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Antonio Aradillas: “Lutero, ¡ruega por nosotros!”

Jueves, 12 de noviembre de 2020

imagess“Todo cuanto en los manuales católicos, con los correspondientes “Nihil Obstat” e “Imprimatur”, se refiere, relacionado con la figura de Martín Lutero, fue, y sigue siendo, injusto, infundado y hasta inmoral

“No es fácil encontrar otros capítulos de la historia eclesiástica que hayan sufrido manipulaciones tan burdas y tan deshonrosas, lo que explica la soez letanía de descalificaciones, anatemas y condenaciones”

“Lutero fue un hombre de Dios, a quien en sus tiempos y en los posteriores, no pocos, en el entorno de la misma Santa Sede, calificarían de ‘don de Dios’, de ‘regalo divino’ y de ‘testigo del Evangelio'”

“Hizo uso ejemplar del don de la palabra impresa, recientemente desvelado entonces, con su apostolizadora misión de educación en la fe, al pueblo más pueblo”

“Jamás percibió honorarios por sus escritos con el convencimiento por su parte de que “con la misión apostólica de la comunicación y difusión de la gracia no era posible comerciar ni enriquecerse”

“A la Iglesia católica siguen haciéndole falta todavía buenas porciones del aura fresca que identificó a Lutero, en atmósferas obsesionadas por el pecado y la condenación”

Sin la más leve concesión a la hipérbole, a la insana provocación y a la intemperancia, vaya por delante que todo cuanto en los manuales católicos, con los correspondientes “Nihil Obstat” e “Imprimatur”, se refiere, relacionado con la figura de Martín Lutero, fue, y sigue siendo, injusto, infundado y hasta inmoral. Es impropio de la ciencia, de la documentación y del análisis, exigido para el conocimiento y difusión de asuntos y materias de la historia, aunque siempre, o casi siempre, puedan aportarse razones que expliquen tal situación con determinados rasgos de verosimilitud y excusa.

Por fin, hay que destacar que, de vez en vez, en el horizonte de la historia y de la teología católica, aparecen expertos que despejan la figura del “Reformador”, de algunas de las deformaciones “oficiales” con que fue imaginada y delineada, reivindicándola en cierta medida. Hay también quienes alientan la esperanza de que tal recuperación de la imagen luterana le abra camino a la veneración en alguno de sus grados. Este es el caso de hallarnos en vísperas de tantas, ecuménicas y universales conmemoraciones a propósito del “Día de Fiesta” en el calendario de la “Reforma Luterana”.

El hecho es que el Lutero de nuestros estudios apologéticos y catequísticos apenas si tiene algo que ver con el personaje auténtico de la historia, de la piedad y de la teología. Y este convencimiento es de lamentar, entre otras razones porque, así se le ha privado, y se le priva a la Iglesia Católica y a sus seguidores, de la fuerza y de la convicción inherentes a comportamientos muy ejemplares, favorecedores de la causa de Dios y de los santos, que encarnó el ex fraile de los Ermitaños de San Agustín, en tiempos ciertamente difíciles y claves en la historia de las ideas y de la religión. El tema reclama extensa y profunda reflexión, que rebasa los límites de este comentario, en el que apenas si se pretende desadormecerlo, subrayando contadas circunstancias.

Lutero fue un hombre de Dios, a quien en sus tiempos y en los posteriores, no pocos, en el entorno de la misma Santa Sede, calificarían de “don de Dios”, de “regalo divino” y de “testigo del Evangelio”.

Por diversidad de circunstancias, los tiempos de la Iglesia que le correspondieron vivir al Reformador fueron incuestionablemente apocalípticos para unos, y escatológicos para otros, resultando milagrosa su superación a la luz del dogma, de la gracia de Dios y de la ejemplaridad de los miembros más calificados de la jerarquía, religiosa y civil, con mención para los mismos Papas de Roma, Cardenales, obispos, sacerdotes, emperadores y reyes, frailes, monjes y monjas.

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El sentido más elemental de la ética y de la historia, tanto eclesiástica, como política y civil, demandan urgente estudio y revisión de los acontecimientos, a la luz de los documentos existentes, así como de los comportamientos que se registraron y vivieron por parte de unos y otros.

Los personajes que los protagonizaron apenas si mínimamente tienen parecido veraz alguno con lo que fueron, y con lo que historiadores de ambos lados, a sueldo, dejaron constancia de ellos. No es fácil encontrar otros capítulos de la historia eclesiástica que hayan sufrido manipulaciones tan burdas y tan deshonrosas, lo que en desmesurada proporción explica la soez letanía de descalificaciones, anatemas y condenaciones, que mutuamente se propinaron, y aún se siguen propinando, poniendo a Dios por testigo, falazmente convencidos de hacerlo además en defensa de la Iglesia y a favor de los valores que identifican a los santos evangelios.

Santos y mártires –sí, mártires- “reformadores” y “contra- reformadores”,-gracias sean dadas a Dios-, dan ya la feliz y beatífica impresión de que, por fin, comienzan a ser redescubiertos como referencias santas, en cuya demarcación religiosa encaja perfectamente la penitencial y virtuosa invocación de la humilde petición del “ora pro nobis”, de la que tan faltos están nuestros esquemas religiosos cristianos.

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El compromiso de aprovechar el clima de comprensión, entendimiento y arrepentimiento,- con el consiguiente propósito de enmienda-, que inspirará las celebraciones del Quinto Centenario, bajo los auspicios del papa Francisco, ayudará a poner en orden ideas y comportamientos, indulgenciados e indulgenciables, siempre al servicio de Dios y de las Iglesias, es decir, de su única Iglesia, pero en la pluralidad de versiones.

Lutero hizo uso ejemplar del don de la palabra impresa, recientemente desvelado entonces, con su apostolizadora misión de educación en la fe, al pueblo más pueblo, hasta ser considerado como “el principal artífice del alemán literario” del que habría de hacer uso el pueblo.

El tal perspectiva y contexto, jamás percibió honorarios por sus escritos, pese a pingües y repetidas ofertas aún de católicos, con el convencimiento por su parte de que “con la misión apostólica de la comunicación y difusión de la gracia no era posible comerciar ni enriquecerse “. Aún más, de algunas de sus obras efectuó una versión para cultos y otra para el pueblo. Consta que entre los años 1517-20 se vendieron unos 300.000 ejemplares de sus escritos.

Desbordaría los límites de toda clase de elogios comprobar que se conservan 4,500 cartas firmadas por Lutero, convertido además en uno de los más fervientes devotos de los nuevos métodos de comunicación- comunión- Iglesia de entonces, como fue la imprenta, con obligada mención a cómo lo habría sido también de los procedimientos actuales.

Sin restregar heridas todavía en permanente riesgo de reactivación en la Iglesia, el capítulo de las indulgencias y adyacentes, contra los que centró Lutero parte de sus invectivas, siguen demandando otros planteamientos más en consonancia con la teología y las sensibilidades de los tiempos nuevos.

De todas formas, sería elementalmente justo y provechoso que la Iglesia Católica dimitiera de su tan caracterizada posición de estar siempre como a la espera en la construcción del ecumenismo, dando ella idénticos y presurosos pasos como los que les exige dar al Protestantismo y al resto de las Iglesias. A la nuestra – la católica – siguen haciéndole falta todavía buenas porciones del aura fresca que identificó a Lutero, en atmósferas obsesionadas por el pecado y la condenación.

Fuente Religión Digital

Espiritualidad, Iglesia Católica, Iglesia Luterana , , ,

Oración y Reforma

Sábado, 31 de octubre de 2020

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

 

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Salmo 43
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms.

 

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

***

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

***

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

***

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“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

Sábado, 31 de octubre de 2020

reformadoresHoy, que celebramos el Día de la Reforma, publicamos este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo [1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe [2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

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Revocar la excomunión a Lutero, un paso adelante fundamental en el ecumenismo

Viernes, 16 de octubre de 2020

500-aniversario-de-lutero-y-su-reforma

Un jerarca católico y otro evangélico, punta de lanza en el ecumenismo: Reinhard Marx y Heinrich Bedford-Strohm

Hace unos meses leíamos en RD la noticia de que el Vaticano se planteaba revocar excomunión Lutero medio milenio después

Por su lado, el cardenal Marx afirmó durante la entrega del premio ‘Paz de Augsburgo 2020’: “El cristianismo en Alemania y Europa solo tendrá futuro si trabajamos juntos y nos mantenemos unidos ecuménicamente”

Recibió el premio junto a Heinrich Bedford-Strohm, obispo de la Iglesia Evangélica Luterana en Baviera y presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania. Ambos prelados son un claro testimonio de que la verdadera comunión en la fe es posible

Francisco podría estar planteándose revocar el castigo eterno para Lutero, a quien ya ha reconocido en numerosas ocasiones como “un reformador” que quiso cambiar la Iglesia, pero no destruirla

Hace unos meses leíamos en RD la noticia de que el Vaticano se planteaba revocar excomunión Lutero medio milenio después. Y en fechas cercanas escuchábamos al cardenal Marx decir que “El cristianismo en Alemania y Europa solo tendrá futuro si trabajamos juntos y nos mantenemos unidos ecuménicamente”; lo hacía con ocasión de la entrega de un premio junto a un pastor protestante por su continuado trabajo y su contribución al ecumenismo: el premio “Paz de Augsburgo 2020. Ambas son buenas noticias para el ecumenismo, sobre las que reflexionamos aquí.

El cardenal arzobispo de Munich Reinhard Marx –cuyas fotos en numerosos eventos ecuménicos e interreligiosos inundan Internet– y el obispo de la Iglesia Evangélica Luterana en Baviera y presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD) Heinrich Bedford-Strohm recibieron el premio “Paz de Augsburgo 2020” en virtud de su “voluntad incondicional de vivir juntos en paz”, reconocido en los medios especializados y en los de masas como “un fuerte signo del ecumenismo cristiano”. Ambos líderes de la iglesia tuvieron desde hace años contactos en nombre de muchos cristianos católicos y protestantes, dijo la alcaldesa Eva Weber al anunciar los ganadores del Festival de la Paz de Augsburgo de este año, enfatizando lo que las iglesias y la sociedad tienen en común en lugar de lo que las diferencia.

El 3 de enero de 1521 León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem

50402019661_d9d923aa7dArzobispo Reinhard Marx y Obispo Heinrich Bedford-Strohm

“Con motivo del 500 aniversario de la Reforma Protestante, en 2017, el Arzobispo Reinhard Marx y el Obispo Heinrich Bedford-Strohm dejaron una huella histórica para todos los cristianos del mundo y nos dieron un testimonio significativo de que la verdadera comunión en la fe es posible a pesar de las diferentes afiliaciones confesionales”, afirmó el jurado. En 2017 el cardenal Marx, entonces presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, y el presidente del Consejo Evangélico EKD Bedford-Strohm, habían presidido conjuntamente una celebración del arrepentimiento y la reconciliación en Hildesheim, Alemania. Allí se consideraron las dolorosas divisiones entre las dos iglesias y se intercambiaron peticiones mutuas de perdón por los fracasos de ambas partes. Siguieron agradecimientos y expresiones de alegría por lo que ambas iglesias tienen en común y lo que valoran mutuamente. El obispo protestante de Augusta Axel Piper, que presidió el jurado del premio Paz de Augsburgo, subrayó el compromiso de Bedford-Strohm y Marx con la promoción de iniciativas ecuménicas conjuntas. Los dos teólogos “piensan y hablan con el mismo espíritu” –dijo Piper– y comparten una “pasión por Dios y por el mundo”.

Además del deseo manifestado por Marx de “trabajar juntos y mantenernos unidos ecuménicamente”, el obispo Bedford-Strohm expresó su esperanza con respecto a la eucaristía/santa cena, fundamental en la confesión católica-romana y la evangélica: “Avanzaremos en lo que respecta a la santa comunión común”. Y ese es uno de los escollos en los que el Vaticano no solo no da signos claros de avance, sino que ha manifestado en lo últimos tiempos un retroceso con respecto a los progresos alcanzados en años anteriores.

El Vaticano se plantea revocar la excomunión a Lutero, medio milenio después

Quizás, la mayor osadía ecuménica de los últimos tiempos estuvo en que el Vaticano se planteara, medio milenio después, revocar la excomunión a Lutero. El 3 de enero de 1521 León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem; un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo y quemando públicamente la bula papal. En 2017 celebramos los quinientos años de la Reforma iniciada por el acto simbólico de Lutero al clavar las 95 tesis contra las indulgencias y otros defectos de la Iglesia –los abusos, la mentira, la avaricia, el paganismo, etc.–  en la puerta de la iglesia de Wittemberg el 31 de Octubre de 1517. León X parece que comentó al enterarse de este hecho tan simbólico que Lutero era un “borracho alemán” y cuando esté sobrio cambiará de parecer”.  La ruptura definitiva y la creación de la iglesia luterana llegaría pocos años después. medio milenio despues, un grupo de teólogos se dirigieron a Roma y a la Federación Luterana Mundial para pedir una declaración formal que acabe con 500 años de mutuas condenas e incomprensiones.

francisco-y-lutero-vaticano-03Cinco siglos después, Francisco podría estar planteándose revocar el castigo eterno para Lutero, a quien ya ha reconocido en numerosas ocasiones como “un reformador” que quiso cambiar la Iglesia, pero no destruirla. Un reformador y no un perverso destructor de la unidad de la Iglesia. La decisión supondría un gesto histórico para el ecumenismo, y un aldabonazo a las conciencias de los cristianos de todo el mundo. Así lo ha solicitado el Grupo de discusión ecuménica de Altenberg (Sajonia). El colectivo de teólogos y teólogas ecuménico también se han dirigido a la Federación Luterana Mundial para que retire la declaración de “Anticristo” de Lutero al pontífice que lo excomulgó.

Esta revocación de la excomunión a Lutero por parte de Roma sería un acto simbólico, pero particularmente importante, un verdadero paso de gigante que mucho teólogos consideramos necesario y urgente. “El ecumenismo vive de actos simbólicos” –destacó  recientemente la teóloga Johanna Rahner–; “la retirada de la condena contra Lutero sería particularmente importante”, pues una decisión así “permitiría a la Iglesia Católica expresar su aprecio por los protestantes de hoy”. De este modo, el camino que arrancó con fuerza en el Concilio Vaticano II sería hoy más posible que nunca.  De hecho, para esta teóloga de Tubinga, algunos pasajes del decreto conciliar Unitatis redintegratio podrían interpretarse como la abolición de la excomunión de Lutero.

El escándalo de la división y el enfrentamiento violento entre las confesiones cristianas y la riqueza de la comunión en la diferencia

No voy a entrar ahora en las circunstancias de la excomunión de Lutero y la ruptura con Roma, en la que se juntan a las razones teológicas de la Reforma –Sola scriptura (“solo por medio de la Escritura”), Sola fide (“Dios salva solo por la fe”), Sola gratia (“solo por la gracia”), Solus Christus (“solo a través de Cristo”) y Soli Deo gloria (“la gloria solo para Dios”) –, razones pastorales –la deplorable situación de la Iglesia desde la baja Edad Media–, políticas y económicas –la deplorable situación de Europa en el siglo XVI con sus luchas intestinas–; ni voy a entrar en los errores de la Reforma –sobre todo, la postura de Lutero en la guerra de los campesinos, apoyando a los príncipes, que llevó a la muerte a su amigo Thomas Müntzer y más de cien mil sublevados, y las duras condenas de iglesias alternativas que fueron surgiendo– y la Contrarreforma –la decadencia del papado, la corrupción y los abusos del Vaticano y de gran parte del clero, etc.–. Estas circunstancias y sus consecuencias tienen que ver con el gran agustino alemán, con el papa de Roma, con el emperador, con los príncipes alemanes, con obispos y cardenales y con el pueblo, que padecía los desmanes y la explotación de los poderes civiles y eclesiásticos de un lado y otro. Los historiadores que lo han tratado saben mucho más que yo. Si sé con más conocimiento que Lutero era un gran teólogo, y no porque lo digan muchos expertos, sino por lo que yo he investigado en mis estudios sobre su obra y sobre el protestantismo; y lo que he leído personalmente de su obra. Particularmente sus comentarios a las cartas a los Gálatas y, sobre todo, a los Romanos; así como su Catecismo Mayor y Catecismo Menor. Con él coincido en que la salvación es un regalo exclusivamente de Dios. Recientemente, leí un duro comentario en un blog: “De la Iglesia de la que se separó Lutero se habría separado el mismo Cristo”.

Como he escrito hace años (La búsqueda de la armonía en la diversidad. El diálogo ecuménico e interreligioso desde el Concilio Vaticano II), a más de cincuenta años del Vaticano II, hemos constatado que la experiencia de diálogo ecuménico ha sido muy rica, aunque haya ido dejando cicatrices que manifiestan las dificultades del encuentro real. Dificultades que nacen de unos obstáculos que son… “los de siempre”, como escribió el ecumenista Juan Bosch: “la intransigencia revestida de fidelidad, el inmovilismo camuflado de ‘santa paciencia’, los integrismos y autoritarismo mantenidos a fuerza de amenazas…” (Para comprender el ecumenismo) y otros nuevos. Hemos ido comprendiendo –al menos algunos, y seguramente bastantes…- que ya no se trata solamente de reconocer que los cristianos de las demás confesiones también son hermanos cristianos, pero… “separados” (UR 1,3… passim); y que, consecuentemente tienen que “retornar”, “volver al redil” de la única Iglesia auténtica e históricamente inmutable: la Iglesia Católica-Romana… La unidad que buscamos ya no es bajo la autoridad jurídica del obispo de Roma; sin quitarle valor al Primado, el “servicio petrino”, reconocido incluso fuera de la Iglesia católica, precisamente como “servicio”, no con un valor jurídico-autoritario. El mismo Juan Pablo II reconoció honestamente en algún momento: “Yo [como Papa] sé que soy el mayor obstáculo para el diálogo ecuménico”.

SAN PEDRO Y SAN PABLONo se trata de buscar una uniformidad bajo una única autoridad canónica: el papa y la curia vaticana; sino de buscar la unidad/comunión en la riqueza de la pluralidad y la diferencia. Buscamos alcanzar la sinfonía eclesial, desde la variedad complementaria de iglesias que forman y enriquecen la gran Iglesia, la única Iglesia que forma todos los cristianos; porque no puede haber armonía sinfónica sin los distintos instrumentos y voces diferentes que la componen. Se trata de reconocer que todos los cristianos bautizados formamos parte de la única Iglesia de seguidores y seguidoras de Jesucristo; y que nuestras diferencias son expresión de una riqueza histórica, existencial, espiritual y teológica que no se debe perder ni por una parte ni por la otra. Estas diferencias, al contrario de lo que se ha dicho muchas veces en la Iglesia católica o, en otras iglesias por reacción contra ella, no son fruto de avatares perversos que llevaron a divisiones, sino de la riqueza de los dones del Espíritu; aunque estas divisiones nos hayan enfrentado muy violentamente en el pasado, y a veces personas y grupos hayan perdido el rumbo en lo esencial. Estoy muy de acuerdo con las tesis de Christian Duquoc –teologo católico-acerca de que la multiplicidad de las Iglesias cristianases un valor positivo; y en cambio la obsesión por una “ideología de la unidad” manifiesta una “ideología de conquista a partir de un ‘centro’ que se cree factor de unificación”, que, en realidad, es “el efecto de la voluntad hegemónica y del deseo de acentuar la presión del centro para mantener la unidad empírica superando los límites tolerables” (Iglesias Provisionales. Ensayo de Eclesiología ecuménica). Negarse a aceptar o querer acabar con esa pluralidad es un pecado contra el Espíritu.

Esto es lo que creo que nos jugamos en el diálogo ecuménico entre hermanos cristianos. Por eso, la revocación por parte de Roma de la excomunión de Lutero sería un gran paso adelante en la verdadera unión de los cristianos: unidad en la diversidad. Además, los católicos romanos deberíamos seguir trabajando intensamente por el encuentro con la Iglesia ortodoxa, que se autoproclama católica, con no menos pretensión que la católica romana.

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“Lutero y la mística”, por Víctor Hernández

Viernes, 4 de septiembre de 2020

imagessLeído en Lupa Protestante:

En la mística, los suspiros y el arrebato designan el comienzo y final del camino que lleva de la dolorosa separación del mundo a la unión feliz [con Dios]. Para Lutero, ‘los sollozos y el éxtasis’ son conceptos de la experiencia para designar la simultaneidad de la paz y la miseria: la paz esta penetrada por la cruel realidad del poder del diablo —«simul gemitus et raptus»[1]

Agradezco la invitación para estar aquí, ésta noche, en el Centre Edith Stein y compartiros una reflexión sobre Lutero y la espiritualidad, en el marco de los 500 años del inicio de la Reforma protestante en Wittenberg.

Mi exposición tendrá tres partes: primero, una breve ubicación de Lutero en el cristianismo occidental y en la modernidad; en una segunda parte veremos la cuestión de la mística y su relación con la fe en Lutero; finalmente veremos cómo para Lutero la fe es una experiencia que se quiebra ante la alteridad del Dios crucificado.

Lutero, el cristianismo occidental y el mundo moderno

Hablaremos de la fe protestante o evangélica, que comenzó con Lutero, pero primero hemos de ubicarlo como un acontecimiento que modificó profundamente el cristianismo occidental y que está indisolublemente ligado a la gran transformación de la sociedad, es decir a la aparición del mundo moderno. La importancia de esa fe evangélica que irrumpe con Lutero no es poca, y como ejemplo os recuerdo una conocida cita de Karl Marx, en su Crítica de la filosofía del Derecho de Hegel, publicado en París en 1844, donde dice que:

Lutero ha vencido la servidumbre fundada en la devoción, porque ha colocado en su puesto a la servidumbre fundada sobre la convicción. Ha infringido la fe en la autoridad, porque ha restaurado la autoridad de la fe. Ha transformado los clérigos en laicos, porque ha convertido los laicos en clérigos. Ha liberado al hombre de la religiosidad externa, porque ha recluido la religiosidad en la intimidad del hombre. Ha emancipado al cuerpo de las cadenas porque ha encadenado al sentimiento.[2]

Este comentario de Marx, de curiosa perspicacia con respecto a la obra de la Reforma, no es sorprendente si consideramos que muchos filósofos determinantes en la Modernidad fueron de filiación protestante y en no pocos de ellos Lutero es una figura esencial para comprender su pensamiento[3].

En trazos muy gruesos[4], la Reforma protestante modificó el cristianismo occidental en varios aspectos determinantes, que incluso llegan hasta hoy:

1) con la Reforma el cristianismo se diversificó, se hizo más plural (de manera análoga a los cristianismos de los primeros siglos), y al lado de la iglesia jerárquica aparece otra iglesia de tipo asambleario–comunitario– fraterno, una especie de “iglesia sin padre” que más bien es constitutivamente fraterna.

2) El cristianismo se confesionalizó y la adhesión a tales confesiones se hizo vinculante, de manera que ciertas doctrinas o posiciones doctrinales nos han separado y contrapuesto unos contra otros. Solamente con el caminar ecuménico, de inicios del siglo 20 (Edimburgo, 1910) se dio inicio a un largo esfuerzo para contrarrestar esas separaciones de la confesionalización.

3) Con la Reforma tuvo lugar una nueva comprensión y práctica de la fe cristiana, ligadas con otros cambios profundos de la sociedad: a) así, el acento dejó de estar en el más allá (la salvación) y recayó en la vocación (dada por supuesta la salvación); b) el culto principal dejó de limitarse al día domingo, y se desplazó a los días de la semana, y aquellas actividades que hacemos en el trabajo, en casa, en la familia, serán el verdadero lugar de culto a Dios; c) el cristianismo se hizo laico y el clérigo dejó de ser el protagonista de la fe cristiana, para que lo fuera el creyente simple, quién tiene la Biblia y puede leerla en su lengua (por eso la educación del pueblo fue promovida desde los Reformadores[5]) será el protagonista; d) la posición de la iglesia en la sociedad cambió, pues toda la realidad terrenal dejó de considerarse algo separado o ajeno a Dios y, por tanto, ya no era necesario estar bajo la iglesia para estar bajo Dios, es decir que la iglesia ya no tuvo más el monopolio de Dios y no pudo exigir estar bajo su autoridad para muchas cuestiones de la vida terrena.

El cristianismo occidental se modificó radicalmente, pero también toda la sociedad se transformó en ese proceso histórico irreversible que llamamos la Modernidad. Actualmente sigue debatiéndose sobre los efectos de la Reforma en esos cambios tan profundos de la vida moderna. Como ejemplo de ello, señalo un par de casos: Max Weber, en su famoso ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo, estableció una hipótesis sobre la relación entre la ética del trabajo protestante y la mentalidad económica capitalista, y en dicho ensayo hizo un cuidadoso análisis del concepto de “vocación”–“profesión” (Beruf) en Lutero[6]. Otro ejemplo, el filósofo canadiense Charles Taylor[7]escribió un grueso ensayo que analiza la secularización en Occidente: ese proceso en el cual Dios fue desplazado de todos los ámbitos de la vida moderna. Taylor Lo expresa con este afirmación: hace 500 años, en Europa, era casi imposible que una persona no fuera creyente, y en cambio hoy en día la creencia es una mera opción entre otras, y además es una opción muy problemática. El autor considera que en ese proceso de secularización fue determinante la influencia de la Reforma protestante.

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Martín Lutero y Felipe Melanchthon al pie de la Cruz

La mística y la experiencia de fe en Lutero

Pero ahora quisiera que nos enfoquemos en la experiencia espiritual de la fe, tal como la hallamos Lutero y veremos su relación con la mística. De entrada, podemos tener dos tipos de dificultades al hablar de espiritualidad y mística:

La primera dificultad se deriva de los contextos diferentes entre cristianos católicos y cristianos protestantes. Me explico con un ejemplo: hace poco, me decía un amigo jesuita, profesor de teología y gran experto en Lutero, que –para los católicos es muy difícil entender a Lutero –me dijo– pues Lutero siempre habla con paradojas y no encaja en la lógica escolástica. Tal vez esto sea cierto, porque para el creyente católico no es poco el peso de la Tradición en la manera de creer y de enfrentarse a los desafíos de las inquietudes espirituales. Esto me lo confirmó la lectura del teólogo Paul F. Knitter, en su libro Sin Buda no podría ser cristiano[8]comenta que la tradición del Magisterio de su iglesia ha tenido un peso que le hacía difícil creer en las doctrinas de la fe cristiana. Knitter explica que cuando era estudiante de teología en la Universidad Gregoriana de Roma, lo examinaban de manera oral y el llevaba bajo el brazo el Denzinger [las doctrinas oficiales de los concilios y Papas] y la Biblia y después explica cómo su experiencia como budista le ha liberado de ese peso. Pero para un cristiano protestante es algo impensable que su fe esté marcada por esos dos libros, la Biblia yel Denzinger. Eso me hace sospechar que realmente estamos colocados en posiciones diferentes cuando queremos expresar nuestra espiritualidad con relación a lo que creemos como cristianos, y lo comento por aquello de las partículas exclusivas de Lutero y la Reforma: sola fide, sola gratia, sola Scriptura, solus Christus. Para los protestantes esto es el todo y allí se juega la totalidad de la fe y la espiritualidad cristiana.

La segunda dificultad está en el término mística, que llega a ser equívoco por el uso y abuso que se hace del mismo[9]. Pero además del término en sí, cuando hablamos de la mística nos hallamos en un ámbito de la espiritualidad que está atravesado por todos los caminos de la vanidad. El ámbito de la espiritualidad es también el ámbito de las ilusiones y, lo  digo como psicoanalista, el término ilusión nos remite al campo de lo imaginario, de lo equívoco y de las falsas ilusiones, donde se acrecientan las pasiones y vivimos la certeza de nuestras visiones como si fueran algo más real que lo real.

Aquí tendríamos que hacer un paréntesis para recordar que nuestra época es el tiempo del gnosticismo, o del “retorno de la gnosis”, como lo llama Lluís Duch cuando habla del exilio de Dios en el tiempo actual[10]. Desde el tiempo de la Ilustración ha tenido lugar la crítica de la religión que también se ha constituido como un juicio a Dios. Y este juicio a Dios se ha dado junto al incremento del individualismo (donde el “yo” es principio y fundamento de todo) de tal manera que la espiritualidad de nuestro tiempo puede prescindir de Dios y centrarse en el individuo:

Se trata de descubrir en sí mismo un destello fulgurante y convincente de la divinidad, que se halla sumergido, errante y confuso, en las profundidades más recónditas de su propio ser […] En el fondo, toda gnosis es una exaltación del yo contra el tú y el nosotros.[11]

Quizás lo que tenemos, en las búsquedas actuales del misticismo, sean más bien variaciones del gnosticismo: así, por ejemplo, la crítica de Nietzsche hacia el Dios que muere en la cruz, en su obraEl Anticristo, es una variación del gnosticismo, ya que su crítica opera por el método de la inversión y sueña con el superhombre[12]; también es una variación del gnosticismo la dificultad contemporánea para dar razón de un Dios personal que se encarna en Jesucristo y nos redime. Pero dejemos hasta aquí el paréntesis; volvamos a la mística y la experiencia de fe en Lutero.

Para nuestro caso, las investigaciones[13]muestran que Lutero ciertamente conoció y simpatizó con una importante corriente de la “mística monástica”, conocida como la “teología alemana”. Su maestro Johann von Staupitz era un seguidor de los místicos alemanes Juan Taulero, el maestro Eckhart y Enrique Suso. En este movimiento de simpatías místicas eran importantes autores como Buenaventura o Bernardo de Claraval, a quienes Lutero conoció. Staupitz, maestro de Lutero, fue un auténtico impulsor de una teología espiritual que quería una genuina interiorización de la penitencia y que enfatizó la importancia de contemplar la humanidad sufriente de Cristo.
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Roma se plantea, medio milenio después, revocar la excomunión a Lutero

Miércoles, 10 de junio de 2020

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Bula Decet Romanum Pontificem

Como un gesto ecuménico sin precedentes para la unidad

El 3 de enero de 1521, León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo

Un grupo de teólogos se han dirigido a Roma y a la Federación Luterana Mundial para pedir una declaración formal que acabe con 500 años de mutuas condenas e incomprensiones

Allá donde estén Lutero y León X (o Adriano VI, o Carlos V, o Federico de Sajonia, o tantos que tuvieron mucho que decir en aquellos tiempos), lo cierto es que los creyentes en la fe de Jesucristo estamos cada vez más cerca

El 3 de enero de 1521, León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo. Medio milenio después, y aunque una excomunión sólo puede levantarse en vida, Francisco podría estar planteándose revocar el castigo eterno para Lutero, a quien ya ha reconocido en numerosas ocasiones como “un reformador” que quiso cambiar la Iglesia, pero no destruirla.

La decisión supondría un gesto histórico para el ecumenismo, y un aldabonazo a las conciencias de los creyentes de todo el mundo. Un ‘Sí se puede’ entre los seguidores de Jesús. Así lo ha solicitado el “Grupo de discusión ecuménica de Altenberg” el día de Pentecostés. El colectivo de teólogos y teólogas ecuménico también se han dirigido a la Federación Luterana Mundial para que retire la declaración de ‘Anticristo’ de Lutero al pontífice que lo excomulgó.

Un acto simbólico pero particularmente importante

“El ecumenismo vive de actos simbólicos y la retirada de la condena contra Lutero sería particularmente importante”, ha destacado la teóloga Johanna Rahner a Catholic.de, subrayando que una decisión así “permitiría a la Iglesia Católica expresar su aprecio por los protestantes de hoy”. O dicho de otro modo, la consecución de un camino que arrancó con fuerza en el Concilio Vaticano II y que hoy es más posible que nunca.

Para la teóloga de Tubinga, algunos pasajes del decreto conciliar “Unitatis redintegratio” podrían interpretarse como la abolición de la excomunión de Lutero, pero dado que la bula se relaciona con el contenido de las enseñanzas del reformador, de las que dependen parte de las iglesias evangélicas hoy, la retirada de la excomunión sería de gran relevancia.

El tiempo, además, juega a favor de la medida, toda vez que en 2017, con motivo de los 500 años de la Reforma -las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg-, la Federación Luterana Mundial se mostró crítica con la condena que Lutero hizo de León X y sugirió que se retirara.

Conmemorar la separación, unidos

Este hecho, unido a la “cultura del recuerdo” que se viene desarrollando desde 2017, y que tendrá su culminación en 2030 -500 años de la Confesión de Ausburgo, la ruptura definitiva y la creación de la iglesia luterana-, hace más probable un avance definitivo en el ‘caso Lutero’.

De hecho, tanto la Federación Luterana Mundial como el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos están planteando un evento conjunto para conmemorar la excomunión de Lutero el próximo 3 de enero. Un encuentro que podría tener lugar en Roma y cuya guinda podría ser el levantamiento de las mutuas excomuniones.

Y es que, allá donde estén Lutero y León X (o Adriano VI, o Carlos V, o Federico de Sajonia, o tantos que tuvieron mucho que decir en aquellos tiempos), lo cierto es que los creyentes en la fe de Jesucristo estamos cada vez más cerca.

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Por si ayuda…

Martes, 17 de marzo de 2020

Un texto imprescindible en tiempos de incertidumbre que nos ofrece  la Comunidad Fronteras Abiertas (CAFA) de Zaragoza:

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Martín Lutero, 1483-1546

Cuando Martín Lutero estaba lidiando con la Peste Negra, escribió estas sabias palabras que pueden ayudar a informar la forma en que abordamos las cosas que suceden en nuestro mundo en este momento:

Le pediré a Dios misericordiosamente que nos proteja. Luego fumigaré, ayudaré a purificar el aire, administraré la medicina y la tomaré. Evitaré lugares y personas donde mi presencia no sea necesaria para no contaminarme y, por lo tanto, infligir y contaminar a otros y así causar su muerte como resultado de mi negligencia. Si Dios quisiera llevarme, seguramente me encontrará y he hecho lo que esperaba de mí, por lo que no soy responsable ni de mi propia muerte ni de la muerte de los demás. Sin embargo, si mi vecino me necesita, no evitaré el lugar o la persona, iré libremente como se indicó anteriormente. Mira, esta es una fe tan temerosa de Dios porque no es descarada ni imprudente y no tienta a Dios ”.

*

Las obras de Lutero;
Vol. 43, pág. 132

***

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Oración y Reforma

Jueves, 31 de octubre de 2019

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

 

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms. Salmo 43

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

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«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

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““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

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Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

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“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

Jueves, 31 de octubre de 2019

ReformaiglesiaMonumento a la Reforma, Ginebra

Hoy, que celebramos el Día de la Reforma, publicamos este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo [1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe [2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

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“Demasiada autoridad”, por Jesús Fernández.

Viernes, 3 de mayo de 2019

1409398727452superarzo00003Falsa obediencia ante tanta falsa autoridad. Demasiada organización.

Decía Lutero que en la Iglesia hay demasiada jerarquía, demasiada autoridad, exceso de rango. La palabra “jerarquía” viene de dos vocablos griegos y significa “orden sagrado”. ¿Creen los fieles que en la Iglesia de Jesús que tiene su origen en Aquel que se humilló hasta la muerte y una muerte de cruz, exista tanto rango y se luche por ocupar una posición más alta que otros? Esto afecta al terreno de las iniciativas. No se reconocen más que aquellas que procedan de la superioridad o del poder. No hay otros principios de legitimidad que la superioridad, la autoridad, que no es, como tal, una convicción sino una condición de la financiación de las ideas. Porque en los superiores está la llave de la caja. ¿Creen los fieles que cuando lleguen al cielo y toquen el timbre les va a abrir la puerta un cardenal, un obispo? Decía Nietzsche que el cielo estaba vacío de cristianos. Busquen obispos en el cielo. No les encontrarán. La muerte iguala a todos. La reducción es total. Todos han sido reducidos al estado laical de creyentes. Allí no hay poder. Sólo hay gloria. En el cielo nuevo y en la tierra nueva no hay lágrimas ni dolor pero tampoco rango y autoridad. La jerarquía se ha convertido en anarquía. Todos laicos.

Mucha autoridad y poca libertad. Mucho mandato y mucha obediencia. Falsa obediencia ante tanta falsa autoridad. Demasiada organización. Esa es la fórmula y la ecuación en la Iglesia Católica. Cuando Lutero critica el exceso de autoridad temporal en la Iglesia de su tiempo se refiere a estos dos aspectos: primero demasiado poder temporal dentro de la comunidad de fe y segundo, relaciones de poder del Papado en relación con los otros poderes de este mundo, de esta sociedad.

Raymond Cardinal Leo Burke visits the Oratory of Ss. Gregory and Augustine to celebrate Benediction of the Blessed Sacrament followed by a Reception. As Archbishop of St Louis, Cardinal Burke canonically established the Oratory on the first Sunday of Advent 2007, the same year as our Holy Father's motu proprio, Summorum Pontificum. This will be his first pastoral visit to the Oratory!

Aquí comienza la crítica a la Iglesia dual. Primero Marx  con la religión como alienación económica. Y ahora Freud con la afectividad como descarga y sublimación. Estos son los dos problemas de la Iglesia de hoy: la riqueza y la afectividad. Muchos de sus miembros más cualificados han cambiado o mezclado la economía, el amor al dinero por sensaciones, por emociones, por otras sensaciones de la epidermis. Marx y Freud. A este paso, como disminuyan tanto los clérigos y sigan nombrando tantos obispos y jerarquía, va a haber más jerarquía que fieles. Esto no puede seguir así. La fe no nace de la autoridad. Los obispos, como decía San Agustín, son los primeros creyentes. Comparaba a la Iglesia con una esfera que tiene dos mitades, dos caras: una oscura, opaca y otra clara, luminosa. Pero está girando y a medida que se oscurece una parte se ilumina otra. La Iglesia organización está perdiendo credibilidad. Ojalá la gane por la otra parte.

Jesús Fernández González

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General , , ,

“Las protagonistas olvidadas de la primera generación de la Reforma”, por Lidia Fernández

Lunes, 8 de abril de 2019

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Interesante artículo, pero echo de menos a Juana de Albret (1528-1572). Hija juana-de-navarray sucesora al trono de Margarita de Navarra, siguió en los pasos de su madre y bajo sus auspicios se llevó a cabo la traducción del Nuevo Testamento a la Linguæ Navarrorum (euskera), rompió totalmente con el catolicismo.

Al igual que su madre escribía uno de sus poemas, “Jesús es mi esperanza”.

Fue excomulgada por el papa.

Declaró su reino oficialmente protestante aun cuando permitió que continuara el catolicismo. Para ella, la Reforma era oportuna y necesaria, tanto que pensaba que sería una cobardía y deslealtad a Dios dejar que el pueblo permaneciera en un estado de suspenso e indecisión.

Martín Lutero y las Reformas

Como bien sabemos, este año se viene celebrando en todo el mundo el 500 aniversario de la Reforma Protestante con una gran diversidad de eventos culturales y eclesiásticos. La elección de la fecha se debe a un acontecimiento de gran valor simbólico protagonizado por el entonces fraile agustino Martín Lutero, el cual puso en marcha un movimiento que fue capaz de aglutinar los anteriores intentos reformistas fracasados en torno a su figura carismática –es el caso de los valdenses, que surgieron en el último tercio del siglo XII, o de las figuras de John Wyclif (1320-1384) y Jan Hus (1369-1415)–. La hagiografía y la leyenda –más que la historiografía propiamente dicha– narran que el 31 de octubre de 1517 Lutero clavó sus famosas 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. El profesor de Nuevo Testamento no hacía más que seguir la costumbre de la época, según la cual se hacían públicas las opiniones clavándolas en la puerta de la iglesia, y de este modo se abría el debate universitario a todo el que deseara participar. Ese gesto marcó en la memoria colectiva el inicio de un movimiento de renovación de la Iglesia occidental que se inspiró en cuatro sencillos principios –sola gracia, sola fe, solo Cristo y sola Escritura–, del que muchas Iglesias protestantes y evangélicas son herederas hoy.

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Sin Martín Lutero no se habría producido la Reforma en Alemania, ya que sus críticas sobre el sistema de indulgencias, el poder papal o la corrupción del clero cayeron en un suelo fértil, mucho más fértil de lo que el propio Lutero pudo imaginar. Ahora bien: quienes protagonizaron el proyecto reformista durante la primera mitad del siglo XVI fueron diferentes figuras con importantes divergencias teológicas entre sí, así como con desarrollos eclesiales y teológicos independientes. Baste mencionar algunos ejemplos renombrados: el propio Lutero en los estados alemanes, Thomas Kramer en Inglaterra, Juan Calvino en Francia o Ulrich Zwinglio en Zúrich. En consecuencia, sería más apropiado hablar de “reformas” en plural, en lugar de “la reforma”, ya que desde sus mismos inicios la Reforma Protestante fue un fenómeno plural que incluyó, también, a mujeres notables. Durante las primeras décadas del siglo XVI, mujeres de toda condición social –ya pertenecieran a la nobleza, a la incipiente burguesía e incluso al campesinado–, abrazaron con entusiasmo los ideales de Lutero, Calvino o Zwinglio y se involucraron de forma activa en su propagación, sobre todo en las llamadas “ciudades libres”, como Basilea o Estrasburgo.

Las mujeres de la Reforma

– Predicadoras y teólogas que defendieron la actividad pública de las mujeres

Lutero_y_mujerLutero y su mujer, Katharina von Bora Sin embargo, en la memoria colectiva apenas ha quedado recuerdo de ellas. En el monumento internacional de la Reforma construido en Ginebra entre 1909 y 1917 hay una sola mujer, cuyo nombre aparece en una estela añadida en una fecha tan reciente como el 3 de noviembre de 2002: la belga Marie Dentière (ca. 1495-1561). Antigua monja agustina, desempeñó un activo papel en la vida política y religiosa de Ginebra participando activamente en el cierre de conventos femeninos y predicando públicamente en contra del celibato. En 1539 escribió la conocida 26041301como Muy útil epístola (L’Epistre très utile), una carta abierta dirigida a la reina Margarita de Navarra (dcha), en la que rechazaba con ironía los roles de abnegada ama de casa y de esposa sumisa que proponía la Reforma Magisterial: “Solo quieren de nosotras, mujeres, que seamos agradables, como es nuestra costumbre, que hagamos nuestras labores, hilar la rueca, vivir como las mujeres antes que nosotras lo hicieron, como nuestras vecinas. Porque la que vive como su vecina no hace ni bien ni mal.”

Afirmaba, para escándalo de sus coetáneos, que hombres y mujeres estaban igualmente cualificados para interpretar las Escrituras y reflexionar teológicamente: “Si Dios ha dado gracia a algunas mujeres buenas, revelándoles a través de su Sagrada Escritura algo santo y bueno, ¿deberían ellas abstenerse de escribir, hablar o declararlo unas a otras por causa de los difamadores de la verdad?” Esta defensa provocó la indignación tanto de católicos como del reformador Juan Calvino, con el cual había colaborado durante algún tiempo, y muchos de sus escritos fueron prohibidos, e incluso destruidos.

marie-dentiere41uCP7VFfvL._SX331_BO1,204,203,200_Marie Dentière (izda) no fue la única mujer silenciada de su tiempo. Un segundo caso es el de Katharina Zell (Dcha), nacida Schütz (1497-1562), quien debió firmar algunos de sus escritos bajo el pseudónimo de su esposo, Matthäus Zell, un afamado predicador de Estrasburgo, para evitar la censura. En su comentario al Padre Nuestro se atrevió a comparar a Dios con una madre que conoce los dolores de parto; exigió la posibilidad del diaconado para las mujeres y defendió la participación pública de las reformadoras a partir de textos bíblicos como Gálatas 3,27s y los ejemplos de la profetisa Ana o de María Magdalena. Zell apelaba a menudo a la centralidad de la libertad de la conciencia individual, informada por el Evangelio, para defender los derechos de los anabautistas, duramente perseguidos por católicos y por otros movimientos reformados (luteranos y calvinistas). Se consideró a sí misma como “madre de la Iglesia”, y durante los dramáticos sucesos de la Guerra de los Campesinos (1524-1525), Zell organizó un eficaz servicio de acogida para los desplazados por el conflicto y asistió a cientos de refugiados, enfermos y presos. En 1562, gravemente enferma, predicó poco antes de morir en los funerales de dos mujeres anabautistas, a las que todos los pastores de la ciudad les habían negado cristiana sepultura.

– Nobles que ejercieron el patronazgo del movimiento reformado

images (1)Argula von Grumbach Aprovechando la innegable capacidad propagandística de la imprenta, varias mujeres de la nobleza dedicaron recursos económicos propios a publicar panfletos y otros textos polémicos a favor de los nuevos planteamientos reformados, como la duquesa regente Elisabeth von Braunschweig-Lüneburg (1510-1558), princesa de Calenberg-Göttingen, la cual recibió el título honorífico de “Reformationsfürstin”. De entre todas ellas destacamos a Argula von Grumbach (1492-1554), descendiente de una familia de la antigua nobleza bávara y considerada la primera mujer en publicar una carta a favor de la Reforma. Ante el estupor de los inquisidores, esta mujer y laica se atrevió a exigir un debate público en alemán a la Universidad de Ingolstadt en la carta de protesta escrita de su puño y letra, enviada el 20 de septiembre de 1523, donde denunciaba la expulsión de un joven magister de 18 años, Arsacius Seehofer, por haber hecho campaña a favor de las enseñanzas luteranas. Su carta no obtuvo respuesta oficial, pero se convirtió en un auténtico fenómeno editorial, con catorce reimpresiones en apenas unos meses, primero de forma casi simultánea en las ciudades de Núremberg y Basilea, y poco después en ciudades tan importantes como Augsburgo, Erfurt, Estrasburgo, Stuttgart o Leipzig. La campaña de Argula von Grumbach tuvo, lamentablemente, terribles consecuencias para ella: enemistada con buena parte de su familia, sufrió los malos tratos de su marido, enfurecido por haber sido depuesto de la prefectura ducal debido a las simpatías que su esposa había manifestado públicamente por Lutero.

– Esposas de ministros protestantes que desafiaron las convenciones sociales

Katharina_ZellKatharina von Bora La Reforma trajo consigo un cambio social crucial para quienes se dedicaban a ministrar la Iglesia. Frente al ideal católico del celibato obligatorio, los reformadores proponían el matrimonio y la familia como el estado ideal de vida para todo creyente cristiano, incluyendo a los ministros o pastores. En consecuencia, el matrimonio de los anteriores monjes/as, frailes y sacerdotes que se adhirieron al movimiento reformado se convirtió en una seña de identidad que produjo una curiosa oleada de bodas en la década de 1520.

La primera generación de esposas estuvo formada en su mayoría por monjas exclaustradas que debieron hacer frente tanto al estigma de la “barragana”, a las constantes habladurías acerca de las razones del abandono de sus votos, así como a las críticas acerca de su excesiva presencia pública que pronunciaron incluso reformadores como Lutero o Calvino. La nueva situación al frente de las parroquias les abrió un ámbito de servicio eclesial desconocido hasta entonces, ya que muchas mujeres actuaron de facto como ayudantes en las iglesias locales predicando e incluso celebrando los sacramentos del bautismo y la eucaristía en los primeros años, aunque sin remuneración alguna y siempre subordinadas a su esposo.

Es el caso de Katharina von Bora (1499-1552), una de las jóvenes monjas a las que Lutero había ayudado a huir del convento cisterciense de Marienthron tras pedirle ayuda por escrito y protagonizar una rocambolesca fuga. En 1525 contrajo matrimonio con Martín Lutero a sugerencia de ella, podríamos decir que casi por motivos puramente pedagógicos, para ilustrar el nuevo ideal de vida. Tuvo fuertes vínculos con la intelectualidad de su tiempo, ya que participó activamente en las famosas tertulias teológicas organizadas en su casa con estudiantes y otros reformadores (“Tischreden”), lo que le valió el apelativo de “doctora Katharina” o “doctora Lutero”. Auténtica emprendedora, supervisó la impresión de buena parte de las obras de su marido y sacó adelante a su extenso grupo familiar –que no solo incluía a los seis hijos habidos con Lutero, sino también a numerosos huéspedes y a estudiantes protegidos en su casa– y a las aproximadamente cuarenta persona asalariadas que trabajaban en su pequeño huerto y el establo, en una modesta piscifactoría, en el lagar de vino y la fábrica de cerveza. A su muerte, Lutero convirtió a su esposa en heredera universal, una decisión sorprendente para la época.

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– Conclusión

Aunque sin su apoyo el movimiento reformado no habría alcanzado la popularidad que logró en las primeras décadas del siglo XVI, la historia de la primera generación de mujeres de la Reforma es la historia de su silenciamiento y ocultación. Estos se iniciaron en una fecha tan temprana como 1560, cuando se prohibirá explícitamente a las mujeres predicar y enseñar, deslegitimando los roles públicos que habían desempeñado hasta entonces. Las ideas de la Reforma generaron un inicial entusiasmo que se convirtió en pocos años en perplejidad e inquietud, a pesar de lo cual lograron empoderarse, empujando mucho más allá las intuiciones de Lutero, Calvino o Zwinglio –y, en ocasiones, incluso en contra de su pensamiento–. Todo un ejemplo para las mujeres hoy.

*Profesora de la Universidad de Deusto, Doctora en Teología Biblíca y Lcda. en Literatura Española.

Fuente Entreletras/Fraternidad Teológica Latinomericana

Para ampliar la Información, puede leerse el siguiente artículo: Las mujeres en la reforma protestante del siglo XVI.

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Oración y Reforma

Miércoles, 31 de octubre de 2018

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

 

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms. Salmo 43

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

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«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

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“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

Miércoles, 31 de octubre de 2018

ReformaiglesiaMonumento a la Reforma, Ginebra

En el Día de la Reforma, publicamos este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo[1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe[2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

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“Retorno a Wittenberg”, por Manuel Fraijó

Martes, 9 de enero de 2018

monumento-lutero-wittenberg-alemania“Lutero, carro y auriga de Israel”

“El Reformador captó como nadie los apasionados anhelos religiosos de su tiempo” 

(Manuel Fraijó, en El País).- Con cierta impaciencia debe estar contando Lutero las horas que faltan para que termine el año de su V centenario. Hay que imaginárselo contento, pero también algo exhausto a causa de tanta conmemoración.

Con no poco asombro habrá tomado nota de la visita de los Papas Benedicto XVI y Francisco a lugares emblemáticos del protestantismo; especial satisfacción le habrá producido escuchar sus himnos, una de sus mejores herencias, cantados en tantas iglesias católicas; y, como su corazón nunca dejó de ser del todo agustino, le habrá encantado la carta, tan serena y justa, que el prior general de los agustinos ha dirigido a la orden; y él, que tan agrios debates mantuvo con el cardenal Cayetano, habrá leído con asombro y honda satisfacción la excelente monografía que otro cardenal, Walter Kasper, le ha dedicado: Martín Lutero. Una perspectiva ecuménica; especial alegría debe haber sentido al leer el Acuerdo sobre la justificación, un documento ratificado oficialmente por ambas iglesias en el año 1999 que pone de manifiesto que el polémico concepto de justificación no es ya motivo de división; y, cómo no, se habrá interesado por otro documento, este del año 2017, titulado Del conflicto a la comunión. Conmemoración conjunta luterano-católico-romana de la Reforma en 2017. Es la primera vez que luteranos y católicos conmemoran juntos lo que ocurrió hace 500 años.

Con no poco agrado habrá tomado nota de la paulatina desaparición de la leyenda de las 95 tesis clavadas por él en la puerta de la iglesia de Wittenberg. En realidad, las envió el 31 de octubre de 1517 a Alberto de Brandemburgo y a algunos obispos.

Al no recibir respuesta, las envió a “hombres eruditos”. Fueron ellos quienes las difundieron. Lutero lo lamentó, ya que “no van destinadas al gran público”. Pidió disculpas al Papa, asegurándole que no las retiraba porque ya no estaba en su mano.

Pero tal vez la mayor sorpresa se la habrá dado quien le haya informado de que hace ya más de 60 años los católicos celebramos un concilio, el Vaticano II, en el que se aprobaron algunos temas por los que él tan denodadamente luchó: el sacerdocio general de todos los fieles; el uso de la lengua vernácula en la liturgia; la comunión bajo las dos especies; el protagonismo de los laicos en la Iglesia; la importancia de las comunidades locales; la Biblia como alma del cristianismo y de la teología.

No sin cierta melancolía, Lutero habrá recordado su insistencia en la celebración de un concilio que Roma solo convocó en 1545, cuando ya no era posible la concordia. El concilio de Trento llegó demasiado tarde.

Y algo atónito se habrá quedado al leer los elogios que un dominico, Y. Congar, le ha dedicado: “Lutero es uno de los mayores genios religiosos de la historia”. Y sabiamente añade: “Lutero no es el Evangelio. Lo importante es ir hacia el Evangelio juntamente con él”.

Por suerte, los insultos de ayer han hecho sitio a los elogios de hoy. Y bien que lo necesita el Reformador. En sus últimos años sufrió notables desengaños y decepciones. Tuvo que ver, por ejemplo, cómo algunos protestantes abusaban de la justificación por la fe para entregarse a la pereza.

Con todo, su principal fuente de preocupación fue la Reforma misma. En sus horas de reflexión y soledad debió recordar cómo en 1483, año de su nacimiento, toda Europa era católica; en 1546, fecha de su muerte, casi la mitad del continente se había separado de Roma. Algo que, como sabemos, no ocurrió sin feroces enfrentamientos y abundante derramamiento de sangre.

A Lutero le preocupaba el futuro de Alemania y Europa. Él sabía que no era el único responsable de lo ocurrido: fue decisivo el apoyo de los príncipes alemanes, cansados de las injerencias de Roma y de sus exigencias financieras. Pero sin la fuerza religiosa y visionaria del Reformador nada de lo que ocurrió hace 500 años habría sido posible.

Captó como nadie los apasionados anhelos religiosos de su tiempo. Lo que no supo fue encontrar un sucesor apropiado. Lutero, que se definía a sí mismo como “un sajón, un rústico y duro sajón”, terminó enfrentándose con muchos de los que habrían podido sucederle. Th. Mann dirá que el Reformador fue “un bárbaro de Dios con bovina cerviz”. De acuerdo, pero aquel bárbaro de Dios, hombre de pensamiento y oración, contemplaba con honda preocupación el resultado de su propia obra.

Y, probablemente, nada le atormentó tanto como su actuación en la rebelión de los campesinos. K. Marx la califica como “el hecho más radical de la historia alemana”. Los campesinos se sublevaron contra la opresión a la que les sometían la Iglesia y los nobles. En un primer momento contaron con el decisivo apoyo de Lutero, pero cuando este constató que también los campesinos se lanzaban al pillaje, al asesinato y a la destrucción de conventos e iglesias, cambió de bando y animó a los señores a sofocar la rebelión a sangre y fuego; sus arengas son de tenor irreproducible.

Al frente de los campesinos iba Thomas Müntzer, llamado “místico con martillo” y “reformador sin iglesia“. A Müntzer no le bastaba la libertad interior que predicaba Lutero, quería libertades concretas, políticas y sociales. Fue ejecutado al fracasar la revuelta en la que perecieron unos 70.000 campesinos.

Algunos historiadores afirman que el fracaso de esta revolución adormeció por un par de siglos la actitud del pueblo alemán ante los desmanes del poder. Y analistas políticos bienintencionados sostienen que, si Lutero se hubiese aliado con los campesinos, habría corrido su misma suerte y nos habríamos quedado sin Lutero, sin Müntzer, y sin la Reforma. Parece una hipótesis plausible.

A partir de 1525, fecha de la derrota de los campesinos, Lutero entró en una crisis de la que ya nunca se repuso. Su prestigio declinó rápidamente. También su boda, celebrada en el mismo año 1525, sirvió de mofa para sus enemigos y de disgusto para sus amigos. Se había iniciado el declive del Reformador. El hombre que entre 1500 y 1530 publicó el 20% de los textos editados en Alemania se fue quedando sin inspiración. “Culpable” fue también el cuidado de sus seis hijos.

El final le llegó en la noche del 17 de febrero de 1546. Ocurrió en su pueblo, en Eisleben. Fue la muerte serena de un gran creyente cristiano. En realidad, Lutero deseaba ya el final: “He vivido mi vida, ya es hora de que me reencuentre con mis mayores”.

Durante sus últimos años no podía andar, lo trasladaban en un pequeño carro. Su cadáver fue trasladado de Eisleben a Wittenberg donde se le tributaron impresionantes honras fúnebres. Melanchthon, su discípulo más fiel e inteligente, pronunció una emocionada oración fúnebre. La concluyó con estas palabras: “Se ha ido el carro y el auriga de Israel”. Después de este agitado 2017, el “auriga” retornará a su silencio de Wittenberg en espera del próximo centenario.

Fuente Religión Digital

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Lutero: V centenario de la Reforma Protestante (y III)

Viernes, 3 de noviembre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaDesde el cisma hacia la unidad cristiana

“Tenaz en su carácter y obsesivo en sus ideas, Lutero las vivió apasionadamente”

(Saturnino Rodríguez).- Martín Lutero es una figura crucial de la Edad Moderna en Europa, la influencia del conjunto de sus teorías y doctrinas (que suele denominarse luteranismo) se extendió, más allá de la religión, a la política, la economía, la educación, la filosofía, el lenguaje, la música y otros espacios de la cultura. Martin Lutero obtuvo gran popularidad entre el pueblo, y también su considerable influencia en el clero. La contribución de Lutero a la civilización occidental se consideran más allá del ámbito religioso. Sus traducciones de la Biblia ayudaron a desarrollar una versión estándar de la lengua alemana y se convirtieron en un modelo en el arte de la traducción y el desarrollo de la lengua.

La obra escrita

Las obras escritas por Lutero desde 1517 a 1530 suman 50, siendo más abundantes de 1524 a 1528. Algunas de las cuales fueron al menos esbozadas por algunos de sus amigos, como Melanchthon. Lutero también escribió sobre la administración civil y eclesiástica y sobre el hogar cristiano. El estilo literario de Lutero era polémico, llegando incluso a insultar a sus oponentes cuando el tema le apasionaba. Al igual que otros reformadores era muy intolerante con otras creencias y con los puntos de vista opuestos al suyo, lo cual pudo contribuir a exacerbar la Reforma protestante en Alemania.

Las obras más destacadas

Por su traducción de la Biblia, Lutero es considerado además uno de los fundadores de la literatura en alemán. Hasta la publicación definitiva de la Biblia completa traducida en 1534 Lutero iba trabajando en ello, escribiendo y publicando partes dela misma desde el año 1521 que comenzó en su destierro del castillo de Warbuirg hasta 1530. Tanto la Reforma protestante como la consecuente reacción católica, la Contrarreforma, supusieron un importante desarrollo intelectual en Europa, por ejemplo: mediante el pensamiento escolástico de los jesuitas en el caso del catolicismo.

Martín Lutero articuló su doctrina básica en sus primeros escritos: “De la libertad cristiana “(1519), “A la nobleza cristiana de la nación alemana” (1520), “El cautiverio babilónico de la Iglesia” (1520), “De la esclavitud del arbitrio” (1525)- y sus publicaciones más conocidas y populares “Catecismo Mayor” “Pequeño catecismo” (1529) donde expone la teología de la Reforma evangélica comentando brevemente, en forma de preguntas y respuestas: los Diez andamientos, el Credo Apostólico, el Padrenuestro, el Bautismo y la Eucaristía.

Las secuelas de la doctrina de la Reforma protestante tendría sus secuelas inmediatas en Alemania y en los países europeos donde se extendió. En los territorios luteranos disminuyó grandemente el poder absoluto de los reyes. Católicos y protestantes sostuvieron entre sí terribles guerras religiosas. Un siglo después de las “protestas” de Lutero, una revuelta en Bohemia provocó la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), un conflicto entre católicos y protestantes que arrasó gran parte de Alemania e implicó a CASI TODA Europa hasta la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos.

Lutero fue la primera persona que imprimió un libro: la Biblia alemana, traduciendo de un manuscrito sagrado a la lengua materna de Alemania. Cuando la mayoría de la sociedad era analfabeta y adquiría sus conocimientos a través de la transmisión oral, la memorización y la repetición de los textos bíblicos, la Iglesia tenía el control del conocimiento y sus miembros eran estudiosos y educados. Lutero hizo posible el acceso al conocimiento, la información y la educación, desmitificando la Biblia con el fin de lograr la búsqueda de la verdad.

Cabe destacar que Lutero, personalmente, no fundó la iglesia luterana como institución, ni planeaba llegar a una nueva “denominación cristiana”. Por el contrario, expresó que eso no ocurriera: “Ruego por que dejen mi nombre en paz. No se llamen así mismos ‘luteranos’, sino Cristianos. ¿Quién es Lutero?, mi doctrina no es mía. Yo no he sido crucificado por nadie…Dejen, mis queridos amigos, de aferrarse a estos nombres de partidos y distinciones; fuera a todos ellos, y dejen que nos llamemos a nosotros mismos solamente cristianos, según aquel de quien nuestra doctrina viene”.

A pesar de ello, en la historicidad de la reforma protestante, se fue designando el apelativo “luterano” y “luteranismo” para referirse a la doctrina interpretativa y enseñanzas que Lutero hizo acerca del cristianismo.

Lutero es reconocido en el calendario litúrgico de la Iglesia Luterana que celebra la festividad de la Reforma el 31 de octubre (fecha en que clavó las 95 tesis). La iglesia Episcopal de Estados Unidos celebra la fiesta el 18 de febrero como su día litúrgico.

La “justificación” tema clave en la obra de Lutero

Dicho en cuatro palabras la doctrina de la “justificación” ( o” justicia de Dios”) supondría, conforme confesaba la Iglesia, que el hombre se hiciera justo. Pero ese supuesto – pensaba Lutero- era imposible porque al hombre le separa un abismo infinito de Dios que también con infinito amor le “justifica” a través de Jesucristo, con lo que el hombre no necesita para ello de las “mediaciones” de la Iglesia. Y es en este punto central en el que se ha dado un acercamiento casi total entre la iglesia católica y la reformada en el camino del ecumenismo, como veremos en la 4ª parte de esta serie al hablar sobre el camino del Ecumenismo. Buena parte de las otras “diferencias” derivan de ésta fundamental.

Desligado de la obediencia romana, Martín Lutero emprendió la reforma de los sectores eclesiásticos que le siguieron y que conformaron la primera Iglesia protestante, a la que dotó de una base teológica. El luteranismo se basa en la doctrina de la “justificación” (inspirada en escritos de San Pablo y de San Agustín de Hipona) de que el hombre puede salvarse sólo por su fe y por la gracia de Dios, sin que las buenas obras sean necesarias ni mucho menos suficientes para alcanzar la salvación del alma; en consecuencia, expedientes como las bulas de indulgencias que vendía la Iglesia no sólo eran inmorales, sino también inútiles e incluso la mediación y poder jerárquicos de la Iglesia.

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Cuadro de Lucas Cranach explicando la doctrina clave de Lutero de “la justificación por la fe”

Este retablo del pintor Lucas Carnach- el gran pintor de Lutero refleja el pensamiento de Lutero de que la salvación sólo se adquiere con la fe personal y la lectura directa de la Sagradas Escrituras.Las imágenes llevan un número que aclaramos aquí:

1. Lutero con una Biblia en la mano señalando un pasaje de la II epístola de San Juan “La sangre de su hijo Jesús nos purifica de todo pecado”

2. Un chorro de sangre de Jesús crucificado cae sobre la figura del pintor Lucas Cranach padre

3. Personificación de los verdaderos creyentes que reciben sin ningunas mediación por parte de la jerarquía católica

4. A su lado San Juan Bautista señalando a Cristo, y al pie de la Cruz vemos a Jesús como el “cordero de Dios” que quita el pecado del mundo

5. A la izda. de la Cruz aparece Cristo resucitado…

6. Clavando el asta de su bandera al demonio. Al fondo, a la izquierda muestra la escena de la expulsión del hombre del Paraíso…

7. Fuente del pecado original y a su derecha Moisés maldice a los que no cumplen los mandamientos

Como consecuencia de esta primera fundamentación Lutero negaría otras prácticas asumidas por la Iglesia católica a lo largo de la Edad Media, como la existencia del Purgatorio o la necesidad de que los clérigos permanecieran célibes y para dar ejemplo él mismo contrajo matrimonio con una antigua monja con la que tuve cuatro hijos. De los sacramentos católicos, Lutero sólo consideró válidos los dos que halló reflejados en los Evangelios: En su obra “Sobre el Cautiverio Babilonico de la Iglesia” (1520), rechaza el “sacramentalismo de la Iglesia”, diciendo que en las Sagradas Escrituras solo se distinguen dos sacramentos: ll Bautismo y la Eucaristia (la “cena del Señor”), rechazando los demás como tales “sacramentos”. Leer más…

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El Vaticano saca un sello con Lutero y Melanchthon al pie de la cruz

Miércoles, 1 de noviembre de 2017

sellovaticanolutero_560x280Representa a los reformadores sosteniendo copias de la Biblia y de la Confesión de Augsburgo

Emite otro de San Francisco de Sales

Ayer, día del V Centenario de la Reforma protestante, el Vaticano anunció que emitirá un sello postal especial representando a los reformadores Martín Lutero y Felipe Melanchthon al pie de la Cruz.

El sello, de valor de un euro y expedido por la Oficina Filatélica de la Santa Sede, muestra en primer plano a Jesús crucificado, y al fondo “una vista dorada y atemporal de la ciudad de Wittenberg”, según la descripción facilitada por el Vaticano.

Dicha descripción continúa: “Con una disposición penitencial, arrodillándose respectivamente a la izquierda y derecha de la cruz, Martín Lutero tiene la Biblia, fuente y destino de su doctrina, mientras que Felipe Melanchthon, teólogo y amigo de Martín Lutero, y uno de los principales protagonistas de la reforma, sostiene en la mano la Confesión de Augsburgo (Confessio Augustana), la primera presentación pública oficial de los principios del protestantismo escritos por él”.

sello-del-vaticano-de-san-francisco-de-salesEn el mismo comunicado, la Oficina de Prensa de la Santa Sede anunció que también emitirá un sello especial más valioso por valor de 2,55 euros para marcar el 450 aniversario del nacimiento de San Francisco de Sales.

“Nacido en el pueblo fronterizo francés de Thorens-Glières el 21 de agosto de 1567 de una larga ascendencia nobiliaria, a una edad temprana Francisco de Sales mostró interés en la teología durante sus años formativos de estudio que pronto le llevó a una vocación al sacerdocio. Él llevó a cabo su ministerio con un firme deseo de salvaguardar a la Iglesia de Roma de la Reforma de Calvino“, explica el Vaticano.

“San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia, es uno de los padres de la espiritualidad moderna e influenció a las figuras más importantes de la Europa del siglo VII. Trajo de vuelta a muchos fieles separados de la Iglesia católica al hablar sobre el amor de Dios”, concluye la descripción.

Ambos sellos estarán disponibles a partir del 23 de noviembre próximo.

Fuente Religión Digital/Agencias

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Oración y Reforma

Martes, 31 de octubre de 2017

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms. Salmo 43

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

***

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

***

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

***

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V Centenario de la Reforma

Martes, 31 de octubre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaHoy día 31 de octubre se conmemora el V centenario de la Reforma impulsada por Martin Lutero. Queremos compartir hoy con vosotros la carta que al respecto ha publicado la Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas (CAFA) a la cual pertenecemos algunos de los miembros de esta comunidad de Cristianos Gays:

En este 2017 se cumplen 500 años de un hecho que cambió la historia de la humanidad: el 31 de octubre de 1517 Martín Lutero colgaba en Wittemberg sus 95 tesis de denuncia contra la corrupción religiosa y moral de su tiempo; eso fue el inicio de un profundo movimiento de liberación cuyas consecuencias siguen vivas en nuestros días.

Ante la celebración de este Centenario este 31 de octubre de 2017 la Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas se une a esta acción de gracias al Señor mostrando la cercanía y unidad de espíritu, deseando que sea un año de gracia que nos acerque más a Dios nuestro Padre.

Fruto de esto creemos que la unidad en el sentido de la comunión plena no significa uniformidad, sino unidad en la diversidad y diversidad en la unidad. Dentro de la única Iglesia, comunidad de bautizados, hay lugar para una diversidad legítima de mentalidades, de tradiciones, de ritos, de reglas canónicas, de teologías y de espiritualidades. Podemos decir también que la esencia de la unidad, concebida como comunión, es la catolicidad en su significado originario, que no es confesional sino cualitativo; indica la realización de todos los dones que pueden aportar las Iglesias particulares y confesionales.

En definitiva, la unidad es una aventura del Espíritu. Por eso, concluimos tomando prestadas las palabras del apóstol: “La esperanza no quedará defraudada, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado” (Rm 5, 5)

Fuente: Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas

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Lutero, profeta hereje

Martes, 31 de octubre de 2017

37981195196_f2affd7d7bDel blog de José Arregi:

El martes se cumplen 500 años desde aquel 31 de octubre de 1517 en que Martín Lutero, hombre de mente y de fe iluminada, genio de la palabra y de la escritura, publicó sus célebres 95 tesis. Un texto breve, comedido y agudo. Un texto profético, que marcó el comienzo de las Reformas protestantes y de una nueva Europa.

No hay derecho –denunciaba Lutero– a que el Papa venda indulgencias. No hay derecho a que a pobres y ricos –sobre todo a los pobres– les haga creer que después de la muerte podrán quedar libres del terrible fuego del purgatorio a cambio de dinero. No hay derecho a que amargue los gozos de la vida presente con la amenaza de castigos futuros. No hay derecho a que utilice las creencias y los miedos de la gente para llenar su bolsa y las arcas del Vaticano. Está en juego la fe, la vida, el Evangelio.

El Papa declaró hereje a Lutero, y le plantó ante la alternativa canónica: o retractación o excomunión. “No puedo ni debo retractarme contra mi conciencia. Que Dios me ayude. Amén”, dijo Lutero. Fue excomulgado. Y se convirtió en profeta hereje.

¿Un profeta hereje? No cabía semejante idea en la teología que me enseñaron a los 20 años, pero luego aprendí que todos los profetas, de un modo u otro, han sido herejes tanto en las religiones como en la política, e incluso a veces en las ciencias. Que solo quienes han cuestionado las verdades heredadas han empujado la historia hacia adelante. Que solo los innovadores han impulsado la humanidad a un futuro mejor, solo los que no se resignan a lo conocido, ni se detienen ni dicen: “Ya está. Esto es”.

El Evangelio me enseñó que también Jesús fue por excelencia un profeta hereje. Prefirió la compasión activa a todas las creencias, ritos y normas religiosas. No le importaron el pecado y la culpa, sino el sufrimiento y las heridas. Tampoco la absolución de la culpa, sino la curación de las enfermedades y la liberación de toda opresión. Nunca se ocupó de indulgencias para el más allá. Anunció la transformación de este mundo, no premios y castigos divinos después de la muerte. Puso primeros a los últimos, y últimos a los primeros. Revolucionó valores, criterios y certezas.

La historia de la Iglesia me enseñó que Santo Tomás de Aquino, que se convirtió luego y sigue siendo aún para muchos el canon de la ortodoxia, fue primero condenado por el obispo de París, y que al final de la vida quiso quemar su Suma Teológica, diciendo: “No es esto, nada de esto”.

Y que San Ignacio de Loyola, cuya Compañía se puso al servicio de la Contrarreforma, fue procesado siete veces por la Inquisición a causa de sus Ejercicios, porque en ellos ayuda al ejercitante a hacerse sujeto libre y dueño de sí.

Y que Santa Teresa de Ávila vivió siempre estrechamente vigilada por la misma Inquisición porque era mujer, mística y libre.

Y que San Juan de la Cruz estuvo encarcelado durante ocho meses en la cárcel del convento de Toledo por ser reformador y por no retractarse de sus ideas reformadoras, por fiarse de su propia fuente, por dejarse guiar por la llama que ardía en su interior, en lo más profundo de todo ser humano y de todas las criaturas. Y así un larguísimo etcétera. No basta con ser hereje para ser profeta, pero nadie puede ser profeta sin ser hereje de una forma u otra.

Lutero denunció y reformó el rígido sistema dogmático y moralista, clerical y jerárquico, aliado de la riqueza y del poder, en que se había convertido la iglesia itinerante de Jesús. Fue profeta.

Y si algo se le debe reprochar es que no lo fuera hasta el fin, que acabara haciendo de su propia profecía herética una nueva ortodoxia y condenando a sus propios disidentes y aliándose con los príncipes para sofocar la liberación de los campesinos.

A pesar de todo, fue y sigue siendo testigo del Evangelio. Testigo de que es la confianza, no el dogma ni el rito ni la moral, la que nos sana y transforma. Testigo de que es el Espíritu viviente, no la sumisa repetición de la letra, lo que hemos de buscar en cualquier texto del pasado. Testigo de que son la libertad y la compasión de Jesús, no las viejas estructuras jerárquicas, las que harán de la Iglesia hogar y sacramento de humanidad. Y, por sus propias sombras, también es testigo de lo mucho que le faltó y nos falta todavía para ser de verdad Iglesia evangélica, profética y reformadora.

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“¡Bendita Reforma!”, por Marco Antonio Velásquez Uribe

Sábado, 28 de octubre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemania“Intrepidez evangélica y audacia profética”

“La iniciativa de Lutero era una interpelación moral y una llamaba a la conversión eclesial”

Gracias a ese soplo del Espíritu -que condujo a Martín Lutero por los caminos del atrevimiento evangélico- Dios ha despertado nuevas vocaciones y misiones

(Marco Antonio Velásquez Uribe).- El 31 de octubre de 1517 quedó en la historia como el inicio de la Reforma. El gesto del predicador de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg -el monje agustino Martín Lutero- de clavar en las puertas del templo sus 95 tesis contra la venta de indulgencias, abría un gran capítulo en la historia de la Iglesia.

La acción de Lutero respondía a una crisis institucional, cuyo icono era la reconstrucción de la Basílica de san Pedro en Roma, que había diezmado las finanzas de los Estados Pontificios. En ese contexto, la venta de indulgencias -dispuesta por el Papa León X- era la solución para acaudalar recursos económicos necesarios para concluir tan magna obra.

En la base de la crisis estaba el dinero, representado por la venta de indulgencias. Ello despertaba un cuestionamiento moral indiscutible, con mayor razón desde que Roma dispusiera el uso de la sacramentalidad del perdón de los pecados para atender el propósito mundano de ostentar poder, graficado en la construcción del nuevo templo. Visto así, la iniciativa de Lutero era una interpelación moral y una llamaba a la conversión eclesial.

La rápida difusión de las tesis y su creciente adhesión, fueron configurando en rebeldía la actuación de Lutero. La respuesta de Roma fue acusarlo de herejía y más tarde, el 3 de enero de 1521, la excomunión. Así, la decisión del Papa León X originaba el mayor cisma de la historia de la Iglesia, después del cisma de oriente ocurrido 500 años antes.

Las consecuencias no sólo fueron religiosas, también hubo efectos económicos y políticos, como la guerra de los treinta años, en la que se involucraron estados partidarios de la Reforma y estados contrarreformistas.

La Reforma trajo para la Iglesia romana una importante pérdida de poder, en cuyo contexto se convocó al Concilio de Trento para reforzar las alicaídas estructuras eclesiales. Comenzaba así la Contrarreforma.

La respuesta de Roma a la Reforma de Lutero fue reestructurar el poder institucional, reforzando el papado, aumentando la jerarquización y extremando los controles. Prueba de esto último fue la creación de la Santa Inquisición.

Paralelamente, con la Reforma comenzaba una nueva manera de vivir el cristianismo.

Mientras la libertad de espíritu caracterizaba a los reformistas de Lutero, la consolidación de las estructuras y el control tipificaba al catolicismo. Asimismo, si el apego a la Biblia distinguiría a los seguidores de Lutero, el alejamiento de la Palabra en la feligresía católica se instalaría como una costumbre que duraría 450 años, hasta el Concilio Vaticano II.

Era evidente que la condición de biblista de Lutero despertaba temores en la jerarquía católica, con lo que la Biblia terminó siendo recluida en las esferas de la erudición. Fruto de ello, los protestantes evolucionaron en su formación espiritual; mientras los fieles católicos debieron conformarse con subsidios litúrgicos, rezos repetitivos y jaculatorias.

Si la espontaneidad guiaba la fe protestante, la rigidez caracterizaba al catolicismo. Así, mientras los seguidores de Lutero se lanzaban a conquistar el mundo, los de Roma se replegaban. Y mientras unos exploraban la fuerza centrífuga de la acción del Espíritu, la diáspora, la catolicidad se aglutinaba en torno a la fuerza centrípeta del Paráclito, la cohesión. De ello surgió una Iglesia protestante “en salida” y una Iglesia católica ad intra.

En el comienzo, el común denominador de los pueblos de una y otra denominación era la ignorancia y una deficiente formación cristiana. Sin embargo, el paso del tiempo fue definiendo una impronta de preparación y formación entre los protestantes; mientras la infantilización definía al catolicismo. Comenzaba a consolidarse así una enorme brecha formativa entre unos y otros. Mientras la obediencia y subordinación eran vistas como virtudes católicas, la parresía, la autonomía y la audacia distinguía a los protestantes.

Así, la fe católica pasaba a ser una espiritualidad subsidiada y mediada humana y jerárquicamente, mientras el protestantismo adquiría intrepidez evangélica. El paso del tiempo fue definiendo una suerte de idiosincrasia religiosa, donde el ser católico responde a conductas regidas, dependientes y controladas; mientras el ser protestante tipifica conductas no controladas y espontáneas, con mayor libertad apostólica.

Gracias a esa libertad de espíritu, la teología protestante se adentró por nuevos derroteros, llegando a hacer de la doctrina de la justificación un núcleo fundamental. De ahí el descubrimiento de la gratuidad, la gracia y el amor de Dios, que pasaron a conformar parte del patrimonio protestante, hasta hacerse universal y compartido por todos los cristianos.

En materia de espiritualidad, el protestantismo -marcado por la doctrina de la justificación- se fue configurando en torno a cierto intimismo; mientras que la catolicidad -regida por la necesidad de manifestar la fe en obras- fue asimilando los valores de la justicia y de la vida en común. De esa manera, el gran aporte del catolicismo ha quedado reconocido en la historia por su magisterio social, llegando a ser fuente de inspiración universal.

Tras 450 años de enemistad, recién el Concilio Vaticano II vino a descubrir el camino del reencuentro y de la necesidad de reconstruir la unidad de los cristianos. Los soplos del Espíritu impregnaron los corazones de los aventureros del ecumenismo, que a 500 años de la Reforma, comienza a despertar múltiples espacios de colaboración, de celebración en común y de respeto recíproco, aunque no exento de dificultades.

Incluso hoy, cuando los cristianos de cualquier denominación están expuestos a las mismas persecuciones y atrocidades en distintos lugares del mundo, el Papa Francisco los invita a asumir la unidad en el martirio, en lo que ha llamado el “ecumenismo de la sangre”.

Entonces, al cumplirse 500 años de la Reforma, bien vale proclamar sin temor: ¡¡Bendita Reforma!!, porque gracias a ese soplo del Espíritu -que condujo a Martín Lutero por los caminos del atrevimiento evangélico- Dios ha despertado nuevas vocaciones y misiones; prueba de ello es que, en la actualidad, más 500 millones de cristianos protestantes, de las más diversas denominaciones, en los más variados lugares del mundo, dan testimonio de que Dios está vivo y que la historia es conducida por el mismo Espíritu.

Gracias a esa audacia profética, muchos más todavía, a lo largo de la historia, han descubierto el sentido de las Bienaventuranzas y multiplican esa tierna y consoladora alegría del Evangelio.

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