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“Porque el CORDERO los pastoreará” –Y nuestro nuevo Papa también lo hará

lunes, 12 de mayo de 2025
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IMG_1214La publicación de hoy es de Michaelangelo Allocca, colaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Cuarto Domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

¿Te has parado a pensar alguna vez en lo cansados que los humanos debemos estar del Espíritu Santo? Yo mismo tengo esta sensación con frecuencia al interactuar con las Escrituras de diversas maneras, y como hombre gay, miembro de un grupo que a menudo se siente incómodo en la Iglesia. Gran parte de la Biblia me parece un esfuerzo incesante de Dios por decirnos: “Amen a TODOS. ¿Es eso confuso o poco claro?”. Y nosotros, los humanos, decimos: «Oh, no, vale, lo entendemos… Pero… ¿no te refieres a ‘… todos, excepto…’ o ‘todos, a menos que…’?. Y Dios, con la mano en la frente y un profundo suspiro, dice: “Bien. Vamos a intentarlo de nuevo”.

Las lecturas litúrgicas de hoy ilustran maravillosamente este punto: tres de las cuatro están llenas de ovejas. Solo el primero, de los Hechos, carece de seres lanudos de cuatro patas, y he aquí que, al contener solo humanos, está —en contraste con los otros tres— lleno de división, facciones, denigración y exclusión. Los propios apóstoles y su audiencia muestran el patrón de un mundo —y, lamentablemente, de una Iglesia— que insiste en ver todo en términos de judío o gentil, limpio o impuro, gay o heterosexual, ciudadano o extranjero, cis o trans, etc.

IMG_1217Este conjunto de lecturas del leccionario coincide fortuitamente, recordando cómo el Papa Francisco quería que los obispos fueran «pastores con olor a oveja«, y él mismo olía a oveja. Nuestro nuevo Papa, León XIV, claramente ha adquirido este aroma en las últimas décadas. La imagen de ovejas versus humanos en estas escrituras ilumina lo que a menudo hacemos y el esfuerzo que Dios realiza para que mejoremos. Recorramos el prado de estos textos y luego volvamos al Pastor en Roma.

El Evangelio de Juan nos ofrece la representación arquetípica que Jesús hizo de sí mismo como el Buen Pastor, origen del término «pastor«, que simplemente significa «pastor» en latín. Jesús afirma que sus ovejas le son entregadas por el Padre, con quien es uno, y que, por lo tanto, esta unidad se extiende también a nosotros. Muchas otras imágenes que Jesús usa en Juan hablan de la necesidad de permanecer conectados con Él y, a través de Él, con Dios Padre/Madre y entre nosotros.

Esta cercanía —el «estilo de Dios«, como solía llamarlo el Papa Francisco— es, por supuesto, lo que los papas difuntos entendían por el «olor«, que se percibe por la proximidad. Y cuando Jesús habla de sus ovejas, nunca habla de diferencias ni divisiones entre ellas, sino de un gran rebaño: inclusivo, como siempre lo es. La única vez que se mencionaron divisiones —ovejas vs. cabras—, en Mateo 25:31-46, la metáfora se basaba en cómo tratábamos a los demás, no en divisiones superficiales como la raza, el género o la sexualidad.

IMG_1219Papa Francisco

La lectura del Apocalipsis ofrece un giro interesante a la imagen de la unidad del rebaño: aquí Jesús es oveja pastor. Él es el Cordero de Dios, y se nos dice, en una imagen impactante de cercanía y unidad, que el Cordero será en realidad nuestro pastor. A Juan el Revelador también se le dice que los mártires que ve han «lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero«. Esta es una imagen aún más vívida, incluso ligeramente perturbadora, de la unidad con Jesús; una vez más, una unidad que no conoce divisiones, facciones ni segregación; todos han sido lavados en la Sangre.

El salmo de hoy simplemente nos muestra a nosotros, las ovejas del rebaño de Dios, cantando con alegría nuestra presencia en el rebaño divino.

Pero ¿dónde encaja la historia de los Hechos en la imagen del pastoreo? No se ve ninguna oveja en ella, lo cual quizás sea el problema. Frente a esas criaturas proverbialmente homogéneas, vemos a los humanos en su humanidad más estereotípicamente divisiva. Todos son catalogados, etiquetados y encasillados (por el narrador, por los apóstoles y por sus oponentes), hasta el punto de llegar a la sutileza entre «judíos» y «conversos al judaísmo«. Los enemigos celosos y hostiles de Pedro y Bernabé son etiquetados como «los judíos«, como si Pedro y Bernabé (por no hablar de Jesús) no fueran judíos también. Y Pedro responde a sus ataques verbales con: «Tuvieron su oportunidad, la desperdiciamos, ahora llevaremos a Jesús a los gentiles«.

Este lenguaje y pensamiento divisivos y excluyentes resulta aún más irónico cuando nos damos cuenta de que Hechos nos muestra a la primera generación post-Jesús enfrentándose una y otra vez a la pregunta: «¿Se supone que debemos incluir a todos o ser un movimiento solo para judíos?«. El ángel de Dios (en Hechos 8) literalmente lanza a Felipe contra un gentil etíope, quien finalmente dice: «¿Me bautizarías ya?«. Pero esto no fue suficiente. En Hechos 10, el Espíritu Santo lanza de nuevo a un apóstol, Pedro, literalmente a la casa de un centurión romano gentil, quien, de igual manera, termina rogando por el bautismo para toda su familia. De nuevo, en Hechos 15, todos los apóstoles discuten acaloradamente sobre si Jesús, cuando dijo «haced discípulos de TODAS las naciones», todavía les permitía excluir, o al menos degradar, a algunas naciones.

IMG_1221El futuro Papa León XIV pastoreando al pueblo en Perú

El «¡Todos! ¡Todos! ¡Todos!» de Francisco (o, según la audiencia, «¡Tutti! ¡Tutti! ¡Tutti!«) demostró que escuchó (quizás mejor que los apóstoles) y se esforzó por vivir el mensaje de «un solo rebaño, un solo pastor, que acoge e incluye a todos» en estas lecturas.

Hace años trabajé con agustinos en Chicago que conocieron al futuro León XIV como su superior religioso y dieron testimonio de su «olor a oveja«. Una amiga también escuchó de sus compañeras Hermanas de la Misericordia en Perú cuánto lo amaban como pastor y lo cercano que era a ellas.

Rezo para que nuestro nuevo pastor continúe demostrando lo que Dios nos sigue enseñando, por mucho que lo olvidemos.

—Michaelangelo Allocca, 11 de mayo de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Volver a Jesús”. 4 Pascua – C (Juan 10, 27-30)

domingo, 11 de mayo de 2025
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jesus-buen-pastor

Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.

El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.

Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.

Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.

Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).

Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?

José Antonio Pagola

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“Yo doy la vida eterna a mis ovejas”. Domingo 11 de mayo de 2025. 4º Domingo de Pascua

domingo, 11 de mayo de 2025
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29-pascuaC4 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
Salmo responsorial: 99: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Apocalipsis 7, 9. 14b-17: El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Juan 10, 27-30: Yo doy la vida eterna a mis ovejas.

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en todo su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poéticp-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).

El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.

En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:

a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.

c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”. Leer más…

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11.5.25 Dom 5 pascua. Buen Pastor León XIV, tras (con) Benito y Francisco

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1209Del blog de Xabier Pikaza:

Ha venido tras Benito XVI y Francisco, este domingo 5 Pascua,  fiesta del Buen Pastor. Quizá el tema pendiente de Francisco fue encontrar “pastores” para  comunidades sinodales; a su juicio, pues el mayor peligro de la iglesia era el clericalismo: ¡Qué gran pueblo, si hubiera pastores buenos!

Por eso, Francisco eligió a Prevost como ojeador y animador de pastores (Prefecto Congregación de obispos)… y los cardenales han elegido a Prevost prior pastorum,  primero en la fila de pastores.

Francisco conoció el problema,  pero era SJ, con su especial estilo de eficiencia misionera y apostólica, y un tipo de obediencia eficaz y ejemplar, pero de origen y estilo menos cristiano; por venir de un capitán como Ignacio, buen soldado, pero menos ejercitado en compañías de evangelio.

Han sido precisamente los promotores de un tipo de autoridad y obediencia menos cristiana (cardenales de Reforma  Gregoriana (siglo XI-XII), poco petrinos  y paulinos, los que le han amargado al fin la vida. Ha hecho lo que ha podido, lo ha hecho muy bien, y ha muerto a tiempo. Bendito seas, Francisco.

Comunidades sinodales benedictinas y franciscanas a la vez

 IMG_1222El tema de las comunidades sinodales cristianas no  es la “obediencia” vinculada al poder, sino la obediencia de hypakouein (ob-adire) de escucharse unos a otros. Sólo donde están oran (dialogan>) dos o tres (es decir varios), donde se escuchan y deciden todos, no uno solo: Mt 18) puede escucharse al Dios de Jesús.

Eso lo sabía Francisco, pero como SJ y heredero de una iglesia “gregoriana” (reforma del siglo X-XI d.C.) le costaba articularlo. Por eso, tal como  estaban los pastores en ciertos ambientes, su camino sinodal no podía tener mucho recorrido. Pero él lo inició, e hizo bien, y ahora está Leon XIV.

   Lo que parecía que no iba con Francisco puede ir con León, y así lo dije en la postal anterior. León viene de atrás, del siglo IV, de Agustín. León hizo su tesis doctoral en el Angelicum, un lugar de diálogo, de sinodalidad, sobre el prior en las comunidades de tipo agustiniano. Así lo puse hace dos días en mi postal de saludo a Francisco.

Hoy 11.5.25, domingo del Buen pastor, según Jn 10 tenemos que seguir de obligado con el tema. A mi juicio, no hay en el estudio de la Biblia y en un tipo de “misticismo” sacerdotal un tema más manipulado que éste del Buen Pastor…  Jesús fundó la iglesia, con su vida y con su amor hasta la muerte. Pero no resolvió el tema de los pastores, atados y bien atados, para las comunidades sinodales.

Ni las comunidades del Cuarto Evangelio, ni las de Mateo, ni las comunidades sinodales que quería Francisco necesitan “pastores”, según el uso ordinario de ese término (que, por lo demás  es poco evangélico). Volveré a ello otro día, tendrá que volver León XIV.

Parece una buena línea papal: Tras Benito XVI y Francisco ha llegado  León…. Así quiero verle hoy, en línea de pastores, retomando los motivos de la “regula” de  Agustín (por ser agustino y por haber dedicado al tema su tesis doctoral). Así lo mostraré a continuación, retomando y asumiendo  motivos de San Benito y de san Francisco, que representan dos modelos de comunidad más importantes de la iglesia de occidente: el Benedictino y el Franciscano. Pienso que en esa línea avanzará León, con Benito y Francisco.

COMUNIDAD SINODAL BENEDICTINA, ANIMACIÓN “ABACIAL

IMG_1230Hay un tipo benedictino de familia religiosa donde se resalta la figura de Dios-Padre (Cristo-Padre) que, expresada en el Abad, que garantiza la unidad y camino cristiano de reunidos en comunidad. Parece que Benito quiso superar el riesgo de los monjes solitarios, giróvagos y errantes de aquel tiempo que entendían el proceso de Jesús como un giro de búsqueda individual, conforme a las inspiraciones y caprichos de cada uno. Para ello vino a establecer el monasterio; una casa estable, donde los hermanos puedan vivir en común y alabar a Dios como familia dirigida y animada por un padre espiritual, un Abad que se presenta como guía y modelo en el camino de Jesús:

El Abad que es digno de regir un monasterio debe acordarse siempre del título que se le da y cumplir con sus propias obras su nombre de superior. Porque, en efecto, la fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio, ya que es designado con su sobrenombre, según lo que dice el Apóstol: «Habéis recibido el espíritu de adopción filial que nos permite gritar: ¡Abba!: ¡Padre! (Rom 8,15). Por tanto, el Abad no ha de enseñar, establecer o mandar cosa alguna que se desvíe de los preceptos del Señor, sino que tanto sus mandatos como su doctrina deben penetrar en los corazones como si fuera una levadura de la justicia divina…

Por tanto, cuando alguien acepta el título de Abad, debe enseñar a sus discípulos de esta manera; queremos decir que mostrará todo lo que es recto y santo más a través de su manera personal de proceder que con sus palabras… (Regla 2)

La casa cristiana sirve para formar una familia donde los hermanos, que aparecen como «discípulos» (aprendices, hijos), van progresando en el camino del seguimiento. Por eso necesitan siempre un «padre«: alguien que les guíe con doctrina-ejemplo, expresando así en concreto sobre el mundo (a nivel monasterio) el don de la paternidad de Dios que se desvela por medio de Jesús, el Cristo.

El Abad, es por tanto, un signo humano de la autoridad paterna de Dios. Su acción no puede interpretarse en términos de fuerza o sujeción del mundo: no tiene que obligar, no se coloca por encima de los otros… Simplemente les ofrece su modelo y les enseña a actualizarlo en el camino de alabanza y de fraternidad que traza el evangelio. De esa forma suscita una familia que se encuentra centrada en la oración compartida y que se expande luego al mundo, formando así un hogar donde se acoge a los que llegan, van y pasan.

El monasterio benedictino, la iglesia benedictina es una,  es casa de alabanza. El Abad no congrega a sus discípulos en torno a su persona, no les coacciona en ningún modo con un tipo de poder que él tuviera como propio: el Abad conduce a todos ante el Cristo y allí, en unión con ello, comparte el misterio de los hijos de Dios que se vinculan a través de la alabanza. Los monjes son hermanos porque cantan y oran juntos. Ciertamente trabajan en común y comparten los bienes que el trabajo ha producido. Pero especialmente se unen para orar es así como descubren y actualizan sobre el mundo el gran misterio de la gloria de un Dios a quien se acoge con la vida, se celebra con la acción y se engrandece con el canto.

Sólo de esa forma la iglesia benedictina puede convertirse en casa de acogida: «a todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérseles como a Cristo, porque él lo dirá un día: era peregrino y me hospedasteis» (Regla 53; cf Mt 25,35). La familia ante Dios se convierte así en familia para los hombres: lugar donde se recibe a los que pasan, «sobre todo a los extranjeros» (Ibid), es decir, a los que no tienen familia ni hogar sobre la tierra, a los perdidos, exilados, marginados de este mundo. El «ejemplo paterno» del Abad que convoca a los discípulos, haciéndoles «hermanos«, les da capacidad para ampliar las fronteras de la casa, extendiendo así la familia religiosa hacia los hombres que están necesitados.

 COMUNIDAD SINODAL FRANCISCANA. ANIMADOR FRATERNO

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 Francisco no quería un   Abad-padre que instruya y guía desde Dios a los «hijos«. Lo que hallamos con lo que él quería eran unos hermanos  reunidos, iguales entre sí, que «nombran ministros» al servicio de todos hermanos. Estrictamente hablando los ministros franciscanos  carecen de «autoridad«: no están encargados de velar por el crecimiento espiritual de la comunidad. Por encima de todos (de hermanos y ministros) sólo Dios es Padre-Madre: un Dios que les sostiene en el camino radical de la pobreza y de la entrega de la vida. En este sentido recordamos unos textos que son fundamentales:

Y nadie sea llamado prior (príor, el que va primero), más todos sin excepción llámense hermanos menores. Y lávense los pies el uno al otro (cf Jn 13,14) (Regla primera 6,3)

Y dondequiera que estén y se encuentren unos con otros, los hermanos condúzcanse mutuamente con familiaridad entre sí. Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal (cf 1 Tes 2,7), ¿Cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual? (Regla segunda 6,7-8).

Francisco ha querido iniciar, y ha organizado por medio de sus reglas, un modelo insuperable de fraternidad de menores: sólo aquellos que saben ser pequeños y así están absolutamente desprendidos de todo egoísmo y superioridad  (en pobreza radical) puede vivir como hermanos. No les une ningún bien material: ni honores, ni poderes, ni riqueza. Les vincula simplemente el amor de Jesucristo que les capacita para descubrir ya en esta tierra, el misterio divino de la fraternidad universal.

Esa fraternidad se concreta de modo especial en los grupos de hermanos menores que viven conforme a la regla. Como indica el texto ya citado (Regla segunda 6,7-8), los hermanos se encuentran vinculados a través de un afecto cuasi maternal: cada religioso es como madre que debe cuidar a los demás como si fueran hijos suyos, nacidos de su misma entraña. Así lo viene a mostrar de una manera impresionante la Regla para los eremitorios:

«los que quieran llevar vida religiosa en eremitorios, sean tres hermanos o a lo más cuatro; dos sean madres y tengan dos hijos o, al menos, uno». Los que hacen de madre cuiden del hijo (o de los hijos): asístanles en todo, a fin de que así vayan creciendo en vida interna, para que puedan orar tranquilos, resguardados, apoyados en el afecto de los otros. Pero, pasado algún tiempo, se invertirán las funciones y aquellos que hicieron de hijos actuarán como madres de los otros, creando para ellos un hogar de oración, para que también estos consigan su más hondo crecimiento en Cristo (Regla Erem. 1-10)(43).

 Significativamente se vincula la imagen de la madre y de los hijos con la vivencia radical de la hermandad: sólo pueden ser hermanos aquellos que se aman como madres-hijos, dentro de un espacio de comunicación donde los papeles pueden siempre intercambiarse (los que hicieron de madres harán después de hijos y viceversa). Difícilmente se podría haber hallado un modelo más profundo de fraternidad ni un tipo de vida evangélicamente más liberada.

Desde aquí resulta normal que Francisco haya expandido su experiencia de familia hacia el espacio más extenso de los mismos animales, los vivientes y las cosas (o elementos) de este cosmos. Si Dios es Padre-Madre podrá hablarse también del hermano-lobo y serán hermanos el sol y las estrellas, el fuego, el agua, el viento y todas las restantes creaturas que acompañan al hombre en su camino de muerte y pascua. De esta forma, la familia religiosa se ha venido a convertir para Francisco en punto de partida (o centro de condensación) de una fraternidad universal que se expande a todo el cosmos.

 Esta experiencia se traduce en la manera en que los religosos deben comportarse con el resto de los hombres. Francisco no construye un monasterio grande donde pueda recibir a  todos los que pasan. Tampoco le hace falta. El y sus hermanos viven en el centro del mundo: compartiendo la pobreza de los pobres, mendigando así con ellos y expresando la actitud del Cristo que llega hasta los más pobres, leprosos y perdidos de la tierra. En este aspecto, Francisco ha suscitado sobre el mundo una especie de familia de pequeños que se encarnan en la necesidad del mundo, para compartir así el camino de la vida con aquellos que están necesitados (seguirá).

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Las ovejas, el pastor y los ladrones. Domingo 4º de Pascua. Ciclo C

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1158Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen

El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Pero el capítulo 10 del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo. Al C le ha tocado un fragmento tan breve que no se entiende bien si no se conoce lo anterior.

Un debate largo y complicado (el c.10 de san Juan)

            La parábola del buen pastor y el debate siguiente no tienen nada de románticos. A Jesús estuvieron a punto de costarle la vida y tuvo que huir al otro lado del Jordán.

            Comienza contando una extraña parábola a propósito de ladrones y bandidos que intentan robar el rebaño sin entrar por la puerta, saltando la tapia. El pastor entra por la puerta, conoce a las ovejas por su nombre y ellas lo siguen confiadas, mientras que de los ladrones no se fían. Cuando termina de contarla, los presentesno entendieron de qué les hablaba.

Jesús, en vez de aclarar las cosas, las complica. Al principio dice que él es la puerta del redil; luego, que es el buen pastor; y lo importante no es que conduce al rebaño a buenos pastos, sino que da la vida por las ovejas, porque tiene el poder de darla y de recuperarla. Y en medio introduce nuevos personajes: su Padre, que me conoce y al que yo conozco”, y otras ovejas que no son de este redil.

La conclusión a la que llegan muchos de los oyentes no extraña demasiado: “Está loco de remate. ¿Por qué lo escucháis? (literalmente:tiene un demonio y delira). El autor del cuarto evangelio disfruta irritando al lector y casi poniéndolo en contra de Jesús.

El debate no termina aquí. Continúa en invierno, en la fiesta de la Dedicación del templo, mientras Jesús pasea por el pórtico de Salomón. Las autoridades judías (este es el sentido frecuente de “los judíos” en el cuarto evangelio) lo rodean y le piden que diga claramente si es el Mesías. Jesús responde que ya se lo ha dicho y que no creen en él. Y continúa ofreciendo el ejemplo tan distinto de sus ovejas, que es el texto de este domingo.

Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)

En aquel tiempo, dijo Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.  Yo y el Padre somos uno.

Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de mis ovejas, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. La escucha y el seguimiento convierten a las ovejas en propiedad de Jesús, son mías. El cristiano no puede considerarse dueño de sí mismo. Como decía Pablo: Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor.

Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.

El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva ala vida eterna. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo. La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.

Los ladrones. La parábola comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían loscristianos que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”. 

El Padre. Estas frases finales son las más desconcertantes. ¿Por qué introduce Jesús la figura del Padre? A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22 y en Ezequiel 34, donde el pastor es Dios. ¿Tiene derecho Jesús a presentarse como pastor? ¿No está usurpando el puesto de Dios? Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. Yo y el Padre somos uno. La reacción del auditorio es más dura en este caso: cogieron piedras para apedrearlo. De aquí nace un debate sobre su presunta blasfemia y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).

Síntesis: ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?

1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.

2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.

3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: El que me ha visto ha visto al Padre. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.

Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).

            La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé tomaron asiento; e inmediatamente se añade que muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos. Entonces, ¿para qué toman asiento?

            Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación será muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde los expulsan del territorio. Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.

            En la dinámica del libro de los Hechos este episodio es fundamental porque abre una nueva etapa de predicación del evangelio a los paganos. Sin embargo, la palabras “sabed que nos dedicamos a los gentiles” no debemos interpretarlas como un corte radical de Pablo con el judaísmo. Siempre que llegue a una ciudad, lo primero que hará es acudir a la sinagoga y anunciar a Jesús a los judíos.

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquia de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones:

– Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra”.

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)

            Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.

            Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: 

            – Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos.

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IV Domingo de Pascua. 11 mayo, 2025

domingo, 11 de mayo de 2025
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“Yo y el Padre somos uno.”

(Jn 10, 27-30)

Oímos a Jesús continuamente repetir: El Padre está en mí y yo en el Padre (Jn 10, 38). Yo estoy en el Padre y el Padre en mí (Jn 14, 11).

Nos está llamando a participar en la experiencia de ser Uno con el Padre. En el yo de Jesús estamos todos. Jesús al encarnarse participa de nuestra naturaleza humana, y nos enseña que lo divino se ha manifestado en lo humano y que en lo humano se reconoce lo divino.

En Jesús no cabe el individualismo. Es el Hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad. Jesús, con su muerte, nos abre el camino de la totalidad. Nuestra forma humana es la individuación, nuestro proceso para ser uno con Jesús y el Padre, es vaciarnos de nosotras. A medida que crecemos y caminamos hacia el hondón, hacia ese centro que somos, nos encontramos con quien nos habita y descubrimos la pluralidad como manera de ser y vivir.

Nosotras, personas cuyo ejemplo es la Trinidad, estamos llamadas a vivir en la comunión, desalojando todo ego y abriendo espacios y tiempos para los demás. Pluralidad, diversidad en la totalidad. Jesús y el Padre son uno, porque el Padre se vacía en el Hijo y el Hijo, en el Padre.

“Que todos sean uno como, como Tú Padre estás en mí y yo en Ti, que también ellos en nosotros sean uno (Jn 17, 21.22.23)

No solo nos habla de comunión entre los humanos, que seamos uno, sino que seamos uno como ellos. Nos envía a beber a la fuente, a Dios, donde él bebe continuamente. Nos habla de participar del ser mismo de Dios.

Oración

Unifica nuestro ser disperso,
para que podamos ser Uno en Ti y con toda la humanidad,
para que las diferencias nos unan
y Tú lo seas Todo en Todos.”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Debemos superar toda imagen que nos lleve a una relación externa con Jesús.

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1104DOMINGO 4º DE PASCUA (C)

Jn 10,27-30

Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimiento: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás.

No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes.  Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él. No basta escuchar, hay que vivir.

Jesús no nos pide ser borregos sino personas responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones. Ponerse en manos de Jesús equivale a estar en las de Dios.

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad tenía de Jesús. No tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios.

La Vulgata no dice “somos unus” sino unum (neutro). Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Padre no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera. No se puede ir más allá. El lenguaje humano, no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.

Jesús llegó a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Por eso el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.

Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado, que está en alguna parte fuera del mundo y de nosotros, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Jesús es UNO, no con otro ser que tiene una identidad distinta a la suya sino con el fundamento absoluto de su ser y de todos los seres. La homooúsios del dogma.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí«.

Schillebeeckx dijo: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Eckhar dijo: “si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada”. 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Visibilidad de Dios.

domingo, 11 de mayo de 2025
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catedral-del-buen-pastorJn 10, 27-30

«Yo y el Padre somos uno»

La reiteración de Juan en proclamar la identidad entre Jesús y el Padre –«yo y el Padre somos uno»–, acabó por imponer en la Iglesia una cristología descendente muy distinta a la primera cristología formulada en Hechos. De la expresión más primitiva usada por Pedro para enunciar la divinidad de Jesús: «Dios estaba con él», pasamos a esta otra mucho más elaborada proclamada por Juan: «El Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios».

Estos dos enunciados tan distintos reflejan la evolución histórica que experimentó la forma de entender la naturaleza divina de Jesús. Algunos cristianos nos sentimos más cómodos con la ambigüedad de la fórmula usada por Pedro. La fórmula de Juan nos da vértigo y tendemos a reducirla al mensaje básico que encierra: En Jesús hemos conocido a Dios… El propio Juan, en el capítulo 14 de su evangelio, expresa esta idea de forma clara y terminante: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre»… Excelente noticia.

Podemos admirar a Jesús como lo han hecho tantos personajes no cristianos a lo largo de la historia, podemos aceptarlo como maestro de sabiduría, podemos quedar fascinados por su personalidad, valentía e independencia de juicio como quedaron fascinados los que le siguieron… y podemos creer en él, es decir, creer que sus hechos y sus dichos son reflejo fidedigno de Dios…

Juan es capaz de hacer formidables síntesis de la fe de los testigos, y sería una gran necedad no reconocer la importancia de su evangelio. No obstante, resulta difícil sentirse cómodo con el Jesús que nos presenta, pues esa imagen de hombre que lo sabe todo, que recorre Judea y Galilea prodigando discursos teológicos para sabios en lugar de contar parábolas para gente sencilla, que no se conmueve, que no está sometido a tentación y no se aterra ante la inminencia de la muerte en cruz, dista mucho del hombre verdadero en el que creemos.

Creemos en el Jesús que se siente necesitado del bautismo de Juan, que hace teología contando parábolas sencillas a gente sencilla, que antepone la persona a la Ley, que se conmueve ante el sufrimiento y se indigna ante la injusticia, que toca leprosos y come con pecadores, que responde con aplomo a los ataques de los santos de Israel… Que desplanta a los notables de Jericó por atender al jefe de los publicanos y a un mendigo ciego, que expulsa a los mercaderes del Templo, que no se arruga ante los constantes embates de los poderosos de Jerusalén, que se juega la vida y la pierde por salvar a una adúltera desconocida, que organiza una cena para despedirse de sus amigos porque sabe que lo van a matar, que lava los pies, que no se escabulle, que se angustia en Getsemaní y perdona a quienes le crucifican en el Calvario…

A Juan le debemos la fe en Jesús visibilidad de Dios, una gran deuda, pero quizás esta fe resulte más reconfortante mirando al hombre verdadero y fascinante que nos presentan los sinópticos.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

 Fuente Fe Adulta

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Pastores y ovejas: una imagen peligrosa.

domingo, 11 de mayo de 2025
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El evangelio que leemos hoy es muy breve, apenas 5 renglones, pero la interpretación de este texto puede llevarnos a comportamientos poco evangélicos. No podemos contemplar a un pastor que lleva en sus hombros a una ovejita, como nos han mostrado multitud de estampas y obras de arte, sin reconocer la fuerza que tiene esta imagen.

En la Biblia encontramos abundantes alusiones a los pastores. Estos textos nos ayudan a tener presente un abanico de buenos comportamientos: cuidar, acompañar, preservar del peligro, proteger, etc. Por ejemplo, Moisés comenzó siendo pastor de un rebaño y más tarde fue el pastor -prototipo- que condujo al pueblo a la liberación. Algo similar ocurrió con el joven David: Dios eligió a David su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño… para que apacentase a su pueblo…, él los apacentaba con rectitud de corazón, con la pericia de sus manos los guiaba (Salmo 77, 70-72)

Y, al contrario, hay textos que nos avisan del riesgo de conducir el rebaño con crueldad y violencia, no buscar a las ovejas perdidas, no curar a las enfermas, etc.  Lo podemos recordar leyendo Ezequiel 34.

¿Cuál era la situación de los pastores en tiempos de Jesús? A diario se veían rebaños pastando en los campos. El oficio de pastor se consideraba despreciable, solían ejercerlo personas pobres y marginadas. Estaba mal pagado, por eso era frecuente que los pastores robaran un cordero para alimentar a su familia, lo que les acarreó fama de ladrones.

Jesús rompió los esquemas, identificándose con la figura del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y arriesga su vida por ellas; las ovejas le conocen y reconocen su voz, etc. Denunció la postura de los falsos pastores de Israel, igual que habían hecho los profetas que le precedieron.

¿Qué provocaron estas palabras en sus oyentes? Que la gente tomara piedras para apedrearlo. La escena del texto de hoy transcurre entre dos situaciones de violencia, verbal y física. A Jesús no le quedó otra salida que poner tierra por medio e irse al otro lado del Jordán.

Miramos ahora nuestra realidad eclesial: Al denominar a los sacerdotes y a la jerarquía “pastores”, se nos ha relegado a los hombres y mujeres laicos al papel de ovejas del rebaño. En consecuencia, se nos pide escuchar y obedecer a estos pastores, hasta el punto de que a muchas personas se les ha anulado la conciencia, porque se ha impuesto la voz y el deseo del pastor (o los malos deseos). Esto sigue presente en la Iglesia y hay que seguir denunciándolo.

¿Qué aporta una oveja a su rebaño? ¿Qué aportamos a la Iglesia, si nos consideramos ovejas? Hoy, tenemos el riesgo de que la imagen de las ovejas de un rebaño nos evoque un grupo de animales con las cabezas bajas, comiendo hierba, dejándose guiar por un pastor que azuza a los perros para reconducir a cada oveja que pretenda alejarse del rebaño… El pastor es el dueño y señor que hace y deshace, porque su trabajo consiste en conducir a unos animales que no saben guiarse a sí mismos.

Hay imágenes bíblicas que sirven para sostener el clericalismo, concebido como pastoreo y ejercicio de poder. Es hora de trabajar con nuevas imágenes que impulsen la corresponsabilidad de laicas y laicos.

Podemos sacar conclusiones…

Miramos hacia el Vaticano: Cuando se suba esta reflexión a la web, se estará celebrando el Cónclave. ¿Serán conscientes los 133 cardenales de que en la elección del Papa no interviene ni una sola mujer, aunque somos mayoría en la presencia y en el trabajo eclesial?

En los días previos a la elección, los cardenales han dialogado sobre el perfil que debe tener el “Pastor”. ¿No hay mujeres significativas en la Iglesia que sean portavoces de los miles y miles de mujeres a las que representan?

¿El motivo de no tener en cuenta a las mujeres es “porque siempre se ha hecho así”? En este caso, la Historia de la Iglesia nos demuestra que se han corregido muchos errores que se cometieron en numerosos cónclaves. Por ejemplo, se han controlado graves injerencias políticas o se ha marcado un ritmo en la elección (no olvidemos que en un cónclave se tardó casi tres años en elegir al papa).  Esos errores no se repetirán. Se pueden seguir corrigiendo errores.

¿O el motivo de no escuchar a las mujeres es porque sólo los “pastores”, varones, mayores y célibes, reciben las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Es tan selectiva la inspiración divina que solo se dirige a los varones, y deja a un lado a las mujeres, aunque seamos mayoría en la evangelización en la Iglesia?

Podemos seguir sacando conclusiones…

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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Un Dios separado no existe.

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1110Comentario al evangelio del domingo 11 mayo 2025

Jn 10, 27-30

Un mecanismo característico de la mente es la proyección, que la lleva a crear imaginarios antropocéntricos, es decir, dotados de rasgos humanos. En el campo religioso, tal mecanismo ha dado como resultado la creación de dioses (y diosas) a la medida humana. Dios aparecía así como un ser (o yo) separado, adornado con nuestras mismas cualidades, aunque en grado superlativo.

Las personas sabias, sin embargo, siempre han afirmado otra cosa. Lo que vivió el propio Jesús –“El Padre y yo somos uno”–, lo han vivido los místicos, aunque pocos lo hayan expresado de ese modo. Recojo algunas afirmaciones destacadas: “El fondo de Dios y mi fondo son el mismo fondo” y “Dios y yo somos uno” (Maestro Eckhart); «Amor [así acostumbraban nombrar a Dios las beguinas] y esas Almas son una misma cosa y no dos” (Marguerite Porete); “Mi yo es Dios: no me conozco otra identidad que Dios” (Santa Catalina de Génova); “¡Vedlo! Soy Dios. ¡Vedlo! Estoy en todas las cosas. ¡Vedlo! Hago todas las cosas” (Juliana de Norwich); “En mi ser esencial, Yo, por naturaleza, soy Dios” (Jan van Ruysbroeck).

Pero, por lo general, los seguidores de Jesús no comprendieron el mensaje que se lee en el evangelio de hoy. Lo que hicieron fue “divinizar” a Jesús y pensar que una afirmación de ese tipo únicamente podía referirse a él, ignorando algo básico desde la comprensión no-dual: lo que es Jesús, lo somos todos.

Hace poco tiempo recibí un correo de un hombre a quien no conozco, en el que, refiriéndose a los años de su juventud pasados en un seminario, expresaba lo siguiente: “Lógicamente de esto hace muchos años, pero en mi interior no veía a Dios como una persona distinta a nosotros sino todo lo contrario, pero no podía decirlo ni insinuarlo en aquellos entornos… Pero yo creía que Dios no podía ser alguien tan distante y distinto a nosotros mismos. Sentía lo mismo que tú expresas en tus libros, pero no le sabía poner nombre: NO DUALIDAD”.

Un dios separado no existe, porque en la realidad no existe separación alguna. Esto es un dato reconocido por la filosofía (piénsese en Alfred Whitehead) y por la misma ciencia (la física cuántica y su principio de interrelación: los experimentos del premio Nobel de física en 2022, Alain Aspect y las explicaciones de Carlo Rovelli). No existen cosas (separadas), sino procesos, es decir, interrelación absoluta. Nada puede quedar fuera de la única Totalidad. Todo es relación, es decir, todo es amor.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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En la vida y también en el cónclave, Cristo es el Buen Pastor

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1103Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Evocaciones desde el buen pastor

01.- El Buen Pastor.

Desde la Reforma del Concilio Vaticano II el cuarto domingo de Pascua está dedicado siempre a Xto como Buen Pastor. Por eso todos los años, en este domingo, leemos algún párrafo del cp 10 de San Juan, el capítulo del Buen Pastor, del rebaño, el redil, la puerta, etc. La imagen central del IV domingo de Pascua es, pues, la del Buen Pastor, el redil, las ovejas, (Juan, 10). Yo soy el buen pastor.

En el transfondo de la imagen de Cristo como Buen Pastor subyace la mentalidad pastoril de aquellos tiempos y pueblos de la cultura bíblica, (Nosotros todavía hoy podemos pensar en Aránzazu, Aralar, la cañada real, etc.):

La  metáfora del pastor está muy presente en la Biblia, también en los evangelios

  • Jesús llora ante el pueblo, que vivía como ovejas sin pastor, (Mc 6,30-34).
  • Jesús defiende las ovejas frente a los depredadores (asalariados, salteadores).
  • El salmo 22, que hemos cantado, es una espléndida oración a partir de la experiencia de Dios como Buen Pastor: Dios es nuestro Pastor.
  • El Pastor sugiere y confiere Vida: yo les doy vida eterna y no perecerán. (v 28).
  • En más de una ocasión hay crítica fuerte de los falsos pastores (dirigentes) que se apacientan a sí mismos: son los sacerdotes del Templo que se despreocupan por completo de la multitud de enfermos que yacían junto a la puerta del Templo. (Ez 34,3).

02.- El Buen pastor da vida definitiva.

            El Señor, JesuCristo, Buen Pastor cuida, protege a sus ovejas, busca a la oveja perdida, transmite vida.

La imagen del Pastor tiene también alguna semejanza con  la de la vid y los sarmientos. Los sarmientos recibimos la savia y la vida del Señor, vid verdadera, (Jn 15). San Juan insiste en el encuentro, en el conocimiento que Cristo tiene de nosotros: conozco mis ovejas y mis ovejas me conocen.

De ahí que el evangelio de San Juan insista en permaneced en mí y yo en vosotros. Mis ovejas escuchan mi voz y yo les doy Vida y no perecerán. Las ovejas siguen al buen Pastor.

Inspira gran confianza saber que el Señor es el Pastor que guía y apacienta nuestra existencia. Aunque en la vida pasemos por valles oscuros: enfermedades, crisis, problemas,  dificultades es de gran consuelo saber que nuestro buen Pastor es Cristo.

03.- Somos pastores.

            En cierto sentido también nosotros somos pastores en la vida: los padres sois pastores de vuestros hijos, de la familia; los médicos son también pastores de sus pacientes; los maestros de sus alumnos, los políticos son pastores del pueblo, un buen cura es pastor de su parroquia, de su gente, un buen amigo es también, en cierto sentido, un buen pastor…

            Es una noble misión en la vida acompañar, apacentar…

Seamos buenos pastores en la vida.

04.- El papa como pastor.

Probablemente para cuando celebremos esta Eucaristía ya habrá sido elegido el nuevo obispo -pastor- de Roma, el papa.

Por los vericuetos de la historia y de la política el obispo de Roma, el papa, ha terminado siendo un jefe de estado de la ciudad del Vaticano. (Estados pontificios, Renacimiento, la Unidad italiana del siglo XIX). A esta lectura del primado de Roma se le puede llamar “estatalista”. El papa es un jefe de estado…

Pero si volvemos la mirada al Evangelio (Juan 21), el papa es quien apacienta las ovejas del rebaño del Señor. Apacienta mis ovejas  le dijo Jesús a Pedro. En cierto sentido, pues, el papa es un pastor y quiera Dios que sea un buen Pastor.

Yo no sé si el papa es un jefe de estado, como cristiano creo que ha de ser un buen Pastor.

En nuestros años de seminaristas jóvenes cantábamos cuando el obispo entraba en la iglesia la antífona: pastor bone in populo: pastor bueno en medio del pueblo. Nos hará bien que el papa sea un buen pastor.

            Pero no nos olvidemos nunca que el supremo pastor, el buen Pastor es JesuCristo. La voz -la palabra- más importante en la Iglesia sea la de JesuCristo.

05.- Tú me conoces.

Yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí.

El Buen Pastor nos conoce y es bueno que nos conozca y nos apaciente. El Señor nos sondea y nos conoce, (salmo 138). Él nos guía hacia fuentes tranquilas, hacia las verdes praderas del Reino, (Salmo 22).

No tengamos miedo a que Dios nos conozca, El Buen Pastor cuidas siempre de sus ovejas y cuando nos descarriamos sale a buscar la oveja perdida, (Lc 15).

“No tengamos miedo a un Pastor, que Él mismo va a ser el cordero que da la vida por nosotros”.

Él conoce nuestra psicología, nuestras limitaciones, nuestro pecado profundo, pero no nos condena. El buen Pastor nos recoge y nos lleva al aprisco. El buen Pastor nos guía hacia las lejanías silenciosas en las que intuimos a Dios.

06.- Sigamos al Buen Pastor: no errantes, sino peregrinos.

La vida es peregrinar. Somos peregrinos no seres erráticos, que deambulamos de aquí para allá, (como nos condenó Nietzsche), somos caminantes, peregrinos (per agrum: por los campos de la vida y de la historia, por la mies del Señor) hacia el redil del Señor: hacia las “verdes praderas del Reino”,

El que compuso el salmo 22 sabía por experiencia que en la vida pasamos por valles oscuros. Esto es así por ley de vida y por ley de los hombres: vamos a sufrir crisis, quizás injusticias, enfermedades, envejecimiento, culpabilidades, problemas de todo tipo, y muerte. Pero no temamos, porque Tú vas conmigo.

El Señor es nuestro pastor, nada nos falta.

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“Ser como el Buen Pastor en el ministerio de la evangelización que se nos ha confiado”, por Consuelo Vélez

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1128De su blog Fe y Vida:

IV Domingo de Pascua 11-05-2025

Este pasaje retoma a Jesús como buen pastor pero el énfasis está en que el mismo amor del Padre por las ovejas, es el de Jesús por ellas.

Jesus conoce sus ovejas y les comunica la vida eterna

La garantía de que nadie les hará daño a las ovejas, es que el Padre que se las ha dado, no lo permitirá, ya que, él y su Padre son uno

Que nuestra evangelización de testimonio de este Buen Pastor que arriesga todo por sus ovejas hasta que todas lleguen a la vida bienaventurada a la que están llamadas

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa»

(Juan 10, 27-30)

Este cuarto domingo de Pascua nos ofrece un texto muy breve. Retoma lo que el mismo evangelio de Juan había narrado en el capítulo 10, sobre Jesús como Buen Pastor y del cuidado del pastor con sus ovejas, muy distinto al de un asalariado que, cuando ve llegar el peligro, las abandona. Aquí se nos presenta un resumen de tal pasaje, pero mostrando la relación entre Jesús y su Padre y, como, el mismo amor del Padre por las ovejas, es el mismo amor de Jesús por ellas. Jesús recibió la misión de su Padre y él la está cumpliendo con toda prontitud, conociéndolas y dándoles la vida eterna. Ellas reconocen su voz y le siguen. Y la garantía de que nadie les hará nada y nadie las arrebatara, es que el Padre que se las ha dado, no lo permitirá, ya que, él y su Padre son uno.

Este texto es un texto teológico como todo el evangelio de Juan. De ahí que se refiera a la vida eterna y a esa unidad entre Jesús y su Padre. El significado, por tanto, ya se refiere a los bienes definitivos que esperamos en la vida cristiana: la vida de comunión con Dios, la participación en el misterio de amor de nuestro Dios Trinidad.

Este tiempo de Pascua nos revela, por tanto, la alegría del Jesús resucitado entre nosotros, encomendándonos su misma misión: anunciar la buena noticia del amor de Dios para con todos sus hijos e hijas, amor que siempre cuida, protege y conduce a la vida plena. Que nuestra evangelización de testimonio de este Buen Pastor que arriesga todo por sus ovejas hasta que todas lleguen a la vida bienaventurada a la que están llamadas.

(Foto tomada de:  https://elcatolicismo.com.co/iglesia-hoy/formacion/jesus-es-el-senor-es-el-buen-pastor)

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“Las manos del Buen Pastor”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 11 de mayo de 2025
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buenpastor6De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Las manos del Buen Pastor – comentario a San Juan 10, 27-30 –

Sus manos

Como ovejas al matadero, cientos de civiles indefensos, hermanos de la misma y única humanidad, son asesinados por una guerra no mencionada, por ideologías ancladas en el pasado, por razones geopolíticas que no dan importancia a la vida de las personas, daños colaterales de sus proyectos de poder.

Sí, ante la locura homicida de quienes usan la guerra como agresión, que viola todas las reglas, en desprecio del sentido común y, en este caso, de un (supuesto) credo compartido, somos como ovejas conducidas al matadero. Inútiles. Perdedoras. Confundidas.

Pero no estamos solos.

Otro, conducido al matadero, que hemos celebrado solemnemente durante la Semana Santa, ahora se yergue victorioso. Y esta certeza es nuestro horizonte: no tenemos miedo, el Señor ha vencido al mundo (Jn 16,33).

Con amor, con entrega. Y esto podemos hacerlo, obstinadamente, compartiendo esa paz del corazón que nos da el Resucitado y que se convierte en elección de vida, pensamiento, acción.

Juntos, siguiendo al Buen Pastor. 

Un Buen Pastor tenaz

Todos tenemos en mente la espléndida imagen del Pastor que deja las noventa y nueve ovejas en el redil para ir a buscar la oveja que se ha perdido y, después de encontrarla, la carga sobre sus hombros y la lleva con las demás (Lc 15,4-8).

Reseteamos, por un momento, esa imagen.

Porque el Pastor de San Juan es de otra pasta.

No es el Buen Pastor, es el Pastor Auténtico.

Es un verdadero luchador que defiende a las ovejas del ataque de los lobos y de la indolencia de los mercenarios. Muy parecido al heroico adolescente David, que no tenía miedo de cazar con su honda al león y al oso que atacaban al rebaño (1 Sam 17,34-35).

Una acentuación que completa la de San Lucas. Jesús es el misericordioso, el compasivo, revela el rostro tierno de Dios, sin duda. Pero también es decidido, dispuesto a morir por sus ovejas, como hemos tenido ocasión de celebrar en los días de la Pascua de Resurrección.

La fe es para los fuertes, no para los débiles. Está llena de ternura, pero también de convicción y determinación pacíficas. Requiere convicción, constancia y firmeza.

Así se presenta el Señor: como un aliado, el hombre fuerte que nos defiende de la desesperación, del caos, del victimismo.

Y anuncia solemnemente cómo formar parte de su rebaño. 

Escuchar la voz

Para formar parte de su rebaño, primero hay que escuchar su voz con constancia, conocer al Señor y hacerse conocer por Él, seguirlo.

En este Tiempo Pascual, la Liturgia vuelve a situar en el centro de nuestra reflexión la acogida de la Palabra, esa Palabra capaz de sacudir los corazones de los tristes discípulos de Emaús, esa Palabra que, acogida con la inteligencia del Espíritu, ayuda a leer los acontecimientos de la Historia en la lógica de Dios.

Palabra que debe ser acogida, conocida, rezada, vivida.

Porque esa Palabra nos permite leer nuestra vida y los acontecimientos, incluso conflictivos e incomprensibles, que estamos viviendo, la violencia, el dominio del liberalismo inhumano, la indiferencia, en la lógica de Dios.

Pero esta lectura meditada debe hacerse con constancia, para aprender a reconocer la voz del Señor, y debe acogerse con autenticidad, con el profundo deseo de adaptarse a lo que dice.

Volviendo a poner en el centro la meditación de la Palabra de Dios y una lectura orante de la Escritura. 

La vida eterna

Escuchar la voz del Señor, seguir sus indicaciones, nos hace tomar conciencia de la vida eterna que está en nosotros. La vida eterna, es decir, la vida del Eterno, la vida misma de Dios.

La grey está formada por hombres y mujeres que han descubierto su propia alma, que la custodian, que la cultivan.

En estos términos, solo Dios sabe de quién está compuesta la grey.

Incluso las personas que no sienten que pertenecen a una Iglesia, o que aparentemente viven lejos de ella, pueden cultivar su interioridad con pasión y verdad, y sentir, fuerte y tenaz, el agarre del Señor.

Seguir a Cristo significa, en cierto momento, experimentar la radicalidad expresada por el Maestro, una afirmación llena de compromiso: nadie puede arrebatarnos de su mano.

Ni los demás con sus juicios.

Ni la violencia de todos los terroristas del mundo.

Ni la decepción de nuestras vidas.

Ni siquiera nuestros errores y nuestros pecados.

La caridad de Dios es más fuerte que cualquier cosa. Nada nos separará de Él (Rm 8).

Nos hemos descubierto amados, hemos elegido amar. Sabemos en quién encontrar fuerza y amor. 

Para conocer al Padre

Seguimos a Cristo, el auténtico pastor, fuerte, confiamos en Él, nos dejamos guiar.

De Él, no de otros. De Él, no de otra cosa.

No de nuestros apetitos, no de modas, no de miedos, no de culpas, no de una visión errónea de nosotros mismos, no de límites, no de sombras.

De Él. Y hacerlo nos lleva al pleno conocimiento de Dios.

Porque solo Cristo conoce a Dios en plenitud.

Nosotros no creemos en Dios, sino en el Dios de Jesucristo.

En este Domingo la Iglesia nos invita a rezar por nuestros ministros ordenados y consagrados y que muchos acojan la llamada a ponerse al servicio de las comunidades, sobre todo en estos tiempos frágiles (y no se necesitan hombres fuertes, sino hombres también frágiles que conozcan al Pastor Fuerte, Cristo).

Entonces hay que ser muy, muy claros: el único Pastor, en la Iglesia, es Cristo.

Y todas las ovejas lo siguen, incluso aquellas que tienen ministerios en la Iglesia, es decir, un servicio para el bien común.

Y a nuestro presbítero no le pedimos que sea un superhombre, un hipercoherente, sino un discípulo, ante todo. Para que él también pueda decir: «Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo» (1 Cor 11,1).

Esto es lo que necesitamos, ahora más que nunca: ministros ordenados que sean ante todo seguidores de Cristo.

Cristianos con nosotros. Ministros ordenados para nosotros.

Para decirle con obras y, si fuera necesario, con palabras, al mundo que somos amados.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el IV Domingo de Pascua, 11 de mayo de 2025

1.- El Buen Pastor: voz suave y mano fuerte.

2.- El Buen Pastor, el timbre de una voz diversa.

3.- El Buen Pastor que habla al corazón.

4.- El Buen Pastor que guía a la vida.

5.- El Buen Pastor ofrece la vida eterna.

6.- El Buen Pastor da la vida.

7.- Las manos del Buen Pastor – comentario a San Juan 10, 27-30 –.

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“Mi Pastor es el Señor”, por Juan Masiá SJ

miércoles, 7 de mayo de 2025
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IMG_1132De su blog Vivir y pensar en la frontera:

Yo soy Puerta, Puente y Palabra

¿Por quién vota el evangelista Juan y el profeta Ezequiel? Escuchemos los ecos de la Palabra inspirada. El Señor dice al pueblo: sabed quién soy yo como Pastor

Yo soy el Pastor ideal (en griego, enfatizado, ho poimén ho kalós, el pastor por excelencia, kalós!, modelo de pastor)

Yo soy el verdadero Pastor, soy el verdadero Guía (en la Biblia, “Rey-Pastor”) , soy el Camino para mi pueblo.

Yo soy el verdadero Evangelizador del Reinado de Dios (en la Biblia, “Profeta”), soy la Luz para mi pueblo

Yo soy el verdadero Mediador (en la Biblia, “Sacerdote o Puente” de Bendición) entre Dios y su pueblo

El pueblo responde al Señor:

Mi Pastor es el Señor . El Señor es el que es mi pastor y mi Camino (mi pastor no es el rey ni el Presidente de mi nación, sino el Señor; no es el jefe de mi tribu, sino el Señor)

Mi Evangelizador es el Señor. El Señor es el que es mi Evangelizador y mi Luz (no es mi profeta preferido, sino el Señor; no es mi orador mediático más seguido, sino el Señor)

Mi Mediador de Bendición y Vida es el Señor (no es “mi obispo papable preferido”, sino el Señor)

El Pastor aclara su relación con las ovejas:

 “mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen, les doy vida definitiva, nadie las arrancará de mi mano (Jn 10, 27-29), yo, que soy el modelo de pastor, conozco íntimamente a mis ovejas y ellas me conocen íntimamente a mí, igual que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre; por eso me entrego yo mismo por las ovejas” (Jn 10, 14-15), mis ovejas están llamadas a participar de la única mediación entre el Padre y el pueblo, es decir, elsacerdocio común de los/as fieles como participación en el único sacerdocio de Cristo (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 10; 2 Tim 2, 5; 1 Pe 2, 9-10).

El Pastor aclara su relación con el Origen de las ovejas:

El Padre y yo somos uno. El Padre me ha entregado y encargado las ovejas, lo que me ha entregado mi Padre es lo que más importa, nadie puede arrancar nada de la mano del Padre” (Jn 10, 27-30).

Hasta aquí, las palabras del Evangelio que animan al pueblo a dar gracias al Padre por el don del Buen Pastor.

A continuación, el profeta Ezequiel pone en boca del Señor palabras duras contra los “pastores” corruptos o mentirosos o abusadores:

¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!… No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas, no recogéis las descarriadas, ni buscáis las perdidas y maltratáis brutalmente a las fuertes…Me voy a enfrentar con los pastores: les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas para que dejen de apacentarse a sí mismos… Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear—oráculo del Señor (Ezequiel, 34).

Confortada, al mismo tiempo que estimulada, por el contraste de estas Palabras de Vida, en Juan 10 y Ezequiel 34, la comunidad eclesial extendida por el mundo entero, implora la venida del Espíritu sobre el Cónclave mientras entona sacramentalmente el salmo 22 (23):

Mi Pastor es el Señor (el Único Mediador)

Me guía por el sendero justo (luz del Camino)

Me conduce hacia fuentes tranquilas (agua de Vida)

Prepara una mesa ante mi y mi copa rebosa (Pan y vino de Pascua)

Y desde el Más Acá y Más Allá, donde ya descansa en el seno de la Vida de la vida, nuestro añorado Francisco repite, tras cada estrofa, la antífona de su sueño:

 “Sueño con una iglesia que hable más de la Palabra de Dios y menos del Papa; que hable más de gracia y menos de ley; que hable más de Jesucristo y menos de sí misma (Evangelii gaudium n. 38)

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En la Declaración de Pedro, aprendemos la verdadera definición de alianza

lunes, 22 de abril de 2024
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IMG_6977La reflexión de hoy es de  Sarah Cassidy colaboradora de Bondings 2.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Domingo IV de Pascua  se pueden encontrar aquí.

El término «aliado» ha ganado popularidad en los últimos años, especialmente cuando se trata de igualdad LGBTQIA+. Con el aumento a nivel nacional de la legislación anti-LGBTQIA+, la necesidad de aliados fuertes y vocales es más importante que nunca. Pero ¿qué significa ser un verdadero aliado?

En la primera lectura litúrgica de esta semana, Pedro se presenta ante el Sanedrín, un antiguo organismo judicial judío. Imagínese en su posición. ¿Cómo te sentirías? ¿Nervioso, asustado, intimidado? Sé que todas estas emociones me atravesarían. Sin embargo, Pedro está «lleno del Espíritu Santo» y puede declarar firmemente su fe en Jesús frente a algunos de los miembros más altos de la sociedad. No duda ni tiene miedo.

En este momento de incertidumbre, la fe inquebrantable de Pedro en Jesús es admirable. Es fácil dar marcha atrás en tiempos de estrés, hacer temblar nuestros valores o simplemente seguir a la mayoría. Vemos esto en el activismo performativo moderno: activismo realizado para impulsar el capital social en lugar de apoyar genuinamente una causa. Muchas personas están dispuestas a sostener una bandera del Orgullo o publicar un mensaje pro-LGBTQIA+ en las redes sociales, pero cuando se trata de apoyar verdaderamente a las personas LGBTQIA+, muchas no lo logran. No todo el mundo está dispuesto a denunciar a un amigo homofóbico, proteger a una persona trans o no binaria de daños físicos o defender los derechos LGBTQIA+ en espacios políticos.

¿Qué pasaría si nuestra alianza y activismo fueran inquebrantables, como la creencia de Pedro en Jesús?

Me imagino un mundo donde todas las personas LGBTQIA+ se sientan amadas y apoyadas por al menos una persona en su vida. Este aliado tiene la fuerza no sólo de aceptar incondicionalmente al individuo LGBTQIA+, sino también de defenderlo activamente de un mundo homofóbico y transfóbico. Este amor no debería ser un privilegio. Debería ser un derecho humano.

Cuando pienso en mi propio viaje, agradezco a todas las personas que me han apoyado. Ni una sola vez me he sentido desagradable o indigno por mi carácter queer. Esta debería ser la experiencia de toda persona queer, pero en realidad soy uno de los afortunados. Estoy aquí porque tengo la suerte de estar rodeada de amigos y familiares que creen en la existencia LGBTQIA+.

Como individuos y como sociedad, debemos trabajar para convertirnos en mejores aliados, no solo haciendo más publicaciones en las redes sociales. Significa trabajar junto a la comunidad LGBTQIA+ a través de esfuerzos de organización y promoción. Significa presentarse en manifestaciones, denunciar verbalmente todas las formas de homofobia y transfobia y apoyar las iniciativas LGBTQIA+. Significa escuchar las necesidades de las personas LGBTQIA+ en lugar de hacer suposiciones y educarnos sobre la realidad de vivir en un mundo heteronormativo.

La alianza no solo debe incluir a quienes no forman parte de la comunidad LGBTQIA+, sino que también debe incluir a quienes forman parte de la comunidad. Aunque me identifico como queer, también me identifico como una mujer blanca, cisgénero y de clase media. Estas identidades privilegiadas me protegen del daño que sufren muchas otras personas queer, como las personas trans o de color. Por lo tanto, tengo el deber de usar mi poder de una manera que promueva los derechos de quienes enfrentan una marginación más profunda.

Mi esperanza es que todas las personas, incluyéndome a mí, tengan el coraje de ser como Pedro. Si somos capaces de abrazar el Espíritu Santo, hablar desde el corazón y proclamar con valentía la dignidad inherente de las personas LGBTQIA+, algún día seremos verdaderos aliados.

—Sarah Cassidy (ella), Ministerio New Ways, 21 de abril de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Va con nosotros”. 4º Pascua – B (Juan 10,11-18)

domingo, 21 de abril de 2024
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IMG_4141El símbolo de Jesús como pastor bueno produce hoy en algunos cristianos cierto fastidio. No queremos ser tratados como ovejas de un rebaño. No necesitamos a nadie que gobierne y controle nuestra vida. Queremos ser respetados. No necesitamos de ningún pastor.

No sentían así los primeros cristianos. La figura de Jesús, buen pastor, se convirtió muy pronto en la imagen más querida de Jesús. Ya en las catacumbas de Roma se le representa cargando sobre sus hombros a la oveja perdida. Nadie está pensando en Jesús como un pastor autoritario, dedicado a vigilar y controlar a sus seguidores, sino como un pastor bueno que cuida de sus ovejas.

El «pastor bueno» se preocupa de sus ovejas. Es su primer rasgo. No las abandona nunca. No las olvida. Vive pendiente de ellas. Está siempre atento a las más débiles o enfermas. No es como el pastor mercenario, que, cuando ve algún peligro, huye para salvar su vida, abandonando al rebaño: no le importan las ovejas.

Jesús había dejado un recuerdo imborrable. Los relatos evangélicos lo describen preocupado por los enfermos, los marginados, los pequeños, los más indefensos y olvidados, los más perdidos. No parece preocuparse de sí mismo. Siempre se le ve pensando en los demás. Le importan sobre todo los más desvalidos.

Pero hay algo más. «El pastor bueno da la vida por sus ovejas». Es el segundo rasgo. Hasta cinco veces repite el evangelio de Juan este lenguaje. El amor de Jesús a la gente no tiene límites. Ama a los demás más que a sí mismo. Ama a todos con amor de buen pastor, que no huye ante el peligro, sino que da su vida por salvar al rebaño.

Por eso, la imagen de Jesús, «pastor bueno», se convirtió muy pronto en un mensaje de consuelo y confianza para sus seguidores. Los cristianos aprendieron a dirigirse a Jesús con palabras tomadas del Salmo 22: «El Señor es mi pastor, nada me falta… aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo… Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida».

Los cristianos vivimos con frecuencia una relación bastante pobre con Jesús. Necesitamos conocer una experiencia más viva y entrañable. No creemos que él cuida de nosotros. Se nos olvida que podemos acudir a él cuando nos sentimos cansados y sin fuerzas, o perdidos y desorientados.

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, confesado solo de manera doctrinal, un Jesús lejano cuya voz no se escucha bien en las comunidades… corre el riesgo de olvidar a su Pastor. Pero ¿quién cuidará a la Iglesia si no es su Pastor?

José Antonio Pagola

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“El buen pastor da la vida por las ovejas”. Domingo 21 de abril de 2024. Domingo cuarto de Pascua

domingo, 21 de abril de 2024
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30-PascuaB4 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 4,8-12: Ningún otro puede salvar.
Salmo responsorial: 117: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
1Juan 3,1-2: Veremos a Dios tal cual es.
Juan 10,11-18: El buen pastor da la vida por las ovejas

Con la palabra «pastor» se designaba en el Antiguo Oriente con frecuencia también a los reyes. Entre los egipcios, los reyes egipcios eran representados con los dos distintivos del pastor: el azote (o espantamoscas) y el cayado. Tanto en el arte de Mesopotamia como en el griego se encuentra la figura del pastor llevando a hombros un cordero; el dios griego Hermes fue representado llevando un carnero. Los cristianos utilizaron esta imagen para representar a Jesús, como buen pastor.

En el Antiguo Testamento Dios le encomienda a David la tarea de pastorear a su pueblo Israel (2Sam 5,2) y los príncipes del pueblo se comparan con frecuencias con pastores. Ezequiel contrapone los dirigentes de Israel -que se apacientan a sí mismos en lugar de apacentar a sus ovejas- con el Señor, como modelo de pastor: «Como sigue el pastor el rastro de su rebaño cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones» (Ez 34,1-10.12).

El evangelista Juan presenta a Jesús como «buen pastor», o por dar una traducción más adecuada, como «modelo de pastor». El pastor modelo se define porque da su vida en función de las ovejas. Quien no ama a las ovejas hasta ese extremo no es buen pastor. El pastor aparece en el evangelio de hoy por oposición al asalariado o mercenario que apacienta a las ovejas por dinero; el asalariado cuando viene el peligro (lobo) deja que mueran las ovejas.

La relación del pastor-Jesús con las ovejas-pueblo es una relación personal y recíproca de conocimiento profundo e íntimo (conozco a las mías y ellas me conocen a mí). Conocer a Jesús significa experimentar su amor e identificarse con su persona y actividad. Esta relación de conocimiento-amor es tan profunda que Jesús la compara a la que existe entre él y el Padre, basada también en la comunidad de Espíritu, que crea la unidad de designio y de propósito.

Pero el rebaño de Jesús no se limita al pueblo de Israel, pues Jesús proclama que tiene otras ovejas que no son de ese recinto, palabra que designa el atrio del templo o, más ampliamente, a la institución judía, en la cual se han arrogado los puestos de poder unos individuos que carecen de todo derecho a ello y que son en realidad explotadores (ladrones) que usan de la violencia (bandidos) para someter al pueblo, manteniéndolo en un estado de miseria (cf. Jr 2,8; 23,1-4; Ez 34,2-10; Zac 11,4-17). Son esa gente que ha convertido la casa de su Padre en casa de negocios (Jn 2,16).

Él tiene otras ovejas que no son del pueblo de Israel, pues pertenecen al mundo pagano y ha venido para formar una nueva comunidad humana que no se limita ya a los judíos sino que se extiende a todos sin distinción de raza, credo o estatuto social.

Jesús, el modelo de pastor, demuestra que es el verdadero pastor porque entrega su vida por las ovejas. Ante su auditorio de dirigentes judíos (v. 19) que lo odian e intentan matarlo, Jesús afirma que es precisamente su prontitud para desafiar la muerte lo que hace manifestarse en él el amor del Padre.

Jesús se entrega a sí mismo y así se recobra, porque al darse él mismo hace suyo el dinamismo de amor del Padre y de esta manera realiza su condición de hijo, adquiriendo la plenitud del propio ser. La demostración continua de amor del Padre se realiza en la presencia y actividad incesante del Espíritu en Jesús y se manifiesta en su obrar.

Como Jesús, quien se da a sí mismo por amor no lo hace con la esperanza de recobrar la vida como premio a ese sacrificio (mérito), sino con la certeza de poderla tomar de nuevo, por la fuerza del amor mismo. Donde hay amor hasta el límite hay vida sin límite, pues el amor es fuerza de vida. Dar la vida significa creer hasta el fin en la verdad y potencia del amor.

Jesús afirma su absoluta libertad en su entrega. Nadie puede quitarle la vida, él la da por propia iniciativa. Indica así que, aunque sean las circunstancias históricas las que van a llevarlo a la muerte, eso puede suceder porque él ha hecho su opción de llegar hasta el fin.

El Padre, que ama a Jesús, le deja plena libertad; como Hijo, Jesús dispone de sus actos (Está en mi mano entregarla, etc.; cf. 3,35). La relación entre Jesús y el Padre no es de sumisión, sino de amor que identifica. El mandamiento del Padre no es una orden, sino un encargo; formula el designio común del Padre y Jesús, que nace de su comunión en el Espíritu (5,30). El evangelista utiliza el término “mandamiento” para oponerlo a los de la antigua Ley. Moisés recibió muchos (Éx 24,12; Dt 12,28, etc.), Jesús uno solo, el del amor hasta el extremo, el mismo que será propuesto a la humanidad (12,49; 13,34).

Y este pastor modelo -que es Jesús-, es también según Pedro en el libro de los Hechos, «la piedra que desecharon ustedes, los arquitectos y que se ha convertido en piedra angular» de la comunidad.

Queremos añadir una «nota crítica» para evitar un peligro que puede conllevar el comentario de la primera lectura de hoy. Es a respecto del famoso versículo Hch 4,12: «No hay bajo el cielo otro nombre que podamos invocar para ser salvos». Será una tentación fácil, para las personas de mentalidad más conservadora, enrumbar su reflexión o su homilía como el comentario a esa fórmula tan altisonante y absoluta. Probablemente no caerán en el exclusivismo eclesiocéntrico («fuera de la Iglesia no hay salvación»), pero tal vez caerán en el exclusivismo cristocéntrico («fuera de Cristo no hay salvación»), aunque sea por vía inclusiva («todos, aunque no lo sepan siquiera, se salvan por Cristo»). Es el mensaje de muchos fundamentalistas cristianos: «¡Sólo Jesús salval! ¡No hay salvación fuera de Jesús!». Tal fundamentalismo estaría justificado «literalmente» desde la misma Palabra de Dios…

J.A.T. Robinson (Truth is Two-eyed, The Westminster Press, Filadelfia 1979, 105) piensa que la interpretación exclusivista del texto (Hch 4,12) es engañosa. «Lo cierto -dice- es que el término ‘salvarse’ (y ‘salvación’) es el mismo que se usa tres versículos antes (4,9) al hablar del ‘enfermo’ que ha sido ‘curado’. El contexto no es el de la comparación de las religiones, sino el del carácter curativo de la fe. El problema es ‘con qué poder’ el cojo ha logrado ‘curarse completamente’ (3,16). ¿Ha sido por algún poder innato, por la piedad de los apóstoles (3,12) o ‘en nombre de Jesús’, que es quien suscita la fe (3,16)?». Ésas son las alternativas que el texto tiene en mente, el contexto del que no se puede sacar la frase. La conclusión es que el versículo en cuestión no puede tomarse como base para justificar el exclusivismo religioso universal (frente a todas las religiones). El lenguaje que allí se está utilizando es un lenguaje «confesional» hacia Cristo y su acción sanadora, y no se le puede hacer decir nada respecto a la no validez de las otras religiones del mundo, en las que ni de lejos podía pensar la comunidad.

Así como «sería monstruoso seguir dando por válido hoy día el axioma «extra Ecclesiam nulla salus»» (Torres Queiruga, El diálogo de Religiones, pág. 7), hay que plantearse igualmente la superación de las fórmulas cristológicamente exclusivistas (que normalmente llamamos inclusivistas). «Ya no cabe hablar sin matices o reservas de simple «cristocentrismo». Frases como «no existe conocimiento de Dios sino en Jesucristo», pueden tener sentido en un lenguaje interno, de naturaleza inmediatamente «confesante»(18); pero, en rigor, deben ser desterradas, no sólo por ser psicológicamente ofensivas para los demás, sino por ser objetivamente falsas, pues implican la negación de toda verdad en las demás religiones, incluido el AT. El centro último y decisivo para todos -como, por lo demás, sucedía para el mismo Jesús- radica en Dios». (Torres Queiruga, Cristianismo y religiones: inreligionación y cristianismo asimétrico, «Sal Terrae» 997[enero 1997]3-19; RELaT 241: servicioskoinonia.org/relat/241.htm). Mucho cuidado pues con los fervores exclusivistas cristocéntricos, dignos de mejor causa. Leer más…

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Sal 23/22. El Señor es mi Pastor (יהוה רעי). Buen Pastor, sacerdote frente a mis enemigos (Dom 4 Pascua)

domingo, 21 de abril de 2024
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IMG_4222Del blog de Xabier Pikaza:

Este breve salmo, atribuido lógicamente a David, pastor y rey, a quien la tradición atribuye el orden sagrado del templo de Jerusalén,  desarrolla dos motivos básicos  de vida de Israel, conectados entre sí de un modo histórico y religioso.

(a) 23, 1-4. Yahvé es pastor de estepa y monte, que protege, guía y alimenta a su rebaño (pueblo, orante) por caminos fuertes, peligrosos, de trashumancia y riesgo, desde el principio de los tiempos, cuando los israelitas eran patriarcas trashumantes, pastores de estepa

(b) 23, 5-6. El mismo Yahvé aparece después como Dios/Señor/sacerdote de templo,  (casa de oración y vida, nueva Jerusalén) donde unge al orante y le ofrece una mesa de misericordia, en la que podrá mantenerse por siempre como triunfador

(c) En una mesa frente a enemigos… Mesa para  comer y beber, mesa para  vivir y esperar, pero frente a enemigos, en el centro de una lucha final. ¿Siempre luchando para comer? ¿Teniendo que matar a otros para comer yo? ¿Matando a todos los malos para quedar sólo los buenos? ¿Convirtiendo la lucha en principio de reconciliación superior?¿Cómo entender aquí la canción del pastorcito de Juan de la Cruz? Texto tomado de mi comentario a Salmos

Origen

            Es posible que este salmo sea la oración de un “devoto”, un creyente (un sacerdote), a quien han acusado sus enemigos, persiguiéndole  y queriendo expulsarle del culto de los fieles del templo; pero se ha defendido, ha triunfado, y puede mantenerse en el santuario, confesando a Yahvé como su Dios, tanto en su entorno anterior de trashumancia (como oveja de un rebaño protegido por Dios), como en su contexto posterior (actual) de presencia y culto en el templo. Pero lo esencial es que este salmo evoca, de modo muy intenso, el arco histórico de la identidad israelita, en sus dos momentos fundamentales… que nos sitúan ante un tercero::

(a) Prehistoria: Tiempo de pastores, lucha contra fieras, en medio de duras quebradas.  En principio, el orante se identifica como “oveja” de un rebaño guiado y defendido por Dios, no sólo en la etapa de los patriarcas (Jacob pastor, con Abraham…), sino a lo largo de los tiempos de trashumancia por zonas de estepa y desierto, desde la salida de Egipto hasta su establecimiento en torno a Jerusalén. De pastores de campo y de riesgo venimos, de cazadores, pescadores, entre riesgos de un mundo duro, en el que hemos logrado avanzar….

(b) Historia, tiempo de templo, comer frente a enemigos… Lucha entre hombres/pueblos por la comida del templo.  Superando el tiempo anterior de pastores de estepa, nómadas y trans-humantes de vida, luchando contra animales fieros y riesgos de mar y montaña, guiados por un Dios de la vida, este salmo nos sitúa ante la comunidad de creyentes, reunidos de un modo sacral en torno al templo de Jerusalén, donde Dios mismo aparece como “anfitrión”, en la casa sagrada que acoge a sus devotos, les unge, les llena de gloria y les “alimenta”, de forma que ellos pasan de ser ovejas de su rebaño (cf. Is 40, 11; Ez 34, 21-22; Sal 95,7) y huéspedes y amigos de su casa… Una casa de Dios pero enfrentados unos con otros (es decir, con enemigos…).

(c) ¿Habrá un tiempo nuevo?  Ya no somos pastores de ovejas, en medio de tierras quebradas, entre lobos… somo orantes de “templo”, en la casa de un Dios que nos ofrece su protección y comida, pero enfrentados unos con otros… ¿Habrá futuro para nosotros? Habrá un Dios de vida y redención, reconciliación para el nuevo tiempo? En ese contexto resuena atronadora y suavísima la canción del pastorcico de Juan de la Cruz.

Salmo de cambio de tiempos. Invitación a un futuro distinto

Este paso de la religión trashumante del Yahvé pastor y su rebaño a la religión establecida del Yahvé del templo con sus fieles, que comparten la mesa y oración (y que más tarde el libro de la Ley), constituye la clave de la historia de Israel, y aparece aquí resumida en esta espléndida oración, que, en su forma final,  no es ya propia de un Rey como David (aunque se le puede aplicar la primera parte), ni de unos sacerdotes, gestores del culto del pueblo (aunque también se les puede aplicar la segunda parte), sino de un creyente, que se defiende y eleva como representante o portavoz de la historia israelita.

            Pero el problema no es ya lo que ahora somos y tenemos en un templo de vida…. Protegidos por Dios… El problemas es si podremos ser en el futuro, si podremos superar la tensión de vivir “en frente” (en contra) de enemigos… El tema es la llegada del tercer reino de la humanidad reconciliada.

            Cambian de un momento a otro los “peligros”, vinculados primero con el tiempo de pastoreo con riesgos concretos de carencia y peligros de campo  (falta de agua, de pastos, de oscuros caminos, de fieras o bandidos…) y después con el tiempo del templo, con enemigos humanos, que se sientan o vigilan al otro lado de la mesa del orante, acechándole siempre. Pero la defensa de Yahvé (su presencia protectora) es siempre la misma en un momento y el otro, de forma que el salmista original o los que repiten y asumen su canto en el templo o en la liturgia particular de las comunidad, pueden habitar tranquilos (23,5), libres de temor, porque el Dios pastor y anfitrión (amigos) va con ellos y les acompaña.

1 (Salmo de David).

Yahvé es mi pastor, nada me falta:

  1. 2 en verdes praderas me hace recostar; | me conduce hacia fuentes tranquilas
  2. 3 y repara mis fuerzas; | me guía por el sendero justo, | por el honor de su nombre.
  3. 4 Aunque camine por cañadas oscuras, | nada temo, porque tú vas conmigo:
  4. tu vara y tu cayado me defienden.

 Preparas una mesa ante mí, frente a mis enemigos;

  1. me unges la cabeza con perfume, | y mi copa rebosa.
  2. Bondad y tu misericordia me acompañan | todos los días de mi vida,
  3. Y  habitaré en la casa Yahvé | por años sin término
  4. En frente de mis enemigos

Éste salmo tiene, como he dicho, dos partes principales (Yahvé-Pastor, Yahvé rey sagrado de Templo) que van unidas de un modo inseparable, como es normal en otros salmos. Entre el pasado de los patriarcas-pastores y el presente de los devotos del templo queda un largo transcurso de historia simbólica (conquista de la tierra, monarquía de Jerusalén, quizá exilio…), que el salmo no necesita precisar, pasando como hace la etapa de pastores (promesa) a la etapa de fieles/levitas de un templo.

La imagen primera es de “pastores”, un símbolo  imagen que ha seguido vive en el mundo rural hasta tiempos muy recientes: La humanidad logró una madurez antes impensable cuando logró domesticar algunos animales (cf. Sal 8; Gen 2), de forma que, en vez de ser cazador fortuito de venados silvestres, se convirtió en pastor de animales domésticos (perros y caballos, vacas, ovejas…) a los que cuidaba y guiaba, para mantenerse de ellos. Éste fue un proceso doble, que está en el fondo de la “historia simbólica” de Gen 2:

Los hombres domesticaron animales, les pusieron nombres, vivieron en torno a ellos, los ofrecieron como sacrificio a Dios (a los dioses)… Sin animales domésticos, especialmente ovejas y cabras, perros y caballos no habrían subsistido sobre el mundo.

Por su parte, los animales (perros, ovejas, caballos…) domesticaron a los hombres… les ofrecieron un espacio de vida propia, d e humanidad…

Pero el gran salto se produjo cuando unos seres humanos crearon lazos de palabra-amor especial entre sí, varones y mujeres, antes el Dios de la palabra y de la vida, como sigue contando Gen 3, con los valores y riesgos que eso implica.

 Resulta esencial este recuerdo   de los israelitas posteriores, que seguían identificándose más con los pastores patriarcas nómadas (trashumantes) que con los agricultores sedentarios, simbolizados por los pueblos paganos cananeos. De esa forma pasa el salmo del recuerdo antiguo de los “jeques” pastores (patriarcas) a los fieles sedentarios del templo.

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PRIMER REINO. YAHVÉ, TÚ ERES MI PASTOR (23, 1-4).

No dice eres mi Rey, mi Padre o Sacerdote, sino mi Pastor, Ro’i (יהוה רעי לא אחס, El Señor es mi pastor, nada me falta) con acento de intensificación sobre la palabra hebrea, como para indicar que su vida (la vida de la humanidad) ha podido surgir y se ha desarrollado a través de una presencia gratuita, bondadosa y fuerte de Dios, como pastor que “domestica” a las ovejas, las guía, las protege… Eso significa que el hombre es un animal “domesticado”, educado por Dios, por una presencia superior de vida, a quien se conoce con el nombre de Yahvé (el que vive, hace vivir).

Actualmente, siglo XXI, al menos en el mundo occidental, esta imagen se nos ha hecho difícil de entender y de aceptar: No nos sentimos bien si alguien nos guía, no somos “animales domésticos”, dependientes de un Dios exterior, sino dueños y gestores de la propia vida, sin necesidad de “pastores”. En un plano, ese nuevo sentimiento de libertad es bueno, y este mismo salmo lo ratifica al final. Pero en otro sentido, la visión del “Dios pastor”, vinculado a nuestra propia identidad de “rebaño de hombres libres”, sigue siendo necesaria: Nuestro despliegue en la vida ha sido un prodigio, la mayor de las maravillas de la tierra; la humanidad ha surgido por obra especial de una Presencia y Guía que podemos comparar con la del pastor, que nos ha hecho capaces de tener lo que tenemos, que nada nos falte.

            Las notas principales de la presencia y obra de este Pastor divino son tradicionales y apenas necesitan comentario, teniendo en cuenta las condiciones del pastoreo trashumante antiguo, en una tierra de estepas semidesérticas, como las del entorno de Israel: Con la ayuda del Dios-Pastor, con su presencia educadora, el hombre ha sido capaz de encontrar verdes praderas y tranquilas fuentes,  en medio de una tierra calcinada,  reparando su cansancio y superando  los peligros, a través de “senderos justos”.

            Esta última expresión se puede y debe entender de dos maneras. (a) Los hombres han recorrido senderos “rectos”, esto es, apropiados, que les han llevado a la supervivencia física. (b) Pero también han recorrido caminos de “justicia”, en un sentido social y religioso, pues de otra manera ellos habrían perecido todos, víctimas de la violencia universal. Desde ese fondo se entienden las dos frases fundamentales.

 – Aunque camine por cañadas oscuras (de oscuridad de muerte) nada temo, porque tú vas conmigo (ydI_M'[i hT’îa;-yKi); este Dios-presencia, en medio del riesgo de muerte de la vida humana, define y sostiene la su existencia. El hombre ha sido y sigue siendo un viviente acompañado, bordeando sin cesar el riesgo de la muerte-oscura que le rodea y amenaza. Un camino por la oscuridad rodeada de muerte, pero abierta a la Vida es la existencia humana.

Porque tu vara y cayado me sosiegan-defienden; la vara es un tipo de “cetro” de orientación y mando (propio incluso de reyes); el cayado es más bien un bastón defensivo, que podía llevar punta de hierro, para luchar contra las fieras y contra posibles enemigos.

 Según esto, la vida de los grupos humanos y de las personas en particular ha sido un “milagro” de educación (maduración, crecimiento) que el salmista atribuye a la presencia de Dios, como Pastor y guía. En un sentido, el hombre es dueño de sí (capaz de defenderse); pero, al mismo tiempo, su vida ha sido y sigue siendo resultado de una presencia superior. El hombre es porque Yahvé (el que es), siendo su presencia y providencia activa, le ha hecho surgir y le mantiene en vida.

  1. SEGUNDO REINO. HABITAR EN LA CASA DE YAHVÉ (23, 5-6).

Como he dicho, el salmista da un gran salto, para situarse en el lugar en que ahora se encuentra (al menos simbólicamente): Ante la mesa que el mismo Yahvé le ha preparado en su casa. No camina ya buscando descanso de agua y sombra, en medio de duros senderos de muerte, sino que puede sentarse y se sienta ante la mesa de Dios, hasta saciarse sin fin. Su bienaventuranza no se expresa aquí en forma de visión (contemplar a Dios, cara a cara…), sino de banquete (comer siempre en la casa de Dios).

El mismo Dios-Pastor se vuelve así anfitrión, quizá mejor de Amigo, que acoge a los amigos en su casa, ofreciéndoles alimento, como ha sabido la tradición antigua (la carne de los sacrificios que se comen en el templo es “carne de Dios”) y más tarde el cristianismo (que ha interpretado el pan y vino eucarístico como cuerpo y sangre de Cristo, Dios encarnado). Es evidente que estas afirmaciones, como las que forman parte del “misterio” religioso han de tomarse “simbólicamente”, no para indicar que no son verdaderas, sino para afirmar que lo son de un modo más alto.

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Pasado, presente y futuro. Domingo 4º de Pascua. Ciclo B

domingo, 21 de abril de 2024
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buenpastor6Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En los domingos anteriores se han recordado diversas apariciones de Jesús resucitado. A partir de este domingo, y hasta la Ascensión, las lecturas del evangelio, tomadas siempre del evangelio de Juan, se centrarán en diversos aspectos de la relación entre Jesús y el cristiano: buen pastor, vid y sarmientos, mandamiento nuevo, oración sacerdotal.

No es fácil encontrar una relación entre las tres lecturas de hoy porque se usan imágenes muy distintas: Piedra angular para hablar de Jesús (1ª lectura); Padre e hijos para hablar de Dios y nosotros (2ª lectura); pastor y rebaño, para hablar de Jesús y nosotros (evangelio). Buscando una relación entre ellas la vería en el ritmo del tiempo (pasado, presente y futuro) de Jesús y de nosotros.

Pasado y presente de Jesús (Hechos 4,8-12)

Se supone conocido el relato anterior. Pedro y Juan suben al templo para la oración de media tarde y en la puerta Hermosa encuentran tendido a un lisiado que les pide limosna. Pedro lo agarra de la mano derecha, lo levanta y lo cura. Ante el asombro del pueblo, Pedro pronuncia un discurso en el que atribuye la curación a Jesús (este discurso se leyó en parte el domingo pasado, 3º del ciclo B). Los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, se irritan al escuchar sus palabras y al día siguiente los convocan ante el Consejo y los interrogan. La respuesta de Pedro es la siguiente:

En aquellos días, lleno de Espíritu Santo, Pedro dijo:

-Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos.

Para un judío, el nombre equivale a la persona. El nombre de Jesús es Jesús. En estas pocas palabras se resume su pasado y su presente. El pasado ofrece una imagen de Jesús totalmente pasiva: no se recuerda su predicación ni sus milagros. Solo se cuenta lo que hicieron con él las autoridades judías y Dios. Las autoridades lo rechazaron y crucificaron; Dios los resucitó y convirtió en piedra angular. De esto se deduce su situación presente: él es quien ha curado al paralítico y el único que puede salvarnos a todos nosotros.

Presente y futuro del cristiano (1 Juan 3, 1-2) 

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

La 1ª lectura hablaba del pasado y el presente de Jesús. Esta 2ª habla de nuestro presente y nuestro futuro. El presente: somos hijos de Dios. El futuro: seremos semejantes a Dios. Cuando nace un niño siempre se buscan parecidos con el padre, la madre y otros miembros de la familia. Para el autor de la carta, nuestra semejanza con Dios no es algo que se perciba ya desde ahora; se manifestará en el futuro, cuando veamos a Dios cara a cara. Pero eso no impide que seamos ya realmente hijos de Dios. Lástima que esto no se valore. Si fuéramos hijos de un deportista famoso o de un cantante de moda, todos querrían hacerse una foto con nosotros.

Pasado y futuro de Jesús (Juan 10, 11-18)

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».»

La imagen del pastor era frecuente en el Antiguo Oriente para referirse al rey: simbolizaba la relación correcta con sus súbditos, que no debía ser despótica sino preocupada por su bienestar. Jesús se la aplica, pero llegando a un extremo que no se da entre los pastores: da la vida por sus ovejas. Es cierto que un pastor, a diferencia del asalariado, está dispuesto a luchar con el lobo para defender al rebaño. Pero no es normal que esté dispuesto a morir por sus ovejas. A tanto no llega. Jesús, en cambio, ve así su misión: dar la vida por ellas. No lo hace por obligación, forzado, sino libremente. Sabiendo que esa vida que entrega la podrá recuperar. Y esto tampoco puede hacerlo un pastor normal y corriente. Aunque el evangelio hable de Jesús como “el buen pastor” debería haber dicho: bueno y excepcional.

Este pasaje del evangelio concede también especial importancia al futuro de Jesús: a su labor con respecto a otras ovejas, a las que debe buscar para que haya un solo rebaño y un solo pastor. Es una referencia a las comunidades cristianas que se irían formando en países paganos y a todos nosotros.

Reflexión final

Relacionando las tres lecturas, Jesús, buen pastor nos ha salvado y nos ha conseguido el ser hijos de Dios. A nosotros nos corresponde escuchar su voz y agradecerle el don que nos ha hecho.

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4º Domingo de Pascua. 21 Abril, 2024

domingo, 21 de abril de 2024
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Conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí…”

(Jn 10, 11-18)

Hoy nos encontramos con el buen pastor. No un buen pastor, sino el Buen Pastor por excelencia, el que da su vida por las ovejas.

Bien… Aquí vemos a Jesús poniendo un ejemplo para describirse a sí mismo. ¿Qué ocurre? Que ese ejemplo es muy válido para la gente que lo seguía, pero para nosotras no tanto. Vivimos en otro tiempo, otro lugar y otra cultura. No es de extrañar que nos perdamos algo de lo que nos quiere decir Jesús.

Seguramente te haya pasado alguna vez que estando en oración, o incluso en algún momento de la jornada, te “haya venido” alguna idea o ejemplo sobre el evangelio que no te estaba diciendo gran cosa, y de repente, como que lo ves todo más claro. No se trata de que seas una iluminada sino de que Dios nos conoce perfectamente, mucho mejor que nosotras mismas, y sabe qué necesitamos, qué no entendemos, qué andamos “rumiando” en nuestro corazón… nos conoce como el buen pastor a sus ovejas, a cada una de ellas.

Una vez orando este evangelio, mi pensamiento se llenó de un “¡qué poco me estás diciendo, Señor!” y un rato despues me vino un recuerdo, mejor dicho, Dios me puso delante un recuerdo, un sentimiento, este ejemplo. Las primeras veces que mi hermana y yo nos quedábamos solas en casa, nos daba miedo que alguien llamara al timbre y, además de no abrir, llegábamos incluso a quedarnos muy quietas y contener la respiración para que “alguien” no nos oyera (como si la puerta fuera transparente). Realmente nos agarrotábamos. Pero, todo cambiaba, cuando oíamos en la escalera la voz de José, el portero de nuestro bloque. Era un hombre muy servicial, atento, entrañable, fiable… en fin; cuando estábamos solas en casa nos alegraba y tranquilizaba mucho oír, y con ello saber, que él andaba por la escalera, velando por los vecinos, especialmente, por la chiquillería del portal y los señores mayores que vivían solos.

Si haces un poco de memoria, seguramente reconozcas a Jesús como el Buen Pastor, en más de una persona que te haya acompañado o esté acompañando en tu vida. Tráelas al corazón con agradecimiento.

Oración

Trinidad Santa, abre nuestra escucha a tu voz. A tu silbido de Buen Pastor.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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