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Relación de Comunión

Domingo, 12 de junio de 2022

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Maurice Zundel escribió páginas emocionantes sobre el corazón humano, este espacio donde la conciencia que se despierta accede en el sentido de su dignidad de su inviolabilidad, y que se revela, detrás del mí prefabricado y condicionado que lo recubre, como un espacio de pura acogida del otro, el espacio que no puede ser violado por principios autoritarios, ni siquiera divinos, sino que vive de la apertura y de la comunión con el Otro, a la imagen del Dios de Pobreza que  se desposee de él mismo perpetuamente en la relación de ofrenda que mantienen entre ellas las tres Personas de la Trinidad.

” (…) La Trinidad es la liberación de una pesadilla en la que la humanidad se debate cuando se sitúa frente a una divinidad de la que depende y a la que es sometida: ¿Por qué Él bastante más que yo? ¿ Por qué soy la criatura, y Él el Creador? ¿ Por qué, si es mi creador, me puso en esta situación de saber que yo soy su esclavo? ¿ Por qué me dio justo bastante inteligencia para comprender que dependo de Él? ¡ Hay una rebelión sorda e implacable qué sube del corazón del hombre en esta confrontación de su espíritu con esta especie de Dios que aparece en él como la apisonadora del espíritu!

En la apertura del Corazón de Dios a través del Corazón del Cristo, hay justamente esta manifestación increíble y maravillosa que Dios es Dios porque se comunica, que es Dios porque se da todo, porque el es la desapropiación infinita y eterna, porque tiene la transparencia de un niño, la transparencia en la que toda especie de apropiación es imposible, donde la mirada siempre es dirigida hacia “El Otro”, donde la personalidad, donde el yo, es sólo un altruismo puro e infinito. ¡ Allí está la gran confidencia qué resplandece en el Evangelio de Cristo! ¡ La perla del reino, es para que Dios sea este Dios!

¡Jesús, revelándonos la Trinidad, nos libró de Dios! Nos libró de este Dios pesadilla, exterior a nosotros, límite y amenaza para nosotros: ¡ nos libró de aquel Dios! Nos libró de nosotros mismos que necesariamente estábamos, y sordamente, aunque no nos atrevíamos a reconocerlo, en rebelión contra este Dios.

Con la Trinidad, entramos en el mundo de la relación. (…)

Subsistir en forma de don, subsistir como una relación con los demás otro, subsistir en una respiración pura de amor, tenemos ahí el Dios que se transparenta y se revela personalmente en Jesucristo. (…)

Lo que justamente es tan patético, y lo que nos hace sensible la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y el paso que trasciende que hay que obrar del uno al otro, es que, mientras que en el Antiguo Testamento el pecado supremo, el pecado original, es querer ser como Dios, en el Nuevo,  es esto mismo lo único que es necesario. (…)

¡ Se trata de ser como Dios! Y, en el fondo, esta intuición nietzscheana, esta voluntad de ser Dios, de no sostener a ningún Dios aparte de sí mísmo, es el bosquejo de una vocación auténtica. ¡ Pero atención! ¡ Sí, ser como Dios, pero después de haber reconocido en Dios justamente  la desapropiación infinita, la pobreza suprema, el despojo translúcido!

Si Dios es aquel Dios, si hay en nuestro corazón una espera infinita, ser como Dios, ahora esto quiere decir desapropiarnos fundamentalmente de nosotros mismos para que nuestra vida se cumpla como la suya en un don sin reserva.”

*

Maurice Zundel, “Le Problème que nous sommes“, Le Sarment, Fayard, 2000, pp 39-42

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”

*

Juan 16, 12-15

***

Lentamente he empezado a darme cuenta de que en el gran circo, lleno de domadores de leones y de trapecistas que con sus maravillosas acrobacias reclaman nuestra atención, la historia verdadera y real la contaban los payasos. Los payasos no están en el centro de los acontecimientos. Aparecen entre una gran exhibición y otra, se mueven con torpeza, caen y nos hacen sonreír de nuevo tras la tensión creada por los héroes que veníamos a admirar. Los payasos no están coordinados entre ellos, no consiguen realizar las cosas que intentan hacer; son cómicos, se mueven con un equilibrio precario y son desmañados, pero… están de nuestra parte. No reaccionamos ante ellos con admiración, sino con simpatía; no con estupor, sino con comprensión; no con la tensión, sino con una sonrisa. De los acróbatas decimos: «¿Cómo conseguirán hacerlo?». De los payasos decimos: «Son como nosotros». Los payasos, con una lágrima y una sonrisa, nos recuerdan que compartimos las mismas debilidades humanas […].

Entre las acciones emocionantes de los héroes de este mundo, tenemos una constante necesidad del payaso, de personas que con su vida vacía y solitaria -de oración y de contemplación nos revelen la otra cara y nos ofrezcan así consuelo, alivio, esperanza y una sonrisa. En esta grande, ajetreada, fascinante y turbadora ciudad continuamos sintiendo la tentación de unirnos a los domadores de leones y a los trapecistas, que reciben la máxima atención. Pero cada vez que aparecen los payasos se nos recuerda que lo que cuenta realmente es algo diferente a lo espectacular y a lo sensacional: es lo que pasa entre una escena y otra. Los payasos, con su comportamiento «inútil», nos muestran no sólo que muchas de nuestras preocupaciones, de nuestros afanes, de nuestras ansias y tensiones tienen necesidad de una sonrisa, sino que también nosotros tenemos pintura blanca en nuestro rostro y estamos llamados a comportarnos como payasos.

*

H.J.M. Nouwen,
Il clown di Dio. Una vita spirituale per il nostro tempo,
Brescia 2000, pp. 7 y 162, passim.

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Espiritualidad , , , , , , , , , , , , , ,

José María Castillo: “Donde encontramos a Dios es en la liberación del sufrimiento de los oprimidos de este mundo”

Jueves, 12 de mayo de 2022

bajarcruzpobresDe su blog Teología sin censura:

 “Lo que más quiere Dios no es la observancia sumisa de los ‘religiosos'”

“Dios es el Trascendente. Y la ‘trascendencia’ es incomunicable. Está fuera del ámbito de nuestra capacidad de conocimiento”

A Dios solamente lo podemos conocer, no por lo que es, sino por lo que hace A Dios se le conoce únicamente si nos dedicamos a la tarea que Él nos propone y nos impone: “He visto la opresión de mi pueblo… He bajado a librarlo”

“La conducta que tuvo Jesús, anteponiendo la liberación de los que sufren a las leyes y rituales de la Religión, esa conducta fue la que llevó a Jesús a ser alzado en la cruz”

Nuestra relación con Dios es tan simple y tan complicada, ambas cosas a la vez, que seguramente muchos de los que nos consideramos creyentes, en realidad, posiblemente somos ateos. Y a la inversa, muchos de los que aseguran que son ateos, en realidad y seguramente, son creyentes.

¿Por qué esta interpretación tan extraña y contradictoria? La Biblia, en el libro del “Éxodo”, dice que Dios se reveló a Moisés en una zarza ardiendo (Ex 3, 1-3). Y de la zarza salió la voz del Señor que dijo: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores, conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo…” (Ex 3, 7-8). Como es lógico, ante una tarea tan difícil, Moisés le preguntó a Dios: “Si me preguntan: ¿Cuál es tu nombre?” A lo que Dios respondió: “Yo soy el que soy”. Y añadió: “Les dirás: “Yo soy” me envía a vosotros” (Ex 3, 14). Y concluyó: “Este es mi nombre para siempre” (Ex 3, 15).

¿Qué significa todo esto? Dios se da a conocer con un nombre y una tarea. El nombre se expresa en una oración gramatical que tiene sujeto y verbo, pero no tiene predicado. El nombre de Dios, si nos atenemos a lo que es o quién es, no sabemos, ni podemos saber, nada de Él. A Dios no se le puede conocer, si es que pretendemos conocer su ser o su esencia. Dios es el Trascendente. Y la “trascendencia” es incomunicable. Está fuera del ámbito de nuestra capacidad de conocimiento.

A Dios solamente lo podemos conocer, no por lo que es, sino por lo que hace A Dios se le conoce únicamente si nos dedicamos a la tarea que Él nos propone y nos impone: “He visto la opresión de mi pueblo… He bajado a librarlo”. Aquí está la clave y la tarea en la que podemos conocer a Dios. Lo determinante, en este asunto tan oscuro, no son las “ideas” de nuestra cabeza, sino las “obras” que produce nuestra vida.

El Evangelio de Juan pone, en boca de Jesús, hasta 18 veces la expresión “yo soy”. Casi siempre con un predicado: “yo soy” el pan de la vida, la luz del mundo, el buen pastor, la puerta, el camino… Pero, en sus enfrentamientos con los dirigentes de la Religión, Jesús les dijo: “Si no creéis que “yo soy”, moriréis en vuestros pecados” (Jn 8, 24). Más aún, en el mismo enfrentamiento, Jesús afirmó: “antes de que Abrahán existiera, “yo soy” (Jn 8, 58). Por eso Jesús llega a decir: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10, 29). Jesús se identifica con Dios.

Pero, ¿en qué se fundamenta semejante identificación? ¿En una argumentación especulativa de ideas o teorías, por muy sublimes que fueran tales argumentaciones? Nada de eso. La identificación de Jesús con Dios no se basa en teorías y argumentos. Todo se basa en la conducta de Jesús, en las obras que Jesús hacía. Lo dijo el mismo Jesús: “Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí” (Jn 10, 25). Y más claro aún: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis a mí, creed a mis obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10, 37-38).

Ahora bien, ¿a qué “obras” se refería Jesús? A lo mismo que se refería Dios cuando le habló a Moisés en el desierto: “He visto la opresión de mi pueblo… conozco sus sufrimientos” (Ex 3, 7). Aquí y en esto tocamos el fondo de la cuestión. Lo dijo Jesús muy claro: “Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que Yo soy” (Jn 8, 28). La conducta que tuvo Jesús, anteponiendo la liberación de los que sufren a las leyes y rituales de la Religión, esa conducta fue la que llevó a Jesús a ser alzado en la cruz.

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Lo que más quiere Dios no es la observancia sumisa de los “religiosos”. Antes que todas las observancias de la Religión, lo que Dios quiere ante todo y donde encontramos a Dios es en la liberación del sufrimiento de los oprimidos de este mundo. Por esto resulta evidente que hay tantos fieles observantes, que tranquilizan sus conciencias cumpliendo con su Religión tranquilizante. Pensando ellos que son muy religiosos, en realidad son ateos. Como también resulta evidente que quien centra su vida en la lucha contra el sufrimiento de los oprimidos, aunque no sea observante y sumiso a las minuciosas observancias de la Religión, en realidad ese es el que puede decir: si alguien quiere de verdad remediar el sufrimiento de este mundo, aunque fracase como un delincuente, ese “yo soy”.

Biblia, Espiritualidad , , , ,

A tus pies.

Lunes, 4 de abril de 2022

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Aquí estoy, Señor, a tus pies,
asustada, y aturdida,
temblorosa y silenciosa,
estremecida y expectante,
sabiendo que he llegado acusada,
pero sintiendo que avivas, en mi corazón,
las cenizas del deseo y la esperanza
y despiertas, con tu mirada y roce
mis entrañas yermas.

Aquí estoy, Señor, a tus pies
rodeada por quienes ves
y sus corazones de piedra,
abrumada por mis hechos
y mi conciencia mal enseñada,
juzgada y condenada
sin poder decir una palabra.
Soy carne despreciada y chivo expiatorio
de quienes pueden y mandan

Aquí estoy, Señor, a tus pies
sin dignidad ni autoestima,
con los ojos desorientados
pero con el corazón palpitando,
con el anhelo encendido,
con el deseo disparado,
aguardando lo que más quiero – tu abrazo–,
luchando contra mis fantasmas y miedos,
desempolvando mi esperanza olvidada,
y nuestros encuentros y promesas enamoradas.

Aquí estoy, Señor, a tus pies,
medio cautiva, medio avergonzada,
necesitada, sin entender nada…
pero queriendo despojarme
de tanto peso e inercia,
rogándote que cures las heridas de mi alma
y orientes mis puertas y ventanas
hacia lo que no siempre quiero
y, sin embargo, es mi mayor certeza.

Aquí estoy, Señor, a tus pies.,
¡Tú sabes cómo!

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Extirparse a Dios del cuerpo”, por Carlos Osma

Miércoles, 23 de marzo de 2022

CuerpoDe su blog Homoprotestantes:

Guatemala ha sido declarada esta semana Capital Provida de Iberoamérica por la entidad cristiana Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia, después de que su Congreso de la República aprobase una ley que discrimina a las familias LGTBIQ, elimina la educación sexual en las escuelas, y penaliza el aborto. Dicha entidad cristiana no dijo nada de la impunidad que existe en Guatemala con la violencia hacia las mujeres y las niñas, o sobre los ataques constantes a las personas que defienden la tierra o el medioambiente. Tampoco sobre el silencio, cuando no apoyo, del Gobierno guatemalteco ante las agresiones y asesinatos de personas LGTBIQ.

Según ACNUR en este momento más de dos millones y medio de ucranianas se han convertido en refugiadas en países vecinos, aunque se espera que en los próximos días superen los cuatro millones. Además, estima que más de doce millones de personas que viven en ese país necesitan ayuda humanitaria, y que el número de civiles asesinados supera ya el medio millar. Según el fundamentalismo cristiano, lo que ocurre en Ucrania muestra como Europa merece ser castigada por Dios por el adoctrinamiento que ejerce a sus niños y niñas en la ideología de género, por los abortos, por abandonar la fe cristiana. Según el Patriarca Kirill de la Iglesia ortodoxa rusa, la guerra es correcta porque es contra el lobby gay, porque en Occidente «se quiere imponer por la fuerza un pecado condenado por la ley de Dios y, por lo tanto, obligar a las personas a negar a Dios y su verdad».

Creo que Paul Preciado no fue certero en su análisis cuando hace quince años publicó en el periódico La Vanguardia el artículo Cuerpos Insumisos, en el que decía que «en los últimos dos siglos, el cuerpo progresivamente desalojado por lo sagrado, lo metafísico y lo estatal… se deja okupar por las fuerzas del capitalismo global». Porque la religión y los poderes políticos, siguen queriendo okupar nuestros cuerpos, a insultos, amenazas, golpes, hambre, cárcel, metralla, o bombas que caen desde aviones de combate rusos. El capitalismo no ocupa el cuerpo, sino que lo moldea, alimenta, tunea, controla, resignifica, o explota, si puede sacar de él beneficio, y cuando ya no es así lo destruye. Pero por mucho que ruja, la realidad muestra que es incapaz de plantarle cara al fundamentalismo religioso, que ha aprendido a aprovecharse de él, y que sus armas de disuasión económica no pueden detener las barbaries que se hacen en nombre de la seguridad nacional, como la que ahora está teniendo lugar en Ucrania.

Los cuerpos de los ucranianos quieren ser utilizados como escudos entre la OTAN y Rusia, los cuerpos de las mujeres, y de las personas LGTBIQ son secuestrados para ocultar la corrupción en Guatemala, o en Uganda. Los cuerpos de mujeres y hombres en el Sudán, Yemen, Chad, o en las zonas más degradadas de nuestras ciudades, son borrados, no ocupados, por el capitalismo. Y hay discursos religiosos que dan cobertura a estas acciones de ocupación o eliminación. Hay discursos religiosos que ven a Dios en estos poderes. Hay discursos religiosos que abandonan a las personas, sus necesidades, deseos, o esperanzas, para irse al mundo de la teoría, la ideología, y la doctrina, donde se encuentran y hacen alianzas con quienes quieren ocuparnos el cuerpo para sus propios intereses.

Ojalá tuviera razón Paul Preciado y solo tuviéramos que defender nuestro cuerpo del capitalismo, pero todavía hay que trabajar para construir sociedades donde sepamos reconocer cuándo un poder está intentando ocuparnos el cuerpo, y cuáles son las consecuencias, para poder decir libremente si queremos, y hasta cuando queremos que lo haga. Sociedades más libres y humanas, donde los intereses de unos no se consigan a costa de las vidas de otros. Donde nos comportemos como tantas y tantos ucranianos hoy, negándonos a que nos ocupen, negándonos a ser controlados por la fuerza. Trabajando también en comunidades cristianas que nos acompañen a todas en el proceso de extirparnos a Dios del cuerpo, esa imagen de Dios construida por la mirada y los intereses de quienes se creen autorizados a decirnos qué debemos, y qué no debemos hacer con nuestro cuerpo. No es una tarea fácil, hay muchos intereses en juego, y una pugna constante de diferentes poderes por mover sus fronteras y ponernos a sus servicio.

No sé si puede existir un cuerpo no ocupado, de hecho, este término me hace pensar en la muerte. Creo que los cuerpos con vida siempre lo están, pero esas ocupaciones deberían ser siempre consentidas, nunca forzadas. Producidas por la conquista del amor, y no por la amenaza de penas de prisión, del castigo del infierno, o de tanques que destruyen lo que hasta hoy mismo era nuestro mundo. Lo que nos ocupa, nos define, nos permite una vida feliz o una que no lo es, nos hace crecer o nos destruye. Ojalá en Guatemala, en Ucrania, en Palestina, en Barcelona, en todo el mundo, pudiéramos vivir todas y todos en paz. Ojalá las comunidades cristianas, las judías, las musulmanas, las de cualquier otra religión o espiritualidad, nos ayudaran a extirparnos el odio, el temor, el orgullo, y las ansias de poder del cuerpo. Ojalá los poderes que quieren ocuparnos, se comportaran como el dios que aparece en el libro del Apocalipsis, ese que llama respetuosamente a nuestra puerta, para que, si queremos, le invitemos a entrar y cenar juntos. A ese dios no quiero extirparlo, quiero que se siente en mi mesa.

Carlos Osma

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El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido… Para dar libertad a los oprimidos

Domingo, 23 de enero de 2022

Una llamada a la entrega, al compromiso de seguirle sólo a Él:

*

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Preguntas para subir y bajar el monte Carmelo

(A Gustavo Gutiérrez,
maestro espiritual
en los altiplanos de la Liberación,
por su itinerario latinoamericano
Beber en su propio pozo).

«Por aquí ya no hay camino».
¿Hasta dónde no lo habrá?
Si no tenemos su vino
¿la chicha no servirá?

¿Llegarán a ver el día
cuantos con nosotros van?
¿Cómo haremos compañía
si no tenemos ni pan?

¿Por dónde iréis hasta el cielo
si por la tierra no vais?
¿Para quién vais al Carmelo,
si subís y no bajáis?

¿Sanarán viejas heridas
las alcuzas de la ley?
¿Son banderas o son vidas
las batallas de este Rey?

¿Es la curia o es la calle
donde grana la misión?
Si dejáis que el Viento calle
¿qué oiréis en la oración?

Si no oís la voz del Viento
¿qué palabra llevaréis?
¿Que daréis por sacramento
si no os dais en lo que deis?

Si cedéis ante el Imperio
la Esperanza y la Verdad
¿quién proclamará el misterio
de la entera Libertad?

Si el Señor es Pan y Vino
y el Camino por do andáis,
si al andar se hace camino
¿qué caminos esperáis?

(Desde la Amazonia brasileña,
en tiempos de probación
y de invencible esperanza criolla).

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la espera. Sal terrae, 1986

***

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendio por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista.

Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.”

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

–  “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oir.”

*

Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

***

El anuncio del Mesías va dirigido antes que nada a los afligidos. En primer lugar, dispone a los humildes por estar humillados; después, a los abatidos, a los que tienen roto el corazón por las penas; a continuación, se dirige a las cárceles para gritar a los prisioneros la libertad, para abrir los cepos de los atados. El Mesías no distingue entre culpables e inocentes, sino que proclama en su tiempo una amnistía general, que afecta, naturalmente, a los siervos, a los esclavos vendidos.

A Jesús le correspondió leer un sábado estos versículos de Isaías en la sinagoga. Fue en Nazaret, como nos cuenta el evangelio de Lucas. Leyó ante su gente estos versículos plenos de poder y anunciadores de la llegada de grandes cambios. Cuando acabó la lectura declaró que aquellas palabras de Isaías se habían vuelto urgentes, actuales, a través de él, Jesús. Él era el ungido de Dios, el Mesías venido a cumplir en el presente las profecías pendientes. Los presentes se quedaron estupefactos y, después, reaccionaron con hostilidad, expulsándole. Para ellos, era una blasfemia que un hombre se pudiera declarar mesías.

Ahora bien, por encima de esto, estaban espantados por el anuncio de que los versículos de Isaías pudieran cumplirse verdaderamente en su tiempo. Aunque una persona de fe pueda pedir a Dios que venga su Reino y se haga su voluntad, no por ello estará dispuesta a acoger el primero y la segunda. Aquí está el Mesías que consuela a los humildes y a los abatidos y libera a los prisioneros y a los siervos de sus cepos.

Estos versículos de Isaías, como muchos otros, ponen a prueba a las personas de fe: ¿están dispuestas a resistir la venida, el cumplimiento de los tiempos anunciados? Al final, pocos están dispuestos a creer que los versículos de Isaías son actuales. Pocos se comportarían de una manera diferente a los habitantes de Nazaret. Sin embargo, cada generación pasa rozando al Mesías, y corresponde sólo a los creyentes allanar su llegada.

*

E. de Luca,
Ora prima,
Magnano 1997, pp. 75-77, passim.

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“ Nuestra naturaleza es la esperanza”, por Carlos Osma.

Viernes, 7 de enero de 2022

99BEC659-4F88-4D5B-9C2F-6033B6B9436CLeído en su blog:

Podríamos hacer correr ríos de tinta sobre cualquiera de los temas que aparecen delante de nuestros ojos cuando leemos los relatos bíblicos sobre el nacimiento de Jesús: la voz de las mujeres, el respeto a sus decisiones, la marginación social, la humildad, el servicio, el atreverse a correr riesgos, la opresión del poder, la diversidad familiar, el patriarcalismo… Pero hay uno que para mí se presenta como esencial para abordar el resto: la esperanza. Porque las personas LGTBIQ «necesitamos de la esperanza crítica como el pez necesita el agua incontaminada» [1].

La esperanza es algo más que nuestro medio natural, o que la piel con la que sentimos y entramos en contacto con aquello que nos rodea. Las personas LGTBIQ llevamos la esperanza tatuada en cada una de las cadenas de polinucleótidos que forman nuestro ADN. La evolución ha jugado a favor nuestro incrustándola en cada uno de nuestros genes. Tenemos esperanza por naturaleza, o mejor dicho, ella es nuestra naturaleza, y cuando la perdemos, nos quedamos sin identidad, a merced de quienes nos quieren mal, a merced de quienes viven sin esperanza.

No nos cuesta nada imaginar formas de familia diferentes, relaciones diversas, iglesias inclusivas, sociedades plurales y abiertas, o un mundo mejor. Y eso ocurre porque esas son las familias, relaciones, iglesias, sociedades y mundos, donde nuestra vida es viable de forma humana. Pero también, porque otras personas LGTBIQ que vinieron antes de nosotras hicieron posibles muchas de esas esperanzas que en su momento eran imposibles, inviables, inimaginables. No tenemos que esforzarnos demasiado, ni echar mano de una fe inquebrantable, la esperanza surge espontánea, de manera natural, sería estúpido desesperar para quienes hemos visto a lo largo de la vida como nuestros sueños inalcanzables se quedaban cortos ante lo que hoy es nuestra normalidad.

Pero «pensar que la esperanza sola transforma el mundo y actuar movido por esa ingenuidad, es un modo excelente de caer en la desesperanza, en el pesimismo, en el fatalismo».[2] Los relatos bíblicos de la Navidad muestran la esperanza cristiana, a Jesús, como un bebé indefenso de una familia humilde que corrió muchos riesgos para traerlo al mundo. Para que Jesús se hiciera historia, para que pudiera llegar a la vida, no se necesitó únicamente esperanza, sino también práctica, acciones decididas. Para que nuestra esperanza innata, biológica, genética, profética, no se quede en nada, para que se expanda y alcance también a quienes hoy la necesitan, urge compromiso. Tampoco las amenazas que pretenden hacer retroceder nuestros derechos y libertades, se esfumaran únicamente con esperanza.

Hay muchas personas LGTBIQ a las que su identidad les pesa, que lo único que quieren es vivir en paz, sin necesidad de echar mano de la esperanza. Sienten como una responsabilidad que no han pedido el hecho de tener que transformar sus familias, sus relaciones, la iglesia, la sociedad y el mundo. Solamente aspiran a ocupar los espacios que les dejan, y a alimentarse con las migajas que las buenas personas les lanzan. El mundo tal y como está les es suficiente, la esperanza les atormenta. Por eso se sienten a gusto en los establos donde habitan quienes no son merecedores de derechos humanos, en lugares donde el frío de la noche hace imposible sus sueños. Pero muy a su pesar, en esos establos se hace siembre un hueco la vida de donde surge la esperanza cristiana. No es posible para las personas LGTBIQ evadirse de la esperanza por mucho tiempo, al final resurge, es nuestra naturaleza, y lanza un grito desesperado, como el de un bebé que necesita la leche materna para sobrevivir.

Lo que esperamos tiene que ver con nuestra vida, pero también con la de los demás. Tiene que ver con el respeto a la diversidad, pero también con la eliminación de cualquier discriminación. No es esperanza exigir que todo el mundo tenga derecho a amar a cualquier persona, pero no exigir que todo el mundo tenga derecho a un trabajo digno, o a un hogar, a la libre circulación, a poder desarrollarse y expresarse libremente en el lugar donde ha nacido, a tener hijos o no tenerlos… Las esperanzas no se pueden agotar en lo particular, lo que las caracteriza es que tienen un imán que las aproxima a otras esperanzas.

Tratar de vivir en la esperanza concreta tiene sus riesgos, contradicciones y fracasos. Sin embargo para nosotras no hay elección posible, no la podemos arrancar de nuestro ADN, siempre acaba por resurgir, huyendo del cielo y de los imposibles para tomar forma en el presente, quizás de forma imperfecta, pero muy real. No esperamos a mañana, ni al más allá, esos no son nuestros espacios, los nuestros son el hoy y la realidad. Porque el Mesías, cuyo nacimiento celebramos estos días, no nos trajo doctrinas, ni nos llamó a la pasividad y la resignación, sino que «nos mostró como los objetos de nuestra esperanza se encarnan día a día en realidades concretas»[3]. Celebrar la Navidad, es vivir y celebrar la vida bajo esa esperanza.

Carlos Osma

Notas:

[1] Paulo Freire, Pedagogía de la esperanza, México: Siglo XXI Editores 1999, p.24.

[2] Ibid. 24.

[3] Enric Capó, Per què i per a què sóc cristià, Madrid: Fliedner Ediciones 2011, p.96

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“¿Te confiesas? “, por Carlos Osma

Martes, 21 de diciembre de 2021

pexels-photo-6275804Leído en su blog:

Uno de los significados de la palabra confesar según la RAE es: «Expresar voluntariamente los actos, ideas o sentimientos». Siguiendo esta acepción, podríamos decir que la confesión ha sido una de las herramientas más importantes que  hemos tenido las personas LGTBIQ para transformar nuestros entornos. Explicar con experiencias vividas el daño que nos ha producido la LGTBIQfobia ha cambiado más nuestro mundo que cualquier reflexión teórica de académicos y académicas queer. Y no estoy infravalorando estas reflexiones, todo lo contrario, porque nos han proporcionado un marco teórico para comprendernos; lo que pretendo decir es que sin confesión, estaríamos todavía en el mismo pozo donde nos lanzó la LGTBIQfobia.

Puede haber salida del armario sin confesión, puedo gritarle a todo mi mundo que soy marica, pero no explicarles lo que esa palabra puesta en su boca ha significado para mí. Puedo decirle a mi familia que soy bollera como si les estuviera diciendo que he decidido hacerme vegetariana. Puedo pedirle a mi hermano que me llame Rosa en vez de Juan, como cuando le pido que no me llame Juanito porque tengo treinta años y ya no soy un niño. Es cierto que esto no suele ser así, y salvo excepciones, hemos confesado claramente que hemos sufrido, y que hemos necesitado tiempo para armarnos de valor para poder hacer dicha confesión. Sin embargo, percibo cada vez más que, en aras de construir una imagen política de la persona LGTBIQ positiva, se quiere pasar por alto su confesión.

En muchas comunidades cristianas, o en grupos de apoyo, hay espacio para dar testimonio, es decir para confesar experiencias vividas al resto de la comunidad. Eso mismo hemos hecho las personas LGTBIQ, comprobado tanto los beneficios personales como los sociales. A nosotras, a nivel personal, nos ha ayudado el poder hablar, el poder confesar cosas que teníamos calladas y nos quemaban por dentro. También escuchar, porque las experiencias de otras nos han armado de valor para dar pasos de liberación. La confesión empodera, personal y comunitariamente, de eso no hay duda. Pero la confesión ha cambiado además la percepción de personas fuera de nuestro colectivo que se han dado cuenta de las consecuencias que tienen sus prejuicios y comportamientos en la vida de las personas LGTBIQ. Evidentemente no de todas, el camino es todavía largo, y es difícil cambiar solo con testimonio a personas e instituciones sin corazón. Para quienes lo importante es la norma y la ley, el testimonio es prácticamente inútil, y únicamente pueden ser cambiados con educación, normas y leyes.

Otro de los significados de la palabra confesar según la RAE es «Declarar los pecados que se han cometido». Lo de pecados suena religioso, podría substituirse por injusticias, por ejemplo, para que todo el mundo lo entienda. Y es esta acepción de confesar en la que creo que todavía hay mucho camino por recorrer cuando hablamos de LGTBIQfobia. Y lo digo porque he leído muchas experiencias, he visto diversas películas, he asistido a un sinfín de conferencias y mesas redondas donde personas LGTBIQ confiesan lo que han vivido, donde relatan el valor y las estrategias que han tenido que desarrollar para sobrevivir, para poder casarse, para vestirse como ellas consideran, para poder operarse, ser miembro de una iglesia, tener hijos, para cobrar una herencia, para trabajar, etc. Pero en muy pocas ocasiones, las puedo contar con los dedos de la mano, he leído o escuchado la confesión de las personas que ejercieron sobre nosotras su LGTBIQfobia. No sé, algunas veces parece que nos lo hemos intentado todo, que la LGTBIQfobia era un aire que solo respirábamos nosotras. O un látigo con el que nos encanta flagelarnos.

Creo que nos faltan artículos de personas que confiesen la transfobia que ejercieron sobre su hijo, las consecuencias que eso le supuso, y que pidan perdón por ello. Faltan sermones de hermanos que confiesen como su homofobia destruyó su familia, y pidan disculpas por ello. Faltan experiencias de profesoras que confiesen como ejercían bifobia sobre alumnas y alumnos, y entonen el mea culpa. Faltan declaraciones de iglesias que confiesen las prácticas LGTBIQfóbicas con las que hicieron daño a tantas personas, y les pidan perdón. Faltan mesas redondas de amigos, tías, primos, compañeras de trabajo, hijos, abuelas, pastores, doctoras, ancianos, teólogas, obispos, etc., en las que confiesen las estrategias que utilizaron contra las personas LGTBIQ, muestren su arrepentimiento, y pidan perdón.

Personalmente, no pongo el énfasis en la demanda de perdón, sino en la confesión. Pero aquí hay un matiz que hemos aprendido todas en nuestra infancia: cuando la ofensa es pública, la demanda de perdón debería también serlo. Creo que la confesión puede suponer una liberación personal y comunitaria, pero lo que es más importante, puede ayudar a que otras personas e instituciones tomen conciencia de su LGTBIQfobia. La confesión, como he dicho antes, no nos cambia solo a nosotras, también tiene un impacto en nuestro entorno. Todas tenemos responsabilidad en su erradicación, quienes la hemos padecido y quienes la hemos ejercido (no pocas veces se ha estado en los dos lados). Están perfectas las reflexiones teóricas de tantas y tantos aliados, pero sin confesión, suenan a veces huecas. Por eso, a partir de ahora, he decidido que cada vez que alguien me pregunte como me afectó la LGTBIQfobia, le pediré que confiese su experiencia ejerciéndola. No para culpabilizarlo, sino porque la liberación debe darse en ambos lados. Incluso lo voy a hacer sin que me pregunten nada, porque nos faltan esas confesiones, porque les hace falta también a ellas y ellos confesarse. Así que aprovecho mis dos últimas palabras para preguntarte: ¿Te confiesas?

Carlos Osma

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Sea sólo Adviento

Domingo, 28 de noviembre de 2021

flores

 

Adviento,
otra vez Adviento,
sea siempre Adviento,
sea sólo Adviento
el Tiempo. 

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera. Sal Terrae, 1986

***

Pregón de Adviento

Os anuncio que comienza Adviento.
Alzad la vista,
Restregaos los ojos,
Otead el horizonte,
Daos cuenta del momento.
Aguzad el oído.
Captad los gritos y susurros,
El viento,
La vida…

Estad alerta y escuchad.
Lleno de esperanza grita Isaías:
“Caminemos a la luz del Señor”.
Con esperanza pregona Juan Bautista:
“Convertíos, porque ya llega el reino de Dios”.
Con la esperanza de todos los pobres de Israel,
De todos los pobres del mundo,
Susurra María su palabra de acogida:
“Hágase en mí según tu palabra”.

Alegraos,
Saltad de júbilo.
Poneos vuestro mejor traje.
Perfumaos con perfumes caros.
¡Que se note!
Viene Dios.
Avivad alegría, paz y esperanza.
Preparad el camino.
Ya llega nuestro Salvador.
Viene Dios…
Y está a la puerta.
¡Despertad a la vida!

*

F. Ulibarri

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.”

*

Lucas 21, 25-28. 34-36

***

Tendrá lugar entonces, sin duda, la Parusía sobre una Creación llevada al paroxismo de sus aptitudes para la unión. Revelándose al cabo la acción única de asimilación y de síntesis que se proseguía desde el origen de los tiempos, el Cristo universal brotará como un rayo en el seno de las nubes del Mundo lentamente consagrado.

Las trompetas angélicas no son más que un débil símbolo. Agitadas por la más poderosa atracción orgánica que pueda conocebirse (¡la fuerza misma de cohesión del universo!), las mónadas se precipitarán al lugar en que la maduración total de las cosas y la implacable irreversibilidad de la Historia entera del Mundo las destinarán irrevocablemente; las unas, materia espiritualizada, en el perfeccionamiento sin límites de una eterna comunión; las otras, espíritu materializado, en las ansias conscientes de una interminable descomposición.

De este modo se hallará constituido el complejo orgánico: Dios y Mundo, el Pleroma, realidad misteriosa que no podemos decir sea más bella que Dios solo, puesto que Dios podía prescindir del Mundo, pero que tampoco podemos pensar como absolutamente accesoria sin hacer con ello incomprensible la Creación, absurda la Pasión de Cristo y falto de interés nuestro esfuerzo.

Entonces será el final.

Como una marea inmensa, el Ser habrá dominado el temblor de los seres. En el seno de un Océano tranquilizado, pero que en cada gota tendrá conciencia de seguir siendo ella misma, terminará la extraordinaria aventura del mundo. El sueño de toda mística habrá hallado su manifestación plena y legítima. Dios será todo en todos.

*

Pierre Teilhard de Chardin,
El porvenir del hombre,
Madrid 1965, 378- 379.

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“¿Qué es vivir despiertos?”. 1 Adviento – C (Lucas 21, 25-28.34-36)

Domingo, 28 de noviembre de 2021

d501c421-eb6d-45bd-a904-9eade193b1bfJesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos».

Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios».

No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos.

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza.

«Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos.

«Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable.

«Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios.

José Antonio Pagola

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“Se acerca vuestra liberación”. Domingo 28 de Noviembre de 2021. Primer Domingo de Adviento (Comienza el ciclo C)

Domingo, 28 de noviembre de 2021

01-advientoC1Leído en Koinonia:

Jeremías 33, 14-16. Suscitaré a David un vástago legítimo.
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14: A ti, Señor, levanto mi alma.
1Tesalonicenses 3, 12-4, 2: Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva.
Lucas 21, 25-28. 34-36: Se acerca vuestra liberación.

Este primer domingo de adviento sirve de puente entre el tiempo ordinario y el tiempo de adviento. El tiempo ordinario termina reflexionando sobre la segunda venida de Jesús, sobre los acontecimientos del fin de los tiempos. En esta medida el primer domingo del adviento se inaugura con el tema del final de los tiempos, y nos va a introducir en el tiempo de la espera y de la esperanza, el tiempo de adviento.

La lectura del libro de Jeremías nos sitúa en el tiempo inmediatamente posterior a la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C. El pueblo está desolado y empieza a tomar conciencia de su situación. Jeremías dirige su palabra profética a su pueblo para decirle que Dios no los ha abandonado, que hará regresar a los cautivos y los perdonará, se construirán de nuevo las ciudades, los campos volverán a granar y los ganados a pastar. Es esos días el Señor hará brotar en rey justo, no como los reyes que los llevaron al destierro, el cual será llamado «Dios es nuestra justicia». Vendrá un rey justo a restaurar al pueblo de Israel.

El salmo responsorial expresará que esa esperanza que leemos en la primera lectura, no quedará defraudada, pues quien espera y quien es fiel al Señor no queda defraudado. Yahvé siempre lleva al cumplimiento su palabra. Por esta razón el salmo enfatiza la idea de Jeremías, el rey de justicia que esperamos sí llegará. Ese rey esperado es para nosotros los cristianos, Jesús el señor.

El Segundo Testamento a partir de la novedad de Jesús nos introducirá en otro tipo de espera y esperanza. Supone claramente que el rey esperado del Primer Testamento es Jesús, pero abre la puerta a una espera en el esperado, hacia el final de los tiempos. Jesús vino en humildad, como el campesino de Nazaret que fue obediente al Padre, y que por esa obediencia fue muerto y resucitado. Pero al final de los tiempos, él regresará a manifestar su gloria. Por eso en la carta de los Tesalonicenses, Pablo exhorta a la comunidad a mantenerse fieles a Jesús y prepararse para esa segunda venida. El evangelio de Lucas describe de manera metafórica, los acontecimientos que precederían a esa segunda venida de Jesús. Por este acontecimiento final es que Lucas invita a los hermanos y hermanas a mantenerse fieles y vigilantes para mantenerse en pie (fieles) ante el Hijo del Hombre.

El texto del evangelio de hoy es un texto difícil: la liberación llega. En los versículos anteriores Lucas nos hablaba del asedio a Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude a la segunda venida de Jesús: es decir a lo que llamamos la parusía. El discurso de Jesús es apocalíptico y adaptado a la cultura de su tiempo (apocalipsis no significa catástrofe, como tendemos a pensar, sino revelación), y nosotros tenemos que releer esas señales del mundo natural en el mundo de la historia, que es el lugar en que el Espíritu se manifiesta. La segunda venida del Señor revelará la historia a sí misma. La verdad que estaba oculta aparecerá a plena luz. Todos llegaremos a conocernos mejor (1Cor 13,12b).

En nosotros existe la angustia, el miedo y el espanto, no causados por “las señales en el sol, la luna y las estrellas”. Nuestras angustias e inseguridades están causadas más bien por las crisis económicas, por los conflictos sociales, por el abuso del poder, por la falta de pan y trabajo, por la frustración… de tantas estructuras injustas, que solo podrán ser removidas por el paso -del amor de Dios y su justicia- en el corazón del ser humano.

El mensaje de Jesús no nos evita los problemas y la inseguridad, pero nos enseña cómo afrontarlos. El discípulo de Jesús tiene las mismas causas de angustia que el no creyente; pero ser cristiano consiste en una actitud y en una reacción diferente: lo propio de la esperanza que mantiene nuestra fe en las promesas del Dios liberador y que nos permite descubrir el paso de ese Dios en el drama de la historia. La actitud de vigilancia a que nos lleva el adviento es estar alerta a descubrir el “Cristo que viene” en las situaciones actuales, y a afrontarlas como proceso necesario de una liberación total que pasa por la cruz.

Por eso el Evangelio nos llama a “estar alerta”, a tener el corazón libre de los vicios y de los ídolos de la vida (la conversión), para hacernos dóciles al Espíritu de Cristo que habita las situaciones que vivimos en nuestro entorno. Nos llama a “estar despiertos y orando”, porque este Espíritu se descubre con una Esperanza viva, punto de encuentro entre las promesas de la fe y los signos precarios que hoy envuelven esas promesas. La esperanza es una memoria que tiende a olvidarse, se nutre con la oración, nos adhiere a las promesas de la fe y nos inspira, cada día, la búsqueda de sus huellas en las señales del tiempo. La Esperanza cristiana se hace por nuestra entrega a trabajar para que las promesas se verifiquen en nuestras vidas.

El adviento es tiempo de preparación de espera. Jesús cumplió las promesas del Antiguo Testamento con su vida y predicación. No esperamos su nuevo nacimiento. Esperamos que él vuelva a juzgar la creación. Es ese momento el que esperamos, y para ese momento en que creemos que la justicia, que la igualdad, que la solidaridad se impondrán. Leer más…

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28.11.21.Dom 1 Adviento: Dios a la vista, viene el Hijo del Hombre ( Lc 21)

Domingo, 28 de noviembre de 2021

6227Del blog de Xabier Pikaza:

J.Ortega y Gasset, filósofo español, decía ya hace tiempo (1926): “Dios a la vista” (El Espectador, Obras II, 493):

“Hay épocas de “odium Dei”, de gran fuga lejos de lo divino, en que esta enorme montaña de Dios llega casi a desaparecer del horizonte. Pero al cabo vienen sazones en que súbitamente, con la gracia intacta de una costa virgen, emerge a sotavento el acantilado de la divinidad. La hora de ahora es de este linaje, y procede gritar desde la cofa: ¡Dios a la vista!”.

Ortega no hablaba del Dios de la Biblia, sino de un Dios vitalista (un poco existencial), para salir del idealismo neo-kantiano que le habían enseñado en Alemania, en su tiempo de estudiante, para “divinizar” una forma distinta de vida, tras la Gran Guerra (1914-1918). Pero ese Dios no llegó, o llegó de forma equivocada en la nueva guerra (1939-1945).

A diferencia de Ortega, la Biblia y la liturgia cristiana dicen “Dios a la vista”, pero añadiendo ¡viene el Hijo del Hombre!, un hombre nuevo y verdadero, pues la humanidad está preñada de Dios, en gran dolor de parto (Pablo en Rom 8), que debemos asumir, en gesto de amor y comunión de vida. Nosotros mismos somos “humanidad en parto”; preñados estamos de Dios, podemos y debemos dar a luz al hombre nuevo.

Por encima del inmenso miedo y locura que amenaza a nuestra tierra en este 2022 (casi un siglo después del anuncio de Ortega), la Iglesia proclama otra vez la llegada del Dios de Jesús, del Hijo del Hombre, todo corazón, rebosante de amor.

¡Que no se emboten vuestros corazones! Dios llega, viene el hombre.  Éste es el tema que abre este Primer Domingo de Adviento (28.11.21), comienzo del año litúrgico 2022, según el Evangelio de Lucas.

Evangelio de Adviento: Lc 21,25-28.34-36

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.”

Presentación

 Éste es un texto de larguísima historia. Básicamente es un texto del Evangelio de San Lucas, que nos ofrece su propia visión de la historia de los hombres, marcada para siempre por el nacimiento de Jesús. Pero en ese texto y en esa historia del texto pueden verse por lo menos cuatro o cinco estratos:

(a) En el fondo del texto pueden verse rasgos de miedo universal (¡todos los pueblos han sufrido terrores ante el cosmos!), vinculados a la exigencia y esperanza de los profetas de Israel y de los apocalípticos judíos. Se trata de un texto universal de miedo y de esperanza, muy propio de nuestro momento (año 2021/2022), marcado por grandes crisis políticas y económicas, y en especial por la “pandemia” y la gran amenaza ecológica (calentamiento global, polución del agua y del aire).

(b) Este pasaje recoge también la experiencia de Jesús y de las primeras comunidades cristianas, especialmente aquella que se ha expresado en el  libro del Apocalipsis, en algunos pasajes de la tradición de Pablo (1 y 2 Corintios) y en el evangelio de Marcos (Mc 13, capítulo del que Lucas toma los temas principales de su texto). Es un texto que nos sitúa en el principio del cristianismo.

(c) El texto recoge igualmente, los rasgos de la comunidad de Lucas, con la propia inspiración del evangelista. Para entenderlo bien hay que leerlo y comprenderlo desde el conjunto de au Evangelio de Lucas y de su comunidad creyente, a cabello entre el judaísmo y la cultura griega, en un momento de cambios muy fuertes, de tipo social y cultural. Ayudan en esta línea los comentarios de J. L. Sicre, y también los de J. A. Fytzmyer (Fitzmyer, J. A., El evangelio según san Lucas, I-4. Cristiandad, Madrid 1986/7 y 2004) y F. Bovon (F. El evangelio según san Lucas. I-IV, Sígueme,

(d) El texto ha sido recortado y pegado por la liturgia católica, que toma pasajes de aquí y de allí (de Lc 21, 25-36) para recomponerlos de un modo más o menos convencional, creando así un pasaje nuevo, apropiado para el comienzo del adviento católico. En ese sentido, es un texto de la Iglesia, que nos sirve para pasar del fin de la historia a su comienzo, iniciando el Adviento. Por eso, comento el texto litúrgico, paso a paso, no el texto de fondo Lucas, que ofrece otros rasgos y motivos que aquí se han omitido.

(e) Éste es un texto que debo hacer  mío, un texto nuestro… Cada uno de nosotros tenemos que elaborarlo, situándolo dentro de nuestras esperanzas, miedos y alegrías. No puedo recoger toda la historia y teología de Adviento de Jesús, de la iglesia primitiva y de Lucas. Por eso, me limito a comentar del modo más sencillo las palabras del texto actual, conforme a mi visión particular, de creyente y lector de la Biblia, que quiero compartir con vosotros. Para ello divido el texto, de un modo un poco convencional en cuatro escenas (que puede dividirse cada una en tres partes):

Primera escena: Un contexto de miedo

  •  a. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas;
  • b. y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos,
  • c. asustados por el estruendo del mar y de sus olas

Dividido el texto en tres partes que leemos desde los extremos, pasando del a y del c al b, como ahora diremos.

(a) Nos hallamos ante un desquiciamiento cósmico, que se expresa en la tríada celeste cósmica: cielo, tierra, mar. En el cielo están los grandes (sol, luna, estrellas) que empiezan a dar señales falsas, ya no alumbra; lo que era principio de estabilidad suprema aparece como expresión de locura.

(c) Por su parte, el mar destruye sus “amarras”, se elevan las olas y tienden a inundar toda la tierra. Según Gen 1, Dios había construido el mundo “domando” los mares, colocando las aguas en sus límites y cauces, permitiendo que surgiera la tierra. Ahora se rompen los límites: sube el agua de los amores en una especie de diluvio invertido, un inmenso tsunami que llega a cubrir los montes más altos.

(b) En medio queda la angustia: los hombres están hechos de miedo. El miedo es como un cáncer que se va extendiendo y les va dominando desde fuera, como un sida que les inunda desde el cielo loco, desde el mar desmadrado.

Segunda escena. Superar el miedo: llega el Hombre

(a) Los hombres se morirán de miedo, al ver esa conmoción del universo;(b) pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas.(c) Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria.

 Dividido también el texto en tres partes, pero ahora las leemos seguidas, destacando aquellos rasgos que pueden resultar más significativos en nuestro tiempo.

(a) Vuelve el miedo, un miedo de muerte, terror apocalíptico ante la conmoción del cosmos, la gran sacudida de las “potencias” del cielo. Morir es aquí “salir de sí”, perder la “psyche”, el alma, el aliento. De pronto, al descubrir la fragilidad de los elementos, los hombres pierden el alma, el valor, las ganas de la vida.

(b) Esta muerte por terror (¡puro terror cósmico, más que guerra y peste, más que sida…!) tiene un fundamento cósmico: la sacudida de las “potencias”, que en griego se llaman “dynameis”. Potencias son en lenguaje bíblico los principios rectores del cosmos, los ángeles astrales, los principios matemáticos que rigen el movimiento de los astros…. Este mundo tiene una fecha de caducidad; cielos y tierra pasarán, dice el AT y el evangelio. En un sentidol, todo ese mundo superior de equilibrio en el que estamos sustentados se sacuda y quiebra. Crecen las grietas del gran cosmos, morimos de miedo. Ésta es la más horrorosa de todas las muertes de la humanidad: morir de miedo al descubrir nuestra nada, la nada del cosmos. Muchos temen literalmente la llegada de un fin del cosmos… Normalmente pasarán miles y miles de milenios antes de que el mundo termine, pero estamos en riesgo, siempre en riesgo, pues al ritmo de vida en que vivimos  podemos destruir la vida de este planeta tierra en unas pocas generaciones.

(c) Entonces “verán al Hijo del Hombre…”. No se dice que verán a Dios, ni siquiera al Cristo, ni a los ángeles del cielo: Verán al Hijo del Hombre, es decir, la humanidad verdadera. Éste es el arco iris tras la tormenta del diluvio (Gen 9, 13-16), el arco iris de la paz de Dios, del amor de Dios, Puede morir todo, pero el hombre no acabará… Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… (Lc 21, 33). Pues bien, las palabras de Dios se concretan en el Hombre que viene, la nueva humanidad, que nace de arriba, del trono de Dios, con poder y gloria… Éste es el misterio del nacimiento.

Tercera escena. Levantad la cabeza

(a) Cuando empiecen a suceder estas cosas, (b) cobrad ánimo y levantad la cabeza, (c) porque se acerca vuestra liberación.

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Justicia, paz y liberación. Domingo 1 de Adviento. Ciclo C

Domingo, 28 de noviembre de 2021

jesus_les_envoieDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Comenzamos un nuevo año litúrgico, preparándonos, como siempre, para celebrar la Navidad. La primera lectura promete la venida de un descendiente de David que reinará practicando el derecho y la justicia y traerá para Judá una época de paz y seguridad. El evangelio anuncia la vuelta de Jesús con pleno poder y gloria, el momento de nuestra liberación. ¿Cómo se explica la unión de estas dos venidas tan distintas? Lo intentaré con la siguiente historia.

La esposa del astronauta y la Iglesia

            Un día la NASA decidió una misión espacial fuera de los límites de nuestro sistema solar. Una empresa arriesgada y larga que encomendaron al comandante más experimentado que poseía. Cuando se despidió de su mujer y sus hijos, la familia pasó horas ante el televisor viendo como la nave se alejaba de la tierra.

            Los niños, pequeños todos ellos, preguntaban continuamente: “¿Cuándo vuelve papá?” Y la madre les respondía: “Vuelve pronto, no os preocupéis”. Al cabo de unos meses, cansada de escuchar siempre la misma pregunta, decidió organizar una fiesta para celebrar la vuelta de papá. Fue la fiesta más grande que los niños recordaban. Tanto que la repitieron con frecuencia. La llamaban “la fiesta de la vuelta de papá”. Pero la inconsciencia de los niños creaba una sensación de angustia en la madre. ¿Cuándo volvería su marido? ¿El mes próximo? ¿Dentro de un año? “La fiesta de papá”, que podía celebrarse en cualquier día del mes y en cualquier mes del año, se le convirtió en una tortura. Hasta que se le ocurrió una idea: “En vez de celebrar la vuelta de papá ‒dijo a los niños‒ vamos a celebrar su cumpleaños. Sabéis perfectamente qué día nació, así que no me preguntéis más cuándo vamos a celebrar su fiesta.

            A la iglesia le ocurrió algo parecido. Al principio hablaba era de la pronta vuelta de Jesús, la que menciona el evangelio de este domingo. Pero esa esperanza no se cumplía, y la iglesia pasó de celebrar su última venida a celebrar la primera, el nacimiento. Sin embargo, no ha querido olvidar la estrecha relación entre ambas venidas, y así se explica que encontremos textos tan distintos.

De reyes inútiles y canallas a un rey justo (Jeremías 33, 14-16)

YA llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa

que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora,

suscitaré a David un vástago legítimo

que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos,

y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.

 Para comprender esta lectura hay que recordar la trágica historia de los últimos reyes judíos. Josías, del que tanto se esperaba a nivel religioso y político, murió en la batalla de Meguido luchando contra los egipcios (609). Su hijo, Joacaz, fue deportado a Egipto al cabo de tres meses de reinado. Le sucede Yoyaquim/Joaquin (608-598), al que el profeta Jeremías condena por sus terribles injusticias. Mientras tanto, el dominio internacional ha pasado de Egipto a Babilonia. Nabucodonosor deporta a Joaquín/Jeconías (598-597) y nombra rey a Matanías, cambiándole el nombre por el de Sedecías, que significa “Yahvé es mi justicia”. Este nombre parece una broma, un insulto. ¿De qué justicia habla Nabucodonosor? ¿Qué se puede esperar de un fantoche impuesto por el babilonio? Y la gente se preguntaría: ¿de qué sirve la promesa hecha por Dios a David de una dinastía eterna? ¿Para qué queremos un descendiente de David, si todos los reyes son inútiles o sinvergüenzas?

En este contexto se entiende la promesa hecha por Dios a Jeremías de un rey que se llamará “Yahvé es nuestra justicia”. Un monarca cuyo mismo nombre expresa la estrecha relación de Dios con todo el pueblo, y que salvará a Judá y Jerusalén mediante un gobierno justo. Frente a la angustia y la incertidumbre, implantará la tranquilidad.

Lo fundamental es la idea de un monarca que procura el bienestar del pueblo. En el contexto del Adviento, esta lectura nos recuerda que Dios no se desentiende de los graves problemas políticos y sociales de la humanidad.

El amor como preparación a la Navidad: 1 Tesalonicenses 3, 12- 4,2

Lectura muy importante: indica con qué espíritu debemos vivir siempre la vida cristiana, en especial estas semanas del Adviento.

Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.

Por lo demás, hermanos os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguir adelante. Pues ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

Esperar y preparar nuestra liberación: Lucas 21, 25-28. 34-36.

El evangelio comienza con las señales típicas de la literatura apocalíptica a propósito del fin del mundo (portentos en el sol, la luna y las estrellas) que provocan en las gentes angustia, terror y ansiedad. Pero el evangelio sustituye el fin del mundo con algo muy distinto: la venida de Jesús con gran poder y gloria; y esto no debe suscitar en nosotros una reacción de miedo, sino todo lo contrario: “cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

A continuación, nos dice el evangelio cómo debemos esperar esta venida de Jesús. Negativamente, no permitiendo que nos dominen el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida. Positivamente, con una actitud de vigilancia y oración.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

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28 de Noviembre de 2021. Primer Domingo de Adviento. Ciclo C.

Domingo, 28 de noviembre de 2021

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“Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.”

(Lc 21, 25-28.34-36)

 

“¡Levantaos!”. Este tiempo de adviento irrumpe invitándonos no solo a la esperanza sino también al coraje. Porque hace falta ser valiente para “ponerse en pie y alzar la cabeza”, pues solo cuando estamos de pie es posible vivir el evangelio de verdad.

Quizá por eso Jesús se pasó buena parte de su “ministerio” (léase “servicio”) poniendo en pie a todas aquellas personas que encontraba postradas: paralíticas, poseídas, encorvadas, ciegas, muertas, incluso un recaudador de impuestos se puso en pie cuando descubrió lo que la presencia de Jesús significaba en su vida (Cfr. Lc 14, 1-9).

Pero, ¿por qué de pie? Porque solo quien se levanta se predispone a servir y solo desde el servicio descubrimos quién es el Dios de Jesús.

En la última cena, una vez más, Jesús, el que había dedicado tanto tiempo a “levantar” a otras y otros, “se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomo la toalla…” y se dispuso a servir, se puso a lavarle los pies a sus discípulos, a esos mismos discípulos a los que unos días antes había invitado a esperar la liberación levantados y con la cabeza alzada.

Esperar”, en cristiano, es sinónimo de servicio, el Reino llega en forma de semilla, Dios viene al mundo en la fragilidad de un recién nacido y todos nosotros, que esperamos el gran acontecimiento de su venida, tenemos que vivir nuestra espera al estilo del Maestro. Es decir con la “toalla ceñida”.

Por eso no vale esperar de manos cruzadas, ni a medio gas. El seguimiento de Jesús requiere el 100% de disponibilidad, esperanza y servicio. ¿A qué esperas?

Oración

¡Levantaos!, de pie y con la cabeza bien alta.
¡Levantaos! con una sonrisa en el alma.
¡Levantaos! para derrochar un tierno servicio.
¡Feliz Adviento!


*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El hombre intenta liberarse de su angustia.

Domingo, 28 de noviembre de 2021
3fc1e26e-ea34-4d6f-8245-e484d0c288c3DOMINGO 1º DE ADVIENTO (C)

Lc 21,25-36

Hoy primer domingo de Adviento, os propongo unos apuntes sobre cómo debemos entender las Escrituras, que son la base de toda liturgia. Es la ciencia la que nos obliga a salir de nuestra ceguera. A Galileo casi le cuesta la vida decir que la tierra se mueve. El argumento de la Iglesia era: la Biblia dice lo contrario. La Biblia no tenía razón pero sí Galileo. Hoy el problema es más grave, porque atañe a la manera de interpretar la biblia. Ni una sola frase debemos entenderla literalmente. Toda ella es teología narrativa.

Es la ciencia la que nos obliga a dar el cambio. Los medios con que contamos hoy son increíbles. Podemos descubrir lo que hay varios metros por debajo de la tierra sin tocarla. Podemos datar con increíble precisión una mínima parte de materia orgánica o de roca. Muchas otras ciencias están al servicio de la arqueología. La sociología nos permite comprender las circunstancias en que vivían sociedades de las que no sabíamos nada. La historia es capaz de ir más allá de lo que podíamos imaginar hace solo unas décadas.

También el mejor conocimiento de las primeras lenguas escritas nos permite aquilatar el significado de los textos de manera mucho más precisa. La exégesis nos permite interpretar esos mismos textos más de acuerdo con la manera de pensar de cada época. Todos estos avances científicos nos obligan a repensar lo que hasta ahora creíamos de los textos bíblicos. El resultado es que los relatos que han llegado a nosotros no quieren decir lo que durante mucho tiempo estábamos convencidos que nos decían.

Lo primero que llama la atención es que todo el AT se escribió entre el s. VII y el IV antes de Cristo. En el siglo séptimo no podían tener ni idea de lo que pasó en tiempo de Noé. Los grandes patriarcas son personajes míticos y todo lo que se dice de ellos no son más que relatos fantásticos utilizando los mitos y leyendas que circulaban en las culturas del entorno. Haber metido a Dios en los relatos no significa que haya intervenido en la historia para dirigirla y condicionarla. Dios no pudo elegir a un pueblo y hacer maravillas en su favor, sobre todo, si, como pasa casi siempre es en contra de los demás pueblos.

David no fundó ningún imperio. La arqueología no ha encontrado ni rastro de ese poderío. Si existió realmente, no pasó de ser un jefe de bandoleros que se hizo con el mando de una tribu. Entonces Sión no era más que un pueblucho sin ninguna capacidad organizativa, menos aún como centro de un imperio. En toda Judea no había más de 2.000 habitantes; mal podía tener un ejército de 30.000. La fastuosidad de Salomón no fue más que una leyenda fantástica. Puede ser que construyera el primer templo, pero ahí acabaría todo.

Los análisis genéticos han demostrado que los judíos no son una raza especial, que llegaron de otra parte. Son de la misma estirpe que los demás habitantes de Palestina. Tampoco se ha encontrado rastro de una emigración del pueblo judío a Egipto. Los egipcios llevaban las anotaciones de los acontecimientos importantes. No hay ni rastro de una población judía en su territorio. En tiempos del Éxodo, los egipcios tenían vigiladlas todas las fronteras con militares que les permitían controlar todo flujo de personas.

Es imposible que salieran de Egipto unos 600.000 varones sin que eso quedase reflejado como un peligro. Es imposible que un número tan descomunal de personas pasaran cuarenta años en el desierto sin dejar el más mínimo rastro. No hubo ninguna teofanía en el Sinaí ni Moisés recibió ninguna tabla con los mandamientos. No hubo ninguna conquista de las tierras de Canaán, porque los judíos siempre estuvieron allí. No pudieron derrumbarse las murallas de Jericó, porque no era más que una aldea insignificante.

Pero, entonces ¿por qué se escribieron todos esos relatos fantásticos que no hacen más que ponderar la intervención de Dios a favor de un pueblo, casi siempre, machacando a otros pueblos? Todos los relatos tuvieron un objetivo muy claro: intentar mantener la esperanza de un pueblo que se sentía zarandeado por todas partes y con muy pocas posibilidades de subsistir. A la vuelta del destierro, el pueblo judío quedó reducido a un puñado de personas de los más bajos estamentos sociales. Lo que consiguieron los escritores fue mantener la esperanza y la energía necesaria para superar la dificultad.

Esto nos tiene que hacernos pensar y aceptar que hemos estado leyendo la Escritura de una manera demasiado simplista. Aunque lo que cuentan no concuerde con lo que pasó, sigue teniendo su valor porque nos invita a buscar una salvación en Dios más allá de las que podemos encontrar por nuestra cuenta. Pero las dificultades que encontraron y cómo fueron capaces de superarlas, eso sí es un hecho histórico. Esto es lo que nos debía preparar a aceptar la lección que aquella actitud puede darnos hoy y buscar una salvación no venida de fuera sino descubierta en lo profundo de todo ser humano.

Todo el año litúrgico es un montaje que hemos construido. Dios no está sometido a este artificio. Dios no tiene que venir de ninguna parte. Está siempre ahí esperando que lo descubramos. Nosotros sí necesitamos esos artificios para aprovechar el tiempo y el lugar oportunos para ese encuentro. Se trata de un intento de armonizar el presente con el pasado y el final. Empezamos el Adviento con lecturas apocalípticas que nos recuerdan los domingos últimos. El pasado y el futuro debemos afrontarlos desde el presente.

El evangelio que hemos leído refleja el ambiente apocalíptico que se vivía en las primeras comunidades cristianas. Están escritos desde una visión mítica del mundo, del hombre y de Dios. Desde esa perspectiva Dios había creado toda la realidad visible quedándose al margen de ella pero gobernándola desde las alturas. El hombre había envenenado la creación con su conducta, pero no tenía capacidad de enderezarla. Dios perdonaría a los humanos y con el mismo poder que creó, recrearía el mundo malogrado eliminado el mal.

Nuestro universo conceptual es muy distinto. La creación no es un acto de la potencia de Dios que ‘hace’ algo fuera de Él, sino que todo lo que existe es la manifestación de lo divino que permanece escondido en lo hondo de toda realidad. Como reflejo de lo divino todo es esencialmente bueno. El maniqueísmo nos empuja a dividir la realidad en opuestos irreconciliables, pero para Dios todo está en una eterna armonía. Nuestra falta de perspectiva nos hace ver el mal que solo está en nuestra cabeza.

 

Meditación

No tienes que esperar ninguna salvación venida de fuera.
Todo lo que puedes llegar a ser ya lo eres.
Tu tarea es descubrir tu verdadero ser
y simplemente serlo.
La oferta oficial va dirigida a satisfacer tu falso yo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Adviento.

Domingo, 28 de noviembre de 2021
lavatorio-5Lc 21, 25-28

«…muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas…»

No sabemos si el texto de Lucas pretendía tener un carácter profético, pero sabemos que encierra un hondo simbolismo cuyo mensaje podríamos resumir así: “La humanidad ha pasado grandes calamidades y las seguirá pasando, pero a pesar de todo, levantad el ánimo porque al final resplandecerá la verdad”. Es en cierto modo el mismo mensaje del Apocalipsis: Al final, el triunfo de Dios sobre el mal.

En cualquiera de los casos, llama poderosamente la atención el paralelismo del texto de los tres sinópticos con lo que en este momento nos está anunciando la comunidad científica sobre el futuro que nos espera, y como muestra de este paralelismo podemos citar un conocido informe del Club de Roma en el que se afirma lo siguiente:

«El deterioro irreversible de los ecosistemas marinos, y la dinámica creciente de pérdida de cosechas, provocará el colapso de la civilización debido a la escasez trágica de recursos esenciales para la vida»

Añade el informe que se producirán migraciones masivas para acceder a estos recursos y conflictos generalizados por obtenerlos; que la humanidad padecerá pandemias frecuentes y que las enfermedades tropicales se extenderán a todo el planeta… Y muchas calamidades más. Algunos científicos del prestigio de Stephen Hawking, van mucho más lejos y anuncian la extinción de la especie humana.

Estos pronósticos nos abruman, «nos llenan de terror y ansiedad» —como dice el texto— y nos mueven a pensar que esto no tiene remedio; que esto va a acabar mal. Pero el mensaje del evangelio nos anima a mantener la esperanza: «Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación» … Lucas acierta al ligar nuestra liberación con la venida el hijo del hombre, pero se equivoca al anunciar su llegada en una gran nube con gran poder y gloria. El hijo del hombre ya había venido y no iba a volver; y no lo había hecho en una gran nube, sino en la cuadra de una posada atestada de gente.

El adviento nos invita a preparar bien la celebración de este acontecimiento, en apariencia nimio, pero crucial para nosotros. Porque ese niño pobre será como una luz que se enciende en las tinieblas para ayudarnos a no tropezar; como la aurora que llega tras una noche de pesadilla. Porque en él veremos resplandecer los criterios de Dios, que son los únicos que pueden salvar nuestra vida de la banalidad y el sinsentido, y los únicos, también, que pueden salvar a este mundo del desastre al que lo hemos abocado…

El problema es que estamos cada vez más cerrados a la luz, y así nos va.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Se acerca vuestra liberación.

Domingo, 28 de noviembre de 2021

2196d65a-6e33-4b54-9af3-46176a84e075DOMINGO 1º ADVIENTO (C)

Lc 21,25-28

El Adviento coincide con el final del otoño y el comienzo del invierno. En este tiempo la naturaleza se sumerge en un letargo de descanso y de silencio. Quizá, también a nosotros nos vendría bien despojarnos de todo lo superficial, lo que ya ha cumplido su función y está seco, creencias caducas, dudas que nos bloquean, dogmas encorsetados, protagonismos, egos, miedos, vanidades… Mas, en nuestro interior, en la tierra oscura y cálida, habita y se gesta un nuevo germen de vida que brotará cuando sea llegado el tiempo… Tiempo de descubrir que nuestra vida pende de unas promesas de libertad, de justicia, de fraternidad todavía sin cumplir; tiempo de cuidar eso que llevamos dentro y a veces olvidamos, ese embarazo de lo divino en mí y que he de dar a luz…; tiempo para vivir en profundidad el rítmico latir de cada momento, sin prisas, sin ruidos; darnos cuenta de que lo más sencillo e insignificante es lo que va haciendo grande nuestra existencia, es la savia que, aun dormida, sigue nutriéndonos.

De la mano de los grandes profetas y, ante todo, de Jesús, nos ponemos en camino para dar a luz una humanidad transida del Espíritu de Dios y reconciliada con la nueva tierra transformada. El Dios del Adviento nos empuja siempre hacia algo que se acerca, hacia lo por venir. Es una promesa de presencia. Anuncio de una realidad que no está aún ahí, al alcance de la mano. Por eso saca al ser humano de su ahora hacia el futuro al que le vincula. El pueblo de Israel comprendió, como ningún otro, el sentido de la itinerancia, de la emigración, de la historia. Vivió de cara a lo porvenir como sentido último de su propio devenir.

Por eso, los acontecimientos de nuestra historia de pueblo de Dios tienen siempre ese carácter de provisionalidad. Son estaciones de un itinerario, de un proceso, grávidas de un encargo o tarea de futuro. Así, hasta que se produzca la venida definitiva, el adviento pleno, la parusía.

El hecho de oír el anuncio de nuestra liberación (“levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”), suscita un poderoso sentimiento de esperanza. Nuestra generación, nuestro momento histórico, vive transido de una expectación de futuro, un futuro liberador. Sin olvidar lo que el Apocalipsis nos desvela: no se trata de un dualismo en el que lo porvenir, el cielo, se impone sobre la tierra, sino que la Nueva Jerusalén ya existe (Ap 21,2-4). No sería tanto el argumento recibido del “ya pero todavía no” cuanto el “ya aquí a pesar de nosotros”; es el llamamiento a la participación de lo que era, está siendo y será. Precisamente la tarea profética del pueblo de Dios consiste en encender la llama de la esperanza, esa llama frágil que cualquier soplo, en cualquier instante, puede apagar. Si pensamos en la interminable historia de genocidios ocurridos sobre la tierra, sentimos que es un milagro o una utopía mantener una esperanza de futuro.

Se nos invita, pues, a aceptar lo que Dios siembra en silencio, acoger lo que viene de Dios, lo que trae la vida, lo agradable y lo que no lo es tanto; tomar una decisión, afrontar un cambio, arriesgarse, confiar en Él, que sigue trabajando en lo escondido de tu tierra fecunda.

En la primera lectura (Jer 33,14-16) leemos que el anhelado descendiente de David está viniendo y revelando a Dios en su verdadero rostro de Señor-nuestra-justicia. En la carta de Pablo (1Tes 3,12-4,2) la esperanza se confunde prácticamente con el amor, entendido en su dimensión universal, más allá de toda frontera, de toda discriminación y de cualquier condicionamiento. Algo que la Iglesia católica debería tener en cuenta en la consulta sobre el Sínodo de la Sinodalidad para que se haga realidad el “caminar juntos” que todos/as anhelamos y aún no se nos reconoce. Y, añade Pablo, “el Señor os fortalecerá internamente, para cuando Jesús vuelva”.

El evangelio (Lc 21,25-28) proclama con alegría, “Se acerca vuestra liberación”. La esperanza cristiana sobrevuela por encima de todas las tragedias humanas y todos los dramas personales. Se nos invita a interpretar los períodos más oscuros de la historia como signos de liberación. No para olvidarlos, sino para buscar la manera concreta de insertarse en el más eficaz y honesto proceso de liberación humana. Ni victimismos, ni derrotismos, ni pasotismos.

Enfocar el Adviento como tiempo de acoger lo bueno que Dios deja en cada uno/a, agradeciéndolo, creando un espacio de acogida y aceptación, de amor, para que así se produzca el milagro del alumbramiento. Darnos cuenta de los sencillos regalos cotidianos: tu capacidad de ver la belleza a tu alrededor, el encuentro con los vecinos, con los amigos, con la familia, el café de la sobremesa; valorar los alimentos provenientes de la tierra, del mar, en definitiva, del Creador; el acompañamiento en la sala de un hospital, ante la pérdida de un ser querido o en el módulo de la cárcel; el silencio ante lo que nos resulta insoportable y desolador; el trabajo bien hecho, el estudio para seguir avanzando en humanidad.

Adviento, tiempo de oración para ser conscientes de los regalos que Abbá Dios nos deja en el corazón y cada día le agradecemos.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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El arte de vivir despiertos

Domingo, 28 de noviembre de 2021

Mirada.2Domingo I de Adviento

28 noviembre 2021

Lc 21, 25-28.34-36

A lo largo de la historia, no ha sido extraño que grupos religiosos, más o menos sectarios, hayan hablado, con tono de amenaza, de un final inminente de la historia, en el que solo los “elegidos” quedarían a salvo.

Como trasfondo, no es difícil adivinar una actitud recurrente en ese tipo de sectas: el rechazo del mundo presente y el sueño de un “mundo nuevo” ideal, en el que “los justos” serían completamente resarcidos.

Pues bien, esta creencia fue común en los ambientes de aquellos primeros grupos de seguidores de Jesús, no sabemos con seguridad si alimentada por el propio Maestro, tal como se recoge en las palabras que el evangelio de Mateo pone en su boca: “Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda” (Mt 24,34).

Con todo, en medio de todo ese discurso apocalíptico, resalta con fuerza una llamada de atención: “Estad siempre despiertos”. Nadie sabe qué futuro nos espera, nadie conoce el desarrollo de los acontecimientos que están por venir. Sin embargo, hay algo a nuestro alcance: vivir despiertos para que, ocurra lo que ocurra, podamos “mantenernos en pie”, como dice el propio texto.

Vivir despiertos significa salir del sopor del sueño de la ignorancia y venir a la luz de la comprensión. Es un arte y un camino, lo cual significa que es la misma práctica la que nos va haciendo diestros en esa nueva forma de vivirnos.

El arte de vivir despiertos se ejercita en la medida en que disminuye o cesa la identificación con la mente, gracias al silencio y a la toma de distancia con respecto a los contenidos mentales. Ahí encuentra su lugar la práctica meditativa, en la que nos entrenamos para acceder a “otro lugar”, más allá de la mente, que abre la puerta a la comprensión.

Ese otro lugar es el Testigo y aprender a vivir en él constituye un momento y un paso decisivo en el camino espiritual -o despertar- de la persona. Se sale de la “jaula” de la mente -y de todo su griterío- y se percibe todo desde la ecuanimidad del “observador”. Tal práctica, no solo nos otorga una radical libertad interior frente a la mente que nos esclaviza con sus mensajes, sino que nos alinea con la vida, generando paz, gozo, creatividad y entrega amorosa y comprometida.

¿Qué me ayuda a vivir en el Testigo?

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El hombre espera por naturaleza algo que no está en su naturaleza

Domingo, 28 de noviembre de 2021

f59e2176-0332-46c8-9c85-4d7fc0d8280aDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

1.- El final del mundo no coincide con el final del ser humano.

Comenzamos hoy el año litúrgico con el tiempo de Adviento, con el primer domingo de Adviento.

El Adviento es un tiempo –como toda la vida- de esperanza, de activar y fortalecer la esperanza.

El evangelio de hoy nos ofrece una visión esperanzada del final de la historia humana y lo hace con un lenguaje apocalíptico, algo tremendista, pero no se trata de una descripción científica del fin del mundo.

El tiempo y la historia humana terminan en la bondad de Dios. Y ello no es catastrófico sino salvífico y amable

2.- Se acerca, está ya presente nuestra liberación.

En este nuevo año litúrgico nos acompañará el evangelio de San Lucas, que subraya la presencia de la salvación ya aquí y ahora. En el evangelio de San Lucas la salvación se ha hecho ya presente por medio de JesuCristo en nuestra historia:

  • Hoy estamos ya salvados:

Lc 2, 11 Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

Lc 4, 21 Al comienzo de su ministerio en la sinagoga: Hoy se cumple ante vosotros esta profecía”.

Lc 5, 26 Tras la curación del paralítico, todos quedaron atónitos y alababan a Dios llenos de temor, diciendo: Hoy hemos visto cosas extraordinarias

Lc 19, 5.9   Jesús levantó los ojos y le dijo:

– Zaqueo baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Jesús le dijo:

Hoy ha llegado la salvación a esta casa.

Lc 22, 34    Te aseguro, Pedro, que hoy mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces.

Lc 23, 43    Jesús le dijo (al buen ladrón):

Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Hoy, no mañana, los pobres, oprimidos, esclavos y pecadores; estamos salvados hoy.

    La alegría futura se hace presente en el hoy de nuestra historia.

3.- Habrá signos.

    Siempre hay signos en la vida: siempre hay señales de angustia catastrófica: la incertidumbre de la pandemia que se alarga, los que mueren en pateras o en el río Bidasoa, algunas opciones políticas que causan vértigo, las guerras, además de los crónicos fracasos personales, la inseguridad propia de la salud, la decadencia por la edad, los conflictos familiares, laborales, eclesiásticos, etc.

    Cuando empiecen a suceder estas cosas, se acerca vuestra liberación.

Siempre que es media noche, comienza el nuevo día, aunque todavía quede mucha noche.

4.- Esperanza.

La esperanza es la relación amable que establecemos con el futuro; me refiero -sobre todo- al futuro absoluto, una relación llena de sentido.

    La esperanza es la “materia” de la que estamos hechos los seres humanos. Vivimos porque algo en nuestro interior nos convoca a un futuro pleno.

    La esperanza es la confianza en que nuestra vida tiene horizonte. Creemos que estamos en buenas manos, porque estamos en manos de Dios.

No podemos depositar toda nuestra esperanza y confianza en ninguna clase de institución humana: partidos políticos, Iglesias o gobiernos. Todos ellos pueden equivocarse y fallar.

    Es útil tener buenos líderes, por supuesto. Pero, en última instancia, nosotros no podemos basar nuestra esperanza de futuro en ninguna clase de líderes humanos porque ninguno de nosotros, individualmente -o en conjunto-, tiene capacidad suficiente para salvar al ser humano.

Nosotros confiamos y esperamos en Dios.

Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor. (Salmo 120).

Me pase lo que me pase (y nos va a pasar de todo), que no me pase sin Ti, Señor.

5.- La esperanza es muy frágil.

    La esperanza es una planta muy delicada, se puede secar pronto, a veces la esperanza es intermitente, aparece y desaparece en nuestro caminar.

    Por eso mismo, porque es muy débil, como el sentido de la vida, hemos de cuidarla y cultivarla.

    Escribía el poeta francés Charles Peguy:

La Fe es la que se mantiene firme por los siglos de los siglos.

La Caridad es la que se da por los siglos de los siglos.

Pero mi pequeña esperanza es la que se levanta todas las mañanas.

6.- Vivir lúcidos.

    No es razonable vivir aletargados, con la sedación como norma de vida. La esperanza no adormece, abre ventanas a los problemas.

Orad

    La oración es ver la vida desde o ante Dios y ello confiere una seriedad, lucidez y horizonte a la existencia. La oración es un modo de vivir lúcidos, atentos y confiados. La oración es un lugar en el que crece la esperanza. En la oración están presentes las miserias y las esperanzas humanas.

    Comencemos el adviento con buen ánimo y esperanza, porque ha llegado el tiempo de la gracia, de la misericordia y del perdón de Dios:

Velad y orad

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“Véndelo todo”, por Carlos Osma

Jueves, 28 de octubre de 2021

3B3570DB-8AF2-4FFE-84BB-A9C4DACB2FFELeído en su blog Homoprotestantes:

En una ocasión había una joven trans, su amiga bisexual, un madurito gay, una anciana lesbiana, su prima intersexual, y un cuarentón heteroflexible, que se acercaron a Jesús para preguntarle: «Maestro bueno, ¿qué haremos para alcanzar la vida eterna?». Antes de escuchar la respuesta, se añadieron poco a poco una infinidad de personas con la misma inquietud: una veinteañera no binaria, un adolescente de género fluido, un teórico queer… Jesús les miró, carraspeó, y les dijo: «Los mandamientos ya los sabéis», pero no pudo continuar porque comenzaron a quejarse: «es injusto que tengamos que cumplir las leyes heteronormativas y dejar de ser quienes somos para poder alcanzar la vida eterna». «No, no», prosiguió Jesús, «me refiero a no adulteres, no mates, no hurtes, no mientas…». La respuesta pareció tranquilizarles, y todxs mintieron al unísono: «Maestro todo eso lo hemos cumplido desde que éramos niñxs queer». Entonces Jesús les miró, les amó, y les dijo: «Una cosa os falta, vended todo lo que tenéis y dádselo a los pobres». En ese momento se hizo el silencio, y fueron alejándose afligidxs porque tenían muchas posesiones. [1]

Las vidas dignas, las que quieren dejar una huella eterna a su alrededor, o aspiran a la trascendencia, guardan las normas, se portan bien, al menos de cara a la galería. No menosprecio dichas normas, al menos las que son útiles y nos permiten vivir en comunidad. Sin embargo, también es cierto que algunas de ellas son un privilegio que no está al alcance del común de los mortales. Dile a quien todo le ha sido quitado, que no robe para poder sobrevivir, obliga a quien es explotada sexualmente a no adulterar, explícale a un adolescente queer que no debe mentir haciéndose pasar por heterosexual cisgénero en una familia fundamentalista, exígele a una persona que honre a sus padres maltratadores, o pídele a quien sufre en nombre de dios que no lo maldiga. Se puede mentir, de hecho es lo que suele hacerse, pero lo más útil para las personas de vidas no tan dignas, sería contestarle a Jesús que esas leyes son inalcanzables para ellas, que son un lujo que no pueden permitirse. Y después, preguntarle, qué pueden hacer para pasar los años de vida que les quedan con algún propósito y sentido, y si es con felicidad, pues mucho mejor. No creo que, en ese caso, Jesús las mirase sin amarlas, o que les dijese algo diferente a las demás: «Una cosa te falta, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres».

¿Cuáles son los mandamientos? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué se espera de nosotras? ¿Cómo podemos alcanzar una vida digna? ¿Cómo heredamos la vida eterna? ¿Cómo tenemos que comportarnos para ser respetados? ¿Qué hay que hacer para ser feliz? Hay muchas discusiones alrededor de estas preguntas, muchos debates airados para decidir quién es bueno y quién no lo es, qué se puede hacer y qué no, cómo nos salvamos o cómo ardemos en el infierno. Existen infinitas normativas dependiendo de la religión que profesemos, numerosas éticas no escritas, pero si impuestas, en entornos que se definen como no religiosos. Se publican miles de libros de autoayuda que prometen una vida con sentido, coaches de todos los tipos se ofrecen para acompañarnos hacia la plenitud, las marcas publicitarias nos bombardean prometiéndonos la felicidad inmediata al comprar su producto. Pero Jesús dice: «Vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres».

La exigencia de Jesús desestabiliza, para empezar porque el nivel económico determina muchas de nuestras identidades. Dárselo todo a los pobres nos haría pasar de ricos a pobres, pero también de gay a maricón, de turista a inmigrante sin papeles, de ciudadano a una carga para las arcas públicas, de consumidor a ser invisible, de humano a obra social, de promesa a amenaza. Si ni siquiera la mayoría de personas cis heterosexuales, a las que les han regalado dicha identidad, estarían dispuestas a abrazar por un día una identidad diferente, tendríamos que estar nosotras locas para hacer caso a la propuesta de Jesús tirando por la borda identidades que nos han costado tanto alcanzar. Si no fuera porque Jesús es maricón, pensaría que su propuesta pretende reforzar el poder de los de siempre para volver a dejarnos a su merced. Así que, alguna razón tendrá para pedirnos cosas tan imposibles si queremos heredar la vida eterna o, al menos, tener una vida con cierto sentido.

Creo que Luis Alegre tiene razón cuando dice que las personas LGTBIQ traemos ya ganada de casa la posibilidad de salir de nuestras identidades, él las llama jaulillas, para mirarlas desde fuera. Y que esta distancia da un margen de juego y una libertad que los heterosexuales, por lo general, no tienen. [2] Supongo que, reconociendo que la exigencia de Jesús nos supera, y dando por hecho que lo de la vida eterna está complicado si depende solo de nosotras, el primer paso necesario para venderlo todo y dárselo a los pobres es salir de nuestra identidad, más o menos ventajosa, para aproximarnos a aquellas otras que por diferentes injusticias no lo son tanto. Poner en práctica lo que tanto pedimos a las personas LGTBIQfóbicas, y aproximarnos a quienes carecen de algunos privilegios para ver en qué podemos ayudarles, sabiendo que eso puede suponer perder alguno de los nuestros, y que no va a salirnos gratis. Dice también Luis Alegre que las identidades siempre tienen algo de artificial, que son útiles para muchas cosas, pero tiránicas si no se las controla. [3] Y hay que reconocer que a veces se nos escapan de las manos y las convertimos en una atalaya que nos proporciona seguridad, pero donde vivimos prisioneros. La exigencia imposible de Jesús, urge a lo humano, por delante de cualquier identidad.

Lo más sorprendente de todo es, que podríamos hacer caso a Jesús y quedarnos con una mano delante y otra detrás, pero seguir estando atrapadas en alguna identidad a la que demos más importancia que a los seres humanos: santa, buena persona, defensora de los derechos LGTBIQ, héroe queer… Y en ese caso olvidaríamos que el valor principal de la ética cristiana no es renunciar a todo, sino el amor. Esa es la llave que nos falta para abrir el candado de cada una de nuestras identidades y aproximarnos a aquellas otras con las que oprimimos a tanta gente. Eso es lo que da sentido a las demandas sin sentido de Jesús, lo que al final de cuentas nos falta. Porque como dice Pablo: «Si reparto entre los pobres cuanto poseo, y aun si entrego mi cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve» [4].

Carlos Osma

 NOTAS:

[1] Mc 10,17-31.

[2] Luis Alegre, Elogio de la homosexualidad, Barcelona: Arpa Editores 2017, p.69.

[3] Ibid. 146.

[4] 1 Cor 13,3.

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“Decir nuestro nombre”, por Carlos Osma

Viernes, 27 de agosto de 2021

179F233A-4C84-455D-9AE7-2B63649EFFC5-768x488Leído en su blog:

«No hay una humanidad que camina. No hay un pensamiento que piensa. No hay un amor que ama. No hay una lengua que habla. Hay Ana y Juan, que caminan, que aman, que piensan, y que hablan» [1]. Es importante recordar esta cita cuando nos bombardean con discursos supuestamente universales, de carácter político o religioso, que lo que pretenden es disolvernos en la masa, para borrarnos y hacernos desaparecer por arte de magia. Lo realmente universal, si existe, si es posible pensarlo, debemos construirlo a partir de los nombres propios de aquellas personas a las que se pretende representar. Si no es así, no lo necesitamos, no lo queremos, porque no nos libera, porque nos hará sufrir.

La mayoría de nosotras tenemos nombres que hemos recibido, nombres con los que nos sentimos definidos, con los que nos identificamos. Sin embargo muchas personas LGTBIQ hemos vivido, o vivimos, la experiencia de recibir nombres que no son los nuestros. Hay muchas Miriams que fueron llamadas José, muchos Davids a los que bautizaron o presentaron como Elisabeth. Estos son los primeros nombres que se borran cuando se habla de  humanidad, de pensamiento, de amor, de lenguaje, de naturaleza, de biología, cuando se pretende construir lo universal desde arriba. Hay que alejarse de los espacios que no son capaces de llamarnos por nuestros nombres. Sara y Abraham recibieron su verdadero nombre como madre y padre de multitud de gentes después de haber dejado la tierra que les vio nacer y donde se les llamaba Sarai y Abram.[2]

Pero hay también muches Anas, Jordis, Marías, y Maneles que escuchan su nombre con claridad cuando son nombradas por otras personas, pero perciben sin duda alguna que ese nombre no es el suyo. Es cierto que vocales y consonantes coinciden a la perfección, pero un nombre es algo más que fonética. Y aunque se construya lo comunitario, por pequeña que sea esa comunidad, incluyendo cada una de las letras de su nombre, sienten que están fuera de ella, porque esos nombres no son los suyos. Porque con ellos se refieren a otras persones que elles no son, porque hay partes de su cuerpo, de su deseo, de su forma de ver el mundo, de lo que quieren ser, que son mutiladas. Y no hay nada más doloroso que escuchar a personas que amas llamándote por un nombre que te parte en dos para desechar una de esas partes. Parece tu nombre, sí, pero no es el tuyo. Pedro llamó a Jesús Mesías, y sí, Jesús era el Mesías, pero otro Mesías diferente al que Pedro quería, por eso Jesús le dijo: «¡Apártate de mí Satanás!» [3]. Y hay muchos Reinos de Dios, muchas sociedades justas y seguras, muchas iglesias llenas de amor, que se construyen como Pedro construyó a su Mesías, guiados por Satanás. Negando nuestros  nombres al mismo tiempo que parecen afirmarlos.

Moisés le preguntó a Dios su nombre para poder decirle al Faraón cuál era el Dios que le enviaba. Y Dios le respondió: «Yo soy el que seré» [4]. Hay muchas teologías que hablan de Dios alejándolo de lo concreto, borrando su nombre, pero el nombre de Dios está directamente relacionado con su forma de actuar, de revelarse. El Dios de Moisés es liberador, no por definición, sino porque liberó. Es el Dios de los últimos, de los excluidos, de los que no ven reconocida su dignidad. Y cuando dejamos de ver a Dios de esta forma, para definirle de otra manera que a nosotras nos parece mejor, ya no es a esa Dios al que nos dirigimos, al que seguimos, sino a otro. Hemos construido una imagen, un ídolo al que llamamos de la misma forma, pero que no es «Yo soy el que seré». Nuestros nombres también pueden ser convertidos en ídolos e imágenes por nosotros mismos o por quienes quieren hacer de nosotras algo distinto a lo que somos. Nuestros nombres también pueden ser tomados en vano. El «Yo soy el que seré», no solo revela el nombre de Dios, también indica que los nombres se construyen en su acción concreta, que nosotras somos siempre en relación con nuestro entorno, que no venimos definides y cerrados desde el principio para ser englobadas en conceptos e ideas preestablecidas. Cualquier política, cualquier institución, ideología o teología, que quiera incluirnos, debe permanecer abierta, para que podamos «ser» en relación con los demás de una forma más libre. Si lo común, si lo supuestamente universal, no puede construirse de esta forma, mejor rechazarlo, para nosotres no es útil.

Jesús reveló a Dios con otro nombre, lo llamo «Padre», después explicó qué significaba para él esta palabra, porque padres hay de muchos tipos, y porque una puede cambiar este nombre por otro si considera que así puede mantener la esencia de dicha identidad. Dios no era para Jesús un concepto teórico, no era una identidad abstracta, no era lo que los demás dijeran sobre Ella. Dios era quien ama incondicionalmente al ser humano, quien espera para abrazarles, curarlas, dignificarlos. Un Dios del amor concreto, real e incondicional. Un Dios que invita a que nuestros nombres no sean borrados y que sean definidos por el amor, que insta a que nuestra identidad no renuncie a aceptar y amar nuestra vulnerabilidad y la de los demás. Quienes pretenden introducirnos a la fuerza en conceptos e ideas, en teologías y filosofías, en ideologías supuestamente universales, que no respetan ese amor concreto, real e incondicional, nos están engañando. Nuestros nombres no sobreviven en espacios cerrados carentes de amor, necesitamos lugares donde poder decir quiénes somos, en los que poder expresarnos tal y como sentimos, donde poder exigir ser tratadas con la dignidad que merecemos. Necesitamos construir casas comunes, pero desde abajo, desde la piel y el nombre de cada una de nosotres, y construirlo para todes nosotras, no para mí, ni para los que son como yo. Construirlo no para llegar a lo universal, sino a lo que es más urgente: lo fraternal, lo humano, el respeto a los demás, la justicia, y sobre todo, al amor al prójimo y a uno mismo.

Carlos Osma

Notas:

[1] Josep Maria Esquirol, Humà, més humà: Una antropologia de la ferida infinita, Barcelona: Quaderns Crema 2021, p.20.

[2] Gn 17.

[3] Mt 16,23.

[4] Ex 3,14.

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