quedan mirando los toros desde la barrera, es decir, allí donde se ha hecho posible, a continuación, la integración y la unanimidad de aquellos que quieren ponerse al servicio ae la construcción del pueblo de Dios. Eso significa: allí donde al convivium, o sea, al banquete de la eucaristía, le corresponde de nuevo el convivir, o sea, la convivencia de los creyentes que precede y sigue a la eucaristía, y encuentra su síntesis festiva en la celebración de semana en semana, de una fiesta a la otra.

El milagro de la multiplicación de los panes tiene lugar allí donde se vuelve vital la fe en que el hombre no vive sólo de pan, sino que vive, en primer lugar, de la Palabra de Dios, de su promesa y de la voluntad de aquel que se ha creado un pueblo al que debe llevar a una tierra que mana leche y miel. Eso significa que el milagro tiene lugar asimismo allí donde los creyentes se atreven a dar pruebas de su propia fe y a ponerla a prueba.

*

R. Pesch,
Il miracolo della moltiplicazione dei pañi. C’é una soluzione per la fame nel mondo?,
Brescia 1997, pp. 182ss, passim.

***

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Eucaristía de Año Nuevo en familia: Rito para celebrar en ausencia de presbítero

Lunes, 17 de enero de 2022

Eucaristia-Ano-Nuevo-familia_2410268968_15864327_660x371Interesante fórmula que nos ha parecido traer al blog para esas pequeñas comunidades domésticas, que desean celebrar la Eucaristía siguiendo su invitación: “Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,15-20).

Y que hemos recogido del blog  de Juan Masiá sj Vivir y pensar en la frontera:

En torno a tu mesa, Señor, la familia comulga

Rito para una eucaristía familiar (en ausencia de presbítero celebrante durante circunstancias especiales: confinamiento, guerra, desgracia sísmica, etc)

Reunidos en torno a la mesa (donde se coloca la Cruz, el Pan y Vino y los Evangelios), recitamos a coro las invocaciones al Espíritu de Vida

Rito para una eucaristía familiar (en ausencia de presbítero celebrante durante circunstancias especiales: confinamiento, guerra, desgracia sísmica, etc).

Reunidos en torno a la mesa (donde se coloca la Cruz, el Pan y Vino y los Evangelios), recitamos a coro las invocaciones al Espíritu de Vida.

 Lector/a:  El Espíritu de Vida nos reúne para la cena del Señor

Él está en medio de nosotros

Que la bendición de paz y bien descienda sobre nuestra familia.En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Amén  

Lector/a – Proclamación del Evangelio, según Juan (Jn 1): Al principio ya existía la Palabra de Vida, la Palabra se dirigía a Dios y la Palabra era el mismo Dios. Mediante ella se hizo todo; sin ella no se hizo nada de lo creado. La Palabra era Vida y esa Vida era luz para todo el mundo. Esa luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pueden sofocarla. La luz verdadera que alumbra a toda persona está desde siempre alumbrando al mundo, aunque el mundo no la reconozca. Vino a su casa, pero los suyos no la recibieron. Quienes la reciben reconocen que son hijos e hijas de Dios.La Palabra se encarnó y acampó entre nosotros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Es Jesús, la Palabra de Vida, que es uno con Dios, quien nos lo ha explicado.

-Esta es Palabra de Vida, Palabra de Luz

Tu Palabra nos da Vida, confiamos en Ti, Señor

– (CREDO)Confesemos en familia nuestra fe. ¿Creemos en Dios, Fuente de Vida?

* Sí, creemos

– ¿Creemos en Jesucristo, rostro de Dios hecho humano?

Sí, creemos

¿Creemos en su Espíritu de Vida que nos da vida en cada momento?

Sí, creemos

   -(OFERTORIO) Ofrecemos a Dios los alimentos, frutos de la tierra y del trabajo humano. Levantamos el corazón hacia la Fuente de la Vida

Damos gracias a Dios por la vida.

 -(CONSAGRACIÓN) Agradecemos la victoria de Jesús sobre la muerte, que anima la esperanza de vivir eternamente con El. Le pedimos que su Espíritu consagre y transforme nuestra vida en vida de Cristo para bien del mundo. Recordamos el encargo de Jesús que, en la Cena, tomó el pan y el vino, y los repartió diciendo: Tomad, comed y bebed, esta es mi vida que se entrega por vosotros. Cada vez que repitáis esta acción de gracias, mi Espíritu de Vida estará realmente presente entre vosotros. Este es el misterio de nuestra fe.

 *Anunciamos tu muerte hacia la vida, proclamamos tu resurrección en la vida eterna. ¡Ven, Señor, Jesús!

 – (COMUNIÓN ESPIRITUAL) Nos preparamos para recibir la Comunión, rezando la oración que nos enseñó Jesús para alabar a Dios, darnos vida, perdonarnos mutuamente y confiar en la liberación de todo mal:

Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Deseamos y esperamos recibir la comunión del cuerpo glorioso de Cristo y ser recibidos dentro de Él para vivir unidos con su Vida. *Señor, no soy digno de que vengas a mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

(Silencio mientras se reparte el pan y vino, bendecidos y nconsagrados para comulagar con la vida eterna de Jesucristo, El Que Vive)

 (INTERCESIONES)

 -Presentemos nuestras súplicas en unión con todas las comunidades creyentes del mundo entero. Por la paz del mundo entero y la unión de las religiones y las iglesias, oremos. * Te rogamos, óyenos.

 – Por todas las personas que sufren enfermedades, violencias, pobreza o injusticias, oremos. Te rogamos, óyenos.

Por nuestra familia. Para que vivamos en paz y concordia, dándonos mutuamente fuerza de vivir, oremos. Te rogamos, óyenos

 Por nuestros difuntos, oremos. Que descansen en paz y rueguen por nosotros.

 -(BENDICIÓN) Que Dios misericordioso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, derrame su bendición sobre nuestra familia.  Amén

 -Disfrutemos en paz de la cena.  Demos gracias a Dios.

NOTA EXPLICATIVA:

He publicado ya en otras ocasiones en este blog semejantes rituales para celebrar en familia la Pascua, Pentecostés o Navidad. Se publicaron primero en la revista JUNTOS, que distribuye el equipo de pastoral para las comunidades latinoamericanas de migrantes en Japón. Durante el confinamiento por la pandemia, enviamos estos rituales a los miembros de las comunidades que participan en las misas en lengua portuguesa o española, con la invitación y recomendación de que celebrasen en familia la eucaristía, ya que se había restringido la celebración pública en las iglesias por causa de la pandemia.

Con este motivo hubo que aclarar algunos puntos como los siguientes.

1 El Padre Nuestro es la oración más apropiada para la confesión y la comunión. Cuando lo rezamos dentro de la celebracin eucarística, pedimos y recibimos sacramentalmente el perdón, y pedimos y recibimos sacramentalmente la vida de Cristo y unirnos con su vida.

2 Hemos puesto en este ritual la palabra “comunión espiritual”, sintonizando  con la recomendación de los obispos que aconsejaron hacer “un acto para recibir  espiritualmente la comunión” cuando anunciaron la difusión de la Misa por zoom. Creo  que se puede y se debe ir más lejos. No limitarse a ver la misa por tele, sino celebrarla en familia. Cualquier persona bautizada puede ejercer en esas circunstancias el sacerdocio de los fieles. Además, no olvidemos que quien realiza la bendición y consagración del pan de vida es el Espíritu Santo, el Espiritu de Vida, el Espíritu del Resucitado.

3 En realidad toda comunión es comunión espiritual porque la recibimos del Espíritu y el cuerpo de Cristo que recibimos es el cuerpo glorioso del Resucitado. Comulgar no es antropofagia, sino cristificación que trae la eternidad al presente.

4 Tampoco se puede decir que el perdón que pedimos y recibimos al princicipio de la misa y durante el rezo del Padre Nuestro sea un perdón de “mentirijillas” distinto del de la confesión auricular postridentina. Es auténtico perdón sacramental. Hemos tenido que aclarar esto al poner en practica la confesión y unción de los enfermos por teléfono o zoom en circunstancias terminales o de aislamiento etc. Ya se sabe que los liturgistas y canonistas no lo aprueban, pero…¿quién son ellos para controlar al Espírtu de Vida y las conciencias de las personas creyentes?

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Pedagogía oracional , ,

Los católicos pro-LGBTQ se manifiestan fuera de la reunión de obispos de EE. UU. en torno a la negación de la comunión

Martes, 23 de noviembre de 2021

F878E017-892D-4365-8984-A32E3A69C50DLos manifestantes que se oponen a un plan para negar la Comunión a los políticos pro-aborto marchan en Baltimore el 15 de noviembre antes de la reunión de obispos de Estados Unidos. Un contramanifestante le gritó a Jamie Manson, director ejecutivo de Catholics for Choice, tercero desde la derecha. (Foto cortesía de Women’s Ordination Conference)

Una red de grupos reformistas católicos de EE. UU. Realizó una manifestación frente al hotel de Baltimore donde se reúne la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. Para rechazar los intentos de negar la Comunión a políticos pro-LGBTQ y pro-elección.

Aproximadamente 50 personas asistieron al mitin “Pan, no piedras” en Baltimore patrocinado por la red de Organizaciones Católicas para la Renovación (COR), de la cual New Ways Ministry es miembro. Los asistentes estaban allí para expresar “desaprobación con lo que describen como esfuerzos de los obispos para politizar la Eucaristía”, según el  National Catholic Reporter.

Hoy, los obispos votarán un documento sobre la Eucaristía después de una conversación pública limitada ayer. El documento, formado a raíz de una comisión sobre cómo los obispos deben involucrar al presidente Joe Biden, no incluye referencias a políticos específicos. Pero el debate que lo rodea este año ha sido problemático, lo que ha impulsado a los católicos reformistas a hablar.

Marianne Duddy-Burke, directora ejecutiva de DignityUSA, explicó en la manifestación:

“Estamos aquí hoy defendiendo a todos los católicos, la gran mayoría de los católicos, que aprecian la Eucaristía y que no quieren ver este sacramento central de nuestra iglesia como arma para propósitos de guerra cultural. . Estamos aquí en un esfuerzo por evitar que los obispos que dirigen la Iglesia Católica en los Estados Unidos nieguen la Comunión a cualquiera de nuestros líderes católicos electos o servidores públicos porque su conciencia los lleva a apoyar políticas pro-elección o pro-igualdad en nuestro sociedad pluralista. . .La comunión no debe ser coerción ‘”.

Jamie Manson, presidente de Catholics for Choice, dijo a Religion News Service:

“’Tomamos esta acción en nombre de la mayoría de los católicos fieles que creen que no hay lugar para el partidismo, la vergüenza o la división en la mesa de la Eucaristía. . .La Eucaristía es el sacramento unificador central de nuestra iglesia, y la idea misma de usar el cuerpo de Jesús como una herramienta de castigo e intimidación contra los católicos pro-aborto es una traición grave de todo lo que Jesús nos enseñó ‘”.

Los asistentes al mitin participaron en un ritual de oración organizado por la Conferencia de Ordenación de Mujeres que se centró en lo que significa la Eucaristía para los católicos, y luego incluyó cánticos y cánticos relacionados con la Comunión mientras el grupo pasaba por el hotel de los obispos.

Independientemente de que el documento se apruebe hoy o no, se puede esperar que la cuestión de las negaciones de la Comunión en relación con los políticos estadounidenses se descarte. Pero, si persiste, más católicos pro-LGBTQ necesitarán unirse al movimiento para dejar de politizar la Eucaristía por el apoyo de una persona a la igualdad.

—Robert Shine, New Ways Ministry, 17 de noviembre de 2021

Fuenfe New Ways Ministry

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“Saber vivir”. 19 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,41-51)

Domingo, 8 de agosto de 2021

19-852855-300x266Cuántas veces lo hemos escuchado: «Lo que verdaderamente importa es saber vivir». Y, sin embargo, no nos resulta nada fácil explicar qué es en verdad «saber vivir». Con frecuencia, nuestra vida es demasiado rutinaria y monótona. De color gris.

Pero hay momentos en que nuestra existencia se vuelve feliz, se transfigura, aunque sea de manera fugaz. Momentos en los que el amor, la ternura, la convivencia, la solidaridad, el trabajo creador o la fiesta adquieren una intensidad diferente. Nos sentimos vivir. Desde el fondo de nuestro ser nos decimos a nosotros mismos: «Esto es vida».

El evangelio de hoy nos recuerda unas palabras de Jesús que nos pueden dejar un tanto desconcertados: «Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna». La expresión «vida eterna» no significa simplemente una vida de duración ilimitada después de la muerte.

Se trata, antes que nada, de una vida de profundidad y calidad nuevas, una vida que pertenece al mundo definitivo. Una vida que no puede ser destruida por un bacilo ni quedar truncada en el cruce de cualquier carretera. Una vida plena que va más allá de nosotros mismos, porque es ya una participación en la vida misma de Dios.

La tarea más apasionante que tenemos todos ante nosotros es la de ser cada día más humanos, y los cristianos creemos que la manera más auténtica de vivir humanamente es la que nace de una adhesión total a Jesucristo. «Ser cristiano significa ser hombre, no un tipo de hombre, sino el hombre que Cristo crea en nosotros» (Dietrich Bonhoeffer).

Quizá tengamos que empezar por creer que nuestra vida puede ser más plena y profunda, más libre y gozosa. Quizá tengamos que atrevernos a vivir el amor con más radicalidad para descubrir un poco qué es «tener vida abundante». Un escrito cristiano se atreve a decir: «Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida cuando amamos a nuestros hermanos» (1 Juan 3,14).

Pero no se trata de amar porque nos han dicho que amemos, sino porque nos sentimos radicalmente amados. Y porque creemos cada vez con más firmeza que «nuestra vida está oculta con Cristo en Dios». Hay una vida, una plenitud, un dinamismo, una libertad, una ternura que «el mundo no puede dar». Solo lo descubre quien acierta a arraigar su vida en Jesucristo.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”. Domingo 08 de agosto de 2021. Domingo 19º de tiempo ordinario

Domingo, 8 de agosto de 2021

44-ordinarioB19 cerezoDe Koinonia:

1Reyes 19,4-8: Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios.
Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Efesios 4,30-5,2: Vivid en el amor como Cristo.
Juan 6,41-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

La narración del primer libro de los Reyes está sumamente cuidada y llena de detalles que hacen de esta simple huida algo más profundo y simbólico. Para empezar, las alusiones al desierto, a los padres, a los cuarenta días y cuarenta noches de camino, al alimento, al monte de Dios, son demasiado claras y numerosas como para no reconocer en el camino de Elías el camino inverso al que realizó Israel en el éxodo. No se trata sólo de una huida; también hay una búsqueda de las raíces que terminará en un encuentro con Dios. También los grandes héroes como Elías y Moisés (cf. Num 11,15) han sentido nuestra debilidad. Elías, desanimado del resultado de su ministerio huye porque «no es mejor que sus padres» en el trabajar por el reino de Dios y es mejor reunirse con ellos en la tumba (v.4). Cuando el hombre reconoce su debilidad, entonces interviene la fuerza de Dios (2Cor 12,5.9). Con el pan y el agua, símbolos del antiguo éxodo, Elías realiza su propio éxodo (símbolo de los cuarenta días, v.8) y llega al encuentro con Dios. Tal como está narrado este episodio de Elías nos habla del camino, de los empeños, de las tareas demasiado grandes para hacerlas con las propias fuerzas y de la necesidad de caminar apoyados en las fuerzas del alimento que nos mantiene.

La segunda lectura es la continuación de esta exhortación apostólica que desciende a detalles hablando de aquello que el cristiano debe evitar (aspecto negativo) o debe hacer (aspecto positivo). Así, el cristiano puede trabajar en la edificación de la iglesia y no entristecer al Espíritu rompiendo la unidad (4,25-32a; 4,3). Este modo de vivir encuentra su fundamento en aquello que Cristo ha realizado o el Padre ha cumplido por Cristo. Vivir de manera cristiana y vivir en el amor como Cristo y el Padre (cf. Mt 5,48). Como el Padre perdona, así debe hacer el cristiano (v. 32b); Mt 6,12.14-15). Como Cristo ama y se dona en sacrificio, así hace el cristiano. La unidad es fruto del sacrificio personal. El tema de la imitación de Dios, consecuencia y expresión de ser hijos suyos, revela la referencia evangélica de esta exhortación de Efesios (cf. Mt 4,43-48). El Espíritu es el elemento determinante del comportamiento cristiano. En línea con otros pasajes paulinos sobre el Espíritu, en éste su recepción se vincula (indirectamente) al bautismo y se le considera como sello/marca que identificará en la parusía a cuantos pertenecen a Cristo.

El evangelio de Juan que hoy leemos comienza con el escándalo que se produce en los judíos porque Jesús se equipara al pan; pero más aun porque dice que ha “bajado del cielo”. Para ellos esto no tiene explicación, puesto que conocen a Jesús desde su infancia y saben quiénes son sus padres. Para ellos su vecino Jesús, visto en su sola dimensión humana, no guarda relación alguna con las promesas del Padre y con su proyecto de justicia revelado desde antiguo.

Juan utiliza esta figura del escándalo y del no poder ver más allá de la dimensión humana de Jesús, para dar a conocer la dimensión que encierra la persona y la obra del Maestro. En primer lugar, la adhesión a Jesús es obra también de Dios; es él mismo quien suscita la fe del creyente y lo atrae a través de su hijo.

Conocer a Jesús es apenas un primer paso en el cual se encuentran sus paisanos; pero adherir la propia fe a él es el siguiente paso, que exige un despojarse totalmente para poder encontrar en él el camino que conduce al Padre. Sólo este segundo momento permite descubrir que Dios se está revelando en Jesús tal cual es; esto es, un Dios íntimamente comprometido con la vida del ser humano y su quehacer.

Jesús propone asumir el paso de la vida humana con un total compromiso. El alimento, que es indispensable para vivir, es utilizado como metáfora para hacer ver que más allá de la dimensión humana de cada persona hay otra dimensión que requiere también ser alimentada. El ser humano, llamado a trascenderse a sí mismo, tiene que esforzarse también continuamente para que su ciclo de vida no se quede sólo en lo material.

Así pues, el conocimiento y aceptación de la propuesta de Jesús alimenta esa dimensión trascendente del ser humano, que es la entrega total y absoluta a la voluntad del Padre; y la voluntad del Padre no es otra que la búsqueda y realización de la Utopía de la Justicia en el mundo en todos los ámbitos (Reinado de Dios), para que haya «vida abundante para todos» (Jn 10,10). Leer más…

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“Comunión carnal, eucaristía de la vida, eucaristía del amado”

Domingo, 8 de agosto de 2021

64946D20-0FF3-4757-8017-604FD3B8BDE7Del blog de Xabier Pikaza:

“La carne se ‘come’ en el sentido radical de la vida: Se toca, se siente, se comparte, se regala”

Tendemos a convertir  la eucaristía en un rito de comunión (comunicación) espiritualista de tipo ritualista y jerárquico, separado de la carne de la vida humana, del encuentro afectivo y vital, económico y social  de Jesús. En contra de eso, la lectura de este domingo nos recuerda la eucaristía del (discípulo) amado, hecho de afecto, de carne, de amor mutuo, de comunicación integral, en contra del riesgo de un gnosticismo espiritualista que tendía a imponerse ya en aquel tiempo (final del siglo I d.C.).

Sólo un ser humano de carne y sangre es alimento verdadero para otro ser humano, como indica la eucaristía del Evangelio de Juan, donde Jesús habla y dice: Toma, éste es mi cuerpo, esta es mi carne.

– En un primer nivel la eucaristía es palabra (logos), un hombre diciéndole a otro: Toma, esto soy, ésta a la carne de la vida que comparto contigo. Lo primero que somos y así compartimos en dimensión humana es la palabra; somos porque hablamos y nos comunicamos, regalando de esa forma nuestra propia vida.  

– En un segundo nivel la eucaristía es la comunicación del cuerpo (sôma), como dicen los evangelios sinópticos y Pablo (1 Cor 11, 24). Tomad y comed, esto es mi cuerpo (sôma). Esto soy, esto somos: Cuerpo compartido en forma de pan, comida entero (comunión social, no sólo de “palabra”).  

– En un tercer nivel la eucaristía es carne (sarx) y sangre (haima) compartida, como ha puesto especialmente de relieve el evangelio de Juan, el más espiritual y carnal, protestando contra el riego de una “gnosis separada”, de una comunión puramente espiritual.  Podemos ser y somos “cuerpo” porque compartimos la  carne de la vida, visa sensible y frágil, carne enamorada, la más fuerte de toda, sangre profunda, no en plano puramente biológico, sino “vital”, como sigue indicando el evangelio de este día

5362EA1D-EBFD-4E86-AA9F-00C015185219En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” Jesús tomó la palabra y les dijo…: Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo(Juan 6,41-51).

Banquete de Jesús, sermón del pan de vida

            Estas palabras que culminan en “el pan que yo os daré es mi carne para vida del mundo” forman parte del “sermón eucarístico” de Juan, que abarca todo el capítulo 6 de su evangelio, ofreciendo una relectura cristiana de la Pascua judía (cf. Jn 6, 4), mirada desde la perspectiva de la multiplicación de los panes (Jn 6, 5-15; cf. Mc 6, 35-44; 8, 1-8 y par) y de la Última Cena (Mc 14, 22-25 par.), con una interpretación personal (carnal y espiritual) del alimento, entendido en forma de comunión personal: ¡Nos alimentamos y vivimos los unos de los otros, en un plano de afecto y de comida “canal”, alimentándonos de Dios al alimentarnos unos de los otros”.

Éste es un argumento que Jesús dice y repite, en formas convergentes a lo largo de Jn 6, en una espiral de círculos cada vez más rápidos, que terminan mostrando la unión de los creyentes con Jesús, en forma de alimento carnal (afectivo y efectivo, comunitario, social y económico). Es lógico que, al terminar este discurso, los “judíos” normales le abandonen, e incluso muchos de sus discípulos no acaban de entenderlo, pues les parece por un lado un sermón gnóstico (espiritualista) y por otro una invitación antropofágica: ¿Cómo puede comerse así la carne de un hombre, como Jesús dice y repite? Para responder a esa pregunta debemos leer este mensaje con cuidado.

 El principio es Yo soy el pan vivo (=el pan de la vida), una frase en la que Jesús emplea el “yo divino”, imitando las palabras de Ex 3, 14 Soy el que Soy,(, ‘ehyeh asher ‘ehyeh, es decir, Yahvé. Pero Jesús no dice “Soy el que soy” en absoluto, sino yo soy el pan (ho artos), es decir, el alimento (en hebreo: lejem), aquello que hace vivir, añadiendo  ho dsôn, es decir, el pan que está vivo (en hebreo, hayyim), como el mismo Dios que es Hay, Hayyim, Viviente, la Vida.

Ciertamente, el pan empieza siendo alimento biológico y signo de riqueza material (de poder social), y por eso Jesús puso como primer mandato “dar de comer al hambriento” (Mt 25, 31-46), pero, cuando el Diablo quiso arreglar todos los problemas del mundo a través del pan de la economía material comprada y vendida, Jesús le respondió “no sólo de ese pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios” (Mt 4, 4), para que los hombres la compartan. Hay pues un pan externo que puede volverse puro dinero, para dominio de unos sobre otros. Pero hay sobre todo un par de vida compartida, en gratuidad, pan de afecto, de comunión vital, de comunicación de vida[1].

                        Desde esta perspectiva podemos y debemos afirmar que la vida de un hombre (ser humano: hombre o mujer) es otro ser humano, y que el único pan que le sacia es también otro ser humano, en forma de vinculación familiar (padre o hijo, hija o madre, hermano/hermana) o en forma de solidaridad social. Hay Eucaristía (somos Eucaristía) allí donde nos damos y acogemos mutuamente, de manera que somos (vivimos) competiendo vida.

Tres panes

EE579C2F-4580-4305-8DCE-632419A1D8CD En el plano material (simplemente biológico) las realidades se agotan y mueren, en un círculo de muerte, esto es, de constante generación y corrupción (ley de Lavoisier). Pero en un plano de humanidad verdadera, cada hombre que entrega y comparte su vida con otro es principio de vida eterna, es “pan vivo, bajado del cielo”. En esa línea, cada hombre o mujer es “Dios” (revelación de Dios, pan de vida eterna) para otros. Por vivir en ese plano, por entregarse y compartir la vida de esa forma, los hombres y mujeres “no mueren”, viven para siempre. Dese ese fondo podemos distinguir en la Biblia tres panes:

‒ Pan primero, pan de creación. Según Gen 1-2, en el principio de la creación se hallaba el pan de la gracia que Dios quiso dar a los hombres y mujeres en el paraíso para que lo compartieran (Adán y Eva). Pero el pecado invirtió ese significado, haciendo que a partir de entonces el pan fuera signo de sudores y divisiones, de enfrentamiento y lucha de unos contra otros (cf. Gen 3, 19; 4, 1 l6). Éste es el pan que se disputan en combate a muerte Caín y Abel, los dos hermanos, el pan del Diablo, conforme al simbolismo de la primera tentación (Mt 4, 1-4).

‒ Pan del camino. Pero la historia siguió abierta y los hebreos, buscadores de libertad, descubrieron nuevamente un pan (maná), regalado, trabajado, compartido, mientras peregrinaban a la tierra de sus esperanzas (cf. libros del Éxodo y Números). Ciertamente, ellos empiezan así compartiendo, pero cuando luego conquistan y dominan la tierra de Canán dejan de hacerlo, no quieren ser ya pan (alimento de gracia) unos de otros, de manera que pierden el maná y no logran (no quieren) vivir ya en comunión de humanidad, de trabajo y esperanza compartida. Por eso, en su oración mesiánica, Jesús nos dice que pidamos: «El pan nuestro de cada día dánosle hoy… (Mt 6,11)». Éste es el pan que, siendo nuestro (compartido), viene a presentarse al mismo tiempo como don de Dios.

‒ El pan de Jesús, vida eterna. En ese fondo puede ya entenderse mejor nuestro pasaje. Jesús ha ido ofreciendo a los hombres y mujeres un camino de vida que se expresa en la comunión del pan y culmina en la comunicación de vida. Ciertamente, él quiere que los hombres repartan el pan de su fatiga, su esperanza y su cansancio (sus bienes materiales, su comida). Pero, al mismo tiempo, en un nivel más hondo, él les ofrece un camino de palabra y oración compartida, de tal forma que cada uno de ellos sea “pan viviente” (signo y presencia de Dios) para los otros. Por eso, lo que Jesús dice, lo que él hace va creando una comunión de humanidad divina.

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Comunión de carne: Humanidad “carnal” (afectiva), comunicación integral  

Necesario es un tipo de pan material (de trigo o maíz, de arroz u otra simiente) que los hombres han de compartir, es necesaria la justicia a fin de que ellos vivan sin matarse.  Avanzando en esa línea, es necesaria también la eucaristía de los alimentos concretos, que hombres y mujeres comparten en solidaridad de vida.

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Tres tipos de pan. Domingo 19. Ciclo B

Domingo, 8 de agosto de 2021

9604cc58-3a5c-4126-bade-9d1e2256c0f8Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Continuando el tema del maná y el verdadero pan de vida, la primera lectura y el evangelio nos hablan de tres clases de pan: el que alimenta por un día (maná), el que da fuerzas para cuarenta días (Elías) y el que da la vida eterna (Jesús). Pero comencemos recordando lo ocurrido en la sinagoga de Cafarnaúm.

 

Desarrollo de Juan 6,42-52

El pasaje es complicado porque mezcla diversos temas.

  1. Objeción de los judíos: ¿Cómo puede este haber bajado del cielo?
  2. Respuesta de Jesús: si creyerais en mí, lo entenderíais.

              – Pero solo cree en mí aquel a quien el Padre atrae.

              – Mejor dicho: Dios enseña a todos, pero no todos quieren aprender.

              – Atención: El que Dios enseñe a todos no significa que lo veamos.

  1. Jesús y el maná: el pan que da la vida y el pan que no la garantiza.
  2. Final sorprendente: el pan es mi carne.

Exposición del contenido

El domingo pasado, Jesús ofrecía un pan infinitamente superior al del milagro de la multiplicación. Ese pan es él, que ha bajado del cielo. El evangelio de este domingo comienza contando la reacción de los judíos ante esta afirmación. ¿Cómo puede haber bajado del cielo uno al que conocen desde niño, que conocen a su padre y a su madre?

     Jesús no responde directamente a esta pregunta. Ataca el problema de fondo. Si los judíos no aceptan que ha bajado del cielo es porque no creen en él. Y si no creen en él, es porque el Padre no los ha llevado hasta él. Esta afirmación tan radical sugiere que todo depende de Dios: solo los que él acerca a Jesús creen en Jesús. Por eso, inmediatamente después se añade: «Dios instruye a todos… pero no todos quieren aprender». Solo el que acepta su enseñanza viene a Jesús, lo acepta, y cree que ha bajado del cielo. Ningún judío puede echarle a Dios la culpa de no creer en Jesús.

     La idea de que Dios instruye a todos cabe interpretarla como si fuese un profesor sentado delante de sus alumnos, al que pueden ver. No. A Dios no lo ha visto nadie. Solo el que procede de él: Jesús.

     Tras este paréntesis sobre la fe, la acción del Padre y la visión de Dios, Jesús vuelve al tema del pan que baja del cielo, el que da la vida, a diferencia del maná, que no la da. Pero termina añadiendo una afirmación más escandalosa aún: «el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». La reacción de los judíos no se hace esperar: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». La solución, el próximo domingo.

En aquel tiempo los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo», y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».

   Jesús les dijo: «Dejad de criticar. Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trae, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y acepta su enseñanza viene a mí. Esto no quiere decir que alguien haya visto al Padre. Sólo ha visto al Padre el que procede de Dios. Os aseguro que el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del cielo; el que come de él no muere». «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

   Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

Tres notas al evangelio

  1. El auditorio cambia. Ya no se trata de los galileos que presenciaron el milagro, sino de los judíos. En el cuarto evangelio, los judíos representan generalmente a las autoridades que se oponen a Jesús. Sin embargo, lo que dicen («conocemos a su padre y a su madre») no encaja en boca de un judío, sino de un nazareno. Esto demuestra que no estamos ante un relato histórico, que recoge los hechos con absoluta fidelidad, sino de una elaboración polémica.
  2. El tema de la fe interrumpe lo relativo a Jesús como pan bajado del cielo, pero es fundamental. Solo quien cree en Jesús puede aceptar eso. Lo curioso, en este caso, es cómo se llega a la fe: por acción del Padre, que nos lleva a Jesús. Normalmente pensamos lo contrario: es Jesús quien nos lleva al Padre. «Yo soy el camino… nadie puede ir al Padre sino por mí». Aquí se advierte, como en todo el evangelio de Juan, la acción recíproca del Padre y de Jesús.
  3. Tras este inciso, Jesús vuelve a contraponer el maná y su pan. En la primera parte (domingo 18), adoptó una actitud muy crítica ante el maná. Cuando los galileos, citando el Salmo 78,24, dicen que Dios «les dio a comer pan del cielo», Jesús responde que el maná no era «pan del cielo»; el verdadero pan del cielo es él. Ahora añade otro dato más polémico: los que comían el maná morían; su pan da la vida eterna.

El pan de Elías (1ª lectura: 1 Reyes 19,4-8).

            elias-y-el-panEl siglo IX a.C. fue de profunda crisis religiosa. El rey de Israel, Ajab, se casó con una princesa fenicia, Jezabel, muy devota del dios cananeo Baal. La gente ya era bastante devota de este dios, al que atribuían la lluvia y las buenas cosechas. Pero el influjo de Jezabel y la permisividad de Ajab provocaron que Yahvé dejase de tener valor para el pueblo. A esto se opuso el profeta Elías, denunciando a los reyes y matando a los profetas de Baal, lo que le habría costado la vida si no llega a huir hacia el sur, al monte Horeb (el Sinaí). El viaje es largo, demasiado largo, y Elías se desea la muerte. Un ángel le ofrece una torta cocida sobre piedras; la come dos veces, y con la fuerza de aquel manjar camina cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte en el que tuvo lugar la gran revelación de Dios a Moisés. Este relato se ha usado a menudo en relación con la eucaristía, y por eso se ha elegido para este domingo.

En aquellos días, Elías llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado. Él se internó en el desierto una jornada de camino y fue a sentarse bajo una retama, deseándose la muerte y diciendo: «¡Ya basta, oh Señor! Quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres». Luego se acostó y se quedó dormido debajo de la retama. Un ángel le tocó y le dijo: «Levántate y come». Miró en derredor, y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras ardiendo y un vaso de agua. Comió, bebió y luego se volvió a acostar. El ángel del Señor volvió por segunda vez, le tocó y le dijo: «Levántate y come, pues te resta un camino demasiado largo para ti». Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel manjar caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.

Tres clases de panes

            Las lecturas de hoy sugieren una reflexión.

            Antes de la reforma de Pío X, la comunión no era frecuente. Los cristianos más piadosos comulgaban una vez a la semana; normalmente, una vez al mes. La comunión era para ellos como el pan de Elías, que da fuerzas para vivir cristianamente durante un período más o menos largo de tiempo.

            Con la reforma de Pío X, a comienzos del siglo XX, se difunde la comunión diaria, aunque no se oiga misa. (Recuerdo de joven, en la iglesia de los franciscanos de Cádiz, la gran cantidad de gente que iba a comulgar en un altar lateral mientras en el altar mayor se decía una misa que muy pocos seguían). Es como el maná, que da fuerzas para ese día, pero conviene repetirlo al siguiente.

            El evangelio de Juan nos hace caer en la cuenta de que la eucaristía no solo da fuerzas para un día o un mes. Garantiza la vida eterna. Se comprende que Jesús interrumpa su discurso para hablar de la fe y de la acción del Padre.

Una anécdota

Cuenta san Ignacio de Loyola en su Autobiografía (§ 96) que «estando un día, algunas millas antes de llegar a Roma, en una iglesia, y haciendo oración, sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no tendría ánimo para dudar de esto, sino que Dios Padre le ponía con su Hijo». Una experiencia que encaja perfectamente con el evangelio de hoy y nos invita a pedir lo mismo.

La vida eterna en la vida diaria (2ª lectura: Efesios 4,30-5,2)

            Se cuenta en el libro del Éxodo que, en la noche de Pascua, los israelitas mojaron con la sangre del cordero el dintel y las dos jambas de la puerta de la casa para que el ángel del Señor, al castigar a los egipcios, pasase de largo ante las casas de los israelitas. Esta costumbre se remonta a los pastores, que al comienzo de la primavera sacrificaban un cordero y untaban con su sangre los palos de la tienda para preservar al ganado de los malos espíritus y garantizar una feliz trashumancia.

            El autor de la carta a los Efesios recoge la imagen y la aplica al Espíritu Santo, que nos ha marcado con su sello para distinguirnos el día final de la liberación. Y añade una serie de consejos para vivir esa unidad en la que ha insistido en las lecturas de los domingos anteriores. Sirven para un buen examen de conciencia y para ver cómo podemos vivir, ya aquí en la tierra, la vida eterna del cielo.

Hermanos No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, que os ha marcado con su sello para distinguiros el día de la liberación. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor, como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

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Domingo XIX del Tiempo Ordinario. 08 de agosto de 2021

Domingo, 8 de agosto de 2021

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No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre, que me ha enviado”

(Jn 6,41-51)

Podemos comenzar transformando en positivo este versículo: “Bendecid. Solo puede venir a mí quien es atraído por el Padre”.

El seguimiento de Jesús no tiene su origen en nosotras, la iniciativa primera es de Dios. Es Dios quien atrae, quien despierta la sed, quien suscita el deseo… Nuestra parte está en ese ir a Jesús, acercarnos y seguirle, escucharle y dejarnos hacer por Él.

Los judíos que le escuchaban le criticaban porque creían saber quién era, de dónde venía, quiénes eran sus padres… Pero parece que Jesús les pide que vayan más allá, que traspasen ese muro de creer saberlo todo… y se dejen acariciar por el regalo de la novedad de su amor.

Juan, en esta parte del Evangelio, nos propone recordar a los israelitas que, al poco de huir de Egipto, en Éxodo 16, se quejan a Moisés y a Aarón por no tener qué comer.

También se nos invita hoy a mirar nuestras críticas y nuestras murmuraciones. En la Iglesia nos es muy fácil criticar a otras personas que no siguen a Cristo como nosotras, que oran de diferentes maneras, que tienen otros compromisos y otra forma de expresar su fe… Ojalá, cuando lo hagamos, escuchemos a Jesús diciéndonos: todas las personas que vienen a mí han sido atraídas por el Padre. Quizás comencemos a sentirnos realmente hermanadas, nos alegremos al descubrir la riqueza de las seguidoras de Cristo…

Cuando era adolescente, discutía mucho con mi hermano y luego iba quejándome a nuestra madre. Ella intentaba calmarme y me decía: “Pero, ¿por qué discutís tanto? ¡Si en el fondo sois los dos iguales!”. No le entendía nada. Luego me he dado cuenta “de mayor” que nos pasa lo mismo… Nos molesta y criticamos a las demás personas pero, en el fondo (nos guste o no), nos parecemos muchísimo… Hemos sido creadas a imagen y semejanza de Dios, ¿no?

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por atraernos hacia Ti.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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En Jesús, debemos descubrir la divinidad.

Domingo, 8 de agosto de 2021

050319090901Jn 6, 41-52

Seguimos en el c. 6 del evangelio de Jn. Aumenta la tensión entre los judíos y Jesús. A medida que Jesús va profundizando en la enseñanza y ellos creen entender lo que quiere decir, se hace más insoportable su mensaje. La propuesta sigue siendo la misma, pero va apareciendo la enorme diferencia que existe entre lo que ellos han aprendido de los rabinos y lo que Jesús les quiere trasmitir. Recordemos que el balance final no puede ser más desolador; de los cinco mil quedaron doce, y uno es Judas.

Lo criticaban porque había dicho: yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Bajar del cielo es una de las claves para comprender a Jesús en este evangelio. Siguen las alusiones al AT. “Criticaban” es el mismo verbo que la versión de los LXX utiliza para hablar de las murmuraciones en el desierto. Los israelitas murmuraron contra Moisés en el desierto por no darles de comer como comían en Egipto. Les recuerda que el pueblo estuvo contra Moisés en los momentos difíciles. Aquellos no confiaron en Moisés y estos no confían en él.

¿No es este el hijo de José? En los sinópticos, hacen el mismo comentario los vecinos de su pueblo. El mayor obstáculo para acercarse a Jesús, es conocerlo demasiado. Para su mentalidad, que no superaba la idea del dios antropomórfico, la lógica es aplastante. Si es hijo de José y de María, no puede ser hijo de Dios. Hoy apreciamos el ridículo que supone contraponer la paternidad de Dios y la de José. Son realidades de naturaleza distinta. Hemos caído en la trampa al revés: Jesús no puede ser hijo de José, porque es hijo de Dios.

Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae. Más de 90 veces hace Juan referencia al Padre, Pero lo entendemos mal. Nuestro concepto de padre tenemos que cambiarlo por el de principio, origen, fundamento, germen, comienzo, razón de ser, realidad última. La última realidad no se puede expresar con palabras ni con imágenes, por eso encontramos en los evangelios tantas aparentes contradicciones. El mismo Jesús dice en otro lugar: “Nadie va al Padre si no es por mí”. Para llegar a la Verdad, tenemos que ir más allá de los contrarios.

Y yo lo resucitaré el último día. Debemos tener mucho cuidado con esta frase. Lo que normalmente hemos entendido por resurrección, no sirve para descubrir el sentido. Es una manera de decir que está tratando de una Vida, a la que no afecta la muerte. “Hemos pasado de la muerte a la vida, lo sabemos porque amamos a los hermanos”. La Vida definitiva tiene que tener un alimento también trascendente. Ese alimento tiene el mismo origen que tiene esa Vida: Dios. “El último día” esa Vida permanecerá idéntica a hoy.

Serán todos discípulos de Dios. También Jesús es discípulo, el mejor; por eso puede ser a la vez maestro. Ir a Jesús, ir al Padre, es conocerlos, no por vía racional, sino por vía vivencial. La fe es actitud vital y no asentimiento a verdades teóricas. “Esta es la salvación, que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo”. Solo la persona que ha tenido experiencia de Dios, puede comprender lo que otra diga de Él. Ellos estaban incapacitados para comprender a un Dios que está al servicio del hombre. Para ellos, Dios es el Soberano, el Señor. La única relación que cabe con Él es un servilismo de toma y da acá.

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, pero murieron. Una nueva referencia al maná para dejar bien clara la diferencia. El maná alimenta el cuerpo que tiene que morir. Jesús, como pan de Vida, alimenta el espíritu con una Vida a la que no afecta la muerte. Esa es la diferen­cia. La expresión “pan de Vida” no se encuentra en ninguna otra parte de la Biblia; eso indica la originalidad de la doctrina de Juan. La VIDA, con mayúsculas, es el tema fundamental de todo el evangelio de Juan. Se trata de la misma Vida de Dios. Más adelante nos dirá: “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre”. No se trata de vida material ni algo parecido pero espiritual. Se trata de la VIDA que es el mismo Dios.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que come de este pan vivirá para siempre. Jesús es el alimento de la verdadera Vida. Este es el mensaje de Juan. Dios lo es todo para Jesús, y lo tiene que seguir siendo para todo cristiano. Jesús no puede suplantar en ningún momento a Dios. En este capítulo, más de quince veces se hace referencia a Dios, para dejar claro que el verdadero protagonista es Él, no Jesús. Es verdad que, con el tiempo, los cristianos terminaron predicando a Cristo, pero era solo una manera de comunicar su mensaje. Ya en las primeras comunidades se pasó del Jesús que predica, al Cristo predicado. En el evangelio de Juan se ha dado ya claramente este paso.

El pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo. No pueden comprender que su Dios se pueda manifestar en la carne. Recordemos que “carne”, para los judíos, era el mismo ser humano pero en su aspecto más bajo; lo que le hacía limitado y contingente; aquello por lo que le venían todos sus “males”: dolor, enfermedad, muerte… Es tal vez la afirmación más rotunda sobre la encarnación en todo el NT. Para ellos, Dios era lo contrario de cualquier limitación. Para ellos un Dios-carne, un Dios ‘limitado’ es inaceptable. Jesús quiere hacerles ver que el Espíritu se manifiesta siempre en la carne. No puede haber don del Espíritu donde no hay carne. El significado de esta afirmación hay que entenderlo bien.

La grandeza de la carne consiste en que está informada y trasformada por el Espíritu, sin dejar de ser carne. Desde ahora, solo se puede encontrar a Dios en la realidad concreta y en el Hombre. Esa transformación es la que está manifestando el evangelio de Juan desde el principio. Pensemos en el diálogo con Nicodemo: “Hay que nacer de nuevo”. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. La carne es neutral; puede ser la base de lo más bajo y de lo más sublime; depende de cada uno. Nuestro gran error consiste en seguir pensando que, para acercarse a Dios, hay que alejarse de la carne.

Un Dios involucrado en la carne sigue siendo inaceptable. Por eso hemos descarnado la persona misma de Jesús. La carne sigue siendo para nosotros perversa. La Escritura dice que el Verbo se hizo carne, pero nosotros nos empeñamos en decir que la carne (Jesús) se hizo Dios. El Dios identificado con la carne (con toda carne) no interesa a los dirigentes, porque hace imposible la manipulación de los intermediarios. Pero es inaceptable también para los cristianos de a pie, porque nos impide la relación intimista que no pasa por el encuentro con los demás.

Hemos convertido la misma eucaristía en cosa sagrada en sí, olvidándonos de que es, sobre todo, sacramento (signo) del amor y de la entrega a los otros. El fin de la eucaristía no es el consagrar un trozo de pan y un poco de vino sino hacer sagrado (consagrar) a todo ser humano, identificándolo con Dios mismo y haciéndole objeto de nuestro servicio y adoración. Cada vez que nos arrodillamos ante Dios, estamos creando un ídolo. Dios no es objetivable. Cuando me arrodillo estoy poniendo a Dios de rodillas ante mi falso yo, que intento potenciar. Seguimos empeñados en que en la eucaristía, el pan se convierte en Jesús, pero el evangelio dice que Jesús se convierte en pan. No tengo que adorar a Jesús, convertido en pan sino convertirme yo en pan, como él, para que todos me coman.

Meditación

La vida biológica no tiene más remedio que acabar.
Si hago mía la misma Vida de Jesús,
ya estoy en la eternidad, aquí y ahora,
porque he integrado la Vida de Dios en mí.
Solo tengo que descubrir y vivir lo que ya soy.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Pan para el camino.

Domingo, 8 de agosto de 2021

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Jn 6, 41-52

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo»

Estamos acostumbrados a las grandes síntesis teológicas de Juan; a su empeño en poner en boca de Jesús palabras que en realidad son suyas (de Juan), lo que nos impide saber si alguna vez Jesús dijo estas cosas. No obstante, la idea es preciosa y vamos a tratar de desarrollarla brevemente.

Somos caminantes. El libro del Éxodo es una excelente metáfora de nuestra vida: “Desde la cómoda esclavitud de nuestras pasiones, por el desierto de la vida hacia la casa del Padre”. Y es cierto que podemos decidir no caminar, o que, cansados, decidamos quedarnos en algún albergue confortable del camino, pero si decidimos seguir adelante, necesitaremos alimento para reponer las fuerzas.

Unos buscan ese alimento en los sacramentos, en la liturgia, en los ritos. Otros lo buscan en su interior; en la oración, en el silencio, en la meditación. Otros en la propia comunidad de creyentes… Y la experiencia nos dice que todo esto es eficaz, y que nos alimenta, pero lo que aquí dice Juan es que el pan es Jesús mismo: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre…»

Tratando de descifrar el simbolismo de estas expresiones, podemos pensar que nuestro pan, nuestro alimento, es la propia praxis de Jesús, son sus criterios, es su proyecto colosal, lo que significa que nos alimentamos cuando perdonamos, cuando compadecemos, cuando damos de comer, cuando trabajamos por la paz y la justicia… Porque el compromiso con el Reino genera un círculo virtuoso que se alimenta a sí mismo, y así, cuanto más compromiso asumimos, mejor alimentados estamos para comprometernos más.

Y, lógicamente, podemos dudar del acierto de esta interpretación, pero tiene a su favor dos factores que casi podríamos calificar de empíricos. El primero nos viene de fuera de nosotros, pues vemos que las personas que han decidido apostar sin reservas por los criterios del Reino, lo hacen cada vez con mayor fuerza y convicción. La segunda la encontramos dentro de nosotros, pues cuando actuamos de este modo notamos que nuestro ánimo se conforta, y nos sentimos mejor.

Pero si esto es así, es decir, si es la acción lo que nos alimenta ¿para qué sirven la oración, los sacramentos, el silencio…? Pues siguen siendo cruciales porque evocan al Espíritu, y como decía Ruiz de Galarreta: «El camino de seguir a Jesús no es sin más una decisión humana, sino una obra del Espíritu; del viento de Dios en nosotros».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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La salvación como pan repartido y compartido.

Domingo, 8 de agosto de 2021

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Jn 6, 41-51

El lenguaje del evangelio de Juan es, sin duda, difícil de entender para la gente que habitamos el siglo XXI porque tiene conceptos e imaginarios que están ya muy lejos de nuestra cosmovisión y de nuestros referentes religiosos. Sin embargo, cuando intentamos traducir sus conceptos y categorías descubrimos que trasmite un mensaje hondo y de gran sensibilidad.

El relato de hoy nos sitúa en uno de los grandes títulos que el Evangelio da a Jesús: Pan de vida. Después de la multiplicación de los panes (Jn 6, 1-13), el evangelio desarrolla un extenso diálogo entre Jesús y los presentes sobre el significado del signo que ha realizado. En él se van entrelazando el recuerdo de la memoria liberadora del éxodo, que Israel atesoraba como signo del cuidado y protección que Dios había manifestado con él, y la nueva oferta salvadora que Jesús anuncia y encarna (Jn 6, 28-40).

El maná en el desierto recuperó la vida del pueblo, ahora Jesús, es el nuevo pan que Dios envía y lo hace ya no de forma puntual e histórica sino encarnada en la vida y la palabra de Jesús.

«¿No es este Jesús, el hijo de José?»

Las comunidades que dieron a luz este evangelio vivieron conflictos importantes, se sintieron amenazadas en algunos momentos y necesitaron esforzarse por llegar a consensos que les permitiesen hacer camino como grupo en su fe en Jesús y no perder la comunión con otras comunidades que tenían sensibilidades diferentes.

El texto de este domingo tiene en su trasfondo esta realidad y en él se vislumbra con claridad las dificultades experimentadas con los grupos judíos que no reconocían el mesianismo de Jesús y estaban lejos de entender su mensaje y la entrega de su vida por hacer posible la acción salvadora de Dios. Por eso, Juan recoge la incredulidad de algunos que no podían entender que alguien tan familiar, tan humano pudiese ser portador de un mensaje tan trascendente.

La cotidianeidad, humildad y cercanía de Jesús cuestiona porque, con frecuencia, pensamos que lo de Dios tiene que ser a lo grande. Lo pequeño, lo de la puerta de al lado, lo familiar nos parece que no puede representarlo suficientemente. Eso es lo que pensaron algunos de los paisanos de Jesús cuando le criticaban que se declarara tan familiar con Dios y abriese con su vida un espacio nuevo de salvación.

Jesús, el hijo de José y María, es capaz de ofrecer un nuevo comienzo de liberación, de encuentro con Dios, de esperanza para quien desfallece, de horizonte de futuro. Pero sólo creyendo en Jesús es posible acoger y experimentar la confianza y la vida renovada (Jn 6, 43-50).

Yo soy el pan de la vida

En los versículos anteriores Jesús se había definido a sí mismo como “pan de vida”, una expresión que solo aparece en el evangelio de Juan pero que, sin duda, son el resultado de su reflexión en torno a la celebración de la Eucaristía y de la actualización del recuerdo de las palabras que Jesús pronunció en la última cena.

La expresión “bajado del cielo” traduce ese vínculo profundo entre Jesús y su Abba y su conciencia de ser enviado por él a dar vida y vida en abundancia. Jesús, sale al paso de las críticas de quienes se escandalizan de su osadía al mostrarse tan cercano con el Dios de Israel. Para él, solo quien acoge en confianza su palabra y sus obrar puede entender esa relación, sin embargo, quien no quiere abandonar sus seguridades religiosas tendrá siempre justificaciones suficientes para no creer en la acción salvadora de Dios realizada en Jesús (Jn 6, 43- 46).

Cuando Jesús, en el relato, se identifica como pan de vida, está actualizando en su persona la memoria de la presencia liberadora de Dios entre su pueblo. Yahvé fue pan para el pueblo en el desierto, lo acompañó y lo sostuvo en la prueba (Ex 16, 1-15): Ahora Jesús vuelve a ser ese pan que llena la vida de sentido, que ofrece horizontes de esperanza, que sostiene en la impotencia.  Por eso invita a creer en él, a escucharlo, a entender que él entrega la vida para hacer más humano el mundo.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Comprender para vivir

Domingo, 8 de agosto de 2021

BB6717E6-B8DD-4444-98D3-69A994117BAFDomingo XIX del Tiempo Ordinario

8 agosto 2021

Jn 6, 41-51

 “El que cree tiene vida eterna”. Al hilo del comentario del domingo pasado, cabe “traducir” tal expresión de este modo: Quien comprende sabe que es vida y vive en plenitud. Vayamos por partes.

 La “comprensión” -entendida en el sentido más profundo, experiencial o vivencial: en este sentido, es sinónimo de “sabiduría”, que viene de “saborear”- es fuente de claridad y de confianza. Si por “creer” entendemos “confiar”, tal como hace el cuarto evangelio, está claro que únicamente puede confiar quien comprende. Ahora bien, si por “creer” se entiende adhesión mental a algún contenido, eso es lo opuesto a “comprender”. Porque la creencia es solo un constructo mental; la comprensión, por el contrario, es certeza. La creencia se apoya en algo recibido -en definitiva, es un conocimiento “de segunda mano”-; la comprensión viene como fruto de la experiencia y de la autoindagación.

 Comprender significa caer en la cuenta de que, más allá de la persona en la que nos estamos experimentando, somos Aquello que es consciente, cualquiera que sea el nombre que le demos: consciencia, ser, vida… Comprender, por tanto, equivale a saber que somos vida.

 Y es esta comprensión la condición para vivir en plenitud. Lo cual no significa que vayan a desaparecer de nuestra existencia los condicionamientos, límites y carencias que palpamos a diario -y que forman parte ineludible de nuestra condición humana-, sino que hemos saboreado el “lugar” donde todos nos hallamos a salvo, más allá de este “juego” temporal que estamos representando.

 Ese es el “lugar” de la comprensión. Y para acceder a él precisamos acallar la mente y situarnos en el Testigo, conectar con la sensación profunda de presencia y permanecer ahí. Poco a poco, en el saboreo de esa sensación de presencia, se nos irá regalando percibir que la presencia percibida no es “algo” que surge como fruto del silencio, sino que constituye nuestra más profunda identidad: somos presencia consciente. Eso es la comprensión.

 Desde ese lugar, podremos observar y atender cualquier circunstancia que aparezca en nuestra existencia cotidiana. Desde esa distancia liberadora, es posible “desinflar” las burbujas mentales que antes nos agobiaban y saber que, en lo profundo, en toda circunstancia, somos plenitud.

¿En qué “lugar” vivo habitualmente: en la mente o en el Testigo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Que no se nos olvide que Jesús fue hombre

Domingo, 8 de agosto de 2021

04BDA6E6-AB3A-431F-9DE8-5CBC0CCAB3F9Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Elías: un hombre postmoderno

     Hoy hemos asistido en la primera lectura a un momento en el que Elías huye de la reina Jezabel que ha jurado matarlo. Elías desaparece de escena y se va al desierto. Elías (profeta del siglo IX a.C.) se cansa ya de vivir y se desea la muerte: quítame la vida, que no valgo más que mis mayores.

     Dios le dice: Levántate, come que el camino es superior a tus fuerzas.

     También nosotros podemos tener desilusiones y decepciones en la vida la vida: postraciones, abatimientos y desánimos, fracasos, etc. Hay que tener coraje: audacia para levantarse, comer y seguir el camino que es superior a nuestras fuerzas.

En el fondo la llamada depresión es un cansancio existencial: ya no quiero, no vale la pena vivir más. Personalmente, como sociedad-política, como iglesia podemos llegar a momentos en los que sentimos harto cansados, siempre igual y no cambia nada…

No es raro escuchar la pregunta ¿por qué sigues en la Iglesia?

Es el momento de acoger la palabra que Dios le dirige a Elías y Jesús a nosotros: come que el camino es superior a tus fuerzas, levántate, come  el pan de vida y sigue caminando.

Levantarse y comer no son cuestiones meramente físicas, sino más bien personales: levantarnos de nuestros cansancios, cuando no caídas en la vida, comer del pan que alimenta el cuerpo, pero sobre todo, el alma y ponernos de nuevo en camino. La salud, la creatividad, el tono vital no son cuestiones meramente físiológicas, ni tan siquiera médicas.

     Hay que alimentarse de pan de vida. Esto significa alimentarse de valores, de cultura, de criterios sanos.

  1. Este es el hijo del carpintero.

     Es natural que los paisanos y contemporáneos de Jesús se extrañaran y no vieran en Jesús la expresión de Dios, el hijo de Dios. Los contemporáneos de Jesús le veían como el hijo de José, de María. “¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo? ¿Cómo puede ser Palabra -hijo- de Dios?

No es cuestión sencilla (excepto para fanáticos) cómo Dios pueda entrar en nuestra historia, y decirnos una Palabra.

De ahí los relatos poéticos del nacimiento de Jesús, que no es expresión del hombre (José), sino expresión de Dios.

     Lo que cambian la vida y los tiempos… La primera herejía: los gnósticos y docetas negaban que Jesús fuese hombre. Para los gnósticos “parecía” que Jesús era hombre, pero no lo era, Jesús era dios.

(En el fondo es el pensamiento griego que se introduce e impregna el cristianismo naciente y todo lo material, corpóreo, sexual es negativo, sucio, poco valioso).

El cristianismo es materialista: efectivamente Dios está -es- Jesús, Dios se encarna en la humanidad de Jesús: el Verbo se hizo carne. El cristianismo es profundamente materialista. San Juan lo subrayará con fuerza: el Verbo, la Palabra de Dios se hizo carne, (sarx).

(Quizás hoy en día también deambula por algunos medios teológicos el gnosticismo. Que Jesús fuese hombre o no, tiene poca o ninguna importancia. Lo que importa es que Jesús era Dios…)

     Jesús es “la clave y el escándalo”. Se presenta como pan de vida que baja del cielo, se presenta como hijo de Dios, que habla de lo que “Dios le ha dicho”. Pero para los ojos de la mayor parte de sus contemporáneos, como quizás también para nosotros, Jesús es el hijo de María, del carpintero que “ya sabemos quiénes son”...

Las personas religiosas no pueden comprender que un hombre, Jesús, sea expresión -hijo- de Dios porque les va mejor un “Dios lejano, etéreo, prepotente, sacro, que no toque la vida concreta”.

El ser humano es quien va siempre un paso más allá de la realidad. La realidad es un símbolo que hemos de transcender.

Esta semana, el día 6, celebrábamos la Transfiguración del Señor, que en el fondo es ver en Jesús al hijo de Dios, transfigurar la humanidad de Jesús en expresión de Dios.

Del texto de hoy podemos sacar una conclusión: la razón no es la medida de la realidad. Si miramos las cosas, las personas, los problemas únicamente desde la razón, no llegaremos al ser de la vida. Decía Pascal que la fe tiene razones que la razón no conoce. Hay que ser razonables en la vida, pero hay muchas dimensiones que están un paso más allá de la razón:

  • Por vía racional no pasaremos de la creación a Dios. Darwin “es verdad”, Dios creador, también. Habrá que activar otros mecanismos como son la poética y la fe.
  • El perdón no es fruto de la razón. El perdón será fruto del amor.
  • Escuchando la pasión de San Mateo de Bach o una misa de requiem podemos “tocar” la belleza, la redención, el amor, llegar a Dios pero no por vía racional, sino por la emoción estética, muy diversa de la racional.
  • Jesús fue un hombre. Nunca podremos llegar por vía racional a afirmar que el hijo del carpintero es hijo, expresión de Dios.
  • El celibato es irracional, lo cual no significa que no sea valioso que algunas personas, renuncien elegante y espiritualmente a una dimensión de su vida por el ideal del reino de los cielos.
  • La esperanza no es lo más mínimo demostrable por vía racional; sin embargo nos es absolutamente necesaria para vivir.

La crisis de la modernidad radica en pensar que únicamente es verdad lo demostrable y verificable. Lo que no puedo demostrar no existe, ni es…

Recuperemos el mundo del símbolo, de la transcendencia, del relato, de la poesía, de la delicadeza, de la poesía, de la teología narrativa.

La realidad, el ser,  es más amplio que lo que yo sé o puedo conocer.

  1. Cristo es el pan de vida.

Levántate y come, que el camino es largo y superior a tus fuerzas.

A veces pensamos que el alimento está en el éxito, en el dinero, en el poder.

Más bien el alimento, el pan de vida es la serenidad como fuente de felicidad y de vida, en la sencillez, en la solidaridad, en el mejor entendimiento posible entre personas y pueblos, en el respeto, en el amor.

Alimentemos nuestra existencia de los grandes valores y viviremos.

Finalmente, Dios nos levantará de la muerte. Una de las palabras más empleadas por el NT para hablar de la resurrección y la vida es: levantar.

Quien come de este pan, vive para siempre.

 

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Vigilantes (custodes/custodios) de la Tradición. Un documento menos afortunado

Jueves, 5 de agosto de 2021

TrentoDel blog de Xabier Pikaza:

“Vayan a la calle y celebren la eucaristía en libertad creadora, en comunión con todo, en libertad”

Digo “menos afortunado”, pues (a mi juicio no responde a la problemática actual del evangelio (de la eucaristía). Dice cosas importantes, desde la perspectiva de un tipo de unidad litúrgica, pero me parecen “fuera de lugar”, hay otros temas más urgentes y evangélicos en la Iglesia.

Responde a los mal llamados “tridentinos” (Trento fue en su tiempo otra cosa). Parece que quiere “vigilar” (atar en corto) a un tipo de tradicionalistas “lefebvrianos” (de Mons. Lefebvre), partidarios de una “misa” de tradición… Y responde “mal”, pues la verdadera respuesta debería ser una “superación de nivel”: Los grandes problemas se resuelven “por ascenso”, volviendo al evangelio, como quiere (y está diciendo) Francisco en otros lugares y documentos.

No sé si Francisco se ha dejado llevar, si le han “metido un gol”… Pero creo que éste no es su estilo. No se trataba de ajustar pequeños detalles jurídicos para que los “tridentinos” puedan seguir diciendo su misa, con todas las garantías jurídicas, atándoles en corto (bajo los buenos obispos).

Se trata de abrir la eucaristía al cielo azul de la vida de Jesús, a la “carne” y “sangre” de los hombres, como quiere el Documento eucarístico fundamental de la iglesia, que es Jn 6, bien leído, bien actualizado, un texto que habla de la carne y sangre de la vida, carne y sangre que es en Cristo presencia, revelación y tarea, gozosa,  Fiesta del pan, fiesta del vino, celebración de humanidad.

 eucaristia-720_270x250El Papa Francisco acaba de publicar un Motu Proprio (documento escrito por su propia voluntad) sobre  la celebración de la eucaristía, titulado  Traditionis Custodes (vigilantes o custodios de la tradición):  Carta del santo padre Francisco a los obispos de todo el mundo para presentar el motu proprio «Traditionis custodes» sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970, 16.07.2O21: 

 Es un documento impecable, en el buen estilo romano. Pero, a mi juicio, su publicación resulta quizá innecesaria. El tema de la Eucaristía es mucho más importante que lo que puede dar a entender ese documento.

1.Con ese documento no se actualiza el tema de fondo de la celebración y el compromiso de la eucaristía que, según dice Pablo en Gal 2, es la “verdad del evangelio”, que consiste en “comer juntos” (synesthien) compartir, la vida y misión de Cristo, expresan la presencia de Dios (la buena nueva de su vida), crear comunión de vida entre todos los creyentes y los hombres.

2.Muchos han podido pensar que este documento es una “revancha” del Papa ante aquellos que le critican y atacan. Los tridentinos van por ahí diciendo “nosotros somos la tradición”; el Papa les responde que el custodio o guardián de la tradición es él, la Iglesia Vaticano.  Estoy seguro de que Francisco no actúa por revancha, pero en este momento de su pontificado no me parecía apropiado poder dar esa impresión.

3.A mi entender, éste es un documento escrito por unas Congregaciones romanas que en vez de ser animadoras de evangelio, desde el fondo de la misma vida de Jesús (de la carne y sangre de las comunidades), aparecen y actúan como “vigilantes” (custodes, como dice el documento). Pienso que no se trata de “vigilar”, sino de animar, de impulsar, de volver al principio de don y compromiso de la Eucaristía, en esto tiempos de inmenso cambio. La tradición se “demuestra” (se guarda) cambiando, como la vida.

4.Mas que “guardianes” de la tradición, un tipo de “tridentinos” me parecen “sepultureros de la tradición”, pues conservarla inmutable, en un determinado momento, me parece enterrarla. Pienso que es bueno que ellos existan, que tengan sus “misas”, su música, su incienso… como testimonio, pero sin querer imponerse a nadie, si presentarse como los únicos, desde la “humildad” del Cristo servidor.

5.El Papa (la iglesia romana) no es “guardiana” (custodes…) de la tradición, en lucha con los tridentinos, sino “testigo” de una tradición abierta, creadora, donde hay tridentinos, pero otros muchos modos  y formas de eucaristía, unas más oficiales, otras menos… No se trata pues de guardar como en un banco (lo que se guarda en el banco cerrado se pudre, dice Jesús hablando del orín y la polilla). Sólo lo vivo, lo abierto, se mantiene.

Misa en latín6.Otros temas hay muchísimo más importantes: El primero falta de ministros eucarísticos y de celebraciones por un tipo de “legislación” obsoleta, que no deriva del evangelio. Hay miles y millones de comunidades sin eucaristía… por la “ley” del celibato, por la exclusión de la mujer, por el tipo de celebración jurídica actual… Ése es el tema: “recrear” la eucaristía. En ese contexto, este documento parece anacrónico e innecesario.

7.Personalmente no estoy nada a favor del mantenimiento “oficial” de las misas “tridentinas”… pero tampoco de su condena. Digo “oficial”: Que las haya, donde hay gente que las quieren, que las celebren con hondura, con piedad, con arte… Incluso iré alguna vez a participar en ellas. Han tenido y tienen un valor (siempre que no quieran ser la únicas misas…, ni condenar a otras). Muchos dicen que no son más  que un anacronismo. Son además muy, muy minoritarias: Dejen que están ahí…  Pero de anacronismos también se “pervive”. Hay gente para todo. Dejen que tengan sus misas, pidan sólo que sean misas “respetuosas” con otras tradiciones. Que los tridentinos no se crean los únicos…

8.Yo dejaría que las cosas se vayan resolviendo por sí mismas. Que los “tridentinos” a los que alude este documento tengan su música de antaño, sus colores, sus inciensos, su campañillas… y su miedo, su inmenso miedo a la libertad,  al amor desbordante de Dios, a la multiplicidad, a la liturgia de la vida, de hombres y mujeres, en la calle…

9.Me gustaría, finalmente, que los hombres vaticanos que hacen estos documentos (los de la Congregación del Culto Divino, los de Congregación de la Fe…) vayan a la calle y celebren la eucaristía en libertad creadora, en comunión con todo, en libertad… Que el Papa Francisco, como animador de la comunión y libertad cristiana, no baje a la arena de estas discusiones.

Fiesta del pan, fiesta del vino. Compartir la carne, compartir la sangre de la vida.

El ser humano ha sido concebido y ha nacido para agradecer y celebrar la vida, en comunión de pan, en comunión de vida, en comunión con todos los hermanos, los hombres y mujeres de la tierra, en unión con Cristo, que Cuerpo Universal, que es Carne que se entrega, regala, comparte, que es Sangre de humanidad, como ha puesto de relieve Jn 6 en su Documento de Cafarnaúm, el primer manifiesto eucarístico de la Iglesia.

Ese Documento de Cafarnaúm fue un “texto triste”, porque muchos se fueron… no porque Jesús les echara o les prohibiera ciertas ceremonias, sino porque no querían compartir  la carne y la sangre de la vida.  Pueden cambiar muchas cosas en esta “fiesta humana de Dios” que es la Carne y Sangre de Jesús, de todos los hombres, pero tienen que mantenerse las comidas concretas  la fiesta de un Dios que se revela en el camino de justicia y alegría, fraternidad y esperanza, que los cristianos, herederos de la historia israelita, descubren y celebran en sus “comuniones de vida”, que Juan de la Cruz definió como   cena que recrea (=libera) y enamora.

La eucaristía es júbilo divino y comida humana, es adoración del Dios de la vida, es compromiso de comunicación concreta, de “carne”, de “sangre”, es justicia, solidaridad y ternura de Dios. No es sólo alegría de los hombres y mujeres que dan gracias a Dios bendiciendo los dones gozosos de la tierra; es gozo de Dios que se alegra de sus hijos y hermanos, los humanos, porque acogen la vida y responden jubilosos.

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La eucaristía es fiesta de comunión, alegría desbordada que se encarna en el pan y el vino (cuerpo y sangre, palabra y comida) que comparten en Jesús, el Cristo; ella es amor, experiencia de trabajo creador, pan y vino compartidos, noviazgo nunca viejo de cuerpo regalado y sangre renovada, jubileo de Dios.

Así ha querido indicarlo en varios textos, en diversos momentos, arraigando el pan y vino de la fiesta cristiana sobre el suelo de las celebraciones jubilares de la vida. Hay sin duda jubileos distintos y famosos, romerías que llevan a los grandes santuarios hindúes o budistas, judíos, musulmanes o cristianos (Benarés y Lhasa, Jerusalén y la Meca, Roma y Compostela); años sabáticos, tierras santas y tiempos sagrados, que se repiten cíclicamente, marcando divisiones antiguas o nuevas del tiempo y espacio.

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Los cuerpos de Cristo (no es un error tipográfico)

Viernes, 11 de junio de 2021

índiceBrianFlanaganBrian Flanagan

La reflexión bíblica de hoy (6 de junio de 2021) para la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi) es de Brian Flanagan, profesor asociado de teología en la Universidad Marymount en Arlington, Virginia. La investigación de Brian se centra en la eclesiología, la teología litúrgica, el diálogo ecuménico e interreligioso. Su libro reciente se titula Stumbling in Holiness: Sin and Sanctity in the Church. Como estudiante de pregrado en la Universidad Católica, Brian fue pasante en New Ways Ministry de 1996 a 1999, y ahora forma parte de la Junta Asesora de New Ways Ministry.

Las lecturas litúrgicas de hoy se pueden encontrar haciendo clic aquí.

Durante los últimos 14 meses o más de la pandemia de Covid-19, los católicos de todo el mundo han sido separados del Cuerpo de Cristo en la Eucaristía y de los Cuerpos de Cristo de muchas otras formas. Pero si celebramos la fiesta de hoy enfocándonos solo en el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, podríamos perder algo de la riqueza del Cuerpo de Cristo en nuestras vidas.

¿Por qué necesitamos la Eucaristía de todos modos? Bueno, porque el Cuerpo “original” de Cristo, es decir, el cuerpo de Jesús de Nazaret, que nació de María, que habló y comió y bebió y abrazó a sus amigos, que fue crucificado y sepultado y resucitó – ese Cuerpo es actualmente ausente. Creer en la Ascensión de Cristo significa, en parte, que Jesús, después de un tiempo con sus amigos después de la Pascua, fue para estar con Dios, de donde regresará para completar la gran obra que Dios inició en la Encarnación. Todo esto está en el credo, obviamente, pero quizás en las partes donde comenzamos a desconectarnos un poco.

Los teólogos a lo largo de los siglos han hablado de tres formas del Cuerpo de Cristo: el cuerpo histórico de Jesús de Nazaret, el Cuerpo sacramental recibido en la Eucaristía, y el cuerpo eclesial, el “Cuerpo Místico de Cristo” que es la Iglesia. La interpenetración de estas tres formas corporales están íntimamente, de manera crucial (juego de palabras intencionado), conectadas. Y así como la ausencia de Jesús después de la Ascensión requiere una nueva forma de presencia a través de la Eucaristía, también esa ausencia requiere – y proporciona el espacio para – la nueva forma de presencia que es la Iglesia, el Pueblo de Dios que es el Cuerpo. de Cristo en el mundo.

Durante esta pandemia, muchos de nosotros hemos sido privados del contacto físico con el Cuerpo de Cristo tanto en la Eucaristía como en el Pueblo de Dios. Otras formas de comunión han continuado y por ello podemos estar agradecidos por las tecnologías que las hicieron posibles. Pero de una manera extraña, al menos para mí, ver la celebración de la Eucaristía en línea mientras estaba físicamente ausente de la mesa acentuó esa distancia aún más, haciendo que la ausencia del Cuerpo de Cristo sea aún más obvia. También sentí la ausencia de ese Cuerpo en el Pueblo de Dios, la asamblea reunida a través de la cual tantas veces Cristo me ha hablado, me ha desafiado, me ha abrazado.

Recibir de nuevo los Cuerpos de Cristo me parece como volver a casa a una cena caliente después de un largo día en el camino; no es solo la comida, sino la familia alrededor de la mesa, quienes lo convierten en el milagro habitual, tal vez subestimado, que es.

¿Qué significa todo esto para los católicos LGBTQ? Tantos católicos LGBTQ me han dicho que se unieron a la Iglesia por la Eucaristía, y muchos explican que esta es la razón por la que se quedan. La mayoría de los que se han ido han dicho que lo que más extrañan es la Eucaristía. En un nivel profundo, la Eucaristía tiene sentido para muchos católicos LGBTQ porque sus encuentros con los Cuerpos de Cristo tienen sentido. Nuestras identidades como personas LGBTQ y nuestras experiencias a menudo resaltan nuestros cuerpos: los cuerpos que amamos en el caso de aquellos de nosotros que somos lesbianas, gays y bisexuales, y los cuerpos que somos y con los que a veces luchamos para aquellos de nosotros que somos trans.

Para mí, una de las pequeñas ventajas de ser un hombre gay ha sido la libertad de algunos comportamientos estereotípicamente masculinos que privilegian el aislamiento y desaprueban el afecto físico entre amigos. Para mí, ser un hombre gay no se trata solo de sexo, sino de signos cotidianos de paz y amor encarnados: abrazos, besos y abrazos que van más allá de las normas que intentan limitar nuestro afecto físico. Esa experiencia no se limita a los hombres homosexuales, pero para muchos de nosotros la libertad de abrazar abiertamente a las personas que amamos, independientemente de su género o expresión de género, fue una libertad cardinal en nuestro proceso de declaración.

Y así, en el último año, la falta de expresión física ha sido para mí otra ausencia del Cuerpo de Cristo, sentida tanto en la vida diaria como en la falta del Signo de la Paz en la Misa. Quizás en nuestro regreso a “ normalidad ”, sea lo que sea, podemos recordar, y ayudar a la iglesia en general a recordar, algunas cosas que las personas LGBTQ han estado diciendo a partir de su experiencia durante mucho tiempo. La primera es que los cuerpos importan. Declararse queer y atreverse a enorgullecerse de la orientación sexual o la identidad de género de uno no es un acto de trivializar el cuerpo o usarlo mal, como algunos han sugerido erróneamente, sino de tomar nuestros cuerpos y los cuerpos de quienes amamos, en serio. La pandemia nos ha demostrado a todos, queer y heterosexuales por igual, cuánto experimentamos el mundo y los demás en y a través de nuestros cuerpos, lo cual es una lección que espero recordar en aquellos lugares donde la amenaza inmediata ha pasado.

Las personas LGBTQ también ayudan a la iglesia a recordar que nuestros cuerpos tienen el potencial de ser sacramentos de Cristo. Si bien los católicos LGBTQ no tienen el monopolio de esta dinámica, creo que la fidelidad de los católicos queer – a la iglesia y entre sí como parejas románticas, como amigos, como familias adicionales o sustitutas – apunta a la verdad del Cuerpo de Cristo en el mundo. Ya sea en una procesión eucarística hoy, o un grupo de católicos que marchan en un desfile del Orgullo este mes, ambos muestran potencialmente el amor de Dios en Cristo que lo hace presente y activo en este mundo hasta que regrese.

—Brian Flanagan, Marymount University, 6 de junio de 2021

Fuente New Ways Ministry

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Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

Domingo, 6 de junio de 2021

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Mi cuerpo es comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

*

Pedro Casaldáliga

***

***

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

“Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

– “Tomad, esto es mi cuerpo.”

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:

“Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.”

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

*

Marcos 14,12-16.22-26

***

Vivir la misa. La expresión se ha vuelto ya un lugar común. Pero nunca es suficiente: especialmente en un período como el nuestro, en el que cristianismo está sometido a un trabajo de esencialización, en el que se ve disminuida toda estructura y ayuda desde el exterior, se hace más urgente que nunca la insistencia en estas ideas «esenciales». Urge enseñar de qué modo concreto puede y debe ser introducida la eucaristía en la vida de cada día, de qué manera puede y debe convertirse verdaderamente en aquella luz que explica y da su significado a los acontecimientos humanos.

Quien no tiene nada para ofrecer-sufrir no puede «participar» en la eucaristía: Cristo sufre y se inmola; también nosotros debemos sufrir-inmolarnos con él. Y estos sentimientos de víctima constituyen el alma de la misa. ¿Cómo se puede aplicar a la vida esta doctrina? Con un método muy sencillo: a menudo nuestras ¡ornadas laborales están llenas de cruces: el frío, el calor, el cansancio; contratiempos, fracasos, incomprensiones; enfermedades, fastidios, soledades; desánimos, depresiones, angustias: todo esto constituye un material preciosísimo para ofrecer durante la misa, que -para decirlo con el Concilio de Trento asume valor en virtud de los dolores de Cristo; es ofrecido por Cristo al Padre y por amor a la pasión de Cristo es aceptado por el Padre. Saber aceptar la vida con paciencia es vivir el sacrificio de la misa.

Vivir la comunión. Se trata de otro axioma clásico que implica convertir en «mística» la unión sacramental durante la jornada laboral: ésta debe llegar a ser un continuo «permanecer en Cristo». De este modo se prolonga «místicamente» la comunión: debemos adquirir la costumbre de trabajar, hablar, pensar por-con-en Cristo; se trata de adquirir la costumbre de hacerlo todo bajo el influjo, lo más actual-continuo que sea posible, de Cristo.

Es menester que nos ejercitemos en preguntarnos con frecuencia: «¿Cómo se comportaría Cristo si estuviera en mi lugar?». Es preciso que adquiramos la costumbre de «conmesurarnos» con él.

*

A. Dagnino,
La vida cristiana o el misterio pascual del Cristo místico,
Gnisello B. 19887, pp. 509-511; 534-539, passim).

***

 

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Despedida

Jueves, 1 de abril de 2021

 

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Despedida

Os quiero y querré siempre, amigos;
no he tenido con vosotros secretos
y seguiré compartiendo alegrías y penas,
esperanzas, sueños y proyectos.
Y esto no es un loco arrebato
ni cosa de un momento de ensueño.
Yo os amé primero y no me desdigo.

Os quiero, de por vida, compañeros;
y tanto os amo y deseo hacerlo,
a pesar del poco tiempo transcurrido
desde que os elegí y nos conocemos,
que os abro mi corazón
y os hago testigos de mis secretos,
utopía, reino y evangelio.

Os quiero como a hermanos pequeños
pues tenemos el mismo Padre
aunque seamos tan distintos.
Yo estaré siempre con vosotros;
y no busquéis razones para ello,
es que os quiero y miro
como me enseñaron y me gusta hacerlo.

Os quiero como a mí mismo me quiero,
y aunque parezca locura
no me avergüenza ser mendigo
hacerme servidor vuestro
y dar la vida por entero,
aunque sea Señor y Maestro
y me miréis con respeto.

Os quiero discípulos y amigos,
y sólo anhelo y os pido
que os améis con locura,
con pasión y ternura,
sin medida ni barreras,
como me habéis visto hacerlo.
Es mi único mandamiento.

Os quiero llenos de Espíritu
y mecidos por su brisa y viento,
libres y muy dispuestos
para curar a heridos y enfermos,
ser sal en medio del mundo
y prójimos que ofrecen consuelo.
¡Sed iguales y multiplicad los servicios!

*

Florentino Ulibarri

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Jueves 01 de Abril de 2021. “Jueves Santo”.

Jueves, 1 de abril de 2021

De Koinonia:

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1ª Lectura:

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.””

***

Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

***

2ª Lectura:

1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.” Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.” Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

***

Evangelio:

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: “Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?” Jesús le replicó: “Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.” Pedro le dijo: “No me lavarás los pies jamás.” Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.” Simón Pedro le dijo: “Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.” Jesús le dijo: “Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.” Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios.”

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

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***

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. “Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua”. La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación.

Y aquella noche, mientras los egipcios lloraban a sus primogénitos que morían, los israelitas marcados con la sangre del cordero, salían de la esclavitud todas las familias para atravesar el desierto y encaminarse hacia la tierra prometida. Todos los años celebraban algo así como nuestro 15 de septiembre, la fiesta de la emancipación, la fiesta de la libertad, la fiesta en que Dios pasó salvando a Israel. Y al mismo tiempo que hacían actualidad esta fiesta del pasado, recordaban que había una alianza entre Dios y aquel pueblo, por la cual Israel se comprometía a respetar la ley de Dios y Dios se comprometía a proteger de manera especial a ese pueblo. La Pascua y la Alianza encontraron eco en fiestas que ya se celebraban entre los pastores pero que a través de estas revelaciones y de estos signos, tenían ya un sentido de profecía. La Pascua y la Alianza iban a encontrar una personificación cuando el más grande de los judíos, el nacido de Abraham, de David, de la descendencia santa de Israel, va a celebrar la Pascua.

Esta noche, Cristo Nuestro Señor, como buen israelita, con su grupo de israelitas que eran los apóstoles formando una familia, mandaron también a matar su corderito para comerlo en la noche del jueves Santo como lo comían todas las familias de Israel, recordando la vieja historia de la liberación y de la Alianza. ¡Cómo bullían en la mente de Cristo tantos recuerdos de la historia sagrada, cómo se hacían presente en la vida del Señor esta noche de emociones profundas toda la historia de Israel! No ha habido un patriota con más cariño a su pueblo, y a su tierra, y a sus costumbres, que Nuestro Señor Jesucristo. Cuando queramos ser auténticos salvadoreños miremos a Cristo que fue el auténtico patriota que vio la historia de su pueblo, que sintió como suya y como presente la esclavitud de Egipto, y vivió con agradecimiento a Dios la libertad y la alianza entre Dios y el pueblo. Leer más…

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Se reúnen en mi nombre

Viernes, 8 de enero de 2021

00 jesus_choco_cerezoUn precioso artículo, y necesario…

Ventura Puigdomenech
Assekrem (Argelia).

ECLESALIA, 01/01/21.- “Os aseguro que si dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mt.18, 20). Como preparación de la Navidad hace tiempo que me propuse profundizar algún tema que me ayude a mejor visualizar este “Dios hecho carne viviendo en medio de nosotros” (Juan 1,14). Un Dios que desde su primera venida no ha dejado de sorprendernos viniendo allí donde no lo esperábamos: una cueva, un pueblo perdido, un pesebre… lo que no es sorpresa y sabemos bien, es que este año una vez más viene a compartir nuestras historias y sufrimientos: “no tenemos un Jesús incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que de manera parecida a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado y por ello, puede concedernos, la ayuda que necesitamos” (Hb 4, 15-16). ¿De qué va a disfrazarse este año pidiendo acogida?: ¿tomará el disfraz de un desplazado?; ¿el de un parado?; ¿el de un enfermo?; ¿el de un…?, ¡sabe Dios! ¿Sabremos reconocerlo? ¿Y si fuera el disfraz de un Dios ENFERMO que viene a compartir nuestras ‘Unidades de Cuidados Intensivos ‘(UCI)?

A nivel mundial estamos sufriendo un virus del que creíamos que su visita sería de corta duración y hay que rendirse a la evidencia; ya se comienza hablar de una posible tercera ola: ¿Y si escucháramos lo que este bicho, nos quiere decir?

Imagino vuestra reacción: “no por favor, ya estamos hartos de que nos hablen del Covid-19” ¡Lo comprendo!, sin embargo, no puedo dejar de deciros que la respuesta global que le estamos dando desde los niveles político, económico, social y también eclesial no me gusta nada. Cuando veo que la única preocupación desde estos estamentos, no es otra que la de “recuperar la nueva normalidad”, sencillamente me digo: “¡no vamos bien!” La realidad es esta: en medio de la pandemia, al ver cómo la naturaleza retomaba sus espacios, la onda de solidaridad que todo ello despertó, etc… La mayoría de entre nosotros llenos de optimismo, nos decíamos: “nada será como antes” pero una vez deconfinados vemos que para una gran mayoría la única preocupación es el “volver a lo de antes”; el “volver a lo de siempre.”

Pero, decidme: ¿alguien puede aceptar como “normal” que a diario la gente se ahogue en el mar?; ¿que nos hayamos acostumbrado a hablar de un primer y de un cuarto mundo hasta el punto de que ya no son noticia ni el hambre, ni la muerte de niños por una simple diarrea? ¿Cómo vamos a terminar con la pandemia si hay países que acumulan entre 7 y 9 veces más sus dosis necesarias dejando de esta manera en la cuneta a multitud de países pobres que solo podrán vacunar uno de cada diez de sus habitantes? ¿Quién puede aceptar como “normal” el hecho de ver cómo la mentira, la corrupción y la difamación son moneda de cambio en nuestros Parlamentos?; ¿que en pleno siglo XXI se siga cerrando en prisión a personas por sus ideas o reivindicaciones? Más que “normal”: ¿no es “escandaloso” el hecho de ver que se emplea más tiempo en construir muros que en construir puentes o hospitales? ¿Encerrar a millones de desplazados en campos insalubres; dilapidar los impuestos del contribuyente en armas para preparar la guerra; matar nuestra ‘Madre Tierra’… y así, un largo etc.: ¿será esto “normal”? “¿Recuperar una nueva normalidad?” “¡No!, ¡no gracias!”

Con todo, me limitaré a hablar de los efectos de la pandemia sólo desde el nivel eclesial y como miembro activo que soy de esta iglesia me gustaría poder ayudar a la reflexión; esta es la única razón por la que me he decidido a hablaros de ello. Me hago una multitud de preguntas de las que intuyo algunas posibles salidas pero mi sueño es que juntos, desde una reflexión eclesial serena con todo el pueblo de Dios, encontremos las respuestas adecuadas que nos marquen el camino a recorrer.

Para empezar la reflexión, debo deciros que siento una gran pena cuando leo cosas parecidas a estas: “Nosotros tenemos la gracia, como curas que somos, de celebrar en este periodo de confinamiento”; o cuando en la plena primera ola del Coronavirus, en nombre de la “libertad religiosa”, algunos de nuestros responsables reclamaban abrir los templos; o también cuando tímidamente nuestras iglesias empezaron de nuevo a abrir sus puertas y la gente aún traumatizada y con el miedo en el cuerpo, incrédula escuchaba a algunos obispos subrayar: “la obligación dominical”, recordándonos “que la dispensa de no asistir a la misa dominical ya se había acabado”. Mal andamos cuando reducimos la religión a lo permitido, lo prohibido o lo obligatorio… ¿no os parece?

Nos hemos acostumbrado a privilegios y exacciones. En esta salida gradual del confinamiento, no acabo de imaginarme qué hubiera pasado si en muchos de los países dichos católicos hubiéramos tenido que adoptar la medida que tomaron una gran mayoría de países musulmanes: mezquitas (iglesias) abiertas los días laborables y cerradas los viernes (domingos)… simplemente habríamos puesto el grito al cielo al comprobar lo que todos sabemos: nuestras iglesias, a pesar de tener sus puertas abiertas a lo largo de la semana, seguirían vacías y el día que podríamos tener gente: puertas cerradas!

¿Y si el Covid-19 nos regalara el poder hacer una nueva lectura de nuestras prácticas cultuales? El papa Francisco nos pide que “desconfinemos” a Jesús: «hoy Jesús llama desde dentro de la Iglesia para salir hacia afuera.» ¿Seremos capaces de abrirle de par en par las puertas?

Vivo en el Assekrem (Sur de Argelia), en pleno desierto del Sáhara, y mi fraternidad vecina de Tamanrasset (80 km.) desde el mes de marzo del 2019 no tiene sacerdote, eso significa pasar meses enteros sin eucaristía, pero, “por los frutos los conoceréis,” nos dice Jesús: ¿no será más importante ser eucaristía, pan y vino para tanta gente que reclama su presencia? ¿Quién puede poner en duda que mis hermanos son una verdadera fraternidad eucarística y samaritana? Otras fraternidades a lo largo del mundo a pesar de tener algún hermano sacerdote en casa, por solidaridad con el común de los fieles decidieron no celebrar ninguna eucaristía hasta que abrieran las parroquias. Leer más…

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