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“Las Iglesias cristianas, ante el genocidio de Gaza “, por Juan José Tamayo

viernes, 8 de agosto de 2025
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El ‘éxodo’ palestino diario en Gaza


Leído en su blog:

«No cabe el silencio, ni la equidistancia, sino la condena de Netanyahu y la defensa del Estado de Palestina»

«Las Iglesias cristianas, incluidas las pertenecientes a los sectores progresistas, han reaccionado con tibieza, salvo algunas excepciones, ante el genocidio de Israel contra Gaza, y en muchos casos con el silencio y la equidistancia, quizá por el falso temor de ser acusadas de antisemitismo, sin distinguir entre antisemitismo y antisionismo, entre judaísmo y gobierno genocida de Israel»

«No se puede hacer una lectura fundamentalista de la Biblia hebrea que legitime el genocidio. Hay que aplicar una hermenéutica histórico-crítica basada en la defensa de los derechos humanos, siendo el primero el derecho a la vida, fundamento de todos los derechos»

«Es necesario visibilizar y desenmascarar el trasfondo religioso del genocidio de Gaza, del que se habla poco en los análisis políticos internacionales, pero que es fundamental»

 

Las Iglesias cristianas, incluidas las pertenecientes a los sectores progresistas, han reaccionado con tibieza, salvo algunas excepciones, ante el genocidio de Israelcontra Gaza, y en muchos casos con el silencio y la equidistancia, quizá por el falso temor de ser acusadas de antisemitismo, sin distinguir entre antisemitismo y antisionismo, entre judaísmo y gobierno genocida de Israel. Esa distinción es fundamental. Yo mismo he sido acusado de enemigo de la religión judía y de antisemita por denunciar el genocidio y por cuestionar el uso político violento de la ideología teológica excluyente de “pueblo elegido” y tierra prometida” contra el pueblo palestino.

El papa Francisco condenó genéricamente la muerte de niños en los conflictos mundiales y afirmó que “matar a niños es negar el futuro”. En sus Memorias afirmó tímidamente que la actitud de Israel en Gaza es un genocidio, pero no como una postura propia, sino refugiándose en la expresión “según expertos internacionales”, y solicitó una investigación al respecto. Pidió el alto el fuego y la liberación de los rehenes y se mostró conmovido por la “gravísima situación humanitaria” de la población gazatí y exigió en varias ocasiones “ayuda a la población exhausta”.

Sin embargo, en la mayoría de sus discursos mostró cierta equidistancia, cuando se refirió a Israel y a Gaza, sin distinguir entre el Estado agresor, Israel, y el pueblo agredido, Gaza. Incluso aplicó a Ucrania el adjetivo “martirizada”, que no utilizó para calificar y denunciar el genocidio contra la población gazatí. ¿Prudencia por ser la máxima autoridad del Estado de la Ciudad del Vaticano? Creo que no, más bien indefinición, como no pocos dirigentes políticos. Otros, sin embargo, se han pronunciado abiertamente contra el genocidio y han denunciado a Netanyahu.

Una de las condenas más nítidas y contundentes contra el genocidio ha sido la Kairós Global por la Justicia, coalición internacional nacida como respuesta solidaria al documento Kairós Palestina, aprobado por un grupo de líderes cristianos palestinos de 2009: No podemos servir a Dios y a la opresión del pueblo palestino. Es esta organización la que, dentro de las iglesias cristianas, ha denunciado con más contundencia el sionismo, el colonialismo, el genocidio, el exterminio y la limpieza ética del pueblo palestino por parte de Israel y de Estados Unidos, y ha desenmascarado la pasividad de la Unión Europea y el cinismo de las iglesias cristianas.

Papel importante en la denuncia está jugando la Teología Palestina de la Liberación, que se muestra crítica con la utilización sionista de la Biblia hebrea en favor de los asentamientos y de la expulsión del pueblo palestino de su territorio y hace una revisión desmitificadora de la ideología excluyente del “pueblo elegido” y de la “tierra prometida”, que se autoaplica Israel. Denuncia, a su vez, el constantinismo judío y su alianza con el sionismo político, llevada a cabo por líderes religiosos ultraortodoxos y por no pocos teólogos judíos, que de portadores del mensaje profético liberador de la Biblia hebrea se han convertido en colonizadores y conquistadores.

Munther Isaac, teólogo palestino y decano del Colegio Bíblico de Belén, en un contundente sermón ampliamente difundido por las redes sociales, expresó su indignación por la complicidad de las iglesias cristianas: “Que quede claro. El silencio es complicidad. Sus palabras superficiales de empatía sin contacto con la acción revelan complicidad. Gaza fue agredida antes del 7 de octubre y el mundo miraba en silencio”. Y terminaba el sermón con este certero aforismo: “Gaza se ha convertido hoy en brújula moral del mundo”.

Undecálogo

Resumo en el siguiente undecálogo la actitud que, a mi juicio, deben adoptar las iglesias cristianas, y en general las religiones, ante tamaños crímenes cometidos impunemente por Israel contra la población de Gaza y Cisjordania, así como ante los ataques contra Irán y las intervenciones militares contra el Líbano y Siria.

  1. Las religiones tienen que reconocer el genocidio sin ambages, verificado por las organizaciones internacionales y por la realidad incontestable de los hechos: más de 60.000 asesinatos con premeditación y alevosía, de los cuales el 70 % son mujeres, niños y niñas. Son estremecedoras las imágenes de los niños y las niñas muertos de hambre en los brazos de sus padres, antes de que llegara la comida. En estos días han fallecido (=han sido asesinados) por inanición más de 150 personas, en su mayoría niñas y niños, y se ha producido el asesinato de más de 1.000 personas tiroteadas en las zonas donde se repartía la poca comida que llegaba. El 31 de julio, han sido asesinadas más de 100 personas por el ejército israelí mientras buscaban comida. Es una estrategia premeditada de Netanyahu: no solo matar de hambre, sino asesinar al reclamo de la comida. Mayor inhumanidad no cabe en mente y corazón humanos, pero sí en Netanyahu y en su cómplice Trump.
  2. Es hora de declarar ya el alto el fuego, de levantar todas las restricciones de acceso de comida a Gaza y de evitar más muertes y destrucción. No estamos siquiera en el apartheid de Gaza, Netanyahu ha dado un paso más hacia la solución final. Y esto no es catastrofismo, sino la descripción más cruda de la cruda realidad mortífera.
  3. No es posible la neutralidad, ni la equidistancia, y menos aún el silencio. Las tres actitudes constituyen un delito de complicidad con el genocidio, el exterminio y la limpieza ética.
  4. No se puede normalizar el genocidio. Las religiones deben condenarlo con toda contundencia y denunciar públicamente a sus responsables: Netanyahu, sus ministros, el ejército israelí, una parte de la ciudadanía israelí que apoya el genocidio, Estados Unidos, etc.
  5. Hay que rechazar enérgicamente la propuesta de Trump, apoyada por Netanyahu, de deportar a la población palestina, que, como ha demostrado Olga Rodríguez en un riguroso análisis en este diario:

No es sin más una reubicación de la población palestina en los países vecinos de Egipto y Jordania, sino un desplazamiento forzado, un crimen que viola el derecho internacional humanitario.

No es una reconstrucción del territorio asolado por el ejército israelí, sino una voluntad de hacer negocio a costa del saqueo, el colonialismo y el genocidio.

No es una urbanización, ni una “transacción inmobiliaria”, como lo presenta Trump, sino una limpieza étnica, que se enmarca en un proceso de apartheid iniciado en 1948.

     6. No estamos ante una lucha entre dos partes violentas, sino ante una guerra del colonizador Israel contra el pueblo palestino colonizado. Debe exigirse, por ello, el fin del programa colonial de Israel sobre el pueblo palestino y del sionismo, que es la base de dicho proyecto.

     7. Debe condenarse el sionismo cristiano de no pocos dirigentes políticos y religiosos que apoyan y legitiman el sionismo judío.

       8. Es necesario visibilizar y desenmascarar el trasfondo religioso del genocidio de Gaza, del que se habla poco en los análisis políticos internacionales, pero que es fundamental. Netantahu está practicando la ley de la venganza, más allá del “ojo por ojo y diente por diente”, siguiendo el “canto de Lámec”: “Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. Caín será vengado siete veces y Lámec lo será setenta y siete veces” (Libro del Génesis: 4,24). Justifica el genocidio contra el pueblo palestino apelando al castigo que Dios impuso a Amalec. “Recordad el castigo que Yahvé infligió a Amalec”, amonestó el primer ministro israelí a los gazatíes en uno de sus discurso más incendiarios, citando el siguiente texto de la Biblia hebrea:

Así dice el Señor todopoderoso: He resuelto castiga a Amalec por lo que hizo a Israel, cerrándole el paso cuando subía de Egipto. Así que vete, castiga a Amalec y consagra al exterminio todas sus pertenencias sin piedad: mata hombres y mujeres, muchachos y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y asnos” (primer libro de 1Samuel 15,3; cf también 23, 17-19).  “La consagración al exterminio -comenta la edición de la Biblia de La Casa de la Biblia- es una práctica propia de la guerra santa: todo lo que se consagra al exterminio deberá ser destruido como ofrenda a la divinidad y no puede ser tomado como botín de guerra; se quiere evitar así el abuso y la avaricia”.

      9. No se puede hacer una lectura fundamentalista de la Biblia hebrea que legitime el genocidio. Hay que aplicar una hermenéutica histórico-crítica basada en la defensa de los derechos humanos, siendo el primero el derecho a la vida, fundamento de todos los derecho, en la igual dignidad de todos los seres humanos y la no discriminación por razones de género, identidad sexual, procedencia geográfica, color de la piel, clase social, creencia o increencia religiosa, etc., y en la no violencia activa en favor de la justicia.

     10. Hay que exigir a Israel el cumplimiento de los mandamientos de la ley mosaica, en concreto estos dos, que Israel viene transgrediendo desde hace cerca de 80 años en Palestina: “No pronunciar el nombre de Dios en falso” (Libró del Éxodo: 20,7) y “No matarás” (Libro del Éxodo: 20,13), al tiempo que es necesario recuperar las imágenes bíblicas que presentan a Dios como “tardo a la ira y rico en clemencia”, compasivo, pacífico, no violento, amoroso, no vengativo.

      11. Debe exigirse el cumplimiento de la sentencia condenatoria del Tribunal Penal de la Haya contra Netanyahu, apoyar la lucha y la resistencia palestina en defensa de su territorio y de su reconocimiento como Estado soberano, libre e independiente y no a seguir siendo una colonia martirizada por Israel. La lucha y la resistencia del pueblo palestino son nuestra lucha y nuestra resistencia.

Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, 2025, 3ª ed.).

(artículo publicado el 29 de julio en eldiario.es actualizado y ampliado).

Fuente Religión Digital

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“La bendición de las parejas homosexuales”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

jueves, 5 de diciembre de 2024
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matrimoniogay1Varias Iglesias protestantes europeas han expresado posiciones oficiales que ya tienen implicaciones litúrgicas y pastorales. Se han formulado liturgias de bendición y fórmulas de acogida. En varias Iglesias regionales alemanas, es posible celebrar el culto con una bendición de unión. Lo mismo ocurre en los Países Bajos, en Gran Bretaña y en Suiza, en los cantones de San Gall y Zúrich.

Sin embargo, las Iglesias quieren mantener la distinción entre el matrimonio y la bendición de unión, temerosas todavía de admitir que la familia, tal como la hemos conocido hasta ahora, se ha transformado y se ha abierto a nuevas soluciones y nuevos modelos. Todo esto ocurre en Iglesias que desde hace muchas décadas reconocen el ministerio de la mujer como parte integrante del ministerio de la Iglesia. Al mismo tiempo, las Iglesias protestantes nunca han considerado la orientación sexual como un impedimento para la consagración al ministerio pastoral. Esto ha dado lugar a que las mujeres y las personas homosexuales estén plenamente incluidas en los distintos grados del ministerio y, por tanto, sean parte proactiva del debate sobre la bendición de las parejas homosexuales.

Las Iglesias protestantes se han pronunciado en repetidas ocasiones contra toda forma de discriminación sexual y a favor de los derechos civiles. Por ello, en ocasiones han apoyado propuestas legislativas para el reconocimiento de las parejas de hecho y las uniones homosexuales. Son conscientes de que sólo un cambio legislativo de este tipo garantizaría elementos de justicia económica y reconocimiento social para las personas unidas por fuertes lazos de amor y vida compartida. El proceso de debate teológico en curso, como siempre con la verificación del consenso por parte de las comunidades locales, se ha centrado en la posibilidad de formas de bendición para las uniones reconocidas civilmente.

Pero, ¿qué significa dar o recibir una bendición? Ciertamente, hay un aspecto social que no se puede ignorar, que expresa el reconocimiento litúrgico de la vida en pareja del mismo sexo. En el matrimonio heterosexual, la promesa que se transmite en la liturgia es la de un vínculo duradero (deseando que sea para toda la vida) que tiene una apertura fecunda. En una bendición matrimonial, esto implica la posibilidad de procreación. ¿Debe entenderse entonces que la bendición de Dios excluye a toda aquella parte de la humanidad que no tiene hijos e hijas? Por supuesto, la fecundidad de la pareja no puede limitarse a la procreación, sino que es apertura al mundo y creación de un espacio social. La bendición de Dios es un elemento estructurador de la identidad de toda persona humana, una identidad relacional que va más allá de la diferenciación sexual.

Incluso la Iglesia luterana sancionó la posibilidad de hacer bendiciones de uniones de vida, subrayando el hecho de que en el campo de las relaciones humanas existe una multiplicidad de comuniones de vida, incluidas las homosexuales, vividas responsablemente y basadas en la voluntariedad, la continuidad y la confianza, hacia las cuales la Iglesia tiene responsabilidades pastorales que no puede eludir.

En las Iglesias valdense y metodista, el tema hizo su aparición como parte de un discurso global sobre la sexualidad. Sólo después volvió a tratarse oficialmente, pero entretanto habían surgido grupos de creyentes homosexuales en muchas ciudades, acogidos y apoyados por las Iglesias protestantes y sus pastores. Por ello, en 1994, un grupo de pastores y diáconos dio su opinión favorable a la declaración del Parlamento Europeo en la que se recomendaba a los Estados miembros que adoptaran una legislación adecuada para superar todas las formas de discriminación contra los homosexuales. La declaración del Parlamento Europeo fue duramente atacada por la Iglesia Católica y las Iglesias Evangélicas Pentecostales.

En 2007, las Iglesias bautista, metodista y valdense abordaron de nuevo la cuestión de la acogida de los homosexuales, pidiendo que se les acoja sin discriminación y que se apoyen iniciativas para el reconocimiento de sus derechos civiles.

La bendición a lo largo de la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento, se configura como la promesa de la cercanía amorosa y solidaria de Dios pronunciada en una situación concreta de la vida de las personas. Es una palabra de gracia, que va unida, por un lado, al compromiso de la comunidad que bendice de orar para apoyar a la persona o personas bendecidas en su proyecto concreto de vida y, por otro, a la confesión de fe de la persona o personas que, al pedir una bendición, manifiestan su necesidad de la ayuda de Dios en su existencia y su confianza en el Señor. Las parejas homosexuales, al igual que las heterosexuales, desean compartir su vida con la persona amada, a todos los niveles, desde el espiritual hasta el material, desde el afectivo hasta el erótico-sexual. El deseo de ser reconocidos como pareja a nivel eclesial y social, además de manifestar un deseo de continuidad en el proyecto de vida, produce la expansión del amor en el mundo, al igual que las parejas heterosexuales.

La Iglesia valdense, abordando la cuestión, decidió así abrir la posibilidad de que las bendiciones de las parejas del mismo sexo se celebren en las Iglesias, incluso en ausencia de una legislación civil sobre las parejas civiles, como signo de protesta y profecía. De esta manera se trataba de mostrar expresamente que las palabras y la praxis de Jesús, tal como nos las testimonian los Evangelios, no pueden sino llamarnos a acoger toda experiencia y toda elección marcada por el amor como un don de Dios, vivido y elegido libre y conscientemente.

Hay que recordar que, en la teología protestante, el matrimonio no es un sacramento, sino un signo de que Dios nos acompaña en los grandes momentos de la vida. Por eso, la posibilidad de celebrar la bendición de una pareja homosexual no es sino una forma diferente de proclamar la gracia múltiple de Dios a todo ser humano.

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Al acercarnos a los textos bíblicos, en esta cuestión como en otras, no podemos tener una actitud ingenua o literalista. Las Escrituras no son para los protestantes un manual que da respuestas a las complejas cuestiones en las que nos debatimos como Iglesias y como creyentes. Al contrario, las Escrituras preguntan, inquietan, no pierden el norte: ¿estamos viviendo la libertad que se nos ha dado? ¿Qué uso hacemos de los dones y recursos que la bendición de Dios ha derramado sobre nuestras vidas? ¿Son las comunidades de creyentes lugares reconocibles por el amor y la acogida que en ellas se respiran?

Estamos llamados a vivir en plenitud, y reconocer y bendecir las alianzas, los pactos de amor entre las personas permite ampliar los espacios de paz, armonía y reconciliación en el mundo. Las Iglesias pueden realizar estos actos como acciones proféticas, para reconocer la justicia en un mundo en el que se ejerce una grave discriminación hacia personas gays y lesbianas. Al realizarlos, en cada caso, las propias Iglesias se evangelizan y transforman.

Por último, la identidad de género no puede fundamentarse ontológicamente. Toda reflexión apasionada sobre cuestiones de identidad de género es un laboratorio que nos permite tener más herramientas para construir con solidez nuestra capacidad de relación. Estamos llamados a ser plenamente humanos, a responder cara a cara de nuestra existencia ante Dios, pero el itinerario personal de cada persona, incluyendo la orientación sexual y los encuentros que nos permiten vivir el amor con profundidad, es una experiencia a descubrir a lo largo de toda la vida. Jesús no nos pide que nos quedemos dentro de una norma, sino que viene a buscarnos y nos sale al encuentro, a veces incluso de la manera más insospechada, en los lugares mismos de nuestro andar itinerante y peregrino.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF
(Remitido por el autor)

General, Historia LGTBI, Iglesia Católica , , ,

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