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Conversión de San Pablo

Viernes, 25 de enero de 2019

Saulo de Tarso, antes de su conversión, era un judío convencido de su religión y totalmente contrario a la nueva fe que empezaba a difundirse por Palestina y sus alrededores.

        Tuvo alguna responsabilidad también en el martirio de san Esteban, protomártir, del que se habla en los Hechos de los apóstoles. Saulo encontró a Jesús resucitado en el camino de Damasco y este acontecimiento cambió de manera radical su modo de creer y de pensar. El Señor resucitado se convirtió en el centro de su espiritualidad y de su teología. Una vez apóstol del Evangelio, Pablo estableció en Antioquía de Siria el punto de partida de sus viajes misioneros, donde aparece como testigo infatigable de la fe en Jesús resucitado. Estos viajes le incitaron a escribir diversas cartas a las distintas comunidades cristianas que había fundado. Pablo, verdadero y auténtico apóstol, siempre llevó buen cuidado en «volver» a Jerusalén, con el deseo de confrontarse con los apóstoles de Jesús a fin de no correr en vano.

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El edificio espiritual construido por san Pablo, con su profundidad profética y sus escarpadas ascensiones, emerge alto sobre el plano de nuestra apacible piedad cristiana. ¿Quién fue este grande, que obró a la sombra de Uno inmensamente más grande que él? ¿Quién fue este atrevido pionero, este «errante entre dos mundos»?

        Dos ciudades ejercieron una influencia decisiva en el ciclo de su formación: Tarso y Jerusalén. «Soy un judío de Tarso de Cilicio…»: así se calificó Pablo ante el comandante romano cuando fue encarcelado. Dos corrientes de antigua civilización afluían, pues, y se fundían en él: la educación judía en familia y la formación griega que absorbía en la capital de su provincia natal, dotada de universidad. Está escrito, ciertamente, en los designios de la Providencia que este hombre, destinado a que en su vida actuara como misionero en medio de los paganos, debería recibir su primera educación en un centro mundial del paganismo.

        Aquel para quien ya no debería existir diferencia alguna entre judíos y paganos, entre griegos y bárbaros, entre libres y esclavos [cf. Col 3,11; 1 Cor 12,13), no debía nacer entre las idílicas colinas de Galilea, sino en el tumulto de un rico emporio comercial donde afluían y se mezclaban gentes de todas las naciones sometidas al Imperio romano.

        «Soy de Tarso, una ciudad no oscura de Cilicia». Parece que se refleja en esta respuesta un sentimiento de genuino orgullo griego por su propia ciudad de nacimiento. Tarso competía, en efecto, con Alejandría y Atenas por la conquista del primado en el campo de la cultura; en ella se elegían los maestros para los príncipes imperiales de Roma, y es natural que un centro de cultura tan eminente influyera en la formación de la personalidad del futuro apóstol… En Tarso dominaban la espiritualidad y la lengua griega junto a las leyes romanas y a la austeridad de la sinagoga judía.

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J. Holzner,
San Pablo,
Editorial Herder, Barcelona 1989.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“La resurrección de Jesús según san Pablo”, por Gonzalo Haya.

Viernes, 25 de enero de 2019

St.Paul-Icon-700pxEl primer documento escrito sobre la resurrección de Jesús se lo debemos a Pablo, solamente 20 ó 30 años después de su crucifixión. El obispo episcopaliano J. S. Spong ( 1, 2,) hace hincapié en este dato, porque se trata de una escueta interpretación de la resurrección, sin la escenografía de apariciones que 40 ó 50 años después presentaron los evangelistas. Y esa escenografía nos ha llevado a imaginar la resurrección como vuelta a la vida del cuerpo, mientras que Pablo interpretó la resurrección como una transformación en otra dimensión.

Exponemos a continuación los textos de Pablo y un resumen de los argumentos del trabajo de Song:

Rom 1,4; que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,

Rom 4,25; el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Rom 8,34;  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Rom 14,9; Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

1Cor, 15,3-8; Lo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez: la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto. Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos. Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo.

1Cor, 15,15-17; Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

· Pablo nos da las primeras referencias sobre la resurrección de Jesús, principalmente en Rom 1,4 y 1Cor 15,3-8. No conoce nada sobre signos portentosos a la muerte de Jesús ni sobre el sepulcro vacío. Para comprender lo que dice Pablo tenemos que olvidar de momento todo lo que dicen los evangelios sobre la resurrección de Jesús: discípulos de Emaús, tumba de José de Arimatea, mujeres que llevaban ungüentos a la tumba, y otras apariciones.

· Pablo concibió la resurrección según los tres modelos que encontraba en la tradición judía: Henoc “caminó con Dios y después desapareció porque Dios se lo llevó” (Gén 5,24). Moisés murió “como lo había dispuesto el Señor, y lo enterró… y hasta la fecha nadie sabe dónde está enterrado” (Dt 34,5-6) de modo que el pueblo creyó que no había muerto y estaba con el Señor. Elías fue arrebatado por un carro de fuego y transportado vivo a la presencia de Dios (2Reyes 2,11). Estos eran los modelos que tenía Pablo para comprender su experiencia de Jesús vivo a pesar de había sido crucificado y sepultado.

· La resurrección es el momento en que Dios constituye a Jesús como su Hijo, Mesías y Señor (Rom 1,3-4). Esta afirmación podría ser considerada como “adopcionista” según el concilio de Nicea.

· Según Pablo, Jesús se aparece primero a Pedro (según Juan se apareció primero a María Magdalena, según Marcos Mateo y Lucas el primer anuncio fue a un grupo de mujeres que habían seguido a Jesús). Sigue la aparición a los Doce; ahora bien, o Doce es un número simbólico, o Pablo no sabe nada de la traición de Judas, o quizás el personaje simbólico, elaborado posteriormente, sea Judas. Después a quinientos hermanos; después a Santiago, ¿el hermano del Señor? “Por último”, e igualmente,a Pablo; ¡cuya conversión sucedió entre uno o seis años después de la muerte de Jesús!

· Lucas sitúa todos los acontecimientos de Pascua, entre la resurrección y la ascensión, en 40 días. Los casi seis años de Pablo y la falta de detalles de una apariencia física -mensajes orales y contacto físico- nos indican que Pablo no entendió la resurrección como la revivificación del cuerpo físico de Jesús; esas descripciones fueron elaboradas posteriormente por las comunidades y recogidas por los evangelistas.

· Pablo solamente había experimentado que Jesús vivía y entendió que había sido constituido Señor y Mesías. La resurrección fue, más bien, la transformación en un plano diferente, a un orden de conciencia más allá de los límites del tiempo y del espacio… lo que él llamó cuerpo espiritual” 1Cor 15,44). No hubo una revivificación del cuerpo que permaneciera en la tierra durante unos días y luego fuera “elevado” a los cielos. Al morir, fue transformado; ya no es un mortal, “la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6,9). “Esta carne y hueso no pueden heredar el reino de Dios, ni lo ya corrompido heredar la incorrupción (1Cor 15:50)

Tenemos dificultad de imaginar esta transformación porque necesitamos explicarla con los conceptos e imágenes obtenidas de este mundo material, y porque nuestro imaginario se ha nutrido con los relatos de los evangelistas que trataron de plasmar y visualizar la resurrección de Jesús. El pueblo sólo concebía una vida real en un cuerpo; un ser sin cuerpo les parecería un fantasma.

Los estudios bíblicos se concilian mejor con los estudios de la antropología actual, y nos facilitan una comprensión más actual y adulta de nuestra fe. Lo trascendente sigue siendo un misterio, pero al menos no resulta contradictorio con nuestros conocimientos científicos de lo inmanente.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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“Una lectura catastrófica “, por Isabel Gómez Acebo.

Martes, 2 de octubre de 2018

portuguese-actor-diogo-morgadoLeído en su blog:

Era el final del verano convencí a una de mis nietas para venir a misa el domingo para dar gracias a Dios. Habíamos estado mucha familia junta y no había habido ni discusiones ni accidentes. Me costó mucho pues no es muy partidaria de ir a la iglesia y, como chica joven en vacaciones, se había acostado a las mil y quinientas, una frase de mi juventud que significaba la llegada a la cama de madrugada.

No refunfuñó mucho aunque parecía dormida. Al principio todo fue bien pero con la lectura de la epístola, era el 26 de agosto, se le cambió el semblante. No sé si recuerdan el texto pero dice así: “las mujeres que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo”.

Yo esperaba que el sacerdote hiciera un comentario sobre el contexto de Pablo, las costumbres históricas que hoy ya no prevalecían y cosas semejantes, pero no dijo nada y, como el que calla otorga, parecía que daba por bueno el texto

Recuerdo que un sacerdote amigo se saltaba el Evangelio de la suegra de Pedro o el de los hermanos de Jesús porque así se evitaba preguntas embarazosas de los fieles. No creo que se debe de llegar tan lejos pero escuchar que es palabra de Dios esa epístola de Pablo para una mujer en el siglo XXI es duro y exige muchas explicaciones. La primera es responder a los motivos porque los que no se suprime esta lectura del leccionario ya que se pueden escoger otras muchas y la segunda es recomendar al oficiante que explique, aunque tiene poca explicación en nuestros días, el mundo en el que vivía Pablo que es en el que viven muchas mujeres contemporáneas nuestras. Cuando en los países a los que no ha llegado la liberación femenina ¿No son también para ellas unas palabras odiosas que justifican la opresión en la que viven?

La moraleja es que a mi obligada nieta no le hizo ninguna gracia escuchar la lectura de la epístola y me echó en cara, sabiendo mi feminismo, que no hubiera levantado la voz o haber pedido explicaciones al sacerdote en la sacristía. No creo que este hecho le haya levantado las ganas de volver a misa pues como fue al principio ya no estuvo atenta a lo que podía inspirarle el Espíritu

Isabel Gómez Acebo

Fuente Religión Digital

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Apariciones entre interrogantes (III), por Salvador Santos.

Martes, 19 de junio de 2018

SAN PEDRO Y SAN PABLOLo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido:…

que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez: la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto. Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos. Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo”. (I Cor 15,5-8)

Tradición de selectos

En la relación de personajes presentada por Pablo destacan rasgos susceptibles de ser interpretados como originarios de una incipiente institución. La supresión de las mujeres se debe tal vez al intento de restarles protagonismo y, al tiempo, excluirlas de zonas de influencia. El resto de mencionados parecen escalonados en orden al reconocimiento de su autoridad.

Pablo, modestamente último

Pablo se introduce entre los destinatarios de las apariciones del Galileo. Se nombra, con educación, en último lugar. Pero lo hace en un aparte. Con una descripción adornada de confidencias que destacan por su exagerada humildad:

“Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo. Es que yo soy el menor de los apóstoles; yo, que no merezco el nombre de apóstol, porque perseguí a la Iglesia”. (I Cor 15,8-9).

Y no deja de echarse flores envueltas en una modestia algo indigesta:

“Sin embargo, por favor de Dios soy lo que soy y ese favor suyo no ha sido en balde; al contrario: he rendido más que todos ellos, no yo, es verdad, sino el favor de Dios que me acompaña” (I Cor 15,10).

Pedro, delante.

El primer lugar de la lista lo ocupa Pedro. Pablo lo coloca en esa posición por su reconocida autoridad. Utiliza para nombrarle su sobrenombre escrito siguiendo la pronunciación en arameo Cefas (Kēfā), el que le puso el Galileo; según Juan, nada más conocerle:

“Tú eres Simón, el hijo de Juan; a ti te llamarán Cefas (que significa ‘Piedra’)” (Jn 1,42).

Sin embargo, ¡en ninguno de los evangelios se afirma que el Galileo se apareció a Pedro de forma individual! ¡Ni en primer, ni en cualquier otro lugar! Resulta evidente que la tradición a la que Pablo alude ideó ese hecho. Y, desde luego, ese pensamiento no salió del mismo Pedro. Este, fuente principal de Marcos, tuvo la sinceridad por emblema. Le aportó al evangelista la información de lo sucedido con total veracidad. Lo hizo sin ensalzarse, antes bien, mostrando sin recato todas sus miserias. Marcos escribió siguiendo idéntica pauta. De ahí que el amigo cabeza dura saliera tan mal parado en ese evangelio.

Después, los Doce

Para Pablo, el Galileo se apareció a continuación a los Doce. Predomina el simbolismo del ‘Doce’ (‘Doce’ equivale a pueblo en la mentalidad judía). Sin embargo la realidad hablaba de Once. Judas se había auto-descartado. Los textos de Mateo y Lucas hablan de los Once al referirse a la aparición al grupo de los discípulos representantes del proyecto del Galileo (Mt 28,16; Lc 24,33). Incluso en el añadido al evangelio de Marcos se usa ese número: ‘Once’ (Mc 16,14). La tradición recogida por Pablo muestra, no obstante, su carácter oficial y su anclaje en la ideología judía al escribir: ‘Doce’.

Aparición a quinientos

También esa tradición se distancia de Mateo, Lucas y Juan al mencionar una aparición del Galileo que los evangelios no citan: “a quinientos hermanos a la vez”. Al margen de otras consideraciones respecto al simbolismo del número quinientos, esta referencia parece querer subrayar la extensión y veracidad de los testimonios de quienes vivieron tal experiencia. De ahí que detalle: “la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto”.

¿Y quiénes son estos?

El siguiente registro de Pablo emerge por encima de los dos anteriores. Los personajes citados en este apunte sorprenden. Resultan para nosotros tan inesperados como extraños:

“Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos” (v. 7),

¿Quién es Santiago? ¿Y quiénes, esos nuevos apóstoles? A los Doce ya los ha citado con anterioridad En los evangelios no hay ni rastro de estos desconocidos personajes. En cambio, los destinatarios de la carta debían conocerlos sobradamente. Porque Pablo comienza diciendo que lo que escribe ahora repite lo que les habló en su día. Y a ese mensaje llega a llamarle: evangelio:

“Os recuerdo ahora, hermanos, el evangelio que os prediqué…” (v.1).

Pistas en el original

El texto original nos abre algún camino a seguir. El verbo griego traducido por: “se apareció” o “se dejó ver” se usa en cuatro ocasiones y en el mismo tiempo verbal. Se encuentra unido a Cefas, los Quinientos, Santiago y Pablo como destinatarios de la acción de “aparecerse”. Los otros dos receptores, “los Doce” y “los apóstoles todos” están redactados sin verbo y asociados: el primero a Cefas y el segundo a Santiago mediante el mismo adverbio temporal con significación: “después”, “luego”, “a continuación”, “más tarde”. Dos grupos de similares características:

Pedro y los Doce;

Santiago y los apóstoles todos están descritos con idéntica estructura gramatical e iguales nexos de unión. La tradición de Pablo descubre dos colectivos que actúan como dos referentes en paralelo.

La expresión “Santiago y los apóstoles todos”, fórmula incluida en el evangelio anunciado por Pablo a Los Corintios, señala a un conjunto especialmente significado de responsables, cuya autoridad –según Pablo- debía ser reconocida más allá de la jurisdicción en la que actuaban. Este colectivo representa un primer indicio por el que asoma el origen de la tradición a la que alude Pablo. El hecho de que dicha tradición haya omitido a las mujeres como principales testigos orienta hacia algún organismo afín a la mentalidad y la ley judía que no admitía como válido el testimonio de las mujeres.

Santiago, descubierto

El primer paso para aclararlo reclama identificar al tal Santiago. Porque en consonancia con el paralelismo que guarda este grupo con el de ‘Pedro y los Doce’, Santiago figura como personaje principal encabezando al resto de nombrados. Si resulta obvio que no se habla aquí de uno de los hijos de Zebedeo, decapitado en el año 44, ¿quién es este Santiago? ¿Y quiénes, los otros responsables asociados a él y denominados con el nombre de apóstoles?

La carta a los Gálatas, escrita en torno al año 57, aporta un dato importante. Se trata de uno de los hermanos del Galileo:

“Después, tres años más tarde, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y me quedé quince días con él. No vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el hermano del Señor” (Gál 1,19).

De hermano malpensado a apóstol de primera

Pablo llama ‘apóstol’ a un hermano del Galileo, uno de los del conjunto de familiares que viajaron para prenderle convencidos de que había perdido el juicio. Es más, Pablo afirma que, junto a Pedro y Juan, Santiago está reconocido como columna del colectivo de seguidores. E incluso, al mencionar a los tres, le concede el lugar preeminente:

“…Santiago, Pedro y Juan, los respetados como pilares, nos dieron la mano a mí y a Bernabé en señal de solidaridad…” (Gál 2,9).

Dirigente y responsables

Por lo que parece, Santiago goza de prestigio e influencia. En su círculo más próximo aparecen también una serie de personajes de cierto rango:

“Al día siguiente, Pablo, con nosotros, entró en casa de Santiago donde estaban también todos los responsables” (Hech 21,18).

Los datos brindados por Pablo dan a entender que este hermano del Galileo, Santiago, ocupaba una posición de alto rango. En una mirada superficial, resulta congruente que, a tal condición, le correspondiese una aparición directa y personal del resucitado. Aunque esa supuesta coherencia suscita extrañeza. ¡Los evangelistas ignoraron tan específica y singular aparición!

Un personaje rodeado de interrogantes

La presencia de Santiago genera algunos interrogantes: ¿Cómo pudo convertirse tras la ejecución de su hermano en uno de los pilares de su proyecto si antes lo tuvo por perturbado? ¿No confirmaba la crucifixión del Galileo que tenía razón y no se equivocaba en su juicio respecto a él? ¿Por qué, entonces, se le ocurrió después adherirse a su locura? ¿No tendría otros ocultos intereses? Y ¿qué papel jugó en el arranque del proyecto una vez ejecutado su hermano.

Rumiando qué hacer

Al comienzo del libro de los Hechos, Lucas aporta otros detalles para confirmar esta situación. El Galileo se aparece a los discípulos y permanece con ellos una totalidad concreta (cuarenta días) de tiempo, la duración que necesitan para madurar en sus convicciones y comenzar su andadura. En eso andaban sus cabezas sembradas de dudas. Lucas lo explica diciendo que el Galileo les habló de su proyecto:

“…dejándose ver de ellos durante cuarenta días, les habló acerca del reino de Dios” (Hech 1,3).

Una manera de decir que pasaron una cuarentena devanándose los sesos; recapacitando qué hacer respecto al proyecto del Galileo.

Y ellos, erre que erre

Pero el grupo de seguidores no solo seguía a distancia del proyecto, estaba situado en el polo opuesto. La propuesta del Galileo marcaba una ruta a seguir. El colectivo de discípulos deambulaba indeciso por la otra orilla. Dos itinerarios muy separados entre sí. El proyecto exige una praxis social. El grupo apuesta por la pasividad. Guarecido bajo la bóveda religiosa, se plantan al acecho de una intervención divina y una nueva aparición excelsa del ejecutado. Siguen pensando en sus posibles posiciones de poder. Ellos miran hacia arriba. El proyecto, atento al suelo, requiere hacer camino. Están acomodados en la inmovilidad religiosa:

“Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? (Hech 1,11)

A pesar del mucho esfuerzo realizado por el Galileo animándoles a tomar la iniciativa y abrirse paso con una manera de hacer acorde a su enseñanza, ellos no salían del sueño nacionalista y aguardaban todavía el momento portentoso en el que Israel conseguiría la hegemonía política:

Señor, ¿es en esta ocasión cuando vas a restaurar el reino para Israel?” (Hech 1,6).

Después de tanto tiempo con él, no se habían enterado. Lucas amplía con detalles el posicionamiento del colectivo. Los términos que utiliza desbordan expresividad:

“Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cercano a Jerusalén, a la distancia que se permite caminar un día de sábado. Cuando entraron, subieron a la sala de arriba donde se alojaban; eran: Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo, Simón el Fanático y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, con las mujeres” (Hech 1,12-14a).

No se sitúan como el Galileo fuera de la ciudad (“el monte de los Olivos”), sino en la misma sede político-religiosa (“Jerusalén”) donde dictaron sentencia de muerte contra él. No se han liberado. Continúan encadenados a las estrictas normas judías (“sábado”). Se han establecido en el lugar fijando allí su actitud de espera (“la sala de arriba”). Hasta se ha trastocado la lista de los Doce. No se nombra por parejas de hermanos, sino por orden de autoridad. Prevalece el rango; no, la hermandad (“Pedro y Juan, Santiago y Andrés…”). No se han adherido al proyecto del Galileo, están aferrados a la religión y sus formulismos cultuales (“la oración”).

Las mujeres aparecen al final de esta presentación de Lucas. La recensión denominada ‘occidental’ (Hechos se puede leer en dos recensiones, cosa que no ocurre con ningún otro libro del NT) afirma que ellas son las mujeres de los Once acompañadas de sus hijos.

¡Otra vez María y los hermanos!

El conjunto de seguidores se muestra estático. Unido a ellos, se nombra sorpresivamente a otro pequeño grupo nunca antes asociado a los discípulos y tampoco mencionado más tarde como tal colectivo. Una nueva aparición de la familia del Galileo:

“…además de María, la madre de Jesús, y sus hermanos” (Hech 1,14b)

Por Mc 6,3 y su paralelo Mt 13,55 conocemos los nombres de los cuatro hermanos: Santiago, José, Judas y Simón. La reaparición de los allegados causa sorpresa. A excepción de Santiago, de ese colectivo no quedará ni rastro en el libro de los Hechos. Se habló por primera vez de ellos por su intento de reconducir al Galileo al ordenamiento legal y religioso. En esta ocasión, confirman mantener su pronunciamiento en favor del orden establecido. Pero, ¿qué objetivo persiguen ahora? Si nunca se presentaron unidos al conjunto de seguidores, ¿qué propósito les ha movido a hacerlo cuando está ausente el Galileo? ¿Por qué se sitúan en primera línea en el momento crucial en que los seguidores están a punto de tomar decisiones respecto al camino a seguir? ¿Qué papel desean asumir?

A primera hora y en primera fila

Los congregados imaginaban próxima la irrupción del ideal y definitivo Israel. Se imponía estar preparados para su llegada. El pueblo restaurado abría nuevas posibilidades de acceder a posiciones aventajadas. Disponer de un espacio de influencia requería acudir a primera hora y colocarse en primera fila. No estaba fuera de lógica pensar que la condición de familiares podía favorecer al grupo de allegados. Quizás se le reconocerían ciertas prerrogativas por esa circunstancia. Ellos lo saben. Todos lo saben. Pedro es el primero en ser consciente de ello. De ahí que, en un contexto de predisposición unánime al reconocimiento de un nuevo Israel, Pedro tome la palabra:

“Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos (había una multitud como de ciento veinte personas -múltiplo de 12 = Pueblo numeroso- reunidas con el mismo propósito) y dijo:” (Hech 1,15).

Pedro los descarta

Buscaban sustituir al traidor Judas para restaurar también el grupo de los Doce. A ellos les competía la máxima responsabilidad del nuevo Israel. Pedro trenzó una jugada redonda:

“Por tanto, uno de los hombres que nos acompañaron todo el tiempo mientras vivía con nosotros el Señor Jesús, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que se lo llevaron a lo alto separándolo de nosotros, uno de esos tiene que ser con nosotros testigo de su resurrección” (Hech 1,21-22).

De un plumazo, descartó a los hermanos del Galileo. Los límites marcados por Pedro les excluían. El duro de mollera anduvo listo y amplió los márgenes al máximo. Desde la primera linde, la del Bautista, hasta el tope último: cuando lo perdieron de vista. ¿Por qué? Posiblemente no se fiaba de ninguno de ellos. Nunca habían acompañado al Galileo.

La elección recayó en un tal Matías, del que nunca más se habla en el NT. Sin embargo, pese a haber sido descartado por Pedro, Santiago aparece en la tradición recogida por Pablo como personaje influyente. ¿Qué otra u otras circunstancias propiciaron que conquistara esa condición de tan alto reconocimiento?

Atados y desunidos

El colectivo instalado en Jerusalén no acababa de soltar amarras. Mantenían los nudos atados bien firmes a la ideología y la religiosidad judía. Las rigideces de los miembros propensos a mantener este formato institucional generaron las primeras grietas. Los integrantes inmigrados de lengua griega no tardaron en sufrir el menosprecio. Los más vulnerables se llevaban la peor parte:

“Por aquellos mismos días, al crecer el número de los discípulos, se produjo una protesta de los de lengua griega contra los de lengua hebrea, a saber, que en el servicio asistencial de cada día desatendían a sus viudas” (Hech 6,1).

El desprecio a los más insignificantes mostraba la latente y profunda división interna, signo evidente de la absoluta contradicción entre las actuaciones del colectivo y el proyecto del Galileo. Leer más…

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¡Frente a frente! San Pablo Apóstol, el que inventó a Cristo y María Magdalena, la que conoció a Jesús.

Lunes, 23 de abril de 2018

frente-a-frente2En palabras de Ivone Gebara:

“Poner a debatir a María Magdalena con San Pablo es una idea genial. Estos debates nos muestran la distancia entre Jesús de Nazaret y el Cristo de Pablo. Nos enseñan a distinguir los derechos humanos de las mujeres de lo que nos ha dicho una Iglesia masculina. Nos enseñan a diferenciar la tradición de Pablo de la de los Evangelios”.

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No, yo no fui prostituta. Pero si lo hubiera sido, ¿qué? (Debate 2).

¿Usted escribió que la cabeza de la mujer es el hombre? ¿y su madre no tenía cabeza? (Debate 3).

Le juro que si Jesús lee lo que usted ordenó a los esclavos manda sus carta a la basura. (Debate 6).

¿Y quién es usted, Pablo, para juzgar a los homosexuales? (Debate 9).

¿De qué Dios habla usted, un Dios tan malvado que quiere que su hijo muera? (Debate 15).

Sí, Jesús fue mi gran amor. Yo fui su compañera. (Debate 11).

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San Pablo Apóstol, el que inventó a Cristo y María Magdalena, la que conoció a Jesús.

Autores: María y José Ignacio López Vigil

Número 33 de la colección Fe Adulta

193 páginas, 15×21 cm

Edición rústica con tapa reforzada y solapa

Incluye un CD con los debates en audio

978-84-947410-4-3

Disponibilidad: Disponible

11,00 €

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Fuente Fe Adulta

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“La misa en latín, ¿qué representa?”, por José Mª Castillo

Viernes, 6 de octubre de 2017

"misa-en-latDe su blog Teología sin censura:

Es bien sabido que en la Iglesia hay gente, seguramente más de la que imaginamos, que añora la misa en latín. Y conste que, entre los añorantes del latín eclesiástico, no faltan numerosos obispos e incluso importantes cardenales. Según parece, así muestran estos “latinistas” su fidelidad a la tradición cristiana. Y, de paso, parece que pretenden situarse de frente – o en contra – del papa Francisco.

No estoy hablando de un tema intranscendente. La cosa tiene más enjundia de lo que seguramente imaginamos. Por lo menos, así pensaba san Pablo, ya desde los primeros años en que los cristianos empezaron a reunirse en sus incipientes reuniones litúrgicas. Mucha gente, que se considera culta, no sabe que, en la Antigüedad, concretamente en el s. I, en no pocas regiones del Imperio (en Roma, por ejemplo), se hablaban dos lenguas, el griego y el latín. En Rom 1, 14, Pablo se dirige a “ellenes kai bárbaroi”, los que entendían el griego y los que no lo entendían, lo que significaba “los que eran cultos y los que no lo eran”. Por eso el término “bárbaros” se aplicaba a quienes hablaban una lengua que no se entendía. Era el tipo extraño, con el que no había modo de comunicarse.

Pues bien, así las cosas, san Pablo no duda en hacer afirmaciones muy duras contra los que, en las reuniones litúrgicas, se ponen a hablar contra los que, cuando la comunidad está reunida, ellos utilizan una lengua que no entiende nadie. Pablo es claro y tajante: “Por tanto, si se reúne toda la comunidad en el mismo lugar y todos hablan en lenguas (extrañas), y entran en ella personas no iniciadas o no creyentes, ¿no dirán que estáis locos?” (1 Cor 14, 23).

Sabemos que finalmente y después de tres siglos, terminó por imponerse el latín como lengua común de la Iglesia, ya que era la lengua común en el “tardo-Imperio”. Pero, con el paso del tiempo, ocurrió “lo que tenía que ocurrir”. Y fue sencillamente que, a medida que el clero fue creciendo y se fue imponiendo, el “clero” terminó por equipararse con la Iglesia. En el siglo nueve, autores como Amalario y Floro no tuvieron reparo en afirmar que “la Iglesia designa principalmente al clero”. O bien, “la Iglesia que consiste sobre todo en los sacerdotes”.

Las consecuencias, que se siguieron de una Iglesia así pensada y sobre todo organizada con una presencia clerical tan avasalladora y totalizante, fueron de enorme importancia: el desarrollo creciente de las lenguas vernáculas no pudo impedir que la misa se siguiera diciendo en latín. Es más, a partir de aquellos tiempos, los sacerdotes empezaron a decir la misa de espaldas al pueblo, rezando en voz baja, se difundieron las misas solitarias, es decir, misas que decía el sacerdote solo y sin asistencia de fieles o, a lo más, un acólito. Además, el pueblo ya no aportaba las ofrendas al altar, sino que se pasaba el “cepillo” de las limosnas, etc.

Y así han estado las cosas en la Iglesia hasta el concilio Vaticano II. Pero la fuerza de aquellas tradiciones ha sido tan resistente, que ya estamos viendo lo que tenemos. Es evidente que el empeño por mantener el latín en la misa no es cuestión de fidelidad a la tradición, sino que lo que está en juego es la pasión por el mantener el poder del clero. En una Iglesia en la que el Papa se acerca más al pueblo sencillo que el clero, es inevitable que tengamos que ver a importantes cardenales defendiendo los privilegios de los clérigos. En ello se juegan su poder, su prestigio y su futuro, por más que eso aleje más a la gente de la Iglesia. O incluso sea. para no pocos, motivo de risa y burla.

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Un profesor dimite tras afirmar en la revista del instituto que “los homosexuales merecen morir”

Miércoles, 17 de mayo de 2017

san-luis-obispo-696x511El profesor citó el pasaje de Romanos 1, 24-32 para “defender su libertad de expresión”.

La misma mañana que publicó la carta el instituto recibió una llamada amenzándole de muerte.

Pero la Biblia dice. Artículo sobre Romanos I. James Alison

En el mes de mayo, la revista del San Luis Obispo High School (California) publicó una serie de artículos de temática LGTB que ofendieron profundamente a Michael Stack, profesor del centro, que no se cortó un pelo en enviar una carta homófoba como respuesta, carta que fue publicada el pasado 9 de mayo.

En ella, Michael cita la Biblia, concretamente un pasaje de la Carta de San pablo a los Romanos ( 1, 24-32 ) que condena el “sexo antinatural” y advierte de que es digno de muerte:

 “Pues a pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón se llenó de oscuridad. Aunque afirmaban que eran sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes de hombres mortales, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por eso Dios los entregó a los malos deseos de su corazón y a la impureza, de modo que degradaron entre sí sus propios cuerpos.

Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y honraron y dieron culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas. Hasta sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van en contra de la naturaleza.

De la misma manera, los hombres dejaron las relaciones naturales con las mujeres y se encendieron en su lascivia unos con otros. Cometieron hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibieron en sí mismos la retribución que merecía su perversión.

Y como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no convienen.

Están atiborrados de toda clase de injusticia, inmoralidad sexual, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades.

Son murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, insensibles, implacables, inmisericordes.

Y aunque saben bien el juicio de Dios, en cuanto a que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se regodean con los que las practican”.

(Para mejor entender este pasaje,  puede leerse el siguiente artículo de James Alison Pero la Biblia dice )

expressions-magazinePortada de la revista

El mismo día de la publicación, el instituto recibió una llamada amenzanado de muerte al profesor. Al día siguiente, y ante la reacción de estudiantes y profesores, Stack presentó su dimisión por email argumentando su derecho a acogerse a la Primera Enmienda, eso sí, en el email puso en copia a Fox News, lo normal en cualquier dimisión.

En ella afirma que “Dios conoce mi corazón y mis estudiantes conocen mis acciones, pero la comunidad aparentemente me quiere fuera de aquío, por lo que les concedo sus deseos y de inmediato renuncio a mi posición como profesor […] Supongo que mi pregunta es ‘¿Por qué el instituto San Luis Obispo promueve una orientación sexual entre nuestros hijos menores? Eso demuestra un completo desprecio por los derechos de los padres”.

Desde entonces, Stack se encuentra en paradero desconocido aunque parece que no guarda ninguna relación con las amenazas recibidas.

Por su parte, la dirección del centro invita al alumnado a debatir sobre la libertad de expresión…

Fuente | San Luis Obispo

 

, vía EstoyBailando

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“La resurrección de Jesús según san Pablo”, por Gonzalo Haya.

Jueves, 11 de mayo de 2017

the conversion of saint-paul 50x34El primer documento escrito sobre la resurrección de Jesús se lo debemos a Pablo, solamente 20 ó 30 años después de su crucifixión. El obispo episcopaliano J. S. Spong ( 1, 2,) hace hincapié en este dato, porque se trata de una escueta interpretación de la resurrección, sin la escenografía de apariciones que 40 ó 50 años después presentaron los evangelistas. Y esa escenografía nos ha llevado a imaginar la resurrección como vuelta a la vida del cuerpo, mientras que Pablo interpretó la resurrección como una transformación en otra dimensión.

Exponemos a continuación los textos de Pablo y un resumen de los argumentos del trabajo de Song:

Rom 1,4; que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,

Rom 4,25; el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Rom 8,34;  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Rom 14,9; Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

1Cor, 15,3-8; Lo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez: la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto. Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos. Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo.

1Cor, 15,15-17; Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

· Pablo nos da las primeras referencias sobre la resurrección de Jesús, principalmente en Rom 1,4 y 1Cor 15,3-8. No conoce nada sobre signos portentosos a la muerte de Jesús ni sobre el sepulcro vacío. Para comprender lo que dice Pablo tenemos que olvidar de momento todo lo que dicen los evangelios sobre la resurrección de Jesús: discípulos de Emaús, tumba de José de Arimatea, mujeres que llevaban ungüentos a la tumba, y otras apariciones.

· Pablo concibió la resurrección según los tres modelos que encontraba en la tradición judía: Henoc “caminó con Dios y después desapareció porque Dios se lo llevó” (Gén 5,24). Moisés murió “como lo había dispuesto el Señor, y lo enterró… y hasta la fecha nadie sabe dónde está enterrado” (Dt 34,5-6) de modo que el pueblo creyó que no había muerto y estaba con el Señor. Elías fue arrebatado por un carro de fuego y transportado vivo a la presencia de Dios (2Reyes 2,11). Estos eran los modelos que tenía Pablo para comprender su experiencia de Jesús vivo a pesar de había sido crucificado y sepultado.

· La resurrección es el momento en que Dios constituye a Jesús como su Hijo, Mesías y Señor (Rom 1,3-4). Esta afirmación podría ser considerada como “adopcionista” según el concilio de Nicea.

· Según Pablo, Jesús se aparece primero a Pedro (según Juan se apareció primero a María Magdalena, según Marcos Mateo y Lucas el primer anuncio fue a un grupo de mujeres que habían seguido a Jesús). Sigue la aparición a los Doce; ahora bien, o Doce es un número simbólico, o Pablo no sabe nada de la traición de Judas, o quizás el personaje simbólico, elaborado posteriormente, sea Judas. Después a quinientos hermanos; después a Santiago, ¿el hermano del Señor? “Por último”, e igualmente,a Pablo; ¡cuya conversión sucedió entre uno o seis años después de la muerte de Jesús!

· Lucas sitúa todos los acontecimientos de Pascua, entre la resurrección y la ascensión, en 40 días. Los casi seis años de Pablo y la falta de detalles de una apariencia física -mensajes orales y contacto físico- nos indican que Pablo no entendió la resurrección como la revivificación del cuerpo físico de Jesús; esas descripciones fueron elaboradas posteriormente por las comunidades y recogidas por los evangelistas.

· Pablo solamente había experimentado que Jesús vivía y entendió que había sido constituido Señor y Mesías. La resurrección fue, más bien, la transformación en un plano diferente, a un orden de conciencia más allá de los límites del tiempo y del espacio… lo que él llamó cuerpo espiritual” 1Cor 15,44). No hubo una revivificación del cuerpo que permaneciera en la tierra durante unos días y luego fuera “elevado” a los cielos. Al morir, fue transformado; ya no es un mortal, “la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6,9). “Esta carne y hueso no pueden heredar el reino de Dios, ni lo ya corrompido heredar la incorrupción (1Cor 15:50)

Tenemos dificultad de imaginar esta transformación porque necesitamos explicarla con los conceptos e imágenes obtenidas de este mundo material, y porque nuestro imaginario se ha nutrido con los relatos de los evangelistas que trataron de plasmar y visualizar la resurrección de Jesús. El pueblo sólo concebía una vida real en un cuerpo; un ser sin cuerpo les parecería un fantasma.

Los estudios bíblicos se concilian mejor con los estudios de la antropología actual, y nos facilitan una comprensión más actual y adulta de nuestra fe. Lo trascendente sigue siendo un misterio, pero al menos no resulta contradictorio con nuestros conocimientos científicos de lo inmanente.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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La argumentación de Pablo en Romanos

Jueves, 29 de diciembre de 2016

Del blog Pays de Zabulon:

Shot of a young gay couple walking outdoors

El pecado que Pablo condena

Una vez más, una triste ironía reina en este tema. Hay una lección religiosa que debemos aprender.

Una cierta lectura de las Escrituras, antigua e ingenua, ha inducido a error a muchos discípulos sinceros de Jesús. Se oponen a las lesbianas y a los gays y les oprimen en nombre del apóstol Pablo. Confortados por los prejuicios de nuestra sociedad, persuadidos por la superioridad de su inclinación sexual, estos cristianos han leído mal la Carta de San Pablo a los Romanos y rechazan a miembros de la comunidad cristiana en su nombre.

Sin embargo, asegurar la unidad de los creyentes era un objetivo cardinal de los escritos de Pablo. Insistía en el hecho de que, en Cristo, sólo cuentan  verdaderamente la fe y el amor. Pero, equivocándose en la argumentación de Pablo, ciertas personas se fían, involuntariamente, más de sus gustos y costumbres que de la palabra de Dios. Discuten sobre lo que es limpio o sucio, discuten acerca de lo que es puro o impuro y dirigen a los heterosexuales contra los homosexuales. Dividen y hacen volar en pedazos la Iglesia sobre cuestiones que no tienen ninguna importancia en Cristo. En nombre de Dios, excitan el odio, alimentan la opresión y siembran la cizaña en toda la sociedad. Son culpables de una grave injusticia, cometen la misma falta que Pablo pensaba contrarrestar.

Es una situación triste, indigna de los discípulos de Jesús.

*

Daniel Helminiak, s.j.,
Lo que la Biblia realmente dice sobre la homosexualidad,
Editorial Egales, p 158-159.

***

9788495346377-usAsí concluye el capítulo de Daniel Helminiak dedicad0 al estudio de la Carta a los Romanos, donde algunos creen ver el argumento esencial en la condena de la homosexualidad en el Nuevo Testamento (Romanos 1, 18-32)

Según el autor, no hay duda de que Pablo habla de homogenitalidad entre hombres, pero contrariamente a lo que queremos ver, no es necesariamente para condenarlos.

Sería demasiado largo incluir aquí todos los argumentos de este capítulo muy documentado, pero retengamos por lo menos que las palabras griegas empleadas para designar la homosexualidad muestran que Pablo no contempla una condena moral sino que se refieren más bien al código de pureza que se encuentra en la “Ley de Santidad” del Levítico, cuando se trataba de mostrar en qué debía Israel, consciente de ser un pueblo escogido entre otros, distinguirse de las otras naciones.

Así el plan de la Carta a los Romanos es muy instructivo para comprender lo que Pablo quiere verdaderamente decir.

En primer lugar, habla a los cristianos de orígen judío, incluso los que conocen las leyes de pureza y, a veces la tentación de imponerlas al conjunto de la comunidad cristiana. El tema de la circuncisión es evitado por ser demasiado controvertido, pero el de la homosexualidad, ampliamente aceptada y practicada en el mundo griego y romano, es abordada entre otros. Y Pablo para mostrar cómo, sí, el tipo de costumbres de los gentiles son diferentes de las normas de pureza recibidas de Israel. Estamos en el registro de la  impureza ritual, no en el del pecado. El principal argumento de Pablo – que sólo puede complacer a los Judios, es: es porque los hombres se han alejado de Dios que el pecado está en el mundo. Y la larga lista de desórdenes citados, incluyendo la homosexualidad, no es más que la consecuencia. Así que Pablo, halaga el sentido de la superioridad moral de los Judios. Los no-Judíos no reconocen la ley judía y, por tanto tienen, a ojos de los Judíos de la época, las prácticas impuras.

[Argumento puramente teórico ya que los judíos que viven en el imperio conocen muy bien las costumbres de la gente con la que viven y no podemos imaginar que hubieran querido cambiarlas, se adaptaban.]

Pero, a partir del capítulo 9, se dirige a los cristianos de origen pagano, a las “naciones” (Ro 11,13). Allí también, advierte: no sería oportuno que el olivo salvaje se burlase del olivo original en el que ha sido injertado. Es un tiempo en el que una parte de Israel se ha endurecido y cegado para que el conjunto de la humanidad pueda ser salvado (Ro 11,25). “No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, por temor a que os toméis por sabios.”

Así, invita a la moderación. Porque aunque los gentiles no están sometidos a las leyes de los Judíos, no todo está permitido, no todo es bueno y hay que evitar el desenfreno. Pero invita también a no confundir el acto de idolatría (sacrificar a los dioses falsos) y los usos sociales: comer, beber con los no cristianos, poder comprar de todo lo que se vende sobre el mercado (Ro 10,25).

Se siguen vigorosas y conmovedoras llamadas al amor fraternal, al respeto de las diferencias, a no juzgar. ¿Quién eres para juzgar a un servidor que no te pertenece? Pregunta San pablo (Ro 14,4) porque, todavía precisa, “lo sé, estoy convencido de eso por el Señor Jesús: nada es impuro en sí. Pero una cosa es impura para aquél que la considera como tal “ (Ro 14,14)

Notemos que no hay ninguna mención de la homosexualidad en todos estos desarrollos, Pablo habla en lo sucesivo de alimento como en otros numerosos lugares, ya que parece que para los primeros cristianos la gran inquietud moral sea saber si comiendo con paganos, o incluso comiendo alimentos sacrificados a los ídolos, ofenden a Dios y se volverían idólatras. El Reino de Dios no es cuestión de alimento responde Pablo sino de adhesión a Cristo. Es todo el tema de la circuncisión del corazón que prosigue también en otro lugar y el de la libertad fundamental del cristiano que desarrolla tan también en Corintios.

En resumen, todo esto para llegar a esta simple propuesta válida tanto para los judíos como para los gentiles: es la adhesión a Cristo solo lo que justifica, no hay más ley necesaria para esto. No la hay para mí (soy libre) y no la hay tampoco para mi hermano  al que no tengo que juzgar por esto: él mismo tiene que estar de acuerdo con su propia fe (Ro 14, 23).

De paso, Pablo habría mostrado que los reproches dirigidos a los gentiles por los judíos también pueden aplicarse a los judíos, y que si hay una obligación esta es la de acogerse mutuamente unos a otros como Cristo nos acogió (Ro 15, 7).

No hay más ley judía que valore. En Cristo, los ritos de pureza que permitían distinguirse de los paganos no tienen ya razón de ser. Separan en lugar de unir. Y en cuanto a la homogenitalidad, la mancha de los gentiles citada entre otros, a causa de su desconocimiento de Dios, no puede ser  más una razón para apartarse de ellos. Pablo sólo recordaba a los Judíos que su código de pureza se ha vuelto ahora inútil en Cristo. Porque, en Cristo, nada es puro o impuro.

En Cristo ya no hay ninguna diferencia entre los seres humanos que pueda  justificar la separación de Dios.

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daniel-helminiakDaniel A. Helminiak es un sacerdote y teólogo católico, autor de varios libros, que en el momento actual es catedrático en el Departamento de Psicología Humanística y Transpersonal de la Universidad de West Georgia, en Atlanta.

Luego de graduarse del seminario Nuestra Señora del Lago en Siracusa, Indiana, terminó sus estudios profesionales en filosofía y obtuvo los titulos de Bachiller en Teología Sagrada y Licenciado en Teología Sagrada. Hizo su doctorado en teología en el Boston College, y obtuvo un segundo doctorado en la Universidad de Texas, Austin.

Durante su estadía en el Boston College fué catedrático asistente a Bernard Lonergan, a quien Newsweek ha llamado el Tomás de Aquino del siglo XX. En 1976, Helminiak,  declaró su homosexualidad y en 1995 presentó su renuncia formal ante el Vaticano. El Vaticano no ha respondido todavía.

A partir de la utilización de los textos originales de la Biblia, este autor intenta conciliar creencias religiosas y homosexualidad, según él manipuladas durante siglos con concepciones homofóbicas. En su obra “Lo que la Biblia realmente dice sobre la Homosexualidad” (1994) analiza como tratan los textos bíblicos las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Romanos, Levítico, Deuteronomio, David con Saul o Jonatán, Rut i Noemí, el fin de Sodoma o Jesús y el Centurión… Todos estos textos son analizados con rigor a partir de los textos antiguos.
“Dejemos, por tanto, de juzgarnos unos a otros; declarad mas bien que no se debe poner tropiezo al hermano. Bien sé y estoy persuadido de ello en Jesús, que nada hay de suyo impuro; a no ser para el que juzga que algo es impuro; para ése si lo hay” (Romanos 14: 13,14, cita de Daniel A. Helminiak.)
Tras la publicación de esta obra se vio obligado a renunciar del sacerdocio, no de sus creencias. Sigue siendo profesor de teología en el departamento de la psicología humanista y transpersonal de la Universidad de West Georgia, Atlanta.

Helminiak es autor de muchos libros, entre los cuales se nombra a “El Sexo y lo Sagrado: Identidad Gay y Crecimiento Espiritual” , “Lo que realmente dice la Biblia sobre la homosexualidad”, “El mismo Jesus: Una Cristología contemporánea”.

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“El embajador rechazado. Manda San Pablo”, por José Mª Castillo

Miércoles, 27 de abril de 2016

papa-francisco-Laurent-StefaniniDe su blog Teología sin censura:

Francisco le dijo a un periodista, en el avión que le traía de uno de sus viajes a América: ¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?. Nadie sabe cómo se ha gestionado en el Vaticano el rechazo al embajador gay propuesto por el gobierno de Francia. ¿Ha sido el papa el que ha rechazado a ese embajador? ¿Lo ha rechazado la “mano negra” que, según dicen, se opone a Francisco? Sea quien sea el que ha decidido rechazar a un homosexual, el hecho es que, en este caso, el embajador propuesto ha sido juzgado y rechazado. Entonces, ¿quién manda realmente en la Iglesia? ¿El papa? ¿Los que se oponen al papa?

Una vez más (y en un asunto muy serio), ha quedado patente que quien manda en la Iglesia no es san Pedro y sus sucesores, sino san Pablo y su teología. Sabemos que, en los evangelios, no se dice ni palabra contra la homosexualidad. Por lo visto, a Jesús no le preocupó este asunto. Pablo, por el contrario, fue tajante. En Rom 1, 26 afirma que la homosexualidad es “contra la naturaleza”. Pero, en realidad, ¿a qué se refería Pablo cuando consideraba “natural” o “anti-natural” un acto humano? Esta pregunta tiene su razón de ser en el hecho de que el mismo Pablo considera “antinatural” que los hombres se dejaran en cabello largo y las mujeres se lo cortaran (1 Cor 11, 14-15). Lo mismo para la homosexualidad que para el corte de pelo, Pablo utiliza el sustantivo “physis”, que está tomado de la filosofía estoica (H. Paulsen, Ph. Vielhauer).

Que aceptemos lo que Dios nos ha revelado, de acuerdo. Pero, ¿quién manda o prohíbe que no podamos indagar el origen de ciertas expresiones, que pueden tener (y la tienen) su razón de ser en ideas y expresiones que tienen su origen en Pitágoras o vaya Vd a saber si en los chamanes del Norte de Europa, como vienen diciendo quienes han estudiado a fondo (E. R. Dodds) los orígenes del “puritanismo” occidental?

Todo esto da pie para pensar que, aunque es cierto que Jesús fundó la Iglesia, quien ha tenido – y sigue teniendo – más presencia determinante en ella es el Apóstol Pablo y su teología. ¿No es urgente ya afrontar en serio este asunto capital?

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“Resurrección de Cristo, producto mal vendido”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Lunes, 28 de marzo de 2016

45830248c1fbd1ea285ae74966d62f22De su blog Hihil Obstat:

Teólogos y exégetas hablan del “criterio de dificultad” como un signo de la veracidad de los relatos evangélicos. Difícilmente la primitiva Iglesia se habría molestado en inventar un material susceptible de dejarla en una posición difícil o debilitada en las disputas con los oponentes. Puestos a inventar dichos o palabras de Jesús, lo último que se le ocurriría a un admirador del Maestro es decir cosas que le dejasen mal parado. Este criterio de dificultad podría aplicarse a los primeros relatos de la resurrección de Cristo. Los autores de estos relatos parece que no tienen ningún interés en “vender el producto”; cuentan una experiencia con una ingenuidad y unas maneras que hacen difícil su comprensión y su aceptación; hay ahí una prueba de que no buscan engañar, porque si buscasen engañar se expresarían de otra manera. Pienso en tres detalles:

1.- Las primeras testigos de la resurrección son mujeres. Pero las mujeres, en aquella sociedad, son malos testimonios. Ningún buen abogado presentaría a una mujer como testigo de su defendido. Los buenos testigos en un juicio son los varones (por cierto: “testigo” y “testículo” tiene la misma raíz). No es extraño que Celso, un apologeta anticristiano del siglo II, para desprestigiar el hecho de la resurrección, afirmase que esta fe se basa en el testimonio de unas mujeres histéricas. San Pablo, que narra cómo se predicaba la resurrección en los momentos posteriores a los que se refieren los evangelistas, solo cita a varones como testigos.

2.- Otro dato extraño: uno de los problemas que tenían los primeros cristianos era afirmar que “el hombre” Jesús había resucitado. Para dejar claro que no se trataba de un fantasma, los evangelios insisten en los rasgos que definen la corporalidad y la humanidad: Jesús se deja tocar, muestra sus llagas, come pescado. Pero lo sorprendente es que, junto a estos datos que refuerzan la “carne” del resucitado, nos cuentan otros que parecen contradecirlos: atraviesa puertas, parece un fantasma, desaparece de la vista cuando intentan retenerlo; en quienes le ven surgen dudas, preguntas, miedos. La segunda serie de datos resulta contradictoria con la primera. Para resaltar la corporalidad del resucitado, lo mejor hubiera sido olvidarse de que algunos le confundieron con un fantasma.

3.- Puestos a vender la resurrección y a hacerla interesante para nosotros, lo lógico es decir con san Pablo: en su resurrección hemos resucitado todos. Pero este es un dato posterior al primer anuncio. El primer anuncio se refiere solo a Jesús: su resurrección parece que no tiene relevancia inmediata y directa para nosotros. En el fondo, el primer anuncio no nos aporta nada. Es un anuncio gratuito, que no trata de convencer por lo que aporta, sino que vale por sí mismo. Los que cuentan así la resurrección son unos malos vendedores. San Pablo sabe vender mejor el producto. Por eso insiste en que la resurrección de Cristo tiene incidencia directa en todos y cada uno de los creyentes.

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“El caballo de san Pablo”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 28 de agosto de 2015

the conversion of saint-paul 50x34De su blog Nihil Obstat:

 “Es extraordinaria la historia de la caída (de san Pablo) del caballo cuando iba a Damasco a apedrear cristianos. No resulta creíble”. Esto decía un periodista, especializado en información religiosa, en uno de los números de “El País” de este mes de agosto, al entrevistar a un conocido teólogo y escritor. La pregunta (en realidad, la afirmación) denota el grado de incultura religiosa de muchos ciudadanos, tanto creyentes como no creyentes. En cuestiones religiosas todos se creen con derecho a opinar (cosa que me parece estupenda, porque se trata de temas que nos afectan personalmente), pero lo triste es que muchos opinan desde el desconocimiento. Circulan por ahí una serie de tópicos religiosos que casi nadie discute y muchos dan por buenos. Pero estos tópicos, además de ser falsos, contribuyen a propalar la incultura y ofrecen una imagen falsa, ñoña y ridícula de la religión.

En mis intervenciones públicas, suelo decir a veces: “si alguien encuentra el caballo en el que iba montado san Pablo en su camino hacia Damasco, que me avise, porque estoy dispuesto a comprarlo a precio de oro”. Cierto, en internet pueden encontrarse muchas imágenes del supuesto caballo con san Pablo caído a sus pies. La verdad de la buena es que no hay tal caballo. Para darse cuenta, basta leer el texto de los Hechos de los Apóstoles con un poco de cuidado. Lo peor es que si, al recordar ese texto, nos quedamos con la historia de un caballo que no existe, nos imposibilitamos para comprender su auténtico sentido. Esta historia del encuentro de Pablo con Cristo resucitado es muy significativa: el texto dice que Pablo se encontró con Cristo al encontrarse con los cristianos. “Yo soy Jesús, a quién tu persigues”. ¿A quién estaba persiguiendo Pablo? No a un muerto, evidentemente, sino a los cristianos. Cristo resucitado, entonces y ahora, se hace presente en la vida de los cristianos.

Hay otros tópicos falsos que circulan con demasiada frecuencia sobre historias bíblicas, que no facilitan su buena comprensión. El de Eva, castigada por comer una manzana (una manzana que no existe) en el paraíso, es de los más conocidos. Otro menos citado es la historia llamada del “joven rico”. Si alguien en el evangelio de Marcos (digo bien de Marcos) encuentra a un “joven varón”, al que Jesús le dice que renuncie a todos sus bienes para seguirle, que me avise, para que yo pueda saludarle. En el Evangelio de Marcos no hay ningún joven. Quizás sí en el de Mateo. Pero sin olvidar que en el de Lucas se trata probablemente de una persona mayor. Dicho de otra manera: lo que importa no es la edad del personaje bíblico, sino la disposición del lector actual del texto (sea cual sea su sexo, edad y condición) de seguir a Jesús.

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El amor nunca deja de ser…

Viernes, 27 de febrero de 2015

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El amor es sufrido, es benigno;

El amor no tiene envidia,

el amor no es jactancioso,

no se envanece.

No hace nada indebido,

no busca lo suyo,

no se irrita,

no guarda rencor.

No se goza de la injusticia,

más se goza de la verdad.

Todo lo sufre,

todo lo cree,

todo lo espera,

todo lo soporta.

El amor nunca deja de ser…

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres.

Pero el mayor de ellos es el amor.

*

De la Primera Carta a los Corintios 13,4-13

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La Teología del Cuerpo I: San Pablo

Miércoles, 14 de enero de 2015
piotr kopertowski by dylan rosser 03El hermano En arjé ha comenzado una serie de posts en el Foro, que creo merece la pena traer a la página web:

 Y no nos referimos al Cuerpo místico del que nos habla san Pablo, es decir, de la Iglesia, el Pueblo de Dios. Que de ese ya hablaremos otro día. Sino al Cuerpo-humano, es decir, a nuestra dimensión física, biológica y antropológica; que, existe en nosotros de manera inseparable a nuestra alma y nuestro espíritu.

*** (Advierto de antemano que, estas cosas que escribo son reflexiones particulares y puntuales que me parece oportuno publicar por si a alguien le sirve de algo. Para quien, de entrada, le parezcan rollos largos y pesados, lo cual lo entiendo perfectamente y lo respeto; es tan fácil como que pase por encima sin leerlos si quiera.) ***

Realmente, en el Mundo y en las Personas (pues nosotros también formamos el Mundo) se da una evolución, un progreso. Pero en ocasiones, parece ser que da la sensación de que hemos avanzado en la comprensión de algo que desconocíamos (porque tanto el Mundo como el Ser-humano es un Misterio, como lo es Dios, su original) y seguimos igual. Hemos evolucionado en mentalidad, pero seguimos hablando igual. ¿No será que seguimos pensando igual?

Veamos un ejemplo, quizá un poco exagerado, pero que nos ayude a entender lo que queremos expresar:

En el siglo XVII, Johannes Kepler, Galileo Galilei y Tycho Brahe desarrollaron los modelos cosmológicos de Copérnico, Pitágoras y los antiguos astrónomos egipcios, concluyendo y demostrando científicamente mediante experimentos y cálculos precisos que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés, como hasta entonces la mayoría imperante sostenía. Desde entonces hasta ahora, nadie lo ha puesto en duda demostrando lo contrario. Y la creencia del heliocentrismo forma parte de nuestra cosmovisión planetaria. Muy bien, pero seguimos diciendo: el sol “sale” por el Oriente y “se pone” por el Occidente. Seguimos hablando igual. Nuestro lenguaje no ha cambiado nada, porque todavía pretende que la Tierra no gira. ¿Puede ser una métafora del lenguaje oral decir esto actualmente? Sí, si cuando lo decimos, pensamos que es la Tierra la que gira. Por tanto, ha habido un cambio de mentalidad, pero no de lenguaje. Un cambio de mentalidad debería expresarse en el lenguaje. De tal manera que, todavía tenemos que explicarle los niños que la Tierra gira alrededor del Sol, porque ellos nacen escuchándonos y aprendiendo nuestro lenguaje clásico.

Pues algo similar nos pasa con la teología del cuerpo en el cristianismo. Nos parece que hemos evolucionado en el pensamiento, pero seguimos hablando igual. Señal de que podremos acabar, como los niños, pensando conforme hablamos, y no al revés.

Nosotros, actualmente pensamos que toda la Creación es buena (“Y vio Dios que era bueno”), pero ante ciertas experiencias o pensamientos, se siembra la duda en nosotros. Como si todavía siguiésemos pensando en los tres enemigos del alma: el demonio, el mundo y la carne.

Para san Pablo, el cristiano vive la vida del Espíritu, la vida espiritual. El adjetivo “espiritual” es una traducción del latín “spiritus”, que a su vez se traduce del griego “pneuma” (como la palabra neumático: lleno de neuma/aire). La palabra “spiritualis/spiritalis” fue utilizada para traducir el vocablo griego “pneumatikós” de las cartas paulinas.
El comienzo del capítulo 8 de la Carta a los Romanos ahonda en este asunto. Citemos algunos versículos para ambientarnos:

“Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el Espíritu, desean lo espiritual. Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del Espíritu, vida y paz… Los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios.” (Rom 8, 5-8).

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece; mas si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia.” (Rom 8, 9-10)

– 1Cor 2, 14ss.: “El hombre naturalmente no acepta las cosas del Espíritu de Dios, …”

– Gal 3, 3: “¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado en el Espíritu, ¿termináis ahora en la carne?” (aludiendo a la circuncisión)

En distintos textos de san Pablo observamos cómo “lo espiritual” se contrapone a “lo carnal”. Bien, cierto. Pero, ¿qué es lo espiritual y qué es lo carnal? O, ¿qué es la carne espiritual?

Primero, tengamos claro qué es cada cosa:

– Pneuma (texto griego)/spiritus (texto latino): es lo trascendente del ser humano, el soplo divino, la apertura a la vida divina. “Espíritu” se diría en castellano y “ruah” en hebreo. Pneumatikós/spiritalis/espiritual: lo relativo al espíritu. Se refiere a lo que está ordenado al Espíritu de Dios, y guiado por Él.

** Ahora bien, lo carnal, en griego (texto en el que se escriben las cartas paulinas) se puede decir de dos formas, según lo que se quiera decir. Veamos que, en inglés, se distingue el ser vivo de su simple carne a la venta para comerla; así pues vaca se dice “caw” y su carne “beef”, un cerdo es un “pig”, pero cuando compramos un filete decimos “pork”, la oveja es “sheep” y las chuletas son “lamb” o “mutton”. Y en castellano, sin embargo, no distinguimos el “cerdo” animal vivo de los filetes de “cerdo” que nos comemos en la mesa. Pues algo similar ocurre con la traducción castellana del griego de san Pablo a nuestro idioma.

– Sarx (griego)/Caro (latín)/Carne (castellano): se utiliza para hablar de carne, sin más, como un filete de carne. Pero cuando lo aplicamos a las personas, hacemos referencia a la debilidad humana, al sufrimiento, es decir, a la carne no espiritual. Lo que se ha venido llamando tradicionalmente, lo carnal. Por tanto, lo carnal (latín: carnalis/griego: sarkikós). En hebreo, basar. Con este término, se refiere san Pablo a todo lo que en las personas se opone a la influencia de Dios y de su Espíritu. También, la carne y lo carnal pueden ser la mente, el corazón, la voluntad del hombre, si se resisten a la influencia del Espíritu.

– Soma (griego) /Corpus (latín): se refiere al cuerpo físico en su conjunto, es decir, a una dimensión humana inseparable del resto de la persona. No existen cuerpos sin alma, excepto el de los difuntos, que por eso los llamamos “cuerpos”, a secas, o restos mortales.

En san Pablo, la oposición espíritu-carne no se identifica con la relación espiritual-corporal. Es decir que, nos está hablando de dos formas de vida distintas: la persona espiritual (soma-pneumatikós) sería la que se deja guiar por el Espíritu y la persona carnal o mundana (sarkikós) sería la que se opone a la influencia de ese Espíritu, la que se guía por criterios mundanos.

Con el desarrollo del cristianismo, las cosas de la fe había que explicarlas con el lenguaje, idioma y mentalidad de cada época, cultura y lugar. Así, en los primeros siglos, la fe se explicaba en latín y en griego (en occidente) y según los mapas conceptuales de las personas. Una de las formas de pensar que tenía mucha fuerza y que mejor encajaba (aunque no del todo) era el platonismo. Al explicar a san Pablo con el esquema de Platón, no es de extrañar que, si para Platón el cuerpo era malo porque era la cárcel del alma (razón-mente)…Y el alma (razón-mente) tenía que liberarse del cuerpo (cárcel física temporal) y luchar contra ella para hallar la felicidad; las palabras de san Pablo fueron leídas con un marcado acento negativo, y por tanto, lejano al original. Pero las palabras de san Pablo no iban por esa línea. Ni las del mismo Cristo que no rechazó ningún cuerpo, ni por enfermedad, ni por prostitución, ni por justicia retributiva (“Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego? Jesús respondió: ni este pecó, ni sus padres“, Jn 9, 2). Así lo dice también san Juan: “Todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne mortal, es de Dios” (1 Jn 4, 2).

Esta negativa concepción paulina del cuerpo, con el paso de los años, más concretamente en la Edad Media, por poner un ejemplo (y no todas las personas de la Edad Media), fue tomando fuerza de manera negativa. Y tocó fondo en el siglo XIX. En el siglo XX se ha observado un intento de asimilación y mejora en la comprensión de estos temas, pero la carga de la tradición pesa mucho en la Iglesia y en la Humanidad. Recordemos que las ideas cristianas han calado bastante en Occidente y todavía existe este sustrato hasta en regiones aconfesionales o ateas. Sin obviar el pasado, que es nuestra historia, pero teniendo en cuenta que ya no vivimos allí; tenemos que salir de la moral victoriana y apostar por una vida más evangélica. Más conforme a Dios, más conforme a nosotros.

Si nuestros cuerpos físicos fuesen malos, ni Dios nos habría creado a su imagen y semejanza (Gn 1, 26-27), ni Cristo se habría encarnado en una persona humana (Lc 1, 26 ss.). Si la teología del cuerpo femenino fuese tan negativa como nos la han presentado en épocas antiguas (“las desterradas hijas de Eva”), el Espíritu Santo no habría entrado en las entrañas de una mujer, ni Jesús habría nacido de una mujer, sino que habría llegado a la Tierra de cualquier otro modo, que para eso es Dios. Ahora bien, si hubiese hecho esto, no sería hombre, y eso sí que sería preocupante. Pero como vemos, Dios nos quiere como somos: enteros y verdaderos.

Si el cuerpo humano no fuese algo divino, ni querido por Dios, los cristianos no celebraríamos la Navidad. Si las dos fiestas más grandes del año son la Pascua de Navidad y la Pascua de Resurrección, por algo será. En el primer acontecimiento, Dios toma un cuerpo humano de una mujer totalmente humana. En el segundo acontecimiento, pone fin al todo mal que acecha a ese cuerpo glorificándolo. Y lo mejor de todo, en los dos acontecimientos, Dios hace partícipe a la humanidad de esos acontecimientos, entrando en la Historia, precisamente porque esos acontecimientos se realizan en la misma humanidad. Tontos seríamos nosotros, si no lo vemos.

En arjé

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Elegidos por Él.

Domingo, 19 de octubre de 2014

Del blog Pays de Zabulon:

choisis-du-seigneur

 

Lo sabemos bien, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido

y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras,

sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.”

*

(Primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b)

***

 

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“La Iglesia y los carismas según San Pablo”, por José Combin, teólogo

Domingo, 12 de octubre de 2014

carismas01Leído en la página web de Redes Cristianas

Las cartas de Pablo revelan lo que era la Iglesia en las comunidades fundadas por él más o menos 20 años después de la muerte de Jesús. La comunidad cristiana está comenzando y tiene todos los privilegios de la infancia.

Debemos considerar las epístolas que son realmente de s. Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, Filemón. Las otras fueron escritas después de la muerte de él y varias fueron escritas 30 ó 40 años después de la muerte de él por discípulos de él. Pero estos discípulos cambiaron la eclesiología, con certeza porque las mismas comunidades habían cambiado. El principal cambio es la presencia de ministros permanentes encargados de dirigir la comunidad, presbíteros y diáconos que no fueron establecidos por s. Pablo. De la misma manera los Hechos de los Apóstoles presentan a un Pablo bien diferente del Pablo de las cartas. Es el Pablo al cual se atribuyen todos los cambios que ocurrieron entre la muerte de él y la redacción de los Hechos. El autor de los Hechos no conoció a Pablo ni las cartas de él. Acepta tradiciones populares y agrega discursos y episodios que representan la teología de él y no la teología de Pablo.

1.- El pueblo de Dios

Debemos mantener que el concepto básico de la eclesiología de Pablo es el concepto de pueblo de Dios. El concepto de pueblo no es sociológico. Consulté tratados de sociología y pude ver que en la sociología no se trata del pueblo porque pueblo no es categoría sociológica, no es algo que se pueda observar. Pueblo es una categoría teológica porque es un ideal proyectado como promesa hecha a Abrahán.

Para Pablo los discípulos de Jesús son la continuación del pueblo de Israel. Los jefes de Israel traicionaron las promesas hechas a Abrahán y abandonaron el verdadero Israel. El verdadero y definitivo Israel está en las comunidades de discípulos de Jesús, judíos y gentiles. Pues las promesas de Abrahán no se dirigen a una pequeña porción de la humanidad separada del resto. La descendencia de Abrahán debía envolver todo el mundo siendo innumerable. Los judíos levantaron barreras e impidieron la entrada de todas las comunidades étnicas separadas de los judíos. Todo eso está en los cap. 9 a 11 de Romanos, exposición fundamental de la eclesiología de Pablo.

Pablo no pretende convertir individuos, quiere extender el pueblo de Dios hasta la extremidad del mundo porque ese es el plan de Dios revelado a Abrahán. Jesús vino para realizar ese plan de Abrahán. Por eso fue muerto. Pero después de él los discípulos rompieron las barreras y fueron al mundo entero y el pueblo de Dios contiene judíos y no judíos. Jesús no vino para salvar almas sino para refundar la descendencia de Abrahán, rompiendo las barreras y asumiendo él mismo la dirección de ese pueblo.

Un pueblo envuelve la totalidad de la vida humana. Jesús no vino para enseñar una religión o una sabiduría, sino para cambiar toda la vida. Todo forma parte del pueblo: economía, política, cultura, vida corporal, desde la comida hasta el uso de los recursos naturales. Todo eso forma el pueblo. Los discípulos tienen por misión inaugurar ese pueblo que será el pueblo de Dios, integrando todos los otros pueblos en la unidad del proyecto de Abrahán. Hay lugar para todos porque no hay más barreras. Jesús suprimió todas las barreras que procedían de una cultura, de una porción de la humanidad, de un modo de vivir, de algunos jefes de los judíos cerrados en sí mismos y separados de los otros pueblos. Los jefes de Israel hacían casi imposible la entrada de los paganos porque levantaban obstáculos casi intransponibles. Ahora el pueblo está abierto y Pablo piensa que en poco tiempo va a envolver a la humanidad entera.

Las comunidades paulinas y los otros discípulos llamados por otros apóstoles constituyen el inicio de este pueblo ahora libre y abierto. Numéricamente son insignificantes pero la fe de Pablo consiste en esto: ver en ellos el comienzo de una nueva humanidad reunida en una única convivencia en que toda la diversidad se une en el amor y en la solidaridad..

2. La “ekklesía” (Iglesia).

En el inicio, los discípulos de Jesús no creían necesario dar un nombre a su reunión. Eran judíos, miembros del pueblo elegido de Israel. Dentro de Israel ellos eran los seguidores del camino de Jesús. Esperaban el reino de Dios anunciado por Jesús. El reino no vino. Apareció más distante que lo previsto. El concepto de reino de Dios fue transferido para el día en que se realizaría realmente el fin de este mundo y el advenimiento del nuevo, esperado como gran milagro de Dios. Aparecía un tiempo intermediario. Los discípulos no podían esperar simplemente ese día bastante distante. Vivían en la tierra, la vida terrestre continuaba. Fue necesario darse un nombre sobretodo cuando entraron paganos convertidos y los discípulos se distanciaron de la ortodoxia judaica.

Pablo dio a sus comunidades un nombre que era común a todas y expresaba la unidad entre todas. Pablo adoptó el nombre de”ekklesía”. Era genial porque esa palabra era muy significativa.

La palabra “ekklesía” tenía un solo significado. Era la asamblea del pueblo reunido, del “demos”, para gobernar la ciudad. No tenía otro significado. Tomando esa palabra Pablo sabía muy bien lo que hacía. No escogió ningún nombre religioso. Había asociaciones religiosas de diversos tipos en aquel tiempo en las ciudades griegas. Pero Pablo sabía que no venía a establecer en la ciudad una religión, un culto. La religión, el culto no interesaban. Para Pablo el culto de los discípulos de Jesús era su vida. Pablo venía para llamar a todos para formar un pueblo. Las comunidades de una ciudad representaban un pueblo, el pueblo de Dios en esa ciudad. Eran el verdadero pueblo, formando el verdadero “demos” aunque fuesen todavía una minoría insignificante. Pero Pablo miraba lejos con una fe invencible. Allí estaba el pueblo, en esa asamblea de los discípulos que era la asamblea del pueblo.

Las comunidades eran un pueblo que formaba “ekklesía”, esto es se gobernaban a sí mismos, sin jefes, sin personas que mandaban. Era la verdadera realización del ideal griego de ciudad. Los discípulos formaban entre ellos una auténtica “democracia” realizando el ideal nunca alcanzado por los griegos que admitían la esclavitud y la división de clases.

La verdadera traducción de “ekklesía” debía ser “democracia”. En cada ciudad los discípulos de Jesús forman una democracia. Sin embargo no hubo traducciones: en latín tomaron la palabra griega que perdió su sentido: “ecclesia”, lo que en castellano fue transformado en “iglesia”. La palabra “iglesia” no significa nada, no dice nada. Se transformó en el nombre de una institución.

Quien está en la Iglesia católica puede percibir hasta qué punto nos alejamos de los orígenes cristianos. Hoy quien considera que la Iglesia es y debe ser una democracia, será condenado como hereje. Estamos exactamente en el extremo opuesto de las comunidades cristianas primitivas.

En la “democracia” cristiana todos eran iguales, todos podían hablar, todos podían intervenir en las decisiones tomadas por la asamblea. Era realmente el advenimiento de la libertad, el núcleo de un nuevo pueblo, de una nueva humanidad. Las comunidades no se reunían para hacer un culto, para practicar una religión, sino para convivir unos con los otros en la fraternidad de un pueblo de iguales. Vivir juntos era la razón de esas reuniones. Había naturalmente una comida en común porque vivir juntos es comer juntos.

Lo que más se aproxima a la “ekklesía” de los orígenes, fueron las llamadas comunidades eclesiales de base, una realización de la cual no se tenía más noticia desde la edad media aunque fuese realizada en ciertas iglesias reformadas, sobretodo en los Estados Unidos.


3.- Los dones del Espíritu en las comunidades

La Iglesia, esa “democracia” forma una unidad, un solo cuerpo porque es el cuerpo de Cristo. Cada uno es un órgano de Cristo. El propio Cristo reúne todos sus miembros. Él une todos esos miembros por medio de los dones del Espíritu que son diversos. Cada uno recibe un don del Espíritu. El don es una capacidad para servir. Todos sirven a todos, todos están el servicio de todos. Así es la unidad. La unidad es hecha por el Espíritu.

Pablo dejó tres listas de dones o servicios que llama carismas. Las listas no son las mismas. No había catálogo oficial. Las comunidades no debían ser la copia de un modelo uniforme.

1 Corintios 12, 8-10: “A uno, el Espíritu da el mensaje de sabiduría; a otro, la palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro el mismo Espíritu da la fe; a otro todavía, el único y mismo Espíritu concede el don de las curaciones; a otro el poder de hacer milagros; a otro la profecía; a otro, el discernimiento de los espíritus; a otro el don de hablar en lenguas; a otro, el don de interpretarlas.”

1 Corintios 12, 28-30: “Aquellos que Dios estableció en la Iglesia son, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, doctores. Vienen enseguida los dones de los milagros, de las curaciones, de la asistencia, del gobierno y de hablar diversas lenguas”.

Romanos 12, 6-8: “Quien tiene el don de profecía, que lo ejerza según la proporción de nuestra fe; quien tiene el don de servicio, lo ejerza sirviendo; quien el de enseñanza, enseñando, quien el de exhortación, exhortando. Aquel que distribuye sus bienes, que lo haga con simplicidad; aquel que preside, con diligencia; aquel que ejerce misericordia, con alegría.”

No necesitamos aquí investigar cuál era el contenido concreto de cada uno de esos dones. Lo que nos importa es que todos los miembros tienen un papel en la comunidad. Si alguien preside, no es para mandar, sino para reunir. En las comunidades paulinas nadie manda, nadie impone. Se realiza lo que dijo don Helder cuando llegó a Recife: aquí dos palabras son prohibidas: mandar y exigir. Leer más…

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La Oración.

Domingo, 24 de agosto de 2014

Del blog de la Communion Béthanie:

Caminemos todo el verano con el papa Juan XXIII

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La oración nace de una conciencia tranquila, es decirque no se exalta en el éxito,
ni cae en la tribulación del cuerpo o del espíritu,
sino que comparte su tiempo bajo la dirección de la obediencia
y se expresa en la sinceridad y el amor hacia todos, en la caridad más difícil
inspirado en el himno de San Pablo en su primera carta a los Corintios:
paciente, benévolo, no rencoroso ni insolente;
que no se hincha, no es ambicioso, no busca su interés,
no se encoleriza, no pienses mal, no se alegra de la injusticia,
sino que pone su alegría en la verdad, cree todo, espera todo,  lo soporta todo.

De esta conciencia serena y en paz brota la oración pura;
escuchar a Dios, hablar con Dios, hacer silencio en Él, preguntar lo que quiere.
La oración de adoración y acción de gracias, más que de petición.
Pues el Señor sabe lo que necesitamos.

*

Su Santidad Juan XXIII

***

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“El sermón es para el vecino”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 20 de agosto de 2014

fariseoypublicanoLeído en su blog Nihil Obstat:

 San Pablo reprochaba a los corintios las envidias y discordias que había en su comunidad (1Co 3,3). Nada extraño. La comunidad cristiana está formada por hombres y mujeres cargados de pecados. Y, desgraciadamente, todos los pecados tienen que ver con la falta de amor: falta de amor a Dios, a uno mismo y a los demás. A lo largo de la historia, las disputas y rivalidades han continuado dándose en las comunidades cristianas.

Lo que voy a contar es una más de las muchas historias de debilidad que podrían contarse: los hermanos de una comunidad cristiana estaban escuchando cómo el predicador hablaba de conversión. Decía que la humildad es el camino de la conversión. Y el orgullo lo que impide la conversión. Para ilustrarlo, se puso a hacer el retrato de la persona orgullosa. Lo debía hacer muy bien. Porque de pronto, dos cuchichearon: ¡que bien lo está describiendo! ¡Lo retrata perfectamente! Se estaban refiriendo a otro hermano de la comunidad, que también escuchaba la predicación, un hermano al que le tenían mucha inquina.

El que al escuchar una predicación piensa que el sermón no es para él, sino para el vecino, demuestra su ausencia de fariseo_y_pubicano_472_314humildad y su nula capacidad de autocrítica, e intenta escapar de la Palabra de Dios. Con esta actitud, no tiene ninguna posibilidad de conversión. Un buen oyente de la Palabra de Dios y de una buena predicación debe preguntarse principalmente, por no decir únicamente, de qué modo le afecta a él personalmente lo que está oyendo.

La Palabra de Dios va dirigida directamente al corazón de cada uno. Por eso, el oyente de la Palabra no puede pensar, cuando se habla de falta de caridad, que los que faltan son los otros. O cuando se habla de amor a los pobres, que eso no va con él. Una parábola de Jesús retrata bien esa actitud del que piensa que la predicación siempre va dirigida a los otros. La del fariseo y el publicano. El fariseo daba gracias a Dios porque no era como los demás: adúlteros, ladrones y codiciosos. El fariseo siempre tiene alguna excusa para sus pecados. Bueno en realidad, piensa que no tiene pecados.

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“Pablo y Teresa de Jesús”, por Gema Juan OCD.

Sábado, 12 de julio de 2014

14552790292_cdf4f7f990_mLeído en su blog Juntos Andemos:

Teresa de Jesús decía: tengo «gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando quién es este gran Dios» y repetía, a menudo, que «querría dar voces» para decir a todos, algo de lo que había llegado a vivir y entender con Jesús. Pero también recordaba –y los varones que la rodeaban no le permitían olvidarlo– que san Pablo decía que las mujeres debían aprender en silencio y no enseñar.

Parecería inexplicable la química entre estos dos apóstoles, pues Teresa no calló ni dejó de enseñar lo que había comprendido. En vez de atarse a la letra de Pablo, ahondó en ella y no solo recurrió a su palabra infinidad de veces, sino que su sintonía llega mucho más lejos.

Ambos se sienten desbordados –indignos, dicen ellos– por el excesivo amor de Dios y por el servicio para el que los llama, pero no se apocan, se lanzan. Pablo se siente un indigno «servidor de Cristo» y Teresa querría ser «digna de servir en algo lo muy mucho que le debo [a Dios]». Y así, serán dos viajeros incansables, con un solo deseo: comunicar su experiencia de la buena noticia que es Jesús, para que otros crean.

Comparten otra experiencia fuerte: el descentramiento de sí, a causa de Cristo. Pierden importancia infinidad de cosas y pasan a segundo plano intereses que antes tenían. Pablo dijo a sus amigos de Filipos que todo lo consideraba basura en su vida comparado con el conocimiento de Cristo, y Teresa deja de «contentar(se) con cosas pocas». Le sucede como al apóstol, llega un momento en que siente que lo único que vale la pena es andar con Cristo.

Esto, unido al carácter apasionado que también compartían, les hizo luchar contra la fuerza de la gravedad de la vida. Se sentían «atados», mientras todo su deseo era volar, partir de este mundo para unirse plenamente con Cristo. Sin embargo, coincidirán en una decisión vital: prefieren seguir trabajando, con tal de que Cristo sea un poco más conocido y amado. Y se sienten bienaventurados en su opción. Teresa lo resumirá así: «Por su amor quiero vivir».

Eso no significará, para ninguno de los dos, la desafección a ningún nivel. Son profundamente entrañables y su energía interior se vuelca en cariño y preocupación hacia sus comunidades. Se puede ver a Pablo, en la carta a los Romanos, nombrando a infinidad de compañeros, no quiere olvidar a nadie. O diciendo, de nuevo a los amigos de Filipos, el amor que les tiene.

De Teresa, basta recordar lo que dice en Fundaciones: «En dejar las hijas y hermanas mías, cuando me iba de una parte a otra, yo os digo que, como yo las amo tanto, que no ha sido la más pequeña cruz, en especial cuando pensaba que no las había de tornar a ver».

De igual manera, su intimidad con Cristo les lleva a comprender que la santidad cristiana contiene una sabiduría profundamente humana. Pablo decía a sus hermanos de Colosas que fueran amables y simpáticos, que atendieran a cada quien según su modo de ser. Teresa explicaba a sus hermanas que tenían que ser «mientras más santas, más conversables… hemos de procurar: ser afables y agradar y contentar a las personas que tratamos».

Comparten incluso una veta irónica, aunque Teresa, en parte por necesidad, la usa más que él. Se puede ver a Pablo ironizar sobre quienes no trabajan pero tienen por ocupación curiosearlo todo, o sobre las discusiones de los corintios, si eran de Apolo, Pablo o Pedro, y les dirá: «¿Es que está dividido Cristo?».

Teresa se permite ironizar, precisamente, sobre el apóstol: «Todas hemos de procurar de ser predicadoras de obras, pues el Apóstol y nuestra inhabilidad nos quita que lo seamos en las palabras». A la vista está que no le faltó habilidad… ni se sujetó al apóstol.

Y casi le corrige, al hablar de la unión con Dios, de ese «amor tan dado a entender». Escribe: «San Pablo dice que no son dignos todos los trabajos del mundo de la gloria que esperamos; yo digo, que no son dignos ni pueden merecer una hora de esta satisfacción que aquí da Dios al alma, y gozo y deleite. No tiene comparación».

La experiencia que más les une es la del enamoramiento de Cristo. Teresa, a la sombra de Pablo, dirá: «No vivo yo ya sino que Vos, Criador mío, vivís en mí». Jesús se convierte en la propia vida. Pero antes, Pablo afirma que está crucificado con Cristo. Sabe que el Jesús que enamora es el que subió a la cruz. También lo reconoce Teresa, que mira las llagas de Jesús y comprende que ahí está «el camino de la verdad». Por eso, añade que el mayor regalo que puede hacer Dios es «darnos vida que sea imitando a la que vivió su Hijo tan amado».

Desde ese amor, se enfrentan los dos al escándalo que produce un Dios humanado y crucificado y evitan descarrilar en el espiritualismo. «No me harán confesar que es buen camino» dejar de lado la Humanidad de Jesús —decía Teresa.

Juntos transmiten un mensaje importante: lo que une es mucho más valioso que lo que separa. Pueden existir diferencias sociales, culturales o ideológicas, pero no tienen por qué enfrentar cuando algo más profundo se comparte. Lo que une es el amor a Cristo, razón del cristianismo y de la Iglesia. Y la única tarea cristiana es la que estos dos apóstoles inculcan: enamorarse y anunciar a Jesús, que sigue ofreciendo a todos vida.

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“Sólo Jesús edifica la Iglesia”. 29 de junio de 2014 S. Pedro y S. Pablo (A) Mateo 16, 13-19

Domingo, 29 de junio de 2014

36-OrdinarioA13El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues , siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
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