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“¿Es la Biblia “Palabra de Dios”?·, por Consuelo Vélez

Miércoles, 13 de octubre de 2021

Un-hombre-estudia-la-Bibliaestudios-biblicosDe su blog Fe y Vida:

“Veo tanta ingenuidad en los que nutren su vida con otras tradiciones que creen que todo lo que leen es verdad absoluta”

Hay mucha gente que relativiza la palabra de Dios porque está cansada de que se haya invocado tantas veces para mantener doctrinas o leyes que más que ayudar a las personas, les ponen cargas pesadas sobre sus hombros

Durante muchos siglos se leyó la Biblia de manera literal y se la invocó para afirmar que Dios dice esto o aquello. Por supuesto la ingenuidad o ignorancia sobre esa lectura literal es evidente

Es urgente una formación bíblica adecuada que muestre que aquello es una deformación y que, bien interpretada, es palabra de Dios en la medida que usando mediaciones humanas nos da testimonio de cómo descubrir la presencia de Dios en nuestra historia

Planteo esta pregunta de si la Biblia es “Palabra de Dios” porque últimamente he escuchado algunas afirmaciones que parecen relativizarla, también porque mucha gente no cae en cuenta de lo que significaría esto si lo creyéramos a fondo y, finalmente, porque otras personas buscan “palabras de sabiduría” en muchos otros escritos fuera de la tradición cristiana y, sin duda, les ayudan mucho para su vida.

Vayamos por partes. En el primer caso, hay mucha gente que relativiza la palabra de Dios porque está cansada de que se haya invocado tantas veces para mantener doctrinas o leyes que más que ayudar a las personas, les ponen cargas pesadas sobre sus hombros. Ante esto hay que reconocer que la interpretación adecuada del texto bíblico es una conquista “relativamente” reciente y por eso durante muchos siglos se leyó la Biblia de manera literal y se la invocó para afirmar que Dios dice esto o aquello. Por supuesto la ingenuidad o ignorancia sobre esa lectura literal es evidente. Por ejemplo, se toma al pie de la letra que Jesús calmó la tempestad (Mt 8, 26) pero no se toma al pie de la letra el que “si tu ojo es ocasión de pecado, arráncatelo” (Mt 5, 29).

Ya es una afirmación aceptada por la Iglesia que la Biblia fue escrita mucho después de que suceden los acontecimientos que allí se narran y no con la intención de relatarnos detalles precisos de lo que allí pasó sino de testimoniar la presencia de Dios a favor de su pueblo en esos acontecimientos que se cuentan allí. Lo hacen con los géneros literarios de su tiempo y desde las categorías y esquemas de su contexto. Por eso es imprescindible utilizar los métodos exegéticos y hermenéuticos adecuados para entender el texto. Ahora bien, aunque esa tarea es propia de los/as biblistas, no significa que no se enseñe a todo el pueblo de Dios que para acercarse a dicho texto hay que hacerse por lo menos dos preguntas básicas: ¿Qué quiso decir el autor bíblico con ese texto en su contexto? ¿Qué dice ese texto bíblico hoy para nosotros? Sin olvidar que las circunstancias son distintas y que la biblia no es un recetario para aplicar literalmente sino un horizonte de sentido para interpretar nuestro presente.

Es decir, lo que es “Palabra de Dios” no es la literalidad del texto sino el testimonio de fe que los autores/as sagrados nos han dejado en el texto bíblico -una maravillosa mediación humana para mantener en el espacio y tiempo dicho testimonio-. Por lo tanto, tienen razón aquellos que ya están cansados de escuchar predicaciones bíblicas fundamentalistas o literales que no se entienden para el hoy. Por eso es urgente una formación bíblica adecuada que muestre que aquello es una deformación y que, bien interpretada, es palabra de Dios en la medida que usando mediaciones humanas nos da testimonio de cómo descubrir la presencia de Dios en nuestra historia.

En el segundo caso, también es entendible que una tradición tan antigua se vaya desgastando y, más si no se actualiza. Con lo cual, en cada Eucaristía escuchamos al finalizar las lecturas que el lector dice: “Palabra de Dios” y el pueblo responde: “Te alabamos Señor” o “Gloria a Ti, Señor” en el caso del Evangelio. Pero se ha vuelto tan rutinario o se motiva tan poco esa lectura o se explica tan mal esa palabra que la gente no permanece atenta o no llega a “saborear” lo que eso significaría si lo creyéramos a fondo. No estamos escuchando una palabra cualquiera sino una que nos hace posible que sepamos cómo han entendido a Dios los que nos precedieron y cómo podemos entenderlo nosotros hoy. Eso sí, con la humildad suficiente de saber que lo que entendemos sobre Dios siempre es mucho menos de lo que Él es y que como está mediado por nuestra comprensión, podemos matizarla y señalar nuevos aspectos, en la medida que seguimos meditando sobre ella. En este último sentido, si creyéramos que la Biblia es Palabra de Dios, la tarea teológica se referiría mucho más a ella, no solo invocándola para “justificar” alguna idea que decimos, sino para dejarnos sorprender y enriquecer con lo que ella nos dice -ya que es una palabra viva, no muerta-. Pero, como ya lo he dicho otras veces, muchas publicaciones teológicas y muchos eventos académicos, adolecen de la perspectiva bíblica a la hora de presentar sus reflexiones.

Finalmente, nuestro mundo ya esta mucho más configurado con la pluralidad de expresiones culturales y religiosas. De ahí que la cercanía con otras maneras de ver la vida, de darle sentido, de enriquecer las comprensiones ya es una práctica adquirida. Y, resulta una experiencia muy rica -como variada y polifacética es la vida humana-, reconocer que toda la verdad o la manera de ver las cosas, no la tenemos desde la tradición cristiana y que hay muchos libros de sabiduría que nos ayudan y enriquecen. Pero dos observaciones sobre esto. La primera, para los que somos cristianos ojalá que no perdamos la riqueza que nuestra propia tradición nos regala y siga siendo fuente de sentido para nuestra vida. La segunda, saber que con cualquier otro libro de sabiduría hay que tener el mismo cuidado interpretativo que señalé para la Biblia. A veces, veo tanta ingenuidad en los que nutren su vida con otras tradiciones que creen que todo lo que leen es verdad absoluta. Eso también puede revelar una ignorancia o ingenuidad total, admitiendo a veces planteamientos que rayan con lo absurdo. Como toda mediación humana, cualquier horizonte de sentido que se proponga, puede tener errores, manipulaciones, intencionalidades que nos siempre son positivas. Ojalá que el discernimiento sea siempre la actitud para acercarnos a todo libro de sabiduría, pero, a los que nos ha constituido la tradición cristiana, sería muy importante, no olvidar la profundidad de lo que creemos: en una mediación humana -bien interpretada- Dios nos habla como un amigo y su palabra es viva y eficaz, capaz de penetrar el alma y el espíritu y discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Cf. Hb 4,12).

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Y, si Dios fuera Ateo

Jueves, 23 de septiembre de 2021

61LPa09QdcLJuan Zapatero Ballesteros,
Sant Feliú de Llobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 10/09/21.- Alguien dijo en su día “Si las vacas pudieran imaginar a Dios, lo imaginarían en forma de vaca”. Y es que parece ser que existe una tendencia innata a que la persona imagine con forma humana todo ser espiritual o materialmente invisible. De hecho, ya en el siglo V antes de Cristo, el filósofo griego Jenófanes de Colofón criticaba la concepción antropomórfica que se tenía de los dioses, representados siempre con formas humanas diversas. En el caso de las religiones monoteístas, con formas masculinas, todas ellas, y con facciones externas que dejan entrever poder, sobre todo; de hecho en la liturgia cristiana la mayoría de las oraciones comienzan precisamente con estas palabras u otras muy parecidas “Oh, Dios todopoderoso…”.

Pues bien; esto que sucede a nivel físico y exterior, suele pasar también a nivel de cualidades y valores; en este sentido, el Dios de estas tres religiones posee virtudes, nunca defectos evidentemente, en el grado más elevado y superior respecto al que tienen las personas creyentes en ellas; tales, como por ejemplo, la bondad, la misericordia, la benevolencia, etc. Curiosamente, yo supongo que de manera totalmente inconsciente, a este Dios también se le atribuyen maneras de ser, de pensar y de actuar humanas; algunas veces, cuando son positivas, en el grado más excelso, como acabo de decir; otras, en cambio, intentando proyectar en Él nuestros deseos de superar las propias deficiencias, por un lado, o de hacerle partícipe de nuestras concepciones personales por lo que a la vida, al cosmos y a las cosas se refiere; también en cuanto al modo de concebir, entender y practicar la religión, posiblemente con el fin la mayoría de las veces de convencernos y de justificar de esa forma que estamos en lo correcto. Podríamos decir, por tanto, que, si es verdad que Dios no puede experimentar, en cuanto a la actitud de creer, las vicisitudes, oscuridades y dudas que puede llegar a experimentar en general toda persona creyente, sí que puede “creer”, de hecho “cree”, solamente que en grado excelso y absoluto; ello quiere decir que, para nosotros de alguna manera, “Dios es creyente”. Y que bien sería que fuera así para que nosotros pudiéramos justificar con ello en algunos momentos nuestros trapicheos y actitudes poco humanas, poco religiosas y nada cristianas en el caso que nos atañe.

Aunque las gustaría a muchas y muchos, en primer lugar, que Dios creyera a pie juntillas en la carrera “meritoria” que, por cierto, tanto suele complacer, en mayor o menor nivel, a la mayoría de creyentes, por no decir a todos, de cara a ser queridos por Él, a serlo con más intensidad o a que no lo fueran otras personas por no haber hecho tales méritos o no haberlos hecho en la cantidad suficiente, cabe decir que el Dios que mostró Jesús en el Evangelio no cree en absoluto en ninguna de esas nimiedades, menos aún, cuando se pueden cuantificar y medir, por ser visibles, tal y como mandan los “cánones”, no fuere que conciencias “laxas y permisivas”, a nivel religioso, denominasen mérito a cualquier acto de la voluntad. Por eso precisamente, el propio Jesús ya tuvo que salir a zanjar esta visión, cuando “un rico se jactaba de poner pingües monedas en el cepillo del Templo frente a una pobre viuda que había dejado unos céntimos” (Lu 21,1-4).

Dios está muy por encima, también, de dogmas y verdades religiosas; sobre todo, cuando la vivencia de dichos dogmas y verdades resultan muchas veces totalmente estériles, por impedir o, en el mejor de los casos, no ayudar a asumir un compromiso verdadero con la vida de las personas y el entorno que las rodea “Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó…” (Lc, 10,30-37).

No cree, tampoco, en el culto ni en las prácticas religiosas, cuando se las otorga finalidad en si mismas o se las concibe como el camino más expedito para mostrar el amor que se le rinde a Él “por encima de todas las cosas”; ignorando que el verdadero amor a Dios es inseparable del amor a las personas (Mt 22, 36-39).

Dios no cree, sencillamente porque es contrario a su esencia, en el Bautismo como requisito para convertir hijas e hijos suyos y en miembros de “su pueblo” a todas y todos cuantos reciben dicho sacramento; sin menoscabo, evidentemente, de la preeminencia que deben tener en ese “pueblo” quienes reciben el sacramento del Orden Sacerdotal. Y no cree en un sacramento como único instrumento de filiación, porque para Él la vida es, por encima de todo, el gran y verdadero sacramentos “Yo soy el que soy” (Ex 3,13-14); una vida, por cierto, de la que muchos no participan o lo hacen casi vacía de dignidad.

Tampoco cree en una Iglesia donde solamente los varones tienen acceso a los ministerios sagrados y, por tanto, solamente “ellos” pueden estar al frente de las comunidades, pudiendo solamente “ellos” también, valga la redundancia, presidir la “Cena del Señor” y perdonar los pecados.

No solamente no cree, sino que detesta con todas sus fuerzas, que la versión del libro del Génesis “Varón y hembra los creó” (Gn 5,2), se corresponda con los parámetros morfológicos, psíquicos y afectivos que el vulgo ha venido manteniendo como naturales desde antiguo; resultando así más fácil distinguir la rectitud de la perversión y, por ende, la moralidad de la inmoralidad. Y ello, precisamente, por haber entendido de manera literal la versión de dicho libro.

No; nos hemos topado con un Dios que no solamente no es creyente, sino más aún, que muestra un profundo “ateísmo” en estas y otras muchas cuestiones, cuya lista sería casi interminable. Y, todo ello precisamente, porque es un Dios que ama la vida y ama a todos los hombres y mujeres de manera totalmente generosa y gratuita.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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En el Mes de la Biblia, fallece uno de los más insignes biblistas chilenos, el teólogo Pablo Richard

Jueves, 23 de septiembre de 2021

Liberation theologian Father Pablo Richard Guzman stands in front of St. Anthony Catholic Church in Soyapango, El Salvador, May 22. Father Guzman, originally from Chile, says Archbishop Oscar Romero was not a follower of liberation theology, "but he influenced us." (CNS photo/Chaz Muth) See ROMERO-RICHARD May 22, 2015. Pablo Richard Guzman (CNS photo/Chaz Muth) 

Fue uno de los teólogos que más aportó para que las comunidades cristianas del mundo pobre

Familiares en Chile confirmaron el fallecimiento del sacerdote Pablo Richard Guzmán, quien ejercía su ministerio desde hace cerca de 40 años

El sacerdote Sergio Torres, uno de sus cercanos amigos y con quien Pablo Richard compartió diferentes proyectos, declaró a Kairós News sentirse muy dolido por la partida de su amigo

Los familiares del sacerdote en Chile le confirmaron el sorpresivo fallecimiento ocurrido en San José, esta mañana, porque no estaba enfermo sino que con las dolencias propias de su edad

Pablo fue fundador y activo dirigente del Movimiento de Cristianos por el Socialismo en los inicios de los años 70. Con el golpe cívico militar del 73 partió a Francia exiliado. Antes se había casado y había tenido hijos

En uno se sus últimos escritos, afirmó: “Cuando Dios se hace humano todos los dioses se derrumban. El dios dinero, el dios mercado, con su fuerza el neoliberalismo”

Afirmó, asimismo: “La lucha de los dioses: los ídolos de la opresión y la búsqueda del Dios Liberador’, fue un libro que entregué a Mons. Romero y que impactó la espiritualidad de los años 80 y más“.

Pablo Richard, médico de la fe y la amistad

Pablo Richard (1939-2021). Cristiano, teólogo de la libertad, amigo

Pablo Richard, teólogo de la liberación contra la idolatría del mercado

1.09.2021

(Kairós News).– “En el principio la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”. “Y la Palabra se hizo carne  y puso su Morada entre nosotros” (cf. Jn 1, 1-14) Carne significa humanidad en condición de debilidad y mortalidad.(…) Cuando Dios se hace humano todos los dioses se derrumban. El dios dinero, el dios mercado, con su fuerza el neoliberalismo».

Ese fue uno de  los últimos escritos de Pablo Richard, registrado por Amerindia en la Red el 10 de abril del año pasado. «La contradicción es con el Dios Palabra que se hizo carne, que se despojó de su condición divina y se hizo esclavo. ‘La lucha de los dioses: los ídolos de la opresión y la búsqueda del Dios Liberador’, fue un libro que entregué a Mons. Romero y que impactó la espiritualidad de los años 80 y más», añadió.

«Ahora se desata una guerra contra la humanidad y la madre tierra. Sentimos que toman vida los dioses de la muerte, los ídolos de la sangre y la muerte. El Dios de la vida aparece como derrotado. Los y las que gritan ¿dónde está Dios?, no reciben  respuesta. ¿Dios ha muerto? No, está vivo, vivo en los que luchan contra el Coronavirus. Dios no ha muerto, está luchando por la vida», concluía.

Pablo Richard Guzmán, nació en Chile, en 1939. En 1966 se graduó como licenciado en Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la que fue alumno deotro de los grandes teólogos, el belga-chileno José Comblin, quien influyó en su énfasis en el estudio de la Biblia. En 1968 obtuvo la licenciatura en Sagradas Escrituras, en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. En 1969 y 1970 estudió Arqueología bíblica, en la Escuela Bíblica de Jerusalén.

Teología de la liberación

Fue fundador y activo dirigente del Movimiento de Cristianos por el Socialismo en los inicios de los años 70. Gon el golpe cívico militar del 73 partió a Francia exiliado. AllÍ se doctoró en Sociología de la Religión, en La Sorbona de Parìs.

Antes de partir al exilio, Richard dejó el sacerdocio y se casó y tuvo hijos.

Posteriormente se radicó en Costa Rica, país que lo acogió y le dio posibilidades de seguir aportando al movimiento popular de la Biblia del que era un importante difusor junto al brasileño Carlos Mester. Así trabajó en el Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI)], dedicado a la formación permanente de agentes de pastoral en América latina y del que fue director.

En Costa Rica solicitó volver al sacerdocio, siendo aceptado por el arzobispo de San José quien lo encardinó a su diócesis con el expreso apoyo del entonces prefecto de la Congregación del Clero en Roma, el colombiano Darío Castrillón quien después fuera presidente del Celam.

Con la vuelta a la democracia en Chile, Richard visitó en varias oportunidades nuestro país para participar en foros y dar conferencias y talleres bíblicos a las comunidades cristianas, siendo el Centro Ecuménico Diego de Medellín su casa en Chile para realizar estas actividades.

Misa in Memoriam

El sacerdote Sergio Torres, uno de sus cercanos amigos y con quien Pablo Richard compartió diferentes proyectos, declaró a Kairós News sentirse muy dolido por la partida de su amigo.

Torres señaló haber conversado con los familiares del sacerdote en Chile quienes no solo le confirmaron el sorpresivo fallecimiento ocurrido en San José, esta mañana, porque no estaba enfermo sino que con las dolencias propias de su edad, e informaron que se celebrará una eucaristía en su memoria el miércoles 22 próximo, a las 4 de la tarde, en la capilla del Colegio San Ignacio El Bosque, ubicado en Avenida Pocuro 2801, Providencia, Santiago.

Publicaciones

Publicó numerosas obras, entre ellas, los siguientes libros:

– Origen y desarrollo del movimiento Cristianos por el Socialismo: Chile, 1970-1973, 1975. Centre Lebret Foi et développement.

– Cristianismo, lucha ideológica y racionalidad socialista, 1975. Salamanca, Sígueme.

– Cristianos por el socialismo. Historia y documentación,1976. Salamanca: Sígueme.

– Muerte de las cristiandades, nacimiento de la Iglesia, 1978. París: Lebret.

– Desarrollo de la teología latinoamericana: 1960-1978, 1979. San José, Costa Rica: Seminario Bíblico Latinoamericano.

– La Iglesia latino-americana entre el temor y la esperanza: apuntes teológicos para la década de los años 80, 1980. Bogotá: Indo-American Press Service.

– Religión y política en América Central: hacia una nueva interpretación de la religiosidad popular, 1981. San José, Costa Rica: DEI.

– La iglesia de los pobres en América Central (coautor Guillermo Meléndez), 1984. San José, Costa Rica: DEI.

– La fuerza espiritual de la iglesia de los pobres, 1987. San José, Costa Rica: DEI.

– La lucha de los dioses: los ídolos de la opresión y la búsqueda del Dios liberador, 1989. San José, Costa Rica: DEI.

– Lectura popular de la Biblia en América Latina: una hermenéutica de la liberación, 1987. San José, Costa Rica: DEI.

– Apocalipsis: Reconstrucción de la Esperanza, 1994. San José, Costa Rica: DEI.

– El Movimiento de Jesús después de la Resurrección y antes de la Iglesia. Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles, 1998. Maliaño (Cantabria): Editorial Sal Terrae, 2000.

– 10 palabras clave sobre la Iglesia en América Latina, 2003. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino.

– Fuerza ética y espiritual de la Teología de la liberación en el contexto actual de la globalización, 2004. San José, Costa Rica: DEI.

Fuente Religión Digital

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21.9.21.Mes de la Biblia,San Mateo: El evangelio fundacional de la Iglesia

Martes, 21 de septiembre de 2021

evangelio-de-mateoDel blog de Xabier Pikaza:

Se celebra este día (21, 9) la fiesta de San Mateo, primer evangelista, punto de partida de la lectura del NT y de toda la Biblia para millones de cristianos, como he puesto de relieve en Ciudad Biblia.

Podemos empezar con el relato de la llamada de Jesús, según Lc 5,27-32. No sabemos mucho de él. Mc 2, 14 le llama Leví (levita, hijo de Alfeo), identificado por la tradición con el autor del primer evangelio, un escriba que saca de su arcón de libros verdades antiguas y nuevas, para dibujar la figura de Jesús,  centro de toda la Biblia (Mt 13, 52).

Su “historia” es admirable, paradójica: Es judío (Levi), y sin embargo parece funcionario del dinero universal (de Judea y Roma), publicano sospechoso y afamado. Está contando el dinero en el telonio, pero Jesús le llama y el deja todo y le sigue, invitándole después, con los discípulos y amigos publicanos (pecadores) a comer de fiesta, gastando el dinero quizá mal ganado en un festín sospechoso.

Los fariseos (separados) critican y condenan a Jesús porque se sienta (come, hace amistad) con pecadores y gente de vida dudosa, pero Jesús responde defendiendo el perdón mutuo y el abrazo sobre la ley pura de los intransigentes. Éste Leví es un hombre apropiado para escribir un evangelio como el de Mateo. Hoy sería buen día para leerlo entero.

Cronológicamente no parece el primer evangelio que se ha escrito, Marcos parece anterior, lo mismo que un documento evangélico llamado Q (sigla de Quelle, fuente). Pero el canon del Nuevo Testamento ha colocado al principio el evangelio de Mateo, tomándolo así como libro clave para entender la Biblia Cristiana. Muchos han escrito y siguen escribiendo sobre este evangelio de Mateo. Yo mismo le he dedicado un largo comentario. Pero es preferible leer hoy el texto del Evangelio de Mateo.

 Nueva introducción (Mt 9,9-13)

Cuenta la tradición que un publicano (Levi) se sentaba en su oficina de impuestos (telonio). Parecía por familia un sacerdote: Se llamaba Leví, levita. Pero la fortuna de la vida o su opción económica le hicieron “oficial de aduanas”, quizá jefe económico del puesto de frontera entre Cafarnaúm, donde Jesús vivía (en Galilea, reino de Herodes), y Betsaida, ciudad de Pedro, Andrés y Felipe (en Iturea, reino de Felipe).

            Jesús debía pasar por allí con frecuencia, fijándose en Levi, a quien un día llamó diciendo: “Ven conmigo”. Y Leví dejó la aduana con dinero y siguió a Jesús, el pobre. ¿Qué podría hacer en su grupo un publicano? Quizá hablar de economía, enseñar cómo funcionan los impuestos, de qué forma se invierte el dinero.

Todo eso hizo Leví, sin duda. Pero el texto empieza hablando de otra cosa: Leví invitó a Jesús a comer, con escándalo de muchos que decían: ¡Cómo puede sentarse Jesús a su mesa! Debió ser una comida de solidaridad y compromiso por el Reino. ¿Qué dirían? ¿Qué diríamos nosotros?

EL EVANGELIO DE MATEO

 Elementos distintivos

   He presentado a Mateo como evangelio fundacional de la Iglesia, un evangelio hecho de pactos (entre los de Jerusalén y los de Pablo, entre galileos y helenistas), el evangelio que  ha sido y sigue siendo la palabra clave del “fundamento” de la Iglesia, vinculada a la figura y acción de Pedro (Mt 16, 17-19), un Pedro-cimiento sobre el que pueden edificarse todas las “moradas” y caminos de la Iglesia.

No es un código legal, sino un libro de vida que vincula la tradición de Israel (desde el principio) y la nueva experiencia cristiana, una especie de “manual” de vida (como pudo ser, en un plano distinto, la Regla de la Comunidad de Qumrán). Es, al mismo tiempo, un libro/controversia que recoge el resultado (las actas) de una fuerte disputa entre seguidores de Jesús y judíos rabínicos, con urgencia escatológica, pues muchos aguardaban el cambio de los tiempos, el derrumbamiento de un mundo anterior, la llegada del Reino de Dios. Pero, siendo todo eso, es un libro-guía de Jesús y de su comunidad cristiana.

Mateocuenta la historia de Jesús como cumplimiento de la tradición bíblica, fijada básicamente en la Escritura de Israel (el AT cristiano). Muchos escritos de entonces (entre el III aC y el II dC) quisieron fijar la identidad judía desde las nuevas circunstancias religiosas y sociales, como hizo Mateo, aunque en otras perspectivas. Entre ellos podemos recordar Jubileos, diversas partes de 1 Henoc y la Regla de Qumrán, con los grandes apocalípticos del I-II dC (2 Baruc, 4 Esdras).

Éstos y otros libros querían mantenerse fieles a la tradición judía, pero la reinterpretaban de diversas formas. En ese contexto ha recreado Mateo la tradición y vida judía desde Jesús de Nazaret, abriendo así un camino mesiánico nuevo, que se ha mantenido y extendido en la Iglesia cristiana.

Mateo expone despliega una visión radical del judaísmo, pero entendido desde la historia de Jesús, ofreciendo una visión canónica (eclesial y normativa) de su mensaje y movimiento. Los estudiosos judíos posteriores han aceptado el carácter israelita de otros libros apocalípticos o legales, como los citados (Jubileos y 1 Henoc…), pero afirman en general que Mateo no sería ya judío. En contra de eso, pienso que Mateo es tan judío (fiel a la Escritura de Israel) como esos libros, pero con la diferencia de que ellos no han logrado crear una “comunidad autónoma” de creyentes.

Pues bien, Mateo lo ha hecho, reinterpretando la historia de Jesús en este libro-guía de la comunidad cristiana, superando (trascendiendo) de hecho los límites de un judaísmo rabínico tradicional (con la Misná), pero conservando y ratificando desde Jesús, lo que a su juicio (y a juicio de gran parte de los cristianos) es la raíz del judaísmo.

En esa línea, Mateo es un libro de historia de la iglesia, pues, al recrear la “vida” de Jesús, cuenta su acogida en las iglesias. En el fondo de su evangelio está la historia de Jesús, pero con rasgos tomados de Pablo, y también de Santiago… y en especial de Pedro.

Un tipo de iglesia católica ha estrechado la amplitud del evangelio de Mateo, ha domesticado en forma romana la universalidad de Pedro… En ese sentido, si la iglesia católica quiere recuperar la tradición de Pedro tiene que verle en comunión dialéctica con Pablo, con Santiago, con el Discípulo amado.

No le importa sólo Jesús (sus palabras y sus hechos en sí mismos), sino en la vida de sus seguidores, entre los que destaca Pedro, pero sin negar a Pablo, a Santiago, al Discípulo amado y a las mujeres de Pascua

. Como puso de relieve la “historia de las formas” (Formgeschichte), los evangelios, y de un modo especial Mateo, exponen no sólo el pasado de la historia de Jesús, sino la forma en que esa historia ha sido acogida y valorada por la Iglesia. Según eso, Mateo recrea y vincula dos historias: La de Jesús, Mesías de Israel, y la de sus seguidores en la Iglesia.

Mateo es un libro de choque socio-cultural, y así ofrece una gran alternativa político-religiosa, en el cruce entre dos mundos (oriente y occidente). Es un libro de base semita, oriental (hebreo y arameo), y en esa línea presenta al principio a los “magos de oriente”, los sabios que vienen buscando a Jesús con la estrella (Mt 2).

Pero, al mismo tiempo, es un libro clave de la historia de de occidente, elaborado desde un judaísmo que ha crecido en el contexto socio-cultural del helenismo, en el imperio romano; un libro escrito en griego culto, la koiné helenista, para ofrecer una alternativa económica y social, cultural y religiosa al mundo dominante (al orden romano), desde una ciudad que era cruce de culturas e historias (Antioquía de Siria, hoy Turquía). Ciertamente, no critica de forma directa al Imperio Romano, ni desarrolla una imaginería apocalíptica de su pecado y caída (como el Ap Juan), pero eleva una alternativa mesiánica a su visión de poder del mundo.

Es un discurso de  fuerte controversia, con elementos claramente retóricos, cosa que a veces se olvida en las relaciones entre judíos y cristianos, un libro donde deben esccharse las razones de Pablo y del rabinismo, recreadas desde Jesús.

Ciertamente, incluye textos y testimonios admirables de perdón y comunión, de universalismo y pacificación, pero, al mismo tiempo, recoge la historia de un duro conflicto entre seguidores de Jesús y otros judíos, y lo hace no sólo con dureza, sino incluso con “mentiras retóricas”, acentuando de manera injusta (e incluso ofensiva) los posibles defectos de los adversarios (judíos rabínicos).

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Celebrar el mes de la Biblia reconociendo el papel de las mujeres en su traducción y divulgación

Lunes, 20 de septiembre de 2021

1428E913-E599-4765-8796-2DA86C0BF6B4San Jerónimo con Santa Paula y Santa Eustoquia | Francisco de Zurbarán. Wikimedia Commons

Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:

“Hacer de la Biblia el alimento sólido de nuestra espiritualidad”

“Más preocupante todavía es que la Biblia no llega a formar parte de la espiritualidad cristiana católica, como una medicación imprescindible y un texto que el pueblo de Dios reconozca como fuente de vida, o de ‘alimento dulce'”

“Falta más formación bíblica para todo el pueblo de Dios, incluidos los presbíteros que en sus homilías a veces se percibe que le hacen decir al texto lo que no dice o que los usan como ‘excusa’ para pasar a otro tema -casi siempre del ámbito moral”

“Cuando Jerónimo perdió buena parte de su visión, fueron estas mujeres las que le ayudaron en su tarea, con lo cual no sería de extrañar que algunos de los escritos de Jerónimo sean de autoría de estas mujeres”

Consuelo Vélez

Septiembre se conoce como el mes de la Biblia. En el ámbito católico, por la figura de Jerónimo que murió el 30 de septiembre y fue quien tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín. Esa traducción se conoce como la “Vulgata”, habiendo sido este el texto bíblico oficial de la Iglesia católica hasta 1979. En el ámbito protestante, de habla hispana, se recuerda la aparición impresa que hizo Casiodoro de Reina en 1569, conocida como la Biblia del Oso, porque en la tapa aparecía un oso comiendo miel desde un panal. Esta versión fue revisada posteriormente por Cipriano de Valera, dando origen a la famosa versión Reina Valera, que ha sido la Biblia más usada por los evangélicos de lengua castellana.

Más allá de que la Biblia se celebre este mes, siempre es importante recordar que la Sagrada Escritura nos transmite la revelación divina, no a modo de una doctrina fija y literal, sino como bien lo explica la Constitución Dogmática Dei Verbum, mediante los géneros literarios y las condiciones particulares de los escritores sagrados, es decir, siendo ellos verdaderos autores, utilizando sus propios recursos, eso sí, contando con la inspiración divina que nos permite reconocer dichos escritos como Palabra de Dios.

El número 12 de la Dei Verbum se refiere a la necesidad de investigar qué quisieron expresar los autores sagrados y para esto es imprescindible conocer bien los géneros literarios y el contexto desde el que escribieron, para interpretar los textos en consonancia con el sentido general de toda la Sagrada Escritura de manera que se pueda entender lo que Dios nos sigue diciendo hoy a través de su palabra. Es muy importante tomarse en serio esta responsabilidad para no hacerle decir al texto bíblico lo que no dice y menos para justificar nuestras posturas, trayendo un texto bíblico como ‘prueba’ de lo que decimos, cuando muchas veces el texto significa todo lo contrario.

Tomarnos en serio esta responsabilidad todavía resulta difícil. Aunque Vaticano II afirmó que “la Sagrada Escritura debe ser el alma de la Teología (Decreto Optatam Totius, 16), en muchas de las publicaciones teológicas que abordan distintos temas, no es tan frecuente encontrar el aporte desde la Sagrada Escritura a dicho tema. Por supuesto, la mayoría de los artículos, tratando la temática desde la perspectiva sistemática, hacen referencia de alguna manera a la Sagrada Escritura, pero esto no es lo mismo que indagar con la profundidad suficiente y los métodos exegéticos adecuados, la temática que se va a presentar. Algunas veces he recomendado a los organizadores de las obras colectivas que pidan a más biblistas esa colaboración, pero no veo que sea algo que se incorpore suficientemente.

Pero más preocupante todavía es que la Biblia no llega a formar parte de la espiritualidad cristiana católica, como una medicación imprescindible y un texto que el pueblo de Dios reconozca como fuente de vida, o de “alimento dulce” -haciendo referencia al oso comiendo miel de la Biblia protestante-, como podría ser. Falta más formación bíblica para todo el pueblo de Dios, incluidos los presbíteros que en sus homilías a veces se percibe que le hacen decir al texto lo que no dice o que los usan como ‘excusa’ para pasar a otro tema -casi siempre del ámbito moral– en lo que los predicadores gastan mucho tiempo exhortando a los fieles para que no caigan en esos pecados de los que la Biblia generalmente no habla.

El papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium (n. 146-147) insiste en que la homilía debe “prestar toda la atención al texto bíblico, que debe ser el fundamento de la predicación (…) Quiero insistir en algo que parece evidente pero que no siempre es tenido en cuenta: el texto bíblico que estudiamos tiene dos mil o tres mil años, su lenguaje es muy distinto al que utilizamos ahora (…) Si el predicador no realiza este esfuerzo, es posible que su predicación tampoco tenga unidad ni orden: su discurso será sólo una suma de diversas ideas desarticuladas que no terminarán de movilizar a los demás”.

Finalmente, conviene recordar el papel de las mujeres en el trabajo de traducción de la Sagrada Escritura. Según testimonios escritos de San Jerónimo, fue un grupo de mujeres -Paula, Eustoquia, Blesila, Fabiola y, especialmente Marcela, entre otras, las que no solo lo sostuvieron económicamente para realizar su trabajo, sino que fueron las que, con su insistencia, interés y dedicación al estudio del texto bíblico, le ayudaron a mantener la constancia en su trabajo y llegar a los logros que la historia le reconoce.

El mismo Jerónimo agradece la insistencia de estas mujeres y dice que muchos le critican por enseñarle a las mujeres -a las que se les considera el sexo débil- y no a los varones, pero él mismo cuenta, que los varones no le preguntaban nada y en cambioellas estaban ahí, haciéndole preguntas con gran rigor intelectual y pertinencia sobre los temas bíblicos. Más aún, alaba la inteligencia de estas mujeres y la rapidez con que alguna de ellas aprendió el hebreo -ya sabían griego y latín-, reconociendo que había aprendido mucho más rápido que él y con mucha más fluidez y excelente pronunciación.

En una de sus cartas llama a Marcela “supervisora de sus trabajos, es decir, ella no solo controlaba el rigor intelectual de Jerónimo sino también organizaba su trabajo. Fue tanta la ayuda que ellas le prestaron que muchas de sus obras las dedica a estas mujeres. Pero aún más. Cuando Jerónimo perdió buena parte de su visión, fueron estas mujeres las que le ayudaron en su tarea, con lo cual no sería de extrañar que algunos de los escritos de Jerónimo sean de autoría de estas mujeres o por lo menos le hayan dado muchos de los insumos que luego este redacta en sus obras. Ellas también se encargaron de la edición y divulgación de sus escritos, a pesar de las resistencias que encontraron en los inicios.

En definitiva, celebrar la Sagrada Escritura es comprometernos con el estudio serio sobre ella y el propósito de hacerla alimento sólido de nuestra espiritualidad pero también -para actuar en justicia-, reconocer el papel de las mujeres en tantas realidades en las que han sido protagonistas y se les ha invisibilizado y, en este caso, si se honra la memoria de San Jerónimo, con más razón deberíamos honrar la memoria de estas mujeres, sin las cuales no hubiera sido posible dicha traducción que fue tan importante para la Iglesia católica durante tanto tiempo.

(Imagen tomada de: https://www.mujeresenlahistoria.com/2017/03/la-primera-monja-santa-paula-de-roma.html)

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“Lo que algunos dicen hoy”. 24 Tiempo Ordinario – B (Marcos 8,27-35)

Domingo, 12 de septiembre de 2021

45_24_TO_B_1474150También en el nuevo milenio sigue resonando la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». No es para llevar a cabo un sondeo de opinión. Es una pregunta que nos sitúa a cada uno a un nivel más profundo: ¿quién es hoy Cristo para mí? ¿Qué sentido tiene realmente en mi vida? Las respuestas pueden ser muy diversas:

«No me interesa. Así de sencillo. No me dice nada; no cuento con él; sé que hay algunos a los que sigue interesando; yo me intereso por cosas más prácticas e inmediatas». Cristo ha desaparecido del horizonte real de estas personas.

«No tengo tiempo para eso. Bastante hago con enfrentarme a los problemas de cada día: vivo ocupado, con poco tiempo y humor para pensar en mucho más». En estas personas no hay un hueco para Cristo. No llegan a sospechar el estímulo y la fuerza que podría él aportar a sus vidas.

«Me resulta demasiado exigente. No quiero complicarme la vida. Se me hace incómodo pensar en Cristo. Y, además, luego viene todo eso de evitar el pecado, exigirme una vida virtuosa, las prácticas religiosas. Es demasiado». Estas personas desconocen a Cristo; no saben que podría introducir una libertad nueva en su existencia.

«Lo siento muy lejano. Todo lo que se refiere a Dios y a la religión me resulta teórico y lejano; son cosas de las que no se puede saber nada con seguridad; además, ¿qué puedo hacer para conocerlo mejor y entender de qué van las cosas?». Estas personas necesitan encontrar un camino que las lleve a una adhesión más viva con Cristo.

Este tipo de reacciones no son algo «inventado»: las he escuchado yo mismo en más de una ocasión. También conozco respuestas aparentemente más firmes: «soy agnóstico»; «adopto siempre posturas progresistas»; «solo creo en la ciencia». Estas afirmaciones me resultan inevitablemente artificiales, cuando no son resultado de una búsqueda personal y sincera.

Jesús sigue siendo un desconocido. Muchos no pueden ya intuir lo que es entender y vivir la vida desde él. Mientras tanto, ¿qué estamos haciendo sus seguidores?, ¿hablamos a alguien de Jesús?, ¿lo hacemos creíble con nuestra vida?, ¿hemos dejado de ser sus testigos?

José Antonio Pagola

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“Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho”. 12 de septiembre de 2021. Domingo 24º de tiempo ordinario

Domingo, 12 de septiembre de 2021

51-ordinarioB24 cerezoDe Koinonia:

Isaías 50, 5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban.
Salmo responsorial: 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Santiago 2, 14-18: La fe, si no tiene obras, está muerta.
Marcos 8, 27-35: Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

 Cuando los cristianos se propusieron la transformación del mundo esclavista, inhumano y violento que había impuesto el imperio romano, no comenzaron su labor apelando al hambre de la gente, ni a sus deseos de «acabar con los opresores romanos», sino que apelaron a la conciencia. En efecto, los discursos que prometen remediar el hambre, sólo son efectivos en la medida en que la carencia, la desprotección y el abandono son vistos como injusticias. De lo contrario, no pasan de ser una búsqueda de satisfacciones inmediatas y poco duraderas. Lo mismo ocurre con el deseo de derrocar a los poderosos del imperio y colocar allí a la gente del pueblo. Al poco tiempo, los líderes se llenan de ambiciones y se convierten en tiranos implacables. La única alternativa que queda y de la cual nos habla la carta de Santiago, es la frágil dignidad humana. Si la comunidad no está dispuesta a transformar en su interior toda esa realidad de muerte, miseria y marginación, es inútil que se proponga transformarla afuera. La solidaridad de la comunidad no sólo es un camino para remediar la injusticia en «pequeña escala», es una alternativa de vida. La solidaridad de una comunidad nos permite descubrir que «otro mundo es posible» y que el destino no está atado a la destrucción y la barbarie. La fe cristiana no es tal si se contenta con mirar, desde la barrera, el circo en el que mueren tantas personas inocentes.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Esto puede sonar un poco «patético», sin embargo, basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

El camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, los seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro, Juan y Santiago, líderes del grupo de Galilea, siguen aferrados a la ideología del caudillo nacionalista o del místico líder religioso y no descubren en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.

Este episodio marca el centro del evangelio de Marcos y es el punto de quiebre en el cual el camino de Jesús sorprende a sus seguidores. Ninguno está de acuerdo con él, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos, torcida por las ideologías sectarias y triunfalistas.

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la «Pasión», la «Cruz», debe ser tomada siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado… Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros… Véase el amplio comentario que hacemos al respecto en este próximo día 14, fiesta de la «exaltación» de la Cruz. Leer más…

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12.9. Dom 24 TO. Jesús, Pedro y Mahoma (Mc 8, 27-35)

Domingo, 12 de septiembre de 2021

Jesús-y-PedroDel blog de Xabier Pikaza:

El evangelio de Marcos ha situado el momento clave del cambio de Jesús en Cesárea, en los dominios de Felipe, a quien su hermano Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, había “tomado” su mujer”. Jesús ha salido de Galilea, hacia el norte, hacia las fuentes del Jordán, en los límites del antiguo Israel.

Se ha distanciado de su gente habitual, de los artesanos y sedentarios de su tierra, como si quisiera tomar distancia para descubrir mejor su tarea: volver a Galilea, para quedarse allí, o ampliar su mensaje hacia las tierras del entorno, donde habitan más gentiles, o subir a Jerusalén, llevando allí su mensaje de Reino…

En este contexto ha introducido Marcos la escena básica del reconocimiento de Jesús y su decisión mesiánica, una escena ejemplar, que nos permite fijar la postura de Jesús y la de Pedro, el “representante” de sus discípulos, comparándola con la de Mahoma y el Islam. Retomo y replanteo así un tema esencial del cristianismo, del que me he ocupado ( en otro plano) al reproducir en días pasados un diálogo y discusión de la Cortes de España, en relación con el 11M 2004. 12.09.2021 | X Pikaza

Texto

(1) Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesárea de Felipe, y por el camino les pregunto: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”. Ellos le dijeron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas”.

(2) Y él les preguntaba: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo.” Y él les mandó enérgicamente que no hablaran a nadie acerca de él.

(3)Y comenzó a enseñarles que era necesario que el Hijo del hombre sufriera mucho y fuera reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que le mataran y que resucitaría a los tres días. Hablaba de esto abiertamente.

(4) Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: “¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.” (Mc 8, 27-35) [1].

JESÚS Y PEDRO. DOS ESTRATEGIAS.

Presentación del texto:

historia-de-jesusPregunta y opiniones. ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Jesús quiere realizar un camino público y su proyecto resulta inseparable del reconocimiento de la gente. No realiza su tarea a solas, sino para que puedan acompañarle. Es mensajero de un  Reino abierto a los demás y, por eso, la opinión de aquellos que aceptan o rechazan su camino forma parte de su proyecto y tarea. En ese contexto se enmarcan las opiniones de la gente,  que sitúan Jesús entre las esperanzas y figuras tradicionales de Israel (Elías, los profetas, Juan),  sin destacar expresamente su diferencia mesiánica.

Crisis mesiánica: Tú eres el Cristo. Jesús depende de la acogida de la gente y, de un modo especial, de la respuesta de aquellos a quienes ha llamado, para que asuman su misma tarea de Reino. Necesita seguidores y sin ellos no puede actuar como Mesías o mensajero de Dios. Eso supone que asume el riesgo de quedar en manos de opciones mesiánicas distintas de la suya, opciones que ponen en crisis su mismo movimiento, de manera que él puede ser manipulado o rechazado por sus discípulos. En ese contexto, la respuesta de Pedro, que le sitúa en un campo de mesianismo davídico forma parte del proyecto de Jesús.

Ratificación. El Hijo del Hombre tiene que sufrir. Jesús acepta la respuesta de Pedro, pero interpreta su mesianismo en una línea de entrega/muerte del Hijo de Hombre, no de triunfo nacional judío. En un momento dado, que Marcos ha fijado en este pasaje, pero que ha tenido, sin duda, un desarrollo progresivo, Jesús ha descubierto que no puede ser Mesías si no está dispuesto a “entregar su vida”, dejando que le maten. Sólo a partir de ese descubrimiento, ha podido confirmar su proyecto mesiánico,  de un modo distinto al que querían Pedro y sus discípulos: actuar como Mesías implica asumir el riesgo de subir a Jerusalén sin armas ni poderes externos, estando dispuesto a morir (no “para” morir).

Disputa con Pedro y los otros discípulos: “Quítate de mi vista”. Jesús ratifica su visión “mesiánica”, alejándose de Pedro y de su mesianismo. En este contexto recoge el evangelio un enfrentamiento: su proyecto de Reino resultaba discutible y ha sido discutido por el mismo Jesús con sus discípulos. Todo nos permite suponer que el texto actual de Marcos recoge controversias mesiánicas que debieron darse en la comunidad primitiva, pero en su base hay un fondo histórico: el mismo Jesús ha debido ir precisando el sentido de su envío mesiánico, en relación con sus discípulos.

 Dentro del evangelio de Marcos (y de Mateo), el pasaje citado (Mc 8, 27-33 par) actúa como texto-bisagra, recogiendo, por un lado, la experiencia anterior del mensaje-vida de Jesús (lo que él ha significado) y abriéndose, por otro, hacia la culminación de su camino. De esa forma, Jesús ha querido sacar las consecuencias de aquello que ha realizado, pues sólo así ha podido situarse ante la urgencia y tarea de lo que debe hacer (y padecer) en el futuro, en diálogo y discusión con Pedro. No se trata de oponer la bondad de Jesús a la maldad de Pedro, sino de trazar el sentido y consecuencias del mesianismo que ha iniciado en Galilea y que debe culminar en Jerusalén.

En el fondo, tanto Jesús como Pedro sienten la “atracción” de Jerusalén, ciudad que no se nombra, pero que domina toda la escena, pues un profeta de Dios debe manifestarse en Judea, para que todos vean las obras que hace (cf. Jn 7, 1-8), y debe culminar su misión en Jerusalén (cf. Lc  9, 51; 13, 33). (1) Pedro supone que, si es Mesías, Jesús tendrá que “subir” a Jerusalén como Hijo de David, para coronarse ante Dios, como el rey antiguo. (2) Pero Jesús, en contra de Pedro, decide subir a Jerusalén como Hijo de Hombre, pero no en línea de imposición y triunfo externo,  sino de entrega de la vida a favor de los demás (aunque no “para” que le maten, como suponía Schweitzer).

660980EA-4282-418E-BAA0-FA5B695EFC67Tal como se plantea aquí, esa oposición entre Pedro y su maestro sólo puede entenderse plenamente en perspectiva pascual, como reflexión posterior de la iglesia. Pero ella refleja también una experiencia histórica, propia del camino mesiánico de Jesús, en el que Pedro (que se llamaba en principio Simón) actúa como representante de los Doce. Pedro actuará  más tarde como “fundador” de la Iglesia, el primer varón que ha visto y creído en Jesús resucitado. Pero aquí se presenta como portavoz  de aquellos que han querido entender y desarrollar el mesianismo de Jesús en forma triunfante (es decir, en la línea de un David nacional). En ese sentido, este pasaje refleja las tensiones mesiánicas de los seguidores de Jesús, que no han sido discípulos pasivos, sino que han discutido con él y han querido influir en su camino.

La propuesta de Pedro forma parte de la estrategia tradicional del mesianismo israelita. Posiblemente no implica violencia militar, pero busca y supone un triunfo externo: un tipo de poder que sea capaz de expandirse, si hace falta, por la fuerza, como propondrán los zebedeos, que quieren “sentarse” a los lados de Jesús, como ministros de un rey poderoso (cf. Mc 10, 35-37). Pues bien, en contra de eso, Jesús no subirá a Jerusalén para tomar el poder, sino para instaurar un Reino donde  no exista poder externo. En este contexto, más que Mesías davídico, al estilo clásico, Jesús será Hijo del Hombre, alguien que puede y quiere  dar la vida por los otros.

La estrategia de Jesús no se define, simplemente, como pura no-violencia pasiva, ni tampoco como resultado de una conquista militar (ni de  una victoria “democrática”: como voluntad de la mayoría), sino que implica una decisión mucho más honda de “quedarse” en manos de los “hombres”, es decir, de las autoridades de Jerusalén, que aquí aparecen desde la perspectiva del Sanedrín judío (sacerdotes, escribas, ancianos). De esa forma visibiliza su mensaje y lleva hasta el final la estrategia de los “itinerantes”, a quienes hemos visto ya en Galilea, poniéndose en  manos de aquellos a quienes anunciaban y ofrecían el Reino, fueran o no recibidos. Leer más…

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Encuesta, examen teórico, suspenso, y ejercicio práctico. Domingo XXIV Ciclo B

Domingo, 12 de septiembre de 2021

discipulos-de-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Cesarea de Felipe, junto a las fuentes del Jordán, es uno de los lugares más hermosos de Israel. El peregrino actual, que parte generalmente de Nazaret, tarda poco más de una hora en un cómodo autobús con aire acondicionado. Jesús y los discípulos tuvieron que hacer el camino a pie, salvando un desnivel de unos 800 ms: desde los 200 bajo el nivel del mar (lago de Galilea) hasta los 500-600 sobre él (pie del monte Hermón). No es un paseo cualquiera. Hay tiempo para callar y tiempo para hablar.

 La encuesta (Marcos 8,27-28)

 En esos momentos de comunicación, Jesús pregunta a los discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

Hasta este momento, el evangelio de Mc ha ido planteando el enigma de quién es Jesús. Un personaje desconcertante, que enseña con autoridad y tiene poder sobre los espíritus inmundos (1,27), perdona pecados como si fuera Dios (2,7), escandaliza comiendo con publicanos y pecadores (2,16) y se considera con derecho a contravenir el sábado (2,27; 3,4). Los fariseos y los herodianos deciden muy pronto que debe morir (3,6), sus familiares piensan que está mal de la cabeza (3,21), los escribas que está endemoniado (3,22), y los de Nazaret no creen en él, lo siguen considerando el carpintero del pueblo (6,1-6). Mientras, los discípulos se preguntan desconcertados: «¿Quién es este que hasta el viento y el lago le obedecen?» (4,41). Ahora, cuando llegamos al centro del evangelio de Mc, Jesús aborda la cuestión capital: ¿quién es él?

En aquel tiempo Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:

-¿Quién dice la gente que soy yo?

Ellos le dijeron:

-Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.

Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, o de otro profeta. De estas opiniones, la más «teológica» y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra». En cualquier caso, resulta interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas. En ello pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto.

Si la pregunta la hubiera formulado Jesús en nuestros días, la encuesta habría resultado más variada y desconcertante que entonces: Hijo de Dios, profeta, marido de la Magdalena, precursor de la dinastía merovingia…

Examen teórico (8,29)

Él les dijo:

-Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Tomando la palabra Pedro le dijo:

-Tú eres el Mesías. 

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta. Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta; habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás. Según Mc, la respuesta de Pedro se limita a las palabras «Tú eres el Mesías».

¿Qué significaba este título? En el Antiguo Testamento se refiere generalmente al rey de Israel; un personaje que se concebía elegido por Dios, adoptado por él como hijo, pero normal y corriente, capaz de los mayores crímenes. Sin embargo, la monarquía desapareció en el siglo VI a.C., y los grupos que esperaban la restauración de la dinastía de David fueron atribuyendo al mesías esperado cualidades cada vez más maravillosas.

Los Salmos de Salomón, oraciones de origen fariseo compuestas en el siglo I a.C., describen detenidamente el papel del Mesías: librará a Judá del yugo de los romanos, eliminará a los judíos corruptos que los apoyan, purificará Jerusalén de toda práctica idolátrica, gobernará con justicia y rectitud, y su dominio se extenderá incluso a todas las naciones. Es un rey ideal, y por eso el autor del Salmo 17 termina diciendo: «Felices los que nazcan en aquellos días».

Si imaginamos al grupo de Jesús, que vive de limosna, peregrina de un sitio para otro sin un lugar donde reclinar la cabeza, en continuo conflicto con las autoridades religiosas, decir que Jesús es el Mesías implica mucha fe en el personaje o una auténtica locura.

Lo que piensa Jesús de sí mismo (8,30-32)

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:

-El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.

Se lo explicaba con toda claridad.

En contra de lo que cabría esperar, Jesús prohíbe terminantemente decir eso a nadie. Y en vez de referirse a sí mismo con el título de Mesías usa uno distinto: «Hijo del Hombre», que parece inspirado en Ezequiel (a quien Dios siempre llama «Hijo de Adán») y en Daniel. Lo importante no es el origen del título, sino cómo lo interpreta Jesús: el destino del Hijo del Hombre es padecer mucho, ser rechazado por las autoridades políticas, religiosas e intelectuales, morir y resucitar. En una concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto es inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. Un profeta anónimo la encarnó en el personaje del Siervo de Yahvé (Isaías 53).

Suspenso de Pedro (8,32b-33)

Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a sus discípulos, increpó a Pedro:

-¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Igual que el poema del libro de Isaías, Jesús termina hablando de resurrección. Pero Pedro se queda en el sufrimiento. Se lleva a Jesús aparte y lo increpa, sin que Mc concrete las palabras que dijo.

Jesús reacciona con enorme dureza. Pedro lo ha tomado aparte, pero él se vuelve hacia los discípulos porque quiere que todos se enteren de lo que va a decirle: «¡Retírate, Satanás! ¡Piensas como los hombres, no como Dios!» La mención de Satanás recuerda lo ocurrido después del bautismo, cuando Satanás somete a Jesús a las tentaciones. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Jesús, que no ha visto un peligro en las tentaciones de Satanás, si ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, sino llena de violencia.

Ejercicio práctico (8,34-35)

Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo:

-Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?

De repente, el auditorio se amplía, y a los discípulos se añade la multitud. Las palabras que Jesús deberían desconcertarnos y provocar un rechazo. ¿Se imagina alguien a un político diciendo: «El que quiera votarme, que esté dispuesto a perder las elecciones e ir a la cárcel»? Pero el punto de vista de Jesús no es el de los políticos. No pretende ganar las elecciones en este mundo, sino en el futuro. Para Jesús, el mundo futuro es como un hotel de cinco estrellas; el mundo presente, una chabola asquerosa situada en el entorno más degradado imaginable. Todos podemos salir de la chabola y alojarnos en el hotel. Pero el camino es duro, empinado, difícil. Jesús se ofrece a ir delante, y deja en nuestras manos la decisión: el que se aferre a la chabola, en ella morirá; el que la abandone y lo siga, tendrá un durísimo camino, pero disfrutará del hotel.

Y tú, ¿quién dices que es Jesús?

El evangelio de hoy no puede leerse como simple recuerdo de algo pasado. La pregunta de Jesús se sigue dirigiendo a cada uno de nosotros, y debemos pensar detenidamente la respuesta. No basta recurrir al catecismo («Segunda persona de la Santísima Trinidad») ni al Credo («Dios de Dios, luz de luz…»). Tiene que ser una respuesta fruto de una reflexión personal. En la línea del evangelio de Juan: «El camino, la verdad y la vida». Pero, sea cual sea la respuesta, es más importante aún la decisión de seguir a Jesús con todas las consecuencias.

La aceptación del sufrimiento y la certeza del triunfo (Isaías 50,5-10)

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. El Señor Dios me ayuda; por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará? Que se acerque. Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?

En la concepción difundida a finales del siglo XIX por Bernhard Duhm, este fragmento sería el tercer canto dedicado al Siervo de Yahvé, un personaje misterioso, que termina salvando a su pueblo mediante el sufrimiento y la muerte. Es lógico que los cristianos vieran en él a Jesús (el 4º canto, Is 53, lo leemos el Viernes Santo).

Jesús ha dicho en el evangelio que «el Hijo del hombre tiene que padecer y ser despreciado». Este breve poema anticipa esas ofensas: golpes, burlas, insultos, salivazos, antes de un juicio que se supone injusto. En este breve poema destacan dos detalles: la acción de Dios y la reacción del Siervo.

La acción de Dios consiste en revelar a su servidor lo mucho que va a sufrir («me ha abierto el oído»), pero asegurándole que se mantendrá junto a él: «Mi Señor me ayudaba», «Tengo cerca a mi defensor», «El Señor me ayuda». Esto supone una gran novedad, porque en la teología habitual del Antiguo Oriente (y entre muchas personas de hoy día), el sufrimiento se interpreta como un castigo de Dios. En cambio, el Siervo está convencido de que no es así: el sufrimiento puede entrar en el plan de Dios, como un paso previo al triunfo, y en ningún momento deja Él de estar presente y ayudarle.

Por eso, la reacción del Siervo es de entrega total: no se rebela, no se echa atrás, ofrece la espalda y la mejilla a los golpes, no oculta el rostro a bofetadas y salivazos.

Si Pedro hubiera conocido y comprendido este texto de Isaías, no se habría indignado con las palabras de Jesús, que representan el punto de vista de Dios, mientras que él se deja llevar por sentimientos puramente humanos. Pero debemos reconocer que nuestro modo de pensar se parece mucho más al de Pedro que al de Jesús.

Una polémica muy antigua: la fe y las obras (Santiago 2,14-18)

  «Genio y figura, hasta la sepultura». Eso le pasó a san Pablo. Radical antes de convertirse, lo siguió siendo en algunas cuestiones después de la conversión. Y su forma de expresarse se prestaba a ser mal interpretado. En su lucha con los cristianos judaizantes, partidarios de observar estrictamente la ley de Moisés, como si fuera ella quien nos salva, defiende que la salvación viene por la fe en Cristo. Él no excluye que el cristiano deba comportarse dignamente, todo lo contrario. Pero insiste tanto en la fe y en la libertad del cristiano que sus adversarios le acusaban de negar la necesidad de las buenas obras.

  En esta polémica se inserta el texto de la carta de Santiago, atacando la postura del que presume de tener fe, pero no hace nada bueno. El ejemplo que utiliza, la respuesta del que presume de tener fe a un hermano que pasa hambre, es esclarecedor y sigue inquietándonos actualmente.

Hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento cotidiano, y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe.

Si el autor de la carta y Pablo se hubieran reunido a charlar, habrían estado plenamente de acuerdo. Pablo podría haberle leído un fragmento de su carta a los Gálatas, en la que viene a decir lo mismo: «Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad, pero no vayáis a tomar la libertad como estímulo del instinto; antes bien, servíos mutuamente por amor» (Gálatas 5,13). Nos salva Jesús y la fe en él, pero esa fe debe impulsarnos a una vida que no se deja arrastrar por los bajos instintos (fornicación, indecencia, desenfreno, reyertas, envidias, borracheras, comilonas, etc.), sino que está guiada por los frutos del Espíritu de Dios (amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad…,) (Gal 5,19-25).

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Domingo XXIV del Tiempo Ordinario. 12 de septiembre de 2021

Domingo, 12 de septiembre de 2021

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Se lo explicaba con toda claridad.”

(Mc 8, 27-35)

“…, por el camino preguntó a sus discípulos…” Por el camino, de manera informal. Porque así son las cosas de nuestro Dios. No suele ceñirse a horarios ni lugares.

Nosotros construimos iglesias, pero luego Dios se hace el encontradizo en el silencio de la montaña o en el bullicio del mercado. Nosotros nos marcamos un tiempo para la oración o para las celebraciones. Pero luego va y resulta que el ENCUENTRO (con mayúsculas) es en una mirada o en una conversación.

Las cosas importantes de Dios pueden acontecer en cualquier lugar y a cualquier hora. Ah! Pero esta no es excusa para no dedicarle un tiempo y un espacio. Toda relación necesita de tiempos y espacios. La relación con Dios también. Pero le gusta “asaltarnos” cuando menos lo esperamos.

Y sé de más de una persona que en medio de sus idas y venidas tiene el rato de volver a casa en autobús como un momento “sagrado” en el que conversa tranquilamente con Dios. Hablan de como le ha ido el día, de lo que la inquieta… Y quizá en alguna ocasión Dios le pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?

El autobús, el coche, mientras esperan la cola del supermercado, al acostarse o levantándose un poco antes. Hay un montón de gente conversando con Dios. Llenando el mundo de oración.

Luego también hay monjas y curas, religiosas y obispos, que también oran dentro y fuera de las iglesias, dentro y fuera de las celebraciones.

Y es que Dios es un gran conversador y tiene mucho que decirnos a cada uno de nosotros. Sabe que necesitamos escucharle y que son sus preguntas las que nos sacuden la pereza. Por eso insiste hasta hacernos comprender.

Por eso nos lo explica “con toda claridad” y nos ayuda a colocarnos en el lugar que nos corresponde. Como hizo un día con Pedro, pero ya lo había hecho con Adán y Eva, y con muchos otros.

Originales, originales no somos. Caemos todos en el mismo supino error. ¡Queremos quitarle el sitio a Dios! Y Él, con su infinita paciencia nos tiene que recordar que nuestro sitio está a SU LADO. Junto a Él.

Oración

Pregúntanos, incrépanos, pero no te vayas de nuestro lado. Somos torpes, ya nos conoces. Después de reconocerte nos volveremos a equivocar de lugar. Pero TÚ sabes que somos TUYAS.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Para saber quién es Jesús, tengo que saber quién soy yo.

Domingo, 12 de septiembre de 2021

Jesús CarneMc 8,27-35

Responder a la pregunta de “¿Quién es Jesús?” es un tarea tan desorbitada que se queda uno sin aliento al tener que planteársela en una homilía. Desde el día de Pascua, los seguidores de Jesús no han hecho otra cosa durante dos mil años que intentar responderla. Durante los tres últimos siglos, pero sobre todo en el siglo pasado se ha dado un vuelco en la manera de entender los evangelios. Hasta ese momento nadie cuestionó que lo evangelios eran historia y que había que entenderlos literalmente.

Hoy sabemos que son una interpretación de la figura de Jesús, condicionada por sus circunstancias de todo tipo. Nos transmitieron lo que ellos entendieron pero no lo que en realidad fue Jesús. No podemos seguir interpretando su interpretación con la idea que hoy tenemos de ‘historia’. Hoy estamos en las mejores condiciones para hacer una nueva interpretación de Jesús y no podemos desaprovechar la ocasión. Tenemos la obligación de intentar traducir su figura a un lenguaje que podamos entender todos.

La primera obligación de un cristiano será siempre tratar de conocerlo. Solo en la medida que le conozcamos mejor podremos vivir lo que él vivió. La idea que hoy tenemos de Dios, del mundo y del hombre nos tiene que llevar a una comprensión más profunda del mensaje evangélico. Jesús fue un ser humano tan fuera de serie que nos empuja a una nueva comprensión de lo que significa ser plenamente humanos.

La doble pregunta de Jesús parece suponer que esperaba una respuesta distinta. La realidad es que, a pesar de la rotunda respuesta de Pedro: “tú eres el Mesías”, la manera de entender ese mesianismo estaba  lejos de la verdadera comprensión de Jesús. Pedro, como se manifestará más adelante, sigue en la dinámica de un Mesías terreno y glorioso. Para él es incomprensible un Mesías vencido y humillado hasta la aparente aniquilación total. A penas tres versículos después, Pedro increpa a Jesús por hablarles de la cruz.

El Hijo de hombre tiene que padecer mucho. “Hijo de hombre” significa, perteneciente a la raza humana, pero en plenitud. Por cierto, “este hombre” es el único título que se atribuye Jesús a sí mismo. “Tiene que” no alude a una necesidad metafísica o a una voluntad de Dios externa, sino a la exigencia del verdadero ser del hombre. “Padecer mucho” hace referencia no solo a la intensidad del dolor en un momento determinado (su muerte), sino a la multitud de sufrimientos que se van a extender durante el tiempo que le queda de vida.

Jesús proclama, con toda claridad, cuál es el sentido de su misión como ser humano. Diametralmente opuesta a la que esperaban los judíos y a la que también esperaban los discípulos de un Mesías. Nada de poder y dominio sobre los enemigos, sino todo lo contrario: dejarse matar antes de hacer daño a nadie. Pedro se ve obligado a decirle a Jesús lo que tiene que hacer, porque su postura equivocada le hace pensar que ni Dios puede estar de acuerdo con lo que Jesús acaba de proponer como itinerario de salvación.

Como Pedro habla en nombre de los apóstoles, Jesús responde de cara a los discípulos, para que todos se den por enterados del tremendo error que supone no aceptar el mesianismo de la entrega al servicio de los demás y de la cruz. Ese mensaje es irrenunciable. Pedro le propone exactamente lo mismo que le propuso Satanás: el mesianismo del triunfo y del poder, por eso le llama Satanás. Claro que esa manera de pensar es la más humana (demasiado humana) que podríamos imaginar, pero no es la manera de pensar de Dios.

Lo que acaba de decir de sí mismo, lo explica ahora a la gente. “Si uno quiere venirse conmigo, que se niegue a sí mismo…” No es fácil aquilatar el verdadero significado de esta frase; sobre todo si tenemos en cuenta que el texto no dice negarse, sino renegar de sí mismo. Aquí el ‘sí mismo’ hace referencia a nuestro falso yo, lo que creemos ser. El desapego del falso yo es imprescindible para poder entrar por el camino que Jesús propone.

“El que quiera salvar su vida la perderá…” No está claro el sentido de ‘psykhe’: No puede significar vida biológica, porque diría ‘bios’; tampoco significa alma, porque los judíos no tenían el concepto de alma. No se trata de elegir entre dos vidas, sino buscar la plenitud de la vida en su totalidad. El que no deja de preocuparse de su individualidad, malogra toda su existencia; pero el que superando el egoísmo, descubre su verdadero ser y actúa en consecuencia, dándose a los demás, dará pleno sentido a su vida y alcanzará su plenitud.

La esencia del mensaje de Jesús sigue sin ser aceptada porque nos empeñamos en comprenderlo desde nuestra racionalidad. Ni el instinto, ni los sentidos, ni la razón podrán comprender nunca que el fin del individuo sea el fracaso absoluto. Por eso hemos hecho verdaderas filigranas intelectuales para terminar tergiversando el evangelio. Si creemos que lo importante es lo sensible, lo material, que me da seguridades egoístas, lo defenderemos con uñas y dientes y no dejaremos que lo que vale de veras cobre su importancia.

¿Quién es Jesús? La respuesta no puede ser la conclusión de un razonamiento discursivo. No servirán de nada ni filosofías ni psicologías ni teologías. Los análisis externos de lo que hizo y dijo no nos lleva a ninguna parte, porque no son comprensibles. Solo una vivencia interior, que te haga descubrir dentro de ti lo que vivió Jesús, podrá llevarte al conocimiento de su persona. Jesús desplegó todas las ‘posibilidades de ser’ que el hombre tiene. La clave de todo el mensaje de Jesús es ésta: dejarse machacar es más humano que hacer daño a alguien.

Debemos seguir preguntándonos quién es Jesús. Pero lo que nos debe interesar es un Jesús que encarna el ideal del ser humano, que nos puede descubrir quién es Dios y quién es el hombre. La pregunta que debo contestar es: ¿Qué significa, para mí, Jesús? Pero tendremos que dejar muy claro, que no se puede responder a esa pregunta si no nos preguntamos a la vez ¿Quién soy yo? No se trata del conocimiento externo de una persona. Ni siquiera se trata de conocer y aceptar su doctrina. Se trata de responder con mi propia vida.

La razón puede dejarse llevar de las exigencias biológicas y utilizar toda su capacidad para buscar el placer o para huir del dolor. Pero el hombre, desde su vivencia interior, puede descubrir que su meta no es el gozo inmediato, sino alcanzar la plenitud humana, que le llevará más allá de la satisfacción sensorial. Si la razón no cede a las exigencias del instinto, y pretende imponerse y buscar el bien superior, la biología reaccionará produciendo dolor. Este dolor es el que Jesús propone como inevitable para alcanzar la plenitud.

La cruz, como súmmum del dolor, no tiene valor alguno, como símbolo de la entrega total, es la meta de la vida humana. La hora de la plenitud de Jesús fue la hora de la muerte en la cruz. Ahí consumó su carrera. Se identificó con Dios que es don total. Ya no necesita más glorificaciones ni exaltaciones; entre otras razones, porque no hay después, sino un eterno ser en Dios. Jesús vivió y predicó que lo específicamente humano es consumirse en la entrega al bien del hombre concreto, el que me encuentro en el camino de cada día.

Meditación

‘Quién soy yo’ y ‘quién es Jesús’ exige la misma respuesta.
Solo viviendo lo que vivió Jesús podré responder.
Mi meta, como la suya, es desplegar lo humano.
Desplegar lo humano es vivir lo divino.
Nuestro ser verdadero es lo que hay de Dios en nosotros.
Soy lo Infinito, solo queda vivirlo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¿Quién es ese hombre?

Domingo, 12 de septiembre de 2021

untaljesusMc 8, 27-35

¿Quién dicen los hombres que soy yo? … ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»

Retrocedamos un poco en la historia y vayamos al momento en que Jesús decide dedicar su vida a la misión. Acompañado de cuatro pescadores de Cafarnaún, va el sábado a la sinagoga y allí se suscita por primera vez la incógnita que nos sigue desafiando veinte siglos después: «¿Qué es esto?… ¿Una doctrina nueva y revestida de autoridad, que manda a los espíritus impuros y le obedecen?»… A partir de ese momento, tras cada hecho extraordinario o cada alocución genial de Jesús, la gente se pregunta lo mismo que hoy nos preguntamos nosotros: «¿Quién es ese hombre…?»

Para sus seguidores, Jesús es un profeta o el mesías esperado, y para sus enemigos, un impostor peligroso al que había que eliminar. Desde el momento de su muerte, se desarrollan sobre Jesús cristologías que tratan de poner de manifiesto su condición divina; desde la más primitiva, de carácter ascendente y formulada por Pedro: «Dios estaba con él», hasta la que terminó prevaleciendo (de carácter descendente) que Juan formula en los siguientes términos: «El verdadero Dios se hizo hombre para salvarnos». Siguiendo la estela de Juan, los concilios de Nicea y Constantinopla lo declaran “Segunda Persona de la Santísima Trinidad”… y en ello estamos.

Fuera del ámbito cristiano, los filósofos de la ilustración francesa reducen la figura de Jesús a su dimensión antropológica, pero toman buena parte de su enseñanza para formular su código ético basada en la razón. Hegel llega a escribir una “vida de Jesús”, pues afirma que su praxis es la única capaz de integrar a las personas en un “nosotros” que constituye el Espíritu Universal. Nietzsche se muestra tan entusiasmado con él en un periodo de su vida, que llega a calificarlo de precursor de su “superhombre”… Gandhi se declara gran admirador de Jesús, y no se recata en decir que su movimiento de la no violencia estuvo inspirado en el capítulo sexto de Mateo… Y así muchos más.

Pero ¿quién es ese hombre…?

En la actualidad, y sin salir del ámbito cristiano, algunos identifican a Jesús con Dios, sin más, mientras otros lo consideran un maestro de sabiduría que ha influido notablemente en la marcha del mundo —como pueden haberlo hecho Sócrates o Buda—. Y todo esto puede estar muy bien como curiosidad, pero quizá lo más importante para la vida de un cristiano sea entender a Jesús como visibilidad de Dios: «A Dios nadie le ha visto jamás, el Hijo Unigénito que está en el seno del Padre nos lo ha dado a conocer», dice Juan en el prólogo solemne de su evangelio…

Y esto es tan importante para un cristiano, porque significa que no hemos sido arrojados al mundo sin referencias para afrontar la vida, sino que en Jesús encontramos la mejor referencia de un hombre que “piensa como Dios”… ¿Y qué puede haber más acertado que “pensar como Dios” para salvar la vida, hacerla más útil, y en definitiva más feliz?…

Como decía Ruiz de Galarreta: «El quicio fundamental de quienes nos llamamos cristianos es creer en Jesús visibilidad de Dios sin poner en duda su humanidad. Creemos que en un ser humano, tan humano como nosotros, podemos ver a Dios».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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¿Quién decís que soy yo?

Domingo, 12 de septiembre de 2021

Scene 07/53 Exterior Galilee Riverside; Jesus (DIOGO MORCALDO) is going to die and tells Peter (DARWIN SHAW) and the other disciples this not the end. (Mc 8,27-35)

El Evangelio de este domingo nos plantea tres claves que desde una lectura existencial pueden resultar especialmente sugerentes:

– La primera clave es la pedagogía de Jesús. Jesús utiliza la pedagogía de las preguntas. Preguntas además que acontecen estando de camino (v 27), de lo cual se puede sacar en consecuencia que captar y acoger las preguntas del Evangelio requiere una disposición vital, una apertura al dinamismo de la vida, que es siempre lo opuesto a la inercia y a la instalación, porque éstas terminan por embotar la sensibilidad. En el Evangelio, más que respuestas dogmáticas, lo que encontramos son preguntas, preguntas orientadas al diálogo y la lucidez sobre alguna situación que se pretende enfrentar. Preguntas que cuestionan la imposición de la verdad y que van a lo fundamental. Jesús no busca nunca el monólogo autorreferencial, sino el diálogo que surge a partir de preguntas desinstaladoras, porque la verdad es siempre conversacional, es dialogal. Así sucede también en este texto.

-La segunda clave provocadora es que la fe en Jesús no es doctrina, sino que remite siempre a la experiencia y ésta y pide ser narrada. Pero narrar el relato de sentido y Buena Noticia que es el Evangelio exige el cuidado de los lenguajes. Confesar a Cristo es mucho más que rezar el credo, es comulgar con su vida y su proyecto y hacerlo inteligible en las culturas con hechos y palabras. Los mismos títulos cristológicos han de ser recreados desde la experiencia de las comunidades y sus contextos. Por eso la inculturación y el dialogo intercultural se convierten en una ineludible exigencia del creyente. Decir quién es Cristo hoy y hacerlo de manera universal es hacerlo desde la asunción de la gran riqueza y desafío que es la diversidad, superando la tendencia de la asimilación, la homogeneización y del anacronismo en que frecuentemente han caído los lenguajes, ritos y símbolos religiosos. Necesitamos profundidad de experiencia y creatividad pastoral para ello.

-La tercera clave es la impertinencia del Evangelio. Es decir, su radical incomodidad, el descentramiento y éxodo permanente al que nos invita a vivir, su paradoja: El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará (v 35). Jesús es una memoria peligrosa y contracultural en el corazón de la historia y su espíritu nos mueve a no domesticarla ni acomodarla.

En el contexto de un mundo pandémico, la violencia en las fronteras y el clamor por la vida de quienes intentan atravesarlas, desde el grito de las mujeres y las niñas exigiendo una vida liberada de la pobreza y la violencia patriarcal, Jesús nos pregunta también hoy a nosotros y nosotras: ¿quién decís que soy yo? ¿Qué contenido le damos a esa experiencia y desde qué lenguajes, gestos y acciones hacemos de ella un relato de sentido y solidaridad compartida con los y las más vulneradas?

¿Quién decís vosotros y vosotras que soy yo?, el modo de responder a esta pregunta implica una forma de situarnos en la vida y ante los demás al modo de Jesús. El mesianismo de Jesús es un mesianismo descalzo. No es triunfalista, sino compasivo y kenótico y conlleva una dimensión conflictiva. A sus discípulos les cuesta entenderlo como nosotros y nosotras nos resistimos también a ello. Para Jesús, negar esta dimensión, como hace Pedro, es edulcorar el seguimiento y tentar a Dios. Esta es quizá una de las principales paradojas del Evangelio, que es a la vez Bienaventuranza, Buena Noticia y signo de contradicción.

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

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Paradoja

Domingo, 12 de septiembre de 2021

AlienacionDomingo XXIV del Tiempo Ordinario

12 septiembre 2021

Mc 8, 27-35

 “El que quiere salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida, la salvará”: en esta formulación queda expresada la paradoja central del evangelio.

 Perder y salvar la vida es una expresión que suele reformularse de muchos modos: perder/ganar, soltar/recibir, controlar/fluir, disminuir/crecer, morir/vivir… Todo ello habla de que nos encontramos ante una paradoja de validez universal, más allá de la tradición específica en la que nació. De hecho, la hallamos en otras tradiciones sapienciales, lo cual es signo de la sabiduría que contiene.

 Esa paradoja encierra lo que –también dentro de la tradición evangélica– constituye el misterio central de la vida como proceso de muerte/resurrección. En el mundo de las formas, todo es un constante morir-resucitar: “Si el grano de trigo no muere –decía el Jesús del cuarto evangelio–, no puede dar fruto” (Jn 12,24).

 La universalidad de la paradoja se explica porque responde a la propia constitución de la realidad en general y de los seres humanos en particular. En lenguaje budista, los dos polos de la realidad se nombran como “vacío” y “forma”, según el conocido dicho del Sutra del corazón: “Vacío es forma y forma es vacío”. No son opuestos irreductibles, sino las dos caras de la misma moneda, abrazadas en la no-dualidad.

  En nuestro caso humano, podemos nombrar los dos polos como “identidad” y “personalidad”. Tampoco como realidades opuestas, sino complementarias. Nuestra identidad se está expresando en nuestra personalidad. Ahí queda recogida nuestra paradoja, con la invitación a vivir ambas realidades de manera armoniosa. Y es precisamente a esa armonía hacia donde apunta la expresión del evangelio.

 Si absolutizo la personalidad (el yo) hasta el punto de identificarme con (reducirme a) ella, yerro por completo y pierdo la vida: me estoy perdiendo a mí mismo en la confusión y el sufrimiento. Solo cuando “niego” el yo –es decir, cuando comprendo que no soy (ni me reduzco a) él–, vivo en plenitud. Con otras palabras: el que solo busca “salvar” su yo, pierde la vida; quien “pierde” el yo –porque se ha desidentificado de él– la encuentra. Todo nacerá en la comprensión: porque solo cuando comprendemos lo que somos, podemos dejar de identificarnos con lo que no somos.

 Por tanto, no se trata tampoco de demonizar al yo ni de querer eliminarlo -es una realidad positiva-, sino de acogerlo y vivirlo desde nuestra identidad profunda, sin reducirnos a él.

¿Cómo vivo esta paradoja?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No confudamos a JesuCristo mesías con un triunfador político-eclesiástico

Domingo, 12 de septiembre de 2021

4a704a0f07f8c60c4d8f1dfb362f3f6eDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

  1. ¿Quién es este?

    Es una pregunta constante en el NT. ¿quién dice la gente que soy yo? ¿Quién es este que perdona pecados? ¿Quién es este que hasta el viento y las olas le obedecen? ¿Quién dice la gente que soy yo?

Seamos creyentes o no, Jesús ni fue, ni es alguien banal e insignificante. De ahí que provocara y provoque tantas opiniones, polémicas, adhesiones y contradicciones.

    Cuando hoy en día, lo que dicen los eclesiásticos ya no es escuchado y casi no tiene relevancia, cabe que nos preguntemos: ¿No será que ya no nos preguntamos por Cristo, sino por unas cuantas cosillas de tipo religioso-eclesiástico?

¿Quién dice la gente que soy yo?

  •  Los contemporáneos de Jesús, sus discípulos experimentaron muchas dificultades para saber quién era Jesús. Nosotros no somos ni más listos, ni más santos que ellos.

Mejor un poco de humildad a la hora de acercarnos a JesuCristo y tratar de creer en él y de presentarlo.

  •  La pregunta por “la identidad” de Jesús hemos de situarla en los caminos y pedagogía hacia la fe que siguieron los primeros discípulos, y, por otra parte, todos los cristianos.
  •  ¿Quién es Cristo para mí, qué es Cristo para el ser humano?
  1. Juan bautista – Elías.

    En tiempos de Jesús no había ya profetismo. El último profeta había sido Juan Bautista mandado ejecutar por Herodes, lo cual debió haber causado un fuerte impacto entre los discípulos de Juan B., entre los seguidores de Jesús y en la gente.

Por la desaparición de los profetas mucha gente del pueblo sentía el peso del silencio de Dios. También hoy nosotros, a veces sentimos y sufrimos el silencio de Dios. (El silencio de Dios es una palabra honda que cala en el corazón). ¿Dónde está Dios y qué hace?

  1. Pedro aprueba el examen.

    Pedro responde exactamente lo que había que responder, pero ni se había enterado de quién era Jesús. Pedro había aprobado el examen con nota: Tú eres el Mesías, pero Pedro no se había encontrado con Cristo.

Las palabras, los lenguajes, las filosofías, las ciencias bíblicas, la teología, etc. son muy valiosos y hemos de continuar estudiando y trabajando, pero otra cosa es creer en Cristo.

Jesús es el sacramento de Dios. Cuando vemos a Jesús, estamos viendo a Dios. Quien me ve a mí, ve al Padre, (Jn 14,9).

    Y, por otra parte, a Cristo le vemos a través o por medio del prójimo.

  1. El mesianismo de Jesús no es triunfalista.

    Pedro ha dicho lo que tenía que decir: Tú eres el Mesías. Pedro está pensando en un Mesías triunfalista, poderoso y, probablemente, está pensando en un buen puesto político en el Reino que Jesús iba a instaurar.

    Pero JesuCristo piensa y dice otras cosas de su mesianismo:

El Hijo del Hombre tiene que padecer, ser entregado, ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Lo hemos escuchado en la lectura de Isaías: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, no escondí el rostro a insultos y salivazos.

El mesianismo de Jesús no está en las grandes  concentraciones y espléndidas celebraciones litúrgicas. Yo no sé si Cristo está en los dogmas, en el Catecismo, pero donde sin duda alguna está es en la vida, en la entrega por los demás:

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá.

    Pedro, -el poder, no entiende estas cosas- y pretende disuadirle a Jesús de ese hundimiento que se le avecina. Por eso Jesús le suelta un “réspice”: vade retro Satana. Tú piensas como los hombres, pero no eres cristiano.

    Seguir a Jesús no va por las grandes masas, ni por ritos, ni actos religiosos, sino que ser cristiano es servir a los demás, entregarse, dar la vida por los demás. Probablemente no podremos hacer grandes cosas, pero las pequeñas tareas de todos los días, ir dando la vida, eso es seguir a Cristo y ganar la vida.

05  Algunas anotaciones finales

  •  La primera conclusión de hoy es que: creer en el Señor es algo que vale la pena, que configura nuestra existencia con sentido y esperanza. Vale la pena creer en Cristo
  •  No es que Jesús dijera verdades, una doctrina y un catecismo. Él es la verdad: Yo soy la verdad. La meta del ser humano es el mismo Cristo.
  •  La verdad no está tanto en la teoría cuanto en la vida. En castellano se dice: obras son amores, que no buenas razones, y también: no es lo mismo predicar que dar trigo, (lectura de Santiago). La fe se traduce en obras.
  •  La razón y teoría hacen falta porque somos seres racionales, pero el cristianismo se ventila en la vida: en el trabajo desinteresado y lo mejor posible hecho, en la ayuda a los pobres o a quienes pueden necesitar que les demos una mano. Y se ventila sobre todo en la bondad, en hacer el bien. Más que defender “la doctrina y disciplina del partido”: Tú eres el Mesías, el Cristo, se trata de seguir a Cristo entregando bondadosamente la vida.
  •  Creer en Cristo es entregar la vida por los demás. En esta sociedad tan hedonista y tan egoísta, ser cristiano es vivir para los demás.

Si no queremos y amamos a los débiles y trabajamos por ellos, incluso sufriendo por ellos, ¿qué clase de cristianos somos?

  •  Las grandes preguntas de la vida, -la pregunta por Jesús es siempre subversiva-, siempre está por debajo de la versión establecida, por eso son vistas y juzgadas como sospechosas: Mons Oscar Romero, Arrupe, el Obispo A. Labaka, los curas obreros,  Ignacio Ellacuría y sus compañeros, Madre Teresa, etc.

La salida está en dar la vida por los demás, como Jesús, y así llegaremos a Cristo.

¿Vosotros quién decís que soy yo?

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“Taninoplastia y otros embellecimientos”, por Dolores Aleixandre.

Sábado, 11 de septiembre de 2021

D13C11A1-1A95-4B48-84B9-B8638312A519Nanotribología, taninoplastia,  barros, óleos, coloraciones respetuosas. Lo leo en el escaparate de un establecimiento de estética y me quedo perpleja, consciente de mi supina ignorancia en estos asuntos. Me tranquiliza un poco que las coloraciones sean respetuosas porque imagino que si un color te falta al respeto, debe ser espantoso.

Me pongo a pensar en cuáles son mis fuentes de embellecimiento y como la primera que se me ocurre  – cómo no –, es la Biblia, propongo algunos textos bastante desconocidos del Primer Testamento que después de leerlos, me dejan en seguida el alma “divina de la muerte”. El primero es un texto poético muy antiguo dentro de las bendiciones de Moisés  y habla de Israel.  “¿Acaso no está él junto a mí, como una joya sellada entre mis tesoros?” (Dt 32,34). Otro verso, este del testamento de Jacob,  llama a José “retoño junto a la fuente, cuyo vástagos trepan sobre el muro” (Gen 49,22) y de Benjamín  dice: “Favorito del Señor, habita tranquilo; el Altísimo cuida de él continuamente y él habita entre sus hombros” (Dt 33,12). En cuanto a David, recibió de labios de una mujer llamada Abigaíl esta afirmación potente: “Aunque alguno se ponga a perseguirte a muerte, tu vida está bien atada en el zurrón de la vida, al cuidado del Señor, tu Dios” (1Sam 25,28).

Con determinada decisión y atrevida libertad, me apropio de esas imágenes, convencida como estoy hace mucho tiempo de que lo que se dice de cualquier personaje bíblico – Israel, José, Benjamín y David en este caso-  no es propiedad privada, sino de libre disposición para quien lee la Palabra. Los efectos anímicos que se siguen de incorporar esas declaraciones,   son patentes y afectan inevitablemente a lo estético porque nuestro cuerpo refleja nuestra interioridad. ¿Cómo no se me van a “suavizar las arrugas de la frente ”, si habito tranquila sobre los hombros del que me cuida? ¿Cómo no va remediar mi “flacidez facial”  la firmeza de saberme bien atada y segura en el zurrón de la vida? ¿Cómo no voy a recibir un “rejuvenecimiento de la mirada” si me llena de alegría saberme tan querida? ¿Cómo no va a “desaparecer la fatiga de mi piel” si habito junto a una fuente? ¿Cómo no voy a tener “una sonrisa luminosa” si me dicen que Alguien me considera una joya sellada entre sus tesoros?

 Y todo sin acudir a la toxina botulímica, a los hilos tractores con microespículas o al ácido hilaurónico. Pero de momento y hasta que  pase la recesión pandémica, más vale  guardar este descubrimiento en secreto para no arruinar a los institutos de belleza.

Fuente R21, Julio 2021

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Amores bíblicos sin prejuicios morales

Lunes, 6 de septiembre de 2021

978-84-1377-468-8Aunque ya habíamos publicado la entrevista que le hizo Carlos Osma, nos parece muy interesante este artículo de Alfonso Ropero aparecido en Religión Digital:

Renato Lings aborda en su segunda obra el amor y la sexualidad humana en la Biblia

Renato Lings, doctor en Teología en la Universidad de St Mark & St John (Reino Unido), aborda en Amores bíblicos bajo censura (Dykinson) el amor y la sexualidad humana en los textos sagrados

Danés de nacimiento y educación, Lings escribe con un estilo claro y elegante que hace muy atractiva la lectura de la exposición de sus argumentos, sin entrar en discusiones o polémicas que no sean capaces conducir a un fin convincente para los puntos de vista enfrentados

Una obra muy recomendable para todo estudioso bíblico que quiera tener una idea más aproximada al texto original de las controvertidas imágenes sobre el amor, la sexualidad y la afectividad, tan manipuladas políticamente en nuestros días

Tras una vida profesional dedicada a la traducción y la interpretación, Renato Lings, doctor en teología en la Universidad de St Mark & St John (Reino Unido), nos brinda una segunda obra en castellano dedicada a aquellos temas que tienen que ver con el amor y la sexualidad humana en la Biblia. Lings está convencido que la mayoría de los traductores han pecado en estas cuestiones dejándose llevar por prejuicios morales a la hora de traducir los términos bíblicos que se refieren al amor y el sexo. En algunos casos la traducción es ambigua, en otros, opaca, y en la mayoría, errónea, sobre todo en los que tratan la cuestión de la homoafectividad. A analizar y corregir esta tendencia obedece su último libro publicado, Amores bíblicos bajo censura. Sexualidad, género y traducciones erróneas (Dyckinson).

Danés de nacimiento y educación, Renato Lings escribe con un estilo claro y elegante, que hace muy atractiva la lectura de la exposición de sus argumentos. Otro punto importante, es que no entra en discusiones o polémicas que no sean capaces conducir a un fin convincente para los puntos de vista enfrentados en base a la meta que él mismo se ha propuesto de remitirse al texto bíblico original, recurriendo al sentido literal y etimológico de las palabras en juego.

Lings tiene sus convicciones, pero en su obra trata de mostrarse siempre objetivo, dejando que el texto bíblico hable por sí mismo mediante el sentido más literal posible del original hebreo o griego. En un tema tan delicado como el tipo de relación que pudo haber entre Jesús y el Discípulo Amado y que ha servido a algunos para justificar una relación homoerótica entre ambos, Lings cree que no hay que atreverse a tanto en base a la información textual que nos ofrece el evangelista. A lo más que podemos llegar en a afirmar que “entre estas dos personas hay una relación especial basada en el afecto, la intimidad y la confianza” (p. 185). Que un maestro tengo un alumno predilecto se ajusta a las normas culturales de su tiempo.

Por otra parte, escribe nuestro autor, “es notable la ternura que Jesús torturado, crucificado y agonizante manifiesta tanto a su madre María, como al discípulo amado. Viendo su dolor, los invita a apoyarse mutuamente a partir de este día tratándose como madre e hijo. Expresado en otras palabras, el Nazareno hace que su familia biológica, representada por María, quede unida con la familia amada de Betania que incluye al compañero entrañable” (p. 186).

Esta referencia a Betania se debe al resultado del análisis que Lings realiza a la hora de tratar de averiguar la identidad del discípulo humano. Después de considerar la opinión tradicional que asocia al autor del cuarto Evangelio con el apóstol Juan, hijo de Zebedeo, puesta en duda y negada por muchos eruditos modernos, Lings apunta a dos posibles candidatos. Uno, el misterioso joven rico de Mc 10,17-22 y Mt 19,16-22, aunque tenemos tan pocos elementos literarios sobre él que no podemos sacar nada claro, solo que Jesús sintió un vivo afecto por él (Mc 10,21).

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El otro candidato sería Lázaro de Betania, que no forma parte del grupo conocido históricamente como los doce apóstoles. Lázaro es el “amigo amado” de Jesús (Jn 11,3), y el único de los discípulos contra quien las autoridades judías emitieron una especie de herem, colocándolo en una situación de extrema vulnerabilidad, lo que vendría a explicar el silencio y casi clandestinidad de Lázaro, para confundir y despistar a quienes buscaban cómo darle muerte (p. 184).

Nuestro autor hace un especial énfasis en el sentido primero del verbo hebreo yadah, “conocer”, y hace casi una campaña contra el uso eufemístico del mismo para indicar una relación sexual. Yadah aparece en seis ocasiones en el relato de Sodoma y Gomorra como referente principal. Renato Lings hace un pormenorizado estudio de las ocasiones y contextos en que aparece yadah en la Biblia hebrea, siempre en el sentido de conocer, saber, darse cuenta, reconocer, investigar, inquirir. Aplicado al caso de Sodoma, Lings insiste en entender el verbo yahad en el sentido de “averiguar”, “investigar” o “interrogar” (Gn 19,5). Si este fuera el caso, es difícil comprender la negativa de Lot a dejar que los habitantes de Sodoma se entrevistasen con sus huéspedes, si lo único que pretendían era informarse, averiguar o tener noticias de otros lugares de boca de esos extranjeros. Es comprensible que los sodomitas se interesaran por lo que estaba sucediendo en otras ciudades de boca de esos visitantes. Si este fuera el caso, la negativa de Lot era una descortesía y hasta un agravio a las autoridades de la ciudad. Pero la cosa no debía tener ese sentido natural de curiosidad por saber cosas nuevas, puesto que Lot, ante el deseo de los sodomitas de conocer a sus invitados reaccionó de forma alarmante. Según describe gráficamente el texto bíblico Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí”. Algo muy grave temía Lot cuando cerró la puerta a sus espaldas, para impedir que nadie entrase. En el colmo de su desesperación, Lot ruego, “hermanos míos, no hagáis tal maldad”, y propone: “He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere”.

Es evidente que el autor sagrado, mediante este relato, quiere transmitir una situación muy grave y escandalosa. Para los traductores de la Nueva Versión Internacional (NVI) la intención de los sodomitas va más allá del simple “conocer”, correcta o incorrectamente, lo exponen como una violación grupal: “¿Dónde están los hombres que vinieron a pasar la noche en tu casa? ¡Échalos afuera! ¡Queremos acostarnos con ellos!”. Igualmente explícita, en cuanto paráfrasis, es la versión La Palabra: “Hazlos salir fuera para que tengamos relaciones sexuales con ellos”. Es evidente que aquí el sentido de la palabra yadah no se puede decidir por su sentido etimológico, sino por el uso que se hace de la misma, lo cual se aplica al lenguaje en general en toda ocasión. Es cierto, como analiza Renato Lings, que el relato de Sodoma es interpretado con diferentes matices a lo largo de la historia bíblica (p. ej. Is 1:10-23; Jr 49,14-18; Ez 16,44-58), ya que es común a los autores bíblicos realizar lecturas actualizadas de los viejos textos, conforme a sus necesidades o puntos de vista.

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Ahora bien, si fuera posible aplicar la lógica a un relato que está más allá de la historia, habría que decir que es un absurdo pensar que una ciudad entera, desde el más joven hasta el más viejo (Gn 19:4), sea homosexual. El hagiógrafo no repara en esta incongruencia, él solo pretende relatar de un modo hiperbólico la causa de la desaparición de esas ciudades, cuya razón atribuye en general a un “pecado nefando” asociado al odio. La profesora Mieke Bal dice que el fundamento de cualquier violación es el odio, no la preferencia o inclinación sexual. Por eso es que muchas veces la violación “homosexual” es efectuada por “heterosexuales” (Death and Dissymmetry. Politics of Coherence in the Book of Judges. University of Chicago Press, 1988, 158-159). Teniendo en cuenta el carácter legendario del relato no vale la pena entrar en detalles sobre las razones del porqué de ese odio.

Uno de los errores de traducción más lamentables, dada la repercusión moral y judicial en la sociedad judeocristiana a lo largo de los siglos, es el cometido en Dt 23:17-18, donde en la versiones tradicionales suelen decir: No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro”. El texto hebreo, traducido por “ramera” y “sodomita”, tiene la misma palabra en femenino y masculino: kedeshah y kadesh, derivado del vocablo utilizado para “santo”, “sagrado”, “sacro”: kadosh. Un ejemplo clave: “Santos [kedoshim] seréis, porque santo [kadosh] soy yo Jehová vuestro Dios” (Lv 19:1).

El texto hebreo de Dt 23 dice literalmente: “No haya kedeshah entre las hijas de Israel; ni haya kadesh entre los hijos de Israel”. El problema al que se enfrentaron los traductores es como traducir estos vocablos sin crear confusión y perplejidad en los lectores: No haya santas/consagradas entre las hijas de Israel; ni haya santos/sagrados entre los hijos de Israel”, y mucho más teniendo en cuenta los “consagrados” y “consagradas” a Dios en vida célibe en el cristianismo antiguo y moderno.

Jerónimo, según Renato Lings, fue el primero en usar el término latino meretrix,  “prostituta”, para kedeshah, aunque la palabra tiene poco o nada que ver con sentido original. En hebreo la palabra para prostituta es zonah. De un modo clarificador aparece junto a kedeshah en Os 4,14: “se van con rameras, y con malas mujeres sacrifican [kedeshoth]”. Este texto, como explica Lings, nos ayuda a sacar la conclusión que la kedeshah y su homólogo masculino kadesh ejercen funciones sacerdotales de las religiones cananeas politeístas. Por tanto, Deuteronomio 23 no prohíbe ninguna especie de prostitución sagrada ni sodomía, sino que proclama la inadmisibilidad para cualquier israelita, hombre o mujer, copiar o participar en los cultos idolátricos de los pueblos colindantes. “Su presencia formalizada en los contextos religiosos cananeos constituirá una grave violación del primero de los diez mandamientos: No tendrás otros dioses ante mi” (Ex 20:3; Dt 5:7).

Algunos traductores y revisores de las traducciones de la Biblia han optado por traducir literalmente kedeshah y kadesh por “consagrada” y “consagrado”, aclarando en nota a pie de página su significado original. Renato Lings propone una opción más original y moderna. Teniendo en cuenta que en hebreo los tres vocablos kadosh, kadesh y kedeshah comparten las consonantes k-d-sh con sus contaciones de santidad/consagración, “podemos intentar establecer una analogía en castellano. Para este fin existen en nuestro tiempo situaciones religiosas comparables que permiten tomar de la palabra santo, las primeras letras s-a-n-t con el fin de crear una terminología que se ajuste a la situación denunciada por Deuteronomio” (p. 232-233). Así podríamos utilizar la palabra “santería”, en lo que tiene de culto supersticioso, como equivalente a la práctica de las antiguas religiones cananeas, de modo que podría leerse: “No haya santera entre las hijas de Israel, ni santero entre los hijos de Israel” (p. 233). El debate está abierto.

Como era de esperar, nuestro autor dedica sendos capítulos, entre otros relacionados con el amor, el matrimonio y el sexo, al carácter de las relaciones entre David y Jonatán, y el siervo del centurión romano sanado por Jesús. Como es habitual en él, no especula ni atribuye, ni proyecta sus ideas al texto bíblico, sino que lo desgrana mediante el recurso al significado original de los términos empleados buscando la traducción más correcta, en su afán de ser lo más objetivo posible.

En el caso del siervo e joven esclavo del centurión, Lings se permite imaginar que en este centurión, en griego hekatontarjos, hay motivos para asociarlo con el oficial romano que presenció la muerte de Jesús y confesó: “Verdaderamente este era hijo de Dios” (Mt 27:54). Parece más que mera coincidencia que un militar extranjero exprese su fe en Jesucristo, y que su convicción forme un contraste llamativo con la actitud de escepticismo mantenida por numerosos judíos” (p. 175), tipificando así la apertura del mensaje cristiano a toda persona, sin importar su origen étnico, clase social o estado civil.

Como una nota menor, aclarar que aunque es cierto que la palabra “hombre” hoy se usa en el sentido de masculinidad (p. 210), su etimonología está más cerca del concepto hebreo del que se supone. Hombre viene del latín homine, y tiene que ver con humus, “tierra”, de ahí, inhumar, en-terrar, devolver a la tierra lo que procede la tierra. Humus, a su vez, se vincula con una raíz indoeuropea que significa tierra, de modo que la traducción propuesta por el autor de adam como “terrícola”, no es muy acertada que digamos, propia de la literatura de ciencia ficción; de modo que hombre y humano guarda estrecha relación con el término hebreo adam y adamah, del que se dice con toda propiedad que polvo es y al polvo volverá.

En resumen una obra muy recomendable para todo estudioso bíblico que quiera tener una idea más aproximada al texto original de las controvertidas imágenes sobre el amor, la sexualidad y la afectividad, tan manipuladas políticamente en nuestros días.

Puedes conseguir el libro Amores bíblicos bajo censura en la Librería Dykinson.

Fuente Religión Digital

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“Amores bíblicos bajo censura”. Entrevista a Renato Lings

Sábado, 7 de agosto de 2021

978-84-1377-468-8Interesantísima entrevista que hemos leído en el blog de Carlos Osma:

El teólogo Renato Lings acaba de publicar Amores bíblicos bajo censura. Sexualidad, género y traducciones erróneas con la editorial Dykinson (Madrid), donde profundiza en los textos bíblicos más significativos sobre la sexualidad y el género de forma crítica y liberadora. Lo hace de una forma exhaustiva y minuciosa, tanto, que en el prólogo del libro el profesor de la Universidad Pontificia de Comillas, Javier de la Torre, lo compara con un orfebre, y a los diecisiete capítulos que componen el libro, con diecisiete piedras preciosas que asombran a lectoras y lectores. Agradezco a Renato Lings, que desde su taller de orfebre malagueño, haya accedido a contestar estas preguntas sobre su nuevo libro.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? ¿Qué pretende aportar?

En 2011 publiqué en Costa Rica Biblia y homosexualidad ¿Se equivocaron los traductores? El material contenido en este libro analiza una serie de textos del Antiguo Testamento. Por tanto, y para tener en cuenta la Biblia en su totalidad, se me ha planteado la necesidad de publicar una segunda obra que incluya también los textos del Nuevo Testamento que se suelen citar en los debates sobre sexualidad y género.

En Amores bíblicos bajo censura sigo una línea de interpretación parecida al libro anterior, pero he reducido el tamaño de cada capítulo con el fin de hacerlos más amenos, legibles e inteligibles. Además, he agregado algunos temas no tratados antes: los eunucos en la Biblia, Rut y Noemí, David y Jonatán, el centurión y su muchacho, el discípulo amado, la primera carta a los Corintios, la carta a los Romanos y la bendición original.

¿Ha sido fácil el proceso de composición y publicación?

No ha sido fácil. Ha habido varios retrasos en el proceso. Ante todo, la pandemia que nos rodea por los cuatro costados lo ha complicado bastante.

En su obra estudia con profundidad el significado de algunas palabras, por ejemplo yadah (conocer), que para un gran número de exegetas es un eufemismo sexual. De hecho, en el relato de Sodoma y Gomorra los varones piden a Lot que les entregue a sus dos huéspedes para conocerlos. Y en el Génesis Adán conoce a Eva y esta concibe a Caín. ¿Es o no es yadah un eufemismo sexual?

Claro, está muy arraigado en la cultura hispana el dicho “conocer en el sentido bíblico” utilizado como eufemismo sexual. Sin embargo, en el contexto del hebreo clásico, “conocer” tiene connotaciones jurídicas. Si Adán conoce a Eva, significa que la “reconoce” como esposa suya. Una vez celebrado este momento solemne, comienza la vida íntima de la pareja con la noche de la boda, siguiendo las costumbres del mundo antiguo. Al narrador no le preocupa la parte sexual de la relación.

También en el Génesis, en el relato de Sodoma y Gomorra, “conocer” interviene en seis ocasiones: Génesis 18,19 y 18,21; 19,5 y 19,8; 19,33 y 19,35. En todo momento, cumple funciones jurídicas y judiciales en el sentido de “reconocer”.

De todas maneras, el lenguaje del sexo en hebreo es bastante más concreto y menos eufemístico, como lo documento en el capítulo 2 del libro. Las expresiones típicas en el Génesis son “acostarse” (shákhab) con alguien o “entrar” o “llegar” (boo) a una persona.

Según la traducción que hace la Reina Valera de 1ª Cor 6,9, y muchas otras traducciones de la Biblia, ni los afeminados (malakoi) ni los homosexuales (arsenokoitai) heredaremos el reino de Dios. ¿Qué le parece esta traducción?

Francamente, desacertada. En primer lugar, malakoi significa literalmente “blandos”, adjetivo aplicable a diferentes grupos de personas incluidos los delicados, los indecisos, los carentes de pasión o de dignidad o de firmeza. Además, en el mundo antiguo, los “afeminados” solían ser aquellos varones que se enamoraban de las mujeres o que les gustaba pasar mucho tiempo en su compañía.

En cuanto al término arsenokoitai, “varones-cama”, la traducción “homosexuales” es un anacronismo. La palabra homosexual pertenece a la época moderna, siendo acuñada en Alemania en el año 1869. Hoy por hoy se refiere a una relación igualitaria entre dos personas del mismo sexo, fenómeno que no existía en tiempos del apóstol Pablo ya que toda relación íntima, también entre el hombre y la mujer, se basaba en una rígida jerarquía social. O sea, en el mundo antiguo, las relaciones sexuales se desenvolvían entre dos individuos desiguales.

Por otra parte, durante el renacimiento europeo se pensó que arsenokoitai se refería a los pedófilos. Tal es el caso del reformador Martín Lutero, quien en su traducción alemana de la Biblia pone la palabra Knabenschänder, que significa literalmente “abusadores de niños”. En buen castellano, equivaldría probablemente a “corruptores de menores”.

Hay muchas otras palabras que usted muestra como mal traducidas en muchas traducciones de la Biblia. ¿A qué cree que se deben estas malas traducciones que realizan especialistas?

La tradición de la iglesia cristiana, a partir de los padres de la iglesia (siglos II, III y IV) tiene mucho que ver con el problema. La teología patrística es eminentemente misógina y, al mismo tiempo, padece de una aguda fobia al erotismo. Esta tendencia se agravó durante la Edad Media, época que ve nacer el término “sodomía” en el siglo XI. La reforma protestante, que rompió en algunos sentidos con la tradición católica, conservó y continuó la represión de lo homoerótico, fenómeno que continúa hasta nuestros días en algunos ambientes eclesiásticos.

O sea, la tradición es la que enseña a muchos traductores cómo deben interpretar los textos que hablan de la diversidad sexual y al género. Por otra parte, los traductores de la Biblia suelen ser personas con varios compromisos académicos y docentes y con poco tiempo para actualizar sus conocimientos. Por tanto, muchos se limitan a usar los diccionarios y comentarios de prestigio, obras que a veces son de considerable edad y que reflejan los prejuicios de tiempos pasados. De esta manera, se siguen produciendo y perpetuando las traducciones erróneas.

Meses atrás escribió una carta abierta a la Sociedad Bíblica Española mostrando el dolor que puede causar al colectivo LGTBIQ la forma en la que se traducen algunas palabras de la Biblia. ¿Qué pretendía con aquella carta? ¿Cuál ha sido la respuesta?

Con esta carta a la Sociedad Bíblica pretendía iniciar un diálogo con los traductores afiliados a esta entidad. Debido a la enorme influencia psicológica que ejerce su trabajo sobre las personas lectoras, quería plantear y debatir con ellos el tema de las traducciones erróneas y anacrónicas que tanto dolor causa a miles de individuos del colectivo LGTBIQ.

Lamentablemente, la respuesta ha sido nula. A estos traductores les he escrito dos veces y en ambas ocasiones no me han hecho llegar reacción alguna, ni positiva ni negativa.

Hace en su libro aproximaciones positivas al amor entre dos personas del mismo sexo en la Biblia, por ejemplo, cuando estudia el relato en el que Jesús sana al muchacho del centurión. ¿Cree que entre el centurión y el muchacho había una relación de amor? ¿Cómo calificaría esa relación?

Según algunos estudiosos de la época helenística, era frecuente que los oficiales del ejército romano tuvieran viviendo consigo una persona querida de uno o de otro sexo. En el caso de este centurión, es llamativo que él, siendo representante del poder imperial, acuda a un predicador itinerante judío llamado Jesús, para solicitarle ayuda. Algo hay entre él y su “muchacho” que le impele a realizar una intercesión de esta índole. De hecho, la palabra “muchacho” (gr. pais) se refiere a menudo, en la antigua cultura griega, a un adolescente querido. Además, téngase en cuenta que la palabra paiderastia significa “amor de muchachos” refiriéndose a la relación íntima entre un hombre maduro y un varón menor de dieciocho años.

Habla también del Discípulo Amado que aparece en el Evangelio de Juan, y usted lo identifica con Lázaro de Betania. ¿Qué puede aportarnos el amor entre Jesús y este discípulo al colectivo LGTBIQ?

Puede aportarnos mucho. El evangelista nos muestra una relación de ternura e intimidad entre el Maestro y este discípulo muy querido que nos invita a acercarnos a Jesús y quererlo con la misma confianza.

Hace una lectura muy interesante de Gn 1,27: “Dios creó al terrícola a su imagen y semejanza, a imagen de Dios los creó. Varón y hembra los creó”. ¿Puede leerse este texto como que la potencialidad de la diversidad estaba en el primer ser humano que Dios creó según el libro del Génesis?

Sin duda. El narrador hebreo no vacila ante la ambivalencia, o plurivalencia, del primer terrícola. Esto no debe sorprendernos. Una visión muy similar es apreciable en otros mitos y leyendas del mundo antiguo donde se habla de los primeros seres humanos. O sea, según el Génesis, la diversidad sexual y de género forma parte integral de la existencia humana.

Agradezco mucho sus respuestas, y para acabar, estoy convencido de que hay muchas cosas que ha aprendido y le han sorprendido positivamente mientras escribía el libro. Puede destacarnos una.

Una de las sorpresas más importantes, y más gratas, ha sido descubrir que el llamado pecado original, que tanto ha impregnado la teología católica y protestante a partir de Agustín de Hipona, no tiene base alguna en el Génesis leído en su versión primitiva. El narrador hebreo presenta una situación totalmente distinta: el terrícola nace creado a imagen y semejanza del Creador y es bendecido. No hay pecado original sino bendición original. El ser humano recibe de nacimiento el don de la creatividad. En síntesis, el Génesis plantea que Dios nos encomendó una misión maravillosa: ser cocreadores del universo.

Muchas gracias Renato

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El Ayuntamiento de Santiponce (Andalucía), Premio Unamuno por honrar la memoria del “Cervantes protestante”

Sábado, 26 de junio de 2021

5f9ab8d58aac2_estatua1Casiodoro de la Reina, monje del convento de San Isidoro del Campo

Se trata del primer monumento que se inaugura en España para honrar la memoria de un protestante, y está delante del propio monasterio del que tuvo que huir escapando de la Inquisición

ElAyuntamiento de Santiponce (Sevilla) ha sido designado este año como merecedor del ‘PremioUnamuno, amigo de los protestantes’ que otorga el diario Protestante Digital. Este galardón se entrega desde 2006, y supone ya una referencia cultural en España. La entrega se realizará a finales del próximo septiembre, fecha del nacimiento de Unamuno.

El nombre del premio responde a la amistad mostrada por Miguel de Unamuno con destacadas figuras evangélicas, en especial con el pastor protestante Atilano Cocoa quien intentó salvar de ser fusilado por Franco, como ha recordado recientemente la película ‘Mientras dure la guerra’.

El premio reconoce a alguna persona o institución española que, sin ser de confesión protestante, haya realizado alguna contribución destacada a favor de la pluralidad y la convivencia de la sociedad, especialmente en aspectos relativos a los evangélicos españoles.

Protestante Digital es el principal medio de información y opinión evangélico en nuestro país, con 18 años de existencia, y que en 2020 tuvo cerca de diez millones de páginas vistas. Está vinculado a la Alianza Evangélica Española, con más de 130 años de vida y representante del protestantismo español en las Alianzas Europea (con representación ante la UE en Bruselas) y Mundial.

Razones del premio a Santiponce

Entre los méritos del Ayuntamiento de Santiponce que motivaron la concesión del premio este año destaca sin ninguna duda la estatua inaugurada el 29 de octubre de 2020 dedicada a Casiodoro de Reina, monje español del convento de Isidoro del Campo en Santiponce, que abrazó la fe reformada (protestante). En 2020 se conmemoró el 500 aniversario del nacimiento de Casiodoro de Reina,

Se trata del primer monumento que se inaugura en España para honrar la memoria de un protestante, y está delante del propio monasterio del que tuvo que huir escapando de la Inquisición. En este caso, se trata de una de las grandes (y desconocida) figuras de la literatura española, así como uno de los principales reformadores españoles, que en el Siglo XVI escapó  del monasterio de San Isidoro del Campo junto a varios compañeros ante su inminente emjuicimiante por el Santo Oficio.

Casiodoro de Reina es el autor de la Biblia del Oso, primera traducción completa de los textos originales de la Biblia al castellano, publicada en el Siglo XVI.

Fruto de su labor, a lo largo de la historia millones de personas han podido acceder en todo el mundo de habla hispana a las Escrituras en el idioma español. Su obra es considerada por especialistas una de las obras cumbre de la literatura española. Antonio Muñoz Molina la coloca como referencia del idioma castellano a la altura del Quijote de Cervantes.

Además de la estatua, el ayuntamiento imprimió 3.000 ejemplares de una revista dedicada a Casiodoro de Reina. Una actividad que se une al trato justo, empático y de diálogo abierto con los evangélicos cordobeses en este municipio ejemplo de pluralismo y convivencia para todo el territorio español.

Otros premiados

El Ayuntamiento de Santiponce se une a ilustres instituciones e intelectuales que han recibido este premio, que celebra con la actual su 13ª edición. El ‘Premio Unamuno, amigo de los protestantes’ fue concedido con anterioridad a escritores como el mencionado Antonio Muñoz Molina,Eva Díaz Pérez, a entidades como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y a figuras de la cultura o la política decisivas en el camino de normalización de los evangélicos en España, como Alberto Ruiz Gallardón,José María Calviño y José Luis Villacañas.

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), General, Iglesia Anglicana, Iglesia Bautista, Iglesia Luterana, Iglesia Presbiteriana, Iglesias Evangélicas, Iglesias Pentecostales, Iglesias Reformadas (Calvinistas) , , , , , , ,

“Manipulaciones literalistas de la Biblia”, por Carlos Osma

Lunes, 14 de junio de 2021

Two men sitting on a bench with bibles and praying in a garden under sunlight with a blurry background

Si me dieran un euro cada vez que alguien me dijera que la Primera Epístola a los Corintios explicita que los homosexuales no heredarán el reino de dios, sería rico. De hecho, pensaba que este era el versículo más leído de la Biblia hasta que me dijeron que no, que el más leído era: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (Is 41,10). Tampoco me extrañaría que el éxito del versículo del profeta se debiese a que los cristianos LGTBIQ del mundo, para salvaguardar su salud mental, hubiesen decidido leer dos veces a Isaías cada vez que alguien les recordase el de la Primera Epístola a los Corintios. Pero si no es esta la razón, aprovecho para recomendarles que lo hagan.

El literalismo bíblico es una estupidez, cruel y asesina, pero una estupidez. Y la verdad es que es incomprensible que se haya convertido en la manera oficial con la que las iglesias evangelicales leen la Biblia. Uno de sus puntos de partida es creer que existen los textos originales, es decir, que en algún lugar del mundo está el libro del Génesis que supuestamente escribió Moisés, o el Evangelio de Mateo que supuestamente escribió Mateo. Pero esto es falso, no tenemos los manuscritos originales de ninguno de los libros que forman la Biblia, de ninguno, ni siquiera un pequeño fragmento. No tenemos acceso a ellos, ni a las palabras textuales que contenían. Los manuscritos más antiguos que se conservan, fueron escritos cientos de años después de los originales. Los códices de Alepo y de Leningrado, del siglo noveno y décimo d.C. respectivamente, son los manuscritos más antiguos del Primer Testamento en hebreo, y los códices Vaticano y Sinaítico, ambos del siglo cuarto d.C., son los más antiguos en griego. Y respecto al Nuevo Testamento hay miles de manuscritos de diferentes partes, el más antiguo un fragmento del Evangelio de Juan datado en el año 125 d.C., aunque la mayoría son muy posteriores, a partir del siglo décimo.

Para salvar este problema, se suele decir que las personas que copiaban los textos de un códice a otro, lo hacían guiadas por el Espíritu Santo, de tal manera que no cometían errores, que las copias eran siempre exactas, por lo que se han mantenido al pie de la letra (que es lo importante) los textos originales. Y quienes lo dicen, lo hacen repitiendo lo que les han dicho, sin comprobar que la realidad es bien diferente. En una ocasión tuve que comparar diez códices hebreos de Joel 2,28-32, y todos tenían alguna diferencia respecto a los demás, habían añadido alguna letra, la habían eliminado, habían cambiado un tiempo verbal, o alguna palabra… Y esto era aún más exagerado si lo comparaba con códices griegos del mismo texto, si en el Códice de Leningrado decía «mi espíritu», en el Targum Jonathan se ampliaba a «mi espíritu de santidad». O si en el Targum de Jonathan o la traducción Siríaca-Peixita se decía «sirvientes» y «sirvientas», en los códices Vaticanus y Sinaíticus de los LXX aparecía «esclavos» y «esclavas», por poner dos ejemplos. Este mismo texto de Joel, aparece citado en Hechos de los Apóstoles 2,17-21, puesto en boca de Pedro, y las diferencias son aún más grandes, en los Códices del Nuevo Testamento se añaden palabras como «arriba», se intercambian otras como «columnas» por «vapor»… Pude comprobar que algunos manuscritos tenían más de diez diferencias respecto a otro, ¡solo en cinco versículos! Si el Espíritu guiaba a quienes hacían las copias, hay que decir que es un Espíritu que apuesta claramente por la diversidad.

Otra cosa evidente de la que no se percatan los literalistas es que, a menos que sepan hebreo y griego, están leyendo una interpretación de los manuscritos anteriores (que ya hemos visto que no son los originales), porque una traducción es una interpretación, mejor o peor, pero una interpretación al fin y al cabo. Y toda interpretación se hace bajo unos presupuestos y con una cosmovisión que en el caso que nos ocupa es profundamente homófoba. Y digo que es evidente, porque solo con coger dos Biblias diferentes, ambas en castellano por ejemplo, es suficiente para ver que cada una traduce de manera distinta. El mensaje de fondo puede ser el mismo (salvando las traducciones/interpretaciones interesadas y sesgadas), pero los textos no coinciden. Si en la versión Reina Valera 95 dice Job 9,7 «Él ordena al sol que no salga y a las estrellas que no brillen», en la versión de la Biblia de Jerusalén encontraremos: «A su veto el sol no se levanta, y pone un sello a las estrellas». Aunque, bueno, siempre queda la posibilidad de pensar que el Espíritu ha guiado mejor a quienes tradujeron la Biblia que más me gusta y peor al resto.

Ver que las traducciones de la Biblia tienen un sesgo profundamente homófobo es fácil, y lo mostraré con un ejemplo. Si cogemos la Reina Valera 95, y vamos a Jn 13,23, leeremos: «Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús», y en la Biblia de Jerusalén: «Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús». Pero si vamos a los códices en griego de donde han traducido ambas versiones, el discípulo amado no estaba «al lado de Jesús», sino «ἐν τῷ κόλπῳ τοῦ Ἰησοῦ», es decir, en el seno o regazo de Jesús. Supongo que para los homófobos traductores de estas traducciones, muchos de ellos paradójicamente literalistas, era algo comprometida esta muestra de amor entre dos hombres, sobre todo si uno era Jesús.

Dicho todo esto, a nadie debería sorprender que en muchas traducciones al castellano de 1ª Co 6,9 se diga que los homosexuales no heredarán el reino de los cielos. La palabra exacta de los manuscritos griegos es ἀρσενοκοῖται, y es imposible que Pablo pudiera referirse a una identidad que nació dieciocho siglos después. De hecho, ni siquiera hace treinta años la identidad homosexual se entendía exactamente de la misma forma que se hace hoy. Introducir esta palabra en la traducción es una manipulación del texto bíblico con la finalidad de producir la exclusión de millones de personas. Exclusión que promueven los literalistas que dicen divinizar y respetar el texto bíblico, cuando en realidad aceptan una manipulación para defender sus posicionamientos homófobos. El respeto a la Biblia pasa por abandonar la interpretación literalista que no se sostiene por ningún lado, y por dejar de introducir en las traducciones/interpretaciones las ideologías excluyentes, como la homofobia, de los traductores y las instituciones que los tienen a sueldo.

Carlos Osma

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