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Destruyen los carteles del Pride y Black Lives Matter de la iglesia Presbiteriana Hope

Martes, 8 de septiembre de 2020

church_sign-1024x664Los líderes y miembros de Hope Presbyterian Church se sorprendieron al ver que los letreros habían sido vandalizados pocas horas después de su instalación. (Capturas de pantalla a través de NBC Chicago)

 

Una comunidad eclesiástica en una ciudad del norte de Illinois quedó devastada después de que los vándalos incendiaran, destrozaran y robaran carteles que indicaban el apoyo a la comunidad LGBT +, así como al movimiento Black Lives Matter, en menos de 24 horas.

El tiroteo en agosto de Jacob Blake, un hombre negro residente en Wisconsin, por un oficial blanco, juzgó a una nación que ya estaba tomando en cuenta temas de racismo sistémico y brutalidad policial.

Pero parecía que los carteles respaldados por los líderes de la Iglesia Presbiteriana Hope y sus 128 miembros en apoyo de Blake pincharon a la gente del pueblo de Wheaton, un suburbio enormemente blanco y conservador.

El lunes (31 de agosto), el pastor Jay Moses, quien dirige una congregación de mayoría blanca, llegó y encontró un letrero con el nombre de Blake desaparecido, otro que decía “Dignidad negra” roto en dos y un tercero salpicado con la bandera del Orgullo quemada hasta los cimientos.

“Mi comunidad está desconsolada y consternada”, dijo Moses al periódico Daily Herald el martes (1 de septiembre). “Están sorprendidos de que alguien en Wheaton hiciera esto, y están desconsolados porque se dan cuenta de lo que significa. Realmente se sintió como la cruz en llamas. Parecía que el [Ku Klux] Klan había estado allí casi “.

Este no es un incidente aislado, advirtió Moisés. Dijo que una junta que expresó el apoyo de su iglesia a la comunidad negra después del asesinato de George Floyd fue igualmente objeto de vandalismo. “Hemos salido como una iglesia blanca en apoyo de la dignidad negra”, dijo.

Hope Presbyterian comparte la propiedad de la iglesia en Wiesbrook Road con una congregación mayoritariamente negra, Bethel New Life, dirigida por el pastor Keith Beauchamp.

Wheaton, salpicada de muchas iglesias, es una ciudad predominantemente blanca (85 por ciento) y republicana. Muchos de los miembros de Bethel New Life viajaron una vez desde los suburbios vecinos para asistir a los sermones, que desde entonces han cambiado en línea debido a la pandemia de coronavirus.

“¿Cómo será la comunidad cuando regresemos aquí?” preguntó Beauchamp, enfatizando que las muestras de apoyo de Hope Presbyterian son “valientes. Pero no significa que la gente siempre aprecie su coraje, celebramos [juntos] el momento en que se levantó y lloramos cuando fue demolido porque sabemos lo que eso significa”.

Fuente Pink News

 

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Juan José Tamayo: El coronavirus y las estrategias de satanás.

Martes, 4 de agosto de 2020

_112224532_gettyimages-1154915327-1Con motivo de la pandemia del coronavirus ha vuelto a plantearse el viejo problema de la relación entre ciencia y religión, con tendencias encontradas entre quienes consideran que ambas son incompatibles, quienes reducen la incompatibilidad a la que se produce entre ciencia y superstición, quienes creen que la religión es un obstáculo para los avances de la ciencia, quienes defienden la autonomía e independencia de ambas y quienes, en fin, son partidarios del diálogo y la cooperación.

La posición extrema es la de las personas creyentes fundamentalistas que interpretan la pandemia como un castigo que Dios manda a la humanidad por la maldad del género humano, por haberse apartado de la religión y por el ateísmo cada vez más extendido. La respuesta la encuentran en la vuelta a la religión y a la fe en Dios, desconfiando de la ciencia, dándole la espalda o, al menos, dudando de su eficacia.

Dos ejemplos de tal actitud ante la pandemia son Salvini y los evangélicos que apoyan a Bolsonaro. Salvini apela al Corazón Inmaculado de María para derrotar al virus “porque la ciencia sola no basta”. En Brasil las mega-iglesias evangélicas mantienen abiertos sus templos durante la pandemia, acogiéndose a un decreto de Bolsonaro, que considera los actos religiosos como “servicios esenciales”, poniendo en peligro la vida de los miles de fieles que asisten a dichos actos.

Sus pastores minusvaloran la gravedad del coronavirus, desconfían de la ciencia y proponen como alternativa la fe. El obispo Edir Macedo afirma en sus predicaciones que el coronavirus es una estrategia de Satanás para infundir miedo, pánico, terror, que solo afectaba a las personas sin fe y propone como antídoto el “coronafe”, que es eficaz únicamente para quienes creen firmemente en la palabra de Dios. El propio Bolsonaro llegó a hacer exorcismos contra el coronavirus ante un grupo de evangélicos que lo esperaban a las puertas del palacio presidencial.

Los recursos que creen más eficaces ante escenarios dramáticos como el que estamos viviendo son pedir la intervención de Dios para que haga un milagro, la práctica de los rituales religiosos en sus formas mágicas más que como celebración festiva de la vida, experiencia comunitaria del compartir y relación personal, gratuita y no venal con la divinidad. Esta actitud es la que, sin duda, más daño hace a la religión y mayor alejamiento de ella produce.

Tanto el materialismo científico como el fundamentalismo religioso coinciden en afirmar la existencia de un conflicto insuperable entre ciencia y religión, que lo presentan con frecuencia con la metáfora de “guerra”. En ambos casos estamos ante una distorsión de la ciencia. El materialismo científico dice partir solo de teorías científicas, pero en realidad incurre en pretensiones filosóficas. El fundamentalismo religioso va más allá del ámbito teológico y reclama autoridad en cuestiones científicas. A su vez, la consideración metafórica de “guerra” ofrece una idea inadecuada tanto de la ciencia como de la religión y de la relación entre ellas.

Ciencia y religión han ejercido una gran influencia en la humanidad y en la naturaleza. No pueden, por tanto, desconocerse, ni caminar en paralelo, y menos aún entrar en confrontación, ya que cualquiera de esas posturas perjudicaría gravemente y por igual a los seres humanos y a la naturaleza. Han sido fenómenos culturales presentes en la historia de la humanidad en permanente interacción desde sus albores hasta nuestros días, unas veces en conflicto y otras en cooperación.

Momentos privilegiados de relación armónica entre filosofía, ciencia y religión fueron la antigüedad griega, los autores cristianos de los primeros siglos de la historia del cristianismo y los momentos de mayor esplendor del islam con los encuentros entre filósofos, científicos, teólogos, juristas, durante el “paradigma Córdoba”, precursor del Renacimiento europeo, etc.

Ciencia y religión son, a su vez, distintas formas de acercamiento a la realidad, que no tienen por qué competir ni excluirse la una a la otra. Son sistemas sociales complejos que tienen su propia metodología, agrupan diferentes experiencias individuales y colectivas y dan lugar a dos tipos de comunidades humanas con sus diferentes patrones de comportamiento y sus códigos de comunicación: la comunidad religiosa y la comunidad científica en interacción con la sociedad.

Ninguna de las dos comunidades puede ni debe recluirse en su propio caparazón haciendo oídos sordos a las inquietudes, problemas y desafíos del mundo en que viven, entre otros, la dialéctica pobreza-riqueza, crecimiento económico-retroceso ético, degradación del medio ambiente-ecología, guerra-paz, patriarcado-liberación de la mujer, armamento nuclear-desarme, globalización-alterglobalización y Norte global-Sur global.

Ambas tienen responsabilidades irrenunciables en la respuesta a dichos problemas, muchos de ellos provocados por sus propias comunidades, como el mal uso de la energía nuclear o las guerras de religiones. La colaboración en estos temas es hoy más necesaria que nunca. De su implicación en la respuesta a los problemas citados y a otros muchos que afectan a la humanidad depende en buena medida su prestigio o desprestigio, relevancia o irrelevancia, credibilidad o pérdida de la misma. Depende, en definitiva, el futuro de la humanidad y del planeta, según se guíen por la justicia o la barbarie, la cooperación o la competitividad, la solidaridad o el darwinismo social, el cuidado de la casa común o su maltrato.

A mi juicio, el modelo correcto de relación entre ciencia y religión tiene que ser el de la colaboración e interacción crítico-constructiva, en la que cada una se ubica en su propia esfera al tiempo que abandona todo intento de absolutización, ya que ninguna puede presumir de tener el mapa de la verdad y la visión de la realidad en exclusiva. La religión debe dejarse iluminar por los conocimientos de la ciencia, y la teología ha de tener en cuenta las aportaciones científicas. La ciencia, a su vez, puede verse enriquecida con el ethos de la compasión que ofrece la religión.

Pero ¿qué ciencia? No la arrogante y aristocrática, que selecciona a quienes tiene que curar en función de sus posibilidades económicas, sino la que está al servicio de la salud y el bienestar de la ciudadanía, especialmente de las personas y los colectivos más vulnerables. ¿Qué religión? No la dogmática, autoritaria y patriarcal, sino la que escucha el grito de las personas empobrecidas y de la tierra depredada y responde con actitud solidaria hacia las víctimas. ¿Qué Dios? No el todopoderoso y supremacista, que defienden los fundamentalistas seguidores de Trump y Bolsonaro, sino el Dios liberador, compasivo con quienes sufren y solidario con las víctimas o, conforme a la imagen de Boaventura de Sousa Santos, “el Dios activista de los derechos humanos, el subalterno que se enfrenta al Dios invocado por los opresores”.

En la novela de Albert Camus, La peste, tras los permanentes desencuentros entre el jesuita Paneloux y el doctor Bernard Rieux durante la epidemia que azotó con gran severidad la ciudad argelina de Orán, el doctor Rieux le dice al jesuita: “Estamos trabajando juntos por algo que nos une más que las blasfemias y las plegarias. Esto es lo único importante… lo que yo odio es la muerte y el mal, usted bien lo sabe. Y quiéralo o no, estamos juntos para sufrirlo y combatirlo”.

Esa es, creo, la función de la ciencia y de la religión en esta pandemia y después. El trabajo solidario de ambas puede salvar a la humanidad de esta y otras tragedias. La guerra entre ellas costará todavía más vidas humanas que las producidas por la pobreza, como sucede en todas las guerras. Sería un gravísimo error y una irresponsabilidad mayor sustituir las guerras de religiones, dadas por finalizadas, por las guerras entre la ciencia y la fe religiosa.

Como hizo el doctor Rieux, al terminar la peste en la ciudad de Orán, donde ejercía como médico, la ciencia y la religión no deben callar, sino “testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: en el ser humano hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”.

 

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Hermano Islam (Trotta, Mdrid, 2019).

Fuente Fe Adulta

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Mística: la imaginación simbólica al servicio de la unificación liberadora.

Viernes, 17 de julio de 2020

Utopia-More-700x1024Gilbert Durand ha revelado cómo en Occidente se ha ido imponiendo, desde finales de la Edad Media, una corriente claramente iconoclasta- enemiga de la imaginación-, que ha privilegiado la razón (logos) sobre la imaginación de un modo desproporcionado, hasta el punto de que algunos describen nuestra cultura como una cultura logocéntrica (Derrida) que ha reprimido dimensiones de la realidad (el afecto o el cuerpo, por ejemplo) para favorecer el control político (Foucault) – la imaginación convertida en utopía es un instrumento crítico del orden establecido-.  Estas dimensiones no racionales son esenciales para poder caminar por la vía de la unificación liberadora(integración de todas las dimensiones de la realidad) que es la espiritualidad (cuya forma más plena es la mística), de ahí, la persecución o marginación de la mística (que revaloriza y necesita de la imaginación) en nuestra historia moderna.

En el siglo XX se ha producido todo un movimiento de revalorización de la imaginación, desde el campo de la fenomenología de la religión (Mircea Eliade), la psicología analítica (Jung), la antropología (Gilbert Durand), la filosofía (Bachelard), la política (Bloch) y la espiritualidad (Henri Corbin). En la escolástica decadente la imaginación era vista simplemente como un órgano menor de conocimiento, que se limitaba a la representación, mediante imágenes visuales, auditivas o cinestésicas, de los objetos reales, para que la razón pudiera abstraer de estas imágenes la dimensión inteligible de lo real. La imaginación, por tanto, no aportaba verdadero conocimiento fiable, era una función vinculada a la percepción, el verdadero conocimiento  era aportado solo por la abstracción racional. De ahí, el logocentrismo de nuestra cultura.

En la recuperación del valor de la imaginación, que tiene lugar en el siglo XX, la imaginación se convierte en una función independiente de la razón y de la percepción, de hecho, una función más importante que la propia razón pues la imaginación sería la capacidad que permite acceder directamente al “mundo de los arquetipos”, verdaderas fuerzas estructuradoras de la conciencia que se harían presentes a la inteligencia del ser humano a través de los símbolos, que serían expresiones de esos arquetipos. Los arquetipos serían verdaderos puentes entre lo consciente (racional ) y lo inconsciente (metarracional), de ahí, que la imaginación se entienda como “imaginación creadora”, es decir, como una facultad activa y creativa, que no se limita a recibir sus contenidos de la percepción, sino que ella misma produce sus imágenes (los símbolos) extrayéndolas de los contenidos más profundos de la conciencia y dando lugar a un conocimiento más completo que el conocimiento racional.

La imaginación no dependería así de la percepción del mundo objetivo sino de una “imaginación transcendental” (Bachelard), que sería la verdadera fuente de la razón, del arte y de la espiritualidad en el ser humano.  Esa imaginación transcendental es llamada “unus mundus” por Jung, dándole así un carácter ontológico, pues considerará que los arquetipos tienen una naturaleza “psicoide” ( significa: similar a la mente). Los arquetipos estarían más allá de la mente individual, formarían un mundo propio cuya naturaleza sería “similar a la mente” (psicoide) pero más allá de ella, y darían origen tanto al mundo físico como al psicológico. Los arquetipos serían expresiones de una conciencia subsistente por sí misma, de la que emanaría la existencia y la inteligencia, por medio de la imaginación, que sería la función cognitiva y creativa primordial.

Con Mircea Eliade y Henri Corbin la imaginación se va a relacionar claramente con la espiritualidad. Para Mircea Eliade los símbolos son expresiones de las imágenes primordiales o arquetipos, que expresan Lo Sagrado, la realidad a la que remite la religión en la visión religiosa precristiana. Para esta visión antigua, las realidades históricas no tienen valor en sí mismas, su valor proviene de ser expresiones (hierofanías) de esa verdadera realidad que es lo sagrado.

Los símbolos, los mitos y los ritos que han nacido por medio de la imaginación creadora, son modos de vincular al ser humano, caído en la historia profana- el tiempo-, al verdadero mundo real, el mundo de lo sagrado, de los arquetipos. En ese camino hacia lo sagrado, Henri Corbin situará a la imaginación como un ámbito intermedio entre el mundo inteligible (Lo sagrado) y el mundo sensible, el mundus imaginalis, el “mundo del ángel”, en el que el espíritu se hace “carne” y el cuerpo se espiritualiza. Es el mundo de la “hierohistoria” (historia sagrada) que sería más real que el mundo histórico, pues éste sería un reflejo de esta dimensión imaginal. La imaginación, para Corbin, no debía identificarse con “lo imaginario”, con la fantasía, con  la imaginación pasiva dependiente de la percepción de los objetos de la historia, sino con la imaginación creadora, con lo imaginal, vinculada con ese mundo verdadero de los arquetipos, puente entre Dios y los seres humanos, más real que la historia mundana (Corbin es un docetista, que cree que la historia es una apariencia de la verdadera realidad, que es el mundus imaginalis).

Gracias a la labor de todos estos autores se ha recuperado en nuestra época un tipo de imaginación a la que ya santo Tomas había aludido en su síntesis de cristianismo y filosofía, que fue olvidada por la escolástica posterior, una imaginación diferente a la imaginación pasiva meramente receptiva de imágenes, una imaginación activa productora de conocimiento, en alianza con la razón (no al margen de ésta).

 Recuperar esta idea de la importancia de la imaginación creadora como fuente de conocimiento, ha supuesto revalorizar la capacidad simbólica del ser humano, como su facultad más importante, pues es la capacidad integradora, unificadora, de las diversas dimensiones de la persona y de lo real, tanto racionales como metarracionales, permitiendo así, gracias a esta capacidad, la realización del mayor anhelo del corazón humano: la integración, la unificación, la comunión con lo real.

La desvalorización de la imaginación creadora ocurrida en la modernidad había encerrado al ser humano en la razón, en la mente. El racionalismo de Occidente había marginado a la mística y nos había desconectado de la existencia (lo que está más allá de la conciencia). Incluso en el ámbito religioso el mensaje cristiano se había convertido en una ideología dogmática más que en una experiencia. Era pues muy necesario recuperar esta dimensión imaginativa y simbólica si queríamos recuperar la mística y vivir nuestra espiritualidad de una manera real y no solo mental.

Ahora bien, la revalorización de la imaginación y del simbolismo puede llevarnos, no a la experiencia espiritual real, sino a experiencias espirituales que no transcienden el universo mental imaginario, desconectadas de la existencia real.

La imaginación no puede desvincularse de la razón y de la existencia histórica, si realmente quiere ser simbólica y no solo imaginaria. Lacan ha diferenciado muy bien en la conciencia entre el “registro” de lo imaginario (cuando la imaginación se encierra en sí misma, desconectándose de la razón y de la realidad existencial, de un modo narcisista- identificando lo real con lo imaginario-), del registro de lo simbólico (cuando se conecta la imaginación, la razón y la existencia, integrándose todas estas dimensiones) que nos saca del narcisismo y nos abre al encuentro con el otro, con la realidad, sin reprimir nuestra interioridad (imaginación, afectividad). El símbolo que solo se entiende como una realidad imaginaria (arquetípica) se convierte en un ídolo, no en un icono que transparenta lo real. El lenguaje, la razón crítica, es lo que hace que el símbolo no nos encierre en un mundo mental autocentrado que el psicólogo jesuita, Luigi Rulla, llama adictivo, de “a-dicto”, es decir, no dicho, sin lenguaje, sin razón crítica que saque al símbolo de su encerramiento en el ámbito imaginal).

Paul Ricoeur ha corregido aquellas visiones del símbolo que lo entienden solo como algo propio del ámbito de la imaginación. Distingue así en el símbolo tres dimensiones:

  • Una dimensión arquetípica, que él denomina cósmica.
  • Una dimensión afectiva, que denomina onírica.
  • Una dimensión interpretativa, que tiene que ver con el lenguaje y con la razón, abriendo la dimensión de la imaginación al encuentro con el otro, con lo real.

En Ricoeur como en Heidegger o en Levinas, el lenguaje es mucho más que un instrumento para transmitir contenidos (incluso aunque estos contenidos sean suprarracionales), es un medio para encontrarse con el Otro, con el Ser, con la realidad más allá de nuestra conciencia. La imaginación con sus arquetipos amplía nuestra conciencia para que pueda reconocer la existencia de una dimensión que la transciende, el Ser.

En la actual recuperación de la dimensión imaginal que se está dando en la espiritualidad occidental, hay un peligro de encerrar la espiritualidad en lo imaginario, en una conciencia que se concibe como el fundamento de la realidad.  De este modo, solo pasaríamos de una espiritualidad demasiado racionalista a una espiritualidad de tipo gnóstico, que no es capaz de sacarnos de la conciencia hacia el ser- hacia el otro-,  y que, por ello,  es profundamente narcisista.

Este peligro no es una mera especulación teórica, hoy muchos de los discursos en torno a la espiritualidad tienen un reconocible sabor gnosticista. No es raro que los difusores más populares de la espiritualidad expresen la convicción de que la mística es igual al gnosticismo o al esoterismo (una experiencia básicamente interior y del ámbito cognitivo, más allá de la razón, pero encerrada en la conciencia, sin darle valor al Ser ni a la existencia, que se considera irreal o muy poco real).

Frente a estas visiones intimistas y gnosticistas, la tradición profética judeocristiana ha enfatizado la necesidad de vincular la ética y el símbolo (el culto), una vida simbólica desconectada de la existencia ética es una idolatría, como denunciaron los profetas bíblicos y el mismo Jesús. Los primeros cristianos emplearon términos profanos y laicos para expresar su espiritualidad (el mismo término liturgia es un término laico, significa: servicio a favor del pueblo) para evitar esta minusvaloración de la historia por parte de las espiritualidades precristianas. Añadieron, al símbolo, la dimensión utópica; el símbolo estaría llamado a ser vivido en la historia (no a sacarnos de la historia). Como ha enseñado E. Bloch, el término utopía hace referencia a dos conceptos: “eu- topos” (el mejor lugar) y “u-topos” (no-lugar). La utopía es el símbolo del “lugar mejor” (más justo y humano) que todavía no es, por el que debemos trabajar y comprometernos, es la dimensión histórica del símbolo, esencial, si queremos que el símbolo no se convierta en ídolo. La utopía es un lenguaje laico que sirve para expresar el mensaje central del cristianismo: trabajar por construir el Reino de los cielos, dentro y fuera de nosotros, en la historia y más allá de ella.

Bienvenida sea pues esta recuperación de la imaginación creadora y del símbolo en el camino espiritual actual y, a la vez, sepamos discernir los peligros que hay en muchos de los discursos que revalorizan la imaginación y el símbolo hoy, pues no son, sino otro modo de reprimir el carácter liberador que debe tener el símbolo, encerrándolo en el ámbito de lo imaginario, para que no produzca cambios sociales externos que amenacen al sistema injusto y sus beneficiarios.

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Julio Puente López: “La moral sexual católica, ¿Anormalidad o inhumanidad?”

Viernes, 10 de julio de 2020

Genero_2244985522_14736196_667x1024“‘Varón y mujer los creó’, de la Congregación para la Educación Católica, es un documento poco convincente”

“La jerarquía no puede seguir torturando las mentes de los cristianos haciéndoles creer que todo lo que dice la Biblia sobre la sexualidad es válido para el hombre de hoy sin atender a la cultura de aquellas épocas”

“Las sensatas palabras del profesor Collins nos advierten: ‘Los relatos bíblicos son “construcciones humanas” que reflejan la cultura de un tiempo y un lugar y que no son inocentes en la cuestión de las relaciones de poder'”

“‘Varón y mujer los creó’, de la Congregación para la Educación Católica, es un documento poco convincente que repite doctrinas ya conocidas y sigue ignorando los avances científicos y los problemas reales de la gente”

“Al parecer, hay cristianos que se sienten legitimados por la doctrina católica para agredir a una comunidad cristiana, como recientemente ha sucedido en Madrid, y enviar a sus miembros al fuego eterno con pintadas insultantes”

“No podemos mirar para otro lado. Cuando vuelvan los bárbaros será ya tarde para contenerlos. Rebrotan como un contagio vírico”

No podemos mirar para otro lado. Cuando vuelvan los bárbaros será ya tarde para contenerlos. Rebrotan como un contagio vírico.

Que algunos cristianos en razón de su condición sexual tengan que formar una comunidad, como es el caso de Crismhom, lejos de la integración social ideal y reunirse en locales fuera de las parroquias deja en muy mal lugar a la Iglesia católica, que de algún modo los rechaza, pues no constan en el relato de Génesis 1. La moral sexual católica sigue centrada en una visión negativa del sexo porque sigue rechazando las múltiples expresiones de la atracción física y privilegiando la abstinencia sexual. Su espiritualidad sigue insistiendo en la salvación de nuestras almas más que en la posibilidad de una vida humana auténtica tal como nos garantizan la vida y las palabras de Jesús. Nos alejamos así de la realidad humana de Cristo y entonces el cristianismo “se nos muestra como algo enemigo de la vida, antibiológico, como algo sobrehumano e incluso inhumano” en palabras del pensador F. Ebner.

La jerarquía no puede seguir torturando las mentes de los cristianos haciéndoles creer que todo lo que dice la Biblia sobre la sexualidad es válido para el hombre de hoy sin atender a la cultura de aquellas épocas. Leamos la carta a los Romanos de Pablo, pero recurramos a las ciencias del hombre y no a sus escritos para tener conocimientos sobre la sexualidad.

Si atendemos al desafío de los estudios de género el problema de la Biblia está en reclamar que la naturaleza humana se ha de entender según el orden divino de la creación tal como aparece en Génesis 1. Es lo que opina el profesor católico de Yale John J. Collins en su obra “The Bible after Babel” (Michigan, 2005). Y añade esto: “Tal como se muestra ahora la humanidad no es solo hombre y mujer, sino que admite diversas variantes y combinaciones entre medias. Desde esta perspectiva la famosa frase de Génesis 1, 27, “varón y mujer los creó”, es no solo problemática, sino opresiva. Produce el efecto de relegar a enteras categorías de gente (homosexuales, transgénero) al estado de la anormalidad. Hay, por supuesto, diferencias biológicas reales que no se pueden negar, pero la simple oposición binaria no hace justicia al espectro de la sexualidad humana”.

Es una lástima que la Congregación para la Educación Católica en su documento “Varón y mujer los creó”, de 2019, no tuviera en cuenta opiniones tan sensatas como las del profesor Collins que nos advierte de que la Biblia no es una guía infalible en el diálogo con el feminismo y los estudios de género, sino más bien problemática. Los relatos bíblicos son “construcciones humanas” que reflejan la cultura de un tiempo y un lugar y que no son inocentes en la cuestión de las relaciones de poder. El relato de Génesis 1, texto básico de la antropología cristiana, no está menos condicionado culturalmente que las leyes sobre la esclavitud.

En “Varón y mujer los creó” se habla de dialogar, pero no hay mucho diálogo, aunque sí un leve avance, ya que distingue entre la llamada “ideología de género” y las diferentes “investigaciones” sobre el “gender”. Fue siempre algo evidente. Basta leer las primeras páginas de una obra como “¿Qué es el género?” (Icaria, 2016) para ver que en ese enfoque “no se trata de negar una diferencia”, el sexo biológico, “sino de comprender cómo esta diferencia ha llegado a estar social y culturalmente sobredeterminada.

El documento “Varón y mujer los creó” explica en el párrafo 11 las orientaciones sexuales como algo que surge de la separación del sexo y del género, pero las cosas suceden justo al revés. Y en el n. 16 habla contra el acoso y la violencia en la educación “en razón de las tendencias afectivas” que antes ha negado. Es un documento poco convincente que repite doctrinas ya conocidas y sigue ignorando los avances científicos y los problemas reales de la gente. A veces usa la terminología de los pensadores personalistas, pero no reconoce que el tú de nuestro yo se encarna en cuerpos sexualmente diversos. Ya en su momento Crismhom hizo una certera crítica de este documento.

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Es justo que no haya discriminación en razón de las “tendencias afectivas”. Pero sería de desear que la doctrina de la Iglesia diera “un paso adelante” en este tema y dejara de hablar de conductas objetivamente desordenadas al hablar de la homosexualidad. No lo hace este documento, pero sí el catecismo. Y sería de desear porque, al parecer, hay cristianos que se sienten legitimados por la doctrina católica para agredir a una comunidad cristiana, como recientemente ha sucedido en Madrid, y enviar a sus miembros al fuego eterno con pintadas insultantes. Por no hablar de otras muchas agresiones que da a conocer la prensa. Ello pone de manifiesto que ciertos grupos, entre ellos algunos que se dicen cristianos, están llenos de odio y de fanatismo.

Seguramente esos grupos defienden un cristianismo militarista y triunfalista, un reino de Dios que triunfe sobre el mal con la ayuda de las armas y del poder temporal. Sueñan con la cristiandad de tiempos pasados donde, por supuesto, hay diablo e infierno porque de ellos habla la Biblia. A quienes defienden gobiernos autoritarios les conviene que se predique un Dios déspota al que temer, hecho a su imagen. No les interesa que se profundice en esos temas desde estudios bíblicos serios. Con razón el papa Francisco nos previene contra el triunfalismo religioso. Intentar imponer la fe y la justicia por la fuerza contradice el mensaje evangélico por más que algún discípulo del Nazareno estuviera dispuesto a usar la espada. La transformación social llega a través de la conversión, a través de la “revolución de los corazones” como decía Ebner, que lleva a luchar activa y pacíficamente para que a nadie le falte el pan y el aire para respirar, porque todas las vidas cuentan. Máxime en tiempos de pandemia. Así es como se va construyendo el reino de Dios del que la Iglesia debe ser humilde servidora.

Ese reino de Dios, conviene recordar, viene “sin ostentación”, sin llamar la atención con grandes signos externos. Está ya “en nosotros” como llamada a la conversión, y allí donde hay relaciones sociales justas, es decir, “entre nosotros”, “en medio de nosotros”, como traduce hoy la mayoría de los exegetas. Es la enseñanza del Evangelio de Lucas en 17, 20-21, siendo secundario si el metà paratērēseōs griego reproduce las palabras originales de Jesús o ha sido añadido al redactar el Evangelio.

El pensador Ferdinand Ebner escribió un artículo en la revista Der Brenner en 1922 titulado “El escándalo de la representación” en el que se preguntaba si ciertas prácticas no contradecían el espíritu de esa enseñanza. Ya había hecho alusión a ese versículo en sus Fragmentos de 1921. El reino de Dios es el reino del amor, el que hace la comunidad de los hombres transformando las relaciones sociales en nuestro mundo. Así lo ha explicado también G. Lohfink en su libro “Das Geheimnis des Galiläers” (Herder, 2019): el reino de Dios está presente allí donde hay relaciones de equidad entre los hombres. Y el autor señala que en la Iglesia no se ve mucho de ese reino de Dios. Lo que se ve con demasiada frecuencia es, nos dice, “riñas, división, envidia, desconfianza, arrogancia y abusos”. Y ostentación de su influencia y poder, podemos añadir. El orgullo reivindicativo y la exhibición tienen su lugar en los desfiles y paradas de nuestra sociedad laica. Pero la soberbia no es una virtud cristiana. En ese sentido la renuncia a la mitra episcopal sería un gesto más importante de lo que pensamos, y, sin buscar excusas, perfectamente compatible con la atención a los problemas graves de la Iglesia.

No cabe duda de que los ampulosos gestos que a veces se ven chocan con esa enseñanza de Lucas 17, 20-21.

Ebner ponía como ejemplo en sus anotaciones de 1919 la fiesta del Corpus Christi, no exenta de paganismo, ostentación y boato, “con sus bandas de música y salvas de honor”. Una lectura literal del pasaje oscuro, casi incomprensible de Jn 6, 54-58 nos ha llevado hasta la pompa“Gepränge”, escribe Ebner – y el paganismo de ciertas celebraciones religiosas.

Este año, debido a la pandemia, no ha habido muchas procesiones. Pero no han faltado gestos aparatosos: ostensorios de plata y oro exhibidos desde los lugares más insospechados. En España y fuera de nuestras fronteras.

En Düsseldorf se ha celebrado el Corpus este año con la misa y la bendición “de lo alto”, desde una altura de 168 metros, en el mirador de la Rheinturm, una estructura que se eleva hasta los 240 metros. Un gesto ostentoso difícilmente superable. Quienes gustan de las ocurrencias y de dar la nota tienen ahora el listón muy alto.

El papa Francisco, quizá comprendiendo que las Jornadas Mundiales con celebraciones ante miles de personas tienen mucho de ostentación, quiso recordar en su homilía del 28 de julio de 2016 en Częstochowa, que, “contrariamente a lo que cabría esperar y quizá desearíamos, el reino de Dios, ahora como entonces, “no viene llamando la atención” (Lc 17, 20), sino en la pequeñez, en la humildad. La Iglesia lleva siglos ignorándolo.

Fuente Religión Digital

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José M. Castillo: “Con limosna, oración y ayuno hemos conseguido que funcione el gran teatro de la religión”

Martes, 7 de julio de 2020

cardenal-Canizares-celebracion-puerta-cerrada_2214988558_14431580_660x371De su blog Teología sin Censura:

“La hipocresía ha deformado el hecho religioso” 

Si Dios está en lo secreto, escucha lo secreto y se fija sólo en lo secreto, porque “se hizo como uno de tantos” (Flp 2, 7), “Palabra” que “se hizo carne” (Jn 1, 14), el “Dios kenótico”, vaciado de sí mismo (Flp 2, 5-7), esclavo de todos (Mt 20, 28), si es que todo esto es así, ¿no apunta a un “cristianismo laico” en una “sociedad laica”?”

“Si todo esto es lo que creemos, ¿a qué viene el rector de la universidad católica de Murcia echando mano del demonio que nos amenaza?”

Una de las cosas más patentes, que nos ha dejado la pandemia del coronavirus, ha sido lo que nos gusta la teatralidad sagrada a quienes vamos por la vida diciendo que tenemos creencias religiosas. Porque es un hecho patente que hemos organizado nuestra religiosidad de forma que, sin darnos cuenta de lo que hacemos, en realidad practicamos el amor al prójimo (la limosna), la relación con Dios (la oración) y la austeridad de vida (el ayuno) de forma que, con esos argumentos y sus actores, hemos conseguido que funcione el gran teatro de la religión.

No estoy atacando el hecho religioso. Lo que estoy diciendo es que hemos deformado ese hecho hasta tal punto, que lo hemos convertido en un teatro. Así, ni más ni menos, lo dice el Evangelio: a los que dan limosna, a los que rezan y a los que ayunan, Jesús les dice que son “hipócritas”, si hacen esas presuntas bondades de forma que lo que pretenden es “llamar la atención” (Mt 6, 1-6. 16-18).

Téngase en cuenta que el término griego “hypokrités” designa literalmente al que es un “actor teatral”. De forma que los “hypokritai”, a los que se refiere Jesús, son personas que “no buscan el honor de Dios”, sino que en realidad lo que pretenden es lograr su propio honor (H. Giesen). Y de sobra sabemos que las prácticas religiosas son actuaciones adecuadas para que quien las practique sea considerado como persona generosa, piadosa y ejemplar.

Por desgracia, este tipo de personas abundan en los ambientes religiosos. Concretamente, en casi todos los ambientes de la Iglesia. En esta Iglesia que lee y dice que cree en el Evangelio, justamente en el texto que afirma “Dios ve lo secreto”, que “Dios está en lo secreto”, que “Dios se fija en lo secreto (Mt 6, 4. 6. 18).

Ahora bien, si Dios está en lo secreto, escucha lo secreto y se fija sólo en lo secreto, porque “se hizo como uno de tantos” (Flp 2, 7), “Palabra” que “se hizo carne” (Jn 1, 14), el “Dios kenótico”, vaciado de sí mismo (Flp 2, 5-7), esclavo de todos (Mt 20, 28), si es que todo esto es así, ¿no apunta a uncristianismo laico en una “sociedad laica”?

Ahora bien, si todo esto es verdad, si todo esto es lo que creemos, ¿a qué viene el rector de la universidad católica de Murcia echando mano del demonio que nos amenaza? O ¿qué pretende el cardenal de Valencia al prevenir de los extravagantes y machistas peligros que puede entrañar la vacuna del virus? Las catedrales vacías, las parroquias cerradas, romerías suprimidas, tantas prácticas religiosas abandonadas, seminarios y conventos en los que no entra nadie…, todo esto, que nos parece una ruina y un fracaso, ¿no es, en realidad, el zarandeo y el reclamo, que tanto venía necesitado la Iglesia, para caer en la cuenta y tomar conciencia de que ha llegado la hora de tomar en serio el Evangelio?

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

Domingo, 14 de junio de 2020

Del desaparecido blog À Corps… À Coeur:

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[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

Louis Evely
*

Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

Brihadaranyaka Upanishad
*

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Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometennunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre ell valor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemosen absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. ¿ Incluso, cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía puede, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas delrelato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. “Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que lesdirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de estatotal  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostes, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

Disputaban los judíos entre sí:

“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Entonces Jesús les dijo:

– “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.”

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Juan 6,51-58

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Líderes religiosos turcos vinculan los arcoíris de los niños turcos contra el coronavirus a un «plan gay»

Martes, 26 de mayo de 2020

unnamedLíderes religiosos de Turquía piden acabar con un icono mundial de esperanza ante la crisis del coronavirus. Algunas juntas escolares del país ya han recomendado que niñas y niños turcos no dibujen arcoíris y los expongan en público. La razón no es otra que la LGTBIfobia. 

El fanatismo vuelve a hacer de las suyas. Como ya pasara en España con la campaña de odio de HazteOír contra niñas y niños trans y sus familias, los sectores más conservadores de la sociedad turca ponen en su punto de mira a los más pequeños. Esta vez el objetivo concreto de sus iras son los arcoíris que, tras una iniciativa promovida originalmente por el Museo de Arte Moderno de Estambul, se cuelgan de ventanas y balcones como símbolo de resistencia y de ánimo para hacer frente al confinamiento y restricciones impuestas por las autoridades para frenar la pandemia del coronavirus.

Sin embargo, líderes religiosos del país ven con malos ojos esta proliferación de arcoíris, que relacionan con un supuesto «plan» para «volver a los niños gais». En definitiva, temen que un símbolo tan inocente genere en la sociedad un sentimiento positivo hacia el avance de los derechos del colectivo LGTBI. Un mensaje que ha calado en diversas juntas escolares que han invitado expresamente a los directores de los colegios a evitar que sus alumnos participen en la iniciativa, según ha confirmado el sindicato de docentes turco Eğitim Sen. Nada esencialmente distinto a lo que ya hemos sufrido en España recientemente con las protestas contra las charlas sobre diversidad afectivo-sexual y de género.

La gran duda es hasta qué punto desde el Gobierno de Erdoğan se apoya activamente el llamamiento a boicotear los arcoíris. No sería de extrañar, ya que, como recogimos recientemente, la Dirección de Asuntos Religiosos turca ha abierto una guerra contra la comunidad LGTBI acusándola de, por ejemplo, ser la causante de enfermedades como el VIH/sida. Algo que fue contestado desde las organizaciones defensoras de los derechos humanos y respondido por el presidente Erdoğan en estos términos: «Cualquier ataque al director de Asuntos Religiosos es un ataque al Estado».

«Por desgracia, este tipo de mentalidad anti-LGTBQ está muy extendida, incluso sin que la gente corriente vea una conexión entre los dibujos de los niños y los derechos gais», ha declarado Meral Gülsen, representante del sindicato Eğitim Sen. Sea como sea, las niñas y niños turcos han dejado de ser libres para pintar sus arcoíris porque desde diversas instituciones se ha acabado politizando el gesto y convirtiéndolo incluso en un símbolo «contrario a las tradiciones turcas».

Y todo esto en un clima político en el que Erdoğan y su partido, el islamista AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), han perdido en el año precedente algunos de sus bastiones (como la alcaldía de Estambul) en favor de la oposición más laica y moderada. Oposición que también denuncia estrategias de bloqueo con la crisis del coronavirus como excusa. Acusaciones que se repiten desde organismos independientes.

Fuente Dosmanzanas

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El día en que Jesús “hizo las maletas” ¿Dónde estaban Mateo y Juan?

Domingo, 24 de mayo de 2020

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La Ascensión del Cristo es el complemento lógico de su Resurrección y el preludio necesario para su divinización.

En posts anteriores he señalado que se suponía que el mítico fundador de Roma, Rómulo, había corrido la misma suerte .

Añadiré hoy un complemento sobre el valor histórico, desde el punto de vista de algunos, que convendría conceder a tal hecho, bajo el pretexto de que figuraría en documentos que son históricos y presentados como testimonios. Cuando digo “de”, entendamonos: el relato de la Ascensión figura bien en ciertos evangelios apócrifos; pero dejemos éstos de lado por hoy, ya que, según el punto de vista que acometo, es decir el de la historia infestada de teología, los llamados evangelios apócrifos no serían creíbles, de ningún modo; mientras que los cuatro canónicos lo serían. Veamoslos pues.

Primera observación: de los cuatro Evangelios decretados creíbles, sólo dos hablan de la Ascensión : Marcos y Lucas. El pasaje de Marcos es de una brevedad notable: “Entonces, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. “ (Marcos 16 , 19 ) . Cada uno sacará las conclusiones que quiera. Lucas es un poco más largo, pero tiene una vaga mirada de la narración, ya que el lugar es mencionado como un gesto (bendición) : “Después los llevó Jesús hasta Betania; allí alzó las manos y los bendijo. Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo”. (Lucas 24, 50-51) Esto es realmente corto , sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que los Evangelios de Marcos y Lucas son muy abundantes en los detalles de género “vivido” y esto para cantidad de episodios que están lejos de tener la importancia de este último.

Los teólogos no tuvieron ningún problema para edificar un razonamiento para establecer que esta brevedad es querida y significativa; posiblemente veremos allí el signo tangible de la salida simultánea del tiempo y del espacio que debía tener su equivalente en el estilo del relato… ¿Por qué no? Pero los historiadores no pueden, evidentemente, seguirlo y se preguntarán más bien si no se trata, muy simplemente, de una interpolación, es decir de un añadido ulterior debido a un copista que encontraba sin duda que la Ascensión, que conocía por otro lado, sea por la tradición oral, sea por otros evangelios, verdaderamente faltaba en éste y que esto podía ser sólo como consecuencia de un error de uno de sus predecesores, un error que había que reparar.

¿Pero entonces, en este caso, por qué la Ascensión no figuraba en el Evangelio de Mateo y en el de Juan, ya que, de cerca o de lejos, no se encuentra en estos dos textos ninguna mención de tal acontecimiento? Pues bien, primero: nada permite afirmar que no hubieran existido evangelios, según Mateo y según Juan, que no hubieran contenido, precisamente, una mención breve, a manera de Marcos y Lucas, del último episodio de la Ascensión. Haré, un poco más tarde, un post sobre los primeros manuscritos íntegros de los evangelios que poseemos. Los manuscritos muy antiguos de los cuatro evangelios no están exentos de divergencias entre ellos con gran numero de variaciones en relacion a los más antiguos que se encuentra en nuestra posesión. Pero no hay ninguno, claro está, que se sepa que incluya una mención de la Ascensión. No obstante, la hipótesis de que haya existido alguno no es descabellada.

Desconfiemos, sin embargo, de hipótesis en historia y quedémonos con el hecho de que Mateo y Juan no mencionan la Ascensión. Pero recordamos también el hecho, porque está ahí, que Orígenes y Jerónimo se quejan de las variantes que observan en los diversos manuscritos que tienen en su disposición.

Para concluir sobre la Ascensión, la ausencia de este episodio en Mateo y Juan parece estar más cerca del hecho de que, – por lo menos teóricamente ¿debiera suscribirlo? Es otra la cuestión – Mateo y Juan son testigos directos de los acontecimientos que cuentan, contrariamente a Marcos y Lucas.

Suponiendo que Mateo y Juan hayan estado ocupados con otras cosas el día de la Ascensión – lo que sería poco menos que un desastre – por lo menos debían habernos dicho que sus compañeros habían visto …

¿Será que la importancia de la Ascensión se les había escapado? Pero, en este caso, habría sido necesario que el Espíritu Santo que los inspiraba, se hubiera también, el mismo, distraído…

*
Jean-Paul Yves le Goff

http://www.lelivrelibre.net

Publicado en fr.soc.religio

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En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

*

Mateo 28,16-20

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Existe otro mundo. Su tiempo no es nuestro tiempo, su espacio no es nuestro espacio; pero existe. No es posible situarlo, ni asignarle una localización en ningún sitio de nuestro universo sensible: sus leyes no son nuestras leyes; pero existe.

Yo lo he visto lanzarse, con la mirada del espíritu, cual «fulguración silenciosa», como trascendencia que se entrega; en semejante circunstancia ve el espíritu, con deslumbrante claridad, lo que los ojos del cuerpo no ven, por muy dilatados que estén por la atención y a pesar de que subsista en ellos, después de todo, una especie de sensación residual.

Existe casi una contradicción permanente en hablar de este otro mundo, que está aquí y que está allí, como del «Reino de los Cielos» del evangelio, que puede hacerse inteligible sin palabras y visible sin figuras, que sorprende totalmente sin confundir; pero existe. Es más bello que lo que llamamos belleza, más luminoso que lo que llamamos luz; sería un grave error hacernos una representación fantasmal y descolorida del mismo, como si fuera menos concreto que nuestro mundo sensible.

Todos caminamos hacia este mundo donde se inserta la resurrección de los cuerpos; en él es donde se realizará, en un instante, esa parte esencial de nosotros mismos que se puso de manifiesto para unos por el bautismo, para otros por la intuición espiritual, para todos por la caridad; en él es donde volveremos a encontrar a los que creíamos haber perdido y están salvos. No entraremos en una forma etérea, sino en pleno corazón de la vida misma, y allí haremos la experiencia de aquella alegría inaudita que se multiplica por toda la felicidad que dispensa en torno a sí, y por el misterio central de la efusión divina.

*

André Frossard,
¿Hay otro mundo?
Rialp, Madrid 1981.

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Camino, Verdad y Vida.

Domingo, 10 de mayo de 2020

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Debemos siempre estar muy seguros de hacer la distinción entra la Iglesia invisible, universal y espiritual (Ecclesia) y la organización religiosa sin ánimo de lucro que se reúne en un edificio coronado por un campanario. La diferencia es inestimable, y no tenemos derecho a cometer el error de confundir las dos. Comprende por favor que no cuestionamos el derecho de cualquier grupo religioso de reunirse en paz, de elegir a sus líderes, de recibir dinero, de tener criterios para llegar a ser miembro, de administrarse del modo que le parezca justo – hace tiempo que comprendemos que tal derecho es un derecho civil y no es  en ningún caso inalienable,  escrito o autorizado por el mismo Dios. Esto no significa que sea malo, pero esto no lo hace espiritual. La Ecclesia no es una organización o una invención humana, sino un organismo lleno de Vida, y que adorarlo “en Jerusalén o sobre esta montaña” es menos importante para Dios que  adorarlo “en Espíritu y de verdad“.

¿Entonces dónde es la diferencia? ¿Dónde está el problema? Esto se convierte en un problema cuando el significado espiritual y escriturario  es falsamente relacionado con las costumbres sociales, con una norma cultural, con una religión de tradiciones, con una organización o con un lugar para reunirse. Cuando la línea de demarcación si difumina entre, por  una parte, la expectativa social, la tradición o las costumbres de la Religión Organizada y por otra parte, la verdadera vida espiritual, la misma esencia de la Ecclesia o del creyente individual, entonces tal sistema tiene la posibilidad de evolucionar en una forma peligrosa de abuso espiritual o de elitismo religioso.

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Chip Brogden

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.”

Tomás le dice:

“Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”

Jesús le responde:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.”

Felipe le dice:

-“Señor, muéstranos al Padre y nos basta.”

Jesús le replica:

-“Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.”

*

Juan 14,1-12

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Hace algunos años, un hombre de Dios que me guiaba entonces me envió un mensaje que me asustó mucho: “Sea siempre fiel a Dios en la observación de sus promesas y no se preocupe de las burlas de los insulsos. Sepa que los santos siempre se han hecho la burla del mundo y de los mundanos y han sido pisoteados por el mundo y por sus máximas. El campo de la lucha entre Dios y Satanás es el alma humana, donde se desarrolla esta lucha en todos los momentos de la vida. Para vencer a enemigos tan poderosos, es preciso que el alma dé libre acceso al Señor y sea fortalecida por él con toda suerte de armas, que su luz la irradie para combatir contra las tinieblas del error, que se revista de Jesucristo, de su verdad y justicia, del escudo de la fe, de la Palabra de Dios. Para revestirnos de Jesucristo, es preciso que muramos a nosotros mismos. Estoy seguro de que nuestra Madre celestial le acompañará paso a paso”.

Estaba yo confuso, mi mente daba vueltas, cavilaba en estos pensamientos sin llegar a ninguna conclusión. Pasó después otro trecho de vida y comprendí que morir a nosotros mismos es hacernos vivir a nosotros mismos. Caigo en la cuenta de que los momentos de vida plena son aquellos en que siento la tentación de hacer vivir en mí a Dios y su voluntad. Al final he comprendido que abandonarme a Dios no significa haber superado todos mis problemas, sino querer verdaderamente, con todo mi ser, que él pueda obrar en mí y pueda encontrar en mí una plena colaboración.

Al leer ahora de nuevo esta carta, cada palabra toma un valor diferente y, contrariamente a hace algunos años, me anima a continuar por este sendero.

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E. Olivero,
Amar con el corazón de Dios,
Turín 1993, pp. 72ss).

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“Jesucristo Verdaderamente Vive”

Domingo, 12 de abril de 2020

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Cristo, resucitado y glorioso
es la fuente profunda de nuestra esperanza.
Su resurrección no es algo del pasado;
Entraña una fuerza de vida
que ha penetrado el mundo.

Donde parece que todo ha muerto,
por todas partes vuelven a aparecer
Brotes de la resurrección.
Es una fuerza imparable.

Verdad que muchas veces
parece que Dios no existiera:
Vemos injusticias, maldades, indiferencias
y crueldades que no ceden.

Pero también es cierto
que en medio de la oscuridad
siempre comienza a brotar algo nuevo,
que tarde o temprano produce un fruto.

En un campo arrasado
Vuelve a aparecer la vida,
tozuda e invencible.
Habrá muchas cosas negras,
Pero el bien siempre tiende
A volver a brotar y difundirse.

Cada día en el mundo renace la belleza,
Que resucita transformada
A través de los tormentos de la historia…
esta es la fuerza de la resurrección
y cada evangelizador
es un instrumento de este dinamismo.

*

Papa Francisco

 Exhortación Apostólica  “La alegría del Evangelio” n.276.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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¡Cristo verdaderamente ha resucitado!

¡Feliz Pascua!

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El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y le dijo:

– “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.”

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no había entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

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Juan 20, 1-9

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En el fluir confuso de los acontecimientos hemos descubierto un centro, hemos descubierto un punto de apoyo: ¡Cristo ha resucitado!

Existe una sola verdad: ¡Cristo ha resucitado! Existe una sola verdad dirigida a todos: ¡Cristo ha resucitado!

Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, entonces todo el mundo se habría vuelto completamente absurdo y Pilato hubiera tenido razón cuando preguntó con desdén: «¿Qué es la verdad?». Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, todas las cosas más preciosas se habrían vuelto indefectiblemente cenizas, la belleza se habría marchitado de manera irrevocable. Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, el puente entre la tierra y el cielo se habría hundido para siempre. Y nosotros habríamos perdido la una y el otro, porque no habríamos conocido el cielo, ni habríamos podido defendernos de la aniquilación de la tierra. Pero ha resucitado aquel ante el que somos eternamente culpables, y Pilato y Caifas se han visto cubiertos de infamia.

Un estremecimiento de júbilo desconcierta a la criatura, que exulta de pura alegría porque Cristo ha resucitado y llama junto a él a su Esposa: «¡Levántate, amiga mía, hermosa mía, y ven!».

Llega a su cumplimiento el gran misterio de la salvación. Crece la semilla de la vida y renueva de manera misteriosa el corazón de la criatura. La Esposa y el Espíritu dicen al Cordero: «¡Ven!». La Esposa, gloriosa y esplendente de su belleza primordial, encontrará al Cordero.

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Pavel Florenskij,
Il cuore cherubico,
Cásale Monferrato 1999, pp. 172-174, passim

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El primer Orgullo LGTBI musulmán en Londres se pospone por la amenaza del coronavirus

Martes, 7 de abril de 2020

ERw1LwCWoAA5svaLa asociación Imaan había anunciado el 11 de abril como fecha para un evento que visibilizaría a la comunidad islámica perteneciente a la diversidad sexual. La organización se ha visto obligada a retrasar el evento al día 12 de diciembre.

La comunidad musulmana del Reino Unido contará con un Orgullo LGTBI propio. Este acto, promovido por la asociación islámica Imaan de apoyo a las personas LGTB, supondrá un espaldarazo a la imagen mundial de la diversidad sexual en la cultura musulmana. Tras contar con una importante presencia en los anteriores orgullos LGTBI celebrados en la capital británica, Imaan se ha decidido a organizar un evento del que aun se desconocen los pormenores y al que se podrá acceder tras la adquisición de una entrada.

Las circunstancias actuales han provocado que el evento sea pospuesto en el tiempo. Ya que sin una estrategia gubernamental clara para hacer frente al COVID-19 por parte del Reino Unido y el avance imparable de la pandemia, podía suponer un riesgo su celebración el 11 de abril, día escogido inicialmente por la organización. Es por eso que el ‘ImanFest’, nombre con el que ha sido bautizada la celebración, podrá llevarse a cabo (en principio y según lo declarado por la organización) el 12 de diciembre de 2020. Una decisión, la de retrasar la celebración, similar a la ya adoptada por los organizadores de otros orgullos en diferentes lugares del mundo.

El breve comunicado que ha hecho público la formación pide a sus seguidores y personas que hayan comprado la entrada que «tengan paciencia mientras se trabaja para reformular el horario del evento» y aseguran que las entradas ya adquiridas para la fecha de abril serán igualmente válidas para diciembre. Además, según el comunicado, desde Imaan se alude a la determinación por llevar a cabo este evento para «celebrar las identidades musulmanas LGTBQI».

Resulta muy significativo que la organización se haya decidido a dar este paso para reivindicar la existencia y la dignidad de las personas LGTBIQ que no renuncian a su confesión musulmana. «Las personas LGTBI musulmanas se suelen encontrar entre la homofobia y la islamofobia y queremos proveerles de un lugar seguro e inclusiva para que sepan que no tienen que elegir entre identidades y sentirse a la vez musulmanes y LGTBIQ frente a quienes les presionan en otro sentido», ha asegurado a medios especializados un representante de Imaan. La organización ha hecho además una invitación a la actriz, modelo y presentadora Jameela Jamil, conocida principalmente fuera de Reino Unido por su papel en la serie The Good Place y que acaba de hacer pública su bisexualidad rodeada de polémica.

Las personas que participen o quieran apoyar su celebración ya pueden promocionarlo en redes sociales con la etiqueta #LGBTHM20. Además, la organización busca voluntarios para llevar a cabo tareas organizativas en el evento o participar en las ponencias. La puesta en marcha del evento se ha hecho posible a través de una campaña de crowdfunding que ha alcanzado las 10.000 libras.

La asociación Imaan se califica como la red más importante de apoyo a personas LGTBIQ musulmanas de Europa y está activa desde 1998. Una trayectoria en la que ha participado en diversos orgullos nacionales y locales en Reino Unido, trabaja en campañas contra la islamofobia y da apoyo legal a personas refugiadas por motivos de LGTBIfobia y promueve los valores islámicos de paz, justicia social y tolerancia.

Fuente Dosmanzanas.

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La lámpara de Diógenes. “Gaudete” viviendo para…

Jueves, 5 de marzo de 2020

AYpdei10_400x400El lector me excusará de ofrecerle hoy una reflexión abstrusa, aunque solo aparentemente. De atreverse a seguirla y de renunciar al divertimento de una lectura fácil y placentera, seguro que le sacará buen provecho. El título nos pone en el umbral de la sabia reflexión del delirante y austero Diógenes tratando de poner en evidencia la locura, la artificiosidad, el rango social y el engaño de quienes no han descubierto que la honestidad es el alimento propio de la humanidad.

De dónde y a dónde

Desde que nuestro cerebro se desarrolló y adquirimos la capacidad de pensar en abstracto hace unos cuantos milenios, no hemos podido menos de cavilar sobre nuestro origen y destino y, más en concreto, sobre las razones por las que estamos aquí. Las archisabidas cuestiones de dónde venimos, a dónde vamos y por qué existimos de la forma en que lo hacemos se nos plantean a todos en las más diversas circunstancias, si no con frecuencia, sí al menos alguna vez a lo largo de nuestra vida. Pero justificar nuestra existencia, habida cuenta de cuanto la rodea, es tarea harto difícil.

A pesar de lo mucho que la humanidad ha llegado a saber sobre qué es y cómo funciona el Universo y sobre la materia-energía de que está compuesto, no puede decirse que sea mucho lo que sabemos sobre las grandes cuestiones que más nos conciernen. No obstante, todo lo que lenta y laboriosamente hemos ido descubriendo sobre el mundo y las leyes que rigen su imparable expansión, además de mejorar nuestra propia vida, sirve para calmar ansiedades y colmar curiosidades.

El epicentro

Aunque muchos de los avances científicos se produzcan por la necesidad imperiosa de protegerse y por el afán insaciable de apropiarse de los bienes de la naturaleza o de arrebatar a los demás seres humanos lo poco que poseen, lo cierto es que todo paso adelante nos enriquece colectivamente. Adquirimos así un poder al precio de cargar sobre nuestras espaldas la responsabilidad de conservar cuanto manipulamos. Pero los comportamientos depredadores activan las alarmas (Cumbre Climática que trata de sacar algo en claro esta misma mañana) y provocan afortunadamente la proliferación de asociaciones para defenderse de la agresiva naturaleza y de la propia sed de sangre.

Lo correcto es contemplar al hombre como clave de su propio acontecer. Tras haber logrado una alta calidad de vida para muchos, el hombre ha vencido la gravedad de la Tierra y explorado otros sistemas. Sus arriesgadas proezas aeronáuticas mejoran sus conocimientos y abren camino hacia otros mundos con la expectativa de fabricar un hábitat para cuando nuestro pequeño planeta se vuelva inhóspito por agotamiento de recursos o por algún cataclismo circunstancial.

Religión y moral

Pero en torno al hombre giran, además de las investigaciones y aventuras científicas y técnicas, la moral y la religión, las dimensiones vitales más determinantes de su conducta. En cuanto a la moral, el principio regulador apunta a la mejora de todas las vertientes de la vida, evitando peligros y daños y favoreciendo su desarrollo. De ahí que sean reprobables las continuas agresiones que nos infligimos a nosotros mismos, consumiendo sustancias peligrosas o acometiendo deportes de gran riesgo, y a los demás, esquilmando los recursos naturales y envenenando el medioambiente.

En lo referente a la religión, solo un iluso podría mantener hoy que gira en torno a Dios o que Dios es quien dicta las leyes y muestra el camino de salvación. Cuantos ídolos o dioses pululan en el firmamento cultural humano son hechura humana, muchas veces especulativa e interesada. Por lo general, responden a necesidades precisas o al deseo de perdurar en el tiempo en situación de placidez. La palabra “dios” ha sido posiblemente la más manipulada del diccionario a conveniencia de individuos sin escrúpulos o de grupos depredadores. El recurso a poner en boca de Dios lo que uno mismo quiere comunicar y a colocar las debilidades humanas al abrigo de un brazo protector sirve para arrancar servidumbres en quienes buscan resolver sin esfuerzo sus precariedades presentes y sus miedos.

El Maestro

Sin embargo, a lo largo de la historia han surgido muchos líderes que se han proclamado mensajeros del Altísimo. ¿Iluminados o farsantes? Seguro que lo han sido la mayoría, pero sería injusto meter a todos los “profetas” en ese saco. Afortunadamente, ha habido “maestros” capaces de abrir y desbrozar caminos de desarrollo, de bondad y de esperanza. A los farsantes los delatan su fanatismo y sus intereses depredadores, mientras que a los auténticos los aureolan su bondad y su heroísmo.

Sean cuales sean los contenidos reales de la personalidad histórica de Jesús de Nazaret, lo cierto es que sus seguidores lo han convertido en signo de contradicción: mientras a unos les ha servido para doblegar, zaherir y sacrificar a sus díscolos seguidores, otros han sufrido martirio por su causa al acoplar su vida a las consignas evangélicas. La línea divisoria entre unos y otros es la causa del hombre, por quien Jesús apostó fuerte, seguramente más que ningún otro conocido, al trazar el camino de las bienaventuranzas.

El problema

Surgidos de la materia por fuerzas creativas o carambolas químicas que escapan por completo a nuestro propio control, vivimos en un mundo que nos sobrepasa. Cierto que sabemos mucho sobre la materia y sus leyes e incluso sobre nuestra condición de pensantes autónomos, pero nos asombra descubrir a cada paso que el horizonte anhelado se aleja. Y, en el supuesto de lograr pronto sustanciales mejoras, nuestra capacidad de maniobra en el Universo seguirá siendo muy limitada. Seamos producto de una naturaleza caótica, como defienden muchos, o de una inteligencia superior, como dicen otros tantos, lo cierto es que no somos artífices de nuestro propio existir. En este contexto, nunca encontraremos mejor referencia reguladora de la conducta humana que nuestra propia vida.

Hacia esa vida debemos orientar nuestras conquistas gnoseológicas y técnicas, nuestro saber y dominio de los fenómenos naturales. Científicos y predicadores deben orientar sus esfuerzos en esa dirección. Lo que se extralimite terminará indigestándosenos o envenenándonos. El auténtico cristianismo da de lleno en el clavo al proclamar que el Dios desconocido e inalcanzable, el del enigmático “Soy el que soy”, se encarna en un ser humano y se exhibe en la biografía de cada cual haciéndose llamar “padre” y pidiendo trato de tal.

El hombre es, pues, la clave de todo quehacer. Debemos favorecer nuestra existencia y rechazar cuanto la obstaculiza. Debemos propugnar más y mejores valores y achicar la fuerza de sus correspondientes contravalores. La humanización requiere realzar el largo listado de las denuncias que el pobre-rico Diógenes hacía de cuantos ricos-pobres pululamos por doquier, encadenados por codicias insaciables (contrasta poderosamente la pobreza-riqueza de Diógenes, hombre honesto sin bienes ni necesidades, con nuestra riqueza-pobreza de hombres deshonestos atiborrados de bienes y necesidades).

Un hombre cualquiera, incluso el más depravado y deteriorado, es más importante que el dinero, la bandera, la patria, la democracia, el evangelio y hasta Dios mismo. Patria y Dios pierden su razón de ser sin el hombre. Es locura vituperable entregarse a una causa sagrada que dañe a un solo hombre. Tan esclarecedora luz debería ayudarnos a ver los zarzales en que con tanta frecuencia nos metemos. Por paradójico que resulte, a la divinidad anhelada solo se accede escalando la dura senda del servicio incondicional y omnímodo a los seres humanos.

Ramón Hernández Martín

Fuente Fe Adulta

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“La calle de la Amargura”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Martes, 11 de febrero de 2020

OLYMPUS DIGITAL CAMERA De su blog Nihil Obstat:

Personas sin techo, personas sin hogar que duermen en la calle. Para ellas, todas las calles son de amargura.

Me trae o me lleva por la calle de la amargura es una expresión que utilizamos en España para decir que algo o alguien nos causa dificultades. En numerosas ciudades españoles se puede encontrar esa calle. Hay distintas explicaciones del motivo de esta denominación. Una muy probable es que, por esa calle, en Madrid, pasaban los condenados a muerte, desde la cárcel hasta lo que hoy es la plaza Mayor, para ser ajusticiados públicamente. Se trata de una calle que no trae buenos recuerdos.

En Jerusalén hay una calle que tiene un nombre equivalente: la vía o calle dolorosa, por la que, según la tradición, el Señor Jesús paso con su cruz a cuestas camino del Calvario (cuyo lugar se encuentra en la Basílica del santo sepulcro). También esta calle trae malos recuerdos que, sólo desde la fe en la resurrección, pueden considerarse cargados de esperanza.

Para muchas personas hoy todas las calles son calles de amargura. En nuestras ciudades es posible encontrar personas que duermen en la calle. Son gente que no disponen de un lugar acogedor en el que vivir y en el que pasar la noche. Cuando nos encontramos con estas personas, normalmente pasamos de largo, unas veces pensando que no podemos hacer nada para remediar su situación, otras veces sin pensar en nada, con una serena indiferencia. Es un asunto que no nos concierne y, a veces, hasta nos molesta. Recordando la vía dolorosa por la que transitó Jesús de Nazaret, podemos plantearnos la gran pregunta de como convertir lo que para esas personas es una calle de la amargura en una calle de la esperanza.

Un ejemplo, quizás sencillo, de respuesta a esta pregunta: en Valencia, “Caritas” dispone de albergues de baja exigencia para acoger a este tipo de personas.

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“Calles con nombres evocadores”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 8 de febrero de 2020

Calle_de_la_Fé_(Madrid)De su blog Nihil Obstat:

La calle es un lugar de tránsito. Todas tienen un nombre. Muchos se refieren a personajes que han tenido una influencia social, política o religiosa. Otros nombres de calles describen accidentes geográficos: ancha, larga, estrecha, empinada. Hay nombres que evocan situaciones favorables o desfavorables, e incluso actitudes directamente religiosas. Es posible hablar, por ejemplo, de calle de la amargura o de calle de la alegría. En mi ciudad natal, como seguramente en muchas otras, se encuentra la calle alegría y la calle amargura, pero también la calle de la fe, la de la esperanza y la del amor.

En línea con estas connotaciones éticas y religiosas, la calle podría ser un símbolo del encuentro, del paso hacia el otro, del camino que me lleva al otro para conocerle, saludarle, ayudarle, desearle bien. En la calle hay personas muy distintas, pero en ella cabemos todos, debemos hacernos sitio unos a otros. Más que un lugar de tránsito para ir de un sitio a otro, la calle podría ser, sobre todo, lugar para ir hacia el otro, lugar para el encuentro, y convertirse así en camino para dar y buscar amor. En la medida en que se conviertan en espacios para el encuentro y el amor, en esa misma medida el Reino de Dios se hace presente en nuestras calles.

Hablando de calles con connotaciones éticas o nombres religiosos, ofrezco una idea para los profesores de religión o para los catequistas: invitar a sus alumnos a buscar, en su ciudad, denominaciones de calles que sean evocativas de sentimientos religiosos o éticos. Y suscitar en ellos la curiosidad de conocer lo que estos nombres significan o el motivo por el que han recibido esa denominación. Es un ejercicio en el que confluyen religión, cultura, y conocimiento de la propia ciudad.

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José M. Castillo: “La religión y la política han cambiado mucho en veinte siglos, pero el Evangelio sigue siendo el mismo”

Lunes, 30 de diciembre de 2019

50387_N_04-04-12-0-42-02Las relaciones entre religión y política se mantuvieron hasta finales del s. XVIII, cuando en 1789 cuajó legalmente la Ilustración

Para Jesús, lo determinante y lo que necesita este mundo no es que tengamos gobernantes ejemplares, sino que seamos nosotros, los ciudadanos, los que vivamos de una manera ejemplar

¿Se metió Jesús en política? Si respondemos a esta pregunta desde lo que se vivía y cómo se vivía, en el mundo romano del siglo I, a nadie se le ocurriría pensar que la religión y la política estuvieran separadas. Roma afirmaba que su imperio era tal por mandato de los dioses (Warren Carter). Por eso, mientras duró el Imperio y en los siglos posteriores del medievo, tanto los políticos como los hombres de la religión, no sólo mantuvieron el firme convencimiento de que “lo religioso” y “lo político” se necesitaban mutuamente, sino que además lo decían en público y lo defendían a toda costa.

Este criterio fue firme. Incluso ya bien entrado el Renacimiento, después de 1513, Maquiavelo dejó escrito: “Los príncipes o los estados que quieran mantenerse incorruptos deben sobre todo mantener incorruptas las ceremonias de su religión, y tener a ésta siempre en gran veneración, pues no hay mayor indicio de la ruina de una provincia que ver que en ella se desprecia el culto divino (Discursos sobre la primera década de Tito Livio, libro 1, 12). Y así se mantuvieron las relaciones entre religión y política hasta finales del s. XVIII, cuando en 1789 cuajó legalmente la Ilustración.

Pero yo no hablo aquí de las relaciones entre religión y política, sino de Evangelio y política. La religión y la política han cambiado mucho en veinte siglos. El Evangelio sigue siendo el mismo. Ahora bien, en el Evangelio está patente que Jesús no puso el centro de su mensaje en el cambio de los gobernantes y sus programas de gobierno, sino en el cambio de los gobernados y sus conductas. La mentalidad de Jesús aparece, en los Evangelios, tan patente como desconcertante.

“¿No lo estamos viendo ahora, en el silencio y las cosas extrañas, que oímos a no pocos “hombres de la religión”, que defienden su poder y sus privilegios, aunque las mujeres, los extranjeros y los desamparados tengan que seguir soportando lo más duro de la vida?”

Cuando Herodes mandó degollar a Juan Bautista, en una noche de juerga (Mc 6, 14-29 par), los Evangelios ni mencionan denuncia o protesta alguna de Jesús por semejante atrocidad. Y cuando le contaron a Jesús que Pilatos había asesinado a unos galileos, precisamente cuando ofrecían un sacrificio religioso en el templo, Jesús le dijo a la gente lo que nadie seguramente esperaba. En vez de rechazar el crimen de Pilatos, lo que Jesús le dijo a la gente fue tremendo: “Os digo que si no os enmendáis (si no cambiáis de vida), todos vosotros vais a morir igual” (Lc 13, 1-5). Para Jesús, lo determinante y lo que necesita este mundo no es que tengamos gobernantes ejemplares, sino que seamos nosotros, los ciudadanos, los que vivamos de una manera ejemplar.

¿No hemos pensado nunca que el tremendo relato de la pasión de Cristo nos enseña, entre otras cosas, que quien se resistió a condenar a muerte a Jesús no fue el “poder religioso”, sino el “poder político”? Al final, Pilatos cedió. Pero fue porque el “poder religioso”, en el momento decisivo, confesó a gritos su verdadera creencia: “No tenemos más rey que el César” (Jn 19, 15).

Es tremendo, pero hay que reconocerlo, si es que creemos en el Evangelio: el poder religioso cree más en su propio poder, venga de donde venga, que en la fidelidad a Jesús hasta el último suspiro. ¿No lo estamos viendo ahora, en el silencio y las cosas extrañas, que oímos a no pocos “hombres de la religión”, que defienden su poder y sus privilegios, aunque las mujeres, los extranjeros y los desamparados tengan que seguir soportando lo más duro de la vida? ¿Por qué el papa Francisco tiene que soportar tanto rechazo precisamente de quienes no se cansan de insistir que ellos son los conservadores más íntegros de la religión? La política es importante. Pero es más importante nuestra honradez.

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Encuentro

Martes, 26 de noviembre de 2019

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Cuando yo era joven, la «religiosidad» era para mí la excepción. La «religiosidad» me alejaba por sí misma. Por otra parte estaba la existencia habitual, con sus negocios, aquí, en cambio, imperaba el arrobamiento, la iluminación, el éxtasis, sin tiempo ni causalidad. No tuvo lugar nada de particular: un día, tras una mañana de exaltación «religiosa», recibí la visita de un joven desconocido, sin estar presente allí, no obstante, con toda el alma… No había venido a mí por casualidad, sino enviado por el destino no para una charla, sino para tomar una decisión, y precisamente a mí, precisamente en aquel momento.

        ¿Qué esperamos cuando estamos desesperados, pero buscamos también una persona? Probablemente, una presencia a través de la cual se nos diga que, pese a todo, la cosas tienen sentido. Desde entonces abandoné esa «religiosidad» que es solamente excepción, extrañamiento, evasión, éxtasis, o tal vez fui yo el abandonado por ella. Ahora no tengo más que la vida cotidiana de la que nunca me distraigo. El misterio ya no se pronuncia, se ha sustraído o bien mora aquí, donde todo sucede tal como sucede. Ya no conozco otra plenitud que la de cada hora mortal compuesta de pretensiones y responsabilidades. Muy lejos de estar en las alturas, sé, no obstante, que en la pretensión se me dirige la palabra y que puedo responder de manera responsable. Sé quién habla y me pide una respuesta. No sé mucho más. Si esto es religión, entonces la religión es todo, la totalidad vivida simplemente en su posibilidad de diálogo.

*

Martín Buber,
Incontro. Frammenti autobiografía,
Roma 1994, pp. 73ss, passim

***

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“¿Para qué queremos la religión, para tranquilizar algunas conciencias?”, por José Mª Castillo

Miércoles, 25 de septiembre de 2019

Utilizamos-religion-satisfacer-intereses-Evangelio_2080901906_9889617_660x371De su blog Teología sin censura:

“Algunos sólo quieren mantener el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan”

Lo digo con toda sinceridad: los que se empeñan en mantener intocable una tradición, que no es dogma de fe, ¿qué es lo que quieren mantener a toda costa? ¿le fe íntegra de la Iglesia y sus fieles? ¿o lo que quieren defender, en todo caso, es el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan?

No cabe duda que, en la sociedad y en los numerosos componentes que la configuran, se están produciendo cambios tan rápidos y tan importantes, que nos tienen a todos profundamente desconcertados. Nuestra forma de vivir cambia a una velocidad que, hace sólo unas décadas, no podíamos imaginar. Todo cambia. Todo, menos alguna que otra institución, que es de esos colectivos que se empeñan en seguir siendo, no sólo lo que siempre fueron, sino además como siempre fueron.

Con lo cual estamos viviendo una situación en la que hay grupos o colectivos importantes, que están empeñados en defender y mantener que, si ellos cambian en determinados asuntos, son infieles a su razón de ser y a su destino en este mundo. Con lo que dejarían de cumplir su finalidad y su destino en el mundo y en la sociedad.

Esto justamente es lo que le pasa a la Iglesia. Y no sé si lo mismo les ocurre a otras religiones. Posiblemente. Es más, seguramente es así. Porque las religiones tienen y mantienen, con una intolerancia ejemplar, que si cambian en ciertas (no pocas) tradiciones, normas, formas de conducta, etc., con tales hipotéticos cambios serían infieles a sus dioses y a su destino en este mundo.

¿Qué consiguen con esto las religiones? Consiguen ser fieles a “sus dioses”. O eso es lo que se imaginan los dirigentes religiosos. Pero, con su fidelidad a “los dioses”, ¿son fieles igualmente a los destinatarios de la religión, que somos los “seres humanos”? Más aún, ¿puede ser aceptable y se puede tolerar una religión, que es fiel a “lo divino”, pero es infiel a “lo humano”? Entonces – y si es que todo este tinglado tiene que ser así – ¿para qué queremos la religión y de qué nos sirve ese solemne y soberano tinglado? Servirá quizá para tranquilizar algunas conciencias. Pero, ¿para eso queremos la religión y con eso acaba su razón de ser en este mundo?

Viniendo a cosas más concretas, cuando los cristianos entramos en una iglesia y vamos a misa, a una boda, a un bautizo…, ¿qué vemos?; ¿qué nos dicen?; ¿qué impresión nos causa lo que se hace y se dice en una ceremonia religiosa? Lo que yo veo y oigo, en esas liturgias clericales, es (con pocas y ligeras variantes) casi lo mismo que yo veía y oía cuando era un niño, hace ya bastantes años. El mundo de ahora es tan distinto del de entonces. La vida, las ideas, las costumbres…, casi todo ha cambiado. Todo, menos la religión, que sigue casi igual.

Pero, entonces, ¿nos puede extrañar que la gente vaya cada día menos a misa o que a muchas personas les interese cada día menos lo que piensan y dicen los curas?

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Una misma religión y dos formas de vivirla

Por lo pronto, quienes nos interesamos por el problema, que estoy planteando, lo primero que deberíamos tener muy claro es que no es lo mismo hablar de Dios que hablar de la religión. Dios es trascendente. Es decir, Dios no es de este mundo, ni en este mundo se puede comprender. Si es “trascendente”, es “incomunicable”, o sea no es “objetivable” en ideas y conceptos. Dios, por eso mismo, está más allá del horizonte último de nuestra capacidad de conocimiento.

Pues bien, si Dios es trascendente, la religión es siempre algo inmanente, o sea es una realidad cultural, que los seres humanos vivimos y practicamos, mediante la cual buscamos a Dios y hacemos lo que está a nuestro alcance para relacionarnos con Dios.

Los cristianos sabemos, por el Evangelio, que Jesús es el Hijo de Dios y, por eso mismo, es la “revelación de Dios”. En Jesús, y por Jesús, nos relacionamos con Dios. Ahora bien, Jesús escogió, como apóstoles, a hombres casados. ¿Qué dificultad podemos encontrar en que actualmente haya hombres casados – y también mujeres – que presidan comunidades y celebraciones de la eucaristía? Por mantener estas costumbres, ¿vamos a privar a tantas y tantas comunidades de creyentes de poder celebrar la eucaristía?

Lo digo con toda sinceridad: los que se empeñan en mantener intocable una tradición, que no es dogma de fe, ¿qué es lo que quieren mantener a toda costa? ¿le fe íntegra de la Iglesia y sus fieles? ¿o lo que quieren defender, en todo caso, es el poder y los privilegios que les han llevado a los cargos importantes que ocupan?

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José María Castillo: “Una cosa es ‘practicar’ la religión. Y otra cosa es ‘utilizar’ la religión

Viernes, 2 de agosto de 2019

Oracion_2061403926_11979448_660x371De su blog Teología sin censura:

 “Si es que de verdad queremos ser ciudadanos de una pieza: que los últimos sean los primeros”

“Mucha gente está convencida de que lo importante en este momento es la política, mientras que la religión cada día pinta menos”

“A veces, el político ‘practica’ lo que le conviene, para obtener lo que le rinde mayor ‘utilidad'”

“Cantidad de relatos en los que Jesús reprende machaconamente a sus discípulos más íntimos, por la cantidad de veces que aquellos hombres discutían cuál de ellos era ‘el más importante'”

Mucha gente está convencida de que lo importante en este momento es la política, mientras que la religión cada día pinta menos. De ahí que, a la ciudadanía, lo que le interesa es lo que hacen los políticos. Lo que hagan o digan los curas (y sus devotos) importa menos o incluso nada, a no ser que se trate de escándalos o abusos de curas sin escrúpulos.

Esta manera de ver la realidad parece indiscutible. Y efectivamente todo esto resulta indiscutible para quienes se limitan a ver la realidad de la manera más superficial que se puede ver. Porque el hecho es que las relaciones entre política y religión son bastante más complicadas de lo que bastante gente se imagina.

religion-politica-eleccionesMe explico. Una cosa es “practicar” la religión. Y otra cosa es “utilizar” la religión. Un político (ya que de política estamos hablando) puede ir a misa todos los domingos, puede ser amigo de curas y obispos, puede rezar a los santos y hacer otras prácticas por el estilo, que, sin duda alguna, son cosas loables y ejemplares. Pero también puede ocurrir que el político de misas, rezos y santos, sea un embustero y un corrupto, que insulta a todo el que no piensa como él y que, por supuesto, se afana por ocupar una poltrona desde la que manda y se impone a los demás. Es evidente que este individuo “practica” la religión, pero también la “utiliza”. Más aún, “practica” lo que le conviene, para obtener lo que le rinde mayor “utilidad”.

Y conste que esto se suele hacer –de forma más o menos consciente – lo mismo en los despachos de los políticos que en las sacristías y celdas de parroquias y conventos.

Por eso, si es que de verdad queremos ser ciudadanos de una pieza, en lugar de hacernos tanto daño fomentando el odio, la mentira y el insulto, tendríamos que repetir, sin cansarnos, lo que tantas veces repite el Evangelio: que “los últimos serán los primeros” (Mc 10, 31; Mt 19, 30). Si este criterio se pusiera en práctica, no por “vagancia” de unos o por “pietismo” de otros, sino por la convicción de quienes fueran de verdad educados, para buscar el mayor bien de todos, sin duda alguna llegaríamos a vivir en una sociedad en la que, sin duda alguna, habría menos sufrimiento y una felicidad más y mejor compartida.

bienPor esto, sin duda alguna, una de las cosas que más me llaman la atención, cuando me pongo a leer el Evangelio, es la cantidad de relatos en los que Jesús reprende machaconamente a sus discípulos más íntimos, por la cantidad de veces que aquellos hombres discutían cuál de ellos era “el más importante” (Mc 9, 33-37; Mt 18, 1-5; Lc 9, 46-48) o quiénes tenían que “ocupar los primeros puestos” (Mc 10, 35-41; Mt 20, 20-28; Lc 22, 25-26). Lo mismo que cuando denuncia la ambición de escribas y fariseos por la ambición de estar y aparecer como los más famosos (Mc 12, 38-40; Mt 23, 1-36; Lc 20, 45-47).

Insisto en que todo esto no representa ni creencias celestiales, ni piedades de gente beata. Es algo mucho más serio. Y más profundo. Porque toca el fondo mismo de la vida. Ese fondo oscuro que todos llevamos en nuestra intimidad más honda. El fondo que, más que gente religiosa, nos hace personas honestas y cabales, que toda persona honrada vería con gusto ocupando los cargos con más responsabilidad.

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo

Javier Elzo: “En Francia, los católicos practicantes pesan más en las grandes aglomeraciones que en las zonas rurales”

Martes, 30 de julio de 2019

Encuesta-Europea-Valores-conclusiones_2140295997_13770687_660x371Algunas conclusiones no tan evidentes de la religiosidad hoy, según la encuesta de valores europea

Asistimos en Francia a una desinstitucionalización de de la religión y un aumento de los cultos minoritarios. Aún así la cultura religiosa del francés medio está unos codos por encima de la del español medio

Respecto de la relación de la práctica religiosa con la urbanización, las ciudades grandes, aquellas con más de 500,000 habitantes, son más religiosas que el resto de Francia debido, probablemente, a las diferencias sociales

“Las iglesias históricas parecen sufrir un creciente desprestigio”

“La belicosidad anti eclesial de parte de la gran prensa española y la de sus lectores, es prácticamente inexistente en Francia, salvo en reductos muy minoritarios”

“La inquina de El País con la Iglesia (y no es el único, ‘infoLibre’, del que soy suscriptor, es obsesivo contra la iglesia), no tiene parangón con ningún gran medio francés, comenzando por ‘Le Monde’

Las encuestas europeas de valores (EVS) se llevan realizando desde 1977 por oleadas, más o menos cada diez años. La última, la quinta, en 2018. Ya tengo en mis manos la publicación francesa. En España, ya se ha efectuado el trabajo de campo. Por la Universidad de Deusto. Su Equipo de estudio de los valores está analizando los datos, luego habrá que esperar a que presenten su Informe. Las líneas que siguen, son unos datos significativos a partir del Informe de Francia y, a continuación, me permito unas reflexiones sobre la comparabilidad entre la religiosidad en Francia y en España.

Tras lectura del Informe francés

Es este: Pierre Bréchon, F. Gonthier, S. Astor (dir) “La France des valeurs. Quarante ans d´évolutions“. Presses Universitaires de Grenoble, abril 2019, 382 páginas. Las Notas que siguen se basan en el inicio de la Sexta parte del Informe “La Religión en movimiento”.

Entre los jóvenes de 18-30 años, los fieles del islam están a punto de ser tan numerosos como los católicos, más del 13% de los musulmanes (de estos grupos de edad) y menos del 15% de católicos.

Manteniendo la edad constante, quienes han salido más tarde del sistema educativo son quienes en mayor proporción son católicos practicantes. El redactor de este capítulo del libro comenta así este dato: “Las relaciones entre el progreso del nivel de conocimientos y la religión son, por lo tanto, menos sistemáticas que lo que postulan enfoques corrientes del proceso de secularización” que apuntan que más nivel de conocimientos se correlaciona con menos religiosidad.

Respecto de la relación de la práctica religiosa con la urbanización, la tesis de que la ciudad ha sido durante mucho tiempo equiparada con el abandono de la religión por los migrantes internos que provienen de las campañas, supuestamente católicas, ya no se aplica a la Francia del siglo XXI. Las ciudades grandes, aquellas con más de 500,000 habitantes, son más religiosas que el resto de Francia: “los católicos practicantes pesan más en las grandes aglomeraciones que en las zonas rurales: 15% frente al 13%. (Entienden por “católicos practicantes” aquellos que declaran asistir a un oficio religioso, al menos en algunas fiestas religiosas, y “católicos no practicantes” quienes no asisten más que una vez al año, o menos)

Este fenómeno está probablemente relacionado con las diferencias sociales. Los dos grupos profesionales católicos que practican con mayor frecuencia son los directores, cuadros directivos y gerentes (18% de practicantes), y las profesiones intelectuales y científicas (16%), mientras que la tasa de práctica religiosa no es sino del 9 % entre los obreros de la industria y de los transportes, sean no cualificados. La encuesta revela, también, que los primeros habitan en gran medida en las grandes ciudades, mientras que los obreros están, hoy, sobrerrepresentados en la Francia rural.

El análisis de las creencias revela que la creencia en Dios va mucho más allá de la identificación con una religión establecida. Más que un retroceso de la religión en Francia, deberíamos hablar de desinstitucionalización de la religión, y aumento de los cultos minoritarios que llegan, por primera vez, al 10 % de la población francesa.

“Las teorías del fin de la religión no están confirmadas por esta nueva versión de la encuesta sobre los valores de los europeos, y de los franceses en particular. Sin embargo, las iglesias históricas parecen sufrir un creciente desprestigio. El progreso del islam y el del protestantismo evangélico no es suficiente para compensar el declive del catolicismo, así como el del judaísmo (menos 0, 5 % de la población), del protestantismo histórico lutero-calvinista (1%) frente al 1,6 % de la suma de los evangélicos y los Testigos de Jehová, el cristianismo ortodoxo (menos del 0,5 %), cifra similar a las de otras religiones orientales, budismo e hinduismo. En definitiva, aunque lo religioso no está, en absoluto, en declive, en la Francia del siglo XXI, parece estar claramente en proceso de desinstitucionalización.

Abordamos esta cuestión de la desinstitucionalización de lo religioso y la contrapusimos a la subjetivación de la fe, en nuestro trabajo sobre la Iglesia, comentando la última publicación de Peter Berger.

Y, en España, ¿qué?

Notas previas para comparar la religiosidad de los españoles con la de los franceses

Hay que subrayar que la realidad socio-religiosa francesa no es, en absoluto, idéntica a la española, más allá de algunas notas comunes, particular, pero no únicamente, el desplome de la práctica religiosa regular y la ausencia de nuevas vocaciones religiones. Pero hay también diferencias. Brevemente anotaría estas.

La guerra civil española, con el clericidio de los primeros meses de la sublevación, por la parte republicana (indicador de un problema de años anteriores), y la declaración de cruzada por los obispos, excepto Vidal y Barraquer y Múgica, a los que siguieron los años de nacionalcatolicismo están lejos de haberse borrado de la mente de los españoles. Francia vivió conflictos similares, incluso mayores, pero hace más de cien años, básicamente en siglo XIX, sin olvidar la revolución de 1789, y han aprendido a convivir, aun con trifulcas puntuales como, en el mandato de Hollande, con las manifestaciones del “mariage pour tous”.

Avanzaría la hipotesis, admito que arriesgada y de complicada verificabilidad que, en Francia, su episcopado en general se posiciona (por decirlo simple) más a la izquierda que la gran masa de católicos practicantes, a diferencia del episcopado español, en general, de nuevo, que estaría más a la derecha que el practicante católico español en las edades inferiores a los 65 años. Es cierto que la mayoría de católicos en Francia y en España están escorados a la derecha, pero en Francia hay más católicos muy de derechas (con escasísimos claramente de izquierdas), mientras que en España, quedan núcleos, algunos importantes como “socialistas cristianos” (aunque últimamente los oigo poco) y otros grupos, portales digitales y entidades de centro izquierda y claramente de izquierdas, sin que falten los que se dicen muy de derechas, (así VOX), pero lo son mucho más en lo político que en lo religioso.

La belicosidad anti eclesial de parte de la gran prensa española y la de sus lectores, es prácticamente inexistente en Francia, salvo en reductos muy minoritarios. No que la gran prensa francesa (los pocos cotidianos que quedan que se pueden contar con los dedos de una mano) sea habitualmente complaciente con la Iglesia francesa, que no lo es, pero tampoco es monocolor contra ella. Lector habitual de “Le Monde” y “El País” lo compruebo constantemente. La inquina del segundo con la Iglesia (y no es el único, “infoLibre”, del que soy suscriptor, es obsesivo contra la iglesia), no tiene parangón con ningún gran medio francés, comenzando por “Le Monde” que puede publicar un editorial muy duro, incluso con el papa Francisco, pero abrir a cinco columnas valorando positivamente un documento del episcopado francés.

Por otra parte, en España, no se encuentra en sus quioscos y librerías generalistas revistas como el magnífico “Le Monde des religions”, “La Vie- Chrétiens en débat”, “Esprit”, “Etudes”, etc., etc. Las escasas revistas religiosas en España, se reciben por abonados, personales o colectivos, o están enfeudadas en las librerías religiosas, y no forman parte del paisaje intelectual español.

Todo esto hace que la cultura religiosa del francés medio esté unos codos por encima de la del español medio. Con su traslado, comprobable, en los grandes medios de comunicación franceses y españoles, prensa escrita y digital, radios y televisiones, estatales y autonómicas (al menos las que yo controlo, como EITB). Lo que explica, a mi juicio obviamente, no pocas diferencias, en la actualidad, en la religiosidad media de los españoles en relación a la de los franceses. Por ejemplo, ¿es mayor la religiosidad de las personas con mayor formación en España como se apunta en Francia?. Lo dudo. Sospecho que, en España, el fundamentalismo cientista prolifera en mayor medida en las personas con formación superior (especialmente en CC. SS y Humanas) que el fundamentalismo religioso. Pero no tengo datos para confirmarlo o infirmarlo. El desierto, en estudios socio- religiosos en España, es sahariano.

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), General, Iglesia Católica, Iglesia Luterana, Iglesia Ortodoxa, Iglesias Evangélicas, Iglesias Reformadas (Calvinistas), Islam, Testigos de Jehová , , , , , , , ,

“Diferencias entre esoterismo, religión, mística y cristianismo”, por José Antonio Vázquez

Viernes, 19 de julio de 2019

cristo-y-dialogo-interreligiosoHoy es difícil encontrar discursos sobre espiritualidad que diferencien bien el ámbito de lo espiritual del ámbito de lo psicológico (no están separados pero, en ocasiones, se confunden) así como que distingan entre las diversas perspectivas o grados que pueden encontrarse en la vivencia de la espiritualidad.
Como explica Edith Stein, la espiritualidad hace referencia a la dimensión humana que es capaz de apertura a una realidad más allá de lo psicológico (mental, emocional o conductual) y lo material; el ámbito en el que se descubren los valores transcendentes que dan sentido a la vida (Martin Velasco). La espiritualidad es la dimensión personal del ser humano (hay que tener en cuenta que muchos confunden la persona con el individuo, por ejemplo, Jung), pues es el lugar de la libertad y la responsabilidad que le lleva a transcenderse más allá de sus necesidades egocéntricas.

Ahora bien, esta espiritualidad puede vivirse con diversos grados de profundidad que es bueno conocer y distinguir sin separar.

En los orígenes de la humanidad la espiritualidad presentaba la forma de lo que se ha llamado religiosidad cósmica o primordial. Restos de esta perspectiva pueden encontrarse en las diversas formas de chamanismo que aún perduran (en muchos casos ya muy reducidas a mera magia).

Estas religiones, siendo diversas por ser religiones tribales, tenían una perspectiva común: La búsqueda de la armonía con la naturaleza con la que se vivía en fusión (no había mucha conciencia personal), la religión buscaba la conservación de la vida y el orden naturales y sobrenaturales.

Estas religiones estaban vinculadas a un modo mítico de pensamiento, que captaba la realidad de modo simbólico y huía de su dimensión histórica o secular. Se cultivaba un pensamiento sintético más que analítico, simbólico más que racional, que nacía de la fusión entre el sujeto y el objeto, que no eran vistos como realidades separadas sino como formando una sola realidad. La forma politeísta que era frecuente que tuvieran sus hierofanías era vivida como una realidad común,  siendo los dioses expresión de los diversos aspectos de la dimensión espiritual concebida, en realidad, términos monistas, en último término, pues predominaba una conciencia de fusión con lo real.

Poco a poco irá creciendo la conciencia del individuo, la conciencia humanista; el ser humano empezará  a diferenciarse de la naturaleza y a tomar conciencia de su racionalidad, que cobra importancia.

El periodo llamado axial por K. Jaspers en torno al siglo VI A.C. es cuando aparece esta nueva conciencia en muchas diferentes culturas. En esta periodo, las religiones  anteriores se van transformando en religiones de tipo salvífico (salvación de la persona) y de tendencia universalista.

Podría decirse que se produce una división de la tradición primordial en dos perspectivas diferentes y en relación: una perspectiva humanista o exotérica (exterior) que busca la realización-salvación  del individuo humano (pues se descubre la dignidad del ser humano) y que se sostiene en un pensamiento analítico, dualista- diferenciando objeto y sujeto- y que da primacía a la ética; y por otro lado, una perspectiva que pretende ser continuadora de la visión primordial anterior y que quiere transcender lo humano, yendo a lo más profundo de la persona y tiene una visión transcendente y supracósmica, la perspectiva llamada esotérica (interior).

Reflejo de esta separación entre humanismo y esoterismo es la diferenciación muy estricta en la perspectiva esotérica entre lo profano o mundano (privado de valor religioso) y lo sagrado (lo realmente valioso), vivido muchas veces como realidades separadas e incompatibles.

El esoterismo sería, pues, una perspectiva propia de las religiones precristianas, que pretende ser continuadora de la visión primordial en medio de culturas que ya han adquirido una perspectiva humanista, por lo que es reservada a una minoría (para la mayoría que ha desarrollado una conciencia analítica y dualista es ya incomprensible). Su tendencia es monista, como en la religión primordial, tiende a reducir todo en último término a la realidad transcendente, sin valorar la autonomía real de lo mundano y humano. Confundiendo además lo relacional con lo dual.

Luc Benoist, siguiendo las explicaciones de Rene Guenon, conocido maestro del esoterismo contemporáneo, señala como:

El esoterismo… tiene por objeto liberar al hombre de los límites de su estado humano, hacer efectiva la capacidad que ha recibido de alcanzar los estados superiores en forma activa y duradera gracias a ritos rigurosos y precisos.

La tendencia monista del esoterismo es muy característica, lo que las religiones bíblicas van a entender en términos relacionales, el esoterismo, al entender la relación como dualismo, lo interpreta como realidades profundas de la persona, no como encuentro con realidades que la transcienden. Ejemplo típico es el concepto de las realidades angélicas que en las religiones bíblicas son entendidas como el encuentro de la persona con unas realidades espirituales distintas a ella y en el esoterismo se interpreta como una expresión simbólica de los estados superiores de la propia persona.

El esoterismo, en el cristianismo, es visto como una perspectiva limitada, que es integrada y transcendida, y que en realidad no lleva más que a lo más profundo de la persona, a su dimensión espiritual profunda, pero no es capaz de entender la perspectiva religiosa relacional por su limitada perspectiva monista. En las religiones precristianas el esoterismo era visto como la dimensión espiritual más profunda. Hoy todavía hay quien sigue creyendo esto.

Antoine Faivre, estudioso de la perspectiva esotérica, ha dado cuatro características típicas de las tradiciones espirituales esotéricas que permiten reconocer estos caminos esotéricos. Añade, además, otras dos características que también son frecuentes, aunque no es necesario que se den para hablar de una tradición esotérica como lo es con las cuatro primeras:

1) Mentalidad basada en las correspondencias: todo se ve como signo, como símbolo, a veces, la naturaleza visible refleja lo invisible, o la historia y la naturaleza solo tienen sentido y valor en relación con los libros revelados. El problema es que no se tiene en cuenta el valor y autonomía de esos símbolos, que son realidades en sí, además de símbolos.

2) Naturaleza Viva: La realidad natural se ve como un complejo plural, jerárquico e interrelacionado (de ahí la existencia de la magia en estos caminos) con el peligro de divinizar lo natural y lo creado o de todo lo contrario, «cosificarlo» como mero símbolo como si careciera de una realidad en sí más allá de su dimensión simbólica.

3) Importancia de la Imaginación y las mediaciones: El instrumento espiritual por excelencia es la imaginación activa, las visiones, los símbolos y ritos, que se consideran suprahumanos y ahí reside su eficacia. La iniciación es esencial y se concibe como la transmisión de una energía espiritual, sin ver su fondo de encuentro personal con el Misterio, por la mentalidad monista del esoterismo.

4) Búsqueda de la transmutación: Se busca ante todo una transmutación del individuo lograda por la gnosis, por un conocimiento fusional con el Misterio.

5) Práctica de la Concordancia: Se cree que las diversas tradiciones son expresiones de una misma tradición primordial y se buscan por ello concordancias entre todas ellas. No se perciben adecuadamente las diferencias cualitativas entre ellas.

6) Transmisión Regular: Se considera esencial la iniciación ritual, que es vista más que como un encuentro, como la recepción de unas energías espirituales suprahumanas. Las tradiciones esotéricas son extremadamente estrictas en la realización de los ritos pues ponen el centro en los símbolos mismos y no en la relación interpersonal con el Misterio que estos ayudan a realizar (por lo que para la mentalidad religiosa relacional- no esotérica- los ritos pueden ser variados dentro de unos límites e incluso no son absolutamente necesarios para la Gracia). En el esoterismo no hay una perspectiva relacional (encuentro) sino monista (fusión con energías).

Jean Danielou explica que con el nacimiento de las tradiciones del tronco de Abraham nacen las religiones bíblicas centradas en el concepto de Alianza o encuentro con el Misterio. En realidad, podría decirse que estas religiones son las que descubren el concepto mismo de religión, que es precisamente un concepto cuya base está, como decía Zubiri, en la experiencia de la religación con lo real; es decir, la religión se basa en el acceso a una perspectiva relacional, diferente a la perspectiva primordial (que era de fusión y monista) y a la perspectiva exotérica-humanista (dualista).

La perspectiva relacional nace del descubrimiento de un nuevo enfoque hacia la realidad al percibir que la realidad no se compone de objetos (cosas) externos a nosotros, ni de simplemente símbolos, llamados a fusionarse con nosotros, sino de ámbitos (López Quintás) realidades que tienen su propia entidad secular y, a la vez una dimensión espiritual , que, al encontrarnos con ellas (sin fusionarnos ni cosificarlas), nos permiten desarrollar posibilidades espirituales nuevas que nos transforman y las transforman. Como ejemplo de esta visión se suele poner el de la partitura, que reducida a cosa es un simple papel y descubierta como ámbito nos permite relacionarnos con ella espiritualmente generando una nueva realidad que nos transfoma y la trasfoma a ella: la creación de arte musical al servicio de la belleza.

La religión sería el modo relacional de vivir la espiritualidad, modo que integra y transciende, el humanismo y el esoterismo, siendo más profundo que cualquiera de estas dos perspectivas. Para Martin Velasco la perspectiva religiosa podría caracterizarse por los siguientes elementos:

La referencia al Misterio: Una realidad transcendente y absoluta.

Lo sagrado, o mejor, lo santo: En la religión lo sagrado no es una realidad diferente, sino una dimensión de lo real, lo histórico, que a su vez, conserva su realidad profana valiosa y su autonomía propia.

Actitud Salvífica: El ser humano percibe que es su vínculo con el Misterio lo que le plenifica, de ahí, que viva ante él una apertura y una cooperación.

Mediaciones: El Misterio se manifiesta en mediaciones o hierofanías, que por un lado lo manifiestan y, por otro, permiten al ser humano responder a ese misterio con acciones como la oración, el ayuno, la limosna, la peregrinación… etc.

Plenitud y origen de la religión sería la Mística, que, de nuevo, Martin Velasco define como: “presencia inobjetivable de la Transcendencia en el centro de la inmanencia…

La mística de algún modo integra y transciende la religión, sin suprimirla ni negarla (eso permite que podamos hablar de místicas laicas).

Para este autor, los elementos esenciales de la experiencia mística son:

1.- Presencia del Misterio que se ofrece

2.- Aceptación de esa Presencia, que es lo que entendemos como actitud de fe: apertura y consentimiento al Misterio.

Entre las características del modo de vivir la experiencia mística estarían:

su carácter inefable, su inmediatez mediada (se conoce a Dios por los efecto en la persona), su pasividad activa, su fruición, su simplicidad, certeza y oscuridad, así como el carácter impactante sobre la persona… expresión de una experiencia mucho más plena que cualquiera de las perspectivas anteriores, a las que integra y transciende.

La Mística nos lleva a la experiencia de la nodualidad relacional, experiencia de comunión con Todo y con todos sin dejar de ser quienes somos, experiencia de unidad y pluralidad y no a la experiencia de nodualidad monista al estilo esotérico.

Por último, habría que hablar de la novedad de la mística cristiana. El Misterio Pascual, de la cruz y la resurrección- centro de la religión cristiana-, rompe todas las imágenes del Misterio, que se “rebaja” haciéndose uno de nosotros para liberarnos y llevarnos a la plenitud participando de nuestra debilidad y sufrimiento.

El cristianismo es un escándalo para los seguidores de la tradición primordial y esotéricos, por su visión relacional, que ellos creen dualista y es incomprendido por judíos y musulmanes por su expresión del Misterio desde la debilidad, desde la opción por los pobres, haciéndose él mismo pobre para liberarlos y «fracasando» en el sentido mundano del término.

El cristianismo posee así una novedad  y una plenitud que no está en otras tradiciones religiosas y que estamos llamados a dar a conocer, no a imponer, sino a poner en relación con toda tradición humanista, primordial o esotérica colaborando con esas tradiciones en construir un mundo mejor. También estamos llamados a descubrir las verdades y la santidad en esas tradiciones, las semillas del verbo, que dirían los Padres de la iglesia o el “Cristo” desconocido que hay en ellas (en lenguaje cristiano).

El cristianismo trae una novedad cualitativa que no puede perder y, a la vez, no tiene el monopolio de la verdad, por ello, nuestro cristocentrismo ha de entenderse en modo relacional ( Geffré):  poner en diálogo y en relación con Cristo toda realidad humana y espiritual, enseñando la novedad cristiana y aprendiendo de los otros su sabiduría propia, su Cristo oculto, que nosotros desconocemos, colaborando con todos en la construcción de un mundo más humano y más espiritual: El Reino.

José Antonio Vázquez Mosquera

Fuente Cristianía: Monacato laico

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