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Padre Ángel: El cura que bautiza a hijos de homosexuales

Viernes, 7 de octubre de 2016

81-fotos-1-17564960-xmlEspaña.- Para el padre Ángel todos son hijos de Dios, provengan de familias homosexuales o no, es por ello que no ha negado el bautizo a ningún niño proveniente de estas familias “no naturales”. El padre, que se encuentra en la parroquia de San Antón en el poblado de Chueca en Madrid, España ha bautizado a 15 niños procedente de estas familias.

Él mismo ha explicado que hay normas que requieren cambiarse y sabe que su proceder va en contra del derecho canónico. Al contrario de las trabas que se puedan encontrar en otras iglesias, esta parroquia permanece abierta las 24 horas del día dispuesta a acoger a quienes acuden en busca de un lugar donde puedan bautizar a sus hijos.

El padre revolucionario dentro de la religión católica ha indicado haber visto llorar a mujeres porque pensaron que nunca encontrarían un sacerdote que quisiera bautizar a sus niños.

El primer requisito que pide el padre Angel es que la familia quiera formar parte de esa iglesia. A él lo único que le interesa es que le digan una hora y una fecha para el bautizo. El hombre de evidente edad, aún recuerda el primer bautizo de un niño de padres homosexuales que realizó. “Sí, me impresionó porque nunca había tenido un caso así. Había bautizado a hijos de madres o padres solteros, pero nunca a hijos de mamás o papás homosexuales“, explica el padre.

Al respecto de los 14 niños que tienen padres homosexuales indicó que estos se encuentra felices y son queridos. Incluso, indica que es gente que sigue frecuentando la iglesia y personas a quien da gusto saludar.

“Yo no entiendo que haya gente que ha venido al mundo, y mucho menos que se haga cura…o más que cura… para maldecir y criticar… Yo, desde luego, me he hecho cura para bendecir y no para maldecir a nadie. ¡Para maldecir ya hay bastante gente!”, contó para el portal elespanol.com

“No creo que bautizar niños sea la mayor barbaridad que he hecho en estos años. Ni rezar por un transexual, hacer un funeral a un homosexual o hablar con gente de todo tipo. A veces se me critica porque invito a hablar en mi iglesia a políticos o a gente de la periferia social… Pero es que son actos religiosos, donde todo el que quiera participar es bienvenido. A veces se me complica la vida porque algo se malinterpreta… ¡Pero los actos que se hacen en San Antón son todos preciosos y están abiertos al mundo! Nuestra Iglesia es la Iglesia de quien más la necesita… y quedan todos invitados” finalizó el padre.

Fuente El Debate.com.Mx

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Nosotros hemos impartido la extrema unción

Domingo, 29 de mayo de 2016

uncion_560x280Emotivo artículo que hemos leído en su blog:

“Rasgaduras de vestiduras”

“Pensó que siendo todos laicos, nosotros teníamos más derecho a impartir la unción a nuestro hijo”

(Isabel Gómez Acebo).- Sonó el teléfono de mi marido, un domingo de invierno, cuando tomábamos café después de almorzar. Por la cara que puso, mientras hablaba, supe que algo malo había ocurrido.

En efecto, nos llamaba un amigo de nuestro hijo Jaime para decirnos que había tenido un accidente cuando esquiaba en Suiza y que estaba en un hospital de Berna, con pronóstico grave. Cogimos un avión y casi no hablábamos pues nos quedamos en shock.

Al llegar al hospital nos esperaba lo peor pues nos dijeron que a nuestro hijo le daban pocas horas de vida. Cuando se enteraron los médicos de que éramos católicos se acercó a vernos el capellán del hospital, un hombre maravilloso de mediana edad que nos propuso darle a Jaime la extremaunción, aceptamos y los tres entramos en la UVI. Seguimos sus instrucciones repitiendo sus palabras y haciendo las cruces preceptivas con los óleos sobre el cuerpo de nuestro hijo.

Yo, inmersa en una enorme pena, no me daba mucha cuenta de lo que estábamos haciendo pero me pareció raro que nosotros tomáramos tanta parte activa en el sacramento y le pregunté: Padre, ¿ha cambiado el rito? Su contestación me impactó, no era sacerdote y cuando el obispo le encomendó la capellanía del hospital, el servicio venía con los santos óleos incluidos y con las palabras: haz lo que puedas. Pensó que siendo todos laicos, nosotros teníamos más derecho a impartir la unción a nuestro hijo pues era el último servicio que le podíamos hacer en vida.

No se me olvidará nunca ese capellán que era empleado de un banco y venía a vernos a mediodía en su hora libre para almorzar y cuando salía del trabajo por la tarde. Buscó un sacerdote para que dijera una misa corpore insepulto y la verdad es que hubiéramos preferido una liturgia con el capellán que había pasado muchas horas con nosotros y nos conocía.

Cuento esta trágica historia, no me gusta hacerlo porque aunque han pasado muchos años todavía lloro, con motivo de las rasgaduras de vestiduras de algunos ante la propuesta del papa de ordenar diaconisas, mujeres que no podrán, en caso de ser ordenadas, administrar el sacramento de la unción. Una vez lo comenté en Roma, en un curso que estaba dando, y al terminar se me acercó una señora francesa para decirme si era consciente de la invalidez de ese sacramento que habíamos impartido ¿Válido para quién? Fue mi respuesta.

Comprendo que la Iglesia como institución tiene que tener unas normas pero también me parece que los obispos deben velar por el buen servicio a la feligresía y en estos momentos de escasez de sacerdotes en muchas diócesis, están en la obligación de tirar de lo que puedan. Eso hizo el obispo de Berna con nosotros hace unos años y le estamos muy agradecidos.

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Fuente Religión Digital

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La Inquisición cabalga de nuevo: Monseñor Rico Pavés condena un artículo del cura-escritor Pablo D’Ors.

Martes, 28 de julio de 2015

pablo-rico-720_560x280Habría que recordar que este mismo monseñor denunció el libro “Jesús de Nazaret. Aproximación histórica” de José Antonio Pagola ante el Vaticano y se tuvo que tragar la absolución del mismo. Ahora vuelve a la carga en su Cruzada…

Pablo D’Ors: “Los sacramentos de la Iglesia ya no significan casi nada“. “¿Dónde estarán los profetas que nos hagan entender que solo hay posible fidelidad al pasado desde la creatividad y la renovación en el presente?”

Monseñor Rico Pavés condena un artículo del cura-escritor: “Elenco abultado de errores doctrinales”. “Encontrar en tan pocas líneas tantos dislates produce un enorme pesar”

(José M. Vidal).- El Vaticano le acaba de nombrar asesor del dicasterio de Cultura, que preside el cardenal Ravasi, y L’Osservatore Romano acaba de publicarle un artículo. Mieles en Roma y hieles en España para el sacerdote-escritor español Pablo D’Ors, al que el obispo auxiliar de Getafe, monseñor Rico Pavés (otrora ‘martillo de teólogos’), acusa nada menos que de ‘hereje’ por un artículo que el cura escritor publicó en la revista Vida Nueva.

Les ofrecemos, a continuación, el artículo del cura y la respuesta del obispo auxiliar de Getafe, monseñor Rico Pavés.

Artículo de Pablo D’Ors

gente-muere¿Habrá en la Iglesia alguien que se atreva?

Los sacramentos de la Iglesia ya no significan casi nada para la inmensa mayoría de quienes aún participan en ellos. Un signo que deja de significar ya no es un signo, sino un juego de magia.

Los ritos cristianos y los símbolos en que se fundamentan han degenerado, para la mayoría de los creyentes, en pura magia. Por supuesto que los hombres y las mujeres de hoy seguimos necesitando de la magia, es decir, de palabras y gestos que de un modo automático e irracional nos vinculen con lo trascendente. Pero esa no es la cuestión.

Sostengo que muchos de los comportamientos de sacerdotes y laicos durante la celebración eucarística son fundamentalmente mágicos, no religiosos. ¿Te imaginas a los apóstoles arrodillándose ante el pan o a Jesús recogiendo las miguitas del plato? Estos comportamientos reflejan que nuestra actitud ante el signo sacramental es mucho más mágica que religiosa.

Para que puedan significar, los signos han de entenderse. La doctrina del ex opere operato, la que postula que el sacramento es eficaz con independencia de la comprensión de quien lo recibe, ha desvinculado al signo del sujeto y lo ha degenerado y cosificado. Los sacramentos hay que entenderlos, al menos en alguna medida. De lo contrario, no sacramentalizan nada, que es lo que sucede hoy en nuestros templos. Nadie entiende nada. A lo que más me recuerdan nuestras misas es al teatro del absurdo de Beckett.

Pongamos el ejemplo de la Eucaristía, cuyos símbolos son el pan y el vino. El pan es, desde luego, algo cotidiano, blando y nutritivo. Que el pan sea símbolo de Dios significa que Dios es algo cotidiano, que Dios es blando, que Dios es nutritivo. Pero si el símbolo es el pan, el signo o sacramento es el pan partido, repartido y comido. Así que de lo que se trata es de partir y repartir el pan conscientemente; de llevárselo a la boca conscientemente; de, conscientemente, masticarlo y tragarlo.

Conscientemente significa a sabiendas de que no se trata solo de dar pan a los demás, sino de ser pan para ellos, de convertirte en el alimento que alivia su necesidad. Comer de este Pan nos da fuerza para ser pan. En esta misma línea, el signo no es simplemente el vino, sino el vino repartido y bebido. Beber de este Vino nos posibilita ser vino para los demás. Y el vino es la sangre, es decir, la vida: ser la vida para los demás.

Y eso de reservar la eucaristía en un sagrario, ¿a qué viene? ¿No hemos dicho que el verdadero signo es partirlo? Prueba de que nuestra mentalidad es mágica, es que pensamos que Dios está en el sagrario más que fuera de él. Pero eso… ¡es absurdo! No es que esté allí más que en otra parte. Es que está allí para… significarnos que está en todas partes, para que lo recordemos. Dios está en todas partes, decimos, pero luego nos empeñamos en meterle en una caja. Meterle en unas teorías que llamamos teologías y en unos símbolos que llamamos sacramentos, pero que no sacramentalizan nada.

Solo queda una solución: explicarlo todo como si nunca se hubiera explicado, pues quizá esa es la situación; y queda, por supuesto, realizarlo todo como si fuera la primera vez, pues acaso lo sea de verdad. Veremos entonces, maravillados, la potencia de nuestros símbolos, redimiremos nuestros ritos, descubriremos, en fin, su poder transformador del alma humana.

Pero, ¿habrá en la Iglesia alguien que se atreva? ¿Habrá alguien que presente estos símbolos y ritos no solo como aquellos en los que se cifra la más genuina identidad cristiana, sino como símbolos y ritos de valor universal, aptos para todos, cristianos o no? ¿Habrá alguien, en fin, que presente el cristianismo como religión y humanismo inclusivo, no excluyente ni exclusivo?

El respeto a la diferencia de otras tradiciones espirituales no debe hacernos perder la visión del cristianismo como propuesta humanizadora universal. Detecto en mis contemporáneos no solo un hambre de espiritualidad, sino un deseo de recuperar, de forma comprensible y actual, la tradición religiosa de la que provenimos. El cuidado del silencio, una sensibilidad que está creciendo, comportará un cuidado de la palabra y del gesto. Pero, ¿habrá en la Iglesia alguien que se atreva? ¿Dónde estarán los profetas que nos hagan entender que solo hay posible fidelidad al pasado desde la creatividad y la renovación en el presente?

Pablo d’Ors, sacerdote y escritor

En el nº 2.947 de Vida Nueva

Artículo de monseñor José Rico Pavés

jose-rico-pavesDios hecho pequeño

Siendo seminarista visité en cierta ocasión la Capilla Real de Granada junto a un compañero del seminario. Mientras mirábamos algunas piezas del museo, una turista extranjera nos preguntó qué era aquello que señalaba. El objeto era un espejo de Isabel la Católica, convertido en custodia para exponer el Santísimo Sacramento. Con palabras sencillas intentamos explicarle que ahí se colocaba el Cuerpo del Señor. Después de escucharnos, dijo: «¡Qué Dios tan pequeño!»; se dio media vuelta y nos dejó.

Pasados los años, en muchas ocasiones he traído a la memoria esta vivencia. Unas veces para intentar ilustrar el misterio inefable de la salvación y la «locura inigualable» del amor de Dios por los hombres. No faltaba algo de verdad a aquella turista: el Hijo de Dios, que siendo rico se hizo pobre, llevó el amor hasta el extremo y nos dejó el memorial de su Pascua haciéndose pequeño en la Eucaristía.

Otras veces lo he recordado para agradecer a Dios el don inmerecido de la fe, por la cual puedo confesar lo que los ojos no ven. Sin fe, los sacramentos no se entienden, como bien se lee en los escritos atribuidos a Dionisio el Areopagita: «Si una persona que no cree entrara en nuestras celebraciones y viera lo que hacemos, se reiría a carcajadas. Lo cual no nos debe sorprender, pues como dice el profeta Isaías: si no creéis, no entenderéis».

Ahora he vuelto a recordar aquel episodio al leer con tristeza y preocupación el artículo de Pablo d’Ors, titulado ‘¿Habrá en la Iglesia alguien que se atreva?’. Tristeza, al encontrar en tan poco espacio un elenco tan abultado de errores doctrinales cuyas consecuencias son dramáticas para la vida cristiana. Preocupación, al advertir que quien firma el artículo es escritor y sacerdote, y, desde no hace mucho, consultor del Consejo Pontificio de la Cultura.

Sin ofrecer más prueba que su propia percepción, el autor afirma de forma apodíctica que «los sacramentos de la Iglesia ya no significan casi nada para la mayoría de quienes aún participan en ellos»; sostiene que «muchos de los comportamientos de sacerdotes y laicos durante la celebración eucarística son fundamentalmente mágicos, no religiosos»; y, como argumento, pregunta al lector si puede imaginar «a los apóstoles arrodillándose ante el pan o a Jesús recogiendo las miguitas del plato» (sic); culpa a la doctrina del ex opere operato de haber desvinculado del sujeto el signo, degenerándolo y cosificándolo; explica la Eucaristía a partir del pan como «símbolo de Dios», cuyo significado es «partir y repartir el pan conscientemente», de lo cual deduce que la reserva eucarística en el sagrario carece de sentido, y considera prueba de nuestra mentalidad mágica el pensar que Dios esté más en el sagrario que fuera de él.
Propone el autor «explicarlo todo como si nunca se hubiera explicado», y presentar los sacramentos «como símbolos y ritos de valor universal, aptos para todos, cristianos o no», mostrando el cristianismo «como religión y humanismo inclusivo, no excluyente ni exclusivo». Pero, se pregunta al fin, ¿habrá alguien en la Iglesia que se atreva a aplicar esa solución?

Enorme pesar

Encontrar en tan pocas líneas tantos dislates produce un enorme pesar. ¿Conoce el autor lo que la Iglesia católica entiende por sacramento? ¿Ignora la diferencia con los ritos mágicos? ¿Sabe que el carácter sagrado de los sacramentos no estriba primariamente en el significado que nosotros les damos, sino en haber nacido de la voluntad salvífica de Cristo para comunicarnos su Vida? ¿Por qué no menciona ni una sola vez la palabra fe ni el verbo creer? ¿Piensa que los sacramentos se pueden entender sin fe? ¿Acaso desconoce la enseñanza de la Iglesia sobre la presencia permanente de Cristo en la Eucaristía, sobre la reserva eucarística y el culto debido a este Sacramento de Amor fuera de la Santa Misa?

¿Cómo es posible que, a punto de cumplirse 50 años de la encíclica Mysterium fidei (3.9.1965), se sigan hoy en día difundiendo las mismas propuestas deficientes a propósito de la Eucaristía y de los sacramentos, que ya fueron rechazadas por el papa Pablo VI? En los tiempos que corren, quizá sea este el único atrevimiento necesario: creer con la Iglesia, creer en el seno de la Iglesia.

+ José Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe.

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Carlos Osoro: “No podemos cerrar las puertas de la Iglesia ni de los sacramentos a nadie, tenemos que involucrarnos y acompañar a la gente”

Domingo, 19 de octubre de 2014

osoro-con-juan-mari-laboa-el-padre-angel-y-julian-del-olmoCarlos Osoro, con Juan Mari Laboa y el padre Ángel

“Hay gente especialista en ver manchas y arrugas: ésos no pueden anunciar el Evangelio, no sirven”

El arzobispo de Madrid, sobre el ébola: “Sólo empezamos a buscar la vacuna, cuando nos ha llegado al Primer Mundo”

Tengamos las puertas abiertasd de los templos. Es más importante que la gente pueda entrar a que alguien nos pueda robar un copón. Con las puertas abiertas, no sé por qué, pero la gente entra. Tal vez a buscar calor, a buscar silencio, pero entra
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(Jesús Bastante).- Un estruendoso aplauso. Sin decir una palabra, Carlos Osoro se hizo con los fieles de Madrid. El nuevo arzobispo de Madrid cerró esta tarde unas jornadas del Instituto Pastoral, en un acto de homenaje al “lenguaje de Francisco” y que se convirtió en una conferencia esperanzadora y programática. Por si alguien dudaba que “el peregrino” era el hombre indicado por el Papa para cambiar el rostro de la Iglesia española.

Allí estaban todos: “represaliados” e Iglesia oficial. Historiadores y divulgadores como Juan Mari Laboa o Benjamín Forcano; apóstoles de la solidaridad como el padre Ángel o Luis Lezama; o teólogos como José Luis Segovia, José Luis Corzo o Vicente Vide. Curas obreros como Eubilio “Bily”, religiosas, religiosos, laicos…. Casi medio millar de personas, de todas las edades, acompañaron al nuevo arzobispo en su primer acto en Madrid, apenas una semana antes de suceder oficialmente a Rouco Varela en la sede de Bailén.

“Esta es su casa. Le deseamos un ministerio muy fecundo al frente de la diócesis de Madrid”, le presentó Jacinto Núñez, decano de la Facultad de Teología de la Upsa, que acompañó, junto al rector, Ángel Galindo, a Carlos Osoro en la mesa. “Es la primera vez que me aplauden sin haber dicho ni hecho nada”, bromeó el prelado, quien quiso tener un guiño a la noticia, urgente, que circulaba por los móviles, acerca del misionero ingresado con síntomas de ébola.

Es muy triste que suceda que, en casos como el ébola, sólo empezamos a buscar la vacuna, cuando nos ha llegado al Primer Mundo“, denunció Osoro. “Ése es el descarte, eso es descartar. Ojalá seamos capaces de encontrar una cosa distinta: que siempre miremos a los que están pasando mucho peor que nosotros. Un cristiano tiene esa obligación“.

Ya en el tema de su ponencia -el lenguaje del Papa Francisco-, Osoro planteó dos caminos para entender a Francisco: “el camino de la interioridad y el de la alteridad, del encuentro con Dios”. Elementos fundamentales en esta salida misionera que el Papa Francisco nos pide que tomemos, que es el mismo que nos pidió nuestro Señor: id por el mundo y anunciad el Evangelio”.

Y con un mensaje programático: “Es necesaria una Iglesia en clave de misión. Una Iglesia con puertas abiertas. No cerrar las puertas a nadie, ni los sacramentos. No cerrar las puertas a los enfermos, a los pobres. Empezando por las puertas abiertas de los propios templos que tenemos. Es más importante que la gente pueda entrar a que alguien nos pueda robar un copón. Con las puertas abiertas, no sé por qué, pero la gente entra. Tal vez a buscar calor, a buscar silencio, pero entra”.

Una Iglesia “que anuncia el Evangelio a todos, involucrándonos en las situaciones de la gente, acompañando, haciendo la fiesta que la gente necesita”. Y es que no podemos llevar tristeza“. Eso significa cercanía, acogida cordial, no estar todo el rato condenando. “Hay gente especialista en ver manchas y arrugas: ésos no pueden anunciar el Evangelio, no sirven“.

¿Qué elementos son esenciales para ello? “La caridad y la misericordia”, señaló Osoro. Palabras “hermosas, pero que a veces hemos desacreditado. Todos los mandamientos se resumen en el mandamiento del amor”. Y “Dios es amor, y pasea por este mundo diciéndonos cómo el hombre debe ser protagonista de ese amor de Dios. Igual que Dios se acerca a nosotros sin condiciones de ningún tipo, así nos pide que nos acerquemos a los demás“, incidió Osoro, quien animó a “vivir en la perspectiva de la salvación. Como dice el Evangelio: no he venido a condenar, sino a salvar, esto es lo que nos pide el Papa Francisco. Vivir en la dinámica del amor, y no en la del juicio“. “Sólo así daremos un paso fundamental para hacer entendible el mensaje de Jesús al mundo de hoy”, añadió el arzobispo, quien clamó para queno arrinconemos a Dios, para que el hombre sea lo que es: imagen de Dios.

Lejos del lenguaje catastrofista que abundaba en la Iglesia antes de la llegada de Francisco, Osoro apuntó que “las creaciones del hombre no son siempre malas: hay cosas muy buenas e importantes. Así nos lo enseña el Concilio Vaticano II”. Con una actitud similar al de los discípulos de Emaús: “es esencial hacer el camino, desde la dinámica del amor, y no la dinámica del juicio”. “Estamos llamados a generar vida y esperanza, y no muerte y desilusión. No estamos llamados a generar muerte o desilusión: eso no es de Jesucristo ni es la tarea de la Iglesia”, apuntó el arzobispo electo de Madrid. “Hay urgencia de alcanzar la alegría del Evangelio, que tiene tres rasgos: nos lanza permanentemente a la misión. Estamos ungidos de esperanza, y el Señor nos lanza a encontrarnos con los demás; es una alegría que genera encuentro e inclusión, y no desencanto y división, o como dice el Papa, descarte; es una alegría que va a buscar a todos, sin excepción“.

“Dejaos querer por Dios, porque eso te cambia la vida, y te da capacidad para encontrarte no con los que a ti te gustan, que eso es fácil, sino con todos”, añadió. Porque ésta es otra de las claves: “La Iglesia tiene que generar atracción, para provocar respuesta, señaló, animando a “entrar en la dinámica del amor, y no del juicio”.

“La Iglesia del Papa Francisco es casa de acogida, casa de misericordia, proclamó el prelado, apuntando que “el acogedor es amable, hospitalario, sociable. Acoger es siempre un acto de amor. Es un valor que hay que cultivar y educar”. ¿Por qué? Porque la acogida abre puertas, y consigue que el que es recibido abra puertas a otro. No hay rechazo, no hay exclusión.

Para ello, “hay que generar espacios de reflexión, espacios de comunión. Es necesario construir la ciudad, llegar al corazón donde se gestan los nuevos relatos. Y eso precisa de una mayor participación de todos: de los laicos, las mujeres, los niños, la religiosidad popular…” Y también “la inclusión social, el diálogo con las nuevas realidades”. Osoro acabó denunciando lasnuevas esclavitudes“, y proclamando la importancia de la parroquia como instancia viva. “No a la parroquialitis, no al párroco que somete a los demás, sino trabajando en comunión“.

“A ver si lo podemos hacer entre todos, sin echar a nadie, pidió Osoro. “Sí, pero necesitamos que el arzobispo ‘primeree’“, contestó el auditorio. Y el nuevo arzobispo de Madrid sonrió. Y asintió. Una conferencia de programa, y de gestos. Que también construyen Iglesia.

Fuente Religión Digital

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“Los sacramentos de la humanidad”, por Óscar Fortin, Québec-Canadá

Domingo, 13 de abril de 2014

13444991033_baa49cb1db_nLeído en Humanismo en Jesús:

En las religiones cristianas, los sacramentos ocupan un lugar importante. En resumen, Jesús de Nazaret habría dejado ritos sacramentales, por los cuales sigue comunicando sus gracias y sus beneficios de la salvación. Estos ritos fueron definidos a través de los siglos para convertirse en los siete sacramentos que definen, en exclusividad, la acción salvífica de Cristo en el mundo. Obviamente, los gestionaros de estos sacramentos son las autoridades eclesiales y en ciertos casos los bautizados.

Este enfoque de la acción salvífica de Cristo en el mundo no resiste más al desarrollo de los conocimientos bíblicos, exegéticos, teológicos e históricos de las últimas décadas. El Jesús de Nazaret, cuya figura se aproxima cada vez más a nosotros, tiene una acción y un mensaje que nos orientan diferentemente en la comprensión de su presencia en el mundo. Es él que nos hace llegar a los más pequeños, a los excluidos, a los marginados, identificándose a ellos. “Todo lo que harán a los más pequeños de los míos, a mí me lo hacen.” Es él quien alentó a aquellos que luchaban por la justicia y a quienes declaró bendecidos en las inevitables persecuciones de las cuales eran víctimas. Cada una de las Bienaventuranzas puede ser considerada en este sentido. Con este entendimiento de la acción de Jesús en el mundo, podemos identificar siete de ellas como los sacramentos con mas significado de su presencia en la humanidad: las obras de verdad, de justicia, de solidaridad, de inclusión, de compasión, de liberación y del amor. Para conocer algo más sobre cada uno de estos sacramentos, ver aquí.

Estas siete obras coincidan con los mas importantes mandatos de Jesús. En el día del juicio final (Mateo (25, 31-26) tendremos que responder de estas obras. También, al leer a los profetas resalta la importancia que le dan al seguimiento de estas consignas de acción, las cuales representan el verdadero culto que le gusta a Yahvé.

« No me sigan trayendo vanas ofrendas;
el incienso es para mí una abominación.
Luna nueva, sábado, convocación a la asamblea…
no puedo aguantar la falsedad y la fiesta!
Cuando extienden sus manos,
yo cierro los ojos;
por más que multipliquen las plegarias,
yo no escucho: 
las manos de ustedes están llenas de sangre, aprendan a hacer el bien!
¡Busquen el derecho,
socorran al oprimido,
hagan justicia al huérfano,
defiendan a la viuda! » (Is 1, 13-17)

« El que obra con justicia y habla con rectitud,
el que rehúsa una ganancia extorsionada,
el que sacude sus manos para no retener el soborno,
el que tapa sus oídos a las propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la maldad: ese hombre habitará en las alturas,
rocas fortificadas serán su baluarte,
se le dará su pan
y tendrá el agua asegurada. » (Is 33, 15-16)

« ¡Ay de los que acumulan una casa tras otra
y anexionan un campo a otro,
hasta no dejar más espacio
y habitar ustedes solos en medio del país!
El Señor de los ejércitos lo ha jurado a mi oído: 
Sí, muchas mansiones, grandes y hermosas,
quedarán desoladas por falta de habitantes. ¡Ay de los que llaman bien al mal
y mal al bien,
de los que cambian las tinieblas en luz
y la luz en tinieblas,
de los que vuelven dulce lo amargo
y amargo lo dulce, de los que absuelven por soborno al culpable
y privan al justo de su derecho! ¡Ay de los que promulgan decretos inicuos
y redactan prescripciones onerosas, para impedir que se haga justicia a los débiles
y privar de su derecho a los pobres de mi pueblo,
para hacer de las viudas su presa
y expoliar a los huérfanos! » (Is 5, 8-9. 20-23; 10, 1-2)

« Júzgame, Señor, 
y defiende mi causa 
contra la gente sin piedad; 
líbrame del hombre falso y perverso. » (Sal 43,1). « Con gloria y majestad, avanza triunfalmente; cabalga en defensa de la verdad y de los pobres. 
Tu mano hace justicia y tu derecha, proezas. » (Sal 45,4)

« Así habla el Señor: Practiquen el derecho y la justicia; libren al explotado de la mano del opresor; no maltraten ni hagan violencia al extranjero, al huérfano y a la viuda; no derramen sangre inocente en este lugar. » (Jer 22,3)

Estas intervenciones de los profetas remontan a más de 2500 años, pero siguen de gran actualidad. El mundo en que vivimos contiene, como en estos antiguos tiempos, la misma confrontación entre las fuerzas de la corrupción, de las mentiras, de la avaricia y esas otras fuerzas apoyadas por el Eterno : la justicia, la compasión, la verdad, la honradez, la no-violencia y el respeto de los más débiles. Basta con mirar lo que está pasando en todas las partes del mundo para constatar hasta que punto hemos llegado en el arte de disfrazar en lo bueno esas fuerzas de contaminación y de destrucción de la humanidad. Vivimos en un mundo de “falsos positivos” en que los buenos son presentados como los malos y los malos como los buenos. Hemos llegado a la cima del engaño y de la codicia.

¿Qué papel asume la Iglesia en este mundo dominado por el engaño y la codicia? La pregunta es de las mas importantes, pues la Iglesia es la que lleva la buena noticia del Reino de Dios en la Tierra. La oración que nos enseno Jesús pone en nuestra boca esas palabras: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo »

Por supuesto que la Iglesia cuya cabeza es el Resucitado y su inspiración el Espíritu Santo sigue presente a través de millones de personas de buena voluntad que obran en las obras de justicia, de verdad, de compasión, de solidaridad, de inclusión universal, de liberación y de amor. Esa Iglesia sigue siempre muy viva en el servicio de una humanidad creada a la imagen de su creador y salvador.

Lamentablemente, no podemos decir lo mismo de la Iglesia institucionalizada sobre el esquema de los imperios. Ella desarrollo doctrinas y cultos adaptados a su esquema institucional. Los servidores del Evangelio se transformaron en jerarquías de autoridades y el pueblo de Dios en un rebano sometido a la doctrina y a los cultos impuestos por ella. El Evangelio y Jesús pasaron a secundo plano y a ser referencias mas cultuales y religiosas que compromisos de vida.

No hace duda que la Iglesia institución, tal como existe actualmente, debe realizar una verdadera conversión para volver a ser el signo activo de la presencia del Resucitado y de su Espíritu en el mundo. Jesús sigue siendo la cabeza de la Iglesia y el Espíritu Santo sigue distribuyendo sus dones como lo entiende. No tiene que pedir permiso a ninguno, ni del papa, ni del cardenal, ni del obispo, ni del sacerdote para actuar. He aquí lo que dice el apóstol Pablo.

« Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere. Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo —judíos y griegos, esclavos y hombres libres— y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. » (1Co 12, 11-13)

Muchos cristianos se identifican con la Iglesia-institución y sus ritos de la sacramentalidad como camino conduciéndolos a su salvación. Sin embargo, muchos otros demuestran su fe a través compromisos al servicio de la verdad, de la justicia, de la compasión, del servicio, del amor, luchando contra la corrupción, la codicia, las mentiras, la manipulación, la hipocresía. Tal vez, estos últimos tendrán la sorpresa de su vida cuando el juez supremo les dirá:

« Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?” Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. » (Mt 25, 34-40)

El papa Francisco, por su ejemplo, su compromiso con los pobres, por su humildad y sus palabras de bondad y de misericordia abre el camino a una Iglesia que necesita volver a sus raíces para encontrar de nuevo su alma. A los apóstoles que miraban siempre al cielo después de la ascensión de Jesús, vino un ángel a decirles de ir a Galilea, y que allí lo hallarían. La Galilea de hoy es el mundo entero donde viven más de 7 billones de seres humanos. Jesús está siempre en esta gran Galilea.

Oscar Fortin
http://blogs.periodistadigital.com/humanismo-de-jesus.php

Quebec, 27 de marzo

traductor : Marius Morin-Oscar Fortin

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Recordatorio

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