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“Esclavos del Señor”, por Carlos Osma

Viernes, 29 de noviembre de 2019

construirDe su blog Homoprotestantes:

“Toda la congregación de Israel le dijo a Roboam: Tu padre agravó nuestro yugo. Alivia tú ahora algo de la dura servidumbre de tu padre y del pesado yugo que nos impuso, y te serviremos” [1].

Si preguntamos quién construyó el Templo de Jerusalén, cualquier persona que conozca mínimamente la Biblia nos responderá que fue el rey Salomón. No es que hoy en día tenga demasiado valor conservar en la memoria esta información, porque basta buscar en Google y en menos de cinco segundos tienes la respuesta: “El Primer Templo fue construido por Salomón” nos dirá Wikipedia, “El Primer Templo fue construido en el siglo X aNE por Salomón” afirmará una y otra vez cualquier página que consultemos. Pero la verdad es que lo construyeron treinta mil israelitas [2] que sintieron lo que el texto con el que he empezado refleja: que estaban siendo oprimidos para construir un templo que paradójicamente se dedicaba al dios que los liberó de la esclavitud.

Buscando un poco más de información en la Biblia sobre dicha construcción, sorprende saber que de estos trabajadores setenta mil llevaban las cargas, y ochenta mil eran cortadores en el monte [3]. No hace falta ser matemático para percatarse de que las cuentas no cuadran, y que setenta mil y ochenta mil hombres no dan los treinta mil israelitas a los que Salomón había obligado a realizar la construcción. Así que uno se pregunta: ¿quiénes eran esas decenas de miles de personas de más que tuvieron que construir el Templo? La respuesta puede descolocarnos un poco: esclavos. Sí, eran personas tan esclavas como las que movieron el corazón de dios en Egipto y fueron liberadas. Debe de ser duro ser el esclavo de un dios liberador. Creo que incluso más que de uno opresor, porque cuando uno ya no puede confiar en los dioses liberadores, entonces solo le queda la resignación o la desesperación.

Todo esto me ha hecho pensar en el dios que nos liberó a los cristianos LGTBIQ. Sí, ese que nos dio la valentía que no teníamos, las fuerzas, y las razones, para romper con el chantaje de la heteronormatividad, con la imposición de un género que no es el nuestro, o con la manera correcta de expresarnos para ser tomados en serio. Ese dios por el que dejamos todo atrás y nos lanzamos a la consecución de la justicia, de la dignidad para todas, del respeto a la diferencia, de la vida sin corsés ni camisas de fuerza. Y me pregunto si corremos el riesgo de haber caído de nuevo en la esclavitud, obligados a construir a nuestro dios liberador un templo para que pueda descansar. Un templo que sirva también para que la memoria de nuestro Salomón particular sea recordada para siempre. No creo que sea una pregunta estúpida, ni que seamos únicamente las personas LGTBIQ quienes nos la tengamos que hacer. Si hemos crecido rodeados de personas que eran verdaderas esclavas del dios liberador sin ni siquiera percatarse, ¿qué nos hace estar tan seguros de no estar corriendo la misma suerte?

Como cristianos, si hay un templo donde descansa nuestro dios, ese es Jesús. No en un edificio de piedra o en una institución. Espero que no se me malinterprete, no quito ningún valor a las comunidades cristianas, todo lo contrario, pero lo que hace que en ellas resida dios mismo, es que el evangelio sea su centro. Cuando nos sentimos oprimidos por un dios liberador, es porque quizás estamos construyendo un templo diferente de aquel que fue crucificado para darnos vida abundante. Porque Jesús no necesita esclavos que lo construyan, que hagan de él un templo aceptable, sino que es él mismo el que nos construye a nosotros, liberándonos y dándonos vida. Ese es el lugar donde dios reside, donde podemos encontrarlo, donde las personas LGTBIQ vivimos y compartimos la buena noticia con otros seres humanos.

Dice el evangelio que una vez que Jesús estaba frente al Templo de Jerusalén, les dijo a sus discípulos: “¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada” [4]. Y sin embargo, ¿cuántas veces nos descubrimos esclavizados intentando que no se caiga abajo? Hay muchos templos que necesitan de seres humanos humillados, utilizados, despersonalizados y heridos, para poder seguir en pie. Pero ese no es el templo de Jesús, aunque en él resida el dios que se autodefine como liberador. Nuestro templo es Jesús, un Jesús marica donde dios padre-madre se hace presente de una manera totalmente nueva. No es un gran templo, como aquel con el que Salomón mostró al mundo su poder, tampoco es fácil de localizar, ya que muchas veces lo confundimos con nuestros propios deseos, ni siquiera es hermoso, porque es en lo vil donde se hace presente. Pero es el único que puede hacer de nosotras personas realmente libres. El único que nos reveló a un dios de amor al que le conmueve de verdad la opresión de su pueblo, y está decidido a actuar para quitarles ese pesado yugo.

Carlos Osma

Notas:

[1] 1 R 12, 3-4

[2] 5,13

[3] 5,15-18

[4] Mt 24,2

***

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“Yo soy el Señor tu Dios, el que te sacó del armario”, por Carlos Osma

Jueves, 17 de octubre de 2019

cruzarDe su blog Homoprotestantes:

“¡Ordena a los israelitas que sigan adelante! Y tú, levanta tu bastón, extiende tu brazo y parte el mar en dos, para que los israelitas lo crucen en seco”

(Ex 14,15b-16).

En unas sociedades tan secularizadas como las nuestras es lógico que la Biblia no tenga nada que ver con la vida de la gran mayoría de la población. Si no tienes canas es difícil que sepas quienes eran por ejemplo Rut y Noemí, y si por alguna razón te suena el nombre de Sansón, es posible que lo confundas con uno de los cuatro fantásticos. Pero si has nacido en una familia cristiana y las historias bíblicas son para ti el pan nuestro de cada día, eso tampoco significa que tus experiencias se vean reflejadas, cuestionadas o interpeladas por ella. Quizás únicamente sea el lugar desde donde justificas legalmente si lo que haces es o no correcto, pero sin que haya ningún tipo de reinterpretación a partir de tu propia experiencia. Tampoco tiene por qué ser fuente de liberación, ya que quizás es como agua estancada en el pantano que otros construyeron, en vez de ser como aquella otra que avanza decidida hacia el mar por un cauce que, en ocasiones, no puede contenerla y acaba siendo rebasado. Sin embargo, hay personas para las que algunos pasajes bíblicos tienen tanto que ver con sus propias vivencias, que son incapaces de leerlos sin verse como protagonistas de lo que en ellos se relata.

La mayoría de personas LGTBIQ estuvimos durante mucho tiempo frente al Mar Rojo, atrapados entre unos poderes que nos querían sometidos y esclavizados, y el temor paralizante que nos generaba un mar que parecía ser el fin del mundo. La huida de Egipto es un texto que tiene tanto que ver con nosotras, que es difícil leerlo sin que algo dentro nuestro se remueva. Esa experiencia opresiva, de no saber hacia donde tirar, de creer que no hay escapatoria, que únicamente podemos elegir entre la esclavitud y la muerte, nos ha dejado una huella tan profunda, que cuando leemos textos como este, sentimos que nos conectamos no solo con quienes vivieron aquella situación hace miles de años -no entro en el debate sobre los hechos históricos que originaron y moldearon el texto-, sino con tantas y tantas otras que lo siguen viviendo hoy. ¿Recuerdas aquel dolor en el pecho, la falta de aire, el temor, la soledad, o el creer que incluso dios te había abandonado a tu suerte? Pues es similar al que tristemente siguen sintiendo hoy otras personas LGTBIQ que viven a nuestro alrededor. Personas que pueden no haber llegado siquiera a la adolescencia pero que, como nosotras no hace tanto, se debaten entre el poder LGTBIQfóbico esclavizante de Egipto y el de la muerte del Mar Rojo.

Podríamos intentar olvidarlo todo, hacer como que aquello no ocurrió, pero de manera inevitable volvemos continuamente a aquel lugar originario donde adquirimos una nueva identidad, la de ser hijos e hijas de un Dios liberador, porque allí recordamos que la dicotomía a la que se nos sigue obligando a escoger todavía hoy, entre esclavitud o muerte, es absolutamente falsa. La elección se da a otro nivel, creer a un dios fundamentalista que únicamente puede vernos como esclavos a los que es necesario someter y castigar por desear la libertad y la justicia, o en un Dios liberador que conoce el dolor de los seres humanos y se pone del lado de quienes lo padecen y en contra de quienes lo infringen. Y esa elección se repite y se repite constantemente en las decisiones que seguimos tomando en nuestro día a día, por eso es importante volver allí constantemente, frente al Mar Rojo, para recordar qué Dios fue el que nos liberó, y cuál el que quería esclavizarnos. “Yo soy el Señor tu Dios, el que te sacó del armario”, nos diría hoy, para después añadir: “No olvides por tanto al inmigrante, a la mujer maltratada, ni al niño vulnerable”. 

Y es que es verdad que la muerte no tiene la última palabra, lo sabemos por experiencia propia, el Mar Rojo puede parecer inmenso e infranqueable, pero el Dios liberador es capaz de partirlo en dos y dejar un camino de tierra seca por donde únicamente quienes anhelan la libertad pueden pasar. Por allí cruzamos, caminamos durante semanas, meses, años, maravillados de que la vida se abría paso de forma milagrosa. Y es importante compartir con quienes tenemos cerca que ese camino existe, que hay que atreverse a dar el paso y seguir hacia adelante, que el temor no puede ser la única forma posible para mantenerse con vida. Pero igualmente es importante que nosotros tampoco lo olvidemos nunca, porque las situaciones de opresión, aunque diferentes de aquella, siempre vuelven a repetirse. Vivir liberados exige constantemente decisiones valientes por el Dios liberador, y contra el dios de la opresión. La LGTBIQfobia no ha desaparecido, aunque ya no tenga el mismo poder sobre nosotros que cuando salimos de Egipto. Por eso cada día debemos seguir tomando decisiones valientes que hagan que nuestra vida no se rija por ella, sino por la liberación. Y es que el Señor no solo nos “sacó del armario”, sino que nos “saca de cualquier otro Egipto” cada día, y eso hay que afirmarlo, compartirlo, gritarlo, donde sea necesario.

Vivimos muchos tipos de éxodo a lo largo de la vida, cada uno con características bien diferentes. Pero es importante volver a poner nuestra mirada en aquel que nos cambió para siempre, el que nos proporcionó una existencia que no teníamos, el que únicamente fue posible por la intervención de un Dios que sintió nuestro dolor y actuó para liberarnos. Y al recordar ese éxodo que llevamos marcado a fuego dentro de nosotras, el resto de éxodos podemos afrontarlos de una manera más confiada. El Dios liberador está de nuestro lado. Sabemos que hay personas que todavía están frente al Mar Rojo atemorizadas, incapaces de dar un solo paso y sintiendo que no hay otra vida para ellas. Pero para las personas LGTBIQ que fuimos liberadas, en ese texto estamos nosotras mismas. No podemos leerlo sin ver delante nuestro al propio Moisés alzando su vara y partiendo en dos, por la gracia divina, aquel mar que nos paralizaba. Y en su actualización constante, afirmamos confiadamente que pase lo que pase: “Señor, con tu amor vas dirigiendo a este pueblo que salvaste; con tu poder lo llevas a tu santa casa”. (Ex 15,13).

Carlos Osma

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PPC publica la ‘Biblia de la Iglesia en América’, la traducción oficial del CELAM

Jueves, 17 de octubre de 2019

bia4Un nuevo texto para “discípulos misioneros”

Un equipo de 26 especialistas latinoamericanos ha estado trabajando durante más de 15 años en una traducción única

Su novedad radica en que la traducción se hace sobre los textos originales en hebreo, arameo y griego, y que está dirigida a los hispanohablantes de América Latina

La editorial PPC publica la Biblia de la Iglesia en América, una traducción de las Sagradas Escrituras realizada por un equipo de 26 especialistas latinoamericanos que ha estado trabajando durante más de 15 años por encargo del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), con el objetivo de ofrecer una biblia dirigida a los hispanohablantes en América.

La traducción obtenida es un texto fiel al original, pero también al lector contemporáneo, a los “discípulos misioneros”, en expresión del Documento de Aparecida y del papa Francisco en ‘Evangelii gaudium’.

Cuatro años después de la publicación del Nuevo Testamento de la BIA, la Biblia de la Iglesia en América (BIA) al completo fue presentada oficialmente durante la 37ª Asamblea Ordinaria del Episcopado Latinoamericano que tuvo lugar en Tegucigalpa (Honduras). En esa cita, todos los obispos del continente recibieron un ejemplar de la BIA, incluidos varios representantes de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). Fueron precisamente los obispos norteamericanos quienes, en 2002, vieron la oportunidad de contar con una Biblia para los hispanos en el país.

Un año después, el CELAM asumió el encargo y puso al frente del proyecto al chileno Santiago Silva Retamales, actual presidente de la Conferencia Episcopal de Chile. Junto a él, especialistas de la talla del mexicano Carlos Junco, el argentino Ramón Alfredo Dus y el mexicano Adolfo M. Castaño Fonseca; hasta un total de 26 traductores de diferentes países que siguieron un escrupuloso proceso de trabajo.

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La novedad de esta traducción

El valor y la novedad de la BIA radican en que se trata de una traducción íntegra a partir de los textos originales hebreo, arameo y griego, y que además de criterios teológicos, ha tratado de responder a la fidelidad al texto (buscando los significados auténticos del texto original), pero trasladados a un lenguaje accesible al lector actual.

“No se trataba de hacer una Biblia que reemplazara a las demás, sino que completara –explica Santiago Silva Retamales–. Buscamos una traducción amable y accesible: que el lector la leyera y entendiera sin necesidad de intérpretes, intermediarios o diccionarios”.

Así, la BIA viene acompañada por un rico conjunto de notas pastorales y teológicas, introducciones, glosario, mapas y otros recursos tanto para quienes tienen un cierto bagaje religioso y cultural como para los que deseen profundizar en estos conocimientos.

El pasado 16 de septiembre, durante una visita a Roma, la presidencia del CELAM le regaló un volumen de la BIA al papa Francisco. El Pontífice argentino ya había insistido –cuando se le entregó el Nuevo Testamento de la BIA en 2015– en “la importancia que tiene la Palabra de Dios en la formación y seguimiento de Jesucristo por parte de todo cristiano. Sin ella no hay conocimiento de Jesucristo ni amor hacia Él ni a los hermanos”.

Toda la información sobre la BIA en www.bibliadelaiglesiaenamerica.com

Fuente Religión Digital

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“Todo por la perla”, por Carlos Osma

Viernes, 6 de septiembre de 2019

perlasparahombre2De su blog Homoprotestantes:

“El Reino de los Cielos se parece a un mercader que busca perlas finas; al encontrar una perla de enorme valor, fue, vendió todo lo que tenía y la compró” (Mt 13, 45-46).

Durante estos últimos días varias personas han hecho que esta pequeña parábola, como las perlas a las que hace referencia, resuene dentro de mí. Lo de resonar dentro de mí queda como muy profundo y rimbombante, quizás sería mejor decir que la han puesto delante de mí para que me grite: “¡No ves, lo importante es comprar la perla!”. Mi primera respuesta fue la indiferencia y, por qué no decirlo, el menosprecio, ya que uno prefiere sentirse interpelado por parábolas de verdad como la del hijo pródigo o el buen samaritano. Parábolas con buenos y malos, con tramas interesantes y finales felices. Pero poco a poco, esta perla en mi zapato, se ha ido abriendo paso hasta llegar a dispararme a quemarropa la pregunta: “¿Cuál es la perla por la que dejarías todas las demás?”.

Si pudiésemos comparar al mercader con un hombre o mujer de negocios de la actualidad, concretamente con esa minoría que se enriquece hábil y honradamente, sacando el máximo beneficio a su trabajo y a su instinto -hay pocos, pero los hay-, la parábola no sería nada incómoda. Incluso las asociaciones cristianas de hombres y mujeres LGTBIQ de negocios la pondrían como ejemplo en sus encuentros anuales, o las de familias LGTBIQ evangélicas la utilizarían para motivar a sus hijas e hijos y convertirlas en personas de éxito. Pero lamentablemente, que yo sepa estas asociaciones no existen -animo a su creación-, y lo que es aún más importante para entender la parábola: los mercaderes tienen muy mala fama en la Biblia. Así que, si queremos dejarnos interpelar por ella, hay que ver en el protagonista a una persona más bien poco deseable. No hay que hacer cinco masters en teología bíblica para saber que los judíos que se dedicaban a hacer negocios, sobre todo con extranjeros, con personas no judías, eran vistos con recelo. El evangelio de Tomás, más o menos contemporáneo del de Mateo, aclara lo que estoy diciendo cuando afirma que “comerciantes y mercaderes no entraran en los lugares de mi Padre” (EvTom 64)

Por tanto, lo que nos estaría diciendo la parábola es que el Reino de los Cielos se parece a un indeseable que no puede entrar en los lugares de mi Padre. Será por eso que a las personas LGTBIQ cristianas que estamos hartas de que nos digan que no somos bien recibidas en los santos lugares, esta parábola puede parecernos poco atractiva. Y nos gustaría escuchar algo más inclusivo, cariñoso y empático. Pero las parábolas de Jesús son así, y en esta se nos invita a dejar a un lado todos nuestros discursos de justicia, las ansias de aceptación, el esfuerzo titánico por parecer cristianos perfectos, para identificarnos con un personaje abyecto. Y nos molesta, la verdad, porque cuando lo hacemos, reconocemos que en realidad en nosotras hay también una parte de comerciante y de mercader, y que no somos la imagen perfecta que tratamos de mostrar para poder ser merecedores de los lugares de mi Padre. Y entonces, nos planteamos que a lo mejor lo que puede querer decirnos esta parábola es que el Reino de los Cielos es para personas reales, que no se esfuerzan en parecer otra cosa, que no gastan sus energías en ser aceptados por los demás, sino que asumen quienes son, con sus virtudes y sus defectos, con los errores cometidos y también los aciertos, con los fracasos que arrastran y el amor que atesoran. Personas que jamás se atreverían a ponerse ellas mismas como ejemplo de lo que es el Reino de los Cielos.

Pero releyéndola, creo que he cometido el error de identificar el Reino de los Cielos con el personaje, y no tanto con lo que este hace. Es decir, me he quedado con la etiqueta de indeseable, olvidando que quizás en su comportamiento se nos puede estar dando la clave de lo que Jesús quería transmitir. Nuestro mercader buscaba perlas finas, joyas que la mayoría de la población no había visto, y que tenían un gran valor, superior incluso al de los rubíes. Así que no era un pequeño mercader, sino alguien acostumbrado a cruzar fronteras en busca de perlas finas. El Reino de los Cielos sería por tanto semejante a ese moverse, traspasar límites, buscar algún tesoro sin descanso hasta encontrarlo. Y la verdad es que, si eso es el Reino, si eso es lo que se nos pide, echando la vista atrás las personas LGTBIQ podemos estar tranquilas. Hemos traspasado límites como nadie, y entre las piedras que nos lanzaron mientras lo hacíamos, supimos encontrar las perlas más bellas para hacernos un collar con ellas. Collares que para muchos van contra los ideales del Reino: “Que las mujeres se contenten con un vestido decoroso, que se adornen con recato y modestia, no con peinados artificiosos, ni con oro, perlas o vestidos costosos” (1 Tim 2,9), pero que para Jesús, son la prueba de haberlo encontrado.

Sin embargo, el error de fondo de mi interpretación, es que todo lo dicho hasta ahora no interpela, o al menos no nos sitúa ante la necesidad imperiosa de tomar una decisión trascendental. Es únicamente palabrería con la que jugar para que la parábola diga lo que queremos escuchar: Os ha costado, pero lo habéis conseguido, tenéis las perlas, incluso os habéis hecho un collar con ellas, sois felices, no necesitáis nada más. Y es entonces cuando algunas personas con las que te encuentras te obligan a poner los ojos en la última frase, que es la que realmente desestabiliza: “al encontrar una perla de enorme valor, fue, vendió todo lo que tenía y la compró”. Un mercader lo deja todo por una perla, sus posesiones, e incluso su propia identidad, ya que su voluntad final no parece ser la venta de la perla, sino la perla misma. Ha encontrado aquello que tiene un valor enorme, más que el resto, y por esa razón no duda un momento en dejar atrás todo lo que tiene para conseguirlo. La parábola no dice que la perla de gran valor es el Reino, sino que más bien es la acción de este mercader la que nos intenta mostrar cómo es. Y quienes decimos querer construirlo, necesariamente tenemos que preguntarnos si sabríamos distinguir cual es la piedra de gran valor y si seríamos capaces de jugárnoslo todo por ella. ¿Qué es realmente lo que tiene valor? ¿Lo ponemos todo en juego para conseguirlo? ¿Estamos construyendo el Reino?

Noemí trabajaba en la iglesia el tema de la inclusividad de las personas LGTBIQ, pero su iglesia decidió que la inclusividad no era para ella prioritaria. Podría haber hecho como que no se daba por enterada y seguir disfrutando de las perlas que le ofrecía el puesto que ocupaba. Pero decidió salir de allí, involucrarse con un grupo de mujeres trans que vivían en situaciones de exclusión. Ellas son su perla de gran valor. Sergio es el primer pastor abiertamente gay de su iglesia, hubiera podido -como tantos- ocultarlo para evitarse más de un problema. Pero él dice que se siente como una cuña que mantiene abierto un espacio en la iglesia para que otras personas LGTBIQ puedan acceder a ella sin necesidad de engañar a nadie. Lo tiene muy claro, esa es su perla de gran valor. Andrés era un sacerdote tan querido como armarizado, hubiera tenido todas las piedras preciosas que quisiera: reconocimiento, cargos…, pero la dignidad y la honestidad consigo mismo y con los demás es su perla de gran valor. Por eso lo abandonó todo y fue en busca de ella. Julia dejó atrás, no solo su identidad como hombre, sino también la posibilidad de ordenarse como sacerdote. Hace unos días, mientras tomábamos un café, me preguntaba si en una iglesia protestante una mujer trans podría servir a los demás sin ser discriminada. Conoce como nadie la exclusión, pero tiene muy claro que el servicio a los demás, es su perla de gran valor.

Estas, y otras muchas personas, han puesto la parábola frente a mí de una manera nueva a como la había entendido antes. Esperamos y queremos colaborar en la construcción del Reino, o al menos eso creemos. Pero para ello es necesario tener primero claro qué es lo que debemos hacer, preguntándonos qué es lo que realmente tiene valor. Y cuando tengamos la respuesta -que la mayoría de las veces ya sabemos cuál es-, entonces debemos valorar si E019B877-C5AB-4A73-9603-A97C044EA350estamos dispuestos a hacerlo, a dejarlo todo por la perla. Ese es el mensaje de la parábola, que el Reino es el abandono de lo que parece valioso, de todo lo que tenemos y nos puede dar seguridad, por algo que a algunos les puede parecer pecaminoso, pero que nosotras sabemos que es lo que en realidad tiene valor. Yo estoy ante esta decisión, e imagino que muchas otras personas que me leen estarán igual que yo, valorando si vale la pena dejarlo todo, por la perla de enorme valor. Difícil decisión.

Carlos Osma

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Cristianos fundamentalistas temen por sus Biblias después de que Amazon prohibiera los libros sobre terapia ex-gay

Lunes, 15 de julio de 2019

amazon_logo_500500Amazon está tomando una posición en contra de la terapia de conversión y los extremistas cristianos no están contentos con ella.

A finales de la semana pasada, el minorista online ha retirado todos los títulos del Dr. Joseph Nicolosi (también conocido como el “padre de la terapia de conversión“) después de determinar que sus libros violaban sus directrices.

La medida se tomó después de que una petición de Change.org recogiera más de 80.000 firmas pidiendo en el sitio que cesaran las ventas de los libros de Nicolosi, que promovían prácticas falsas de terapia de conversión gay y que han sido descritas por algunos como “ex-manuales de tortura gay”.

“Amazon es el mayor vendedor de libros en línea del país”, dice Sam Brinton, jefe de promoción y asuntos gubernamentales de The Trevor Project, en una declaración. “Es significativo que se estén tomando en serio la amenaza de la terapia de conversión al negarse a ser parte de la explotación de padres y otros clientes preocupados que merecen información precisa, y no manuales de terapia de conversión de bricolaje que claramente deberían ser etiquetados como’ficción'”.

Nicolosi, que murió en 2017 y es autor de libros como “A Parent’s Guide to Preventing Homosexuality” y “Healing Homosexuality”: Casos de Terapia Reparadora“, pasó su carrera pregonando la falsa noción de que la homosexualidad es un síntoma de trauma sexual infantil que puede ser “curado” a través de tortura, terapia.

Naturalmente, otros extremistas cristianos están indignados de que Amazon ya no lleve los libros de Nicolosi. El Dr. Michael Brown en el blog Charisma está muy preocupado porque Amazon vendrá después de la Biblia, escribiendo: “No hay ninguna hipérbole aquí. Después de todo, es la Biblia la que condena las relaciones entre personas del mismo sexo, y la que habla de aquellos que alguna vez practicaron la homosexualidad pero ya no lo hacen”.

Brown dice que Amazon está jugando “un juego muy peligroso de censurar lo que no es políticamente correcto”, diciendo que la compañía ha “cruzado una línea muy peligrosa y precaria” y que debe “dar la vuelta de inmediato, admitir su error y hacer que los libros del Dr. Nicolosi vuelvan a estar disponibles”. Estamos seguros de que Jeff Bezos se va a encargar de eso.

 

Mientras tanto, Allum Bokhari en Breitbart acusó como “anti-Trump” a Amazon de “censura política” y “quema digital de libros”, escribiendo que “no parece haber ningún principio claramente definido detrás de los actos de censura fragmentados de la compañía”.

Otros se han dirigido a Twitter para expresar su creciente preocupación por este atroz acto de censura.

Fuente Cromosomax

General, Homofobia/ Transfobia., Iglesias Evangélicas , , , , ,

‘Nuevos enigmas de la Biblia’, de Ariel Álvarez Valdés

Viernes, 5 de julio de 2019

foto_arielLas Biblias están en cualquier casa, aunque en sus páginas no aparezcan signos claros de haber sido leídas

¿Cuál es el libro más triste del Antiguo Testamento?

El autor, experto en Teología Bíblica, ha realizado numerosos viajes académicos a Israel, Egipto, Jordania, Turquía y Grecia

De la mayoría de las casas españolas, católicas, apostólicas y romanas, o no, puede afirmarse que en los anaqueles de sus bibliotecas, o asimilados, luce el esplendor de su encuadernación un ejemplar de la Biblia, o Sagrada Escritura, aunque en sus páginas no aparezcan signos claros de haber sido leídas, sino acaso muy raramente… Algo así como si se tratara de un libro- objeto de adorno o de lujo, y de buenas apariencias sociales…

De todas maneras, la Biblia está, y estará, en disposición permanente de que accedan a sus páginas los miembros de la familia, que se educan en la fe y en la formación religiosa, al igual que en otras culturas, lo que ejemplarmente justifica que tal libro es uno de los más traducidos en todas las lenguas del mundo.

Por tanto, su recomendación está prácticamente de más en su versatilidad de versiones y fórmulas, como en el caso de la nueva presentación de PPC, con el título de Nuevos enigmas de la Biblia, que cuenta con 118 páginas, de fácil, amena, atractiva y documentada lectura, y en cuyo índice se ofrecen estos capítulos:

“¿Era Lilit un demonio bíblico?; ¿Cómo nació el relato del Éxodo?; ¿Por qué la Biblia cuenta tres muertes del rey Saúl?; ¿Cuál es el libro más triste del Antiguo Testamento?; ¿Predicaba Jesús con parábolas o con alegorías?;  ¿Cuándo se escribió el episodio de la adúltera?, ¿Entró Jesús en Jerusalén aclamado por la multitud?, ¿Estuvo la Virgen María  junto  a la cruz de Jesús?; ¿Por qué Marcos abandonó a Pablo en su primer viaje? ¿Escribió Judas un libro de la Biblia?”

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El autor del nuevo libro de PPC es Ariel Álvarez Valdés, experto, con títulos universitarios, en Teología Bíblica, que ha realizado numerosos viajes académicos a Israel, Egipto, Jordania, Turquía y Grecia, profesor de Sagrada Escritura en varios seminarios  y creador en Argentina de la “Fundación para el Diálogo entre la Ciencia y la Fe”.  Es además un gran divulgador de estos temas, que plantea y trata con indiscutible sentido periodístico.

Por prestarle atención a alguno de sus capítulos, cito el último titulado “¿Escribió Judas un libro de la Biblia”? (pp. 150 y ss.), con mención para la carta adscrita al Judas apodado “Tadeo”, “hermano de Santiago, los dos a la vez, hermanos de Jesús, tal y como repetidamente afirman los libros sagrados con sus versículos correspondientes, citados y comentados por el autor de estos nuevos enigmas.

Un libro para adentrarse más y mejor por los andurriales bíblicos, con seguridades tan científicas como piadosas, por lo que serán muchos los que agradecerán estas circunstancias.

Fuente Religión Digital

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Recuperar las palabras que dan vida

Martes, 21 de mayo de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“La verdadera teología tiene como finalidad liberar a la iglesia de las falsas teologías. En este sentido, le ayuda a convertirse, es decir, a recuperar lo que es realmente. La teología es una metodología para devolver al pueblo de Dios el uso de la palabra. Son los teólogos paganos o fariseos, introducidos o reintroducidos subrepticiamente en la iglesia, los que han privado al pueblo de la palabra. La iglesia solamente volverá a ser lo que debe ser cuando el pueblo recupere el uso y el manejo familiar de la palabra de Dios.  Por tanto, se trata de destecnificar el lenguaje bíblico y de hacer que el pueblo cristiano vuelva a encontrar las palabras sencillas, que son las de Dios. La Biblia, que era el libro de los simples y de los ignorantes, ha pasado a ser un libro de clérigos y especialistas. De esta masnera, el pueblo se ha visto privado del lenguaje fundamental. Amor, libertad, verdad, comunidad, reino de Dios: estas palabras, y otras muchas, han perdido su sentido auténtico. El lenguaje cristiano se ha convertido en un lenguaje secreto que no tiene nada que ver con las cosas simples de la existencia. Se ha hecho cómplice de una sociedad que ha desposeído a los pobres de sus medios de expresión”.

*

Evangelista Vilanova.

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“La Biblia, el Cristianismo,y la Homosexualidad”, por Justin R. Cannon.

Jueves, 9 de mayo de 2019

680x0-libros-biblia-cristianismo-homosexualidadEste brevísimo ensayo (apenas 45 páginas)  tiene, casi exclusivamente, un enfoque filológico. Ya en la portada un párrafo que acompaña a una humilde fotografía donde se compone una cruz con ladrillos dice: “No existe palabra alguna en el griego o hebreo bíblicos que sea equivalente a la palabra castellana homosexual. Esta palabra fue acuñada hace alrededor de unos cien años y apareció por primera vez en la Revised Standard Version (RSV)”.

Guillermo Arroniz López

Este brevísimo ensayo (apenas 45 páginas) tiene, casi exclusivamente, un enfoque filológico.

Ya en la portada un párrafo que acompaña a una humilde fotografía donde se compone una cruz con ladrillos dice:

“No existe palabra alguna en el griego o hebreo bíblicos que sea equivalente a la palabra castellana homosexual. Esta palabra fue acuñada hace alrededor de unos cien años y apareció por primera vez en la Revised Standard Version (RSV)”.

Es claramente una declaración de intenciones.

Hay que hacer una aclaración muy pertinente y es que el autor es sacerdote de la iglesia Episcopal de la Diócesis de California, es estadounidense de origen y ha fundado la “Inclusive Orthodoxy”, ministerio de divulgación para lesbianas, gays, bisexuales y transexuales cristianos. Por lo tanto todas las versiones o traducciones de la Biblia a las que hace mención no son, en ningún caso, católicas y están bastante enmarcadas en la realidad religiosa americana.

Volviendo al primer punto la cita con la que hable el libro está extraída del Evangelio de Juan (aunque ignoro de qué traducción/versión bíblica):

“Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Juan 8:31-32.

Quizá podría haber usado “En el principio era el verbo”, aunque hay importantes diferencias entre ambas. En cualquier caso queda claro la importancia que el autor da a la palabra y a la correcta interpretación de los textos sagrados para abordar la fe y la forma en la que el Cristianismo debería aceptar al colectivo LGTB dentro de ciertos criterios de comportamiento.

El autor parece decirnos que lo que la Biblia condena son las relaciones de prostitución o la esclavitud sexual, en ningún caso las relaciones fieles de pareja. Para ello da vueltas en torno a los conceptos “homosexual”, “sodomita” y “arsenokoites” (“hombre-cama”). Con estas armas filológicas en la mano y en el corazón se lanza a la batalla de analizar la historia de Sodoma (Génesis); la primera Epístola a Timoteo; la primera Epístola a los Corintios; la primera Epístola a los Romanos; así como el pasaje de creación de Adán y Eva, del mencionado Génesis; y, por supuesto, el Levítico.

Y en todos los casos su conclusión -por resumir- es que no hay una condena de la relación fiel entre dos hombres o dos mujeres, sino una condena a la falta de hospitalidad, al uso de esclavos sexuales, a la prostitución o a las conductas orgiásticas.

Curiosamente no hay en su libro otros argumentos de crítica a textos como algunos contenidos en el Levítico:

“Si un hombre yace con una mujer durante su menstruación y descubre su desnudez, ambos serán borrados de en medio de su pueblo” (Levítico 20:18).

“Ningún varón que tenga un defecto presentará las ofrendas, ya sea ciego o cojo, desfigurado o desproporcionado, enano o bisojo, sarnoso o tiñoso, o jorobado, o con un pie o una mano quebrados o con los testículos aplastados” (Levítico 21:18).

Porque, como sacerdote, no ataca al texto mismo, sino que sólo lo traduce o interpreta de la forma que cree, desde su verdad, correcta, y que no excluye al colectivo LGTB de la Iglesia. Aunque el libro contiene erratas (y falta un cuadro de texto al que se hace mención varias veces y que debería estar al final de la obra) y no se ha cuidado la traducción con la atención al detalle que exigiría un ensayo en el que lo filológico es clave, el mensaje queda claro y se comprende perfectamente que el autor haya sido llamado “héroe” por los integrantes de la causa de los homosexuales cristianos.

Un texto, desde mi punto de vista, audaz, valiente, y cargado de misericordia y bondad -pero queriendo en todo momento mantener el rigor del estudio filológico en el que basa sus conclusiones- que, ante todo, me hace plantearme esta pregunta: si en el mundo literario siempre nos planteamos hasta qué punto la traducción de cualquier texto (especialmente del género poético, pero todos sin excepción) es discutible y hace que se pierdan matices o incluso el sentido mismo de las cosas, ¿con qué autoridad se puede discutir que idiomas que se hablaban hace cientos de años en contextos sociales diferentes están traducidos sin que quepa duda alguna? Personalmente me quedo con la interpretación más misericordiosa e “inclusiva” porque Dios es Amor.

Fuente Universogay

Nota: Podéís encontrar el documento en nuestra sección DOCUMENTOS pinchando aquí)

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Jaime Vázquez, Guía de la Biblia

Jueves, 2 de mayo de 2019

6FA78C2C-F499-4105-A691-B84B2E3704C1Un interesante introducción al libro de los libros… Del blog de Xabier Pikaza:

Introducción general a la Sagrada Escritura,

Jaime Vázquez Allegue, Guía de la Biblia. Introducción general a la Sagrada Escritura, El mundo de la Biblia, Verbo Divino, Estella 2019,170 x 240 mm346 págs.

 Jaime Vázquez Allegue(1968- ):Doctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca y en periodismo por la Universidad de Sevilla;.profesor del CESAG de Palma de Mallorca (Univ. de Comillas).   Ha sido profesor invitado en la Universidad Católica de Los Ángeles (California), en la de Concepción (Chile) y profesor titular (Encargado de Cátedra) y Vice-Decano de reología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Es Miembro del Consejo Directivo de la Asociación Bíblica Española y de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos y director de la revista Reseña Bíblica (Verbo Divino, Estella).   Entre sus libros:

Los Hijos de la Luz y los Hijos de las Tinieblas. El prólogo de la regla de la comunidad de Qumrán  (Estella 2000)

Diccionario Bíblico Hebreo-Español Español-Hebreo (Estella 2002);

Para comprender los manuscritos del Mar Muerto (Estella 2004);

La Regla de la Comunidad de Qumrán (Estella 2006)

Qué se sabe de los manuscritos del Mar Muerto (Estella 2014).

En este nuevo, J. Vázquez libro ofrece una “guía completa” de la Biblia.

Todo viaje necesita su preparación. Las guías de viajes son imprescindibles para descubrir en profundidad una ciudad, una tierra, una cultura. En ellas encontramos itinerarios, mapas, esquemas, resúmenes, lugares para visitar, espacios por conocer. Este libro es una guía para hacer un gran viaje por la Biblia. Sus páginas contienen la información necesaria para acercarnos a la Sagrada Escritura y recorrer su geografía, descubrir su arqueología, recordar su historia y escuchar la riqueza de sus textos. Con esta guía daremos un paseo por cada uno de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento y descubriremos los materiales necesarios para poder leer y entender cualquier texto de la Biblia.

Índice:

PRIMERA PARTE: LA TIERRA DE LA BIBLIA

1.Geografía de la Biblia 2. Arqueología bíblica 3. Historia de la Bibl

SEGUNDA PARTE: LA LETRA DE LA BIBLIA

1. El texto de la Biblia 2. Las lenguas de la Biblia 3. Escritura de la Biblia 4. Soportes de la Biblia 5. Versiones de la Biblia 6. El canon de la Biblia

TERCERA PARTE: LA PALABRA DE LA BIBLIA

1. Antiguo Testamento  1.1. El Pentateuco  1.2. Libros históricos  1.3. Libros proféticos  1.4. Libros poéticos y sapienciales 2. Nuevo Testamento  2.1. Evangelios  2.2. Hechos de los Apóstoles 2.3. Corpus paulino  2.4. Cartas católicas  2.5. Las cartas de Juan  2.6. La carta de Judas  2.7. Libro del Apocalipsis  3. Intertestamento

CUARTA PARTE: LA VIDA DE LA BIBLIA

1. Palabra de Dios  2. Interpretación de la Biblia  3. Métodos de interpretación

 Visión de conjunto

 Vázquez presenta estos temas de un modo unitario, destacando algunos más significativos, ordenándolos de un modo histórico, cultural y religioso, libro a libro, en cuatro unidades básicas: la tierra de la Biblia, la letra, la palabra, la vida, desde una perspectiva pedagógica, entender la revelación bíblica,para asimilarla y explicarla a los estudiantes, compartiéndola con ellos, en forma de curso escolar/universitario, que puede  convertirse en viaje no sólo por la tierra, sino por el mismo interior de la Biblia, en forma básicamente cultura.

La Biblia: un libro, un mundo

La Biblia es un libro grande o, mejor dicho, una Biblioteca Sagrada que consta de muchos libros, con un argumento muy rico, profundo y variado, tanto en plano cultural como literario y religioso. Por eso, a fin de promover la lectura concreta de sus libros, para “habitar” en ellos (es decir recrearlos por dentro), el prof. Jaime Vázquez ha querido ofrecer un esquema global, un desarrollo unitario de sus temas, en el contexto de la historia de la cultura, para universitarios y para todos aquellos que quieran entrar en el mundo de la Biblia.

Este libro ofrece una especie de “mapa de lectura” o, mejor dicho, una “visita guiada” de la Biblia que nos vaya situando ante sus diversos temas y libros, para comprenderlos de un modo personal y organizado, pudiendo así convertirnos en guías y acompañantes de otros. El mismo “camino bíblico”  (por la tierra, la letra, la palabra y la vida de la Biblia) constituye una interpretación de  la Escritura de judíos y cristianos, en la base de la cultura occidental.

  J. Vázquez utiliza los nuevos métodos de los estudios científicos que hoy existen sobre el tema. Pero, al mismo tiempo, ha querido mantener la continuidad con la tradición de la cultura de fondo de occidente, siguiendo en la línea de los grandes métodos de estudio y conocimiento que se han ido desarrollando desde tiempos antiguos: las Historias Bíblicas (Sagradas), los libros sobre los Misterios de la vida de Jesús, las Biblias de los Pobres (con dibujos, para comprensión de aquellos que no sabían leer), los Mosaicos, Retablos y altares historiados de las iglesias etc.

Una perspectiva abarcadora

               La Biblia se puede estudiar desde diversas  vías, lo mismo que el acceso y subida a una montaña, que puede realizarse partiendo de varias vertientes. Ciertamente, en un primer momento, la Ruta de la Biblia resulta difícil para algunos menos acostumbrados al despliegue y compromiso de la Palabra de Dios, pero a lo largo del camino, con algo de entrenamiento ella resulta no sólo provechosa, sino también entretenida.

Así lo ha hecho J. Vázquez, con una sorprendente erudición (sabe de todo, dice siempre mucho, más allá de los clichés normales y simplistas). Su libro no es sólo una guía de la Biblia, sino una guía de la fuente de la cultura occidental. Todo lo que somos y sabemos, no sólo en occidente sino en el mundo entero, depende de la Biblia (y de la cultura griega, con el derecho romano). Quien no conozca la Biblia sigue siendo un analfabeto. Quizá sabe muchas cosas, pero no conoce su propia historia, su realidad personal y social, su cultura.

 Este guía está escrita para leerse y estudiarse   en grupos de estudio y trabajo, aunque también se puede seguir en forma de lectura individual, pero siempre con una buena Biblia en la mano. No es un libro que se cierra en sí, sino que se abre a la lectura de la Biblia y al conocimiento de la vida. Sus temas han sido pensados, divididos y organizados pedagógicamente para el estudio académico y personal de la Biblia, encuadrada para los creyentes dentro de la Revelación de Dios y para todos los hombres cultos en el conocimiento del sentido de su historia.

Éste es un libro trabajado y probado con los estudiantes universitarios del CESAGy de otros centros académicos. Pero puede utilizarse también en grupos de estudio de la Biblia, en un tiempo y momento en que muchos (al menos en España) parece que tendemos a olvidar nuestros orígenes.  En ese sentido, es un libro “necesario”, con ilustraciones y mapas, organizado de un modo pedagógico, con inmensa claridad.

 El desarrollo de este curso implica y exige un contacto permanente con la Biblia. Sería ideal que los lectores tuvieran acceso al texto original (en hebreo y griego). Pero dado que resulta difícil para los no especialistas (¡y los muy especialistas ya no necesitan ya un curso como éste!), es imprescindible que se utilice como complemente una buena traducción de la Biblia, a poder ser con introducciones y notas que ayuden a situar los textos y a entenderlos en su contexto.  Pero todo eso lo indica en su guía J. Vázquez, con enorme claridad y precisión. Felicidades Jaime, y gracias a la editorial Verbo Divino por este libro.

Apéndice personal. Los tres libros de la Biblia

Tengo el honor de haber sido y ser compañero, amigo y colega universitario de J. Vázquez, de forma que sus cosas y caminos son caminos y cosas de mi misma vida.  En esa línea,  a modo de recuerdo personal y de continuación de largas conversaciones, con ocasión de este libro suyo, que considero de algún modo como si fuera mío, quiero ofrecerle ofrecerle una pequeña reflexión sobre las “tres biblias”:

Tres biblias, tres tipos de palabra originaria.

1. Hay una Biblia de la naturaleza, es decir, del mundo, pues Dios habla por ella, como saben los que han dicho que hay dos “revelaciones”, una natural (por el mundo) y otra sobrenatural (en la historia de la salvación culminada en Cristo). Desde nuestra perspectiva, la revelación “natural” ha de entenderse también como “sobrenatural”, es decir, como expresión de la gracia universal de Dios, que actúa a través del mundo, de la naturaleza. En ese sentido, los cristianos seguimos siendo de alguna forma paganos: vemos a Dios y oímos su voz en el hermano sol, en la hermana luna, en la madre tierra y en la hermana muerte. El primer libro de Dios es el mundo/vida del que formamos parte. Por eso, una Biblia escrita posterior, que no nos ayude a reconocer el valor sagrado de la naturaleza y a dialogar con las religiones cósmicas no es cristiana.

             La Biblia no quiere destruir el valor de las religiones cósmicas (paganas), sino abrir con ellas un camino de humanidad, en una línea de respeto mayor hacia la naturaleza sagrada, como han puesto de relieve algunos movimientos ecológicos. En esa perspectiva debemos recuperar el carácter religioso del mundo y de la misma vida humana, el valor del varón y la mujer, en igualdad y complementariedad. Sólo un Jesús que recupere y potencia la Palabra cómica y vital de Dios podrá ser inspirador y fuente de una Biblia abierta a todos los seres humanos. De un modo convergente, debemos recuperar por Jesús el valor de todos los pueblos y culturas de la tierra (con su biblia cósmica y vital), superando el exclusivismo de algunos grupos judíos que se consideraban depositarios privilegiados (y a veces únicos) de la revelación de Dios, como si ellos solos fueran dueños de la Palabra de Dios.

             La Biblia de los seguidores de Jesús sólo será Palabra de Dios en la medida en que nos permita recuperar, por tanto, el valor sagrado de la naturaleza, la igualdad entre varones y mujeres y la apertura a todos los pueblos y culturas de la tierra. No será una Biblia para algunos, en contra de otros, sino Libro abierto a todos, desde el mundo (en fidelidad al cosmos), en una historia dirigida al encuentro universal. Sólo leída en esa línea puede entenderse de verdad.

2. Hay una Biblia de la interioridad, como ha sabido San Pablo cuando dice que la Escritura o Carta de Dios está escrita en nuestros propios corazones (cf. 2 Cor 3-4). Sin esa voz interior, sin esta Palabra de Dios que resuena en la intimidad de cada ser humano, no se puede hablar después de una Biblia de Jesús. La primera Palabra de Dios no es un libro exterior (que puede escribirse con tinta o grabarse en un soporte electrónico), sino aquella Voz que se graba de una forma viva en cada corazón de hombre o mujer que la escucha o responde.

             Según eso, el libro exterior está al servicio de ese “libro interno”, que es la verdadera Biblia de la Vida de Dios en cada uno de los hombres y mujeres. De esa Biblia interior (del Dios que inscribe su vida en aquellos que le acogen) han hablado no sólo las religiones orientales (budismo, hinduismo…), sino también los judíos y los musulmanes, que saben que existen un “libro celeste” que es la Voz del único Dios (como totalidad del ser y de la vida) que se expresa en muchas voces (pues habla y se deja grabar-acoger en cada uno de aquellos que le acogen).

             No tiene sentido hablar de un libro externo (de una Biblia multiplicada en miles y miles de letras hebreas o arameas, griega o árabes) si es que no hablamos antes de ese libro o Biblia interior, universal, que se expresa y se despliega en cada ser humano en la medida en que es capaz de escuchar la gran “Voz” y de dejarse llenar por la presencia sagrada. Al servicio de esa Biblia interior está la Toráh de los judíos, lo mismo que el Nuevo Testamento de los cristianos y el Corán de los musulmanes. Por eso, antes que hablar de disputa entre libros, debemos hablar de la unidad del Libro de Dios que se expresa en aquellos que le acogen en su interior, en una línea que vincula a todos los pueblos de oriente y occidente. Sólo leída así se entiende y aplica de verdad la Biblia cristiana.

3.  Hay, finalmente, una Biblia Histórica y escrita, fijada en un libro, que, estrictamente hablado, sólo se ha dado en las religiones proféticas, que han puesto de relieve la función de unos hombres especiales (Moisés, Jesús, Mahoma) por medio de los cuales Dios se ha manifestado o encarnado de un modo intenso, como dicen sus libros sagrados. Pero las religiones que admiten una “Biblia histórica” no pueden negar ni rechazar las biblias anteriores, sino que suponen su existencia, pues su Dios se manifiesta también por la naturaleza (como saben las religiones cósmica) y por la vida interior de cada ser humano (como saben las religiones de la interioridad). Pero, suponiendo eso, ellas añaden que ha existido una teofanía o manifestación histórica de Dios, que se ha expresado de un modo especial en unos librossagrados.

             Aceptando lo anterior, estas religiones proféticas añaden que Dios se ha manifestado de un modo especial, diciendo una Palabra intensa, a lo largo de un proceso histórico o en momentos especiales, a través de ciertos individuos privilegiados, que son los profetas, cuya memoria se conserva en unos libros sagrados. A veces se ha pensado que este “revelación especial” inutiliza (o condena) las revelaciones, como si fueran menores, imperfectas o perversas. Así, los magos y sacerdotes paganos, que conciben a Dios como poder del cosmos, serían impostores, puros idólatras a quienes se debe “convertir” por la fuerza o exterminar. Por su parte, los místicos de la interioridad, que buscan a Dios dentro de sí mismos, estarían al fin equivocados, pues Dios no habla en el interior de cada uno, sino que lo ha hecho sólo a través de un profeta especial (Moisés, Cristo Muhammad).

Pues bien, en contra de eso, los auténticos cristianos (y judíos y musulmanes) saben que sus profetas y sus “biblias” no van en contra de los libros de la naturaleza y de la interioridad, sino que nos ayudan a entenderlos, descubriendo y desarrollando mejor su sentido. Los profetas (autores de los libros sagrados de las religiones monoteístas) no son puros sacerdotes cósmicos, ni expertos en mística interior, sino hombres y mujeres que se atreven a escuchar y recoger la palabra de Dios en la historia, asumiendo así un camino y tarea de revelación que se expresa en la liberación de los oprimidos (judaísmo), de los pobres (Jesús) y de los marginados de su tiempo (Muhammad).

           Las religiones proféticas pueden afirmar en un nivel la existencia de una teofanía y biblia cósmica, diciendo que Dios se manifestara por los grandes fenómenos y procesos de la naturaleza. Ellas admiten también la Biblia interior del corazón, por la que Dios habla directamente a cada hombre. Pero eso no les basta. Ellas añaden que existe una teofanía histórica, que ha quedado fijada en unos librossagrados.

Esas religiones confiesan que Dios se ha manifestado diciendo su Palabra personal, a lo largo de la historia o en momentos especiales, a través de ciertos hombres privilegiados, que son los profetas, vinculados de un modo especial con sus libros sagrados. En esa línea anterior, podemos afirmar que para judíos, musulmanes y cristianos teofanía y profecía se acaban identificando y las dos se concretizan por fin en las Escrituras. «De muchas maneras puede revelarse y se ha revelado Dios en otro tiempo, pero básicamente lo ha hecho a través de los profetas…  de la Biblia (cf. Hebr 1,1).

Biblia judeo-cristiana, una Biblia de profetas:

El profeta es un hombre que sabe escuchar la palabra de Dios. No es un chamán (extático), ni un contemplativo interior (un místico), ni un sacrificador (sacerdote). Ordinariamente es un hombre de acción, alguien que se encuentra inmerso dentro de las tareas y trabajos de este mundo y que allí, en el centro de este mundo, descubre y discierne la el misterio de Dios. Siendo oyente de la palabra de Dios, el profeta es un hombre comprometido en la tarea social: ha descubierto la voluntad de Dios y la proclama: por eso denuncia los males de la sociedad, anuncia el juicio de Dios y quiere que los hombres respondan en gesto de conversión y fidelidad intensa.

En ese aspecto, el profeta bíblico  es un vigía, un testigo de la obra de Dios entre los hombres. Hay profetas en otras religiones, pero los auténticos creadores del monoteísmo abrahámico, los inspiradores de la Biblia (judía, cristiana, musulmana) surgieron en los siglos VIII al V a. C. En esa línea, en el credo cristiana, que en el sentido más profundo pueden admitir y admiten judíos y musulmanes, decimos que el Espíritu santo de Dios habló por los profetas, pudiendo añadir que su palabra ha quedado fijada en la Biblia (o en el Corán).

Biblia, Biblioteca, General ,

“Biblia, Zen y Ejercicios en el Espíritu”, por Juan Masiá

Jueves, 25 de abril de 2019

buddha_and_jesus1De su blog Vivir y pensar en la frontera:

De Kyoto a Ávila por Loyola y Jerusalén

Dejarse llevar por el Espíritu. Es la voz de Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, del Maestro Zen Dôgen y de Ignacio de Loyola. De Kyoto a Ávila, por Loyola y Jerusalén, peregrinaba el P. Kadowaki, contemplando, empatizando y discerniendo.

Acaba de publcarse, en la editorial San Pablo, la nueva edición de El Zen y la Biblia, revisada por el autor en los últimos años de su vida y editada ahora póstumamente por sus discípulos.

El jesuita Maestro Zen Juan Kakichi KADOWAKI (1926-2017), profesor de Antropología filosófica, director de Ejercicios espirituales estilo Zen y oyente entrañable de la Palabra con el cuerpo entero, vivió con vocación de puente entre diversos senderos ascético-místicos que desembocan en el mar del secreto de la vida.

 Puente entre culturas, quiso que se criticasen mutuamente orientales y occidentales. Puente entre espiritualidades, quiso hermanar las místicas budista y cristiana como si fuesen siamesas unidas por un fondo común humano y espiritual, arraigado en el Aliento de Vida  que revoloteó sobre las aguas en la Creación (Gen 1, 2).

 La respiracón profunda y el “cuerpo-alma unimismados” por el soplo vivificador del Aliento de Vida son las tres claves de lectura para aprovechar el legado de la vida y obra de este jesuita japonés universal.

 Merecen aplicarse al P. Kadowaki las palabras con las que él calificaba el estilo del Maestro Zen japonés Dôgen (1200-1253): “Es posible la articulación en lenguaje poético y sugerente de lo que parece indecible. Lo inefable es sugerible...” Por eso, él persistió hasta última hora corrigiendo la versión en español aumentada y madurada de su obra El Zen y la Biblia.

 Kadowaki se reconoce discípulo del jesuita Pedro Arrupe y del maestro Zen Ômori Sôgen. Pedro Vidal -director de Ejercicios ignacianos del Zen laico-, se reconoce díscípulo del P.Kadowaki y del Maestro Koyama –promotor del Zen para el laicado en Japón-.

 El Maestro Koyama dijo a Pedro Vidal: “¿Cómo viene usted a aprender Zen en Japón, teniendo en su país la mística de Santa Teresa y San Juan de la Cruz?

El P. Kadowaki dijo a Pedro Vidal: “Ël Zen de Dôgen me ayudó a redescubrir el tesoro de los Ejercicios ignacianos según el Espírítu ”.

El P. Adolfo Nicolás elogia la integración de fe y cultura en Kadowaki diciendo: “Ha captado los tres puntos de coincidencia entre mística cristiana y budista: la contemplación, la compasión y el discernimiento”.

Los títulos de las tres partes de este libro destacan la temática central, que va de la respiración a la contemplación mediante la “escucha corporal entrañable” de la Palabra en el “lugar del Espiritu”.

 La primera parte invita a aprender del Zen: antropología de la iluminación desde la corporalidad y el silencio.

La segunda parte establece el puente entre la lectura bíblica “entrañable” y la asimilación del Kôancon cuerpo y alma unimismados”.

La tercera parte sugiere la integración de los Ejercicios Espirituales ignacianos con la mística del Zen. Se dan la mano las raices universales del místico vasco y las del contemplativo del medievo oriental. Todo ello por obra y gracia del corazón y la pluma de un jesuita japonés, precisamente oriundo de las nieves norteñas de Hokkaido.

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“Notas sobre la migración en la Biblia”, por Raúl Lugo.

Lunes, 25 de marzo de 2019

JESUS-CON-MALETAS-2De su blog Iglesia y Sociedad:

Esta entrega es solamente un gesto, tímido, insuficiente, para expresar mi pesar por los comentarios discriminatorios y, algunos, abiertamente racistas, a propósito de la caravana de personas que huyen de una vida de pobreza y tragedia y dejan su tierra, en este caso Honduras, con la esperanza de encontrar un lugar en el mundo donde el pan, la justicia y la amistad sean posibles. Son algunas notas solamente sobre cómo en la Biblia aparece el fenómeno de la migración y la itinerancia humana. Ojalá sirvieran para abrir brazos y hacer caer muros.

Migración en la historia de Israel

Los relatos bíblicos iniciales son una reflexión sapiencial sobre los orígenes de Israel. Estos relatos incluyen en variadas ocasiones el fenómeno de la errancia. Adán y Eva son expulsados del paraíso y tienen que abandonarlo, después de haber desobedecido las órdenes de Dios (Gen 3,23-24). Caín es también condenado a andar vagando después de que asesina a su hermano Abel (Gen 4,14): el Señor le marca la frente para evitar que fuera asesinado por otros, pero no le dispensa la errancia. Curiosamente el texto dice que Caín “habitó en Erets Nod, al este del Edén” (Gen 4,16), ciudad cuyo nombre es altamente simbólico porque quiere decir “Vagatierra” o “Tierra de Vagancia”, no en el sentido de estar ocioso y sin oficio, sino en el sentido de “andar por varias partes, sin sitio o lugar determinado o sin especial detención en ninguno”, como señala el diccionario. La prehistoria bíblica termina también con una imagen de emigración. Se trata del relato de la torre de Babel (Gen 11,1-9), que termina en un decreto divino: “confundamos su lenguaje, de modo que o se entiendan los unos a los otros. Así Yahvé los dispersó sobre la superficie de la tierra…” (Gen 11,7-8). En la prehistoria bíblica, pues, la migración aparece como fruto de un error humano, de una rebeldía contra Dios. El estado ideal perdido, en cambio, es el de un paraíso fijo, estable, tierra de felicidad.

Pero, a contrapelo de esta concepción sapiencial, la historia bíblica, al menos en sus inicios más remotos, está marcada por el abandono de una tierra y el viaje hacia otra. Las narraciones patriarcales reflejan un ambiente de pueblos pastores nómadas, que se mueven a través de territorios organizados en ciudades-estado. El clan semita de Abrahán, que habita en tiendas, procede de Jarán (Gen 12,4) y, más remotamente de Ur de los Caldeos (Gen 11,31). La movilidad de Abrahán es digna de llamar la atención: Siquem, Betel, Négueb, Egipto, regreso a Betel, Hebrón, etc. Todo el territorio israelita es recorrido por este viajero incansable. Perpetuamente emigrante, Abrahán no encuentra reposo sino hasta comprar un pedazo de tierra para enterrar a su esposa (Gen 23), acción relatada en un texto de indudable significación simbólica.

El nomadismo es, pues, el ambiente en el que surgió la primitiva revelación de Dios según la Biblia (Dt 26,6-10). Algunas costumbres del nomadismo permanecieron incluso cuando Israel se hizo un pueblo sedentario, como la venganza de la sangre (Go’el), y en su lenguaje coloquial, los hebreos conservaron muchas marcas de este pasado nómada, por ejemplo, la palabra “tienda” para designar a la casa (Jue 20,8; 1Sam 13,2; 1Re 12,16). El caso es que los patriarcas del Génesis son presentados como extranjeros en Canaán. Son unos marginados con relación a las ciudades cuyos santuarios frecuentan de manera episódica. Son pastores de ganado menor en vías de sedentarización, de costumbres complejas que tienen afinidades con otros pueblos circunvecinos.

Así pues, en la historia antigua de Israel puede decirse que hay dos concepciones que miran de distinta manera al fenómeno de la emigración: una visión que acusa poca estima de la vida nómada, como la historia de Caín y Abel en la que el pastor tiene las simpatías del autor, mientras que Caín, el agricultor, termina errante en el desierto, refugio de sedentarios decaídos y de gente fuera de la ley. Lo mismo puede decirse de la visión negativa del desierto, como morada de animales salvajes (Is 13,21-22) y lugar en el que se soltaba al macho cabrío con los pecados del pueblo (Lev 16).

Pero existe también una visión ideal del nomadismo: el desierto es lugar de los desposorios del pueblo con Dios (Jer 2,2; Os 13,5; Am 2,10), mientras que la vida urbana está llena de peligros por el lujo y la comodidad (Am 3,15; 6,8). La civilización urbana guarda el riesgo de la corrupción moral y la perversión religiosa. Comienza a crearse una mística del desierto que se prolongará en la experiencia de la secta esenia en Qumrán.

Los relatos del Éxodo nos dan una nueva faceta del fenómeno de la emigración en la Biblia. Los historiadores no alcanzan aún a ponerse de acuerdo en si los HAPIRU o HABIRU o IBRI, nombre del que después de derivará HEBREOS, era una etnia o una clase social. Parece ser que el origen del vocablo es peyorativo, algo así como el equivalente de “merodeador o bandido”, pero documentos extrabíblicos nos los muestran con jefes a la cabeza, aunque se hace difícil seguirles la pista en cuanto grupo. La última vez que aparecen en algún documento, es sirviendo como trabajadores forzados en el Alto Egipto. Es por eso que, actualmente, casi todos coinciden en que el término ‘hebreo’ usado en los relatos del Éxodo no es un término nacional o racial, sino que designa a aquellos asiáticos a quienes los egipcios mantienen en relación de servidumbre. Eso hace conveniente distinguir entre hebreo e israelita (una denominación mucho más tardía) e identificar a los hebreos de la Biblia con los HAPIRU. No se trata, pues, de una denominación de origen étnico, sino social. Lo que parece unir a personas de procedencias diferentes es su posición en la escala social egipcia: su calidad de siervos pobres, esclavos sin defensa. Es precisamente por esta característica que Moisés puede servir de punto de confluencia entre todos.

Después de salir de la esclavitud de Egipto, el pueblo comienza la marcha por el desierto, recordada por los textos bíblicos en una doble interpretación: el tiempo de las relaciones más puras, del primer amor entre Dios e Israel (Jer 2,1-3), ya que Israel estaba abandonado completamente en los brazos de Yahvé, y ningún Baal se había metido entre ellos dos, como después sucedería en el establecimiento agrícola. En el desierto, Dios ha alimentado, vestido y calzado a Israel (Dt 29,5). Pero también existe una visión menos idealizada que recuerda la travesía por el desierto como dolorida consecuencia de sus culpas. El pueblo de Dios en el desierto aparece en los textos como una chusma obstinada, terca e incrédula (Sal 78,8.17.32.40.56; Sal 136; 106; 78): el desierto como sinónimo de prueba, tipo del juicio futuro (Ez 20,35). Finalizada la marcha por el desierto, los textos miran la entrega de la tierra de Canaán como la última acción salvífica de Dios. La mal llamada conquista de Canaán es una muestra más de la difícil convivencia e interrelación entre un pueblo inmigrante y los habitantes naturales de un territorio.

Leyes a favor de los migrantes y extranjeros

Después del triunfo de Ciro sobre los babilonios, aplicada una política de tolerancia, los judíos emprenden el camino de vuelta a su tierra, un regreso progresivo y reducido, lo que quiere decir que muchas familias judías decidieron quedarse en lo que fue su lugar de exilio y hacerlo su nueva patria, pero manteniendo lazos de unidad con su cultura madre. Una cara de la migración que suele ser soslayada.

Al lado de este fenómeno está el planteamiento de nuevos problemas para los deportados que regresan a su tierra. Particularmente dolorosa es la relación con los que se habían quedado en la tierra sin haber sido deportados (Zac 5,1-5; Ag 1,2-11; Ez 33,23-39). Con la vuelta del destierro y la reconstrucción del templo, la comunidad judía se fue haciendo cada vez más cerrada. La observancia de la Ley de Moisés se convierte en signo privilegiado de identidad y en fortalecimiento de un sentimiento nacionalista que irá creciendo cada vez más. ¿Cómo tratar ahora a los no judíos? ¿qué tipo de relación se entablará con los extranjeros? Hay dos tendencias para responder a esta problemática: la expresada en los libros de Esdras y Nehemías, que pugnan por el aislamiento de la comunidad y la conservación escrupulosa de la identidad nacional. Por otro lado están los libros de Rut y de Jonás, que muestran la posibilidad de refundar la identidad judía en el marco de una gran apertura a los otros pueblos. Esta tendencia, lamentablemente, quedó en desventaja histórica frente a la primera.

Tener una tierra propia plantea el reto del trato a los extranjeros inmigrantes. Había dos clases de extranjeros: los MOKRI, que eran extranjeros que se encontraban de paso por el país, viajeros o comerciantes. Eran protegidos por la Ley de Moisés y se tenía con ellos deber de hospitalidad, pero no podía entrar en el Templo (Ez 44,7.9), ni ofrecer sacrificios (Lev 22,25), ni comer la cena de pascua (Ex 12,43). La segunda clase era el GUER o extranjero residente, con quienes había una especial obligación de hospitalidad. Era especialmente apreciado si se convertía al judaísmo. Abrahán había sido GUER en Hebrón (Gen 23,24), Moisés lo fue en Madián (Ex 2,22), un hombre de Belén se va de GUER a Moab y se casa con Rut (Rut 1,1), los israelitas fueron GUERIM en Egipto (Ex 22,20). Al llegar a Canaán los hebreos eran GUERIMhasta que se convirtieron en los dueños del país y los extranjeros comenzaron a ser los otros.

En relación con estos inmigrantes, las leyes eran de defensa total (Lev 19,34): Dios no hace acepción de personas y proporciona pan y vestido al extranjero (Dt 10,18; Lev 19,33). El amor al extranjero está mandado a Israel, que sufrió la misma situación en Egipto (Dt 10,19). No puede violentarse el derecho del extranjero residente (Dt 27,19) y deben ser juzgados con equidad por los jueces locales (Dt 1,6). Como recibían muchos desprecios y estaban en situación de desventaja, la Ley de Moisés los colocaba en la categoría de marginados a quienes la Ley les concedía ciertos privilegios. Se les enumera junto con “las viudas y los huérfanos” (Jer 7,6), se les ofrece asilo en las ciudades de refugio (Num 35,15); se les concede el derecho de rebuscar en el terreno de cosecha (Lev 19,10) y de comer de la cosecha del año sabático (Lev 25,6), etc. No es, sin embargo, tratado igual que el judío, porque al extranjero sí se le puede exigir interés en los préstamos (Dt 23,20) y estaban obligados a hacer ciertos trabajos (1Cr 22,2). Normalmente, aunque eran libres, no podían tener propiedades (Dt 24,14). Si se circuncidaban, adquirían obligaciones y derechos religiosos (Ex 12,48) y los profetas anuncian que entrarían a formar parte del pueblo de Dios en el reino del Mesías (Is 14,1; Ez 47,22).

Jesús, el migrante

Los dos evangelios de la infancia nos muestran a Jesús compartiendo la suerte de los emigrantes. En la versión de Lucas, Jesús nace fuera de su hogar, al amparo de la caridad de una familia, lejos de su casa y su parentela (Lc 2). En la versión de Mateo, Jesús y su familia se ven obligados a huir de la persecución de Herodes, y tienen que pasar un tiempo largo en tierra extranjera (Mt 2).

Más tarde, el mismo Jesús decide por una vida itinerante, sin residencia propia, al punto que se proclama “sin lugar en donde reposar la cabeza” (Lc 9,58). Sabemos que, mientras ejerció su  ministerio en Cafarnaúm, Jesús se alojaba en la casa de Pedro (Mc 1,29; 2,1) y que cuando visitaba Jerusalén, le gustaba hospedarse en casa de Marta, María y Lázaro (Lc 10,38-42). No es extraño, por ello, que la virtud de la hospitalidad fuera altamente apreciada también entre la primitiva comunidad cristiana (Heb 13,2) ni que una de las oraciones del bendicional señale, justamente en las preces para bendecir una casa: “Señor, tú que no tuviste casa propia y aceptaste con el gozo de la pobreza la hospitalidad de tus amigos…”.

Por otra parte, Jesús rompe con muchas de las costumbres de su tiempo en su trato con los extranjeros, sean samaritanos o paganos de otras regiones. Cura al siervo de un soldado romano (7,2-10), libera al endemoniado geraseno (Mc 5,1-20), aprende la lección de la universalidad de una mujer cananea (Mt 15,21-28). En su parábola del juicio final, conocida como la parábola de las ovejas y los cabritos, Jesús va a señalar como uno de los gestos de amor la ayuda a los forasteros y se identifica con ellos (Mt 25,35).

Para la Carta a los Hebreos es un dato muy significativo la muerte de Jesús fuera de la ciudad, como señal de desprecio (Heb 13,12-14) y la considera una invitación a la ciudad permanente. No es tampoco menor el hecho de que Marcos, el evangelio de la revelación del Mesías crucificado, éste no sea reconocido como Hijo de Dios sino por un extranjero (Mc 15,39).

La iglesia, una casa para todos y todas

La formulación más elaborada sobre la migración como símbolo de la naturaleza de los cristianos, la encontramos en la Primera Carta de Pedro. En ella, la condición social de migrantes se convierte en una especie de parábola teológica: los cristianos deben considerar su existencia como una permanencia transitoria en un mundo al cual no pertenecen. Los cristianos a quienes se dirige la carta trabajan como personas sin techo y sin tierra, en un lugar que no les pertenece, pagan tributos en un país que no es el suyo y que no les otorga derecho alguno. La expresión “forasteros” de 1 Pe 2,11, en griego PAROIKOI, literalmente traducida quiere decir “extranjeros residentes”. Esa expresión era usada para describir a los extranjeros que habían adquirido el derecho de residencia, pero que no disfrutaban del derecho de ciudadanía. Podían vivir y trabajar en un país, pero no tenían derechos plenos. Entre sus deberes estaban: pagar tributos, tasas y cuotas de producción. Entre los derechos de los que estaban excluidos se cuentan: voto, posesión de la tierra, matrimonio con ciudadanos, herencia y transferencia de bienes.

Otro grupo referido en 2,11 es el de los “peregrinos”, en griego PAREPIDÉMOI: eran extranjeros que no tenían ni siquiera derecho de permanencia en el país. Eran los “extraños” y no poseían ningún derecho. No podemos decir que todos los cristianos a los que va dirigida la 1 Pedro fueran extranjeros, pero sí que a una buena parte de la comunidad le correspondía esta descripción y caracterizaba a la comunidad como un todo.

Por eso el espacio afectivo de “familia” era tan importante. La 1Pedro ofrece a estos desabrigados una casa, un abrigo, una referencia de familia: es la comunidad. Los que no tienen casa, son abrigados por la “casa de Dios”, los que no tienen derecho de ciudadanos, pueden llamar padre a Dios. La comunidad es lugar de refugio y resistencia para no dejar, con su testimonio, de denunciar las injusticias de la sociedad.

NOTA FINAL: El artículo completo, con las citas bibliográficas que aquí fueron omitidas, se encuentra en Lugo Raúl, Dios, defensor de los derechos humanos en la Biblia (Ed. San Pablo, México 2014).

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Cristo como intérprete de la Biblia: “Y les interpretó en todas las Escrituras lo referente a Él” (Lucas 24,27B)

Viernes, 22 de marzo de 2019

04-los-discipulos-de-emaus-1989-carbon-sanguinea-y-pastelDel blog de James Alison:

Conferencia para la Cátedra Kino 2007, dictada en el ITESO, Guadalajara, Jalisco el 13 de septiembre y en la UIA, México DF el 26 de septiembre de 2007.

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Hoy les propongo a Ustedes hacer dos cosas. La primera es leer un trecho de la Escritura en el sentido denso de “ofrecer una lectura” de ello. Y la segunda es, y si el tiempo lo permite, sacar algunas consecuencias del método de lectura que habré empleado para realizar esta lectura. Mi meta es ofrecer una aportación a algo que vislumbro como siendo de importancia para el futuro de nuestra vida católica: la recuperación de los hábitos necesarios para una lectura eclesial y eucarística de las Escrituras. Y esta recuperación pasa por la ampliación de nuestro sentido de la manera en la cual el Ungido de Dios, el “Χριστός”, nos proporciona una lectura cumplida, o plenificada, de los textos que hemos recibido.

Comenzaré con un trecho poco prometedor para esta materia: una de las parábolas, tal vez una de las dos o tres más conocidas, la que a veces conocemos como la del Hijo Pródigo. La razón porque digo que es poco prometedor para mi propuesta es que aparentemente es una parábola sin enseñanza cristológica – hay dos hermanos, uno dispendioso, y otro de bochornosa rectitud, un padre y unos siervos. No es obvio que cualquiera de estos caracteres sea una “figura Christi”. Sin embargo voy a proponerles una lectura cristológica.

Lo usual en materia de lecturas cristológicas es cuando un autor neotestamentario refiere tal o cual acontecimiento de la vida de Jesús a un texto de las Escrituras hebraicas. En algunos casos se trata clara y evidentemente de una comprensión posterior a los acontecimientos de la muerte y resurrección de Jesús. Por ejemplo, Pablo ve al Mesías ya presente en la roca que sigue a los israelitas en el desierto (1 Corintios 10, 1-4). En otras ocasiones se trata de un reconocimiento de que, a la luz de lo que ahora entienden los autores, perciben en un acontecimiento para el cual no estaban presentes aquello hacia lo cual estaba apuntando un profeta de otrora – por ejemplo cuando Mateo señala que el oráculo de Jeremías sobre el llanto de Raquel se cumplió cuando Herodes mató a los inocentes (Mateo 2 17; Jeremías 31,15). En otros casos sí hay cierta posibilidad de que se esté hablando de una comprensión que fue contemporánea con el acontecimiento, por lo menos de forma embrionaria – por ejemplo cuando Juan afirma que un testigo presencial asistió al traspaso del costado de Jesús en la cruz y que con esto se estaba cumpliendo lo que el profeta Zacarías quiso decir al profetizar “verán al que traspasaron” (Zacarías 12,10 leído en Juan 19,37). No hay razón a priori por la cual un conocedor de un famoso texto de Zacarías no pudiera haberlo aplicado al triste espectáculo de esta ejecución pública o bien inmediatamente o bien dentro del espacio de unos pocos días. Tal vez la plena densidad de lo que estaba haciendo al aplicar un texto tan cercano a la propia enseñanza de Jesús sobre su propio destino sólo se hizo patente poco a poco, pero esto no quita la posibilidad de la contemporaneidad de la aplicación.

Otra lectura cristológica de las Escrituras es cuando se percibe que el propio Jesús está deliberadamente haciendo algo para cumplir las Escrituras, como por ejemplo cuando realiza el gesto de la limpieza del Templo, anunciando así la llegada de ‘Aquel día’ anunciado por el mismo profeta Zacarías (Zacarías 14,21), y con ello la caducidad del propio Templo. O en forma más amplia, cuando se lee todo el recorrido que hace Jesús, en el evangelio de Lucas, desde la sinagoga de Nazaret a la crucifixión en Jerusalén como el acto deliberado de quien está cumpliendo la llegada del profeta prometido, el propio Melquisedec, el sacerdote ungido que irá a ofrecer el sacrificio definitivo para la redención de Israel, y se hace alusión, en pasaje tras pasaje del Evangelio, a los trechos y a las historias de la Escritura hebraica a cuyo cumplimiento se está señalando.

Una tercera forma de lectura cristológica es cuando se tiene la pretensión de desbrozar algo de la enseñanza del propio Jesús con respecto a sí mismo, no tan sólo a partir de los hechos que realiza, sino a partir de los textos que tenemos que reportan su enseñanza. O sea, de vislumbrar lo que en el camino de Emaús (Lucas 24, 13-35) viene propuesto como lo normativo para la lectura eclesial, pero de entenderlo en los relatos que tenemos del Jesús que enseña antes de su muerte. Y aquí estamos en un terreno a la vez muy, muy interesante, y muy difícil, pues nuestros textos no son, ni fingen ser, relatos casi cinematográficos de lo acontecido. Son algo mucho más rico y entretenido que esto. Antes que seguir con la descripción de lo que son “desde fuera” me gustaría invitarles ahora a participar conmigo en la búsqueda de lo que son “desde dentro” – o sea, de atrevernos a buscar aquel vislumbre, aquel atisbo de la enseñanza cristológica del Maestro, en medio del relato evangélico.

Escuchemos la parábola (Lucas 15, 11-32 – versión de la Biblia de Jerusalén):

[Jesús] dijo: “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. “Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.” Y, levantándose, partió hacia su padre. “Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.” El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!” “Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado.”

Pues bien, un poco de contexto. Imaginen por favor que Ustedes están en una sinagoga en la Palestina del primer siglo o, tal vez mejor, en las afueras de una sinagoga, ya que en esta ocasión Jesús está enseñando a algunas personas que tendrían dificultad para entrar en una sinagoga. Imaginen también que Ustedes son fariseos o escribas, quitando de la imaginación todo el peso de las connotaciones modernas de estas palabras – o sea, no se consideran hipócritas, sino más bien gente observante, gente modesta y sobria, que tienen un entusiasmo religioso real, una devoción segura al camino del Torah, un buen conocimiento de todas los relatos y narraciones que se reciben como textos santos y una auténtica curiosidad por entender lo que estaría haciendo este Jesús que tal vez sea profeta.

Están acostumbrados a un ciclo de lecturas en la sinagoga. Desde hacía más de un siglo antes de Cristo se habían dividido los libros de Moisés en 150 trechos para que se leyese la Torah entera en un ciclo de tres años. Estaban divididos para conveniencia de las fiestas y se conocían los trechos como sedarim. También, posteriormente se había añadido la lectura de trechos de los Profetas, y estos trechos se conocían comohaftarot. De modo que para cada sábado había lecturas señaladas, y la persona que hacía la lectura y el comentario no los hacía al azar, sino que comentaba las lecturas señaladas. Infelizmente no tenemos mucha evidencia de la exacta distribución de las lecturas en tiempo de Jesús, de la misma manera que no tenemos exacto conocimiento de todos los libros que fueron considerados santos por los diversos grupos que componían el pueblo hebreo en la Palestina de la época. En ambos casos nuestro conocimiento más exacto comienza algo después de la época del testimonio apostólico. Pero sí sabemos que había tal ciclo de lecturas, y algunos elementos pueden vislumbrarse desde los textos del Nuevo Testamento.

Lo normal entonces para una enseñanza de la época sería tomar los textos que estaban señalados, y a partir de ellas construir algo para la edificación de los presentes. Y es esto que vemos hacer a Jesús con la parábola del Hijo Pródigo. Parece que estamos delante de una enseñanza que tiene su base en los textos para la fiesta de la dedicación del Templo, donde los textos señalados eran Génesis 46:28 – 47:31, y Ezequiel 37, 15-28. Ambos textos se refieren a la difícil relación fraterna entre dos tribus hermanas, Judá y José y a posibles medidas para superar sus diferencias y traerlas a que formen una sola grey en la celebración a Dios. Por lo menos estos fueron los textos para la fiesta en uno de los tres años del ciclo [1]. Se ha detectado también por debajo de los textos de este trecho central del Evangelio de Lucas un comentario sobre diversos pasajes del libro de Deuteronomio [2]. El trecho de la Torah en esta ocasión sería Deuteronomio 21, 15 – 23, que habla sobre la distribución de bienes entre un hijo mayor y un hijo menor, y luego del tratamiento apropiado para un hijo rebelde – o sea su lapidación, y termina con la aseveración de que aquel que cuelga de un árbol muere bajo la maldición de Dios. El trecho de los profetas sería tal vez Malaquías, o bien en su integridad (el libro no es largo) o bien ciertos trechos del mismo, ya que comienza con recordar a un hermano mayor, Esaú, a quien Dios no amó, y a un hermano menor, Jacob a quien Dios amó, y termina con la promesa de la vuelta del profeta Elías que va a reconciliar a padres con hijos, y a hijos con padres [3].

El contexto de la parábola lo conforman no tan sólo los textos para la fiesta, sino también la propia fiesta en sí: la de la Dedicación del Templo, la que ahora se llama Chanukah, o la fiesta de luces. Esta fiesta refiere en primer lugar a la nueva dedicación del Templo en 129 antes de Cristo, y en segundo lugar a la dedicación original del primer Templo realizado por Salomón en siglos remotos, y el saber algo de este contexto vitalicio nos permitirá adentrarnos un poquito más en lo que Jesús está haciendo al proferirnos esta parábola. Leer más…

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“No desviarnos de Jesús”. 1 Cuaresma – C (Lucas 4, 1-13)

Domingo, 10 de marzo de 2019

01-CUAR-C-600x415Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas que tuvo que superar Jesús para mantenerse fiel a Dios y para vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.

El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio aislado, que acontece en un momento y en un lugar determinado. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones «el demonio se marchó hasta otra ocasión». Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.

Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos si no quieren desviarse de él.

En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: «no solo de pan vive el hombre». Lo primero para Jesús es buscar el reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.

También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo todo, y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes carecen de casi todo.

En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo. Jesús no buscará nunca ser servido sino servir.

También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener, como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras creencias. Al reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.

En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles de Dios. Jesús no se dejará engañar. Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo espectacular del cielo. Se dedicará a hacer signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.

Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta y difunde su Amor.

José Antonio Pagola

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El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado”. Domingo 1º de Cuaresma

Domingo, 10 de marzo de 2019

17-cuaresmaC1 cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 26, 4-10: Profesión de fe del pueblo escogido.
Salmo responsorial: 90. Está conmigo, Señor, en la tribulación.
Romanos 10, 8-13:Profesión de fe del que cree en Jesucristo.
Lucas 4, 1-13: El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.

Análisis

El texto “mi padre era un arameo errante”, fue motivo de arduas discusiones entre los estudiosos hace muchos años. Hoy parece que las aguas se han aquietado. Se afirmó —el gran biblista alemán G. von Rad— que estamos ante un “credo primitivo”, pronunciado en el santuario de Guilgal en la liturgia, y que representa el corazón histórico de Israel. Todo el Hexateuco, sigue diciendo, se formula a partir de este texto. Hoy tenemos muchos elementos para cuestionar su antigüedad, y podemos pensar que otros “credos” (como quizás el de Núm 20,14b-16) son más antiguos. Por otra parte, el esquema opresión-clamor-liberación es muy característico del autor deuteronomista (particularmente del libro de los Jueces) como para pensar en una pura originalidad. La importancia de la tierra, como lugar del descanso, tierra dada por Yahvé también es muy importante en el deuteronomista por lo que no parece fácil seguir sosteniendo lo que von Rad decía. Sin embargo hay un elemento que es característico de los credos israelitas, y no debiera discutirse, y es su dimensión histórica. El Dios de Israel es un Dios que se revela en la historia de su pueblo, en la de ayer y la de hoy. En este sentido es muy importante notar, por un lado los usos de las primeras personas del singular, y los plurales: el orante se planta personalmente ante Dios (“mi padre”, “traigo”…) pero cuando debe hacer memoria de su pecado y la intervención salvadora de Dios recurre al plural: “nos maltrataron”, “nos oprimieron”, “nos impusieron servidumbre”, “clamamos”, “escuchó nuestra voz”… “nos trajo”). Ese cambio de personas puede resumirse diciendo “mi padre era Israel, por lo tanto nosotros somos Israel”.

Tradicionalmente esto no ha tenido dificultad, pues desde siempre la tradición cristiana ha heredado con toda naturalidad esa visión según la cual nuestra fe es una respuesta a la intervención de Dios en la historia. Siempre nos ha parecido «natural» que Dios intervenga en el mundo con hechos milagrosos para decirnos algo, o para hacer algo con su pueblo. A Dios siempre lo hemos pensado como un vecino del piso de arriba, pero como un vecino que puede bajar en cualquier momento, y de hecho está siempre pendiente de nosotros. HOY es muy problemática esta visión, porque no forma parte ya de la cosmovisión moderna entender la realidad cósmica como dos pisos: el nuestro y el de Dios. Como sugiere el título del libro de Lenaers, «No hay un Dios ahí arriba». El Dios altísimo, el dios en lo alto del cielo… ha pasado a ser una frase hecha, con sabor añejo, o rancio, que ya no se sabe bien qué significa, porque en nuestra visión moderna actual no hay dos pisos, ni creemos estar conviviendo con vecinos del segundo piso que puedan bajar a éste en cualquier momento.

Hay además un nuevo problema respecto a la historia. Esas intervenciones de Dios en la historia, bien registradas en la Biblia, están siendo cuestionadas por la arqueología científica. No es el lugar para exponerlo aquí, pero puede ser una buena recomendación para la propia formación el estudiar el tema del «nuevo paradigma arqueológico bíblico»: hay toda una nueva visión –documentada, científica, arqueológica– sobre la historicidad de hechos principales que narra la biblia, y que desde siempre creímos literalmente históricos. En realidad no es nada nuevo, pues ya hace mucho tiempo que sabemos que Moisés no escribió el Pentateuco, o que Jesús no nació el 25 de diciembre ni en Belén… pero hay nuevos datos muy llamativos sobre otros elementos cuya historicidad sería decisiva. (Véase la revista VOICES (http://eatwot.net/VOICES) y tómese su último número –en línea, gratuito–; ofrece un buen material de lectura para iniciarse en el tema).

La Iglesia nos propone el Salmo 91 (90) por ser, precisamente, el que utilizará el diablo en la tentación. Quizá para que podamos ver cómo «sacar un texto de contexto puede ser diabólico»… No es unánime la opinión de frente a qué tipo de Salmo nos encontramos, y esto condiciona la interpretación. Unos piensan en un diálogo litúrgico, otros en una homilía sapiencial.

Luego de la sección teológica de la carta a los romanos (caps 1-8) y antes de la sección parenética (caps. 12-15), Pablo introduce un paréntesis sobre Israel (caps. 9-11). Paréntesis que no es ajeno a la totalidad de la misma ya que desde el comienzo nos dijo que la salvación es para todos, pero “primero para los judíos” (1,16; 2,10). Sin embargo, sus “hermanos de raza” demoran en reconocer a Cristo, y Pablo manifiesta su dolor por ello; de todos modos lo ve como un tiempo pedagógico de Dios para dar oportunidad a la conversión de los paganos. Después -quizá movidos por los celos- todo Israel se salvará (11,26). Pero esto no exime de responsabilidad a los judíos ya que miran la justicia que les viene de ellos mismos y no la que viene de Dios. La iniciativa de Dios (gracia) es uno de los temas centrales de la teología paulina, y es grave creer que de nosotros depende. Ese es el motivo, además, por el que Pablo abunda en citas de la Escritura en esta unidad. Este es el marco del párrafo que hoy nos propone la liturgia. Es evidente, y el manejo de los textos lo confirma, que Pablo es consciente de estar polemizando.

Parece que la fuente Q –en la que el evangelio de Lucas se inspira– expresó en tres tentaciones tomadas de las tentaciones del pueblo en el desierto, las tentaciones que tuvo Jesús en su ministerio, al menos las dos últimas aparecen destacadas. Allí donde Israel no supo hacer la voluntad de Dios, Jesús surge fiel, verdadero “Hijo” como ya el Bautismo lo había mostrado. Esto confirma la intención cristológica del relato, y también su probable intencionalidad polémica con el Israel de su tiempo.

Dado que la primera hace referencia a la “palabra de Dios”, la segunda a lo político y la tercera al Templo, algunos han pensado que se estaría ante una triple tentación profética, real y sacerdotal, pero no parece que eso esté en juego aquí. Sólo la tentación real aparece clara, mientras que la profética y más aún la sacerdotal no se revelan, y más aún, parecen muy improbables. Las respuestas apuntan en otra dirección.

En el relato de Lucas, a diferencia del de Juan, Jesús va del desierto a la ciudad, y en la ciudad comienza su ministerio, como en la ciudad culminará todo para desde allí comenzar, siempre conducido por el Espíritu el tiempo nuevo de la Iglesia. En la primera tentación, el diablo no discute que Jesús sea el Hijo de Dios, lo da por supuesto, y lo tienta a convertir en pan una piedra ya que lógicamente tiene hambre. Más que un “nuevo pueblo”, Jesús es “hijo de Dios”, “el Hijo de Dios”. ¿Por qué Jesús no obra el milagro? Porque los milagros que Jesús hace son siempre para los otros, como la multiplicación de los panes: allí Jesús mismo se preocupa: “denles ustedes de comer” (9,13). La segunda es la tentación de poder (exousía) política. En tiempos donde todo el mundo conocido está sometido al imperio romano, se puede ver de un golpe de vista todo: el imperio mismo es diabólico y perverso. E idólatra. La tercera tentación no sólo tiene como característica que ocurre en Jerusalén, sino también que el diablo cita la Escritura. La Escritura mal citada, o mal leída, también puede ser diabólica, o idolátrica. Por otra parte, Jesús deja muy claro que su ministerio es para otros, no para él. No es salvarse a sí mismo, como tampoco en la cruz: “si eres… sálvate” (23,35.37.39).

Como dos rabinos, Jesús y el diablo discuten con citas bíblicas. Y nos queda claro que es falso servidor de Dios el que se sirve de su ministerio en su propio provecho, que no es propio de los fieles a Dios reclamar milagros ya que Dios puede salvar sin necesidad de estas obras “maravillosas” o “teatrales”. Jesús nos muestra -con su vida- el camino de la obediencia de hijo conducido por el espíritu.

Comentario

El evangelio de Lucas, nos pone a Jesús en paralelo con el pueblo de Israel. En las mismas circunstancias en las que el pueblo fue infiel, Jesús sale adelante; y para resaltar el paralelo entre ambas situaciones, el evangelista recurre al desierto y a citas del Deuteronomio. Allí donde Israel cayó, allí Jesús sale adelante. Más que un acontecimiento es una plataforma, un programa: unidos a Jesús nada tenemos que temer, sólo el amor cuenta. Deberíamos aprovechar la Cuaresma para revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias… Pero, al revisarlas, corregirlas; es que la Cuaresma es tiempo de conversión, y conversión significa caminar, camino de vuelta al Padre.

Mientras el pueblo de Israel, en la tentación, no fue fiel y cedió, ahora nos encontramos a Jesús en la misma situación, en la misma tentación. ¡Y triunfa! Jesús aparece en el Evangelio de hoy como el que vence la tentación. Porque es posible vencerla. Muchas voces, de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil. Leer más…

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Las tentaciones de Jesús. Primer Domingo de Cuaresma. Ciclo C

Domingo, 10 de marzo de 2019

imageDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El primer domingo de Cuaresma se dedica siempre a recordar el episodio de las tentaciones de Jesús. También los evangelios sinópticos abren la vida pública de Jesús con ese famoso episodio. Es un relato programático, para que el lector del evangelio sepa desde el primer momento cómo orienta Jesús su actividad y los peligros que corre en ella. Para eso, enfrentan a Jesús con Satanás, que encarna a todas las fuerzas de oposición al plan de Dios, y que intentará apartar a Jesús de su camino.

            Marcos habla de ellas de forma escueta y misteriosa: “En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, y Satanás lo ponía a prueba; estaba con las fieras y los ángeles le servían” (Mc 1,12-13). Tenemos los datos básicos que recogerán todos los evangelios (menos Juan, que no habla de las tentaciones): lugar (desierto), duración (40 días), la prueba. Pero Mc no habla del ayuno ni concreta en qué consistían las tentaciones; y el servicio de los ángeles es continuo durante esos días.

            Mateo y Lucas, utilizando una tradición paralela, han completado el relato de Marcos con las tres famosas tentaciones que todos conocemos; al mismo tiempo, presentan a Jesús ayunando durante esos cuarenta días (igual que Moisés en el Sinaí) y relegan el servicio de los ángeles al último momento.

            Las tentaciones empalman directamente con el episodio del bautis­mo y explican cómo entiende Jesús lo que dijo en ese momento la voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. ¿Significa esto que la vida de Jesús vaya a ser cómoda y maravillosa como la de un príncipe?

1ª tentación: utilizar el poder en beneficio propio

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:

—Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.

Jesús le contestó:

—Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre“.

Tentacion jesus

Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en beneficio propio. Es la tentación de las necesidades imperiosas, la que sufrió el pueblo de Israel repetidas veces durante los cuarenta años por el desierto. Al final, cuando Moisés recuerda al pueblo todas las penalidades sufridas, le explica por qué tomó el Señor esa actitud: “(Dios) te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios” (Dt 8,3). En la experiencia del pueblo se han dado situaciones contrarias de necesidad (hambre) y superación de la necesidad (maná). De ello debería haber aprendido dos cosas. La primera, a confiar en la providencia. La segunda, que vivir es algo mucho más amplio y profundo que el simple hecho de satisfacer las necesidades primarias. En este concepto más rico de la vida es donde cumple un papel la palabra de Dios como alimento vivificador. En realidad, el pueblo no aprendió la lección. Su concepto de la vida siguió siendo estrecho y limitado. Mientras no estuviesen satisfechas las necesidades primarias, carecía de sentido la palabra de Dios.

Lo que acabo de decir refleja el gran problema teológico de fondo. En la práctica, la tentación se deja de sutilezas y va a lo concreto: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús, el nuevo Israel, no necesita quejarse del hambre, ni murmurar como el pueblo, ni acudir a Moisés. Es el Hijo de Dios. Puede resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús, el nuevo Israel, demuestra que tiene aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló durante años: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.

En realidad, la enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de forma casi subliminar, es esa visión amplia y profunda de la vida como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se alimenta de la palabra de Dios.

2ª tentación: Tener, aunque haya que arrastrarse

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:

—Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.

Jesús le contestó:

—Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”.

Tentación de los reinos

 Este episodio siempre me trae a la memoria mi decepción cuando subí a la cumbre del monte Nebo con la esperanza de ver, como Moisés, toda la Tierra Prometida. La neblina permitía ver el Mar Muerto a duras penas. Cuanto más alto llevase Satanás a Jesús, menos vería el esplendor de todos los reinos del mundo. El episodio no debemos interpretarlo en sentido literal e histórico. Lo importante es su sentido.

La segunda tentación no es la tentación provocada por la necesidad urgente, sino por el deseo de tener todo el poder y la gloria del mundo. ¿Es esto malo, tratándose del Mesías? Los textos proféticos y algunos Salmos hablaban de su dominio cada vez mayor, universal, concedido por Dios. Pero Satanás parte de un punto de vista muy distinto, propio de la mentalidad apocalíptica: el mundo presente es malo, no está en manos de Dios, sino en las suyas; es él quien lo domina y entrega su poder a quien quiere. Solo pone como condición que se postren ante él, que lo reconozcan como dios. Jesús se niega a ello, citando de nuevo un texto del Deuteronomio: “Está escrito: al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto”.

El relato es tan fantástico que cabe el peligro de no advertir su tremenda realidad. El ansia de poder y de gloria lo percibimos continuamente (mucho más en España en tiempos de elecciones y de formación de gobierno), y también queda clara la necesidad de arrastrarse para conseguir ese poder. Pero este peligro no es solo de políticos, banqueros y grandes empresarios. Todos nos creamos a menudo pequeños ídolos ante los que nos postramos y damos culto.

3ª tentación: pedir pruebas que corroboren la misión encomendada.

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:

—Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”.

Jesús le contestó:

—Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”.

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Tentación pináculo del templo

Pináculo del templo de Jerusalén

En 1972, cuando todavía estaba permitido llegar hasta el pináculo del Templo de Jerusalén, tuve ocasión de contemplar la impresionante vista de las murallas de Herodes prolongándose en la caída del torrente Cedrón. Una de las pocas veces en mi vida en las que he sentido vértigo. En ese escenario sitúa Satanás a Jesús para invitarlo a que se tire, confiando en que los ángeles vendrán a salvarlo.

Esta tentación se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos considerarla la tentación del sensacionalismo, de recurrir a procedimientos extravagantes para tener éxito en la actividad apostólica. La multitud congregada en el templo contempla el milagro y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida un detalle importante: el tentador nunca hace referencia a esa hipotética muchedumbre, lo que propone ocurre a solas entre Jesús y los ángeles de Dios.

Por eso considero más exacto decir que la tentación consiste en pedir pruebas que corroboren la misión encomendada. Nosotros no estamos acostumbrado a esto, pero es algo típico del Antiguo Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1‑7), Gedeón (Jue 6,36‑40), Saúl (1 Sam 10,2‑5) y Acaz (Is 7,10‑14). Como respuesta al miedo y a la incertidumbre espontáneos ante una tarea difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su misión. Da lo mismo que se trate de un bastón mágico (Moisés), de dos portentos con el rocío nocturno (Gedeón), de una serie de señales diversas (Saúl), o de un gran milagro en lo alto del cielo o en lo profundo de la tierra (Acaz). Lo importante es el derecho a pedir una señal que tranquilice y anime a cumplir la tarea.

            Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11‑12 (“a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra”), el tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios.

            Sin embargo, Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto del Deuteronomio: “No tentarás al Señor tu Dios” (Dt 6,16). La frase del Deuteronomio es más explícita: “No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá”. ¿Qué ocurrió en Masá? Lo cuenta el libro de los Números en el c.17,1-7: el pueblo, durante la marcha por el desierto, se queja por falta de agua para beber. Y en esta queja se esconde un problema mucho más grave que el de la sed: la auténtica tentación consiste en dudar de la presencia y la protección de Dios: “¿Está o no está con nosotros el Señor?” (v.7). En el fondo, cualquier petición de signos y prodigios encubre una duda en la protección divina. Jesús confía plenamente en Dios, no quiere signos ni los pide. Su postura supera con mucho incluso la de Moisés.

            Cuando termina el relato de las tentaciones, Lucas añade que “el tentador lo dejó hasta otro momento”. Ese momento será al final de la vida de Jesús, cuando esté crucificado.

Nuestras tentaciones

Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud ante las necesidades, miedos y apetencias y nuestro grado de interés por Dios.

1) La necesidad primaria: afecto, comprensión.

2) ¿Está Dios en medio de nosotros?

3) La tentación de tener.

4) La tentación del dejarse arrastrar, dejar hacer a los demás, callar.

1ª lectura: recordar nuestra historia con gratitud (Deuteronomio 26, 4-10)

            El texto del Deuteronomio recoge la oración que pronuncia el israelita cuando, después de la cosecha, ofrece a Dios las primicias de los frutos. Va recordando la historia del pueblo, desde Jacob (“mi padre era un arameo errante”), la opresión de Egipto, la liberación y el don de la tierra. En el contexto de la cuaresma, esta lectura nos invita a pensar en los beneficios recibidos de Dios y a ser generosos con él. El agradecimiento a Dios es más importante incluso que la mortificación cuaresmal.

Dijo Moisés al pueblo:

—El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios:

Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado“.

Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios».

2ª lectura: confesar al Señor e invocarlo (Romanos 10, 8-13)

            En este breve pasaje Pablo comenta dos frases de la Escritura, aplicándolas al tema de la salvación personal (1ª cita) y de toda la humanidad (2ª cita). ¿Cómo se alcanza la salvación? Confesando que Jesús es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos. Algo que estamos tan acostumbrados a repetir que no valoramos rectamente. A mediados del siglo I, confesar a Jesús como Señor (Kyrios), cuando el Emperador romano era considerado el único Kyrios (César), suponía mucho valor. Y confesar que Dios lo había resucitado podía provocar más sonrisas y escepticismo del que podemos imaginar.

            La segunda cita «Nadie que cree en él quedará defraudado» la interpreta Pablo de forma revolucionaria. Para un judío, estas palabras sólo podrían aplicarse a los judíos, al pueblo elegido. Ellos serían los único en no quedar defraudados. En cambio Pablo la aplica a toda la humanidad, judíos y griegos. Cualquiera que invoca el nombre del Señor alcanzará la salvación.

Hermanos:

La Escritura dice:

«La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón».

Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

Dice la Escritura:

«Nadie que cree en él quedará defraudado».

Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará».

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I Domingo de Cuaresma. 10 marzo, 2019

Domingo, 10 de marzo de 2019

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Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”.

(Lc 4, 1-13)

Tras la fuerte e íntima experiencia de su propio Bautismo, Jesús se dirige al desierto. Acaba de conocer quién es, su identidad: “Tú eres mi Hijo amado”. Hijo y Mesías, Hijo y enviado, el Ungido.

Por la fragilidad de su condición humana necesita tiempo, espacio, pensar, asimilar su identidad y, en función de ella, reorientar su vida. Se retira al silencio y a la soledad del desierto. Con el paso de los días y lejos de las distracciones exteriores, es ahí, en la quietud del desierto, en su noche, cuando le asaltan los temores y la voz de su ego: “si eres hijo de Dios…” Reto que también le acompañará en la Cruz: “si eres hijo de Dios, sálvate a ti mismo y baja de la cruz”.

Lo es. Es Hijo de Dios, y además, Amado. Sentir esa certeza en lo más profundo de su ser es lo que le lleva a permanecer, al igual que en la cruz, hasta el final. En la soledad del desierto, en su noche, en la nada. Y sin embargo, esa misma permanencia le agudiza la escucha de la Palabra. Llenándole de confianza y seguridad, agarrándose a ella una y otra vez, y mirando cara a cara a sus temores: “Está escrito…”.

Jesús escucha la Palabra, la acoge en su corazón, la pronuncia con sus labios y la cumple por medio de sus acciones. Interesante y difícil tarea la que nos propone para, al menos, estos cuarenta días de Cuaresma. Podemos prestar especial atención a nuestra manera de escuchar la Palabra, de escuchar las palabras de quienes nos rodean. Reflexionar sobre el valor que damos a nuestras propias palabras e interrogarnos cuántas veces rompemos el Silencio pronunciando palabras absurdas.

Oración

Dios Trinidad, nuestro corazón está alegre
porque sabe que tú lo escuchas y lo miras.
Ojalá tu Palabra se sienta escuchada y acogida por nuestro corazón.
Que nuestros labios no la corrompan al pronunciarla.
Ojalá nuestras acciones sean reflejo suyo.
Amén.”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Si vemos una sombra, es que al otro lado hay una luz

Domingo, 10 de marzo de 2019

tentacionesLc 4, 1-13

Debemos superar el enfoque maniqueo de la cuaresma que hemos arrastrado durante demasiado tiempo. Sin embargo, el sentido profundo de la cuaresma debemos mantenerlo e incluso potenciarlo. En efecto, en ninguna época de la historia el ser humano se había dejado llevar tan masivamente por el hedonismo. A escala mundial el hombre se ha convertido en productor-consumidor. El grito de guerra de las revueltas estudiantiles del 68 en Francia, era: “No queremos vivir peor que nuestros padres”. No querían ganar menos y consumir menos; para nada hacían alusión a la posibilidad de ser más humanos.

La crisis económica nos puede ayudar a superar la trampa. ¿Queremos consumir más o nos interesa ser cada día más humanos? En teoría no hay problema para responder, pero en la práctica, todos nos dejamos llevar por el hedonismo, aún a costa de menor humanidad. Aquí está la razón de la cuaresma. Todos tenemos la obligación de pararnos a pensar hacia dónde nos dirigimos. Alcanzar plenitud de humanidad exige el esfuerzo de no instalarnos en la comodidad. Para crecer en humanidad debemos ir más allá de la satisfacción de los instintos. Este es el planteamiento de una cuaresma para la reflexión.

No debemos escandalizarnos cuando los exégetas nos dicen que los relatos de las tentaciones no son historia sino teología. Mc, que fue el primero que se escribió, reduce el relato a menos de tres líneas. No son crónicas de sucesos, pero son descarnadamente reales. Empleando símbolos conocidos por todos, nos quieren hacer ver una verdad teológica fundamental: La vida humana se presenta siempre como una lucha a muerte entre los dos aspectos de nuestro ser; por una parte lo instintivo o biológico y por otra lo espiritual o trascendente. Esa lucha no hay que plantearla en el orden del obrar sino en del conocer.

El mito del mal personificado (diablo), ha atravesado todas las culturas y religiones hasta nuestros días. No necesitamos ningún enemigo que nos tiente desde fuera. El diablo nace como necesidad de explicar el mal, que no puede venir de Dios. Lo que llamamos mal no tiene ningún misterio; es inherente a nuestra condición de criaturas. La voluntad solo es atraída por el bien, pero como nuestro conocimiento es limitado, la razón puede presentar a la voluntad un objeto como bueno, siendo en realidad malo. Todos buscamos el bien, pero nos encontramos con lo malo entre las manos, no porque lo busquemos sino por ignorancia.

El mal es consecuencia de una inteligencia limitada. Sin conocimiento, la capacidad de elección sería imposible y no podía haber mal moral. Si el conocimiento fuera perfecto, también sería imposible el mal, porque sabríamos lo que es malo, y no nos atraería. Si la voluntad va tras el mal, es siempre consecuencia de una ignorancia. Es decir, creemos que es bueno para nosotros lo que en realidad es malo. La libertad de elección solo se puede dar entre dos bienes. Plantear una lucha entre el bien y el mal, es puro maniqueísmo. La lucha se da entre el bien aparente (mal), y el bien real para mí. Esto es muy importante.

El ser humano es un proyecto que está toda su vida desarrollándose. Para que el desarrollo humano concluya con éxito, cada etapa tiene que integrar la anterior y unificarse en una personalidad, solo que más cerca del objetivo final. Que las tentaciones sean tres, no es casual. Se trata de un resumen perfecto de las relaciones que puede desarrollar un ser humano. La tentación consiste en entrar en una relación equivocada con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Una auténtica relación humana con los demás depende, querámoslo o no, de una adecuada relación con nosotros mismos y con Dios.

1ª tentación: poner la parte superior de nuestro ser al servicio de la inferior. Si eres Hijo de Dios… No se debe entender desde los conceptos dogmáticos acuñados en el s. IV. No hace referencia a la segunda persona de la Trinidad. Significa hijo en el sentido semita. Si tú has hecho en todo momento la voluntad de Dios, también Él hará lo que tú quieres. Fíjate bien que la tentación de hacer la voluntad de Dios para que después Él haga lo que yo quiero, no tiene que venir ningún diablo a sugerírnosla; es lo que estamos haciendo todos, todos los días. Jesús no es fiel a Dios porque es Hijo, sino que es Hijo porque es fiel…

Di que esta piedra se convierta en pan. La tentación permanente es dejarse llevar por los instintos, sentidos, apetitos. Es decir hacer en todo momento lo que te pide el cuerpo. Es negarse a seguir evolucionando y superarse a sí mismo, porque eso exige esfuerzo. Los instintos nos ayudan a garantizar nuestro ser animal. Si ese fuera nuestro objetivo, no habría nada de malo en seguirlos, como hacen los animales. En ellos los instintos nunca son malos. Pero si nuestro objetivo es ser más humanos, solo a través del esfuerzo lo podremos conseguir, porque debemos ir más allá de lo puramente biológico. El fallo está en utilizar la inteligencia para potenciar nuestro ser animal.

No solo de pan vive el hombre. El pan es necesario, pero, ni es lo único necesario ni es lo más importante. Para el animal sí es suficiente. Nuestro hedonismo cotidiano demuestra que aún no hemos aceptado estas palabras de Jesús. El dar al cuerpo lo que me pide es para muchos lo primero y esencial, descuidando la preocupación por todo aquello que podía elevar nuestra humanidad. El antídoto de esta tentación es el ayuno. Privarnos voluntariamente de aquello que es bueno para el cuerpo, es la mejor manera de entrenarnos para no ceder, en un momento dado, a lo que es malo aunque sea apetitoso.

2ª tentación: Si me adoras, todo será tuyo. El poder, en cualquiera de sus formas, es la idolatría suprema. El poder lleva siempre consigo la opresión, que es el único pecado que existe. Adorar a Dios no significa dar incienso a un dios exterior. Se trata de descubrir lo que de Dios hay en nosotros y vivirlo. Nuestro auténtico ser no está en el ego aparente sino más a lo hondo. Si descubro mi ser profundo, no me importará desprenderme de mi falso yo y, en vez de buscar el dominio de los demás, buscaré el servicio a todos. El antídoto es la limosna. Para no caer en la tentación de aprovecharnos de los demás, debemos hacer ejercicios de donación voluntaria de lo que tenemos y de lo que somos.

3ª tentación: Tírate de aquí abajo. Realiza un acto verdaderamente espectacular, que todo el mundo vea lo grande que eres. Todos te ensalzarán y tu vana-gloria llegará al límite. La respuesta: deja a Dios ser Dios. Acepta tu condición de criatura y desde esa condición alcanza la verdadera plenitud. Dios no tiene que darte nada. Ya se lo ha dado todo a todos. Eres tú el que debes descubrir las posibilidades de ser que tienes sin dejar de ser criatura. Ya es hora de que dejemos de acusar a Dios de haber hecho mal su obra y exigirle que rectifique. El antídoto es la oración. Al decir oración no queremos decir “rezos” sino meditación profunda. Descubrir al verdadero Dios me librará de utilizar al dios ídolo.

Decía S. Agustín: amor meus, pondus meum = mi amor es mi peso. Pero “pondus” significa también “calidad, punto de gravedad”. Otra frase del evangelio: “donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”. El ser humano nunca conseguirá el equilibrio si no encuentra un verdadero “peso”, un valor supremo que enderece y ponga a raya todas sus tendencias.

Meditación

Para llegar a tu verdadero ser hay que atravesar tu propio desierto.
Libérate de todo lo que crees ser para llegar a lo que eres de verdad.
En el desierto, y solo, tienes que tomar la decisión definitiva.
La tierra prometida”, está ya ahí, al otro lado de tu falso yo.
Mantente en el silencio, hasta que se derrumbe el muro que te separa de ti mismo.
En tu verdadero ser ya lo eres todo.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Dejarse llevar

Domingo, 10 de marzo de 2019

Jesus_en_el_desiertoSigue a tu corazón, pero lleva contigo a tu cerebro. (Alfred Adler)

10 de marzo. Domingo I de Cuaresma

Lc 4, 1-13

Jesús, lleno del Espíritu santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por es Espíritu al desierto

No es un dejarse llevar por las sirenas al mundo de los sueños, donde la mente no piensa y se pierde en pensamientos yermos que desvalijan cosechas dejando los graneros de las conciencias vacíos, ni un caminar por el desierto, tentados por el demonio con una oferta de poder, semejante a la que Lady Macbeth hacía al protagonista de la ópera Macbeth, de Giuseppe Verdi, con estas tentadoras palabras de señorío:

“¡Ven! ¡Apresúrate! ¡Quiero encender
tu frío corazón!
Yo te daré valor para cumplirl
a audaz empresa;
las videntes te prometieron
el trono de Escocia”.

Son brisas que estimulan voluntades y empujan los sentidos a recoger las mieses del verano, sembradas con esperanza en el campo personal de primavera.

“Sigue a tu corazón, pero lleva contigo a tu cerebro”, dijo el Alfred Adler, médico y psicólogo austríaco, que. me invita a poner rumbo sobre las olas hacia un perenne crecimiento.

Del viento aprendemos a dejarnos llevar. No puedes guiar al viento, pero puedes cambiar tus velas de dirección. Navegando hacia el Norte a todo trapo, descubrirás una isla de belleza desnuda, milagrosamente virginal en apariencia, aunque milagrosamente embarazada por el Espíritu Santo para que tu puedas transformarla tratándola con mimo.

Claude Debussy compuso una obra en la que invita a los niños a dejarse llevar, y disfrutar de muchas cosas. Un concierto que integra la narración, la manipulación de objetos, la visualización de obras de arte y la interpretación al piano para hacer de la música de Debussy una auténtica aventura para niños y mayores, un monumento musical construido sobre siete movimientos:

Todo comienza en París – Vals ‘La plus que lente’
Juegos bajo la lluvia – Jardins sous la pluie
Cae la noche – Claire de lune
Amigos furtivos – La danse de Puck
Nieva – The snow is dancing
Ruge la tormenta – Ce qu’a vu le vent d’ouest
Hay otros mundos – Minstrels

La Caja de Música -todo aquello que le gustaba de la vida- estaba dentro del piano  y en él cabían muchas cosas: un paraguas, un libro, la nieve, el viento…, porque el piano es la caja en la que Debussy metía sus cosas favoritas, sacando de ella esas formas convertidas en música.

¿Incluso la luna estaba dentro del piano? (“¡Chi lo sa!…”)

Cuando buscamos dentro de nosotros mismos lo encontramos siempre

En la cara oculta de esta frase: ama y haz lo que quieras, está la historia del cristiano. Jesús de Nazaret, un Maestro que con su vida en la que tienen cabida silencios y palabras; oración y acción, porque quizá, sólo con él y como él, sí que podemos decir con San Agustín “Ama Deum et fac quod vis”.

En la película X, uno de los protagonistas dice: “¿Y qué pretendes con esto?” A lo que otro responde: “Encontrarme a mí mismo”. Una búsqueda que cuando es sincera, produce siempre abundante fruto.

Escena cuarta del Acto II, de la ópera Nabuco, de Giuseppe Verid, en la que los hebreos, desterrados a Babilonia, entonan el famoso Coro “Va’, pensiero, sull’ale dorate”;

VA´, PENSIERO

¡Vuela pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el aire dulce de la tierra natal!

¡Saluda a las orillas del Jordán
y a las destruidas torres de Sión!
¡Ay, mi patria, tan bella y abandonada
¡Ay recuerdo tan grato y fatal!
Arpa de oro de los fatídicos vates,
¿por qué cuelgas silenciosa del sauce?

Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡háblanos del tiempo que fue!
Canta un aire de crudo lamento
al destino de Jerusalén
o que te inspire el Señor una melodía
que al padecer infunda virtud.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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No tentarás al Señor, tu Dios

Domingo, 10 de marzo de 2019

158524_desierto.jpgI Cuaresma. (Lc 4, 1-13)

Cuaresma y tentaciones. Cuaresma: Psicodrama de nuestra vida: Del miércoles de ceniza al domingo de la Resurrección. En compañía (comunidad) y con la confianza de un final feliz. Tentaciones: De usar a Dios a nuestro servicio o ponernos nosotros a su servicio en los hermanos.

Cuaresma es un tiempo de preparación, con ayuno, oración y limosna, para lo que nos aguarda: la Pascua de Resurrección. La Cuaresma es tiempo de reflexión, aprendizaje y discernimiento sobre la evolución y desarrollo de nuestras posibilidades como ser humano pleno. Revisión de vida, de proyectos y metas, de objetivos y rutas. Lo podemos comparar con el trabajo necesario para preparar unas oposiciones a notaría.

El primer domingo de Cuaresma, en los tres ciclos litúrgicos, leemos el relato de las tentaciones de Jesús, en sus distintas versiones: Mt 4, 1-11. (Ciclo A); Mc 1, 12-15. (ciclo B); Lc 4, 1-13. (Ciclo C). Esto nos debe hacer pensar que es importante, para la tarea de preparación a la Pascua y revisión de nuestra vida, empezar por las tentaciones, las de Jesús y las nuestras. Cuaresma y tentaciones se conjugan.

El relato de las tentaciones de Jesús en el desierto tiene un carácter simbólico que las primitivas comunidades cristianas lo supieron traducir e interpretar como mensaje de liberación para ellas. Jesús, al iniciar su tarea como mesías libertador, tuvo tentaciones que le proponían desviaciones de su propósito y misión. Que Jesús fuera tentado lo humanizaba a su vista. Que lejos de ver en las tentaciones de Jesús un menoscabo de su personalidad, las tentaciones le hacían más cercano a la vida de sus seguidores. Si Jesús fue capaz de vencer las tentaciones, con la fuerza del Espíritu, ellos también podrían. La vida de Jesús y su mensaje así les parecía un modelo posible humanamente. Nosotros también podemos sacar las mismas conclusiones y alguna más. Por ejemplo: La tentación no significa nada negativo ni desmoralizante. Es ocasión de reconocimiento de nuestra vulnerabilidad y límite, pero también de la posibilidad de superación y crecimiento.

Los textos evangélicos sitúan las tentaciones de Jesús en un lugar y tiempo muy precisos aunque esas tentaciones, por genéricas y ejemplarizantes, le debieron de rondar a Jesús, como a cada uno de nosotros, siempre y en todo lugar mientras vivió en la tierra. Las tentaciones nos presentan la humanidad de Jesús. Tentado como todo humano. Con ellas nos da ejemplo de la vivencia de la vulnerabilidad, límites, errores y debilidades que los humanos tenemos.

La tentación, en Jesús y nosotros, es la posibilidad de desviarse del buen camino emprendido. Renunciar al proyecto empezado. Es la lucha que todo humano sostiene entre las pulsiones de vida y las de muerte, el bien y el mal, la humanidad y la inhumanidad que nos constituyen. A su vez, vencer la tentación es mantenerse fiel a la misión emprendida a pesar de la duda y la incertidumbre. El afrontamiento y éxito contra la tentación exige lucidez en el discernimiento de la meta propuesta, vigilancia y esfuerzo en el camino, y fidelidad al compromiso.

El denominador común de las tres tentaciones que, a vía de ejemplo, los textos bíblicos narran es: Servir a Dios o servirse de Dios. Dios y yo.  Tomemos como prototipo la tercera tentación. “Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo, y le dijo:  Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y también: Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras. Jesús le contestó: Está mandado: No tentarás al Señor, tu Dios”.

En Jerusalén, en lo alto del templo, el maligno tienta a Jesús con la seguridad, la garantía, la tranquilidad que le dará saber que Dios hará todo por él. Que mandará a legiones de ángeles en su ayuda si lo precisa. Dios será su servidor. Estará al quite de cualquier demanda. La propuesta es “tentadora”. La respuesta es misteriosa: No tentarás al Señor, tu Dios. Es decir, si Jesús hace lo que el maligno le propone, “probar” a Dios, usar a Dios a su capricho, instrumentalizar a Dios, está tentando a Dios. Esto nos tiene que hacer pensar cuándo nosotros podemos estar tentado a Dios.

En la educación cristiana tradicional la imagen de Dios aprendida es bastante negativa para Dios y para sus creyentes.  Dios era un factotum, que  estaba en los cielos y desde allí intervenía, a su voluntad, en la marcha de la creación. El creyente, con creer (no se sabía muy bien que era eso) y cumplir los mandamientos tenía bastante. Frente a esta educación, ahora sabemos que otras imágenes de Dios y del creyente son posibles y necesarias. Que esas imágenes son evolutivas que tienen que ir cambiando al unísono con nuestra propia evolución como personas en constante desarrollo. Ejemplo de ese cambio: Del dios en los cielos al Dios encarnado en toda realidad, en la creación y en cada ser humano. Del Dios todopoderoso al Dios que me necesita, al Dios que tengo yo que ayudar (Etty Hillesum).  A su vez, la evolución de la idea de Dios arrastra la evolución de la idea de lo humano.

Si tentar a Dios es usarle de mala manera, tengo que revisar mi modo de usar a Dios desde la idea actualizada de Dios. Si pienso en un Dios encarnado en su creación como fundamento de todo lo que existe. También encarnado en mí y constituyendo mi esencia, siendo el ser de mi ser, el fondo de mi ser profundo y verdadero. Si Dios es inmanente y transcendente a la vez. Si me ha hecho a su imagen y semejanza.  Si Dios me ha creado creador para que continúe su obra, si me ha dotado de todo lo necesario para esa misión, no puedo ridiculizarle haciendo de Él un bombero que acude a todos los fueguitos que monto, ni haciéndole venir de ninguna parte. No está fuera de la creación. Tengo que poner a Dios en su sitio: en todo y descubrir la unidad de todo en el Todo, sin confusión. Y es segundo lugar tengo que asumir mi autonomía, libertad y responsabilidad en la creación.

Como conclusión: Examina tus tentaciones en este tiempo de cuaresma, tentaciones no solo ni principalmente de orden moral. También las de orden social y espiritual. Revisa cómo puedes estar “tentando” a Dios. Por ejemplo: No usando todo lo que te ha dado para tu crecimiento y logro de tu plenitud humana. Todo ya te lo ha dado. Pero tú lo tienes que poner en rendimiento. Activarlo. Tienes que desplegar tus recursos y posibilidades. Eres un ser con posibles. Ya eres lo que quieres ser. No esperes lo que ya tienes. “Tientas” a Dios si renuncias a tus posibilidades. Si renuncias a tu vocación. Dios te ha creado cocreador con Él en esta creación continuada que es la historia humana. Te ha dotado de recursos para que los gestionen en favor de tus hermanos. Lo que has recibido gratis, gratis lo tienes que dar. Este es el salto mortal que debes ensayar esta cuaresma: De pedir que Dios te ayude a ayudar tu a Dios (Etty Hillesum). Para ello: Oración, ayuno y limosna.

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

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Tener, poder, aparentar

Domingo, 10 de marzo de 2019

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Lc  4, 1-13

Los evangelios sinópticos –Marcos (1,12-13) apenas mencionándolo; Mateo (4,1-11) y Lucas (4,1-13) desarrollándolo ampliamente– construyen el “relato de las tentaciones” de Jesús, justo al inicio de su actividad pública, con una clara intencionalidad: mostrar que esas trampas acecharían al Maestro a lo largo de toda su existencia.

De hecho, una de ellas –la tercera, en el relato de Lucas; la segunda, en el de Mateo– aparecerá incluso con las mismas palabras en las imprecaciones que dirigen al crucificado: “Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mt 27,42).

Que se trata de una “construcción” legendaria parece claro, no solo por el hecho de que no aparece en el evangelio de Marcos, al que los otros dos siguen, sino porque, tal como lo relatan, es claro que no hubo ningún testigo de lo que ahí se narra.

La finalidad del relato es, por tanto, teológica y, más profundamente aún, antropológica. Por un lado, muestra a Jesús enfrentándose al mal –personificado en el diablo– y venciéndolo. Por otro, nombra con precisión las que constituyen las trampas que acechan a todo ser humano y que se erigen en programa de vida en cuanto nos identificamos con el ego.

Dado que el ego se define por la carencia, todo su empeño consiste en tratar de colmarla. Como un parásito que vive de la energía que roba, el ego funciona a través del mecanismo de la apropiación, aferrándose a todo aquello que puede otorgarle una sensación de existir. Y tal afán se concreta, justamente, en el tener, el poder y el aparentar.

Mientras ve que posee riquezas, ostenta poder y refleja una imagen plausible, el ego se siente vivo y cree haber logrado la seguridad de la que, por su propia naturaleza, carece. Lo cual significa que, en tanto dure la identificación con el yo, es imposible sortear aquellas trampas.

Son trampas porque son inconsistentes, generan sufrimiento –personal y colectivo– y nos mantienen en la ignorancia acerca de quiénes somos.

Son inconsistentes: todo aquello a lo que nos aferramos, lo acabaremos perdiendo; la vida es un soltar permanente. Como alguien ha dicho, “hay quienes se inflan como un globo de helio con un título, un cargo, un cuerpo fit, un apellido o una cuenta bancaria, y se olvidan de que vivimos en un mundo lleno de alfileres”.

Generan sufrimiento: todo apego genera sufrimiento porque, debido a la naturaleza impermanente de todo objeto, conlleva frustración. Sufre la persona que se había aferrado a algo y, en el camino, provoca dolor de todo tipo a los demás.

Nos mantienen en la ignorancia: porque nos llevan a identificarnos con aquello a lo que nos aferramos: la riqueza, el poder o la imagen. Con lo cual, se cumple lo que han advertido los sabios: lo que poseemos, nos posee. Somos libres de todo aquello que soltamos y esclavos de todo aquello a lo que nos apegamos.

Jesús, hombre sabio, supera la trampa, apelando a la sabiduría, es decir, a la comprensión profunda de su verdad –eso es lo que significa la referencia a los textos sagrados de la Torá–. Solo cuando comprendemos que no somos el yo separado, sino la Vida misma que toma temporalmente forma en este yo, se produce la liberación de los apegos. Hemos encontrado la “casa” y la seguridad, que no son separadas ni distintas de lo que somos. La comprensión de nuestra verdad hace cesar las pesadillas de pedigüeño.

¿Dónde busco la seguridad?

Enrique Martínez Lozano

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