De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):
Las manos del Buen Pastor – comentario a San Juan 10, 27-30 –
Sus manos
Como ovejas al matadero, cientos de civiles indefensos, hermanos de la misma y única humanidad, son asesinados por una guerra no mencionada, por ideologías ancladas en el pasado, por razones geopolíticas que no dan importancia a la vida de las personas, daños colaterales de sus proyectos de poder.
Sí, ante la locura homicida de quienes usan la guerra como agresión, que viola todas las reglas, en desprecio del sentido común y, en este caso, de un (supuesto) credo compartido, somos como ovejas conducidas al matadero. Inútiles. Perdedoras. Confundidas.
Pero no estamos solos.
Otro, conducido al matadero, que hemos celebrado solemnemente durante la Semana Santa, ahora se yergue victorioso. Y esta certeza es nuestro horizonte: no tenemos miedo, el Señor ha vencido al mundo (Jn 16,33).
Con amor, con entrega. Y esto podemos hacerlo, obstinadamente, compartiendo esa paz del corazón que nos da el Resucitado y que se convierte en elección de vida, pensamiento, acción.
Juntos, siguiendo al Buen Pastor.
Un Buen Pastor tenaz
Todos tenemos en mente la espléndida imagen del Pastor que deja las noventa y nueve ovejas en el redil para ir a buscar la oveja que se ha perdido y, después de encontrarla, la carga sobre sus hombros y la lleva con las demás (Lc 15,4-8).
Reseteamos, por un momento, esa imagen.
Porque el Pastor de San Juan es de otra pasta.
No es el Buen Pastor, es el Pastor Auténtico.
Es un verdadero luchador que defiende a las ovejas del ataque de los lobos y de la indolencia de los mercenarios. Muy parecido al heroico adolescente David, que no tenía miedo de cazar con su honda al león y al oso que atacaban al rebaño (1 Sam 17,34-35).
Una acentuación que completa la de San Lucas. Jesús es el misericordioso, el compasivo, revela el rostro tierno de Dios, sin duda. Pero también es decidido, dispuesto a morir por sus ovejas, como hemos tenido ocasión de celebrar en los días de la Pascua de Resurrección.
La fe es para los fuertes, no para los débiles. Está llena de ternura, pero también de convicción y determinación pacíficas. Requiere convicción, constancia y firmeza.
Así se presenta el Señor: como un aliado, el hombre fuerte que nos defiende de la desesperación, del caos, del victimismo.
Y anuncia solemnemente cómo formar parte de su rebaño.
Escuchar la voz
Para formar parte de su rebaño, primero hay que escuchar su voz con constancia, conocer al Señor y hacerse conocer por Él, seguirlo.
En este Tiempo Pascual, la Liturgia vuelve a situar en el centro de nuestra reflexión la acogida de la Palabra, esa Palabra capaz de sacudir los corazones de los tristes discípulos de Emaús, esa Palabra que, acogida con la inteligencia del Espíritu, ayuda a leer los acontecimientos de la Historia en la lógica de Dios.
Palabra que debe ser acogida, conocida, rezada, vivida.
Porque esa Palabra nos permite leer nuestra vida y los acontecimientos, incluso conflictivos e incomprensibles, que estamos viviendo, la violencia, el dominio del liberalismo inhumano, la indiferencia, en la lógica de Dios.
Pero esta lectura meditada debe hacerse con constancia, para aprender a reconocer la voz del Señor, y debe acogerse con autenticidad, con el profundo deseo de adaptarse a lo que dice.
Volviendo a poner en el centro la meditación de la Palabra de Dios y una lectura orante de la Escritura.
La vida eterna
Escuchar la voz del Señor, seguir sus indicaciones, nos hace tomar conciencia de la vida eterna que está en nosotros. La vida eterna, es decir, la vida del Eterno, la vida misma de Dios.
La grey está formada por hombres y mujeres que han descubierto su propia alma, que la custodian, que la cultivan.
En estos términos, solo Dios sabe de quién está compuesta la grey.
Incluso las personas que no sienten que pertenecen a una Iglesia, o que aparentemente viven lejos de ella, pueden cultivar su interioridad con pasión y verdad, y sentir, fuerte y tenaz, el agarre del Señor.
Seguir a Cristo significa, en cierto momento, experimentar la radicalidad expresada por el Maestro, una afirmación llena de compromiso: nadie puede arrebatarnos de su mano.
Ni los demás con sus juicios.
Ni la violencia de todos los terroristas del mundo.
Ni la decepción de nuestras vidas.
Ni siquiera nuestros errores y nuestros pecados.
La caridad de Dios es más fuerte que cualquier cosa. Nada nos separará de Él (Rm 8).
Nos hemos descubierto amados, hemos elegido amar. Sabemos en quién encontrar fuerza y amor.
Para conocer al Padre
Seguimos a Cristo, el auténtico pastor, fuerte, confiamos en Él, nos dejamos guiar.
De Él, no de otros. De Él, no de otra cosa.
No de nuestros apetitos, no de modas, no de miedos, no de culpas, no de una visión errónea de nosotros mismos, no de límites, no de sombras.
De Él. Y hacerlo nos lleva al pleno conocimiento de Dios.
Porque solo Cristo conoce a Dios en plenitud.
Nosotros no creemos en Dios, sino en el Dios de Jesucristo.
En este Domingo la Iglesia nos invita a rezar por nuestros ministros ordenados y consagrados y que muchos acojan la llamada a ponerse al servicio de las comunidades, sobre todo en estos tiempos frágiles (y no se necesitan hombres fuertes, sino hombres también frágiles que conozcan al Pastor Fuerte, Cristo).
Entonces hay que ser muy, muy claros: el único Pastor, en la Iglesia, es Cristo.
Y todas las ovejas lo siguen, incluso aquellas que tienen ministerios en la Iglesia, es decir, un servicio para el bien común.
Y a nuestro presbítero no le pedimos que sea un superhombre, un hipercoherente, sino un discípulo, ante todo. Para que él también pueda decir: «Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo» (1 Cor 11,1).
Esto es lo que necesitamos, ahora más que nunca: ministros ordenados que sean ante todo seguidores de Cristo.
Cristianos con nosotros. Ministros ordenados para nosotros.
Para decirle con obras y, si fuera necesario, con palabras, al mundo que somos amados.
Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el IV Domingo de Pascua, 11 de mayo de 2025
1.- El Buen Pastor: voz suave y mano fuerte.
2.- El Buen Pastor, el timbre de una voz diversa.
3.- El Buen Pastor que habla al corazón.
4.- El Buen Pastor que guía a la vida.
5.- El Buen Pastor ofrece la vida eterna.
6.- El Buen Pastor da la vida.
7.- Las manos del Buen Pastor – comentario a San Juan 10, 27-30 –.
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Biblia, Espiritualidad
4º Domingo de Pascua, Buen Pastor, Ciclo C, Dios, Evangelio, Jesús, Pascua
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