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Javier Melloni: “Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana”

Viernes, 21 de febrero de 2020

unnamed“Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana…Las religiones son dedos apuntando la luna, pero no son la luna”

“Las religiones proporcionan el marco donde ejercer el continuo acto de elección por la Vida, estimulando actos cada vez más lúcidos y libres”

“Los tres ámbitos que abrazan las religiones (el divino, el humano y el cósmico) están implicados en cada religión simultánea y recíprocamente”

“Las religiones, siendo vías hacia el absoluto, tienen el peligro de absolutizarse a sí mismas”

En la etimología de la palabra se halla la clave de lo que buscamos: las religiones son un religare, un relegere y un religere de la aspiración humana por lo Esencial. Religare implica “crear vínculos”, “establecer lazos” con la triple dimensión de la realidad: la divina, la humana y la cósmica. A cada uno de los tres ámbitos le corresponde una característica: las creencias están en relación con Dios; los códigos de comportamiento se relacionan con el grupo humano, y en los ritos nos ponen en relación con el mundo y la naturaleza, en tanto que nos sitúan en las coordenadas de tiempo y espacio.

Relegere significa “releer”, “interpretar” el misterio de Dios, el sentido de la vida y de la muerte, de la existencia de cada uno, el porqué del mal… Las religiones son recortes posibles de infinito para hacerlo inteligible y asumible a escala humana. El Misterio permanece inalcanzable, siempre más allá de cualquier interpretación que se haga de él.

Las religiones son dedos apuntando la luna, pero no son la luna. Indican una dirección a seguir hacia un Allá –oculto en cada Acá- que trasciende cualquier palabra y cualquier vehículo, porque Dios permanece siempre más allá de todo y también siempre más acá en todo.

Religere significa elegir una y otra vez, con plena libertad y lucidez, el camino que uno siente ser llamado a recorrer. Las religiones proporcionan el marco donde ejercer el continuo acto de elección por la Vida, estimulando actos cada vez más lúcidos y libres.

Las tres posibles etimologías tienen en común el re- que las precede. El prefijo indica que estos vínculos no son estáticos sino que están en movimiento, en la medida en que son capaces de adaptarse a las situaciones cambiantes que se dan en cada tiempo y generación. Sin este prefijo de reduplicación y de dinamismo, las religiones pueden convertirse en prisiones que, al no renovarse, caen en la inercia o constriñen y acaban en coacción.

Los tres ámbitos que abrazan las religiones (el divino, el humano y el cósmico) están implicados en cada religión simultánea y recíprocamente, ya que el modo de concebir la divinidad marca el modo de comprender la humano y de relacionarse con el cosmos, así como el modo de comprender lo humano determina nuestra relación con lo divino y con lo cósmico, y nuestro modo de estar y relacionarnos con el mundo determina nuestras imágenes de Dios y nuestras relaciones con los demás. Por ello, toda religación es al mismo tiempo una interpretación de la realidad. El modo de vincularse crea una determinada comprensión y desarrolla unos determinados valores.

Los textos sagrados contienen la “revelación” de esos códigos de comportamiento y los momentos fundantes de los actos que después se ritualizarán.

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Religiones

Cada religión ofrece una constelación de creencias, criterios de conducta y rituales para que las personas experimenten que no están solas ni aisladas, sino que forman parte de un tejido de vínculos y relaciones que los hacen entrar en comunión con el Todo liberándolos de la soledad, de la confusión o de la incertidumbre. Cada religión ofrece el legado de una larga tradición donde los diversos elementos tienen coherencia en su conjunto.

Podemos identificar tres grandes constelaciones religiosas en la humanidad: las religiones cósmicas, las personalistas y las oceánicas. En la triple apertura que todas ellas hacen posible hacia lo divino, lo humano y lo cósmico, las religiones cósmicas –fundamentalmente las aborígenes- viven su experiencia humana y de lo sagrado a partir del contacto con la naturaleza; las religiones personalistas –el judaísmo, el cristianismo y el islam- ponen su acento en la dimensión ético-comunitaria y en el valor de cada persona, ya que emanan de la experiencia de un Dios personal; y las religiones oceánicas se caracterizan por la noción de un Todo en el que las individualidades emergen y se sumergen continuamente. Cada religión contiene los elementos que el ser humano requiere para hacer su camino de transformación hacia el origen, pero cada una de ellas ordena estos elementos de un modo particular y único.

Ninguna religión se considera “inventada” por una persona, sino que está fundada a partir de un acontecimiento que sobrepasa la realidad humana y que tiene un origen sagrado. Por esto hablamos de revelación, porque se considera que algo o alguno ha traspasado el velo del Misterio por iniciativa de lo divino que querer mostrarse. Pero el revelarse del Misterio desvela tanto como vela, porque Dios, lo divino, lo trascendente, está atravesado por un excedente que lo preserva en su inagotablidad.

No es posible comprender una religión sin captar su núcleo fundante, aquella experiencia o acontecimiento originario que la excede desde el comienzo y la atrae a la vez desde el fin, porque en toda experiencia religiosa, lo que está al inicio está al final y lo que está al final está al inicio, a la vez que se está llamado a ser vivido en el presente. No es posible captar ese núcleo sin abrirse a la experiencia integral que comporta. Por ello es tan difícil comprender en verdad un camino religioso que no sea el propio.

Hay algo muy importante a considerar: las religiones, siendo vías hacia el absoluto, tienen el peligro de absolutizarse a sí mismas. Aunque ellas mismas tienen el antídoto para no caer en este peligro, ya que todas se remiten a un Origen que las trasciende. En el caso del judaísmo, el nombre de YHVH es un no-Nombre, porque es un nombre impronunciable; en el islam, Allah Akbar, “Dios es siempre mayor”, recuerda que toda imagen o apropiación de Dios es idolatría; en el hinduismo, Brahman solo ha mostrado una cuarta parte de su ser; en el budismo, el vacío (sunyata) preserva de toda tentación de substantivación, lo mismo que en el taoísmo, donde el Tao, el flujo de todas las cosas, no se deja atrapar en ninguna.

Para nosotros, en el cristianismo, se trata del dinamismo del acontecimiento pascual: la muerte y resurrección de Jesús suceden fuera del perímetro de Jerusalén, rasgando el velo del templo. Esto significa que ninguna religión puede delimitar el espacio sagrado donde se manifestará Dios, sino que Dios sobrepasa todos los lugares que le asignamos.

En definitiva, las religiones se han gestado en el corazón de las comunidades y culturas humanas para proporcionar tanto en las personas como en las comunidades la triple apertura a la realidad: hacia la trascendencia abren a la vía mística; hacia las relaciones interpersonales abren la vía ética; y hacia el cuidado y respeto por la tierra abren la vía ecológica.

Siendo completas cada una en sí mismas, hoy descubrimos más que nunca la necesidad de compartir su sabiduría y sus hallazgos milenarios para poder habitar en esta casa común.

Fuente Religión Digital

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , ,

Silencio

Lunes, 30 de septiembre de 2019

Del blog Nova bella:

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“El sonido más fuerte es el silencio”

Lao Tse

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“Silencio

una rana se sumerge

dentro de sí”

Basho

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“Dios es silencio”

Eleazar de Worms

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Tú contemplas todo en silencio”

Habacuc 1,13

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La palabra es el órgano del mundo presente.

El silencio es el misterio del mundo que está por llegar.”

Isaac de Ninive

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“El silencio no es la ausencia de ruido sino la ausencia de ego”

Javier Melloni

sin-ego

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“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”

Ludwig Wittgenstein

wittgenstein

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

Nuestro momento espiritual.

Lunes, 28 de mayo de 2018

javier_melloni-bigJavier Melloni, S.J. es especialista en diálogo interreligioso. Ofrece retiros de meditación y silencio en la Cueva de Manresa y ha comenzado junto con otras personas una comunidad contemplativa transreligiosa. En sus charlas sobre espiritualidad defiende la diversidad y la unidad de las religiones. Más de 300 personas acudieron en Madrid a su taller “La ola es el mar… pero no todo el mar”.

¿Cómo caracteriza el momento actual desde el punto de vista espiritual?

Como un tiempo emergente, que es postreligioso y postsecular a la vez. Ese “post” indica algo nuevo que empieza a germinar, aunque todavía es tenue. Digo que estamos en un momento “postreligioso” en el sentido de que las religiones ya no se pueden comprender como se comprendían a sí mismas hasta hace poco, porque han quedado afectadas tanto por el encuentro entre las demás religiones como por el fenómeno de la secularización. Pero la secularización también ha cambiado. Ya no tiene la ferocidad del siglo XX. Nuestra sociedad arreligiosa se está dando cuenta de que hay una dimensión de trascendencia en el ser humano que no podemos negligir o eliminar porque entonces dejamos de ser humanos. Están apareciendo brotes de algo nuevo que todavía no sabemos qué forma tendrá, pero todo apunta a que ya no es invierno y que está llegando la primavera.

¿Dónde ve usted esos apuntes de la primavera?

Primero, como ya he dicho, en la convicción cada vez más generalizada de que el ser humano no puede abandonar su dimensión espiritual; segundo, en la convicción también cada vez más compartida de que la forma con que se vive esa dimensión espiritual o religiosa no puede ser absolutizada negando las otras formas y, la tercera, la evidencia cada vez más compartida de que nos necesitamos los unos a los otros en todos los campos del saber y que no tiene sentido la competitividad entre las diferentes aproximaciones. Nos requerimos unos a otros, desde la ciencia a la filosofía, la teología, la tecnología, la biología, la ecología, la psicología… Disciplinas  que antes estaban enfrentadas las unas a las otras, ahora nos damos cuenta de que o co-inspiramos entre todos para transformar este mundo o perecemos como civilización. Como nadie quiere que perezca, aunque sea a regañadientes, se están dando conexiones nuevas, se están dando fecundaciones de disciplinas que antes jamás habían dialogado y, aunque de forma germinal, empieza a reverdecer la tierra, ya no es invierno.

“No podemos definirnos en una sola tradición religiosa”, ha dicho. ¿No resulta esto inquietante?

No es inquietante, es celebrante. ¿Cómo puede haber en una fiesta solo un canto, un instrumento o una música? ¿Cómo puede haber en un jardín solo unas flores o en un bosque solo una especie? Incluso en un bello y espeso bosque de coníferas conviven especies diferentes y son necesarias para su ecosistema. Consiste en pasar de competir entre pretensiones de totalidad a compartir plenitudes. Que una idea o creencia deje de ser totalitaria no significa que deje de ser plena. El diálogo con el otro no te quita tu plenitud sino tu pretensión de totalidad. Esto nos hace un poco más humildes y la humildad está más cerca de la verdad que cualquier otra cosa. Los que son verdaderamente religiosos o espirituales en su tradición, al final se alegrarán, aunque en estos momentos todavía temen perder algo. Pero no lo perderán sino que se ampliará, mientras no confundan su creencia con una totalidad sino con una plenitud.

La no-dualidad, defendida hoy por muchas corrientes espirituales, es muy difícil de explicar.

Ya va bien que sea difícil de explicar, porque así nos damos cuenta de que no lo podemos dominar. Ante una palabra que no comprendemos nos descalzamos y solo así, descalzos, podemos empezar a recorrerla. En la propia palabra hay una contradicción: no-dos; no dice que sea uno y tampoco que sea dos (separación). Por un lado, indica la unidad que subyace a todo y, por otro, afirma la diversidad que brota de esa unidad; la realidad se manifiesta en la pluralidad pero no en la fragmentación, porque hay un fondo que sostiene cada ser. Tan sagrado y necesario es atender la originalidad y especificidad de cada manifestación de la vida y de cada ser humano como comprender que todo emana de una única fuente y regresa a esa única fuente. Cuando se sostienen las dos cosas a la vez se produce una claridad en la mente y una expansión del corazón que es a lo que la no-dualidad apunta. Solo apunta, porque la palabra no puede sustituir a la experiencia.

Desde la tradición cristiana de relación personal con Dios, eso de disolvernos como ola en el mar provoca un poco de inquietud.

En los evangelios se dice que quien quiera seguir a Jesús debe de morir a sí mismo. Jesús también tuvo que morir; si no, no hubiera habido resurrección. Nosotros también tenemos que morir con Él para desprendernos de nuestra autorreferencia. Si deseamos participar de la plenitud de Jesús, debemos de pasar por esa muerte. Pero esa muerte no es nuestra disolución sino nuestra liberación. Una vez más recurrimos a la imagen de la gota de agua: cuando se funde en el mar pierde su contorno, pero no pierde su acuidad. Nosotros pensamos que somos el contorno y nos identificamos con él, pero en verdad somos el agua que está dentro de ese contorno y lo que hay que soltar es esa membrana, que no es lo que somos sino lo que limita lo que somos.  Quien lo entienda, que camine confiadamente en la clave de la no-dualidad; a quien no le resuene, que no se agobie, porque ya se le dará a entender. Pero quisiera transmitir que el paradigma de la no-dualidad no va en contra del cristianismo, sino que, al contrario, pone al alcance de todos lo que antes solo era para los místicos. La novedad del tiempo presente es que lo que hasta ahora había sido el punto de llegada, hoy está llamado a ser punto de partida. Los textos de Teresa de Jesús, de Juan de la Cruz, del Maestro Eckhart, que solo leía una minoría, hoy son necesarios para que pueda caminar la mayoría. Ahora bien, tampoco se pueden banalizar. Sin la muerte del yo no hay experiencia mística. Para adentrarse en ese bien mayor hay que dar un salto de confianza y atravesar esa muerte, que tampoco le fue ahorrada a Jesús. ¿Es solo para los místicos esa experiencia o es tiempo de que la hagamos todos? Lo que era antes punto de llegada, es ahora punto de partida, solo así podremos ser plenamente cristianos.

Usted afirma que Oriente y Occidente se fecundan mutuamente. ¿Cómo?

Occidente aporta el principio de personalización y Oriente el principio de oceanización. Oriente nos recuerda que todo está sostenido por algo mucho más profundo que las concreciones particulares y Occidente se adentra en lo específico y lo concreto; de este modo, el uno y lo múltiple que se complementan perfectamente. Oriente aporta sabiduría, Occidente conocimiento; Oriente aporta presente, Occidente aporta recuerdo del pasado y anhelo del futuro;  Occidente aporta acción y Oriente aporta no-acción, que no es pasividad sino un dejarse hacer por aquello mismo que hacemos, de modo que nuestra actuación se hace menos pretenciosa, porque es participativa de una acción mucho más amplia que actúa sobre todas las cosas.

Sus recomendaciones hoy para una vida espiritual sana serían…

Considero indispensable preservar una pausa significativa diaria para tomar conciencia de lo que somos y vivimos. Así como no podemos pasar ni un día sin dormir, comer o asearnos, tampoco deberíamos pasar un día de nuestra existencia sin dedicar, al menos, media hora de meditación. Por meditación entiendo cualquier forma de detención y quietud de la mente que permita la toma de conciencia de lo que estamos viviendo. No tiene que ser necesariamente sedente, puede ser practicando yoga, Chi Kung, contemplando la naturaleza o por la vía de la contemplación estética.

 ¿Qué más?

Diría tres cosas más. La primera es que lo más importante, sea cual sea la vía, es que nos lleve a la apertura. Si estamos a la defensiva, necesariamente estaremos a la ofensiva. Solo si cultivamos una actitud de apertura la realidad puede llegar a nosotros de una forma fresca que haga que nuestra respuesta sea creativa y no repetitiva. ¿Cómo sabemos que vivimos en estado abierto? Cuando hay gratitud y no juicio, queja o exigencia. No nos damos cuenta pero estamos continuamente criticando, sospechando o exigiendo y esto es muy tóxico. Nos hace personas muy duras, incapaces de dejar que advenga lo que viene. La segunda es pasar de juzgar a bendecir y a venerar. Cada vez que juzgamos condenamos a los demás y a la realidad, al reducirlos a nuestra medida. El modo de si estamos abiertos o cerrados es si brota de nosotros bendición o maledición (maldición). Cuando no juzgamos, tenemos la capacidad de bendecirlo todo, incluso lo que más nos molesta.

 ¿Y…?

Y lo tercero es el desprendimiento, el vivir sueltos. Estamos muy tensos, aferrados a  cosas, a roles y a personas. Esto nos desgasta terriblemente. Estamos faltos de una confianza básica. Al tratar de asegurarlo todo consumimos lo mejor de nuestra energía y la vida se nos escapa entre las manos. Soltar es confiar en que cada momento vendrá lo que tiene que venir y que lo sabremos recibir. En cambio, atrapados en nuestro temor, lo que adviene como liberación se convierte en prisión.

O sea, que lo de meditar es bastante más que una pura técnica.

La meditación es la condición de posibilidad para vivir en este estado de apertura. De ahí brota de modo espontáneo la capacidad de bendecir, de agradecer y de soltar. Es lo que permite trasmutar nuestros impulsos ofensivos, defensivos y depredadores en gratuidad, bendición y desprendimiento. Si no hay meditación, no se puede reinvertir ese movimiento. Cuando esto no lo haga solo una persona o un grupo, sino que lo haga toda una ciudad, un país, el planeta entero, entonces tendremos el Reino de los cielos. La otra posibilidad es aumentar el infierno que nosotros mismos estamos provocando. Cielo o infierno no dependen más que de nuestra decisión en cada momento. Diría que la vida espiritual no es más que tratar de ir de aquí a Aquí. El primer aquí es un exilio, cuando vivimos desde la sospecha y la exigencia, a la defensiva y a la ofensiva, mientras el otro Aquí  es paraíso, presencia, porque se vive desde la gratitud, el reconocimiento y la entrega. Que sea de un modo o de otro es algo que depende de la decisión indelegable de cada uno y que se renueva a cada instante. Requiere una gran determinación y una atención constante, pero eso nos permite participar de las fuentes de la vida que están aquí mismo. La luz y la sombra están en el mismo lugar. Me gusta mucho esta frase: “La sombra es la luz bajo la luz del árbol que se interpone”. La forma que tiene nuestra sombra indica el camino para llegar a la luz; en la comprensión de nuestra sombra está nuestra salvación; en ella están las claves de la luz, pero para eso hay que ser honestos y veraces.

Esa actitud, ¿produce una repercusión, una fecundidad social?

Por supuesto. Es inseparable. Cuando estamos abiertos, todo se abre y se expande y ello repercute al instante en nuestro modo de estar en el mundo. Supone pasar del rechazo al abrazo, de la indiferencia a la solidaridad, del individualismo a la compasión.

Entrevista de Lala Franco a JAVIER MELLONI

Fuente Alandar

Espiritualidad , ,

Entrevista a Javier Melloni en Atrio.

Martes, 27 de febrero de 2018

javier_melloni-bigSiento que sea de nuevo un texto largo. Hay quien le parecerá que es un globo hinchado de blablablá. Pero a muchos les gustado y nos lo han sugerido. Confío que esta entrevista a Javier Melloni sea leída y rumiada, aunque sea poco, por los lectores de ATRIO, que desde el principio pretende entresacar lo más válido que nos han trasmitido cada una de las religiones antiguas. AD.

Oriente es la “debilidad” que nutre buena parte de su pensamiento lúcido y rebosante de fe. Se escapa en cuanto puede para volver con todos sus silencios y sonrisas encima. Le buscan por todas partes a él y a su discurso convencido, pero él cuenta los días para retornar a esas calles de la India y quitarse nombre, camisa, zapatos… y sonreír sin marca, sin atributos, por su puesto sin credo. Él anhela volver a lavarse en la fuente de la esquina y ser sólo un humano más entre los humanos que festejan la suerte del agua en cada mañana.

Cada tres o cuatro años vuelve unos meses a esa geografía urbana colmada, donde busca “ser bautizado por las miradas de la gente”. Cotizado teólogo que se lo pelean por doquier para impartir cursos y seminarios, antropólogo, autor de sólida obra en varios idiomas, referencia ineludible en diálogo interreligioso mundial…, pero él desea retornar a las callejuelas del incógnito y perderse entre los mil y un olores y a fuerza de perderse, quién sabe, quizás de nuevo hallarse.

Incondicional de Jesús y de Su Compañía, desconoce si el Nazareno en nuestros días sería cristiano. Le importan poco las etiquetas a este defensor de la inocencia, de la humildad y de las gentes puras.

Vive en la Cueva de Manresa, donde San Ignacio dio un giro providencial a su vida, mas no permanece encerrado, pues el mundo reclama constantemente su verbo sabio, pero a la vez actual, cercano y rebosante de fe. Hombre de estudio, no rehúye su vocación misionera: “Todos somos misioneros de todos. Misión ya no es proselitismo, sino reciprocidad. Es dejarte permeabilizar por el otro tanto como tú compartes lo tuyo con él. La misión es irradiación gratuita de lo que a ti te da vida. Compartir tu luz, pero dejando que el otro también irradie la suya. El proselitismo, por el contrario, es una devoración del otro”.

Anchos son los márgenes que propone Melloni para el encuentro de quienes comulgan en el amor de Jesús. Hay un Cristo también más allá del cristianismo que defiende con firmeza el jesuita de Manresa, sin por ello mermar sonrisa a su rostro eternamente juvenil.

Reía también la fuente mientras mantuvimos a su vera esta larga charla. Era en un patio de la Universidad de Alicante, en el marco del III Parlamento Valenciano-Catalán de las Religiones (12 y 13 de Mayo), allí donde gentes de las más diversas comunidades espirituales y religiosas, en torno al diálogo y la celebración, volvían a ser hermanas.

051Está persuadido de que la gente continua teniendo sed de Dios, de que vivir es el arte de tomar y de desprendernos, de que la trascendencia es espacio de gratuidad y sorpresa, la promesa de un crecimiento sin límites. Está convencido de que interioridad y solidaridad son las dos caras de una misma moneda, de que tampoco hay más allá, ni más acá, sino una única Realidad, con multiplicidad de ámbitos y de niveles…

Melloni es cruce de muchos sentires, caminos, visiones y tradiciones… y él se crece y goza en ese jardín cada día más ancho y fértil de fraterna comunión que con tanta paciencia, ternura y lucidez ha ido labrando, junto a todos los que creen en los credos reencontrados.

Las respuestas brotan fáciles de quien contempla la vida y a Dios, “la Fuente continua de donación y receptividad”, con mirada inteligente, pero a la vez tremendamente sencilla y generosa. Arrancamos la charla con el diálogo interreligioso, “la misma Melodía tocadas por diferentes instrumentos…”, con sus artífices “peregrinos de nuestros días que integran todas las montañas…”

¿Pueden las religiones, los credos unidos volver a ser esperanza sobre la tierra?

Durante gran parte del siglo XX se anunció la muerte de Dios, el final de las religiones. Sin embargo, las religiones vuelven a tomar su lugar en la plaza pública. Ello genera desconcierto y esperanza al mismo tiempo. Porque hay un modo regresivo y otro progresivo de retomar ese lugar que se había perdido: como una nostalgia del pasado o como una nostalgia del futuro, que son direcciones muy diferentes.

El modo regresivo sería encerrarse en el pasado y utilizar un lenguaje mítico obsoleto. Una religión que somete, que impide que la gente no piense por sí misma, es sumamente peligrosa. La población más secularizada ve con temor esa corriente.

En cambio, para quienes vemos las religiones como un fenómeno progresivo, como un impulso hacia delante, entendemos que contienen un legado de espiritualidad, de conocimiento humano de lo Invisible que es insustituible. Las diversas tradiciones son portadoras de una sabiduría sobre el origen y fin de todas las cosas que es necesaria para el proceso planetario en el que estamos viviendo.

Pero las religiones no pueden vivir sólo de su pasado. Ese es su peligro. Es cierto que los Textos Sagrados son irrepetibles y que tienen una unción y una densidad de revelación que no se puede equiparar con cualquier texto que se se pueda inventar. Esta emanación  es constitutiva de su carácter revelatorio, pero a condición de que no sean utilizados como pretextos para quedarse anclados en la época cultural en que fueron entregados, en el mundo psicológico al que iba dirigido. Es absolutamente necesaria e indispensable la actualización de los textos y abrirlos a su interpretación y aplicación contemporáneas.

La clave estriba en descubrir el meta-texto que une a todas las tradiciones religiosas sin que pierdan con ello su especificidad. Hay que preservar su sabor original, pero aprender a leerlos con claves no excluyentes, ni exclusivistas, que es el peligro de ciertos textos sagrados.

¿Cómo podemos debilitar las fronteras entre los credos?

Descubriendo lo que nos une, no lo que nos separa; descubriendo que las fronteras son sólo mentales, nacidas del temor para preservar la identidad. La identidad es necesaria y también el conocimiento del propio contorno. Las fronteras son esos contornos de identidades. Pero estos límites pueden estar blindados o abiertos; pueden estar crispados, pendientes sólo de que el otro no absorba mi identidad, o pueden estar al servicio de descubrir la diferencia enriquecedora de la alteridad.

Cada piel de ser humano es esa frontera: donde acabo yo empiezas tú. Pero al mismo tiempo es abertura: mi acabar es tu empezar. Lo mismo ocurre con las religiones.

¿En la práctica, cómo ensanchamos ese espacio de encuentro?

Retomo las palabras que acabamos de escuchar de Federico Mayor Zaragoza: pasando de una cultura de la guerra y la autoafirmación a una cultura de la conversación, del encuentro. Con palabras más técnicas, pasando de la palabra dialéctica a la palabra dialógica. La dialéctica nace de la competitividad, empeñados en vencer al otro, mientras que en el encuentro dialógico, la palabra de uno crece con la palabra del otro. Mi decir se prolonga en tu decir y entre los dos vamos construyendo algo que no estaba ni en ti ni en mí antes de comenzar la conversación. Emerge entonces algo nuevo, que es la epifanía del encuentro. Al final del diálogo estamos más allá de donde estábamos antes de comenzar. Éste es un reto de los encuentros a todos los niveles: religioso, cultural y de valores. Constato que cada vez hay más gente que lo vive así.

El conocimiento posibilita amor. Sólo amamos lo que conocemos. Es necesario propiciar encuentros con el otro. No para que me imagine cómo es el otro, sino para que él se revele tal como es y yo pueda conocerlo. Llegar, por lo tanto, a descubrirlo no a partir de los fantasmas o prejuicios que proyecto sobre él, sino a partir de lo que él me dice sobre sí. Ese conocimiento permite amar lo que se me ha mostrado, no lo que yo había esbozado a partir del miedo.

¿Podemos avanzar en un encuentro más allá del diálogo?

Es tiempo de muchas cosas a la vez. Todas las iniciativas tienen su lugar y su razón de ser. Es bueno y necesario que haya grupos que desde el interior de cada tradición religiosa -e incluso desde ninguna tradición-, aboguen por un espacio común que trascienda los espacios antiguos. Es bueno que esos espacios existan, pero también es conveniente que en las tradiciones religiosas haya gente que preserve su identidad irrenunciable, sin deseo de dejar de ser ellos mismos. Ese modo de encontrarse es también necesario.

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Para que haya colores secundarios no tienen que desaparecer los primarios. Para que pueda seguir habiendo gamas de mezcla, tienen que seguir existiendo los colores elementales, pues sólo con ellos se pueden hacer más colores. Del mismo modo, la existencia de los colores primarios no priva el que haya secundarios y terciarios.

¿Cuáles son los límites del diálogo interreligioso?

El blanco es síntesis de todos los colores, pero no puede ser todo blanco. El límite sería evitar una unión a costa de perder el polo de diversidad y especificidad que enriquece esa unión. Entonces nos encontraríamos ante una fusión que crea confusión. Hay que evitar ese extremo, como también el contrario: las posiciones blindadas tan preocupadas por su propia identidad hacen imposible el encuentro. Hemos de lograr una danza entre ambas sensibilidades para que se fecunden una a otra.

Otro modo de hablar de un límite para el diálogo interreligioso sería no perder la memoria. Atravesados de futuro, no debemos de olvidar que hay una sedimentación del pasado muy rica. No podemos olvidar el ayer, como si de repente con nosotros empezara la historia. Miles de años nos sostienen y no los podemos despreciar. Hemos de cuidar no perder el legado y ser respetuosos con los procesos. Hemos de ser audaces y a la vez pacientes. No podemos banalizar la herencia que hemos recibido y perder la identidad sin más. En el diálogo interreligioso se encuentran personas fuertemente enraizadas en tradiciones milenarias que desean que perduren, y al mismo tiempo, están las gentes vinculadas a nuevas formas de religión. Los dos ámbitos son necesarios. Del mismo modo que es necesario que en estos encuentros se practiquen los cultos particulares así como que hayan actos comunes de culto y de celebración que sean transconfesionales.

La unidad a costa de la diversidad es la tentación de los totalitarismos, mientras que la diversidad motivada por la incapacidad de encontrarse con el diferente es también un fenómeno enfermizo y regresivo. Es preciso asumir ambos valores. Lo rico de la aventura en la que nos hallamos es el encuentro que preserva la diferencia.

Cada elemento fractal de esa unión en lo diverso ha de cultivarse en sí mismo y cuidar su identidad, pues de lo contrario acaba perdiendo la fuerza de su singularidad. Organizar todo esto en la práctica y en lo concreto no es precisamente sencillo.

¿Cuál es la misión de los seguidores de Jesús?

Devenir Jesús hoy. Convertirse en Jesús. La misión de los seguidores de Jesús es cristificarse, alcanzar el lugar de Jesús, su estado espiritual y existencial en tanto que seres humanos. Saber expresar su mensaje en el lenguaje de nuestra época. Jesús nos invita a ser seres humanos de nuestro tiempo, en nuestro tiempo y más allá de nuestro tiempo.

¿Cómo imaginas a Jesús en nuestros días?

Entrañablemente amable y a la vez terriblemente molesto; inconfundiblemente cercano y familiar y, al mismo tiempo, desconcertantemente diferente a lo que imaginábamos. Reconocible, porque Jesús emanaría a Jesús. Sabríamos que es Él, pero a la vez resultaría impredecible. A lo mejor Jesús no sería cristiano. Que Cristo no fuera cristiano plantearía, sin duda, un problema a los cristianos: ¿Cómo reconocer a Jesús más allá del cristianismo?

Imagino a Jesús a un mismo tiempo crítico y esperanzador, radical y a la vez de exquisita tolerancia. Reconoceríamos en él una emanación desconcertante de santidad, incandescencia excesiva debida a la cerrazón de nuestras mentes. Jesús es reconocible en los corazones abiertos de cualquier tradición y por lo tanto, en la medida en que estemos abiertos, los cristianos también le reconoceríamos.

¿Es preciso ejercitarnos con la idea de Cristo más allá del cristianismo?

Claro. El problema está en el “ismo”. El “ismo” implica la demarcación de un territorio en el que todo aquello que no está incluido en lo que conocemos no puede ser nuestro. El hecho de que Jesús muera más allá de las murallas de la ciudad mesiánica significa que cualquier intento de apoderarnos del Mesías queda reventado por la misma realidad de Cristo.

No nos podemos apropiar de lo sagrado. La muerte y la resurrección de Jesús suponen el desbordamiento de los límites de la ciudad mesiánica, del espacio que nosotros hemos asignado a Dios. Jesús nos viene a decir que no nos pertenece a nosotros en exclusiva. El misterio pascual es el trascendimiento de los espacios mentales que construimos a nuestra imagen.

Las apariciones tras la resurrección de Jesús no supusieron un inmediato reconocimiento. Sus seguidores no tenían categorías para identificarlo, sólo las antiguas. De ahí el “No me toques, no me retengas” que lanza a Maria Magdalena. Con ello le indica que no es Él quien ha de volver al mundo antiguo, sino que es ella la que debe avanzar hacia Él. Se trata del proceso de renovación que cada persona y cada generación están llamadas a realizar.

¿Se acomodaría fácilmente Jesús a la estructura eclesial de nuestros días?

No. Jesús no pertenecía a la tribu de Leví ni a la dinastía de Sadoc; por lo tanto, no era sacerdote ni rabino. Era lo que denominamos hoy un laico. ¿En qué tradición hubiera nacido hoy? Insisto en decir que no tendría que ser necesariamente cristiano. Ni necesariamente tendría que volver a ser un hombre. A lo mejor sería mujer.

Jesús no estaría en contra de la Institución por el capricho de reventarlo todo. El problema de toda Institución religiosa -y por lo tanto, de la Iglesia cristiana y católica- es su pretensión de monopolio sobre Dios, su tentación de acaparar a Dios, de convertirse en la única interprete, en la única mediación con lo divino.

Desde la institución se puede mediar, pero el problema es el querer convertirse en los únicos mediadores. Ahí es donde entra el pecado, el pecado de la exclusión. Desde el momento en que Jesús es salvación, es claro que no va a ubicarse en el marco de la Jerarquía. Se sitúa como alternativa para abrir lo que los otros cierran. Constitutivamente tiene que estar fuera de la institución. Trata de abrir espacios que la institución no reconoce. De aquí que Jesús se sitúe en el margen. De lo contrario, no añadiría nada a lo que ya conocemos.

¿Qué es lo que te atrajo de la figura de Ignacio de Loyola?

Ignacio-Loyola-61Sus “yes” y no sus “oes”. La alternativa no es contemplación o acción, sino contemplación y acción. No es eficacia o pobreza, sino eficacia con pobreza. No es fe o razón, sino fe y razón. No se trata de escoger entre ser idiota y creer, esto es, dejar de pensar porque tenemos fe, ni de pensar a costa de dejar de creer. No, pensamos y creemos a la vez. La fe orienta y unge el pensamiento y el pensamiento articula e indaga en el horizonte que abre la fe.

El carisma ignaciano supone una integración de las diferentes dimensiones de lo humano. Los jesuitas somos un poco lobos esteparios, monjes solitarios y a la vez vivimos en comunidad. De nuevo aquí se da la integración: la individualidad no se opone a la comunidad, sino que ambas se dan la vez y se fecundan entre ellas. Se nos cultiva fuertemente la personalidad, pero viviendo en comunidad. Otro ejemplo: carisma e institución. Nos sentimos vinculados a la Iglesia y a la vez somos contestatarios.

¿Pioneros también en una vocación universal?

Universales y a la vez locales. Concebimos la localidad desde la inculturación, esto es, respetando a las culturas y los valores que contiene cada una de ellas, lo que permite descubrir nuevas interpretaciones del Evangelio.

A un nivel más personal, los Ejercicios Espirituales son nuestro camino iniciático para descubrir nuestro propio lugar en el mundo. El director de los Ejercicios -por cierto, un nombre poco adecuado porque su labor no es la dirigir sino sólo acompañar-, es quien da las pautas para propiciar ese proceso de discernimiento; se trata de hacer un recorrido intransferiblemente personal que el acompañante ayuda a objetivar.

Esa libertad y respeto a la decisión personal se ejercita tanto en la vida espiritual como en el propio gobierno de la Compañía. De aquí el voto de confianza que supone encomendar una misión a un jesuita o a un grupo de jesuitas. Somos enviados para impulsar un dinamismo que es diferente según los tiempos y los lugares. Somos enviados para potenciar vida y liberar bloqueos. Tratamos de promover la libertad tanto en los procesos personales como colectivos.

¿El cuarto voto seguiría plenamente actual?

El cuarto voto es un voto de fidelidad a la Iglesia, una cuestión compleja de nuestro pasado. Más que un voto de obediencia es un voto de disponibilidad para la misión. La intuición de San Ignacio fue: nos adherimos a ti, Sumo Pontífice, porque tú tienes la visión de conjunto, tú ves desde la atalaya y dispones de una perspectiva que va más allá de los estados y de las diócesis.

¿De qué forma influyó Arrupe en tu vocación?

arrupe-priere2Una de las razones por las que soy jesuita es el padre Arrupe. En el momento en que discernía mi vocación él era el Padre General de la Compañía. Me atrajo su “sí” al mundo. Vi en él que se puede ser un hombre de Dios tanto desplazándose a pie o en un carromato como descendiendo de un avión intercontinental. Concedía ruedas de prensa en las que compartía experiencias de Dios en las que los mismos periodistas quedaban sobrecogidos. Esas conferencias podían convertirse en auténticos ejercicios espirituales.

Peregriné a Roma a los 17 años desde Taizé. En el encuentro que mantuve con el Padre Arrupe me transmitió que interiormente la pobreza se puede vivir sin límites, por mucha abundancia que haya a nuestro alrededor. Celebramos este año el centenario de su nacimiento, celebración que estamos llevando con una cierta discreción, ya que Roma no está mucho por la labor. Sin embargo estamos constatando que el propio pueblo lo está haciendo santo.

¿Fue San Ignacio, por su correspondencia con misioneros en los otros continentes, un precursor del mundo global de nuestros días?

Para bien y para mal, la fundación de los jesuitas coincide con la expansión de Occidente a África, a Asia y a América. Repito, para bien y para mal, la Compañía de Jesús fue uno de los instrumentos que favoreció ese inicio de la globalización. Se dice que San Ignacio es el santo moderno que más kilómetros recorrió a pie. Sus desplazamientos por la Península, Tierra Santa, Francia, Italia, Países Bajos, Inglaterra, su vuelta por unos meses a su tierra natal,… los hizo a pie, “solo y a pie”, como dice en su Autobiografía.

san-francisco-javier1San Francisco Javier es también un gigante de los inicios. De los 11 años que pasó en Oriente desde que salió de Lisboa, un tercio del tiempo trascurrió en el mar. Casi cuatro años navegando de un lado a otro, con lo impaciente que él era.

Gobierno de grandes universidades y a la vez compromiso con los más desheredados… ¿No son dos mundos dentro de la Compañía, no hay descarnamiento?

Volvemos a las “yes”. Puede haber desencuentro y confrontación entre esos ámbitos, pero forma parte de la vida de la familia el que haya debates internos e intensos. Lo importante es que podamos estar en los dos mundos y que fluya la misma savia.

¿Fluye?

Fluye. Los años posconciliares fueron tensos y rugientes. Con el paso del tiempo hay más serenidad en la misma Compañía y reconocimiento de que entre todos nos complementamos. Leer más…

Espiritualidad ,

Dídac P. Lagarriga: ‘De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld’

Jueves, 19 de enero de 2017

cubierta-en-alta-resolucion_639477Una invitación a descubrir el islam silente y místico

Prólogo de Javier Melloni Epílogo de Pablo d’Ors

(Fragmenta).- Este libro nos invita a descubrir el islam silente y místico, un islam no exento de una intensa vertiente social y cultural que busca siempre el encuentro con el otro.

El autor nos hace entrar en el recinto del diálogo interreligioso: el destinatario de las cartas (Charles de Foucauld, el lector o la misma necesidad de explicarse) es su alter ego y a la vez también es el otro.

Una conversación que rehúye la lógica temporal y las razones del dogma para establecerse en la intimidad de la experiencia a través de las cartas de alguien que se incorporó al islam y que interacciona con otro alguien que decidió convertirse al cristianismo gracias al islam.

Como dice Javier Melloni en el prólogo, “a lo largo de esta correspondencia van apareciendo muchos temas, todos tratados con una sensibilidad exquisita, casi perturbadora de tanta delicadeza con la que brotan. Van apareciendo diversos aspectos y escenarios de la vida ordinaria compartidos a media voz. La cotidianidad queda transfigurada: las bibliotecas públicas se convierten en santuarios; el encuentro con la vecindad, en consideraciones sobre geopolítica internacional; el agua de la ducha, en reflexiones sobre nuestra sociedad de la abundancia; los olores de la calle, en una celebración de los sentidos; el acto de escribir, en una erudición sobre el arte de la caligrafía”.

Para saber más, pincha aquí:

autor%20-%20d%c3%addac%20p-%20lagarrigaDídac P. Lagarriga (São Paulo, Brasil, 1976) empezó a escribir y a publicar desde muy joven. Siempre con la mirada puesta en la poesía, su trabajo puede tomar la forma de un ensayo, una novela o un diario. Muy interesado por la pluralidad de culturas y religiones, nunca ha podido separar su escritura de su labor como editor y traductor, dando a conocer testimonios y títulos especialmente del mundo islámico y del continente africano. En el 2005 funda en Barcelona Oozebap, entidad dedicada a la difusión de experiencias y reflexiones culturales, políticas y espirituales de África y del islam y para la promoción del diálogo intercultural e interreligioso, con la publicación de veinte títulos de referencia. También colabora habitualmente en prensa y participa en coloquios y encuentros sobre cuestiones vinculadas al islam y al diálogo interreligioso. Ha publicado varios libros, entre los que destacan Eco-yihad. Apertura de conciencia a través de la ecología y el consumo halal (Bellaterra, 2014) y Un islam visto y no visto. Hacia un respeto común (Bellaterra, 2016). En Fragmenta ha publicado De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld (2017).

Ficha Técnica:
Colección: Fragmentos
Volumen: 39
Núm. de páginas: 144
Primera edición: diciembre del 2016
ISBN: 978-84-15518-57-0
Encuadernación: rústica, 13 x 21 com
PVP: 16.00

Fuente Fragmenta

Biblioteca, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Islam , , , ,

Un solo bautismo para que todos sean uno

Lunes, 18 de enero de 2016

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2015

«Destinados a proclamar las grandezas del Señor» (1 Pedro 2, 9)

Esta semana se nos pide que oremos por la unidad de todos los cristianos y cristianas.

Del 18 al 25 de enero de 2016 tendrá lugar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. El programa de esta semana consiste en celebraciones presididas por líderes y en iglesias de diferentes confesiones cristianas. El único objeto de esta semana es orar por la unidad de las distintas confesiones cristianas.

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421i1423*

“No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que ma has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.”

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(Juan 17, 20-26)

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Y por eso, destacamos este párrafo del libro de Javier Melloni , “El Cristo interior”

“El Cristo total es mucho más que el cristianismo. Tal como lo conocemos actualmente, el cristianismo es el resultado de tres conjunciones: la espiritualidad hebrea, la formulación griega y, en el caso del catolicismo, la organización romana. Al salir al encuentro de otras culturas y tradiciones en un planeta irreversiblemente global, descubrimos que el cristianismo puede adquirir otras formas que no somos capaces de imaginar en este momento. Asistimos a una crisis de lo que hemos conocido hasta ahora, pero ello no implica una crisis o un acabamiento de lo crístico.”

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ecumenismo1

Además,  leíamos hace tres años en el blog  À Corps… À Coeur:

“¿Que es lo que, en las Tradiciones de cada Iglesia depende del Evangelio o depende sólo de los azares de la historia, de la política, de la cultura, las costumbres y a veces de los resentimientos acumulados? “

¿Cuándo pues cada Iglesia tendrá la fuerza y el coraje de volver a lo que es propio del Evangelio y a echar todo lo que depende de azares de la historia, de la política, de la cultura, las costumbres y los resentimientos acumulados?

“La unidad en la diversidad, sin fusión, sin confusión.” Hay numerosas moradas en la casa del Padre.

¡ Si la búsqueda teológica me parece importante en tanto que instrumento intelectual para el investigador de Dios que soy, puede ser un verdadero problem como instrumento para asir a Dios!

” ¿Los cristianos son capaces de reconocer que han podido equivocarse, que han podido desviarse de “La Buena Noticia”, sin quererlo y hasta sin percibírse de ello? ” Lo desearía, pero no estoy seguro de  que  tengan la voluntad, la honradez y la audacia ya que  parecen prisioneros de la historia, del poder, del tener y del orgullo.

 Gustave Thibon decía:“No es la luz la que falta a nuestra mirada, sino nuestra mirada la que falta a la luz”

Así…, sueño con el día en que podré comulgar plenamente con  los sacramentos de la Iglesia Universal, Unidad de todas las iglesias particulares, protestantes, romanas, ortodoxas, orientales y occidentales, etc…, cantar sin hipocresía: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo “ y profesar: “Creo en la Iglesia, una santa, universal y apostólica. Reconozco un solo bautismo … “

Esto me parece tan simple … ¿Pero ciertamente soy demasiado ingenuo?

Ingenuo: “Quien simplemente vuelve a trazar la verdad, la naturaleza sin artificio y sin esfuerzo ” (Émile Littré)

Para leer el  excelente artículo de Marcel Bernos

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Y cómo no, escuchamos la voz de Francisco llamando a la unidad… Ojala se pusieran en practica lo que se dice en este minuto 42 segundos…

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

100 años de Thomas Merton

Sábado, 31 de enero de 2015

MertonThomas Merton nació el 31 de enero de 1915. Se cumplen, pues, exactamente cien años del nacimiento que uno de los más importantes místicos del siglo XX y una de las figuras más relevantes del catolicismo estadounidense. Por este motivo queremos evocar su figura. Lo hacemos con una semblanza escrita por el jesuita Javier Melloni, publicada originalmente en la revista El Ciervo y, más tarde, en el libro Voces de la mística II.

Polémico y polifacético monje cisterciense, Thomas Merton (1915-1968) se adelantó varias décadas a la sensibilidad de su generación. Hijo de un pintor neerlandés y de madre americana, nació y se formó en Europa, donde inició una brillante carrera literaria. Su conversión religiosa y su bautismo en la Iglesia católica (1938) lo llevaron a entrar a los veintiséis años en la abadía cisterciense de Getsemaní, en Kentucky (EE. UU.). Todos esos años de búsqueda quedaron relatados en su primer libro, La montaña de los siete círculos (1948), publicación que atrajo muchas vocaciones a la vida monástica. Maestro de novicios durante más de diez años, vivió la contradicción entre el anquilosamiento de la tradición monacal y las nuevas formas de vida contemplativa todavía por emerger.

Publicó en vida más de cuarenta libros, en los que trató de los temas más diversos: desde los aspectos clásicos de la vida espiritual hasta las grandes cuestiones del momento: la obsesión del hombre moderno por el hacer, la fiebre consumista, la causa pacifista contra la guerra de Viernam, entre otras. Su búsqueda lo llevó hacia las religiones de Oriente, donde la palabra cede el paso al silencio. Murió en un accidente (algunos afirman que fue un atentado de la CIA) durante un encuentro monástico interreligioso en Bangkok, después de haber pronunciado una conferencia sobre la vida monástica y el marxismo.

1968Thomas Merton y el Dalai Lama en 1968

Seis días antes de su muerte (el 4 de diciembre de 1968), visitando unos templos budistas en Sri Lanka, tuvo quizás la experiencia más luminosa de su vida, tal como dejó anotado en su Diario. “Mientras miraba estas figuras, de repente, casi por fuerza, como en una sacudida, me sentí proyectado hacia fuera de la visión habitual, medio atada, que tenemos de las cosas, y se hizo evidente y obvia una claridad que parecía brotar en una suerte de explosión de las mismas rocas. (…) Todo es vacío y todo es compasión. Yo no sé si alguna otra vez en mi vida he tenido tal sensación de belleza y validez espiritual fluyendo juntas en una sola iluminación estética. Estoy seguro de que con esta experiencia mi peregrinación a Asia se ha aclarado y purificado”

Este texto evoca otra de sus experiencias-cumbre, acaecida el 18 de marzo de 1958 en Louisville, Kentucky, y recogida en el libro Conjeturas de un espectador culpable, publicado por Sal Terrae en 2011 (páginas 190-192).

“En Louisville, en la esquina entre la cuarta Avenida y la Walnut, en medio de un centro comercial, de repente me vi sobrecogido al comprender que amaba a todas aquellas personas, que yo era suyo y ellos míos, que no podíamos sernos extraños mutuamente, aunque fuéramos completamente desconocidos. Era como despertarse de un sueño de separación, de falso aislamiento en un mundo especial, el mundo de la renuncia y de la supuesta santidad. Toda esa ilusión de una existencia santa separada es un sueño (…).

4thWalnutSiento la inmensa alegría de ser hombre, miembro de la raza en la que Dios quiso encarnarse. ¡Como si los quebrantos y estupideces de la condición humana pudieran abrumarme, ahora que me doy cuenta de lo que somos todos! ¡Si todo el mundo pudiera comprenderlo! Pero es algo que no se puede explicar. No hay forma de explicar a la gente que mientras van por la vida, están brillando como el sol. Eso no quita nada de la sensación y valor de soledad, pues es función de la soledad hacer que uno se dé cuenta de estas cosas con una claridad tal que le sería imposible a alguien completamente inmerso en los cuidados e ilusiones de los otros, y en todos los automatismos de una existencia completamente colectiva. Mi soledad, sin embargo, no me pertenece pues ahora veo cuánto les pertenece a ellos, y veo  que tengo una responsabilidad por ella no solo con lo que a mí concierne, sino también a ellos. Por estar unido a ellos les debo a ellos el estar solo; y cuando estoy solo, ellos no son `ellos´ sino yo mismo. ¡No somos extraños! Es como si, de pronto, me hubiera percatado de la secreta belleza y la profundidad de sus corazones, adonde el pecado ni el deseo ni el autoconocimiento pueden llegar: el corazón mismo de su realidad, la persona que cada cual es a los ojos de Dios. ¡Si pudieran verse a sí mismos tal como son! ¡Si pudiéramos vernos siempre así unos a los otros! No habría entonces más guerra, ni más odio, ni más crueldad, ni más codicia. Supongo que el gran problema entonces sería que nos postraríamos para adornarnos unos a otros. Pero todo eso no se puede ver, sino solo creer y `comprender´ gracias a un don muy particular”.

Fuente Entre Paréntesis

Espiritualidad, Iglesia Católica ,

Un solo bautismo para… Que todos sean uno

Lunes, 19 de enero de 2015

Esta semana se nos pide que oremos por la unidad.

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“No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que ma has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.”

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(Juan 17, 20-26)

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Y por eso, destacamos este párrafo del libro de Javier Melloni , “El Cristo interior”

“El Cristo total es mucho más que el cristianismo. Tal como lo conocemos actualmente, el cristianismo es el resultado de tres conjunciones: la espiritualidad hebrea, la formulación griega y, en el caso del catolicismo, la organización romana. Al salir al encuentro de otras culturas y tradiciones en un planeta irreversiblemente global, descubrimos que el cristianismo puede adquirir otras formas que no somos capaces de imaginar en este momento. Asistimos a una crisis de lo que hemos conocido hasta ahora, pero ello no implica una crisis o un acabamiento de lo crístico.”

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ecumenismo1Además,  leíamos hace dos años en el blog À Corps… À Coeur:

“¿Que es lo que, en las Tradiciones de cada Iglesia depende del Evangelio o depende sólo de los azares de la historia, de la política, de la cultura, las costumbres y a veces de los resentimientos acumulados? “

¿ Cuándo pues cada Iglesia tendrá la fuerza y el coraje de volver a lo que es propio del Evangelio y a echar todo lo que depende de azares de la historia, de la política, de la cultura, las costumbres y los resentimientos acumulados?Quand donc chaque Église aura t-elle la force et le courage de revenir à ce qui relève de l’Évangile et à jeter tout ce qui dépend des aléas de l’histoire, de la politique, de la culture, des habitudes et des ressentiments accumulés ?

“La unidad en la diversidad, sin fusión, sin confusión.” Hay numerosas moradas en la casa del Padre.

¡ Si la búsqueda teológica me parece importante en tanto que instrumento intelectual para el investigador de Dios que soy, puede ser un verdadero problem como instrumento para asir a Dios!

” ¿Los cristianos son capaces de reconocer que han podido equivocarse, que han podido desviarse de “La Buena Noticia”, sin quererlo y hasta sin percibírse de ello? ” Lo desearía, pero no estoy seguro de  que  tengan la voluntad, la honradez y la audacia ya que  parecen prisioneros de la historia, del poder, del tener y del orgullo.

 Gustave Thibon decía:“No es la luz la que falta a nuestra mirada, sino nuestra mirada la que falta a la luz”

Así…, sueño con el día en que podré comulgar plenamente con  los sacramentos de la Iglesia Universal, Unidad de todas las iglesias particulares, protestantes, romanas, ortodoxas, orientales y occidentales, etc…, cantar sin hipocresía: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo “ y profesar: “Creo en la Iglesia, una santa, universal y apostólica. Reconozco un solo bautismo … “

Esto me parece tan simple … ¿Pero ciertamente soy demasiado ingenuo?

Ingenuo: “Quien simplemente vuelve a trazar la verdad, la naturaleza sin artificio y sin esfuerzo ” (Émile Littré)

Para leer el  excelente artículo de Marcel Bernos

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