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“Las Iglesias cristianas, ante el genocidio de Gaza “, por Juan José Tamayo

viernes, 8 de agosto de 2025
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El ‘éxodo’ palestino diario en Gaza


Leído en su blog:

«No cabe el silencio, ni la equidistancia, sino la condena de Netanyahu y la defensa del Estado de Palestina»

«Las Iglesias cristianas, incluidas las pertenecientes a los sectores progresistas, han reaccionado con tibieza, salvo algunas excepciones, ante el genocidio de Israel contra Gaza, y en muchos casos con el silencio y la equidistancia, quizá por el falso temor de ser acusadas de antisemitismo, sin distinguir entre antisemitismo y antisionismo, entre judaísmo y gobierno genocida de Israel»

«No se puede hacer una lectura fundamentalista de la Biblia hebrea que legitime el genocidio. Hay que aplicar una hermenéutica histórico-crítica basada en la defensa de los derechos humanos, siendo el primero el derecho a la vida, fundamento de todos los derechos»

«Es necesario visibilizar y desenmascarar el trasfondo religioso del genocidio de Gaza, del que se habla poco en los análisis políticos internacionales, pero que es fundamental»

 

Las Iglesias cristianas, incluidas las pertenecientes a los sectores progresistas, han reaccionado con tibieza, salvo algunas excepciones, ante el genocidio de Israelcontra Gaza, y en muchos casos con el silencio y la equidistancia, quizá por el falso temor de ser acusadas de antisemitismo, sin distinguir entre antisemitismo y antisionismo, entre judaísmo y gobierno genocida de Israel. Esa distinción es fundamental. Yo mismo he sido acusado de enemigo de la religión judía y de antisemita por denunciar el genocidio y por cuestionar el uso político violento de la ideología teológica excluyente de “pueblo elegido” y tierra prometida” contra el pueblo palestino.

El papa Francisco condenó genéricamente la muerte de niños en los conflictos mundiales y afirmó que “matar a niños es negar el futuro”. En sus Memorias afirmó tímidamente que la actitud de Israel en Gaza es un genocidio, pero no como una postura propia, sino refugiándose en la expresión “según expertos internacionales”, y solicitó una investigación al respecto. Pidió el alto el fuego y la liberación de los rehenes y se mostró conmovido por la “gravísima situación humanitaria” de la población gazatí y exigió en varias ocasiones “ayuda a la población exhausta”.

Sin embargo, en la mayoría de sus discursos mostró cierta equidistancia, cuando se refirió a Israel y a Gaza, sin distinguir entre el Estado agresor, Israel, y el pueblo agredido, Gaza. Incluso aplicó a Ucrania el adjetivo “martirizada”, que no utilizó para calificar y denunciar el genocidio contra la población gazatí. ¿Prudencia por ser la máxima autoridad del Estado de la Ciudad del Vaticano? Creo que no, más bien indefinición, como no pocos dirigentes políticos. Otros, sin embargo, se han pronunciado abiertamente contra el genocidio y han denunciado a Netanyahu.

Una de las condenas más nítidas y contundentes contra el genocidio ha sido la Kairós Global por la Justicia, coalición internacional nacida como respuesta solidaria al documento Kairós Palestina, aprobado por un grupo de líderes cristianos palestinos de 2009: No podemos servir a Dios y a la opresión del pueblo palestino. Es esta organización la que, dentro de las iglesias cristianas, ha denunciado con más contundencia el sionismo, el colonialismo, el genocidio, el exterminio y la limpieza ética del pueblo palestino por parte de Israel y de Estados Unidos, y ha desenmascarado la pasividad de la Unión Europea y el cinismo de las iglesias cristianas.

Papel importante en la denuncia está jugando la Teología Palestina de la Liberación, que se muestra crítica con la utilización sionista de la Biblia hebrea en favor de los asentamientos y de la expulsión del pueblo palestino de su territorio y hace una revisión desmitificadora de la ideología excluyente del “pueblo elegido” y de la “tierra prometida”, que se autoaplica Israel. Denuncia, a su vez, el constantinismo judío y su alianza con el sionismo político, llevada a cabo por líderes religiosos ultraortodoxos y por no pocos teólogos judíos, que de portadores del mensaje profético liberador de la Biblia hebrea se han convertido en colonizadores y conquistadores.

Munther Isaac, teólogo palestino y decano del Colegio Bíblico de Belén, en un contundente sermón ampliamente difundido por las redes sociales, expresó su indignación por la complicidad de las iglesias cristianas: “Que quede claro. El silencio es complicidad. Sus palabras superficiales de empatía sin contacto con la acción revelan complicidad. Gaza fue agredida antes del 7 de octubre y el mundo miraba en silencio”. Y terminaba el sermón con este certero aforismo: “Gaza se ha convertido hoy en brújula moral del mundo”.

Undecálogo

Resumo en el siguiente undecálogo la actitud que, a mi juicio, deben adoptar las iglesias cristianas, y en general las religiones, ante tamaños crímenes cometidos impunemente por Israel contra la población de Gaza y Cisjordania, así como ante los ataques contra Irán y las intervenciones militares contra el Líbano y Siria.

  1. Las religiones tienen que reconocer el genocidio sin ambages, verificado por las organizaciones internacionales y por la realidad incontestable de los hechos: más de 60.000 asesinatos con premeditación y alevosía, de los cuales el 70 % son mujeres, niños y niñas. Son estremecedoras las imágenes de los niños y las niñas muertos de hambre en los brazos de sus padres, antes de que llegara la comida. En estos días han fallecido (=han sido asesinados) por inanición más de 150 personas, en su mayoría niñas y niños, y se ha producido el asesinato de más de 1.000 personas tiroteadas en las zonas donde se repartía la poca comida que llegaba. El 31 de julio, han sido asesinadas más de 100 personas por el ejército israelí mientras buscaban comida. Es una estrategia premeditada de Netanyahu: no solo matar de hambre, sino asesinar al reclamo de la comida. Mayor inhumanidad no cabe en mente y corazón humanos, pero sí en Netanyahu y en su cómplice Trump.
  2. Es hora de declarar ya el alto el fuego, de levantar todas las restricciones de acceso de comida a Gaza y de evitar más muertes y destrucción. No estamos siquiera en el apartheid de Gaza, Netanyahu ha dado un paso más hacia la solución final. Y esto no es catastrofismo, sino la descripción más cruda de la cruda realidad mortífera.
  3. No es posible la neutralidad, ni la equidistancia, y menos aún el silencio. Las tres actitudes constituyen un delito de complicidad con el genocidio, el exterminio y la limpieza ética.
  4. No se puede normalizar el genocidio. Las religiones deben condenarlo con toda contundencia y denunciar públicamente a sus responsables: Netanyahu, sus ministros, el ejército israelí, una parte de la ciudadanía israelí que apoya el genocidio, Estados Unidos, etc.
  5. Hay que rechazar enérgicamente la propuesta de Trump, apoyada por Netanyahu, de deportar a la población palestina, que, como ha demostrado Olga Rodríguez en un riguroso análisis en este diario:

No es sin más una reubicación de la población palestina en los países vecinos de Egipto y Jordania, sino un desplazamiento forzado, un crimen que viola el derecho internacional humanitario.

No es una reconstrucción del territorio asolado por el ejército israelí, sino una voluntad de hacer negocio a costa del saqueo, el colonialismo y el genocidio.

No es una urbanización, ni una “transacción inmobiliaria”, como lo presenta Trump, sino una limpieza étnica, que se enmarca en un proceso de apartheid iniciado en 1948.

     6. No estamos ante una lucha entre dos partes violentas, sino ante una guerra del colonizador Israel contra el pueblo palestino colonizado. Debe exigirse, por ello, el fin del programa colonial de Israel sobre el pueblo palestino y del sionismo, que es la base de dicho proyecto.

     7. Debe condenarse el sionismo cristiano de no pocos dirigentes políticos y religiosos que apoyan y legitiman el sionismo judío.

       8. Es necesario visibilizar y desenmascarar el trasfondo religioso del genocidio de Gaza, del que se habla poco en los análisis políticos internacionales, pero que es fundamental. Netantahu está practicando la ley de la venganza, más allá del “ojo por ojo y diente por diente”, siguiendo el “canto de Lámec”: “Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. Caín será vengado siete veces y Lámec lo será setenta y siete veces” (Libro del Génesis: 4,24). Justifica el genocidio contra el pueblo palestino apelando al castigo que Dios impuso a Amalec. “Recordad el castigo que Yahvé infligió a Amalec”, amonestó el primer ministro israelí a los gazatíes en uno de sus discurso más incendiarios, citando el siguiente texto de la Biblia hebrea:

Así dice el Señor todopoderoso: He resuelto castiga a Amalec por lo que hizo a Israel, cerrándole el paso cuando subía de Egipto. Así que vete, castiga a Amalec y consagra al exterminio todas sus pertenencias sin piedad: mata hombres y mujeres, muchachos y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y asnos” (primer libro de 1Samuel 15,3; cf también 23, 17-19).  “La consagración al exterminio -comenta la edición de la Biblia de La Casa de la Biblia- es una práctica propia de la guerra santa: todo lo que se consagra al exterminio deberá ser destruido como ofrenda a la divinidad y no puede ser tomado como botín de guerra; se quiere evitar así el abuso y la avaricia”.

      9. No se puede hacer una lectura fundamentalista de la Biblia hebrea que legitime el genocidio. Hay que aplicar una hermenéutica histórico-crítica basada en la defensa de los derechos humanos, siendo el primero el derecho a la vida, fundamento de todos los derecho, en la igual dignidad de todos los seres humanos y la no discriminación por razones de género, identidad sexual, procedencia geográfica, color de la piel, clase social, creencia o increencia religiosa, etc., y en la no violencia activa en favor de la justicia.

     10. Hay que exigir a Israel el cumplimiento de los mandamientos de la ley mosaica, en concreto estos dos, que Israel viene transgrediendo desde hace cerca de 80 años en Palestina: “No pronunciar el nombre de Dios en falso” (Libró del Éxodo: 20,7) y “No matarás” (Libro del Éxodo: 20,13), al tiempo que es necesario recuperar las imágenes bíblicas que presentan a Dios como “tardo a la ira y rico en clemencia”, compasivo, pacífico, no violento, amoroso, no vengativo.

      11. Debe exigirse el cumplimiento de la sentencia condenatoria del Tribunal Penal de la Haya contra Netanyahu, apoyar la lucha y la resistencia palestina en defensa de su territorio y de su reconocimiento como Estado soberano, libre e independiente y no a seguir siendo una colonia martirizada por Israel. La lucha y la resistencia del pueblo palestino son nuestra lucha y nuestra resistencia.

Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, 2025, 3ª ed.).

(artículo publicado el 29 de julio en eldiario.es actualizado y ampliado).

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), General , , , , , , , , , , , , , ,

Cristo entre los escombros…

miércoles, 25 de diciembre de 2024
Comentarios desactivados en Cristo entre los escombros…

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Niño Jesús entre escombros. Captura de pantalla del video: Navidad silenciosa en Belén: Solidaridad con los palestinos en Gaza del canal de Al Jazeera en inglés en YouTube.


Ante la situación que vive la población de Gaza y Cisjordania, rescatamos este artículo que publicamos el pasado año:

Una liturgia de lamento

Servicio dado en la Iglesia Evangélica Luterana de la Natividad: Belén, 23 de diciembre de 2023

Este pesebre es nuestro mensaje al mundo de hoy y es simplemente este: El genocidio debe terminar YA. Repitamos al mundo: ¡DETENGAN este genocidio YA!

Belén: cerrado por Navidad. Las iglesias cristianas de Belén han cancelado oficialmente todo tipo de celebraciones.

Estamos enfadados…

Estamos quebrantados…

Este debería haber sido un momento de alegría; en cambio, estamos de luto. Tenemos miedo. Más de 20 mil asesinados ( A día de hoy pasan de los 44.000). Miles de personas siguen bajo los escombros. Cerca de 9 mil niños y niñas asesinadas de las formas más brutales. Día tras día tras día. ¡Un millón novecientos mil desplazados! Cientos de miles de viviendas destruidas. Gaza, tal como la hemos conocido, ya no existe. Esto es una aniquilación. Es un genocidio. El mundo está mirando; las iglesias están mirando. Los habitantes de Gaza envían imágenes en directo de su propia ejecución. ¿Quizás al mundo le importe? Pero continúa… Nos preguntamos: ¿podría ser este nuestro destino en Belén? ¿En Ramallah? ¿En Yenín? ¿Es este también nuestro destino?

Estamos atormentados por el silencio del mundo. Los líderes de los llamados “libres” se alinearon uno tras otro para dar luz verde a este genocidio contra una población cautiva. Dieron su cobertura. No sólo se aseguraron de pagar la factura por adelantado, sino que ocultaron la verdad y el contexto, proporcionando el respaldo político. Y se ha añadido otra capa más: el respaldo teológico, donde la Iglesia occidental ocupa el centro de atención. Nuestros queridos amigos y amigas sudafricanas nos enseñaron el concepto de “la teología de estado”, definida como la justificación teológica del status quo con su racismo, capitalismo y totalitarismo”. Esto lo logra haciendo un mal uso de conceptos teológicos y textos bíblicos para sus propios fines políticos.

Aquí en Palestina, la Biblia es usada como un arma en contra nuestra. Nuestro propio texto sagrado. En nuestra terminología, en Palestina, hablamos del Imperio. Aquí nos enfrentamos a la teología del Imperio. Un disfraz para superioridad, supremacía, “elección” y el derecho propio. A veces se le pone una bonita portada usando palabras como misión y evangelización, cumplimiento de las profecías y la expansión de la libertad. La teología del Imperio se convierte en una poderosa herramienta para enmascarar la opresión bajo el manto de la sanción divina. Divide a las personas en “nosotros” y “ellos“. Deshumaniza y demoniza. Habla de una tierra sin gente, incluso cuando saben que la tierra tiene gente, y no cualquier gente. Pide vaciar Gaza, del mismo modo que calificó la limpieza étnica de 1948 como “un milagro divino”. Ahora nos pide a nosotros y nosotras, palestinos y palestinas que vayamos a Egipto, o quizá a Jordania, o ¿por qué no directo al mar? Pienso en las palabras que le dijeron a Jesús sus discípulos cuando iban a entrar en Samaria: “Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?”. Esto dijeron de los samaritanos. Esta es la teología del Imperio, es lo que están diciendo acerca de nosotros hoy.

Esta guerra nos ha confirmado que el mundo no nos ve como iguales. Quizás sea el color de nuestra piel. Tal vez sea porque estamos del lado equivocado de una ecuación política. Ni siquiera nuestro parentesco con Cristo nos protegió. Como han dicho, si es necesario matar a 100 palestinos para capturar a un solo “militante de Hamás“, ¡que así sea! A sus ojos no somos humanos (pero a los ojos de Dios… ¡nadie puede decirnos que no lo somos!). ¡La hipocresía y el racismo del mundo occidental son transparentes y atroces! Siempre toman las palabras de los palestinos con sospecha y reservas. No, no nos tratan por igual. Sin embargo, a la otra parte, a pesar del claro historial de desinformación, ¡casi siempre se considera su palabra como infalible!

A nuestros amigos europeos: ¡No quiero volver a oírlos darnos sermones sobre derechos humanos o derecho internacional! No somos blancos, supongo, por lo que no se aplica a nosotros según la lógica que usan. En esta guerra, las muchas personas cristianas del mundo occidental se aseguraron que el Imperio tuviera la teología necesaria. ¡Es defensa propia, nos dijeron! (Y pregunto nuevamente, ¿de qué manera el asesinato de 9 mil niños y niñas es defensa propia?). Bajo la sombra del Imperio, convirtieron al colonizador en víctima y al colonizado en agresor. ¿Hemos olvidado que ese Estado fue construido sobre las ruinas de las ciudades y pueblos de los mismos habitantes de Gaza?

Estamos indignados por la complicidad de la iglesia. Que quede claro: el silencio es complicidad, y los llamados vacíos a la paz sin un alto el fuego y el fin de la ocupación, y las palabras superficiales de empatía sin acción directa, están todos bajo la bandera de la complicidad. Así que este es mi mensaje: hoy Gaza se ha convertido en la brújula moral del mundo. Gaza era un infierno en la tierra inclusive antes del 7 de octubre y el mundo mantuvo silencio. ¿Nos debería sorprender su silencio hoy?

Si no están consternados por lo que está sucediendo; si no están conmocionados hasta lo más profundo, algo anda mal con su humanidad. Si nosotros, como cristianos y cristianas, no estamos indignados por este genocidio, por el uso de la Biblia como arma para justificarlo, ¡algo anda mal con nuestro testimonio cristiano y está comprometiendo la credibilidad del mensaje del Evangelio! Si dejan de llamar lo que está sucediendo un genocidio, que recaiga sobre ustedes. Es un pecado y una oscuridad lo que abrazan voluntariamente. Algunos ni siquiera han pedido un alto el fuego… Me refiero a las iglesias.

Siento pena por ustedes; estaremos bien. A pesar del inmenso golpe que hemos sufrido, los palestinos nos recuperaremos. Nos levantaremos de nuevo de la destrucción, como siempre lo hemos hecho como palestinos; aunque este es, con diferencia, el mayor golpe que hemos recibido en mucho tiempo. Pero nuevamente, por aquellos que son cómplices, lo siento por ustedes. ¿Podrán algún día recuperarse de esto? Su caridad, sus palabras de asombro DESPUÉS del genocidio, no harán ninguna diferencia. Y sé que estas palabras vendrán. Pero sus palabras de arrepentimiento no te bastarán. No aceptaremos sus disculpas después del genocidio. Lo hecho, hecho está. Quiero que se miren al espejo… y pregunten: ¿dónde estaba yo cuando Gaza estaba viviendo un genocidio?

A nuestros amigos y amigas que están aquí con nosotros: han dejado a sus familias e iglesias para estar con nosotros. Encarnan el término “acompañamiento“: una solidaridad costosa. Pensemos en las palabras de Jesús: “Estábamos en prisión y nos visitaron“. Qué marcada diferencia con el silencio y la complicidad de los demás. Su presencia aquí es lo que significa la solidaridad. Su visita ya ha dejado una impresión que nunca nos podrán quitar. A través de ustedes, Dios nos ha dicho “no están desamparados”. Como dijo esta mañana el padre Rami de la Iglesia Católica, han venido a Belén y, como los Reyes Magos, trajeron regalos, pero regalos que son más preciosos que el oro, el incienso y la mirra. Trajeron el don del amor y la solidaridad”.

Necesitábamos esto. Para esta temporada, tal vez más que nada, nos preocupaba el silencio de Dios. En estos dos últimos meses, los Salmos de lamento se han convertido en preciosos compañeros. Gritamos: Dios mío, Dios mío, ¿por qué has abandonado Gaza? ¿Por qué escondes tu rostro a Gaza? En nuestro dolor, angustia y lamento, hemos buscado a Dios y lo hemos encontrado bajo los escombros en Gaza. Jesús se convirtió en víctima de la misma violencia del Imperio. Cuando estuvo en nuestra tierra fue torturado. Crucificado. Se desangró mientras otros observaban. Lo mataron y gritó de dolor: Dios mío, ¿dónde estás?

Hoy en Gaza, Dios está bajo los escombros. Y en esta temporada navideña, mientras buscamos a Jesús, no lo encontraremos del lado de Roma, sino de nuestro lado del muro. Está en una cueva, con una familia sencilla, bajo ocupación. Vulnerable. Habiendo a duras penas sobrevivido una masacre. Con una familia de refugiados. Aquí es donde se encuentra Jesús.

Si Jesús naciera hoy, nacería bajo los escombros de Gaza.

Cuando glorificamos el orgullo y la riqueza, Jesús está bajo los escombros…

Cuando confiamos en el poder, la fuerza y las armas, Jesús está bajo los escombros…

Cuando justificamos, racionalizamos y teologizamos el bombardeo de niños y niñas, Jesús está bajo los escombros…

Jesús está bajo los escombros. Este es su pesebre. Se siente en casa con los marginados y las marginadas, quienes sufren, los oprimidos y los desplazados.Este es su pesebre. He estado mirando, contemplando esta imagen icónica… Dios está con nosotros, precisamente de esta manera. ESTA es la encarnación. Desmarañado. Ensangrentado. Empobrecido.

Este niño es nuestra esperanza e inspiración. Lo miramos y lo vemos en cada niño asesinado y sacado de debajo de los escombros. Mientras el mundo continúa rechazando a los niños y las niñas de Gaza, Jesús dice: “cuanto le hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”. “Lo hicieron conmigo“. Jesús no sólo los llama suyos, ¡él es parte de ellos! Él es la niñez de Gaza. Miramos a la Sagrada Familia y la vemos en cada familia desplazada y errante, ahora sin hogar y desesperada. Mientras el mundo discute el destino del pueblo de Gaza, como si fueran cajas no deseadas en un garaje, Dios en la narrativa navideña comparte su destino. Él camina con ellos y los llama suyos.

Este pesebre trata sobre la resiliencia – صمود. La resiliencia de Jesús está en su mansedumbre; debilidad y vulnerabilidad. La majestuosidad de la encarnación reside en su solidaridad con los marginados. Resiliencia porque este mismo niño, se levantó en medio del dolor, la destrucción, la oscuridad y la muerte para desafiar a los Imperios; para decirle la verdad al poder y lograr una victoria eterna sobre la muerte y la oscuridad.

Hoy es Navidad en Palestina y este es el mensaje navideño. No se trata de Papá Noel, árboles, regalos, luces… etc. ¡Dios mío! ¿Cómo retorcimos el significado de la Navidad? ¿Cómo hemos comercializado la Navidad? Estuve en Estados Unidos el mes pasado, el primer lunes después del Día de Acción de Gracias, y me sorprendió la cantidad de adornos y luces navideñas, todos los productos comerciales. No pude evitar pensar: “Nos envían bombas, mientras celebran la Navidad en su tierra. Cantan sobre el príncipe de paz en su tierra, mientras tocan el tambor de la guerra en la nuestra”. Navidad en Belén, lugar del nacimiento de Jesús, es este pesebre. Este es nuestro mensaje al mundo de hoy. Es un mensaje evangélico, un mensaje de Navidad verdadero y auténtico, sobre el Dios que no se quedó callado, sino que dijo su palabra y su Palabra es Jesús. Nacido entre los que están bajo ocupación, las y los marginados, Él es solidario con nosotros en nuestro dolor y quebrantamiento.

Este pesebre es nuestro mensaje al mundo de hoy y es simplemente este: El genocidio debe terminar YA. Repitamos al mundo: ¡DETENGAN este genocidio YA!

Este es nuestro llamado. Esta es nuestra súplica. Esta es nuestra oración. ¡Escucha, oh Dios! Amén.

Sermón completo en inglés: (2) Vidéo | Facebook

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Cristo entre los escombros…

lunes, 25 de diciembre de 2023
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Niño Jesús entre escombros. Captura de pantalla del video: Navidad silenciosa en Belén: Solidaridad con los palestinos en Gaza del canal de Al Jazeera en inglés en YouTube.

Una liturgia de lamento

Servicio dado en la Iglesia Evangélica Luterana de la Natividad: Belén, 23 de diciembre de 2023

Este pesebre es nuestro mensaje al mundo de hoy y es simplemente este: El genocidio debe terminar YA. Repitamos al mundo: ¡DETENGAN este genocidio YA!

Belén: cerrado por Navidad. Las iglesias cristianas de Belén han cancelado oficialmente todo tipo de celebraciones.

Estamos enfadados…

Estamos quebrantados…

Este debería haber sido un momento de alegría; en cambio, estamos de luto. Tenemos miedo. Más de 20 mil asesinados. Miles de personas siguen bajo los escombros. Cerca de 9 mil niños y niñas asesinadas de las formas más brutales. Día tras día tras día. ¡Un millón novecientos mil desplazados! Cientos de miles de viviendas destruidas. Gaza, tal como la hemos conocido, ya no existe. Esto es una aniquilación. Es un genocidio. El mundo está mirando; las iglesias están mirando. Los habitantes de Gaza envían imágenes en directo de su propia ejecución. ¿Quizás al mundo le importe? Pero continúa… Nos preguntamos: ¿podría ser este nuestro destino en Belén? ¿En Ramallah? ¿En Yenín? ¿Es este también nuestro destino?

Estamos atormentados por el silencio del mundo. Los líderes de los llamados “libres” se alinearon uno tras otro para dar luz verde a este genocidio contra una población cautiva. Dieron su cobertura. No sólo se aseguraron de pagar la factura por adelantado, sino que ocultaron la verdad y el contexto, proporcionando el respaldo político. Y se ha añadido otra capa más: el respaldo teológico, donde la Iglesia occidental ocupa el centro de atención. Nuestros queridos amigos y amigas sudafricanas nos enseñaron el concepto de “la teología de estado”, definida como la justificación teológica del status quo con su racismo, capitalismo y totalitarismo”. Esto lo logra haciendo un mal uso de conceptos teológicos y textos bíblicos para sus propios fines políticos.

Aquí en Palestina, la Biblia es usada como un arma en contra nuestra. Nuestro propio texto sagrado. En nuestra terminología, en Palestina, hablamos del Imperio. Aquí nos enfrentamos a la teología del Imperio. Un disfraz para superioridad, supremacía, «elección» y el derecho propio. A veces se le pone una bonita portada usando palabras como misión y evangelización, cumplimiento de las profecías y la expansión de la libertad. La teología del Imperio se convierte en una poderosa herramienta para enmascarar la opresión bajo el manto de la sanción divina. Divide a las personas en «nosotros» y «ellos«. Deshumaniza y demoniza. Habla de una tierra sin gente, incluso cuando saben que la tierra tiene gente, y no cualquier gente. Pide vaciar Gaza, del mismo modo que calificó la limpieza étnica de 1948 como «un milagro divino». Ahora nos pide a nosotros y nosotras, palestinos y palestinas que vayamos a Egipto, o quizá a Jordania, o ¿por qué no directo al mar? Pienso en las palabras que le dijeron a Jesús sus discípulos cuando iban a entrar en Samaria: “Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma?”. Esto dijeron de los samaritanos. Esta es la teología del Imperio, es lo que están diciendo acerca de nosotros hoy.

Esta guerra nos ha confirmado que el mundo no nos ve como iguales. Quizás sea el color de nuestra piel. Tal vez sea porque estamos del lado equivocado de una ecuación política. Ni siquiera nuestro parentesco con Cristo nos protegió. Como han dicho, si es necesario matar a 100 palestinos para capturar a un solo «militante de Hamás«, ¡que así sea! A sus ojos no somos humanos (pero a los ojos de Dios… ¡nadie puede decirnos que no lo somos!). ¡La hipocresía y el racismo del mundo occidental son transparentes y atroces! Siempre toman las palabras de los palestinos con sospecha y reservas. No, no nos tratan por igual. Sin embargo, a la otra parte, a pesar del claro historial de desinformación, ¡casi siempre se considera su palabra como infalible!

A nuestros amigos europeos: ¡No quiero volver a oírlos darnos sermones sobre derechos humanos o derecho internacional! No somos blancos, supongo, por lo que no se aplica a nosotros según la lógica que usan. En esta guerra, las muchas personas cristianas del mundo occidental se aseguraron que el Imperio tuviera la teología necesaria. ¡Es defensa propia, nos dijeron! (Y pregunto nuevamente, ¿de qué manera el asesinato de 9 mil niños y niñas es defensa propia?). Bajo la sombra del Imperio, convirtieron al colonizador en víctima y al colonizado en agresor. ¿Hemos olvidado que ese Estado fue construido sobre las ruinas de las ciudades y pueblos de los mismos habitantes de Gaza?

Estamos indignados por la complicidad de la iglesia. Que quede claro: el silencio es complicidad, y los llamados vacíos a la paz sin un alto el fuego y el fin de la ocupación, y las palabras superficiales de empatía sin acción directa, están todos bajo la bandera de la complicidad. Así que este es mi mensaje: hoy Gaza se ha convertido en la brújula moral del mundo. Gaza era un infierno en la tierra inclusive antes del 7 de octubre y el mundo mantuvo silencio. ¿Nos debería sorprender su silencio hoy?

Si no están consternados por lo que está sucediendo; si no están conmocionados hasta lo más profundo, algo anda mal con su humanidad. Si nosotros, como cristianos y cristianas, no estamos indignados por este genocidio, por el uso de la Biblia como arma para justificarlo, ¡algo anda mal con nuestro testimonio cristiano y está comprometiendo la credibilidad del mensaje del Evangelio! Si dejan de llamar lo que está sucediendo un genocidio, que recaiga sobre ustedes. Es un pecado y una oscuridad lo que abrazan voluntariamente. Algunos ni siquiera han pedido un alto el fuego… Me refiero a las iglesias.

Siento pena por ustedes; estaremos bien. A pesar del inmenso golpe que hemos sufrido, los palestinos nos recuperaremos. Nos levantaremos de nuevo de la destrucción, como siempre lo hemos hecho como palestinos; aunque este es, con diferencia, el mayor golpe que hemos recibido en mucho tiempo. Pero nuevamente, por aquellos que son cómplices, lo siento por ustedes. ¿Podrán algún día recuperarse de esto? Su caridad, sus palabras de asombro DESPUÉS del genocidio, no harán ninguna diferencia. Y sé que estas palabras vendrán. Pero sus palabras de arrepentimiento no te bastarán. No aceptaremos sus disculpas después del genocidio. Lo hecho, hecho está. Quiero que se miren al espejo… y pregunten: ¿dónde estaba yo cuando Gaza estaba viviendo un genocidio?

A nuestros amigos y amigas que están aquí con nosotros: han dejado a sus familias e iglesias para estar con nosotros. Encarnan el término «acompañamiento«: una solidaridad costosa. Pensemos en las palabras de Jesús: «Estábamos en prisión y nos visitaron«. Qué marcada diferencia con el silencio y la complicidad de los demás. Su presencia aquí es lo que significa la solidaridad. Su visita ya ha dejado una impresión que nunca nos podrán quitar. A través de ustedes, Dios nos ha dicho “no están desamparados”. Como dijo esta mañana el padre Rami de la Iglesia Católica, «han venido a Belén y, como los Reyes Magos, trajeron regalos, pero regalos que son más preciosos que el oro, el incienso y la mirra. Trajeron el don del amor y la solidaridad».

Necesitábamos esto. Para esta temporada, tal vez más que nada, nos preocupaba el silencio de Dios. En estos dos últimos meses, los Salmos de lamento se han convertido en preciosos compañeros. Gritamos: Dios mío, Dios mío, ¿por qué has abandonado Gaza? ¿Por qué escondes tu rostro a Gaza? En nuestro dolor, angustia y lamento, hemos buscado a Dios y lo hemos encontrado bajo los escombros en Gaza. Jesús se convirtió en víctima de la misma violencia del Imperio. Cuando estuvo en nuestra tierra fue torturado. Crucificado. Se desangró mientras otros observaban. Lo mataron y gritó de dolor: Dios mío, ¿dónde estás?

Hoy en Gaza, Dios está bajo los escombros. Y en esta temporada navideña, mientras buscamos a Jesús, no lo encontraremos del lado de Roma, sino de nuestro lado del muro. Está en una cueva, con una familia sencilla, bajo ocupación. Vulnerable. Habiendo a duras penas sobrevivido una masacre. Con una familia de refugiados. Aquí es donde se encuentra Jesús.

Si Jesús naciera hoy, nacería bajo los escombros de Gaza.

Cuando glorificamos el orgullo y la riqueza, Jesús está bajo los escombros…

Cuando confiamos en el poder, la fuerza y las armas, Jesús está bajo los escombros…

Cuando justificamos, racionalizamos y teologizamos el bombardeo de niños y niñas, Jesús está bajo los escombros…

Jesús está bajo los escombros. Este es su pesebre. Se siente en casa con los marginados y las marginadas, quienes sufren, los oprimidos y los desplazados.Este es su pesebre. He estado mirando, contemplando esta imagen icónica… Dios está con nosotros, precisamente de esta manera. ESTA es la encarnación. Desmarañado. Ensangrentado. Empobrecido.

Este niño es nuestra esperanza e inspiración. Lo miramos y lo vemos en cada niño asesinado y sacado de debajo de los escombros. Mientras el mundo continúa rechazando a los niños y las niñas de Gaza, Jesús dice: «cuanto le hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron». «Lo hicieron conmigo«. Jesús no sólo los llama suyos, ¡él es parte de ellos! Él es la niñez de Gaza. Miramos a la Sagrada Familia y la vemos en cada familia desplazada y errante, ahora sin hogar y desesperada. Mientras el mundo discute el destino del pueblo de Gaza, como si fueran cajas no deseadas en un garaje, Dios en la narrativa navideña comparte su destino. Él camina con ellos y los llama suyos.

Este pesebre trata sobre la resiliencia – صمود. La resiliencia de Jesús está en su mansedumbre; debilidad y vulnerabilidad. La majestuosidad de la encarnación reside en su solidaridad con los marginados. Resiliencia porque este mismo niño, se levantó en medio del dolor, la destrucción, la oscuridad y la muerte para desafiar a los Imperios; para decirle la verdad al poder y lograr una victoria eterna sobre la muerte y la oscuridad.

Hoy es Navidad en Palestina y este es el mensaje navideño. No se trata de Papá Noel, árboles, regalos, luces… etc. ¡Dios mío! ¿Cómo retorcimos el significado de la Navidad? ¿Cómo hemos comercializado la Navidad? Estuve en Estados Unidos el mes pasado, el primer lunes después del Día de Acción de Gracias, y me sorprendió la cantidad de adornos y luces navideñas, todos los productos comerciales. No pude evitar pensar: «Nos envían bombas, mientras celebran la Navidad en su tierra. Cantan sobre el príncipe de paz en su tierra, mientras tocan el tambor de la guerra en la nuestra». Navidad en Belén, lugar del nacimiento de Jesús, es este pesebre. Este es nuestro mensaje al mundo de hoy. Es un mensaje evangélico, un mensaje de Navidad verdadero y auténtico, sobre el Dios que no se quedó callado, sino que dijo su palabra y su Palabra es Jesús. Nacido entre los que están bajo ocupación, las y los marginados, Él es solidario con nosotros en nuestro dolor y quebrantamiento.

Este pesebre es nuestro mensaje al mundo de hoy y es simplemente este: El genocidio debe terminar YA. Repitamos al mundo: ¡DETENGAN este genocidio YA!

Este es nuestro llamado. Esta es nuestra súplica. Esta es nuestra oración. ¡Escucha, oh Dios! Amén.

Sermón completo en inglés: (2) Vidéo | Facebook

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