“La flotilla que desafía el bloqueo”, por Evaristo Villar
LA FLOTILLA QUE DESAFÍA EL BLOQUEO
El Armagedón está en Gaza
EVARISTO VILLAR,
MADRID.
ECLESALIA, 08/09/25. En el corazón del Mediterráneo, una flotilla de barcos civiles se convierte en el símbolo de un pulso desigual: el de la solidaridad internacional frente a un bloqueo militar que ha sumido a Gaza en una catástrofe humanitaria.
El término “Armagedón” (Ap. 16,16), aquella batalla bíblica final entre el bien y el mal ha trascendido su sentido religioso para explicitar la realidad diaria de un territorio sitiado, donde el fin del mundo no es una profecía, sino una experiencia tangible de destrucción, hambre y desplazamiento forzoso.
Esta reflexión trata de desglosa las claves de este conflicto, los actores implicados y las implicaciones globales de una crisis que desafía la conciencia internacional.
La Respuesta Civil: Solidaridad en Alta Mar
La iniciativa de la Global Sumud Flotilla, que zarpó desde Barcelona el pasado 1 de septiembre con más de 30 embarcaciones y aspira a reunir 60 barcos y 500 activistas, representa un capítulo más de una larga tradición de resistencia civil pacífica. Su objetivo es doble: abrir un corredor humanitario hacia Gaza y denunciar lo que organismos internacionales como la ONU, Amnistía Internacional y la Corte Internacional de Justicia (CIJ) califican benignamente como un “riesgo plausible de genocidio”.
Esta acción no es aislada. Es heredera de flotillas precedentes, como la del Mavi Marmara (2010), asaltada con resultado de muertos, o la del Conscience (mayo 2025), atacada con drones en aguas internacionales. Figuras como Greta Thunberg, Ada Colau o el diputado brasileño Thiago Ávila han sumado su voz a esta campaña, recordando las palabras del filósofo Zygmunt Bauman: “La verdadera medida de la humanidad es cómo tratamos a los más vulnerables”. No se trata solo de desafiar una marina de guerra, sino de visibilizar una catástrofe que el poder inhumano quiere ignorar y exigir el cumplimiento del derecho internacional.
La Realidad en Gaza: Cifras de una Tragedia
Las estadísticas oficiales pintan un panorama dantesco. Según la OCHA (Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios), más de 62.800 palestinos han muerto en Gaza desde 2023; el 92% de las viviendas han sido dañadas o destruidas; 640.000 personas sufren hambre catastrófica. La ONU documenta más de 21.000 niños discapacitados y la destrucción sistemática de hospitales, universidades y escuelas.
Ante esto, la CIJ ha emitido medidas provisionales contra Israel para acabar con el genocidio, especialmente en Rafah, aunque sin lograr detener la ofensiva. Paralelamente, la Corte Penal Internacional mantiene órdenes de arresto contra el primer ministro Benjamin Netanyahu y su ministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad. Israel justifica el bloqueo por motivos de seguridad frente a Hamás, pero críticos como el intelectual palestino Edward Said alertan: “Cuando el poder militar se convierte en argumento, la posibilidad del diálogo se desvanece”.
El Tablero Geopolítico: Alianzas y Silencios Cómplices
La comunidad internacional aparece profundamente dividida. Estados Unidos, Reino Unido y varias potencias europeas continúan apoyando a Israel. Frente a ellos, un bloque creciente de países ha tomado medidas: Sudáfrica lidera la denuncia en la CIJ; España, Irlanda y Noruega reconocieron al Estado de Palestina en mayo de 2024; Colombia y Bolivia rompieron relaciones diplomáticas con Israel, y Chile retiró a su embajador.
Esta fractura refleja un dilema moral que el lingüista Noam Chomsky resumió con crudeza: “El silencio ante la injusticia equivale a complicidad”. En Gaza, la neutralidad no es una opción viable. Se defiende el derecho humanitario o se tolera la barbarie.

Conclusión: Ética frente a Fatalismo
La metáfora del Armagedón resulta peligrosa si se interpreta como un destino inevitable. La realidad de Gaza demuestra que no es una profecía, sino el resultado de decisiones políticas. La Global Sumud Flotilla encarna la resistencia de la sociedad civil frente al fatalismo, recordando que la acción colectiva puede desafiar incluso los bloqueos más férreos. El lado bueno de la historia navega en ésta y otros muchos gestos humanitarios similares, como los cortes de la Vuelta ciclista en España.
La ética exige rechazar el castigo colectivo y garantizar acceso humanitario. La política demanda un alto el fuego, la liberación de rehenes y un proceso que asegure tanto la existencia como la autodeterminación de Palestina. Las tres religiones abrahámicas —judaísmo, cristianismo e islam— coinciden en la defensa de la vida y la misericordia; ninguna legitima el exterminio.
Como afirmó el arzobispo anglicano Desmond Tutu, infatigable luchador contra el apartheid y Premio Nobel de la Paz 1984: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Lo que está en juego en Gaza no es solo el futuro palestino-israelí, sino el sentido mismo de la humanidad.
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Leído en su blog:
La publicación de hoy es de Flora x. Tang, candidata a doctorado en teología y estudios de paz en la Universidad de Notre Dame, donde escribe e investiga sobre teología postraumática, teología queer y teología asiática descolonial. Flora trabajó anteriormente como capellán de hospital, becaria de ministerio universitario y coordinadora de programas de aprendizaje-servicio para estudiantes universitarios. Flora es originaria de Beijing, China y actualmente vive en South Bend, Indiana.

Era una paloma blanca. Tenía su nido en lo alto de un olivo centenario del campo de Yassin, cerca de Betlem, en tierra de Palestina. Yassin tenía allí un amplio campo con olivos, almendros, algún manzano y un cerezo. Su mujer trabajaba en una escuela de la ONU, y tenían tres hijos. El mayor, Alí había muerto en una intifada por tiros del ejército, la niña Donia estudiaba en Ramala y el pequeño Hamad acababa de cumplir 10 años y ya ayudaba a su padre en el campo cuando había que recoger almendras en verano y olivas en invierno. El día que cumplió 10 años su tío Amed le había regalado un tirachinas que él mismo había hecho con una rama de cerezo y gomas de un viejo neumático de coche. Con él, Hamad jugaba con sus amigos a afinar la puntería con unas latas vacías puestas a distancia en el campo. Hamad era muy bueno en eso y siempre llevaba el tirachinas consigo.
Netanyahu, como Herodes Imagen generada por IA

Ante el recrudecimiento bestial de la sinrazón que está ocurriendo en la franja de Gaza, prefiero reflexionar sobre una de las claves del problema: el terrorismo es la consecuencia final de actuaciones previas consolidadas en el tiempo. Es por lo que recordamos que no son lo mismo islamismo e islam. Y cuando los confundimos, estamos convirtiendo en enemigo a más de 1.500 millones de personas. Algo similar ocurre en el judaísmo a la hora de equivocar la parte con el todo.
A partir del asesinato del primer ministro israelí, Isaac Rabin (1995) surge un renovado interés en el estudio del fundamentalismo judío y su conexión con acciones terroristas. Hasta tal punto fue así que, ya en aquél entonces, se comentó que su muerte había contado con el respaldo de sectores extremistas de la sociedad israelí que concebían la Torá como algo más importante que las leyes de gobierno del país. Al final, esta actitud lleva a rechazar la democracia misma.
La guinda macabra viene de esta pregunta: ¿ha financiado Israel a Hamás, como hizo Estados Unidos con los afganos de Bin Laden para que combatieran al gobierno pro soviético de Kabul? Diversos medios acreditan que Israel se afanó en engendrar a la organización terrorista Hamás para frenar al gobierno legítimo palestino, con sede en Cisjordania. Incluso el periódico israelí The Jerusalem Post publicó unas declaraciones del primer ministro Benjamín Netanyahu ante miembros de su partido: «El dinero para Hamás es parte de la estrategia para mantener divididos a los palestinos».








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