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“Juntos andemos, Señor”… de la mano de Teresa de Jesús

Viernes, 15 de octubre de 2021

Hoy, el Carmelo Teresiano, la Iglesia Católica y muchos creyentes del mundo entero, recordaremos a esta genial mística castellana y española, Teresa de Jesús… Yo os recomiendo vivamente leer sus Obras completas, acercarse a alguna de las buenas biografías que hay en el mercado. Caminemos de la mano de esta mística de la Humanidad de Cristo, maestra de oración que en el capítulo ocho de su autobiografía nos recuerda que, “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5).

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“Estando en la Encarnación el segundo año que tenía el priorato, octava de San Martín, estando comulgando, partió la Forma el Padre fray Juan de la Cruz, que me daba el Santísimo Sacramento, para otra hermana. Yo pensé que no era falta de Forma, sino que me quería mortificar, porque yo le había dicho que gustaba mucho cuando eran grandes las Formas (no porque no entendía no importaba para dejar de estar el Señor entero, aunque fuese muy pequeño pedacico). Díjome Su Majestad: «No hayas miedo, hija, que nadie sea parte para quitarte de Mí»; dándome a entender que no importaba. Entonces representóseme por visión imaginaria, como otras veces, muy en lo interior, y dióme su mano derecha, y díjome: «Mira este clavo, que es señal que serás mi esposa desde hoy. Hasta ahora no lo habías merecido; de aquí adelante, no sólo como Criador y como Rey y tu Dios mirarás mi honra, sino como verdadera esposa mía: mi honra es ya tuya y la tuya mía». Hízome tanta operación esta merced, que no podía caber en mí, y quedé como desatinada, y dije al Señor que o ensanchase mi bajeza o no me hiciese tanta merced; porque, cierto, no me parecía lo podía sufrir el natural. Estuve así todo el día muy embebida. He sentido después gran provecho, y mayor confusión y afligimiento de ver que no sirvo en nada tan grandes mercedes.”

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Rel 35;Cfr 7M 2, 1).

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“Lo que pasa en la unión del matrimonio espiritual es muy diferente: aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual, aunque más delicada que las dichas , como se apareció a los Apóstoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo: «Pax vobis»“. Continúa diciendo sobre esta unión de Dios y el alma: “Es un secreto tan grande y una merced tan subida lo que comunica Dios allí al alma en un instante, y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo comparar, sino a que quiere el Señor manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual“. *

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 Moradas. 7, capítulo 2, núm 2,3

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Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.”

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(Libro de la Vida, capítulo 9,1)

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“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejara yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo, que no me tornase a levantar, con darme Vos siempre la mano; y muchas veces, Señor, no la quería, ni quería entender cómo muchas veces me llamabais de nuevo.

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(Libro de la Vida, capítulo 6,9)

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“Juntos andemos Señor.

Por donde vayas tengo que ir,

por donde pases tengo que pasar.”

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(Camino de Perfección 21, 26)

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Entre los pucheros anda el Señor…

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“No es sola esta persona, que otras he conocido de la misma suerte, que no las había visto algunos años había y hartos; y preguntándoles en qué se habían pasado, era todo en ocupaciones de obediencia y caridad. Por otra parte, veíalos tan medrados en cosas espirituales, que me espantaban. Pues ¡ea, hijas mías!, no haya desconsuelo cuando la obediencia os trajere empleadas en cosas exteriores; entended que, si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior.”

*

Fundaciones 5, 8

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“Francisco de Asís, en quien el ser humano resultó bien”, por Leonardo Boff

Lunes, 4 de octubre de 2021

san-francisco-de-asc3ads-y-el-hermano-leproso6Considerando el panorama mundial, la violencia bélica en varias naciones con terribles matanzas de seres humanos, o la violencia de estudiantes que, enardecidos, invaden una escuela y abaten a tiros a decenas de compañeros, por no hablar de las torturas y de los abusos que se cometen contra inocentes, nos surge espontánea la pregunta: ¿el ser humano ha resultado bien? ¿No somos una excrecencia del proceso evolutivo?

Nos cuesta identificar figuras ejemplares que nos desmientan esta tétrica impresión. Pero gracias a Dios existen, como un Don Helder Câmara, una Hermana Dulce, la Hermana Teresa de Calcuta, un Chico Mendes, un José Mujica, ex-presidente de Uruguay, un Gandhi, un Dalai Lama y un Papa Francisco, entre otras.

Pero quiero detenerme en una figura seminal en la que la humanidad resultó bien de un modo convincente: San Francisco de Asís. Uno de los legados más fecundos del “Sol de Asís” como lo llama Dante, actualizado hoy por Francisco de Roma, es la predicación de la paz, tan urgente en los días actuales. El primer saludo que dirigía a los que encontraba por los caminos era “Paz y Bien”, que corresponde al Shalom bíblico. La paz que ansiaba no se restringía a las relaciones interpersonales y sociales. Buscaba una paz perenne con todos los elementos de la naturaleza, tratándolos con el tierno nombre de hermanos y hermanas.

Su primer biógrafo Tomás de Celano testimonia maravillosamente el sentimiento fraterno que lo invadía:

«Se llenaba de inefable gozo todas las veces que miraba el sol, contemplaba la luna y dirigía su vista hacia las estrellas y el firmamento. Cuando se encontraba con las flores, les predicaba como si estuviesen dotadas de inteligencia y las invitaba a alabar a Dios. Lo hacía con tiernísima y conmovedora candidez: exhortaba a la gratitud a los trigales y los viñedos, a las corrientes de los ríos, a la belleza de las huertas, a la tierra, al fuego, al aire y al viento».

Esta actitud de reverencia y de ternura lo llevaba a recoger las babosas de los caminos para que no las pisasen. Durante el invierno daba miel a las abejas para que no muriesen de escasez y de frío. Pedía a los hermanos que no cortasen los árboles por la raíz con la esperanza de que pudiesen rebrotar. Hasta las malas hierbas debían tener un lugar reservado en los huertos, para que pudiesen sobrevivir, pues «ellas también anuncian al hermosísimo Padre de todos los seres».

Sólo puede vivir esta intimidad con todas las cosas quien ha escuchado su resonancia simbólica dentro del alma, uniendo la ecología ambiental con la ecología profunda. Jamás se situaba por encima de las cosas sino a su mismo nivel como quien convive verdaderamente como hermano y hermana, descubriendo los lazos de parentesco que unen a todos.

El universo franciscano y ecológico nunca es inerte. Todas las cosas están animadas y personalizadas. Descubrió por intuición lo que sabemos actualmente por vía científica (a través de Crick y Dawson, que descifraron el ADN): que todos los vivientes somos parientes, primos, hermanos y hermanas, pues todos tenemos el mismo código genético de base.

De esta actitud nació una paz imperturbable, sin miedos y sin amenazas. San Francisco realizó plenamente la espléndida definición que la Carta de la Tierra encontró para la paz: «Es la plenitud creada por relaciones correctas consigo mismo, con las demás personas, con otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del cual somos parte» (n.16 f).

El Papa Francisco parece estar realizando las condiciones para la paz, fundada en la compasión por los que sufren, por la valiente denuncia del sistema que produce miseria y hambre, y por la permanente búsqueda de la justicia social que deja atrás la filantropía para dar lugar a los cambios estructurales.

La suprema expresión de la paz, hecha de convivencia fraterna y cálida acogida de todas las personas y cosas está simbolizada por el conocido relato de la perfecta alegría, donde, a través de un artificio de la imaginación, Francisco presenta todo tipo de injurias y violencias contra dos cofrades, uno de ellos él mismo. Aunque habían sido reconocidos como cofrades, fueron vilipendiados moralmente y rechazados como gente de mala fama.

En este relato de la perfecta alegría, que encuentra paralelos en la tradición budista, Francisco va paso a paso, desmontando los mecanismos que generan la cultura de la violencia.

La verdadera alegría no está en la autoestima, ni en la necesidad de reconocimiento, ni en hacer milagros y hablar lenguas. En su lugar coloca los fundamentos de la cultura de la paz: el amor, la capacidad de soportar las contradicciones, el perdón y la reconciliación más allá de cualquier reclamación, retribución o exigencia previa. Vivida esta actitud irrumpe la paz, la paz del corazón, inalterable, capaz de convivir jovialmente con las más duras oposiciones, paz como fruto de un completo despojamiento. ¿No son estas las primicias de un Reino de justicia, de paz y de amor que tanto deseamos?

Esta visión de la paz de San Francisco representa otro modo de estar-en-el-mundo junto con las cosas, una alternativa al modo de ser de la modernidad y de la posmodernidad, asentado sobre el estar-sobre-las-cosas, dominándolas y usándolas de forma irrespetuosa para el enriquecimiento y el disfrute sin el menor sentido de sobriedad.

El descubrimiento de la hermandad cósmica nos infundirá un espíritu de respeto y nos devolverá la claridad y la inocencia infantil de la edad adulta, importantes para que salgamos bien de la crisis.

Leonardo Boff escribió Francisco de Asís: ternura y vigor, 6ª edición, Sal Terrae, 1995.

Traducción de MJ Gavito MiIano

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La Cruz Gloriosa

Martes, 14 de septiembre de 2021

 Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

 


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Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo,  cómplices?

 

*

Don Helder Camara,
Un pensamiento para cada día”,
Médiaspaul, 2010

 

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Jesus in Love

***

Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.

*

Jean Vannier

***

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Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.

Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .

*

G. di S. M. Maddalena,
Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss

***

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El blog en Agosto…

Lunes, 2 de agosto de 2021

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Querido hermano, querida hermana,

Desde hoy, el blog adopta,  durante agosto un ritmo vacacional. El Foro, como siempre, estará  activo diariamente.

En la portada, donde aparecen las  publicaciones diarias, se intentará seguir un ritmo regular, diario,  pero puede que no… (especialmente, como hoy tras este post, sí se publicarán diariamente las “migajas de espiritualidad” y el artículo de espiritualidad, además de la cita dominical con el Evangelio)… sin embargo, podrás, seguro,  encontrar publicaciones aleatorias de noticias, artículos o textos inéditos.

Para estar seguro de  no perderte nada, no te olvides de visitar el blog diariamente.

Mientras tanto muchos posts, artículos, noticias y… fotografías sugerentes que quizá se te habrán escapado, están ahí esperándote.  Es el momento de ir a visitarlas.

Ver y ver de nuevo, magia de las palabras, lo imaginario de las fotos, holgazaneo, sensualidad,  ensueño …

Sin olvidar un poco,  mucho, de espiritualidad …

Descanso del cuerpo,  sosiego del alma …

Buenas vacaciones a  todas y  todos

Besos

Mudejarillo

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Una espiritualidad de los sentidos: una provocación inicial

Lunes, 2 de agosto de 2021

espiritualidad-sentidos-provocacion-inicial_2359274066_15651540_660x371¿Cuál es mi proyecto espiritual para este momento de mi existencia histórica?

“Si la vida espiritual, al cabo de los años, no favorece en nosotros el sentido de la realidad y el crecimiento de nuestra libertad interior, no está siendo bien llevada”, escribía el teólogo Jean Gouvernaire

La espiritualidad que hoy se sigue desplegando, enseñando y validando es aquella que podríamos llamar “la mística del alma”, que propone cerrar la puerta a los sentidos y buscar a Dios en lo profundo

Sin negar sus aportes, hoy urge una relectura de su espiritualidad desde una antropología más integral. Releer sus intuiciones para generar una nueva síntesis: una mística cotidiana, corporal, solidaria e integradora

17.07.2021 | Marco Enrique Salas Laure

La escritora, filosofa, ensayista y directora de cine, Susan Sontag, en su ensayo La estética del silencio, con contundencia afirmaba: “Cada época debe reinventar para sí misma su proyecto de espiritualidad”. Desde que leí esta frase, me es inevitable pensar sobre el proyecto de esta época, de este momento histórico. Además, pienso en un proyecto no solo universal sino y, sobre todo, personal. ¿Cuál es mi proyecto espiritual para este momento de mi existencia histórica? Sin duda, sigo buscando caminos y respuestas. Hace unos días también recordaba aquella expresión del teólogo Jean Gouvernaire sj sobre la espiritualidad: “Si la vida espiritual al cabo de los años, no favorece en nosotros el sentido de la realidad y el crecimiento de nuestra libertad interior, no está siendo bien llevada”.

Creo que “reinventar para sí” significa hacer una relectura de lo que hemos creído, orado y meditado desde el cristianismo y a qué le hemos llamado Espiritualidad en la amplia biografía de este movimiento de seguidores y seguidoras de Jesús. Esta relectura se plantearía en estos términos: “encontrar una nueva hermenéutica, de arriesgar una nueva síntesis, de proponer, partiendo del acto de creer, pero también del acto de vivir, una nueva gramática sapiencial” (José Tolentino Mendonça).

Tan solo me pregunto: todos, ¿estamos listos para hacer una nueva síntesis? ¿Estamos abiertos a una nueva gramática sapiencial? Tal vez sí, tal vez no. Lo que si es cierto es que en muchos espacios pastorales y eclesiales la espiritualidad que hoy se sigue desplegando, enseñando y validando es aquella que podríamos llamar “la mística del alma”.

La mística del alma

Esta mística (proyecto de espiritualidad) propone cerrar la puerta a los sentidos y buscar a Dios en lo profundo. De esto se sigue que, si una persona quiere encontrarse con Dios, caminar hacía él, solo podrá hacerlo en el ejercicio de la interioridad. Curiosamente, esta propuesta de interioridad en muchos gestó una atrofia y desprecio por los sentidos. Esta mística busca relativizar y renunciar a los sentidos corporales. Estos sentidos se categorizan como malignos y fuentes del error (en la filosofía encontramos a un Descartes, por ejemplo, defendiendo esta postura) y, por tanto, no es bueno confiarse de ellos. Dicho esto, si los sentidos son fuente del error y no se puede confiar en ellos y si la persona quiere alcanzar a Dios y la divinidad: se ve obligado a renunciar a su sensibilidad. En muchos espacios comunitarios esto significa renunciar a llorar, a preguntarse, a dudar, a entrar en crisis de fe o, lo que es más grave, no poder orar desde lo que uno es y siente sino desde las oraciones del folleto.

Además, esta mística desarrolló una ascesis y una rigurosidad muy clara, consolidando la idea de que la divinidad huye y se oculta de las posibilidades del cuerpo y su gramática (su manera de comunicarse, de hablar). Todo esto llevó a que muchos adoptaran el camino de la fuga mundi: desligarse del mundo, desligarse del mundo habitual y cotidiano; y por tanto, de los sentidos. El objetivo era entrar a un espacio más digno de la divinidad: el interior. Según esta mirada, la auténtica morada de Dios es la interioridad del ser humano. En esta dirección tenemos a grandes exponentes como San Agustín y San Juan de la Cruz.

Sin negar sus aportes, hoy urge una relectura de su espiritualidad desde una antropología más integral. Releer sus intuiciones para generar una nueva síntesis: una mística cotidiana, corporal, solidaria e integradora.

La mística del cuerpo 

La espiritualidad cristiana más popular y vivida es aquella que, como hemos mencionado, acentúa el distanciamiento del cuerpo y del mundo. Esto tiene como base la idea de que lo espiritual es más elevado y digno que lo sensorial. Negando así que la espiritualidad se despliega desde y en el cuerpo.

Sin embargo, revisando la antropología bíblica descubrimos que las rivalidades y oposiciones que muchos hoy sostienen, a saber: alma y cuerpo, interior y exterior, practica religiosa y vida cotidiana, espiritualidad y encarnación no están en términos generales en conflicto. Por ejemplo, según el relato del Génesis, Dios modeló al ser humano con “arcilla del suelo” y sopló en su nariz el “aliento de vida”. Estos dos elementos, arcilla y aliento, hacen del ser humano un ser viviente. Creo que esta es la gramática sapiencial que urge reinventar y proponer a los seres humanos de este momento. Somos cuerpo y sensibilidad, espíritu valiente y apasionado, al mismo tiempo que abrazamos una fragilidad, unas aporías, unas tensiones internas que nos hacen ser quienes somos. Me parece que por estar “batallando”, “peleando” con esta porción de arcilla que somos hemos perdido la capacidad de reconciliarnos con nuestra propia contingencia, con que no podemos todo, con que hay días que nos duele más la vida y nos pesa más respirar.

Somos cuerpo y sensibilidad, espíritu valiente y apasionado, al mismo tiempo que abrazamos una fragilidad, unas aporías, unas tensiones internas que nos hacen ser quienes somos

Dicho esto, siento que es hermoso mirar esto desde el relato del mítico del Génesis. El ser humano que busca explicar los misterios profundos de la vida a través de relatos dice: Dios nos ha hecho de arcilla y soplo divino. Tal vez, el escritor del Génesis esta dejando plasmado su propia experiencia humana entretejida por la de otros porque ¿Quién no se ha sentido hecho de arcilla y espíritu?

Este relato, plantea una síntesis entre la espiritualidad divina, puesto que es Dios quien sopla su vida sobre el ser humano y la vitalidad terrena representada en la arcilla. Dicho de otro modo, el barro, nuestro barro, es el lugar donde nos encontramos con el soplo, con el Espíritu de Dios.

Urge recuperar esta visión unitaria del ser humano para superar la idea de que el cuerpo es un simple revestimiento exterior o la prisión del espíritu (platonismo y neoplatonismo). En este sentido, el teólogo francés Louis-Marie Chauvet afirma: “Lo más espiritual no sucede sino por mediación de lo más corpóreo”.  A su vez, el teólogo portugués José Tolentino Mendonça dice: “Hay más espiritualidad en nuestro cuerpo que en nuestra mejor teología”. Ojalá que así sea.

Recuperar el camino de los sentidos 

Sin duda, los sentidos son un camino que conduce al encuentro con Dios. Ellos nos abren a la presencia de Dios en el instante del mundo. Sentir es parte de nuestra experiencia humana, como muy bien decía el poeta: “No sé sentir, no sé ser humano” (Fernando Pessoa).

A propósito de esto, nos viene bien recordar que por medio de los sentidos “el cuerpo se informa” (Michel de Certeau, S.J.). ¿Sabes que es lo mas bello? El salmista dice que hay que “gustad y apreciad qué bueno es el Señor” (Salmo 34, 8). La palabra hebrea “ṭa-‘ă-mū” (טַעֲמ֣וּ) que sugiere la acción de comer, saborear, examinar probando. Dicho de otro modo, a Dios los “saboreamos” como cuando mi padre me hacia con amor y cariño patacones rellenos de carne (un plato que comimos tantas veces juntos). Ese sabor, ese momento en el que el paladar explota, ¿has pensado que a que sabe Dios? Pues para mi, sabe a patacones con carne. ¿Recuerdas que imagen usa Jesús para hablar del Reino? ¡Correcto! Un banquete. En fin, gustar, saborear a Dios es vivir, experimentar en el instante del mundo su presencia. Informar a nuestro cuerpo que Dios es el Padre del banquete alegre, cotidiano que parte su pan con nosotros y para todos.

Pongamos otros ejemplos: el tacto permite que no nos limitemos a topar los unos con los otros, sino que nos encontremos. Siento que nuestro cuerpo es la memoria del tacto de los otros, como me abrazaban mis abuelos o no, como me acariciaba mi madre o no, cada una carga con su porción de ausencias en el cuerpo y de presencias alegres. Abrazar a mi padre cada vez que Panamá goleaba en un partido, una memoria imborrable. Por eso, creo que nuestra biografía es, de alguna manera, una historia compuesta de tacto y piel. De allí que toquemos o no, de la manera en la que nos han o no nos han tocado.

Nuestra biografía es, de alguna manera, una historia compuesta de tacto y piel. De allí que toquemos o no, de la manera en la que nos han o no nos han tocado

Así mismo podríamos ir revisando sentido por sentido: tacto, gusto, olfato, vista y oído. En cada uno de ellos encontraríamos mucho sobre la manera en la que entramos en relación con nosotros y con los demás. Ellos son “medio, contacto, diálogo, comunicación, encuentro con lo exterior, la realidad, el otro, es decir, Dios en el mundo” (Anna Sánchez Boira) y nos revelan “quiénes somos, qué nos interesa, qué nos afecta, dónde estamos y con quién nos relacionamos” (Ibíd.).

Finalmente, nuestro cuerpo se encarna en el mundo y se informa a través del acto cotidiano de presencia. Al mismo tiempo, nuestra vida interior, nuestro despliegue creativo y espiritual, lo que nos mueve y alimenta, lo que nos apasiona y nos derrumba, todo va acompañado por la vida de nuestro cuerpo.

Orar con el cuerpo

Concluyo esta provocación e intento de pensar y plantear un proyecto de espiritualidad pensando en esta expresión de Tolentino Mendonça: “Son nuestros cuerpos los que rezan, no sólo nuestros pensamientos. […] La oración ocupa cada uno de nuestros cinco sentidos”.

¿Qué tal sería orar con cada uno de ellos? ¿Ensayar la oración con el tacto, gusto, olfato, vista y oído, en diferentes momentos o días? Lo que si es seguro es que Dios es cómplice de nuestra afectividad, es omnipotente y frágil, sobrenatural y sensible. Por eso, necesitamos mirar de nuevo el cuerpo, reconciliarnos con él pues somos: la profecía de un amor incondicional y en nuestro cuerpo, gramática de Dios.

Si me preguntan por dónde empezar, como le decía a Maria Trivino de @teoelemental, hay que iniciar un proceso de conversación para saber que Dios no “solo” está en este espacio, tiempo o lugar sino que me puedo encontrar con él en muchos lugares, el aquí planteado: en mi cuerpo.

¿Terminamos orando? Te comparto estos versos de González Buelta:

No amanezcas, Señor,
que todavía mis ojos
no aprendieron a verte
en medio de la noche.

No me hables, Señor,
que todavía mis oídos
no logran escucharte
en los ruidos de la vida.

No me abraces, Señor,
que todavía mi cuerpo
no percibe tu piel
en los saludos y la brisa.

No me endulces, Señor,
que todavía mi garganta
no saborea tu ternura
en medio de lo amargo.

No me perfumes, Señor,
que todavía mi olfato
no huele tu presencia
en el olor de la miseria.

¡Bautiza mis sentidos
con el lento discurrir
de tu gracia encarnada
fluyendo por mi cuerpo!

Recomendaciones de lecturas para profundizar:

Aubin, Catherine O.P., and Isidro Arias Pérez. Las Ventanas Del Alma. Amar y Orar Con Los Cinco Sentidos. 1a ed. Sal Terrae, 2013.

Ciner, Patricia Andrea. Los sentidos espirituales en la teología de Orígenes. ¿Metáfora o realidad? en Peretó Rivas, R. y Martin De Blassi, F. (eds.) Atentos a sí mismos y atentos a la realidad. Reflexiones en torno a la atención y los sentidos espirituales. Buenos Aires: TeseoPress, 2020. Disponible en https://www.teseopress.com/atencionplena/chapter/los-sentidos-espirituales-en-la-teologia-de-origenes-metafora-o-realidad-2/

Isabel Gómez-Acebo (Ed.) Orar desde las relaciones humanas. Desclee de Brouwer, 2001.

Mendonça, José Tolentino, and Teresa Matarranz. Hacia Una Espiritualidad de Los Sentidos. Fragmenta, 2016.

Navarro Puerto, Mercedes, Isabel Gómez-Acebo, Trinidad MC León Martín, Alicia Fuertes Tuya, and Marta Zubía Guinea. Cinco Mujeres oran con los sentidos. Desclee de Brouwer, 1997.

Fuente Religión Digital

Espiritualidad ,

El grito del silencio

Martes, 20 de julio de 2021

Jesús-y-sus-discípulos-A propósito de Mc 6, 30-34
Bernardo Baldeón
Madrid.

ECLESALIA, 19/07/21.- Érase una vez un reino que era muy ruidoso; el chirrido de las máquinas, el estruendo de los cuernos y los gritos de las gentes lo llenaban todo y el ruido llegaba hasta los confines del mismo.

Un año, el joven príncipe que había crecido en medio del ruido, declaró que el día de su cumpleaños quería oír el ruido más grande del mundo. Publicó un edicto diciendo que el día de su cumpleaños, a mediodía, todos los ciudadanos de su reino se reunirían delante del balcón del palacio y durante un minuto gritarían con toda la fuerza de sus pulmones.

En un rincón lejano del reino una mujer encontró el edicto ridículo y preocupante y dijo a su marido que mientras los otros gritaran, ella abriría simplemente la boca y haría como que gritaba. Se lo contó también a su mejor amiga y esta a otra y aquella a otra…

Cuando llegó la hora señalada, el reino, por primera vez en su historia, se calló. Y el joven príncipe escuchó, por primera vez en su vida, el canto de los pájaros, el murmullo del agua de los arroyos y el susurro del viento entre las hojas de los árboles… El príncipe lloró de alegría.

Nosotros también vivimos en el reino del ruido. Ruido en las calles, en las casas, en los coches y en los corazones.¿Cuándo es la última vez que experimentaste la alegría de un profundo silencio? Cuanto más civilizados creemos ser más ruidos experimentamos.

Dicen que el silencio es precioso, pero ¿quién lo necesita? Hacemos cosas por dinero, por placer y otras muchas para matar el tiempo. Dicen que cuando Adán se aburría con la pacífica compañía de Dios, Dios dio cuerda al primer reloj. Desde ese momento, el reloj se ha convertido en nuestro tirano y marca el ritmo de nuestras vidas.

Jesús, en el evangelio del domingo pasado (Mc 6, 30-34), invita a sus discípulos a un sitio tranquilo para descansar con Él. Este aparte, este tiempo de paz y oración, de quietud y descanso, es tan necesario como el respirar. Sin él podemos perder el centro. Donde está tu tesoro allí está tu centro. Y Dios es nuestro origen y nuestro destino. Nosotros, como los apóstoles, necesitamos un lugar y un tiempo para descansar, orar, escuchar y aprender de Jesús.

Cuando queremos conocer a alguien le preguntamos cómo se gana la vida. Soy maestro, bombero, oficinista, abogado… Y así pensamos que conocemos ya toda su vida. La mejor manera de conocer una persona es saber lo que hace en su tiempo libre. Más importante que lo que uno hace es saber quién eres cuando no haces nada.

Nada de lo que nosotros podemos hacer nos hace más valiosos de lo que Dios ya nos ha hecho a cada uno.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Sinodalidad y espiritualidad

Viernes, 16 de julio de 2021

Abre camino“El Espíritu se derrama y vive en espiritualidades muy diversas y plurales”

“Este nuevo Sínodo puede y debe ser un acontecimiento innovador para una Iglesia que se hace pueblo de Dios en los pueblos de la tierra”

“Si la Iglesia, como nos invita el Papa Francisco, asume ponerse en camino sinodal debe mirar, en primer lugar, a quienes sufren, a las personas y pueblos pobres, a emigrantes, refugiados, a quienes están en el abismo de la marginación”

“Esta ‘nueva sinodalidad’ inspirada por el Espíritu, que late en tantas espiritualidades, es dialogante, solidaria, abierta, compartida, liberadora”

“Sin embargo todavía persisten reticencias autoritarias jerárquicas y clericales y posiciones conservadoras recurrentes”

El camino de la Iglesia está trazado, según la Constitución pastoral del Vaticano II, entre “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”. Es su hoja de ruta para cumplir su misión en salida al mundo en que vive y al que está enviada, “ungida” por el Espíritu, como Jesús de Nazaret, a fin de dar la “buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y oprimidos…” (Lc 4,18). Sólo siguiendo esa dirección será fiel a quien vino para realizar la más profunda liberación de la humanidad y la plenitud de toda la creación. Esta es la misión que constituye su identidad, desde la comunidad más humilde hasta su extensa presencia en este mundo.

Desde aquí nace y se concreta el sentido de la sinodalidad, es decir, de su “caminar juntos”, de su andadura común, movida por el Espíritu al servicio solidario de la humanidad.

 Por tanto si la Iglesia, como nos invita el Papa Francisco, asume ponerse en camino sinodal debe mirar, en primer lugar, a quienes sufren, a las personas y pueblos pobres, a emigrantes, refugiados, a quienes están en el abismo de la marginación al que gran parte de la humanidad ha sido avocada por sistemas y poderes inhumanos, impulsores de una “economía de la exclusión y la inequidad”.

A esta sinodalidad le impulsa el Espíritu que se derrama y vive en espiritualidades muy diversas y plurales; en especial en aquellas que se experimentan y viven dentro de esa marginalidad económica, cultural, social, política. Estas espiritualidades ofrecen a la sinodalidad su talante para caminar juntos en la construcción del mundo justo y fraternal, en una tierra cuidada, casa común, en el amor universal y en la fraternidad sin fronteras, tal como Francisco propone en Fratelli tutti y Laudato si’.

Esta “nueva sinodalidad” inspirada por el Espíritu, que late en tantas espiritualidades, es dialogante, solidaria, abierta, compartida, liberadora. Parte, como insiste el mismo Papa, “de lo bajo, de la gente, de los problemas de cada día”. Su diálogo se realiza, sin excepciones, con las plurales espiritualidades, en especial con aquellas que una falsa altivez espiritualista ha excluido y olvidado.

Por eso la espiritualidad sinodal debe ponerse a la escucha de otras espiritualidades que se viven en las periferias del mundo actual; de las que están extendidas en otras culturas, pueblos y religiones; de las que ofrecen y practican un profundo sentido místico, como las orientales. Pero no para incluirlas en sus dogmas y doctrinas, sino para aprender de ellas y de su sabiduría respetando sus diferencias y pluralidad. Porque, como también recordó el mismo Concilio, reconoce en ellas lo que hay de “verdadero y santo”.

Por tanto, la auténtica sinodalidad también es caminar junto a quienes buscan, viven y experimentan la sabiduría en sus experiencias espirituales tan diversas, indígenas, de otras creencias religiosas, de otras convicciones y experiencias, también agnósticas y ateas. De lo contrario corremos el riesgo de una sinodalidad cerrada en los ámbitos eclesiásticos que recorte los horizontes e impida caminar hacia una apertura solidaria para ofrecer respuestas comunes y participación solidaria al atormentado mundo de hoy, en especial en estos tiempos de pandemia y de sus consecuencias de creciente empobrecimiento y desigualdad.

En consecuencia, la sinodalidad debe ser dialogante con esas espiritualidades que, incluso más allá de instituciones religiosas, viven la presencia del Espíritu en el corazón de la humanidad, en toda la creación, con un sentido holístico.

Una espiritualidad sinodal nos invita, por tanto, a escuchar con empatía, a dialogar con libertad, a aprender con humildad, a comunicarnos sin miedo ni reservas porque el Espíritu sopla donde quiere (Jn 4,8). Impulsar tal sinodalidad es confiar en ese Espíritu. El Papa, no lo duda cuando insiste en que el Sínodo “debe comenzar desde las pequeñas comunidades, de las pequeñas parroquias… de la totalidad del Pueblo de Dios”. Estos lugares serán aptos si viven los problemas de cada día en su entorno, si están cerca y comparten las búsquedas, esperanzas de las personas y grupos más necesitados con los que conviven, si su centro no es la parroquia y su culto, sino la situación de quienes sufren, si su compromiso les lleva a unirse a sus luchas por la justicia, la fraternidad, la igualdad.

Sin embargo todavía persisten reticencias autoritarias jerárquicas y clericales y posiciones conservadoras recurrentes. Muchas de las llamadas comunidades cristianas e Iglesias particulares están alejadas de la vida y se encierran temerosas en sus prácticas devocionales. Por tanto se hace necesaria y urgente una espiritualidad de la audacia, de la parresia, de la utopía, de la profecía, del diálogo donde todas las personas aprendemos de todas, en especial de las más humildes, marginadas, desprotegidas. Esto supone cambiar posturas eclesiásticas dominantes para poder escuchar al Espíritu que se manifiesta en los signos de los tiempos, en la vida de las personas, mujeres y hombres con sus problemas de cada día, en los conflictos y luchas liberadoras.

Ahí habla el Espíritu para quien sabe escucharle en su cualidad humana profunda, en su relación con los demás, en el sufrimiento y también progresos y gozos, en el silencio contemplativo solidario; pero no, ciertamente, en la imposición y sumisión; menos aún en el alejamiento de los problemas de la gente o en quienes vuelven la vista cuando van por su camino sin atender a tantas personas tiradas y abandonadas en las cunetas de la vida.

Por supuesto, no todo lo que se presenta como espiritualidad es tal. El sentido critico y discernimiento son necesarios para no dejarse llevar por vientos cambiantes y navegar a la deriva. La auténtica espiritualidad proviene del Espíritu que es libertad, relación y compromiso ético y, en última instancia, amor. Para el cristiano su referencia básica es Jesucristo quien la llevó a sus últimas y plenas consecuencias dando su vida por los demás, para que todas y todos tengamos vida en abundancia (Jn 10,10).

A su vez, toda auténtica espiritualidad es sinodal, es decir, escucha otras experiencias en un diálogo comunicativo; camina compartiendo sus sentimientos espirituales más hondos y las luchas por sus aspiraciones a una vida digna en la justicia; conduce a una relación profunda que lleva a descubrir la unidad humana, cósmica, holística donde está el Espíritu que alienta la totalidad. Una espiritualidad sinodal es, por tanto, dialogante, compartida, relacionada, donde nadie está por encima de nadie y la única autoridad es servicio a los más humildes desde el evangelio liberador (Lc 4,18). No se aleja de la realidad en espiritualismos desencarnados ni, desde pretendidas verdades absolutas, se cierra al diálogo abierto y libre.

Siguiendo la línea y propuestas del Papa Francisco, este nuevo Sínodo puede y debe ser un acontecimiento innovador para una Iglesia que se hace pueblo de Dios en los pueblos de la tierra a fin de caminar juntos, sinodalmente, en la lucha por la justicia. Porque, como lo afirmó ya el Sínodo de 1971 en su documento sobre “Justicia en el mundo”: “La esperanza y el avance que animan profundamente al mundo, no son extraños al dinamismo liberador del evangelio y al poder del Espíritu que ha resucitada Cristo de la muerte… porque si el mensaje cristiano sobre el amor y la justicia no muestra su eficacia en la acción por la justicia en el mundo, muy difícilmente será creíble por los hombres de nuestro tiempo”.

Será, en consecuencia, una Iglesia sinodal, porque camina, sufre, acompaña y lucha guiada y alentada por el Espíritu liberador, que inspira tantas espiritualidades, para lograr pueblos hermanos en una tierra cuidada donde a nadie le falte techo, trabajo y pan dentro de la paz que brota de la dignidad humana y de la justicia.

Fuente Religión Digital

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“Sophia perennis”: la sabiduría eterna, por José Arregi

Miércoles, 14 de julio de 2021

41CoKPLkQrL._SX322_BO1,204,203,200_Sophia perennis, la “sabiduría eterna”, no es una religión. Es el plano que nos regala el acceso a la experiencia de nuestro verdadero ser. Es la esencia de todas las religiones, la experiencia de la realidad de la que provienen todas las religiones y hacia la que remiten todas las confesiones.

Sophia perennis es el reconocimiento del mensaje de salvación en el que se basan todas las religiones. Es la experiencia del fondo primordial del ser que se realiza como esta evolución racional inaprehensible, de la “energía primordial” que configura todas las formas y estructuras y nos regala a los hombres la auténtica interpretación de nuestra vida.

Los hombres somos solamente un pestañeo en ese universo intemporal. Adentrarse en ese reconocimiento representa un paso decisivo en el proceso de maduración de la humanidad. Se trata de incorporarse a la ley cósmica. Pues lo que llamamos “Dios”, “divinidad”, “vaciedad”, no está en el exterior, sino que se trata más bien de nombres para lo más íntimo del acontecer de la evolución, un acontecer que está más allá de todos los conceptos de tipo teológico o filosófico. No tiene una posición fija ni un lugar determinado. La única posición es el aquí y ahora en el que se manifiesta esa realidad primordial a la que hemos dado nombres tan distintos.

Sophia perennis sobrepasa toda confesión y llena al mismo tiempo toda confesión. Quien la ha experimentado puede regresar en todo momento a su tradición religiosa. Pero a partir de entonces la interpretará y celebrará de otro modo, pues la experiencia le habrá llevado al auténtico origen de lo que significa la fe.

Sophia perennis señala el camino hacia un conocimiento libre de representaciones, opiniones y conceptos. “Una tradición especial fuera de las escrituras, independiente de la palabra y de los caracteres de la escritura, que muestra inmediatamente el corazón del hombre”, así reza una definición que da el zen de sí mismo.

Sophia perennis, la “sabiduría eterna”, conduce a una vida en armonía con el fondo primordial del ser y nos familiariza con el auténtico significado de nuestra condición humana.

Esta sabiduría la alcanzamos después de la profunda experiencia del fondo primordial intemporal.

(Willigis Jäger, Sabiduría eterna, pp. 11-13)

Fuente Umbrales de Luz

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Posteísmo y no-dualidad. Un cambio de paradigma (IV).

Sábado, 10 de julio de 2021

No-dualidad.3Posteísmo y no-dualidad. Un cambio de paradigma

IV. No-Dualidad

Hace poco recibí un correo de una persona que me decía: “Creo que entiendo lo que es la no-dualidad, pero no la puedo razonar”. La mente no puede “razonar”, ni siquiera entender la no-dualidad, porque ella misma es dual. Pensar implica, además de objetivar, “separar” el sujeto conocedor del objeto conocido. Ahí nace el “yo” y la mente termina pensando que la realidad es una suma de objetos separados, porque así es como ella la percibe.

La no-dualidad no puede, por tanto, ser pensada. Lo más que podemos alcanzar, a través de la mente, es reconocer que tal planteamiento, no solo no carece de sentido, sino que posee una poderosa potencia explicativa. Nada más. La no-dualidad puede percibirse, no razonando, sino justamente en el silencio de la mente: sea porque se ha vivido una experiencia de comprensión en la que el pensamiento queda completamente suspendido, sea gracias a una práctica del silencio de la mente, que nos permite ver desde “otro” lugar.

Alguien ha escrito también que “el planteamiento de la no-dualidad parece contradecir toda la experiencia humana”. Así es, tal como “parecía” contradecirla el heliocentrismo a quien estaba anclado en la “evidencia” de que el sol giraba alrededor de la tierra.

Sin embargo, incluso la física moderna afirma la interrelación, hasta el punto de que el físico Carlo Rovelli se atreve a escribir: “El aspecto relacional de todas las variables físicas es uno de los descubrimientos básicos de la mecánica cuántica”. Si pudiéramos adentrarnos progresivamente en lo más minúsculo de la materia -del organismo a los órganos, células, moléculas, átomos, partículas subatómicas…-, lo que descubriríamos al final del recorrido serían ondas de vibración, cuerdas vibrantes y campos cuánticos. Todo ello apunta hacia un Vacío originario, matriz de todas las formas. Lo cual le ha llevado al filósofo postmaterialista Jordi Pigem a escribir que “la base de la realidad no es la materia, es la consciencia”. En la misma línea, el gran físico cuántico James Jean afirmaba que “el universo material se deriva de la consciencia, y no al revés”. Y el astrofísico Richard Conn Henry: “El universo es inmaterial, mental y espiritual”. Con lo cual, el planteamiento de la no-dualidad no parece ya tan “contradictorio” con la realidad como algunos pensaban.

Sin querer extenderme demasiado, deseo simplemente puntualizar algunas cuestiones relativas a la no-dualidad que suelen ser tergiversadas con frecuencia. Probablemente por la misma razón por la que no puede ser “razonada”. Cuando se pretende entender la no-dualidad desde la mente, es imposible captar su significado.

Los puntos que deseo clarificar son aquellos que con mayor frecuencia son mal entendidos:

· La no-dualidad no niega las diferencias. Lo que afirma es que diferencia no es sinónimo de separación. Somos diferentes, pero somos lo mismo. La realidad es un despliegue de formas diferentes, pero todas ellas no son sino “formas” surgiendo de un mismo fondo y compartiendo una misma identidad profunda.

· La no-dualidad no niega el mundo de las formas; al contrario, lo característico de la no-dualidad es la afirmación de ambos polos de lo real. Asume un doble principio: el de exclusión (“yo no soy mi cuerpo, ni mi mente, ni mi psiquismo…”) y el de inclusión (“pero soy también mi cuerpo, mi mente, mi psiquismo…”). En el caso humano, se articula con sabiduría la personalidad (o yo) con y desde la identidad (consciencia). En la vivencia adecuada de esa articulación consiste la sabiduría.

· La no-dualidad no niega el proceso, sino que reconoce la paradoja. Si bien es cierto que, desde el plano profundo -más allá de las formas- todo es ya -todo, simplemente, es; somos plenitud-, esto no niega que, en el plano fenoménico o de las formas, todo es procesual. Lo cual puede resumirse de manera sintética en esta afirmación: estamos en proceso -como personas- de llegar a ser aquello que ya somos -en nuestra identidad profunda-.

· La no-dualidad no niega la acción ni el dinamismo de comprometerse. Al contrario, no-dualidad es amor y sinónimo de compromiso. Y es así porque la comprensión no-dual, al situarnos en la verdad de lo que somos, sin negar nada de lo que nos constituye, me hace reconocer que todo otro es no-otro de mí. Es lo que aprecio en Jesús de Nazaret: fue esta comprensión la que guio su actitud (“lo que le hacéis a otro, me lo hacéis a mí”) y su comportamiento, caracterizado por la más genuina compasión, que viene siempre de la mano de la comprensión. Con lo cual, el compromiso urge, pero naciendo del lugar adecuado: no del voluntarismo ni del dualismo -con las trampas que esto encierra-, sino de la comprensión. No hay un yo que se comprometa, pero eso no conduce a la pasividad, inactividad o indolencia narcisista, porque somos consciencia comprometida; al comprenderlo, empezamos a vivirnos desde nuestra verdadera identidad.

En síntesis, la comprensión no-dual, una vez que se ha superado la inercia de la mente -similar a las inercias que mantenían a la humanidad en antiguas creencias absolutizadas-, nos atrae poderosamente, porque refleja nuestro Anhelo más profundo, aquel que nos llama de vuelta a “casa”.

Nuestro drama consiste en vivirnos ignorantes y alejados (alienados) de lo que realmente somos, identificados con el yo y la mente pensante. El desafío pasa por silenciar la mente y atrevernos a mirarnos desde “otro lugar”, el lugar del no-pensamiento. Cuando se trasciende el pensamiento -sin renunciar nunca a la mente funcional ni a la lucidez crítica-, se advierte que no hay nada que conseguir ni nada que falte; no hay confusión, no hay yo y no hay que preocuparse por el nacimiento o la muerte. Estamos -siempre hemos estado- en “casa”. Desde esa comprensión vivimos el plano de las formas o del yo, en todas las dimensiones (psicológica, relacional, social, política, ecológica…). Lo que las religiones llamaban “Dios” -en consonancia con un determinado momento de la consciencia humana- es lo que ahora descubrimos como nuestra “casa”, la identidad una y última que nos constituye -consciencia, presencia, vida…- y el fondo luminoso (“Dios”/“dev” significa “luz”) de todo lo que es.

Lo que llamamos “Dios” no puede ser un Ser separado -¿cómo podría haber algo separado de lo real?-, sino un estado de ser. Más aún: la idea de un dios separado no puede ser sino factor de división, porque se piensa la divinidad como “un tercero” entre tú y yo. Por el contrario, al comprenderla como el Fondo común de todos los seres -nuestra identidad última-, la percibimos como la mayor fuerza de cohesión.

Por todo esto decía que, con la superación del teísmo, no se pierde nada valioso; se crece en comprensión y en plenitud de vida.

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín semanal

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Nata montada

Miércoles, 23 de junio de 2021

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“Mucha gente que hace un cierto trabajo espiritual pone nata montada encima de la basura.

La nata montada es auténtica, pero la basura empezará a apestar a través de la nata montada.”

*

Bob Hoffman

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Pastor Lance Wallnau

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“El por qué amamos al padre de Foucauld” de Madeleine Delbrêl

Viernes, 18 de junio de 2021

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Madeleine Delbrel falleció el 24 de octubre de 1964.  Había nacido en 1904. En el “Boletín trimestral de las Amistades de Carlos de Foucauld”, hay un artículo muy interesante sobre este aniversario. Henos aquí algunos extractos, traducidos del francés:

“Asistencia social, poeta y mística, Madeleine Delbrel vivió en Ivry-sur-Seine (barriada  parisina, Francia), barriada marxista, tierra de misión, como ella llamaba a Ivry en uno de los títulos de su libro. Ella testifica sin ruido, con algunas compañeras, de su fe cristiana y de su fidelidad a la Iglesia. Con su equipo, lee y relee los escritos de Carlos de Foucauld que están ya publicados, y redacta en noviembre de 1946 un artículo para una revista de los PP. Dominicos”

 He aquí algunos párrafos de ese artículo:

“EL  POR QUÉ AMAMOS AL PADRE DE FOUCAULD

La considerable influencia que el “hombre del desierto” tuvo sobre nuestro tiempo entrenó un buen número de vocaciones contemporáneas. La amplia síntesis que representa su vida explica  por qué  vidas tan dispares pueden reclamarse de él. ¡Por sí mismo él es la reunión de tantos contrastes!

Necesidad incoercible de oración delante de Dios; don sin medida a todo ser que lo solicita. Imitación cándida de la vida en Cristo en Palestina, de sus gestos, de sus actos; conocimiento de su ambiente y adaptación a él.

Amor apasionado del prójimo más próximo; amor fiel a cada instante por la humanidad entera.

Una reconstitución tan tierna de la casa de Nazaret alrededor de una hostia expuesta; ‘recorridos de amistad’ por las pistas saharianas.

Obstinación heroica en una vocación diseñada con dureza; comprensión y preparación de la vocación del otro.

Dedicación al trabajo manual; perseverancia incansable en un trabajo de erudición.

Deseo incesante de una familia espiritual; vocación divina a una soledad de la que la muerte será su culminación.

¡Cómo sorprenderse que tantos que actualmente se entregan a Dios reconozcan su llamada y encuentren su modelo en estos cruces de gracias que fue su vida, cualquiera que sea el modelo de este don.

Del Padre de Foucauld hemos aprendido que, si para darse al mundo entero hay que aceptar de romper tantas amarras para dejarse “llevar”, no es necesario que este dejarse llevar esté contenido entre los muros de un monasterio. Puede hacerse marcando una clausura con piedras secas sobre la arena; puede hacerse en una caravana africana; puede realizarse en una de nuestras casas, en uno de nuestros talleres, mientras se sube una escalera, en un autobús; este dejarse llevar lo encontramos aceptando la estrechez, la incesante clausura del amor del prójimo más cercano. Dar a cada uno de los que nos acercamos la totalidad de una caridad perfecta, dejándose encadenar por esta dependencia constante y devoradora, vivir de forma natural el Sermón de la montaña, eso es dejarse llevar, la puerta estrecha que desemboca en la caridad universal.

Nos ha enseñado a estar perfectamente contentos de ocupar un lugar en este cruce de vida, dispuestos a amar a quienquiera que pase y a través de él todo aquello que, en el mundo, está sufriendo, perdido o en tinieblas. Él nos ha explicado que en su magnífica gratuidad reside la soberana eficiencia y que consentir en no ver nada de lo que hacemos, sino a amar de igual forma y para siempre, es el mejor camino para salvar a alguien, en cualquier lugar de la tierra”

*

Madeleine Delbrêl

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Fuente Boletín trimestral de las Amistades de Carlos de Foucauld  Nº 153-154, 2004.

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La psicología transpersonal (PT).

Viernes, 18 de junio de 2021

a_1sEl mundo psiquista es muy plural, afortunadamente. Hay cuatro fuerzas que destacan, fundamentalmente. La conductista, la psicoanalista, la humanista y ahora la transpersonal. Nos vienen a decir que el Ser Humano, que se puede medir y cuantificar a nivel científico, es mucho más que un número o algoritmo. El Ser Humano es, además, un valor de calidad y cualidad, no medible científicamente. El peligro es creerse que una corriente puede dar razón o explicación de todo el Ser Humano. Es como si un pétalo de la margarita, que no es ni toda la flor ni todo el jardín, se creyera que puede dar una razón o explicación de toda la flor o de todo el jardín o jardines. De este posicionamiento, que está muy extendido, se llama “reduccionismo”. Una pequeña parte cree explicar todo el conjunto. Esto tiene aplicación en muchos ámbitos actuales. Necesitamos emplear la capacidad crítica constructiva y transformadora en esta nueva globalización, que aún no tiene jurisdicción clara. De momento parece que la nueva estructura global está subordinada a la economía y la tecnología. Eso es asfixiante y letal para el desarrollo integral de todo Ser Humano.

Pues bien, el aparato psíquico humano, y hablo desde la visión freudiana, está basado en la dialéctica tensional entre el ello (el mundo del placer), el superego (el mundo cultural de normas y valores) y el ego (principio de realidad). Este intenta equilibrar teniendo en cuenta la fuerza de esta tensión, que es no únicamente normal sino necesaria para el proceso de maduración. Si se quiere profundizar en este punto puede ser útil esta metáfora: El ello es un caballo (ello) con una buena crinera (superego primario) que da pie a emerger un jinete (ego) que pueda domar la fuerza o energía salvaje o primaria del caballo pero dirigiéndose no por la crinera, que también es muy primaria, formada por las normas culturales que hemos aprendido al nacer en un lugar concreto, partiendo de la familia, sino que el jinete (el ego) pueda construir sus propias riendas(superego posterior) para guiar y conducir el caballo por donde el ego crea oportuno y de forma sana.

Ahora bien, el jinete debe autoescucharse. No es únicamente conducta y cognición, sino también afectos y emociones, pero en niveles diferentes. Uno es inconscientemente lejos de la conciencia del ego; o más cerca: el preconsciente o subconsciente que puede saber con una reflexión seria; y el consciente, que el ego ve y vive, es decir, que se da cuenta.

La PT ha tomado conciencia de que hay una dimensión incrustada en el ADN de todo Ser Humano que la podemos nombrar: la interioridad; otros lo llaman: espiritualidad. Antiguamente: religiosidad. Sea el nombre que sea, todo Ser Humano está envuelto por esta profundidad y debe ir tomando conciencia para disfrutar y vivir de una salud integral o total. De este aspecto habla la PT. No es necesario creer en “dioses ni en la otra vida “, sino vivirse uno mismo a fondo en esta vida. Como dice Agustín de Hipona (Argelia) (354-430): Cuánto más arriba llego, aún hay más altura; y cuanto más me adentro en mi interior, aún hay más profundidad. El ego o el jinete tiene que tomar conciencia. La PT, esta cuarta fuerza psiquista, incluye de forma clara y consciente, como he indicado, la interioridad o espiritualidad. Es un movimiento psiquista que se está extendiendo por doquier. A más de 20 países de Europa, también en Rusia, Estados Unidos, Israel y en nuestro país, en Cataluña.

El modelo vigente para la psicología clínica, que es bio.psiquic.social queda completado. Al inicio de todo están los campos magnéticos o energéticos, aquí la física cuántica es una gran aportación, que nos envuelven y la corporeidad queda dinamizada de tal forma que el ego se va expandiendo por niveles diferentes de conciencia, que todo el mundo pasa, desde el animista, mágico, mítico, racional, razonable, interior y de profundidad. No es cuestión de ideas o conceptos sino de experiencia. No es a base de creencias, que son muchas veces inhumanas, sino de vivencia propia que se convierte en altruista, de comprensión, de respeto a la dignidad de cualquier Ser Humano. Recuerdo la frase de André Malraux (1901-1972), un buen escritor francés: El siglo XXI será místico o no lo será.

La PT cultiva explícitamente esta dimensión de interioridad. Hemos de ser conscientes de que ciertas ideologías intentan sedarla, dormirla porque es peligrosa. Este nivel de conciencia es un despertar, un nuevo caminar para contemplar la vida de otra forma. Esto no encaja en un mundo consumista o capitalista donde todo tiene un precio, todo se mide. No hay calidad de vida interior: todo es materia. O el adoctrinamiento religioso en un “dios”, construido por hombres que lo imponen a todos, sino se cae en la herejía o en condena a muerte.

Las ideologías, sean del color que sean, son cuestionadas por la PT y lleva a ser consciente de ello. Como también a construir la propia personalidad cuando el ego o el jinete toma consciencia que no es propietario sino gestor de su vida. No es un micrófono sino un altavoz de su profundidad. Una vida relacional con red. De ahí la importancia de conocer LA SABIDURÍA de todas las culturas. Todo puede convertirse en camino dice Nisargadatta (1897-1981). Y como libro, indico el de Michael Whasburn: El ego y el fundamento dinámico. Una teoría transpersonal del desarrollo humano (1995).

Jaume PATUEL PUIG (1935)

Pedapsicogogo.

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Jose Arregi: “Espiritualidad y lucha de clases”.

Miércoles, 2 de junio de 2021

mugica_2010A raíz de una reciente charla sobre “espiritualidad y liberación política” (*), un amigo me escribe: “Me gustaría que nos compartieras tu visión sobre espiritualidad y lucha de clases”. Buen reto en este 2021, año y tiempo de tantas pandemias, muchas más que la COVID 19 con toda su virulencia. He aquí unos apuntes fundamentales, con más preguntas que certezas.

1. Hace justamente 50 años que Giulio Girardi, sacerdote salesiano, profesor universitario, pionero del diálogo entre marxismo y cristiano, invitado del Concilio Vaticano, publicó su breve e inspirado “Amor cristiano y lucha de clases” (1971), auténtico best seller. Eran tiempos cargados de promesas en el mundo y en las iglesias cristianas. Tiempo de revoluciones, descolonizaciones, procesos liberadores. De ecos de mayo 68 y del Concilio Vaticano II, del surgimiento de innumerables y dinámicas comunidades eclesiales de base en América Latina, de pujante teología de la liberación en América, Africa y Asia. De incontables militantes, profetas y mártires (Luther King, Camilo Torres, Ché Guevara…). La lucha de clases era indiscutible y la liberación de los oprimidos parecía posible. El libro mantiene hoy en el fondo toda su actualidad, porque, 50 años después, salta a la vista que el mundo no ha ido a mejor, sino a peor.

2. Al mismo tiempo, todo se ha vuelto también más incierto y confuso, hasta el término mismo “lucha de clases”. En sentido estrictamente marxiano, la expresión significa el enfrentamiento económico entre la clase propietaria de los medios de producción industrial y la clase obrera explotada. Pero, de acuerdo justamente con muchos marxistas críticos de hoy, difícilmente se puede sostener que sea ésa la única “lucha de clases”, ni necesariamente la primera y la primordial en todos los casos, por decisivo que sea siempre. Ni se puede afirmar que las relaciones económicas sean el primer y último factor determinante de la historia.

3. “Al principio” era la economía, ciertamente, pero no solo la economía, ni solo la producción de bienes de consumo (ni siquiera la recolección y la caza), ni solo la lucha de clases, ni solo la lucha sin más. “Al principio” era todo: el aire que respiramos, la luz que nos recibió, el calor que nos cobijó, el cuerpo del que nacimos, el pecho que nos amamantó, la tierra que nos sostuvo, la noche estrellada. Al principio era la materia que es matriz animada de toda vida, la materia que es pura energía, que no sabemos qué es ni de dónde ni por qué, y el Misterio envolvente en todo. Al principio de nuestra historia era el miedo y la esperanza, la angustia y la alegría de vivir, el amor y el odio, la ambición y la generosidad en pugna. Al principio era todo y todo estaba en relación, y toda causa era también efecto, y nada fue “antes” de nada, sino junto con todo. Y así sigue siendo todo. Nada es reductible a nada, porque todo interactúa, y es preciso pensarlo todo a la vez, sabiendo que el pensamiento nunca es lo primero ni lo último. Y, en medio de todas las brumas, el Aliento vital profundo nos invita a abrir los ojos y reconocer que la tensión de la paz es el principio del que todo nace.

4. Desde hace solo dos décadas nos hallamos en una cuarta revolución industrial que está dibujando un mundo muy distinto al que conoció Marx en la Alemania, Bélgica, Francia e Inglaterra industriales del siglo XIX. La diversificación y la digitalización del trabajo, la complejización y la globalización de todas las relaciones productivas y comerciales, la financiarización progresiva de la economía, la subordinación cada vez mayor tanto de los “empresarios” como de los propios Gobiernos a unas pocas entidades de carácter financiero especulativo, la inteligencia artificial, el Internet de todas las cosas, la robotización creciente de la producción e incluso de las decisiones, etc… nos están situando en otro mundo muy distinto al que hemos conocido. Pronto desaparecerán todas las fábricas, ¿y cómo será el mundo entonces? Ya vivimos en un mundo en que los límites entre lo físico, lo biológico, lo político, lo informático e incluso lo “espiritual”, y el límite entre la especie humana y los grandes simios y los pequeños simios y todas las especies vivientes es apenas definible. Un mundo en el que el ser humano no es el centro y el sentido de la tierra, la vida, el cosmos. Y un mundo global planetario más desigual e inhumano, más amenazado que nunca, eso es lo terrible…

5. En este mundo de hoy, conceptos como “producción”, “propiedad de los medios de producción”, “clase social”, “clase obrera”, “lucha de clases”, “capitalista”, “proletario”… difícilmente pueden ser entendidos simplemente como hace 150 años. ¿Es propiamente capitalista el especulador que hace caer empresas, partidos y gobiernos? ¿Es capitalista el pequeño emprendedor que procura compartir decisiones y beneficios de la plusvalía con los trabajadores de su empresa? ¿Son propiamente proletarios los trabajadores de pingües sueldos que para sí quisieran muchos pequeños empresarios? Un equipo de fútbol es una empresa para ganar dinero, ¿pero son proletarios los futbolistas de primera división del estado español con un salario anual medio de 4 millones de euros, mientras que las futbolistas de primera reciben un salario anual medio de 17.000 euros? ¿No es más proletaria que nadie la mujer trabajadora sin salario que cuida de los hijos, la casa, los padres…, y quién es el capitalista que la oprime? ¿Qué son los y las funcionarias públicas? ¿Qué son los trabajadores de una empresa cooperativa que pugnan por competir para poder sobrevivir? ¿Qué son los autónomos? ¿Y qué son el 98% (es un decir) de los habitantes de África, que no cuentan para nada, que no son nadie y que “nadie” explota?

6. Los conceptos se enmarañan, pero una cosa es cierta: las clases existen, son muchas más que la “capitalista” y la “proletaria”, y las desigualdades son más grandes que nunca, porque la riqueza y el poder se concentran cada vez más en cada vez menos manos. Existen la clase opresora y la clase oprimida, y la lucha entre unos y otros es más real y mortal que nunca, pero también cada vez más desigual y difusa, pues los poderes –muy reales pero invisibles– que tienen en sus manos los resortes de la economía y de la política global están logrando que la lucha entre opresores y oprimidos se convierta cada vez más en lucha entre oprimidos. Yo me reconozco opresor y oprimido.

7. El capitalismo neoliberal que desde los años 80 se extiende y se impone por doquier es la máxima institucionalización de los impulsos más inhumanos: la codicia de la riqueza, la ambición del poder y, en el fondo, el miedo irracional a poder menos o a tener menos que otros. Es un sistema económico inicuo, raíz de los peores conflictos bélicos y más mortífero que todas las guerras juntas. Destruye los cuerpos, las relaciones, la igualdad, la democracia, la familia, los pueblos, el planeta, la Vida.

8. He ahí nuestro mundo. ¿No es un panorama demasiado desolador? Lo es, pero por eso mismo no podemos permitirnos perder la esperanza, que no consiste en aguardar, sino en caminar con espíritu y respiro, en dar pasos, pasitos, en la dirección de un mundo necesario y posible, un mundo más libre y fraterno, más justo y en paz, más humano y ecológico, más solidario y feliz. En caminar, aunque nunca lleguemos. Y en seguir dando un pasito cada vez que fracasemos, y aunque siempre fracasemos, movidos por el aliento profundo que nos habita y que somos, el aliento profundo que nos hace más humildes y fuertes, más rebeldes y pacíficos. El Aliento de la vida gime en la Tierra que gime en dolores de parto. Vivir movidos por ese aliento profundo: eso es la espiritualidad, ya se exprese en forma religiosa o totalmente laica, y siempre es política, comprometida y liberadora.

9. No quiero decir que todas las personas movidas por la espiritualidad tengan que implicarse en la “lucha de clases” de la misma manera ni con las mismas ideas y análisis de la realidad ni en los mismos proyectos socio-políticos concretos. Pero, en la medida en que el Espíritu de la vida que todo lo transforma las mueve, allí donde están y en la manera en que pueden –en la contienda política, en los movimientos sociales, en la refriega de las empresas y de las calles, en el espacio doméstico o incluso en el silencio de un monasterio–, se comprometen con la misma pureza de corazón, la misma generosidad y la misma esperanza por la misma liberación. La espiritualidad no es opio, sino liberación. ¿Es opio la religión? Puedo serlo, pero también es, en palabras del mismo Marx, grito liberador de la criatura oprimida.

10. La espiritualidad –hondura de la vida y su cultivo– es, pues, por definición, activa, política y liberadora. La espiritualidad es paz integral de la interioridad y exterioridad que somos, y la paz integral solo puede darse en la justicia. Conlleva, por lo tanto, la confrontación con los poderes que dictan las leyes del mercado, que oprimen personas, colectivos y pueblos. La espiritualidad no solamente no es ajena a la lucha de las clases dominadas contra toda forma de dominio, sino que la exige y conlleva. La espiritualidad se manifiesta necesariamente en enfrentamiento con quienes se apoderan de la tierra, acaparan los bienes, impiden respirar, niegan la vida. No solo no teme el conflicto necesario, sino que lo provoca. “He venido a traer fuego a la tierra –dijo Jesús de Nazaret– y ¡cómo quisiera que ya estuviese ardiendo!” (Lc 12,49).

11. ¿Hasta tomar las armas y matar por la justicia? Espinosa cuestión. No puedo decir que una persona espiritual no lo pueda o incluso deba hacerlo nunca por nada (matamos cada día seres vivos para comer…). Pero me remito a las condiciones exigidas por la tradición más sabia –incluido Girardi– para que la opción por la violencia armada pueda ser considerada como inspirada por el Aliento de la paz y de la vida: 1) Que la causa sea justa y vital; 2) Que el objetivo justo no pueda lograrse por ningún otro medio; 3) Que haya una seguridad suficiente de que, a través de la lucha violenta, se logrará el objetivo; 4) Que existan garantías suficientes de que el bien conseguido va a ser mayor que el daño provocado; 5) Que la acción violenta sea movida por el amor del bien común y por el amor del opresor, que deja de ser enemigo. La espiritualidad se empeña en humanizar al máximo el conflicto y la lucha.

12. Movida por el fuego del amor a la paz verdadera, la espiritualidad se compromete por un cambio estructural radical del modelo capitalista neoliberal asesino y ecocida. Pero no podemos volver al pasado, ni repetir su visión del mundo, su filosofía de la vida y sus programas políticos. La historia de los últimos 100 años ha demostrado que el “socialismo real” ha defraudado los anhelos de libertad y bienestar de las personas, de los pueblos y de la naturaleza. Y que la “socialdemocracia” ha traicionado tanto el socialismo como la democracia, tanto la igualdad como la libertad, pues ha sucumbido a los intereses de la clase dominante y ha establecido el “estado del bienestar” sobre el expolio del Tercer Mundo y la destrucción de la naturaleza. ¿Hay alternativa? No veo otra que un ecosocialismo feminista y global, ni veo mejor modo de plasmarlo que un modelo cooperativo y ecológico de decisión, de producción y de consumo a nivel planetario.

13. ¿Pero es posible? Solo será posible el día en que la humanidad lo quiera de verdad y se ponga de acuerdo, el día en que haya una voluntad personal y política global para esa transformación planetaria. O el día en que los poderosos que asfixian la vida vean y se convenzan de que asfixiando a otros se asfixian a sí mismos, que el futuro solo puede ser común, que no puede haber liberación si no es para todos, empezando por los últimos. Para que lo posible se vuelva realidad, será necesario que la humanidad, esta especie humana tan poderosa y frágil, tan inestable y contradictoria, transforme su manera de querer y su gusto, y su modo de ser feliz. Será necesario que implante un sistema económico mundial igualitario y democrático. Y un sistema educativo que eduque la sensibilidad, transmita humanidad, comunique sabiduría vital, más allá de meros conocimientos y habilidades técnicas. Y será necesario que las ciencias –las neurociencias y biociencias, por ejemplo–, apliquen con garantía sus tecnologías para corregir las disfunciones genéticas y neurológicas – da miedo decirlo, pero hay que decirlo– que hacen que esta especie humana sea presa tan fácil de tantos miedos y deseos destructores, que nos impiden sentir y querer lo ajeno como propio, y ser más felices con menos, y ser más ricos compartiendo lo que tenemos.

14. La espiritualidad –la conciencia y el ejercicio de nuestro ser profundo, el querer libre del bien, el gusto y la dicha de la bondad, la confianza en la Vida a pesar de todo– es fruto y fuente a la vez de esa política ecosocialista global, feminista, igualitaria, liberadora, sabia. Inspirada por el aliento profundo de cuanto es y por la sabiduría vital más antigua y reciente de las personas y de los pueblos, la espiritualidad inspira a su vez el sueño, la utopía, la esperanza activa. Alienta la acción y la marcha –aunque nunca lleguemos del todo– hacia un mundo en que las opresiones y las clases serán eliminadas y en que las luchas y las guerras podrán desaparecer.

(*) En: https://youtu.be/YxYWPVZHvF4

Jose Arregi

Aizarna, 2 de mayo de 2021

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“La vulnerabilidad en el arte. Un recorrido espiritual”, de Bert Daelemans

Jueves, 27 de mayo de 2021

807A5C77-5418-468E-ABDC-F71F2D7CEB52Un acercamiento a la vulnerabilidad a través de treinta obras de arte.

La vida es frágil, naturalmente. La fragilidad es nuestra condición humana, querámoslo o no. Ahora bien, la fragilidad también puede ser un camino, como demuestra lo que se llama la vulnerabilidad o la “capacidad de ser herido”, es decir, la fragilidad elegida y orientada hacia otra persona, umbral donde encontrarnos entre seres heridos. De esta fragilidad convertida en vulnerabilidad trata este libro, que se puede leer como un elogio de la vulnerabilidad: la nuestra y la que elige Dios según la religión cristiana, que propone la vulnerabilidad como camino e, incluso, como religión.

Este libro da cuenta de treinta encuentros con la fragilidad. El arte más atractivo es tal vez aquel capaz de hablar de nuestra fragilidad sin ser hiriente y, en el mejor de los casos, de abrir la puerta hacia la vulnerabilidad, tendiendo un puente a lo sencillo, a Dios. En este sentido, el siguiente recorrido a través de treinta obras de arte aspira a ser espiritual.

Índice:

Prólogo. El arte de la vulnerabilidad

La vulnerabilidad: la fragilidad como fuerza
Treinta encuentros con la fragilidad
La frágil y hermosa condición humana
El camino de la vulnerabilidad
Vulnerabilidad sanadora
Restos de naufragio

Primera parte. La fragilidad de la vida

1 | Tierna fragilidad — Auguste Rodin, La mano de Dios
2 | Misteriosa fragilidad — Cristina Almodóvar, Acumulación
3 | Expectante fragilidad — Lucie Geffré, Todo ángel es terrible
4 | Intempestiva fragilidad — Rafael Díaz, Once upon a time
5 | Torpe fragilidad — Cai Guo-Qiang, Head on
6 | Apasionada fragilidad — Wim Wenders, Glasshouse, extracto de Pina
7 | Luminiscente fragilidad — Wolfgang Laib, Polen de avellana
8 | Maldita fragilidad — Nacho Duato, White darkness
9 | Efímera fragilidad — Doris Salcedo, Palimpsesto
10 | Dolorosa fragilidad — Erika Diettes, Sudarios
11 | Fragilidad inconsolable — Louis Ernest Barrias, Los primeros funerales

Segunda parte. La vulnerabilidad divina 

12 | Vulnerabilidad espaciosa — Fra Angélico, Anunciación
13 | Vulnerabilidad portentosa — Dieric Bouts, Nacimiento, detalle del Tríptico de la Virgen
14 | Vulnerabilidad que levanta — Pieter Brueghel el Viejo, Cristo y la adúltera
15 | Vulnerabilidad que desarma — Mark Wallinger, Ecce homo
16 | Mansa vulnerabilidad — Francisco de Zurbarán, Agnus Dei
17 | Vulnerabilidad fracturada — Anónimo francés, Ecce homo
18 | Vulnerabilidad compartida — Werner Klenk, Jesús y su Madre

Tercera parte. La fragilidad reconciliada y orientada

19 | Bendita vulnerabilidad — Jacop Epstein, Jacob y el ángel
20 | Vulnerabilidad impetuosa — Pablo Gargallo, El gran profeta
21 | Vulnerabilidad irresistible — Georges de la Tour, Job y su mujer
22 | Vulnerabilidad invencible — Maurizio Cattelan, La nona ora
23 | Vulnerabilidad peregrina — William McElcheran, San Ignacio caminando
24 | Vulnerabilidad fragmentada — Philippe Morel, Ghimène II
25 | Vulnerabilidad victoriosa — Denis Chetboune, Les danseurs II
26 | Vulnerabilidad cristalina — Tony Cragg, Cumulus
27 | Vulnerabilidad extática — Rik Wouters, La loca violencia
28 | Vigorosa vulnerabilidad — Michelangelo Merisi da Caravaggio,San Jerónimo escribiendo
29 | Vulnerabilidad celebrada — Comunidad parroquial Saint-François de Molitor
30 | Vulnerabilidad apostólica — Marko Ivan Rupnik, San Pedro y san Juan curan a un paralítico

Epílogo. Más encuentros con la vulnerabilidad

Autor : Bert Daelemans
Editorial PPC
ISBN: 9788428836661
Fecha publicación: 27/04/2021
Núm. páginas: 152

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“Moderación”, por José Arregi

Jueves, 6 de mayo de 2021

A young monk at the blue palace in Bhutan De su blog Umbrales de Luz:

La moderación es una virtud fundamental de la vida. Y al decir “virtud” no me refiero a su acepción moral, ascética y religiosa, sino a su sentido etimológico: fuerza. La moderación significa fuerza vital tranquila, energía serena e invencible.

Está hecha de cordura, mesura, templanza. Cordura: el buen juicio de la cordialidad. Mesura: la sabiduría inspirada por la medida de todas las cosas y de nosotros mismos. Templanza: el equilibrio del deseo, libre y atemperado.

La moderación requiere contención y renuncia, pero no son éstas su inspiración y su móvil. Tampoco es fruto del esfuerzo. No fuerces nada, no te fuerces. El sabio Laozi enseñó: “Quien se sostiene de puntillas no permanece mucho tiempo en pie, quien da largos pasos no puede ir muy lejos” (Dao De Jing, 24). Deja que fluya la fuerza de tu ser más hondo.

La moderación brota cuando acogemos nuestras sombras y heridas, y nos abrimos al aliento profundo. Las ambiciones se disuelven, y los complejos se disipan. No necesitamos luchar contra nosotros mismos y contra aquello que, en los demás, amenaza nuestros ilusorios sueños de grandeza. No tenemos nada que defender, nadie a quien atacar. Nos volvemos modestos, humildes. Y emerge la mesura, serena y firme.

La moderación es nuestro ser natural, verdadero. Y no estamos lejos, aunque así nos parezca. Solo nos falta un paso: reconocer y acoger los fantasmas, miedos, angustias que nos habitan, y dejar que se diluyan, sin defenderte ni agredirte. Sin condenarte por lo que eres ni aspirar a lo que no eres.

Pero la moderación no es un asunto meramente personal y privada, sino eminentemente social, económico, político, ecológico y planetario. Lo mismo sucede con el Camino Medio enseñado por Buda: no es mero desapego (falsamente) “espiritual” ni mero “término medio” (ficticio) entre dos extremos, sino humanidad, compasión comprometida. La moderación es una manera solidaria de vivir, de trabajar, producir y consumir, en un mundo donde los excesos de unos causan las carencias mortales de otros, donde la opulencia depredadora de unos desgarra la igualdad humana y el equilibrio de la vida en el planeta. La moderación –cordura, mesura, templanza– conlleva una mirada política a la realidad, un programa político global, una acción política pacífica y subversiva contra el sistema inhumano dominante. En la moderación personal y común se juega la supervivencia de la humanidad y de la comunidad planetaria de vivientes.

Y en último término, la moderación personal y política brota de la confianza profunda, y en ella se sostiene. Así lo expresa el Salmo 131, uno de los más profundos y bellos de la Biblia:

Señor, mi corazón no es ambicioso ni mis ojos altaneros.
No pretendo grandezas que superan mi capacidad,
sino que acallo y modero mis deseos.
Como un niño en brazos de su madre,
como un niño sostengo mi deseo.
¡Espere Israel en el Señor, ahora y por siempre!

Nuestro ser egocentrado es pueril, veleidoso, inquieto, presa inconsciente de necesidades y deseos superficiales. Este salmo es un canto a la paz, una invitación a aquietar, moderar, recoger nuestro deseo egoico como a un niño en brazos de su madre.

Si este sencillo Salmo te resulta inspirador, apréndelo de memoria y repítelo a menudo, sobre todo cuando tus pretensiones de grandeza arruinan tu paz, y cada noche al acostarte, poniendo tu confianza en lo más profundo de ti y de tu prójimo, en el Aliento vital que engendra y sostiene cuanto es.

José Arregi

Aizarna, 1 de marzo de 2021

(Publicado en el libro Respira tu ser, Ediciones feadulta.com, Madrid 2021)

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San José, gran patrono

Viernes, 19 de marzo de 2021

San Jose y Jesus AdolescenteDel blog de xabier Pikaza:

San Jose ha sido y sigue siendo en la Iglesia , un gran patrono. Así le recordamos como:

Patrono de padres, físicos o adoptivos, de aquellos que saben que la vida es para darla en amor, y para acompañar y guiar el hijo (ver cuadro del Greco, con Toledo al fondo) Felicidades

Patrono de maridos respetuosos, que se fían de sus mujeres, que aceptan el misterio de Dios en ellas, que las aman y comparten la vida con ellas… Felicidades.

Patrono de trabajadores artesanos, sin tierra propia: Así aparece el 1 Mayo, un Día llamado de José Operario, así en la Biblia como obrero

Patrono de novios…. de todos aquellos que buscan mujer buena y que por eso le florece la Vara del amor (ver imagen 2, según tradición oriental, de las Hermanas de Belén)

Patrono de las monjas a las que protege, hombre de la casa que ellas necesitan (así le vio Santa Teresa)

Patrono de la Buena Muerte: así le han visto y rezado nuestro abuelos, porque murió, en manos de Jesús y de María y protege en la muerte a los que le invocan

Patrono de niños sin padre, pues lo fue del Hijo de Dios, que nació sin protección el mundo… como los niños perdidos y abandonados (recogió al hijo de Dios, recogiendo y reconociendo como suyo al hijo de María)

Patrono de la Iglesia, familia de Jesús, que él ha de proteger, como protegió a Jesús (como declaró el Papa León XIII)

Patrono de “seminaristas”: jóvenes que se preparan para hacer un oficio también vinculado a Jesús…, en clave de familia o celibato, siempre a ras de tierra, como José.

Patrono de emigrantes y forasteros... Así aparece buscando refugio en Egipto, burlando para ello a la policía de Herodes y a las autoridades del nuevo país (que parecen mejores que la de Europa hoy en día, que no dejan pasan a José con su muer y su hijo…)

— Patrono de viudos, pues una tradición (apócrifa) dice que era viudo y que acogió a María abandonada, con su Niño, Hijo de Dios…

Se podrían añadir otros patronazgos, pero voy a limitarme al Nuevo Testamento sabe que es “padre” personal de Jesús (cf. Mt 1-2; Lc 2,1, 26–2, 52; Jn 1, 45; 6, 42) y como fiel ejecutor de la obra de Dios. La tradición católica ha destacado su importancia como “padre humano” (no simplemente biológico) del Hijo de Dios, vinculándole de un modo especial a María, su esposa.

Basta lo dicho… este día de San José. Pueden quedarse aquí todos los que quieran detenerse este día de José en algunos signos de su figura y recuerdo en
la Iglesia, con las dos figuras que presento…

Las reflexiones que siguen recogen una meditación básica sobre el sentido bíblico de Jesús, desde la perspectiva de los evangelios de Lucas y, sobre todo, de Mateo. El texto está tomado básicamente de Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013). Buen día de san José a todos.

Datos básicos

(1) Mateo.

La conversión de José… ser padre de Je´sus. Mateo presenta a José como Hijo de David (Mt 1, 20), es decir, como un heredero de las promesas mesiánicas, un hombre «justo» (dikaios) que cumple lo que exige y pide la ley divina (Mt 1, 19). Lógicamente, él tenía que presentarse como trasmisor de las promesas mesiánicas, como alguien capaz de decir a Jesús lo que ha de ser, la forma en que debe comportarse, como portador de la voluntad y de la misión de Dios para su hijo. Pues bien, el ángel de Dios le pide que renuncie a su paternidad, con los derechos que ella implica, poniéndose al servicio de la obra de Dios María, su esposa (Mt 1, 18-25).

De esa forma le pide lo más fuerte y costoso que puede pedirse a un hombre, especialmente si es israelita: que renuncie a su derecho y que acepte, acoja y cuide la obra que Dios ha realizado en su mujer María. Frente al varón dominador que duda de su esposa y la utiliza, frente al hombre que pretende «conquistar» a las mujeres y tomarlas como territorio sometido, se eleva aquí la voz más alta del ángel de Dios pidiendo al varón José que respete a la mujer María, aceptando lo que Dios realiza en ella. En el principio de la historia de la liberación cristiana está la fe de este buen varón José, que se ha dejado cambiar, convirtiéndose de algún modo en cristiano ante María.

(2) Lucas.

La diferencia de José. Se sitúa ya en la vida pública de Jesús, que acaba de anunciar su mensaje de gracia universal (Lc 4, 18-19), retomando el mensaje de Is 61, 1-2 y 58, 6 y anunciando el gran → jubileo, pero omitiendo las palabras clave de Is 61, 2 donde de habla «del día de venganza de nuestro Dios». Eso significa que abre el mensaje de salvación a todos los pueblos, como sigue suponiendo el texto, cuando alude a la tradición del mensaje y milagros de Elías y Eliseo, que ofrecieron su ayuda los extranjeros (habiendo en Israel muchos enfermos (Lc 4, 24-26). Leer más…

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“Prosigo hacia la meta”

Martes, 2 de febrero de 2021

hombre-mascarilla-bosque-corriendo_23-2148776298De su blog Homoprotestantes:

El capítulo tres de la carta de Pablo a los Filipenses comienza con una invitación: «Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor», pero para lograr ese estado de alegría y felicidad al que el apóstol llama a los cristianos de esa ciudad, les recomienda algo que creo, nos puede venir muy bien también a nosotros: «Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los que mutilan el cuerpo». Además explica de una forma muy clara cual es la forma en la que él entiende el seguimiento de Jesús: «Olvidándome ciertamente de lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta». Una receta que, quizás, veinte siglos después, sigue siendo igual de efectiva.

Sí, a veces parece que estamos rodeados de perros para los que somos únicamente presas que cazar, sobre todo si no hemos seguido el principio básico de supervivencia que conoce hasta el más elemental de los animalillos: que de los que nos quieren mal, hay que vivir alejados. Otras veces, la mayoría, no es exactamente así, sino que nos sentimos como zurdos del género, o de la orientación sexual, en un mundo diseñado para diestros. Y nos cansamos, porque estar todo el tiempo teniendo que escribir nuestros afectos, nuestros gustos y disgustos, en renglones pensados para otras, es agotador. Tanto es así que, algunos días, nos preguntamos si en algún momento de nuestra vida podremos dibujar, pintar o escribir, como lo hubiéramos hecho nosotras mismas si hubiésemos sido siempre libres, siempre zurdas, en un mundo a la izquierda. No perdamos la esperanza.

Hoy me he levantado, y he vuelto a mirar a los ojos a varios malos obreros, esos que en vez de edificar, ponen todas sus energías en destruir, en destruirnos la vida a ti, a mí, y a quienes pillen por delante. También he intentado recordar los ojos de quienes ya no me acompañan, porque es mejor así, porque el amor no puede siempre con el odio. Y tengo mil razones para querer cambiar el mundo, para desear que el Reino llegue ya, para construir justicias temporales, esas de carne y hueso que nos hacen la vida más fácil. Dicen que existen justicias eternas, pero a mí esas justicias me ponen en guardia, no he conocido ninguna que me haga la vida más fácil. Yo prefiero la justicia que señala con el dedo a quien nos odia, la que nos permite darnos el sí quiero, la que condena a quienes nos golpean por cogernos de la mano por la calle, la que nos ayuda a tener hijos, la que nos visibiliza, la que enseña a respetar nuestra diversidad en la escuela, la que nos reconoce el derecho a ser llamados por nuestro nombre… Quienes tienen todo esto dado, supongo que se pueden permitir el lujo de preocuparse por las justicias eternas, pero a nosotras las justicias eternas nos despistan de lo importante, de lo urgente, de la vida.

Quienes nos quieren mutilar el cuerpo, pretenden que nos dejemos arrancar todo aquello que no cabe en su camisa de fuerza, y que lo hagamos sin rechistar, sin ni siquiera quejarnos. Porque los carniceros de dios solo cumplen la voluntad divina. Ser ateo de este dios, no ha impedido que nos dejaran más de una cicatriz en el cuerpo, pero nos ha ayudado a mantener el cerebro y el corazón. Podemos lamernos cada día las heridas, estamos en todo nuestro derecho, o esconderlas para que no se regocijen los carroñeros de Baal. Pero sería estúpido que, después de todo, fuésemos nosotras quienes les regalásemos lo que querían. Lo que de verdad deseamos no es llorar, ni denunciar, ni gritar, ni mantenernos callados. Nuestro objetivo real no es acabar con la LGTBIQfobia, el fundamentalismo y la intransigencia, esos son únicamente los Goliats con los que estamos obligadas a lidiar para conseguir algo más terrenal, egoísta quizás, o incluso naif: queremos ser felices, al menos todo lo que se puede ser en un mundo imperfecto. Y mirando únicamente nuestras cicatrices no lo vamos a conseguir, si queremos tener alguna posibilidad de lograrlo, hay que echar también mano de la inteligencia y el amor, del cerebro y el corazón.

Pablo era un campeón, tenía la capacidad de olvidar «lo que queda atrás», o a lo mejor se autoengañaba, no lo sé. Para algunos de nosotros esto no está a nuestro alcance, al menos todavía, pero lo que sí que lo está es lo que comparte después: «extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta». Y es que hay que moverse hacia esa meta que quizás no se concreta de la misma forma para todos, porque cada uno tiene sus expectativas, sus necesidades. Pero las metas nunca vienen a nosotros, es imposible alcanzarlas si nos quedamos inmóviles en el punto de partida. Hay que levantar la cabeza que antes teníamos agachada, poner la mirada en donde queremos llegar, no en las heridas o en quienes nos las hicieron, y comenzar a caminar en esa dirección. Para los seguidores de Jesús, la meta es la salvación, la vida en plenitud, pero no entendida de forma teórica, sino concreta, práctica y real. Y si en algún momento caemos o nos desesperamos, no quedaremos para siempre postrados, porque el Señor nos sostendrá con su mano (Sal 37,24).

Carlos Osma

Consulta dónde encontrar “Solo un Jesús marica puede salvarnos”

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In memoriam: Día de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. יום הנצחה לזכרם של קורבנות השואה

Miércoles, 27 de enero de 2021

 

El 27 de enero se celebra internacionalmente el Día de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, una fecha que Naciones Unidas estableció en 2005 con el objetivo de rendir homenaje a las víctimas del genocidio judío. En 2020 se conmemora este recuerdo, cuando se cumplen 77 años del envío de homosexuales a campos de concentración nazis y 75 de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz.

 «Sería un peligroso error pensar que el Holocausto fue un simple producto de la locura de un grupo de criminales nazis. Más bien todo lo contrario, el Holocausto fue la culminación de milenios de odio, culpabilización y discriminación de los judíos, lo que ahora llamamos antisemitismo.».

Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres.

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Fuga de Muerte:

(Traducción de José María Pérez Gay)

Leche negra del alba te bebemos de tarde
te bebemos al mediodía y en la mañana
te bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Un hombre vive en la casa
juega con las serpientes
escribe cuando oscurece a Alemania tu pelo de oro
Margarete
escribe y sale de la casa
y brillan las estrellas y silba a sus perros
silba a sus judíos
y los manda a cavar una tumba en la tierra
y nos ordena ahora toquen para bailar

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Un hombre vive en la casa
y juega con las serpientes y escribe
y escribe cuando oscurece a Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
cavamos una tumba en el aire
donde no estamos encogidos
Grita
caven más hondo canten unos toquen otros
y empuña el acero del cinto
lo blande
sus ojos son azules
hundan más hondo las palas
toquen unos bailen otros

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía
te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith
un hombre juega con serpientes
Grita toquen más dulce la muerte
La muerte es un maestro de Alemania
y grita toquen más oscuro los violines
luego ascienden al aire
convertidos en humo
sólo entonces tienen una tumba en las nubes
donde no están encogidos.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía
la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos en la tarde y de mañana
bebemos y bebemos
la muerte es un maestro de Alemania
sus ojos son azules
te alcanzan sus balas de plomo
te alcanzan sin fallar
un hombre vive en la casa
tu pelo de oro Margarete
lanza sus mastines contra nosotros
nos regala una tumba en el aire
juega con las serpientes y sueña
la muerte es un maestro de Alemania
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamith.

*
Paul Celan

(1952)

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Auschwitz como advertencia

Sant’Egidio: “La respuesta más eficaz al odio es la cultura y el conocimiento de la historia”

El Papa recuerda el Holocausto y advierte sobre “las propuestas ideológicas que vienen a salvar a los pueblos y terminan destruyéndolos”

El Rey de España llama en Jerusalén a estar alerta ante el resurgir del discurso del odio

“Recuerdo del Holocausto: educar para un futuro mejor”

A los 75 años de Auschwitz: Dios es Palabra. El silencio clamoroso y asesino que quiso borrar el recuerdo de la raíz judía.

Declaración con motivo del 75º aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau: Los obispos de Europa dicen no al antisemitismo y a la manipulación política de la verdad histórica

Mensaje del Secretario General con motivo del Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. 27 de enero de 2017

Día internacional de Conmemoración en memoria de las victimas del Holocausto. 27 de enero

75 años ya de la liberación del Campo de Auschwitz

Francisco: “Auschwitz es un grito de dolor que está pidiendo un futuro de respeto, de paz y de encuentro”

Francisco recuerda Auschwitz: “Si perdemos la memoria, aniquilamos el futuro”

Día de las Víctimas del Holocausto: el mundo recuerda también hoy a los homosexuales asesinados.

Siempre Auschwitz

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Un mismo amor… San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno

Sábado, 2 de enero de 2021

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Si es verdad que cada santo es una ilustración viva del Evangelio, esto vale de modo particular en el caso de los amigos capadocios Basilio y Gregorio, testigos de la fidelidad y de la belleza del ideal cristiano vivido y realizado en plenitud.

    Basilio, con su fuerte personalidad de líder, de hombre de acción, y Gregorio, elevadísimo poeta y teólogo, nos muestran con su vida qué significa asistir a la escuela de la verdadera sabiduría y recibir como don el Espíritu, que escruta también las profundidades de Dios. “El mundo tiene necesidad de santos dotados de genio” (Simone Weil): los dos grandes amigos, a los que veneramos en esta memoria como obispos y doctores de la Iglesia, han alcanzado por la caridad de Cristo lo que les ha hecho obradores del bien al servicio de los hermanos y cantores admirados de la belleza de Dios.

    Desde su juventud habían afirmado: “Para nosotros era una cosa grande y un gran nombre ser cristianos y ser llamados cristianos”, y mantuvieron durante toda su vida la fe en su amistad porque vivieron “acrecentando el misterio santo y nuevo de Cristo, de quien habían recibido el nombre con que eran llamados”. Esto les convirtió de verdad en sal y luz no sólo para su tiempo, sino para toda la Iglesia, en todos los tiempos.

***

Como si una misma alma sustentase dos cuerpos.

Nos habíamos encontrado en Atenas, como la corriente de un mismo río que, desde el manantial patrio, nos había dispersado por las diversas regiones, arrastrados por el afán de aprender, y que, de nuevo, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, volvió a unirnos, sin duda porque así lo dispuso Dios.

En aquellas circunstancias, no me contentaba yo sólo con venerar y seguir a mi gran amigo Basilio, al advertir en él la gravedad de sus costumbres y la madurez y seriedad de sus palabras, sino que trataba de persuadir a los demás, que todavía no lo conocían, a que le tuviesen esta misma admiración. En seguida empezó a ser tenido en gran estima por quienes conocían su fama y lo habían oído.

En consecuencia, ¿qué sucedió? Que fue casi el único, entre todos los estudiantes que se encontraban en Atenas, que sobrepasaba el nivel común y el único que había conseguido un honor mayor que el que parece corresponder a un principiante. Éste fue el preludio de nuestra amistad; ésta la chispa de nuestra intimidad; así fue como el mutuo amor prendió en nosotros.

Con el paso del tiempo, nos confesamos mutuamente nuestras ilusiones y que nuestro más profundo deseo era alcanzar la filosofía, y, ya para entonces, éramos el uno para el otro todo lo compañeros y amigos que nos era posible ser, de acuerdo siempre, aspirando a idénticos bienes y cultivando cada día más ferviente y más íntimamente nuestro recíproco deseo.

Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y, sin embargo, carecíamos de envidia; en cambio, teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía; cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia.

Parecía que teníamos una misma alma que sustentaba dos cuerpos. Y, si no hay que dar crédito en absoluto a quienes dicen que todo se encuentra en todas las cosas, a nosotros hay que hacernos caso si decimos que cada uno se encontraba en el otro y junto al otro.

Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ése fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño por la virtud; y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido.

Y, así como otros tienen sobrenombres, o bien recibidos de sus padres, o bien suyos propios, o sea, adquiridos con los esfuerzos y orientación de su misma vida, para nosotros era maravilloso ser cristianos, y glorioso recibir este nombre.

*

De los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo.

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2021, bajo el signo de la confianza

Viernes, 1 de enero de 2021

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El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

*

Salmo 22 (23)

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numeros-6-24-26

Que al comenzar este año sintamos, una vez más,
cómo Dios nos mira con ternura
y nos envía con gozo y amor a la vida.

Que nos veamos envueltas en su manto
y seguras bajo sus alas protectoras.

Que alumbre nuestros días monótonos y grises
y sea nuestra fuerza en las horas débiles.

Que nos dé tiempo y sabiduría
para conocerlo, saborearlo y vivirlo sin rutina.

Que nos llene de sensibilidad y silencio
para leer los susurros de los corazones.

Que nos colme de paz y alegría
para vivir entregadas a todas las personas.

Que cure y sane nuestras heridas,
sobre todo, las que nos encierran en nosotras mismas.

Que sea en todo momento nuestro horizonte y fuente
para que nosotras podamos ser signos de vida nueva.

Que nos empape de su amor, como rocío mañanero,
para que destilemos esperanza por todos los senderos.

Que nos limpie del barro y costra, el cuerpo y el espíritu,
para que brillemos como estrellas en el firmamento.

Que nos tienda su mano protectora y amiga
para que el cansancio no detenga nuestros pasos.

Que a lo largo de este año
nuestros deseos se hagan realidad,
pues duermen y despiertan en el regazo de Dios,

Padre-Madre, que nos quiere y bendice.

*

Florentino Ulibarri

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