Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.
Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo, cómplices?
Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.
*
Jean Vannier
***
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
1Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él.
*
Juan 3,13-17
***
Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.
Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.
El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.
La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.
Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.
La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .
*
G. di S. M. Maddalena, Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss
***
La Iglesia católica Romana, muchos grupos protestantes y ortodoxos celebran la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre, ya que ese día es el aniversario de la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en el año 335 de la era actual, tras haber sido descubierta la cruz por Santa Elena. También se dice que ese día se conmemora la recuperación de la Cruz por Heraclio en el 628 de manos de los persas, quienes la habían llevado a Ctesifonte tras tomar Jerusalén en 614. En la liturgia se tiene constancia de esta celebración desde el siglo IV. En la liturgia romana celebra este día como «fiesta del Señor«, segunda categoría litúrgica entre las fiestas de los santos, celebrándose en todas las iglesias. Si cae en domingo, tiene preferencia ante la celebración dominical. El color litúrgico del día es el rojo. Tradicionalmente, en esta fiesta se exponen las reliquias de la Santa Cruz, si existen en el templo, u otras cruces.
Comentarios desactivados en EE.UU.: Las personas heterosexuales creen que la religión es una fuerza positiva en la sociedad. Las personas queer no lo perciben.
Y habrá quien se pregunte el por qué, ante tanta LGTBIfobia, conservadurismo y vuelta atrás en los derechos LGTBIQ+ provocado por el Nacionalismo Cristiano abrazado por el enloquecido Trump y el seguidismo delos obispos norteamericanos que han aprobado los ataques contra los derechos LGTBIQ+, especialmente contra las personas Trans… y está claro que lo que se rechaza es a la institución, no la espiritualidad.
Las personas LGBTQ+ son mucho menos propensas a afirmar que la religión tiene efectos positivos en la moralidad de la sociedad.
Alex Bollinger (Él)
30 de agosto de 2025, 15:00 EDT
Las nuevas cifras publicadas por el Pew Research Center muestran que las personas LGBTQ+ son mucho menos propensas a ser religiosas que sus contrapartes no LGBTQ+. Si bien es poco probable que esta afirmación sorprenda a muchos lectores, la brecha entre las personas LGBTQ+ y las no LGBTQ+ en términos de religiosidad es bastante amplia.
Alrededor del 73% de las personas no LGBTQ+ se identifican con una religión, pero menos de la mitad (48%) de las personas LGBTQ+ afirmó lo mismo. Las personas no LGBTQ+ tenían más del doble de probabilidades de afirmar que la religión es «muy importante en sus vidas» que las personas LGBTQ+ (42% frente a 17%). Las personas no LGBTQ+ tenían el doble de probabilidades que las personas LGBTQ+ de asistir a servicios religiosos al menos una vez al mes (31% frente a 16%) y de rezar a diario (46% frente a 23%).
(Pincha sobre las imágenes para ampliarlas)
Los resultados se obtuvieron de una encuesta del Panel de Tendencias Estadounidenses del Pew Research Center. La encuesta se realizó entre julio y agosto de 2024 e incluyó a 751 adultos LGBTQ+ estadounidenses.
Pew también analizó los resultados de su Estudio del Panorama Religioso 2023-2024, en el que participaron 2402 personas homosexuales y bisexuales. (La encuesta no preguntó sobre la identidad transgénero). Ambos conjuntos de datos mostraron resultados que podrían explicar por qué las personas queer son menos religiosas. Descubrieron que las personas LGB eran mucho más propensas (46%) a creer que la religión hace más daño que bien que las personas heterosexuales a creer lo mismo (17%).
Las personas LGB eran más propensas a creer que las instituciones religiosas se preocupan demasiado por el dinero y el poder, se centran demasiado en las normas y participan demasiado en la política. Eran menos propensas a estar de acuerdo con que las instituciones religiosas tengan resultados positivos, y la mayor diferencia radicaba en proteger y fortalecer la «moralidad en la sociedad«. Solo el 35 % de las personas LGB coincidía en que las instituciones religiosas cumplen esa función, pero dos tercios (67 %) de las personas heterosexuales coincidían con esa afirmación.
Esto tiene sentido si se considera que muchas iglesias predican que ser queer o trans es inherentemente inmoral, lo cual contradice las experiencias vividas por las personas LGBTQ+, quienes generalmente ven sus identidades como hechos de la vida sin una dimensión moral.
Pew también descubrió que las personas LGB eran menos propensas a tener una amplia gama de creencias religiosas. Las personas LGB eran algo menos propensas a creer en un alma o a decir que pensaban en Dios y la religión. Sin embargo, eran aproximadamente 20 puntos porcentuales menos propensas que las personas no LGB a decir que creían en «Dios o en un espíritu universal» (85% frente al 64%) y casi 30 puntos porcentuales menos propensas a decir que creían en una vida después de la muerte que podía incluir el cielo, el infierno o ambos (72% frente al 46%).
Las personas LGB también eran menos propensas a practicar la espiritualidad al menos una vez a la semana de diversas maneras, incluyendo sentir «una fuerte sensación de gratitud y agradecimiento» y sentir «la presencia de algo de más allá de este mundo«. Las personas LGB eran más propensas a decir que practicaban yoga o visitaban algún lugar en la naturaleza por motivos espirituales.
Pew señala que las personas LGBTQ+ tienden a ser mucho más jóvenes que la población en general, lo que podría explicar parte de los resultados, ya que las personas más jóvenes también tienden a ser menos religiosas. Sin embargo, incluso controlando por edad, género, política, educación, ingresos, raza y etnia, las personas LGBTQ+ seguían siendo menos religiosas que las personas no LGBTQ+.
Una encuesta realizada el año pasado por el Instituto de Investigación de la Religión Pública (PRRI) reveló que aproximadamente una cuarta parte de los estadounidenses se identifican ahora como no afiliados a ninguna religión y que las personas LGBTQ+ eran más propensas a haber abandonado sus religiones, incluso citando razones no relacionadas con sus identidades, como escándalos de abuso sexual y problemas de salud mental.
“Las enseñanzas negativas de la religión sobre las personas LGBTQ+ están impulsando a los estadounidenses más jóvenes a abandonar la iglesia”, declaró entonces Melissa Deckman, directora ejecutiva del PRRI. “Descubrimos que alrededor del 60% de los estadounidenses menores de 30 años que han abandonado la religión afirman que lo hicieron debido a las enseñanzas de sus tradiciones religiosas, una tasa mucho mayor que la de los estadounidenses mayores”.
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Alex Bollinger, veterano reportero digital, ha cubierto noticias LGBTQ+ desde la administración Bush. Actualmente es editor jefe de LGBTQ Nation. Tiene una maestría en Teoría Económica y Econometría de la Escuela de Economía de París. Reside en París.
Comentarios desactivados en Arte y espiritualidad: La obra de Salustiano en los templos del arte…
El pintor Salustiano abre temporada internacional tras su consagración pública con el cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2024
De Sevilla a Seúl, de Londres a Ciudad de México y Berlín: cinco exposiciones individuales, presencia en ferias y una proyección global que no deja de crecer
22 de julio de 2025
Tras una trayectoria internacional consolidada durante más de dos décadas, el artista español Salustiano inaugura una ambiciosa temporada expositiva que lo llevará a cinco países con muestras individuales en destacadas galerías, sumando además su participación en la renombrada feria KIAF Art Fair de Seúl y su presencia en muestras colectivas en España y Taiwán.
Este nuevo capítulo artístico llega tras un punto de inflexión en su proyección pública. En la primavera de 2024, una imagen comenzó a circular con una intensidad insólita por las redes sociales y los medios de comunicación del mundo: un Cristo Resucitado sobrio, vibrante, profundamente humano y profundamente espiritual.
Era el cartel oficial de la Semana Santa de Sevilla, pintado por el artista Salustiano. En cuestión de horas se convirtió en viral, superando los 22 millones de interacciones en la red X, ocupando titulares en medios como The Sunday Times, CNN, Die Spiegel, Le Figaro, El País, BBC o El Mundo, y captando la atención tanto del público general como de críticos, historiadores y teólogos.
Lo que para muchos fue un descubrimiento súbito, para el mundo del arte fue la confirmación pública de un artista con una carrera internacional ya consolidada.
Salustiano, sevillano de nacimiento y universal por vocación, lleva décadas tejiendo una trayectoria firme, coherente y profundamente personal en torno al arte figurativo contemporáneo. Su estilo —basado en el uso de pocos pero poderosos colores, especialmente el rojo, y en una iconografía que exalta la belleza sin complejos y la espiritualidad militante — ha cautivado a coleccionistas, museos y críticos de los cinco continentes.
Ahora, con la resonancia aún viva de aquel cartel histórico, Salustiano inaugura una temporada expositiva ambiciosa y global que lo llevará a presentar su obra en cinco exposiciones individuales en Londres, Berlín, Santiago de Compostela,
Ciudad de México y Seúl, además de participar en la prestigiosa feria KIAF Art Fair de Corea del Sur y en exposiciones colectivas en España y Taiwán. Una agenda que confirma su estatus como artista de referencia en el panorama internacional.
“Cada obra mía no está terminada hasta que alguien la contempla”, ha dicho en más de una ocasión Salustiano. Y es, quizá, en esa mirada del otro donde reside su verdadero lenguaje: una comunión silenciosa, poderosa, que atraviesa lenguas, credos y geografías.
Un arte que nace del alma y viaja por el mundo Salustiano ha expuesto en más de 500 ciudades de todo el mundo, desde Nueva York, París y Shanghái hasta Copenhague, Santiago de Chile o Estocolmo. Sus obras han sido subastadas por casas como Christie’s y Sotheby’s de Nueva York, y forman parte de destacadas colecciones privadas como las de Sir Niall Fitzgerald (Presidente de Reuters y miembro de honor del British Museum), William Mack (Guggenheim Museum), Pérez Simón (considerado por Paris Match el mayor coleccionista privado del mundo), o la mismísima cantante Barbra Streisand, que lo visitó personalmente en su casa en Sevilla.
Su obra ha ilustrado portadas de revistas como Arte al Límite (Chile), Art Public (Corea) o El Cultural de ABC (España), y ha aparecido en medios como Vogue, GQ Japón, Harper’s Bazaar, Elle, Architectural Digest… En 2015, el New York Times lo incluyó entre los hombres mejor vestidos del año. Ha sido entrevistado por medios internacionales como CNN en Nueva York, LC1 de Francia o la BBC de Londres.Su obra también se encuentra en museos e instituciones de renombre como el Nobel Museum (Estocolmo), el Rubin Museum (Nueva York), el San Antonio Museum of Art (Texas), el Frost Museum (Miami), o el Fowler Museum de Los Angeles.
Uno de los hitos más significativos de su carrera fue su participación en The Missing Peace. Artists Consider the Dalai Lama, una exposición itinerante comisariada por The Dalai Lama Foundation y el comité C100 for Tibet, que reunió a artistas como Marina Abramovic, Anish Kapoor, Bill Viola, Christo o Sebastião Salgado. Su obra Reencarnación fue seleccionada como imagen principal del proyecto y protagonizó catálogos, invitaciones y carteles. En la inauguración de la muestra en Los Ángeles, Sharon Stone —anfitriona del evento— se sentó durante diez minutos frente a su cuadro y confesó que era su favorito.
(Love is pop por Salustiano)
Temporada 2025: de vuelta a los templos del arte
A partir de septiembre, Salustiano inaugura una serie de exposiciones individuales en cinco países:
Blond Contemporary Gallery, Londres (Reino Unido)
Galerie Brockstedt, Berlín (Alemania)
Galería Luisa Pita, Santiago de Compostela (España)
Ricardo Reyes Arte, Ciudad de México (México)
Galerie BHAK, Seúl (Corea del Sur)
Además, participará con esta última galería en la KIAF Art Fair de Seúl, una de las citas más relevantes del arte asiático, y mostrará su obra también en dos exposiciones colectivas: en Centro ABANCA OS de la mano de la galería Luisa Pita (Santiago de Compostela) y en la Tingting Gallery de Taiwán.
Comprometido con el arte y con la vida
Más allá de los museos y ferias, la obra y figura de Salustiano se ha vinculado activamente con numerosas organizaciones humanitarias y sociales. Ha colaborado con The Dalai Lama Foundation, World Central Kitchen, la Fundación Elena Barraquer, Fundación Mensajeros de la Paz y otras ONG enfocadas en infancia, salud, inclusión y desarrollo internacional.
Su obra ha sido utilizada para ilustrar portadas de libros, discos, etiquetas de vino y campañas benéficas.
Un universo propio, reconocible e intransferible
Su estilo ha sido definido como minimalista en forma pero intenso en contenido. Salustiano elimina todo lo superfluo para centrarse en lo esencial: la mirada, el gesto, la presencia. Sus personajes —a menudo adolescentes o jóvenes— parecen suspendidos en un tiempo sin tiempo, invitando al espectador a una contemplación introspectiva. Utiliza pocos colores, pero todos cargados de simbolismo, a menudo vinculados a lo sagrado en distintas culturas.
Y es, precisamente, esa capacidad de conmover desde lo aparentemente simple lo que ha convertido su obra en un fenómeno global, tanto dentro como fuera del circuito artístico.
“Mi objetivo no es que la obra guste. Es que conmueva. Que transforme a quien la mire”, ha declarado.
En un mundo saturado de ruido visual, Salustiano ofrece silencio. Y en ese silencio, la belleza crece, se desarrolla y hasta se desentiende de la formula matemática que la sujeta.
Comentarios desactivados en ¿A mayor progreso económico, político menos fe y religión?
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
En la fiesta de San Ignacio de Loyola
01.- DATOS BIOGRÁFICOS DE SAN IGNACIO
San Ignacio nace en Loyola, Azpeitia, en 1491. Militar en su juventud, cayó herido en 1521 en combate en la batalla de Pamplona frente a navarros y franceses que apoyaban el reinado de Enrique II de Navarra. En la larga convalecencia de Azpeitia comienza a fraguarse su conversión, que quedaría plasmada en Manresa en 1.522. De esta época data su obra “Ejercicios Espirituales”: especialmente su primera meditación: “Principio y Fundamento”.
Tras una peregrinación a Tierra Santa estudiará teología en Barcelona, Alcalá, Salamanca y París. En la Universidad de la Sorbona de París conoce a Francisco de Jasso y Azpilicueta: San Francisco Javier. Será en París donde se encuentra con un grupo de jóvenes compañeros universitarios: Pedro Fabro, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás Bobadilla, etc. y en 1.534, el día de la Asunción en una capilla de Montmartre de París hacen los votos con la intención de marchar a Tierra Santa, pero si no podía hacerse este viaje antes de un año, marcharían a Roma para ponerse a disposición del Papa. En 1.540 el papa Paulo III aprueba solemnemente este nuevo movimiento religioso: La Compañía de Jesús, que junto con los «Ejercicios» es la segunda gran obra de San Ignacio. San Ignacio muere el 31 de julio de 1556 en Roma, donde está enterrado en la Iglesia del Gesù, (entre la segunda y tercera etapa del Concilio de Trento).
02.- “HOY LAS CIENCIAS ADELANTAN QUE ES UNA BARBARIDAD”
Es tradición que el gobierno vasco acuda a la basílica de Loyola por la fiesta de San Ignacio.
Hace todavía no muchos años, (¿20?, más o menos) el diputado general de Guipúzcoa, no entró en la basílica y se quedó dando cuatro pasos por la escalinata de la misma. Alegaba -para quedarse fuera sin entrar al acto religioso- el laicismo en el que viven la sociedad y la política actuales.
Dejando de lado cuestiones como el respeto al pueblo que representa, a la traditio de un pueblo, respeto a la libertad de expresión y admitiendo de buen grado una política y un estado laicos, me preguntaba y me pregunto si esa actitud constituye progreso, avance y mejoría de una comunidad humana, de un pueblo…
También hemos de preguntarnos qué nos ha pasado para que de los tiempos de San Ignacio a hoy se hayan producido estos cambios culturales-religiosos tan brutales y la fe “haya quedado fuera”…
¿A mayor progreso económico, político, cultural, mejor menos fe y religión?
Igualmente podemos preguntarnos si un pueblo es más noble, más sano, más libre cuando dinamita su traditio y su fe.
Yo creo que romper con nuestro pasado no significa progreso ni mejoría.
¿Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad?
03.- PRINCIPIO Y FUNDAMENTO (*)
La primera meditación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio(**) es -probablemente- la piedra angular y lo más importante de la vida de San Ignacio y de toda existencia humana.
¿Cuál es cimiento de nuestra vida, cuál es el fundamento de la vida, ¿Por qué y para qué vivo?
¿El “principio y fundamento” de la persona y de un pueblo es la patria, la etnia, el desarrollo económico, el nivel de vida, el armamento que posee?
No lo creo.
Podemos tener la mayor y mejor industria del mundo, un altísimo nivel de vida, un bienestar económico y social, pero como no tengamos cabeza: principio y fundamento, perderemos el aliento vital, la piedra angular que fundamente nuestra vida
El principio y fundamento de la existencia es Dios. Quien sabe que viene de Dios y hacia él va, ya sabe mucho y definitivo sobre la existencia
***
(*) Principio y Fundamento:
“El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados”.
(Ejercicios Espirituales, 23)
***
(**) Texto completo de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola.
Comentarios desactivados en “El Reino de Dios está en el desarrollo y el despertar espiritual”, por Víctor R. Moreno.
De su blog Escuela de Contemplación SALMOS:
El Reino de Dios o el Reino de los cielos. Es el anuncio principal que hemos de hacer: “vayan y anuncien el Reino de los cielos”, también llamado reino de Dios. ¿Cómo podemos interpretar el Reino de Dios?
El Reino de los cielos va siendo entendido de acuerdo al desarrollo espiritual que tenga la persona. Por esto algunas personas enfatizan más en el Reino de los cielos como algo que vendrá después de la muerte. Otras personas lo enfatizan más como el dinamismo de hacer mucho bien en la tierra; diciendo que los hombres se ayuden, que sean solidarios, para poderlo indicar: «Ahí está el Reino de los cielos, el Reino de Dios”. Otros enfatizan en una experiencia espiritual, una experiencia en la que se conocen dimensiones más profundas del ser humano. Pero otros se van dando cuenta de que todas esas realidades, y algunas más, hacen parte del Reino de Dios, Reino de los cielos.
Lo primero que tenemos que tener presente es que, ciertamente el Reino de Dios o Reino de los cielos, es un dinamismo activo y transformador de la Presencia divina. O sea, que no estamos ante algo estático, algo que está allí como un lugar quieto, como una habitación cerrada. No, es un dinamismo, es activo y es transformador. Ese Reino de Dios o Reino de los cielos, es lo que el Maestro envía a anunciar. Elige a algunas personas y las va mandando a anunciar. Pero, ¿a quiénes elige? Elige a personas que van conociendo ese dinamismo; de otro modo estarían anunciando algo que desconocen. Entonces de entre los que ve que van viviendo ese dinamismo, les confía: “Vayan y anuncien el Reino de Dios, el Reino de los cielos”. No les dice que anuncien ninguna doctrina fija. No se trata de decir dogmas, no se trata de decir verdades escritas en alguna parte, no se trata de decir un discurso memorizado sobre una interpretación religiosa.
Se trata de anunciar la presencia de un dinamismo divino activo y transformador que está en medio de nosotros, está dentro de nosotros, está en nosotros. Alguien que anuncia ese Reino es alguien que ha ido descubriendo ese dinamismo y lo anuncia. El dinamismo divino está entre nosotros. El dinamismo divino, la actividad de Dios, el reinado de Dios, la Presencia divina que se dinamiza está entre nosotros. Vengo a anunciarles esto. “No vayan allá, ni a otro lado, ni donde les digan, porque ese Reino está dentro de ustedes”, está entre nosotros. Entonces, anunciar el Reino no es llenar de doctrina a las personas; es anunciarles un dinamismo, un dinamismo divino.
Ahora, para entrar en ese dinamismo divino, debo convertirme. La palabra “conversión” utilizada en el Evangelio es metanoia, que realmente significa “transformación de la mente” o “conocer más allá de lo que suelo conocer”; “más allá de lo que normalmente conozco con mi entendimiento”. Normalmente las personas entienden la religión y el camino espiritual como aprenderse verdades de fe, como creer en ideas religiosas muy atractivas. Cuando en verdad, el anuncio es “metanoeite”; que es la palabra en griego que se utiliza, “metanoeite”; “transformen su mente”, “vayan más allá de su mente”. Entonces nos está diciendo que no se trata de conocer del modo como ya hemos conocido, sino de conocer de otra manera, de “ir más allá de la mente”.
Y ahí es donde entra una práctica espiritual que no consiste en sentarse a pensar cosas religiosas. Consiste, precisamente, en abandonar los pensamientos religiosos, los pensamientos políticos, los pensamientos ideológicos, los pensamientos que siempre me tienen anclado a las verdades en las que me suelo mover. Más bien me envía a un conocimiento pleno de toda la Vida y de toda la Realidad. Por eso nuestra práctica es una práctica silente, de abandono de todas las ideas, prejuicios o deseos, que, como ser humano condicionado, suelo tener. “Metanoeite”, conviértanse, cambien el pensamiento. Y entonces, cuando entro en ese dinamismo voy descubriendo que lo que está sucediendo en mí es que voy teniendo un desarrollo espiritual, a través del cual, voy conociendo cada vez con mayor profundidad la existencia.
La existencia, entonces, ya no es vista como cuando niño, que veía que todo era como mágico, como un juego, como algo que simplemente aparece allí y desaparece. O tampoco es imaginándonos divinidades que gobiernan el clima, que gobiernan, nuestros problemas personales; como cuando deseo encontrar algo, supuestamente tengo que invocar a alguien para que me ayude a encontrarlo. Toda esa visión mítica va pasando, y voy entrando a un entendimiento mucho más claro de la vida y de lo que es la presencia divina. Voy entendiendo más profundamente los Escritos Sagrados, y voy comprendiendo en profundidad que esos escritos sagrados también tienen otros lenguajes, y por eso otros pueblos también tienen Escritos Sagrados. Pero debo llegar a un punto en el que tenga una visión tal, en la que yo veo que todo eso hace parte de un proceso activo y transformador, que el Reino de Dios mismo realiza en mí, que me permite llegar a estar al punto de ser Uno con Él.
Pero no es suficiente comprender ese desarrollo. Es necesario que yo tenga experiencias directas de esa misma presencia divina. Y entonces hay experiencias directas como las que tuvo San Francisco de Asís, una experiencia directa de Dios en la creación; o experiencias directas como las que tuvo Santa Teresa, percibiendo que Dios es un Tú maravilloso, que me ama y estoy unido a Él profundamente; o una experiencia tan profunda que todo se vuelve silencio y vacío, total quietud, como la que han tenido muchos místicos como Maestro Eckhart, San Juan de la Cruz u otros tantos. Es una presencia plena que todo lo envuelve. Y hay muchas más experiencias todavía.
Entonces voy entendiendo que el Reino de Dios, el Reino de los cielos, ciertamente es el dinamismo divino activo y transformador de mi existencia y de la existencia de todo ser humano. Y por eso necesitamos que quienes lo vayan viviendo sigan profundizando en él y comiencen a anunciarlo. Cuando Él dice, «La míes abundante, hay mucho por hacer, pero los obreros son pocos”, nos vuelve a confirmar que quienes estamos en este camino, ciertamente no somos multitudes. ¿Cuántas personas estarán leyendo estas palabras? No serán muchas. Ese no es un problema real. El asunto es que quienes estamos viviendo este camino, anunciemos la presencia de ese dinamismo activo y transformador de la presencia divina mientras vamos viviendo Su Presencia.
Y entonces vamos comprendiendo de qué se trata este camino al que hemos sido llamados, del cual estamos profundamente agradecidos, pero que en el fondo nos va diciendo cuál es la verdadera presencia divina que buscamos. Y llegar al punto de descubrirme como pura manifestación divina con lo que soy, como soy, desde donde estoy; y que esta Presencia está precisamente para encender la chispa de ese Reino en medio de quienes la existencia me va poniendo al lado, y hacer del camino con la humanidad un camino transformador, un camino en el que unos van más adelante, otros van más atrás, pero todos vamos juntos. Los de adelante vamos ayudando a los de más atrás, los que van más adelante de nosotros nos van ayudando; vamos juntos.
Pero esto no es un discurso de ideas, es un discurso fuera del discurso, como decía también Raimon Panikkar, es una realidad que se manifiesta ella misma, a veces en nuestras palabras, en nuestras acciones, en lo que somos. Estamos para anunciar; y por eso, primero, profundizamos en el silencio; y desde ese silencio emerge aquello que se comunica a través de nosotros, un discurso que está más allá de las palabras. Es una Presencia plena; la presencia del Reino. Los invito entonces a nuestra práctica contemplativa.
Víctor Ricardo Moreno Holguín
(1) Meditación SALMOS: El Reino de Dios está en el desarrollo y despertar espiritual. – YouTube
Comentarios desactivados en “¿Ante las derivas actuales, qué resistencia esperar?”, por Anne Soupa
En Francia, como en el resto del mundo, los cristianos escudriñan con incredulidad los vuelcos surrealistas de la coyuntura mundial: ¿Ante las derivas actuales, qué resistencia esperar?
Anne Soupa es teóloga y escritora. Biblista del Instituto Católico de Paris, antigua directora de la revista Biblia, editada por los Dominicos de Francia, fue cofundadora, en 2009, del “Comité de la jupe” (Comité de la falda), asociación dedicada al lugar de la mujer en la Iglesia, así como de la Conferencia Católica de los Bautizados Francoparlantes
He aquí la meditación que propuso para el 5to domingo de cuaresma de 2025 en la parroquia católica de la ciudad de Niort, en el Centro-oeste del país
| Anne Soupa
En Francia, como en el resto del mundo, los cristianos escudriñan con incredulidad los vuelcos surrealistas de la coyuntura mundial. Anne Soupa, es teóloga y escritora. Biblista del Instituto Católico de Paris, antigua directora de la revista Biblia, editada por los Dominicos de Francia, fue cofundadora, en 2009, del “Comité de la jupe” (Comité de la falda), asociación dedicada al lugar de la mujer en la Iglesia, así como de la Conferencia Católica de los Bautizados Francoparlantes. He aquí la meditación que propuso para el 5to domingo de cuaresma de 2025 en la parroquia católica de la ciudad de Niort, en el Centro-oeste del país.
La ley del más fuerte no es cosa de hoy. Pero está tomando, hoy, proporciones inquietantes: Voluntad de echar mano sobre Estados soberanos, colonización y hasta limpieza étnica, clima de sospecha hacia los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales, negación del riesgo ecológico, absolutización del dinero, discriminación asumida de los extranjeros, reducción de la persona humana a un estatus de simple consumidor, irrespeto de la palabra dada…
Es más, estas actitudes son reivindicadas por cristianos. Efectivamente, Putin y los neoconservadores norteamericanos se dicen defensores del cristianismo. ¿Pero cómo no ver que están instrumentalizando al cristianismo con fines políticos? Y, sobre todo, su cristianismo ignora su dimensión social, sólo se interesa por la esfera privada. Pero la persona es una sola, en su casa y en su vida pública. La responsabilidad cristiana es global.
¿Putin y los neoconservadores norteamericanos se dicen defensores del cristianismoCómo no ver que están instrumentalizando al cristianismo con fines políticos?
¿Si los cristianos no resisten, quién resistirá?
No es, pues, sorprendente, que los cristianos estén profundamente turbados. El objeto de estas reflexiones no es debatir sobre materias jurídicas, económicas o ambientales, se trata de buscar en qué los fundamentos del cristianismo están siendo tocados por las fallas actuales y qué resistencia espiritual se les podría oponer. Esto último me parece no sólo deseable sino indispensable. ¿Si los cristianos no resisten, quién resistirá? Son ellos los guardianes últimos de una fuente evangélica que la comunidad humana necesita más que nunca. ¿Cómo y sobre qué fundamentos resistir?
La cruz: hoja de ruta y regla de vida
La respuesta está en la contemplación de la cruz. De ella toman los cristianos sus reglas de vida. He aquí cuatro de estas reglas.
-Al dejarse clavar en la madera de la cruz, Jesús da su vida. No hay vida social, e incluso vida en sí, sin don. Sin él, es la guerra pues el otro se apoderará por la fuerza de lo que yo poseo.
-La cruz manifiesta hasta qué punto Jesús se niega a utilizar poder alguno. Él, que no había querido hacerse rey, denuncia la opresión de un sistema de poderes en el cual todo el mundo está amarrado, cada cual ejerciendo su control sobre uno más pequeño que él. Jesús, por lo contrario, adquiere una autoridad moral considerable al volverse servidor, respetuoso de todos y atento a su libertad.
-En la cruz, Jesús se convierte en paria, en el fuera de la ley. Al tomar el lugar de los que no tienen ningún lugar, rechaza el principio mismo de la exclusión. Así, trabaja por la reconciliación de la humanidad
-Y se hace hermano de todos.
Don de sí mismo, servicio, reconciliación de la humanidad, fraternidad, he aquí la “hoja de ruta” cristiana.
Observemos que es también la de una cantidad de personas no cristianas. Numerosos países viven sobre la base de esos mismos valores, desprovistos de referencias trascendentes, y bastante bien resumidos en el lema de la república francesa: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. E indirectamente, esto se aplica también a la mayoría de las religiones, que tienen en común la “Regla de oro”: “No hagas a los otros lo que no quisieras que te hicieran”. Una buena parte de la humanidad se encuentra hoy, por tanto, ante este dilema: ¿Respetar los valores de un judeocristianismo secularizado o unirse al bando de los depredadores?
2025: ¡Borrada del horizonte, es la cruz la que está siendo puesta en cruz!
Es cierto que ni el don, ni la primacía del servicio sobre el poder, ni la reconciliación de la humanidad, ni la fraternidad reinan en el mundo. Pero estos valores son el horizonte que muchos se dan. Y, de pronto, este horizonte desaparece. ¿Cómo atravesar esta grave crisis de conciencia, esta experiencia espiritual misma?
Los cristianos, por su parte, no pueden sino constatar cuánto el mensaje de aquel al que consideran como el Hijo de Dios está siendo apartado, puesto fuera de juego. La cruz ya no es el horizonte del mundo, sino el contra modelo. En lugar del don, se impone la rapacidad ante la ganancia, en lugar del rechazo de un poder opresor, el desprecio de los débiles, en lugar de la reconciliación de la humanidad y de la fraternidad, se imponen las discriminaciones, las exclusiones y el odio del otro. Es la cruz la que está siendo puesta en cruz, ya que se ha convertido en el lugar del sinsentido. Cuando Jesús pregunta al Padre “¿Por qué me has abandonado?”, deja adivinar, en esa soledad, el sinsentido de una muerte que quizá nunca será entendida.
Él, que ha atravesado esta muerte espiritual, invita a los cristianos de 2025, después de tantos otros a lo largo de la historia, a mantenerse despiertos, con Él, para hacer frente a la negación de los valores que les ha legado.
«Estamos ante un ‘Momento teológico’. ¿Cómo responder? ¿Cómo subsistir ante él?»
Sí, el mensaje de la cruz incluye la aceptación de todo lo que la niega. Es una crisis del sentido radical, que nos pone a prueba. En nuestra coyuntura política actual, se vive de nuevo el abandono sentido por Jesús. Como él, estamos ante un “Momento teológico”. ¿Cómo responder? ¿Cómo subsistir ante él?
La Esperanza germina sobre las expectativas quebradas y entra en acción
Es entonces que es bueno volver a dar una mirada a las riquezas cristianas. Aún si las instituciones están fragilizadas por la crisis de los abusos, aún si el pontificado actual no está en estado de lanzar las reformas necesarias, el cristianismo es, de por sí, sumamente potente. Si su fuerza viene del mensaje ético de la cruz, del cual acabamos de hacer un inventario, también consiste en no “sacarle el cuerpo” al mal sino en superarlo con un perdón siempre ofrecido.
Pero por encima de todo, el cristianismo invita a cada uno, de manera casi obsesiva, a crear, a vivir con confianza, a hacer que los talentos den fruto, a embellecer el mundo. Su capacidad de transformación es infinita. No, el cristianismo no es la religión de los débiles. Dice sencillamente: “Todo es posible pero no sin el débil”.
Si es así, a cada uno le toca recordar, alto y fuerte, la suerte que tiene de ser cristiano y la felicidad que esto le brinda. Cuidándose de un cristianismo identitario, con tendencia al “entre sí” y al encierro en el pasado, abriéndose a la dimensión universal del cristianismo.
«El cristianismo invita a cada uno, de manera casi obsesiva, a crear, a vivir con confianza, a hacer que los talentos den fruto, a embellecer el mundo»
En esta misión, las tres virtudes que fortalecen al cristiano son la Fe, la Esperanza y la Caridad. La más aguardada hoy es la esperanza. En este momento, como en otros, ésta se aprende ante la cruz. Un cristiano entra en esperanza cuando enfrenta la burla, la violencia, la fuerza bruta, y se ve en jaque ante ellas. Su esperanza germina y crece sobre sus expectativas quebradas.
«La esperanza es una virtud que se prueba con actos»
Pero esta constatación sólo es un comienzo. La esperanza es una virtud que se prueba con actos. Lo que estamos viendo en este momento impulsa a actuar, de muchas maneras, con la palabra, la caridad, la fraternidad, la inteligencia, la creatividad, la militancia, la prudencia también… Cada una es una modalidad de la resistencia esperada.
Primer paso, dar testimonio
En cuanto a mí, propondría aquí un acto inicial de resistencia. Se trata del testimonio. En efecto, el testigo es la columna de toda comunidad cristiana. Sin él, no habría ni Evangelios, ni siquiera cristianismo. Por tanto, cada cristiano es testigo, tanto por su palabra como por sus actos. Dice en qué el cristianismo lo hace vivir. Eso puede parecer insignificante. Pero es la piedra angular, el zócalo sobre el cual plantear actos concretos de resistencia.
La asociación francesa Chez Re-née ha creado una plataforma en línea para que todos los que lo deseen puedan dejar su testimonio en línea. ¿Cómo? Grabando un video de unos 2 minutos en el cual contestan a la pregunta siguiente: ¿En qué el cristianismo es bueno para mí, para la sociedad, para el planeta? La plataforma está en francés, pero se pueden dejar testimonios en otro idioma y estos serán traducidos con subtítulos.
Comentarios desactivados en Thomas Merton: Devoción a María.
En este mes de mayo, traemos esta reflexión del blog Amigos de Thomas Merton:
Thomas Merton tenía una profunda devoción hacia la Virgen María, a quien consideraba una figura central en la espiritualidad cristiana. En sus escritos, Merton expresó admiración por María como modelo de humildad, obediencia y fe. Aunque no dedicó extensos tratados exclusivamente a ella, su enfoque sobre María reflejaba su visión de la vida contemplativa y su conexión con la gracia divina.
Merton también veía a María como una madre espiritual para todos los creyentes, destacando su papel en la historia de la salvación y su intercesión constante. Su reflexión sobre María estaba impregnada de un sentido de reverencia y gratitud, reconociendo su importancia en la vida cristiana y en la búsqueda de una relación más profunda con Dios.
La visión de Thomas Merton sobre la Virgen María encaja perfectamente en su espiritualidad contemplativa y su enfoque en la humildad, la gracia y el misterio divino. Para Merton, María era un modelo de aceptación perfecta de la voluntad de Dios, que resonaba profundamente con su propia vida de entrega y búsqueda de unión con lo divino.
En su espiritualidad, Merton enfatizaba la importancia de la interioridad y la contemplación, y veía en María un ejemplo supremo de alguien que vivió en total apertura a la gracia. María no solo era la madre de Cristo en el plano humano, sino también la expresión de una relación íntima y transformadora con Dios. Merton conectaba su papel con el silencio contemplativo, mostrando cómo María estaba completamente alineada con la acción de Dios en su vida, algo que él mismo buscaba en la oración y la meditación.
Además, la intercesión de María era para Merton un reflejo de su amor universal, que atraviesa tiempo y espacio. Para los contemplativos como Merton, ella representaba una guía en la búsqueda de la verdad, el amor y la paz. En su escritura, aunque no habló extensivamente sobre ella, su reverencia por María era constante y profundamente arraigada.
La Semana Santa comienza con un Evangelio extraordinario.
Una cena en casa con amigos, una mujer, manos y cabellos empapados de perfume, no hay palabras, las manos y su ternura hablan.
Llegará el tiempo de las llagas, pero por ahora sólo brotan caricias en el cuerpo de Jesús.
Ese perfume valía diez veces el precio de Judas.
La mujer paga diez veces el dinero de la traición, le dice a Jesús: ¡alguien te traicionará y te venderá, pero yo te amaré y te compraré diez veces más!
Tiene en sus manos los pies de Jesús, del viajero, del caminante, los pies del itinerante que no tiene dónde reposar la cabeza y de quien ha recorrido todos los pueblos de Galilea.
María los abraza para decirle: no te vayas más, quédate aquí, conmigo, con nosotros. Y quiero que sepas que dondequiera que Tú vayas, yo iré, y tu Dios será el mío.
Y el corazón de Jesús recibe, de las caricias de aquellas manos que le ungen, un balsámico conforto y una grande y fuerza feliz.
Una caricia, cuando es verdadera, transforma a un hombre.
Y la unción de Betania, este conmovedor lavatorio de los pies, anticipa tres días el otro lavatorio, el de Jesús a sus discípulos y, quién sabe, quizá lo inspira.
Jesús aprende los gestos fuertes del amor de una mujer.
Aquí el hombre y Dios se encuentran: cuando ama, el hombre realiza gestos divinos. Cuando el hombre ama a Dios hace cosas muy humanas.
Y la casa se llenó de perfume.
¿De qué sirve un poco de perfume en nuestra historia?
El perfume no cambió el destino de Jesús, no cambiará el nuestro, pero cambia el aire, la atmósfera de la casa y del corazón.
Intentemos, en familia y en casa, como María, inventar una caricia nueva, una declaración de amor para decir, sin palabras: eres precioso para mí. Diez veces precioso. Eres invaluable… darte un precio sería despreciarte.
Una cosa que aprendemos de este Evangelio: ¡lo preciosa que es la vida!
Quizás una vida vale poco, pero nada vale tanto como una vida.
La escena central de la unción de Betania representa el Amor que se dona, que se derrama sobre la humanidad para la salvación. Un Amor reconocido y acogido.
El gesto de derramar el perfume es el mismo que aparece en otros gestos y palabras evangélicas como, por ejemplo, el vino en las bodas de Caná. Es lo superfluo necesario, es “ese plus” que puede no estar y que sin embargo indica la humanidad que se dona con autenticidad de amor, de afecto, de cariño, de simpatía, de disponibilidad, de derroche, hasta el límite, pero porque la persona vale más que todo, tiene un valor inestimable. Es por tanto el signo del valor de la persona y de la primacía del encuentro personal.
Es un gesto desinteresado y gratuito, total, en el que se da todo lo que se tiene. Jesús, en el pasaje del evangelista Marcos, explica: «Esta mujer hizo lo que pudo» (cf. Mc 14,8). Esto nos recuerda la ofrenda de la viuda que, aun no habiendo hecho nada desde el punto de vista de la eficiencia, hizo todo porque se expresó a sí misma de manera toral y radical (cf. Mc 12,44). Lo que realmente cuenta es la forma oblativa del gesto: no importa realmente cuál sea el gesto.
La escena de Betania, en la práctica, pinta al mismo tiempo dos retratos: el de Jesús y el del discípulo: el de Jesús que, dejándose clavar en la cruz, continúa donándose todo, amando hasta el derroche, y el de aquel que, encantado por Jesús y por su exceso de amor gratuito, se deja invadir e impregnar por Él, y se deja salvar, se deja amar, dando luego, a su vez, el «más», donándose todo de manera creativa, desinteresada, gratuita.
En contraste surge la figura del discípulo mediocre.
Betania es la “casa de la amistad”. Jesús volvía allí con frecuencia, porque «amaba a Marta, a María y a Lázaro» (Jn 11,5). Aquí estamos en la casa de Simón el leproso, pero el contexto es el mismo: “Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con Él” (Jn 12,2).
En la escena, María está de pie, con una mano sobre el corazón y con la otra derramando ungüento; Ella está completamente vuelta hacia Jesús, con infinita ternura, atenta a cada gesto que pueda distraerla de lo que experimenta y lleva en el corazón.
El episodio evangélico está narrado según la versión de Marcos, que es también la de Mateo. Juan dice que estamos en Betania y esta mujer que entra es María de Betania. En Marcos y Mateo ella no tiene nombre, es una mujer misteriosa que se convierte en un símbolo muy fuerte. ¿De qué? De cómo los creyentes, aquellos que supieron creer, acogieron y reconocieron a Jesús.
Y así María de Betania o esta misteriosa mujer que entra en el banquete, nos dice algunas cosas más que importantes y sugerentes. Mientras tanto podemos notar que ella es una mujer hermosa. La mujer samaritana también es hermosa. Esta belleza expresa la belleza espiritual que hay dentro de ella.
Entra en este banquete, lleva en la mano «un frasco de alabastro lleno de perfume de nardo puro de gran precio» (Mc 14,3), lo parte y vierte su contenido sobre la cabeza de Jesús. ¿Por qué? El autor del relato de la escena subraya la ruptura del frasco, porque algo más se había roto en ella, se había roto su corazón.
La ruptura del frasco indica que en la mujer hay un transporte de amor que nada puede detener, que la empuja hacia ese profeta, ese maestro, cuyo misterio ha intuido.
Y en efecto, rompe su frasco y derrama el ungüento sobre la cabeza de Jesús.
Mientras Él está sentado, ella ata un paño a su cinturón y envuelve los de Jesús para decir que lo ungirá de la cabeza a los pies, que ungirá a Jesús todo. A ella no le importa lo que digan los demás, no le importa el despilfarro, el uso del dinero que, según algunos, podría usarse de manera mejor (cf. Mc 14,5). A ella no le importa nada de esto, a ella le importa Cristo primero y hace todo lo que puede hacer por Cristo.
El gesto de la mujer es un gesto eminentemente sacerdotal: es la unción como Sacerdote, Rey y Profeta, como Mesías esperado, y lo realiza una mujer. Muchos de los presentes se quedan impactados y se enfadan, poniendo como pretexto la excusa del despilfarro, pero en realidad la verdadera razón es que no pueden tolerar el hecho en sí, es decir, que una mujer, una mujer en ese contexto, un banquete, tenga la presunción de hacer semejante gesto hacia el invitado de honor. Pero Jesús la defiende y da gran importancia a su gesto: «Por todo el mundo se proclamará el Evangelio y se contará lo que ésta ha hecho, para memoria suya» (Mc 14,9).
María, por tanto, hace esto porque tiene el corazón roto y por eso derrama sobre Jesús lo que para ella es más precioso, que es el símbolo de sí misma. Con este gesto quiere expresar la donación total de sí misma al Señor.
En la terminología bíblica y patrística, de hecho, el “vaso roto” recuerda el “corazón contrito”, roto por el arrepentimiento y el amor – la terminología utilizada es la misma – y es esto lo que María experimenta: lo que da/derrama sobre Jesús es todo de sí misma. En la cultura de la época, el perfume (šemen, en hebreo) indica lo esencial (šem) de lo esencial (en). Aquí lo esencial de lo esencial ya no es el perfume sino el amor.
En la cruz, del Corazón roto de Jesús, lo esencial de lo esencial que brota de Él es su propia vida para la vida del mundo. Quien, como María, ha comprendido el gesto de amor extremo de Jesús y le responde, hace lo mismo, es decir, le da todo. Y expresa esta entrega total al Señor con un gesto simbólico: vierte perfume sobre Jesús. María vierte sobre el Maestro lo que para ella es más preciado: un perfume de nardo, pero lo que representa es mucho más preciado. Ese frasco roto, de hecho, habla de ella, de su corazón roto por la abundancia y la violencia del amor. Cuando el amor hace estallar el egoísmo y quiebra los límites, nada puede contenerlo.
Así, en el centro de la escena de Betania se subraya el tema del corazón roto, del que emerge lo esencial de lo esencial, es decir, la propia vida entera, el don de sí. Así mismo en la cruz hay un corazón roto, sobre todo de ahí viene lo esencial de lo esencial, de la vida misma de Dios, el amor de Dios por la salvación del mundo. Podemos observar entonces que el gesto de Jesús, la vida de Jesús, lo que hizo y cómo lo hizo y lo vivió, nos ayuda a comprender cómo podemos responder, cómo nos sentimos movidos a responder.
Mirar la figura de esta mujer nos ayuda a detener nuestro corazón en estos contenidos profundos y esenciales de nuestra vivencia de la fe. En nuestra oración personal, en la contemplación del misterio que se nos revela en la escena de Betania, invocamos al Espíritu Santo, para que nos conceda la capacidad de comprender más profundamente el misterio del Corazón roto de Jesús en la cruz y de dejarnos tocar por su amor y por la revelación que nos ofrece en el gesto de María de Betania.
Quien piensa que dar a Dios es robar al hombre, aún no ha sido alcanzado por el amor. Toda la historia nos atestigua que, cuando el amor a Dios se seca, el amor al hombre se convierte en un moralismo estéril y en una filantropía vacía.
Hemos entrado en la Semana Santa, en esta Semana Santa tan excepcional, y el primer regalo que nos ofrece la Escritura es este pasaje del Evangelio de Juan, cuando en Betania, seis días antes de Pascua, tiene lugar el banquete que quiere celebrar la resurrección de Lázaro. El regreso a la vida de este querido amigo de Jesús había conmocionado profundamente a los judíos y también a las hermanas de Lázaro.
De hecho, sabemos cómo después de cuatro días en el sepulcro los rabinos enseñaban que el cuerpo volvía definitivamente a ser polvo y Dios le quitaba ese aliento de vida que le había sido dado al principio.
Jesús, por tanto, es el dador de vida, el portador del aliento de vida que viene del Padre y la resurrección de Lázaro no es un milagro sino la presencia de Jesús entre ellos y entre nosotros, que consigue traer vida también allí donde la muerte ya se ha instalado. Y el verdadero signo es Jesús mismo, a quien en esta Semana Santa estamos invitados a descubrir a través de los Evangelios de la Pasión.
La casa de Betania, donde tiene lugar la cena, se debate entre la gratitud de las dos hermanas y los judíos por la nueva vida de Lázaro, pero también entre la envidia de aquellos, entre los fariseos y los Sumos Sacerdotes, que se sienten perturbados por el poder de la oración del Señor que se llama Hijo de Dios. Les perturba su manera de leer las Escrituras, que se entrelaza con la vida y la transforma. Están perturbados por el anuncio que hace del Reino de Dios y por su gran libertad. Leer más…
Comentarios desactivados en 19.3.25. Ficha laboral de San José, el carpintero de Nazaret (Mc 6, 3; Mt 13,55; Lc 4, 22)
Del blog de xabier Pikaza:
Así presentan a Jesús los evangelios sinópticos, lo mismo que Juan (4, 41-43). En las reflexiones que siguen dejo a un lado el tema teológico de su “concepción” virginal de Jesús, por el Espíritu Santo, para centrarme en su concepción, nacimiento e identidad como “tekton”, artesano en general o más concreto “carpintero”, lo mismo que José.
Sus antepasados eran probablemente emigrantes de Belén de Judea, que habían venido a Nazaret de Galilea, en tiempo de Alejandro Janeo (en torno al 100 a. C.), como agricultores, recibiendo en propiedad unas tierras, que les vinculaban a la promesa y bendición de Dios, en la línea que indican los libros antiguos (especialmente Levítico y Josué). Pero él (José), como otros muchos, había perdido la tierra, volviéndose así campesino sin campo (y quizá obrero sin obra).
| Xabier Pikaza
Introducción
Hoy, dentro de una sociedad industrializada, se nos hace difícil entender lo que aquello supuso, pues la mayoría no vivimos ya inmediatamente de la tierra, sino que nuestras “propiedades” se contabilizan en forma de inversiones, trabajo o dinero. En tiempos de Jesús, en la sociedad agraria de Galilea, el israelita “ideal” era un propietario de la tierra, un campesino bien casado, con familia y campo, que descubría y cultivaba el don de Dios en la siembra y la cosecha. En el momento en que un descendiente de campesinos (a no ser que fuera sacerdote) perdía la propiedad de su campo, solía quedar desamparado, en sentido económico y simbólico, es decir, religioso (perdía la herencia que Dios mismo había concedido a las familias de su pueblo). En este contexto se entiende la presentación de Jesús como artesano:
Marcos le define directamente a Jesús como “el tekton” (Mc 6, 3). Ésa es su escuela, ése es su oficio y carné de identidad: es un hombre que debe “vender” su trabajo, de forma que, para vivir, no se encuentra a merced de la “providencia de Dios” (lluvia) y de su propio esfuerzo (trabajo personal en el campo), sino que depende de la oferta y demanda de otros, en un mundo lleno de carencia y dureza. No es simplemente “tekton” (un carpintero/obrero como otros), sino “ho tekton”, con artículo definido: éste es su apodo o sobrenombre: el Artesano.
Antes de llamarse “el Cristo” (y para serlo), Jesús Galileo ha sido “tekton”, un obrero a merced de los demás, un hombre al que todos pueden llamar y mandar, para encargarle unas tareas, de las que él ha de vivir. La Obra de Dios, que asumirá después, está vinculada al trabajo inmisericorde de gran parte de la gente de su tiempo y de su tierra. Sin duda, tiene un conocimiento básico de la Escritura y se siente identificado con la tradición religiosa del judaísmo. Pero, al mismo tiempo, se encuentra a merced de las necesidades y ofertas laborales de otros hombres. Es evidente que esa situación implica una “disonancia” fáctica muy fuerte: su forma de vida no responde a lo que Dios había “prometido” a su pueblo.
Mateo parece suavizar esa afirmación y presenta a Jesús como “el hijo del tekton” (Mt 13, 5). Ese cambio puede responder a un intento de “atenuar” la dureza de su estado laboral, pues no se le llama directamente “el tekton” (sino el hijo del tekton), pero en realidad no la atenúa, sino que la refuerza y endurece. Jesús no es simplemente un “nuevo tekton”, alguien que acaba de empobrecer, por situaciones inmediatas de familia, sino que aparece como “el hijo de”,”: alguien que ha nacido en una familia que carecía ya de la seguridad económica que ofrece la propiedad de un campo, cultivado directamente, como signo de bendición de Dios. Cuando más tarde prometa a sus seguidores “el ciento por uno” en campos (agrous: Mc 10, 30 par), Jesús querrá invertir esa situación donde muchos hombres y mujeres como él no han tenido ni tienen un campo para mantener una familia.
Lucas y Juanpueden haber sentido embarazo de llamarle “tekton” o “hijo de tekton” y por eso cambian la expresión, diciendo: “¿No es éste el hijo de José?” (Lc 4, 22 y Jn 6, 42).Ciertamente, se podría afirmar que actúa así por un simple “ahorro verbal”: bastaría con decir que es “hijo de José”, no se necesita más información. Pero podemos recordar que Mc 6, 3 le llama “hijo de María” y, sin embargo, añade la otra información, llamándole “el tekton”. Todo nos permite suponer que Lucas (y Juan) han omitido el dato laboral porque, en el contexto donde escriben, les parece indigno definir a Jesús por un trabajo que le hace dependiente de los otros. Evidentemente, Jesús no tenía un currículo elevado.
Esta presentación de Jesús por su “trabajo” puede tener un aspecto negativo y otro positivo.
(1) Uno negativo: Jesús no es untekton de ocasión (hombre con tierras propias aunque, en ocasiones, trabaje también como artesano), sino el tekton, alguien sin trabajo propio, pues no tiene tierras ni hacienda agrícola, ni otros medios de subsistencia, sino sólo aquello que otros quieran ofrecerle como trabajo y salario, en un mundo sin contratos fijos ni salarios permanentes.
(2) Pero este dato puede ofrecer también un aspecto positivo: Jesús ha sido capaz de trabajar al servicio de los demás, dentro de un duro mercado de oferta y demanda. Así ha podido conocer la realidad social desde la perspectiva de precariedad y pobreza de los campesinos expulsados de su tierra. Ésta ha sido su escuela, una escuela donde se aprenden cosas que no están en la Escritura de los rabinos profesionales, ni en el templo de los sacerdotes [1].
Un israelita palestino (galileo) honorable debía ser propietario de una tierra, que Dios mismo le había “dado”,
de manera que podía vivir de ella, con su familia, trabajando con sus manos y recibiendo así la bendición de Dios, tal como lo ha seguido mostrando la legislación posterior de la Misná, donde, a lo largo de los siglos (del II al IV d. C.), se toma como referencia una sociedad de agricultores (grupos familiares) libres, propietarios de tierras que ellos mismos trabajan de un modo directo. Pues bien, por medio de una serie de cambios sociales, introducidos por la cultura greco-romana, que actuaba a través de la política urbanista y centralizadora de Herodes el Grande y de su hijo Antipas, una parte considerable de los agricultores de Galilea, a pesar de las leyes del Jubileo (cada familia volvía a poseer la propia tierra: Lev 25), fueron incapaces de mantener sus propiedades, volviéndose campesinos sin campo, sin otro remedio que hacerse obreros o mendigos para así sobrevivir.
José, el marginado. Comenzaba una época nueva. La propiedad de la tierra (antes de todas las familias) fue pasando a manos de unos pocos, de manera que gran parte de la población vino a engrosar el proletariado (y, en el mejor de los casos, el funcionariado) urbano de las nuevas capitales (Séforis, Tiberíades), construidas por los reyes herodianos. Desde ese fondo se entiende la situación del Jesús tekton, campesino sin campo, agricultor sin agro. En contra de lo que prometían las bendiciones de Israel y las promesas davídicas, José era un hombre sin importancia social: no formaba parte de los propietarios de tierras (en las que se expresa la bendición de Dios), ni era heredero de una estirpe sacerdotal acomodada, como pudo ser Juan Bautista (cf. Lc 1) y como fue F. Josefo (según su Autobiografía) [2].
En sentido social y económico, José era heredero sin herencia. Conocía la pobreza desde dentro y no de un modo “intelectual”, como muchos “eclesiásticos” judíos o cristianos y como casi todos los teóricos modernos de occidente, que hablan (hablamos) de una miseria “ajena” (que no es nuestra), aunque nosotros mismos la provoquemos. Jesús no era un simple “pobre de espíritu”, sino un pobre real, por su situación como tekton o artesano. En ese sentido se le puede llamar “judío marginal” (como hace J. P, Meier, Un judío marginal, Verbo Divino, Estella 1998 ss), aunque nosotros preferimos llamarle “marginado”, porque le han expulsado al margen de la sociedad israelita y él ha protestado como veremos en todo lo que sigue [3].
Marginal y marginado. En un sentido, era marginal como supone Meier: venía del margen de la tierra de Palestina (de Galilea), no tenía conocimientos académicos ni poderes económicos, era un galileo sin cargo especial, ni función importante en la vida del pueblo: no era sacerdote, escriba o representante de una familia rica… Pero, en sentido más estricto, es un marginado, pues le han arrojado al margen los cambios sociales y económicos que Galilea ha venido sufriendo en los últimos decenios, dentro de un mundo religioso controlado cada vez más por escribas (de las varias escuelas), sacerdotes oficiales y miembros de la nueva aristocracia económica (que ha pactado con Roma). Es un artesano, está a merced del trabajo que le ofrecen otros, de manera que no puede cumplir la Ley como la cumplen aquellos que disponen de tiempo y contexto apropiado para ello (como muchos fariseos). Jesús no tiene trabajo propio y por eso vive a merced de la propiedad y trabajo de otros.
Un marginado activo. La marginalidad le ha vinculado con otros muchos hombres y mujeres de su tiempo, expulsados como él de la corriente de los privilegiados de la tierra. Esa misma situación le ha capacitado para entender desde otra perspectiva y de otra forma la Escritura de su pueblo y para iniciar una nueva interpretación de la herencia israelita (pero empalmando con la tradición de la liberación de Egipto). Es un marginado, pero no un resentido (no propugna la violencia reactiva en contra de los ricos). Es un marginado con un potencial inmenso de creatividad positiva. Desde ese fondo se entiende la respuesta que Jesús ofrece a los retos de su tiempo, la manera en que ha venido a situarse ante la realidad israelita, formulando (iniciando y recorriendo) un proyecto de juicio de Dios ante el Jordán, con entrada posterior en la tierra prometida (acompañando a Juan Bautista) e iniciando después un camino de Reino (por sí mismo y con los pobres, en Galilea) [4].
¡Marginados del mundo, escuchad!Jesús era un campesino desposeído y, por eso, no podía trabajar para (por) sí mismo, sino que debía poner su tiempo y su vida a disposición de otros (dadores de trabajo), sin la seguridad que, en aquel tiempo, concedía un tipo de posesión privada, en especial un campo de cultivo [5]. Por eso, cuando habla de “pobreza” y llama bienaventurados a los ptojoi (que no son los que deben realizar un trabajo duro para subsistir, sino los mendigos, aquellos que no tienen nada, ni siquiera trabajo), Jesús no está proponiendo una teoría sobre otros, sino que hablando de su propia situación de marginado, que conoce y comparte la suma pobreza de las gentes de su entorno. Jesús no entiende su marginalidad como principio de una actitud agresiva, que desemboca en la venganza, sino como fuente de una forma distinta de crear o recrear la sociedad [6].
No es un marginal que se retira y aleja, saliendo de los círculos sociales, como alguien que no tiene nada que aportar, un “idiota” que no sabe oponerse y decir “no” (Nietzsche, El Anticristo), alguien que no ofrece nada positivo a las instituciones sociales que son la base del eterno Israel, construido precisamente con buenas instituciones (J. Klausner), sino que se ha opuesto al mundo dominante de una forma mucho más radical. Jesús no rechaza las cosas desde arriba, ni pide o concede limosna, ni se limita a mejorar lo que ya existe, con unos pequeños retoques, ni ofrece su opción desde dentro del sistema, sino que inicia un camino fuerte de construcción social y humana, precisamente desde aquellos que, como él, carecen de tierra y estabilidad económica. Ésta es su forma de “oponerse”, la más profunda que conozco [7].
En esa línea podemos afirmar que su escuela ha sido el trabajo y la pobreza, pero no un trabajo “propio”, realizado por personas que son dueñas de sus campos (y que deben defender su propiedad, contratando quizá a unos artesanos), sino el trabajo alienado de millones y millones de personas, que no tienen nada propio y que dependen de aquello que otros quieran ofrecerles. Jesús no ha sido un trabajador autosuficiente (dueño de su empresa o campo), sino “hetero-dependiente”, como los artesanos, los parados, los mendigos, que no pueden alimentarse ni dependen de sí mismos (¡pues no tienen nada propio!), sino que depende de aquello que otros quieran (o no quieran) ofrecerles. Sólo desde esa situación se entiende su oferta de Reino.
José y Jesús, artesanos dependientes. Jesús ha logrado aprender en la escuela del trabajo opresor, como artesano dependiente. Una situación como la suya ha destruido y destruye a gran parte de los hombres y mujeres, pero algunos, como Jesús, han logrado reaccionar y ofrecer una respuesta que abre caminos de humanidad. De manera creadora habían respondido, en otro tiempo, los hebreos oprimidos en Egipto (condenados a realizar duros trabajos a la fuerza), cuando salieron de Egipto y buscaron formas nueva de existencia en pobreza y libertad compartida. Algo semejante ha sucedido con Jesús: desde una situación social y laboral muy parecida, en las nuevas circunstancias de Galilea, desde la periferia del gran Imperio Romano, retomando las raíces religiosas de Israel, desarrollando un proyecto radical de Reino.
Jesús no ha sido uno de aquellos “carpinteros sabios”, que ha creído descubrir G. Vermes, hombres eficientes, con trabajo asegurado, que podían volverse maestros de otros buenos trabajadora, pues tenían suficiente tiempo libre para argumentar sobre problemas muy profundos de la Ley israelita. Al contrario, Jesús ha debido formar parte de los carpinteros-obreros sin tierra, que, conforme al ideal del jubileo israelita (Lv 25), quedaban fuera del espacio de las bendiciones de Israel. No ha sido un “pensador de tiempo libre”, experto en mejorar lo que existe, sino profeta en tiempos de opresión, pues no quería adaptarse sin más en lo que existe, sino acoger y crear una alternativa de Reino, conforme al modelo y promesa de la historia israelita [8].
Venimos suponiendo que sus antepasados podían haber emigrado desde Belén de Judea a Nazaret de Galilea, con el fin de poseer una tierra buena, una heredad para el trabajo y la familia, según la voluntad de Dios, conforme a las promesas… Pero, en cualquier caso, fuera oriundo de Belén o haya nacido de una familia que vivía por siglos en la misma Galilea, lo cierto es que ha sido víctima de las trasformaciones de los últimos decenios, viniendo a ser un hombre sin tierra ni trabajo propio, como uno de aquellos que esperan cada día el posible jornal que les ofrezca algún “amo” (cf. Mt 20, 1-16). Su mensaje no ha sido un “lujo espiritual”, desconectado de la vida, sino una propuesta de respuesta a los problemas de la vida.
Así le encontramos como obrero no especializado, un artesano del ramo de la construcción, que quizá ha servido por un tiempo en el mercado laboral del rey Antipas, en sus nuevas ciudades (Séforis, junto a Nazaret; Tiberíades, junto al lago de su nombre), o ha estado al servicio de otros propietarios agrícolas. Ciertamente, ha podido tener más movilidad que un campesino con tierras y más necesidad de conocimiento que un propietario, pero ha carecido del poder y, sobre todo, de la seguridad que ofrece un campo propio, una herencia israelita [9].
El trabajo en la propia casa-campo arraiga al hombre y su familia en una tierra y una historia, que la Escritura de Israel ha vinculado a Dios. La familia agrícola posee una identidad sagrada que suele mantenerse mucho tiempo, pues tradición y tierra se trasmiten por generaciones… En una familia de ese tipo el padre (con la madre) es el testigo de Dios, portador de unas bendiciones y valores, que se mantienen con muy pocos cambios, a lo largo de siglos. En ese contexto, Dios tiende a manifestarse a través de la sacralidad de la tierra y de la continuidad del grupo, sancionando unos valores de justicia y solidaridad, simbolizados por los padres, que garantizan la continuidad de la vida (herencia) [10].
Lógicamente, los padres eran signo de Dios como autoridad y garantía de vida para los hijos de “buena” familia. En esa línea, el Dios israelita había cumplido una función esencial, a lo largo de la historia. Pero ya no respondía a las necesidades de los campesinos sin tierra, entre los que hallamos a Jesús Galileo. Por eso, era necesario volver más atrás de la “herencia” de la tierra, garantizada por el paso de los padres a los hijos. Había que volver más allá, a un tiempo en que los hebreos no tenían tierra, superando la forma de propiedad y seguridad familiar que había valido después.
Los artesanos de Galilea vivían en una situación más parecida a los hebreos de Egipto, sin seguridad material o social (sin una familia que pudiera garantizar la propiedad de la tierra). Los campesinos galileos habían perdido o estaban perdiendo la “herencia de Dios” (la tierra); de manera que ya no podían creer en el Dios de los “buenos” propietarios y tenían que buscar nuevas formas de experiencia religiosa y/o convivencia. Ellos carecían ya de “patrimonio” (vinculado al patriarcado): no tenían tierras que dejar en herencia a los hijos, de manera que, estrictamente hablando, carecían de herederos. En el fondo, los artesanos aparecían como hombres sin patria duradera, itinerantes que iban pidiendo trabajo en aldeas y pueblos. En realidad, ellos no tenían ya estructuras familias (casas), pues ellas estaban vinculadas a la tierra.
El artesano podía ser un temporero sin formación, pero también podía aparecer como un técnico especializado, capaz de volverse rico. Pero le faltaba la identidad representada por la tierra que se transmite y hereda de padres a hijos, le faltaba el arraigo de la familia que se alza y asegura en torno a una propiedad, de manera que viene a presentarse como un hombre sin raíces permanentes. Pero, en compensación, podía tener la oportunidad de conocer otros pueblos y gentes, logrando así una visión más extensa de las condiciones de vida del conjunto de los hombres, especialmente de los pobres. En ese fondo se sitúa la vida y mensaje de Jesús, a quien veremos como constructor de nueva familia [11].
Los rasgos anteriores nos permiten descubrir en José y en Jesús una fuerte disonancia cognitiva y vital. (1) Por un lado, como descendiente de una familia vinculada a Belén, se siente portador de la promesa davídica, que incluye la posesión de una tierra, de la que todos han de ser propietarios, compartiendo la herencia de Dios. (2) Pero, al mismo tiempo, forma parte de una gran masa de hombres y mujeres que han perdido la tierra, de manera que parecen expulsados de la herencia de Abrahán y de David. En ese contexto, él se siente llamado a ofrecer una experiencia nueva de “heredad” a los pobres y marginados, que están fuera del espacio abierto por las promesas de Abraham, por las esperanzas de David [12].
Desde ese fondo ha de entenderse el mensaje de las bienaventuranza (¡los mansos heredarán la tierra! Cf. Mt 5, 5) y la promesa del “ciento por uno”: aquellos que, por una parte, lo han perdido (o lo han dejado) todo recibirán de otra manera, por caminos nuevos (pero en esta misma tierra), el “ciento por uno” en familia, casas, campos etc. (cf. Mc 10, 29-30). Ese “ciento por uno” resulta imposible allí donde se mantiene el antiguo sistema, que ha dividido a los hombres en propietarios (que tienen y aumentan lo tenido) y expulsados (que lo han perdido todo); pero es posible y lógico allí donde se instaura un tipo de propiedad no clasista ni posesiva, que permite que personas y familias compartan lo que tienen. Para entender mejor ese mensaje, que iremos desarrollando, podemos ofrecer aquí un sencillo esquema de división de clases que nos permitirá situar el entorno de Jesús, desde la perspectiva de la educación por el conflicto y el trabajo [13]:
José y Jesús viven en un mundo que se encuentra dominado, de hecho, por una clase mercantil que ha separado ya el dinero (capital) de la vida real, es decir, del trabajo inmediato y de las necesidades concretas de los hombres y mujeres. Ciertamente, no parece que Jesús haya sido un “purista” estricto, ni tampoco un “reformador económico”: no ha condenado en principio a todos los “comerciantes”, ni ha rechazado a los “publicanos” (recaudadores de impuestos, al servicio de un orden socio/económico que era, a fin de cuentas, romano), a los que gran parte del pueblo consideraba impuros. Pero, mirando las cosas a mayor profundidad, él ha querido poner el comercio y dinero al servicio de los pobres, de un modo “gratuito” (por comunicación directa entre los hombres), de manera que su proyecto implicaba un cambio total en la manera de ver la economía. En ese sentido decimos que ha sido más que un reforma
El imaginario simbólico de Jesús lo forma una sociedad sin clases, una federación de agricultores, pastores (y pescadores del lago), que que comparten bienes y trabajos. Unos y otros, agricultores, pastores/pescadores, han de ser componentes básicos de una sociedad igualitaria (no mercantil, no imperial), formada por familias y clanes libres, que reflejan un tipo de presencia de Dios en la que no hay supremacía ni dependencia de unos respecto de otros. Por eso, estrictamente hablando, según Jesús, no debería haber campesinos (sometidos) porque su sociedad ideal (en la línea de Lev 25: ley del jubileo), debería estar formada por agricultores/pastores que mantienen un mismo nivel económico, de producción, intercambio y consumo de bienes. Leer más…
Comentarios desactivados en “Más silencio, menos motosierra”, por Koldo Aldai Agirretxe
ECLESALIA, 28/02/25.- Prefiere, sin lugar a dudas, permanecer discreta, reservada, callada. Creo que en el fondo se teme a sí misma y al estrago que pueda causar. A la «Shell» que hemos comprado le cuesta rugir, como si recelara exhibir todo su desmesurado potencial. A veces hemos de esperar a que venga el vecino a arrancarla, a veces hemos de resignarnos y retornar a la hacha silenciosa, tenaz, infalible, por ende paciente.
Una vez en marcha el molesto ruido no ahuyente las preguntas imprescindibles. Cuando la motosierra empieza a rugir en medio de la sagrada paz del bosque deberemos tornar humildes, pedir permiso si queremos ver por los suelos los enhiestos hermanos. Acabar con cualquier orden de vida emplace nuestra conciencia. El depósito de la máquina necesita su precisa mezcla de aceite y gasolina, también nuestros adentros acertada combinación de respeto y veneración por cuanto nos rodea.
En el pasado, cuanto menos, mediaba el sudor y el esfuerzo de la sierra de mano. La tala era más meditada y selectiva. Ahora el esfuerzo es mínimo y el acelerador y su rugido desatan un poder desmesurado. Los humanos constituimos un peligro con esas poderosas máquinas en nuestras manos. En la mente de quien las maneje siempre la divisa de un bien mayor. El mandatario también está llamado a darle al “start” con cuidado, a bañarse de humildad, a evitar estridencias, a intentar no rugir en exceso y acabar de repente con cuanto le precedió. Si la desolación física es grande, la desolación de la motosierra exhibida ante la multitud es mayor.
Ese ruido infernal nos enseñorea. Producen gran estruendo y nuestro mundo ya se saturó de ruido. El operar de esas poderosas máquinas a menudo va acompañado de desolación y destrucción. Nuestros bosques no deben de ser destruidos, los pilares de nuestros estados de derecho tampoco deberían ser cercenados. La motosierra no es por lo tanto el regalo más adecuado. No se debiera obsequiar con facilidad, menos aún a políticos de accionar fácil e irresponsable. La Vida pone en nuestras manos unas sierras demasiado poderosas para nuestro relativo nivel de conciencia. No es fácil hacer un uso justo, adecuado, contenido de ellas. Es preciso saber cuándo, dónde y por qué activarlas.
Rugimos cuando albergamos pobres silencios, tristes palabras, huecas soflamas. “El siglo XXI será espiritual o no será” pronosticó André Malraux. La disyuntiva se manifiesta cada vez más nítida e incuestionable: futuro de ruido, confusión, estruendo y motosierra o futuro como el que apuntaba el profético filósofo francés de recogimiento y despertar a nuestra dimensión más interna. El silencio es el espacio imprescindible de maduración personal y colectiva. El silencio se ha convertido en uno de nuestros bienes colectivos más preciados; silencio interno y externo, silencio de la mente infatigable, de «la loca de la casa» que diría HP Blavatsky y silencio exterior en medio de un ruido y una desinformación crecientes.
Reconozco haber sentido cierto pudor, sino vergüenza, al entrar con la motosierra rugiente en el bosque indefenso, solitario. Ojalá algo de ello sintieran los políticos populistas al hacer rugir la motosierra en sus actos multitudinarios. Nos inquietan esas motosierras elevadas a los escenarios, a los altares políticos, al protagonismo de la “cosa pública”; nos preocupa ese trapicheo de motosierras entre los poderosos del mundo. Dicen que quieren acabar con la burocracia, pero, una vez puesto en marcha, su filo torna ciego y acaba cortando de cuajo derechos, cercenando incluso libertades.
Los que honran todo reino de vida, los que defienden el silencio y los bosques pierden escaños. En Alemania runrunea también ahora con más fuerza la motosierra. Los que piensan y proyectan en exclusiva primera persona, los que no dan crédito a que los hielos se deshielan y la atmósfera se calienta; los que no aprecian el silencio, ni desean apagar nunca los motores, ni detener las chimeneas, los que no sienten que todos los pueblos son igual de grandes y que constituimos familia planetaria…, gobiernan en cada vez más países. Mientras, debido al cambio climático, los fenómenos atmosféricos extremos se multiplican acarreando las brutales consecuencias que ya conocemos. El caos, la destrucción y el dolor no deban aumentar para ralentizar las motosierras y su desarrollismo desbocado.
Avanza la ola del atronador nacional-populismo. Escala cada vez más poderes. El estruendo de la motosierra se extiende por doquier, amenaza nuestra necesidad de sosiego, nuestro anhelo de paz, de construir un mundo solidario, fraterno en el que por fin haya un lugar para todos. Nuestra humanidad necesita más silencios para volver a acogerse, encontrarse y valorarse a sí misma. Nadie más grande que el otro. Ya no la fuerza del que tiene más máquina, más motor y decibelios, sino la fuerza de la razón y la compasión aunadas que emanan de una ciudadanía madurada en espesos silencios, renacida en su dimensión más elevada.
Bienaventurados los que se vacían
de pensamientos, imágenes y sentimientos
porque ellos serán llenados por Dios.
Bienaventurados los que aprenden
a estarse quietos,
porque descubrirán la fuerza de Dios
que se mueve en su interior.
Bienaventurados los que se cultivan por dentro,
porque quedarán limpios de toda sombra
y actuarán con libertad.
Bienaventurados los hambrientos de ser,
puesto que sólo ellos alcanzarán la auténtica humanidad.
Bienaventurados los compasivos,
pues han comprendido
que el destino de cualquier persona
es el propio.
Bienaventurados los silenciosos,
puesto que han descubierto su verdadero hogar.
Bienaventurados los pacificados,
porque darán al mundo
lo que el mundo realmente necesita.
Bienaventurados los orantes,
porque han comprendido
que si nos preocupamos por las cosas de Dios,
Él se preocupa por las nuestras.
Bienaventurados vosotros
cuando os reprochen
que huis del compromiso
para retiraros a vuestra soledad.
Yo os digo que vuestra recompensa
será grande en este mundo
pues lo veréis en su verdadero color.
*
Pablo d’Ors.
***
En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
–«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo,porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya habéis recibido vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís,porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con losfalsos profetas»
*
Lucas 6, 17. 20-26
***
Las bienaventuranzas nos indican el camino de la felicidad. Con todo, su mensaje suscita con frecuencia perplejidad. Los Hechos de los apóstoles (20,35) refieren una frase de Jesús que no se encuentra en los evangelios. Pablo recomienda a los ancianos de Efeso: «Tened presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”». ¿Debemos concluir de ahí que la abnegación sea el secreto de la felicidad?
Cuando evoca Jesús «la felicidad del dar», habla apoyándose en lo que él mismo hace. Es precisamente esta alegría -esta felicidad sentida con exultación- lo que Cristo ofrece experimentar a los que le siguen. El secreto de la felicidad del hombre se encuentra, pues, en tomar parte en la alegría de Dios. Asociándonos a su «misericordia», dando sin esperar nada a cambio, olvidándonos a nosotros mismos hasta perdernos es como somos asociados a la «alegría del cielo». El hombre no «se encuentra a sí mismo» más que perdiéndose «por causa de Cristo».
Esta entrega sin retorno constituye la clave de todas las bienaventuranzas. Cristo las vive en plenitud para permitirnos vivirlas a nuestra vez y recibir de ellas la felicidad. Con todo, para quien escucha estas bienaventuranzas, queda todavía el hecho de que debe aclarar una duda: ¿qué felicidad real, concreta, tangible, es la que se ofrece? Ya los apóstoles le preguntaban a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos sequido; ¿qué recibiremos, pues?» (Mt 19,27). El Reino de los Cielos, la tierra prometida, la consolación, la plenitud de la justicia, la misericordia, ver a Dios, ser hijos de Dios. En todos estos dones prometidos, en todos estos dones que constituyen nuestra felicidad, brilla una luz deslumbrante, la de Cristo resucitado, en el cual resucitaremos. Si bien ya desde ahora, en efecto, somos hijos de Dios, lo que seremos todavía no nos ha sido manifestado. Sabemos que, cuando esta manifestación tenga lugar, seremos semejantes a él «porque le veremos tal cual es»
*
(1 Jn 3,2) (J.-M. Lustiger Sed felices, San Pablo, Madrid 1998.
Comentarios desactivados en In memoriam: Día de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. יום הנצחה לזכרם של קורבנות השואה
El 27 de enero se celebra internacionalmente el Día de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, una fecha que Naciones Unidas estableció en 2005 con el objetivo de rendir homenaje a las víctimas del genocidio judío. En 2024 se conmemora este recuerdo, cuando se cumplen 82 años del envío de homosexuales a campos de concentración nazis y 80 de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz.
«Sería un peligroso error pensar que el Holocausto fue un simple producto de la locura de un grupo de criminales nazis. Más bien todo lo contrario, el Holocausto fue la culminación de milenios de odio, culpabilización y discriminación de los judíos, lo que ahora llamamos antisemitismo.».
Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres.
Leche negra del alba te bebemos de tarde
te bebemos al mediodía y en la mañana
te bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Un hombre vive en la casa
juega con las serpientes
escribe cuando oscurece a Alemania tu pelo de oro
Margarete
escribe y sale de la casa
y brillan las estrellas y silba a sus perros
silba a sus judíos
y los manda a cavar una tumba en la tierra
y nos ordena ahora toquen para bailar
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Un hombre vive en la casa
y juega con las serpientes y escribe
y escribe cuando oscurece a Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Grita
caven más hondo canten unos toquen otros
y empuña el acero del cinto
lo blande
sus ojos son azules
hundan más hondo las palas
toquen unos bailen otros
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
un hombre juega con serpientes
Grita toquen más dulce la muerte
La muerte es un maestro de Alemania
y grita toquen más oscuro los violines
luego ascienden al aire
convertidos en humo
sólo entonces tienen una tumba en las nubes
donde no están encogidos.
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía
la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos en la tarde y de mañana
bebemos y bebemos
la muerte es un maestro de Alemania
sus ojos son azules
te alcanzan sus balas de plomo
te alcanzan sin fallar
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
lanza sus mastines contra nosotros
nos regala una tumba en el aire
juega con las serpientes y sueña
la muerte es un maestro de Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith.
Con el recuerdo de los 1. 200 israelíes asesinados y los 251 rehenes de los que 105 fueron, hechos el pasado 7 de octubre de 2023 y la salvaje represalia israelí sobre Gaza que ha dejado ya cerca de 47.000 muertos. Una parte de los rehenes (105) fueron liberados a finales de noviembre de 2023 durante la primera tregua y otros más, junto a palestinos presos en en la actual tregua, Sin embargo, Benjamín Netanyahu ha continuado con la destrucción y el genocidio que está perpetrando en Palestina y liberando a los agresivos colonos que siguen cometiendo asesinatos y ocupaciones ilegales …
A pesar de tanto dolor, muerte, destrucción y falta de empatía, misericordia y justicia, hoy seguimos pensando que el dolor y el sufrimiento nos hermana como únicos hijos del Dios que en בְּרֵאשִׁית, Bereshit (Génesis) ante el asesinato de Abel nos pregunta:
Comentarios desactivados en “Un universo interior”, por Miguel Ángel Mesa
De su blog Otro Mundo es posible:
«Tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba»
(Agustín de Hipona).
Adentrarnos en la vida interior es como si nos uniéramos a una expedición de espeleólogos, que se adentraran en una cueva hasta el momento inexplorada, en la que la luz lo es todo para poder caminar, pero a veces se acaban las pilas de la linterna y hay que reponerlas a oscuras, no movernos, y dejarnos guiar por los sonidos, las aguas subterráneas, la brisa del aire… para llegar a descubrir nuevos caminos, pinturas sorprendentes, estalactitas y estalagmitas, que unen el cielo de la cueva con la tierra de la misma, quizá una salida por otro lugar donde podamos recibir con gozo, de nuevo, la luz del sol.
Los problemas que se siguen sufriendo en nuestra sociedad, a pesar de los sacrificios, los recortes, la merma de derechos que se nos impone, especialmente a los más desfavorecidos, no ceja en continuar proponiendo para la salida de la misma, el que consumamos más, como única recta para que haya más desarrollo. Y el consumo irresponsable, sin medida, lo único que consigue es hacernos salir, pero no para dirigirnos al encuentro del otro, sino únicamente a la tienda física o virtual en la que podamos satisfacer nuestros deseos más inmediatos.
Nadie nos va a proponer que reflexionemos, que indaguemos cuáles son nuestras principales necesidades, que pasemos por el tamiz de nuestra vida interior todos nuestros anhelos y sueños. Y que, por encima de todo, nos sintamos libres para decidir qué es lo que precisamos de verdad, sin acumular por justicia con los más desfavorecidos, qué carencias y obligaciones tenemos, con nosotros mismos y con los demás.
Cuando mantenemos un diálogo cercano, cordial, amistoso y profundo con el otro que nos acompaña o con quien nos encontramos, dejando que hablen los corazones, los sentimientos, notamos cómo se dilata nuestra felicidad y nuestra humanidad. Estas conversaciones y encuentros tienen que llegar a formar parte de nuestra vida interior, para gustarlos, reflexionarlos, digerirlos, que nos alimenten y den fruto. Desde ahí vamos encontrando nuestra más íntima identidad, que se va transformando a la vez con las experiencias vitales que vamos recogiendo por los senderos que recorremos cada día, diferentes, únicos.
Cuando la experiencia profunda de la vida interior nos lleva a aislarnos, a entristecernos, a olvidar los problemas de la gente, esa práctica no es positiva y provoca los efectos contrarios de lo que se pretende. La incursión en la vida interior tiene que producir, como provecho y beneficio, un mayor y gozoso encuentro con los demás, una relación más fluida y cordial, un compromiso para sentir con los otros sus y nuestras penas y alegrías. Por lo tanto, el fortalecimiento de nuestra vida interior, solo tiene sentido si nos ayuda a mejorar nuestra forma de ser, si hace más humana nuestra humanidad, en contacto y unión íntima, vital con los demás.
El cultivo permanente, cuidadoso de la vida interior, de la espiritualidad, según José Arregi, «puede valer para nuestros días, porque necesitamos liberarnos del miedo y reconciliarnos con nosotros mismos; porque no nos basta lo que tenemos, lo que sabemos, lo que podemos; porque necesitamos seguir creyendo en la bondad a pesar de todos los males que hacemos y padecemos; porque es preciso seguir esperando activamente en otro mundo mejor».
«Felices quienes intentan contemplar y penetrar en su hondón personal, para ser en verdad lo que buscan: ellos mismos».
Comentarios desactivados en El bautismo de Jesús es su momento de “salir del armario”. También puede ser el nuestro.
El artículo de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland, una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religious publicado por New Ways Ministry.
Las lecturas litúrgicas de hoy del Domingo del Bautismo del Señor, están disponibles aquí.
Durante las últimas semanas, hemos estado celebrando la llegada de Jesús a este mundo como uno de nosotros. Hoy, celebramos su bautismo, su “salida” al mundo como adulto.
Jesús tiene 30 años cuando va a ver a Juan, que está bautizando en el desierto. Juan está advirtiendo a todo el que quiera escuchar que el Reino de Dios está cerca. Está llamando a las personas a arrepentirse de su pecado y volverse a Dios. Cuando se le pregunta cómo hacerlo, Juan les dice que den a los pobres y compartan su comida con los hambrientos.
Tenga en cuenta que Juan no está en el templo mientras predica. La Buena Noticia es proclamada a todos para que “todos vean la salvación enviada por Dios”, como nos recuerda la primera lectura litúrgica de hoy. En la predicación de Juan, nadie es considerado privilegiado ni exento de tomar una decisión personal de volverse a Dios.
Jesús acepta el mensaje de Juan y decide ser bautizado. Cuando lo hace, su verdadera identidad se revela cuando el Espíritu Santo desciende sobre él y se escucha una voz: “Tú eres mi amado; en ti tengo mis complacencias”.
La vida de Jesús cambia drásticamente después de eso. Su verdadera identidad ahora es conocida. ¡Ya no puede volver atrás!
Solo puedo imaginar lo que sintió Jesús en ese momento. ¿Aceptó las palabras de Isaías? “Aquí está mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco, en quien he puesto mi espíritu”. ¿Se sintió amado? ¿O estaba confundido por el mensaje del Espíritu? ¿Tenía miedo? Jesús era completamente humano. Supongo que estaba sintiendo muchas emociones después de esta experiencia y por eso se fue al desierto durante 40 días.
Recuerdo mi propio proceso de salir del armario. Definitivamente no me sentí elegida ni amada. Más que nada, me sentí traicionada. Había internalizado mucha de la homofobia que me rodeaba: en mi familia y amigos, en la escuela católica a la que iba y en la iglesia. No quería ser parte de una identidad LGBTQ+ para mí. Luché por comprender mi orientación sexual e identidad de género.
Sin embargo, a medida que crecí en mi identidad, descubrí a los Juanes Bautistas en mi vida que me invitaron a la plenitud y a reconocer que es en el desierto dentro de mí donde escucharé y conoceré a Dios. Me llaman una y otra vez a ser bautizada, a rechazar la negatividad interior y a abrazar el Evangelio. Abrí mi corazón al Evangelio y escuché que Dios está complacido conmigo como soy y que el Espíritu de Dios habita dentro de mí. Mi verdadera salida del armario se produjo cuando finalmente pude escuchar la voz de Dios en mi interior: «¡Tú eres mi Amado, mi elegido! Estás hecho a mi imagen y semejanza”. ¡Mi vida nunca ha sido la misma!
¿Quiénes son los Juan Bautistas en tu vida? ¿Puedes escuchar su desafío y sus afirmaciones para reconocer que Dios vino a traerte libertad y amor? ¿Qué necesitas hacer para aquietarte y poder escuchar la voz del Espíritu en tu interior? La Voz del Espíritu te habla: “Tú eres mi amado, mi elegido, en quien tengo complacencia”. ¿Puedes escucharla?
Comentarios desactivados en “No ahogar el amor solidario”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)
El amor es la energía que da verdadera vida a la sociedad. En toda civilización hay fuerzas que generan vida, verdad y justicia, y fuerzas que provocan muerte, mentira e indignidad. No siempre es fácil detectarlo, pero en la raíz de todo impulso de vida está siempre el amor.
Por eso, cuando en una sociedad se ahoga el amor, se está ahogando al mismo tiempo la dinámica que lleva al crecimiento humano y a la expansión de la vida. De ahí la importancia de cuidar socialmente el amor y de luchar contra todo aquello que puede destruirlo.
Una forma de matar de raíz el amor es la manipulación de las personas. En la sociedad actual se proclaman en voz alta los derechos de la persona, pero luego los individuos son sacrificados al rendimiento, la utilidad o el desarrollo del bienestar. Se produce entonces lo que el pensador norteamericano Herbet Marcuse llamaba «la eutanasia de la libertad». Cada vez hay más personas que viven una «no libertad confortable, cómoda, razonable, democrática». Se vive bien, pero sin conocer la verdadera libertad ni el amor.
Otro riesgo para el amor es el funcionalismo. En la sociedad de la eficacia lo importante no son las personas, sino la función que ejercen. El individuo queda fácilmente reducido a una pieza del engranaje: en el trabajo es un empleado; en el consumo, un cliente; en la política, un voto; en el hospital, un número de cama… En esta sociedad, las cosas funcionan; las relaciones entre las personas mueren.
Otro modo frecuente de ahogar el amor es la indiferencia. El funcionamiento de la sociedad moderna concentra a los individuos en sus propios intereses. Los demás son una «abstracción». Se publican estudios y estadísticas tras los cuales se oculta el sufrimiento de las personas concretas. No es fácil sentirnos responsables. Es la administración pública la que se ha de ocupar de esos problemas.
¿Qué podemos hacer cada uno? Frente a tantas formas de desamor, el Bautista sugiere una postura clara: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». ¿Qué podemos hacer? Sencillamente compartir más lo que tenemos con aquellos que viven en necesidad.
Comentarios desactivados en “Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 12 de enero de 2025. Bautismo del Señor
Leído en Koinonia:
Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo
Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.
Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.
El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.
El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.
Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…
Hace seis días celebrábamos la visita de los Magos de Oriente, cuando Jesús tenía unos dos años de edad, según Mateo. Hoy celebramos su bautismo, cuando tenía unos treinta años, según Lucas. Si exceptuamos la visita al templo de Jerusalén con doce años, de la infancia, adolescencia y vida adulta, hasta el bautismo, no sabemos nada.
El bautismo de Jesús (Lucas 3,15-16.21-22)
Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:
En aquel tiempo, como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajo el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma, y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.
Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.
La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.
La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.
El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.
El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)
Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura.
Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.
El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).
Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.
El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.
Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)
La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»
“Pasó haciendo el bien”. Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.
Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.
En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?
Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.
El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.
¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?
Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.
Oración
Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.
Comentarios desactivados en Hoy celebramos que Jesús nació del agua y del Espíritu.
DOMINGO 1º BAUTISMO DE JESÚS (C)
Lc 3,15-22
Comenzamos el “tiempo ordinario”. El bautismo es el primer acontecimiento que los evangelios nos narran de la vida de Jesús. Es, además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga teológica que el relato encierra. El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante años. Jesús descubrió el sentido de su vida, lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás.
Los cuatro evangelistas resaltan la importancia que tuvo para Jesús el encuentro con Juan el Bautista y el descubrimiento de su misión. A pesar de que es un reconocimiento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Ningún relato nos ha llegado de los discípulos de Juan. Todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene grandes posibilidades de ser histórico.
Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado porque nos lanza más allá de lo sensible.
Lucas no da ninguna importancia al hecho físico. Destaca los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de que Dios se acerca a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera sensible para poder ser percibida. Lo importante no es lo que sucedió fuera, sino lo que vivió Jesús dentro de sí mismo.
El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta que punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos “espíritu” significa a lo mismo.
Marcos:1,10Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.
1,12El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.
Mateo:3,16Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.
Lucas:3,22El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.
4,1Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.
4,14Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea.
4,18El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Juan:1,32Yo he visto que el Espíritu que bajaba del cielo y permanecía sobre él.
1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.
3,5Nadie puede entrar en el Reino, si no nace del agua y del Espíritu.
6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.
Hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad. Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él, como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él. El bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad.
En el discurso de Juan en la última cena, Jesús hace referencia al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos, volveré. Esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. También dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu. No tenemos datos para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, pero los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación mucho más que personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en aquella época y aún en la nuestra.
Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios. El único objetivo de su predicación fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. La comunicación de Jesús con su «Abba«, no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido. A través de la oración, de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. En este caso, Lucas dice que esa manifestación de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.
El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su conciencia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse absolutamente con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.
La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos. Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.
¿Cómo interpretaron los primeros cristianos, todos judíos, este relato? Dios, desde el cielo, manda su Espíritu sobre Jesús. Para ellos Hijo de Dios y ungido era lo mismo. Hijo de Dios era el rey, una vez ungido; el sumo sacerdote, también ungido; el pueblo elegido por Dios. Lo más contrario a la religión judía era la idea de otro Dios o un Hijo de Dios. ¿Cómo debemos interpretar nosotros esa interpretación? Hoy tenemos conocimientos suficientes para recuperar el sentido de los textos y salir de una mitología que nos ha despistado durante siglos. Jesús es hijo de Dios porque salió al Padre, imitó en todo al Padre, le hizo presente en todo lo que hacía. Pero entonces también yo puedo ser hijo como lo fue Jesús.
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