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Para ser discípulo

Viernes, 6 de octubre de 2023
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Del blog de los Amigos de Thomas Merton:

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“Con gran ingenuidad pensamos que el camino espiritual es transitado por «los buenos». Nada de eso: no necesitan de salud los sanos – asegura Jesús – , sino precisamente los enfermos. Nadie emprendería un camino de búsqueda espiritual si no fuera consciente, al menos en parte, de que su alma está afligida por alguna enfermedad. ¿Enfermedad? (Yo diría también: alguna carencia, algún anhelo) ¿Qué enfermedad? Nuestro cuerpo y nuestra mente nos revelan que hay algo que no funciona: nos falta espíritu. Para ser discípulo basta tomar consciencia de esta carencia, escuchar la llamada a crecer y, en fin, ponerse a caminar (“Sal de tu tierra… “Conviértete”). Ningún fallo es un verdadero obstáculo si existe el deseo honesto de superarlo (La “determinada determinación” de Santa Teresa) .

Un camino espiritual es un conjunto de pautas o consignas que orientan la transición desde un origen oscuro, o al menos insatisfactorio, hasta una meta luminosa, enseñando cómo superar las dificultades o trabas que se puedan presentar. Un camino espiritual es bueno si nunca pierde de vista ni el horizonte último al que tiende ni el paso siguiente que debe darse para ir a él: ambos polos deben permanecer siempre unidos, pues sólo esta unión es la que conforma un camino. La función del maestro espiritual es mostrar al discípulo que ese horizonte lo tiene dentro (que es su verdadera identidad) y que el siguiente paso que debe dar para alcanzarlo lo tiene ante sus ojos, al alcance de la mano”.

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Pablo D’Ors

Biografía de la luz.
(Con algunos añadidos)

Abrahánblog

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“Lectura para el verano”, por Gabriel Mª Otalora

Miércoles, 19 de julio de 2023
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El tiempo es un valor que nos iguala veinticuatro horas cada día durante todo el año. Da igual ser ministro que atleta o jubilada… Esto vale también para nuestro tiempo libre, en el que la lectura placentera ocupa todavía un lugar de importancia. Y eso que nuestra sociedad tremendamente frenética no ayuda a estarse quieto un buen rato con un libro entre las manos. En este contexto, el tiempo libre por excelencia lo marca el verano en el marco incomparable de las vacaciones como escenario perfecto para reposar lecturas que durante el resto del año han tenido que esperar.

La lectura nos proporciona viajar a otros espacios y otras épocas para explorar nuevas experiencias sin necesidad de invertir tiempo en desplazamientos. Hay libros que nos han hecho volar lejos, viajar a través de lugares inimaginables, escapar de nuestro mal momento con experiencias que calan hondo. Leer nos activa las endorfinas del ejercicio intelectual que tonifican nuestro interior. Ya lo dijo Joseph Adisson en el siglo XVII: la lectura es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo. Es una gran verdad: con los buenos libros se pueden vivir experiencias plenas, aprender, moldear nuestros sentimientos mientras disfrutamos, con la inteligencia a pleno rendimiento como lo demuestra la ciencia:

El Museo de Historia Natural de Londres albergó una exposición sobre el cerebro humano. En una de las salas se mostraba la reproducción de un cerebro a gran escala. Y cada zona cerebral que entra en actividad según la tarea que se le encomiende, está marcada por unos focos que iluminan la zona del cerebro que activamos desde la inteligencia. En total, cincuenta y nueve zonas están señaladas en un panel con un botón para señalar cualquiera de ellas, de manera interactiva. Las conclusiones se comentan por sí solas: apretando el botón de escuchar música se activan cuarenta y dos zonas cerebrales. En cambio, ver un programa de televisión solo cinco. Pero si pulsamos la lectura de textos literarios, oh sorpresa, se encienden la totalidad de luces, o lo que es lo mismo, que el cerebro humano trabaja en su totalidad a pleno rendimiento en cuanto nos sumergimos en la lectura.

En esta primera reflexión veraniega me voy a permitir recomendar un libro de algo que andamos escasos en nuestras relaciones humanas: la escucha, a pesar de que es una herramienta básica para una sana convivencia, el enriquecimiento amistoso así como para el diálogo fecundo en la vida espiritual, con uno mismo, con el prójimo y con Dios. Los cristianos, en particular, deberíamos saber más de la escucha, que por algo es uno de los fundamentos de la oración, comenzando por la escucha para acoger la Palabra.

El libro que recomiendo es Escuchar para ser, de Franz Jalics, y presentado por Pablo d´Ors con una reflexión también muy interesante; editado por Siruela, 2022. Existen muchos libros que reflexionan sobre la escucha, pero este es especial. La apertura al otro y al Otro, la escucha desinteresada, incluso buscando que el otro se sienta acogido en la escucha, amado, pero no de forma posesiva. Aquí se nos recuerda que escuchar adecuadamente puede ser un servicio mucho más valioso que hablar teniendo muy presente -escribe Jalics- que, incluso en el campo de la fe, el anuncio no consiste tanto en “transmitir” o “convencer” cuanto  en compartir… Resalta que oración y escucha forman una unidad y se sustentan la una a la otra como ayuda a una profunda transformación interior que nos lleve a relaciones humanas más auténticas.

Lo cierto es que este libro interesa desde el primer capítulo titulado “Convertirse al prójimo”. Jalics nos va llevando a través de 200 páginas por sus enseñanzas como escuchador, a caballo entre un ensayo espiritual y un cuaderno de experiencias que no defraudarán a los lectores. Y lo hace sabiamente desde la humildad y su enorme bagaje, con sencillez como lo contrario a la simpleza, corrigiendo lo que pueda entorpecer el verdadero diálogo en la escucha. Y nos advierte: aunque sepamos qué le preocupa a la persona que tenemos enfrente no descartemos que necesite ser escuchada.

Si leer activa todas las zonas del cerebro, nos hace más cultos, más reflexivos y sobre todo más humanos gracias al incesante diálogo de quien lee con el autor o ensayista de turno, qué no decir de los libros de espiritualidad como este, cuando el interlocutor predispone a un diálogo profundo y enriquecedor con uno mismo y con Dios, que nos espera también tras las páginas de un buen libro pensando en quienes necesitan de nuestra buena escucha. Y yo acabo de proponer uno.

¡¡Feliz diálogo espiritual veraniego!!

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Bienaventurados los mansos

Viernes, 18 de febrero de 2022
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Manso es quien ha llorado tanto que ha limpiado sus ojos y, finalmente ve la realidad.  Manso es quien, en virtud de esa purificación e iluminación, permite que la realidad sea lo que es. Manso es quien no impone su criterio, pretendiendo que todo se ajuste a lo que, según él, deberían ser las cosas. Manso es quien ha entendido la no-violencia, la no-resistencia, quien fluye con el agua de la vida, dejándose conducir allá donde la corriente le lleve.

No se trata de sumisión o cobardía, sino de saber que la realidad pone todo en su sitio antes o después. De saber que la lucha genera más lucha. El poder de la mansedumbre consiste en recibir la vida así como viene, para luego, tras haberla  trabajado por dentro y haberse dejado trabajar por ella, devolverla al mundo.

 Lo que se promete a los mansos es que heredarán la tierra. No puede ser de otro modo, puesto que sólo ellos la acogen tal cual es. Cuando veas de verdad, te darás cuenta de que tú eres eso que estás viendo. Esto es a lo que apunta la mansedumbre, que hoy preferimos designar con el término aceptación“.

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Pablo d´Ors,
Biografía de la luz.

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Pablo d’Ors: “Jesús es un extraordinario arquetipo del yo más profundo”

Viernes, 16 de julio de 2021
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Pablo-dOrs-Biografia-luz_2332876691_15497412_660x371El escritor y sacerdote madrileño habla de su obra más reciente, ‘Biografía de la luz’

“Ojalá nos guiaremos siempre no simplemente por lo que sentimos y pensamos, sino por el espíritu, por lo que somos, que es algo mucho más profundo. Lo que pensamos y sentimos es cambiante. En cambio, lo que somos es algo más estable, más fiable, más duradero”

“Admiro a Jesús no solamente por ser un profeta, sino porque fue un poeta. Tuvo una extraordinaria sensibilidad para captar las imágenes que subyacen en cada situación, así como una magnífica habilidad para atrapar el imaginario de sus oyentes”

“En todos mis libros procuro que aflore quien soy. Unos lo dejarán ver más claramente que otros, puede ser. La peculiaridad de Biografía de la luz es que es un libro sobre el evangelio, es decir: un escrito sobre otro escrito. Sí puedo decir que es el libro en el que he intentado escribir con menos ego”

“Nosotros no somos simplemente luminosos o simplemente oscuros. Somos las dos cosas. Igual que una jornada es día y noche. ¿Cuándo se abre el día? Cuando es más de noche. Cuanto más hondas son tus tinieblas, más posibilidades tienes de que se abra una luz genuina”

El libro ‘Biografía del silencio‘ nos invitaba a meditar. Este nuevo libro, Biografía de la luz, nos propone una aproximación a la espiritualidad. La pregunta ¿quién soy? se presenta como una piedra fundamental para acercarnos a la espiritualidad. ¿Puede la vida de Jesús dar pistas para reflexionar sobre nosotros mismos? 

Biografía de la luz es la continuación natural de Biografía del silencio (Siruela) por la sencilla razón que silencio y palabra son las dos caras de la misma moneda. Hacemos silencio en orden a la escucha. Y lo que escuchamos es la palabra, precisamente la voz de la conciencia. Por otro lado, la escucha de esa voz interior requiere de mapas o plantillas desde las que poder afinar el oído. Para mí, como cristiano, Jesús de Nazaret y, en concreto, el evangelio es la plantilla más adecuada que he podido encontrar. En ese sentido, preguntarme por mí es tanto como preguntarme por el yo más profundo, del cual Cristo es un extraordinario arquetipo.

¿Cree que la búsqueda espiritual y en concreto cuestionarnos sobre quienes somos es transgresor dentro de una cultura laica dominante? 

Seguramente es un acto contracultural. Todo nos invita a mirar hacia afuera y no hacia adentro. No tenemos el hábito de hacernos preguntas tan radicales de carácter existencial. En definitiva, leemos para responder esta pregunta, viajamos para responder esta pregunta, entramos en relación con los otros para responder esta pregunta. Detrás de las cosas esenciales que hacemos siempre está el gran dilema de la identidad.

¿La construcción de nuestra identidad tiene que ver con la búsqueda de un mandato interno o está vinculada con el papel que cada uno tiene en la sociedad? 

Siempre que hablamos de identidad existe la tentación de caer en el dilema de tener que escoger. Pero lo individual no excluye lo social o lo colectivo. Al contrario. Hablamos de dentro y de fuera, pero no deja de ser una metáfora. Realmente lo de dentro es un espejo de lo de fuera, y lo de fuera es un espejo de lo de dentro. Son categorías para entendernos. Las provocaciones en torno a la propia identidad vienen de todas partes, tanto de dentro como de fuera.

“El principal rasgo de una persona espiritual es su respeto a la realidad. Es decir: la no intervención, la confianza en que la realidad tiene los recursos indispensables”

Jesús llamó a dos pescadores y les dijo: veníos conmigo y os haré pescadores de hombres . Resulta sobrecogedora la inmediatez con que estos discípulos aceptaron la invitación de Jesús y le siguieron sin dudarlo. Acción pura. Dices que tanto la mente como el corazón tienden a degenerar en intelectualismo y sentimentalismo. ¿Cómo se consigue que nuestras acciones no se rijan por el intelecto y por las emociones?

Es un largo entrenamiento. Ojalá que nos guiaremos siempre no simplemente por lo que sentimos y pensamos, sino por el espíritu, por lo que somos, que es algo mucho más profundo. Lo que pensamos y sentimos es cambiante. En cambio, lo que somos es algo más estable, más fiable, más duradero. ¿Cómo se entrena? Fundamentalmente abriendo espacios y tiempos de silencio, que es tanto como abriendo espacios y tiempos de recepción y acogida para realmente escuchar la realidad (antes de pretender transformarla). El principal rasgo de una persona espiritual es su respeto a la realidad. Es decir: la no intervención, la confianza en que la realidad tiene los recursos indispensables. Es como en la relación de ayuda, por poner un ejemplo. La primera norma de una auténtica ayuda consiste en creer en la autonomía del otro. Confiar en que cualquier persona tiene los recursos suficientes para conocerse, mejorarse y curarse. Si realmente crees eso, no le dices a nadie lo que tiene que hacer, sino que le escuchas para que por sí mismo vaya descubriendo qué debe hacer. Pues bien, esa relación de escucha debe darse de cara a la realidad en general.

Además de la lectura existencial (quién soy) y la mística (desde el interior), propone una lectura artística. Como artista, ¿cuál es la aportación que ésta perspectiva le ha dado en su interpretación del Evangelio?

Admiro a Jesús no solamente por ser un profeta, sino porque fue un poeta. Tuvo una extraordinaria sensibilidad para captar las imágenes que subyacen en cada situación, así como una magnífica habilidad para atrapar el imaginario de sus oyentes. En este sentido, fue un extraordinario poeta. Nosotros tenemos una mentalidad muy racional y reflexiva y, cuando leemos el texto sagrado, inmediatamente nos preguntamos qué significa. Tenemos siempre la voluntad de desentrañar, típica del intelectual.

Cuando hablo de lectura poética me refiero a leer un libro con la misma actitud con la que uno, por ejemplo, se va de excursión a la montaña. Cuando uno va a la montaña no quiere comprender la montaña, simplemente quiere vivir un día en la montaña, disfrutar del aire, del paisaje, de la naturaleza, de los animales… Si tuviéramos esa actitud (que entiendo es difícil) a la hora de leer, se despertarían cosas muy diferentes. Hemos identificado el mundo de la palabra con lo intelectual. Sin embargo, existe un mundo de la palabra que no es directamente intelectual sino es espiritual. Si alguien te dice: te quiero, lo más inteligente no es ponerse a pensar qué significan estas palabras, sino recibirlas y ver qué generan en tí.

En el epílogo comenta que comenzó a escribir este libro en una época en la que se ahogaba en sus propias tinieblas. Para que haya luz tiene que haber sombra. ¿Para encontrar un sentido tenemos que perdernos? 

Una vez más luz y sombra son las dos caras de la misma moneda. Igual que silencio y palabra. No podemos escuchar la palabra sin silencio. Y el silencio, a su vez, nos invita a escuchar la palabra. Con la luz y la oscuridad nos sucede exactamente lo mismo. La luz es la oscuridad alumbrada y la oscuridad es una luz que todavía no sabe que lo es. La realidad no es simplemente luminosa o simplemente oscura. Nosotros no somos simplemente luminosos o simplemente oscuros. Somos las dos cosas. Igual que una jornada es día y noche. ¿Cuándo se abre el día? Cuando es más de noche. Cuanto más hondas son tus tinieblas, más posibilidades tienes de que se abra una luz genuina. Esto desarticula nuestra idea un tanto ingenua o infantil de lo que es la iluminación.

‘Biografía de la luz’ refleja la mirada del sacerdote, la del artista y la mirada de la meditación con la cual usted tiene un vínculo muy estrecho. ¿Es éste el libro en el que vuelca más radicalmente su esencia?

Es difícil responder a esto. Es verdad que soy sacerdote y es verdad que soy escritor, pero también es verdad que, si no fuera sacerdote y no fuera escritor, no por ello dejaría de ser. Quizás habría tenido otras formas de expresión diferentes. Siendo para mí muy importantes la vocación literaria y la vocación espiritual, no dejan de ser coyunturales. No me identifico plenamente con ellas, porque creo que hay algo mucho más profundo. En contra de lo que dijo Ortega Gasset, yo no soy mis circunstancias. Las circunstancias me han llevado a ser sacerdote y a ser escritor, pero yo soy algo más radical, que no se agota en esto. Éstas son formas para expresar ese fondo.

En todos mis libros, y tengo 12 títulos publicados, procuro que aflore quien soy. Unos lo dejarán ver más claramente que otros, puede ser. La peculiaridad de Biografía de la luz es que es un libro sobre el evangelio, es decir: un escrito sobre otro escrito. Sí puedo decir que es el libro en el que he intentado escribir con menos ego. Procuro que ese afán de apropiación o dominio, que llamamos ego, aflore lo menos posible. El tiempo dirá si es el libro que más me representa. Me da en la nariz que no va ser así. Tanto este libro como Lecciones de ilusión (Editorial Anagrama) son libros muy ambiciosos y extensos, aunque no necesariamente que los mejores o los más reveladores de mi identidad. Eso el tiempo lo dirá.

¿Considera que la aproximación al evangelio desde la vertiente existencial, meditativa y artística es la más adecuada para los tiempos que corren? 

Desde luego que sí. Creo que es legítima la lectura literal, más directa o infantil. Es legítima la lectura histórica crítica para aquellos a quienes interesa una lectura más científica . Y es legítima la lectura teológica, propia de la confesión cristiana. Pero esta lectura, que como apuntábamos es una lectura existencial, meditativa y poética , creo que responde a un hueco que no estaba cubierto. Por otra parte, quiere responder a la sensibilidad y al lenguaje de muchos de nuestros contemporáneos. Con toda modestia considero que es un libro necesario, había algo que no estaba dicho y aquí hay al menos un intento.

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Pablo d’Ors: “La gente ya se ha cansado de esperar a que la Iglesia cambie”

Jueves, 29 de abril de 2021
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Pablo-dOrs-Biografia-luz_2332876691_15497412_660x371“La BdL es una aproximación al Cristo interior de cada cual: sus destinatarios naturales son los buscadores espirituales, con independencia de su confesionalidad o, incluso, agnosticismo”

“A los nuevos crucificados de la historia no hay que explicarles nada, bastante tienen ya con lo suyo. Hay que amarles, es decir, estar efectiva y afectivamente con ellos”

“Una vida espiritual que no aterrice en lo concreto es aristocracia interior en el mejor de los casos y, probablemente, mera alienación”

“El papa Francisco es un bendito. La gente metiéndole caña y él, pese a sus años y achaques, llevando firmemente el timón de la Iglesia. Porque que nadie dude de que lo lleva. Este papa hace mucho, más de lo que puede”

“La gente que fustiga a este Papa, y se le fustiga sobre todo desde dentro, sencillamente no tiene corazón”

Pablo d’Ors (Madrid, 1963) sacerdote y escritor de larga y exitosa trayectoria, no necesita presentación. Acaba de publicar su última novela, ‘Biografía de la Luz’ en Galaxia Gutemberg, con la que, confiesa, por fin se atreve a escribir sobre su gran amor: Jesús. En una novela en la que escribe como vive: con verdad y sin hipocresías ni disimulos. Por eso confiesa que su aguijón es un “dolor de espalda” tan agudo que, para acabar con él estaría dispuesto a entregar todos sus éxitos literarios, su obra espiritual de Los amigos del desierto y hasta su propio sacerdocio. Su medicina para salir de las sombras: la oración y el amor. “Todo se puede soportar si tienes alguien que te quiere de verdad a tu lado”, explica.

Como sacerdote, a d’Ors también le duele (y mucho) la situación de la Iglesia, que, a su juicio, ha perdido el tren de la actualidad y de la historia. “La gente ya se ha cansado de esperar a que la Iglesia cambie. La Iglesia sólo puede cambiar muy despacio, y con esa lentitud ya no se conforma nadie”, dice. Y eso que reconoce la ingente labor que, para reformarla, está haciendo el Papa Francisco. Por eso, asegura que “La gente que fustiga a este Papa, y se le fustiga sobre todo desde dentro, sencillamente no tiene corazón”.

-¿’Biografía de la luz‘ es, para usted, un libro más o un libro especial?

Todos mis libros son para mí especiales, ninguno es simplemente uno más. Cada cual nace de una situación muy concreta e inolvidable para mí, también esta ‘Biografía de la luz’. Su particularidad radica en que por fin me atrevo a escribir sobre Jesús, mi gran amor.

– Se lo dedica a Franz Jalics, al que califica como “mi maestro”. ¿Qué relación mantuvo ‘su maestro’ con el Papa Francisco?

Tuve el privilegio de conocer a Franz Jalics en diciembre de 2013. Pasé 12 días con él y, durante todos y cada uno de aquellos días, me recibió en su cuartito, pues era mucho lo que tenía que preguntarle sobre su vida y su método de oración, así como mis deseos de compartir con él algunas dudas personales. Me respondió a todo lo que le pregunté menos a lo relacionado con el papa Francisco. Dijo que sobre ese punto ya había dicho a los medios todo lo que tenía que decir.

– ¿Su libro es una “aproximación al Jesús místico” para buscadores de espiritualidad?

Más que al Jesús místico, que también, la BdL es una aproximación al Cristo interior de cada cual. En ese sentido, sus destinatarios naturales son los buscadores espirituales, con independencia de su confesionalidad o, incluso, agnosticismo.

– En un mundo lleno de ruido y de solicitaciones sensoriales, ¿cree realmente que hay gente dispuesta a pararse, “mirarse por dentro y cambiar por fuera”?

Pocos, desde luego, pero muchos más de los que creemos. Quienes queremos hacer la aventura interior y quienes queremos tomarnos en serio la simplicidad como criterio somos una inmensa y hermosa minoría. Todo lo grande empieza siempre con pocos. Y desde abajo.

– ¿Cómo explicarles a los ‘crucificados’, a los tirados en las cunetas de la vida que también ellos “tienen dentro una criatura que quiere nacer: un proyecto, una idea, una misión…”?

A los nuevos crucificados de la historia no hay que explicarles nada, bastante tienen ya con lo suyo. Hay que amarles, es decir, estar efectiva y afectivamente con ellos. Claro que ellos tienen dentro lo mismo que todos los demás, pero difícilmente podrá cuidarse el ámbito espiritual si el material está por construir. Sería como empezar la casa por el tejado.

– ¿Cómo reconocer a Dios “en lo ordinario y en lo pequeño” de tantas vidas sin horizontes y con las esperanzas agostadas?

Lo cotidiano y pequeño es el punto de partida -y el de llegada- de la vida espiritual. Una vida espiritual que no aterrice en lo concreto es aristocracia interior en el mejor de los casos y, probablemente, mera alienación. La profundidad de lo bello es más perceptible, por paradójico que parezca, en lo humanamente pobre. Así, misteriosamente, habla más de Dios el rostro de un anciano que el de un joven en su plenitud.

“Las personas luminosas y pacíficas son toleradas sólo cuando no hacen ruido” ¿Por eso, el Papa Francisco tiene tantos enemigos dentro y fuera de la Iglesia?

El papa Francisco es un bendito. La gente metiéndole caña y él, pese a sus años y achaques, llevando firmemente el timón de la Iglesia. Porque que nadie dude de que lo lleva. Este papa hace mucho, más de lo que puede, esa es al menos mi opinión. La gente que fustiga a este papa, y se le fustiga sobre todo desde dentro, sencillamente no tiene corazón.

– ¿Ha tenido o tiene oscuridades en su vida y miedo a no poder salir de su “noche oscura”?

He atravesado tres momentos críticos en mi vida, digo tres porque fueron duraderos y, por ello, claramente reconocibles. No me atrevería a llamarlos noches oscuras por la connotación mística que tiene esta expresión, llamémoslos baches estructurales, etapas de replanteamiento, meses o años depresivos… Si de los tres he salido robustecido, ¿por qué no iba a ser así en adelante?

-¿Qué es peor para usted: el dolor de espalda, el miedo al fracaso como escritor o los problemas de sueño?

Sin comparación el dolor de espalda. Entregaría toda mi obra literaria por no tener dolor de espalda. Entregaría mi sacerdocio por no tener dolor de espalda. Entregaría a los amigos del desierto, que considero mi familia, por no tener dolor de espalda. Con todo, el dolor de espalda no es lo peor. Lo peor es la depresión.

“Nadie puede dormir si no tiene la conciencia tranquila”. ¿Qué le atormenta?

No ser yo mismo. No responder al plan que Dios me ha trazado. No ayudar, sino entorpecer, el camino de otros hacia Dios.

-La medicina para salir de las sombras: Perseverancia y la ayuda de…

La oración es la gran medicina. De la mano de Dios se puede salir de todo, sólo de la mano de Dios se sale realmente de lo oscuro. Abandonar a Dios, lo llamemos así o no, supone perderse en la oscuridad. También ayuda muchísimo, hasta el punto de ser prácticamente imprescindible, la cercanía y atención del ser amado. Todo se puede soportar si tienes alguien que te quiere de verdad a tu lado.

-Después de la pandemia, ¿la Iglesia católica seguirá siendo un referente de sentido o la gente se cansará de esperar a que cambie?

La gente ya se ha cansado de esperar a que la Iglesia cambie. La Iglesia sólo puede cambiar muy despacio, y con esa lentitud ya no se conforma nadie. Sin embargo, no soy pesimista, y mucho menos derrotista. La Iglesia, es decir, la comunidad de los hombres y mujeres con esperanza en el espíritu de Jesús, se renueva insospechadamente a cada instante.

Fuente Religión Digital

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La Luz que está escondida

Viernes, 27 de noviembre de 2020
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Todo puede servir para construirse o para destruirse y, en este sentido, cualquier cosa es digna de meditación. En virtud de mi fe en la potencia sanadora del silencio, al principio creía que casi todo lo que no funcionaba en mí podría arreglarlo, antes o después, con las sentadas. Poco a poco fui percibiendo que las sentadas apuntaban a lo que no son sentadas y que, por ello, cualquier cosa que escuchase, observase o hiciese servía para cualificar mi meditación y, en definitiva, para robustecer mi carácter. Caminar estando atentos, por ejemplo, o lavarse los dientes estando atentos: percibir el fluir del agua, su refrescante contacto en las manos, el modo en que cierro el grifo, el tejido de la toalla… Cada sensación, por mínima que parezca, es digna de ser explorada.

La iluminación (es decir, esa luz que ocasionalmente se enciende en nuestro interior, ayudándonos a comprender la vida) se esconde en los hechos más diminutos y puede advenir en cualquier momento y por cualquier circunstancia. Vivir bien supone estar siempre en contacto con uno mismo, algo que solo fatiga cuando se piensa intelectualmente y algo que, por contrapartida, descansa y hasta renueva cuando en efecto se lleva a cabo.

Un escritor —y pongo ejemplos que me son afines— no es solo escritor cuando crea su obra, sino siempre. Un buscador, un explorador de los abismos del interior, no lo es solo cuando se sienta a meditar, sino siempre. La calidad de la meditación se verifica en la vida misma, ese es el banco de prueba. Por eso, ninguna meditación debería juzgarse por como nos hemos sentido en ella, sino por los frutos que da. Más aún: meditación y vida deben tender a ser lo mismo. Medito para que mi vida sea meditación; vivo para que mi meditación sea vida. No aspiro a contemplar, sino a ser contemplativo, que es tanto como ser sin anhelar.

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Pablo d´Ors
Biografía del silencio (#15)

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“La parroquia no se defiende”, por Koldo Aldai.

Sábado, 21 de septiembre de 2019
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meditacioclaracasadoEl mismo y humano corazón que el Hijo de Dios vino a abrir y desbordar es el que los obispos se empeñan en cerrar. El miedo es el peor consejero. ¿Quién si no él ha redactado el reciente documento, publicado por la Comisión para la Doctrina de la Fe en el que los obispos arremeten contra el “mindfulnes” y la meditación zen? Juzgan sin tapujos que estas prácticas, felizmente ya muy extendidas, son “incompatibles” con la fe cristiana. Critican que “ciertos planteamientos dentro de la Iglesia han podido favorecer la acogida acrítica de métodos de oración y meditación extraños a la fe cristiana”, y “equiparar a Jesús” con otros maestros fundadores de religiones.

La comunidad cristiana se renueva a cada instante. Se colma de vida creativa, de silencio resonante, nunca se acoraza. No hay parroquia alguna que defender, sino hermandad universal a alcanzar, hermandad que empieza con el acercamiento de los credos y sus responsables. El dogma nunca retuvo. La doctrina carga siempre exceso de polilla. La parroquia no se preserva, sino que se ofrenda a la más urgente necesidad humana, la construcción de los lazos de hermandad. No hay comunión humana que pueda surgir sin un profundo respeto entre los credos y las diferentes formas de concebir lo Inconcebible, sin un acercamiento entre las tradiciones religiosas y espirituales.

Inician en vano esta otra persecución los legatarios del Santo Oficio. Sólo auspiciarán nuevas y más masivas deserciones. Falta desierto a los jerarcas de la Iglesia, falta fe flexible, acogedora, sin temores, ni fronteras. ¿Algún obispo en su cabal juicio puede llegar a pensar que, Xabier Meloni, Pablo D’Ors o Anna María Schlutter, por poner sólo unos ejemplos de quienes tanto han hecho por profundizar y ampliar la fe cristiana, están en la cola de la entrada del Reino de Dios? ¿Es que el budismo zen de Thích Nhất Hạnh no es puro evangelio, elevado y poético anuncio, renovada y genuina buena nueva? ¿Los miles de europeos, los cientos de españoles, muchos de ellos cristianos, que cada verano peregrinan al gran monasterio de su “shanga” (comunidad) en Plum Vilage (Burdeos) no están movidos por una búsqueda pura y noble? ¿Es que, más allá de unas formas siempre pasajeras, puede haber la más mínima contradicción entre ese anhelo de sincera búsqueda y el evangelio de Jesús?

En nuestro mundo globalizado acorazarse es firmar sentencia de muerte. Los obispos se han propuesto fomentar el exilio de su cerrado y anacrónico coto. Representan calcadamente el Sanedrín que Jesús se esforzó en ganar para una causa más generosa, altruista y abarcante. No durará dos telediarios la Iglesia que, en flagrante contradicción con el mensaje del Nazareno, alienta la separación y fomenta el alejamiento de vías espirituales serias, responsables y necesarias. Carecen de futuro quienes se mueven por el miedo y no por el amor, quienes separan en vez de unir.

El creciente arraigo de los heterodoxos que nunca dejaron de ser vivificados por el Espíritu, de los fronterizos que nunca creyeron que la Iglesia fuera coto, sino comunión ancha y amable, inquieta a quienes temen merma de feligresía. Se sentencia la jerarquía a sí misma si condena los caminos de retorno al ser, a la interioridad, si señala con el dedo a los refugios de sincera y más universal espiritualidad que a lo largo de todos los últimos años se vienen abriendo sin su beneplácito. Le sobra razón al fundador de los “Amigos del desierto”, Pablo D’Ors, cuando afirma que «el prestigio de la meditación se ha construido sobre el desprestigio de la religión». No hace falta que suene ninguna campana fuera cuando toca retornar al interior. En el hondo recogimiento se disuelven las fes y sus eventuales colores. Nada puede atajar la búsqueda de lo verdadero, se atenga o no a unos cánones impuestos.

Investiguen, reconsideren, rectifiquen los prelados. Tamaño gesto, humilde y generoso, no pasaría desapercibido.

Koldo Aldai Agirretxe

Fuente Fe Adulta

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Pablo D’Ors: “Las formas tradicionales de la Iglesia no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos”

Sábado, 31 de agosto de 2019
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gente-muere“Hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada”, cuenta el fundador de la Asociación Amigos del Desierto

“La única manera de que exista fidelidad es de forma creativa. Si no hay creatividad, no hay felicidad; hay conservadurismo que es distinto”

“Está muy bien conservar el patrimonio espiritual, pero no estamos llamados a ser siempre conservadores, sino a ser fieles. A vivirlo realmente”

“Esto es lo que olvidamos: tan importante como el patrimonio que hemos recibido como el Evangelio, por ejemplo, es el hombre y la mujer de hoy

“Porque tú puedes tener un mensaje extraordinario pero si realmente no tienes en cuenta al destinatario, ¿para que te sirve un tesoro? ¿Para guardarlo bajo la tierra en un arcón?”

“La fidelidad no es sólo al Evangelio, es al hombre y a la mujer de hoy. Y si estamos lejos de ellos, difícilmente vamos a conectar”

El escritor, sacerdote y asesor cultural del Vaticano, Pablo D’Ors, tiene una “esperanza demencial”. El también fundador de la exitosísima red de meditadores Amigos del Desierto quiere lanzar un nuevo monacato secular, con personas dispuestas a consagrarse en medio del mundo. “Un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo”, nos cuenta, como solución a la “urgencia fundamental para la Iglesia de hoy”: la “renovación espiritual“. Hace falta algo nuevo porque “la mayoría de las formas que la Iglesia Católica presenta, para dar cuerpo a esa búsqueda espiritual, no responden, de hecho, a la sensibilidad de la gente“, afirma.

Hoy tendremos el placer de charlar un rato con uno de los grandes escritores españoles. Pablo D’Ors es novelista y asesor del Vaticano, nada menos. Fundador de unas comunidades de los ‘Amigos del Desierto’ y cura. No sé en qué orden. Bienvenido.

Es un placer estar con vosotros. Muchas gracias, José Manuel, por invitarme.

Decíamos que no sabemos en qué orden colocas tus vocaciones.

Yo suelo presentarme, normalmente, como escritor y sacerdote. Y, últimamente, también como asesor cultural del Vaticano y como fundador de la red de meditadores Amigos del Desierto.

Esto de poner escritor y sacerdote lo hago, más que nada, porque pareciera como si la vocación sacerdotal tuviera que ser la primera. Pero, realmente, en mi historia personal cronológicamente fue primero la literatura: ya con 13 o 14 años escribía mis cuentos y tenía decidido ser escritor.

En todo caso, es cierto que esta doble vocación ha sido la historia de mi vida. Y que así como lo he vivido de manera conflictiva durante mucho tiempo, porque cada una requiere mucha energía o toda tu energía, hoy lo vivo con gran serenidad y armonía. Y yo diría que no son dos vocaciones, sino dos expresiones de la misma.

O sea que, hoy, le pones un guioncito en medio y ya está.

Y me quedo tan pancho. Sí; es el ministerio de la palabra, sea escrita o sea hablada. Y ahora he comprendido que para que esa palabra sea fecunda tiene que nacer del silencio. Eso sí.

Ahora hablamos de tu obra como escritor. Pero háblame un poco de qué estás haciendo, ahora mismo, como cura. Antes estabas en un hospital.

Sí, estuve diez años de capellán hospitalario en el Ramón y Cajal. En el año 2014 fundé la asociación de Amigos del Desierto. Y empezó a crecer: hoy somos 40 Seminarios de Silencio dispersos por la geografía española. Como estaba creciendo mucho -porque realmente hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada, lo que pasa es que las formas tradicionales que ofrece la Iglesia católica no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos- pedí permiso a mí obispo, el cardenal Osoro, para que me liberara y poder trabajar a tiempo completo en la asociación. Y eso es lo que estoy haciendo.

Así que eres fundador.

Sí, aunque yo soy el primer sorprendido. Pero, sí. Y te voy a decir una cosa más, que es casi una primicia: no solamente fundador de esta red de meditadores, -que somos 500 personas- además, hay en proyecto algo maravilloso; es algo así como un monacato secular. Es decir, que hay unas 15 o 20 personas, de esos 500 que te acabo de comentar, que se están pensando consagrarse, en medio del mundo, según este estilo de meditación, de silencio.

Sin vivir juntos en comunidad en un mismo monasterio. Laicos consagrados.

Sí, laicos consagrados, pero monjes. Laicos es una cosa que ya existe de siempre. Lo novedoso…

Monjes en el mundo.

Sí. Carlos de Foucauld ya tenía una intuición sobre esto. Pero había dos cosas que lo harían radicalmente novedoso.

Tú eres muy de Carlos de Foucauld.

Sí. Lo novedoso sería, por un lado, que realmente quiere ser un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo. Es decir, no solamente compatible con la vida laboral, sino también con la vida matrimonial y familiar. Y esto ya son palabras mayores porque, hasta ahora en la Iglesia la consagración monástica no era compatible con consagración matrimonial. Y queremos hacer esta propuesta no porque se nos ocurra, sino porque hay personas que lo viven así.

Y que lo están demandando.

Sí. Y le piden alguna manera teológica, jurídica, a este hecho.

¿Y eso ya ha empezado a rodar?

Hemos empezado a rodar existencialmente. El cardenal está informado pero, bueno, vamos a ver si, efectivamente, va hacia adelante. Llevamos un par de años, así que yo pienso que va adelante.

¿En Roma no te han puesto peros?

Todavía no ha llegado allá. Está aquí, en Madrid.

¿Y ya tienes matrimonios dispuestos a abrazar ese monacato?

Por lo menos a empezar un noviciado.

Pero esto, ¿qué les exigiría? ¿Cómo compaginarían pobreza, castidad y obediencia?

No. Serían votos de, -lo llamamos- desierto y amistad. En definitiva sería lo mismo que oración y comunión. No son los clásicos tres votos de la vida religiosa tradicional.

¿Seguirían haciendo su vida normal?

Sí. Vida familiar y vida laboral pero utilizamos lo que llamaría, en su día, Panikkar “el arquetipo del monje”. Lo que es la unidad.

Digamos que la propuesta más novedosa es que, si hasta ahora el cristianismo se ha articulado fundamentalmente en clave de la palabra, nuestra modesta proposición es articularlo desde el silencio.

Nosotros, los monjes del Tabor, nos conectamos, como cualquier monje tradicional, siete veces al día pero no para los salmos, sino para la oración contemplativa, para la meditación.

Para rezar en silencio.

Sí.

Entonces, tenéis una vida pautada como los monjes, que rezan maitines, completas…

Más o menos, así es.

¿Y la gente está respondiendo a ese tipo de novedad mística?

Es una propuesta espiritual. Yo creo que siempre será propuesta minoritaria porque los monjes nunca han sido mayoritarios; siempre han sido una pequeña porción de los cristianos. Pero una minoría significativa. Yo tengo una esperanza demencial; pienso que hay tanto que purificar en nuestras formas… Leer más…

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Confianza y meditación

Sábado, 27 de julio de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Cuando digo que conviene estar sueltos o desprendidos me refiero a la importancia de confiar. Cuanto más confianza tenga un ser humano en otro, mejor podrá amarle; cuanto más se entregue el creador a su obra, esta más le corresponderá. El amor, como el arte o la meditación, es pura y llanamente confianza. Y práctica, claro, porque también la confianza se ejercita.

La meditación es una disciplina para acrecentar la confianza. Uno se sienta y ¿qué hace? Confía. La meditación es una práctica de la espera. Pero ¿qué se espera realmente? Nada y todo. Si se esperara algo concreto. esa espera no tendría valor, pues estaría alentada por el deseo de algo de lo que se carece. Por ser no utilitaria o gratuita, esa espera o confianza se convierte en algo neta y genuinamente espiritual”.

*

Pablo d´Ors
Biografía del silencio
Siruela.

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Pablo d’Ors y Juan José Tamayo presentan ‘Sin Buda no podría ser cristiano’

Sábado, 5 de agosto de 2017
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buddha_and_jesus1Comenzamos hoy una serie de artículos acerca del Budismo/Cristianismo, que espero sea de interés…

“Así que soy un cristiano budista, pero también un budista cristiano (…). Jesús me ofrece la encarnación más convincente y transformadora de cómo vivir en el panorama general nos llama a hacer la paz dentro de este mundo. Tener a uno sin el otro es no tener a ninguno de los dos”. Así concluye “Sin Buda no podría ser cristiano” (Fragmenta), la confesión de Paul F. Knitter, que ayer fue presentado con Meta Librería.

Con dos presentadores de excepción: de un lado, el sacerdote y consejero del Pontificio Consejo de Cultura del Vaticano, Pablo D’Ors. Del otro, el teólogo Juan José Tamayo. Ambos, respondiendo a la pregunta que da título al libro, y que va más allá de ciertas acusaciones de sincretismo o de falsa religiosidad. ¿Se puede ser cristiano y practicar el budismo? ¿Se puede entender la religiosidad sin los férreos corsés de cada religión estructurada? Más allá de la “moda” budista en Occidente, ¿Buda y Jesús son compatibles?

Pablo D’Ors tiene clara la respuesta: “No sólo no veo ninguna contradicción esencial entre el cristianismo y el budismo, sino una profunda afinidad. Budistas y cristianos somos hermanos”. Para el maestro de la meditación cristiana, “en realidad, budistas y cristianos somos hermanos de todo el mundo, si es que queremos ser buenos budistas y buenos cristianos”.

El problema no es, por tanto, de las percepciones religiosas, sino de las estructuras. Pero, hoy, “el budismo se ajusta a nuestra sensibilidad y lenguaje contemporáneos incomparablemente mejor que el cristianismo”, añade D’Ors. “No es sólo que la Iglesia institucional lo haya hecho muy mal, es que el budismo lo ha hecho bien, al menos en Occidente, empalmando su oferta de sentido con la imperiosa necesidad de quieens vivimos en los albores de este nuevo milenio (…). Que el cristianismo tenga cosas que aprender del budismo, como el budismo del cristianismo, me parece muy bonito y necesario”.

Y es que, como afirma el autor del libro, y resalta D’Ors, “el cristianismo necesita ser reformulado, y que esa reformulación no es, ni mucho menos, una traición al depósito de la fe, sino precisamente el modo -probablemente el único- de ser fiel al mismo”. “Perder al destinatario es tanto como perder el mensaje”, recalcó el sacerdote, quien quiso dejar claro que “Buda no es un competidor, sino un amigo”.

“Este libro que hoy presentamos es un hermoso puente, el que va del cristianismo al budismo, y viceversa –concluyó Pablo D’Ors-. Los puentes están para atravesarlos. Para hacer, siempre que uno quiera, el camino de ida y el de vuelta. A mí me gusta atravesar ese puente, os lo confieso. Enriquece mi fe y mis lazos de fraternidad con quienes son distintos a mí”.

Por su parte, Juan José Tamayo, uno de los teólogos que mejor conoce a Paul Knitter, definió al estadounidense como “un pionero” de una de las corrientes teológicas más creativas del siglo XX, la teología de las religiones, y que “pronto llegó a la convicción de que tenía que ser religioso interreligiosamente, practicar la fe cristiana comprometido con las formas en que han vivido personas judías, musulmanas, hindúes, budistas, indios americanos, etc. y hacer teología dialógicamente”.

Para Tamayo, Knitter “se toma muy en serio los tres hechos mayores de nuestro tiempo: la pluralidad religiosa, la pobreza creciente y el deterioro de la tierra, que se convierten en los principales desafíos para la nueva teología..Y es a las preguntas que emanan de tales hechos a las que pretende responder teológicamente Knitter”.

“Su metodología es el diálogo. Sólo así pueden descubrirse los elementos liberadores comunes de las distintas tradiciones religiosas, pero también sus diferencias, sin caer en fáciles irenismos o forzadas unanimidades” recalcó el teólogo español.

“Una de las principales y más originales características de la teología de las religiones de Paul Knitter es el reconocimiento de la dipolaridad dinámica: existen muchos pobres y muchas religiones. Esto implica asumir los dos polos de la realidad: el diálogo interreligioso y la perspectiva de las víctimas; la pluralidad de religiones y creencias y la pluralidad de pobres y oprimidos; el respeto hacia el “Otro religioso” y la compasión con el “Otro sufriente”; la diversidad religiosa y la responsabilidad global; la vivencia mística de la fe y las demandas proféticas; la trascendencia y la finitud; lo cósmico y lo metacósmico; el cultivo de la sabiduría y la práctica del amor; la necesidad de la interculturalidad y la urgencia de la liberación; la armonía y la diferencia. Knitter mantiene ambos polos en tensión dialéctica y mutuamente fecundante. La respuesta a las interpelaciones que proceden de ellos debe darse unitariamente”, proclamó Tamayo, quien abundó en la necesidad del encuentro entre la teología de la liberación y la de las religiones que, “sin duda, son dos de los movimientos más creativos y significativos de la teología cristiana del último siglo”.

Y es que “el compromiso por la liberación no puede separarse del diálogo entre las religiones, como tampoco este puede ser significativo sin el trabajo por la liberación”.

Jesús Bastante

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Dídac P. Lagarriga: ‘De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld’

Jueves, 19 de enero de 2017
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cubierta-en-alta-resolucion_639477Una invitación a descubrir el islam silente y místico

Prólogo de Javier Melloni Epílogo de Pablo d’Ors

(Fragmenta).- Este libro nos invita a descubrir el islam silente y místico, un islam no exento de una intensa vertiente social y cultural que busca siempre el encuentro con el otro.

El autor nos hace entrar en el recinto del diálogo interreligioso: el destinatario de las cartas (Charles de Foucauld, el lector o la misma necesidad de explicarse) es su alter ego y a la vez también es el otro.

Una conversación que rehúye la lógica temporal y las razones del dogma para establecerse en la intimidad de la experiencia a través de las cartas de alguien que se incorporó al islam y que interacciona con otro alguien que decidió convertirse al cristianismo gracias al islam.

Como dice Javier Melloni en el prólogo, “a lo largo de esta correspondencia van apareciendo muchos temas, todos tratados con una sensibilidad exquisita, casi perturbadora de tanta delicadeza con la que brotan. Van apareciendo diversos aspectos y escenarios de la vida ordinaria compartidos a media voz. La cotidianidad queda transfigurada: las bibliotecas públicas se convierten en santuarios; el encuentro con la vecindad, en consideraciones sobre geopolítica internacional; el agua de la ducha, en reflexiones sobre nuestra sociedad de la abundancia; los olores de la calle, en una celebración de los sentidos; el acto de escribir, en una erudición sobre el arte de la caligrafía”.

Para saber más, pincha aquí:

autor%20-%20d%c3%addac%20p-%20lagarrigaDídac P. Lagarriga (São Paulo, Brasil, 1976) empezó a escribir y a publicar desde muy joven. Siempre con la mirada puesta en la poesía, su trabajo puede tomar la forma de un ensayo, una novela o un diario. Muy interesado por la pluralidad de culturas y religiones, nunca ha podido separar su escritura de su labor como editor y traductor, dando a conocer testimonios y títulos especialmente del mundo islámico y del continente africano. En el 2005 funda en Barcelona Oozebap, entidad dedicada a la difusión de experiencias y reflexiones culturales, políticas y espirituales de África y del islam y para la promoción del diálogo intercultural e interreligioso, con la publicación de veinte títulos de referencia. También colabora habitualmente en prensa y participa en coloquios y encuentros sobre cuestiones vinculadas al islam y al diálogo interreligioso. Ha publicado varios libros, entre los que destacan Eco-yihad. Apertura de conciencia a través de la ecología y el consumo halal (Bellaterra, 2014) y Un islam visto y no visto. Hacia un respeto común (Bellaterra, 2016). En Fragmenta ha publicado De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld (2017).

Ficha Técnica:
Colección: Fragmentos
Volumen: 39
Núm. de páginas: 144
Primera edición: diciembre del 2016
ISBN: 978-84-15518-57-0
Encuadernación: rústica, 13 x 21 com
PVP: 16.00

Fuente Fragmenta

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Jesús Maestro de oración

Domingo, 24 de julio de 2016
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jesus orando“A través de la oración silenciosa y sin palabras, Jesús nos llama a un camino interior que, a la larga, conduce a una profundización esencial de la misión apostólica” (Franz Jalicz)

24 de julio, domingo XVII del TO

Lc 11, 1-13

Y yo os digo: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis,, llamad y os abrirán, pues quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre

Jesús, el Maestro –que está siempre ahí: “Yo te instruiré, y te mostraré el camino a seguir y me ocuparé de ti constantemente” (Sal 32, 8)–, enseña a orar a sus discípulos y les exhorta a ser perseverantes en la oración. Lo hace de camino a  Jerusalén; quizás queriéndonos indicar  que orar es caminar; es realizar un proyecto que empeña toda la vida del cristiano; un compromiso con el prójimo, con quien y por quien nos comprometemos a luchar por la justicia para que todo lo que Dios ha creado, los bienes de la creación, los materiales y los inmateriales, los de la cultura, la ciencia y la tecnología, sean de verdad para todos cada día, como proponen algunos exégetas.

El óleo manierista Oración del Huerto, -Botticelli y Tintoretto también la dibujaron- nos muestra un Jesús un Jesús sumido en profundo éxtasis y arrodillado. Los discípulos, plácidamente dormidos y ajenos a la escena. Una luna compasiva ilumina entre nubes una parte del cuadro. También aquí su luz de plata es ofertada a manos llenas para todos. Y no sólo el arte visual le otorga este significado trascendental. Igualmente el auditivo, como apunta en esta cita de su obra Música y Religión, Hans Küng: “Pues bien, la música puede, en definitiva, ser expresión y referencia de lo trascendente, de lo divino, encauzamiento hacia ello”.

Se ha dicho que orar es conversar con Dios; lo que a mi me parece correcto siempre que no pensemos en un “Padre nuestro que estás en los cielos” como ser personal ajeno a nosotros mismos que atiende las peticiones que la propia oración evangélica de Lucas y de Marcos nos señalan. En la película  Hasta donde los pies me lleven, citada el pasado domingo, el mismo protagonista se queja y grita desesperado y hambriento: “¡El pan nuestro de cada día!… ¿Por qué no nos lo das ahora? El pintor danés Carl Heinrich Bloch (1834-1890) recogió la escena en El Sermón del Monte, cuando quiso enseñar a orar a sus seguidores. Éstos sí parecen estar más interesados y despiertos que los discípulos de la de Botticelli. ¿Por qué será que sus representantes jerárquicos son más dormilones?

En Biografía del silencio, Pablo D’Ors viene a identificar en cierto modo oración con meditación, y nos dice que: “La meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser.  Sin esta convivencia con uno mismo, sin ese estar centrado en lo que realmente somos, veo muy difícil, por no decir imposible, una vida que pueda calificarse de humana y digna”Una visión que el monje cisterciense Thomas Keating percibe como un espacio interior que nos abre a la sanación, a la terapia divina, por así decirlo. La oración cura y ayuda a mantener buena salud: Médico, Meditación y Medicina, tienen raíz común.

Y no sólo cura en su particular consulta –¿por qué a los clérigos católicos encargados de la “cura de almas” de una parroquia- se les llamará “cura”?- sino que cuando la oración es comunitaria, el consultorio se torna Hospital General de Sanidad Pública.

“A través de la oración silenciosa y sin palabras, Jesús nos llama a un camino interior que, a la larga, conduce a una profundización esencial de la misión apostólica”(Franz Jalicz en Jesús, Maestro de meditación).

LA TORTUGA CAREY

Soñó en la playa un sueño la carey:
Soñó que no soñaba, que era cierto
que en su caparazón de mar abierto,
brillaba el sol con aires de virrey.

Oraba la tortuga en son de amores
y agradecía a Dios el don del viento,
el vaivén de las olas, y el acento
soñador de la luz y los colores.

Y yo doblé con ella mi rodilla.
Oré también piadosamente y luego,
tornando a retomar timón y remo,
seguí mi viaje a Dios en mi barquilla

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas, Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Las tres pasiones de Thomas Merton.

Martes, 23 de febrero de 2016
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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…”En la vida de Merton hubo claramente dos pasiones: la contemplación y la escritura o, por decirlo más categóricamente, el silencio y la palabra. Desde muy joven, Merton experimentó la pasión por callar y, más que eso, por silenciarse y escuchar; y desde muy joven, también, antes aún, la pasión por escribir y comunicar, por explorarse a sí mismo y al mundo por medio de la prosa, por arrancar a las palabras, frase a frase, su verdad.

Hay muchos autores en quienes la pasión mística y la literaria se cruzan. Ahí están Novalis, por ejemplo, o Tolstói, Stifter, Hesse, Kafka, Lindgren, mi querida Simone Weil o nuestro Unamuno… La lista es casi infinita, y en alguna ocasión he jugado a confeccionarla. Pero esta conjugación del arquetipo espiritual con el artístico, tan sanjuanista, esta confluencia de la experiencia estética con la extática es particularmente elocuente en el caso de Merton, como demuestra su patente actualidad y la continua reedición de sus libros. La pregunta es por qué.

Dice Evelyn Underhill que el silencio «no envuelve a sus iniciados en una calma aislada y sobrenatural, ni los aísla del dolor y el esfuerzo de la vida cotidiana», sino que «más bien les otorga una renovada vitalidad, administrando al espíritu humano no -como algunos suponen- un bálsamo sedante, sino el más poderoso de los estimulantes». Valga esto para casi todos los contemplativos, pero muy en especial para Merton, quien desarrolló en los últimos años de su vida, junto a la pasión por el silencio y la palabra -y claramente derivada de ellas-, una pasión por el gesto y la acción.

En efecto, Merton no fue ni mucho menos sólo un orante que, a fuerza de contarnos y de contarse su relación con el misterio, logró enseñarnos a valorar la esfera de lo religioso. Merton fue un entusiasta del diálogo, un pionero del encuentro intermonástico y un profeta de la meditación en el mundo contemporáneo. Quiso por ello encontrarse con todos los que en su tiempo compartían sus pasiones y podían aportarle algo.

Estudió a fondo, se carteó o se entrevistó con León Bloy, Paul Claudel, Peter Van der Meer, Rilke, Thoreau, Julien Green, Matsuo Basho, Raissa Maritain, Albert Camus, D. T. Suzuki, Pessoa… Y en los últimos años de su vida, y eso que había hecho voto de estabilidad monástica, viajó como el más impenitente de los viajeros, pasando buena parte de las noches, por no decir la mayoría, fuera de su celda y a miles de kilómetros de su monasterio.

Un monje viajero es una contradicción en sí misma, Merton lo fue. Tan contradictoria fue su fiebre viajera y su apología de la quietud como su defensa del silencio en medio de la más exuberante grafomanía. Pero Merton sintió la llamada, no simplemente el deseo, de verificar en la historia todo lo que había contemplado y escrito, todos sus hallazgos y búsquedas.

    En la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado, un itinerario ejemplar

Como Teresa de Jesús -y el suyo fue uno de los poquísimos casos en su siglo-, Merton fue un apasionado del silencio, de la palabra y de la acción, alcanzando en cada uno de estos ámbitos algo parecido a la plenitud. La pasión mística, poética y fundadora de la santa de Ávila la vivió Merton a su modo en el pasado siglo. Por eso su biografía es su mejor obra, por eso resulta evidente que su figura es un arquetipo.

Salvando todas las distancias, en el espejo de Merton no puedo por menos de ver un reflejo de mí mismo. Pero yo no soy un escritor tan insigne como él, aunque ya me gustaría; ni un místico tan profundo y agudo, lo que aún me gustaría más; tampoco un pontífice del diálogo, como él lo fue, o un apóstol de la meditación, sino sólo un aprendiz. Pero en la parábola vital de este monje literato y peregrino veo, admirado y agradecido, un itinerario ejemplar. Saber que él ya ha recorrido la senda a la que yo mismo he sido llamado, y que la ha transitado de forma tan cabal, hace que mi propio camino sea más llano y más ligera y llevadera mi aventura vital.”

*

Pablo D’Ors.
ABC Cultural, 19 de noviembre de 2015

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La Inquisición cabalga de nuevo: Monseñor Rico Pavés condena un artículo del cura-escritor Pablo D’Ors.

Martes, 28 de julio de 2015
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pablo-rico-720_560x280Habría que recordar que este mismo monseñor denunció el libro “Jesús de Nazaret. Aproximación histórica” de José Antonio Pagola ante el Vaticano y se tuvo que tragar la absolución del mismo. Ahora vuelve a la carga en su Cruzada…

Pablo D’Ors: “Los sacramentos de la Iglesia ya no significan casi nada“. “¿Dónde estarán los profetas que nos hagan entender que solo hay posible fidelidad al pasado desde la creatividad y la renovación en el presente?”

Monseñor Rico Pavés condena un artículo del cura-escritor: “Elenco abultado de errores doctrinales”. “Encontrar en tan pocas líneas tantos dislates produce un enorme pesar”

(José M. Vidal).- El Vaticano le acaba de nombrar asesor del dicasterio de Cultura, que preside el cardenal Ravasi, y L’Osservatore Romano acaba de publicarle un artículo. Mieles en Roma y hieles en España para el sacerdote-escritor español Pablo D’Ors, al que el obispo auxiliar de Getafe, monseñor Rico Pavés (otrora ‘martillo de teólogos’), acusa nada menos que de ‘hereje’ por un artículo que el cura escritor publicó en la revista Vida Nueva.

Les ofrecemos, a continuación, el artículo del cura y la respuesta del obispo auxiliar de Getafe, monseñor Rico Pavés.

Artículo de Pablo D’Ors

gente-muere¿Habrá en la Iglesia alguien que se atreva?

Los sacramentos de la Iglesia ya no significan casi nada para la inmensa mayoría de quienes aún participan en ellos. Un signo que deja de significar ya no es un signo, sino un juego de magia.

Los ritos cristianos y los símbolos en que se fundamentan han degenerado, para la mayoría de los creyentes, en pura magia. Por supuesto que los hombres y las mujeres de hoy seguimos necesitando de la magia, es decir, de palabras y gestos que de un modo automático e irracional nos vinculen con lo trascendente. Pero esa no es la cuestión.

Sostengo que muchos de los comportamientos de sacerdotes y laicos durante la celebración eucarística son fundamentalmente mágicos, no religiosos. ¿Te imaginas a los apóstoles arrodillándose ante el pan o a Jesús recogiendo las miguitas del plato? Estos comportamientos reflejan que nuestra actitud ante el signo sacramental es mucho más mágica que religiosa.

Para que puedan significar, los signos han de entenderse. La doctrina del ex opere operato, la que postula que el sacramento es eficaz con independencia de la comprensión de quien lo recibe, ha desvinculado al signo del sujeto y lo ha degenerado y cosificado. Los sacramentos hay que entenderlos, al menos en alguna medida. De lo contrario, no sacramentalizan nada, que es lo que sucede hoy en nuestros templos. Nadie entiende nada. A lo que más me recuerdan nuestras misas es al teatro del absurdo de Beckett.

Pongamos el ejemplo de la Eucaristía, cuyos símbolos son el pan y el vino. El pan es, desde luego, algo cotidiano, blando y nutritivo. Que el pan sea símbolo de Dios significa que Dios es algo cotidiano, que Dios es blando, que Dios es nutritivo. Pero si el símbolo es el pan, el signo o sacramento es el pan partido, repartido y comido. Así que de lo que se trata es de partir y repartir el pan conscientemente; de llevárselo a la boca conscientemente; de, conscientemente, masticarlo y tragarlo.

Conscientemente significa a sabiendas de que no se trata solo de dar pan a los demás, sino de ser pan para ellos, de convertirte en el alimento que alivia su necesidad. Comer de este Pan nos da fuerza para ser pan. En esta misma línea, el signo no es simplemente el vino, sino el vino repartido y bebido. Beber de este Vino nos posibilita ser vino para los demás. Y el vino es la sangre, es decir, la vida: ser la vida para los demás.

Y eso de reservar la eucaristía en un sagrario, ¿a qué viene? ¿No hemos dicho que el verdadero signo es partirlo? Prueba de que nuestra mentalidad es mágica, es que pensamos que Dios está en el sagrario más que fuera de él. Pero eso… ¡es absurdo! No es que esté allí más que en otra parte. Es que está allí para… significarnos que está en todas partes, para que lo recordemos. Dios está en todas partes, decimos, pero luego nos empeñamos en meterle en una caja. Meterle en unas teorías que llamamos teologías y en unos símbolos que llamamos sacramentos, pero que no sacramentalizan nada.

Solo queda una solución: explicarlo todo como si nunca se hubiera explicado, pues quizá esa es la situación; y queda, por supuesto, realizarlo todo como si fuera la primera vez, pues acaso lo sea de verdad. Veremos entonces, maravillados, la potencia de nuestros símbolos, redimiremos nuestros ritos, descubriremos, en fin, su poder transformador del alma humana.

Pero, ¿habrá en la Iglesia alguien que se atreva? ¿Habrá alguien que presente estos símbolos y ritos no solo como aquellos en los que se cifra la más genuina identidad cristiana, sino como símbolos y ritos de valor universal, aptos para todos, cristianos o no? ¿Habrá alguien, en fin, que presente el cristianismo como religión y humanismo inclusivo, no excluyente ni exclusivo?

El respeto a la diferencia de otras tradiciones espirituales no debe hacernos perder la visión del cristianismo como propuesta humanizadora universal. Detecto en mis contemporáneos no solo un hambre de espiritualidad, sino un deseo de recuperar, de forma comprensible y actual, la tradición religiosa de la que provenimos. El cuidado del silencio, una sensibilidad que está creciendo, comportará un cuidado de la palabra y del gesto. Pero, ¿habrá en la Iglesia alguien que se atreva? ¿Dónde estarán los profetas que nos hagan entender que solo hay posible fidelidad al pasado desde la creatividad y la renovación en el presente?

Pablo d’Ors, sacerdote y escritor

En el nº 2.947 de Vida Nueva

Artículo de monseñor José Rico Pavés

jose-rico-pavesDios hecho pequeño

Siendo seminarista visité en cierta ocasión la Capilla Real de Granada junto a un compañero del seminario. Mientras mirábamos algunas piezas del museo, una turista extranjera nos preguntó qué era aquello que señalaba. El objeto era un espejo de Isabel la Católica, convertido en custodia para exponer el Santísimo Sacramento. Con palabras sencillas intentamos explicarle que ahí se colocaba el Cuerpo del Señor. Después de escucharnos, dijo: «¡Qué Dios tan pequeño!»; se dio media vuelta y nos dejó.

Pasados los años, en muchas ocasiones he traído a la memoria esta vivencia. Unas veces para intentar ilustrar el misterio inefable de la salvación y la «locura inigualable» del amor de Dios por los hombres. No faltaba algo de verdad a aquella turista: el Hijo de Dios, que siendo rico se hizo pobre, llevó el amor hasta el extremo y nos dejó el memorial de su Pascua haciéndose pequeño en la Eucaristía.

Otras veces lo he recordado para agradecer a Dios el don inmerecido de la fe, por la cual puedo confesar lo que los ojos no ven. Sin fe, los sacramentos no se entienden, como bien se lee en los escritos atribuidos a Dionisio el Areopagita: «Si una persona que no cree entrara en nuestras celebraciones y viera lo que hacemos, se reiría a carcajadas. Lo cual no nos debe sorprender, pues como dice el profeta Isaías: si no creéis, no entenderéis».

Ahora he vuelto a recordar aquel episodio al leer con tristeza y preocupación el artículo de Pablo d’Ors, titulado ‘¿Habrá en la Iglesia alguien que se atreva?’. Tristeza, al encontrar en tan poco espacio un elenco tan abultado de errores doctrinales cuyas consecuencias son dramáticas para la vida cristiana. Preocupación, al advertir que quien firma el artículo es escritor y sacerdote, y, desde no hace mucho, consultor del Consejo Pontificio de la Cultura.

Sin ofrecer más prueba que su propia percepción, el autor afirma de forma apodíctica que «los sacramentos de la Iglesia ya no significan casi nada para la mayoría de quienes aún participan en ellos»; sostiene que «muchos de los comportamientos de sacerdotes y laicos durante la celebración eucarística son fundamentalmente mágicos, no religiosos»; y, como argumento, pregunta al lector si puede imaginar «a los apóstoles arrodillándose ante el pan o a Jesús recogiendo las miguitas del plato» (sic); culpa a la doctrina del ex opere operato de haber desvinculado del sujeto el signo, degenerándolo y cosificándolo; explica la Eucaristía a partir del pan como «símbolo de Dios», cuyo significado es «partir y repartir el pan conscientemente», de lo cual deduce que la reserva eucarística en el sagrario carece de sentido, y considera prueba de nuestra mentalidad mágica el pensar que Dios esté más en el sagrario que fuera de él.
Propone el autor «explicarlo todo como si nunca se hubiera explicado», y presentar los sacramentos «como símbolos y ritos de valor universal, aptos para todos, cristianos o no», mostrando el cristianismo «como religión y humanismo inclusivo, no excluyente ni exclusivo». Pero, se pregunta al fin, ¿habrá alguien en la Iglesia que se atreva a aplicar esa solución?

Enorme pesar

Encontrar en tan pocas líneas tantos dislates produce un enorme pesar. ¿Conoce el autor lo que la Iglesia católica entiende por sacramento? ¿Ignora la diferencia con los ritos mágicos? ¿Sabe que el carácter sagrado de los sacramentos no estriba primariamente en el significado que nosotros les damos, sino en haber nacido de la voluntad salvífica de Cristo para comunicarnos su Vida? ¿Por qué no menciona ni una sola vez la palabra fe ni el verbo creer? ¿Piensa que los sacramentos se pueden entender sin fe? ¿Acaso desconoce la enseñanza de la Iglesia sobre la presencia permanente de Cristo en la Eucaristía, sobre la reserva eucarística y el culto debido a este Sacramento de Amor fuera de la Santa Misa?

¿Cómo es posible que, a punto de cumplirse 50 años de la encíclica Mysterium fidei (3.9.1965), se sigan hoy en día difundiendo las mismas propuestas deficientes a propósito de la Eucaristía y de los sacramentos, que ya fueron rechazadas por el papa Pablo VI? En los tiempos que corren, quizá sea este el único atrevimiento necesario: creer con la Iglesia, creer en el seno de la Iglesia.

+ José Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe.

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