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Crecer en la fe.

Sábado, 2 de octubre de 2021

portada_la-vecina-de-jesus_tono-casado_202011031023He leído el libroLa vecina de Jesús de Toño Casado y se lo he dejado a muchas personas. Se lee con mucho gusto y se asimila mejor que los grandes tochos de teología.

Por mil caminos necesitamos salir a la sociedad y anunciar el evangelio con osadía, creatividad, originalidad. Repitiendo siempre lo mismo, aburrimos a los oyentes. Ya lo dice el papa Francisco.

Me dicen muchas personas que se aburren porque repetimos siempre las mismas ideas y las mismas palabras en la Eucaristía. Ciertamente no voy a inventar yo “mi eucaristía” pero sí que puedo cambiar expresiones, formas… que la hagan más inteligible y cercana. Hace dos años que descubrí a Ariel Álvarez Valdés y estoy inmensamente feliz porque me va ayudando a descubrir y entender la Palabra.

Y tengo inteligencia para saber leerlo y entenderlo con sentido común y con la ayuda de mis creencias. Tenemos la suerte de disponer de muchos YouTube. Y disfruto enormemente escuchando por ejemplo a Melloni.

Me van suponiendo una renovación y una profundidad en mi vida y en mi fe. Pienso que no está reñida la creatividad y la renovación con el meollo del contenido. Pero son formas nuevas de ver la presencia de Dios en la vida y su Mensaje. ¡Qué rico si lo hacemos en comunidad! Nos compartimos nuestras experiencias, visiones, interpretaciones. Y si es preciso, rectificamos o avanzamos.

La oveja se escapa del rebaño y sale un momento a los alrededores y ahí se encuentra la riqueza de unos pastos, a los que no se había acercado nunca. Luego comparte con las demás ovejas esos pastos.

Me ha hecho mucho bien toda la lectura y el estudio de Fray Marcos, Arregui, Aizpurúa, Torres Queiruga y demás autores. Me ayuda a descubrir y vivir una fe viva. Es cierto que, en alguna ocasión, he quedado herido e interrogado. Pero ahí está la riqueza de la renovación y del cambio, de la comunidad y sobre todo, si llego a los peñascos, tranquilo, que el Buen Pastor, Jesús con su evangelio, me ayuda a volver a su rebaño. Pero con la experiencia de ser oveja libre. Volviendo, si es preciso a releer el evangelio,

Cuando era niño, leía y pensaba como niño. Ahora intento crecer y vivir una fe adulta. Con todos los elementos, puedo ir creciendo en una adultez, en una vivencia de fe renovada.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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La Cruz Gloriosa

Martes, 14 de septiembre de 2021

 Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

 


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Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo,  cómplices?

 

*

Don Helder Camara,
Un pensamiento para cada día”,
Médiaspaul, 2010

 

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Jesus in Love

***

Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.

*

Jean Vannier

***

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Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.

Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .

*

G. di S. M. Maddalena,
Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss

***

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Juan Bosco Monroy Campero: La fe de las mujeres transgresoras.

Lunes, 13 de septiembre de 2021

mujeres-1080x627“Oye, ¿y las mujeres?… ¡Ahí están y tienen mucho que decir!”  

Es necesario recuperar la situación de las mujeres en el contexto de Jesús; la presencia de las mujeres en el movimiento de Jesús y la actitud de Jesús hacia ellas

Los textos, como nos los han contado, han estado sometidos a producciones y lecturas masculinas y patriarcales. Un paso enorme consiste en comenzar a hacerse la pregunta: “Oye, ¿y las mujeres?”

Seis sesiones diseñadas para encuentros o reuniones de comunidades, en la dinámica de la lectura pastoral de la biblia, con una metodología popular

“La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares” (Carta del santo padre Francisco al cardenal Marc Ouellet, presidente de la pontificia comisión para américa latina).

El texto de esta carta de Francisco, presentándonos a las mujeres, las madres y las abuelas, como transmisoras de la fe y memoria de Jesús, nos invitan a descubrir esta realidad también en los textos bíblicos y especialmente en los relatos evangélicos.

Para esto es necesario recuperar la situación de las mujeres en el contexto de Jesús; la presencia de las mujeres en el movimiento de Jesús y la actitud de Jesús hacia ellas. Ahora, que esto ya está siendo más estudiado, nuestra tarea es terminar de descubrir y construir los significados de esto y sus consecuencias para la vida de tantas mujeres (especialmente) y de tantos varones (también afectados).

Los textos, como nos los han contado, han estado sometidos a producciones y lecturas masculinas y patriarcales. Un paso enorme consiste en comenzar a hacerse la pregunta: “Oye, ¿y las mujeres?”, para comenzar a descubrirlas y encontrarlas presentes donde siempre fueron invisibilizadas y silenciadas. ¡Ahí están y tienen mucho que decir!

Situación de las mujeres

La situación de las mujeres, la descubrimos como una situación de exclusión y opresión sacralizadas.

La pertenencia al pueblo de Israel se determina por la circuncisión; este es el rito de iniciación e incorporación a este pueblo (como el bautismo lo es para el nuevo pueblo de Dios). Sólo los circuncidados pertenecen al pueblo de Dios. ¿Qué pasa con las mujeres? ¡Quedaron fuera! No forman parte del pueblo de Dios… No tienen un pene y no pueden ser circuncidadas… (Algo ha dicho Freud de la ambición del pene en la mujer en nuestras sociedades patriarcales).

Su pertenencia al pueblo se define, entonces, en función del varón al que pertenecen: hija de…, esposa de…, madre de… (todavía hay grupos donde a partir del matrimonio la mujer cambia su apellido y se pone “de” …) sin olvidar que el “de” indica propiedad. La mujer, en sí y por sí misma, no es ni vale; todo su valor y su identidad le viene del varón del que es propiedad. Hay que recordar lo que dice tan feamente el 9° mandamiento en la primera versión del decálogo.

Las consecuencias de esto son muchas y de muchos órdenes: la mujer no puede poseer tierras (es el problema de las viudas sin hijos; de ahí viene la ley del levirato) la mujer no dispone de nada de los bienes de la familia; son del varón; la descendencia es masculina, no femenina (son hijos del zebedeo, no de la zebedea); no participa de la vida pública; incluso el tema del divorcio que se maneja de una manera terriblemente masculina, el texto de Mateo nos lo han leído pésimo, Jesús no va contra el divorcio sino contra la desigualdad dentro del modelo familiar vigente; la mujer no puede tener y tomar iniciativa en ningún campo; su único ámbito es la cocina y la lavandería… y atender al marido, claro…

Cuántos de nuestros roles de género están todavía marcados por esta construcción patriarcal… Por eso les da tanta cólera y reaccionan tan rabiosamente cuando queremos trabajar la perspectiva de género desde la educación para combatir y cambiar esta construcción social que genera tanta desigualdad y sometimiento.

Además, el contacto con la sangre es causa de impureza (por supuesto que no cuando es el sacerdote quien queda bañado en sangre en los sacrificios); la mujer queda impura cada mes por la menstruación. En muchos de nuestros pueblos todavía se habla de la menstruación como “se enfermó”, “está sucia” … y se limitan muchas actividades de la mujer en esos días.

Nunca va a tener un pene para ser circuncidada y hasta los 50 años no va a dejar de menstruar… No importa si es buena o mala, ¡es mujer! La exclusión y la opresión están en su carne para siempre… Por ser mujer…

Una mujer, en los días de su menstruación, impura, se sienta en una silla… ¡la contamina!, la vuelve impura; si un varón se sienta en esa silla, se contamina, se vuelve impuro ¡por culpa de la mujer impura que se atrevió a sentarse ahí! La consecuencia es lógica: ¡Que no se siente! ¡Que se quede parada allá atrás! ¡Mejor afuera! La exclusión religiosa (¡impura!) se vuelve exclusión social (¡allá afuera!).

Esto repercute hasta económicamente en las condiciones de vida, ya que el pecado se paga con sacrificio. Menstruaste = impura = paga; ¿y el próximo mes? ¡Paga!, ¿Y el próximo mes? ¡Paga! y así hasta los 50… Dar a luz es impureza (para la mujer, claro) por el contacto de sangre. ¡Hasta dar vida es pecado!

Esto sucede también con los y las otras excluidos: hay razas puras e impuras, clases sociales puras e impuras, profesiones puras e impuras, lugares puros e impuros, etc. Por eso es fundamental para la comunidad cristiana la experiencia de Pedro en la casa de Cornelio: ¿Quién eres tú para calificar como impuro a nadie? Y, sobre todo, porque Dios no lo ha calificado así. Cuando comenzamos a calificar como puro e impuro es terrible; es lo grave de ciertos grupos.

Jesús no se maneja por puro e impuro sino por justo e injusto; misericordia, ternura, vida posible o vida amenazada…

Lo peor es que esto se hace en nombre de Dios; en nombre de una supuesta “ley de Dios”. En tiempo de Jesús los fariseos y sacerdotes decían que había 673 mandamientos; todo es pecado… Al multiplicar la ley, multiplicamos el pecado y al multiplicar el pecado, multiplicamos el sacrificio. Para Jesús no hay más que 1 mandamiento, y no es amar a Dios sino querernos unos a otros.

Jesús y el modelo patriarcal

La gran “novedad” o “recuperación” que presenta Jesús y que influye definitivamente en su relación con las mujeres, es su experiencia de Dios “Abba”: papi, papito de todos y todas. Para su tiempo es una novedad muy grande y conflictiva; rompe los esquemas vigentes en la sociedad y en la religión. Hay que recordar que la muerte de Jesús tiene causas históricas: Jesús muere condenado a muerte como hereje y como subversivo. Su praxis; lo que hacía y decía fue considerado herético y subversivo por los poderes político y religioso de su tiempo.

Jesús no cree en el dios de la ley (nos da un solo mandamiento: querernos), no cree en el dios de la pureza (se mezcla con la peor gente y es considerado el amigo de los borrachos y las putas), no cree en el dios del templo (sólo fue dos veces y salió peleado las dos veces), no cree en el dios del sacrificio (le importa la misericordia y la justicia); no cree o deja de creer en el dios en el que seguramente fue educado por la sociedad de su tiempo. Teniendo en cuenta lo que dice Lucas: “el niño crecía en sabiduría y entendimiento” (Lc 2,51), Jesús fue viviendo un proceso de ruptura con la fe y el modelo religioso que recibió y vivió en su sociedad.

Sin embargo, y aunque Jesús lleva esta experiencia a una radicalidad total; en realidad es una “recuperación” y no una “novedad”.

En la perspectiva presentada por Lucas, “un día en que todo el pueblo se bautizaba, Jesús también” (LC 3,21).

¡Jesús aparece no como el que inicia sino como el que sigue! Jesús se incorpora, asume, algo que ya está haciendo el pueblo. La iniciativa profética vino de Juan y el pueblo encontró en su propuesta una respuesta a sus propias expectativas, esperanzas y experiencias. Cuando Jesús ve lo que está proponiendo Juan y lo que está haciendo el pueblo dice: ¡Yo también! Descubre que la presencia y la acción histórica de Dios en medio de su pueblo está ahí.

De hecho, la acción histórica de Dios con su pueblo no comenzó con Jesús. Dios siempre ha estado y actuado con su pueblo; ahora hay una nueva presencia y una nueva acción como respuesta a este nuevo momento histórico, a través de Juan y el pueblo; Jesús la descubre, la experimenta y la asume; se incorpora a ella.

La primera experiencia de este Dios para el pueblo de Israel se dio con el éxodo: frente al sistema de opresión de Egipto y de Canaán, el pueblo vive la experiencia del Dios que ve la humillación del pueblo, conoce sus sufrimientos en la opresión, escucha sus clamores cuando son maltratados por los capataces y, por eso, baja y actúa para liberar de esa opresión. Moisés es enviado a sacar del dominio del faraón y a llevar al pueblo a una tierra sin el dominio del régimen faraónico y con condiciones reales que hagan la vida posible para todos y todas (“otro mundo es posible”). Y no hay que olvidar el papel definitorio que jugaron las mujeres en esto (las mujeres que esconden a Moisés; la hija del faraón; las parteras; Miriam, la hermana de Moisés).

De esta experiencia del Dios único de todos y todas surge un nuevo modelo de sociedad, lo que llamamos la confederación de tribus o el tiempo de los jueces. En esta sociedad más igualitaria y libre, las mujeres tenían otro estatus y otra presencia; juegan un papel importantísimo en la construcción de este nuevo modelo social. Débora y Jael son personajes principales en el libro de los jueces y si Abrahám es llamado padre del pueblo, Débora es llamada madre del pueblo. 200 años de un modelo social diferente.

El problema fuerte viene con la instauración de la monarquía. Es la instauración del modelo patriarcal, piramidal y excluyente que necesita legitimarse también religiosamente. ¡La monarquía no es querida por Dios, se instaura en oposición a Dios!; queda muy claro en el texto de Samuel (1 Samuel 8). La monarquía no es progreso; es retroceso. Es volver a Egipto, al modelo piramidal del que Dios nos invitó a salir. Con el Dios del éxodo no es posible volver a instaurar la pirámide; por eso la monarquía necesita promover otro dios y otro modelo religioso. Con la monarquía aparecen el templo y el sacerdocio; la ley y el sacrificio. ¡El templo no es querido por Dios!, es iniciativa de David y Salomón para legitimar su modelo monárquico (2 Samuel 7). De hecho, recibe la oposición del profeta Natán.

Procesos parecidos se encuentran también en otras experiencias religiosas (el cambio de Quetzalcóatl, un dios genial, por Huitzilopochtli, un dios sanguinario que exige sacrificios humanos). Históricamente es el paso de sociedades matriarcales a patriarcales.

La monarquía se impuso (generalmente los poderosos logran salirse con la suya), pero la resistencia permaneció y se mantuvo siempre a través de los campesinos y las mujeres. Por eso surge la profecía; los y las profetas fueron siempre los grandes enemigos del palacio y del templo (Raúl Vera, Samuel Ruíz, Méndez Arceo, Rigoberta Menchu, Máxima Acuña).

El profeta Isaías estuvo casado con una profetisa; la reforma de la monarquía que intentó Josías, el único rey del que habla bien la biblia, fue inspirada y animada por la profetisa Hulda… ¿Por qué nunca nos hablan de ellas? La profecía, más tarde la apocalíptica y los sapienciales, la resistencia a los modelos de dominación, tuvieron como protagonistas a mujeres. El II y III Isaías (cap. 42 en adelante) es muy probablemente un texto producido por mujeres y son textos en los que se habla muy frecuente de un Dios con características femeninas y donde por primera vez se le da a Dios el título de “Papá”. El Qoelet o Eclesiastés, “cómo vivir en tiempos de porquería”, Ruth, Judith, Ester, cantar, textos femeninos que muestran la resistencia frente a los modelos de dominación.

De esta tradición bebió Jesús. En los textos del nuevo testamento hay muchísimas referencias y citas de estos textos. Esta es la tradición viva que encontró en muchas mujeres y probablemente en María. El canto del magníficat es el canto más revolucionario que puede haber (¡cómo lo hemos domesticado!) y aunque Lucas lo pone en boca de María, ya aparece como el cántico de Ana en el antiguo testamento. Es el cántico de las mujeres que creen en este otro Dios y en su nombre exigen y realizan la transformación de la sociedad.

Jesús no se casó; probablemente como rechazo al modelo familiar patriarcal; no como rechazo a la mujer ni a la sexualidad. Jesús no se casó, pero tuvo muchas amigas cariñosas y su movimiento está compuesto por muchas mujeres que rompen el esquema.

La actitud de las mujeres

Es importante y atractivo pensar en la actitud de Jesús hacia las mujeres. Si, como decimos, Jesús es el revelador de Dios, entonces, su actitud hacia ellas es fundamental porque muestra, revela, la actitud de Dios.

Sin embargo, nos parece que hay un paso previo que es fundamental, sin el que no entendemos plenamente la actitud de Jesús y su significado, y al que se le ha puesto poca atención: la actitud de las mujeres.
Si no, corremos el riesgo de volver a silenciarlas e invisibilizarlas, aunque sea para ver y oír a Jesús.
Hay algunas especialmente impactantes;

María en la boda de Caná, atenta a las necesidades de la gente (Jn 2, 1-11). Impulsa a Jesús a iniciar su acción.

La mujer con hemorragia y la niña (Mc 5,21-34). Se atreve a tocar y enseña a Jesús a tocar.

La mujer de Siquem dialoga con Jesús sobre Dios y la vida (Jn 4,1-42). Se vuelve evangelizadora de Samaria.

– Una “pagana” nos enseñan a creer (Mt 15,21-28). Enseña a Jesús que todos y todas tenemos derechos; hasta los perritos.

Marta habla con Jesús sobre Lázaro (Jn 11,21-27). Hace la profesión de fe en Jesús.

María, la irresponsable (Lucas 10:38-42).

María unge a Jesús (Jn 12,1-3). Reconoce la presencia de Dios en el perseguido por subversivo y hereje.

La viuda exigente (Lc 18:1-8). Exige justicia frente a los derechos negados.

Magdalena, primera testigo del Resucitado (Jn 20,11-18). La apóstol de los apóstoles.

En algunas ocasiones, Jesús reconoce la fe de esas mujeres y como esa fe es la que las ha movido para acudir a él y conseguir la respuesta a sus necesidades. Jesús, al reconocer esa fe, ofrece consuelo, paz, ternura, a las mujeres además de la solución a las necesidades expresadas. “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado” (Mt 9,22); “Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 8,48).

Pero hay también una alabanza explícita a la fe de otras mujeres. Ese es el caso de la viuda cuya fe se convierte en generosidad y solidaridad. Esa fe convertida en solidaridad hacia otros necesitados provoca en Jesús la necesidad de reconocerla y afirmarla delante de todos. “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir” (Mc 12, 43; Lc 21,3).

La mujer sirio-fenicia, una extranjera como el centurión, va a provocar el entusiasmo y el cambio de mentalidad en Jesús: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!” (Mt 15,28). Entre Jesús y la mujer se desarrolla un diálogo duro y difícil que culmina en ese reconocimiento y en un cambio de actitudes por parte de Jesús; nunca más vuelve a decir, como lo hace con ella, que él vino sólo para los judíos.

En otras ocasiones, la fe de las mujeres va incluso a provocar que Jesús tome partido por ellas y las defienda frente a los ataques que reciben por parte de algún varón. La fe amorosa de la prostituta va a despertar la ternura de Jesús frente a la actitud discriminadora del fariseo: “Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha amado mucho” (Lc 7, 47).

Esta misma toma de postura a favor de ellas la encontramos cuando la rebeldía de María es apoyada por Jesús. Ella rompe todos los esquemas sociales y religiosos de la época y, frente a los cuestionamientos y críticas, Jesús se pone de su parte y la alaba. “María eligió la mejor parte, que no le será quitada” (Lc 10,42).

Frente a otra mujer y su manifestación de fe, Jesús incluso la propone como modelo para todos y todas nosotros. Su memoria estará siempre ligada a la memoria de Jesús. “Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo” (Mc 14,9).

Así pues, en los textos que narran estos encuentros, aparece claramente como Jesús reconoce y valora la fe de las mujeres a las que propone como modelo para todas y todos.

Con un agravante… ¡Todas estas mujeres son mujeres transgresoras de la fe y el orden institucional!
Queremos encontrarnos con algunas de ellas…

María, la irresponsable (Lc 10,38-42)

Una mujer atrevida (Mc 5,21-43)

Una “pagana” nos enseña a creer (Mt 15,21-43)

Una viuda exige justicia (Lc 18,1-8)

Una mujer lúcida, valiente y decidida (Jn 11,53 – 12,11)

Una mujer que vive y sufre su realidad (Jn 4,1-43)

Las mujeres que cantan y danzan (Lc 1,46-56)

Son seis sesiones diseñadas para encuentros o reuniones de comunidades, en la dinámica de la lectura pastoral de la biblia, con una metodología popular.

Para cualquier información sobre este material se puede comunicar a jboscomonroyc@gmail.com

Fuente Religión Digital

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¿Quién es el Dios en el que creo?

Sábado, 4 de septiembre de 2021

The word of GOD surrounded by question marks La reflexión de hoy es del editor de Bondings 2.0, Francis DeBernardo.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el vigésimo primer domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar haciendo clic aquí.

¿Quién es el dios en el que creo? ¿Quién es el Dios en el que creo?

Esa repetición no fue un error tipográfico. Para mí, esas son las dos preguntas distintas que se plantean en la primera lectura litúrgica de hoy y en la lectura del Evangelio. Creo que esas son preguntas que todas las personas de fe deben responder, y creo que los católicos LGBTQ y sus aliados, en particular, no pueden dejar de responderlas.

En la primera lectura de hoy, Josué ofrece a los israelitas una opción. Pueden adorar a los dioses de sus antepasados del otro lado del río, pueden adorar a los dioses de los amorreos, en cuya tierra viven, o pueden adorar al dios que Josué llama “Señor”, que sacó a los israelitas de la esclavitud. Josué elige al último, al igual que todos los israelitas, nos dice el texto.

En el evangelio, leemos una historia en la que las personas que han escuchado a Jesús predicar han comenzado a no creer en él. Jesús pregunta a sus apóstoles si ellos también quieren dejarlo. Pedro responde por todos ellos: “Maestro, ¿a quién iremos? Tu tienes las palabras de la vida eterna. Hemos llegado a creer y estamos convencidos de que eres el Santo de Dios “.

En la primera historia, se le pregunta a la gente qué deidades son importantes para ellos. Sin embargo, en la segunda historia, la respuesta de Pedro describe un rasgo particular de Dios que Jesús ha exhibido: él tiene palabras de vida eterna. A partir de su experiencia con Jesús, han llegado a comprender que él es un reflejo del Dios que ofrece la vida eterna y que sus enseñanzas los conducirán a esta realidad.

Para aclarar la distinción entre estas dos preguntas, permítanme formularlas de manera un poco diferente. Creo que el primero se puede renderizar: ¿qué es importante para ti? ¿Qué valora usted? ¿Qué guía sus decisiones de vida?

El segundo se puede reformular como: ¿Cómo entiendes al Dios revelado en las Escrituras? ¿Qué papel juega Dios en tu vida? ¿Cuáles son tus imágenes de Dios?

Debido a tantos mensajes negativos que las personas LGBTQ han recibido de los líderes cristianos, especialmente los católicos, creo que este grupo a menudo ha experimentado una cierta necesidad y urgencia de encontrar respuestas a esas preguntas. Es posible que muchos otros no hayan experimentado esta necesidad de la misma forma urgente.

Habiendo sido dicho que están enfermos, criminales, pecadores más allá de la redención, y haber experimentado el rechazo, y haber vivido parte de sus vidas con miedo, vergüenza, confusión y secreto, todos han dado a las personas LGBTQ una ventaja para responder a la primera pregunta: ¿Quién? es el dios en el que crees?

La experiencia de la marginación, la opresión y el armario, que casi todas las personas LGBTQ han sentido hasta cierto punto, requiere que las personas se vuelvan introspectivas en mayor medida que el público en general. Su necesidad humana de ser abierta y conocida por completo a menudo presenta opciones: ¿autenticidad o popularidad? ¿Verdad o aceptación? ¿Libertad o ventaja? Las personas LGBTQ terminan preguntándose: “¿En qué creo realmente? ¿Cuáles son los valores que quiero que rijan mi vida? “ En otras palabras, “¿Quién es el dios en el que creo?”

En el ámbito espiritual, los católicos LGBTQ, y las personas LGBTQ de otras religiones, atraviesan un proceso similar. Habiendo soportado mensajes negativos, exclusión y rechazo de figuras e instituciones religiosas, han tenido que mirar profundamente en sí mismos para preguntarse si Dios está obrando en sus vidas y cómo lo hace. Este viaje es a menudo uno de maduración, donde las personas abandonan sus imágenes más antiguas e infantiles de Dios como un Papá Noel o un juez severo que intenta castigar. Y descubren que Dios es verdaderamente todo amor y ha creado bien todas las cosas. Creo que muchos responderían a la pregunta “¿Quién es el Dios en el que creo?” muy diferente después de haber salido de lo que habrían hecho antes de salir.

En el evangelio de hoy, leemos acerca de Pedro haciendo una declaración de quién es Dios para él: el Santo que tiene palabras de vida eterna.

Pero ahora me dirijo a ustedes, queridos lectores. ¿Cómo responderías a las dos preguntas que iniciaron este post? ¿Quién es el dios en el que creo? ¿Quién es el Dios en el que creo?

Comparta sus ideas en la sección “Comentarios” de esta publicación. Siéntase libre de compartir también cómo sus respuestas a estas preguntas pueden haber cambiado a lo largo de su vida.

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry,  22 de agosto de 2021

Fuente New Ways Ministry,

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Masticando tus palabras de vida.

Lunes, 16 de agosto de 2021

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Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues vives en el pan tierno
que se rompe y comparte
en cualquier casa, mesa y cruce,
entre hermanos, desconocidos y caminantes.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues tú eres banquete de pobres
y botín de mendigos,
que vacíos, sin campos ni graneros,
descubren que son ricos.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
hambre de vida y justicia
que no queda satisfecha
con vanas, huecas, lights palabras,
pues aunque nos sorprendan y capten,
no nos alimentan ni satisfacen.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues sin ella olvidamos fácilmente
a los dos tercios que la tienen,
entre los que tú andas perdido
porque son los que más te atraen.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
y mantener despierto el deseo
de otro pan diferente al que nos ofrecen
en mercados, plazas y encuentros
donde todo se compra y vende.

Para creer en ti
hay que tener hambre
y, a veces, atragantarse al oírte
para descubrir la novedad
de tu presencia y mensaje
en este mundo sin ilusiones.

*

Florentino Ulibarri
Fuente: Fe Adulta

***

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De redes sociales, posverdad y creencias religiosas

Martes, 10 de agosto de 2021

redes-sociales-posverdad-creencias-religiosas_2363173660_15662927_660x371Del blog de Consuelo Vélez, Fe y Vida:

Más allá de reforzar una fe infantil, intimista, acrítica, irracional

“Son tiempos de aceptar la pluralidad cultural y religiosa en la que vivimos y de aprender a convivir con otros que no creen lo mismo que nosotros y no por eso están atacando a la iglesia”

“Algunos clérigos que fueron ordenados en los papados anteriores se sienten tan descolocados con las palabras y acciones del papa Francisco que no saben acompañar a sus feligreses para que comprendan que la iglesia va caminando en el tiempo y debe siempre revisarse y ajustarse si quiere ser fiel al evangelio”

“Conviene que aprendamos a utilizar las redes sociales con una lectura crítica de cualquier información buscando que tenga fundamentos sólidos y constatables, pero también que los aprovechemos para una formación cristiana a la altura de estos tiempos”

Pero preocupa lo que últimamente se llama la posverdad”, es decir, que se afirma cualquier cosa sin tener criterios para hacerlo y los lectores lo reciben con un grado de ingenuidad que siguen divulgando lo que, bajo apariencia de cierto, son verdaderas mentiras que se instalan en el consciente o inconsciente de las personas y resulta muy difícil desmontarlas.

Por ejemplo, esto ha pasado con las vacunas, donde los mensajes en redes sociales muestran que tienen más fuerza que las noticias oficiales y por eso mucha gente se resiste a vacunarse, repitiendo los argumentos que han leído en las redes, sin saber siquiera las bases reales que se tienen para aquella afirmación y sin molestarse ni un mínimo por indagarlas.

Igual sucede con la política donde se multiplican las afirmaciones falsas y las personas las repiten como si tuvieran toda la certeza de que eso es verdad, simplemente porque cualquiera lo escribió en la red y si está escrito parece que ha de tener credibilidad absoluta.

A nivel eclesial, las redes sociales han prestado un servicio muy bueno para alimentar la fe con las celebraciones litúrgicas y muchos otros mensajes y espacios de reflexión que se han propiciado pero, no han faltado quienes pudiendo tener tanta y tan buena influencia con sus seguidores (por ejemplo, algunos clérigos), han convertido sus publicaciones en “defensa de la fe” contra este mundo “ateo” que nos impide ir al templo o que no cree suficientemente en Dios y por eso acude a las vacunas o simplemente queriendo hablar de temas eclesiales reflejan su falta de formación o de actualización teológica lo cual conlleva a que sus seguidores, no puedan ir mucho más allá de reforzar una fe infantil, intimista, acrítica, irracional y tantos otros apelativos que hacen que el testimonio de vida cristiana sea cada vez anacrónico para los tiempos actuales.

No son tiempos de demonizar lo distinto o de creer que todo es ataque a la iglesia. Son tiempos de aceptar la pluralidad cultural y religiosa en la que vivimos y de aprender a convivir con otros que no creen lo mismo que nosotros y no por eso están atacando a la iglesia. La critican sí, por su falta de testimonio o por los escándalos de sus clérigos o por su postura ante algunas situaciones sociales, pero esto es muy distinto a creer que la atacan y promover una postura de defensa en lugar de contribuir a abrir la mente y el corazón para entender el mundo actual y ofrecer una fe que sabe caminar con otros y que no quiere imponer ni reivindicar todo para sí. Eso fue lo que hizo Vaticano II, en la Constitución Gaudium et Spes al invitar a leer los signos de los tiempos y responder a ellos. Ya sería bueno asumir este Concilio cuando han pasado más de cincuenta años de aquel acontecimiento.

A veces también algunos clérigos que fueron ordenados en los papados anteriores se sienten tan descolocados con las palabras y acciones del papa Francisco que no saben acompañar a sus feligreses para que comprendan que la iglesia va caminando en el tiempo y debe siempre revisarse y ajustarse si quiere ser fiel al evangelio. Hay momentos en la historia en que este movimiento se nota mucho más y estamos en él. No era gratuito que en las décadas pasadas se hablara de “invierno eclesial” o de “involución” y por eso este papado ve la urgencia de una reforma eclesial. Pero tal vez estos clérigos ni se enteraron del invierno que se vivía, ni entienden porque le llaman a Francisco el papa de la “primavera”. Están tan centrados en sus propias convicciones que no acompañan los signos de los tiempos -como lo dije antes- y no saben interpretar el presente. Los clérigos podrían ser los primeros en mantener la lucidez, la formación y la capacidad de acompañar al pueblo de Dios para que, asumiendo los errores, retrocesos y escándalos de la iglesia, amplíen la visión y siempre estén buscando caminos de conversión, en aras a ser una iglesia cada vez más creíble.

Las redes sociales seguirán existiendo y ahora con más fuerza, por lo tanto, conviene que nos preguntemos si estamos cuidando de no caer en la falacia de la posverdad y si hemos afrontado esta circunstancia de la mejor manera, creciendo en todo sentido, pero especialmente, en la vida de fe que a veces, pareciera, no ha sido la más relevante a la hora de acompañar tanto dolor y muerte, tanta incertidumbre y soledad que ha traído la pandemia. Conviene que aprendamos a utilizar las redes sociales con una lectura crítica de cualquier información buscando que tenga fundamentos sólidos y constatables, pero también que los aprovechemos para una formación cristiana a la altura de estos tiempos en los que es necesario derribar muros y construir puentes -como dice el papa Francisco-, actitud que solo es posible si salimos de lo conocido para abrirnos a lo nuevo, si no tenemos miedo al cambio y a un futuro eclesial distinto.

(Foto tomada de: https://www.abc.es/tecnologia/redes/abci-redes-sociales-pilar-clave-para-pymes-201812080202_noticia.html)

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María…

Sábado, 12 de junio de 2021

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En la narración evangélica relativa a María hemos de señalar una circunstancia muy importante: ella fue, a buen seguro, iluminada interiormente por un carisma de luz extraordinario, como su inocencia y su misión debían asegurarle; en el evangelio se manifiesta la limpidez cognoscitiva y la intuición profética de las cosas divinas que inundaban su privilegiada alma. Y, sin embargo, la Señora tuvo fe, la cual supone no la evidencia directa del conocimiento, sino la aceptación de la verdad a causa de la palabra reveladora de Dios. «También la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe», dice el Concilio (LG 58). Es el evangelio el que indica su meritorio camino, que nosotros recordaremos y celebraremos con el único elogio de Isabel, elogio estupendo y revelador de la psicología y de la virtud de María: «¡Dichosa tú, que has creído!» (Lc 1,45).

Y podremos encontrar la confirmación de esta virtud fundamental de la Señora en todas las páginas del evangelio donde aparece lo que ella era, lo que dijo, lo que hizo, de suerte que nos sintamos obligados a sentarnos en la escuela de su ejemplo y a encontrar en las actitudes que definen la incomparable figura de María ante el misterio de Cristo, que en ella se realiza, las formas típicas para los espíritus que quieren ser religiosos según el plan divino de nuestra salvación; son formas de escucha, de exploración, de aceptación, de sacrificio; y, a continuación, también de meditación, de espera y de interrogación, de posesión interior, de seguridad calma y soberana en el juicio y en la acción, y, por último, de plenitud de oración y de comunión, propias, ciertamente, de aquella alma única llena de gracia y envuelta por el Espíritu Santo, pero formas también de re, y por eso próximas a nosotros, no sólo admirables por nosotros, sino imitables.

*

Pablo VI,
Audiencia general del 10 de mayo de 1967,

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Miguel Ángel Munárriz: En busca de sentido.

Jueves, 10 de junio de 2021

Vida.2-300x192Albert Einstein tenía una concepción estática del universo, es decir, consideraba que la posición relativa de sus grandes estructuras permanecía fija, lo que le llevaba a un error sistemático al aplicar las ecuaciones de la Relatividad.

Un jesuita belga, George Lemaître —físico eminente y matemático genial—, se basó en esta inconsistencia de la Relatividad para desarrollar una teoría que consideraba el universo dinámico, es decir, en permanente expansión. Resaltó en su trabajo algo crucial para el futuro de la cosmología, y es que, remontándonos hacia atrás en el tiempo, tuvo que haber un momento en que el universo fuese infinitamente pequeño, y a este universo primordial lo llamó “átomo primigenio”.

Curiosamente, el problema que encontró cuando publicó su teoría en 1927 no fue de carácter científico, sino ideológico, pues le acusaron de proponer esta teoría por su condición de jesuita cristiano; porque si el universo había tenido un principio, las tesis creacionistas propugnadas en la tradición judeo-cristiana recibían un gran impulso. Muchos científicos se opusieron por esta razón a su teoría, y como ejemplo podemos mencionar a los rusos I. Khalatnikov y E. Lifshitz que trabajaron con denuedo para descalificarla debido a su creencia marxista.

Dos años más tarde, Edwin Hubble demostró experimentalmente la expansión del universo midiendo el “corrimiento al rojo” de galaxias distantes. En 1948, el físico ucraniano Gueorgui Gamow planteó que el universo se creó a partir de una gran explosión, y la teoría de Lemaître quedó definitivamente aceptada con el nombre de “teoría estándar del big bang”. Einstein, que en un principio le había tildado de “físico abominable”, pasó a deshacerse en elogios hacia él.

La comunidad científica parece tener dos cosas muy claras; que el universo tuvo un principio, y que la ciencia no parece estar capacitada para determinar las causas que lo originaron. Esto deja abierta la puerta a la idea de un universo creado por Dios, pero aquí entra en juego la lógica metafísica para enfriar el entusiasmo de los creacionistas. Porque si el mundo no es parte integrante de Dios —se arguye—, es decir, si existe un límite entre Dios y el mundo, resulta que Dios es limitado, lo cual no concuerda con nuestra idea preconcebida de Dios.

Esta dificultad desaparece en las concepciones panteístas, en las que todo cuanto existe forma parte de Dios, pero en ellas surgen inconsistencias todavía mayores. Porque si el mundo tuvo un principio, el atributo extenso de Dios (según terminología de Spinoza) sufrió cambio, pues antes no existía y luego sí, lo que significa que Dios cambia, que no es inmutable, y seguimos en las mismas… Y es que, como decía Hume, «nos estamos ocupando de cosas que sobrepasan nuestro entendimiento».

La ciencia y la filosofía resultan interesantes de cara a satisfacer nuestra curiosidad, pero tienen el peligro de dirigir nuestra mirada hacia lo que carece de importancia para vivir. Y es que el relato científico nunca nos va a proporcionar criterios de vida, y la reflexión metafísica nos suele mover a plantear discusiones bizantinas que desvían nuestra atención de lo importante. Por ejemplo: ¿Somos parte de Dios o somos criaturas suyas animadas por su Espíritu desde lo más íntimo de nuestro ser?…

¿Qué es importante?… En buena lógica lo importante es lo que nos ayuda a vivir con sentido. Es de suponer que para un budista lo importante será superar la ignorancia en que nos sume la realidad aparente y despertar a las nobles verdades proclamadas por Buda; que para un hinduista será la búsqueda del equilibrio interior y la armonía con los demás y con la Naturaleza, y para un cristiano, la construcción del Reino; esa humanidad de Hijos queridos de Dios que solo queriéndose como hermanos podrá realizarse.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

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Josep Lligadas: “La rigidez de la Iglesia en materia sexual siempre me pareció irracional”

Jueves, 10 de junio de 2021

Screenshot 2021-06-04 at 11-54-26 Llibre_Sexo_pareja_familia_fe_cristiana 01 pdfEl teólogo y sacerdote secularizado aborda en un libro el sexo, la pareja, la familia y la fe cristiana 

“Siempre que se habla de sexo en la Iglesia se hace con miedo y hay muchas cosas que la gente ni se atreve a decir”

“La doctrina oficial católica en materia sexual no no es bien recibida ni seguida por una importantísima parte del pueblo cristiano”

“El sexo y la familia son temas intocable, como si formaran parte de la revelación de Dios y que por tanto no se pueden plantear o ser vistos de otra manera. Esto es un drama que no sucede en ningún otro ámbito de la vida cristiana”

La vida humana está llena de maravillas. Una muy relevante es, sin duda, el sexo, la vida sexual. Con estas palabras empieza Sexo, pareja, familia, fe cristiana: UN CAMBIO IMPRESCINDIBLE (L’agulla, 2021), el libro con el que el teólogo Josep Lligadas (Viladecans, Barcelona, 1950) pone sobre la mesa una oportuna reflexión sobre uno de los temas más candentes que afronta la Iglesia católica.

Lligadas, que el domingo pasó por el Paraules de Vida de Catalunya Ràdio, no duda en afirmar que la sexualidad es un tabú dentro de la Iglesia. “Siempre que se habla de sexo se hace con miedo y hay muchas cosas que la gente ni se atreve a decir. Por esta razón yo he querido reflexionar abiertamente sobre ello; porque lo que es seguro es que la doctrina oficial de la Iglesia católica en materia de sexo no es bien recibida ni seguida por una importantísima parte del pueblo cristiano”, aseguró el teólogo ante los micrófonos de la radio pública catalana.

 

“Todo lo que hace referencia dentro de la Iglesia al sexo y la familia se ha convertido en un tema absolutamente intocable, como si esto formara parte de la revelación de Dios y que por tanto nadie se puede plantear que la cuestión pueda ser tratada o vista de esta manera. Y esto, ciertamente, es un drama que no sucede en ningún otro ámbito de la vida cristiana”, advierte Lligadas.

La clave que le llevó a plantearse escribir este libro fue el hecho de tener amigos y amigas homosexuales. “La rigidez de la Iglesia en esta materia, siempre me pareció irracional, por ello he abordado el tema con cierta frecuencia en mis colaboraciones en Foc Nou y otros medios”.

Un libro que dedica “a Alfonso Carlos Comín, que hace cincuenta años ya decía que gracias a Dios en muchos sectores de la Iglesia por fin se había abierto paso la convicción de que había que luchar radicalmente por la justicia y la igualdad, pero que en cambio no parecía que nadie se plantease la necesidad de una transformación igualmente radical en la posición de la Iglesia respecto a los temas relacionados con el sexo, y también era necesario”.

Ordenado sacerdote en 1976 por el seminario de Barcelona y doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana, Lligadas ejerció el ministerio presbiteral principalmente en Mataró, como responsable de pastoral juvenil del arciprestazgo, vicario de la parroquia de Santa María y luego párroco de la de María Auxiliadora. Durante cinco décadas ha estado vinculado al Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona (CPL). Autor de un amplio número de materiales y publicaciones de tema litúrgico, teológico, de espiritualidad y de vida cristiana, en 1995 dejó el ejercicio del ministerio presbiteral para casarse con Mercè Solé.

Fuente Religión Digital

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De mano en mano

Viernes, 4 de junio de 2021

EPA9460. BERLIN (ALEMANIA), 10/08/2018.- El atleta español Samuel García (izq) recibe el testigo de Darwin Andres Echeverry (dcha) durante una de las series clasificatorias de los 4x400m relevos femeninos de los Campeonatos de Europa de atletismo en Berlín (Alemania) hoy, 10 de agosto de 2018. EFE/Felipe Trueba

De mano en mano,
a través de muchos años
y generaciones de cristianos,
me ha llegado la Buena Noticia,
cubierta de polvo,
como un regalo inesperado.

Ella me anima a vivir
y a unirme a esa brisa
que ha recorrido valles y cumbres,
desiertos y praderas
a través de generaciones de apóstoles
dando vida a tantos corazones.

Hoy, para celebrarlo,
lo cuento y comparto,
extiendo mis brazos,
me siento agarrado y agarro,
sumo mis manos, y salgo
para que esta brisa
llegue a donde todavía no ha llegado.

De mano en mano…
me ha llegado la Buena Noticia,
y no la retengo en mi regazo,
sino que dejo mi refugio
y voy a las plazas, rincones y caminos,
pues anhelo que llegue y meza
nuevos campos aunque no los conozca.

Hoy me siento agraciado
y hondamente agradecido
al sentirme enviado
para ser testigo
de lo que Tú nos has dicho
y nosotros hemos visto
del Dios abierto y compartido.

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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La fe humanista de Camus

Lunes, 10 de mayo de 2021

12034974916_93dc886db9_b“Hay en los hombres más cosas a admirar que a desdeñar”

“La vida y la obra de Camus nos dejan la impresión de que, a pesar de su formación cristiana en Argel, era un escéptico”

“Howard Mumma cuenta en su libro Albert Camus and the Minister que el autor de El hombre rebelde tuvo inquietudes religiosas en los últimos años de su vida”

“Camus (1913—1960) declaró en 1946 ante un público cristiano: ‘No parto del principio de que la verdad cristiana es ilusoria. Simplemente, nunca penetré en ella'”

Mumma recuerda que Camus se acercó a la iglesia cuando ya era un artista consagrado, en busca de ‘algo’. ‘Algo que no estoy seguro de poder siquiera definir’, admitió el escritor”

“Camus está muerto y es inútil preguntarse si al ser víctima de su accidente corría con el ansia de encontrar a Aquel que lo procuraba. Pero no hay duda de que hizo de su estética una apología radical de la ética”

La vida y la obra de Camus nos dejan la impresión de que, a pesar de su formación cristiana en Argel, era un escéptico. Los horrores de la Segunda Gran Guerra echaron por tierra los íconos del autor de El mito de Sísifo: Dios, el Partido Comunista, las instituciones políticas, las ideologías. Comenzó a considerar que todas las verdades “ideales” u “objetivas” eran un mito. Insistió en no ir “más allá de la razón”, fuera en nombre de lo que fuera: raza, Estado o partido. Desencantado, se resistió, sin embargo, a la cicuta de la “náusea” sartreana, aunque muchos insistan en ubicarlo entre los existencialistas.

Camus nunca se declaró discípulo de Sartre. Este llegó a manifestar que no había nada en común entre su pensamiento y el del autor de El extranjero. Una de sus pocas frases que se hace eco de la filosofía existencialista aparece en El mito de Sísifo, cuando el autor argelino se refiere al “hastío que se apodera del hombre ante lo absurdo de la vida”.

Para Camus, apegarse a un valor espiritual era una fuga de la realidad. Como Nietzsche, prefería la autenticidad a la verdad. No obstante, creía en el ser humano. Como escritor, asumió la condición de testigo del sufrimiento de los inocentes, e incluso del silencio de Dios. Pero imaginar que en sus últimos años de vida Camus llegó a tener añoranzas de una fe que no poseía es algo que no bordea lo insólito solo porque Mumma escribió que Camus admitió la posibilidad de encontrar en la fe un sentido para la vida. Por eso dialogó con el teólogo, quien lo introdujo en la lectura de la Biblia, lo que lo habría llevado del ateísmo al agnosticismo.

Camus, quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1957, le dijo a Mumma que ya había experimentado el impacto del testimonio evangélico gracias a la amistad que lo unía a Simone Weil, una judía agnóstica, mística sin fe, filósofa que abandonó la comodidad de la academia para sumergirse en el mundo de los pobres. Militante de la Resistencia francesa, trabajó como obrera en España. Solidaria con los hambrientos, se permitía una ración diaria de alimentos tan exigua que acabó poniendo en peligro su salud. Murió en 1943, a los 34 años de edad.

El epílogo de La peste pone de manifiesto la fe de Camus en el ser humano: “(…) el doctor Rieux decidió escribir el relato que aquí termina para no ser de los que se callan, para dar testimonio a favor de los apestados, para dejar al menos un recordatorio de la injusticia y la violencia de que fueron víctimas, y para decir sencillamente lo que se aprende durante los flagelos: que hay en los hombres más cosas a admirar que a desdeñar.

Esa exaltación de lo humano caracteriza la literatura de Camus, iluminada por su énfasis en la felicidad, un tributo de su origen mediterráneo. No le preocupaba el destino, sino el presente, la posibilidad de ser feliz ahora. Sus camaradas son Montaigne, Voltaire y Rabelais, no Pascal, Baudelaire y Rimbaud, que oscilan entre la angustia y la desesperación. “En el corazón de mi obra hay un sol invencible” le declaró en una entrevista a G. d’Aubarède (Nouvelles litteraires, no. 1236, 10 de mayo de 1951). “No hay ninguna vergüenza en ser feliz”, le dijo al entrevistador. “Da vergüenza ser feliz solo”, añadió por boca de Rambert en La peste.

Camus está muerto y es inútil preguntarse si al ser víctima de su accidente corría con el ansia de encontrar a Aquel que lo procuraba. Pero no hay duda de que hizo de su estética una apología radical de la ética, como demuestra este fragmento de La Peste: “En resumen, dijo Tarrou simplemente, lo que me interesa es saber cómo un hombre se convierte en santo. Pero usted no cree en Dios, le respondió Rieux. Precisamente. El único problema concreto que me preocupa hoy es saber si un hombre puede convertirse en santo sin Dios”.

Frei Betto es autor, entre otros libros, de la novela Aldeia do silêncio (Rocco).

Frei Betto es autor de 69 libros, publicados en Brasil y en el extranjero. Puedes adquirirlos con descuento en Librería Virtual   Allí los encontrarás a precios más económicos y los recibirás en casa por correo.

Traducción de Esther Perez

Fuente Religión Digital

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Hacia una presencia más profunda

Lunes, 26 de abril de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Somos convocados a la presencia de Dios por el hecho de nuestro nacimiento, pero nos hacemos presentes a Dios sólo por nuestro consentimiento. A medida que se desarrollan y despliegan gradualmente nuestras facultades y capacidades de relacionarnos, crece la capacidad de entrar en relación con Dios y cada paso hacia una presencia más profunda requiere un nuevo consentimiento. Cada nuevo despertar a Dios cambia nuestra relación con nosotros mismos, con todos y con todo lo demás. El crecimiento en la fe es crecimiento en la percepción correcta de toda la realidad

*

Thomas Keating,
Intimidad con Dios

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Un árbol con raíces, tronco y ramas.

Lunes, 19 de abril de 2021

arbolManuel de Jesús
República Dominicana

ECLESALIA, 26/03/21.- Me gustan las historias de conversos, porque soy uno de ellos, pero también reconozco que algunas veces se dramatiza un poco esa experiencia, que no es tan súbita ni definitiva, sino que cuesta, una vez pasada la experiencia fuerte de encuentro con Dios, esfuerzo y tiempo.

Un amigo me hizo llegar el testimonio de un filósofo español que narra su acercamiento a Dios y su entrada en una vida nueva a partir de su lectura de la vida de santa Teresa. No me cabe la menor duda del efecto transformador de los escritos de la fundadora a cuya familia espiritual pertenezco, porque yo mismo lo experimenté hace ya unos cuantos años. Lo que cuestiono en sí es cierta afirmación que aparece en el relato; dice el filósofo: “En realidad, yo perdí la moral y al perder la moral se pierde la fe”. No estoy de acuerdo con esta afirmación. Creo que él no tenía fe, sino moral recibida, aprendida por tradición, pero faltaba su experiencia personal de Dios.

La fe, la experiencia, el encuentro transformante, es lo que sustenta la postura ética, el estilo de vida; sin embargo, es frecuente encontrar personas que en una sociedad de cultura católica o cristiana asumen unas normas morales que tienen por buenas, sin que hayan tenido por sí mismos esa experiencia transformante, ese encuentro personal con lo Divino. Benedicto XVI lo expresó así: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Dándole vueltas al tema, acabé imaginandolo así: como un árbol. La fe (experiencia fundante) son sus raíces; el tronco es la religión (ritos, costumbres, normas morales, organización), indudablemente necesarios; la espiritualidad son sus ramas, la dimensión creativa de toda experiencia religiosa que cuenta con raíces profundas. Digamos entonces que las flores y los frutos son las obras y servicios del amor.

Mucha gente tiene grandes troncos, pero sin raíces y sin ramas. Troncos que no se sostienen por sí mismos, y que una ráfaga de aire puede fácilmente tumbar. Pensemos en las grandes masas creyentes que, ante ciertas transformaciones sociales (por ejemplo, revoluciones), asumen posturas violentas contra lo religioso, o simplemente abandonan sus prácticas religiosas y caen en la indiferencia.

Comentando este ejemplo del árbol, le pregunté a uno de nuestros estudiantes: ¿Para qué sirve un tronco sin raíces y sin ramas? Y me contestó: para sentarse. Me resultó una imagen muy significativa; efectivamente, le dije, sirve para sentarse, instalarse, acomodarse, sentirse seguro. Sólo cuando el árbol está completo puede invitarnos entonces a caminar y a buscar, a la aventura de ser realmente libres. Para mí este es el verdadero “camino religioso”. Por aquí iría la verdadera “conversión”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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José María Castillo: “Jesús soporta el error. Lo que no soporta es el sufrimiento”

Viernes, 5 de marzo de 2021

amor-perfecto.max-750x450De su blog Teología sin censura:

“¿Cómo vivimos la fe en la pandemia?”

“Una de las cosas, que más patente ha dejado la pandemia, es que a una notable mayoría de la sociedad le interesa más la ‘diversión’ que la ‘creencia'”

“Qué quiero decir con esto? Que hemos deformado la fe. Sin embargo, en este asunto, hay que andarse con cuidado”

“El mayor elogio, que hizo Jesús, de la fe, no fue el de un creyente en el Dios verdadero, sino el de un militar romano, que tenía sus creencias, pero sufría porque un servidor suyo se le estaba muriendo (Mt 8, 5-13; Lc 7, 1-10)”

“Para Jesús es más importante la ‘humanidad’ que la ‘religiosidad’. Y esto es lo que a la teología y a los teólogos no nos entra en la cabeza”

Una de las cosas, que más patente ha dejado la pandemia, es que a una notable mayoría de la sociedad le interesa más la “diversión” que la “creencia”. Cuando la gente dice que, por causa del virus, nos quedamos sin Navidad, sin Reyes Magos, sin Cuaresma, sin Semana Santa, etc., etc., lo que menos le importa a la mayoría de la gente es recordar cómo nació Jesús, cómo murió en su Pasión y su Cruz, etc., etc. Lo que a la mayoría de los ciudadanos les importa es que nos quedamos sin el viaje, sin la playa, sin la juerga. O sea, lo que interesa es la “diversión”, no precisamente la “devoción”. Lo cual es perfectamente comprensible. Porque son miles y miles los ciudadanos que viven del turismo, los hoteles, las agencias de viajes… En un país, como es el caso de España, la economía se va al traste. Y con la economía, al traste nos vamos todos.

¿Qué quiero decir con esto? Que hemos deformado la fe. En efecto, para la gran mayoría de la gente, la fe es auténtica cuando se vive como la correcta relación con Dios. La que se traduce en la sumisión ortodoxa de los creyentes a lo que enseña y manda la autoridad jerárquica de la Iglesia. Esto es lo que enseñan los libros de teología y lo que explican los catecismos. Algo que se tomó tan en serio, que por esto se condenó a los herejes, se les torturó y hasta se les quemó vivos en la plaza pública. Que para eso se fundó la Inquisición.

Sin embargo, en este asunto, hay que andarse con cuidado. Porque, si nos atenemos a lo que relatan los Evangelios, la fe no es siempre la correcta relación con el Dios verdadero, sino la correcta relación con la salud humana.

El mayor elogio, que hizo Jesús, de la fe, no fue el de un creyente en el Dios verdadero, sino el de un militar romano, que tenía sus creencias, pero sufría porque un servidor suyo se le estaba muriendo (Mt 8, 5-13; Lc 7, 1-10). Y la “grandeza de la fe no se la atribuyó a un discípulo suyo, sino a una mujer cananea, que era una pagana, pero quería mucho a una hija suya que sufría (Mt 15, 21-28; Mc 7, 24-30). Como también resulta extraño que el único leproso curado, que mereció el elogio de su fe, no fue ninguno de los ortodoxos judíos, que se fueron al templo, sino un hereje samaritano, que tuvo la atención de agradecer su curación (Lc 17, 11-19).

Pero más elocuente que los evangelios sinópticos es el evangelio de Juan. Sobre todo, cuando afirma que Jesús se apropió el nombre de Dios que, cuando el mismo Dios le dijo a Moisés en la zarza ardiendo: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores, conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo de los egipcios y sacarlo de esta tierra… para llevarlo a una tierra que mana leche y miel” (Ex 3, 7-8). Y cuando Moisés le preguntó a Dios: “¿Cuál es tu nombre?” (Ex 3, 13), Dios le contestó: “Yo soy” (Ex 3, 14). Una respuesta desconcertante. Porque es una definición que tiene sujeto y verbo, pero no tiene predicado. El nombre de Dios no se puede “objetivar” en un concepto. Porque eso es reducir al Dios trascendente a un mero objeto inmanente. O sea, eso sería convertir al “Absolutamente-otro” en una “cosa”, el concepto que yo tengo en mi cabeza.

 Ahora bien, este misterioso nombre, “yo soy”, es el que se apropia Jesús en sus enfrentamientos con los líderes del judaísmo: “Si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados” (Jn 8, 24). Con ligeras variantes, el “yo soy” se le apropió Jesús constantemente. Hasta llegar a decir: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10, 30). Jesús se identifica con Dios. Con el Dios que vio el sufrimiento de los oprimidos. Y vino a este mundo a liberarlos.

No cabe duda. Jesús soporta el error. Lo que no soporta es el sufrimiento. Y eso es lo que va a decidir nuestra suerte, en el juicio final: lo que hicimos o dejamos de hacer con los sufren (Mt 25, 31-46). Para Jesús es más importante la “humanidad” que la “religiosidad”. Y esto es lo que a la teología y a los teólogos no nos entra en la cabeza.

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África de La Cruz Tomé: Aún es tiempo. En búsqueda de caminos nuevos para la fe.

Miércoles, 3 de marzo de 2021

16_1-CUA_B_1434687En medio de tantas restricciones y confinamientos, la lectura de este libro de Fidel Aizpurúa, recientemente publicado por Feadulta, ha sido para mí aire puro y horizontes abiertos. He disfrutado mucho con el texto y quería resaltar algunas de sus valiosas aportaciones.

Uno de los rasgos esenciales se evidencia en el título. Aún es tiempo, no todo está perdido. Está escrito desde el optimismo como opción vital. El autor confía en la capacidad humana para el bien y el amor, la generosidad y la solidaridad. Cree en el talento creativo del ser humano. Y sobre todo tiene la esperanza de que “Aún es tiempo de recrear el mensaje y la vida de Jesús de Nazaret”. Puede que estemos lejos, pero el primer paso es reconocerlo. Es posible que no sepamos dónde vamos, pero nos anima a buscar. Escrito con mucha templanza y en un tono moderado, sin embargo es un libro provocador que hace pensar. Hay en él muchas preguntas y unas cuantas respuestas. La gran mayoría quedan interpelando para que las contestemos nosotros. Solo esa actitud nos ayudará a encontrar caminos nuevos para la fe.

El libro tiene doce capítulos en los que el verbo recrear se repite en cada uno de ellos. Recrear el sueño, la cena, el espíritu inclusivo o las palabras de Jesús, por poner tan solo unos ejemplos. Y en cada tema, magníficamente estructurado, hace referencia a tres aspectos: racionalizar, actualizar y socializar.

En primer lugar, el autor pretende ayudar a racionalizar nuestra fe. Su tesis: La fe necesita ser pensada si se quiere que sea viva. El evangelio es para personas que piensan, que profundizan, que ahondan. Pero, un pensamiento en libertad. El pensamiento genera horizonte, apertura, salida: “este libro pretende ser algo que sugiera, no tanto algo que sostenga la normativa que ya poseemos.” Habla de la espiritualidad del desplazamiento hacia lo nuevo, de un desplazamiento progresivo, mirando más hacia el futuro que al pasado; más hacia el Evangelio que a la religión. Pensando en una Iglesia en salida hacia los empobrecidos. Los creyentes de hoy necesitan que la experiencia de fe tenga racionalidad y que el diálogo con la cultura y la ciencia sea inexcusable. El autor aporta razones antropológicas, científicas, sociales, políticas y hasta poéticas para justificar la necesidad de esta racionalización de la fe.

En segundo lugar, este libro aspira a actualizar nuestra fe. El autor prefiere el término recrear al de renovar. En la renovación hay, según él, el peligro de cambiar para que nada cambie. Es el peligro del cambio superficial, el lavado de cara. Renovación para mantener y consagrar lo establecido. Al hablar de recrear, se está dejando de lado el recuperar. Recuperar es algo que se quiere hacer sin “soltar”, las amarras y los esquemas del paradigma vigente. La espiritualidad de la recreación tiene en su base la espiritualidad del “soltar”. Para soltarse hay que comenzar a desprenderse, a desapegarse, a dejar de absolutizar lo vivido, el pasado. Y hacerlo sin dialéctica destructiva, sin exclusión, sin condena, aunque no sin perplejidad y dolor. Exige afrontar el temblor de pisar el lugar por primera vez.

En tercer lugar, sus palabras quieren ser catalizador para socializar nuestra fe. Recrear la fe en el aquí y ahora; en una sociedad multicultural, intercultural, interreligiosa e interétnica. Estamos ante el fin del etnocentrismo y es necesario abrir paso al pluralismo cultural donde caben todos, donde la exclusión es una desviación. Por difícil que parezca, la recreación de la propuesta de Jesús se ha de hacer contando con esta Iglesia, incluso con estas Iglesias. No caer en lo que criticamos, y no excluir a nadie. Sin confundir Reino de Dios e Iglesia, es necesario reorientar, reinventar y renovar la teología; una Teología para la sociedad actual y sus problemas.

Y todo este despliegue de argumentos brillantemente expuestos tiene una finalidad muy clara y encomiable: poner al día nuestra fe en Jesús de Nazaret, para conocerle mejor y seguirle más fielmente.

Para los cristianos del siglo XXI recrear la fe es recuperar creativamente los orígenes e intentar ajustarlos a la cultura actual con su vocabulario, su imaginario, sus logros y sus alternativas prácticas. Sacar los relatos antiguos y envejecidos de su tierra original para colocarlos en un espacio y un tiempo nuevos. Un contexto cognitivo que está perfilado sobre las nuevas ciencias físicas y humanas, naturales y sociales. La física cuántica, la biotecnología, la biología molecular, la genética, la ecología, la psicología, las comunicaciones globalizadas, la interdependencia cósmica y humana, etc. El diálogo entre fe y ciencia no es solo es posible, sino necesario y enriquecedor para ambas.

La persona humana es un ser en evolución permanente. Somos herederos del pasado, aunque no deudores sempiternos. Somos hijos libres, no repetidores. Somos evolutivos, creativos y recreativos. Todavía podemos recrear los sueños de Jesús, sus búsquedas, su grupo, su Cena, su espíritu inclusivo, sus caminos, sus palabras, su silencio, sus propuestas, el canto en los tiempos oscuros, su conflicto y su triunfo. Aún es tiempo.

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

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Se cumplen cinco años del asesinato de la líder hondureña Berta Cáceres

Miércoles, 3 de marzo de 2021

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Murió por ser consecuente con su fe, en la defensa de su pueblo y del medio ambiente

El 3 de marzo conmemoramos el quinto aniversario del asesinato de Berta Cáceres Flores, líder hondureña, indígena lenca, feminista y activista del medio ambiente

El 2 de marzo cometió el error de quedarse a dormir en su casa. Y en la madrugada del 3 de marzo de 2016, cuando se encontraba durmiendo, pasada la media noche. La mataron delante de una de sus hijas

Padre Ismael Moreno: “Fue una mujer de fuertes convicciones, con un arraigado amor a su pueblo lenca. Nadie la pudo comprar, nadie la pudo domar. Tuvieron que matarla”

Berta es un símbolo de la resistencia frente a las grandes empresas que buscan hacer negocio con el agua y los bienes naturales de los pueblos indígenas

La noticia de su muerte ensombreció el amanecer de Honduras. Fue un duro golpe para las organizaciones populares y para las comunidades cristianas

El 3 de marzo conmemoramos el quinto aniversario del asesinato de Berta Cáceres Flores, líder hondureña, indígena lenca, feminista y activista del medio ambiente. Madre de cuatro hijos. Fue una mujer que nunca separó su fe cristiana de su compromiso con la defensa de los derechos de los indígenas y del medio ambiente.

En 1993 cofundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) para la defensa del medio ambiente, el rescate de la cultura lenca y elevar las condiciones de vida de la población de la región. Imparte talleres de educación popular, de análisis de la realidad y visita comunidades, comparte con la gente sencilla, organiza marchas a pie hasta Tegucigalpa para exigir a la autoridades respeto al Convenio 129 de la OIT de no implementar proyectos de empresas extranjeras en el río Gualcarque, que perjudican a los nativos.

Honduras es uno de los países con mayor desigualdad del planeta y con una brutal represión desde el golpe de estado que llevó al poder a Juan Orlando Hernández el 28 de junio de 2009 con el apoyo de Estados Unidos. Es además el país más peligroso del mundo, junto con Guatemala y Colombia, para el activismo ambiental. Un elevado número de defensores del medio ambiente, sobre todo de los ríos, han sido asesinados.

El 30 de junio de 2017 Berta sufrió un atentado del que logró salir ilesa. Pero estos hechos y las amenazas constantes que recibía, no la intimidaron. Estaba convencida de su misión en defensa de la cultura lenca y del territorio de su pueblo. Se opuso valientemente a la privatización de los ríos y a los proyectos de presas hidroeléctricas de inversores internacionales. Las presas afectarían el acceso al agua y agricultura de multitud de humildes campesinos que vivían de su trabajo.

Ella, en medio de sus luchas, no dejaba de participar en las celebraciones de la comunidad cristiana. A la luz de la Palabra de Dios iluminaba su compromiso en la defensa del medio ambiente y de su pueblo indígena. Insistía con frecuencia en aquellas palabras de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” y comentaba: “No podemos esperar de Dios la solución de problemas que Él nos ha confiado a nosotros solucionar”. Supo expresar su fe cristiana en la cosmovisión indígena lenca. Vibraba con el clamor del bosque, el agua de los ríos y arroyos y el canto de los pájaros. En la espiritualidad lenca Berta y los compañeros y compañeras de la COPINH encontraban fuerza para crear, sostener y articular las rebeldías y las resistencias.

El 15 de julio de 2013, los militares de Honduras abrieron fuego contra algunos miembros del COPINH, quienes realizaban una protesta pacífica, causando la muerte del dirigente campesino Tomás García y dejando varios heridos. En mayo de 2014 se produjeron dos asesinatos más y otros tres activistas resultaron gravemente heridos.

Las empresas multinacionales, la policía y los militares montaron desde entonces una campaña sistemática de represión, acoso y amenaza contra Berta Cáceres, a la vez que se la criminalizaba y se la presentaba en los medios de comunicación como una mujer peligrosa y antipatriota.

Debido a las constantes amenazas y persecución recibida, su madre y varios de sus hijos tuvieron que abandonar el país. Ella tomó precauciones extremas, dormía cada noche en un lugar diferente, muchas veces sobre un petate (estera) en el suelo. Una semana antes de su asesinato, Berta denunció que ella y otros dirigentes de su comunidad habían recibido amenazas de muerte y otros cuatro más habían sido asesinados.

El 2 de marzo cometió el error de quedarse a dormir en su casa. Y en la madrugada del 3 de marzo de 2016, cuando se encontraba durmiendo, pasada la media noche, dos hombres forzaron violentamente las puertas. Berta preguntó: “¿Quién está ahí?”. Se levanta y se encuentra con dos hombres armados que se lanzan contra ella. Uno de los sicarios le disparó sin piedad y la mató delante de una de sus hijas.

La noticia de su muerte ensombreció el amanecer de Honduras. Fue un duro golpe para las organizaciones populares y para las comunidades cristianas. Berta era una líder indiscutible, coherente, siempre al frente de su pueblo en defensa de los derechos humanos. Resalta su sencillez y el amor a su pueblo. En sus luchas, siempre pacíficas, por la defensa de los pueblos indígenas, por los recursos naturales, los territorios de los pueblos y la valentía y fortaleza con que lo hizo, le merecieron varios reconocimientos internacionales, entre los que destaca el Premio Medioambiental Goldman, el máximo reconocimiento mundial para activistas de medio ambiente.

Su sueño fue lograr otro modelo socioeconómico alternativo para su país, para América Latina y para el mundo. El padre jesuita Ismael Moreno, una de las personas más cercanas a Berta, señala:

9788494925283“Fue una mujer de fuertes convicciones, con un arraigado amor a su pueblo lenca. Nadie la pudo comprar, nadie la pudo domar. Tuvieron que matarla. Sin esa mística primigenia, sin ese amor esencial, las personas pueden ser sobornables, domables, comprables. Por eso la mataron. Ese es el legado que Berta nos deja”.

Berta Cáceres es una mujer mártir, siguiendo aquellas palabras de la Carta Apostólica Tertio Millenio Adveniente, porque murió por ser consecuente con su fe, en la defensa de su pueblo y del medio ambiente. Es un símbolo de la resistencia frente a las grandes empresas que buscan hacer negocio con el agua y los bienes naturales de los pueblos indígenas.

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(Fernando Bermúdez López, “Sangre de mártires, dieron la vida por los pobres”, Alfaqueque ediciones).

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 Fuente Religión Digital

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Miguel Ángel Mesa: Cuaresma 2021.

Martes, 2 de marzo de 2021

1-misericordia-fanoDe su blog Otro mundo es posible:

El papa Francisco nos invita a celebrar la Cuaresma de este año, ofreciéndonos tres consejos para vivirla en profundidad: fe, esperanza y caridad, las tres virtudes teologales que hay que actualizar desde el mundo de hoy y su realidad compleja y sufriente, para no quedarnos en meras definiciones vacías de contenido.

La fe sirve, entre otras cosas, para “dejarnos alcanzar por la Palabra de Dios, que es Cristo, que nos lleva a la plenitud de la Vida”. Es decir, cualquier palabra que no nos conduzca a dejarnos interpelar por la vida, a descubrir la vida que se oculta en tantos sepulcros de nuestro mundo, a sembrar semillas de vida donde todo aparece como un desierto, a devolver vida en abundancia para quienes están desahuciados de la vida… no es la palabra auténtica del Dios de la Vida. Para las personas cristianas, este camino solo se recorre desde el seguimiento de Jesús, mediante la forma de ser felices que propuso en las bienaventuranzas, para concretar el ideal de ese otro mundo posible, donde la fraternidad y la justicia se hagan realidad en nuestra sociedad y nuestro mundo.

La esperanza “como agua viva que nos permite continuar nuestro camino, estando más atentos a decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan; la esperanza como inspiración y luz interior, porque somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios hace nuevas todas las cosas”. Esa esperanza que nace de una promesa que hay que renovar día a día, porque debemos pintar cada amanecer con los colores de la ilusión y la sonrisa, porque tenemos que comprometernos para que la esperanza no sea un van anhelo, porque una vida sin esperanza es como una rosa sin agua, que se va marchitando hasta que se seca y sus pétalos caen a tierra agostados. La esperanza es una mirada limpia, un abrazo sincero, un horizonte al que se llega juntos, paso a paso.

La caridad “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión. A partir del amor social es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, cuidando a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia”. La solidaridad, la acogida, la com-pasión, la miseri-cordia profunda, la fraternidad… serían algunos de los viejos y nuevos nombres para denominar a la caridad. Porque no hay amor verdadero si no se concreta en la realidad que nos rodea, si no se celebra y se brinda la alegría de los demás, si no se acompaña y se comparten las lágrimas del otro en silencio para enjugarlas, si no nos comprometemos para evitar tanto sufrimiento, soledad impuesta, opresión e injusticias… Si no es así, el amor, la caridad bien entendida, será una falsedad y un autoengaño.

Por lo tanto, siguen vigentes la fe, la esperanza y la caridad. Pero entendidas al modo que Jesús las vivió. Como estamos llamados a vivirlas nosotros y nosotras en esta Cuaresma, en la que debemos, en estos tiempos de cruel pandemia, contagiar los virus sanadores de la confianza, la ilusión, la ternura, la empatía y la resiliencia, por un mundo más humano, fraterno, mejor.

Miguel Ángel MesaReligión Digital

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Hipocresía espiritual

Jueves, 18 de febrero de 2021

Del blog Pays de Zabulon:

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Caroline del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

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40 días…

Miércoles, 17 de febrero de 2021

Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad:  “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús…

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

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Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

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2021, bajo el signo de la confianza

Viernes, 1 de enero de 2021

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El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

*

Salmo 22 (23)

***

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Que al comenzar este año sintamos, una vez más,
cómo Dios nos mira con ternura
y nos envía con gozo y amor a la vida.

Que nos veamos envueltas en su manto
y seguras bajo sus alas protectoras.

Que alumbre nuestros días monótonos y grises
y sea nuestra fuerza en las horas débiles.

Que nos dé tiempo y sabiduría
para conocerlo, saborearlo y vivirlo sin rutina.

Que nos llene de sensibilidad y silencio
para leer los susurros de los corazones.

Que nos colme de paz y alegría
para vivir entregadas a todas las personas.

Que cure y sane nuestras heridas,
sobre todo, las que nos encierran en nosotras mismas.

Que sea en todo momento nuestro horizonte y fuente
para que nosotras podamos ser signos de vida nueva.

Que nos empape de su amor, como rocío mañanero,
para que destilemos esperanza por todos los senderos.

Que nos limpie del barro y costra, el cuerpo y el espíritu,
para que brillemos como estrellas en el firmamento.

Que nos tienda su mano protectora y amiga
para que el cansancio no detenga nuestros pasos.

Que a lo largo de este año
nuestros deseos se hagan realidad,
pues duermen y despiertan en el regazo de Dios,

Padre-Madre, que nos quiere y bendice.

*

Florentino Ulibarri

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