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Miércoles de Ceniza

Miércoles, 2 de marzo de 2022

Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

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“Recuerda que eres polvo” ¡y algo más!
¡Ayuna del ayuno! ¡Sal del miedo!
¡Rasga las vestiduras… de los demás!
¡Echarte todavía más ceniza, no puedo!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor Elemental.
Editorial Sígueme, 1971

Miercoles de Ceniza

 

Para mí, Señor, no es necesario el Miércoles de Ceniza
porque ni un solo día de la semana me olvido
de que fui barro en tu mano.
Y lo único que realmente necesito es que no lo olvides Tú

*

Dulce María Loynaz
Poema LXXXIX

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***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim).

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , ,

No es miércoles de ceniza, sino de trans-formación para la Vida (meta-noia)

Miércoles, 2 de marzo de 2022

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Del blog de Xabier Pikaza:

“Tu final no es la ceniza de un infierno penitencial, sino el gozo de la Vida por encima de la muerte”

Desde la Baja Edad Media ha crecido en la Iglesia de Occidente una piedad penitencial más opresora que evangelizadora, representada por el día inicial de la cuaresma, entendida  como preparación la Muerte de Jesús, que se celebrará el Viernes Santo

Desde la Baja Edad Media ha crecido en la Iglesia de Occidente una piedad penitencial más opresora que evangelizadora, representada por el díainicial de la cuaresma, entendida como preparación la Muerte de Jesús, que se celebrará el Viernes Santo.

El signo principal de este día ha sido por siglos la “ceniza”, que no es tierra vital (de la que nacen las plantas), sino “escoria” de muerte, madera/materia quemada, que se arroja y abandona en “basureros” o infiernos.

Así ha querido la Iglesia que celebramos año tras año la cuaresma, recibiendo en la frente la ceniza, mientras decía el sacerdote: Recuerda, hombre (memento homo…), que eres polvo y que al polvo has de volver… Del polvo venimos, al polvo tornamos. No hay otro camino.

Pero ese signo de la “ceniza” de muerte estaba introducido como un “cuña” en parte falsa, casi equivocada: Se nos ponía ceniza en la frente, pero se nos decía “eres tierra/polvo de la tierra” de la que hemos nacido, conforme a la Escritura (Gen 2). No nacemos de la ceniza, ni somos ceniza: Somos polvo/tierra amasado por el aliento húmero de Dios, polvo animado por su “espíritu” (aliento) de amor.

Se nos ponía ceniza de muerte en la frente… pero se nos decía que somos polvo/tierra de vida… Ciertamente, según el Génesis, Dios nos creó de la tierra (nos sembró en la tierra por su Espíritu), pero no para morir, sino para vivir… Sin duda podemos morir y matarnos (por guerra o por odio y pecado), pero no somos tierra para la muerte, sino para la resurrección.

Un miércoles de evangelio: ¡Conviértete y cree en la buena noticia de la vida!

Desde la reforma litúrgica, tras el Vaticano II, la palabra esencial de la Iglesia no es “recuerda que eres polvo/ceniza” y que al polvo/ceniza has de volver, sino “conviértete/transfórmate! y cree en el evangelio… es decir, empieza a vivir según la “buena noticia” de la vida.

Ciertamente, el signo de la ceniza/penitencia/muerte puede seguir…pero sólo como recordatorio de un “tiempo pasado”. La ceniza y la muerte está presente por doquier en la vida, sobre todo en este Guerra de Ucrania, y en las mil guerras-ucranias del mundo. Pero lo esencial del evangelio no es la ceniza de la muerte, sino la “con-versión” del evangelio.

La palabra de este día no es “arrepiéntete”, sino algo muy distinto: con-viértete (es la palabra de Mc 1, 14-15 y de la liturgia cuaresmal que hoy empieza. El arrepentimiento en sí no es malo (pero puede ser masoquista y destructor). Lo esencial es la con-versión (en griego meta-noia): cambiar de forma de pensar y de ser.

No quiero que me pongan ceniza, pido que me pongan “tierra”  en la frente y me digan:  recuerda que eres tierra,  que de la tierra has nacido, por el Espíritu/Vida de Dios,  y que con la tierra (y toda la humanidad) has de caminar hacia la vida.

Dios no me ha hecho ceniza de “infierno” (para el basurero o la escombrera de la muerte), sino tierra de vida. En la tierra me ha sembrado, no para morir volviéndome ceniza, sino para vivir y dar vida por encima de la muerte…  No soy ceniza muerta, sino polvo/tierra de la que Dios se ha enamorado, como sabía Quevedo, el poeta.

Sin duda tengo que arrepentirme de muchas cosas,  pero no para quedar en la ceniza del arrepentimiento masoquista, sino para “convertirme”, meta-noein, para pensar y vivir de otra manera, desde la vida de Dios, para la vida de todos los hombres.

Conclusión. Jesús no celebró el miércoles santo… Pero estuvo dispuesta a morir (y murió) para dar vida

   Jesús no fue predicando penitencia, ni celebró ningún “miércoles de ceniza”, sino que empezó diciendo “cambiar y creed en el buena nueva Evangelio, que es Reino de Dios sobre la tierra” (Mc 1, 14-15). Jesús no fue poniendo ceniza en la frente de los hombres y enfermos, de los niños y mayores, sino quitando la ceniza que otros les habían impuesto, para que descubrieran que estaban limpias, para que surgiera en sus corazones la llama de un amor que crece y salta hasta la “vida eterna”

Habló de Dios, Padre/Madre de gracia, habló del reino para todos los hombres, en especial para los pobres. Su palabra no fue preparación de muerte sino terapia de vida, entrega mutua y esperanza. Más aún, en contra de lo que fueron y dijeron hombres como Juan Bautista, él no fue un profeta de conversión, sino mensajero de la gracia de vida.

Se ha dicho a veces que la religión es “preparatio mortis”: dispone a los humanos a morir, manteniendo y cultivando la memoria de su acabamiento, como muestra una piedad cristiana (¡recuerda que eres polvo y al polvo has de tornar!: Miércoles de Ceniza). El mismo existencialismo de mediados del siglo XX cultivó una altiva conciencia de libertad y angustia ante la muerte.

– En contra de eso, el mensaje de Jesús ha sido “preparatio vitae”: como testigo del amor de Dios, maestro y filósofo del gozo, ha ofrecido su evangelio, buena nueva de liberación para los humanos, ensayo y principio de existencia gozosa, compartida, en esperanza de reino. No recuerda a los humanos el destino de su muerte sino la gracia de su vida como hijos de un Dios Padre/Madre.

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Sólo el amor de ese Dios, manantial de nuevo nacimiento, ha sostenido a Jesús ante la muerte. No ha caminado hacia ella como humano ya cansado, deseoso de echarse sobre el suelo y perecer en sueño eterno. Jesús no fue un es enamorado de la tumba, mensajero de penitencia y ceniza, no fue profeta victimista de desgracias o desdichas,   sino todo lo contrario, amigo de la vida, del amor del reino.

Por eso, su misma palabra radical de con-vertíos (cambiad de pensamiento, cambiar forma de actuar) ha de interpretarse como experiencia y servicio de vida: dejarse transformar por gracia. Sólo así, desde el más hondo misterio del Padre/Madre que le ha hecho portador de esperanza para todos, entendemos su actitud ante la muerte.

Sólo de esa forma se puede afirmar que Jesús integra la muerte en su proyecto de reino. No ha muerto para decir que estamos condenados a la muerte, sino para decirnos que estamos llamados a la vida, a la vida recibida, ofrecida, compartida, en amor, sobre la muerte.   Como servidor y mensajero de Reino (no como augur de cenizas) ha vivido y ha muerto.

No quería morir sino vivir y  compartir el reino, pero le han matado precisamente aquellos que no quieren la vida. Le han matado los que quieren vivir matando, porque piensan que al final sólo queda la muerte. Jesús en cambio ha muerto porque creía en la vida. No ha venido para decirte “recuerda que eres polvo y que al polvo has de volver”, sino “recuerda que eres viva de Dios encarnada en la tierra del mundo”. Vive, pues, para vivir y dar vida, pues tu final no es la ceniza de un infierno penitencial, sino el gozo de la Vida multiplicada en mil vidas de amor, por encima de la muerte.

Biblia, Espiritualidad , ,

Del miércoles ceniza (de los bombardeos) a las brasas de Emaús

Miércoles, 2 de marzo de 2022

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Del blog de Tomás Muro 
La Verdad es libre: 

De la ceniza a las brasas de Emaús.

    Existe una cierta mentalidad entre los católicos según la cual, comenzamos la cuaresma (o el adviento) como quien se apunta a un gimnasio para iniciar un ejercicio físico, y en el caso de los tiempos litúrgicos, para comenzar un ejercicio espiritual que -supuestamente- nos va a llevar a la conversión y a ser super santos.

    Bien sabemos todos que la historia de nuestra conversión es la historia de nuestro fracaso, la prueba es nuestra propia persona. Siempre comenzando y siempre naufragando.

    La conversión no es un esfuerzo titánico, un enorme voluntarismo, sino que la conversión es abrirnos al amor de Dios. San Pablo nos ha recordado en la segunda lectura de la carta a los Romanos que Por la fe del corazón llegamos a la justificación.

    La cuaresma -la vida misma- es un largo camino por el que llegamos de la ceniza a las brasas de Emaús, a la vida, a las brasas del encuentro de Emaús. (Las brasas, por contraposición a la ceniza, son Emaús, son fuego, calor, encuentro, alimento, Eucaristía, Pascua, paz). Hay que llegar de las cenizas de la guerra a las brasas de Emaús

01.- Recordar…

    Una buena actitud en la vida es guardar la memoria de nuestros mayores, nuestras tradiciones culturales, cristianas. Lo más importante que somos y tenemos lo hemos recibido: la vida, la acogida en la familia, en el pueblo, en esta Iglesia…

    El primer texto de hoy (Deuteronomio) es la memoria histórica del pueblo de Israel. ¿Recordamos nuestra propia historia de salvación? Recordar es introducirnos en nuestra propia historia y, como creyentes, en nuestra historia de salvación.

02.- Mi Padre era un arameo errante

    Abraham (hacia el 1950 a.C.) era un arameo que iba con su gente, sus rebaños de aquí para allá en busca de pastos, como nuestros pastores bajan en invierno del Pirineo a las tierras bajas de Navarra.

Abraham no era un hombre errático como Nietzsche (siglo XIX) que nos condenó a deambular erráticamente de la zeca a la meca sin norte ni horizonte.

    Abraham tenía la referencia del cielo, de las estrellas: mira las estrellas: allí está el cielo, Dios, el sentido, el horizonte… Como Abraham y su familia era nómada, caminante no tenían un templo fijo de piedra, ni tenían sacerdocio. Por eso le dijo Dios, mira las estrellas: esa es nuestra guía y nuestro horizonte.

    ¿Somos caminantes en la vida o, quizás, vivimos más bien instalados en nuestra ideología, en nuestro férreo esquema eclesiástico, en nuestra posición social?

03.- Egiptos y faraones.

    Egipto es el símbolo de la esclavitud, Dominaciones y faraones esclavizantes los tenemos también hoy fuera y dentro de nuestra propia persona. Basta con que nos analicemos un poco a nosotros mismos y la situación bélica mundial que estamos viviendo.

    Este año la ceniza es la que dejan los bombardeos que destruyen y queman Kiev, Ucrania…

04.- Desierto, Espíritu, cuarenta días / años.

La vida es un desierto (excepto en la postmodernidad en la que pretendemos vivir, que más bien en un oasis). Sin embargo la vida es caminar por el desierto. Eso es lo que significan los cuarenta días o cuarenta años: toda la vida. Cuarenta es un número simbólico lleno de significado:

  • ü Cuarenta fueron los años que las tribus hebreas caminaron por el desierto para llegar a la tierra de promisión.
  • ü Cuarenta fueron los días de lluvia “bautismal” del diluvio, que fueron necesarios para purificar la tierra.
  • ü Cuarenta fueron los días que estuvo Moisés en el Sinaí para intuir a Dios.
  • ü Cuarenta fueron los días que Jesús estuvo en el desierto.
  • ü Cuarenta es toda la vida, “toda una vida”.

Llegar a la tierra de promisión, a la libertad, a la paz nos va a costar toda la vida.

    El desierto de la vida lo podemos recorrer con buen espíritu, con buen tono: Jesús fue impulsado por el buen Espíritu. Pero también hay alimañas, dice una de las versiones de los sinópticos de las tentaciones de Jesús. Y una de tales alimañas es el “poder y la gloria”. Digamos que el diablo es una expresión de tales alimañas, que en el fondo se reducen al poder.

05.- Se trata de llegar, caminar a la tierra de promisión.

    Los israelitas tienen como horizonte la tierra de promisión. Hemos de llegar a esa tierra de promisión. Hemos de caminar.

    Abraham es un hombre nómada, Jesús no tiene dónde reclinar la cabeza.

– Machado escribía aquello de:

Caminante son tus huellas El camino nada más; caminante no hay camino se hace camino al andar…

Caminante, no hay camino sino estelas sobre el mar.

    El camino nos habla de horizonte, de esperanza, de llegar a la casa del Padre.

– Nuestro domicilio es la Plaza universal de la pascua.

    ¡Ay de aquel y de nosotros si creemos que nuestra patria y domicilio es donde hemos nacido!

    Nuestra meta es la Pascua: la vida, la solidaridad universal, una tierra ¿un cielo? donde todos podamos vivir en paz y libertad.

La vida, el desierto, es el camino hacia la meta, la Pascua.

    Iniciemos con buen ánimo, espíritu, la cuaresma, el camino desierto de la vida, hacia la libertad y la tierra de promisión. Hay que llegar de las cenizas de la guerra a las brasas de Emaús.

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Biblia, Espiritualidad ,

40 días…

Miércoles, 17 de febrero de 2021

Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad:  “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús…

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

***

 

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Crecer en la amistad

Miércoles, 17 de febrero de 2021

F486DB25-50CB-4B3A-836D-83DEBC1B1959Pregón de Cuaresma

Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , , , , , , ,

40 días…

Miércoles, 26 de febrero de 2020

Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad:  “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , ,

Crecer en la amistad

Miércoles, 26 de febrero de 2020

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Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

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– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Cuaresma de Iglesia: Conviértete y cree en el Evangelio (Mc 1, 25)

Miércoles, 26 de febrero de 2020

la-conversion-de-san-pabloDel blog de Xabier Pikaza:

Con P. Mascilongo, Il Vangelo di Marco

He publicado hace dos días (21.2.20) un trabajo dedicado a Mt 5, 38-48, con el título provocativo: Para ser “sociedad perfecta” la iglesia ha tenido que renunciar al evangelio.  Hoy, con ocasión de la próxima cuaresma que empieza el miércoles 25, quiero completar en positivo lo que allí decía,  con ocasión de la cuaresma, entendida como tiempo de conversión para la Iglesia consiste en volver al evangelio, conforme a la palabra clave del Miércoles de Ceniza: Conviértete y cree en el evangelio.

  •  Cuaresma es preparación para la Pascua, y en la liturgia antigua tenía un color más penitencial, conforme a las palabras de la Ceniza: Recuerda, hombre, que eres polvo, y que al polvo has de volver. Eran palabras ciertas e importantes, pero iban más en la línea del Génesis 3, 19 que del evangelio.
  • En la liturgia actual, la cuaresma es tiempo para volver al evangelio. No es llamada a la penitencia, sino  introducción en la fe. Por eso, la palabra clave de la Ceniza  Conviértete y cree en el evangelio (cf. Mc 1, 14). Esa conversión es para los individuos, claro está, pero en especial para la Iglesia, que es la que debe convertirse antes que nada.
  • Por eso propongo una cuaresma para la Iglesia, es decir, un tiempo de conversión eclesial. Ciertamente, los individuos tenemos que convertirnos, pero lo que este año 2020 importa es la conversión de la Iglesia, como quiere el Papa Francisco, a capite et in membris,  como siempre se ha dicho, en su cabeza jurídica (Vaticano, obispos, clero), no en su cabeza real, Jesús, que es principio de toda conversión en amoor.

En sentido cristiano, la verdadera conversión no es hacer penitencia, ni siquiera arrepentirse en sentido de lamentación con cenizas y cilicios exterior, sino “meta-noein”, como dice el texto clave de Mc 1, 14-15, cambiar de mente, de forma de pensar y de vivir,  para pensar y vivir en línea de evangelio.

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Según eso, la cuaresma es tiempo de meta-noia, cambiar de pensamiento. de forma de sentir, de organizarse, de marcar las preferencias. La meta-noia de  cuaresma de la iglesia es una revolución cultural en sentido estricto, revolución social y estructural, en la línea de eso que quería y quiere mucha, muchísima gente, dispuesta a empezar, como en el sínodo de Amazonia.

Se trata pues de convertirse, de volver al evangelio, no en forma puramente individual, sino en forma de Iglesia,  para que ella vuelva al evangelio… (a creer en el evangelio).  Decía en mi postal de hace dos días que no sí cierta iglesia cree en el evangtelio  Por eso, quiero insistir en la importancia que tiene vivir por dentro el mensaje de Jesús, empezando por el anuncio de San Marcos, el más antiguo, quizá el más comprometido de los cuatro evangelios.

Biblica_coverPropongo, pues,para esta cuaresma, una lectura personal y eclesial del evangelio de Marcos, en la línea que he detallado en Ciudad-Biblia, y que he profundizado en mi largo Comentario al Evangelio de Marcos. Aprovecho también la ocasión para presentar uno de los últimos comentarios al evangelio de Marcos, escrito en italiano por P. Mascilongo (imagen 3).

   Hace unos meses, los responsables de la revista Biblica, del Instituto Bíblico de Roma me pidieron una recensión de ese libro, que acaba de ser publicada en Biblica, 100/4 2029, págs. 623-626. Edición on line en https://poj.peeters-leuven.be/content.php?url=journal&journal_code=BIB . Para los que no tengan acceso a la revista impresa o en linea, me atrevo a publicar aquí mi recensón. Buen día a todos.

Paolo Mascilongo, Il Vangelo di Marco. Commento esegetico e teologico. Roma, Città Nuova Editrice, 2018. 7-968 p. 17 × 24. €55,25

31SBRur29PL._SX345_BO1,204,203,200_Paolo Mascilongo defendió y publicó su tesis doctoral en Sagrada Escritura en el Instituto Bíblico de Roma (2010), titulada Ma voi, chi dite che io sia? Analisi narrativa dell’identità di Gesù e del cammino dei discepoli nel Vangelo secondo Marco alla luce della «Confessione di Pietro» (Mc 8,27-30) (AnBib 192; Roma 2011), bajo la dirección del Prof. Jean-Noël Aletti. Sobre la base de aquel trabajo ha preparado este comentario, de tipo exegético-teológico que, en la línea de los Santos Padres y de los autores de la Edad Media se mueve en tres planos: Letra-historia, analogía o reflexión y anagogía o sentido espiritual y escatológico.

El primer plano es un análisis literario del texto italiano, traducido por el mismo Mascilongo, remitiendo al original griego, palabra por palabra, verso a verso, con referencias de tipo filológico, en perspectiva de crítica textual y de narratología, en clave de totalidad, teniendo en cuenta el contexto canónico de la Biblia, y especialmente los sinópticos. El autor escoge y analiza perícopas bastante extensas, fijando el sentido, unidad y despliegue literario del texto.

En segundo lugar, Mascilongo realiza un comentario del sentido y mensaje del texto,   según el modelo de la alegoría clásica, destacando el aporte simbólico (dogmático) de cada pasaje. A su juicio, Marcos, es, sobre todo, un libro teológico-eclesial, el documento clave de una comunidad que expone en forma narrativa las implicaciones de Jesús como Cristo, Hijo de Dios. De esa forma investiga y expone Mascilongo el contenido del texto, destacando su contenido temático,   en diálogo con las opciones y perspectivas teológico-literarias de otros exegetas, desde un horizonte hermenéutico cristiano (católico).

En tercer lugar viene la profundización moral, espiritual y escatológica, poniendo así de relieve lo que Marcos aporta en nuestro tiempo, para una nueva pastoral y catequesis. En este plano, el autor se siente y mueve con más libertad para exponer su propia visión del texto y su aportación para entender el movimiento de Jesús, en un contexto de actualidad, presentando el evangelio como libro que puede leerse y aplicarse en dimensión de Iglesia. Leer más…

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Miércoles de Ceniza

Miércoles, 6 de marzo de 2019

Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

 

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“Recuerda que eres polvo” ¡y algo más!
¡Ayuna del ayuno! ¡Sal del miedo!
¡Rasga las vestiduras… de los demás!
¡Echarte todavía más ceniza, no puedo!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor Elemental.
Editorial Sígueme, 1971

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Para mí, Señor, no es necesario el Miércoles de Ceniza
porque ni un solo día de la semana me olvido
de que fui barro en tu mano.
Y lo único que realmente necesito es que no lo olvides Tú

*

Dulce María Loynaz
Poema LXXXIX

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***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim).

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Crecer en la amistad

Miércoles, 6 de marzo de 2019

juan_jesusPregón de Cuaresma

Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Miércoles de Ceniza (06.03.2019): “restaurar nuestro rostro y corazón cristiano”, por Rufo González

Miércoles, 6 de marzo de 2019

03224AFE-67D2-42C1-A714-88091748D35CDe su blog ¡Atrévete a orar!:

Comentario: que os reconciliéis con Dios” (2 Cor 5,20-6,2)

Dios (el Bien) estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo (con el Bien)

Pablo, en la primera parte de 2ªCorintios (1,12-7,16), reflexiona sobre el ministerio apostólico. Reconoce que su ministerio no es un negocio alrededor de la palabra de Dios. Es fruto de “la sinceridad en Cristo, de parte de Dios y delante de Dios” (2,17). La capacidad ministerial “nos viene de Dios, el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra, sino del Espíritu; pues la letra, mata, mientras que el Espíritu da vida” (3, 6). “Si alguno está en Cristo es una criatura nueva… Todo procede de Dios que nos reconcilió consigo por medio Cristo, y nos encargó el ministerio de la reconciliación.. Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación” (5, 17-19).

“Actuamos como enviados de Cristo”

El cristiano es un reconciliado con la Bondad-Amor, manifestado en Cristo. Por eso actuamos “como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (v. 20). El cristiano verdadero está reconciliado y es reconciliador con el Bien. Está invitado a decir lo que decía Jesús: “convertíos y creed el Evangelio” (Mc 1,15). Supone fiarse del Evangelio de Jesús. Esta es la clave: creer a Jesús, fiarnos de su amor, reflejo del amor del Padre. A Dios nadie le ha visto nunca: un Hijo único, Dios, el que está en el regazo del Padre, ése lo reveló (Jn 1,18).

La reconciliación con Dios en Cristo

Pablo lo explica con la imagen de los sacrificios expiatorios (Lv 4). Interpreta la vida de Jesús como sacrificio de expiación por nuestros pecados. Hoy se explica mejor como revelación del Amor. Dios aparece como Padre que nos ama de antemano e incondicionalmente. Dios no es “enemigo”, “castigador”, “vigilante”, “vengativo”, “anotador de las ofensas” (el amor no anota lo malo en la cuenta –1Cor 13, 5-), etc. En Jesús, Dios se ha unido a la humanidad pecadora, se ha hecho “uno de tantos”. En medio de la tentación, el pecado personal y “social”, Jesús vivió en su carne y en la de sus semejantes las secuelas del mal voluntario y de la limitación humana. Así puede decirse que “al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (v. 21). También en Gálatas (3,13) dice: “Cristo nos ha rescatado de la maldición de la ley haciéndose por nosotros maldición”. Jesús, pues, nos ha traído “la justicia de Dios”, nos ha revelado su amor sin límites. Quienes creen a Jesús sienten que Dio les perdona, les ama y desea sólo su felicidad. Se sienten así unidos, aliados, con Dios en su Espíritu que les habita, les da la conciencia de hijos, les capacita para amar como él.

La cuaresma, oportunidad para recuperar el Amor primero

Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: `En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé´. Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (6, 1-2). Si nos reconciliamos con Dios (si aceptamos el Amor, la Bondad), estamos en paz con Dios, según nos ha revelado Jesús. La cuaresma es una oportunidad para encontrarnos con “la gracia” del Padre, manifestada en Jesús de Nazaret.

Oración: “que osreconciliéis con Dios” (2 Cor 5,20-6,2)

Jesús revelador del Amor, del Bien, al que llamabas “Padre”:

un año más vuelve la cuaresma;

nueva ocasión para repensar nuestra vida a la luz del Bien;

nuevo encuentro contigo, Jesús, testigo del mismo Amor;

nuevo reabrir de nuestro espíritu a las llamadas del Bien;

nuevo escuchar las demandas de los más débiles.

Hoy, miércoles de ceniza, hemos sido convocados:

a apuntarnos al grupo que quiere vivir de tu Espíritu;

a reconocer nuestra debilidad: física, moral, espiritual, fraternal…;

a clarificar nuestras opciones fundamentales de vida.

Toda la Iglesia, concretada en sus diversas comunidades:

somos invitados a una “revisión de vida”;

necesitamos, Jesús de todos, tu mirada:

a las personas que conviven con nosotros;

            a situaciones de “tristeza y de gozo, de angustia y de esperanza”…;

            a las preguntas por las causas y consecuencias del mal;

            a la vida de quienes “no cuentan y apenas son”…

Necesitamos, Jesús, la mirada del Padre y del Espíritu:

mirada reconciliadora con todo ser humano;

mirada que a todos ama, respeta, invita a vivir en el Amor;

mirada que fue tuya: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn14, 9);

Así nos lo proclama Pablo:

nosotros actuamos como enviados de Cristo,

y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros.

En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (v. 20).

al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro,

para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (v. 21).

Y como cooperadores suyos,

os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios.

Pues dice: `En el tiempo favorable te escuché,

en el día de la salvación te ayudé´.

Pues mirad: ahora es el tiempo favorable,

ahora es el día de la salvación” (6, 1-2).

Queremos, Jesús, reconciliarnos con tu Dios:

el que estaba reconciliando el mundo consigo en Ti, Cristo;

no anotándoles sus ofensas

y confiándonos el mensaje de la reconciliación” (2Cor 5, 19);

no con el dios imaginado por nosotros:

“enemigo”, “castigador”, “vengativo”, “anotador de las ofensas”…;

sino con tu Dios, Jesús de Nazaret, tu Misterio,

a quien nadie ha visto jamás;

a quien tú, Hijo único, Dios, has dado a conocer” (Jn 1, 18);

quien, por medio tuyo, “me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20);

el que “es Amor… y, por ello, nos amó primero…” (1Jn 4,7ss) ;

el que está a favor nuestro, con nosotros, en nosotros (Rm 8,31);

el que te ha hecho esposo de la humanidad (Mc 1,7; Lc 3, 16);

el que nos envía el Espíritu de su Hijo para gritar: ¡Padre-Madre! (Gál 4,6);

a quien sólo conocemos amando a los hermanos (1Jn 4, 8.20).

Hoy queremos apropiarnos las palabras de Pablo:

os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios.

ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (6, 1-2);

nuestra libertad quiere decir sí al amor del Padre, Jesús hermano;

que tu Espíritu mueva nuestro espíritu;

que nos sostenga en esta “revisión de vida”, la cuaresma;

que nos haga llegar a tu resurrección, Amor pleno.

Rufo González

Leganés, marzo 2019

Fuente Religión Digital

Espiritualidad ,

“¿Ganas de cuaresma o de carnaval?”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 6 de marzo de 2019

CE4B0B08-260F-4FE4-A7F5-02A8A8C07C5CDe su blog Nihil Obstat:

Este próximo miércoles comenzamos la Cuaresma. Cuarenta días de preparación para la Pascua. Y después cincuenta días para celebrar la Resurrección del Señor y la presencia salvadora de su Espíritu.

Cada cuaresma hay que vivirla como si fuera nueva. Porque a fuerza de repetirla cada año corremos el peligro de que nos parezca algo banal, rutinario, ya conocido. Por otra parte, el ambiente social no favorece una buena vivencia de la Cuaresma. El mundo no tiene ganas de cuaresmas, sino de carnavales. La cuaresma invita a superar la superficialidad, el carnaval invita a la frivolidad. El cristiano tiene que ir a contracorriente, hacerse violencia para vivir su fe.

La cuaresma nos invita a tomar conciencia de lo que significa vivir cristianamente en el mundo de hoy. La clave de nuestra vida es Jesucristo, su persona, su mensaje, el misterio de su muerte y resurrección. El es la llave que abre nuestras puertas oscuras e ilumina nuestras tinieblas y malos momentos. Y, por supuesto, también los buenos. En estos tiempos sociales y eclesiales hay buenos creyentes que se plantean muchas preguntas, y sufren al ver tanto egoísmo en la sociedad y tanto pecado en la propia Iglesia. Pues bien, este mundo nuestro encuentra la luz verdadera en la vida y el mensaje de Jesús, en el misterio de su Pascua.

Mirando a Jesucristo descubrimos quienes somos nosotros. Jesucristo nos interpela y nos pregunta qué queremos hacer con nuestra vida, cómo queremos vivir: ¿pensando en nosotros mismos o siendo generosos y abriéndonos al sufrimiento de los demás?, ¿pensando en el placer inmediato o buscando un sentido para la vida?

La primera palabra de la cuaresma es: “rasgad los corazones, no las vestiduras”. En el evangelio del miércoles de ceniza Jesús nos dice que “la cosa va por dentro”. Lo mismo dice el salmo 50: “renuévame por dentro con espíritu firme”. No se trata de hacer espectáculo de la religión. Se trata de volvernos hacia Dios: oración. De moderar nuestra autosuficiencia: ayuno. De compartir para que los pobres tengan lo que en justicia les corresponde: limosna. En suma, de mostrar en nuestra vida la inmensa bondad de Dios. Se trata de dar la espalda a todo cuanto nos aleja de Dios y de los hermanos, para ponernos de cara a Dios, a su amor, a su perdón, a su salvación.

El rito de la ceniza nos recuerda que nuestra vida es frágil: “eres polvo”. No busques en las cosas caducas lo que ellas no pueden darte. Por eso: “conviértete y cree en el evangelio”. Cambia de mentalidad. Busca en la palabra de Jesús la buena noticia que puede llenar tu corazón.

 

Espiritualidad , ,

Recordatorio a Dios

Lunes, 19 de febrero de 2018

Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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Para mí, Señor, no es necesario el Miércoles de Ceniza
porque ni un solo día de la semana me olvido
de que fui barro en tu mano.
Y lo único que realmente necesito es que no lo olvides Tú

*

Dulce María Loynaz
Poema LXXXIX

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad, Poesía , , ,

Frente a la Hipocresía espiritual… Conviértete y cree en el Evangelio

Miércoles, 14 de febrero de 2018

Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio” “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

Del blog Pays de Zabulon:

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Caroline del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

cenizam

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Convertirse, palabra cuaresmal”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 14 de febrero de 2018

solidaridad3De su blog Nihil Obstat:

Según el evangelio de Marcos, el primer verbo que Jesús emplea es “convertirse”. Y lo emplea en imperativo: “convertíos y creed en el Evangelio”. La razón de esta necesidad es que “el Reino de Dios está cerca”. Como está a punto de llegar hay que estar bien preparados para recibirlo. ¿Qué significa y qué implica convertirse? Convertirse es cambiar. Cambiar de actitudes y de pensamientos, porque lo que solemos pensar y lo que solemos hacer no favorece la llegada del Reino de Dios. Convertirse es darse la vuelta, dar la espalda a algo, dejar de mirar una cosa para mirar otra. Dejar de mirarse a uno mismo para mirar las necesidades del prójimo y preguntarse cuál es la voluntad de Dios sobre uno mismo y sobre los demás.

Estas palabras que el evangelista pone en boca de Jesús las emplea la liturgia en el rito de la imposición de la ceniza. La cuaresma empieza recordando la invitación de Jesús a convertirnos. Porque convertirse es una tarea permanente. No es un gesto que se realiza una vez, algo así como si cuando uno se ha dado la vuelta y ha dejado de mirar hacia dónde no toca, ya tuviera resuelto su problema. Darse la vuelta, en nuestro caso, no es un movimiento físico, sino una tarea existencial, que hay que renovar en cada momento. Porque mientras vivimos en este mundo, Dios no es una evidencia. Lo evidente son los placeres y las seducciones del mundo que nos inclinan a buscarnos a nosotros mismos en detrimento de los demás. Por eso, el creyente está en permanente estado de conversión: siempre se está volviendo hacia Dios. La conversión no es sólo una decisión inicial, es un estilo de vida. Con el amor ocurre algo parecido: nunca acabamos de amar. Amar es crecer continuamente en el amor.

Para convertirse es necesario sentirse atraído por “otra realidad” o, al menos, intuir que la realidad en la que se está no es buena y que hay otra mejor. No es una llamada en abstracto o vacía. Es una invitación a entrar en un mundo nuevo, a creer en el Evangelio. Supone la presentación de Jesús. Mirándole a él, fijos los ojos en Jesús, podemos entender qué significa convertirse, lo que debemos dejar y lo que debemos acoger. La conversión se concreta en actitudes diferentes según la situación de cada uno. En cualquier caso es una invitación a liberarse de las costumbres, de las presiones sociales, de las opiniones públicas, para dejarse llevar por el soplo del Espíritu.

La conversión adquiere una forma concreta mirando y escuchando a Jesús: se trata del respeto a los pequeños y a los débiles, de la compasión por los que sufren, de practicar el perdón, de abandonar los caminos de la violencia, de entrar en el camino del amor y del servicio. En ocasiones, la conversión puede darse sin que uno sea consciente de ello: algunas personas que dedican su tiempo a obras sociales, quizás no se plantean su actitud en términos de conversión, pero lo que hacen es el correlato humano de lo que el evangelio califica de conversión.

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40 días…

Miércoles, 1 de marzo de 2017

Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la poseión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio” “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

cenizam

40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

peregrinar

¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

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Crecer en la amistad

Miércoles, 1 de marzo de 2017

juan_jesusPregón de Cuaresma

Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Miércoles de Ceniza

Miércoles, 10 de febrero de 2016

 Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

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“Recuerda que eres polvo” ¡y algo más!
¡Ayuna del ayuno! ¡Sal del miedo!
¡Rasga las vestiduras… de los demás!
¡Echarte todavía más ceniza, no puedo!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor Elemental. Editorial Sígueme, 1971

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Frente a la Hipocresía espiritual… Conviértete y cree en el Evangelio

Miércoles, 18 de febrero de 2015

Hoy, miércoles de Ceniza, cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio” “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús.

Del blog Pays de Zabulon:

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Caroline del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

cenizam

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Convertirse, palabra cuaresmal”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 18 de febrero de 2015

solidaridadDe su blog Nihil Obstat:

Según el evangelio de Marcos, el primer verbo que Jesús emplea es “convertirse”. Y lo emplea en imperativo: “convertíos y creed en el Evangelio”. La razón de esta necesidad es que “el Reino de Dios está cerca”. Como está a punto de llegar hay que estar bien preparados para recibirlo. ¿Qué significa y qué implica convertirse? Convertirse es cambiar. Cambiar de actitudes y de pensamientos, porque lo que solemos pensar y lo que solemos hacer no favorece la llegada del Reino de Dios. Convertirse es darse la vuelta, dar la espalda a algo, dejar de mirar una cosa para mirar otra. Dejar de mirarse a uno mismo para mirar las necesidades del prójimo y preguntarse cuál es la voluntad de Dios sobre uno mismo y sobre los demás.

Estas palabras que el evangelista pone en boca de Jesús las emplea la liturgia en el rito de la imposición de la ceniza. La cuaresma empieza recordando la invitación de Jesús a convertirnos. Porque convertirse es una tarea permanente. No es un gesto que se realiza una vez, algo así como si cuando uno se ha dado la vuelta y ha dejado de mirar hacia dónde no toca, ya tuviera resuelto su problema. Darse la vuelta, en nuestro caso, no es un movimiento físico, sino una tarea existencial, que hay que renovar en cada momento. Porque mientras vivimos en este mundo, Dios no es una evidencia. Lo evidente son los placeres y las seducciones del mundo que nos inclinan a buscarnos a nosotros mismos en detrimento de los demás. Por eso, el creyente está en permanente estado de conversión: siempre se está volviendo hacia Dios. La conversión no es sólo una decisión inicial, es un estilo de vida. Con el amor ocurre algo parecido: nunca acabamos de amar. Amar es crecer continuamente en el amor.

Para convertirse es necesario sentirse atraído por “otra realidad” o, al menos, intuir que la realidad en la que se está no es buena y que hay otra mejor. No es una llamada en abstracto o vacía. Es una invitación a entrar en un mundo nuevo, a creer en el Evangelio. Supone la presentación de Jesús. Mirándole a él, fijos los ojos en Jesús, podemos entender qué significa convertirse, lo que debemos dejar y lo que debemos acoger. La conversión se concreta en actitudes diferentes según la situación de cada uno. En cualquier caso es una invitación a liberarse de las costumbres, de las presiones sociales, de las opiniones públicas, para dejarse llevar por el soplo del Espíritu.

La conversión adquiere una forma concreta mirando y escuchando a Jesús: se trata del respeto a los pequeños y a los débiles, de la compasión por los que sufren, de practicar el perdón, de abandonar los caminos de la violencia, de entrar en el camino del amor y del servicio. En ocasiones, la conversión puede darse sin que uno sea consciente de ello: algunas personas que dedican su tiempo a obras sociales, quizás no se plantean su actitud en términos de conversión, pero lo que hacen es el correlato humano de lo que el evangelio califica de conversión.

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Recordatorio

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