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“Fe sencilla”. Presentación del Señor – A (Lucas 2,22-40)

Jueves, 2 de febrero de 2023

Jesús-es-presentado-en-el-temploEl relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres.

Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?

Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.

Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus «tradiciones humanas» en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.

Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón («El Señor ha escuchado»), la anciana se llama Ana («Regalo»). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todos los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.

Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el «Grupo de los Pobres de Yahvé». Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la «consolación» que necesita su pueblo, la «liberación»que llevan buscando generación tras generación, la «luz» que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.

Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger.

José Antonio Pagola

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2023, bajo el signo de la confianza

Domingo, 1 de enero de 2023

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Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

* * *

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
y guíame por el camino eterno.

*

Salmo 139 (138)

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Lógica

Sábado, 10 de diciembre de 2022

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“Si no puedo creer,

al menos podré amar”.

*

Teresa de Lisieux

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La lógica del evangelio es la lógica del amor, que rebasa, pero no anula, a la lógica de la justicia.

La lógica del amor rebasa incluso a la lógica de la fe.

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Jesús Abad Colorado, El Testigo: El fotógrafo que nos conecta con lo invisible en medio de la guerra.

Jueves, 24 de noviembre de 2022

Cristo-mutilado-Bojaya_2501459836_16267424_667x375Cristo mutilado de Bojayá Jesús Abad Colorado

Dicen que una mujer se acercó a Jesús cargado con la cruz y movida por la compasión, franqueando las barreras que ponían los violentos que lo victimizaban, secó su rostro sucio de sudor y sangre y que en ese trapo quedó plasmada la imagen de Cristo.

Nosotros, los que creemos en Jesús, adoramos a Dios en esa imagen que se reveló en el trapo de Verónica, y después de ella, en las que a lo largo de la historia retratan a los que sufren.

Creo que este es el valor para nosotros, gente de fe, de la obra de Jesús Abad Colorado; en sus muchas fotografías de los que han sufrido la guerra podemos encontrar al Cristo que nos salva, al Dios que se nos revela de modo privilegiado en la humanidad del crucificado Jesús y de todos los crucificados.

La obra de Jesús Abad Colorado es un viacrucis y como todo viacrucis lleva a la pascua, a la vida que siempre gana, a la resurrección.

Creo que Jesús Abad Colorado es el testigo que nos ayuda con sus fotos en blanco y negro a tocar con el alma la humanidad de las víctimas y esa humanidad es oportunidad única para acercarnos al mismo Dios.  La obra de Jesús Abad Colorado es una versión de la buena noticia, en sus retratos tenemos el “Evangelio según los que han sufrido”.

Este fotógrafo, Jesús Abad Colorado, es un testigo, uno que, como Verónica y todos los que después de ella se han fijado en las víctimas y las rescatan del olvido, nos pone de frente al misterio.

Gracias a El Testigo, a Jesús Abad Colorado, es un poco más fácil mantener la fe aquí en este país.

Dicen que una mujer se acercó a Jesús cargado con la cruz y movida por la compasión, franqueando las barreras que ponían los violentos que lo victimizaban, secó su rostro sucio de sudor y sangre y que en ese trapo quedó plasmada la imagen de Cristo; fue la primera instantánea de la divinidad. Los creyentes, Moisés y los profetas, siempre habían suplicado poder ver el rostro de Dios y en ese momento, por fin, Dios se mostraba y la sorpresa fue que tenía los rasgos de una víctima, de un condenado a muerte, de uno que sacaban de la ciudad sagrada y llevaban al lugar de los malditos.   Nosotros, los que creemos en Jesús, adoramos a Dios en esa imagen que se reveló en el trapo de Verónica, y después de ella, en las que a lo largo de la historia retratan a los que sufren.

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Camila la niña de la comuna trece Jesús Abad Colorado

Creo que este es el valor para nosotros, gente de fe, de la obra de Jesús Abad Colorado; en sus muchas fotografías de los que han sufrido la guerra podemos encontrar al Cristo que nos salva, al Dios que se nos revela de modo privilegiado en la humanidad del crucificado Jesús y de todos los crucificados.  Su obra, en sus diversas manifestaciones, en el documental que podemos ver en Netflix, en la exposición que cuelga en el claustro de San Agustín en Bogotá, y ahora en cuatro tomos impresos, se llama El Testigo y este nombre es bien acertado porque todas esas imágenes y las historias que las acompañan nos llevan al misterio de las víctimas que en su dolor están diciendo lo más santo; la obra de Jesús Abad Colorado es un viacrucis y como todo viacrucis lleva a la pascua, a la vida que siempre gana, a la resurrección.

Jesús Abad Colorado dice que “hay que trabajar más desde el sentimiento, hay que ser más amoroso” y que a él, desde chiquito, ya en su casa, “le enseñaron a ver con el corazón”;  y el corazón, ya lo decía Antoine de Saint-Exupery, ve lo esencial, ve la belleza, ve a Dios mismo; bien describe la curadora de la obra María Belén Saéz a nuestro fotógrafo cuando dice que es “un gran periodista con una gran capacidad de conectarnos con algo más que lo físico, algo que tiene que ver con lo inmaterial, con lo invisible”. Creo que Jesús Abad Colorado es el testigo que nos ayuda con sus fotos en blanco y negro a tocar con el alma la humanidad de las víctimas y esa humanidad es oportunidad única para acercarnos al mismo Dios.  La obra de Jesús Abad Colorado es una versión de la buena noticia, en sus retratos tenemos el “Evangelio según los que han sufrido”.

Eugenio-hija_2501459833_16267310_667x375Eugenio y su hija Jesús Abad Colorado

Algo que me conmueve de esas fotografías de Jesús Abad Colorado es que aunque duras y nos arrancan lágrimas y nos indignan, al mismo tiempo nos inundan de belleza, infunden esperanza y nos aseguran que todavía podemos amar, creer y esperar: “La novia de Granada”, la foto de Beatriz, la que se casa con Oscar un día después de que las bombas arrasan a su pueblo dejando muerte y desolación, esa mujer joven, toda linda y vestida con esplendor, nos dice en medio de la destrucción que todavía vale amar y soñar y dar vida, que la última palabra no es la del odio y la muerte; “El Hijo de Colombia”, que retrata a Juan Carlos, un muchachito de apenas diez años que ayuda a limpiar y vestir el cadáver de un hombre asesinado en una de las masacres de San Carlos, nos dice que la cordura inocente nos sigue arropando a pesar de todo; la imagen de un papá, Eugenio, que vuelve a Bojayá después de la matanza de sus seres queridos, y que abraza y estrecha en su pecho a su hijita, Sandra Patricia, de apenas treinta y tres días de nacida, a la que Felipa, la esposa, había dado a luz mientras huían, nos grita que se puede volver al territorio, que hay que resistir a pesar de los pesares, que nadie puede matar el amor y que la vida se abre paso; la foto de Clirio, un joven negro que alza una bandera blanca mientras navega en un bote sobre el río Atrato, acompañando a Aniceto que lleva a enterrar a su esposa asesinada, nos da fe en la resiliencia de  de los inermes y no violentos; la niña de la Comuna Trece de Medellín, Camila, que observa por los agujeros que dejaron las balas de la Operación Orión en la ventana de su casa, nos asegura que esa mirada limpia, sin prejuicios y que no deforma la dignidad de nadie, es la que nos puede salvar de la locura de la violencia; y, por último, una foto emblemática, la del Cristo mutilado de Bojayá, imagen en la que Jesús Abad Colorado, significa, como místico que es, a todas las víctimas de esta guerra, al ver esa imagen tirada en el suelo de la pequeña iglesia bombardeada por los cilindros y en la que  murieron casi un centenar de personas, comprendo que aquí en Colombia no hay forma de adorar a Cristo si no es poniéndonos de rodillas delante de los que han sufrido.

Sí, en la humanidad de todas esas personas retratadas, de las que Jesús Abad Colorado sabe los nombres y las fechas, conoce sus historias y con las que ha establecido compañía y amistad, porque no es un fotógrafo que hace su trabajo y se va y sí alguien que sigue volviendo y que no se queda en las imágenes y se compromete con la gente que aparece en sus obras, en esa humanidad nosotros los creyentes podemos ver el rostro de Dios, el rostro de Cristo;  es por esto por lo que este fotógrafo es un testigo, uno que, como Verónica y todos los que después de ella se han fijado en las víctimas y las rescatan del olvido, nos pone de frente al misterio.

Gracias a El Testigo, a Jesús Abad Colorado, es un poco más fácil mantener la fe aquí en este país

Fuente Religión Digital

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Declararme trans ante mis padres musulmanes me enseñó una lección sobre la fe y la fraternidad

Martes, 22 de noviembre de 2022

musulman-transexual«Siempre he tenido una experiencia complicada con el Islam y la comunidad musulmana. Fui criado por padres inmigrantes musulmanes, pero personalmente no me he considerado religioso desde que era muy pequeño. Hasta que dejé mi ciudad natal para ir a la universidad, todavía estaba muy involucrado con la comunidad.

Salir del armario como hombre transgénero en este contexto fue ciertamente difícil. Sin embargo, muchos supondrían que tuve una experiencia totalmente negativa. En realidad, fue cualquier cosa menos una prueba en blanco o negro. Me encontré con una amplia gama de respuestas de la comunidad.

Primero, le dije a mis padres. Sabía que mi padre recibiría la información con más consideración que mi madre. No estaba contento con eso, y era obvio que había pensado que podría ser una posibilidad, pero esperaba que pasara. Sin embargo, a pesar de toda su decepción y reservas basadas en sus creencias, me dijo que me amaba sin importar nada. Sabía que no volvería a escuchar lo mismo de mi madre.

Me pareció interesante que, aunque mis padres tenían las mismas creencias religiosas, mi madre adoptó una postura mucho más severa. Me acusó de estar poseído por el diablo y me amenazó con desheredarme. Desafortunadamente, fue exactamente la reacción que esperaba y para la que me había preparado de ella. Mi familia, como muchos de una cultura similar a la mía, son muy buenos para seguir adelante como si nunca hubiera pasado nada malo, siempre y cuando todos aceptemos en silencio fingir que nunca sucedió.

Pero aquí está la cosa. Tenía amigos musulmanes en la familia, tanto jóvenes como mayores, que aceptaban mi identidad. Los padres de mis amigos hicieron un buen esfuerzo para usar mi nuevo nombre elegido. Varios años más tarde, algunos miembros de mi propia familia en el país de origen de mis padres con quienes nunca había hablado, ni siquiera sabía los nombres, se comunicaron conmigo por mensaje de texto para expresarme que, aunque es posible que no entiendan o no estén de acuerdo con mis «acciones», deseaban apoyarme de todos modos.

Así que no puedo atribuirlo a que sea solo un problema religioso, o incluso un problema generacional. Para mí, destaca la intensidad con la que tus apegos personales pueden afectar tu visión de las personas más cercanas a ti.

Mis padres tuvieron, con mucho, las reacciones más negativas que todos los que conozco sobre mi declaración como transgénero. Creo que esto se debe más a sus vínculos emocionales con su hijo que a cualquier otra cosa. Eligieron no estar de acuerdo con él en un nivel puramente religioso, pero podría decir lo mismo de varios de mis amigos musulmanes y sus familias, quienes fueron amables y respetuosos conmigo en todo momento, a pesar de sus creencias personales al respecto.

La diferencia es que mis padres habían creado durante mucho tiempo un conjunto de expectativas que deseaban que su hija cumpliera con respecto a cómo se vería, vestiría y actuaría, y las grandes cosas que esperaban que lograra. La perspectiva de que hiciera la transición a hombre habría hecho añicos esas expectativas, y creo que, en algún nivel, creían que ser una persona transgénero presentaría un obstáculo para mi éxito general. (No lo ha hecho, por cierto).

Quiero enfatizar algo importante aquí: veo imperativo que se mantenga el respeto mutuo entre personas religiosas y no religiosas. El hecho de que gran parte de mi propia experiencia con la religión haya sido negativa no significa que desprecie a las personas religiosas.

Del mismo modo, espero una forma similar de aceptación de todas las comunidades religiosas para las personas LGBTQ+, simplemente a nivel humano. En última instancia, no puedo elegir no ser transgénero, pero otros pueden elegir tratarme con amabilidad. Es la única manera de convivir.

Tus creencias religiosas son un asunto profundamente personal y son tuyos. Nadie más puede decidir tus creencias por ti, ni tu mezquita, ni tu iglesia ni los miembros de tu familia.

Además, no discuto a nivel de las Escrituras. En mi experiencia, alguien que desee reconciliar estos asuntos con su propia fe tomará medidas para encontrar respuestas por sí mismo, y conozco a muchos musulmanes que lo han hecho con éxito. Entre aquellos que no muestran interés en esta forma de reconciliación o educación, encuentro más productivo operar en un marco de respeto mutuo y tolerancia, y continuar enfocando mi energía hacia aquellos que priorizan el amor sobre el odio.

Todavía estoy en buenos términos con mi padre. No usa el nombre ni los pronombres correctos para mí, y es molesto, pero es innegable que me quiere mucho. Ambos elegimos comprometernos para permanecer en la vida del otro.

Es todo bastante complejo, pero siempre vuelvo al fondo. La islamofobia es inaceptable. La transfobia es inaceptable. Somos quienes somos, y nuestro mundo es tan amable como elegimos ser unos con otros.

Este artículo fue escrito por un embajador anónimo de Just Like Us. Participe en Just Like Us, la organización benéfica de jóvenes LGBTQ+.

Fuente Oveja Rosa

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En silencio ante el misterio

Jueves, 20 de octubre de 2022

Del blog de José Arregi Umbrales de Luz:

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En el diario de su viaje a España en 2002, tras su visita a la Abadía de las Monjas Benedictinas de Oviedo, Ernesto Sábato escribe:

“Quedé enmudecido por el silencio, la altura de la nave, la gente rezando. En las paredes de piedra, tallas antiguas recuerdan aquellos hechos que la fe ha consagrado en el alma de los seres humanos durante milenios, otorgándoles sentido a la vida y a la muerte, solemnizando los grandes acontecimientos de la existencia y dándoles coraje ante el infortunio. Lo sedimentado a través de los siglos parece proporcional a la belleza de sus piedras desgastadas.

Quedo como siempre impresionado por la fe, esa locura de la que hablaba Pascal; algunas personas están rezando; ¿por qué?, ¿a quién? Y algo más profundo y misterioso que el razonar de mi inteligencia se me impone lenta, pero hondamente hasta dejarme con el alma embriagada por atisbo de lo desconocido.

He tenido una formación rabiosamente anticlerical, y quizá atea, aunque ¿qué sabe uno lo que es ser creyente o ateo? Entonces correspondíamos, Matilde y yo, a lo que se llamaba ser un ‘librepensador’. Así se definía mi padre, y así fui educado, y así educamos a nuestros hijos. (…).

Ahora, cuando tanta vida ha pasado, tanto amor  de la gente, tantas culpas, disgustos, violencias, tanto desconocimiento y estupidez, ya el ateísmo se me desmorona frente a estas pocas personas sentadas o arrodilladas, que silenciosamente abren su miseria humana ante el abismo.

Estoy mareado, y quedo por un rato sentado en un banco. Toda aquella virulencia, aquellos tiempos de arrogante fuerza y juventud se han apaciguado y un sentimiento más antiguo, y probablemente originado por mis años, me silencia ante este misterio.

Esas narraciones religiosas, que por milenios repararon el alma, cifras de sentido, o dudas alzadas en el interior del templo. Las oraciones, esa locura de creerse escuchados”

*

Ernesto Sábado,
España en los diarios de mi vejez,
Seix Barral, 2004, p. 50-51).

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“La misión es una dimensión constitutiva de la vida cristiana”, por Consuelo Vélez.

Miércoles, 12 de octubre de 2022

mision-dimension-constitutiva-vida-cristiana_2493060670_16224708_660x371De su blog Fe y Vida:

Octubre se ha considerado el mes de las misiones. Pero es importante aclarar que la misión no es una actividad puntual para un tiempo determinado, sino una dimensión constitutiva de la vida cristiana. En efecto, el cristianismo nació como una llamada a la misión. El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús resucitado confiando la misión a sus discípulos: “Vayan y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo he mandado” (Mt 28, 19-20).

Históricamente ese mandato misionero se fue quedando reservado a los clérigos y religiosos porque ellos se sentían responsables de la misión y el resto del Pueblo de Dios -el laicado- solo era receptor de la misma, sin sentirse capacitado para realizarla. Pero con Vaticano II, se comenzó a dar más protagonismo al laicado -como siempre debió ser- y poco a poco ha ido aumentando la conciencia misionera de todo el Pueblo de Dios. Con la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida en 2007, se buscó fortalecer esa dimensión misionera inherente a la vida cristiana, manifestándolo en el lema de dicho acontecimiento: Discípulos misioneros para que todos los pueblos en Él tengan vida. Actualmente, con la llamada del Papa Francisco a la sinodalidad, se siguen abriendo caminos para entender que la vida cristiana consiste en “caminar juntos”, donde todo el pueblo de Dios -clérigos, religiosos, religiosas y laicado- son responsable de la misión de evangelizar.

Pero ¿qué es la misión? Una respuesta podemos encontrarla en el evangelio de Lucas, cuando Jesús entra a la sinagoga de Nazaret y lee el texto del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de la gracia del Señor” (Lc 4, 18-19). La misión consiste en promover la vida en abundancia para todos, superando todo tipo de opresión y esclavitud. Nuestro Dios es el Dios de la vida y la misión ha de testimoniar esta realidad. Esa vida en abundancia se expresa en el culto y este fortalece para trabajar por la justicia, porque cómo dice el profeta Isaías el culto que agrada a Dios “es buscar lo justo, dar los derechos al oprimido, defender a la viuda (Is 1, 17).

Además de los sujetos implicados en la misión que, como ya dijimos, ha de ser todo el pueblo de Dios, la misión ha de entenderse en toda su complejidad. Hablamos de misión cuando se realiza el primer anuncio a todos aquellos que no conocen a Cristo. Este tipo de misión se le conoce como misión “Ad gentes” porque supone ir a lugares lejanos y a culturas diferentes, implicando toda la vida de los que se dedican a este tipo de misión ya que, al ir a otros lugares desconocidos, necesitan una generosidad inmensa para asumir condiciones adversas. Actualmente, este tipo de misión ha ido modificando su manera de comprenderse porque se ha entendido que la fe no se impone a nadie y se han de respetar las otras culturas con sus propias tradiciones. En este sentido, esta misión ha de abrirse al diálogo ecuménico e interreligioso y ofrecer con gratuidad la fe que se profesa.

También la misión se realiza entre los que habiendo oído hablar de Cristo, se han alejado de la fe. Este es uno de los inmensos desafíos en los países tradicionalmente cristianos donde parece imperar más un sentido religioso cultural que de opción personal. Aunque se acuda a los sacramentos, por ejemplo, estos constituyen más un acto social que un compromiso de fe. Pero más preocupante que esto es la inmensa mayoría que ya no práctica en absoluto su fe, ni transmiten a sus hijos ningún sentido religioso.

Finalmente, la misión también se ejerce entre los que practican su fe y la viven coherentemente porque la experiencia de Dios no es algo estático y conseguido de una vez para siempre, sino que ha de alimentarse, formarse, irradiarla, celebrarla. La vida cotidiana es misión, la celebración sacramental es misión, el compromiso social es misión, la vida entera es misión.

Conviene, por tanto, que este mes ampliemos el horizonte para valorar profundamente las misiones en regiones distantes y difíciles, pero sin dejar de lado la misión en la vida cotidiana y mucho menos la misión entre los que se han alejado. Sobre estos últimos, no podemos olvidar que muchos se alejan por el anti testimonio de los que nos llamamos cristianos, con lo cual, nuestra responsabilidad es inmensa y hemos de sentirnos urgidos a la coherencia y testimonio para producir frutos que los atraigan nuevamente a participar de la comunidad eclesial.

Ser discípulos misioneros constituye entonces dos caras de la misma moneda. No se puede afirmar que se ama a Cristo si ese amor no se hace expansivo y comunicativo en la misión. Pero, al mismo tiempo, no se puede amar a manos llenas a cada uno de los hermanos si ese amor no se alimenta de la palabra de Dios, de los sacramentos, de la vida fraterna. Ojalá este mes misionero reavive en todos, el deseo de comunicar la propia fe y, como decían los discípulos, sentir que no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído (Hc 4, 20). También agradecer la vida de tantos misioneros ad gentes, a quienes se les dedica más explícitamente este mes, para que sientan la fortaleza del envío y sigan siendo testimonio de la presencia de Dios en tantos pueblos que todavía hoy, no conocen a Cristo.

(Foto tomada de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/pobreza-en-colombia-y-america-latina-cinco-datos-mas-relevantes-563917)

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Jesús, maestro, ten compasión de nosotros

Domingo, 9 de octubre de 2022

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Los diez leprosos

Eran diez leprosos. Era
esa infinita legión
que sobrevive a la vera
de nuestra desatención.

Te esperan y nos espera
en ellos Tu compasión.
Hecha la cuenta sincera,
¿cuántos somos?, ¿cuántos son?

Leproso Tú y compañía,
carta de ciudadanía
nunca os acaban de dar.

¿Qué Francisco aún os besa?
¿Qué Clara os sienta a la mesa?
¿Qué Iglesia os hace de hogar?

*

Pedro Casaldáliga
Vivamos de Esperanza

***

 

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.”

Al verlos, les dijo:

“Id a presentaros a los sacerdotes.”

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo:

“¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”

Y le dijo:

“Levántate, vete; tu fe te ha salvado.”

*

Lucas 17, 11-19

***

Existo como un pequeño fragmento en la realidad ilimitada del mundo. Sin embargo, soy más grande que el mundo, porque mi pensamiento puede alcanzar y rebasar todas las cosas; más aún, es capaz de buscar lo que no se encuentra en el universo, a saber: el significado del universo. Me han sido dados unos pocos años de vida: he nacido y moriré. Sin embargo, mi pensamiento es capaz de atravesar estos estrechos límites y se plantea el problema de lo que había antes y de lo que habrá después. Estoy condicionado por mil instintos interiores y estoy manipulado por mil cosas exteriores que me solicitan. Sin embargo, puedo decidir libremente entre una acción y otra, entre una persona y otra, entre un destino y otro. En mi único ser hay, por tanto, algo que me hace pequeño, efímero, esclavo, y hay algo que me nace grande, duradero, libre.

Existo como alguien que pide ser salvado. Tengo sed de verdad sobre mi origen, sobre mi naturaleza, sobre mi suerte última, pero sé que el riesgo del error me acecha. Tengo sed de una alegría sin fin, pero sé que cada día que pasa me acerca al sufrimiento y a la muerte, y esta perspectiva me entristece ya desde ahora. Tengo sed de vivir en justicia, pero sé que soy, poco o mucho, repetidamente injusto. La salvación que necesito es, por consiguiente, salvación del error, de la muerte, de la culpa.

Esta salvación me ha sido dada por la bondad de Dios, que envió al mundo a mi Salvador: Jesús de Nazaret, crucificado y resucitado, que hoy está vivo y es Señor. El Señor Jesús me salva alcanzándome allí donde me encuentro, con una gratuidad y una misericordia inesperadas. Ahora bien, no me salva como un objeto inerte; al contrario, me concede aceptar libremente la iniciativa del Padre, a través del acto de fe; me concede configurarme libremente en mi conducta a su ley de amor; me permite entregarme libremente a la alabanza, a la acción de gracias, a la imploración a través de la oración.

*

G. Biffi, lo credo, Milán 1980, 55ss

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Auméntanos la fe

Lunes, 3 de octubre de 2022

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Auméntanos la fe,
porque los mitos y credos se hunden
y surge la inseguridad e indecisión
en todo camino y horizonte.

Auméntanos la fe,
porque son muchas la palabras y promesas
vacuas e inconsistentes
que nos rodean por todas partes.

Auméntanos la fe,
porque al creernos el centro del universo
andamos perdidos, a la deriva,
en nuestros agujeros negros.

Auméntanos la fe,
porque ya no nos atrevemos a confiar
en nuestra dignidad de hijos,
la que hace posible un mundo más fraterno y justo.

Auméntanos la fe,
aunque solo sea como un granito de mostaza,
para que seamos testigos de tu Espíritu
en esta sociedad en la que vivimos.

Auméntanos la fe,
y haznos caminar en paz y erguidos
aunque se quiebren nuestras seguridades
y nos sintamos pobres y débiles.

*
Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Desde zurcir calcetines en adelante, los actos ordinarios ayudan a construir el Reino de Dios

Lunes, 3 de octubre de 2022

09B1E21E-6125-4886-8BC4-C208741AD588La reflexión de hoy es de la colaboradora de Bondings 2.0 Grace Doerfler, cuya biografía está disponible aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Domingo 27 del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

En el evangelio de hoy (Lucas 17:5-10), los Apóstoles le piden a Jesús más fe, y él responde que la fe del tamaño de una semilla de mostaza puede hacer maravillas.

“Si tuvieras fe del tamaño de un grano de mostaza, le dirías a esta morera: ‘Desarráigate y plántate en el mar’, y te obedecería”, les dice a sus discípulos.

En el pasado, he leído este comentario de Jesús como una especie de reprensión. Pero sentarme con este pasaje de las Escrituras me ha invitado a escuchar estas palabras de Jesús de una manera nueva, como palabras de consuelo. Tan pequeña o débil como podamos imaginar que es nuestra fe a veces, Jesús parece estar diciendo que lo que tenemos para ofrecer es suficiente. Y podemos confiar en que Dios está obrando en nuestras vidas, aumentando los frutos de nuestra fe en formas que no necesariamente podemos imaginar.

La segunda mitad del evangelio de hoy, la imagen de Jesús del siervo humilde y obediente parece a primera vista desconectada de la imagen de la semilla de mostaza. Jesús les dice a sus discípulos que no deben esperar una recompensa rápida por su fe, sino que comparan una vida de discipulado con un largo día lleno de deberes.

No es la imagen más glamorosa, quizás. Pero la espiritualidad de Dorothy Day, conocida por su hospitalidad radical, ofrece una clave para entender las dos mitades de este evangelio. En una meditación sobre la Navidad, escribió:

“Qué simplificación de la vida sería si nos forzáramos a ver que donde quiera que vayamos está Cristo, desgastando los calcetines que tenemos que zurcir, comiendo la comida que tenemos que cocinar, riendo con nosotros, callando con nosotros, durmiendo con nosotros.”

Para Dorothy, el discipulado era un deber, y ese deber era un deleite.

B6DADAF6-3256-4E8F-945A-4534AFCC38B6Su vida de servicio a las personas en situación de pobreza y falta de vivienda se basó en pequeños actos de amor: lavar los platos, lavar la ropa, hacer las camas para los invitados, orar por los necesitados.

El ejemplo de discipulado de Dorothy nos muestra que no necesariamente necesitamos un aumento de fe para hacer grandes cosas, como imaginan los apóstoles en el evangelio de hoy. Jesús les asegura a ellos, ya nosotros, que la fe que anima nuestra vida cotidiana es suficiente para que Dios trabaje con ella. La santidad existe en las tareas mundanas que constituyen gran parte de nuestras vidas. Dios magnifica nuestros esfuerzos en formas que no vemos o entendemos de inmediato, como una semilla de mostaza que brota para crecer.

Muchos católicos LGBTQ+ lamentan la exclusión de la comunidad, los sacramentos o el ministerio en función de sus identidades; muchos más lamentan las relaciones tensas con los miembros de la familia o la falta de libertad para expresarse por completo. Hay muchas heridas que necesitan curación.

Pero el evangelio de hoy, y su recordatorio del trabajo diario del discipulado, ofrece un vistazo de cómo podemos responder a estos desafíos. Santas son las formas en que nos cuidamos unos a otros, santas las formas en que alimentamos la fe de los demás. Cuando creamos una comunidad para aquellos que han sido excluidos durante mucho tiempo, ya sea por su estatus socioeconómico, estatus migratorio, discapacidad, raza, orientación sexual o identidad de género, plantamos una semilla. Por pequeños que parezcan nuestros esfuerzos, son precisamente la obra de construir el reino de Dios al que Jesús nos invita en el evangelio de hoy.

En el testimonio constante de nuestras vidas, desde el zurcido de los calcetines, estamos invitados a confiar en que Dios siempre está presente, “riendo con nosotros, callando con nosotros, durmiendo con nosotros”. Servir a Dios entre nosotros en todas las formas que Dios toma no es más que nuestro deber, como nos dice Jesús hoy y como nos recuerda Dorothy Day, pero es un deber que puede arrancar moreras y plantarlas en el mar. A medida que nos amamos y nos cuidamos unos a otros, en la fe de que a quien servimos es Cristo, Jesús promete que nuestra fe como la semilla de mostaza puede hacer más de lo que podemos imaginar.

¿De qué maneras pequeñas y ordinarias puedes, como persona o aliado LGBTQ+, ayudar a construir el reino de Dios? ¿Qué acciones pequeñas y ordinarias de otros han tenido un efecto positivo en usted? Deja un comentario en la sección de abajo.

—Grace Doerfler (ella/ella), New Ways Ministry, 2 de octubre de 2022

Fuente New Ways Ministry

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Fe sencilla…

Domingo, 2 de octubre de 2022

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Más Sencilla

Hazme una cruz sencilla,
carpintero…
sin añadidos
ni ornamentos…
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos…
sencilla, sencilla…
hazme una cruz sencilla, carpintero.

*

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza
siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.

Ser en la vida romero, romero…
sólo romero.
Que no hagan callo las cosas
ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez,
una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie
a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa,
ni la losa de los templos,
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos…
ni como el cómico viejo
digamos los versos.

No sabiendo los oficios,
los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera…

Que no hagan callo las cosas
en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

***

León Felipe

***

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:

“Auméntanos la fe.”

El Señor contestó:

“Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar.” Y os obedecería.

Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: “En seguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?

Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.””

*

Lucas 17, 5-10

***

 

Tener fe en Dios, en el Cristo-Dios, significa haber optado de manera definitiva por fiarse de Dios. Arquímedes buscaba el fulcro gracias al cual su palanca hubiera podido levantar el mundo. Ser creyentes es haber hecho de Dios el fulcro de nuestra propia vida, y el término «roca» que la Escritura aplica con tanta frecuencia a Dios -«Tú eres mi roca y mi baluarte»- se convierte en el fulcro que yo sé que no puede desaparecer. El Dios en quien confío no puede engañarnos ni puede decepcionarnos, pues no sería Dios; no puede dejar de amarnos, pues no nos habría creado. A todas las certezas que el Antiguo Testamento aducía para confirmar a Dios-nuestra-roca se añadía lo que Cristo había prometido al apóstol Pedro, al cambiar su nombre de Simón por Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Partiendo de esta idea de roca, la inteligencia no carece ni de argumentos ni de luz, porque la fe conduce a la luz. Jesucristo no es una invención de los hombres; los hombres no inventan cosas así o, más exactamente, si las inventan no duran mucho. Pensemos en los dos mil años transcurridos desde el nacimiento de Jesucristo, pensemos también en todas las mediocridades, debilidades, traiciones, que ha habido en la Iglesia… y veremos que habría debido desaparecer, como tantos otros imperios y organizaciones. Sin embargo, a través de algún santo, de algún acontecimiento o de alguna personalidad, la Iglesia vuelve a cobrar vida cada vez, se santifica de nuevo y el árbol que parecía muerto, a punto de ser cortado, vuelve a florecer con nueva vida.

*

Jacques Loew,
La felicita di essere uomo. Conversazione con Dominique Xardel,
Milán 1992, pp. 22ss

***

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Orar desde la duda”. 27 Tiempo ordinario – C (Lucas 17,5-10)

Domingo, 2 de octubre de 2022

83B9A33C-59A3-4A95-AF2E-A7E998B2B276En el creyente pueden surgir dudas sobre un punto u otro del mensaje cristiano. La persona se pregunta cómo ha de entender una determinada afirmación bíblica o un aspecto concreto del dogma cristiano. Son cuestiones que están pidiendo una mayor clarificación.

Pero hay personas que experimentan una duda más radical, que afecta a la totalidad. Por una parte sienten que no pueden o no deben abandonar su religión, pero por otra no son capaces de pronunciar con sinceridad ese «sí» total que implica la fe.

El que se encuentra así suele experimentar, por lo general, un malestar interior que le impide abordar con paz y serenidad su situación. Puede sentirse también culpable. ¿Qué me ha podido pasar para llegar a esto? ¿Qué puedo hacer en estos momentos? Tal vez lo primero es abordar positivamente esta situación ante Dios.

La duda nos hace experimentar que no somos capaces de «poseer» la verdad. Ningún ser humano «posee» la verdad última de Dios. Aquí no sirven las certezas que manejamos en otros órdenes de la vida. Ante el misterio último de la existencia hemos de caminar con humildad y sinceridad.

La duda, por otra parte, pone a prueba mi libertad. Nadie puede responder en mi lugar. Soy yo el que me encuentro enfrentado a mi propia libertad y el que tengo que pronunciar un «» o un «no».

Por eso, la duda puede ser el mejor revulsivo para despertar de una fe infantil y superar un cristianismo convencional. Lo primero no es encontrar respuestas a mis interrogantes concretos, sino preguntarme qué orientación quiero dar a mi vida. ¿Deseo realmente encontrar la verdad? ¿Estoy dispuesto a dejarme interpelar por la verdad del Evangelio? ¿Prefiero vivir sin buscar verdad alguna?

La fe brota del corazón sincero que se detiene a escuchar a Dios. Como dice el teólogo catalán E. Vilanova, «la fe no está en nuestras afirmaciones o en nuestras dudas. Está más allá: en el corazón… que nadie, excepto Dios, conoce».

Lo importante es ver si nuestro corazón busca a Dios o más bien lo rehúye. A pesar de toda clase de interrogantes e incertidumbres, si de verdad buscamos a Dios, siempre podemos decir desde el fondo de nuestro corazón esa oración de los discípulos: «Señor, auméntanos la fe». El que ora así es ya creyente.

José Antonio Pagola

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“¡Si tuvierais fe … !”. Domingo 02de octubre de 2022. 27º Ordinario

Domingo, 2 de octubre de 2022

52-ordinarioc27-cerezoLeído en Koinonia:

Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4: El justo vivirá por su fe.
Salmo responsorial: 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón.”
2Timoteo 1, 6-8. 13-14: No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor.
Lucas 17, 5-10: ¡Si tuvierais fe … !

Ofrecemos en primer lugar un comentario bíblico tradicional

El profeta Habacuc nos pone en el contexto del diálogo entre el profeta y Dios, donde el primero toma la iniciativa y pregunta a Dios por la raíz del mal y el sufrimiento que lo rodea. La injusticia, la violencia y la desigualdad parecen convertirse en la única forma de vivir de la sociedad en muchos momentos, no sólo de la historia del pueblo de Dios, sino también de la historia de la humanidad. La queja del profeta es clara: no hay justicia; se vive en una violación sistemática de los derechos básicos provocados por la anomia y la confusión de su tiempo. Sin embargo, la respuesta del Señor, ante la situación, no se hace esperar. El Dios de la historia y la creación hace un llamado al “justo” a la fidelidad y a la confianza. Dios se encuentra con el ser humano en la justicia, en la resistencia pacífica y en la esperanza del ser humano en él.

En la segunda carta a Timoteo el autor nos presenta de dónde procede el ser apóstoles del Señor: del plan divino de la salvación de Dios. Los creyentes hoy estamos exigidos a tomar conciencia que hemos recibido del Señor el don de la fe, de la fortaleza y de la caridad; por tanto, este don recibido demanda una respuesta oportuna. Ante la situación tan compleja, adversa y confusa de nuestra situación mundial, los carismas del Espíritu del resucitado se nos dan para dirigir a la comunidad humana con valentía y dar testimonio de la liberación y salvación del Señor. Dichos dones recibidos de la gracia de Dios, son también, tarea humana, y necesitan ser cultivados e incrementados constantemente para evitar caer en el absurdo y la desesperanza.

En el texto de Lucas vemos a los discípulos, conscientes de su poca fe, de su incapacidad para dar su adhesión plena a Jesús y a su mensaje. Por eso le piden que les aumente la fe. Jesús constata en realidad que tienen una fe más pequeña que un grano de mostaza, semilla del tamaño de una cabeza de alfiler. No dan ni siquiera el mínimo, pues con tan mínima cantidad de fe bastaría para hacer lo imposible: arrancar de cuajo con sólo una orden una morera y tirarla al mar. Este mínimo de fe es suficiente para poner a disposición del discípulo la potencia de Dios.

Miro a mi alrededor y pienso que algo no funciona. Tantos cristianos, tantos católicos, tantos colegios religiosos… Y me pregunto: ¿Cuántos creyentes? ¿Tienen fe los cristianos, los sacerdotes y religiosos, los obispos? ¿Tenemos fe? ¿O tenemos una serie de creencias, un largo y complicado credo que recitamos de memoria y que poco atañe a nuestras vidas?

Las palabras de Jesús siguen resonando hoy. “Si tuvierais fe como un grano de mostaza…” O lo que es igual: si siguierais mi camino, si vivierais según el Evangelio… tendríais la fuerza de Dios para cambiar el sistema.

Sigo mirando a mi alrededor y veo una Iglesia apegada a sus privilegios, que se codea con los poderes fácticos, que depende en muchos países económicamente del Estado, capaz de echarle un pulso al poder político y vencer, identificada con frecuencia con la derecha o el centro, defensora a ultranza de su estatuto de religión verdadera y prioritaria.

Me vuelvo al evangelio y releo sus páginas: “Vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, que Dios será tu riqueza, y anda sígueme a mí” (Lc 18,22). “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero este hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Lc 9,58). “No andéis agobiados pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir” (Lc 12,22). “Los reyes de las naciones las dominan y los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros nada de eso; al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven y el que dirige al que sirve” (Lc 22,25-26).

Pobres, libres, sin seguridades, sin poder, como Jesús. Sólo tiene fe quien se adhiere a este estilo de vida evangélico. Quien no, tiene creencias, que para casi nada sirven. Y así no se puede cambiar ni el sistema religioso ni siquiera el mundano.

Tal vez tengamos que reconocer que somos “siervos inútiles”, pues no andamos en el sistema de la fe, sino en el del cumplimiento de las obras de la ley, como los fariseos, que, al final, de su trabajo tienen que considerarse “siervos inútiles”, pero no “hijos de Dios” que es a lo que estamos llamados a ser, como ciudadanos del Reino que todos anhelamos.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio: https://radialistas.net/category/un-tal-jesus

Añadimos un comentario crítico.

La palabra «fe» es polisémica, tiene significados múltiples, que dependen del contexto de su uso. En el evangelio que hoy leemos, es claro que aparece como sinónimo de coraje, decisión, convicción de entrega… y «esa fe» es la que mueve montañas… o traslada moreras, no necesariamente con una eficacia «sobrenatural», sino a veces simplemente psicológica. Leer más…

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Dom 2.10.22. Vivir es creer. El hombre, animal creyente

Domingo, 2 de octubre de 2022

224E0A3D-77EB-4F28-A97F-1A65CC58632EDel blog de Xabier Pikaza:

Los que preguntaban a Jesús querían creer él, recrear su vida y la vida de los otros, con el poder que Dios les confiaba, y que ellos descubrían en sí mismos pot medio de Jesús. Así pidieron, así podemos pedir y vivir también nosotros, ese domingo: Auméntanos la fe, haz que nuesta humanidad aumente y sea veradera, de manera que seamos simple y plnenamente humanos.

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: “Auméntanos la fe.” El Señor contestó: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar.” Y os obedecería etc. (Lc 17, 5-10)

 Sólo trataré de parte de la lectura. Lo que sigue exigiía un estudio más intenso sobre la gratuidad de la fe… No creemos para nada (para ganar cosa ninguna), sino para ser lo que somos, es decir, creyentes, seres de fe.Desarrollaré el tema en dos secciones.

(a)  Una visión de la fe, según la Biblia (Cf. Gran Diccionario de la Biblia). Allí, en sus páginas centrales, desde Habacuc hasta Jesús y Pablo se dice que el hombre (el justo) vive de la fe.

(b) Ser hombre es creer. Sentido humano y religioso de la fe. Ciertamente, ser hombre justo es creer; el injusto (en sentido bíblico)no cree en los demás, ni en sí mismo, por eso es violento (adora un poder falso, se cuelga del dinero). En esa línea, si no tiene fe ninguna el hombre en cuanto tal se muere, termina de ser, se destruye a sí mismo.

(1) INTRODUCCIÓN. VISIÓN DE LA FE, SEGÚN LA BIBLIA

La Biblia es un libro de fe. Ciertamente, cuenta las historias del pueblo de Dios y expone argumentos de tipo sapiencial. Pero, en su raíz más honda, ella ofrece un testimonio de fe: una forma de vida que se funda en la fidelidad de Dios, que ofrece y mantiene su palabra, y en la fidelidad de los hombres que le responden.

(1) Antiguo Testamento

En la Biblia hebrea la fe se identifica en el fondo con la fidelidad (es decir, con la firmeza) y también con la verdad, entendida como emuna, en la línea de la firmeza y de la misericordia.
Básicamente, la fe pertenece a Dios, que es el fiel por excelencia, pues « guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones» (Dt 7, 9).

Entendida así, la fe no es algo, que viene en un segundo momento, sino la misma realidad de Dios a quien se entiende no sólo como firme, sino también como misericordioso. En esa línea, el testimonio básico de la fidelidad bíblica lo ofrece la tradición reflejada en Ex 34, 6 donde Dios se presenta como « compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad, es decir, en fidelidad» (cf. Jon 4, 2).

La fe del hombre es consecuencia de la fidelidad de Dios. No se trata de creer en cosas, sino de fiarse de Dios, de ponerse en sus manos. Entendida así, la fe constituye la actitud básica del israelita. En un sentido, ella puede identificarse con el amor del que habla el shema (Dt 6, 5: «amarás al Señor, tu Dios…»); en otro sentido, ella aparece como experiencia básica de confianza, en medio de la crisis constante de la vida.

En esta línea se sitúa la afirmación fundamental de Hab 2, 4 (primera lectura de este domingo), cuando afirma que «el justo vivirá por la fe». Justo es aquí el tzadik, el hombre que responde a la llamada de Dios; la vida del justo, así entendido, se identifica con la ‘emuna, la fidelidad de Dios. Frente a la justicia de los pueblos que identifican la verdad don su fuerza, emerge así la verdadera justicia israelita, que se expresa en forma de confianza en Dios. Así podemos decir, en resumen, que Dios es verdadero porque es fiel, porque mantiene su palabra y los hombres (en especial los israelitas) pueden fiarse de él.

(2) Nuevo Testamento. Fe de Jesús.

Toda la vida y mensaje de Jesús aparece como una expresión y cumplimiento de esa fe. Así lo ha condensado Mc 1, 14-15 cuando ofrece el mensaje de Dios (¡llega el reino!) y pide a los hombres que respondan. ¡creed en el evangelio!, es decir: acoged la buena noticia. La vida pública de Jesús, desde su bautismo hasta su muerte, es un ejercicio y despliegue de esta fe en Dios.

Por eso hay que hablar, en primer lugar, de Jesús (como creyente cf. Ap 14, 12), es decir, de la fe de Jesús en Dios. Pero Jesús no es sólo un hombre de fe, sino un portador de fe. Desde ese fondo se entiende su vida pública, el conjunto de los milagros, entendidos como un despliegue de fe. Una y otra vez, Jesús dice a los curados: tu fe te ha salvado (cf. Mc 10, 52; Lc 7, 50; 8, 48 etc.). Esta no es una fe menor, sino la fe en sentido pleno: la confianza en el Dios salvador, que mueve montañas (cf. Mc 11, 23).

A97A6828-C392-419A-A82C-C3DB5F5BD4F7(3) Fe y obras.

Pablo ha descollado el sentido de la fe, entendiéndola como experiencia radical de confianza de aquellos que creen en el Dios que ha resucitado a Jesús de entre los muertos (Rom 4, 24). De un modo ejemplar, Pablo ha contrapuesto las dos actitudes del hombre que, a su juicio, están ejemplificadas en un tipo de judaísmo (o judeo-cristianismo) que interpreta la vida del hombre desde sus obras (desde lo que él hace) y el verdadero cristianismo, que define la vida desde la fe.

La oposición entre las obras de la ley y la fe mesiánica (en el Dios de Cristo) constituye el centro del evangelio de Pablo (cf. Gal 3, 1-10; Rom 3, 20-24).
Esa oposición constituye sigue estando en el centro de la controversia bíblica entre católicos y protestantes:

‒ Lutero acusó a un tipo de católicos-romanos de su tiempo de haber vuelto a fundar la religión en las obras, entendidas sobre todo en línea moralista y ritual;

‒ el Concilio de Trento respondió que la misma fe se expresa en unas obras, que no han de entenderse como expresión del orgullo del hombre, sino como signo de su fidelidad a Dios. La controversia, en la que se oponía la visión de Pablo y un tipo de interpretación de Sant 2, 14-26, sigue estando en la base de hermenéutica católica y protestante, aunque actualmente las oposiciones se han limado, de manera que se habla más de diferencia de matices que de contraposición de fondo.

(4) Fe, esperanza amor.

Una de las formulaciones más influyentes sobre el sentido de la fe es la que Pablo ofrece en 1 Tes 1, 3, cuando dice:

«Nos acordamos sin cesar, delante del Dios y Padre nuestro, de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de la perseverancia de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo».

De esa manera, como de pasada, Pablo ha descrito el sentido de las tres actitudes básicas de la vida cristiana, que la tradición posterior interpreta como «virtudes teologales», es decir, como expresión del encuentro del hombre con Dios.

— Todo en la relación del hombre con Dios es «obra de fe» (ergon tês pisteôs), signo y presencia de la fe que actúa.

— Todo es despliegue o trabajo de un amor (kopos tês ágapes) que se manifiesta en la entrega de la vida, en manos de Dios, al servicio de los otros.

— Todo es finalmente paciencia o perseverancia de la esperanza (hypomonê tês elpidos), expresión de un camino abierto hacia el reino.

Más que virtudes en sentido clásico (de vir, obra de varón), esos gestos constituyen la esencia de la vida creyente y son inseparables, de manera que cada uno está implicado en el otro.

(2) SER HOMBRE ES CREER. SENTIDO HUMANO Y RELIGIOSO DE LA FE. La fe constituye el tema y sentido central del evangelio y de la Biblia entera, que hemos definido como libro de fe (entrada anterior). La fe no es sumisión ante un poder superior (que decide las cosas de antemano, de un modo fatal), ni es dependencia pasiva, ni credulidad ante lo desconocido, ni aprobación ciega de verdades superiores, sino la presencia (experiencia) de Dios en la vida del hombre, que así se defina y actúa como aquel que “vive de la fe” (Hab 2, 4).

(1) Fe. El hombre, animal de fe

6436C005-0308-4830-86DD-4822026D3086Creo, luego existo. Ciertamente, el hombre es “animal racional”, como se ha dicho desde antiguo, un viviente capaz de pensar, y en esa línea Descartes ha empezado diciendo “pienso, luego existo”.

‒ Unos le han definido como el animal que es capaz de organizar y dirigir el mundo,produciendo bienes de consumo (en una línea evocada por la Biblia en Gen 128-29, de manera que ha podido decirse “trabajo y produzco, luego existo”.

‒ Algunos le entienden como voluntad de poder (me esfuerzo y dominio, me impongo, luego existo). En el límite han estado y siguen estando los que se definen como conquistadores (exploro, me arriesgo, conquisto, y por eso estoy vivo…).

‒ Otros, en fin, toman al hombre como ser capaz de poseer, aquel que se define por aquello que acumula y tiene, convirtiéndose de esa forma en siervo de su capital (acumulo propiedades, y ellas me poseen, luego, luego existo).

Todas estas perspectivas (especialmente las primeras) pueden tener cierto valor, pero al llegar hasta el final, allí donde se identifica al hombre con su capital, el hombre muere, como sabe bien la Biblia (cf. Mt 6, 24), porque en su verdad originaria el hombre es un “creyente”, y sólo puede realizarse como humano porque “cree”: acepta la vida como don y cree en ella, y así la comparte, como sabe y dice la Biblia en sus páginas más hondas, desde Hab 2, 4 a Rom 1, 17, desde Is 7, 9 hasta Heb 11, 1. Por eso, en el principio de la experiencia antropológica de la Biblia esta una palabra que dice: «Creo, luego existo”, es decir, «Dios cree en mí, y de esa forma puedo vivir como humano».

(2) Fe, primer conocimiento.

‒ Plantas y animales nacen desde fuera, dentro de un proceso cósmico que les hace y determina, no necesitan creen para vivir (aunque en un determinado plano la confianza es necesaria en los vivientes superiores, sobre todo en aquellos que han sido domesticados por los hombres). Leer más…

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“Falta de fe y sobra de presunción“. Domingo 27. Ciclo C

Domingo, 2 de octubre de 2022

jesus-aumenta-nuestra-fe-3-10-10Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Después de la parábola del rico y Lázaro, Lucas empalma cuatro enseñanzas de Jesús a los apóstoles a propósito del escándalo, el perdón, la fe y la humildad. Son frases muy breves, sin aparente relación entre ellas, pronunciadas por Jesús en distintos momentos. De esas cuatro enseñanzas, el evangelio de este domingo ha seleccionado sólo las dos últimas, sobre la fe y la humildad (Lucas 17,5-10).

Menos fe que un ateo

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:

            ‒ Auméntanos la fe.

El Señor contestó:

            ‒ Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa montaña: «Arráncate de raíz y plántate en el mar». Y os obedecería.

El evangelio de Mateo cuenta algo parecido: un padre trae a su hijo, que sufre ataques de epilepsia, para que lo curen los apóstoles. Ellos no lo consiguen. Aparece Jesús, y lo cura de inmediato. Los apóstoles, admirados, le preguntan por qué ellos no han sido capaces de curarlo. Y Jesús les responde: “Por vuestra poca fe. Si tuvierais fe como un grano de mostaza…”

Lucas le da un enfoque distinto, más irónico y malicioso. En su evangelio los apóstoles no buscan la explicación a un fracaso, sino que formulan una petición: “Auméntanos la fe”.

¿Qué piden los apóstoles? ¿Qué idea tienen de la fe? Ya que no eran grandes teólogos, ni habían estudiado nuestro catecismo, su preocupación no se centra en el Credo ni en un conjunto de verdades. Si leemos el evangelio de Lucas desde el comienzo hasta el momento en el que los apóstoles formulan su petición, encontramos cuatro episodios en los que se habla de la fe:

  • Jesús, viendo la fe de cuatro personas que le llevan a un paralítico, lo perdona y lo cura (5,20).
  • Cuando un centurión le pide a Jesús que cure a su criado, diciendo que le basta pronunciar una palabra para que quede sano, Jesús se admira y dice que nunca ha visto una fe tan grande, ni siquiera en Israel (7,9).
  • A la prostituta que llora a sus pies, le dice: “Tu fe te ha salvado” (7,50).
  • A la mujer con flujo de sangre: “Hija, tu fe te ha salvado” (8,48).

En todos estos casos, la fe se relaciona con el poder milagroso de Jesús. La persona que tiene fe es la que cree que Jesús puede curarla o curar a otro.

Pero la actitud de los apóstoles no es la de estas personas. En el capítulo 8, cuando una tempestad amenaza con hundir la barca en el lago, no confían en el poder de Jesús y piensan que morirán ahogados. Y Jesús les reprocha: “¿Dónde está vuestra fe? (8,25). La petición del evangelio de hoy, “auméntanos la fe”, empalmaría muy bien con ese episodio de la tempestad calmada: “tenemos poca fe, haz que creamos más en ti”. Pero Jesús, como en otras ocasiones, responde de forma irónica y desconcertante: “Vuestra fe no llega ni al tamaño de un grano de mostaza”.

¿Qué puede motivar una respuesta tan dura a una petición tan buena? El texto no lo dice. Pero podemos aventurar una idea: lo que pretende Lucas es dar un severo toque de atención a los responsables de las comunidades cristianas. La historia demuestra que muchas veces los papas, obispos, sacerdotes y religiosos/as nos consideramos por encima del resto del pueblo de Dios, como las verdaderas personas de fe y los modelos a imitar. No sería raro que esto mismo ocurriese en la iglesia antigua, y Lucas nos recuerda las palabras de Jesús: “No presumáis de fe, no tenéis ni un gramo de ella”.

Ni las gracias ni propina

En línea parecida iría la enseñanza sobre la humildad. El apóstol, el misionero, los responsables de las comunidades, pueden sufrir la tentación de pensar que hacen algo grande, excepcional. Jesús vuelve a echarles un jarro de agua fría.

Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

La parábola es de una ironía sutil. Al principio, el lector u oyente se siente un gran propietario, que dispone de criados a los que puede dar órdenes. Al final, le dicen que el propietario es Dios, y él es un pobre siervo, que se limita a hacer lo que le mandan. El mensaje quizá se capte mejor traduciendo la parábola a una situación actual.

Suponed que entráis en un bar. ¿Quién de vosotros le dice al camarero: «¿Qué quiere usted tomar?». ¿No le decís: «Una cerveza», o «un café»? ¿Tenéis que darle las gracias al camarero porque lo traiga? ¿Tenéis que dejarle una propina? Pues vosotros sois como el camarero. Cuando hayáis hecho lo que Dios os encargue, no penséis que habéis hecho algo extraordinario. No merecéis las gracias ni propina.

Un lenguaje duro, hiriente, muy típico del que usa Jesús con sus discípulos.

El profeta Habacuc y la fe (Hab 1,2-3; 2, 2-4)

Advierto de entrada que esta lectura solo se relaciona con el evangelio por la frase final: “El justo vivirá por su fe”. Sin embargo, su temática es tan actual que la comento brevemente.

El librito del profeta Habacuc es de los más breves y de los más desconocidos. Una lástima, porque el tema que trata es el que estamos viviendo desde hace meses: la injusticia del imperialismo. Nosotros hablamos de Rusia y su invasión de Ucrania. Habacuc recuerda las invasiones sucesivas de Asiria, Egipto y Babilonia. El profeta comienza quejándose a Dios.

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que escuches?

¿Te gritaré “violencia” sin que salves?

¿Por qué me haces ver desgracias,

me muestras trabajos, violencias y catástrofes,

surgen luchas, se alzan contiendas? 

Habacuc no comprende que Dios contemple impasible las desgracias de su tiempo, la opresión del faraón y de su marioneta, el rey Joaquín. Y el Señor le responde que piensa castigar a los opresores egipcios mediante otro imperio, el babilónico (1,5-8). Pero esta respuesta de Dios es insatisfactoria: al cabo de poco tiempo, los babilonios resultan tan déspotas y crueles como los asirios y los egipcios. Y el profeta se queja de nuevo a Dios: le duele la alegría con la que el nuevo imperio se apodera de las naciones y mata pueblos sin compasión. No comprende que Dios «contemple en silencio a los traidores, al culpable que devora al inocente». Y así, en actitud vigilante, espera una nueva respuesta de Dios.

El Señor me respondió así: 

«Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. 

La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará;

si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. 

El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.»

La visión que llegará sin retrasarse es la de la destrucción de Babilonia. El injusto es el imperio babilonio, que será castigado por Dios. El justo es el pueblo judío y todos los que confíen en la acción salvadora del Señor. El mensaje de Habacuc es un grito de esperanza y de fe en un futuro mejor, aunque podamos tener la impresión de que se retrasa o no llega nunca.

Este tema no tiene relación con la petición de los discípulos. Pero las palabras finales, “el justo vivirá por su fe”, tuvieron mucha importancia para san Pablo, que las relacionó con la fe en Jesús. Este puede ser el punto de contacto con el evangelio. Porque, aunque nuestra fe no llegue al grano de mostaza ni esperemos cambiar montañas de sitio, esa pizca de fe en Jesús nos da la vida, y es bueno seguir pidiendo: “auméntanos la fe”.

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Domingo XXVII del Tiempo Ordinario.02 octubre, 2022

Domingo, 2 de octubre de 2022

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“Los apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe.”

(Lc 17, 5-18)

Cuando un niño nace lo colocan sobre su madre, y el niño no teme, confía. Se siente envuelto en la ternura de quien lo acaba de dar a luz. Esto es la fe, esa confianza de quién se abandona, de quien se entrega a vivir en Dios.

Cuando observo a los niños en brazos de sus padres, entiendo lo que es vivir en Dios. Cuando al niño algo le asusta o le asalta el miedo, corre a abrazarse a sus padres, y ahí se relaja, nada malo puede suceder.

El temor, el miedo, es vivir en el ego. En nuestra propia superficie marcada por patrones culturales, sociales, familiares. El miedo surge ante determinadas situaciones que no sé resolver o que no soy capaz de afrontar. El miedo no sano es un producto de la mente y por tanto aprendido. Este miedo solo existe en nuestra mente, en nuestro imaginario y es alimentado por él.

Lo importante no es creer en Dios, sino experimentar a Dios, porque si le experimento creeré en Él. La experiencia se convierte en depósito de nuevas experiencias. La fe es dejar a Dios ser Dios en nosotras y que se realice Su Voluntad. Confiar en Dios significa dejar de girar alrededor de un@ mism@, para vivir en la Profundidad donde yo soy y Él habita.

El aumento de fe no es un tema de cantidad sino de esencia. Pasar de la seguridad en las cosas o en los méritos propios a confiar en las posibilidades que Dios nos otorga.

La fe es descubrirnos habitad@s de semillas de infinitud que hay que abonar todos los días, porque la fe es dinámica, y es una actitud ante la vida que marca toda nuestra existencia.

Oración

Haz, Señor, que nuestra fe aumente

al contacto del encuentro diario contigo,

otórganos  la capacidad  de despertar a nuestro ser niñ@s

que, confiadas, se abandonan en Ti.

Te lo expresamos a Ti, Padre, por medio de Jesús, tu Hijo

y mediante la fuerza y la ternura de la Santa Ruah.

 

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Si tuviera un mínimo de fe-confianza no necesitaría cambiar nada.

Domingo, 2 de octubre de 2022

oteando-el-horizonte-640x640x80Lc 17,5-12

DOMINGO 27 (C)

Lc 17,5-12

Sigue el evangelio con propuestas aparentemente inconexas, pero Lucas sigue un hilo conductor muy sutil. Hasta hoy nos había dicho, de diversas maneras, que no pongamos la confianza en las riquezas, en el poder, en el lujo; pero hoy nos dice: no la pongas en tu falso ser ni en la obras que salen de él, por muy religiosas que sean. Confía solamente en “Dios”. Los que se pasan la vida acumulando méritos, no confían en Dios sino en sí mismos. La salvación por puntos es lo más contrario al evangelio. Ese Señor al que tengo que rendir cuentas tiene que dejar paso al Dios que es el fundamento de mi ser.

Una vez más debemos advertir que las Escrituras no se pueden tomar al pie de la letra. Si lo entendemos así, el evangelio de hoy es una sarta de disparates. En realidad son todos símbolos que nos tienen que lanzar a buscar un significado mucho más profundo de lo que aparenta. Ni hay un dios fuera a quien servir, ni hay un yo raquítico que patalea ante su Señor. Cada uno de nosotros es solo la manifestación de Dios que, a través nuestro, manifiesta su poder para hacer un mundo más humano. No hay un mí ningún yo que pueda atribuirse nada. Ni hay fuera un YO al que pueda llamar Dios. Ni Dios puede hacer nada sin mí, ni yo puedo hacer nada sin él. ¿De qué puedo gloriarme?

La petición que hacen los apóstoles a Jesús está hecha desde una visión mítica de Dios, del hombre y del mundo. La parábola del simple siervo, cuya única obligación es hacer lo mandado, refleja la misma perspectiva. Ni Dios tiene que aumentarnos la fe, ni somos unos siervos inútiles, ni necesitamos poderes especiales para trasplantar una morera al mar. La religión ha metido a Dios en esa dinámica y nos ha metido por un callejón sin salida. Descubrir lo que realmente somos sería la clave para una total confianza en Dios, en la vida, en cada persona. El mismo relato nos da pistas para salir del servilismo al dios cosa.

Jesús no responde directamente a los apóstoles porque la petición no está bien planteada. No se trata de cantidad, sino de autenticidad. Jesús no les podía aumentar la fe, porque aún no la tenían ni en la más mínima expresión. La fe no se puede aumentar desde fuera, tiene que crecer desde dentro como la semilla. A pesar de ello, en la mayoría de las homilías que he leído, se termina pidiendo a Dios que nos aumente la fe. Efectivamente, podemos decir que la fe es un don de Dios, pero un don que ya ha dado a todos. ¿Que Dios sería ese que caprichosamente da a unos una plenitud de fe y deja a otros tirados? Viendo cada una de sus criaturas, descubrimos lo que Dios está haciendo en ellas en cada momento.

Al hablar de la fe en Dios, damos a entender que confiamos en lo que nos puede dar. Se interpretó la respuesta de Jesús como una promesa de poderes mágicos. La imagen de la morera, tomada al pie de la letra, es absurda. Con esta hipérbole, lo que nos está diciendo el evangelio es que toda la fuerza de Dios está ya en cada uno de nosotros. El que tiene confianza podrá desplegar toda esa energía. Lo contrario de la fe es la idolatría. El ídolo es un resultado automático del miedo. Necesitamos el ser superior en quien poder confiar cuando no puedo confiar en mí. Dios no anda por ahí jugando a todopoderoso. Tampoco nosotros podemos utilizar a Dios para cambiar la realidad que no nos gusta.

La fe no es un acto sino una actitud personal fundamental y total que imprime un sí definitivo a la existencia. Confiar en lo que realmente soy me da una libertad de movimiento para desplegar todas mis posibilidades humanas. Nuestra fe sigue siendo infantil e inmadura, por eso no tiene nada que ver con lo que nos propone el evangelio. La mayoría de los cristianos no quieren madurar en la fe por miedo a las exigencias que esto conllevaría. La fe es una vivencia de Dios, por eso no tiene nada que ver con la cantidad. El grano de mostaza, aunque diminuto, contiene vida exactamente igual que la mayor de las semillas. Esa vida, descubierta en mí, es lo que de verdad importa.

Tanto a nivel religioso como civil, cada vez se tiene menos confianza en la persona humana. Todo está reglamentado, mandado o prohibido, que es más fácil que ayudar a madurar a cada ser humano para que actúe por convicción. Estamos convirtiendo el globo terráqueo en un inmenso campo de concentración. No se educa a los niños para que sean ellos mismos, sino para que respondan automáticamente a los estímulos que les llegan. Los poderosos están encantados, porque esa indefensión les garantiza un total control sobre la población. Lo difícil es educar para que cada individuo sea él mismo y responda personalmente ante las propuestas de salvación que le llegan.

Para nosotros, creer es el asentimiento a unas verdades teóricas, que no comprendemos. Esa idea de fe, como conjunto de doctrinas, es completamen­te extraña tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo. En la Biblia, fe es equivalente a confianza en… Pero incluso esta confianza se entendería mal si no añadimos que tiene que ir acompañada de la fidelidad. La fe-confianza bíblica supone la fe, la esperanza y el amor. Esa fe nos salvaría de verdad. Esa fe no se consigue con imposiciones porque nace de lo más hondo del ser.

No debemos esperar que Dios nos libre de las limitaciones, sino de encontrar la salvación a pesar de ellas. Esa confianza no la debemos proyectar sobre una Realidad que está fuera de nosotros y del mundo. Debemos confiar en un Dios que está y forma parte de la creación y de nosotros. Creer en Dios es apostar por el hombre. Es estar construyendo la realidad material, y no destruyéndola; es estar por la vida y no por la muerte: por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división. ¿Por qué tantos que no “creen” nos dan sopas con honda en la lucha por defender la naturaleza, la vida y al hombre?

Superada la fe como creencia, y aceptando que es confianza en…, nos queda mucho camino por andar para una recta comprensión del término. La fe que nos pide el evangelio no es la confianza en un señor poderoso por encima y fuera del mundo, que nos puede sacar las castañas del fuego. Se trata más bien, de la confianza en el Dios inseparable de cada criatura, que la atraviesa y la sostiene en el ser. Podemos experimentar esa presencia como personal y entrañable, pero en el resto de la creación se manifiesta como una energía que potencia y especifica cada ser en sus posibilidades. Creer en Dios es confiar en la posibilidad de cada criatura para alcanzar su plenitud.

La mini parábola del simple siervo nos tiene que llevar a una profunda reflexión. No quiere decir que tenemos que sentirnos siervos y menos aún, inútiles sino todo lo contrario. Nos advierte que la relación con Dios como si fuésemos esclavos nos deshumaniza. Es una crítica a la relación del pueblo judío con Dios que estaba basada en el estricto cumplimiento de la Ley, y en la creencia de que ese cumplimiento les salvaba. La parábola es un alegato contra la actitud farisaica que planteaba la relación con Dios como un toma y da acá. Si ellos cumplían lo mandado, Dios estaba obligado a cumplir sus promesas. Es la nefasta actitud que aún conservamos nosotros.

 

 

Meditación

Si la confianza no es absoluta y total no es confianza.
El mayor enemigo de la fe-confianza son las creencias,
porque exigen la confianza en ellas mismas.
Tener fe no es esperar que las cosas cambien.
Es ser capaz de bajar al fondo de mí mismo,
para anular el efecto negativo de cualquier limitación.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La Fe mueve montañas

Domingo, 2 de octubre de 2022

caminar-montanaLc 17, 5-10

«Si tuvierais fe como un grano de mostaza…»

Cuando Jesús quiere resaltar una idea crucial, lanza una exageración descabellada y ya nunca se olvida. Son muchas las que hallamos en el evangelio y que hoy, veintiún siglos más tarde, seguimos recordando y saboreando con deleite: «Coláis el mosquito y os tragáis el camello» «Ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo» «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino» … y tantas otras…

Estas exageraciones extremas tienen una gran fuerza, y esa fuerza estriba en que en ellas nos vemos reflejados de forma tan fidedigna, que nos sentimos concernidos y movidos a reflexión. Jesús, gran conocedor de la condición humana, sabe que este lenguaje resulta mucho más interpelante que los razonamientos lógicos tan de nuestro gusto y del gusto de los sabios y entendidos, y lo usa con frecuencia.

Su formulación paradójica primero nos sorprende, luego nos revela la verdad profunda que encierra y no la olvidamos jamás. Refiriéndonos al pasaje de hoy, en sus paralelos de Mateo y Marcos se alude a la capacidad de la fe de mover montañas, y lo que en principio parece una boutade sin fundamento, se convierte en uno de los mensajes más relevantes del evangelio.

Porque nos está diciendo que no seamos tímidos ni timoratos; que, si tenemos fe en la fuerza del Espíritu, seremos capaces de cambiar el mundo para convertirlo en el reino de Dios, es decir, seremos capaces de mover la mayor montaña que alguien haya podido imaginar… Ése es el sueño de Jesús y la misión que nos encargó a sus seguidores, pero estamos perdiendo la batalla porque no tenemos ninguna fe en la victoria. Derrotados de antemano, bajamos los brazos como los boxeadores que se sienten impotentes ante su rival, y Jesús nos dice desde el rincón del cuadrilátero: “No os rindáis, no os resignéis, está a vuestro alcance, y si tenéis fe lo lograréis”.

Jesús nos está exhortando a que confiemos en la victoria y sigamos en la brecha, pero ¿cómo hacerlo?… En primer lugar, debemos saber que contamos con una gran ventaja, y es que los criterios evangélicos (cuando son genuinos) resultan sumamente contagiosos. Pero también debemos saber que el fundamento de estos criterios es el amor del Padre, y que el mundo nunca creerá en ese amor si en torno suyo solo ve egoísmo, ambición, opresión e injusticia. Nosotros creemos porque lo hemos visto en Jesús, y el mundo creerá si lo ve en nosotros.

«Que los hombres vean en vuestras buenas obras el amor del Padre» … Jesús cree que con esta actitud podemos cambiar el mundo; que, de esta forma tan sencilla, aunque exigente, seremos capaces de mover esa montaña descomunal que hoy nos parece inamovible.

Fe Adulta

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¿Fe o acción? Todo o nada.

Domingo, 2 de octubre de 2022

Jesús-y-sus-discípulos-El texto de Lucas 17,5-10 responde al deseo de la fe. Queremos que nuestra fe crezca, que inunde nuestras vidas. Pero como veremos, esto no resulta tan sencillo.

Según el relato lucano, tanto la fe como la acción que se deriva de ella tienen una dimensión colectiva más que individual. Los apóstoles piden a Jesús que les aumente la fe. Es una petición conjunta y no meramente individual. Y Jesús también les responde en plural diciéndoles: “si tuvierais fe”. Y a continuación ubica la fe en relación con la acción también grupal en respuesta a un mandato también dirigido a un colectivo: “cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado”. Tres acciones conjuntas entonces, el pedido de la fe, la respuesta dirigida a un grupo y una acción conjunta que responde a una voluntad trascendente.

Los apóstoles situaban la fe en el campo de la cantidad y por eso piden a Jesús que se las aumente. Consideran que tienen un poco de fe, pero que no es suficiente. Jesús cambia el centro de la conversación: no se trata de que sea mucha o poca la fe; se trata de tenerla, aunque sea muy pequeña y se trata de tenerla juntos y situarla en una forma de acción que sea respuesta a la voluntad de Dios.

La fe se vincula así a la acción, comprendida esta última en el marco de una relación trascendente que posibilita precisamente tanto la fe como la acción. Con dos ejemplos, Jesús expondrá esta situación.

El primer ejemplo nos remite a la interpretación de la naturaleza, muy utilizada por Jesús como modelo de realidad. La fe se representaría como un grano de mostaza, y la acción consecuente se parecería a la palabra dirigida a una montaña que recibe una orden desproporcionada a la realidad natural y creatural. Es probable que este relato hiciera referencia a tradiciones mitológicas de la época en la que los dioses y las diosas eran las encargadas de erigir montañas o hacer fluir los ríos y dar vigor a los mares. En ese contexto, la fe aparecería como una forma relacional con la trascendencia que haría capaz de realizar acciones que manifiestan la voluntad divina.

El segundo ejemplo, habla de un señor que tiene criados o pastores, quienes realizan lo que se les ordena. Otra vez, Jesús pone la cuestión de la fe en relación directa a la acción, una acción directamente relacionada con un mandato, que ha de cumplirse.

Así la fe no es cuestión de cantidad sino de hacer y actuar. Y es un actuar conjunto que exige un discernimiento también conjunto de la voluntad de Dios. Ciertamente se trata de un texto muy exigente que pone a la fe entre el todo o nada. No hay poca fe; hay o no hay. Y esta fe, tan pequeña como inconmensurable, se basa en una relación y comunicación con Dios que moviliza al cosmos y a las personas. Como dijimos al comienzo, esto no resulta para nada sencillo.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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“Siervos inútiles”

Domingo, 2 de octubre de 2022

3BC09896-D408-4A5B-8521-0B1D65C716CADomingo XXVII del Tiempo Ordinario

2 octubre 2022

Lc 17, 5-10

Desde la mente -o estado mental de consciencia-, esas palabras de Jesús –“somos siervos inútiles”- suenan intolerables, ya que parecen promover una actitud de sometimiento y auto-desvalorización, que choca frontalmente con la primera apetencia del ego, que reclama sentirse reconocido y valorado. Más todavía en un contexto sociocultural que hace de la autoestima y, más profundamente, del protagonismo del yo sus señas de identidad.

Es cierto que, en algunas ocasiones, aquella expresión se leyó en clave de autodesprecio y, en otras, sirvió de pretexto para alimentar una “falsa humildad”.

Entre ambas lecturas extremas y erradas, la expresión de Jesús apunta a una sabiduría que trasciende la mente y desvela el funcionamiento último de lo real.

Desde la mente, nos consideramos hacedores (más o menos) autónomos y libres, a la vez que presumimos de nuestra capacidad de control. Y en ese plano es así, de la misma manera que, mientras estamos dormidos, creemos que todo lo que aparece en nuestros sueños es completamente real.

Sin embargo, apenas trascendida la mente, la percepción cambia por completo. La comprensión nos muestra que el yo es solo un “objeto” más dentro del mundo de las formas: la ilusión de ser el hacedor libre es condición para que funcione todo este despliegue del llamado mundo de las formas. Pero es solo eso: una ilusión. Hasta el punto de poder afirmar que, mientras permaneces en el estado mental, estás hipnotizado, viviendo un espejismo, algo que no es más que fruto de tu propia creencia.

El único actor real es el sujeto. Y el único sujeto que merece ese nombre -lo que no puede ser observado, Eso que es consciente de todos los objetos- es la consciencia (o la vida o la totalidad).

¿Qué significan, entonces, las palabras de Jesús? El reconocimiento de que no hay ningún yo hacedor, no hay nadie que haga nada; todo se hace a través de nosotros. La expresión “siervo inútil” equivale al término “cauce” o “canal”. Y ningún canal presume de hacer algo. El único sujeto realmente real -aquello que permanece cuando todo cambia- es la vida que se despliega, lo cual, en la admirable paradoja de lo real, no niega que, en el nivel de las formas, sigamos funcionando como si fuéramos hacedores libres.

Vivimos creyendo que somos libres, pero sabemos que no lo somos. Solo hay un sujeto: la consciencia o la vida. Y Eso es lo que realmente somos. Lo que llamamos “yo” es solo un “siervo inútil”, que se engaña cuando se apropia de la acción o cuando cae -por utilizar el lenguaje de los sabios- en la “falsa sensación de autoría”.

¿Desde qué nivel de consciencia leo la realidad?

 Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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