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“Violencia de género en la Biblia”, por Jesús Donaire

Martes, 17 de mayo de 2022

Se estima que 736 millones de mujeres, una de cada tres, han experimentado alguna vez en su vida violencia física o sexual. En Ucrania son multitud las mujeres y niñas que están siendo violadas ante la pasividad de las autoridades internacionales. En los últimos veinte años, más de mil mujeres han sido asesinadas en España por violencia machista. Y aunque muchos países están incluyendo en sus agendas la erradicación de la violencia de género como objetivo prioritario, aún estamos muy lejos de alcanzar una verdadera igualdad de género. ¡Todavía queda mucho por hacer!

En nuestra sociedad patriarcal y misógina, siguen dándose episodios horrendos y estremecedores de violencia de género, como el que se narra en el pasaje bíblico que comente en mi vídeo, y que se encuentra en el libro de los Jueces 19, 22-30. ¡Anímate a visualizarlo, sólo son 10 minutos!

La iglesia interpreta este relato, al igual que el de Sodoma, de manera sexualizada, defendiendo que en él se condena la homosexualidad. Justifica esta interpretación haciendo un uso equivocado del verbo yadah, que traduce como acostarse con, cuando la traducción más acertada es la de conocer. Una lectura homófoba y sexualizada que surgió en la Edad Media y que hunde sus raíces en el mundo helénico. Esta forma de entender el pasaje no tiene en consideración el contexto cultural, religioso, lingüístico y literario en el que fue escrito, y ha terminado convirtiendo el relato en una especie de reportaje periodístico.

En su ensayo, Amores bíblicos bajo censura, Renato Lings defiende la idea de que el texto tiene un propósito político muy concreto: presentar al rey Saúl, originario de Guibeá, y a su tribu de Benjamín, desde una perspectiva denigrante e ignominiosa. Se trataría de algo así, como de una especie de novela policíaca de ficción, redactada con fines políticos. Argumenta su teoría, acudiendo a las referencias que encuentra en este pasaje, de la lucha de poder que existió en Israel entre los partidarios del rey Saúl y los del rey David. De esta forma, el autor sagrado pretende provocar en el lector enfado, indignación y repulsa por la nefasta gestión política de Saúl, que terminó sus días siendo rechazado por Dios y apartado del trono de Israel.

Estas dos últimas son las interpretaciones más habituales que se hacen de este relato. Ahora bien, ya sea denunciando la xenofobia que había en Israel, o poniendo de manifiesto el pésimo gobierno de Saúl, en ningún momento, esta narración tiene la intención de rechazar la orientación sexual gay. Pensar que en este pasaje condena la homosexualidad es un despropósito y anacronismo.

Aclarado esto, fijaré la mirada en el trato despiadado y mortal que recibe la esposa del levita, y que ha de ser considerado, en toda regla, violencia de género. Es verdad que, en la mente del autor del libro de Jueces, no existe como tal, la noción de violencia de género, ya que esta es posterior. Pero, no por ello, debemos obviar que este trágico episodio narra el maltrato que sufre una mujer.

Así se pone de manifiesto que, aquellos hombres agresivos, lo que pretenden desde el inicio del relato es violar a la mujer del levita. Por eso le amenazan a él, porque sólo así conseguirán acceder a su esposa.

 Una sociedad que da la espalda a millones de mujeres maltratadas, humilladas y violadas por hombres depravados y violentos, es una sociedad hipócrita y falsa. Una iglesia que no denuncia el sufrimiento de millones de mujeres, sometidas a hombres malvados y autócratas, es una iglesia hipócrita y falsa. Alejada de las enseñanzas de Jesús de Nazaret.

¿Por qué la iglesia no habla de violencia de género? ¿Por qué mira hacia otro lado, como si proteger a quien está sola e indefensa, no formara parte del evangelio? ¿Por qué les incomoda tanto, a ciertos jerarcas y eclesiásticos, aceptar que en la Biblia se denuncia la mentalidad androcéntrica, machista, misógina y patriarcal, que defienden algunas corrientes políticas y sociales emergentes, que simpatizan con la iglesia? Quienes gobiernan la iglesia, después de leer este pasaje, ¿pueden seguir pensando que en la Biblia no se contienen episodios de violencia de género? ¿Se justificarán diciendo que es una moda superficial y pasajera?

 ¡Si tú también encuentras necesario este discurso, solidarízate conmigo e impúlsame a seguir! Me siento llamado en favor del otro. Si quieres que nos conozcamos y te acompañe personalmente, ofreciéndote mi conocimiento y experiencia, por mí, encantado. Entra en mi página web (jesusdonaire.me) y solicita mi acompañamiento. Estaré encantado de conocerte y ayudarte en tu proceso. ¡Me tienes a tu disposición!

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“Soy sodomita? Sodoma y la homosexualidad”, por Jesús Donaire

Jueves, 12 de mayo de 2022

Screenshot-2022-05-08-at-17-15-53-¿Soy-sodomita-Sodoma-y-la-homosexualidadDe su blog Acompañamiento y reflexión teológica LGBTIQ+:

“Con ese término se ha humillado e injuriado a millones de personas durante siglos”

¿Deberíamos seguir utilizando la palabra sodomita como se ha utilizado a lo largo de los siglos? ¿Realmente los homosexuales somos sodomitas?

Con el pasaje bíblico de Sodoma se ha justificado el acoso, rechazo y persecución de quienes, amando a personas de su mismo sexo, han sido convertidos en chivos expiatorios de la homofobia institucional

Seguro que, en mas de una ocasión, has oído utilizar la expresión “sodomita”. Obviamente, con carácter peyorativo y deseo de ofender a alguien. La historia está repleta de episodios de persecución y condena de las personas homosexuales. Se trata de un término que, desde el principio del cristianismo y hasta el día de hoy, se emplea para insultar y ofender a las personas homosexuales. Con él, se ha humillado e injuriado a millones de personas durante siglos, marcándolas como si fueran verdaderos criminales.

La iglesia, apartándose de las enseñanzas de Jesús y aprovechando su gran influencia política, social, espiritual y moral, ha inoculado este odio en la conciencia colectiva de la sociedad. Una fobia que ha llegado hasta el punto de considerar a las personas homosexuales bestias salvajes que debían ser erradicadas. ¿Piensas que exagero cuando empleo esta expresión? Escucha con atención algunos ejemplos.

El Concilio XVI de Toledo, celebrado en el año 693, considera la homosexualidad un crimen severo que ha de ser castigado con el exilio. En 1140, el Decreto de Graciano, primera codificación del derecho canónico occidental, califica toda práctica homosexual como crimen contra natura. En la mayoría de los pronunciamientos magisteriales que la iglesia ha realizado, la sodomía es descrita como un crimen grave, pecado horrible y práctica execrable. El papa san Pío X, en la primera década del siglo XX, la definía como vicio maldito que merece el castigo de Dios. ¡¡Tremenda expresión de alguien que la iglesia ha canonizado!!

El historiador y profesor británico, Henry Kamen, ha dedicado parte de su vida a la investigación de la Inquisición española, poniendo de manifiesto las atrocidades y aberraciones que los tribunales eclesiásticos realizaban contra las personas homosexuales. Parafraseando a Kamen, los castigos más comunes que se aplicaban en España consistían enazotes, encierro en galeras, castración o lapidación. Hasta que en el año 1497, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, cambiaron estos crueles castigos por uno bastante peor: la quema en público de las personas gays, y la correspondiente confiscación de todas sus propiedades y bienes. Estas terribles prácticas que los Reyes Católicos fomentaron, deberían ser tenidas en consideración por el papa Francisco, a la hora de tomar la decisión de abrir el proceso de beatificación de Isabel la Católica.

La iglesia ha convertido esta narración bíblica en el paradigma moral del supuesto pecado que las personas gays cometen, cuando practican el coito anal. La ha interpreado como una condena explícita de las relaciones homoeróticas. Así ha logrado convertirla en una epopeya ética que ha inspirado a infinidad de escritores religiosos y autoridades eclesiásticas, a escribir terribles historias de intolerancia y fanatismo religioso. Emperadores, papas y gobernantes, interpretando errónea y supersticiosamente el pasaje de Sodoma, han llegado a atribuir a las personas homosexuales catástrofes naturales. En el año 538, el emperador Justiniano, gran defensor de la iglesia y protector del cristianismo, llegó a afirmar que las prácticas homosexuales eran una amenaza al Estado, porque provocaban la venganza de Dios en forma de terremotos, hambres y pestes.

¿Cómo es posible que la iglesia haya llegado hasta el punto de ordenar la ejecución pública de personas homosexuales? ¿Cómo ha alcanzado tal aberración? ¿Deberíamos seguir utilizando la palabra sodomita como se ha utilizado a lo largo de los siglos? ¿Realmente los homosexuales somos sodomitas?

En este nuevo vídeo, analizo el pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, para ayudarte a comprender cuál es la verdadera enseñanza que el autor sagrado quiere transmitir en este relato. Una enseñanza que nada tiene que ver con la homosexualidad humana tal y como hoy la entendemos. ¡Entra en el enlace (https://acortar.link/sJj55c) y visualiza el vídeo!

¡Si tú también encuentras necesario el discurso y proyecto que estoy iniciando, solidarízate conmigo e impúlsame a seguir!! . ¡Necesito de tu ayuda y colaboración! Me siento llamado en favor del otro. Si necesitas reflexionar conmigo, te invito a conocer mi acompañamiento personal o en grupo. Entra en mi página web (jesusdonaire.me) y solicítalo. Estaré encantado de conocerte y acompañarte en tu proceso personal. ¡¡A tu servicio!!

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Fe en un futuro LGBTQ+

Lunes, 7 de marzo de 2022

51-ROR0X_400x400La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Laurel Marshall Potter. Laurel es un Ph.D. candidata en Teología Sistemática y Comparada en Boston College, con intereses que incluyen el pensamiento y la praxis decoloniales y las teologías de la liberación latinoamericanas. Laurel practica el culto e investiga en colaboración con comunidades eclesiales marginales de El Salvador, donde vivió y trabajó durante varios años.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el primer domingo de Cuaresma se pueden encontrar aquí.

Recientemente tuve la oportunidad de escuchar a padres de niños y adultos LGBTQ+ sobre su tensa relación con la iglesia. Fue un regalo ser recibido en este espacio en pie de igualdad. No soy padre, y mis ahijados y otros niños que conozco aún no tienen la edad suficiente para expresar su orientación sexual o identidad de género en esos términos.

A veces, aquellos de nosotros en el lado más joven de la brecha generacional imaginamos que tenemos que andar con cuidado con nuestros mayores, pero no fue el caso con este grupo. Me llamó la atención la fe de estos padres, su decisión y claridad al escoger a sus hijos sin renunciar a su iglesia. No anduvieron de puntillas, gritaron, lamentaron, exigieron que nuestra iglesia practique la inclusión y el amor que a veces predica. Se necesita una increíble cantidad de fe y esperanza para hablar tan clara y proféticamente al poder. Protegido por mi rectángulo de Zoom, me quité los zapatos mientras pisamos juntos esta tierra sagrada.

La primera lectura del leccionario de hoy del libro de Deuteronomio se lee un poco como un manual litúrgico. Moisés instruye a su pueblo sobre cómo ofrecer sacrificios: Entrega al sacerdote la canasta con la ofrenda, y después de que la coloque sobre la mesa, lee un texto ritual particular. Cuántas veces hemos visto un intercambio similar en la Misa, cuántas veces hemos seguido los movimientos, nos hemos desconectado durante nuestra oración eucarística, dejando que las palabras y afirmaciones familiares nos inunden. Esto me pasa todo el tiempo. Hay mucho que pensar en estos días.

Pero Moisés está describiendo una liturgia que aún no existe. Mientras da estas instrucciones, Moisés y el pueblo hebreo siguen en el desierto, años después de haber escapado de Egipto, esperando llegar a la tierra rebosante de leche y miel que Dios les ha prometido. Moisés asegura al pueblo que llegarán, que volverán a producir alimentos. “Y cuando llegues allí”, dice Moisés, “recuerda a Aquel que cumple las promesas. Ofrece tus primeros frutos. Esto es lo que Dios quiere para ti”. Moisés era un hombre lleno de esperanza, fiel y verdadero, aunque murió antes de que llegara el pueblo. Nunca vio la tierra prometida, pero su esperanza profética llevó a su pueblo allí.

Tentacion jesus

En el Evangelio de hoy, también Jesús se encuentra en el desierto, en retiro, discerniendo. Jesús creció aprendiendo cómo Dios liberó a sus antepasados de la esclavitud en Egipto, cómo Dios les prometió su propia tierra y cómo Dios cumple sus promesas. Pero eso fue entonces. Esto es ahora. En el mundo de Jesús, el Imperio Romano aterroriza a sus súbditos para que se sometan crucificando a los disidentes. Tanta gente está marginada en la sociedad de Jesús: mujeres y otras personas de género diverso, discapacitados, pobres. La violencia amenaza con estallar, chisporroteando y chisporroteando a lo largo de las fronteras coloniales y entre los revolucionarios celosos. Entonces, cuando la tentación de perder la fe y derribar todo por el poder de la justicia mundana y los superpoderes milagrosos está sobre la mesa, es difícil no aceptar. “Muéstrales”, susurra el mal. “Haz que todo termine, hoy”.

Pero Jesús se resiste. Aunque Jesús no sobrevivió a la liberación de Egipto, recuerda las historias. Sabe que no sólo de pan se vive, que sólo Dios es digno de adoración, que no hay pruebas que lo demuestren, sino el testimonio y las enseñanzas de su propio pueblo.

Tanto Moisés como Jesús creen en el futuro que Dios promete para el pueblo de Dios. Ambos deciden soñar con Dios, sueños ridículos. Una tierra rebosante de leche y miel en el desierto. Un mundo donde nadie quede herido al costado del camino. Una sociedad donde se cuida a los extranjeros, los enfermos y los ancianos. Esto es irrazonable, cosas sobrenaturales. Apenas podemos concebirlo.

Y todavía. Moisés, al borde de la muerte, ya le está diciendo a la gente cómo ofrecer los primeros frutos de una tierra que nunca verá. Jesús es torturado y asesinado, sin saber si sus amigos continuarán con su mensaje. Su testimonio es tan poderoso que es la fuente de nuestra propia fe, todos estos siglos después.

Dios no ha terminado de soñar con la Creación. Frente a todas las luchas de nuestro mundo que se sienten tan abrumadoras y sin esperanza, Dios promete que tendremos paz.

Afirmamos especialmente que Dios sueña con la vida plena de todas las personas LGBTQ+, desde la niñez hasta la vejez, y que Dios promete darnos consuelo a nosotros y a nuestras familias, como a todos aquellos cuyas vidas no encajan en el mundo del imperio mortífero. Es una afirmación ridícula, y es nuestra fe.

Soñemos, como lo hizo Moisés, con esa realidad que quizás nunca veamos, pero que existirá para nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos:

– De un mundo libre de crímenes de odio LGBTQ+

– De un mundo donde los niños queer son amados, aceptados y celebrados. Donde estén empoderados para aprender a través del deporte, el arte y la educación y puedan recibir atención médica física y mental adecuada.

– De un mundo donde las familias no tengan que ocultar nuestras luchas y dolores de crecimiento y puedan ser apoyadas por nuestras comunidades.

– De un mundo donde la sexualidad sea aceptada como parte integral de la vida humana, donde se nos enseñe la verdad sobre nuestros buenos deseos y podamos vivir plenamente en nuestros cuerpos.

– De un mundo donde padres e hijos se reconcilian.

– De un mundo donde las personas de todos los géneros puedan descubrirse y expresarse de manera libre y segura.

Confiemos, como lo hizo Jesús, en que vale la pena apostar la vida por esta promesa. Acompañados por el Espíritu Santo, vivimos nuestro propio futuro extraño; vivimos en el sueño de Dios para el pueblo de Dios.

—Laurel Marshall Potter, 6 de marzo de 2022

Fuente New Ways Ministry

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“Convertir todo en pan”. 1 Cuaresma – C (Lucas 4, 1-13)

Domingo, 6 de marzo de 2022

18_1-CUA-C_1507185Es nuestra gran tentación. Reducir todo el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos: empeñarnos en convertirlo todo en pan con que alimentar nuestras apetencias.

Nuestra mayor satisfacción, y a veces casi la única, es digerir y consumir productos, artículos, objetos, espectáculos, libros, televisión. Hasta el amor ha quedado convertido con frecuencia en mera satisfacción sexual.

Corremos la tentación de buscar el placer más allá de los límites de la necesidad, incluso en detrimento de la vida y la convivencia. Terminamos luchando por satisfacer nuestros deseos, aun a costa de los demás, provocando la competitividad y la guerra entre nosotros.

Nos engañamos si pensamos que es ese el camino de la liberación y de la vida. Al contrario, ¿no hemos experimentado nunca que la búsqueda exacerbada de placer lleva al aburrimiento, el hastío y el vaciamiento de la vida? ¿No estamos viendo que una sociedad que cultiva el consumo y la satisfacción no hace sino generar insolidaridad, irresponsabilidad y violencia?

Esta civilización, que nos ha «educado» para la búsqueda del placer fuera de toda razón y medida, está necesitando un cambio de dirección que nos pueda infundir nuevo aliento de vida.

Hemos de volver al desierto. Aprender de Jesús, que se negó a hacer prodigios por pura utilidad, capricho o placer. Escuchar la verdad que se encierra en sus inolvidables palabras: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios».

¿No necesitamos liberarnos de nuestra avidez, egoísmo y superficialidad, para despertar en nosotros el amor y la generosidad? ¿No necesitamos escuchar a Dios, que nos invita a gozar creando solidaridad, amistad y fraternidad?

José Antonio Pagola

 

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El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado”. Domingo 1º de Cuaresma

Domingo, 6 de marzo de 2022

17-cuaresmaC1 cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 26, 4-10: Profesión de fe del pueblo escogido.
Salmo responsorial: 90. Está conmigo, Señor, en la tribulación.
Romanos 10, 8-13:Profesión de fe del que cree en Jesucristo.
Lucas 4, 1-13: El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.

Análisis

El texto “mi padre era un arameo errante”, fue motivo de arduas discusiones entre los estudiosos hace muchos años. Hoy parece que las aguas se han aquietado. Se afirmó —el gran biblista alemán G. von Rad— que estamos ante un “credo primitivo”, pronunciado en el santuario de Guilgal en la liturgia, y que representa el corazón histórico de Israel. Todo el Hexateuco, sigue diciendo, se formula a partir de este texto. Hoy tenemos muchos elementos para cuestionar su antigüedad, y podemos pensar que otros “credos” (como quizás el de Núm 20,14b-16) son más antiguos. Por otra parte, el esquema opresión-clamor-liberación es muy característico del autor deuteronomista (particularmente del libro de los Jueces) como para pensar en una pura originalidad. La importancia de la tierra, como lugar del descanso, tierra dada por Yahvé también es muy importante en el deuteronomista por lo que no parece fácil seguir sosteniendo lo que von Rad decía. Sin embargo hay un elemento que es característico de los credos israelitas, y no debiera discutirse, y es su dimensión histórica. El Dios de Israel es un Dios que se revela en la historia de su pueblo, en la de ayer y la de hoy. En este sentido es muy importante notar, por un lado los usos de las primeras personas del singular, y los plurales: el orante se planta personalmente ante Dios (“mi padre”, “traigo”…) pero cuando debe hacer memoria de su pecado y la intervención salvadora de Dios recurre al plural: “nos maltrataron”, “nos oprimieron”, “nos impusieron servidumbre”, “clamamos”, “escuchó nuestra voz”… “nos trajo”). Ese cambio de personas puede resumirse diciendo “mi padre era Israel, por lo tanto nosotros somos Israel”.

Tradicionalmente esto no ha tenido dificultad, pues desde siempre la tradición cristiana ha heredado con toda naturalidad esa visión según la cual nuestra fe es una respuesta a la intervención de Dios en la historia. Siempre nos ha parecido «natural» que Dios intervenga en el mundo con hechos milagrosos para decirnos algo, o para hacer algo con su pueblo. A Dios siempre lo hemos pensado como un vecino del piso de arriba, pero como un vecino que puede bajar en cualquier momento, y de hecho está siempre pendiente de nosotros. HOY es muy problemática esta visión, porque no forma parte ya de la cosmovisión moderna entender la realidad cósmica como dos pisos: el nuestro y el de Dios. Como sugiere el título del libro de Lenaers, «No hay un Dios ahí arriba». El Dios altísimo, el dios en lo alto del cielo… ha pasado a ser una frase hecha, con sabor añejo, o rancio, que ya no se sabe bien qué significa, porque en nuestra visión moderna actual no hay dos pisos, ni creemos estar conviviendo con vecinos del segundo piso que puedan bajar a éste en cualquier momento.

Hay además un nuevo problema respecto a la historia. Esas intervenciones de Dios en la historia, bien registradas en la Biblia, están siendo cuestionadas por la arqueología científica. No es el lugar para exponerlo aquí, pero puede ser una buena recomendación para la propia formación el estudiar el tema del «nuevo paradigma arqueológico bíblico»: hay toda una nueva visión –documentada, científica, arqueológica– sobre la historicidad de hechos principales que narra la biblia, y que desde siempre creímos literalmente históricos. En realidad no es nada nuevo, pues ya hace mucho tiempo que sabemos que Moisés no escribió el Pentateuco, o que Jesús no nació el 25 de diciembre ni en Belén… pero hay nuevos datos muy llamativos sobre otros elementos cuya historicidad sería decisiva. (Véase la revista VOICES (http://eatwot.net/VOICES) y tómese su último número –en línea, gratuito–; ofrece un buen material de lectura para iniciarse en el tema).

La Iglesia nos propone el Salmo 91 (90) por ser, precisamente, el que utilizará el diablo en la tentación. Quizá para que podamos ver cómo «sacar un texto de contexto puede ser diabólico»… No es unánime la opinión de frente a qué tipo de Salmo nos encontramos, y esto condiciona la interpretación. Unos piensan en un diálogo litúrgico, otros en una homilía sapiencial.

Luego de la sección teológica de la carta a los romanos (caps 1-8) y antes de la sección parenética (caps. 12-15), Pablo introduce un paréntesis sobre Israel (caps. 9-11). Paréntesis que no es ajeno a la totalidad de la misma ya que desde el comienzo nos dijo que la salvación es para todos, pero “primero para los judíos” (1,16; 2,10). Sin embargo, sus “hermanos de raza” demoran en reconocer a Cristo, y Pablo manifiesta su dolor por ello; de todos modos lo ve como un tiempo pedagógico de Dios para dar oportunidad a la conversión de los paganos. Después -quizá movidos por los celos- todo Israel se salvará (11,26). Pero esto no exime de responsabilidad a los judíos ya que miran la justicia que les viene de ellos mismos y no la que viene de Dios. La iniciativa de Dios (gracia) es uno de los temas centrales de la teología paulina, y es grave creer que de nosotros depende. Ese es el motivo, además, por el que Pablo abunda en citas de la Escritura en esta unidad. Este es el marco del párrafo que hoy nos propone la liturgia. Es evidente, y el manejo de los textos lo confirma, que Pablo es consciente de estar polemizando.

Parece que la fuente Q –en la que el evangelio de Lucas se inspira– expresó en tres tentaciones tomadas de las tentaciones del pueblo en el desierto, las tentaciones que tuvo Jesús en su ministerio, al menos las dos últimas aparecen destacadas. Allí donde Israel no supo hacer la voluntad de Dios, Jesús surge fiel, verdadero “Hijo” como ya el Bautismo lo había mostrado. Esto confirma la intención cristológica del relato, y también su probable intencionalidad polémica con el Israel de su tiempo.

Dado que la primera hace referencia a la “palabra de Dios”, la segunda a lo político y la tercera al Templo, algunos han pensado que se estaría ante una triple tentación profética, real y sacerdotal, pero no parece que eso esté en juego aquí. Sólo la tentación real aparece clara, mientras que la profética y más aún la sacerdotal no se revelan, y más aún, parecen muy improbables. Las respuestas apuntan en otra dirección.

En el relato de Lucas, a diferencia del de Juan, Jesús va del desierto a la ciudad, y en la ciudad comienza su ministerio, como en la ciudad culminará todo para desde allí comenzar, siempre conducido por el Espíritu el tiempo nuevo de la Iglesia. En la primera tentación, el diablo no discute que Jesús sea el Hijo de Dios, lo da por supuesto, y lo tienta a convertir en pan una piedra ya que lógicamente tiene hambre. Más que un “nuevo pueblo”, Jesús es “hijo de Dios”, “el Hijo de Dios”. ¿Por qué Jesús no obra el milagro? Porque los milagros que Jesús hace son siempre para los otros, como la multiplicación de los panes: allí Jesús mismo se preocupa: “denles ustedes de comer” (9,13). La segunda es la tentación de poder (exousía) política. En tiempos donde todo el mundo conocido está sometido al imperio romano, se puede ver de un golpe de vista todo: el imperio mismo es diabólico y perverso. E idólatra. La tercera tentación no sólo tiene como característica que ocurre en Jerusalén, sino también que el diablo cita la Escritura. La Escritura mal citada, o mal leída, también puede ser diabólica, o idolátrica. Por otra parte, Jesús deja muy claro que su ministerio es para otros, no para él. No es salvarse a sí mismo, como tampoco en la cruz: “si eres… sálvate” (23,35.37.39).

Como dos rabinos, Jesús y el diablo discuten con citas bíblicas. Y nos queda claro que es falso servidor de Dios el que se sirve de su ministerio en su propio provecho, que no es propio de los fieles a Dios reclamar milagros ya que Dios puede salvar sin necesidad de estas obras “maravillosas” o “teatrales”. Jesús nos muestra -con su vida- el camino de la obediencia de hijo conducido por el espíritu.

Comentario

El evangelio de Lucas, nos pone a Jesús en paralelo con el pueblo de Israel. En las mismas circunstancias en las que el pueblo fue infiel, Jesús sale adelante; y para resaltar el paralelo entre ambas situaciones, el evangelista recurre al desierto y a citas del Deuteronomio. Allí donde Israel cayó, allí Jesús sale adelante. Más que un acontecimiento es una plataforma, un programa: unidos a Jesús nada tenemos que temer, sólo el amor cuenta. Deberíamos aprovechar la Cuaresma para revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias… Pero, al revisarlas, corregirlas; es que la Cuaresma es tiempo de conversión, y conversión significa caminar, camino de vuelta al Padre.

Mientras el pueblo de Israel, en la tentación, no fue fiel y cedió, ahora nos encontramos a Jesús en la misma situación, en la misma tentación. ¡Y triunfa! Jesús aparece en el Evangelio de hoy como el que vence la tentación. Porque es posible vencerla. Muchas voces, de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil. Chile  Leer más…

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Cuaresma 1. Las tentaciones de Cristo (Mt 4, 1-11; Dom 6.3.22)

Domingo, 6 de marzo de 2022

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Del blog de Xabier Pikaza:

Estrictamente hablando no son “tentaciones”, sino pruebas y trabajos de la vida. No son exclusivas de Cristo, sino de todo el judaísmo (AT), con  los pueblos antiguos, los Imperios (Egipto, Babilonia,Roma) y los sabios de oriente y occidente, en especial de Grecia.

El primer tema-problema del hombre es la comida (el pan) y para asegurarla en un entorno comercial es necesario capital.

El segundo tema-problema es la religión:el pensamiento, la ciencia, la cultura; una cultura-religión capaz de resolver todos los problemas, de superar todas la crisis, “tirándonos del templo”, del templo como superstición para entrar en el santuario-banco de  la sabiduría salvadora.

El tercer y último problema es el poder que brota del dinero y de la ciencia, que nos hace reyes soberanos. Por eso quien domine el dinero,la ciencia/ideología y el poder será salvador del mundo, será Cristo.

 Pero Jesús vino a presentarse de otra forma. Le interesó muchísimo el pan, pero no como capital, sino como comida para todos, empezando por los pobres.

Le importó muchísimo el milagro, pero no como ideología salvadora, sino como principio de transformación de los hombres, es decir, como fuente de salud…

Fue un hombre de inmenso poder, pero no para imponerse,  sino para acompañar, empoderar (potenciar), enamorar a los hombres.

Fue un transgresor, el mayor que conocemos  Reinterpretó gran parte de los códigos de vida de Israel, invirtió el tema del capital (Mt 6, 24), la ideología militar de los imperios, la sabiduría opresora de las grandes escuelas retóricas, políticas, económicas y militares… para volver a la raices de la vida humana, como “cristo”, ungido con el “aceite-perfume” de Dios.

Para presentarse como Cristo de Dios, tuvo que superar tres pruebas, como han hecho otros iniciados y maestros.El evangelio les llama “tentaciones”. Pero mas que tentaciones externas fueron posibilidades distintas de realizar su obra mesiánicas.

 La tradición dice que esas tentaciones fueron dirigidas por un Diablo malvado, llamado Satanás, empeñado en apartar a Jesús de su camino. Pero todo nos hace pensar que no fueron problemas venidos de fuera, sino los problemas centrales de la historia con los que millones de personas y de instituciones tuvieron y tienen que enfrentarse a lo largo de la vida.

            Una fue la prueba del pan (comida, economía),otra la prueba de la religión (a quien someterse para vivir), otra la prueba del poder. Estos fueron los tres “núcleos” de la historia de Jesús,descritospor el documento más antiguo de su historia,que por comodidad suele llamarse “documento Q”, que está en la base de los evangelios de Lucas y Mateo.

            La misa de este próximo 6, primer domingo de Cuaresma, toma la versión de Lucas (Lc 4). Pero he preferido seguir el orden Mateo (aunque los dos son parecidos). Lucas, como buen “helenista” culmina las pruebas en la religion (pan, poder, religión…). Mateo como buen judío pone en la meta el poder (pan, religión, poder). Ambos empiezan por el pan, el capital.

Este es el triatlón de Jesús, la triple lucha o competición de su vida... Abrió un camino, trazó una senda de salvación para la humanidad que sigue estando hoy (2022) en tiesgo de destruirse por estos mismos temas: el pan-capital, el milagro-ciencia-propaganda y el poder.

Éstas fueron  las pruebas de Jesús. Son las pruebas y tareas actuales de la humanidad y de la iglesia.  El próximo domingo presentaré estas pruebas a partir de la ideología de la modernidad en que creemos estas… y después seguiré re-presentando desde el evangelio. Buen domingo a todos.

Texto litúrgico: Mt 4, 1-11

1 Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2 Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». 4 Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

5 Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». 7 Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

8 De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, 9 y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 10 Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». 11 Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.  (Quien se atreva a leer una interpretación más precisa del tema puede seguir mi comentario de Mateo).

LA PRUEBA DE PAN. COMIDA, ECONOMÍA ¡DI QUE LAS PIEDRAS SE VUELVAN ALIMENTOS! (4,1-4)

El primer problema humano es el hambre, la primera acción mesiánica será ofrecer comida (pan), seguridad económica. A ese nivel nos situaba Gen 2-3: Eva sintió «hambre» de un pan especial (del fruto del conocimiento pleno); también a Jesús le llega el hambre, necesita colmar su deseo. Esta es la tentación principal de nuestro tiempo: saciar para siempre a los HOMBRES  (como sabemos en otro texto de Jn 4,15). Parece evidente que sólo es mesías verdadero quien ofrece pan a los humanos, en programa integral de transformación económica. La cristología se volvería de esa forma.

Pues bien, en contra eso, Mt 4, aun admitiendo que resulta necesario alimentar a los hambrientos, sabe que la solución del Diablo (que actúa como la serpiente de Gen 3), resulta peligrosa para los humanos: les abandona en manos de su propio poder, les encierra en su necesidad económica, para que ellos vendan su misma dignidad personal (de seres que escuchan y responden a nivel de gratuidad) por alimento o dinero

 El tentador intenta clausurar a los humanos en el círculo de su propio poder; al fondo de Gen 3 hay un «tú puedes» absoluto, un deseo de comer (de poseer) que se presenta como solución y plenitud de todos los problemas. El Diablo de Mt 4,1-4 recuerda a Jesús lo que debería ser su poder creador (transformador), interpretado como signo mesiánico: «si eres Hijo de Dios, dí que esas piedras». Ser Hijo de Dios significa para él imponerse sobre el mundo, comer todo.

El triunfo mesiánico supondría el cumplimiento inmediato de los deseos, el control material sobre la vida.

Esta es la aspiración primera, la tentación adámica (de Adán y Eva, en Gen 3) y antropológica (de Jesús en Mt 4). El humano se descubre como ser necesitado, limitado por el mandato (¡no comas!) e inquietado por el deseo (¡Jesús sintió hambre!). romper el límite, saciar inmediatamente la necesidad: esa sería la señal del mesianismo, la divinización del humano. Hacernos o ser dioses: poder o tener todo. Tal sería la misión de Jesucristo, la tarea del Espíritu divino (a quien Mt llama Diablos o tentador).

¿Ha triunfado el Diablo? La mundo actual sabe producir, de forma que parece estar capacitada para realizar el deseo satánico: convertir la piedra en pan, saciar el hambre. En conjunto, la cultura de Occidente, con su desarrollo científico y técnico, puede resolver el problema de la producción, alimentando a todos los hambrientos de la tierra. De esa forma ha logrado aquello que quería el Diablo, pero no lo ha hecho sólo a través de un pecado (vendiendo el alma al Diablo), sino en un proceso también positivo de conocimiento y transformación técnica de los bienes de la tierra.

Verdad de Jesús. Dialogar es más que producir, la comida sola no resuelve el tema humano. Nuestra humanidad sabe producir, no ha aprendido de verdad a compartir, no ha conseguido que sus miembros dialoguen de un modo fraterno, desplegando su vida a nivel de palabra, es decir, de búsqueda compartida de fraternidad, en apertura a Dios, en participación de los bienes humanos (no sólo económicos). Allí donde la economía es sólo economía (que acaba quedando en manos del deseo impositivo de los potentados) y el poder puro el humano corre el riesgo de perderse a sí mismo, cayendo en manos del Diablo tentador.

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Las tentaciones de Jesús. Primer Domingo de Cuaresma. Ciclo C

Domingo, 6 de marzo de 2022

imageDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El primer domingo de Cuaresma se dedica siempre a recordar las tentaciones de Jesús. También los evangelios sinópticos abren su vida pública con ese famoso episodio. Es un relato programático, para que el lector del evangelio sepa desde el primer momento cómo orienta Jesús su actividad y los peligros que corre en ella. Para eso, lo enfrentan con Satanás, que encarna las fuerzas de oposición al plan de Dios, y que intentará apartarlo de su camino.

            Marcos habla de ellas de forma escueta y misteriosa: “En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, y Satanás lo ponía a prueba; estaba con las fieras y los ángeles le servían” (Mc 1,12-13). Tenemos los datos básicos que recogerán todos los evangelios (menos Juan, que no habla de las tentaciones): lugar (desierto), duración (40 días), la prueba. Pero Mc no habla del ayuno ni concreta en qué consistían las tentaciones; y el servicio de los ángeles es continuo durante esos días.

            Mateo y Lucas, utilizando una tradición paralela, han completado el relato de Marcos con las tres famosas tentaciones que todos conocemos; al mismo tiempo, presentan a Jesús ayunando durante esos cuarenta días (igual que Moisés en el Sinaí) y relegan el servicio de los ángeles al último momento.

            Las tentaciones empalman directamente con el episodio del bautis­mo y explican cómo entiende Jesús lo que dijo en ese momento la voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. ¿Significa esto que la vida de Jesús vaya a ser cómoda y maravillosa como la de un príncipe?

1ª tentación: utilizar el poder en beneficio propio

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En aquello días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:

—Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.

Jesús le contestó:

—Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”. 

Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en beneficio propio.

La tentación se deja de sutilezas y va a lo concreto: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”. El pueblo de Israel, durante su marcha por el desierto, se quejó de hambre, murmuró, acudió a Moisés para que resolviese el problema. Jesús no necesita nada de eso. Es el Hijo de Dios. Puede resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús, el nuevo Israel, demuestra que tiene aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló durante años: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.

La enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de forma casi subliminar, es esa visión amplia y profunda de la vida como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se alimenta de la palabra de Dios.

2ª tentación: Tener, aunque haya que arrastrarse

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:

—Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.

Jesús le contestó:

—Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”.

            Este episodio siempre me trae a la memoria mi decepción cuando subí a la cumbre del monte Nebo con la esperanza de ver, como Moisés, toda la Tierra Prometida. La neblina permitía ver el Mar Muerto a duras penas. Cuanto más alto llevase Satanás a Jesús, menos vería el esplendor de todos los reinos del mundo. El episodio no debemos interpretarlo en sentido literal e histórico. Lo importante es su sentido.

La segunda tentación no es la tentación provocada por la necesidad urgente, sino por el deseo de tener todo el poder y la gloria del mundo. ¿Es esto malo, tratándose del Mesías? Los textos proféticos y algunos Salmos hablaban de su dominio cada vez mayor, universal, concedido por Dios. Pero Satanás parte de un punto de vista muy distinto, propio de la mentalidad apocalíptica: el mundo presente es malo, no está en manos de Dios, sino en las suyas; es él quien lo domina y entrega su poder a quien quiere. Solo pone como condición que se postren ante él, que lo reconozcan como dios. Jesús se niega a ello, citando de nuevo un texto del Deuteronomio: “Está escrito: al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto”.

El relato es tan fantástico que cabe el peligro de no advertir su tremenda realidad. El ansia de poder y de gloria lo percibimos continuamente (mucho más en España en tiempos de elecciones y de formación de gobierno), y también queda clara la necesidad de arrastrarse para conseguir ese poder. Pero este peligro no es solo de políticos, banqueros y grandes empresarios. Todos nos creamos a menudo pequeños ídolos ante los que nos postramos y damos culto.

3ª tentación: pedir pruebas que corroboren la misión encomendada.

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:

Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”.

Jesús le contestó:

—Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”.

Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

En 1972, cuando todavía estaba permitido llegar hasta el pináculo del Templo de Jerusalén, tuve ocasión de contemplar la impresionante vista de las murallas de Herodes prolongándose en la caída del torrente Cedrón. Una de las pocas veces en mi vida en las que he sentido vértigo. En ese escenario sitúa Satanás a Jesús para invitarlo a que se tire, confiando en que los ángeles vendrán a salvarlo.

Esta tentación se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos considerarla la tentación del sensacionalismo, de recurrir a procedimientos extravagantes para tener éxito en la actividad apostólica. La multitud congregada en el templo contempla el milagro y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida un detalle importante: el tentador nunca hace referencia a esa hipotética muchedumbre, lo que propone ocurre a solas entre Jesús y los ángeles de Dios.

Considero más exacto decir que la tentación consiste en pedir pruebas que corroboren la misión encomendada. Nosotros no estamos acostumbrados a esto, pero es algo típico del Antiguo Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1‑7), Gedeón (Jue 6,36‑40), Saúl (1 Sam 10,2‑5) y Acaz (Is 7,10‑14). Como respuesta al miedo y a la incertidumbre espontáneos ante una tarea difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su misión. Da lo mismo que se trate de un bastón mágico (Moisés), de dos portentos con el rocío nocturno (Gedeón), de una serie de señales diversas (Saúl), o de un gran milagro en lo alto del cielo o en lo profundo de la tierra (Acaz). Lo importante es el derecho a pedir una señal que tranquilice y anime a cumplir la tarea.

Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11‑12 (“a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra”), el tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios.

Sin embargo, Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto del Deuteronomio: “No tentarás al Señor tu Dios” (Dt 6,16). La frase del Deuteronomio es más explícita: “No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá”. ¿Qué ocurrió en Masá? Lo cuenta el libro de los Números en el c.17,1-7: el pueblo, durante la marcha por el desierto, se queja por falta de agua para beber. Y en esta queja se esconde un problema mucho más grave que el de la sed: la auténtica tentación consiste en dudar de la presencia y la protección de Dios: “¿Está o no está con nosotros el Señor?” (v.7). En el fondo, cualquier petición de signos y prodigios encubre una duda en la protección divina. Jesús confía plenamente en Dios, no quiere signos ni los pide. Su postura supera con mucho incluso la de Moisés.

Cuando termina el relato de las tentaciones, Lucas añade que “el tentador lo dejó hasta otro momento”. Ese momento será al final de la vida de Jesús, cuando esté crucificado.

Nuestras tentaciones

Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud ante las necesidades, miedos y apetencias y nuestro grado de interés por Dios.

1) La necesidad primaria: afecto, comprensión.

2) ¿Está Dios en medio de nosotros?

3) La tentación de tener.

4) La tentación del dejarse arrastrar, dejar hacer a los demás, callar.

1ª lectura: recordar nuestra historia con gratitud (Deuteronomio 26, 4-10)

            El texto del Deuteronomio recoge la oración que pronuncia el israelita cuando, después de la cosecha, ofrece a Dios las primicias de los frutos. Va recordando la historia del pueblo, desde Jacob (“mi padre era un arameo errante”), la opresión de Egipto, la liberación y el don de la tierra. En el contexto de la cuaresma, esta lectura nos invita a pensar en los beneficios recibidos de Dios y a ser generosos con él. El agradecimiento a Dios es más importante incluso que la mortificación cuaresmal.

Dijo Moisés al pueblo:

El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios:

            “Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”.

            Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios».

2ª lectura: confesar al Señor e invocarlo (Romanos 10, 8-13)

            En este breve pasaje Pablo comenta dos frases de la Escritura, aplicándolas al tema de la salvación personal (1ª cita) y de toda la humanidad (2ª cita). ¿Cómo se alcanza la salvación? Confesando que Jesús es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos. Algo que estamos tan acostumbrados a repetir que no valoramos rectamente. A mediados del siglo I, confesar a Jesús como Señor (Kyrios), cuando el Emperador romano era considerado el único Kyrios (César), suponía mucho valor. Y confesar que Dios lo había resucitado podía provocar más sonrisas y escepticismo del que podemos imaginar.

            La segunda cita «Nadie que cree en él quedará defraudado» la interpreta Pablo de forma revolucionaria. Para un judío, estas palabras sólo podrían aplicarse a los judíos, al pueblo elegido. Ellos serían los único en no quedar defraudados. En cambio Pablo la aplica a toda la humanidad, judíos y griegos. Cualquiera que invoca el nombre del Señor alcanzará la salvación.

Hermanos:

La Escritura dice: «La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón».

Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

Dice la Escritura:

«Nadie que cree en él quedará defraudado».

Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará».

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I Domingo de Cuaresma. 06 de marzo, 2022

Domingo, 6 de marzo de 2022

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Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”.

(Lc 4, 1-13)

Tras la fuerte e íntima experiencia de su propio Bautismo, Jesús se dirige al desierto. Acaba de conocer quién es, su identidad: “Tú eres mi Hijo amado”. Hijo y Mesías, Hijo y enviado, el Ungido.

Por la fragilidad de su condición humana necesita tiempo, espacio, pensar, asimilar su identidad y, en función de ella, reorientar su vida. Se retira al silencio y a la soledad del desierto. Con el paso de los días y lejos de las distracciones exteriores, es ahí, en la quietud del desierto, en su noche, cuando le asaltan los temores y la voz de su ego: “si eres hijo de Dios…” Reto que también le acompañará en la Cruz: “si eres hijo de Dios, sálvate a ti mismo y baja de la cruz”.

Lo es. Es Hijo de Dios, y además, Amado. Sentir esa certeza en lo más profundo de su ser es lo que le lleva a permanecer, al igual que en la cruz, hasta el final. En la soledad del desierto, en su noche, en la nada. Y sin embargo, esa misma permanencia le agudiza la escucha de la Palabra. Llenándole de confianza y seguridad, agarrándose a ella una y otra vez, y mirando cara a cara a sus temores: “Está escrito…”.

Jesús escucha la Palabra, la acoge en su corazón, la pronuncia con sus labios y la cumple por medio de sus acciones. Interesante y difícil tarea la que nos propone para, al menos, estos cuarenta días de Cuaresma. Podemos prestar especial atención a nuestra manera de escuchar la Palabra, de escuchar las palabras de quienes nos rodean. Reflexionar sobre el valor que damos a nuestras propias palabras e interrogarnos cuántas veces rompemos el Silencio pronunciando palabras absurdas.

Oración

Dios Trinidad, nuestro corazón está alegre
porque sabe que tú lo escuchas y lo miras.
Ojalá tu Palabra se sienta escuchada y acogida por nuestro corazón.
Que nuestros labios no la corrompan al pronunciarla.
Ojalá nuestras acciones sean reflejo suyo.
Amén.”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Retírate al desierto.

Domingo, 6 de marzo de 2022

tentacionesDOMINGO 1º DE CUARESMA  (C)

Lc 4,1-13

Debemos superar el enfoque maniqueo de la cuaresma que hemos arrastrado durante demasiado tiempo. Sin embargo, el sentido profundo de la cuaresma debemos mantenerlo e incluso potenciarlo. En efecto, en ninguna época de la historia el ser humano se había dejado llevar tan masivamente por el hedonismo. A escala mundial el hombre se ha convertido en productor-consumidor. El grito de guerra de las revueltas estudiantiles del 68 en Francia, era: “No queremos vivir peor que nuestros padres”. No querían ganar menos y consumir menos; para nada hacían alusión a la posibilidad de ser más humanos.

La crisis económica del coronavirus nos puede ayudar a superar la trampa. ¿Queremos consumir más o nos interesa ser cada día más humanos? En teoría no hay problema para responder, pero en la práctica, nos dejamos llevar por el hedonismo, aún a costa de menor humanidad. Aquí está la razón de la cuaresma. Todos tenemos la obligación de pararnos a pensar hacia dónde nos dirigimos. Alcanzar plenitud de humanidad exige el esfuerzo de no instalarnos en la comodidad. Para crecer en humanidad debemos ir más allá de la satisfacción de los instintos. Este es el planteamiento de una cuaresma para la reflexión.

No debemos escandalizarnos cuando los exégetas nos dicen que los relatos de las tentaciones no son historia sino teología. Marcos, que fue el primero que escribió, reduce el relato a menos de tres líneas. No son crónicas de sucesos, pero son descarnadamente reales. Empleando símbolos conocidos por todos, nos quieren hacer ver una verdad teológica fundamental: La vida humana se presenta siempre como una lucha a muerte entre los dos aspectos de nuestro ser; por una parte lo instintivo o biológico y por otra lo espiritual o trascendente. Esa lucha no hay que plantearla en el orden del obrar sino en el del conocer.

El mito del mal personificado (diablo) ha atravesado todas las culturas y religiones hasta nuestros días. No necesitamos ningún enemigo que nos tiente desde fuera. El diablo nace como necesidad de explicar el mal, que no puede venir de Dios. Lo que llamamos mal no tiene ningún misterio; es inherente a nuestra condición de criaturas. La voluntad solo es atraída por el bien, pero como nuestro conocimiento es limitado, la razón puede presentar a la voluntad un objeto como bueno, siendo en realidad malo. Todos buscamos el bien, pero nos encontramos con lo malo entre las manos, no porque lo busquemos sino por ignorancia.

El mal es consecuencia de una inteligencia limitada. Sin conocimiento, la capacidad de elección sería imposible y no podría haber mal moral. Si el conocimiento fuera perfecto, también sería imposible el mal, porque sabríamos lo que es malo, y no nos atraería. Si la voluntad va tras el mal, es siempre consecuencia de una ignorancia. Es decir, creemos que es bueno para nosotros lo que en realidad es malo. La libertad de elección solo se puede dar entre dos bienes. Plantear una lucha entre el bien y el mal es puro maniqueísmo. La lucha se da entre el bien aparente (mal) y el bien real para mí. Esto es muy importante.

El ser humano es un proyecto que está toda su vida desarrollándose. Para que el desarrollo humano concluya con éxito, cada etapa tiene que integrar la anterior y unificarse en una personalidad, solo que más cerca del objetivo final. Que las tentaciones sean tres no es casual. Se trata de un resumen perfecto de las relaciones que puede desarrollar un ser humano. La tentación consiste en entrar en una relación equivocada con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Una auténtica relación humana con los demás depende, querámoslo o no, de una adecuada relación con nosotros mismos y con Dios.

1ª tentación: poner la parte superior de nuestro ser al servicio de la inferior. Si eres Hijo de Dios… No se debe entender desde los conceptos dogmáticos acuñados en el s. IV. No hace referencia a la segunda persona de la Trinidad. Significa hijo en el sentido semita. Si tú has hecho en todo momento la voluntad de Dios, también Él hará lo que tú quieres. Fíjate bien que la tentación de hacer la voluntad de Dios para que después Él haga lo que yo quiero, no tiene que venir ningún diablo a sugerírnosla; es lo que estamos haciendo todos, todos los días. Jesús no es fiel a Dios porque es Hijo, sino que es Hijo porque es fiel.

Di que esta piedra se convierta en pan. La tentación permanente es dejarse llevar por el placer que dan los instintos, sentidos, apetitos. Es decir hacer en todo momento lo que te pide el cuerpo. Es negarse a seguir evolucionando y superarse a sí mismo, porque eso exige esfuerzo. Los instintos nos ayudan a garantizar nuestro ser animal. Si ese fuera nuestro objetivo, no habría nada de malo en seguirlos, como hacen los animales. En ellos los instintos nunca son malos. Pero si nuestro objetivo es ser más humanos, solo a través del esfuerzo lo podremos conseguir, porque debemos ir más allá de lo puramente biológico. El fallo está en utilizar la inteligencia para potenciar nuestro ser animal.

No solo de pan vive el hombre. El pan es necesario, pero, ni es lo único necesario ni es lo más importante. Para el animal sí es suficiente. Nuestro hedonismo cotidiano demuestra que aún no hemos aceptado estas palabras de Jesús. El dar al cuerpo lo que me pide es para muchos lo primero y esencial, descuidando la preocupación por todo aquello que podría elevar nuestra humanidad. El antídoto de esta tentación es el ayuno. Privarnos voluntariamente de aquello que es bueno para el cuerpo es la mejor manera de entrenarnos para no ceder, en un momento dado, a lo que es malo aunque sea apetitoso.

2ª tentación: Si me adoras, todo será tuyo. El poder es la idolatría suprema. El poder lleva siempre consigo la opresión, que es el único pecado. Adorar no es dar incienso a un dios exterior. Se trata de descubrir que nuestro verdadero ser es Dios en nosotros. Nuestro auténtico ser no está en el ego aparente sino más a lo hondo. Si descubro mi ser profundo, no me importará desprenderme de mi falso yo y, en vez de buscar el dominio, buscaré el servicio. El antídoto es la limosna. Para superar la tentación de dominar a todos, debemos hacer ejercicios de donación voluntaria de lo que tenemos y de lo que somos.

3ª tentación: Tírate de aquí abajo. Realiza un acto verdaderamente espectacular, que todo el mundo vea lo grande que eres. Todos te ensalzarán y tu vana-gloria llegará al límite. La respuesta: deja a Dios ser Dios. Acepta tu condición de criatura y desde esa condición alcanza la verdadera plenitud. Dios no tiene que darte nada. Ya se lo ha dado todo a todos. Eres tú el que debes descubrir las posibilidades de ser que tienes sin dejar de ser criatura. Ya es hora de que dejemos de acusar a Dios de haber hecho mal su obra y exigirle que rectifique. El antídoto es la oración. Al decir oración no queremos decir “rezos” sino meditación profunda. Descubrir al verdadero Dios me librará de utilizar al dios ídolo.

Para llegar a tu verdadero ser, hay que atravesar tu propio desierto. Libérate de todo lo que crees ser para llegar a lo que eres de verdad. Mantente en el silencio, hasta que se derrumbe el muro que te separa de ti mismo. No confíes en milagros; nadie desde fuera de ti podrá llevarte hasta el fondo de tu ser y suplir el propio esfuerzo de encontrarte.

Meditación

Para llegar a tu verdadero ser hay que atravesar tu propio desierto.
Libérate de todo lo que crees ser para llegar a lo que eres de verdad.
En el desierto, y solo, tienes que tomar la decisión definitiva.
La tierra prometida”, está ya ahí, al otro lado de tu falso yo.
Mantente en el silencio, hasta que se derrumbe el muro que te separa de ti mismo.
En tu verdadero ser ya lo eres todo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Sometido a tentación.

Domingo, 6 de marzo de 2022

Jesus_en_el_desierto

Lc 4, 1-13

«El Espíritu le fue llevando por el desierto mientras era tentado por el diablo»

Estamos en los prolegómenos de la vida pública de Jesús; cuando probablemente todavía está decidiendo su destino. Ha dejado oficio y familia, ha salido de Nazaret para ir al encuentro del Bautista y ha sido bautizado por él. Es razonable pensar que en ese entorno ha terminado de asentar su intuición de Abbá y del Reino, y que a la sazón se encuentra en el trance de decidir si vuelve a Nazaret o se lanza a la incierta vida de predicador ambulante.

Dentro de ese contexto, en este episodio hay dos temas importantes a resaltar: que Jesús responde a la llamada abrazando sin reservas la misión, y que está sometido a tentación como cualquiera de nosotros. Los especialistas nos dicen que lo demás es solo el envoltorio del mensaje, pero a pesar de ello, la curiosidad nos acucia y nos lleva a plantear preguntas que no son importantes y que no sabemos responder. Por ejemplo: ¿Qué es lo que mueve a Jesús a abandonarlo todo para acudir al Jordán en busca del Bautista?… ¿O, cuáles pueden haber sido esas tentaciones que Lucas escenifica de manera tan brillante?…

Tenemos tendencia a creer que Jesús adquiere plena conciencia mesiánica en el momento del bautismo y que ya no duda hasta llegar a la cruz, pero esta creencia choca con otra creencia básica para el cristiano; su inequívoca humanidad. La duda es consustancial con la condición humana, y es difícil imaginar a Jesús libre de dudas toda la vida y hasta el final. Hay dos buenos argumentos en favor de esta teoría, y son la angustia de Getsemaní y la agonía de la cruz, «Dios mío, Dios mío, ¡por qué me has abandonado!»

Cabe pensar que son las dudas las que lo llevan al desierto antes de abrazar definitivamente la misión, y que también son las dudas las que traen aparejadas las tentaciones. Lucas nos habla de tres tentaciones concretas, y, dentro del simbolismo con que plantea el texto, algunos entendidos han tratado de intuir la naturaleza real de estas tentaciones a las que él se refiere.

Dicen que su actitud destemplada con los familiares que van a buscarle para llevarlo a casa, o la respuesta desmedida a Pedro en Cesárea, «¡Apártate de mí Satanás!», parecen la reacción típica de quien ve removida su conciencia con una tentación recurrente, y apuntan a que esa tentación fue siempre volver a la cómoda existencia que había dejado en Nazaret (en Lucas, la piedra convertida en pan).

También dicen que su reacción cuando quieren hacerlo rey —despachando a sus discípulos que azuzaban a la multitud y huyendo a la soledad a orar—, parece responder a la tentación de afrontar la misión desde la tradición de Israel, es decir, dejándose encumbrar a la posición de mesías davídico que el pueblo espera (Lucas la simboliza en los reinos de la tierra), e instaurar el reino de Dios desde el poder.

La tercera (el pináculo del templo), bien podría referirse a la tentación de pedir a Dios una señal que afianzase su decisión antes de seguir adelante…

Todo ello sin duda muy sugestivo… pero secundario para nuestra fe.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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El seguimiento no es un camino fácil.

Domingo, 6 de marzo de 2022

158524_desierto.jpgI Cuaresma. (Lc 4, 1-13)

El episodio de las tentaciones de Jesús solo tiene sentido si lo entendemos desde su experiencia de Bautismo, de saberse y experimentarse hijo de Dios, envuelto en su Espíritu de tal manera, que su vida es conducida por esa relación que le lleva a vivir como Él vivió.

Los evangelios, dirigidos a los primeros cristianos, que experimentaban las dificultades de seguir el Camino, tanto en su fuero interno como por parte de la sociedad en la que vivían, a través de la narrativa de las tentaciones de Jesús, intentaron darles a entender que el camino de seguimiento no era un camino fácil.

Hay que “renacer del agua y del Espíritu”, le dijo Jesús a Nicodemo; vivir desde la experiencia personal de saberme y sentirme hijx de Dios con todas las consecuencias.

Lo primero que surge después de una experiencia fundante es la pregunta: ¿Y qué hago yo ahora? ¿Qué se me invita a vivir? ¿Qué tengo que hacer?

La mayoría de los que leemos estos comentarios ya hemos pasado por esa experiencia y quizá por muchas otras que nos han ido cribando, que nos han ayudado a quedarnos con lo esencial y a soltar todo aquello que no nos conduce a nada. Pero si todavía estamos en camino y “no hemos llegado” las tentaciones nos siguen acuciando por todos lados.

Y ¿qué tentaciones experimento hoy?

Jesús, después de haber estado sin comer durante cuarenta días sintió hambre… ¡y quién no! Habría tanto que decir de esta primera tentación –“Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en un pan”. Jesús sintió la tentación como cada unx de nosotrxs de utilizar su poder para su beneficio propio, dedicar su existencia a calmar las necesidades primarias de la gente más necesitada, más oprimida… Qué diferente habría sido todo si se hubiera dedicado a los necesitados, sin esa dimensión profética que le impulsaba a denunciar, al igual que anunciar, que Dios no estaba de acuerdo con la injusticia promulgada tanto por el poder romano como el religioso.

Nuestra tentación es traducir las acciones de Jesús a lo que nos parece que es lo más necesario, pasándolo todo por nuestro propio criterio. En otras palabras, hacernos un Dios a nuestra medida que justifique nuestras acciones y aplauda nuestras decisiones.

Jesús, para contestar a Satanás, se refiere al pasaje Dt 8:3 “No sólo de pan vivirá el hombre sino de todo lo que salga de la boca del Señor”. Por supuesto que sin las necesidades imperantes cubiertas la persona no se puede plantear nada más, pero es que nuestras necesidades van más allá de lo material y negármelo o negárselo a los demás es atentar contra nuestra propia identidad.

Jesús deja que la Palabra le hable a su vida, no acomoda la Palabra a lo que a Él le conviene. Y vuelvo con esto a la necesidad de una experiencia personal pero acompañada.

No nos damos cuenta y caemos en aquello que criticamos de los demás. ¿Qué tal una experiencia de dejarnos guiar por el Espíritu que nos habla y nos alimenta a través de la Palabra, acompañados de la comunidad? Necesitamos un silencio activo que nos transforme por dentro, donde no entre el razonamiento y los argumentos sino el dejarnos transformar.

El ayuno de información, de crítica, de activismo, de hacer las cosas a mi manera para dejarme dirigir, me acercará a esa experiencia de Jesús de Nazaret de escuchar desde dentro el plan de Dios y vivir, no según me parece a mí, sino como corresponde a un hijo-a de Dios.

Satanás, que me tienta, que justifica mis posturas y acciones, que me anima a seguir como hasta ahora, no es un personaje que me habla desde fuera, es mi propio ego.

Tenemos hambre de una auténtica espiritualidad. Está claro que toda la formación, todo el saber intelectual es esencial, pero sin una vida guiada por el Espíritu puede ser contraproducente. Al ser algo que “está de moda”, ese hablar de espiritualidad en lugar de religión, debemos cuidar de no caer en una superficialidad que nos deje todavía más hambrientos.

Somos propensos a seguir a gurús, a escuchar lo que “los maestros” nos dicen y a mezclar los alimentos según nos apetezca. La espiritualidad es nuestra esencia, no es algo exterior a mí que consumo según mi necesidad sino la respuesta con un estilo de vida que me llama desde dentro.

La espiritualidad auténtica se nutre del silencio y del diálogo y también de la acción. Cada uno de estos aspectos nos propulsa al otro. Nos hace más humildes, conocedores de nuestra realidad y nos ayuda a aceptarnos a la vez que aceptamos la complementariedad de los otrxs.

Nos regala nuevos ojos con los que ver la realidad y nos mantiene viva la esperanza en medio de las contradicciones. Es la única manera de mantenernos a flote en un momento de tantísima turbulencia. No nos viene dada, salimos a buscarla y nos sale al encuentro.

No toca un aspecto de nuestra realidad sino todos ellos, lo envuelve todo, lo transforma todo, en nosotros y en conexión con todo y con todxs. Es la mejor compañera de camino, mejor dicho, ella misma es el camino.

Carmen Notario, SFCC

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

 

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Las pulsiones del ego.

Domingo, 6 de marzo de 2022

B3B8CF9E-E6B8-418B-BB0D-C7D9D8E230DDDomingo I de Cuaresma

6 marzo 2022

Lc 4, 1-13

El ego busca autoafirmarse porque únicamente de ese modo puede sentirse “existente”. Entre los modos de autoafirmación destacan las que podemos considerar tres pulsiones básicas: tener, poder y aparentar. Ya que le resulta imposible hacer pie en sí mismo, de una manera desapropiada, debido a su naturaleza vacua -el ego es vacío que solo tiene una ilusoria sensación de existir porque se cree en él-, tiene que “robar energía” para alimentarse. Se trata, por tanto, de un parásito que vive “de prestado”.

La energía que le alimenta es el afán de tener, de poder y de aparentar. Pero esas pulsiones no son inocuas, sino que conllevan un elevado “coste”, para uno mismo, para los otros y para el planeta entero.

El afán de tener fácilmente toma la forma de insaciabilidad y voracidad acaparadora. La contracara es la injusticia, en forma de desigualdad extrema que arroja cifras escandalosas, como el hecho de que unas cuantas fortunas posean más riquezas que los habitantes de todo un continente; o que, para que toda la humanidad disfrutara del modo de vida de las sociedades noroccidentales, serían necesarios más de tres planetas como la tierra.

La contracara del afán de poder es el sometimiento y la dominación, que puede llegar hasta la esclavitud, pasando por abusos y maltratos de todo tipo.

La contracara del afán por aparentar es el cultivo de la superficialidad y, en último término, la mentira y la falsedad. Para la llamada “cultura de la imagen” parece que todo vale, con tal de que la imagen personal salga beneficiada.

El resultado de todo ese proceso, en la medida en que nos dejamos atrapar por él, es un ego esclavo de esa triple pulsión. Esclavitud que corre pareja con la ignorancia acerca de lo que realmente somos. Y no hay forma de que una persona o una sociedad puedan construirse sobre la base de la ignorancia, es decir, de la mentira.

De ahí que las tradiciones sapienciales insistan en el cultivo de las actitudes alternativas, tal como queda subrayado con fuerza, en el mensaje del propio Jesús. Frente a esa triple pulsión, el evangelio propone el cuidado de esta triple actitud: frente al afán de tener y la idolización de la riqueza, compartir; frente al afán de poder y la idolización de la fuerza, servir; frente al afán de aparentar y la idolización de la imagen, ser. Este es el camino de la sabiduría y de la liberación del sufrimiento. Y solo el crecimiento en esta consciencia hará posible la transformación personal y colectiva, así como el cuidado del planeta.

¿Qué peso real tienen en mí esas tres pulsiones?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

 

 

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El Diablo no es un señor al que Dios le permite tentar al personal.

Domingo, 6 de marzo de 2022

imagesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

La Creación un acto de Amor

01.- El diablo.

         En el primer domingo de cuaresma leemos y recordamos las tentaciones del Cristo y del ser humano.

         Era natural que se echase mano de la figura del diablo. Pero a estas alturas de la vida y del pensamiento cristiano no podemos creer que el diablo sea un personaje, un señor al que Dios le permite que ande por ahí haciendo el “canelo” con un tridente, oliendo a azufre y a la caza y captura de clientes para el infierno. Sería -es- un infantilismo carnavalero.

         Diablo es lo contrario de símbolo.

Los símbolos centran, concentran significados: banderas, colores, anagramas, etc. representan pueblos, instituciones, movimientos, etc.

Diablo es lo que puede descentrar la libertad humana. Hay realidades en la vida que pueden despistar nuestra libertad: el dinero, la comida, el sexo, etc.

         La cuestión del diablo y de las tentaciones radican en la libertad humana, no en un señor que pulula por ahí.

02.- Un relato entramado de símbolos.

         El relato de las tentaciones de Jesús es un entramado de símbolos que evocan el Éxodo, la libertad, los cuarenta días / años de desierto, es decir: toda la vida caminando para llegar a la Tierra de Promisión.

         Toda vida humana es un Éxodo, un camino, una nostalgia (un intento) de absoluto, una promesa de tierra de plenitud.

03.- ¿Dios nos creó, pero le salió mal la creación?

         Decimos y creemos que Dios es creador. Pues bien, cuando Dios crea, lo hace con amor y con todas sus consecuencias.

         Si Dios crea la tierra, no pensemos que luego va a evitar los terremotos. La tierra, el universos y los pluriversos tienes sus leyes y pueden ocurrir catástrofes, que Dios no va a evitar.

         Si Dios crea los mares, luego no va a evitar que se den maremotos.

         Si Dios crea libre al ser humano, el hombre puede equivocarse y hacer el mal (pecado).

         Las criaturas no somos dioses, somos limitados, corruptibles porque así nos ha creado Dios. Los humanos somos débiles y estamos llamados a morir. Dios nos ha creado siendo muy consciente de que podemos fallar.

04.-   La creación no es un acto de poder, sino de amor.

La clave para acercarse al misterio de Dios creador no es su poder, sino su amor.

Aunque Dios es todopoderoso, sin embargo la relación de Dios con el hombre no es desde la omnipotencia, sino desde el amor. Dios es amor (1Jn 4,16).

Cuando Dios emplea su poder (como su justicia), está regido por su amor hacia el mundo y hacia los seres humanos, (27).

Si Dios usara sin más el poder para suprimir todo mal, violentaría la creación, y, sobre todo, al hombre en su dignidad y libertad. Y la condición del amor es dejar a los otros ser lo que son en su identidad profunda. La permisión del mal es inherente a un Dios que transmite y respeta la vida, (Segundo Galilea).

El ser humano es libre y en el ejercicio de su libertad puede elegir, decidir, y se puede equivocar incluso puede actuar mal. La única manera de evitar las equivocaciones y el mal es no creando al ser humano, no creando las cosas ni la creación. Pero es mejor vivir la miseria humana con esperanza, con Éxodo y Tierra de Promisión que no vivir.

Mundo (360)Por eso Dios crea con amor, aun a riesgo de que el ser humano se corrompa y se frustre.

Estamos en el núcleo del problema del mal, del misterio del mal.

La clave para iluminar el problema del mal es otra vez el amor de Dios. Por el amor que Dios nos tiene, es el único que puede transformar los males en bien final.

La solución al problema del mal humano, del pecado está en JesuCristo. Jesús crucificado es la razón última de la esperanza cristiana, de la liberación, de la Tierra de promisión. Jesús crucificado y no mis fuerzas, ni mi voluntarismo, es donde queda superado el aparente absurdo del mal inevitable.

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

(rezamos todos juntos estas palabras de San Pablo)

¿Quién nos separará del amor de Cristo?

¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre,

 la desnudez, el peligro, la muerte violenta?

Estamos siempre expuestos a la muerte.

Pero en todo esto salimos más que vencedores

por medio de aquel que nos amó.

Nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro,

ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios.

¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús,

 nuestro Señor!

(Romanos 8, 35-37)

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Aprendiendo a amar a quienes nos hacen daño.

Lunes, 21 de febrero de 2022

B1291FF2-F188-44BB-9A02-B24FE010BDDFLa reflexión de hoy es de la colaboradora de Bondings 2.0, Yunuen Trujillo, cuya breve biografía se puede encontrar haciendo clic aquí.

Las lecturas litúrgicas de ayer domingo, para el Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

“Hemos aprendido de memoria la regla de oro; entreguémoslo ahora a la vida.” Edwin Markham, poeta estadounidense

El evangelio de hoy nos trae quizás la más simple pero una de las enseñanzas más desafiantes: Haz con los demás lo que te gustaría que hicieran contigo”. La regla de oro, como se la conoce comúnmente, es el principio ético culturalmente más universal en la historia de la humanidad, y cada religión importante presenta alguna variación de la misma. Tan simple y universalmente aceptada como es esta regla, es uno de los principios más difíciles de seguir.

En la lectura de hoy, la regla de oro se nos presenta en medio de una serie de corolarios. Jesús nos dice que en lugar de buscar retribución después de que alguien nos hace daño, debemos perdonar a nuestros enemigos, no buscar venganza y hacer el bien a quienes nos odian. También nos dice que, cada vez que una persona nos golpea en una mejilla, debemos ofrecer la otra mejilla.

¿Esperar qué?

Los católicos LGBTQ estamos muy familiarizados con la injusticia y, a menudo, hemos tenido que limpiarnos del odio interiorizado hacia nosotros mismos. Para nosotros, permitir que otros nos lastimen sin buscar retribución o justicia a menudo parece un movimiento en contra de nuestra propia supervivencia. El hecho de que estos versículos bíblicos hayan sido utilizados en el pasado por algunos expertos religiosos para silenciar nuestros llamados válidos a la justicia tampoco ayuda. Para comprender y comprometer esta enseñanza a la vida, no podemos aislarla de todo el Evangelio, las cosas deben entenderse en su contexto.

En primer lugar, toda la vida, el ministerio e incluso la muerte y la resurrección de Jesús se centraron en el amor radical de los pobres y vulnerables y en su apoyo a ellos: Jesús mismo era pobre y vulnerable. Una y otra vez, Jesús rompe las reglas sociales y religiosas de su tiempo para estar con los que fueron maltratados y juzgados. Jesús se hace amigo de los marginados, está con los marginados, sana a los marginados, pone a los marginados en posiciones de liderazgo y predica que el Reino de Dios no está lleno de poderosos, sino de aquellos que han sufrido injusticia. Hoy, como ayer, Jesús está con nosotros y nos recuerda que somos Hijos amados de Dios, seres humanos plenos que merecemos vivir una vida digna.

En segundo lugar, Jesús reconoce que existe la injusticia y que, por mucho que intentemos obtener una retribución terrenal, una buena parte de la injusticia queda impune por parte de una sociedad que aún no se ha “resuelto” o que es francamente corrupta. Sin embargo, no importa lo que hagan los poderosos para herir, la justicia divina siempre favorecerá a aquellos que no han hecho daño; ya sea en este reino o en el siguiente.

Tercero (y esta es una parte MUY importante), cuando Jesús nos dice que debemos “hacer con los demás lo que nos gustaría que hicieran con nosotros” y que debemos amar a nuestro prójimo, no dice que debemos amar más a nuestro prójimo. que nosotros mismos. Más bien, dice que debemos amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos. No podemos dar lo que no tenemos para nosotros.

Amarnos a nosotros mismos a menudo requiere establecer límites saludables con aquellos que nos han lastimado, incluso miembros de la familia o miembros de nuestra comunidad. La clave es crear límites saludables para el presente y el futuro, mientras se deja ir el resentimiento y el odio que son el resultado del pasado. Nadie lleva la carga del resentimiento y el odio sino nosotros mismos. Dejar ir y eventualmente iniciar un proceso de perdón es un acto radical de amor propio.

Además de ese enfoque en el amor a uno mismo, Jesús nos pide que vayamos más allá del simple “dejar ir” y nos pide que aprendamos a amar y tener compasión hacia el otro, especialmente hacia aquellos que nos han hecho daño. Aquellos que causaron daño a menudo han sido dañados por otro, o se están dañando a sí mismos constantemente, siendo víctimas de su propia amargura. Aquellos que no son hospitalarios con sus propias heridas no pueden soportar ver la herida de otro, qué terrible debe ser vivir una vida así.

Nuestro corazón debe estar centrado en el amor, reconociendo que cualquier sentimiento e intención que albergamos en nuestro corazón hacia los demás permanecerá en nuestro corazón y solo volverá a nosotros. Al mismo tiempo, debemos ser humildes y recordar que tampoco somos perfectos y, a menos que procesemos nuestro propio dolor, podemos ser igualmente amargos con los demás. La vida da muchas vueltas y un día podemos encontrarnos siendo nosotros mismos los que causamos daño; luego querríamos que los demás tuvieran compasión de nosotros, hasta que nos volvamos a encontrar.

El amor es la única respuesta; amor arraigado, amor equilibrado, amor que va más allá de nuestros límites y razonamientos humanos, amor radical. No hay otra respuesta.

—Yunuén Trujillo, 20 de febrero de 2022

Fuente New Ways Ministry

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El alma (3): la cultura popular y las traducciones.

Martes, 15 de febrero de 2022

26BC6AE9-5955-469B-9D37-33ED2616D5BCPapiro P.Duk. 740 con salmo 88, versículos 15-18 de la traducción de la Biblia hebrea al griego.

Del blog de Antonio Piñero:

Una vez presentadas las líneas generales de los respectivos conceptos de “alma” que en las culturas hebrea y griega antigua existieron, es hora de ver cómo se conjugaron ambas cosas en la cultura helenística, la vida cultural que, desde Alejandro Magno hasta época romana, impregnó el Mediterráneo oriental.

Las creencias populares de la época helenística sobre el alma eran ya fuerza imparable cuando se tradujo la Biblia Hebrea al griego. Eso no quiere decir que los conceptos popularizados de la cultura antigua y la filosofía encajaran en la traducción bíblica. Si el pueblo pensaba que el alma era una parte del ser que conocía, sentía, pensaba, y era la personalidad manifiesta de la persona, también creía que lo propio del cuerpo no era lo propio del alma (comer, dormir frente a alegría o pena, por ejemplo). Además, se pensaba que el alma estaba relacionada con los diversos cielos, viajaba por ellos durante el sueño y estaba, en general, relacionada con el universo y que, tras la muerte, viajaban a un lugar concreto donde incluso podían ser castigadas, premiadas. Pero también podía considerarse el alma como la vida misma de una persona, y así, salvar un alma era salvar a una persona, incluyendo tanto lo físico como lo anímico.

Pero el helenismo incluyó también a la provincia persa de Yehud y a los hebreos que ya se habían extendido por el mundo oriental (Egipto, Siria, Babilonia, etc.). Así que cabe la posibilidad de que, además de lo que conocemos sobre la antropología de la Biblia Hebrea, se produjeran otras interpretaciones favorecidas por la dominante cultura griega.

La traducción griega, conocida como Los Setenta o Septuaginta, se sirvió de la palabra psyché en sentido más bien antropológico que filosófico, de manera que, aun siendo chocante, cuando se lee la traducción en griego o la versión española de esa traducción, debemos considerar que el alma es uno de los constituyentes de la vida física tal como pensaba la cultura hebrea antigua. La conclusión más interesante que se deriva de los estudios sobre el tema es que, en Los Setenta, falta esa concepción que hacía del alma algo inmaterial o al menos invisible, elemento esencial distinguible del cuerpo y capaz de existir más allá de la vida física. Así pues, si encontramos expresiones como carne y alma (Is 10, 18 o Salmo 62, 2) se refieren a la persona al completo, a su vida como ser finito.

No obstante, en algunos casos de Septuaginta parece que asoman conceptos más filosóficos que hebreos. Y, de hecho, otra cosa es encontrar la palabra psyché en la literatura judía posterior, especialmente si consideramos las ideas fariseas sobre la resurrección. El libro conocido como 1 Macabeos muestra una gran mayoría de usos de la palabra como referida a lo psicológico, lo cual es un indicio de la gran influencia griega cuando el texto es nuevo, es decir, no es una traducción de la Biblia Hebrea y, por tanto, puede mostrar mejor las influencias culturales helenísticas.

La colección de sentencias conocida como Pseudo Focílides, del s. I d. C., muestra claramente la influencia griega: el alma (psyché) sigue viviendo tras la muerte (105 y ss), bien vuelva a Dios o sea llevada por ángeles, según comentan el Apocalipsis de Esdras (6, 4) y el Testamento de Abrahán (6, 5). E incluso se pensaba que cuerpo y alma serían reunidos para el juicio final.

Pero hay datos todavía más helenizantes. El libro denominado Sabiduría es una clara muestra: en 9, 13-15 se abre paso la idea de que el cuerpo es una cárcel para el alma:

13 ¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere? 14 Los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas, 15 pues un cuerpo corruptible agobia el alma y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de preocupaciones. (Traducción de Cantera-Iglesias).

Pero no se trata de un alma divina, sino de una parte del cuerpo capaz de recibir el espíritu (pneuma) que emana de la divinidad para algunos santos.

La situación intelectual y teológica es más compleja que en el periodo definido únicamente por la antropología y religión semíticas; muestra hasta qué punto el bagaje filosófico griego ha de ser mencionado y atendido a la hora de acercarse a los orígenes del cristianismo.

Saludos cordiales.

www.eugeniogomezsegura.es

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Mujeres bíblicas: Una colección de mujeres para hombres y mujeresUna colección de mujeres para hombres y mujeres

Lunes, 10 de enero de 2022

Coleccion-Mujeres-Biblicas-San-Pablo_2289980983_15108946_660x371Recomendamos vivamente el blog Mujeres bíblicas, y , si podéis, comprar los libros de esta colección:

“Con ayuda de un grupo de exegetas de primer orden los libros de la colección extraen los elementos más significativos de los textos elegidos, a veces sobre un personaje femenino específico, y otras veces sobre conceptos que tiene que ver con la mirada bíblica sobre las mujeres y sobre la fe de las mujeres, que es lo más importante”

Hace tiempo que teníamos ganas de que compartir todo lo que los estudios bíblicos actuales están sacando a la luz sobre las figuras femeninas de la Biblia. Teníamos ganas que la comunidad cristiana pudiera tener acceso a ellos, pudiera leerlo y contrastar en una lectura creyente la vida de esta memoria de nuestra tradición que ha sido invisibilizada a lo largo de los siglos. Estos libros de pequeño formato son como las minitartas que hay en las pastelerías. Una bomba de sabor concentrada en un pequeño espacio.

Con ayuda de un grupo de exegetas de primer orden los libros de la colección extraen los elementos más significativos de los textos elegidos, a veces sobre un personaje femenino específico, y otras veces sobre conceptos que tiene que ver con la mirada bíblica sobre las mujeres y sobre la fe de las mujeres, que es lo más importante. Desde una perspectiva hermenéutica feminista y con un lenguaje sencillo, pero riguroso, cada teóloga, describe, critíca y reconstruye el texto, que en algunas ocasiones está tan usado que ha perdido su significado original. Evidencian, así, lecturas que no corresponden a la intención original de los textos. Y subrayan algunas claves de comprensión en la lectura de los textos sagrados, desarrollando la dimensión inclusiva de la Escritura.

Cuatro libros de los 30 soñados ya han dado a luz este año y puedes encontrarlos en las librerías o en https://sanpablo.es . Dos referidos al Antiguo Testamento y dos al Nuevo Testamento. De esta manera comprendemos nuestra tradición a la vez que rescatamos la propiamente cristiana de la mano de las primeras creyentes. Los libros no siempre profundizan en un personaje concreto. A veces el libro está basado en un texto bíblico en concreto y la perspectiva que el autor bíblico quiso darle a ese personaje en ese momento concreto. Otras veces se centra en una mujer en concreto tomando distintas fuentes bíblicas para profundizar en ella. Otras veces la exegeta ha elegido un concepto relacionado con el imaginario femenino, para analizarlo, degustarlo y ver cuáles son las influencias culturales que dificultan una lectura inclusiva.

Con la colección Mujeres Bíblicas queremos diseñar el marco de comprensión bíblico de la colección donde la experiencia de fe de las mujeres de nuestra tradición tenga un espacio y se visibilice. Se trata de compensar la ausencia de la tradición espiritual femenina que ha quedado oculta tras una lectura sesgada de la Biblia.

Cada teóloga que participa está especializada en una parte de la biblia que en esta pequeña píldora exegética desgrana y muestra desde sus trabajos investigativos.

Un equipo de veinte mujeres teólogas que están colaborando en la colección. Con estilos diferentes a la hora de escribir describir y recrear el texto bíblico. Unas aplican la hermenéutica crítica desde el análisis del texto con ayuda de otras disciplinas académicas, por ejemplo “María de Betania” de Mercedes Navarro. Otras utilizan la hermenéutica imaginativa, narrando en primera persona lo que el texto bíblico nos quiere transmitir de la fe del personaje, por ejemplo “Agar. En tí” de Pilar Yuste. Otras se centrarán más en la experiencia religiosa y su actualización para nuestras vidas, por ejemplo “La hemorroísa” de Elisa Estévez.

Diversidad de accesos a la Biblia, para distintas sensibilidades y momentos. Esta creatividad construye sabiduría teológica en colectivo, porque la reflexión teológica es más rica si se hace en comunidad. Amplia la mirada del creyente y le da más posibilidades para interiorizar mejor la Palabra de Dios.

Renovar el imaginario bíblico

La colección Mujeres Bíblicas va acompañada de una imagen de portada relacionada con el texto. El objetivo de estas portadas es acompañar la relectura creativa de los textos con un imaginario visual diferente al que tenemos sobre las mujeres de la biblia.

Cuando buscamos por ejemplo en internet los nombres de mujeres bíblicas nos salen imágenes que corresponden a un imaginario femenino francamente machista: algunas de rodillas, otras suplicando, otras llorando, otras calladas… Sin embargo, cuando acudimos al texto bíblico sin prejuicios, muchas veces descubrimos un personaje bíblico completamente diferente, con una intensa vida interior se muestra como Dios fortalece la vida de las personas. Son mujeres fuertes que son capaces de enfrentar las dificultades de sus contextos históricos desde la valentía que les infunde su fe en Dios.

Por eso las imágenes diseñadas se concentran en aquellos momentos de las historias donde se pueda entrever una actitud, una decisión, una acción y nos muestra a la mujer creyente y valiente que hay en cada una de ellas. No se trata de imágenes realistas, propio del imaginario preconciliar, sino de un lenguaje simbólico que evoque una conexión entre la espiritualidad del personaje bíblico y la del lector o lectora.

Tampoco son mujeres bellas, pues no es el valor físico el que la hace ser un personaje bíblico, sino su fortaleza de fe. Con ello se quiere incidir en las miles de ocasiones que las imágenes de las mujeres creyentes han sido transformadas a favor del estereotipo machista de la belleza femenina, perdiendo así su fuerza creyente.

Las mujeres de estos libros son diversas físicamente, inquietan y evocan una diversidad de identidades y de espiritualidad. La colección propone combinar palabra escrita e imagen, dos lenguajes que hoy van siempre juntos. Pensamos con palabras e imágenes, que menos que acompañar el texto bíblico con imágenes también renovadas.

Para empezar a leer esta colección lo mejor es empezar por dos textos introductorios para iniciarse en una lectura feminista de la Biblia:

– “Las Mujeres en la Biblia Hebrea de Ianire Angulo: 

Un buen decorado es fundamental en una obra de teatro, pues nos ayuda a comprender la trama y advertir mejor los matices de los personajes. Este libro pretende ofrecer el escenario fundamental de las mujeres en la Biblia hebrea para, en él, situar a las protagonistas femeninas del Antiguo Testamento.

– “Las discípulas de Jesús de Isabel Gómez-Acebo:

No hay duda de que algunas discípulas de Jesús tuvieron mucho protagonismo a la hora de su muerte y resurrección. Los textos afirman que las mujeres lo siguieron desde Galilea. El propósito de este libro es descubrir, en medio de los silencios, cómo realizaron el discipulado siguiendo los pasos marcados por su Maestro.

Luego, podemos seguir con

– “Noemí (Una vida en proceso), de Dolores Aleixandre:

Noemí y Rut son dos mujeres libres, sabias y valientes que, a pesar de sus diferencias de edad, religión, cultura y procedencia, viven juntas una historia de complicidad y de apoyo mutuo. Juntas viven un tránsito de la carencia, la esterilidad y la muerte, a la fecundidad y la vida.

– “María de Betania“, por Mercedes Navarro: 

María de Betania es un personaje clave en el evangelio de Juan. Ella unge a Jesús los pies. Es un gesto osado, criticado y expuesto, pero Jesús reconoce su enorme valor. Propone una antropología corporal pascual en la que el placer y los sentidos tienen un papel destacado.

–  “La mujer que tocó a Jesús”, de María Elisa Estévez López y

– “Agar“, de Pilar Yuste Cabello.

A ellas se unirán, con próximos títulos, otras teólogas como Ana Unzú, Carmen Picó, Carmen Soto, Carmen Bernabé, Mariola López Villanueva, Junkal Guevara, Elisa Estévez,  Estela Aldave y la propia Silvia Martínez Cano, sobre figuras tan variadas como la hemorroísa, Agar, Débora, Marta de Betania o Tamar

 

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Leer la Biblia con Fe Adulta.

Martes, 4 de enero de 2022

027B80AE-5067-4C60-961A-58774BE83434Después de leer el último libro de Gonzalo Haya “Leer la Biblia con fe adulta” tengo la satisfacción de estar completando nuestra colección de Exégesis con una pieza fundamental. La Biblia está presente en muchos de nuestros hogares, pero ¿sabemos leerla? ¿O más bien se nos cae de las manos cuando lo hemos intentado?

“Entre los protestantes es frecuente que cada uno tenga su Biblia, la subraye, o pueda decir cuáles son los pasajes que más les han afectado. Entre los católicos, la Biblia frecuentemente coge polvo en la estantería. ¿Por qué esta diferencia?”

“Hasta hace poco se prohibía, y todavía no se recomienda, la lectura de la Biblia. Fue la Reforma protestante la que se atrevió a traducir la Biblia a la lengua de cada pueblo. Los protestantes establecieron la libre interpretación personal; los católicos solamente admitieron como válida la interpretación oficial de Roma, del Papa y sus Dicasterios. Se entiende fácilmente que el mundo católico se haya desinteresado de la lectura personal de la Biblia y se conforme con la interpretación oficial que se les dio en la escuela o la que se le sigue dando en la homilía dominical”.

Leer la Biblia puede ser una forma de revisar mis creencias acudiendo a la fuente de nuestra tradición religiosa. En ese sentido este libro puede llevarnos de la mano por un magnífico camino para repensar y revivir nuestro cristianismo.

Como libro de consulta también puede ser una pequeña joya en nuestra biblioteca. Tener un comentario sencillo de cada libro de la Biblia seguro que resulta muy útil para preparar nuestras intervenciones en grupos, Eucaristías y encuentros comunitarios.

Por último, pero no menos importante, podría utilizarse como un guion muy adecuado para esa catequesis diferente que llevamos años demandando. Seguir el recorrido por los libros de la Biblia desde el Antiguo al Nuevo Testamento es una forma muy práctica para transmitir la fe. La catequesis que se viene impartiendo generalmente tiene un enfoque doctrinal y magisterial que lleva siglos de desviaciones sucesivas. El resultado es un alejamiento enorme entre el catecismo de la iglesia católica y lo que vivió y predicó Jesús.

Qué necesario es releer los textos “sagrados” sustituyendo las interpretaciones mágicas por otras lecturas más adultas que tengan en cuenta los géneros literarios de la época y el análisis de las circunstancias históricas y sociales de los individuos que los escribieron.

“La Biblia no ha sido dictada por Dios a los autores sagrados; estos autores han tenido una más o menos confusa experiencia de Dios y la han expresado con su lenguaje, su cultura y sus propios intereses y prejuicios. El lector actual tiene que separar el trigo de la paja (y de la cizaña)”.

“Ya hemos mencionado que la Biblia no es palabra de Dios, volveremos a repetirlo varias veces porque tenemos esta idea muy arraigada y es necesario superarla para no caer en una interpretación literal de la Biblia y buscar en ella su mensaje empleando nuestra inteligencia racional y nuestra inteligencia emocional y espiritual”.

“En una conferencia comencé leyendo este texto del Primer Libro de Samuel: Así dice el Señor de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos (1Sam 15,3). ¿Alguien se atreve a decir que esto es palabra de Dios? La orden de matar a los niños de pecho no es palabra de Dios; atribuirla hoy a Dios sería una blasfemia. Aniquilar a los enemigos actuales y futuros fue una táctica de un exaltado nacionalismo en una época muy atrasada en la evolución de la conciencia”.

“La Biblia no es Palabra de Dios; los evangelios no son Palabra de Dios, las Encíclicas de Juan Pablo II o de Francisco no son Palabra de Dios; el Credo no es Palabra de Dios”.

“Dios no se reduce a la experiencia de Abraham, ni a la de los evangelistas. Dios es un misterio indecible, y tenemos que buscarlo en las experiencias de nuestros antecesores, en la experiencia personal y en las de otras culturas”.

“Si me permiten una confidencia, mis libros preferidos del Antiguo Testamento son el Génesis, los Salmos, el Cantar de los Cantares, y los Profetas, aunque a veces resulten lentos, como las películas antiguas. En el Nuevo Testamento prefiero el evangelio de Marcos porque es el más cercano a Jesús y nos presenta a un Cristo muy humano. Me atrae más el Jesús de los evangelios que el Cristo resucitado de Pablo; Me acojo al Padre del hijo pródigo antes que al Dios que me perdona por la sangre derramada de su Hijo”.

He querido copiar varias citas como botón de muestra. El libro propone cantidad de temas fundamentales y estupendos para propiciar un diálogo, una reflexión o una enseñanza.

Para terminar, copio el índice para que podáis valorar el gran trabajo que ha realizado el teólogo sevillano que sin duda nos facilitará a muchos nuestras tareas. Muchas gracias Gonzalo.

Inma Calvo Torrejón. Leer más…

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“¿Qué es vivir despiertos?”. 1 Adviento – C (Lucas 21, 25-28.34-36)

Domingo, 28 de noviembre de 2021

d501c421-eb6d-45bd-a904-9eade193b1bfJesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos».

Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios».

No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos.

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza.

«Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos.

«Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable.

«Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios.

José Antonio Pagola

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“Se acerca vuestra liberación”. Domingo 28 de Noviembre de 2021. Primer Domingo de Adviento (Comienza el ciclo C)

Domingo, 28 de noviembre de 2021

01-advientoC1Leído en Koinonia:

Jeremías 33, 14-16. Suscitaré a David un vástago legítimo.
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14: A ti, Señor, levanto mi alma.
1Tesalonicenses 3, 12-4, 2: Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva.
Lucas 21, 25-28. 34-36: Se acerca vuestra liberación.

Este primer domingo de adviento sirve de puente entre el tiempo ordinario y el tiempo de adviento. El tiempo ordinario termina reflexionando sobre la segunda venida de Jesús, sobre los acontecimientos del fin de los tiempos. En esta medida el primer domingo del adviento se inaugura con el tema del final de los tiempos, y nos va a introducir en el tiempo de la espera y de la esperanza, el tiempo de adviento.

La lectura del libro de Jeremías nos sitúa en el tiempo inmediatamente posterior a la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C. El pueblo está desolado y empieza a tomar conciencia de su situación. Jeremías dirige su palabra profética a su pueblo para decirle que Dios no los ha abandonado, que hará regresar a los cautivos y los perdonará, se construirán de nuevo las ciudades, los campos volverán a granar y los ganados a pastar. Es esos días el Señor hará brotar en rey justo, no como los reyes que los llevaron al destierro, el cual será llamado «Dios es nuestra justicia». Vendrá un rey justo a restaurar al pueblo de Israel.

El salmo responsorial expresará que esa esperanza que leemos en la primera lectura, no quedará defraudada, pues quien espera y quien es fiel al Señor no queda defraudado. Yahvé siempre lleva al cumplimiento su palabra. Por esta razón el salmo enfatiza la idea de Jeremías, el rey de justicia que esperamos sí llegará. Ese rey esperado es para nosotros los cristianos, Jesús el señor.

El Segundo Testamento a partir de la novedad de Jesús nos introducirá en otro tipo de espera y esperanza. Supone claramente que el rey esperado del Primer Testamento es Jesús, pero abre la puerta a una espera en el esperado, hacia el final de los tiempos. Jesús vino en humildad, como el campesino de Nazaret que fue obediente al Padre, y que por esa obediencia fue muerto y resucitado. Pero al final de los tiempos, él regresará a manifestar su gloria. Por eso en la carta de los Tesalonicenses, Pablo exhorta a la comunidad a mantenerse fieles a Jesús y prepararse para esa segunda venida. El evangelio de Lucas describe de manera metafórica, los acontecimientos que precederían a esa segunda venida de Jesús. Por este acontecimiento final es que Lucas invita a los hermanos y hermanas a mantenerse fieles y vigilantes para mantenerse en pie (fieles) ante el Hijo del Hombre.

El texto del evangelio de hoy es un texto difícil: la liberación llega. En los versículos anteriores Lucas nos hablaba del asedio a Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude a la segunda venida de Jesús: es decir a lo que llamamos la parusía. El discurso de Jesús es apocalíptico y adaptado a la cultura de su tiempo (apocalipsis no significa catástrofe, como tendemos a pensar, sino revelación), y nosotros tenemos que releer esas señales del mundo natural en el mundo de la historia, que es el lugar en que el Espíritu se manifiesta. La segunda venida del Señor revelará la historia a sí misma. La verdad que estaba oculta aparecerá a plena luz. Todos llegaremos a conocernos mejor (1Cor 13,12b).

En nosotros existe la angustia, el miedo y el espanto, no causados por “las señales en el sol, la luna y las estrellas”. Nuestras angustias e inseguridades están causadas más bien por las crisis económicas, por los conflictos sociales, por el abuso del poder, por la falta de pan y trabajo, por la frustración… de tantas estructuras injustas, que solo podrán ser removidas por el paso -del amor de Dios y su justicia- en el corazón del ser humano.

El mensaje de Jesús no nos evita los problemas y la inseguridad, pero nos enseña cómo afrontarlos. El discípulo de Jesús tiene las mismas causas de angustia que el no creyente; pero ser cristiano consiste en una actitud y en una reacción diferente: lo propio de la esperanza que mantiene nuestra fe en las promesas del Dios liberador y que nos permite descubrir el paso de ese Dios en el drama de la historia. La actitud de vigilancia a que nos lleva el adviento es estar alerta a descubrir el “Cristo que viene” en las situaciones actuales, y a afrontarlas como proceso necesario de una liberación total que pasa por la cruz.

Por eso el Evangelio nos llama a “estar alerta”, a tener el corazón libre de los vicios y de los ídolos de la vida (la conversión), para hacernos dóciles al Espíritu de Cristo que habita las situaciones que vivimos en nuestro entorno. Nos llama a “estar despiertos y orando”, porque este Espíritu se descubre con una Esperanza viva, punto de encuentro entre las promesas de la fe y los signos precarios que hoy envuelven esas promesas. La esperanza es una memoria que tiende a olvidarse, se nutre con la oración, nos adhiere a las promesas de la fe y nos inspira, cada día, la búsqueda de sus huellas en las señales del tiempo. La Esperanza cristiana se hace por nuestra entrega a trabajar para que las promesas se verifiquen en nuestras vidas.

El adviento es tiempo de preparación de espera. Jesús cumplió las promesas del Antiguo Testamento con su vida y predicación. No esperamos su nuevo nacimiento. Esperamos que él vuelva a juzgar la creación. Es ese momento el que esperamos, y para ese momento en que creemos que la justicia, que la igualdad, que la solidaridad se impondrán. Leer más…

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28.11.21.Dom 1 Adviento: Dios a la vista, viene el Hijo del Hombre ( Lc 21)

Domingo, 28 de noviembre de 2021

6227Del blog de Xabier Pikaza:

J.Ortega y Gasset, filósofo español, decía ya hace tiempo (1926): “Dios a la vista” (El Espectador, Obras II, 493):

“Hay épocas de “odium Dei”, de gran fuga lejos de lo divino, en que esta enorme montaña de Dios llega casi a desaparecer del horizonte. Pero al cabo vienen sazones en que súbitamente, con la gracia intacta de una costa virgen, emerge a sotavento el acantilado de la divinidad. La hora de ahora es de este linaje, y procede gritar desde la cofa: ¡Dios a la vista!”.

Ortega no hablaba del Dios de la Biblia, sino de un Dios vitalista (un poco existencial), para salir del idealismo neo-kantiano que le habían enseñado en Alemania, en su tiempo de estudiante, para “divinizar” una forma distinta de vida, tras la Gran Guerra (1914-1918). Pero ese Dios no llegó, o llegó de forma equivocada en la nueva guerra (1939-1945).

A diferencia de Ortega, la Biblia y la liturgia cristiana dicen “Dios a la vista”, pero añadiendo ¡viene el Hijo del Hombre!, un hombre nuevo y verdadero, pues la humanidad está preñada de Dios, en gran dolor de parto (Pablo en Rom 8), que debemos asumir, en gesto de amor y comunión de vida. Nosotros mismos somos “humanidad en parto”; preñados estamos de Dios, podemos y debemos dar a luz al hombre nuevo.

Por encima del inmenso miedo y locura que amenaza a nuestra tierra en este 2022 (casi un siglo después del anuncio de Ortega), la Iglesia proclama otra vez la llegada del Dios de Jesús, del Hijo del Hombre, todo corazón, rebosante de amor.

¡Que no se emboten vuestros corazones! Dios llega, viene el hombre.  Éste es el tema que abre este Primer Domingo de Adviento (28.11.21), comienzo del año litúrgico 2022, según el Evangelio de Lucas.

Evangelio de Adviento: Lc 21,25-28.34-36

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.”

Presentación

 Éste es un texto de larguísima historia. Básicamente es un texto del Evangelio de San Lucas, que nos ofrece su propia visión de la historia de los hombres, marcada para siempre por el nacimiento de Jesús. Pero en ese texto y en esa historia del texto pueden verse por lo menos cuatro o cinco estratos:

(a) En el fondo del texto pueden verse rasgos de miedo universal (¡todos los pueblos han sufrido terrores ante el cosmos!), vinculados a la exigencia y esperanza de los profetas de Israel y de los apocalípticos judíos. Se trata de un texto universal de miedo y de esperanza, muy propio de nuestro momento (año 2021/2022), marcado por grandes crisis políticas y económicas, y en especial por la “pandemia” y la gran amenaza ecológica (calentamiento global, polución del agua y del aire).

(b) Este pasaje recoge también la experiencia de Jesús y de las primeras comunidades cristianas, especialmente aquella que se ha expresado en el  libro del Apocalipsis, en algunos pasajes de la tradición de Pablo (1 y 2 Corintios) y en el evangelio de Marcos (Mc 13, capítulo del que Lucas toma los temas principales de su texto). Es un texto que nos sitúa en el principio del cristianismo.

(c) El texto recoge igualmente, los rasgos de la comunidad de Lucas, con la propia inspiración del evangelista. Para entenderlo bien hay que leerlo y comprenderlo desde el conjunto de au Evangelio de Lucas y de su comunidad creyente, a cabello entre el judaísmo y la cultura griega, en un momento de cambios muy fuertes, de tipo social y cultural. Ayudan en esta línea los comentarios de J. L. Sicre, y también los de J. A. Fytzmyer (Fitzmyer, J. A., El evangelio según san Lucas, I-4. Cristiandad, Madrid 1986/7 y 2004) y F. Bovon (F. El evangelio según san Lucas. I-IV, Sígueme,

(d) El texto ha sido recortado y pegado por la liturgia católica, que toma pasajes de aquí y de allí (de Lc 21, 25-36) para recomponerlos de un modo más o menos convencional, creando así un pasaje nuevo, apropiado para el comienzo del adviento católico. En ese sentido, es un texto de la Iglesia, que nos sirve para pasar del fin de la historia a su comienzo, iniciando el Adviento. Por eso, comento el texto litúrgico, paso a paso, no el texto de fondo Lucas, que ofrece otros rasgos y motivos que aquí se han omitido.

(e) Éste es un texto que debo hacer  mío, un texto nuestro… Cada uno de nosotros tenemos que elaborarlo, situándolo dentro de nuestras esperanzas, miedos y alegrías. No puedo recoger toda la historia y teología de Adviento de Jesús, de la iglesia primitiva y de Lucas. Por eso, me limito a comentar del modo más sencillo las palabras del texto actual, conforme a mi visión particular, de creyente y lector de la Biblia, que quiero compartir con vosotros. Para ello divido el texto, de un modo un poco convencional en cuatro escenas (que puede dividirse cada una en tres partes):

Primera escena: Un contexto de miedo

  •  a. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas;
  • b. y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos,
  • c. asustados por el estruendo del mar y de sus olas

Dividido el texto en tres partes que leemos desde los extremos, pasando del a y del c al b, como ahora diremos.

(a) Nos hallamos ante un desquiciamiento cósmico, que se expresa en la tríada celeste cósmica: cielo, tierra, mar. En el cielo están los grandes (sol, luna, estrellas) que empiezan a dar señales falsas, ya no alumbra; lo que era principio de estabilidad suprema aparece como expresión de locura.

(c) Por su parte, el mar destruye sus “amarras”, se elevan las olas y tienden a inundar toda la tierra. Según Gen 1, Dios había construido el mundo “domando” los mares, colocando las aguas en sus límites y cauces, permitiendo que surgiera la tierra. Ahora se rompen los límites: sube el agua de los amores en una especie de diluvio invertido, un inmenso tsunami que llega a cubrir los montes más altos.

(b) En medio queda la angustia: los hombres están hechos de miedo. El miedo es como un cáncer que se va extendiendo y les va dominando desde fuera, como un sida que les inunda desde el cielo loco, desde el mar desmadrado.

Segunda escena. Superar el miedo: llega el Hombre

(a) Los hombres se morirán de miedo, al ver esa conmoción del universo;(b) pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas.(c) Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria.

 Dividido también el texto en tres partes, pero ahora las leemos seguidas, destacando aquellos rasgos que pueden resultar más significativos en nuestro tiempo.

(a) Vuelve el miedo, un miedo de muerte, terror apocalíptico ante la conmoción del cosmos, la gran sacudida de las “potencias” del cielo. Morir es aquí “salir de sí”, perder la “psyche”, el alma, el aliento. De pronto, al descubrir la fragilidad de los elementos, los hombres pierden el alma, el valor, las ganas de la vida.

(b) Esta muerte por terror (¡puro terror cósmico, más que guerra y peste, más que sida…!) tiene un fundamento cósmico: la sacudida de las “potencias”, que en griego se llaman “dynameis”. Potencias son en lenguaje bíblico los principios rectores del cosmos, los ángeles astrales, los principios matemáticos que rigen el movimiento de los astros…. Este mundo tiene una fecha de caducidad; cielos y tierra pasarán, dice el AT y el evangelio. En un sentidol, todo ese mundo superior de equilibrio en el que estamos sustentados se sacuda y quiebra. Crecen las grietas del gran cosmos, morimos de miedo. Ésta es la más horrorosa de todas las muertes de la humanidad: morir de miedo al descubrir nuestra nada, la nada del cosmos. Muchos temen literalmente la llegada de un fin del cosmos… Normalmente pasarán miles y miles de milenios antes de que el mundo termine, pero estamos en riesgo, siempre en riesgo, pues al ritmo de vida en que vivimos  podemos destruir la vida de este planeta tierra en unas pocas generaciones.

(c) Entonces “verán al Hijo del Hombre…”. No se dice que verán a Dios, ni siquiera al Cristo, ni a los ángeles del cielo: Verán al Hijo del Hombre, es decir, la humanidad verdadera. Éste es el arco iris tras la tormenta del diluvio (Gen 9, 13-16), el arco iris de la paz de Dios, del amor de Dios, Puede morir todo, pero el hombre no acabará… Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… (Lc 21, 33). Pues bien, las palabras de Dios se concretan en el Hombre que viene, la nueva humanidad, que nace de arriba, del trono de Dios, con poder y gloria… Éste es el misterio del nacimiento.

Tercera escena. Levantad la cabeza

(a) Cuando empiecen a suceder estas cosas, (b) cobrad ánimo y levantad la cabeza, (c) porque se acerca vuestra liberación.

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