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Santiago Agrelo: “Las sorprendentes afinidades entre Charles de Foucauld y Francisco de Asís”

Jueves, 19 de mayo de 2022

FF61CA44-0113-4AE5-8D94-C0CA69F4C282“Sus vidas se parecen como la de dos hermanos pequeños de Jesús”

“No te sorprenderá si te digo que, entre Charles de Foucauld y Francisco de Asís encuentro afinidades sorprendentes”

“Los dos sienten pasión por lo pequeño y por la fraternidad. Uno soñó su mundo como un mundo de hermanos menores. El otro dejó tras de sí una estela “pequeños hermanos de Jesús”, “hermanitas de Jesús”

“Conocen a Jesús por el evangelio y lo representan desde paradigmas culturales propios del tiempo en que cada uno vivió el evangelio. Pero los dos se fijan en él, los dos lo aman, los dos lo imitan, los dos lo siguen, los dos se dejan transformar en él”

Querido José Manuel: no voy a escribir sobre Charles de Foucauld; no tendría nada personal que decir sobre él; tampoco conozco su vida como para decir sobre ella algo que valga la pena escuchar.

Desde mi juventud he conocido y admirado la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús –Congregación de las Pequeñas Hermanas de Jesús-; pero ni siquiera sabría decir cuál es el vínculo que hay entre ellas y Charles de Foucauld; sólo sé que nacieron atraídas por su ideal de vida y que, para ellas, la canonización que se va a celebrar el próximo día 15 de mayo será un acontecimiento deseado, soñado, mil veces imaginado, e inolvidable.

No te sorprenderá si te digo que, entre Charles de Foucauld y Francisco de Asís encuentro afinidades sorprendentes.

Los dos conocieron una forma de vida que estaba muy lejos de ser piadosa. De Francisco de Asís, uno de sus biógrafos dice que, “aventajando en vanidades a todos sus coetáneos, mostrábase como quien más que nadie incitaba al mal y destacaba en todo devaneo”. Charles de Foucauld, por su parte, atravesó un largo período de increencia y de “fiesta” que, en días de lucidez espiritual él describirá “como un descenso hacia la muerte”.

Uno y otro conocen el vacío que la vanidad deja siempre tras de sí. Vacío, y también tristeza: “Una tristeza… que volvía a mí cada tarde cuando me quedaba solo en mi apartamento… que me dejaba mudo y abrumado durante lo que llaman fiestas”.

Uno y otro participan en expediciones militares. No sé lo que podían suponer para ellos los “enemigos” a los que tendrían que enfrentarse. Imagino que sería más importante la gloria que se esperaba alcanzar que las vidas sobre las que se había de pasar.

Dios parece ser el rostro que siempre se insinúa en el fondo sin fondo del vacío personal. Y la vida cambia cuando ese rostro insinuado adquiere consistencia. A dársela contribuirá la gracia de un encuentro.  En Charles de Foucauld será encuentro con creyentes musulmanes: “La vista de esta fe, de estas almas en continua presencia de Dios, me hizo entrever algo más grande y más auténtico que las ocupaciones mundanas”.

En Francisco de Asís será encuentro con leprosos: “El Señor me dio a mí, el hermano Francisco, el comenzar de este modo a hacer penitencia: pues como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos, pero el Señor mismo me llevó entre ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y, al separarme de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo”.

Entonces empieza para Francisco y para Carlos algo nuevo, algo definitivo, algo último, algo que sabe a totalidad, a plenitud: “Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para él”. “Mi Dios, mi todo”.

Claro que el Dios en quien han creído tiene los rasgos de Jesús de Nazaret, y será en la forma en que Francisco y Carlos siguen a Jesús donde encontraremos que sus vidas se parecen como la de dos hermanos pequeños de Jesús. Conocen a Jesús por el evangelio y lo representan desde paradigmas culturales propios del tiempo en que cada uno vivió el evangelio. Pero los dos se fijan en él, los dos lo aman, los dos lo imitan, los dos lo siguen, los dos se dejan transformar en él.

Habrás observado, hermano mío, que los dos sienten pasión por lo pequeño y por la fraternidad. Uno soñó su mundo como un mundo de hermanos menores. El otro dejó tras de sí una estela “pequeños hermanos de Jesús”, “hermanitas de Jesús”, un mundo en el que nos resulta sencillo descubrir la presencia de Jesús, hermano de todos, siervo de todos.

Es todo lo que se me ocurre decirte. Pero no creo que valga la pena publicarlo.

Un abrazo de este hermano menor.

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“La estola y el delantal…”

Miércoles, 18 de mayo de 2022

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Del Blog de José Luis Vázquez Borau:

 Hermanito Marcos…. Anterior

 Creo que debemos esta sorprendente expresión a un obispo del sur de Italia, muerto en 1993,

don Tonino Bello , cuyo testimonio evangélico ha sido tan fuerte que seguramente se piensa en proclamarlo «beato». He aquí lo que frecuentemente decía a sus clérigos:

«en nuestras sacristías hay magníficos   ornamentos sagrados, estolas doradas, pero no se encuentra allí ningún delantal» . Mientras que el único «adorno sagrado» que Jesús ha portado la noche del Jueves Santo es justamente un delantal, un lienzo que se ciñó para lavar los pies de sus discípulos, haciéndose Él – «el Maestro y Señor»– el humilde servidor sin temor de ensuciarse las manos. Y nos pide a nosotros hacer también lo mismo hoy.

El camino de Carlos de Foucauld.

De entrada, nada predestinaba a Carlos de Foucauld a llevar la estola o el delantal. Nacido en una familia de aristócratas afortunados, no tuvo nunca la ocasión de revestir el mameluco de trabajo, ya pesar de sus fervores de niño, tampoco soñó con llevar la estola… por lo menos antes de los 40 años. Mas, ¿quién podría negar que llegará a ser más tarde a la vez un hombre de acción y de contemplación. A su manera, totalmente única.

Le toma gusto a la acción al principio en la llamada a las armas, que lo llevará a una vida mundana y ociosa. Pero sobre todo fue después de su retiro del ejército, el proyecto de explorador de Marruecos: una preparación intensa durante largos meses –trabaja hasta 16 horas al día- y un viaje de casi un año, a costa de mil peligros, acabándose todo en París con una Medalla de oro de la Sociedad de Geografía.

Pero es justamente en ese momento, a la hora del éxito y de la gloria, que se afinca en él una nueva exploración, esta vez interior, sin duda preparado por la experiencia del desierto y el encuentro con la fe islámica. Una búsqueda intelectual de sentido, que lo conduce progresivamente del «hacer» al «ser», del «saber» al «creer», de la acción a la contemplación. Y ocurre pronto la conversión al Absoluto de Dios –«no vivir más que para Dios»- encarnado en la humanidad de Jesús, encontrado en el Evangelio y la Eucaristía. Un encuentro de fe y de amor, que le demanda desde ese momento una búsqueda desesperada de imitación radical de la persona y de la vida de Jesús.

Él, que está en lo más alto, quiere unirse a Jesús en lo más bajo, «en el último lugar»; él, que es rico, quiere hacerse pobre; él, colmado de honores, quiere seguir a Jesús hasta su «abyección». Esta búsqueda se concretará en Tierra Santa (Navidad de 1888), mientras va «caminando por las calles de Nazaret que hollaron los pies de Nuestro Señor, pobre artesano, perdido en la abyección y la oscuridad».

A partir de allí, la imagen de Nazaret no lo abandonará nunca más, ni durante los 6 años que pasará en la Trapa. Lo que parece atraer más a Carlos de Foucauld en Nazaret, no es al principio la contemplación, sino más bien «la existencia humilde y oscura de Dios, obrero de Nazaret». Como Él, querría compartir la vida de sus padres que son «pobres obreros que viven de su labor» y también piensa, no sin exageración, «una vida de abyección, hasta el último de los últimos lugares» (ES 57). Pero detrás de la parte más visible, pobre y laboriosa de Nazaret, está la «vida oculta en Dios… toda perdida y abismada en Dios», vida hecha de contemplación, de adoración, en el retiro y el silencio, para estar en todo instante «con Dios, en Dios, la mirada hacia Dios». « Tu vida aquí debe estar formada por tres cosas: 1º mirar a Jesús y hacerle compañía en su hogar de Nazaret; 2º mirar y adorar a su Padre; 3º con él mirar a todos los hombres y trabajar por su salvación».

Pero esta vida de Nazaret, tal como la imagina Carlos, empleando su tiempo en algunos trabajos domésticos insignificantes y sobre todo con largas horas de oración, no durará muy largo tiempo (dos tiempos continuos de alrededor de un año), a pesar de su decisión de quedarse allí definitivamente. Entretanto varias «tentaciones» se presentan, mezcladas sin duda con llamadas auténticamente evangélicas.Es el atractivo de la acción, la necesidad de hacer algo, (por ejemplo, hacer colectas para ayudar a las Clarisas), pero también de ser verdaderamente útil, abandonar una situación artificial y confortable, «el suave nido de Santa Clara», para ponerse realmente al servicio de los necesitados. Sueña así en emplearse como doméstico en un hospital para cuidar a los enfermos. También le parece oportuno tomar un empleo asalariado como enfermo para ayudar a una viuda sin recursos. Uniría así la verdadera condición de trabajador con la de ayudar a alguien más pobre que él. A la objeción de que podría dañar abandonar así su ideal contemplativo, se adelanta a responder –¡es muy interesante a nuestro propósito!- :«No es la dulzura de la oración lo que hace falta buscar,

Este generoso proyecto no se realiza y no se presenta otra ocasión igual de vestir el delantal. ¿Desdichadamente? Es otra la llamada que terminará por ser la más fuerte, a través de las vueltas sinuosas de esta vida que Dios escribe decididamente «con líneas torcidas», es la vocación al presbiterado. ¿Renunciará Carlos por lo tanto a Nazaret? No. Su ideal permanece siempre, como lo escribió en 1901, después de su ordenación: «imitar la vida oculta del humilde y pobre obrero de Nazaret». Igualmente como presbítero, se cree llamado a vivir «la vida oculta de Nazaret, no para predicar, sino para vivir en la soledad, la pobreza, el humilde trabajo de Jesús, tratando de hacer bien a las almas… por la oración…la práctica de la caridad». (OS 664). «Esta vida de Nazaret… es necesario llevarla no en tierra santa, sino en medio de las almas más enfermas, las ovejas más abandonadas».

Desde su llegada a Béni-Abbès ha hecho esa experiencia. La vida «eremítica» con la que aún soñaba se convierte en una existencia abierta y poblada: «Es necesario frecuentemente ir a la puerta, responder, hablar». La casa de Nazaret está invadida de la mañana a la noche, se convierte en la Khaoua, la fraternidad, en la que el huésped es feliz de ser mirado como un hermano, «el hermano universal». Es como hermano que cada día, después de haber rezado y celebrado –después de 3 a 8 hs- recibe a muchos soldados, árabes, pobres, esclavos. «Me veo asombrado pasar de la vida contemplativa a la vida de santo ministerio. «Soy conducido allí, a pesar mío, por la necesidad de las almas». Pero está convencido de que es allí donde debe vivir la vida de Nazaret y allí sepultarse para siempre.

Pero he aquí que unos meses más tarde su obispo le ha pedido que se ponga en camino hacia el Hoggar. Allí ve «la voluntad del Bienamado» que le habla al corazón: «Tu vida de Nazaret puede llevarse a cabo doquier, llévala al lugar más útil para el prójimo». Con tal que allí se junten el reconocimiento en Dios y el amor de sus hijos: «Allí, donde tienes tanto la perfección de mi imitación como la de la caridad. Por lo que concierne al recogimiento, es el amor el que debe recogerte en Mí interiormente y no el alejamiento de mis hijos: Mírame en ellos, y como yo en Nazaret, vive cerca de ellos, perdido en Dios».

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Nazaret es amar. El amor vivido en la proximidad de los hombres es más importante que el silencio. Es necesario recogerse en el amor fraterno, es allí que se encuentra al Bienamado. ¿Cómo se vivirá esta doble proximidad con Dios y con sus hijos los hombres durante la última etapa de su vida en Tamanraset?

Fue allí para reunirse con los más alejados, pero… se encuentra muy solo -único francés y único cristiano- sin compañero, sin correo. Vive marginado en este villarrio de 15 pobres familias que al principio casi no lo frecuentan… trata sin embargo de ser caritativamenteútil, repartiendo alimentos y medicamentos, agujas de coser y hasta enseña a tejer a algunas mujeres. Haciendo esto, queda como el que tiene y el que da. Hará falta su grave enfermedad de enero de 1908 para que sea forzado a convertirse en el débil y el pobre que recibe, entre otras cosas la leche de las cabras recogida por las mujeres en 4 Kms. a la redonda. A partir de ese momento se multiplicarán los contactos, en el intercambio gratuito de dar y recibir, si no de bienes, al menos de la simple amistad ¿Adónde han ido a parar la estola y el delantal? De estola no tiene necesidad durante muchos meses, porque no puede celebrar. En cuanto al trabajo manual, lo ha aplazado por un trabajo lingüístico encarnizado con vistas a la publicación de textos tuareg y sobre todo de su Diccionario tuareg-francés en 4 gruesos volúmenes. Un trabajo que le toma toda su energía y la mayor parte de su tiempo, roído sólo por las visitas que llaman a su puerta de vez en cuando y la correspondencia con parientes y amigos que proseguirá fielmente hasta el mismo día de su muerte. ¿dónde encuentra aún tiempo para orar? Uno se lo pregunta.

Más allá de la estola y del delantal, permanece el corazón también de Nazaret, que es el corazón y la cruz de Jesús: ese JESUS CARITAS que lleva en su pecho y en su propio corazón. En lugar de un trabajo de evangelización clean y de diaconía que todavía parece imposible, permanece en el cada día, «el apostolado de la bondad». Finalmente es el único programa que da a los Priscila y Aquila –los misioneros laicos- que así llama por sus deseos de una futura evangelización: «Amor, amor, bondad, bondad»

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Aportacions de Jean Maríe Pasquier, presbítero, durante el Encuentro-vacaciones europeas de la Fraternidad Laica. En el verano 2009 en Suiza (vaumarcus)

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Santos…

Viernes, 4 de febrero de 2022

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Como buen judío, Jesús asume la exhortación a la santidad e introduce en ella a sus discípulos: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48). El término griego que utiliza Mateo para referirse a la perfección deriva del sustantivo télos, que significa «fin», tanto en el sentido de «conclusión o acabamiento» de algo como para designar el «horizonte o la finalidad» hacia donde tienden las cosas.

Desde esta perspectiva, la santidad considerada como perfección no implica necesariamente la consecución de un estado moral intachable y bien rematado sino, bien al contrario, la apertura sostenida de nuestra fragilidad hacia el horizonte de un amor siempre más grande que nosotros. El Padre celestial, a quien Jesús propone como imagen de perfección, no es un ser estático y cerrado en sí mismo; su amor fontal mana sin cesar hacia el Hijo y se desborda en el mundo con la infinita creatividad del Espíritu. (…)

(…) Estas páginas tratan de adentrarse en el perfil de ese hombre que aspiró a ser hermano universal, que orientó toda su existencia hacia el horizonte de la fraternidad y que al mismo tiempo experimentó ciertos límites y sombras que le impidieron ser y sentirse plenamente hermano de todos. Sin duda alguna, Carlos de Foucauld fue un auténtico hermano, un «hermano inacabado» que deseaba ser «hermano universal», un hermano cuya santidad alude menos al objetivo conquistado que a la humildad de un camino recomenzado muchas veces.

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Margarita Saldaña Mostajo.
El hermano inacabado. Carlos de Foucauld

Grupo de Comunicación Loyola, enero de 2021

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“El hermano inacabado. Carlos de Foucauld” (De Margarita Saldaña Mostajo)

Jueves, 3 de febrero de 2022

CF1B0AB6-DF51-4FC2-B9A5-054308DC6556Del blog Creer en la Universidad:

Mírame en ellos y vive cerca de ellos, perdido en Dios”

Aún no está en las estanterías de las librerías y ya está seduciendo y provocando, yo he sentido necesidad de contarlo e invitar a que lo esperéis y lo demandéis. Un modo de contemplar y adentrarse en el hermano Foucauld que marca líneas y sugerencias de espiritualidad contemplativa y encarnada para el hombre de hoy. El dirección de la fraternidad universal y en la invitación a profundizar para poder creer como cada uno estamos llamados, desde nuestras imperfecciones y desde nuestras sombras, a ser hermanos universales. Muy apropiado con la celebración última de la Navidad, en el bautismo del Hijo que nos hace hermanos.

 Libro tan propio como novedoso, búscalo

 Aún no está en las librerías y no puedo callarme más. He leído un libro nuevo sobre Carlos de Foucauld y certifico que viene con novedad auténtica. Hace unos meses tuve la oportunidad de compartir momentos agradables con Margarita Saldaña Mostajo, a cuentas de su libro, sobre san José, editado en Sal Terrae, que presentamos en la ciudad de Badajoz. Un libro que me atrajo por presentar de un modo tan fecundo y entrañable el silencio creativo de José, esa teología del silencio de lo cotidiano, del quehacer profundo de un vivir entregado que rompe límites en el mayor de los anonimatos colaborando con Dios en la historia de la salvación. Ahí me hizo entrega la autora de su trabajo de licenciatura publicado con el título “Rutina habitada” que voy recorriendo con parsimonia reflexiva acorde a su trabajo, laboriosidad y estructura teológica de una realidad bien oculta por desconocida como es la vida de Jesús en Nazaret. No deja de ser sorprendente la grandeza de la cotidianeidad creyente que se encierra en la vida oculta de Jesús.

En esa lectura andaba, cuando a través de Isabel Lara –amiga entrañable y regalo divino en este tiempo en nuestra parroquia- hermana de comunidad de la autora, me llega como regalo de adviento preñado, en cercanía a la Navidad, como luz adelantada de Epifanía, un ejemplar de un libro tesoro:El hermano inacabado. Carlos de Foucauld”, de Margarita Saldaña prologado por Mariola López Villanueva.

Hoy me he acercado a la librería para pedir ejemplares y poder hacerlos llegar a personas que lo van a recibir como agua de mayo, pero aún no están a la venta. Será lanzado en enero. Llego a casa y me pongo a contaros algo de mi impresión rápida de la lectura de esta obra, tan cercana la fiesta de la canonización de este santo, con ese perfil de hermano inacabado. Con el deseo de que os entre ganas de gustarlo y disfrutarlo como yo.

Me ha seducido con paz y apasionamiento

El libro ha sido de verdadera revelación para mí. Lo comencé a leer con cierta curiosidad por el momento que estamos viviendo y por su actualidad a manos del papa Francisco que nos lo puso como ejemplo de hermano universal en Fratelli Tutti. No hice nada más que comenzar y sentí atracción por su lectura, con cierto apasionamiento. No pude resistir la tentación de beberlo rápido cuando la intención era a pequeños sorbos para saborearlo poco a poco. Me busqué momentos de retiro de cierta duración y me lo tragué en cuatro o cinco momentos. Me llamó la atención porque normalmente me cuesta buscar esos momentos y aquí fui muy diligente por la seducción que provocó en mí. Según lo leía me decía que tenía que volver tranquilamente, pero que ahora convenía que fuera así. Y aquí estoy contando la experiencia de la rapidez, ya en otro momento igual voy compartiendo pequeñas píldoras más interiorizadas por mí.

 ¿Qué me sedujo? Así de pronto creo que estas cuantas razones:

El modo de escribir de Margarita que ya conocía, pero que en esta ocasión me daba la sensación que bailaba con otros zapatos, o más bien a pie descalzo. Una persona que se situaba ante este hermano con una disponibilidad y desnudez apabullante, sin condiciones ni prejuicios, en la búsqueda de una identidad no marcada de antemano.

La exploración que ofrece en las primeras cien páginas te va transportando con nitidez a dimensiones impresionantes y complementarias de una identidad de misterio, contemplación, silencio, pobreza y amor que te subyugan con una invitación de humanismo y cercanía que trasportan a tu propio vivir y caminar. Qué ganas de explorarme a mí mismo con esta mirada de lectura creyente.

El descubrimiento de perfiles en la novedad documentada dejando hablar a la propia persona en el camino del descubrimiento de su propia identidad, que no se la da él mismo, sino que se la va aportando en Padre, según se va desnudando y perdiendo en lo imposible y en lo inacabado: la vida, los deseos, el claustro, los márgenes, la estabilidad, el horizonte… sólo Dios puede ir acabando con lo inacabado y lo imperfecto para que alguien pueda ser santo. Pero la autora nos lo pone a pie de obra y de cita, con los sentimientos y las palabras del hermano.

Y de la semblanza biográfica a la semblanza espiritual, dejándonos irradiar por lo que va ocurriendo en su interior, lo que es el desarrollo de una espiritualidad que siendo de Nazaret se muestra nueva en su momento histórico y se hace referente para este siglo que estamos viviendo. Una buena noticia para hoy con claves de una minoridad y sencillez que fecunda la historia desde un amor entregado y callado, inacabado e imperfeto, pero lleno de compasión y misericordia, en el ejercicio de la verdadera proximidad encarnada, todo un reto para la Iglesia actual con el horizonte “fratelli tutti”.

Los propios conceptos que va marcando la autora como síntesis de la irradiación de este santo, y de los que le siguen en la mirada contemplativa y pobre de Jesucristo, son clarividentes de la necesaria espiritualidad encarnada para los cristianos hoy: Relación con Dios, el ideal y su proceso, la hospitalidad, las sombras, la salida, la misión. Os invito a releer las sombras para cercioraros de que vosotros y yo estamos llamados a la santidad en nuestra pobreza personal y en nuestros propios límites, que la sombra no impida el deseo de ser misericordiosos.

Y una palabra penúltima sobre el libro es confirmar lo que nos dice Nicolás Viel en el epílogo: “Carlos de Foucauld nos invita a descubrir que la experiencia del Dios de Jesús supone adentrarse en la verdad de la experiencia humana y que, en lo más hondo de lo humano, se oculta nazarenamente lo más hondo de Dios”, y digo yo con atrevimiento: también en las sombras de lo humano, donde se experimenta propiamente la misericordia del que nos ama”.

No os perdáis esta novedad que nos regala Margarita Saldaña Mostajo con motivo de Carlos de Foucauld, lo hace con su mirada seducida por la identidad del hermano con la sola luz de su verdadera historia y proceso. Es una periodista, escritora, teóloga, pero sobre todo una hermana de Foucauld, tan universal como inacabada que está abriendo caminos y veredas en la investigación sobre este hermano suyo y nuestro. Seguimos esperando más frutos de su trabajo, de su contemplación y de su entrega ante el Cristo pobre, al que adora y ama con los más pobres.

José Moreno Losada.

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Último adiós a sor Bárbara, la ‘hermana de los musulmanes’, en una mezquita de Hermel (Líbano)

Sábado, 8 de enero de 2022

religiosa-libanoFoto di Youssef S. Rouphael

La religiosa, fallecida en Nochebuena, era muy querida más allá de los credos  

En el funeral de Bárbara de Jesús, los chiítas recitaron una invocación del Islam, Al-Fātiḥa, que constituye la primera sura del Corán, por el alma de la religiosa que trabajó en los barrios más pobres

Un cartel sintetizaba el sentir popular: “Todo el pueblo la echa de menos como modelo de devoción, caridad y pureza”

También los cristianos lloran la muerte de la hermana: “Gran tristeza en la tierra y gran alegría en el cielo por el paso de sor Bárbara”

Durante los años del conflicto libanés, esa casa representó un símbolo de paz y convivencia pacífica para los habitantes de la zona

En su larga vida “sembró bondad dondequiera que iba”. Por este motivo, incluso los musulmanes chiítas de la ciudad libanesa de Hermel, en el valle de la Beqa’a, quisieron ofrecer sus oraciones en sufragio por el alma de sor Bárbara de Jesús, la monja de más de noventa años de las Hermanitas de Jesús que murió en Nochebuena. Lo hicieron invitando a toda la población del país a un funeral celebrado la noche del domingo 2 de enero en la sala de condolencias de la mezquita dedicada al Imam Zayn al-Abidin, en el barrio de al Harah.

primopiano_13902En el mensaje en sufragio se expresaba la gratitud por el amor con el que sor Bárbara “sembraba bondad dondequiera que iba”. “Todo el pueblo de Hermel la echa de menos como modelo de devoción, caridad y pureza”, rezaba una pancarta izada en la vía de acceso al barrio de la mezquita para dar las gracias a sor Bárbara confiando su alma “a la inmensa misericordia de Dios”.

Algunos de los participantes en el funeral cuentan a Fides que las hermanas de sor Bárbara recibieron el pésame de los responsables de la comunidad local. El alcalde agradeció la presencia de las hermanas en la región, recordando que desde niño conoce el trabajo discreto de las religiosas en la región.

Los muchos musulmanes que asistieron a la ceremonia recitaron Al-Fātiḥa por el alma de la religiosa. Se trata de la invocación “compasiva y misericordiosa” a Dios que constituye la primera sura del Corán. A los presentes se les ofreció el tradicional café amargo, que las comunidades libanesas, cristianas y musulmanas, emplean en este tipo de ocasiones.

El funeral de los musulmanes chiítas de Hermel para orar por el alma de la hermana Bárbara también manifiesta los frutos del singular y silencioso trabajo apostólico realizado por muchos consagrados a Jesús en la vida cotidiana de los pueblos de Oriente Medio.

La hermana Barbara Kassab, de origen egipcio, pasó toda su vida siguiendo los pasos de Jesús y haciendo buenas obras por sus hermanos cristianos y musulmanes en una tierra herida y en ocasiones desgarrada por conflictos fratricidas. “Gran tristeza en la tierra y gran alegría en el cielo por el paso de sor Bárbara”, rezaba el anuncio con el que los cristianos de la zona daban la noticia de su fallecimiento.

primopiano_13903En ese mensaje se recordaba que sor Bárbara “dedicó su vida al trabajo en la Iglesia, a las obras sociales al servicio de la comunidad y, sobre todo, de los pobres de la región”. El mensaje expresaba la gratitud por la presencia de Bárbara y sus hermanas que han brindado consuelo y consuelo a todos “en nuestros días difíciles”, representando “un signo luminoso en nuestro mundo envuelto en tinieblas”. “Su alma será un regalo de Navidad para el Niño de Belén. Ve en paz, virtuosa madre y hermana, y que su alma nos ayude a nosotros, a nuestras familias, a nuestra sociedad y a toda nuestra región”, concluía el mensaje.

Antes de instalarse en Hermel, las Hermanitas de Jesús, pertenecientes a la congregación fundada por Sor Magdeleine Hutin siguiendo los pasos espirituales del Beato Carlos de Foucauld, se habían instalado en el pueblo de Ras Baalbek, en su mayoría habitado por cristianos. Durante los años del conflicto libanés, esa casa representó un símbolo de paz y convivencia pacífica para los habitantes de la zona.

Ahora, en los terrenos anexos al pequeño monasterio de Hermel, cuentan con olivos, viñas, legumbres y árboles frutales. En 2017, cuando milicianos yihadistas entraron desde Siria en el valle de Beqa’a, el alcalde inmediatamente puso bajo protección a las religiosas. Mientras, los vecinos musulmanes cuidaron de su convento esperando su vuelta. Cuando regresaron, les pidieron que no se fueran de nuevo. Así, de este modo, continúan cumpliendo su vocación misionera y al mismo tiempo contemplativa dando testimonio con sus gestos cotidianos de la presencia de Jesús entre los musulmanes y de su amor por ellos.

Fuente Religión Digital

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“Charles de Foucauld: un místico del siglo XXI”, por J.L. Vázquez Borau

Miércoles, 24 de noviembre de 2021

E03E824F-4D7A-4AF0-8AC5-1121608DFA61“Visto por los parámetros habituales, la existencia de este personaje inusual fue un fracaso total. Cien años después de ser martirizado en su querido desierto argelino, somos más de 13.000 personas en el mundo que nos consideramos sus hijos espirituales. Ahora la Iglesia lo reconoce. Reconoce el abandono en manos del Padre como camino, la oración que escribió Foucauld en 1896, ignorando que un siglo después miles de hombres y mujeres la rezarían a diario ”, escribe Pablo d’Ors, sacerdote, teólogo, escritor y consejero. al Pontificio Consejo de la Cultura del Vaticano, en un artículo publicado por Alfa y Omega, 06-04-2020. La traducción es de Cepat.

Foucauld es el sacerdote del desierto contemporáneo. Nada más ordenado sacerdote, a los 43 años, partió hacia el Sahara, donde residiría, primero en Beni Abbès y luego en Tamanrasset, hasta su asesinato el 1 de diciembre de 1916, hace más de un siglo. Tenía entonces 57 años, aunque por su apariencia, tal era su desgaste físico, nadie le daría menos de 75.Foucauld no se fue al desierto en busca de la soledad, al contrario, para estar cerca de los tuareg. Fue allí para encontrarse con los pobres y se encontró con su propia pobreza. Sostengo que Foucauld es el continuador, en nuestro tiempo, de la espiritualidad de los padres y madres del desierto y que, en este sentido, más que el fundador de una familia religiosa, es él quien trae a Occidente la necesidad de regresar. al desierto, que hoy lo llamamos silencio e interioridad.

Foucauld fue un buscador espiritual. El primer capítulo de su turbulenta búsqueda fue probablemente una expedición a Marruecos, donde mostró su temperamento. Curiosamente, fue su devoción por los musulmanes lo que despertó en él el deseo de volver a la fe cristiana. Luego vino su iniciación en el catolicismo, a través de su prima Maria Bondy, su entrada en Trapa, primero en Francia y luego en Akbés (Siria), su peregrinaje decisivo a Tierra Santa, donde vivió en un cubículo miserable, trabajando como servidor del Pobres Clarisas y, finalmente, su aventura en el Sahara.

Todos estos pasos son presenciados por el propio Foucauld. Tus cartas son miles. Es revelador cómo el paradigma de la soledad (un ermitaño … ¡y en el Sahara!) Se convierte en el paradigma de la comunicación. Este doble movimiento, tan elocuente en vertical como en horizontal, nos ofrece una imagen precisa de quién fue realmente este hombre.

Foucauld fue el prototipo del converso. Los que ahora serán elevados a los altares fueron en su juventud aristocrática un militar pretencioso y una buena vida sofisticada. El paso de la vida belicosa a la venerable se refleja a la perfección en sus rasgos, que van de sensuales y arrogantes a transparentes y amables.

En lugar del homenaje ofrecido por la Sociedad Geográfica Francesa, que le otorgó la medalla de oro por su admirable Reconocimiento en Marruecos, para lanzarlo a las vanidades del mundo, alentó la soledad. Era el mes de octubre de 1886, cuando Henri Huvelin, párroco parisino, le ordenó arrodillarse, confesarse y tomar la comunión. Y ahí es donde empezó todo para Foucauld. Tenía 28 años y su vida estaba dando un giro definitivo. Para él, comprender que Dios existía significaba lo mismo que tenía que entregarse a Él.

Foucauld fue un pionero del diálogo interreligioso. Viajó al norte de África dispuesto a convertir a los musulmanes, pero Dios le dio el regalo de no convertir a nadie. Gracias a no poder llevar a cabo sus planes, comenzó a cultivar la amistad con los destinatarios de su misión. Y así entendió este ermitaño misionero la amistad como el camino privilegiado para la evangelización. Gracias a ello, realizó un hermoso gesto de amor por un pueblo: la creación de un diccionario francés-Tamacheq, así como la colección de canciones, poemas y relatos folclóricos tuareg. Estas obras enciclopédicas revelan su impecable respeto por una cultura y religión extranjeras y, finalmente, su pasión por lo diferente.

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Foucauld era un místico cotidiano. El día a día lo llamaba Nazaret. Además de la vida pública de Jesús, que tantos ya querían representar – anunciando el Evangelio, sanando a los enfermos, redimiendo a los cautivos, creando comunidad … – lo que Foucauld quería representar era su vida oculta como obrero en Nazaret. La vida familiar, el trabajo de carpintería, la simple existencia en un pueblo … Todo esto, tan anónimo, fue lo que lo dominó hasta el punto de consagrarse siempre y sistemáticamente a lo más ordinario.

Es paradójico que una vida, que vista desde el exterior puede considerarse extravagante y aventurera, haya sido alimentada por la pasión por lo simple e insignificante a los ojos humanos. “Recuerda que eres pequeño”, dejó por escrito. Y estaba convencido de que eran muchísimos los que podían seguir este carisma suyo, como prueba de que escribía incansablemente múltiples reglas de vida.

Foucauld es el icono del fracaso. Si bien es cierto que escribió muchas reglas monásticas y laicas, también es cierto que no tuvo seguidores. Tampoco logró convertir ni siquiera a un musulmán. Ni siquiera un esclavo para ser liberado, por mucho que se propusiera llenar de sus demandas a la Administración francesa.

Fuente Foucauld. Diálogos

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“El por qué amamos al padre de Foucauld” de Madeleine Delbrêl

Viernes, 18 de junio de 2021

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Madeleine Delbrel falleció el 24 de octubre de 1964.  Había nacido en 1904. En el “Boletín trimestral de las Amistades de Carlos de Foucauld”, hay un artículo muy interesante sobre este aniversario. Henos aquí algunos extractos, traducidos del francés:

“Asistencia social, poeta y mística, Madeleine Delbrel vivió en Ivry-sur-Seine (barriada  parisina, Francia), barriada marxista, tierra de misión, como ella llamaba a Ivry en uno de los títulos de su libro. Ella testifica sin ruido, con algunas compañeras, de su fe cristiana y de su fidelidad a la Iglesia. Con su equipo, lee y relee los escritos de Carlos de Foucauld que están ya publicados, y redacta en noviembre de 1946 un artículo para una revista de los PP. Dominicos”

 He aquí algunos párrafos de ese artículo:

“EL  POR QUÉ AMAMOS AL PADRE DE FOUCAULD

La considerable influencia que el “hombre del desierto” tuvo sobre nuestro tiempo entrenó un buen número de vocaciones contemporáneas. La amplia síntesis que representa su vida explica  por qué  vidas tan dispares pueden reclamarse de él. ¡Por sí mismo él es la reunión de tantos contrastes!

Necesidad incoercible de oración delante de Dios; don sin medida a todo ser que lo solicita. Imitación cándida de la vida en Cristo en Palestina, de sus gestos, de sus actos; conocimiento de su ambiente y adaptación a él.

Amor apasionado del prójimo más próximo; amor fiel a cada instante por la humanidad entera.

Una reconstitución tan tierna de la casa de Nazaret alrededor de una hostia expuesta; ‘recorridos de amistad’ por las pistas saharianas.

Obstinación heroica en una vocación diseñada con dureza; comprensión y preparación de la vocación del otro.

Dedicación al trabajo manual; perseverancia incansable en un trabajo de erudición.

Deseo incesante de una familia espiritual; vocación divina a una soledad de la que la muerte será su culminación.

¡Cómo sorprenderse que tantos que actualmente se entregan a Dios reconozcan su llamada y encuentren su modelo en estos cruces de gracias que fue su vida, cualquiera que sea el modelo de este don.

Del Padre de Foucauld hemos aprendido que, si para darse al mundo entero hay que aceptar de romper tantas amarras para dejarse “llevar”, no es necesario que este dejarse llevar esté contenido entre los muros de un monasterio. Puede hacerse marcando una clausura con piedras secas sobre la arena; puede hacerse en una caravana africana; puede realizarse en una de nuestras casas, en uno de nuestros talleres, mientras se sube una escalera, en un autobús; este dejarse llevar lo encontramos aceptando la estrechez, la incesante clausura del amor del prójimo más cercano. Dar a cada uno de los que nos acercamos la totalidad de una caridad perfecta, dejándose encadenar por esta dependencia constante y devoradora, vivir de forma natural el Sermón de la montaña, eso es dejarse llevar, la puerta estrecha que desemboca en la caridad universal.

Nos ha enseñado a estar perfectamente contentos de ocupar un lugar en este cruce de vida, dispuestos a amar a quienquiera que pase y a través de él todo aquello que, en el mundo, está sufriendo, perdido o en tinieblas. Él nos ha explicado que en su magnífica gratuidad reside la soberana eficiencia y que consentir en no ver nada de lo que hacemos, sino a amar de igual forma y para siempre, es el mejor camino para salvar a alguien, en cualquier lugar de la tierra”

*

Madeleine Delbrêl

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Fuente Boletín trimestral de las Amistades de Carlos de Foucauld  Nº 153-154, 2004.

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Carlos de Foucauld, un hombre de desierto

Martes, 4 de mayo de 2021

Papa-canonizara-Charles-Foucauld-desierto_2235386478_14644892_660x371“Hay que pasar por el desierto y permanecer allí para recibir la gracia de Dios”, decía

“Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand se fue transfigurando gradualmente por este silencio interior, convirtiéndose en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís”

“Fue asesinado por los rebeldes Senusitas de Libia, aliados con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial”

“Durante los treinta años de su vida como converso (1886-1916), no tendrá otro propósito que seguir e imitar a Jesús en esta vida de Nazaret”

Crecen las opciones de que Francisco canonice a Charles de Foucauld el 30 de octubre en Marsella

Cuando la Iglesia del papa Francisco proclama santo a Carlos de Foucauld, me gustaría resaltar su figura como «hombre de desierto». El desierto será el marco exterior que le ayudará en su proceso espiritual. Pero más importante que el desierto exterior es el interior. «Hacer silencio».

Ya en la Carta al padre Jerónimo, escrita desde Nazaret, donde Foucauld ejercía de humilde recadero de las hermanas Clarisas, afirma: «Hay que pasar por el desierto y permanecer allí para recibir la gracia de Dios». No hay que olvidar que estas palabras las escribe después de pasar nueve años en la Orden Trapense (1890-1897), y en concreto en la Trapa de Akbés (Siria), lugar desertico y de suma pobreza.

Para Foucauld esto es indispensable: «Es un tiempo de gracia. es un período por el que debe pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto, es necesario este silencio, este recogimiento, este olvido de toda la creación, en medio de la cual Dios establece en el alma su reino, y forma en ella el espíritu interior, la vida íntima con Dios, la conversación del alma con Dios en la fe, la esperanza y la caridad».(Carta al padre Jeronimo el 19 de mayo de 1898).

 12_1_foucauld2Y así fue en su caso: Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand se fue transfigurando gradualmente por este silencio interior, convirtiéndose en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís.

Murió a la edad de cincuenta y ocho años el 1 de diciembre de 1916

Fue asesinado por los rebeldes Senusitas de Libia, aliados con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Y como nos recuerda el Evangelio de san Juan, 12, 24: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, allí queda, él solo; pero si muere, da mucho fruto». Murió solo, sin compañeros como hubiese deseado, pero su testimonio esta dando frutos insospechados.

Imita la vida de Jesús en Nazaret

La conversión al Evangelio, una peregrinación a Tierra Santa en 1888-89, la dirección espiritual del Padre Huvelin, la amistad de su prima Marie de Bondy que le hizo conocer la devoción al Sagrado Corazón, un clima general de silencio y la práctica sacramental llevan a Carlos de Foucauld a descubrir el significado de la Encarnación. Profundiza en la vida de Jesús en Nazaret y descubre en esta el signo y la manifestación del amor de Dios por la humanidad.

 Durante los treinta años de su vida como converso (1886-1916), no tendrá otro propósito que seguir e imitar a Jesús en esta vida de Nazaret. Su vocación personal será justamente eso: vivir en todo momento en esta imitación, teniendo constantemente ante sus ojos a Aquel a quien llama su “Hermano Amado”, su “Modelo Único”, el seguimiento en las virtudes de su vida oculta, en particular en esta “abyección” que llevó al Maestro, desde Belén al Calvario, a buscar siempre “el último lugar”.

Es importante señalar que el Jesús que va al desierto o que sale a predicar el Reino de Dios es el Jesús de Nazaret. Es decir Nazaret es el sello de su vida. En su pueblo natal, el desiero o en Palestina, es el «pobre y humilde obrero». Y nosotros sus seguidores, la Iglesia, debe ser la humilde y pobre servidora de la humanidad.

Su respuesta de amor

PadreDesiertoParaHoy1En los años 1900-1901, su devoción al Sagrado Corazón y su decisión de ser sacerdote le darán a Carlos de Foucauld su fisonomía espiritual bien caracterizada. En lugar de volver a la vida monástica o semi-ermitaña que había llevado hasta ahora, desea llevar a los “pobres” que están privados de ella los beneficios del Salvador.

 Concretamente, el sacerdote Charles de Foucauld, de la diócesis de Viviers (Francia) se dirige hacia las fronteras argelinas del Sahara desde donde piensa unirse a estos amigos a los que recuerda desde su viaje a Marruecos. Pero al no poder ir allí, se entregará a los pobres de Beni Abbès luego de Hoggar, y es entre los tuareg donde dará su vida hasta la aniquilación.

El padre Peyriguere, en su Testamento espiritual, escrito el l0 de febrero de 1959, pocos días antes de su muerte, se expresa así:

“El mensaje del padre Foucauld es de una riqueza muy densa y compleja. Más que una espiritualidad particular, es simplemente, nos atrevemos a decirlo, una visión del Misterio Cristiano… tal como se ha mostrado a los Padres de la Iglesia, ante todo un mundo al que había que convertir tal como debe ser propuesto a los hombres de Dios si queremos que nos escuchen. Muchos son los que vienen a beber de su fuente. Todos, por diferentes que sean unos de otros, deben tener el derecho de inspirarse en el padre Foucauld. Perdidos en la muchedumbre, aislados y viviendo este ideal cada uno en su estado de vida, tal vez alguno o alguna viviéndolo en común, a ellos nos dirigimos. Se adhieran o no abiertamente, en el anonimato o nominalmente, al padre Foucauld, el hecho es que están en su línea. Esta doctrina misionera del padre Foucauld no está simplemente destinada a los sacerdotes y religiosos. También los seglares pueden ser llamados a hacerla suya y a informar con ella su vida. ¡De qué manera, a cada instante, Foucauld nos recuerda que todo cristiano es responsable del destino del Misterio de la Encarnación, en si mismo, sin duda alguna, pero también en el mundo entero! Para él nuestra vocación cristiana se nos ha dado como una vocación de salvadores. El mismo ha llevado en sí la magnífica obsesión de integrar la preocupación misionera en el cristianismo tal como la ha vivido y propuesto que se viva. A pesar de que ciertas expresiones que parecen más bien dirigidas a los sacerdotes y religiosos, nuestro lenguaje se dirige a todos los seglares, estén donde estén y sea cual sea su estado de vida” (A. PEYRIGUER, El tiempo de Nazaret, o. c., 185-186).

Fuente Religión Digital

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Pablo D’Ors: “Después de Jesucristo, a quien yo más admiro es a Charles de Foucauld”

Martes, 2 de junio de 2020

imgchrcdfe0041“Al enterarme de su próxima canonización, sentí una profunda alegría”

Buscador espiritual, prototipo del converso, pionero del diálogo interreligioso, místico de lo cotidiano e icono del fracaso… Foucauld fue lo que siempre quiso ser: el hermano universal

Cien años después de que cayera mártir en su amado desierto argelino, son más de 13.000 personas en el mundo quienes nos consideramos sus hijos espirituales. Ahora la Iglesia lo reconoce

Después de Jesucristo, a quien yo más admiro es a Charles de Foucauld. Por ello, al enterarme hace pocas horas de su próxima canonización, sentí una profunda alegría. Los Amigos del Desierto, una red de meditadores de la que soy fundador y que tiene a Foucauld como patrón, sabíamos de su santidad desde hace ya tiempo. Pero es bonito y necesario que otros lo reconozcan y que todos lo sepan. Es importante poner a Charles de Foucauld en primera plana para que se valore en su justa medida la humilde enormidad de su legado espiritual.

Me encontré con Foucauld a los veinte años. Fue gracias a un libro que acompañó muchas de mis noches en mi año de noviciado, titulado Más allá de las cosas y escrito por Carlo Carretto, uno de sus discípulos. Su espiritualidad me atrapó desde el primer momento, si bien, quizá por ser yo demasiado joven y él demasiado radical, lo dejé de lado. Pero Foucauld supo esperarme y volvió a salir a mi encuentro veinte años después, nuevamente en una situación de transición. En aquella época, las cosas me iban mal: digamos que había tenido algunos problemas institucionales y que mi situación eclesiástica era inestable. El rostro de Foucauld -compasivo como no conozco otro-, me miró en aquellos días desde una estampa, despertando mis más nobles sentimientos. Comenzó entonces mi verdadera conversión, mi segundo noviciado, que sellé con la escritura de una novela sobre su vida titulada El olvido de sí, hoy inencontrable. Más tarde vino todo lo demás, y hoy me he convertido en un apóstol de su oración del abandono, convencido como estoy de que Foucauld protagonizará espiritualmente el siglo XXI, como intentaré mostrar a continuación.

Foucauld es el padre del desierto contemporáneo. Basta escuchar el nombre de Charles de Foucauld para que muchos lo asocien con la imagen del desierto. No es de extrañar, nada más ser ordenado sacerdote, a los 43 años, Foucauld parte rumbo al Sahara, donde residirá, primero en Beni Abbès y luego en Tamanrasset, hasta su asesinato, el 1 de diciembre de 1916, hace ya más de un siglo. Tenía entonces 57 años, aunque por su aspecto -tal era su desgaste físico- nadie le habría echado menos de 75. Foucauld no fue al desierto en busca de la soledad -conviene subrayarlo-, sino para estar cerca de los tuareg, a quienes veía como el pueblo más olvidado y pobre. Fue para encontrarse con los pobres y se encontró -aún más- con su propia pobreza. En aquellas tribus del Hoggar vio un espejo de sí mismo. En el paisaje desértico que le rodeaba vio un reflejo, muy exacto, de su propio desierto interior: no tuvo ninguna experiencia mística en toda una vida consagrada intensamente a la oración. Sostengo que Foucauld es el continuador, en nuestro tiempo, de la espiritualidad de los padres y las madres del desierto y que, en ese sentido, más que el fundador de una familia religiosa, es quien nos trae a Occidente la necesidad de volver al desierto, que hoy llamamos silencio e interioridad.

Foucauld fue un buscador espiritual. Claro que antes de llegar al desierto, tuvo una larga y atribulada búsqueda, cuyo primer capítulo fue, probablemente, su exploración de Marruecos, donde mostró el temple del que estaba hecho. Fue la devoción de los musulmanes, curiosamente, la que despertó en Foucauld el deseo de volver a la fe cristiana. Luego vino su iniciación al catolicismo, de manos de su prima Maria Bondy, su ingreso en la trapa, primeramente en Francia y después en Akbés, Siria, su decisiva peregrinación a Tierra Santa, donde vivió en un miserable cuchitril trabajando como criado y recadero de las clarisas y, por fin, su aventura sahariana. Todas estas etapas están perfectamente acreditadas por el propio Foucauld, que fue un grafómano empedernido. En efecto, el número de sus cartas se cuenta por miles, y las numerosísimas páginas de su diario espiritual dan buena fe de su encendido amor por la Virgen y por Jesucristo, a Quien llamaba mi Bienamado y con quien conversaba a cada rato. Es revelador cómo el paradigma de la soledad (un ermitaño…, ¡y en el Sahara!) se convierte en el paradigma de la comunicación. Este doble movimiento, tan elocuente en lo vertical como en lo horizontal, nos da una imagen certera de quién era verdaderamente Foucauld.

“Fue la devoción de los musulmanes, curiosamente, la que despertó en Foucauld el deseo de volver a la fe cristiana”

Foucauld fue el prototipo del converso. Porque quien ahora va a ser puesto en los altares fue en su aristocrática juventud un engreído militar y un sofisticado vividor. El paso de la vida pendenciera a la venerable queda reflejado a la perfección en sus facciones, que pasan de ser sensuales y arrogantes a transparentes y bondadosas. En lugar de lanzarle a las vanidades del mundo, el homenaje que le brindó la Sociedad Geográfica Francesa -otorgándole la medalla de oro por su admirable Reconnaissance du Maroc-, le impulsó a la soledad. Fue Henri Huvelin, un párroco parisino, quien apadrinaría su conversión. Corría el mes de octubre de 1886 cuando este sacerdote, al tenerlo delante, le ordenó arrodillarse y confesarse. No fue una invitación, fue una orden. Y fue allí donde todo comenzó para Foucuald. Comprendió que abajo es el lugar más universal, pues es allí donde está la mayoría y, por ende, el lugar donde está Dios. Comenzó allí su pasión por los últimos, por ser el último. Tenía 28 años y su vida daba el giro definitivo. Comprender que existía Dios fue para él tanto como saber que debía entregarse a Él.

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Foucauld fue un pionero del diálogo interreligioso. Como no podía ser de otra forma -teniendo en cuenta su época y sensibilidad-, viajó a África del Norte dispuesto a convertir a los musulmanes. Pero Dios le concedió el don de no convertir a ni uno. Fue un don, porque gracias a esta dificultad para realizar sus planes, Foucauld comenzó a cultivar la amistad con los destinatarios de su misión. Como pocos en la historia de la Iglesia antes o después de él, Foucauld entendió la amistad como el camino privilegiado para la evangelización. Gracias a que se hizo amigo íntimo de Moussa Ag Amastane, un jefe indígena, y de un tal Motylinski, un estudioso erudito, emprendió su más hermoso gesto de amor a un pueblo: la elaboración de un diccionario francés-tamacheq, así como la recopilación de las canciones, poemas y relatos del folclore de los tuareg. Estas obras enciclopédicas, sobrecogedoras tanto por su extensión como por su rigor, revelan su exquisito respeto a la cultura y a la religión ajenas y, en fin, su pasión por lo diferente. Emociona saber que el protagonista de semejante empresa lingüística y cultural haya sido un patriota ejemplar, que hasta el final mantuvo su encendido fervor por Francia.

Foucauld fue un místico de lo cotidiano. Lo cotidiano él lo llamaba Nazaret. Por encima de la vida pública de Jesús, que ya eran tantos y tantas que buscaban representar -anunciando el evangelio, curando a los enfermos, redimiendo a los cautivos, creando comunidad-, lo que Foucauld quiso fue representar su vida oculta como obrero en Nazaret. La vida en familia, el trabajo en la carpintería, la existencia sencilla en un pueblo… Todo eso, tan anónimo, tan aparentemente insignificante, fue lo que le subyugó hasta el punto de consagrarse siempre y por sistema a lo más pequeño, lo más ordinario, lo más ignorado. Resulta paradójico que una vida, que vista desde fuera puede juzgarse extravagante y aventurera, haya sido alentada por la pasión por lo sencillo e insignificante a ojos humanos. Recuerda que eres pequeño, dejó escrito Foucauld. Y estuvo convencido de que eran muchísimos quienes podían seguir este carisma suyo, como prueba que escribiera infatigablemente múltiples Reglas de vida.

Foucauld es el icono del fracaso. Porque si bien es cierto que Reglas monásticas o laicales escribió muchas, también lo es que seguidores no tuvo ni uno. Tampoco logró convertir a ni un solo musulmán. Ni liberar a ningún esclavo, por mucho que se lo propuso inundando a la administración francesa con sus reclamaciones. Vista desde los parámetros habituales, la existencia de este insólito personaje fue un total fracaso. Cien años después de que cayera mártir en su amado desierto argelino, son más de 13.000 personas en el mundo quienes nos consideramos sus hijos espirituales. Divididas en familias religiosas, sacerdotales o laicales, todos nosotros sabíamos ya que Foucauld fue lo que siempre quiso ser: el hermano universal. Ahora la Iglesia lo reconoce. Reconoce como camino el abandono en las manos del Padre, la plegaria que Foucauld escribió en 1896, ignorando que un siglo después miles de hombres y mujeres la recitaríamos a diario.

Fuente Religión Digital

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El Papa canonizará a Charles de Foucauld, el “padre del desierto”

Viernes, 29 de mayo de 2020

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El amigo de los Tuaregs, y mártir, fue el inspirador de una corriente de pensamiento y reflexión que llega a nuestros días

Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes

“Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres”

Santiago Agrelo: “Con Charles de Foucauld, soñar un mundo apellidado ‘de Jesús'”

J. L. Vázquez Borau: ¿Cómo fue el camino a los altares de Carlos de Foucauld?

Cristóbal López: “Carlos de Foucauld nos enseñó a trabajar por la fraternidad universal”

Charles de Foucauld será santo… si es que alguno pensaba que ya no lo era. El maestro del desierto, de la predicación con la propia vida (hasta darla, en Tamanrasset, en 1916), de quien sus críticos afirmaban que jamás convirtió a nadie, será canonizado después de que el Papa aprobara el milagro atribuido a su intercesión. Sólo falta la fecha del milagro.

cq5dam.thumbnail.cropped.750.422El “hermano universal” nació en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.

Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca».

Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».

Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir a Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.

s38-e1383736824813Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».

Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro…”?».

En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue asesinado por una banda que rodeó la casa.

Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.

Fue beatificado por Benedicto XVI el 13 de Noviembre de 2005 en la Basílica de San Pedro en Roma.

ÁMAME TAL COMO ERES

Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres.

Fuente Religión Digital

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VII Jornadas de desierto con Carlos de Foucauld

Lunes, 18 de noviembre de 2019

Del blog de  José L. Vázquez Borau CaféDiálogo:

Espiritualidad evangélica con Carlos de Foucauld

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Dídac P. Lagarriga: ‘De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld’

Jueves, 19 de enero de 2017

cubierta-en-alta-resolucion_639477Una invitación a descubrir el islam silente y místico

Prólogo de Javier Melloni Epílogo de Pablo d’Ors

(Fragmenta).- Este libro nos invita a descubrir el islam silente y místico, un islam no exento de una intensa vertiente social y cultural que busca siempre el encuentro con el otro.

El autor nos hace entrar en el recinto del diálogo interreligioso: el destinatario de las cartas (Charles de Foucauld, el lector o la misma necesidad de explicarse) es su alter ego y a la vez también es el otro.

Una conversación que rehúye la lógica temporal y las razones del dogma para establecerse en la intimidad de la experiencia a través de las cartas de alguien que se incorporó al islam y que interacciona con otro alguien que decidió convertirse al cristianismo gracias al islam.

Como dice Javier Melloni en el prólogo, “a lo largo de esta correspondencia van apareciendo muchos temas, todos tratados con una sensibilidad exquisita, casi perturbadora de tanta delicadeza con la que brotan. Van apareciendo diversos aspectos y escenarios de la vida ordinaria compartidos a media voz. La cotidianidad queda transfigurada: las bibliotecas públicas se convierten en santuarios; el encuentro con la vecindad, en consideraciones sobre geopolítica internacional; el agua de la ducha, en reflexiones sobre nuestra sociedad de la abundancia; los olores de la calle, en una celebración de los sentidos; el acto de escribir, en una erudición sobre el arte de la caligrafía”.

Para saber más, pincha aquí:

autor%20-%20d%c3%addac%20p-%20lagarrigaDídac P. Lagarriga (São Paulo, Brasil, 1976) empezó a escribir y a publicar desde muy joven. Siempre con la mirada puesta en la poesía, su trabajo puede tomar la forma de un ensayo, una novela o un diario. Muy interesado por la pluralidad de culturas y religiones, nunca ha podido separar su escritura de su labor como editor y traductor, dando a conocer testimonios y títulos especialmente del mundo islámico y del continente africano. En el 2005 funda en Barcelona Oozebap, entidad dedicada a la difusión de experiencias y reflexiones culturales, políticas y espirituales de África y del islam y para la promoción del diálogo intercultural e interreligioso, con la publicación de veinte títulos de referencia. También colabora habitualmente en prensa y participa en coloquios y encuentros sobre cuestiones vinculadas al islam y al diálogo interreligioso. Ha publicado varios libros, entre los que destacan Eco-yihad. Apertura de conciencia a través de la ecología y el consumo halal (Bellaterra, 2014) y Un islam visto y no visto. Hacia un respeto común (Bellaterra, 2016). En Fragmenta ha publicado De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld (2017).

Ficha Técnica:
Colección: Fragmentos
Volumen: 39
Núm. de páginas: 144
Primera edición: diciembre del 2016
ISBN: 978-84-15518-57-0
Encuadernación: rústica, 13 x 21 com
PVP: 16.00

Fuente Fragmenta

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Carlos de Jesús (De Foucauld): El hermano universal

Jueves, 1 de diciembre de 2016

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.

Juan 12, 24

Hoy, se cumplen 100 años del asesinato de Carlos de Foucauld, y queremos recordar a este hombre, de vida agitada, de sueños imposibles… que sólo encontró la tranquilidad sumergiéndose en la vida oculta de Nazaret… Jesús, su Amado, lo acompañó en un itinerario de abandono absoluto, llegando a ser el “Hermano Universal“·

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Oración de abandono

 Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme,

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza,

Porque tu eres mi Padre.

*

Carlos de Foucauld,
Méditations sur l’Évangile au sujet des principales vertus

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Carlos de Foucauld

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Antonio López Baeza: “Si no volvemos al Evangelio, Cristo no estará con nosotros”

Domingo, 5 de junio de 2016

lopez-baezaAutor de “Carlos de Foucauld y la fragancia del Evangelio” (PPC)

“¿Qué evangelio leen este tipo de creyentes, incluso de jerarcas católicos, que atacan al Papa?”

(Jesús Bastante).- Hoy nos acompaña Antonio López Baeza. Viene a presentarnos un nuevo libro, editado por PPC, titulado Carlos de Foucauld, La fragancia del Evangelio. Nos comenta que Foucauld fue un ejemplo e evangelización y humanidad. Tuvo una vida azarosa y su fe le llegó de forma sorprendente: de la mano del rezo islámico, descubrió la belleza de la oración. Y le cambió la vida. Es un personaje que Antonio conoce muy bien porque lleva años trabajando en la investigación. Y durante 7 años ha dirigido la revista “Iesus Caritas”, fraternidad sacerdotal de Carlos de Foucauld.

Antonio, bienvenido a Religión Digital.

Dinos: ¿Quién es Carlos de Foucauld y por qué continúa siendo un personaje tan buscado y tan leído?

Para nosotros, es el que ha abierto caminos nuevos a la misión evangelizadora de la Iglesia. Por su estancia en África de tantos años con tantas dificultades. Pasó 16 años en el Sáhara. Primero en Beni-Abbès y después en Tamanrasset, donde murió. Fue un hombre que nos hizo ver que la evangelización era, ante todo, un testimonio de amistad desinteresado. Él fue, en primer lugar, militar. Nieto de militares.

Y vizconde.

Exactamente, y Vizconde de Foucauld.

Y después, a partir de su experiencia con los creyentes del Islam, descubrió la belleza de la oración. Cuando en su exploración de Marruecos, donde tuvo que pasar desapercibido porque en aquélla época ningún europeo podía entrar allí. Pasó como judío, acompañado de otro judío. Y en ese tiempo lo que más le impresionó fue la oración de los musulmanes.

Curioso, que fuera a través de la oración islámica cuando reconoce su vocación cristiana.

Fue el comienzo de su conversión. Que se completaría cuando regresó a París con mucho éxito, por su estudio cartográfico del Atlas marroquí, con los mejores premios de París de científicos de aquél momento. Convive con su prima Maria de Bôndi en quien descubre, lo que él después diría en muchos momentos: que tanta inteligencia y bondad, no puede estar enemistada con la fe. Fe de la que él se encontraba lejos, desde que acabó sus estudios a los diez y siete años con los jesuitas de París.

¿Qué papel tiene el desierto físico y el espiritual en la conversión de Foucauld?

Están muy unidos. Él tiene páginas sobre el desierto de una belleza incomparable. Describiendo sus amaneceres y atardeceres, en las numerosas cartas que escribe a sus amigos y familia. Pero es que el desierto con su silencio y su soledad, invita a ir más allá de lo inmediato. Eso es el desierto geográfico, el físico. Pero también es importante ese desierto a nivel de la constatación de los propios límites, buscando a esos propios límites un sentido. Un valor. Porque cuando el ser humano se encuentra desprovisto de medios, es cuando tiene que sacar lo mejor de sí mismo. Y es en ese momento también cuando el hermano Carlos de Foucauld, comienza a profundizar en la contemplación, que él llamaría, “adoración”. Adoración del eterno, del absoluto, en el mismo desierto. Si te fijas en el libro, la editorial PPC ha tenido el acierto de poner en la portada “un” desierto. Porque el desierto junto con Nazaret, son los dos valores principales de espiritualidad del hermano Carlos.

La soledad, para poder encontrarse con el otro.

Y el “Otro” no solo con mayúsculas. El otro, por ejemplo, el musulmán. Él recibió no solo el testimonio religioso orante de los musulmanes, sino que fue también asistido caritativamente por ellos. Y descubrió que la verdadera relación de un creyente con otro creyente, de distintas religiones, es la aceptación del valor de la persona humana, y del amor mutuo, de la fraternidad. Antes hemos hablado de Nazaret y el desierto, y junto con ellos, Carlos desarrolló la conciencia de la fraternidad universal tan cercana a Francisco de Asís.

Y al actual Papa.

¡Por supuesto!

¿Hay algo de Foucauld en Francisco?

Bueno, en mi libro hay varias citas del papa Francisco. Y algunas totalmente referentes a Carlos de Foucauld. En su retiro a los curas que hace todos los años en el Corazón de Jesús, el 15 de junio del año pasado citó textualmente a Carlos de Foucauld como modelo de evangelización. Porque había unido muy claramente la oración a la acción pastoral. Y en el Sínodo de la familia le dedica un capítulo entero porque la espiritualidad en Nazaret coincide, según el Papa, con los objetivos de una verdadera pastoral familiar.

Hablábamos antes del Papa Francisco como alguien que también cree en esa fraternidad universal. Estamos en un momento en que las disputas en nombre de Dios nos están alejando. Asistiendo, más allá de lo que es el Estado Islámico, a una pelea religiosa como no se recordaba probablemente desde la época de las cruzadas. Entre supuestos buenos y supuestos malos.

El papa Francisco está actualizando lo que Francisco de Asís vivió ya en las cruzadas. El diálogo con los musulmanes en plan fraterno. De mutuo enriquecimiento. No se trata de imponer nada, sino de ser capaz de recibir, en una reciprocidad adulta y plenamente espiritual, lo bueno que tienen todas la religiones. Porque el integrismo consiste en pensar que mi religión es la única verdadera. Cuando en realidad esos va en contra de la misma definición de Iglesia católica.

Lo que pasa es que alguno nos acusará ahora de “buenistas”.

¿Buenistas?

De estar pensando siempre que los otros llegan y nos matan, o están asesinando y secuestrando cristianos, etc.

Sí, pero eso supone darles la razón a ellos. Como si el fundamentalismo fuera la solución a los problemas de la humanidad. Cuando estos problemas solo tienen una solución: reconocer que la dignidad de las persona humana está por encima de todos los demás intereses, incluidos los doctrinales, los religiosos y los teológicos. Los dogmáticos.

Debería ser más sencillo trabajar por esa fraternidad universal en un mundo que cada vez está más globalizado en lo económico, en lo mediático. Hoy no pasa algo en el otro lado del mundo sin que nos enteremos al momento. ¿O no es así?

Es que lo globalizado, a mi modo de ver, son las intenciones imperialistas del capital, y lo medios de comunicación de gran alcance. Si se globalizara la conciencia, una conciencia donde fuera la dignidad de la persona el valor máximo, ya se estaría contribuyendo a la fraternidad universal. Y a la lucha contra los fundamentalismos y los dogmatismos, que son los que nos están haciendo daño. Tanto desde un campo como desde otro. Porque no se puede negar cierto fundamentalismo también en sectores de la Iglesia católica.

Que ataca incluso a su propio jerarca. Y últimamente bastante más.

Lamentablemente. Esa es una de las cosas que nos hace sufrir, y que a mí me hace pensar: ¿qué evangelio lee este tipo de creyente, incluso de jerarcas católicos, que atacan al Papa?

¿Con qué fragancia (cogiendo el subtítulo de tu libro), del Evangelio?

¿Con qué argumentos evangélicos, con qué espíritu pueden atacar al Papa, a un hombre que llega a Lampedusa y su primera palabra es “qué vergüenza”? Leer más…

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Alabar

Sábado, 20 de febrero de 2016

Del blog Nova Bella:

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“…alabar a Dios es derretirse a sus pies

en palabras de admiración y de amor…

la alabanza forma parte esencial del amor.

Señor mío y Dios mío,

enséñame a encontrar toda mi alegría en alabarte,

es decir,

repetirte sin fin que te amo infinitamente .

*

Carlos de Foucauld

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La vía de Jesús.

Viernes, 6 de noviembre de 2015

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” Qué estas palabras de vocación contemplativa, de contemplación, no te asusten. Que no evoquen a tus ojos una vocación excepcional, de algo tan elevado que la inmensa mayoría de los hombres no puedan acceder.

A la luz de hermano Carlos de Jésus, que te evoquen, la actitud totalmente simple, totalmente confiada, totalmente amante del alma en conversación íntima con Jesús, las ternuras de un niño para con su padre, los desahogos de un amigo con su amigo…

El  hermanito Carlos de Jesús no abrió ninguna vía nueva, si no es la vía única, la vía de Jesús… Él te dirá que una sola cosa es necesaria: amar a Jesús. Te hablará de amor para hacerte participar en el amor de Jesús.

JESUS-CARITAS, JESÚS-AMOR. “

*

Hermanita Magdeleine de Jésus

Fundadora de las Hermanitas de Jesús

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Carta abierta de Carlos M. Franco al arzobispo de Medellín: “Jesús me ha dado la fuerza para ser el que soy: homosexual”

Martes, 24 de febrero de 2015

como-eres“El lobby-gay de la Iglesia causa heridas de muerte en las conciencias”

Ir en contra de mi propia conciencia es estar en contra de Dios (Martin Lutero).

(Carlos Mario Franco Palacio).-

Yo, CARLOS MARIO FRANCO PALACIO con cédula de ciudadanía No. 70.110.953 de Medellín, Antioquía, bautizado en la Parroquia Nuestra Señora de Belén el 6 de octubre de 1956, partida que reposa en el libro 0001, folio 0086 y número 00212 y confirmado en la misma Parroquia el 16 de Octubre de 1966.

MANIFIESTO:

1. Dar gracias a mis padres y a mis abuelos por la buena y sabia decisión de haber pedido para mí el inapreciable don del Bautismo, acto celebrado en el nombre santo de Dios: Padre y Madre: Hijo y Espíritu Santo. Acto que yo mismo confirmé (Confirmación) en uso de mis facultades unos años después, sellando así y para siempre mi condición de hijo amado de Dios.

2. Mi gratitud para todos mis amigos y amigas que me han honrado y me honran con su amistad; entre ellos sacerdotes, religiosos, religiosas que con su testimonio de vida me han mostrado la gracia y la riqueza del evangelio.

3. Que he caminado junto a muchas hermanas y hermanos de diferentes confesiones cristianas, haciendo a lo largo de mi vida un camino ecuménico en diálogo constante con otras espiritualidades, enriqueciéndome de la diferencia, de la pluralidad en el pensamiento, nunca mirando el mundo sólo desde el espacio particular de mi confesión de tradición romana. La Iglesia para mí es más una vocación de servicio a los hermanos en la construcción de la justicia y de la solidaridad en el Amor, antes que una institución cerrada, antagónica, retrógrada, llena de dogmas y doctrinas, ajena al evangelio y a la realidad humana, que infantiliza a las personas volviéndolas objeto y no sujeto de su proceso de fe.

4. Que en la experiencia de la comunidad y de la amistad desarrollé mi identidad de cristiano católico-romano y en ella encontré la verdad del Señor Jesús que se hace pan y vino compartido (Eucaristía) por la fe de los fieles y que es signo de una comunidad creyente, como lo expresa Pablo al referirse a ella como cuerpo de Cristo (1 Corintios 12), razón por la cual no se puede negar a nadie, pues de lo contrario no sería una acción de gracias. Por lo tanto, no entiendo cómo éste sacramento se convirtió en un “privilegio del clero”, en una propiedad privada de la institución clerical y un “objeto” para la adoración de los creyentes, cuando de por sí es un derecho de los fieles.

5. Que por la gracia de Dios he podido vivir mi condición sexual y mi espiritualidad cristiana. Me siento Hijo amado de Dios por lo que soy. La vivencia de la fe en Jesús que es plenamente hombre, y que hasta después de su muerte fue glorificado por su Padre Dios, me ha dado la fuerza y la claridad de mente para ser el que tengo que ser. Vivo con alegría y en fidelidad a mi compañero con quien llevo 16 años de convivencia. Este es un don que Dios en su bondad y sabiduría tuvo a bien darme. No ha sido fácil construirme como persona en el contexto de una Iglesia y de una sociedad “católico-romana” homofóbica, excluyente y en muchos casos homicida.

6. Que es una realidad que la Institucionalidad católico-romana (Papas, Obispos, Presbíteros) maltrata sobre manera a las personas que somos diferentes, como es el caso de la población diversa en su género y en su sexualidad; pero quizás lo más doloroso es que detrás de estas jerarquías eclesiales se esconde un sin número de homosexuales que “sobreviven” y hacen carrera eclesiástica por el poder, causando dolor en las almas y heridas de muerte en las consciencias. Bien lo ha dicho el Papa Francisco: “Se habla de ‘lobby gay’, y es verdad, está ahí… Hay que ver qué podemos hacer” Esto también ocurre en la Arquidiócesis de Medellín.

7. Que he descubierto con gozo que fuera de los siete sacramentos de la Iglesia, hay otro sacramento igualmente importante: El sacramento de la marginalidad. “Jesús ocupó el último lugar y hasta hoy nadie se lo ha quitado”, como bien dijo el P. Charles de Foucauld. Gracias al Buen Dios, Jesús fue un judío marginal y disidente del judaísmo. Hoy más que nunca es vigente esta liberadora marginalidad de la experiencia de la fe. He reflexionado con madurez e independencia sobre mi adscripción (Partida de Bautismo) a la Iglesia Católico-Romana, y a las doctrinas que postula. Esto me lleva a expresar mi total y definitiva insumisión y oposición. No deseo formar parte de esta institución, ni siquiera como mero dato estadístico. Sé muy bien que el documento parroquial del bautismo y de la confirmación no se pueden alterar ni devolver al interesado, porque son documentos históricos; pero pido que se ponga una nota marginal a dichos documentos de mi no pertenencia a la Institución católico-romana.

8. Que este camino que hoy inicio de una manera particular, muchos cristianos lo han comenzado ya y no necesariamente por adherir a otra confesión cristiana, sino por un problema de consciencia frente a Instituciones que enajenan a las personas. La verdadera comunión apostólica no es la sumisión a la jerarquía, sino la aceptación de la voz de la consciencia que cada uno tiene. La verdadera sucesión apostólica es la fidelidad al Evangelio.

9. Que conozco y acepto las consecuencias eclesiásticas derivadas de esta petición. Entre ellas: Exclusión de todos los sacramentos (canon 1071 s 1, 4° y s 2). La privación de exequias eclesiásticas públicas (canon 1184 s 1. 1°), y la celebración de cualquier misa exequial (canon 1185).

10. Que es de mi profundo convencimiento que ir en contra de mi propia conciencia es estar en contra de Dios (Martin Lutero). La fidelidad a la propia consciencia es un derecho constitucional reconocido por la legislación colombiana en el Art. 18 y a la cual ninguna entidad pública o privada puede oponerse.

En virtud de lo anteriormente expuesto, SOLICITO:

1. Que se proceda sin dilación a considerarme apóstata de la Institución Católica-Romana. Que baste para ello mi voluntad soberana expresada en este documento y avalada por mi firma y con la debida acreditación, mediante la presentación en este acto de copia de mi documento de identidad. Aclaro que utilizo en este documento el término apostasía, porque es la palabra técnica asignada por el derecho canónico (canon 751, donde se define como el rechazo total de la fe cristiana) para este tipo de procedimientos. Aunque en mi caso no estoy renunciando a la fe cristiana, sino a una institución eclesiástica.

2. Que se formalice jurídica y documentalmente el reconocimiento e inscripción pública de este acto que declaro sin lugar a dudas y en pleno uso de mis facultades. Dado que el bautismo que me identifica como miembro de la Iglesia Católica Romana consta en un registro público bajo control privado (Libro de Bautizos parroquial), de igual manera solicito se haga la anotación respectiva para los efectos públicos.

3. Que se den las instrucciones precisas y adecuadas para que se me remita un documento de acuse de recibo en el que se manifieste de forma clara la concreción de la “apostasía“, a la que en consciencia y derecho puedo acceder mediante el presente escrito.

4. Que todos los datos de carácter personal y circunstancias que reposan bajo mi nombre sean cancelados para todos los efectos de cualquier apunte estadístico, u otro.

5. Que se traslade copia fehaciente del presente documento y de lo que en derecho civil y canónico debe ser consecuencia. al actual responsable de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, donde reposan los datos de mi bautizo, a fin de que inscriba en la forma y lugar adecuados junto a la notación bautismal original, el registro que certifique la “apostasía” que en este acto reclamo.

En mérito de lo expuesto, pido el cumplimiento de todas y cada una de las demandas reseñadas y debidamente fundamentadas, por lo que rubrico el presente documento en la ciudad de Medellín, a los diez (10) días del mes de noviembre, día del martirio del sacerdote indígena paez Álvaro Ulcué Chocué, del año 2014.

Respuesta de la Arquidiócesis de Medellín:

En respuesta a su comunicación con fecha 10 de noviembre de 2014, me permito manifestarle lo siguiente.

Acontecimientos históricos como el Bautismo, la Confirmación, el Matrimonio y el Orden Sacerdotal, son inscritos en libros expresamente destinados para dicho fin, que reposan en la respectiva Parroquia donde se celebra el sacramento y, como documentos públicos, nadie tiene potestad para suprimir la información que allí se contiene. Porque ninguno de nosotros está en capacidad de borrar la historia, y tan histórico fue su Bautismo, como este acto de apostasía que ahora Usted hace.

Igualmente, quiero manifestarle que su Bautismo se realizó gracias a una decisión libre de sus padres; de no haber sido así, Usted no habría recibido este sacramento. Sin embargo, en esta fecha, de conformidad con su deseo y con mis obligaciones, comunico al Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Belén (Medellín), donde está asentada su Partida de Bautismo, realizado el 6 de octubre de 1956, esta decisión suya de abandonar la fe católica y, por consiguiente, la adscripción a la Iglesia Católica. Se inscribirá una nota marginal en la partida de Bautismo, que dirá: “El día 10 de noviembre de 2014 apostató con acto formal de la Iglesia Católica, por tanto, a partir de la fecha, por disposición expresa del Señor Arzobispo de Medellín, no se expedirá nunca copia de esta partida”.

CURIA ARZOBISPAL MEDELLÍN, COLOMBIA

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Orar es mirarte.

Miércoles, 3 de diciembre de 2014

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“Orar es mirarte, y puesto que siempre estás allí, ¿cómo puedo, si te amo de verdad, no mirarte sin cesar?…

El que ama y está ante su bien Amado, ¿qué otra cosa puede hacer que tener la mirada fija en Él?…

“Enséñanos a orar”, como decían los apóstoles…

Oh Dios mío, el lugar y el momento están bien elegidos: estoy en mi cuartito, es de noche, todo duerme, solo se oyen la lluvia y el viento y algún gallo lejano que recuerda, ¡ay!, ¡la noche de tu pasión…!

¡Enséñame a orar, Dios mío, en esta soledad, en este recogimiento!

*

(10 de noviembre de 1897, Retiro,)
Obras Espirituales. Antología de textos, edición de las Fraternidades de Foucauld, San Pablo, Madrid 1998, 35

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Gritar el Evangelio con la vida.

Viernes, 18 de julio de 2014

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Es preciso gritar el Evangelio con la vida: Toda nuestra vida, por más callada que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, deben ser una predicación del evangelio mediante el ejemplo; toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona tiene que respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida, deben gritar que pertenecemos a Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica, todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, algo que grite “Jesús”, que haga ver a Jesús, que resplandezca como imagen de Jesús.”

*

Carlos de Foucauld

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