Gaza y el Holocausto, una reflexión de Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

Mi reflexión nace de la lectura de una entrevista a Omer Bartov, profesor de estudios del Holocausto y genocidio en Brown University en Estados Unidos. En la década del 70 fue soldado del ejército israelí.
He aquí el link (https://www.bbc.com/mundo/articles/c23m2ee9xz3o ) la entrevista en castellano por si alguien está interesado.
En 1945 obligaron a los ciudadanos alemanes a desfilar en Buchenwald, Dachau y Bergen-Belsen, frente a montones de cadáveres, ante los supervivientes esqueléticos, privados de toda dignidad humana y reducidos a números: muchos aceleraron el paso y pasaron horrorizados, otros bajaron la mirada y apartaron la vista, perdidos y culpables al mismo tiempo. Muchos lo sabían, pero lo ignoraron y callaron.

Hoy se repite el horrible espectáculo de un Estado que utiliza el exterminio de un pueblo y el hambre como instrumento político. Los hijos y nietos de los perseguidos se han convertido en perseguidores, de víctimas a verdugos. A quienes aprueban la política de Netanyahu habría que restregarles en la cara, como hicieron los aliados en 1945, el horrible espectáculo de Gaza, de niños y niñas muertos de hambre y destrozados por las bombas. Es un genocidio, ha dicho Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre derechos humanos.
Sin duda, tenemos el deber de defender el derecho a la existencia de Israel, pero tenemos el mismo deber de rechazar la política de opresión que convierte a una democracia incompleta (porque eso es lo que siempre ha sido Israel) en un Estado autoritario que reniega de los principios en los que se basa cualquier democracia liberal. Ya en 1956, tras las masacres perpetradas por el ejército israelí en la frontera jordana, una parte de la prensa israelí advertía del peligro de ‘convertirse en nazis’.
Y en 1993, el filósofo israelí Yeshayahu Leibowitz denunció los abusos de los colonos en los territorios ocupados y habló de comportamientos que recordaban a los verdugos nazis. David Grossman, escritor israelí, lo dijo el 22 de mayo de este mismo año: «Ante tanto sufrimiento, el hecho de que esta crisis haya sido iniciada por Hamás el 7 de octubre es irrelevante»: por encima de todo, de las razones y las injusticias, está la humanidad, está nuestro deber de evitar el sufrimiento de los demás.
El Gobierno de Netanyahu, a merced de los ultraortodoxos (que hacen de la religión un instrumento de destrucción), es culpable de crímenes atroces, al igual que Hamás. Pero nosotros también somos culpables. Nosotros, los ciudadanos occidentales, los Gobiernos europeos, nos indignamos en nombre de los grandes principios, pero luego se impone el oportunismo y la habituación a la inhumanidad cotidiana.
Nuestras conciencias están nubladas y, en el fondo, nos convencemos de que lo que ocurre allí nos incumbe poco: basta con mirar hacia otro lado y los seres humanos se convierten en números. No nos olvidemos de que cualquier apoyo a los derechos de Israel —su existencia, su seguridad— no puede prescindir del derecho de los palestinos.
Sin una política diferente hacia los palestinos, Hamás no podrá ser derrotado, sino que seguirá resurgiendo de sus cenizas. Netanyahu, al frente de un Gobierno criminal, no escucha y está suicidando a su país. El Gobierno de Israel está repudiando hoy, uno tras otro, todos los instrumentos jurídicos creados después de 1945 para impedir que se repita el horrible escenario. Así pues, fuera el derecho internacional, fuera la Corte Penal Internacional, fuera las diversas convenciones que protegen la dignidad de las personas.
Llegará el 27 de enero de 2026 con su Día de la Memoria. Recordaremos el Holocausto, pero nos costará decir «nunca más»: es difícil seguir creyéndolo.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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