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“Thomas Müntzer: 1525-2025”, por Michael Löwy

sábado, 26 de julio de 2025
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I.

Este año, los revolucionarios de todo el mundo celebran la memoria de Thomas Müntzer (1490-1525), ejecutado en Mühlhausen el 27 de mayo de 1525. Predicador anabaptista y uno de los líderes religiosos de la guerra de los campesinos en el Sacro Imperio Romano Germánico en el siglo XVI, fue un auténtico líder revolucionario.

Nacido en el seno de una familia de artesanos pobres, estudió teología y fue ordenado sacerdote, pero en 1519 se unió a Lutero. Poco después, en 1521, redactó el Manifiesto de Praga, que era un llamamiento a la revuelta contra «la ramera de Babilonia», como se denominaba a la Iglesia de Roma. Sin embargo, pronto criticó a Lutero por su connivencia con los poderosos. En 1524 pronunció el Sermón a los príncipes, en el que atacó con virulencia la autoridad de la Iglesia y del Imperio. Se unió al movimiento campesino anabaptista y predicó el restablecimiento de la Iglesia apostólica, por la fuerza si era necesario, para preparar lo antes posible el reino de Cristo. Thomas Müntzer y su grupo tomaron el poder en febrero de 1525 en Mühlhausen, Turingia, donde instauraron una especie de poder revolucionario radical e igualitario, aliado a la revuelta campesina.

Místico y milenarista, inspirado en la doctrina medieval de la «Tercera Edad» de Joaquín de Fiore, Müntzer era también un revolucionario que denunciaba el poder de los ricos y la complicidad de Lutero con los príncipes. Al igual que los anabaptistas, exigía a sus seguidores que practicaran el bautismo de adultos. En la tradición apocalíptica, anunciaba la inminencia del fin de los tiempos y del juicio final. En sus sermones de Wittenberg (1523) intentó levantar a los artesanos y campesinos contra los príncipes reinantes y los poderes eclesiásticos.

Decidido a unir su destino a la revuelta campesina, Thomas Müntzer se puso al frente en mayo de 1525 de un ejército de siete mil soldados campesinos que se preparaba para combatir a los príncipes en Frankenhausen. La batalla tuvo lugar el 15 de mayo: mal equipados e inexpertos, los campesinos fueron masacrados por los ejércitos principescos, compuestos por mercenarios profesionales fuertemente armados y provistos de cañones. Herido, Müntzer fue capturado en una casa de Frankenhausen, donde se había refugiado. Tras ser torturado, fue decapitado en Mühlhausen (Turingia) ante una multitud de representantes de la alta nobleza. Para que lo viera el buen pueblo, su cabeza empalada fue expuesta en las murallas de la ciudad.

Una inscripción mural en la ciudad de Heldrungen lo estigmatiza como archifanaticus patronus et capitane us seditiosorum rusticorum: un homenaje involuntario…

II.

Los socialistas alemanes, desde el siglo XIX, encontraron en la guerra de los campesinos del siglo XVI y en la figura de Thomas Müntzer una fuente de inspiración y un precedente histórico capital.

Este es el caso, en particular, de Friedrich Engels, que les dedicó uno de sus principales —si no el más importante— estudios históricos: el libro La guerra de los campesinos en Alemania (1850). Su interés, su fascinación incluso, proviene probablemente del hecho de que este levantamiento fue el único movimiento verdaderamente revolucionario en la historia alemana antes de 1848. El libro comienza, por cierto, con esta frase: «El pueblo alemán también tiene sus tradiciones revolucionarias» [1].

Analizando la Reforma protestante y la crisis religiosa de principios de siglo en Alemania en términos de lucha de clases, Engels distingue tres bandos que se enfrentan en un campo de batalla político-religioso: el bando conservador católico, compuesto por el poder del Imperio, los prelados y una parte de los príncipes, la nobleza rica y el patriciado de las ciudades; el partido de la Reforma luterana burguesa moderada, que agrupaba a los elementos poseedores de la oposición, la masa de la pequeña nobleza, la burguesía e incluso una parte de los príncipes, que esperaban enriquecerse con la confiscación de los bienes de la Iglesia. Por último, los campesinos y los plebeyos constituían un partido revolucionario, «cuyas reivindicaciones y doctrinas fueron expresadas con mayor claridad por Thomas Müntzer» [2].

Este análisis de los enfrentamientos religiosos a través del prisma de las clases sociales antagónicas es notable, aunque Engels parece, de forma reduccionista, considerar la religión solo como una «máscara» o «tapadera» detrás de la cual se esconden «los intereses, las necesidades y las reivindicaciones de las diferentes clases». En el caso de Müntzer, afirma que «ocultaba» sus convicciones revolucionarias bajo una «fraseología cristiana» o bajo una «máscara bíblica»; si se dirigía al pueblo «en el lenguaje del profetismo religioso» era porque era «el único que era capaz de entender en aquella época» [3].

Al mismo tiempo, no oculta su admiración por la figura del profeta milenarista, cuyas ideas describe como «cuasi comunistas» y «religiosas revolucionarias»:

Su doctrina política se correspondía exactamente con esta concepción religiosa revolucionaria y superaba tanto las relaciones sociales y políticas existentes como su teología superaba las concepciones religiosas de la época. […] Este programa, que era menos una síntesis de las reivindicaciones de los plebeyos de la época que una anticipación genial de las condiciones de emancipación de los elementos proletarios que germinaban entre esos plebeyos, exigía la instauración inmediata en la tierra del Reino de Dios, del reino milenario de los profetas, mediante el retorno de la Iglesia a sus orígenes y la supresión de todas las instituciones que contradecían a esta Iglesia, supuestamente primitiva, pero en realidad completamente nueva. Para Muntzer, el reino de Dios no era otra cosa que una sociedad en la que no habría diferencias de clase, ni propiedad privada, ni poder estatal extranjero, autónomo, opuesto a los miembros de la sociedad [4].

Lo que se sugiere en este sorprendente párrafo es no solo la función protestataria e incluso revolucionaria de un movimiento religioso, sino también su dimensión anticipadora, su función utópica. Estamos aquí en las antípodas de la teoría del «reflejo»: lejos de ser una simple «expresión» de las condiciones existentes, la doctrina político-religiosa de Müntzer aparece como una «anticipación genial» de las aspiraciones comunistas del futuro. En este texto se encuentra una nueva pista, que no es explorada por Engels, pero que más tarde será profundamente trabajada por Ernst Bloch, especialmente en su ensayo juvenil sobre Thomas Müntzer.

III.

Casi un siglo más tarde, en 1921, el joven Ernst Bloch publicará su Thomas Müntzer, theologien de la revolution, un homenaje entusiasta, por parte de un marxista libertario, al líder de los anabaptistas, y un análisis detallado de sus proclamas. En una introducción, revisa la bibliografía sobre Müntzer y menciona positivamente el libro de Engels sobre la guerra de los campesinos, aunque lo presenta únicamente como «un estudio económico y sociológico, con referencias laterales a los acontecimientos de 1848»: una descripción que no hace justicia a la riqueza de esta obra. También menciona, como un acercamiento simpático, el capítulo que le dedica Karl Kautsky en su libro sobre los precursores del socialismo. Sin embargo, a pesar de sus cualidades, Kautsky, por su apego a la filosofía de la Ilustración, manifiesta, en su opinión, una «total incapacidad para comprender los hechos religiosos» y, en particular, la mística apocalíptica del teólogo revolucionario [5].

En Ernst Bloch, por el contrario, esta dimensión apocalíptica del discurso de Müntzer se destaca con admiración:

Aquí no se luchaba por tiempos mejores, sino por el fin de todos los tiempos: en sentido estricto, en una propaganda apocalíptica de la acción. No para vencer las dificultades terrenales en una civilización eudemonista, sino para […] la irrupción del Reino [6].

Analizando el primer gran documento de Müntzer, el Llamamiento de Praga (1521) –Intimatio ThomaeMuntzeri […] contra Papistas–, que reproduce íntegramente, Bloch ve en este texto inaugural «suceder y confundirse, de manera casi inmediata, el odio a los señores, el odio a los sacerdotes, la reforma de la Iglesia y el misticismo mesiánico» [7].

Sin embargo, muy rápidamente, las prédicas de Müntzer se radicalizan. En una interpretación de tono anarquista, Bloch percibe su doctrina y la de los anabaptistas como una negación de la autoridad del Estado y de toda ley impuesta desde fuera, «adelantándose casi a Bakunin». Müntzer predicaba «una república mística y universal» e incluso «algo aún más profundo: una completa comunidad de bienes, el retorno a los orígenes cristianos, el rechazo de toda autoridad pública» [8].

Para ilustrar la radicalidad de Müntzer, Bloch cita largos pasajes de la Apología de Núremberg (1524), donde el teólogo anabaptista denuncia a los señores y príncipes (con abundantes citas de los profetas del Antiguo Testamento) con argumentos que tienen una sorprendente actualidad en 2025:

Se apropian de todas las criaturas; los peces en el agua, los pájaros en el aire, la vegetación en la tierra, todo debe pertenecerles, Isaías 5 […]. Ahora los vemos oprimir a todos los hombres, al pobre labrador, al pobre artesano, desollar y despojar a todo lo que vive, Miqueas 3 [9].

Para Bloch, el reformador Müntzer se sitúa en las antípodas de la divinización luterana del Estado y del «capitalismo como religión» de Calvino. Describe su llamamiento de 1525 a los mineros como una «declaración de guerra a las casas de Baal», e incluso como «el más apasionado, el más furioso manifiesto revolucionario de todos los tiempos». Por desgracia, sin gran resultado [10].

Poco después, en Frankenhausen, el «ejército revolucionario y mesiánico» de los campesinos, mal armados —sin artillería ni pólvora— y sin un estado mayor experimentado, inspirado pero no comandado por Müntzer, fue exterminado por los señores feudales.

Ernst Bloch percibe a Thomas Müntzer como un momento crucial de la historia subterránea de la revolución, que va desde los cátaros, los valdenses y los albigenses hasta Rousseau, Weitling y Tolstói: una inmensa tradición que quiere «acabar con el miedo, con el Estado, con todo poder inhumano» [11].

¿Quiénes serían hoy los herederos de Thomas Müntzer y de esta historia clandestina? Ernst Bloch evoca a Karl Liebknecht y, en la conclusión de su ensayo, hace un llamamiento a una alianza «entre el marxismo y el sueño de lo incondicionado […], en el mismo plano de campaña». El ensayo de Bloch fue escrito en un momento, 1921, en el que la revolución en Alemania aún parecía posible. De ahí la sorprendente conclusión del libro: «Erguido sobre los escombros de una civilización arruinada, se alza el espíritu de la utopía indestructible […]» [12].

IV.

¿Sigue siendo actual esta historia, cinco siglos después? ¿Sigue hablando a nuestro espíritu el personaje de Thomas Müntzer? Así lo creen los redactores de la revista Negatif y del Grupo Surrealista de París, que publicaron, el 1 de mayo de 2025, un magnífico panfleto en homenaje al 500 aniversario de la Guerra de los Campesinos. En él se cita el siguiente fragmento del libro de Ernst Bloch: «Espera que se escuche su voz, esta historia subterránea de la revolución».

Así se refieren los autores al predicador decapitado por los señores en mayo de 1525:

A la vanguardia de este movimiento, la figura del predicador Thomas Müntzer aparece como la voz más radical del momento. Thomas Müntzer […] la voz más alta que llamaba a la revuelta más amplia; él, el martillo vengador dispuesto a todas las luchas contra los hambrientos, los explotadores y los hipócritas religiosos de su tiempo; él, que hizo temblar a los poderosos; […] él, que no abandonó a los rebeldes cuando los ejércitos de los príncipes, fuertes por el apoyo ideológico del siniestro Lutero, se unieron para masacrar salvajemente a quienes se habían atrevido a levantarse contra su orden; él, Thomas Müntzer, que sucumbió en la batalla, nos sigue dando, quinientos años después de su muerte, el ejemplo de la inflexibilidad de nuestras exigencias milenarias, más radicales aún que cualquier milenarismo anticuado. En este 1 de mayo de 2025, gloria a ti, Thomas Müntzer, cuya sombra incendiaria seguirá desgarrando la noche de nuestra época, que no es menos oscura y oscurantista que la tuya.

El folleto se distribuyó durante las manifestaciones callejeras del 1 de mayo de 2025.

En su prefacio a la reedición de la traducción francesa de La guerra de los campesinos en Alemania, de Engels, Eric Vuillard observa: «Esta guerra de los campesinos no pertenece al pasado, no es […] una revuelta anticuada para los libros de historia. […] Esta historia no ha terminado» [13]. Esto es especialmente cierto en América Latina, que ha vivido numerosas «guerras campesinas», desde Túpac Amaru hasta Emiliano Zapata, y desde Augusto César Sandino hasta el EZLN de Chiapas. Es una lucha que continúa hoy en día, bajo la dirección de la gran confederación Vía Campesina, para imponer una verdadera reforma agraria y romper con la lógica ecocida del agronegocio capitalista.

Walter Benjamin estaba convencido de que la memoria de los antepasados martirizados es la fuente más poderosa de las revueltas de los oprimidos. Esto es válido, más que nunca, para los campesinos insurgentes de 1525 y su teólogo revolucionario, Thomas Müntzer.

[1] Friedrich Engels, La guerra de los campesinos en Alemania (1850), París, Ed. Sociales, trad. Emile Bottigelli, Prefacio de Eric Vuillard, Introducción de Racher Renault, p. 69.

[2] Ibid. p. 101.

[3]Ibid. p. 95.

[4]Ibid. p. 113.

[5]E. Bloch, Thomas Müntzer, theologien de la révolution (1921), París, Julliard, trad. Maurice de Gandillac, 1975, p. 21.

[6]E. Bloch, Thomas Müntzer, teologías de la revolución, p. 91.

[7]Ibid. pp. 32-33.

[8]Ibid. pp. 119, 137.

[9]Ibid. pp. 66-67

[10]Ibid. pp. 182-183, 96-98.

[11]Ibid. p. 305

[12]Ibid. pp. 154, 306

[13]Eric Vuillard, «Prefacio», en Engels, La guerra de los campesinos en Alemania, pp. 9-10.

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[Imagen de Christoph van Sichem, Dominio Público, via Wikimedia Commons]

[Artículo publicado el 24/06/2025 en Jacobinlat].

Fuente Cristianismo y Justicia

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“El Dios crucificado y los pueblos crucificados”, por Juan José Tamayo

jueves, 1 de mayo de 2025
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Aunque ya ha pasado la Semana Santa a que se refiere el autor, publicamos este artículo que leímos en su blog y 
que se hace realidad en lo cotidiano de nuestra vida y en el día a día del mundo sufriente:

«Existimos en cuanto seres humanos sufrientes e indignados por la injusticia«

En días tan señalados para las iglesias cristianas como los de Semana Santa me viene a la memoria la expresión “teología de la cruz” que el joven teólogo Martin Lutero utilizó en 1518 durante la disputa de Heidelberg

«La cruz de Cristo, como Jürgen Moltmann ha demostrado en su libro El Dios crucificado, constituye la base y la crítica de toda teología cristiana. Lástima que pronto la teología de la cruz se tornara conformista con el orden burgués y que, apoyándose en ella, Lutero justificase la violencia de los príncipes»

En días tan señalados para las iglesias cristianas como los de Semana Santa me viene a la memoria la expresión “teología de la cruz que el joven teólogo Martin Lutero utilizó en 1518 durante la disputa de Heidelberg. Lo hizo en polémica con la “teología de la gloria”, del cristianismo eclesiástico medieval, representada en la figura triunfante del Pantocrator de las iglesia románicas.

La cruz de Cristo, como Jürgen Moltmann ha demostrado en su libro El Dios crucificado, constituye la base y la crítica de toda teología cristiana. Lástima que pronto la teología de la cruz se tornara conformista con el orden burgués y que, apoyándose en ella, Lutero justificase la violencia de los príncipes contra la Guerra de los Campesinos y el asesinato de la figura más representativa del ala izquierda del protestantismo naciente, Thomas Müntzer, a quien Ernst Bloch llama “teólogo de la revolución” (Thomas Müntzer, teólogo de la revolución, traducción de Jorge Deike Robles, Ciencia Nueva, Madrid, 1968; Antonio Machado Libros, 2002).

Es quizá al revolucionario y heterodoxo Müntzer a quien el filósofo de la esperanza, Ernst Bloch, se refiriera cuando en el frontispicio de su libro El ateísmo en el cristianismo afirma que “lo mejor de la religión es que crea herejes”. Ciertamente no se refiere a Lutero, como algunas veces se ha dicho, a quien sitúa del lado del conservadurismo político y teológico, lo considera defensor de la moral señorial y recuerda que recomendaba a los campesinos obediencia pasiva y acatamiento de la injusticia.

El tema del Dios crucificado está presente en la primera de las novelas de la Trilogía de la noche titulada La noche, del escritor judío Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz en 1986 y superviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, donde fueron asesinados su padre, su madre y su hermana menor. En dicha novela hace un relato patético y estremecedor del que fue testigo:

 “La SS colgó a dos hombres judíos y a un joven delante de todos los internados en el campo [de concentración]. Los hombres murieron rápidamente, la agonía del joven duró media hora. “¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios?”, preguntó uno detrás de mí. Cuando después de largo tiempo el joven continuaba sufriendo, colgado del lazo, oí otra vez al hombre decir: “¿Dónde está Dios ahora?”. Y en mí mismo escuché la respuesta: “¿Dónde está? Aquí. Colgado del patíbulo.

“Dios clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo […]. Dios es impotente y débil en el mundo, y solo así Dios está con nosotros y nos ayuda […]. Cristo no nos ayuda por su omnipotencia, sino por su debilidad y sus sufrimientos”.

En una de sus cartas desde el cautiverio, la dirigida el 16 de abril de 1944 a su amigo y posterior editor Eberhard Begthe, Dietrich Bonhoeffer, teólogo mártir del nazismo, vuelve sobre el tema ofreciendo otra imagen de Dios muy alejada de aquella que lo sitúa en el cielo disfrutando de una pacífica y eterna vejez: “Dios clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo […]. Dios es impotente y débil en el mundo, y solo así Dios está con nosotros y nos ayuda […]. Cristo no nos ayuda por su omnipotencia, sino por su debilidad y sus sufrimientos”.

Adelantándose en varias décadas al teólogo alemán Jürgen Moltmann, Simone Weil habla de «Dios crucificado«. Nuestro parecido con Dios, afirma, no radica en la omnipotencia, sino en la dimensión pensante y finita de la existencia, en el carácter sufriente de la realidad humana: «Saber que, como ser pensante y finito, yo soy Dios crucificado. Parecerse a Dios, pero a Dios crucificado» [1]. Hay aquí un claro mentís al viejo atributo divino de la omnipotencia y a la concepción prometeica del ser humano, y una defensa de la debilidad y el carácter sufriente de Dios, en la misma dirección de Dietrich Bonhoeffer.

Simone Weil fundamenta el carácter divino del cristianismo en las palabras del Salmo 22, 2, pronunciadas por Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15, 43). «La divinidad -afirma en un texto sugerente y de gran creatividad literaria- está dispuesta para nosotros en madera muerta, cortada geométricamente a escuadra, de la que cuelga un cadáver. El secreto de nuestro parentesco con Dios debe buscarse en nuestra mortalidad» [2]. Nada que ver con la apologética católica para quien eran los milagros la demostración irrefutable de la divinidad de Jesús de Nazaret.

En un texto de 1978 de gran profundidad teológica, el teólogo Ignacio Ellacuría, asesinado el 16 de noviembre de 1989 en San Salvador junto con cinco compañeros jesuitas y dos mujeres salvadoreñas colaboradoras en el servicio doméstico, historifica la idea del “Dios crucificado” y la traduce en la experiencia sufriente del “pueblo crucificado, que define como “aquella colectividad que, siendo la mayoría de la humanidad. Debe su situación de crucifixión a un ordenamiento social promovido y sostenido por una minoría, que ejerce su dominio”.

 Ellacuría considera al “pueblo históricamente crucificado” la continuación histórica del Siervo de Yahvé -del Segundo Isaías-, a quien los poderes de este mundo siguen despojando de todo y arrebatando todo, hasta la vida, sobre todo la vida. El “pueblo históricamente crucificado” se convierte así en la categoría mayor de su teo-política de la liberación y en el principal signo de los tiempos. Se refiere a todos los pueblos a quienes los poderosos siguen despojando de su dignidad y arrebatándolos la vida prematura e impunemente [3].

Albert Camus afirmaba no conocer a ninguna persona que hubiera dado la vida por defender el argumento ontológico de Anselmo de Canterbury. Quizá tampoco por creer en el Dios motor inmóvil de Aristóteles, ni en el Dios sustancia infinita, eterna y dotada de los atributos de la independencia, la omnisciencia y omnipresencia –todos terminados en CIA-, de Descartes. Yo tampono la daría. Como diagnosticara Nietzsche en Así hablaba Zaratustra y La gaya ciencia, ese Dios está muerto y bien muerto. El propio Camus reformula el principio cartesiano “pienso, luego existo” como “me indigno, luego existimos”, existimos en cuanto seres humanos sufrientes e indignados por la injusticia.

Hay otras imágenes más creíbles de Dios y más acordes con los acontecimientos que celebra el cristianismo estos días. Una es la propuesta metafórica del científico social portugués Boaventura de Sousa Santos: el Diosactivista de los derechos humanos, que es un Dios subalterno y se enfrenta con el Dios invocado por los opresores. Otra la imagen de José Saramago: “Dios es el gran silencio del universo y el ser humano la voz que ha sentido a ese silencio”. En estas imágenes sí se puede creer, como en la del “Dios crucificado”, identificado con los “pueblos crucificados”, a quienes hay que bajar de la cruz. En dicha tarea ha de traducirse el principio-misericordia de Jon Sobrino.

[1]    Simone Weil, La gravedad y la gracia, edición y traducción de Carlos Ortega, Trotta, Madrid, 2025, 5ª edición, 128.

[2]    Ibid., 128.

[3] Ignacio Ellacuría, “Cruz y resurrección. Presencia y a nuncio de una Iglesia nueva”: CRT-SERVIR (México), 1978, 49-82.

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Firme en la Fe.

jueves, 28 de noviembre de 2024
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Dios mío, estoy seguro de que eres veraz y que nunca mientes. Permíteme permanecer firme en la fe y no ceder a la duda. No porque mi oración sea buena, sino porque Tú eres la verdad. Padre mío, anima y fortalece al hombre débil que soy con tu santa Palabra. A menudo tengo dificultades para aceptar Tu voluntad para mí. Dame la fuerza para ser obediente para no sucumbir a la tristeza.

Enséñame, oh Padre, a no limitarme a mí mismo ni a mis hermosas empresas, sino a esperarlo todo de tu bondad incansable. Que la tristeza de vivir, muchas veces en desacuerdo con Tu voluntad, no me abrume, sino que Tu misericordia se extienda a toda mi vida y la fertilice.

*

Martín Lutero,
Firme en la fe,

en: Michael Lonsdale, Y mi boca pronunciará vuestras alabanzas – Mis más hermosas oraciones (Philippe Rey, 2013)

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***

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Oración y Reforma

jueves, 31 de octubre de 2024
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Hoy se celebra el Día de la Reforma, que supuso para todas las confesiones cristianas, un redescubrimiento de la Palabra. Celebrémoslo junto con nuestros hermanos y hermanas de las iglesias luteranas, reformadas, evangélicas…

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms. Salmo 43

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras:«Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

***

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

***

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino
(1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

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“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

jueves, 31 de octubre de 2024
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IMG_7749Monumento a la Reforma, Ginebra

Hoy, que celebramos el Día de la Reforma, traemos de nuevo este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo [1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe [2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , , ,

25.9.24. Lutero, Canto a la «merced» de María (Comentario al Magníficat)

sábado, 28 de septiembre de 2024
Comentarios desactivados en 25.9.24. Lutero, Canto a la «merced» de María (Comentario al Magníficat)

Maria-modelo-discipulado-varones-mujeres_2448065170_16037495_660x371Del blog de Xabier Pikaza:

Se celebró ayer (25 de septiembre), en la Vera Cruz de Salamanca, con presencia de Obispo, religiosos y gente devota (imágenes) la misa de la Merced. Algunas cosas han cambiado, como podrá verse por las fotos. Pero queda para mí el recuerdo de 40 años de celebración de esa fiesta.

Recuerdo en especial un año en el que estaba Eliseo Tourón (1934-1996), hacia el  1993. Leímos juntos el comentario de Lutero al Magnificat y lo aplicamos a la «merced» de la redentora cautivos. Pongo unos apuntes de lo que entonces comentamos y escribimos. 

Como su nombre indica, los protestantes han protestado contra los posibles excesos de una veneración mariana, procedente del Medievo, insistiendo en los tres principios del verdadero cristianismo : Solus Christus, sola Scriptura, sola fides. Tomando  a María como  mediación entre el hombre y Dios, los católicos podían haber corrido el riesgo de presentar a María como sustituto de Jesús o del Espíritu santo. [1]

Pero Lutero fue a su modo un devoto de María, y así lo muestra en su Comentario al Magníficat, que Eliseo y yo comentamos aquel año, en la fiesta de la Merced de la Ver-Cruz de Salamanca.

Lutero, comentario al Magníficat, Traducción de T. Egido:

 Testimonio ejemplar. Lutero: Comentario al Magníficat. El protestantismo tiene, según eso, el valor de insistir  en Cristo, en la Biblia y en la fe de los creyentes. En esa línea me siento “protestante con los protestantes y acepto con gozo algunos elementos de Lutero, en su comentario al Magníficat [2]

Principio teológico: Dios «mira hacia abajo» (In-die-Tiefe), se fije y libera a los insignificante, excluidos y pecadores, de manera que debemos insistir en solus Deus, solus Christus. De esa forma se oponen a Dios a los que que «miran hacia arriba» (herabsehen), buscando poder, gloria y riqueza, la salvación por sí mismos.En este sentido establece Lutero:

«Porque lo mismo que al comienzo de la creación hizo el mundo de la nada (por eso se le llama creador y omnipotente), de la misma forma seguirá actuando hasta el final de los tiempos de tal suerte, que lo inexistente, lo insignificante, lo menospreciado, lo miserable y lo que está muerto lo trueque él en algo precioso, honorable, dichoso y viviente. Y por el contrario, todo lo precioso, honrado, dichoso y viviente lo transforma en nonada, pequeñez y cosa despreciado, miserable y perecedera” (Magnif 178).

– Muchos miran hacia arriba con orgullo. Parece que Lutero ha tenido en cuenta la forma en muchos  teólogos y predicadores de la época consideraban a María  como dechado de de virtudes propias, superior a todos los demás y digna de ser elegida como madre de Dios, separada así de los restantes hombres y mujeres de la tierra, aislada de todos, sin preocuparse de los pobres y excluidos de la tierra, en contra de lo que dice ella misma en su Magníficat, donde se vincula con los pobres y oprimidos de la tierra.

IMG_7751Según Lutero, Dios condena todo lo que hay de orgullo en el hombre, ante todo su pecado, pero también toda su justicia puramente humana, que termina siendo en el fondo una injusticia. En contra de eso, él pone de relieve la humildad» personal y social de María en el Magníficat, que así aparece como auténtica creyente, vinculándose a los pobres y oprimidos del mundo. María aparece así como signo excelso de la necesidad y miseria de los hombres ante Dios.

          Conforme a su visión del Magníficat,  María es para Lutero una mujer evangélica (precursora de la reforma de la Reforma necesaria de la Iglesia). Un hombre o mujer evangélico, cristiano debe recibir por gracia los dones de Dios, sin vanagloriarse de lo que tiene, sin imponerse sobre los demás, estando siempre dispuesto a ofrecer su ayuda a todos, especialmente a los más necesitados, los oprimidos y hambrientos de los que habla en el Magníficat.

          El comentario de Lutero al Magníficat muestra el respeto que él tenía ante María, manteniendo elementos de piedad mariana, de vinculación especial con la madre de Jesús, aunque siempre dentro los límites de la piedad cristiana, fundada en la Biblia. Lutero insistía en la Escritura (sólo la Escritura), sabiendo que ella contiene el más hermoso y profundo testimonio de piedad mariana en el Magníficat, donde  ella está empeñada en ayudar en nombre de Cristo a los más pobres

        Lutero quiere proponer una antropología abierta a María, que pone de relieve la necesidad de salvación del hombre, en sus tres dimensiones (cuerpo, alma y espíritu, cf. 1 Tes 5,23) tal como lo muestra María  cuando habla en el Magníficat de de mi alma y de mi espíritu. Lutero atribuye a María una santidad que no es no parcial sino integral (santidad de cuerpo, de alma, de espíritu), aunque insiste en la importancia del espíritu frente al cuerpo y el alma: componentes: «si el espíritu no está santificado, no habrá en el hombre nada que sea santo«.

Lutero insiste en la santidad del espíritu, que consiste en «una fe pura y sencilla«, en contra de aquellos   que insisten en la «observancia de unas obras de piedad»  separadas de la vida, obras externas, como ayunos, disciplinas, limosnas para el culto, que no interesaban a María. Por eso se eleva en contra de los falsos devotos de María, que buscan obras de piedad externa y no se ocupan de lo que quiere el Magnífica: Dar de comer a los hambrientos, elevar y redimir a los oprimidos

          Lutero recurre a la experiencia de la fe fiducial (=fe como confianza en Dios), que él interpreta de esta forma: «La única fuente de paz consiste en enseñar que ninguna obra, ninguna enseñanza exterior, sino sólo la fe, es decir, la firme esperanza en la invisible gracia que Dios nos ha prometido, acarrea piedad, justificación y santidad«.

          Por otra parte, insistiendo en las palabras de María «porque ha hecho obras grandes en mi«, Lutero pone de relieve el hecho de que la fe del cristiana ha de ser personal, como la de María”:   «no basta con que creas que Dios ha obrado grandes cosas con otros, sino que debes confesar lo que ha realizado contigo, pues de lo contrario ello te verás privado de esta divina acción».

 Lutero escribe este comentario al Magnificar en  un tiempo de Persecución, cuando  se siente impulsado alimentado por una fe que por una fe y piedad como la del Magníficat.  Él se identifica de alguna forma con María, la madre de Jesús, perseguido por las autoridades  religiosas y políticas, en riesgo de ser encarcelado. En esa situación apela a María, madre de Jesús, como socorro y  ayuda para los oprimidos.  Le tratan como a un proscrito, y sin embargo, él pone su confianza en Dios, como hace María en el Magníficat:

Para la ordenada comprensión de este sagrado cántico, es preciso tener en cuenta que la bienaventurada virgen María habla a partir de una experiencia peculiar por la que el Espíritu Santo le ha iluminado y adoctrinado. Porque es imposible entender correctamente la palabra de Dios, si no es por mediación del Espíritu santo. Ahora bien, nadie puede poseer esta gracia del Espíritu santo, si no es quien la experimenta, la prueba, la siente… 

La santa Virgen ha experimentado en sí misma las maravillas  que Dios ha realizado en (porque ha hecho en mí grandes cosas…), en ella, a pesar de ser ella tan poca cosa, tan insignificante, tan pobre y despreciada. En esa situación de necesidad,  María  ha recibido del Espíritu santo el don precioso y la sabiduría de Dios, descubriendo que  es un Señor que no hace más que ensalzar al que está abajado, abajar al encumbrado y, en pocas palabras, quebrar lo que está fuerte  y reparar lo que está roto» (Magnif. 177).

             En la oración final del Magníficat Lutero no se contenta con pedir a Dios que nos «nos ilumine y nos hable, sino que inflame y viva en el cuerpo y en el alma» como en María (p.204). Tal es la fuerza abrasadora del Espíritu que se muestre en el Magníficat de María. De ahí esa insistencia en la fe fiducial, fe como confianza radical en Dios, para  para que salgan adelante las obras de Dios que hace por uno. Lutero lo aplica a todo creyente como si de él se tratara:

 Tienes que estar convencido, sin duda ni vacilación posible, de la (buena) voluntad de Dios para contigo, y creer con firmeza que contigo quiere Dios realizar cosas grandes»… «Esta fe , como dice Cristo, es capaz de todo (cf. Mc 9,23). Esta es la única fe que justifica, la única que aboca a la experiencia de las obras divinas y, a través de ello, la que impulsa al amor de Dios, a alabarle y engrandecerle con su vida» . 

Lutero ve en María la primera creyente y el más acabado ejemplo de esta riqueza salvífica de la fe fiducialY así la ve también como la más grande de todas la mujeres y hombres creyentes por dos cosas: porque «su alma glorifica al Señor y porque su espíritu se alegra en Dios su Salvador«, porque Dios ha hecho en ella la obra más grande: engendrar al Hijo de Dios. En esa línea, Lutero ha comprendido profundamente el significado teológico de la «mirada de Dios» a María (ha mirado la pequeñez de su sierva…). Y en esa línea llega a decir:

lutero_03      María es humilde, pero no se vanagloria de la humildad,  pues la humildad es la mayor de todas las virtudes,  ya que las restantes dependen y dimanan de ella. En realidad, cuando Dios vuelve su rostro hacia alguien para mirarle, allí se está registrando gracia pura, felicidad, y de ello se siguen todos los bienes y todas las obras (Ibid). 

  María no se ha vanagloriado de su humildad ni nadie puede hacerlo sin pecado, en contra de algunos cristianos que se creen grandes  porque son muy humildes, enorgulleciéndose de ello, en contra de lo que hace y dice María  En esa línea, Lutero define la humilitas (humildad) bíblica como expresión de la  crux Christi:

La humilitas no es otra cosa que un ser o estado despreciado, sin apariencias, exactamente igual al estado que se encuentran los pobres, los enfermos, hambrientos, sedientos, los prisioneros y los hombres que sufren y mueren, de la misma forma que se halla Job en medio de las tribulaciones, David arrojado de su reino o Cristo cargado con las miserias de todos los cristianos«.

          María es una discípula modélica de esta escuela de humildad y de la cruz de Cristo. Pertenece al grupo de los cristianos que  son «los pobres de Yahvé«. Lutero ha descubierto anticipadamente este lugar tan importante del Magníficat, como lo hace hoy toda la crítica exegética, añadiendo que los humildes son los pauperes, aflicti, humiliati que (pobres, afligidos, humillados) de los que trata el Sal 116 y otros salmos afines.

          En esta línea, Lutero siente una profunda veneración y fascinación por la maternidad divina de la Virgen con toda la iglesia antigua y medieval. Pero al mismo tiempo siente el temor de que se venere a María como a Dios, en una línea de idolatría pagana, no de piedad cristiana.

          En ese sentido, Lutero afirma la maternidad divina como «la cosa más grande» que Dios ha hecho, como obra y presencia suya (de Dios), defendiendo, al mismo tiempo,  la pequeñez de María que por sí misma no tiene ningún mérito ante Dios, ni alardea de ello. Esta divina paradoja que ve latir en el Magnificat hace que Lutero sea devoto de María y propagador de su grandeza.  Una prueba de Lutero como cantor de la maternidad divina de María lo tenemos en este párrafo inolvidable:

De ahí (de ser madre de Dios) provienen todo honor, toda la felicidad, el ser una persona tan excepcional entre todo el género humano, que nadie se le puede equiparar porque con el Padre celestial ella ha tenido un hijo. ¡Y qué hijo!…. porque quien la llama madre de Dios no puede decirle nada más grande, aunque contasen para alabarle  con tantas lenguas como hojas y hierbas hay en la tierra, estrellas en el firmamento y arenas en el mar»  (Magnif. 191).

Oh, tú, bienaventurada virgen y madre de Dios; que nada e insignificante eres, que despreciada has sido, y, sin embargo, graciosa y abundantemente te ha mirado Dios y ha realizado contigo cosas! Nada de eso has merecido, pero la rica y sobreabundante gracia que Dios ha depositado es mucho más alta y más grande que todos tus méritos. Dichosa tú Desde este momento eres eternamente bienaventurada, porque has hallado un Dios como el tuyo (Magnif 188).

Pidamos a Dios que se nos conceda la correcta inteligencia de este Magnificat: que no se contente con iluminar y hablar a otros, sino que inflame y viva él miemo, en el cuerpo y en el alma. Que Cristo nos lo conceda por la intercesión y la voluntad de su querida madre María. Amén» (Magnif. 304).

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Notas

[1] Cf. K. Barth, Adviento, Studium, Madrid 1970, 38-45 (Verheissung, München 1960, 38.44-45).

[2]  Sigo la traducción de Teófanes Egido, Obras de Lutero. El Magníficat, Sígueme  Salamanca 1977, 177-204 (=Magnif), retomando las reflexiones de un trabajo que escribí conEliseo Tourón:  Lutero y el Magnificat de María, Eph. Mar (1994) 371-390. Cf. B. Gherardini, La Madonna in Lutero, Cittá Nuova. Roma 1967.

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Oración y Reforma

martes, 31 de octubre de 2023
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Hoy se celebra el Día de la Reforma, que supuso para todas las confesiones cristianas, un redescubrimiento de la Palabra. Celebremoslo con nuestros hermanos y hermanas de las iglesias luteranas, reformadas, evangélicas…

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms. Salmo 43

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras:«Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

***

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

***

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

***

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“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

martes, 31 de octubre de 2023
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IMG_7749Monumento a la Reforma, Ginebra

Hoy, que celebramos el Día de la Reforma, traemos de nuevo este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo [1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe [2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , , ,

Oración y Reforma

lunes, 31 de octubre de 2022
Comentarios desactivados en Oración y Reforma

Hoy se celebra el Día de la Reforma, que supuso para todas las confesiones cristianas, un redescubrimiento de la Palabra. Celebremoslo con nuestros hermanos y hermanas de las iglesias luteranas, reformadas, evangélicas…

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms. Salmo 43

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

***

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

***

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

lunes, 31 de octubre de 2022
Comentarios desactivados en “Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

ReformaiglesiaMonumento a la Reforma, Ginebra

Hoy, que celebramos el Día de la Reforma, publicamos este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo [1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe [2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

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Lutero

jueves, 17 de febrero de 2022
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Nada más que añadir…

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“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Salmo 43
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Oración y Reforma

sábado, 30 de octubre de 2021
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Mañana se celebra el Día de la Reforma, pero siendo domingo, la celebramos hoy…

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

lutero_03

“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Salmo 43
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms.

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

***

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

***

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

***

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“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

sábado, 30 de octubre de 2021
Comentarios desactivados en “Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

reformadoresMañana celebramos el Día de la Reforma, por lo que publicamos este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo [1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe [2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

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Alemania recuerda la condena a Lutero en Worms y los retos de futuro

miércoles, 2 de junio de 2021
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978-3-947884-37-7-Luther-in-WormsEsta celebración ha sido más discreta que el aniversario de las 95 tesis

Alemania conmemora los 500 años del edicto de Worms, con el que el emperador Carlos V condenó al reformador Martín Lutero

Lutero, ante Carlos V y los príncipes reunidos en Worms, se negó a retractarse. Sus tesis ya habían sido condenadas antes por el papado. Esta negativa provocó la promulgación del edicto

Él había respondido que mientras no se le convenciera, con citas de la biblia o argumentaciones racionales, no iba a retractarse

El edicto «atendiendo el juicio papal y con la potestad del emperador» declaraba al reformador hereje, ordenaba su captura, prohibía que se le diera apoyo y condenaba la lectura de sus escritos en todo el imperio

Sin embargo, pese a la condena papal y al decreto imperial, las ideas de la reforma empezaron a imponerse en parte de Alemania y de Europa

Francisco lamentó con dureza en la vigilia de Pentecostés la división de los cristianos: «Estamos divididos, hemos roto en mil pedazos lo que Dios ha hecho con tanto amor, compasión y ternura»

Instan a la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) y a la Iglesia Protestante de Alemania (EKD) a emitir una «declaración pública conjunta» de arrepentimiento sobre los hechos del siglo XVI, sobre el origen de estos graves conflictos

(EFE).- Alemania conmemora los 500 años del edicto de Worms, con el que el emperador Carlos V condenó al reformador Martín Lutero, aunque sin el bombo y platillo que otras fechas significativas de la historia de la Reforma protestante.

La promulgación del edicto constituye, sin embargo, un hito esencial para la difusión de las ideas de Lutero: «Sin el Reichtag de 1521 en el que se condenaron sus tesis la reforma no hubiera seguido adelante», sostiene el teólogo Ulrich Oelschläger en declaraciones a medios alemanes.

Oelschläger es autor de un libro titulado «Lutero en Worms» en el que precisamente indaga sobre lo ocurrido en esa ciudad renana adonde el reformador fue citado por Carlos V para exigirle que se retractase de sus tesis.

El libro de Oelschläger ha sido publicado precisamente para conmemorar el Reichtag de Worms, motivo por el que también se han organizado productos multimedia que se difunden por diversas emisoras y través de la iglesia evangélica.

Sin embargo, el aniversario de este año no ha sido celebrado con el mismo bombo y platillo que el de las 95 tesis que, según la tradición, Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517 para rechazar la venta de indulgencias por parte de la iglesia católica y cuestionar la autoridad papal.

Lutero ante Carlos V

Lutero, ante Carlos V y los príncipes reunidos en Worms, se negó a retractarse. Sus tesis ya habían sido condenadas antes por el papado, pero entre los príncipes alemanes había un grupo, encabezado por Federico de Sajonia, que no quería que el reformador fuese condenado por el emperador sin haber sido oído primero.

Los enemigos de Lutero esperaban que el viaje a Worms se convirtiera en una especie de penitencia en la que Lutero terminara retractándose de sus tesis.

Lo que ocurrió fue todo lo contrario.En el camino de Wittenberg a Worms Lutero predicó en varias ciudades como Erfurth, Gotha y Eisenach y en todas ellas fue recibido triunfalmente.

También en Worms, adonde llegó el 16 de abril, fue bien recibido por el pueblo y, en su confrontación con el emperador, se negó a retractarse.

Lutero respondió que mientras no se le convenciera, con citas de la biblia o argumentaciones racionales, no iba a retractarse porque no aceptaba como argumento ni la autoridad del papa ni la de los concilios porque era claro que se habían equivocado muchas veces.

«Por eso no quiero retractarme pues hacer algo en contra de la propia concienciano es algo seguro ni encomiable. Dios me ayude», dijo el reformador.

La tradición ha agregado las palabras «aquí estoy, no puedo hacer otra cosa» que se han hecho famosas pero que muchos teólogos aseguran que no son originales de Lutero.

Según la historiadora Irene Dingel, esa frase fue acuñada por Philipp Melanchton, uno de los colaboradores más cercanos de Lutero, ya después de la muerte del reformador.

«La frase se convirtió en un símbolo de valor civil, en la declaración de alguien que está dispuesto a mantenerse fiel a sus convicciones en medio de los enemigos y en medio del peligro», expresó Dingel en declaraciones a la radio SWR en un programa emitido con motivo de los 500 años del edicto.

La condena y el triunfo de la Reforma

El 25 de abril Lutero -cuyo salvoconducto tenía una vigencia de 21 días- emprendió el regreso. En el camino de vuelta Federico de Sajonia mandó secuestrar a Lutero, para protegerlo, y lo alojó en Wartburg, un castillo cerca de Erfurt que se ha convertido en uno de los lugares emblemáticos de la reforma. Allí Lutero, de incógnito, se dedicó a traducir el nuevo testamento del griego al alemán.

Fedérico de Sajonia sabía que sobre Lutero caería la condena imperial lo que finalmente ocurrió el 26 de mayo, con la publicación del llamado Edicto de Worms.

El edicto «atendiendo el juicio papal y con la potestad del emperador» declaraba al reformador hereje, ordenaba su captura, prohibía que se le diera apoyo y condenaba la lectura de sus escritos en todo el imperio.

Sin embargo, pese a la condena papal y al decreto imperial, las ideas de la reforma empezaron a imponerse en parte de Alemania y de Europa.

Muchos de los príncipes del imperio no aceptaron nunca el edicto y tres años después, en el Reichtag de Speyer, protestaron contra su ratificación, encabezados por Federico de Sajonia y el conde de Hesse.

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Lutero y Carlos V en Worms

Medio milenio después, los teólogos alemanes piden revocar la excomunión de Lutero

Tal y como adelanta Crux, el grupo Altenberg solicitó, coincidiendo con la festividad de Pentecostés, a los líderes de ambas confesiones dar un paso adelante, en un documento titulado  Reconciliación después de 500 años, en el que insta a las autoridades católicas y luteranas a retirar las sentencias mutuas impuestas en ese momento.

Fundado en 1999 cerca de Colonia, el grupo de discusión ecuménico de Altenberg exige la anulación de la bula papal Decet Romanum Pontificem que confirma la excomunión del autor de las 95 tesis, pero también la renuncia, por parte de los protestantes, a la calificación que hizo el agustino reformador del Papa León X como «anticristo».

«[Esta denominación] se debió menos a sus verdaderas convicciones teológicas y más al ‘estilo de la era retórica’ , así como a los ‘grandes miedos apocalípticos ‘ que el reformador abrigaba a medida que envejecía», subraya la teóloga católica Johanna Rahner, profesora de la Universidad de Tubinga, y miembro de este colectivo. «La trágica historia, que convirtió a Martín Lutero y al Papa León X en adversarios irreconciliables, aún nos llama la atención 500 años después de los hechos».

Testigo de Jesucristo

Para el grupo de teólogos, «cada vez es más evidentes que estos reproches ya no son mantenidos por el luteranismo». Prueba de ello, añaden, es que Lutero ya es reconocido como ‘testigo de Jesucristo’, según la Comisión Mixta Luterano-Católica Romana (1983).

El documento planta dos solicitudes: una, dirigida directamente al Papa Francisco, para que la bula papal que excomulga a Lutero no se aplique a los protestantes de hoy; y el otro, pidiendo al pastor Musa Panti Filibus, arzobispo de Nigeria y presidente de la Federación Luterana Mundial, que declare que la condena de los papas como “anticristo” no se aplica en sí misma al papado actual.

En la misma línea, esta petición insta finalmente a la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) y a la Iglesia Protestante de Alemania (EKD) a emitir una «declaración pública conjunta» de arrepentimiento sobre los hechos del siglo XVI, sobre el origen de estos graves conflictos. “[Ellos] mostrarían así la preocupación por anular las condenas anteriores y evitar una recaída de las diferencias mutuas, incluso las condenas , argumentan los teólogos. Iniciativas que marcarían, según ellos, un importante avance hacia la reconciliación entre las dos grandes familias cristianas, con relaciones antaño tan tormentosas.

Fuente Religión Digital

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Antonio Aradillas: «Lutero, ¡ruega por nosotros!»

jueves, 12 de noviembre de 2020
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imagess«Todo cuanto en los manuales católicos, con los correspondientes “Nihil Obstat” e “Imprimatur”, se refiere, relacionado con la figura de Martín Lutero, fue, y sigue siendo, injusto, infundado y hasta inmoral

«No es fácil encontrar otros capítulos de la historia eclesiástica que hayan sufrido manipulaciones tan burdas y tan deshonrosas, lo que explica la soez letanía de descalificaciones, anatemas y condenaciones»

«Lutero fue un hombre de Dios, a quien en sus tiempos y en los posteriores, no pocos, en el entorno de la misma Santa Sede, calificarían de ‘don de Dios’, de ‘regalo divino’ y de ‘testigo del Evangelio'»

«Hizo uso ejemplar del don de la palabra impresa, recientemente desvelado entonces, con su apostolizadora misión de educación en la fe, al pueblo más pueblo»

«Jamás percibió honorarios por sus escritos con el convencimiento por su parte de que «con la misión apostólica de la comunicación y difusión de la gracia no era posible comerciar ni enriquecerse»

«A la Iglesia católica siguen haciéndole falta todavía buenas porciones del aura fresca que identificó a Lutero, en atmósferas obsesionadas por el pecado y la condenación»

Sin la más leve concesión a la hipérbole, a la insana provocación y a la intemperancia, vaya por delante que todo cuanto en los manuales católicos, con los correspondientes “Nihil Obstat” e “Imprimatur”, se refiere, relacionado con la figura de Martín Lutero, fue, y sigue siendo, injusto, infundado y hasta inmoral. Es impropio de la ciencia, de la documentación y del análisis, exigido para el conocimiento y difusión de asuntos y materias de la historia, aunque siempre, o casi siempre, puedan aportarse razones que expliquen tal situación con determinados rasgos de verosimilitud y excusa.

Por fin, hay que destacar que, de vez en vez, en el horizonte de la historia y de la teología católica, aparecen expertos que despejan la figura del “Reformador”, de algunas de las deformaciones “oficiales” con que fue imaginada y delineada, reivindicándola en cierta medida. Hay también quienes alientan la esperanza de que tal recuperación de la imagen luterana le abra camino a la veneración en alguno de sus grados. Este es el caso de hallarnos en vísperas de tantas, ecuménicas y universales conmemoraciones a propósito del “Día de Fiesta” en el calendario de la “Reforma Luterana”.

El hecho es que el Lutero de nuestros estudios apologéticos y catequísticos apenas si tiene algo que ver con el personaje auténtico de la historia, de la piedad y de la teología. Y este convencimiento es de lamentar, entre otras razones porque, así se le ha privado, y se le priva a la Iglesia Católica y a sus seguidores, de la fuerza y de la convicción inherentes a comportamientos muy ejemplares, favorecedores de la causa de Dios y de los santos, que encarnó el ex fraile de los Ermitaños de San Agustín, en tiempos ciertamente difíciles y claves en la historia de las ideas y de la religión. El tema reclama extensa y profunda reflexión, que rebasa los límites de este comentario, en el que apenas si se pretende desadormecerlo, subrayando contadas circunstancias.

Lutero fue un hombre de Dios, a quien en sus tiempos y en los posteriores, no pocos, en el entorno de la misma Santa Sede, calificarían de “don de Dios”, de “regalo divino” y de “testigo del Evangelio”.

Por diversidad de circunstancias, los tiempos de la Iglesia que le correspondieron vivir al Reformador fueron incuestionablemente apocalípticos para unos, y escatológicos para otros, resultando milagrosa su superación a la luz del dogma, de la gracia de Dios y de la ejemplaridad de los miembros más calificados de la jerarquía, religiosa y civil, con mención para los mismos Papas de Roma, Cardenales, obispos, sacerdotes, emperadores y reyes, frailes, monjes y monjas.

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El sentido más elemental de la ética y de la historia, tanto eclesiástica, como política y civil, demandan urgente estudio y revisión de los acontecimientos, a la luz de los documentos existentes, así como de los comportamientos que se registraron y vivieron por parte de unos y otros.

Los personajes que los protagonizaron apenas si mínimamente tienen parecido veraz alguno con lo que fueron, y con lo que historiadores de ambos lados, a sueldo, dejaron constancia de ellos. No es fácil encontrar otros capítulos de la historia eclesiástica que hayan sufrido manipulaciones tan burdas y tan deshonrosas, lo que en desmesurada proporción explica la soez letanía de descalificaciones, anatemas y condenaciones, que mutuamente se propinaron, y aún se siguen propinando, poniendo a Dios por testigo, falazmente convencidos de hacerlo además en defensa de la Iglesia y a favor de los valores que identifican a los santos evangelios.

Santos y mártires –sí, mártires- “reformadores” y “contra- reformadores”,-gracias sean dadas a Dios-, dan ya la feliz y beatífica impresión de que, por fin, comienzan a ser redescubiertos como referencias santas, en cuya demarcación religiosa encaja perfectamente la penitencial y virtuosa invocación de la humilde petición del “ora pro nobis”, de la que tan faltos están nuestros esquemas religiosos cristianos.

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El compromiso de aprovechar el clima de comprensión, entendimiento y arrepentimiento,- con el consiguiente propósito de enmienda-, que inspirará las celebraciones del Quinto Centenario, bajo los auspicios del papa Francisco, ayudará a poner en orden ideas y comportamientos, indulgenciados e indulgenciables, siempre al servicio de Dios y de las Iglesias, es decir, de su única Iglesia, pero en la pluralidad de versiones.

Lutero hizo uso ejemplar del don de la palabra impresa, recientemente desvelado entonces, con su apostolizadora misión de educación en la fe, al pueblo más pueblo, hasta ser considerado como “el principal artífice del alemán literario” del que habría de hacer uso el pueblo.

El tal perspectiva y contexto, jamás percibió honorarios por sus escritos, pese a pingües y repetidas ofertas aún de católicos, con el convencimiento por su parte de que “con la misión apostólica de la comunicación y difusión de la gracia no era posible comerciar ni enriquecerse “. Aún más, de algunas de sus obras efectuó una versión para cultos y otra para el pueblo. Consta que entre los años 1517-20 se vendieron unos 300.000 ejemplares de sus escritos.

Desbordaría los límites de toda clase de elogios comprobar que se conservan 4,500 cartas firmadas por Lutero, convertido además en uno de los más fervientes devotos de los nuevos métodos de comunicación- comunión- Iglesia de entonces, como fue la imprenta, con obligada mención a cómo lo habría sido también de los procedimientos actuales.

Sin restregar heridas todavía en permanente riesgo de reactivación en la Iglesia, el capítulo de las indulgencias y adyacentes, contra los que centró Lutero parte de sus invectivas, siguen demandando otros planteamientos más en consonancia con la teología y las sensibilidades de los tiempos nuevos.

De todas formas, sería elementalmente justo y provechoso que la Iglesia Católica dimitiera de su tan caracterizada posición de estar siempre como a la espera en la construcción del ecumenismo, dando ella idénticos y presurosos pasos como los que les exige dar al Protestantismo y al resto de las Iglesias. A la nuestra – la católica – siguen haciéndole falta todavía buenas porciones del aura fresca que identificó a Lutero, en atmósferas obsesionadas por el pecado y la condenación.

Fuente Religión Digital

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Oración y Reforma

sábado, 31 de octubre de 2020
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“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Fil. 2: 12-13).

 

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“Tengo tantas cosas que hacer,

que pasaré las primeras tres horas orando”

(…)

“La oración no es para cambiar los planes de Dios.

Es para confiar,

descansar en Él,

y hallar la paz”

*

Martin Lutero

***

“Omnipotente y eterno Dios, ¡qué terrible es este mundo! ¡Cómo quiere abrir sus quijadas para devorarme! ¡Y qué débil es la confianza que pongo en ti! Dios mío, protégeme en contra de la sabiduría mundanal. Lleva a cabo la obra, puesto que no es mía; sino tuya. No tengo nada que me traiga aquí, ni tengo controversia alguna con estos grandes de la tierra. Desearía pasar los días que me quedan de vida, tranquilo, feliz y lleno de calma. Empero, la causa es tuya; es justa; es eterna. ¡Dios mío, ampárame, tú eres fiel y no cambias nunca¡ No pongo mi confianza en ningún hombre.

¡Dios mío, Dios mío!, ¿No me oyes? ¿Estás muerto? No, no estás muerto, más te escondes. Dios mío, ¿dónde estás? Ven, ven. Yo sé que me has escogido para esta obra. ¡Levántate, pues, y ayúdame! Por amor de tu amado Hijo Jesucristo, que es mi defensor, mi escudo y mi fortaleza, ponte de mi lado. Estoy listo, dispuesto a ofrecer mi vida, tan obediente como un cordero, en testimonio de la verdad. Aun cuando el mundo estuviera lleno de diablos; aunque mi cuerpo fuera descoyuntado en el ‘potro’, despedazado y reducido a cenizas, mi alma es tuya: tu Sagrada Escritura me lo dice. Amén. ¡Dios mío, ampárame! Amén.”

*

Martín Lutero
Salmo 43
Oración antes de presentarse ante la dieta de Worms.

 

***

Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones»

*

José M. Martínez
Pensamiento Cristiano, Octubre 2011

***

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“Concede, Dios Todopoderoso, que desde que estamos bajo la dirección de tu Hijo hemos sido unidos al cuerpo de tu Iglesia que, en muchas ocasiones se ha dispersado o desgarrado en pedazos; permite que podamos continuar en la unidad de la fe, y que luchemos con perseverancia en contra de todas las tentaciones de este mundo y que nunca nos desviemos del camino correcto, sin importar los nuevos problemas que se presenten diariamente; y aunque estemos expuestos a muchas muertes, permite que el temor no se apodere de nosotros/as de manera tal que extinga la esperanza de nuestros corazones; sino que, al contrario, levantemos nuestros ojos y nuestras mentes y todos nuestros pensamientos a tu gran poder, por el cual aligeraste la muerte, y levantaste de la nada cosas que no existían, para que así, aunque estamos expuestos a ruina diariamente, nuestras almas puedan aspirar a la salvación eterna hasta que verdaderamente te reveles como la fuente de vida, cuando podamos disfrutar de esa dicha sin fin que ha sido obtenida para nosotros por la sangre de tu único Hijo nuestro Señor. Amén.”

*

Juan Calvino

***

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

*

Juan Calvino (1509-1564)
prefacio de su comentario a los salmos

***

““El Señor nos mandó a orar. El lo ordenó, no tanto para su propio bien, sino para el nuestro. El actúa –como es correcto– para que la gloria sea para él, el reconocimiento de que todo lo que deseamos y consideramos para nuestro beneficio, viene de él.”

Dispuestos en la mente y el corazón, como corresponde a aquellos que entran en conversación con Dios… desde  el fondo de nuestro corazón… las únicas personas que debida y correctamente se ceñirán para orar son los que están tan conmovidos por la majestad de Dios, que, libre de cuidados y afectos terrenales, llegan a la misma… manteniendo la disposición de un mendigo… con afecto sincero de corazón, y al mismo tiempo el deseo de obtenerlo de él… pedir con fe, no dudando nada…”

“… A menos que nos fijemos ciertas horas en el día para la oración, fácilmente se deslizará de nuestra memoria… A pesar de que nuestras mentes siempre deben estar levantadas a Dios, hay ciertas horas que no debemos dejar pasar sin oración- cuando nos levantamos en la mañana; cuando comenzamos y terminamos los alimentos cuando nos vamos a la cama. Pero también cuando nosotros u otros estamos siendo amenazados de cerca por peligro debemos volvernos a Dios por ayuda; cuando el bien nos llega debemos volvernos a Él en acción de gracias. De nuevo, debemos siempre dejar a Dios Su libertad y no decirle lo que debe hacer. Dejamos nuestra voluntad a Su disposición, y paciencia, no debemos cansarnos de orar.”

*

Juan Calvino
en T. H. L. Parker. John Calvin. A Biography. Página 62.

***

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“Cómo reformar la Iglesia”, por Carlos Osma

sábado, 31 de octubre de 2020
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reformadoresHoy, que celebramos el Día de la Reforma, publicamos este artículo del blog Homoprotestantes:

En ocasiones escucho reflexiones, predicaciones, o leo artículos en los que se anima a reformar la Iglesia. Si además la persona que hace este llamamiento pertenece al ámbito protestante, en algún momento repite la archiconocida frase: “Una iglesia reformada, siempre reformándose”. Bien es cierto que en pocas ocasiones indica en qué debe consistir esa reforma, porqué es necesario hacerla, y qué le ha llevado a pensar así. En realidad, en la mayoría de ocasiones, creo que la frase es más bien una muletilla, un elemento de la tradición que sobrevuela el discurso para indicar que se es protestante, que no se es fundamentalista, o que se está a años luz de otras iglesias en las que no hubo reforma.

En Martín Lutero encuentro también esa voluntad de transformación, de reforma de la realidad religiosa en la que estaba inmerso, pero entiendo que esta voluntad tuvo su origen en una experiencia previa de insatisfacción real, no teórica. Lutero tenía una autocomprensión negativa de sí mismo y esto le limitaba y le producía sufrimiento. Desde muy joven le acompañó el temor a un Dios castigador que le exigía una vida de sacrificios interminables. Por eso se dedicó al ayuno, a la autoflagelación, a la confesión constante; aunque nada de todo esto le hizo sentirse reconciliado con Dios.

Siempre hay casos excepcionales, es verdad, pero el de Lutero no lo es, creo que en la mayoría de ocasiones las reformas no surgen de personas que se encuentran cómodas con el sistema en el que viven, sino de las que padecen sus consecuencias negativas. Jamás una persona satisfecha con su iglesia querrá reformarla. Jamás una persona a la que le va bien con la vida que tiene querrá que ésta cambie. Seguro que en algún momento dirán eso de que es necesario reformarse, adaptarse, transformarse… pero serán sólo palabras. La reforma nace de una insatisfacción profunda con el sistema, no de palabras huecas biensonantes.

El 31 de octubre de 1517 Lutero clavó en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittemberg sus 95 tesis. Por aquel entonces el papa León X quería renovar la Basílica de San Pedro en Roma, y desarrolló una campaña para recaudar fondos mediante la venta de indulgencias. Los compradores recibían a cambio una reducción de sus días de castigo en el purgatorio e incluso el perdón de los pecados. Lutero podría haber colaborado con dicha campaña aunque sus planteamientos teológicos no la vieran con buenos ojos, o podría simplemente haberse callado. Pero al leer algunas de sus tesis encontramos que no fue así:

Tesis 21. “En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa”.

Tesis 22. “De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida”.

Con sus 95 tesis Lutero convierte su insatisfacción en una denuncia. Porque la insatisfacción que es incapaz de denunciar, no puede reformar ninguna iglesia, ni ninguna vida. Hay un momento en el que la experiencia de opresión debe surgir y convertirse en algo real para que el cambio pueda ser posible. Si Martín Lutero se hubiera callado, no estaríamos hablando hoy de reforma protestante. Evidentemente la denuncia situó a Lutero en un lugar peligroso, y él lo sabía, no era un ignorante ni un loco, tenía conocimiento de lo que les había ocurrido a muchos otros reformadores anteriormente. Para que una iglesia pueda ser reformada, para que sea real la petición de una reforma constante, se necesitan personas que denuncien el status quo y que asuman las consecuencias de hacerlo. En iglesias donde todo esto es imposible, donde las voces discordantes son excomulgadas, o donde éstas no se atreven a levantar la voz por cobardía, no hay posibilidad real de reforma. El Espíritu Santo dirige la iglesia hacia la reforma a través de voces proféticas.

Cuando algunos cristianos y cristianas alaban la respuesta de Lutero ante las exigencias del papa León X para que se retractara de 41 de sus 95 tesis: “No puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro actuar contra la conciencia”. Deberían preguntarse si alguna vez se han enfrentado a una situación como esa dentro de la iglesia, y si actuaron como Lutero, defendiendo su conciencia, o como León X, que trató a Lutero como un delincuente, prohibió la posesión o lectura de sus escritos y dio inmunidad a quien lo asesinara. ¿Dónde se alinearon? ¿Con quienes defendían la conciencia o quienes defendían la ortodoxia?

Martín Lutero vivió una experiencia opresiva y levantó la voz para oponerse a lo que él consideraba erróneo e injusto, pero no se quedó ahí. Se atrevió también a hacer una propuesta basada en la tradición bíblica y eclesial, que le liberaba de sus temores al igual que al resto de cristianos. Se atrevió a dejar sin argumentos a quienes utilizaban las condenas y el temor en beneficio propio. Y lo hizo afirmando que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo [1]”. No tenía mucho sentido el sentirse culpable, el vivir atemorizado, condenado… La liberación no se encontraba ni en la Ley ni en los dirigentes de la iglesia, sino en la fe en el Dios de Jesús. Por eso un cristiano no debía tener como sumo juez al papa, sino a Jesucristo y su Palabra en la que se revela su voluntad.

La liberación que supuso la Biblia para cristianos como Lutero es difícil de entender hoy, ya que la ortodoxia evangélica la ha petrificado y puesto al servicio de la opresión. La Biblia ya no es fuente de liberación, sino una ley que está al servicio del capricho del líder de turno que dice poseer la lectura verdadera. Las lecturas fundamentalistas han debilitado profundamente la percepción de la Biblia como lugar de liberación para los seres humanos. Las personas LGTBI somos unas de las danificadas por este proceso diabólico que pretende destruir cualquier autocomprensión positiva que podamos hacer de nosotros mismos, al mismo tiempo que exige una represión de nuestros deseos y un reconocimiento de culpabilidad por ser como somos. Sólo comprando sus indulgencias con mentiras podemos alcanzar la salvación que ellos nos otorgan.

Pero es desde esta situación opresiva desde la que las personas LGTBI podemos convertirnos en profetas que traen una nueva reforma a la iglesia. Una reforma que no nacerá del legalismo, sino de la experiencia y la liberación del texto bíblico de manos de quienes lo están adulterando. Y esto ocurrirá si nos atrevemos, como Martín Lutero y tantos otros reformadores, a levantar la voz denunciando la opresión heteronormativa aunque esto signifique nuestra expulsión de las iglesias que no dejan espacio al profetismo, y que son más sensibles a las lecturas literalistas y las tradiciones homófobas que al dolor que éstas producen. Y si partimos de nuestra experiencia y somos valientes en la denuncia, también podremos encontrar respuestas que dejen sin sentido al poder heteronormativo. En realidad no tenemos que buscar demasiado, ni ser muy originales, porque la Palabra de Dios siempre ha dado vida a quienes la han visto negada, y es por gracia que vivimos los cristianos, por medio de la fe… no por cualquier otra cualidad humana, ni siquiera la heterosexualidad.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por vuestra heterosexualidad, para que nadie se gloríe [2]”.

Las cristianas y los cristianos LGTBI somos una oportunidad de reforma para la iglesia, una oportunidad para curar de heteronomatividad sus discursos, sus lecturas, su praxis. Una oportunidad, ni la primera ni la última, de hacer del evangelio una fuente de liberación para toda la Iglesia.

Carlos Osma

[1] Rm 5,1

[2] Ef 2,8-9 El texto pone “obras” donde pongo “vuestra heterosexualidad”.

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Revocar la excomunión a Lutero, un paso adelante fundamental en el ecumenismo

viernes, 16 de octubre de 2020
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Un jerarca católico y otro evangélico, punta de lanza en el ecumenismo: Reinhard Marx y Heinrich Bedford-Strohm

Hace unos meses leíamos en RD la noticia de que el Vaticano se planteaba revocar excomunión Lutero medio milenio después

Por su lado, el cardenal Marx afirmó durante la entrega del premio ‘Paz de Augsburgo 2020’: «El cristianismo en Alemania y Europa solo tendrá futuro si trabajamos juntos y nos mantenemos unidos ecuménicamente»

Recibió el premio junto a Heinrich Bedford-Strohm, obispo de la Iglesia Evangélica Luterana en Baviera y presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania. Ambos prelados son un claro testimonio de que la verdadera comunión en la fe es posible

Francisco podría estar planteándose revocar el castigo eterno para Lutero, a quien ya ha reconocido en numerosas ocasiones como «un reformador» que quiso cambiar la Iglesia, pero no destruirla

Hace unos meses leíamos en RD la noticia de que el Vaticano se planteaba revocar excomunión Lutero medio milenio después. Y en fechas cercanas escuchábamos al cardenal Marx decir que “El cristianismo en Alemania y Europa solo tendrá futuro si trabajamos juntos y nos mantenemos unidos ecuménicamente”; lo hacía con ocasión de la entrega de un premio junto a un pastor protestante por su continuado trabajo y su contribución al ecumenismo: el premio “Paz de Augsburgo 2020. Ambas son buenas noticias para el ecumenismo, sobre las que reflexionamos aquí.

El cardenal arzobispo de Munich Reinhard Marx –cuyas fotos en numerosos eventos ecuménicos e interreligiosos inundan Internet– y el obispo de la Iglesia Evangélica Luterana en Baviera y presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD) Heinrich Bedford-Strohm recibieron el premio “Paz de Augsburgo 2020” en virtud de su “voluntad incondicional de vivir juntos en paz”, reconocido en los medios especializados y en los de masas como “un fuerte signo del ecumenismo cristiano”. Ambos líderes de la iglesia tuvieron desde hace años contactos en nombre de muchos cristianos católicos y protestantes, dijo la alcaldesa Eva Weber al anunciar los ganadores del Festival de la Paz de Augsburgo de este año, enfatizando lo que las iglesias y la sociedad tienen en común en lugar de lo que las diferencia.

El 3 de enero de 1521 León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem

50402019661_d9d923aa7dArzobispo Reinhard Marx y Obispo Heinrich Bedford-Strohm

“Con motivo del 500 aniversario de la Reforma Protestante, en 2017, el Arzobispo Reinhard Marx y el Obispo Heinrich Bedford-Strohm dejaron una huella histórica para todos los cristianos del mundo y nos dieron un testimonio significativo de que la verdadera comunión en la fe es posible a pesar de las diferentes afiliaciones confesionales”, afirmó el jurado. En 2017 el cardenal Marx, entonces presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, y el presidente del Consejo Evangélico EKD Bedford-Strohm, habían presidido conjuntamente una celebración del arrepentimiento y la reconciliación en Hildesheim, Alemania. Allí se consideraron las dolorosas divisiones entre las dos iglesias y se intercambiaron peticiones mutuas de perdón por los fracasos de ambas partes. Siguieron agradecimientos y expresiones de alegría por lo que ambas iglesias tienen en común y lo que valoran mutuamente. El obispo protestante de Augusta Axel Piper, que presidió el jurado del premio Paz de Augsburgo, subrayó el compromiso de Bedford-Strohm y Marx con la promoción de iniciativas ecuménicas conjuntas. Los dos teólogos “piensan y hablan con el mismo espíritu” –dijo Piper– y comparten una “pasión por Dios y por el mundo”.

Además del deseo manifestado por Marx de “trabajar juntos y mantenernos unidos ecuménicamente”, el obispo Bedford-Strohm expresó su esperanza con respecto a la eucaristía/santa cena, fundamental en la confesión católica-romana y la evangélica: “Avanzaremos en lo que respecta a la santa comunión común”. Y ese es uno de los escollos en los que el Vaticano no solo no da signos claros de avance, sino que ha manifestado en lo últimos tiempos un retroceso con respecto a los progresos alcanzados en años anteriores.

El Vaticano se plantea revocar la excomunión a Lutero, medio milenio después

Quizás, la mayor osadía ecuménica de los últimos tiempos estuvo en que el Vaticano se planteara, medio milenio después, revocar la excomunión a Lutero. El 3 de enero de 1521 León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem; un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo y quemando públicamente la bula papal. En 2017 celebramos los quinientos años de la Reforma iniciada por el acto simbólico de Lutero al clavar las 95 tesis contra las indulgencias y otros defectos de la Iglesia –los abusos, la mentira, la avaricia, el paganismo, etc.–  en la puerta de la iglesia de Wittemberg el 31 de Octubre de 1517. León X parece que comentó al enterarse de este hecho tan simbólico que Lutero era un “borracho alemán” y «cuando esté sobrio cambiará de parecer”.  La ruptura definitiva y la creación de la iglesia luterana llegaría pocos años después. medio milenio despues, un grupo de teólogos se dirigieron a Roma y a la Federación Luterana Mundial para pedir una declaración formal que acabe con 500 años de mutuas condenas e incomprensiones.

francisco-y-lutero-vaticano-03Cinco siglos después, Francisco podría estar planteándose revocar el castigo eterno para Lutero, a quien ya ha reconocido en numerosas ocasiones como “un reformador” que quiso cambiar la Iglesia, pero no destruirla. Un reformador y no un perverso destructor de la unidad de la Iglesia. La decisión supondría un gesto histórico para el ecumenismo, y un aldabonazo a las conciencias de los cristianos de todo el mundo. Así lo ha solicitado el Grupo de discusión ecuménica de Altenberg (Sajonia). El colectivo de teólogos y teólogas ecuménico también se han dirigido a la Federación Luterana Mundial para que retire la declaración de “Anticristo” de Lutero al pontífice que lo excomulgó.

Esta revocación de la excomunión a Lutero por parte de Roma sería un acto simbólico, pero particularmente importante, un verdadero paso de gigante que mucho teólogos consideramos necesario y urgente. “El ecumenismo vive de actos simbólicos” –destacó  recientemente la teóloga Johanna Rahner–; “la retirada de la condena contra Lutero sería particularmente importante”, pues una decisión así “permitiría a la Iglesia Católica expresar su aprecio por los protestantes de hoy”. De este modo, el camino que arrancó con fuerza en el Concilio Vaticano II sería hoy más posible que nunca.  De hecho, para esta teóloga de Tubinga, algunos pasajes del decreto conciliar Unitatis redintegratio podrían interpretarse como la abolición de la excomunión de Lutero.

El escándalo de la división y el enfrentamiento violento entre las confesiones cristianas y la riqueza de la comunión en la diferencia

No voy a entrar ahora en las circunstancias de la excomunión de Lutero y la ruptura con Roma, en la que se juntan a las razones teológicas de la Reforma –Sola scriptura (“solo por medio de la Escritura”), Sola fide (“Dios salva solo por la fe”), Sola gratia (“solo por la gracia”), Solus Christus (“solo a través de Cristo”) y Soli Deo gloria (“la gloria solo para Dios”) –, razones pastorales –la deplorable situación de la Iglesia desde la baja Edad Media–, políticas y económicas –la deplorable situación de Europa en el siglo XVI con sus luchas intestinas–; ni voy a entrar en los errores de la Reforma –sobre todo, la postura de Lutero en la guerra de los campesinos, apoyando a los príncipes, que llevó a la muerte a su amigo Thomas Müntzer y más de cien mil sublevados, y las duras condenas de iglesias alternativas que fueron surgiendo– y la Contrarreforma –la decadencia del papado, la corrupción y los abusos del Vaticano y de gran parte del clero, etc.–. Estas circunstancias y sus consecuencias tienen que ver con el gran agustino alemán, con el papa de Roma, con el emperador, con los príncipes alemanes, con obispos y cardenales y con el pueblo, que padecía los desmanes y la explotación de los poderes civiles y eclesiásticos de un lado y otro. Los historiadores que lo han tratado saben mucho más que yo. Si sé con más conocimiento que Lutero era un gran teólogo, y no porque lo digan muchos expertos, sino por lo que yo he investigado en mis estudios sobre su obra y sobre el protestantismo; y lo que he leído personalmente de su obra. Particularmente sus comentarios a las cartas a los Gálatas y, sobre todo, a los Romanos; así como su Catecismo Mayor y Catecismo Menor. Con él coincido en que la salvación es un regalo exclusivamente de Dios. Recientemente, leí un duro comentario en un blog: “De la Iglesia de la que se separó Lutero se habría separado el mismo Cristo”.

Como he escrito hace años (La búsqueda de la armonía en la diversidad. El diálogo ecuménico e interreligioso desde el Concilio Vaticano II), a más de cincuenta años del Vaticano II, hemos constatado que la experiencia de diálogo ecuménico ha sido muy rica, aunque haya ido dejando cicatrices que manifiestan las dificultades del encuentro real. Dificultades que nacen de unos obstáculos que son… “los de siempre”, como escribió el ecumenista Juan Bosch: “la intransigencia revestida de fidelidad, el inmovilismo camuflado de ‘santa paciencia’, los integrismos y autoritarismo mantenidos a fuerza de amenazas…” (Para comprender el ecumenismo) y otros nuevos. Hemos ido comprendiendo –al menos algunos, y seguramente bastantes…- que ya no se trata solamente de reconocer que los cristianos de las demás confesiones también son hermanos cristianos, pero… “separados” (UR 1,3… passim); y que, consecuentemente tienen que “retornar”, “volver al redil” de la única Iglesia auténtica e históricamente inmutable: la Iglesia Católica-Romana… La unidad que buscamos ya no es bajo la autoridad jurídica del obispo de Roma; sin quitarle valor al Primado, el “servicio petrino”, reconocido incluso fuera de la Iglesia católica, precisamente como “servicio”, no con un valor jurídico-autoritario. El mismo Juan Pablo II reconoció honestamente en algún momento: “Yo [como Papa] sé que soy el mayor obstáculo para el diálogo ecuménico”.

SAN PEDRO Y SAN PABLONo se trata de buscar una uniformidad bajo una única autoridad canónica: el papa y la curia vaticana; sino de buscar la unidad/comunión en la riqueza de la pluralidad y la diferencia. Buscamos alcanzar la sinfonía eclesial, desde la variedad complementaria de iglesias que forman y enriquecen la gran Iglesia, la única Iglesia que forma todos los cristianos; porque no puede haber armonía sinfónica sin los distintos instrumentos y voces diferentes que la componen. Se trata de reconocer que todos los cristianos bautizados formamos parte de la única Iglesia de seguidores y seguidoras de Jesucristo; y que nuestras diferencias son expresión de una riqueza histórica, existencial, espiritual y teológica que no se debe perder ni por una parte ni por la otra. Estas diferencias, al contrario de lo que se ha dicho muchas veces en la Iglesia católica o, en otras iglesias por reacción contra ella, no son fruto de avatares perversos que llevaron a divisiones, sino de la riqueza de los dones del Espíritu; aunque estas divisiones nos hayan enfrentado muy violentamente en el pasado, y a veces personas y grupos hayan perdido el rumbo en lo esencial. Estoy muy de acuerdo con las tesis de Christian Duquoc –teologo católico-acerca de que la multiplicidad de las Iglesias cristianases un valor positivo; y en cambio la obsesión por una “ideología de la unidad” manifiesta una “ideología de conquista a partir de un ‘centro’ que se cree factor de unificación”, que, en realidad, es “el efecto de la voluntad hegemónica y del deseo de acentuar la presión del centro para mantener la unidad empírica superando los límites tolerables” (Iglesias Provisionales. Ensayo de Eclesiología ecuménica). Negarse a aceptar o querer acabar con esa pluralidad es un pecado contra el Espíritu.

Esto es lo que creo que nos jugamos en el diálogo ecuménico entre hermanos cristianos. Por eso, la revocación por parte de Roma de la excomunión de Lutero sería un gran paso adelante en la verdadera unión de los cristianos: unidad en la diversidad. Además, los católicos romanos deberíamos seguir trabajando intensamente por el encuentro con la Iglesia ortodoxa, que se autoproclama católica, con no menos pretensión que la católica romana.

 Fuente Religión Digital

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«Lutero y la mística», por Víctor Hernández

viernes, 4 de septiembre de 2020
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imagessLeído en Lupa Protestante:

En la mística, los suspiros y el arrebato designan el comienzo y final del camino que lleva de la dolorosa separación del mundo a la unión feliz [con Dios]. Para Lutero, ‘los sollozos y el éxtasis’ son conceptos de la experiencia para designar la simultaneidad de la paz y la miseria: la paz esta penetrada por la cruel realidad del poder del diablo —«simul gemitus et raptus»[1]

Agradezco la invitación para estar aquí, ésta noche, en el Centre Edith Stein y compartiros una reflexión sobre Lutero y la espiritualidad, en el marco de los 500 años del inicio de la Reforma protestante en Wittenberg.

Mi exposición tendrá tres partes: primero, una breve ubicación de Lutero en el cristianismo occidental y en la modernidad; en una segunda parte veremos la cuestión de la mística y su relación con la fe en Lutero; finalmente veremos cómo para Lutero la fe es una experiencia que se quiebra ante la alteridad del Dios crucificado.

Lutero, el cristianismo occidental y el mundo moderno

Hablaremos de la fe protestante o evangélica, que comenzó con Lutero, pero primero hemos de ubicarlo como un acontecimiento que modificó profundamente el cristianismo occidental y que está indisolublemente ligado a la gran transformación de la sociedad, es decir a la aparición del mundo moderno. La importancia de esa fe evangélica que irrumpe con Lutero no es poca, y como ejemplo os recuerdo una conocida cita de Karl Marx, en su Crítica de la filosofía del Derecho de Hegel, publicado en París en 1844, donde dice que:

Lutero ha vencido la servidumbre fundada en la devoción, porque ha colocado en su puesto a la servidumbre fundada sobre la convicción. Ha infringido la fe en la autoridad, porque ha restaurado la autoridad de la fe. Ha transformado los clérigos en laicos, porque ha convertido los laicos en clérigos. Ha liberado al hombre de la religiosidad externa, porque ha recluido la religiosidad en la intimidad del hombre. Ha emancipado al cuerpo de las cadenas porque ha encadenado al sentimiento.[2]

Este comentario de Marx, de curiosa perspicacia con respecto a la obra de la Reforma, no es sorprendente si consideramos que muchos filósofos determinantes en la Modernidad fueron de filiación protestante y en no pocos de ellos Lutero es una figura esencial para comprender su pensamiento[3].

En trazos muy gruesos[4], la Reforma protestante modificó el cristianismo occidental en varios aspectos determinantes, que incluso llegan hasta hoy:

1) con la Reforma el cristianismo se diversificó, se hizo más plural (de manera análoga a los cristianismos de los primeros siglos), y al lado de la iglesia jerárquica aparece otra iglesia de tipo asambleario–comunitario– fraterno, una especie de “iglesia sin padre” que más bien es constitutivamente fraterna.

2) El cristianismo se confesionalizó y la adhesión a tales confesiones se hizo vinculante, de manera que ciertas doctrinas o posiciones doctrinales nos han separado y contrapuesto unos contra otros. Solamente con el caminar ecuménico, de inicios del siglo 20 (Edimburgo, 1910) se dio inicio a un largo esfuerzo para contrarrestar esas separaciones de la confesionalización.

3) Con la Reforma tuvo lugar una nueva comprensión y práctica de la fe cristiana, ligadas con otros cambios profundos de la sociedad: a) así, el acento dejó de estar en el más allá (la salvación) y recayó en la vocación (dada por supuesta la salvación); b) el culto principal dejó de limitarse al día domingo, y se desplazó a los días de la semana, y aquellas actividades que hacemos en el trabajo, en casa, en la familia, serán el verdadero lugar de culto a Dios; c) el cristianismo se hizo laico y el clérigo dejó de ser el protagonista de la fe cristiana, para que lo fuera el creyente simple, quién tiene la Biblia y puede leerla en su lengua (por eso la educación del pueblo fue promovida desde los Reformadores[5]) será el protagonista; d) la posición de la iglesia en la sociedad cambió, pues toda la realidad terrenal dejó de considerarse algo separado o ajeno a Dios y, por tanto, ya no era necesario estar bajo la iglesia para estar bajo Dios, es decir que la iglesia ya no tuvo más el monopolio de Dios y no pudo exigir estar bajo su autoridad para muchas cuestiones de la vida terrena.

El cristianismo occidental se modificó radicalmente, pero también toda la sociedad se transformó en ese proceso histórico irreversible que llamamos la Modernidad. Actualmente sigue debatiéndose sobre los efectos de la Reforma en esos cambios tan profundos de la vida moderna. Como ejemplo de ello, señalo un par de casos: Max Weber, en su famoso ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo, estableció una hipótesis sobre la relación entre la ética del trabajo protestante y la mentalidad económica capitalista, y en dicho ensayo hizo un cuidadoso análisis del concepto de “vocación”–“profesión” (Beruf) en Lutero[6]. Otro ejemplo, el filósofo canadiense Charles Taylor[7]escribió un grueso ensayo que analiza la secularización en Occidente: ese proceso en el cual Dios fue desplazado de todos los ámbitos de la vida moderna. Taylor Lo expresa con este afirmación: hace 500 años, en Europa, era casi imposible que una persona no fuera creyente, y en cambio hoy en día la creencia es una mera opción entre otras, y además es una opción muy problemática. El autor considera que en ese proceso de secularización fue determinante la influencia de la Reforma protestante.

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Martín Lutero y Felipe Melanchthon al pie de la Cruz

La mística y la experiencia de fe en Lutero

Pero ahora quisiera que nos enfoquemos en la experiencia espiritual de la fe, tal como la hallamos Lutero y veremos su relación con la mística. De entrada, podemos tener dos tipos de dificultades al hablar de espiritualidad y mística:

La primera dificultad se deriva de los contextos diferentes entre cristianos católicos y cristianos protestantes. Me explico con un ejemplo: hace poco, me decía un amigo jesuita, profesor de teología y gran experto en Lutero, que –para los católicos es muy difícil entender a Lutero –me dijo– pues Lutero siempre habla con paradojas y no encaja en la lógica escolástica. Tal vez esto sea cierto, porque para el creyente católico no es poco el peso de la Tradición en la manera de creer y de enfrentarse a los desafíos de las inquietudes espirituales. Esto me lo confirmó la lectura del teólogo Paul F. Knitter, en su libro Sin Buda no podría ser cristiano[8]comenta que la tradición del Magisterio de su iglesia ha tenido un peso que le hacía difícil creer en las doctrinas de la fe cristiana. Knitter explica que cuando era estudiante de teología en la Universidad Gregoriana de Roma, lo examinaban de manera oral y el llevaba bajo el brazo el Denzinger [las doctrinas oficiales de los concilios y Papas] y la Biblia y después explica cómo su experiencia como budista le ha liberado de ese peso. Pero para un cristiano protestante es algo impensable que su fe esté marcada por esos dos libros, la Biblia yel Denzinger. Eso me hace sospechar que realmente estamos colocados en posiciones diferentes cuando queremos expresar nuestra espiritualidad con relación a lo que creemos como cristianos, y lo comento por aquello de las partículas exclusivas de Lutero y la Reforma: sola fide, sola gratia, sola Scriptura, solus Christus. Para los protestantes esto es el todo y allí se juega la totalidad de la fe y la espiritualidad cristiana.

La segunda dificultad está en el término mística, que llega a ser equívoco por el uso y abuso que se hace del mismo[9]. Pero además del término en sí, cuando hablamos de la mística nos hallamos en un ámbito de la espiritualidad que está atravesado por todos los caminos de la vanidad. El ámbito de la espiritualidad es también el ámbito de las ilusiones y, lo  digo como psicoanalista, el término ilusión nos remite al campo de lo imaginario, de lo equívoco y de las falsas ilusiones, donde se acrecientan las pasiones y vivimos la certeza de nuestras visiones como si fueran algo más real que lo real.

Aquí tendríamos que hacer un paréntesis para recordar que nuestra época es el tiempo del gnosticismo, o del “retorno de la gnosis”, como lo llama Lluís Duch cuando habla del exilio de Dios en el tiempo actual[10]. Desde el tiempo de la Ilustración ha tenido lugar la crítica de la religión que también se ha constituido como un juicio a Dios. Y este juicio a Dios se ha dado junto al incremento del individualismo (donde el “yo” es principio y fundamento de todo) de tal manera que la espiritualidad de nuestro tiempo puede prescindir de Dios y centrarse en el individuo:

Se trata de descubrir en sí mismo un destello fulgurante y convincente de la divinidad, que se halla sumergido, errante y confuso, en las profundidades más recónditas de su propio ser […] En el fondo, toda gnosis es una exaltación del yo contra el tú y el nosotros.[11]

Quizás lo que tenemos, en las búsquedas actuales del misticismo, sean más bien variaciones del gnosticismo: así, por ejemplo, la crítica de Nietzsche hacia el Dios que muere en la cruz, en su obraEl Anticristo, es una variación del gnosticismo, ya que su crítica opera por el método de la inversión y sueña con el superhombre[12]; también es una variación del gnosticismo la dificultad contemporánea para dar razón de un Dios personal que se encarna en Jesucristo y nos redime. Pero dejemos hasta aquí el paréntesis; volvamos a la mística y la experiencia de fe en Lutero.

Para nuestro caso, las investigaciones[13]muestran que Lutero ciertamente conoció y simpatizó con una importante corriente de la “mística monástica”, conocida como la “teología alemana”. Su maestro Johann von Staupitz era un seguidor de los místicos alemanes Juan Taulero, el maestro Eckhart y Enrique Suso. En este movimiento de simpatías místicas eran importantes autores como Buenaventura o Bernardo de Claraval, a quienes Lutero conoció. Staupitz, maestro de Lutero, fue un auténtico impulsor de una teología espiritual que quería una genuina interiorización de la penitencia y que enfatizó la importancia de contemplar la humanidad sufriente de Cristo.
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Roma se plantea, medio milenio después, revocar la excomunión a Lutero

miércoles, 10 de junio de 2020
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Bula Decet Romanum Pontificem

Como un gesto ecuménico sin precedentes para la unidad

El 3 de enero de 1521, León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo

Un grupo de teólogos se han dirigido a Roma y a la Federación Luterana Mundial para pedir una declaración formal que acabe con 500 años de mutuas condenas e incomprensiones

Allá donde estén Lutero y León X (o Adriano VI, o Carlos V, o Federico de Sajonia, o tantos que tuvieron mucho que decir en aquellos tiempos), lo cierto es que los creyentes en la fe de Jesucristo estamos cada vez más cerca

El 3 de enero de 1521, León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo. Medio milenio después, y aunque una excomunión sólo puede levantarse en vida, Francisco podría estar planteándose revocar el castigo eterno para Lutero, a quien ya ha reconocido en numerosas ocasiones como «un reformador» que quiso cambiar la Iglesia, pero no destruirla.

La decisión supondría un gesto histórico para el ecumenismo, y un aldabonazo a las conciencias de los creyentes de todo el mundo. Un ‘Sí se puede’ entre los seguidores de Jesús. Así lo ha solicitado el «Grupo de discusión ecuménica de Altenberg» el día de Pentecostés. El colectivo de teólogos y teólogas ecuménico también se han dirigido a la Federación Luterana Mundial para que retire la declaración de ‘Anticristo’ de Lutero al pontífice que lo excomulgó.

Un acto simbólico pero particularmente importante

«El ecumenismo vive de actos simbólicos y la retirada de la condena contra Lutero sería particularmente importante», ha destacado la teóloga Johanna Rahner a Catholic.de, subrayando que una decisión así «permitiría a la Iglesia Católica expresar su aprecio por los protestantes de hoy». O dicho de otro modo, la consecución de un camino que arrancó con fuerza en el Concilio Vaticano II y que hoy es más posible que nunca.

Para la teóloga de Tubinga, algunos pasajes del decreto conciliar «Unitatis redintegratio» podrían interpretarse como la abolición de la excomunión de Lutero, pero dado que la bula se relaciona con el contenido de las enseñanzas del reformador, de las que dependen parte de las iglesias evangélicas hoy, la retirada de la excomunión sería de gran relevancia.

El tiempo, además, juega a favor de la medida, toda vez que en 2017, con motivo de los 500 años de la Reforma -las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg-, la Federación Luterana Mundial se mostró crítica con la condena que Lutero hizo de León X y sugirió que se retirara.

Conmemorar la separación, unidos

Este hecho, unido a la «cultura del recuerdo» que se viene desarrollando desde 2017, y que tendrá su culminación en 2030 -500 años de la Confesión de Ausburgo, la ruptura definitiva y la creación de la iglesia luterana-, hace más probable un avance definitivo en el ‘caso Lutero’.

De hecho, tanto la Federación Luterana Mundial como el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos están planteando un evento conjunto para conmemorar la excomunión de Lutero el próximo 3 de enero. Un encuentro que podría tener lugar en Roma y cuya guinda podría ser el levantamiento de las mutuas excomuniones.

Y es que, allá donde estén Lutero y León X (o Adriano VI, o Carlos V, o Federico de Sajonia, o tantos que tuvieron mucho que decir en aquellos tiempos), lo cierto es que los creyentes en la fe de Jesucristo estamos cada vez más cerca.

Fuente Religión Digital

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